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Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F

Chicharro Merayo, María del Mar,Gómez García, Salvador

Abstract

Producción Científica

Full text

ISSN 1405-1435, UAEM, núm. 65, mayo-agosto 2014, pp. 219-245 Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F Memory of a Coup d’État: historical fiction about February 23rd Mar Chicharro-Merayo / [email protected] Universidad de Burgos, España Salvador Gómez-García / [email protected] Universidad de Valladolid, España Abstract: This research is focused on two fiction representations of the coup d’état in 1981, February 23rd in Spain. Specifically two series broadcasted in February 2009, namely: February 23rd: King’s hardest day and February 23rd: the history of a betrayal. In this way, we assume not only the proposal that fiction is a useful instrument to rebuild historical memory, but also the concern that it is able to renew the perception of some social institutions. Key words: television, fiction, history, February 23rd, army, Spain. Resumen: Esta investigación aborda dos construcciones de ficción en torno al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Concretamente dos series proyectadas en televisión en febrero de 2009: 23-F: El día más difícil del Rey y 23-F. Historia de una traición. En este sentido, el presente trabajo parte del supuesto de que la ficción es un instrumento eficaz para reconstruir la historia, así como para renovar la imagen de algunas instituciones sociales. Palabras clave: televisión, ficción, historia, 23-F, ejército, España. Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 220 Introducción1 El proceso de modernización estructural al que el ejército viene sometiéndose durante todo el periodo democrático ha puesto de manifiesto la necesidad de la institución de redefinir su papel social, así como de presentarse a los ojos de la ciudadanía como organización eficaz, necesaria y funcional en el contexto de la contemporaneidad. En este proceso de resocialización de la ciudadanía en el valor de un ejército pacificador y defensivo, el papel de los medios de comunicación es especialmente significativo. En particular, la televisión está colaborando a través de muy diversos formatos. La apuesta explícita por un ejército cargado de valores como la profesionalidad, modernidad, el uso de las nuevas tecnologías o la cooperación para el desarrollo se pone de manifiesto en el tratamiento de los informativos de las cadenas generalistas públicas nacionales. La visibilidad de su ministra, Carme Chacón (2008-2011), así como de sus acciones e intervenciones en misiones internacionales está siendo de gran utilidad para proyectar al ejército como exponente de una significativa presencia política y militar de España a nivel internacional. Al mismo tiempo, esta vinculación entre ejército y política internacional traslada al ciudadano la percepción de que el peligro bélico se sitúa muy lejos de nuestras fronteras, incrementando su sensación de seguridad. Este trabajo se ubica en el área de los estudios culturales y de televisión, y entiende que la ficción televisiva colabora en este proceso de acomodación y visibilización, proponiendo, sobre todo, lecturas sobre el ejército y su papel en algunos de los acontecimientos más significativos de la reciente historia española. Los años veinte (La Señora), La Segunda República (14 de abril, la República), la Guerra Civil (Amar en tiempos revueltos), la etapa franquista (Cuéntame), la transición hacia la democracia, o el proceso de consolidación democrática (23-F: El día más difícil del Rey), son sólo algunas de las etapas que el relato televisivo gusta recrear para ofrecer al espectador una explicación histórica en la que las Fuerzas Armadas desempeñan un rol central. De este modo, y a través de estas propuestas de ficción histórica, la televisión contemporánea ofrece un relato histórico vulgarizado, que por medio 1 El presente trabajo se inserta en los siguientes proyectos de investigación: 1) “Cultura audiovisual y representaciones de género en España: mensajes, consumo y apropiación juvenil de la ficción televisiva y los videojuegos”, ref. FEM2011-27381, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, España; 2) Grupo de investigación complutense “Historia y Estructura de la Comunicación y el Entretenimiento”, ref. 940439, Gr 58/08, Banco Santander Central Hispano-Universidad Complutense de Madrid, España. Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 221 de algunos recursos realistas y aparentemente documentales, ofrece al espectador una explicación del pasado (Montero y Paz, 2013; Chicharro, 2011; Buonanno, 1999), y por ende, del presente de la sociedad española, así como del papel histórico del ejército. De ahí que las líneas siguientes, sin embargo, tendrán por objetivo apuntar algunas de las lecturas sobre la institución militar propuestas por la ficción televisiva contemporánea de producción propia. Para articular esta revisión, manejamos varios supuestos. En primer lugar, tal y como se ha señalado, entendemos que los productos de ficción, especialmente aquellos que adoptan un enfoque realista y verosímil pueden hacer las veces de texto que representa e interpreta la historia para los espectadores. De ahí que aun cuando estos formatos se vinculan esencialmente con el entretenimiento y la evasión, puedan ser utilizados también en su dimensión informativa para cubrir aquellos aspectos que el espectador desconoce. Las imágenes cultivadas por el espectador, a raíz de su exposición al mensaje, pueden influir en su cosmovisión. Tienen capacidad para adquirir el carácter de presuntas representaciones exactas, generando consecuencias emotivas y cognitivas (Gross y Morgan, 1985), orientando o guiando pensamientos y acciones del espectador (Porto, 2005: 355). En segundo lugar, sostendremos que los discursos de ficción en los que se introducen representaciones en torno a las Fuerzas Armadas centran sus esfuerzos en la revisión del pasado de la institución, muy vinculado con organización política y las élites franquistas. Si en el imaginario colectivo el ejército puede aparecer asociado a episodios espinosos como la Guerra Civil, la dictadura franquista o el golpe de Estado del 23 de febrero, la ficción puede llegar a matizar o corregir discursos hegemónicos. De ahí que sostengamos que la emisión de algunos de los formatos más conocidos de ficción histórica es una de las estrategias mediáticas para revisar el rol político de la institución en el pasado reciente. En tercer lugar, entenderemos que las representaciones de las Fuerzas Armadas propuestas por la ficción oscilan, todavía, entre la renovación y la necesidad de conectar con los estereotipos sociales compartidos por los públicos. Es decir, por un lado, la actualización del ejército se ha de plasmar en la aparición de personajes que encarnan valores asociados con la democracia y a la modernidad. Sin embargo, la rigidez de los arquetipos militares con los cuales la televisión, pero sobre todo el cine, viene trabajando, explican que el discurso televisivo todavía necesite mantener anclajes con las representaciones audiovisuales dominantes. Tiempo atrás el ejército era representado como una institución conservadora que garantizaba el orden, pero, al mismo Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 222 tiempo, el inmovilismo sociopolítico, asociado con escenarios de dictadura y con instituciones tradicionales como la Iglesia. Por ello la ambigüedad de algunos personajes y situaciones vinculados con el espacio castrense. De hecho, en ellos se dan cita valores y significados encontrados (progresistas y reaccionarios), que ponen de manifiesto el proceso de cambio de la institución, tanto desde una perspectiva estructural, como en relación con el mundo de valores que encarna. De acuerdo con los objetivos y las hipótesis enunciadas, el presente trabajo parte de una reflexión general e introductoria en la cual se intenta situar al lector ante algunos de los retos y encrucijadas del español durante el periodo democrático y que explican la necesidad de articular discursos en torno a los cuales construir una imagen de la institución más renovada y adaptada a los tiempos. A continuación, concretaremos en las propuestas que la televisión nacional nos ofrece en torno a la guerra y el ejército, no sin antes situar estos productos en el marco de algunas de las estrategias de representación del microcosmos militar desplegadas por la producción televisiva extranjera. Repasaremos la producción de ficción nacional más reciente sobre guerra y ejército para detenernos ya en algunas lecturas particulares sobre la institución. La última parte de este trabajo se centrará en la reconstrucción que la ficción propone en torno al intento de golpe del 23 de febrero de 1981. Estudiaremos los significados y representaciones que contienen dos productos que compitieron en las parrillas televisivas: 23-F: El día más difícil del Rey (tve 1, 2009) y 23-F. Historia de una traición (Antena, 2009). El método de análisis escogido es la técnica de análisis de contenido cualitativo. Se propone una lectura interpretativa o close reading del material escogido que a partir de la identificación de algunos de los elementos propios de la narración (personajes, escenarios, temas, tramas, momentos y periodos reflejados, acontecimientos registrados, imágenes escogidas…) señalará los elementos en torno a los que se construye y actualiza la imagen de las Fuerzas Armadas, así como las claves de su legitimación en tiempo presente. Sociedad y ejército. Cambio social y adaptación de la institución En su Título preliminar, el artículo 8.1 de la Constitución Española de 1978 señala el carácter angular de la institución del ejército en la organización del sistema político español: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 223 soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Una ley orgánica regulará las bases de la organización militar conforme a los principios de la presente Constitución”. La idea de un Estado español autónomo, indivisible desde una perspectiva territorial, justifica su existencia como cuerpo de defensa y conservación, ante amenazas internas y externas a su integridad. Del mismo modo, le dota de competencias como garante de los principios democráticos de la soberanía y la ley. Su carácter de cuerpo neutral y ajeno a la competición partidaria se simboliza, entre otros, a través de su relación de obediencia con el Rey, figura imparcial que ejerce de mando supremo. De ahí que sus miembros se vean sometidos a restricciones en su afiliación a organizaciones sindicales, o en su elegibilidad a la Cámara Baja y Alta del sistema político español. La relevancia que la Constitución deposita en esta institución se pone de manifiesto, igualmente, en la exigencia de que sea una de ley orgánica la que regule los pormenores de su organización. La Ley Orgánica sobre Criterios Básicos de la Defensa Nacional y la organización Militar, de 1980, sentó las primeras bases legales de las Fuerzas Armadas en la reciente democracia. No obstante, ha sido sometida a correcciones diversas al hilo de las dinámicas de cambio sociopolítico y cultural que, necesariamente, han afectado la evolución de la institución. Así, en el plano internacional, la superación de la política de bloques, o la internacionalización de las medidas de defensa han construido un nuevo escenario global. La factura de los conflictos contemporáneos, muchos de ellos deslocalizados territorialmente, o teñidos de estrategia terrorista, explican la necesidad de redefinir sus procedimientos y habilidades, así como su visión y misión. La aplicación de las nuevas tecnologías al escenario bélico es otra de las dinámicas que redunda en el proceso de mejora continua de las Fuerzas Armadas. Del mismo modo, en un contexto de hegemonía creciente de valores capitalistas tales como la racionalidad, la eficiencia, el logro, el desempeño o la innovación, el modelo de Fuerzas Armadas profesionalizadas y crecientemente feminizadas se ha impuesto como la opción más funcional. La pérdida de legitimidad social del servicio militar obligatorio, manifestada en su rechazo mayoritario por parte de las cohortes juveniles o en el crecimiento extraordinario de la objeción de conciencia reforzó la deseabilidad y la oportunidad de esa opción (Ajangiz, 2003). En la misma dirección, las máximas liberales de igualdad y libertad, o la creciente visibilidad de los movimientos feministas sensibilizados con la Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 224 coeducación o la igualdad de oportunidades entraban en contradicción con las restricciones de género que la institución imponía en su procedimiento de reclutamiento y promoción. La creciente presencia cuantitativa y cualitativa de la mujer en el mercado de trabajo, así como su inserción creciente en cotos tradicionalmente masculinos sugería su integración también en este entorno. Por ello la progresiva incorporación de la mujer, a partir de 1988 y la eliminación del servicio militar obligatorio (31 de diciembre de 2001), que perdía toda funcionalidad en el contexto de un ejército profesionalizado. El proceso de modernización estructural del ejército ha puesto de manifiesto la necesidad de la institución de redefinir su papel social, así como de presentarse a los ojos de la ciudadanía como organización eficaz, necesaria y funcional en el contexto de la contemporaneidad. Sirva de ejemplo cómo el final del servicio militar obligatorio puso de manifiesto los problemas de las Fuerzas Armadas para atraer vocaciones. De hecho, mujeres e inmigrantes, colectivos situados en mercados de trabajo periféricos, se visibilizaron progresivamente en filas, abriendo el debate en torno a cómo reconciliar categorías como extranjería y patria. Esta situación sólo comenzó a superarse en 2005, con la Ley de Tropa y Marinería, que incluye incentivos al reclutamiento. La crisis económica multiplicó las solicitudes en el periodo 2007-2009, lo cual permitió que los ejércitos administraran procesos de selección más estrictos. En la actualidad, la reducción del presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas, que se materializa en el recorte en los programas de armamento o en el volumen de efectivos de los ejércitos, amenaza con crear nuevas tensiones organizativas (González, 2010). En el plano legal, esta necesidad de redefinir objetivos de la institución, y adecuarlos a las necesidades sociopolíticas del presente, se materializa en la Ley Orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional, del 17 de noviembre. Este texto supone un esfuerzo por presentar al ejército como institución racional e indispensable, adaptada a las necesidades posindustriales y del entorno español en particular. Así, sus actividades son presentadas en clave pacificadora y solidaria, legitimadas en tanto que garantía de orden y seguridad para la ciudadanía. Por eso pierden connotaciones represivas y ganan en significados armonizadores, cívicos y democráticos: vigilancia, rehabilitación, rescate y salvamento, apoyo ante catástrofe, mantenimiento de la paz, y respuesta defensiva dan forma a competencias, articuladas en torno a valores corporativos como la paz, la estabilidad o la solidaridad mutua (Título III, Capítulo I, artículo 15 y 16). Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 225 Sin embargo, la institución de las Fuerzas Armadas, todavía hoy, se ve lastrada por su identificación con imágenes como la guerra, el poder político franquista, la violencia, el principio de jerarquía y obediencia, la exclusividad masculina; o el inmovilismo y excesivo conservadurismo entran en contradicción con el universo de valores dominante en las sociedades posindustriales, y minan los apoyos sociales de la institución. En este sentido, los datos de la encuesta señalan cómo el periodo que va desde 1990 hasta 1995 apunta a una fuerte caída del sentimiento militarista, medida por variables de encuesta tales como la “disposición a defender España con las armas” (Díez Nicolás, 1999: 111). De ahí que la necesidad de transformar y adaptar ya no sólo la estructura castrense, sino sobre todo los imaginarios sociales en relación con la institución se haya hecho presente en el propio discurso político. Así, los datos de encuesta manejados por el Centro de Estudios Sociológicos para el año 1998 señalan cómo predominan dos grandes percepciones respecto al ejército: una mayoritaria, que maneja una buena consideración del ejército, entiende que las Fuerzas Armadas están bastante preparadas para defender al país de amenazas externas y que los militares están bastante capacitados; otra, cuantitativamente significativa, que señala que su percepción de las Fuerzas Armadas es regular, que se trata de una institución poco preparada para defender al país, y que los militares están poco capacitados (Centro de Investigaciones Sociológicas, 1998). El progresivo proceso “correctivo” que la opinión pública española ha venido experimentando en relación con esta institución se aprecia muy bien en el análisis de los datos que para estas mismas variables arrojan los resultados en serie para el año 2000 y 2002. En este caso, la legitimidad de la institución así como de su cualificación y racionalidad está sensiblemente más respaldada, al menos desde una perspectiva cuantitativa (Centro de Investigaciones Sociológicas, 2000). Aún así, la promoción y visibilización de la institución sigue siendo una de las dimensiones de importancia en la política de defensa. En su comparecencia ante el Congreso de los Diputados del 25 de mayo de 2004, el entonces Ministro de Defensa, José Bono, señaló la necesidad de trabajar para “que las Fuerzas Armadas sean cada vez más conocidas, más comprendidas y mejor valoradas” (Oliver, 2007: 217). El nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa, en abril de 2008, supuso una evidencia al menos simbólica del proceso de reacomodo de la institución al hilo de algunas de las tensiones que viene sufriendo. Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 226 En tanto que joven política, y primera mujer al frente de este Ministerio, la ministra ha hecho las veces de ejemplo del avance hacia la igualdad de las mujeres, quienes refuerzan su dinámica de empoderamiento en tanto que asumen espacios y posiciones tradicionalmente masculinas. Su embarazo y posterior baja de maternidad, durante su mandato, fue interpretada en clave de ejemplo empírico de la posibilidad de conciliar dedicación familiar y altas responsabilidades laborales. Pero además, su defensa manifiesta de valores como el catalanismo y el pacifismo permiten articular un discurso corporativo y patriótico en el que reconcilian significados en otro tiempo encontrados (Galán, 2008). Su nombramiento ha servido para visibilizar a las Fuerzas Armadas, a la política y a la industria de defensa. La apuesta de este Ministerio por una “cultura de la paz, la seguridad y la defensa” se ha materializado en un elenco de actividades de promoción y formación ofertadas, en particular desde la Dirección General de Relaciones Institucionales para la Defensa. El hecho de que las competencias y acciones del ejército sean presentadas como misiones de paz, favorece el proceso de resignificación de la institución. Su presencia en los conflictos de Bosnia, Kosovo, Líbano, y Afganistán, reflejada de manera extensa por los medios de comunicación, ha permitido articular la representación de un ejército pacificador, con gran proyección internacional. Remite a España como potencia mundial en el plano geoestratégico, proamericana en el periodo Aznar, europeísta y adalid de la Alianza de Civilizaciones en la etapa socialista. No obstante, la participación de las tropas españolas ha servido para abrir nuevos debates, ahora ya en torno a la eficacia, o la calidad y seguridad en el trabajo de una institución profesionalizada (Efe, 2010). La sobrerrepresentación de jóvenes e inmigrantes entre los perfiles de mayor mortalidad pone en entredicho la preparación de los soldados profesionales que acuden a estas misiones, que a pesar de ser tildadas de pacificadoras, entrañan serios riesgos (Junquera, 2010a, 2010b, 2010c, 2010d). El compromiso de la política de defensa con el medio ambiente y el desarrollo sostenible; su promoción de la investigación y desarrollo, a través de la creación de centros tecnológicos ponen de manifiesto la reformulación de las competencias vinculadas con las acciones de defensa (www.mde.es). En la misma dirección, la feminización creciente del ejército así como la sensibilidad de la política de defensa con los objetivos como la promoción de la igualdad, se materializa por un lado, en instrumentos tales como el caso del observatorio de la mujer; por otro, en la progresiva presencia cuantitativa de las mujeres (12% de los efectivos en 2010), así como en su acceso a posiciones de mayor poder dentro de la institución (El País, 2010). Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 227 Por otro lado, es necesario destacar la colaboración que el sistema educativo, en sus diferentes niveles, viene prestando a favor de la promoción de la institución. La inserción en los currícula de enseñanza secundaria de materias transversales como fue en su día “Educación para la ciudadanía” y como puede llegar a ser “Educación cívica constitucional”, está siendo de utilidad para señalar el papel inexcusable e indispensable de la organización castrense en un entorno de contemporaneidad. Esta dinámica de redefinición estructural de la institución se manifiesta también en el plano cultural o simbólico. De ahí que el análisis diacrónico de los datos de encuesta apunten que la opinión pública española maneja una imagen crecientemente positiva de las Fuerzas Armadas, su papel en la política nacional e internacional, y sus profesionales. El sentir hegemónico señala de manera contundente, y a una amplia distancia en relación con valoraciones más mediocres, cómo el ejército español contribuye bastante al prestigio internacional del país (42.3%), la opinión sobre la institución es buena (51.2%), y en los mismos términos se percibe su preparación (44.4%) o la cualificación de sus profesionales (51.4%) (Centro de Investigaciones Sociológicas, 2009). De este modo, los barómetros de noviembre y diciembre de 2010 indican, de manera consecutiva, cómo las Fuerzas Armadas son la institución más valorada con puntuaciones por encima del 5 en una escala de 0 a 10 (Centro de Investigaciones Sociológicas, 2010), y superando la tradicional hegemonía de instituciones como la Corona. La intervención de los oficiales del ejército del aire en las torres de control de los aeropuertos, con motivo de la huelga de controladores de diciembre de 2010, parece haber actuado como refuerzo definitivo a la dinámica de legitimación sostenida de la institución. Ficción televisiva y fuerzas armadas: entre la conservación y la renovación La representación televisiva de las Fuerzas Armadas se articula, habitualmente, en torno a la recreación de episodios bélicos. En la actualidad, ya sea a través del gran reportaje o de otras fórmulas, su tratamiento está sujeto a ejercicios de hibridación, a la utilización de códigos telerreales, pensados para fomentar el impacto y la participación psicológica del espectador.2 2 Utilizamos el término “telerrealidad” para hacer referencia a aquellos formatos en los que se da cita, mezclándose y confundiéndose, la información y la ficción. Si bien la apariencia Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 234 y antagonistas claros en un entorno familiar, el producto de Antena 3 planteaba un thriller detectivesco con ciertas connotaciones emocionales. En ambos discursos se articula una representación de pasado y presente de las Fuerzas Armadas junto a un evento histórico clave que le sirve de marco. La orientación para el espectador proviene del propio título —el “23-F”— y, en ambos casos, se añade algo más. En la serie de Televisión Española se precisa el protagonista: será el Rey, Juan Carlos I. Mientras que la de Antena 3 advierte de un proceso —una traición— como parte significativa de la trama. La propia relación con la interpretación del momento histórico que sirve de marco también se aborda de forma diferente en ambas miniseries. La opción de Antena 3 fue subrayar el aspecto de ficción en el argumento de 23-F. Historia de una traición. Ese es el punto de partida de uno de los protagonistas que piensa que su padre (un oficial de caballería) fue traicionado por su mejor amigo (un oficial del servicio de inteligencia militar). Como se indica en ambos capítulos: “Esta película es un relato de ficción ambientado en los sucesos históricos del 23-F. Las situaciones que aparecen son ficticias”. Se supedita, por tanto, la ficción a cualquiera de las otras realidades (Martín-Barbero y Rey, 2000). Una circunstancia (de hegemonía del discurso) que, por supuesto, afecta a la representación de las Fuerzas Armadas que establece la propia serie. La relación historia-ficción en 23-F: El día más difícil del Rey de Televisión Española es diferente. Así lo plantea el texto insertado al inicio de los dos capítulos que la componen, el cual detalla que: Esta obra cinematográfica es resultado de una recreación histórica basada, principalmente, en un compendio de los datos e informaciones que sobre los hechos acaecidos fueron difundidos en los medios de comunicación y en publicaciones de todo tipo y en la interpretación que, de los mismos, realizan los autores de la obra. Por todo ello y aunque los personajes y la trama son reales, los diálogos y algunas de sus actuaciones son fruto de la libertad de creación de los autores del audiovisual, que se han inspirado en el material que, sobre los hechos, ha sido publicado hasta la fecha. En fin, un texto mucho más amplio que desarrolla una deliberada ambigüedad: no se quiere contar una rigurosa verdad histórica, pero sí se ofrece una opción muy cercana a ella gracias al uso de los “datos e informaciones” a los que han acudido los autores de dicha obra. En ambos casos lo curioso es la evolución que los argumentos plantean: En 23-F: El día más difícil del Rey se acusa con claridad a un personaje de traidor: al general Armada. Traidor no sólo al país, sino en su amistad personal hacia el monarca, Juan Carlos I. En 23-F. Historia de una traición, en cambio, Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 235 aunque se anuncia la traición en su título, el espectador descubre al final que no existió en la realidad. Un aspecto de interés en esta serie de ficción es el papel de los hijos de los protagonistas (Gonzalo y Arantza) en la trama argumental. Ellos son quienes conducen la investigación sobre el golpe desde la actualidad explicando, a través de una serie de elipsis temporales y flashbacks, las acciones realizadas en el pasado por sus padres. La metáfora parece obvia en sus intenciones. La generación actual, la juventud española de hoy, quiere saber lo que pasó en el ayer inmediato de sus padres. El argumento en 23-F: El día más difícil del Rey adquiere una tónica completamente distinta. Se ofrece una narración de un día aparentemente normal de la familia real que se interrumpe por los sucesos golpistas del Congreso y en los cuarteles de Madrid y Valencia. Se ofrece, por tanto, por primera vez y en exclusiva (aunque sea desde la órbita de la ficción) la versión del Rey sobre su actuación en el 23-F (una versión que nunca ha aparecido en ninguna obra ni en ninguno de los documentales producidos sobre el intento de golpe). Además, no se presentan otros protagonistas políticos, de carácter principal, en la oposición al golpe: el Rey y los suyos son los que salvan al país de un intento de golpe de Estado que se presenta como patrocinado por él. Las fuerzas armadas durante el 23-F: una lectura desde la ficción televisiva La representación de las Fuerzas Armadas en ambas series aparece articulada a un amplio grupo de registros. El manejo de estereotipos básicos, como punto de encuentro con los espectadores (Ruiz, 2010: 183-186), facilita la construcción de una representación vinculada a dos fuerzas contrapuestas en la serie. Esta representación se traduce en torno a una dicotomía evidente: los militares relacionados con el intento de golpe de Estado y aquellos que se oponen a él. La propia presentación de la intentona golpista recibe diferente tratamiento en ambas series. En el caso de la producción de Antena 3, el asalto al Congreso de los diputados se sigue desde fuera mediante un recurso narrativo de flash-back, y mediante su retransmisión por radio y televisión. No se trata de ofrecer una explicación ni un análisis en profundidad del intento, tampoco aparecen responsables (puesto que no se les muestra a lo largo de la serie). En cambio, la película de Televisión Española optó por un procedimiento algo más elaborado desde el punto de vista dramático: el monarca y el secretario general Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 236 de la Casa Real siguen la radio mientras hacen deporte y trabajan respectivamente: la acción pasa entonces a Televisión Española desde los monitores de circuito cerrado de la televisión. Por último, se ofrece la reconstrucción en directo del asalto. La hibridación de un discurso informativo con la trama de ficción implica, por tanto, una elaboración completa y compleja. Un rasgo que se acentúa en 23-F: El día más difícil del Rey de Televisión Española frente a la Historia de una traición de Antena 3. El propio eje de la primera serie es la figura del Rey. La propia legitimación de la monarquía se sintetiza en el tiempo que discurre (apenas 24 horas) entre el estallido del golpe y su desarticulación. Será su nombre el que empleen los insurrectos durante la organización del golpe, sobre todo en boca del Tejero de ficción cuando conmina a sus hombres, al principio del primer episodio de la serie, a actuar puesto que “esta tarde se producirá un hecho grave y será necesario defender a España y al Rey”. De una forma irónica se vehicula de esta forma el papel del ejército como garante de la integridad del Estado español y a la Corona como mando supremo de dicha institución. Los valores asociados a la triada directora del intento de golpe de Estado (Armada, Tejero y Milans del Bosch) y a sus seguidores son de carácter regresivo. Se les muestra como nostálgicos de un régimen anterior, pues en el despacho de Milans del Boch aparece, de forma visible, una bandera vinculada en el imaginario español con la etapa de la dictadura franquista. Este dato, curioso por la escasa presencia de banderas a lo largo de la serie, conduce al espectador a una serie de referencias en torno a estos personajes que, desde una lectura histórica, no serían tales, ya que hasta el 5 de octubre de 1981 no se promulgó la ley que establecía las señas identificativos de la actual bandera constitucional. Lo significativo es el hipotético desconocimiento de la audiencia de este dato (que no se explica en la serie) y la presencia de este símbolo en el despacho de Milans frente a su ausencia en el resto de espacios donde se localiza la serie. Eso permite situar en una órbita muy concreta al bando insurrecto cuando tergiversa la realidad como hace el general insurrecto Torres Rojas cuando ofrece directrices: “Vuestros hombres deben estar informados en todo momento de que todo cuanto se les pida es por el Rey y por España. No les estaréis mintiendo pero no es necesario dar más explicaciones” o, cuando son interpelados directamente —como es el caso de Milans del Boch—, no están dispuestos a explicar sus actos: “¿De qué se trata mi general? No puedo decir de que se trata, Carbona. Ni siquiera a ti”. Tampoco son leales (como representa el comportamiento de Armada con el resto de confabuladores o Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 237 la disputa de Tejero con Armada en las dependencias del Congreso de los Diputados) ni acatan las jerarquías como demuestra el enfrentamiento entre Torres Rojas y Juste en la División Acorazada de Brunete. Esta conducta se puede condensar en un hecho: son traidores. En primer lugar, entre ellos pero, sobre todo, con la sociedad y con su mando supremo, el Rey. El personaje de Alfonso Armada (Juan Luis Galiardo) ejemplifica la traición en toda su magnitud porque representa la traición no sólo en sus funciones de segundo jefe del Estado Mayor sino en su amistad con el monarca durante toda la película. Frente a esta situación, la miniserie de Antena 3, 23-F. Historia de una traición, se termina rechazando esa idea de plano porque la traición no llega a existir. Una cuestión, la personal entre Zárate y Leal, que trasciende lo personal para plantear relaciones en colectivo. Frente a este grupo de antagonistas —activos en el tiempo y el espacio de la trama— se presenta una figura predominante: la del mando supremo de las Fuerzas Armadas españolas, esto es, el Rey (representado por el actor Lluis Homar). La presentación de su figura está encarnando, sobre todo, valores de planteamiento monárquico y de legitimidad de esta institución, pero también las del papel de las Fuerzas Armadas en la sociedad. Los valores a los que se asocia son, en muchos aspectos, contrapuestos a los de los golpistas. En primer lugar, por el desarrollo de una faceta humana y sensible impulsada por el espacio donde va a vivir la acción, la residencia familiar de la monarquía española, el Palacio de la Zarzuela. De esta forma, los escenarios pre-crisis y de la propia crisis son vividos en dos planos diferentes: el privado (con su familia, su mujer, sus hijos, sus hermanas políticas) y el público o profesional (como Rey y como mando supremo de las Fuerzas Armadas). Ambos planos aunque separados durante gran parte de la película se confunden, en ocasiones, durante la trama. Una circunstancia que favorece el comportamiento del monarca que se encarga de combinar ambos entornos preocupado por el estado de salud de sus subalternos, por la generosa amistad que dispensa a Alfonso Armada o en su interés por la vida privada de, entre otros, Adolfo Suárez. Unas características que se contraponen al propio actuar de los miembros del bando golpista y que se presenta como una debilidad de índole moral que, al final de la trama, harán más valioso el triunfo final. Por otro lado, se destaca su papel de árbitro de la sociedad española. No sólo en cuestiones de índole política y protocolaria sino, principalmente, como moderador de situaciones crispadas y valedor de la democracia que, como el personaje afirma en el primer episodio de la trama, tiene un precio “y Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 238 sé lo que me digo, al fin y al cabo, el que hace malabarismos para contener a los militares soy yo”. Se introduce así el papel de la institución de las Fuerzas Armadas no sólo como la garante de la integridad del Estado español sino como un escollo, en su parcela regresiva, con el que la democracia también tiene que maniobrar. La figura del Rey además jugará un aspecto simbólico en lo pedagógico puesto que sitúa al espectador en una serie de coordenadas histórico-políticas en la línea de la sensibilidad del momento: “Si al ejército no le da la gana, aquí no hay democracia ni libertades que valgan”. Durante este contexto de tensión cierran filas junto al Rey, sobre todo, otro grupo de personajes que también pertenecen a la institución de las Fuerzas Armadas. En especial, la figura de Sabino Fernández del Campo en su doble papel de general de las Fuerzas Armadas y secretario general de la Casa Real española. Durante la miniserie va a funcionar entre ambos personajes (secretario y monarca) una construcción de la relación que culmina con la oferta de amistad del monarca una vez superada la crisis. El personaje de Sabino adquiere una relevancia dramática al convertirse en el confidente del Rey y en el gran intermediario de cara al Estado Mayor, Seguridad del Estado y las capitanías. Él es el contrapunto dramático de la figura de Armada en su adhesión y lealtad inquebrantable al Rey y, por ende, al orden constitucional. Una imagen que se refuerza en la conversación entre Juste y Sabino sobre la “inminente” llegada de Armada a la Zarzuela y la réplica de este último: “Ni está ni se le espera”, que forma parte del imaginario español en torno al 23-F. En esta labor de resistencia y desarticulación del intento de golpe de Estado, las fuerzas de la Zarzuela están acompañadas, desde un plano simbólico puesto que no hay comunicación evidente entre ellos, los responsables de Radio Televisión Española y de los cuerpos de seguridad del Estado. Esto permite mostrar las dos principales vías de comunicación en torno al intento de golpe, la pública (ofrecida por la emisora de televisión estatal) y los cauces internos de comunicación del Estado representados en los servicios de inteligencia. Se cierra así un grupo de escenarios que conforman toda la lógica del relato de Televisión Española: Palacio de la Zarzuela, Congreso de los Diputados, Capitanía General de Madrid y de Valencia, Dirección de Seguridad del Estado y Radio Televisión Española. En fin, todo un grupo de escenarios oficiales donde se iba a jugar el destino de la incipiente democracia del pueblo español. Por otro lado, los escenarios de la serie de 23-F. Historia de Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 239 una traición son mucho más variados como consecuencia del género (thriller detectivesco) y de la propia elección del modelo de contextualización frente al de reconstrucción. Ejércitos de pasado y de presente: el camino de la transición Del amplio grupo de lecturas posible sobre ambas miniseries, en esta investigación se ha destacado la relacionada con la representación de las Fuerzas Armadas. Por lo expuesto hasta ahora se puede plantear la dicotomía que plantean ambas tramas en su representación. Por un lado, un sector del ejército obsoleto en su concepción (vinculado al bando golpista) que trata de ejercer patrones de conducta pre-democrática. Un ejército que trata de imponer sus propias reglas del juego fuera del marco constitucional. En el caso de la miniserie de TVE esta actuación es mucho más palpable en cuanto se plantea desde la reconstrucción, mientras que en la miniserie de Antena 3 la lectura es mucho más vaga, porque se opta por la contextualización —insertando una trama de ficción— aunque las Fuerzas Armadas están representadas en el dueto protagonista. Esta lógica de discurso sirve de punto de conflicto velado en ambos productos televisivos. En un contexto histórico muy concreto —La Transición— y tras una larga presencia de lo militar en la vida cotidiana española, esta institución se veía forzada a reubicarse con unas nuevas reglas del juego. El conflicto entre un ejército nostálgico y un ejército de presente es el que, en última instancia, marcan con su conducta Milans, Armada y Tejero frente al Rey, Sabino o Aramburu, director general de la Guardia Civil. Un enfrentamiento dialéctico en el campo de la acción que sólo se resuelve, en la ficción televisiva de 23-F: El día más difícil del Rey con una confrontación directa entre Tejero y Aramburu en el Congreso de los Diputados cuando, tras un forcejeo, cada uno de ellos saca su arma reglamentaria. El escenario de tensión se resuelve, al final del primer capítulo, con los subalternos de Aramburu disuadiendo a éste de disparar a Tejero, pues “sólo sería peor. No sólo sería su sangre”. Se escenifican de esta forma dos vías para la resolución de conflictos y las elecciones que ambos bandos llevan a cabo. Por tanto, las vías de acción y reacción están mostrando las principales señas de identidad de dos corrientes diferentes dentro de una misma institución. Este planteamiento —el conflicto interno en el seno de las Fuerzas Armadas durante la Transición— ya había aparecido en el documental 23-F: Regreso a los cuarteles (TVE, 1986) en el que se había dado voz a un amplio Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 240 grupo de militares (golpistas o no) de todas las graduaciones (Alfonso Armada, Carlos Alvarado, Aramburu Topete, Sabino Fernández Campo, etc.). En ese documental se presentaba, como aspecto clave de discurso, las consecuencias del intento de golpe en la triada: Juan Carlos, Rey de España, las Fuerzas Armadas y el pueblo español. Se traduce como el respeto de la sociedad a la figura monárquica pero, también, como una fractura entre el pueblo español y el ejército. Un hecho que se traduce en una petición pública de perdón por parte de dichas fuerzas a los ciudadanos, representado en la figura de Manuel Martínez, miembro de bajo escalafón de la Guardia Civil que participó en el 23-F del 81. Por último, este enfrentamiento de la nostalgia de un modelo de ejército y sociedad frente a otro supone también una serie de conflictos entre personajes de la serie. El más significativo es entre Caruana, subalterno de Milans del Boch, que alecciona a su superior de la siguiente forma: “Mis heridas hace años que cicatrizaron, mi general, ya no me debo a ellas, me debo a mis superiores, mi general, y al Rey”. Una afirmación que permite explicar, y a fin de cuentas justificar, el papel de mandos intermedios e inferiores en dicho golpe de Estado. La clave al espectador se le da por medio de la importancia de la jerarquía dentro del Ejército y que conmina a la obediencia de los rangos inferiores frente a sus superiores. No conviene olvidar las claves temporales en ambos discursos. Mientras que el producto de Antena 3 (23-F. Historia de una traición) se mueve entre pasado (1978-1981) y el presente; la serie de tve (23-F: El día más difícil del Rey) sólo abarca unas cuantas horas de los días 23 y 24 de febrero de 1981. Es obvio que, en el primer caso, el flashback añade una distancia temporal al suceso. La reconstrucción de tve pone en presente la acción en varios escenarios ya apuntados: la casa del Rey, los estudios de televisión y la acción misma. Así se consigue un dramatismo mayor. Curiosamente la reconstrucción tiene una carga dramática más fuerte. Es normal ya que se pretende subrayar la gravedad de la situación para cargar de un mérito mayor a la conducta del monarca que es, en cualquier caso, el héroe de la película. El propio discurso del Rey a la nación que fue determinante en la generación de un estado tranquilizador de la opinión pública durante las tensas horas del 23-F es revivido en la miniserie de tve, acentuando su carga dramática a través de un monarca visiblemente más nervioso del que las imágenes de archivo pueden transmitir, y con una serie de cambios de plano, mientras habla que viaja con su familia a Sabino Fernández Campo y a otros protagonistas de la acción (con una especial relevancia al heredero de Mar Chicharro-Merayo y Salvador Gómez-García. Memoria de un golpe de estado televisivo: ficción histórica sobre el 23-F 241 la Corona española: el príncipe Felipe). Sólo hay un silencio palpable en la producción de Televisión Española: el pueblo español. Conclusiones Los supuestos de partida de esta investigación planteaban el enfoque realista adoptado por los productos de ficción televisiva y su capacidad para generar reacciones de carácter emotivo y cognitivo. Este planteamiento de partida servía de base para situar los esfuerzos de revisión de una institución muy significativa del pasado español (las Fuerzas Armadas) y para señalar cómo esos intentos se posicionaban en una lógica de renovación y de necesidad de compartir estereotipos sociales vinculados al público español (Medina, 2006). Ambos productos de ficción, tanto de Antena 3 como de Televisión Española, están haciendo una labor de representación que supera los límites de los discursos estrictamente informativos que se han producido hasta la época (Pinilla, 2002: 218-234). Por tanto, se establece que la ficción televisiva actúa sobre los silencios políticos reconocidos en el ámbito de la producción documental que existen sobre el 23-F. Por ejemplo, en 23-F. Regreso a los cuarteles, se había hecho referencia, por parte de Javier Calderón, secretario general del cesid, a que “falta que Tejero hablará, no en ánimo de defensa, sino en servicio de la verdad histórica. Y que contará realmente lo que pasó”. Un silencio que, junto al del Rey Juan Carlos, también ha sido señalado en muchas de las investigaciones publicadas sobre el tema (Medina, 2006: 14). Por ello, la producción de ficción de Televisión Española incorpora nuevas claves políticas al silencio de dos de los personajes más relevantes de este momento histórico: Tejero, que protagoniza la violenta entrada en el Congreso de los Diputados, y el Rey Juan Carlos I, a quien se le reconoce un importante papel en la desarticulación de toda la trama. Dos personajes que, conviene recordar, están representando dos modelos de actuación de las Fuerzas Armadas en un contexto reciente. Por ello, esta reinterpretación de la ficción tiene un efecto claro sobre el discurso de legitimación política, especialmente en el caso de la monarquía. En esta situación en particular se puede hablar de la significativa reconstrucción por parte de la ficción para explicar un hecho de la memoria (Gubern, 1997). La propia selección del tiempo es acertada: la Transición se considera actualmente como el último periodo de nuestra historia reciente ya cerrado (Álvarez, 2004). De esta forma, la televisión realiza una labor de cronista de la historia en un sentido inmediato (pasó esto y luego aquello y pasó así) del presente (Montero y Paz, 2013: 164-170). Convergencia Revista de Ciencias Sociales, núm. 65, 2014, Universidad Autónoma del Estado de México 242 La propia construcción contemporánea de las Fuerzas Armadas en nuestra sociedad proviene, además, de esa circunstancia. Porque, aunque sea una época cerrada, la Transición española es una época cercana, próxima: una buena parte de la población española vivía en aquellos años y puede recordar los sucesos y, sobre todo, entenderlos. De alguna manera esta crónica actual del pasado inmediato ayuda a construir nuestra percepción de nuestra reciente historia. 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