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Abstract
La tesis consta de tres partes. La primera es un estado de la cuestión donde se justifica la necesidad de estudiar nuevamente el reinado de Ramiro I. La segunda aborda el estudio crítico de la documentación escrita coetánea del monarca, datada entre los años 1035 y 1064. Finalmente, la tercera es una interpretación histórica de la evolución territorial del reino de Aragón. Asimismo, se adjunta la edición de la documentación con sus respectivos índices onomásticos Viruete Erdozáin, Roberto; Cabanes Pecourt, María Desamparados
Full text
ROBER T O VIRUET E ERDOZ ÁIN
ARAGÓ N
EN LA ÉPOCA D E
RAMIRO I
VOLUMEN I
ÍNDICE GENERAL
1
2
VOLUMEN I : ESTUDIO CRÍTICO DE LA DOCUMENTA CIÓN E
HISTORIA DE A RAGÓN ( 1035- 1064)
INTRO DUCTION G ÉNÉRALE p. 7
PARTE I p. 15
CAPÍTULO I: El Aragón de Ramiro I: relación de fu entes disponibles y
publicaciones p. 19
A) Tipología y relación de fuentes e scritas, arqueológicas y m o numentales p. 20
B) Edición y publicación de fuentes escritas, m o num e ntales y arqueológicas p. 60
CAPÍTULO II: Las fuentes h istóricas del r einado de Ramiro I: problemática y
estudios de la historiografía p. 89
A) Estudio historiográfico de las fuentes p. 89
B) Problemática y credi bilidad histórica de las fuentes de época ra m irense p. 138
CAPÍTULO III: La historiografía y sus puntos de vi sta s obre el reinado de Ra m iro I
de Aragón p. 159
A) Divergencias entre hist oriadores a la hora de historiar los acontecimientos del
reinado de Ramiro I p. 160
B) Errores y fallos e n la m anera d e trabajar l a docu m entaci ón: m etodología e
interpretación de los docum entos p. 179
C) Crítica razonada de una teoría bien fundada: la expansión aragonesa e n tiempos de
Ramiro I p. 207
CONCLUSIONES DE LA PARTE I p. 223
PARTE II p. 227
CAPÍTULO IV. Los documentos auténticos p. 231
A) Los documentos originales del reinado de Ram iro I p. 231
B) Documentos conservados en copias p. 262
3
CAPÍTULO V. Las falsificaciones p. 293
A) Criterios para el descubrimiento de falsificaciones p. 295
B) Las falsificaciones del reinado de Ram i ro I p. 304
C) El valor histórico de las falsificaciones p. 350
CAPÍTULO VI. La cronología: s iste m as de cómputo del tie m po y datación de
documentos p. 361
A) Los sistemas de dataci ón en Aragón en el siglo XI p. 362
B) La datación de los docu m entos sin fecha o con fecha errónea p. 376
CONCLUSIONES DE LA PARTE II p. 463
PARTE III p. 465
CAPÍTULO VII. Orígenes y límites terr itoriales del Reino de Aragón: 1035-1044
p. 469
A) El territorio inicial del nuevo Reino de Aragón en 1035 p. 470
B) Ramiro I: re y de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza p. 495
CAPÍTULO V III. Infraestructura m il itar, organización de la frontera m eridional y
estrategia expansiva p. 531
A) Las parias del distrito de Barbastro p. 532
B) Infraestructura militar y organización de la frontera meridional p. 556
CAPÍTULO IX. Las primeras ofensivas con tra los musulmanes: 1058-1064 p. 625
A) Las tentativas expansionistas en el distrito de Huesca: el sector de Bol ea p. 625
B) La preparación de la c onquista del distrito de Barbastro p. 636
C) El asalto y conquista de la ciudad y del distrito de Barbastro p. 653
CAPÍTULO X. La consolidación del Reino y el fortalecimiento del poder regio p. 681
A) La fidelidad y el apo y o de los nobles y de la Iglesia p. 682
B) La creación de una dinastía: corregencia y sucesión de Ramiro I p. 722
4
C) La s relaciones con el re y de Pamplona: el respecto a su autoridad y al vasallaj e
establecido p. 761
CONCLUSIONES DE LA PARTE III p. 797
CONCLUSIONS GÉNÉRAUX p. 805
BIBLIOGRAFÍA p. 819
VOLUMEN I I: DOC U MEN T OS DEL REI NADO DE RA MIRO I
NORMAS Y CRITERIOS DE LA EDIC IÓN DE DOCUMENTOS p. 857
DOCUMENTOS p. 871
ÍNDICES ONOMÁSTICOS p. 1279
ÍNDICE ANTROPONÍMICO p. 1281
ÍNDICE TOPONÍMICO p. 1387
5
ÍNDICE GENERAL
1
2
VOLUMEN I : ESTUDIO CRÍTICO DE LA DOCUMENTA CIÓN E
HISTORIA DE A RAGÓN ( 1035- 1064)
INTRO DUCTION G ÉNÉRALE p. 7
PARTE I p. 15
CAPÍTULO I: El Aragón de Ramiro I: relación de fu entes disponibles y
publicaciones p. 19
A) Tipología y relación de fuentes e scritas, arqueológicas y m o numentales p. 20
B) Edición y publicación de fuentes escritas, m o num e ntales y arqueológicas p. 60
CAPÍTULO II: Las fuentes h istóricas del r einado de Ramiro I: problemática y
estudios de la historiografía p. 89
A) Estudio historiográfico de las fuentes p. 89
B) Problemática y credi bilidad histórica de las fuentes de época ra m irense p. 138
CAPÍTULO III: La historiografía y sus puntos de vi sta s obre el reinado de Ra m iro I
de Aragón p. 159
A) Divergencias entre hist oriadores a la hora de historiar los acontecimientos del
reinado de Ramiro I p. 160
B) Errores y fallos e n la m anera d e trabajar l a docu m entaci ón: m etodología e
interpretación de los docum entos p. 179
C) Crítica razonada de una teoría bien fundada: la expansión aragonesa e n tiempos de
Ramiro I p. 207
CONCLUSIONES DE LA PARTE I p. 223
PARTE II p. 227
CAPÍTULO IV. Los documentos auténticos p. 231
A) Los documentos originales del reinado de Ram iro I p. 231
B) Documentos conservados en copias p. 262
3
5
5
comunidad monástica, e l cual aprovechó l os documentos del ar chivo a juzga r p or el
conocimiento de la ubicación del acta de elección del obispo ribagorzano Borrell
3
.
A continuación del Croni cón II de Alaón encontramos la Gesta de Roderici
Campidocti , la c ual ha sido obj eto de varias te orías acerc a de su autoría, ana liz adas
todas ellas por Emma Falque y dos historiadores más. En opini ón de dichos autores, la
presente c rónica habrí a sid o compuesta por un individuo no castellano, aunque sin
poder precisar si su orige n e ra catalán, aragonés o navarro conforme han intentado
argumentar M enéndez P idal, Antonio Ubieto y Horrent. Además, los últi mos editores
de la crónica ex ponen ta mbién l as ideas de Moralejo y de Smith, quienes identifican al
compositor respec tiv amente con el obispo de Valencia J erónimo, si bien con diferentes
argumentos
4
. Respecto a la cronología, Falque y lo s otros piensa n que con s eguridad se
redactó entre 1102 y 123 8. Dentro de dicho periodo señalan la dificultad d e precisar con
cierta seguridad un int erva lo temporal más exacto. No obstante, optan por considerarla
escrita por un testigo ocular de l os hechos, pudiendo ser retocado su relato con
posterioridad dado su car ácter anónimo
5
, hecho qu e explicaría, quizás, la serie de puntos
de vista tan dispar es de la historiografía, qu e s e dividen en dos grandes líneas: la
temprana, que abo ga por una elaboración entre 1 102 y 1120 y la tardía, que d efiende
una data alrededor de mediados del siglo XII
6
.
3
Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça,
Primera Pa rt , Barce lona, Institut d’E studis Catala ns, 1955, p. 20.
4
Cfr. E. F ALQUE REY ET ALII (edito res), Chron ica Hisp ana sae culi XII, p ars I , T u rnhout, B repo ls,
199 0, pp. 11-14 . En consona ncia co n ello, los tres histor iadores r esponsables de la edició n c rítica expone n
los p un to s de vista y la ap o yatura de las teorías de Menén dez P idal, Horrent y Anto nio Ub ieto. E n este
sentido, el primero señala su or igen e n el condad o barc elonés. P or el contrario , Horrent co nsidera que el
autor f ue navarro . Final mente, Antonio Ub ieto d efendió que la m e ncionada crónica ha y q ue atribuirla a
un zar agozano interesad o por los asuntos vale ncianos a m e diado s d el siglo XI I. Cfr. E. F ALQUE REY
ET ALII, Chronica Hisp ana saec uli X II, pars I , p p. 12-14 y A. UBI ETO ART ET A, Litera tura Medieval
I , Zaragoza, Anubar E diciones, 19 82, pp. 30-32 , para el caso de que se quieran conocer sus argumentos al
respecto .
5
En relació n co n la opinión d ada por Falque, dichos historia dor es llegan a tal co nclusión tras analizar las
teorías d el resto d e investigad ore s que se h an referido previa m ente , en donde seña lan q ue siempre al guno
de los arg umentos que e mple an no resulta n co nvince ntes y por ta nto c riticable s. Cfr. E. F ALQUE REY
ET AL II , Chronica Hispan a saeculi XII , pars I , pp. 14-21.
6
En e fecto, ésta es la cla sificació n que hace n los últ imo edito res de la presente crónica, d ando además su s
argumentos y aq uellos q ue so n ob jeto de crítica y poco sólid os. No pro cediendo comentar los p untos de
vista de cad a uno, sí que pr ecisam os los hi storiado res que integran a m ba s corr ientes de pensamiento. Así,
la p rim era es m a ntenida por Menéndez Pidal y Fletcher, mien tra s q ue la tar día la d ef ie nden Ubieto ,
Horr ent y Smith entre otro s. Cfr. E. FALQUE REY ET AL I I, Chron ica Hisp ana saeculi XII , pars I , pp.
15-21 .
6
6
Retornando de nuevo a la Ri bag o rza, nos en contramos con la Cr ónica de Alaón
Renovada , denominada a sí porque en la mis ma obra se hace referencia a una renovación
de la memoria hi stórica efectuada con anterioridad: “ [... ] hec memoria renovata est
[... ] ”
7
. Según Ramón D’Abadal, esta obr a se r edactó en su núcleo principal en el año
1154
8
, de forma que posteriormente se l e añadiero n tres fragmentos: el primero r elativo
a los obispos de Roda-Barbastro y Lérida entre Ramiro II y Pedro de Albalat, el
segundo refer ente a unos anales que reco ge n los ó bitos e n su ma y or par t e de los c ondes
y obispos de Ur ge ll junto con los de los otros territorios de la zona y el tercero
correspondiente a los obispo s i lerdense s entre los años 1238 y 1284
9
. Nada se conoce
del autor, aunque R amón D’Ab adal indica qu e s e habría compuesto el relato histórico
en el mon asterio de Al aón basándose en el Cr onicón II de Alaón y t eniendo buen
conocimiento de los documentos del cenobio y de las ley e ndas de la Ribagorza.
A finales del siglo X II, a partir de 1191 más concretamente, y s egún l as
opiniones de Antonio U bieto, C armen Orcáste gui y Esteban S ara sa , se compuso un
relato histórico que s e co noce por Chronicon Alte rum Rivipullense
10
. Desde el punto de
vista de Miquel Coll i Alentorn, este relato hi stórico se habría compuesto en el
monasterio de Ripoll, mientras que Antonio Ubieto, al compararlo c on e l Alterum
Chronicon Rot ense, duda de que todo el texto sea de procedencia rivipull ense, puesto
que cree qu e, si bi en se hizo allí, el autor uti lizó varias fuentes, tales co mo la obra de
Eusebio de C esarea y o tras fuentes o riginadas en Cuix á, Urgell y Rod a, las cual es
habrían estado constantemente intercambiándose entre centros de dichas regiones, en
especial Ripoll y Roda, ya que ambos tuvieron un a estrecha relación confo rme lo denota
el que monjes de Ripoll dirigieran la sede rotense, caso de Salomón, o que éstos rezaran
por sus abades falle cidos
11
. En conclusión, Antonio Ubieto defiende que la s imil itud de l
Chronicon Alterum Rivipul lense y el Alterum Chronicon Rotense se debe a que
manejaron unos textos semejantes o iguales
12
.
7
Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça,
Primera Pa rt , p. 2 1 y p. 24.
8
Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça,
Primera Pa rt , p. 2 1.
9
Cfr. R. D’AB ADAL I VIN YALS, Cata lunya Ca rolíngia, v ol.III . Els comtats de P alla rs i Ribag orça,
Primera Pa rt , p. 2 3.
10
Cfr. A. UBIE TO ARTET A, Literatura Med ieval I , p . 42 y C. O RCÁST EGUI GROS y E. S ARASA
SÁNCHEZ, La Historia en la E dad Media , p. 207 .
11
Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p p. 40-42.
12
Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p . 42.
7
7
Volviendo de nuevo a la Ribagorza, en l a cat edral de Roda de Isábena se
compuso una breve ob ra que s e conoce con el nombre de Ch ronicon Rotense o
Chronicon Rotense Primum para di ferenciarlo de otro denominado Alterum Chronicon
Rotense. S iguiendo los punt os de vista de Anto nio Ubieto, di cho relato, cu y o autor
desconocemos, se compu so entre los años 1210 y 1213 conteniendo una serie de hechos
políticos referidos a Aragón en s u ma yor parte que abarcan d esde el r ey franc o Pipin o
hasta el año de 1210
13
. P or último, se le añadió un fragmento co rrespondiente al reinado
de Jaime I con posterioridad a 1276
14
.
Ha de espe rarse a los ini cios del si glo X IV pa ra encontrar nuevamente crónicas
que se refieran a Ramiro I . La primera de las pertenecientes a di cha c enturia es la
Crónica de los Es tados Peninsulares , denominada por otros Crónica navarro-
aragonesa
15
. Según Antonio Ubieto, se trata de una historia ge ne ral de la península
Ibérica que carece del principio y del final: la in vasión m usulmana y la hist oria de los
últimos re y es de Aragón
16
. En lo relativo a la autoría, el hecho de que el autor del relato
conozca bi en lo concern iente al monasterio de Montearagón y que introduz ca noticias
de la f amilia de los Luna, estrechamente relacio nada con el cenobio, ll evan a Antonio
Ubieto a afirm ar que la compondría un ca nóni go de M ontearagón a pri ncipios de la
decimocuarta centuria
17
. Concretando m ás las fechas, Ubi eto señala qu e la ma y or parte
del texto se realizó en 1305, siendo ampliada posteriormente en 1328 con datos
referentes a Navarra y a P ortug al
18
.
13
Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p . 38.
14
Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p . 39.
15
En c oncreto por Ramón Menéndez P idal. Cfr. R. MENÉNDE Z Y P IDAL, Crón icas Gen erales de
Españ a , tomo V del catálogo de la Real Biblioteca , M adrid, Taller es de Blass y Cia, 3ª ed ., 19 18, p. 87 .
16
Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura Medie val I , p p. 50-51.
17
Cfr. A. UB IET O ARTET A (editor ), Crónica de lo s Estado s Penin sulares (texto d el sig lo XIV ) ,
Granada, Universidad de Gra nad a, 1955, pp. 20-28 y A. UB IET O ARTET A, Literatura M edieval I , p. 5 1.
Pro fun diza ndo m á s, e n la primera de ambas obras An to nio Ubieto señala q ue el autor e ra p artidar io de la
corr iente de p ensamiento exi stente e n e l mona sterio d e Mo ntearagó n, se gún la cual en dicho monas terio
se e ncontraban lo s resto s d e San Victor ián. Asimi smo, ta m b ién indic a pa ra r eforzar su teoría q ue la s
alusiones a la h istoria de la familia d e lo s Luna ha y q ue re lacionarlas con las gestiones que h izo el
m o nasterio para que un mie mbro del citado linaje aceptara el cargo de abad de Montearagón par a el que
había sido elegido.
18
Cfr. A. UBI ETO AR T ET A (editor) , Crónica de lo s Estad os Penin sulares (texto del siglo XIV ) , pp. 3 0-
31 y A. UBI ETO ARTET A, Literatu ra Medieva l I , p. 5 1. Ahonda ndo en los ar gumentos q ue ofrec e
Ubieto e n la primera d e las do s obras, el p ersonaje histórico que p erm ite p recisar e l momento d e
redac ción e ntre lo s varios e xistentes es la rei na Juana de N avarra, q ue se consider a viva en la crón ica y
muere e n ab ril d e 13 05, luego el grueso d e la cró nica se hizo en lo s principios del mencionado año.
Respecto a la a mpliación, ést a h ubo d e re dactarse, según Ubieto , co n poster ioridad al uno de ma yo de
130 5, fecha en la que se no mbran do s cargos del reino de Navarra cuyo no mbramiento r ecoge la cró nica.
8
8
Tras hab erse realizado en el monasterio d e Ri poll la Gesta C omitum
Barchinonensium entre l os años 1162-1184, amp liada posteriormente en dos ocasiones
hacia 1208 y 1276
19
, a i nicios del si g lo X I V comenzó a elabora rse una segunda ver sión
de l a Gesta Co mitum Barchinonensium, alr ededor de 1310 según Ly n n Nelson. La
nueva red acc ión inclu yó en su tenor aspectos y acontecimientos que no estaban en la
obra primitiva, como por ejemplo la sucesión de los rey es d e Ara gón desde Ramiro I
hasta Ramiro II
20
, de forma que aparece el monarca que c entra nuestra atención, el
primero de los dos Ramiros.
La última crónica del sigl o XIV en el ámbito de la Corona de Aragón que trata l a
figura de Ramiro I es la comúnmente c ono cida por la C rónica de San Juan de la P eña ,
que empieza su relato en Tubal y lo conc lu ye c on la m uerte de Alfonso III , aunqu e
después se añadier on al gunos hechos más cerr and o el relato con el traslado de los restos
del monarca al convento fra ncisc ano de L érida en 1339. Conforme pone n de m anifiesto
Antonio Ubieto y Lynn Nelson, el pro ceso de r edacción d e la ob ra come nzó en 1345
cuando el re y dej a entrever que estaba bus cando manuscritos a fin de confec cion ar un
relato histórico. Tras una primera produ cción en 1359 qu e ha de id entificarse, d e
acuerdo con Ubieto, con u n relato concerniente a los reyes de Aragón, el largo trabajo
emprendido, que consta de varias etap as bajo la dirección regia como bien indica
Nelson, acaba entre 136 9 y 1372 o en este últim o se gún el historiador estadounidense,
y a qu e en dicho a ño el re y comenzó a entregar varios ejemplares de la misma en
diferentes partes del reino y en l as tres ediciones que se efectuaron: latina, aragonesa y
catalana
21
. Adentrándonos un poco más en esta cuestión de forma breve, c abe señalar
que Ubieto y Ne lson comentan el debate historiográfico habido e n torno a la autoría y a
19
Cfr. L. BARR AU-DIHIGO y J . M ASSÓ T ORRENT S ( editores) , Gesta Comitum Bar chino nensium ,
Barc elona, Fundació Concep ció Rabell i Cibils, 19 25, p p. XXII-XXXVIII.
20
C fr. L. H. NELSON, The Ch ronicle of San Ju an de la Peña . A fou rteenth-ce ntury official history o f the
Crown of Arago n , P hiladelphia, University o f Penns ylvania P ress, 1 991, p . XIV. Asimi smo, lo s editor es
de la Gesta Comitum Barchin onensium, B arrau -Dihigo y Massó To rrents, da tan con cla ridad la segunda
de las versio nes d e la cró nica, la cual se co m p uso entre los a ños 1303 y 13 14. Cfr. L. B ARR AU-DIHIGO
y J. MASSÓ TORRENT S (editores) , Gesta Comitu m Barchin onen sium , p. LV.
21
Cfr. C. ORCÁSTE GUI GROS (ed itora), Crónica d e San Juan de la Peña (Versión a ragonesa). Edició n
crítica , Zaragoza, I nstitución Fernando el Cató lico, 1 986 , p. 5 y L. H. NE LSON, The Chro nicle o f Sa n
Juan de la Peña. A fourteenth -century officia l history of th e Cr o wn of Arag on , p. XIV.
9
9
la lengua d e la edición p rimigenia
22
. Si bien e l seg undo re hu ye pronunc ia rse de manera
clara aparte de lo recient emente ex presado
23
, el primero opina que se hiz o una crónica
en lengua l atina m ediante la traducción al men cionado idioma de las historias privativas
de Aragón y Cat aluña mandadas por los mo nasterios de San J uan de la Peña y Ripoll en
aragonés y e n catalán respectivamente y l a uni ón de la parte redac tada bajo la
supervisión regia, basad a en parte en la Crónica de los rey e s de S icilia, traducida del
latín a lengua vul ga r
24
. R especto a R amiro I, la crónica de San Juan de l a Peña se
caracteriza por ser la que más espacio le dedica
25
.
En postrero lu gar d esde un punto de vist a cronol ógic o nos encontramos con la
Chronica Regum Aragonum et C omitum Barchinone et Populationis Hispanie , escrita
por el religioso dominic o Esteban Rollán. Según Isabel Falcón, editora d e la obra, ésta
se compuso durant e el rei nado de Fernando II d e Ara g ón, añadiéndole des pués el autor
un colofón referente a C arlos I que reco ge h asta su entrada a Barcelona en febrero de
1519. Teniendo en cuenta que Rollán se basa para la segunda parte del re lato en Pere
Tomich, cuya primera edición de su crónica data de 1495, I sabel Falcón data l a
Chronica Re gum Aragonum de Rollán entre 1495 y 1519
26
. A continuación, cabe fech ar
el colofón relativo a Carlos I entre febrero de 15 1 9 y 1530, último año en el que se t iene
documentado a Esteban Roll án
27
.
Seguidamente nos centraremos en el análisis de las historias medievales
castellanas, empezando p or la Cróni ca Si lense , l a primera de ellas que ha bl a de Rami ro
I y algunos de l os hechos r elacionados con él. Dicha cr ónica ha generado un importante
debate historio gráfico en torno al autor, el lug ar de composición y épo ca d e redacción
28
.
22
Cf r. A. UBIETO ARTET A, “ No tas sobre la Crónica de San Juan de la Pe ña”, Pirineos , 17-18,
(Zaragoza, 19 50), pp. 463-493, co ncretamente pp. 4 66-467 y p. 489 y L. H. NELSON, T he Chronicle o f
San Juan de la Peña. A fourteen th-cen tury official history of the Crown of Arago n , p. XI V.
23
C fr. L. H. NELSON, The Ch ronicle of San Ju an de la Peña . A fou rteenth-ce ntury official history o f the
Crown of A ragon , p. XIV.
24
Cfr. A. UB IET O ARTETA, “Nota s sobre la Crónica de San Juan de la Peña”, P irineos , 17-18, p. 490.
25
C fr. A. UBI ET O ARTET A (ed itor), Cró nica de San J uan de la P eña, Valencia, Anub ar Ediciones,
196 1, pp . 4 4-52; A . SOBERANAS LLEÓ (e ditor), Crònica Gen eral de Pere III El Cerimoniós d ita
comun ament crònica d e Sant Joan de la Penya , B arcelona, Alpha, 1961 , pp. 5 2-61 y C. ORC ÁSTEGU I
GROS (edito ra), Crón ica de San Juan d e la Peña (versión a ragon esa). Edició n crítica , pp . 30-35.
26
Cfr. M ª. I. FALCÓN P ÉREZ (ed itora), Chro nica Regum Arag onum et Comitum B archino ne et
Popu lationis Hispan ie , Zarago za, Anubar Ed iciones, 198 7, pp. 6-7.
27
Cfr. M ª. I. FALCÓN P ÉREZ (ed itora), Chro nica Regum Arag onum et Comitum B archino ne et
Popu lationis Hispan ie , pp . 6-7.
28
De entre las po sturas existentes, conviene destaca r las siguiente s: afir mar que la cr ónica se hizo en
León o en sus alrededor es, opción defendida p or Claudio Sánchez Albornoz, o en Santa María de
10
1
No obstante, nosotros hem os considerado conv eniente seguir el sólido estu dio que de la
cuestión realizó Antonio Ubieto Arteta, que solventó de forma satisfactoria l os
interrogantes planteados constantemente por la historiografía
29
. De acuerdo con ello,
Antonio Ubieto cree que la Crónica S ilense no se redactó en León, s ino en Oviedo y
más concretamente en e l m onasterio de S an Vicente, lo cual argumenta pon iendo de
manifiesto las numerosas noticias concernientes a Ovi edo que se incluyen en el relato
silense y demostrando pa leog r áficamente que la lectura “domus semi nis”, l a que motivó
toda la pol émica his toriog ráfica, corr esponde a un erróneo desarrollo de las palabras
abreviadas “Sci Uinis”, e quivalente a “Sancti Vincentis” y qu e han de ident ificarse con
San Vicente d e Oviedo
30
. Por otro lado, Antonio Ubieto también propone otra
cronología diferente de la tradicionalmente tenida por válida, años 1110-1118
31
. En
efec to, se gún su criterio personal la Crónica Si lense tendría que fecharse e ntre los años
1140 y 1158, ya que las alusiones al Reg num Cesaraugustanum en varios pasa jes
correspondientes a dist intas etapas históricas indi can que se elaboró en el reinado d e
Alfonso VII, y m ás con cretamente dicho pe riodo temporal se refie re al año en que su
conocimiento se hace más c omún y e x tenso y al momento en que quiebra la idea
imperial de di cho mona rca que originó el menc ionado reino
32
. No obstan te, cuando
Antonio Ubieto lanza la hipót esis de que el autor pudo h aber sido el obispo Pelayo de
Oviedo
33
, él mismo indi ca que la crónica estaría casi c oncluida en su tot alidad en el año
de 1149, fecha de división de los territorios regido s por Alfonso VII
34
.
Si bien en un principio se consideró que la Crónica najerense, siguient e tex to a
analizar, era de origen leonés, Ramón Menéndez Pidal y Vázquez de Parga rectificaron
tal teoría y sostuvieron que se hizo en la loc alidad de Nájera
35
. Antonio Ubi eto ratifica
dicha opinión y ofrece una serie d e argumentos de peso que efectivamente certifican su
origen najerense. Según Ubieto, l a inclusión en el relato de l ey endas locales relativas a
Nájera, el conocimiento de la donación de Santa María de Nájera a C luny, el uso de la
Sahagún, opin ión sostenida po r Cana l Sá nchez-Pag ín. Cfr. A. UBI ETO ARTET A, Oríg enes de los reinos
de Castilla y A ragón , Zaragoza, P rensas Universitar ias, 2ª ed., 1991 , pp. 207-208 y p. 22 8, do nde se
encuentra n los artículos re ferentes a la expo sición de dichas teorías.
29
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 20 5-239.
30
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 20 8-233.
31
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , p. 233 .
32
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 23 3-236.
33
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 23 7-239.
34
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Orígen es de los rein os de Castilla y Aragó n , pp. 23 6-239.
35
Cfr. A. UBI ETO ART ETA (edito r), Crón ica naje rense , Zaragoza, Anubar E diciones, 2 ª ed ., 1985, p.
25.
11
1
documentación conservada en dicho mon asterio, el saber el l ugar de in humación en
Nájera d e a l gunos de los persona jes citados y el uso de t extos históricos c ompuestos en
Nájera con firman qu e el autor realizó la presente crónica en tal localidad
36
. Respecto a
la fec ha, si bien Antonio Ubie to opina que se escribió la crónic a najerense entre 1 185 y
1235, intervalo basado e n los personajes históricos y especialmente en la cita del rey
Alfonso de Portugal y en la data del códice más antiguo que se cons erva
37
, Juan
Antonio Estévez Sola apunta que quiz ás hubo dos autores del se ñal ado relato. De
acuerdo con ello, el primero se encargaría de redactar la parte que va desde Alfonso III
hasta Alfonso VI, mientras que el segundo se h abría ocupado de el aborar lo s hechos
previos hasta los godos, los pasa jes extractados de la Historia Schollastica de Pedro
Coméstor y los eventos relacionados c on las épocas de Alfonso VII de Castilla y
Alfonso de Portugal
38
.
Otra de las crónica s castellanas que h ablan de Ramiro I son l os Anal es
Toledanos Primeros , de los que no pose emos una edición verdadera mente crítica
conforme s e comprob ará m ás adelante
39
. La ausencia de ella hace que no sepamos
ciertas cosa s con se guridad por el momento, de forma que no tenemos gran
conocimiento de la misma. En cuanto a l a cronología, única cuestión que vamos a tratar,
el Padre Flór ez señala que se elaboraron a principios del siglo XIII ar g ume ntando que el
autor incidió en los suces os de tal periodo con m ención especial a l a mala cose cha de
1213, lo que probaría que el citado individuo sufrió la carestía
40
. Teniendo en cuenta
36
Cfr. A. UB IET O ARTETA (edito r), Crón ica najerense , 2ª ed., p p. 26-30.
37
E n efecto, tras constatar una ser ie d e er rores r eferentes a la fecha d e mu erte de algu no d e lo s individ uos
que aparecen en la cr ónica, Antonio Ubieto llega a tal conclusió n tras decir que la crónica najerense tuvo
entre su s fuentes a la Crónica de P elayo y a los Anales Co m p ostela nos Seg undos, lo q ue retrasa como
mínimo su r edacción a p arti r d e l o s a ños 1142 -1143. Cfr. A. UBIET O A RTE TA (editor), Crónica
najeren se , 2ª ed ., p. 8 y pp. 21-30.
38
Siguiendo la exp osición de Estévez So la, dicho historia dor ofrece tres posibilida des, una p rimera que
sería apoyar la teor ía d e Ub ieto dando un argume nto más só lido, los pasaj es copia dos de Pedr o Com és tor,
una seg unda que se car acteri za p or m a ntener q ue se red actó la crónica entre 115 0 y 116 0 guardando
silencio sob re la época contemporá nea y la tercer a que es la q ue se ha co m e ntado en el texto. Cfr. J. A.
EST ÉVEZ SOLA (editor ), Crón ica Naia rensis , Turnhout, B repols, 1 995, pp. LXX-LVIII.
39
Cfr. R. V IRUETE ERDOZÁI N, Aragón en la época de Ramiro I, vol.I , ca pitulo I, Las fuentes para el
estudio del reino de Arag ón en tiempos d e Ramiro I . En relació n co n esto, J ulio Po rres Martí n-Cleto
publicó u n est udio acerc a de lo s Anales T oledanos, p ero no cab e considerarlo una obra c rítica, ya q ue,
entre o tras cosas, se ded ica a unificar lo s Anale s T oleda nos Primeros y Se gundos al obj eto d e conseguir
un rela to lo más co mpleto desde el p un to d e vista cro nológico. Cfr. J. P ORRES MA RTÍN-CLET O, Los
Anale s Toledan os I y II , Toledo, Instituto de Investigacio nes y E studios T oled anos-Diputació n Pro vin cial
de To ledo, 1993 , pp. 11-20.
40
Cfr. E . FLORE Z, Espa ña S agrada, theatro geograph ico-historico de la Iglesia de España, vo l.XXIII ,
Madrid , Antonio Mar in, 1767 , p. 362.
12
1
que los Anales Toledano s Primeros acaban en el año 1219
41
y que su escritor alude en
primera persona, conforme in dica Flórez, al hec ho de qu e en 1213 “ non cogiemos pan
ninguno ”
42
a causa de l as heladas producidas entre octubre y febrero y la a usencia d e
lluvias desde marzo a ju nio
43
, consideramos que la red acc ión d e l os mismos no debió
ser mu y tardía en relación con el año de 1219, y a que el mencionado autor fue
contemporáneo d e los úl timos acontecimientos narrados. Por lo tanto, creemos que ha
de tomarse por buena en líneas generales la fecha de composición dada por Flórez ,
aunque debamos matiz ar el principio del siglo X III por p rimer te rcio de la referida
centuria, ya que nos pa rece más correcto ligar desde el año 1219 en adelante con l a
segunda data que no con los inicios del si glo
44
.
El obispo L ucas de Tu y realizó una crónica histórica que, titulada C hronicon
Mundi , llega hasta la c on quista de Córdoba por F e rnando III de Castilla
45
. Tras la teoría
de Pu y ol
46
, puesta en cuestión por L ineh am, quien admite que Lucas de Tu y trabajó en
la crónica entre 122 9 y 12 42
47
, Estévez Sola ha pre cisado bastante la fecha de redacción
del Chronicon Mundi de L ucas de Tu y. Siguiendo sus ideas, dicho histori ador defiende
que L u cas de T u y había comenzado las la bores de composición de la c rónica,
finalizando la m isma antes de 1243, f echa en la q ue Rodrigó Jim énez de Rada empezó
41
Cfr. E . FLO REZ, Espa ña Sa grada, th eatro g eographico -historico de la Iglesia de Espa ña, vol.XXI II , p.
400.
42
Cfr. E . FLO REZ, Espa ña Sa grada, th eatro g eographico -historico de la Iglesia de Espa ña, vol.XXI II , p.
397.
43
Cfr. E . FLO REZ, Espa ña Sa grada, th eatro g eographico -historico de la Iglesia de Espa ña, vol.XXI II , p.
397.
44
Nuestro p unto de v ista no ha de tomarse co mo algo d efinitivo, sino to do lo contrario , una hipótesis que
debe verificarse o enmendarse m ed iante la realizació n de un estudio crítico e histórico seri o de los Anales
To ledanos P rim er os, el cual, entre otras co sas, d etermine co n la mayor precisión posible la cr onología de
composició n de esta fue nte.
45
C fr. E. MIT RE FERN ÁNDEZ, “¿U n sent imiento de co m unidad h ispánica? La histo riografía
peninsular”, e n J. A. G ARCÍA DE CORT ÁZAR Y RUIZ DE AGUIRRE (co ord inador), Historia de
Españ a R amón Men éndez Pidal, vol.XVI, La ép oca d el Gó tico en la cultura espa ñola (c.122 0-c.148 0) ,
Madrid , Espasa-Calpe, 1994 , pp. 407-43 4, concretamente p p. 4 11-412.
46
Pu y ol opina que Lucas i nició la redacción d el Chronicon Mundi p or o rden de la r eina Berenguela entr e
los años 119 7 y 120 4 argum entando que sólo en e sos añ os tuvo vigencia el matri m o nio en tre ella y
Alfonso IX y q ue e n 12 30, cuando B erenguela se convirti ó en reina madre, Lucas no pod ía ser diácono
teniendo en cuen ta que fue e legido ob ispo en 12 39. Cfr. J . P UYOL (ed itor), Crónica d e Esp aña po r
Lucas, o bispo de Tuy , Mad rid, Real Academia de la Historia, 192 6, p. V nota n º 1.
47
Lineha m ha d emostrado la i nviabilidad de la te oría de Puy ol de stacando, entre otra s cosas, dos hechos:
que la re ina Ber enguela utiliz ó la intitulació n “ Hispan iarum Regin a ” a p artir de 1230 y q ue cuare nta año s
para ef ectuar la cró nica, perio do p ropuesto po r Pujol com o se ded uce de la nota anter ior, er an excesi vos,
sobre to do si se parte de los años q ue duraba una vida p or nor m a general e n e l siglo XI II . No obstante,
Lineham a dmite q ue estu viera trab ajando en ella e n 123 0 y que p robab lem e nte aú n no la h ubie se ac abado
en 12 42, idea q ue apoya e n el hecho de que hasta a bril d e ese a ño no apare ce al frente de la d iócesis de
Tuy, tre s a ños d espués de s u elección. Cfr. P. LINEH AN, “Fechas y so spechas sob re L ucas de T uy ”,
Anua rio de Estud ios Medievales , 32 , (Barcelo na, 2002) , pp. 19-38, co ncretam e nte pp. 26-33.
13
1
su obra R ebus Hispaniae, tesis por l a que aboga s i no se de fiende que Jiménez de Rada
conociera la obra de Lucas de Tu y m ientras la es crituraba con el obj etivo de refutarla en
algunos puntos
48
. Por otro lado, Emm a F alque, p artiendo de los datos exi s tentes en la
crónica, opina que Lucas de Tuy inició la redacción de la misma a prin cipios de la
década de 1230, conclu yéndola entre 1237 y la to ma de pos esión d el ca rgo de obispo de
Tuy, sede para la que fue nombrado obispo en el año 1239
49
. En definitiva, la
historiografía actual con sidera, más allá de sus divergencias en cuanto a l a fecha de
composición, que el Chronicon Mundi de L ucas de Tu y es anterior a la obra de Rodri go
Jiménez de Rada y q ue el citado obi spo compuso un a parte imp ortante de l a
mencionada fuente en la década de los años treinta del siglo X III .
Seguidamente a Luca s de Tu y y su Chronicon Mundi, el arzobispo nava rro d e
Toledo, R odrigo J iménez de Rada, redactó su ob ra D e Rebus Hispaniae , califica d a por
Fernández Valverde co mo la culmi nación de la cronística hispana en latín
50
. Al no
existi r dudas acerca de su autoría y lugar de compos ición, nos centraremos directame nt e
en la cu estión de la cronología. Si guiendo de nuevo a Fernández Valverde, úl timo
historiador que ha estud iado en profundidad y con detalle la crónica de J iménez de
Rada, ésta t uvo que redac tars e con post erioridad a 1236, fecha en la que se acaba l a
narración del Chronicon Mundi de Lucas de Tu y , ob ra que utili zó con asiduidad el
arzobispo toledano. Por otro lado, en el relato hist órico por él efectuado s e inclu y en una
serie de don aciones a favor d e la iglesia qu e datan de 1241 y se alude t ambién al
vigésimo quinto año de reinado de Fernando III de Castilla, de forma que Rodrigo
48
C fr. J . A. EST ÉVEZ SOLA, “Nota s crítica s a u na n ueva edició n del Chroni con Mundi de Luca s de
Tuy”, Exempla ria Classica , 8, ( Huelva, 2004 ), pp. 135 -164, concreta m e nte pp. 1 36-137.
49
Emma Falque apo y a su teoría en cinco argume ntos fundam e ntales. En primer lugar, la o bra fue
encargada por la rei na madre Ber enguela, c uya intit ulación cabe relacio narla con s u p eriod o d e r eina
madre en el que se encargo, u na vez reunifica das Casti lla y L eó n baj o la persona de su hij o Fernando I II,
de efectuar la bores de r egencia mientras el citado m o narca castella no se o cupab a de la l ucha contra lo s
musulmane s. En se gundo l ugar, la mención d e Sa n Anto nio de Pad ua en el seg undo prólogo del
Chronicon Mund i sugiere a E mma Fa lque q ue la reda cción se pro dujo tras s u muer te, oc urrida en 1232.
En ter cer lugar, el hecho de que el relato acab e con la conquista de Córd oba, 1236 , significa que se estaba
redac tando con po sterioridad a tal e vento. En cuarto lugar, la f o rma de citar el matrimoni o de Bereng aria
con el re y de Jerusalén i ndica q ue éste ya ha muerto , suceso acaecid o en 12 37, lu ego la fi nalización de la
crónica es po sterior a dicha fecha. Final mente, Lucas de T uy acab ó e l relato antes de o cupar fáctica mente
la sede d e T uy , m o mento que desconoce mos p or ahor a. Cfr. E. FALQUE REY ( editora ), Lvcae Tvdensis.
Chronico n Mvnd i , Turnhout, B repols, 2003, pp. XVI-XXI.
50
Cfr. J . FERNÁNDE Z V ALVERDE, Histor ia de lo s he chos d e E spaña , Madrid , Alian za E ditorial,
1989, p. 11.
14
1
Jiménez de Rada estaba escribiendo la crónica hacia 1242 ó 1243
51
, por l o tanto, en los
últimos años de su vida.
Con post erioridad a la obra de Rodrigo J iménez de Rada ha d e situarse una de
las cr ónicas impulsadas en la corte de Alfonso X de Castilla y concluida durante el
reinado de su hi jo y su cesor Sancho IV ; concr etamente nos estamos r efiriendo a la
segunda mi tad de la Primera Crónica General de España o Estoria de España , donde
se relatan acontecimientos de la persona y del gobierno de Ramiro I. R edac tada la
primera parte de la mism a entre los años 1270 y 1272-1275 se gún Menénd ez P idal
52
, la
otra m itad de d icha obra se interrumpió pa ra p roce de r a elaborar la G ran Hist oria,
acabada en los últim os cua tro años del mandato de Alfonso X, 1281-1284. En cuanto a
su conclusión, la redacción de la P rimera Crónic a General de España se t erminó durante
los años en los que S ancho I V dirigió el reino de Castill a tal como indica uno de los
manuscritos que la cont ienen, produci éndose esto en el periodo cronológico qu e v a
desde 1289, cuando se s abe que se estaba finalizando, hasta 1295, fecha de la muerte de
Sancho IV
53
.
Dejando el r eino de Ca stilla, nos trasladaremos al occidente de la p enínsula
Ibérica, es decir, al re ino de Portu g al. En di cho territorio se redactó l a Crónica de 1344 ,
llamada así po r hab erse concluido en el citado año. S in embargo, fue refund ida hacia
1400 con la pretensión de convertir a la obra en un crónica general de España según el
estilo alfonsí, que al parecer no se basaba en la citada Estoria d e España
54
. Respecto a l a
autoría y al lu ga r en el que el pres ente rela to histórico se el aboró, Dieg o C atalán y
51
Cfr. J. FERN ÁNDEZ VALV ERDE, Historia de los hech os d e Esp aña , pp. 49-50. A p esar d e señalar la
cronolo gía de redacció n d e la cró nica, este autor con sidera que hay algo que no cuadr a en ella, reflexión
que hace en tor no al hecho de que el relato está p ráctica m ente vacío a pa rtir del a ño 1236.
52
Cfr. R. MENÉNDE Z P IDAL (editor) , P rimera Crón ica General d e España , Madrid, Editorial Gredos,
3ª re im pr. con estudio ac tualizado r d e Diego Catalán, 1 977, pp. 85 6-857. Ahondando u n p oco m ás a cerca
de la cuestió n, Ramón Me néndez P idal o frece tres argume ntos p ara fec har la redac ción de la p rimera
parte de la P rim er a Crónica General de España e ntre los a ños 12 70 y 1272 -1275: el hecho d e que a inicios
de 1270 Alfonso X de mandar a a la cole giata de Albelda y al monasterio de Santa María de Nájer a lib ros
en présta m o p ara co piar y us ar en la red acción de la cró n ica, que hasta 126 9 no se hicieran obr as de
compilación en la s e scuelas c ientíficas de Alfonso X y que la primera parte de la G ran Histor ia d e Esp aña
cita en muchas oca siones la historia de España en relació n c on asuntos tratado s e n la P rimera Crónica
General de España.
53
Cfr. R. MENÉ NDEZ P IDAL (ed itor), Primera Crón ica Gen eral de E spaña , p . 857.
54
Cfr. D. CATAL ÁN y Mª. SOLED AD DE AND RÉS (edito res), Edició n crítica del texto espa ñol de la
Crónica de 1 344 que orden ó el co nde de Barceló s Do n Pedro Alfonso , Madrid, Edito rial Gr edos, 19 70,
pp. XVI-XVII. Te niendo en c uenta q ue la edición de Diego Catalán y Mar ía Soledad de A ndrés se basa
en los manuscrito s co nservad os de la vers ión pr imigenia, prescindire mos d e tratar lo tocante a la
refundición d e 140 0.
21
2
Comentada la his toriografía medieval en los r einos hispánicos cristianos, ahora
llega el momento de det ener se en las crónicas y relatos históricos redactados y escritos
por los hi storiadores de relig ión musulmana. Su estudio resulta imprescindible a fin de
reconstruir el pasado, puesto que aportan datos co mplementarios que no aparecen en l as
crónicas cristi anas o bien tratan con más amplitud otro tipo de hec hos que e n las
cristianas ap enas se d escriben. Sin embargo, ha de decirse q ue p oseemos una
importantísima carencia que dificulta sobreman era el que pod amos desarrollar co n
satisfacción el análisis de la historio grafía mus ulmana: el no domini o de la lengua
árabe, así que nuestr a co nsulta de fuentes musulmanas se limita únicamente a aquellas
obras que, fruto de s u e d ición crítica, han sido traducidas parcial o totalme nte al idioma
castellano, inglés o francés.
Dicho esto y ciñéndonos al asunto que nos ocup a, no s on muchas las crónicas
musulmanas que tratan e n su contenido la fig u ra de Ramiro I de Aragón; e n este
sentido, únicamente hemos encontrado tres. Respetando el orden temporal que hemos
marcado en la expos ición del epígraf e anterior relativo a las cróni cas cristianas, el
primer historiador musu lmán que habla de Ram iro I es Abu Bakr al-T urtuxi o Abu
Béquer d e Tortosa, quien escribió el relato ti tulado Lámpara de los príncipes a fines del
siglo XI e inicios de la duodécima centuria
90
, lueg o en una épo ca bastant e cercana al
reinado de Ramiro.
Tras al-Turtux i, ha y que esperar a la ob ra de I bn a l-Kardabus, quien escribi ó una
historia general de los califas que no se circunscribió únicamente a los de oriente, sino
que aborda también, conforme dice Maill o Salgado, l os acontecimientos ocurridos en
al-Andalus, los cuales lle ga n hasta los inicios del califa almohade Yusuf (11 84-1199)
91
.
Aunque en la i ntroducción de la t raducción al e spañol de este relato Maill o no hace
constar la época en la que se compuso lo relativo a la península I b érica, la descripción
de d icho pro fesor d eja claro que la parte referent e a al-Andalus se elabo ró a fin es del
siglo XII reinando el citado califa
92
.
90
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón , Zaragoza, Iberc aja, 1993, p . 68.
91
Cfr. F. M AILLO SALG ADO, Histor ia d e al- Anda lus , Madrid , Ed iciones Akal, 2 ª ed. co rr., 1993, pp.
11-12 .
92
Cfr. F. M AILLO SA LGADO, Historia de al-Andalu s , pp. 11-12.
22
2
Finalmente, el tercer historiador que trata la fi gura de Ramiro I es I bn Idari, que
vivió en la s egunda mitad del si glo X III y en l a primera del si guiente, el XIV. Se gún
Maillo Salgado, el m encionado autor compuso su obra, ti tulada Ba yan al-Mugrib , en la
ciudad ma grebí de Fez y no en Marrakus, idea que defiend e apo y á ndose en tr es
argumentos, entre los que destaca la consulta de la document ación of icial
93
. En lo
concerniente a la cronolo gía, Maillo S alg ado t ambién expone que Ibn Idari no acabó el
Bayan en 1306 conforme había admitido L évi -Provença l, pu esto que aún lo estaba
redactando en los años 1312-1313
94
. En consec uencia, dicha obra se el aboró bien
entrado el primer tercio de la decimocuarta centuria.
b) LOS
MANUSCRITOS
FUNERARIOS:
LOS
OBITUARIOS
Tal como se pued e deducir del títu lo del presente epígrafe, este se gundo tipo de
fuentes hace referencia a los m anuscritos que se rea liz an en los monas terios, en las
catedrales y en otr as en tidades re ligiosas para consignar generalmente, las fe chas de
muerte de los Papas, obispos, abades, monjes y eclesiásticos perten ecientes a la
institución que l o hace, de los dirigentes del te rritorio en el que se ésta encuadra y
también de las familias n obiliarias relacionadas c on el centro, l o cual sirv e al objeto de
realizar los oficios religiosos correspondientes a los aniv ersarios que recuerdan la
memoria del difunto. Respecto a sus caracteres , cabe decir que se tratan de fuentes
sencillas en donde de forma esquemática, y similar a los anales, se registran el día, el
mes y el año en el que se producen los óbitos.
Partiendo del h echo de que nos centramos en la persona y época de R amiro I ,
únicamente encontramos los datos referentes a él en el necrologio del mona sterio de San
Victorián, que también recoge las fechas de los fallecimientos de varias personas de su
familia como s u hermano Gonzalo, su esposa Ermesinda o su hi jo Sancho R amírez
95
.
Dicho obituario, que s e ha conservado en un a c opia inserta en el volum en XII d e los
papeles d el p adre Joaquín Traggia
96
, fue compuest o en el año de 160 7 por Juan Enciso ,
93
Cfr. F. M AILLO SALG ADO, La c aída del ca lifato d e Córdob a y los reye s de taifa s , Sala manca,
Universidad de Sala m a nca, 19 93, p . VII.
94
Cfr. F. M AILLO SA LGADO, La caíd a del califa to de Córdob a y los reyes de taifas , p p. VI-VII.
95
C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s
estado s an tiguo y moderno , Madrid , Real Acade mia de la Histor ia-Imprenta de José Rodr ígu ez, 1 862, pp .
276-284.
96
Cfr. Biblio teca de la Real Academia d e la Historia (BRAH), 9-5230 , Colección Trag gia, vol.XII .
23
2
monje del monasterio de San Victorián
97
. Sin emba r go, y conforme delata l a presenc i a
de una frase escrita posteriormente jun to a la indi cac ión de l a fecha que dice lo
siguiente: “ Y de ot ra letra. Sacose del libro viej o i s e han escrito despues otros ”
98
, el
obituario, titul ado Libro viejo de la Preciosa , se amplió con posterioridad en el último
cuarto del siglo XVIII, ya que el año más re ciente que se recoge es el de 1768
99
.
c) ACTOS
JURÍDICOS
O
FUENTES
DIPLOMÁTICAS
Bajo esta denominación englobamos los t radicionales documentos escritos en
soporte de pergamino pertenecientes a la época del propio monarca, es decir, a los
otorgados por él util izando la estructura de l a escribanía regi a o la d e algún monasterio
y los concedidos por individuos particulare s tanto laicos como eclesiásticos. Conforme
tendremos oportunidad de comprobar en uno de los capítulos del bloq ue siguiente,
dedicado a l a crítica d e los mismos, los citados diplomas contienen concesiones
graciosas del monarca, l os testamentos regios, compra-ventas y p ermutas en la que él
constitu y e una de las pa rtes, pleitos fallados por el re y y dona ciones, compra-ventas y
permutas e fec tu adas po r di versos p ersonaje s. En definitiva, puede af irmarse con
rotundidad que las menci onadas fuentes ref lej an p or escrito part e de los actos cotidianos
que realizaron los hombres aragoneses que vivier on en el segundo tercio del siglo XI.
Un vistazo global a toda esta documentación, cuy a c antidad ronda alrededor d e
los 250 actos jurídicos dife rentes, permite c om probar que la mism a n o sólo se ha
conservado básicamente en los archivos de los monasterios más importan tes en época
de Ramiro I y de la única diócesis existente, Jaca y lu ego Huesca-Jaca, sino que además
estos fondos documentales se han ido fragmentando con motivo de la ex claustrac ión
decimonónica o rdenada por el g obierno español y guardándose defin itivamente en
numerosos archivos y bibliotecas de carácter local y nacional tanto de Esp aña como del
extranjero. A la hora de enumerar de forma con creta los diplomas disponibles en la
actualidad, hemos pre ferido primar la ubicación a ctual de los mismos que la entidad que
97
C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s
estado s antigu o y moderno , p. 284.
98
C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s
estado s antigu o y moderno , p. 284.
99
C fr. P. S AINZ DE BARAN DA, España Sagra da, v ol.XLVII I. De la Santa I glesia de B arbastro en s u s
estado s antigu o y moderno , p. 282.
24
2
los poseía, de forma que ordenaremos l a exposición en función de las bibliotecas y
archivos.
c
1
) A rc hivos y bibliotec as de España
Aunque ha y fondos f uera de nuestras fronteras, la ma y or p arte de l os
documentos relativos al Aragón de Ramiro I se custodi an en territorio nacional, si bie n
es cierto qu e con gran d ispersión. En efecto, si analizamos los lugares en los que se
ubican, comprob amos que l a documentación qu e nos interesa estudiar s e rep arte entre
12 archivos y bibl iotecas de cuatro comunidades autónomas u ocho ciudades,
concretamente Madrid, Ba r celona, Lérida, P amplona, Barbastro, Jaca, Huesca y
Zaragoza. No obstante, no todas las localidades citadas guardan la mism a cantidad de
diplomas según vamos a comprobar a continuación.
Sin embargo, antes de hacer lo dicho, conviene advertir que no realizaremo s
siempre una descripción detallada de los docum entos que ex isten en cada uno d e los
archivos y de las bibl iotecas, y a que para eso remitimo s a la consulta de los catálogos de
cada un o de ellos, o bien a l a propia colección diplomática que se presenta en e l
segundo volumen de la presente T esis Doctor al. Así p ues, nos lim itaremos por norm a
general, si ha y abundant e documentación, a nom brar la s entidades que g u ardan la
documentación del reinado de Ramiro I y l as secciones, car pet as o códices que dentro
de los mencionados lugares contienen los diplomas que nos i nteresa n y que son l a base
de nuestro trabajo.
Archivo Histórico Nacional (AHN)
El citado arc hivo, ubi cado e n el complejo del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas de la ciudad de M adrid, gua rd a documentación del reinado
de Ramiro I en dos de sus secciones: la de Clero R eg ula r-Secular y la de Códices y
Cartularios. La primera de l as dos es la más importante y la m ás numero sa, puesto que
la subsección de pergaminos contiene l a práctica totalid ad de diplom as referentes al
reinado de Ramiro I existentes en dicho centro. En efecto, dentro de esta ubicación
encontramos los fondos documentales procedentes de los monasterios benedictinos de
San Salvador de Oña, Montearagón, San J uan de la P eña y San Victorián de Sobrarbe.
25
2
Respecto a los dos primeros, sólo disponemos de un documento de cada uno de lo s
mencionados fondos
100
. En cambio, la documentación relativa a los otros cenobios tiene
un may o r volumen, ya que los diplomas se hallan guardados en seis ca rpetas en el caso
de San Juan de la Peña
101
y en cuatro en el de San Victorián
102
.
Finalmente, cabe señalar que no s e ha ce necesari o ir a Madrid para consu ltar las
citadas carpetas, puesto que I bercaja, a través de convenios con la administración
competente, ha desarrollado un proyecto que se ha materializado en la creación del
Centro de Documentaci ón Ibe r caja, situado en el Palacio Larrinaga de la ciudad d e
Zaragoza, en donde se ha obtenido copia digital de los documentos relativos a la
Comunidad Autónoma d e Aragón e x istentes en l as s ecc iones de Clero e Inquis ición del
Archivo Histórico Nacional.
De acuerdo con lo dicho más arriba, la otra s ecc ió n que tenemos que consu ltar es
la de códices, en donde se encuentra uno procedente del monasterio ribagorzano de
Santa María de Obarra, que l leva el número 1239
103
. Especificando u n poco más, se
trata un rolde de pergamino e n el que s e contien en una serie de diplomas referentes a la
evolución patrim onial de un a fami lia noble ribagorz ana formada por San cha y sus d os
maridos, primero Enardo y después Apo G alíndez. La s características fundamentales
del mism o ya las d escribió en su dí a Án ge l J uan Martín Duque, de forma que
simplemente diremos que nos da a conocer escasamente tres documento s, de los que
uno fue otorgado por Rami ro I d e Aragón.
Biblioteca de la Real Academia de la Historia (BRAH)
100
Cfr. AH N, Sec ción Clero Regula r-Secular , S an Salva dor d e Oña , carpeta 2 70, nº 4 y AHN, S ección
Clero Regu lar-Secu lar , Monte aragón , carpeta 621 , nº 1.
101
Cfr. AHN, Sección Clero Regular-S ecular , S an Juan de la Peña , carpeta 6 26, nº 1; AHN, S ección
Clero Regu lar-Sec ular , Sa n Ju an d e la Peñ a , car peta 6 97, nº 2, 4, 5, 8 , 9, 1 0, 11, 12, 13, 14 , 15, 18, 19 y
21; AHN, Sec ción Cle ro Regu lar-Secu lar , San Juan de la Peña , carpeta 700 , nº 5 y 6 ; AHN, S ección
Clero Re gular-S ecular , San Juan d e la P eña , ca rpeta 70 9, nº 16 y 21 y AHN, Secció n Clero R egula r-
Secu lar , San Juan de la Peña , carpetas 69 8 y 699.
102
C fr. AHN, Sección Clero R egu lar-Secu lar , Sa n Victorián , carpeta 760 , nº 3 , 6, 7 , 8 , 9, 10, 11, 12, 13,
14, 15, 16, 17, 18 , 19 y 20; AHN, S ección Clero Regu lar-Secu lar , Sa n Victoriá n , carp eta 761, nº 1, 3, 4, 5
y 9; AHN, Sec ción Clero Re gu lar-Secu l a r , San V ictorián , ca rpeta 76 3, nº 1, 19 y 20 y AHN, S ección
Clero Regu lar-Secu lar , San Victorián , car peta 767, nº 5, 8 y 21.
103
Cfr. AHN, Secció n Coleccion es , Docu mentos Textua les , Colecció n Códices y Cartu larios , c ódice nº
1239.
26
2
Radicada su sede tamb ién en M adrid, di cho centro guarda en su in terior
documentación correspondiente al r einado d e Ramiro I, la cual se halla en l as
colecciones de los padres Aba d y Lasierra y Tr aggia y e n la cole cción Sala zar y Castro.
Aunque su rastreo exhaustivo a ún no se ha conc luid o debido a la amplitud de las
mismas, especialmente l a de S alazar y C astro, p odemos decir qu e la úl tima colección
sólo contiene copias de documentos de fecha anterior, de forma que no nos da a conocer
ninguno nuevo. P or otro lado, las otras dos colecciones, formada s en el sigl o XVIII , no s
han transmitido algunos diplomas que no se han conserva do en copias anteriores, pese a
que las mism as son fundamentalmente transcrip ciones de los document os originales
hechas por Abbad y Tra ggia cuando ambos visitaron l os correspondiente s monasterios,
entre las que cabe desta car, p or ejemplo, la copia entera del L ibro Gótico o Cartulario
del m onasterio de S an J uan de la P eña, volumen 6 de l a colección de Abbad. Más
concretamente, gracias al trabajo de estos religiosos sabemos de la existencia de dos
diplomas en los que Ramiro I otorga diversas propiedades al monasterio de San
Victorián.
Archivo de la Corona de Aragón (ACA)
Situado en la ciudad de B arcelona, e l Ar chivo de la Corona de Aragón no ofr ece
tanta cantidad de documentos como el Archivo Histórico Nacional, s ino más bien un
número muy escaso, o mejor dicho escasís imo, concretamente t res, los cuales fueron
otorgados por Ramiro I. Dichos di plomas se encuentran todos en la S ecc ión de
Cancillería, y dentro d e ésta dos en la subse cción de r egistros y ot ro en la de
pergaminos. R efiriéndonos a la primera de las dos subsecciones, encontramos
documentos de Ramiro I en el folio 1 del Liber Feudorum Maior y en el registro número
943, correspondiente al reinado de Pedro IV de Aragón
104
. Respecto a l a segunda, e l
último diploma de Ramiro I s e halla en la carpeta número 27 del conjunt o de ellas que
recogen l os documentos de época d el conde Ramón Berenguer III de Barcelona
105
.
Finalmente, d ebemos añadir que se en cuentra una c opia posterior del a cto jurídico
contenido en el registro 943 en los folios 72-72 del vol umen segundo d el libro t itulado
104
Cfr. AC A, S ección Re al Cancillería , registro nº 1, Lib er Feud orum Maio r , ff. 2r-2v y A CA, S ección
Real Ca ncillería , re gistro nº 943 , Gratia 69- Pedro III el Ceremonioso , ff. 26r-27r .
105
Cfr. ACA, Sec ción Can cillería , Pergamin os de Ramó n Berengu er III , carp eta 27, nº 43.
27
2
Traslado e índice a lfabético de las escrituras del tiempo del conde soberano D. Ramón
Berenguer I
.
Archivo de la Catedral de Lérida (ACL)
El archivo de l a catedral de Lérida, pese a lo que en un principio pueda parecer a
priori, apenas guarda en tre sus fondos documentales documentos de Ra miro I , pues
solamente ha y dos, he cho que sorprende bastante cu ando el mencionado archivo
custodia una parte im portante de los actos jurídicos realizados en los t err ito rios
aragoneses qu e fo rmaban parte de la antigua di ócesis de Roda primero y Barb astro
después, la cual trasladó su sede a Lérida cuando s e conquist ó la misma en 1149 bajo el
mandato de Ramón Ber enguer IV. Más conc retamente, nos referimos a un diploma
otorgado por Ramiro I y a otro de carácter particular
106
.
Archivo Capitular de La Seo de Urgell (ACU)
El archivo de la catedral de Urgell también pos ee documentos de Ramiro I , lo
cual r esulta lógico atendiendo a l as r elaciones de alianzas y ju ramentos q ue realizó el
rey aragonés con el conde y con el obispo d e Urgell. El mencionado archivo contiene
dos diplomas conse rvad os en tres copias en los que fi gura R amiro e n calidad de
otorgante. Ambos documentos son la donación al obispado de Urgell de la diócesis de
Roda por parte de Ramiro I en el año de 1040 y el juramento hecho entre Ramiro I y el
obispo Guillermo Guifredo
107
.
Archivo de la Catedral de Pamplona (ACP)
Si en Urgell ha y diploma s de Ramiro I, en el archi vo de la catedral de Pam plona
también, conc retamente tre s documentos otorg ados por Ramiro I y conservados en
cuatro copias de inicios del si g lo XV I , ex plicándose su presencia por la necesidad de
copiar tal es diplom as po r parte del capítulo d e l a diócesis d e Pamplona al objeto de
presentarlos en un pleit o con la dió cesis de Huesca-Jaca acerca de las tierras de la
Valdonsella. Los citados documentos son l as lla madas Actas del Con cilio de J aca, la
106
ACL, RC_00 18, Cartulario de Ro da , f. 57 y ff. 1 07-108 .
107
ACU, Liber Do taliorum Ecclesia e Urgellensis, I , ff. 183 r-183v y f. 1 99v y pe rgaminos nº 331 y 332.
28
2
donación de trece iglesi as a la catedr al de Jaca ubica das en los alrededores de tal
localidad y la concesión de las rentas obtenid as en los peajes de Jaca y Canfranc
108
.
Archivo de la Catedral de Barbastro (ACB)
En la l ínea de los úl timos archivos comentados, t ampoco éste que ocupa ahora
nuestra atención contiene gran número de do cumentos relacionados con el r einado de
Ramiro I . No obstante, tiene ci erta im portancia por el hecho de que de l os siete
documentos que nos ha trasmitido de dicha época, cinco de ellos únicamente los
conocemos gra cias a las copias depositadas en el archivo de l a catedral de Barbastro.
Precisando más lo expuesto, todos los documento s recoge n donaciones a favor de S an
Victorián efectuadas por particulares y Ramiro I y concesión de fr anquicias personales
por parte del citado monarca
109
.
Archivo de la Catedral de Jaca (ACJ)
Pese a ser J aca el principal núcleo de población existente en el terr itorio
gobernado y controlado por R amiro I , los avatares históricos posteriores determinaron
que apenas se hayan conservado do cumentos del citado monarca en Jaca. Así, la
catedral de J aca únicamente p osee cin co diplomas: cuatro copias de las denominadas
Actas d el C oncilio de J aca, l a concesión de los peajes d e Jaca y Canfranc a la diócesis
de J aca por parte de Ramiro I , la donación de trece iglesias a di cha institución también
efec tu ado por el refe rido rey, el documento de do tación del monasterio de San Adrián
de Sásabe, sede d e la diócesis de Aragón y lue go J aca y la entrega de u na vill a hecha
por Ramiro I a l senior Fortún Blázquez de Martes
110
. En cuanto a la importanci a
cualitativa del mismo, podemos afirma r que no es irrelevante, ya que el referido centro
nos da a conocer la versión más antigua de los cuatro últ imos actos jurídicos expuestos.
Archivo Municipal de Jaca (AMJ)
108
Cfr. ACP, Arca Episco pi V , nº 1, ff. 75-76v y 183v-184.
109
Cfr. ACB, A rchivo d el provisorato , Cartulario de San Victorián , ff. 11r -15r.
110
Cfr. ACJ, c arpeta 1 A, nº 1, 1b is, 2 , 3, 4, 5, 6, 7 y 8.
29
2
Al igual que el catedralicio, el archivo municipal de Jaca también po see entre
sus fondos cinco docum entos del rein ado de Ramiro I otorgados por él, l os cu ales
tendremos que bus car en uno de los nume rosos pergaminos que ti ene el archivo y en el
Libro de la Cade na del Ayuntamiento de Jaca. Dichos diplomas son las Actas del
Concilio de J aca , la concesión de la villa de Guas a a San Victori án, la don ación de trece
iglesias a la di ócesis de Jaca, la dotación d el monasterio de S an Adrián d e Sásabe y el
otorgamiento de un fu ero a los hombres de Osa realizado también por Ramiro I
111
.
Excepto el p rimero, conservado en un pergamino suelto, el resto se hallan copiados en
el referido L ib ro de l a C adena. Por otro lad o, a diferencia del anterior archivo
comentado, el archivo muni cipal de J aca sólo nos ha transmitido un documento que no
está en ningún otro archivo o bibliot eca , el o torgamiento a los hombres d e Osa de un
fuero.
Archivo de la Catedral de Huesca (ACH)
De to dos l os ar chivos c atedralicios que contien en documentos del reinado de
Ramiro I , el de Hues ca es el más i mportante, y a qu e guarda entr e sus fondos diecisiete
diplomas de esta época. Sin embargo, ot orgados por el citado monarc a sól o hay cinco
actos jurídicos: las d enominadas Actas del Concilio de Jaca, de las que el archivo de la
catedral de Huesca posee diez copias con interesantes miniaturas, la dotación del
monasterio de San Adr ián de S ásabe, dos copi as de la donación de t rece iglesias
cercanas a Jaca a l a diócesis ubi cada en dicha pobl ación y dos concesiones de franquicia
al senior Sancho Galínde z, a y o de Sancho Ramír ez, sobre las propiedades que comprara
en Ar agón y en la Vald onsella, documento qu e incluye ad emás l a confirmación por
parte del rey de una casa en Sos
112
. P or otro lado, l os doce diplomas resta ntes están
relacionados con el men cionado s enior S ancho Galíndez, puesto que se conserva un
pequeño cartulario escrit o en letra vis igótica que tiene diez documentos que i nforman
sobre la evolución de s u patrimoni o, un documento de concesión de créditos al obispo
de Aragón y algunos seniores d el reino y la donación de unas c asas en el ba rrio judío de
Pamplona hechas por S ancho IV d e Pamplona
113
. En lo que con cierne a l a valoración
del archivo, puede afirmarse que sus fondos son importantes desd e un p unto de vista
111
Cfr. AMJ, 2, 4 -4 y Libro de l a Cade na , ff. 56v-58, 8 4v-85, 91 -91v y 94v-96.
112
Cfr. ACH, Armario 2, nº 29, 4 7, 70, 111, 115 , 1 41, 739, 915 y 938; armario 6, nº 39 0; armario 9, 47,
105 , 244 y 286; Extravagantes, a ño 106 3 y Libro d e la Cad ena , p. 135.
113
Cfr. ACH, Extravag antes .
30
3
cualitativo, y a que custodi an tres dipl omas originales, dos de Ramiro I y uno de Sancho
IV, un conjunto de ac t os jurídicos que p ermiten estudiar tanto las pr opiedades y
beneficios del noble S ancho Galíndez como también su rol social y fi nalmente unas
miniaturas rele vantes de sde el punto de vis ta artísti co que figur an en algunas d e las
copias de las Actas del Concilio d e Jaca, espe ci almente en dos de las más antiguas.
Archivo Municipal de Huesca (AMH)
El archivo muni cipal de Huesca se caracteriza po r ser el de menor importancia
cuantitativa de todos los archivos oscenses que guardan documentos d el reinado de
Ramiro I, pues tan sólo pos ee dos, uno otorgado por Ramiro I en el año 1048 y otro
particular de diciembre d e 1046 que reco ge una p ermuta de bienes e ntre Galindo L óp ez
y J imeno, abad del mona sterio de San Úrbez
114
. Sin embargo, en la actualida d el archivo
municipal de Huesca c arece de ellos, puesto que en el año 1996 sufrió un robo de toda
la carpeta de do cumentos rea les de los s iglos XI y XII. S in embar go, a ún queda un
pequeño pergamino de dicha carpeta que, si n ten er relación con el period o cronológico
que nos ocupa, se ha conservado gracias a que se les ex travió a los ladrones en su huida
debido a sus reducidas dimensiones. El citado documento contiene un acto jurídico
efec tu ado entre particulares. No obstante, y v olviendo a Ramiro I , h emos podido
consultar ambos dipl omas mencionados de época ramirense gracias a que C arlos
La li ena efectuó fotocopias de los m ismos, las cuales nos ha facilitado.
Departamento de Historia M edieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y
Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoz a ( DH MUZ)
En las d epende ncias del citado departam ento de la Universidad de Zaragoza se
halla un pequeño fondo de pergaminos que contiene una serie de documentos
procedentes del antiguo archivo del monasterio de S an Victorián. Correspondientes al
reinado de Ramiro I só lo ha y cinco, de l os qu e tres son copias de ot ros diplomas
conservados en un do cumento más antiguo
115
y únicamente dos contienen sendos actos
jurídicos que no s e han conservado en otros conjuntos documentales. Éstos últimos son
la concesión de va rias propi edade s hecha po r Ra miro I al monasterio de S an Victorián y
114
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 5 y 6, pp . 147-14 8.
115
Cfr. DHMU Z, Documen tos de S an V ictorián , ms. 1-1R, 2-1 bis R y 1 9-3P (al dor so).
37
3
relacionada con el perio do ramirense, la cual, por desgracia, ha desaparecido del luga r
donde se ubicaba, el p anteón real del monasterio de San J uan de la Peña
127
. No obstante,
conocemos su contenido gracia s a l a publi cación que hicieron de ella en sendas obras
los Padres Moret y Huesca
128
. Siguiendo su transcripción, el teno r de la mis ma recoge la
fecha de la muerte de Ramiro I sin indi car el año: “ Hic reqviescit Ranimirvs rex qvi
obiit VIII idvs madii die V feria ”
129
.
2.- MONUMENTOS Y Y A CIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS
Tras haber visto las fuentes escritas disponi bles, a continuación daremos la
relación de la t otalidad de monumentos y yac i mientos a rqueológicos cuyos restos se
relacionan total o parcialm ente con el periodo de años que g ob ernó el territorio aragonés
el rey Ramiro I. En algunos casos, ejemplo de los castillos y fortalezas, la denominación
del y acim iento se co rresponderá con la nomencla tura de BI C dada en el Boletín Oficial
de Ara gón con f echa de 22 de ma y o de 2006
130
. Por otro lado, seguiremos un criteri o
tipológico p ara orden ar l a ex posición; en consonancia con ello, vamos a distinguir las
siguientes ca te g o rías: monumento re ligioso, monumento civil, z ona arqueológica
castellológica y y acimie nto arqueológico. Asimismo , también se indicará el municipio,
comarca y provincia en el que se ubican los difere ntes monumentos y yacimientos.
a) MONUMENTOS
RELIGIOSOS
En esta categoría de mo numentos religiosos incl uiremos todas aquellas iglesias,
tanto conservadas íntegramente como en ruina, que pertenecen t otal o parcialmente al
reinado d e R amiro I d e Aragón. Reco rdando l o tratado e n el c apítulo anterior, la ma y or
parte de las mismas se han construido en estilo románico, aunqu e ha y algunas que
combinan ras gos de éste con pervivencias del prerrománico. H a llegado hasta nuestros
días un conjunto numero so e importante que s e halla repartido de man era desi g ual po r
todo el territorio ar agonés, de m anera qu e l os templos religiosos que va mos a citar se
127
Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e
Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, (Zaragoza, 1 967), pp. 45-153, concretamente p. 7 8.
128
Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e
Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, p. 78.
129
Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e
Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, p. 78.
130
Cfr. Boletín Oficial de Aragón , nº 57, 22-5-20 06, pp. 6924-6933 .
38
3
concentran ma y o ritariamente en l a geo g rafía d e l os antiguos condados de Aragón y de
Sobrarbe conforme s e va a comprobar a con tinuación. Por últi mo, si mplemente
mencionaremos los monumentos sin especificar si corresponde íntegrame nte su fábric a
al reinado de Ramiro I, ya que eso y a s e ha especificado en el capítulo previo.
La lista de monum entos religiosos es la q ue si gue: Santi ag o de Ruesta (Urriés,
Cinco Villas, Zaragoza), S an Nicolás de C eñito (Sos del Re y Católico, Ci nco Vill as,
Zaragoza), Santa María d e Iguácel (J aca, Jacetania, Huesca), S an Bartolomé de Muro d e
Roda (La Fu eva, Sobrarbe, Hues ca), San M artín de Buil (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe,
Huesca), Santa María d e Gavín ( Biesca s, Alt o Gállego, Hu esca), San Bar tol omé de
Gavín (Biescas, Alto Gállego, Huesca), San J uan Bautista de Rasal (Las Peñas de
Riglos, Alto Gállego, H uesca), San Ú rbez y San Miguel de Basarán ( Broto, Sobrarbe,
Huesca), Nuestro Señor J esucristo de Otal (Broto, Sobrarbe, Hues ca), S an Martín de
Oliván (Biescas, Alto Gá llego, Huesca), Santa Eu lalia de Susín (Biescas, Alto Gállego,
Huesca), San Andrés d e Satué (Sabiñáni go, Alto Gállego, Hu esca), San Saturnino de
Yesero ( Yesero, Alto Gallego, Huesca), San Salvador de Biescas (Biescas, Alto
Gállego, Huesca), San Martín de Cartirana (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Santa
María de Espierre (Biescas, Alto Gállego, Huesca), San Adrián de Guasillo (J aca ,
Jacetania, Hues ca), San Emeterio y San Celedon io de Samiti er ( La F uev a, Sobrarbe,
Huesca), San Clemente de Palo (Palo, S obrarbe , Huesca), S an Juan Bautista de Pano
(Graus, La R ibagorza, Huesca)
131
, S an Pedro de Lárrede (Sabiñáni go, Alto Gálleg o,
Huesca), San Juan de Busa ( Biescas, Alto Gállego, Huesca), Santa María de Ysún
(Sardás, Alto Gállego, Huesca), S an Martín de Belsué ( Nueno, La Hoy a de Huesca,
Huesca), Santa María de Belsué (Nueno, La Ho ya de Huesca, Huesca), S an Andrés de
Nasarre (Bierge, Somont ano de Barbastro, Huesca), Los Santos (Bierge, S omontano de
Barbastro, Huesca) y Escanilla (Abizanda, Sobrarbe, Huesca).
b) MONUMENTOS
CIVILES
Dentro de la presente categoría nos ref e riremos, conforme indica el epígrafe, a
aquellos edificios e inf raestructuras que no ten ga n uso reli g ioso, de forma que se
incluyen castill os, p uentes, vías, etc. S in emba rgo, y po r des gracia , d e la época de
131
Histó ricamente considera m o s a Pano perteneciente a So brarbe, pero en la actualidad p ertenece a Graus
y en consecue ncia a la co marca d e La Ribagorza.
39
3
Ramiro I sólo nos quedan fortalezas, y a que , por ejemplo, el puente d e C acabiello sobre
el río Aragón, en constru cción durante el reina do del c itado monarca, no ha conservado
su factura d e mediados del siglo XI. Por otro la do, cabe reseñar que aquí t ambién se
nombrarán aquellas fo rtificaciones d e época ramirense que no ha y an sid o declaradas
BIC por el Gobi erno de Aragón a través de la C onsejería de Edu cación, C ultura y
Deporte.
En consonancia con la definición de la categoría de monum entos civiles, los
edificios que s e int egran en la misma se detallan a continuación: Castillo de Loarre
(Loarre, Ho ya d e Huesca, Huesca), Castillo de Marcuello ( Loarre, Ho ya d e Hu esca,
Huesca), Castillo de Bena barre (B enabarre , La Ribagorza, Huesca), Cas tillo de Pano
(Graus, La Ri bagorza, Huesca)
132
, Castillo de Fantova (Graus, La Riba gorza, Huesca) ,
Castillo de Pera r rúa (Perarrúa, La R ibagorza, Huesca), Castillo de Luzás (Tolva, L a
Ribagorza, Huesca), Casti llo de Falces (Tolva, La Ribagorza, Huesca) , Castillo de
Viacamp (Viacamp y Litera, La Riba gorza, Huesca), Torre de Torreciudad (Secastilla,
La Riba gor z a, Huesca), Castillo de Abiz anda (Abizanda, S obrarbe , Huesca), Torre d e
Escanilla (Abizanda, Sobrarbe, Hu esca), Torre de Arcusa (Aínsa-S obrarbe, Sobrarbe,
Huesca), Castillo de Boltaña (Boltaña, Sobrarbe, Huesca), C astillo de Muro ( La Fueva,
Sobrarbe, Huesca), Cast illo de S amitier (La Fueva, S obrarbe, Huesca), Castil lo de
Troncedo (La Fueva, Sobrarbe, Huesca), Casti llo de la Peña Felizana (Sos del Re y
Católico, Cinco Villas, Zaragoza), Castillo de la Peña A yllón (Uncastillo, Cinco Villas,
Zaragoza), Castil lo de Castelmanco (Agüero, Hoy a d e Hu esca, Zaragoza), Castillo de
Torre de Peñ a (Javier, Sangüesa, Navarra) y C astillo de S urta (Aínsa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Huesca).
c) ZONA
ARQUEOLÓGICA
CASTELLOLÓGICA
De acuerdo con lo establecido por orden de la consejera de Educ ación, Cultura y
Deporte del Gobi erno de Aragón publicad a en el BOA el 22 d e ma y o de 2 006, en la que
se declaran BIC un a serie de castillos del territorio aragonés a fin d e acogerlos en las
medidas de protección e stipuladas por la ley autonómica aragonesa 3/1999 de 10 de
132
Au nque ad ministrativa mente es co m arc a de La Ribagor za al pertenecer a Graus, desde un p unto de
vista histó rico ha de c onsiderarse integrado en el So brarb e, c om o lo hace mos nosotr os e n el co njunto de
la pre sente Tesis Docto ral.
40
4
marzo, en est a c ategoría incluiremos aquellas fortalezas qu e p ertenezcan total o
parcialmente al reinado de Ramiro I y ha yan si do consideradas por dicha orden como
zonas arqueológicas.
Los edificios de époc a ramirense qu e consideramos z onas arqueol ógicas
castellológicas son los siguientes: Casti llo de Laguarres (Capella, La R ibagorza,
Huesca), Castillo de Sarsa (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Castillo de Lazaba
(Bárcabo, Sobrarbe, Hu esca), Casti llo de Mirave t (Bárc abo, Sobrarbe, Hue sca), Castillo
de Morcat (Boltaña, So brar be, Huesca), Castillo d e Clamosa (La Fueva, Sobrarbe,
Huesca), Castillo de Los Santos (Bier ge, S omontano de Barbastro, Huesca) y C astillo
de Naya (Bierge, Somontano de Barbastro, Huesca).
d) YACIMIENTOS
ARQUEOLÓGICOS
Como su propio nombr e indica, en la presente categoría se inclu y e n los
y ac imientos arqueológi cos cu y a cronología pueda relacionars e total o p arcialmente con
el periodo de gobierno de Ramiro I. Asimis mo, ha de señalarse que no clasificaremos en
esta categoría aquellos castillos que, habiendo sido objeto de una o varias campañas de
excavación arqueológica , el Gobierno de Aragón los ha declarado con posterioridad
monumento en la citada orden de la consejera de Educación, Cult ura y Deporte. Por lo
tanto, la lista de yacimientos quedará algo más reducida.
En función de lo establecido en el p árrafo ant erior, la lista de y a cimientos que
pueden relacionarse con el r einado d e Ramiro I es l a si guie nte con las consabidas
excepciones: Corral de Calvo (L uesi a, Cinco Vil la s, Zaragoza), Ne crópol is de San J uan
de Uncastillo (Unca stil lo, Ci nco Villas, Zaragoza), Nec rópolis judía de Unca sti llo
(Uncastillo, Ci nco Villas, Zaragoza), Necrópolis de Santa M aría de L iena de Murillo de
Gállego (Murillo de G álleg o, Ho y a de H uesca, Za r agoza), La Tor re (Murillo de
Gállego, Hoya d e Hu esca, Zaragoza), Iglesia de Concilio (Murillo de Gál leg o, Ho ya de
Huesca, Zaragoza), Tolosana (Murillo de Gálleg o , Ho y a de Huesc a, Zaragoz a), Plaza de
San P edro (Jaca, J acetania, Huesca), P laza Bis cos (Jaca, J acetania, H uesca), Pl aza
Biscos nº 5 (Jaca, Jacetania, Huesc a), Plaza B is cos nº 9 ( J aca, Jacetania, Huesc a ), Plaz a
de l a Cat edral (Jaca, Jacetania, Huesca), Sopret er-Castiello de Jaca (Cast iello de J aca,
Jacetania, Huesca), Necrópolis de Lasieso (S abiñánigo, Alto Gállego, Huesca),
41
4
Necrópolis de San Ú rbez de Nocito (Nueno, Ho y a de Hues ca, Huesca), Necrópolis de
Nocito (Nueno, Ho y a de Huesca, Hu esca), Necrópol is de Arr aso (Sabiñ ánig o, Alto
Gállego, Huesca), Ne crópolis d e Arcusa ( Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca),
Necrópolis de Abizanda (Abizanda, Sobrarbe, Huesca), Nec róp olis de Bara
(Sabiñánigo, Alt o Gálle g o, Hu esca), N ecr ópolis de Belsué (Nueno, Hoya de Hu esca,
Huesca), Necrópolis d e Boltaña ( Boltaña, Sobr arbe, Huesca), N ecrópolis de Binueste
(Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Necrópoli s de Castellazo (Aín sa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Hu esca), Ne crópolis de Castellar de San J uan (Sabiñánigo, Alto Gállego,
Huesca), Necrópolis de Castiello de Guarga (Sabiñánigo, Alt o G állego, Hu esca),
Necrópolis de Coscojuela de Sobrarbe (Aínsa-So brarbe, Sobr arbe , Hu esca), Necrópolis
de Escanilla (Abiz anda, Sobrarbe, Hu esca), Necrópol is de Eripol (Bárcabo, S obrarbe ,
Huesca), Ne crópolis de F enillosa (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesc a), Nec rópolis de
Gésera (Sabiñáni go, Alto Gállego, Hu esca), N ecrópolis de Guaso (Aíns a-Sobrar b e,
Sobrarbe, Hues ca), N ecrópolis de L amata (Abizanda, Sobrarbe, Hues ca) , Necrópolis de
La s aosa (Sabiñánigo, Alt o Gálleg o, Hue s ca), Necrópolis de Olsón (Aí nsa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Huesca), Necrópolis de Paúles de Sarsa (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Hues ca) ,
Necrópolis de R odellar (Bierge, Somont ano de Barbastro, Hu esca), Ne crópolis de Santa
María de Buil (Aínsa-Sobrarbe, S obrarbe, Hue sc a), Nec rópolis de Santa María de Nuez
(Bárcabo, S obrarbe, Huesca), Necrópolis de Secorún (Sabiñánigo, Alto Gállego,
Huesca), Necrópolis de Pardina de Tuartas (Bolt aña, Sobrarbe, Huesca), Pue y o de
Griébal (Aínsa-Sobr arbe, Sobrarbe, Hu esca), Angüé (Caldearenas, Alto Gállego,
Huesca), Aracastiello (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Arasilla (Sabiñánigo, Alto
Gállego, Huesc a), Aspiri lla (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Bail ín (S abiñánig o,
Alto Gálle go, Hues ca), Benta y u elo (Y ebra d e Basa, Alto Gálle go, Huesca), Centen ero
(Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca), Güértalo ( Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesca),
Gronostué (S abiñánigo, Alto Gálleg o, Huesca) y L arbesa (Sabiñáni go, Al to Gálleg o,
Huesca). Por úl timo, da mos la lista de lu ga r es, ex cepto los y a nomb rados, en los qu e
Adolfo Castán ha encontrado c erá mic a clara, de l a cual h ablaremos en el c apítulo I V
133
:
Iguácel (Jaca, Jacetania, Hue sc a), Espi erre (Bie scas, Alto Gállego, Huesca), iglesia
parroquial de Almazorre (Bár cabo, Sobrarbe, Huesca), Ba g üeste (Aínsa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Huesca), desp oblado de San Juan de Belar r a (Sabiñánigo, Alt o Gállego,
Huesca), Castejón de So brarbe (Aínsa- Sobr arbe, Sobrarbe, Hu esca), C astellar de San
133
Cfr. R. VI RUETE ERDOZÁIN, Aragón en la época d e Ramiro I, v ol.I , capítulo IV, La arqueo logía y
los arqu eólogos: aportacion es a la h istoria de A ragón en tiempos d e Ramiro I .
42
4
Juan (Sabiñánigo, Alto Gálle go, Hu esca), C astellazo (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe,
Huesca), Castiello de G uarga (Sabiñáni go, Alto Gállego, Hu esca), Erip ol (Bárcabo,
Sobrarbe, H uesca), Esp ierlo (Boltaña, S obrarbe, Hues ca), Guaso (Aínsa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Huesca), Latorre (Aínsa -Sobrarbe, Sobrarbe, Hu esca)
134
, M iravet (Bárcabo,
Sobrarbe, Huesca), M orcat (Boltaña, S obrarbe, Huesca), Olsón (Aín sa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Huesc a), Rodell ar (Bierge, S omontano de Barbastro, Huesca), Santa Ma ría de
Buil (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca), Santa Waldesca de Samiti er ( Aínsa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Huesca), S ecorún (Sabiñánigo, Alto Gállego, Huesc a), S ilvés ( Boltaña ,
Sobrarbe, Hu esca), Surta (Aínsa-Sobrarbe, Sobrarbe, Huesca) y Tou (Aínsa-Sobrarbe,
Sobrarbe, Huesca)
135
.
B
)
EDICIÓN Y PUBLICACIÓN DE FUENTES ESCRITAS,
MONUM ENTALES Y ARQUEOLÓGIC AS
Si bien en el apar tado previo hemos visto las fuentes di sponibles para el r einado
de Ramiro I, ahora toca dar la relación de aquéll as que han sido objeto de estudio,
edición y publicación, lo que permiti rá calibrar y valorar el porcentaje que de ellas
permanece inédito . P or otro lado, en l o que s e refiere a l a exposición, s eg uir emos el
mismo orden que en el apartado anterior. Finalmente, ha de recordarse que los estudios
realizados sobre las mismas se analizarán y abordaran en capítulo si g uien te conforme lo
indicado previamente
136
.
1.- FUENTES ESCRITAS
a) OBRAS
NARRATIVAS
HISTÓRICAS
MED IEVALES
134
Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l.
Siglo s XI-XIII , Huesca, Instituto de Estudios Altorago neses, 198 8, pp. 45-47. Castán n o indica qué
Latorre es el que le ha rep ortado las p iezas cerá micas. E n principio cree mos que puede ser el i ndicado,
pero hay tre s m á s en la misma provincia de Hue sca se gún s e o bserva en la obra de Ub ieto L o s pueblo s y
despo blados. Cf r . A. UBIET O ARTET A, Lo s pu eblos y despob lados, vol.II , Zaragoza, Anubar E diciones,
1985, pp. 75 8-759.
135
Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l.
Siglo s XI-XIII , pp. 45-47. Aquellos no m br es que coincidan c on las n ecr ópolis no q uiere de cir q ue se trate
del mismo, sino que los fragmentos cerá micos han aparecid o en lu gar distinto del que oc upa la
necrópo lis.
136
En r elación co n la s fuentes escritas, quere mos advertir de que en algunos casos, e n especial los
referentes a la s fuentes narra tivas h istóricas, repetir emos n uevamente los da tos d e e dició n, y a q ue
mencionare m o s las edic iones existente s de cad a fuente.
43
4
A diferencia d el orden se guido en el apartado precedente cuando abordamo s este
grupo de fuent es, aquí ordenaremos l as diferentes ediciones que se han hecho de l as
obras históricas medi evales exclusivamente por criterio cronológico, d e forma que
prescindiremos d el geográfico. P or otro lado, advertiremos que al guna de las crónicas
ha sido objeto de numerosas ediciones a lo largo de los siglos, hecho qu e nos ha hecho
optar por s eleccionar las mism as eligiendo indi car solamente las habid as a p artir de l
siglo XX. Asimismo , no se procederá a obviar e diciones anteriores a la centuria citada
si las crónic as o anales en cue stión no se han publicado en varie dad d e oca sion es o
resulta interesante citarlas.
La Lámpara de los Príncipes , obra más antigua de tod as, sól o di spone de una
edición efectuada po r Max imiliano Alarcón en lengua castellana en el año de 1931
137
.
Además de ésta, contamos también con una t raducción al castellano de l fragmento
relativo a Ramiro I , la c ual se debe a Claudio Sánchez Albornoz. P or otro lado, carece
de una edición crítica conforme los hábitos académicos actuales.
El Cronicón II de Alaón ha sido objeto de dos ediciones a cadé mic as h asta la
fecha, la primera efectuada por Valls Taberner en el año 1927
138
y la se gunda a carg o de
Ramón D’Abadal en el primer tomo del volumen tres de su obra C atalun ya C aroling i a,
dedicado a los condados de Pallars y Ri bag o rza
139
.
Se han hecho varias ediciones de la Crón ica Silense ; sin embargo, nosot ros sólo
vamos a citar aquéllas q ue han tenido lugar del siglo XX en adelante. Ci rcunscr itos a
estas fechas, han de señalarse tres publi caciones distint as de la presente fuente, las
cuales han corrido a car go de S antos Coco, Emi lio Gómez Moreno y J usto Pérez de
Urbel y At ilano Ruiz Zorrilla
140
.
137
Cfr. M. ALARCÓN, Lá mpar a de los Príncipes, 2 vols , Ma drid, Ins tituto d e Vale ncia Don J uan, 19 31.
Más concreta mente, el pa saje de Ramiro I se halla e n las pá ginas 333 y 3 34.
138
Cfr. F. VALS-T ABERNER (ed itor), “Una antigua re lació històrica rib agorçana”, Els Estudis
Universitari s Catalans , 12, ( Barcelona, 19 27), pp. 458-459.
139
Cfr. R. D’ABADA L I VINYALS, Cataluny a Carolín gia, vol. III. Els c omtats d e Pallars i Ribagorça ,
Primera Pa rt , p. 2 0.
140
Cfr. F. S ANTOS COCO (editor) , Historia Silense , Madrid , J un ta para Ampliación de Estudios e
Investigacio nes Cie ntíficas, 1 92 1; M . GÓME Z MORENO (ed itor), I ntrodu cción a la Historia Silense:
con versión castellana de la misma y de Crón ica de Samp i ro , Mad rid J unta par a Ampliació n de Estudios
e Investigac iones Cie ntíficas, 1 929 y J. P ÉREZ DE UR BEL y A. GO N ZÁLEZ RUÍ Z-ZORRILL A
(edito res), Historia silense , Madr id, Consejo Superior de Investigaciones C ientíficas, 1 959.
44
4
A consecuencia d e ser el Ci d el per sonaje principal de la Gesta Roderici
Campidocti , esta fu ente también ha sido objeto d e varias edi ciones como las de R isco,
Foulché-Delbosc o Bonilla. Sin embargo, nos inte resa destacar l a d e Men éndez Pidal
141
,
reeditada en varias ocasiones, la efectuada por Emma Falque y ot ros
142
y también otra
reciente a car go de los profesores de la Universi dad de Za r agoza Alberto Montaner y
Ángel Escobar Chico.
Al igua l que las dos ante riores, se han efectuado varias ediciones desde el siglo
XVIII h asta nu estros día s de la Crónica d e Alaó n Renovada . Ciñ éndonos al siglo XX,
encontramos dos de las cinco exi stentes en total
143
, las cuales fueron hechas
respectivamente por Ant onio Serrano y S anz en 1912 y Ramón D’Abadal i Vinyals en
1955
144
.
En relación con el Chronicon Alterum Rivipull ense , ha d e decirs e que
únicamente se dispone d e una edición, hecha por Villanueva en 1806
145
. Asimismo, y
basándonos en los datos que ofrece Coll i Alentorn, no r esulta posibl e hac er más
ediciones, puesto que el original se perdió al parecer en 1835
146
.
La únic a edición que hasta el momento se ti ene del Linage de Rodri go Díaz se
debe a Antonio Ubieto, que la publ icó, junto con el resto de crónicas que se ubican en
los manuscritos del Fuero de Navarra, en 1989 en una segunda edición
147
.
Pasando nuevamente a una fuente musulmana, la prim era edición crítica del
texto de la obra de Ibn al -Kardabus fue reali zada por Ahmad Mut jar al-Ab badi en 196 6,
141
Cfr. R. MENÉNDE Z PI DAL, La Españ a del Cid , Madr id, Espasa- Calpe, 4ª ed. rev. y a um., 1 947 , pp.
919-969.
142
Cfr. E. F ALQUE ET ALII (ed itores), Ch ronica H ispana saeculi XI I, pars I , T urnh o ut, Br epols, 1 990.
143
Cfr. R. D’ABADA L I VINYALS, Cataluny a Carolin gia, vol. III. Els c omtats d e Pallars i Ribagorça ,
Primera Pa rt , p. 2 3.
144
C fr. A. SER RANO Y S ANZ, Noticias y d ocumen tos d el c ondado de Riba gorza , Mad rid, Junta par a
ampliación d e e studios e inve stigaciones c ientíficas -Centro de Estudios Hi stóricos, 1912 , pp. 56-62 y R.
D’ABAD AL I V INYALS, Cata lunya Caroling ia, vol.III . Els comtats de Pallars i Riba gorça, Primera
Part , p p. 24-26.
145
Cfr. J. VILLANUE VA, Viage literario a las iglesias de Es pañ a, vol.V , Madr id, Im pre nta Real, 180 6,
p. 2 45.
146
Cfr. A. UB IET O ARTETA, L iteratura med ieval I , p. 39.
147
Cfr. A. UB IET O ARTET A (editor) , “Coronica s” na varras , Zaragoza, Anubar E diciones, 2ª ed., 198 9,
pp. 34-46.
45
4
siendo entonces profesor de la Universidad egipcia de Alejandría
148
. S in embarg o,
nosotros hemos utilizado la traducción de la misma al c astellano de Felipe Maillo
Salgado, quien la editó en el 1986
149
.
La primera versión del Liber Regum , efectuada e n el reino de Navar r a, ha sido
publicada en dos ocasiones respectivamente por Antonio Serrano y S anz en 1919 y por
Louis Cooper en 1960
150
.
Correspondiendo los Anales Modernos y el Lina ge de los Rey es de Esp aña al
conjunto de crónicas que s e hallan en el corpus documental del Fuer o d e Navarra, cabe
reseñar que sólo se di spone de una edición del conjunt o de todas ellas, hecha la misma
por Antonio Ubieto
151
.
Respecto a la Crónica najerense , tres ediciones han de reseñarse, la de C irot en
Burdeos a inicios del si glo XX, la de Antonio U bieto en 1964 y l a de Estévez Sola en
1995
152
.
El Chronicon Rotense Pr imum no ha s ido objeto de ninguna edi ción crítica en el
siglo XX, pero sí fue publi cado en centurias anteriores, tanto en el XV III por el p adre
De la Canal como en el X I X por Villanueva
153
.
Prescindiendo de la edición de P orres Martín- Cleto, que unifica los Anal es
Toledanos Primeros con los Segundos , sólo hay tres ediciones de los mencionados
Anales Toledanos Primeros , corre spondiendo do s de ellas al siglo XV III y una al XX.
148
Cfr. F. M AILLO SA LGADO, Historia de al-Andalu s , pp. 10-11.
149
Cfr. F. M AILLO SA LGADO, Historia de al-Andalu s , Madrid, Ediciones Akal, 1 986.
150
Cfr. A. SE RRANO Y S ANZ (e ditor), “Cronicón Villar ense ”, Bo letín de la R eal Acad emia Españ ola ,
6, pp. 194-215 y L. COOP ER (ed itor), E l Liber Reg um , Zarag oza , I nstitución Fer nando el Cató lico, 1960,
pp. 15-39.
151
Cfr. A. UB IET O ARTETA (ed itor), “Co ronicas” n ava rras , 2ª ed ., pp . 25 -33 y p p. 56 -70
respectiva mente para el L inage d e los Re y es de España y los Anales modernos.
152
Cfr. G. CI ROT (éditeur), “Une chronique léonaise inédite”, Bulletin Hispaniqu e , 11, (Bordeaux,
190 9), pp. 259 -282; G . CIROT (éditeur), “La c hronique lé onaise”, Bu lletin Hisp aniqu e , 1 3, (Bord eaux,
191 1), pp. 1 33-156 y pp. 381 -439; G. CIROT, “Index o nomastique et géo graphique d e la Chronique
Léonaise inédite” , Bu lletin Hispa niqu e , 3 6, (Bordeaux, 19 34), pp. 401 -425; A. UB IET O ART ETA
(edito r), Crón ica n ajerense , Valencia, Anubar Ediciones, 19 64; A. UBIET O AR T ET A (editor ), Crónic a
najeren se , Zaragoza, An ubar Ed iciones, 2ª ed., 198 5 y J. A. EST ÉVEZ SOLA (e dito r), Chro nica
Naiarensis , T urnhout, B repols, 1995.
153
Cfr. P. DE LA CANAL, E spaña sag rada, vol.XLVI , De las Santas Ig lesias de Lérida, Ro da y
Barba stro en su estado an tiguo , Madrid , I m pr enta de los He red eros de D. José De l Collado, 1836, p. 345
y J. VI LLANUEVA, Via ge lite rario a la s iglesias de E spaña, vo l.XV , pp. 329-33 1.
46
4
En relación con ello, lo s responsables de las do s últimas fueron resp ectivamente el
padre Flórez y Ambrosio Huici Miranda
154
.
Aunque pueda parecer realmente sorprendente, únicamente contamos co n dos
ediciones del text o latino de la crónica de Lucas de Tuy titulada Chronic on Mundi . La
primera y más antigua se debe al Padre M ariana , publi cada a inicios d el siglo XVII en la
obra de Andreas Schott Hispaniae Illustrata
155
, mie ntras que la s egunda y más reciente
ha corrido a cargo de Emm a Falque, viendo la luz en el año de 2003
156
. A éstas dos
ediciones, ha de añadírse le una que aún permanecía i nédita en el momento de publicar
la s uy a Emma Falque, la cual ha sido hecha por la historiadora mejicana Olga Valdés,
que la presentó como Tesis Doctoral en el año 199 7
157
.
De acuerdo con lo señalado por J uan Fernández Valverde, son m uchas y
numerosas l as ediciones efectuadas de la obra de Rodrigo J iménez d e Rada De Rebus
Hispaniae
158
. L imi tándonos al siglo XX, ú nicamente existen dos ediciones de dich a
obra, una e fectuada por María de l os Desampar ados Cabanes
159
y otra por el citado J ua n
Fernández Valverde
160
, que también ha realizado una traducción al castellano
161
.
En lo concerniente a la Primera C rónica General de España , aparte de la
edición del siglo XVI q ue hizo Florián Docampo, la últim a y más reciente es la que
realizó Ramón Menéndez P idal en 1906, reimpresa en más ocasiones
162
.
En cuanto al Libro de las Generaciones , cabe de stacar la exist encia d e dos
ediciones. La primera y más antigua se debe a J osefa Ferrandis en el añ o de 1968
163
,
154
Cfr. E. F LORE Z, Españ a sagrada , tea tro geog raphico-h i storico de la iglesia d e E spaña, vol. XXIII ,
Madrid , An to nio Marí n, 1767, pp . 381 -400 y A. HUI CI MIR ANDA (editor ), Las crónica s la tinas de la
Recon quista, vol.II , Valencia, J unta par a Am p liación de E studio s e Investigac iones Científicas- Centro d e
Estudios Hi stóricos, 1 913, pp. 339-35 6.
155
Cfr. A. SCHOTT I, Hisp aniae Illustratae seu rerum urbiu mque Hispa niae, Lu sitaniae, A ethiopia e et
Ind iae scriptories varii, tomus IV , Fra ncofu rti, 1 608, pp. 1-116 y E. FAL QUE REY (edito ra), Lvca e
Tvdensis. Ch ronicon Mvndi , p. CLI.
156
Cfr. E. F ALQUE REY (ed itor a), Lvca e Tvdensis, Chro nicon Mvnd i , Turnhout, Brep ols, 20 03.
157
Cfr. E. F ALQUE REY (ed itor a), Lvca e Tvdensis, Chro nicon Mvnd i , p. CLVI.
158
Cfr. J. FERNÁNDEZ V ALVERDE, Historia de lo s hecho s de Espa ña , pp. 32-33 .
159
Cfr. R. XIME NIUS DE RADA, Ope ra , Valencia , Anubar Ediciones, 1 968.
160
Cfr. J. FERNÁNDEZ V ALVERDE ( editor) , De Rebus Hisp aniae , Turnho ut, Brepo ls, 1987.
161
Cfr. J. FERN ÁNDEZ V ALDERDE, Histor ia de los hechos de España , Madrid , Alianza E ditorial,
1989.
162
Cfr. R. MENÉ NDEZ PI DAL (ed itor), P rimera Crón ica G eneral , Mad rid, B aillo-Baillière e Hij os
Editor es, 1906.
53
5
Ya en este si glo, concretamente en el año de 20 04, María Dolores Barri os ha
publicado la do cumentación del monast erio de Mont earagón hast a el año 1228
198
.
Aunque Monteara g ón nace con poste rioridad al reinado de Ramiro I , su fondo
archivístico contiene un diplom a otorgado por el citado monarca aragonés en el año de
1058 a favor del monasterio de San Andrés de Fanlo, que se convirtió después en
priorato de Montearagón
199
.
En el mismo año de 2 004, el entonces grupo consoli dado de investi gación
CEMA del departamento de Historia Medieval de la Universidad de Z ara goza promovi ó
la publicac ión de los documentos de San Victorián que Martín Duque t rabajó en su
Tesis Doctoral
200
. Así pues, la monografía de dicho historiador pone al serv icio de los
investigadores un númer o importante de documentos, entre los que ca be destacar un
conjunto numeroso del reinado de Ramiro I que constitu y e el segundo corpus
documental más amplio tras el de San Juan de la Peña, el primero por volu men.
Por úl timo, l a edición más reciente corresponde al año de 2007, en concreto a la
publicación por Eric Knibbs y Carlos Laliena del cartulario de S an Andrés d e Fanlo,
perteneciente a la mi sma colección que la colec ción diplomática de San Victorián
201
.
Esta publ icación, fruto de haber l ocalizado de nuevo el p aradero del cartulario en la
biblioteca estadounidense de la uni versidad d e Pennsylvania, contiene la edición d e
todos los documentos publicados por Án g el Canel las López en 1964.
Completando la relación de obras publ icadas qu e contienen documentació n del
reinado de R amiro I, h an de citar s e las ediciones de documentos del monasterio del
cartulario de Roda, del m onasterio de San Salvador d e Oña y del archivo catedralicio d e
Urgell, las cuales s e deben respectivamente a Yela Utrilla, Del Álamo y C iprià Baraut.
En cuanto al número de dipl omas, la cifra no es grande, sino todo lo contrario, pequeña.
198
Cfr. Mª. D. BARRIOS M ARTÍ NEZ, Docu mentos de Mo ntearag ón (10 58-1205 ) , Huesca, Asociació n
de Amigos del Castillo de Montearagó n, 200 4.
199
Cfr. Mª. D. BARRIOS M ART ÍNEZ, Doc umento s de Montearagó n (1058-12 05) , nº 1, p. 19.
200
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , Zaragoza, Departa mento de Historia M edieval, Ciencias y T écnicas Histor iográficas y
Estudios Árabes e Islá micos, 2 004.
201
Cfr. C. LALIEN A CORB ERA y E. KNIB BS, E l cartulario del monasterio arago nés de S an A ndrés de
Fanlo (siglos X-X III) , Zaragoza, Departa mento de Historia Me dieval, Ciencia s y T écnicas
Historiográfica s y Estudios Árab es e Islámicos, 20 07.
54
5
Así, la primera y la última únicame nte tiene dos cada una, mientras que la segunda
contiene sólo un diploma
202
.
d) INSCRIPCIONES
EPIGRÁFICAS
La únic a inscripción que se conoce perteneciente a la époc a de Ramiro I ha sido
editada por Antonio Du rán Gudiol en su artículo tit ulado Inscripciones Medievales de la
provincia de Huesca , pu blicado en 1975 en el v olumen VII de la r evista Estudios de
Edad Media de la Coron a de Ara gón
203
. Junto a la de Ramiro I, se editan tod a una serie
de inscripciones, dest acando las relacionadas con J aca y l as del claustro de l a catedral
de Roda de Isábena.
e) PIEZAS
NUMISMÁTICAS
De l a mis ma forma, la única moneda acuñada en Jaca pertenec ient e a los años
del reinado de Ramiro I de l a que s e tiene noticia por el momento fue estudiada y
editada en primer lu gar por Pío Beltrán Vil lagrasa en un artículo de principios de los
años cincuenta del siglo pasado
204
.
2.- FUENTES MONUMENT ALES
Aunque las fuentes monumentales sigan en el olv ido para la mayor parte de las
instituciones g ubernativa s, los historiadores de art e sí que les han prestado una atención
importante en los últ imos años, lo que se h a plasmado en un amplio númer o de artículos
y mono g rafías que ha posi bilitado que los monumentos religiosos y civiles del reinado
de Ramiro I no permanezcan inéditos dentro d el mundo acadé mico un iversitario y
científico. Asimism o, debe señal arse que los trabajos ef ectuados abarcan espa cios
geográficos de di ferente amplitud, puesto que te nemos desde los que est udian todo el
202
Cfr. F. YE LA UTRIL LA, E l cartulario d e Roda, Lérida, Imprenta Mar iana, 193 2, nº 1 , pp . 17-18; J .
DEL ÁLAMO, Colección diplom ática de San S alvador de Oña (822- 1284) , Madrid , Con sejo Superio r d e
Investigacio nes Científica s, 1950 , nº 32, pp. 62-64 ; C. BARAUT, “Els do cuments, dels a nys 1036-10 50,
de l’arxiu capit ular de la Seu d’Urgell”, Urg ellia , 5, (Ando rra la Vella, 198 2), pp. 7-158, nº 525, pp. 62 -
63 y C. B ARAUT, “ Els do cu m e nts, dels an ys 1051 -1075, de l’arxiu capitu lar de la S eu d ’Urgell” ,
Urgellia , 6, (Andorra La Vella, 1983), pp . 7-243, nº 8 90, pp. 238 -239.
203
Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e
Edad Media de la Corona d e Aragón , 8, p. 78.
204
Cfr. P. BELTRÁN VI LLAGR ASA, “Notas so bre monedas aragonesas”, Cesaraug usta , 2, p . 78.
55
5
territorio aragonés donde ha y arte prerrománico y románico h asta l os que se dedican
única y ex clusivamente a un monumento o un término municipal concret o Por tanto, a
raíz de esto, nosotros procederemos a clasific ar los diferentes artículos y m onografías en
función de la s uperfic i e analizada y sigui endo una gra d ación de m ayor a menor. En otro
orden de cosas, convi ene indicar que l a ma y or p arte tienen una cronolo g í a general, de
forma que los monumentos correspondientes al reinado de Ramiro I se engloban junto
con los de otros periodos anteriores y posteriores . Finalmente, nombrarem os las obras
que traten t otal o parcialmente el periodo de gobi erno ramir ense y aqu ellas que analicen
periodos anteriores pero que sus conclusiones sirvan para conocer mejor los hechos del
periodo que nos interesan, el de Ramiro I .
a) TERRIT ORIO
DE
ARAGÓN
Exist en varia s obras qu e se centran en la totalidad del territorio ara gonés.
Estableciendo un orden cronológico, tenemos en primer lugar la obra de Ángel San
Vicente Pino y Ángel Canellas López sobre el A ragón románico, la cual, aparecida en
1971, no ana liz a de forma ex haustiva todos los monumentos de este estilo, sino sólo un
conjunto relevante de ellos
205
. En 1973 P hilippe Araguas conclu y ó su maîtris e , la cual
aborda fundamentalmente el castillo de Loarre y el r esto de fortificaciones fronterizas
aragonesas. No obstante, la misma p ermanece i nédita en su t otalidad, au nque su autor
publicó en 1975 un breve artículo ex poniendo las idea s fundamental es de su obra
206
. Un
año después, en 1976, vi o la luz la monografía d e Cristóbal Guitart Apa ricio sobre los
castillos de Aragón, la cual se editó en dos volúmenes, de los que no s i nteresa el
primero, y a que e n éste a parecen las fortalezas correspondientes a la mitad d el siglo X I,
periodo de gobierno de Ramiro I
207
.
En las dos últimas décadas del siglo XX se publicaron también una serie de
trabajos importante, al g u nos de los cuales sigue si endo a día de ho y un libro de consulta
205
Cfr. A. S AN VICENT E PINO y A. CANELL AS LÓP EZ, Arag on Roman , Paris, Yonne-Zodiaque,
197 1 y A. SAN VICE NTE PI NO y A. C ANELLAS LÓPEZ, Arag ón , Mad rid, Encuentro, 19 79,
traducción al castellano d e la ob ra preced ente.
206
Cfr. P . ARAGU AS, “Les châte aux de la frontière ar agonaise au XI siècle”, L’ informati on d’ Histoire
de l’a rt , 5, (Pa ris, 1975), pp. 199-203.
207
Cfr. C. G UIT ART A P ARICIO, Castillos d e Ara gón , vo l.I , Zaragoza, L ib rería General, 1 976 . Po r otro
lado, a finales de la década de los o chenta, Gui tart p ublicó un volumen más de addenda en el que corregía
algunos da tos del p rimer volumen, ade m ás de ofrecer el es tudio de nuevos castillos. Cfr. C. GUIT ART
APARICIO, Castillos d e Aragó n, vo l.III , Zaragoza, Mira Ed i tor es, 1988.
56
5
obligada independiente de su contenido. Nos refe rimos al libro titulado El nacimiento
del arte románico aragonés , e scrito por Esteban L orente, Galtier Martí y García Guatas
y editado en 1982
208
. Con posterioridad a esta obr a, en 1983 apareció un artículo de
Esteban Lorente y García Guatas sobre los castillos fronterizos de Aragón
209
. Por otro
lado, Fernando Galtier vi o como en 1986 y 198 7 la revista francesa Cahiers de Saint
Michel de Cuixà s acaba a luz sendos artículos suyos que trataban respectivamente los
castillos lom bardos de la frontera aragonesa y la evolución de la planta circular en l as
fortificaciones románicas aragonesa s
210
. Tras estas obras, debe destacarse la publicación
en 19 91 del artículo de Philippe Arag uas que versa nuevamente sobre el c astillo de
Loarre y el resto d e fortalezas ar agonesas de fro ntera
211
. Finalmente, este p eriodo de
veinte años lo cierran la monografía de síntesis sobre el románico aragonés de García
Guatas
212
, reeditada nuev amente en el año de 200 2
213
, y el artículo de E rnesto Ar ce
Oliva en la obra colectiva coordinada por José L uis Corral El libro de oro del arte
aragonés
214
.
Finalmente, los po cos añ os que llevamos del p resente si glo han sido fructíferos
en cuanto a la realización de monografías e inves tigac iones sobre las for talezas y las
iglesias de estilo románico. De acu erdo con ello, en primer lugar e stán los seis
volúmenes de J osé Luis Aramendia dedi cados al románico aragonés, publicados entre
los años 2001 y 2004
215
. En este último año vio también la luz el trabajo de Adolfo
208
Cfr. J. F. EST EBAN LORENT E ET ALII, El na cimiento d el arte románic o aragon és . Arquitectura .
209
Cfr. J. F. EST EBAN LOR E NT E y M. GARCÍA GUATAS, “ For tificacione s cristia nas del siglo XI en
la frontera d e la reco nquista aragonesa”, Castillos de Españ a , 20 , (Madrid, 1 983), pp. 3-32 .
210
Cfr. F. GALT IER MARTÍ , “Les château x d e la frontière a ragonaise entre le préro m a n et l’art roman.
Lignes de recherche”, Ca hiers de Saint Michel de Cuixa , 17, (Perpignan, 1986) , pp. 197-235 y F.
GALTIE R M AR T Í, “Les ch âteaux lo mbards de l ’Aragon, à l ’aube de la ca stellolo gie de ro mane
occide ntale”, Cahiers de Saint Mich el de Cu ixa , 18, (P erpignan, 198 7), pp. 173-198.
211
Cfr. P. ARA GU AS, “L e château de Loar re et les châteaux de la frontière d e la f ro ntière ar agonaise a u
XI
e
siècle: leur place dans l’architecture militaire de l’Occid ent c hrétien” en P . SÉNAC ( éditeur), La
Marche S upérieu r d’al-Andalu s et l’Occide nt chrétien , pp. 165-17 6.
212
Cf r. M. GARCÍ A G UATAS, El arte román ico en el Alto Aragó n , Huesca, Instituto d e Estudios
Altoaragonese s, 199 7.
213
Cf r. M. GARCÍ A G UATAS, El arte román ico en el Alto Aragó n , Huesca, Instituto d e Estudios
Altoaragonese s, 2ª ed . corr. y au m ., 2002 .
214
Cfr. E. ARCE O LIVA, “El arte Románico”, en J. L. CORR AL LAFUENT E (coordinado r), E l libro de
oro d el arte ara gonés , Zaragoza, El Per i ó dico de Aragón, 1 998 , pp. 80-99 .
215
Cfr. J. L. ARAMENDÍ A, E l romá nico en Aragón . Cuenca s de l Nog uera Ribagorzan a e Isábena , vol.I ,
Zaragoza, Librería General, 2001 ; J. L. AR AMENDÍA, El Romá nico en Arag ón . Cuencas del É sera y
Cinca , vo l.II , Zaragoza , Liberia General, 20 01; J. L. ARAM ENDÍA, El Romá nico en Arag ón . Cuen cas
del Ara, Vero , Alcanad re, Gua tizalema y Flumen , vol.III , Zaragoza, Leyere Edicio nes, 20 01; J . L.
ARAMENDÍ A, El Román ico en Aragó n . Cuenc as de l I suela y Gálleg o , vol.IV , Zaragoza, L e yere
Edicio nes, 200 2; J. L. ARA MENDÍA, El Romá nico en Arag ón. Cuenc as de l Aragón y el A ra, v ol.V ,
57
5
Castán sobre las torres y castillos del Alto Ar a gón
216
. Un año después, en 20 05
Fernando Galtier coo rdinó un facsímil del Beato de Fanlo, en el que publicó un capítulo
relativo al arte aragonés en época de Ramiro I
217
, mientras que la Aso ciación Española
de Amigos d e los Castill os editaba las actas d el III Con greso de Castellol og ía, en donde
aparece un artículo de R oberto Viruete sobr e las for talezas a ragonesas del primer
románico
218
, ree ditado al a ño si g uiente en la revista Castil los de España
219
. Por úl ti mo ,
con motivo de l a exposición ce lebr ada en Pamp lona en torno a S ancho III en 2006,
Fernando Galtier red actó un nuevo trabajo s obre el arte aragonés en el siglo XI, incluido
en el catálogo de la citada exposición
220
.
b) ESTUDIO S
DE
ÁMBITO
COMARCAL
La coma rca de las Cinco Vil las tiene tres obras relativas a su territor io. L a
primera de ellas la escribió F ernando Galti er en 1984; concretamente se trata del
artículo que estudia l as primeras i glesias construi das en piedra en l a cuenc a hidrográfica
de los ríos Arba
221
. L a segunda es un artículo del citado Ga ltier y de Bernabé Cabañero
sobre l os castillos y forti ficac iones existentes en la mencionada zona de los Arbas
222
.
Por últ imo, cabe destacar la mono grafía de B ernabé Cabañero S ubiza acerca de la
Zaragoza, Edic iones Le y ere, 20 03 y J. L. ARAMENDÍ A, El Romá nico en A ragón. Cuencas del Rig uel,
Ebro y afluen tes del sur, vo l.V I , Zaragoza, Ed iciones Leyere, 200 4.
216
Cfr. A. CAST ÁN SA RASA, Torres y castil los del a lto-Arag ón , Huesca, Publicacio nes y Edicio nes del
Alto Ara gón, 2004 .
217
Cf r. F. G ALTI ER MA RT Í, “Aragón en la é poca del Beato de Fanlo”, en F. GALTIER MART Í
(coo rdinador), El “Bea to” del abad Banzo del mo nasterio de S an Andrés de Fanlo. Un Ap ocalipsis
arago nés recup erado , pp. 18 9- 23 9.
218
Cfr. R. VIRUE TE ERDO ZÁIN, “Los castillos ara goneses del primer ro m ánico : “ ad exampla mentum
Christian orum et malum d e Mau ros ”, en A. RUI BAL RODRÍG UEZ (edito r), Actas del III Cong reso de
Castellolog ía Ibérica , G uadalajar a, Asociación Español a de Amigos de lo s Ca stillos-Dip utación
Pro vincial de Guadalaj ara, 2005, pp. 201-21 6.
219
Cfr. R. VIRUE TE ERDO ZÁIN, “Los castillos ara goneses del primer ro m ánico : “ ad exampla mentum
Christian orum et ma lum de M a uros ”, Castillos d e Españ a , 53, ( Madrid, 200 6), pp. 13 -22.
220
C fr. F. G ALTI ER M ARTÍ, “Aragón, de lo s o rígenes al e splendor : el r einado de Ramir o I ”, en I . G.
BANGO T ORVISO (directo r científico), S ancho el Mayor y sus herede ros. El linaje que eu ropeizó los
reinos hispán icos (La Edad de un Reyno. Las en crucijadas de la Corona y la diócesis de Pamp lona),
vol.I , pp. 146-16 4.
221
Cfr. F. GALT IER M ARTÍ, “Las pri meras iglesias de piedra de la frontera d e lo s Arbas, e l Onsella y e l
Gállego”, A rtigrama , 1 , (Zaragoza, 1984), pp. 11-46.
222
Cfr. F. G ALTIER M ART Í y B . CAB AÑERO SUBI ZA, “Los ca stillos de la frontera d e los Arbas”,
Boletín del Museo e Instituto Camó n Azna r , 20, (Zaragoza , 198 5), pp. 59-86.
58
5
arquitectura cincovillesa edificada entre l os siglos I X y XII, donde realiza un ex haustivo
análisis de cada monumento
223
.
En lo que concierne a l a comarca del Alto Gállego, hay que mencionar en primer
lugar dos obr as que an alizan el arte mozárabe de l a zona del Serrablo según sus autores.
La primera de las dos se debe a Antonio Durán G udiol, la cual se publicó en 1973
224
. En
cambio, la se gunda fu e escrita por el propio Antonio Durán Gudiol y Domi ng o Buesa
cinco años después, en 19 78
225
. El denominador común de ambas es que hablan del
conjunto de iglesias ubi cadas en la c uenca hidro gráfica del río Gállego. A parte d e éstas,
también debe nombrarse la monografía de Adolfo Castán Sarasa que estudia los
monumentos civiles y religiosos del Serrablo y d e la comarca de Sobrarbe
226
.
Refiriéndonos en último lug a r a las comarcas de Sobrarbe y R ibagorza, el
número de trabajos es amplio además de la obra ya citada d e Castán, aunque la m ayor
parte se centran en R ibagorza. Continuando con el orden cronológico, en primer lugar
está e l artículo de Manuel García Guatas consagrado al románico del Sobrarbe en
tiempos de S ancho III
227
. Posteriormente ha y que si tuar el trabajo de Philippe Araguas
sobre l os castillos de Cataluña y d e la Ribagorza, que, publicado en 197 9, resume las
ideas fund amentales d e su tesis doctoral
228
. Cinco años después, el propi o Philippe
Araguas vol vía a tratar las fortalezas de la R ibagorza con motivo del es tudio d e l os
castillos de Ar nau M ir de Tost
229
. A m ediados de la década de los ochenta, Manuel
Igle si as C osta sacó a la luz una ampl ia monografía acerca del arte románico religioso de
las coma r cas d e Sobr arbe y Riba g orza, el cual ha sido reeditado en 2003 a título
póstumo por Acín Fanlo y Enrique Calvera en cu atro volúmenes, uno más respecto a la
223
C fr. B. CAB AÑERO SUBI ZA, Lo s orígen es de la a rquitectura mediev al d e las Cinc o Villas ( 891 -
1105 ): entre la tra dición y la ren ovació n , Ejea de los Caballer os, Centro de E studios de las Cinco Villas-
Institución Fernando el Católico , 1992 .
224
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Arte a ltoarago nés de lo s sig los X y XI , Sabiñánigo, Caja de A horros y
Monte P iedad d e Zaragoza, Aragón y Rioja, 1973.
225
C fr. A . DURÁN GUDIO L y D. J. BUESA CONDE, Gu ía monu mental de Serrablo , Madrid, Servicio
de P ublicaciones del Ministerio d e Educació n y Ciencia, 19 78.
226
Cfr. A . CASTÁN S ARASA , A rquitectura m ilitar y religiosa d el S obrarb e y S errablo m eridional
(siglos XI-X III) .
227
Cfr. M. GARCÍ A GUATA S, “El pri m er r ománico en Sob rarbe durante la época de Sancho el Mayor”,
Argenso la , 79 -84, (Huesca, 1975 -1977), p p. 5-32.
228
Cfr. P . A RAGUAS, “Les c hâteaux de s M arches de Cata logne e t R ibagorce ( 950-11 00)”, Bu lletin
Monu mental , 137 , (Paris, 19 79), pp. 205 -224.
229
Cfr. P . ARAGUA S, “Les Château x d ’Arnau Mir de T ost”, en V. V. A. A ., Les pays de la
Méditerranée o ccidenta le au Mo yen Âge . Actes du 1 06
e
Congrès National de Soc iétés S avan tes ,
Philolo gie et Histoire , Paris, CNRS-CT HS, 19 84.
59
5
edición orig inal
230
. Casi de forma i nmediata a la obra de Manuel Ig l esias, la revist a
Aragonia S acra d aba a conocer, en l os números 2 y 3 de 1986 y 1987, dos artículos del
citado J osé Luis Acín Fa nlo que hablan del arte románico del Sobr arbe y de la
Ribagorza
231
. Finalmente, hemos de nombrar l a s íntesis del románico de l valle de
Benasque hecha en 1995 por R oberto Benedicto
232
, el estudio que hizo Castán Sarasa de
los castillos de Aínsa, Banastón y Escalon a
233
, cu y a publicación data de 1999, y el
artículo de Fité i Llevot de 2004 centrado en el rom ánico de la f ranja aragonesa
234
.
c) ESTUDIOS
DE
UN
ÚNICO
MONUMENTO
En últi mo lugar hemos dejado los trabajos que se centran en un solo
monumento, los cuales son mucho menos numerosos en comparac ión con l os
nombrados para el conjunto del territorio aragonés o para las comarc as o grande s
regiones que lo conforman. Así , a nivel local únicamente ha y que reseñar dos artículos
de Manuel García Guata s respectivamente sobre los castillos de Abizanda y Samitier e n
el S obrarbe
235
, uno de López Dueso acerca del c astillo de Boltaña
236
y tres referentes a
la fortific ación de Samitier dada por S ancho III a su hijo menor Gonzalo, cu y os autores
son por orden cronológico Fernando Galtier
237
, Jean Passini
238
y Roberto Viruete
239
.
3.- FUENTES A RQUE OLÓGIC A S
230
Cfr. M. IG LESIAS COST A, Arte religioso del alto Ara gón o riental, 3 vols ., B arcelona, A kribos
Edicio nes, 1 984 y M. IGLE SIAS COST A, Arte religio so del Alto Arag ón Oriental. Arquitectura
Romá nica, siglos X-XI, XII y XIII, 4 vols. , Zaragoza, Prames, e d. rev. y au m. po r J. L. ACÍN FANLO y E.
CALVERA NERÍN, 20 03.
231
Cfr. J. L. ACÍN F ANLO, “Sobra rbe Ribago rza, u na zo na d e la diversid ad de l Ro m á nico”, Arago nia
Sacra , 2, (Zaragoza, 19 86), pp. 111-128 y J. L. ACÍN FANLO, “Sob rarbe Riba gorza, una zo na d e la
diversidad del Ro m án ico (II )”, Aragon ia Sacra , 3, (Zaragoza, 1 987), pp. 145-177.
232
Cfr. R. B ENEDICT O, Guía de la arquitectura lombarda en el valle d e Benasque , Zaragoza,
Ayuntamiento de Be nasque, 1995 .
233
Cfr. A. CAST ÁN S ARASA, “T res fortificaciones d el Sobrar be”, Sobrar be , 5 , (Aínsa, 1999 ), p p. 65-
92.
234
Cfr. F. FIT É I LLEVOT , “ L’art Ro m à nic a la Franj a: un espai co mú entre Aragó i Cata lunya”, e n F.
CLOSA y J . M. MART ÍNEZ (edito res), R elacione s histó ricas entre A ragón y Catal un ya. Visio nes
interdisciplin ares , pp. 117 -141.
235
Cfr. M. GA RCÍA GU ATAS, “El casti llo de A bizanda , en la f ro ntera de la Reconquista ar agonesa”, e n
V. V. A . A ., Homenaje a José María L a carra en su jub ilación del profesora do , Zaragoza, Anubar
Edicio nes, 1977 , pp . 121-133 y M. GA RCÍA GU AT AS , “El conjunto r eligioso-milita r ro m á nico de
Samitier”, Argensola , 86, (Huesca, 1978 ), pp. 311-328 .
236
Cfr. M. LÓPE Z DUESO, “Boltaña y su castillo”, Sobrar be , 4, (Aínsa, 1 998), p p. 205-221 .
237
Cfr. F. G ALTIER M ARTÍ, “El verdadero castillo de Sam it ier”, Turiaso , 7, pp. 159-194.
238
Cf r. J. PASSINI, “Samitier, u ne site frontalier défe nsif de la Canal de Berdún”, en P. SÉNAC
(éditeur) , Frontières et espaces py rénéens au Moyen Âge , pp. 61-67 .
239
Cfr. R. VI RUETE ERDO ZÁIN, “Las p osesiones de l r ey Go nzalo de Sobr arbe-Ribagor za en el reino
de Aragón: el castro d e Samitier”, Aragón en la Edad Med ia , 19, pp. 589-597.
60
6
El descubrimiento de fuentes arqueológicas lleva consigo el estudio de la m isma
y la publicación de los informes, memorias y trabajos de investigación que dan a
conocer los principales resultados obtenidos, los cuales son de gran ut ilidad y vit al
importancia para re construir el pasado histórico , en especial el d e la época que nos
ocupa. Al i g ual que los his toriadores del arte, la actividad arqueológica ha
experimentado un gran auge a parti r del último cuarto de la cent uria pasada,
movimiento que, aunq ue con m enor intensid ad, también h a afectado al periodo
medieval. A continuación pretendemos ofr ecer una relación lo más completa posib le de
los artículos y mono grafías que estudian los ya ci mientos arqueológicos hallados en el
territorio ramirense cu ya cronolo gía i nclu y e los años de reinado de Ramiro I. E n
consonancia con ello, los numerosos trabajos ex istentes fruto de pro specc iones y
excavaciones arqueológi cas versan sob re aspectos y cuestiones di ferentes como
asentamientos humanos, edificios militares y religiosos, necrópolis, cerámica y otr as
infraestructuras y restos de carácter animal o vegetal. Por otro lado, y desde una ópti ca
meramente geográfica, ha de i ndicarse que l a arqueología no se ha desarrollado
equitativamente en el conjunto de los domi nios c ontrolados por Ramiro I , de forma qu e
contamos con una desi gual i nformac ión arq ueológica en la que s e observan fuertes
contrastes entre diferentes l ugares, caso por ejem plo de Jaca, que ha si do objeto de
numerosas actuaciones en treinta años, y Aínsa, d onde no se ha realizado pr ácticamente
nada e n el ca sco históri co, no así en el amplísimo término municipal. Finalmente,
articularemos la exposición de los trabajos en función de las actuales comarcas.
a) COMARCA
DE
LAS
CINCO
VILL AS
En una de las prin cipales localidades de la com arca , Sos del Rey C atólico,
encontramos el Castill o de Peña Felizana, situado en la parte más elevad a del espacio
urbano ocupado por el caserío y junto a la i glesia de S an Est eban. El castillo ha sido
objeto de ex cavación durante v arias campañas, c inco concretamente, y también de una
prospección po r g eo-rad ar, i ntervenciones que fueron efectuadas por los arqueólo g os
José María Viladés C astillo y Ma ría Elisa Palomar Llorente. Afortunada mente, ambos
han publicado individual o conjuntamente las a ctuaciones realizadas e n seis breves
61
6
artículos, cuatro editados en la revista Arqueolo gía Aragonesa y uno r espectivamente en
el Boletín del Museo de Zaragoza y en el Boletín de Arqueología Medieval
240
.
Siguiendo en la C omarca de las Cinco Villas, en el municipio de Uncasti llo
tenemos dos yacimientos arque oló gicos cuya cronología abarca el rein ado de Ramiro I :
el Castill o de la Peña Ayllón, s ituado en la peña epónima, la ne crópolis de San Juan,
ubicada en la cima de otro cerro dentro del núcleo h abitado de Uncastillo y enfrente d e
la mencionada peña de Ay l lón, y la necrópolis judía. El primero de lo s tres yacimientos
citados, actualmente sede de un museo, se ha excavado por completo a lo largo de
muchas campañas en v arios años desde 1988 hasta 2 003 bajo la di rección de J osé María
Viladés; a éstas han de sumarse las t res últimas comandadas po r Eugenia Nasarre en
2004 y 2005. Sin emba rgo, no t odas las intervenciones practicadas h an vi sto la l uz en
forma de artículo, ya que las hechas a partir de 2000 aún p ermane cen inéditas
241
. Por
240
Cfr. J. Mª. VILADÉS C ASTILLO, “Infor me de la primera campaña de excavacio nes en el castillo de
Sos del Rey Católico ( Zaragoza)” , Boletín de l Mu seo de Zarag oza , 6, (Zaragoza, 19 87), p p. 456-459 ; J.
Mª. VIL A DÉ S C ASTI LL O y Mª. E. PALOMAR LL ORENT E, “Excavaciones en el castillo d e Sos del
Rey Católico”, Bo letín de Arq ueolog ía Medieval , 2, (Madrid, 1988 ), pp. 193-194; J. Mª. VIL A DÉ S
CASTIL LO, “Infor me sob re la excavació n de l castillo de Sos del Rey Católico (Zara goza). Ca m paña
1987”, Arqueología A ragonesa , 1986-19 87, (Zaragoza, 1991), pp. 239-241 ; J. Mª. V ILADÉS
CASTIL LO, “E xcavación arqueo lógica d el castillo de Sos d el Re y Católico . Zaragoz a. II Iª campaña,
1988”, Arqueología A ragonesa , 1988-19 89, (Zaragoza, 1991), pp. 253-254 ; J. Mª. V ILADÉS
CASTIL LO y Mª. E. PALO MAR, “In forme de la ex cav ación de l castillo de Sos de l Rey Católico,
Zaragoza, ca m p aña 1 989” , Arqueología Ara gonesa , 1988-1989 , (Zaragoza, 1991), pp. 255-256 y J. Mª.
VILADÉS CAST ILLO y Mª. E . P AL OM AR LLORENT E, “Informe d e p rospecció n po r radar del castillo
de Sos d el Rey Católico , Zaragoz a. Campaña 19 89”, Arqueolo gía Ara gonesa , 1991 , (Zaragoza, 1 994 ),
pp. 197-198.
241
En cuanto a las r estantes ca m pa ñas, tod as han sido p ublicad as en la r evista Arqueología Arago nesa.
Cfr. J . Mª. VI LA DÉ S C AST ILLO, “I nforme s o bre las excavacio nes ar queológica s en el castillo de
Uncastillo. Zaragoz a. Ca m pa ña 1 988 ”, Arq ueología A ragonesa , 1988-19 89, (Zarago za, 1 991), pp. 243 -
244 ; J. M ª. VILADÉS C ASTILLO, “ E xcavaciones ar queoló gicas en el castillo de Uncas tillo, (Zaragoza).
Campaña 19 89”, A rqueología A ragon esa , 1 988-1989, (Zarago za, 199 1), pp. 245-247 ; J. Mª. VI LADÉS
CASTIL LO, “Infor me de la cam pa ña d e excavacio nes ar queológicas en e l castillo de Uncastillo,
(Zaragoza)”, A rqueolo gía Arago nesa , 1990, (Zaragoza, 1992), pp. 1 47-149; J. Mª. VILADÉS
CASTIL LO, “Excavacio nes arq ueológicas en el castillo d e Uncastillo ( Zaragoza). C ampaña 19 91”,
Arqueo logía Aragonesa , 1991, (Zaragoza, 1994), pp. 199 -201; J . Mª. VI LA D ÉS C ASTILLO,
“Excavacio nes ar queológ icas en el cas tillo de Unca stillo (Zaragoza). Campaña de 1992 ”, Arqu eología
Arago nesa , 1 992, (Zaragoza , 1 994), pp. 145 -148; J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “Excavacio nes
arqueoló gicas en e l castillo d e Uncastillo ( Zaragoza). Ca mpañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Aragone sa ,
199 4, (Zarago za, 199 7), pp. 179 -185; J . Mª. VILADÉS C ASTILLO, “Exca vación ar queo lógica e n el
Castillo d e Ay lló n, Uncastill o (Zaragoza) ”, Arqu eología Arag onesa , 19 95-2005, (Zaragoza, 2 007) y J .
Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Excavació n arqueoló gica en e l Castil lo de Ayllón, Uncastill o (Zaragoza)”,
Arqueo logía A ragonesa , 1995 -2005, (Zaragoza, 2 007); E. N ASARRE OT ÍN, “Exca vaciones
arqueoló gicas e n e l Castillo de Ayllón, Uncastillo (Zarago za)”, Arqueolo gía Aragon esa , 1995-20 05,
(Zaragoza, 2007 ); E . NASARRE OT ÍN, “Actuación ar queológica en la fortificación de Uncastillo
(Zaragoza)”, Arq ueolog ía Aragonesa , 1995-2005, (Zaragoz a, 2 007) y E. NASAR RE OT ÍN, “Retirada de
los restos óseo s de la fortaleza de Uncas tillo. Uncasti llo ( Zaragoza)”, Arq ueolog ía Arago nesa , 199 5-
200 5, ( Zaragoza, 2 007). En e sta publicació n p ueden cons ultarse la s fichas técnicas de la s ci nco ú ltimas
actuaciones arqueológicas c on lo s datos m á s relevantes de las m is mas, y a q ue los in formes aún
permanece n inéditos.
62
6
otro lado, la necrópolis exist ente junto a la iglesia de San J uan de Uncastillo ha sido
excavada y estudiada ta mbién por María Asunci ón Bielsa, J osé María Viladés y J uan
Ignacio Lorenzo L iz alde, quien ha procedido a analizar los restos óseos ex humados en
el curso d e las excavaciones llevadas a cabo po r Bielsa
242
. Finalmente, tambi én en el
año 2000 José María Viladés procedió a ex cavar la necrópolis judía de Uncastill o, si
bien no se abrieron las tumbas
243
.
Sin a bandonar a ún la citada coma rca z aragozana de l as C inco Villas, en el
término muni cipal de Luesia se en cuentra un yacimiento arqueológico m edieval, más
concretamente en la par tida m unicipal denominada Corral de C alvo. J uan Án ge l Paz
Peralta ha diri gido la excavación del mismo a lo lar g o de varias campañas, l o que ha
permitido descubrir un asentamiento m onástico compuesto de una igl esia, estancias,
calles y necrópoli s. Tra s l a realización de las actuaciones arqueológicas, un amplio
equipo mult idisciplinar compuesto por el propio P eralta y po r Fernando Galtier, J uan
Ignacio Lorenzo L iz alde, J osé María Vil adés y María Esperanz a Ortiz Palomar s e ha
encargado de estudiar el citado y acimient o en conjunto y de analizar
pormenorizadamente la cerámica, los restos óseos y l a cerámica, trab ajo q ue se ha
plasmado en la publicación de cuatro artículos en la revista Arqueolo gía Aragonesa y en
242
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Española , vol.V , Zaragoza, Depar tamento de Educac ión y Cultura de la Diputa ción General de
Aragón, Zaragoz a, 1986 , pp. 261-27 3; J. Mª. VILADÉS C ASTI LL O, “Excavaciones arq ueológicas e n la
necrópo lis de San Juan d e U ncastillo, Zaragoza. Campa ñas 19 88-198 9”, Arqu eología Aragonesa , 1988 -
198 9, pp. 2 49-250 y J . I. LORENZO LI ZALDE, “Procesad o y estudio de los resto s paleoantropo lógicos
pro cedentes d e la necró polis alto m ed ieval de San J uan d e Uncastillo (Zara goza)”, Arqu eología
Arago nesa , 1990, (Zaragoza, 1 992), pp. 371-374 .
243
Cfr. J. Mª. VI LA DÉ S CAST ILLO, “Excavación arq ueológica Nec rópo lis judía de Uncastillo
(Zaragoza)”, Arque ología Arago nesa , 19 95-2005, (Zaragoz a, 20 07). En e sta publicación p uede
consultarse la ficha técnica de la citad a excavación con lo s d atos más releva ntes de la misma, ya que el
infor m e aú n per m a nece inédito .
69
6
intentando cumplimentar los objetivos de la política muni cipal en el ámbito cultural
265
.
En cuanto a Graus, J ulia J ustes procedió a catalogar l os y acimientos ar queológicos
existentes en el término de Gr aus, señ alando alguno que tod avía no ha sido objeto de
estudio
266
.
En virtud de lo expuesto, y p rofundizando en la línea señalada al principio del
presente ap artado, no s ólo ha quedado cla ro q ue ha y un número i mportante de
actuaciones arqu eológ i cas en el territorio aragonés dominado por Ramiro I , si no que
también se aprecia un desequilibrio importante en cuanto a la distribución de las
prospecciones y excavaciones arqueológicas desarrolladas. En efecto, la mayor parte se
ubican en l as com arcas que conforman el espacio ge o gráfico que Ramiro I recibió de su
padre, concretamente Ci nco Vill as, Jacetania, Al to Gállego y Ho y a d e Huesca. Po r el
contrario, la actividad arqueológica llevada a cabo en Sobrarbe y Ribagorza ha sido
mucho más modesta. En consecuencia, l a reconstrucción del p asado histórico de la z ona
aragonesa primigenia resulta mucho más f actible que la de Sobra rbe y Ribagorza,
especialmente si l e añ adimos que t ambién p oseemos para Aragón una m ayor
documentación escrita.
Llegados a este punto, c onviene efectuar una recapitulación de los principales
contenidos tratados en e ste capítulo que conclu y e. En primer lugar, se h a comprobado
que en la actualidad disponemos de un amplio abanico de fuentes para estudiar el
reinado de Ramiro I d e Aragón, puesto que no sólo hay documentación escrita, sino
también m onumental y ar queoló gica . Cent rándonos en las fuentes es critas, hemos de
señalar la existencia de un im portante grado de di spersión geográfica de lo s documentos
como consecuencia de haberse conservado, por diferentes circunstancias, no sólo en
varios lugares del Estado español, sino tambi én en el ext ranjer o. Finalmente, indicar que
las publicaciones efectua das s obre las fuentes existentes demuestran clara mente que los
historiadores han pro cedido a estud iarlas por norma general, lo cual vamos a tener
oportunidad de constatarlo en el capítulo siguiente.
265
C fr. F. J. GARCÍ A C ALVO, “Castillo de B enaba rre (Huesca). I nfor me de la 1ª campaña de
excavaciones”, Arqueolo gía Arago nesa , 199 1, (Zaragoza, 1 994), pp . 203-205.
266
Cfr. J. JUST ES FLORÍ A, “Catálogo d e bienes arq ueológic os par a el desar rollo d el Plan de Ordenación
Urbana, Gr aus (H uesca)”, A rq ueología Aragonesa, 1 995-20 05, (Zaragoza, 2 007). En esta publicac ión
puede consultarse la ficha té cnica de la citada act uación co n los d atos más releva ntes d e l a misma, ya que
el infor me aún per m a nece inédito .
1
CAPÍTUL O II
LAS F UENTES HI STÓRI C A S DEL RE I N A DO DE RA MIRO I:
PROBLEMÁ TICA Y EST U DI O S DE LA HI ST OR IOGR AFÍA
Al hilo de lo comentad o al final del capítulo previo, el qu e los hi storiadores
hayan procedido a estudiar las fuentes hist óricas del periodo de Ramiro I no indica que
todos las ha y an ana liz ado y que l os trabajados realiz ados sobre ellas se caractericen por
su minuciosidad. Por lo tanto, nos parece altament e int ere sante tratar las ideas que l a
historiografía h a dado a cerca de las fuentes históricas que nos permitirán r econstruir el
reinado de Ramiro I c o n el objetivo de ver y comprobar h asta que punt o se hace
necesario afrontar un nuevo estudio de las mismas o bi en el análisis de algún tipo
concreto de fue nte. Ahora bien, debemos puntualizar que nu estra labor se centrará
únicamente en aque llas fuentes que vay amos a util izar para reconstruir el pasado
histórico de la época ra mirense en los capítulos correspondientes a la tercera p arte. En
relación con ello, advertimos que no emplearemos las iglesias más que de forma mu y
puntual, de manera que prescindire mos de com entar lo que los historiadores del arte han
dicho de los t emplos religiosos a ex cepción de los estudiados desde un p unto de v ista
arqueológico.
Teniendo en cuenta e l objetivo que pretendemos al canzar en el pre sente capítulo
II , analiz ar la problemát ica que las fuentes pl antean result a de vit al i mportancia para
lograrlo. En este sentido, se comprobar á que cada tipo de fuente responde a unas
características d iferentes y que en fun ción de su naturaleza no sólo proporc ionan
distintos tipos de información, sino que también pose en ci ertos inconvenientes que
deben estudia rse y come ntarse al objeto de depurar al m áximo sus datos históricos con
el fin de utilizarlos en la reconstrucción de la reali dad hi stórica del reinado d e R amiro I.
Esto afec ta fundamental mente tanto a las fuentes escritas como a las arqueológicas, así
que nos c entraremos en ellas de cara a conocer el mo do en el que h an de emplearse y
los límit es que nos ofre cen.
A
)
ESTUDIO HIST ORIOGRÁFICO D E LAS FUENTES
2
En el capítulo previo nues tro objetivo ha sido nom brar únicamente l a r elación de
artículos y monografías de carácter científico que se han c entr ado en la edición y
publicación de l as diferentes tesis disponibles. En cambio, nuestra at ención se enfocará
ahora en los estudios críticos que sobre ellas s e han efectuado. S abiendo e sto, a la hora
de ex poner los contenidos respetaremos y continuaremos el m ismo orden que en el
capítulo primero, d e for ma en comenzaremos con las fuentes escritas y concluiremos
con las arqueológicas, analizando entre ambas las monumentales de carácter civil .
1.- FUENTES ESCRITAS
a) ACTOS
JURÍDICOS
De acuerdo con lo dicho en el anterior párrafo, iniciaremos el d esar rollo de
nuestra expos ición con la monografí a de Eduar do Ibarra sobre la docu mentación de
Ramiro I de A ragón. Se trata de una obr a general que intenta r e copilar todos los
diplomas cu y a fecha coincidiera con los años del gobierno del citado monarca
independientemente del otorgante, de forma que presenta documentos real es y no reales.
Desde nu estro punto d e vista actual, la obr a pu ede considerarse d esfasada en v arios
aspectos, pe ro en su momento repre sentó un trabajo de g ran calidad que s entó las bases
para el estudi o del te rritorio arag on és a mediados del siglo XI, y a que daba a conocer
casi toda la doc umentación existente g enerada por los protagonistas de la é poca y
concluía un ingente, mi nucioso y p aciente t rabajo de búsqueda en unas condiciones
bastante malas ant e el escaso av ance de las tareas d e ordenación y c atalogación
documental en comparación con nuestros días
1
.
Sin embargo, si contem plamos la obra según nuestra perspectiva y nuestro
juicio, dom inado por el afá n de crítica document al, observaremos varios aspectos que
nos inducen a considerar de sfasada la obr a r ealizada por Eduardo Ibarra. Su m onog r afía
carece de estudio crítico en toda regla de los dipl omas del r einado de Ra miro I , lo cual
argumenta el propio auto r aduciendo la dificultad que ello entraña
2
. Asim ismo, t ambién
se aprecian cie rtos errores de transcripción. De l a misma fo rma, no afronta la datación
1
E. IBARRA Y ROD RÍGUE Z, Docu mentos co rrespond ientes al reina do de Ramiro I desde 10 34 hasta
1063 años , Zaragoza, Tipografía y Librer ía de Andr és Uriarte, 1 904, pp. VII-XIV.
2
E. IBARRA Y ROD RÍGUE Z, Docu mentos co rrespond ientes al reina do de Ramiro I desde 10 34 hasta
1063 años , pp. VI-VII.
3
de aquellos actos jurídic os que no han conservado la cláusula cronológica . Finalmente,
no si g ue un orden cl aro a la hora de fijar los textos en el caso de disponer d e más de una
copia del documento
3
. En lo que concierne a l a otr a de obra de Eduardo I barra, la forma
de editar los diplomas no re gios del reinado de Sancho Ramírez si gue en l íneas
generales l as mismas paut as que l as obse rvadas en la edición d e la documentación de
Ramiro I. No obstante, cabe destacar la encendi da def ens a de la transcripción del
documento lo más fiel po sible, descartando en tod o momento una cor rección orto gr áfica
y gramatical del texto
4
.
A continuación nos refer iremos a la Tesis Doctoral de M artín Duque, de la que
aún permanecen pasajes inéditos. Con respecto a las obras de I barra su pone una gran
novedad desde el punt o de vi sta de la crít ica documental, y a que la gran aportación de
Martín Duque consiste en estudiar la organización del escritorio y del archivo
monástico y en fun ción de ello determinar la tra dición documental de los diplomas con
exacta precisión y l a autenti cidad o falsedad de los mismos, llega nd o incluso a
identificar a los responsables materiales de las falsificaciones
5
. Sin embargo, conforme
se verá en las si g uientes l íneas, si bien Martín Duque ha publicado los d ocumentos en
dos monografías distintas, el estudio crítico aún p ermanece inédito en su ma y or parte
6
y
sólo disponible, según la legislación, para quienes obtengan el pe rmiso d el autor.
Centrándonos ahor a en l a documentación de San J uan de la Peña edit ada po r
Antonio Ubieto, ha de remarcarse con ci erta not oriedad que ésta, en co mparac ión con
las anteriore s obr as edi tadas, se carac te riza por l levar un aparato crítico bastante
importante desde el pun to de vis ta cualitativo, y a que se indican qué dipl omas son
auténticos y cuáles falsif icaciones, además de res eñar también la tradición documental
de los auténticos
7
. En cuanto a su ubicación en la obra, el aparato c rítico lo encontramos
3
E. IBARRA Y ROD RÍGUE Z, Docu mentos co rrespond ientes al reina do de Ramiro I desde 10 34 hasta
1063 años . No p recisamos ni nguna p ágina co ncreta d onde pod am o s con statar los erro res se ñalados, de
ahí que re mitam o s a la totalid ad del texto d e los d iplomas en cuestión a fin de ilustrar e jemplos de lo
dicho.
4
Cfr. E. I BARRA Y RODRÍGUE Z, Documen tos correspo ndientes a l reinad o de Sa ncho Ramírez, vo l.II ,
p. XVI .
5
C fr. A. J. MARTÍN DUQU E, Cole cción diplomá tica d e San Victorián de Sobrarbe y S anta María de
Obarra (1000-12 19) , Zaragoza, T esis Doc toral Inédita, 1956.
6
Ángel Juan M artín Duq ue pub licó un pequeño r esumen del m is mo dentro de un breve a rtículo que lleva
por títu lo el de la tesis. Cf r . A. J. MARTÍN DUQUE, Colecció n diplomática de San Victorián de
Sobra rbe y Santa María de Obarr a (1000-12 19), Arg ensola , 8, (Huesca, 1 957), pp. 1-12.
7
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.I y vol.II .
4
individualiz ado por docume ntos en nota a pie de página en cad a uno de ell os, mi entras
que l a disti nción de aute nticidad o f alsificación s e realiz a respectivament e m ediante la
presentación del texto en letra redonda o cursiva
8
. S in embargo, apenas ha y una
argumentación ampli a que just ifique las opiniones sobre dichos asuntos, lo cual se deb e
a que Antonio Ubieto ya lo hizo previam ente e n un a rtículo transcende ntal ti tulado
Estudios en torno a la división del reino por Sancho el Mayor de Navarra
9
.
Refiriéndonos ahora a dip lomas de San Andrés de Fanlo publicados por Ángel
Canellas, debe decirse que su autor efectuó u n estudio precedie ndo a la edición
diplomática de los documentos, en el que hace una breve descripción de los fondos, una
somera hipó tesis de d atación de los diplomas sin fecha, un análisis diplomático y una
evolución hi stórica del monasterio
10
, de forma qu e no lo podemos considerar completo
al cien por ci en desde u n punto de vista de l a crítica documental al estilo de Ubieto o
Martín Duque. Por otro lado, y en l o relativo a l a documentación del p eriodo de Ramiro
I que ha y en la colección di plomática, llama la atención que no se conoc e el contenido
de cinco d e sus documentos
11
, hecho que ha de ac h acarse a la d esaparición del
cartulario de la parroquia oscense de San Ped ro el Viejo cuando Ángel Canellas
procedió a realizar la edición
12
.
En lo que concierne a la colección diplomátic a de Santa María de Oba rra , Martín
Duque presentó un breve estudio antecediendo a la edición diplomática de los ac tos
jurídicos de Obarra c o mprendidos entre los sig los XI y XIII
13
. Este estudio pued e
dividirse en tres partes; una primer a dedicada a la descripción de los principales
cartularios, en especial d e los rótulos de Ballábriga y Benasque, efectuan do un estudio
crítico de los mism os en cuanto a su datación a nte el hecho de que la mayor parte no la
han conservado
14
. La segunda se consa g ra a la hist oria del mon asterio corre spondiente a
las referidas centurias
15
, mientras que la te rcera se centra en la cuestión del dominio de
8
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.I , pp. 7 -9, especialmente p. 8.
9
Cfr. A. UB IET O ARTET A, “Estudios en to rno a la división del reino p or Sancho el May o r de Na varra”,
Príncipe de Via na , 21, (Pamplo na, 1960), pp.5-56 y 16 3-236, co ncretamente pp . 41-56 .
10
Cfr. A. C ANELLAS LÓ PEZ, Colección diplomá tica de San And rés de Fa nlo (958-1270) , p p. 11-72.
11
En efecto, única m e nte se p resenta un b reve resume n del d ocumento y u na fecha ap roximada de l
mismo. En c uanto al n úmero de ellos, concreta m e nte son ci nco. Cfr. A. CANELLAS LÓP EZ, Colec ción
diplo mática d e San Andrés d e Fanlo (95 8-1270) , nº 22, 24, 29, 35 y 37, p . 79, p. 80, p. 82, p. 85 y p . 86.
12
Cfr. A. C ANELLAS LÓ PEZ, Colección diplomá tica de San And rés de Fa nlo (958-1270) , p p. 5-9.
13
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , p. XLVIII.
14
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , pp. X I-XXVIII.
15
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , pp. X XIX-XXXVII.
5
Obarra y los doc ument os falsificados, donde Mar tín Duque plante a u na interesante
propuesta de emplear di chos di plomas para extraer información acerca de los motivos
que impulsaron a tal labor espúrea
16
.
Como hemos dicho en el capítulo ante rior al habl ar de la colección di plomática
de la catedral de Huesca, los documentos r eferentes al re inado de Ramiro I se hall an en
el primero de los dos volúmenes de la misma. En relación con el estudio de la
documentación, c abe destacar qu e la mono grafía de Antonio Durán, a diferencia d e las
dos anteriores de Martín Duque y Antonio Ubi eto, carece de un análisis cr ítico mínimo
de las fuentes. En este s entido, a la edición d e l os di plomas le precede un brevísimo
estudio que presenta una concisa historia de la organización d el a rchivo catedralicio y
una somera descripción de los princ ipales cartula rios que posee el fondo d ocumental de
la catedral de Huesca
17
.
En lo tocante a los documentos municipales de Jaca, pu blicados hasta el año
1269 por Antonio Ubieto, hay que indic ar que dic ho his toriador realizó un estudio breve
con anterioridad a la edi ción diplom ática en el que tras describir y fechar el cartular io
municipal, ll amado Libro de la Cadena, proc ede a d eterminar las falsificaciones
existentes y datar al g uno s documentos
18
. Así pues, en relación con el cartulario de San
Juan de la Peña, se aprecia l a ex istencia de un aparato crítico importante
cualitativamente que sí se incluye en la misma obra.
Fiel a l a dinámica establecida po r sus anteriores obras, Martín Duque no se
limitó únicamente a l a publ icac ión d e los documentos sin más, de forma que dedicó una
parte de la mono grafía a analizarlos. Así, en l a colección diplomátic a de Ley r e nos
presenta un b reve estu dio introductorio en el que efectúa una descripción de los
cartularios, en especial del Becerr o menor de Leire, y un análisis de la tradición
documental e ingenuida d de los diplomas, lo q ue se completa con ap arato crítico de
transcripción y de cronología en nota a pie de página en cada uno de los do cumentos
19
.
16
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra. (Sig los XI-X III) , pp. X XXIX-XLVIII.
17
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Colec ción d iplomática d e la catedral de Huesca, v ol.I , pp. 7-16.
18
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Jac a: Documen tos mun icipales (971-1 269) , pp. 8-24 .
19
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Documen tación med ieval de Leire (Siglo s IX a XII) , pp. XI-XXXI.
6
Volviendo de nuevo a l o dicho en el capítulo p revio, ha de recordarse qu e la
publicación de los docu mentos de Sancho R amírez de Án gel Canellas se correspond e
con una selección póstuma de una parte d e su Tesis Doctoral, inédita en su conjunto
como la de Martín Duqu e. Si nos centramos en lo que nos ocupa, la pres ente colección
contiene un centenar y m edio de documentos con un breve ap arato bi bliográfico al final
de cada transcripción. Sin embar go, esta obra no ti ene ning ún tipo de estudio crítico d e
los diplom as, ni siquiera una breve descripción de los fondos o de lo s principales
cartularios que conservan la documentación
20
.
Aunque se han realiz ado estudios sobre la documentación de La S auve-Majeure
que hac en ver la necesidad de re alizar unos m inuciosos estudios críticos, l a publ icación
del Gran Cartulario de la mencionada abadía bordele sa no cubre es ta importante
realidad. Así, la edición del cartulario está p recedida por un breve estudio que a títul o de
introducción efectú a una descripción del cartul ario, de los t extos, de l os elementos
validatorios y un a muy sucinta observación sobre las fechas y l os sistemas de datación,
pero sin abord ar un estu dio crítico m ás a mpli o donde ten ga n cabida cuestiones como la
falsedad documental o las posibles manipul aciones
21
.
La si guiente recopilació n documental de la que vamos a hablar es la colección
diplomática de la catedra l de Pamplona efectuada por uno de los últi mos archiveros de
la catedral de Pamplona, Jos é Goñi. En r elación con la línea que estamos desar rollando,
la edición de los docum entos de la pres ente obr a no se signi fica por ten er un estudi o
crítico, y a qu e sim plemente se presenta la t ranscripción de los diplomas prec edid a de
una brevísima descrip ción de algunos c artularios ex istentes en los fondos del archivo
catedralicio, lo que s e completa con unos escasos datos relativos al conjunto de
documentos que componen la monografía
22
.
Con la misma orientación que la anterior obra analiz ada y en contraposi ción a l a
estela marcada por Antonio Ubieto y Ángel Juan Martín Duqu e, María Dolores Barrios
prefirió abo gar por la si mple edición d e la documentación sin centrarse en la realización
de un completo an álisis de l a mism a. E n este sen tido, y como bien indica la editor a, la
20
Cfr. A. C ANELLAS LÓ PEZ, La colecc ión diplomá tica de Sanc ho Ramírez , 1 993.
21
Cfr. A. HIG OUNET -NADAL ET AL II , Grand Cartulaire de La Sauve-Maje ure , pp. 11-27 .
22
Cfr. J. GOÑI GAZTÁMB IDE, Colección diplomática de la cated ral de Pamp lona 829-1243 , pp. 5-9.
7
monografía sim plemente presenta, junto con unas notas introductorias relativas a la
propia publicación, la edición de los documentos, puesto que “ no es é ste un estudi o
crítico ”
23
.
Recordando nuevamente parte d e lo expresado en el capítulo previo, la colección
diplomática del monasterio de San Victorián de M artín Duque ha sido pro movida por el
grupo de investi ga ción C EMA. P artiendo de este hecho, la mencionada ob ra carece del
estudio crítico que sí tiene la T esis Doctor al de Martín Duque, por lo que sig u e sin
conocerse de manera abierta sus puntos de vista acerca de l a crítica documental de l os
diplomas ramirenses
24
. Además, se aprecian errores al cit ar la signa tura de l o s
documentos de Ramiro I conservados en la carp eta 760 de la sección de Clero del
Archivo Histórico Na cional, lo que se debe a no haber consultado los ligeros cambios
que se produjeron en la ordenación de los fondos en 1980 con el tr aslado de un diploma
de dicha carpeta a otra, lo que motivó una re ordenación de las si g naturas
25
. Así pues, se
trata de una edición que no recoge el estudio crítico que se efectuó de la misma en 1956
por el propio autor.
La reciente edición d el cartulario de San And rés de Fanlo, incluida en la misma
colección editorial que l a obra anterior de Ma rtín Duque, parece marcar un punto de
inflexión en lo que se refiere al análisi s de la documentación que se publ ica. Así, cabe
destacar que la monografía i nclu y e un estudio que se pre sent a delante de la edic ión
diplomática de los doc umentos en el que se realiz a funda ment almente una amplia
descripción del cartulario junto con su propia historia reciente, una evolución histórica
del siglo XI modificando algunos puntos de vist a de Ángel Canellas y un a valoración de
la importancia del cartulario para l a his toria de Aragón
26
, lo que se completa con un
aparato crítico u bicado a pie de p ágina en d onde s e abo rda con l os pertinentes
argumentos la dat ación de los documentos sin fecha , pudiendo ser más precisos en
23
Cfr. Mª. D. BARRIOS M ART ÍNEZ, Doc umento s de Montearagó n (1058-12 05) , p. 14.
24
La colec ción diplo m ática simple m e nte presenta unas not as introducto rias que hacen r eferencia a la
pro cedencia d e los docu m ento s y a la descr ipción d e al gunos c artulario s. Cfr. A. J . MART ÍN DUQUE,
Colección diplo mática de S an Victorián de Sobrarbe (10 00-1219) , pp. 9-12.
25
En concreto, el ca m bio que se pro du j o fue cambiar a una de las carpetas de Obar ra el docum e nto 5 de
la carpe ta 760, luego todo s aquellos dip lomas d e dicha carp eta a partir del 6 lle van en la ac tualidad un
número men o s del que se indica en la e dición de Martí n Duq ue. Cfr. A . J. M ARTÍN DUQUE, Co lección
diplo mática de San V ictorián de Sob rarbe (1000-1 219) , nº 1 2, 17 a 24 y 3 1, pp . 20-21, pp. 2 9-43 y pp .
50-54 y AHN, Secció n Clero Regula r-Secular , S an Victorián , car peta 760 .
26
Cfr. C. LALIENA CO RBERA y E . KNIB BS, El c artulario del mo nasterio aragonés de San Andrés d e
Fanlo (siglos X-XI II) , pp. 7 -38 y pp. 43 -216.
8
función de los datos de las fuentes. No obstante, todavía ha y una aportación más
relevante, la transcripció n de los cinco documentos pertencientes al reinado de Ramiro I
según Ángel Canellas cuy o texto se desconocía p or completo
27
.
Aparte d e las ediciones académicas de actos jurídi cos en las que se inclu y en
documentos del reinado de Ramiro I , tend remos que citar también el estu dio crítico de
la documentación que d el citado m onarc a efectuó Antonio Ubieto en su obra Orígenes
de los reinos de Castill a y Aragón , que es una ampliación de l o y a pu blicado en el
artículo de 1960 “Estudios en torno a la división del reino por S ancho el May o r”. Dicho
trabajo, aparte de ten er una descripción de la estructura documental de los diplomas y
un comentario ex haustivo de cada un a de las cláusul as y una relación de los escribas
que se ocuparon de la re dacción de los documentos, se caract eriza po r con tener t ambién
la opinión de Antonio Ubieto acerca d e la dataci ón, de la tradición do cumental y d e la
autenticidad d e los dipl omas otorgados por Ramiro I y de aquéllos en l os que figura el
rey si n s er el emisor. E n consonancia con esto, Antonio Ubieto dice qué documentos
son originales, copias y falsificaciones y data pa rte de los que s e cons ervan con fecha
errónea o bien carecen de ella, lo cual se basa en una arg ument ación sólida extraída de
la propia documentació n de la época. Si n embargo, en algunos diplo mas Antonio
Ubieto no ofrece puntos de vista firmes, sino que sus opiniones se mueven en la duda
28
.
Valorando lo ex puesto en este epígrafe, pued en di stinguirse dos etapas mu y
claras en el pro ceso d e publicación de los a ctos jurídicos. En un pri mer mom ento,
situado antes de la Guerra Civil española, la fina li dad es editar toda la doc umentación
disponible de un determinado reinado. En cambio , con posterioridad al citado conflicto
armado, se aprecia un ní tido cambio en la orientación de la publicación d e este tipo d e
fuentes, puesto que l as ediciones se hacen por fondos, de forma qu e tiende a publicarse
los documentos de las resp ectivas abadías abarcando periodos temporales amplios que
superan la centuria en la totalidad de los casos.
27
Concreta mente hab lamos d e cinco, lo s cuales c itamos a co ntinuación. Pri m ero s dare mos la edición d e
Carlos Laliena y E ric K nibbs y a cont inuación su co rres pondencia con la ed ición d e Canellas, do nde
figuran sin te xto. C fr. C. LALI ENA CO RBER A y E. KNIB B S, E l ca rtulario del mon asterio arago nés de
San Andrés de Fanlo (siglos X-X III) , nº 54, 65, 75, 82 y 1 45 , pp. 111-112, p p. 123-124 , p . 132, pp. 138-
139 y pp . 196-19 7 y A. CA NELLAS LÓP EZ, Colecc ión d iplomática d e San Andrés de Fanlo (95 8-
1270) , nº 29, 24, 35 , 27 y 22, p. 8 2, p. 80, p. 85, p. 86 y p. 79.
28
Cfr. A. UBIETO ARTET A, “Estudios en torno a la divisió n del reino por Sancho el Mayor”, Príncipe
de Viana , 2 1, pp. 46-53 y A. UBIET O AR T ET A, Orígenes de los reinos de Castilla y Ar ag ón , pp. 1 05-
127.
9
Por otro lado, mu y po cas son las mono grafías que presentan un estudio c rítico de
los documentos que editan y cuando lo ha y éste no resulta completo si empre, bien
porque no se trata l a ar gumentación de las opini ones con mu cho deten imiento en la
obra, ha bi éndolo hecho en otra, c aso de Antonio Ubieto en el cartulario de San J uan de
la Peña, o bien no se aborda la autenticidad o f alsedad de los diplom as, conforme se
puede comprobar en la versión publicada de S an Victorián, que no inclu y e el análisis
que sobre esto re alizó su propio a utor en el curso de la Tesis Doctoral. Además, aún ha
de añadirs e que Antonio Ubieto no deja resu eltas alg unas cuestiones de tra dición
documental y de autenticidad en los estudios efectuados por él de la documentación del
reinado de Ramiro I.
En tercer lugar, pese a las obras publi cada s, todavía queda un p ar de documentos
inéditos de Ramiro I, los cuales están depositados en el Archivo d e la Coron a de Aragón
de Barcelona
29
. Aparte de esto, la obra de Ibarra, úni ca que hasta el momento se ha
centrado en la documentación de Ramiro I , no edita la totalidad de diplomas e x istentes,
pues no supo del conser vado en Burdeos además de los inéditos y del incluido en el
segundo volumen de los de Sancho Ramírez, ni tampoco efectúa una publicación sobre
todas las copias disponibles de los diferentes do cumentos. De la mi sma forma y salvo
contadas excepciones, las ediciones de los di stintos fondos documentales, tanto
eclesiásticos como m unicipales, realizan las publicac iones basándose en los documentos
del fondo sin valora r las copias custodiadas en o tros. En definitiva, todo lo ex puesto nos
confirma que aún se car ece de una edición integral de los diplomas de la época del
mencionado monarca aragonés.
b) OBRAS
NARRATIVAS
HISTÓRICAS
MED IEVALES
La casi totalidad de las ediciones que hemos reseñado y enumerado en el
capítulo anterior cuent an con un estudio crítico de la crónica en el qu e se abordan
diversas cu estiones como la autoría, f echa , lugar de redacción, a las cuales y a h emos
hecho referencia al objeto de ubi carla s en su c ontexto, transmisi ón documental, fuentes,
códices, estemm a de los mismos y datos sobre su ubicación y v alorac ión h istórica de la
29
Cfr. R. VIR UET E ERDOZÁIN, Aragón en la época de Ramiro I, vol.II , n º 54 y 59.
16
1050
51
. En cuanto a Muro de R oda o Muro M aior, Adol fo Castán limita la cronolog ía
del X I defendida por Est eban, Galtier y Ga rcía al tramo denominado Paseo de R onda,
y a que el resto correspo nde a las reformas del si glo XV I
52
. Finalmente, tambi én ofrece
una visión a lternativa a L o arre en donde reco ge las investigaciones d e J osé Ángel
Asensio, a las que nos re feriremos en e l capítulo sig uiente
53
. Seg ún la opinión de
Castán, a la época d e S ancho III, años 1 016-1025, tan sólo pertenecería la torre que está
próxima a la de la Reina junto con la muralla hast a el á bside de S an Pedro por una l ado
y la primera e squin a por el otro, mientras que atribu y e al r einado de Ramiro I las torres
de la R eina y d el Hom enaje además de Santa María y la construcción del edificio de
función r eli giosa contiguo a la tradicionalment e llamada torre albarrana de L o arre,
asunto del que trata el trabajo de José Ángel Asens io
54
.
Manuel García Guatas estudi ó el castillo de Abiz anda con moti vo del homenaje
jubilar de J osé María Lac arra, año 1977; po r lo tanto, previo a la publicación de El
nacimiento d el arte románico , obra en l a que participó junto con Esteban y G altier. El
hecho de m encionar este trabajo se debe a que ofr eció una data distinta de la que darían
después conjuntamente. En efec to, frente a las d os fases de Abizanda cor respondientes
al año mil con ante rioridad a la campaña amirí d e 1006 y al año 1023, tesi s escrita en El
nacimiento del arte románi co , Manuel García so stuvo que di cha fortaleza se construyó
en los inicios d e la segunda mit ad del siglo XI, puesto que s e cita al tenente de
Abizanda en el año de 1 053
55
. Respecto a la a rgumentación, qued a patent e que Ga rcía
se vale de l a prime ra apa rición de Abizanda en lo s d ocumentos de la und écima centuria,
de forma que señala la metodología que utilizarán él mismo y Esteban y Ga ltier
56
.
En fechas más reciente s, el mismo Manuel G arcía Guatas ha es crito una
monografía sobre el Románico del Alto Aragón en donde aborda de form a sucinta y
51
Cfr. A. CAST ÁN S ARASA, Torres y Cas tillos del a lto-Arag ón , pp. 336- 339, pp. 467- 468 y pp. 470-
472.
52
Cfr. A. CAST ÁN S ARASA, Torres y Castillo s del alto-A ragón , p p. 37 0-374. No obstante, Cas tán la
data en lo s siglos X-XI.
53
Cfr. R. VIRUET E ERDO ZÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV La a rqueolo gía y
los arqu eólogos: aportacion es a la h istoria de A ragón en tiempos d e Ramiro I .
54
Cfr. A. C ASTÁN SAR ASA, Torres y Castillos d el alto- Aragón , pp. 322 -334.
55
C fr. M. G ARCÍ A GUAT AS, “El castillo de A b izanda, en la f ro ntera de la Reconquista a ragonesa”, en
V. V. A. A., Homena je a Jo sé María Lacarra e n su jub ilación del profesorad o , pp. 131-133.
56
Es evidente que la fecha d ada por García Guatas no se ba sa en la co m p aració n con o tros ca stillos de
idénticas car acterísticas, sino en el año y en la décad a en la q ue Abizanda apare ce en la do cumentación.
Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, “El castillo de Abizanda, en la f ro ntera de la R eco nquista aragonesa”, en V.
V. A. A., Ho menaje a José Ma ría Lacarra en su ju bilación del p rofesorado , pp. 131-13 3.
17
breve los monum entos d e este estil o y entr e ello s los castillos
57
. Data en prim er lugar
Fantova en el año 1015 s iguiendo la f e cha dada con sus coleg as Esteb an y Ga lti er en El
nacimiento de arte romá nico
58
. También sitúa en el reinado d e Sancho II I lo s de Loarre,
construido a partir de 1030, y el de Abizanda, erigido hacia 1030 sobr e una base
anterior a 1006
59
, de forma que rectifica su opini ón previa, la cual ha si do objeto de
análisis en el párrafo ant erior. Por otro lado, atribuy e al reinado de Rami ro I las t orres
de Ruesta en su parte inferior, Sibirana y Aínsa, fortalezas que ubica a mediados del
siglo X I
60
. Además, considera que l a de Troncedo s e hiz o durante la primera m itad de la
undécima c enturia y la de Escanilla en el cur so de la misma sin pr ecisar m ás
61
.
Finalmente nom bra sin datar las fortificaciones de Samitier, Pano, Luz ás, Fa ls y
Chiriveta
62
.
En el m arco d e su monografía sobre el Rom ánico aragonés, editada en seis
volúmenes, José L uis Aramendia ha procedido a estudiar, fundamentalmente con fines
turísticos, los primeros castillos construidos conforme dicho estil o arquitec tóni co. Sin
embargo, sor prenden su s puntos de vista, ya q ue no considera que m uchos de esos
castillos se constru y eran en el reinado de Rami ro I . En efecto, tan s ólo atribuye al
tiempo del citado monarca las fortalezas de Cl amosa, Escanilla, Pano, Muro Maior o
Muro de Roda, Torreciudad, Arcusa, Almazorre, S arsa de Surta, Luzás y Viacamp
63
.
Finalmente, López Dueso por un lado y Acín Fan lo y Lorenzo Burillo po r el otro
han estud iado respectivamente los ca stil los de Boltaña y de Samitier. El primero de
ellos apenas aporta nada nuevo en cuanto a la cronología, y a que está de a cuerdo con las
dos fases constructivas diferentes que propusiero n los autore s de El naci miento del arte
románico , una primera de estilo románico lombardo, que L óp ez Dueso si túa en 1017-
1020, y una segunda en románico lombardista que ubica entre 1045-1060, las mismas
fechas que di eron Esteb an, Galtier y G arc í a
64
. Respecto a Samiti er, Acín y Lor enzo
57
Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón .
58
Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 147.
59
Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , pp. 33-35 y pp. 115-117.
60
Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 101, p. 112 , pp. 113 -114.
61
Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 145 y p. 11 7.
62
Cfr. M. G ARCÍA GU ATAS, El a rte Román ico en el A lto Aragón , p. 117, p. 144 y p p. 1 63-165.
63
Cfr. J. L. ARAMENDÍ A, E l romá nico en Arag ón. C u encas d el Nog uera Ribagorzana e Isábe na, vo l.I ,
p. 78 y p. 96; J . L. ARAMENDÍ A , El Romá nico en A ragón . Cuen cas del Ésera y Cinca , vol.II , pp. 5 4-55,
pp. 65-66, p. 8 3, p . 2 38 y p. 2 47 y J. L. ARAMENDÍ A, El Ro mánico en Ara gón . Cuen cas del Ara, Vero,
Alcan adre, Guatizale ma y Flumen , vol.III , pp.38-39 y p . 120.
64
Cfr. M. LÓPE Z DUESO, “Boltaña y su castillo”, Sobrar be , 4, pp . 214-216.
18
también respetan la tesis de dichos his toriadores e n cuanto a las etapas de e dificación de
la torre, aunqu e no la cronología, puesto que pro ponen los años 1030-10 40, de forma
que reducen el intervalo defendido por los autores de El nacimiento de arte románico
65
.
Gracias al ingente trab ajo desplegado por los historiadores del arte durante
varios años, ho y podemo s di sponer en la actualidad de un m ay o r conoci miento de l os
monumentos y ruinas monumentales que pertenecen al rein ado de R amiro I , lo q ue
permite una contextualiz ación de las mismas en su propio per iodo y su
aprovechamiento como fuentes hist óricas capaces de proporcionar datos e
informaciones qu e a y ud an a reconstruir el pasa do de la época que las vio nacer. No
obstante, también se ha p odido comprobar que ex iste cierta disparidad de opini ones en
cuanto a la asignación d e fechas concretas, c uestión que se tratará en p arte en el capítulo
siguiente y más adelante.
3.- FUENTES A RQUE OLÓGIC A S
Una vez conocidas l as int ervenc iones arqueoló gica s realizadas en Ara g ó n cu ya
cronología incluye l os años del reinado de Ramiro o guarda al gún tipo de relación con
él, llega el mom ento anal izar y exponer los m ateriales y l as estru cturas arquitectónicas
que se han sa cado a la l uz fruto de las mencionadas actuaciones, los que nos permitirá
saber las fuentes y do cumentos concretos recuperados gracias a l a arqueología y al
trabajo de los arqueólogos responsables de los e studios. A la hora de p roceder a ello,
ordenaremos y clasificaremos la información en cuatro categorías que son las
siguientes: hábitats y asentamientos poblacionales, edificios y estructuras militares y
religiosas, necrópolis y mu ndo funerario e infraestructuras, cerámica y otros restos.
a) HÁBITATS
Y
ASENTAMIE N T OS
POBLACIONALES
En primer lugar, vamos a centrarnos en comentar en aquellos y acimientos
arqueológicos cu y a superficie coincid a con la de un asentamiento humano, aunque
posteriormente podamos estudiar más en profu ndidad cada uno de lo s elementos
descubiertos en l as intervenciones a rqu eológicas p rac ticad as de acu erdo con los asuntos
65
Cfr. J. L. A CÍN F ANLO y A. LOREN ZO B URIL LO, El con junto monumen tal de San E meterio y San
Celedon io de Sam itier , p. 24.
19
a t ratar en l os epí grafes siguientes. De entre todas las actuacion es real izadas, tanto
prospecciones como ex cava ciones, los arqueólogos han hallado los vestigios de ciertos
hábitats ex istentes en el si glo X I y documentados en ocasiones en dipl omas escritos
durante dicha centuria e inicios de la siguiente.
Prestando nuestra atención primeramente en la comarca d e Sobrarbe, el equipo
dirigido por Jesús Tramullas Saz ha docume ntado un asentamiento hum ano en el monte
llamado El Pueyo que identifica con el anti guo emplaz amiento de Griébal, el cual se
sitúa a 200 metros del poblado actual. El y acimi ento encontrado se caracteriza por ser
un conjunto fortificado que se compone d e iglesia y estancias relacionad as con ellas, de
torre, de tres tor reones de diferente planta en un a cota inferior, de dos tu mbas de laja y
de restos ce r ámicos
66
. En función de los datos q ue aporta J esús Tramullas, podemos
decir que est amos ante un lugar fortificado que y a exi stía a mediados del si glo XI,
puesto que la iglesia y la torre datan de la segunda mitad d e la citada c enturia
67
.
Inte nt ando pr ecisar algo más la cronolo gía general de El Pue y o d e Griéb al, Tramullas
expone que con los d atos disponibles no ha y manera de conoc er el momento
fundacional, de manera que por ahora debemos ceñirnos a lo expresado unas lín eas más
arriba d entro de este m ismo párrafo y que en el siglo X II fue donado por el re y de
Aragón al monasterio de San Victorián
68
.
Otro asentamiento poblacional loca liz ado gracia s a las actuacio nes e
intervenciones a rqueológicas es e l de Corral de Calvo, ubi cado en el término municipal
de L uesia. La s c u atro c ampañas d e excavaciones realiz adas han tenido como fruto
documentar un conjunto arqueológico compuesto por una igl esia, un a serie de estancias
cercanas a ella, los rest os de un edificio situados en una cota i nferior respecto d e la
iglesia, t res calles que comunican entre sí l as diferentes partes del y acimiento
66
Cfr. J. T RAMULLAS S AZ, “Docume ntación del yacimiento arq ueológico de Gr iéb al (Aínsa,
Huesca)”, Arqu eolog ía Aragonesa , 19 91, p p. 2 42-243; J . T RA MU LLAS S AZ, “1 ª ca m pa ña d e
excavaciones arq ueológicas en e l y aci miento m ed ieval de <<El P ueyo>> de Griébal”, Arqu eología
Arago nesa , 1992 , pp. 153-154 y J. TRAMUL LAS SAZ, “Organizac ión defensi va en el yacimie nto
arqueoló gico a ltomedieval de Gr iébal (Aínsa, H uesca) ”, e n A. RUIB AL RODRÍGUE Z (e ditor ), Actas del
I Cong reso de Ca stellología Ibérica , pp . 710-714.
67
Cfr. J. TRAMULLAS SAZ, “Organizac ión de fensiva en el yacimiento arqueo lógico alto m ed ieval d e
Griébal (Aín sa, Huesca)”, en A. RUIB AL ROD RÍGUEZ (e ditor) , Actas del I Cong reso de Castel lolog ía
Ibérica , p. 715 .
68
Cfr. J. TRAMULLAS SAZ, “Organizac ión de fensiva en el yacimiento arqueo lógico alto m ed ieval d e
Griébal (Aín sa, Huesca)”, en A. RUIB AL ROD RÍGUEZ (e ditor) , Actas del I Cong reso de Castel lolog ía
Ibérica , p. 715 .
20
permitiendo el a cceso a la i glesia y una necrópoli s
69
. Asi mismo, Juan Paz P era lta, y
luego éste junto con Fer n ando Galtier, consideran que Co rra l de Calvo ha de
identificarse con un h ábitat monástico r ural
70
. Finalmente, respecto a la c ronología
general de C orral de Calvo, aunque en un principi o se apuntó el si glo X como la
centuria en l a que se p rodujo el o rigen d el pre sente hábitat
71
, posteriorm ente s e ha
rectificado y se piens a que el momento fundacional del mismo ha de ubicarse a
principios del siglo X I, y más concretamente en e l periodo de reconstrucción fronteriza
llevado a cabo por el re y de P amplona Sancho III, algo que los respons ables del
y ac imiento si túan entre los años 1025-1030
72
. En cuanto al final del periodo de
ocupación, los arqueólogos opi nan que las estelas que contienen una cruz y los
fragmentos cerámicos hallados fechan el abandono de Corral de Calvo en torno al final
del siglo XI y e inicios del siglo XII
73
.
En la comarca del Alto Gálle go, l a amplia prosp ecc ión llevada a cabo en 1999
por María Mercedes P érez Beltrán permitió documentar un importante y numeroso
conjunto de hábitats medievales despoblados qu e suelen incluir en su s restos iglesias
románicas y necrópolis; sin embargo, la arqueóloga no precisa l a cronología de los
69
Cfr. J. A. PAZ PER AL T A, “In forme pre liminar sobre las campañas de excavació n de 198 3 y 198 4
realizad as en El Corra l de Calvo (L uesia, Zaragoza)”, Arqueo logía A ragonesa , 1984, pp. 99 -102; J . A.
PAZ PER ALTA y J . I. LO RENZO LIZALDE, “III Campa ña de excavaciones arq ueológicas r ealizadas en
el Co rral de Calvo (Luesia, Zaragoza)”, Arqu eolog ía A ragone sa , 198 5, pp . 137 -140; J. I. LORENZO
LIZALDE Y J. A. PAZ PER ALTA, “Necróp olis a ltomedieval del Cor ral de Calvo ( Luesia, Zara goza)”,
Arqueo logía Aragon esa , 1986-1987 , p p. 253-256; J. A. P AZ P ERALTA E T ALII , “Estudi o de materiales
del y aci miento alto medieval de El Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza) , Arque ología Arago nesa , 1 990, pp.
137 -142 y F. G ALTIER M ART Í y J. A. PAZ P ERALT A, Arqueo logía y arte en Luesia en torno al año
mil. “El Yac imiento d e El Corral d e Calvo” , p p. 33-61.
70
Cfr. J. A. PAZ PER AL T A, “In forme pre liminar sobre las campañas de excavació n de 198 3 y 198 4
realizad as en El Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragonesa , 19 84, p. 102; F.
GALTIE R MART Í y J . A. P AZ PER ALTA, A rqueo logía y a rte en Luesia en torno al a ño mil. “El
Yacimiento de El Corral de Calvo” , p . 36 y J . A. P AZ P ER ALTA E T ALII, “Estudio de m a teriales del
yacimiento alto medieval d e El Corra l de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, A rqueolo gía Aragonesa , 1990, p.
137.
71
Cfr. J. A. PAZ PER AL T A, “In forme pre liminar sobre las campañas de excavació n de 198 3 y 198 4
realizad as en El Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arqueo logía Aragonesa , 1984, p. 102.
72
Cfr. F. GALTIE R MA RT Í y J. A. PAZ PE RALTA, Arqueo logía y arte en Luesia en torno al a ño mil.
“El Yac imiento d e El Corral de Calv o” , p. 73 y J. A. P AZ P ERALTA ET ALII, “Estudi o de materiales
del y aci miento alto m edie val de El Cor ral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arq ueolog ía Aragonesa , 1990, p.
141.
73
Cfr. F. GALTIE R MA RT Í y J. A. PAZ PE RALTA, Arqueo logía y arte en Luesia en torno al a ño mil.
“El Yac imiento d e El Corral de Calv o” , p. 74 y J. A. P AZ P ERALTA ET ALII, “Estudi o de materiales
del y aci miento alto m edie val de El Cor ral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arq ueolog ía Aragonesa , 1990, p.
141 . Por otro lad o, en el infor me de la IIIª ca m pa ña, P az y Lizalde fechan el f inal de la o cupación e ntre
fines del XI y p rimera mitad del XII. Cfr. J. A. P AZ P ER ALTA y J . I. LO RENZO LI ZALDE, “III
Campaña de excavacio nes a rqueológicas realizad as en el Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza)” ,
Arqueo logía Arag onesa , 1985, p . 137.
21
mismos salvo ciertas excepciones
74
. No obstante, sí q ue haremos referencia a algunos
de ellos, puesto que aparecen documentados por vez primera en época de Sancho III y
Ramiro I, en momentos ligeramente posteriores a l final del mand ato rami rense, o bien
cuentan con una data atribuida por Pérez Beltrán que c oincide en pa rte con dicho
periodo que centra nuestra atención. Así pues, estos despoblados son l os siguientes:
Arasilla
75
, Angüé
76
, Aspirilla
77
, Gronostué
78
, Aracast iello
79
, Bailín
80
, Cen te ne ro
81
,
Güértalo
82
, L a rbesa
83
y Benta y uelo
84
. P or otro lado, María Mercedes Pérez cita tambi én
el d espoblado d e Vilás, documentado bajo el gobierno de R amiro I en 1 036
85
, del que
señala que no queda resto alguno
86
. Finalmente, queda ver si el Lar b esa cu y os restos
documenta se corresponde con la tenencia que figura en los diplomas de R amiro I
87
.
74
La lis ta de despo blados q ue docu m en ta es la siguie nte: Sa n M amés , San Barto lomé, Sa nta Engracia,
San Jua n de Espier re, San Liebans, Fenés , Isábal , Isuala, Niabla s , Güé , Orzand ué , Es taún , Fragén ,
Angüé, Ligüé, Sené s, Sir icata, Aspirilla , Be lmonde, Benta yuelo, A ra castiello, A rasilla , Ba ilín,
Centenero, Monost ué, Huértalo , Larbesa, M edianeta y Castellar. De éstos, los que cue ntan con i glesia,
necrópo lis o restos humanos son los puestos e n ne grita. . Mª. M. PÉ REZ B ELTRÁN, “Prospe cciones
arqueoló gicas en Biseca s, Cal deare nas, Sabi ñánigo, Yeb ra y Yeser o (H uesca)”, Arqueo logía Arago nesa ,
199 5-2005, ficha técnica.
75
Cfr. C. LALIENA CO RBERA y E . KNIB BS, El c artulario del mo nasterio aragonés de San Andrés d e
Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 13 8, p . 190.
76
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 139 , pp. 153-155.
77
Cfr. Mª. M . P ÉREZ BE LTRÁN, “Prosp ecciones ar queoló gicas e n Bisecas, Calde arenas , Sab iñánigo,
Yebra y Ye sero ( Huesca)”, Ar queo logía Arag onesa , 1995 -2 0 05, ficha técnica.
78
Cfr. C. LALIENA CO RBERA y E . KNIB BS, El c artulario del mo nasterio aragonés de San Andrés d e
Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 54 , pp. 111-11 2.
79
Cfr. A. C ANEL LAS LÓP EZ, Colección dip lomática de San An drés d e Fan l o (958 -1270) , nº 26, pp.80-
81 y C. LALIEN A CORB ERA y E. KNIBB S, El cartula rio d el monasterio arag onés de San And rés d e
Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 12 2, p p. 176-17 7.
80
Cfr. A . CAN ELLAS LÓP EZ, Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (958-12 70) , nº 3 3, p. 8 4
y C. L ALIENA CORB ERA y E. KNIB BS, El c artulario del mona sterio a ragoné s de Sa n Andrés d e
Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 71 , pp. 128-12 9.
81
Cfr. A. CANE LLAS LÓPEZ, Colección diplo mática de San Andrés d e Fanlo (958-12 70) , nº 2 0 y 33,
p. 78 y p. 8 4 y C. LALIEN A CORBER A y E. KNIB BS, E l cartulario de l mon asterio ara goné s d e San
Andrés d e Fan lo (Siglos XI-X III) , nº 71 y 73, pp. 128 -129 y p. 1 31.
82
Cfr. A . CAN ELLAS LÓP EZ, Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (958-12 70) , nº 3 2, p. 8 4
y C. L ALIENA CORB ERA y E. KNIB BS, El c artulario del mona sterio a ragoné s de Sa n Andrés d e
Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 13 4, p p. 186-18 7.
83
Cfr. A . CAN ELLAS LÓP EZ, Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (958-12 70) , nº 3 3, p. 8 4
y C. L ALIENA CORB ERA y E. KNIB BS, El c artulario del mona sterio a ragoné s de Sa n Andrés d e
Fanlo (Siglos XI -XIII) , nº 71 , pp. 128-12 9.
84
Cfr. E. I BARRA Y ROD RÍG UEZ, Docume ntos correspo ndiente s al reinad o de Sa ncho Ramírez, vo l.II ,
nº 9 , pp. 24-25.
85
Cfr. A. C ANELLAS LÓPE Z, Colección diplomá tica de S an Andrés de F anlo (95 8-1270) , nº 2 1, p p.
78-79 y C. L ALIENA CORBER A y E. KN IBBS, El ca rtula rio del mona sterio arag onés de S an A ndrés
de Fa nlo (Siglos XI -XIII) , nº 62, p. 121 .
86
Cfr. Mª. M . P ÉREZ BE LTRÁN, “Prosp ecciones ar queoló gicas e n Bisecas, Calde arenas , Sab iñánigo,
Yebra y Ye sero ( Huesca)”, Ar queo logía Arag onesa , 1995 -2 0 05, ficha técnica.
87
Cfr. A. UB IET O ARTE TA, Ca rtulario de San Juan d e la Peña , vol.II , nº 81 , pp. 5 1-52 y Mª. M.
PÉREZ BELT RÁN, “Prospecc iones arqueológicas en Bisec as, Caldearenas, Sabi ñánigo, Yebr a y Yesero
(Huesca)”, A rqueolo gía Ara gonesa , 199 5-2005, ficha técni ca.
22
Aparte del estudio sobre el edificio prerrománico de Jos é Áng el Asensio, al que
haremos referenc ia en el s iguiente epígrafe, las dos actuaciones arqueológicas pre vi as a
su trabajo lograron delim itar el ár ea o cupada por el hábitat asociado a l ca stil lo de
Loarre. En este sentido, José Francisco C asabona, José Delgado y Jesús Pér ez, que sólo
participó en una de las dos interve nciones, ha n documentado que el primitivo pueblo de
Loarre se ext iende al exterior de la muralla que cierra el ampli o conjunto monum ental
de L oarre. En cuanto a la cronología, Casabona y Ceamanos opinan que el poblado
estuvo en uso hasta l os siglos X III – XIV de acuerdo con l os vestigios e ncontrados e n el
curso de los trabajos
88
.
No mu y lejos de Loarre, en el término municipal de Murillo de Gállego
concretamente, Francisco Romeo Marugán procedió a delimitar, entre otros, uno de los
despoblados que figurab an en la Carta Arqueoló gica de Aragón dentro del terr itorio del
citado m unicipio. Dicho despoblado es el de Tol osana, con una cota m ay or que la
existente en la torre de Murillo y en la iglesia de Santa María de Liena. L o más
interesante del trabajo de Romeo en este punto radica en que no sólo indica que el
despoblado tiene en las i nmediaciones una ermita, sino que lo data a partir del siglo X
89
.
Por el contrar io, Francisco R omeo certifica la aus encia de mate rial, el c ual podría habe r
ayudado a precisar más los m omentos de ocupac i ón
90
.
b) EDIFICIOS
Y
EST R UCT URAS
MILITARES
Y
RELIGIO SAS
Una parte importante d e las excavac iones realizadas objeto de estudio se han
practicado e n edificios de naturaleza militar o religiosa, a l as que debemos añadir
aquellas o tras int erve nci ones en las que se ha hallado una iglesia o una torre, o bien
88
C fr. J . F. C ASABONA SEB ASTIÁN y J. DELG ADO CEAM ANOS, “Prosp ecciones ar queológica s
para la de limitación del Castil lo d e Loarre, Loarre (Huesca)”, Arqueo logía Ara gonesa , 1995-200 5, ficha
técnica. En esta me m or ia modifican en parte lo dicho e n la o tra e n relació n con el moment o de abandono,
puesto que e n u n princip io lo situaron a fines del XIV e inicios del X V, no sabiendo precisar si d icho
hecho estu vo en relación c on el sitio que puso a Loarr e Fernando I . Cfr. J. F. CASABON A SEBAST IÁN
ET AL II, “Excavación de urgencia e n e l e ntorno d el castill o de Loarr e, Loarre (Huesca) ”, Arq ueolog ía
Arago nesa , 1995-20 05, ficha técnica.
89
Franci sco Ro meo ofrece un intervalo temporal co n una fecha de inicio y o tra de término. Si n embar go,
los er rores aludidos p ara Loarre se rep iten aquí y e n el caso que nos ocupa la parte de la oració n que no
sale en la ficha técn ica es la c or respondiente a la fecha s uperior del intervalo te m po ral. Cfr. F. ROMEO
MARUGÁN , “Delimitación de yacimientos arqueoló gicos en Murillo de G állego (Zaragoza)”,
Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica.
90
Cfr. F. ROMEO MARUG ÁN, “Delimitació n d e y aci mientos arq ueológicos en Murill o d e Gállego
(Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica.
23
ambas, dentro de un y acim iento más amplio, casos por ejemplo, aparte de alguno m ás,
de los dos primeros analizados en el epígrafe anterior. Po r lo tanto, castillos e iglesias
suponen un alto porc entaje de los v estigios arqueol óg icos d escubiertos y e studi ados, l os
cuales aportan o pueden aportar datos de gr an tra scendenc i a histórica. Finalmente, y de
cara a organizar l a ex posición y comenta rio de dichos edificios, trataremos en primer
lugar las fortalezas y a continuación las iglesias y ot ras estruc tur as de carácter religioso.
La s cinco campañas de a ctuaciones arqueológicas que se h an des arr oll ado en el
Castillo de la Peña Felizana de Sos del Rey Católi co han contribuido a tener un mejor
conocimiento de los elementos originales de la fortaleza, los cuales habían si do
ocultados en parte por el paso del tiempo y po r las obras de restauración efectuadas, en
especial la de la década de lo s años cinc uenta del siglo XX. Centrándonos
exclusivamente en los restos y vesti gios hallados pertenec i entes a época altomedieval,
la combinación de ex cava ciones y d e prospec ción por geo-radar ha permitido el
descubrimiento de un aljibe altom edieval por su t ipología y su técnic a de construcción,
del que par te un aliviadero que, hecho con pa redes y cubierta de losas, desemboca en el
ángulo sureste de l a fo rtificación
91
. Respecto a la cronología, según los arqueólogos
tanto uno como otro corresponden a la época funda cional d el castillo, ya qu e la
contemporaneidad d e las construcciones y el nivel de cerámicas grises que t ienen
asociado así lo indican
92
.
También se ha documen tado un patio, que se corresponde con el esp acio m ás
amplio del castill o, estando limitado por los muros exteriores del mismo. El citado
patrio, a juzgar por la existencia de bases de pilastras, tendría cubierta en su mayor parte
91
Cfr. J . Mª. V ILADÉS C ASTI LLO, “Informe de la pr im era campa ña d e e xcavaciones en el castillo de
Sos del Rey Ca tólico (Zara go za)”, Bo letín del Mu seo de Zarag oza , 6 , pp. 4 56-458; J . Mª . VI LADÉS
CASTIL LO y Mª. E. PALOMAR LLORENT E, “Excavac iones en el castillo d e Sos del Re y Católico ”,
Boletín de Arqueo logía Medieval , 2 , pp . 193-19 4; J. Mª. VILADÉ S C ASTILLO, “ I nfor m e sobre la
excavación del castillo de Sos d el Re y Católico ( Zaragoza) . Ca m p aña 19 87”, Arque ología Aragon esa ,
198 6-1987, pp. 240 -241 y J. Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Excavació n arq ueológica d el castillo d e Sos
del Re y Católico . Zaragoza. III ª campaña, 19 88”, Arqueología A ragon esa , 1988-198 9, p. 254.
92
Cfr. J . Mª. V ILADÉS C ASTI LLO, “Informe de la pr im era campa ña d e e xcavaciones en el castillo de
Sos del Rey Ca tólico (Zara go za)”, Bo letín del Mu seo de Zarag oza , 6 , pp. 4 56-458; J . Mª . VI LADÉS
CASTIL LO y Mª. E. PALOMAR LLORENT E, “Excavac iones en el castillo d e Sos del Re y Católico ”,
Boletín de Arqueo logía Medieval , 2 , pp . 193-19 4; J. Mª. VILADÉ S C ASTILLO, “ I nfor m e sobre la
excavación del castillo de Sos d el Re y Católico ( Zaragoza) . Ca m p aña 19 87”, Arque ología Aragon esa ,
198 6-1987, pp. 240 -241 y J. Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Excavació n arq ueológica d el castillo d e Sos
del Re y Católico . Zaragoza. III ª campaña, 19 88”, Arqueología A ragon esa , 1988-198 9, p. 254.
24
según el criterio de los arqueólogos
93
. Por ot ro lado, en el ángulo noreste se ha hallado
una estanc ia rectangular con muros d e si llares de idéntica fac tur a a los de la m uralla, lo
que hace pens ar que s e t rate de una torr e
94
, la cual no se ha encontrado en la esquina
sureste hasta los 2,10 metros de profundidad
95
. Finalmente, la prospección por geo-
radar h a permitido constatar la existencia del muro este del ca sti llo junto con la
prolongación de otros muros de a ctu aciones anteriores y otros no descubiertos
96
. E n
cuanto a la cronolo gía s e refiere, las caracte rísticas arquitectónicas de los restos
exhumados con los ya estudi ados llevan a dat ar los mismos en la époc a ini cial de l a
fortaleza
97
.
Trasladándonos de lugar dentro de la comarca de l as Cinco Villas, las doce
campañas de excavac ion es realizadas en el recin to que ocupa el Castillo de la P eña
Ayllón de Uncastillo también han deparado el descubrimiento de materiales y
estructuras interesantes, aunque no conozcamos definitivamente todo el conjunto por el
momento. Si tenemos en cuenta que l os datos y niveles documentados en una campaña
pueden sufrir y sufren modificaciones en func i ón de l os objetivos que se p rog ramen
para las siguientes, se comprenderá que basemos fundamentalmente nuestr a expos ición
en la comparación de l os resultados obtenidos en las dos úl timas actuaciones que se han
publicado, sex ta y séptima, con las fich as de lo s informes inéditos correspondientes a
las campañas realizadas entre 2000 y 2005.
93
Cfr. J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “E xcavación arq ueoló gica del ca stillo de Sos d el Rey Cató lico.
Zaragoza. II Iª ca m pa ña, 1988 ”, Arqueo logía Aragone sa , 1988-198 9, p. 254.
94
Cfr. J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “E xcavación arq ueoló gica del ca stillo de Sos d el Rey Cató lico.
Zaragoza. II Iª ca m pa ña, 1988 ”, Arqueo logía Aragone sa , 1988-198 9, p. 254.
95
Cfr. J. Mª. V ILADÉS CASTILLO y Mª . E. P ALOMAR, “Informe de la excavació n del castillo de Sos
del Re y Católico , Zaragoza, ca m pa ña 1989 ”, Arqu eología Arago nesa , 198 8-1989, p. 25 6.
96
Cfr. J . Mª. VILA DÉS C ASTILLO y Mª. E . P ALOMAR LLORENT E, “Infor m e de pr ospecció n p or
radar del castillo d e So s del Rey Ca tólico, Zaragoza. Ca mpaña 1989 ”, Arq ueología Aragone sa , 19 91, p .
198.
97
Cfr. J. Mª. V ILADÉS CASTILLO y Mª . E. P ALOMAR, “Informe de la excavació n del castillo de Sos
del Re y Católico, Zaragoza, ca m pa ña 1 989 ”, Arqu eología Arag onesa , 1 988-1989 , p . 2 56 y J . Mª .
VILADÉS CAST ILLO y Mª. E . P AL OM AR LLORENT E, “Informe d e p rospecció n po r radar del castillo
de So s del Rey Cató lico, Zara goza. Ca m paña 1 989 ”, Arqu eología Arago nesa , 1991, p. 198. Respe cto a la
cronolo gía d e la fortaleza, é st a se indica en el cap ítulo XI. Además, en el capítulo anterior tam bié n se
puede o bservar la cronología dada por lo s historiador es del arte. En cualq uier caso, el castillo per tenece a
la ép oca d e Ra m iro I. Cfr. R. VIRUET E E RDOZÁIN, A ragón en la época de Ramiro I , cap ítulos III y
IX, La co ntribució n de los h is toria dores d el Arte a la h istoria d e reina do de Ram iro I: m onumen tos y
ruinas arquitectó nicas e In fr a estructura milita r, orga nización de la fron tera meridio nal y estrateg ia
expa nsiva .
25
Dentro del esp acio perimetral delimitado por la muralla ex terna que se ajusta,
conforme señala Viladés , a l as condiciones topográficas de la p eña A y ll ón, podemos
distinguir claramente do s sectores separados po r una muralla, el i nferior, identificado
con el albá car o zona militar por el c it ado Viladés, y el superior, en donde se ubica n los
edificios más important es: l a torre del homenaj e cu y a constru cción p rimigenia deb e
situarse en é poca de Ramiro I , el aljibe y el palacio g ótico manda do construir por Pedro
IV, quien encargó la realización del mis mo a Blasco Aznárez de Borau, también
responsable de las refo rmas efectuadas en la Aljafería según informa J osé María
Viladés.
Analizando cada uno de los sectores, el primero de ellos únicament e ha
proporcionado niveles d e relleno que se asientan sobre la roca natural tanto en t oda la
superficie d el palacio gótico de Pedro IV como en la cata practicada en el interior de la
torre del homenaje
98
. Por otro lado, también se pro cedió a desescombrar el aljibe, cu y o
interior albergaba sill ares grandes procedentes del referido palacio
99
, y a trabajar en la
estancia denominada alj ibe mediante la rea li zación de una ca ta con el objetivo de
comprobar los resultad os obtenidos en una prospecc ión por geo-radar previa
100
.
Analizándolo desde el punto de vista del reinado de Ramiro I , el sector I no ha aportado
grandes informaciones concer ni entes a l mencionado pe riodo histórico. No obstante,
debe consi gna rs e una de las hipótesis que expone Viladés y que sí puede g uard ar
relación con l a época ramirense. En este sentido, el citado arqueólogo opina que el
palacio s e levantó quiz ás sobre u na construcción anterior de tipol ogía ro mánica d e la
que no se h an documentado vestigios
101
, lo cual no sería d escabellado relac ionar con
una posible iglesia atendiendo a la estructura de los conjunto s fortificados edificados
bajo el mandado de Ramiro I, cuestión que se abordará más adelante
102
.
98
Cfr. J. Mª. VILADÉS CAST ILL O, “Excavac iones a rqueoló gicas en el castillo de Uncastillo,
(Zaragoza). Campaña 1989 ”, Arqu eolog ía Aragon esa , 1988-198 9, p. 247 y J . Mª. VI LADÉ S CAST ILLO,
“Excavacio nes a rqueoló gicas e n e l ca stillo d e Unca stillo ( Zaragoza). Ca mpaña 199 1”, Arque ología
Arago nesa , 1991, p. 200.
99
Cfr. J. Mª. VIL ADÉS CAST ILLO, “E xcavaciones a rqueoló gicas e n el ca stillo d e Uncastillo
(Zaragoza). Campaña 19 91”, Arqu eolog ía Aragon esa , 1991, p. 200 .
100
Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo
(Zaragoza). Cam pa ña 1991 ”, A rqueología Aragonesa , 1991, p. 200 y J. Mª. VILADÉS CASTILLO,
“Excavacio nes ar queológ icas en el cas tillo de Unca stillo (Zaragoza). Campaña de 1992 ”, Arqu eología
Arago nesa , 1992, p. 146.
101
Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo
(Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p . 182.
102
Cfr. R. VIRUE TE ERDO ZÁIN, “Los castillos ara goneses del primer ro m ánico : “ ad exampla mentum
Christian orum et malum d e Mau ros ”, en A. RUI BAL RODRÍG UEZ (edito r), Actas del III Cong reso de
32
ellos a etapa s históricas de las que t odavía no se tenía documenta ción de ningún tipo
129
.
En relación c on los edificios, las dos campañas de excavación dirig id as por Julia Justes
en el y acimiento de la P laza de San Pedro, que se ex tiende también por l a calle Santa
Orosia, han sacado a la l uz los vestigios de la i g l esia de San Pedro el Vie jo en J aca , la
cual había si do demolida a m ediados del si g lo XIX, 1841 concretamente
130
. La cabecera
de la iglesia es cuadrada, de manera que h a de ads cribirse al estilo pr errománico, y a qu e
sus rasgos arquitectónicos, su planta y su similitud for mal con otras iglesias semejantes
así lo indican
131
. Sin embargo, l a nav e rectan gular que t iene adosada correspondería a
una ampliación del recint o religioso que Juli a Justes fecha entre los siglos XI y X III ,
sustitu y endo así la ed ificación prerrománica que originalmente acompañaría al
ábside
132
. En cuanto a la cronología de l a mencionada i glesia, R oberto Vir uete opina
que ésta d ebió construirse entre l a se gunda mit ad del siglo X y el p rimer te rcio del siglo
XI, lo cu al afirma basándose en los estudios de F ernando Galtier sobr e e l prerrománico
aragonés, en las datacion es de la iglesia de Corral de Calvo y ot ras del mi smo esti lo y
en las citas documentales dis ponibles auténticas que se refieren al citado t emplo
133
.
Dentro de este p eriodo, J ulia J ustes ubica la construcción de la i gle si a de cabecer a
cuadrada y n ave rectangular hacia mediados del siglo X, aunque emite su hipótesis con
un interrogante
134
.
En el conjunto monumental del Castill o de Loarre, J osé Ángel Asensi o ha
procedido a estudiar l os vesti gios arquitectónicos existentes en la ladera sur entre la
129
P ara conocer el nú m ero de interve nciones arqueoló gicas re alizadas en J aca, deb e c onsultar se el
artículo de Ro yo Guillén, quien efectúa un balance de la s a po rtaciones e fectuadas por la arqueología a l a
historia de Jaca. Cfr. J. I. RO YO GUI LLÉN, “ La arqueo logía urbana en Jaca y sus aport aciones”, en J. L.
ONA GON ZÁLEZ y S. S ÁNCHE Z LANASP A (co ordinad ores), Com arca de la Jacetania , Zaragoz a,
Departa mento de P residencia y Re laciones Institucionales de la Diputació n Genera l de A r agón, 20 04, p p.
61-72 , concretamente pp . 61-69 .
130
Cfr. J. J USTE S FLORÍA y B . GIM ENO, “Est udio antr opo lógico y pa leopatoló gico d e los restos
humanos exhu mados e n la e xcavación de la iglesia de San P edro el Viejo (Jaca) ”, Saldui e , 3, pp. 243-24 4
y J. J USTE S FLORÍA, “ E xcavació n a rq ueológica e n la P laza de San Ped ro, J aca (Huesca)” , Arque ología
Arago nesa , 1995-20 05, ficha técnica.
131
Cfr. R. V IRUETE ERDOZÁI N, “El urb anismo de J aca en la Alta Ed ad Media: la a rqueología y las
posibles líneas de inves tigació n”, en B . AR Í ZAGA BO LUMBURU y J. A. SO LÓRZANO T ELECHE A
(edito res), El espa cio urba no en la Eu ropa med ieval. Náje ra. En cuentros In ternacio nales d el Med ievo,
200 5. Actas , Logroño, Instituto de Estudios Rioj anos, 20 06, pp. 167 -190, concretamente p p. 1 85-186.
132
Cf r. J. JUSTES FLORÍ A, “ E xcavación arqueoló gica en la Plaza de San Pedro, Jaca (Huesca)”,
Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica.
133
Cfr. R. V IRUETE ERDOZÁI N, “El urb anismo de J aca en la Alta Ed ad Media: la a rqueología y las
posibles líneas de inves tigació n”, en B . AR Í ZAGA BO LUMBURU y J. A. SO LÓRZANO T ELECHE A
(edito res), El espa cio urba no en la Eu ropa med ieval. Náje ra. En cuentros In ternacio nales d el Med ievo,
200 5. Actas , p p. 186-187.
134
Cf r. J. JUSTES FLORÍ A, “ E xcavación arqueoló gica en la Plaza de San Pedro, Jaca (Huesca)”,
Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica.
33
muralla y la f acha d a meridional de la fortificación, que tradicionalmente han sido
considerados por la histo riografía ar agonesa como una torre albarrana y los restos de su
cimentación
135
. Asimismo, también ha pu esto de manifiesto que la citada torre es un
campanario y que se adh irió a un a estructura precedente d e planta rectangular, la cual
presenta dos fa s es constructivas bien nítidas y c laras
136
. De acuerdo con ell o, en un
primer mom ento s e concibió y realizó la construcción d e un edificio cuyos muros,
superando l os 15 m etros de longitud y los 7 de anchura, poseía n un grosor medio de u n
metro hechos con un ap arejo “ecléctico” que co mbina la tradición prerrománica y la
influencia islámica de las fortalezas ce r canas a L oarre
137
. P osteriormente, dicho edifici o
se desmontó en su ma y or parte y se procedió a su reforma levantando una e structura con
dos pisos comunicados entre sí mediante un a escalera de dos tramos
138
. Respecto a la
cronología del edificio re ctangular y la torre que se le adosó, J osé Ánge l A sensio piensa
que ésta se hiz o en e l reinado de Sancho Ramírez, al igual que la re fo rma, mientra s que
la estructura p rimitiva de pl anta rectan gular la data en los años centrales del siglo X I
apoyándose en varios arg umentos a rquitectónicos, destacando cua tro e ntre ellos: la
planta rectangular, el aparejo de s illería, las decoraciones prerrománicas y la
comparación con otros edificios de naturaleza religiosa
139
.
Aparte de la iglesia de Santa María de L iena, el término municipal de Murillo de
Gállego cuenta también con otra iglesia de es tilo románico que también presenta
asociada una necrópolis. Concre tamente nos estamos r efiriendo a la iglesia de Concilio,
incluida por Francisco Romeo Marugán en la lista de los yac imientos de la mencionada
localidad. Se g ún el refer ido arqueólogo, la cronología del t empo es amplia, abarcando
desde la undécima centuria hasta el si g lo X X
140
. Po r lo t anto, p artiendo del límite
inferior y del estilo en e l que fue construida, cabe la po sibilidad de que hubiera sido
realizada en tiempos de Ramiro I
135
Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca).
Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, p. 303.
136
Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca).
Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, p. 304.
137
Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca).
Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, pp. 304-306 y p . 309.
138
Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca).
Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, pp. 306-309 .
139
Cfr. J. A. ASEN SIO EST EBAN, “El edi ficio p rerro m á nico inferior d el castillo de Loarr e (Huesca).
Datos pa ra su estudio”, Saldui e , 1, pp. 308-309 .
140
C fr. F. ROM EO M ARUGÁN, “Deli mitación de yacimientos arq ueoló gicos e n M urillo de Gálleg o
(Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica.
34
Pasando nu evamente al S obrarbe , las actuacione s arqueoló gic as llevadas a cabo
han permiti do des cubrir los restos de una i glesia en el y acimi ento de El Pueyo de
Griébal, ubic ada en l a parte alta d el mismo. S eg ún la d escripción ofrecida por
Tramullas, dicho templo carece de ábside y tan sólo conserva la nave, cubierta con
bóveda de cañón, el cr ucero, un a torre campanario en el lado norte y un a serie de
estancias relacionadas con ella en la ca ra meridional
141
. L a ex cavación del ábside y s us
laterales tan sólo propo rcionó, centrándonos únicamente en las estructuras
arquitectónicas, un suelo formado po r piedras irregulares de módulo mediano y grande,
acerca d el cual Tr amullas no se atreve a pre cisar si ha de identific arse con l a
cimentación de la iglesia o con e l derrumbe y reconstrucción del ábside d e la m isma
142
.
En cuanto a la cronolo g í a del edificio r eligioso, Tramullas lo f echa en la s eg und a mit ad
del siglo XI
143
.
Trasladándonos ahora a l a comarca de la R ibagorza, en el castil lo de Ben abar r e
también se pra cticó en l os inicios de la déc ada de lo s años noventa d el siglo XX una
excavación arqueológica en el interior del espacio ocupado por la fortaleza,
concretamente dentro d e los r estos de la i glesia gótica que aún se conservan
144
, en
donde todavía puede con templarse en uno de los l aterales la m arca dejada por los a rcos
que sostenían parte de la bóveda de la misma. Ciñéndonos a los result ados de la
actuación arqueológica practicada, el arqueólogo Francisco J avier García C alvo ha
documentado la presenci a de unos mu ros en los niveles III y IV que nada t ienen que ver
con el actual templo, l os cuales data en la se gunda mitad del siglo XI aunque sin
especificar qué función desempeñarían
145
.
c) NECRÓPOLIS
Y
MUNDO
FUNERARIO
141
Cfr. J. T RAMULLAS SA Z, “Docu mentación del y ac imiento ar queológico d e Griébal (Aínsa,
Huesca)”, Arq ueolog ía Arag onesa , 1991 , pp. 242 -243.
142
C fr. J . TRAMUL LAS S AZ, “1ª ca m paña de e xcavaciones a rqueológicas en el y a cimiento medieval de
<<El Pue y o> > d e Griébal”, Arqu eolog ía Arag onesa , 1 992, p. 153 y J. T RA M ULLAS SAZ,
“Organizació n defensiva en el yacimiento arqueo lógico alto medieval de Griéb al (Aínsa, Huesca)”, e n A.
RUIBAL RODRÍGUE Z (editor ), Acta s del I Congreso de Castellología Ibérica , p. 711.
143
Cfr. J . TRAMU LLAS SAZ, “Organizac ión defe nsiva en e l yaci m ie nto arq ueológico altomedieval d e
Griébal (Aín sa, Huesca)”, en A. RUIB AL ROD RÍGUEZ (e ditor) , Actas del I Cong reso de Castel lolog ía
Ibérica , p. 715 .
144
C fr. F. J. GARCÍ A C ALVO, “Castillo de B enaba rre (Huesca). I nfor me de la 1ª campaña de
excavaciones”, Arqueolo gía Arago nesa , 199 1, p. 204.
145
C fr. F. J. GARCÍ A C ALVO, “Castillo de B enaba rre (Huesca). I nfor me de la 1ª campaña de
excavaciones”, Arqueolo gía Arago nesa , 199 1, pp. 204-20 5.
35
Junt o a las necrópolis al tomedievales visibles a simple vista, la ex cavac i ón de
parte de los y acimientos que estamos estudiando ha permitido el descu brimiento de
nuevos c ementerios, algunos de los cuales ya s e tenían documentados en las fuentes
escritas, c aso de la necrópolis de la catedral de J aca
146
. En cuanto al anál isis de las
mismas, el trabajo de arqueólog os, hist oriadore s y antropólog os ha puesto de manifiesto
la amplia vigencia t emporal de los modelos de ent erramiento encontr ados y la dificultad
de precisar c on cierta e x actitud su cronolog í a. No obstante, a pesar de esto, l a labor que
han desarrollado tiene gran valor, y a que gracias a ellos podemos conocer parte de sus
patologías, d e sus r asgos físi cos o de sus comportamientos culturales, lo que nos
proporciona g ran i nformación para investigar d eterminados aspectos de tipo
demográfico, social y cultu ral.
En primer lugar, nos referiremos a l as n ecrópolis estudiadas por Adolfo Castán
en el curso del trabajo de campo que realizó en la comarca del S obrarbe y en la zona
meridional del Serrablo. Gracias a su obra d isponemos de un importante número de
necrópolis docum entadas en el territorio mencionado. Sin embargo, y posiblemente
debido a la in ge nte in formación recopilada en l a misma, Adolfo Castán úni camente se
limita a ofrecer un li stado con la ubi cac ión de las necrópolis halladas y una clasifica ción
tipológica de las mismas, de forma que no po seemos ninguna hi pótesis cronológ ica de
ellas. En función de est o, las necrópolis que ex pone Castán, y que no han sido
estudiadas o ex cavadas por otros, son las sig uie ntes: Arraso, Arcusa, Abizanda, Bara,
Belsué, Bol taña, Binues te, Castellazo, Castellar de San J uan, Castiello de Guarga,
Coscojuela de S obrar b e, Eripol, Escanilla, Fenill osa, Gésera, Guaso, Lamata, La saosa,
146
En e fecto, la p rimera mención que hasta el m o mento conozco del ce menterio de la cated ral d e Jaca en
un d ocumento escrito data del reinado d e Ram iro II . Sin e mbargo, el citad o d iploma, que carece de data,
no indica la ubicació n d el mis m o , incóg nita q ue ha p ermitido solventar la ar queología a través de do s
excavaciones arqueológ icas e n la pla za B iscos y en s u e ntor no p róximo. Cfr. R. VIRUET E ERDOZÁIN,
“Un “nuevo” documento de Ramiro II de Aragón en el a rchivo de la catedr al d e Huesca ”, An als d e la
Real Acadèm ia de Cultura Va lencia na , 79, (Valencia, 2004), pp. 1 07-117, concretamente p p. 114-115; J .
I. ROYO GUILLÉN, “La ar queología urb ana e n Jaca y sus apo rtaciones”, e n J. L. ONA GONZ ÁLEZ y
S. SÁNCHE Z LANASP A ( coord inadores), Comarca de l a Jaceta nia , p. 67 y R. VIRUET E ERDOZÁIN,
“El urbanis mo de J aca en la Alta Edad Media: la arqueolo gía y las posibles l íneas de investigación”, e n B.
ARÍZAG A BOLUMB URU y J. A . SOLÓR ZANO T ELE CHEA (ed itores), E l espaci o u rbano en la
Europ a medie val. Nájera. En cuentros Intern acionales d el Medievo, 2005. Acta s , p. 181.
36
Nocito, Olsón, Paúles de Sarsa, Rod ellar, S anta María de Buil, Santa Mar ía de la Nuez,
Secorún y Pardina de Tuartas
147
.
Un par de años antes que Adolfo Castán, Marí a Asunción Bielsa p resentó un
último estudio s obre las necrópolis altomedieval es de Murillo de Gállego, S an Úrbez de
Nocito, Lasie so, Unc astillo y La Tor raza
148
, aunque solamente nos refe riremo s a las tre s
primeras
149
. La necrópolis de Murill o de G állego se halla en l a cúspide d el cerro junto a
la iglesia de Santa M aría de Laliena, a partir de cu y o ábside se en cuentran las tumbas
infantiles, que son on ce, a l as qu e deb emos añadi r 25 adultas par a cont abilizar un total
de 36 . Bi elsa conside ra que actualmente se conserva un a part e del ceme nterio, pues
opina que s u superficie habría sido ma y or si no se hubiese utili zado como cantera la
plataforma rocos a en la que se sitúa. Resp ecto a sus caract erísticas y conservación,
María Asunción Bielsa indica que no están en mu y buen estado y que las cajas y sus
cabeceras poseen forma trapezoidal
150
.
En lo concerniente a l a necrópolis de Lasieso, s orprende, se g ún lo des crito por
Bielsa, que no se localice adosada a la iglesia ro mánica. En e fecto, ésta aparece en el
corral de una de las casas de L asieso alej ada de l templo y jun to a unos encajes para
postes. En cuanto a su c omposi ción, se han docume ntado un total de 19 tumbas de las
que 9 s on infantiles. Para Bielsa, esta proporción entre i ndividuos adultos e infantiles
muestra con claridad que no se ha conservado en s u totalidad. Al igual que la de M urillo
147
Cfr. A . CASTÁN S ARASA , A rquitectura m ilitar y religiosa d el S obrarb e y S errablo m eridional
(Siglos XI -XIII ) , pp. 36-39 .
148
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Españo la , vol.V , pp . 261-273.
149
Las causas de ello son do s: La T orraz a no q ueda dentro d e los d ominios d e Ra m iro I y la necró polis de
Uncastillo la estudiar emos un p oco m á s abaj o, ya que al hab er sido trabajad a po r distinto s arqueólogo s
considera mos que debe d ársele un trata miento diferenciad o.
150
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Españ ola , vo l.V , pp. 262 -263. En fec has recientes, Franci sco Ro meo Mar ug á n incl uye la
necrópo lis de Santa María d e Liena en lo s yacimie ntos de Murillo de Gállego e ind ica que no se
recogiero n m ater iales en la misma. Po r o tro lado, docu menta también u na necróp olis en la i glesia de
Concilio, pe ro no indica cronología, ú nicamente q ue hay restos de sarcófa gos. Cfr. F. ROMEO
MARUGÁN , “Delimitación de yacimientos arqueoló gicos en Murillo de G állego (Zaragoza)”,
Arqueo logía Arag onesa , 1995-200 5, ficha técnica.
37
de Gállego, las tumbas tiene n forma trapezoidal en caja y en c abecera, aunque muchas
de ellas aparentan ser, en superficie, pertenecientes a la tipología de bañera
151
.
Por úl timo, M aría Asunci ón Bielsa no se r efiere a la necrópolis de No cito, sino a
la del monasterio de S an Úrbez de Nocito, la cual se ubica entre las ruina s del mi smo,
aunque sin s aber precisar si las documentadas estaban asociadas a otra iglesia o bien s e
dispusieron alrededor de otro templo anterior y coetáneo a las tumbas situado en el
mismo lugar donde se levanta la actual. En cua nto a la composición de la mi sma y
formato de las tumbas conocidas que la int egran, Bielsa nos informa de que sólo ha y
ocho de ad ulto y qu e t odas ellas poseen una forma tra pezoi dal tanto en la caja como en
la cabecera
152
.
Por lo que se refiere a la cronología d e las n ecrópolis analizadas por María
Asunción Bielsa, ella mi sma opi na, aunque de m anera no mu y cl ara, que éstas han de
datarse entre los siglos I X y XI siendo una prueba d el avance de la repoblación, bien
mozárabe, bien pamplonesa, en la línea fronteriz a entre crist ianos y musul manes. Según
sus ideas, l a presente afirmación cronoló gica quedaría confirmada por elementos
arquitectónicos tales como la cabe c era de la igl esia de Santa María de l a L i ena con su
ventana y su s arcos, por las formas de las tumbas y por la documenta ción escrita de la
época, en la que s e pued e constat ar la existencia del mon asterio de San Úrbez de No cito
y que los navarros repue blan parte de l a zona geográfica estudiada
153
.
Aparte del casti llo, la localidad d e Un castillo posee más ya cimi entos
arqueológicos, estando e ntre ellos la necrópolis altomedieval ubicada en el lugar donde
se eri ge la iglesia rom ánica de San Juan de Un castillo; más cor rectamente, debe decirse
que la i gle sia se constru y ó encima del cementeri o, lo que hace que actualm ente existan
151
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Españo la , vol.V , pp . 262-263.
152
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Españo la , vol.V , pp . 262-263.
153
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Españo la , vol.V , p. 264.
38
tumbas dentro y fuera del templo reli gioso
154
. Enlazando con lo expresado más arriba
cuando nos referíamos e n el c apítulo anterior a las actuaciones arqueoló gicas llevadas a
cabo en Uncastill o, conviene indicar q ue prime ramente comentaremos el trabajo de
Bielsa, qui en primero excavó la necrópolis, luego el análisis d e Lizalde, que estudió los
restos óseos e x humados por la citada Bielsa y f inalmente a bord aremos la segunda
campaña de excavación de la necrópolis, realizada por Viladés
155
.
Según la intervención ll evada a cabo por María Asunción Bielsa, la n ecrópolis
de San Juan de Uncastillo está compuesta por un tot al de 91 s epulturas, de las que 79 se
localizan en el exterior de l a iglesia y 12 en el interior; asimi smo, también indica que
únicamente ha y 9 infantiles, 5 fuera y 4 dentro. Respecto al formato de las tumbas, éstas
tienen la forma d e arco de herradura con c abecera trapezoidal, aunque algunas d e las
existentes, casos de las inhumaciones nº 8, 23 y 26, pertenecen a un mom ento poster ior
en relación con la mayoría. En cuanto a la cronol ogía de l a necrópolis, Bielsa considera
que debe datarse en los siglos IX y X
156
.
Completando l a excavación realizada por María Asunción Bielsa, J osé I g nacio
Lorenzo L izalde ha pues to de manifiesto que no todas las tumbas poseían restos óseos
en su interior, pues t an sólo diecinueve dieron re sultado positivo
157
. En lo c oncerniente
a la adscrip ción cronológica de los vesti gios hallados, Lizalde op ina que lo s
enterramientos se corresponderían con “ el primer gr an momento de actividad bélica ” de
Uncastillo fechado en tor no al siglo X
158
, siendo la necrópolis coetánea o poco anterior
154
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Españo la , vol.V , p. 262.
155
Sin e m ba rgo, el orde n propuesto no respeta los años de publicació n de lo s diferentes trab ajos, ya que
Lizalde publicó el e studio de los r estos ó seos exhumad os p or B ielsa co n po steriorida d a la ed ición d e la s
conclusiones obtenida s po r Viladés tras proce der a excavar la necró polis en una segunda fase. Cfr. J. Mª.
VILADÉS C ASTILLO, “Excavaciones arq ueológicas e n la necrópo lis d e San J uan de Uncastillo,
Zaragoza. Campaña s 19 88-198 9”, Arqueolog ía Arago nesa , 1 988-1989 , pp. 249-25 0 y J. I. LORENZO
LIZALDE, “Pro cesado y estudio de los restos paleoa n trop ológicos proced entes de la necróp olis
alto m edieval d e San J uan de U ncastillo (Zaragoza )”, Arqu eolog ía Aragon esa , 1990, pp. 371-374.
156
Cfr. Mª. A. B IELSA T URMO, “Las necró polis alto medievales d e Murillo d e Gálle go, Uncast illo,
Lasieso, Nocito y La T orr aza (El T ormillo)”, en V. V. A. A., Actas d el P rimer Con greso de Arqueo logía
Medieva l Españo la , vol.V , p. 263.
157
Cfr. J . I . LORENZO LI ZALDE, “Proc esado y est udio d e lo s restos paleoantro pológico s pro cedentes
de la necró polis alto m ed ieval de San Juan d e Uncastillo ( Zaragoza)” , Arqueo logía Arago nesa , 199 0, p .
372
158
Cfr. J . I . LORENZO LI ZALDE, “Proc esado y est udio d e lo s restos paleoantro pológico s pro cedentes
de la necró polis alto m ed ieval de San Juan d e Uncastillo ( Zaragoza)” , Arqueo logía Arago nesa , 199 0, p .
373.
39
a la de El Corral de Calvo, de la que hablaremos a continuación. Respecto a las
características d e los indivi duos, Lizalde muest ra que h a y un cierto eq uilibrio entre
varones y hembras p erteneciendo al tipo de población mediterránea grácil. En cuanto a
las patologías, Lizalde ha const atado la existencia de artrosis del raquis, c aries,
paradontosis y algunos osteomas. Finalmente, L izalde considera que l os sujetos
inhumados en la necrópo lis formaría n p arte de un a población fronteriza pr ocedente del
territorio pamplonés y de los valles pirenaicos
159
.
José María Viladés, en el curso de las intervencio nes previas a la conservación y
restauración de los restos, proce dió a excavar las tum bas interiores de la iglesia de San
Juan y a intentar docum entar estru cturas del tem plo previo al que estaría asociada la
necrópolis objeto de estudio. L os resultados de la ex cava ción efectuada por Vil adés han
deparado t res fases de e nterramiento diferentes y sucesivas en el tiempo. A la primera
fase, co rresponden 46 tumbas antropomorfas exc avada s en la roca, mientras que a la
segunda han d e adscribi rse dos s epulturas también horadadas en el suelo y cubiertas con
y eso y lajas pequ eñas. Por último, a la tercera fase pertenecen cinco i nhumaciones
ubicadas en el crucero de la iglesia. Respecto a la cronolog í a, Vil adés dat a la primera
fase en los siglos IX -X I, la segunda en el moment o f inal de la anterior y la tercera en la
decimoctava centuria
160
.
Uncastillo también di spone de una nec rópolis judía, la cual se ubica en la parte
baja de la actual vil la junto a las piscin as municipales. Objeto de intervención
arqueológica en el año 2 000 mediante dos tu rnos de excavación desa rrollados en julio y
septiembre b ajo la dirección de José María Viladés, los r esultados de la misma han
permitido descubrir 26 tumbas de diferentes tipologías que, dispuestas en una ladera a
lo largo de c in co niveles arqueológicos, están separadas por lajas, por el mismo terreno
natural o bien adosadas. Nada se sabe de los restos muebles o del ajuar, y a qu e no se
procedió a l a ape rtura d e las inhumaciones. Por ú ltimo, Viladés data l a ne crópolis entre
el m omento fundacional de la villa y la expulsión de los judíos, intervalo determinado
159
Cfr. J . I . LORENZO LI ZALDE, “Proc esado y est udio d e lo s restos paleoantro pológico s pro cedentes
de la necróp olis altomedieval de San Juan d e Unca stillo (Zar agoza)”, Arqueo logía Ara go n esa , 1 990, pp.
373-374.
160
Cfr. J. Mª. VIL ADÉS CAST ILLO, “Excavacio nes arq ueológicas e n la necró polis de San Jua n d e
Uncastillo, Zaragoza. Campañas 1 988 -1989”, Arqu eología Aragon esa , 1988 -1989, pp. 249-250 .
40
fuertemente por l a ausencia de m aterial mueble que pudiera precisar la m isma
161
. No
obstante, la documentación del siglo X I pone de manifiesto la presencia de judíos en el
reino de A ragón
162
, lueg o e l uso de la necrópolis pudo coincidir en pa rte con el reinado
de Ramiro I.
Además d e estas dos necrópolis, las últimas cam pañas en el Castillo de A y llón
han sacado a la luz otra necrópolis más ubicada en la zona sur detrás del palac io, l a cual
ha aparecido junto con t res muros. El número de tumbas descubiertas asciende a seis,
excavadas en la roca y al gunas habien do conservado lajas de cubrimiento
163
. J osé Mar ía
Viladés considera que s e tratan de inhum aciones ub icada s en una z ona mu y im portante
del castillo, la cual califica d e “ zona importante dentro de la estructura jerárqui ca de la
sociedad medieval, así como de la organización urbanística de la fortaleza ”
164
.
Basándose en eso, opina que las tum bas corresponderían a los lugares de enterramiento
de los tenentes de Uncastillo
165
.
Al igual que l a necrópolis de San J uan de Uncasti llo, la necrópolis de Corral de
Calvo tiene también gran importancia. Situada en la zo na este del ya cim iento junto al
ábside de l a iglesia, ésta ha sido excavada p rogresivamente a l o largo de l as camp añas
que se han pr acticado en el conjunto arqueológico de El Corral de Calvo
166
. Teniendo
en cuenta lo dicho, el c omentario de los restos se basará en el estudio antropológico
realizado por L iz alde y e n el espacio dedicado al cementerio en la monogr afía de Corral
161
C fr. J . Mª. VI LADÉS CAST ILLO, “Exca vación arqueoló gica necrópo lis judía de Uncastillo
(Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica.
162
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de Sa n Juan de la P eña, vol.I , nº 5 0, pp. 148-150 y R.
VIRUET E ERDOZÁIN , “El p riorato de Santiago de Ruesta en los siglos XI y XI I: colecció n
diplo m ática”, Aragon ia Sa cra , 18, ( Zaragoza, 2004 -2005), nº 6, 1 0 y 11 , pp . 269-270 y pp. 2 72-273 .
163
Cfr. J . Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Exca vaciones arq ueológicas en el Castillo de Aylló n, Uncastillo
(Zaragoza)”, Arqueolo gía Ar ag onesa , 1995-20 05, fich a técnica; E. NASARRE OT ÍN, “ Exca vaciones
arqueoló gicas en el Ca stillo d e Ayllón, U ncastillo (Zaragoz a)”, Arqueo logía Arag onesa , 19 95-2005, ficha
técnica y E . N ASARRE OT ÍN, “Retirada de r estos ó seos de la fortale za de U ncasti llo, Uncas tillo
(Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica.
164
Cfr. J . Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Exca vaciones arq ueológicas en el Castillo de Aylló n, Uncastillo
(Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica.
165
Cfr. J . Mª. VILADÉS CAST ILLO, “Exca vaciones arq ueológicas en el Castillo de Aylló n, Uncastillo
(Zaragoza)”, Arqueo logía Aragonesa , 1995-2005, ficha técnica.
166
Aparte de la necró polis, ta mbién ha n ap arecido enterramie ntos suelto s deba jo d e alguna de la s
estancias pró ximas a la iglesia. En este se ntido, las estan cias que han prop orcionado re stos ó seos y
enterra m ie ntos son la 4, la 6A, la 7 y la 9. Cfr. F. G ALTI ER MA RTÍ y J . A. P AZ PE RALTA,
Arqueo logía y a rte en Luesia en torno a l año mil. El ya cimiento d e “El Corral d e Calvo” , p . 55.
41
de C alvo
167
, y a que ambo s tra bajos aportan datos definitivos que no los ofrecen los
informes de las respectivas campañas
168
.
La necrópoli s de Corral de Calvo ocupa una sup erficie superior a los diez metros
desde la cabecera d e la iglesia pre rrománica del y acimi ento
169
. La ex cavación de la
misma ha puesto de m anifiesto la existencia de dos niveles claros, uno superior
compuesto por paqu etes de huesos revueltos y ot ro inferior formado por los
enterramientos
170
. La s tumbas aparecen señala das por estelas, las cuales son
mayoritariamente an epígrafa s junt o con alguna que presenta una cruz simi lar a la que s e
puede observar en el pa nteón de San Juan de la P eña entr e otros lu gares, cu ya data
corresponde a finales del XI
171
. Por ot ro lado, las sepulturas pueden clasificarse en tres
grupos según su tipol ogía: enterramientos en fosa, enterramientos en cista y
enterramientos en cista y con cabecera
172
. R espec to a los individuos que fueron
inhumados, se constat a el predominio de una p oblación adulta y masculina, aunque
también existe un grupo infantil. Asimismo, dichas personas se encuadran dentro de l as
características m editerráneas y poseían a l gunas patolog ías como osteomas, c aries o
sarro
173
. Finalmente, e n cuanto a la cronolo gía de la necr ópoli s, aparte del detalle de las
estelas que contienen una cruz, el método carbono 14 permite fechar la misma entre
fines de la décima centuria y durante todo el si glo XI
174
.
167
Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil.
El yacimiento de “El Corral d e Calv o” , pp.55-61 y J . I . LOREN ZO L IZA LDE Y J. A . PAZ PE RALTA,
“Necrópo lis alto medieval del Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza )”, Arque ología A ragonesa , 1986-1987,
pp. 253-256.
168
E n efecto, en la pr imera ca mpaña se habla de que han exca vado 10 tum bas, m ie ntras q ue en el infor m e
antropo lógico de la segunda apenas se dicen datos definiti vos de im p ortancia excep to el estado de
conservació n de al gunas de las tumbas excavada s. C fr. J . A. PAZ P ERALTA, “ In forme p reli minar sob re
las campañas de exca vación de 19 83 y 1 984 realiza das en E l Corral de Calvo ( Lu e sia, Zaragoza) ”,
Arqueo logía Aragonesa , 1984, p . 10 2 y J. A. P AZ PE RALTA y J . I. LO RENZO LI ZALDE, “III
Campaña de excavacio nes a rqueológicas realizad as en el Corral de Calvo ( Luesia, Zaragoza)” ,
Arqueo logía Arag onesa , 1985, p p. 139 -140.
169
Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de
Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 254.
170
Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de
Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 254.
171
Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil.
El yacim iento d e “El Corral de Calvo” , p p. 55-56.
172
Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil.
El yacim iento d e “El Corral de Calvo” , p p. 56-59.
173
Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de
Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 255.
174
Cfr. J. I. LO RENZO LIZ ALDE y J. A. P AZ P ERALTA, “Necróp olis alto medieval d e El Corral de
Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 255.
48
que en las comarcas de la J aceta nia y del Sobrarbe úni camente se halla la citada
cerá mi ca clara
200
. En lo concerniente a l a cronología, C astán opina que los datos
históricos referentes a l os prim eros tenentes conocidos del Sobrarbe y la ausencia en la
documentación de S urta o Tou en el si glo X III, lugares donde ha y cerámica clara,
demuestran que ésta estaba en pleno uso durante los siglos XI y X II . Sin embargo,
considera que su ori ge n habría qu e relacionarlo con las campañas de Sancho I Garcés de
Pamplona en el Sobrarbe, ya que tuvieron como c onsecuenc i a el domini o de Boltaña y
la repoblación de lugares fronterizos. Por tanto, el inicio de su fabric ación se produjo en
la décima centuria
201
. Fin almente, Adolfo Castán aporta la li sta d e los yacimientos
sobrarbeses y serrablese s e n los que ha ha llad o ce rámi ca c lar a, los c uales son los
siguientes junt o con algunos pertenecientes a la Jacetania y S omontano de Barbastro:
Iguácel, Busa, San Bartolomé de Gavín, Espirilla, Espi erre , Castillo de Almazorre ,
iglesia pa rroquial de Almaz orre, Torre de A rcusa, Bagüeste, San J osé de Belarra,
Castillo de Boltaña, C astejón de Sobra rbe, Cast ellar de San J uan, Castellazo, Castiello
de Guarga, Eripol, Espi erlo, Guaso, Latorr e, Mi ravet, Morcat, Olsón, Rodellar, Santa
María de Buil, Santa W aldesca de Samitier, Casti llo de Sarsa, Secorún, Si lvés, Surta y
Tou
202
.
Teniendo en cuenta los datos cor respondient es a las doce campañas de
excavaciones arqueológicas realizadas en el yacimiento Castill o de Uncast illo, resulta
lógico que a la hora de comentar las cerámicas nos basemos en el informe de l a últi ma
intervención publicada, ya que ofr ece una s ecuencia estrati g r áfica más compl eta,
documenta nuevos nivel es con materiales que no aparecían en las anteri ores y ofrece
una descripción de lo s materiales mucho m ás detallada y fiable que los informes aún
inéditos
203
. De acuerdo con lo dicho, la fase más an tigua, datada entre los siglos XI y
XII
204
, presenta dos tipos cerámicos distintos. P or u n lado, en el estrato supe rior de esta
etapa c ronológica hace a cto de aparición la ce r ámica gris medieva l, mientr as que por el
200
Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l.
Siglo s XI-XIII , p. 40 y A. CAS TÁN SARAS A, Torres y Ca stillos del Alto Arag ón , p. 27.
201
Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l.
Siglo s XI-XIII , p. 41.
202
Cfr. A. CAST ÁN SAR ASA, Arqu itectura milita r y religiosa del S obrarbe y Serrablo m eridiona l.
Siglo s XI-XIII , pp. 45-47.
203
Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo
(Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p p. 179-185 .
204
Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo
(Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p . 183.
49
otro, en el nivel más inferior, tenemos, ad emás de la gris, una mayor propor ción de
cerá mi cas isl ámicas sobresaliendo las zafas con decoración vidriad a, las jarras
ornamentadas a cuerda seca y los candiles de piquera
205
.
Por últi mo, el yac imi ento de Corral de Calvo ha proporcionado un a gran
cantidad de fr agmentos cerámicos, los cuales han s ido perfec tam ente si gla dos y
tratados. S iguiendo los a nálisis efec tuados po r l os arque ólo gos que h an c olaborado d e
una manera u otra en las labores de estudio de los materiales hallados, se puede decir
que ha y dos tipos cerámi cos característicos en C orral de C alvo: la cerámica gris con
grueso desgrasante y la s cerámicas vi driadas musul manas. Prestando atención a la
primera de las dos, ha de destacarse que di cho t ipo cerámico, cu y a forma más
representada es la olla de forma globular con borde sencillo redond eado y vuelto al
exterior, pos ee pasta de color gris con predomini o de l a coc ción redu ctora y una
decoración que, en el caso de existir, se localiz a bajo el borde realizándose antes de
cocerla. No obstante, la característica más import ante se corresponde con la ex istencia
en la cara exterior del fondo de m arcas de r elieve que se i dentifican con sellos de
alfarero, ya qu e su presencia nos indica que la cerámica ha de datarse en los siglos X y
XI, pues la ausencia d e la misma se rela ciona cronológicamente con la ép oca carolingia
y anteriores
206
.
Ciñéndonos al se gundo tipo, Viladés, responsab le del estudio de la cerámica
islámica
207
, difere n cia entr e las decoradas a m olde y l as que tienen vi driado externo d e
barniz plumbífero. Las pastas de las prim era s, entre las qu e destaca el motivo decorativo
de un animal en pos ición semirrampante, se caracterizan por ser de colores cremas con
desgrasantes finos, las cu ales t ienen vidriado amarillo. Respecto a las segundas, las
pastas presentan colores claros, amarillento blan quecino más con cretamente, m ientras
que el vidriado es verde pudiendo exis tir varieda d cromática desde to nos claros a
oscuros. Por otro lado, c abe de cir que pose en un a decoración compu esta por motivos
simples como peines y ondulaciones que se ubican en el arranque de los c uellos de las
205
Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo
(Zaragoza). Campañas 19 93-199 4”, Arqueo logía Arag onesa , 1994, p p. 184-185 .
206
Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arqu eo logía y a rte en Lu esia en to rno al añ o mil.
El ya cimiento de “E l Cor ral de Calvo” , p . 63 y J. A. P AZ P ERALTA E T ALII, “Estudio de materiales
del y aci miento alto m edie val de El Cor ral de Calvo (Luesia, Zaragoza)” , Arq ueolog ía Aragonesa , 1990, p.
141.
207
Cfr. J. A. PAZ PE RALTA ET ALII, “Estudio de materiales de l y aci miento altomedieval de El Corral
de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragone sa , 1990, p . 137.
50
piezas
208
. Finalmente, las cerámica s musulm anas ha n de datarse entre fines del siglo XI
y principios del siglo XII
209
.
B
)
PROBLEMÁTICA, CREDIBILID AD Y FIABILIDAD
HISTÓRICA DE LAS FUENTES DE ÉPOCA RAMIRENS E
Una vez que hemos visto el estudi o que la h isto riografía ha realiz ado sobre las
fuentes ex istentes que h an sido objeto de publ ic ación, llega el momento de rematar y
finalizar el análisi s sobre ellas in cidiendo en un os aspectos re almente importantes y
fundamentales a fin de reconstruir el pasado hist órico: la problemática y la credibilidad
que ofrecen al historiador. En dicho sentido, la diversidad de fuentes, l a difer ente
naturaleza y ori gen de la s mis mas o la intervención antrópica en alguna d e éstas, bien
alterándolas o bien co ntando una realidad particular, aconsejan un ex amen que
determine si proporcionan datos encontrados y contradictorios entre ellas o
informaciones susc eptibles de ser generales y apli cables a varios momentos históricos.
En suma, s e trata de ver las posi bilidades reales que poseen de cara a re construir la
historia del reinado de Ramiro I.
1.- FUENTES A RQUE OLÓGIC A S
En primer lugar, y por alt ernar el orden establecid o en el apartado A del pr esente
capítulo, comenzaremos nuestros comentarios y análisis con las fuentes de carácter
arqueológico y no con la s escritas. Cab e seña l ar que no abord aremos cada una de todas
ellas, sino que nos centraremos básica y principalmente en dos, concretamente l as
necrópolis y la c erámica, puesto que a nuestro juicio son las que más problemática
plantean debido a los factores a los que haremos alusi ón a continuación.
a) NECRÓPOLI S
208
Cfr. J. A. PAZ PE RALTA ET ALII, “Estudio de materiales de l y aci miento altomedieval de El Corral
de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragone sa , 1990, p .141.
209
Cfr. J. A. PAZ PE RALTA ET ALII, “Estudio de materiales de l y aci miento altomedieval de El Corral
de Calvo ( Luesia, Zaragoza) ”, Arqueolo gía Aragone sa , 1990, p .142.
51
En algunas de las diferentes necrópolis excavadas, cuya cronolo gía inclu y e el
periodo de años del reina do de Ramiro I, se han e ncontrado t umbas e inhumaciones que
han sido reutiliz adas en dos ocasiones como mí nimo. J uan Ig nacio Lorenzo L izalde y
Juan Ángel Paz Peralta lo han constatado en el cementerio del y acimiento de El Corral
de Calvo
210
, mientras que Jul ia Justes y Belén Gimeno en la necrópolis del monasterio
de San Pedro el Viejo de Jaca
211
. Esta realidad nos i ndica cla ramente qu e los i ndividuo s
vivieron, aunque coincidieran parcialmente, dos épocas vitales dist intas, de forma que
limita bastante el estudio hist órico en relación a determinadas cuestiones de las
comentadas en el apartado previo.
Por otro lado, las metod ologías empleadas para datar las tumbas encontradas en
cada una de las necrópolis ex cava das no h an dado unos resultados mu y pr e cisos. Ante la
ausencia de material cerámico y num ismático en las inhuma ciones halladas
212
, los
arqueólogos se han valido de las dos únicas técnicas con cierta fiabilidad que tenían a su
disposición: la c omparación arqueológica con otras tumbas similares de c ronolo gía
conocida y el carbono 14
213
. S in embargo, ambos si stemas han deparado unos i nterval os
temporales excesivamente amplios en relación con las épocas cronológicas cortas que
historiamos en el med ioevo
214
. Por consiguiente, dicha sit uación plantea serios
210
Cfr. J. I. LORENZO LIZA LDE y J. A. PAZ PE RALTA, “Necró polis alto medieval del Corral de
Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, pp. 253-256, concretamente p. 2 54.
211
Cfr. J. JU STES FLORÍ A y B . GIMENO MA RTÍNEZ, “Estudio antrop ológico y paleo patológico d e
los re stos humanos exhumados en la excavació n d e la iglesia de San Pedro el Viejo (J aca)”, Saldu ie , 3,
pp. 243-255, co ncretam e nte p. 249 .
212
Aunque en la necróp olis medie val de San Jua n de la Peña se halló un número i mportante de piezas que
confor m aba n los r espectivos ajuares, lo s r estos encon trados ta mpoco sir vieron par a lograr una datació n
precisa d e los cuerp os y p or co nsiguiente s u identificació n se gu ra co n alguno d e los no bles p rincipales del
reino o incluso de la fa m i lia real, y a que no se hallaro n m onedas o cer ámicas válid as par a ofrece r una
fecha pr ecisa. Cfr. J . C. ESCO SAM PÉRIZ y J . I. LIZALDE, “II c ampaña de exca vaciones ar queológicas
en el m ona sterio d e San J uan de la Peña (B otaya, Jaca-H uesca)”, Arqueo logía Arag onesa , 1985 , p p. 141 -
144 , concretamente p. 142 .
213
Apar te d e la necrópo lis de Sa n J uan de la P eña, en las necr ópolis de Murillo de Gállego, Lasieso , San
Juan d e U ncastillo, No cito o S an P edro el Viej o de Jaca se h a empleado la co m par ación ar queológica con
los enterr amiento s similare s de fecha co nocida d e ca ra a deter minar la cronología de las t umbas
medievales, mientra s que en Cor ral d e Calvo se utilizó el car bono 14. Cfr. Mª. A. BI ELSA T URMO,
“Las necr ópolis alto m ed ievale s de Murillo de Gá llego, Uncastillo , L asie so, Nocito y La Tor raza (El
Tormillo) ”, en V. V. A. A., Actas del Primer Congreso de Arqueo logía Medieva l Españo la , vol.V , p p.
261 -273; J. Mª. V ILA DÉ S C ASTI LL O, “Exca vaciones a rqueológicas en la necró polis d e San Juan de
Uncastillo, Zaragoza. Campañas 198 8-1989 ”, Arqueo logía Arag onesa , 1988-198 9, pp. 249-250,
concreta m e nte p. 2 50; J . J U ST ES FLORÍ A y B . GIME NO M ARTÍNEZ, “Estudio antropo lógico y
paleop atológico de los resto s huma nos e xhumados e n la e xcavación de la iglesia de Sa n Pedro el Viejo
(Jac a)”, Saldui e , 3, p. 2 46 y J. I. LOREN ZO LIZ ALDE y J . A. PAZ PE RALTA, “ Necr ópolis
alto m edieval d el Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza)”, Arq ueolog ía Aragon esa , 1986-19 87, p. 2 55.
214
En e fecto, co nforme se co m p rueba e n los e studios r ealizad os, cuyas fechas se expo ndrán más ade lante,
las necrópo lis se datan con i ntervalos tempor ales que aba rcan do s, tres o más siglos, l o que co ntrasta
frontalme nte con el period o de 30 años que nosotros e studia m os. Mª. A. BIE LSA TURMO, “Nec rópo lis
52
inconvenientes al o bjeto de poder explotar toda la información histórica que un a
necrópolis contiene.
Teniendo presente la potencialidad de la i nformación hist órica que una
necrópolis mediev al ofrece, las dos situa ciones descritas en los p arágrafos pr evios
limitan sobremanera l os indicios que proporcionan. De acuerdo con esto, y pese a pode r
conocer el tamaño, la edad, el sex o, la distribución de sex os o las patologías, no
sabemos con se gur idad a qué m omento concreto y dete rminado del pasado pertenecen
los datos ex traídos de ellas. En consecuencia, l os hechos r econstruidos s on generales y
aplicables, según los casos particulares, a v arios reinados y etapas históric as dentro de la
cronología dada a cada un a de las ne crópolis, o dicho de ot ro modo, no resulta válido
adscribir a un determinado periodo corto de tiempo la info rmación ob tenida de una
fuente de larga duración cronológica.
b) CERÁMICA
En cuanto a los fra gme nt os cerámicos, decir qu e se repite la misma sit uación que
se ha visto con las necrópolis. En e fecto, t omando como eje mpl o los y a cimientos de los
castillos de Sos, Uncastillo y Abizanda y el de Corral de Calvo, obse rvamos que los
materiales cerámicos encontrados se caracterizan por ten er un a dat ación más o menos
amplia en el tiempo qu e como m ínimo ab arca dos centuria s. Así, las d e Sos se han
fechado como altomedievales por Viladés y P alomar
215
. El propio Viladés ha datado los
alto m edievale s en Aragón”, en V. V. A. A., XIII Congreso Nacio nal de Arq ueología , p p. 99 5-1002; M ª.
A. BI ELSA T URMO, “Las n ecrópo lis alto m edievale s d e M urillo d e Gá llego, U ncastillo, Las ieso, No cito
y L a Tor raza (El T ormillo)”, en V. V. A . A., Actas del Primer Congreso d e Arq ueolo gía Me dieval
Españ ola , vol.V , pp. 261 -273; J . Mª . VI LA DÉS C A ST ILLO, “Excavacione s ar queo lógicas en la
necrópo lis de San Juan d e U ncastillo, Zaragoza. Campa ñas 19 88-198 9”, Arqu eología Aragonesa , 1988 -
198 9, p. 250; J. JUSTES FLO RÍA y B. GI MENO M ARTÍ NEZ , “Estudio a ntropoló gico y pa leopatoló gico
de los restos humanos exhu mado s en la excavació n de la iglesia de San Pe dro el Viejo (Jaca)”, Saldui e , 3,
p. 246 y J. I. LOREN ZO LI ZALDE y J . A. P AZ P ERALT A , “Necrópolis alto medieval del Corral de
Calvo ( Lu e sia, Zara goza)”, Arq ueología Aragonesa , 1986-1987, p. 255.
215
Cfr. J. Mª. VILADÉS C ASTILLO, “Infor me de la primera campaña de excavacio nes en el castillo de
Sos del Rey Ca tólico (Zara go za)”, Bo letín del Mu seo de Zarag oza , 6 , pp. 4 56-459; J . Mª . VI LADÉS
CASTIL LO y Mª. E. PALOMAR LLORENT E, “Excavac iones en el castillo d e Sos del Re y Católico ”,
Boletín de Arqueo logía Medieval , 2 , pp . 193-19 4; J. Mª. VILADÉ S C ASTILLO, “ I nfor m e sobre la
excavación del castillo de Sos d el Re y Católico ( Zaragoza) . Ca m p aña 19 87”, Arque ología Aragon esa ,
198 6-1987, p p. 239 -241; J . Mª. VILADÉ S C AS T ILLO, “ E xcavació n arqueoló gica del castillo de Sos de l
Rey Católico. Zaragoza. III ª campaña, 198 8”, Arq ueología Arago nesa , 1988-19 89, pp. 25 3-254; J. Mª.
VILADÉS CAST ILLO y Mª . E. PALOM AR , “I nfor m e d e la exca vación del ca stillo de Sos de l Rey
Católico, Zaragoza, campaña 198 9”, Arq ueología Aragonesa , 19 88-1989, pp. 25 5-256 y J. M ª. VILADÉ S
CASTIL LO y M ª. E. P AL OM AR LLOREN TE, “ Infor me de p rospecció n po r r adar del castillo d e Sos del
Rey Católico , Zaragoza. Ca mpaña 1 989” , Arqueología Aragonesa , 1991, pp. 197 -198.
53
niveles m ás antiguos an alizados hasta el mome nto en Uncastill o en los siglos X I y
XII
216
. Por el contrario, Nieves J uste ha ubicado los fragmentos de cerámica gris de
Abizanda entre la undécima y la decimocuarta centuria
217
. Finalmente, el equipo de
historiadores y arqueólogos que ha tr abajo en Corral de Calvo sitúa respectivamente las
cerá mi cas grises y las mu sulmanas en el sig lo X y el XI y en el X I e inicios del XII
218
.
La conclusión es idénti ca a la obtenida en relación con las necrópolis. Teniendo
en cuenta el pap el de fósil d irector que desempeña la ce rámica en un y a cimiento
arqueológico, en la Ed ad Media en general y en los casos con cretos que n os ocupan en
particular, observamos que la t ipología de cerámica encontrada, la gris en concreto, n o
resulta de mucha utili dad para lograr d ataciones precisas. P or consiguiente, no
disponemos de una certe za absoluta para asignar a un determinado mome nto hist órico
menor que la cronología de la cerámica los datos que, más allá de la datación temporal,
se desprenden del análisis minucioso de ésta.
2.- FUENTES ESCRITAS
Siguiendo en l a mism a línea que hemos tra zado en el epí grafe a nterior,
pasaremos ahora a estudi ar las fuentes escritas viendo los problemas e in convenientes
que éstas presentan al his toriador a la hor a de ser empleadas con el objeto de reconstruir
el pasa do histórico en general y de un p eriodo concre to en p articular. Si bien en el
campo de l a arqueolo gía sólo nos hemos referido a las ne crópolis y a la cerámica, ahora
enfocaremos nuestra at ención en las obras históricas medievales y en l os actos j urídicos,
las tipologías d e fuentes escritas que consideramos que necesitan y requieren, a nuestro
juicio, una mayor necesidad de comentario y a nál isis.
a) ACTOS
JURÍDICOS
216
Cfr. J. Mª. VI LA DÉS CAST ILLO, “Excavacione s arqueoló gicas en el ca stillo de Uncastillo
(Zaragoza). Campañas 1 993 -1994”, Arqueolo gía Arag onesa , 1994, pp. 1 79-185, concretamente pp . 18 3-
185.
217
Cfr. Mª. N. JUSTE ARRUGA, “ In forme de la exca vació n efectuada en la torre de A b izanda
(Abizanda, H uesca). 1 989”, Arqueolog ía Aragon esa , 1988-198 9, pp. 265-268 , concreta mente p. 267 .
218
Cfr. F. GALT IER M ARTÍ y J. A. P AZ PE RALTA, Arte y arqueolo gía en Lu esia en to rno a l año mil ,
pp. 63-67 y J. A. P AZ P ERALTA ET ALII, “Estudio de materiales d el yacimiento alto m edie val d e El
Corral d e Calvo”, Arq ueolog ía Aragon esa , 1990, pp . 137-142, co ncretamente p. 14 1.
54
La documentación co etánea del reinado d e Rami ro I, parte de la cu al se r ealizó
en su propia escribanía, tampoco se libra del anális is en relación con l a probl emática y
fiabilidad que o frece al historiador. A diferencia de las crónicas, an ales y otros relatos
históricos, no s e aprecia la existencia de una idea determinada qu e presida la narración
de los acontecimientos, sino t odo lo contrar io, una ausencia de la misma , y a que este
tipo de fuente simplement e documenta los actos jurídicos que, fruto d e la s n ece sidad es
vitales, cotidianas e históricas del momento, fueron re alizando los habitantes del
territorio aragonés sin distinción de grupo so cial. Si n embarg o, el hecho de que dichos
documentos hayan llega do hasta ho y gracias, en un alto porce ntaje, a un proceso de
transmisión textual i mplica que deba ef ectuarse un estudi o previo de los mism os al
objeto de ver su credibilidad y su utilidad en la reconstrucción del pasado.
Partiendo de los a n álisis críticos que sobr e l a documentación han efectuado
algunos historiadores, ej emplos de Antonio Ubieto o Anton io Durán
219
, ha de destacarse
la escasa cantidad de documentos originale s que de época del reinado de Ramiro I se
han conservado hasta la actualidad. Desde el pu nto de vista de Antonio Ubieto, sól o
existen catorce documentos originales pe rtenec i entes al s eñalado periodo, a los qu e
deben añadirse dos diplomas más en torno a los cuales el mencion ado A ntonio Ubieto
mostró dudas acerca de su carácter o riginal o de copia coetánea
220
. Conforme se puede
apreciar, esta cifra representa un ín fimo porcentaje del tot al de documentos que se
disponen de los años de gobierno de Ramiro I, co ncreta ment e un 6,93%.
¿Qué repercusiones tiene , desde el prisma y la óp tica del his toriador, la aludida
escasez de do cumentos originale s? En principio, y aunque parezca inverosímil a simple
vista, s ólo afecta al estudio de alg unos aspectos q ue se en globan en el amplio campo de
la cultura; más conc retamente, tal situación di ficulta el conocimiento d e los rasgos,
caracteres y evolución d el sistema escritur ario empleado en la redacción de los escritos
y documentos. En efecto, este hecho hace que te nga mos pocas pruebas para definir el
tipo de escritura ut ilizado, el grado de pureza y d e influencias ex ternas qu e posee o bien
219
Cfr. A. UB IET O ART ETA, “E studios en tor no a la d ivisión del r eino por Sancho el Ma yor” , Príncipe
de Via na , 21 , pp. 45 -53; A. UB IETO ARTE TA, Orígen es d e los reinos d e Ca stilla y A ragón , pp. 105-127
y A. DURÁ N GUDIO L, Rami ro I de Aragón (19 93) , pp. 19-20 y p p. 78 -80.
220
Cfr. A. UB IET O ART ETA, “E studios en tor no a la d ivisión del r eino por Sancho el Ma yor” , Príncipe
de Via na , 21 , pp. 46 -48; A. UB IETO ARTE TA, Orígen es d e los reinos d e Ca stilla y A ragón , pp. 105-111
y R. VIRUET E ERDOZÁIN, Estud io crítico de la canc ill ería del rey R amiro I d e Aragón , Zaragoz a,
Tr abajo Inédito realizado p ara la o btención del D EA, 2003 , p. 26.
55
si la cantidad de nexos y abreviaturas result a elevada o no en comparación con épocas
anteriores o posteriores. Sin embargo, y a tenor de la crítica documental realizada por
Antonio Ubieto, quien más se ha centrado en di cho asunto, l os po cos dipl oma s
originales conservados permiten trazar las líneas básicas pa ra s aber l a tradición
documental de los documentos y su fiabilidad hi stórica
221
.
Evidentemente, si los o riginale s so n escasos en el conjunto de la document ación
auténtica de época r amirense, el po rcentaje de copias, por el contrario, resulta bastante
elevado. Aho ra bien, un a mi rada atenta al conjunto de ellas a nivel p articular m uestra
que algunas no reflejan l a totalidad de l as cláusulas que aparecen y fi guran en los actos
jurídicos que s e han con servado en s u formato primigenio. D e entre toda s ellas, ahor a
nos i nteresa destacar la cronología, asp ecto in dispensable a l a hora de efectuar l a
historia del pasado. De ac uerdo con esto, hay bastantes diplomas que en su tenor
documental carecen de datación o bien está equivocada, r ealidad que ha puesto de
manifiesto Ant onio Ubieto en el análisis crítico de la documentación ramirense que
efec tuó
222
.
Partiendo del principio de que la cronolog í a resulta i mprescindible para l a
realización de la historia , el hecho que pone de relieve el estudi o crítico d e Ubieto, las
fechas equivoc adas o la ausencia de éstas en los documentos, provoca la imposibil idad
de ubicar en el tiempo de forma pr ecisa al gunos ac ontecimientos importantes del
periodo que nos ocupa, lo que a su vez di ficulta su estudio. Dicho problema afectaría,
entre otros, a los siguientes eventos que desta camos: los pactos y alia nzas que hiz o
Ramiro I con los di rigentes de otros reinos y condados y autoridades episcopales y el
proceso de ampliación y disminución de la propiedad de l a tierra y otr os bienes d e
determinadas personas e instituciones monásticas
223
.
221
Los e studio s d el propio Antonio Ubieto así lo demuestran, y a que ha sido cap az de trazar unos
principio s funda m e ntales d e crítica d ocumenta l basá ndose de for ma i mportante en lo s docu m e ntos
originales. Cfr. A. U BIET O ARTET A, “Estudios e n torno a la división del reino p or Sancho el Mayor”,
Príncipe de Viana , 21 , pp. 45-53 y A. UBI ETO ARTET A, Orígenes de los rein os de Castill a y A ragón ,
pp. 105-127.
222
E n los mencionado s análisi s, Antonio Ubieto restituye la fecha d e a lgunos diplo mas que la tienen
erró nea y también ubica e n el tie m po , de forma aproxi m ad a, aquéllos q ue no la tienen. Cfr. A. UB IET O
ARTET A, “Estudio s en tor no a la d ivisión del r eino por Sanch o e l M ayor”, Príncip e de V iana , 21, pp.
48-49 y A. UBIET O ARTETA, Oríg enes de los reinos d e Castilla y Aragó n , pp . 112-114.
223
La d ocume ntación conserva da nos muestra que Ramiro I re alizó pactos con el rey d e Pamplona
Sancho IV y co n el o bispo de Urgell Gui llermo Gui fredo, los cuales son de vital i m p or tancia p ara los
intereses del reino y d el rey en el m o mento de hacerlos y, sin embargo, no sabe m o s ubicarlos de manera
56
Siguiendo con nuestro comentario sobre l os actos ju rídicos de la época
ramirense, l os estudios críticos de los mi smos efectuados por Angel Martín Duque,
Antonio Ubieto y Antonio Durán s acan a la luz un hecho de cier ta relevancia, la
existencia de falsificaciones que afectan a un número importante de d ocumentos
pertenecientes al perio do cronológ ico que n os ocupa. Aunque los dos úl timos
historiadores mantengan diferencias de opi nión en cuanto al número de ésta s y a
diplomas mu y concretos
224
, el análisis global y sistemático efectuado por Antoni o
Ubieto demuestra que h ay u n elevado número, especialmente dentro de l conjunto de
documentos otorgados por el propio Ramiro I
225
.
La ex istencia de fals ificaciones supone un hecho gra v e de especial
transcendencia que afecta de forma importante a la rec onstruc ción del pasado. En este
sentido, la falsificac ión del documento es una auténtica manipulación de la rea lidad al
objeto de conseguir uno s fines mu y concretos por parte del falsario o de la persona o
institución que están detrás de él. T eniendo lo dicho en cuenta, combi nar datos de
documentos auténticos con otros procedentes de falsificaciones representa un evidente
peligro para la r ealización de la historia, pues se consigue una reconstrucción errón ea
del pasado al entremezclar informaciones que ofr ece n dist into grado de credibilidad
226
.
exacta, lo q ue e n princip io acla raría muchas otr as co sas. De la misma m a nera, e l hec ho de que sepa m o s
en qué m o mentos los mona sterios o deter m i nados particul ares incre mentan sus p ropie dades a tr avés de
varias co mpra-venta s y d onacio nes di ficulta co nocer si este pr oceso se enmarca dentr o d e una te ndencia
que se da de m odo general e n un deter minado tiem po del r einado d e Ramiro I r elacionado con algún otro
fenómeno, o p or el contrario, si se tr ata de e ventos aislad os sin i nterconexión e ntre e llos. Cfr. R.
VIRUET E ERDOZÁIN, Arag ón en la épo ca d e Ra miro I, vol.II , Apéndice d ocumental, d onde pueden
consultarse los d ocume ntos a ludidos d e los pacto s del re y y to das las co mpra-ventas y donacio nes que
atestiguan ese i ncre m e nto de p ropied ad de los monasterios y ciertos p articulares.
224
En efecto , ambos historiad ores discre pan sobre la aute nticidad o falsificació n de al gunos diplo m a s
como lo s testa mentos del r ey. Sin e mbargo, ta mbié n c oinciden e n con siderar fal sas las l lamadas a ctas d el
concilio de Jaca. No obstante, Antonio Ubie to efectúa un análisis de la totalidad de la do cumentación,
mientras que An to nio Durán única mente se centra en una pa rte de la m i sma. Cfr. A. UBIET O ARTET A,
“Estudios e n to rno a la d ivisión d el reino por Sancho el Ma yor”, Prín cipe d e Viana , 21, pp. 45-53; A.
UBIET O AR T ET A, Oríg enes de lo s rein os de Castilla y A ragó n , pp. 105-12 7 y A. D UR ÁN GU DIOL,
Ramiro I de A ragón , pp. 78 -8 0.
225
Si nos li mitam o s a los est udios de Martín Duque y d e Antonio Ub ieto, constata mos que e xisten 3 8
falsificacio nes entre los documentos otorgad os po r Ramiro I, lo que supone un p orcen taje ligeramente
superior al 5 0%, 5 1,69 c o ncretamente. Por tanto, la m i tad d e lo s diplo m as del re y ar agonés so n
falsificacio nes. C fr. A. J. MAR T ÍN DUQUE , Colección dip lomática de S anta María de Oba rra y San
Victorián d e S obrarbe (100 0-1219 ) ; A. UB IET O ART ET A, “Estudio s en torno a la divisió n de l reino po r
Sancho el Mayor”, Príncipe de Viana , 21 , pp. 5 0-53; A. UBI ETO ARTE TA, Oríge nes de los rein os de
Castilla y A ragón , p p. 117-127 y R. VI RUET E E RDOZÁIN, E studio crítico de la c an cillería d el rey
Ramiro I de A ragón , pp. 51 -5 2.
226
Antonio Ub ieto ta mbién es p artidario de e sta opinión, la cual manifestó e n d os de sus ob ras m á s
importantes d esde el pu nto de vista de la crítica d ocumental. Cfr. A. UBI ET O ARTETA, “Estudios en
57
A modo de recapitulación, h a quedado patente qu e los actos jurídicos, pese a ser
el tipo de fuente más pró xim a a los hechos objeto de estudio, pues s e producen durante
el reinado de Ramiro I, plante an una seri e de pr oblemas importantes a la hora de
historiar el periodo ramirense, ya qu e no quedan l ibres, por ejemplo, de la manipulación
posterior del hombre. En consecuencia, r esulta imprescindible, a fin de ext rae r toda la
información buena y fiab le que poseen, realizar un profundo y minucioso a nálisis crítico
que context ualice adecuadamente los diplomas con cronología incorrecta o inexistente y
que determine el núm ero exacto de falsificaciones y diplomas manipulados que
contienen partes susceptibles de emplearse sin ningún tipo de problema.
b) OBRAS
NARRATIVAS
HISTÓRICAS
MED IEVALES
Los anales y las crónicas medievales se caracter izan por tener algunos rasgos
comunes. Desde nuestro punt o de vista, uno d e lo s más importantes es el hecho de que
ambos géneros r espond en a un d eterminado fi n bajo el que subyace una ideología
concreta que condiciona la visión histórica de las mismas. Ahora bien, conviene m atizar
que la defensa d e una idea a lo lar go del relato his tórico compuesto por un analista o un
cronista no siempre implica una manipulación de los hechos o una afección a la
verdadera realidad de todas y cada una de las épocas hi stóricas que recogen las citadas
obras. Partiendo de este principio, únicamente pr estaremos nuestra atención, al objeto
de i lustrar lo dicho al pri ncipio d el pár raf o, en aquellas crónicas o anales en dond e la
presencia de l a ideología o ideologías influ y a dir ectamente en los eventos del reinado de
Ramiro I.
La crónica más antigua en la que aparece R amiro I de Aragón es la Cr ónica
Silense, escrita a mediados de la duodéc ima centuria se gún las tesis de Antonio
Ubieto
227
. Una de sus finalidades consiste en despr estigia r el li naje del re y de Aragón
como una manera de atacar a Alfonso I de Aragón a raíz de s u i ntervención en los
torno a la d ivisión d el r eino p or Sancho el M ayor”, Prín cipe de Viana , 21, p. 42 y A. UBIET O ARTETA,
Orígenes d e los reino s de Castilla y Aragón , pp. 88-89.
227
Cfr. A . UB IET O ARTETA, “Est udios en torno a la división del reino por Sancho el Mayor de
Navarra”, Príncipe d e Vian a , 21, pp. 209-233 y A. UBIET O ARTET A, Orígenes de los rein os de Castilla
y Arag ón , pp. 205-239.
64
figuran como re y es de Ara gón y Castilla; si n e mbargo, nunca convivieron juntos con
tales cargos, ya que Ramiro I m urió en 1064 y Sa ncho II comenzó a reinar en 1065
253
.
Otro ejemplo de error hi stórico o anacr onism o qu e detectamos en las cróni cas y
anales es el relativo a l a m uerte de Ramiro I . Además, encontramos tres fec has
diferentes, 1062 en la versión aragonesa de l a C rónica d e San Juan de la Peña
254
, 1070
en l a crónica najerense
255
y 1063 en el resto de ob ras cristianas que o frecen d ata de la
muerte del re y aragonés
256
. P or el contrario, e ind ependientemente de l a ausencia de
unanimidad de la historiografía r eciente al respecto, más adelante en el capítulo
correspondiente se argumentará qu e Ramiro I no falleció en ninguna d e esas datas
257
, de
modo que no se pueden considerar correctas las i ndicaciones cronológicas dadas po r l as
crónicas y los anales.
Finalmente, también encontramos hec hos que no se produjeron tal com o se
recogen en las crónicas o en los anales. En este caso hemos eleg ido dos ejemplos que se
hallan en la C rónica de San Juan de la P eña. En primer lugar, dicha fuente dice que los
nobles de Sobrarbe y R ibag o rza eligieron re y a Ramiro I tras la muerte de su hermano
Gonzalo
258
. Ya se ha dich o anteriormente que tal evento no a caeció de tal manera, lo
cual se demostrará más adelante cua nd o se t rate la cuestión
259
. En s eg undo lug ar, la
crónica de San Juan de la Peña da a conocer el pacto que suscribieron S ancho IV de
Pamplona y R amiro I mediante el cual el re y de Aragón entrega al de P amplona las
253
Cfr. R. VI RUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época d e Ra miro I, vo l.I , cap ítulo IX Las prime ras
ofensiva s contra lo s musulmanes: 1 058-106 4 y A . UB IET O ART ETA, Literatura med ieva l I , p . 172.
254
Cfr. C. ORCÁSTE GUI GR OS (editora ), Crónica de S an Ju an de la Peña (Versión aragonesa).
Edició n crítica , p . 34.
255
Cf r. A. UBIET O AR T ET A (e ditor), Cr ó nica najerense , 2ª ed. , p. 1 10 y J . E. ESTÉVEZ SO LA
(edito r), Chron ica Naiarensis , p. 171.
256
Las cró nicas en c uestión son e l Chronico n Alterum Rivip ullense, el Liber regum, el Libro d e la s
generacio nes, La cró nica de 13 44, las ver siones catalana y latina de la Crónica de San Jua n de la P eña y la
Crónica del P ríncipe de V iana, las cuales se ci tan co nforme el or den respecti vo. Cfr. J. VI LLANUEV A
(edito r), Viage literario a la s iglesias de España , vol.V , p . 2 4 5; L. COOPER ( editor) , Liber regu um , p. 37;
J. FERRANDI S (editora) , Libro de las generac iones , p. 61; D. CATAL Á N y Mª. S. DE ANDRÉS
(edito res), Edición crít ica d el texto esp añol de la Crón ica de 1344 que o rdenó el conde de Barcelos Don
Pedro Alfon so , p. 323 ; A. SO BE RA N AS LLEÓ (ed itor), Crónica Gen eral de Père I II el Ceremonio s dita
commu nament Crónica de Sant Joan d e la Pen ya , p . 59; A . UBIETO ARTET A, Crónica de San Juan de
la Peñ a , p. 52 y C. ORC ÁSTEG UI GROS (ed itora), Crón ica de l Príncipe d e Viana , p. 115.
257
Cfr. R. VI RUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época d e Ra miro I, vo l.I , cap ítulo IX Las prime ras
ofensiva s contra lo s musulmanes: 1 058-106 4 .
258
C fr. A . UB IET O ART ETA (editor), Crónic a d e San Ju an de la Peñ a , p. 50 ; A. SOBERANAS LLEÓ
(edito r), Crónic a Genera l de Pere II I el Cerimonió s dita co muna ment Crònica de San t Joan d e la P enya ,
p. 5 8 y C. ORCÁSTE GUI GROS (editor a), Crónica de San Juan de la Peña. Versión aragonesa , p. 33.
259
Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, Arag ón e n la ép oca de R amiro I, vol. I , capítulo VII Orí genes y límite s
territoriales d el Reino de Aragó n: 1035-10 44 .
65
plazas de Ruesta y de P etilla
260
. No obstante, el documento del a cuerdo, que se ha
conservado, constata qu e Ramiro I no dio ningún lugar a S ancho IV, sin o que éste l e
donó el castro de Sangüesa y las villas de Ler d a y Undués
261
.
Llegados a este punto y a tenor de lo visto, el hecho de que las obras históricas
medievales t engan, por lo general, una intenc io nalidad ideológica determinada, que
obliga a la m anipulación de los acontecimiento s para conse g uirla, una presencia de
relatos le gendarios dentro del contenido de l a mism a y un a cantidad i mportante de
errores y fallos históricos de diversa naturaleza proporcionan muestras y argumentos
claros de la g r an problemática que las crónicas y los ana les plantean, ya que no resultan
del t odo fiables al objeto de re construir el pasado del periodo acerca d el que informan.
Ahora bien, ello no las i nhabilita como fuentes, s ino que conlleva qu e sea necesario un
estudio crítico que deje claro qué partes pueden e mplearse y c u áles no.
3.- L A S FUENTES Y LA S CONTR A DICCION ES DE SUS DA TOS
A lo larg o del apartado C del presente capítulo nos hemos ce ntrado e n señalar la
problemática que plantea n las fuentes analizando cada una po r separado en función de
los dife rentes grupos que ha y . Ahora se trata d e dar un paso más y seg uir mostrando las
dificultades que ofrecen, pero esta ve z procediendo a interrelacionar u nos tipos de
documentos con otros, de forma que compare mos y contrastemos l a información
relativa a un mi smo asu nto en do s fuentes de naturaleza di stinta. Asimi smo, también
haremos el cotejo de un asunto en un único tipo documental
Independientemente de las informaciones que aportan y de los l ímites que
poseen, la comparación de los datos qu e conti enen los diversos grupos de fu entes
conservadas acerca de determinados temas del pasado ponen de manifiesto una
importante y preocupante realidad: la contradicción entre ellas. En dich a línea, aparte de
que el presente h echo s e ha podido intui r conforme ha avanzado el desarrollo de los
contenidos de la Tesis hasta este punto, a continuación l o evidenciare mo s de manera
260
C fr. A . UB IET O ART ETA (editor), Crónic a d e San Ju an de la Peñ a , p. 51 ; A. SOBERANAS LLEÓ
(edito r), Crònic a Genera l de Pere II I el Cerimonió s dita co muna ment Crònica de San t Joan d e la P enya ,
p. 5 8 y C. ORCÁSTE GUI GROS (editor a), Crónica de San Juan de la Peña. Versión aragonesa , p. 34.
261
C fr. F. MIQUE L ROSELL, Liber F eudo rum Maio r , vol.I , B arcelona, Consej o Superio r d e
Investigacio nes Cientí ficas, 1945 , nº 1, p. 3 y A. UBIE TO ART ETA, Cartulario d e Sa n J uan de la Peñ a,
vol.II , nº 172, pp. 219-221.
66
nítida a través de la exposición de lo que los documentos di cen sobre ciertos asuntos
acontecidos durante el reinado de Ramiro I , con cretamente cuatro a modo de ejemplo.
Volviendo sobre de unas de l as cu estiones trat adas recientemente, la mue rte de
Ramiro I se muestra c omo uno de los acont ecimientos más paradi gmáticos de la
realidad constatada en el último párra fo. En consonancia con lo dicho, el análisis de la
problemática que present an las fuentes, especialmente las escritas, ha puesto en
evidencia di cha contradicción en relación con el mencionado s uceso, puesto que, con
otros fines, se han ido r ecogiendo las diferentes versiones que s e dan acerca de los
distintas ac ciones que dese mbocan en el fatal desenlace, la muerte del re y aragonés.
Seguidamente vamos a dedicarnos a reiterar algu nos de los datos ya ex puestos, pero lo
consideramos n ecesario al o bjeto de corrobo rar l a i dea ex presada previ amente al i nicio
del presente epígrafe, lo que justifica por sí solo tal cosa.
Nuestra atención se focaliz ará en dos aspectos, la fecha concreta de la mu erte y
los responsables de la misma en el curso de las circunstancias ya conocidas , una batalla.
Ya se h a constatado pr eviamente en este mismo ca pítul o que l a práctica tot alidad de l os
anales y las c róni cas medi evales sitúan el fallec im iento de Ramiro I en el año 1063. Sin
embargo, ha y d os crónicas que se sep aran del resto: la versión aragonesa de la Crónica
de San Juan de l a Peña y la Crónica najerense, que l o ubican respectivamente en 1062
262
y en 107 0
263
. Por ot ro lado , la inscrip ción epigráfica an alizada y un docume nto escrito
en letra visi gótica coinci den con la ma y or parte de anales y crónicas al señalar el 106 3
como el año del fenecimiento de Ramiro I
264
. Sin embar go, otro di ploma, considerado
original p or Antonio Ubieto Arteta y escrito p or uno de los escribas al servicio d e
Ramiro I y su hijo, S ancho Porco, pres enta a Ra miro I con vida en el mes de marzo de
1064
265
. En cons ecue n cia, claramente comprobamos que ha y contradicció n entre las
fuentes cronísticas y los actos j urídicos entre sí, hecho que aconseja una s eria reflexión
antes de afrontar la reconstrucción del pasado.
262
C fr. C. OR CÁSTEGUI GR OS (ed itora), La crónica de Sa n Ju an d e la Peñ a (Versió n arago nesa).
Edició n crítica , p . 34.
263
C fr. A . UBIET O ARTET A (editor ), Crón ica najerense , 2ª ed ., p . 1 10 y J . A. EST ÉVEZ SOLA
(edito r), Chron ica Naierensis , p. 171.
264
Cfr. A. DU RÁN GUDIOL, “Las i nscripciones medievales de la provi ncia de Hue sca”, Estudios d e
Edad Media de la Corona de Aragó n , 8, p. 78 y A. DUR ÁN GUD IOL, Colección diplom ática de la
catedra l de Hu esca, vol.I , n º 28, pp . 47-48.
265
C fr. A. UB IET O ART ET A, Cartulario de Sa n Juan de la Peñ a, vol.II , nº 173 , p p. 221-22 3 y A.
UBIET O ARTET A, Orígenes de los reinos d e Castilla y A ragón , p. 111.
67
Dejando y a a un lado de manera definitiva la muerte de Ramiro I h asta que nos
refiramos a ella nuevamente en el capítulo correspondi ente, a contin uación trataremos
otro de los asuntos en lo s que las fuentes di screpan en l o concerniente a los datos que
contienen, en con creto vamos a hablar d el engrandecimiento patrimonial de los
principales ce ntros mon ásticos del reino de Aragón, San Juan de l a P eña y San
Victorián de S obrarbe. C onforme bien recordó I sabel Lape ña en su monografía sobre la
primera de las dos abadías benedictinas c itada s, é stas incrementar on su patrimonio
gracias a tres vías fundamentales: las donaciones, las compra-ventas y las permutas
266
.
Sin embargo, una atent a mirada a los actos j urídicos relativos a ambos cenobios
constata hechos discrepantes en lo qu e se refiere a la formación y evolución del dominio
monástico.
Comenzando por San J uan de la Peña, ha y dos hechos un tanto contradict orios,
los cuales hacen referenc ia a sendas donaciones de Ramiro I a favo r de t al monasterio.
Así, se c onserv an dos actos jurídicos por los qu e el citado monarca concede a San J uan
de la Peña el cenobio de San Martín de Ci llas y la vi lla e i gle sia de San gorrín en 1 041 y
1056 respectivamente
267
. No obstante, lo s dos testamentos del propio Rami r o I reco ge n
en su t enor documental la entrega de dicho monasterio y villa a San Juan de la Peña en
1059 y en 1061
268
. Cuando menos extraña que se r epita el mi smo acontecimiento dos
veces en un periodo tan corto de ti empo, pues no estamos ante donación y c onfirmación
posterior ni ante donación y confirmación de dos rey es dist intos
269
. Por lo tanto ,
266
Cfr. A. I . LAPEÑ A P AÚL, El mo nasterio de San Ju an de la Peña desd e sus oríg enes hasta 1410 ,
Zaragoza, Caj a de Ahor ros de la Inm ac ulada, 1 989, pp. 63-125.
267
Cfr. A. UB IET O ARTET A, Cartulario de S an Juan de la Peñ a, vol.II , nº 100 y 1 22, pp. 86-89 y pp.
130 -132. Ha de aclararse que el primero de los dos do cum entos pr esenta una duplicidad de fechas en las
copias conservadas, siendo la de 1041 la que está presente e n la más an tigua. L a otra corresponde a 1 049
y es la que pone Ub ieto en la edición de los doc um e ntos d e San Juan de la P eña. Cfr. R. VI RUETE
ERDOZ ÁIN, Aragón en la época de Ramiro I, vol.II , n º 9.
268
Cfr. A. UB IET O ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peñ a, vo l.II , nº 150 y 1 59, p p. 177-18 1 y pp .
199-203.
269
En efecto, las fór mulas d iplomática s son bien claras y así s e constata en lo s mencionados doc um e ntos.
En el caso de San Martín de C illas p odemos leer lo siguiente en los dip lom as d e 104 1 y 1 059: “ Per istum
sermonem multum timuimus et timere semp er deuem us. E t idcirco uidimu s illo lo co bonu m et
amenissimum ha bitan tium m onacorum qui d icitur Cella . E go Ra nimiro, gratia Dei rex, una cum con iuge
mea domna Armisend a u el filiis mei s, offerimu s in ceno bio S ancti Iohann is Bab tiste ” y “ Per alia s uillas
que n on potui mitere in Sancti Iohann is pro mea anima, mito ibi mona sterio que uocitant San cti Martini
de Çella ”, mientras que e n l os d e Sangorrín de 105 6 y 106 1 encontramos esto : “ Ego Ra nimirus, Dei
prouid entia Arago nensium rex , et u xor m ea Armisen da, fac imus h anc ca rtam do nationis et
confirma cionis Domino Deo et B eato Iohanni Baptiste de Pinna . P lacuit nob is liben ti a nimo et spon tanea
volun tate, p[ ro ] anim abus nostris et p arentum nostrorum, dona mus e t offerimus supradicto mona sterio
San cti Iohan nis ad sustentacion em mo nachorum ibidem Deo seruienc ium, S ango rin popu lacionem
68
claramente apreciamos d ivergenc ias entre los propios actos jurídicos, lo que supone un
problema importante a l a hora de se guir la evolución del patrimonio monástico d e San
Juan de la Peña a mediados del siglo XI.
En lo que respecta a San Victorián, también nos vamos a encontrar con una
situación similar a la vista en San J uan de la P eña, pero de ma y or dimensión y
extrañeza. En este sentid o, R amiro I donó a San Victorián de Sobrarbe en tres ocasion es
en un periodo de catorce años, los que van del 1035 al 1049, las iglesias d e San Ginés
de Giral, San Martín de Arasa nz y San L orenzo de Ar aost y el monasteri o de los santos
Just o y Pastor de Orema
270
. Adem ás, en el caso de S an Martín de Arasanz y S an
Lorenzo de Araost, el citado monarca las entregó dos veces en el año de 1035
271
. En
relación con e llo, apreciamos también que Ramiro conc edió e n e l mismo intervalo
temporal la iglesia de San Miguel de Basa, cercana al Gálle go, en cinco oc asiones
272
, de
las que dos supuest amente también ocurrieron en el menc ionado 1035
273
. Asimism o, se
trata en todos los casos de donaciones y no de donaciones y p osteriores
confirmaciones
274
. En suma, las informa ciones contradictorias quedan puestas de relieve
de forma evidente.
Habiendo visto los casos particulares de S an J uan de la Peña y S an Vic torián,
cabe señalar que esta extr añeza de variedad de donaciones del mismo objeto en periodos
cortos de tiempo ti ene y a una ex plicación rápida gracias al trabajo de crítica textual y
documental que e fectuaron tanto Antonio Ubieto como Ángel J uan Martín Duque. En
relación con ello, l a ex plicación r adica en qu e dichas conce sion es se contiene n en
nostram, cum omnibus termin is suis, et Sanctum Martinu m p arrochia lem ecclesiam d icte p opu lacionis de
San gorrin, c um decimis, p rimiciis et oblacion ibus et om nibus a d eum p ertinentibus ” y “ Et posui per mea
anima in San cti Io hannis Sancti An geli monasterio de Mazone s cum sua s terras et uine as et illa uilla qu e
uocita nt Sango rrine, que sedeat in Dei seruiciu m ”. Cfr. A. UBIET O ART ETA, Cartular io de Sa n Juan
de la Peña, vo l.II , n º 100, 122, 150 y 1 59, pp. 86-89, pp. 13 0- 13 2, p p. 177-181 y pp . 199 -203.
270
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQU E, Colecc ión dip lomática de San V ictorián d e So brarbe (1000-12 19) , nº
12, 13, 16, 17, 23 y 3 1, pp . 20-23, pp. 26-30, pp. 40-42 y pp. 50 -54.
271
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 12, 13 y 31 , pp. 2 0-23 y pp. 50-54 .
272
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 13, 16, 17, 23 y 31, p p. 22-23, pp . 26-30, pp. 4 0-42 y pp. 5 0-54.
273
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 13 y 31, p p. 22-23 y pp. 5 0-54.
274
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 12, 13, 16, 17, 23 y 31, pp. 20-23 , pp. 26-30, p p. 40-42 y pp. 50-54.
69
diplomas auténticos y falsificados
275
, de forma que las divergencias y las
contradicciones desaparecen en el mismo momento en que dejamos de contar con las
falsificaciones. Ahor a bien, esto no explica todas las discrepancias de l as fuentes, sino
sólo las referentes a com entadas d e San J uan de la Peña y San Victorián concernientes a
la evolución de su patrimonio.
Aparte de lo di cho, estos documentos qu e r eflejan las concesiones de R amiro I a
San Victoriá n de las mencionadas i gle sias per miten e ntrever también otra s erie de
hechos qu e entran en a bierta contradicción con los datos disponibles en otros actos
jurídicos de la m isma época . En concreto, dos de los diplomas de 1035 registran una
permuta efectuada entre el re y y San Victorián por la qu e el primero dona la heredad de
un clérig o en Secastilla al m onasterio y éste último da al rey un excusado en F osado
276
.
Sin embargo, en la documentación fiable del rein ado de Ramiro I no aparece para nada
que S eca sti lla p ertenezca a los territorios gobernados por el referido monarca, de
manera que ha y que esperar al reinado de su hijo y su cesor, Sancho Ramírez, para qu e
Secastilla se incorpo re al territorio aragonés
277
. Por lo tanto, nueva mente n o s
encontramos ante un e je mplo d e contradicción en tre los diplomas que recogen los actos
jurídicos efectuados a mediados del siglo XI bajo mandato de Ramiro I y que plantea la
necesidad de estudiar con cuidado y minuciosidad la evolución patrimonial de los
centros monásticos.
Otro d e los asuntos en los que claramente se p erciben y se aprecian ci ertas
contradicciones entre l as fuentes es e l concerniente a la familia de R amiro I .
Prescindiendo de aquellos diplomas considerados falsificados por los historiadores
citados, Antonio Ubieto y Ángel J uan Martín Duque, las divergencias que nos ofrecen
las fuentes se focaliz an básica y fundamentalmente en sus esposas. Las crónicas y los
anales sólo reflejan que Ramiro I cont rajo matri monio una vez con una mujer llamada
275
En e fecto, todos los do cumentos co mentados d e Sa n Vict orián so n falso s, mientra s que en el caso de
San J uan de la Pe ña únicame nte lo s d atados en 104 1 y 10 56, lo s más a ntiguos de lo s cuatro analizados.
Cfr. A. J. MART ÍN D UQUE, Colección diplo mática d e San Victo rián d e Sob rarbe y Santa María de
Obarra (1000-1 219) , T esis Doc toral Inédita y A. UBIET O ART ETA, Cartula rio de S an Ju an d e la Pe ña,
vol.II , nº 100 y 122 , pp. 86 -89 y pp . 13 0-132.
276
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 13 y 31, p p. 22-23 y pp. 5 0-54.
277
Cfr. R. VI RUET E E RDOZÁIN, A ragó n en la ép oca d e Ramiro I , vol.I y vo l.II , ca pítulo IX La s
primeras ofensivas con tra lo s musu lmanes: 10 58-1064 y Apéndice do cumental y P. SÉN AC, La fron tière
et les ho mmes (VII Ie-XII e siècle s) . Le peu plement mu sulman au n orde de l’E bre et les d ébuts de la
reconq ête arag onaise , Paris, Maisonneu ve & Larose, 2 000, pp . 391-40 3.
70
Ermesinda
278
. S in embargo, los actos jurídicos ofrecen m ás datos y muestran la
presencia de dos esposas en la vida de Ramiro I, la mencionada Ermesinda e Inés
279
.
Estos ejemplos pertenec ientes a tres temas c on cretos d e los muchos que se
pueden estudiar d el r einado de R amiro I dejan bien a las claras que las propi as fuentes
que hemos conservado del periodo re flejan una serie de disc repa n cias entre ellas al
ofrecer d atos distintos acerca de un a misma reali dad hist órica. Pre g untán donos por el
origen, l as causas de tal s ituación han de buscars e a priori en tres factores principales:
la falsific ación de docum entos, hecho qu e ha n puesto de manifiesto l os análisis
parciales e fectuados por l os historiadores sobre cierta documentación, la manipulación
existente en l as obras históricas medieval es al obj eto de adecuar los eventos a las i deas
que se quieren expresar y los errores y fa llos históricos cometidos por los copistas o por
los cronistas al componer crónicas y anales.
278
Cfr. C. ORCÁSTE GUI GR OS (editora ), Crónica de S an Ju an de la Peña (Versión aragonesa).
Edició n crítica , p . 33.
279
Cfr. A. UBI ETO ART ETA, Ca rtulario d e Sa n Juan de la Peñ a, vol.I I , nº 69 y 11 1, p p. 19 -20 y pp.
105-108.
1
1
CAPÍTUL O III
LA HISTORIOGR AFÍA Y SUS PUNTOS D E VI STA
SOBRE EL R EI N A DO DE RA MIR O I
Una vez analizadas las fuentes de manera exhaustiva en los dos c apítulos
anteriores, en donde se ha puesto de manifiesto la exist encia de carencias importantes
en el estudio de las mismas, cr eemos ahora conveniente tratar la historio grafía y las tesis
que ésta ha emit ido ace r ca de los diversos acont ecimientos ocurridos en el reinado de
Ramiro I. En este sentido, nuestra atención no se focalizará sobr e el conjunto de
individuos que han escrito de Ramiro I desde el siglo X II , sino que se va a ce ntrar
fundamentalmente en los historiadores del siglo XX y en los historiadores del arte qu e
comenzaron su carrera pr ofesional en los últ imos años de la dictadura del General
Francisco Franco Bahamonde.
¿Será nuestro repaso his toriográfico un estado de la cuestion? No. No entra en
nuestros planes realizar un minucioso análisis e n el que se aborden las ideas d e los
diversos historiadores y su cl asificación en distintas escuelas o tendencias
historiográficas. Todo lo contrario, el verdade ro objetivo que queremos alcanzar
consiste en pon er d e m anifiesto una se rie de raz ones y ar g umentos que demuestren d e
una manera b astante e vidente l a n ecesidad de volver a efectuar d e nuevo la
reconstrucción histórica del reinado de Ramiro I de Aragón.
Asimismo, nuestra exposición se referirá úni camente y exclusivame nte a
acontecimiento que ser án t ratados a continuación cuando afrontemos la reali zación de l a
historia en l a última parte de la presente Tesis Doctoral, de for ma que no
mencionaremos eventos como l a construcción de iglesias o la estratificación social. En
relación con l o dicho, los contenidos de este capítulo los organizaremos en tres
apartados dedicados a m ostrar un aspecto distinto de las opiniones historiog r áficas que
contribuyan a conseguir nuestro objetivo. En virt ud de esto, e n primer lugar pondremos
de manifiesto la divergencia de pareceres sobre unos ciertos hechos. A continuación,
haremos ver los errore s que algunos historiadores han cometido al interpre ta r l a
documentación, emple ando con ello una m etodología equivocada. Finalmente,
2
2
demostraremos que la a rgumentación de al guna s teorías no resulta sólida con l as fuentes
disponibles en la actualidad.
A
)
DIVERGENCIA S ENTRE HISTORIADORES A LA HORA
DE HISTORIAR LOS ACONT ECIMIENTOS DEL REINAD O DE
RAMIRO I
De acuerdo con l o dicho en la introducción del presente capítulo t res, en este
primer apartado nos va mos a dedicar de manera exhaustiva a po ner de manifiesto que
los hist oriadore s no se han mostrado unánimes a la ho ra de opinar igual acerca d e
ciertos aconte cimientos pese a utiliz ar una misma documentac ión. P restando nuestra a
atención a he chos de carácter netamente político, vamos a comprobar como los
historiadores analiz ados ofrecen versiones diamet ralmente opuestas sobre el origen del
Reino, la muerte de Ramiro I o bi en el juramento de Sancho IV y Ramiro I.
1.- L A DON A CIÓN DE S A NC HO III Y LA CRE A CIÓN DEL REINO DE
A R AGÓN
Buscando en la carpeta n úmero 697 de la S ección de Clero Regular-Secular de l
Archivo Histórico Na cional, correspondiente al mo nasterio de San Jua n de la Peña,
encontramos u n documento sin fe cha por e l que Sancho III de Pamplona dona a su h ijo
Ramiro el territorio co mprendido entre Matidero y V adoluengo y lue go éste último
realiza un juramento a su hermano García. Conforme señaló en s u día A ntonio Ubieto,
“ tradicionalmente se ha repe tido qu e los r einos medievales de Castil la y Aragón
nacieron por la voluntad de Sancho el May or, que di vidió su reino al morir.
Ochocientos años continuados, durante l os cuales se ha repetido tal afirmación, ha
incluido en la conciencia general esa creencia ”
1
.
Gracias a las palabras de Antonio Ubieto, conocemos una teoría historiográfica
en t orno a este hecho: S ancho III creó el reino de Aragón, y por extensión l os de
Castilla y S obrarbe-Ribagorza, mediante el reparto de las tierras del reino de Pamplona
1
Cfr. A. UB IET O ARTE TA, “Estudios e n torno a la d ivisi ón del reino p or Sa ncho el M ayor”, Príncipe
de Via na , 21, p . 5.
3
3
entre sus hij os. De acuerdo con la tradición, el hist oriador benedictino Jus to Pérez de
Úrbel d efendió acérrimamente esta tesis en un artículo breve publicado en 1954 en la
revista Hispania. Recha zando todas las ideas que habían puesto en cuestión esta
opinión, l as cuales abord are mos en el si g uiente párrafo, Pér ez de Úrb el sost enía dicha
teoría en dos argume ntos : que Sancho III institu yó antes d e su muerte a sus hijos e n los
territorios en los que l e s uceder í an después, de forma que Garcí a, Fernando y Ramiro I
fueron designados p ara e l gobierno en vida de su pa dre de Pamplona, Cast illa y Ar agón
respectivamente y que tras el fallecimiento del citado monarca p amplonés cada uno
actuó en calidad de re y y gu ardando buenas relaciones entre ellos según muestran los
escatocolos de los diplomas otorgados en sus escribanías
2
.
Frente a esta tesis, prim ero J osé María Ramos Loscertales y d espués A ntonio
Ubieto desarrollaron una nueva teoría histo riográfica que venía a descartar la v ige n cia
de la anterior entre los histo riadore s. Así, el primero de los dos, una v ez analizadas las
normas fundamentales del derecho que s e apl icaba en aquella época en la zona
pirenaica, afirmó que dic ha donación se hiz o conforme al derecho p rivado pirenaico y al
derecho publ ico del reino, lo que se plasmó en la concesión a R amiro I de unas tierras
de l a honor real pamplonesa y en la transmisión de tod o el poder sobre la mencionada
honor a García, el hijo primogénito habido en l egítimo matrimonio. Por t anto, para
Ramos L oscertales este acto de S ancho III no pr ovocó el nacimiento jurí dico del reino
de Aragón
3
. Profundiz ando en este línea de razonamiento, Antonio Ubieto tambi én
creyó qu e S ancho III repartió la tierra entre sus hi jos pero no el pod er que se ej ercía
sobre la misma, de ma nera qu e G arcía III su cedió a S ancho III en la t otalidad del
territorio que dicho m onarca había gobernado, quedando por ello sus hermanos
sometidos a su autorid ad pese a controlar Fernando Castilla, Gonz alo Sobrarbe-
Ribagorza y Ramiro Ar agón. Antonio Ubieto apo y ó esta tesis en cuatro argumentos
principales: la aplic ación del derecho públ ico y p rivado pirenaico, el jura mento hecho
2
Cfr. J. PÉREZ D E ÚRB EL, “La divi sión de l reino po r Sancho el Ma y or” , Hispa nia , 54, (Mad rid, 1954),
pp. 3-26.
3
Cfr. J. Mª. R AMOS LOSCE RTALES, “La suce sión de Al fonso VI”, A nuario de Historia del De recho
Español , 6, (Madrid, 1935-1941 ), pp. 5-107 , concreta m en te pp. 72-76 . Asimismo, la formulación d esde
antiguo de la teo ría tra dicional resp onde, se gún Ra mos Loscerta les, al intento efectu ado p or a lgú n
individuo de explica r la suce sión de Sa ncho III partiendo de una realidad en la que Aragó n y Castilla ya
eran r einos i ndependientes y co nsolidados. En otro orden de co sas, más ad elante Ram o s Loscertales
siguió reafirmándo se en s u teoría. Cf r. J. Mª. RA MOS LOSCERT AL E S, “Los hijos de Sancho III en lo s
relato p oéticos”, Filolog ía , 2 , pp . 49 -64 y J . Mª. RAMOS LOSCERT ALES, El reino de Aragó n b ajo l a
dina stía pamp lonesa , Salamanca, Universidad de Sala m anca , 19 61, pp. 57-60.
36
3
Por consiguiente, sólo e l m encionado tipo permite una comparación entre diplomas
originales y copi as, lo que hace posible el conocimiento de las modificaciones
realizadas por los copistas en el proceso de transmisi ón textual.
Asimismo, dentro de las cartas jurídicas sólo se analizaran los docu mentos
emanados de la escribaní a de Ramiro I, es deci r, los otorgados po r él. La r azón d e ello
estriba en que al go más de la m itad de los pocos documentos originales conservados
fueron es critos por los escribas del mencionado mo narc a aragonés
150
, lo que facili ta la
citada comparación entre diplomas originales y copias si tenemos en cuenta que
disponemos del estudio de la escribanía de Ramiro I
151
, gracias al cual conocemos dich o
tipo documental y otros aspectos del mism o que ahora no nos interesan.
Ramiro I dona al monasterio de San Salvador de Oña la vil la de Rúbena
152
.
Este documento presenta varias alteraciones respecto al esquema habitual de l as
cartas cancillerescas de contenido jurídico. En primer lugar d estaca la ex istencia de un
larg o p reámbulo, fórmul a que no aparece en ninguno d e l os dipl omas originales de
Ramiro I . En dicho pr eámbulo, el monarca a r agonés indi ca con total prec isi ón los
límites de la vil la de Rúbena después de haber relatado que su p adre , Sancho III, le
donó el citado lugar
153
. Por otro lado, posteriormente se observa qu e las sanciones para
quien i ncumpla lo contenido en el tenor documenta l no se ubican e n una misma
cláusula. En este sentido, la sanción espiritual, p ropia en los do cumentos de Ramiro I
figura correctamente precediendo a la dat a; sin embargo, la sanción pecuni aria, ause nt e
en los orig inales ra mi renses conser vados, se halla ce rrando el diploma, siendo la m isma
fruto del acuerdo de todos los reyes y seniores citados en el escatocolo.
Desde nu estro punto de vista, las dos alteracione s de la estructura docum ental
existentes en el presente documento no s inducen a pensar que la escribanía de Ramiro I
no redac tó dicho do cumento. Por lo tanto, partiendo de que el ben eficiario del mismo
150
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
151
Cfr. R. V IRUET E ERDOZÁI N, Estudio crítico d e la cancillerí a del rey Ramiro I de Arag ón , pp. 73-
106.
152
Cfr. J. DEL ÁLAMO, Colec ción diplo mática de San Salvador de Oña (822-1284 ) , nº 34, pp. 62-64.
153
E n efecto, Sancho III de P am p lona le dio Rúbena a su hijo Ra miro hacia 10 35, a l mismo tiempo que le
concedía e l tr acto terr itorial compre ndido entre Matid ero y Vadoluengo, lo que d enominamos reino d e
Aragón. C fr. A. UBI ETO AR T ETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.I , nº 66, pp. 185-187.
37
3
fue el monasterio d e San Salvador de Oña, opi namos que el diploma se e scrituró en el
mencionado c enobio burgalés, lo que justificamos a continuación. Tanto Pilar Blanco
como Andrés Gambra ha n puesto de manifiesto q ue los m onasterios castel lanoleoneses
tuvieron un activo papel en la expedición de los documentos regios, especialmente en
los de ma y or s olemnidad
154
. Además, en el fondo documental de Oña ha y un
documento de Garcí a III de Náje ra que, debiéndose datar en abril de 1045
155
, tiene una
roboración similar a l a presente en el de Ramiro I
156
, lo que contribuye a confirmar la
autoría de S an Salvado r d e Oña para el diplo ma ramirense. Finalmente, conviene
recordar qu e en novi embre de 1044 Ramiro I se reunió con sus dos he rma nos, Gar cía y
Fernando, en t erritorio c astellano
157
, luego no ha de resultar ex traño que J imeno, escriba
encargado entonce s de la esc ribanía, no viaja ra con él. En consecuencia, los t res
argumentos expuestos parecen corroborar q ue Ramiro I solicitó al monasterio de Oña
que expi diera el documento por el qu e le concedía la villa de Rúbena, hecho que expl ica
también las diferencias analizadas.
Ramiro I dona e ingenua a Mancio Dat y a su fami lia una tierra para sembrar y
la casa que había pertenecido al pastor Fort ún de Íñigo
158
.
Este documento pos ee también un preámbulo, a lgo más corto que el anterior, e n
el que s e info rma del delito que cometió el p astor Fortún de Iñigo, el anterior
propietario de l a casa que Ramiro I dona a Mancio Dat y su fa mil ia. El citado
preámbulo se ubica antes de la ex posición y siguiendo a la mención de l a casa objeto de
concesión
159
. Nuevamente re iter amos que ninguna c arta o riginal emanada d e la
escribanía de Ramiro I lleva pr eámbulo en el tenor docum ental
160
. Una se gunda
alteración d el presente di ploma es la referente a la naturaleza del acto jurídico que
154
Cfr. P . BLAN CO LOZANO, Colec ción dip lomática de Ferna ndo I, (1037 -1065) , p. 16 y A.
GAMBR A, Cancillería, cu ria e imperio , p p. 106 -107.
155
Cfr. J . DE L ÁLAM O, Colecc ión d iplomática de S an Salva dor de Oñ a (822- 1284 ) , nº 35 , pp. 6 4-67. E l
docu m ento de García II I tiene que ser a nterior a la co nquista de Calaho rra, y a q ue aparece el o bispo de
Sancho de Náj era, q ue fue ob ispo de d icho lugar hasta 104 6, puesto que la sed e se tr asladó a Calahorra
tras su co nquista e ntre el 10 de ab ril y el 3 0 de abril de 1 045, siendo dotad a la sede por Garc ía III en e sta
última fecha. P or c onsiguiente, dicho do cum e nto se expid ió en 10 45 y no en 104 8.
156
Cfr. J. DEL ÁLAMO, Colección diplo mática de San Salvador de Oña (82 2-1284) , 19 50, nº 35, pp . 64-
67.
157
Cfr. J . I. RODRÍG UEZ DE L AMA, Colección diplomá tica medieva l de La Rioja , Logroño, Instituto
de Estudio s Riojanos, 1 976, n º 4 , pp. 2 7-29.
158
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 6, p . 148.
159
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 6, p . 148.
160
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
38
3
recoge la carta y el objeto documental, las cuales se ubica n si empre al inicio del
dispositivo documental; sin embargo, en este do cumento se intercalan respectivamente
entre la intit ulación y la dirección y l a direcci ón y el preámbulo
161
. Por último, se
constata también que el copista no copió la suscripción del escriba, cláus ula que figura
en la totalidad de los originales salvo en uno
162
.
Ramiro I confirma a Apo Galíndez y a su mujer Sancha una viña en Castejón de
Sos que había sido propiedad de la condesa Mayo r de Ribagorza
163
.
La alteración de este documento se encuentra en la motivación del mismo, y a
que no sigue la form a habitual en los diplomas ramirenses. En efecto, en vez de
aparecer uni das todas las causas que j ustifican l a realización del acto jurídico entr e l a
dirección y el dispositivo, la exposición del presente documento fi gur a en d os partes. La
primera de ellas, en donde se hace constar la libre voluntad del m onarc a, se ubi ca en la
posición habitual, es decir, entre la direccion y el dispositivo d ocumental, mientras que
la referencia a los servicios prestados y a los que se efectuarán en el futuro, el ot ro
motivo, se halla entre el dispositivo documental y l a fórmula de fir meza del acto
jurídico que suele i r al fi nal del Texto junto con las sanciones o bien en solit ario
164
. Aún
tenemos ot ra alteración, pero al ser de carácter cr onológico la trataremos en el capítulo
dedicado a la datación de los documentos
165
.
Ramiro I de Aragón ingenua a Galindo, prior del monasterio d e San Juan de la
Peña, la casa de sus padres con toda la heredad de la misma
166
.
En la estructura do cumental del presente diploma tan sólo se observa una
posición anómala en l a sanción espiritual. En efecto, l a pena reservada pa r a qui en
contraviniera el a cto jurídico rea li zado por R amiro I a f avor d el prior d e San Juan de la
161
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, R amiro I de Aragón (1993 ) , nº 6 , p. 148: “ ego Ran imiro, S antion i reg is
filio, d e ien uation is seu c onfirmationis tib i Mansco Date e t cun cte prog enie tue de illa ca sa qu e fuit de
Furtun go de Enne co pastor ”.
162
Cfr. A. UBI ET O ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vo l.II , nº 111 , p p. 10 5-108 y R.
VIRUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo V Lo s docu mentos autén ticos .
163
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (siglos X I-XIII ) , nº 119, p. 106 .
164
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (siglos X I-XIII ) , nº 119, p. 106 .
165
Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, A ragón e n la épo ca de R amiro I, vo l.I , capítulo VI La crono logía:
sistemas de có mputo del tiempo y datación de los documen tos .
166
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93.
39
3
Peña, la estancia en el infierno con Judas, está ubicada en la pa rte final del documento,
concretamente detrás del regnante y precediendo a la suscripción del escr iba, hec ho que
contrasta claramente con la ubicación que habitualm ente suele tener en los originale s,
donde cierra el t exto y prece d e a la d ata
167
. En consecuencia, y se gún lo vis to en el
capítulo anterior de esta Tesis Doctoral, la sanción espiritual debe figura r cerrando el
Texto antes del comienzo de la data
168
.
Ramiro I dona al obi spo García de Aragón la iglesia de San Felipe de Lar besa e
inmediatamente éste último se la concede al mon asterio de San Juan de la Peña
169
.
Este documento tiene más variac ion es comparán dolo con el anterior. En prim er
lugar, posee la fórmula de i nviolabilidad del acto jurídico tras la int itulac ión
170
, lo que
no es correcto en rela ción con los doc umentos originales, y a qu e di cha cláus ula, cuando
figura, se suele lo calizar, al igual que la s anción espiritual, cerrando el Tex to antes del
inicio d el escatocolo con la data
171
. Enlaz ando con esto, la ubic ación de la f echa
también se encuentra alterada, ya que aparece al fi nal del diploma, concre t amente detrás
de la roboración y de la donación efectuada por el obispo García
172
y no al principio de l
mencionado protocolo final como debería s er
173
. P or último, aún s e observa otra tercera
modificación, el no haber copiado la susc ripción del escr ib a
174
, que consta en todos lo s
originales salvo en uno
175
.
Ramiro I dona al señor Jimeno Blázquez la villa d e Asa
176
.
167
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93.
168
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
169
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 109 , pp. 101-102.
170
Cfr. A. UBI ETO AR T ET A, Ca rtulario de San Juan de l a Peña, vol.II , nº 109, pp. 101-102 : “ ego
Ranim irus, Sanctio ni regis filius, fieri iussi, et ho c est rebus do nationis titulus in qu o nemo po test actum
largitatis in rumpere ”.
171
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
172
UBI ETO ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vol.II , nº 1 09, pp. 101 -102.
173
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
174
UBI ETO ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vol.II , nº 1 09, pp. 101 -102.
175
Cfr. A. UBI ET O ARTET A, Cartulario d e San Juan de la Peña , vo l.II , nº 111 , p p. 10 5-108 y R.
VIRUET E ERDOZÁIN, A ragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los documen tos auténtico s .
176
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 12, pp. 151-152 .
40
4
Este documento, que repite la estructura del o riginal hecho el 21 de abril de 1059
a favor de Sancho Galí ndez, po see una fórmula de motivación de la que carece el
diploma otorga do a éste último
177
. Aunque la exposición suele figurar generalmente
antes de l inicio del dispositivo documental, aquí aparece dentro d el mismo tras la
dirección
178
. De acuerdo con esto, y t eniendo en cuenta que la presente copia f ue
efec tu ada por el escriba de Ramiro I Sancho P orco, debería admitirse una se gunda
ubicación para la ex posición, concretamente dentro del dispositivo cuando la dirección
también se incluya en él y en una posición inmediatamente posterior a dicha cláusula.
Munia de Val deminuta, hij a del senior Iñigo Lóp ez de Bergua, dona a Ra miro I
una viña en Senegüé a causa de un pleito por Oriol Jiménez
179
.
La sola y úni ca variación que se observa en este diploma afecta a la cláus ula de
la cronología, ya que la mi sma figura a continua ción de la roboración del otorgante en
lugar d e apare cer al inicio del protocolo final o escatoc olo, su posi ción habitual en el
tipo documental de las cartas cancillerescas de contenido jurídico
180
.
Ramiro I y Sancho Ra mírez donan a Santa M aría de Arguilaré la vill a del
mismo nombre y simult áneamente, como compensación, le conceden al castro de
Ruesta lo que recibió el rey de García Tíl iz por el prohijamiento
181
.
Desde el punto de vi sta de l a estructura documental, este diploma ti ene una
importante alteración en comparación con las cláusulas exis tentes habitualmente en las
cartas cancillerescas de contenido jurídico, se trat a conc retamente de l a exist encia de un
preámbulo, fórmula que suele estar ausente d e las C artas s egún y a se ha dicho
182
. A
diferencia de los dos ante riores comentados, el p reámbulo del presente d ocumento se
caracteriza por poseer un carácter religioso, puesto que alude a la destr ucción de las
iglesias realizadas por l os musulmanes y a la d inámica de reconstrucción que intent a
177
Cfr. A. DURÁN GUDIO L, Colección diplomá tica de la catedral de Huesca , vol.I , n º 18, pp. 34-35 y
A. DUR ÁN GUDIOL, Ra miro I de Aragó n (1993) , nº 12, pp. 151-152 .
178
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 12, pp. 151-152 .
179
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210.
180
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210.
181
Cfr. A. HIG OUNET -NADAL ET AL II , Grand Cartulaire de La Sauve-Maje ure , nº 1240, p . 709.
182
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
41
4
llevar el r ey de Ara g ón con la a y ud a de Dios, e n donde la dona ción a S anta María de
Arguilaré representa un paso dentro de la misma
183
.
b) INTERPOLACIO NES
Y
ADICIONES
EN
LOS
DOCUMENTOS
Vistos los cambios en la estructura d ocumental de los diplomas conservados en
copia, abord are mos ahora las palabr as que los copis tas añadieron en los documentos y
que no constab an en un principio en los originales. Al i gual que en el epígrafe anterior,
y escudándonos en la misma razón, no s centraremos únicamente en los diplomas
otorgados por Ramiro I, y a qu e s u an álisis se hace más factible al ex istir un estudi o de
su escribanía. En ot ro or den de cos as, a lo largo de las siguientes líneas se irá viendo
que el grado de adiciones e interpolaciones varí a de un documento a otro. Así, m ientras
alguno fue objeto de la introducción d e vari as palabras, otros apen as sufrieron
modificaciones en el contenido del tenor documental.
En primer lu gar, y antes de comentar una por una l as fuentes objeto d e análisi s
en este epí gr a fe, deb e señalarse que algunas copias de los do cumentos e xpedidos por la
escribanía de Rami ro I tienen tras la invoc ación una frase en la qu e se di ce que el
otorgante mandó hacer el di ploma sobre el obj eto documental en cuestión. La estru ctura
de di cha proposición suele ser la siguient e: el nombre del documento, car ta, precedido
del pronombre demostrat ivo su jeto y d el verbo, l a inti tulación, la dirección y el obj eto
documental; sin embar go, en ocasiones la citada compartimentación tan só lo llega hasta
la intitul ación, siendo su stitui da por otras fórmulas la direcc ión y el objeto documental.
A continuación extractamo s los pasajes de tr es dipl omas a fin de ej emplificar lo que se
acaba de ex poner: “ Hec est carta que f eci ego Ranimiro, Santioni regis fili o, de
ienuationis seu confirma ti onis t ibi Mansc o Date et cuncte progenie tue de illa casa que
fuit de Furtungo de Enne co pas tor ”
184
, “ Hec est carta que fecit una domna domna
Munna \de Uald[e] minuta/, filia de senior Enneco Lu pi de \Bergua/, ad regi domno
Ranimiro pro uno plecto que abebat pro Arioli Sceme non es, que occideru nt ”
185
y “ Hec
est scedula qua m ego Ranimirus , Sanctioni re gis fil ius, fieri iussi, et hoc est r ebus
183
Cfr. A. HIG OUNET -NADAL ET AL II , Grand Cartulaire de La Sauve-Maje ure , nº 1240, p . 709.
184
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 6, p . 148.
185
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210.
42
4
donationis titulus i n quo nemo potest actum largitatis inrumpere ”
186
. Desde nuestro
punto de vista, la mencionada oración era redactada de forma i ndependiente por el
copista a la hora de copiar el diplom a origin al, puest o que l os ori ginale s nos demuestran
que después de l a inv ocación vienen l a int itulación y l a dirección sin ningún tipo de
nexo, mientras que el objeto documental aparece en el dispositi vo
187
.
La monja Liedra dona a San Miguel y a San Úrbez sus pr opiedades en Cort illas,
Satué, Orban, Scellue y Casbas de Jaca. Pos teriormente, Aznar de Osan intenta
recuperar dicho patri monio y tiene pleito en Senegüé con Blasco, abad d e San Juan de
la Peña, ante Ramiro I, quien fall a a favor del cenobio pinatense.
Aznar Garcés y su esposa Oneca dan al monasterio d e San Juan de la P eña todo
el patrimonio que tenían en Aragul y en Arrena
188
.
Según los datos del docu mento, en 1038 y en 10 40 Rami ro I rein aba en Aragón
y en Sobrarbe
189
, lo cual n o fue cierto
190
. Teniendo en cuenta la corrección del resto d e
informaciones que en ell os se contienen
191
, consideramos que los monjes de San Juan
de la Peña qu e copiaron este diploma cometieron un error al es cribir Sobrarbe junt o al
territorio de Aragón asociado a Ramiro I.
Ramiro dona e ingenua a Ato Galíndez la heredad q ue perteneció a Spotosa de
Larués y a su hijo el presbítero Ato
192
.
186
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 109 , pp. 101-102
187
Cfr. A. UBI ETO ART ETA, Ca rtulario d e Sa n Juan de la Peñ a, vol.I I , nº 84 y 11 1, p p. 56 -57 y pp.
105 -108; A . DURÁN GUD IOL, Colección diplomá tica de la catedral de Huesca , nº 16 y 18 , p. 32 y p p.
34-35 y A. DUR ÁN GUDIOL, Ramiro I de Aragó n (1993) , nº 9 , p. 150.
188
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 92, pp. 68-69.
189
C fr. A. UBIET O ARTE TA, Cartulario de Sa n Juan de la Peña, vol.II , nº 92, p p. 68-69: “ rex domnu s
Ranim irus tenens reg imine potestatis in Aragon e et in Sup rarbi ”.
190
En e fecto, ha sta el segundo se m e stre de 1 043 Ra m iro I no se hizo c on e l control d e Sob rarbe y
Ribagorza, lo q ue fue posible gracias al nuevo pa cto alcanzad o co n su hermano García I II de Pa m plo na.
Cfr. R. VI RUETE ERDOZÁIN , Arag ón en la época d e Ramiro I, vol.I , capítulo VI I Orígenes y límites
territoriales d el Reino de Aragó n: 1035-10 44 .
191
Co n e sto nos q uere m o s referir a los territorio s gobernado s por Garc ía II I de Pamplona y Fernando I de
Castilla, quie nes efectiva mente r einaban e n 104 0 en los ter rito rios señalados po r el docu mento. Cfr. A.
UBIET O AR T ET A, Cartulario de San Juan de la Peña, vo l.II , nº 92, pp. 68-69: “ rex domnu s Garsea in
Pamp ilonia et in N a gera seu in Alaba et in Castella , et frater eorum domnus Fredina ndo in Legio ne et in
Galletia ”.
192
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 81, pp. 51-52.
43
4
Este documento, redactado y copiado por el es criba J imeno
193
, presenta una
interpolación achacable a éste en relación c on el contenido de los documentos
originales; concretament e se t rata de la inclusi ón de la palabra “ rex ” en la intitulación y
en el dispositivo docume ntal: “ Ranimirus rex, San cioni regis filius ”
194
y “ ego Ranimirus
rex ”
195
. Según demostró Ubieto y conforme se ha comp robado en el capítulo anterior,
en la intitul ación de Ramiro I nun ca aparece la palabra “ rex ”, la cu al tan sólo la vemos
figurar en la c láusula del regnante
196
. Además de la comentada, Ji meno no realizó
ninguna otra adición en el tenor documental.
Ramiro I dona al monasterio de San Victorián la décima part e de las pa rias que
percibe en la circunscripción musulmana de Barb astro
197
.
Este documento, como e l anterior, tan s ólo tiene una p equeña i nterpolación, la
cual h a d e buscarse en la parte final del mismo, concr etamente en la suscripción del
escriba. Habi endo sido r edactado en su momento por Jimeno, la fórmula de sus cripción
reza lo si guiente: “ Ego Eximinus scriptor regis hanc cartam s cripsi ”
198
. Comparándola
con la conservada de J imeno en los diplom as orig inales, “ et ego Eximinus, qui hanc
carta scribsi per iussionem domni mei et de manu mea signum [signo] fe ci ”
199
y“ Ego
Eximinus [scripsi] et de manu m ea hoc signum (signo) feci”
20 0
, observamos que las
palabras “scriptor regis ”
201
ex istentes en el documento que analizamos no
corresponden a Ji meno, siendo por tanto una inte rpolación. En efecto, las mencionadas
palabras constan en l a sus cripción habitual de Sancho P orco
202
, sucesor d e Jim eno al
frente de la escribanía de Ramiro I de Aragón.
193
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
194
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 81, pp. 51-52.
195
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 81, pp. 51-52.
196
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos .
197
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 24, pp. 42-43.
198
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 24, pp. 42-43.
199
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 84, pp. 56-57.
200
Cfr. A. DUR ÁN GUDIO L, Ra miro I d e Aragón (1993) , nº 9, p . 150.
201
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 24, pp. 42-43.
202
Cfr. A. D URÁN G UDIOL, Colección diplo mática de la catedral de Huesca, vo l.I , nº 18, p p. 34-35 :
“ Et ego S ancio scribtor q ui pro iussion em d omini mei ista carta scribsi et d e manu mea h oc signu m
(signo) feci ”. Entre lo s diplo mas originale s de él existe alguna li gera varia nte co m o sustituir “ istum ” po r
44
4
Ramiro I confirma a Apo Galíndez y a su mujer Sancha una viña en Castejón de
Sos que había sido propiedad de la condesa Mayo r de Ribagorza
203
.
Este documento, de l a misma forma que el primero analizado en el presente
epígrafe, posee li ge r amente interpolada la i ntitulación. Efectivamente, en dicha cl áusula
figura l a palabra “ rex ” e ntre e l nombre de Ramiro y la filiac ión del mi smo: “ Ego
Ranimirus rex, Sancionis regis filium ”
204
. Por últ imo, aún hay que reseñar otr a adición,
más conc retamente en l a data. Si n emba rgo, ést a será estudiada más a delante en el
capítulo correspondiente a la datación
205
.
Ramiro I de Aragón ingenua a Galindo, prior del monasterio d e San Juan de la
Peña, la casa de sus padres con toda la heredad de la misma
206
.
Nuevamente encontramos en este documento idéntica casuística a la del anterior.
De acuerdo con l o dicho, la intit ulación del presente di ploma está i nterpolada,
concretándose la únic a adición hech a por el copista en la in troducción de la palabra
“ rex ” tras el nombre d e Ramiro I, lo que pre cede a la ex presión de la filiación del
mismo: “ Ego Ranimirus rex, filius Sancionis regis ”
207
.
Ramiro I de Aragón ing enua a Sancho de Puibolea sus propiedades y las que
pudiese tener de sus parientes y establece que reciba algunas casas cuando se
conquiste Bolea
208
.
De la mis ma manera qu e en el docum ento de S an Victorián po r el que Ra miro I
concede al citado m onasterio el diezmo de las parias qu e obti ene en el distrito de
“ hoc ”, lo q ue s ucede e n el pr imer origi nal d e él que se c onserva. Cfr. A. DURÁN GU DIOL, Colección
diplo mática d e la catedral de Huesca , vol.I , nº 16, p. 3 2.
203
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (Sig los XI-XI II) , nº 11 9, p. 106.
204
Cfr. A. J . MARTÍN D UQUE, Colección diplomá tica de Obarra (Sig los XI-XI II) , nº 11 9, p. 106.
205
Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, A ragón e n la épo ca de R amiro I, vo l.I , capítulo VI La crono logía:
sistemas de có mputo del tiempo y datación de los documen tos .
206
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93.
207
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 103 , pp. 91-93.
208
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 145 , pp. 167-168.
45
4
Barbastro
209
, este dipl oma t iene también una li g era interpolación en la sus cripción de l
escriba. Si c omparamos la existente en el documento que a ho ra nos ocupa con la
habitual de Sancho Por co, “ Ego scribano S ancio, qui hanc carta scripsi et de manu mea
hoc signum feci ( signo ) ”
210
y “ Et ego San cio scribtor qui pro iussionem domini mei i st a
carta scribsi et de manu mea hoc signum ( sign o) f eci ”
211
, observamos que la adición del
copista es la palabra “ scribano ”, l a cual antecede al nombre del escriba, cu ando
habitualmente figura detrás. Aparte de esto, ya no se constatan más interpol aciones e n el
presente diploma, aunqu e volveremos nuevam ente sobre él en el capítulo dedicado a la
datación de los documentos
212
.
Munia de Val deminuta, hij a del senior Iñigo Lóp ez de Bergua, dona a Ra miro I
una viña en Senegüé a causa de un pleito por Oriol Jiménez
213
.
La s adi ciones en este documento son prácticamente mínimas, ya que sólo
afec t an a la dirección, en la que s e observa la presencia de la preposición “ ad ”
precediendo al indivi duo beneficiario del diplom a
214
, hecho que no se da en ning uno de
los originales emanados de la escribanía de Ramiro I que se han conservad o.
Ramiro I d e Aragón co ncede ingenuidad a la casa de Agila de Fal ces y le
entrega la mitad de una f ortificación en el término de Fals s i la construye y la
puebla
215
.
La interpolación exist ente en este documento la vemos en la parte final,
concretamente en la suscripción del escriba, tal co mo dos de los diplomas ya analizados
previamente. P rocediendo a cotejar el contenido de dicha cláusula en l os originales
escritos por S ancho Porco, “ Et ego Sancio scribtor qui pro iussionem domini mei ista
209
Cfr. R. VIRUE TE ERDOZ ÁIN, Aragó n en la época de Ramiro I, vol.I , capítulo IV Los do cumento s
autén ticos y c fr. A. J. MAR TI N DUQUE, Colec ción diplomática del monasterio de San V ictorián d e
Sob rarbe (1000- 1219) , nº 24 , pp. 42-43.
210
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 145 , pp. 167-168.
211
Cfr. A. DURÁN GU DIOL, Colección diplomá tica de la c ated ral de Hu esca, vol. I , nº 16 y 18 , p . 32 y
pp. 34-35.
212
Cfr. R. VIRUET E ERDOZ ÁIN, A ragón e n la épo ca de R amiro I, vo l.I , capítulo VI La crono logía:
sistemas de có mputo del tiempo y datación de los documen tos .
213
Cfr. A. UB IET O ARTETA, Cartula rio de S an Juan de la Peña, vol.II , nº 165 , pp. 209-210.
214
Cfr. A. UBI ETO ARTETA, Cartula rio de San Juan d e la Peña, vol.II , n º 165, pp. 20 9- 21 0: “ ad regi
domn o Ranimiro ”.
215
Cfr. J. YELA UTRIL LA, El ca rtulario d e Roda , nº 1, pp. 17-18.
52
5
El monje Ato Geremias dona al monasterio de San Victorián un campo y una
suerte de viña
252
.
Banzo Spata y su mujer Vui rana donan al monasterio de San Victorián una
tierra en Fosado
253
.
Garuzo, abad de San Vic tori án, compra a Vita Mayor y su mujer Be lla una viña
en Escorrui
254
.
Garuzo, abad de San V ictorián , compra a Ariolfo y a su mujer Imitaira una
tierra en Santa María
255
.
Garuzo, abad de San Victorián, compra a Mancio Raisin y a su mujer Menosa
una tierra en Plano
256
.
Garuzo, abad de San Vi ctorían, compra a Dura ndo, presbítero de San V icente,
una viña en dicha l ocalidad por 16 sueldos, los cuales paga en especie con una casa y
cuatro ovejas con sus corderos
257
.
Sender compra a García una t ierra en el castro de San Martín
258
.
Sender compra a Dacolina y a sus hijos una ti erra en el c astr o de San Martín
259
.
252
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 44, pp. 64-65.
253
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 46, pp. 66-67.
254
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 49, pp. 68-69.
255
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 50, pp. 69-70.
256
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 51, p. 70.
257
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 48, pp. 67-68.
258
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 47, p. 67.
259
Cfr. A. J. M ARTÍN DUQ UE, Co lección d iplomática de l monasterio d e San Victorián de S obrarbe
(1000-12 19) , nº 40, pp. 62-63.
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