Full text
2014
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Rubén Pérez Moreno
Eleuterio Blasco Ferrer
(1907-1993): trayectoria
artística
Departamento
Director/es
Historia del Arte
Lomba Serrano, Concepción
Director/es
Tesis Doctoral
Autor
Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
Departamento
Director/es
Rubén Pérez Moreno
ELEUTERIO BLASCO FERRER (1907
-1993): TRAYECTORIA ARTÍSTICA
Director/es
Historia del Arte
Lomba Serrano, Concepción
Tesis Doctoral
Autor
2014
Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
Departamento
Director/es
Director/es
Tesis Doctoral
Autor
Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
ELEUTERIO BLASCO F ERRER (1907-1993)
TRAYECTORIA ARTÍSTICA
Autor: Rubén Pérez Moreno
Directora: Dra. Concha Lomba Serrano
TESIS DO CTOR AL
TOMO I
UNIVE RSIDAD DE ZA RAGOZA
FACULTAD DE FILOSOF Í A Y LETRAS
Departamento de Historia del Arte
2014
Tesis Doctoral
ELEUTE RIO BLASCO FERR ER (190 7-19 93)
TRAYECT O RIA ARTÍSTI CA
TOMO I
Autor: Rubén Pérez Moreno
Directora: Dra. Concha Lomba Serrano
UNIVE RSIDAD DE ZA RAGOZA
FACULTAD DE FILOSOF Í A Y LETRAS
Departamento de Historia del Arte
2014
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3
A Joaquín C astillo y Emiliano Blasco, sin los cuales este
trabajo no hubiera podido salir adelante.
4
5
FORJADOR DE LIBERT ADES
Te vio nacer una llama
testigo que purifica
descalzo el camino sigues
cantando y pisando espinas.
Es el Arte que te indica
seguir forjando y cantar
para ganarte la vida
y así pod er estudiar.
Forjar claveles y rosas
con el y unque y el martillo
pero no forjaste rejas
ni cadenas del martirio.
Es tanta el alma que pones
en el Arte de forjar
que no son hierros forjados
son trozos de humanidad.
Tus visitas a la Iglesia
solo te sirven de enfados
de ver unos santos ricos
y otros pobr es y descalzos.
Tus manos llenas de callos
ellas guían tu destino
has nacido para el Arte
sigue con él tu camino.
Un gallo de oro has forjado
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5.17.- LA SEGUNDA MITAD DE LOS CINCUENTA (1955-1957) .................... . 514
5.18.-GALERÍA LE CHAPE LI N Y PUGET, 1958. L E COQ D´OR ...................... 533
5.19.-LOS AÑOS SESENTA, 1959-1970 ................................................................ 540
5.19.1.-POR FIN NUEVA YORK, 1964-1965 ..................................................... 561
5.19.2.- A MODO DE DES PEDIDA : GA LERIE GRANDS AUGUSTINS, 1967
............................................................................................................................... 569
5.19.3.-“DESDE LUEGO H IERROS YA NO VOY A PODER REALIZAR MÁS”
(1968-1969) ........................................................................................................... 581
5.20.-BLASCO Y EL COMERC I O DE ARTE ........................................................ 590
5.21.- LA ANODINA DÉCADA DE LOS SETENTA ............................................ 606
5.22.-LOS OCHENTA. LLEGAN LOS GALARDONES ................................ ....... 608
6.-DE NUEVO BARCELONA. EL RE GRESO (1985- 1993) ................................. 619
6.1.-LOS ÚLTIMOS AÑOS ..................................................................................... 621
6.2.-BLASCO Y LA MIS IÓ N SOC IAL DEL ARTISTA ........................................ 657
6.3.-EL MUS EO DE MO LI NOS .............................................................................. 659
6.4.-LAS EXPOS I CIONES DE BLASCO FERRER TRAS S U FALL ECIM I ENTO
.................................................................................................................................. 673
6.5.-EL MER CADO ART Í STICO ........................................................................... 675
III.-CONCLUSIONES ............................................................................................... 685
1..-REFLEXIONES FINA L ES .................................................................................... 687
2.-EN TORNO A LA OBRA ESCU L TÓR I CA ........................................................... 687
3.-SOBRE LA PINTURA Y EL DIBUJO ................................................................... 696
4.-UN ARTISTA EN EL EXILIO ................................................................................ 700
IV.-BIBLIOGRAFÍA ................................................................................................. 705
1.-BIBLIOGRAFÍA GENERAL .................................................................................. 707
2.-BIBLIOGRAFÍA ESPEC ÍFI CA SOBRE BLASC O FERRER ............................... 736
3.-EDICIONES ELECTRÓNICAS Y WEBGRAF ÍA ................................................. 777
13
TOMO III
V.-CATÁLOGO .............................................................................................................. 7
1.-INTRODUCCIÓN ....................................................................................................... 9
2.-CATÁLOGO DE ESCULTURA ............................................................................... 11
3.-CATÁLOGO DE PINTURA ................................................................................... 177
4.-CATÁLOGO DE DIBUJ O ...................................................................................... 323
VI.-ANEXOS ............................................................................................................... 569
1.-EXPOSICIONES INDIVIDUALES ........................................................................ 571
2.-EXPOSICIONES COLECTIVAS............................................................................ 573
3.-CATÁLOGOS DE EXPOS I CIONES INDI V IDUALES ...................... .................. 579
4.-CATÁLOGOS DE EXPOS I CIONES CO L ECT IVAS ............................................ 613
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I.- INT RODUC CIÓN
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17
1.-PRESENTACIÓN
En el año 2003, defendimos un trabajo de investigación para la obtención del
Diploma de Estudios Av anzados (DEA) en el De partamento de Historia del Arte de la
Facultad de Filosofía y L etras d e la Universida d de Zaragoza, que llevaba por título
“Eleuterio Blasco Ferrer (1907-1993) ”. En aquella ocasión, pusimos de ma nifiesto la
riqueza de la vid a y obr a de uno de los grandes desconocidos del p anorama a rtístico
aragonés del si glo XX, y concluíamos con l a ne cesidad de r ealizar un análisi s de mucha
mayor profundidad, el cual traspasaba los propósitos y la duración del DEA .
El obj etivo de la s iguiente tesis, parte de los cimientos establecidos entonces,
pretendiendo un estudio global, razonado y ci entífico de este a rtista aragonés, tanto de
los aspe ctos biog ráficos c omo de l os a rtísticos en sus diferentes face tas, paliando así la
profunda laguna existente en torno a su fi gura. La persp ectiva multiforme y proteica de
acometer esta investigaci ón histórico-artística, es la razón de qu e ha y amos optado por
tan sol o matiz ar el título genérico que mantuvimos entonces: El euterio B lasco Ferrer
(1907-1993).Trayectoria artíst ica.
Eleuterio Blasco Ferrer (Foz-Calanda, 1907-Alcañiz , 1993) es uno de los
muchos olvidados por la historiografía a rtística, ya no solo aragonesa, sino española en
general, cu ya memori a apenas permanece viva gracias a la pequeña sala dedicada al
artista en el A y untamiento de la localidad turolense de Molinos , dentro del P arque
Cultural del mi smo nombre. A este descono cimiento ha contribuido su larga estancia en
el exili o y la superfi cialidad con que su fi gura y obra ha sido tr atada en Es paña, donde
los é xito s parisinos apenas tuvieron rep ercusión en su patria. Blasco, como muchos
artistas del exil io, fue consciente de que la rele vancia de su obra en su país natal era
escasa. P or otro, no dejaba de ser un exi liado español en Fra ncia, lo que también ha
coadyuvado en la esc asa atención pr estada por p arte de los historiadores ex tranjeros, a
pesar de la impo rtante d ifusión que s u producción tuvo en vida a travé s de distint as
publicaciones periódicas, especialmente en los años cuare nta y cinc uenta.
La recuperación y puesta en valor de los artistas arag oneses h a sido en general
lenta, pero, es a partir de los años setenta, cuando desde focos culturales m uy conc retos,
y esp ecialmente a través de los traba jos de inves tigación llevados a cabo a t ravés del
Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, cu ando se empezó a
recuperar lo más granado de la plástica aragon esa contemporánea. Pero la puesta en
18
valor de las figuras del e xilio tra s la Gue rra Civil, está resultando mucho más costos a,
con obras hechas lejos del país natal, en difíciles circunstanci as, y much as veces bajo la
indiferencia o incompre nsión. Hubo que esperar hasta la transición dem ocrática p ara
que se pusiera en marcha el lento proceso de r escate de esta m emoria artística. Sin
embargo, a inicios de los años noventa, el fenómeno de la diáspora cultural republicana
y sus protagonistas, c ar ecía todavía de un a in vestigación profunda y s ignifica tiva.
Además de ello, hemos de destacar que, en concreto, la cultura del ex ilio francé s -dond e
hemos de enmarcar a Eleuterio Blasco-, que contó con el mayor volumen d e refugiados
republicanos, ha a caparado menor interés ci entífico que en el caso d e México, una
especie de “transtierro h istoriográfico”; como m ayor ha s ido el esfuerzo en t orno a la
literatura que en el campo artístico. Es en en los últ imos veinte años cuando s e han
hecho ma y ores esfuerzos en el estudio d el ex ilio artísti co español, pero
fundamentalmente desde el punto de vista individual, más que colectivo, apareciendo al
hilo de los mismos numerosos artistas olvida dos, algunos pendiente s de estudio
sistemático. P retendemos pues, en estas circunstancias, paliar esta l aguna historiográfica
respecto al ex ilio artíst ico aragonés y español, po niendo en v alor la fi gura de Ele uterio
Blasco Ferrer.
La in teresante biografía del fo cino, cu y a tr a y ectoria t ranscurre por tres zonas
diferentes (Aragón en su infancia y primera juvent ud; Barcelona desde fine s de los años
veinte hasta el fin de la Gue rra Civil; y Francia, con su paso por los ca mpos de
refugiados, Burdeos y finalmente París), nos obligan a un estudio que no se li mite a la
perspectiva del arte aragonés, si no a un contexto más amplio, nacional, y desde la ópti ca
de las consecuencias de la diáspora republicana.
La produ cción de Blasco es in gente, más teniendo en cuenta que a finales de los
años sesenta distintos achaques de s alud l e harán abandonar el t rabajo en h ierro fo rjado,
material que le habían dado el deseado prestigio como artista en el di fícil París
posterior a l a Segunda Guerra Mundial. Pero no podemos deslindar la dimensión
humana de sus cr eaciones. Hom bre de profundas convicciones libertaria s, la obra del
turolense es rica en contenido humano por en cima de tod as las d emás facetas, forjada
en el y unque de la lucha obrera y en los avatares de una vida d e tremenda vorá gine que
le sirvió para expresar mejor un sentim iento idealista hacia la socied ad, siempre con
enorme dignidad.
19
Sumergirnos en la vida y obr a de Blasco F errer no ha sido tarea fácil. Como
señalara Merced es Guillé n, “ escribir sobre al guien es como penetrar en un recinto cuyo
espacio está aún por inventar, como un acontecimiento que se presien te. El primer
intento es sit uar el personaje en el lugar y t iempo, aunque sea vagamente, sacarlo de l a
intemporalidad, del espacio impreciso en que vive, darle tierra f irme con l os elementos
iniciales. Solo después, a medida que nos acerca mos a él, nos va perteneciendo, se nos
va incorporando. Claro que el pe rsonaje en sí, i ntrínsicamente la persona, es siempre
otra cosa más s encilla, algo que tran scurre naturalmente, como el vivir de cada día ,
algo que se produce fuera de cualquier interpretación”
2
.
Nosotros hemos tenido la m isma sensación, y esperamos qu e el presente trabajo
científico y el esfuerzo que ha supu esto, a y ude a colocar en el l ugar qu e corresponde
dentro de la hist oriografía artística a este p eculiar artista aragonés, d ánd ose un s alto
cualitativo en el conocimiento y difusión de su obra.
2
GUILLÉN, M., Picasso , Siglo XXI, Madrid, 1975, p.6, nota introductoria a la edición.
20
2.-OBJETIVOS
El siguiente trabajo se ha planteado como un estudi o global de la trayectoria
artística de Eleuterio Blasco Ferrer, con dos objetivos fundament ales, ambos
interrelacionados:
El primero de ellos, trazar la evolución plásti ca del autor al hilo de las
coordenadas bio gráficas. Este re corrido s erá estructu rado en s eis grandes et apas, con los
subperiodos pertinent es, a tendiendo a la coherencia cronoló gica-histórica que guardan,
tal y como indica mos e n la s istematización del traba jo. Est as estarán acompañadas del
estudio del panorama de l as artes en cada moment o y l ugar, pasando luego a an alizar l a
obra concreta de Blasco en ese contex to y b ajo las particulares circunstanci as históricas
y bio gráficas.
El análisis artístico de la producción de Blasco Ferrer es abord ado tanto en
escultura como en pintura y di bujo, estrechamente relacionados. Destacaremos, en este
sentido, los dibujos de corte anarquis ta en sus exposiciones de los años treinta y su
pronta adhe sión al surre alismo; por otro, la s tempranas esculturas en hierro,
manifestación esta dond e demostró, y a en Francia, un ex traordinario domini o de la
materia y alcanzó mayor notoriedad, sin menoscabo del resto de su produ cción.
En definiti va, pretendemos deslindar las peculiaridades de la obra del focino en
relación al arte de su ti empo, atender a la re cepción de su obra por parte de la críti ca
especializada, profundizar en la concepción artística del crea dor, aho ndar en sus
relaciones person ales y círculos de los qu e for mó parte, valorar l as transformaciones
acaecidas en su produc ción con el paso al exi lio, analizar sus vínculos con el merc ado
del arte o abordar la gestación y d esarrollo del M useo dedicado al artista en l a localidad
turolense de Molinos.
Concluimos con una valoración final sobre el papel d e la obra de Blasco en el
arte aragonés y español de la modernidad, y en el contexto del arte del exilio.
El segundo objetivo es la realización del catálogo de su producción, paso previo
fundamental para cualquier int ento de discurso histórico-artístico. Es preciso aclarar
aquí, que la obra del prolífico Blasco Ferrer, tremendamente dispersa, y en mul titud de
colecciones particulares, es harto complica da de localizar, cuando no está
definitivamente perdida con motiv o de la Guer ra Civi l.
21
Se ha de destacar en este sentido, l a colección que el artist a donara a la vi lla de
Molinos (T eruel), localidad na tal de su m adre Lucía Ferrer, e n 1987, compuesta de 12
esculturas (lo más v alorado p or público y críti ca y lo qu e le dio consider able
reconocimiento intern acional), 25 cuadros al óleo y pastel, y 483 dibujos, apuntes y
poesía; a ello habría que sumar la incorporación de la escultura “El último sus piro de
Don Quijote” el 13 de mayo d e 1993, y el r eciente depósito de un nuevo lienz o y
diversa documentación por parte de sus sobrin os. El resto se dispersa en un listado
extenso donde figura el Ay untamiento d e M olinos, Diputación de Teruel, Ayuntamiento
de Foz-Calanda, Museo J ulio Gavín “Castillo de L arrés”, Musée d´Art Moderne de la
Ville de Paris, Mus eo de B ellas Art es de la Vill a de P arís (Petit Palais), Museo de
Zaragoza, Centro Aragonés d e Barcelona y un l argo etc étera, así como en numerosas
colecciones particulares.
Dicho catálogo, razonado, constará de la preceptiva ficha técnica (título,
cronología, técnica, dim ensiones, inscripciones, ubicación), además de ex posiciones en
las que ha p articipado la obra, bi bliografía espe cífica y las obse rvaciones pertinentes. A
pie de foto indi care mos el autor de la mism a y la colección o archivo al que pertenece la
imagen.
3.-METODOLOGÍA
En primer lugar se ha realiz ado un profundo estudio del estado de la cuestión,
que nos ha servido de punto de partida, y qu e p resentamos a conti nuación. Para ello
hemos hecho un abundante acopio de biblio grafía y ot ras fuentes, qu e nos h an permitido
una exhaustiva revisión historiográfica crítica.
En segundo lugar he mos procedido a un amplio proceso de exhumación
documental en archivos privados y hemeroteca s, que nos han aportado información
válida para trazar su tra ye ctoria vital y artística. Hemos de m encionar, por su relevancia,
el sistemático estudio de todo el archivo que posee el A y untamiento de Moli nos,
donación personal de Blasco Ferrer, y la vasta doc umentación que atesoran los s obrinos
del artista, en esp ecial Joaquín Castillo Blasco y Emiliano Blasco en Barcelona, ad emás
de numerosos archivos y bibli otecas, públicas y priv adas, que nos han fa cilitado
distintos datos de forma directa o indirecta:
28
José Vill alobos, Eduardo Gregorio, P lácido Fleit as, Mateo Hernández); “La invención
de las formas” (Picasso, Miró, Pablo Gargallo, J ulio Gonz ález, R oberta Gonz ález,
Eleuterio Blasco Ferrer, Ángel Ferrant, Alb erto Sánchez, Eduardo Díaz Yepes, Carlos
Ferreira, Jor ge de Ore yza); y “Generaciones jóv enes y punto epil ogal” (R afae l S anz,
Juan Ávalos, Antonio Illanes, Ramón Ise rn, Martí S abé, José Subirachs, B enjamín
Mustieles, Eduardo Chillida, etc.).
Por t anto, entre los inventores de las formas, esto es, entre los “escultores
geniales” que para Ga y a no han querido insist ir sobre la forma usual y acostumbrada,
señala a Blasco Ferrer “ como seguidor de las normas y escuela en cabezadas por
Gargallo y González ”
13
. Autores los señalados e n este apartado, qu e son el “ más
glorioso capítulo de la estatuaria de formas y no reproductora, sin límites en su
asombrosa siembra de inventiva ”
14
. Creadore s
caracterizados por la libertad, la única norma que
enjuicia Gaya en el capítulo.
De nuevo el propio Ga ya Nuño en el t omo
dedicado a Arte del Sigl o XX de Ars Hispaniae, un
año más t arde, en 1958
15
, hac e encabezar a Bla sco,
por su veteranía y eda d, un nutrido conjunto de
escultores en hierro que si guen la empres a primera
de Gargallo y Julio González, además de un
“ ascético deseo de sal vación de una art esanía
noble, como por entrega a los ri esgos de lo
difícil ”
16
.
Le s iguió el magnífico estudio El hierro en el arte español: Formas de la
escultura contem poránea
17
, y a en 1966. Obra profusamente i lustrada, i ncluy endo siete
esculturas de Blasco, d onde Ga y a insiste en considerarlo como uno de los más
importantes traba jadores del hi erro en España, panorama e ncabezado por dos nombre s
capitalísimos en la estat uaria mundi al, Pablo Gargallo y Julio González, a los que se
13
Ibidem , p. 117.
14
Ibidem , p. 107.
15
GAYA NUÑO, J.A., A rs Hispaniae. Arte del S.XX , tom o XII, Plus Ult ra, Madrid,
1958, p. 332.
16
Ibidem.
17
GAYA NU ÑO, J.A., El hierro en el Arte Español : Formas de l a escultura
contemporánea , E. Aguado ed., Madrid, 1966.
Portada de
Formas de la Escultura
Contemporánea , de G aya Nuño, 1966.
29
uniría en tercer l ugar, p ara Ga y a, el gran Ángel Ferrant, y si guiendo a u n periodo de
desorientación de l a e scultura e spañola, de pretendidos re tornos al pasado, e l a ragonés
Blasco Ferrer. Des graciadamente, la relevancia que este autor da al artista turolense en
sus distintos estudi os sobre la escultura española c ontemporánea en l os años sesenta, no
tuvieron continuidad por parte de la his toriografía posterior, habiendo de e sperar a
estudios ge nerales, desd e una perspectiva aragonesa, para que su figura volviera a ser
reseñada.
En época de la dictadura y con el ex ilio a Fra ncia del artista, concreta mente
desde 1950, l a prensa española se hiz o eco de s u éx ito en Francia a tra vés de b reves
reseñas y algún que o tro artículo i lustrado, tanto en pr ensa aragonesa como nacional;
pero fue fuera de nuestras fronteras donde las referencias a Blasco fueron h abituales.
4.3.-LOS AÑOS S ETENTA Y OCHENTA
En 1972, S antiago S ebastián en una separata d e la re vista Teruel dedicada a
Eleuterio Blasc o, indicaba el escaso interés de los turolenses por dar a conoc er a los
paisanos que se dedicaron al a rte en sus diversas manifestaciones, y el deseo de
subsanar esta defi ciencia
18
. Este bienintencionado texto tiene un car iz eminentemente
biográfico, conteniendo, como el propio autor s eñala, las propias palabras de Blasco
recogidas del diálogo que m antuvo con Patrice Buet en 1943, así como los comentarios
de va rios críticos de arte publi cados en revist as f rance sas. Es un texto que amplía el
artículo que él mi smo pu blicara en 1970 en el Bo letín Informati vo de la D iputación de
Teruel
19
basándose en diversos documentos brind ados por Max imiliano Calvo Ariño,
que mantenía relación epistolar con Blasco.
A ese m ismo año 1972 pertenece el tex to de Sebastián Teruel y su expresión
artística
20
, libro editado conmemorando el octavo centenario de l a reconquista de Teruel
por Alfonso II, que prop onía reivindicar esta provincia aragonesa a través de su legado
18
SEBASTIÁN, Santiago, “Artistas Turolenses: Eleuterio Blasco Ferrer”, s eparata de
Teruel , nº 47, Teruel, 1972.
19
S EBASTIÁN, Santiago, “Blasco Fe rrer. Un artista de la tierra baja”, Boletín de la
Excma. Diputación Provincial de Teruel , nº 20, cuarto trimestre de 1970, pp. 34-36.
20
SEBASTIÁN LÓPEZ, Santiago, La expresión artíst ica t urolense , C aja d e Ahor ros y
Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1972, pp. 96, 97 y 128.
30
artístico, tras un secular olvido que en ot ros ámbitos todavía ho y per dura. Bajo la
premisa de cono cer el alma turolense a t ravés de l arte, S ebastián realiza un recorrido
histórico-artístico que, al llegar a “nu estros v alores en el siglo XX ”, y sin poder hablar
de e scuela propia, comienza por dos artistas ins ertos en las grandes corri entes d el a rte
contemporáneo: Eleuterio Blasco F errer y Pablo Serrano. Destaca del primero su obra
como pint or y escultor, advi rtiendo “ tres intenciones cuando corta, model a y une placas
de hierro: pri meramente crea curv as con ritmo puramente decorativo, luego logra
valores plásti cos con el juego de luce s y sombras, y finalmente expresa un significado
humano, sincero, emot ivo ”
21
. Inc lu ye adem ás un d iccionario biográfico d e artistas co n
la presencia del focino
22
.
Ha y que esperar a m ediados de l os años setenta, como decía al inicio, p ara ve r
como se actualizaban l os estudios del Ara gón Contemporáneo. En 1981, Elo y
Fernández Clemente publ icaba Hacia un inven tario de turolenses con temporáneos
destacados
2 3
, entendi endo por turolens es t anto a lo s nacidos en la provincia, como a los
que desta caron por su labor a llí, por su permanencia o estudios sobr e Teruel y su
provincia. Así, en el apartado referido a los “Artistas”, y tomando c omo criterio
cronológico el periodo q ue va d e la Guerra d e la I ndependencia h asta 193 9, o a lo sumo
mediados de la etapa franquista, relacion a diez nombres destacados: R icardo
Arredondo, Manuel B a yo Marín, Eleut erio Blasco Ferrer, L uis Buñuel, Alfonso Buñuel,
Juan J osé Gárate, J uan García, S alvador Gisb ert, José Lapayese Bruna, P ablo Serrano y
Salvador Victoria. Quedaba presentada, pues, una nómina a modo de i nventario o
propuesta para sucesivos y más ampli os estudios.
A principios de los años ochenta surgen una serie de obras clásicas para Ara gón.
En 1980 aparece la G ran Enciclopedia Aragonesa , que, al referirse a la Escultura
contemporánea, dedica unas líneas a Blasc o Ferrer dentro del apart ado “Escultores
aragoneses en el extranjero”, del que señala el desconocimiento de su obra en Aragón y
“ el ejemplo extremo de este desarraigo con el arte aragonés ”
24
.
21
Ibidem , p. 97.
22
Ibidem , p. 128.
23
FERNÁNDEZ CLEMENTE, Elo y, “ Hacia un inv entario de turolenses
contemporáneos destacados”, Separata de Teruel , nº 66, Teruel, 1981, pp. 307 y 308.
24
GARC ÍA G UATAS, M anuel, “Es cultura Cont emporánea (voz)”, en V V.AA., Gran
Enciclopedia Aragonesa (tomo 5) , Zaragoza, 1980 , pp. 1250, 1251, 1253.
31
Fundamental pa ra la época ser á el Diccionario Antológico de artistas
aragoneses 1947-1978
25
, obra de enve rgadura qu e por fin recogía lo más grana do de
nuestra plástica. Án gel Azpeitia Burgos señalab a la ausencia de algunos artistas por
olvido o desconocimiento, especialmente en lo s casos de ausencia prolongada de
Aragón. No será el ca so de Blasco Ferrer, cuya voz s erá redactada por Manuel Pérez
Lizano, que ejerce de coordinador editorial, que se acompaña de la obra E l forjador de
Arte , de 1955 (aunque no se señala su título). Destacar que apunta eleme ntos ge ner ales
tanto de su obra pi ctórica (factur a expresionist a) como escultórica (búsqueda de
distintas expresiones, lirismo patético, además de señalar la exis tencia de esculturas en
barro desde 1965 tendentes hac ia el primi tivismo), aunque p resenta un error al señalar
como fecha de la exposición de Nueva York el año 1970.
O l a siempre referencial Enciclopedia Temática de Aragón, cuyos dos tomos de
Arte, que en sí mi smo son un a verdadera His toria del Arte en Aragón, corri eron a c argo
del profesor Gonzalo Borrás Gu alis en 1987
26
. Incidía Borrás en la forja del hie rro,
técnica tradi cional, c om o ca usa de renovación p lástica en el siglo XX aragonés, desde
Pablo Gargallo y El euterio Blasco. Línea a rgumental la del hierro que sirve para
ensamblar a artist as de muy di versas t endencias, desde P ablo Remacha o José Gonzalvo
Vives, hasta Fernando Navarro Catalán o I gnacio Rodríguez Ruiz “ I ñaqui”.
Vemos que nos hemos d e referir casi siempre a o bras generales ante l a c arencia
de estudios más exhaustivos.
En el ámbito de los diccion arios y enciclopedias de Arte d estacaré, s eparada su
publicación en el tiempo, el Diccionario Críti co del Art e Español Contemporáneo , de
Antonio Manuel C ampoy
27
(1973), y y a en l os noventa, y d e m ay or relevancia, el
Diccionario de las Vanguardias en España (1907-1936) , de Juan Manuel Bonet
(1995)
28
, con pequeños pero significativos aport es, como su participación en el Salón de
la Asociación d e Artistas I ndependientes y los comentarios que de su obra hicieron
Gasch y Sucre.
25
VV.AA., Diccionario Ant ológico de Artistas Aragoneses 1947-1978 , Institución
Fernando el Católico, Zaragoza, 1983, pp. 93-94.
26
BORRÁS GUALI S, Go nzalo, Encic lopedia t emática de Aragón (Arte II ), Edi ciones
Monca y o, Zaragoza, 1987, p.536.
27
CAMPOY, Antonio Ma nuel, Dicc ionario Crítico del Arte Español Contemporáneo ,
Ibérico Europea Ediciones, 1973, p.61.
28
BONET, J uan Manuel. Diccionario de las V anguardias en España 1914-1936 ,
Alianza Editorial, Madrid, 1995, p. 104.
32
Al inicio del si glo XXI se actualizaba aquella E nciclopedia aragonesa de 1980
bajo el t ítulo Gran Enciclopedia Aragonesa 2000 , donde, además del co ntexto g enera l
dedicado a la escultura contemporánea, aparecía la breve voz “Blasco Ferrer, Eleuterio”,
sin mayores aportes
29
.
En cuanto a publicaciones extranjeras, en 1996 se editó el enorme The
Dictionary of Art
30
, bajo la Edición de J ane Turner. En el tomo 29, bajo la voz Spain, al
llegar a la escultura po sterior a 1900 , Francis co Portela Sand oval tra za un brev e
recorrido por dicha m anifestación artística. Port ela, en su “singular” sín tesis del a rte
posterior a la Guerra Ci vil, señala por un lado l a escultura m onumental pr omovida por
el régimen franquista (J uan de Ávalos y el Valle de los Caídos); por otro a los artista s
que persistieron en una figuración orgá nica cercana a la abstracción, basada en la
simplificación de formas. Como ejemplo de este movimiento, destaca los trabajos de
Baltasar L obo, y a Ángel Ferrant po r sus innov adores experimentos con m ateriales y
técnicas entre una mu y personal fig uración y la abstracc ión en su exploración del
movimiento. Continúa con un nuevo arte figurativo que usó materiales y t écnicas de
escultura de no-represe ntación para retratar t emas tradicionalmente asociados a la
figuración, destacando a Eleuterio Blasco Fe rrer y José Luis Sánchez. Pasa después por
Josep María S ubirachs hablando de su primera escultura abstracta y el ex presionismo
de Pablo Serrano, p ara centrarse ya en la escult ura desde fin es de los años 50, con
ejemplos de Oteiz a, E duardo Chilli da, Martín Chirino, Andreu Alf aro, Eusebio
Sempere, Francisco Sobrino, Miguel Berrocal, José L uis Alexanco, J ulio H. Hernández
y Antonio López.
El Dictionary of ar tist
31
de Emmanuel Benezit, es interesante por in cluir,
además d e unas líneas bi ográficas, la existencia de dos obras, Cabal lo de Circo y Pablo
Casals en el Mus eo de Arte Moderno de la V illa de París, así como presentar los
resultados de tres obras s ubastadas: Sirena , 84 cm., CHF 4600 (Zurich, 8 d e noviembre
29
VV.AA., Blas co Ferrer, Eleuterio (voz), en Gra n Enciclopedia aragon esa 2000 , El
Periódico de Aragón, Prensa Diaria Ara gonesa S. A., Zarag oza, p. 734.También voz
“Escultura”, tomo 8, pp. 2040-2041.
30
PORTE L A SANDOVA L, Francisco,“Spain. IV, 5: Sculptu re, after c. 190 0 (voz )”, en
TURNER, J ane (e ditor), T he Dictionary of Art , Vol. 29, Grove, New York, 1996, p.
296.
31
BENEZIT, Emmanuel, Dictionary of artis t , volumen 2, Editions Gründ, P arís, 2006,
p. 600.
33
de 1985); Cabeza d e muj er , bronce, 23,5 cm., USD 575 (Nu eva York, 24 de febrero de
1994); y Niños , 41x 29 x 14 cm., 350.000 pesetas (Madrid 19 de junio de 2001).
A nivel exposit ivo, por fin se incluía ob ra su ya en una muestra colecti va en
Aragón: Escultura aragonesa
contemporánea a la esc uela
32
, celebrada
en la Sala de Ex posiciones de El Portillo
de Zaragoza en diciembre de 1988, como
continuación del proyecto global “Arte en
la Escuela”. Se apr ovechaba así l a
reciente donación de Blasco Ferrer de tres
obras al M useo d e Zaragoza, que eran
seleccionadas para esta ex posición. Como
su nombre indica, su objetivo era de
carácter hist órico-didáctico. Entre los
materiales editados se encontraban tres
cuadernillos didácticos de apoy o p ara el aula, además de un catálogo que i ncluía más
obras de las qu e fueron ex puestas. El tex to, a cargo del especialista Ra fael Ordóñez
Fernández, le sitúa c ronológicamente tras Gargallo, José Bueno, F élix Burriel, Ramón
Acín y Honorio García Condo y , y se guido de P ablo Serrano. Ordóñez le reivindi ca
(junto a Manu el Tol osa y Pablo R emacha, que p rovienen d el m undo d e la forj a) como
uno de los más fi eles a la chapa metálica, recurrente en Ar agón en los años 30,
especialmente el hierro, respondiendo su obra escultórica a moderados planteamientos
expresionistas
33
.
Pero han sido dos exp osiciones de enorme repercusión, una en Suiz a y otra en
Francia, las qu e han col ocado a B lasco F errer a la altur a artí stica que cr eemos se
merece, aunque tampoco ello supuso un i mpulso de los estudios sobre su obra.
La primera, Spagna, 75 anni di prota gonisti nell’arte , celebrada en la localidad
suiza de L ugano en 19 86
34
, en la que se s eleccionaron 37 artistas y 220 obras que
respondían a lo m ás cons picuo del arte español del s. XX (Manolo Hugué, Jul io
32
VV.AA., Escultura aragonesa contemporánea a la escuela , Unidad d e P rograma s
Educativos, Ministerio de Educación y Ciencia de Zaragoza, Zaragoza, 1988.
33
OR DÓÑEZ FERNÁNDE Z, Rafael, “Una aproximación a la escultura
contemporánea”, en Ibidem , p. 14. I lustraciones p p. 42-45.
34
Villa Malpensata, Octubre-Noviembre de 1986.
Portada del catálogo
Escultura contemp oránea a l a escuela,
1988.
34
González, Pablo P icasso, Pablo Gargallo, Án gel Ferrant, Joan Miró, S alvador Dalí,
Antonio Tapies, Antoni Clavé, J. L lores Artigas, Blasco Ferrer, etc.).
La segunda Trésors Du Petit Palais De Genève : de Renoir à Ki sling (Marsella,
1990) en la cual, junt o a Picasso y María Blanchard como representantes españoles, se
hallaba Blasco Ferrer entre un e greg io l istado de nombres que iban de Ambrogiani,
Caillebotte, De Chirico o Gaug uin, a Sign ac, Laurencin, R ousseau, De Vlaminck o
Derain
35
.
4.4.-DE LOS NOVENTA A LA ACTUALIDAD
En los úl timos años, es de destacar algunas im portantes obras globales,
referencias de mayor o menor relevancia para el tema que nos ocupa.
El I nstituto de Est udios Turolenses dentro de su colección d e C artillas
Turolenses, publicó Visi ón panorámica del arte t urolense
36
, de la mano, d e nuevo, de
Santiago Sebastián L ópez. Que daba clara la relevancia de Blasco Ferrer en el arte
aragonés, por lo que, c on un contenido tan específico como el del art e turolense, y
habiéndose dedi cado y a a s u figura, no podía d ejar de aparecer Blasco Ferrer como
artista de pro y ección internacional de cronolo gía coetánea a l a de Pablo Serrano.
Ambos, señala, con obras en los princip ales museos de Europ a y América. En lo
referido a Blasco repite lo y a publicado en 1972.
Como resultado del I Congreso de His toria Loc al Aragonesa celebrado en Mas
de las M atas los días 3, 4 y 5 de julio de 1997, se publicó un corpus de estudios donde
los profesores Gonzalo B orrás Gualis, Erne st o Arce Oliv a y Concepción Lomba
Serrano reflexionaron en torno a El arte contemporáneo en el Bajo Aragón
37
. En dicha
ponencia, que po r enfer medad del ponente no s e lleg ó a pronunciar en di cho Con gr eso,
35
“Trésors Du Petit Palais De Genève “de Renoir à Kisling””, 27 J uin- 1er October
1990, « Forum des Arts » , Hall du Palais de la Bour se.
36
S EBASTIÁN LÓPEZ, Santiago, Visión panorámica del arte turolense , Cartillas
turolenses, nº 18, Instituto de Estudios Turolenses , Teruel, 1996, pp. 66-67.
37
BORRÁS GUALIS, Gonz alo M ., ARCE OLIVA, Ernesto y LOMBA SERR AN O,
Concepción, “El arte contemporáneo en el Bajo A ragón”, en RÚJ ULA, Pe dro y PE IRÓ,
Ignacio (coords.), La Histor ia Local en la España Contemporánea , Departamento de
Historia Moderna y Cont emporánea de la Uni versidad de Zaragoza, L´Avenç,
Barcelona, 1999, pp. 149-163.
35
pero que apareció en la publicac ión, el profesor Gonzalo Borrá s teorizó sobre el tí tulo
que daba nombre a la misma. Va a ser Ernesto Ar ce, aunque sea firm ado conjuntamente
por l os t res autor es antes m encionados, quien aborde la escultura bajoar agonesa de los
siglos XIX y XX, at endiendo al contrasentido que, no ex ento de ciert a demagogia,
supone dicho título. Se ocupa el autor tanto de artistas foráneos que r ealizaron obras
para localidades bajoaragonesas, caso de Manuel Arcón (Barasona, Huesca, 1928), José
Gonzalvo (Rubielos d e M ora, Teru el, 1929) o el más reciente Ignacio Rodríguez
“Iñaqui” (Bilbao, 1941 ); como de l os oriundos, como Francisc o Rallo La hoz
(alcañizano), Fern ando Navarro Catalán (andorr ano), Fernando Gamundi (caspolino),
Luis Hinojosa (calandino), Al berto I báñez (alcañizano), y por supuesto Pablo Gargallo,
Pablo S errano y Eleuterio Blasco. S eñala de este último su “ extraordinaria intui ción, de
la que hace gala en un grado solo conc ebible e n artistas de casta ”, verte brando una
tray ectori a que le vincula en prim er t érmino con la modernidad vanguardista,
especialmente con las in vestigaciones neocubistas, y con la t écnica tradicional mediante
la forja del hi erro. Doble compromiso pues, el qu e señala el pro fesor Ar ce, que da lu gar
a una obra llen a de expresividad “ más por la acentuación del gesto que de la actit ud
corporal ”
38
, y en todo caso llena de una vitalidad y frescura autodidacta.
De nuevo, pues, s e señ ala la inte rnacionalidad de la obra de B lasco que se
merece “ mayor estima que la que l e dispensan sus pai sanos aragoneses ”
39
,
relacionándolo con las v anguardias y s eñalando la extraordinaria c apacidad técnica y
expresividad como rasgos dist intivos de su producción.
Eloy Fernánd ez Clemente en su magna pu blicación Aragón d urante la dictadura
de Primo de Riv era
40
, presenta a Blasco, junto a Pablo Remacha y Franci sco Tiestos,
como l os artistas de forja del hierro y otros m etales más interesantes de l territorio
aragonés, activos en el periodo que da título a la obra.
Sin duda alguna , el a porte m ás relevante d esde el punto de vista de la
historiografía actual se debe a Arturo A. Madr igal Pascual, que defendía su Tesis
Doctoral Arte y Compromiso. España 1917-1936 en noviembre de 1999, publicada por
38
Ibidem , p. 156.
39
Ibidem , p. 155.
40
FERNÁNDE Z C LEMENTE, Elo y, Aragón dura nte la dictadura d e Primo de Ri vera ,
Tomo IV, IberCaja, Zaragoza, 1996, p. 140.
36
la Fundación Anselmo Lorenzo
41
, en el que, al abordar las colaboraciones literar ias y
artísticas en prensa y revistas de corte anarquista de l os años tr einta, aparece una faceta
totalmente desconocida de Blasco, más cercana al compromiso políti co activo, que
queda mu y bien contex tualizado dentro de la act ividad compromisaria d e izquierdas de
la Barcelona del mome nto
42
. Es, a pesar de la brevedad con l a que se ocupa del
turolense, la más im portante aportación a la p ro ducción artística d e Bl asco hasta es e
momento. Además de e llo, el propio t ítulo de l epígrafe que le dedica a Blas co es
suficientemente ex plícito de la tendencia artíst ica en que s e mueven estos dibujos
“Eleuterio Blasco: un surrealista olvidado ” .
No obstante, en 1993 tuvo lugar e n el Museo de Teruel la exposición Los
paréntesis de la mir ada. Un homenaje a Luis Buñuel , en la qu e Emmanuel Guigon
incluyó un dibujo surrealista de Blasco Ferrer que fecha ha cia 1930, junto a una nóm ina
de artistas como Alfonso Buñuel, José Caballero, Darío Carmona, Pere Catala I Dic,
Federico C omps, Salvador Dalí, Antonio G arcía
La molla, Federico G arcía L orca, Jos é Luis González
Bernal, Eu genio Granell, J uan I smael, Nicolás
Le kuona, Maruj a Mallo, Jo an Massanet, J oan Miró,
José Moren Vil la, Benjamín Palencia, Ángel Pla nells,
Jaume Sens, Adriano del Valle, Remedios V aro y Jos é
Viola
43
. Aparec í a por tanto un di bujo surrealista, de
fecha t emprana en la p roducción de Bl asco, jun to a
obras de importantes au tores, donde se reflex ionaba
sobre la si mbología libe radora d e l as i mágenes, que
prometen una r ealidad diferente, trans gre sora u
original.
41
MADRI GA L PASCUA L , Arturo A., Arte y compromiso. España 1917-1936 ,
Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2002.
42
En todo caso destacar que ya en 1989 aparece n dos artículos consecutivos en la
revista de ideas ácratas Orto , en los cuales el autor realiza un repaso biográfico lleno de
connotaciones sociales e ideológica s ahondando en la personalidad del artist a:
MONTSANT DEL PR IORAT, Ramón, “ Genio creador a ragonés… Ele uterio Blasco
Ferrer”, Ort o , nº 47, 1988, pp. 40-43 (hay una err ata, se trata de 1988). También
GERMINAL DE LA SOLANA, “Más sobr e nu estro artista… El euterio Blasco Ferrer”,
Orto , nº 48, 1988, pp.41-43.
43
GUIGON, Emmanuel, ( com.), Los par éntesis de la mirada , Diputación Provincial de
Teruel-Museo de Teruel, Teruel, 1993.
Portada del catálogo
Los Pa réntes is de la
mirada, 1993.
37
En esta mism a líne a de compromiso, hemos de r eseñar al gún artículo donde, al
hilo de su participación en la Ex posición de A rte Español en el Ex ilio en Toul ouse y
París en 1947, organiz ada por la S ección de C ultura y P ropa ganda del Movimiento
Libertario Es pañol en Fr ancia, se le recuerda junto a otros artistas que y a fueron
comentados en las pá ginas de l a prensa l ibertaria en Españ a antes de l a guerra , como
hace Antonia Fontanillas
44
; o el texto de Inmaculada Real donde se analiza el tema d e la
maternidad en el contexto del i deario anarquista en la ob ra de Blasco Ferrer y Baltasar
Lobo
45
.
La obra de Madrigal ha si do re ferencia en di versos e scritos aparecidos con
posterioridad en la dir ección de artista anarquista , tal como el que noso tros publicamos
en el Boletín I nterno de la Fundación Anselmo L orenzo bajo el t ítulo Un artista
anarquista olvidado: Ele uterio Blasco F errer
46
, donde se profundiza en su condición de
artista del pueblo como elemento característico de toda su producc ión, no sol o en los
años 30. También en 2005 aparecía el tít ulo Pinturas de Guerra. Dibujant es
Antifascistas en la Guerra Civil española
47
, del dibujante Miguel Sarró “Mutis”, que
engloba a Blasco en el apartado At eos gracias a Dios. Los dibujantes anar quistas, en
una brevísima reseña que n o aporta nada nuevo y qu e volverá a repetir en Revistas,
Modernidad y Guerra editada por el MNC ARS en 2008
48
, y en el núm ero espec ial de
Solidaridad Obrera con memorando 100 años de anarcosindicalismo, donde “Mutis”,
44
FONTANILLA BORR ÁS, Antonia, “El aporte cultural del ex ilio libertario español”,
en MANCEBO, Mª Fernanda, BALDÓ, Marc y A LONSO, Cecilio (eds.), Seixanta
Anys Despr és. L´Exili Cultural de 1939 , Actas C ongreso I nternacional, Tomo 2,
Universitat de València, 2001, pp 103-104. El mismo te xt o es publicado años más t arde
en la revista Orto , octubre-diciembre 2010, p. 31.
45
R EAL LÓPEZ, I nmaculada, “ La maternid ad en l a obra de Eleuterio Blasco Ferrer y
otros escultores anarquistas”, AACA , Revista nº 23, junio de 2013:
http://www.aacadigital.com/contenido.php? idartic ulo=812 [ Consutado el 15 de jul io de
2013].
46
PÉREZ MORENO, R ubén, “Un artis ta anarquista olvidado: Eleuterio Blasco Ferrer”,
Bicel , Número 15, marzo 2004, F undación de Estudios L i bertarios Ansel mo L orenzo,
Madrid, pp. 25-27.
47
SARRÓ “MUTIS”, M iguel, Pinturas de Gu erra. Dibuj antes Antifascistas en la
Guerra Civil española , Traficantes de Sueños, Madrid, 2005, p. 107.
48
SARRÓ, Miguel, “ Los dibujantes en la prensa anarquista española 19 36-1939, en
Revistas, Modernidad y Guerra , MNCARS, 2008, p. 26.
44
Ayuntamiento de M olin os, fue renova da c on un nuevo discurso ex positivo. Un Mus eo
dedicado a un artista de la “Escuela de París” qu e sirvió de contexto a dichas j ornadas.
En la publicación se t rataron las figuras de Diogo de Macedo, Mat eo Hernández,
Manolo, Pablo Gar ga llo y Julio González, J oan Miró, Ba ltasar Lobo, Ap el.les Fenosa y
el propio Eleuterio Blasco a cargo de S ofía Sánchez
65
. S e incluía en dicha edición un
pequeño catálogo con l as obras ex puestas y una miscelánea d e documentación epistolar,
impresa y foto gráfica que forma parte del legado que Blasco hi ciera a Molinos en los
años ochenta. El tex to realiza un ajustado recorrido biográfico y se detiene en el proceso
de mus ealización de su donación a la localidad. Este texto aparec ió simultánea mente al
que nos otros publicamos en C uadernos Republicanos bajo el tít ulo Eleuterio Bl asco
Ferrer: crónica de una v ida marcada por el exilio
66
, donde repasamos con más detalle
su tray ectoria vital, así como los comentarios de la crítica artísti ca de s us ex posiciones
durante los años 30.
Y como continuación d el anterior seminario, las jo rnadas celebradas de nuevo en
Molinos bajo el rótulo Los ar tistas del exilio y sus legados museísticos en el mes de
junio de 2008, dentro de l os cursos de la Universidad de Ver ano de la Universidad de
Teruel, donde se analizaron las figuras y museos de Castel ao, Ósc ar Domí ngue z,
Apel.les Fenosa, Ramón Ga ya , Eu genio Granell, Ba ltasar Lobo, Luis Ma rín Bosqued,
Joan Miró, Joaquín P e inado, P icasso, Quintanilla y sus frescos en Nueva York,
Rodríguez Luna, Alberto S ánchez, Luis Seoane, José Vela Z anetti y Esteban Vicente, y
Eleuterio Blasco Ferrer. En lo referido a este últi mo presentamos junto a S ofía Sánchez,
una ponencia que ahondaba en la tr a y ectoria artística de Blasco Ferrer, ta nto en la obra
pictórica como escultórica, incidiendo en alguna s fac etas nun ca abordadas, tales como
las relaciones entre arte y compromiso social, su obra surrealista, los rasgos definidores
y distintivos de su cre ación, así como de su lega do a Molinos. Este tex to, junto al resto
de ponencias fue recogido en el libro Vae Victis! L os artistas del exilio y sus museos
67
.
65
SÁNCHEZ, Sofía, “ Eleuterio B lasco e n París y l a m usealización d e su obra en
Molinos”, en Ibidem , pp. 145-159. A l a misma se debe el artículo “ El euterio Blasco, el
artista del pueblo”, El Peirón , nº 11, 2007.
66
PÉREZ MORENO, Rubén, “Eleuterio Blasco Ferrer: crónica d e una vi da marca da
por el exilio”, Cuadernos Republicanos , Número 67, Primavera-Verano 2008, Centro
de Investigación y Estudios Republi canos, Madrid, pp. 97-132.
67
PÉREZ MORENO, Rubén y SÁNCHE Z, S ofía, “Eleuterio Blasc o Fe rrer y su l egado
a Moli nos. Una obr a y u n m useo marcados por e l compromiso social”, en L ORENTE,
45
Podemos decir que esta s tres últimas publicaciones actualizan y si stematiz an
todo lo que anteriormente se había escrito acerc a de Blasco Ferrer, dentro de la
brevedad textual que exigen este tipo de obras grupales.
Blasco F errer pu es, había pasado del olvido a formar parte, casi s iempre
nominalmente, del conjunto de los destacados artistas del ex ilio, y d e esta form a es
recogido en dos importa ntes catálogos, resultado de sendas exposiciones: la primera
Exilio , celebr ada en el P alacio de Cristal del Parq ue del Retiro de Madrid entre el 17 de
septiembre y el 28 de octubre de 2002 y comi sariada por V irgilio Za patero. Juan
Manuel Bonet se ocup aba de abordar u na “Breve
historia del ex ilio artístico español ”
68
en la qu e se
señala a Eleuterio Blasco como ejemplo de escultor,
junto a Baltasa r Lobo y J oan Rebull, que s e
establecieron en F rancia. L a s egunda D espués de la
alambrada. El arte espa ñol en el exilio 1939-19 60
69
,
comisariada por J aime Brihuega y que se pudo v er en
Zaragoza, Córdoba, Valencia y Badajoz entre o ctubre
de 2009 y juli o de 2010, donde la profesora
Concepción L omba Serrano abord aba el análisis del
ámbito Europeo, sin olvidar l a referenci a a El e uterio
Blasco entr e el nutrido grupo de ar tistas que cruz ó l a
frontera para quedarse
70
.
A pesar de las relativam ente abundantes refere ncias bibliográficas que hemos
detallado en este estudio historiográfico, las reflex iones finales no son muy alentadoras.
Un Blasco Ferrer frecu entemente citado pero nunca analizado, cay endo siempre en
breves aspe ctos meramente biográficos, o enmarcándolo en contex tos generales que, sin
embargo, no profundizan en su personalidad, pensamiento, i deología, ni a spectos
artísticos-estéticos, y donde únicamente hemos de desta car el intento d e rescate d e su
Jesús Pedro, SÁNCHEZ, S ofía y C ABAÑAS BRAVO, Miguel (e ds.), Vae Victis! Lo s
artistas del exilio y sus Museos , Ediciones Trea, 20 09, pp. 25-46.
68
B ONET, Juan Manuel, “Breve historia del exilio artísti co español ”, en ZAPATERO,
Virgilio (comisario), Exilio , Fundación Pablo I glesi as, Madrid, 2002, p. 145-146.
69
BR IHUE GA, J aime (Com.), Después de la al ambrada. El arte español en el exilio
(1939-1960) , Sociedad Estatal de Conmemoracion es Culturales, 2009.
70
LOMBA SERRANO, Concha, “Tan cerca y t an lejos: Europa como refugio”, en
BRIHUEGA, Jaime (Com.), op. cit ., 2009, p. 218.
Portada de
Vae v ictis! Los artist as del exilio
y sus
museos , 2009.
46
figura en l a úl tima déc ada a través de la inclusión de su persona en un a seri e de estudi os
generales de gr an valía, pero que siguen dejando abierta la necesidad de su estudio
pormenorizado
71
.
Habiendo ex puesto el tr atamiento que ha tenido la figura de Blasco F errer desde
los años 40, en que aparecen las p rimeras publicac iones destacadas, podemos extraer
una serie de concluiones.
Por un lado hemos de constatar que la m a y oría de los textos desde los años
setenta provienen de la mano de autores aragoneses, en gran medida vi nculados a l a
Universidad de Zaragoza. Todos ellos dejan clara la relevancia de la obra es cultórica de
Eleuterio Blasco, de la q ue se seña lan unos breves apuntes biog ráficos, m uy parecidos
entre sí, y unas definiciones globales de su producción. Aspectos re cogidos, matiz ados y
ampliados en los escritos de Sofía Sánchez y Rub én Pérez en el contexto de
recuperación del arte del ex ilio
Por otro, se trata funda mentalmente a Bl asco c omo escultor, ámbito en el que
destacó, si endo po cos l os que se ñalan que Blasco también fue pintor, combinando
ambas manifestaciones durante toda su vida. Prevalecen así las reproducciones de
esculturas. En t odo caso no suele haber referencias concreta s a nin guna obra, si no meras
generalizaciones.
Desde el punt o de vista cronológico, se tiende a abordar la figura de Blasco
generalmente en el grupo de artistas forj ados antes de la guerra, aunque las referencias a
su obra se remitan al periodo del exil io.
Allí donde aparece, no se discute su e xt raordinar ia capacidad técnica, su
autodidactismo y ciertos rasgos de originalidad, aun prevaleciendo siempre la deuda
estética con Pablo Gargallo.
Relativamente en fechas tempranas, se h an enmarcado las realiz aciones en
dibujo de Blasco con el ideario libertario y el arte de compromis o durante los años de la
II R epública. Vinculado a ello, su obra sur realista, olvidada por la historio grafía, como
el resto de su producción pictórica.
71
Destacar tan solo los artículos que en números consecutivos de la revista cultural de
ideas ácratas Orto , firm aran Montsant del Pr iorat y G erminal de la S olana que
extrayendo palabras d el propio Blasco reflexionan sobre la p ersonalidad del artista.
MONTSANT DE L PR IORAT, Ramón, op. cit ., nº 47, 1988, pp.40-4 3. Ta mbién
GERMINAL DE LA SOLANA, op. cit ., nº 48, 198 8, pp.41-43.
47
Finalmente, se ha i ncidido en la figura d e Blasco en el contex to del arte del
exilio, con las implicaciones sociales, políticas, económicas y estéticas aparejadas a este
fenómeno, dejando la p uerta abi erta a un enfoque diferente y de rabiosa actualidad
historiográfica.
En definitiva, ha ce tiem po que i mportantes historiadores del arte han planteado
la relevancia de la ob ra de l fo cino y l a ne cesidad im plícita de aborda r de manera
profunda un estudi o sob re el mismo, no solo de s u obra escultóric a, sino de toda su
producción, i nclu y endo la pictórica y de dibujo desde un punto de vista metodológic o
global e integrador.
5.- LA AUTOBIOGRAFÍA DE BLASCO FERRER “HIERRO CANDENTE ”
Además de un si stemático estudio documental y biblio gráfico de ar chivos,
bibliotecas y hemerotecas, y de distintos testimonios or ales, ha resultado primordial la
consulta de cuatro cuad ernillos manuscritos autobiográficos, de 22 x 17,5 cm., que
Blasco tituló Hierro Can dente , i néditos, redactados en cast ellano y en francés. Hierro
Candente, que se halla en el Archivo Personal de Joaquín Castill o, debió ser escrito
hacia 1950-1951, con al gún añadido posterior, deteniéndose en 1958. En vida del propio
Blasco s e reda ctó más t arde, a máquina, en español, esta biografía, co n numerosas
correcciones grama ticale s y algunas modificaciones, existi endo de esta div ersas copias,
una de ellas en el Museo de Molinos (Ter uel) y ot ra entregada al autor de estas pá ginas
por la familia Blasc o. Nosotros hemos utilizado tanto la versión corregida (a la qu e nos
referimos en l as notas al pi e como Hierro cande nte ) como l a ori ginal manuscrita (a la
que hemos denominado Hierro candente B). Es tos tex tos son en ocasiones
excesivamente anecdóticos, llenos de componente poético, cuando no de cierta
autocomplacencia. L astr es de los que por supuesto se ha prescindido cuando hemos
considerado que no era relevante. Por otro l ado, Blasco ape nas s e postula en cuestiones
políticas, más bi en l o hemos de hacer entre l íneas, ni tiende a ejer cer juicios de va lor.
Viene a ser una j ustificación de las dificultades que le acompañaron tod a su vida, y a
desde su infancia, hasta llegar a hacerse un hue co importante e n los c írculos artísticos
franceses con gran éxito, según se desprende de sus propias palabras.
48
Este tipo de m emorias au tobiográficas su r gidas en el contexto de la Guerra Civil
y el ex ilio, son consider adas un género histórico-literario, li teratura al bor de de l
documento o viceversa, en el que se manifiestan vivencias, recuerdos, ju stificaciones
políticas e ideológicas
72
. Hierro candente no escapa de ello, y h emos de entenderla
como una estrategia creati va que sirve de catarsis para el p ropio autor. Est as memorias
están divididas en unidades horizontales establecidas por hechos a partir de los cuales
hay un a ntes y un des pués: su estan cia en la s Cinco Villas, el primer p eriodo e n
Barcelona, M adrid y el servicio mi litar, el segundo periodo en Barcelo na, la Guerra
Civil, la frontera Franco-española, los campos de concentración, la l legada a Burdeos y
su marcha de finitiva a Pa rís en 1942 con motivo de su prim era ex posición indi vidual en
Francia. También en u nidades vertic ales ligadas en su caso a vi vencias personales y
familiares, g eneralmente relacionadas con lo artístico: las visitas a la i glesia, cómo lle gó
al metal, la entr ada en l a Escuela de Bellas Artes de la Lonja, así como sus exposiciones
individuales.
Sus notas autobio gráficas están redactadas cro nológicamente, referente par a
orientarse en el laberinto de la memoria y ordena r e l recuerdo d e manera horizontal.
73
Estas nos han permitid o vertebrar principalmente su infanc ia y juventud, periodo en e l
que se detiene especialmente. Se ha procurado cotejar toda la info rmación con ot ras
fuentes, hem erográficas y documentales, así como c on otros testi monios orales, de
forma que hemos pretendido interrogar, plantear hipót esis, ex plica r, interpretar y
relacionar las vi vencias de B lasco con l os aconte cimientos históricos en los que s e vio
inmerso, estableciendo cronológicame nt e ciclos vitales claramente diferenciados.
Hemos intentado filtrar la i nformación preg untando la forma en que los hechos
históricos actuar on sobre la memoria individual de Blasco, y las posibl es e laboraciones,
transformaciones o interpretaciones de su propia biografía a l hilo de los
acontecimientos
74
.
72
Véase a este r especto H ADZELEK, Aleksandr a, “¿Por qué la a utobiografía?. El
exilio de la autobiografía o l a búsqueda de la identidad perdida”, en A ZNAR SO L ER,
Manuel (ed.), El exilio literario español de 1939 , vol 1, GEXEL, 1998, pp. 309-317.
73
LEJEUNE, Ph., “M emoria, diálo go y escritura ”, Historia y Fuente Oral , nº 1, 1989,
pp. 33-67.
74
Hemos partido, en este sentido, de las pautas metodológicas recogi das en la
comunicación de Mª Dolores Ramos en t orno a la figura de Victoria Kent: R AMOS, Mª
Dolores, “Pautas m etodológicas para reconstruir la memoria histórica: a propósito de las
experiencias vividas por Victoria Kent en París (1940-1944)”, en ALTED VIGIL,
49
Queremos incidir en l a necesidad de h aber utili zado diversos testim onios,
además de los del p ropio Blasco, como contrap unto a los datos puramente históricos,
especialmente en lo relati vo al paso de l a frontera francesa, su estancia en l os campos de
refugiados, así como su salida hacia B urdeos. Narraciones l a de estos personajes que
vivieron la misma situaci ón; sobre todo de aquellos que, como el turolense, atravesaron
la frontera por el paso d e Bourg M adame, p róximo a Puigcerdá, pertenecie ntes a la 26ª
División “Durruti”, y que estuvieron internados en Vernet d´Ariège.
Ha sido creciente el inte rés hist oriográfico en tor no a estas historias orale s, que
narran dive rsidad de ex periencias vividas en lo relativo al paso a Francia y el
internamiento en los campos. Textos de carácter testimonial, donde ex iste
evidentemente una visi ón subjeti va, sospechosa para algunos his toriadores que
persiguen la plena obj etividad, y también alejada quizá del b rillo formal exigible en e l
relato histórico. Estas v oces que h emos utilizado para contrastar la p ropia voz de
Blasco, y d e otros estudios hi stóricos, pensamos son clave para entender el binomio
memoria-identidad de los refugiados republicanos españoles y con ellos del propio
Blasco F errer. En palabras de Giuliana Di F ebo, “ la interpretación del mate rial
memorialístico no g uarda relación con la ve racidad de los hechos narrados , sino con
su signifi cado en cuanto a sus representacion es”
75
. Al respecto W alter Benjamin
escribió: “ Un a contecimiento vivido pued e consid erarse como terminado o como mucho
encerrado en la esfera de l a e xperiencia vivi da, mientras que el acontecimiento
recordado, no tiene ni nguna limitación puesto que es, en sí mismo, la llave de todo
cuanto acaeció antes y después del mismo ”
76
.
La configuración del p asado, marcado po r una c ruda experiencia que determina
decisivamente l a vida de muchos ex iliados, depende de varios factores. S in embargo, de
todos ellos extraemos algunos elementos comunes: la ruptura afectiva, políti ca, cultural
y social que supon e la frontera fr ancesa; una frontera que ha d e ser refu gio pero que es
recordado comúnm ente por l os “allez, allez ” de los gendarmes, po r los re gistros
humillantes, la deposición de armas, y donde sub yace d e m uchas de estas experiencias
Alicia y AZNAR SO LER, Manuel (Eds.), Literatura y exilio español de 1939 en
Francia , AEMIC-GEXEL, Salamanca, 1998, p. 539-550.
75
D I FEBO, Giuli ana, “U n espacio de la memoria: el paso de l a f rontera f rancesa d e los
exiliados españoles. La despedida del presidente Azaña”, en AL TED VIG IL, Alicia y
AZNAR SOLER, Manuel (Eds.), op.cit ., 1998, p. 468.
76
B ENJAM IN, Walter, “Por un retrato de Proust”, citado en PORTE LLI, A., “Historia
y Memori a: la muerte de Luigi Trastulli”, Historia y fuente oral , Nº 1, 1989 , p. 5.
50
un paso claro d el drama individual al drama colectivo; la reafirmación de l pasado y de
la causa; la fuerte subj etividad emocional d e los t estimonios recog idos en fec has más
cercanas a los suce sos; los comportamientos her oicos, di gnos, en los campos de
refugiados; los casos ejemplares hum anitarios y de solidaridad de los frances es; la
desorientación total en que se encuentran los refugiados; las si tuaciones lími te en que
permanecieron los p ri meros días y los fall ecimientos por el frío y l a es casa
alimentación; los soldados senegaleses como s ímbolo del nuevo escenario agresivo;
nunca aparece la palab ra der rota, si no retir ada; los malos tratos; el espíritu cultural y
educativo mantenido en los campos, etc.
77
Hemos que rido alejarnos así -esto es, media nt e múltiples testimonios de un
momento histórico concreto, el de l a retirada, los campos de refugiados y l a Francia
ocupada-, de un a histori a personal única, la de Blasco Ferre r, con una pl uralidad de
enfoques qu e intenta sub sanar los v acíos, cortes, olvidos y justifica ciones que pres enta
la autobiografía Hierro candente , además del propi o estudio histórico inherente a este
trabajo.
77
S obre este t ema hemos de destacar la Tesis Doctotal presentada en 2011 por P aula
Simón Porolli en la Universidad de Barcelona bajo el títul o Por los caminos de la
palabra. Exilio Republicano español y campos de concentración franceses: una historia
de testimonio , donde estudia los testi monios d e l os campos francese s, más t arde
publicada: S I MÓN POR OLLI , Paula, Exilio y m emoria en l os testimonios españoles
sobre los campos d e concentración f ranceses. La escritura de las alambra das , Editorial
Academia del Hispanismo, Vigo, 2012. Véa se además el texto de J osé María Navarro
Calderón, “Por los campos de Francia: entre el f río de las alambradas y el calor de la
memoria”, en ALTED V IGIL, Alicia y AZNAR SO L ER, Manuel (Eds. ), op. cit., 1998,
pp. 307-326, que realiza un aná lisis c ontrastado de diversos relatos testim oniales
redactados bajo l as penurias del intern amiento, en con creto l os caso s de M anuel
Andújar ( Sai nt C yprien, plage… Campo de con centración , Cuad ernos d el Destier ro,
México, 1942) y Eulalio Ferrer ( Entre alambradas , Grijalbo, Barcelona, 1988). Además
de otros c asos como el de S ilvia Mis tral ( Éxodo: diari o de una refugiada española ,
Editorial Minerva, México, 1940) y N emesio Ra poso ( Memorias de un espa ñol en el
exilio , Ediciones Aura, Barcelona, 1968). En el m ismo deseo de contra star los
testimonios orales a través del concepto d e front era como ambivalente sig nificado de
demarcación real y metáfora de s eparación en cu anto a zon a de l a memori a presente en
muchos ex iliados, ver DI FE BO, Giuliana, op. ci t. , 1998, p. 467-483. Además sobre el
tema de la memoria citamos dos obras de Alicia Alted: Entre el pasado y el presente.
Historia y memoria , UNED, Madrid, 1996; y “De l olvido y recupe ración de la
memoria”, en A LTED, A., y AU BERT, P. ( eds.), Triunfo en su ép oca , Casa de
Velázquez-Ediciones Pléy ad es, Madrid, 1995, pp. 309-314.
51
6.-SISTE MATIZACIÓN DEL TRABAJO
El trabajo se presenta en tres volúmenes. Los dos primeros corresponden al
análisis de la tra y ectoria artística de Blasco F errer, estru cturados a su v ez en cuatro
capítulos: I .- Introducción, II.-Trayectoria artí stica, III.-Conclusiones y IV .-Bibliografía.
El II qu eda, así mism o, div idido en seis apartados, correspondientes a las distint a s
etapas que marcan el it inerario vital d el focino: “Por tierra s ara gonesa s (1907-1926)”,
“Barcelona (1926-1936) ”, “El p aréntesis bé lico (1936-1939)”, “Ha cia el prolongado el
exilio (1939-1942)” , “La ciudad luz (1942-1985) ”, y “ De nuevo Barcelon a. El re greso
(1985-1993)”.
En el te rcer volumen (capítulos V y V I), r ecogem os el c atálogo d e su obra, en
tres s ecciones: escultura, pintura y dibuj o; también los Anexos, donde m ostramos la
fecha y lu gar de las exposiciones individuales y colectivas en las que participó, así
como las reproducciones de los catálogos de las mism as.
En aras de evitar r epeticiones i nnecesarias estas s on las abreviaturas m ás usuales
utlizadas:
AAM.-Archivo A y untamiento de Moli nos
ACAB.-Archivo Centro Aragonés de Barcelona
AJCB.-Archivo Joaquín Casti llo Blasco (Barcelona)
AMM.-Archivo Museo de Molinos
BCOAB.-Boletín del Centro Obrero Aragonés de Barcelona
BNC.-Biblioteca Nacional de Catalun ya
CD.-Catálogo de dibujo
CE.-Catálogo de escultura
CP.-Catálogo de pintura
EBM.-Emiliano Blasco Monforte (Barcelona)
JC B.-Joaquín Castillo Bl asco (Barcelona)
RDUZ.-Repositorio Digital de la Universidad de Zaragoza
RPM.-Rubén Pérez Moreno
52
7.-AGRADECIMIENTOS
El trabajo de investigación que aquí presentamos es el resultado de m uchas
horas de es fuerzo y estudi o no solo del propio autor, sino t ambién de numerosas
personas que en un a labor colectiva y de apo yo han prestado su v aliosa colaboración
para ir perfilando estas páginas. Algunas lo hicieron con sus ánimos y m otivaciones
para continuar; otras, desde bibliotecas oficiales o privadas, dan do referencia
bibliográfica exacta a lo que en p rincipio no er an si no vagas suposicion es o indicios;
numeroso colegas y compañeros a y udando a sis tematiz ar la información, traducir tex tos
del francés, o a discutir sobre tal o cual cronología o vinculación formal.
Quiero most rar mi agradecimiento especialment e a la profesora Concha Lomba,
una de las po cas personas al tanto de l a obra de El euterio Blasco y de su pe queño museo
en Molinos, que me propuso ini ciarme en su e stud io y que ha dirigido mi investigación.
También, por supuesto, a dos de los sobrinos del artista turolense, Emiliano
Blasco y J oaquín Castillo, sin cu y os a rchivos particulares e información de primera
mano no hubi era po dido realiz arse buen a p arte de este t rabajo. Su a y uda fue
incondicional desde el prim er momento.
Pilar Herrer fue el prin cipal apo yo en los m omentos más difíciles. E lla me
infundió ánimos y estuvo junto a mí hasta e l final. Sus sugere ncias siempre fueron de
inestimable ayuda.
Junt o a ellos, son muchas las personas e instituciones, en definitiva, que han
colaborado, y a las cuales do y las gracias:
Agustín Sánchez Vidal, Albert Rovi ra, Alberto Orduña, Álex Garris, Alfredo
Gavín, Alicia Alted, Arx iu de L´ Escola S uperior de Dissen y i Art L lotja ( Barcelona),
Archives D épartementales de l 'Ariège,
Archivo Histórico de Barcelona, Arturo A.
Madrigal, A y untamiento de Foz-Calanda, A yuntamiento de Molino s, Biblioteca Arús,
Biblioteca de Aragón, Bibliot eca de C atalun y a, Biblioteca Nacional de España, Carmen
Escriche, Cécile Champ y, Centro Aragonés de Barcelona, Centro de Estudi os Históricos
Internacionales, Centro Ex cursionista de Barcelona, Cl emence O riol, C omarca del
Maestrazgo, C ruz Barrio, Charles T ella, C hristine Rouaix , Darío Pérez, Diana Gonzalo,
Dominique Gagneux, Eloy F ernández Clemente, Emil iana Mateo, Emilio Casanova,
Fermín Gazul la, F undación Anse lmo L orenzo, Hemeroteca M unicipal de Zar agoza,
Instituto de Estudios Turolenses, I rene Muñoz , J aime Vicent Redón, Jesús L ou, Javier
53
Cereza, José Estévez, José Luis Acín, J osé Ma ría Blanch, Julián Casa nova, Mª Paz
Cantero, Manuel Hernández, Manuel Pérez, Marcelino Malo Martínez, María Pilar
Monfil, Mariorie Klein, Marisa Ar guís, M arta P astor, Mateo Andrés, M iguel Beltrán
Lloris, M NCARS, Mus ée d´Art Moderne de París, Museo de Dibujo “Castil lo de
Larrés”, Museo de Zarag oza, Museo de Molinos, Museo Joan Abelló, Museo Picasso,
Museo de Te ruel, Oren cio Andrés, P atricia Pérez, P epa Ventura, Petit Palais Museum
de Ginebra, Petit Palais-Musée de Beaux -Arts de la Ville de Paris, R amón Cerra,
Raquel Sánchez, Santiago Mallafré, S ofía Sán chez, Sophi e Costes, Sophie Krebs,
Teresa Moreno, UNE D, Universidad Autónoma de Barcelona y Uni versidad de
Zaragoza.
60
Gargallo, Eleuterio Blasco Ferrer y P ablo Serr ano), cuyo ori gen se encuentra en esas
tierras, aunque pocos pe rmanecieron vinculados d irectamente a ella, entre otros mot ivos
por no albergar i nstituciones dedicadas a la formación, promoción y difusión artísti ca
suficiente. En definitiva, y aceptando la inco rrección de la propuesta del t ítulo, estos
autores quedaban encajados en el discurso. Y revisando muchas de las publicaciones
analizadas en el estado de la cuestión, nos encontramos num erosos epígrafes referidos al
arte aragonés y turolense para dar entrada a Blasco Ferrer.
Realizadas estas precisiones, procederemos a presentar las líneas generales de la
plástica aragonesa hasta finales de la década de los veinte, para más t arde comprender la
relevancia de la obra de B lasco como autor aragonés en el m arco del “ arte nuevo ” e
incipiente vanguardia que se está des arrollando en Aragón en es as fechas, si bien en este
contexto difícilmente hu biera podido desarrollar con madure z una obr a que necesitaba
del ambi ente cosmopoli ta barcelonés y de la amplia actividad social que allí se
desarrollaba.
1.2.-EL PANORAMA ARTÍST ICO EN ARAGÓN EN EL PRIMER TE RCIO DE
SIGLO XX
Aragón estrenaba si glo con la di fícil tarea pendiente de moderniz ar las caducas
estructuras culturales decimonón icas, para lo cual factores como la formación artística,
el fomento de las artes y quiz á, como apunta la pr ofesora Concha Lomba, la creación de
una escu ela artística r egional, habían d e sufrir p rofundas transformaciones
79
. En torno a
1900, la plástica aragonesa se encontraba no s olo en una encrucijada crono lógica de dos
siglos, sino en una encrucijada en sí misma. Los horiz ontes profesiona les eran mu y
limitados en Zar agoza, y mu cho más en el resto de capitales y ciudad es aragonesas,
donde en el caso con creto de la pintur a, la figur a del académico-profeso r-artista o del
pintor-profesor privado de dibujo era n, respectivamente, las aspirac iones más
codiciadas o una salida p rofesional con la que s uplir la escasez de encargos y p ro y ectos
79
La plástica contemporánea arago nesa (1876-2001) , d e Concha Lomba Serrano,
publicada por I bercaja e n 2002 conmemorando el 125 aniversario de l a mism a, es sin
duda la principal obra de conjunto sobre el tema, donde es de destacar la relevanc ia que
la autora concede a la historia social del arte, al e ncabezar cada capítulo analizando los
distintos mecanismos que confi gura n el l enguaje artístico de cada periodo:
exposiciones, la crítica del arte, el mercado artístico, concursos, etc.
61
artísticos ma y ores. Fuer a de Zaragoza, l os centros de referencia en el plano artístico
eran la cita bianual d e l as Ex posiciones Nacionales en Madrid, o un p ensionado en
Roma o París, inalcanzable para l a m a y oría de artistas. Además de las intermitentes
pensiones de la Dipu tación de Zaragoza (desde 1863) o del A y untamiento (desde
1981)
80
. Trascurr id as las tres primeras décadas, y a pesar d e la i ncipiente renovación
acaecida sob re tod o en la década d e los veinte, podemos concluir que todo ello fue
infructuoso. La incomprensión y la aus encia de estímul os que acompañaron la muestra
de las m anifestacione s más novedosas, el distanciamiento entre Zaragoza y los centros
de vanguardia, el ambien te provinciano, y la necesidad de hallar una identidad regional,
obligaron a muchos de los artistas más inquietos a abandonar Aragón en bus ca de
destinos más propicios y con mayores expectativas. Recordemos, entre los que
marcharon a Madrid, el caso de Carlos Palao, Santiago P elegrín, María de la R iva o,
aunque r egresó, J osé Bu eno. También pasaron por Madrid Ca yo Guadalu pe, el oscense
Manuel del Arco, J osé La pa yese, Herminio Herrero, Manuel Ba y o, etc. A Barcelona
partieron un jovencísimo Eleuterio Blasco Ferrer para matricularse en la Escuela de
Bellas Art es de la Ci udad C ondal, Mar iano Félez, Sanz Lafita, Gar cía Condoy un
tiempo, Luis Berdejo, Javier Ciria, Martín Durbán, el oscense Felipe Cos colla o Viol a .
Optaron po r el extranjero, fundament almente Par ís, Mariano Alonso, Gar cía Condo y o
González Bernal, y en menor medida el continente americano, que fue elegido por el
alcorisano Valero Lecha, que desarrolló buena parte de su carr era en El Salvador. No
obstante l as rel aciones con s u t ierra natal fueron bastante im portantes (Blasco Ferrer,
Arnal, B erdejo, Bueno, García Condo y, M artín Dur bán…), tanto en exposiciones
individuales como colec ti vas, si bien su prese ncia e n ti erra s a ragonesas fu e escasa, sin
llegar a crear escuela. A comienzos de la d écada de los tr einta, a p esar de que las
dificultades continuaron, podemos decir qu e Zaragoz a, al fin, se incorpo ra al circuito de
ciudades españolas que aportaron rasgos disti ntivos del llamado “arte nuevo”, aunque
sus raíc es p arten d e la d écada ante rior. El papel de Tomás Ser al y Casas, escritor d e
Cine Club Z aragoza en 1930, redactor j efe del periódico quincenal Cierzo y dir ector de
la Revista Noreste entre 1932 y 1936, y que lle gó a inau gurar la prime ra galería de arte
aragonesa en 1935, de breve tra y ectoria, fue protagonista esencial en la difusión de la
80
GARC Í A GUATAS, M anuel, “Zaragoza, entre Madrid y Roma”, en PE NA, Carmen
(Com.), C entro y Periferia en la modernización de la pi ntura española 1880-1918 ,
Centro Nacional de E xposiciones y Promoción Artíst ica, Ministerio de Cultura,
Barcelona, 1993, p. 443.
62
vanguardia aragonesa
81
. El may or compromiso por parte de i nstituciones pública s en lo
relativo a la modernización, así c omo la actividad de las privadas, favorec ieron el
aumento de lo s canales de exhi bición, consiguiendo una ma y or presenci a de artistas
aragoneses fuera de l as estrechas front eras regionales, además de recibir el beneplácito
de los sectores más prósperos de la sociedad. Un a efervescencia cultural favorecida por
la II República, donde además de las tendencias anter iores, emergió con fue rza el
surrealismo.
Hecha esta re flexión inicial, hemos de analizar el p roceso que llevará al
progresivo desentumecimi ento del panorama de la plástica ara gone sa de est e periodo.
A comienzos del siglo, desde el punto de vista de la formación a rtística, los
esfuerzos pasaban por el sistema de p ensiones y la zara gozana Escuela de Artes
Aplicadas y Oficios Artí sticos
82
, cu y a situación dejaba mucho que desear ta nto por los
escasos r ecursos económ icos con los que era dotada, como incluso por la altur a de
algunos d e sus maestros, tal y como denunció en su momento Valenzuela de la Rosa
83
.
Y ello a pesar de que en 1910 se instala en una nueva sede, ocupando uno de los
edificios construidos con motivo de la Expos ición Hispano-Francesa de 1908, al hil o de
su re modelación y uni ficación con la de Artes e I ndustrias. Peor suerte correrá la
Escuela de Artes oscense, que nunca cumplió su función, siendo s uplida esta educación
a través d e la Normal de Magisterio y el I nstituto Gene ral y Técnico de Bachillerato. En
el caso de la Escuela de Artes turolense, no iniciaría su andadura hasta el todavía lejano
año 1933, centrándose la enseñanza artística en el Instituto de Enseñanz a Media
84
.
Ante esta esc asez de instituciones de formac ión plástica, las acade mi as y
estudios particulares, regentados por conocidos pintores y escultores (hemos de
destacar, en el caso en H uesca, el estudio ubicado en los bajos del Cole gio de Santia go,
81
Sobre las múl tiples facetas del Seral y Casas escritor, periodista, editor, g alerista y
librero, más allá d e s u p apel en la década de los 20 y los 30, resultan fundamentales los
estudios recogidos en el catálogo de la exposición cele brada en el Centro Cultural del
Conde Duque de Madrid en 1998. Ver TUDE LI LLA, Chu s y MA INER, José-Carlos
(coms.), Tomás Seral y C asas. Un galerista en la posguerra , Gobierno de Aragón,
1998.
82
Véase al respecto G IMÉNEZ NAVARRO, Cristina (com.), Centenario de la Escuel a
de Arte s y Oficios de Zaragoza . 1895-1995 , Mi nisterio de Educación Y Ciencia y
Escuela de Arte de Zaragoz a, Z aragoza, 1995.
83
VALENZUELA DE LA ROSA, J osé, “Algunas consideraciones sobr e la Escuela
aragonesa de pintura (conclusión)”, Revista Aragón , 1902, pp. 548-587.
84
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2002, pp. 58-61.
63
luego Museo Provincial, donde impartió clases Félix L afuente, y entre cuyos alumnos
hallamos la presencia d e Ramón Acín
85
), se convirti eron en lu gares habi tuales de
aprendizaje, siendo el di bujo, en sus distintas variantes, la disciplina fundamental,
además de la composi ción y más t arde el uso d el color. La introducción del dibujo al
natural fue t ardía y al parecer deficient e. Los escultores por s u parte, además del dibujo,
contaban con las materias de Modelado y Vaciado, y más tardíamente, Co mposición
86
.
La s p ensiones, sistema de becas de impul so estatal, provincial o local, se
convirtieron en la mejo r opción p ara mejorar l a formación ant e el pobre panorama
comentado. Estas procedían de cuatro conductos de ma y or o menor importancia: el
patrocinio de al guna cas a nobiliaria, de la que exist en contados casos; el propio
Ayuntamiento de Zaragoza para estudios de pintur a, a unque estas estuvieron abocadas
al fracaso y a su extinción en 1910, no consiguiendo dar a la luz ninguna personalidad
artística destacada , ni obra di gna qu e enriqueciera las colecc iones artísticas del
consistorio, por no decir la escasez de l a cuantía económica en comp aración a la
concedida por la Diput ación de Zaragoza
87
; las Di putaciones P rovinciales,
especialmente la de Zaragoza, úni ca de entre l as aragonesas en pon er en práctica de
forma más o m enos cont inuada esta pol ítica a favor de las artes
88
; y el Est ado,
tradicional mecenas de jóvenes artistas que quisieran ampliar estudios en el ex tranjero,
especialmente e n la Academia Española de Bellas Artes en Roma a partir de la I
República
89
.
85
A LVIRA BANZO, Fernando, Félix Laf uente 186 5-1927, en las cole cciones os censes ,
Diputación de Huesca, 1989.
86
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2002, pp. 61-64.
87
GARCÍA G UATAS, M anuel y LORENTE LORENTE, Jesús Pedro, “Pintore s
pensionados por el A y unt amiento de Za ra goza”, Arti grama , nº 4 , Zaragoza, 1 987, pp.
235-258. También ha y refere ncias en el texto de GARCÍA G UATAS, Manuel,
“Circunstancias de la formac ión de la colección artística del Ayunt amiento de
Zaragoza”, Artigrama , nº 3, Zaragoza, 1986, pp. 285-302.
88
GARC Í A GUATAS, Manuel, “La Diputación de Zaragoza y la creación del
pensionado de pintura e n el extranjero”, Semina rio de Arte Aragonés , XXX III , 1981 ,
pp. 121-136.
89
Ver LORENTE LORENTE, J esús Pedro, “Pensionados aragoneses en l a “segunda
época” de la Academia Española de Bellas A rtes en R oma (1914-1939)”, Artigr ama , nº
5, Zaragoza, 1988, pp. 213-230; y “ Artistas a ragoneses que vivieron en Roma en la
época d e entr eguerras (191 4-1939)”, en VV.A A., Actas del VI Colo quio de Arte
Aragonés , Diput ación General de Aragón, Departamento de C ultura y Edu cación,
Zaragoza, 1991, pp. 233-245.
64
Tampoco, ni desde el á mbito público ni privado, cobró importancia el fomento
artístico, limit ado a algunos con cursos públicos, tal como la ele cción del cartel
anunciador de las fiestas del P ilar en el caso zaragozano (en Hu esca el relativo a l as
fiestas de San Lorenzo pasaba po r otros proced imientos) y ex posiciones eventuales,
como la organiz ada por la Corporación Bilbilit ana en junio de 1901 con motivo de sus
juegos florales, bajo el título C olección de fotografías art ísticas, de monumentos, tipos y
paisajes . Pocos organism os más organizaron expo siciones, con la ex cepción de l a
muestra anual de la Es cuela de Artes con obra de su alumnado, y ot ras esporádicas ( Arte
retrospectivo , La Lonja, Zaragoza, 1901; Gárate en el Paraninfo de la Universidad,
Zaragoza, 1905; etc.). A destacar la labor del Ateneo zaragozano, importante lugar de
sociabilidad de las cla ses dominantes de la capital aragonesa , con cu y o nuevo espíritu
emanaron nuevas s ecciones, tales como la de Bellas A rtes, presidida por Ricardo
Magdalena y Francisco Albi ñana, y cu y o re glamento estipulaba la organi zación de una
exposición anual obl igatoria en el mes de octubre, coincidiendo con las fiestas del P ilar;
y una s ección de foto grafía, por la que s e fue con stitu y endo un álbum de f otos sobre la
región y sus riquez as cul turales
90
. También relev ante fue el mecenazgo eje rcido por la
Fundación Vill ahermosa-Guaquí a trav és de las becas para literatos y a rtistas
concedidas entre 1903 y 1913
91
, si bien con una concepción conservadora, caso d e la
edición de 1913 dirigida a literatos y escultores, e n cu yo concurso se solicitaron boc etos
para mejorar la procesión del S anto Entierro inspirados en una obra de Rafael y otros
“grandes artistas cristianos”
92
.
Con t an desolador p anorama hemos de comprender el uso d e comercios,
estudios profesionales y aun domicilios, práctica que en el caso de la capit al turolense se
prolongó en el tiempo, como l ugares de exposición, aunque pr edominaron má s las
muestras en estudios fotográficos
93
.
90
Se t rata del tercer Ate neo zaragozano (1898-1 908), tras los exist entes entre 1 864-
1872 y 1880-1896. Ver VANHILLE-LITÉ, Jena-Claude, Casinos y Círculos en
Zaragoza (1830- 1908) , IFC, Zaragoza, 2001, especialmente p ara el caso del Aten eo
páginas 149-162.
91
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2002, pp. 67-71.
92
ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, “La escultura contemporánea en Zaragoza. Una
difícil lucha por l a mod ernidad”, en VV.AA., Luces de la ciudad. Arte y cultura en
Zaragoza 1914-1936 , Gobierno de Aragón y Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza,
1995, p. 100.
93
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2002, pp. 71-74.
65
Entre los que ejercieron l a prá ctica de la c rítica a rtísti ca, pertenecientes al campo
de las humanidades per o si n ex istir el periodista especializado, desta can personajes
como J osé Valenzuela de la Ros a, que trabajó para important es c abeceras como El
Noticiero (1971-1977) y Diar io de Huesca ; o artistas, algunos de ellos profesores, como
Gascón de Gotor o Dionis io L asuén, cronista del periódico de r eferencia en la región, el
de mayor difusión y ant igüedad, Heraldo de Ar agón , cuyo prim er núm ero salió a la
calle el 20 de septiembre de 1895, y cu ya di recci ón ejerció e l propio Valenzuela de la
Rosa entre 1906 y 1916
94
.
Así las cosas, lle gamos a uno de los principales hi tos culturales de p rincipios de
siglo, la Exposición Hispano- Francesa de 1908, muy vinculada al Centenario de los
Sitios, aunque finalmente ambos acontecimientos estuvieron s epara dos. Dicho evento
dio lugar a gra ndes edificios
95
, tres d e los cuales subsi sten (el edificio de la C aridad, el
Museo de Za ragoza y el que alber gó la Escuela de Artes), abunda ntes monumentos, y
un acercamiento en las relaciones entre la sociedad y el hecho artístico. Palao y Lasuén
monopoliz aron la conservadora obra escultóri ca de los edificios y otros trabajos
complementarios. Los m onumentos referidos a lo s sitios, por su parte, fueron realizados
por escultores foráneos: el Monumento a los Sitios , encargado a A gustín Querol (1908),
el de ma yor interés y el m ás moderno d e los mon umentos zaragozanos hasta la
aparición de J osé Bueno
96
; el Monume nto a Agus tina de Aragón y las Heroínas de los
Sitios , obra de Mariano Be nlliure (1908); o el Monumento a la Exposición Hisp ano-
Francesa de 1908, d e Miguel y Lucia no Ostalé (1910)
97
. Independientemente de lo
94
La ficha descriptiva de las publicaciones periódi cas zaragozan as pr evias a 1940 se
puede consultar en HERNÁNDEZ ARA, Lola et alii , Repertorio de publicaciones
periódicas zaragozanas anteriores a 1940 , IFC y Universidad de Zaragoz a, Z aragoza,
1998. Ver t ambién V V.AA., Gran Enciclopedia Aragonesa , vol. V I, Unali, 1981,
p.1066, para el caso de Heraldo de Aragón , y vol. I V, p. 1066 par a Diario de Huesca .
95
MAR TÍ NEZ VERÓN, J esús, Ar quitec tura de la Exposición Hispano-Francesa en
1908 , Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1984.
96
ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, op. cit ., 1995, p. 98.
97
A este respe cto, además de los m onumentos realizados en Zaragoz a, véase de
GARCÍA GUATAS, Manuel, “ Las efemérides de 1808 en sus m onumentos”, e n
LACARRA DUCAY, María del Carmen y G IMÉNEZ NAVARRO, Cristina (Coords.),
Historia y polít ica a través de la escultura pública , Institución Fernando el Católico,
Zaragoza, 2003, pp. 199-233. Ya desde fin ales del siglo XIX, l as posi bilidades
existentes para los escult ores eran poco hala güeñas. El control profesional era detentado
por la Real Academia de San Luis, truncando cualquier intento de independencia
crea tiva o laboral con una decadente tradición centrada en la imaginería menos
evolucionada. A la depen dencia de los esquemas h eredados y la monopolí stica clientela,
66
anterior y de la impront a comercial del acont ecimiento, en el aspecto artístico se
organizó una sección de arte retrospectivo, a l a q ue correspondió toda la gloria, y otra
de arte contemporáneo, de alguna man era marginal. Lo cierto es qu e obtuvo cierta
repercusión internacional, trascendiendo e l marco re gional, colaborando
económicamente la adm inistración central, re gional y municipal. El ac ontecimiento
ayuda a si tuar las corrientes estilísticas del momento
98
. Así observamos el fin de la
con pr eponderancia de la eclesiástica, habían de sumarse l a escasez de información y el
aislamiento generalizad o respecto a l as nueva s t endencias, a pesar d e contar con
Ponciano Ponzano, de anacrónicas y limitadas querenc i as neo clásicas, que p ronto s e
desvinculó de su tierra nata l, de la misma forma que marchó a R oma el prontamente
malogrado Vi cente Moros, primer e scultor pensi onado por la Diputación P rovincial de
Zaragoza. Hasta comienz os de si glo, pues, los cambios fueron es casos y poco
determinantes. Pero la escultura aragonesa d el siglo XIX no l ogró s obrepasar, como
señala Borrás, un discret o academicismo doméstico. Así pues, l a escultura de la s egunda
mitad del sig lo X IX y pr incipios de l XX se caract erizará p or un con cepto que oscilará
entre lo meramente conmemorativo ( Fuente de Neptuno de Tomás Llovet, Monumento
a Pignatelli de Antonio Palao, Monumento al Justiciazgo del arquitecto Félix Navarro y
el escultor gallego Vidal y C astro) y lo decorativo-utili tarista (caso de Dionisio Lasué n
con la Fuente del Buen Pastor para el Matadero Muni cipal, Miguel Servet e Ignacio
Jordán de Asso para la Facultad d e Medici na, múlt iples medallones como La
Arqueología y El Comercio para el Museo Provincial; o de Carlos P alao con l a Alegoría
de la Justicia para el pal acio de la Audi encia P rovincial, Santa Engracia para el templo
del m ismo nombre, Áng el de la Hist oria y d el Progreso , para la fachada de l a Escu ela
de Artes, L a Escultur a, La Arquitectura y La Pint ura para la fachada del Museo
Provincial.), inclu y endo l as obras en distintos panteones del Cementeri o de Torrero.
Véanse sob re el tránsito en escultura del s iglo X IX al XX ORDÓÑEZ F ERNÁNDE Z,
Rafael, op. cit ., 1995, pp. 95-109; ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Raf ael, op. cit ., 1988;
RINCÓN GARC ÍA, W ifredo, Un siglo de escultu ra en Zaragoz a (1808-1908) , C aja de
Ahorros y Monte d e Piedad de Zaragoza, Aragón y R ioja ( CAMP ZAR), Zaragoza,
1984; MORÓN BUENO, J osé R amón, “ La escultura conmemorativa en lo s inicios del
siglo XX. Su i ncidencia en Zaragoza”, Urano , B oletín del Museo Pablo Gargallo, nº 1,
Zaragoza, jul io de 1987; GARC Í A GUATAS, M anuel, “Zaragoza contem poránea”, en
FATAS, Guillermo (dir .), Guía Hist órica-Artística de Zaragoza , A y untamiento de
Zaragoza, Zaragoza, 3ª edición 1991. MORÓN BUENO, J osé R amón, “Edad
contemporánea”, en VV.AA., Las necrópolis de Z aragoza , Cuadernos de Zaragoza nº
63, A y untamiento de Zaragoza, Zaragoza, 1991, pp. 285-323; BORRÁS GUA LI S,
Gonzalo, GARC Í A GUATAS, Manue l y GAR C Í A LASAOSA, J osé, Zaragoza a
principios del siglo XX: el Modernismo , L ibrería General, Zaragoza, 1977.
98
Merced a dicha muestra pudieron verse por parte fr ancesa obr as de R odin, Blanc h,
Thevenot, R ouband y C orot; Maczulz y y Brangu y n por Inglaterra; hola ndeses como
von Ba rtels, M esdag y P icters; al belga Thomas, Viris, Gilsoul y Mennier; y C iardi por
Ita lia. Mi entras la representación española estuvo en las manos de Chicharr o, Benedicto,
Garnelo, Vinie gra, Valentí n Zubiaurri, R amón Zubi aurri, Galofre Oller, Mañanos, Sáez
Peña, Martínez Abades, Pablo Uranga, Caviedes, Pepita Teix idor, Tamburini, Vila
Prades o Cabrera Canto. Los catalanes, instalados en la primera planta del edificio de la
67
pintura de his toria, no as í de corrientes estética s del siglo anterior, con la presencia de
artistas como Unceta, Oliver Aznar o Montañés. Y en todo caso, como apun ta la doctora
Lomba, vemos “ el inicio de una incipiente modernización que transformó el
costumbrismo y el paisajismo decimonónicos y afi anzó un peculiar modernismo ”
99
, a lo
que c ontribu y ó l a apa rición en e scena de una nue va g eneración de artistas, tales c omo
José Bueno, Ángel Díaz Domingo, J uan J osé Gár ate o Marín Bag üés, m ientras otros se
consolidaban: Lasuén, M ontañés, Oliver Az nar, P alao o Rocasolano. Ade más se asiste a
un incipiente regionalismo, fruto de la incorporación de elementos vinculados al
impresionismo o el postimpresionismo, como la progresiva desapari ción de la niti dez de
los perfiles y la pincelada más suelta y corta , que convivirán con presupuestos
academicistas y naturalistas propios del costumbrism o.
En la sig uiente década, l a de los diez, Aragón asi ste a c ambios relevantes en la
cultura artística, relacionados con el espíritu regeneracionista imperante en la época.
No hubo grandes cam bios en la pol ítica institucional respecto al periodo
anterior, destacando el e sfuerzo en la formación artística de la Diputación de Zaragoza
que be có por e jemplo a Garc ía Condo y , y siendo más reducida la d e la Di putación de
Huesca, donde se beneficiaron tan solo Félix Lafuente y Ramón Acín, y la de Teruel,
que becó al menos a Án gel Novellas y Luis Berdejo. A ellos hay que s umar distintas
exposiciones y concursos esporádicos, c omo l as ya mencionadas exhibiciones de
alumnos en la Escuela d e Artes y Oficios de Zarag oza, o la primera muestra de Ramón
Acín por parte de la Diputación de Huesca en 1915
100
, donde expuso el cuadro
Granada , pintado como pensionado, además de acuarelas, dibujos y una caricatura.
Al m arg en de la aludida exposición His pano-Francesa, las muestras
convencionales de arte no habían tomado carta de naturaleza a comienzos de la década
de los diez. Pero 1912 es un año relevante en acontecimientos. En esa fecha se celebró
la Exposición R egional de Bellas Art es e Ind ustrias Artí sticas , orga niz ada por la
Caridad, ofrecieron obr as de L limona, Arnau, Re y nes, Blay , Mir, Ramón Casas,
Masriera, Rusiñol, Mestres, Guine a y M as y Fo ndevilla, es d ecir, un pa norama más
brillante q ue la segunda planta. Entre los arag oneses Bernardino M ontañés, José
Gonzálvez, Marcelino de Unceta, Gárate, Oliver Aznar, J ulio García Co ndoy, Llanas,
Julio L afuente, Luis Gar cía, Victoriano Balasanz, Abel Bueno, Elías Garcí a, Emilio del
Buey, Vicente Gar cía Martínea, Luis Í ñigo, C arlos L arraz, Agustín Q uerol, M ariano
Benlliure, Miguel y Luciano Oslé, el marqués de Perinat, Torres Clavero y José Bueno,
etc.
99
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2002, p. 8 0.
100
Ibidem , pp. 87-88.
68
Sección de Arte del Ateneo de Zaragoza en la E scuela de A rtes e I ndust rias, pensada
ante la necesidad de crear una agrupación corporativa en defensa d e los intereses
profesionales de los arti stas ara gonese s. El resul tado fue excelente aun que desigual,
llegando a r ealizar una seg unda edición al año si guiente que terminó e n fracaso
101
.
También en esa fecha regresa a Zaragoza F rancisco Marín Bagüés, quiz á el más notable
pintor aragonés del mo mento, que había sido becado en 1908 por l a Dipu tación
Provincial de Zaragoza para estudiar en Rom a, que beca en esta ocasión a J ulio García
Condo y . Misma fecha en que Jos é Bueno recibe l a pensión del Estado pa ra la Ac ademia
de España en Roma
102
.
Dentro del ámbito p rivado, el Centro Mercantil de Zaragoza, entidad c ultural
especialmente avanz ada, que difundió y pa trocinó las ar tes, ade más de formar un a
colección artística contemporánea, const ituyó un a verdadera pl ataforma artística pa ra
muchos artistas aragone ses, aun residiendo fuera del te rritorio, h asta el inicio de la
Guerra Civil . Allí expusie ron García Condo y y José Bueno en 1917, Bu eno Domínguez,
Gil Losilla, Rael y Villadrich, en 1918, etc. Su etapa era bo y ante económicamente,
como se desprende d el tr aslado de su a ntigua sede al hermoso edificio del Coso nº 29,
cuya fachada realiz ara Francisco Albiñana entre 1912 y 1914, abordándose luego la
remodelación y d ecoración i nterior
103
. Su embellecimiento pro gre sivo con obras de
muchos artistas aragones es conllevó reunir un c atálogo de más d e 120 obras. D esde
1921 tuvo u na sala permanente de exposiciones y por allí pasar on los a nuales Salones
de Fotografía y Humoristas Aragoneses desde mediados de los años 20, y num erosos
101
TUDE LILLA, Chus, “Tentativas para la reno vación pl ástica en Zaragoza”, en
VV.AA., Luces de l a ci udad. Art e y cultura en Z aragoza 1914-1936 , Gobierno de
Aragón y Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza, 1995, p 72.
102
ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, op. cit ., 1995, p. 101.
103
BO RRÁS GUALIS, Go nzalo, GARCÍA GUATAS, Manuel y GARCÍA LASAOSA,
J., op. cit. , 1977; BLASCO IJAZO, José, Centro Mercantil, Industr ial y Agrícola de
Zaragoza. Interesante historia de sus años vividos (1858-1971) , Librería General,
Zaragoza, 1970; BERNAD, Enrique, “ El Casino Mercantil (voz )”, en Gran
Enciclopedia Aragonesa , tomo II I, Unali, Zaragoz a,1981 , pp. 705-706. Fue estudiado
monográficamente por MART Í NE Z VERÓN, J esús y R IVAS G IMENO, J osé Luis, El
Centro Mercantil, Industrial y Agrícola de Zaragoza (1909-1935) , Zaragoza, 1 985; y en
la Tesis de Licenciatura de Alicia Mur ría, de l a que se publi có una sí ntesis bajo el título
“El Centro Mer cantil, Industrial y Agrícola de Zaragoza. Estudio histórico-artístico”,
Artigrama , nº 2, Departamento de Hist oria del Arte, Universidad de Zaragoz a, 1985, pp.
331-332.
69
artistas nacional es y aragoneses de mu y diversa s tendencias, incluso y a a fines de los
cuarenta del grupo “Pórtico” y de pintura abstracta.
También el Sindicato de I niciati va y Propaganda de Aragón (S I PA), fundado por
Basilio P araíso en 1908, fue gran defensor y di fusor del patrimoni o cultu ral aragoné s y
el arte contemporáneo, especialmente gracias a la revista Aragón , aparecida en 1925.
Huesca por su parte, contó con el Círculo Os cense como instit ución privada más
destacada en el fomento y promoción de la cultura en general y d el arte cont emporáneo
en particular. M ientras, Teruel aglutinó su actividad cultural desde el mundo privado a
través del C írculo recreativo Turolense o Casino Turolense, donde en 1917 tuvo lugar la
primera expos ición colectiva de a rtistas turol enses, y que lle gó a albergar una
exposición de Eleuterio Blasco Ferrer en 1933.
El impulso de estos organismos en materia cultural se vio acomp añado por la
aparición de nuevos peri ódicos y revistas cultural es, s urgie ndo la crítica profesional de
mano de jóvenes como García Mercadal, Martín T riep, Ostalé Tudela o Luis Torres, que
tendieron hacia una c ríti ca formalista y regionalist a, por cuanto, al m arg en de
acontecimientos artístico s nacionales con presencia de artist as aragoneses, se centraron
en el panorama qu e o curría dentro de los estrechos límites geog ráficos de la re gión
aragonesa
104
.
En definitiva, en esta segunda década del si glo, s e consi guió poner en marc ha un
proceso de mode rnización estructural, aun sin superar inicialmente l as carencias,
logrando sus ma yores result ados en los años treinta. Así se pusi eron en marcha nuevas
salas de ex posición, comenzó un incipiente mercado artístico de manos de la bur guesía
culta aragonesa, aflorando compradores y encargos artíst icos de cierta envergadura,
además d e la realización de dife rentes m uestras r egionales como fó rmula d e difusión de
la plástica ara gone sa (1911, 1912, 1913, 19 15 y 1916), y d istintas exposiciones. Entre
ellas, algunas tan releva nte como la celebrada en la Lonja en 1919 al hilo de l a s egunda
Exposición Hisp ano-Fr ancesa, a iniciativa del vizconde de Escoriza , que fuera
vicepresidente de la Exposi ción de 1908, donde s e di eron cita bu ena parte de quienes en
1925 participar án en la expos ición de l a S ociedad de Artistas Ibéricos. Se contemplaron
por primera vez obras de artistas f ranceses d e fi n de siglo d e la talla d e Vlaminck,
Vuillard, Vallotton, Bonard o Albert Ma rque. También hubo obra de P icasso, por
primera vez en la ciudad. Entre l os representantes aragoneses, donde dest aca la ausencia
104
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2002, pp., 94-96.
76
oportunidades para los escultores del prim er cua rto de siglo estuvie ron r epresentadas
por l os m onumentos con memorativos y la colabo ración ornam ental en grandes obras de
carácter público, q ue, como ya h emos comentado, e stuvo casi mon opolizado por
Dionisio Lasuén y Carlos P alao, cuy os cargos
119
propiciaban la fiscalización del gusto y
la recepción de encargos. Jos é Bueno más tarde se convertirá en el más cualifica do
representante de los esc ultores aragoneses junto a Pablo Garga llo, si bi en este último
desde la perspectiva de Barcelona, d ado la escas a influencia i nicial en su tierra. Félix
Burriel terminará formando pareja con Bueno como escultores oficiales de la capital
aragonesa. Hono rio García Condoy, a partir de su individual de 1918, entrará en esce na
como principal representante loc al de l a g eneraci ón que m aterializó el c ambio estético
hacia postulados más avanz ados. Es decir, tan s olo unos pocos escultores destacarán
entre sus comp añeros. P ero a finales de los años veinte y a h an eme rgido R amón Acín,
Enrique Anel, Án ge l Ba y od, José Bueno, Felipe Coscolla, Honorio García C ondo y ,
Mateo Larrauri, M ateo Larrauri García, L orda, Pascual Temprado, Armando Ruiz,
Pedro Sánchez Fustero y Fra ncisco S orribas, de los citados en el Revista Aragón ; a los
que tendríamos que añadi r a Antonio Torres Cl avero y J uan Cruz Melero. Todos ellos ,
salvo Acín y García Con do y , sin conseguir gr an resonancia en su época
120
. En e l c aso
de Blasco Ferrer hemos de esperar a principios de los años treinta para que presente
obra escultórica pública mente. Hemos de hacer n otar que buen número d e los escultores
citados opt aron por su d edicación a la docencia como forma d e estar vinculados a l a
práctica artística ganando un sueldo fijo, ejemplo sintom ático de l as difi cultades que
encontraron los escultor es para dedicarse ex clusivamente a la creac ión artística. Es el
caso de C arlos Palao, Dionisio L asuén, Martí n Migue l, Pascual S alaberri, Ricardo
Pascual Temprado, J osé M ateo La rrauri, F élix Burriel, J osé y Joaquín Albareda, qu e
fueron profeso res d e la Escuela d e Artes y Ofici os Artísticos de Zaragoz a; J uan Cruz
Melero, pro fesor de s egunda enseñanza; J osé Bueno , profesor numer ario d e la Es cuela
de Artes y Oficios de la Palm a d e Madrid; R amón Acín, pro fesor de Dibuj o de las
119
L asuén fue Dir ector de l a Escuela de Artes y Palao del M useo Provin cial, además de
ser ambos académicos.
120
La aten ción prestada por la historiografía a estos nombres ha sido realmente escasa,
ocupando apenas unas l íneas en obras como la de PÉREZ LIZA NO, M anuel, “Apuntes
sobre la e scultura ara gonesa: 1908-1988 ”, Boletín del Museo e Instit uto C amón Azn ar ,
XXXVI, 1989, pp. 51-9 0; y siendo citados en ORDÓÑE Z FERNÁNDEZ, Rafael, op.
cit ., 1995, pp. 95-110. No obstante la escultura en Aragón desde 1920 a 1936 está
siendo objeto de estudio por Victoria Martínez.
77
Escuelas No rmales d e Maestros y Maestr as de Huesca; Enrique Anel, escultor
anatómico en la Facultad de Medicina y C iencias de Zaragoza; Isaac Delplán, prof esor
de M odelado del Reform atorio de Adult os de Alicante; Pablo Remacha, profesor de
Forja Artíst ica de la Es cuela de Tr abajo de Burgos; Felipe C oscolla, profesor en las
Escuelas Profesionales de Sarriá; o Pablo Ga rgallo, profesor de l a Escuela Técnica de
Oficios de Arte y Escuela Superior de Bellos Oficios
121
.
Llegados a este punt o respecto al panorama genera l de l a pl ástica aragonesa,
hemos de detenernos, p or cuanto en el caso q ue nos ocupa, Blasco Ferrer ya h a
marchado a Barcelona, y es en el contex to de la vanguardia artís tica nacional en general
y c atalana en particular, donde se desarrolla su primera obra que podem os considerar
avanzada. De esta forma, l as relaciones con Aragón en l os años de la II R epública, las
realizaremos al hilo del análisis del periodo barcelonés.
No obstante, y para enlaz ar con el siguiente apartado de contextualiz ación
artística, donde arrancare mos de la significativa fe cha de 1925, a raíz de la colec tiva de
la So ciedad de Artist as I béricos, hemos de conclui r con unas palabras en l o que se
refiere a la recepción del llamado “Arte nuevo” y los nuevos realismos en A ragón.
Efectivamente, y si guiendo las apreciaciones d e la Dra. Lomba, “ en l os al edaños
de 1925 el nuevo clasicismo importado de Eur opa devino en un compromiso entre
tradición y modernidad, y que a partir de esa fecha los artista s españoles se adentraron
en la modernidad de manera clara, logrand o i ncluso sus ansiadas aspiraciones
internacionales. Fue precisamente entonces cuando cobraron fuerza el nuevo
clasicismo del retorno al orden, una suerte de figuración lírica, los nuevos realismos y
a fi nales de los años vein te el surrealismo ”
122
. En Aragón se i nició un debate dialéctico
entre defensores y detra ctores del ar te nuevo y l as vang uardias, siendo, sin duda, los
nuevos realismos los que consiguieron ma y or predicamento, seguido del surrealismo,
corriente he gemónica a comienzos de los años treinta. En Arag ón, L uis Berdejo El ipe,
Santiago Pelegrín o M art ín Durbán, así como ci ertas obras de León Astruc, f ueron los
mejores representant es d e estos nuevos realismos, aunque otros autores utilizaron sus
códigos en algún momento: García Condo y, Sanz Lafita, Juan Ba yod o Joaquín Zamora.
121
MARTÍNEZ AUR ED, Victoria, “El a rte de la docencia. El escultor Juan Cr uz
Melero”, en VICENTE Y GUERRERO, Guil lermo (coord.), Historia de la enseñanza
media en Aragón: Actas del I Congreso sobre Historia de la Enseñanza Media en
Aragón, Institución Fernando el Católico, Zaragoz a, 2001, pp. 658, nota 2.
122
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2002, p. 2 29.
78
Los menos, en ocasiones recurrieron al “retorno al orden”, caso de Pelegrín hacia 1928.
En escultura, la ef ímera vanguardia a fines de l os años veinte estuvo mar cada por la
obra de los citados Acín, con sus obras en chapa recortada y Hono rio García Cond oy,
con sus fi guras en madera, qu e está r econdu ciendo su trabajo hac ia modos más
conceptuales y formalmente más innovadores y personales. El resto del panorama
escultórico en esas fechas, es poco alentador. La marcha d e García Condo y a R oma en
1934 tras el concurso de la Acade mia de España en Roma, donde iniciará
definitivamente su carrera europea d e escultor de vanguardia; Acín volcado en su
actividad política y f atalmente as esinado al inici o de la Gu erra Civil, y la muerte de
Gargallo en 193 4, parecen clausurar un periodo que Ordóñez tacha de “ efímera
vanguardia”
123
. P ero desde Barcelona, un olvidado Blasco F errer recoge e ste testigo
vanguardista en los años treinta.
1.3.-INFANCIA Y JUVENTUD (1907-1926)
Eleuterio José Blasco Ferrer
124
nació en Foz-Calanda, vil lorrio entre barra ncos
profundos en la provin cia de Teruel; pu eblecito que, “a ori llas del Guadalopill o,
endurecido entre los peñascos del temple de su puñado de vecinos, produce d esde
tiempos inmemoriales ac eite, vino, canteros y bot ijos”
125
. Eleuterio fu e el qui nto de los
123
ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, op. cit ., 1995, pp. 106-109.
124
El registro de n acimientos de Foz-Calanda sufrió un incendio y no se conse rva
documentación de principios de siglo. En t odo caso así constaba en el To mo X de la
Sección de Nac imientos del Registro del Estado Civil de F oz-Calanda, Folio número
103, y otros documentos not ariales que hemos hallado en el Archivo J CB. Se señala el
nacimiento a las 3 horas del día 20 de febrero de 19 07. No vamos a encontr ar
prácticamente nunca el nombre completo. En todos los documentos oficiales
administrativos en Francia a los que hemos tenido acceso, aparece tan solo Eleuterio
Blasco Ferrer. Raramente, salvo en al gunas obras tempranas, el artista util izará el
segundo nombre. Inc lus o en el pasaporte consta tan solo El euterio Blas co Ferrer. En
todo caso a su vuelta a Espa ña aparece en su DNI el n ombre rea l compl eto, Eleuterio
José, como l eg almente est á registrado. Aparte de su DNI y el Registro de Nacimiento,
raramente hemos visto referencia a su nomb re completo, caso d e la firm a en algún
dibujo temprano y en una de las esquelas aparecidas en el diario barc elonés La
Vanguardia el 1 de agosto de 1993 , p. 22, con el pésame del personal de Host al-
Residencia Din, donde se alojó sus últim os años.
125
NELKEN, Ma rgarita, “La vida artística en París. Exposición Blasco Ferrer”,
Cabalgata , Buenos Aires, 10 de febrero de 1948, p. 5.
79
nueve hijos que tuvieron su padre, Joaquín Blasco, alfarero, y Lucía Ferrer, a la que
siempre admiró y recordó con amor, cuan do contaba n con 33 y 31 años
respectivamente. Dice Blasco:
“ Cierro los oj os y aún estoy viendo la barraca donde vivíamos como los
gitanos... fue allí donde vine al mundo el 20 de f ebrero de 1907, a las tres de la
mañana, con l a sola presencia de unos ramos de olivo que se consumían en
aquel hogar humilde en la chimenea de la cocina ”
126
.
Según le contó su madre, esta se encontraba sola en casa, su padre había s alido
de viaje, y tenía miedo de sufrir tanto como en los partos anteriores:
“ Una mujer l e llevó u na docena de huevos para que se alimentara
comiéndoselos crudos para aguantar los dolor e s del parto. Cuando s e si ntió
mal, se comió la doc ena de huevos en dos veces, y según mi madre sufrió menos
que en sus partos anteriores ”
127
.
Así describe su pueblo natal:
“Foz-Calanda es u n pue blo de unos tres cientos v ecinos
128
, lindando con
Calanda, Alcorisa y Mas de las Matas. Enclavado entre estos tres pueblos y
rodeado d e grandes m ontañas cuando, de Calanda, uno s igue su c amino
vecinal, a ori llas del río Guadalopillo, contempla huertas y olivares. Ant es de
llegar a las primeras ca sas se pres enta ante los ojos de uno un gran cipr és y a
unos cien metros , un pu ente con cinco ar cadas. Una vez pas ado el pu ente, se
encuentran las primeras viviendas con la inscripc ión en el muro de una de ellas
que dic e: Villa de Foz-Calanda. Foz que quiere decir en íbero Hendidura.
Iberos, fenicios y árabes se instal aron a oril las d e estos parajes, a orillas de su
río, con la intención de explotar no solamente l a agricultura, si no t ambién la
126
MONTSANT DEL PRIORAT, R amón, op. cit ., nº 47, 1988, p.40.
127
Hierro candente , p. 19.
128
El censo en 2011 era de 293 vecinos, mu y lej os de los 713 habitantes con q ue
contaba en 1930.
80
alfarería, ya que en el t érmino de Foz-Calanda existen mu chas ti erras de
diferentes composiciones para los menesteres de fabricar cántaros y tin ajas.
Creo pues que en estas t ribus había alfareros y se ins talaron aq uí para
practicar este oficio anti quísimo, o bien que cuando llegaron l os íberos, habí a
ya en estos parajes tribus de la península que ya modelaban el barro. Puede ser,
ya que l a t écnica empleada aún en la actualidad es de un sis tema mu y pri mitivo,
como lo hacía todavía mi padre y sus antepasados .
La entrada principal del pueblo se llama « El Po rtal » , que quiere decir
puerta. Aquí se j untan el camino que sube de C alan da y el que baja de Alcorisa,
atravesando ricas y extensas huertas, pl antadas de olivos y árboles frutales.
Dos moli nos de aceite existen, uno al entrar al pueblo po r el camino de
Calanda, otro al entrar por el camino de Alcorisa. Entre el uno y el otro un
pilón con una estatua de San Antonio mir ando el portal, como si quisiera decir
al llegado: « sigue adela nte que encontrarás a tu izquierda la calle la Morena y
a la derecha la calle Mayor » ; pasada esta, se encuentra la Pla za con su
Ayuntamiento, un trinquete cubierto, en dond e se juega a la pelota, y en l os días
fríos de invierno niños y ancianos se aposentan tomando el sol.
Más de u na vez jugué en ese trinquete y, c ómo no, muchas veces
discutiendo la partida, acabándose el juego en enormes peleas propi as de la
infancia.
Una vez atravesada la plaza se en cuentra la Calle del Morón, sin duda
alguna en esta calle debieron habitar los moros durante la ocupación árabe en
España. Conti núa la calle arriba y s e encuentra l a calle de las C anterías, don de
unos cuantos vecinos en mi juventud practicaba n el oficio de alfarero, entre
ellos mi padre. En esta calle es donde emp ecé a modelar mis primeras
esculturitas de barro y a dibujar por las fachadas con lápices y carboncill o que
hacía mojando las bras as del fuego. T odavía e xisten di bujos y pint uras por las
paredes de la casa de mis padr es.
Foz-Calanda está fundado en las faldas de unas montañas en la parte
llamada Solano. Desde aquí se ven las otras montañas llamadas « L as
Hombrías » y « Cost era de la Val » , un camino penoso que nos conduc e a la Val
de la Piedra. Este nombre, Val d e la Piedra, se debe a una magnífica montaña
llamada « Las piedras de Fadiga » y a otra montaña l lamada « La Peña del
81
Cupón » , montañas estas que parecen construidas por la mano del hombre, no
obstante son obras de l a natural eza. Una ve z pasadas estas montañas se
encuentra el pueblo de Mas de las Matas. Por estas mont añas íbamos a buscar
leña para cocer los cánt aros, con unos burros famélicos que se nos caían
muchas veces costeras abajo.
Una vez atravesado el p ueblo se encuentran l os viñedos y ol ivares y, no
muy lejos del horno de cocer los cántaros, en los alto de la montaña, existe una
gruta ll amada la Cueva Morena, donde se entra con luces contemplando sus
galerías, con peligro de perderse si uno no conoce bien el trayecto que sigue.
Continúan las montañas a derecha e iz quierda e n forma de sierra, para
encontrarnos con el r ío Guadalupe, con sus fuentes natural es ll amadas « Los
Fontanales » y a orilla s del mis mo, unas viv iendas llamadas Masías del
Diablo "
129
.
129
Hierro candente , p. 2.
Vista panorám ica de F oz-Calanda a me diados de los a ños 50. Ar chivo JCB.
82
Tres imágene s de Foz -Calanda a mediados de los años 50. AMM. Doc. 633.
83
En ese mismo pueblo turolense nació su pad re, J oaquín Blasco San cho, alf arer o,
al igual que sus antepasados; hij o de Manuel Blasco Sancho (n acido en Fo z-Calanda) y
Narcisa S ancho Sancho (nacida en M as de las Matas). Su madre, Lucía Ferrer Andreu,
nació en el cercano pueb lo de Molino s, m archa ndo a Foz-Calanda dond e tr abajó en una
rica casa de campesinos. Era hija de Antonio Ferrer Aguilar y Josefa Andr eu Gil, ambos
también oriundos de Mo linos
130
. Allí conoció a Joaquín Bla sco, apod ado “e l perdido” .
Eleuterio Blasco cuenta así el porqué del mote:
“Yo recuerdo todavía cuando nos contaba, a mis hermanos y a mí, qu e
su padre –cuando t enía cinco años- le llevó a buscar leña para cocer los
cántaros, y mientras mi abuelo cargaba el borrico, él se di o cuenta que un
pajarito cantaba, volando de rome ro en rome ro, y siguió tras de él para ver s i
podía cogerlo. De esta manera se fue alejando de su padre, hasta hacers e de
noche. Cuando mi abuel o se dio cuenta, el niño h abía desaparecido. Lo llamaba
buscándolo y n o pudo e ncontrarlo. Desesperado fue al pu eblo a dar c uenta de
lo ocurrido. Todos los vec inos sal ieron a buscarlo. Por más que le ll amaban y
encendieran hogu eras, nadie dio c on él. Mi p adre oía las voces y veía las
hogueras, pero creía qu e eran gitanos y no respondía. Así pa so dos noches y
casi dos días. Por f in, cuando t odos creían que algún lobo lo había devorado, lo
encontró una mujer a d os kilómetros del pu eblo. Y o recuerdo todavía con qu é
atención escuchábamos mis hermanos y yo cuan do nos contaba todo esto y nos
decía que veía pasar a los lobos, cerca de él, con los ojos relucientes”
131
.
Se ca saron contando Joaquín veinte años y Lucía dieciocho, proviniendo ambos
de familias mu y humildes, hasta el punto de no recibir de sus pad res ninguna dote
cuando contrajeron matrimonio. Según Eleuterio:
“(…) mi padre tenía dos pesetas que le entregó a mi madre para que se
comprara un pañuelo pa ra ponérselo el día de s u casamiento. Cogi ó mi madre
esas dos pesetas y las guar dó en un nudo que hizo en su mocador. Tan mala
130
La línea mate rna y pa te rna hasta sus abuelos ap arece también en el Tomo X de la
Sección de Nac imientos del Registro del Estado Civil de F oz-Calanda, Folio número
103.
131
Hierro candente , pp. 11-12.
84
suerte tuvo que perdió el mocador, conteni endo la s dos pesetas. Se casa ron, y
mi madre sin pañuelo, ta n típico en los pueblos de Aragón, donde todo el mundo
mira a la novia con su pañuelo de seda de mil colores”
132
.
La v ida en estos años debió de ser esp ecialmente dura, te niendo en cuenta
además que habían de mantener a nueve hijos:
“(…) no teniendo más r iqueza que sus br azos y l a esperanza de que un
día nuestra su erte cambiaría, s iguiendo y arrastrando la cruz por ellos a través
de los caminos que con ducen a estos paraj es a grestes de las montañas de la
provincia de Teruel”
133
.
Primero v inieron al mundo Fé lix y M aría. Desp ués nac ieron Pascual , M anuel,
Eleuterio, Alfr edo, J oaquín, Juan J osé y Narcisa. Fé lix m urió con tres años y María con
trece
134
:
“Yo recuerdo todavía cuando las mujeres d el pueblo acudían a visitarla
durante su lar ga enfermedad que, al vernos a todos chiquil los decían: -cómo no
morirá uno de estos motilones que sol o s irven par a hace r rabiar a su m adre y
que Dios salve a la chica-”
135
.
Cuenta sobre su hermana María que:
“(…) a p esar d e su enfermedad y s us 1 3 años , t e nía una predisposi ción
para dar consejos qu e la s mujeres venían a mi ca sa para pedirle al guno, como
132
Hierro candente , p. 12.
133
Ibidem ., p. 11.
134
Las causas de la enfermedad son un po co ex trañas. Cuenta B lasco que un dí a iban
María y P ascual (dos años más joven que ella) por las afue ras del pueblo y un “bruto
salvaje” l e clavó una e specie de cuchillo de m adera en el cuello. Este p ersonaje había
hecho una ra ya en el sue lo y decía qu e no p asaran de ahí. M aría lo hiz o y le propinó un
golpe con ese utensilio. No m urió por la herida pero desde ese d ía no tuvo un desarrollo
normal. Ese hombre “ continuó sus aventuras en Barcelona donde su fin fue desastroso
y trágico ”.
135
Hierro candente , p. 13.
85
si fuera una pe rsona mayor, y hasta sorprendió por haberle dicho a mi padre,
que se iba de viaje, que no se fuera, que aquel día se moriría, y así fue ”
136
.
Al nacer Narcisa, Eleuterio, con diez años, se ocupó de ella criándola con
biberón debido a una enfermedad de su madre qu e la mantuvo un año en cama, lo que le
permitió t ener muchos más ratos libr es que ocupaba dibujando y model ando en ba rro, el
barro que su padr e usaba para los cántaros. Est e le zurr aba cuando co gía demasiado
barro por lo costoso de tener q ue salir lejos d el pueblo, a la mina, dond e era ex traído
para luego transportarlo en burros
137
.
Sus padres en es e tiemp o recogían trapos viejos, suelas de alpa rgata y pi eles de
conejo que luego trocaban o cambiaban por artículos de quincallería barata que
transportaban por los rincones de Ar agón m ediante borriquillos si n her raduras en sus
cascos. Eleuterio los empezó a acompañar desde los ocho años:
“ Teníamos un carrit o y dos borri cos, pero de los más baratos, animales
comprados a los gitanos. El uno era cojo, el otro semiciego, animales enfermos
que no valían diez pesetas. A cada momento se le morían por los caminos.
Recuerdo una vez, que se l e murió un burro, y como se le morían tantos, mi
pobre padre, desesperado ant e tanta desgracia, creía que estaba vivo . Nos
llamó a t odos y nos lo hacía levantar par a ver si se t enía en pie. El uno est iraba
la cabeza, el otro de la cola, los otros de las pa tas. Cuando lo poníamos en el
aire, nos dec ía: -d ejadlo poco a poco-. El anima l caía otra vez al suelo. En su
pena no veía que aquel burr o estaba muerto (…) le pus o por el vientre unas
cuerdas, pasándolas por una viga del techo. Allí estiraba a ver si ponía al burro
en pie. (…) En su ánimo no podía comprender tant a desgracia”
138
.
Son varias las anécdotas que Blasco cuenta sobre l a mala s uerte con los animales
y l as si tuaciones tra gicómicas que vivieron con su padre s iendo p equeño: “ Una vez,
136
Ibidem.
137
Ibidem , p. 20.
138
Ibidem, p. 14.
92
museo par ticular fue la Ig lesia, donde pasaba horas enteras mirando lienzos “a lo
Ribera”
157
y tallas barrocas de madera con ricos v estidos de seda, que habit ualment e
eran sacadas en procesión:
“ Muchas veces yo, para mejor ver sus formas esculturales, les levantaba
sus hábitos, teniendo una gran decepción al ver que sus cuerpos estaban
construidos con cuatro l istones de madera. En mi mente d e niño no cabía que un
Santo, hec ho con cuatr o estacas de madera, pudiera hac er milagros ( …)
Algunas veces las viejas beatas se daban cuent a y venían a decirme q ue era
pecado el levantarles lo s hábitos a los Santos, pero y o continuaba haciéndolo,
hasta que por fin llamaban al sacristán para que me hiciera salir de la Igl esia. Y
lo hacía el sacristán encorriéndome con la caña de apagar y en cender velas”
158
.
En una entrevista comenta:
“(…) me gustaba muc ho d ibujar y mis comp osiciones l lamaban la
atención. Un día di bujaba un Ecce Homo y m e vio el cura y me dij o: ¿hoy como
lo vas a poner Eleuterio? Vestido padr e, que hace mucho frío”
159
.
A pesar d e su cort a edad, Blasco compr endía que el mundo estaba lleno de
injusticias, siendo él, miembro del gr upo de desheredados de la fortuna que casi siempre
iba descalzo:
“ Mis padres, como tenía n tantos chiquillos, no podían llevarnos vestidos
y c alzados como era menester. Cuando ve nía una f iesta, mi pobre madre tenía
que hacer muchos sacrificios para poder vestirnos y calzarnos ”
160
.
157
Ibidem .
158
Ibidem , pp. 21-22.
159
MORENO, Mª Ángeles, “Eleuterio Blasco Ferrer”, Teruel, Boletín informativo de la
Diputación Provincial de T eruel , nº 26, 1991, p. 33.
160
Hierro candente , pp. 22-23.
93
Un día, viendo otro Ecce Homo muy sugestivo y mu y bi en realizado pens ó “el
mundo está muy mal reparti do, p orque hast a en la Iglesia hay santos r icos y pob res. A
unos les visten de seda y otros van desnudos y descalzos como yo”
161
.
Eleuterio, ante las múltiples dudas que l e as altaban, le di jo a su padre, persona
muy religiosa que no se permitía dejar de ir ni un domingo a misa:
“ ¿Cómo es posible que hagan milagros los Santos si están hechos sus
cuerpos con trozos d e l istones de madera? Mi padre me dio un bofetón,
diciéndome: ¿ quién te l o h a dicho? L e cont esté: Y o que lo veo c uando les
levanto las fal das a las v írgenes para ver cómo están hechas por dentro. Me dio
otro bofetón y yo seguí diciendo: bien t engo que mirar las para verlas y hacerlas
yo mejor, y ad emás, hará n l os mila gros más gordos – le di jo - porque yo la s hago
de cuerpo entero”
162
.
Aunque sus primeras fi guras en la infancia fuero n con barro, adem ás de dibujos,
no tardó en descubrir y sentirse entusiasmado con el trabajo del metal:
“En las a fueras de mi pue blo, vi en un montón de cosas inservibles, un
reflejo que me llamó la atención. Me acerqu é y era un bote de hoja de lata que
el sol hacía br illar. Todavía no puedo explicar la alegría que sentí cuando l o
tuve en mis manos. Pare cía que había encontrado un tesoro. Me lo llevé a casa,
cogí l as tijeras que mi madre tenía para la costur a y unos al icates, y co mencé a
recortar y doblar la lata creando figuritas , flores…”
163
.
Blasco t enía unos 10 ó 12 años, y en vez de ti rar piedras a la l ata como hubi era
sido más normal p ara un chico de su edad, la recogió e intentó hacer algo más pos itivo.
Quizá este reflejo fuera el principio de su arte en metal.
A partir de este hecho, Blasco empezó a sentirs e fas cinado po r el trabaj o del
herrero, el sonido del martill ear sobre el yunque, la fragua con sus llamas multicolores,
la forma que el hierro i ba alcanzando a medida que este era golpeado. Ele ut erio siempre
161
Ibidem , p. 22.
162
Ibidem , pp. 21-22.
163
Ibidem , p. 23.
94
sintió una especial atracción hacia la fragua, le producía una s educción y pla cer poco
común, como al go miste rioso y extraño. Tal fu e su obsesión por el hierro que, como él
nos cuenta:
“Cuando íbamos de mi pueblo natal a los pueblos de l os alrede dores a
vender nuestros cántaros, saltaba del carro al l legar cerca del cementerio y de
esta manera poder estar contemplando sus cruces de hierro forjado ”
164
.
Blasco tenía predilección por actividades constructivas. Con sus her manos
construía juguetes:
“ Con una tabl a, dos car retes de hilo partidos y cuatro tachuelas era lo
suficiente para ha cernos un carri to. Con una cal abaza, cuatro palit os clavados
y un cordel, teníamos lo suficiente para hacernos un caballit o, y muchas veces,
juguetes que yo i mprovisaba, no importa con qué material , eran envidiados por
los otros niños d el barrio ”
165
.
Pero una de sus grandes aficiones era l a domesticación de animales, como gatos,
perros, pájaros o cabritos:
“ Tenía u na cabra que ha cíala subir encima d e la mesa, despu és le ponía
encima d e l a mesa una anega (fanega), un cuestal , un almu (medida esta que se
emplea para medir los cereales), la hacía subir encima de estos utensilios y
también la hacía subir, de un b rinco, encima d e mis hombros. Con los pájaros
hacía lo que quería con ellos. Los cogía de mu y pequeñitos en el nido y los
criaba. Y a de grandes, cuando podían volar y come r solos, les daba la libertad,
pero estaban tan acostumbrados a mí que no se iban, y aunque los dejar a en la
calle y alguien fuera a c ogerlos, estos venían volando po sándose en mi cabeza o
en mis hombros ”
166
.
164
Ibidem , p. 24.
165
Ibidem , p. 27.
166
Ibidem , pp. 24-25.
95
Por esta afición con los animales así como por lo relacionado con el Arte, le
reiteraban que estaba loco y que era i mposible que hi ciera todo eso sin haber visto
nunca artistas. Y es que con ba rro u otro m aterial en s us m anos, hací a cosas que
llamaban l a at ención por su ori ginalidad y gracia. Pocos le apo y aban, destaca ndo l a
figura de su madre Lucía, la única en su familia que le animó a continu ar. S u padre y
sus hermanos no aprobaban sus i nclinaciones y no querían qu e fuera a estudiar a una
capital. Más teniendo e n cuenta la falta de posibili dades económicas, pretendiendo que
Eleuterio, como el resto de los hermanos, trabajara en la alfarería y las tareas del campo:
“ Teníamos ya buenos machos y dos carros, la casa prosperaba, pero no
para darse el lujo de sufragar los gas tos para que yo pudiera estudiar ”
167
.
Blasco c recía y cada vez veía con más evidenci a su afición por el Arte , y al
menos convencieron a s u padre para que m archara a l a ce rcana Alcoris a y aprendiera
dos o tres oficios: “ En estos pueblos pequeños de Aragón se ti ene que practicar dos o
tres oficios, p ues con uno solo, difícilmente un ar tesano tiene vida ”
168
. De es ta forma se
instaló con unos familiar es lejanos, llamados “ los Arnuelos”: “ (…) tres días de la
semana hac ían de pintores y tres días y el d omingo hasta e l mediodía hacían de
barberos”
169
. Blasco tenía 17 años. Era el 27 de marzo de 1924. Esta fecha, que con
exactitud recuerda Blas co, supone el p rimer senti miento de libertad, su alejamiento del
seno familiar, y marcará uno de los mom entos más importantes en el curso de su vida.
Llevaba consigo una colección d e dibujos que s u patrón J osé Arnuelos ad miraba
hasta tal punto, que este le dijo a su padre “ Yo solo puedo enseñarle de barbero, de
pintor sabe el muchacho mucho más que yo”
170
. Y aconsejó al padre de Blasco que se
marchara a otra ciudad más grande para ingresar en una Academia.
Seis m eses estuvo en Alcor isa (h asta fin ales de septiembre) ap rendiendo de
barbero, a blanqu ear con la ca ña, p intar pu ertas y hacer cu atro arrimadill os con flores,
suficiente para que, como quería su padre, se ganara la vida en el pueblo, no muy lejos
de él
171
.
167
Ibidem , p. 26.
168
Ibidem , p. 28.
169
Ibidem , pp. 28-29.
170
Ibidem , p. 29.
171
Ibidem , p. 30.
96
Regresó a casa , pero no con l a idea de quedarse; mientras, su padre enfurecía
ante la i dea de su partida. Así pasó una temporada trabajando de pi ntor d e brocha gorda,
ayudando en casa y po r s upuesto haciendo figurit as con hoja de lata de l os botes de
conserva.
En el verano d e 1925, el padre de El euterio y su s hermanos P ascual y M anuel,
tenían que ir a las Cinco Villas a trabajar en la trilla. Pascual partió tres día s después que
los otros en tren, p ara encontrarse todos en Zaragoz a y se guir camino hasta Ejea de l os
Caballeros. Blasco aprovechó para irs e con su herma no haciendo caso omiso a la
prohibición de su padre de que saliera del pueblo, el cual reprochaba a su mujer el haber
animado siempre a Eleuterio en s us ideas artísticas: “ En realidad solo mi madre me
comprendía y me daba alientos ”
172
.
Cuando J oaquín le vio apar ecer en Zaragoza, l leno de ira, Blasco hu yó
173
. Al
final fue con ellos a Ej ea de los Caballeros. Allí f ueron a vi sitar a un organist a llamado
Antonio Lecha, tambi én natural de Foz-Caland a, que daba lecciones de m úsica
174
. Este ,
según cu enta Blasco, quedó maravillado ante las habilidades de Pascual con l a guitarra.
Y por un contacto consiguió que Eleuterio trabajara como pintor decorad or, dándose l a
curiosa circunstancia de ganar él más dinero a la sombra, que su familia al sol , en la
trilla
175
.
Terminada la tarea, su padre y h ermanos r egresaron al pueblo. Gracias a que
Eleuterio te nía trabajo hasta el invie rno, y bajo la r esponsabilidad de s u jefe y el
organista, consiguiendo convencer a Joaquín de su permane ncia en la comarca de Las
Cinco Villas por un tiempo ma y or.
172
Ibidem , p. 31.
173
Ex iste otra versión y es que un buen dí a, sint iéndose suficient emente fuerte, t an
pronto creció lo bastante como para qu e l a Guardia Civi l no le pudi era devolver al
suplicio de su casa y su s cac harros de barro, sal ió sin decir palabra algu na a nadie a
Zaragoza: “ Me buscaron y me persiguieron como si se tratase de alguien que la justicia
oficial hubiera ordenado mi busca y captura, como si se trata ra de un delincuente
malhechor qu e hubi era cometido un crimen” . Encontrado fue devuelt o a c asa a la
fuerza. Ver MONTSANT DEL PRIORAT, Ramón, op. cit ., nº 47, 1988 , p. 40.
174
La cercanía entre Alcori sa y Foz-Calanda nos lleva a plantear l a posibili dad de que
Antonio L echa pudie ra tener algún ti po de vínculo familiar con el pint or alcorisano
Valero Lecha (Alco risa 1894-El Salvador 1976), que desar rolló la mayor parte de su
labor artística en El Salvador, pintor que J osé L uis Pano recuperó d el olvido en los años
noventa. V éase P ANO GRACIA , José L uis, Valero L echa: pint or y maestro ( Alcorisa
1894-San Salvador 1976) , A y untamiento de Alcoris a, Diputación General de Aragón,
Diputación Provincial de Teruel, Zaragoza, 1995.
175
Hierro candente , pp. 31-32.
97
Finalizadas sus obl igaciones en Eje a, con cluido el vera no y el otoño, m omentos
en que las faenas en las pequeñas ciudad es escas ean, su afán no pasaba más que por su
traslado a una capital, a Barcelona, dond e pudiera trabajar durante el día y asistir a una
Academia de Arte después; y hubi era si do esa una buena ocasión par a irs e sin
consentimiento paterno alguno. Pero ante la responsabilidad contraída por Antonio
Lecha y su patrón y l a i nsistencia de estos que le aconseja ban no ir a la Ciudad Condal
sin la aprobación expresa de su familia, optó por v olver a Foz-Calanda.
Afortunadamente, en todo luga r ha y personas de mayor nivel cultural y miras
más amplias, y en este c aso fueron el ma estro y el médico, en un mes de enero de 1926,
los que le dijeron a J oaquín el error que suponía no dejar marchar a su hij o Eleuter io,
vistas las actitudes naturales que para con las esculturas pos eía y que causaban
admiración a las gentes que iban a ver a su padre p ara comprar cántaro s, viendo las
creaciones de Blasco, hechas con barro y hojalata
176
.
Convencido su padre, Blasco iniciar ía a sí su viaje a Barcelona, donde se
instalará hasta su marcha al exilio.
1.4.- LAS PRIMERAS OBRAS (1919-1926)
Hemos visto como Eleuter io Blasco F errer se int eresó por l as artes plásti cas a
una edad muy t emprana, iniciándose en el univers o creativo de una m anera t otalmente
autodidacta y en un entorno tan difícil, de tan complicado ac ceso a las corrientes
artísticas y cerrado a lo que no fue ra la continuidad de los oficios tradic ionales como
eran los pueblos que conforman la topo grafía vital de l a infanci a y primer a juventud d e
Blasco; esto es, Foz-Cal anda, Molinos, Más de las Matas, Alcorisa, Calanda, y más
tarde, y a con una idea profunda de dedicación a las artes y d eseo de huir de los
imperativos familiares, Ejea de l os Caballeros y Zaragoza. Esta última como capital
aragonesa solo utilizada de paso pero de referenci a siempre como ciudad grande y desde
donde podían llegar los úni cos atisbos de mod ernidad. A este respecto resulta mu y
ilustrador las memorias de Luis B uñuel cuando hace referencia a su infancia y pueblo
natal, Calanda, no mu y distante de Foz-Calanda, (también recorrido con seguridad en
diversas ocasiones por la familia Bla sco) especialmente cuando señala que “ se puede
176
Ibidem , p. 33.
98
decir que en el pueblo en que yo nací (…) l a Edad Media se prolongó hasta la Primera
Guerra Mundial . Una sociedad aislada, inmóvil en la que la diferenci a de clases
estaba muy marcada”
177
. Y esto en una ciudad que superaba con creces la de Molinos
o Foz, ya que contaba con casi cinco mil habitantes.
Blasco tuvo desde muy joven un gusto voraz por el contacto directo con la
materia, con la que se ej ercitó largamente m odelando efímeros cacharros y fig uras por
los cuales, a la antigua usanz a, tomaba conta cto se i niciaba en el m undo de la creación a
través de los materiales que se le ofrecían más acc esibles, esto es, el barro:
“ Sus manos infantil es sentían fiebre de contactos. Y recurría a la materia
más dócil. El barro refrescaba el fuego que comunicaba a su s man os la
imaginación. Así dist raía la atención que su p adre seguir ía (sic) para otros
menesteres de más urgencia ”
178
.
Poco más tarde, desper tado en él con más fue rza su talento específico, su
fantasía, un incipiente desarrollo ha cia aspe ctos estéticos mu y determinados, y su
siempre presente espírit u de creación, se entretuvo cortando y r ecortando con tij eras
viejas latas de conserva para formar, doblando y retorciendo, ensamblando y uniendo
piezas con los útiles de que disponía, ingenuas interpretaciones de personas y animales.
Ello fue el inicio de su actividad artística en la di rección en que más tar de hubo
de desarrollarse con toda eficacia.
La s primeras e sculturas de las que tenemos constancia plantean importantes
problemas cronológicos, y aunqu e distintas an otaciones de Bl asco nos invitan a
establecer cronolo gías tempranas, anteriores a 1926, pensamos qu e estas son
posteriores, por lo que las trataremos al centrar nos en su p eriodo barcelonés. Es el caso,
entre otras, de Violinista callejero , realizado con hoja de l ata, y una Mat ernidad en
barro cocido (CE3 y CE9).
A pesar de no conservar obras escultóricas d e este periodo anterior a su m archa a
Barcelona en 1926, tal y como argumentaremos posteriormente en rel ación a la d atación
de las dos obras antes citadas, parece quedar clara s sus tempranas dotes para la creación,
y para la i nnovación con nuevos materiales. Y todo ello con esc asas referencias sobr e lo
177
BUÑUEL, Luis, Mi último suspiro , P laza & Janés, Barcelona, 1982, p. 17.
178
BALLANO BUNO, Adolfo, op. cit ., 1933, p. 213.
99
que se e stá des arrollando en ot ros lu gares. P orque, lo cierto es que tr as el estudio
detenido de su biografía, no s e p uede entresacar influencia artísti ca concreta, no
teniendo más modelos ar tísticos accesibles que el trabajo de los he rreros d e los pueblos
colindantes o l as obras en metal de ve rjas, rejas, etc.; la propia tradición alfarera d e la
zona; las obras de l as i glesias y determinadas i mágenes en revistas y p eriódicos que
pudieran lle gar a sus manos: “ …Blasco no pud o tener maestros que culti varan o
desviaran sus gustos. Su vocación no tuvo animadores, pero ta mpoco sufri ó ali cortes
por las preceptivas académicas ”
179
.
Intuimos para estas pri meras esculturas una au dacia poco usual en el uso de
materiales de d esecho com o las hojas d e lata y el barro, de carácter näif o primitivo,
como él mismo las describió
180
, que será el germen de su obra posterior.
En el contexto de dificultad aludido, empieza a reali zar también obra pictórica.
Afortunadamente, de esta época infanti l se conserva su primera pintura, en cu y o
reverso señala: “ mi primera pintura cuando era chico” (CP1). Un C risto C rucificado en
óleo sobre madera, materiales encargados con probabilidad a algún personaje del pueblo
que marchara de viaje a Zaragoza, junto a una serie de elementos q ue provocan
desconcierto: la Cruz de halla en un campo con trigo al fondo, luce el sol. Una serpiente
y una calavera y acen a s us pies. También un candil, qui zá usado en la mi na; y un gallo.
La obr a en cierra algún s ignificado más allá d el reli gioso. ¿Acaso es una cruz el trabajo
del minero, que trabaja de sol a sol, desde que canta el gallo?
Una pintura totalmente infantil, näif, quiz á realiz ada con 14 ó 16 años (hacia
1921-1924), c on colores planos y mates. A pesar del de ficiente us o de lo s pinceles, la
iconografía pose e una precoz rebeldía por la com binación de elementos q ue provocaban
el descontento de las ge nt es del pueblo, y especialmente de su padre, gentes para las que
la religión y la i glesia m arca ban el devenir di ario. Ya ha y un aspecto social en esta
pintura.
De en torno al año 1926, bi en inm ediatamente anterior a su marcha a Barcelona,
bien de los primeros m omentos en la Ci udad Condal, data un cuadernillo de dibuj os
donde predominan vistas de las localidades que rec orría, algunas de ellas de Foz-
Calanda (CD1). Son dibujos, más o menos elaborados, donde busca la r epresentación
179
Ibidem.
180
Según cuenta en la entrevista que Mateo Andrés le hizo en 1986 y que s e pro y ectó
durante l a ex posición d e su obra en Molino s en aquellas fechas. El au tor posee una
copia VHS a partir de otro video propiedad de Joaquí n Castillo Blasco.
100
fiel y rea lista del caserío, destacando en a l gunos la iglesia, un poz o, un horno de
cerá mica, y deteniéndose en oc asiones en las sombras que se generan. También var ios
estudios de árboles desnudos y un par de representaciones humanas, s obresaliendo
aquella en la que un joven aparentemente bien ves tido lee unas hojas.
Poco m ás sabemos de las obras realizadas en este periodo inicial p revio a
Barcelona. La tía Pepa (C P2) hoy en el A y untamiento de Foz-Calanda, fue realizada,
según él mism o cu enta, a la edad d e 19 años, e n 1926, en su pueblo n atal, aunque nos
inclinamos a amplia r la cronología al periodo 19 26-1931. No d eja de se r relevante que
aparezca en la portad a del pequeño catálogo de l a exposición en las Gale ries Laietanes
de 1932. No obstante lo i nteresante es el gusto por la representación de personajes
populares y un concepto más bien r egionalista. Así, este personaje, la Tía Pepa, lo
mismo que el Tío Tar dano era n mu y populares en Foz-Calanda . De estos tipos
humanos, en actitudes cot idianas, así como de los paisajes de la zona, ext ra e Blasco los
motivos iconográ ficos para sus primeros lienzo s. Del óleo Mujer bord ando (CP23),
señala Blasco que fue pintado en Foz Calanda en 1926, aunque formalmente encaja con
obras más tardías, a comienzos de los años treinta.
101
2.-BARCELONA
(1926-1936)
108
La pol ítica oficial resp ecto al arte contempor áneo comenzó mejorando sus
principales instrumentos: la Ex posición Nacional de Be llas Artes y el M useo de Arte
Moderno. En lo referente a las primeras, tienen l ugar las de 1932 y 1934, coincidiendo
la de 1936 con el estallido de la Guerra Civ il por lo que n o pudo ser vista, además d e las
“oficiales” celebradas fuera de España: L´Art Espagnol Cont emporain (Je u de Paume,
París, m arzo de 1936) y ya du rante la g uerra el Pabellón Español de la Ex posición
Universal de P arís de 1937. Aun con s imilar estructura administrativa, se podrán
observar novedad es al p articipar artistas involucr ados en la renova ción art ística o que
trabajaban e n torno a los “rea lismos de nuevo c uño”, c aso de l a i ncorporación de
críticos m ás avanzados como Manuel Abril, miembro del Ju rado de Admisión de la
exposición de 1932, cuy o papel debió s er dec isivo, o Gutiérrez Abas cal en 1934,
consiguiendo modernizar los leng uajes expuestos y los artist as premiados. Así, en 1932
se c oncedieron medallas de primera c lase a Aurelio Arteta y Timoteo Pérez Rubio, de
segunda clase a Rosario Velasco, José Frau y Honorio García Condo y, de terce ra a
Genaro Lahuerta, artistas que nunc a habían o btenido galardón
198
. Ya e n 1935 se
modificará el Reglamento de las Exposiciones variando el sistema de selección de los
Jurados
199
. El objetivo, con un s entido similar al d e la ES AI de 1925, t endía a lograr u n
proceso estético de tal ante integra dor y digestible para el público
200
. En lo referente al
Museo de Arte Moderno, se nombró en j unio de 1931 a J uan de la Encina, pseudónim o
del reputado crítico Gutiérrez Abascal, como director, con una actitud más activa y
avanzada que las ex posiciones nacionales
201
. A él se debe el encargo de un nuevo
198
L OMBA SERR ANO, Concepción, “El Triunfo de la vanguardia durante la
República”, en GIMÉN EZ, NAVARRO, Cristin a y LO MBA SERRANO, Concepción
(eds.), op. cit ., 2009, p. 69.
199
L LORENTE, Ángel., Ar te e ideologí a en el franquis mo (1936-1951 ), Visor, M adrid ,
1995, pp. 141 y ss.
200
Entre otros muchos par ticipan Vázquez Día z, Arteta, Barr al, Climent, Planes ,
Rodríguez L una, Mateos, S outo, Greg orio P rieto, Waldo I nsúa, Flores, Muntané
Aguilar, Ma rtín Durbán, Teresa Condeminas, Fernández Balbuena, Rosario Velasco,
Juan Luis López, José y M argarita Frau, Alm ela, Cristóbal Ruiz, etc. Entre los
premiados “modernos” e n 1932 obtuvi eron medall a Arteta y P érez Rub io (1ª medalla);
Rosario Velasco, Muntané, Frau y Gar cía Condo y (2ª medalla); Lahuerta, Suárez
Peregrín, Briones, Insúa y Pérez Mateo (3ª medalla). En la de 1934, entre otros,
obtuvieron medalla Vázquez Díaz (1ª ), Brione s (2ª ), y Julia Minguillón y Pellicer (3ª).
201
La di rección de J uan de l a Encina duraría seis años. Ya desde 1932 se produce una
reordenación museo gráfica y s e planific a el pro grama de exposiciones, con nombres
como Gonz ález Bernal, Santa C ruz, C liment, Morena Vill a, en 1931 y P érez Mateo,
Palencia y M oreno Villa en 1932. En enero de 1933 se convoca un Concurso Nacional
109
proyecto arquitectónico nunca construido
202
. H emos de su mar a este nuevo
planteamiento ins titucional un cambio en la pol íti ca de exposi ciones temp orales, dando
cabida a jóvenes integra ntes del arte nuevo y las corrientes v anguardistas del momento
(Ernst, Gargallo, González Bernal, More no Vil la, Benj amín Palencia, Pérez Mateo,
Rodríguez L una, Torr es García, etc.). También en la adquisición de obra ar tística,
acrecentando las colecciones con nuevas tendencia s, etc.
203
Pero además, la Repúb lica actuó indirectament e a través de la reapar ecida
Sociedad de Artistas Ibéricos, una forma de intervención oficiosa, como queda
atestiguado en el tangible apo y o inst itucional de las ex posiciones de la S AI de
Copenhague y Berlín en 1932 y 1933, y ya de manera evidente en la de P arís de 1936.
Todo ello alentó la aparición de otras pl ataformas más radicales, t ales como lo s Amigos
de las Artes Nuevas (AD LAN), los Logicofobistas o las Asociaciones d e Escritores y
Artistas Revolucionarios (AEAR)
204
.
No hemos de ol vidar lo relativo a la forma ción a rtística, donde se es grimieron
distintas sol uciones como la ideada por Án gel Ferrant en la r evista Arte , donde dio a
conocer su “ Diseño de una configuración escol ar” en la que proponí a l a creación de
unas Escu elas fede rales de las Artes plásticas del Estado Español, o puestas a las
tradicionales Escuelas de Artes y Oficios. La idea solo cuajó en parte , pero hubo
mejoras pe rceptibles t ales como la renovación de al gunas disciplinas obligatorias y la
creación de nuevas Escuelas de Artes, como la de Teruel en 1933
205
.
Cataluña marcha por unos derroteros diferentes, r ecuperando las ex posiciones de
primavera organizadas por el ayuntamiento de Barcelona, sus pendidas con la Dictadura
de Arquitectura con obj eto de realizar el Antep royecto de Museo Naci onal de Arte
Moderno en el Paseo de la Castellana, cu y o primer premio recaerá en Ga rcía Mercadal,
ejemplo del deseo d e hacer visi ble el cambio de mentalidad respecto al arte
contemporáneo. T ambién en 1933 tiene lugar una muestra mon ográfica del
ideológicamente comprometido Rodrígue z L un a. Más tar de tiene l uga r un a muestra de
arte francés ( Derain, B onnard, Vullard, L othe…), y en julio una ex posición de los
trabajos del GATCPAC para la ciudad de Repos o de Barcelona, o la presencia de un
grupo d e artistas articulados en torno a Torres García (Grupo de Artis tas de arte
Constructivo) que regres aba a Esp aña y qu e tuvi eron c abida en una sala del Salón de
Otoño madrileño de 1933.
202
Véase sob re el p apel de Juan de l a Encina al fr ente d el Museo de Arte Mo derno el
estudio de J I MÉNEZ BLANCO, M. D., Ar te y Estado en la España del siglo XX ,
Alianza, Madrid, 1989.
203
BRIHUEGA, Jaime, op. cit ., 1999, p. 29.
204
BRIHUEGA, Jaime, op. cit. , 2009, pp. 22 y 37.
205
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit ., 2009, p. 6 8.
110
de Primo de Rivera, que fueron celebradas con periodicidad anual entre 19 32 y 1936 y
articuladas en dos secciones independientes, el conservador Salón de Barcelona y el
más renovador S alón de Montjuï c, aunque sig ue siendo difícil definir y aceptar estas
diferencias con exactitud
206
. Ex posiciones “oficiales” que no supusieron grandes
cambios en los gustos asentados del público catalán.
Galicia vivió también u n evidente entusiasmo, fruto t anto a la generación de
artistas de Os Novos (Mallo, Maside, Souto, Col meiro, Fernández M azas, Torres,
La xeiro), como por la modernización estructural ( revistas, c ertámenes, apoy o de la
crítica local…)
207
.
En el c aso ara gonés, y a indicamos en su momento los infr uctuosos pasos hacia
la modernización de las Instituciones del Arte llegados a fin ales de los años 20, cuando
se atisbaba una incipiente vanguardia. D urante l a República, el c omprom iso de las
instituciones en pos de la mentada modernización se evidenció en las t res provincias,
consolidándose el s urrealismo como corrie nte hegemónica. Las Diputaciones
provinciales continuaron su política d e conc esión de becas y organiz ación de
certámenes. El artista b ilbi litano J uan Cruz Melero fue b ecado por l a Diputación
Provincial en 1931, superando en di cha convocatoria a Armando Ruiz Lorda y Honorio
García Condo y , que se presentaba por tercera vez y que d esengañado marcha rá a
Madrid
208
. En Zaragoza, a la polít ica de exposiciones en el Salón de Quin tas y el Rincón
206
En la convocatoria d e 1932 participan n ombres como Eva rist B asiana y R amón
Calsina (S alón de Barcelona); y en Mo ntjuïc A ntoni Costa, J oan Sandalinas, Ángel
Ferrant y Llorens Arti gas, Gargallo (fuera de catálogo), Artur Ca rbonell, César Lópe z
Cañete, Joaquim Serra , J. S erra no, Gran y er, Rebu ll, Camps Ribera, Francesc Domin go,
E. C. Ricart, Togores, etc. En los años sucesivos las variaciones son escasas: en 1933
Evarist B asiana, Ramón Calsi na y Ángel Planells (Barcelona); y Antoni Costa, Artur
Carbonell, L l orens i Artigas, Manolo… (Montjuïc). En 1934 en el S alón de B arcelona
Ramón Calsina y Án gel Planells, Antoni C umella (cera mista), Gabriel Amat,
Hortenbach, F. Víctor y J oaquín Iglesias (a rquitectura); y en Montjuïc Artur Carbonell,
Antoni Costa, R amón Marine.lo, etc. En 1935 R amón C alsina; y en Monjuïc Antoni
Costa Sacha roff, Artur C arbonell, Gargallo, etc. En 1936 Ramón Calsina, Án gel
Planells…; y en Montjuïc Carbonell, S achar off, Antoni Costa, J oan J unyer , etc. Dichos
catálogos se pueden co nsultar en red en l a Bib lioteca Digital d ´Història de l´Art
Hispànic (BDHAH), diri gida d esde el D epartamento de His toria del Arte y Musicolo gía
de la Universidad Aut ónoma de Barcelona: http://www.bib.uab.cat/human/bdhah/
[consultado el 18 de julio de 2013] .
207
MOYA, Adelina, “El arte guipuzcoano entre la r enovación y la i nnovación”, en Arte
y art istas vascos de los años 30. Entre lo individual y lo colectivo , catálogo, Diputación
Foral de Guipúzcoa, San Sebastián, 1986, p. 142.
208
MARTÍNEZ AURED, Victoria, op. cit . , 2001, p p. 662-663.
111
de Go y a, s e unieron i niciativas privadas como las pequeñas salas de exposiciones
crea das por Heraldo de Aragón en 1931 y La Voz de Aragón en 1929, mientras el
Casino Mercantil incrementó s u programación, inaugurando también u na nueva sala.
Además Tomás Seral y Casas inauguraba la primera galería aragonesa en 1935.
El aug e se manifestó también en los medios de c omunicación, con la aparic ión
de cabeceras tan interesantes como los 14 números editados entre 193 2 y 1936 de
Noreste
209
, im pulsada y coeditada por Tomás S eral y Casas, Ildefonso Manuel Gil y
Antonio Cano, publicaci ón esta ecléctica, n exo de unión de los escritores y pi ntores más
inquietos de Zaragoza, que contribu y ó a hacerse eco y defender las distintas
innovaciones en materia artística en el ámbito estatal, especialmente el surrealismo.
En cuanto al Asociacionismo artístico y cult ural, en 1931 se creó el Est udio
Goya, sobre el que nos d etendremos al hilo de la Exposición de Artist as Aragoneses d e
Barcelona en 1935, y l a Asociación Turol ense d e Amigos del Arte, el Cí rculo de Bellas
Artes en 1933 y el Ateneo Popular en 1936.
En Teruel el Casino Turolense or ganizó nuevos certámenes, tales como la
Exposición de Artistas T urolenses de 1931 y los Salones de Fotografía de 1933 y 1936.
Además, la ciudad, com o hemos comentado, fue dotada de una Escuel a de Artes en
1933 poni endo fin a la pe nuria en que se hallaba sumida Teruel en materia de enseñanza
artística.
También, en el á mbito museístico, al cambio de dirección del Museo de
Zaragoza, donde José Galia y sustitu y ó al fallecido Carlos Palao, se sumaron la apertura
al público del Museo de t apices de la S eo, e l Etnológico e n Huesca y el Románico de
Jaca.
Exposiciones colectivas e individuales florecieron en esos años, a saber:
Herminio Herrero, Manuel del Arc o, César Fernández Navar ro, J osé Aventín en Huesca
y Zara goza, González Bernal, Manuel C orrales, Dioni sia Masdeu, Manuel Bayo en
Teruel, Bonn, Bautista R omán y el fotógrafo Fran cisco Andrade, en 1931; El valenciano
Benedicto, Enrique Vicente P aricio, L uis Maza, Juan Mondreg o, Gar cía Condo y,
Ramón Acín, Raf ael Cardona, el vas co Múgica, Chas o Estudi o Go y a en 1932; Manuel
Corrales, Joaquín Zamora, Án gel Bayod, Antonio Pe y ró, Ar a Bu gue s, fra y An gélico
209
B ONET, Juan M anuel, MANUEL GIL, I ldefonso y S ERRANO ASENJO, José
Enrique (eds.), Noreste , edición fa csímil, Departamento de Educació n y Cultura,
Gobierno de Aragón, 1995.
112
Cabañas, Enrique Vicen te P aricio, Isabel Val, Estudio Goya e I gnacio Zuloaga “el
Mozo”, así como Blasco Ferrer en Te ruel, en 1933; El fotógrafo bilbilitano Ortiz de
Echagüe, Félix Gazo en Zaragoza y Huesca, Mi mbo, Mariano Urdániz, fra y An gé lico
Cabañas, Hermenegildo Estevan, Gust avo d e Maetzu y G árate, en 1934 . Enrique
Vicente Paricio, Borrás Casanova, el fotó grafo Paul Wo lf, Luis Ferrer y José L afita en
1935. Y en 1936 Luis Germán y Juan Mondrego
210
.
En este contexto di stintos artistas aragoneses obt uvieron reconocimiento a nivel
nacional e incluso internacional. Así, Berdejo exp uso en Oslo y P ittsbur g; Acín lo ha cía
en Bilbao con la SA I y luego en Madrid; Garga llo era un artis ta consid erado a nivel
europeo; González Bernal se abre camino tanto en España como en P arís (galer ía
Jacques Bonjean) ; García Condo y h acía lo su yo tanto a nivel nacional como en el
extranjero ( Bienal de Venecia); Pablo R emacha obtiene un diploma de honor en la
Exposición I nternacional de L ieja de 1929; mientras la ex posición Ar t Espagnol de
París de 1936 contó con Martín Durbán, Pele grín y Ga rgallo. Otros artistas int entaban
desarrollaban su carrera fuera de Ar agón, en busca de pro yección: Blasco Ferrer
realizaba sus primeras indi viduales en Barcelona (Gale ría P arés, 1931; Layetanas, 1932
y 1934); o la bilbilitana Carmen Osés exponí a en la Sala Gaspar de la Ciu dad Condal en
1936.
Desde el pun to de vist a plástico, las innovaci ones formales de l as n uevas
generaciones s e i nscribían dentro d e l as corrientes europeas al uso, d onde la diversidad
del arte nuevo quedó polarizada en torno a dos corrientes: los re alismos de nuevo cuño
y el sur realismo, ambos con múltipl es formulaciones.
A modo de síntesis, pode mos reseñar al gunos rasgos destacados siguiendo las
premisas t antas veces es grimidas po r Jaime Brih uega
211
. Por un lado, el s urrealismo
español se diversifica y s e conviert e en uno de los ámbitos de trabajo d el v anguardismo
de los años treinta con una apabullante rotundida d. A los artistas que trabajaban en este
horizonte a fines de la déca da anterior, caso de Lorca, Moreno Villa, Massanet o
González Berna l, se sum an ahora un vasto número de artistas q ue lo difunden y
desarrollan en múltip les dire cciones: Al berto, Palencia, Cab allero, L amoll a, I smael,
Maruja M allo, E. Francés, Crist ófol, Lekuona, Ponce de L eón, Togore s, R odríguez
Luna, Carbonell, Miguel Prieto, C astellón, González de la Serna, Alfonso Buñue l,
210
LOMBA SERRANO, Concha, op. cit., 2002, p. 1 42.
211
Véase nota 192.
113
Ángeles Santos, Blasco Ferrer, etc., di stribuidos por todo el territorio nacional a través
de núc leos o fo cos e st udiados por García de Carpi: Cataluña, Madrid, Za ragoza y
Canarias
212
.
Un vasto territorio l o configuran los r ealismo de nuevo cuño del r etorno al
orden característico d e la plástica europea d e entr eguerras (con la presencia d e Pi casso,
y que se hizo sentir en la obra de Barradas y el Dalí presurrealista), que osciló entre
aspectos derivados de i valori plastici (Santiago Pelegrín) y l as influencias de la nueva
objetividad alemana y la m etafísica i taliana (Miguel Villadrich, Pele grín, Roberto
Fernández u Horacio Ferrer)
213
, entrecruzado muchas veces con la poética surrealista.
Frente a lo ocurrido en la década anterior, ahora estos quedan más definidos, como l a
aparición de un re alismo social, crítico, m ás ex plícito, y que en al gún momento es
practicado por artistas c omo Ponce de León, Á ngeles Santos, Moreno Vil la, Sou to,
Colmeiro, Lahuer ta, Ga y a, López Obre ro, B arral, Pérez Mateo, Ar teta, Ucela y,
Rodríguez Luna y un largo etcétera. Una nueva forma de reali smo que en algunos casos,
con el estalli do de la Gu erra C ivil, devino en un r ealismo bélico más expresionista muy
relacionado con la corriente alemana.
Eslabón fundament al de este periodo lo constitu y e la “Poética d e Vallecas”
214
.
Puesta en marcha dicha Escuela coincidiendo c on el comienzo de la R epública, su
poética nuclear fue iniciada por Albe rto y Pale ncia entre fin ales de 1929 y 1932 y
continuada en sol itario por Alberto hasta 1936, acercando a sus postul ados o
sensibilidad a artist as tales como Morena Vi lla, Rodríguez L una, Díaz Caneja,
Francisco La sso, etc.
215
La primera “escuela de Vallecas” entrecruzará elementos del
212
Véanse sobre di cho panorama general las o bras de GARC Í A DE C ARP I, L ucía, La
pintura surrealista española (1924- 1936), Madri d, Istmo, 1986; GARC ÍA DE C ARP I ,
Luc í a, y A LIX, Josefina (comisarias), El sur realismo en España, M.N.C.A.R.S.,
Ministerio de Cultura, Madrid, 1994.
213
LOMBA SERRANO, Concepción, op. cit. , 2009, p. 74-77.
214
Góm ez C edillo dedicó su tesis doctor al al e scultor Alberto, b ajo el tít ulo La
escultura de Alberto Sánchez , defendida en la Universidad Autónoma de Madrid en
1992. Véase el ampli o an álisis existente en BR IHUEGA, J aime y LOMBA, C oncepción
(Coms), Alberto 1895-1962 , MNCAR S. A LDEASA, Madrid, 2001; o CARMONA,
Eugenio, “Materias creando paisaje. Benjamí n Palencia, Albe rto S ánchez y el
reconocimiento estético de la naturaleza agraria”, en GARC ÍA DE CA RP I , Lucía y
ALIX TRUE BA, J osefina (Coms .), El surrealismo en España , Ministerio de Cult ura,
1994, pp. 116-155.
215
Un Pancho Lasso, que autores como Jaime Brihuega, Jos efina Alix o Eug enio
Carmona incorporan al duo fundacional para conv ertirlo en trío.
114
panorama d e la moderni dad i nternacional con una espec ial valoración d e las calidades
de la materia, de l a sobriedad y l a sen cillez que les transmití an las tierras d e C astilla. En
palabras de Pablo Neruda “ La tierra marca sus trabajos con espacio inas ible, con
superficies quemadas por el rayo, con áreas que el sol y la luna y el frío han usado, con
longitud de a rbolados, viñedos y pájaros, vacas, relámpagos y a maneceres ”
216
.
Recursos ancestrales donde la tr adición de la realidad histórica, lo suburbial y
proletario, no escapa a s u sensibil idad. Una corriente diferente al universo daliniano
217
,
mironiano o masoniano; difer ente al de los s urrealistas f ranceses. Est a acabaría
involucrando a la ma y or parte de la plástica de la capital, como se pone d e manifiesto en
el intento de Torres García de crear una alternativa de vanguardia, el llamado “Grupo de
Artistas de Arte Constructivo”, donde aparecerán algunas de las poc as experiencias
abstractas de la vanguardia en España, especialme nte en el caso de Luis Castellanos
218
.
Por últim o, el arte durante la II Repúbli ca at iende a l a ex pansión de las
relaciones entre la pol ítica y el arte, donde de manera clara y expl ícita atendemos a un
verdadero compromis o de intelec tuales y artistas. Hemos de mencionar, entre otras, la
Unión de Escritores y Artis tas P roletarios en Valencia (U. E.A.P), a fines de 1932, o la
Asociación d e Es critores y A rtistas Revolucionari os (A.E.A.R.) de Madrid, Barcelona y
Sevilla, al año siguient e. Ambas con un pe rfil definido de iz quierdas que se erigen como
las primeras alternativas culturales revolucionarias que a glutinaron a un bu en número de
artistas: Renau, Ant onio y Manu el Ballester, P érez Contel, etc., en la pri mera; Alberto
Sánchez, C ristóbal R uiz, Bartoloz zi, L ópez Ob rero, R odríguez Luna, Manuel Prieto,
Arteta, Helios Gómez, Renau, Monleón Darío C armona, Yes, Pu yol, Carnicero, Galán,
Fersal, etc., en la segunda.
La conf rontación ide oló gica ser á la tónica dominante, la cual se prolo ngará
durante l a Guerra Civil, t endiendo progresivamente a un radicalismo que vinculab a
compromiso intelectual del artista frente a la amenaza del fascismo, que en el pol o
216
NERUDA, Pablo, “El escultor Alberto”, Repertor io Americano , 5, 9, 1934.
217
L os elementos que com porten Dalí y los “vallecanos” son analizados en BONET,
Juan Manuel, “Divaga ciones valleco-dalinian as”, en BR IHUEGA, J aime (com.),
Huellas dal inianas , Sociedad Estatal de Conme moraciones Culturales, M adrid, 2004,
pp. 217-233.
218
Tras la guerra apar ecerá una “segunda Escuela de Vallecas”, relacionada con l a
anterior pero al ma rgen de la m emoria histórica. Véase sobre ella CHAVARR I , R aúl,
Mito y realidad de la Escuela de Vallecas , Ibérico europea de ediciones, Ma drid, 1975.
115
opuesto encontraba una organización afín
219
. Así, utilizando como meridian o
cronológico el año 1933, en mayo aparecen d istintos manifiestos como el Adelanto de
la revista Octubre de l a AEAR de Madrid (m a y o), cu yo p rimer núme ro sale a la luz en
junio; o el manifiesto de la revista Nuestro Cinema, en sintonía con la anterior. Además,
a finales d el mi smo se or ganiza la Primer a Expos ición d e Arte Revolucionario
organizado por la AEAR, iniciativas estas que contribu y en a crispar el ambiente.
Desde el punto de vista de los lengua jes visuales , e l debate oponía “ e l arco de
diversos r ealismos modernos aptos para transmitir unos contenidos crítico-ideológicos
precisos, a aquellas experiencias formales de vanguardia que pud iesen inclinars e hacia
la abstracción, promo viendo con ello la r eclusión de las élites en universos
privados ”
220
. En lo temático-a rgumental, el realismo social de los años treinta recaló en
el repertorio d e carácter social, dentro d el tono de crític a polít ica. Form almente la
experiencia en los re alismos de nuevo cuño marcaron la tónica: crispación
expresionista, cromatismo sucio, cierta mímesis melancólica e in cluso algunos
escoramientos al sur realismo, son algunas de las adjeti vaciones má s frecuentes.
Ejemplos de estos realismos “comprometidos” los encontramos en Souto, Seoane,
La xeiro, Francesc Domingo, Barral, Pérez M ateo, Alberto, He lios Gómez, Horacio
Ferrer, Luis Quintanilla, R odríguez Luna, en los f otomontajes de R enau y Monleón, la
cartelística política y la ilustración satírica y la car icatura
221
.
219
Un ejemplo de esta radicaliz ación ideoló gica lo consti tuye la desmedida aparición de
publicaciones comprometidas. Podemos señalar, entre las de especia l rele vancia desde
el punt o de vista del grafismo y l a caricatura, títulos como Nueva Cultura , La Cal le ,
Orto , Estudios , Leviatán , Octubre , C omunismo , E l Luchador , Nuestro Cinema , Mundo
Obrero , L a T ierra , Tierra y Libertad o Tiempos N uevos . Solo en 1932, como ejemplo,
la prensa provincial ma rx ista contaba en B arcelona con L as Masas ; en P alma, Nuestra
palabra ; en Alicante, El Bolchevique ; en Valladolid, El Proletario Rojo ; en C ádiz, El
Proletario ; en Bilbao, La Bandera Roja ; en Oviedo, El Obrero Astur ; en S evilla,
Andalucía Roja. En el otro extremo, el aug e del fasc ismo dio lug ar a la apar ición de
revistas como La C onquista del Estado . Sobre las primeras ce ntra su estudio
MADRIGAL PASCUAL, Arturo A., op. cit ., 2002 , 175-267. Véase también el Catálo go
de la exposición C ARMONA, Eugenio y LAHUERTA, J uan J osé, Arte moderno y
revistas españolas. 1898-1936 , octubre 1996-enero 1997, MNCARS, pp. 117-132,
donde se abordan lo s debates culturales de r evist as como Gaceta del Arte , Orto,
Octubre , Cultura Nueva , Nuestro Cinema o La Gaceta Lit eraria .
220
BRIHUEGA, Jaime, op. cit ., 2009, p. 24.
221
Ibidem .
116
2.2.-BARCELONA (1926-1928)
Blasco lo logró. Con diecinueve años
se trasladó a la Ciudad Condal. Su padre le
acompañó en ese primer viaje, primero hasta
Calanda, junto a un pariente, para coger el
auto hasta C aspe y lue go continuar vi aje en
tren. A llí estuvo en casa de un a prim a de su
madre, buscando traba jo de p intor. Lo
primero que hizo fue bl anquear un a fábrica
con una broca y una caña de pescar
222
. Luego
realizó los más variopintos trabajos para
ganarse la vi da, estudiando por l a noche en
la Academia Martínez, intentando
aprovechar el ti empo ha sta que se m atriculó
en la Llotj a . Ya en la Escuela de Artes y
Oficios Artísticos y B ellas Artes,
acostumbrado como esta ba a dibujar, pintar
y modelar sin enseñanza alguna , y siendo
más mayor que el r esto de alumnos que
habían emp ezado c asi de niños, B lasco se
vio incapaz de someters e a las re glas d e l a
Academia. E ra “el gar banzo negro de la
olla ” y nunca s erá “ un alumno aprovechado
de l as fórmulas, trucos y t radiciones de l a
sapiencia académica”
223
, lo que por otra
parte favor eció la m anera original, audaz y
un t anto anárquica que caracterizan su
personalidad artística. Di ce Blasco: “… ya un po co maduro no hubo man era de poder
someterme a las reglas establecidas”
224
.
222
Hierro Candente , p. 34.
223
NELKEN, Margarita, op. cit ., 10 de febrero de 1948, p. 5.
224
Hierro Candente , p. 35.
Un jove n Blasco Ferrer hacia 1926, poco d espués de
lleg ar a B arcelo na, en la ha bitación donde se alo jó.
Ar chivo JCB.
Blasco hacia 1 926-1927. Ar chivo JCB.
117
En la L lotja , dirigida entonces por M anuel V ega y March, estuvo m atricu lado
durante do s años
225
, hasta su llamamiento a filas. En el año académico 1926-1927,
durante el cual vivi ó en la calle Ent enza, 39, 1º, cursó tan solo la asignatura de Dibujo
artístico, impartida po r el profesor J ulio García Gutiérrez
226
, donde o btuvo un a
calificación de notable
227
. Dura nte el si guiente curso (1927-1928), cambió su domicili o
a la calle Valencia, 454, 2º 3ª, asistiendo a la clase de Perspectiva, de la qu e era prof esor
José Vidal Vidal
228
, obteniendo también un notable
229
.
225
Anteriormente al gunas publi cacione s había señalado su permanencia en la Escuela
de Bellas A rtes de la Llotja durante cuatro año s (entre 1926 y 1930), dato que es
incorrecto. Así l o v emos en “Bagnols-sur-Cèze. Les ruines de l a Roque-sur-Cèze ont
conquis le grand peintre fer ronier Eleuterio Blasco-Ferrer”, Midi Libre , 6 d e septiembre
de 1955 ; y m ás recientemente PÉR EZ LIZANO, Manuel, “ BLASCO FERRER,
Eleuterio (voz )”, en VV.AA., op.cit ., 1983, p. 94, y PÉRE Z LIZANO, Ma nuel, “Blasco
Ferrer (voz)”, en VV.AA., op. cit ., 2001, p. 734.
226
J ulio García Gutiérrez (París, Francia, 1882 -Ba rcelona, 1966). Pintor establecid o
desde mu y joven en Barc elona, donde ex puso regul armente d esde 1918. Fue director de
la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (1940-42) y de la de Artes y Ofici os Artísticos
(1940-46). En 19 49 ex puso, con éxito, en Buenos Aires. Durante los años e n qu é Blasco
estudió en la Llotja, era profesor de término.
227
Arx iu de L´Esc ola S uperior de Dis seny i Art L lot ja. R eg istro de m atrículas y Acta s
de calificación d el curso 1926-1927. Blasco e studió esta asi gna tura en la Te rcera
Escuela de Distrito (nº de matrícula 1608), sit a en la calle Cortes, nº 140. La Escuela de
Artes y Oficios Artístic os y Bellas Artes de Barcelona, se componía de la Escuela
Central y tres Escuelas de Distrito (calle de Aribau, nº 5-7; calle de Salmerón, nº 37; y
calle Cortes nº 420), ad emás de los locales del Parque y los Talleres. En l o relativo a l a
también llamada 3ª Escu ela, se matricularon 130 alumn os en esta materia (77 hombres y
7 mujeres en l a matrícula ordinaria, y 38 hombres y 8 mujeres en la extraordinaria). L a
estadística de las notas fin de curso arrojan el si guiente sesultado: 26 Sobresalientes, 29
Notables, 18 Buenos y 5 Aprobados, en el ca so de los hombres; y 4 Sobresalientes, 8
Notables y 1 Buenos, en lo referido a l as muj eres, de un total de 81 exámenese finales.
Véase la estadística en la Memoria del Curso de 1 926 a 1927 .
228
En la Nómina General del P rofesorado del cu rso 1927-1928 consta como A yuda nte
meritorio encargado de Cátedra.
229
Arx iu de L´Esc ola S uperior de Dis seny i Art L lot ja. R eg istro de m atrículas y Acta s
de calificación del curso 1927-1928. Blasco estudi ó P erspec tiva en la Escuela Central
(nº de matrícula 1215). Se matricularon 144 alumn os con las s iguientes calificaciones
finales en dicha materia: 7 S obresalientes, 22 Nota bles, 17 aprobados, en el caso de los
hombres; y 6 Sobresalient es, 3 Notables y 6 Aprobados, en el caso de l as mujeres, de un
total de 61 exámenes finales. Véa nse las estadís ticas en la Memoria del Curso 1927-
1928 .
124
Aragón, escritor, pintor y escultor. Una f aceta la del arte para la que s ería vital su
relación con Eleuter io B lasco. Ambos, c ada uno en su ámbi to, estuvieron preocupados
por la condición d el trab ajador libertario, rebelde y r eivindicativo; ambos am aron el a rte
y l a cultur a; y ambos a maron Ara gón en la dis tancia. Reitero el “ambo s”, ya que la
mayor militancia de A ced debió d e influir decisivamente en el pensamiento de Blasco.
Los dos se desen gañaron en cierto modo de una República qu e t ambién reprimía al
obrero y percibieron qu e el pro y ecto anar quista, o mejor dicho anarcosindic alista con el
que se identificaban, era ut ópico y de
dudosa vi abilidad, no descubriendo
forma de armonizar el sentido
violento de la lucha con el
significado sublime del ideal
anarquista.
Sabiendo la estrecha a mistad
que entablan, hemos de suponer que
recorrerían ámbitos muy sim ilares,
cuando no los mismos, e n aque lla
Barcelona que entraba en la d écada
de los 30. Aced cu enta que por
aquella época arrancaron sus
primeras tertulias que llevaban a cabo
en sitios como La maison dorée y El
oro del Rhin , y que acabaron
recurriendo a l ugares más asequibles para ellos como los bares y tasc as del Barrio
Chino, lugares toscos y cochambrosos pero no ex entos de fascinante atractivo. En la
calle Canuda, pegado al Ateneo de Barcelona, se abrió un bar p rimorosam ente decorado
que se denominó Oasis , y s e convirtió en lu ga r habitu al de tertulia. Ocurría esto por los
años 1928 y 1929
241
. Fue por aquel entonces cuando empezaron a ent rar en las
corrientes mode rnas del progre so, no s olo en lo artísti co, sino también en lo polí tico. En
esas fechas, Blasco em pezó sus e xperiencias con el surrea lismo, saltando a las
vanguardias de los 30:
241
ACED, José, op. cit ., pp. 57-58.
Blasco de “ torero”, fotog rafiado en Barcel ona hacia 1926-1 928. AJCB.
125
“No sabí amos nada del 27 porque éramos demasiado jóvenes, en
nuestras tertulias del café Oasis nos sentíamo s más avanzados en n uestra
protesta en general”
242
.
En ocasiones, el profeso r Aleman y era dado a s alir a pint ar paisaje n atural y
algunos alumnos los domingos hacían grupo y madrugaban para co ger el tren o el
tranvía con sus cajas y bártulos de pi ntar. La n oche del sábado al dom ingo dormían
poco, y a que les gustaba salir a cor rer l a juerga al Paralelo, por s us Cabarets y M usic-
Halls, y “ solíamos aca bar tomando un café en e l bar d el Hotel Oriente donde
contemplábamos las pinturas murales del Miguel Utrillo y hacíamos crítica”
243
.
En esas fechas, haci a 1930
244
, Blasco ingresa como socio en el Centro Obrer o
Aragonés, posiblemente de la mano de J osé Aced, destacada i nstitución de la
emigración obr era ara gonesa. A e lla estuvo li gada hasta su desaparició n durante l a
Guerra Civil. L legó a t ener un papel destacado en la coordinación del S alón de Artistas
Aragoneses de 1935 y colaboró en las portadas de su boletín ini ciada la guerra. Su
vínculo con Aragón está pues presente en todo el periodo republicano. Eleuterio Blasco
fue person aje desta cado del centro, como l o atestiguan l os elogiosos tex tos hacia su
figura, que ocupan un lugar especial frente a cualq uier otro artista.
2.4.1.-EL CENTRO OBRERO ARAGONÉS DE BARCELONA
Ha y que recordar qu e l a comunidad ara gonesa e n C ataluña, fundamentalmente
en Barcelona, es, tras la valenciana, la más im portante en cuanto a núme ro a lo largo del
primer tercio del si glo XX, en un a atracción que se había inici ado el si glo anterior con
motivo de la cad a vez ma yor i ndustrializació n que h abía supu esto l a marcha de
numerosos ar agoneses. Es precisamente en la década de los 20, f echas en q ue Blasco
242
ACED, J osé, “Eleuterio Blasco Ferrer. M emoria”, D´ Ambasaguas , nº 34, diciembre
de 1994-enero-febrero de 1995, p. 7.
243
ACED, José, op. cit ., p.58.
244
En una nota del BCOAB , de septiembre de 1930 , y a se habla de Blasco c omo socio.
Véase “Notas de Sociedad. Ex posición de Arte pictórico”, Boletín del C entro Obrero
Aragonés , Barcelona, nº 84, septiembre de 1930, p. 9. El actual Centro Aragonés de la
Ciudad Condal no conserva la documentación de l os socios de ese periodo.
126
marcha a Barcelona, el m omento del may or aumento cuantitativo de emigrantes
aragoneses, pasando de alrededor de 70.000 en 1929, a 120.000 en 1930
245
.
Tal número de personas en tierras b arcelonesas supuso la articula ción de
distintas asociaciones, si bi en tan solo una pequeña parte de esta emi gración estuvo
asociada a las mismas. Barce lona era una ciudad vista como cosmopolita, con
importantes iniciativas culturales, numerosos ateneos, etc., pero t ambién importantes
conflictos sociales: desde la Semana Trágica de Barcelona de 1909, lo s sucesos de
1917, el pisto lerismo patronal, o el ter rorismo sindical; hasta la r evolución de 1934, con
su importante componente nacionalista. Además de un movimiento obrero cada vez en
mayor apogeo dominado por la CNT.
Ya s ea en una forma u otra, muchos fueron los que di eron salida a sus
inquietudes, y en el caso que nos ocupa tanto en lo artístico como en lo ideol ógico.
En este contex to, en 19 14 se constit uye el Centro Obrero Aragonés, con el
objeto de reunir a elementos populares de l a emigración arag onesa, y con i niciativas de
tipo social (cooperativas, fondos de pensiones, etc .)
246
.
En octubre de 1923 se empieza a editar su Boletín, pero s u talante cambia a raíz
de la proclamación de la República, acentuando su carácter obrero, m ás popular y
social, a pesar de declara r su apoliticismo. Así lo atestiguan las conferencias dadas entre
1931 y 1932 por Ángel Pestaña, Joaquín Maurín o Án gel Samblancat
247
. P ero también
se trasluce de los propio s comentarios artísti cos. Es el caso de Six to cuando reflexiona
sobre el papel del artista al hablar del propio Eleuterio Blasco:
“La sociedad burgu esa, en e vidente decad encia, arrastra tras de sí los
valores c readores y ma ntenedores hasta hoy en sus formas de convivencia.
Fenece una época c aracterizada p or el individualismo en t odas las
manifestaciones, para dejar pas o al naciente colectivismo (…)”
248
. .
245
SERRANO, L ACARR A, Carlos, “Dicen que hay tierras al Este: aragonesismo e n
Barcelona (1909-1939)”, Rolde , nº 81, 1997, p. 4.
246
En enero de 1909 se había fundado e l Centro Ara goné s, apolítico y con fin es
culturales, más dedicado a la benefi cencia y donde predominaban mie mbros de la
burguesía, con sede en la más tarde llamada calle Costa 68.
247
SERRANO L ACARRA, C arlos, op. cit ., 1997, p. 11.
248
S IXTO, “Hombres nuestros. Eleuterio Blas co, artist a mult icolor”, BCOA B , nº 151,
junio de 1936, p. 11.
127
El papel del Centro Obrero crece en los años treinta, así por ejemp lo, en
noviembre de 1933 participa en la Conferencia Económica de Aragón.
En mayo de 1934, tiene un pap el muy activo al hospedar a los hijos de los
huelguistas de Zaragoza, en un a huelga de treinta días que paraliz ó la ciudad del Ebro.
Se organizó una su scripció n de apo y o, en la que colabora el propio Blasco Ferrer con la
suma de dos pesetas, y que recaudó un total de 2561 pesetas
249
.
El acontecimiento de la entrada d e los niños en la sede social del Centro Obrero
pasadas las dos de la madrugada, recibidos por una multi tud d e socios, fue narrado así
por uno de sus miembros, J oaquín Corella:
“ Si alguna vez se ha honrado el Centro Obr ero Aragonés con la visita de
alguna personalidad o alguna embajada, nun ca como esta debemos e star
satisfechos de recibir y cobijar bajo nuestro techo a los hijos de nuestros
hermanos, l os huelguistas de Zaragoza. ( …) Un nudo en l a ga rganta privaba de
articular pal abra; sólo los ojos , incapaces de contener las lág rimas,
traicionaban al hombre más entero. Nadie habl aba, pero todo el mundo s e
entendía. (…) ”
250
.
De esta sus cripción pop ular, mil pesetas fueron donadas a la Asociaci ón de
Trabajadores de Banca Z aragozana como iniciadora de una s erie de cinco comedores
para la asistencia de los niños de los huelguistas en la propia Zaragoza; comedores
instalados en los propios locales de la Asociación, en calle San Félix G., y los otros en
los barrios de San Jos é, Delicias, Pl aza del Pueblo y Teatro Principal. Una huelga
general en Zaragoza q ue “ suscitó la admiración de toda la clase obrera qu e la
sostuvo ”
251
.
Uno de los ma yores acontecimientos sociales, lo s upuso la inauguració n del
Salón de Artistas Aragoneses en 1935, en el que nos detendremos más adelante y en el
249
En el BCOAB , nº 130, julio 1934 se recoge un amplio l istado de todas la s
aportaciones económicas dadas para la causa.
250
CORE LL A, Joaquín, “Huéspedes de honor”, BC OAB , nº 129, junio de 1934, p. 1.
251
En artículo de agradeci miento al C entro O brero del P residente de la Asoc iación d e
Trabajadores de Banca de Zaragoza: D IE STE, C., “Los comedores pa ra niños en la
última huelga general de Zaragoza”, BCOAB , nº 1 33, octubre de 1934, p. 14.
128
que Eleuterio Blasco jugó, junto a J osé Aced, un papel mu y activo en su organización.
Ese mismo año 1935, la institución ve un aumento de socios pasando de 30 00 a 3500
252
.
Con el estalli do de la Guerra Civil, el Centro Obrero queda mu y vincul ado a la
causa republican a y a lo s ideale s anarquistas
253
, bajo l a dirección de Emili o Nava rro,
que llega a organizar un acto de confraternización catalano-aragonesa con la presencia
de Companys, President e de la Generalitat, y Ascaso como Presidente del Consejo de
Aragón
254
.
Durante todo este periodo, el centro se hi zo eco desi gual de disti ntas
exposiciones de autor es aragoneses y los éx itos cosechados por estos. El arte no ocupa
secciones fijas, y l a referencia a uno u ot ro autor parece d epender de criterios arbitrarios
cuando no de simpatías o admiración hacia ellos p or sus redactores. Así, po r sus páginas
aparecen comentarios a la obra d e Honorio García Condo y , R amón Acín ( en relación a
su exposición en las galerías Dalm au en 1929 y el z aragozano Rincón de Go y a en
1930), Pascual Edo, Re gino Borobio, Felipe C oscolla, el bilbilitano P ablo Remacha
(elogiado por la obten ción de la S egunda medalla en l a sección de artes d ecorativas de
la Exposición Nacional de Bellas Artes y más tarde del Diploma de Honor en la
Exposición I nternacional de L ieja), la también bil bilitana y queridís ima C armen Osés o
Martín Durbán. Por encima de todos, dos artista s destacaron en el t ratamiento de sus
páginas: Vicente R incón y Eleut erio Blasco, má s el segundo que el primero, ambos
socios ac tivos del Centro Obre ro. Así por ejemp lo, la figura de Bla sco llega a a brir el
número de junio de 19 35, espacio reservado para el tema editorial o cuestiones de
especial relevancia
255
.
En febrero d e 1936 se p ublican las ba ses para un Concurso de portadas par a e l
Boletín del Centro Obrero Aragonés, a la que podía concurrir todo artis ta, fuera o no
252
SERRANO L ACARRA, C arlos, op. cit ., 1997, p. 12.
253
La calle Ba ja de San Ped ro, sede del Centro Ob rero, pasa a l lamarse Ram ón Acín, e l
artista anarquist a oscens e fusil ado en julio del 36, como lo sería tambi én su espos a
Conchita Monrás.
254
SERRANO L ACARRA, C arlos, op. cit ., 1997, p. 13.
255
En el caso de Eleute rio Blasco, además de al guna otra referencia con motivo de
alguna exposición, destacan t res artículos, pero e xcepcionalmente amplios tratándose de
un artista y su obra en c omparación al tratamiento de los demás autores, con excepción
de Rincón. Son ACED, José, “S obre l a obra d e Eleuterio Bl asco”, BCOAB , nº 92, m a y o
de 1931, pp. 19-20; “F igu ra aragonesa. El euterio Blasc o Ferrer”, BCOAB, nº 141, junio
de 1935, p. 1-2, artículo este que abre este númer o del boletín; y S IXTO, op. cit ., 1936 ,
pp. 11-12.
129
aragonés, si n premio en metálico. Era deseo del centro que los artistas ayudaran con
“ese pequeño esfuerzo p ara mejor perfeccionar una misión cultural propuesta y educar
en los gus tos estéticos a todos, con la variedad”
256
. No sabemos las obras presentadas,
pero con el i nicio de la guerra esta cambia. L a actividad de Blasco en es as fecha s y su
vínculo con el centro, d onde era pe rsonaje v alor ado y qu erido como a rtista, nos hac e
pensar en su pa rticipación. Esta iniciativa no que da finalmente pl asmada en una nu eva
portada, posiblemente por el comienzo del conflicto.
Desde el inicio de la guerra, lo artístico en el cont enido del Boletín deja de tener
importancia en sus pági nas interiores, no así en su portada. Ef ectivamente destaca el
cambio de la mism a, apareciendo en la portada d e seis de sus núm eros, no consecutivos,
obras alusivas al conflic to: una escultura de C uairán, dos lienz os de A. C osta y tr es
dibujos de Eleuterio Blas co Ferrer, que analizare mos al abordar el periodo de la Guerra
Civil.
Destacar únicamente, el sentido ho menaje que se le dedica al a dmirado R amón
Acín en el número de o ctubre de 1936, tr es meses después de su vil asesi nato a manos
de los fascistas en Huesc a. Un hombre q ue “ era… permitid que lo diga en la frase del
perjuro de Unamuno- era « nada menos que todo un hombre » ”
257
.
Blasco Ferrer es uno de l os numerosos socios del centro que p artirán al f rente de
Aragón pero lo har á tardí amente, no antes de 193 8. Unos cuatrocientos l o h abrán hecho
en enero de 1937. Cien lo harán en un primer momento esg rimiendo con ellos el rojo
estandarte de l a instit ución. En estos momentos se ac recienta la iniciativ a social d el
Centro, aunque se reconoce la tardanza al no saber colocarse “ a la verdadera altura
espiritual que en aquellos momentos atra vesaba Aragón ”
258
: se abren comedores para
los n ecesitados, se acumu lan donativos de dinero y en esp ecie, y se organiz an actos p ara
conseguir fondos de a yuda para atender a los arag oneses caídos en la lucha y a sus
familiares: “ Ningún aragonés con al ma podría permanecer indiferente ”
259
. El Centro se
vuelca en el apo y o de su s socios ar agoneses, en esa ma gna empresa que e ra la defensa
frente al oprobio fascista, espe cialmente en Aragón. Se crea así un co mité de a yuda
256
“Concurso de portad as para nuestro Boletín”, BCOAB , nº 147, febrero de 1936, p.
18.
257
MACÉN, “Ramón Acín”, BCOAB , nº 154, octub re de 1954, pp. 2-3.
258
GUILERA, Ángel, “Nuestra posición”, BCOAB , nº 158, m arzo de 1937, p. 4.
259
“A la colonia aragone sa”, BCOAB , nº 156, enero 1937, p. 2. Recoge el t exto leíd o
por Tomás Mo reno en el mit in del Teatro Noveda des, en novi embre de 1936,
representando al Centro Obrero Aragonés, haciendo un llamamiento a la causa.
130
antifascista, se colabor a en el Consejo Re gional de Def ensa d e Ara gón, y se desarroll a
una iniciativa para agrupar a las div ersas entid ades ara gonesas de Barcelona y su
entorno para tener más fuerza de acción, hecho que no fue posible al d iscrepar y no
poder concretar posi ciones definidas, y que ge neró amarga desilusión en el Centro.
Además, se estable ció u na cuota nueva por socio de 1,50 pesetas mensu ales para la
ayuda antifascista, desti nada a cubrir las n ecesidades de los socios invo lucrados en la
guerra
260
.
El Centro r ealiza una verdadera de claración de intenciones en dos ex tensos
artículos firmados por Ángel Guilera, con la retórica idealist a propia del momento.
Manifestaba así la clara pos ición del Centro, rompiendo los moldes para los que fue
crea do, esto es, el apo yo m utuo y el estímulo regional si n di stinción alguna . Guilera,
esgrimiendo el espíritu liberal de la entidad, y el sentido obrero de la m isma, se
encuadra junto a aquellos “ que luchan heroi ca y gallar damente por liber arse del yugo
opresor ”
261
. Así se m anifestaba el aporte d e hombr es, socios del centro, a la vanguardia,
dispuestos a luchar “ por el más supremo de los ideales ”
262
, y la colaboración en la
retaguardia “ con el subli me entusiasmo que requiere el esfuerzo heroico de los que
mueren por desterrar u na sociedad caduca en provecho de otr a más equitati va y
humana ”
263
.
Se pierde el rastro del C entro Obrero Aragonés en el verano de 1937. Este q uedó
reconstituido tras la guerra bajo el nom bre de Ca sa de Aragón, en l a calle Canuda. Por
su parte, el Centro Aragonés de Ba rcelona recup erará su nombre, y en 19 98 s e produjo
la fusión entre la C asa de Aragón (antiguo C entro Obrero Aragonés) y el Centro
Aragonés de Barcelona: ambos llevaron vidas paralelas, se mez claron en much as
ocasiones, y al final se produjo l a anhelada uni ón
264
. En 1988, el Centro organizará un a
exposición de Eleuterio Blasco, su última exposición indi vidual y toda una despedida.
260
GUILERA, Ángel, op. cit ., marzo de 1937, p. 4-6.
261
GUILERA, Ángel, “Nuestra posición”, BCOAB , febrero de 1937, nº 157, p . 4.
262
Ibidem.
263
Ibidem.
264
CAS TRO,
Antón,
Cien años del Centro Aragonés de Barcelona , C entro Ara gonés de
Barcelona y Departamento de Vicepresidencia del Gobierno de Aragón, Zaragoza,
2009, p. 42.
131
2.4.2.-LAS PRMERAS EXPOSICIONES Y LA CRÍTI CA
En 1930, Blasco toma parte por primera v ez en un a ex posición colectiva.
Expusieron del 13 al 27 de septiembre en l a Sala Parés, el popul ar c entro de
exposiciones de la calle Petrix al nº5 “ aventajados alumnos de la famosa academia
Alemany ”
265
, vers ando l a muestra úni camente de pintura. Fi guraron: J osé Artigas,
Eleuterio Blasco, Manue l Barceló, Ramón Boltaña, Rosendo Cambra, Antonio Cerdán,
Amparo Canós, Francisco Frijola, Jos é M ª Giménez, Juan Garc ía, María J .
FA
Junqu é ,
Vicente L era, L uis Me s tre, Ángela Pacheco, J uan P érez, B aldomero P rat, Ezequiel
Rambla, Juan Roé, Ricardo Romero de T ejada, Ventur a ( Buenaventura) T repat y
Vifredo Vi lardebó. Un total de 21 autores con 7 0 obras ex puestas, apareciendo en s u
catálogo fund amentalmente estudios, notas, al gún desnudo, bode gones y un p ar d e
esculturas
266
. Eleuterio Blasco ex puso cuatro lienzos: Masías del Diablo (CP14) , La
Vega, Verdes y Amapolas y Castelldefels
267
.
Dicha exposición, obtuvo gran éxito, apreciándose en estas obras:
“(…) un t emperamento natural ista, exento de convencionalismos;
además se ve i nmediatamente, que no influyen en este joven art ist a los
modismos importados, limitándose a llevar al lienzo algo original, fruto de su
carácter, virgen aún”
268
.
El zaragozano Ind ependencia
269
, “Diario gráfico de la noche” d e corta duraci ón
(20 de junio a 12 de di ciembre de 1930 ), con mot ivo de esta exposición, reprodujo una
obra d e Blasco, Milagr o de Miguel P ellicer por l a Virg en del Pila r (CP 9), una copia
realizada del original al fresco existente sobre la bóveda del Altar Ma yor del Templo del
Pilar de la Virgen de C alanda, se gún el p ropio Blasco cuando contaba con 17 ó 18 años,
265
“Notas de Sociedad. Exposición de Arte pictórico”, BCOAB , nº 84, Barcelona,
septiembre de 1930, p. 9.
266
Catálog o Exposición. Alumnos de la Academia Alemany . S ala Parés, del 13 al 27 de
septiembre de 1930.
267
BCOAB, septiembre de 1930, op. cit ., p. 9.
268
“De Arte. La ex posición de E. Blasco” , BCOAB , nº 87, Barcelona, octubr e de 1930,
p. 7.
269
“Centro Obrero Aragonés, de Barcelona”, Indep endencia , Zaragoza, 4 de septiembre
de 1930, p. 1.
132
esto es, h acia 19 25
270
, aunque en una fotografía s e puede apreciar la f echa en el propio
lienzo, 1930, un ejemplo más de los muchos que nos encontramos de sus imprecisiones
cronológicas. Repr esenta el momento en que Miguel P ellicer, entre las 10 y las 11 de la
noche del 29 de marzo de 1640, rec uperó l a pierna derecha, la cual le había sido
amputada cuatro d edos por debajo de la rodill a en 163 7. De hecho, la iglesia está
construida sobre el lugar donde ocurrió dicho acontecimiento, contando con un amplio
progama iconográfico s obre el tema. Apareció también reproducida en el Bol etín del
Centro Obrero Aragonés de Barcelona
271
y en El Noticiero
272
.
Blasco r ealizó disti ntas obras religiosas entre 1928 y 1930, ya inicia do su
aprendizaje en la Escu ela de Bellas Artes y la s academias privadas. A demás de la
anterior, de la qu e t an solo t enemos su reproducci ón en blanco y n egro, h emos dado con
un lienzo de grandes dimensiones con el tema de La huida a Egipto (CP 11), fechado en
1928, y un a Santa Rit a (CP10) deposit ada recientemente en el Museo de Molinos. N o
son obras que demuestren todavía u n buen dominio de la técnica pictórica . Los rostros
de la Virgen, San José, el niño y el ángel resultan acartonados en La huida a Egipto , de
pobres técnicamente hab lando, como ocur re con el paisaje. Llama la atención el color
utiliz ado, de tonos apastela dos, predominantem ente a zules y r osas. Mejo r resuelto está
la santa, con las rosas habituales de su iconografía.
De la exposición g ustaron especialmente Las masías del diablo (Foz-Calanda) y
Vegas de Alcorisa . A la inauguración de la mis ma acudió la Comisió n del C entro
Obrero Aragonés, recibiendo tanto Blasco como el profesor Aleman y numerosas
felicitaciones
273
.
Dicha muestra es testim onio de los temas por los que se decanta en este p eriodo
formativo, hasta 1931 -1932: hombres y m ujeres de la tierra, ataviadas con los trajes
típicos o populares, paisajes, bodegones, al gún r incón urba no, y v istas de lo calidades
turolenses de l entorno de Foz-Calanda y B arcelona. Recordemos que los miembros de
la Aleman y solían viajar fuera d e Barcelona para pi ntar. Hemos de enmarcarlas todas
ellas c omo ejerc icios de la Academia qu e le sirven como línea arg umental de sus
270
Así lo dej a manuscrito en un recorte del BCO AB, nº 87, octubre de 19 30. “Este
cuadro es una pintura al fresco y la copié a los 17 o 18 años”.
271
BCOAB , octubre de 1930, op. cit., p. 6.
272
“Un notable pintor ara gonés en Barcelona”, El Noticiero , Zaragoza, 3 de octubre d e
1930, p. 3.
273
BCOAB, octubre de 1930, op. cit., p. 7.
133
primeros lienzos. En el los, Blasco t rabaja la p intura de manera conv encional, t endiendo
hacia la libertad en la pincelada, p ero en todo caso enmarcado en cierto espírit u
regionalista tardío, aleja do del tratamiento más moderno de autores como Marín
Bagües, Gárate, Gazo o el p ropio R amón Acín, que en l os años veinte ll evará n l a
llamada pintura regionalista en Aragón hacia conceptos más renovadores
274
.
Por fin, en 1931 l lega la primera expos ición individual de Blasco Ferrer, de
nuevo en la históric a S ala Parés
275
de B arcelona, d el 4 al 17 de abril. Se t rataba d e un a
colección int egrada por 1 2 di bujos y 10 pinturas, ent re las qu e s e encontraban los cu atro
lienzos ex puestos el año a nterior
276
.
Por all í desfilaron un buen número de personajes influ y entes y entendidos que
destacaron una muestra que supuso su presentació n ante público y c rítica.
La prensa barcelon esa y catalana le d edicó unán imes elogios. Se d ecía en Las
Noticias :
“ Es Eleuterio Blasco un pi ntor de envergadura moderna, motivo por el
cual gust a de la simplicidad en la resolución de sus lienzos e interpreta el
colorido con cierta ar bitrariedad muy de nuestros días, acusando en cie rtas
ocasiones del abocetado, conforme sucede con Gitana, pintura que prod uciría el
mejor efecto de haber s ido modelada con alg ún cariño, l o cual, aunque en
menor escala, se adviert e tambi én en los pa isajes Montseny Ne vat y El Pont ,
enfocados con una bu ena visión del natural. L os dibujos son otros tantos
apuntes de figuras al carbón tomado al vuelo, con una apreciable tendencia a
darles carácter median te una factura que tiende a ser personal p or la
nerviosidad del trazo”
277
.
274
Véase a este respecto LOMBA SERRANO, Concepción, “Pintura regionalist a en
Aragón: 1900-1930”, Arti grama , nº 12, Departamento de Hist oria del Arte, Universidad
de Zaragoza, 1996-1997, pp. 503-518.
275
Iniciada por Joan Baptis ta Parés en 1840 como ti enda d e artículos para Bellas Artes ,
fue convirtiéndose en sala de expos iciones, y en 1877 ya fue inaugurada formalmente
como tal, actividad que sigue desarrollando en la actualidad. Véase sobre l a historia de
la misma: MARAGA LL , J oan A., Història de la Sala Parés , Selecta, Barcelona 1975.
276
Catálogo Eleuterio Blasco Ferrer. Exposició de Pint ures i Dibuixos , Sala Parés, de l
4 al 17 de abril de 1931.
277
Las Noti cias , Bar celona, 1931. Doc. 1301. AMM.
140
clasificació. Hi han entre les qui are presenta, te les que l´fan digne de la major
confiança ”
292
.
Dice Blasco: “Mis obras resultaron un poco diabólicas. La mayor parte de estos
visitantes estaban acostumbrados al art e fácil, sin cue rpo ni alma”
293
.
De nuevo José Aced se erigía en valedor crítico:
“Es un pintor libre de atavismos, que evoluciona con una si ncerísima
resolución sin influencias, ni sectarismos… La pintura de Blasco ofrec e el
aroma de la tierra. Un paisaje que copia l as breñas de Molinos y de Foz-
Calanda, este humil de pueblecito que fue su cuna, refleja la valía y el m érito de
este artista”
294
.
Al respecto de esta exposición, el Diario de Barcelona comentaba:
“ (...) Eleuterio Blasco j uega con el color como un malabarista con el
fuego. Diríase que a cada momento se va a quemar los dedos, que salva el
peligro con una serenidad que llega al aplomo; pronto, sin embargo, s e dará
cuenta el pintor que el art e no es sólo un juego y apagará sus ímpetus
sazonando más su s mala barismos o abandon ándolos hasta llegar al « fair play » ,
donde no tendrá necesid ad de escamotearnos na da. Entonce s ve remos que hay
en él un p intor –como ya lo insinú a en los bodegone s, donde s e le si ente ya
preocupado por la calidad pictórica de las cosas, cosa que no aparece en sus
grandes pinturas de paisajes que sólo podemos aceptar como ensayos y como
« re cherches » de un espíritu que se busca y perfecciona”
295
.
Mejor parado salió de la crítica publicada en Las Noticias :
292
P resentación de José Mar ía de Sucre en el Catálogo de la Exposició de pintures i
dibuxos en las Galeries Laietanes , marzo de 1932. El texto aparec e reproducido en el
diario El Matí , Barcelona, 1932. Doc. 1311. AMM.
293
Hierro candente , p. 40.
294
Reproducido en “Notas de A rte”, Heraldo d e Aragón , Zaragoza, 18 d e m arzo de
1932, p. 5. El text o viene acompañado del lienzo Foz-Calanda.
295
Diario de Barcelona, Barcelona, 1932. Doc. 1309 . AMM .
141
“Eleuterio Blasco, joven impetuoso, indiscipl inado por su habitud de
obrar por cuenta propia, es, no obst ante, un pintor de al ma baturra, que puede
llegar a producir obras personales de marcado i nterés. No rezan para él los
cánones consagrados, ni las sendas marcadas por tantos célebres pint ores a
través de los siglos; movi do por un impulso eterno que le obliga, d esdeñando las
enseñanzas de la técnica, p inta resueltamente, libremente, resultando un
impresionista por derecho propio, sin « porti s pris » alguno, y pre cisamente en
esa in dependencia exent a de toda pose y apartada de toda esc uela, estriba el
principal de estas figuras ingenuas y espontáneas que descubren en él un
espíritu de pintor que le falta ejercicio y pulimento solamente”
296
.
Boriel, en L´Esquella de la T orratxa , indicaba que:
“Si no fos per l´ exce ssiva duressa, que els perjudica, els pai satges de E.
Blasco resultarien força simpàtics, cai són tract ats amb fermesa, i l´ autor té
condicions de comprensió que podem fer d´ell un bon artist a”
297
.
También ex pondrá ese 1 932 en el Palais Natio nal de Barcelona, se gún se da
cuenta en un di ccionario francés de 1949
298
. No sabemos en qué muestra, pero no
aparece en el catálogo de la Expo sición de Primave ra de ese año allí celebr ada.
Eleuterio expuso en vari as ocasiones en di versos Ateneos cultur ales. En 1933,
invitado por l as autoridades turolenses, c elebró durante ocho días una ex posición en el
salón de fiestas del Círculo Turolense
299
, inaug urada el 23 de marzo a l as siete de la
296
Las Noti cias , Bar celona, 1932. Doc. 1312. AMM.
297
BOR IEL, “Art i Artiste s. Galeries Laietanes”, L´Esquell a de la Torratxa , nº 2749,
Barcelona, 11 de marzo de 1932.
298
FRANCHART, Jean, op. cit., 1948, p. 129.
299
Recordemos que El Círculo Turolens e, oficialmente Sociedad Círculo de Recreo
Turolense y popularmente Casino Turolense, fue l a agrupación cultural más antigua de
la provincia, ini ciando su actividad e l 9 de enero de 1856 e i ncluye ndo d esde 1870 un
programa cultural que in cluía conciertos, confere ncias, debates y expos iciones. En 1903
acordaron la compra d e la casona de l os Sánch ez-Muñoz de la Plaza de San Juan –
entonces Cautelar– , do nde elevarían l a nueva s ede social (arquitecto A. Rubio) y al
lado, Pablo Monguió levantó el que sería el mejor teatro (1918), el teat ro Marín (en
homenaje al tenor Andrés Marín), luego tam bién, y hasta ahora, cine. Véase
HERNÁNDEZ SALVADOR, Carlos, 150 años del Casino Turolense , Teruel 1998.
142
tarde
300
. P resentó pinturas y dibujos, al menos est os últi mos dentro de la poética
surrealista. El mot ivo d e esta ex posición era “ darse a conocer ante s us p aisanos y
ofrecer sus magníficos cuadros a qui enes deseen adquiri rlos ”
301
. L a colección allí
presentada, completaba de alguna forma, l a que en pocas seman as antes realizó para
obreros en el Ateneo Libertario “Faros” de Barcelona
302
.
Es esca sa l a información que
existe sobre este Ateneo. Fue creado
hacia finales del 1931 o principios
del 32, cuando primero en un
pequeño piso d e l a calle San Gil de
Barcelona se reunían viejos
militantes anarquistas que
esbozaron la idea p ara un aten eo
libertario. La intención no era
crearlo como un l ugar concreto y físico, ya que aparecieron varias Agrupaciones Faros
por el resto de Catalunya, sino como el concepto que se tiene del Far o que nos guía en
la oscuridad de l a noche. Su orientación, según Manuel Aínsa, no era ex clusivista ni
dogmática, en el sentido de profundizar no solamente en la cultura sino en todos los
conceptos a tener en cuenta en la vi da cotidiana y sus tabúes -qu e en aquel entonces no
eran p ocos- y así forma r a los hombres y mujeres desde una concepción m ás libre y
desde luego m ás sensiti va y hum ana, pero por su puesto arg umentando la rea lidad social
y polít ica de su moment o, que vaticinaba la rupt ura de las dos Esp añas
303
. La nueva
sede del Aten eo en l a Av d. Mistral, fue inau gurada el dí a 24 d e septiembre de 1932 con
una conferencia de Federica Montsen y que llevaba por título La crisis del mundo
capitalista y la solución l ibertaria
304
. Dado que esta sede se clausura después del
intento revolucionario del 8 de di ciembre de 1933, con la represión contra el
movimiento anarquista que seguirá a la proclamación del comunismo libertario en
300
Invitación a la Exposición. ARPM.
301
Recorte de prensa. “De Arte. Exposición de Pintura”. Doc. 01319. AMM.
302
L ES, “A rte. Un a ex posición i nteresante” , N ue va Humanidad , año I , nº 1, 10 de
marzo de 1933 (sin numerar).
303
A Í NSA, Manuel, “ Faros. Pinceladas de u n Ateneo Libe rtario”, Enciclop èdic , nº 27 ,
Ateneu Enciclopèdic Popular de Barcelona, 2002.
304
Solidaridad obrera, 24 de septiembre de 1932.
Invitación a la inauguración de la exposición de Blasco Fe rrer en e l
Círculo T urole nse el 23 de marzo de 1933. Archivo JCB.
143
distintos pueblos de Espa ña, y que llenará de nuev o las cárceles de milit antes libertarios,
allí hubo de celebrarse la ex posición de Blasco e n 1933
305
.
La ex posición turolense le valió la oferta de una pensión, que finalmente no le
fue concedida por ser consideradas sus obras “ muy avanzadas”
306
.
No obs tante, este he cho debió de s er mu y p rovechoso para Bl asco ya que en s us
memorias dice:
“(…) compr endí que la mayor pa rte de las v eces las bolsas oficiales se
las dan a los artistas cuy a s obras no ha cen ver más allá de la par ed que t ienen
en frente y que la política juega un gran rol. Y o, como de político no tengo nada,
ni concibo que el art ista si rva de band erola ni para unos ni otros, no podía
hacerme la ilusión de que se iban a acordar de f avorecer a un arti sta que sólo
hacía arte por el arte”
307
.
Blasco, que manifestaba no someterse a ninguna disciplina o condicionamiento
artístico, que defendí a el “a rte por el ar te”, el hu manismo, la pureza y libertad d e su
obra, no podía convertirs e en un artista d e guardarropía que cediera ante l os imperativos
de las “burguesas” instituciones artísticas.
Un recorte de prens a, sin fechar, de haci a 1933, s eñala q ue también ex puso en el
Ateneo Popul ar de Gra cia. Se trataba de un a “ interesante ex posició n de dibujos
superrealistas y pinturas del artista obrero Eleuterio Blasco ”, inaugurado s in
cere monial d e ninguna clase un domingo por la m añana
308
.
En 1934 volvió a ex poner en las Galerías Lay etanas, en el nº 613 de las Corts
Catalanes, del 17 al 30 de m arzo, most rando por prim era vez e scult uras: hasta 50
dibujos carica turescos, 5 escultura s y un a natur aleza muerta. El t exto de la invitación lo
realizó de nu evo J osé María de S ucre , d estacando “ (…) llur int encionada escom èsa,
305
No obstante pasó por var ios locales durante su exi stenc ia: San Gil, Avd. Mistral, L a
Guardia, Riereta, Ronda R icardo Mella, (Ronda Sant Pablo), y Nou de la Rambla.
Eduardo Pons dice que tenía su sede en la Call e Joaquín C osta, en el dis trito quinto, a
dos pasos de un reputado gimnasio, el Club Gimnástico Barcelonés: PONS PR ADES,
Eduardo, “Escuelas racion alistas y ateneos culturales l ibertarios”, en V V. AA., S eixanta
Anys Després. L´Exili Cult ural de 1939 , Actas I Con greso Internacional, Tomo 2,
Universitat de València, 2001, pp. 157-159.
306
MONTSANT DEL PRIORAT, R amón, op. cit ., nº 47, 1988, p. 41.
307
Hierro Candente , pp. 41-42.
308
“Ateneo Popular de Gracia”, Las Noti cias , Barcelona. Doc. 1320. AMM.
144
típicament ibèrica, expr esiva dún impensat par entiu biològi c quan menys, amb Pau
Gargallo i Ramón Acín”
309
.
Sobre la sala dedicada a los di bujos, el periódico La Noche comenta:
“A pr imera vista parecen e xtrañas, e in cluso « asustan » , pero que
enseguida at raen por su arte, por su
manifiesta intención y porque se echa
de ver al momento lo que quieren
decir y r ealmente di cen. Podría
decirse que son di bujos « salvajement e
artísticos » d escubiertos en alguna
excavación arqueológica y hechos en
los tiempos primeros de Iberia. Un
verdadero t esoro para l os azulejos del
arrimadero de cualquier comedor de
rica « casa pairal » catalana. Tienen,
aparte de un valor artíst ico, otro en
cierto modo anecdótico y l a emoción
de la rémora anti güed ad. Añadi d a
eso una mano f irme y s egura, una gran
sobriedad de líneas y una intención no
ya de un toro Miura, sino de una corrida completa de miurería pavorosa”
310
.
Más escuetas fueron las reseñas aparecidas en ot ros rotativos como el Diario de
Barcelona : “demuestra ser un fino ironista, un dibujante expresivo y un esc ultor con
posibilidades (…)”
311
; Renovación : “ pensamiento libre, agudeza de i ntención a base de
simplificados dibujos, caricaturas ( ...) gracialidad ( ...)”
312
; o La Publi citat : “ (...)
vigorosa execució, al servei d’ una fantasia una mica barroca i feréstega”
313
.
309
Catálogo Eleuterí Blasco. Exposició de Dibuixos , 17 a 30 de marzo de 1934.
310
La Noche , Barcelona, 1934. Doc. 1314. AMM.
311
ZENÓN, Diario de Barcelona, Barcelona, 1934. Doc. 1315. AMM.
312
“E. Blasco”, Renovación , Barcelona, 1934. Doc. 1316. AMM.
313
La Publicitat , Barcelona, 1934. Doc. 1317. AMM.
Dibujo reproducido en la invitación a la exposición en l as
Gale rías L ayetanas de Barce lona, 1934. CD9 1.
145
De esa ex posición i ndividual en Barcelona, la t ercera se gún Blasco, qu e hace
desaparecer de su curriculu m las realizadas en lo s Ateneos y d emás a grupaciones, salió
muy entusiasmado, y dec idió buscar un local -estudio donde poder trabajar más
cómodamente, hallándol o en el nº 38 de la c alle Joaquín Costa, que tuvo que ser
alquilado a su nombre por J osé Aced por no posee r Blasco cédula personal.
En este taller realizó u na inmensa colección de dibujos y pasteles, repujados en
hierro y es culturas en barro, “ que era lo que más me interesaba ”
314
. Su estudio lo
compartió con otros arti stas, entre ellos Bue naven tura Trepat
315
(el cual acudi ó también
a la Academia Al emany, momento del cual provenía su amistad) y José Clavero, cu yas
vidas se trazarán pa ralelamente hasta el exilio, m omento en que abordaremos su figura.
Los tres acabarán marchando a Francia en la oleada de febrero de 1939, pasando Trep at
por el campo de Septfonds, y Blasco y Clavero por Vernet d´ Ariège.
Ya con taller propio y descollando en la escultura, compró Eleuterio las
herramientas necesarias para el trab ajo ade cuado del hi erro, que er a lo que más le
interesaba, desarrollando una prolífica obra.
314
Hierro candente , p. 41.
315
Buenaventura Trepat S amarra, nació en La Sertiu ( Lérida) en 1907. Hermano del
también pintor Joseph Tre pat Samar ra, se for mó en la Escuela de Be llas Arte s de
Barcelona y en el Centro Artist ic de S ant L luc, estudiando también en la Academia
Aleman y . Expuso s olo en una ocasión, en las Galerías La y etanas. Pra cticó el óleo,
acuarela y temple. Pa rticipó en div ersas revistas antifascistas durante la Guerra Civi l.
Fue llamado por José Aced a la redacción del periódico marxista Vanguardia , editado
durante la guerra, reali zando una profund a transformación del mismo. A l terminar l a
guerra acabó en el campo de concentración de Septfonds, donde se le encargó un Vía
Crucis para la iglesia de esa localidad que realiz ó junto al Ba rcelonés Marti -Aleu. Vi vió
en la propia localidad de Septfonds, trabajando en una fábrica de sombreros, en la C asa
Gaillard, hasta su ingreso en el hospital. Falleció de tuberculosis causada por las
difíciles condiciones de vida, el hacinamiento, y l a esca sa alimentación, en el verano de
1940 en el hospital d e M ontauban (Francia). Fue enter rado por el c ura Desseaux,
párroco de Septfonds, y no en el cementerio es pañol per teneceinte al campo. Véanse
DOMERGUE, Lucienne, “Pi ntores españoles en el campo de Septfonds”, en ALTED,
Alicia y LLUISA, Manu el (dirs.), La cultura del exilio español de 1939 , vol II, U NED,
2003, pp. 41-53 ; AGRAMUNT, Francisco, op. cit ., 2005, p. 710; AC ED, José, op. cit. ,
2007, p. 33.
146
2.4.3.-1935: LOS IDEALISTAS PRÁCTICOS Y EL SALÓN DE ARTISTAS
ARAGONESES
En m ayo de 1935, Blasc o Fe rrer ex pone en
el local que ocupaban lo s jóvenes componentes d e
la Asociación Idealista d e Artistas Prácticos, en la
calle de S anta Ana, u n conjunt o de dibujos,
esculturas y algunos lienzos
316
. La muestra fue
inaugurada el día 2 de ese mes
317
. Blasco debió
formar p arte d e dicha Asociación libertaria, y
posiblemente ex pusiera en m ás ocasiones al guna
obra en muestra s col ectivas. Un año a ntes, en
1934, el dibuj ante y gran amigo de Blasco, David
Santsalvador
318
, le retra tó en la sede de dicha
asociación
319
. También Blasco re galó a
Santsalvador un di bujo surrealista qu e conse rva la
Biblioteca N acional d e Cataluña. Entr e otr as
amistades vinculadas a d icha asociación, s e encont raba el doctor F élix Martí Ibá ñez
320
,
miembro de la CNT, que participó en distint os círculos políticos intelectuales, entre
ellos la citada Asociación de I dealistas Prácticos.
316
“Figura aragonesa. Eleuterio Blasco Ferrer”, BCOAB , nº 141, junio de 1935, p. 1.
317
“Arte y artistas. Exposición Blasco”, La Vanguardi a , 1 de may o de 1935, p. 9.
318
David Santsalvador (Niz a, Francia 1909-Frente del Ebro 193 8), fue di bujante catalá n
asiduo al Cí rculo Artístico de Sant Lluc desde 1939. S e profesionalizó c omo dibujante
desde 1932. Formó parte de la Associació dels Idealistes Pràctics y fue m iembro
fundador d e l’Asso ciació d’artistes independent s, impuls ada por el galerista Dalmau.
Colaboró como ilustrador de prensa en varias pu blicaciones, con un estilo sintético y
preciso, tales como La Humanitat , L´Instat , El Noti ciero Universal , Soli daridad
Obrera , Brisas , Clarisme , N ova Ibèra , La Rambla …). Retrató a nume rosos personajes
catalanes al carboncillo, series no mu y alejadas de ot ras de Ramón Casas o Ferrán
Calicó. La Bibliot eca de Cataluña conserva una p arte importante de sus dibujos. Murió
en el frente d el Ebro en 1938, poniendo fin a su t odavía corta carrera. Véase al respecto
SALA, Lluïsa, David Santsalvador, dibuixant (1909-1938) , Biblioteca de Cataluña,
Barcelona 1997.
319
Seg ún escribe B l asco e n la parte trasera de una fotog rafía de l cuadro realizado por
David Santsalvador. AJCB.
320
Félix Martí Ibáñe z (Cartagena 1911-Nueva York 1972) estudió medicina en
Barcelona y se doctoró en Madrid con una tesis sobre la Psicología y Fisiol ogía místicas
de la India . Tras do ctorarse se instaló co mo médico-psicólogo en Bar celona
Eleuterio Blasco retratado p or Davi d Santsalvador
en el Sal ón de I dealistas Prácticos en 193 4. Grafito y
ceras. 52x44 cm. Firmado y fechado en el án gulo
inferior dere cho. Cole cción JCB.
147
Respecto al S alón de Artistas Ara goneses, su or igen se halla en e se mismo año
1935, con moti vo de haberse realizado una prof unda reforma d el Centro Obrero
Aragonés, sito en la calle Baja de San Pedro nº 55
321
.
Se t rata de uno de los acontec imientos más destacados de la hi storia del C entro
Obrero, al que se le d edicaron num erosas páginas en su Bole tín
322
. La J unta Directiv a
especializándose en psicosexología. A la vez cola boraba en revistas c ientíficas y
literarias y publicaba sus prim eras novelas y obras de Psicología, Medicina y Literatura
(como por ejemplo un ens ay o sobre la psicop atología sex ual de Teresa de Ávila). Su
vocación social le lleva en esta época de anteguerra a or ganizar num erosos cursos y
conferencias sobre P sicosexología, Eugenesia, Hi storia de l a Medicina y Literatura, así
como a colaborar con la Clínica Popular de l a Asociación Social Obrera e n Barcelona.
Sin olvi dar su participación en círc ulos como la Asociación de Idealistas Prácticos y el
11 Club — luego Conversa Club— donde el joven anarquista debate frecuente y
cordialmente con sus compañeros marxistas. Al estallar la Guerra Civil, Martí-Ibáñez,
miembro del sindi cato anarquista C onfederación Nacional del Trab ajo, se volcó en las
actividades bélicas y revol ucionarias. Organiz ó y protagonizó mít ines, escribió en
periódicos y revistas, p romovió el funcionamiento de la Unive rsidad Popular, participó
en la orga nización de la asist encia sanitaria de urgencia . Cuando la CNT s e decidió a
colaborar en los órganos de gobierno republicanos fue desi gnado s ucesivamente
Director General de S alud P ública y Servicios Sociales de la Generalitat, Subs ecre tario
de Sanidad de la República y Director de Educación Sanitaria de Guerra en Cataluña.
Tras representar a Esp aña en los Congresos M undiales de la P az de Gi nebra, Nueva
York y Méx ico, si rvió como comandante médico en la Aviación Republicana siendo
herido en a cción de g uerra. Al derrumbarse el f rente en Cataluña, Martí- Ibáñez pa só a
contarse entre los muchos psicólog os españoles exiliados. Tras una breve estancia en
Francia, viajó a la que s ería s u patria de adop ción, Est ados Unidos, dond e fue avalado
por el Dr. Henr y S igerist —al que había conocido en el Congreso Internacional de
Historia de la Medicina de Madrid de 1935— para obtener el permiso de residencia.
Pronto comenzaría a trabajar en la industria farmacéutica, ocupando imp ortantes cargos
en los departamentos m édicos de los laboratorios Hoffmann-La Roche, Winthrop y
Squibb. En 1 950 Martí-I báñez funda en Nueva York MD Publications Inc., que a lo
larg o de dos d écadas editará nume rosas revistas ( MD , Internatio nal Record of
Medicine. ..) y mono grafías médicas, además de o rganizar congresos y s ymposiums. En
el terreno específicament e psicológico, nuestro autor sería editor internacional del
Journal of Clinical and Experimental Psychopathology . Además de a utor de unos
veinte libros de carácter científico, artísti co y lite rario y de un núm ero incalcula ble de
artículos científicos y periodísticos, Martí-I báñez fue profesor de Historia de l a
Medicina en el N ew Yo rk Medical College entr e 1956 y 1958, renunciando a la cátedra
para concentrarse en sus tareas de editor y escritor. Véase VV.AA., Aspe cts of the L ife
and W ork of F élix Martí -Ibáñez , M.D., J ulio, 19 72, pp. 90-95 y LL AVONA, Rafael y
BANDRÉS, Javier, Psicología y anarquismo en la guerra civil española: la obra de
Félix Martí-Ibáñez , Universidad Complutense:
http://www.alasbarricadas.or g/for ums/viewtopic. php?f=18&t=53660 [con sultado el 28
de noviembre de 2012].
321
Esta tuvo un coste final de unas 24 pesetas por s ocio (Ver BCOAB , nº 15 0, ma y o de
1936, p. 5)
148
del centro, aprobó, reun idos el 6 de juni o de ese año, la propuesta de Ramón Toda,
presidente d e la Comisión de C ultura, cu y o fin era h acer un llam amiento a todos los
artistas ara goneses, en cualquier manifestación a rtística, y organizar una gran m uestra
de arte ar agonés. Di cha reunión fue presidida por L uis Ezp eleta y contó con la
asistencia de Ezquerra, Navarro, Toda, Pue y o, Agustí, Lacoma, Gimeno, S oler, Peralta
y Boni lla que, por unani midad, decidieron dar el vot o de confianza a la C omisión para
llevar a cabo l os trabajos orga nizativos de la muestra, como dejó recogido el secretar io
José Abelló
323
.
Se trataba de salvar lo que el C entro Obrero Aragonés conside raba una d euda
contraída con los artistas ar agoneses, que no se había realizado hasta a hora por la
ausencia de loc ales apropiados para un acontecimiento de estas características
324
. El
único requisito era ser aragonés, al tratarse de una sociedad regional que pretendía poner
en evidencia “l a existen cia del refinamiento int electual y l a orig inalidad del artista
aragonés”
325
. Al fin y al c abo “ aquí se es aragon é s por lo que se es, si n necesidad de
contar cue ntos baturros ni de ponerse pañuelo en l a cabeza. Se es aragonés porque en
la sangre hay todo el impulso de la recia savia ar agonesa. C uando se siente la Jota se
siente dentro, sin hacer alardes de un sentimentalismo que la mayor part e de las veces
es mentira ”
326
.
Se creó pues una Comi sión para s u puesta en marcha, y se le encargó la
organización de la mu estra a Eleute rio Blasco F errer. Este, “ que fue un gran art ista
pero tenía pocas dot es organizativas”
327
, pidi ó permiso a la junta para que J osé Aced le
ayudara. Ambos, Blasco Ferrer y Aced como coordinadores, empezaron a mover
resortes, publicando an uncios en l a prensa barcelonesa y aragonesa; se enviaron
circulares a las inst ituciones, y empezaron a pone rse en contac to con todos l os artistas
que consideraban importantes, entre otros con R amón Acín, y el bode gonista Vicente
322
El catálogo d e la muestr a la denomina Salón d e Artistas Aragoneses , mi entras que el
cartel anunciador Exposición de Artistas Aragoneses . En la prensa se r efieren a ella de
ambas maneras.
323
Acta de la Junta directiva publicada en el BCOAB , nº 142, julio de 1935, p. 7.
324
Ibidem , p. 1.
325
Ibidem.
326
“ La Exposición de Artistas Aragonese s en el Centro Obrero Aragonés”, L a voz de
Aragón , 31 de octubre de 1935, p. 3.
327
ACED, José, op. cit ., 1997, p. 63.
149
Rincón, que tenía gran predicamento en el Centro Obrero Aragonés
328
. Se r emitió, por
ejemplo, una carta al Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza pidiendo:
“(…) no ayuda mate rial, que de harto reconocemos que este
ayuntamiento las tiene dadas con nosotros: solo pedimos el anuncio, por su
parte, de nuestro empeño, ya que quisi éramos q ue cuantos artist as hay en la
provincia participaran en nuestra empresa”
329
.
Aced, valedor literario del evento, definió el p ro y ecto como “una magníf ica
reivindicación de l a espirit ualidad aragonesa”, constatando “los diversos valores de
nuestra tierra en las funciones creativas, en m aravillosas plasmaciones que en todo
tiempo arrai garon con gran personalidad en el r ecio temperamento arago nés, tan tenaz
y tan exigente consigo mismo, lo que muchos conf unden con tozudez exag erada”
330
. Se
recordó, en este se ntido, los ejemplos arag oneses que enaltecieron y e ngrandecieron el
valor “psíquico moral” de las costumbres y de los rasgos ge niales de los eminentes
hombres dados por la tierra aragonesa: l a morda cidad del poeta bilibil itano M arcial; el
refinamiento de “lo árabe”; el románi co s untuoso y ma gnífico pat ente en J aca, Huesc a y
Uncastillo; el fue rte arraigo del “moz árabe” de Teruel y numerosos pueblecitos; el
florecimiento d e la escu ela aragon esa gótic a, etc. Todos ellos son d estacados como
tesoros artísticos que “cohesionan la reciedumbre espiritual q ue f ortalece a las
generaciones post eriores”
331
. El objetivo de la m uestra era, en defi nitiva, el
“renacimiento de la espiritualidad aragonesa, tan abandonada hasta ahora”
332
. As í
deja el autor palabras a la crítica, hablando de inercia hacia el unitarismo, y cómo se ha
caído en la despre ocupación, dejando Aragón sus traer de su territorio al gunos de s us
328
Ibidem , p. 26.
329
Carta publicada en el BCOAB , ene ro 1936, nº 146, p.2. La f echa es pos terior a la
exposición y su publicación s e debe al hecho d e que se estuviera pro clamando dis tintas
ayudas materiales de organismo oficiales (entendemos que referidas al A y untamiento de
Zaragoza). J unto a la not a firmada por la comisión y el Presidente d el cent ro, se public a
dicha c arta para desmentir supuestas peticion es de a y uda económica. El diario
barcelonés La Vanguardia se hi zo también eco de una car ta llegada al alcalde de
Zaragoza pidiendo la cooperación d el mismo. Ver “ Aragón. D e una Ex posición de
artistas aragoneses en Barcelona”, La Vanguardia , 8 de septiembre de 1935, p. 24.
330
ACED, José, “Notas de Arte”, BCOAB , nº 143, a gosto 1935, p.1.
331
Ibidem , p. 2.
332
Ibidem.
252
estables, pero hubieron d e d esistir porque la gente se moría literalmente de frío
572
. Lo s
diversos problemas crea dos por los citados campos de Argelès y Saint C yprien, por sus
inadecuadas instalaciones y el hacin amiento, l levaron a l a creación del d e la pla y a de
Bacarès, en los Pirineos Orientales
573
, en m ejores condiciones, reservado
prioritariamente a los ref ugiados dispuestos a repatriarse
574
. Parale lamente se
inauguraban ot ros camp os en distint os departamentos para d escongestionar el núm ero
de refu giados d e las play as del Rosellón. Est os pretendían un a cierta es pecialización,
según recoge P echanski
575
. L os dos prime ros fueron el de Agde (Hérea ult), para
exiliados catalanes; y Bram (Aude), para los r epublicanos de más edad. Poco después
aparecen el c ampo de Gurs (Béarn), destinado a lo s aviadores, m iembros de las brigadas
internacionales y a los vascos; y el de Judes, en la localidad de Septfonds (Tarn et
Garonne), para ob reros especia listas cualificados
576
. Además de los anteriores, hubo
centros con un régimen especial para aquellos consi derados peligrosos. El más duro de
todos fue el castillo de l siglo XIII de Colliure, cerrado en julio de 1939 tras las
denuncias de la Liga de los Derechos Humanos. Vernet d´Ariège, donde permaneció
Eleuterio Blasco si ete meses, y en el que nos centraremos más tarde, surgió como
campo disciplinario, co mo también lo fue el d e Rieucros (Lozère)
577
. La cifra de
internados más plausible a mediados de febrero de 1939 sería de 275.000 persona s
578
.
Los problemas que habí an exacer bado las rela ciones entre los refu giados españoles y
sus anfitriones franceses en los primeros momentos del éxodo, se desvanec ieron poco
después de abril de 193 9. El clamor por l as repatriaciones masiv as dis minuyó, y los
españoles no tuvieron otr o remedio que aceptar l a vida en los c ampos como alternativa,
si bien desagradabl e, hacia la l ibertad. Ad emás el Gobierno francés se dio cuenta de l a
inmensa reserva de mano de obra con capacidades industriales, agrícolas y m ilitares que
suponían lo s int ernados españoles
579
. Y así, progresivamente, el regreso a España, la
572
BEEVOR, Anthon y , op. cit. , 2005, p. 635.
573
ALTED, Alicia, op. cit. , 2005, p. 73.
574
DREYFUS-ARMAND, Geneviève, op. cit., 2000 , p. 63.
575
PESCHANSK I , Denis, op. cit. , 2002, p. 549.
576
ALTED, Alicia, op. cit. , 2005, p. 73.
577
Ibidem , pp. 73-75.
578
DREYFUS-ARMAND, Geneviève, op. cit. , 2000 , p. 60.
579
STEIN, Louis, op. cit. , 1983, p. 112.
253
marcha a otros países
580
, los contratos privados realizados por agr icult ores y
empresarios, o el uso de l a administración fran cesa d e esta mano de o bra, reducirán
drásticamente l os campos. L a población fue desc endiendo, de forma que a mediados de
junio eran 162.932 pe rsonas. A finales de julio 95.336. En di ciembre no debían de
llegar a 50.000, y un año después no superaban los 5.000, la ma y or part e de ellos en
Argelès
581
.
Los republicanos españoles llegaron a l a conclusi ón, tras la confianza p revia en
que Francia abriría los brazos al derrotado puebl o español, de que los sacrificios que
habían hecho po r la de mocracia en su lucha cont ra el fascismo internacional, eran
brutalmente desatendido s y despreciados. Y exasperante e ra la sensación de que, detrás
del trato recibido, suby ac ía un deseo francés de quebrantar ánimos y alentar la
repatriación. Además, ya el 27 de febrero de 1939, los gobiernos francés y británico
anunciaron conjunt amente el reconocim iento i ncondicional del Gobie rno nacional
español
582
.
580
No podemos dejar de escribir unos apuntes sobre la recepción en América l atina, qu e
responde al dese o del Gobierno francés de que otros países compartieran la c arga
económica que s uponían los refugiados. Las gestiones fueron ne gativas en marzo de
1939 con Brasil, Argentina, Cuba y Canadá, y po sitiva tan s olo de México, Urugua y y
Chile, pero condi cionado a un a sele cción p revia. Así, el México de Lázaro Cárdenas, a
la postre el que más facilidades de acogida di o, establecerá preferencias hacia vascos y
gallegos, a los jóvenes y los solteros, a los cultivadores y a los intelectual es, y además
con medios suficientes durante un p eriodo de tiempo. Esto reducirá l a emigración de
forma considerable, dest acando pues miembros de profesiones liberales y especializadas
del sector terciario, ade más de la emigración políti ca. Así, el SERE, S ervicio de
Evacuación de los Republicanos Españoles, convertido en S ervicio de Emigración con
el gobierno de Ne grín e n marzo de 1939, lle gó a establecer cuot as en función a la
pertenencia ideoló gica, favoreciendo a l os comu nistas. Hasta el punto de que se creó
una estru ctura capaz de c ompetir con el SERE, formada en torno a Indalecio Prieto y al
socialismo moderado: la Junt a de Auxi lio de los Republicanos Españoles, la J ARE,
única ex istente tras la pr ohibición del SERE y de todas las organizaciones comunistas,
disueltas por Gobierno francés tras la firm a del Pacto germano -soviético. En definitiva,
la emigración p ermanente a Méx ico y otros países americanos rondaría los 15.000
individuos, según RUB IO, Javier, op. cit. , 1974, pp. 224-229; DREYFUS -ARMAND,
Geneviève, op. cit. , 2000, pp. 78-79 corrobora esta cifra de poco más de 15.000
personas entre 1939 y 1940.
581
ALTED, Alicia, op. cit. , 2005, p. 77.
582
STEIN, Louis, op. cit. , 1983, p. 101.
254
4.2.1.-DE LA FRONTERA ESPAÑOLA A VERNE T D´ ARIÈGE (FEBRERO DE
1939)
La 26ª división, encargada de l a retaguardia y de p roteger el éxodo hacia
Francia, es una de las últimas en abandonar el territorio español. El Estado Mayor de la
Región 16, en un a nota d el 3 de febrero, establece los distinto s lugares de a grupamiento
de los hombres, muj eres y ni ños que at raviesan la frontera: p ara el sect or de Bour g-
Madame: La tou r-de-Carol; para el de Prats-de-Mol lo : Arles-sur-Tech ; para le Perthus:
Le Boulou y para Cerbère : Port-Vendres
583
.
El 10 de febrero Blasco nos cuenta que atra viesa la front era, fecha e sta en que
los hombres de la “Durr uti” deponen las armas y ac ceden a Francia. Lo h arán a través
583
MAUGENDRE, M aëlle, “De l'exode à l 'exil. L' internement des républi cain s
espagnols au camp du Vernet d'Ariège de f évrier à sept embre 1939 ”, C ahiers de
civilisation espagnole contemporaine [En línea], 6 | 2010, Puesto en lín ea el 16 juli o
2010, consult ado el 0 9 octubre 2012. UR L : http://ccec.revues.org/3316, p. 66. Mémoire
de Master Recherche en histoi re contemporaine s outenu en jui n 2007 à l’Université d e
Bordeaux-III, sous la co-direction d’Alexandre Fernandez et Sébastien Laurent.
Campos d e refugiados, ener o-junio de 1939. Tomado de BEEVOR, Antony, La Guerra Civil Española
, Cí rculo d e L ectore s,
Barcelona, 2 005.
255
de la frontera d e Bourg-Madame, y por t anto, si guiendo las anteriores di rectrices, son
trasladados a Latour-de-Carol bajo el mando de oficiales de l a GR M, l a Guardia
Republicana Móvi l. Antoni o Herrero, miembro de l a 26ª División, relató como “ tan
pronto como llegamos, f ueron enviados refuerzos. Éramos considerados los más
peligrosos de todos los refugiados ”
584
. L a fecha del 10 de febrero es la que narra
Herrero y recoge Federica Montseny en su obra El éxodo :
“ El día 10 de fe brero entramos en Latour -de-Carol abandonando la
tierra española. Como n os veníamos retirando d esde Oz de Balaguer y Artesa
de Segre, mu chos estab an agotados, rendidos por el cansancio, por la mala
alimentación, por las muchas horas de marcha incesante sobre l a nieve. Al
entrar en tierra francesa, se nos dio albergue en un pr ado ll eno de agua y
cercado d e g endarmes. (…) El prado habili tado como campo se en contraba en
la carretera que va de Latour-de-Carol a Bourg Madame ”
585
.
La s condiciones estaban lejos de ser ópti mas. En los campos de la Cerdanya,
Bourg Madame o L atour-de-Carol, la temperatura desc endía hasta los 10 grados bajo
cero, y la alimentación c onsistía en 150 gramos de pan y un par de sardin as cada día. En
estos momentos no se di stribuye bebida ni comida caliente. J. Poquet, que será
internado en Ve rnet, refleja que no les repartieron pan h asta el quinto día; que el frío y
el hambre les despertaban en es e febrero cubierto de nieve. Se ha de tener en cuenta que
estos primero dí as serán l os más letales para un ejército derrotado y agotado. Está
documentado el fallecimiento de siete milicianos en el hospital de Foix, l legados de
La tou r-de-Carol. Otro d ocumento informa de qu e 17 m ilicianos mu rieron en div ersos
hospitales del depa rtamento a partir del 2 de marzo de 1939. Y hemos de suponer que
muchos hombres morirán sin llegar a ser trasladados a un hospital
586
.
En el Pirineo de L atour-de-Carol permaneció Blas co Ferrer, al aire libre, n o más
de una par de días.
José Borrás, que formó parte de la 26ª División recuerda así su paso a Francia:
584
Testimonio recogido en STE I N, Louis, op. cit. , 1983, p. 51.
585
Testimonio recogido en MONTSENY, Federica, op. cit. , 1977, p. 76.
586
MAUGENDRE, Maëlle, op. cit. , 200 7, pp. 66-67.
256
“ Desde Puigcerdá, los miles de refugiados q ue pas amos por e ste sector
fuimos conducidos en fila india hasta el otro lado d e la vía f érrea, frente a la
estación de Latour de C arol. En este lugar fuim os aparcados en una pra dera a
la belle étoile, y sin nut rición, con una tempera tura bajísi ma, y expuestos al
viento, a la ni eve, a la lluvia y al grani zo, qu e de t odo eso hubo (…). En la
mencionada pradera y en las condiciones descritas, permanecimos al gunos días
(…) alimentándonos con lo poco que habíamos podido pasar de España sobre
nuestras escuálidas espaldas, escapando al cel o que, en el r egistro del que
fuimos objeto en la frontera, pusieron los gendarmes (…). La inmensa mayoría
de los allí aparcados pertenec íamos a l a 119ª Brigada Mixta, y t ratándose de
una unidad confederal, que además procedía de l a famosa columna Durru ti, las
autoridades nos consideraban « e lementos peligro sos »
587
.
También a la Brigada 1 19 de l a 26ª División p erteneció Francisco Carrasq ue r
588
,
que cuenta que pasó la frontera no el día 10, sino el 11 de febrero:
“(…) en formación per fecta, como para de mostrarles a los franceses
que no éramos aquellas « tribus » con que nos de nostó Comorera. El jefe de la
Brigada, Teniente Coronel Domingo Belmonte Cl arés, i ba delant e de todos, y
yo, como Capitán del Estado Mayor de la Brigada, el último. Así era el
protocolo. Y la Brigada por bat allones y los batallones por compañí as en
perfecto orden cerrado. Pero lo peor fue entrar, entregar las armas y qu edar a
disposición de las autoridades fran cesas que, por cierto, no s abían qué hacer
con nosotros. Pasar on las horas, se hizo de noche y como no había destino para
pernoctar, nos tuvimos que tumbar sobre la nieve de los prados pirenaicos que
había cerca de Latour-de-Carol y Bourg Madame, por donde pasamos ”
589
.
Y un día más tarde, el día 12, es la fecha de paso que señala Antonio Arrib as:
587
Testimonio de Borrás en A L TED, Alicia, op. cit. , 2005, p.71 .
588
CARR ASQUER, Francisco, op. cit ., tomo 2, 2001, p. 33. Abandonará el campo de
Vernet el día 12 de septi embre de 1939, con l os papele s en regla, al ser r eclamado para
trabajar en calidad de “lecteur” en Nantes, esto es, con contrato a la vista y autorización
local, de donde partía la reclamación oficial del refugiado político español presente en el
campo.
589
Ibidem , p. 30.
257
“ Yo pertenecía a las 131 Br igada Mixta, 2º Batallón, 2ª Compañía de la
26 División –an tigua División Durruti- ( …). Al producirse la debacle, después
de mil peripecias y miserias, logramos ganar la frontera, pasando las montañas
cubiertas de nie ve y ent rando en Francia por Pui gcerdá el 12 de febrero de
1939, con lo que quedaba de nuestro Batallón ”
590
.
De Latour-de-Carol, los hombres de la 26ª División, y entr e ellos Eleuterio,
fueron trasladados al cas tillo de Mont Louis, anda ndo. Blasco l levaba u na mochil a y
mantas, tras haberse d esprendido de toda carga inút il, incluidos l os li bros que llevaba en
una maleta y qu e le habí an servido “ para enseñar lo que yo sabía a mis co mpañeros de
campaña analfabetos ”
591
, esto es, ejercie ndo de Mil iciano de la Cultura:
“ A medida que íbamos andando, l a carga se hacía más pesada, y cada
vez que nos parábamos a descansar iba dejando unos cuantos libros por el
camino, con la idea que l os compañeros que i ban detrás de mi grupo los
recogerían ”
592
.
Al castilllo de Mont L ouis llegaron un a fría noche propia del Pirineo en
invierno. Les hicieron ponerse en fila para contarles antes de entrar al castill o:
“ Allí estuvimos de pi e largas hor as y se m e helaron los pies, me caí al
suelo teniéndome q ue entrar a hombros otros compañeros. Con pena d ejé los
últimos libr os. Estuve día y me dio que no podía pi sar el suelo, los zapatos me
los sacaron de los pies cort ándolos con unas tijeras ”
593
.
José Borrás cuenta que el traslado de Latour-de-Carol a Mont Louis:
“(…) se h izo a pi e, por c arretera, guardados po r gendarmes montados
sobre caballos (…). Un a vez en Mont Louis se nos al bergó en u nas sala s
590
Testimonio recogido en MONTSENY, Federica, op. cit. , 1977 , p. 116.
591
Hierro candente , p. 43.
592
Ibidem.
593
Ibidem.
258
amplias, provistas de zonas cubiertas de paja para dormir sobr e ella. L a
cantidad de piojos que h abía al lí poní a la paja en movimiento. Pero al menos,
estábamos a cubierto y recibíamos rancho diariamente. Al go habí amos ganado
en el cambio”
594
.
Francisco Ca rrasquer apunta qu e el traslado a Mont Louis se produjo al día
siguiente de pernoctar a cielo abierto
595
. Sin embargo Antonio Herrero señala:
“ A los cinco o seis días f uimos trasladados al Castillo d e Mont Louis. Y o
estaba enfermo y d ebí se r trasladado en una amb ulancia con unos cuantos más,
todos medio muertos de fatiga . Nos tuvieron en un almacén de la estación de
Latour-de-Carol habi litado como hospital, si n más medicamento que un vaso de
leche por la mañana y otro por la tar de, tirados en el s uelo sobre un puñado de
paja ”
596
.
En la enorme P laza de A rmas del castill o, donde les hacían formar para darles el
rancho, Eleuterio Blasco realizó la que conside ra su prim era obra en suelo francés: jun to
a unos compañeros hicie ron, rodando, una gran bol a de nieve que situaro n en el centro
de la plaza y que le sirv ió como materia p rima para modelar la máscara mortuoria de
Durruti, fundador de la 26ª División, “ y alma de la r evolución español a en la zona
nuestra”, ayuda do entre otros por el escultor J osé Clavero. Los oficiales franceses d e la
guarnición los observaban, dejándoles terminar la obra:
“Todos los soldados de la libertad miraban la escultura con devoción. El
rostro blanco de Durrut i, de p uro idealismo, penetraba en lo más hondo de sus
corazones, encendidos todavía de fuego interior, interrogánd ose -¿Qué se rá de
nosotros? ¿ A dónde iremos a parar?”
597
.
594
Testimoni o recogido e n A L TED, Alicia, op. cit. , 2005, p. 71, a partir de te xto
mecanografiado y entregado por el autor en 1991.
595
CARRASQUER, Francisco, op. cit ., Tomo 2, 2001, p. 30.
596
Testimonio recogido en MONTSENY, Federica, op. cit., 1977, pp. 76-77.
597
Hierro candente , p. 44.
259
Allí un soldado franc és fotografió a al artista t urolense junto la escultura en
nieve de Dur ruti, y a ambos lados soldados y ofici ales franceses y otros muchos
compañeros de armas.
De forma muy poética comenta Blasco Ferrer:
“ Cuando marchamos del castillo a un campo de concentración, me di
cuenta cómo los compañ eros miraban el rost ro b lanco de Durruti que qu edaba
en las cimas de los Pir ineos, deshelándose, como ofreciendo s u agua de nieve
purificada en las cumbre, donde sólo bebe n las águilas, amantes de la
libertad”
598
.
598
Ibidem , p. 45.
Soldados de la 26ª División en la plaza de armas del Castillo de Mo nt Louis (Pirineos Orie ntales) a la espera de se r trasladados al
campo de Ver net d´A riège. Febre ro de 1939. Museo Depar tamental de la R esistencia, To ulouse.
260
Estas primer as s emanas fue ron especialment e difíciles para los refugia dos:
enfrentados al frío, a la falta de hi giene, la escasa alimentación, y añadiendo el
cansancio del camino.
Del castillo de Mont Louis fueron t rasladaron al c ampo de refugiados de Vernet
d´ Ariège . L a estancia en Mont Louis no d ebió de pasar d e unas pocas semanas, unos
quince días, según José Borrás
599
, hasta finales de febrero, ya que los campos de L atour -
de-Carol, tanto del C astillo de Mont Louis como de Bourg-Madame, fuer on evacuados
rápidamente debido al frío
600
, y los milicianos de la Durruti empiezan a llegar a Vernet a
fines de ese mes. M ás o menos el mismo tiempo que indica Antoni o Ar ribas Calero:
“ Allí estuvimos hasta el 27 de f ebrero; el 28, a proximadamente a las 6 de la t arde,
llegamos a Mazères, en el Ariège ”
601
. Por el contrari o, Francisco Carrasquer señala que
dos o tres días después d e entrar en Mon t L ouis, f ueron llevados a su destino definitivo
en Vernet d´Ariège
602
. F rente a estos testim onios Ant onio Herrero cuenta que
permanecieron en Mo nt Louis un m es, los convalecientes unos días más, p ero no fue ron
estos últim os trasladados a Vernet, sino a Septf onds: “ Los heridos y enfermos fuimos
dejados en el castill o de Mont Louis, con una compañía del 476 bat allón, 119 b rigada,
encargados de la limpieza del castillo. A los dos o t res días salimos todos –l os que no
habíamos sucumbido-, l levados en camiones hacia Latour-de-Carol, donde
embarcamos en un tren especial que debía ll evarnos al campo de Septfonds ”
603
, dond e
llegaron a principios de marzo.
Maëlle Maugendre, atendiendo a la di stinta d ocumentación d e los ar chivos
departamentales de los Pirineos Orientales y Ariège, y a las disposi ciones dadas a la
GRM y la gendarmería, argumenta como fech a definitiva para la lle ga da de los
republicanos d e la “Dur ruti” el domin go 26 d e febrero de 1939. No o bstante otras
informaciones sugieren que una primera p artid a de hombre s pudieron llegar con
anterioridad bajo el contr ol de los fusileros de Madagascar y Senegal, y no de la GR M;
incluso testimoni os i ndividuales i ndican su llegada el 10 de febrero, sin pasar por los
599
Testimonio recogido en A L TED, Alicia, op. cit. , 2005, p . 71.
600
DREYFUS-ARMAND, Geneviève, op. cit. , 2000 , p. 62.
601
Testimonio recogido en MONTSENY, Federica, op. cit. , 1977, p. 77.
602
CARRASQUER, Francisco, op. cit ., Tomo 2, 2001, p. 30.
603
Testimonio recogido en MONTSENY, Federica, op. cit. , 1977, p. 78.
261
centros provisionales de L atour-de-Carol ni Mont L ouis; o el 15 de febrero, fecha en
que Alberto Alonso dice haber ingresado con la brigada 121
a
de la División Durruti
604
.
Eleuterio Blasco avala e sta hipótesis cuando di ce que tras s er trasladad os del
castillo de Mont L ouis a Vernet d ´ Ariège “ allí en contramos ya a ot ros ref ugiados” . L o
más plausible, por tanto, es que el artista t urolense llegara al campo de Ver net ese 26 de
febrero de 1939, y que no sean contradictorios esos testimonios, esto es, que con
anterioridad, y en el cont exto de improvisación y precipitación y a mencionados, al gunos
hombres fueron ya trasladados a Vernet.
Surgen otras cuestiones que no son objeto de este estudio, y que están toda vía en
el aire, como por qué la mayor parte de la Divisi ón “Durruti” es internada en el mismo
campo, cuanto quizá lo normal hubiera si do l imitar el riesgo de rebelión descabezando
las unidades en di stintos centros. O identi ficar el número ex acto de soldados que
llegaron a Vernet ese 26 de febrero.
604
MAUGENDRE, Maëlle, op. cit. , 201 0, p. 68-71.
268
invasión de Ale mania a P olonia el 1 de septiemb re de 1939, y la movi lización general
decretada en octubre. Así, de las 8.134 personas en el campo a fecha de 1 d e septiembre,
al cabo de unos días apenas quedaban 168 individuos
640
.
Eleuterio cuenta que estuvo 7 meses en Vernet d´Ariège. Maëlle M au ge ndre
documenta el cierre d efinitivo de Vernet el 23 de septiembre, d espués de que el día 18
de ese mes, se diera la o rden por el Est ado Ma yor del Ejército al C oronel Comandante
Superior y Prefecto de Ariège, de que todos los int ernos del campo fue ran transferidos
al campo de Septfonds, lo que harán por ferrocarril los días 19, 20 y 21.
La expl icación de la mar cha de Eleuterio Blasco de Vernet d ´Ariège al Camp de
Septfonds (Tarn et Garo nne), hemos de s ituarla en este traslado en ferrocarril y en estos
días, s iendo por tanto parte de los últimos int ernos en abandonar el campo. L a historia
posterior del complejo pasará tristemente a la historia
641
.
la liberación”, en Abdón Mateos (Ed.), Ay de l os venc idos. E xilios y paíse s de acogida,
Eneida, Madrid, 2009, pp. 46-47. S e estima que unos 6.000 exiliados españoles s e
alistaron en la Legión E x tranjera y en la RMVE, no si empre de forma volunt aria: a los
anarquistas d e la 26ª Di visión se les amenaz a c on la repatriación a Esp aña si no s e
alistan. Al gunos se enco ntrarán en el f rente con la invasión de Alemani a, y muchos
quedaron atrapados en Dunquerque. Ot ros participaran en la bat alla de Na rvik
(Noruega), e in cluso pa sarán a form ar parte d el ejército de la Francia Libre junt o a
aquellos que se hallaban en la Legión Extranjera e n el Norte d e África, y con el
desembarco aliado en M arruecos en noviembre d e 1942, comb atirán en el bando aliado.
Para la posteridad qu edará por ejemplo la 9ª Co mpañía de la 2ª División Blindad a del
general Leclerc y su entrada en P arís en carros con nombres como M adrid, Guernica,
Teruel, Eb ro, Gu adalajara o Don Quijote (CERVERA, J avier, op. cit ., 200 9, pp. 55-57).
Sobre el papel de los arag oneses en la II Guerra Mundial, véase GASPAR C EL AYA,
Diego, R epublicanos ara goneses en la segunda guerra mundial. Una historia de exilio,
trabajo y lucha. 1939/1945 , Rolde de Estudios Arag oneses, Zaragoza, 201 0.
640
BERDAH, Jean-François, op. cit., 2006, p. 281.
641
En octubre de ese mismo año s on enviados nuevos contingentes d e presos,
convirtiéndose en uno d e los primeros campos “es peciales d e Francia”. Desde el 12 d e
octubre afluirán tren es c on ex tranjeros “sospechosos” d esde el punto de vista nacional,
fundamentalmente comu nistas ex tranjeros, desertores alemanes o austríac os, antiguos
brigadistas y otros ex tranjeros peligrosos para el orden público, que se s umarán a los
españoles. Esto hizo que aumentara la disciplina del c ampo. Est aba protegido por un
amplio dispositivo militar y policial para el mant enimiento del orden. En ag osto de
1940 y a había 5.000 personas de 6 0 na cionalidades distintas. Frente a lo ocurrido en
otros campos d e internam iento, se aplicó una divisió n por sectores, concretamente tres:
A, para presos de derech o común (por poseer documentos falsificados, no poseer c arnet
de identi dad, así como condenados, inclu y endo malhechores, gánsters o proxenetas); el
B a los pr esos polít icos, que la poli cía con sideraba los extremist as peligrosos
(comunistas y anarquista s); y el C a l os sospe chosos, los cuales podían s er personas que
habían sido denunciadas aun careciendo de prue bas, y los voluntarios de las Brigada s
269
En ese periodo, a pesar del hambre y las condici ones penosas, Blas co no perdió
las ganas de trabajar y realizó una colec ción de dibujos, muchos de los cuales si rvieron
de base para obras posteriores.
Internacionales. Vernet se convierte en el campo más represivo de t oda Francia durante
la Segunda Gu erra Mundial, obl igados los internos a trabajos humill antes e inútiles y
castigos co rporales. Se golpea a quien no forma f ila dil igenteme nte las c uatro vec es al
día establecidas. Se prohí ben visitas de parientes. Se controla el co rreo. La comida es
escasa, generalmente un plato de guisantes y pan, y no se inclu y e nunca carne, frut a o
dulces. En el invierno d e 1939-1940 se carece d e c alefacción y electrici dad. La sarn a
epidémica y las epidemias de gripe s e prop agan fácilmente (AAI C de Vernet d´Ariège,
op. cit., 2006, pp. 132-135). Desde la llegada al campo la vi da de los i nternos e ra mu y
difícil: eran rapados com o los presos comunes, d espojados de sus objetos personales y
sometidos a una estricta disciplina, inclu y endo a gr esiones físicas (NOS A LDÁ S,
Noelia, op. cit., 2001, p p. 94-95). Max Aub descr ibe en Campo Fran cés l as re alidades
de este campo y l as deplorables condiciones higiénicas y alimenticias. A rt hur Koestler,
que por d esgracia pudo hacer comparación, escribió: “ Desde el pu nto d e vista de la
comida, de las inst alaciones y de la higi ene, Vernet estaba incluso por debajo del nivel
de un campo de concentra ción nazi” (KHOEST LER, Arthur, La Lie de la terre , P arís,
Calmann-Lév y , 1947 ). H asta el otoño de 1940 las detenciones son po r moti vos políticos
pero, desde ese año, se comenzará a internar a un elevado número de personas por
razones raciales, especialm ente judíos, inclu y endo mujeres y niños (AAIC de Vernet
d´Ariège, op. cit., 2006, p . 136). El 8 de agosto de 1942 se envía un primer convo y a
Auschwitz, seguido por otro el 1 de septiembre, a los que seg uirán varios hasta el 19 de
mayo d e 1944 (N OS A LDÁS, Noelia, op. cit., 2001, p. 97). En junio de 1 944, los
últimos internados fueron evacuados y tr asladados a Dachau en un tren fantasma
(AGRAMUNT, Fra ncisc o, op. cit., 2005, p. 705). L a li beración de Ariège se produce el
23 de agosto. En s eptiembre será destinado a la guardia de sol dados alem anes hechos
prisioneros (AAIC de Vernet de Ariège, op. cit., 2006, p. 138).
Vista gene ral del campo de Ve rnet d´ A riège poste rior al vaciamiento de republicanos es pañol es. Am ical de los antiguos inter nados
del campo de Ve rnet d´ Ariège.
270
4.2.3.-ARTE Y CULTURA EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN
Hablar del ex ilio en Francia en general o del exilio artístico en particular,
conlleva diferenciar genéricamente, al menos, dos m omentos. El primero va ligado
inexorablemente al destino en los campos de re fugiados. El se gundo a la salida de los
mismos, donde a su vez hay qu e precisar dos etapas: el antes y el después que m arca la
liberación d e Fra ncia y el fin de la Segunda Gu erra Mundial. A pa rtir de en tonces, en el
plano artístico, las vicisitudes personales de cada artista mar carán sus propias
particularidades.
Nos detendremos en pri mer lugar, por t anto, en es a primera etapa, paso ob ligado
del exilio t ranspirena ico.
El inicio del exilio artístico está pues ineludibl emente uni do a los campos de
concentración franceses, donde pasados los primeros meses, se o rganizan y d esarrollan
actividades artísti cas y c ulturales. Comunes fueron las hojas manuscritas o
dactilografiadas, la prensa en los campos de la s playas, e incluso exposiciones que
sirvieron para hacer circu lar ideas y noticias. El ba gaje cultural y de ini ciativa arrastrado
del periodo Republicano, y un as condiciones de v ida no comparables a los campos
alemanes (sin menospreciar la du reza de los mi smos, especialmente l as primeras
semanas), contribuirán a ello.
El exi lio artístico iba a p oner a prueba la perviv encia de las ide as de reno vación
y compromiso desarrolladas durante la Segunda República. Una República que había
impulsado l a actividad artísti ca, reactualizando el a rte tradicional y fo mentando las
corrientes vanguardistas desde una óptica general progresista y mu y di námica. La
cultura era la bas e de la libertad, l a razón de su l ucha, incluso durante la propia guerra,
como hemos visto en la propia labor de los milicianos de la cultura. Pe ro, va a ser en l os
campos de concentración donde se pon ga a prueba el mantenimiento de aquellos
principios ale ntados antes de 1939, en un contexto de dificultad moral, físi ca y
material
642
, no solo en el plano a rtístico, sino también a través de clases de
alfabetización, enseñanz a primaria, cl ases de lengua, educación físi ca, tea tro, e tc.
Actividades estas que atraían a cientos de alumno s.
642
Geneviève Dreyfus Arm and dedicó un im portante estudio a la producción cultural de
los españoles en los cam pos de re fu giados y l as revist as del ex ilio. Vé ase DR EYFUS-
ARMAND, G. y TEMIME, É, Les Camps su r la plage, un exil espagnol , P arís, 1995.
271
A pesar de las condic iones de l as inst alaciones, del control policia l, del
hacinamiento, etc., los campos de re fugiados se convirtieron en focos de a ctividad
cultural y artística, auspi ciados bien por las propias autoridades, inqu ietas ante la
excesiva ociosi dad de los internos, bien por l os p ropios pintores, escultores, fotógrafos,
músicos, etc. Rompí an así con la monotonía diaria y el tedio om nipresente, elevando el
ánimo de los compañeros , dignificando su situación y difundiendo, en definitiva, la
cultura a los demás, obrer os la mayor parte, en una continuidad de l as iniciativas
desarrolladas desde 1931
643
.
643
En e ste sentido querem os recoger l a nóm ina d e a lgunos de los artist as recluidos e n
los dist intos campos de conc entración. Por e l Camp d´ Haras, centro inicial de
clasificación, pasaron el pintor, cartelis ta y escenógrafo catalán, Antonio Clavé
(también internado en Prats de Molló); el escultor J osep Viladomat; el pintor murciano
Pedro Flores; el pintor y cartelista catalán Carles Fontseré y l os periodistas Carles Sala
y Am adeu Se rh, de R adiodifusión catalana. Por Arg elès-Sur-Mer el núm ero de artistas
plásticos fue enorme, el más nutrido de todos los campos, que también era el que mayor
número de refugiados acogió (s esenta mil en l os primeros m eses). Hemos de destacar la
estancia d el c artelista y f otomontador Josep Renau Berenguer, que h abía sido Director
General de Bellas A rtes; su hermano, el pint or, escultor y escritor J uan Renau
Berenguer; del artista Luís García Gallo (Coq); d el pint or J. Fin, internado allí j unto a su
hermano J avier Vilató, t ambién pint or, del que salieron por intermediación de Pablo
Picasso, a la saz ón su t ío; el pintor Salvador S oria Zapater; el c aricaturist a y dibujante
alcireño E rnest Gu asp; la escultora Elisa Piqueras Lozano; el pi ntor y dibujante Enrique
Climent que había trabajado para el Ministerio de Propaganda; el p intor y dibujante
anarquista Rafael García Escribá; el pint or, il ustrador y es cenógrafo G regorio Muñoz
Montoro “Gori Muñoz”, colaborador de R enau en la Dirección General de Bellas Artes
y encargado de la escenografía del pabe llón de l a República de la Ex posición
Internacional de P arís de 1937; Manuel Viola (recluido también en Valbonne); el
leridano Leandro Cristòfol ; el dis eñador gráfico y dibujante Enric Crous-Vidal; el
arquitecto y pint or castellonense J esús Martí M artín; el pintor, escultor y escenógrafo
José Agut Armer, también de Castellón; el pintor y dibujante Heleno Cases; el
arquitecto Oscar Coll Alas; el valenciano Agustí n Centelles; el m aestro y dibujante
alicantino Miguel Orts Sánchez; el p intor y dibujante Andrés García de la Riva, que
coincidiría con Eleuterio Bla sco e n Bur deos en 1941; el pintor catalá n Josep Franch-
Clapers; el crítico de a rte cordobés F rancisco Zueras. Por el campo d e S aint-C y prien
reca l aron el violinist a, pintor, novelista y poeta c oruñés Eu genio Fernández Granell; el
pintor murciano Ramón Ga y a; el artista barcel onés Martí Bas; el andaluz Manuel
Ángeles Ortiz; el pinto r y dibujante catalán J osep Franch-Clapers; el dibujante de
historietas y caricaturista valenciano José Grau H ernández; el bilbaíno Ma nuel Pascual;
el catalán M artel Mento r Blasco “M entor”; el as turiano Germán Hor acio; Crespillo
Rendo, nacido en Tor revieja; el arquitecto madrileño F élix Candela Outeriño; el
arquitecto vasco A rturo Sáenz de la Calzada Gorostiz a; el arquitecto valenciano Enrique
Segarra; el a rquitecto J osé Luis Mariano Benlliure; el docente y eventualmente crítico
de arte Antonio Deltoro Fabuel; el ens a y ista y en ocasiones crítico de arte Juan Gil-
Albert. En el campo de Bacarès estuvieron el escultor valenciano Enrique Moret
272
Abel Paz en relación a su paso por el campo de Argelès, recordaba:
“ No se sabía de dónde habí an aparecido ins trumentos de música,
violines, acordeones, guitarras y artistas que se habían agrupado y formado una
orquestina, un cuadro escénico y un taller de pintura. El art e sobresalía,
aplastando piojos y miseria, enfermedades y delirios, para ex altar pa siones
espirituales”
644
.
No deja de crearnos s orpresa, dentro del caos de l a derrota y el exili o, que las
esperanzas de un renacim iento cultural fue ra pos ible. Pero l a d eterminación de l os
refugiados c reó programas culturales y educativos importantes. En Bacarès, se
informaba en un periódico en ma y o de 193 9 que maestros voluntarios estaban
impartiendo c lases d e gramática ca talana e hi storia d e Cataluña, en el d eseo d e
conservar así el entusi asmo y f ervor patriótico d e la j uventud. En el mismo, un comité
de seis artis tas, l a ma yoría ex colaboradores d el se manario gráfico Umbral , lanzaron un
“Proyecto de Manifest ación Cult ural” donde se proponían organizar una gran
exposición a l a que concurrirían todo s los int electuales que repr esentaban en España un
valor artíst ico. Es decir, pintura, escultura, d ibujo, grabados, literatura, música,
escenógrafos, “afiches” y todo lo s usceptible a desarrollar en esta Ex posición, con la
publicación, además, d e una revista catálogo b ajo el título Éxodo , y la celebración,
durante la Ex posición, de conf erencias, rec itales poéticos, conciertos folklóricos, cine
etc. Sin poder saber qu é parte lle gó a realizarse d e tan ambicioso pro yecto, lo cierto es
que Antonia Fontanillas señala haber accedido a una invitación de Silvia Mistral, para
una fiesta el 29 de ma y o de 1939, en el Islote H del campo de Barcarés
645
. En Agde, un
Astruells; el escultor alicantino Antonio Alós ; el pintor y di bujante ma drileño J uan
Alcalde; el fotógrafo valenciano Agustín Centelles Osso. En el c ampo de Grenoble , el
pintor y es cultor ca talán Joan Jordá. En el de Ag de, el pintor, dibujante y esc enógrafo
Francisco Marco Chil let; el arquitecto y crítico de arte v alenciano Enr ique Segarra
Tomas. En Brams, el pintor S alvador Fariñas López . En Gurs, el artista catal án Josep
Franch-Clapers. En la cá rcel de F resnes el político e historiador del arte Luís Nicalau
d´Olwer. En la cárcel de Cherc he-Midi ingresó el eventual cronista artístico madrileño
César González R uano. En el campo de Bar m (Carcassonne) permaneció un año
Joaquín Vicens Gironella, nacido en Agullana (Gerona).
644
PAZ, Abel, Entre la niebla , EA, Barcelona 1993, p. 80.
645
El manuscrito del Proy ecto de Manifestación C ultural está suscrito por Francisco
Carmena (pintor), José Ga rcía (realizador de ci ne), Artel (dibujante), Silvi a Mist ral
273
famoso tenor había organizado un coro. Se estaba también pre parando una exposición
de arte español por artistas vascos y catalanes. Un festival en St . C y prien, presentaba
música tocada por un a banda militar, el “Coro li bertad”, y lecturas de poesía. El t eatro
era mu y relevante en Sep tfonds, donde un actor es pañol formó un grupo de repertorio; y
una ex posición anarquista sobre “El Pro gre so de l a Revolución Española” contenía diez
secciones que d etallaban las fases progresivas de la colectividad ana rquista durante la
Guerra Civil
646
. Y todo ell o con escasos fondos d e ay uda para materiales artí sticos. L os
españoles hici eron uso de la imaginación para dotarse d e lo necesario: las m aderas
flotantes se utiliz aban como material de escultura; las herr amientas rotas servían para
esculpir la piedra; un a arcilla de baja calidad fu e aprovechada en Ar ge l ès, y usada y
vuelta a usar para modelar objetos; jirones de una lo na m arrón de tiendas de campaña
del Ejército fueron estirados y pintados; las paredes de los barracones se llenaron de
murales; trozos r ectangulares de madera co rtados de los barracones se em plearon par a
hacer grabados; todo ello satisfacía, en palabras d e Fe derica Montsen y “ las necesidades
del espírit u, las necesidades d el alma (…) l uchando contra la desesperación y el
tedio
”647 .
.
Hemos de precis ar en est e punto, que las obras realiz adas en los campos han de
ser vistas, e n mu chos c asos, como e xpresión artística popular, dest acando su valor
documental y dond e se manifiesta el empuje, la rabia y la creatividad propias de l
periodo republicano.
La experiencia personal de todos ellos, te rrible en muchos casos, a pesar de la
relativa brev edad en el tiempo de reclusión de una gran parte, les colo có ante una
variedad de situaciones, distintos caracteres, co mportamientos, etc., donde, junto a la
constante presencia del recuerdo del p asado, la incógnita del futuro, la enfermedad,
cuando no la propia muerte, se mezclaban la solidaridad, la crue ldad, la ambi ción, el
desasosiego, la política, etc.
Proliferaron así los di bujos en hojas o pequeños cua dernos, cartones, embalajes
o almanaque s, donde se reflejan imá genes del día a día de los refugiados. En ocasiones
(escritora), Lara (escultor) y Fco. Cuadral (compositor). Véase FONTAN ILL AS
BORRÁS, Antonia, “El aporte cultural del Exil io L i bertario Español”, Orto , octubre-
diciembre 2010, p. 31.
646
STEIN, Louis, op. cit., 1983, p. 123.
647
MONTSENY, Federica, op. cit. , 1977, p. 47.
274
se recurría a técnicas impuestas por l as circun stancias. Así J uan Alcalde, además de
carbón y tinta china, utilizó vi no diluido con ag ua para animar las composiciones con
algo de color
648
. Retratos subjetivos, personales, íntim os, donde la vida e n l os campo s
es plasmada con to da su crude za no ex enta en ocas iones de humor e ironí a. También la
escultura tuvo su hueco. S e recurrió a latas, trozos de mad era, ba rro, yeso, i ncluso jabón
para tallarlo.
Estos dibujos, de ext raordinario valor d ocumental, ge neran en el espectado r una
verdadera reflexión sobre la vida de los campos: surgen multitud de ti pos, var iopintas
situaciones, aparece la hostilidad de los gendarmes o senegaleses… pero con elementos
identificables en todos ello s. En el caso d e Blasco ap arecen característic as acusadas y
verdaderamente definidoras de su obra posterior: la tristeza, la m elancolía, la
desesperación, el ensimismamiento de las fig ura s. En todos ellos la dignidad humana
envuelve los dibujos, al margen de su mejor o pe or calidad artíst ica. Ese es, quizá, e l
principal denominado r común de unas obras autobiográficas donde l as pulsiones
interiores afloran, pero qu e son sentimientos extrapolables a los miles de compañeros en
su mi sma situación. Testimonios únicos de l a derrota republicana y su recibimiento en
el país vecino. Con el ti e mpo ha cristalizado el valor de crónica de estas obras, aunque
su pertinencia estética en muchos de los casos sea cuestionable.
Del im pulso de las actividade s artísticas y culturales tenemos diversos ejemplos:
talleres de arte, estudios fotográficos, publicació n de revistas, realización de cursos,
conciertos, obras teatrales y exposiciones.
Uno de los primeros que las puso en marcha fue Ar gelès- su r-Mer, que el 10 de
mayo de 1939 emi tió instrucciones en este s entid o, incluy endo l a cr eación de una
comisión que había de d ar cu enta de l as actividades realizadas a l as a uto ridades. All í
por e jemplo, el f otógrafo valenciano Agustín Centellas mont ó un rudimentar io estudio
fotográfico. También se editaron boletines infor mativos y exposiciones c on los artistas
refugiados, entre los que se encontraban Arturo So uto y Gori Muñoz. En m ayo de 1939
se cr eaba el “Boletín de los Estudiantes de la F UE”, y revistas como “La ba rraca” y
648
ZARZA, Víctor, “Juan Alcalde, ex ilio en Francia (1939-1940 )”, en C ABAÑAS,
Miguel, FERN ÁNDEZ, Dolores, DE HARO, Noemí y MURGA, Idoia (coords.),
Analogías en el arte, la l iteratura y el pensamiento del exilio español de 1939 , CS IF ,
Madrid, 2010, p. 145.
275
“Desde el Rosellón”
649
. L a actividad cultural en Ar gelès fue intensa y paradi gmática, e n
testimonio del Dr. J osé Pujol:
“ En medio de esa inmensa catástrofe colectiva, triunfando del
envilecimiento moral a q ue se ib a sometiendo paul atinamente a los refug iados,
(…) el sentimiento artístico de los refugiados hizo verdaderas maravillas.
Primero fue la organización de cuadros es cénicos, que cada domi ngo
daban representaciones teatral es. Después la co mposición de los periódi cos de
los campos. Al fin l a organización de exposiciones. Y no crea que para elevar
ese edificio a dmirable, por la cantidad y la calidad de f uerza moral que
evidenciaba, se esp eró a que pasas en años de internamiento. No. Apenas
superadas las primeras dificultades; apenas mal satisfecha el hamb re del
cuerpo, los refugiados pensaron en satisfacer o por lo menos entrete ner las
exigencias del espíritu, las necesidades del alma.
Grupos de muchachos y mucha chas constituí an masas corales que
recitaban todos los cantos del folklore español, desde las dulces sardanas
catalanas a lo zortzicos vascos. L os que reunían aficiones o apti tudes escénicas,
formaron compañías de teatro que representaban obras dramát icas o daban
funciones a bas e de bailes, de “sketches”, de entremeses. Otros, c on maderas,
con barro, con pedazos de cucharas rotas, con huesos, hacían obras de arte.
Esculturas maravillosas, menudos trabaj os de paciencia, con l os que se
defendían de la desesperación y el tedio. Mucho se ha perdido de ese arte y de
ese ingenio espontáneos, que era a la vez la manif estación de l a vivacidad, de l a
riqueza íntima de una raza , de sus reser vas morales para evadirse de la
tragedia y para superarla.
Se organiz aron varias exposiciones, que f ueron la admiración de l as
propias autoridades mili tares francesas.
Aparte del aspecto artísti co, n o se descuidó el aspec to cultural. Los
maestros recogieron a lo s niños y a los hombr es y mujeres carentes de una base
de cultura, organizándose clases al aire libre. (…)”
650
.
649
AGRAMUNT LACRUZ, Francisco, op. cit., 20 05, pp. 596-599.
650
Testimonio de J osé Pujo l recogido en MO NTSENY, Federica, op. cit., 1977, p. 46-
47.
276
Surgieron así los ll amados “Barracones de l a Cultura”
651
en casi tod os los
campos, con objeto de dar una respuesta adecuada a la problemática a nímica de los
internados, creando al p oco de lle gar , comisiones encar gadas de dinamiz ar e impulsar
distintas actividades culturales. Estos eran apenas unas estancias d e madera con escaso
mobiliario, suficientes para que los a rtistas pud ieran pintar o dibujar, s e impartieran
clases, etc.
En Bacarès se conoce la exist encia de un Palacio de exposiciones inaug ura do el
14 de mayo de 1939, un Salón de Bellas Artes en Argelès y una b arraca-galería en
Saint-C y prien
652
. En este último funcionaron en j unio de 1939 113 barracones de
cultura, en los que se impartieron 124 clases de alfabetización y cultura general.
También sur gieron los boletines Prof esionales de la enseñanza , Trabaj adores d e la
cultura y L´Illot d l´art, donde colabor aron el pintor y dibuj ante Germán Horacio
“Pachín”, el caricaturista Antonio Brenard Gonzálvez “Toni”, el pintor Manuel Blasco o
el poeta Ramón Castella no
653
. En Gur s se org anizó una ex posición en julio de 1939, y
en verano se levantaron dos esculturas en barro: España agonizando , sobre la Guer ra
Civil y La última bomba , dedica da a las ví ctimas de l Gu ernica. En Le s Milles se
realizaron ocho frescos murales representando escenas de fiesta
654
.
En el ex terior se llegaron a desarroll ar ex posiciones el 6 de mayo en Perpiñán,
en la Galerie Vivante, con obras de Fernando C allico y Antoni C lavé. Montpellier, del
8 al 15 de julio, acogió en el Museo del Trabajo treinta obras de pintores catalanes
jóvenes: Roser Bru, Jaime Piques y Alexandre Cirici
655
.
En S eptfonds los pint ores P onti y De Soria, po r e ncargo bien d e las autoridades
del campo, bien del municipio, p intaron una serie de cuadros, ocho de l os cuales se
651
Sobre el aspecto educativo en los “barr acones de la cultura”, d estaca el texto de J.
Ignacio Cruz, de l a Universidad de Valencia, Los barracones de la cultura. Noti cias
sobre las actividades educativas de los exiliados españoles en los campos de
refugiados , que podemos visitar en la página:
http://clio.rediris.es/ex ili o/BarraconesCultura.htm. [ fecha de consult a 25 de marzo de
2012]. Además de en los campos d e refu giados, s e ocup a de los aspectos educativos en
los albergues organizados por las autoridades republicanas para aquellos que
atravesaban la frontera c on la documentación en regla o tenían los contactos adecuados,
así como las tareas de enseñanza en las expediciones con destino a Améric a.
652
IZQUIERDO, Violeta, op. cit ., 2005, p. 47.
653
AGRAMUNT, Francisco, op. cit., 2005, p. 596.
654
IZQUIERDO, Violeta, op. cit., 2005, p. 47.
655
Ibidem , p. 48.
277
exponen en el ay untamiento del pueblo, destacando escenas de l a Revolución
Francesa
656
(uno de ellos de 3 metros de largo por 1,5 de ancho).
Martí-Aleu y Buanaventura Trepat, compañero este de Eleuterio Blasco en
Barcelona, pint aron un V ía C rucis pa ra la par roquia a petición d el sacerdote de la
misma. Está realizada s obre unos rollos de tela que servía n para envolv er s ombreros,
actividad importante en a quel entonces. La parte más larga mi de, en el lad o izqui erdo de
la nave, 11,22 x 1 m., co n las escenas I a V III . Los de l a derec ha, escenas I X a XVI,
miden 9x1 m .
657
.
También Picasso, s egún narra Mercedes Guillén, patrocinó una exp osición en la
Maison de Cult ura para reco ger fondos destinados a la ayuda de españoles, con m aterial
artístico de los campos de refugiados: guitarras h echas con latas de s ardinas, esculturas
de miga de pan, de mad era de las ba rracas, con t rozos de alambrada, jabó n, además de
obras al óleo, dibujos, guaches, bodegones con el rancho, po emas, etc.
658
Obras estas
tanto de artistas como de aficionados, donde ma ridaba la manualidad con va lores de arte
populares y la verdadera expresión artística
659
.
656
La conmemoración del 14 de julio de 1939, 150º aniversario de la Revolución,
también tuvo l uga r entre las alambradas por parte de los espa ñoles, a instancias de las
autoridades. Además de los cuadros hom enaje a la Revolución Francesa de Salvador
Soria y Josep Ponti en Septfonds, contamos con ot ros ejemplos. En ese mis mo campo se
erig ió un arco de triu nfo en la entrada. En Montoli eu, la mañana se dedicó a
competiciones deportiva s (boxeo, barra fij a, leva ntamiento de peso), y l a tarde al teatro
(representando El cerco d e Numancia de Cervantes). En Rie cros, una mano desconocid a
grabó en la ro ca el perfil de un sol dado enmarcando l as fechas “1789-1939”. En Bram
hubo un desfile carna valesco con músicos t ocando inst rumentos r ealizados con
cualquier cosa, parodias de una corrida de toros, un hombre salvaje a compañado de un
domador o “mujeres” de gestos provocadores. En Bacarès se hicieron m aquetas de la
Bastilla. En Gurs (donde t ambién había bri gadistas), se realiz aron con a rcilla esculturas
de Durruti, Garibaldi, B eimer o Dombrowski, albergando una bar raca de c ada manzana
una exposi ción. L a jornada t erminó con c anciones y b ailes del folklore nacional y
músicas de moda. Véase MOULIN IÉ, Véronique, “14 de Juli o de 1939”, en
BERTRAND DORLÉAC, Laure nce y MUNCK, Jacqueline (Dirs.), Art e en Guerra ,
Museo Guggenheim Bilbao y La Fábrica, 2013, p. 269 .
657
Ver DOMERGUE, L ., “Pintores españoles en el campo de S eptfonds”, en ALTED,
A. y LLUS I A, M. (dirs.), La cultura d el exilio republicano español de 1939 , vol. II ,
UNED, Madrid, 2003, pp. 48-52.
658
GUILLÉN, Mercedes, op. cit. , 1975, p. 34-35.
659
También s e llegó a p atrocinar un a ex posición a f avor de los niños españoles el 16 de
julio de 1939 en la Galería J . Bucher -M y rbor, con participación de Pi casso, Domínguez,
Bores, M iró y Viñes junto a Torres García, Arp, Braque, Chagal, Duf y , Gross,
Kandinsky, Leger, Lipchitz , Matisse , Marcoussis, Man Ray, Max Ernst, Masson, Vieira
y hasta 74 ar tistas, ex poniéndose dibujos de niños españoles. Ver F ERNÁNDEZ
284
Civiles y milicianos desarrollarán así un a amplia labor de educación y difusión
cultural, en par t e contin uidad de l a e fervescente a ctividad en la q ue h abían estado
inmersos durante la S egunda R epública
680
. En los boletines d actilografiados o
manuscritos, de pocos ejemplar es y que circul aban de mano en mano, q ueda también
patente la preocupación por la cultura. Nos quedan ejemplos de los campos de Argelès,
Gurs o Saint-C y prien en Francia, y Morand en Argelia, reproducidos y estudiados en l a
obra coordinada por J ean-Claude Vill egas Plages d´exil
681
. También en Vernet d´Arièg e
los internos podían participar en el desarrollo de los periódicos murales, si bien los
archivos departamentales no permiten conocer su contenido
682
.
La s colecciones de dibujos realizadas en estas circ unstancias, r ecogen
experiencias personales, particulares diarios de esos primeros meses en lo s campos de
concentración. Ahí están los ejemplos de Aurelio Arteta, Enric C liment, Antoni Clavé,
Antonio Rodríguez Luna, Marco Chillet, Álvaro de Orriols, Jesús Martí, José Fábre ga s,
Nicomedes Gómez, Francesc Miró, N emesio Raposo, Gerardo Lizárraga, Helios
Gómez, Manolo Valiente, J osep Franch- Clapers, J osep Bartolí, Marcel.lí Porta, etc.
Blasco Ferrer también continúa trabajando. Nos dice:
“(…) esta estancia en el campo de concentración , a pesar del hambre y
la miseria que pasaba, no perturbó en nada mis ganas de trabajar y realicé una
colección de dibujos que más tarde me han ser vido para nuevas reali zaciones
artísticas”
683
.
No conoc emos muchos de los dibujos que re alizó, pero sí los su ficientes como
para analizar este periodo. En palab ras d e M argar ita Nelken en el campo de
concentración “(…) o se muere uno, de pri vaciones o d e hastío, o se hace alg o que
valga l a p ena. Blas co Ferrer, en el campo de concentración, se hace –definitivamente-
dueño de su oficio de pintor y escultor ”
684
.
680
IZQUIERDO, Violeta, op. cit ., 2002, p. 48.
681
VILLEGAS, Jean Claude (dir.), op. cit., 1989.
682
MAUGENDRE, Maëlle, op. cit., 2010, p. 133.
683
Hierro candente , p. 45.
684
NELKEN, Margarita, op. cit. , 10 de febrero de 1948, p. 5.
285
El Archivo del Museo del P arque Cultural de Molinos conserva un conju nto de
dibujos, que atribuimos a s u estancia en el campo, en los que v emos una clara evolu ción
respecto a sus dibujos pre vios a la guerra, sin suponer una r uptura con a quellos, y que
enlazan con buena parte de su producción de la década de los 40.
Exist e también una foto copia con diversas r eproducciones de di bujos, algunos
casi ilegibles, en el arc hivo particular de J oaquín Castillo (CD109-116). En ellos, el
mismo autor anota que fueron realizados en el campo de concentración en 1939. De
otras obras tenemos con stancia fotográfica, c aso d e Poema de amor , Alma y páj aros ,
Lucha por la vida , Flui do o La lección , que expondrá en la Galería La mb ert de París en
1950 y que es reproducido en el catálogo de la misma.
Si bien, en general, no se pu eden considerar los dib ujos de Blasco como
testimonios documentales de la vida en el campo, en todo ca so, están ligados
inexcusablemente a las vivencias, deseos, anhel os
y frustraciones del i nternamiento, pero también so n
fruto de un consciente proceso creativo.
En uno de ellos sí lo vemos de forma
explícita (CD109). Se trata del inte rior de un
barracón, donde aparecen las estructuras d e made ra
que forman las camas, y varios personajes. Unos
duermen en la parte inferior. Otro, s entado parece
escribir, quiz á dibujar. Todo ello con l a
característica sinuosi dad li neal en las figuras
humanas que tienden ha cia la esencialidad de las
formas y el j uego con la omisión de elementos.
Quizá tambi én el tit ulado Flui do (CD105) s ea u na
interpretación de una escena de du cha en el campo,
o La l ección remita a las clases que se impartían e n
alguno de los barracones (CD108).
Barracones
, para dero desconoci do, realizado en
Verne t d´Ariège e n 1939, CD109.
286
Otros destilan una melancolía aún más profunda que los de época de la
República, como Alma y pájaros (CD106) , donde
observamos un personaj e en el interior de u n ataúd,
representación quizá del alm a. Junto a él, una vela,
mientras varios pájaros conforman un cielo
desasosegante, casi tormentoso. Pero también hay
otros de esperanza: L ucha por la vida quizá muestre
el deseo de Blasco po r no perder la esperanza ante el
incierto f uturo que s e cernía sobre los r efugiados
(CD107).
Un conjunto de si ete dibujos conservados
entre la obra le ga da por el autor al A y untamiento de
Molinos para su museo, encajan formalmente con
los anteriores (CD117-123). L a interpretación de
algunos d e ellos se nos e scapa: en uno vemos a u na
bailarina en una escena campestre, rodead a de dos
árboles, mientras una extraña figura vagamente
antropomorfa eme rge del suelo y la m ira (CD117).
En otro, un grupo de personajes aparecen
encadenados entre sí por la sinuosidad de la línea;
el dra ma y la angustia parecen cernirse sobre la
escena (CD122). El p eligro acecha en forma de
gusano gigante a una m adre que hu y e ll evando en
sus brazos a un bebé, en o tro dib ujo (CD119). La
delicadeza emana de La mujer del pajarillo
(CD118), que también traslada rá a lienzo; o e n esa
Maternidad , tema recurr ente en l a ob ra d e Blasco,
donde la madre, con los oj os cerrados, ensim ismada, con la cabez a ladeada recordando
algunas figuras de Modi gliani, parece soñ ar que sujeta a su hijo, el cual apenas podemos
entrever, como si se esfumara, y a qu e solo q ueda su recuer do (CD121). L a vía onírica a
través d e ambival encias apa rece en el di bujo d e un bust o m asculino cu yo to rso está
formado a su vez por dos ex traños seres, mientras la cabeza, de delicado ros tro, aparece
en dos momentos diferentes de manera simultánea (CD123).
Lucha por l a vida
, para dero desconoc ido,
realiz ado en Vernet d´A riège en 1939, CD10 7.
Alma y pájar os
, paradero desconocido , realizado
en Verne t d´Ariège e n 1939, CD106.
287
El hermoso Poema de amor (CD103),
dibujo posibl emente al carboncillo luego llevado
al lienzo a principios de los años 40, podemos
considerarlo una de las obras m ás significativas
de las que tenemos referencia y que con se gur idad
fue realizada en Vernet d´Ariège , donde aparecen
los elementos que car acterizan y def in en más
claramente la obra de Blasco de antes y despu és
del i nternamiento, p ero con una p átina emocional
especialmente pot ente propia de los dibujo s
realizados en Vernet.
Mayores probl emas n os plantean tres
dibujos expuestos en la S ala Eleuterio Blasco
Ferrer de Molinos, formalmente sim ilares entr e sí,
pero ajenos a los coment ados con anterioridad. E stán realizados en el mismo momento
y su t emática invita a plantear su cronolo gía bien en el periodo de la Gu erra Civil bien
en el campo. Hemos de t ener en cuenta que y a en Barcelona rea lizó dibujos de tema
bélico y carcelario que s on previos in cluso al estallido de la guerra, pero n o se asemejan
en nada a estos. Sin po der descartar la posibilidad de que fueran creados durante los
años de la Guerra Civil, nos inclinamos a p ensar qu e pertenecen al periodo de
internamiento en 1939. Dos razonamientos nos l leva n a ello. P or un lado, las simil itudes
formales que ex isten con algunos dibujos datados con se guridad haci a 1940-1941,
inmediatamente posteriores a la salida del ca mpo, en los que predomina el tra tamiento
geométrico de l as cabez as y un m a y or uso de la línea recta. Por ot ro, el elemento
dramático que sub yace e n ellos y el contenido d e las propias es cenas qu e nos sugieren
una situación de cautiverio.
El prim ero de ellos tiene mayores elementos surrealistas en el libre uso de la
línea (CD100). Tres fi guras, f emeninas con v estidos de volantes en las man gas, a la
manera andaluza, cobijadas bajo un gran sombrero, se preparan para d epositar unas
estilizadas flores sobre un cuerpo inerte, m uerto, del que solo asoma la cabeza. La
escena, conmovedora, es acompañada por una m edia luna, hum anizada, que asiste al
sepelio y ll ora, emitiend o una poderosa luz que baña a los personajes. T odos l os ojos
están cerrados. Todas las cabezas están cabizbajas .
Poema de am or
, paradero desconoci do, real izado en
Verne t d´Ariège e n 1939, CD103.
288
En el si guiente predomina la líne a recta. Tres h ombres esposados y atados con
cadenas mi ran con pesadumbre hacia un s uelo que parece un mar de cadenas. De nuevo
el dolor (CD101).
En el tercero, tres presos uniformados
a r a y as, esposados, don de solo a parece una
esencial reja que enma rca la escena. A su
alrededor, como si de gritos s e tr ataran,
leemos: “Viva mi novia”, “Viva l a libertad”,
“viva la demo cracia”, “cobardes”, “muera el
fascismo” (CD102).
Margarita Nelken remarca en varias
ocasiones la idea de qu e “(…) las primeras
obras merecedoras de la atención de la
crítica, fueron producidas, a la chita
callando, detrás de un barracón « g uardado »
por alambre de púas , y ametralladoras de
guardias vichystas ”
685
, au nque Blasco n o volvió a entrar en los campos tras l a
ocupación alemana, y su internamiento fue anterior al establecimiento del Gobierno de
Vichy.
Todos los di bujos del periodo de Vernet d ´A riège están envueltos en di gnidad
humana. Ese es, quiz á, el principal denominador común de unas ob ras, a nuestro
entender fu ertemente autobiográficas, donde l as p ulsiones int eriores de B lasco a floran,
pero que son sentimient os ex trapolables a los miles de compañeros en s u mis ma
situación. Testim onios ú nicos de la derrota r epublicana y su recibimient o en el país
vecino.
685
NE L KEN, Mar gar ita, “El arte en la emigraci ón. Eleuterio Blasco Ferrer”, Las
Españas , nº 19-10, mayo de 1951, pp. 13-14.
Sin título , ha cia 1939, tinta sobre papel , 30x24,7 cm.
Museo del Parque Cultural de Molinos, CD 102.
289
4.2.5.-BLASCO EN EL CAMP O DE S EPTFONDS (SE PTIEMBRE A
NOVIEMBRE DE 1939)
Blasco fue trasladado al campo de Septfonds e n septiembre de 1939, donde
apenas permanecerá dos meses. Este centro será uno de los lugares elegidos en febrero
de 1939 como campo de conce nt ración
686
, alejado de centros u rbanos y bien
comunicado por carretera y ferrocarril. Los terre nos l lamados de J udes y La Landa, de
50 hectáreas, usados com o zonas de pasto p ara l as ovejas, son los sele ccionados por el
prefecto y ge neral jefe d e la re gión mi litar par a rodear lo, y a el 27 de febrero, con una
doble cerca de alambradas, s eparadas por un camino de rond a, y construir una se rie de
barracones encargados al arquitecto d el Departam ento, Olivier. L os prime ros i nternados
llegarán el 5 de marzo, cuando la premur a y p rovisionalidad es la t ónica reinante ante la
cuestión de los r epublicanos españoles, de fo rma que estos refugiados ocuparán un
campamento provisional, al aire libre, junto a la iglesia de La Landa
687
.
Septfonds l legará a conta r con 45 ba rracones abiertos por un lado, con capacidad
para 350 hombres cada uno y ninguna comodidad. La s condiciones sanitarias, al igual
que Vernet d ´Ariége so n precarias, li mitándose a la distribución de a gua fría y tinas
móviles. En poco tiempo el campo acogerá a cerca de 16.000 hombres , trasladados
generalmente en convo yes ferroviarios, a r azón de dos al dí a, hasta el apeadero d e
Borredon, sin llegar a la estac ión de la ciudad. Desde allí ca minaban hasta el ca mpo,
situado a 6 ó 7 kilóm etros, bajo una estri cta vigilancia militar y la s consabidas
humillaciones hacia los internados
688
.
Nunca se previó una reclusión prolongada, y c omo en los demás campos, se
deseó ali gerarlos lo antes posibles, primero fo mentando l as r epatriaciones a Esp aña.
Inic i almente estos regresos fueron importantes. L ue go como hemos comentado, la
necesidad de mano d e ob ra p ara satis facer determinados sectores de la economía viró la
orientación de la política francesa hacia el problema de lo s re fugiados. De sde ma y o de
686
Véase el estudio de J ean-Claude Fau “Le cam p des réfugies de Septfonds (1939-
1940)”, en Les camps du Sud-Ouest de la France , Privat, Toulouse, 1994, pp. 35-41; o
ZORZÍN, Silvano, Le ca mp de Septfonds: soixant e ans d´hi stoire et de mémori es (1939-
1999) , Instituto de Es tudios Pol íticos de Burde os, 2000. Se puede consultar en Internet:
http://www.septfonds.com/histoi /pdf/Camp_de_Septfonds.pdf. [consult ado el 5 de junio
de 2012].
687
AMA L R IC, J ean-Pierre, “Tarn y Garona: dos espa cios par a l a memoria del exil io
español”, en VV.AA, op. cit., 2006, p. 325.
688
Ibidem , p. 325.
290
1939, el servicio departamental encargado de Tarn et Garona se encargará de difundir
las o fertas de t rabajo temporales prese ntadas por lo s agricultores. Los voluntarios serán
encuadrados en una de las Compañías de Trabajadores Ex tranjeros (CTE)
689
.
En septiembre de 1939 , con la declaración d e guerra, la sit uación de los
refugiados españoles era mu y confusa. El conflicto ag ravará la sit uación de precariedad
y provocará una gran movi lidad geográfica. Ante la i nminencia de l a guerra y la lentitud
de las repatriaciones
690
, el Gobierno intentó sacar p artido de la capacidad laboral de los
refugiados españoles. Así se fue organizando la contratación exter ior, directa e
individual pero también colectiva
691
.
La s empresas de la región, y lue go de toda Fr ancia, vaciarán los c ampos de la
ahora i mprescindible y barata mano de obra en unos t iempos de economí a de guerra.
Bartolomé Be nnassar documenta qu e el 23 de no viembre, Mr. D e La Garrigue contrata
a dieciséis ajustadores, torner os y forjado res en Septfonds, para emplea rse en la
Motobloc de B urdeos
692
. Eleuterio Blasco cue nta que salió en di recc ión a Burdeos
gracias a qu e un in geniero de la “Moto Bloc” d e esa ciudad, bus caba obreros
especializados, y tr as pasar un examen médico fueron llevados a B urdeos donde
trabajaron en la construcción de bombas
693
. Planteamos aquí la hipótesis, bastant e
verosímil, de que Eleuterio Blasc o fuera uno de l os torneros o forjadores que ese 23 de
noviembre de 1939 fueron contratados para la Motoblo c.
Suponemos que el artista focino continuaría h aciendo dibujos en este campo,
pero en l a distint a docu mentación analizada se refiere exclusivamente a lo s dibuj os
realizados en Vernet d´Ariége, y nunca a Septfonds.
689
Ibidem , p 326.
690
Según recoge Stein, los rumores so bre la excesiva dureza y castigos a l os repatriado s
se difundieron por los campos, socavando el programa francés de repatriaciones. Así
por ejemplo, Le Midi Social iste contribu yó a ello diciendo que en el mi smo instante en
que los ex iliados ponían el pie en España, era n conducidos al comandante del puesto, y
se les preguntaba en qué unidad habían luchado. Si la respuesta era la Divi sión L íster
(comunista) o la 26ª Divi sión (anarquista), eran fusi lados inmediatamente, sin jui cio. En
el número de 20 de febrero se ind icaba que al menos 200 mili cianos reg resados habían
sido ejecutados de esta manera (STEIN, Louis, op. cit., 1983, p. 102).
691
DREYFUS-ARMAND, Geneviève, op. cit., 2000 , p. 101.
692
BENNASSAR, Bartolomé, “ La contribución de los refugiados españoles a la
economía (1939-1941), en VV.AA., op. cit., 2006, p. 160.
693
Hierro candente (B), p. 76.
291
4.3.-EL EXILIO ARTÍSTICO ESPAÑOL Y EL CASO ARAGONÉS
El ex ilio ofrece ciertos ras gos comunes, con nu merosos matices, en tod os los
lugares de destino: su cará cter político, consecuencia directa de la derrota militar del
pueblo en su d efensa de la República; su carácter masivo, ya qu e no solo forman parte
de este fe nómeno una élite intelectual o política, l o que l o dif erencia de otros ex ilios,
sino miles de ciudad anos; y su reflejo de la com posición de la Es paña republicana en
tres planos: a ) el te rritorial, procediendo los exil iados de todas l as r egiones de Esp aña;
b) e l social, al reflejar las distintas c apas soc iales que en la Guerra Ci vil estuvieron al
lado de la R epública (bur guesía liber al, cl ases medias, obreros, campesinos e
intelectuales); y c) profesionales, pues encont ramos los más variados oficios y
profesiones entre los integrantes d el éx odo
694
. Características estas a las qu e hemos de
sumar su duración, 36 años, qu e excedería con creces l os augurios de los más
pesimistas; y la transformación de lo que originaria mente era desti erro en transtier ro,
esto es, la integración progresiva del exiliado en la vida del país que le ha acogido.
694
S ÁNCHEZ VÁZQUE Z, Adol fo, “El exilio del 39. Del desti erro al transtierro” en
MANCEBO, Mª Fernand a, BA LDÓ, Marc y ALONSO, Cecilio (eds), op. cit . , Tomo 1,
2001, p. 38.
Prese ntaci ón de los refugiados españole s a las autoridades militares y civiles francesas en el Campo de Septfonds, 1939. A la
izquierda puede ve rse una banda de música re unida por un tal Migue l Jordana entre músicos v oluntarios. To mada de VV.
AA ,
Republicanos españoles en Mid i Py rénées. E xilio, historia y memoria
, P resse s Univer sitai res du Mir ail, Ré g ion Mid i
-
Pyré nées, edición española Cataluña, 200 6, p. 324.
292
Refiriéndonos al grupo c, el de profe sionales, y c entrándonos en el ámbit o de l a
plástica, no deja de sorprender e l recuento o bal ance, siempr e i ncompleto, del número
de artistas, fotógrafos o arquitectos que pasaron a Francia. No podemos dejar de poner
de manifiesto, como ya hiciera Tuñón de Lara en su momento, que n o es posible
comprender el exilio cultural sin el éxodo de masa s, porque los dos exilios, que han sido
dos manifestaciones de un mi smo problema, están estrec hamente relacionados
695
.
Algunos d e ellos alcanz aron con el tiempo g ran relevancia artíst ica, forjá ndose
en el país de acogida. Ot ros venían avalados por su tra y ectoria anterior. Pero muchos de
ellos apena s son conocid os, cuando no totalmente desconocidos, y su desrro llo personal
y artí stico, a veces irregular, ha pasado desapercibida para la historia del arte.
Es con la transición democrática en Es paña cuando se ini ció la recuperación de
la memoria cultural y lit eraria , rompiendo el es peso silencio y olvi do en que habían
caído muchos de nu estro s cre adores, desterrados, desarraigados, donde l a distancia y el
paso de los años les había arrinconado del imaginario cultural.
En el deseo de mostrar la magnitud de la vorág in e ex ílica en el campo de las
artes, por no ampliar la nómina a todas las manife staciones culturales e intelectuales,
que desbordarían las pá ginas de este estud io, y partiendo de la recopila ción re alizada
por F rancisco A gramunt, la r elación de pinto res que p asaron o se establecieron en
Francia, bi en para establecerse allí, bi en para trasladarse a otros países europeos,
norteafricanos o dar el s alto a Amé rica fuer on, entre otros: Hilarión Br ugarolas, Josep
Torrent B uch, Manuel C amps-Vicens, Antonio Quirós, Pablo Salen, J osé Alejos ,
Vasallo Blasco, Librero, S antolaya , N. Ferrán, Carlos Pradal, Farret, J osé Vargas,
Álvaro de Orriols, J osé Fábregas, Ángel Botello Bar ros, Antonio Prats Ventós,
Nicomedes Gómez, Francesc Miró, Nemesio Raposo, Gerardo Lizarraga, Manuel
Valiente, Joseph Franch-Cl apers, Call, Argüello, Zurita, Espan yol, I zquier do Carvajal,
Medina, Ginés Parra, Cris tóbal Ru iz, Manuel Ángeles Ortiz, Óscar Domínguez Palaz ón,
695
TUÑÓN DE LARA, M., “Coloquio sobre el exilio de la guerra Civil”, Historia 16 ,
nº 19, noviembre de 1977, p. 26. A raíz de esta reflexión de exi lio compar tido entre
hombre de la c ultura y h ombre del pueblo, el autor señala cuat ro rasgos e senciales del
exilio: 1.-Se trata de un hecho multit udinario. 2.- Este exili o de 1939, tradicional en
nuestra historia de ex ilios, tiene una no ta específica: al convertirse en un asunto de
multitudes que abandonan sus raíces porq ue no tienen otra opción –es el exi lio o la
muerte o la priv ación d e libertad-, se configura como auténtico destierro. 3.- Este exi lio
se pro y ecta –con caracteres de p ermanencia- en mu y diversos p aíses, tanto geográfica
como cultural y socialmente. 4.- Enlaza con una conflagración mundial de seis años de
duración que condicionará la vida de los exiliados.
293
Eugenio Fernández Granell “Eugenio G ranell”, M enchu Gal Orandiai n, Aureliano
Bibiano de Arteta y Erraste, Ramón Po ntones, Francisco Camps Ribera, J osé Alloz a
Villagrasa, Francisco C apdevila Moreno, Franc isco R iba-Rovira, Darío, J avier Ciria
Escardivol, C armona de la Pu ente, Ramón Ga ya Pom és, Ti moteo Pére z Rubio, J osé
Moreno Villa, Horacio Ferrer, Eduardo Vicente, Ramón Pontones Hidalgo, Orlando
Pelayo, M arian Andreu, Eduar do Muñoz Orts “La lo”, Balbino Giner G arcía, Domi ngo
Gimeno Fuste r, Antonio Rodríguez Luna, Aurelio García Lesmes, Francisco Moreno
Capdevilla, Salvador Barto lozzi Rubi o, C arlos Fontseré Carrió, Salvador Soria Za pater,
Francisco Sales Riviralta, J osé Licera s López, J osé Barda sano Baos, Juan de la A ranoa
y Carredaño, Pío Fe rnánd ez Cueto “Pío Ferná ndez Mu riedas”, Jos ep Bar tolí, Esteban
Abril, Ponti , Calafell, Juli án d e Tellaeche y Aldasoro, Án gel Osorio y Gallardo,
Fernando Teixidor Guillén, Jordi Camps Rivera, Car men Cortés D´Aguade, Rafael
Martínez Padilla “Padill a”, Rafael Ventura Mollá, Segundo Vicente, Lucio L ópez R ey,
Rodolf Jauría-Gort, Francisco Forcadell-Prat, Matí Blas B asi, Ig nacio Vidal Moln é,
Juan La rramendi Arburúa, José Garc ía Álva rez “J osé García Tella ”, J osé Gutiérrez
Solana, Ánge l L ópez-Obrero Castiñeira, Eduard o Lozano, Inoce ncio Burgos Montes,
Luis Vidal Molné “Moln é”, Pedro Creix am Picó, Juan Estellés, Antonio G arcía Lamolla
“Lamolla”, Antoni o Ga lván Zanon, J osé y Mar gar ita F rau, Pedro Pruna, J oaquín
Peinado, P edro Flores, Antoni Clavé, Francesc Sala, Aurelio García Lesmes, Gabriel
García Maroto, Ángel Ferra nt Coromines, Augusto Fe rnández, Mar ia Luisa Fe rnández
“Marixa”, J orge S oteras , María S anmartí, J uan S ans Amat, Manuel Colm eiro, J osep
Suau, Alfons Vila Fran quesa “Shum”, Lucio López Re y, Pablo Planas, Re y -Vila,
Manuel Viola, Francisco Rivero Gi l, Ag ustín Alamán, J osé Vilató Ruiz “J. Fin”, J avier
Vilató Ruiz , Bruno Verán, Diamantino Ri era “Diamantino”, Manuela Ballester, Rosa
Ballester, J osefina Ballest er, José Miquel Serrano, J osé García Ortega “ Pepe Ortega”,
Elvira Gascón, Eduardo L ópez Pisano, María Bosqued, Francisco G arcía Esteve,
Mingorance, J ulio Montes, J avier Ote y za, Pl á Mi racle, Luis Seman a, Ram ón J. Sender,
Victoriano Lorenzo Aguirre, Juan Masiá Doménec h, Salvador Tarazona, Francisco Caro
Ferrando, Buenaventura Trepat Sam ara, Jaime d e las Heras, G abriel Ala bert Bosque,
Heleno Cases, Rafael Gil C ucó, Manuel Edo Mosquera, José Enrique Rebolledo, J osé
Picó Martí, Vicente Bautista Belda, Vicente R ojo, Martel M entor Blasco, Francisco
Tortosa, Remedios Var o, Vela Za netti, Domingo Angulo And rés “ Andrés”, J osé
Muncunill, Nestor Basterrechea, Luis Marín Bosqued, Joaquín Sun ye r Mir ó, Bernardino
300
Empezarán poco a poco una serie de ex posiciones sobre el car teli smo
republicano y bélico
709
, aunque el m omento político no era el adecua do para una
aproximación profunda al tema.
Con el ti empo se pusieron sobre la ta rima t emas relacionado con la Guerra Civil
y el exili o, y una d e las formas preferidas p ara acercarse a aspectos concretos de la
historia son los aniversarios y conmemo raciones. Es el caso del 50 aniv ersario de l a
capitalidad de Valencia durante la República, con las muestras Valencia, capital de la
República
710
y 50 años después
711
; m ientras el Centro de Arte Rei na Sofí a
conmemoraba el 50 aniversario del Pabellón de la República, recons truyé ndolo y
sacando a la luz obra d e artist as desterrados
712
. Destaquemos de nuevo otr a c elebración ,
el 50 Aniversario del Ex ilio Español de 1939, que entre otros a ctos contó con la
exposición Cincuenta años de exilio español, organiz ada por la Fundación Pablo
Igle si as en el Parque del Retiro.
Pero en general, lo s años ochenta no fueron satisf actorios en la re cuperación de
la memoria, atendiendo a cierta despolit ización, o reivindicación crítica del a rte
despolitizado
713
. Sirva como anécdota, pe ro a la ve z como sím bolo de esos primeros
años democráticos, que en 1983 se celebró en e l Palacio de Velázquez de Madrid la
exposición El exilio español en México , y no pudo colocarse en l as puert as del P alacio
una reproducción d e gran tamaño de la po rtada d el catálogo donde apa recían unidas la
bandera republicana y la mexi cana
714
.
A inicios de lo s años noventa, el tema de l a diáspora cultural republic ana carecía
todavía de una i nvestigac ión profunda y s ignificativa del fenómeno del exilio y sus
protagonistas. En esa década hubo distintas aproximaciones a la cultura del exili o, tanto
en el ámbito social y cu ltural, apareciendo dos importantes grupos y asociaciones de
investigación orientados al estudi o del exil io republicano. Es el caso d e GEXEL (Grup
d´Estudis de l ´Exil i L iterari), bajo la dire cción de Manuel Aznar Soler y adscrito al
709
FIGUERAS, J . Mª (presentación), Carteles de la República y la Gu erra Civil , Centro
Cultural de la Villa, Madrid, octubre-noviembre d e 1978.
710
VV.AA., Valen cia, capi tal de la Repúbli ca , Ajun tament de Valèn cia, 198 6. Diversos
autores se ocuparán de la pintura, la escultura y el cartelismo valenciano durante la
Guerra Civil.
711
VV. AA., Cincuenta años después , Generalitat Valenciana, 1987.
712
ALIX, J. (Comisaria), op. cit. 1987.
713
DÍAZ SÁNCHEZ, Julián, op. cit., 2005, p. 13.
714
Referido en DÍAZ SÁNCHEZ, Julián, op. cit., 2005, p. 16.
301
Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma d e Bar celona, nacido
en enero de 1993 bajo la premisa de reconstrucción de la memoria hi stórica , cult ural y
literaria del ex ilio español de 1939. Por otro AEM I C ( Asociación para el estudio de los
Exilios y Mi graciones Ibéricos Con temporáneos), bajo la dire cción de Alicia Alt ed,
constituida en Mad rid en 1 995 con el objeto de impulsar el estudio y difusió n de los
conocimientos sobre las migraciones, especial mente lo referido a l as migraciones
políticas y a los p aíses d e aco gida más s ignificativos
715
. Es int eresante la edi ción de l a
revista Migraciones y E xilios , la participación e n Congresos y l a coedici ón de obras
sobre temas del exilio.
Otras Instituciones, como el Centro de I nvestigación y Estudios Republicanos
(CIERE) que edita una revista, Cuadernos Republicanos y publ icaciones como la
Revista Archipiélago. C uadernos de crítica d e la cultura , entre otras, han reco gido
distintos t e xtos refe ridos a la diáspora cultural.
Sin ser AEMIC ni GEXEL instituciones dedicadas al tema a rtístico en parti cular,
las páginas de sus publ icaciones y actas de congresos han vist o recogi das diversos
textos y ponencias sobre temas del ex ilio artístico, si bien, poco cuantitativos en
relación a otros aspectos culturales, especialmente literarios.
Hemos de destacar que los estudios refer entes a la cult ura del exilio francés, que
contó con el ma y or volumen de republicanos, han acaparado menor interés
historiográfico que el caso de Méx ico, una especie de “transtierro historiográfico”. Por
ello no podemos dejar de mencionar la celebración los días 19 y 20 de febrero de 1998
en la Universidad Autón oma de Barce lon a, de un “Seminario en torno a l a Literatura y
cultura del ex ilio español en Fr ancia”
716
, propuesta d e AEMIC y GEXEL, precisament e
con el objeto de paliar la evidente la guna hi storiográfica existente en aquellas fechas en
torno a este tema. Vacío debido a las particulares características sociológicas y polí ticas
del exili o francés, con un contenido en algunas d e sus manifestaciones culturales de una
honda raigambre popular; ade más del uso de muchos escritores, artistas e i ntelectuales
allí exi liados, de renombre similar a los que r ecalaron en Méx ico, la len gua francesa, de
acuerdo con esa simbiosis característica entre la c ultura española y francesa.
715
Además está vinculada al CERMI (Centr e d´Études et de R echer ches sur les
Migrations Iber iqu es Contemporaines) y al CERIC (Centre d´Étude s et de Recherches
Inter-Européennes Contemporaines).
716
ALTED VIGIL, Alicia y AZNAR SO L ER, Manu el (Eds.), op. cit., 1998.
302
En 1999 se d esarrollan u na serie de actividades d e gran rel evancia. GEXEL, tras
haber r ealizado el Prim er Congreso Internacional sobre “El ex ilio l iterario español de
1939” y con vistas d e realizar el segundo p ara 19 99, se e rigió como promotor y
coordinador del pro y ecto de un Congreso plural bajo e l título “Sesenta años después”,
que se celebró a lo la rgo de todo el año 199 9 en doce comunidades autónomas:
Andalucía, A ragón, Astu rias, Cantabria, Castilla- La Manch a, Castil la y León, Cataluña,
Galicia, Madrid, P aís V asco, La R ioja y Valencia. Las A ctas resultante s pretendían
crear “ memoria no sólo contra el silencio y el o lvido de la dictadura franquista sino
también contra el pacto de amnesia sobre el pasado en que se fund amentó nuestra
transición democrática ”
717
. Estas publicaciones con tribu y eron a a yudar a reconstruir el
pasado de nuestr a tradición políti ca, intelectual, artística, li teraria y social de l a
República, constituyendo una fuente bibliográfica de primer orden para conocer el
patrimonio de la cultura española del siglo XX. Además, se realiz ó una “Muestra
artística del exili o”, organizada por la fundación Salvador Seguí de Valencia, dentro de
los actos conmemorativos del 60 aniversario del inicio del ex ilio.
Los ámbitos de estudio se han ido diversificado, atendiendo poco a poco a la
cultura desarrollada en lo s campos de refugiados f ranceses; las relaciones entre el exilio
artístico español y Picasso; surgiendo diver so s estudios monográf icos de algunos
crea dores plásticos desterrados; o incluso intentando deslindar las coordenadas artísticas
de la diáspora republican a en sus diversos países de adopción. Todo ello demostrando l a
enorme complejidad que conlleva su aná lisis, las diferencias entre los distintos lugares
de destino, y en def initi va, abriendo nuevos enfoques y caminos de i nvestigación. L a
amplitud del f enómeno del exilio, sus múltiples implicaciones, sus cambios de r umbo,
etc., exige una metodología de estudio compleja y varia da para situ ar en toda su
magnitud la riqueza del arte contemporáneo españ ol.
Diferentes autores e iniciativas
718
se han dedicad o con preferencia hacia la
cultura y el arte en el ex ilio y las relaciones entre arte y polít ica. Destacaremos la
717
A ZNAR S OLER, Manu el, “ I ntroducción”, en M ANCEBO, Mª Fernanda, BA LDÓ,
Marc y ALONSO, Cecilio (eds.), op. cit ., 2001, p. 26.
718
Véa se por ejemplo la in iciativa editorial “ Biblioteca d el exilio” impulsada en 2003
por Ma nuel Aznar Soler; o el Portal Biblioteca del Ex ilio, presentada en 20 02 en
conexión con la mítica Biblio teca Virtua l Miguel de Cervantes:
http://www.cervantesvirtual.com/portal/exi lio. Todas ellas c on ref erencias al c ampo
artístico y cultural. O también los imprescindibles Archivos de REDER:
http://listserv.rediris.es/archives/reder.htlm .
303
numerosa obra de Mi guel C abañas Bravo, centrada en l as relaciones entre arte y
política, con esp ecial atenc ión al exilio artístico a México; los traba jo s de Violeta
Izquierdo respe cto a los artistas del círculo Tol osano; o l os de Dolores Fernández,
además de otros muchos investigadores que se han ocupado de dis tintos a rtistas y
aspectos con cretos del exilio. También he mos de reseñar los trabajos g enerales de
investigadores españoles o ex tranjeros, q ue han uti lizado las fuentes documentales
presentes en archivos di plomáticos o de la administ ración francesa, des collando los
textos iniciales de Javier Rubio , L ouis Stein o el citado J osé L uis Abellán, hasta llegar a
los realizados por Alici a Alted, Lucie n Dom ergue o Geneviève Dr e y fus-Armand; ésta
última quien más s e ha d edicado al estudio de la i nmigración esp añola a Francia, y cu ya
obra L´exil des rèpublicains espagnols en Fra nc ia. De la Guerre Civil à l a mort de
Franco
719
, publicada en Pa rís en 1999 en Éditions Albin Michel, se h a convertido en la
obra de referencia del estudio de exilio español en el país vecino. De todos ellos damos
debida cuenta a lo largo de este trabajo.
Es significativo que en el terreno de las artes plásticas ha y an aparecidido
Fundaciones y Museos c omo los de Renau en Va lencia, Ramón Ga ya en Murcia, Luis
Seoanes en La Coruñ a, Granell en S antiago de Com postela, Victorio Nacho en Toledo,
Vela Zanetti en Le ón, Baltasar Lobo en Zamora… y ex posiciones, muchas antológicas,
de artistas como Alberto, M auricio Am ster, Manuel Án gele s O rtiz, Bagaría, Toni
Ballester, B ores, Castelao, Clavé, C olmeiro, Enric Crous, Óscar Domíng uez, Apel.Les
Fenosa, Luis Fernández, Fernández Balbuena, Est eban Francés, G arcía Lamolla, García
Maroto, Maruja Mallo, Francisco Mi guel, Moreno Villa, Timot eo P érez R ubio, L uis
Quitanilla, Rodríguez L una, C ristóbal R uiz, José S uárez, Ucela y , Reme dios Varo o la
reciente de Agustí Centelles en el Paraninfo de la Uni versidad de Zaragoza
720
.
El últ imo hit o destacado e n est e pro ceso fue l a L e y de M emoria Hist órica,
aprobada en el C ongreso de l os Diputados el 31 de octubre de 2007 (Ley 52 /2007, de 26
de diciembre), de gran r epercusión mediática y política, que ha contribuido a pon er en
719
Publicado en Espa ña bajo el nom bre El e xilio de los r epublicanos esp añoles en
Francia. De la Guerra Civil a la muerte de Franco , Edit orial Crític a, Bar celona,
2000.Trabajo de enorme envergadura en el que hace un análisi s completo del exilio
español en Francia desde 1939 hasta su conclusión en 1975, basado en los documentos
de archivos espa ñoles, francese s, rusos, holandeses y suizos ; en una importante prensa
del exilio; numerosas entrevistas y abundante correspondencia.
720
Véanse las reflexi ones a este proceso de BONE T, Juan Manuel, op. cit ., 2002, pp.
152-153.
304
marcha pro yectos insti tucionale s en torno a este periodo. Además ha sido acompaña da
de al gunas propuestas aut onómicas, caso d el Pro yecto Amar ga M emoria, e manado de la
Dirección Ge neral de Patrimonio Cultural del Gobier no de Arag ón con la voluntad de
agrupar toda una s erie de iniciativas, tanto instit ucionales como promovidas por otras
entidades y colectivos sociales, tendent es a re copilar el conocimiento de la etapa
comprendida entre la II República y la recuperación de las libertades democrática s.
A este progresivo restablecimiento historiográfico, resta todavía enfrentarse a la
singular identi dad de los artist as españoles ex iliados en relación a ot ros fenómenos
artísticos. Queda el estudio y puesta en valor d e obras y creadores que han de ser
convenientemente docu mentados, valor ando el alcance de su obra en su particular
contexto y circunstancias “e xí licas”, así como las interacciones con las ma nifestaciones
de su país de orige n y de destino, superando definitivamente l os condicionamientos
sociopolíticos que han mediatizado el estudio del exi lio republicano español.
4.5.-COORDENADAS ARTÍS TICAS DEL E XILIO EN FR ANCIA
Hemos asist ido pues a un lento proceso de recuperación historiográfica, u n auge
feliz y creciente a partir sobre todo de la década de lo s noventa, si endo ya abundant es
los textos aparecidos referidos al ex ilio en general y a la cultura artística en p articular.
Además, y al unís ono, cont amos con una bibl iografía cada vez más in gente sob re la
guerra civil española y la repre sión franquista, con aspectos cada vez más novedosos,
tales como la dimensión internacional de di cha guerra, l a ex istencia de fosas comunes,
los campos de concentración, etc., cimentados s obre la revisión crítica del sil encio sobre
el que se construyó la transición democrática y el debate en t orno a la memoria de las
víctimas
721
. Sin embar go l a cultura artística d el exil io español de 1939 es tod avía poco
conocida, prestándose escasa atención a este ámbito en los estudi os generales.
Así, no ha sido nada frecue nte abord ar de forma conjunta las características del
exilio artístico español en Francia
722
, mientras que, por ejemplo el c aso mexicano ( y a
721
Véa se SÁNCHE Z C UERVO, Antolín, “Memoria del exili o y ex ilio de la memoria”,
ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura , nº 735, enero-febrero de 2009, p. 3 .
722
El ex ilio a otros países requiere su análisis particular . En lo re ferido a los estado s
hispanoamericanos, y concretamente en el cas o de México, Miguel Cabañas ha
documentado un a n ómina cercana a los 300 crea dores t ransterrados, si bien de
diferentes generaciones y grado de formación y de dicación al arte, donde destacan, entre
305
pesar t ambién de ciertas dificultades qu e plantean las investigaciones so bre este tema
(pues los estudios más relevantes se han di rigido a an álisis biográficos de artistas
concretos), cuenta con un más amplio tr atamiento historiográfico y por tanto una m a y or
bibliografía y una más amplia vis ión genér ica so bre las artes plásticas, destacando los
estudios de Miguel Cabañas
723
.
La Guerra Civil fractura con dureza e l arte español, configurando t res grandes
sectores artísticos “ defini dos y diferenciados por coordenadas de espacio,
circunstancias políti co-culturales y naturaleza de los comportamientos artí sticos ”: el
constituido por aquellos que marcharon fundamentalmente a París como nuevo
horizonte artístico (Casas, Rus iñol, Picasso, Gris Blanchard, Dalí, etc); los que estaban
activos antes de la guerra, que tr abajaron en la Espa ña franquista, y donde pr onto
emergen figuras capitales del arte de l a se gunda mi tad de siglo (Tàpi es, Saura, Chilli da,
Millares, R ivera, A guayo, Lagunas, etc.); y el formado por aquellos qu e tuv ieron qu e
exiliarse en 1939. Estos espacios, de circunst ancias históricas y estéticas distintas, se
han ido modelando historiog ráficamente, pero po cos han sido los intentos de establecer
los m ás conocidos, R emedios Varo, J osep Renau, Anton io Rodrígue z L una, Jo sé
Moreno Vil la, R amón Ga y a, Enrique Clim ent, L uis Buñuel o Vicente Rojo, quienes
poseen ya monografías estim ables. Ver CABAÑAS BRAVO, Mi guel, “El exilio de
1939 y el arte desarrollado en Méx ico. Un t e ma para después del franquismo”, en
MANCEBO, Mª Fernand a, BA LDÓ, Mar c y A LONSO, C ecilio (eds.), op. cit ., Tomo 1,
2001, p. 57.
723
CABAÑAS BRAVO, Miguel, “El ex ilio artístico del 39 en Méxi co. Etapas y
actividad del artista trasterrado durante los años c uarenta”, en VV.AA., El fr anquismo:
El régimen y la oposi ción , IV Jo rnadas de Castilla-La M ancha sob re la investigación en
Archivos, Guadalajara, ANABAD Castill a-La Mancha, 2000, pp. 753-791; CABAÑAS
BRAVO, Mi guel, “El exili o del arte español del siglo XX. De las problemáticas
generales de l a emigraci ón a las específicas d e la se gunda generación de artistas del
exilio republicano en Méx ico”, en CABAÑAS BR AVO, Miguel (coor.), El arte español
del siglo XX. Su perspectiva al f inal d e mi lenio , Madrid, CS IC, p p. 287-315;
CABAÑAS BRAVO, Miguel, “Un arte transt errado. Características de la adaptación d e
los artistas españoles ex iliados en México”, en A LTED, A. y LL U ISA, M. (dirs.) , op.
cit. , vol . 2, Madrid, UN ED, 2003, pp. 17-40; C ABAÑAS BRAV O, Miguel, “El arte
español desde los críticos e historiado res del exilio republicano en Méx ico”, en
CABAÑAS BRAVO, Miguel (coo r.), El arte español fuera de España , Madrid, C SIC,
2003, pp. 645-673; CABAÑAS BRAVO, M iguel, Rodríguez Luna, e l pin tor del e xilio
republicano español , Ma drid, CS I C, 2005, pp. 11 5-364; CABAÑAS BRAVO, Miguel,
“Las art es plásticas y el ex ilio republicano español en Méx ico”, en SÁNCHEZ
CUERVO, Antolín (coord.) , Las huellas del exilio. Expresiones cult urales de la España
peregrina , Té bar, M adrid, 2008, pp.291- 354. CA BAÑAS BRAVO, Miguel, “ De la
alambrada a la mexicanidad. Andanza y c erco del ar te español del ex ilio de 1939 en
tierras aztecas”, en BRIHUEGA, Jaime (Com.), op. cit ., 2009, pp. 54-74.
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