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Alcabalas y renta señoríal en Castilla: los ingresos fiscales de la Casa del Infantado

Carrasco Martínez, Adolfo

Abstract

Producción Científica

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Alcabalas y renta señorial en Castilla: los ingresos fiscales de la Casa del Infantado ADOLFO CARRASCO MARTÍNEZ Según las diversas interpretaciones clásicas expuestas por el P. Ma - riana, Francisco de Berganza y Salazar de Mendoza, el origen de la alca - bala se sitúa en el reinado de Alfonso XI, en relación con el acopio de fon - dos para mantener el sitio de Algeciras, y con antecedentes romanos y musulmanes’. Posteriormente, Canga Argúelles en su Diccionario nos pro - porcionó una buena definición de este impuesto: «el derecho que se cobra sobre el valor de todas las cosas, muebles, inmuebles y semovientes, que se venden o permutan» 2• Más recientemente, Salvador de Moxó ha sido el au - tor que más ha profundizado tanto sobre las características del tributo, como en cuanto al proceso de privatización que sufrió desde los origenes. Según él, las formas por las que la alcabala pasó a manos privadas fueron tres: compra, donación real y «posesión inmemorial» o «tolerancia regia» ¾ Obtenidas de una u otra forma, las alcabalas siempre representaron por - centualmente uno de los capítulos principales en los ingresos de los señores castellanos. Al comienzo de la Edad Moderna, las casas nobiliarias cuyos patrimonios se habían constituido desde la entronización de los Trastámara, Estas interpretaciones han sido recogidas por R. CARANDE: Carlos y ysus hanqueros. Barcelona, 1983. tomo 1, Pp. 344-348. CANOA ARGUELLES: Diccionario de Hacienda. Madrid, 1883. Las alcabalas en empeño se vendian por la Corona según un precio estimado en función de una cantidad-tipo que se multiplicaba por la renta anual líquida y con la reserva depoder re - cuperar la renta con la devolución al comprador de lacantidad pagada. Salvador DE MOXO: La alcabala. Sus orígenes, concepto y naturaleza. Madrid, 1963, PP. 87-88. Del mismo autor, «Los oñgcnes de la percepción dc alcabalas por particulares», en Hispania, 1972. Cuadernos de Historia Moderna, n.0 12, 111-122. Edit. Univer. Complutense, Madrid, 1991 112 Adolfo Carrasco Martínez disponían de estas percepciones fiscales en casi todos los pueblos sometidos a su jurisdicción, tal y como constaba en las mercedes de donación entrega - das por los reyes, o simplemente se habían apropiado de las recaudaciones ante la pasividad y tolerancia de la administración real4. Por contra, esta pérdida de ingresos representó una fuerte lesión para la Real Hacienda. Se ha estimado que, a comienzos del siglo XVII, el monto total de las alcabalas de Castilla, si en su mayor parte no hubieran estado enajenadas en manos privadas, habría bastado para sostener los gastos ordi - narios de la Corona5. Pese a que algunas medidasaisladas fueron adoptadas para recuperar la fiscalidad enajenada, la tónica mantenida durante el seis - cientos fue la continuación de las ventas, pues la necesidad de allegar metá - lico para subvenir a los gastos más acuciantes se sobrepuso a cualquier planteamiento a largo plazo. Lo mismo sucedió con los unos por ciento, un recargo sobre las alcabalas con cuya imposición se pretendía eludir el anqui - losamiento de los encabezamientos y la alta suma hurtada por los receptores particulares. Pronto, siguieron idéntico camino que las alcabalas en em - peño6. En consecuencia, nos proponemos en las siguientes páginas demostrar la importancia capital de la alcabala dentro de la estructura de ingresos se - ñoriales, las formas de recaudación y su evolución en los siglos XVII y XVIII. Para ello, estudiaremos el comportamiento de la Casa Ducal del In - fantado, uno de los representantes más significativos de la gran nobleza cas - tellana moderna. IMPORTANCIADE LA ALCABALA DENTRO DE LA ESTRUCTURA DE INGRESOS DE LA CASA DEL INFANTADO Aunque los duques de la segunda mitad del XVII adquirieron alcabalas en empeño y unos por ciento —en condiciones especiales, por cierto—, la mayor parte de los ingresos por este impuesto de la Casa Ducal se debieron a donaciones reales o a la posesión inmemorial. Podemos valorar la importancia relativa de las alcabalas en los ingresos ducales estudiando las rentas de algunas mayordomías. Por ejemplo, en la La fórmula habitual es «Jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio de las villas y lugares, con sus vasallos y castillos y fortalezas y rentas y pechos y derechos...»; Archivo Histórico Nacional (en lo sucesivo, AHN), Osuna, leg. 1762. Antonio DOMíNGUEZ ORTIZ: Política y Hacienda de Felipe IV. Madrid, 1970, p. 189. 6El primer uno por ciento se concedió en 1639, cl segundo en 1642, el tercero en 1656 y el cuarto en 1663. En 1683, fueron reducidos a la mitad, losllamados medios unos por ciento. Archivo General de Simancas, Consejo de Juntas de Hacienda, leg. 806, cit. por A. DOMIN - GUEZ ORTIZ, op. dt. p. 196. Alcabalas y renta señorial en Castilla... 113 de Buitrago correspondiente a 1689, más del 68% de los ingresos se deriva - bande las alcabalas7. Estos porcentajes no disminuyeron en el siglo XVIII, y en algunos casos aumentaron: hacia 1750, en el Condado y Real de Man - zanares las alcabalas suponían un 81,5 % del total de las percepciones tota - les del señorío8. Salvador de Moxó ha recogido una lista de localidades de las cuales la Casa Ducal recibía alcabalas a fines del Antiguo Régimen, que alcanza hasta los cuatrocientos pueblos9. En definitiva, todos los datos indi - can de manera inequívoca el carácter primordial de la alcabala dentro de la estructura de ingresos de la Casa del Infantado, por lo menos en cuanto a las percepciones de tipo estrictamente señorial. Por lo que respecta a los unos por ciento, su importancia en términos di - nerarios siempre fue menor. En primer lugar, ésto se debió a que, lógica - mente, nunca superaron el 4 % de la alcabala. Además, la Casa Ducal no poseyó los cuatro unos de todas las poblaciones sometidas a su jurisdicción. En la provincia de Guadalajara a mediados del setecientos, por ejemplo, In - fantado sólo recogía el tercer medio por ciento en treinta de las 174 localida - des de su titularidad, por valor de 4.813 reales de vellón, aparte de recibirlo en otros treinta y dos pueblos de otras jurisdicciones, por valor de otros 7.627 reales; en suma, poco más del 2 % de los ingresos de tipo señorial de la Casa en esta provincia’0. Pero los duques del siglo XVII, especialmente el octavo, don Rodrigo —a la sazón cuartoduque de Pastrana—, y el noveno, don Gregorio, no se contentaron con las alcabalas recibidas de sus antepasados, sino que adqui - rieron otras. Es precisoseñalar que estas compras se efectuaron bajo lapre - sión de la Real Hacienda y como un medio para rescindir diversas deudas contraídas por la Casa. Algunas alcabalas en empeño fueron compradas por Infantado a precios más bajos de los estipulados, con lo cual la Real Ha - cienda pretendíaresarciría de las anualidades dejuros atrasados’’. Otras, se adquirieron a su precio oficial, paracondonar así los atrasos de la Casa Du - cal en el pago de medias anatas de juros 2Las rentas compradas en opera - ciones de esta clase eran nula o escasamente productivas, pues la Real Ha - cienda era la que decidía cuáles debían ser adquiridas y siempre se trataba de alcabalas que ya previamente estaban cargadas con juros, cuyas anuali - AHN, Osuna, leg. 1656. Libro de lo enagenado a la Real Corona (provincia de Guadalajara), AHN, Hacienda, Catastro de Ensenada, libro 7451. «Razón de los pueblos donde la Casa del Excmo. Sr. Duque tenía alcabalas, estados a que corresponden, e intendencias o capitales de provincias en que se cobran actualmente. Abril de 1851.» Osuna, leg. 3532. Cit. por 5. DE MOXO: La alcabala.... Pp. 201-210. OLibro de lo enagenado... Para mediados del siglo XVII, la deuda de la Real Hacienda con la Casa del Infantado, en concepto de anualidades de juros aumentaba a razón de 3.010.523 mrs por año. AHN, OsunaCadas, leg. 592, caja ja• 2 AHN, Consejos, leg. 11527, exp. 225, n.0 19 y 20. 114 Adolfo Carrasco Martínez dades pasaban a ser pagadas desde el momento de compra por el nuevo poseedor 13• Sin embargo, no siempre las condiciones de compra estuvieron tan me - diatizadaspor otras operaciones financieras. En 1658, el octavo duque del Infantado pudo adquirir las alcabalas, libres de cualquier carga, de las villas de Martin Muñoz de las Posadas, Bustarviejo, Navalafuente, Valdeman - zano y Labajos, y las de los lugares de Canencia, las Navas de Zarzuela y Pinillo de Polendos, poblaciones todas pertenecientes a los once sexmos de la Tierra de Segovia, a cambio de 1.136.722 ~ Conestas rentas se pre - tendía sanear la deficitaria estructura de ingresos fijos y diversificar las per - cepciones. Por esta misma época, la mayor parte de las mayordomías duca - les se encontraban cargadas con réditos de censos y estaban prontas a ser intervenidas por el Consejo de Hacienda como respuesta a las quejas conti - nuas de los censualistas de la Casa —en 1661 se decretó un concurso de acreedores de los bienes amayorazgados del Infantado’5 Pese a lo dicho, esta alcabalas compradas en la segunda mitad del seis - cientos nunca supusieron un porcentaje elevado dentro de las poseídas por la Casa. En el período 1720-1730, sólo representaban el 9% del total ingre - sado por alcabalas 16• Por tanto, el peso continuó recayendo sobre las alca - balas de posesión inmemorial o las que entraron en la hacienda señorial gra - cias a la adhesión de otros mayorazgos en función de la política de enlaces matrimoniales con otras casas nobiliarias, que se mantuvo con éxito hasta el siglo XVIII’7. FORMAS DE RECAUDACION Dos fueron los procedimientos pararecaudar las alcabalas: el encabeza - míento y el arrendamiento. Ambos se adoptaron de la administración regia, con ligeras diferencias en función del tamaño de las poblaciones sobre las que se recogía el tributo y su dispersión geográfica. Los dos métodos se si - mularon en el tiempo, aunque la preferencia de los duques siempre se in - clinó hacia el encabezamiento revisado en períodos codos de tiempo. Lógi - camente, era más favorable discutir la subida del monto total a pagar con el concejo de una villa, que convenir una cantidad previa a la baja adelantada por el arrendatario. 13 Ibídem. ‘~ AHN, Osuna, leg. 2226, exp. 17. > H. KAMEN: La España de Carlos IL Barcelona, 1981, p. 391. > Archivo de Villa, Madrid (en lo sucesivo, AVM), Secretaria, leg. 482, exp. 36. ‘~ La última adición al patrimonio del Infantado corresponde al mayorazgo de Tavara, he - redado por la Duquesa doña Francisca en 1735 a la muerte de su marido, séptimo marqués de Tavara, conde de Villada y señor de Alija. AHN, Osuna. leg. 2226, exp. 26. Alcabalas y renta señorial en Castilla... 115 En el primer caso, los oficiales ducales presionaban legalmente, coac - cionaban o pactaban con la oligarquía local. Pero no siempre las urgencias de liquidez permitían discutir las cantidades con los concejos y, a sabiendas de perder dinero a la larga y erosionar la imagen de su autoridad, los titula - res de la Casa hubieron de recurrir al arriendo de las alcabalas de sus villas y lugares a cambio de una cantidad cobrada en el acto. De la misma manera que la Real Hacienda actuó durante gran parte del siglo XVII, las casas no - biliarias hubieron de someterse a la intervención de personas u organizacio - nes privadas en elcobro de sus rentas, aunque, eso sí, con menor frecuencia que lo conocido para la Corona. Por tanto, el encabezamiento era el procedimiento más rentable y el más practicado. Se procuraba que se renovaran en períodoscortos, de tres, cua - tro, cinco o seis años, según hay constancia para las postrimerías del seis - cientos ~Como veremos más adelante, en el siglo XVIII esta periodicidad desapareció, lo que, en consecuencia, trajo la pérdida progresiva del valor real de lo recaudado. Para contratar las alcabalas, los concejos enviaban a la residencia ducal en Madrid varios representantes con «poder bastante»para la negociación y una documentación consistente en el padrón vecinal más reciente y testimo - nios de las transacciones realizadas. Por su parte, los contadores del señor contaban con informes reservados del gobernador del estado y los expedien - tes relativos a la recaudación de tributos generados por los juicios de resi - dencia más recientes 19• En general, no parece que las negociaciones fueran largas y tensas, porque el entendimiento entre contadores ducales y oligar - cas locales estaba casi garantizado de antemano. Se pactaba la entrega del encabezamiento fraccionado en tres pagos, lo cual facilitaba la recaudación a los concejos y un aporte regular de fondos a las arcas del señor20. En el caso de las alcabalas, y en general los impuestos derivados de las transacciones, la forma de recaudación era el repartimiento de la cantidad encabezada entre los vecinos que hubiesen realizado operaciones de esa clase. Teóricamente, había que fijarlas cantidades a partir de las ventas rea - lizadas por cada vecino y no por el simple prorrateo, pero los poderosos lo - cales, los que más debían contribuir por este concepto al gozar de las ha - ciendas más ricas, presionaban siempre con éxito para lograr que las cantidades se repartiesen entre todo el vecindario. Estas irregularidades eran perfectamente conocidas por la secretaría ducal, pero se toleraba el abuso mientras se asegurase la recogida puntual del tributo2’. Existen testi - monios que revelan las formas habituales de recogida de la alcabala, domi - ~ Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (en lo sucesivo, AHPM), prot. 10987, fols. 17-20, 29-33, 44-50 y 101-102. “ Ibídem. 20 Ibídem, fols. 105-108. 2’ Los testimonios a este respecto son múltiples. Por ejemplo, Méntrida en 1701-1713, 116 Adolfo Carrasco Martínez nadas por la costumbre y demostrativas del amplio poder de la oligarquía. A veces, en villas pequeñas o lugares, los repartimientos ni siquiera se hacían por escrito22. Más general era repartir diversas cantidades entre el vecinda - rio sin especificar el motivo del prorrateo23 o recaudar cantidades excesi - vas24. Sabemos también que la autoridad señorialpermitía a sus oficiales de confianza en los pueblos —gobernadores, escribanos— actuar con la misma írregularidadmantenida por los poderosos locales25. Junto con las irregularidades y abusos endémicos, la renovación de los padrones de pecheros era la otra cuestión capital en la recaudación de la al - cabala. Cuando la disminición de la población era muy notable, las conse - cuencias en la cantidad repartida a cada vecino podían ser especialmente peijudiciales. Por ejemplo, en 1670 las autoridades de la Villa y Tierra de Buitrago hacen constar a la contaduría ducal la disminución de los vecinos del territorio «para los repartimentos y derramas de gastos». Los datos son elocuentes: de 886,5 vecinos a mediados del siglo XVII, se pasa, en 1670, a 626. Una reducción de casi el 30 % de la población en veinte años como la índicada repercutía doblemente en la recaudación de las alcabalas: por un lado, la cantidad a pagar por cada vecino era mayor; por otro, elnúmero de las transacciones se reducía en proporción al descenso demográfico26. Como forma de contrarrestar los fraudes y las injusticias en la recogida, la autoridad ducal podía ordenar comisiones especiales para la (<averigua - ción de alcabalas y heredades», pero a tenor de la documentación existente a este respecto, siempre fueron escasas por su costo y el personal que precisaban 27, Cuando la administración ducalestaba urgida de liquidez o carecía de la estructura recaudatoria apropiada, se recurría al arrendamiento, pese a que las condiciones de los contratos implicasen una considerable reducción de lo íngresado. Así sucede con las alcabalas de la villa de La Motilla, del Partido de San Clemente, que son arrendadas en 169’7 por seis años al licenciado don Julian de Chavarrieta, antiguo corregidor de Alcocer, con una cláusula que permite al arrendatario quedarse con el 30 % de lo recogido en con - AHN, Osuna, leg. 2474, exp. 12, fols. 12-14r; o San Martin de Valdeiglesias en 1718-25, leg. 2475, exp. 4, fols. 239-240r. 22 Así sucede en diversas poblaciones del Señorío de Buitrago a fines del XVII, AHN, Osuna, Ieg. 2619, exps. 6 al 9. 23 AHN, Osuna, legs. 2435, exp. 1; 2474, exp. 3, fol 8; 2475, exp. 4, fol. 236; 2580, exp. 6, fol, 82; 2589. exp. 2, fol. 174; 2597, exp. 1, fols. 303v y 322v. 24 AHN, Osuna, legs. 2580, exp. 2; 2589, exp. 13, IbIs. 10v-lI; 2622, exps. 2 y 13. 25 En 1701, la villa de Lacalahorra(Granada) se queja ante el duque donJuan de Dios por que el gobernador del señorío se aprovecha de su posición para contribuir menos en los reparti - mentos. AHN, Osuna, leg. 2438, exp. 22. 26 AHN, Osuna, leg. 1648, exp, 18. 27 Comisión dada por el sexto Duque al gobernador de Jadraque para «averiguación de al - cabalas y heredades» en este estado. AHN, Osuna, leg. 1703, exps. 24 y 25. Alcabalas y renta señorial en Castilla... 117 cepto de «cobranza, conducción y trabajo». Bajo las mismas condiciones son arrendadastodas las alcabalas de las localidades de este partido a parti - culares con alguna vinculación con la Casa del Infantado28. Otras veces, los arrendatarios son vecinos de la misma villa, que con esta ventaja completan su influencia social y económica sobre el concejo. Son los miembros de la oligarqula local, que controlan los oficios municipa - les, las propiedad de la tierra, el uso de los comunales y la recogida de impuestos 29 LA «PETRIFICACION» DE LAS ALCABALAS Y SUS CONSECUENCIAS A pesar de las renovaciones periódicas de los encabezamientos y la bús - queda de contratos de arrendamientofavorables, el líquido ingresado por la Casa del Infantado en concepto de alcabalas disminuyó de forma continua e imparable desde finales del siglo XVII. El término «petrificación» de la al - cabala fue acuñado por Ramón Carandepara explicar la falta de renovación que aquejó a los encabezamientos del tributo en el siglo XVI, y puede apli - carse perfectamente al caso que nos ocupa30. Una recaudación eficaz precisaba la revisión continua de las cantidades encabezadas, para atajar el crecimiento de la inflación, evitar fraudes y ha - cerlas corresponder a las variaciones en los padrones de pecheros. En el co - bro de la alcabala durante el siglo XVIIIpor la Casa del Infantado, no se observa unapráctica decidida en este sentido, lo cual ya se ha explicado, al menos parcialmente, por los problemas para recoger el impuesto de una forma justa y proporcional. En efecto, los datos demuestran lo dicho en cuanto a la petrificación de las alcabalas e, incluso su reducción en algunos casos. Según el cuadro 1, los valores de la renta de los encabezamientos en varias villas ducales se comportan a la baja desde 1697 hasta 1804, pues: a) los valores que suben lo hacen de forma poco significativa b) los que se mantienen pierden valor real como consecuencia del crecimiento de la inflación; c) hay algunos des - censos muy notables. El cuadro 2 recoge la evolución general de las alcaba - las por mayordomías en el período 1720-1808 y confirma lo apuntado; de 750.653 reales y 10 mrs estimados como valor medio anual para el decenio 1720-30, se pasa a 679.089 reales y 5 mrs en 1 804-08, lo cual supone un — 3’ descenso del 10% en 88 anos 28 AHPM, prot. 10987, fols. 39-43. 29 Ibídem. IbIs. 36-38. 30 Ramón CARANDE: op. cit., pp. 361 y ss. ~‘ AVM, Secretaría, leg. 482, exp. 36. Adolfo Carrasco Martínez Cuadro 1 EVOLUCION DEL PRODUCTODE LAS ALCABALAS FN VARIAS VILLAS DE LA JURISDICCIONDE INFANTADO (En reales) ¡697 1720 1752 1804 Navacerrada 1.050 1.640 5. Martín de Valdeiglesias .... 16.000 13.450 10.650 19.672 Villa del Prado 22.000 13.000 13.000 13.000 Colmenar Viejo 242.050 47.000 Fuentes: AHPM, 10,987; AHN, Hacienda, lib. 7.451; AVM, Secretaria, cg. 482, exp. 36. Cuadro 2 PRODUCTO ANUAL DE LAS ALCABALAS INGRESADAS POR LA CASA DUCAL DEL INFANTADO EN 1720-1730 y 1804-1808 (En reales y maravedises) Administración/Mayordomía Producto anual ¡720-1730 Producto anual ¡804-1808 Real de Manzanares Villasdel Infantado Marquesado del Cenete Hermandades de Alava Espinosa Hita Arenas Sexmo de Durón Buitrago Méntrida Villa del Prado Santillana y Torrelavega Saldaña Potes y Provincia de Liébana San Martínde Valdeiglesias Jadraque Pastrana Segovia Extremera y Brea Montánchez Acrecentados Uleilas Villas del Juro Villas del Concurso 130.l8Oy3O 24.802 y 12 11.241 y 2 8.723 294y 24.989 y 10.584 28.189 y 9 40.908 13.000 13.000 I8.074yl2 25.188 y 10 20.535 y 28 13.450 44.3O3y17 55.669 y 27 12.721 y 3 6.044y14 12.250 2.279 y 28 O 30.824 90.424 84.493 y 24 15.735 31.076 y 27 8.811 4 294y 4 2 17.563 y 16 24.093 y 25 14.956 y 20 37.673 y 7 13.000 13.000 18.007 y 23 23.421 13.446 y 15 19.672 y 27 41.156 y 16 33.420 y 2 12.721 y 3 17.715 y 16 11.108 1.964 y 19 789 y 22 44.497 y 13 62.427 y 14 118 119 Alcabalas y renta señorial en Castilla... Cuadro 2 (Continuación) PRODUCTO ANUAL DE LAS ALCABALAS INGRESADAS POR LA CASA DUCAL DEL INFANTADO EN 1720-1730 y 1804-1808 (En reales y maravedises) Administración/Mayordomía Almansa (unos por ciento) Puebla de Almenara Valdaracete Partido de Granada Algecilla Chamartin Barcience Albalate Miedes Plasencia Tabara Alija Villada Villafafila Cea Guadalajara-Tórtola Serracines Producto anual ¡720-1730 12.000 5.500 5.193 y 17 10.400 13.076 y 6 6.109 921 4.200 4.823 19.011 y33 7.800 7.792 y 22 7.231 y 22 8.262 y 28 o l.629y14 3.025 y 10 Producto anual 1804-1808 6.000 3.521 y 26 1.641 y 7 19.156 y 25 10.256 y 11 6.733 y 8 322 y 10 3.593 y 30 4.000 16.482 y 25 2.472 y 24 2.816 28.301 y 26 2.772 y 18 O 1.629 y 14 3.025 y 10 TOTAL 754.653 y 10 679.089 y 5 Porcentaje de disminución 10% Fuente: AvM, Secretaria, leg. 482, exp, 3& ¿Cuáles fueron las causas de esta disminución? En primer lugar, debe reiterarse que la causa primordial reside en la falta de renovaciónde los en - cabezamientos. Son deficiencias de índole estructural las que impiden incre - mentar lorecaudado, pese a la tendencia demográfica ascendente que presi - de la mayor parte del XVIII y un crecimiento económico paralelo. También mejoré la organizaciónhacendística de la Casa Ducal, con las sucesivas reorganizaciones de la contaduría ducal y la creación de una tesorería32. Pese a estas evidentescondiciones favorables,las alcabalas no dejaron de perder valor a lo largo del setecientos como consecuenciade la propia esencia del impuesto y los vicios adquiridos en surecaudación. Los esfuer - zos de los contadores ducalesdesde comienzos del siglo XVIII se dirigieron más a diversificar y renovar las fuentesde ingreso, y menos a intentar sanear >‘ AHN, Osuna, Cartas, legs. 453 y 454.