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1 Problemática Conceptual y Diagnóstica del Trastorno Disociativo de la Identidad Revisión Bibliográfica Autor/es: Adrián Sánchez Carrillo Director/es: Ginesa López Crespo Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Universidad de Zaragoza 2014
2 Indice Resumen/Abstract 3 Introducción 4 Etiología: Del Trauma al T.D.I. 5 T.D.I..: La Concepción Actual 8 T.D.I..: Dificultades Diagnósticas - La alta comorbilidad 9 - Los pacientes son difíciles 12 Diferencias Epidemiológicas Poblacionales 14 Críticas al Diagnóstico del T.D.I. 15 - Defensa y apoyo empírico 16 La Evidencia del T.D.I.: Estudios de Neuroimagen 18 Conclusión 19 Bibliografía 21
3 Resumen En el siguiente estudio se presenta una revisión teórica acerca de la situación actual del Trastorno Disociativo de la Identidad. Este diagnóstico sigue creando discrepancias entre muchos de los profesionales acerca de si dicho fenómeno mental es correcto, ha de ser reclasificado de otra manera o por otra parte, es facticio y ha de ser suprimido de los manuales de diagnóstico de psicología y psiquiatría. Esta incompatibilidad de criterios crea una negligencia diagnóstica ya que, según la tendencia teórica de la región, se produce o no ante casos cualitativamente idénticos. De esta manera, la siguiente revisión presenta el análisis del trastorno haciendo una comparativa entre los estudios de los principales países en los que se está observando dicho desarreglo. Palabras clave: Trastorno Disociativo de la identidad, Criterios Diagnósticos, Actualidad, Discrepancia Teórica. Abstract The following survey presents a theoretical review concerning the Dissociative Identity Dissorder current situation. This diagnosis keep creating disagreement between numerous professionals about if that psychic phenomena is accurate, if it has to be reclassified or moreover, it’s factitious and has to been annulled by the psychiatrist and psycologist diagnosis manuals. Indeed, such criteria incompatibility creates a diagnostic negligence inasmuch as, under the theoretical trend region, occurs or not in the face of qualitatively identical cases. Thus, the following revision presents the disorder analysis making a comparative between the studies from the main countries in which this upset is being perceived. Keywords: Dissociative Identity Disorder, Diagnostic Criteria, Present, Theoretical Discrepancy
4 Introducción El trastorno Disociativo de la Identidad (T.D.I.) se ha configurado como un trastorno raro o como menos, poco común hasta finales de 1980. Tras su inclusión en el DSM-III el número de diagnósticos se ha incrementado encarecidamente en E.E.U.U. (Sar et.al, 1998). Dicho incremento ha llevado consigo que muchos de los profesionales de la psiquiatría y la psicología pongan en entredicho la veracidad de tal trastorno. De esta manera comienza una lucha teórica en la que, por un lado se contempla el hecho de que es un artificio, un trastorno creado iatrogénicamente bajo el empeño de profesionales que desean corroborar científicamente la existencia del mismo (Spannos, 1994), por otro está el de profesionales que no creen que sea un trastorno inducido pero que no debe considerarse como un trastorno independiente, sino como un fenómeno que ha de ser reclasificado dentro de otros trastornos. (Fahy, 1988, North, Ryall, Ricci y Wetzel , 1993). Finalmente, el enfoque más aceptado por la comunidad clínica, y desde el cual se va a abordar este estudio, es el denominado como traumagénico, que es el modelo que contempla el T.D.I. como resultado de una experiencia traumática en la infancia, más frecuentemente caracterizada como un abuso sexual. Como se observará más adelante, a parte de este marcado escepticismo diagnóstico, al T.D.I., le acompañan otros problemas como la alta comorbilidad con otras afecciones psicológicas y la alta dificultad de detección de los síntomas en los pacientes. Así, queda evidenciada la problemática del diagnóstico de este trastorno que, a pesar de llevar un relativo largo recorrido dentro del mundo clínico, sigue levantando todo tipo de opiniones entre los expertos y por tanto produciendo en la actualidad una diferencia diagnóstica en diferentes poblaciones mundiales. De este modo, se procederá a examinar la etiología y formación de dicho trastorno a través del trauma, siguiendo con la actualidad terminológica del T.D.I., discutiendo las diferentes opiniones y estudios sobre el mismo tema y concluyendo sobre la necesidad de un reconceptualización del mismo y de sus criterios diagnósticos.
5 Etiología: Del trauma al T.D.I. La experiencia de sucesos extremadamente estresantes o de naturaleza traumática produce en los seres humanos una reacción normal caracterizada entre otros aspectos por sentimientos de terror, sensación de profunda vulnerabilidad e indefensión, miedo a resultar seriamente dañados y miedo a perder la vida. Además, en ocasiones, pueden presentarse sentimiento de remordimientos o sentimientos de culpa por lo que durante el evento se pudo haber hecho y no se hizo o simplemente por la forma en que se reaccionó (Sosa y Capafóns, 2005). En ocasiones, los síntomas de estrés postraumático pueden presentarse muchos meses o incluso años después del episodio traumático, cuando la persona vive una situación que recuerda o simboliza la situación del trauma original. Los síntomas pueden llegar a cronificarse, persistiendo durante años e incluso durante décadas y en ocasiones durante toda la vida. Las principales diferencias se encuentran entre los eventos traumáticos causados por la naturaleza y los causados por el hombre. Cuando se trata de eventos traumáticos perpetrados por el hombre los niveles de estrés postraumático suelen ser superiores en intensidad y duración, lo que puede llevar a un aumento en el número de trastornos mentales y alteraciones en la salud física de las víctimas. Las experiencias traumáticas causadas por el hombre suelen asociarse con cuadros clínicos más complejos y con mayores dificultades para el ajuste psicológico posterior de las víctimas (Lev-Wiesel, 2008) El tipo de reacción frente a un evento traumático depende también del nivel de desarrollo emocional, social y cognitivo que tiene el individuo en el momento de la experiencia traumática, especialmente cuando se trata de experiencias traumáticas que se producen en la infancia, cuando el desarrollo de las habilidades cognitivas, emocionales y sociales aún no se han completado. En general cabe esperar que cuando la experiencia traumática se produce en épocas más tempranas de la vida, más severas pueden ser las respuestas traumáticas (Sosa y Capafóns, 2005) Además, la evidencia ha puesto de manifiesto que el abuso sexual infantil lleva a la manifestación de síndromes postraumáticos extremadamente complejos con manifestaciones severas en el plano de los afectos, comportamiento autolesivo y
6 destructivo, problemas de aprendizaje, importantes manifestaciones disociativas y somatoformes así como severos déficits en autoconcepto. (Sosa y Capafóns,2005) El núcleo es siempre el dolor. Debajo de los síntomas están latentes escenas traumáticas graves. Aunque los trastornos disociativos no estén clasificados cerca del trastorno de estrés post traumático (T.E.P.T.), muchos autores los consideran los dos extremos de lo que ha dado en llamarse el Espectro Postraumático, en el que también estarían incluidos los trastorno de personalidad limite (T.P.L.). Los trastornos disociativos y en especial el T.D.I., son resultado de traumas psicológicos graves y repetidos que se inician generalmente en la infancia. Trauma y disociación están conectados, pero esta conexión no es directa ni exclusiva. En las personas con diagnóstico de T.D.I. la incidencia de abuso sexual es del 85-90% pero no olvidemos que en muestras clínicas la prevalencia de abuso sexual en mujeres también es muy alta: 44-77% (Tilman, 1994) Esta establecido que los síntomas debilitantes se dividen en tres grupos: (1) recolección recurrente intrusiva del evento traumático como sueños o “flashbacks”,(2) evitación persistente de los estímulos asociados con el trauma y (3) síntomas persistentes de incremento del arousal caracterizados por hipervigilancia, ansiedad e irritabilidad (Dobbs y Wilson, 1960, Horowitz et al., 1980). Recientes estudios han encontrado una relación entre los síntomas del T.E.P.T. y el T.D.I.(Lev-Wiesel, 2008). Los síntomas disociativos permiten a la persona evitar temporalmente el dolor y la angustia de la situación (Silverg, 1998, González, 2008). La disociación, es una forma de defenderse de la experiencia traumática, que con el tiempo se constituye en una forma de manejar cualquier tipo de estrés. Como respuesta frente a un evento traumático externo es eficaz a nivel emocional: el individuo se desconecta de una emoción de otro modo intolerable. Según cita Anabel González (2008): “Los síntomas disociativos se agrupaban en tres grandes bloques: amnesia, desrealización/despersonalización y confusión/alteración de identidad (Steinberg, 2002)”:
7 1. Amnesia La amnesia cumple una función a la hora de manejar el trauma. Para sobrevivir a una situación angustiosa y a una emoción intolerable, pacientes funcionan como si el hecho “no hubiera ocurrido”. Esto les permite seguir adelante con la vida diaria, manteniendo al margen los contenidos traumáticos. Uno de los mecanismos implicados es la memoria dependiente del estado. La información almacenada en un estado mental se recuperará posteriormente con más facilidad cuando la persona se encuentra en ese mismo estado. Los datos pueden no estar disponibles si el individuo está en otro estado mental (Steinberg, 2002) En el caso concreto de la T.D.I., las partes que se encargan de las situaciones cotidianas con frecuencia presentan amnesia para los traumas previos. Necesitan estar libres de esta información y de la repercusión emocional que representarían para poder ocuparse de afrontar la vida diaria. Cuando el paciente experimenta una reacción emocional de rabia o tristeza puede activarse un estado mental diferente en el cual los recuerdos traumáticos están claramente presentes. 2. Despersonalización/Desrealización La desrealización puede responder a una supresión de las funciones superiores de la conciencia. La realidad no se percibe en conjunto sino solo como elementos aislados. La percepción es distinta y se vive con extrañeza. Con frecuencia en la respuesta al trauma agudo, los componentes emocionales de la experiencia no se perciben, como defensa frente a un grado de activación emocional intolerable para el individuo. En el caso de la despersonalización ocurre algo similar. Si un niño sufre algún tipo de maltrato físico, desconectarse del cuerpo representa para él un mecanismo de supervivencia: le está pasando al cuerpo pero no a él. El no está allí. Cuando se trata de un abuso sexual, suelen añadirse cogniciones de que el cuerpo es “malo” o “sucio”, culpándolo de haber sufrido el abuso.
8 3. Fragmentación de la Conciencia: Confusión y Alteración de la Identidad Los sentimientos opuestos de querer al único padre que se tiene y odiarlo por el maltrato al que expone a su propio hijo no pueden coexistir en la mente de un niño. Por ello, alterna entre un estado mental y otro sin que pueda desarrollar una metaconciencia que abarque ambos. Cuando para poder amar a un sujeto maltratador en sus momentos “buenos” el niño aparta de su mente los recuerdos del abuso y sólo los tiene presentes cuando vuelve a ser abusado y siente un odio terrible hacia ese adulto, empiezan a construirse las barreras amnésicas que remarcarán la separación entre esos estados del yo. En algunos casos fragmentarán gravemente la mente del niño y luego del adulto, generándose un T.D.I.” TID: La concepción actual El DSM-IV define el Trastorno Disociativo de la identidad como: “la existencia de dos o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente. Al menos dos de estas personalidades deben tomar control del comportamiento del individuo de forma rutinaria, y están asociadas también con un grado de pérdida de memoria más allá de la falta de memoria normal. A esta pérdida de memoria se le conoce con frecuencia como tiempo perdido o amnésico. Para ser diagnosticado, los síntomas deben ocurrir independientemente del abuso de substancias o una condición médica general (inducción). Incluye como criterios diagnósticos: “A. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo). B. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo. C. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.
9 D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas)”. Nota: En los niños los síntomas no deben confundirse con juegos fantasiosos o compañeros de juego imaginarios.” Paula Dell (2006) realiza una crítica de los criterios diagnósticos del DSM-IV afirmando que éstos deberían ser reformulados. Afirma también que el T.D.I. presenta dos grandes grupos de fenómenos disociativos, de los cuales solo uno se ve definido en el DSM-IV: el cambio de una personalidad a otra con amnesia concomitante. La segunda agrupación con las intrusiones en el funcionamiento ejecutivo y el sentido de sí mismos por otras personalidades. El DSM IV no menciona dichas intrusiones. Por otro lado algunos autores (Brown et.al., 2008) piensan que por su similitud con el Trastorno por conversión y algunos de los somatoformes, el T.D.I. ha de ser reclasificado junto a estos en el DSM-5. La realidad del DSM-5 es que a diferencia del volumen IV-TR crea un apartado específico para los Trastornos Disociativos. En ellos se engloba como trastornos el T.D.I. 300.14 (F44.81), Trastorno de Amnesia Disociativa300.12 (F44.0), que incluye el apartado especificar si: con fuga disociativa300.13 (F44.1) , Trastorno de despersonalización/desrealización 300.6 (F48.1). Otro trastorno disociativo especificado300.15 (F44.89) y Trastorno Disociativo No Especificado300.15 (F44.9). A parte de esto, amplía los criterios diagnósticos, el criterio A lo amplía diciendo: “Perturbación de la identidad que se caracteriza por dos o más estados de la personalidad bien definidos, que se puede describir en algunas culturas como una experiencia de posesión. La perturbación de la identidad implica una discontinuidad importante del sentido del yo y del sentido de entidad, acompañado de alteraciones relacionadas del afecto, el comportamiento, la conciencia, la memoria, la percepción, el conocimiento y/o el funcionamiento sensitivo-motor. Estos signos y síntomas pueden ser observados por parte de otras personas o comunicados por el individuo.” , incluyendo también el criterio B dentro de este, y añade un criterio C: “Los síntomas causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.” y un D : “La alteración no es una parte normal de una práctica cultural o religiosa ampliamente aceptada”.
16 1987, McHugh, 1993, Merskey, 1992, Simpson, 1988, Spanos, 1994, Spanos, Weekes, & Bertrand, 1985). Las asunciones de este modelo exponen, en primer lugar que la existencia de varios “alter” es un comportamiento que se produce una vez producido el diagnóstico de “múltiple personalidad”, y segundo que dicho diagnóstico se produce en personas altamente sugestionables y que generalmente conforman un patrón de personalidad histriónico. Por ejemplo Spannos (1994) añade que la culpa de en gran parte la tiene la difusión y conceptualización del trastorno en los medios públicos. David H. Cleaves (1996), añade también que según Spannos y North et.al (1994) existe cierta motivación positiva por parte de los pacientes a presentar estos síntomas ya que reciben un tratamiento especial o preferente lo que les hace ganar atención. También presenta varios estudios (Spannos et.al., 1985, 1986) de role playing en los que perfectamente podía inducir la sintomatología y por tanto crear la patología artificialmente. Cleaves, (1996) pone de manifiesto que algunos autores (Frankel, 1994, Ofshe & Walters, 1993, Spanos, 1994, Spanos & Burgess, 1994) en apoyo al modelo socio cognitivo, declaran también que el trauma no es inherente al T.D.I. y que todos los reportes verbales de estos pacientes acerca de traumas ocurridos en la infancia no pueden ser considerados como verdaderos ya que son pacientes que buscan llamar la atención y en cualquier caso de que el trauma se hubiere producido, ha de ser contemplado como mera coincidencia. Lilienfeld, et al. (1999), añaden que, el T.D.I. en una experiencia gobernada por normas y con metas dirigidas a la representación de múltiples roles que se han creado, legitimado y mantenido por refuerzo social. Afianzan esto diciendo que el refuerzo social cumple un papel fundamental en la etiología del trastorno y argumentan que algunos autores (Boor, 1982) califican el incremento de la patología en la población como una epidemia ya que de la cifra citada en 1970 como 79 casos registrados a aumentado a 6.000 en un periodo de 16 años hasta 1986. Finalmente Lilienfield et.al. (1999) añaden que tras las críticas del M.S.C.I., se ha producido una gran aceptación del modelo traumagénico del T.D.I. y las críticas no han sido contestadas, gracias a que su mayor exponente, Spannos, falleció en 1994.
17 Defensa y apoyo empírico al T.D.I. En respuesta a esta postura teórica, muchos autores se alzan con diversos estudios y postulaciones que no solo ponen de manifiesto la incoherencia del M.S.C.I. sino también presentan pruebas fehacientes de porqué el T.I.D. es un trastorno diferenciado e independiente de los demás. Por un lado, Cleaves en su estudio: The Sociocognitive Model of Dissociative Identity Disorder: A Reexamination of the Evidence (1996) pone de manifiesto en cada apartado la ilogicidad de cada postulado del M.S.C.I. A modo de resumen, la afirmación de que tienen una motivación a padecer la enfermedad por la discriminación positiva por parte de los profesionales la califica como “infundada” y argumenta que la mayoría de la atención que reciben los pacientes siempre es desde un punto escéptico y crítico. Añade también, que de fingir un trastorno, fingirían uno en el que el tratamiento no fuese tan hostil o desapetente para los pacientes. A nivel general, Cleaves (1996) expone que el M.S.C.I. es un modelo defectuoso y con carencia de apoyo empírico por las siguientes cuestiones: (a) El modelo se basa en numerosas suposiciones incorrectas acerca del T.D.I. en cuanto a su psicopatología subyacente, la presentación clínica, la evaluación, y el tratamiento recomendado en la actualidad, (b) gran parte de los datos que han presentado no pueden abordar el tema de la etiología para ningún mental, (c) muchas de las inferencias que se han hecho a partir de los datos disponibles no son válidas, y (d) existe evidencia que desconfirma directamente que el modelo que no ha sido abordado por sus proponentes. Respecto a la recreación del trastorno en laboratorio y de los síntomas de multiplicidad y disociativos, Anabel González (2008) expone que: “ Diversos autores exponen cómo pueden crearse diversos síntomas del T.D.I. mediante manipulación experimental o sugestión y pueden inducirse en sujetos sugestionables conductas parecidas pero, que puedan inducirse síntomas similares a un trastorno no significa que el trastorno en sí sea una construcción” En relación a si el origen es o no causado por un trauma, más concretamente un abuso sexual en la infancia, Sosa y Capafons (2005) citan que : “ Además, la evidencia ha puesto de manifiesto que el abuso sexual infantil lleva a la manifestación de síndromes postraumáticos extremadamente complejos con manifestaciones severas en el plano de los afectos, comportamiento autolesivo y destructivo, problemas de aprendizaje, importantes manifestaciones disociativas y somatoformes así como severos déficits en autoconcepto.”
18 La Dra. Rachel Lev-Wiesel, en un estudio del T.D.I. reflejado en víctimas de abusos sexual infantil manifestó que las personas que sufrieron un abuso sexual posterior a los 16 años reportaban mayor desórdenes de ansiedad y depresión mientras que aquellos pacientes que desarrollaron un T.D.I.. han documentado historias de repetido trauma en una etapa de desarrollo emocional temprana, generalmente antes de los 9 años. A este efecto, Tilman (1994) añade que trauma y disociación están conectados, pero esta conexión no es directa ni exclusiva. En las personas con diagnóstico de T.D.I. la incidencia de abuso sexual es del 85-90% pero no pase desapercibido que en muestras clínicas la prevalencia de abuso sexual en mujeres también es muy alta: 44-77%. Carolyn Spring, (2011) en su guía para el trabajo con T.D.I. expone que generalmente se genera en la infancia como respuesta a la evitación de eventos traumáticos y cita a colación de esto que de acuerdo a un reciente estudio de Brand, el 86% de la muestra con T.D.I. manifestó haber sufrido una experiencia de abuso sexual en la infancia. Schmidt cita a Haddock (2001): "Si un individuo es traumatizado en una etapa de la infancia temprana y la experiencia es tan sobrecogedora que es incapaz de procesarla, el niño probablemente disocie para sobrevivir”. La evidencia empírica del T.D.I.: Estudios de neuroimagen Nijenhuis, et.al.(2002), afirman que las partes disociadas de la persona no solo se caracterizan por una forma de percepción, reacción y pensamiento propias sino que también producen diferentes respuestas psicobiológicas que no pueden ser reproducidas mediante los simuladores de T.I.D. control, entre ellas actividad electrodermal, E.E.G., potenciales evocados visuales, fluencia de la sangre cerebral (F.S.C.), variables del sistema nervioso autónomo, variables ópticas y arousal. Afirma también que las principales regiones afectadas son directa o indirectamente las relacionadas con el procesamiento emocional y de la memoria (Nijenhuis et al. 2002,Dorahy 2001). En un estudio con el objetivo de evaluar como los pacientes procesan los recuerdos neutros y los traumáticos autobiográficos, desde el estado de identidad neutra y desde el estado de identidad traumático, usando un paradigma de provocación de síntomas en un diseño factorial de dos por dos, Nijenhuis, et. al. (2005) comprobaron que los dos estados o las “dos identidades” estaban asociadas con el funcionamiento de diferentes redes neuronales, a pesar de no encontrar diferencias en la fluencia de sangre
19 cerebral o de la activación de diferentes áreas cerebrales. Finalmente concluyen que el T.D.I. y el T.E.P.T. están inexorablemente relacionados ya que se produce el mismo tipo de activación regional en ambos. En un estudio posterior pero de las mismas características del anterior, Nijenhuis et al. (2005) demuestran cambios específicos en la actividad cerebral localizada en consonancia con su capacidad para generar al menos dos estados mentales diferentes de conciencia de sí mismo, cada uno con su propio acceso a la memoria autobiográfica traumática. Los resultados ponen de manifiesto la existencia de diferentes patrones de flujo sanguíneo cerebral regional para distintos sentidos del self. Presentan también evidencia de la corteza prefrontal medial (C.P.F.M.) y las cortezas asociativas posteriores a tener un papel integral en la experiencia consciente. Así, acercan el "sentido de sí mismo" en un cerebro con alteraciones en la percepción de uno mismo. Sar et al. (2001) en otro estudio, confirmaron su hipótesis de que hay diferencias de perfusión bilateral en regiones las frontal y occipital entre pacientes con T.D.I. en comparación con el grupo control. Por otro lado, los resultados replicaron los hallazgos de un estudio anterior (Forrest 2001) que demostró también que el T.D.I. producía un descenso de la perfusión en regiones orbitofrontales. Adicionalmente, éste estudio documentó también el incremento de perfusión en las regiones frontal y occipital superior y medial bilateralmente. Conclusión En lo anteriormente expuesto, queda de manifiesto que se trata de un fenómeno que se consolida como trastorno oficial en el D.S.M.-III en 1980 y que, pasados ya 34 años de su arraigo, sigue levantando discrepancias entre los diferentes profesionales. Si bien mayoritariamente pasa desapercibido, otras veces no se aprueba su diagnóstico, otras se busca y diagnostica de manera iatrogénica y las que menos, solo unos pocos consideran su presencia. ¿Ha de suprimirse de los manuales diagnósticos? ¿Se adoctrina en esta problemática? Como se refleja en el artículo 6º del código deontológico en referencia a la actividad general de el/la psicólogo/a, se demanda solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales, por lo que, está en la ética de todo profesional adecuarse a un plan teórico general en el que todo usuario se juzgue bajo el mismo rigor profesional, ya que las personas, a pesar de las influencias
20 culturales, presentan los mismos problemas a uno y otro lado del charco ¿No es la depresión algo universal?. ¿Por qué no sucede esto con el T.D.I.? Por otra parte, si se trata de una afección tan compleja y abstracta resultaría interesante que se hiciese mayor hincapié a la hora de adoctrinar psicólogos que se dediquen al área clínica y que dejase de tratarse de un trastorno diagnosticado la mayor parte del tiempo por omisión, se reajustasen los criterios diagnósticos como demandan los estudiosos del tema y por tanto, se abandonasen síntomas descriptivos aceptados como que “los pacientes han recibido tratamientos anteriores fallidos o al menos 2 o 3 diagnósticos diferentes” (Kluft, 1897) (recuérdese aquí que pocos pacientes son diagnosticados como T.D.I . la primera vez). Para finalizar, prevalecer que este estudio es una mera recopilación de información que nace a raíz de las incongruencias que existen a la hora del estudio del mismo, no busca apoyar ninguna de las opiniones anteriormente expresadas, si no que en su defecto, demuestra la incongruencia con la que se encuentra el lector que intenta indagar e investigar sobre el tema en cuestión, algo que después de casi tres décadas y media, parece razonable, estuviera resulto.
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