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Abstract

La tesis consta de tres partes. La primera es un estado de la cuestión donde se justifica la necesidad de estudiar nuevamente el reinado de Ramiro I. La segunda aborda el estudio crítico de la documentación escrita coetánea del monarca, datada entre los años 1035 y 1064. Finalmente, la tercera es una interpretación histórica de la evolución territorial del reino de Aragón. Asimismo, se adjunta la edición de la documentación con sus respectivos índices onomásticos Viruete Erdozáin, Roberto; Cabanes Pecourt, María Desamparados

Full text

ROBER T O VIRUET E ERDOZ ÁIN ARAGÓ N EN LA ÉPOCA D E RAMIRO I VOLUMEN I ÍNDICE GENERAL 1 2 VOLUMEN I : ESTUDIO CRÍTICO DE LA DOCUMENTA CIÓN E HISTORIA DE A RAGÓN ( 1035- 1064) INTRO DUCTION G ÉNÉRALE p. 7 PARTE I p. 15 CAPÍTULO I: El Aragón de Ramiro I: relación de fu entes disponibles y publicaciones p. 19 A) Tipología y relación de fuentes e scritas, arqueológicas y m o numentales p. 20 B) Edición y publicación de fuentes escritas, m o num e ntales y arqueológicas p. 60 CAPÍTULO II: Las fuentes h istóricas del r einado de Ramiro I: problemática y estudios de la historiografía p. 89 A) Estudio historiográfico de las fuentes p. 89 B) Problemática y credi bilidad histórica de las fuentes de época ra m irense p. 138 CAPÍTULO III: La historiografía y sus puntos de vi sta s obre el reinado de Ra m iro I de Aragón p. 159 A) Divergencias entre hist oriadores a la hora de historiar los acontecimientos del reinado de Ramiro I p. 160 B) Errores y fallos e n la m anera d e trabajar l a docu m entaci ón: m etodología e interpretación de los docum entos p. 179 C) Crítica razonada de una teoría bien fundada: la expansión aragonesa e n tiempos de Ramiro I p. 207 CONCLUSIONES DE LA PARTE I p. 223 PARTE II p. 227 CAPÍTULO IV. Los documentos auténticos p. 231 A) Los documentos originales del reinado de Ram iro I p. 231 B) Documentos conservados en copias p. 262 3 CAPÍTULO V. Las falsificaciones p. 293 A) Criterios para el descubrimiento de falsificaciones p. 295 B) Las falsificaciones del reinado de Ram i ro I p. 304 C) El valor histórico de las falsificaciones p. 350 CAPÍTULO VI. La cronología: s iste m as de cómputo del tie m po y datación de documentos p. 361 A) Los sistemas de dataci ón en Aragón en el siglo XI p. 362 B) La datación de los docu m entos sin fecha o con fecha errónea p. 376 CONCLUSIONES DE LA PARTE II p. 463 PARTE III p. 465 CAPÍTULO VII. Orígenes y límites terr itoriales del Reino de Aragón: 1035-1044 p. 469 A) El territorio inicial del nuevo Reino de Aragón en 1035 p. 470 B) Ramiro I: re y de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza p. 495 CAPÍTULO V III. Infraestructura m il itar, organización de la frontera m eridional y estrategia expansiva p. 531 A) Las parias del distrito de Barbastro p. 532 B) Infraestructura militar y organización de la frontera meridional p. 556 CAPÍTULO IX. Las primeras ofensivas con tra los musulmanes: 1058-1064 p. 625 A) Las tentativas expansionistas en el distrito de Huesca: el sector de Bol ea p. 625 B) La preparación de la c onquista del distrito de Barbastro p. 636 C) El asalto y conquista de la ciudad y del distrito de Barbastro p. 653 CAPÍTULO X. La consolidación del Reino y el fortalecimiento del poder regio p. 681 A) La fidelidad y el apo y o de los nobles y de la Iglesia p. 682 B) La creación de una dinastía: corregencia y sucesión de Ramiro I p. 722 4 C) La s relaciones con el re y de Pamplona: el respecto a su autoridad y al vasallaj e establecido p. 761 CONCLUSIONES DE LA PARTE III p. 797 CONCLUSIONS GÉNÉRAUX p. 805 BIBLIOGRAFÍA p. 819 VOLUMEN I I: DOC U MEN T OS DEL REI NADO DE RA MIRO I NORMAS Y CRITERIOS DE LA EDIC IÓN DE DOCUMENTOS p. 857 DOCUMENTOS p. 871 ÍNDICES ONOMÁSTICOS p. 1279 ÍNDICE ANTROPONÍMICO p. 1281 ÍNDICE TOPONÍMICO p. 1387 5 ÍNDICE GENERAL 1 2 VOLUMEN I : ESTUDIO CRÍTICO DE LA DOCUMENTA CIÓN E HISTORIA DE A RAGÓN ( 1035- 1064) INTRO DUCTION G ÉNÉRALE p. 7 PARTE I p. 15 CAPÍTULO I: El Aragón de Ramiro I: relación de fu entes disponibles y publicaciones p. 19 A) Tipología y relación de fuentes e scritas, arqueológicas y m o numentales p. 20 B) Edición y publicación de fuentes escritas, m o num e ntales y arqueológicas p. 60 CAPÍTULO II: Las fuentes h istóricas del r einado de Ramiro I: problemática y estudios de la historiografía p. 89 A) Estudio historiográfico de las fuentes p. 89 B) Problemática y credi bilidad histórica de las fuentes de época ra m irense p. 138 CAPÍTULO III: La historiografía y sus puntos de vi sta s obre el reinado de Ra m iro I de Aragón p. 159 A) Divergencias entre hist oriadores a la hora de historiar los acontecimientos del reinado de Ramiro I p. 160 B) Errores y fallos e n la m anera d e trabajar l a docu m entaci ón: m etodología e interpretación de los docum entos p. 179 C) Crítica razonada de una teoría bien fundada: la expansión aragonesa e n tiempos de Ramiro I p. 207 CONCLUSIONES DE LA PARTE I p. 223 PARTE II p. 227 CAPÍTULO IV. Los documentos auténticos p. 231 A) Los documentos originales del reinado de Ram iro I p. 231 B) Documentos conservados en copias p. 262 3 5 5 comunidad monástica, e l cual aprovechó l os documentos del ar chivo a juzga r p or el conocimiento de la ubicación del acta de elección del obispo ribagorzano Borrell 3 . A continuación del Croni cón II de Alaón encontramos la Gesta de Roderici Campidocti , la c ual ha sido obj eto de varias te orías acerc a de su autoría, ana liz adas todas ellas por Emma Falque y dos historiadores más. En opini ón de dichos autores, la presente c rónica habrí a sid o compuesta por un individuo no castellano, aunque sin poder precisar si su orige n e ra catalán, aragonés o navarro conforme han intentado argumentar M enéndez P idal, Antonio Ubieto y Horrent. Además, los últi mos editores de la crónica ex ponen ta mbién l as ideas de Moralejo y de Smith, quienes identifican al compositor respec tiv amente con el obispo de Valencia J erónimo, si bien con diferentes argumentos 4 . Respecto a la cronología, Falque y lo s otros piensa n que con s eguridad se redactó entre 1102 y 123 8. Dentro de dicho periodo señalan la dificultad d e precisar con cierta seguridad un int erva lo temporal más exacto. No obstante, optan por considerarla escrita por un testigo ocular de l os hechos, pudiendo ser retocado su relato con posterioridad dado su car ácter anónimo 5 , hecho qu e explicaría, quizás, la serie de puntos de vista tan dispar es de la historiografía, qu e s e dividen en dos grandes líneas: la temprana, que abo ga por una elaboración entre 1 102 y 1120 y la tardía, que d efiende una data alrededor de mediados del siglo XII 6 . 3 Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça, Primera Pa rt , Barce lona, Institut d’E studis Catala ns, 1955, p. 20. 4 Cfr. E. F ALQUE REY ET ALII (edito res), Chron ica Hisp ana sae culi XII, p ars I , T u rnhout, B repo ls, 199 0, pp. 11-14 . En consona ncia co n ello, los tres histor iadores r esponsables de la edició n c rítica expone n los p un to s de vista y la ap o yatura de las teorías de Menén dez P idal, Horrent y Anto nio Ub ieto. E n este sentido, el primero señala su or igen e n el condad o barc elonés. P or el contrario , Horrent co nsidera que el autor f ue navarro . Final mente, Antonio Ub ieto d efendió que la m e ncionada crónica ha y q ue atribuirla a un zar agozano interesad o por los asuntos vale ncianos a m e diado s d el siglo XI I. Cfr. E. F ALQUE REY ET ALII, Chronica Hisp ana saec uli X II, pars I , p p. 12-14 y A. UBI ETO ART ET A, Litera tura Medieval I , Zaragoza, Anubar E diciones, 19 82, pp. 30-32 , para el caso de que se quieran conocer sus argumentos al respecto . 5 En relació n co n la opinión d ada por Falque, dichos historia dor es llegan a tal co nclusión tras analizar las teorías d el resto d e investigad ore s que se h an referido previa m ente , en donde seña lan q ue siempre al guno de los arg umentos que e mple an no resulta n co nvince ntes y por ta nto c riticable s. Cfr. E. F ALQUE REY ET AL II , Chronica Hispan a saeculi XII , pars I , pp. 14-21. 6 En e fecto, ésta es la cla sificació n que hace n los últ imo edito res de la presente crónica, d ando además su s argumentos y aq uellos q ue so n ob jeto de crítica y poco sólid os. No pro cediendo comentar los p untos de vista de cad a uno, sí que pr ecisam os los hi storiado res que integran a m ba s corr ientes de pensamiento. Así, la p rim era es m a ntenida por Menéndez Pidal y Fletcher, mien tra s q ue la tar día la d ef ie nden Ubieto , Horr ent y Smith entre otro s. Cfr. E. FALQUE REY ET AL I I, Chron ica Hisp ana saeculi XII , pars I , pp. 15-21 . 6 6 Retornando de nuevo a la Ri bag o rza, nos en contramos con la Cr ónica de Alaón Renovada , denominada a sí porque en la mis ma obra se hace referencia a una renovación de la memoria hi stórica efectuada con anterioridad: “ [... ] hec memoria renovata est [... ] ” 7 . Según Ramón D’Abadal, esta obr a se r edactó en su núcleo principal en el año 1154 8 , de forma que posteriormente se l e añadiero n tres fragmentos: el primero r elativo a los obispos de Roda-Barbastro y Lérida entre Ramiro II y Pedro de Albalat, el segundo refer ente a unos anales que reco ge n los ó bitos e n su ma y or par t e de los c ondes y obispos de Ur ge ll junto con los de los otros territorios de la zona y el tercero correspondiente a los obispo s i lerdense s entre los años 1238 y 1284 9 . Nada se conoce del autor, aunque R amón D’Ab adal indica qu e s e habría compuesto el relato histórico en el mon asterio de Al aón basándose en el Cr onicón II de Alaón y t eniendo buen conocimiento de los documentos del cenobio y de las ley e ndas de la Ribagorza. A finales del siglo X II, a partir de 1191 más concretamente, y s egún l as opiniones de Antonio U bieto, C armen Orcáste gui y Esteban S ara sa , se compuso un relato histórico que s e co noce por Chronicon Alte rum Rivipullense 10 . Desde el punto de vista de Miquel Coll i Alentorn, este relato hi stórico se habría compuesto en el monasterio de Ripoll, mientras que Antonio Ubieto, al compararlo c on e l Alterum Chronicon Rot ense, duda de que todo el texto sea de procedencia rivipull ense, puesto que cree qu e, si bi en se hizo allí, el autor uti lizó varias fuentes, tales co mo la obra de Eusebio de C esarea y o tras fuentes o riginadas en Cuix á, Urgell y Rod a, las cual es habrían estado constantemente intercambiándose entre centros de dichas regiones, en especial Ripoll y Roda, ya que ambos tuvieron un a estrecha relación confo rme lo denota el que monjes de Ripoll dirigieran la sede rotense, caso de Salomón, o que éstos rezaran por sus abades falle cidos 11 . En conclusión, Antonio Ubieto defiende que la s imil itud de l Chronicon Alterum Rivipul lense y el Alterum Chronicon Rotense se debe a que manejaron unos textos semejantes o iguales 12 . 7 Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça, Primera Pa rt , p. 2 1 y p. 24. 8 Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça, Primera Pa rt , p. 2 1. 9 Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça, Primera Pa rt , p. 2 3. 10 Cfr. A. UBIE TO ARTET A, Literatura Med ieval I , p . 42 y C. O RCÁST EGUI GROS y E. S ARASA SÁNCHEZ, La Historia en la E dad Media , p. 207 . 11 Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p p. 40-42. 12 Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p . 42. 7 7 Volviendo de nuevo a la Ribagorza, en l a cat edral de Roda de Isábena se compuso una breve ob ra que s e conoce con el nombre de Ch ronicon Rotense o Chronicon Rotense Primum para di ferenciarlo de otro denominado Alterum Chronicon Rotense. S iguiendo los punt os de vista de Anto nio Ubieto, di cho relato, cu y o autor desconocemos, se compu so entre los años 1210 y 1213 conteniendo una serie de hechos políticos referidos a Aragón en s u ma yor parte que abarcan d esde el r ey franc o Pipin o hasta el año de 1210 13 . P or último, se le añadió un fragmento co rrespondiente al reinado de Jaime I con posterioridad a 1276 14 . Ha de espe rarse a los ini cios del si glo X IV pa ra encontrar nuevamente crónicas que se refieran a Ramiro I . La primera de las pertenecientes a di cha c enturia es la Crónica de los Es tados Peninsulares , denominada por otros Crónica navarro- aragonesa 15 . Según Antonio Ubieto, se trata de una historia ge ne ral de la península Ibérica que carece del principio y del final: la in vasión m usulmana y la hist oria de los últimos re y es de Aragón 16 . En lo relativo a la autoría, el hecho de que el autor del relato conozca bi en lo concern iente al monasterio de Montearagón y que introduz ca noticias de la f amilia de los Luna, estrechamente relacio nada con el cenobio, ll evan a Antonio Ubieto a afirm ar que la compondría un ca nóni go de M ontearagón a pri ncipios de la decimocuarta centuria 17 . Concretando m ás las fechas, Ubi eto señala qu e la ma y or parte del texto se realizó en 1305, siendo ampliada posteriormente en 1328 con datos referentes a Navarra y a P ortug al 18 . 13 Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p . 38. 14 Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p . 39. 15 En c oncreto por Ramón Menéndez P idal. Cfr. R. MENÉNDE Z Y P IDAL, Crón icas Gen erales de Españ a , tomo V del catálogo de la Real Biblioteca , M adrid, Taller es de Blass y Cia, 3ª ed ., 19 18, p. 87 . 16 Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p p. 50-51. 17 Cfr. A. UB IET O ARTET A (editor ), Crónica de lo s Estado s Penin sulares (texto d el sig lo XIV ) , Granada, Universidad de Gra nad a, 1955, pp. 20-28 y A. UB IET O ARTET A, Literatura M edieval I , p. 5 1. Pro fun diza ndo m á s, e n la primera de ambas obras An to nio Ubieto señala q ue el autor e ra p artidar io de la corr iente de p ensamiento exi stente e n e l mona sterio d e Mo ntearagó n, se gún la cual en dicho monas terio se e ncontraban lo s resto s d e San Victor ián. Asimi smo, ta m b ién indic a pa ra r eforzar su teoría q ue la s alusiones a la h istoria de la familia d e lo s Luna ha y q ue re lacionarlas con las gestiones que h izo el m o nasterio para que un mie mbro del citado linaje aceptara el cargo de abad de Montearagón par a el que había sido elegido. 18 Cfr. A. UBI ETO AR T ET A (editor) , Crónica de lo s Estad os Penin sulares (texto del siglo XIV ) , pp. 3 0- 31 y A. UBI ETO ARTET A, Literatu ra Medieva l I , p. 5 1. Ahonda ndo en los ar gumentos q ue ofrec e Ubieto e n la primera d e las do s obras, el p ersonaje histórico que p erm ite p recisar e l momento d e redac ción e ntre lo s varios e xistentes es la rei na Juana de N avarra, q ue se consider a viva en la crón ica y muere e n ab ril d e 13 05, luego el grueso d e la cró nica se hizo en lo s principios del mencionado año. Respecto a la a mpliación, ést a h ubo d e re dactarse, según Ubieto , co n poster ioridad al uno de ma yo de 130 5, fecha en la que se no mbran do s cargos del reino de Navarra cuyo no mbramiento r ecoge la cró nica. 8 8 Tras hab erse realizado en el monasterio d e Ri poll la Gesta C omitum Barchinonensium entre l os años 1162-1184, amp liada posteriormente en dos ocasiones hacia 1208 y 1276 19 , a i nicios del si g lo X I V comenzó a elabora rse una segunda ver sión de l a Gesta Co mitum Barchinonensium, alr ededor de 1310 según Ly n n Nelson. La nueva red acc ión inclu yó en su tenor aspectos y acontecimientos que no estaban en la obra primitiva, como por ejemplo la sucesión de los rey es d e Ara gón desde Ramiro I hasta Ramiro II 20 , de forma que aparece el monarca que c entra nuestra atención, el primero de los dos Ramiros. La última crónica del sigl o XIV en el ámbito de la Corona de Aragón que trata l a figura de Ramiro I es la comúnmente c ono cida por la C rónica de San Juan de la P eña , que empieza su relato en Tubal y lo conc lu ye c on la m uerte de Alfonso III , aunqu e después se añadier on al gunos hechos más cerr and o el relato con el traslado de los restos del monarca al convento fra ncisc ano de L érida en 1339. Conforme pone n de m anifiesto Antonio Ubieto y Lynn Nelson, el pro ceso de r edacción d e la ob ra come nzó en 1345 cuando el re y dej a entrever que estaba bus cando manuscritos a fin de confec cion ar un relato histórico. Tras una primera produ cción en 1359 qu e ha de id entificarse, d e acuerdo con Ubieto, con u n relato concerniente a los reyes de Aragón, el largo trabajo emprendido, que consta de varias etap as bajo la dirección regia como bien indica Nelson, acaba entre 136 9 y 1372 o en este últim o se gún el historiador estadounidense, y a qu e en dicho a ño el re y comenzó a entregar varios ejemplares de la misma en diferentes partes del reino y en l as tres ediciones que se efectuaron: latina, aragonesa y catalana 21 . Adentrándonos un poco más en esta cuestión de forma breve, c abe señalar que Ubieto y Ne lson comentan el debate historiográfico habido e n torno a la autoría y a 19 Cfr. L. BARR AU-DIHIGO y J . M ASSÓ T ORRENT S ( editores) , Gesta Comitum Bar chino nensium , Barc elona, Fundació Concep ció Rabell i Cibils, 19 25, p p. XXII-XXXVIII. 20 C fr. L. H. NELSON, The Ch ronicle of San Ju an de la Peña . A fou rteenth-ce ntury official history o f the Crown of Arago n , P hiladelphia, University o f Penns ylvania P ress, 1 991, p . XIV. Asimi smo, lo s editor es de la Gesta Comitum Barchin onensium, B arrau -Dihigo y Massó To rrents, da tan con cla ridad la segunda de las versio nes d e la cró nica, la cual se co m p uso entre los a ños 1303 y 13 14. Cfr. L. B ARR AU-DIHIGO y J. MASSÓ TORRENT S (editores) , Gesta Comitu m Barchin onen sium , p. LV. 21 Cfr. C. ORCÁSTE GUI GROS (ed itora), Crónica d e San Juan de la Peña (Versión a ragonesa). Edició n crítica , Zaragoza, I nstitución Fernando el Cató lico, 1 986 , p. 5 y L. H. NE LSON, The Chro nicle o f Sa n Juan de la Peña. A fourteenth -century officia l history of th e Cr o wn of Arag on , p. XIV. 9 9 la lengua d e la edición p rimigenia 22 . Si bien e l seg undo re hu ye pronunc ia rse de manera clara aparte de lo recient emente ex presado 23 , el primero opina que se hiz o una crónica en lengua l atina m ediante la traducción al men cionado idioma de las historias privativas de Aragón y Cat aluña mandadas por los mo nasterios de San J uan de la Peña y Ripoll en aragonés y e n catalán respectivamente y l a uni ón de la parte redac tada bajo la supervisión regia, basad a en parte en la Crónica de los rey e s de S icilia, traducida del latín a lengua vul ga r 24 . R especto a R amiro I, la crónica de San Juan de l a Peña se caracteriza por ser la que más espacio le dedica 25 . En postrero lu gar d esde un punto de vist a cronol ógic o nos encontramos con la Chronica Regum Aragonum et C omitum Barchinone et Populationis Hispanie , escrita por el religioso dominic o Esteban Rollán. Según Isabel Falcón, editora d e la obra, ésta se compuso durant e el rei nado de Fernando II d e Ara g ón, añadiéndole des pués el autor un colofón referente a C arlos I que reco ge h asta su entrada a Barcelona en febrero de 1519. Teniendo en cuenta que Rollán se basa para la segunda parte del re lato en Pere Tomich, cuya primera edición de su crónica data de 1495, I sabel Falcón data l a Chronica Re gum Aragonum de Rollán entre 1495 y 1519 26 . A continuación, cabe fech ar el colofón relativo a Carlos I entre febrero de 15 1 9 y 1530, último año en el que se t iene documentado a Esteban Roll án 27 . Seguidamente nos centraremos en el análisis de las historias medievales castellanas, empezando p or la Cróni ca Si lense , l a primera de ellas que ha bl a de Rami ro I y algunos de l os hechos r elacionados con él. Dicha cr ónica ha generado un importante debate historio gráfico en torno al autor, el lug ar de composición y épo ca d e redacción 28 . 22 Cf r. A. UBIETO ARTET A, “ No tas sobre la Crónica de San Juan de la Pe ña”, Pirineos , 17-18, (Zaragoza, 19 50), pp. 463-493, co ncretamente pp. 4 66-467 y p. 489 y L. H. NELSON, T he Chronicle o f San Juan de la Peña. A fourteen th-cen tury official history of the Crown of Arago n , p. XI V. 23 C fr. L. H. NELSON, The Ch ronicle of San Ju an de la Peña . A fou rteenth-ce ntury official history o f the Crown of A ragon , p. XIV. 24 Cfr. A. UB IET O ARTETA, “Nota s sobre la Crónica de San Juan de la Peña”, P irineos , 17-18, p. 490. 25 C fr. A. UBI ET O ARTET A (ed itor), Cró nica de San J uan de la P eña, Valencia, Anub ar Ediciones, 196 1, pp . 4 4-52; A . SOBERANAS LLEÓ (e ditor), Crònica Gen eral de Pere III El Cerimoniós d ita comun ament crònica d e Sant Joan de la Penya , B arcelona, Alpha, 1961 , pp. 5 2-61 y C. ORC ÁSTEGU I GROS (edito ra), Crón ica de San Juan d e la Peña (versión a ragon esa). Edició n crítica , pp . 30-35. 26 Cfr. M ª. I. FALCÓN P ÉREZ (ed itora), Chro nica Regum Arag onum et Comitum B archino ne et Popu lationis Hispan ie , Zarago za, Anubar Ed iciones, 198 7, pp. 6-7. 27 Cfr. M ª. I. FALCÓN P ÉREZ (ed itora), Chro nica Regum Arag onum et Comitum B archino ne et Popu lationis Hispan ie , pp . 6-7. 28 De entre las po sturas existentes, conviene destaca r las siguiente s: afir mar que la cr ónica se hizo en León o en sus alrededor es, opción defendida p or Claudio Sánchez Albornoz, o en Santa María de 10 1 No obstante, nosotros hem os considerado conv eniente seguir el sólido estu dio que de la cuestión realizó Antonio Ubieto Arteta, que solventó de forma satisfactoria l os interrogantes planteados constantemente por la historiografía 29 . De acuerdo con ello, Antonio Ubieto cree que la Crónica S ilense no se redactó en León, s ino en Oviedo y más concretamente en e l m onasterio de S an Vicente, lo cual argumenta pon iendo de manifiesto las numerosas noticias concernientes a Ovi edo que se incluyen en el relato silense y demostrando pa leog r áficamente que la lectura “domus semi nis”, l a que motivó toda la pol émica his toriog ráfica, corr esponde a un erróneo desarrollo de las palabras abreviadas “Sci Uinis”, e quivalente a “Sancti Vincentis” y qu e han de ident ificarse con San Vicente d e Oviedo 30 . Por otro lado, Antonio Ubieto también propone otra cronología diferente de la tradicionalmente tenida por válida, años 1110-1118 31 . En efec to, se gún su criterio personal la Crónica Si lense tendría que fecharse e ntre los años 1140 y 1158, ya que las alusiones al Reg num Cesaraugustanum en varios pasa jes correspondientes a dist intas etapas históricas indi can que se elaboró en el reinado d e Alfonso VII, y m ás con cretamente dicho pe riodo temporal se refie re al año en que su conocimiento se hace más c omún y e x tenso y al momento en que quiebra la idea imperial de di cho mona rca que originó el menc ionado reino 32 . No obstan te, cuando Antonio Ubieto lanza la hipót esis de que el autor pudo h aber sido el obispo Pelayo de Oviedo 33 , él mismo indi ca que la crónica estaría casi c oncluida en su tot alidad en el año de 1149, fecha de división de los territorios regido s por Alfonso VII 34 . Si bien en un principio se consideró que la Crónica najerense, siguient e tex to a analizar, era de origen leonés, Ramón Menéndez Pidal y Vázquez de Parga rectificaron tal teoría y sostuvieron que se hizo en la loc alidad de Nájera 35 . Antonio Ubi eto ratifica dicha opinión y ofrece una serie d e argumentos de peso que efectivamente certifican su origen najerense. Según Ubieto, l a inclusión en el relato de l ey endas locales relativas a Nájera, el conocimiento de la donación de Santa María de Nájera a C luny, el uso de la Sahagún, opin ión sostenida po r Cana l Sá nchez-Pag ín. Cfr. A. UBI ETO ARTET A, Oríg enes de los reinos de Castilla y A ragón , Zaragoza, P rensas Universitar ias, 2ª ed., 1991 , pp. 207-208 y p. 22 8, do nde se encuentra n los artículos re ferentes a la expo sición de dichas teorías. 29 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 20 5-239. 30 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 20 8-233. 31 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , p. 233 . 32 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 23 3-236. 33 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 23 7-239. 34 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 23 6-239. 35 Cfr. A. UBI ETO ART ETA (edito r), Crón ica naje rense , Zaragoza, Anubar E diciones, 2 ª ed ., 1985, p. 25. 11 1 documentación conservada en dicho mon asterio, el saber el l ugar de in humación en Nájera d e a l gunos de los persona jes citados y el uso de t extos históricos c ompuestos en Nájera con firman qu e el autor realizó la presente crónica en tal localidad 36 . Respecto a la fec ha, si bien Antonio Ubie to opina que se escribió la crónic a najerense entre 1 185 y 1235, intervalo basado e n los personajes históricos y especialmente en la cita del rey Alfonso de Portugal y en la data del códice más antiguo que se cons erva 37 , Juan Antonio Estévez Sola apunta que quiz ás hubo dos autores del se ñal ado relato. De acuerdo con ello, el primero se encargaría de redactar la parte que va desde Alfonso III hasta Alfonso VI, mientras que el segundo se h abría ocupado de el aborar lo s hechos previos hasta los godos, los pasa jes extractados de la Historia Schollastica de Pedro Coméstor y los eventos relacionados c on las épocas de Alfonso VII de Castilla y Alfonso de Portugal 38 . Otra de las crónica s castellanas que h ablan de Ramiro I son l os Anal es Toledanos Primeros , de los que no pose emos una edición verdadera mente crítica conforme s e comprob ará m ás adelante 39 . La ausencia de ella hace que no sepamos ciertas cosa s con se guridad por el momento, de forma que no tenemos gran conocimiento de la misma. En cuanto a l a cronología, única cuestión que vamos a tratar, el Padre Flór ez señala que se elaboraron a principios del siglo XIII ar g ume ntando que el autor incidió en los suces os de tal periodo con m ención especial a l a mala cose cha de 1213, lo que probaría que el citado individuo sufrió la carestía 40 . Teniendo en cuenta 36 Cfr. A. UB IET O ARTETA (edito r), Crón ica najerense , 2ª ed., p p. 26-30. 37 E n efecto, tras constatar una ser ie d e er rores r eferentes a la fecha d e mu erte de algu no d e lo s individ uos que aparecen en la cr ónica, Antonio Ubieto llega a tal conclusió n tras decir que la crónica najerense tuvo entre su s fuentes a la Crónica de P elayo y a los Anales Co m p ostela nos Seg undos, lo q ue retrasa como mínimo su r edacción a p arti r d e l o s a ños 1142 -1143. Cfr. A. UBIET O A RTE TA (editor), Crónica najeren se , 2ª ed ., p. 8 y pp. 21-30. 38 Siguiendo la exp osición de Estévez So la, dicho historia dor ofrece tres posibilida des, una p rimera que sería apoyar la teor ía d e Ub ieto dando un argume nto más só lido, los pasaj es copia dos de Pedr o Com és tor, una seg unda que se car acteri za p or m a ntener q ue se red actó la crónica entre 115 0 y 116 0 guardando silencio sob re la época contemporá nea y la tercer a que es la q ue se ha co m e ntado en el texto. Cfr. J. A. EST ÉVEZ SOLA (editor ), Crón ica Naia rensis , Turnhout, B repols, 1 995, pp. LXX-LVIII. 39 Cfr. R. V IRUETE ERDOZÁI N, Aragón en la época de Ramiro I, vol.I , ca pitulo I, Las fuentes para el estudio del reino de Arag ón en tiempos d e Ramiro I . En relació n co n esto, J ulio Po rres Martí n-Cleto publicó u n est udio acerc a de lo s Anales T oledanos, p ero no cab e considerarlo una obra c rítica, ya q ue, entre o tras cosas, se ded ica a unificar lo s Anale s T oleda nos Primeros y Se gundos al obj eto d e conseguir un rela to lo más co mpleto desde el p un to d e vista cro nológico. Cfr. J. P ORRES MA RTÍN-CLET O, Los Anale s Toledan os I y II , Toledo, Instituto de Investigacio nes y E studios T oled anos-Diputació n Pro vin cial de To ledo, 1993 , pp. 11-20. 40 Cfr. E . FLORE Z, Espa ña S agrada, theatro geograph ico-historico de la Iglesia de España, vo l.XXIII , Madrid , Antonio Mar in, 1767 , p. 362. 12 1 que los Anales Toledano s Primeros acaban en el año 1219 41 y que su escritor alude en primera persona, conforme in dica Flórez, al hec ho de qu e en 1213 “ non cogiemos pan ninguno ” 42 a causa de l as heladas producidas entre octubre y febrero y la a usencia d e lluvias desde marzo a ju nio 43 , consideramos que la red acc ión d e l os mismos no debió ser mu y tardía en relación con el año de 1219, y a que el mencionado autor fue contemporáneo d e los úl timos acontecimientos narrados. Por lo tanto, creemos que ha de tomarse por buena en líneas generales la fecha de composición dada por Flórez , aunque debamos matiz ar el principio del siglo X III por p rimer te rcio de la referida centuria, ya que nos pa rece más correcto ligar desde el año 1219 en adelante con l a segunda data que no con los inicios del si glo 44 . El obispo L ucas de Tu y realizó una crónica histórica que, titulada C hronicon Mundi , llega hasta la c on quista de Córdoba por F e rnando III de Castilla 45 . Tras la teoría de Pu y ol 46 , puesta en cuestión por L ineh am, quien admite que Lucas de Tu y trabajó en la crónica entre 122 9 y 12 42 47 , Estévez Sola ha pre cisado bastante la fecha de redacción del Chronicon Mundi de L ucas de Tu y. Siguiendo sus ideas, dicho histori ador defiende que L u cas de T u y había comenzado las la bores de composición de la c rónica, finalizando la m isma antes de 1243, f echa en la q ue Rodrigó Jim énez de Rada empezó 41 Cfr. E . FLO REZ, Espa ña Sa grada, th eatro g eographico -historico de la Iglesia de Espa ña, vol.XXI II , p. 400. 42 Cfr. E . FLO REZ, Espa ña Sa grada, th eatro g eographico -historico de la Iglesia de Espa ña, vol.XXI II , p. 397. 43 Cfr. E . FLO REZ, Espa ña Sa grada, th eatro g eographico -historico de la Iglesia de Espa ña, vol.XXI II , p. 397. 44 Nuestro p unto de v ista no ha de tomarse co mo algo d efinitivo, sino to do lo contrario , una hipótesis que debe verificarse o enmendarse m ed iante la realizació n de un estudio crítico e histórico seri o de los Anales To ledanos P rim er os, el cual, entre otras co sas, d etermine co n la mayor precisión posible la cr onología de composició n de esta fue nte. 45 C fr. E. MIT RE FERN ÁNDEZ, “¿U n sent imiento de co m unidad h ispánica? La histo riografía peninsular”, e n J. A. G ARCÍA DE CORT ÁZAR Y RUIZ DE AGUIRRE (co ord inador), Historia de Españ a R amón Men éndez Pidal, vol.XVI, La ép oca d el Gó tico en la cultura espa ñola (c.122 0-c.148 0) , Madrid , Espasa-Calpe, 1994 , pp. 407-43 4, concretamente p p. 4 11-412. 46 Pu y ol opina que Lucas i nició la redacción d el Chronicon Mundi p or o rden de la r eina Berenguela entr e los años 119 7 y 120 4 argum entando que sólo en e sos añ os tuvo vigencia el matri m o nio en tre ella y Alfonso IX y q ue e n 12 30, cuando B erenguela se convirti ó en reina madre, Lucas no pod ía ser diácono teniendo en cuen ta que fue e legido ob ispo en 12 39. Cfr. J . P UYOL (ed itor), Crónica d e Esp aña po r Lucas, o bispo de Tuy , Mad rid, Real Academia de la Historia, 192 6, p. V nota n º 1. 47 Lineha m ha d emostrado la i nviabilidad de la te oría de Puy ol de stacando, entre otra s cosas, dos hechos: que la re ina Ber enguela utiliz ó la intitulació n “ Hispan iarum Regin a ” a p artir de 1230 y q ue cuare nta año s para ef ectuar la cró nica, perio do p ropuesto po r Pujol com o se ded uce de la nota anter ior, er an excesi vos, sobre to do si se parte de los años q ue duraba una vida p or nor m a general e n e l siglo XI II . No obstante, Lineham a dmite q ue estu viera trab ajando en ella e n 123 0 y que p robab lem e nte aú n no la h ubie se ac abado en 12 42, idea q ue apoya e n el hecho de que hasta a bril d e ese a ño no apare ce al frente de la d iócesis de Tuy, tre s a ños d espués de s u elección. Cfr. P. LINEH AN, “Fechas y so spechas sob re L ucas de T uy ”, Anua rio de Estud ios Medievales , 32 , (Barcelo na, 2002) , pp. 19-38, co ncretam e nte pp. 26-33. 13 1 su obra R ebus Hispaniae, tesis por l a que aboga s i no se de fiende que Jiménez de Rada conociera la obra de Lucas de Tu y m ientras la es crituraba con el obj etivo de refutarla en algunos puntos 48 . Por otro lado, Emm a F alque, p artiendo de los datos exi s tentes en la crónica, opina que Lucas de Tuy inició la redacción de la misma a prin cipios de la década de 1230, conclu yéndola entre 1237 y la to ma de pos esión d el ca rgo de obispo de Tuy, sede para la que fue nombrado obispo en el año 1239 49 . En definitiva, la historiografía actual con sidera, más allá de sus divergencias en cuanto a l a fecha de composición, que el Chronicon Mundi de L ucas de Tu y es anterior a la obra de Rodri go Jiménez de Rada y q ue el citado obi spo compuso un a parte imp ortante de l a mencionada fuente en la década de los años treinta del siglo X III . Seguidamente a Luca s de Tu y y su Chronicon Mundi, el arzobispo nava rro d e Toledo, R odrigo J iménez de Rada, redactó su ob ra D e Rebus Hispaniae , califica d a por Fernández Valverde co mo la culmi nación de la cronística hispana en latín 50 . Al no existi r dudas acerca de su autoría y lugar de compos ición, nos centraremos directame nt e en la cu estión de la cronología. Si guiendo de nuevo a Fernández Valverde, úl timo historiador que ha estud iado en profundidad y con detalle la crónica de J iménez de Rada, ésta t uvo que redac tars e con post erioridad a 1236, fecha en la que se acaba l a narración del Chronicon Mundi de Lucas de Tu y , ob ra que utili zó con asiduidad el arzobispo toledano. Por otro lado, en el relato hist órico por él efectuado s e inclu y en una serie de don aciones a favor d e la iglesia qu e datan de 1241 y se alude t ambién al vigésimo quinto año de reinado de Fernando III de Castilla, de forma que Rodrigo 48 C fr. J . A. EST ÉVEZ SOLA, “Nota s crítica s a u na n ueva edició n del Chroni con Mundi de Luca s de Tuy”, Exempla ria Classica , 8, ( Huelva, 2004 ), pp. 135 -164, concreta m e nte pp. 1 36-137. 49 Emma Falque apo y a su teoría en cinco argume ntos fundam e ntales. En primer lugar, la o bra fue encargada por la rei na madre Ber enguela, c uya intit ulación cabe relacio narla con s u p eriod o d e r eina madre en el que se encargo, u na vez reunifica das Casti lla y L eó n baj o la persona de su hij o Fernando I II, de efectuar la bores de r egencia mientras el citado m o narca castella no se o cupab a de la l ucha contra lo s musulmane s. En se gundo l ugar, la mención d e Sa n Anto nio de Pad ua en el seg undo prólogo del Chronicon Mund i sugiere a E mma Fa lque q ue la reda cción se pro dujo tras s u muer te, oc urrida en 1232. En ter cer lugar, el hecho de que el relato acab e con la conquista de Córd oba, 1236 , significa que se estaba redac tando con po sterioridad a tal e vento. En cuarto lugar, la f o rma de citar el matrimoni o de Bereng aria con el re y de Jerusalén i ndica q ue éste ya ha muerto , suceso acaecid o en 12 37, lu ego la fi nalización de la crónica es po sterior a dicha fecha. Final mente, Lucas de T uy acab ó e l relato antes de o cupar fáctica mente la sede d e T uy , m o mento que desconoce mos p or ahor a. Cfr. E. FALQUE REY ( editora ), Lvcae Tvdensis. Chronico n Mvnd i , Turnhout, B repols, 2003, pp. XVI-XXI. 50 Cfr. J . FERNÁNDE Z V ALVERDE, Histor ia de lo s he chos d e E spaña , Madrid , Alian za E ditorial, 1989, p. 11. 14 1 Jiménez de Rada estaba escribiendo la crónica hacia 1242 ó 1243 51 , por l o tanto, en los últimos años de su vida. Con post erioridad a la obra de Rodrigo J iménez de Rada ha d e situarse una de las cr ónicas impulsadas en la corte de Alfonso X de Castilla y concluida durante el reinado de su hi jo y su cesor Sancho IV ; concr etamente nos estamos r efiriendo a la segunda mi tad de la Primera Crónica General de España o Estoria de España , donde se relatan acontecimientos de la persona y del gobierno de Ramiro I. R edac tada la primera parte de la mism a entre los años 1270 y 1272-1275 se gún Menénd ez P idal 52 , la otra m itad de d icha obra se interrumpió pa ra p roce de r a elaborar la G ran Hist oria, acabada en los últim os cua tro años del mandato de Alfonso X, 1281-1284. En cuanto a su conclusión, la redacción de la P rimera Crónic a General de España se t erminó durante los años en los que S ancho I V dirigió el reino de Castill a tal como indica uno de los manuscritos que la cont ienen, produci éndose esto en el periodo cronológico qu e v a desde 1289, cuando se s abe que se estaba finalizando, hasta 1295, fecha de la muerte de Sancho IV 53 . Dejando el r eino de Ca stilla, nos trasladaremos al occidente de la p enínsula Ibérica, es decir, al re ino de Portu g al. En di cho territorio se redactó l a Crónica de 1344 , llamada así po r hab erse concluido en el citado año. S in embargo, fue refund ida hacia 1400 con la pretensión de convertir a la obra en un crónica general de España según el estilo alfonsí, que al parecer no se basaba en la citada Estoria d e España 54 . Respecto a l a autoría y al lu ga r en el que el pres ente rela to histórico se el aboró, Dieg o C atalán y 51 Cfr. J. FERN ÁNDEZ VALV ERDE, Historia de los hech os d e Esp aña , pp. 49-50. A p esar d e señalar la cronolo gía de redacció n d e la cró nica, este autor con sidera que hay algo que no cuadr a en ella, reflexión que hace en tor no al hecho de que el relato está p ráctica m ente vacío a pa rtir del a ño 1236. 52 Cfr. R. MENÉNDE Z P IDAL (editor) , P rimera Crón ica General d e España , Madrid, Editorial Gredos, 3ª re im pr. con estudio ac tualizado r d e Diego Catalán, 1 977, pp. 85 6-857. Ahondando u n p oco m ás a cerca de la cuestió n, Ramón Me néndez P idal o frece tres argume ntos p ara fec har la redac ción de la p rimera parte de la P rim er a Crónica General de España e ntre los a ños 12 70 y 1272 -1275: el hecho d e que a inicios de 1270 Alfonso X de mandar a a la cole giata de Albelda y al monasterio de Santa María de Nájer a lib ros en présta m o p ara co piar y us ar en la red acción de la cró n ica, que hasta 126 9 no se hicieran obr as de compilación en la s e scuelas c ientíficas de Alfonso X y que la primera parte de la G ran Histor ia d e Esp aña cita en muchas oca siones la historia de España en relació n c on asuntos tratado s e n la P rimera Crónica General de España. 53 Cfr. R. MENÉ NDEZ P IDAL (ed itor), Primera Crón ica Gen eral de E spaña , p . 857. 54 Cfr. D. CATAL ÁN y Mª. SOLED AD DE AND RÉS (edito res), Edició n crítica del texto espa ñol de la Crónica de 1 344 que orden ó el co nde de Barceló s Do n Pedro Alfonso , Madrid, Edito rial Gr edos, 19 70, pp. XVI-XVII. Te niendo en c uenta q ue la edición de Diego Catalán y Mar ía Soledad de A ndrés se basa en los manuscrito s co nservad os de la vers ión pr imigenia, prescindire mos d e tratar lo tocante a la refundición d e 140 0. 21 2 Comentada la his toriografía medieval en los r einos hispánicos cristianos, ahora llega el momento de det ener se en las crónicas y relatos históricos redactados y escritos por los hi storiadores de relig ión musulmana. Su estudio resulta imprescindible a fin de reconstruir el pasado, puesto que aportan datos co mplementarios que no aparecen en l as crónicas cristi anas o bien tratan con más amplitud otro tipo de hec hos que e n las cristianas ap enas se d escriben. Sin embargo, ha de decirse q ue p oseemos una importantísima carencia que dificulta sobreman era el que pod amos desarrollar co n satisfacción el análisis de la historio grafía mus ulmana: el no domini o de la lengua árabe, así que nuestr a co nsulta de fuentes musulmanas se limita únicamente a aquellas obras que, fruto de s u e d ición crítica, han sido traducidas parcial o totalme nte al idioma castellano, inglés o francés. Dicho esto y ciñéndonos al asunto que nos ocup a, no s on muchas las crónicas musulmanas que tratan e n su contenido la fig u ra de Ramiro I de Aragón; e n este sentido, únicamente hemos encontrado tres. Respetando el orden temporal que hemos marcado en la expos ición del epígraf e anterior relativo a las cróni cas cristianas, el primer historiador musu lmán que habla de Ram iro I es Abu Bakr al-T urtuxi o Abu Béquer d e Tortosa, quien escribió el relato ti tulado Lámpara de los príncipes a fines del siglo XI e inicios de la duodécima centuria 90 , lueg o en una épo ca bastant e cercana al reinado de Ramiro. Tras al-Turtux i, ha y que esperar a la ob ra de I bn a l-Kardabus, quien escribi ó una historia general de los califas que no se circunscribió únicamente a los de oriente, sino que aborda también, conforme dice Maill o Salgado, l os acontecimientos ocurridos en al-Andalus, los cuales lle ga n hasta los inicios del califa almohade Yusuf (11 84-1199) 91 . Aunque en la i ntroducción de la t raducción al e spañol de este relato Maill o no hace constar la época en la que se compuso lo relativo a la península I b érica, la descripción de d icho pro fesor d eja claro que la parte referent e a al-Andalus se elabo ró a fin es del siglo XII reinando el citado califa 92 . 90 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón , Zaragoza, Iberc aja, 1993, p . 68. 91 Cfr. F. M AILLO SALG ADO, Histor ia d e al- Anda lus , Madrid , Ed iciones Akal, 2 ª ed. co rr., 1993, pp. 11-12 . 92 Cfr. F. M AILLO SA LGADO, Historia de al-Andalu s , pp. 11-12. 22 2 Finalmente, el tercer historiador que trata la fi gura de Ramiro I es I bn Idari, que vivió en la s egunda mitad del si glo X III y en l a primera del si guiente, el XIV. Se gún Maillo Salgado, el m encionado autor compuso su obra, ti tulada Ba yan al-Mugrib , en la ciudad ma grebí de Fez y no en Marrakus, idea que defiend e apo y á ndose en tr es argumentos, entre los que destaca la consulta de la document ación of icial 93 . En lo concerniente a la cronolo gía, Maillo S alg ado t ambién expone que Ibn Idari no acabó el Bayan en 1306 conforme había admitido L évi -Provença l, pu esto que aún lo estaba redactando en los años 1312-1313 94 . En consec uencia, dicha obra se el aboró bien entrado el primer tercio de la decimocuarta centuria. b) LOS MANUSCRITOS FUNERARIOS: LOS OBITUARIOS Tal como se pued e deducir del títu lo del presente epígrafe, este se gundo tipo de fuentes hace referencia a los m anuscritos que se rea liz an en los monas terios, en las catedrales y en otr as en tidades re ligiosas para consignar generalmente, las fe chas de muerte de los Papas, obispos, abades, monjes y eclesiásticos perten ecientes a la institución que l o hace, de los dirigentes del te rritorio en el que se ésta encuadra y también de las familias n obiliarias relacionadas c on el centro, l o cual sirv e al objeto de realizar los oficios religiosos correspondientes a los aniv ersarios que recuerdan la memoria del difunto. Respecto a sus caracteres , cabe decir que se tratan de fuentes sencillas en donde de forma esquemática, y similar a los anales, se registran el día, el mes y el año en el que se producen los óbitos. Partiendo del h echo de que nos centramos en la persona y época de R amiro I , únicamente encontramos los datos referentes a él en el necrologio del mona sterio de San Victorián, que también recoge las fechas de los fallecimientos de varias personas de su familia como s u hermano Gonzalo, su esposa Ermesinda o su hi jo Sancho R amírez 95 . Dicho obituario, que s e ha conservado en un a c opia inserta en el volum en XII d e los papeles d el p adre Joaquín Traggia 96 , fue compuest o en el año de 160 7 por Juan Enciso , 93 Cfr. F. M AILLO SALG ADO, La c aída del ca lifato d e Córdob a y los reye s de taifa s , Sala manca, Universidad de Sala m a nca, 19 93, p . VII. 94 Cfr. F. M AILLO SA LGADO, La caíd a del califa to de Córdob a y los reyes de taifas , p p. VI-VII. 95 C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s estado s an tiguo y moderno , Madrid , Real Acade mia de la Histor ia-Imprenta de José Rodr ígu ez, 1 862, pp . 276-284. 96 Cfr. Biblio teca de la Real Academia d e la Historia (BRAH), 9-5230 , Colección Trag gia, vol.XII . 23 2 monje del monasterio de San Victorián 97 . Sin emba r go, y conforme delata l a presenc i a de una frase escrita posteriormente jun to a la indi cac ión de l a fecha que dice lo siguiente: “ Y de ot ra letra. Sacose del libro viej o i s e han escrito despues otros ” 98 , el obituario, titul ado Libro viejo de la Preciosa , se amplió con posterioridad en el último cuarto del siglo XVIII, ya que el año más re ciente que se recoge es el de 1768 99 . c) ACTOS JURÍDICOS O FUENTES DIPLOMÁTICAS Bajo esta denominación englobamos los t radicionales documentos escritos en soporte de pergamino pertenecientes a la época del propio monarca, es decir, a los otorgados por él util izando la estructura de l a escribanía regi a o la d e algún monasterio y los concedidos por individuos particulare s tanto laicos como eclesiásticos. Conforme tendremos oportunidad de comprobar en uno de los capítulos del bloq ue siguiente, dedicado a l a crítica d e los mismos, los citados diplomas contienen concesiones graciosas del monarca, l os testamentos regios, compra-ventas y p ermutas en la que él constitu y e una de las pa rtes, pleitos fallados por el re y y dona ciones, compra-ventas y permutas e fec tu adas po r di versos p ersonaje s. En definitiva, puede af irmarse con rotundidad que las menci onadas fuentes ref lej an p or escrito part e de los actos cotidianos que realizaron los hombres aragoneses que vivier on en el segundo tercio del siglo XI. Un vistazo global a toda esta documentación, cuy a c antidad ronda alrededor d e los 250 actos jurídicos dife rentes, permite c om probar que la mism a n o sólo se ha conservado básicamente en los archivos de los monasterios más importan tes en época de Ramiro I y de la única diócesis existente, Jaca y lu ego Huesca-Jaca, sino que además estos fondos documentales se han ido fragmentando con motivo de la ex claustrac ión decimonónica o rdenada por el g obierno español y guardándose defin itivamente en numerosos archivos y bibliotecas de carácter local y nacional tanto de Esp aña como del extranjero. A la hora de enumerar de forma con creta los diplomas disponibles en la actualidad, hemos pre ferido primar la ubicación a ctual de los mismos que la entidad que 97 C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s estado s antigu o y moderno , p. 284. 98 C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s estado s antigu o y moderno , p. 284. 99 C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s estado s antigu o y moderno , p. 282. 24 2 los poseía, de forma que ordenaremos l a exposición en función de las bibliotecas y archivos. c 1 ) A rc hivos y bibliotec as de España Aunque ha y fondos f uera de nuestras fronteras, la ma y or p arte de l os documentos relativos al Aragón de Ramiro I se custodi an en territorio nacional, si bie n es cierto qu e con gran d ispersión. En efecto, si analizamos los lugares en los que se ubican, comprob amos que l a documentación qu e nos interesa estudiar s e rep arte entre 12 archivos y bibl iotecas de cuatro comunidades autónomas u ocho ciudades, concretamente Madrid, Ba r celona, Lérida, P amplona, Barbastro, Jaca, Huesca y Zaragoza. No obstante, no todas las localidades citadas guardan la mism a cantidad de diplomas según vamos a comprobar a continuación. Sin embargo, antes de hacer lo dicho, conviene advertir que no realizaremo s siempre una descripción detallada de los docum entos que ex isten en cada uno d e los archivos y de las bibl iotecas, y a que para eso remitimo s a la consulta de los catálogos de cada un o de ellos, o bien a l a propia colección diplomática que se presenta en e l segundo volumen de la presente T esis Doctor al. Así p ues, nos lim itaremos por norm a general, si ha y abundant e documentación, a nom brar la s entidades que g u ardan la documentación del reinado de Ramiro I y l as secciones, car pet as o códices que dentro de los mencionados lugares contienen los diplomas que nos i nteresa n y que son l a base de nuestro trabajo.  Archivo Histórico Nacional (AHN) El citado arc hivo, ubi cado e n el complejo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de la ciudad de M adrid, gua rd a documentación del reinado de Ramiro I en dos de sus secciones: la de Clero R eg ula r-Secular y la de Códices y Cartularios. La primera de l as dos es la más importante y la m ás numero sa, puesto que la subsección de pergaminos contiene l a práctica totalid ad de diplom as referentes al reinado de Ramiro I existentes en dicho centro. En efecto, dentro de esta ubicación encontramos los fondos documentales procedentes de los monasterios benedictinos de San Salvador de Oña, Montearagón, San J uan de la P eña y San Victorián de Sobrarbe. 25 2 Respecto a los dos primeros, sólo disponemos de un documento de cada uno de lo s mencionados fondos 100 . En cambio, la documentación relativa a los otros cenobios tiene un may o r volumen, ya que los diplomas se hallan guardados en seis ca rpetas en el caso de San Juan de la Peña 101 y en cuatro en el de San Victorián 102 . Finalmente, cabe señalar que no s e ha ce necesari o ir a Madrid para consu ltar las citadas carpetas, puesto que I bercaja, a través de convenios con la administración competente, ha desarrollado un proyecto que se ha materializado en la creación del Centro de Documentaci ón Ibe r caja, situado en el Palacio Larrinaga de la ciudad d e Zaragoza, en donde se ha obtenido copia digital de los documentos relativos a la Comunidad Autónoma d e Aragón e x istentes en l as s ecc iones de Clero e Inquis ición del Archivo Histórico Nacional. De acuerdo con lo dicho más arriba, la otra s ecc ió n que tenemos que consu ltar es la de códices, en donde se encuentra uno procedente del monasterio ribagorzano de Santa María de Obarra, que l leva el número 1239 103 . Especificando u n poco más, se trata un rolde de pergamino e n el que s e contien en una serie de diplomas referentes a la evolución patrim onial de un a fami lia noble ribagorz ana formada por San cha y sus d os maridos, primero Enardo y después Apo G alíndez. La s características fundamentales del mism o ya las d escribió en su dí a Án ge l J uan Martín Duque, de forma que simplemente diremos que nos da a conocer escasamente tres documento s, de los que uno fue otorgado por Rami ro I d e Aragón.  Biblioteca de la Real Academia de la Historia (BRAH) 100 Cfr. AH N, Sec ción Clero Regula r-Secular , S an Salva dor d e Oña , carpeta 2 70, nº 4 y AHN, S ección Clero Regu lar-Secu lar , Monte aragón , carpeta 621 , nº 1. 101 Cfr. AHN, Sección Clero Regular-S ecular , S an Juan de la Peña , carpeta 6 26, nº 1; AHN, S ección Clero Regu lar-Sec ular , Sa n Ju an d e la Peñ a , car peta 6 97, nº 2, 4, 5, 8 , 9, 1 0, 11, 12, 13, 14 , 15, 18, 19 y 21; AHN, Sec ción Cle ro Regu lar-Secu lar , San Juan de la Peña , carpeta 700 , nº 5 y 6 ; AHN, S ección Clero Re gular-S ecular , San Juan d e la P eña , ca rpeta 70 9, nº 16 y 21 y AHN, Secció n Clero R egula r- Secu lar , San Juan de la Peña , carpetas 69 8 y 699. 102 C fr. AHN, Sección Clero R egu lar-Secu lar , Sa n Victorián , carpeta 760 , nº 3 , 6, 7 , 8 , 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18 , 19 y 20; AHN, S ección Clero Regu lar-Secu lar , Sa n Victoriá n , carp eta 761, nº 1, 3, 4, 5 y 9; AHN, Sec ción Clero Re gu lar-Secu l a r , San V ictorián , ca rpeta 76 3, nº 1, 19 y 20 y AHN, S ección Clero Regu lar-Secu lar , San Victorián , car peta 767, nº 5, 8 y 21. 103 Cfr. AHN, Secció n Coleccion es , Docu mentos Textua les , Colecció n Códices y Cartu larios , c ódice nº 1239. 26 2 Radicada su sede tamb ién en M adrid, di cho centro guarda en su in terior documentación correspondiente al r einado d e Ramiro I, la cual se halla en l as colecciones de los padres Aba d y Lasierra y Tr aggia y e n la cole cción Sala zar y Castro. Aunque su rastreo exhaustivo a ún no se ha conc luid o debido a la amplitud de las mismas, especialmente l a de S alazar y C astro, p odemos decir qu e la úl tima colección sólo contiene copias de documentos de fecha anterior, de forma que no nos da a conocer ninguno nuevo. P or otro lado, las otras dos colecciones, formada s en el sigl o XVIII , no s han transmitido algunos diplomas que no se han conserva do en copias anteriores, pese a que las mism as son fundamentalmente transcrip ciones de los document os originales hechas por Abbad y Tra ggia cuando ambos visitaron l os correspondiente s monasterios, entre las que cabe desta car, p or ejemplo, la copia entera del L ibro Gótico o Cartulario del m onasterio de S an J uan de la P eña, volumen 6 de l a colección de Abbad. Más concretamente, gracias al trabajo de estos religiosos sabemos de la existencia de dos diplomas en los que Ramiro I otorga diversas propiedades al monasterio de San Victorián.  Archivo de la Corona de Aragón (ACA) Situado en la ciudad de B arcelona, e l Ar chivo de la Corona de Aragón no ofr ece tanta cantidad de documentos como el Archivo Histórico Nacional, s ino más bien un número muy escaso, o mejor dicho escasís imo, concretamente t res, los cuales fueron otorgados por Ramiro I. Dichos di plomas se encuentran todos en la S ecc ión de Cancillería, y dentro d e ésta dos en la subse cción de r egistros y ot ro en la de pergaminos. R efiriéndonos a la primera de las dos subsecciones, encontramos documentos de Ramiro I en el folio 1 del Liber Feudorum Maior y en el registro número 943, correspondiente al reinado de Pedro IV de Aragón 104 . Respecto a l a segunda, e l último diploma de Ramiro I s e halla en la carpeta número 27 del conjunt o de ellas que recogen l os documentos de época d el conde Ramón Berenguer III de Barcelona 105 . Finalmente, d ebemos añadir que se en cuentra una c opia posterior del a cto jurídico contenido en el registro 943 en los folios 72-72 del vol umen segundo d el libro t itulado 104 Cfr. AC A, S ección Re al Cancillería , registro nº 1, Lib er Feud orum Maio r , ff. 2r-2v y A CA, S ección Real Ca ncillería , re gistro nº 943 , Gratia 69- Pedro III el Ceremonioso , ff. 26r-27r . 105 Cfr. ACA, Sec ción Can cillería , Pergamin os de Ramó n Berengu er III , carp eta 27, nº 43. 27 2 Traslado e índice a lfabético de las escrituras del tiempo del conde soberano D. Ramón Berenguer I .  Archivo de la Catedral de Lérida (ACL) El archivo de l a catedral de Lérida, pese a lo que en un principio pueda parecer a priori, apenas guarda en tre sus fondos documentales documentos de Ra miro I , pues solamente ha y dos, he cho que sorprende bastante cu ando el mencionado archivo custodia una parte im portante de los actos jurídicos realizados en los t err ito rios aragoneses qu e fo rmaban parte de la antigua di ócesis de Roda primero y Barb astro después, la cual trasladó su sede a Lérida cuando s e conquist ó la misma en 1149 bajo el mandato de Ramón Ber enguer IV. Más conc retamente, nos referimos a un diploma otorgado por Ramiro I y a otro de carácter particular 106 .  Archivo Capitular de La Seo de Urgell (ACU) El archivo de la catedral de Urgell también pos ee documentos de Ramiro I , lo cual r esulta lógico atendiendo a l as r elaciones de alianzas y ju ramentos q ue realizó el rey aragonés con el conde y con el obispo d e Urgell. El mencionado archivo contiene dos diplomas conse rvad os en tres copias en los que fi gura R amiro e n calidad de otorgante. Ambos documentos son la donación al obispado de Urgell de la diócesis de Roda por parte de Ramiro I en el año de 1040 y el juramento hecho entre Ramiro I y el obispo Guillermo Guifredo 107 .  Archivo de la Catedral de Pamplona (ACP) Si en Urgell ha y diploma s de Ramiro I, en el archi vo de la catedral de Pam plona también, conc retamente tre s documentos otorg ados por Ramiro I y conservados en cuatro copias de inicios del si g lo XV I , ex plicándose su presencia por la necesidad de copiar tal es diplom as po r parte del capítulo d e l a diócesis d e Pamplona al objeto de presentarlos en un pleit o con la dió cesis de Huesca-Jaca acerca de las tierras de la Valdonsella. Los citados documentos son l as lla madas Actas del Con cilio de J aca, la 106 ACL, RC_00 18, Cartulario de Ro da , f. 57 y ff. 1 07-108 . 107 ACU, Liber Do taliorum Ecclesia e Urgellensis, I , ff. 183 r-183v y f. 1 99v y pe rgaminos nº 331 y 332. 28 2 donación de trece iglesi as a la catedr al de Jaca ubica das en los alrededores de tal localidad y la concesión de las rentas obtenid as en los peajes de Jaca y Canfranc 108 .  Archivo de la Catedral de Barbastro (ACB) En la l ínea de los úl timos archivos comentados, t ampoco éste que ocupa ahora nuestra atención contiene gran número de do cumentos relacionados con el r einado de Ramiro I . No obstante, tiene ci erta im portancia por el hecho de que de l os siete documentos que nos ha trasmitido de dicha época, cinco de ellos únicamente los conocemos gra cias a las copias depositadas en el archivo de l a catedral de Barbastro. Precisando más lo expuesto, todos los documento s recoge n donaciones a favor de S an Victorián efectuadas por particulares y Ramiro I y concesión de fr anquicias personales por parte del citado monarca 109 .  Archivo de la Catedral de Jaca (ACJ) Pese a ser J aca el principal núcleo de población existente en el terr itorio gobernado y controlado por R amiro I , los avatares históricos posteriores determinaron que apenas se hayan conservado do cumentos del citado monarca en Jaca. Así, la catedral de J aca únicamente p osee cin co diplomas: cuatro copias de las denominadas Actas d el C oncilio de J aca, l a concesión de los peajes d e Jaca y Canfranc a la diócesis de J aca por parte de Ramiro I , la donación de trece iglesias a di cha institución también efec tu ado por el refe rido rey, el documento de do tación del monasterio de San Adrián de Sásabe, sede d e la diócesis de Aragón y lue go J aca y la entrega de u na vill a hecha por Ramiro I a l senior Fortún Blázquez de Martes 110 . En cuanto a la importanci a cualitativa del mismo, podemos afirma r que no es irrelevante, ya que el referido centro nos da a conocer la versión más antigua de los cuatro últ imos actos jurídicos expuestos.  Archivo Municipal de Jaca (AMJ) 108 Cfr. ACP, Arca Episco pi V , nº 1, ff. 75-76v y 183v-184. 109 Cfr. ACB, A rchivo d el provisorato , Cartulario de San Victorián , ff. 11r -15r. 110 Cfr. ACJ, c arpeta 1 A, nº 1, 1b is, 2 , 3, 4, 5, 6, 7 y 8. 29 2 Al igual que el catedralicio, el archivo municipal de Jaca también po see entre sus fondos cinco docum entos del rein ado de Ramiro I otorgados por él, l os cu ales tendremos que bus car en uno de los nume rosos pergaminos que ti ene el archivo y en el Libro de la Cade na del Ayuntamiento de Jaca. Dichos diplomas son las Actas del Concilio de J aca , la concesión de la villa de Guas a a San Victori án, la don ación de trece iglesias a la di ócesis de Jaca, la dotación d el monasterio de S an Adrián d e Sásabe y el otorgamiento de un fu ero a los hombres de Osa realizado también por Ramiro I 111 . Excepto el p rimero, conservado en un pergamino suelto, el resto se hallan copiados en el referido L ib ro de l a C adena. Por otro lad o, a diferencia del anterior archivo comentado, el archivo muni cipal de J aca sólo nos ha transmitido un documento que no está en ningún otro archivo o bibliot eca , el o torgamiento a los hombres d e Osa de un fuero.  Archivo de la Catedral de Huesca (ACH) De to dos l os ar chivos c atedralicios que contien en documentos del reinado de Ramiro I , el de Hues ca es el más i mportante, y a qu e guarda entr e sus fondos diecisiete diplomas de esta época. Sin embargo, ot orgados por el citado monarc a sól o hay cinco actos jurídicos: las d enominadas Actas del Concilio de Jaca, de las que el archivo de la catedral de Huesca posee diez copias con interesantes miniaturas, la dotación del monasterio de San Adr ián de S ásabe, dos copi as de la donación de t rece iglesias cercanas a Jaca a l a diócesis ubi cada en dicha pobl ación y dos concesiones de franquicia al senior Sancho Galínde z, a y o de Sancho Ramír ez, sobre las propiedades que comprara en Ar agón y en la Vald onsella, documento qu e incluye ad emás l a confirmación por parte del rey de una casa en Sos 112 . P or otro lado, l os doce diplomas resta ntes están relacionados con el men cionado s enior S ancho Galíndez, puesto que se conserva un pequeño cartulario escrit o en letra vis igótica que tiene diez documentos que i nforman sobre la evolución de s u patrimoni o, un documento de concesión de créditos al obispo de Aragón y algunos seniores d el reino y la donación de unas c asas en el ba rrio judío de Pamplona hechas por S ancho IV d e Pamplona 113 . En lo que con cierne a l a valoración del archivo, puede afirmarse que sus fondos son importantes desd e un p unto de vista 111 Cfr. AMJ, 2, 4 -4 y Libro de l a Cade na , ff. 56v-58, 8 4v-85, 91 -91v y 94v-96. 112 Cfr. ACH, Armario 2, nº 29, 4 7, 70, 111, 115 , 1 41, 739, 915 y 938; armario 6, nº 39 0; armario 9, 47, 105 , 244 y 286; Extravagantes, a ño 106 3 y Libro d e la Cad ena , p. 135. 113 Cfr. ACH, Extravag antes . 30 3 cualitativo, y a que custodi an tres dipl omas originales, dos de Ramiro I y uno de Sancho IV, un conjunto de ac t os jurídicos que p ermiten estudiar tanto las pr opiedades y beneficios del noble S ancho Galíndez como también su rol social y fi nalmente unas miniaturas rele vantes de sde el punto de vis ta artísti co que figur an en algunas d e las copias de las Actas del Concilio d e Jaca, espe ci almente en dos de las más antiguas.  Archivo Municipal de Huesca (AMH) El archivo muni cipal de Huesca se caracteriza po r ser el de menor importancia cuantitativa de todos los archivos oscenses que guardan documentos d el reinado de Ramiro I, pues tan sólo pos ee dos, uno otorgado por Ramiro I en el año 1048 y otro particular de diciembre d e 1046 que reco ge una p ermuta de bienes e ntre Galindo L óp ez y J imeno, abad del mona sterio de San Úrbez 114 . Sin embargo, en la actualida d el archivo municipal de Huesca c arece de ellos, puesto que en el año 1996 sufrió un robo de toda la carpeta de do cumentos rea les de los s iglos XI y XII. S in embar go, a ún queda un pequeño pergamino de dicha carpeta que, si n ten er relación con el period o cronológico que nos ocupa, se ha conservado gracias a que se les ex travió a los ladrones en su huida debido a sus reducidas dimensiones. El citado documento contiene un acto jurídico efec tu ado entre particulares. No obstante, y v olviendo a Ramiro I , h emos podido consultar ambos dipl omas mencionados de época ramirense gracias a que C arlos La li ena efectuó fotocopias de los m ismos, las cuales nos ha facilitado.  Departamento de Historia M edieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoz a ( DH MUZ) En las d epende ncias del citado departam ento de la Universidad de Zaragoza se halla un pequeño fondo de pergaminos que contiene una serie de documentos procedentes del antiguo archivo del monasterio de S an Victorián. Correspondientes al reinado de Ramiro I só lo ha y cinco, de l os qu e tres son copias de ot ros diplomas conservados en un do cumento más antiguo 115 y únicamente dos contienen sendos actos jurídicos que no s e han conservado en otros conjuntos documentales. Éstos últimos son la concesión de va rias propi edade s hecha po r Ra miro I al monasterio de S an Victorián y 114 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 5 y 6, pp . 147-14 8. 115 Cfr. DHMU Z, Documen tos de S an V ictorián , ms. 1-1R, 2-1 bis R y 1 9-3P (al dor so). 37 3 relacionada con el perio do ramirense, la cual, por desgracia, ha desaparecido del luga r donde se ubicaba, el p anteón real del monasterio de San J uan de la Peña 127 . No obstante, conocemos su contenido gracia s a l a publi cación que hicieron de ella en sendas obras los Padres Moret y Huesca 128 . Siguiendo su transcripción, el teno r de la mis ma recoge la fecha de la muerte de Ramiro I sin indi car el año: “ Hic reqviescit Ranimirvs rex qvi obiit VIII idvs madii die V feria ” 129 . 2.- MONUMENTOS Y Y A CIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS Tras haber visto las fuentes escritas disponi bles, a continuación daremos la relación de la t otalidad de monumentos y yac i mientos a rqueológicos cuyos restos se relacionan total o parcialm ente con el periodo de años que g ob ernó el territorio aragonés el rey Ramiro I. En algunos casos, ejemplo de los castillos y fortalezas, la denominación del y acim iento se co rresponderá con la nomencla tura de BI C dada en el Boletín Oficial de Ara gón con f echa de 22 de ma y o de 2006 130 . Por otro lado, seguiremos un criteri o tipológico p ara orden ar l a ex posición; en consonancia con ello, vamos a distinguir las siguientes ca te g o rías: monumento re ligioso, monumento civil, z ona arqueológica castellológica y y acimie nto arqueológico. Asimismo , también se indicará el municipio, comarca y provincia en el que se ubican los difere ntes monumentos y yacimientos. a) MONUMENTOS RELIGIOSOS En esta categoría de mo numentos religiosos incl uiremos todas aquellas iglesias, tanto conservadas íntegramente como en ruina, que pertenecen t otal o parcialmente al reinado d e R amiro I d e Aragón. Reco rdando l o tratado e n el c apítulo anterior, la ma y or parte de las mismas se han construido en estilo románico, aunqu e ha y algunas que combinan ras gos de éste con pervivencias del prerrománico. H a llegado hasta nuestros días un conjunto numero so e importante que s e halla repartido de man era desi g ual po r todo el territorio ar agonés, de m anera qu e l os templos religiosos que va mos a citar se 127 Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, (Zaragoza, 1 967), pp. 45-153, concretamente p. 7 8. 128 Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, p. 78. 129 Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, p. 78. 130 Cfr. Boletín Oficial de Aragón , nº 57, 22-5-20 06, pp. 6924-6933 . 38 3 concentran ma y o ritariamente en l a geo g rafía d e l os antiguos condados de Aragón y de Sobrarbe conforme s e va a comprobar a con tinuación. Por últi mo, si mplemente mencionaremos los monumentos sin especificar si corresponde íntegrame nte su fábric a al reinado de Ramiro I, ya que eso y a s e ha especificado en el capítulo previo. La lista de monum entos religiosos es la q ue si gue: Santi ag o de Ruesta (Urriés, Cinco Villas, Zaragoza), S an Nicolás de C eñito (Sos del Re y Católico, Ci nco Vill as, Zaragoza), Santa María d e Iguácel (J aca, Jacetania, Huesca), S an Bartolomé de Muro d e Roda (La Fu eva, Sobrarbe, Hues ca), San M artín de Buil (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Santa María d e Gavín ( Biesca s, Alt o Gállego, Hu esca), San Bar tol omé de Gavín (Biescas, Alto Gállego, Huesca), San J uan Bautista de Rasal (Las Peñas de Riglos, Alto Gállego, H uesca), San Ú rbez y San Miguel de Basarán ( Broto, Sobrarbe, Huesca), Nuestro Señor J esucristo de Otal (Broto, Sobrarbe, Hues ca), S an Martín de Oliván (Biescas, Alto Gá llego, Huesca), Santa Eu lalia de Susín (Biescas, Alto Gállego, Huesca), San Andrés d e Satué (Sabiñáni go, Alto Gállego, Hu esca), San Saturnino de Yesero ( Yesero, Alto Gallego, Huesca), San Salvador de Biescas (Biescas, Alto Gállego, Huesca), San Martín de Cartirana (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Santa María de Espierre (Biescas, Alto Gállego, Huesca), San Adrián de Guasillo (J aca , Jacetania, Hues ca), San Emeterio y San Celedon io de Samiti er ( La F uev a, Sobrarbe, Huesca), San Clemente de Palo (Palo, S obrarbe , Huesca), S an Juan Bautista de Pano (Graus, La R ibagorza, Huesca) 131 , S an Pedro de Lárrede (Sabiñáni go, Alto Gálleg o, Huesca), San Juan de Busa ( Biescas, Alto Gállego, Huesca), Santa María de Ysún (Sardás, Alto Gállego, Huesca), S an Martín de Belsué ( Nueno, La Hoy a de Huesca, Huesca), Santa María de Belsué (Nueno, La Ho ya de Huesca, Huesca), S an Andrés de Nasarre (Bierge, Somont ano de Barbastro, Huesca), Los Santos (Bierge, S omontano de Barbastro, Huesca) y Escanilla (Abizanda, Sobrarbe, Huesca). b) MONUMENTOS CIVILES Dentro de la presente categoría nos ref e riremos, conforme indica el epígrafe, a aquellos edificios e inf raestructuras que no ten ga n uso reli g ioso, de forma que se incluyen castill os, p uentes, vías, etc. S in emba rgo, y po r des gracia , d e la época de 131 Histó ricamente considera m o s a Pano perteneciente a So brarbe, pero en la actualidad p ertenece a Graus y en consecue ncia a la co marca d e La Ribagorza. 39 3 Ramiro I sólo nos quedan fortalezas, y a que , por ejemplo, el puente d e C acabiello sobre el río Aragón, en constru cción durante el reina do del c itado monarca, no ha conservado su factura d e mediados del siglo XI. Por otro la do, cabe reseñar que aquí t ambién se nombrarán aquellas fo rtificaciones d e época ramirense que no ha y an sid o declaradas BIC por el Gobi erno de Aragón a través de la C onsejería de Edu cación, C ultura y Deporte. En consonancia con la definición de la categoría de monum entos civiles, los edificios que s e int egran en la misma se detallan a continuación: Castillo de Loarre (Loarre, Ho ya d e Huesca, Huesca), Castillo de Marcuello ( Loarre, Ho ya d e Hu esca, Huesca), Castillo de Bena barre (B enabarre , La Ribagorza, Huesca), Cas tillo de Pano (Graus, La Ri bagorza, Huesca) 132 , Castillo de Fantova (Graus, La Riba gorza, Huesca) , Castillo de Pera r rúa (Perarrúa, La R ibagorza, Huesca), Castillo de Luzás (Tolva, L a Ribagorza, Huesca), Casti llo de Falces (Tolva, La Ribagorza, Huesca) , Castillo de Viacamp (Viacamp y Litera, La Riba gorza, Huesca), Torre de Torreciudad (Secastilla, La Riba gor z a, Huesca), Castillo de Abiz anda (Abizanda, S obrarbe , Huesca), Torre d e Escanilla (Abizanda, Sobrarbe, Hu esca), Torre de Arcusa (Aínsa-S obrarbe, Sobrarbe, Huesca), Castillo de Boltaña (Boltaña, Sobrarbe, Huesca), C astillo de Muro ( La Fueva, Sobrarbe, Huesca), Cast illo de S amitier (La Fueva, S obrarbe, Huesca), Castil lo de Troncedo (La Fueva, Sobrarbe, Huesca), Casti llo de la Peña Felizana (Sos del Re y Católico, Cinco Villas, Zaragoza), Castillo de la Peña A yllón (Uncastillo, Cinco Villas, Zaragoza), Castil lo de Castelmanco (Agüero, Hoy a d e Hu esca, Zaragoza), Castillo de Torre de Peñ a (Javier, Sangüesa, Navarra) y C astillo de S urta (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca). c) ZONA ARQUEOLÓGICA CASTELLOLÓGICA De acuerdo con lo establecido por orden de la consejera de Educ ación, Cultura y Deporte del Gobi erno de Aragón publicad a en el BOA el 22 d e ma y o de 2 006, en la que se declaran BIC un a serie de castillos del territorio aragonés a fin d e acogerlos en las medidas de protección e stipuladas por la ley autonómica aragonesa 3/1999 de 10 de 132 Au nque ad ministrativa mente es co m arc a de La Ribagor za al pertenecer a Graus, desde un p unto de vista histó rico ha de c onsiderarse integrado en el So brarb e, c om o lo hace mos nosotr os e n el co njunto de la pre sente Tesis Docto ral. 40 4 marzo, en est a c ategoría incluiremos aquellas fortalezas qu e p ertenezcan total o parcialmente al reinado de Ramiro I y ha yan si do consideradas por dicha orden como zonas arqueológicas. Los edificios de époc a ramirense qu e consideramos z onas arqueol ógicas castellológicas son los siguientes: Casti llo de Laguarres (Capella, La R ibagorza, Huesca), Castillo de Sarsa (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Castillo de Lazaba (Bárcabo, Sobrarbe, Hu esca), Casti llo de Mirave t (Bárc abo, Sobrarbe, Hue sca), Castillo de Morcat (Boltaña, So brar be, Huesca), Castillo d e Clamosa (La Fueva, Sobrarbe, Huesca), Castillo de Los Santos (Bier ge, S omontano de Barbastro, Huesca) y C astillo de Naya (Bierge, Somontano de Barbastro, Huesca). d) YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS Como su propio nombr e indica, en la presente categoría se inclu y e n los y ac imientos arqueológi cos cu y a cronología pueda relacionars e total o p arcialmente con el periodo de gobierno de Ramiro I. Asimis mo, ha de señalarse que no clasificaremos en esta categoría aquellos castillos que, habiendo sido objeto de una o varias campañas de excavación arqueológica , el Gobierno de Aragón los ha declarado con posterioridad monumento en la citada orden de la consejera de Educación, Cult ura y Deporte. Por lo tanto, la lista de yacimientos quedará algo más reducida. En función de lo establecido en el p árrafo ant erior, la lista de y a cimientos que pueden relacionarse con el r einado d e Ramiro I es l a si guie nte con las consabidas excepciones: Corral de Calvo (L uesi a, Cinco Vil la s, Zaragoza), Ne crópol is de San J uan de Uncastillo (Unca stil lo, Ci nco Villas, Zaragoza), Nec rópolis judía de Unca sti llo (Uncastillo, Ci nco Villas, Zaragoza), Necrópolis de Santa M aría de L iena de Murillo de Gállego (Murillo de G álleg o, Ho y a de H uesca, Za r agoza), La Tor re (Murillo de Gállego, Hoya d e Hu esca, Zaragoza), Iglesia de Concilio (Murillo de Gál leg o, Ho ya de Huesca, Zaragoza), Tolosana (Murillo de Gálleg o , Ho y a de Huesc a, Zaragoz a), Plaza de San P edro (Jaca, J acetania, Huesca), P laza Bis cos (Jaca, J acetania, H uesca), Pl aza Biscos nº 5 (Jaca, Jacetania, Huesc a), Plaza B is cos nº 9 ( J aca, Jacetania, Huesc a ), Plaz a de l a Cat edral (Jaca, Jacetania, Huesca), Sopret er-Castiello de Jaca (Cast iello de J aca, Jacetania, Huesca), Necrópolis de Lasieso (S abiñánigo, Alto Gállego, Huesca), 41 4 Necrópolis de San Ú rbez de Nocito (Nueno, Ho y a de Hues ca, Huesca), Necrópolis de Nocito (Nueno, Ho y a de Huesca, Hu esca), Necrópol is de Arr aso (Sabiñ ánig o, Alto Gállego, Huesca), Ne crópolis d e Arcusa ( Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Necrópolis de Abizanda (Abizanda, Sobrarbe, Huesca), Nec róp olis de Bara (Sabiñánigo, Alt o Gálle g o, Hu esca), N ecr ópolis de Belsué (Nueno, Hoya de Hu esca, Huesca), Necrópolis d e Boltaña ( Boltaña, Sobr arbe, Huesca), N ecrópolis de Binueste (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Necrópoli s de Castellazo (Aín sa-Sobrarbe, Sobrarbe, Hu esca), Ne crópolis de Castellar de San J uan (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Necrópolis de Castiello de Guarga (Sabiñánigo, Alt o G állego, Hu esca), Necrópolis de Coscojuela de Sobrarbe (Aínsa-So brarbe, Sobr arbe , Hu esca), Necrópolis de Escanilla (Abiz anda, Sobrarbe, Hu esca), Necrópol is de Eripol (Bárcabo, S obrarbe , Huesca), Ne crópolis de F enillosa (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesc a), Nec rópolis de Gésera (Sabiñáni go, Alto Gállego, Hu esca), N ecrópolis de Guaso (Aíns a-Sobrar b e, Sobrarbe, Hues ca), N ecrópolis de L amata (Abizanda, Sobrarbe, Hues ca) , Necrópolis de La s aosa (Sabiñánigo, Alt o Gálleg o, Hue s ca), Necrópolis de Olsón (Aí nsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Necrópolis de Paúles de Sarsa (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Hues ca) , Necrópolis de R odellar (Bierge, Somont ano de Barbastro, Hu esca), Ne crópolis de Santa María de Buil (Aínsa-Sobrarbe, S obrarbe, Hue sc a), Nec rópolis de Santa María de Nuez (Bárcabo, S obrarbe, Huesca), Necrópolis de Secorún (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Necrópolis de Pardina de Tuartas (Bolt aña, Sobrarbe, Huesca), Pue y o de Griébal (Aínsa-Sobr arbe, Sobrarbe, Hu esca), Angüé (Caldearenas, Alto Gállego, Huesca), Aracastiello (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Arasilla (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesc a), Aspiri lla (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Bail ín (S abiñánig o, Alto Gálle go, Hues ca), Benta y u elo (Y ebra d e Basa, Alto Gálle go, Huesca), Centen ero (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Güértalo ( Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Gronostué (S abiñánigo, Alto Gálleg o, Huesca) y L arbesa (Sabiñáni go, Al to Gálleg o, Huesca). Por úl timo, da mos la lista de lu ga r es, ex cepto los y a nomb rados, en los qu e Adolfo Castán ha encontrado c erá mic a clara, de l a cual h ablaremos en el c apítulo I V 133 : Iguácel (Jaca, Jacetania, Hue sc a), Espi erre (Bie scas, Alto Gállego, Huesca), iglesia parroquial de Almazorre (Bár cabo, Sobrarbe, Huesca), Ba g üeste (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), desp oblado de San Juan de Belar r a (Sabiñánigo, Alt o Gállego, Huesca), Castejón de So brarbe (Aínsa- Sobr arbe, Sobrarbe, Hu esca), C astellar de San 133 Cfr. R. VI RUETE ERDOZÁIN, Aragón en la época d e Ramiro I, v ol.I , capítulo IV, La arqueo logía y los arqu eólogos: aportacion es a la h istoria de A ragón en tiempos d e Ramiro I . 42 4 Juan (Sabiñánigo, Alto Gálle go, Hu esca), C astellazo (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Castiello de G uarga (Sabiñáni go, Alto Gállego, Hu esca), Erip ol (Bárcabo, Sobrarbe, H uesca), Esp ierlo (Boltaña, S obrarbe, Hues ca), Guaso (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Latorre (Aínsa -Sobrarbe, Sobrarbe, Hu esca) 134 , M iravet (Bárcabo, Sobrarbe, Huesca), M orcat (Boltaña, S obrarbe, Huesca), Olsón (Aín sa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesc a), Rodell ar (Bierge, S omontano de Barbastro, Huesca), Santa Ma ría de Buil (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Santa Waldesca de Samiti er ( Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), S ecorún (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesc a), S ilvés ( Boltaña , Sobrarbe, Hu esca), Surta (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca) y Tou (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca) 135 . B ) EDICIÓN Y PUBLICACIÓN DE FUENTES ESCRITAS, MONUM ENTALES Y ARQUEOLÓGIC AS Si bien en el apar tado previo hemos visto las fuentes di sponibles para el r einado de Ramiro I, ahora toca dar la relación de aquéll as que han sido objeto de estudio, edición y publicación, lo que permiti rá calibrar y valorar el porcentaje que de ellas permanece inédito . P or otro lado, en l o que s e refiere a l a exposición, s eg uir emos el mismo orden que en el apartado anterior. Finalmente, ha de recordarse que los estudios realizados sobre las mismas se analizarán y abordaran en capítulo si g uien te conforme lo indicado previamente 136 . 1.- FUENTES ESCRITAS a) OBRAS NARRATIVAS HISTÓRICAS MED IEVALES 134 Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l. Siglo s XI-XIII , Huesca, Instituto de Estudios Altorago neses, 198 8, pp. 45-47. Castán n o indica qué Latorre es el que le ha rep ortado las p iezas cerá micas. E n principio cree mos que puede ser el i ndicado, pero hay tre s m á s en la misma provincia de Hue sca se gún s e o bserva en la obra de Ub ieto L o s pueblo s y despo blados. Cf r . A. UBIET O ARTET A, Lo s pu eblos y despob lados, vol.II , Zaragoza, Anubar E diciones, 1985, pp. 75 8-759. 135 Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l. Siglo s XI-XIII , pp. 45-47. Aquellos no m br es que coincidan c on las n ecr ópolis no q uiere de cir q ue se trate del mismo, sino que los fragmentos cerá micos han aparecid o en lu gar distinto del que oc upa la necrópo lis. 136 En r elación co n la s fuentes escritas, quere mos advertir de que en algunos casos, e n especial los referentes a la s fuentes narra tivas h istóricas, repetir emos n uevamente los da tos d e e dició n, y a q ue mencionare m o s las edic iones existente s de cad a fuente. 43 4 A diferencia d el orden se guido en el apartado precedente cuando abordamo s este grupo de fuent es, aquí ordenaremos l as diferentes ediciones que se han hecho de l as obras históricas medi evales exclusivamente por criterio cronológico, d e forma que prescindiremos d el geográfico. P or otro lado, advertiremos que al guna de las crónicas ha sido objeto de numerosas ediciones a lo largo de los siglos, hecho qu e nos ha hecho optar por s eleccionar las mism as eligiendo indi car solamente las habid as a p artir de l siglo XX. Asimismo , no se procederá a obviar e diciones anteriores a la centuria citada si las crónic as o anales en cue stión no se han publicado en varie dad d e oca sion es o resulta interesante citarlas. La Lámpara de los Príncipes , obra más antigua de tod as, sól o di spone de una edición efectuada po r Max imiliano Alarcón en lengua castellana en el año de 1931 137 . Además de ésta, contamos también con una t raducción al castellano de l fragmento relativo a Ramiro I , la c ual se debe a Claudio Sánchez Albornoz. P or otro lado, carece de una edición crítica conforme los hábitos académicos actuales. El Cronicón II de Alaón ha sido objeto de dos ediciones a cadé mic as h asta la fecha, la primera efectuada por Valls Taberner en el año 1927 138 y la se gunda a carg o de Ramón D’Abadal en el primer tomo del volumen tres de su obra C atalun ya C aroling i a, dedicado a los condados de Pallars y Ri bag o rza 139 . Se han hecho varias ediciones de la Crón ica Silense ; sin embargo, nosot ros sólo vamos a citar aquéllas q ue han tenido lugar del siglo XX en adelante. Ci rcunscr itos a estas fechas, han de señalarse tres publi caciones distint as de la presente fuente, las cuales han corrido a car go de S antos Coco, Emi lio Gómez Moreno y J usto Pérez de Urbel y At ilano Ruiz Zorrilla 140 . 137 Cfr. M. ALARCÓN, Lá mpar a de los Príncipes, 2 vols , Ma drid, Ins tituto d e Vale ncia Don J uan, 19 31. Más concreta mente, el pa saje de Ramiro I se halla e n las pá ginas 333 y 3 34. 138 Cfr. F. VALS-T ABERNER (ed itor), “Una antigua re lació històrica rib agorçana”, Els Estudis Universitari s Catalans , 12, ( Barcelona, 19 27), pp. 458-459. 139 Cfr. R. D’ABADA L I VINYALS, Cataluny a Carolín gia, vol. III. Els c omtats d e Pallars i Ribagorça , Primera Pa rt , p. 2 0. 140 Cfr. F. S ANTOS COCO (editor) , Historia Silense , Madrid , J un ta para Ampliación de Estudios e Investigacio nes Cie ntíficas, 1 92 1; M . GÓME Z MORENO (ed itor), I ntrodu cción a la Historia Silense: con versión castellana de la misma y de Crón ica de Samp i ro , Mad rid J unta par a Ampliació n de Estudios e Investigac iones Cie ntíficas, 1 929 y J. P ÉREZ DE UR BEL y A. GO N ZÁLEZ RUÍ Z-ZORRILL A (edito res), Historia silense , Madr id, Consejo Superior de Investigaciones C ientíficas, 1 959. 44 4 A consecuencia d e ser el Ci d el per sonaje principal de la Gesta Roderici Campidocti , esta fu ente también ha sido objeto d e varias edi ciones como las de R isco, Foulché-Delbosc o Bonilla. Sin embargo, nos inte resa destacar l a d e Men éndez Pidal 141 , reeditada en varias ocasiones, la efectuada por Emma Falque y ot ros 142 y también otra reciente a car go de los profesores de la Universi dad de Za r agoza Alberto Montaner y Ángel Escobar Chico. Al igua l que las dos ante riores, se han efectuado varias ediciones desde el siglo XVIII h asta nu estros día s de la Crónica d e Alaó n Renovada . Ciñ éndonos al siglo XX, encontramos dos de las cinco exi stentes en total 143 , las cuales fueron hechas respectivamente por Ant onio Serrano y S anz en 1912 y Ramón D’Abadal i Vinyals en 1955 144 . En relación con el Chronicon Alterum Rivipull ense , ha d e decirs e que únicamente se dispone d e una edición, hecha por Villanueva en 1806 145 . Asimismo, y basándonos en los datos que ofrece Coll i Alentorn, no r esulta posibl e hac er más ediciones, puesto que el original se perdió al parecer en 1835 146 . La únic a edición que hasta el momento se ti ene del Linage de Rodri go Díaz se debe a Antonio Ubieto, que la publ icó, junto con el resto de crónicas que se ubican en los manuscritos del Fuero de Navarra, en 1989 en una segunda edición 147 . Pasando nuevamente a una fuente musulmana, la prim era edición crítica del texto de la obra de Ibn al -Kardabus fue reali zada por Ahmad Mut jar al-Ab badi en 196 6, 141 Cfr. R. MENÉNDE Z PI DAL, La Españ a del Cid , Madr id, Espasa- Calpe, 4ª ed. rev. y a um., 1 947 , pp. 919-969. 142 Cfr. E. F ALQUE ET ALII (ed itores), Ch ronica H ispana saeculi XI I, pars I , T urnh o ut, Br epols, 1 990. 143 Cfr. R. D’ABADA L I VINYALS, Cataluny a Carolin gia, vol. III. Els c omtats d e Pallars i Ribagorça , Primera Pa rt , p. 2 3. 144 C fr. A. SER RANO Y S ANZ, Noticias y d ocumen tos d el c ondado de Riba gorza , Mad rid, Junta par a ampliación d e e studios e inve stigaciones c ientíficas -Centro de Estudios Hi stóricos, 1912 , pp. 56-62 y R. D’ABAD AL I V INYALS, Cata lunya Caroling ia, vol.III . Els comtats de Pallars i Riba gorça, Primera Part , p p. 24-26. 145 Cfr. J. VILLANUE VA, Viage literario a las iglesias de Es pañ a, vol.V , Madr id, Im pre nta Real, 180 6, p. 2 45. 146 Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura med ieval I , p. 39. 147 Cfr. A. UB IET O ARTET A (editor) , “Coronica s” na varras , Zaragoza, Anubar E diciones, 2ª ed., 198 9, pp. 34-46. 45 4 siendo entonces profesor de la Universidad egipcia de Alejandría 148 . S in embarg o, nosotros hemos utilizado la traducción de la misma al c astellano de Felipe Maillo Salgado, quien la editó en el 1986 149 . La primera versión del Liber Regum , efectuada e n el reino de Navar r a, ha sido publicada en dos ocasiones respectivamente por Antonio Serrano y S anz en 1919 y por Louis Cooper en 1960 150 . Correspondiendo los Anales Modernos y el Lina ge de los Rey es de Esp aña al conjunto de crónicas que s e hallan en el corpus documental del Fuer o d e Navarra, cabe reseñar que sólo se di spone de una edición del conjunt o de todas ellas, hecha la misma por Antonio Ubieto 151 . Respecto a la Crónica najerense , tres ediciones han de reseñarse, la de C irot en Burdeos a inicios del si glo XX, la de Antonio U bieto en 1964 y l a de Estévez Sola en 1995 152 . El Chronicon Rotense Pr imum no ha s ido objeto de ninguna edi ción crítica en el siglo XX, pero sí fue publi cado en centurias anteriores, tanto en el XV III por el p adre De la Canal como en el X I X por Villanueva 153 . Prescindiendo de la edición de P orres Martín- Cleto, que unifica los Anal es Toledanos Primeros con los Segundos , sólo hay tres ediciones de los mencionados Anales Toledanos Primeros , corre spondiendo do s de ellas al siglo XV III y una al XX. 148 Cfr. F. M AILLO SA LGADO, Historia de al-Andalu s , pp. 10-11. 149 Cfr. F. M AILLO SA LGADO, Historia de al-Andalu s , Madrid, Ediciones Akal, 1 986. 150 Cfr. A. SE RRANO Y S ANZ (e ditor), “Cronicón Villar ense ”, Bo letín de la R eal Acad emia Españ ola , 6, pp. 194-215 y L. COOP ER (ed itor), E l Liber Reg um , Zarag oza , I nstitución Fer nando el Cató lico, 1960, pp. 15-39. 151 Cfr. A. UB IET O ARTETA (ed itor), “Co ronicas” n ava rras , 2ª ed ., pp . 25 -33 y p p. 56 -70 respectiva mente para el L inage d e los Re y es de España y los Anales modernos. 152 Cfr. G. CI ROT (éditeur), “Une chronique léonaise inédite”, Bulletin Hispaniqu e , 11, (Bordeaux, 190 9), pp. 259 -282; G . CIROT (éditeur), “La c hronique lé onaise”, Bu lletin Hisp aniqu e , 1 3, (Bord eaux, 191 1), pp. 1 33-156 y pp. 381 -439; G. CIROT, “Index o nomastique et géo graphique d e la Chronique Léonaise inédite” , Bu lletin Hispa niqu e , 3 6, (Bordeaux, 19 34), pp. 401 -425; A. UB IET O ART ETA (edito r), Crón ica n ajerense , Valencia, Anubar Ediciones, 19 64; A. UBIET O AR T ET A (editor ), Crónic a najeren se , Zaragoza, An ubar Ed iciones, 2ª ed., 198 5 y J. A. EST ÉVEZ SOLA (e dito r), Chro nica Naiarensis , T urnhout, B repols, 1995. 153 Cfr. P. DE LA CANAL, E spaña sag rada, vol.XLVI , De las Santas Ig lesias de Lérida, Ro da y Barba stro en su estado an tiguo , Madrid , I m pr enta de los He red eros de D. José De l Collado, 1836, p. 345 y J. VI LLANUEVA, Via ge lite rario a la s iglesias de E spaña, vo l.XV , pp. 329-33 1. 46 4 En relación con ello, lo s responsables de las do s últimas fueron resp ectivamente el padre Flórez y Ambrosio Huici Miranda 154 . Aunque pueda parecer realmente sorprendente, únicamente contamos co n dos ediciones del text o latino de la crónica de Lucas de Tuy titulada Chronic on Mundi . La primera y más antigua se debe al Padre M ariana , publi cada a inicios d el siglo XVII en la obra de Andreas Schott Hispaniae Illustrata 155 , mie ntras que la s egunda y más reciente ha corrido a cargo de Emm a Falque, viendo la luz en el año de 2003 156 . A éstas dos ediciones, ha de añadírse le una que aún permanecía i nédita en el momento de publicar la s uy a Emma Falque, la cual ha sido hecha por la historiadora mejicana Olga Valdés, que la presentó como Tesis Doctoral en el año 199 7 157 . De acuerdo con lo señalado por J uan Fernández Valverde, son m uchas y numerosas l as ediciones efectuadas de la obra de Rodrigo J iménez d e Rada De Rebus Hispaniae 158 . L imi tándonos al siglo XX, ú nicamente existen dos ediciones de dich a obra, una e fectuada por María de l os Desampar ados Cabanes 159 y otra por el citado J ua n Fernández Valverde 160 , que también ha realizado una traducción al castellano 161 . En lo concerniente a la Primera C rónica General de España , aparte de la edición del siglo XVI q ue hizo Florián Docampo, la últim a y más reciente es la que realizó Ramón Menéndez P idal en 1906, reimpresa en más ocasiones 162 . En cuanto al Libro de las Generaciones , cabe de stacar la exist encia d e dos ediciones. La primera y más antigua se debe a J osefa Ferrandis en el añ o de 1968 163 , 154 Cfr. E. F LORE Z, Españ a sagrada , tea tro geog raphico-h i storico de la iglesia d e E spaña, vol. XXIII , Madrid , An to nio Marí n, 1767, pp . 381 -400 y A. HUI CI MIR ANDA (editor ), Las crónica s la tinas de la Recon quista, vol.II , Valencia, J unta par a Am p liación de E studio s e Investigac iones Científicas- Centro d e Estudios Hi stóricos, 1 913, pp. 339-35 6. 155 Cfr. A. SCHOTT I, Hisp aniae Illustratae seu rerum urbiu mque Hispa niae, Lu sitaniae, A ethiopia e et Ind iae scriptories varii, tomus IV , Fra ncofu rti, 1 608, pp. 1-116 y E. FAL QUE REY (edito ra), Lvca e Tvdensis. Ch ronicon Mvndi , p. CLI. 156 Cfr. E. F ALQUE REY (ed itor a), Lvca e Tvdensis, Chro nicon Mvnd i , Turnhout, Brep ols, 20 03. 157 Cfr. E. F ALQUE REY (ed itor a), Lvca e Tvdensis, Chro nicon Mvnd i , p. CLVI. 158 Cfr. J. FERNÁNDEZ V ALVERDE, Historia de lo s hecho s de Espa ña , pp. 32-33 . 159 Cfr. R. XIME NIUS DE RADA, Ope ra , Valencia , Anubar Ediciones, 1 968. 160 Cfr. J. FERNÁNDEZ V ALVERDE ( editor) , De Rebus Hisp aniae , Turnho ut, Brepo ls, 1987. 161 Cfr. J. FERN ÁNDEZ V ALDERDE, Histor ia de los hechos de España , Madrid , Alianza E ditorial, 1989. 162 Cfr. R. MENÉ NDEZ PI DAL (ed itor), P rimera Crón ica G eneral , Mad rid, B aillo-Baillière e Hij os Editor es, 1906. 53 5 Ya en este si glo, concretamente en el año de 20 04, María Dolores Barri os ha publicado la do cumentación del monast erio de Mont earagón hast a el año 1228 198 . Aunque Monteara g ón nace con poste rioridad al reinado de Ramiro I , su fondo archivístico contiene un diplom a otorgado por el citado monarca aragonés en el año de 1058 a favor del monasterio de San Andrés de Fanlo, que se convirtió después en priorato de Montearagón 199 . En el mismo año de 2 004, el entonces grupo consoli dado de investi gación CEMA del departamento de Historia Medieval de la Universidad de Z ara goza promovi ó la publicac ión de los documentos de San Victorián que Martín Duque t rabajó en su Tesis Doctoral 200 . Así pues, la monografía de dicho historiador pone al serv icio de los investigadores un númer o importante de documentos, entre los que ca be destacar un conjunto numeroso del reinado de Ramiro I que constitu y e el segundo corpus documental más amplio tras el de San Juan de la Peña, el primero por volu men. Por úl timo, l a edición más reciente corresponde al año de 2007, en concreto a la publicación por Eric Knibbs y Carlos Laliena del cartulario de S an Andrés d e Fanlo, perteneciente a la mi sma colección que la colec ción diplomática de San Victorián 201 . Esta publ icación, fruto de haber l ocalizado de nuevo el p aradero del cartulario en la biblioteca estadounidense de la uni versidad d e Pennsylvania, contiene la edición d e todos los documentos publicados por Án g el Canel las López en 1964. Completando la relación de obras publ icadas qu e contienen documentació n del reinado de R amiro I, h an de citar s e las ediciones de documentos del monasterio del cartulario de Roda, del m onasterio de San Salvador d e Oña y del archivo catedralicio d e Urgell, las cuales s e deben respectivamente a Yela Utrilla, Del Álamo y C iprià Baraut. En cuanto al número de dipl omas, la cifra no es grande, sino todo lo contrario, pequeña. 198 Cfr. Mª. D. BARRIOS M ARTÍ NEZ, Docu mentos de Mo ntearag ón (10 58-1205 ) , Huesca, Asociació n de Amigos del Castillo de Montearagó n, 200 4. 199 Cfr. Mª. D. BARRIOS M ART ÍNEZ, Doc umento s de Montearagó n (1058-12 05) , nº 1, p. 19. 200 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , Zaragoza, Departa mento de Historia M edieval, Ciencias y T écnicas Histor iográficas y Estudios Árabes e Islá micos, 2 004. 201 Cfr. C. LALIEN A CORB ERA y E. KNIB BS, E l cartulario del monasterio arago nés de S an A ndrés de Fanlo (siglos X-X III) , Zaragoza, Departa mento de Historia Me dieval, Ciencia s y T écnicas Historiográfica s y Estudios Árab es e Islámicos, 20 07. 54 5 Así, la primera y la última únicame nte tiene dos cada una, mientras que la segunda contiene sólo un diploma 202 . d) INSCRIPCIONES EPIGRÁFICAS La únic a inscripción que se conoce perteneciente a la époc a de Ramiro I ha sido editada por Antonio Du rán Gudiol en su artículo tit ulado Inscripciones Medievales de la provincia de Huesca , pu blicado en 1975 en el v olumen VII de la r evista Estudios de Edad Media de la Coron a de Ara gón 203 . Junto a la de Ramiro I, se editan tod a una serie de inscripciones, dest acando las relacionadas con J aca y l as del claustro de l a catedral de Roda de Isábena. e) PIEZAS NUMISMÁTICAS De l a mis ma forma, la única moneda acuñada en Jaca pertenec ient e a los años del reinado de Ramiro I de l a que s e tiene noticia por el momento fue estudiada y editada en primer lu gar por Pío Beltrán Vil lagrasa en un artículo de principios de los años cincuenta del siglo pasado 204 . 2.- FUENTES MONUMENT ALES Aunque las fuentes monumentales sigan en el olv ido para la mayor parte de las instituciones g ubernativa s, los historiadores de art e sí que les han prestado una atención importante en los últ imos años, lo que se h a plasmado en un amplio númer o de artículos y mono g rafías que ha posi bilitado que los monumentos religiosos y civiles del reinado de Ramiro I no permanezcan inéditos dentro d el mundo acadé mico un iversitario y científico. Asimism o, debe señal arse que los trabajos ef ectuados abarcan espa cios geográficos de di ferente amplitud, puesto que te nemos desde los que est udian todo el 202 Cfr. F. YE LA UTRIL LA, E l cartulario d e Roda, Lérida, Imprenta Mar iana, 193 2, nº 1 , pp . 17-18; J . DEL ÁLAMO, Colección diplom ática de San S alvador de Oña (822- 1284) , Madrid , Con sejo Superio r d e Investigacio nes Científica s, 1950 , nº 32, pp. 62-64 ; C. BARAUT, “Els do cuments, dels a nys 1036-10 50, de l’arxiu capit ular de la Seu d’Urgell”, Urg ellia , 5, (Ando rra la Vella, 198 2), pp. 7-158, nº 525, pp. 62 - 63 y C. B ARAUT, “ Els do cu m e nts, dels an ys 1051 -1075, de l’arxiu capitu lar de la S eu d ’Urgell” , Urgellia , 6, (Andorra La Vella, 1983), pp . 7-243, nº 8 90, pp. 238 -239. 203 Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, p. 78. 204 Cfr. P. BELTRÁN VI LLAGR ASA, “Notas so bre monedas aragonesas”, Cesaraug usta , 2, p . 78. 55 5 territorio aragonés donde ha y arte prerrománico y románico h asta l os que se dedican única y ex clusivamente a un monumento o un término municipal concret o Por tanto, a raíz de esto, nosotros procederemos a clasific ar los diferentes artículos y m onografías en función de la s uperfic i e analizada y sigui endo una gra d ación de m ayor a menor. En otro orden de cosas, convi ene indicar que l a ma y or p arte tienen una cronolo g í a general, de forma que los monumentos correspondientes al reinado de Ramiro I se engloban junto con los de otros periodos anteriores y posteriores . Finalmente, nombrarem os las obras que traten t otal o parcialmente el periodo de gobi erno ramir ense y aqu ellas que analicen periodos anteriores pero que sus conclusiones sirvan para conocer mejor los hechos del periodo que nos interesan, el de Ramiro I . a) TERRIT ORIO DE ARAGÓN Exist en varia s obras qu e se centran en la totalidad del territorio ara gonés. Estableciendo un orden cronológico, tenemos en primer lugar la obra de Ángel San Vicente Pino y Ángel Canellas López sobre el A ragón románico, la cual, aparecida en 1971, no ana liz a de forma ex haustiva todos los monumentos de este estilo, sino sólo un conjunto relevante de ellos 205 . En 1973 P hilippe Araguas conclu y ó su maîtris e , la cual aborda fundamentalmente el castillo de Loarre y el r esto de fortificaciones fronterizas aragonesas. No obstante, la misma p ermanece i nédita en su t otalidad, au nque su autor publicó en 1975 un breve artículo ex poniendo las idea s fundamental es de su obra 206 . Un año después, en 1976, vi o la luz la monografía d e Cristóbal Guitart Apa ricio sobre los castillos de Aragón, la cual se editó en dos volúmenes, de los que no s i nteresa el primero, y a que e n éste a parecen las fortalezas correspondientes a la mitad d el siglo X I, periodo de gobierno de Ramiro I 207 . En las dos últimas décadas del siglo XX se publicaron también una serie de trabajos importante, al g u nos de los cuales sigue si endo a día de ho y un libro de consulta 205 Cfr. A. S AN VICENT E PINO y A. CANELL AS LÓP EZ, Arag on Roman , Paris, Yonne-Zodiaque, 197 1 y A. SAN VICE NTE PI NO y A. C ANELLAS LÓPEZ, Arag ón , Mad rid, Encuentro, 19 79, traducción al castellano d e la ob ra preced ente. 206 Cfr. P . ARAGU AS, “Les châte aux de la frontière ar agonaise au XI siècle”, L’ informati on d’ Histoire de l’a rt , 5, (Pa ris, 1975), pp. 199-203. 207 Cfr. C. G UIT ART A P ARICIO, Castillos d e Ara gón , vo l.I , Zaragoza, L ib rería General, 1 976 . Po r otro lado, a finales de la década de los o chenta, Gui tart p ublicó un volumen más de addenda en el que corregía algunos da tos del p rimer volumen, ade m ás de ofrecer el es tudio de nuevos castillos. Cfr. C. GUIT ART APARICIO, Castillos d e Aragó n, vo l.III , Zaragoza, Mira Ed i tor es, 1988. 56 5 obligada independiente de su contenido. Nos refe rimos al libro titulado El nacimiento del arte románico aragonés , e scrito por Esteban L orente, Galtier Martí y García Guatas y editado en 1982 208 . Con posterioridad a esta obr a, en 1983 apareció un artículo de Esteban Lorente y García Guatas sobre los castillos fronterizos de Aragón 209 . Por otro lado, Fernando Galtier vi o como en 1986 y 198 7 la revista francesa Cahiers de Saint Michel de Cuixà s acaba a luz sendos artículos suyos que trataban respectivamente los castillos lom bardos de la frontera aragonesa y la evolución de la planta circular en l as fortificaciones románicas aragonesa s 210 . Tras estas obras, debe destacarse la publicación en 19 91 del artículo de Philippe Arag uas que versa nuevamente sobre el c astillo de Loarre y el resto d e fortalezas ar agonesas de fro ntera 211 . Finalmente, este p eriodo de veinte años lo cierran la monografía de síntesis sobre el románico aragonés de García Guatas 212 , reeditada nuev amente en el año de 200 2 213 , y el artículo de E rnesto Ar ce Oliva en la obra colectiva coordinada por José L uis Corral El libro de oro del arte aragonés 214 . Finalmente, los po cos añ os que llevamos del p resente si glo han sido fructíferos en cuanto a la realización de monografías e inves tigac iones sobre las for talezas y las iglesias de estilo románico. De acu erdo con ello, en primer lugar e stán los seis volúmenes de J osé Luis Aramendia dedi cados al románico aragonés, publicados entre los años 2001 y 2004 215 . En este último año vio también la luz el trabajo de Adolfo 208 Cfr. J. F. EST EBAN LORENT E ET ALII, El na cimiento d el arte románic o aragon és . Arquitectura . 209 Cfr. J. F. EST EBAN LOR E NT E y M. GARCÍA GUATAS, “ For tificacione s cristia nas del siglo XI en la frontera d e la reco nquista aragonesa”, Castillos de Españ a , 20 , (Madrid, 1 983), pp. 3-32 . 210 Cfr. F. GALT IER MARTÍ , “Les château x d e la frontière a ragonaise entre le préro m a n et l’art roman. Lignes de recherche”, Ca hiers de Saint Michel de Cuixa , 17, (Perpignan, 1986) , pp. 197-235 y F. GALTIE R M AR T Í, “Les ch âteaux lo mbards de l ’Aragon, à l ’aube de la ca stellolo gie de ro mane occide ntale”, Cahiers de Saint Mich el de Cu ixa , 18, (P erpignan, 198 7), pp. 173-198. 211 Cfr. P. ARA GU AS, “L e château de Loar re et les châteaux de la frontière d e la f ro ntière ar agonaise a u XI e siècle: leur place dans l’architecture militaire de l’Occid ent c hrétien” en P . SÉNAC ( éditeur), La Marche S upérieu r d’al-Andalu s et l’Occide nt chrétien , pp. 165-17 6. 212 Cf r. M. GARCÍ A G UATAS, El arte román ico en el Alto Aragó n , Huesca, Instituto d e Estudios Altoaragonese s, 199 7. 213 Cf r. M. GARCÍ A G UATAS, El arte román ico en el Alto Aragó n , Huesca, Instituto d e Estudios Altoaragonese s, 2ª ed . corr. y au m ., 2002 . 214 Cfr. E. ARCE O LIVA, “El arte Románico”, en J. L. CORR AL LAFUENT E (coordinado r), E l libro de oro d el arte ara gonés , Zaragoza, El Per i ó dico de Aragón, 1 998 , pp. 80-99 . 215 Cfr. J. L. ARAMENDÍ A, E l romá nico en Aragón . Cuenca s de l Nog uera Ribagorzan a e Isábena , vol.I , Zaragoza, Librería General, 2001 ; J. L. AR AMENDÍA, El Romá nico en Arag ón . Cuencas del É sera y Cinca , vo l.II , Zaragoza , Liberia General, 20 01; J. L. ARAM ENDÍA, El Romá nico en Arag ón . Cuen cas del Ara, Vero , Alcanad re, Gua tizalema y Flumen , vol.III , Zaragoza, Leyere Edicio nes, 20 01; J . L. ARAMENDÍ A, El Román ico en Aragó n . Cuenc as de l I suela y Gálleg o , vol.IV , Zaragoza, L e yere Edicio nes, 200 2; J. L. ARA MENDÍA, El Romá nico en Arag ón. Cuenc as de l Aragón y el A ra, v ol.V , 57 5 Castán sobre las torres y castillos del Alto Ar a gón 216 . Un año después, en 20 05 Fernando Galtier coo rdinó un facsímil del Beato de Fanlo, en el que publicó un capítulo relativo al arte aragonés en época de Ramiro I 217 , mientras que la Aso ciación Española de Amigos d e los Castill os editaba las actas d el III Con greso de Castellol og ía, en donde aparece un artículo de R oberto Viruete sobr e las for talezas a ragonesas del primer románico 218 , ree ditado al a ño si g uiente en la revista Castil los de España 219 . Por úl ti mo , con motivo de l a exposición ce lebr ada en Pamp lona en torno a S ancho III en 2006, Fernando Galtier red actó un nuevo trabajo s obre el arte aragonés en el siglo XI, incluido en el catálogo de la citada exposición 220 . b) ESTUDIO S DE ÁMBITO COMARCAL La coma rca de las Cinco Vil las tiene tres obras relativas a su territor io. L a primera de ellas la escribió F ernando Galti er en 1984; concretamente se trata del artículo que estudia l as primeras i glesias construi das en piedra en l a cuenc a hidrográfica de los ríos Arba 221 . L a segunda es un artículo del citado Ga ltier y de Bernabé Cabañero sobre l os castillos y forti ficac iones existentes en la mencionada zona de los Arbas 222 . Por últ imo, cabe destacar la mono grafía de B ernabé Cabañero S ubiza acerca de la Zaragoza, Edic iones Le y ere, 20 03 y J. L. ARAMENDÍ A, El Romá nico en A ragón. Cuencas del Rig uel, Ebro y afluen tes del sur, vo l.V I , Zaragoza, Ed iciones Leyere, 200 4. 216 Cfr. A. CAST ÁN SA RASA, Torres y castil los del a lto-Arag ón , Huesca, Publicacio nes y Edicio nes del Alto Ara gón, 2004 . 217 Cf r. F. G ALTI ER MA RT Í, “Aragón en la é poca del Beato de Fanlo”, en F. GALTIER MART Í (coo rdinador), El “Bea to” del abad Banzo del mo nasterio de S an Andrés de Fanlo. Un Ap ocalipsis arago nés recup erado , pp. 18 9- 23 9. 218 Cfr. R. VIRUE TE ERDO ZÁIN, “Los castillos ara goneses del primer ro m ánico : “ ad exampla mentum Christian orum et malum d e Mau ros ”, en A. RUI BAL RODRÍG UEZ (edito r), Actas del III Cong reso de Castellolog ía Ibérica , G uadalajar a, Asociación Español a de Amigos de lo s Ca stillos-Dip utación Pro vincial de Guadalaj ara, 2005, pp. 201-21 6. 219 Cfr. R. VIRUE TE ERDO ZÁIN, “Los castillos ara goneses del primer ro m ánico : “ ad exampla mentum Christian orum et ma lum de M a uros ”, Castillos d e Españ a , 53, ( Madrid, 200 6), pp. 13 -22. 220 C fr. F. G ALTI ER M ARTÍ, “Aragón, de lo s o rígenes al e splendor : el r einado de Ramir o I ”, en I . G. BANGO T ORVISO (directo r científico), S ancho el Mayor y sus herede ros. El linaje que eu ropeizó los reinos hispán icos (La Edad de un Reyno. Las en crucijadas de la Corona y la diócesis de Pamp lona), vol.I , pp. 146-16 4. 221 Cfr. F. GALT IER M ARTÍ, “Las pri meras iglesias de piedra de la frontera d e lo s Arbas, e l Onsella y e l Gállego”, A rtigrama , 1 , (Zaragoza, 1984), pp. 11-46. 222 Cfr. F. G ALTIER M ART Í y B . CAB AÑERO SUBI ZA, “Los ca stillos de la frontera d e los Arbas”, Boletín del Museo e Instituto Camó n Azna r , 20, (Zaragoza , 198 5), pp. 59-86. 58 5 arquitectura cincovillesa edificada entre l os siglos I X y XII, donde realiza un ex haustivo análisis de cada monumento 223 . En lo que concierne a l a comarca del Alto Gállego, hay que mencionar en primer lugar dos obr as que an alizan el arte mozárabe de l a zona del Serrablo según sus autores. La primera de las dos se debe a Antonio Durán G udiol, la cual se publicó en 1973 224 . En cambio, la se gunda fu e escrita por el propio Antonio Durán Gudiol y Domi ng o Buesa cinco años después, en 19 78 225 . El denominador común de ambas es que hablan del conjunto de iglesias ubi cadas en la c uenca hidro gráfica del río Gállego. A parte d e éstas, también debe nombrarse la monografía de Adolfo Castán Sarasa que estudia los monumentos civiles y religiosos del Serrablo y d e la comarca de Sobrarbe 226 . Refiriéndonos en último lug a r a las comarcas de Sobrarbe y R ibagorza, el número de trabajos es amplio además de la obra ya citada d e Castán, aunque la m ayor parte se centran en R ibagorza. Continuando con el orden cronológico, en primer lugar está e l artículo de Manuel García Guatas consagrado al románico del Sobrarbe en tiempos de S ancho III 227 . Posteriormente ha y que si tuar el trabajo de Philippe Araguas sobre l os castillos de Cataluña y d e la Ribagorza, que, publicado en 197 9, resume las ideas fund amentales d e su tesis doctoral 228 . Cinco años después, el propi o Philippe Araguas vol vía a tratar las fortalezas de la R ibagorza con motivo del es tudio d e l os castillos de Ar nau M ir de Tost 229 . A m ediados de la década de los ochenta, Manuel Igle si as C osta sacó a la luz una ampl ia monografía acerca del arte románico religioso de las coma r cas d e Sobr arbe y Riba g orza, el cual ha sido reeditado en 2003 a título póstumo por Acín Fanlo y Enrique Calvera en cu atro volúmenes, uno más respecto a la 223 C fr. B. CAB AÑERO SUBI ZA, Lo s orígen es de la a rquitectura mediev al d e las Cinc o Villas ( 891 - 1105 ): entre la tra dición y la ren ovació n , Ejea de los Caballer os, Centro de E studios de las Cinco Villas- Institución Fernando el Católico , 1992 . 224 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Arte a ltoarago nés de lo s sig los X y XI , Sabiñánigo, Caja de A horros y Monte P iedad d e Zaragoza, Aragón y Rioja, 1973. 225 C fr. A . DURÁN GUDIO L y D. J. BUESA CONDE, Gu ía monu mental de Serrablo , Madrid, Servicio de P ublicaciones del Ministerio d e Educació n y Ciencia, 19 78. 226 Cfr. A . CASTÁN S ARASA , A rquitectura m ilitar y religiosa d el S obrarb e y S errablo m eridional (siglos XI-X III) . 227 Cfr. M. GARCÍ A GUATA S, “El pri m er r ománico en Sob rarbe durante la época de Sancho el Mayor”, Argenso la , 79 -84, (Huesca, 1975 -1977), p p. 5-32. 228 Cfr. P . A RAGUAS, “Les c hâteaux de s M arches de Cata logne e t R ibagorce ( 950-11 00)”, Bu lletin Monu mental , 137 , (Paris, 19 79), pp. 205 -224. 229 Cfr. P . ARAGUA S, “Les Château x d ’Arnau Mir de T ost”, en V. V. A. A ., Les pays de la Méditerranée o ccidenta le au Mo yen Âge . Actes du 1 06 e Congrès National de Soc iétés S avan tes , Philolo gie et Histoire , Paris, CNRS-CT HS, 19 84. 59 5 edición orig inal 230 . Casi de forma i nmediata a la obra de Manuel Ig l esias, la revist a Aragonia S acra d aba a conocer, en l os números 2 y 3 de 1986 y 1987, dos artículos del citado J osé Luis Acín Fa nlo que hablan del arte románico del Sobr arbe y de la Ribagorza 231 . Finalmente, hemos de nombrar l a s íntesis del románico de l valle de Benasque hecha en 1995 por R oberto Benedicto 232 , el estudio que hizo Castán Sarasa de los castillos de Aínsa, Banastón y Escalon a 233 , cu y a publicación data de 1999, y el artículo de Fité i Llevot de 2004 centrado en el rom ánico de la f ranja aragonesa 234 . c) ESTUDIOS DE UN ÚNICO MONUMENTO En últi mo lugar hemos dejado los trabajos que se centran en un solo monumento, los cuales son mucho menos numerosos en comparac ión con l os nombrados para el conjunto del territorio aragonés o para las comarc as o grande s regiones que lo conforman. Así , a nivel local únicamente ha y que reseñar dos artículos de Manuel García Guata s respectivamente sobre los castillos de Abizanda y Samitier e n el S obrarbe 235 , uno de López Dueso acerca del c astillo de Boltaña 236 y tres referentes a la fortific ación de Samitier dada por S ancho III a su hijo menor Gonzalo, cu y os autores son por orden cronológico Fernando Galtier 237 , Jean Passini 238 y Roberto Viruete 239 . 3.- FUENTES A RQUE OLÓGIC A S 230 Cfr. M. IG LESIAS COST A, Arte religioso del alto Ara gón o riental, 3 vols ., B arcelona, A kribos Edicio nes, 1 984 y M. IGLE SIAS COST A, Arte religio so del Alto Arag ón Oriental. Arquitectura Romá nica, siglos X-XI, XII y XIII, 4 vols. , Zaragoza, Prames, e d. rev. y au m. po r J. L. ACÍN FANLO y E. CALVERA NERÍN, 20 03. 231 Cfr. J. L. ACÍN F ANLO, “Sobra rbe Ribago rza, u na zo na d e la diversid ad de l Ro m á nico”, Arago nia Sacra , 2, (Zaragoza, 19 86), pp. 111-128 y J. L. ACÍN FANLO, “Sob rarbe Riba gorza, una zo na d e la diversidad del Ro m án ico (II )”, Aragon ia Sacra , 3, (Zaragoza, 1 987), pp. 145-177. 232 Cfr. R. B ENEDICT O, Guía de la arquitectura lombarda en el valle d e Benasque , Zaragoza, Ayuntamiento de Be nasque, 1995 . 233 Cfr. A. CAST ÁN S ARASA, “T res fortificaciones d el Sobrar be”, Sobrar be , 5 , (Aínsa, 1999 ), p p. 65- 92. 234 Cfr. F. FIT É I LLEVOT , “ L’art Ro m à nic a la Franj a: un espai co mú entre Aragó i Cata lunya”, e n F. CLOSA y J . M. MART ÍNEZ (edito res), R elacione s histó ricas entre A ragón y Catal un ya. Visio nes interdisciplin ares , pp. 117 -141. 235 Cfr. M. GA RCÍA GU ATAS, “El casti llo de A bizanda , en la f ro ntera de la Reconquista ar agonesa”, e n V. V. A . A ., Homenaje a José María L a carra en su jub ilación del profesora do , Zaragoza, Anubar Edicio nes, 1977 , pp . 121-133 y M. GA RCÍA GU AT AS , “El conjunto r eligioso-milita r ro m á nico de Samitier”, Argensola , 86, (Huesca, 1978 ), pp. 311-328 . 236 Cfr. M. LÓPE Z DUESO, “Boltaña y su castillo”, Sobrar be , 4, (Aínsa, 1 998), p p. 205-221 . 237 Cfr. F. G ALTIER M ARTÍ, “El verdadero castillo de Sam it ier”, Turiaso , 7, pp. 159-194. 238 Cf r. J. PASSINI, “Samitier, u ne site frontalier défe nsif de la Canal de Berdún”, en P. SÉNAC (éditeur) , Frontières et espaces py rénéens au Moyen Âge , pp. 61-67 . 239 Cfr. R. VI RUETE ERDO ZÁIN, “Las p osesiones de l r ey Go nzalo de Sobr arbe-Ribagor za en el reino de Aragón: el castro d e Samitier”, Aragón en la Edad Med ia , 19, pp. 589-597. 60 6 El descubrimiento de fuentes arqueológicas lleva consigo el estudio de la m isma y la publicación de los informes, memorias y trabajos de investigación que dan a conocer los principales resultados obtenidos, los cuales son de gran ut ilidad y vit al importancia para re construir el pasado histórico , en especial el d e la época que nos ocupa. Al i g ual que los his toriadores del arte, la actividad arqueológica ha experimentado un gran auge a parti r del último cuarto de la cent uria pasada, movimiento que, aunq ue con m enor intensid ad, también h a afectado al periodo medieval. A continuación pretendemos ofr ecer una relación lo más completa posib le de los artículos y mono grafías que estudian los ya ci mientos arqueológicos hallados en el territorio ramirense cu ya cronolo gía i nclu y e los años de reinado de Ramiro I. E n consonancia con ello, los numerosos trabajos ex istentes fruto de pro specc iones y excavaciones arqueológi cas versan sob re aspectos y cuestiones di ferentes como asentamientos humanos, edificios militares y religiosos, necrópolis, cerámica y otr as infraestructuras y restos de carácter animal o vegetal. Por otro lado, y desde una ópti ca meramente geográfica, ha de i ndicarse que l a arqueología no se ha desarrollado equitativamente en el conjunto de los domi nios c ontrolados por Ramiro I , de forma qu e contamos con una desi gual i nformac ión arq ueológica en la que s e observan fuertes contrastes entre diferentes l ugares, caso por ejem plo de Jaca, que ha si do objeto de numerosas actuaciones en treinta años, y Aínsa, d onde no se ha realizado pr ácticamente nada e n el ca sco históri co, no así en el amplísimo término municipal. Finalmente, articularemos la exposición de los trabajos en función de las actuales comarcas. a) COMARCA DE LAS CINCO VILL AS En una de las prin cipales localidades de la com arca , Sos del Rey C atólico, encontramos el Castill o de Peña Felizana, situado en la parte más elevad a del espacio urbano ocupado por el caserío y junto a la i glesia de S an Est eban. El castillo ha sido objeto de ex cavación durante v arias campañas, c inco concretamente, y también de una prospección po r g eo-rad ar, i ntervenciones que fueron efectuadas por los arqueólo g os José María Viladés C astillo y Ma ría Elisa Palomar Llorente. Afortunada mente, ambos han publicado individual o conjuntamente las a ctuaciones realizadas e n seis breves 61 6 artículos, cuatro editados en la revista Arqueolo gía Aragonesa y uno r espectivamente en el Boletín del Museo de Zaragoza y en el Boletín de Arqueología Medieval 240 . Siguiendo en la C omarca de las Cinco Villas, en el municipio de Uncasti llo tenemos dos yacimientos arque oló gicos cuya cronología abarca el rein ado de Ramiro I : el Castill o de la Peña Ayllón, s ituado en la peña epónima, la ne crópolis de San Juan, ubicada en la cima de otro cerro dentro del núcleo h abitado de Uncastillo y enfrente d e la mencionada peña de Ay l lón, y la necrópolis judía. El primero de lo s tres yacimientos citados, actualmente sede de un museo, se ha excavado por completo a lo largo de muchas campañas en v arios años desde 1988 hasta 2 003 bajo la di rección de J osé María Viladés; a éstas han de sumarse las t res últimas comandadas po r Eugenia Nasarre en 2004 y 2005. Sin emba rgo, no t odas las intervenciones practicadas h an vi sto la l uz en forma de artículo, ya que las hechas a partir de 2000 aún p ermane cen inéditas 241 . Por 240 Cfr. J. Mª. VILADÉS C ASTILLO, “Infor me de la primera campaña de excavacio nes en el castillo de Sos del Rey Católico ( Zaragoza)” , Boletín de l Mu seo de Zarag oza , 6, (Zaragoza, 19 87), p p. 456-459 ; J. Mª. VIL A DÉ S C ASTI LL O y Mª. E. PALOMAR LL ORENT E, “Excavaciones en el castillo d e Sos del Rey Católico”, Bo letín de Arq ueolog ía Medieval , 2, (Madrid, 1988 ), pp. 193-194; J. Mª. VIL A DÉ S CASTIL LO, “Infor me sob re la excavació n de l castillo de Sos del Rey Católico (Zara goza). Ca m paña 1987”, Arqueología A ragonesa , 1986-19 87, (Zaragoza, 1991), pp. 239-241 ; J. Mª. V ILADÉS CASTIL LO, “E xcavación arqueo lógica d el castillo de Sos d el Re y Católico . Zaragoz a. II Iª campaña, 1988”, Arqueología A ragonesa , 1988-19 89, (Zaragoza, 1991), pp. 253-254 ; J. Mª. V ILADÉS CASTIL LO y Mª. E. PALO MAR, “In forme de la ex cav ación de l castillo de Sos de l Rey Católico, Zaragoza, ca m p aña 1 989” , Arqueología Ara gonesa , 1988-1989 , (Zaragoza, 1991), pp. 255-256 y J. Mª. VILADÉS CAST ILLO y Mª. E . P AL OM AR LLORENT E, “Informe d e p rospecció n po r radar del castillo de Sos d el Rey Católico , Zaragoz a. Campaña 19 89”, Arqueolo gía Ara gonesa , 1991 , (Zaragoza, 1 994 ), pp. 197-198. 241 En cuanto a las r estantes ca m pa ñas, tod as han sido p ublicad as en la r evista Arqueología Arago nesa. Cfr. J . Mª. VI LA DÉ S C AST ILLO, “I nforme s o bre las excavacio nes ar queológica s en el castillo de Uncastillo. Zaragoz a. Ca m pa ña 1 988 ”, Arq ueología A ragonesa , 1988-19 89, (Zarago za, 1 991), pp. 243 - 244 ; J. M ª. VILADÉS C ASTILLO, “ E xcavaciones ar queoló gicas en el castillo de Uncas tillo, (Zaragoza). Campaña 19 89”, A rqueología A ragon esa , 1 988-1989, (Zarago za, 199 1), pp. 245-247 ; J. Mª. VI LADÉS CASTIL LO, “Infor me de la cam pa ña d e excavacio nes ar queológicas en e l castillo de Uncastillo, (Zaragoza)”, A rqueolo gía Arago nesa , 1990, (Zaragoza, 1992), pp. 1 47-149; J. Mª. VILADÉS CASTIL LO, “Excavacio nes arq ueológicas en el castillo d e Uncastillo ( Zaragoza). C ampaña 19 91”, Arqueo logía Aragonesa , 1991, (Zaragoza, 1994), pp. 199 -201; J . Mª. VI LA D ÉS C ASTILLO, “Excavacio nes ar queológ icas en el cas tillo de Unca stillo (Zaragoza). Campaña de 1992 ”, Arqu eología Arago nesa , 1 992, (Zaragoza , 1 994), pp. 145 -148; J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “Excavacio nes arqueoló gicas en e l castillo d e Uncastillo ( Zaragoza). Ca mpañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Aragone sa , 199 4, (Zarago za, 199 7), pp. 179 -185; J . Mª. VILADÉS C ASTILLO, “Exca vación ar queo lógica e n el Castillo d e Ay lló n, Uncastill o (Zaragoza) ”, Arqu eología Arag onesa , 19 95-2005, (Zaragoza, 2 007) y J . Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Excavació n arqueoló gica en e l Castil lo de Ayllón, Uncastill o (Zaragoza)”, Arqueo logía A ragonesa , 1995 -2005, (Zaragoza, 2 007); E. N ASARRE OT ÍN, “Exca vaciones arqueoló gicas e n e l Castillo de Ayllón, Uncastillo (Zarago za)”, Arqueolo gía Aragon esa , 1995-20 05, (Zaragoza, 2007 ); E . NASARRE OT ÍN, “Actuación ar queológica en la fortificación de Uncastillo (Zaragoza)”, Arq ueolog ía Aragonesa , 1995-2005, (Zaragoz a, 2 007) y E. NASAR RE OT ÍN, “Retirada de los restos óseo s de la fortaleza de Uncas tillo. Uncasti llo ( Zaragoza)”, Arq ueolog ía Arago nesa , 199 5- 200 5, ( Zaragoza, 2 007). En e sta publicació n p ueden cons ultarse la s fichas técnicas de la s ci nco ú ltimas actuaciones arqueológicas c on lo s datos m á s relevantes de las m is mas, y a q ue los in formes aún permanece n inéditos. 62 6 otro lado, la necrópolis exist ente junto a la iglesia de San J uan de Uncastillo ha sido excavada y estudiada ta mbién por María Asunci ón Bielsa, J osé María Viladés y J uan Ignacio Lorenzo L iz alde, quien ha procedido a analizar los restos óseos ex humados en el curso d e las excavaciones llevadas a cabo po r Bielsa 242 . Finalmente, tambi én en el año 2000 José María Viladés procedió a ex cavar la necrópolis judía de Uncastill o, si bien no se abrieron las tumbas 243 . Sin a bandonar a ún la citada coma rca z aragozana de l as C inco Villas, en el término muni cipal de Luesia se en cuentra un yacimiento arqueológico m edieval, más concretamente en la par tida m unicipal denominada Corral de C alvo. J uan Án ge l Paz Peralta ha diri gido la excavación del mismo a lo lar g o de varias campañas, l o que ha permitido descubrir un asentamiento m onástico compuesto de una igl esia, estancias, calles y necrópoli s. Tra s l a realización de las actuaciones arqueológicas, un amplio equipo mult idisciplinar compuesto por el propio P eralta y po r Fernando Galtier, J uan Ignacio Lorenzo L iz alde, J osé María Vil adés y María Esperanz a Ortiz Palomar s e ha encargado de estudiar el citado y acimient o en conjunto y de analizar pormenorizadamente la cerámica, los restos óseos y l a cerámica, trab ajo q ue se ha plasmado en la publicación de cuatro artículos en la revista Arqueolo gía Aragonesa y en 242 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Española , vol.V , Zaragoza, Depar tamento de Educac ión y Cultura de la Diputa ción General de Aragón, Zaragoz a, 1986 , pp. 261-27 3; J. Mª. VILADÉS C ASTI LL O, “Excavaciones arq ueológicas e n la necrópo lis de San Juan d e U ncastillo, Zaragoza. Campa ñas 19 88-198 9”, Arqu eología Aragonesa , 1988 - 198 9, pp. 2 49-250 y J . I. LORENZO LI ZALDE, “Procesad o y estudio de los resto s paleoantropo lógicos pro cedentes d e la necró polis alto m ed ieval de San J uan d e Uncastillo (Zara goza)”, Arqu eología Arago nesa , 1990, (Zaragoza, 1 992), pp. 371-374 . 243 Cfr. J. Mª. VI LA DÉ S CAST ILLO, “Excavación arq ueológica Nec rópo lis judía de Uncastillo (Zaragoza)”, Arque ología Arago nesa , 19 95-2005, (Zaragoz a, 20 07). En e sta publicación p uede consultarse la ficha técnica de la citad a excavación con lo s d atos más releva ntes de la misma, ya que el infor m e aú n per m a nece inédito . 69 6 intentando cumplimentar los objetivos de la política muni cipal en el ámbito cultural 265 . En cuanto a Graus, J ulia J ustes procedió a catalogar l os y acimientos ar queológicos existentes en el término de Gr aus, señ alando alguno que tod avía no ha sido objeto de estudio 266 . En virtud de lo expuesto, y p rofundizando en la línea señalada al principio del presente ap artado, no s ólo ha quedado cla ro q ue ha y un número i mportante de actuaciones arqu eológ i cas en el territorio aragonés dominado por Ramiro I , si no que también se aprecia un desequilibrio importante en cuanto a la distribución de las prospecciones y excavaciones arqueológicas desarrolladas. En efecto, la mayor parte se ubican en l as com arcas que conforman el espacio ge o gráfico que Ramiro I recibió de su padre, concretamente Ci nco Vill as, Jacetania, Al to Gállego y Ho y a d e Huesca. Po r el contrario, la actividad arqueológica llevada a cabo en Sobrarbe y Ribagorza ha sido mucho más modesta. En consecuencia, l a reconstrucción del p asado histórico de la z ona aragonesa primigenia resulta mucho más f actible que la de Sobra rbe y Ribagorza, especialmente si l e añ adimos que t ambién p oseemos para Aragón una m ayor documentación escrita. Llegados a este punto, c onviene efectuar una recapitulación de los principales contenidos tratados en e ste capítulo que conclu y e. En primer lugar, se h a comprobado que en la actualidad disponemos de un amplio abanico de fuentes para estudiar el reinado de Ramiro I d e Aragón, puesto que no sólo hay documentación escrita, sino también m onumental y ar queoló gica . Cent rándonos en las fuentes es critas, hemos de señalar la existencia de un im portante grado de di spersión geográfica de lo s documentos como consecuencia de haberse conservado, por diferentes circunstancias, no sólo en varios lugares del Estado español, sino tambi én en el ext ranjer o. Finalmente, indicar que las publicaciones efectua das s obre las fuentes existentes demuestran clara mente que los historiadores han pro cedido a estud iarlas por norma general, lo cual vamos a tener oportunidad de constatarlo en el capítulo siguiente. 265 C fr. F. J. GARCÍ A C ALVO, “Castillo de B enaba rre (Huesca). I nfor me de la 1ª campaña de excavaciones”, Arqueolo gía Arago nesa , 199 1, (Zaragoza, 1 994), pp . 203-205. 266 Cfr. J. JUST ES FLORÍ A, “Catálogo d e bienes arq ueológic os par a el desar rollo d el Plan de Ordenación Urbana, Gr aus (H uesca)”, A rq ueología Aragonesa, 1 995-20 05, (Zaragoza, 2 007). En esta publicac ión puede consultarse la ficha té cnica de la citada act uación co n los d atos más releva ntes d e l a misma, ya que el infor me aún per m a nece inédito . 1 CAPÍTUL O II LAS F UENTES HI STÓRI C A S DEL RE I N A DO DE RA MIRO I: PROBLEMÁ TICA Y EST U DI O S DE LA HI ST OR IOGR AFÍA Al hilo de lo comentad o al final del capítulo previo, el qu e los hi storiadores hayan procedido a estudiar las fuentes hist óricas del periodo de Ramiro I no indica que todos las ha y an ana liz ado y que l os trabajados realiz ados sobre ellas se caractericen por su minuciosidad. Por lo tanto, nos parece altament e int ere sante tratar las ideas que l a historiografía h a dado a cerca de las fuentes históricas que nos permitirán r econstruir el reinado de Ramiro I c o n el objetivo de ver y comprobar h asta que punt o se hace necesario afrontar un nuevo estudio de las mismas o bi en el análisis de algún tipo concreto de fue nte. Ahora bien, debemos puntualizar que nu estra labor se centrará únicamente en aque llas fuentes que vay amos a util izar para reconstruir el pasado histórico de la época ra mirense en los capítulos correspondientes a la tercera p arte. En relación con ello, advertimos que no emplearemos las iglesias más que de forma mu y puntual, de manera que prescindire mos de com entar lo que los historiadores del arte han dicho de los t emplos religiosos a ex cepción de los estudiados desde un p unto de v ista arqueológico. Teniendo en cuenta e l objetivo que pretendemos al canzar en el pre sente capítulo II , analiz ar la problemát ica que las fuentes pl antean result a de vit al i mportancia para lograrlo. En este sentido, se comprobar á que cada tipo de fuente responde a unas características d iferentes y que en fun ción de su naturaleza no sólo proporc ionan distintos tipos de información, sino que también pose en ci ertos inconvenientes que deben estudia rse y come ntarse al objeto de depurar al m áximo sus datos históricos con el fin de utilizarlos en la reconstrucción de la reali dad hi stórica del reinado d e R amiro I. Esto afec ta fundamental mente tanto a las fuentes escritas como a las arqueológicas, así que nos c entraremos en ellas de cara a conocer el mo do en el que h an de emplearse y los límit es que nos ofre cen. A ) ESTUDIO HIST ORIOGRÁFICO D E LAS FUENTES 2 En el capítulo previo nues tro objetivo ha sido nom brar únicamente l a r elación de artículos y monografías de carácter científico que se han c entr ado en la edición y publicación de l as diferentes tesis disponibles. En cambio, nuestra at ención se enfocará ahora en los estudios críticos que sobre ellas s e han efectuado. S abiendo e sto, a la hora de ex poner los contenidos respetaremos y continuaremos el m ismo orden que en el capítulo primero, d e for ma en comenzaremos con las fuentes escritas y concluiremos con las arqueológicas, analizando entre ambas las monumentales de carácter civil . 1.- FUENTES ESCRITAS a) ACTOS JURÍDICOS De acuerdo con lo dicho en el anterior párrafo, iniciaremos el d esar rollo de nuestra expos ición con la monografí a de Eduar do Ibarra sobre la docu mentación de Ramiro I de A ragón. Se trata de una obr a general que intenta r e copilar todos los diplomas cu y a fecha coincidiera con los años del gobierno del citado monarca independientemente del otorgante, de forma que presenta documentos real es y no reales. Desde nu estro punto d e vista actual, la obr a pu ede considerarse d esfasada en v arios aspectos, pe ro en su momento repre sentó un trabajo de g ran calidad que s entó las bases para el estudi o del te rritorio arag on és a mediados del siglo XI, y a que daba a conocer casi toda la doc umentación existente g enerada por los protagonistas de la é poca y concluía un ingente, mi nucioso y p aciente t rabajo de búsqueda en unas condiciones bastante malas ant e el escaso av ance de las tareas d e ordenación y c atalogación documental en comparación con nuestros días 1 . Sin embargo, si contem plamos la obra según nuestra perspectiva y nuestro juicio, dom inado por el afá n de crítica document al, observaremos varios aspectos que nos inducen a considerar de sfasada la obr a r ealizada por Eduardo Ibarra. Su m onog r afía carece de estudio crítico en toda regla de los dipl omas del r einado de Ra miro I , lo cual argumenta el propio auto r aduciendo la dificultad que ello entraña 2 . Asim ismo, t ambién se aprecian cie rtos errores de transcripción. De l a misma fo rma, no afronta la datación 1 E. IBARRA Y ROD RÍGUE Z, Docu mentos co rrespond ientes al reina do de Ramiro I desde 10 34 hasta 1063 años , Zaragoza, Tipografía y Librer ía de Andr és Uriarte, 1 904, pp. VII-XIV. 2 E. IBARRA Y ROD RÍGUE Z, Docu mentos co rrespond ientes al reina do de Ramiro I desde 10 34 hasta 1063 años , pp. VI-VII. 3 de aquellos actos jurídic os que no han conservado la cláusula cronológica . Finalmente, no si g ue un orden cl aro a la hora de fijar los textos en el caso de disponer d e más de una copia del documento 3 . En lo que concierne a l a otr a de obra de Eduardo I barra, la forma de editar los diplomas no re gios del reinado de Sancho Ramírez si gue en l íneas generales l as mismas paut as que l as obse rvadas en la edición d e la documentación de Ramiro I. No obstante, cabe destacar la encendi da def ens a de la transcripción del documento lo más fiel po sible, descartando en tod o momento una cor rección orto gr áfica y gramatical del texto 4 . A continuación nos refer iremos a la Tesis Doctoral de M artín Duque, de la que aún permanecen pasajes inéditos. Con respecto a las obras de I barra su pone una gran novedad desde el punt o de vi sta de la crít ica documental, y a que la gran aportación de Martín Duque consiste en estudiar la organización del escritorio y del archivo monástico y en fun ción de ello determinar la tra dición documental de los diplomas con exacta precisión y l a autenti cidad o falsedad de los mismos, llega nd o incluso a identificar a los responsables materiales de las falsificaciones 5 . Sin embargo, conforme se verá en las si g uientes l íneas, si bien Martín Duque ha publicado los d ocumentos en dos monografías distintas, el estudio crítico aún p ermanece inédito en su ma y or parte 6 y sólo disponible, según la legislación, para quienes obtengan el pe rmiso d el autor. Centrándonos ahor a en l a documentación de San J uan de la Peña edit ada po r Antonio Ubieto, ha de remarcarse con ci erta not oriedad que ésta, en co mparac ión con las anteriore s obr as edi tadas, se carac te riza por l levar un aparato crítico bastante importante desde el pun to de vis ta cualitativo, y a que se indican qué dipl omas son auténticos y cuáles falsif icaciones, además de res eñar también la tradición documental de los auténticos 7 . En cuanto a su ubicación en la obra, el aparato c rítico lo encontramos 3 E. IBARRA Y ROD RÍGUE Z, Docu mentos co rrespond ientes al reina do de Ramiro I desde 10 34 hasta 1063 años . No p recisamos ni nguna p ágina co ncreta d onde pod am o s con statar los erro res se ñalados, de ahí que re mitam o s a la totalid ad del texto d e los d iplomas en cuestión a fin de ilustrar e jemplos de lo dicho. 4 Cfr. E. I BARRA Y RODRÍGUE Z, Documen tos correspo ndientes a l reinad o de Sa ncho Ramírez, vo l.II , p. XVI . 5 C fr. A. J. MARTÍN DUQU E, Cole cción diplomá tica d e San Victorián de Sobrarbe y S anta María de Obarra (1000-12 19) , Zaragoza, T esis Doc toral Inédita, 1956. 6 Ángel Juan M artín Duq ue pub licó un pequeño r esumen del m is mo dentro de un breve a rtículo que lleva por títu lo el de la tesis. Cf r . A. J. MARTÍN DUQUE, Colecció n diplomática de San Victorián de Sobra rbe y Santa María de Obarr a (1000-12 19), Arg ensola , 8, (Huesca, 1 957), pp. 1-12. 7 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.I y vol.II . 4 individualiz ado por docume ntos en nota a pie de página en cad a uno de ell os, mi entras que l a disti nción de aute nticidad o f alsificación s e realiz a respectivament e m ediante la presentación del texto en letra redonda o cursiva 8 . S in embargo, apenas ha y una argumentación ampli a que just ifique las opiniones sobre dichos asuntos, lo cual se deb e a que Antonio Ubieto ya lo hizo previam ente e n un a rtículo transcende ntal ti tulado Estudios en torno a la división del reino por Sancho el Mayor de Navarra 9 . Refiriéndonos ahora a dip lomas de San Andrés de Fanlo publicados por Ángel Canellas, debe decirse que su autor efectuó u n estudio precedie ndo a la edición diplomática de los documentos, en el que hace una breve descripción de los fondos, una somera hipó tesis de d atación de los diplomas sin fecha, un análisis diplomático y una evolución hi stórica del monasterio 10 , de forma qu e no lo podemos considerar completo al cien por ci en desde u n punto de vista de l a crítica documental al estilo de Ubieto o Martín Duque. Por otro lado, y en l o relativo a l a documentación del p eriodo de Ramiro I que ha y en la colección di plomática, llama la atención que no se conoc e el contenido de cinco d e sus documentos 11 , hecho que ha de ac h acarse a la d esaparición del cartulario de la parroquia oscense de San Ped ro el Viejo cuando Ángel Canellas procedió a realizar la edición 12 . En lo que concierne a la colección diplomátic a de Santa María de Oba rra , Martín Duque presentó un breve estudio antecediendo a la edición diplomática de los ac tos jurídicos de Obarra c o mprendidos entre los sig los XI y XIII 13 . Este estudio pued e dividirse en tres partes; una primer a dedicada a la descripción de los principales cartularios, en especial d e los rótulos de Ballábriga y Benasque, efectuan do un estudio crítico de los mism os en cuanto a su datación a nte el hecho de que la mayor parte no la han conservado 14 . La segunda se consa g ra a la hist oria del mon asterio corre spondiente a las referidas centurias 15 , mientras que la te rcera se centra en la cuestión del dominio de 8 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.I , pp. 7 -9, especialmente p. 8. 9 Cfr. A. UB IET O ARTET A, “Estudios en to rno a la división del reino p or Sancho el May o r de Na varra”, Príncipe de Via na , 21, (Pamplo na, 1960), pp.5-56 y 16 3-236, co ncretamente pp . 41-56 . 10 Cfr. A. C ANELLAS LÓ PEZ, Colección diplomá tica de San And rés de Fa nlo (958-1270) , p p. 11-72. 11 En efecto, única m e nte se p resenta un b reve resume n del d ocumento y u na fecha ap roximada de l mismo. En c uanto al n úmero de ellos, concreta m e nte son ci nco. Cfr. A. CANELLAS LÓP EZ, Colec ción diplo mática d e San Andrés d e Fanlo (95 8-1270) , nº 22, 24, 29, 35 y 37, p . 79, p. 80, p. 82, p. 85 y p . 86. 12 Cfr. A. C ANELLAS LÓ PEZ, Colección diplomá tica de San And rés de Fa nlo (958-1270) , p p. 5-9. 13 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , p. XLVIII. 14 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , pp. X I-XXVIII. 15 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , pp. X XIX-XXXVII. 5 Obarra y los doc ument os falsificados, donde Mar tín Duque plante a u na interesante propuesta de emplear di chos di plomas para extraer información acerca de los motivos que impulsaron a tal labor espúrea 16 . Como hemos dicho en el capítulo ante rior al habl ar de la colección di plomática de la catedral de Huesca, los documentos r eferentes al re inado de Ramiro I se hall an en el primero de los dos volúmenes de la misma. En relación con el estudio de la documentación, c abe destacar qu e la mono grafía de Antonio Durán, a diferencia d e las dos anteriores de Martín Duque y Antonio Ubi eto, carece de un análisis cr ítico mínimo de las fuentes. En este s entido, a la edición d e l os di plomas le precede un brevísimo estudio que presenta una concisa historia de la organización d el a rchivo catedralicio y una somera descripción de los princ ipales cartula rios que posee el fondo d ocumental de la catedral de Huesca 17 . En lo tocante a los documentos municipales de Jaca, pu blicados hasta el año 1269 por Antonio Ubieto, hay que indic ar que dic ho his toriador realizó un estudio breve con anterioridad a la edi ción diplom ática en el que tras describir y fechar el cartular io municipal, ll amado Libro de la Cadena, proc ede a d eterminar las falsificaciones existentes y datar al g uno s documentos 18 . Así pues, en relación con el cartulario de San Juan de la Peña, se aprecia l a ex istencia de un aparato crítico importante cualitativamente que sí se incluye en la misma obra. Fiel a l a dinámica establecida po r sus anteriores obras, Martín Duque no se limitó únicamente a l a publ icac ión d e los documentos sin más, de forma que dedicó una parte de la mono grafía a analizarlos. Así, en l a colección diplomátic a de Ley r e nos presenta un b reve estu dio introductorio en el que efectúa una descripción de los cartularios, en especial del Becerr o menor de Leire, y un análisis de la tradición documental e ingenuida d de los diplomas, lo q ue se completa con ap arato crítico de transcripción y de cronología en nota a pie de página en cada uno de los do cumentos 19 . 16 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , pp. X XXIX-XLVIII. 17 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Colec ción d iplomática d e la catedral de Huesca, v ol.I , pp. 7-16. 18 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Jac a: Documen tos mun icipales (971-1 269) , pp. 8-24 . 19 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Documen tación med ieval de Leire (Siglo s IX a XII) , pp. XI-XXXI. 6 Volviendo de nuevo a l o dicho en el capítulo p revio, ha de recordarse qu e la publicación de los docu mentos de Sancho R amírez de Án gel Canellas se correspond e con una selección póstuma de una parte d e su Tesis Doctoral, inédita en su conjunto como la de Martín Duqu e. Si nos centramos en lo que nos ocupa, la pres ente colección contiene un centenar y m edio de documentos con un breve ap arato bi bliográfico al final de cada transcripción. Sin embar go, esta obra no ti ene ning ún tipo de estudio crítico d e los diplom as, ni siquiera una breve descripción de los fondos o de lo s principales cartularios que conservan la documentación 20 . Aunque se han realiz ado estudios sobre la documentación de La S auve-Majeure que hac en ver la necesidad de re alizar unos m inuciosos estudios críticos, l a publ icación del Gran Cartulario de la mencionada abadía bordele sa no cubre es ta importante realidad. Así, la edición del cartulario está p recedida por un breve estudio que a títul o de introducción efectú a una descripción del cartul ario, de los t extos, de l os elementos validatorios y un a muy sucinta observación sobre las fechas y l os sistemas de datación, pero sin abord ar un estu dio crítico m ás a mpli o donde ten ga n cabida cuestiones como la falsedad documental o las posibles manipul aciones 21 . La si guiente recopilació n documental de la que vamos a hablar es la colección diplomática de la catedra l de Pamplona efectuada por uno de los últi mos archiveros de la catedral de Pamplona, Jos é Goñi. En r elación con la línea que estamos desar rollando, la edición de los docum entos de la pres ente obr a no se signi fica por ten er un estudi o crítico, y a qu e sim plemente se presenta la t ranscripción de los diplomas prec edid a de una brevísima descrip ción de algunos c artularios ex istentes en los fondos del archivo catedralicio, lo que s e completa con unos escasos datos relativos al conjunto de documentos que componen la monografía 22 . Con la misma orientación que la anterior obra analiz ada y en contraposi ción a l a estela marcada por Antonio Ubieto y Ángel Juan Martín Duqu e, María Dolores Barrios prefirió abo gar por la si mple edición d e la documentación sin centrarse en la realización de un completo an álisis de l a mism a. E n este sen tido, y como bien indica la editor a, la 20 Cfr. A. C ANELLAS LÓ PEZ, La colecc ión diplomá tica de Sanc ho Ramírez , 1 993. 21 Cfr. A. HIG OUNET -NADAL ET AL II , Grand Cartulaire de La Sauve-Maje ure , pp. 11-27 . 22 Cfr. J. GOÑI GAZTÁMB IDE, Colección diplomática de la cated ral de Pamp lona 829-1243 , pp. 5-9. 7 monografía sim plemente presenta, junto con unas notas introductorias relativas a la propia publicación, la edición de los documentos, puesto que “ no es é ste un estudi o crítico ” 23 . Recordando nuevamente parte d e lo expresado en el capítulo previo, la colección diplomática del monasterio de San Victorián de M artín Duque ha sido pro movida por el grupo de investi ga ción C EMA. P artiendo de este hecho, la mencionada ob ra carece del estudio crítico que sí tiene la T esis Doctor al de Martín Duque, por lo que sig u e sin conocerse de manera abierta sus puntos de vista acerca de l a crítica documental de l os diplomas ramirenses 24 . Además, se aprecian errores al cit ar la signa tura de l o s documentos de Ramiro I conservados en la carp eta 760 de la sección de Clero del Archivo Histórico Na cional, lo que se debe a no haber consultado los ligeros cambios que se produjeron en la ordenación de los fondos en 1980 con el tr aslado de un diploma de dicha carpeta a otra, lo que motivó una re ordenación de las si g naturas 25 . Así pues, se trata de una edición que no recoge el estudio crítico que se efectuó de la misma en 1956 por el propio autor. La reciente edición d el cartulario de San And rés de Fanlo, incluida en la misma colección editorial que l a obra anterior de Ma rtín Duque, parece marcar un punto de inflexión en lo que se refiere al análisi s de la documentación que se publ ica. Así, cabe destacar que la monografía i nclu y e un estudio que se pre sent a delante de la edic ión diplomática de los doc umentos en el que se realiz a funda ment almente una amplia descripción del cartulario junto con su propia historia reciente, una evolución histórica del siglo XI modificando algunos puntos de vist a de Ángel Canellas y un a valoración de la importancia del cartulario para l a his toria de Aragón 26 , lo que se completa con un aparato crítico u bicado a pie de p ágina en d onde s e abo rda con l os pertinentes argumentos la dat ación de los documentos sin fecha , pudiendo ser más precisos en 23 Cfr. Mª. D. BARRIOS M ART ÍNEZ, Doc umento s de Montearagó n (1058-12 05) , p. 14. 24 La colec ción diplo m ática simple m e nte presenta unas not as introducto rias que hacen r eferencia a la pro cedencia d e los docu m ento s y a la descr ipción d e al gunos c artulario s. Cfr. A. J . MART ÍN DUQUE, Colección diplo mática de S an Victorián de Sobrarbe (10 00-1219) , pp. 9-12. 25 En concreto, el ca m bio que se pro du j o fue cambiar a una de las carpetas de Obar ra el docum e nto 5 de la carpe ta 760, luego todo s aquellos dip lomas d e dicha carp eta a partir del 6 lle van en la ac tualidad un número men o s del que se indica en la e dición de Martí n Duq ue. Cfr. A . J. M ARTÍN DUQUE, Co lección diplo mática de San V ictorián de Sob rarbe (1000-1 219) , nº 1 2, 17 a 24 y 3 1, pp . 20-21, pp. 2 9-43 y pp . 50-54 y AHN, Secció n Clero Regula r-Secular , S an Victorián , car peta 760 . 26 Cfr. C. LALIENA CO RBERA y E . KNIB BS, El c artulario del mo nasterio aragonés de San Andrés d e Fanlo (siglos X-XI II) , pp. 7 -38 y pp. 43 -216. 8 función de los datos de las fuentes. No obstante, todavía ha y una aportación más relevante, la transcripció n de los cinco documentos pertencientes al reinado de Ramiro I según Ángel Canellas cuy o texto se desconocía p or completo 27 . Aparte d e las ediciones académicas de actos jurídi cos en las que se inclu y en documentos del reinado de Ramiro I , tend remos que citar también el estu dio crítico de la documentación que d el citado m onarc a efectuó Antonio Ubieto en su obra Orígenes de los reinos de Castill a y Aragón , que es una ampliación de l o y a pu blicado en el artículo de 1960 “Estudios en torno a la división del reino por S ancho el May o r”. Dicho trabajo, aparte de ten er una descripción de la estructura documental de los diplomas y un comentario ex haustivo de cada un a de las cláusul as y una relación de los escribas que se ocuparon de la re dacción de los documentos, se caract eriza po r con tener t ambién la opinión de Antonio Ubieto acerca d e la dataci ón, de la tradición do cumental y d e la autenticidad d e los dipl omas otorgados por Ramiro I y de aquéllos en l os que figura el rey si n s er el emisor. E n consonancia con esto, Antonio Ubieto dice qué documentos son originales, copias y falsificaciones y data pa rte de los que s e cons ervan con fecha errónea o bien carecen de ella, lo cual se basa en una arg ument ación sólida extraída de la propia documentació n de la época. Si n embargo, en algunos diplo mas Antonio Ubieto no ofrece puntos de vista firmes, sino que sus opiniones se mueven en la duda 28 . Valorando lo ex puesto en este epígrafe, pued en di stinguirse dos etapas mu y claras en el pro ceso d e publicación de los a ctos jurídicos. En un pri mer mom ento, situado antes de la Guerra Civil española, la fina li dad es editar toda la doc umentación disponible de un determinado reinado. En cambio , con posterioridad al citado conflicto armado, se aprecia un ní tido cambio en la orientación de la publicación d e este tipo d e fuentes, puesto que l as ediciones se hacen por fondos, de forma qu e tiende a publicarse los documentos de las resp ectivas abadías abarcando periodos temporales amplios que superan la centuria en la totalidad de los casos. 27 Concreta mente hab lamos d e cinco, lo s cuales c itamos a co ntinuación. Pri m ero s dare mos la edición d e Carlos Laliena y E ric K nibbs y a cont inuación su co rres pondencia con la ed ición d e Canellas, do nde figuran sin te xto. C fr. C. LALI ENA CO RBER A y E. KNIB B S, E l ca rtulario del mon asterio arago nés de San Andrés de Fanlo (siglos X-X III) , nº 54, 65, 75, 82 y 1 45 , pp. 111-112, p p. 123-124 , p . 132, pp. 138- 139 y pp . 196-19 7 y A. CA NELLAS LÓP EZ, Colecc ión d iplomática d e San Andrés de Fanlo (95 8- 1270) , nº 29, 24, 35 , 27 y 22, p. 8 2, p. 80, p. 85, p. 86 y p. 79. 28 Cfr. A. UBIETO ARTET A, “Estudios en torno a la divisió n del reino por Sancho el Mayor”, Príncipe de Viana , 2 1, pp. 46-53 y A. UBIET O AR T ET A, Orígenes de los reinos de Castilla y Ar ag ón , pp. 1 05- 127. 9 Por otro lado, mu y po cas son las mono grafías que presentan un estudio c rítico de los documentos que editan y cuando lo ha y éste no resulta completo si empre, bien porque no se trata l a ar gumentación de las opini ones con mu cho deten imiento en la obra, ha bi éndolo hecho en otra, c aso de Antonio Ubieto en el cartulario de San J uan de la Peña, o bien no se aborda la autenticidad o f alsedad de los diplom as, conforme se puede comprobar en la versión publicada de S an Victorián, que no inclu y e el análisis que sobre esto re alizó su propio a utor en el curso de la Tesis Doctoral. Además, aún ha de añadirs e que Antonio Ubieto no deja resu eltas alg unas cuestiones de tra dición documental y de autenticidad en los estudios efectuados por él de la documentación del reinado de Ramiro I. En tercer lugar, pese a las obras publi cada s, todavía queda un p ar de documentos inéditos de Ramiro I, los cuales están depositados en el Archivo d e la Coron a de Aragón de Barcelona 29 . Aparte de esto, la obra de Ibarra, úni ca que hasta el momento se ha centrado en la documentación de Ramiro I , no edita la totalidad de diplomas e x istentes, pues no supo del conser vado en Burdeos además de los inéditos y del incluido en el segundo volumen de los de Sancho Ramírez, ni tampoco efectúa una publicación sobre todas las copias disponibles de los diferentes do cumentos. De la mi sma forma y salvo contadas excepciones, las ediciones de los di stintos fondos documentales, tanto eclesiásticos como m unicipales, realizan las publicac iones basándose en los documentos del fondo sin valora r las copias custodiadas en o tros. En definitiva, todo lo ex puesto nos confirma que aún se car ece de una edición integral de los diplomas de la época del mencionado monarca aragonés. b) OBRAS NARRATIVAS HISTÓRICAS MED IEVALES La casi totalidad de las ediciones que hemos reseñado y enumerado en el capítulo anterior cuent an con un estudio crítico de la crónica en el qu e se abordan diversas cu estiones como la autoría, f echa , lugar de redacción, a las cuales y a h emos hecho referencia al objeto de ubi carla s en su c ontexto, transmisi ón documental, fuentes, códices, estemm a de los mismos y datos sobre su ubicación y v alorac ión h istórica de la 29 Cfr. R. VIR UET E ERDOZÁIN, Aragón en la época de Ramiro I, vol.II , n º 54 y 59. 16 1050 51 . En cuanto a Muro de R oda o Muro M aior, Adol fo Castán limita la cronolog ía del X I defendida por Est eban, Galtier y Ga rcía al tramo denominado Paseo de R onda, y a que el resto correspo nde a las reformas del si glo XV I 52 . Finalmente, tambi én ofrece una visión a lternativa a L o arre en donde reco ge las investigaciones d e J osé Ángel Asensio, a las que nos re feriremos en e l capítulo sig uiente 53 . Seg ún la opinión de Castán, a la época d e S ancho III, años 1 016-1025, tan sólo pertenecería la torre que está próxima a la de la Reina junto con la muralla hast a el á bside de S an Pedro por una l ado y la primera e squin a por el otro, mientras que atribu y e al r einado de Ramiro I las torres de la R eina y d el Hom enaje además de Santa María y la construcción del edificio de función r eli giosa contiguo a la tradicionalment e llamada torre albarrana de L o arre, asunto del que trata el trabajo de José Ángel Asens io 54 . Manuel García Guatas estudi ó el castillo de Abiz anda con moti vo del homenaje jubilar de J osé María Lac arra, año 1977; po r lo tanto, previo a la publicación de El nacimiento d el arte románico , obra en l a que participó junto con Esteban y G altier. El hecho de m encionar este trabajo se debe a que ofr eció una data distinta de la que darían después conjuntamente. En efec to, frente a las d os fases de Abizanda cor respondientes al año mil con ante rioridad a la campaña amirí d e 1006 y al año 1023, tesi s escrita en El nacimiento del arte románi co , Manuel García so stuvo que di cha fortaleza se construyó en los inicios d e la segunda mit ad del siglo XI, puesto que s e cita al tenente de Abizanda en el año de 1 053 55 . Respecto a la a rgumentación, qued a patent e que Ga rcía se vale de l a prime ra apa rición de Abizanda en lo s d ocumentos de la und écima centuria, de forma que señala la metodología que utilizarán él mismo y Esteban y Ga ltier 56 . En fechas más reciente s, el mismo Manuel G arcía Guatas ha es crito una monografía sobre el Románico del Alto Aragón en donde aborda de form a sucinta y 51 Cfr. A. CAST ÁN S ARASA, Torres y Cas tillos del a lto-Arag ón , pp. 336- 339, pp. 467- 468 y pp. 470- 472. 52 Cfr. A. CAST ÁN S ARASA, Torres y Castillo s del alto-A ragón , p p. 37 0-374. No obstante, Cas tán la data en lo s siglos X-XI. 53 Cfr. R. VIRUET E ERDO ZÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV La a rqueolo gía y los arqu eólogos: aportacion es a la h istoria de A ragón en tiempos d e Ramiro I . 54 Cfr. A. C ASTÁN SAR ASA, Torres y Castillos d el alto- Aragón , pp. 322 -334. 55 C fr. M. G ARCÍ A GUAT AS, “El castillo de A b izanda, en la f ro ntera de la Reconquista a ragonesa”, en V. V. A. A., Homena je a Jo sé María Lacarra e n su jub ilación del profesorad o , pp. 131-133. 56 Es evidente que la fecha d ada por García Guatas no se ba sa en la co m p aració n con o tros ca stillos de idénticas car acterísticas, sino en el año y en la décad a en la q ue Abizanda apare ce en la do cumentación. Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, “El castillo de Abizanda, en la f ro ntera de la R eco nquista aragonesa”, en V. V. A. A., Ho menaje a José Ma ría Lacarra en su ju bilación del p rofesorado , pp. 131-13 3. 17 breve los monum entos d e este estil o y entr e ello s los castillos 57 . Data en prim er lugar Fantova en el año 1015 s iguiendo la f e cha dada con sus coleg as Esteb an y Ga lti er en El nacimiento de arte romá nico 58 . También sitúa en el reinado d e Sancho II I lo s de Loarre, construido a partir de 1030, y el de Abizanda, erigido hacia 1030 sobr e una base anterior a 1006 59 , de forma que rectifica su opini ón previa, la cual ha si do objeto de análisis en el párrafo ant erior. Por otro lado, atribuy e al reinado de Rami ro I las t orres de Ruesta en su parte inferior, Sibirana y Aínsa, fortalezas que ubica a mediados del siglo X I 60 . Además, considera que l a de Troncedo s e hiz o durante la primera m itad de la undécima c enturia y la de Escanilla en el cur so de la misma sin pr ecisar m ás 61 . Finalmente nom bra sin datar las fortificaciones de Samitier, Pano, Luz ás, Fa ls y Chiriveta 62 . En el m arco d e su monografía sobre el Rom ánico aragonés, editada en seis volúmenes, José L uis Aramendia ha procedido a estudiar, fundamentalmente con fines turísticos, los primeros castillos construidos conforme dicho estil o arquitec tóni co. Sin embargo, sor prenden su s puntos de vista, ya q ue no considera que m uchos de esos castillos se constru y eran en el reinado de Rami ro I . En efecto, tan s ólo atribuye al tiempo del citado monarca las fortalezas de Cl amosa, Escanilla, Pano, Muro Maior o Muro de Roda, Torreciudad, Arcusa, Almazorre, S arsa de Surta, Luzás y Viacamp 63 . Finalmente, López Dueso por un lado y Acín Fan lo y Lorenzo Burillo po r el otro han estud iado respectivamente los ca stil los de Boltaña y de Samitier. El primero de ellos apenas aporta nada nuevo en cuanto a la cronología, y a que está de a cuerdo con las dos fases constructivas diferentes que propusiero n los autore s de El naci miento del arte románico , una primera de estilo románico lombardo, que L óp ez Dueso si túa en 1017- 1020, y una segunda en románico lombardista que ubica entre 1045-1060, las mismas fechas que di eron Esteb an, Galtier y G arc í a 64 . Respecto a Samiti er, Acín y Lor enzo 57 Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón . 58 Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 147. 59 Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , pp. 33-35 y pp. 115-117. 60 Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 101, p. 112 , pp. 113 -114. 61 Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 145 y p. 11 7. 62 Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 117, p. 144 y p p. 1 63-165. 63 Cfr. J. L. ARAMENDÍ A, E l romá nico en Arag ón. C u encas d el Nog uera Ribagorzana e Isábe na, vo l.I , p. 78 y p. 96; J . L. ARAMENDÍ A , El Romá nico en A ragón . Cuen cas del Ésera y Cinca , vol.II , pp. 5 4-55, pp. 65-66, p. 8 3, p . 2 38 y p. 2 47 y J. L. ARAMENDÍ A, El Ro mánico en Ara gón . Cuen cas del Ara, Vero, Alcan adre, Guatizale ma y Flumen , vol.III , pp.38-39 y p . 120. 64 Cfr. M. LÓPE Z DUESO, “Boltaña y su castillo”, Sobrar be , 4, pp . 214-216. 18 también respetan la tesis de dichos his toriadores e n cuanto a las etapas de e dificación de la torre, aunqu e no la cronología, puesto que pro ponen los años 1030-10 40, de forma que reducen el intervalo defendido por los autores de El nacimiento de arte románico 65 . Gracias al ingente trab ajo desplegado por los historiadores del arte durante varios años, ho y podemo s di sponer en la actualidad de un m ay o r conoci miento de l os monumentos y ruinas monumentales que pertenecen al rein ado de R amiro I , lo q ue permite una contextualiz ación de las mismas en su propio per iodo y su aprovechamiento como fuentes hist óricas capaces de proporcionar datos e informaciones qu e a y ud an a reconstruir el pasa do de la época que las vio nacer. No obstante, también se ha p odido comprobar que ex iste cierta disparidad de opini ones en cuanto a la asignación d e fechas concretas, c uestión que se tratará en p arte en el capítulo siguiente y más adelante. 3.- FUENTES A RQUE OLÓGIC A S Una vez conocidas l as int ervenc iones arqueoló gica s realizadas en Ara g ó n cu ya cronología incluye l os años del reinado de Ramiro o guarda al gún tipo de relación con él, llega el mom ento anal izar y exponer los m ateriales y l as estru cturas arquitectónicas que se han sa cado a la l uz fruto de las mencionadas actuaciones, los que nos permitirá saber las fuentes y do cumentos concretos recuperados gracias a l a arqueología y al trabajo de los arqueólogos responsables de los e studios. A la hora de p roceder a ello, ordenaremos y clasificaremos la información en cuatro categorías que son las siguientes: hábitats y asentamientos poblacionales, edificios y estructuras militares y religiosas, necrópolis y mu ndo funerario e infraestructuras, cerámica y otros restos. a) HÁBITATS Y ASENTAMIE N T OS POBLACIONALES En primer lugar, vamos a centrarnos en comentar en aquellos y acimientos arqueológicos cu y a superficie coincid a con la de un asentamiento humano, aunque posteriormente podamos estudiar más en profu ndidad cada uno de lo s elementos descubiertos en l as intervenciones a rqu eológicas p rac ticad as de acu erdo con los asuntos 65 Cfr. J. L. A CÍN F ANLO y A. LOREN ZO B URIL LO, El con junto monumen tal de San E meterio y San Celedon io de Sam itier , p. 24. 19 a t ratar en l os epí grafes siguientes. De entre todas las actuacion es real izadas, tanto prospecciones como ex cava ciones, los arqueólogos han hallado los vestigios de ciertos hábitats ex istentes en el si glo X I y documentados en ocasiones en dipl omas escritos durante dicha centuria e inicios de la siguiente. Prestando nuestra atención primeramente en la comarca d e Sobrarbe, el equipo dirigido por Jesús Tramullas Saz ha docume ntado un asentamiento hum ano en el monte llamado El Pueyo que identifica con el anti guo emplaz amiento de Griébal, el cual se sitúa a 200 metros del poblado actual. El y acimi ento encontrado se caracteriza por ser un conjunto fortificado que se compone d e iglesia y estancias relacionad as con ellas, de torre, de tres tor reones de diferente planta en un a cota inferior, de dos tu mbas de laja y de restos ce r ámicos 66 . En función de los datos q ue aporta J esús Tramullas, podemos decir que est amos ante un lugar fortificado que y a exi stía a mediados del si glo XI, puesto que la iglesia y la torre datan de la segunda mitad d e la citada c enturia 67 . Inte nt ando pr ecisar algo más la cronolo gía general de El Pue y o d e Griéb al, Tramullas expone que con los d atos disponibles no ha y manera de conoc er el momento fundacional, de manera que por ahora debemos ceñirnos a lo expresado unas lín eas más arriba d entro de este m ismo párrafo y que en el siglo X II fue donado por el re y de Aragón al monasterio de San Victorián 68 . Otro asentamiento poblacional loca liz ado gracia s a las actuacio nes e intervenciones a rqueológicas es e l de Corral de Calvo, ubi cado en el término municipal de L uesia. La s c u atro c ampañas d e excavaciones realiz adas han tenido como fruto documentar un conjunto arqueológico compuesto por una igl esia, un a serie de estancias cercanas a ella, los rest os de un edificio situados en una cota i nferior respecto d e la iglesia, t res calles que comunican entre sí l as diferentes partes del y acimiento 66 Cfr. J. T RAMULLAS S AZ, “Docume ntación del yacimiento arq ueológico de Gr iéb al (Aínsa, Huesca)”, Arqu eolog ía Aragonesa , 19 91, p p. 2 42-243; J . T RA MU LLAS S AZ, “1 ª ca m pa ña d e excavaciones arq ueológicas en e l y aci miento m ed ieval de <<El P ueyo>> de Griébal”, Arqu eología Arago nesa , 1992 , pp. 153-154 y J. TRAMUL LAS SAZ, “Organizac ión defensi va en el yacimie nto arqueoló gico a ltomedieval de Gr iébal (Aínsa, H uesca) ”, e n A. RUIB AL RODRÍGUE Z (e ditor ), Actas del I Cong reso de Ca stellología Ibérica , pp . 710-714. 67 Cfr. J. TRAMULLAS SAZ, “Organizac ión de fensiva en el yacimiento arqueo lógico alto m ed ieval d e Griébal (Aín sa, Huesca)”, en A. RUIB AL ROD RÍGUEZ (e ditor) , Actas del I Cong reso de Castel lolog ía Ibérica , p. 715 . 68 Cfr. J. TRAMULLAS SAZ, “Organizac ión de fensiva en el yacimiento arqueo lógico alto m ed ieval d e Griébal (Aín sa, Huesca)”, en A. RUIB AL ROD RÍGUEZ (e ditor) , Actas del I Cong reso de Castel lolog ía Ibérica , p. 715 . 20 permitiendo el a cceso a la i glesia y una necrópoli s 69 . Asi mismo, Juan Paz P era lta, y luego éste junto con Fer n ando Galtier, consideran que Co rra l de Calvo ha de identificarse con un h ábitat monástico r ural 70 . Finalmente, respecto a la c ronología general de C orral de Calvo, aunque en un principi o se apuntó el si glo X como la centuria en l a que se p rodujo el o rigen d el pre sente hábitat 71 , posteriorm ente s e ha rectificado y se piens a que el momento fundacional del mismo ha de ubicarse a principios del siglo X I, y más concretamente en e l periodo de reconstrucción fronteriza llevado a cabo por el re y de P amplona Sancho III, algo que los respons ables del y ac imiento si túan entre los años 1025-1030 72 . En cuanto al final del periodo de ocupación, los arqueólogos opi nan que las estelas que contienen una cruz y los fragmentos cerámicos hallados fechan el abandono de Corral de Calvo en torno al final del siglo XI y e inicios del siglo XII 73 . En la comarca del Alto Gálle go, l a amplia prosp ecc ión llevada a cabo en 1999 por María Mercedes P érez Beltrán permitió documentar un importante y numeroso conjunto de hábitats medievales despoblados qu e suelen incluir en su s restos iglesias románicas y necrópolis; sin embargo, la arqueóloga no precisa l a cronología de los 69 Cfr. J. A. PAZ PER AL T A, “In forme pre liminar sobre las campañas de excavació n de 198 3 y 198 4 realizad as en El Corra l de Calvo (L uesia, Zaragoza)”, Arqueo logía A ragonesa , 1984, pp. 99 -102; J . A. PAZ PER ALTA y J . I. LO RENZO LIZALDE, “III Campa ña de excavaciones arq ueológicas r ealizadas en el Co rral de Calvo (Luesia, Zaragoza)”, Arqu eolog ía A ragone sa , 198 5, pp . 137 -140; J. I. LORENZO LIZALDE Y J. A. PAZ PER ALTA, “Necróp olis a ltomedieval del Cor ral de Calvo ( Luesia, Zara goza)”, Arqueo logía Aragon esa , 1986-1987 , p p. 253-256; J. A. P AZ P ERALTA E T ALII , “Estudi o de materiales del y aci miento alto medieval de El Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza) , Arque ología Arago nesa , 1 990, pp. 137 -142 y F. G ALTIER M ART Í y J. A. PAZ P ERALT A, Arqueo logía y arte en Luesia en torno al año mil. “El Yac imiento d e El Corral d e Calvo” , p p. 33-61. 70 Cfr. J. A. PAZ PER AL T A, “In forme pre liminar sobre las campañas de excavació n de 198 3 y 198 4 realizad as en El Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragonesa , 19 84, p. 102; F. GALTIE R MART Í y J . A. P AZ PER ALTA, A rqueo logía y a rte en Luesia en torno al a ño mil. “El Yacimiento de El Corral de Calvo” , p . 36 y J . A. P AZ P ER ALTA E T ALII, “Estudio de m a teriales del yacimiento alto medieval d e El Corra l de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, A rqueolo gía Aragonesa , 1990, p. 137. 71 Cfr. J. A. PAZ PER AL T A, “In forme pre liminar sobre las campañas de excavació n de 198 3 y 198 4 realizad as en El Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arqueo logía Aragonesa , 1984, p. 102. 72 Cfr. F. GALTIE R MA RT Í y J. A. PAZ PE RALTA, Arqueo logía y arte en Luesia en torno al a ño mil. “El Yac imiento d e El Corral de Calv o” , p. 73 y J. A. P AZ P ERALTA ET ALII, “Estudi o de materiales del y aci miento alto m edie val de El Cor ral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arq ueolog ía Aragonesa , 1990, p. 141. 73 Cfr. F. GALTIE R MA RT Í y J. A. PAZ PE RALTA, Arqueo logía y arte en Luesia en torno al a ño mil. “El Yac imiento d e El Corral de Calv o” , p. 74 y J. A. P AZ P ERALTA ET ALII, “Estudi o de materiales del y aci miento alto m edie val de El Cor ral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arq ueolog ía Aragonesa , 1990, p. 141 . Por otro lad o, en el infor me de la IIIª ca m pa ña, P az y Lizalde fechan el f inal de la o cupación e ntre fines del XI y p rimera mitad del XII. Cfr. J. A. P AZ P ER ALTA y J . I. LO RENZO LI ZALDE, “III Campaña de excavacio nes a rqueológicas realizad as en el Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza)” , Arqueo logía Arag onesa , 1985, p . 137. 21 mismos salvo ciertas excepciones 74 . No obstante, sí q ue haremos referencia a algunos de ellos, puesto que aparecen documentados por vez primera en época de Sancho III y Ramiro I, en momentos ligeramente posteriores a l final del mand ato rami rense, o bien cuentan con una data atribuida por Pérez Beltrán que c oincide en pa rte con dicho periodo que centra nuestra atención. Así pues, estos despoblados son l os siguientes: Arasilla 75 , Angüé 76 , Aspirilla 77 , Gronostué 78 , Aracast iello 79 , Bailín 80 , Cen te ne ro 81 , Güértalo 82 , L a rbesa 83 y Benta y uelo 84 . P or otro lado, María Mercedes Pérez cita tambi én el d espoblado d e Vilás, documentado bajo el gobierno de R amiro I en 1 036 85 , del que señala que no queda resto alguno 86 . Finalmente, queda ver si el Lar b esa cu y os restos documenta se corresponde con la tenencia que figura en los diplomas de R amiro I 87 . 74 La lis ta de despo blados q ue docu m en ta es la siguie nte: Sa n M amés , San Barto lomé, Sa nta Engracia, San Jua n de Espier re, San Liebans, Fenés , Isábal , Isuala, Niabla s , Güé , Orzand ué , Es taún , Fragén , Angüé, Ligüé, Sené s, Sir icata, Aspirilla , Be lmonde, Benta yuelo, A ra castiello, A rasilla , Ba ilín, Centenero, Monost ué, Huértalo , Larbesa, M edianeta y Castellar. De éstos, los que cue ntan con i glesia, necrópo lis o restos humanos son los puestos e n ne grita. . Mª. M. PÉ REZ B ELTRÁN, “Prospe cciones arqueoló gicas en Biseca s, Cal deare nas, Sabi ñánigo, Yeb ra y Yeser o (H uesca)”, Arqueo logía Arago nesa , 199 5-2005, ficha técnica. 75 Cfr. C. LALIENA CO RBERA y E . KNIB BS, El c artulario del mo nasterio aragonés de San Andrés d e Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 13 8, p . 190. 76 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 139 , pp. 153-155. 77 Cfr. Mª. M . P ÉREZ BE LTRÁN, “Prosp ecciones ar queoló gicas e n Bisecas, Calde arenas , Sab iñánigo, Yebra y Ye sero ( Huesca)”, Ar queo logía Arag onesa , 1995 -2 0 05, ficha técnica. 78 Cfr. C. LALIENA CO RBERA y E . KNIB BS, El c artulario del mo nasterio aragonés de San Andrés d e Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 54 , pp. 111-11 2. 79 Cfr. A. C ANEL LAS LÓP EZ, Colección dip lomática de San An drés d e Fan l o (958 -1270) , nº 26, pp.80- 81 y C. LALIEN A CORB ERA y E. KNIBB S, El cartula rio d el monasterio arag onés de San And rés d e Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 12 2, p p. 176-17 7. 80 Cfr. A . CAN ELLAS LÓP EZ, Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (958-12 70) , nº 3 3, p. 8 4 y C. L ALIENA CORB ERA y E. KNIB BS, El c artulario del mona sterio a ragoné s de Sa n Andrés d e Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 71 , pp. 128-12 9. 81 Cfr. A. CANE LLAS LÓPEZ, Colección diplo mática de San Andrés d e Fanlo (958-12 70) , nº 2 0 y 33, p. 78 y p. 8 4 y C. LALIEN A CORBER A y E. KNIB BS, E l cartulario de l mon asterio ara goné s d e San Andrés d e Fan lo (Siglos XI-X III) , nº 71 y 73, pp. 128 -129 y p. 1 31. 82 Cfr. A . CAN ELLAS LÓP EZ, Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (958-12 70) , nº 3 2, p. 8 4 y C. L ALIENA CORB ERA y E. KNIB BS, El c artulario del mona sterio a ragoné s de Sa n Andrés d e Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 13 4, p p. 186-18 7. 83 Cfr. A . CAN ELLAS LÓP EZ, Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (958-12 70) , nº 3 3, p. 8 4 y C. L ALIENA CORB ERA y E. KNIB BS, El c artulario del mona sterio a ragoné s de Sa n Andrés d e Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 71 , pp. 128-12 9. 84 Cfr. E. I BARRA Y ROD RÍG UEZ, Docume ntos correspo ndiente s al reinad o de Sa ncho Ramírez, vo l.II , nº 9 , pp. 24-25. 85 Cfr. A. C ANELLAS LÓPE Z, Colección diplomá tica de S an Andrés de F anlo (95 8-1270) , nº 2 1, p p. 78-79 y C. L ALIENA CORBER A y E. KN IBBS, El ca rtula rio del mona sterio arag onés de S an A ndrés de Fa nlo (Siglos XI -XIII) , nº 62, p. 121 . 86 Cfr. Mª. M . P ÉREZ BE LTRÁN, “Prosp ecciones ar queoló gicas e n Bisecas, Calde arenas , Sab iñánigo, Yebra y Ye sero ( Huesca)”, Ar queo logía Arag onesa , 1995 -2 0 05, ficha técnica. 87 Cfr. A. UB IET O ARTE TA, Ca rtulario de San Juan d e la Peña , vol.II , nº 81 , pp. 5 1-52 y Mª. M. PÉREZ BELT RÁN, “Prospecc iones arqueológicas en Bisec as, Caldearenas, Sabi ñánigo, Yebr a y Yesero (Huesca)”, A rqueolo gía Ara gonesa , 199 5-2005, ficha técni ca. 22 Aparte del estudio sobre el edificio prerrománico de Jos é Áng el Asensio, al que haremos referenc ia en el s iguiente epígrafe, las dos actuaciones arqueológicas pre vi as a su trabajo lograron delim itar el ár ea o cupada por el hábitat asociado a l ca stil lo de Loarre. En este sentido, José Francisco C asabona, José Delgado y Jesús Pér ez, que sólo participó en una de las dos interve nciones, ha n documentado que el primitivo pueblo de Loarre se ext iende al exterior de la muralla que cierra el ampli o conjunto monum ental de L oarre. En cuanto a la cronología, Casabona y Ceamanos opinan que el poblado estuvo en uso hasta l os siglos X III – XIV de acuerdo con l os vestigios e ncontrados e n el curso de los trabajos 88 . No mu y lejos de Loarre, en el término municipal de Murillo de Gállego concretamente, Francisco Romeo Marugán procedió a delimitar, entre otros, uno de los despoblados que figurab an en la Carta Arqueoló gica de Aragón dentro del terr itorio del citado m unicipio. Dicho despoblado es el de Tol osana, con una cota m ay or que la existente en la torre de Murillo y en la iglesia de Santa María de Liena. L o más interesante del trabajo de Romeo en este punto radica en que no sólo indica que el despoblado tiene en las i nmediaciones una ermita, sino que lo data a partir del siglo X 89 . Por el contrar io, Francisco R omeo certifica la aus encia de mate rial, el c ual podría habe r ayudado a precisar más los m omentos de ocupac i ón 90 . b) EDIFICIOS Y EST R UCT URAS MILITARES Y RELIGIO SAS Una parte importante d e las excavac iones realizadas objeto de estudio se han practicado e n edificios de naturaleza militar o religiosa, a l as que debemos añadir aquellas o tras int erve nci ones en las que se ha hallado una iglesia o una torre, o bien 88 C fr. J . F. C ASABONA SEB ASTIÁN y J. DELG ADO CEAM ANOS, “Prosp ecciones ar queológica s para la de limitación del Castil lo d e Loarre, Loarre (Huesca)”, Arqueo logía Ara gonesa , 1995-200 5, ficha técnica. En esta me m or ia modifican en parte lo dicho e n la o tra e n relació n con el moment o de abandono, puesto que e n u n princip io lo situaron a fines del XIV e inicios del X V, no sabiendo precisar si d icho hecho estu vo en relación c on el sitio que puso a Loarr e Fernando I . Cfr. J. F. CASABON A SEBAST IÁN ET AL II, “Excavación de urgencia e n e l e ntorno d el castill o de Loarr e, Loarre (Huesca) ”, Arq ueolog ía Arago nesa , 1995-20 05, ficha técnica. 89 Franci sco Ro meo ofrece un intervalo temporal co n una fecha de inicio y o tra de término. Si n embar go, los er rores aludidos p ara Loarre se rep iten aquí y e n el caso que nos ocupa la parte de la oració n que no sale en la ficha técn ica es la c or respondiente a la fecha s uperior del intervalo te m po ral. Cfr. F. ROMEO MARUGÁN , “Delimitación de yacimientos arqueoló gicos en Murillo de G állego (Zaragoza)”, Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica. 90 Cfr. F. ROMEO MARUG ÁN, “Delimitació n d e y aci mientos arq ueológicos en Murill o d e Gállego (Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica. 23 ambas, dentro de un y acim iento más amplio, casos por ejemplo, aparte de alguno m ás, de los dos primeros analizados en el epígrafe anterior. Po r lo tanto, castillos e iglesias suponen un alto porc entaje de los v estigios arqueol óg icos d escubiertos y e studi ados, l os cuales aportan o pueden aportar datos de gr an tra scendenc i a histórica. Finalmente, y de cara a organizar l a ex posición y comenta rio de dichos edificios, trataremos en primer lugar las fortalezas y a continuación las iglesias y ot ras estruc tur as de carácter religioso. La s cinco campañas de a ctuaciones arqueológicas que se h an des arr oll ado en el Castillo de la Peña Felizana de Sos del Rey Católi co han contribuido a tener un mejor conocimiento de los elementos originales de la fortaleza, los cuales habían si do ocultados en parte por el paso del tiempo y po r las obras de restauración efectuadas, en especial la de la década de lo s años cinc uenta del siglo XX. Centrándonos exclusivamente en los restos y vesti gios hallados pertenec i entes a época altomedieval, la combinación de ex cava ciones y d e prospec ción por geo-radar ha permitido el descubrimiento de un aljibe altom edieval por su t ipología y su técnic a de construcción, del que par te un aliviadero que, hecho con pa redes y cubierta de losas, desemboca en el ángulo sureste de l a fo rtificación 91 . Respecto a la cronología, según los arqueólogos tanto uno como otro corresponden a la época funda cional d el castillo, ya qu e la contemporaneidad d e las construcciones y el nivel de cerámicas grises que t ienen asociado así lo indican 92 . También se ha documen tado un patio, que se corresponde con el esp acio m ás amplio del castill o, estando limitado por los muros exteriores del mismo. El citado patrio, a juzgar por la existencia de bases de pilastras, tendría cubierta en su mayor parte 91 Cfr. J . Mª. V ILADÉS C ASTI LLO, “Informe de la pr im era campa ña d e e xcavaciones en el castillo de Sos del Rey Ca tólico (Zara go za)”, Bo letín del Mu seo de Zarag oza , 6 , pp. 4 56-458; J . Mª . VI LADÉS CASTIL LO y Mª. E. PALOMAR LLORENT E, “Excavac iones en el castillo d e Sos del Re y Católico ”, Boletín de Arqueo logía Medieval , 2 , pp . 193-19 4; J. Mª. VILADÉ S C ASTILLO, “ I nfor m e sobre la excavación del castillo de Sos d el Re y Católico ( Zaragoza) . Ca m p aña 19 87”, Arque ología Aragon esa , 198 6-1987, pp. 240 -241 y J. Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Excavació n arq ueológica d el castillo d e Sos del Re y Católico . Zaragoza. III ª campaña, 19 88”, Arqueología A ragon esa , 1988-198 9, p. 254. 92 Cfr. J . Mª. V ILADÉS C ASTI LLO, “Informe de la pr im era campa ña d e e xcavaciones en el castillo de Sos del Rey Ca tólico (Zara go za)”, Bo letín del Mu seo de Zarag oza , 6 , pp. 4 56-458; J . Mª . VI LADÉS CASTIL LO y Mª. E. PALOMAR LLORENT E, “Excavac iones en el castillo d e Sos del Re y Católico ”, Boletín de Arqueo logía Medieval , 2 , pp . 193-19 4; J. Mª. VILADÉ S C ASTILLO, “ I nfor m e sobre la excavación del castillo de Sos d el Re y Católico ( Zaragoza) . Ca m p aña 19 87”, Arque ología Aragon esa , 198 6-1987, pp. 240 -241 y J. Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Excavació n arq ueológica d el castillo d e Sos del Re y Católico . Zaragoza. III ª campaña, 19 88”, Arqueología A ragon esa , 1988-198 9, p. 254. 24 según el criterio de los arqueólogos 93 . Por ot ro lado, en el ángulo noreste se ha hallado una estanc ia rectangular con muros d e si llares de idéntica fac tur a a los de la m uralla, lo que hace pens ar que s e t rate de una torr e 94 , la cual no se ha encontrado en la esquina sureste hasta los 2,10 metros de profundidad 95 . Finalmente, la prospección por geo- radar h a permitido constatar la existencia del muro este del ca sti llo junto con la prolongación de otros muros de a ctu aciones anteriores y otros no descubiertos 96 . E n cuanto a la cronolo gía s e refiere, las caracte rísticas arquitectónicas de los restos exhumados con los ya estudi ados llevan a dat ar los mismos en la époc a ini cial de l a fortaleza 97 . Trasladándonos de lugar dentro de la comarca de l as Cinco Villas, las doce campañas de excavac ion es realizadas en el recin to que ocupa el Castillo de la P eña Ayllón de Uncastillo también han deparado el descubrimiento de materiales y estructuras interesantes, aunque no conozcamos definitivamente todo el conjunto por el momento. Si tenemos en cuenta que l os datos y niveles documentados en una campaña pueden sufrir y sufren modificaciones en func i ón de l os objetivos que se p rog ramen para las siguientes, se comprenderá que basemos fundamentalmente nuestr a expos ición en la comparación de l os resultados obtenidos en las dos úl timas actuaciones que se han publicado, sex ta y séptima, con las fich as de lo s informes inéditos correspondientes a las campañas realizadas entre 2000 y 2005. 93 Cfr. J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “E xcavación arq ueoló gica del ca stillo de Sos d el Rey Cató lico. Zaragoza. II Iª ca m pa ña, 1988 ”, Arqueo logía Aragone sa , 1988-198 9, p. 254. 94 Cfr. J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “E xcavación arq ueoló gica del ca stillo de Sos d el Rey Cató lico. Zaragoza. II Iª ca m pa ña, 1988 ”, Arqueo logía Aragone sa , 1988-198 9, p. 254. 95 Cfr. J. Mª. V ILADÉS CASTILLO y Mª . E. P ALOMAR, “Informe de la excavació n del castillo de Sos del Re y Católico , Zaragoza, ca m pa ña 1989 ”, Arqu eología Arago nesa , 198 8-1989, p. 25 6. 96 Cfr. J . Mª. VILA DÉS C ASTILLO y Mª. E . P ALOMAR LLORENT E, “Infor m e de pr ospecció n p or radar del castillo d e So s del Rey Ca tólico, Zaragoza. Ca mpaña 1989 ”, Arq ueología Aragone sa , 19 91, p . 198. 97 Cfr. J. Mª. V ILADÉS CASTILLO y Mª . E. P ALOMAR, “Informe de la excavació n del castillo de Sos del Re y Católico, Zaragoza, ca m pa ña 1 989 ”, Arqu eología Arag onesa , 1 988-1989 , p . 2 56 y J . Mª . VILADÉS CAST ILLO y Mª. E . P AL OM AR LLORENT E, “Informe d e p rospecció n po r radar del castillo de So s del Rey Cató lico, Zara goza. Ca m paña 1 989 ”, Arqu eología Arago nesa , 1991, p. 198. Respe cto a la cronolo gía d e la fortaleza, é st a se indica en el cap ítulo XI. Además, en el capítulo anterior tam bié n se puede o bservar la cronología dada por lo s historiador es del arte. En cualq uier caso, el castillo per tenece a la ép oca d e Ra m iro I. Cfr. R. VIRUET E E RDOZÁIN, A ragón en la época de Ramiro I , cap ítulos III y IX, La co ntribució n de los h is toria dores d el Arte a la h istoria d e reina do de Ram iro I: m onumen tos y ruinas arquitectó nicas e In fr a estructura milita r, orga nización de la fron tera meridio nal y estrateg ia expa nsiva . 25 Dentro del esp acio perimetral delimitado por la muralla ex terna que se ajusta, conforme señala Viladés , a l as condiciones topográficas de la p eña A y ll ón, podemos distinguir claramente do s sectores separados po r una muralla, el i nferior, identificado con el albá car o zona militar por el c it ado Viladés, y el superior, en donde se ubica n los edificios más important es: l a torre del homenaj e cu y a constru cción p rimigenia deb e situarse en é poca de Ramiro I , el aljibe y el palacio g ótico manda do construir por Pedro IV, quien encargó la realización del mis mo a Blasco Aznárez de Borau, también responsable de las refo rmas efectuadas en la Aljafería según informa J osé María Viladés. Analizando cada uno de los sectores, el primero de ellos únicament e ha proporcionado niveles d e relleno que se asientan sobre la roca natural tanto en t oda la superficie d el palacio gótico de Pedro IV como en la cata practicada en el interior de la torre del homenaje 98 . Por otro lado, también se pro cedió a desescombrar el aljibe, cu y o interior albergaba sill ares grandes procedentes del referido palacio 99 , y a trabajar en la estancia denominada alj ibe mediante la rea li zación de una ca ta con el objetivo de comprobar los resultad os obtenidos en una prospecc ión por geo-radar previa 100 . Analizándolo desde el punto de vista del reinado de Ramiro I , el sector I no ha aportado grandes informaciones concer ni entes a l mencionado pe riodo histórico. No obstante, debe consi gna rs e una de las hipótesis que expone Viladés y que sí puede g uard ar relación con l a época ramirense. En este sentido, el citado arqueólogo opina que el palacio s e levantó quiz ás sobre u na construcción anterior de tipol ogía ro mánica d e la que no se h an documentado vestigios 101 , lo cual no sería d escabellado relac ionar con una posible iglesia atendiendo a la estructura de los conjunto s fortificados edificados bajo el mandado de Ramiro I, cuestión que se abordará más adelante 102 . 98 Cfr. J. Mª. VILADÉS CAST ILL O, “Excavac iones a rqueoló gicas en el castillo de Uncastillo, (Zaragoza). Campaña 1989 ”, Arqu eolog ía Aragon esa , 1988-198 9, p. 247 y J . Mª. VI LADÉ S CAST ILLO, “Excavacio nes a rqueoló gicas e n e l ca stillo d e Unca stillo ( Zaragoza). Ca mpaña 199 1”, Arque ología Arago nesa , 1991, p. 200. 99 Cfr. J. Mª. VIL ADÉS CAST ILLO, “E xcavaciones a rqueoló gicas e n el ca stillo d e Uncastillo (Zaragoza). Campaña 19 91”, Arqu eolog ía Aragon esa , 1991, p. 200 . 100 Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo (Zaragoza). Cam pa ña 1991 ”, A rqueología Aragonesa , 1991, p. 200 y J. Mª. VILADÉS CASTILLO, “Excavacio nes ar queológ icas en el cas tillo de Unca stillo (Zaragoza). Campaña de 1992 ”, Arqu eología Arago nesa , 1992, p. 146. 101 Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo (Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p . 182. 102 Cfr. R. VIRUE TE ERDO ZÁIN, “Los castillos ara goneses del primer ro m ánico : “ ad exampla mentum Christian orum et malum d e Mau ros ”, en A. RUI BAL RODRÍG UEZ (edito r), Actas del III Cong reso de 32 ellos a etapa s históricas de las que t odavía no se tenía documenta ción de ningún tipo 129 . En relación c on los edificios, las dos campañas de excavación dirig id as por Julia Justes en el y acimiento de la P laza de San Pedro, que se ex tiende también por l a calle Santa Orosia, han sacado a la l uz los vestigios de la i g l esia de San Pedro el Vie jo en J aca , la cual había si do demolida a m ediados del si g lo XIX, 1841 concretamente 130 . La cabecera de la iglesia es cuadrada, de manera que h a de ads cribirse al estilo pr errománico, y a qu e sus rasgos arquitectónicos, su planta y su similitud for mal con otras iglesias semejantes así lo indican 131 . Sin embargo, l a nav e rectan gular que t iene adosada correspondería a una ampliación del recint o religioso que Juli a Justes fecha entre los siglos XI y X III , sustitu y endo así la ed ificación prerrománica que originalmente acompañaría al ábside 132 . En cuanto a la cronología de l a mencionada i glesia, R oberto Vir uete opina que ésta d ebió construirse entre l a se gunda mit ad del siglo X y el p rimer te rcio del siglo XI, lo cu al afirma basándose en los estudios de F ernando Galtier sobr e e l prerrománico aragonés, en las datacion es de la iglesia de Corral de Calvo y ot ras del mi smo esti lo y en las citas documentales dis ponibles auténticas que se refieren al citado t emplo 133 . Dentro de este p eriodo, J ulia J ustes ubica la construcción de la i gle si a de cabecer a cuadrada y n ave rectangular hacia mediados del siglo X, aunque emite su hipótesis con un interrogante 134 . En el conjunto monumental del Castill o de Loarre, J osé Ángel Asensi o ha procedido a estudiar l os vesti gios arquitectónicos existentes en la ladera sur entre la 129 P ara conocer el nú m ero de interve nciones arqueoló gicas re alizadas en J aca, deb e c onsultar se el artículo de Ro yo Guillén, quien efectúa un balance de la s a po rtaciones e fectuadas por la arqueología a l a historia de Jaca. Cfr. J. I. RO YO GUI LLÉN, “ La arqueo logía urbana en Jaca y sus aport aciones”, en J. L. ONA GON ZÁLEZ y S. S ÁNCHE Z LANASP A (co ordinad ores), Com arca de la Jacetania , Zaragoz a, Departa mento de P residencia y Re laciones Institucionales de la Diputació n Genera l de A r agón, 20 04, p p. 61-72 , concretamente pp . 61-69 . 130 Cfr. J. J USTE S FLORÍA y B . GIM ENO, “Est udio antr opo lógico y pa leopatoló gico d e los restos humanos exhu mados e n la e xcavación de la iglesia de San P edro el Viejo (Jaca) ”, Saldui e , 3, pp. 243-24 4 y J. J USTE S FLORÍA, “ E xcavació n a rq ueológica e n la P laza de San Ped ro, J aca (Huesca)” , Arque ología Arago nesa , 1995-20 05, ficha técnica. 131 Cfr. R. V IRUETE ERDOZÁI N, “El urb anismo de J aca en la Alta Ed ad Media: la a rqueología y las posibles líneas de inves tigació n”, en B . AR Í ZAGA BO LUMBURU y J. A. SO LÓRZANO T ELECHE A (edito res), El espa cio urba no en la Eu ropa med ieval. Náje ra. En cuentros In ternacio nales d el Med ievo, 200 5. Actas , Logroño, Instituto de Estudios Rioj anos, 20 06, pp. 167 -190, concretamente p p. 1 85-186. 132 Cf r. J. JUSTES FLORÍ A, “ E xcavación arqueoló gica en la Plaza de San Pedro, Jaca (Huesca)”, Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica. 133 Cfr. R. V IRUETE ERDOZÁI N, “El urb anismo de J aca en la Alta Ed ad Media: la a rqueología y las posibles líneas de inves tigació n”, en B . AR Í ZAGA BO LUMBURU y J. A. SO LÓRZANO T ELECHE A (edito res), El espa cio urba no en la Eu ropa med ieval. Náje ra. En cuentros In ternacio nales d el Med ievo, 200 5. Actas , p p. 186-187. 134 Cf r. J. JUSTES FLORÍ A, “ E xcavación arqueoló gica en la Plaza de San Pedro, Jaca (Huesca)”, Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica. 33 muralla y la f acha d a meridional de la fortificación, que tradicionalmente han sido considerados por la histo riografía ar agonesa como una torre albarrana y los restos de su cimentación 135 . Asimismo, también ha pu esto de manifiesto que la citada torre es un campanario y que se adh irió a un a estructura precedente d e planta rectangular, la cual presenta dos fa s es constructivas bien nítidas y c laras 136 . De acuerdo con ell o, en un primer mom ento s e concibió y realizó la construcción d e un edificio cuyos muros, superando l os 15 m etros de longitud y los 7 de anchura, poseía n un grosor medio de u n metro hechos con un ap arejo “ecléctico” que co mbina la tradición prerrománica y la influencia islámica de las fortalezas ce r canas a L oarre 137 . P osteriormente, dicho edifici o se desmontó en su ma y or parte y se procedió a su reforma levantando una e structura con dos pisos comunicados entre sí mediante un a escalera de dos tramos 138 . Respecto a la cronología del edificio re ctangular y la torre que se le adosó, J osé Ánge l A sensio piensa que ésta se hiz o en e l reinado de Sancho Ramírez, al igual que la re fo rma, mientra s que la estructura p rimitiva de pl anta rectan gular la data en los años centrales del siglo X I apoyándose en varios arg umentos a rquitectónicos, destacando cua tro e ntre ellos: la planta rectangular, el aparejo de s illería, las decoraciones prerrománicas y la comparación con otros edificios de naturaleza religiosa 139 . Aparte de la iglesia de Santa María de L iena, el término municipal de Murillo de Gállego cuenta también con otra iglesia de es tilo románico que también presenta asociada una necrópolis. Concre tamente nos estamos r efiriendo a la iglesia de Concilio, incluida por Francisco Romeo Marugán en la lista de los yac imientos de la mencionada localidad. Se g ún el refer ido arqueólogo, la cronología del t empo es amplia, abarcando desde la undécima centuria hasta el si g lo X X 140 . Po r lo t anto, p artiendo del límite inferior y del estilo en e l que fue construida, cabe la po sibilidad de que hubiera sido realizada en tiempos de Ramiro I 135 Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca). Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, p. 303. 136 Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca). Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, p. 304. 137 Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca). Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, pp. 304-306 y p . 309. 138 Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca). Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, pp. 306-309 . 139 Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca). Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, pp. 308-309 . 140 C fr. F. ROM EO M ARUGÁN, “Deli mitación de yacimientos arq ueoló gicos e n M urillo de Gálleg o (Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica. 34 Pasando nu evamente al S obrarbe , las actuacione s arqueoló gic as llevadas a cabo han permiti do des cubrir los restos de una i glesia en el y acimi ento de El Pueyo de Griébal, ubic ada en l a parte alta d el mismo. S eg ún la d escripción ofrecida por Tramullas, dicho templo carece de ábside y tan sólo conserva la nave, cubierta con bóveda de cañón, el cr ucero, un a torre campanario en el lado norte y un a serie de estancias relacionadas con ella en la ca ra meridional 141 . L a ex cavación del ábside y s us laterales tan sólo propo rcionó, centrándonos únicamente en las estructuras arquitectónicas, un suelo formado po r piedras irregulares de módulo mediano y grande, acerca d el cual Tr amullas no se atreve a pre cisar si ha de identific arse con l a cimentación de la iglesia o con e l derrumbe y reconstrucción del ábside d e la m isma 142 . En cuanto a la cronolo g í a del edificio r eligioso, Tramullas lo f echa en la s eg und a mit ad del siglo XI 143 . Trasladándonos ahora a l a comarca de la R ibagorza, en el castil lo de Ben abar r e también se pra cticó en l os inicios de la déc ada de lo s años noventa d el siglo XX una excavación arqueológica en el interior del espacio ocupado por la fortaleza, concretamente dentro d e los r estos de la i glesia gótica que aún se conservan 144 , en donde todavía puede con templarse en uno de los l aterales la m arca dejada por los a rcos que sostenían parte de la bóveda de la misma. Ciñéndonos a los result ados de la actuación arqueológica practicada, el arqueólogo Francisco J avier García C alvo ha documentado la presenci a de unos mu ros en los niveles III y IV que nada t ienen que ver con el actual templo, l os cuales data en la se gunda mitad del siglo XI aunque sin especificar qué función desempeñarían 145 . c) NECRÓPOLIS Y MUNDO FUNERARIO 141 Cfr. J. T RAMULLAS SA Z, “Docu mentación del y ac imiento ar queológico d e Griébal (Aínsa, Huesca)”, Arq ueolog ía Arag onesa , 1991 , pp. 242 -243. 142 C fr. J . TRAMUL LAS S AZ, “1ª ca m paña de e xcavaciones a rqueológicas en el y a cimiento medieval de <<El Pue y o> > d e Griébal”, Arqu eolog ía Arag onesa , 1 992, p. 153 y J. T RA M ULLAS SAZ, “Organizació n defensiva en el yacimiento arqueo lógico alto medieval de Griéb al (Aínsa, Huesca)”, e n A. RUIBAL RODRÍGUE Z (editor ), Acta s del I Congreso de Castellología Ibérica , p. 711. 143 Cfr. J . TRAMU LLAS SAZ, “Organizac ión defe nsiva en e l yaci m ie nto arq ueológico altomedieval d e Griébal (Aín sa, Huesca)”, en A. RUIB AL ROD RÍGUEZ (e ditor) , Actas del I Cong reso de Castel lolog ía Ibérica , p. 715 . 144 C fr. F. J. GARCÍ A C ALVO, “Castillo de B enaba rre (Huesca). I nfor me de la 1ª campaña de excavaciones”, Arqueolo gía Arago nesa , 199 1, p. 204. 145 C fr. F. J. GARCÍ A C ALVO, “Castillo de B enaba rre (Huesca). I nfor me de la 1ª campaña de excavaciones”, Arqueolo gía Arago nesa , 199 1, pp. 204-20 5. 35 Junt o a las necrópolis al tomedievales visibles a simple vista, la ex cavac i ón de parte de los y acimientos que estamos estudiando ha permitido el descu brimiento de nuevos c ementerios, algunos de los cuales ya s e tenían documentados en las fuentes escritas, c aso de la necrópolis de la catedral de J aca 146 . En cuanto al anál isis de las mismas, el trabajo de arqueólog os, hist oriadore s y antropólog os ha puesto de manifiesto la amplia vigencia t emporal de los modelos de ent erramiento encontr ados y la dificultad de precisar c on cierta e x actitud su cronolog í a. No obstante, a pesar de esto, l a labor que han desarrollado tiene gran valor, y a que gracias a ellos podemos conocer parte de sus patologías, d e sus r asgos físi cos o de sus comportamientos culturales, lo que nos proporciona g ran i nformación para investigar d eterminados aspectos de tipo demográfico, social y cultu ral. En primer lugar, nos referiremos a l as n ecrópolis estudiadas por Adolfo Castán en el curso del trabajo de campo que realizó en la comarca del S obrarbe y en la zona meridional del Serrablo. Gracias a su obra d isponemos de un importante número de necrópolis docum entadas en el territorio mencionado. Sin embargo, y posiblemente debido a la in ge nte in formación recopilada en l a misma, Adolfo Castán úni camente se limita a ofrecer un li stado con la ubi cac ión de las necrópolis halladas y una clasifica ción tipológica de las mismas, de forma que no po seemos ninguna hi pótesis cronológ ica de ellas. En función de est o, las necrópolis que ex pone Castán, y que no han sido estudiadas o ex cavadas por otros, son las sig uie ntes: Arraso, Arcusa, Abizanda, Bara, Belsué, Bol taña, Binues te, Castellazo, Castellar de San J uan, Castiello de Guarga, Coscojuela de S obrar b e, Eripol, Escanilla, Fenill osa, Gésera, Guaso, Lamata, La saosa, 146 En e fecto, la p rimera mención que hasta el m o mento conozco del ce menterio de la cated ral d e Jaca en un d ocumento escrito data del reinado d e Ram iro II . Sin e mbargo, el citad o d iploma, que carece de data, no indica la ubicació n d el mis m o , incóg nita q ue ha p ermitido solventar la ar queología a través de do s excavaciones arqueológ icas e n la pla za B iscos y en s u e ntor no p róximo. Cfr. R. VIRUET E ERDOZÁIN, “Un “nuevo” documento de Ramiro II de Aragón en el a rchivo de la catedr al d e Huesca ”, An als d e la Real Acadèm ia de Cultura Va lencia na , 79, (Valencia, 2004), pp. 1 07-117, concretamente p p. 114-115; J . I. ROYO GUILLÉN, “La ar queología urb ana e n Jaca y sus apo rtaciones”, e n J. L. ONA GONZ ÁLEZ y S. SÁNCHE Z LANASP A ( coord inadores), Comarca de l a Jaceta nia , p. 67 y R. VIRUET E ERDOZÁIN, “El urbanis mo de J aca en la Alta Edad Media: la arqueolo gía y las posibles l íneas de investigación”, e n B. ARÍZAG A BOLUMB URU y J. A . SOLÓR ZANO T ELE CHEA (ed itores), E l espaci o u rbano en la Europ a medie val. Nájera. En cuentros Intern acionales d el Medievo, 2005. Acta s , p. 181. 36 Nocito, Olsón, Paúles de Sarsa, Rod ellar, S anta María de Buil, Santa Mar ía de la Nuez, Secorún y Pardina de Tuartas 147 . Un par de años antes que Adolfo Castán, Marí a Asunción Bielsa p resentó un último estudio s obre las necrópolis altomedieval es de Murillo de Gállego, S an Úrbez de Nocito, Lasie so, Unc astillo y La Tor raza 148 , aunque solamente nos refe riremo s a las tre s primeras 149 . La necrópolis de Murill o de G állego se halla en l a cúspide d el cerro junto a la iglesia de Santa M aría de Laliena, a partir de cu y o ábside se en cuentran las tumbas infantiles, que son on ce, a l as qu e deb emos añadi r 25 adultas par a cont abilizar un total de 36 . Bi elsa conside ra que actualmente se conserva un a part e del ceme nterio, pues opina que s u superficie habría sido ma y or si no se hubiese utili zado como cantera la plataforma rocos a en la que se sitúa. Resp ecto a sus caract erísticas y conservación, María Asunción Bielsa indica que no están en mu y buen estado y que las cajas y sus cabeceras poseen forma trapezoidal 150 . En lo concerniente a l a necrópolis de Lasieso, s orprende, se g ún lo des crito por Bielsa, que no se localice adosada a la iglesia ro mánica. En e fecto, ésta aparece en el corral de una de las casas de L asieso alej ada de l templo y jun to a unos encajes para postes. En cuanto a su c omposi ción, se han docume ntado un total de 19 tumbas de las que 9 s on infantiles. Para Bielsa, esta proporción entre i ndividuos adultos e infantiles muestra con claridad que no se ha conservado en s u totalidad. Al igual que la de M urillo 147 Cfr. A . CASTÁN S ARASA , A rquitectura m ilitar y religiosa d el S obrarb e y S errablo m eridional (Siglos XI -XIII ) , pp. 36-39 . 148 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , pp . 261-273. 149 Las causas de ello son do s: La T orraz a no q ueda dentro d e los d ominios d e Ra m iro I y la necró polis de Uncastillo la estudiar emos un p oco m á s abaj o, ya que al hab er sido trabajad a po r distinto s arqueólogo s considera mos que debe d ársele un trata miento diferenciad o. 150 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Españ ola , vo l.V , pp. 262 -263. En fec has recientes, Franci sco Ro meo Mar ug á n incl uye la necrópo lis de Santa María d e Liena en lo s yacimie ntos de Murillo de Gállego e ind ica que no se recogiero n m ater iales en la misma. Po r o tro lado, docu menta también u na necróp olis en la i glesia de Concilio, pe ro no indica cronología, ú nicamente q ue hay restos de sarcófa gos. Cfr. F. ROMEO MARUGÁN , “Delimitación de yacimientos arqueoló gicos en Murillo de G állego (Zaragoza)”, Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica. 37 de Gállego, las tumbas tiene n forma trapezoidal en caja y en c abecera, aunque muchas de ellas aparentan ser, en superficie, pertenecientes a la tipología de bañera 151 . Por úl timo, M aría Asunci ón Bielsa no se r efiere a la necrópolis de No cito, sino a la del monasterio de S an Úrbez de Nocito, la cual se ubica entre las ruina s del mi smo, aunque sin s aber precisar si las documentadas estaban asociadas a otra iglesia o bien s e dispusieron alrededor de otro templo anterior y coetáneo a las tumbas situado en el mismo lugar donde se levanta la actual. En cua nto a la composición de la mi sma y formato de las tumbas conocidas que la int egran, Bielsa nos informa de que sólo ha y ocho de ad ulto y qu e t odas ellas poseen una forma tra pezoi dal tanto en la caja como en la cabecera 152 . Por lo que se refiere a la cronología d e las n ecrópolis analizadas por María Asunción Bielsa, ella mi sma opi na, aunque de m anera no mu y cl ara, que éstas han de datarse entre los siglos I X y XI siendo una prueba d el avance de la repoblación, bien mozárabe, bien pamplonesa, en la línea fronteriz a entre crist ianos y musul manes. Según sus ideas, l a presente afirmación cronoló gica quedaría confirmada por elementos arquitectónicos tales como la cabe c era de la igl esia de Santa María de l a L i ena con su ventana y su s arcos, por las formas de las tumbas y por la documenta ción escrita de la época, en la que s e pued e constat ar la existencia del mon asterio de San Úrbez de No cito y que los navarros repue blan parte de l a zona geográfica estudiada 153 . Aparte del casti llo, la localidad d e Un castillo posee más ya cimi entos arqueológicos, estando e ntre ellos la necrópolis altomedieval ubicada en el lugar donde se eri ge la iglesia rom ánica de San Juan de Un castillo; más cor rectamente, debe decirse que la i gle sia se constru y ó encima del cementeri o, lo que hace que actualm ente existan 151 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , pp . 262-263. 152 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , pp . 262-263. 153 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , p. 264. 38 tumbas dentro y fuera del templo reli gioso 154 . Enlazando con lo expresado más arriba cuando nos referíamos e n el c apítulo anterior a las actuaciones arqueoló gicas llevadas a cabo en Uncastill o, conviene indicar q ue prime ramente comentaremos el trabajo de Bielsa, qui en primero excavó la necrópolis, luego el análisis d e Lizalde, que estudió los restos óseos e x humados por la citada Bielsa y f inalmente a bord aremos la segunda campaña de excavación de la necrópolis, realizada por Viladés 155 . Según la intervención ll evada a cabo por María Asunción Bielsa, la n ecrópolis de San Juan de Uncastillo está compuesta por un tot al de 91 s epulturas, de las que 79 se localizan en el exterior de l a iglesia y 12 en el interior; asimi smo, también indica que únicamente ha y 9 infantiles, 5 fuera y 4 dentro. Respecto al formato de las tumbas, éstas tienen la forma d e arco de herradura con c abecera trapezoidal, aunque algunas d e las existentes, casos de las inhumaciones nº 8, 23 y 26, pertenecen a un mom ento poster ior en relación con la mayoría. En cuanto a la cronol ogía de l a necrópolis, Bielsa considera que debe datarse en los siglos IX y X 156 . Completando l a excavación realizada por María Asunción Bielsa, J osé I g nacio Lorenzo L izalde ha pues to de manifiesto que no todas las tumbas poseían restos óseos en su interior, pues t an sólo diecinueve dieron re sultado positivo 157 . En lo c oncerniente a la adscrip ción cronológica de los vesti gios hallados, Lizalde op ina que lo s enterramientos se corresponderían con “ el primer gr an momento de actividad bélica ” de Uncastillo fechado en tor no al siglo X 158 , siendo la necrópolis coetánea o poco anterior 154 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , p. 262. 155 Sin e m ba rgo, el orde n propuesto no respeta los años de publicació n de lo s diferentes trab ajos, ya que Lizalde publicó el e studio de los r estos ó seos exhumad os p or B ielsa co n po steriorida d a la ed ición d e la s conclusiones obtenida s po r Viladés tras proce der a excavar la necró polis en una segunda fase. Cfr. J. Mª. VILADÉS C ASTILLO, “Excavaciones arq ueológicas e n la necrópo lis d e San J uan de Uncastillo, Zaragoza. Campaña s 19 88-198 9”, Arqueolog ía Arago nesa , 1 988-1989 , pp. 249-25 0 y J. I. LORENZO LIZALDE, “Pro cesado y estudio de los restos paleoa n trop ológicos proced entes de la necróp olis alto m edieval d e San J uan de U ncastillo (Zaragoza )”, Arqu eolog ía Aragon esa , 1990, pp. 371-374. 156 Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo, Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , p. 263. 157 Cfr. J . I . LORENZO LI ZALDE, “Proc esado y est udio d e lo s restos paleoantro pológico s pro cedentes de la necró polis alto m ed ieval de San Juan d e Uncastillo ( Zaragoza)” , Arqueo logía Arago nesa , 199 0, p . 372 158 Cfr. J . I . LORENZO LI ZALDE, “Proc esado y est udio d e lo s restos paleoantro pológico s pro cedentes de la necró polis alto m ed ieval de San Juan d e Uncastillo ( Zaragoza)” , Arqueo logía Arago nesa , 199 0, p . 373. 39 a la de El Corral de Calvo, de la que hablaremos a continuación. Respecto a las características d e los indivi duos, Lizalde muest ra que h a y un cierto eq uilibrio entre varones y hembras p erteneciendo al tipo de población mediterránea grácil. En cuanto a las patologías, Lizalde ha const atado la existencia de artrosis del raquis, c aries, paradontosis y algunos osteomas. Finalmente, L izalde considera que l os sujetos inhumados en la necrópo lis formaría n p arte de un a población fronteriza pr ocedente del territorio pamplonés y de los valles pirenaicos 159 . José María Viladés, en el curso de las intervencio nes previas a la conservación y restauración de los restos, proce dió a excavar las tum bas interiores de la iglesia de San Juan y a intentar docum entar estru cturas del tem plo previo al que estaría asociada la necrópolis objeto de estudio. L os resultados de la ex cava ción efectuada por Vil adés han deparado t res fases de e nterramiento diferentes y sucesivas en el tiempo. A la primera fase, co rresponden 46 tumbas antropomorfas exc avada s en la roca, mientras que a la segunda han d e adscribi rse dos s epulturas también horadadas en el suelo y cubiertas con y eso y lajas pequ eñas. Por último, a la tercera fase pertenecen cinco i nhumaciones ubicadas en el crucero de la iglesia. Respecto a la cronolog í a, Vil adés dat a la primera fase en los siglos IX -X I, la segunda en el moment o f inal de la anterior y la tercera en la decimoctava centuria 160 . Uncastillo también di spone de una nec rópolis judía, la cual se ubica en la parte baja de la actual vil la junto a las piscin as municipales. Objeto de intervención arqueológica en el año 2 000 mediante dos tu rnos de excavación desa rrollados en julio y septiembre b ajo la dirección de José María Viladés, los r esultados de la misma han permitido descubrir 26 tumbas de diferentes tipologías que, dispuestas en una ladera a lo largo de c in co niveles arqueológicos, están separadas por lajas, por el mismo terreno natural o bien adosadas. Nada se sabe de los restos muebles o del ajuar, y a qu e no se procedió a l a ape rtura d e las inhumaciones. Por ú ltimo, Viladés data l a ne crópolis entre el m omento fundacional de la villa y la expulsión de los judíos, intervalo determinado 159 Cfr. J . I . LORENZO LI ZALDE, “Proc esado y est udio d e lo s restos paleoantro pológico s pro cedentes de la necróp olis altomedieval de San Juan d e Unca stillo (Zar agoza)”, Arqueo logía Ara go n esa , 1 990, pp. 373-374. 160 Cfr. J. Mª. VIL ADÉS CAST ILLO, “Excavacio nes arq ueológicas e n la necró polis de San Jua n d e Uncastillo, Zaragoza. Campañas 1 988 -1989”, Arqu eología Aragon esa , 1988 -1989, pp. 249-250 . 40 fuertemente por l a ausencia de m aterial mueble que pudiera precisar la m isma 161 . No obstante, la documentación del siglo X I pone de manifiesto la presencia de judíos en el reino de A ragón 162 , lueg o e l uso de la necrópolis pudo coincidir en pa rte con el reinado de Ramiro I. Además d e estas dos necrópolis, las últimas cam pañas en el Castillo de A y llón han sacado a la luz otra necrópolis más ubicada en la zona sur detrás del palac io, l a cual ha aparecido junto con t res muros. El número de tumbas descubiertas asciende a seis, excavadas en la roca y al gunas habien do conservado lajas de cubrimiento 163 . J osé Mar ía Viladés considera que s e tratan de inhum aciones ub icada s en una z ona mu y im portante del castillo, la cual califica d e “ zona importante dentro de la estructura jerárqui ca de la sociedad medieval, así como de la organización urbanística de la fortaleza ” 164 . Basándose en eso, opina que las tum bas corresponderían a los lugares de enterramiento de los tenentes de Uncastillo 165 . Al igual que l a necrópolis de San J uan de Uncasti llo, la necrópolis de Corral de Calvo tiene también gran importancia. Situada en la zo na este del ya cim iento junto al ábside de l a iglesia, ésta ha sido excavada p rogresivamente a l o largo de l as camp añas que se han pr acticado en el conjunto arqueológico de El Corral de Calvo 166 . Teniendo en cuenta lo dicho, el c omentario de los restos se basará en el estudio antropológico realizado por L iz alde y e n el espacio dedicado al cementerio en la monogr afía de Corral 161 C fr. J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “Exca vación arqueoló gica necrópo lis judía de Uncastillo (Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica. 162 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de Sa n Juan de la P eña, vol.I , nº 5 0, pp. 148-150 y R. VIRUET E ERDOZÁIN , “El p riorato de Santiago de Ruesta en los siglos XI y XI I: colecció n diplo m ática”, Aragon ia Sa cra , 18, ( Zaragoza, 2004 -2005), nº 6, 1 0 y 11 , pp . 269-270 y pp. 2 72-273 . 163 Cfr. J . Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Exca vaciones arq ueológicas en el Castillo de Aylló n, Uncastillo (Zaragoza)”, Arqueolo gía Ar ag onesa , 1995-20 05, fich a técnica; E. NASARRE OT ÍN, “ Exca vaciones arqueoló gicas en el Ca stillo d e Ayllón, U ncastillo (Zaragoz a)”, Arqueo logía Arag onesa , 19 95-2005, ficha técnica y E . N ASARRE OT ÍN, “Retirada de r estos ó seos de la fortale za de U ncasti llo, Uncas tillo (Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica. 164 Cfr. J . Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Exca vaciones arq ueológicas en el Castillo de Aylló n, Uncastillo (Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica. 165 Cfr. J . Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Exca vaciones arq ueológicas en el Castillo de Aylló n, Uncastillo (Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica. 166 Aparte de la necró polis, ta mbién ha n ap arecido enterramie ntos suelto s deba jo d e alguna de la s estancias pró ximas a la iglesia. En este se ntido, las estan cias que han prop orcionado re stos ó seos y enterra m ie ntos son la 4, la 6A, la 7 y la 9. Cfr. F. G ALTI ER MA RTÍ y J . A. P AZ PE RALTA, Arqueo logía y a rte en Luesia en torno a l año mil. El ya cimiento d e “El Corral d e Calvo” , p . 55. 41 de C alvo 167 , y a que ambo s tra bajos aportan datos definitivos que no los ofrecen los informes de las respectivas campañas 168 . La necrópoli s de Corral de Calvo ocupa una sup erficie superior a los diez metros desde la cabecera d e la iglesia pre rrománica del y acimi ento 169 . La ex cavación de la misma ha puesto de m anifiesto la existencia de dos niveles claros, uno superior compuesto por paqu etes de huesos revueltos y ot ro inferior formado por los enterramientos 170 . La s tumbas aparecen señala das por estelas, las cuales son mayoritariamente an epígrafa s junt o con alguna que presenta una cruz simi lar a la que s e puede observar en el pa nteón de San Juan de la P eña entr e otros lu gares, cu ya data corresponde a finales del XI 171 . Por ot ro lado, las sepulturas pueden clasificarse en tres grupos según su tipol ogía: enterramientos en fosa, enterramientos en cista y enterramientos en cista y con cabecera 172 . R espec to a los individuos que fueron inhumados, se constat a el predominio de una p oblación adulta y masculina, aunque también existe un grupo infantil. Asimismo, dichas personas se encuadran dentro de l as características m editerráneas y poseían a l gunas patolog ías como osteomas, c aries o sarro 173 . Finalmente, e n cuanto a la cronolo gía de la necr ópoli s, aparte del detalle de las estelas que contienen una cruz, el método carbono 14 permite fechar la misma entre fines de la décima centuria y durante todo el si glo XI 174 . 167 Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil. El yacimiento de “El Corral d e Calv o” , pp.55-61 y J . I . LOREN ZO L IZA LDE Y J. A . PAZ PE RALTA, “Necrópo lis alto medieval del Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza )”, Arque ología A ragonesa , 1986-1987, pp. 253-256. 168 E n efecto, en la pr imera ca mpaña se habla de que han exca vado 10 tum bas, m ie ntras q ue en el infor m e antropo lógico de la segunda apenas se dicen datos definiti vos de im p ortancia excep to el estado de conservació n de al gunas de las tumbas excavada s. C fr. J . A. PAZ P ERALTA, “ In forme p reli minar sob re las campañas de exca vación de 19 83 y 1 984 realiza das en E l Corral de Calvo ( Lu e sia, Zaragoza) ”, Arqueo logía Aragonesa , 1984, p . 10 2 y J. A. P AZ PE RALTA y J . I. LO RENZO LI ZALDE, “III Campaña de excavacio nes a rqueológicas realizad as en el Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza)” , Arqueo logía Arag onesa , 1985, p p. 139 -140. 169 Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 254. 170 Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 254. 171 Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil. El yacim iento d e “El Corral de Calvo” , p p. 55-56. 172 Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil. El yacim iento d e “El Corral de Calvo” , p p. 56-59. 173 Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 255. 174 Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 255. 48 que en las comarcas de la J aceta nia y del Sobrarbe úni camente se halla la citada cerá mi ca clara 200 . En lo concerniente a l a cronología, C astán opina que los datos históricos referentes a l os prim eros tenentes conocidos del Sobrarbe y la ausencia en la documentación de S urta o Tou en el si glo X III, lugares donde ha y cerámica clara, demuestran que ésta estaba en pleno uso durante los siglos XI y X II . Sin embargo, considera que su ori ge n habría qu e relacionarlo con las campañas de Sancho I Garcés de Pamplona en el Sobrarbe, ya que tuvieron como c onsecuenc i a el domini o de Boltaña y la repoblación de lugares fronterizos. Por tanto, el inicio de su fabric ación se produjo en la décima centuria 201 . Fin almente, Adolfo Castán aporta la li sta d e los yacimientos sobrarbeses y serrablese s e n los que ha ha llad o ce rámi ca c lar a, los c uales son los siguientes junt o con algunos pertenecientes a la Jacetania y S omontano de Barbastro: Iguácel, Busa, San Bartolomé de Gavín, Espirilla, Espi erre , Castillo de Almazorre , iglesia pa rroquial de Almaz orre, Torre de A rcusa, Bagüeste, San J osé de Belarra, Castillo de Boltaña, C astejón de Sobra rbe, Cast ellar de San J uan, Castellazo, Castiello de Guarga, Eripol, Espi erlo, Guaso, Latorr e, Mi ravet, Morcat, Olsón, Rodellar, Santa María de Buil, Santa W aldesca de Samitier, Casti llo de Sarsa, Secorún, Si lvés, Surta y Tou 202 . Teniendo en cuenta los datos cor respondient es a las doce campañas de excavaciones arqueológicas realizadas en el yacimiento Castill o de Uncast illo, resulta lógico que a la hora de comentar las cerámicas nos basemos en el informe de l a últi ma intervención publicada, ya que ofr ece una s ecuencia estrati g r áfica más compl eta, documenta nuevos nivel es con materiales que no aparecían en las anteri ores y ofrece una descripción de lo s materiales mucho m ás detallada y fiable que los informes aún inéditos 203 . De acuerdo con lo dicho, la fase más an tigua, datada entre los siglos XI y XII 204 , presenta dos tipos cerámicos distintos. P or u n lado, en el estrato supe rior de esta etapa c ronológica hace a cto de aparición la ce r ámica gris medieva l, mientr as que por el 200 Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l. Siglo s XI-XIII , p. 40 y A. CAS TÁN SARAS A, Torres y Ca stillos del Alto Arag ón , p. 27. 201 Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l. Siglo s XI-XIII , p. 41. 202 Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l. Siglo s XI-XIII , pp. 45-47. 203 Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo (Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p p. 179-185 . 204 Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo (Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p . 183. 49 otro, en el nivel más inferior, tenemos, ad emás de la gris, una mayor propor ción de cerá mi cas isl ámicas sobresaliendo las zafas con decoración vidriad a, las jarras ornamentadas a cuerda seca y los candiles de piquera 205 . Por últi mo, el yac imi ento de Corral de Calvo ha proporcionado un a gran cantidad de fr agmentos cerámicos, los cuales han s ido perfec tam ente si gla dos y tratados. S iguiendo los a nálisis efec tuados po r l os arque ólo gos que h an c olaborado d e una manera u otra en las labores de estudio de los materiales hallados, se puede decir que ha y dos tipos cerámi cos característicos en C orral de C alvo: la cerámica gris con grueso desgrasante y la s cerámicas vi driadas musul manas. Prestando atención a la primera de las dos, ha de destacarse que di cho t ipo cerámico, cu y a forma más representada es la olla de forma globular con borde sencillo redond eado y vuelto al exterior, pos ee pasta de color gris con predomini o de l a coc ción redu ctora y una decoración que, en el caso de existir, se localiz a bajo el borde realizándose antes de cocerla. No obstante, la característica más import ante se corresponde con la ex istencia en la cara exterior del fondo de m arcas de r elieve que se i dentifican con sellos de alfarero, ya qu e su presencia nos indica que la cerámica ha de datarse en los siglos X y XI, pues la ausencia d e la misma se rela ciona cronológicamente con la ép oca carolingia y anteriores 206 . Ciñéndonos al se gundo tipo, Viladés, responsab le del estudio de la cerámica islámica 207 , difere n cia entr e las decoradas a m olde y l as que tienen vi driado externo d e barniz plumbífero. Las pastas de las prim era s, entre las qu e destaca el motivo decorativo de un animal en pos ición semirrampante, se caracterizan por ser de colores cremas con desgrasantes finos, las cu ales t ienen vidriado amarillo. Respecto a las segundas, las pastas presentan colores claros, amarillento blan quecino más con cretamente, m ientras que el vidriado es verde pudiendo exis tir varieda d cromática desde to nos claros a oscuros. Por otro lado, c abe de cir que pose en un a decoración compu esta por motivos simples como peines y ondulaciones que se ubican en el arranque de los c uellos de las 205 Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo (Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p p. 184-185 . 206 Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil. El ya cimiento de “E l Cor ral de Calvo” , p . 63 y J. A. P AZ P ERALTA E T ALII, “Estudio de materiales del y aci miento alto m edie val de El Cor ral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arq ueolog ía Aragonesa , 1990, p. 141. 207 Cfr. J. A. PAZ PE RALTA ET ALII, “Estudio de materiales de l y aci miento altomedieval de El Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragone sa , 1990, p . 137. 50 piezas 208 . Finalmente, las cerámica s musulm anas ha n de datarse entre fines del siglo XI y principios del siglo XII 209 . B ) PROBLEMÁTICA, CREDIBILID AD Y FIABILIDAD HISTÓRICA DE LAS FUENTES DE ÉPOCA RAMIRENS E Una vez que hemos visto el estudi o que la h isto riografía ha realiz ado sobre las fuentes ex istentes que h an sido objeto de publ ic ación, llega el momento de rematar y finalizar el análisi s sobre ellas in cidiendo en un os aspectos re almente importantes y fundamentales a fin de reconstruir el pasado hist órico: la problemática y la credibilidad que ofrecen al historiador. En dicho sentido, la diversidad de fuentes, l a difer ente naturaleza y ori gen de la s mis mas o la intervención antrópica en alguna d e éstas, bien alterándolas o bien co ntando una realidad particular, aconsejan un ex amen que determine si proporcionan datos encontrados y contradictorios entre ellas o informaciones susc eptibles de ser generales y apli cables a varios momentos históricos. En suma, s e trata de ver las posi bilidades reales que poseen de cara a re construir la historia del reinado de Ramiro I. 1.- FUENTES A RQUE OLÓGIC A S En primer lugar, y por alt ernar el orden establecid o en el apartado A del pr esente capítulo, comenzaremos nuestros comentarios y análisis con las fuentes de carácter arqueológico y no con la s escritas. Cab e seña l ar que no abord aremos cada una de todas ellas, sino que nos centraremos básica y principalmente en dos, concretamente l as necrópolis y la c erámica, puesto que a nuestro juicio son las que más problemática plantean debido a los factores a los que haremos alusi ón a continuación. a) NECRÓPOLI S 208 Cfr. J. A. PAZ PE RALTA ET ALII, “Estudio de materiales de l y aci miento altomedieval de El Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragone sa , 1990, p .141. 209 Cfr. J. A. PAZ PE RALTA ET ALII, “Estudio de materiales de l y aci miento altomedieval de El Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragone sa , 1990, p .142. 51 En algunas de las diferentes necrópolis excavadas, cuya cronolo gía inclu y e el periodo de años del reina do de Ramiro I, se han e ncontrado t umbas e inhumaciones que han sido reutiliz adas en dos ocasiones como mí nimo. J uan Ig nacio Lorenzo L izalde y Juan Ángel Paz Peralta lo han constatado en el cementerio del y acimiento de El Corral de Calvo 210 , mientras que Jul ia Justes y Belén Gimeno en la necrópolis del monasterio de San Pedro el Viejo de Jaca 211 . Esta realidad nos i ndica cla ramente qu e los i ndividuo s vivieron, aunque coincidieran parcialmente, dos épocas vitales dist intas, de forma que limita bastante el estudio hist órico en relación a determinadas cuestiones de las comentadas en el apartado previo. Por otro lado, las metod ologías empleadas para datar las tumbas encontradas en cada una de las necrópolis ex cava das no h an dado unos resultados mu y pr e cisos. Ante la ausencia de material cerámico y num ismático en las inhuma ciones halladas 212 , los arqueólogos se han valido de las dos únicas técnicas con cierta fiabilidad que tenían a su disposición: la c omparación arqueológica con otras tumbas similares de c ronolo gía conocida y el carbono 14 213 . S in embargo, ambos si stemas han deparado unos i nterval os temporales excesivamente amplios en relación con las épocas cronológicas cortas que historiamos en el med ioevo 214 . Por consiguiente, dicha sit uación plantea serios 210 Cfr. J. I. LORENZO LIZA LDE y J. A. PAZ PE RALTA, “Necró polis alto medieval del Corral de Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, pp. 253-256, concretamente p. 2 54. 211 Cfr. J. JU STES FLORÍ A y B . GIMENO MA RTÍNEZ, “Estudio antrop ológico y paleo patológico d e los re stos humanos exhumados en la excavació n d e la iglesia de San Pedro el Viejo (J aca)”, Saldu ie , 3, pp. 243-255, co ncretam e nte p. 249 . 212 Aunque en la necróp olis medie val de San Jua n de la Peña se halló un número i mportante de piezas que confor m aba n los r espectivos ajuares, lo s r estos encon trados ta mpoco sir vieron par a lograr una datació n precisa d e los cuerp os y p or co nsiguiente s u identificació n se gu ra co n alguno d e los no bles p rincipales del reino o incluso de la fa m i lia real, y a que no se hallaro n m onedas o cer ámicas válid as par a ofrece r una fecha pr ecisa. Cfr. J . C. ESCO SAM PÉRIZ y J . I. LIZALDE, “II c ampaña de exca vaciones ar queológicas en el m ona sterio d e San J uan de la Peña (B otaya, Jaca-H uesca)”, Arqueo logía Arag onesa , 1985 , p p. 141 - 144 , concretamente p. 142 . 213 Apar te d e la necrópo lis de Sa n J uan de la P eña, en las necr ópolis de Murillo de Gállego, Lasieso , San Juan d e U ncastillo, No cito o S an P edro el Viej o de Jaca se h a empleado la co m par ación ar queológica con los enterr amiento s similare s de fecha co nocida d e ca ra a deter minar la cronología de las t umbas medievales, mientra s que en Cor ral d e Calvo se utilizó el car bono 14. Cfr. Mª. A. BI ELSA T URMO, “Las necr ópolis alto m ed ievale s de Murillo de Gá llego, Uncastillo , L asie so, Nocito y La Tor raza (El Tormillo) ”, en V. V. A. A., Actas del Primer Congreso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , p p. 261 -273; J. Mª. V ILA DÉ S C ASTI LL O, “Exca vaciones a rqueológicas en la necró polis d e San Juan de Uncastillo, Zaragoza. Campañas 198 8-1989 ”, Arqueo logía Arag onesa , 1988-198 9, pp. 249-250, concreta m e nte p. 2 50; J . J U ST ES FLORÍ A y B . GIME NO M ARTÍNEZ, “Estudio antropo lógico y paleop atológico de los resto s huma nos e xhumados e n la e xcavación de la iglesia de Sa n Pedro el Viejo (Jac a)”, Saldui e , 3, p. 2 46 y J. I. LOREN ZO LIZ ALDE y J . A. PAZ PE RALTA, “ Necr ópolis alto m edieval d el Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza)”, Arq ueolog ía Aragon esa , 1986-19 87, p. 2 55. 214 En e fecto, co nforme se co m p rueba e n los e studios r ealizad os, cuyas fechas se expo ndrán más ade lante, las necrópo lis se datan con i ntervalos tempor ales que aba rcan do s, tres o más siglos, l o que co ntrasta frontalme nte con el period o de 30 años que nosotros e studia m os. Mª. A. BIE LSA TURMO, “Nec rópo lis 52 inconvenientes al o bjeto de poder explotar toda la información histórica que un a necrópolis contiene. Teniendo presente la potencialidad de la i nformación hist órica que una necrópolis mediev al ofrece, las dos situa ciones descritas en los p arágrafos pr evios limitan sobremanera l os indicios que proporcionan. De acuerdo con esto, y pese a pode r conocer el tamaño, la edad, el sex o, la distribución de sex os o las patologías, no sabemos con se gur idad a qué m omento concreto y dete rminado del pasado pertenecen los datos ex traídos de ellas. En consecuencia, l os hechos r econstruidos s on generales y aplicables, según los casos particulares, a v arios reinados y etapas históric as dentro de la cronología dada a cada un a de las ne crópolis, o dicho de ot ro modo, no resulta válido adscribir a un determinado periodo corto de tiempo la info rmación ob tenida de una fuente de larga duración cronológica. b) CERÁMICA En cuanto a los fra gme nt os cerámicos, decir qu e se repite la misma sit uación que se ha visto con las necrópolis. En e fecto, t omando como eje mpl o los y a cimientos de los castillos de Sos, Uncastillo y Abizanda y el de Corral de Calvo, obse rvamos que los materiales cerámicos encontrados se caracterizan por ten er un a dat ación más o menos amplia en el tiempo qu e como m ínimo ab arca dos centuria s. Así, las d e Sos se han fechado como altomedievales por Viladés y P alomar 215 . El propio Viladés ha datado los alto m edievale s en Aragón”, en V. V. A. A., XIII Congreso Nacio nal de Arq ueología , p p. 99 5-1002; M ª. A. BI ELSA T URMO, “Las n ecrópo lis alto m edievale s d e M urillo d e Gá llego, U ncastillo, Las ieso, No cito y L a Tor raza (El T ormillo)”, en V. V. A . A., Actas del Primer Congreso d e Arq ueolo gía Me dieval Españ ola , vol.V , pp. 261 -273; J . Mª . VI LA DÉS C A ST ILLO, “Excavacione s ar queo lógicas en la necrópo lis de San Juan d e U ncastillo, Zaragoza. Campa ñas 19 88-198 9”, Arqu eología Aragonesa , 1988 - 198 9, p. 250; J. JUSTES FLO RÍA y B. GI MENO M ARTÍ NEZ , “Estudio a ntropoló gico y pa leopatoló gico de los restos humanos exhu mado s en la excavació n de la iglesia de San Pe dro el Viejo (Jaca)”, Saldui e , 3, p. 246 y J. I. LOREN ZO LI ZALDE y J . A. P AZ P ERALT A , “Necrópolis alto medieval del Corral de Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 255. 215 Cfr. J. Mª. VILADÉS C ASTILLO, “Infor me de la primera campaña de excavacio nes en el castillo de Sos del Rey Ca tólico (Zara go za)”, Bo letín del Mu seo de Zarag oza , 6 , pp. 4 56-459; J . Mª . VI LADÉS CASTIL LO y Mª. E. PALOMAR LLORENT E, “Excavac iones en el castillo d e Sos del Re y Católico ”, Boletín de Arqueo logía Medieval , 2 , pp . 193-19 4; J. Mª. VILADÉ S C ASTILLO, “ I nfor m e sobre la excavación del castillo de Sos d el Re y Católico ( Zaragoza) . Ca m p aña 19 87”, Arque ología Aragon esa , 198 6-1987, p p. 239 -241; J . Mª. VILADÉ S C AS T ILLO, “ E xcavació n arqueoló gica del castillo de Sos de l Rey Católico. Zaragoza. III ª campaña, 198 8”, Arq ueología Arago nesa , 1988-19 89, pp. 25 3-254; J. Mª. VILADÉS CAST ILLO y Mª . E. PALOM AR , “I nfor m e d e la exca vación del ca stillo de Sos de l Rey Católico, Zaragoza, campaña 198 9”, Arq ueología Aragonesa , 19 88-1989, pp. 25 5-256 y J. M ª. VILADÉ S CASTIL LO y M ª. E. P AL OM AR LLOREN TE, “ Infor me de p rospecció n po r r adar del castillo d e Sos del Rey Católico , Zaragoza. Ca mpaña 1 989” , Arqueología Aragonesa , 1991, pp. 197 -198. 53 niveles m ás antiguos an alizados hasta el mome nto en Uncastill o en los siglos X I y XII 216 . Por el contrario, Nieves J uste ha ubicado los fragmentos de cerámica gris de Abizanda entre la undécima y la decimocuarta centuria 217 . Finalmente, el equipo de historiadores y arqueólogos que ha tr abajo en Corral de Calvo sitúa respectivamente las cerá mi cas grises y las mu sulmanas en el sig lo X y el XI y en el X I e inicios del XII 218 . La conclusión es idénti ca a la obtenida en relación con las necrópolis. Teniendo en cuenta el pap el de fósil d irector que desempeña la ce rámica en un y a cimiento arqueológico, en la Ed ad Media en general y en los casos con cretos que n os ocupan en particular, observamos que la t ipología de cerámica encontrada, la gris en concreto, n o resulta de mucha utili dad para lograr d ataciones precisas. P or consiguiente, no disponemos de una certe za absoluta para asignar a un determinado mome nto hist órico menor que la cronología de la cerámica los datos que, más allá de la datación temporal, se desprenden del análisis minucioso de ésta. 2.- FUENTES ESCRITAS Siguiendo en l a mism a línea que hemos tra zado en el epí grafe a nterior, pasaremos ahora a estudi ar las fuentes escritas viendo los problemas e in convenientes que éstas presentan al his toriador a la hor a de ser empleadas con el objeto de reconstruir el pasa do histórico en general y de un p eriodo concre to en p articular. Si bien en el campo de l a arqueolo gía sólo nos hemos referido a las ne crópolis y a la cerámica, ahora enfocaremos nuestra at ención en las obras históricas medievales y en l os actos j urídicos, las tipologías d e fuentes escritas que consideramos que necesitan y requieren, a nuestro juicio, una mayor necesidad de comentario y a nál isis. a) ACTOS JURÍDICOS 216 Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo (Zaragoza). Campañas 1 993 -1994”, Arqueolo gía Arag onesa , 1994, pp. 1 79-185, concretamente pp . 18 3- 185. 217 Cfr. Mª. N. JUSTE ARRUGA, “ In forme de la exca vació n efectuada en la torre de A b izanda (Abizanda, H uesca). 1 989”, Arqueolog ía Aragon esa , 1988-198 9, pp. 265-268 , concreta mente p. 267 . 218 Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arte y arqueolo gía en Lu esia en to rno a l año mil , pp. 63-67 y J. A. P AZ P ERALTA ET ALII, “Estudio de materiales d el yacimiento alto m edie val d e El Corral d e Calvo”, Arq ueolog ía Aragon esa , 1990, pp . 137-142, co ncretamente p. 14 1. 54 La documentación co etánea del reinado d e Rami ro I, parte de la cu al se r ealizó en su propia escribanía, tampoco se libra del anális is en relación con l a probl emática y fiabilidad que o frece al historiador. A diferencia de las crónicas, an ales y otros relatos históricos, no s e aprecia la existencia de una idea determinada qu e presida la narración de los acontecimientos, sino t odo lo contrar io, una ausencia de la misma , y a que este tipo de fuente simplement e documenta los actos jurídicos que, fruto d e la s n ece sidad es vitales, cotidianas e históricas del momento, fueron re alizando los habitantes del territorio aragonés sin distinción de grupo so cial. Si n embarg o, el hecho de que dichos documentos hayan llega do hasta ho y gracias, en un alto porce ntaje, a un proceso de transmisión textual i mplica que deba ef ectuarse un estudi o previo de los mism os al objeto de ver su credibilidad y su utilidad en la reconstrucción del pasado. Partiendo de los a n álisis críticos que sobr e l a documentación han efectuado algunos historiadores, ej emplos de Antonio Ubieto o Anton io Durán 219 , ha de destacarse la escasa cantidad de documentos originale s que de época del reinado de Ramiro I se han conservado hasta la actualidad. Desde el pu nto de vista de Antonio Ubieto, sól o existen catorce documentos originales pe rtenec i entes al s eñalado periodo, a los qu e deben añadirse dos diplomas más en torno a los cuales el mencion ado A ntonio Ubieto mostró dudas acerca de su carácter o riginal o de copia coetánea 220 . Conforme se puede apreciar, esta cifra representa un ín fimo porcentaje del tot al de documentos que se disponen de los años de gobierno de Ramiro I, co ncreta ment e un 6,93%. ¿Qué repercusiones tiene , desde el prisma y la óp tica del his toriador, la aludida escasez de do cumentos originale s? En principio, y aunque parezca inverosímil a simple vista, s ólo afecta al estudio de alg unos aspectos q ue se en globan en el amplio campo de la cultura; más conc retamente, tal situación di ficulta el conocimiento d e los rasgos, caracteres y evolución d el sistema escritur ario empleado en la redacción de los escritos y documentos. En efecto, este hecho hace que te nga mos pocas pruebas para definir el tipo de escritura ut ilizado, el grado de pureza y d e influencias ex ternas qu e posee o bien 219 Cfr. A. UB IET O ART ETA, “E studios en tor no a la d ivisión del r eino por Sancho el Ma yor” , Príncipe de Via na , 21 , pp. 45 -53; A. UB IETO ARTE TA, Orígen es d e los reinos d e Ca stilla y A ragón , pp. 105-127 y A. DURÁ N GUDIO L, Rami ro I de Aragón (19 93) , pp. 19-20 y p p. 78 -80. 220 Cfr. A. UB IET O ART ETA, “E studios en tor no a la d ivisión del r eino por Sancho el Ma yor” , Príncipe de Via na , 21 , pp. 46 -48; A. UB IETO ARTE TA, Orígen es d e los reinos d e Ca stilla y A ragón , pp. 105-111 y R. VIRUET E ERDOZÁIN, Estud io crítico de la canc ill ería del rey R amiro I d e Aragón , Zaragoz a, Tr abajo Inédito realizado p ara la o btención del D EA, 2003 , p. 26. 55 si la cantidad de nexos y abreviaturas result a elevada o no en comparación con épocas anteriores o posteriores. Sin embargo, y a tenor de la crítica documental realizada por Antonio Ubieto, quien más se ha centrado en di cho asunto, l os po cos dipl oma s originales conservados permiten trazar las líneas básicas pa ra s aber l a tradición documental de los documentos y su fiabilidad hi stórica 221 . Evidentemente, si los o riginale s so n escasos en el conjunto de la document ación auténtica de época r amirense, el po rcentaje de copias, por el contrario, resulta bastante elevado. Aho ra bien, un a mi rada atenta al conjunto de ellas a nivel p articular m uestra que algunas no reflejan l a totalidad de l as cláusulas que aparecen y fi guran en los actos jurídicos que s e han con servado en s u formato primigenio. D e entre toda s ellas, ahor a nos i nteresa destacar la cronología, asp ecto in dispensable a l a hora de efectuar l a historia del pasado. De ac uerdo con esto, hay bastantes diplomas que en su tenor documental carecen de datación o bien está equivocada, r ealidad que ha puesto de manifiesto Ant onio Ubieto en el análisis crítico de la documentación ramirense que efec tuó 222 . Partiendo del principio de que la cronolog í a resulta i mprescindible para l a realización de la historia , el hecho que pone de relieve el estudi o crítico d e Ubieto, las fechas equivoc adas o la ausencia de éstas en los documentos, provoca la imposibil idad de ubicar en el tiempo de forma pr ecisa al gunos ac ontecimientos importantes del periodo que nos ocupa, lo que a su vez di ficulta su estudio. Dicho problema afectaría, entre otros, a los siguientes eventos que desta camos: los pactos y alia nzas que hiz o Ramiro I con los di rigentes de otros reinos y condados y autoridades episcopales y el proceso de ampliación y disminución de la propiedad de l a tierra y otr os bienes d e determinadas personas e instituciones monásticas 223 . 221 Los e studio s d el propio Antonio Ubieto así lo demuestran, y a que ha sido cap az de trazar unos principio s funda m e ntales d e crítica d ocumenta l basá ndose de for ma i mportante en lo s docu m e ntos originales. Cfr. A. U BIET O ARTET A, “Estudios e n torno a la división del reino p or Sancho el Mayor”, Príncipe de Viana , 21 , pp. 45-53 y A. UBI ETO ARTET A, Orígenes de los rein os de Castill a y A ragón , pp. 105-127. 222 E n los mencionado s análisi s, Antonio Ubieto restituye la fecha d e a lgunos diplo mas que la tienen erró nea y también ubica e n el tie m po , de forma aproxi m ad a, aquéllos q ue no la tienen. Cfr. A. UB IET O ARTET A, “Estudio s en tor no a la d ivisión del r eino por Sanch o e l M ayor”, Príncip e de V iana , 21, pp. 48-49 y A. UBIET O ARTETA, Oríg enes de los reinos d e Castilla y Aragó n , pp . 112-114. 223 La d ocume ntación conserva da nos muestra que Ramiro I re alizó pactos con el rey d e Pamplona Sancho IV y co n el o bispo de Urgell Gui llermo Gui fredo, los cuales son de vital i m p or tancia p ara los intereses del reino y d el rey en el m o mento de hacerlos y, sin embargo, no sabe m o s ubicarlos de manera 56 Siguiendo con nuestro comentario sobre l os actos ju rídicos de la época ramirense, l os estudios críticos de los mi smos efectuados por Angel Martín Duque, Antonio Ubieto y Antonio Durán s acan a la luz un hecho de cier ta relevancia, la existencia de falsificaciones que afectan a un número importante de d ocumentos pertenecientes al perio do cronológ ico que n os ocupa. Aunque los dos úl timos historiadores mantengan diferencias de opi nión en cuanto al número de ésta s y a diplomas mu y concretos 224 , el análisis global y sistemático efectuado por Antoni o Ubieto demuestra que h ay u n elevado número, especialmente dentro de l conjunto de documentos otorgados por el propio Ramiro I 225 . La ex istencia de fals ificaciones supone un hecho gra v e de especial transcendencia que afecta de forma importante a la rec onstruc ción del pasado. En este sentido, la falsificac ión del documento es una auténtica manipulación de la rea lidad al objeto de conseguir uno s fines mu y concretos por parte del falsario o de la persona o institución que están detrás de él. T eniendo lo dicho en cuenta, combi nar datos de documentos auténticos con otros procedentes de falsificaciones representa un evidente peligro para la r ealización de la historia, pues se consigue una reconstrucción errón ea del pasado al entremezclar informaciones que ofr ece n dist into grado de credibilidad 226 . exacta, lo q ue e n princip io acla raría muchas otr as co sas. De la misma m a nera, e l hec ho de que sepa m o s en qué m o mentos los mona sterios o deter m i nados particul ares incre mentan sus p ropie dades a tr avés de varias co mpra-venta s y d onacio nes di ficulta co nocer si este pr oceso se enmarca dentr o d e una te ndencia que se da de m odo general e n un deter minado tiem po del r einado d e Ramiro I r elacionado con algún otro fenómeno, o p or el contrario, si se tr ata de e ventos aislad os sin i nterconexión e ntre e llos. Cfr. R. VIRUET E ERDOZÁIN, Arag ón en la épo ca d e Ra miro I, vol.II , Apéndice d ocumental, d onde pueden consultarse los d ocume ntos a ludidos d e los pacto s del re y y to das las co mpra-ventas y donacio nes que atestiguan ese i ncre m e nto de p ropied ad de los monasterios y ciertos p articulares. 224 En efecto , ambos historiad ores discre pan sobre la aute nticidad o falsificació n de al gunos diplo m a s como lo s testa mentos del r ey. Sin e mbargo, ta mbié n c oinciden e n con siderar fal sas las l lamadas a ctas d el concilio de Jaca. No obstante, Antonio Ubie to efectúa un análisis de la totalidad de la do cumentación, mientras que An to nio Durán única mente se centra en una pa rte de la m i sma. Cfr. A. UBIET O ARTET A, “Estudios e n to rno a la d ivisión d el reino por Sancho el Ma yor”, Prín cipe d e Viana , 21, pp. 45-53; A. UBIET O AR T ET A, Oríg enes de lo s rein os de Castilla y A ragó n , pp. 105-12 7 y A. D UR ÁN GU DIOL, Ramiro I de A ragón , pp. 78 -8 0. 225 Si nos li mitam o s a los est udios de Martín Duque y d e Antonio Ub ieto, constata mos que e xisten 3 8 falsificacio nes entre los documentos otorgad os po r Ramiro I, lo que supone un p orcen taje ligeramente superior al 5 0%, 5 1,69 c o ncretamente. Por tanto, la m i tad d e lo s diplo m as del re y ar agonés so n falsificacio nes. C fr. A. J. MAR T ÍN DUQUE , Colección dip lomática de S anta María de Oba rra y San Victorián d e S obrarbe (100 0-1219 ) ; A. UB IET O ART ET A, “Estudio s en torno a la divisió n de l reino po r Sancho el Mayor”, Príncipe de Viana , 21 , pp. 5 0-53; A. UBI ETO ARTE TA, Oríge nes de los rein os de Castilla y A ragón , p p. 117-127 y R. VI RUET E E RDOZÁIN, E studio crítico de la c an cillería d el rey Ramiro I de A ragón , pp. 51 -5 2. 226 Antonio Ub ieto ta mbién es p artidario de e sta opinión, la cual manifestó e n d os de sus ob ras m á s importantes d esde el pu nto de vista de la crítica d ocumental. Cfr. A. UBI ET O ARTETA, “Estudios en 57 A modo de recapitulación, h a quedado patente qu e los actos jurídicos, pese a ser el tipo de fuente más pró xim a a los hechos objeto de estudio, pues s e producen durante el reinado de Ramiro I, plante an una seri e de pr oblemas importantes a la hora de historiar el periodo ramirense, ya qu e no quedan l ibres, por ejemplo, de la manipulación posterior del hombre. En consecuencia, r esulta imprescindible, a fin de ext rae r toda la información buena y fiab le que poseen, realizar un profundo y minucioso a nálisis crítico que context ualice adecuadamente los diplomas con cronología incorrecta o inexistente y que determine el núm ero exacto de falsificaciones y diplomas manipulados que contienen partes susceptibles de emplearse sin ningún tipo de problema. b) OBRAS NARRATIVAS HISTÓRICAS MED IEVALES Los anales y las crónicas medievales se caracter izan por tener algunos rasgos comunes. Desde nuestro punt o de vista, uno d e lo s más importantes es el hecho de que ambos géneros r espond en a un d eterminado fi n bajo el que subyace una ideología concreta que condiciona la visión histórica de las mismas. Ahora bien, conviene m atizar que la defensa d e una idea a lo lar go del relato his tórico compuesto por un analista o un cronista no siempre implica una manipulación de los hechos o una afección a la verdadera realidad de todas y cada una de las épocas hi stóricas que recogen las citadas obras. Partiendo de este principio, únicamente pr estaremos nuestra atención, al objeto de i lustrar lo dicho al pri ncipio d el pár raf o, en aquellas crónicas o anales en dond e la presencia de l a ideología o ideologías influ y a dir ectamente en los eventos del reinado de Ramiro I. La crónica más antigua en la que aparece R amiro I de Aragón es la Cr ónica Silense, escrita a mediados de la duodéc ima centuria se gún las tesis de Antonio Ubieto 227 . Una de sus finalidades consiste en despr estigia r el li naje del re y de Aragón como una manera de atacar a Alfonso I de Aragón a raíz de s u i ntervención en los torno a la d ivisión d el r eino p or Sancho el M ayor”, Prín cipe de Viana , 21, p. 42 y A. UBIET O ARTETA, Orígenes d e los reino s de Castilla y Aragón , pp. 88-89. 227 Cfr. A . UB IET O ARTETA, “Est udios en torno a la división del reino por Sancho el Mayor de Navarra”, Príncipe d e Vian a , 21, pp. 209-233 y A. UBIET O ARTET A, Orígenes de los rein os de Castilla y Arag ón , pp. 205-239. 64 figuran como re y es de Ara gón y Castilla; si n e mbargo, nunca convivieron juntos con tales cargos, ya que Ramiro I m urió en 1064 y Sa ncho II comenzó a reinar en 1065 253 . Otro ejemplo de error hi stórico o anacr onism o qu e detectamos en las cróni cas y anales es el relativo a l a m uerte de Ramiro I . Además, encontramos tres fec has diferentes, 1062 en la versión aragonesa de l a C rónica d e San Juan de la Peña 254 , 1070 en l a crónica najerense 255 y 1063 en el resto de ob ras cristianas que o frecen d ata de la muerte del re y aragonés 256 . P or el contrario, e ind ependientemente de l a ausencia de unanimidad de la historiografía r eciente al respecto, más adelante en el capítulo correspondiente se argumentará qu e Ramiro I no falleció en ninguna d e esas datas 257 , de modo que no se pueden considerar correctas las i ndicaciones cronológicas dadas po r l as crónicas y los anales. Finalmente, también encontramos hec hos que no se produjeron tal com o se recogen en las crónicas o en los anales. En este caso hemos eleg ido dos ejemplos que se hallan en la C rónica de San Juan de la P eña. En primer lugar, dicha fuente dice que los nobles de Sobrarbe y R ibag o rza eligieron re y a Ramiro I tras la muerte de su hermano Gonzalo 258 . Ya se ha dich o anteriormente que tal evento no a caeció de tal manera, lo cual se demostrará más adelante cua nd o se t rate la cuestión 259 . En s eg undo lug ar, la crónica de San Juan de la Peña da a conocer el pacto que suscribieron S ancho IV de Pamplona y R amiro I mediante el cual el re y de Aragón entrega al de P amplona las 253 Cfr. R. VI RUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época d e Ra miro I, vo l.I , cap ítulo IX Las prime ras ofensiva s contra lo s musulmanes: 1 058-106 4 y A . UB IET O ART ETA, Literatura med ieva l I , p . 172. 254 Cfr. C. ORCÁSTE GUI GR OS (editora ), Crónica de S an Ju an de la Peña (Versión aragonesa). Edició n crítica , p . 34. 255 Cf r. A. UBIET O AR T ET A (e ditor), Cr ó nica najerense , 2ª ed. , p. 1 10 y J . E. ESTÉVEZ SO LA (edito r), Chron ica Naiarensis , p. 171. 256 Las cró nicas en c uestión son e l Chronico n Alterum Rivip ullense, el Liber regum, el Libro d e la s generacio nes, La cró nica de 13 44, las ver siones catalana y latina de la Crónica de San Jua n de la P eña y la Crónica del P ríncipe de V iana, las cuales se ci tan co nforme el or den respecti vo. Cfr. J. VI LLANUEV A (edito r), Viage literario a la s iglesias de España , vol.V , p . 2 4 5; L. COOPER ( editor) , Liber regu um , p. 37; J. FERRANDI S (editora) , Libro de las generac iones , p. 61; D. CATAL Á N y Mª. S. DE ANDRÉS (edito res), Edición crít ica d el texto esp añol de la Crón ica de 1344 que o rdenó el conde de Barcelos Don Pedro Alfon so , p. 323 ; A. SO BE RA N AS LLEÓ (ed itor), Crónica Gen eral de Père I II el Ceremonio s dita commu nament Crónica de Sant Joan d e la Pen ya , p . 59; A . UBIETO ARTET A, Crónica de San Juan de la Peñ a , p. 52 y C. ORC ÁSTEG UI GROS (ed itora), Crón ica de l Príncipe d e Viana , p. 115. 257 Cfr. R. VI RUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época d e Ra miro I, vo l.I , cap ítulo IX Las prime ras ofensiva s contra lo s musulmanes: 1 058-106 4 . 258 C fr. A . UB IET O ART ETA (editor), Crónic a d e San Ju an de la Peñ a , p. 50 ; A. SOBERANAS LLEÓ (edito r), Crónic a Genera l de Pere II I el Cerimonió s dita co muna ment Crònica de San t Joan d e la P enya , p. 5 8 y C. ORCÁSTE GUI GROS (editor a), Crónica de San Juan de la Peña. Versión aragonesa , p. 33. 259 Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, Arag ón e n la ép oca de R amiro I, vol. I , capítulo VII Orí genes y límite s territoriales d el Reino de Aragó n: 1035-10 44 . 65 plazas de Ruesta y de P etilla 260 . No obstante, el documento del a cuerdo, que se ha conservado, constata qu e Ramiro I no dio ningún lugar a S ancho IV, sin o que éste l e donó el castro de Sangüesa y las villas de Ler d a y Undués 261 . Llegados a este punto y a tenor de lo visto, el hecho de que las obras históricas medievales t engan, por lo general, una intenc io nalidad ideológica determinada, que obliga a la m anipulación de los acontecimiento s para conse g uirla, una presencia de relatos le gendarios dentro del contenido de l a mism a y un a cantidad i mportante de errores y fallos históricos de diversa naturaleza proporcionan muestras y argumentos claros de la g r an problemática que las crónicas y los ana les plantean, ya que no resultan del t odo fiables al objeto de re construir el pasado del periodo acerca d el que informan. Ahora bien, ello no las i nhabilita como fuentes, s ino que conlleva qu e sea necesario un estudio crítico que deje claro qué partes pueden e mplearse y c u áles no. 3.- L A S FUENTES Y LA S CONTR A DICCION ES DE SUS DA TOS A lo larg o del apartado C del presente capítulo nos hemos ce ntrado e n señalar la problemática que plantea n las fuentes analizando cada una po r separado en función de los dife rentes grupos que ha y . Ahora se trata d e dar un paso más y seg uir mostrando las dificultades que ofrecen, pero esta ve z procediendo a interrelacionar u nos tipos de documentos con otros, de forma que compare mos y contrastemos l a información relativa a un mi smo asu nto en do s fuentes de naturaleza di stinta. Asimi smo, también haremos el cotejo de un asunto en un único tipo documental Independientemente de las informaciones que aportan y de los l ímites que poseen, la comparación de los datos qu e conti enen los diversos grupos de fu entes conservadas acerca de determinados temas del pasado ponen de manifiesto una importante y preocupante realidad: la contradicción entre ellas. En dich a línea, aparte de que el presente h echo s e ha podido intui r conforme ha avanzado el desarrollo de los contenidos de la Tesis hasta este punto, a continuación l o evidenciare mo s de manera 260 C fr. A . UB IET O ART ETA (editor), Crónic a d e San Ju an de la Peñ a , p. 51 ; A. SOBERANAS LLEÓ (edito r), Crònic a Genera l de Pere II I el Cerimonió s dita co muna ment Crònica de San t Joan d e la P enya , p. 5 8 y C. ORCÁSTE GUI GROS (editor a), Crónica de San Juan de la Peña. Versión aragonesa , p. 34. 261 C fr. F. MIQUE L ROSELL, Liber F eudo rum Maio r , vol.I , B arcelona, Consej o Superio r d e Investigacio nes Cientí ficas, 1945 , nº 1, p. 3 y A. UBIE TO ART ETA, Cartulario d e Sa n J uan de la Peñ a, vol.II , nº 172, pp. 219-221. 66 nítida a través de la exposición de lo que los documentos di cen sobre ciertos asuntos acontecidos durante el reinado de Ramiro I , con cretamente cuatro a modo de ejemplo. Volviendo sobre de unas de l as cu estiones trat adas recientemente, la mue rte de Ramiro I se muestra c omo uno de los acont ecimientos más paradi gmáticos de la realidad constatada en el último párra fo. En consonancia con lo dicho, el análisis de la problemática que present an las fuentes, especialmente las escritas, ha puesto en evidencia di cha contradicción en relación con el mencionado s uceso, puesto que, con otros fines, se han ido r ecogiendo las diferentes versiones que s e dan acerca de los distintas ac ciones que dese mbocan en el fatal desenlace, la muerte del re y aragonés. Seguidamente vamos a dedicarnos a reiterar algu nos de los datos ya ex puestos, pero lo consideramos n ecesario al o bjeto de corrobo rar l a i dea ex presada previ amente al i nicio del presente epígrafe, lo que justifica por sí solo tal cosa. Nuestra atención se focaliz ará en dos aspectos, la fecha concreta de la mu erte y los responsables de la misma en el curso de las circunstancias ya conocidas , una batalla. Ya se h a constatado pr eviamente en este mismo ca pítul o que l a práctica tot alidad de l os anales y las c róni cas medi evales sitúan el fallec im iento de Ramiro I en el año 1063. Sin embargo, ha y d os crónicas que se sep aran del resto: la versión aragonesa de la Crónica de San Juan de l a Peña y la Crónica najerense, que l o ubican respectivamente en 1062 262 y en 107 0 263 . Por ot ro lado , la inscrip ción epigráfica an alizada y un docume nto escrito en letra visi gótica coinci den con la ma y or parte de anales y crónicas al señalar el 106 3 como el año del fenecimiento de Ramiro I 264 . Sin embar go, otro di ploma, considerado original p or Antonio Ubieto Arteta y escrito p or uno de los escribas al servicio d e Ramiro I y su hijo, S ancho Porco, pres enta a Ra miro I con vida en el mes de marzo de 1064 265 . En cons ecue n cia, claramente comprobamos que ha y contradicció n entre las fuentes cronísticas y los actos j urídicos entre sí, hecho que aconseja una s eria reflexión antes de afrontar la reconstrucción del pasado. 262 C fr. C. OR CÁSTEGUI GR OS (ed itora), La crónica de Sa n Ju an d e la Peñ a (Versió n arago nesa). Edició n crítica , p . 34. 263 C fr. A . UBIET O ARTET A (editor ), Crón ica najerense , 2ª ed ., p . 1 10 y J . A. EST ÉVEZ SOLA (edito r), Chron ica Naierensis , p. 171. 264 Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e Edad Media de la Corona de Aragó n , 8, p. 78 y A. DUR ÁN GUD IOL, Colección diplom ática de la catedra l de Hu esca, vol.I , n º 28, pp . 47-48. 265 C fr. A. UB IET O ART ET A, Cartulario de Sa n Juan de la Peñ a, vol.II , nº 173 , p p. 221-22 3 y A. UBIET O ARTET A, Orígenes de los reinos d e Castilla y A ragón , p. 111. 67 Dejando y a a un lado de manera definitiva la muerte de Ramiro I h asta que nos refiramos a ella nuevamente en el capítulo correspondi ente, a contin uación trataremos otro de los asuntos en lo s que las fuentes di screpan en l o concerniente a los datos que contienen, en con creto vamos a hablar d el engrandecimiento patrimonial de los principales ce ntros mon ásticos del reino de Aragón, San Juan de l a P eña y San Victorián de S obrarbe. C onforme bien recordó I sabel Lape ña en su monografía sobre la primera de las dos abadías benedictinas c itada s, é stas incrementar on su patrimonio gracias a tres vías fundamentales: las donaciones, las compra-ventas y las permutas 266 . Sin embargo, una atent a mirada a los actos j urídicos relativos a ambos cenobios constata hechos discrepantes en lo qu e se refiere a la formación y evolución del dominio monástico. Comenzando por San J uan de la Peña, ha y dos hechos un tanto contradict orios, los cuales hacen referenc ia a sendas donaciones de Ramiro I a favo r de t al monasterio. Así, se c onserv an dos actos jurídicos por los qu e el citado monarca concede a San J uan de la Peña el cenobio de San Martín de Ci llas y la vi lla e i gle sia de San gorrín en 1 041 y 1056 respectivamente 267 . No obstante, lo s dos testamentos del propio Rami r o I reco ge n en su t enor documental la entrega de dicho monasterio y villa a San Juan de la Peña en 1059 y en 1061 268 . Cuando menos extraña que se r epita el mi smo acontecimiento dos veces en un periodo tan corto de ti empo, pues no estamos ante donación y c onfirmación posterior ni ante donación y confirmación de dos rey es dist intos 269 . Por lo tanto , 266 Cfr. A. I . LAPEÑ A P AÚL, El mo nasterio de San Ju an de la Peña desd e sus oríg enes hasta 1410 , Zaragoza, Caj a de Ahor ros de la Inm ac ulada, 1 989, pp. 63-125. 267 Cfr. A. UB IET O ARTET A, Cartulario de S an Juan de la Peñ a, vol.II , nº 100 y 1 22, pp. 86-89 y pp. 130 -132. Ha de aclararse que el primero de los dos do cum entos pr esenta una duplicidad de fechas en las copias conservadas, siendo la de 1041 la que está presente e n la más an tigua. L a otra corresponde a 1 049 y es la que pone Ub ieto en la edición de los doc um e ntos d e San Juan de la P eña. Cfr. R. VI RUETE ERDOZ ÁIN, Aragón en la época de Ramiro I, vol.II , n º 9. 268 Cfr. A. UB IET O ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peñ a, vo l.II , nº 150 y 1 59, p p. 177-18 1 y pp . 199-203. 269 En efecto, las fór mulas d iplomática s son bien claras y así s e constata en lo s mencionados doc um e ntos. En el caso de San Martín de C illas p odemos leer lo siguiente en los dip lom as d e 104 1 y 1 059: “ Per istum sermonem multum timuimus et timere semp er deuem us. E t idcirco uidimu s illo lo co bonu m et amenissimum ha bitan tium m onacorum qui d icitur Cella . E go Ra nimiro, gratia Dei rex, una cum con iuge mea domna Armisend a u el filiis mei s, offerimu s in ceno bio S ancti Iohann is Bab tiste ” y “ Per alia s uillas que n on potui mitere in Sancti Iohann is pro mea anima, mito ibi mona sterio que uocitant San cti Martini de Çella ”, mientras que e n l os d e Sangorrín de 105 6 y 106 1 encontramos esto : “ Ego Ra nimirus, Dei prouid entia Arago nensium rex , et u xor m ea Armisen da, fac imus h anc ca rtam do nationis et confirma cionis Domino Deo et B eato Iohanni Baptiste de Pinna . P lacuit nob is liben ti a nimo et spon tanea volun tate, p[ ro ] anim abus nostris et p arentum nostrorum, dona mus e t offerimus supradicto mona sterio San cti Iohan nis ad sustentacion em mo nachorum ibidem Deo seruienc ium, S ango rin popu lacionem 68 claramente apreciamos d ivergenc ias entre los propios actos jurídicos, lo que supone un problema importante a l a hora de se guir la evolución del patrimonio monástico d e San Juan de la Peña a mediados del siglo XI. En lo que respecta a San Victorián, también nos vamos a encontrar con una situación similar a la vista en San J uan de la P eña, pero de ma y or dimensión y extrañeza. En este sentid o, R amiro I donó a San Victorián de Sobrarbe en tres ocasion es en un periodo de catorce años, los que van del 1035 al 1049, las iglesias d e San Ginés de Giral, San Martín de Arasa nz y San L orenzo de Ar aost y el monasteri o de los santos Just o y Pastor de Orema 270 . Adem ás, en el caso de S an Martín de Arasanz y S an Lorenzo de Araost, el citado monarca las entregó dos veces en el año de 1035 271 . En relación con e llo, apreciamos también que Ramiro conc edió e n e l mismo intervalo temporal la iglesia de San Miguel de Basa, cercana al Gálle go, en cinco oc asiones 272 , de las que dos supuest amente también ocurrieron en el menc ionado 1035 273 . Asimism o, se trata en todos los casos de donaciones y no de donaciones y p osteriores confirmaciones 274 . En suma, las informa ciones contradictorias quedan puestas de relieve de forma evidente. Habiendo visto los casos particulares de S an J uan de la Peña y S an Vic torián, cabe señalar que esta extr añeza de variedad de donaciones del mismo objeto en periodos cortos de tiempo ti ene y a una ex plicación rápida gracias al trabajo de crítica textual y documental que e fectuaron tanto Antonio Ubieto como Ángel J uan Martín Duque. En relación con ello, l a ex plicación r adica en qu e dichas conce sion es se contiene n en nostram, cum omnibus termin is suis, et Sanctum Martinu m p arrochia lem ecclesiam d icte p opu lacionis de San gorrin, c um decimis, p rimiciis et oblacion ibus et om nibus a d eum p ertinentibus ” y “ Et posui per mea anima in San cti Io hannis Sancti An geli monasterio de Mazone s cum sua s terras et uine as et illa uilla qu e uocita nt Sango rrine, que sedeat in Dei seruiciu m ”. Cfr. A. UBIET O ART ETA, Cartular io de Sa n Juan de la Peña, vo l.II , n º 100, 122, 150 y 1 59, pp. 86-89, pp. 13 0- 13 2, p p. 177-181 y pp . 199 -203. 270 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQU E, Colecc ión dip lomática de San V ictorián d e So brarbe (1000-12 19) , nº 12, 13, 16, 17, 23 y 3 1, pp . 20-23, pp. 26-30, pp. 40-42 y pp. 50 -54. 271 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 12, 13 y 31 , pp. 2 0-23 y pp. 50-54 . 272 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 13, 16, 17, 23 y 31, p p. 22-23, pp . 26-30, pp. 4 0-42 y pp. 5 0-54. 273 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 13 y 31, p p. 22-23 y pp. 5 0-54. 274 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 12, 13, 16, 17, 23 y 31, pp. 20-23 , pp. 26-30, p p. 40-42 y pp. 50-54. 69 diplomas auténticos y falsificados 275 , de forma que las divergencias y las contradicciones desaparecen en el mismo momento en que dejamos de contar con las falsificaciones. Ahor a bien, esto no explica todas las discrepancias de l as fuentes, sino sólo las referentes a com entadas d e San J uan de la Peña y San Victorián concernientes a la evolución de su patrimonio. Aparte de lo di cho, estos documentos qu e r eflejan las concesiones de R amiro I a San Victoriá n de las mencionadas i gle sias per miten e ntrever también otra s erie de hechos qu e entran en a bierta contradicción con los datos disponibles en otros actos jurídicos de la m isma época . En concreto, dos de los diplomas de 1035 registran una permuta efectuada entre el re y y San Victorián por la qu e el primero dona la heredad de un clérig o en Secastilla al m onasterio y éste último da al rey un excusado en F osado 276 . Sin embargo, en la documentación fiable del rein ado de Ramiro I no aparece para nada que S eca sti lla p ertenezca a los territorios gobernados por el referido monarca, de manera que ha y que esperar al reinado de su hijo y su cesor, Sancho Ramírez, para qu e Secastilla se incorpo re al territorio aragonés 277 . Por lo tanto, nueva mente n o s encontramos ante un e je mplo d e contradicción en tre los diplomas que recogen los actos jurídicos efectuados a mediados del siglo XI bajo mandato de Ramiro I y que plantea la necesidad de estudiar con cuidado y minuciosidad la evolución patrimonial de los centros monásticos. Otro d e los asuntos en los que claramente se p erciben y se aprecian ci ertas contradicciones entre l as fuentes es e l concerniente a la familia de R amiro I . Prescindiendo de aquellos diplomas considerados falsificados por los historiadores citados, Antonio Ubieto y Ángel J uan Martín Duque, las divergencias que nos ofrecen las fuentes se focaliz an básica y fundamentalmente en sus esposas. Las crónicas y los anales sólo reflejan que Ramiro I cont rajo matri monio una vez con una mujer llamada 275 En e fecto, todos los do cumentos co mentados d e Sa n Vict orián so n falso s, mientra s que en el caso de San J uan de la Pe ña únicame nte lo s d atados en 104 1 y 10 56, lo s más a ntiguos de lo s cuatro analizados. Cfr. A. J. MART ÍN D UQUE, Colección diplo mática d e San Victo rián d e Sob rarbe y Santa María de Obarra (1000-1 219) , T esis Doc toral Inédita y A. UBIET O ART ETA, Cartula rio de S an Ju an d e la Pe ña, vol.II , nº 100 y 122 , pp. 86 -89 y pp . 13 0-132. 276 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 13 y 31, p p. 22-23 y pp. 5 0-54. 277 Cfr. R. VI RUET E E RDOZÁIN, A ragó n en la ép oca d e Ramiro I , vol.I y vo l.II , ca pítulo IX La s primeras ofensivas con tra lo s musu lmanes: 10 58-1064 y Apéndice do cumental y P. SÉN AC, La fron tière et les ho mmes (VII Ie-XII e siècle s) . Le peu plement mu sulman au n orde de l’E bre et les d ébuts de la reconq ête arag onaise , Paris, Maisonneu ve & Larose, 2 000, pp . 391-40 3. 70 Ermesinda 278 . S in embargo, los actos jurídicos ofrecen m ás datos y muestran la presencia de dos esposas en la vida de Ramiro I, la mencionada Ermesinda e Inés 279 . Estos ejemplos pertenec ientes a tres temas c on cretos d e los muchos que se pueden estudiar d el r einado de R amiro I dejan bien a las claras que las propi as fuentes que hemos conservado del periodo re flejan una serie de disc repa n cias entre ellas al ofrecer d atos distintos acerca de un a misma reali dad hist órica. Pre g untán donos por el origen, l as causas de tal s ituación han de buscars e a priori en tres factores principales: la falsific ación de docum entos, hecho qu e ha n puesto de manifiesto l os análisis parciales e fectuados por l os historiadores sobre cierta documentación, la manipulación existente en l as obras históricas medieval es al obj eto de adecuar los eventos a las i deas que se quieren expresar y los errores y fa llos históricos cometidos por los copistas o por los cronistas al componer crónicas y anales. 278 Cfr. C. ORCÁSTE GUI GR OS (editora ), Crónica de S an Ju an de la Peña (Versión aragonesa). Edició n crítica , p . 33. 279 Cfr. A. UBI ETO ART ETA, Ca rtulario d e Sa n Juan de la Peñ a, vol.I I , nº 69 y 11 1, p p. 19 -20 y pp. 105-108. 1 1 CAPÍTUL O III LA HISTORIOGR AFÍA Y SUS PUNTOS D E VI STA SOBRE EL R EI N A DO DE RA MIR O I Una vez analizadas las fuentes de manera exhaustiva en los dos c apítulos anteriores, en donde se ha puesto de manifiesto la exist encia de carencias importantes en el estudio de las mismas, cr eemos ahora conveniente tratar la historio grafía y las tesis que ésta ha emit ido ace r ca de los diversos acont ecimientos ocurridos en el reinado de Ramiro I. En este sentido, nuestra atención no se focalizará sobr e el conjunto de individuos que han escrito de Ramiro I desde el siglo X II , sino que se va a ce ntrar fundamentalmente en los historiadores del siglo XX y en los historiadores del arte qu e comenzaron su carrera pr ofesional en los últ imos años de la dictadura del General Francisco Franco Bahamonde. ¿Será nuestro repaso his toriográfico un estado de la cuestion? No. No entra en nuestros planes realizar un minucioso análisis e n el que se aborden las ideas d e los diversos historiadores y su cl asificación en distintas escuelas o tendencias historiográficas. Todo lo contrario, el verdade ro objetivo que queremos alcanzar consiste en pon er d e m anifiesto una se rie de raz ones y ar g umentos que demuestren d e una manera b astante e vidente l a n ecesidad de volver a efectuar d e nuevo la reconstrucción histórica del reinado de Ramiro I de Aragón. Asimismo, nuestra exposición se referirá úni camente y exclusivame nte a acontecimiento que ser án t ratados a continuación cuando afrontemos la reali zación de l a historia en l a última parte de la presente Tesis Doctoral, de for ma que no mencionaremos eventos como l a construcción de iglesias o la estratificación social. En relación con l o dicho, los contenidos de este capítulo los organizaremos en tres apartados dedicados a m ostrar un aspecto distinto de las opiniones historiog r áficas que contribuyan a conseguir nuestro objetivo. En virt ud de esto, e n primer lugar pondremos de manifiesto la divergencia de pareceres sobre unos ciertos hechos. A continuación, haremos ver los errore s que algunos historiadores han cometido al interpre ta r l a documentación, emple ando con ello una m etodología equivocada. Finalmente, 2 2 demostraremos que la a rgumentación de al guna s teorías no resulta sólida con l as fuentes disponibles en la actualidad. A ) DIVERGENCIA S ENTRE HISTORIADORES A LA HORA DE HISTORIAR LOS ACONT ECIMIENTOS DEL REINAD O DE RAMIRO I De acuerdo con l o dicho en la introducción del presente capítulo t res, en este primer apartado nos va mos a dedicar de manera exhaustiva a po ner de manifiesto que los hist oriadore s no se han mostrado unánimes a la ho ra de opinar igual acerca d e ciertos aconte cimientos pese a utiliz ar una misma documentac ión. P restando nuestra a atención a he chos de carácter netamente político, vamos a comprobar como los historiadores analiz ados ofrecen versiones diamet ralmente opuestas sobre el origen del Reino, la muerte de Ramiro I o bi en el juramento de Sancho IV y Ramiro I. 1.- L A DON A CIÓN DE S A NC HO III Y LA CRE A CIÓN DEL REINO DE A R AGÓN Buscando en la carpeta n úmero 697 de la S ección de Clero Regular-Secular de l Archivo Histórico Na cional, correspondiente al mo nasterio de San Jua n de la Peña, encontramos u n documento sin fe cha por e l que Sancho III de Pamplona dona a su h ijo Ramiro el territorio co mprendido entre Matidero y V adoluengo y lue go éste último realiza un juramento a su hermano García. Conforme señaló en s u día A ntonio Ubieto, “ tradicionalmente se ha repe tido qu e los r einos medievales de Castil la y Aragón nacieron por la voluntad de Sancho el May or, que di vidió su reino al morir. Ochocientos años continuados, durante l os cuales se ha repetido tal afirmación, ha incluido en la conciencia general esa creencia ” 1 . Gracias a las palabras de Antonio Ubieto, conocemos una teoría historiográfica en t orno a este hecho: S ancho III creó el reino de Aragón, y por extensión l os de Castilla y S obrarbe-Ribagorza, mediante el reparto de las tierras del reino de Pamplona 1 Cfr. A. UB IET O ARTE TA, “Estudios e n torno a la d ivisi ón del reino p or Sa ncho el M ayor”, Príncipe de Via na , 21, p . 5. 3 3 entre sus hij os. De acuerdo con la tradición, el hist oriador benedictino Jus to Pérez de Úrbel d efendió acérrimamente esta tesis en un artículo breve publicado en 1954 en la revista Hispania. Recha zando todas las ideas que habían puesto en cuestión esta opinión, l as cuales abord are mos en el si g uiente párrafo, Pér ez de Úrb el sost enía dicha teoría en dos argume ntos : que Sancho III institu yó antes d e su muerte a sus hijos e n los territorios en los que l e s uceder í an después, de forma que Garcí a, Fernando y Ramiro I fueron designados p ara e l gobierno en vida de su pa dre de Pamplona, Cast illa y Ar agón respectivamente y que tras el fallecimiento del citado monarca p amplonés cada uno actuó en calidad de re y y gu ardando buenas relaciones entre ellos según muestran los escatocolos de los diplomas otorgados en sus escribanías 2 . Frente a esta tesis, prim ero J osé María Ramos Loscertales y d espués A ntonio Ubieto desarrollaron una nueva teoría histo riográfica que venía a descartar la v ige n cia de la anterior entre los histo riadore s. Así, el primero de los dos, una v ez analizadas las normas fundamentales del derecho que s e apl icaba en aquella época en la zona pirenaica, afirmó que dic ha donación se hiz o conforme al derecho p rivado pirenaico y al derecho publ ico del reino, lo que se plasmó en la concesión a R amiro I de unas tierras de l a honor real pamplonesa y en la transmisión de tod o el poder sobre la mencionada honor a García, el hijo primogénito habido en l egítimo matrimonio. Por t anto, para Ramos L oscertales este acto de S ancho III no pr ovocó el nacimiento jurí dico del reino de Aragón 3 . Profundiz ando en este línea de razonamiento, Antonio Ubieto tambi én creyó qu e S ancho III repartió la tierra entre sus hi jos pero no el pod er que se ej ercía sobre la misma, de ma nera qu e G arcía III su cedió a S ancho III en la t otalidad del territorio que dicho m onarca había gobernado, quedando por ello sus hermanos sometidos a su autorid ad pese a controlar Fernando Castilla, Gonz alo Sobrarbe- Ribagorza y Ramiro Ar agón. Antonio Ubieto apo y ó esta tesis en cuatro argumentos principales: la aplic ación del derecho públ ico y p rivado pirenaico, el jura mento hecho 2 Cfr. J. PÉREZ D E ÚRB EL, “La divi sión de l reino po r Sancho el Ma y or” , Hispa nia , 54, (Mad rid, 1954), pp. 3-26. 3 Cfr. J. Mª. R AMOS LOSCE RTALES, “La suce sión de Al fonso VI”, A nuario de Historia del De recho Español , 6, (Madrid, 1935-1941 ), pp. 5-107 , concreta m en te pp. 72-76 . Asimismo, la formulación d esde antiguo de la teo ría tra dicional resp onde, se gún Ra mos Loscerta les, al intento efectu ado p or a lgú n individuo de explica r la suce sión de Sa ncho III partiendo de una realidad en la que Aragó n y Castilla ya eran r einos i ndependientes y co nsolidados. En otro orden de co sas, más ad elante Ram o s Loscertales siguió reafirmándo se en s u teoría. Cf r. J. Mª. RA MOS LOSCERT AL E S, “Los hijos de Sancho III en lo s relato p oéticos”, Filolog ía , 2 , pp . 49 -64 y J . Mª. RAMOS LOSCERT ALES, El reino de Aragó n b ajo l a dina stía pamp lonesa , Salamanca, Universidad de Sala m anca , 19 61, pp. 57-60. 36 3 Por consiguiente, sólo e l m encionado tipo permite una comparación entre diplomas originales y copi as, lo que hace posible el conocimiento de las modificaciones realizadas por los copistas en el proceso de transmisi ón textual. Asimismo, dentro de las cartas jurídicas sólo se analizaran los docu mentos emanados de la escribaní a de Ramiro I, es deci r, los otorgados po r él. La r azón d e ello estriba en que al go más de la m itad de los pocos documentos originales conservados fueron es critos por los escribas del mencionado mo narc a aragonés 150 , lo que facili ta la citada comparación entre diplomas originales y copias si tenemos en cuenta que disponemos del estudio de la escribanía de Ramiro I 151 , gracias al cual conocemos dich o tipo documental y otros aspectos del mism o que ahora no nos interesan. Ramiro I dona al monasterio de San Salvador de Oña la vil la de Rúbena 152 . Este documento presenta varias alteraciones respecto al esquema habitual de l as cartas cancillerescas de contenido jurídico. En primer lugar d estaca la ex istencia de un larg o p reámbulo, fórmul a que no aparece en ninguno d e l os dipl omas originales de Ramiro I . En dicho pr eámbulo, el monarca a r agonés indi ca con total prec isi ón los límites de la vil la de Rúbena después de haber relatado que su p adre , Sancho III, le donó el citado lugar 153 . Por otro lado, posteriormente se observa qu e las sanciones para quien i ncumpla lo contenido en el tenor documenta l no se ubican e n una misma cláusula. En este sentido, la sanción espiritual, p ropia en los do cumentos de Ramiro I figura correctamente precediendo a la dat a; sin embargo, la sanción pecuni aria, ause nt e en los orig inales ra mi renses conser vados, se halla ce rrando el diploma, siendo la m isma fruto del acuerdo de todos los reyes y seniores citados en el escatocolo. Desde nu estro punto de vista, las dos alteracione s de la estructura docum ental existentes en el presente documento no s inducen a pensar que la escribanía de Ramiro I no redac tó dicho do cumento. Por lo tanto, partiendo de que el ben eficiario del mismo 150 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 151 Cfr. R. V IRUET E ERDOZÁI N, Estudio crítico d e la cancillerí a del rey Ramiro I de Arag ón , pp. 73- 106. 152 Cfr. J. DEL ÁLAMO, Colec ción diplo mática de San Salvador de Oña (822-1284 ) , nº 34, pp. 62-64. 153 E n efecto, Sancho III de P am p lona le dio Rúbena a su hijo Ra miro hacia 10 35, a l mismo tiempo que le concedía e l tr acto terr itorial compre ndido entre Matid ero y Vadoluengo, lo que d enominamos reino d e Aragón. C fr. A. UBI ETO AR T ETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.I , nº 66, pp. 185-187. 37 3 fue el monasterio d e San Salvador de Oña, opi namos que el diploma se e scrituró en el mencionado c enobio burgalés, lo que justificamos a continuación. Tanto Pilar Blanco como Andrés Gambra ha n puesto de manifiesto q ue los m onasterios castel lanoleoneses tuvieron un activo papel en la expedición de los documentos regios, especialmente en los de ma y or s olemnidad 154 . Además, en el fondo documental de Oña ha y un documento de Garcí a III de Náje ra que, debiéndose datar en abril de 1045 155 , tiene una roboración similar a l a presente en el de Ramiro I 156 , lo que contribuye a confirmar la autoría de S an Salvado r d e Oña para el diplo ma ramirense. Finalmente, conviene recordar qu e en novi embre de 1044 Ramiro I se reunió con sus dos he rma nos, Gar cía y Fernando, en t erritorio c astellano 157 , luego no ha de resultar ex traño que J imeno, escriba encargado entonce s de la esc ribanía, no viaja ra con él. En consecuencia, los t res argumentos expuestos parecen corroborar q ue Ramiro I solicitó al monasterio de Oña que expi diera el documento por el qu e le concedía la villa de Rúbena, hecho que expl ica también las diferencias analizadas. Ramiro I dona e ingenua a Mancio Dat y a su fami lia una tierra para sembrar y la casa que había pertenecido al pastor Fort ún de Íñigo 158 . Este documento pos ee también un preámbulo, a lgo más corto que el anterior, e n el que s e info rma del delito que cometió el p astor Fortún de Iñigo, el anterior propietario de l a casa que Ramiro I dona a Mancio Dat y su fa mil ia. El citado preámbulo se ubica antes de la ex posición y siguiendo a la mención de l a casa objeto de concesión 159 . Nuevamente re iter amos que ninguna c arta o riginal emanada d e la escribanía de Ramiro I lleva pr eámbulo en el tenor docum ental 160 . Una se gunda alteración d el presente di ploma es la referente a la naturaleza del acto jurídico que 154 Cfr. P . BLAN CO LOZANO, Colec ción dip lomática de Ferna ndo I, (1037 -1065) , p. 16 y A. GAMBR A, Cancillería, cu ria e imperio , p p. 106 -107. 155 Cfr. J . DE L ÁLAM O, Colecc ión d iplomática de S an Salva dor de Oñ a (822- 1284 ) , nº 35 , pp. 6 4-67. E l docu m ento de García II I tiene que ser a nterior a la co nquista de Calaho rra, y a q ue aparece el o bispo de Sancho de Náj era, q ue fue ob ispo de d icho lugar hasta 104 6, puesto que la sed e se tr asladó a Calahorra tras su co nquista e ntre el 10 de ab ril y el 3 0 de abril de 1 045, siendo dotad a la sede por Garc ía III en e sta última fecha. P or c onsiguiente, dicho do cum e nto se expid ió en 10 45 y no en 104 8. 156 Cfr. J. DEL ÁLAMO, Colección diplo mática de San Salvador de Oña (82 2-1284) , 19 50, nº 35, pp . 64- 67. 157 Cfr. J . I. RODRÍG UEZ DE L AMA, Colección diplomá tica medieva l de La Rioja , Logroño, Instituto de Estudio s Riojanos, 1 976, n º 4 , pp. 2 7-29. 158 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 6, p . 148. 159 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 6, p . 148. 160 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 38 3 recoge la carta y el objeto documental, las cuales se ubica n si empre al inicio del dispositivo documental; sin embargo, en este do cumento se intercalan respectivamente entre la intit ulación y la dirección y l a direcci ón y el preámbulo 161 . Por último, se constata también que el copista no copió la suscripción del escriba, cláus ula que figura en la totalidad de los originales salvo en uno 162 . Ramiro I confirma a Apo Galíndez y a su mujer Sancha una viña en Castejón de Sos que había sido propiedad de la condesa Mayo r de Ribagorza 163 . La alteración de este documento se encuentra en la motivación del mismo, y a que no sigue la form a habitual en los diplomas ramirenses. En efecto, en vez de aparecer uni das todas las causas que j ustifican l a realización del acto jurídico entr e l a dirección y el dispositivo, la exposición del presente documento fi gur a en d os partes. La primera de ellas, en donde se hace constar la libre voluntad del m onarc a, se ubi ca en la posición habitual, es decir, entre la direccion y el dispositivo d ocumental, mientras que la referencia a los servicios prestados y a los que se efectuarán en el futuro, el ot ro motivo, se halla entre el dispositivo documental y l a fórmula de fir meza del acto jurídico que suele i r al fi nal del Texto junto con las sanciones o bien en solit ario 164 . Aún tenemos ot ra alteración, pero al ser de carácter cr onológico la trataremos en el capítulo dedicado a la datación de los documentos 165 . Ramiro I de Aragón ingenua a Galindo, prior del monasterio d e San Juan de la Peña, la casa de sus padres con toda la heredad de la misma 166 . En la estructura do cumental del presente diploma tan sólo se observa una posición anómala en l a sanción espiritual. En efecto, l a pena reservada pa r a qui en contraviniera el a cto jurídico rea li zado por R amiro I a f avor d el prior d e San Juan de la 161 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, R amiro I de Aragón (1993 ) , nº 6 , p. 148: “ ego Ran imiro, S antion i reg is filio, d e ien uation is seu c onfirmationis tib i Mansco Date e t cun cte prog enie tue de illa ca sa qu e fuit de Furtun go de Enne co pastor ”. 162 Cfr. A. UBI ET O ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vo l.II , nº 111 , p p. 10 5-108 y R. VIRUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo V Lo s docu mentos autén ticos . 163 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (siglos X I-XIII ) , nº 119, p. 106 . 164 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (siglos X I-XIII ) , nº 119, p. 106 . 165 Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, A ragón e n la épo ca de R amiro I, vo l.I , capítulo VI La crono logía: sistemas de có mputo del tiempo y datación de los documen tos . 166 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93. 39 3 Peña, la estancia en el infierno con Judas, está ubicada en la pa rte final del documento, concretamente detrás del regnante y precediendo a la suscripción del escr iba, hec ho que contrasta claramente con la ubicación que habitualm ente suele tener en los originale s, donde cierra el t exto y prece d e a la d ata 167 . En consecuencia, y se gún lo vis to en el capítulo anterior de esta Tesis Doctoral, la sanción espiritual debe figura r cerrando el Texto antes del comienzo de la data 168 . Ramiro I dona al obi spo García de Aragón la iglesia de San Felipe de Lar besa e inmediatamente éste último se la concede al mon asterio de San Juan de la Peña 169 . Este documento tiene más variac ion es comparán dolo con el anterior. En prim er lugar, posee la fórmula de i nviolabilidad del acto jurídico tras la int itulac ión 170 , lo que no es correcto en rela ción con los doc umentos originales, y a qu e di cha cláus ula, cuando figura, se suele lo calizar, al igual que la s anción espiritual, cerrando el Tex to antes del inicio d el escatocolo con la data 171 . Enlaz ando con esto, la ubic ación de la f echa también se encuentra alterada, ya que aparece al fi nal del diploma, concre t amente detrás de la roboración y de la donación efectuada por el obispo García 172 y no al principio de l mencionado protocolo final como debería s er 173 . P or último, aún s e observa otra tercera modificación, el no haber copiado la susc ripción del escr ib a 174 , que consta en todos lo s originales salvo en uno 175 . Ramiro I dona al señor Jimeno Blázquez la villa d e Asa 176 . 167 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93. 168 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 169 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 109 , pp. 101-102. 170 Cfr. A. UBI ETO AR T ET A, Ca rtulario de San Juan de l a Peña, vol.II , nº 109, pp. 101-102 : “ ego Ranim irus, Sanctio ni regis filius, fieri iussi, et ho c est rebus do nationis titulus in qu o nemo po test actum largitatis in rumpere ”. 171 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 172 UBI ETO ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vol.II , nº 1 09, pp. 101 -102. 173 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 174 UBI ETO ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vol.II , nº 1 09, pp. 101 -102. 175 Cfr. A. UBI ET O ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vo l.II , nº 111 , p p. 10 5-108 y R. VIRUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los documen tos auténtico s . 176 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 12, pp. 151-152 . 40 4 Este documento, que repite la estructura del o riginal hecho el 21 de abril de 1059 a favor de Sancho Galí ndez, po see una fórmula de motivación de la que carece el diploma otorga do a éste último 177 . Aunque la exposición suele figurar generalmente antes de l inicio del dispositivo documental, aquí aparece dentro d el mismo tras la dirección 178 . De acuerdo con esto, y t eniendo en cuenta que la presente copia f ue efec tu ada por el escriba de Ramiro I Sancho P orco, debería admitirse una se gunda ubicación para la ex posición, concretamente dentro del dispositivo cuando la dirección también se incluya en él y en una posición inmediatamente posterior a dicha cláusula. Munia de Val deminuta, hij a del senior Iñigo Lóp ez de Bergua, dona a Ra miro I una viña en Senegüé a causa de un pleito por Oriol Jiménez 179 . La sola y úni ca variación que se observa en este diploma afecta a la cláus ula de la cronología, ya que la mi sma figura a continua ción de la roboración del otorgante en lugar d e apare cer al inicio del protocolo final o escatoc olo, su posi ción habitual en el tipo documental de las cartas cancillerescas de contenido jurídico 180 . Ramiro I y Sancho Ra mírez donan a Santa M aría de Arguilaré la vill a del mismo nombre y simult áneamente, como compensación, le conceden al castro de Ruesta lo que recibió el rey de García Tíl iz por el prohijamiento 181 . Desde el punto de vi sta de l a estructura documental, este diploma ti ene una importante alteración en comparación con las cláusulas exis tentes habitualmente en las cartas cancillerescas de contenido jurídico, se trat a conc retamente de l a exist encia de un preámbulo, fórmula que suele estar ausente d e las C artas s egún y a se ha dicho 182 . A diferencia de los dos ante riores comentados, el p reámbulo del presente d ocumento se caracteriza por poseer un carácter religioso, puesto que alude a la destr ucción de las iglesias realizadas por l os musulmanes y a la d inámica de reconstrucción que intent a 177 Cfr. A. DURÁN GUDIO L, Colección diplomá tica de la catedral de Huesca , vol.I , n º 18, pp. 34-35 y A. DUR ÁN GUDIOL, Ra miro I de Aragó n (1993) , nº 12, pp. 151-152 . 178 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 12, pp. 151-152 . 179 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210. 180 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210. 181 Cfr. A. HIG OUNET -NADAL ET AL II , Grand Cartulaire de La Sauve-Maje ure , nº 1240, p . 709. 182 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 41 4 llevar el r ey de Ara g ón con la a y ud a de Dios, e n donde la dona ción a S anta María de Arguilaré representa un paso dentro de la misma 183 . b) INTERPOLACIO NES Y ADICIONES EN LOS DOCUMENTOS Vistos los cambios en la estructura d ocumental de los diplomas conservados en copia, abord are mos ahora las palabr as que los copis tas añadieron en los documentos y que no constab an en un principio en los originales. Al i gual que en el epígrafe anterior, y escudándonos en la misma razón, no s centraremos únicamente en los diplomas otorgados por Ramiro I, y a qu e s u an álisis se hace más factible al ex istir un estudi o de su escribanía. En ot ro or den de cos as, a lo largo de las siguientes líneas se irá viendo que el grado de adiciones e interpolaciones varí a de un documento a otro. Así, m ientras alguno fue objeto de la introducción d e vari as palabras, otros apen as sufrieron modificaciones en el contenido del tenor documental. En primer lu gar, y antes de comentar una por una l as fuentes objeto d e análisi s en este epí gr a fe, deb e señalarse que algunas copias de los do cumentos e xpedidos por la escribanía de Rami ro I tienen tras la invoc ación una frase en la qu e se di ce que el otorgante mandó hacer el di ploma sobre el obj eto documental en cuestión. La estru ctura de di cha proposición suele ser la siguient e: el nombre del documento, car ta, precedido del pronombre demostrat ivo su jeto y d el verbo, l a inti tulación, la dirección y el obj eto documental; sin embar go, en ocasiones la citada compartimentación tan só lo llega hasta la intitul ación, siendo su stitui da por otras fórmulas la direcc ión y el objeto documental. A continuación extractamo s los pasajes de tr es dipl omas a fin de ej emplificar lo que se acaba de ex poner: “ Hec est carta que f eci ego Ranimiro, Santioni regis fili o, de ienuationis seu confirma ti onis t ibi Mansc o Date et cuncte progenie tue de illa casa que fuit de Furtungo de Enne co pas tor ” 184 , “ Hec est carta que fecit una domna domna Munna \de Uald[e] minuta/, filia de senior Enneco Lu pi de \Bergua/, ad regi domno Ranimiro pro uno plecto que abebat pro Arioli Sceme non es, que occideru nt ” 185 y “ Hec est scedula qua m ego Ranimirus , Sanctioni re gis fil ius, fieri iussi, et hoc est r ebus 183 Cfr. A. HIG OUNET -NADAL ET AL II , Grand Cartulaire de La Sauve-Maje ure , nº 1240, p . 709. 184 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 6, p . 148. 185 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210. 42 4 donationis titulus i n quo nemo potest actum largitatis inrumpere ” 186 . Desde nuestro punto de vista, la mencionada oración era redactada de forma i ndependiente por el copista a la hora de copiar el diplom a origin al, puest o que l os ori ginale s nos demuestran que después de l a inv ocación vienen l a int itulación y l a dirección sin ningún tipo de nexo, mientras que el objeto documental aparece en el dispositi vo 187 . La monja Liedra dona a San Miguel y a San Úrbez sus pr opiedades en Cort illas, Satué, Orban, Scellue y Casbas de Jaca. Pos teriormente, Aznar de Osan intenta recuperar dicho patri monio y tiene pleito en Senegüé con Blasco, abad d e San Juan de la Peña, ante Ramiro I, quien fall a a favor del cenobio pinatense. Aznar Garcés y su esposa Oneca dan al monasterio d e San Juan de la P eña todo el patrimonio que tenían en Aragul y en Arrena 188 . Según los datos del docu mento, en 1038 y en 10 40 Rami ro I rein aba en Aragón y en Sobrarbe 189 , lo cual n o fue cierto 190 . Teniendo en cuenta la corrección del resto d e informaciones que en ell os se contienen 191 , consideramos que los monjes de San Juan de la Peña qu e copiaron este diploma cometieron un error al es cribir Sobrarbe junt o al territorio de Aragón asociado a Ramiro I. Ramiro dona e ingenua a Ato Galíndez la heredad q ue perteneció a Spotosa de Larués y a su hijo el presbítero Ato 192 . 186 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 109 , pp. 101-102 187 Cfr. A. UBI ETO ART ETA, Ca rtulario d e Sa n Juan de la Peñ a, vol.I I , nº 84 y 11 1, p p. 56 -57 y pp. 105 -108; A . DURÁN GUD IOL, Colección diplomá tica de la catedral de Huesca , nº 16 y 18 , p. 32 y p p. 34-35 y A. DUR ÁN GUDIOL, Ramiro I de Aragó n (1993) , nº 9 , p. 150. 188 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 92, pp. 68-69. 189 C fr. A. UBIET O ARTE TA, Cartulario de Sa n Juan de la Peña, vol.II , nº 92, p p. 68-69: “ rex domnu s Ranim irus tenens reg imine potestatis in Aragon e et in Sup rarbi ”. 190 En e fecto, ha sta el segundo se m e stre de 1 043 Ra m iro I no se hizo c on e l control d e Sob rarbe y Ribagorza, lo q ue fue posible gracias al nuevo pa cto alcanzad o co n su hermano García I II de Pa m plo na. Cfr. R. VI RUETE ERDOZÁIN , Arag ón en la época d e Ramiro I, vol.I , capítulo VI I Orígenes y límites territoriales d el Reino de Aragó n: 1035-10 44 . 191 Co n e sto nos q uere m o s referir a los territorio s gobernado s por Garc ía II I de Pamplona y Fernando I de Castilla, quie nes efectiva mente r einaban e n 104 0 en los ter rito rios señalados po r el docu mento. Cfr. A. UBIET O AR T ET A, Cartulario de San Juan de la Peña, vo l.II , nº 92, pp. 68-69: “ rex domnu s Garsea in Pamp ilonia et in N a gera seu in Alaba et in Castella , et frater eorum domnus Fredina ndo in Legio ne et in Galletia ”. 192 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 81, pp. 51-52. 43 4 Este documento, redactado y copiado por el es criba J imeno 193 , presenta una interpolación achacable a éste en relación c on el contenido de los documentos originales; concretament e se t rata de la inclusi ón de la palabra “ rex ” en la intitulación y en el dispositivo docume ntal: “ Ranimirus rex, San cioni regis filius ” 194 y “ ego Ranimirus rex ” 195 . Según demostró Ubieto y conforme se ha comp robado en el capítulo anterior, en la intitul ación de Ramiro I nun ca aparece la palabra “ rex ”, la cu al tan sólo la vemos figurar en la c láusula del regnante 196 . Además de la comentada, Ji meno no realizó ninguna otra adición en el tenor documental. Ramiro I dona al monasterio de San Victorián la décima part e de las pa rias que percibe en la circunscripción musulmana de Barb astro 197 . Este documento, como e l anterior, tan s ólo tiene una p equeña i nterpolación, la cual h a d e buscarse en la parte final del mismo, concr etamente en la suscripción del escriba. Habi endo sido r edactado en su momento por Jimeno, la fórmula de sus cripción reza lo si guiente: “ Ego Eximinus scriptor regis hanc cartam s cripsi ” 198 . Comparándola con la conservada de J imeno en los diplom as orig inales, “ et ego Eximinus, qui hanc carta scribsi per iussionem domni mei et de manu mea signum [signo] fe ci ” 199 y“ Ego Eximinus [scripsi] et de manu m ea hoc signum (signo) feci” 20 0 , observamos que las palabras “scriptor regis ” 201 ex istentes en el documento que analizamos no corresponden a Ji meno, siendo por tanto una inte rpolación. En efecto, las mencionadas palabras constan en l a sus cripción habitual de Sancho P orco 202 , sucesor d e Jim eno al frente de la escribanía de Ramiro I de Aragón. 193 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 194 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 81, pp. 51-52. 195 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 81, pp. 51-52. 196 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos . 197 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 24, pp. 42-43. 198 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 24, pp. 42-43. 199 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 84, pp. 56-57. 200 Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 9, p . 150. 201 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 24, pp. 42-43. 202 Cfr. A. D URÁN G UDIOL, Colección diplo mática de la catedral de Huesca, vo l.I , nº 18, p p. 34-35 : “ Et ego S ancio scribtor q ui pro iussion em d omini mei ista carta scribsi et d e manu mea h oc signu m (signo) feci ”. Entre lo s diplo mas originale s de él existe alguna li gera varia nte co m o sustituir “ istum ” po r 44 4 Ramiro I confirma a Apo Galíndez y a su mujer Sancha una viña en Castejón de Sos que había sido propiedad de la condesa Mayo r de Ribagorza 203 . Este documento, de l a misma forma que el primero analizado en el presente epígrafe, posee li ge r amente interpolada la i ntitulación. Efectivamente, en dicha cl áusula figura l a palabra “ rex ” e ntre e l nombre de Ramiro y la filiac ión del mi smo: “ Ego Ranimirus rex, Sancionis regis filium ” 204 . Por últ imo, aún hay que reseñar otr a adición, más conc retamente en l a data. Si n emba rgo, ést a será estudiada más a delante en el capítulo correspondiente a la datación 205 . Ramiro I de Aragón ingenua a Galindo, prior del monasterio d e San Juan de la Peña, la casa de sus padres con toda la heredad de la misma 206 . Nuevamente encontramos en este documento idéntica casuística a la del anterior. De acuerdo con l o dicho, la intit ulación del presente di ploma está i nterpolada, concretándose la únic a adición hech a por el copista en la in troducción de la palabra “ rex ” tras el nombre d e Ramiro I, lo que pre cede a la ex presión de la filiación del mismo: “ Ego Ranimirus rex, filius Sancionis regis ” 207 . Ramiro I de Aragón ing enua a Sancho de Puibolea sus propiedades y las que pudiese tener de sus parientes y establece que reciba algunas casas cuando se conquiste Bolea 208 . De la mis ma manera qu e en el docum ento de S an Victorián po r el que Ra miro I concede al citado m onasterio el diezmo de las parias qu e obti ene en el distrito de “ hoc ”, lo q ue s ucede e n el pr imer origi nal d e él que se c onserva. Cfr. A. DURÁN GU DIOL, Colección diplo mática d e la catedral de Huesca , vol.I , nº 16, p. 3 2. 203 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (Sig los XI-XI II) , nº 11 9, p. 106. 204 Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (Sig los XI-XI II) , nº 11 9, p. 106. 205 Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, A ragón e n la épo ca de R amiro I, vo l.I , capítulo VI La crono logía: sistemas de có mputo del tiempo y datación de los documen tos . 206 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93. 207 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93. 208 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 145 , pp. 167-168. 45 4 Barbastro 209 , este dipl oma t iene también una li g era interpolación en la sus cripción de l escriba. Si c omparamos la existente en el documento que a ho ra nos ocupa con la habitual de Sancho Por co, “ Ego scribano S ancio, qui hanc carta scripsi et de manu mea hoc signum feci ( signo ) ” 210 y “ Et ego San cio scribtor qui pro iussionem domini mei i st a carta scribsi et de manu mea hoc signum ( sign o) f eci ” 211 , observamos que la adición del copista es la palabra “ scribano ”, l a cual antecede al nombre del escriba, cu ando habitualmente figura detrás. Aparte de esto, ya no se constatan más interpol aciones e n el presente diploma, aunqu e volveremos nuevam ente sobre él en el capítulo dedicado a la datación de los documentos 212 . Munia de Val deminuta, hij a del senior Iñigo Lóp ez de Bergua, dona a Ra miro I una viña en Senegüé a causa de un pleito por Oriol Jiménez 213 . La s adi ciones en este documento son prácticamente mínimas, ya que sólo afec t an a la dirección, en la que s e observa la presencia de la preposición “ ad ” precediendo al indivi duo beneficiario del diplom a 214 , hecho que no se da en ning uno de los originales emanados de la escribanía de Ramiro I que se han conservad o. Ramiro I d e Aragón co ncede ingenuidad a la casa de Agila de Fal ces y le entrega la mitad de una f ortificación en el término de Fals s i la construye y la puebla 215 . La interpolación exist ente en este documento la vemos en la parte final, concretamente en la suscripción del escriba, tal co mo dos de los diplomas ya analizados previamente. P rocediendo a cotejar el contenido de dicha cláusula en l os originales escritos por S ancho Porco, “ Et ego Sancio scribtor qui pro iussionem domini mei ista 209 Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s autén ticos y c fr. A. J. MAR TI N DUQUE, Colec ción diplomática del monasterio de San V ictorián d e Sob rarbe (1000- 1219) , nº 24 , pp. 42-43. 210 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 145 , pp. 167-168. 211 Cfr. A. DURÁN GU DIOL, Colección diplomá tica de la c ated ral de Hu esca, vol. I , nº 16 y 18 , p . 32 y pp. 34-35. 212 Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, A ragón e n la épo ca de R amiro I, vo l.I , capítulo VI La crono logía: sistemas de có mputo del tiempo y datación de los documen tos . 213 Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210. 214 Cfr. A. UBI ETO ARTETA, Cartula rio de San Juan d e la Peña, vol.II , n º 165, pp. 20 9- 21 0: “ ad regi domn o Ranimiro ”. 215 Cfr. J. YELA UTRIL LA, El ca rtulario d e Roda , nº 1, pp. 17-18. 52 5 El monje Ato Geremias dona al monasterio de San Victorián un campo y una suerte de viña 252 . Banzo Spata y su mujer Vui rana donan al monasterio de San Victorián una tierra en Fosado 253 . Garuzo, abad de San Vic tori án, compra a Vita Mayor y su mujer Be lla una viña en Escorrui 254 . Garuzo, abad de San V ictorián , compra a Ariolfo y a su mujer Imitaira una tierra en Santa María 255 . Garuzo, abad de San Victorián, compra a Mancio Raisin y a su mujer Menosa una tierra en Plano 256 . Garuzo, abad de San Vi ctorían, compra a Dura ndo, presbítero de San V icente, una viña en dicha l ocalidad por 16 sueldos, los cuales paga en especie con una casa y cuatro ovejas con sus corderos 257 . Sender compra a García una t ierra en el castro de San Martín 258 . Sender compra a Dacolina y a sus hijos una ti erra en el c astr o de San Martín 259 . 252 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 44, pp. 64-65. 253 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 46, pp. 66-67. 254 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 49, pp. 68-69. 255 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 50, pp. 69-70. 256 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 51, p. 70. 257 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 48, pp. 67-68. 258 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 47, p. 67. 259 Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe (1000-12 19) , nº 40, pp. 62-63. [Document text truncated for crawler view.]