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Abstract

A través de diferentes apartados recogidos en el índice y desde una visión práctica de la psicología clínica, se trabajan aspectos importantes de la vida y también de la obra de un autor-pintor tratado injustamente durante mucho tiempo y conocido mas por su linaje y discapacidad, que por la relevancia en su proceso hacia el síndrome dependencia alcohólica (s.d.a.), trasladable a cualquier bebedor social de nuestra zona vitivinícola mediterránea, o por la consideración amplia y completa de su obra y de su influencia en otros que de no haber sido por su pincel, no habrían sido conocidos ni reconocidos. Destacamos parcelas interesantes como la referente a la relación de nuestro pintor con su madre, con su padre y con la familia extensa, así como su recorrido de la mano del alcohol hasta instaurarse la dependencia y por último su evolución y deceso. Para finalizar señalamos algunos rasgos psicopatológicos que ofrecen una visión diferente a las recogidas hasta ahora, así como un análisis formal de algunas de sus obras donde esta representado de forma explícita el alcohol. Carcas Castillo, M. Rosario; Pablo Elvira, Ana Cristina de

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2012 32 M. Rosario Carcas Castillo El alcohol entre la vida y la obra de Toulouse-Lautrec Departamento Director/es Psicología y Sociología Pablo Elvira, Ana Cristina de Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA M. Rosario Carcas Castillo EL ALCOHOL ENTRE LA VIDA Y LA OBRA DE TOULOUSE-LAUTREC Director/es Psicología y Sociología Pablo Elvira, Ana Cristina de Tesis Doctoral Autor 2012 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es U N IVERSIDAD DE ZARAGOZA Departamento Director/es Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Departamento Director/es Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA UNIVERSID AD DE ZARAGOZA DEPARTAMEN TO DE PSICOL OGIA Y SOCIOLOGI A TESIS DOCTO RAL EL ALCOHOL ENTRE LA VIDA Y LA OBRA DE HENRI TOULOUSE-LAUTREC - M. ROSARIO CARCAS CASTILLO 2011 DIRECTORA: ANA CRIST INA D E PABL O ELVIRA AGRADECIMIENTO S Verdadera mente me considero una persona muy afortunada, por contar con muchas personas que me rodean y muchos motivos para ello, por los que me siento hacia ellas agradecida. Por eso, quiero expresar y reconocer explí citamente mi profunda y admirada gratitud en el quehace r del oficio artesano como i nvestiga dora en la presente tesis. Mi agra decimiento especial a la Psicólo ga Profe sora, Doctora Dª Ana Cristina de Pablo Elvira, Directora de esta Investigación, por su amistad, colab oración, a yuda, compañía, ánimo y consejos mantenidos, sin los cuales no habría sido posible la elaboraciñn de este trabajo tan dilatado en el tiempo, porque c omo dice n los pint ores: “ O sabes cua ndo acabas un cuadro, o te pegas toda la vida estropeando el mismo cuadro”. Después, mi a gra decimi ento a los usuarios, especialmente a los enfermos alcohñlicos y sus familias, “mis pacientes”, tanto en Aragñn como en Catalun y a , los qu e nos enseðaron a “vivir” , a quererlos y con los que siempre estaré en deuda. Quiero hacer una mención espec ial a Joan Martí, compañero, que fue Presidente de la Asociación de los Al cohólicos Rehabilitados del Hospital Clínico de Barcelona y que desde donde está, sé que se alegrar á d e vernos reu nidos por este tema, por su constancia en la lucha y a y uda a los enfermos, fidelidad y amista d. Como él decía: “Todos los días sale el sol”. Al Prof esor Gonzalo B orrás por encender la llama en su tiempo, cu ando da ba clas e de Historia del Arte, por los años 70, en la Univ ersidad de Zaragoza, qu e me hiz o dudar hacia dónde diri girme profesionalmente y con el que coincidí últim amente en la visita a una Exposición sobre Dega s realizada en Madrid. A mi s mae stros y compañeros del campo de las Drogod ependencias, esp ecialmente a la psicñloga y farmacéutica Constanza Ala rcñn Palacios, “compaðera d el alma” reciente mente falle cida y a quien consideré afectivamente una segunda madre, porque con ella apre ndí verd aderamente tanto la profesión como a re spetar y qu erer a los pa cientes y muchas cosas más; a L lu ís Bach i Bach, también r ecientemente fallecido, por ser como era, la “madre” y desprender esa profesionalidad generosa y a la vez cariðosa c on las mujere s dependientes del alcohol y sus hij os y con nosot ros; a Francesc F reixa i Santfeliu por s er el “padre”, por sus c ons ejos, acertadas o rientaciones y firmeza en los planteamientos; y a Rafael H errero con quie n comparto la misma “locura” como profesional es, por el arte y por todo lo relacionado con el alcohol. A ellos, mi agradecimiento por la ay uda que m e prestaron siempre que la solicité. A todos estaré siempre agradec ida, por los desvelos y al egrías compartidas durante años en relación a l as d ependencias y a los dependientes, porque nos su pieron transmiti r valores como trabajo, creatividad, diálogo honest o y sincero, justicia, rigurosidad, crítica y libertad, pero sobre todo porque siguen siendo ve rdaderos ami gos a pesar d e la dist ancia en kilómetros y en años, desde que todos coincidimos en el Hospital C línico de Barcelona hacia el año 75 y aquellas Primer as J ornadas de Socidrogalcohol que tanto nos unió, para bien de los usuarios. A otros compañeros, como Mª Pilar Martínez, Mar isol L or ente, Giovan na Gentile, Margarita Castillo, Jose Antonio Sanc ho y An a Aldea, también mi a gradecimiento; así como a los compañeros del Colegio P rofesional de Psicólogos de Aragón y del Consejo de Colegios de Psicólogos de Espa ña. Agradezco también, por su ay uda in condicional y generosa a l as perso nas de la Biblioteca de la Fa cultad de Ciencias Sociales y T rabajo de Zaragoza; al personal de la Biblioteca del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zarag oz a; al personal de l a Biblioteca de I nt erfacultades de l a Universidad d e Zaragoza; a Mª Jesús Dueñas, bibliotecaria del Museo Provincial de Zaragoza; a Mª Luisa Antón y a Neus Milán de la Biblioteca de l Doctor Laporte en el Hospital de San Pablo de Barcelona. Y por último, a todos y cada uno d e los miembros del Tribunal, po r aceptar participar y compartir e st e día tan importante en posit ivo, en mi vida. A todos ellos, muchas gracias. INDICE “Toulouse-Lautrec era un apasionado de la libertad” El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 15 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ I. - SOBRE ALC OHOL Y SOBRE PSICOL OGÍA DEL ARTE 1.- Marco teórico sobre alcohol y sobre alcoholismo ....................................... 25 1.1 Para ac lararnos: Conceptos generales .................................................. 25 1.1.1 Definiciones de l alcoholismo .................................................. 27 1.1.2 Depende ncia ............................................................................ 29 1.1.3 Toleranc ia ................................................................................ 31 1.1.4 Consumo excesivo de a lcohol ................................................. 31 1.1.5.Alcohol y aspectos epidemiológicos………………………….33 1.2 De la cultura del vino a la justificación del beber ................................ 35 1.3 Desarrollo del Proceso Alcohólico ...................................................... 41 1.3.1 Alcoholismo primario .............................................................. 42 1.3.2 Fases del proceso alcohólico ................................................... 44 1.3.3 Modos de beber y tipos de alcohólicos .................................... 45 1.3.4 Detección y dia gnóstico del alcoholismo ................................ 49 1.4 Consecuencias negativas del alcohol ................................................... 51 1.4.1 Síndrome de Abstinencia: leve y agudo o Delirium Tremens ................................................................... 53 1.4.2 I ntoxicación alcohólica a guda o borrachera ............................ 56 1.4.3 Síndrome Dependencia Alcohólica (SDA) .............................. 59 1.4.4 Aspectos cognitivos ................................................................. 60 1.4.5 Consecuencias psicológica s y neuropsiquiátricas del consumo excesivo de alcohol ............................................ 62 1.4.6 I ntervención terapé utica o tratamientos aplicados en consumos de riesgo y c u ando ex iste dependenc ia al alcohol .. 69 2.- Psicología de l arte ................................................................ ........................ 74 II.-METODOL OGÍA 1.- Metodología cualitativa ............................................................................... 86 2.- Definición del pr oble ma .............................................................................. 90 3.- Estructura de trabajo .................................................................................... 91 4.- Fuentes... …... . ............................................................................................. 99 5.- Objetivos …... ............................................................................................ 103 6.- Procedimiento ............................................................................................ 105 6.1 I ntroducción ....................................................................................... 105 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 16 ____________________________ 6.2 Distribución ....................................................................................... 111 III. - LA FAMILI A DEL PINTO R 1.- La fa milia del pintor como un árbol ......................................................... 115 2.- Genealog ía del pintor ............................................................................... 125 2.1 Antecedentes de los Toulouse-Lautrec ............................................. 125 2.2 Antecedentes de los Tapié ................................................................ 129 3.- Pilares que se resquebrajan: L os padres del pintor .................................. 136 3.1 Madre ................................................................................................. 136 3.2 Padre ................................................................................................. 142 IV.-HENRI T OULOUSE-L AUTR EC 1.- Infancia, a dolescencia y e s colaridad ........................................................ 151 1.1. Enfermedades de Toulouse-Lautrec, hasta la s caídas ..................... 167 1.2. Caídas y su tratamiento ................................................................... 173 1.3. Picnodisostosis ................................................................................ 192 2.- Vuelta a París: J uventud ........................................................................... 199 2.1 La sífilis ............................................................................................ 202 3.- Aprendiendo a pintar y aprendiendo a volar en París .............................. 205 3.1 René Princeteau ................................................................................ 205 3.2 El señor Bonnat ................................................................................ 207 3.3 El señor Cormon, alias “Papá Rñtula” ............................................. 210 V. -JUVENTUD E N MONTM ARTRE 1.- El ambiente de la colina de Montmartre: vive y pinta en libertad ........... 216 2.- Amigos para siempre ................................................................................ 230 2.1 Compañeros de ba lnearios ................................................................ 231 2.2 Familia y a la vez amigos ................................................................. 233 2.2.1 El Doctor Gabriel Tapié de C éleyran, alias “Gab” .............. 233 2.2.2 Louis Pascal ......................................................................... 240 2.2.3 Désiré Dihau ........................................................................ 242 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 17 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 2.2.4 George s -Henri-Manuel ................................ ......................... 243 2.3 Amigos íntimos ................................................................................. 244 2.3.1 Henri Bourges ....................................................................... 244 2.3.2 Maurice Joyant ..................................................................... 246 2.4 Amigos inseparables de taller y co rrerías juveniles .......................... 250 2.4.1 Emile Bernard ....................................................................... 251 2.4.2 Louis Anquetin ..................................................................... 252 2.4.3 François Gauzi ................................................................ ...... 255 2.4.4 Vincent Van Gogh, alias “el viejo” ...................................... 255 2.4.5 Henri Rachou ................................................................ ........ 258 2.4.6 Charles-Edouard Lucas ........................................................ 260 2.5. Amigos “elevados” cultura l intelectual o socialmente .................... 261 2.5.1 René Grenier ......................................................................... 261 2.5.2 Lily Grenier .......................................................................... 262 2.5.3 Maurice Guilbert................................................................... 266 2.5.4 Los Natanson: Los hermanos Alfred, Alexandre y Thadée, má s su esposa Mi sia. ............................................... 267 2.6 Amigos profesionales ........................................................................ 273 2.6.1 Paul Sescau ........................................................................... 273 2.6.2 Tristan Bernard ..................................................................... 274 2.6.3 Louis Bouglé ........................................................................ 274 2.6.4 Paul L eclerc .......................................................................... 275 2.6.5 Roger Max ............................................................................ 277 2.6.6 Félix Fénéon ......................................................................... 277 2.6.7 Victor Jozé ................................................................ ............ 278 2.7 Amigos de borracheras...................................................................... 278 2.7.1 Charles Maurin ..................................................................... 279 2.7.2 Romain Coolus ..................................................................... 279 2.7.3 Edmond Calmèse .................................................................. 281 VI.- SUS MU SAS SON MUJ ERES 1.- Toulouse-Lautrec y sus damas .................................................................. 286 1.1 Mujeres de día ................................................................................... 286 1.1.1 Familiare s ............................................................................. 286 1.1.1.1 Madre: Adè le Zoé Marie Marquette Tapié de Céle y ran 286 1.1.1.2 Abuelas ................................................................ ......... 292 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 18 ____________________________ 1.1.1.2.1 Ga brielle d‟ Imbert du Bosc ................................ 292 1.1.1.2.2 L ouise d ‟ Imbert du Bosc .................................... 294 1.1.1.3 Otros familiare s ............................................................ 295 1.1.1.3.1 Joséphine d‟ I m bert du Bosc ............................... 295 1.1.1.3.2 Ar mandine d‟A lichoux de S énég ra .................... 295 1.1.1.3.3 Jeanne d‟A rmag na c ............................................ 295 1.1.1.3.4 Tía É milie d‟A ndoque de Serr iè ge ..................... 295 1.1.1.3.5 Tía É milie le Melorel de la Haichois ................. 296 1.1.1.3.6 Tía A lix-Blanche de Toulouse-Lautrec .............. 296 1.1.1.3.7 Made leine T apié de Céleyran, ............................ 296 1.1.1.3.8 B e atrix Tapié de Céleyran ................................... 297 1.1.1.3.9 Marie Dihau ....................................................... 297 1.1.1.3.10 Honor é ............................................................... 298 1.1.2 Personal de servicio .............................................................. 299 1.1.2.1 Adeline Cromont .......................................................... 299 1.1.2.2 Berthe Sarrazin ............................................................. 299 1.1.3 Modelos y prostitutas ........................................................... 299 1.1.3.1 Marie Clémentine Va ladon .......................................... 301 1.1.3.2 Carmen Gaudin ............................................................ 307 1.1.3.3 Hélène Vary ................................................................. 311 1.1.3.4 Rosa la Roja ................................................................. 313 1.1.3.5 Justine Dieuhl ............................................................... 315 1.1.3.6 Renée Vert ................................................................ .... 314 1.1.3.7 Amélie Élie « C asque d‟ Or » ......................................... 314 1.1.3.8 Victorine Louise Meurent ................................ ............ 314 1.1.3.9 Louise Blouet “Croquesi Margouin” ............................ 315 1.1.3.10 La pasa jera del 54 ....................................................... 315 1.1.4 Otras modelos femeninas sin identificar .............................. 317 1.2 Mujeres de noche ................................ .............................................. 317 1.2.1 Amigas bailonas y cantantes ................................................ 317 1.2.1.1 L ouise Weber “La Goulue” ................................ .......... 318 1.2.1.2 Jane Avril «L a Mélinit e » .............................................. 323 1.2.1.3 Yvette Guilbert ............................................................. 330 1.2.1.4 May Milton ................................................................... 334 1.2.1.5 May Belfort .................................................................. 336 1.2.1.6 Cha-U-Kao ................................................................... 338 1.2.1.7 Marie Louise Fuller ...................................................... 339 1.2.1.8 Anne Marie Marcelle Bastien “Marcelle Lender” ....... 342 1.2.1.9 Em ilie Z oé Bouchaud “Polaire” ................................... 344 1.2.1.10 Marie Céc ilie Ci ssy Brown, “ Ciss y Lof tus” .............. 345 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 19 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1.2.1.11 “La Macarona” ............................................................ 345 1.2.1.12 Miss Doll y ................................ ................................... 345 1.2.1.13 Otras mujere s pelirrojas .............................................. 347 1.2.2 Amigas teatreras ................................................................... 347 1.2.2.1 Mademoiselle Cocy t e ................................ ................... 347 1.2.2.2 Marie Thérèse Ganne .................................................... 347 1.2.2.3 Gabrielle Rèju ............................................................... 347 1.2.2.4 Sara Bernhardt .............................................................. 348 1.2.2.5 Emilienne d‟ Alençon .................................................... 348 1.2.3 Mis amigas de los burdeles, las flores del a rroyo ................. 348 2.-El álbum “Elles” ........................................................................................ 362 3.-Amores femeninos ..................................................................................... 371 VII.-EL ALCO HOL EN LA VI DA DE TOUL OUSE - LAUTREC 1.- El alcohol en su vida ................................................................ ................. 387 1.1 Primeros “usos” y primera borrac hera .............................................. 387 1.2 Un poco de a bsenta ........................................................................... 388 1.3 La otra carrera, camino del alcoholismo ................................ ........... 392 1.4.-Sintomatología alcohñlica “e n cubierta” a través de las cartas ........ 401 1.5 A partir del año 1895, el otoño. ........................................................ 404 1.6 Los añ os ne gros, 1898 y 1899. ................................ .......................... 413 1.7 El ocaso, año 1900. ........................................................................... 429 1.8 Su adiós, año 1901 ............................................................................ 433 VIII.-PSICO PATOLOGÍA DE TO ULOUSE -LAUTREC 1.- Psicopatología de Toulouse-Lautrec ......................................................... 444 IX.-LA OBR A DE TOUL OUSE -LAUTRE C 1.-Nuevas técnica s, nuev as artes y nuevos estilos ......................................... 453 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 20 ____________________________ 2.- Pintura y dibujo en Henri de Toulouse-Lautrec ....................................... 465 2.1 Firmas y monogra mas de nuestro pintor .......................................... 468 2.2 ¿Pintor maldito? ............................................................................... 473 3.- Influenc ias recibidas por otras per sonas y por otros estilos artísticos ..... 475 3.1 I nfluencias de sus famili ares ............................................................ 476 3.2 Principales pintores que influyeron e n su obra ................................ 477 3.2.1 Jean L ouis Forain ................................................................. 477 3.2.2 Edouard Manet ..................................................................... 478 3.2.3 Hilarie Germain Edgar de Gas, “Dega s” ............................. 482 3.2.4 La estampa japones a ............................................................ 487 3.3 Otros pintores contemporáneos co n menor influencia .................... 490 3.3.1 Paul Cézanne ........................................................................ 490 3.3.2 Jacob Abraham Camille Pisarro “Pisarro” ........................... 491 3.3.3 Claude Oscar Monet............................................................. 492 3.3.4 Berthe Morisot ..................................................................... 494 3.3.5 Pierre Auguste Renoir .......................................................... 495 3.3.6 Vincent Willem Van Gogh .................................................. 496 3.4 Otras influencias ............................................................................... 499 3.4.1 Théophile Alexandro Steinlen ............................................. 499 3.4.2 Gustave Courbet ................................ ................................... 499 3.4.3 Hono ré Daumier ................................................................... 500 3.4.4 Jules C héret .......................................................................... 502 3.4.5 Federico Zendomeneghi “Zando” ................................ ........ 502 4.-Influenc ias de Toulouse -Lautrec en otros artistas ..................................... 504 4.1 Robert de Montcabr ier ................................ ...................................... 504 4.2 Los Nabis .......................................................................................... 504 4.3 Los Fauvistas .................................................................................... 505 4.4 Pablo Ruiz Picasso ........................................................................... 506 4.5 Edvard Munch .................................................................................. 507 4.6 Un apunte publicitario ...................................................................... 508 X. -EL ALC OHOL EN ALGUNA S DE LA S OBRAS DE TOULOUSE-L A UTREC 1.- El alcohol entra en su obra ........................................................................ 512 1.1 A table - 1880 ................................................................................... 515 1.2 Bebedor en la taberna - 1882 ............................................................ 518 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 21 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1.3 Mujer joven sentada cerca de un caballete (en el estudio) - 1884 .... 521 1.4 Gin Cocktail - 1886 ........................................................................... 524 1.5 A L‟E l y sée-Montmar tre: Le quadrille de la chaise L ouis X III - 1886 ................................ ...... 527 1.6 Le Refrain de la chaise L ouis X III au Cabaret d‟A risti de Bruant - 1886 ................................ ................ 531 1.7 A Greneille o la bebedora de a bs enta – 1886 / 1888 ........................ 534 1.8 Retrato de Va n Go gh - 1887 ............................................................. 537 1.9 Au bal de l‟ El y sée Montmartre - 1887.............................................. 542 1.10 A L‟E l y sée-Montmartre -1887....................................................... 545 1.11 La Buveuse o Gu eule du bois - 1888 .............................................. 548 1.12 Bal masqué - 1888 .......................................................................... 555 1.13 En la Ba stille: J eanne Wenz - 1888 ................................................ 559 1.14 Au Bal du Moulin de la Galette - 1889 ............................................ 565 1.15 Femme de bout derrière une table - 1889 ........................................ 570 1.16 A la Mie - 1891 ............................................................................... 573 1.17 Un coin du Moulin de la Galette - 1892 ......................................... 580 1.18 Reine de Joie - 1892 ........................................................................ 584 1.19 Ambassadeurs. Aristide Brua nt en su cabaret - 1892 ..................... 588 1.20 Au Moulin Rouge - 1892 ................................................................ 591 1.21 Ces dames au réfectoire - 1893 ........................................................ 595 1.22 M Boileau e n el café - 1893 ............................................................ 599 1.23 Dos mujeres en el bar - 1893 .......................................................... 603 1.24 Aux Ambassadeurs: Gens chics- 1893............................................ 606 1.25 Alfred la G uigne - 18 94 .................................................................. 610 1.26 Bebidas americanas y otras - 1895 .................................................. 614 1.27 Programa para L‟ Argent - 1895 ...................................................... 617 1.28 A table chez M. Mme Thadée Natanson - 18 95 ............................. 620 1.29 Le bon joke y - 1895 ........................................................................ 622 1.30 Irish and American Bar, T h e Chap Book - 18 96 ............................ 625 1.31 M. Maxime Dethomas au bal de l‟ op éra - 18 96 ............................. 629 1.32 Chocolat dansant - 1896 ................................ .................................. 632 1.33 Au Bar Picton, 4, rue Scribe - 1896 ................................................ 636 1.34 Skating Professional Beauty: Mlle Liane de Lanc y a u Palais de Glace - 1896...................................................................... 639 1.35 Baron dans Le s Charbonniers - 1897 .............................................. 642 1.36 Snobisme - 1897 ............................................................................. 644 1.37 En el bar - 1897 ............................................................................... 647 1.38 Au Café: Le conso mmateur el la caissière chloro tique - 1898 ....... 650 1.39 Camarera del bar de L ondres - 1898 ................................ ............... 654 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 28 ____________________________ Jellinek, afirma que el a lcoholismo sería, “todo uso o abuso de bebidas alcohólicas que origina un perjuicio al individuo, a l a familia o a la s ociedad, siendo la pérdida de control una de l as características (Soler y S an 1984; Soler, Freixa y R eina, 1988). Otra definiciñn es la de P . Fouquet: “ es alcohñlico el individuo que ha perdido la libertad de abstenerse o de detenerse e n beber” ( Fouquet y De Borde , 1985 ). Por últ imo, F. Freixa y Bac h (1975 ) c onsideran alcohñlico, “a toda persona que usando del alcohol y conociendo que su uso le produ ce cambios caracter ológicos y conductuales, no es capaz de disminuir la dosi s que ingiere o de dejar de usar el alco hol, y que co n mu y alta probabilidad, de esta et apa de dependencia (alcoholomanía) pasará a la int oxicación persistente con a dicción (alcoholización), con la s manifestaciones del Síndrome de Abstinencia que evidentemente mejora o se palia con una nu eva ingesta del tóxi co”. El alcoholismo se caracteriza fundamentalmente por la dificultad de controlar el consumo d e alcohol como ocurre con la pérdida de co ntrol de cualquier otra dro ga (Giesbrecht, 2008 ). Al pri ncipio puede se r intermitente y ligera pero más adelante puede ll egar a ser contin uada. Esta pérdida incipiente de control se pu ede utiliz ar por el profesional en e l periodo de abstinencia ini cial (Wutzke, C onigra ve, Saunders and Ha ll , 2002), una vez se inicia la intervención, para probar de establecer e n a lgunos casos, un límite de consumo de a lcohol que sirve también para qu e el usuario aprenda sobre el proceso y tome conc iencia de problema, que por ot ra parte le está generando su consumo ( Gu ardia, J imenez, Pascual, Flórez y Contel, 2008 ). La cuestión de la definic i ón del a lcoholismo está pues lejos de ser un mero trámite. Por nuestra parte, y siguiendo a la OMS, consideramos al alcoholismo como una dependencia d e la droga alcohol, y a sea e sta dependencia de tipo físico, psíquico, o se den ambas sim ultáneamente. Es d ecir, una persona que se El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 29 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ emborracha ocasionalmente no tiene por qué tener establecida una dependencia de ningún tipo frente al alcohol. En cambio, un bebedor excesivo regular que llega a presentar síntomas de adicción, sin emborracharse jamás, será clasifi cado como alcohólico. Nos parece int eresante in sistir en la diferencia entre alcohólico y borrac ho, lamentablemente confusa tanto en el len guaje popular c omo en la terminol ogía técnica ( Llamazares, 1981). Ni todos los alcohólicos se emborrachan, ni todos l os que se embriagan eventualmente deben ser cons iderados alcohólicos. El criterio ha de se r forzosamente más estricto, requiriendo un diagnóstico polidimension al por parte d e profesional es especializados (Ceccanti , Balducci, Atti lia y Romeo, 1999). Existe una casi total una nim idad al señalar que el alcoho lismo es una enfermedad soc ial (Vega , 2000). 1.1.2.-Dependen cia Por otro lado e l conc epto de depe nden cia ha sido objeto de matizaciones y diferentes revisiones po r parte de la OMS, la Am erican Ps yc hiatric A ssociation y otros org anismos, e n las que se ha insisti do en la sustitución de la denominación de alcoholismo por la de depende ncia del alcohol (OMS, 2001). Depende ncia psicosocial es la conducta inevitable del sujeto a la búsqueda de los efectos que produ ce el alcohol como depresor del Sistema N ervioso Central, desinhibidor, seudoeuforizante, ansiolítico etc. Depende ncia física o adicción ha estado definida clásicamente como un estado adaptativo del or ganismo hacia la sustancia, caracter izado por la aparic ión de problemas físicos, cuando la administración de la droga se interrumpe. En la ma yoría de las culturas, el alcohol es el depresor del S istema Nervioso C entral utiliz ado con m ás frecuencia y el re sponsable de una morbilidad M.Rosario Carca s Castillo – pag. 30 ____________________________ y un a mortalidad consid erable (Ala rcón, 1979; Rivara, Garrison, Ebel, McCarty and Christakis, 2004). La característica esencial de la D ependencia del Alcohol (F10.2x 303.90) según el DSM- IV -TR (Asociación Ameri cana de Psiqui atría, 2002 ), consiste en un grupo de síntomas cognoscitivos , de comportamiento y fisiológicos que indican que el individuo continúa consumiendo la sustancia. Ex iste un patrón de repetida administración que a menudo ll eva a la tolerancia, la abstinencia y a un a ingesta c ompul siva de l a susta ncia (Rehm and Monteiro, 2005; Rehm, Patra, Baliunas, Popoya, Roerecke a nd Ta y lo r, 2006). Los criterios diagnósticos en la dependencia de alcohol (Sociedad Española de Psiquiatría, 2003), como en las otras sustancias, c ontempla un patrón desadaptativo de consumo que conlleva un d e terioro o malestar clíni camente significa tivos y la prese ncia de tre s o más de los ítems siguiente s, en algún momento de un periodo continuado de 12 meses: - Toleranc ia - Abstinencia - Deseo persistente o esfuerzos por controlar o interrumpir el consumo. - Reducción en actividade s sociales, laborales o recreativas. - May ores cantidades o durante un p eriodo má s largo de ti empo d e consumo, de lo que inicialmente se pretendía. - Consumo continuado a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos persistentes. (Asociac ión Americana de Psiqui atría, 2002). Algunos autores (Midanik and Room, 1992; Midanock, Tam, Greenfiel d and Caetano, 1994) señal an que el riesgo de desarrollar depe ndencia al alcohol se incrementa de manera sig nific ativa cu ando se be be más de 12 litros/etano l/año, lo que viene a ser unos 230 gramos/etanol a la semana (Standridge, Zylstra and Adams, 2004) y que, a igualdad de volumen consumido, la aparición del cuadro se relaciona estrechamente con la proporción de situaciones en las que el individuo toma más de 5 copas. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 31 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1.1.3.-Tolera ncia La tolerancia p ermite al bebedor, si guiendo las n ormas sociocultur ales, en especial en la Europa del S ur (Anderson y Bau mberg, 2006), ir increm entando paulatinamente las dosis, sin marcados efectos fisiopatológicos a parentes (May o r y Cano, 1996). Ten gamos en cuenta qu e la tolerancia en los s eres humanos se desarrolla en un period o de 5 a 10 años o más, por lo que tenemos nueva confirmac ión de que la enfermedad es p rocesual. Durante este tiempo, todos se dan cuenta, en la ma y oría de los ca sos, de que “aunque beben ma y or cantidad, e l alcohol le produce menos efecto” y el p aciente cree que es porque sab e beber y resiste mejor (Rodríguez-Martos, 1989 ). El de sarrollo de la tolerancia, e s la base de los tras tornos conductuales que cursan con irritabilidad, cambios de humor, rasgos de conducta caracteropáticos y / o conductas que clínicamente parecen ti pificadas como psicopáticas. Una de las caracter ísticas b ásicas de dicha conducta son los trastornos de memoria , con manifestaciones de carácter la cunar (bla ckouts), de amn esia tot al de un periodo durante el cual el sujeto pare ce ac tu ar normalmente, pero del que después no recuerda nada, o sólo mantiene recuerdos confusos que rellena falsamente (palimpsesto) o que recordará c on cierta verosimilitud unos días después. 1.1.4.- Consu mo excesiv o de alcohol La s bebidas alcohólica s también pueden tener unas consecuencias desfavorables en cualquier persona que consuma por encima de los límites de consumo considerado como moderado o prudente sea consumo reg ular, oc asional o presentar alcoholismo ( Asociación Alcohólicos Rehabilitados, 1989). En España existe una medida que nos permite cuantificar el consumo de alcohol, nos facilita la detección de consumo de riesgo a la par que se suele utilizar con frecuencia e n la práctica clínica que es la ll amada U BE, Unidad de Bebida Estándar. Par a España 1 UBE equiv ale a 1 0 gr de alcohol puro o lo que es M.Rosario Carca s Castillo – pag. 32 ____________________________ lo mismo el alcohol existente en una copa de vino o de cerveza mientr as que 2 UBE (20 gr d e alcohol) equivale a una m edida d e bebida d estilada (Rodríguez- Martos, Gual y Llopis, 1999). En el consumo excesivo podemos distinguir tres gr upos llamados consumo de riesgo, consumo perjudicial y d ependencia alcohólica. Consumo de riesgo es el qu e supera los límites de consumo moderado o prudente y e l que aumenta las prob abilidades de sufrir trastornos m entales, del comportamiento, accidentes o enfermedades aunque estas todavía no se han producido. Este consumo ha sido d efinido como un consumo cas i diario superior a 40 gr de et anol/día en varones (supone más de 4 UBEs) y de 24 gr de etanol/día en mujeres (más de 2 UBEs). Estas medidas responden a puntos de corte extraídos de diferentes estudios epidemiológicos que comparaban el ries go d e sufri r problemas de salud con los consumos de alcohol de las personas que conformaban las muestras. (Álvarez, Del Rio y F ernando, 2003 ). El consumo ocasional de ries go se produce cuando una p ersona consume o hace un consumo concentrado de bebidas alcohólicas en pocas ho ras. Se considera ocasional de riesgo el qu e supera 50 gr de etanol por ocasión para los varones y de 40 gr d e etanol por ocasión para las mujeres (Gua rdia, Jimenez, Pascual, Flórez y Contel, 2008 ). El consumo de riesg o d e alcohol es motivo de gran pre ocup ación sanitaria y social (Santacreu, Zaccagnini y M árquez, 199 2), dado que su p revalencia, más elevada que el alcoholismo puede causar las mi smas enfermedades y las mismas alterac iones de comportamiento que el alcoholismo suponiendo un gran reto en prevenc ión. Sin embarg o en nuestro país aun no se ha realizado un estudio completo que cuantifique la prevalencia tanto del alcoholis mo como del consumo d e riesgo en toda la poblac ión española. Mientras, conocemos que Europa es la p arte d el mundo donde se consume más alcohol, 11 litros de alcohol puro por habit ante y año. (Ba bo r, Caetano, El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 33 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Caswell, Edwards, Giesbretch, Graham, et al., 200 3, Hibbel, Andersson, J arnason, Alströhm, Balakireva, Kokkevi and Mo rgan, 2004) y la prevalencia anu al sería de: Depende ncia del alcohol, hombres 5 %; dependencia en mujeres 1 %. Consumo de riesg o de ambos 15 % ( Le ifman y c ols, 2002). Consumo perjudicial para la CIE -10 (Décima revisi ón de la Clasificación Internacional de Enf ermedades de la OMS) e s un consumo de alcohol que y a ha afec tado a la salud física y/o psíquica aunque n o llega a cumplir los criterios diagnósticos de dependencia del alcohol ( OMS, 1992; 1995 ). S on especialmente adversa s situa ciones como el e mbarazo o cuando existe un problema físico como la cardiopatía, hi pertensión o diabetes, y los t ratamientos con fármacos que presentan int eracciones con el alcohol y en menores de 18 años. ( Arias y Latorre, 2006; Rodríguez-Martos, 2002c ; Wannamethee and S haper, 1997). En la pr áctica se tiende a conside rar que un con sumo regular por encim a de 60 gr alcohol/día en hombres y de 40 gr alcohol/día en la mujer, es p robable que llegue a generar consecuencias adversas características del con sumo perjudicial (Guardia, Jimenez, Pascual, Flórez y Contel, 2008 ; Fillmore, Kerr, Stockwell, Chikritzhs and Bostrom, 2006). 1.1.5.-Alcohol y a spectos epide m iológico s El a lcohol e s una dr oga socialmente aceptada y ampliamente integrada en nuestra cultura. Eu ropa e s la región d el mundo donde se c onsume más alcohol, a pesar d e que los 11 litros de alcohol puro be bidos por cada adulto y año siguen representando una sustancial caída desde el reciente pico de consum o de 15 litros, a mediados de los años setenta del siglo pasado. L a ma y or parte de europeos consumen b ebidas alcohólicas, pero 55 millo nes de adultos (15 %) s e M.Rosario Carca s Castillo – pag. 34 ____________________________ abstienen (en Esp aña, esta cifra asciende al 33% de la población); teniendo en cuenta este hecho y el c onsumo no re gistrado, el consumo por bebedor alcanza los 15 litros por año (Plan Nacional sobre Drogas 2011). Alguna s características básicas del consumo en Europa son las siguientes (Anderson y Baumberg, 2006): - 1.-Casi la mitad d e este alcohol e s consumido en forma de cerveza (44%), dividiéndose el resto entre vino (34%) y licores (23%). - 2.-Dentro de la UE15, en los países nórdicos y centrales se bebe sobre todo cerve za, mientras que en el sur de Europa la be bid a más consumida es el vino. España empieza a ser una excepción, puesto qu e el consumo de cerveza s e ha incrementado notablem ente en detrimento del de vino (World Health Organization, 2004; Word Drink Trends, 2005) - 3.-En la mayor parte de la UE15, alrededor d el 40% de l as ocasion es de consumo se concentran en la cena, aunque en los países del sur es mucho más probable consumir a lcoh ol a la hora de l almuerzo que en otras regiones. - 4.-Mientras que exist e también un gradiente norte -sur en el nivel de consumo diario, la fr ecuencia de consumo no diaria (por ejemplo, beber varias v eces por semana, pero no cada día) parece ser más común en la Europa C entral, y se observa una reciente armonización dentro de la UE15. - 5.-España no supone una ex cepción en lo qu e s e r efiere a la g eneraliz ación del consumo de bebidas alcohólicas: el 88% de la poblac ión entre 15 y 64 años ha tomado e n alg una ocasión bebidas a lcohólicas, y la ma yoría (el 60%) ha consumido alcohol al me nos una vez en los últimos 30 días. Sólo el 10% de la población española entre 15 y 64 años manifiesta haber consumido alc ohol a diario en el últ imo mes . La Encuesta Domicili aria sobr e Alcohol y D rogas en España ED ADES (2007- 2008) muestra un de scenso notable en los niveles de consumo esporádico de b ebidas alcohólica s, y también en el c onsumo diar io y en el porcentaje d e b ebedores d e riesgo: en tod os los casos se alcanzan los porcentaje s más bajos de los úl timos diez años - El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 35 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Fig ura 4.-Consumo esporádico, bebedores de riesgo y consumo diario de bebidas alcohólicas en E spaña, 1997 -2008 Consumo esporádico: consumo en el último mes o en los últimos 30 días. Consumo diario: consumo de todos los días. Be bedores d e rie s go: m ás de 50 cc/ día p ara ho mbres y más de 30 cc/ día para mujeres. (Plan Nacional sobre Drog as, 2008) 1.2.- De la cult ura del vino a la justi ficación del beber Hasta lle gar al siglo X X, haremos un re p aso de las “necesidades” d el uso del alcohol en nuestro medio, que nos a y udará a comprender la ausencia muchas veces de sensibilidad a los graves problemas generados por el uso de bebidas alcohólicas y el sil encio cómplice, la ocultación y la ne gac ión de d eterminadas estructuras soci ales (Bobes, Bascarán, Bobes- Bascarán, Carball o, Díaz, Fl órez, et al., 2007; Rubio, Jiménez, Ponce y S anto -Domingo, 2003). Es sabido que el uso de bebidas alcohólicas s e remonta como mínimo a una anti güe dad de 4.00 0 años, época en la qu e en Babilonia existía ya una importante industria de producción de cervezas (Caca uelos, 1985). El vino ti ene una historia más reciente, contribuyendo su aparición a la ex tensión del alcoholismo. Sin embargo, hasta la ap arición y perfeccionamiento de los métodos de destilación y conserva ción de las b ebidas a lcoh ólicas, esta plaga no comenzó a M.Rosario Carca s Castillo – pag. 36 ____________________________ adquirir los car acteres endémicos que presenta en la actualidad ( S chivelbusch, 1995 ). El proceso de expansión de las b ebidas alcohólicas en la antigüedad no fue exactamente paralelo al del cultivo de la vid, sino al d e los cereales , siendo las culturas g r ecolatinas las re sponsables de su implantación en e l área medit erránea y persistiendo en ellas su lig azón con lo sagra do y lo divino, que en cier ta medida ha persistido hasta nuestros días. Antes de que las bebidas calientes no alcohólicas (c afé, té y chocolate) llegaran a ocupar un lugar fijo en la dieta europea, el alcohol desempeñaba un papel cu y a importan cia ho y nos resulta difícil de imaginar. Er a a la vez estimulante y alimento (Braudel, 1994). La población medieval se emborrachaba con cerveza y vino, esp ecialmente durante los en tonces numerosos días f estivos, fiestas patronales, bodas, bautizos y entierros; y entre semana la cerveza y el vino formaban parte d e la alimentación. (Por eje mplo, en París, hacia 1600 se contabilizaban ciento tres festividades al a ño). Por otro lado, antes de la introducción de la patata, la cerveza era junto co n el pan, el principa l alimento de amplios se ctores de la pobla ción europea centra l y septentrional. “Lo beben ambos sex os, a cualquier edad, l os sanos y los enfermos” censuró Johann Brettschneider en 1551. El pla to básico era la sopa de cerveza. Hasta el X IX la fabricación de la cerveza fue una tarea domésti ca más, como la matanza o hacer el pan. El orig en doméstico de la c erveza se manifiesta en el he cho de qu e todavía en el siglo XVII esta bebida solí a ser servida por mujeres. Igualmente, la cerve za y luego el aguardiente, formaban parte de las provisiones habituales de los ejércitos europeos (Kobold, 2001; Escotado, 1994). Aparte d e la función nutritiva (Santo-Domingo, Gual y R ubio, 2005), fue básicamente la fun ción ritual la que condicionó un c onsumo de alcohol excesivo, en las soci edades preind ustriales. Estos rituales d e la b ebida todavía siguen mu y vivos en nuestros días: brindar, beber a l a salud de alg uien, la obligación de corre sponder una rond a con otra, sella r una amistad con una copa, las El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 37 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ competiciones para ver quien bebe más y otras tantas costumbres qu e siguen repre sentando conductas y obli gac ion es de las que parece difícil sustraers e. También es ve rdad que ya en el si glo XVI comen zaron a levanta rse fuertes críticas contra dichas costum bres, que ll evó a ca mbi ar el conc epto que se tenía de la bebida. No cambió el consumo re al de alcohol, que ya anter iorment e había alcanzado tal grado d e s aturación que difícilmente cabía aumentarlo más . En el XVI al alc oholismo se le llamaba “diablo de la bebida” (Schivelbusch, 1995 ). Esta nueva conce pción fue naciendo en tiempos de la Refor ma y sus principales paladines fueron destacados re f ormadores, encabezados por Lutero. Sin embarg o, este movimiento de templanza no obtuvo resultados duraderos y menos en la z ona vitivinícola mediterránea (Gasull, 1978). Por lo visto, la saturac ión todavía no er a suficientemente madura como para conse guir un auténtico cambio en las costu mbres de la bebida. No sólo era precisa una id eología pu ritana pa ra condenar al “diablo de la b ebida”, si no una base material que lo posibilitara. Dicha base era, por un lado, una soci edad y economías más desarrolladas, ma y ores obli gacio nes obj etivas, una ma y or disciplina en el tra bajo y por otro lado un nuevo conjunto de bebidas capaces de sustituirle, había de darle un nuevo a tractivo. Gracias al café, la humanidad que iba sin rumbo bajo los vapores del alcohol logra desper tar a la razón y a la laborios idad burguesa (Velasco, 2004) . Esta era la publicidad a favor de l c afé. Al café se le atribuía una virtud que a pesar de haber quedado invalidada por diferentes estudios f armacológicos, todaví a pervive en l a creencia popular: la capacidad de serenar a una persona ebria. El vino era una bebida de desa yuno medi eval (Santo-Domingo, 2000) . Sólo en el X IX, ya firmemente implantadas las bebidas calientes, los p ersonajes dandis y snobs redescubrieron el desa yuno con champán y t enedor, es decir, si n café . M.Rosario Carca s Castillo – pag. 44 ____________________________ El facultativo, incluso a hora, pocas veces inda ga, pocas ve ces investiga sobre la falta de control y la incapacidad de mant ener la abstinencia de la bebida, porque el alcoholismo no es cuestión de dosi s. Cuando el alcohol plantea problemas, entonces, el alcohol es el problema (Feuerlein, 1982 ). Un estudio control ado h a demostrado que la identificación de bebedores excesivos puede reducir la tasa d e bajas labor ales, hospitaliz aciones e in cluso la mortalidad, debidas al abuso de alcohol (Kristenson, Osterling, Nilsson and Lindgarde, 2002) En cualquier caso, se ll eg ue por la ví a que sea, el S DA es una realidad compleja, con la que no se nace, no se hereda, sino que se hac e. La c onsideramos una enfe rmedad social y que se va desarrollando sobre la marcha , día a día, llega ndo en un momento dado, en unos casos ante s, en otros más tarde, la ma y orí a de los casos en años, a cruz ar una suti l línea, a partir de la cual y a no se pu ede dar marcha atrás, porque el individuo ha perdido las riendas, y ahora quien la s dirige es el alcohol, produciendo la depende ncia psicosocial (R odríguez-Martos, 1996 ). 1.3.2.-Fases del proceso alcohólico La s fases clásicas, a efectos puramente didácticos del pro ceso alcohól ico, según Jellinek, podrían tener la for ma de curva descendente, de cue sta hacia abajo, donde una vez “tocado fondo”, el paciente inicia la recuperaciñn, cuando pide ayuda e inicia tratamiento, iniciándose la parte de curva ascendente. Serían según nos describe Rodríguez-Martos (1989), cuatro fases: Prealcohólica. El consumo de alcohol es frecu ente, buscando alivio o “gratificaciñn”. Prodrómica. Piensa con tinuamente en el alcohol, pero evita hablar de alcohol, bebe a escondi das, a cumula reservas d e a lcohol , bebe ávidamente el primer trago, reacc iona violentamente a la palabra estímulo -alcohol. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 45 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Tiene sentimi entos de culpa y fundamentalmente aparecen lagunas de memoria. Crítica: Hace ostensibles intentos de permanece r abstinente, pero disminu y e la capacidad d e beber cuando los demás lo hacen y pierde el con trol, se hace autorreproches y sufre os cilaciones de l estado de ánimo, y a la vez, se muestra fanfarrón y a ve ces agresivo. Se dist ancia de la influencias de su entorno, se estr echan y pie rde intereses, deterio rándose las r elaciones interpersonales, incluso problemas en el trabajo. Crónica. Es frecuente el temblor matutino. Disminu y e la tol erancia y las embriagueces se prolon gan pudiendo durar día s enteros. Al final, bebe con personas muy por de bajo de su nivel social. 1.3.3.-Modo s de beber y tipo s de alco hólicos De acuerdo con las dif erentes posibil idades de cultivo en los distintos países, se han desarrollado varios patrones de consumo que podríamos agrupar en dos tipos principales: e l modo de beber que denominaremos ang losajón, más frec uente en Norteamérica y los países de la Europa C entral y Septent rional, y el de tipo mediterráne o, correspondiente a los países vitivinícolas (Farke y Anderson, 2007; Kuntsche, Rehm and Gmel, 2004). El modo de beber “angl osajñn” se c aracteriza por un consumo p rimordial de bebidas destiladas, para facilitar las r elaciones sociales, d e fo rma que la dependencia del alcohol e n esos pa íses se distingue por la in gesta d e licor es durante periodos cortos del día, concentrado en o casiones en los fines de semana, y por la embriaguez manifiesta (Carrillo de la Peña, 2000). Por el contra rio, el modo de beber “medite rráneo” se ca racteriza por el consumo en for ma de vino, formando parte de las comidas. Bajo estas p autas de consumo, el alcoholismo se define po r una ingesta más continuada de bebidas M.Rosario Carca s Castillo – pag. 46 ____________________________ alcohólicas de b aja graduación, y por la infr ecuencia de la embriaguez aguda (Cano y Ma yor, 1991 ; Cano, Ma y or y López, 1993). Estos distint os patrones de uso interaccionan con actitudes sociales y legales ante l a bebida, n o menos diferentes (Anderson, Ka n er, Wutz ke, Wensing, Grol, Heather, et al., 2003). Así, mientras en los países “anglosajone s” se da una baja disponibi lidad del alcohol, un fuerte con trol social, y en definitiva, un concepto frente al alcohol, ce rcano al de droga, en los medios “mediterráneos”, la disponibilidad es ilimitada, el control social ampliamente relajado, y el concepto de alcohol está más próximo al de alimento (Jackson, Sher and W ood, 2000). Una gran cantidad de tópicos y refranes relativos a las supuestas cualidades del vino y otras bebidas alcohñlica s constituyen buena prueba d e ello. “Con pan y vino se hace el camino”, “el vino hac e sangre”, etc. (Freix a y S oler, 1981 ). Señalare mos cuatro autores que han marcado de forma convin cente la realidad plur al de los alcoholismos, pues debemos hablar de alcoholismos en plural. Por un lado Jellinek en 1960, define cinco tipos, que las nombra con las primeras letras del alfabeto grieg o (Puente, 1975, Babor, 1996): Alfa: Representa una d ependencia psicológica continua con objeto de neutralizar el “dolor c orporal o emocional” producido por una enfermedad subyacente. Be b e para aliviarse, no pierde el control. Beta: Comprende aqu ellas especies de al coholismo en el que las complicaciones alcohólicas como polineu ritis, gastritis y otr as, o curren sin ex istir dependencia física o psi cológica para el alcohol. Recoge una serie de c uadros de alcoholización directa y pura y de avitaminosis y dé ficit alimentario, estando producidos ésos últ imos por la asociación d el alco hol y la alimentación deficiente. Bebe dor ocasional o inducido, no pier de el control, pero puede lleg ar a alcoholizarse. Tarda e n aparecer la dependencia. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 47 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Gamma: Bebedor alcoh olómano, con d ependencia psíquica y pérdida d e control. Capacidad de abstención conservada. De pendencia física ulterior, registrada en signos de abstinencia y la falta de control. Se da una definida progresión de la dependencia psicológica a la física. L os alcoholismos alfa y beta pueden conducir al ga mma Delta: Be bedor habitual que desa rrolla dependencia física con incapacidad de abstenerse. A diferencia del gamma, el alcohólico delta no pu ede estar un solo día a agua, sin manifestar sínt omas de abstinencia. La capacidad de controlar la cantidad de alcohol ingerido permane ce, sin embargo, int acta en todo momento. Por tanto, si pérdida de control, en principio. Dependencia psíquica tardía. Estos alcohólicos, raramente piden ayuda, hasta más adelante, a causa de sus escasos trastornos psíquicos y sociales. Épsilon: Bebedor epis ódico o alcoholismo periódico, es el menos frec uente. En Europa e Hispanoamérica se le c o noce c omo dipsomanía, siendo a menudo sintomático de una enf ermedad psíquica. Para Jellinek, solamente los alcohólicos gamma y delta constit uyen claramente una e nfermedad alcohólica (Freixa y S oler, 1988). Por otro lado, Santo Domingo y Llopis (1963), nos describen cuatro “modos de beber”, r ecogiendo todas las posibili dades de consumo (Belascuain, Tutti, J ulia, Massano, Na cón, Ortiz et al., 1982, Llopis, Gua l y Rodríguez- Martos, 2000). 1.-Sin pérdida de control, con capacidad de a bstinencia conservada y ausencia de síndrome de abstinencia. -2.-Con tolerancia aumentada, metabolismo adaptado al alcohol, síndrom e de abstinencia, in capacidad de abstención y capacidad de control conserva da. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 48 ____________________________ -3.-Con tolerancia aumentada y metabolismo ada p tado al alcohol, síndrome de abstinencia, incapacidad de abstención y pérdida de control. -4.-Con capacidad de abstención conservada y pérdida de control. S on los bebedore s de curso inter mitente. Años más tarde, Alonso-Fernández (1981), nos describe cin co tipos que se equiparan a los de Jellinek: Bebe dor enfermo psíquico .............................. Alcoholismo alfa Bebe dor alcoholizado ..................................... Alcoholismo beta Bebe dor alcoholómano ................................... Alcoholismo gamma Bebe dor ex cesivo regular ............................... Alcoholismo delta Bebe dor episódico .......................................... Alc oholismo épsilon. Por últ imo Rodríguez-Martos (1989), nos muestra como las formas de beber sociales, a trav és de una ingesta cotidiana excesiva, con cantidades consideradas a menudo como normales, p ero que sobre pasen los límites de riesgo, 60 g/día de alcohol puro par el hombre y 20 g/día para la mujer, o bien de i ngestas reitera das abusivas y /o patrones de ries go como la ingesta excesiva en ayunas, darían paso al tipo bebedor excesivo regular , el más frecuente en nuestro m edio. La forma de beber caracteropática, abocaría al tío alcoholómano. El enfermo psíquico ajusta su forma de beber al alivio de su malestar, dando un patrón etílico sintomático. Ahora bien, como al sín drome de d ependencia alcohólica s e llega a través de un proceso, sea la forma de entrada un a u ot ra, se llega a la dependenc ia bio - psico-social, que siempre conlleva alcoholomanía y alcoholización. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 49 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ La comprensión biopsicosocial del consumo alcohol, requiere considerar a esta práctica integralmente, reconociéndola como un “hecho social tot al” (Orti; 1991) que se p resenta interrelacionado con la totalidad social estructurada y constituye la expresiñn sintética del estado de la socie dad (una “ objetivaciñn totalizadora”). Pero también las bebidas alcohólicas pueden tener una s consecuencias desfavorables en cualquier persona que consuma por encima de los límites de consumo considerado como prudente, calculado en un consumo es de 0 a 20 g d e alcohol al dí a (Corrao, B agnardi, Zambon and La Vecchia, 2004; Di Castel nuovo, Rotondo, Iacoviello, D onati and De Gaetano, 2002 ), sea consumo regular u ocasional (Le hman, Chiu and Schaller, 2004). 1.3.4.- Detección y diagnó stico del alco holismo Destacaríamos como instrumento de diagnóstico, la encuesta semiestructurada donde se recogen además de asp ectos generales, los relacionados con las área s de la vida donde el usuario pueda tener problemas, tenie ndo en cuenta r eseñar la situación y el consumo actual, cuándo y cómo fue el in icio, el consumo de la últ ima semana , el de los últimos seis meses, la cantida d máx ima consumida y duración, as í como los intentos de dejar el consumo y su dura ción, si es que han e xistido (Guardia, Jimenez, Pascual, Flórez y Contel, 2008). Es importante contemplar la utiliz ación de d iversos test y cuestionarios en la detección del alcoholi smo, entre los que destacamos (Rodríg u ez-Martos, 1986, 2002a). CAGE: Es un test muy sencillo, consta de cuatro preguntas, es mu y útil para el cribaje entre pob lación general a través de aten ción pri maria san itaria y social, pero mucho más útil si estas preguntas se camuflan entre otras preguntas por ejemplo de la e ntrevi sta en la acogida (Ewing, 1984; Cherpitel, 2002). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 50 ____________________________ INDICE GRAVEDAD DE L A ADICCION (Eur opAS I ): Es una entrevista multidimensional utilizada para valorar la gra v edad de la depe nd encia de las sustancias, salud, temas laborales, familiares, sociales, y síntomas psicológicos y / o psiquiátricos que pudieran asociarse al consumo de alcohol y otras drogas y que puede servir para establecer tratamientos individualiz ados en los servicios especializados en drog odependencias. MALT: Validado por R odríguez-Martos y Suarez en 1984 , consta de dos partes. El MALT-S cons ta de 27 ítems autoadministrable donde reco ge aspectos psicoconductuales y el MA L T -O qu e consta de 7 ítems a cumplimenta r por el entrevistador profesional. Esta prue ba está indicada en confi rmación del diagnóstico de dep endencia de alcohol y también se puede utiliz ar para mo delar el proceso terapé utico (Rodríguez-Martos, 1984, 199 3). AUDIT: Validado en nuestro país por R ubio y colaboradores en 1988, es un cuestionario autoadministrado que consta de diez pr eguntas, utiliz ado para detectar problemas leves y moderados relacionados con el alcohol centrándose con el consumo d e riesgo (Ande rson, La urant, Kaner and Wensing, 2004 , Gómez, 2005). Se relaciona con el riesgo de futuro de pr esentar problemas relacionados con el consumo de alcohol. (Babor, Higgins-Biddle, Saunders and Monteiro, 2001) CIWA-Ar : Escala Cli nical Institute Withdrawal Assessment scale for Alcohol, Revisada. Este cuestionario permite evaluar la gravedad del Síndrome de Abstinencia al alcohol, permitiendo ma y o r pr ecisión re specto al tratamiento de desintoxicación del usuario (Gomez, Conde, S antana y J orrin, 2005; Guardia, Jimenez, Pascual, Flórez y Contel, 2008). Así mismo pueden utilizarse diversos indi cadores biológicos en la detecc ión de usuarios con problemas relacionados con el consumo perjud icial de alcohol, y tanto para po blación general como en atención especializada, sí como otras exploraciones complementarias. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 51 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Queremos señalar el uso de la medición del alcohol en sangre en situaciones de emergencia por se r más pr ecisa, así como la medición a través del aire espir ado. Esta últ i ma, es mu y sencilla d e medir y puede servir para comprobar la abstinenc ia mantenida a lo largo del proceso de trata miento (Guardia , Jimenez, Pascual, Flórez y C ontel, 2008). 1.4.- Consecue ncias neg ativas del c onsu mo de alcohol Figura 5 El alcohol es una sustancia que, aparte de las cualidades que la d e finen como droga, constitu y e un tóxico específico para la mayor p arte de los órganos y sistemas del cuerpo humano. S u peligrosida d no radica pues tan sólo en la presentación del síndrome de abstinencia grave, delirium tremens, con todo y ser éste letal en num erosas ocasiones, sino también e n la a cción d el alcohol sobre todo el organismo, y muy especialmente sob re el S NC y sobre l a glándula hepática. El alcohol produ ce una amplia variedad de efectos tanto en sistemas inhibitorios como excitatorios del cere bro (Guerri, 2000; 2006). Este psicotrópico modula positivamente a los rece ptores GABA -A, inhibe a los receptores glutamatérgicos NMDA y Kainato y ti ene efectos excitatorios e inhibitorios sobre los re ceptore s nicotínicos de a cetilcolina, entre otros (Davies, 2003 ; Fleming, Mihic and Harris, 2006 ). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 52 ____________________________ El alcoholismo, en definitiva, es una enfermedad que causa eno rmes daños al individuo y a la sociedad. Veamos lo que di ce al respecto el Manual sobre dependencia de las dro gas de la OMS: “La dependencia del alcoho l puede ocasionar al individuo un daño cuantitativamente ma y or que el causado por cualquier otro tipo de farma codependencia (Gronbaek, Becke r, J ohansen, Gottschau, Schnohr , Hein, et al., 2000; OMS, 2 000). El alcohol menoscaba la eficacia del pensamiento y de la coordinación psicomotora, lo que conduce al deterioro del rendimiento en el trabajo y a los accidentes (Martinez, P lase ncia, Rodríguez-Martos, Santamariña, Marti y Torralba, 2004). El deterioro del juicio ocasiona todo tipo d e er rores en los ne gocios y l a perturbación de las relaciones con otras per sonas. La relajación de los controles conscientes del comportamiento, conducen al exhibicionismo, la agresividad y el ataque. Además, el alcohol ori gina graves enfermedade s somáticas o predispone a ellas. E l daño físico puede ser indirecto a causa del des cuido de la higiene o de la insuficie ncia del c onsumo de alimentos, con las consi guientes deficiencias de, por ejemplo, vitaminas, minerales y proteínas. La complicación grave más frecuente d el alcoholismo p rolongado es la cirrosis porta l adiposa. Los alcohólicos se lesionan con frecue n cia a causa del menoscabo de la coordinación y del juicio (Fleming y Lawton, 1994). El da ño pa ra la socie dad es gra nd e. El alcohólico usa sus re cursos, a menudo escasos, para obtener su bebida, su productividad disminuye y pued e descuidar hasta tal punt o a su familia que ésta tenga que se r mantenida por la sociedad (Cano y Piera, 1994, Ostergaard, 2009). L os alcohólicos están complicados con frecuencia en accidentes, con d año a la propiedad y lesiones a otras personas. La carga económica d e la dependencia del alcohol es enor me, pero es aún más import ante la tremenda cantidad de sufrimiento que soportan el alcohólico y todos los que le rodean. Cuando la int oxicación alcohólica se hace crónica, van apareciendo una serie de patologías que a efectos p rácticos las clasifica mos en somá ticas y psíquicas, con repercusión y af ectación en ma yor o menor grado, bien en forma El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 53 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ clínica o subclínica en todo el organismo. El sistema nervioso es junto con el hígado, el principal blanco de la toxicidad del alc ohol. Nosotros nos limi taremos exclusivamente a re co ger las a lt eraciones psíquicas, que s e manifi estan en el consumidor a nivel psicoco n ductual por ser estas conductas más propias de la Psicologí a que el resto de r epercusiones o consecue ncias. 1.4.1.- Síndro me de abstinencia: l eve y a gudo o deliriu m tremens La s cl asificaciones más utili zadas actualmente son las últ imas revisiones del CIE- 10 (Organización Mundial de la Salud, 1992) y el DSM - IV -TR (Asociac ión Americana de Psiqui atría, 2002). Según DSM- IV -TR, (Asociación Americana de Psiquiatría, 2002), los criterios para el diag nóstico de F10.3 Abstinencia de alcohol (291.81) serían: - Disminución o int errupción del consumo de alcohol, tras un consu mo prolongado y en grande s cantidades. Tras cumplirse el criterio anterior, deberán darse d os o más de los siguientes síntomas: - Hiperactividad autonómica - Temblor distal de las manos - Insomnio - Naúseas o vómitos - Alucinaciones visuales, táctiles o auditivas transitorias o ilusiones - Agitación psicomotora - Ansiedad - Crisis comiciales de gran mal M.Rosario Carca s Castillo – pag. 60 ____________________________ comprendido ni entendido muchas veces, ni por el mismo afec tado ni por su familia, deteriora el comportamiento y las relaciones interp ersonale s, y se desarrolla una neurotización alcohólica que l a d esintoxicación, sola, no resuelve y explica a la vez la com plejidad del tratamiento de esta enfermedad (Marcos y Aizpiri, 1996; Valdés, 2003). Nos recuerda la atención que recibió Henr i de Toulouse-Lautrec, en l a clínica de Neuill y , donde sim plemente se dio una desintoxicación física (Joy ant, 1926 ). La abstinencia, si no se acompaña de un largo camino de r econstrucción personal, de un aprender a vivir sin alcohol, manteniendo la abstinencia tot al y cambiando la forma de vivir, no es suficiente para modifi car los apre ndizajes negativos del vivir bebiendo. Así, la abstinencia completa al alc ohol es imprescindible para ini ciar la resolución de la dependencia alcohólica. El efecto tóx ico que las bebidas alcohólicas ejercen en todos los organismos, aunque toda s las personas no lo expresen de la misma man era ni con la mi sma ra pidez , e s siempre superponible. En todas las clases sociales y en todos estos enfermos es similar (Rodríguez-Martos, 1985 ). 1.4. 4. -Aspectos cog nitivos No existe un patrón ún ico de personalidad alcohólica o prealcohólica (Bravo de Medina, Echeburua y Aizipiri, 2007; Mill on y Davis, 2001), pero algunos aspectos cognitivos se uniformiz an en cualquier bebedor, son rasgos comportamentales comunes en el bebedor activo . Los tres ras gos característicos serían autoengaño y negación, inmadurez y depresión. Autoengaño y negación: En la ma yor parte d e los casos, durante el desarrollo lento del pro ceso o carrera ha cia la alcoholización, las inge stas de alcohol confieren al bebedor masculino cualidades de “macho”, para quien el beber constituye una necesidad social (Scha rfetter, 1979). Por otro lado la pr opia tolerancia social hacia el tema, hace que al b ebedor se le ha ga mu y difícil El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 61 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ identificarse y menos aun rec onocerse en su pro pio conflicto alcohólico. Esto le conducirá, si sospecha su problema, a n egarlo rotundamente para así prote gerse de ser estig matiz ado o bien autoestig matiz arse como vicioso. Es decir, de “ no saber beber” , no a guantar a l perder el control (Serrano, González y López, 1987). Este mecanismo psicosocial se extenderá a toda su vida, de tal manera que no se rá capaz de relacionar el hecho de beber con sus desajustes y problemas. Pa ra que el paciente haga frente a s u problemática alcohólic a, el autoengaño tend rá que se r desenmascara do en el abordaje profesional. Inmadurez: En el camin o para conocer “sus problemas”, el alcohñlico es incapaz de corresponder emocionalmente a los problemas que él ha generado en el medio en el que vive. Quiere qu e se le entienda, pero él no s e es fuerza ni emocionalmente, ni intelectualmente en comprender el apo y o de la pareja y /o familia. En ocasiones, la inmadure z de expresión afectiva, se transforma en un a apare nte indiferencia. Este rasgo ha ce que el tr atamiento sea en muchos casos, conflictivo, pero nuestra misión es ay udarle en este momento a quitarse la coraza, el escudo protector (Fre ix a, 1993). Depresión: Con frecuencia, cuando el paciente llega, ha intentado tratarse en solitario, por su cue nt a y a su manera, con intentos de reducir dosis o bien tras los repetidos fracasos para conseg uir una abstinencia tempor al más persist ente (Neighbors, Larimer, Lostutter and Woods, 2006), con las consig ui entes recaídas, y cada f racaso sirve d e refuerzo a su auto convencimiento del fracaso. A la vez, las discusiones, conflictos o errores, el usuar io se em peña en no relacionarlos con su consumo de alcohol, aumentando su d esesperanza, su fracaso, y fa vor eciendo reacciones dep resivas e incluso el suicidio (Kessell and Grossman, 1961 ; Freixa, 1993 ). Hoy día sabemos que el alcohol es un depr esor del sistema nervioso central que actúa impidiendo la iniciación y conducción de los es tímulos nerviosos por medio de un efecto depresor tanto en la tasa de incremento como en la amplitud de los potenciales de a c ción (Goldstein y Chin, 1981). La depr esión también se enc uentr a como base ex plicativa de la alta tasa de prevalencia d e intentos de autolesión y sui cidios que se da n en e l alcoholismo M.Rosario Carca s Castillo – pag. 62 ____________________________ (Monrás, Ma rcos y Ram ón, 1993; Driesen, Veltrup, W eber, J ohn, Wetterling y Dilling, 1998). Parece un hecho innegable que la incidencia de la depresión en e l etilismo crónico es un problema de gran mag nitud y que h ay que considerarla como una de las posibles evoluciones dentro del curso a largo plazo de esta conducta adictiva (Dawes, Frank y Rost, 1993). 1.4.5.-Consecuen cia s psicológicas y neuropsiquiá tricas del consu m o excesivo de alcoho l. El consumo excesivo de alcohol contribu ye al des arrollo de sintomatología de tipo psicológica y psiqu iátrica, como serí a el deterioro d e la ex presión emocional, síntomas de ansiedad, de depresión y trastornos d e condu cta qu e pueden producir desadaptación social (Kazdin, 1987). Son sínt omas o síndromes producidos por el consumo excesivo de al cohol o bien por su abstinenci a (Echeburúa, Aizpiri y Bravo de Molina, 2008). Según el tipo de c omorbilidad asociada al alcoholismo, las características clínicas del trastorno g lobal pueden ser diferentes (Varo, 1993). Los principales signos conductuale s son: i rritabilidad y susceptibilidad, intolerancia a l a frustración, a gresividad verbal y física, a ctitud rece losa y rasgos celotípicos, incapa cidad para lleva r a cabo sus propósitos y promesas acerca de la resolución de su proble mática con el alcohol, que son imposibles de c umplir. El consumo excesivo de alcohol puede provocar o bien precipitar los siguientes tra stornos y cuadros clínicos: a) Tr astornos cognitivos : Amnesia episódica o persistente, d eterioro cog nitivo y demencia. Con frecuencia y como uno de los rasg os caracte rís ticos de un paciente alcohólico son los problemas de memoria. Se pue de dar: a m nesia en bloque, llamada así por ser una amnesia total para los hec hos ocurridos entre dos momentos cronológ icos definidos. Amnesia lagunar, que como su nombre indica El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 63 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ aparecen lagunas d e memoria dentro del periodo amnésico. Conductas de fuga y estados crepusculares: E l alcohólico puede desplazarse, perderse y vagabundear, sin saber, posteriormente, ni cómo ni por qué ha ll egado a su destino. Palimpsestos y par amnesias: Estos s on trastornos de la memoria típicos del enfermo alcohólico. P alimpsesto consiste en rellenar o cubrir una la guna con un falso recuerdo, el p aciente se lo inventa, “escribiendo así sobre lo escrito” ( Freixa, Bac h, Bru guera, Costa, Erra , G alí, et al., 1985 ; J unqué, 1994a ). El consumo abusivo de alcohol produce una atrofia c erebral, más intens a en los lóbulos frontales. Esta atrofia se asocia a las alteraciones co gnitivas (Aizpiri, 2004; Echeburua, Aizpiri y Bravo de Mo lina, 2008). En el DSM- IV -TR, (Asociación Americana de Psiquiatría, 2002 ), se considera, como dete rioro cognitivo inducido por el alcohol: la demencia persistente, el tr astorno amnésico persistente inducidos por el alcohol y los otros trastornos cognoscitivos. L os déficits neuropsicológicos más fr ecuentes son la alterac ión de las fun ciones viso -perceptivas, la pérdida de capacidad para el razonamiento abstracto y las dificultades en la resolución de problemas, capacidad de aprendizaje y d e me morización. Suelen ser défi cits transitorios y reversibl es (Gual, Robles, Santo-Domingo, Aragón, Miquel, Correa et al., 2002 ). b) Trastornos de l compor tamiento: I ntox icación patológica. c) Trastornos del niv el de Conciencia, como el Delirium Tremens y el Síndrome de Wernicke. La manife stación clínica de la fase aguda del síndrome de Wernicke - Korsakoff , en cefalopatía de Wernicke, se caracteriza por confusión mental, apatía, ataxia y p arálisis oculares (Victor, Adams and Collins, 1971; L ehman, P ilich and Andrews, 1993; Lishman, 1990; Knight and Longmore, 1994). El estado confusional s e caracteriza por d esorientación en tiempo, espacio y persona, la incapacidad para reconocer a los familiares y l a dificultad par a mantener una conversa ción. Si la ence falopatía de Wernicke no se trata el paciente puede sufrir hemorragias diencefálicas (Junqué, 1994b) y aunque el M.Rosario Carca s Castillo – pag. 64 ____________________________ cuadro puede mejorar c on la abstinencia de alcohol y con la administ rac ión de tiamina (Oscar-Berman and Zola-Mor gan, 1990) los síntomas persisten en el 60% de pacientes que padecen el síndrome de W ernicke-Korsakoff (Adams y Victor, 1993). d) Suicidio: El consumo abusivo de alcohol es un importante fac tor de riesg o para l as condu ctas suicidas ( Jim énez, Pascual, Flór ez y Contel , 2008 ). Los dos trastornos mentales que con ma y or frecuencia se asocian al suicidio son la enfermedad depresiva y el alcoholismo (Mutrux , 1972). Cuando en un determinado país aumenta la venta y el consumo de alcohol, tienden a au mentar las tasas de suicidio y de homi cidio. Parecen ser más bien las bebidas destiladas las que estarían asociadas al suicidi o, mientra s que el consumo de las bebidas fermentadas no paree influir en la tasa de suicidios. El alcoholismo es más frec uente entre los suicid ios de varones y pa rticularmente, entre los a lcohólicos de inicio precoz. La probab ilidad de suicidi o entre los alcohólicos es 60-120 veces mayor qu e en la población general (Casas, Fraile y San, 1994 ; Gual, Rod ríguez- Martos and Torres, 2001). e) Depresión. El consumo excesivo y continua do de bebidas alcohólicas puede inducir e stados d epresivos graves pe ro transitorios, en cualquier persona que no tenga antecedentes de depresión. L os síntomas depresivos remitirán rápidamente durante las cuatro a seis semanas poste riores a la desintoxicación . Ningún estudio ha d emostrado que los trastornos depresivos puede n ser la causa del alcoholismo. Sin e mbarg o, el consumo excesivo y continuado de alcohol puede inducir síntomas afectivos transitorios, incluso en personas que n o tenían antece dentes por depresión. Por otro lado, la depresión puede formar pa rte del proceso d e recuperación de cu alquier conducta ad ictiva, no sólo del alcoholismo. El hecho de tener que renunciar al consumo de alcohol o bien la perdida de relaciones y amistades significativas o importantes puede resultar emocionalmente doloroso y triste (Freixa, 1996). A lo largo d e la carrera alcohólica, el paciente acumula sentimientos de culpa, soledad, vergüenza, baja autoestima, se auto desprec ia, pérdidas emocionales, dej a a los amigos y los amigos con frecuencia se apartan del El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 65 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ bebedor, y re c aídas que todo esto le a y uda y le fa cilit a una postura depresiva, aparte de la p ropia autodestruc tividad que conlleva el abuso m antenido de alcohol (Rodríguez-Martos, 2003 ). En este sentido, los signos clínicos relativos a la apa tía emocional y la perseveranc ia (Oscar- Berman, Hutner and Bon ner, 1992) y la fluidez verbal (L ishman, J acobson and Acker, 1987) han sido asociados con el daño en la corteza fr ontal, las deficiencias a la hor a de realizar asociac iones visuales se han atribuido a la atrofia cortical temporal bilateral (Oscar-Berman and Zola-Morgan, 1990) y l as alteraciones relativas a la baja capacidad de aten cion y el enlentecimiento en el p rocesamiento perceptual se consideran debidas al daño difuso de las regiones corticales (Ellis and Oscar-Berman, 1989). f) Trastorno de ansiedad : El alcoholismo puede inducir trastornos d e ansiedad, con frecuencia en personas vulne rables y en relación con las pérdidas de relaciones, fracaso formativo, acontecimientos vitales o episodios repetidos de abstinencia fracasada ( Crece, 1974). Los pacientes alcohólicos pr esentan una elevada prevalencia de trastornos afectivos (Ávila, Pérez, Olazábal y López, 2004) y de ansi edad, pe ro la mayor ía de ellos son concurrentes. En función de la prevalencia de vida, los trastornos de ansiedad s e dist ribuyen en agorafobia con trastorno de pánico, trastorno obsesivo -compulsivo, fobia social, trastorno de pánico, fobia simple y agorafobia. Aquéllas personas que presentan elevados n iveles de ansiedad en situaciones sociales pueden ll egar a desarroll ar una dependencia de aquéllas sustancias que inicialmente les ayuden a relajarse o a mejorar su es tado de ánimo (Heimberg , Dodge and Becker, 1987) y ello puede observarse frecuentemente en muchos de los casos de alcoholismo. g) Trastorno de la personalida d: El alcoholismo induce trastornos de conducta, que se pued en acompañar de viol encia verbal o física, falta de honestidad, mentiras, no respeto a los derechos de los demás y otros rasgos de conducta antisocial. Pero el trastorno de personali dad antisocial se inicia a los 15 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 66 ____________________________ años de edad y persiste incluso tras la abstinencia p rolongada del alcohol (Pedrero, Fernánde z, Casete, Bermejo, Secades y Tomás, 2008). h) Otras drogodependencias: Cada vez con may or frecuencia, el alcoholismo aparece asociado al abuso o dependencia de otras drogas. El co nsumo de otras sustancias puede aumenta r el riesgo de recaída en el consumo de alcohol, en pacientes alcohólicos que se e ncuentran en recuperación o tratamiento. i) Otras conductas adictivas: Existen e levadas tasas de comorbilidad entre dependencia de a lcohol y ludop atía (Schwan, 20 05). Respec to a los trastornos de la conducta alimentaria, la bulimia nerviosa y el subtipo de anorexia que cursa con atracones de comida y comportamiento purgativo, están más frecuente asocia das al alcoholismo que la anorexia nerviosa r estrictiva. j) Otras alteraciones conductuales graves: Una elevada proporción d e personas que han com etido delito con violencia y también sus víctimas se encuentran bajo los efe ctos del alcohol, cuando se produc e el hecho violento. Esto es importante cuando se trata de personas jóvenes (Foxcroft, Ireland, Lister-Sharp, Lowe y Bre en, 2005). k) Enfermedad mental grave: El alcoholismo es el trastorno menta l comórbido más frecuente en p ersonas con enfermedad grave, c omo esqu izofrenia o trastorno bipol ar. La esquiz ofrenia tiene una ma y or p revalencia de vida e ntre los alcohólicos que en la población gene r al. l) Trastornos psicóticos inducidos por alcohol: Determinados trastorno s psicóticos pue den ser inducidos por el alcohol, como el delirium tremens, la alucinosis tra nsit oria, la alucinosis alcohólica, el trastorno delirante (para noia, celotipia), y la intoxicación alcohólic a idiosincrásica. El delirium tremens es un trastorno mental orgánico que cursa con un síndrome confusional, trastornos per ceptivos c omo ilusion es o alucina ciones, interpretaciones delirantes y alteraciones , agitación psicomotriz e insomnio, síntomas vege tativos y alteraciones hidro-electrolíticas (Aguilar de Arcos, 2004). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 67 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ La alu cinosis alcohólica c ursa con alucinaciones auditivas, frec uentemente en forma de voces, y /o visuales, de contenido a vece s, amenazador o ins ultante, ideas delirantes pers ecutorias y muchas v eces sis tematizadas, intensa ansiedad y riesg o de auto o hetero-lesión. El trastorno delirante cursa con ideas delirantes de tipo persecutorio o celotípico, riesgo de auto o hetero- agresión que puede ser contra la pareja cuando las ideas delirantes son de ce los. La intox icación alcohólica idiosincrásica es un grave trastorno de conducta, de tipo agresivo o violento, que se produce tras una pequeña ingesta de alcohol, la cual no produ ciría intox icación en la mayor í a de las personas. Cuando cursa con un estado de ag it ación psicomotriz, puede estar acompañada de una reducc ión del campo de la conciencia. m) Encefalopatía minor: Este síndrome fue descr ito por Freixa y Bach en el 1975. Recoge manifestaciones psicoconductuales más típicas del paciente alcohólico, como jovialidad ex agerada, indiferencia optimi sta frente a la gravedad de su situación, conocido como humor v acuo, desorientación, labilidad emocional, dificultades de concentración, dificultades de aprendizaje y de memorización, irritabilidad y susc eptibil idad, agresividad verbal y /o física , actitud de recelo, promesas de que resuelve su prob lem ática pero que v e imposible de cumplir, etc (Bac h y Frei xa, 1983). n) S índrome alcohólico F etal: El efecto tóx ico del alcohol sobre e l feto puede producir otro cuadro de ma y or o menor int ensidad, con alteraciones cog nitivas desde el momento del nacimiento, como serían, alterac iones específicas en funciones cognitivas como me moria verbal, memoria espacial, razonamiento y tiempo d e latencia, así como r educción en los niveles genera les de inteligenc ia. Est as alteraciones generan disfun ciones sociales que mu chas veces se vuelven a manifestar en la adolescencia. El consumo de alcohol en el embarazo, incluido el consumo de cantidades mod eradas, se asocia con a lt eraciones cog nitivas (Alarcón y Galí, 1982 ). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 68 ____________________________ La afectación cerebral del alcohol recorre un abanico de alteraciones que abarcan, sin solución de continuidad, desde los más leves cuadros con alteraciones de la m emoria reciente hasta la psicosis irr evers ible de Korsakoff y la demencia (Junqué, 1994b). El tipo de daño ce rebral que puede presentar el individuo c on alcoholismo crónico y la severidad del mismo dependen ad emás de otra se rie de variables como la predisposicón genética (O‟Connor , Hesselbrock y Baner, 1990), el sexo (Acker, 1986; Crawford y R y der, 1986 ; J acobson and Lishman, 1987 ), la c antidad y el tipo de alcohol consumido (Oscar-Berman, 1990) o la edad de aparición del trastorno (Teichman, Richman and Fine, 1987 ). La s encefalopatías con lesión grave propias de la ingesta continuada y persistente están asociad as a alteraciones an atomopatológicas que e n un principio fueron fun cionales. La d esorientación, los trastornos de la memoria y la al teración de la concienc ia, por ejemplo, se presentan sin dejar una alterac ión anatomopatológ ica en el SNC, en las etapas te mpranas del uso de bebidas alcohólicas (Bach, 2000). Cuando ex isten las alterac iones neurológicas clínicas del complejo síndrome de Wernicke- Korsakoff, su final, excepto en contados casos, es la demencia alcohólica , d enominada demencia paralítica, por su semejanza, en el estadío final, con la meningoencefalitis luética o sifilítica, como pará li sis g en eral progresiva (A cker, Ron, L ishman y Sha w, 1984 ; J acobson and Lishman, 1990 ; Shimamura, Kernigan an d Squire, 1988 ). Los est udios necrósicos o por a utopsia han demostrado una p rofunda destrucción cerebr al. De cua lquier manera, en los estadios finales, todas las demencias tienen características s emejantes ( Freixa, 1996). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 69 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1.4.6.- Interven ciones terapéut icas o tratamientos aplicados en consu m o s de riesg o y cuando existe dependencia al a lcohol Tanto el consumo de riesgo como la d ependencia v an a generar consecue ncias, muchas veces graves, no solo a la persona que beb e sino también a su fa milia y entorno. Algunas de esas consecuencias pueden desaparecer pero otras pueden ser difíciles y ser necesario la der ivación a un recurso específico y especializado en drog odependencias. En relación al tratamiento cuando el consumo es de riesgo, p arecen eficaces las Intervenciones Breves desde Aten ción Primaria a fin de que el individuo modi fique sus hábitos de consumo y su estilo de vida ( Balbuena, Barrios y Fernández de la Larrinoa, 2000; Ma y o r y Tortosa, 1990; Cano, Cantón y Montoso, 1991). En general, el usuario tiene en principio una actitud en la que no es consciente d e su p roblema y es ambivalente, qu iere y no quie re dejar de beb er . Con la a yuda del terapeuta va tomando conciencia del problema y que por “distintas” razones, fa mi liares, sociales etc, debería intentar solucionar. Más tarde intenta solucionarlo y se plantea qu é puede hacer, inici ando cambios en su conducta y en sus hábitos de vida, para luego esos cambios afian zarlos y mantenerlos (Guardia, Jimenez, Pascual, Flórez y Contel, 2008 ). Cuando el indi viduo sigue bebiendo a pesar de que le genere problema a diferentes ámbitos, de c onducta, salud, laborales et c, s e podría d ecir qu e es un paciente alcohólico. El tratamiento en este caso debería ser integrado, int eg ral e integra dor (Galanter y Cléber, 1997), ofreciéndole a cada paciente una estrate gia terapéutica individualizada, porque no hay un alcohólico igual a otro, donde se comb inen los tratamientos farmacológ icos y psicológicos más apropiados para cada caso, en función de las características personales, familiares y sociales, ofreciéndosele M.Rosario Carca s Castillo – pag. 76 ____________________________ Fec hner, obtuvo datos cuantitativos sobre la P sicolog ía de las proporciones visuales, iniciando la tradición de la estética experimental dentro de la que entran muchos investigadores como son Wundt, Külpe. Yhorndike y muchos más. Desde Dewey, que publi có en 1933 Art as Experience (Dewe y , 1934), a las aportaciones de la Psicología de la Gestalt o del Psicoanálisis, las aproximaciones desde el campo de la Psicología al fenómeno estético cu entan con una historia tan antigua como continuada (Buela y Caballo, 1991). En la España de l os años setenta, Álvarez (1974) dedicó g ran parte de su Psicología del A rte a la estética experimental. Los estudios de la percepción de la forma y de la percepción del color, constituye n los campos fundamenta les de la estética experimental, y como nos indica Zeki (1990) el color se conviert e en una propiedad del cerebro. La s cautelas aparecen cuando se constata que esa presencia tan temprana del interés por la estéti ca, casi en los propios orígenes de la Psicología como ciencia, no consig uió lograr que la P sicología del Arte avanzase luego al paso marcado por los logros de la Psicolog ía general. A partir de los años 80 la Psicología co gnitiva abre por fin la puerta a l a Neuropsicología y resurge t ambién el interés por las relaciones entre emoción y memoria. Tradiciona lmente los estudios se limit aban a la memoria visual y a la memoria auditiva. Gardner (2011), en “Arte, mente y ce rebro”, reconoce que P iaget, Chomsky y Lé vi-Strauss son los tres gra ndes col osos de las ciencias cognitivas, pero acusa a los tres de un plante amiento estructuralista en el que los aspectos semánticos quedan apartados. En un artículo d e Mart y (1997), nos explica las razones de este re traso: lo s paradigmas qu e dominaron los estudios psicológicos impusieron un tipo de metodología qu e impid e, la investigación d e la comprensión y producción artística. De hecho, esos obstáculos han sido un te ma de análisis permanente para algunos de los autores más brillantes, como V yg otski o posteriormente Gardner, El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 77 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ entre los que intent aron sacar a la Psicología del A rte de su situación de desamparo. H. Gardner, es el que más a fondo ha investigado la relación del arte con el desarrollo humano y ha marcado una g uía c ont inua para los interesados en la Psicología del Arte. Tendremos que esperar a los trabajos de Mandler (1984) para encontrar una vía de conexión entre estructura y e moción. En una línea simil ar de conexión de afec tos y estructuras cognitivas, dentro de la Psicología cognitiva, e s la de Furth (1987). Se trata de hacer evidente que emoción y cono cimiento no pueden e xistir por separado, y mucho menos aún si de lo que estamos hablando es d e c onseguir una Psicología de l Arte. En el tema de la personalidad creat iva, nos encontramos con el problema de que no hay consenso e ntre los psicólo gos acerca d e cuáles son l as habi lidades cog nitivas qu e constit u yen la c apacidad c readora, lo que no es de extrañar si, la crea tividad no es un proc eso específico de pensamiento ( C ano, Montoso y May o r, 1997). Entre los rasgos que se suelen proponer como característicos de la personalidad creativa están la independencia mental, la no conformidad, la persistencia, la toler ancia a la ambi güedad y un bajo nivel de sociabilidad. S in embargo, estas c aracterizaciones no tienen una validez universal porque son innumerables los casos de individuos creativos cu y os rasgos de pers onalidad difieren de este modelo (Mart y , 1997 ). En los años nov enta, y de la m ano de autor es qu e proceden del terren o de las neurociencias, se ha intentado construir una perspec tiva psicobio lógica directamente aplicada a la cuestión de las ex periencias estéticas, destacando fundamentalmente dos francese s, Changeux y Vibouroux (Marty , 1999). Loc ura y genio se dan a menud o la mano, pero lo difícil es encontrar los porqués de las diferencias. S e llega a una conclusión ambigua: el genio se constata, pero no se explica. Ir más allá, e s mu y complicado. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 78 ____________________________ Alonso-Fernánde z en 19 96, analiza si la enfermedad mental puede tener efec tos positivos o negativos sobre la cre atividad. Así sostiene que la tesis clásica de que el genio es un enfermo psíquico por ne cesidad, es una exageración. P ero los estudios estadísticos muestran que entre las personas de talento abunda más la enfermedad mental que en la población general. Paralelamente, el genio lo es gracias a su habilidad, su talento y su c reatividad, pero con frecuencia deja mucho que desear en los par ámetros del auto control, el equilibrio psíquico y la integración. Entre las enfe rmed ades mentales que desorganizan o bloquean la crea tividad, Alonso-Fer nández indica que sobresalen los c uad ros psicóticos intensos, el estado depresivo completo, el deterioro psicoor gánico producido por el alcohol y otras drogas, los tra umatismos cr aneoe ncefáli cos y los procesos cere brales degenerativos. Esta influencia n egativa, pu ede s er temp oral o irreversible (Alonso-Fernandez, 1996). La perturbación mental puede actuar como activador de l proceso c reador, pero no convierte a una persona mediocre en un genio (Álvarez, 1974). El aporte ne urobiológico, es el último desafío qu e marca los límites de la investigac ión de la Psicología del Arte en esto s momentos. Así, Changeux y Connes (1993) muestr a cómo las sombras qu e rodeaban los misterio s de la creación artíst ica y del placer estético parecen disiparse poco a poco, g racias, sobre todo, a la P sicología cognitiva y a la Neurobiología. Se empieza a e ntender lo que ocurre en el cerebro del artista cu ando éste está creando. Se pueden identificar, aunque s ea a grandes rasgos, los pro cesos que se desatan en nuestra mente cuando admiramos una obr a de arte. Pode mos preguntarnos si es posi ble encontrar en nue stras neuronas la huella de la ge nialidad. Vigouroux en 1996, empiez a por relacionar el arte con el len guaje para buscar el camino que v a de la p ercepción a la sensac ión estética, entrelazar la memoria con la e moción estética y an alizar las estructuras de la creación artística. Pero esto no quiere decir que se tengan todas las respuestas. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 79 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Si optamos por la alternativa qu e v e en la creatividad algo p ropio de unos pocos sere s excepcionales, nos podemos en contrar en dificultades incluso para plantear que ésta se a un objeto de estudio legítimo para la Psicología. P ero con frec uencia, la consideración de la crea tividad como un don ex celso coincide con la intuición de que se trata de algo im posible de ex plicar, o por lo menos imposible de explicar en términos psicológ icos. Bastante s a utores se han plante ado que ha y debajo de esa identific ación d e la creatividad con la locu ra. A menudo lo que descubrimos es una simple y burd a simplificación. Se han estudiado los procesos humanos creativos, desde la perspectiva de la psicología cognitiva, sobre todo por parte de los psicólogos contemporáneos, el número de los que se ha n dedicado a estudiar la creatividad, es mu y grande comparado con los pocos que han hecho un verda dero aporte al t ema (Gardner, 2011 ). La s ideas clave s las dieron e l psicólogo Piaget, el li ngüista Chomsk y y el antropólogo L évi-Straus s. Ernst Cassirer, Susanne La nger, Nelson Goodman y Ernst Gombrich adoptaron un enfoque simbólico de las artes y suminist raron mucha s claves sobr e cómo realizar un e studio psicológico del proceso artíst ico. Ernst Gombrich aparece como un historiador del arte de primer nivel que siente que las respuestas a muchos enigmas hist óricos sobre el arte se en cuentran en el estudio de la psicología humana (Gardner, 2011 ). Es tan posible un a Psicol ogía del A rte como lo es e n sí la Psicología como investigac ión d e la conducta. Así, cada en foque de los m ist erios de la creación artística encierra la promesa de arrojar luz sobre una posición levemente distinta del enig ma total. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 80 ____________________________ Pero la tarea de describir la actividad artística y la creatividad en sus manifestaciones más acabadas está reservada al futuro en g ran medid a. Es un nuevo campo de estudio. “Sólo desde el Arte es po sible el disfrute de la existencia” (Gardner, 2011 ). Desgraciada mente el Ar t e es voz que clama en el desierto. A pesar de l a divulgac ión de las ob ras artísticas, de las facilidades de des plazamiento de una ciudad a otra, etc., la inmensa ma yor ía de nuestros semejantes sigue ciego ante el mensaje de la obra artística. El Arte es el reino de lo hermoso, en el sentido etimológico de este término. Gracias al A rte, el Universo se transfor ma. En cuanto a rtista, el hombre transforma el Universo. Todo a rtista comienza siendo el primer sorprendido de su obra. En la P sicología del Arte, queremos reseñar la importancia del color y la importancia de la forma en relación con el pintor que nos ocupa. El color se impone en la baja eda d media como un lenguaje más. Sin embarg o es en el XVIII cuando resucita el r eino del color, que poco a po co va d esplazando al t enebrismo cara vaggiano (Álvarez, 1 974). La invasión del color hay qu e atribuirla no sólo a los imp resionistas, sino sobre todo al postimpresionismo, en el sentido más genera l de la pal abra , en el cronológ ico (G ualdoni, 2008) . El descubrimie nto del c olor es tam bién un descubrimiento de la química y no sólo del Arte. El pintor impresionista se aprovec hará de un avance tecnológico en la quí mica de los pigmentos y de sus ag lutinantes y emulgentes. El color tiene, además, un significado espacial. En la percepción estética intervie nen múltiples factore s que se entre lazan, sumándose o interfiriéndose como ondas sonora s o dos ra yos de luz. La forma adquiere una importancia primordial en la Psicología de l Arte. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 81 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ A partir del XIX, sur ge en el arte o ccidental un fenómeno de mimético con respec to al ori ental: gracias a Gau guin y a los pin tores nabis e n general, el e je de simetría deja de ser ve rtical y horizontal para c onvertirse en diagonal. La dia gonal de la pintur a japonesa divi de al cuadro en dos mitades, que para una mentalidad oc cidental son asimétricas, puesto que en una de ellas se concentran prácticamente to das las masas, mientras que en la otra reina el vacío más o menos absoluto. Ahora bien, desde el pun to de vista de la filosofía Zen, el vacío tiene e l mismo valor que la realidad (Álvarez, 1974). El mundo del a rtista, oriental u occidental, es un mundo sin fronter as, li bre como los espacios sidera l es. Es el mundo de la libertad. De aquí la extravaga nci a en la vida de los artistas. El artista no suele , acomodarse a ningún horario impue sto por los demás, se a utoprograma y se autodisciplina de una manera rígida. Tampoco su ele estar a gusto en un p aís o en una ciudad. De ahí los atri butos de bohemio, indisciplinado, extravag ant e y hasta licencioso y p erezoso. Pero aun dentro del campo de la personalidad creadora ha y que señala r que, por el contrario, un ex ceso d e “indisciplina” puede deteriorar el r endimiento. Éste ha sido el ca so de T oulouse-Lautrec, Modigliani, Utrillo (Álvarez, 1974). Según este m ismo autor, la psicología de los proce sos crea dores se divide en las siguientes ramas o corrie ntes: 1º- La corriente fenomenológica 2º- La corriente psicomé trica y factorialista 3º- S e asimil a la conduct a intelige nte a la conducta cre adora y se re la ciona inteligenc ia y capacidad creadora. 4º- La corriente psicopedag ógica 5º- La corriente histórica y bio gráfica M.Rosario Carca s Castillo – pag. 82 ____________________________ Por otro lado, las cuatro fases, a efectos didácticos, descubiertas p or Wallas y que pueden aplicarse al proceso creador, son las siguientes: - Fase de la preparac ión - Fase de incubación - Fase de iluminación - Fase de verificación Todas estas etapas se encadenan de un a man era tan inexplicable qu e cuando queremos rea liza r un corte en la mente de un pint or que está cumpliendo su quehacer pictórico, a duras penas encontramos algo que pueda ser p ercibido por el consciente del artista: es la mano del pintor la que q ueda iluminada directamente sin casi pasar por la imagen crea da por el cerebro (Álvarez, 197 4). El ge nio en cualquier rama del arte, nace como un producto único dentr o del árbol genealóg ico en el que todo lo más podemos encontra r a nivel de pa dre o de tío un hombre que pr ofesaba , en un rango mediocre o todo lo más destacado con re specto al prome dio, la misma vocación artística o científica de la personalidad ge nial que estamos consi derando (Álvare z , 1974). Genio y locura: es obvi o que el artista suele lleva r un ritmo de vida qu e diverge del de sus semejantes. El artista es más sensibl e que el resto de los mortales. Más sensible quier e decir más sentimental, más abierto a las vibraciones de su psiqu e, a los cambios de matiz en su estado de ánimo. El artista v ibra ante cosas que dejan indif erente a otras personas (Massó, 2009). Esto se debe a que el acto creador supone también una educación sentimental, como diría Benjamín Constant. Por eso, el artista se nos p resenta como más veleidoso, más impresionable, más apasionado que los demás. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 83 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Su vida afectiva es mu cho más rica qu e la del ho mbre vulgar, aunque é ste , por su parte, tenga arrebatos emocionales que nunca cristalizan en obras de arte. Por eso, cualquier situación frustrante, neurotiz a al artista con más facilidad que al hombre vulgar. Por último, viviendo el arte como situación límite, consideramos que las caracter ísticas del objeto artístico son contradictorias. Por un lado el arte es inquietante, por otro lado es tranquilizante y por otro es fuente de mel an colía. Cuando nosotros contemplamos una obra de arte, o simplemente un hermoso paisaje, nos sentimos, a la larg a, melancólicos. Estas tres características fundamentales d e la ob ra artística, condicionan una cuarta, que es como la moraleja de est e análisis fenomenoló gico del ente estético, el arte es “psi copompo y psicagogo” porque es un aliciente para la autenticidad, para “el ser en sí”, para huir de la dimensiñn del “estar arrojado en las cosas”, promovida por la Sorge , la preocupaci ón (Álvare z, 1974). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 84 ____________________________ II - METODOLOGÍ A Sin preocupac ión, sin sos pechas, Tus ojos se entrega n a lo que ven: Son vistos porque ellos miran. Paul Éluard (1895-1952) El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 85 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ M.Rosario Carca s Castillo – pag. 92 ____________________________ En principio, me hubiese gustado realizarla sobre un pintor español, pero tanto su vida como su obra debían reunir dos cualidades: la primera, que no me llevara a la batalla de dar a conocer y tener que convencer de que dicho pint or había tenido probl emas con el alcohol, por la p osibilid ad de ser rechazada est a verdad, much as veces sil enciada por l a fama. N ormalmente se omite, o en todo caso se niega, la relación con cualquier dependencia cuando el estatus f amiliar, artístico o económico d el artista es alto. Y la s egunda cualidad es que su obra fuera viva, verdadera y rea l, en definitiva, que me apasionara. Comprobé, revisando d ocumentación, cómo en un artist a reconocido, famoso y “nuestro”, quiero decir de nuestro país, era mu y difícil aceptar y sobre todo re conocer, sin marginarlo ni e mpequeñecerlo, su relación con el alcohol. Era mucho más fácil ver reflejado en diferentes publicaciones, l a relación del arte c on la salud mental general y con la psicosis en p articular, que su r elación con nuestra droga n acional, el alcoho l. Diferentes autores y biógrafos no ponen nin gún reparo en aceptar problemas mentales en genios d e la l iter atura, n arrativa, pintu ra, cine (Ortiz y Piqueras, 1995), tanto directores como actrice s o actore s, en general e n todas las ramas d el a rte. Pero se sigue sin hablar a las claras cu ando la relación es de dependencia con el alcohol, incluso ho y día. No encontré estud ios que relacionaran sola mente alcohol y pint ura sin otros consumos. De entre los pintore s e sp añoles nadie ponía en du da la relación del pintor José Gutiérrez S olana (1886-1945) con el alcohol y sin embargo, su obra y o l a vivía oscura y triste y su pint ura feista y tene bros a. Tras comentar con C onstanza Alarcón y con el Doctor Freixa esta situación y p ensando en pintores de los que no se jug ara con la dud a de su dependencia por ser gra nd es maestros, ni su obra fuese trist e de temas o de colorido, es como fui a parar a “m i amig o ” Henri de Toulouse-Lautrec, porque si vivi ese seguramente sería mi amigo, entre otras razones por ser alcohólico. Centramos pues así el campo de estudio. Además, este artista tenía un Museo en Albi donde se recoge mucha de su obra, en el sur de Fran cia, zona vitivinícola como la nuestra y con unas pautas de consumo similares a las nuestras. Por otro lado, tanto los dibujos, ca rteles, como su pintura, siempre me habí an impresionado por su fuerza , colorido y temas tratados. Hoy, la obra de Toulouse -Lautrec me pr oduce admiración, pero también ang ustia y tristez a al pensar en la p ersona. Puede gustar o no, pero a na die deja El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 93 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ indiferente. Personalmente, me desp ertó sentimientos contra dictorios, de trás de una técnica p erfecta, cas i siempre en sus obras se asomaba soledad, amargura y tristeza. Eso que nin gún otro autor me transmitía, hizo ejer c er un efecto imán hacia la persona y hacia su obra y me llevó hac ia él. Así decidí, hace ya mucho ti empo, estudiarlo y analizarlo desde el punt o de vista de una psicóloga . Utiliz ando la formación y la ex periencia acumuladas en el campo de la psi cología clínica y de las drogodependencias, el trabajo en diferentes recursos y c on dist intos tipos de usuarios, inicié esta andadura elaborando lo que sería la tesis do ctoral con el compromiso además, d e hacer justicia con esta persona especial, Henri de T oulouse -Lautrec. 3-A partir de este mom ento, comencé a rec oger t oda la documentación a mi alcance en diferentes revistas especializadas y libros en castellano, tanto en bibliotecas como en librerías, comprando todo lo que encontraba sobre Toulouse- La utrec. Mu cho era de divulgación y sus cuadros se r epetían, encontrando dificultad en loca lizar un catálogo completo de su obra. La le ctura de este primer material, me llevó a c omproba r la carencia de estudios sobre alcohol y Toulouse- Lautrec. Esto fue lo que finalmente dirigió mis pasos hacia esta investigación. 4-Primera visita al Muse o Toulouse-Lautrec en Albi en el verano de 2004. Si nec esitaba ace rcarme a la obra del autor, debía ir donde estaba c oncentrada la mayor parte de su obra conocida. El edificio mante nía la estructura de C asa de los Obispos, con g r andes chimeneas en las Salas, muros mu y anchos, mos aicos originales en el suelo, etc, contrastando la vida de los antiguos moradores con la vida bohemia y libertina, reflejada en los cua dros de muchas de las muj eres de Toulouse-Lautrec. Se había iniciado la rehabilitación del lu gar pero no la d el Museo, g uardando el s abor de mansión antigua. C ompré mis primeras publicaciones en francés: adquirí materiales tanto de tipo biográfico c omo reproducciones de láminas . De c ada documento, libro o publi cación elabora mos una ficha, escrita a mano, con los datos fundamentales, en los que se incluían los datos corre spondientes a l a reseña bibl iográfica, a demás de las anotac iones de M.Rosario Carca s Castillo – pag. 94 ____________________________ valoraciones personales que podrían ser utiliz adas posteriormente. Además, cada una de estas fichas incluía re súmenes comentados de temas diver sos que, más tarde se agruparían e n carpetas monográficas. Los temas tr ab ajados y q ue dan nombre a las carpetas son: 1ª) Ajenjo 2ª) Alcoholismo en su vida 3ª) Alcohol-pintura 4ª) Amistades: Amigos y a migas 5ª) Bebidas a lcohólicas 6ª) Bibliografía 7ª) Cabarets 8ª) Colores 9ª ) Crono-vida 10ª ) Enfermedades 11ª ) Ex posiciones 12ª ) Francia en esa época 13ª ) Frases 14ª ) Historia Familiar 15ª ) I lustra ciones 16ª ) I mpr esionismo 17ª ) I n fluencia en otros 18ª ) I n fluencia de otros 19ª ) Madre 20ª ) Montmartre 21ª ) Mujeres 22ª ) Mundo Privado 23ª ) Museo Albi 24ª) Obra pintada 25ª) Obra gráfica: carteles 26ª) Padre 2ª) Rasgos p er sonalidad 28ª) Pintura, características 29ª) Pintura francesa El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 95 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 30ª) Política en Francia S/ XIX 31ª) Retratos 32ª) Simbología Más tarde pasé todo lo escrito a soporte informático, por ser mucho m á s rápida su re visión. Dado que el trabajo se preveía lar go en e l ti empo y qu e debía compatibilizarlo con múltiples actividades, me vi impelida a buscar tiempos y espacios diversos para continuar con la tarea. P or eso, vacié nu evamente la información en soporte de papel, lo que me per mitía transportar aquella parte en la que estuviese profundizando en ca d a momento y seguir escribiendo. Esta documentación la di spuse en carpetas transparentes, para ca da uno de los temas, que a su vez se reunían en archivadores de colores, verde, amar illo y rojo. En el verde , lo relacionado con su vida, e n el amar illo, lo relacionado con el alcohol y e n el rojo, todo sobre su obra . Siempre quedaba en un apartado diferente la bibliografía c onsultada. 5- Se consideraba impre scindible un acercamiento a otros trabajos d e investigac ión sobre el pintor. Por este mot ivo, a través de la Biblioteca Mar ía Moliner de l a Universidad de Zaragoza, preguntamos y consultamos sobre las tesis relacionadas con Toulouse-Lautrec, tanto en España como en Francia. Encontramos una en la secc ión d e Medicina, en la Biblioteca Universitaria de Montpellier. Ampliamos el campo de búsqueda a tesis de Psicología y So ciología sobre drogas y pintores, así como de pintura y Psiquiatría. Entonces, el Doctor Freixa me habló de una tesina elaborada en Farmacia de la Universidad de Barcelona sobre Santiago Rusiñol y diri gida por el profesor Sánchez Tu ret. La conseguimos buscando y contactando con la autora, farmacéutica en Barcelona (Pascual, 1981 ). 6- Como el r esultado d e las pesquisas no logra ba sa tisfacernos, ya que l as investigac iones se centraban fundamentalmente e n el plano de la psicosis , de l uso de la morfina o de otros aspec tos que no co rrespondían a la relación e ntre el alcohol y l a pintura, ex tendimos, en un momento posterior, la revisión de materiales y tesis de arte recientes, o bi en de un a rtista, o bien de obra comentada, M.Rosario Carca s Castillo – pag. 96 ____________________________ como por ejemplo a quello que hubiera sobre r etratos. Y a travé s de la Biblioteca virtual Miguel de C ervantes, consultamos tesis doctorales con el catálogo po r autores, tesis y unive rsidades. Especialmente interesante nos resultó la tesis, Análisis documental de contenido de la im agen artística: Fundamentos y aplicación a la produ cción retratística de Francisco de Go y a de Agustín Lacruz M. C. de la Universidad de Zaragoza. (A gustín, 2004 ). De dicha autor a tomamos los parámetro s re cogidos en el análisis del significado de la imagen y que se organizan en tres planos : Descripción, Ide nti ficación e Inter pretación , p ara cada una de las obras de Tou louse- La utrec donde explí citamente estuviesen presentes las bebidas alcohólicas de una u otra forma y que se muestran en la se gunda parte de nuestra investigación. 7- Debido a qu e la investigación r ecorrería divers os a spectos de la ob ra y vida de Toulouse-Lautrec se consideró nece sario indagar sobre las enfermedades que He nri Toulouse-Lau trec había suf rido, como la sífilis y la conocida como picnodisostosis por lo qu e, g uiados por Constanza Alarcón y el Doctor Bereng u er acudimos a la Biblioteca del Doctor Laporte del Hospital de San Pablo de Barcelona para c onsul tar documentaciones, al gunas en depósito, y en soporte digital funda mentalmente. 8- Año 2002, d urante un viaje a Colombia, sabía que en el Museo B otero de Bogotá ha bía una obra de Toulouse-Lautrec (“Bebedora de ajenjo de Gr enelle” ) y la conocimos. 9- Para complementar información bibliográfica se adquirieron, a través de diversos portales de int ernet publicac iones difíciles de encontrar, fundamentalmente en francés y alguna en inglés. También se usó la re d para consultas de información y visualización de imág enes de la obra. 10- En el afán por conseguir toda la documentación re lacionad a con el tema, solicitamos la compra de fotocopias de a lguna public ación, cu y o ejemplar único lo guarda y custodia la Biblioteca Nacional de Fr ancia, como por ejemplo lo escrito por Joya nt en 1926. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 97 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 11- Quedaba incompleto, sólo textos e imágene s, pero poco conocíamos de los espac ios por donde nuestro artista se h abía movido en París. En el otoño de 2008, realizamos un viaje a dicha ciudad, donde conocimos las ca sas donde ha bía vivido y tenido los talleres, vis itamos los Museos d‟ Orsay y Louvr e, el Moulin de la Galette y el Moulin Rouge, así como calles y callejuelas de su querido Montmartre. También aprovechamos pa ra buscar y comprar li bros sobr e Toulouse-Lautrec en librerías y merca dil los y también comprar revistas en el Merca do de las Pulgas. 12-En el Museu P icasso de B arcelona visitamos la exposición tempora l sobre I mat ges sec retes, Picasso i l‟e stampa erótica japonesa en 2009 . En ella encontramos referencias a nuestro pintor, sobre grabados eróticos japoneses que habían pertenecido a Toulouse-Lautrec y que conocemos a través de un conjunto de veinte fotografías ins critas en la reserva de la Biblioteca Nacional d e Francia con el epígrafe: Estam pes japonaises erotiques ayant appatenu de Toulouse - La utrec. Dest acan entre ell as, las fotos de dibujos que representan escenas eróticas principalmente entre mujeres y animales, como por ejemplo una versión de la estampa de Hokusai. 13-El Museo Provincial de Zaragoza tiene en dep ósito objetos orientales y abundante do cumentación sobre el arte erótico japonés de la Colección donada por el profesor Federico Torralba. Fue estudiada y analizada a fin de co nocer la influencia ejercida en la pintura de Toulouse-Lautrec. 14-Compramos a través de FNAC Zaragoza, varias de las publicaciones d e la directora del Museo Toulouse-Lautrec de Albi, Daniéle Dev ynck, sobre To ulouse-Lautrec y sobr e el Museo, considerándola, persona experta en todo lo relacionado con nuestro pinto r. 15- Co n toda la documentación posible y las visi tas a los museos, fuimo s seleccionando las obr as de Toulouse-Lautrec a comenta r, en las que estaba presente explícitamente el alcohol, foto grafiando y escaneando tod as las repre sentaciones qu e se n os presentaban con el fin de seleccionar la que fu ese más fiel a la obr a original. Así mismo elaboramos una pequeñ a fich a sobr e título, fecha realización, me didas, propiedad de, localización, catalogaciones e inscripciones si se contemplaba, de cada una de l as obras elegidas. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 98 ____________________________ 16-A continua ción seleccionamos abundante bib liografía sobre alcohol y alcoholismo y sobre Psicología d el Arte. También sobre r ev istas especi alizadas como Adicciones y l a v alenciana Revista Española de Dro godependencias (RED) , Fons Informatiu, Infocop, J ano, British Journal of Addiction, Ps y cholo gie Médica, Revista de Trabajo Social, Drug Alcohol Abuse, Addictive Behaviors, Comuni dad y Drogas, Revue d‟A lcoolisme , Psiquiatría y Psicología Médica, Papeles del Psicólogo, Alcohol, Alcool ou Santé, P sicothema, Alcohol and Alcoholism, Journal of Studies on Alcohol , Alcohol Research and Health, L ‟ alcoolisme, Gace ta Sanitaria, Atenci ón Primaria, J ano, New England Journal of Medicine, Informac ión Psicológica, R evista de Metodolo gía de Ciencias Sociales , Drug and Alcohol-Dependence, Alcohol Clinical and Experimental Research, Journal of Psychiatry & Neuroscience, Ps ychological Bulletin, Journal of Studies on Alcohol, British Medical J ournal, P syc hological Medicine, B ritish J ournal of Psychiatry Neurops y c hol ogia, R evista Española Salud Pública , Medicin a Clínica y Trastornos Adictivos, e ntre otras. 17- Tra s leer, analiz ar y valorar la información recogida, se inicia la reflexión y posterior redacción de la t esis, según el procedimiento posteri ormente descrito. 18-Por último en agosto de este año 2011, visitamos la casa natal de Albi y el Château du Bosc donde se crió nuestro pintor. Así mismo el Chât eau de Malromé, cerca de Burdeos, donde f alleció y su tumba en el cementerio de Verdelais en la Gi ronda f rancesa. D e nuevo visitamos el Museo Toulouse - Lautrec de Albi, aun en rehabilitación, con menos obra ex puesta pero convertido en un museo moderno. 19- A lo lar go de todo el tiempo que ha llevado la redacción de este trabajo, h emos a sistido y disfrutado de Exposici ones bien sobre nue stro p intor, o bien de su época, como por ejemplo sobre los Impresionistas en la Funda ción Mapf re de Mad rid, so bre D egas en el Th yssen-Bornemisza, Carteles en la Fundac ión March (2005), Originales d e Toulouse - Lautrec Ilustrador propiedad de la Residenc ia de Artistas de Jaulí n en Zaragoza (2007), la exposición titulada “Mirar y ser visto ” en l a Fundación Mapfre, de Fotografía sobre P arís del XIX también en la Fundación Mapfre y l a última este diciembre de 2011, sobre Delacroix en Caixa Fórum de Madrid. Así mismo hemos ido reuniendo más El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 99 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ documentación continuamente, aprovechando F erias del Libro en diferentes ciudades españolas, libr erías de viejo y mercadillos y realizado mul titud de fotografía s. 4. - Fue nt es A efectos prácticos presentamos, en una pin celada, los diferentes bloque s estudiados y analizados, por orden cronológico, de dist intos documentos y estudios que nos dan información sobre nuestro pint or, tanto a través de escritos de sus propios amigos contemporáneos, investigaciones poste riores así c omo de las distintas publicaciones de a rte localizadas en el mercado entre otros. Fuentes textua les: Entre ellas mencion amos Obras de referencia, fuentes informativas primarias y fue ntes informativas secundarias. Fuentes de r eferenci a: Aquí englobamos los diccionarios, cr onologías y enciclopedias revisadas. Fuentes de i nform a ción p rimaria s : Serían las mono grafías, publicaciones periódicas, tesis, conferenc ias etc realizadas sobre nuestro autor. De stacamos l a única investigación localizada sobre Toulouse -Lautrec presentada como tesis do ctoral de M edicina por Devoisins P. de 72 pá ginas. Es un estudio clínico donde nos da a conocer al p intor desde un pun to de vista M.Rosario Carca s Castillo – pag. 100 ____________________________ biologista, sus enfermedades, sus anomalías óseas y su muerte, h ablando de forma clara de su dependenci a al alcohol sumada a la sífil is. “Un determinismo psiquiátrico no puede explicarnos el alcoholismo de Toulouse-Lautrec, y sí un determinismo psicológico parece haber provocado, condicionado y favore cido el etilismo de Toulouse-Lautrec” (Devoisins, 1958 ). Igualmente m erecen destacar se las conferencias de Danièle Devynck, directora d el Museo de Albi, como conferenciante inaugural en dif erentes exposiciones sobre parte de la obra de nuestro pintor (Devynk, 2005 ). También entre las Fuentes d e su época, r ecogemos algunas de las monografías escritas p or persona s que fueron amig os del artista o bien compartieron r atos de la vida con él y que nos dan información sobre su experiencia y obras, y de los que entresacamos los sig uientes: .- L a publicación de Maurice Jo y a nt, titulada “M. He nri de Toulouse- La utrec, 1864-1901 ”, por ser su autor, amigo y compaðero de es cuela de Toulouse-Lautrec, y más tarde, incluso fue alb acea testamentario artístico tras la muerte de Henri. Un personaje importante en la vida de Henri. M. J oya nt fue crítico d e arte y di rector de l a Gale ría Boussod et V aladon, desde donde potenció y ay udó a diversos pintores de la époc a pero sin e mbarg o, en la biografía señal ada y la más documentada, no recoge toda la obra d e nuestro pinto r (Jo ya nt, 1926). .- Diferente es el libro de Tadée N atanson, (1992 ), ti tulado “Un Henri de Toulouse-Lautrec” . Fue un im portante col eccionista de pint ura impr esionista, periodista y a la v ez, empresario. Reconoció inmediatamente en Toulouse -La utrec la marca del genio. Lo quería mucho y pa ra él contaba entre los “espíritus más finos” de su generaciñn. Eran unos jñven es „vi va la virgen‟ que l es gustaba quemar sus vidas en los placeres y excesos de todas clases. Esta publicac ión es una descripción casi poética c argada de una profunda admiración, cariño y respeto, e inter cala frecuentemente caricaturas del pintor, con mu y pocos trazos. Minimizando el problema de su amigo nos dice: “ La laminería es el origen de su El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 101 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ alcoholismo”, “El apetito de dibujar o d e pintar no es más que una parte del apetito más general de mirar” .- Renard J. autor de Diario 1887 -1910, muestra cómo a través de la p rosa narra tiva, fundamentalmente de forma fragmentaria en diarios y revistas, fue transcribiendo lo vivido y mu y pronto s e conve rtiría en uno d e los esc ritores más leídos y respetados de su tiempo. Así, buscando la profundidad más transparente y a la vez más sobria, nos ofrece un realismo con unas frases, casi versos, cargadas de imáge nes leves e inte nsas, como un poe ma japoné s. En dos días concretos, 26 de noviembre de 1894 y 19 de febrero de 1895, nos habla exclusivamente de Toulouse-Lautrec en el largo monólogo consigo mismo que es este Diario (Renard, 2009). Como Fuentes de Arte enc ontramos mucho pub licado, pero muchos de esos libros son de divulg ación. Por ejemplo: el de la Editorial Gustavo Gili que, aunque breve, recoge dibujos de los años felices y alude a las amarguras de la vida de Toulouse-Lautrec (Gili, 1971 ). Podemos considerar ta mbién d ivulgación el l ibro de Cogniat (1966 ) incluye ndo, ade más de apuntes y dibujos, las p inturas más conocidas d onde a veces el propio color es un dibujo y res alta la o riginalidad de su propia visión, ajena a los impresionistas consi derados como revolucionarios. Estas informaciones y p ublicaciones se reiteran a lo largo del tiempo en editoriales asequibles al públi co y donde, cada vez más, introducen información sobre su vida, mitos y leyendas que a yudan a conocerlo y a la vez, a estigmatizarlo como per s ona. De ma y or riqueza en cuanto a los come ntarios artísticos, encontramos las publicaciones de Danièle Devynck, ( Dev ync k, 1 990a, 1990b, 1992, 1999, 2001, 2003, 2005, 2011) actualmente directora del Museo de Albi, bien como autora individual o como autora en publicaciones en colectivo. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 108 ____________________________ Agradeciendo la respuesta, y viendo cómo expresa D. Devynck, por principio, su consideración en relación a la alcoholemia de nuestro pintor, declinamos seguir c on el planteamiento inicial de mantener correspondencia. De toda la do cumentación consultada, me gustaría poner un poco en entredicho la v eracidad que recogen algunas de estas r eferencias esc ritas señalando entre ellas, un as veces las anécdotas o curridas en l a vida de Toulouse - La utrec o bien en últ ima instancia solamente las ley endas y que much as veces se han mantenido en e l tiempo. La realidad es que nos encontramos de todo. Alguna s reflexiones acerca de esta realidad podrían ser las siguientes: En primer lugar, Toulou se- Lautrec al fo rmar pa rte de una familia noble, conserva dora y llena de prejuicios es fácil que en ocasiones se enmarañasen y confundiesen las pistas. En se gundo lugar, por se r Toulouse -Lautrec un consum idor de im portantes cantidades de alcohol, bien se niega o se mi nimiza su consumo , bien por ser una sociedad altamente tolerante con esta sustancia , o bien el alcohol apenas se nombra gene r almente en otra clase de documentación, como por ejemplo su amigo Mau rice Jo y a nt, (1926), que pens amos, silencia episodios en l a biografía del pintor. Tampoco se encuentran apenas referencias al consumo de alcohol y los problemas generados en la correspondencia recogida y publicada. Y e n tercer lugar, aunque nos sep are solamente unos 110 años d e su muerte, ha llega do h asta nosotros como pintor genial y magnífico cartelista. Estas tres ca r acterísticas hacen a veces difícil distinguir lo verd adero y lo falso. Con mucha frecuencia, son las mentiras y sobre todo las m ás bellas, las que forman la le y enda y la historia de las personas, y lo lamentable much as veces es que ade más la forjan mal. El valor del testimonio, a veces, es tan dudoso como una moneda gastada, nos gusta saber, nos gusta conocer lo más posibl e de una persona famosa, de un El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 109 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ pintor, de un artista, y el escritor sa be que una vi da, aunque e sté cuidados amente escrita, sólo constituye una ayuda limitada para el conocimiento de la vida y de la obra, la vida de los demás se nos aparece a nte nue stros ojos como l lena de mag ia, casi irr eal, sin rec oger apenas los vaivenes y sufrimientos de dicha vida, porque escribir también e s un arte. Recog iendo lo que nos indica Jean Bouret (1968), “el a rte de la bio grafía es un arte burgués, sólo la clase burguesa siente curios idad por la vida íntima de los artistas, de los po etas, que intu y e diferente a la su y a. La vida de Van Go gh, más que su arte, es lo que hiz o ganarse la simpatía de las ma yor ías entre s u muerte y su entrada e n la gloria. Ex iste un cierto mas oquismo del triu nfador hacia el fracasado y del rico hacia el pobre. Junto a la burguesía, también a la c lase popular le gustan esas novelas vividas, esas im ágenes fantaseadas. La a ristocracia, en cambio, no siente por lo común sino desdén por esas ficciones. ¿Quié n tiene razñn?” De cualquier mane ra sabemos que cuando salen estas biografías, en todos los tiempos, aumenta el número de p ersonas que visitan los museos y aunque solo sea por e sta razñn…bienvenidas sean. En el caso que nos ocupa, el de Toulouse -Lautrec, relativamente cercano en el tiempo, se han podido mane jar documentos recientes, fotografías, películas, cartas, pero sin embarg o ¿qué conocemos verdaderamente de su vida íntima? El padre y su tío Charles llegaron a quemar muc has de las tela s pintadas, también a romper sus cartas. Por parte de sus a migos más íntimos, es e scasa la corre spondencia recogida y publicada que mantuvieron con He nri, como por ejemplo J oy ant, y l as pocas referencias ha cia su estilo de beber y más tarde hacia su a lcoholismo. Puede se r por olv ido consciente, ocultación con vergüenza o bien por interés personal, pues fue incluso su albacea , tras la muerte de nuestro artista. En la corresponde n cia, si se habla de alcohol, quizá por verg üenza se niega el alcoholismo. En general, n o se acepta que u na persona rica, de abolengo, d e familia influy ente, conocido e inteligente sea un enfermo a lcohólico. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 110 ____________________________ Sin embargo, puede emb orracharse, marearse, no sabe r beber, senta rle mal algo que ha tomado, pero no ser un alcohólico. Nos preguntamos, ¿es diferente ho y? En Toulouse -Lautrec, se minimiza al máximo su consumo o bien se nieg a, se le conside ra gracioso en el g rupo de compañeros, hasta que los h echos se hacen y a inn egables, cuando ap arecen las crisis muchas de ellas agudas, pero aun así se achacan a cualquier problema orgánico ex clusivamente. C omo les pasa a todos los alcohólicos, los amigos desapa recen y que dan los “amigos” de beber. No digamos del pr oceso de la sífilis, tema que la madre de Henri no aceptaría nun ca, enfermedad conside rada mal dita en es a épo ca y q ue ho y podríamos equiparar con el SI DA. Reley endo la obra de su amigo Maurice Joyant nos lleva a plantearnos la cantidad de nubes que sobrevuelan la vida y la m uerte de este genio de la pintura que fue Henri de Toulouse- Lautrec pues siendo un amigo c ercano, nos pare ce observar que oculta e pisodios, sobre todo lo relativo a la última etapa d e la vida y el alcohol (Joya nt, 1926). Jo y ant nos dice: “La vid a de Toulouse - Lautrec es una d e las m ás simples , sin circ unstancias ni episodi os sensacionales. S e desarrollará de forma lógica, dolorosa desde el principio, dolorosa siempre ha sta el final, con sobresal tos con los que olvidar y disf razar las amarguras”, pero nada más. Mi planteamiento es de alg una manera, ponerle voz escrita a sus sentimientos, a su sufrimiento, a su independencia, a su li bertad, a su verdad , valorado pero o culto, reconoc ido pe ro escondido y donde su posición socioeconómica y parte de su obra, fundamentalmente los carteles, enmascara n la vida de un a persona genial, independiente, única, y alcohólica, a pesar y precisame nte de su estilo de vida, que no por el ambiente en que había nacido. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 111 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Por otro lado, a lgunas personas consideran que para intentar aproximarnos al personaje elegido, el mejor ca mino pasa por uno mismo y en el caso de Toulouse-Lautrec e l problema no deja de ser curioso. Uno puede identificars e con la m anera de c oncebir la vida, con su desprec io d e los acontecimientos y costumbres fami liares, con su dureza d e jui cio, con su lucha ante las dificultades, con su actitud ante la vi da, con sus dific ultades y problemas, pero hallar en uno mismo los caminos es otra cosa. Consideramos que no es necesario s er un a persona con Síndrome de Depende ncia Alc ohólica (SDA) p ara comprender , empatizar y entender a estos pacientes, los qu e suf ren l a dep endencia del alcohol; igualmente no es ne cesario ser pa ciente alcohólico para s er un profesional comprometido y especiali sta en drogodependencias. Eso es otra cosa. 6.2 Distribución En relación a nuestra i nvestigación, la hemos organizado en gra ndes apartados o bloques, intentando conciliar los tres sistemas, que son: 1º) Bloque teórico: com prende los aspectos relac ionados con el alcohol y el alcoholismo, con la P sicología d el Arte y en tercer lu gar lo relacionado con la metodología que se seguirá en la investi gación 2º) El concerniente a la b iografía del pintor, en el que se estudian de forma minuciosa, los hito s de su trayectoria vital, que representan c ambios de primer orden para comprender su evolución persona l y pictórica. El mismo comienza desde su fecha de nacimiento en 1864, incluye ndo su infancia y a dolesc encia, su periodo de formación, re laciones, amigos, salidas, consumos etc hasta su incursión, por otro lado, difícil de catalogar en ningún grupo artístico concreto. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 112 ____________________________ 3º) El relativo al artista y su obra , analizando los diferentes lenguajes estéticos que afec t an a su forma de expresión. También se analiza las te máticas que aborda , con especial desarrollo la visión del al cohol en su obra. El cómputo total de la obra pintada de Toulouse - Lautrec, según Jo y a nt, es de cerca de cuatrocientas litografías y carteles, miles de croquis, de dibujos y algunos centenares de pi nturas, como resultado d e un tra bajo intenso en mu y po co tiempo (Jo y ant, 1926 ). De toda ella, parte de la obra está destruida, y de lo que h a lle gado a nosotros, exclusivamente extraemos una muestra de 41 obras. En ellas e l autor ha repre sentado explícitamente el alcohol, ad emás de personajes o ami gos que le rodeaba n, y nosotros consideramos la presencia de la bebida alcohólica como único criterio a la hora de seleccionarlas para su posterior comentario. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 113 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ M.Rosario Carca s Castillo – pag. 114 ____________________________ III. - LA FAMILIA DEL PINT OR “Hay otros mundos, per o están en éste.” Paul Éluard (1895-1952) El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 115 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1. - La familia del pintor como un árbol En este aparta do, re cogemos las ramas más cercanas del árbol genealógico de las dos familias de ori gen de Hen ri de Toulouse -Lautrec y Monfa recogidos e n Gallimart, 1992. (P áginas sigu ientes) Árbol genealógico de los Toulouse-Lau trec y Séré de Riviéres Château du Bosc. Figura 10 Árbol genealógico de los Tapié de Céleyran y D’Imbe rt du Bosc. Château du Bosc. Figura 11 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 116 ____________________________ El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 117 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ M.Rosario Carca s Castillo – pag. 124 ____________________________ Tíos Maternos: Amédée- Marc T apié de Céleyran (1844-1925 ), casado con Alix -Blanche Toulouse-Lautrec-Monfa. Tuvieron 14 hijos, de ellos, tres minusváli dos de nacimiento y un enano (Denvir, 1991 ). Fot ografía d el Château de Malrom é. Agosto 2011. Figura 16 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 125 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 2. - Gen ealogía del pintor 2.1.- Anteced entes de los Toulo use -La ut rec: Es ve rdad que la hist oria de estas familias frec uentemente se adornaba d e hazañas mili tares, heroicidades etc, pero también es verdad que los Toulouse - La utrec podían enorgullecerse de raíces de prestigio. Escudo de los Toulouse-Lautrec. Château du Bosc. Agosto 2011. Figura 17 Sñlo al cabo de muchos siglos se ha descubierto que no fueron “cuarenta reyes los que en mil að os hicieron a Francia”, como proclamaba el periñdico monárquico Action Française, sino qu e fu eron cuarenta familias apenas, las qu e M.Rosario Carca s Castillo – pag. 126 ____________________________ luchando a menudo contra el rey y contra el destino, instauraron, a pesar d e todo, una civilización en el territorio que se repartían. Entre es as cuarenta familias había una llamada a ocupar un puesto privilegiado, la d e los C ondes de Toulouse-Lautrec, que del Atlán tico al Mediterráneo, de los P irineos al Macizo Central, reinaron en Languedoc hasta el siglo XIV. De una r ama secundaria, de una de l as más antiguas y más p ujantes familias de Francia, la d inastía d e los condes de Toulouse, había reinado en la s regiones del La nguedoc, Rouergue y de la Prove nza. Durante generaciones, esta línea produjo “jefes feudales familiares” cu y a fuerza física, energía moral, audacia y ambición eran legendarias. Los Toulouse-Lautrec descienden de los condes de Toulouse que introducidos en el torbellino de las Cruzadas, se habían distinguido por su coraje y su ferocidad al servicio de la Verdadera Fe contr a las herejías de los albigenses o Cátaros. La importancia de los condes de Toulouse no es sólo de ord en políti co o milita r; es sobre todo de orden moral e intelectual. En aquellos tiempos de feudalismo, la p ersonalidad del s eñor era la úni ca fu erza capaz de conseguir la adhesión real de sus hombres. Y como los condes de Toulouse poseían el b rillo de los g randes capitane s y l a cultura de los amantes de lo bello, podían engrandec er su feudo e incluso esperar que un día sus territorios formar an un reino. Durante c inco siglos serán c onquistadores de t ierras, y si bien Ra ymond IV, consagra do por enter o a las cruzadas y muerto en 1105, de scuida la administración de su inmenso reino y es ex comulgado por casarse con una prima hermana, sin embargo, p or la necesidad d e mantener las pos esiones y las ti erras se darán desórdenes; Ra y m ond V al casarse con C onstance de France, hija de Luis VI apodado El Gordo, p arece entrar en la Francia de los Capetos, calzado, con casco y con un rico tesoro en su silla de montar. Durante esos años Toulouse se convertiría en una capital tan brillante como P arís, llena de edificios suntuosos. Tuvo dos hijos: Ra y mon d V I y Ba udouin de Toulouse (J oyant, 1926). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 127 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Con R ay mond V I (1156 -1222) y apodado el Viejo, que se c asó cinc o veces, la cuarta con Jeanne de I nglaterra, hija de Henri II Plantagenet y cuñada del rey de Inglaterra, Rica rdo Corazón de León; (después se casó con Eléon ora de Aquitania, hij a de Alfonso II , rey de A ragón), l a aventura entra de lleno en la familia de los Toulouse siendo una de las figuras más celebres de los albigenses. Excomulgado dos veces por la Santa Sede, Ra y m ond V I de Toulouse, luchará y co gerá p risionero a su propio hermano Beaudoin ( Balduino), que era partidario de la corona y de Simón de Monfort haciéndole ahorcar en 1214 cuando las guerras cátaras. Cu ando muere la s angre vuelv e a correr de nuevo. Ahora bien, 18 años antes de su muer t e, Beaudoin de Toulouse, jefe de la rama segundogénita, se había casado con Alix , vizcondesa de Lautrec y he redera de los señ oríos d e Monfa, últ ima descendiente de este señorío de T arn. E l apellido se hace usual, incluso se tripl ica con el de Monfa, otra f amilia aliada, de donde viene e l verdadero nombre de familia del pintor: Henri de Toulouse -L autrec-Monfa (Bouret, 1968 ). En Albi, localidad que da nombre al movimiento relig ioso combatid o por la fuerza por la Ig l esia C atólica donde el recuerdo de la Guerra Santa o cruzada contra los c átaros o albigenses permanecía vivo (aunque de he cho fue un c onflicto armado que tuvo lugar e ntre los años 1209 y 1244) se constru yó la espectacular catedral Santa Catherina, desde 1282 a 1480, con gruesos muros de ladrillo s ro jos y mur allas sim ilares a la s de una fortaleza pa ra el c aso qu e la población se viese tentada en r evelarse de nuevo, teniend o un a specto de verdadero castillo (Dalmau, 2002). La ram a Toulouse- Lautrec-Monfa es l a única qu e pervivió d espués que el conde de Toulouse, Ra ymond VII fu era condenado por el papa I nocenci o III en 1229, como hereje albigense. Raymond VII, el J oven, vuelve a ocupar Toulo use, pero todo el pueblo está cansado y cuando su única hija, J eanne, s e ca s a con el h ermano ma yor de s an Luis, el príncipe Alphon se de Francia, e n 1271, una parte mu y importante de los M.Rosario Carca s Castillo – pag. 128 ____________________________ bienes ac umulados por los Toulouse, el Condado de Toulouse, a lo lar go de 400 años, pasaron a la c orona de Francia (J o y ant, 1926 ). A partir de entonces, los descendientes estarán siempre al servicio de l a corona y pasarán su ex istencia como gentes independientes, en sus tierras, entre los caballos, los perros y los halcones. La r eligión, como todas las guerras santas, sirvió sobre todo para una lucha por el control político y económico de la re gión. Así la familia de Toulouse fue excomulgada diez veces por el papa. El catarismo amenazaba la he gemonía del papa en el S/ XII. La guerra civil y relig iosa asola y d espuebla los dominios del conde de Toulouse y l e obligan, en otros momentos p oderosos, a hacer juramento de fidelidad y a pagar un tri buto al rey de Francia. El noble estatuto de independencia de la familia est aba aniquil ado y sus te rritorios, la vasta y extensa provin cia del La nguedoc, pasarán, como hemos indicado, a Francia. Guerreros y sensuales, así era n los Toulouse - Lautrec, y también se nsibles a una cierta forma de grandeza, con carácter y te rriblemente ape gados a su tierra natal, las cróni cas hablan de Odet d e Foiz, muerto en el sitio de Nápoles en 1527 después de h aber estado a punto de perecer en Rabean, del libertinaje de P ierre - Joseph de Toulouse -Lautrec, y de los excesos am orosos de Ade laida de Toulouse, vizcondesa de Carcassonne y dama de Burlats (Joy a nt, 1926). Aunque a veces los Toulouse -Lautrec habían servido a la corte d el re y , parecen tener preferencia por el L anguedoc para incrementar el pa trimonio y construirse una reputac ió n legendaria de valientes cazadores (Dalmau, 2002). Durante generaciones acumularon trofeos de caz a, que de coraban los muros de la mansión o casa s eñorial en Albi, compartido con la equitación y el cultivo de las artes c omo pasatiempo familiar. Ejemplares devotos, no sólo los Toulouse-L autrec disponían de una iglesi a y un cap ellán privado, sino que podían permitirse invitar a los obispos para venir a El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 129 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ oficiar las ceremonias fami liares, o bien invitar a los arzobispos a comer, a fin de sermonear a sus hijos sobre su comporta miento, como hacían los abuelos de Henri. Igualmente los Toulouse-La utrec abominaban la República y como bueno s legitimistas, esper aban q ue Hen ri, conde de Cah mbord, último descendiente de Luis XI X acabara por subir al trono de Francia. Enfrentados con la evolución igualitaria de una Tercera República, s e refugian en un mundo d e fant asía, mar cado por un indi vidualismo exacerbado, cultivan su particularidad y distinción desafiando el conformismo general y utilizando su fortuna en erig ir ciudadelas, p alacios o casa señoriales con torres redondas o cuadradas donde podían r esguardar su sensibilidad destrozada, y dedicarse a la cría y caza de animales en sus extensos dominios. Segur os de sí mismos, a rrogantes y orgullosos hasta la megalomanía, a l a vez, tenía n que hacer notar su desprecio por las normas y las virtudes burg u esas, donde veían en ellas una afre nta a la cultura francesa , la nega ción de los valores tradicionales y el símbolo de su impotencia. No eran bur gueses e ran aristócr atas, no lo olvidemos. En el X IX, se realizó una nueva alianza, consanguínea otra vez, al casarse en 1863 el conde Alphonse de Toulouse- La utrec y Monfa con su p rima carnal, l a vizcondesa Adèle Zoé Tapié de Céle yra n. Pero el título de ella era much o meno s antiguo que el de los La utrec (Jo y ant, 1926) 2.2.- Anteced entes de los Tapié En este cuadro histórico, la madre de Henri, Adèl e Zoé Tapié de Céle y r an (1841-1930) era relativamente una figura advenediza. Provenía de buena familia burguesa, d‟ Azil le en Minervois (Aude) cerca de Carcassonne, un a familia que proporcionó a la monarquía, ma gistrados, consejeros, tesoreros, y h asta canónigos muy letra dos. Se tiene no ticias de ellos desde el S/ XIII. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 130 ____________________________ En el XVII , la familia se estableció e n Narbonne, empezaron a menud ear los matrimonios entre miembros de la familia y el vínculo con la aristocracia no se establecerá h asta 1798, con la adopc ión de Esprit -Jean-Toussaint Tapié por su primo Jacques Men gau, a la moda de Bretagne, seg undo seño r de Céleyran, ce rc a de Narbonne, cons ejero de la corte soberana de los Condes de Montpe llier, y heredero del título y de las tierras. Añadieron a su considerable fortuna un título, un castil lo y unas 1500 hectáreas de v iñedo de C éleyra n y d e Riccardel ( Vigué, 2007 ). Ambas familias, los Toulouse- Lautrec y los Céleyra n estab an emparentadas desde el XV III . Los Condes de Toulouse- Lautrec habían proporcionado los títul os de nobleza, pero era la fam ilia de Adèle, los Imber t du Bosc (título mucho menos antiguo que los L autr ec) quienes habían acumulado la ma y or parte de las riquezas permitiendo a los padr es de Henri ll evar el estilo de vida al que estaban habituados. Aunque de rango m enos elevado que los Toulou se-Lautrec (los I mbert n o eran barones), la familia era respeta da y cono cida, formada por hábiles hombres de negocios que compraban con perspicacia tierras y viñedos, mansiones y palacios. En el curso de las sigui entes generaciones, este patrimon io fue divi dido pero no por e so fue menos considerable. Cuando el abuelo de Adèle, Esprit J .J. Marc Toussaint Tapie de Celé y ran , murió en 1847, dejaba 8 domi nios, como el de Céleyran con sus 3500 acres d e tierra arada y de viñedos, con la espléndida villa Cesar, un verdadero palacio donde la mad re d e Adèl e, L ouisse Tapié de Céle yran, viviría a diez kilómetros del Mediterráneo. En la Bibliotec a del Bosc, hoy se encuentran dos retratos de 1801, de los bisabuelos de Henri por vía materna. La bisabuela era crioll a. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 131 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Bisabuela mater na. Biblioteca Château du Bosc. Agosto 2011. Figura 18 Esprit J. J. Marc Toussaint Tapie de Celéyran Bisabuelo mater no. Biblioteca Château du Bosc. Agosto 2011. Figura 19 En este tipo de familias del mi smo modo que se reunían la s tierras, se unían los apellidos. No fueron años ideales para hacerse aristócrata, pero los Tapié -Céley r an salieron indemne s de la tormenta post -revolucionaria y se felicitaron al ver su fortuna y la d e los Toulouse -Lautrec-Monfa unirse gracias al matrimoni o de la M.Rosario Carca s Castillo – pag. 132 ____________________________ biznieta de Esprit-Jean-Jacques- Toussaint y d el conde Alphonse Charles el 5 de mayo de 1863. La aristoc racia se encont raba en una situa ción rara en la Francia d el XIX: había conservado su rol de primera línea en la armada y muchos de sus miembro s habían tenido éxito en los negocios o en la industria (Weber, 1989). Mientras, su d eclive qu e había comenzado con Luis X IV, h abía s eguido con los cambios polí ticos y económicos que había n marc ado la evolución d el país hacia la democracia y la industrialización (Jo y ant, 1926 ). La s grandes familias, como los Toulouse -La utrec, tr adicionalistas y regionalistas, tenían un mundo aparte, vivían en una burbuja, y viví an con enfado el valor de los títul os de nobleza, diluidos con el Primero y Se gundo I mperio y a la vez veían multiplicarse los “noble zas inferiores”. En la edad adulta, Henri podía esperar heredar al gunas de estas propiedades, particularm ente el palac io del Bosc, sin contar su título de conde que le venía de su pa dre. A lo larg o de su in fancia, conscient e o no, su famili a le preparará par a asumir esta herencia en la apacible vida rural en la que se des envolvían qu e contrastaba con las explosiones épicas y militares de sus antepasados. Se da a entender con f recue ncia, más o menos sinceramente, que esta ascende ncia noble confiere a Toulouse -Lautrec una clase de distinción hereditaria que no sería a jena en sus hazañas de vida. Está lejos de ser así. Es una forma más de trivializ ar y normalizar sus proezas con la be bida, sobre todo en las ocasiones que se le reconocía en los bares y bailes de Montmartre, o bien lo uti lizaba él pa ra aprovec harse del r espeto que podían generar sus dist inguidos apellidos cu ando se encontraba en a puros, tras días y noches de be bida c onti nuada. De cualquier manera, este Toulouse-Lautrec era diferente. Henri, por otro lado, a lo largo de su vida, se beneficia de un desarrollo cultural y social privile giado en su época y en su clase , que le vien e dado por su El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 133 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ familia y que det ermina de alguna manera sus reacciones y su comporta miento , forja su sensibilidad y e xplica al menos en parte, su posición ante la vida y en el arte como mecanismos aprendidos. En paralelo y en relación a las dolencias, en casa de los L autrec, había siempre alguna enfermedad y la ma y or p arte del tiempo no se con o cía el tratamiento del mal, conviviendo (como se observa en diferentes fotografías de la familia) en la familia extensa, va rios fa mi liares afec tos de diferentes minusvalías o bien pudieron ser afecciones congé nit as y a la vez se sucedían múltiples abortos, quizá como otra consec uencia de la consanguinidad. Fot ografía d e Toulouse-Lautrec c on su madre , abuelas , tía Alix-Blan che, t ía Cécile Pascal, pr imo Louis Pascal y d emás fam ilia. Figura 20 La consanguinidad perpetuada a través de siglos, un día u otro h abía d e ponerse de manifiesto, como suce de en algunas de las familias reales, y a se tra te de los Borbones o del zar ruso. En la aristocracia o nobleza, el nombre individual con el que se conoc e a la familia, encarna ba la parte inmortal e imperecedera del i ndividuo, la que no cambiaba y se utilizaba de generación en generación. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 140 ____________________________ De la correspondencia que nos ha dejado Henri y que recoge práctica mente toda su vida, (la primera carta de la que tenemos constancia, Henri tenía 6 años y la últim a unas semana s antes de morir), 190 son dirigidas a su madre, mientras que a su padre tenemos referencia y conocemos solamente tres cartas. Desconocemos si no hubo más cartas, se perdieron o fueron censurdas (Gallimard, 1992 ). La condesa, que Henri llamaba „ma má‟ delante de ella y Adèle detrás, necesitaba pensar que era el sostén mor al y material de su hijo, y que Henri no mentía, como muestran las cartas que él le diri ge en 1897: “Tengo muchas ganas de veros en París, pues las noche s están va cías para los viejos muchachos” (Gallimard, 1992 ). Una confesión por carta, que es también en parte un disimulo, un disfraz, sobre todo conociendo cómo vivía su t iempo Henri con sus amig os, que por entonces tenía 33 años. En realidad la r elación con su madre fue para Henri un conflicto que no podría r esolver jamás. „T engo dos vidas‟ confi aba a un amigo. Su „sa nta madre‟, como a él l e gustaba llamar en su ausencia, no sabía sin duda nada de esta „ otra vida‟. La s cartas que e lla recibía de su hijo no hablaban más que de e cos de sociedad, de h erencias, d e acontecimientos deportivos, de caballos, de vin os y de coches (Gallimard, 1992 ). Por otro lado, la madre, en 1884, (a ño a partir del cual Henri no vivirá más con su madre, compartiendo el mismo espacio) somatizará pr oblemas psicológicos, reflejando los problemas de re lación que tenía con s u hijo. Diag nosticada como tr astorno nervioso, tenía neura l gias, fatiga ne rviosa, insomnio y trastornos dige stivos. Siempre tomaba el rol de mártir resignada, y se esforzaba e n busc arle excusas a Henri, disculpándole en todo, ante cualquie r pretexto fuera ligero o grave (Frey, 1996 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 141 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ A la vez, Henri de Toulouse- Lautrec no retra tó a nadie tantas veces como a su madre. En todos esos retratos, la madre tiene los ojos bajos aunque pose de frente, con la cara mu y triste , como resig n ada. Es muy raro encontrar un artista que hay a pintado tantos cuadros a su madre como Toulouse-Lautrec. Sin embarg o, la madre d el a rtista no comp rendió en absoluto la obra d e su hijo, pero tampoco puso ningún obstáculo voluntario para su d esar rollo. Estaba convencida de que la pintura sim plificó a su hij o el peso de su desgrac ia, y de su sufrimiento. Pero igualmente, como su hijo ha cia e lla, Adèle también p resentaba un estado de dependenc ia total en relación a él. A pesar de los aires de már ti r, tormento y sufrimi ento que ella se daba cada vez que hablaba de Henri, toda su ex istencia giró alrededor d e este hijo imprevisible, y no olvidemos, discapacitado físicamente (Gallimard, 1992 ). Sin darse cu enta, fu e su hij o quien le dio contenido a su vid a, fue su ra z ón de vivir, mientras Henri vivió y d es pués de fallecido, luchando contra la muerte a través del recuerdo pe rpetuado en el Museo de Albi. Ese rasgo de entrega máx ima y protección extrema ante un hijo con esa s caracter ísticas, es frecuente en p erfiles de madres de hij os discapacitados, anulando en muchos cas os los esfuerzos para conseguir una mínima autonomía por parte de los hijos. De todas formas, el espíritu de sacrificio que tienen las madres de estos niðos “distintos”, es inaudito. En este caso, aunque guardaron las for mas, no cabe dud a que ambos tuvieron que aprender y aceptar del otro, a veces con mi edo, tanto el permitirle volar con autonomía, c omo la asimilación de que era un hombre adulto. Al fina l de los años, Tou louse -Lautrec y su madre habían desarrollado un a relación de amor y d e odio en el seno de la c ual cada uno se e sforzaba en dominar al otro. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 142 ____________________________ En 1898, alarmada por los problemas de su hijo, Adèle d ecide reinstalarse en París, volvi endo a vivir ahí y esforzarse en soportar las ex c entricidades de su hijo, intentando controlar las escenas y episodios de bebida. Hasta el 3 de enero de 1899 (fe ch a en la que Adèle se va d e París inesperadamente, sin de cirle nada a su hijo, provocando una crisis nerviosa e n Toulouse-Lautrec, sint iéndose totalmente abandonado sin cariño ni apo yo en un mundo ex terno y a jeno, hostil y agresivo) estas relaciones, de tira y afloja, de luchas constantes habían sido “enmascaradas”, disi muladas por un ba rniz de cortesía, de “ gente bien” y de distancia, con buena educación. Entonces, el hijo tenía 35 años (dos años antes de su fallecimiento) y l a madre 58 años. Pero en este episodio nos detendremos más adelante . Adèle vivió hasta 1930, sobreviviendo al hijo e n 29 años y consagrando con abnegación el resto de su vida a proteger la obra de su hijo, amparando, patrocinando e inc rementando su renombre, y funda mentalmente viviendo de l recuerdo de su hijo. 3.2.- Padre La ram a de los Toulouse -Lautrec tení a la fama y la gloria de hacer excentricidades, eran a la vez belic osos y sensuales sibar itas, también sensibles a cierta forma de magnanimidad, y desm esuradamente apegados a su suelo natal. Entendían que los c astillos fortificados, las ti erras y los viñedos eran de verdad realidade s tangibles y h acían todo lo posi ble por conse rvarlos y po r conquistar otros (Dalmau, 2002). Alphonse here dó de sus antepasados, el or gullo de su nombre, de su linaje y de su san gre, considerando a sus con ciudadanos como gente sin importancia, dejándose llevar solame nte por su antojo, po r su capricho y por su fantasía, que desde lue go er a mu y grande. Cazaba a caballo pero también dibujaba, pi ntaba y en ocasiones esculpía. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 143 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Fot ografía d el padre, conde Alphonse-Charles-Marie de Toulouse-Lautrec, como halconero e n traje típico escocés. Figura 23 No se siente inclinado por la política, a pesar de que lo invi tan a ello, pues detesta tanto a los personajes franceses del Segundo I mperio como a los revolucionarios del 69, tanto a los republicanos como a los orleanistas ( Joy ant 1926 ). Es contrario a todo lo que ostenta el poder y la autoridad, no respetando ni considerando nada que sea ajeno a él. Con un físico fuerte y r esistente, poseía una esp esa barba ne gra y un a nariz ag uileña como su pa dre. Sus g r andes ojos castaños brillaban de inteligencia pero su mirada encantadora y z alamera, al parecer r evelaba una debilidad p rofunda, contradiciendo el modelo de héroe coraje que quería encarnar (Bouret, 1968 ). “Alf” como le llamaba su esposa Adèle, era en realidad un ser seductor, obstinado y despótico, caprichoso, totalmente indisciplinado, insumiso y rebelde, incapaz de hacer pl anes para el futuro o bien pro y ectos qu e alguna vez soñara desarrollar. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 144 ____________________________ Desprecia todo lo que tiene relación con lo plebe yo, no pasa mucho tiempo en el mismo lugar, se deja dominar por cap richos momentáneos y hace de la noche el día y del invierno el verano, con sus extravagancias. Un monárquico excéntrico y ultraconservador, el Conde dedicaba buena parte de su tiempo a la ca za, la cetrería y las ca r reras. Parece que tenía una pasión devoradora por la caza a caballo. L as cartas a su joven esposa poco después de su viaje de novios ocup an s eis páginas de descripción mi nuciosa de sus c aballos, sus perros y los anima les que había matado: “Odñn guardaba 10 perros co rredores para e l corzo y m e cedió 15 para el jabalí” (Denvir , 1991 ). Fot ografía d el padre, conde Alphonse-Charles-Marie de Toulouse-Lautrec Figura 24 Casi inmediatamente al nacimiento de su hijo Henri, Alphonse deja Albi, por un pabellón de caza que alquiló en L our y, en el valle del Loire. No irí a a casa para Navidad, pero sin embargo envió un jamón de jabalí. La caza representaba, El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 145 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ para él, más que un deporte, era un amor ferviente y entusiasta el que le tenía a los animales. Después de varios meses de aus encia anuncia a los suy os el deseo d e residir durante todo el año en su pa bellón de L our y. Eso suponía no asumir ninguna responsabilidad, ni como esposo ni como padre . Se decía que “de spu és d e haber llev ado a su joven esposa a Niza de viaj e de novios, él había, lisa y llanamente, desapa recido. Convencida qu e había muerto, Adèle regre sa a casa de su madre” (Denv ir, 1991 ). Lo que le gustaba a Alp honse era recorrer Francia de cacería en cacería, según las amistades fa mi li ares y las invitac iones que recibía. Fot ografía d e construcción sólo p ara los canes. Château du Bosc. Agosto 2011. Figura 25 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 146 ____________________________ Pero lo que más le g usta ba por enc im a de todo era asombrar a los de más. Sus viajes al extranjero repercutían en la manera de vestirse y d e sus variados trajes, amante del disf raz y del exhibicion ismo y en su forma de comer, preparando personalmente platos raros de una manera especial y al aire libre, que luego no se comía. Otra de sus manías era r odearse d e especies de animales raras o exóticas que trataba y cuidaba como si fuesen animales domésti cos: halcones, águilas, búhos y ga vilanes ( Frey, 1996). Todas la manías de las f amilias rancias se reunían en este p ersonaje que n o se daba cuenta que el ti empo había pasado y que vivía a finales del siglo diecinueve y principios del veinte c omo si fuese plena Edad Media. Otro de sus pasa tiempos era el disfraz. Tenía un conjunto de disfraces con los que le g ustaba fotografiarse y otras veces pas earse por Albi y alr ededores, de turco, con un casco cir casiano, de cruzado, con falda escocesa etc. se gún vemos en diferentes fotografías. Otro día, se disf razó en los bosques de Bolonia, cubierto con un extraño casco medio mong ol c on una cresta de tela roja. Era un apasionado halconero qu e le gustaba e n verano, recorrer las calles de Albi, sin ca misa y en el p uño u n halcón al que nutrí a de trozos de c arne cruda y que decía no bebía más q ue agua bendita. Otra vez, pasó v arias semanas en una tie nda de ca mpaña plantada debajo de la escalera monum ental de la catedral de Albi. Esas eran, entre o tras, sus rare zas (Fre y, 1996). Mantiene la tradición fami liar hasta en los más pequeños detalles y en las horas en qu e se aburre se dedica a dibujar y modelar perros y caballos que tiene próximos, en su propia casa. Hasta su matrimonio, a los 25 años, Alphonse había sido ofi cial d e caballería, en el cuerpo de lanceros, g r aduándose en la Academia Mili tar de Saint - Cyr en el año 1860. Pero su inconformismo le hizo ver rápidamente la vida militar como insoportable (Joyant, 1926 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 147 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Llevaba una vida mu y o ciosa, consagrando ca si todos sus deseos a montar a caballo, asistir a carreras o pasar los fines de semana en París. Más tarde, cuando vivió en París era un fanático del vodevil, de los cafés cantantes y de los prostíbulos. Su im age n reflejaba su inconformismo de una forma que rozaba la h isteria, entre los fastos cumplidos de su linaje, los halagos amables de su cortesía y la realidad de una familia “cerrada” y reducida a la impotencia políti ca. De aquí la ocurre ncia que se cuenta de su hijo: “Papá se de se spera por hacerse notar”. Adèle y Alphonse se co nocían desde pequeños, pero su matrimonio fue, por lo que se ve, un mal casamiento. L a familia dec ía de Adèle que era un „á ngel‟ y de Alphonse qu e tenía un carácter „impe tuoso‟, violento, pero con una gran inteligenc ia (J oyant, 1926 ). La re alidad seguramente, era mucho más comple ja, pero nos basamos e n lo que de ellos nos ha llega do escrito. Cada uno de ellos, padre y madre, esperaba del otro que ju gara un rol diferente y esta profund a ambivalenc ia ejerció so bre He n ri una influencia mucho mayo r. En una carta dirigida a su madre desde París, carta nº 100, en o ctubre 1884, alude por primera vez Henri, a las relaciones muchas veces difíciles que tenía con su padre (Gallimard, 1992 ). Padre y madre tenían propiedades cada uno de ellos, pero no tuvie ron nunca un hogar común, una casa de ellos dos e hijos, como familia, siempr e estuvieron con la familia extensa, con e l clan. Al principio, tras su matrimonio, se establecieron en el château du Bosc, con todos los familiare s de Alphonse, abuel os, tí os con sus mujeres y la descende ncia, mas una se rvidumbre mu y numerosa. Pronto viajaron de la casa solariega al pabellón de caza de L ou r y donde poder prac ticar la caza y la cetrería, M.Rosario Carca s Castillo – pag. 148 ____________________________ de los palace tes a pensio nes, en Albi, en P arís, juntos o se parados, y así sigu ieron a lo largo de toda su vida. Es bastante imaginable la incompatibilidad de caracteres en los dos cóny uges. Alphonse oponía a la piedad rígida de su mujer, una combinación de chauvinismo viril y d e liberal anticlericalismo. Es de los que consideraban q ue los siete pecados capitales, t an perfectamente refleja dos en los frescos d e la Catedral de Albi, no son más que seis; “el miedo al infierno lo dejaba pa ra las mujeres”. Su único temor era no tener un hij o, pues como buen La utrec, únicamente le interesaba tener hijos varone s, que p erpetuaran el linaje, el apellido, los bienes y en definitiva el poder en el sur rural francé s, pero un hijo como un verdadero animal de raza d el que poder vanagloriarse, y además convertirlo en un hábil criador de halcones. Pero todo eso caerá por tierra. El padre es severo por naturaleza, y vive soñand o en la Edad Media. La s relaciones entre padre e hijo no fueron nunca cordiales, se cuenta en Albi que el padre se aver gonzaba de salir con el hijo, a unque muchos biógra fos lo cal len. El padre sost iene que la fa milia ha de perpetuarse, ha de seguir adelante y ve que en la su ya no va a ser posible. Para él, la fortaleza física y la agilidad recoge el valor de un hombre, tal como recog ía su educación. Su hijo le exacerba y siente por él un profundo d esprecio, v e una criatura fracasada . He n ri lo pre si ente con dolor, con muc ho desengaño y sufr imiento y s e apartará de él (J edlicka, 1965 ). Alphonse nunca comprenderá la obra de su hijo, punto por e l que el a rtista añadiría sufrimiento a su vida pues para é l era lo esencial, era su profesión. Según otros biógrafos (F rey, 1996), Alphonse en realidad, giraba sobre dos registros, sobre comportamientos duales: igua l re c lamaba la atenc ión de todos por una actitud teatral, excesiva, histriónica, q ue se iba de caza para encontrar l a soledad, enviando a su familia c artas con un contenido más sombrí o. Una conducta que nos evoca tendencias maniaco -depresivas. Cuando sentía depresión prefería disparar. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 149 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Por últim o señalar que los padres, cada pr ogenitor, mitigaba los sentimientos de culpa como podía: la escapada fóbica y l a negación del padre, para no en frentarse con ningún problema. Su posición social y económi ca participñ en el “jueg o”. ¿Qué hubiese ocurrido si no hubiesen podido disponer de ese “desahogo econñmico”? Seguramente H enri hubiese fallecido en la primera infancia. La madre , abnegada y mártir, muestra otra forma de “pe nar” sus sentimientos de culpa, aislada, rezando, sufriendo y visitando lugares de peregrinación re li giosa. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 252 ____________________________ Pero es de la versión que dio Bernard, de la que L autrec se inspiró en los años 1890. L os p arecidos son notables entre la « Fem me au Salon » de Bernard y «Au salon de la rue des Moulins » de Lautrec (Neret, 1999). La s similit udes no faltan entre el c artel del “M oulin R ouge ” de Lautre c (1891) y el dibujo de “la Goulue” realizado poco antes de 1889 por Bernard, sobre todo en la pose espectacular de Desossé, el corte del público como sombras chinescas, las nub es de l uz amarilla y la aud acia del reparto de espacios ( Tobien, 2000 ). En su carrera como pint or, que duró hasta bien entrado en S/XX, B ernard se dedicó posteriorment e a r ealizar paisajes si mbol istas más bien blandos y piadosos sin alcanzar nunca lo que pr ometía de jo ven. En la historia de la pintura moderna, el lugar ocup ado por Be rnard se debe, no obstante, al importante hecho de haber logrado tejer los lazos teóricos que unen a los cuatro grandes pers onajes de la pintura de aquella época: Céz anne, Gaugu in, Van Gogh y Toulouse-Lautrec (Rodríguez, 2005). Reconoció en los caracteres fu ertemente individuales de sus obras los componentes de un im pulso o fuerza común, capaz de producir un nuevo estilo, distinto a lo habido hasta entonces (Tobien, 2000 ). 2.4.2.- Loui s Anquet in (1861-1932) Compañero en el taller de Cormon sit uado en el nº 10 de la calle Constante en la colina d e Montmartre. H enri los pinta en el cua dro “A L‟ El y sé e- Montmartre: le Cuadrille de la Chaise Louis XIII” a Laval, Anquetin, y Gauzi, pintores y compañeros de ruta. Tres años ma y or que He nri, lo tom ó bajo su protección, le protegía de las humillaciones y de las bromas habituales frecuentes en el mundo cruel de los jóvenes. Era un amigo e ncantador, apasionado de su trab ajo, lleno de ganas de El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 253 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ vivir, de aleg rí a, amante del juego y de las muj eres. Forma con Toulouse - La utrec el núcleo de una cuadrilla de jóvenes c ompañeros que seguirán unidos a lo largo de los diez a ños siguientes. Hizo mucho por el interés que Toulouse -Lautrec tuvo por el mundo de los cabarets, d el vodevil y de Montmartre en general. Es Anquetin quien introdujo a Toulouse- Lautrec en el círculo de Aristide Bruant y del Mirliton, y con quien pasará muchas velad as n octurnas, compartiendo t ambién ciertas a migas, como la Goulue. Se hará famoso en el taller de Cormon por su sed de innovación y de experimentación en la pintura y pronto se hará conocer por su pintura imag inativa y mode rna, estilos tan diversos como el impresionismo, el puntillismo o el cloisonismo resaltarán el hecho, pero como artista no se quedará mucho tiempo en una tendenc ia particular. A pesar de tene r una extrema facilidad tanto para el dibujo como para el color, la calidad de sus obras se queda en superficial y a menudo de pendiente de modas pasajeras. Al principio, Toulouse-Lautrec le admir a sin límites, cre y endo que sus imitaciones de paisajes impresionistas c ontenían un verdade ro ge nio, infinitamente superior a l su y o. Louis Anquetin ju gará un rol decisivo en la f ormación de Toulouse - La utrec, qu e le mencion a con frecuencia en su c orrespondencia y le cons ideraba el ma y or pintor después de Manet. Cuando Toulouse-Lautrec le conoce, no era todavía el pintor de llameantes pinturas mura les rococó que marcarían su apogeo. Más que cualquier otro, coloca a Toulouse-Lau trec y su generación en contacto con a ctividades artísticas novedosas de su tiempo, don de su extraordinaria e nergía intelectual hacía de él un extraordinario catalizador . Había pasado por el im presionismo, revelado por las ex posiciones que se sucedieron de 1874 a 1886. Deja el taller de Cormon en 1887, abandona su periodo impresionista que l e había llevado algunos éxitos, ensaya el puntillismo, después el cloisonismo. Acabó por establecerse un tiempo en Vétheu il para M.Rosario Carca s Castillo – pag. 254 ____________________________ sentarse a los pies de su maestro Monet. En ese estadio, Anquetin rebosaba alegría. L o que le intere saba verdaderamente no era la luz ni e l c olor, y las estampas japonesas le suscitaban más que Degas (del que imita las carr eras, las bailarinas, los eleg antes, y la utili zación del pastel) o Monet cu ya aproximación al ar te era eminentemente pragmática (Welton, 1994). En 1886, Anquet in re al iza un retrato de Toulouse- La utrec a l óleo, así como varios dibujos. S u obra será interesante durante algunos años más, pero después de 1893, no producirá gran cos a de v alor y se c onsagra a lo qu e él llama “la vuelta a l oficio”, imitando en particul ar las obras de Rubens. En febrero de 1894 Henri de Toulouse - Lautrec y Anquetin viajan a Holanda a visitar museos. Henri se sentía incapaz de vivir al ritmo de los demás y alababa l a ge ntileza d e su a migo y colega Luis Anquetin que: “ paralizada mi p ersonil la, tan lento, que me impedía an dar a su lado, pero que hacía como que no le mol estaba” (Denvir, 1991 ). En 1887, con Emile B ernard, crea el cloisonismo (que debía sumarse a las tendencias del simboli smo pictórico), acabándose sus experimentac iones novedosa s. Desde el punto de vist a pictñrico, su “J eune femme lisant un journal” (1890) influ y ó sin duda en la imag inación de Lautrec. S e encuentra netamente la seðal en la c ubierta de “L‟ Estampe Original” publicada en 1893. En 1903, dos años después del fallecimient o de Toulouse-Lautrec , Anquetin produjo un gran lienzo, “la Salle de Danse au Moulin R ouge”, que respec to d e Toulouse-La utrec un homena j e a éste , puesto que fi guran el cartel de Jane Avril y e l lienzo el “Baile du Moulin Rouge” de Toulouse- Lautrec. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 255 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 2.4.3.- Franç ois Gau zi (1851-1925) Es otro de sus amigos y condis cípulo del taller de Cormon y decía de Toulouse-Lautrec: “Henri tenía el don de crear afectos, sus ami gos le adoraban, no pr ovocaba jamás a quien quiera que fu ese y no intentaba jamás desarrolla r su ingenio a costa de los demás” (Denvir, 1991 ). Gauzi, originario del L an guedoc como H enri, había estudiado en Toulouse, era un joven d e carácter alegre y excesivamente flaco, que ll evaba una barba ne gra rala. Toul ouse-Lautrec lo pinta en “A L‟ El y sée - Mo ntmartre: le Cuadrille de la Chaise L ouis X III ”. Era fotó grafo y Toulous e-Lautrec hacía que l e fotografiara modelos como Carmen Gaudin y luego Henri las pintaba bien d e prime ra o de seg unda mano, a partir de dichas fotografías. Formarán el g rupo de los Meridionales, que y a lo formaba Ra chou, Grenier y Henri. Aunque como pintor no c onsiguió una re putación duradera , pa ra Henri fue un apoy o fiel y c ariñoso en los años siguientes. Conocemos tres re tratos de Gauzi pintados por Toulouse- Lautrec. 2.4.4.- Vincen t Va n Go g h, alias “el viej o” , (1853-1891). Poco después de llegar, por se gunda vez a París, en febrero de 1886, s e convirtió en compañero de Toulouse-Lautrec también en el taller de Cormon. Vincent llega a París des pués de p asar por una serie de malas experie ncias. Había trabajado como misionero protestante en las minas de ca rbón de Bélgica, viviendo en la pobreza y pintando cuadros ne gros y grises, representando la vida ti erna y r uda de los trabajadores (Woodford, 2004). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 256 ____________________________ Habiendo roto sus lazos familiares, salvo con su hermano Theo, estudia sólo, y su ca pacidad de trabajo, al parecer, era impresionante. Aunque Van Gogh tenía 11 años más que Toulou se- Lautrec, era más serio y c arecía de l a des envoltura social d e He nri y fueron buenos ami gos. Ambos aprendieron a conocerse y tr abaron una buena amistad, aunque g ua rdando las distancias que les impedían dos caracteres tan distintos y un as ambiciones tan divergentes. No es posible, en efecto, escribir nada r egocijante respecto a los contactos de Van Go gh con los miembr os de ese estudio exuberante que se ag itaba s in c esar en torno a Lautrec. “ Vincent lle gaba arrastrando un pesado cuadro qu e dejaba en un rincón dond e se d isfrutaba d e una mejor claridad. Entonces, esperaba pacientemente a que alguien se dignase a echarle u n vist azo. Pero nadie se interesaba por sus obras. Y él, sentado delante de la tela, acechaba las miradas de los otros sin tomar parte en la conversación, hasta que, cansado, se m archaba llevándose su cuadro. P ero volvía a la semana siguiente y reanudaba el mismo espectáculo” (Denvir, 1991 ). Exasperada por tal conducta, Suzanne Valadon, a la que debemos este relato, pensaba que los pintores eran unos individuos espantosos, aunque ella y a conocía el medio, pues había posado para Degas. Ignorando sus burlas, Vince nt trabajaba en silencio, y de repente, empezó a hablar con locuacidad y a entablar amistad con sus compañeros. En estas ocasiones, mascullaba en un m al f rancés, exponiendo a lto y fuerte sus teorías sobre el tr azo y el color, mientras su voz silbaba a través de sus dientes postizos y m al ajustados (Arno, 2005 ). Rembrandt, Delacroix y los Impre sioni stas eran sus últimos descubrimientos y poco a poco ba jo la influencia parisina, realiza numerosas repre sentaciones hasta conseguir colores más claros (Walter, 1993). A pesar d e todo, no se sentía cómodo en el ambiente que le rodeaba, aqu el taller era un poco cruel. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 257 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Van Go gh sirvió igualmente de intermediario ent re L a utrec y su hermano Théo V an Go gh, que fue dire ctor d e la Gal ería Boussod y Valadon e n París, sucursal de la cas a Goupil & Cía, casa especializada en el comercio de obras d e arte y situada en el bulevar Montmartre. P or su ca pa cidad de trabajo, sus jefe s le pondrán mu y pronto al frente de esta Sucursal. Theo, durante sus funciones como di rector de la sucursal Goupil & Cía, no dejó nunca de p restar todo su apoy o a los jóvenes impresionistas contribuy end o decisivamente a la popularidad de artistas como Monet y De gas. Sus superiores y patronos, que reservaban sus favore s y homenaj es al arte oficial expue sto en los Salones, se hallaban muy irritados con Théo Van Go gh. Cuando no pudieron contar y a con Théo, confiaron la dirección de la s ucursal a Maurice J o y ant , amigo de Lautrec de sde la infancia, como anteriormente hemos indicado (Tobien, 2000 ). La utrec le fue d eudor de numerosos contactos con compradores y organizadores d e ex posiciones, por cu yos favores nuestro pintor luch aba sin descanso. Aunque no necesitaba vender sus obras para vivir, le era indispensable el éxito entre el público, y a qu e a sus ojos justi ficaba su existencia c omo p intor. Se debe a Lautrec un retrato profundamente sentido del pintor holandés que, mejor que otro cualquiera, desvela lo qu e pasaba en el alma d e Van Gogh (Figura , 202). Por consejo de Lautrec, hacia 1888, Vinc ent Van Gogh se instaló en Arlés, en el sur de Francia don de la luz era muy espec i al. Van Gogh soñaba con irse al Japón, pero L autrec le convenc ió de que en el Mediterráneo hallaría idénticas condiciones de luminosidad. Vicent siempre le pedía a su hermano qu e le tuvi ese al corriente d e todo l o relativo a Lautrec, y és te, por el mismo conducto, tenía siempre noti cias de Vicent. Fue así cómo t uvo varia s ocasiones de contemplar las obras q ue Van Gogh le enviaba a su hermano, a París (Tobien, 2000 ). El 6 de ag osto de 1889, H enri fue invitado a cenar en el apartamento de Théo en compañía de Vincent que llegaba de Auvers -sur-Oise, donde el Doctor M.Rosario Carca s Castillo – pag. 258 ____________________________ Gache t (pintor aficionado y amigo de Theo) seguía su estado depresivo tras su retorno de Saint-Rém y - d e Provence. Este será su últ imo encuentro. Tr es s emanas más tarde, Vin cent Van Gogh se suicida disparán dose con un revólver, un tiro en el pecho. Desesperado, su h ermano Théo se hund e, no pue de soportar el dolor d e la ausencia de su he rmano, su estado de salud es malo y el trabajo es exc esivo, y seis meses más tarde, con parálisis nerviosa, Théo vuelve a Holanda donde m uere a causa de l a sífilis a los 34 años, siendo enterrado junt o a su hermano Vinc ent en el cementerio de Auvers-sur Oise, cerca de París. Vincent Van Go gh, genio innovador de la pintura, es uno de los pocos pintores cu ya bio grafía resulta tan inte resante como sus cuadros; no por sus aventuras, pues su vida casi ca rece d e ellas, sino por la rica vida interior que supo volcar en las 821 cartas que se c onservan, la mayoría a s u hermano Theo. El cariño y l a abne gación de este hermano entrañable, ilim itado en su generosidad hacia el pintor genial, extraño y desvalido, es un monumento a la bondad humana , tan hermosa c omo cualq uiera de los cuadros de Vincent (Aris, 2002). Sobre na d ie se ha es crito tanto, intentando perf il a r un dia gnóstico retrospec tivo. Sin duda, siendo Vicent Va n Go gh un enfermo mental mu y g rav e, resultó tan independiente en el terr eno de la p atología como en el del Arte (Vallejo-Nágera, 1979). 2.4.5.- Henr i Racho u (1855-194 4) Fue pintor destacado en el Salón, grabador, escritor y autor dramático. La utrec lo conocía y a de Toulouse, los dos eran del sur francés. Su estilo menos excéntrico que el de l joven aristócrata, le gusta a Bonnat. Pero Rachou estaba mu y unido a Henri, del que admiraba su inteligencia, vivacidad y generosidad. “Era increíblemente psicñlogo”, de cía de Toulouse - La utrec. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 259 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Toulouse-Lautrec hizo amigos, que le quedaron h asta el final de su vid a, le procuraron consuelo y se guridad, y a p esar de su porte des cuidado, tenía desesperada n ecesidad de amistad. Hizo todo para hacerse querer. Hac i a 1 893, le ofrece Toulouse-Lautrec a R achou, un mono que había bautiz ado “Senateur” porque según é l se parecía a Béranger. Toulouse-Lautrec vivió y trab ajó algún tiempo en el taller de Rachou del nº 22 de la c alle Ganneron, hacia 1884 y trabajar on juntos e n las ilustraciones de “Vieilles histories”. Rachou, el más protector de sus amigos, rec uerda la impresión que le hizo en esta época Toulouse -Lautrec: “Se sorprendía por todo, me pare cía, por su inteligenc ia siempre en alerta, su gentileza ina gotable en relación a sus amigos fieles y su profund a inteligencia de hombre. Nun ca le he vist o engañar a uno de nuestros amig os; tenía una intuición psicológ ica notable y no concedía f ácilmente su confianza. Llegaba a dirigirse a los desconocidos con un a brusquedad que rozaba la a spereza. No le he visto jamás pecar de presunción o ambición. Era ant e todo un artista y buscaba los elogios, no se daba im portancia. Con sus íntimos, rara mente estaba satisfecho de sus obras”. Rachou ha d escrito los días del aprendiz Lautrec: “Conmigo, trabajaba sin descanso, por la mañ ana en el taller d e Corm on y p asaba la t arde p intando modelos re gulares. No creo h aber ejercido la menor influencia sobre él, m e acompaña ba al L ouv re, a Notre -Dame, a Saint-Severín continuando a ad mirar el arte gótico, pe ro prefería y a claramente a Degas, Manet, y a los impresion istas en ge neral, aunque su horizonte no se limitaba al estudio donde él tra bajaba” (Jedkicka, 1965 ). Rachou fu e más tarde, tras sus años de bohemia, conservador del Muse o de los Agustinos en Toulouse, donde procuró la c ompra de cuadros d e To ulouse - La utrec. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 260 ____________________________ 2.4.6.- Char les-Edouard Luc as (1841-1895) Ccompañero de taller de Toulouse -Lautrec, según cuentan sus amigos, se pone de acuerdo con una joven modelo, Marie Charlet, para que seduzca a Henri y éste pierda su vi rginidad, consciente de sus cr eencias y de la ti midez que se escondían detrás de sus bromas groseras y sus re ferencias sexuales obsesivas. Ella, a gredida y maltrata da por un padre alcohólico, había lo grado ga n arse su independencia sirviendo de modelo y en ocasiones prostitu y éndose. Se le decía ninfómana, d esprovista de todo tipo de inhibiciones y emociones y de una curiosidad insaciable . Es probable que Henri no se hici ese nin guna ilusión sobre lo qu e podí a pasar de tal encuentro, pero desde entonces supo con qué clase de mujeres podía encontrar placer (Frey , 1 996 ). 2.5.- Amigos “eleva dos” cultural, int electual o social mente. Lo formarán un pequeño grupo que destacará funda mentalmente en el aspecto cultural y social . y que coincidirá con la etapa de ma yor productividad artística de nue stro pintor. Destacamos a los Grenier, Guilbert y los Natans on. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 261 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Toulouse-Lautrec en P arís con amigos hacia 1885 . De izquierda a derecha: R. Grenier, H. Rac hou, L. Anquetin, Lily Grenier y Toulouse-Lau trec . Figura 90 2.5.1.- René Gren ier (1861-1917) Los Grenier, desd e el punto de vist a social, t enían una respetabilidad irreproc hable. René era un joven rico y amable , de familia pudiente, cuyos padres habían querido que fue ra constructor de barcos y t enía una renta d e 10.000 francos e n oro. Nac ido en Toulouse, y compañero de estudios de Toulouse- Lautrec, e ra independiente, se decía d e él que tenía talento per o no pare c ía preocupado por su carrera de a rtista, vivía la pintura como pasatiem po. También fue compañero de taller c on Bonnat y con Cormon pero lo que le gustaba rea lmente era la vida bohemia en medio de sus amigos a rtistas; a l parecer tenía buen carácter y no er a celoso. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 268 ____________________________ Fot ografía d e Toulouse-Lautrec c on Thadée y Misia Natanson en el balneario de Etretat, 1898. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Figura 92 La Revue Blanche, publica da entre 1889 y 1903, era un a revista liter aria y artística en la que participaban los artistas y e scritores más importantes de la Francia de la época. F ue fundada y diri gida por los hermanos Natanson, y rivalizaba con la re vista “Mercure de France”. En 1891, la “Revue Blanche” fue retomada por Thadée N atanson, donde su c asa no tardara en se rvirle de refugio a Toulouse -Lautrec, como antes fue la de los Gremier. Los h ermanos Natanson anclados en la cultur a fin de siglo d e París, no ag otaban los elogios ha cia Toulouse -Lautrec, si n hablar de Misia que se había casado con Th adée con 1 5 años y medio y cuya b elleza hechizaba a L autrec como demuestra e l llamativo cartel que le realizó para la revista en 1895 (Figura 93). Los Natanson no l e disminu y eron a lo la rgo del tiempo, ni apo yo profesional ni hospitalidad. Al contrario, le ofrecieron mucho más. Le invitaron a su casa d e campo, en pri ncipio a Valvins, d espués a V illeneuve-sur- Yonne, donde Henri les visitaba con fre cuencia en los veranos. Comi das, natación, largas veladas escuchando a Mi sia tocar el piano, pas eos por el c ampo etc, fueron entre otros, momentos idílicos que iluminaron la vida de He nri. Entre los invitados de los Natanson se encontra ban: Rendir, Valloton , el crítico y actor dramático Octave Mirb eau, Maeter li nck, Vuillard, Bonnard, Roussel y Romain Coolus, que iba a acompañarle a Toulouse -Lautrec en la exploración cada vez más audaz del universo d e la prostitución y del alcohol (Neret, 1999 ). Toulouse-Lautrec pas aba casi cada fin de sema na en un a u otra de sus propiedades, siendo para él un nuevo oasis de libertad y de amistad. Hací a lo que El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 269 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ quería, se paseaba po r la propiedad, dibujaba, bebí a, remaba o n avegaba en el río. Le gustaba particularmente fotografiarse haciendo muecas ante la cámara. En el seno de este medio privilegiado y bohemi o, en esta curiosa mezcla de elegancia, belleza, s nobismo y marginalidad es donde Toulouse - L autrec se reenc uentra con los dos mundos, que eran su y os. Louis-Alfred Natanson (1873-1932) Le pide a Toulous e- Lautrec un carte l para una obra de J ean Richepín (1848-1926), “La Gitana ”, en la que su mujer, l a actriz Marth e Mellot, tenía el papel principal. El preestreno tuvo lugar el 22 de enero de 1900 en el Teatro Antoine. El boceto de 1900, realiz ado por Toulouse-Lautrec en óleo sobre cartón, muestra la figura d e la g itana en movimiento, con trastando con el est atismo de la litografía. Hoy se e n cuentra en el Museo Toulouse- Lautrec de Albi. Más simple que la ma yoría de sus otras obras , este retrato-cartel brilla po r sus cualidades dramáticas: un personaje blanco ocupa una gran parte del cartel, pero nunca fue impreso. Alexandre Natanson (1867-1936) Hombre de negocios y periodista, forma parte de ese grupo inteligente de orige n judío, que ocupa una alta posición en la burguesía parisina, debido a su poder financiero, sus div ersas actividades en el mundo de la prensa y el pa trocinio de artistas de renombre . Fue junto con su hermano Thadée, director y financ ie ro de la revist a “Revue Blanche”. Esta publicaciñn se p roponía explorar las tendenc ias más extremas y más nuev as en mate ria de arte y liter atura. Pronto se c onvertirá en el catalizador de la élite intelectual parisina y publi cará ilustraciones de To ulo use- La utrec y d e otros artistas (Mil ner, 1992). En 1895, tuvo lu gar en c asa de Alexandre, una fiesta memorable, en la que La utrec actuñ de “maestro de ceremonias” y b arman para 300 invitados. J unto a Maxime Dethomas mezcló cócteles americanos fulminantes, de forma que la M.Rosario Carca s Castillo – pag. 270 ____________________________ fiesta acabó en un caos y él al v er l a r espuesta de los invitados, bebidos totalmente, disfruta. Al pare cer, en esa ocasión, Toulouse- La utrec se mantuvo abstinente. Thadée Natanson (1868-1951) Fue un importante coleccionista de pintura impresionista, periodista y a la vez empre sario. Reconoció inmediata mente en Toulouse- Lautrec la mar ca del ge nio. Lo qu ería mucho y para él contaba entre los “espíritus más finos” de s u ge neración. Sin embarg o, Henri no se consideraba como un intelectual. La s person alidades con l as que Toulou se - Lautrec tenía más afinida d de la “Revue Blanche” eran como él, originales, i nconformistas, que re chazaban pertenecer a alguna escuela o movimiento con la „e ti queta cultural‟. Todos era n unos jñvenes „viva la virgen‟ que les gustaba quemar sus vidas en l os plac eres y excesos de todas clase s. Thadée qu e conocía la riqueza y la sutileza de Toulouse -Lautrec se asombraba de sus comp ortamientos de fracaso, cada vez que intentaba s educir a una mujer. No solamente a causa de sus defo rmidades sino porque no era c apaz d e reconocer su valor real. Como si, desde el principio, no hubiese for ma de conciliar su superioridad interior con su desgracia física (Natanson, 1992 ). En 1951, fueron e ditados sus “Recuerdos de Toulouse -Lautrec”. Misia Godebska (1872-1950) De nombre Marí a Olga Zofia Zena jd a Godebska, fue pianista de Polonia, hija de padr e escultor polaco de renombre y medio -bel ga, profesor de la Acade mia Imperial de las Artes en San Petersburgo y madre medio rusa, que falleció al dar a luz. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 271 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Misia, fue la pr imera esposa de Thadée Natan son, y mu y pronto será traspasada a un segundo ex ótico marido multimillonario, el magnate de prensa, Alfred Edwards, otro amigo de nuestro pintor. En 1920 abandonará a Edwards por el pintor catalán J osep María Sert, que triunfab a en P a rís y d el que también se separará dolorosamente, pero a quien no dejará de amar d esesperadamente hasta el final d e sus dí as. Pasará el resto de su vida en un luj o sin g loria, de cadente y adicta a la morfina, hast a su fallecimiento en 1950. Fue un personaje complejo y enigmático. Misia se casó en 1893 con Thadée, era una seductora polaca de 21 años. Pronto adquirió una considerable influ encia e n los círculos p arisinos musicales y artísticos, quienes le llamaba n Misia, un diminutivo polaco, de María. Dueña de una sensibilidad artística desbordante, sintonizaba fácilmente c on los artistas. Pronto será ella la reina de la revista <Revue Blanc h e>. Tenía 8 años menos que Toulouse-L autrec, pero los dos eran sibar it as y poseían un fuerte carácter . Se le describe de personalidad poliédrica, con muchos y atractivos áng ulos. Se gún su a migo Paul Morand, “en Misia hay algo de todas las muj eres, y en toda mujer hay una M isia”. De alguna forma, encarna en los ojos de Henri una nueva e incandescente Lili Grenier, una de e sas mujeres que deseaba en secreto, pero qu e eran eternamente inaccesibles (Boehringer, 1968). Al principio, a Misia le molesta la fealdad d e Toulouse - Lautrec y su alcoholismo manifiesto, pero muy pronto olvida sus primeras reacciones negativas y acepta al artista. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 272 ____________________________ Misia Natanson. Cartel para la Revue Blanche, 1895. Litografía en colores, 26 x 91,2 cm. M usée d’Ixelles, Bruselas. Figura 93 Su belleza, fue pintada m uchas veces. C omo mode lo, posó para Toulouse - La utrec en el cartel “La Revue Blanche”, encargad o po r Thadée en 1895. Este cartel nos recuerda al realiz ado a May Belfort, aunque Mi sia vist e un vestido azul y su figura está un poc o inclinada. Es importante la influencia de la estampa japonesa en trabajos como éste, donde la plenitud de la figura y el aspecto decora tivo de la imagen, servirán más adelante a los modernistas. La se gunda mujer de Thadée , R éine, le gó después de su muerte una pa rte de su colección de arte a l Museo Nacional de Arte Moderno de París. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 273 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 2.6.- Amigos prof esionales Con este grupo de amigos, compartía a ficiones y hobbies, como la fotografía y la bicicleta, además de incluir entre ellos a escritores, editores, periodistas, poetas o bien críticos de arte, del medio y l a z ona donde Henri se desenvolvía y re lacionaba. Podrían considerarse, compañeros de trabajo. 2.6.1.- Pau l Sescau Era fotógrafo, cu yo talle r lo tenía en la Plaz a Piga lle 9 y donde todavía existía el establecimiento hacia mil novec ientos sesenta. Toulouse-Lautrec lo conoció a tra vés de Maurice Guibert, que también era fo tógrafo y se convirtió en amigo para toda la vida . Henri subra yó su reputación de muje riego viv aracho en la litografía que hizo de él e n 1899 y en el c artel que le realizó en 1896 para anunciar la t anda de fotografía s de Sescau de la Pl ace Pigalle. En 1891 , Toulouse- Lautrec le r ealizará un retrat o de pie, en el taller, de formato alargado en cartón, afinidad que nos re cuerda la construcción de un cuadro japonés, qu e se hace uniendo tres grabados. En la pared está colgado el mismo cuadro japonés que en el retr ato de Bourges, también de formato lar go y estrecho. Está pintado en azules y negros al óleo, pero diluido. Sescau conservó este retrato hasta 1898, cuando en contra de la voluntad de Toulouse- La utrec se lo vendió al escritor y crítico, Roger M arx por 40 0 franc os. También aparece Ses cau, como figura mar ginal en dos cuadros de L autre c, “En Moulin Rouge” y en “Danza mor a (Les Almées)”, mientras Paul foto grafió a Henri en muchas ocasiones, colaboró profesiona lmente y fotografió sus cuadros (Neret, 1999). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 274 ____________________________ Igualmente, en 1898, Paul intentará , con otros amigos, que La utrec no beba pero demasiado tarde. 2.6.2.- Trist an Bernard ( 1 866-1947) Amigo de Toulouse- Lautrec, fue asesor comercial, después abo gado, hombre de neg ocios, periodist a, poeta, autor dramático y dir ector deportivo . Fue nombrado director del velñdromo “B úfalo” en Neuill y, pista muy célebre en París y también fue el director jefe del “Journal des Vélocipédistes” Era miembro del círculo de “La Revue Blanche” editada por los Natanson donde conoció a Henri y a quien debe su afición por la bicicleta. T oulouse - La utrec lo retrató en un cuadro e hizo dos carteles sobre la bicicleta. Tristan, amigo que organizaba el programa d e competiciones de las carrera s ciclistas, le introduce a He nri en los entresijos de e ste deporte y conocerá a los famosos corredores de la época que acompañará en las carreras con bloc y lápiz en el bolsillo. Henri los dibuja y también realizará un óleo de Tristan, de pie en el estadio, con su eterno sombrero hon go. La impresionante figura de T ristan da la sensación de enormidad, cuando de hecho result a pequeño, (0,81 x 0,65), pero parece grande porq ue es un hombre repleto de salud y fuerza. Quedó tan encantado que colgó esta obra en s u sala de estar (Milner, 1992). 2.6.3.- Loui s Bouglé (1 8 71 -1957) Cuando Toulouse-Lautrec por medio de T ristan va al velódromo, conocerá, entre otros a L ouis Bouglé, c o rredor muy e duc ado y que siente e l El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 275 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ mismo interés por el arte que por la bicicleta, iniciándose entre ellos una a mistad entusiasta. Comerciante d e bicicletas al por ma y o r, es representante en Francia de la firma Simpson, fabricant e de ruedas y cadenas y muy aficionado a las c arreras. Para mejor ar el nombre de la firma in glesa, se p uso el nombre de L. B. S poke, y se vistió también a la inglesa. Toulouse-Lautrec h ará distintos viajes con L o uis a Ar romanches y a Granville, pero pasados los 30 años. Le p edirá a Toulouse- Lautrec que le realice un c artel, que con el nombre de “La Chaîne Simpson”, muestra una escena de ciclistas en pleno ejercicio, aparecerá en los muros de las calles y es con siderado un cartel publicitario (Denvir, 1991). 2.6.4.- Pau l Leclercq (187 1-1957) Era escritor y poet a. “Un joven de mundo y d e los mejores” es como lo describe Toulouse- L autrec a su madre en una carta que le escribió, advirtiéndole que pensaba llevar al amigo a su casa de Malromé de visita en el verano. Alrededor de los 80, Toulouse- La utrec amplía el círculo de ami gos, y uno de los foc os pr incipales era la R evue Blanche, dirigida y fund ada en 1 889 por Paul Leclercq y Au guste Jeunehomme, para la que Toulouse- Lautrec di señó un cartel. También realizará Toulouse -Lautrec un retrato en 1897 de Paul, que éste donñ en 1920 al Museo de l Louvre y que ho y se encuentra en el Museo d‟O rsa y. Si el últim o plano de esta obra es característic o del estilo de est e periodo, el modelo cansado, con una cara que muestra claramente, por la utilización de los negros y la pose un poco ampulosa del personaje, influencia de Whistler. Salvo M.Rosario Carca s Castillo – pag. 276 ____________________________ excepciones, la paleta de nuestro pintor, en esos a ños últ i mos de su v ida, utilizará colores oscur os. Paul L eclercq evoca la amistad que le une al pintor:”Toulouse- Lautrec adoraba la sociedad d e las mujere s y además no tenía lógica, pu es eran atolondradas, espontáneas o locas, pero si le complac ían era a condición de que fuera n naturales. La compañía pasajera de uno de sus amigos fue du rante mucho tiempo una de sus mujeres c ompañeras. Era una modistill a con la c abellera rubia y s untuosa, fino rostro de ardilla despierta, que le llamaba Croquesi - Margouin o simplemente la Margouin (en ar got: maniquí). Toulouse -Lautrec era con ella c omo un ni ño con otro niño. Se comprendían. El sentimiento que sentía por sus amigas era una curiosa mezcla de com pañerismo jovial y de deseo refrenado y com o tenía concienc ia de su inferioridad, el tal Cy rano, no conocía la envidia mezquina, porque apreciaba una mujer a la que se l e prohibía mostrarla, siendo t ambi én su más gran alegría, si era querida por un amig o”. Toulouse-Lautrec consciente de no pod er cons eguir las mujeres que él desea, las ofrecía a sus amigos, en un lento proceso de autodestrucción. P. L ecl erc, en “Entorno de Toulouse- Lautrec”, de 1921, describe a nuestro pintor c omo un selecto gourmet, para quien el punto exacto de cocc ión, la calidad de la manteca y las especies er an al go fundamenta l a la hora de cocinar. Presumía de cocinar la langosta a la americana, como nadie. I gual que en la pintura añadía tonalidades, la imaginac ión en la cocina añadía condimentos. Leclerc también lo describe como poseedor de una apreciable capa cidad de improvisación a la hora de mezclar b ebidas, de h acer cócteles. P or ejemplo, una tarde con sus amigos preparó un cóctel sóli do, a base de sardinas, ron y vino de Oporto (Denvir, 1991). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 277 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 2.6.5.- Ro ger Marx ( 1859-1913) Fue cole ccionista de arte, pe riodista y crítico de arte en numerosos periódicos y revistas. También inspector de Bellas Artes y más tarde inspector ge neral de museos provinciales. Amigo y promotor de Lautrec a partir de 1982. 2.6.6.- Fél ix Fénéon (1 861-1944) Fue anarquista militante, es critor, periodista y crítico d e arte del simbolismo, pero sobre todo aprec ió m ucho la obra de Toulouse- Lautrec. Empleado del Ministerio de la Guerra en París, desde 1881, fue llevado en 1894 a los tribunales, como anarquista, por tene r ex plosivos en su p oder, t eniendo que dejar su carg o. Pasñ a ser crítico, después redactor jefe de la “Revue Independante” y en 1903 jefe de redacciñn de “la Revue Blanche” du rante casi diez aðos, para la que organizó diversas exposiciones. De 1906 a 1925, fue director de la tienda de arte “Bernheim-J eune”. Nunca publicó un libro, pero durante algunos meses de 1906, publicó d e forma anñnima sus 1220 “nouvelles en tríos lignes” en el diario Le Matin. Cada noticia ocupaba mu y po co espacio y Félix Fénéon se encargaba de redactar las. Sin quererlo, fu e un precursor del micro relato, aunque nunca pensó o nunc a quiso, unir sus noticias en un l ibro. Participó en la creación de va rias revistas y publicó artículos mordaces de gran va lor literario sobre los impresionistas. Al parecer es autor del término neo-impresionismo, desempeñando u n papel im portante en su divulgación y análisis, así como del movi miento de los nabis y de muchos artist as ignorados por la crític a oficial contemporánea, amigos también como Seurat, Sig nac y Toulouse-Lautrec . M.Rosario Carca s Castillo – pag. 284 ____________________________ Tanto en la vida de Tou louse- La utrec como en s u obra, las mujeres han estado prese ntes y a veces han sido tan importantes c omo su trabajo. La s musas son mujeres, escribió S. de Beauvoi r en el “Segundo Sexo” y la historia del arte e stá llena de ellas. La s musas s erán mujeres excepcionales que intens ificarán la creatividad de quienes las aman. Muje res que inspiraron a grandes artistas y de p aso fo rmaron parte de sus vidas. Musas que ho y aparecen retratadas en los mejores museos de l mundo, aunque su nombre no aparezca e n ningún cartel. No son las reinas ni las nobles pint adas por enca rgo, pero fueron el egidas por el artista, quizás por su belleza, su manera de posar o por tener algo e spec ial, y fueron inmortalizas más d e un a vez en las telas y c arteles, convirtiéndose en protag onistas de su obra y también de su vida. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 285 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ M.Rosario Carca s Castillo – pag. 286 ____________________________ 1. - To ulouse-Lautrec y sus Da mas Un cuadro pint ado, es la más alta poesía que se le puede dedicar a un a mujer y Toulouse- La utr ec manifiesta poesía en todo su arte. A todas ellas las pintó, las retrató y de a l guna manera las quiso. Revisando la documentación podemos afirmar que el ideal de belleza de mujer para Toulouse- Lautrec era: nariz respingona, tez blanc a y cabello rojiz o recogido en un moño. 1.1.- Mujeres de día 1.1.1.- Fam il iares 1.1.1.1.-Madre: Condesa Adèle Zoé Marie Marquett e T apié de Céleyran (1841-1930) Los retratos de su madre son mucho más psicológicos, donde se deja ver la tristeza de una vida, a la par que reflejan el físico. Henri no re trató a nadie tantas veces como a ella, posó innumerables veces para su hij o. Dur ante al gunos años, de 1879 a 18 87, Toulouse - Lautrec m ultiplica los retratos de su madre, variando los efectos, multiplicando sus investigaciones, sus formatos, su técnica . Entre ellos destacamos: 1.- “La condese Adèle de Toulouse- Lautrec” 1882 La muest ra sentada en e l parque de C éleyran con un libro en las manos y una sombrilla en las pier nas. La pincelada y los sombreados que cruzan el cuadro revelan la influen cia de Paul Cézanne (1839 -1906) y los impresionistas. Con la El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 287 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ mirada recogida y los ojos bajos, la madre pa rece resignada con la vida que le h a tocado vivir. Por otro lado, el cuadro de la “Condesa Adè le de Toulouse-Lautrec” se puede r elacionar dire ctamente con tres cuadros impresionistas que Toulouse - La utrec pudo haber visto en 1879-1880: “En el c onservatorio” de Monet y exhibido en el Salñn, en 1879, a parece un mujer sentada sobre un banco. “El jardín” d e Mar y C asta, ha y una muj er con un casqu et e parecido, sentada al aire libre y f ue ex hibido en la Sexta Exposición impresionista en 1880. “La niðer a y el b ebé” de Berthe Morisot, en el que aparece una mujer sobre un banco en una pose sim ilar a la de la madre de Toulouse -Lautrec. Este cuadro fue exhibido en la misma exposición que el anterior (Felbinger, 2000). La condese Adèle de Toulouse-Lautrec leyendo en el jardín, 1882. Óleo sobre tela, 41 x 32,5 cm. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Figura 95 2.- “La madre del artista, condesa Adèle d e Toulouse-Lautrec, desa y un ando en el palacio de Ma lromé”, ha cia 1881-1883 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 288 ____________________________ La madre posa la mirada en una taza de porcelana y toda la escena está sumerg ida en una luz suave, que suscita la impresión de una jovi alidad suti lmente contradicha por los labi os tensos. E n este cuadro penetramos en el ve rdadero universo de Toulouse-Lautrec que ya nunca abandonará (Dev ynck, 2011). En el óleo de su madre desa yuna ndo en el castill o Malromé, presenta no sólo un mom ento de in timi dad y recogimiento al tomar café, sino el estado emocional y la fijac ión m aterna de nuestro artista. La condesa Adèle de Toulouse-Lau trec , desayunando en el palacio de Malromé , 1881. Óleo sobre lienzo, 93,5 x 81 cm . Museo Toulou se-Lautrec. Albi. Figura 96 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 289 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 3.- “La condesa Adèle en el jardín”, hacia 1881-82. Representa a la condesa sentada en un banco del parque, donde Toulouse - La utrec exhibe todos los matices mágicos de la paleta, ahora más clara. El efecto de este cuadro e s aún más sorprendente. Se aprecia formalmente cómo la amargura, la pena y el suf rimiento hace n mella en esta mujer, que asume calladamente todo s los ava tares d el destino, desde la infidelidad del marido hasta la enferme dad de su hijo. Por medio de este cuadro se comprende el si gnificado que para Toulouse - La utrec tenía su madre. Ya lo hemos comentado anteriormente, es la mu jer por excelencia, la p rimera p ersona qu e ha cre ído en él, que muestra para con él una comprensión c asi sobrehumana y que cierra los ojos ante sus excéntricos y extravagantes devaneos, idas y venidas. La condesa Ad èle de Toulou se-Lautrec en e l jardín, 1881 -1882. Óleo sobre lienzo, 55 x 46. Sao Paulo, Museo de Sao P aulo Assis Chateaubriand. Figura 97 4) “ La condesa Adèle de Toulouse-La utrec e n el salñn del Palacio de Malromé”, 1887. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 290 ____________________________ Aquí no sigue a ciegas la técnic a impresionista; aunque la composición con su fina alternancia de líneas y curvas sigue siendo clásica, la sil ueta se destaca del fondo en vez de fundirse en un efec to luminoso regular como ocurre en los impresionistas. La fi gura se encuentra en primer pla no, y lo qu e aquí se pone en escena es la expresión psicológica, la presencia humana de la figura. Toulouse - La utrec dota a l a técnica im presionista de un carácter mucho más p ersonal, por ello no se considera int egrado entre los pintores impresionistas (Neret, 1999 ). A la madre la representa con ojos bajos y los comentaristas y críticos ve n en ello un sig no de buen tono, propio de su rango y clase social que corresponde con el papel impuesto a la mujer en las clases acomodadas a finales del XIX. Esa mirada “sustraída” no tiene la mi sma significaciñn que los ojos cerrados de la pintura simbolista: expresa una serenidad más e sencial, cercana al misticismo de ciertos monjes pintados por El Grec o. Es cómo ve el hijo a la madre, de vota, creye nte y muy religiosa. La condesa en el salón del Château de Malromé, 1887. Óleo sobre lienzo, 54 x 45 cm . Museo Toulou se-Lautrec. Albi. Figura 98 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 291 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ El hieratismo y la serenidad de la madre, recuerda el de las madonas romanas y acentúa el asp ecto escultural y rí gido, como si fuese tallado en piedra. Es un personaje de una d ignidad imponente, el pintor le llama en una carta “J uno Luc ina”. Es la figura que domi nñ su infancia, y aunque intentñ alejarse de ella, fue siempre su refere ncia. Es una imagen como angelical. Era lo qu e en e l siglo X IX se ll amaba una „sa nte femme‟, una sant a mujer (Ollero y De Luca, 1991 ). Desde hace algunos añ os, aparecen una serie de comentarios menos amables en cuanto a la r elación de m adre e hij o. Alg unos auto res han pr esentado la vocación pictórica del joven Henri, como un medio de escapar de un a madre posesiva. La condesa, solí cita en ex tremo, se ocupa ex clusivamente del único hijo que le ha quedado, y, separada de su marido, una madre pu ede s er una t errible invasora. Mathias Arnold (2001) traza de ella u na imagen mu y dura: “Su devociñn era e nf ermiza, una hipocondríaca y una enferma histérica”; también se le ha tachado de avara. Sin entrar en polémica, los problemas fina ncieros se mencionan con frecuencia en la correspondencia de Henri y la madre se muest ra como la que lleva las rienda s de los negocios familiares. Si por un lado da pru ebas de dureza ante los reveses económicos en cu anto a la pérdida de la fortuna de sus primos los Pascal, por otro es de una gran ge nerosidad en el momento de la creación d el Museo de Albi. Tambié n se ve después, como cu ando concedió una pensión anual a Madame Dihau para asegurar la adquisición por el Museo de las pinturas que ésta poseía de To ulouse- La utrec (Dev y nck, 2011). La condesa desempeñará a lo largo de su vida, el pap el que su educación le ha impuesto: su evangelio y su conducta era de coraje y r esignación, modelo de madre heroica, en definitiva, madre de aquellos años. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 292 ____________________________ 1.1.1.2.- Abuelas 1.1.1.2.1.-Gabrielle d‟ Imbert du Bosc, (1813-1902) Era la abuela paterna d el pint or y amaba la p intura, que desarrollaba pintando pa isajes con acuare l a como pasatiempo, formando parte del enca nto femenino, típico del XI X. Casi todas las ca rtas qu e dirige a la que llama su “bonne -mam an” son fascinante s y mu y afectuosas. En los primeros tiempos le cuenta a la abuela que tiene molestias en las piernas, (carta nº 23 de Gallimard, 1992), antes de las frac turas y que se somete a un tratamiento, u na clase de masaje destinado a estimular la circ ulación de la sangre en las piernas. Henri le habla como a u na verdadera profesion al. En sus carta s le informa de su trabajo, que él considera muy especial (carta nº 137 de Gallimard, 1992 ) y sobre det alles de su carrera, le dice qu e trabaja con “la santa Pal eta y los perros” (carta nº 54 de Gallimard, 1992 ). También cua ndo pasa del taller de Bonnat al de Cormon (carta nº 71 A d e Gallimard, 1992 ). Le mantiene al corriente de las exposiciones en las que participa c omo cuando ex pone un cuadr o en Pau (carta nº 40 de Gallimard, 1992) y m ás tarde e n Burdeos (carta nº 603) y en Bruselas (carta nº 629-631 y carta nº 173 de Gallimard, 1992 ). Al pr incipio de su estancia en París le c ontará Henri que no se habitúa a la vida bohemia por est ar s ujeto a consideraciones sentimentales por estar lejos de las personas que más qu iere, pero su tristeza y sus lloros no tienen escapatoria: “saldré adelante” le dic e (carta nº 73 de Gallimard, 1992 ). Así, le cuenta que cuando vende dos cuadros al depuesto re y Millan de Serbia se auto bautiz a “p intor de la corte de Sofía ” Toulouse-Lautrec se confunde, no es el rey de S erbia, es Stéphane Stambouloff (1854 -1895) personaje no table en la escena política búlgara y asesinado en Sof ía en 1895. Toulouse -La utrec, confunde Serbia con Bulg a ria (carta nº 449 de Gallimard, 1992 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 293 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Siempre le f elicita el a ño nuevo y la abuela fr ecuentemente le envía cosas que le gustan al nieto como patés. Henri siempre se lo agradece, es mu y afectivo y en sus c artas se despid e diciéndole: “Os quiero mucho” u “Os beso de todo corazñn”. De las cartas que conocemos Henri le escribe a esta abuela la primera carta con 8 años (carta nº 4 d e Gallimard, 1992 ) y la úl tima con 23 años (carta nº 629 - 631 de Gallimard, 1992 ). Henri la retratará al c arboncillo en el vera no de 1882, destacando la redondez de su rostro, creando una abuela a rquetípica. Hoy, este r etrato se encuentra en la Galer ía Nacional de Canadá, Ottawa. Dibujo a carboncillo de su abuela paterna, conde sa Ray mond de Toulouse - Lautrec, 1882. Galer ía Nacional d e Canadá, Ottawa. Figura 99 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 300 ____________________________ De 1888 a 1891 pintaría a esas mujeres modelos pelirrojas con verdadera obsesión, aunque siempr e fueron sus favoritas. S e prendó y enamoró de muchas de ellas. Adoraba el cuerpo de las muj eres, de todas las mujeres, con las que no podría mantener relaciones estables. Mientras las pintaba era una forma de poseerlas. Thadée Natanson escribe: “ Las mujeres de Toulouse -La utre c no ríen nunca, no sonríen más que en e l tea tro y cuando están en su pa pel. De to das, las más melancólicas son l as enamorad as. El habla raramente de mujeres, salvo cuando va borracho” (Natanson, 1992 ). En 1882, año en el que entró en el taller de B onn at, realizará un estudio de desnudo de mujer. Es un a mujer sentada en un diván c on las piernas cubie rtas con unas medias negras. Henri tra bajaba a partir de fi guras de escayolas y de modelos desnudos, esmerándose en el dibujo que f avorecía su aprendizaje. En este caso, Toulouse-Lautrec tomará una imagen erótica tra dicional. Pero la originalidad de este cuadro viene de la ambigüe dad entre esa sensualidad im plícita que refleja y la pose por otro lado tímida, casi asustada de la modelo, evocando una secreta frag ilidad. Esta paradoja resume las emociones contradictorias de Toulous e -Lautrec hacia las mujeres que reflejará hasta el fin al d e su vida. Repartido entre un profundo ca riño para su madre piadosa y su atra c ción por las señora s de los bajos fondos, Henri sabía que no podría jamás conocer el ver dadero equilibrio. Ninguna mujer adulta de su clase social se arriesgaría a ele girlo c omo pareja y sus posibilidades de realizar un matrimonio convencional al uso eran pocas. Era consciente de ello, lo sabía. Como siempre en Toulouse- La utrec lo trágico es taba en el corazón de lo truculento, el placer no podía inscribirse más que en la decadencia ( Frey, 1996 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 301 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1.1.3.1.- Marie Clementine Valadon ( 1867 -1938) Fue durante un tiempo modelo predilecta y am ante oficial de Toulouse - La utrec, conocida y reconocida por todos sus amigos. Su nombre era Mar ie - Clementine Valadon y se conoc e como Suzanne Valadon. Era hija de una c osturera y , después de pa sar fugazmente por una escuela de monjas, ejerc ió diver sos oficios: fue modista, muchacha de se rvicio, camar era en un restaurante, ve ndedora de verdura y a los 15 años artista d e trap ecio en un circo amateur, e l circo ambulante “Molier”, en el que una c aída puso fin a su carrera como trapecista. Pronto pasó a trabajar de modelo para diferentes artistas, entre otros: Degas, Renoir, Puvis de Chavannes, Toulouse-Lautrec y para el impresionista italiano Federico Zandomeng hi que también vivía en Paris. Autorretrat o de S. Valad on, 1883. Óleo sobre tela. Musé e National d’Art Moderne Georges Pom p idou, París. Figura 101 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 302 ____________________________ Era una mujer muy cél ebre entre la bohe mia de Montmartre y también vecina d el estudio d e T oulouse- Lautrec en 1886; Clienta asidua del Café d e l a Nourella-Athénes, en la Plaz a Pigalle, centro int electual de Montmartre, donde se daban cita los pintore s agrupados frecuentemente en torno al escritor Zola. Pronto se difundió el n uevo lugar de reunión y po día verse a poetas y pintores como Paul Verlaine (1844-1896), Manet o Degas y a las damas del ga lanteo mu y dadas a andar con artistas para libr arse del aburrimiento de sus ricos amantes. Suzanne Va ladon, era entonces una modelo mu y codiciada que pasaba por ser intelige nte y astuta. Degas mostraba gran interés por ella y le hab laba de pintura mientras le hacía posar en las posturas más atrevidas. Bajo su influencia comenzó ella misma a pint ar y a D egas le imp resionaba el trazo duro que ella empleaba (Vig ué, 2007). Renoir también la eligió c omo modelo para varios cuadros, lo mismo que Puvis de Chavannes (1824-1898) que la uti lizaba para pintar sus musas y e febos y que además le enseðñ a coger el pincel. H abía pos ado para el “Bois S acre” (1884) de P. Puvis de Chavannes (1824-1898) parodiado por Toulouse-Lautrec en un croquis de 1884 y para Federico Ze ndomeneghi. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 303 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Miguel Utrillo, por su m adre S. Valadon, 1921. Óleo sobre tela, 65,5 x 52 cm. Musée Maurice Utrillo, Samois, Francia. Figura 102 Tuvo un hijo que sería Miquel Utrillo (1883-1955), también pintor famoso y alcohñlico. Este pintor fue compaðero de Casas, Romeo y Rusin yol en “Els Quatre Gats ”, bar finan ciado por Casas y loc alizado en los ba jos de la Casa Martí, edificio del a rquitecto Joseph Puig i Cada falch, si tuado en la calle Montsia en el centro de la ciudad de Barcelona (un b ar al est ilo de “Le Chat Noi r” de P arís), donde se desarrollaban e xposiciones de arte y tert ulias. Fue inaugurado en el mes de junio de 1978 y estuvo abierto durante seis años. Suzanne, c onoció a Toulouse-Lautrec en París en 1885 y ést e se enamoró de ella. Pronto se convertirá en la modelo pr eferida, haciéndose de rogar, hasta convertirse mu y pr onto en su amante. Durante dos años vivieron esa intensa relación (Vig ué, 2007). A través de él a prenderá re almente el oficio de pintora y e xhibirá las caracter ísticas d el a rte de Toulouse - Lautrec , como la perspicacia, la agudeza M.Rosario Carca s Castillo – pag. 304 ____________________________ psicológica y la incapacidad de embellecer las cosas (para algunos c ríticos), siempre con una fuerza agresiva en su pincel y e n su lápiz que Toulouse -La ut rec no poseía. Fot ografía d e Suzanne Valadon con su madre . Figura 103 Convertida en una modelo de excelente consti tución y de b elleza llamativa, pasó de mano en mano hasta ll egar al taller de Toulouse- Lautrec. All í se reveló inmediatamente como una modelo fue ra de toda no rma, cu y a belleza admiraba el pintor, pese a tener el pelo cast año. Se sentía obsesionada por el amor físico. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 305 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Suzanne Valadon, 1885. Óleo sobre tela, 54 x 45 cm. Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhagu e. Figura 104 La relación al parecer no fue del todo cordial y hu biera durado más tiempo si a Suzanne no se le hubiera antojado casarse. Se dice que la Valadon le había echado el ojo a Toulouse -Lautrec y que quiso ca sarse con él, llega ndo a amenazarle con el suicidio si se negaba a h acerlo. Cuando el pintor descubrió la estratagema y cansado de sus mentiras, de sus escapa das, de sus irreflexiones llena s de maldad y de su continuo mal humo, se separó de ella y nunca más la volvió a ver (Neret, 1999 ). Posará como su mod elo en una d e las más admirables telas de este ti empo, “La bebedora o la r esaca” y para “Polvos de arroz”. Es probable qu e fuese también modelo para “A la mie”. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 306 ____________________________ Polvos de arroz, 1887-1888. Óleo sobre cartón, 56 x 46 cm. Ste delijk Museum, A msterdam. Figura 105 También Toulouse- La utrec le consagrará varias pint uras y va rios bosquejos de perfil, ex istiendo un óleo de 1886, que la presenta grande, con sus cabellos en turbant e que sugieren un c uad ro de Van Gogh. Es un re tr ato de gran calidad en el dibujo aunque con g esto rudo y s erio. En “Polvos de arr oz” le hace un retrato vista de cara, reflejando las influencias conflictivas que subsi stían alrededor de Toulouse - Lautre c y da más impresión de enc ontrarse la modelo ante una mesa de bar que maquillá ndose. El primero lo pinta en un estilo suelto, casi expresionista, cuy a reproducción aparec ió en « El Correo Francés » el 19 de abril de 1889. El segundo de ellos es más tradicionalista y hace pensar más en P issarro que en otro artista contemporáneo (Denvir, 1991). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 307 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ La historia con S uzanne Valadon demuestra que Toulouse - Lautrec no está dispuesto a que le echen el gua nte y sin embargo su colecc ión de mujeres es ca da vez más amplia y florida. Los distintos biógrafos nos cuentan que la V aladon fue el ma yor encan to para Toulouse - La utrec, sería la quint aesencia de la belleza femenina. “Sñlo esa maldita Valadon es de pelo castaðo” decía. “La mejor forma de p oseer a un a mujer es pintándola” dijo Ingres. Toulouse-Lautrec comenta cínicamente : “A ésa podría tenerla por 50 francos” (Rodríguez, 2005). En esta afirmac ión re side toda su desesperac i ón y a la vez todo su desengaño. 1.1.3.2.- Carmen Gaudin (1866-1920) Carmen Ga udin será durante un tiempo la modelo preferida de Toulouse - La utrec. Es una sencilla trabajadora, modesta, suave y ta mbién pelirroja. (Se teñía el pelo porque realmente era ca staña). Toulouse- Lautrec le llamaba la mujer de la “cabeza dorada” c on cabellera de un naranja decolorado y con aire severo. Buscar modelos con los cabellos rojos iba a ser en el fut uro un hábito para Henri, que se convertiría en una marca de fábrica, en una seña fija de sus cuadros. Un día, Henri con fiesa a un compañero de taller que las encuentra particularme nte excitantes a causa del olor particular de su piel (Fre y, 1996 ). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 308 ____________________________ Busto de mujer, de perfil, Carme n Gaudin, 1884. Óleo sobre tela, 50 x 55 cm. Colección Bührle, Zurich. Figura 106 El fie l He nri Gauzi nos p roporciona infor maciñn concreta sobre ella. “Él y Toulouse-Lautrec, iban a comer a Boivin, cuando se topan con una joven vestida de obrera. S u cabeller a roja le hace detenerse y Toulouse -Lautrec g rita entusiasmado: “¡Va ya m ujer, qué rostro de caballo tiene!, se ría fantástico tene rla de modelo. Preg úntale si quiere” . Nada más fá cil, contestñ su amigo, que echo a correr tras la joven seguido penosamente por Toulouse -Lautrec. Cuando la joven escucha la amable proposición del pintor, titubea un poco : “Nunca he posado de modelo”. Pero fina lmente accede. Toulouse -Lautrec la había tomado a primera vista por una “puta respetable” (Gauzi, 1954). La habían encontrado los dos amigos, Gauzi y To ulouse - Lautrec paseando por la calle en 1885 (d espués de h aber d ejado Toulouse -Lautrec a los Gr enier, para instalarse en casa Rachou), en la 22 de la calle Fanneron, tras el cementerio de Montmartre, que estaba abierto. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 309 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Para sorpresa del pintor y a compañado aca so d e decepción, la muchacha resultó ser una mujer tier na y algo enfermiza. A veces venía al taller de To ulouse - La utrec con el cuerpo cu bierto de moratones, con huellas de las tremendas paliza s que le propinaba su amante, un oficial del ejército. Lo que a Toulouse-Lautrec le impresionaba de Carmen era su cuerpo ga stado, su pu reza de ex presión, sencilla y sincera y sus ademanes toscos, no disimulados por educ ación alguna. Rep resentaba a la clase trabajadora qu e sobrellevaba con energía, humildad y cansancio, todo el peso de la vida ( Neret , 1999 ). La lavandera, 1888. Óleo sobre tela, 93 x 74,9 cm. Colección privada. P arís. Figura 107 En el cuadro “Mujer pelirroja sentad a en el jardín de Monsieu r Forest” d e 1889, aunque la modelo ha sido identificada fa lsamente como Rose, se trata también de Carmen Gau din. Está sentada en un jardín o parque que se encontraba bajo el cementerio de Montmartre, del que el propietario del lu gar, medio M.Rosario Carca s Castillo – pag. 316 ____________________________ em bargo es un cartel triste, nostálgico. Parece e x presar la contrariedad del artista por no poder c onquis tar el amor de esta mujer que e stá sola, con la mirada perdida. La pasajera del camar ote 54, 1896. Litografía en color (cartel), 59 x 39,7 cm. Colección particular, P arís. Figura 109 La composición nos recuerda a De gas o Mar y C asta, de la misma mane ra que el g rafismo (las ra yas del tr asatlántico y el punteado de la falda) y el encuadre (la modelo está de espaldas). Tiene un detalle p ropio de un genio: e l perfil pu ntiagudo d e la nariz de l a joven, señalado por un minúsculo bote que se destaca sobre el azul de las olas (Ollero y De Luca , 1991 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 317 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1.1.4.- Otr as m o delos fem eninos sin iden tificar Fueron pintadas muchas otras mujeres alrededor d e 1890 -91 y formarán un grupo aparte. Entre ellas desta can: “Mujer fumando un cigarro” , “La que se peina”, “Mujer sentada de perfil”, “En me ublé” y “La mujer de la boa negra” (Oller o y De Luca, 1991 ). 1.2.- Mujeres de noche Toulouse-Lautrec, con f recuencia tomaba muchas veces el rol de ena no borrac ho que divertía a las mujeres, cuando no las asustaba. 1.2.1.- Am igas bailonas y c antantes Para H enri, las mujeres que le atr aían se divi dían en dos cate gorías: bailarinas y cantante s que admiraba de l ejos y las prostitutas que le vendían sus cuerpos. Su tendencia a considerar las mujeres tanto c omo objetos de respeto como de explotación no le im pide buscar i gualmente en e llas la ternura o l a amis tad que no puede encontrar en o tros lados y sobre todo entre las mujeres de su rango y clase socia l. Toda su vida Toulouse- Lautrec buscará entablar amistade s con mujeres extremadamente seducto ras y por tanto esa característica las ha cía inac cesibles para sí. En lugar de enfadarse y encolerizarse por sus propias desgracias, la b elleza de estas mujeres le apo rtara verdadero placer, qui zá por el sentimiento de poder, M.Rosario Carca s Castillo – pag. 318 ____________________________ pero sobre todo porqu e ellas se exhiben en públi co con él, s e sientan y pasean juntos. En lugar de ser un a mante, Toulouse -Lautrec era el compañero, el confidente, e l amigo. 1.2.1.1.- L ouise Weber “La Goulue” (1866-1929) De sobrenombre “La Goulue” (la trag ona), fue una bailarina alsaciana que sería figura principal e n el cabaret Moulin Rouge. Nacida en L or ena en 1866, su fa milia hu y ó refugiada a París en 1870, donde creció, ganándose la vida por los medios de una niña proletaria: vendedora de flores, lavandera, y quizás prostituta ocasional. Fot ografía d e la Goulue hacia 1891. Figura 110 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 319 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ El sobrenombre le ve nía por su ape tito descontrolado, ll evaba siempr e los labios relucie ntes de comida y porque se bebía todo lo que queda ba sobre las mesas de los clientes. Arrogante, camorrista, altiva y d e maneras vulgares e ra sin embargo una excelente bailarina y ac tr iz que sabía sacar el ma yor partido de su esca so atractivo y conseguir en las no ches que actuaba el a plauso frenético d e un público desaforado. Bailará muc has veces en compañía de Valentín le Desossé, apodado “el sin huesos” a quien le debía parte de su éxit o pe rsonal. Será la b ailarina de can cán más atractiva y soli citada. Se desco noce cuándo empezó a bailar profesionalmente pero hizo una carrera meteórica. En el M. Rouge o El paseo, 1891-1892. Óleo sobre cartón, 80 x 65 cm. Cole cción privada. Figura 111 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 320 ____________________________ El cancán, caracterizado por movimientos de piernas que dejaban al descubierto d escaradamente los muslos de las piernas, se convirtió pronto en una danza exhibicionista reserva da a los alborotadores de los ca barets. El e spectáculo se terminaba tradicionalmente por abrirse de piernas, las bailarinas se dejaban caer en el suelo y sus faldas hacían un c ír culo en el suelo alrededor de ellas. La Goulue bailaba mu y bien, con gestos sensuales y provocativos, decidiendo muchas veces al final de su número, d ar vueltas por detrás del público y subir sus piernas po r encima de la cabeza de l os espectadores, mostrando debajo del vestido un pantalón de encajes provocativo y haciendo volar en numerosas ocasiones, el sombrero de la cabeza de algún espectador con las carcajadas espera das (Vigué, 2007). Jo y ant nos revela en la biogra fí a del artista que L a Goulue y Valentin también bailaba n valses con mucha eleg ancia, señalando que también tuvieron momentos de gloria elegantes. Henri amaba el espectáculo y sob re todo y particularmente a la Goulue, cuy as extravagancias le encantaban; quiz á se ide ntifi caba con ella en la b úsqueda de todos los placere s. De cua lquier manera la Goulue, se transfiguraba con la danza, y esta transfig uración era pa ra Toulouse -Lautrec un misterio que le atraía con entusiasmo (Harris, 1997). Normalmente bailaba en los ca ba rets, con su “quadrille” compuesta po r mujeres menos conocidas que ella como Mòme Fromage (en realidad una compaðera lesbiana que compar tí a su vivienda), Grille d‟ E gourt (llam ada así por tener los dientes separa dos), Nini Patte- en -l‟a ir o R ayon d‟ Or y La Torpille. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 321 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Fot ografía d e la cuadrilla del M. Rouge hacia 1894. Figura 112 Fot ografía d e la Goulue bailando el cancán Figura 113 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 322 ____________________________ Los dueños del Moul in Roug e, J oseph Oller y C harles Zidler, le encargan a Toulouse-Lautrec e l ca rtel de la temporada de 1891, re al izando éste su primera litografía original. Querían deslumbrar y super ar el aforo de cualquier otra sala de baile. A finales de ese año, se pegarán los carteles sobre los muros de París y La utrec se paseará por l a c iudad en coche de caballos. A sus veintis iete años, La utrec se hará famoso en un día. Será uno de los carteles más populares de la historia del arte. En él Toulouse-Lautrec pintará a V alentín y a la Go ulue con una técnica en la que simplifica las líneas y uti li za colores reg ulares, sin veladuras (Figura 169). Pero el éx ito de La Goulue, será tan v ertiginoso c omo efímero. La c arrera en el Moulin Roug e con un sueldo de 3.750 francos a la se mana acabó en 1895. Bebía demasiado y se estaba poniendo gorda. Cuando ella engordó toda su “quadrille” fue sustitui da en el Moulin Roug e. Posteriormente a su espectác ulo en el Moulin Rou ge, a brió una barraca e n Foire du T rône donde b ailaba la danza del vient re y donde Toulouse- Lautrec a petición de su amiga, s e encargó de decorar el frontal de la barraca c on dos paneles, uno a cada lado de la entrada: A la iz quierda estaba “ La Danse au Moulin Rouge” y a la derecha “La Dansa mauresque, o Les Almées”, ñleos de aproximadamente 300 x 300 cm, que ho y se encuentran en el Museo de Orsa y (Bey ler, Coignard, Madeli ne, Dufour, Larroche, Gotees, 1982). En 1929, el año mismo en que muere la Goulue, las telas fueron recompradas por e l Museo del L ouvr e que reconstruyó el c onjunto, habiendo pasado éstas por difer entes manos e incluso cortadas y vendidas por trozos en los que se re fl ejaban los distintos personajes (Gallach Instituto, 1998). Con estas telas Toulouse-Lautrec penetraba r esueltamente en uno de los campos más humildes a que pu ede rebajarse el trabajo d e un artista pero, sin ningún problema, nuestr o pint or aceptó con el f in de a yudar a su amiga. Pero por otro lado, hay que reconocer que sólo los grandes son capaces de pintar esa s dimensiones. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 323 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Más tarde, la Goulue trabajaría como vendedora de flores, como luchado ra en la f eria de Neuill y en 1896, como domadora y c omo vended or a de g olosi nas en la entrada del Moulin Rouge. Posteriormente viviría co n un hombre qu e en 192 5 la expuso públicamente como curiosidad. Totalm ente fracasada t erminó sirviendo de criada en un burdel y luego de trape ra vivi endo en una roulotte en Saint -Ouen con un pe rro bautizado Rigolo. Murió pobre en el hospital parisino de Laribosiére en 1929, el mi smo año que los paneles que Toulouse -Lautrec había pintado para su barraca de feria fueron e xpuestos en Luxemburgo (Ne ret, 1999 ). Gracias a él, a T oulouse- Lautrec, todo el mundo conoce a la Goulue. 1.2.1.2.- Jane Avril “La Mélinite” (1868-1943) Se le considera bailarina , cantante y a ctriz, aunque la realida d es qu e sólo cantaba mu y de vez en cuando. Era discreta, delicada y elegante pero con una e ner gía endia blada, desbordante y de ahí el apodo de “La Mélini te” (sustancia parecida a la dinamita); vivía rodeada de un a corte de admiradores, entre los que se encontraba Toulouse - La utrec. Era hija de un emigrante italiano de origen noble, que no se había c asado nunca con su ma dre, la “ Belle Elise” , un a alcohñlica, demi -mondaine. Después de una infancia miserable, se enamorará de un estudiante de medicina que la llevará a bailar al Bal Bullie r. Jane trabajó primera mente de taquillera y después de ar tista en un espect áculo e quino, en el “Hippodrom e” en l a Avenue de l´Alma. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 324 ____________________________ Fot ografía d e Jane Avril Figura 114 Finalmente, y bajo el pseudñnimo de “Mélinite”, bailñ en la cuadrilla del “Moulin Roug e” junto a la Goulue. Allí se hizo tan famosa que actuñ en los mejores locales de París. Sin embargo su v erdadera vocación es la danza en solitario, gracias a la cual triunfará en el “Diván J aponés” y en el “J ardín de París” ” aproximadamente entre 1890 y 1894. Otros la llamará n “l´etrange”, la extraða. En escena su timidez cedía el paso a un a frenéti ca coreografía donde la bravura y fe rocidad ha cía pensar en los baile s del Prince I gor y de la Goul ue. Para ella el baile era e spírit u y fuerza e x presiva. Ahora se dedica a bailar “c omo una orquídea en delirio”, decía Joy ant. La característica pr incipal de su coreografía era una posición c on una pierna levantada que movía hacia uno y otro lado y pronto se convirtió en el El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 325 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ personaje favorito del públi co parisino. L a tez pálida y los ojos de color azul turquesa le da ban “el por te de una virgen depravada”. Muy autoritaria, eleg ía ella misma sus vestidos con cuidado, prefiriendo el verde, el malva y el azul, a los colores chillones de sus compañera s del Moulin Rouge y otros cabare ts que le habían bautizado “Jane la Loca”. Ya en Moulin Rouge, e ra la única bailarina qu e no llevaba ropa interior blanca, sino de color, s edas, muselinas ne gras, verdes, lilas, azules o nar anja, en maravillosa combinación de colores. Cuida sus movimientos, elige los pasos de danza y sus “disfraces” realzan su perso nalidad. Toulouse-Lautrec se divi erte pintando es as fi guras raras e inusuales de l a bailarina con sus piernas por lo a lto y sus vestidos y trajes armónicos y hechuras perfectamente cortadas (Neret, 1999 ). La figura d e J ane Avril, símbolo de la “femme f atal ”, encierra contrastes permanentes, es una criatura elegante que salió milagrosamente indemne de las vicisitudes que le hiz o soporta r una madre a la que odiaba como lo confiesa en sus memorias, re dactadas e n 1933, durante los últimos años de su vida (De v y nck , 2003 ). Internada mu y joven e n Salpetriére , a causa de una “ enfermedad nerviosa” bajo los cuidados del célebr e doctor J.M. Charc ot, recibirá la visita de Sara h Bernhardt, que fue a ver un ataque de locura real. Una noche ingresada e n el hospital, Jane A vril asisti ó a un baile de máscaras or ganizado en el Pabe llón del doctor vecino; se había disfrazado de “Descente de la Courtille”. Fue ahí donde sintiñ la revelac iñn de la da nza, la atracción por el baile, que la cur ó. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 332 ____________________________ fuego y luz. Durante ese gesto me fijé en su mano de enano, ancha y afilada, que pendía de un e xtravagante brazo de marioneta”. Yvette G uilbert saludando, 1894. Gouache sobre cartón, 48 x 28 c m. M useo Toulouse -Lautrec. Albi. Figuras 119 Sin embargo, la s encillez , seducción y encanto de Toulouse -Lautrec surtirán efecto, aunque ella lo despreciará al principio. Cuando la prensa en ge neral, a laba y se quita el sombrero ante el primer álbum de litografías, “Yvette Guilbert” la diva, se convence de las cu alidades del pintor y se congratula con su “peligroso” retra tista. Le dice: “realmente es usted el genio de la defo rmaciñn” y él le contesta con voz arisca: “Sí, así parece” . Sus enc uentros son tormentosos. “ ¡Oh, el amor, el amor!” clama él, “usted Yvette, sabe cantar en todos los tonos, pero debe mantener la nariz ta pada, querida ¡La n ariz tapada! Si usted cantara con añoranza, podríamos entenderla y nos El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 333 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ divertiríamos con la verdad de esta emoción ¡Pero el amor, mi querida y pequeña Yvette, el a mor no existe!” “Y el ca rácter nada ti ene que ver con el amor. ¿ Cñmo puede una chica inteligente c onfundir el coraz ón con los negocios? Pero los hombres, mi pequeña Yvette, los hombres que son amados por jóvenes bellas, solamente tienen el vicio en los ojos, en los labios, en las manos el vicio en el vientre ¿Y qué pa sa con las mujeres? Se divierten con ello, esas dulces carátulas” (Harris, 1997). Yvette G uilbert, 1894. Pintado a colore s sobre carboncillo, 186 x 93 cm . Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Figuras 120 Parece que é l mantuvo largas conversaciones ínti mas con ella y en u na ocasión le confió qu e s ólo creía en el d eseo y que pa ra él, el amor no ex istía, como vemos en la frase anterior. El pap el de ella como confidente nunca creció hasta convertirse en el d e amante, aunque es pro bable que Toulouse - Lautrec lo hubiese deseado. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 334 ____________________________ Al final de su carrera recupera rá su esplendor con la vieja canción francesa. Una vez que la cantante y bailarina abandona la escena, se hace e scritora y publica varios ensa y os sobre la Belle Époque (N eret, 1999 ). Toulouse-Lautrec la dibujará por primera vez e n enero de 1893 y en lo s años siguiente s le hará numerosos retra tos, generalmente sin su autorizació n y la repre sentará siempre fea (Dev ync k, 1992). Hacia 1930, Yvette le había dicho a la actriz Arlett y : “Lautrec es bisutería”. Para Toulouse- Lautrec la estética no est aba l ejos del placer erótico. Cuando encontraba una mujer seductora le invitaba a posar para él, teniendo así un pretexto para controlarla, pa ra dominarla. Hacía simbólicamente el amor a las mujeres que no podía seducir, dibujándolas o pintándolas, pose y éndolas sobre te la o sobre el papel (Fre y , 1996 ). 1.2.1.4.- May Milton Fue ba ilarina y a mi ga inseparable de Jane Avril. Según Toulouse-Lautrec tenía una melena revuelta y una piel llena de pecas. Otras vo ces no eran tan fa vorables a ella, res altando su pes ado aparato masticador, con di entes amarillos, su piel sebácea y otros detalles d e su cuerpo poco agraciados. Había venido a París con un grupo de girls ingl esas y tuvo la ventaja d e contar con la prot ección de J ane Avril, que porfió e insi stió en ll evarla a su lado, cuando la invitaban a ce nar. Por e so Toulouse-La utre c que pintñ dos retratos de ella, la llamaba “ Mi ss Aussi” (Seðorita También). En el cartel azul la repre senta con el atuendo e scénico y en el otro, c on v estido de calle. En Fra ncia l a li tografía fue publica d a e n la revista “Le Rire” el 3 de agosto de 1895 (Devynck, 2011). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 335 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ May Milton, 1895. Litografía en cinco colores (c artel), 78,5 x 59,7 cm. Museo Toulouse-Lau trec . Albi. Figura 121 Peses a sus benevolentes protectores, Ma y M ilton actuará sólo un invi erno. El público no disfrutaba especialmente con sus salt os en el aire. Henri sentía int erés y admi ración por la forma en que hombres y mujeres se presentan ant e el mundo y nin gún artista ha ya comprendió tanto como él que el vestuario, el maquillaje y los g estos for man parte del arsenal con el que una mujer hace frente al mundo. Su única fama se la d ebe a Toulouse - Lautrec. El int erés de Toulouse- La utrec por “Miss Aussi” tenía su origen, lo mi smo que por Jane Avril, en su fascinación por todo lo q ue fuera diferente en el te rreno sexual, sobre todo el amor lesbiano (Neret, 1999). T uvieron una relación entre iguales, lo que a trajo al uno al otro fue la sensación de ser dife rentes de los demás, de ser especiales, singulares. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 336 ____________________________ 1.2.1.5.- May Belfort Cantante irlandesa, actuará en un a opereta, pero sus actuaciones dejaban bastante que desear. Trabajó también en café -conciertos y su verdadero nombre era May Egan. Esta “oveja baladora”, p orque cantaba mal, con atuendo de bebé rec ié n nacido, con rizos que le caen hasta los hombros, con encajes en las mangas y una cofia sujeta por un cor dón bajo la barbilla, salía a escena con un gatito negro en la mano. Otras vec es se presentará llevando vestidos de color pastel, con mangas bombachos y con volantes, a lo Kate Greenawa y ( Ollero y De Luca, 1991 ). Cantará sus e logios con voz suave, melosa e inf antil, al tiempo que acuna el gato negro e n los brazos. Pero no nos en gañe mos, pese a su aspecto infantil e inocente, ella tiene una cierta inclinación p or lo morboso y depravado. La relación entre nuestro pintor y May Melfort fue muy fluida a pesar de que la ca ntante no e ra mu y popular entre sus amigos debido a la reputación de sadismo que corría sobre ella. Sus animales prefe ridos son las culebras, tortugas, cangrejos y escorpiones. Jo y ant la ll ama “rana”, Toulouse- Lautrec la llama “orquídea” a esta criatura viciosa y le e stampará besos con sabor a ajo. Toulouse-Lautrec hace cinco retratos de ella, publi cará varias litografías y le hará un cartel, un sueño en rojo que tiñó de color las vallas de París. Pese a su esfue rzo y a su tale nto, Toulou se- Lautrec no consig ui ó convencer al público de las cualidades d e Ma y Belfort y des apareció simultáneamente de la esce na parisina y de la vid a de Toulouse - Lautrec, que aú n concluirá a lgunos dibujo s y otra litografía de ella (Dev y nck, 1992 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 337 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ May Belfort con gato, 1895. Litografía a cuatro colores, 79,5 x 61 cm . Colección particular, París Figura 122 May Belfor t caerá en el olvido. Su inmortalidad se la debe a Toulouse - La ut rec, retirándose a causa de su mala salud. Como lesbiana mantuvo relaciones con sus colega s Jane Avril y sobre todo con Ma y Milton, lo cual quizá le dio a Toulouse -Lautrec la idea de intercambiarla s en sus carteles. Toulouse - Lautrec las representa en dos de sus carteles que tir ados a pr ecio de ejemplares, susc itarán la admiración de todo el público parisino. Pablo Picasso poseerá un cartel que lo introduc ir á en uno d e sus cuadros: “Interior con mujer e n el baðo”. May Belfort se encuentra en al menos diez obras de Toulouse-Lautrec. 1.2.1.6.- Cha-U-Kao M.Rosario Carca s Castillo – pag. 338 ____________________________ Es una bella muje r a l a que Toulouse - Lautrec a dmiraba fervientemente. Bailarina, acróbata y có mica, una chica li gera d e cascos que s e hacía pasar por japonesa; incluso eligió ese nombre de sonido or iental. Toulouse-Lautrec la ha p intado con todos los disf races posibles, habiendo organizado por ello verdadera s m ascaradas en el Moulin R ouge. Fue para Toulouse -Lautrec, en la época d el Moulin Rouge, una especie d e arquetipo en ese sentido: personalizaba la doble in versión, la de una mujer que no solamente actúa en papeles tra dicionalmente masc ulinos, sino que también ama a las mujeres. Cha-U-K ao: la mujer payaso, 1895. Óleo sobre tela, 64 x 49 cm. Museo d’Or say, París. Figura 123 En la composiciñn “En Moul in Rouge: dos mujer es bailando el vals”, parece como si el espectador se hubiera inmiscuido en su vida íntima. Había sido sorprendida en un mom ento muy p ersonal, casi secreto, como si Toulouse -Lautrec quisiera de cirnos: “Mirad, aquí os muestro lo que es una lesbi ana, un a prostitut a: ante todo, una mujer” (N eret, 1999 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 339 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ En el Moulin Rouge: dos mujere s bailando, 1891 -1892. Óleo sobre cartón, 93 x 80 cm. Galeria Nár odní, Praga. Figura 124 Fue una de las grandes fuentes de inspiración de Toulouse -Lautrec quien la retrató tanto montada en un burro en un baile de carnaval, como sentada de frente con las piernas separada s en actitud mu y poco equívoca (Figura 140). Durante mucho tiempo fue una de las modelos pre feridas d e Toulouse - La utrec. 1.2.1.7.-Marie-Louise Fuller (1862- 1928) Conocida como L oïe Fuller, a los cinco años salió a escena como c antante y acompañándose ella misma al piano. A los 13 años pronunci aba con ferencias y a lo s 18 recitaba textos de Shakespeare. Después de traba jar en Nueva York y en Londres, se t rasladó a París en 1892, donde ba jo e l no mbre de “La L oïe” entusiasmñ a l público del “Folies M.Rosario Carca s Castillo – pag. 340 ____________________________ Bergere” con la danza de los velos, siendo e l descubrimiento de la tempor ada parisina 1893-94. Parece que la id ea de m eterse a b ailar s e la dio una antigua actriz, cuando la vio probándose un ve stido para una representación teatral. Cultivó un ti po de danza en la que parecía una mariposa o mejor un a orquídea al girar sobre s í misma bailando con vestido de velos, manteniendo las piernas prácticamente inmóviles. Aparecía en escena cubierta de tules con los que, ay udándose de largas vara s que prolongaban los brazos, hacía movimientos espirales que parecían increíbles, vuelos que formaban una aureola de luz tan misteriosa como poética, ensimismando al públi c o (Frèche s , Roquebert, Thomson y Dev ynck, 1991). Su “Danza del fuego” se comparaba así a un t orrente d e lava a rdiente. Justamente bajos sus pies, y sepa rados por u na plataforma de crista l, había reflectores rojos, que ju nto con los movimientos que realizaba le hacían p arecer una figura irr eal. Se ay udaba de esp ejos, distintos efectos extravagantes y manchas luminosas que acentuaban su originalidad y p ara algunas pe rsonas ese movimiento reflejaba la mag ia de su representación (Devynck, 1992). En un tiempo en el que la il uminac ión eléctrica se empleaba mu y modestamente en el teatro, ella consiguiñ “esculpir” la luz con sus velos y dispersar los colores como un caleidoscopio. Interesa da por los nuevos descubrimientos, se c artea c on Marie Curie que acaba de descubrir el radi o y le de clara que tiene un ve rdadero laboratorio en el que se dedica a impre gnar las telas con sales fos forescentes. ¡Por eso sus números se llaman “Danza del ra dio” y “Baile ultravioleta”! Coloca espejos por t odo el escenario, que multiplicará n hasta el infinito su salida. Al crecer su éx ito amplia rá sus investigaciones sobre la luz y los tejidos , diciendo que en realidad es una científica que ha encontrado su camino en el mundo de la danza. Nada más lejos de la realidad. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 341 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Toulouse-Lautrec quiere traducir a su lenguaje la ori ginal escena d e colores excitantes que le brinda Loïa cada noche y para ello buscará nuevas posibilidades en el campo de la litografía. Sacada una copia del litio, la repasa con acuarela, extendiendo el color c on un fieltro grues o pa ra después esp arcir sobre la superficie polvo de oro. De esa forma, todas las copias de esa litografía son diferentes, va riando la tonalidad de color e n la túnica de la Fuller, bajo la luz de los reflectores. La Rueda (Loïe Fuller), 1893. Gouache sobre cartón, 63 x 47,5 cm. Sao Paulo, Museo de Arte de Sao Paulo Assis Chateaubriand. Figura 125 Ahora puede de cirse que las litografías mar can la fase final de un largo camino en la obra de To ulouse- Lautrec, un ca mi no que ha necesitado de muchas etapas pr eparatorias para conseguir efectos sem ejantes a los g rabados en color sobre mad era japoneses. Por eso, en oc asiones, se c onsidera que ti enen el mismo rango que sus cuadros (Devy n ck, 1999 ). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 348 ____________________________ 1.2.2.4.- Sarah Bernhardt (1844-1923) Su nombre real era Rosine Bernart, hija de un a prostituta de lujo con la que mantuvo un a r elación tensa y distante; su vida familiar no fu e sen cilla. D e carácter excéntrico y capricho, se le llamñ “ la divina Sarah”. Fue la más grande actriz de teatro y cine fra ncesa de su era, y también la primera actriz -empresaria del mundo de l espectáculo y un a d e las pion eras del cine mudo. Su estilo de actuación se basaba en la naturalidad. También se i nteresó por la escultura y la pintura llegando a expone r varias veces en e l Salón de París entre 1874 y 1896 recibiendo premios y men ciones. La pintó Toulouse- La utrec en el papel de Cleopatra, hacia 1891; su cabello era c olor rubio oscuro, pero rubio y sus ojos azul cobalto. 1.2.2.5.- Emilienne d´Alençon (1869-1946) De nombre Èmilie An dré, se le conoce como bailarina de cabaret y cortesana. Es otra div a de la vida no cturna parisina de l a que Toulouse - La utrec realizará diversas litografías con gesto altivo y distante. Llama da una de las “Trois Grâ ces” de la Bell e Epoque, con L ian e d e Pougy y Caroline Otero, actuará en los locales de moda de París y Londres. L iane será su ama nte de forma int ermitente y a la vez rival en el music -hall de la época. 1.2.3.- Mi s amigas d e los burdele s , las fl o res del arroyo En el únic o lugar dond e Toulouse-Lautrec se s entía li bre y s eguro era en las casas de prostitución, en los burdeles, donde pasaba s emanas entera s como si estuviese en su misma casa . Se sentía libre tan to como artista como h ombre. Actuará como compañero y amigo de la s mujeres y esto si gnificará mucho; pero no es el único que lo hace, pues artistas japoneses ya lo hicieron antes que él. Con sus pasitos cortos se paseaba po r ese ambiente como un divertido y experto obser vador mostrándose tal y como e ra. En el fondo, le envolvía una g r an soledad. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 349 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Henri ve a estas chic as tal y como ellas son; mi entras les pint a crea el ambiente que les rodea y permanece ent re las muj eres no solo para conocerlas sino porque entre ellas se encuentra a gusto. Toulouse-Lautrec adoraba el cuerp o de las mujeres, de todas las mujeres pero sobre todo las que además eran alegres y c aprichosas. Se gún declara el crítico de arte Gustave Coquiot, nacido también en 1864 en Francia y con problemas por el éter y la sífilis: “A Toulouse-Lautrec, le habría gustado encontrar una muj er que fuera su amante pero más fea que él y e xcepcionalm ente dotada en e l plano sex ual” (Denvir, 1991 ). A Toulouse-Lautrec se le comparaba en los burdeles a una cafetera con larg o pit orro, teniendo en la opulencia y abund ancia de s u barba el si gno de su virilidad. Se jactaba de conoce r po r e xperiencia los mínimos rincones del c uerpo femenino y f recuentemente las evocaba c omo entidades aparte, como abstracciones de pura poesía. Todo era bu eno par a estimul ar su lirismo: la forma de la boca, la calidad de la cara , la dulzura de la piel, pero sobre todo el hueco de las rodillas y de los codo s. Le gustaba el olor de las mujeres, sobre todo el d e rosas, y había invent ado para ol fatear, lo que llamaba la “técnica de l bolsill o”. Le int eresab an particularme nte las axil as que les llamaba „ los des pachos del tabaco‟ . Todos los complementos del vestido de las mujeres y los accesorios femeninos también le e stimulaban: jo y as, manguitos, perfumes, etc. Le gustaba todo, particularmente observar a u na mujer a hurtadillas, mirarle ocuparse d e su aseo personal y atavia rse con la ropa. Como si sólo le interesara una v erdad interior que él sólo tenía el privilegio d e observar (Harris, 1997). En los ñleos “ La gorda María” d e 1884 (Óleo s obre lienzo, 80,5X65 cm. Van de r He y dt Museum. Wuppertal) y “Desnudo femenino sentado en un diván” de 1883 (Ó leo sobre lien zo, 55X46 c m. Musé e Toulouse -Lautrec d e Albi), la luz M.Rosario Carca s Castillo – pag. 350 ____________________________ se expresa mediante un n uevo cromatismo, de forma indirecta, que constit uye una audaz invención de Toulouse-Lautrec. En su con cepción pictó rica e intele ctual estos retratos tienen algo e n común: dirigen la atención a los sentimientos que irradian ante las mujeres, ante esas mujeres. S on con frecuencia sentimientos de tr istez a o des engaño, que pasará n a constituir un lema en la vida de Toulouse -Lautrec igual que la soledad. La familia de Toulouse -Lautrec ignoraba que la modelo era una prostitut a, un ser y a al go ma rchito por el que Henri sentía u na evidente simpatía, un ser cu ya decadencia f ísica es como un eco de su propia miseria corporal. El estudio sobre la participación de Toulouse- Lautrec en la vida de los burdeles y sus relaciones con las prostitutas se ha contado a veces con el hecho de que éste se sentía emocional y s exualmente confortado en un ento rno donde el amor era irre lev ante y su propio físico repulsivo no llamaba la atenc ión. Le gustaba r epetir una vieja fra se famili ar, se guramente frecuente en su p adre: “No debe confun dirse el amor con los asuntos de la carne” (Harris, 1997). Cuando se encontraba en compañía exclusivamente masculina decí a poseer, en el plano sexual, ca pacidades extraordin arias y no ser más qu e “un pene entre sus piernas”. Algunos de sus amigos que habían tenido la ocasiñn de verlo desnudo afirman que te nía macrogenita lismo. P ero es posible que l a impresión naciese del contraste entre las piernas anormalmente cortas de Henri y su sexo de talla normal. Con las pr ostitutas todos los problemas de f ealdad y apariencia no deseada se desvanecían, lo mismo la culpabilidad que el temor de no ser alto ni gua po. Le gustaba alardear o al menos tomar a la ligera, el uso que ha cía de los burdeles; como por ejemplo, dando la dirección de uno de ellos c omo si fuera su domicilio, a posibles compradores de cuad ros y en otra oca sión, re unién dose con su desconcertado ma rchante por entonces, Paul Duran-Ruel, en el conocido como “El salñn de la Rue de s Moulins”. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 351 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Entusiasmado por su carácter y encantado por esos cu erpos qu e se desplazaban casi desnudos alrededor de él con una espontaneidad i gnorada po r las modelos profesionales, p rofundizará en est a vida que se convertirá en una clase de retiro. Llega a vivi r varia s semanas seguidas en el de la calle Amboise de París. De hec ho, a partir de 1882, e l consumo abundante de alcohol y las visitas asiduas a los burdeles ocuparon una parte importa nte de su vida (Devoisins, 1985). Toulouse-Lautrec multiplicará los dibujos eróticos que serán destruidos más tarde , la mayor parte por su madre a la muerte de nue stro pintor y otros quedara n en pr opiedad d e los Gr enie r. Entre ellos tienen un croquis -caricatura de Toulouse-Lautrec y Lil y Grenier de 1888 que conmemora su paso por la casa d e los Grenier y representa una fe lación (Denvir, 1991 ). Fot ografía d el burdel de 24 de la rue des Moulins hacia 1890. Biblioteca Nacional de París. Figura 129 En 1894 cambiará su estancia en ese burdel, po r un establecimiento más suntuoso que acababan de inaugurar en el “24 de la rue de les Moulins ”, cerca de la Biblioteca Nacional. Magníficamente decorado con antigüedades, c an delabro s, tapicerías y espejos, disponía de habitaciones según los gustos de cada uno que lo visitaba, tanto gustos estéticos como de otro ti po; se podía pasar de la cama china M.Rosario Carca s Castillo – pag. 352 ____________________________ a la gran sala morisca o a la gótica d eliciosamente aderezada de látigos y otros instrumentos sadomasoquistas. Toulouse-Lautrec se h ace un inquilino asiduo a este establecimiento, que dirigían Ma dame Barón y su hija Paulette que se hacía pasar por su hermana. Toulouse-Lautrec a esta s mujeres les colmaba de flores y bombones, jugaba con e ll as, presidía las comidas en común cuando los c lientes estaban bebidos y se ocupaba del piano mecánico cuando ellas bailaban. Este burdel y sus internas le inspira ron la serie que ma rca el apogeo de su creación artística, la seri e Elles (Devoisins, 1985). Ni ngún otro artista ha d ado un cuadro t an evoca dor de ese aspec to d e la vida. Dedica más de 40 telas y dibuj os a las internas. Algunos h an des aparecido, otros están bajo el anonim ato. De los que son asequibles, algunos b iógrafos confirman que su anarquism o le ll evaba a condenar el rechazo o a compadecerse de las prostitutas que frecue ntemente estab an considerabas como aliena das de la sociedad. Toulouse-Lautrec las muestra como seres h umanos, sin ironía, sin desprec io y a la vez recha z a el sentimiento que permite a otros conc il iarse con los favore s del público que frecuentaba el Salón. “La modelo es siempre una muðeca dise cada” dice Toulouse -Lautrec, “pero ellas están vivas. No me atrevería a darles cien sueldos por posar, y sabe Dios si merece ría la pena. S e repantigan sobre los canapés como animales. No tienen ninguna exige ncia y carecen de presunción. ¡He encontrado a una ch ica de mi estatura! En ni ngún otro sitio me sien to tan cñmodo” (Harr is, 1997). Allí puede dedicarse a componer obras maestras. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 353 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ El domingo les decía “¿J ugamos a los dados?”, como si estuviese e n familia. L as prostitutas son a la vez sus modelos y sus cómplices. En sus cuadros, dibujos y li tografías est as c hicas se visten y se desnudan, se lavan, desa y u nan, se miran al espejo y no se inquieta n ni se ponen nerviosas ante el hombre p equeño que las dibuja sin cesar y que parece pertenecer a l mobi liario de la ca sa. No todas son bellas pero a sus ojos son algo más: melancólicas, human as y conmovedoras. En estas esc enas íntimas que pint a in situ, no hay nada vul gar, nada disoluto y nad a a mbiguo. “Tienen cor azñn, la buena educac iñn viene del corazñn. Eso me basta”. Toulouse-Lautrec no busca en los burdeles otra cosa que lo vital. Sus cuadros son alegatos de defensa: solamente pinta mujeres (Devoisins, 1985). Ama esa ambig ü edad co nsistente e n vivir en la fronte ra de dos universos. Lo “sucio” a fuera, lo “puro” dentro. L a tensiñn entre individualidad y anonimato era esencial en el disc urso de la época sobre la prostitución. Mientras una corriente humanitaria miraba con ma y or sim patía a las mujeres, la opini ón burguesa predominante sólo podía tolerar la pr ostitución cua ndo era discreta y diferente de la soc iedad “respetable”. La s aparentes incertidumbres al interpretar “Au Salñn”, sugieren la mi sma ambigüe dad en Toulouse- Lautrec e n relación a este debate. “Au Salon” podría interpretarse como una imagen del comerc io sex ual o en términos de sus pena lidades: enajenación, humill ación, enfermeda d. En cualquier ca so, las m ujeres no las representa como incitantes: parecen dóciles, dispuestas y ma quilladas, alertas en su e xpresión corporal pero n o en la mirada. Como imagen libre de una “maison clase”, “Au Salon” no revela mucho. Como es habitual en Toulouse -Lautrec, la imagen interesará más po r lo s rostros de las mujeres que por sus cuerpos que están g eneralizados y prolijamente cubiertos de telas. Pero los rostros, por mucho que reflejen individualida des, no M.Rosario Carca s Castillo – pag. 354 ____________________________ animan para nada la atmósfera aus ente de un salón. Parece un ambiente silencioso, ninguna mi rada se encuentra con otr a; tres mujeres miran hacia la derec ha y dos a l espectador, pero nada las anima ( Devoisins, 1985). Au salon de la rue des Moulins, 1894 Óleo sobre tela, 132,5 x 111,5 cm. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Figura 130 La dist inción que hace François J ourdan, ami go d e Toulouse -Lautrec, entre una elev ada mor alidad o un tormento persona l a lo Dostoievski y el distanciamiento que mantenía Toulouse -Lautrec frente a su tema vien e muy al caso, y a que es principalmente en el campo literario y , en pa rticular, e n el de la novela naturalista francesa, donde hallamos un paralelo con el enfoque de Toulouse-Lautrec hacia este tema. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 355 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ En su arte, Toulouse -Lautrec no adoptó un único enfoque hacia las prostitutas y los burde le s. En temas como “El Salñn”, explorñ el monume ntal tedio del burdel, visto y vivido de manera desapasionada (Devoisins, 1985). “Rue des Moulins”, es casi una crítica de l a humillaciñn que suponen los requisitos lega les, en tanto que “Monsieur, Madame y el perro” e s una obra especialmente humorística. Monsieur, Madame y e l p errito (P a reja administradores del burdel), 1893, Óleo y carboncillo, 48 x 60 cm. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Figura 131 El propio Toulouse -Lautrec parece haber considerado la existencia de la prostitución algo tan n atural como la caza. No pensaba que la reforma de la sociedad ent rara dentro de su misión como artista, por más sim patía o afecto que sintiera por alguna s de estas mujeres. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 356 ____________________________ Tomaban el tema con distancia, sin hipoc resía pero de manera honesta. Los comentarios de Toulouse- Lautrec, especialmente de los hist oriadores de la cultur a más radica les, han tendido a sit uar sus cuadros en el mu y amplio contexto de la vida social y económica francesa d e fine s del X IX, pregunt ando en qué medida son re presentativos de la ideología do minante. A diferencia de los cuadros de burdeles de contemporáneos su y os com o Willete o Forain, las imágenes de Toulouse -Lautrec no se prestan tan f ácilmente a una lectura que su giere un desdén misóg ino o patriarcal. Así, tampoco con su ausencia general de des nudos y sus mujeres d e aspecto más bien mundano, invitan a la devoradora mirada masculina que algunos historiadores feministas consideran un rasgo erót ico residual y pi cante de ciertos cuadros na turalistas, inclu y endo “Olímpica” de M anet. Es difícil determinar e xactamente la aco gida qu e tuvi eron estos c uadros en la vida de Toulouse - Lautrec y l a reacción qu e produjeron entre los críticos pero no parecen haber despertado la cacofonía de comentarios desagradables que produjeron los cuadros de Degas. Sin embargo, ello se debió en parte a la discreción con que Toul ouse- La utrec los exhibía, por ejemplo en salas privadas y a quién los enseña ba, siempre aparte de la exposición principal (Milner, 1992 ). La s chi cas que pasan po r los burdeles y que pint ó entre 1 891 y 1898, se llaman: Madame Posponle: Apodo de una hermosa prostituta retratada dos veces por Toulouse-Lautrec. El nombre viene de piule, significa do de prostituta en francés coloquial. Mademoiselle P opo: Conocida como “L a Tras erito” y como amante de su amigo Ma urice Guilbert. Mademoiselle Poas-Vert: Era c onocida como “La Guisante ”. Elsa: Conocida como “La vienesa”. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 357 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Mirilla: Fue la pre ferida de Toulouse -Lautrec h asta que ella se marchó a Argentina. Mirilla, le ha bía lleva do un bouquet de viol etas pasando por su taller y Toulouse-Lautrec se em ocionó tanto por esta atención que lo diría en muchas ocasiones a sus amigos. Rolande: Modelo en varias pinturas lésbicas y de burdel de Toulouse - La utrec, reconocible por su nariz respingona. En el cuad ro de 1895 “ Las dos amigas” o “La entrega”, la pa rte superior del torso se oculta por su compañera y un b razo doblado sobre la frente, implicando tanto el lenguaje de l cuerpo como la expresión, una respue sta más tentadora a las insinuacio nes de la otra mujer. Las dos amigas o La entrega, 1895. Óleo sobre cartón, 45,5 x 67,5 cm. Suiza, colec ci ón privada. Figura 132 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 364 ____________________________ Liderando el tono liberal del París de los años 90, el concejal Richard propuso que la forma de persuadir a las prostitutas era considerarlas “no como culpables sometidas al a rbitrio policial, sino como enfermas a las que se a yuda como exige su estado”. La s imág enes de Toulouse -Lautrec serán del mismo tenor; parece n no sensacionalistas, la últ ima en particular tr ata de mantener la di gnidad de un sistema sin piedad con ellas, mi entras deambulan en irónica procesión, no mu y diferentes d e las vírgenes blancas de las pinturas de su contemporáneo Maurice Denis (Devynck, 2011). En Toulouse-Lautrec las “filles” resultan coherentes por su pasividad y falta de comunic ación y también por el color de s u pelo. Su afición por el cabello rojo, aquí será otro ele mento más en la sofocante uniformidad de la “maison close” (Milner , 1992 ). De todos los álbumes de litogra fías de Toulouse - Lautrec, e s “ Elles” el qu e se sit úa de form a más d elicada entre las b ellas artes y la ilustra ción. To ulouse - La utrec hará diez placas litográficas que las ti tula al principio, las pinta y de spués encuentra un título mejor, más general, que engloba todo lo que la p rostitución encierra para é l: “Elles” ( “Ellas”). Recoge el ac ontecer de las prostitutas en los bu rdeles, siendo una serie revolucionaria en cu anto a l tema y al manejo delicado y sutil de los medios litográficos utilizados (Arnold, 2001). Como ha señalado Novotny, el álbum recorre la gama d el r epertorio litográfico de Toulouse -Lautrec, u tilizando tinturas monocrom as y multi colores, superficies de corativas planas y formas sólidamente modeladas. Esta versatilidad técnica no era tanto un p rograma como un producto de los procesos p reparatorios del autor. Las imágenes de “Elles” tratan, en un sentido amplio, del mundo íntimo de las muj eres y aluden a los sentidos: la mirada narcisista o complacida, el tacto del pelo, la ropa interior o una esponja, incluso el gusto y el olfato en e l motivo del “Desay u no ” (Figura141). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 365 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Sin embarg o Toulouse- Lautrec segurament e usó más de dos modelos, entre los que se encontraban la amante de Paul Guilbert, Mademoiselle Pauline (Popo) y su madre M adame Barón. Tampo co ha y pruebas específicas para sostener la extendida opiniñn de que “Elles” rep resentaba la vida del burdel, ni mucho menos el establecimiento de la Rue des Moulins. El título es seguramente la clave para interpretar el álbum “Elles”, título anónimo y a la vez a mbiguo. Es implícitamente algo diferente de Nous, la polaridad opuesta al varón. ¿Ese nous, se entien de por nosotros los clientes o los consortes de las mujeres aquí repre sentadas, o el estudioso de este álbum ? Quizás Toulouse-Lautrec no pretendió hac er ninguna distinción. En “Mujer pein ándose” de “Elles”, Toulouse -Lautrec esco gió un punto d e vista e levado, como en otras ocasiones, lo que puede si gnificar la sumisión de l a mujer respecto al espectador/cliente. El tema sería un esqu ema de los requi sitos de una prostituta: atracción física pero anonimato personal. Mujer peinándose, 1891. Óleo sobre cartón, 58 x 46 cm. Ashmolean Museum, Oxford. Figura 135 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 366 ____________________________ Toulouse-Lautrec en “ Mujer poniéndose su cors é” (“Femme metant son corset. Conquêt e de passage” ), ne gñ al espectador masculino e l pa pel implí cito en estas imágenes. El signif icado real de la escena ha sido controvertido, parece más propio pensar en una escena del burdel de la rue des Moul ins, donde la pr ostituta se desviste ante la mira da del cliente, mi entras éste espera. La muj er n o parece posar sino más bien sorprendida e n una situación puntual y representada por nuestro pintor de manera fre sca, dinámica, de jando la parte esboz ada para que sea el espectador quien “complete” el cuadro con su imaginaciñn (Vigué, 2007). En el estudio más completo del Museo de l os Agustinos de Toulouse, el personaje se ntado es Charles Conder (1868-1909) pintor inglés que fue añadido. En las demás litografías de “Elles” más aún, ridiculiz ñ c laramente e l pa pel del varón. Mujer poniéndose su corsé, 1896. Pr imera prueba. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Figura 136 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 367 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Mujer poniéndose su corsé, 1896 Oleo sobre papel, tela y otros m ateriales, 105 x 67 cm. Museo de los Augustins, Toulouse. Fotografía Agosto 2011. Figura 137 La s obras “Perf il de muj er en la ca ma ” y “Muje r en la ba ðera” de “Elles” comparten una calidad plana y g élida y un emple o decorativo del c olor y la lí nea que muestran a Toulouse- La utrec más próximo a sus contemporáne os n abis que en ninguna otra obra (Ollero y De Luca, 1991 ). Perfil de m ujer en la cama, 1896. Litografía en color, 40,4 x 52 cm. Colección particular. Figura 138 M.Rosario Carca s Castillo – pag. 368 ____________________________ Mujer e n la bañera, o mujer con tina, 1896. Litografía en color, 40 x 52,5 cm. Colección particular. Figura 139 En “Clown”, Toulouse- Lautrec nos muestra a u na chica de burdel en u n baile de máscaras, donde sobre un banco está sentada una mujer pa y aso y todo ello se convierte en expresión resaltando el ambiente (Devync k, 1990a ). La payasa sentada, Mademoiselle Cha-U-Kao, 1896 Litografía en color, 52,7 x 40,5 cm. Colección particular. Figura 140 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 369 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ En otra l ámina, Toulouse - Lautrec representa un a mañana, pasada la no che, en una de esas casas de prostitución, donde vemos a una chica en l a cama que acaba de desayunar y un a mujer gorda que s e lleva el resto del desa y uno . Es la image n de una madre sirviendo de doncella a su hija, una mantenida o un a insoumise eran ha bit uales en las ilustraciones de la époc a y no menos en la obra de Forain, tan admira do por Toulouse- Lautrec. Ambas muj eres reflejan escalas del mismo camino, la joven de actitud violenta, la mujer ma y or , c on actitud bondadosa, encargada de la casa y t ambién de cuidar a las chicas. Desayuno, 1896. Litografía en sanguina, 52 x 40,3 cm. Colección particular. Figura 141 Toulouse-Lautrec describía su mundo lejos de toda crítica social o sentimentalismo, logrando representaciones de una gran humanidad y l lenas de comprensión hac ia la reali dad social de las pr ostitutas. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 370 ____________________________ La s litografías de esta serie fueron las únicas obr as de dicadas a es cenas d e burd el que el autor dio a conocer al público ya que la s pinturas de este tema nunca se mostraron pública mente en vida del pintor (Felbinger, 2000 ). Toulouse-Lautrec na rra l as verdades del burde l de la manera más humana que alguien pued a hacerlo, y capta los sentimientos más ínt imos de esas mujeres y su tragedia de vida con absoluto respeto. Desde su propio sufrimiento, marg inad o por su familia y por la s ociedad a la que pertene ce, se identifica con ella s y las hace sentirse dig nas al reflejarlas en sus cuadros y elegirlas c omo modelos. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 371 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 3. - Amores f emeni no s 18 92 -1898 Los cuadros de lesbian as de Toulouse - Lautrec, fuera d e unas pocas imáge nes de mujeres que bailan juntas, beben en los bar es de lesbianas de Montmartre o están en el teatro, han sido tratados en general como un a partado dentro de sus cuadros de burdeles. El lesbianismo, era común entre las prostitutas que viví an en los burdeles y los visitantes, tanto masculinos como femeninos de los p rincipales establecimientos de París, podían pagar par a presenciar espectáculos de diferente actividad sexual. Por ser un a de las fant asías masculinas más potentes y estereotípicas relativas a las mujeres, existía entonces como ahora un sustancial mercado para las fotografía s y los grabados porno gráficos sobre dicho tema. Los cuadros sobre escenas íntimas de la vida que compartían las prostitutas con el traba jo se dividirán en dos grandes grupos: A) Varias series de p arejas que se besan, ab razan y contem p lan mutuamente. 1º Dentro d el primer grupo ha y unos pocos cuadros soberbiamente pintados que representan activa y cruda mente la i ntimidad física como “ El diván, Rolande”. Rolande es la muj er sentada y una de las modelos favoritas de Toulouse-Lautrec entre las prostitutas d e la R ue des Moulins. Este cuadro pertenece a un c onjunto de tres de tamaño similar sobre P olande y su amante de pelo negro que s e interpretan como una s ecuencia del antes, durante y des pués de la intimidad sex ual entre lesbiana s. Éste r epresenta el pre ludio de la a ctividad (Devoisins, 1985). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 372 ____________________________ El diván, Rolande, 1894. Óleo sobre cartón, 51,7 x 56, 9 cm. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Figura 142 2º Otro bloque, trata específicamente sobre determinadas parejas besándose o acurrucándose bajo un mul lido cobertor, como “En l a cama” (Devync k, 2011). En la cama, 1893. Óleo sobre cartón, 54 x 70,5 cm. Par ís, Mu seo d ’Orsay. Figura 143 El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 373 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 3º Un tercer conjunto sobre parejas en c amisón, inmóvil es, y aci endo juntas sobre lechos. Es generalmente considerado c omo la culminación de la obra d e Toulouse-Lautrec y, a juicio de muchos, son sus mejores cuadros, como “La s dos am igas”. Los historiadores han sugerido que L a utrec se inspirñ en Utamaro en parte debido a la dificultad que han t enido para hallar precedentes oc cidentales para las imágenes. Aunque en al gunos d e lo s cuadros de burdel de Lautrec apa recen muj eres en estereotipadas posicio nes a veces groseras y d egradantes, en la ma y oría, como en este caso, no es así. La s mujeres llevan ropa de calle a medio quitar, y sugiere una división masculino/femenino entre las dos, ya que hay una camisa almidonada frotando contra una falda roja (Devynck, 2003 ). Estaban destinados a ser vist os como conjunto y nunca fueron expuestos en público. Las dos amigas, 1895. Óleo sobre cartón, 64,5 x 84 cm. Fundación E. G . Bü hrle, Zurich, Suiza. Figura 144 E l a lco h o l e n tr e la v id a y la o b r a d e Hen r i T o u lo u s e - L a u tr ec – p ag . 3 8 3 ____ ___ ___ ___ ___ ___ ___ __ ____ ___ ___ ___ ___ ___ ___ __ ____ ___ ___ ___ ___ ___ ___ __ M.Rosario Carca s Castillo – pag. 384 ____________________________ El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 385 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ VII.-EL ALCOHO L EN LA VI DA DE TOUL OUSE-LA UTREC Todo lo demás es perfec to Todo lo demás es todavía más inútil que la vida Paul Éluard en “Ser” (1895-1952) M.Rosario Carca s Castillo – pag. 386 ____________________________ El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 387 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ 1. -El alcohol en su vida 1.1.- Pri meros “uso s” y pri mera borrachera En esta familia, los Toulouse- La utrec, que trabajaban y explotaban las viñas, cultivando grandes extensiones de terreno de su propieda d, es de suponer, que Henri muy precozmente probara el vino, aunque no se encuentren referencias de ello. Quizá ¡era tan natural! No olvi demos que Albi es z ona vitivinícola, con patrones de consumo m uy simil ares a los nuestros y qu e, por supuesto, en estos planteamientos no se salvaban los niños, ni antes ni ahora , des graciadamente. Encontramos una refere ncia de 1879 en la que se habla de que Henr i e stá demasiado alegre, puede ser porque su amigo “el pequeño Bosu” le había regalado un cac ho rrillo o como dice Adéle porque toma „ vino de quinina‟ . También, en 1881, en uno de los viajes que hará a lo largo de su vida a Niza, con 16 años, c uenta Henri en el „dia rio ilustrado‟ y que bautizará como “el cuaderno de los z ig-zag”, su primera ex periencia de borrachera en el curso de una boda a la que fue invitado y también la reprimenda que recibió (Fre y, 1996 ). Ahora bien, el alcohol t ambién podría ser una f orma de saltarse el límite, la norma impuesta por su madre; la demostración del “y o puedo ha cerlo”, como un adolescente que necesita saber hasta dón de pued e llegar sólo en sus posibilidades o en compañía de sus amig os, cuando se trata de ser aceptado o integrado por el grupo de iguales; una manera de de finirse, de auto concepto por la rebeldía que, aunque otros sup eran co n el fin de ese p eriodo evolutivo, otros en ocasio nes, se quedan engancha dos al no poder resolver la resolución de esa crisis vital. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 388 ____________________________ 1.2.- Un poco de absenta La absenta, con el coñac, será la bebida preferida de Lautrec y se convertirá en el símbolo mismo de la cultura de fin de siglo. Se le conocerá con el nombre de “veneno francés” y todas las formas de exp resión artística le rendirán por entonces tributo a la absenta. Su nombre derivaba de manera si gnificativa d el griego apsinthion: imbebible (Font Quer, 1980). Hizo su aparic ión en la literatura y en las artes francesa s en los años 1870, alcanzando el punto culminante de su popularidad meteórica entre 1880 y 1914. La absenta e ra una bebida alcohólica mu y apre ciada por todas las ca pas de la sociedad, cuando las cinc o de la tarde pasó a se r “la hora d el hada verde” o “la fé e verte”. La absenta tenía un gusto amargo, un seductor color verde y un alto cont enido alcohólico, hasta 89,9º, donde se añadía una base de hierbas y flor es, con predominio del ajenjo qu e le dará el s abor caracte rístico. Pero, quiz á el ritual que acompaña ba ser servid a y tomada, aumentó su p opularidad, a la par que la plaga que asoló los viñedos hacia 1875 en Franc ia y que p rodujo una subida espectacular d el precio del alcohol de vino. Est o puso en jaque al liderazgo del vino como bebida nacional por ex celenc ia de los franceses y aumentó la a ureola maldita de aquel líquido. Presentaba cier tam ente un carácter tóxico aunque al principio la absenta fue reservada para fines mé dicos, sobre todo en Suiz a, donde su producc ión y su venta habían sido prohibidas por le y en 1907. En Francia aunque los de b ates no empezaron hasta 1914, su fabricación sería sancionada en 1915. Pero se dió un sugerente y ex traño silencio entre los fab ricantes. Desde 1998 se puede c omprar en la ma y oría de los países europeos. La absenta no e ra cara, su precio era m enos de la m itad que el precio de una botella de cerveza, y tenía la ventaja soci al de estar clasificada entre los aperitivos consumibles a cua lquier hora del día o de la noche. El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 38 9 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ La absenta er a la bebida ideal para sitios como El Moulin Rouge, sobre todo para espectadores del tip o de Toulouse-Lautrec, a quien se le veía frec uentemente sentado y bebiendo a so rbos el agua burbuje ante. S us efectos eran diversos pero siempre se creían fo rmidables. Como a otros al coholes se le atribu y e si n razón virtudes afrodisíacas, cuando sabemos que es lo contrario. Envase absenta comerc i alizada actualmente. París Figura 148 Oscar W ilde, sobre su experiencia, da una d escripción rev eladora de las reacciones que provocaba:” ¡ La primera copa, se ven las cosas como quisi eras que fuera n; la segunda, se les ve como no son; finalmente se les ve como son y es la peor de las cosas a que puedes llegar! (Denvir, 1991 ; Renard, 2009 ). Alude al mito de la absenta, cuando por su efecto, la propor ción de alcohol ge neraba un efecto r elajante que deviene en una falta de inhibiciones, lo que se creía producía resultados mu y placenteros; en cualquier medio establecido se M.Rosario Carca s Castillo – pag. 390 ____________________________ pensaba que abría las p uertas de la creatividad donde los sueños se convertían, cuando menos, en surrealistas, pero el verdadero peligro de la abs enta se encontraba en el alcohol, no en la thujone, sustancia que se encuentra en el ajenjo, y que sólo le da el sabor amargo. Cartel publicitario absenta Figura 149 Hay un a cita de O. Wilde que dice: “¿Cuál es la diferencia entre un vaso de absenta y e l ocaso? ” (Anónima, 1989). Popularmente ajenjo es lo mismo que absenta pero el ajenjo es una planta medicinal, una Artemisa, también conocida como “tesoro d e los pobres”. Es una planta leñosa que se seca en invierno, brotando con el buen tiempo, con vástag os de dos a cuatro palmos de altura, con un vello ca noso en tallos y hoj as y un intenso sabor amargo, mu y desagradable por lo p ersistente que le da un principio amargo, l a absintina, sustancia amorf a, de color pardusco amarillento, difícilmente soluble en agua pero fácil de disolver en alcohol (Font Quer, 1980). El principal componente del ajenjo son las tuyonas alfa y beta y el alcohol tuyílico li bre o combinado con otros ácidos. El uso del ajenjo com o planta medicinal se ha lla libre de los desas trosos efectos de los licore s que se pr oducen El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 391 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ con él, sobre todo porqu e su fuerte s abor amargo le ha ce apto para un consumo poco abundante. Es un tónico estomacal pero la principal virtud y más conocida es la aperitiva; con esta especie se prepara el vermut, nombre del ajenjo en alemán. Pio Font Quer e n la pág i na 820 de su obra “ Plantas medicinales, el Dioscórides renovado” , nos ha bla de lo siempre pelig roso del ajenjo, c ombinado con otros ingre dientes como el al cohol, peligro que radica en habituars e a los aperitivos preparados con ajenjos y a t ener la necesidad d e tomarlos antes d e s entarse a la mesa para comer (Font Quer, 1980). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 392 ____________________________ 1.3.- La otra carr era, ca mino hacia el alco holis m o. Cuando Toulouse-Lautrec empezaba a pint ar, en la ca sa paterna, el cardenal Boure t obisp o d e Rodez y amigo de la familia, le dijo: “Ha s elegido el más hermoso de los oficios, pero también el m ás peli groso” . Pero esta frase de un obispo, li beral hasta ser considerado un hombre de izquierdas, no hiz o ninguna mella en Henr i aunque bi en parecía una profecía. Para él, el peligro cons istía en no llegar a ser un gran artista, en no arriesgar a lma y vida, como más adelante había respondido con hermosa audacia a un sacerdote ami go de su madre, que le reprochaba no pensar en la eternidad: “Es cierto padre, pero no se preoc upe, que y o cavo mi tum ba con el ra bo”. Toulouse-Lautrec no s e t orturaba con el t emor a l a muerte, al diablo, ni si quiera al mañana, simplemente quería vivir, en el sentido amplio de la palabra , igual que el resto de sus compañeros y a migos ( Bouret, 1968). Como buen alcohólico, vive el día a día, el ho y , mañana no lo ha visto n adie y el pasado no merece la pena, ya pasó. Con 20 años de edad, Montmartre será su campo de acción, Henri por pri mera vez en la vida com e con sus am igos y en sus garbeos con los compañeros del taller encuentra un nuevo amigo: el a lcohol. “Soy goloso como el gato del cura” , afirma Toulouse- La utr ec y “a los gatos les gusta el alcohol”. Es su etapa de “estudiante”, etapa que durará apr oximadamente unos cinco años. Ya en el taller de Cormon, donde como en la may o ría d e los estudios y tall eres parisinos de la época, el alcohol era parte inte grante de l a vida estudiantil (vemo s que hoy no ha cambiado demasiado) y al final de la jornada de trabajo en el talle r, se iba todos los días con sus mejores amigos y más fuertes físicamente que él, a beber. Comienza a conocer el alcohol, a sentir sus efectos, aprox imadamente en 1882 y le g ustará todo tipo de alcoholes pero particularmen te “ tragar una copa de absenta” (A rnold, 2001). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 399 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ extrañarnos de l a aten ción, muchas ve ces mani aca, con la que se apeg aba a l a producción o a la venta de sus obras ( Boehringer, 1968). A medida que avanza e n edad, su corre sponden cia contiene cada vez menos cartas pe rsonales, ni a familiares ni a amigos. Sí con editores, impresore s, comerciantes y críticos, pero las relaciones a fectivas con sus amigos s e distancian, manteniéndolas con los que bebían como él. Trabajaba dur amente y vivía peligrosamente mez clando la creatividad con los placeres más desenfrenados, sobreponiendo las desventajas de su condición física a una actividad artística y social tan produc ti va como agotadora. El escritor Francis Carco, que l e ll amaba “ Monsieur Toulouse”, consid era el consumo de alcohol d e Toulouse- Lautrec como una empresa delib erada de autodestrucc ión d ecadente, característica de la mentalidad que se llevaba entonces. Se encontraba esta dejadez y este desencanto en los medios int ele ctua les y artísticos de la capital. El pesimismo estaba bien visto. En toda Europa la palabra decade ncia simboliz aba este f in de si glo, del XIX. Numerosos artistas e intelectuales pens aban que nuevas formas de creación podrían surgir llevando al ex tremo los lí mites de la ex periencia y sometiéndose a influencias, incluso prohibidas: drogas, alcohol, sexo (Czifra, 2000) . En los años 1890, Toulouse- Lautrec frecuenta cada vez más asiduamente el café Weber y el Irish y Ame rican Bar de la calle Ro yale; también el bar Picton ce rc a de la Ope ra, lugar d e reu nión de jocke y , aficionados al deporte, periodistas y otros bebedore s profesionales, los cuales inmortalizaría su aspecto en distint os croquis como “Chocolate bailando” (F i gura 233 ). En esta clase de locale s los más s obrios bebían güisqui u otros alcoholes ordinarios aunque la ma yoría prefería lo que se llamaría más t arde cócteles, donde se mez claban licores y al coholes par a componer el “Rainbow Cups” cuyo aspecto exótico escondía efectos mortífe ros. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 400 ____________________________ Fot ografía d e Toulouse-Lautrec e n su estudio de la rue Tourlaqu e con una mode lo hacia 1895, delan te del cuadro “Au Salón de la Rue des Moulins” y otros cuadros. Figura 151 Hacia finales de 1890, numerosos viajes y excursiones al extranjero le f ueron propuestas po r ami gos que forzando la t emeridad, incluso prob aban reducirle s u consumo de alcohol, cuyos efectos comenzaban a ser muy aparentes, intentando de alguna manera frenarlo. Los años 1891-92, son d e éxito repentino en su faceta artística, no para de pintar y al parecer d e beber, p ues su primo Gabriel T apié de Céle yran a partir de este momento le sigue a todas partes, como una sombra,” pero no puede hacer nada, porque beberán los dos. De 1892 a 1894 c ada vez son más los indicios de que se le escapa el control de su vida y va abandonándose pro gresivamente al alcohol. Er a mu y irascible mientras traba jaba, excepto con sus amigos íntimos ( Neret, 1999). En 1892, pasará 10 días en L ondres donde volv erá posterio rmente más veces por estancias de una s emana en 1894, 1895 y 1898, ciudad que por otro lado le El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 401 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ encantaba. Sus amigos le persuaden para ir a Londres con la esperanza de debilit ar su dependencia respecto al alcohol, según una teoría que nos cuenta Jo y ant: “En ese país (se refiere a Inglaterra) donde la bebida es un triste r itual, Toulouse- La utrec paradójicamente se paraba de beber”. Toulouse-Lautrec, en I nglaterra no bebía nada pues encontraba l a manera de beber de los británicos „de primente‟ . Des graciada mente como no podía estar mucho ti empo sin beber, regresaba siempre a F ra ncia al cabo de algunos días y recuperaba sus hábitos. En septiembre de 1893, de nuevo con sus amigos, va a pasar unos días a S. Sebastián para ju gar en un casino y asistir a co rridas de toros, una moda nueva que hacía furor en ese tiempo. También se hiz o asiduo de las carre ras ciclistas. En 1894, Henri no cesa de exponer y continua bebiendo, comenzando esta fama de bebedor a tener gra v es consecuencias para su reputación. Durante alg ún tiempo, alrededor de 1894, h ace sunt uosas recepc iones con abundante alcohol los viernes en su taller . Después fr en ará e stas fie st as para acoger nada más que a s us verdaderos ami gos ca da martes, p ero sólo los martes (Frey, 1996 ). También en el vera no de 1894 viajará a España con su amigo L uis Fabre. Se encontrará con Darío d e Re goyos. Visitará San Sebastián, Bu rgos e irá a l a catedral. En Madrid se aloj aran en el Hotel La Paz y visitaran Toledo (Cartas nº 383, 384 y 387 de Gallimard, 1992 ). 1.4.- Sin to m atolo gía alco hólica “encubierta” a través de sus cartas. A través de los textos de la correspondencia (Gallimard, 1992) que Henri mantiene con su familia y sus amistades p rácticamente a lo largo de su vi da, desde el 28 de a bril de 1871 fecha en la qu e Toulouse- Lautrec tenía seis a ños, hasta el 23 de jul io de 1901, justo siete semanas a ntes de su muerte, nos señala d e forma “encubierta” los si gnos de sus problemas de salud y de su relación con el alcohol: M.Rosario Carca s Castillo – pag. 402 ____________________________ A finales de otoño de 1885 le dice a su m adre en una c arta que bebe mucha sidra (Carta nº 118 de Gall imard, 1992 ). A finales de 1886, de nu evo les pide dinero a su madre y a su padre. Tiene 22 años y le comenta a su madre: “ Esto y trabajando fuerte y tra t ando de no beber”. ¿Quizá tenía conciencia de que beb er alcohol le producía daño o por lo menos le crea ba problemas de rel ación c on sus amistades? (Carta nº 134 de Gallimard, 1992 ). En una carta de junio de 1887, ha bl a de que con el bu en tiempo llega la disminución del apetito: “Asc o del alimento”. ¿Pueden ser quiz á síntomas de disminución del apetito al aumentar poco a poco la inge sta de alcohol, al aumentar la tolerancia? (Carta nº 142 de Gallimard, 1992 ). En enero de 1890, en una carta a su abuela paterna, le habla de qu e llora sin saber por qué, tras cuatro días, apena s puede abrir los oj os. En juni o de 1891 Toulouse-Lautrec comenta, “cada uno encuentra placer donde puede” habl ando del viaje a l Congo que piensa hacer su amigo médico Bourges, con una duración de ci nco meses a fin de r ealizar un informe sobre e l cólera (Carta nº 182 de Gallimard, 1992 ). A la caída de la tard e por re gla ge neral, Henri iba a l Moulin Rouge juntá ndose antes en casa de J o y ant a las siete menos cuarto de la tarde. Pint a durante el día y cena a la noche con los amigos (Carta nº 281 de G allimard, 1992 ). En el 93 escribe: “estoy siempre vago, esperando la in spira ción”, “es agradable no hacer nada”. Muestra desánimo, desinterés, melancolía, tristeza ( Carta nº 292 de Gallimard, 1992 ). Durante la visi ta que hará Henr i a Bélgica y Ho landa del 12 al 20 de febre ro 1894 con L ouis Anqu etin y con J . Albert, le comenta a su madre desde Amsterdam en una carta: “la cerveza que hemos bebido es incalculable y no es menos incalculable la ge ntileza de Anquetin, que se aferra a mi pequeña y l enta persona impidi éndome c orrer y h ace parecer que no padece” . Esta es una de las pocas alusiones que Toulouse- Lautrec hace de su deformidad, de sus dific ultades El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 403 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ para move rse, para andar, es en una carta a su madre del 15 de fe brero de 1894, desde Amsterdam (Carta nº 343 de Gallimard, 1992 ). Henri tenía 30 años y por sus palabra s p ensamos que tenía desa rrollada una fuerte tolerancia, “a guantaba” grandes c antidades de alcohol, tenía muchos puntos para de sarrollar la carrera del alcoholismo. En una carta diri gida también a su madre a finales de 1895 dic e “consumir según sus cálculos un tonel y media de vino al año”. Pero a esto había qu e añadir lo que bebía e n las “bebi das” y sólo, sin la compa ñía de amigos. S eguramente, en este caso minimizaba su ing esta para no preocupar tanto a su madre, engañándose también él como todos l os dependientes de l alcohol (Carta nº 441 d e G allimard, 1992 ). Bebía todo lo que te nía en casa y todo lo de los bares que frecuentaba. En ma y o de 1896 pide de nuevo a su familia un to nel de vino y diner o. Tambi én pedirá en agosto y en septiembre del mismo año. En junio de 1 897 compra un tonel de vino bl anco. En noviembre de 1897 pide dos toneles. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 404 ____________________________ 1.5.- A partir del año 18 95, el otoño En 1894 y 1895 trabaja intensamente pero su salud empeora por el abuso de alcohol y por la sífilis. Bebe mucho, demasiado, “la punta de su ba r ba nunca llega a estar seca” dice Thadée Natanson. Casi nunca se e mborr acha, pero siempre anda algo beb ido. Le basta oler un cóctel para que la mag ia del alcohol se apode re de él. Cuando dice una vulgaridad, sus amigos se en cargan de tap arla lo más rápido posible (Neret, 1999). Ya no es grac ioso, la dependencia esta instaurada. Los Natanson escondían los alcoholes fuertes de su casa d e c ampo cu ando Henri iba de visita y Joyant s e preo cupaba, inte ntando descubrir tod a cl ase de remedios y recursos posibles para que bebiese menos. Toulouse-Lautrec bebía, en este tiempo, una mezcla especial de dos volúmenes iguales de absenta y d e coña c, un cóctel que é l mismo había bautizado como “terremoto o temblor de tierr a” (Denvir, 1991 ). En el libro de Thadée Natanson, el autor habla de alcoholismo como vicio. “Toulouse-La utrec no bebe para olvidar su desgra ci a, pero es v erdad que bebiendo la olvida” ( Natanson, 1992 ). Considera al alcohol como alegría para burlarse de su suerte, de la que a su amigo le ha tocado vivir. “Todo le hac ía reír, le gustaba reír, el a lcohol le hacía reír. Ebrio, con lágrimas, reía y cuando estaba ebrio no trabajaba. P ero incluso en sus peores momentos, Henri de Toulouse-Lautrec imponía re speto” (Natanson, 1992 ). El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 405 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ Fot ografía d e Toulouse-Lautrec después de una fiesta en casa de Alexandre Natanson en 1895. Figura 152 Hacia 1895, Toulouse- Lautrec no se privará de ninguno de los placeres, pasa las noches en cabarets y b ebe g r andes cantidades de alcohol. Lo sopo rta todo menos le “tentac ión” y a sea de t ipo artístico ya se trate de la s educción del placer y del beber (Czifra , 2000). Pasa noches ent eras en bares, salas de baile, se duerme en cualquier sitio, se despierta y p asa un a no che entera en la impren ta trabajando en sus litografías. Apenas ha cumplido 30 años pero está totalmente envejecido. No consig u e aplacar su sed. Desde primera hora d e la maña na beb e vino blanco y Marc alte rnativamente, en grandes cantidades. El M arc francés e s un a guardiente obtenido por destilación de orujos de uv a, es decir p or la p arte sóli da de la vendimia que n o tiene aprovec hamiento en la p revia elaboración del vino. Tiene entre 70 -80 grados y también es conoc ido como una versión más refinada de la Grappa italiana, siendo el elaborado en Borgoña de gran reputación y calida d. Pertene c e al mismo tipo de M.Rosario Carca s Castillo – pag. 406 ____________________________ bebidas que el o rujo nue stro, la grappa italiana, las bagaçeiras portu guesas o los tsiroupos grieg os. Henri se bebe todo, y sin importarle qué o dónde, pero no consigue emborracharse. Esta al final de la carrera, su tolerancia es alta. Esto se reflejará tanto en el humor com o en su trabajo. En su comportamiento ex céntrico se intercalaran escenas escandalosas que re cuerdan a las de su padre el conde Alphonse. Lleva de una fina co rrea a Tom, su cormorá n, que pasea conton eándose d e la misma forma que el dueño. Toulouse -Lautrec lo lleva a todas p artes consigo, a pescar, a pas ear, a los cafés y pide incluso que le sirvan ajenjo. “Se ha acostumbrado a l sabor”. Henri bebe de forma desmesurada. Tom, gr an cormorán, 1893. Museo de Bellas Artes de Nancy (depósito del Museo de Lore na) Figura 153 Los a migos lo intentan entretener para que se tranquil ice y beba menos. Cuidan de él pero por las no ches se escapa a menudo y los guardias suele n devolverle a casa con un ojo morado o con la nariz partida. Tiene miedo de las moscas, que El alcohol entre la vida y la ob ra de Henri Toulouse -L a utrec – pag. 407 _______ _________ ______ _________ _________ ______ _________ ____________ _____ zumban por todas partes, tiene pesadillas, alucinaciones, delirium tremens “ahí es donde se ve lo que nos espera ” habí a dicho Toulouse-Lautrec. El ajenjo, la sífilis, habían hec ho mella en él. El alcohol y también la desesperación (Denvir, 1991). Dejó de be ber por una temporada y lo gró recuperarse al go, porque así es el proceso. Sin embargo, su débil constitución y un e x agerado consumo de alcohol de nuevo, fu eron ac abando con sus últimas fuerzas. Cada vez le resultab a más difícil trabajar sin tom ar bebidas alcohólicas y algunas estancias en el ca mpo no aportaron la menor modificación a su estado. Del 1895 al 1899 se ve mu y afectado por los ex cesos de su vida. Se suceden conflictos con amigos y parientes y en 1898 empie za a desarrollar un a manía persec utoria que le alejará de su entorno ( Le Targat, 1988). “El carácter imprevisible de su comportamiento convierte al hombre soci able en un ser conflictivo” . Son l os milagros de l alcohol. En el Irish and America n Bar, se s enta ba en un t aburete rodeado de la clientela habitual de jocke ys, a rtistas de c irco y otras excentricidades y se h inchaba a beb er copas de oporto (Frey, 1996 ). Su madre y su amigo el doc tor Bourges le habían hecho prometer que no bebería más vino. Siemp re preocup ado de hacer de la bebida un arte, llevaba con él un licor de nue z moscada y un minúsculo queso para aliñar su oporto. En el otoño de 1896, o lvidando la promesa hecha a su madre, bebe coñac, „c ubiletes enteros‟. Las raras pinturas que hace en esta époc a tratan, en tonos rojos y negros, de reencontrar entre sus personajes grotescos, bailes d e mas caras o escena s de bu rdeles. Destacamos la figura siguiente de gran significado simbólico, sugiriendo a la vez varios sentidos, donde Toulouse- Lautrec quizá int u y e e l final. Jean Coctea u dijo una vez:”Cada día, al mirarme al espe jo, veo a la muerte trabajando” (Barrucand y Barruca nd , 1971 ). M.Rosario Carca s Castillo – pag. 408 ____________________________ Desnudo femenino ante el espej o, 1897. Óleo sobre cartón, 62,2 x 47 cm. Rancho Mir age (CA), Walter Annenberg Collection. Fi gu ra 154 Tiene muchos proyectos, pero su traba jo no avanza. Le dice a su madre que encuentra las noches muy vacías, que está ch afado (Frey, 1996 ). Al parecer, según coinciden va rios autores, haci a 1897, los problemas c on el alcohol son y a crecient es (Denvir, 1991; Frey , 1996 ; J oy ant, 1926; ). En la primavera d e 1897 descubrió lo que parecía ser el piso y el taller de sus sueños, describiéndose lo c on entusiasmo a su madre en una carta. P ero poco después de h aberse mud ado, tuvo una c risis de d elirium tremens c on miedo a los microbios lo que le hace rociar su habitac ión entera con petróleo, en el curso de la cual se rompe la clavíc ula. Frecuenteme nte es acompañado por la policía qu e le llevará a su casa, siendo cada vez más imprevisible su comportamiento en público. M.Rosario Carca s Castillo – pag. 500 ____________________________ A la vez, fue un comprometido activista democr ático y dura nte la Comuna se encarg ó de la administración de los museos de París. Tuvo fama de arrogant e, apuesto y sobe rbio, afirmando que: “Si dej o de escanda lizar, dejo de ex istir”. También tuvo problemas con e l alcohol, muriendo de cirrosis. Elige para sus obras temas y personajes d e la realidad cotidian a, plas mando formas más carnales. S u re alismo se convierte en mode lo de expresión de muchos pintores e influenc ia en otros. En las repre sentaciones de parejas de lesbianas en la cama, realizadas por Toulouse-Lautrec e n 189 2, expresa con particular ternura el afecto mutuo e ntre las dos mujeres y se acostumbra a contrastar su d elicadeza con el estridente aire atlético del cuadro de dos lesbianas que duermen abrazadas, pintado por Courbet en 1866 para Halil Bey, un antiguo embajador turco en San Petersburgo. Toulouse-Lautrec refleja ca riño y respeto, no sólo realismo. Es posibl e que Toulouse- Lautrec viera el famoso cuadr o de C ourbet, tal vez no cuando fu e ex puesto públicamente en la Galeria Dur and-Ruel en 1878, si no más adelante cuando y a formaban parte de la colección del barítono J ean -Baptiste Faure (1830 -1914). El b arítono era patrocinador d e Degás y Du rand Ruel l o había animado y convencido a comprar arte de moderno ( Milner, 1992 ). 3.4.3.- Honor é Dau m ier Nace e n Marsella el 26 d e febrero de 1808 y fallece el 10 de febrero d e 1879 en Valmondois. Caricaturista, pintor, dibuj ante y escultor francés, también mu y prolífico, produjo alrededor d e 4.0 00 litog ra fías, fundamen talmente de comenta rio político y social, 300 dibuj os, unas 200 pinturas, así como dece nas de esculturas de escayola y b ronce. Sus litografías p ara diversos diarios y periódicos t ienen una c alidad cercana a la pintura. [Document text truncated for crawler view.]