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Apuntes sobre la fisionomía profesional de intérpretes

Klotchkov, Claudio

Abstract

Se cree, y con toda razón, que la competencia interpretativa abarca determinados conocimientos y determinadas habilidades individuales de la personalidad del intérprete. La interpretación no vale para cualquiera sino para personas con elevadas vocación y plasticidad comunicativas, lindantes con la dinámica del arte escénico. ¿Cuáles son las supuestas condiciones que un intérprete debe reunir? ¿Qué estrategias y tácticas del perfeccionamiento conductual ha de desplegar para estar a la altura de su cometido y rendir al máximo? Éstas y algunas otras cuestiones (mentalidad, imagen social, protocolo, equipamiento, proyección extraprofesional, etc.) adquieren presencia inevitable en la labor y en la didáctica de la interpretación

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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 2 - Año 2000 APUNTES SOBRE LA FISONOMÍA PROFESIONAL DE INTÉRPRETES Claudio KLOTCHKOV Universidad Complutense de Madrid El contacto omnipresente que abarca aspectos lingüísticos, sociales, culturales, psicológicos de personas y culturas hace posible y necesaria toda variedad traslacional, incluyendo la interpretación, aparentemente disímil de la traducción gráfica. Hay que considerar la interpretación en calidad de una forma especial de comunicación entre dos (como mínimo) sistemas o medios, cuyas vertientes protagonistas son lenguas, y que se establece a lo largo del acto comunicativointerpretativo. Pese a tales raíces comunes, las diferencias entre la traducción gráfica y la interpretación resultan llamativas, dado que la misma naturaleza de las operaciones que el traductor efectúa –llámese ello la dimensión psicolingüística– induce separar uno de lo otro. Los parámetros constituyentes de la interpretación son éstos: 1. Dinámica por definición, la interpretación no se somete a la comparación ni al análisis instantáneo desde la dicotomía Original/Versión (salvo en condiciones de laboratorio), circunstancia contraria a la labor de quienes traducen con pluma, bolígrafo u ordenador y comprueban y verifican de hecho cada paso traslativo. 2. La magnitud cronológica en la interpretación requiere del intérprete un elevado grado de automaticidad respecto a varios hábitos expresivos. 3. Al no disponer de formas fijas o rígidas, el original y la versión proporcionan más margen de maniobra que en el caso de la traducción por escrito, variándose y adaptándose el mensaje de llegada durante el proceso de interpretar. 4. El discurso que se interpreta viene fraccionado sin que el intérprete alcance a aproximarse al mismo en su totalidad, cosa pertinente en la traducción de textos escritos. 5. En la interpretación se establece habitualmente una viva relación en clave de la retroacción, originando la polifonía comunicativa, el factor de fondo, etc. El traductor normalmente se encuentra desprovisto de tal beneficio en la traducción por escrito. - 1 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 2 - Año 2000 6. La interpretación, en muchas de sus aplicaciones, se materializa en doble sentido: la “ida” a la lengua de destino, y a renglón seguido, la “vuelta” a la de origen, o vice versa. 7. El esfuerzo que se requiere al intérprete, supera, sin duda, al de traductor: aquél es una gran carga síquica y física, máxime en la interpretación simultánea. Estos planteamientos fundamentales configuran indiscutiblemente la imagen funcional del intérprete, más dura que en el caso de la traducción escrita, y con consecuencia repercuten en la metodología de la formación de intérpretes. De ahí salen sus vectores didácticos dirigidos a cómo preparar a futuros intérpretes con miras a que obren y se sientan seguros, flexibles, responsables y prevenidos en la praxis traslativa. La figura del intérprete estará en conformidad con aquellas exigencias que, en realidad, se basan tanto en ciencias y habilidades especializadas como en rasgos personales de gran relevancia para el servicio. En otros términos, hay quienes tengan contraindicado, o desaconsejado, por lo menos, estudiar para intérprete. Se trata de una rigurosa aptitud en la expresión en los dos idiomas de trabajo; conocimientos de sectores ramales del saber humano; plasticidad con dotes de lo actorial... Estos requisitos, que perfilan a un intérprete moderno, deben potenciarse y canalizarse en la enseñanza de la interpretación. El intérprete asumirá el papel de un mediador cuyas actividades rebasan el marco estrictamente lingüístico, involucrando los de sociedades, culturas, mentalidades, psicologías, costumbres. La conciencia individual que abarque ello no emerge dada por defecto o tradición, pero se desarrolla hasta llegar a una agudeza de calibre, podría decirse, universalista. El que no comprenda esa misión, casi sagrada, de tender puentes entre mundos particulares, propios de cada uno de los pueblos que habitan en este planeta, pierde, y lo demuestra la práctica. En la formación se ha de enfilar hacia la creación de la fisonomía idónea del intérprete, individuo dinámico, con un rico acervo cultural, curiosidad incombustible y espíritu jovial y explorador. A la hora de interceder directamente, el intérprete arbitra: con vistas a cumplir con tal condición, debe desenvolverse con perseverancia, tanto en lo lingüístico como en lo enciclopedista, y saber encarnar a otros, sin perder señas de su identidad. He aquí unas cuantas consideraciones concretas, a modo de pinceladas frívolas, para el adiestramiento técnico de intérpretes, acompañadas de ejemplos que pueden servir de utilidad para quienes se propongan iniciarse en la interpretación o sencillamente se interesen por cuestiones metodológicas del mundo traslacional. – Ante un tema determinado, con tal que haya tiempo, importa lanzar un sondeo o preparación preliminar: acorde a las pautas del análisis descriptivo recurrirá el intérprete a libros (diccionarios, enciclopedias, estudios especializados, manuales, breviarios, repertorios) o a personas (consultas directas con expertos, o bien, con traductores que hayan compartido el consabido campo y dispongan de informaciones prácticas). - 2 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 2 - Año 2000 – En cuanto a la expresión oral, se ofrecerán a aspirantes a intérprete correspondencias en cadena, trabalenguas, grupos ideológicos, sinónimos, antónimos, conceptos pendientes de definición, minitextos que repetir, frases para comprimir, frases para completar, etc. Ejemplo: para desarrollar la facultad expresiva, la buena reacción y la improvisación, el estudiante recibe una serie de vocablos, asociados temáticamente o no vinculados entre sí, los cuales él debe definir en el acto. No importa que algunas palabras se inventen ad hoc: el alumno fracasará si pregunta “¿qué es eso?” o se confunde “no entiendo qué es”, en lugar de producir una respuesta coherente. Huelga subrayar la significación, cara a un rendimiento normal, del dominio de las llamadas correspondencias traslativas = versiones más o menos fijas y existentes en los idiomas de trabajo frente a un mismo concepto. Es sumamente provechoso atarear a los aspirantes a intérprete con tales entradas léxicas, vocablos y locuciones, que pueden ser términos o semitérminos y estar orientados a un tema monográfico, como suele decirse. Conviene empezar por generalidades, como ciencias sociales, matemáticas, física, informática, jurisprudencia, finanzas, etc., llegando paulatinamente a estrechar el contexto a fin de que los alumnos conozcan la materia en cuestión con profundidad: avanzando, por ejemplo, del tema ‘Hacienda’ hacia sus segmentos peculiares como ‘IVA’, ‘Declaración de la renta’, ‘Créditos hipotecarios’.., o bien, tras haberse iniciado en ‘Transportes’, pasar, póngase por caso, a la ‘Automecánica’, con incursiones tecnicistas en la estructura y función del automóvil (‘motor de explosión’, ‘ABS’, ‘muelle’, ‘escape’, ‘árbol de transmisión’, ‘embrague’, ‘radiador’, ‘motor diesel’, ‘luces de cruce’, ‘difusor’, ‘luces de galibo’...). Es obvio que al objeto de interpretar se necesitan una soltura en el manejo de diversas nomenclaturas semejantes y una contemplación de las nociones referidas. Cabe hacer algo parecido con palabras sueltas o combinaciones con la finalidad de sugerir definiciones, más o menos acabadas y sin sustituir tales por sinónimos. Como en el caso arriba descrito, pueden aparecer palabras inventadas a propósito (sic!), pero para el futuro intérprete, eso significa explotar su capacidad quasi escénica de emitir –sin pensar dos veces– algo que suene bien, aunque carezca de sentido. He aquí una eventual muestra de preguntas “locas”, las que se esgrimirán en el instante y con respuestas acabadas: ‘¿Hay marcianos aquí? ¿Qué hiciste el treinta y dos de agosto pasado? ¿Cuándo fue la II Guerra Mundial? ¿Qué es el Caballo de Troya? ¿Sueles hacer el bis? ¿Cuándo lanzarán la plataforma orbital “Alfa”? ¿Qué es lo que pretende Bill Gates en este mundo? ¿Por qué escondes tu cola? ¿Quién es el favorito de la pintura española...?' Asimismo se franquearán diferentes variaciones por contigüedad o contrariedad. De sinónimos: ‘ala’, ‘número’, ‘bolsillo’, ‘pierna’, ‘Renfe’, ‘Madrid’, ‘col’, ‘fidelidad’, ‘máscara’, ‘despojo’, ‘salario’, ‘conejo’, ‘zumo’, ‘ligue’... … y de antónimos: ‘cuerpo’, ‘lápiz’, ‘nosotros’, ‘joya’, ‘café’, ‘salud’, ‘escritura’, ‘tranvía’, ‘ordenador’, ‘Europa’, ‘cosmos’, ‘dedo’... - 3 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 2 - Año 2000 De definiciones: ‘toque personal’, ‘fama’, ‘varemáuk’, ‘citifondos’, ‘aparejador flotante’, ‘fresno’, ‘mercado’, ‘moros y cristianos’, ‘zapatilla’, ‘corazón de piedra’, ‘museo’, ‘fórmula magistral’, ‘BMW’... … y de frases pendientes de terminar: ‘En la semioscuridad de una sala de cine es donde... ’ ‘Se entiende por microclima el conjunto de condiciones climáticas que caracterizan...’ ‘Las muertes por SIDA en España has descendido un 40 % gracias al tratamiento...’ ‘El padre Apeles se mostró sumamente arrogante y llegó incluso a...’ ‘Otro de los agentes, el más hábil a los mandos de su vehículo, se encarga de...’ – Ejercicios semitraductivos. Así es cómo podríamos denominar la interpretación inmediata de voces y locuciones, tanto en régimen aleatorio =caótico, como sobre un tema concreto (por ej., informática, derecho internacional, alimentación, farmacia, exploración espacial, etc.), y en clave de una sorpresa, manteniendo a los alumnos ojo avizor frente a cualquier giro imprevisto. Tras manipular entradas así, se procederá a interpretar discursos ya configurados, v. gr., bloques de texto. – Sabemos todos que en la labor interpretativa se dan casos y casos, es decir, formas de interpretar bastante diversas. A menudo el trujamán hace frente a las variedades híbridas, como interpretar a la vista un discurso ya impreso. O incluso interpretar (¿leer?) un texto proporcionado con antelación y cuya versión se hace con antelación también. De ahí la ventaja que tenga la memoria instantánea, la de saber retener al máximo lo principal de la información contenida en un texto, a raíz de una lectura única. Es precisamente ese caso cuando se aprecia tanto la lectura racional o rápida, método científico que se enseña y consiste en adquirir una serie de hábitos lectivos especiales, radicalmente divergentes respecto a los de la lectura normal o tradicional. La lectura racional eleva con creces la velocidad y la productividad de la lectura. Recálquese que este asunto suele escapar de la preparación de intérpretes, y del trabajo de intérpretes activos. Quiero por eso hacer hincapié en ello y remitir a quien se interese por la lectura rápida, a centros especializados (hay varios en Madrid). Por asociación, igualmente se recomendaría a los aspirantes a profundizar en la retórica, la pausación, la voz, la rítmica, propias de la expresión del intérprete. – El protocolo a veces juega una mala jugada a quien desconozca sus procedimientos. Cómo entrar en un local donde hay un público, a quién saludar y en qué orden, dónde situarse, etc. son algunas de las incógnitas las cuales el intérprete a menudo despeja, sobre todo en actos oficiales. A propósito, no olvidemos que el intérprete, si bien es la figura clave, tan sólo asegura la comunicación de los protagonistas, agentes del primer plano. Esto va relacionado a otro parámetro vital, el de ser consciente de su compromiso profesional y moral, y en particular, el de no abusar de su ejercicio en detrimento de unos terceros: no se omita que el intérprete llega a ser confidente o depositario, en ocasiones, de informaciones íntimas o clasificadas. - 4 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 2 - Año 2000 – Lo óptimo en sentido práctico en la enseñanza de la interpretación son pruebas de simulación, ambientadas en condiciones realistas. Tales pruebas en clase se enfocarán de tal manera que se reproduzca lo mejor posible el ejercicio, en que mucho depende de estrategias y tácticas conductuales en función del rol social que el intérprete asuma. Por eso mismo urge organizar e improvisar situaciones verosímiles en que los futuros intérpretes pudieran actuar con libertad, a saber: una conferencia, una rueda de prensa, una excursión, una visita a una empresa o entidad oficial, un seminario de trabajo, un almuerzo, un viaje en autocar o tren. Es bueno llevar un registro a fin de evaluar posteriormente éxitos y fracasos entre profesor y alumnos. Se hará hincapié, además del ingrediente lingüístico, en la imagen externa, comportamiento, observación de normas protocolarias si tales se imponen, coherencia argumentativa, capacidad de improvisar. La docencia eficaz recoge el repartir y representar roles, en que se establezca un diálogo activo entre participantes cara a un determinado cometido, y persiguiendo que el intérprete encare no sólo un discurso leído, sino asimismo un intercambio colateral de preguntas, respuestas, opiniones, protestas, sugerencias, con unos interlocutores involucrados. – El intérprete se responsabilizará de cuánto emita, tanto desde la perspectiva meramente idiomática como desde la humana. El intérprete es el causante de que el mensaje original llegue o no en su integridad al receptor, sin ser tergiversado. De ahí la utilidad de aquellos simulacros de interpretación en que los participantes induzcan al intérprete en equívocos e imprecisiones, sin señalizarle ello, para que el mismo se las arregle. En la vida se dan irregularidades diversas. ¿Cómo debería reaccionar el intérprete ante el intento de su cliente de corregirlo a aquél? lo cual en sí constituye un factor agravante. O ¿qué hacer cuando el intérprete está colocado de espaldas? o ¿se encuentra dentro de un helicóptero explicando a los pilotos (¡a lo vértigo!) las instrucciones recibidas de la torre de control? No habrá nada para el estudiante de interpretación que estuviera soslayado so escusa de ser algo superfluo, banal o extraño. – El equipamiento también tiene mucha importancia, por nimio que pudiera parecer. Un bolígrafo se hace absolutamente imprescindible en la interpretación. Pero ¿habrá pensado alguien que un bolígrafo –manejable con una mano sin más, al no contar con un tapón– resulta de veras el mejor para la práctica interpretativa? Un bloc de notas o un dietario asimismo puede servir de gran apoyo. Y para guardar todo esto, nada mejor que unas vestimentas funcionales, con bolsillos (chaquetas, cazadoras, pantalones). Una agenda electrónica tampoco estará de más. Y en el caso específico de ponencias de tipo conferencia, un puntero (mecánico o láser). – Huelga subrayar la vitalidad del mantenimiento somático del intérprete, quien a veces se ve obligado a mantenerse varias horas en pie, hablar sin parar (¡con expresión, buena voz y persuasión!) y estar sobreconcentrado. Ciertos ejercicios corporales, de respiración, de relajación general, nos ayudan, desde luego, a estar en forma. Atributivamente, puede ser el mismísimo yoga, o algún otro método oriental. – El intérprete debe estar a caballo de su “periscopio” lingüístico, situacional y pragmático, en este mundo de encuentros, metáforas, licencias. Un altamente desarrollado sentido del idioma, en su proyección mediadora, es –se puede afirmar– el propio genio traslémico, el cual se expresa con esta fórmula. “Si es que esto significa tal o tal cosa en este idioma, ¿cómo será lo mismo en el mío?” Sin temer inquirir, cuestionar, investigar... –al margen del trabajo, claro está– para hallarse sumiso en - 5 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 2 - Año 2000 un continuum de progreso. Ello conduce a una cosmovisión amplia, emanada de una mentalidad libre e inquieta. El intérprete evitará estúpidas preguntas esporádicas al estilo de “¡qué?”, quedando boquiabierto y perplejo, sino que procurará seguir una flexible táctica de alerta, con maniobras o trucos si hace falta, en virtud de cuanto llamamos destreza, primor, arte. En general, el intérprete no debe –pues no puede permitírselo– reducir un obstáculo tanto lingüístico como cognitivo al primitivo dilema de “No lo sé y punto” sino que aspirará a buscar algo congruente incluso en resultados negativos: “No sé qué es, pero (dadme tiempo y) voy a averiguarlo.” Reconozcamos: a estas alturas de altas tecnologías y una avalancha de datos, es imposible conocer todo. Lo que sí importa es encontrar vías (=¿cómo?) que nos lleven a un nuevo conocimiento, de momento ignorado. El intérprete destacará con su disposición hacia el aprendizaje. No se asustará ante algo nuevo, sino que “andará sobre el filo de lo imposible”, estando en cada momento listo para dar la cara y afrontar cualquier paraje. Esto no significa atenerse a una actitud facilista de “no pasa nada” y tomarse las cosas a la ligera. Es saber ejercer de autocontrol. No se trata de estar permanentemente atormentado con el temor a cometer fallos o con el prejuicio del qué dirán, sino de desplegar un sentido de archivo de los errores propios y ajenos para su posterior retrospección. En otros términos, se trata de aplicar una dialéctica de índole “he cometido un error, y voy a procurar evitarlo la próxima vez” o “he producido una variante aproximada y no exacta porque me faltan conocimientos, entonces debo zanjar esta laguna recurriendo a libros o consultas”. Tampoco se cortará el intérprete a la hora de reconocer sus fallos ante un colectivo de compañeros, o alumnos, o bien ante el profesor. –Por último habría que llamar atención a la permeabilidad de la función profesional del intérprete. Aparentemente reductible al oficio como tal, esta labor, conforme a las experiencias registradas (y no registradas), va a menudo más allá de la trasposición oral, y mutatis mutandis recoge otras facetas funcionales: suena retórico interrogarnos quién de los trujamanes ha evitado en su práctica hacer de secretario, mensajero, representante, guía, botones, chófer, enfermero... esta lista de “segundos empleos” será nutrida. Hágase una conclusión sin concluir... Quien al rojo vivo observa la comunicación y sintoniza con idiomas, culturas y mentalidades ha de tener muy presente aquel célebre postulado “Somos diferentes, somos iguales”. Combinar, por un lado, la perspicacia diferencial, la cual permita escoger siempre un trato personalizado respecto a una lengua, y cultura, determinada, y por otro, el criterio cosmopolita. ¡Intérpretes! a evitar ser cortos o perezosos. A continuar abriendo puertas entre lenguas, y entre gentes. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA: ●Komissárov, V. Teoría de la traducción. Moscú, Výsshaia shkola, 1990 /en ruso/ - 6 -