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Discurso inaugural, que en la solemne apertura del curso de 1854 en (sic) 55 pronunció en la Universidad Literaria de Valladolid...

López Gómez, Manuel

Abstract

Discursos universitarios

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11 t / • DISCURSO INAUGURAL, QUE ~ ~N t\~~t:&mNE Ai>ERTñ~A DEL CU R SO DE 1854 Er\ 55 1'1\0!\U NCIÓ , ... DE '\'ALL&DOLm, EL DOCTOR DON ftiANUEL LOPEZ GO~IEZ , VA LL ADO LID : • It a solemne ina;guracion de nuestras pacíficas tareas, la rcpcl i cion anua l ~le! acto en que públicamente se ostenta el l azo de un i on de l as cien cias y de sus Pr ofesores, oft •ece hoy un contraste digno de la profunda atcnCion del obset·vador y de l filósofo . R etumba el trueno de la guerra en las apartadas regio - nes del Oriente, mientras los pueblos occidentales se estt•emcccn con movimientos convulsivos : allí una contienda de rcligion, de nacionalidades, de razas, de principios y de tendencias ha sometido al juicio de las batallas los destinos futuros de Eu1·opa: aqui bajo el aparato dcslumb1·ador de la civilizacion, una agitacien constante, ora sorda y tenebrosa como la a e ti- \'idad del volean oculto, ora terrible como el ímpetu del huracan, escita todas las pasiones y conmueve todos los intereses al violento impulso de principios que se cont1·aponcn y de sistemas que mútuam ente se rechazan. ¿ Ibb1'á sonado ya la hora d es i gnada en -4los arcanos de la Providencia para la caída ó trasformacion de los gr·andes imperios? ¿ Está destinada la gcneracron actual á presenciar una de aquellas catástrofes c¡ue, en el CUI'SO de los siglos, han cambiado la faz del mundo, descubriendo ante la humanidad atónita nuevos y desconocidos caminos? En medio de tan graves sucesos, cuando España se ve lanzada, merced á repetidos sacud imi entos, en un nuevo periódo de su duradera y labor·iosa re\·olucion; en los momentos en que se prepar·a la solucion del ár•duo ¡)l'oblema que ll eva e nvu elto nuestro porvenir político; la so l emnidad que celebramos se pr·escnta como un hecho ais l ado, de escasa sigmficacion y efímcr·as consecuencias, porque el án i mo vivamente preocupado apenas puede dar· i mp o rtancia ni dirigir tm momento de atencion al objeto que nos reune en este s iti o. Sin emb:u·go, n ada en lo humano se exime del dominio de la ciencia : l as mas subl im es verdades como las mas sencillas obscr•vaciones : los admirables fenómenos del órden físico y las variadas combinaciones del ór·den moral; lo pasado con sus ejemplos, lo pre- - sen te con sus impresiones, y lo venidero con sus mister·ios en cuanto es dado al hombre conocer·los : la sitnacion política, la condicion intelectual, moral y social de los pueblos, sus ventajas y sus def<!ctos como sus medios de adelanto y mejora: todo esto forma el vasto campo donde la c ien cia realiza sus conquistas para ejercer· sobre la humanidad, sin arrancar lágrimas ni derTamar sangr·e, una influencia -t>- supe~·ior al podet• de los ejércitos y al estruendo de las victorias. Por eso el deber que hoy nos llama y con nosotr·os á la juventud estudiosa pat·a continuar la interrumpida tarea, nos impide se•· ft·ios espectadores de lo que en torno nucslt'O acaece; pues si como españoles debemos cong•·atulal'llos de que aun en medio de la conmocion general se deja oit· la tt·:mquila Yoz de la ciencia, como profesores nos toca cstudiat• los acontecimientos y sacar de ellos provechosa enseñanza pat•a las nuevas generaciones . El encadenamiento natural de causas y efectos no presenta hechos aislados en la marcha proyidencial de l géner•o !JUma no; lejos de ser asi, cuanto mas graves aparecen los cat•áctercs y trascendencia de un suceso, tanto mas p•·ofundas son sus causas , mas estensas y complicadas sus relaciones, mas djfíciles de apreci:w sus consecuencias . El estado actual de las cienc ias y de su enseñanza, á la par que el de los pueblos mot·al y socia lm ente considerados, provocan una sél'le de cuestiones vitales, presentan un estenso catálogo de apremiantes á imperiosas necesidades, cuyo estudio en sus •· e laciones con el porvenir, descubre pat·a prevenir las unas y remediar en lo posible las otras, medios positivos de aphcacion inmediata y resultado scgu t·o, siquiera su accion baya de ser lenta, suave y silenciosa . En el conocimiento de esas necesidades y empleo de esos medios, c.1be no pequeña parte á las personas encar·gadas de la enseñanza pública; y mas de una vez 2 -6le han sometido á vuestr·a consideracion Jos dist in guidos Pr ofesores qu e me han precedido en este sitio. Cuando voces mas autorizadas que la mia pr oclamaron la necesidad de r·obustece~· en la instruccion científica las creencias religiosas: cuando demostraron que en la tr·iple idea de ciencia, trabajo y vil'tud se cifl'a y envueh·e la única base de la felicidad pública y pr•inda: cuando bosquejaron con mano fir·me los cat•acteres distintivos de la verdad, su objeto fué llamar· vuestr·a atencion sobre algunas pal'tes de la compleja y profunda smtes is que arroja de sí la sttu acion de las Sociedades en Europa y pt·incipalmente en España. Con stituido, Ill mo. Señor, en el honroso deber de dit ·igi t•o s hoy la palabra, me es forzosÓ seguit• esa sonda tan diost r ·amcnto marcada, es poniendo algunas considoracioncs so brc , Los dcbct·es del profesorado españo l en sus relaciones con el estado actual de las ciencias y de la sociedad.'' Necia pt·esuncion seda en mi la de esplicaros ó so~ lam ente indicat·os vuestros deberes cuando tan r elevantes pruebas tcncis dadas de que sabeis cumplidos; mi propósito es recordat·os algunas verdades, repetidas Ja muchas veces, pet·o que en la actualidad reclaman una aplicacion absoluta, inmediata é indispensable . Sin duda la empresa es superiot• á los medios con que cuento p:u·a su cumplido desempeño; y espero no me negareis ahora la benévola indulgencia que en otro tiempo otorgárais á ,·uestro discípulo. Al consider~r la existencia del profesorado pú- -7b lico, al examinar · la índole do esta institucion en si misma, en sus medios y en su fin, se manifiesta bajo dos aspectos, con dos caracteres tan esenciales y rna¡•- cados que no pueden alterarse ni confundirse . La idea del P1·ofcsorado es incompleta cuando solamente ~e representa como un medio de continuar y trasmitir el depósito de conocimientos que poseen las gene r ·aciones : noble, elevada y fecunda es ciertamente ba jo ese aspecto la mísion del magisterio, y de ella se der·ivan para los que le ejercen, deber•cs absolutos, incontestables, superiores al influjo de tiempos y de localidades. Conservar el precioso legado de los siglos que pasaron : aumental'lc con las nuevas verdades que la observacion y el raciocinio deseubr·en: comunicarle á la j uventud en toda su pureza ·, ilustrando la inte ligencia y dirig i endo el corazon: he aqui Jos atributos i n..: variables, los deberes absolutos del Profesorado en todas épocas y en todos los paises. Sin ellos la enseñanza es una ilusioo dañosa, y la ciencia se convierte para los hombres en la sed de T;íntalo ó en el tone l de las D anaides. Empero tiene ademas el magisterio otro caractet; comprende otra série de deberes aun mas de l icados y difíciles, que si no es posible puntualizar á priori, se deter·m i nan y modifican segun las exigencias de tiempos y paises : que llevan marcado el sello de act ualidad, constituyendo una doble demostracion de l estado intelectual de los pueblos y de la direccion acertada ó viciosa que reciben las doct r inas . La i ncesante actividad del espír itu hu ma no, el desar r ollo -14pentina, de esa falta de preparacion en la gene ra ~ lidad es un mal de que se halla profundamente resentido el estado de la s ciencias en España. Nuevas instituciones, nuevas n ecesidades y costumbres, el periodi smo, la novela, el teatro, l os viages, la pasmosa rapid ez en las comunicaciones son ot1·os tantos ve hí culos, á cua l mas eficaces, de los conocimientos, y h acen cada día mas n ecesa 1·ia su adqu i sic ion en cierta esfera . El orgullo y la vanidad inseparables de la condicion humana, el anin de pasar por sábio si n vigilias y de ostenta 1· superioridad á poca costa, en- . cuent1·an fácil y cómoda satisfaccion utilizando esos medios con los cuales se conquistan aplausos, se popu l a¡•i:r.an nombres y se imp1 ·ov i sa n reputacion es . No seria el mal tan g1·ave s1 se sust r· ageran á su pernicioso influjo las personas que se d ed ican á los estudios científicos fundando su eorvenir en ellos; pe ro, es fo1·zoso decirlo, la supel'flcialidad que es uno de los caracteres de la época invade Yelozmente el ánimo de la juventud y am enaza bo1'1'ar el antiguo aforismo para decirnos : , .41·s b1·e vis, vita longa ." No es necesa rio, Illm o. Señor, detenerse en la demostl·acion de un h echo dominante que se combina en todo lo rela tivo á las ciencias y del que no pueden menos de lamenta¡·se la s personas sensatas . Como si el homb1·e de hoy fuera superior en facultades al hombre de o tros ti empos, como si la naturaleza hu- ) )ie l·a invertido sus leyes adelantando las épocas de la ,·ida, no es ya un fe nóm e no la aparie i on de sáb io s })l'Ccoces que, con csca l'DIO de la verdadera ci encia, ~1oabordan audaces las cuestiones mas espinosas y deci· deo magistt·almente un problema filosófico, con tanta facilidad como una controversia religiosa, jurídica ó literaria. Siempre partidarios de lo nuevo intent:m avasallar las cienc ias al dominio de la moda y no ll· tubean en ridiculizar los estudios sólidos y profundos porque no actertan á comprender el objeto con que se emplean l:wgos años en el cultivo de un so lo ramo del sabet· humano. Es indispensable que así suceda cuando vemos que se desecha por incómodo y pesado el análisis didáctico, reemplazándole con la esagcrada síntesis de los manuales y diccionat·ios portátiles: cuando la ciencia se hace consist ir en palabt·as cuya exubet·anCla ocu l te el vacío de ideas; y cuando la im agi na c ion in · dividua !, la pretendida inspit·acion usm·pa lo que solo pertenece á la razon y á la espcricncia. El egemplo de Zcuxis y la abeja de l sóct·ates son pat·a n osot t·os modelos desautorizados : nos complace mas imitar el Yeleidoso giro de la mariposa, pot· que nos hace falta el tiempo para gozar contentándonos con adquit•ir por via de pasatiempo unas cuantas id eas genet·ales. ¿De donde, sino de ese ol'igen, dima na la aversion que se nota en la juventud háeia el estudio de algunas ciencias considerándole fatigoso é inútil? ¿Cómo esplicarémos el olvido en que van cayendo algunas ciencias morales y la lentitud con que se pro· pagan ciertos ramos de las naturales ó físicas? Indu· dablemente porque el principio de autot·idad en las unas y el rigorismo de la demostracion en la s otras, -16enc ierra an estrechos lími tes el vuelo de la fantasía opo niéndo se á las vanas y pomposas declamaci on es de qu e tan susceptibles so n otras materias. En la edad en que la pa sion y los sentimientos nobles pr edominan sobre el raciocinio, la emulac ion seduce, la gl01· ia li so n gca y el cgemplo arrastra; mas con fa c ilidad se equ ivo ca la senda y entonces se ba sta•·d cnn todos los in st mto s generosos, para co nv ertirse en amhicion desmedida y en orgulloso egoísmo. T odo lo que no al i menta esas dos pasiones se sacr ifi ca :í su objeto : se desprecia como fó•·mula rutinaria la sujecion académica, para alcanza r por otros me di os una imp ortanc ia anticipada que deifica al individuo :í sus propios ojos esp l ota ndo la ignorancia ó la credulidad agena . De es a mala raíz n ace tambi en el dogmati smo individual qu e nada r espeta y ante el cual nada valen el prestigio del tal en to, el mé 1·ito de la YÍJ'tud, ni la autoridad de la experienCia . V osot•·os, dignos maestros, ha beis tenido r epelidas ocasiones de observa•· el deplorable estJ·avío á que condure el afan de aparentar estcns ion de conoc imi entos sin cu idar de su so lid ez, y de ¡ •ed ucirlos á principios gene ral es aun en l as mat e rias mas de li ca das y p• ·ofundas . Habeis visto nu es ll· a literatura que en su r egeneracion pa•·ecia, segun la brillante espresion de uno de sus co•·ifeos, una bella na,,e dispuesta :í emprcn1ler· un dilatado viage; y la veis ahora sin piloto, falta de tripulacion y t endida en la playa como buque ahanrlonado . Ha beis vi sto mns de una vez er ·íg i•· sc <' 11 l eg is lador es los que debie1·a n come nzar siendo l cg ul e- -'17yos, y enmendar ah•ovidos la obra de la c1·eacion los que desconocen el insecto quo corre á sus plantas. ll abeis visto malog1·adas felices disposiciones y agostadas en flor plantas que prometían colmado f1·uto. Empe1·o, t. · wde ó temprano la ciencia toma desagravio de los que la tratan como Yil mercancía; la sup01•ficialidad sufre humillaciones y la f1·ivolidad castigos; porque se anticipa la decrepitud intelectual, ó porque llega la prueba irresistible de los negocios tírduos, de las aplicaciones p1·:ícticas que no se resuelven con palabras ni se evitan con discursos. Y entonces se alza la superficie pa•·a descubrir el vacío; y el aparato de cienc ia semejante á las combinaciones ópticas se desvanece al tocarle sin dejar otros vestigios que punzantes recuerdos y amargos desengaños. El caráclcl' y tendencias de nuestra soc i edad reflejan fie l mente el estado de la instruccion, del que son á la vez causa y efecto. D ebil itadas las c•·eencias, atenuado el principio de autoridad y lastimados todos los víncul os, vacilamos entre las l'eminiscencias de lo pasado, los atractivos del presente y las complicaciones del porvenit': nuestra marcha es incierta porque deseamos elevarnos al nivel de otros pueblos sin fijm·- nos en la eleccion de los medios: el esplendor de la civilizacion nos deslumbra, la novedad nos fascina: abandonamos lo sólido por lo brillante, la seguridad po1 • la prontitud, siendo los goces materiales nuestra aspi1·acion mas di1·ecta y conocida. No seré yo quien se atreva á poner en duda los grandes adelantos del siglo en que vivimos: llamado - 1 8cste á realizar en todas sus consec uencias los descu~ brimientos del que le pr ecedió, las ha llevado hasta un estremo fabuloso. Ha arrancado tambien á la na - tm ·alcza nuev os secretos de utilidad incalculable en sus aplicaciones; pero entre esos tí tu los p ositivos de gloria, acoge bajo el manto de la civil izaei on estrañas y fatales utopías, alhagücñas p aradojas , nuevas en la forma, condenadas hace ya siglos por el seve ro tribun al de la cspca· ¡ encia . L os rápidos pr ogresos hácia el bienestar material han tl'aido consigo problem as ator,·adores, autitcsis violentas de luj o y de mi se ria, el e cienc ia y de !)mba·u t ec imi e nt o, de depravacion moral y degenet·acion fí si ca . La supedicial idad en l as id eas y la frivolid ad en l as costumbres conducen de h ec ho á la p1•ov ocac ion de esos ·contrastes, porque impid en conocel'ios y destruyen los medios de prcvenÍI·los. Ot t· a cmanac ion natural de la supedlcialidad es el monstruoso engcnd t· o del escepticismo . No el escepticismo de l os antiguos filósofos que ll evaba unida la refutacion á su base, sino el escept i cismo prác ti co , esa indiferencia glacia l, esa duda mortífera peor mil veces que la negacion, impotente para ct·ear, eficaz pa1·a destruir, enemiga irreconciliable de t odo lo justo, de todo lo bueno, de t odo lo bello. P or una gradarion lógica en las ideas la indiferencia pt•oduce el deísmo ó el ateísmo en religion, establece la moral del indiridualísmo, sanciona el racionalísmo en filosofía, reasume el derecho en la utilidad de l yo, es panteísta ó materialista en ciencias naturales; aceptándolo y des- -19PI'CCÍ;indolo todo se burla de cuanto supone tl·abajo, abnegacion ó virtud. Pa1·ecidas ;i una infeccion atmosférica la superficialidad y la indiferencia, emponzoñan todo lo que se halla á su alcance y espa1·cen por do qU1e1·a el ma•·asmo p•·ccu•·sor de la mue1·te. i'io les pidais heroísmo t•eligioso, inspll'acion literaria, creaciones artísticas, vc•·dadet•o amor pátrio ni Yirtudes sociales: os dai'<Ín por respuesta una desdeñosa som·isa, ó cuando mas encontrareis muestl·as de una filanh·opía mteresada é hip ócr ita. H ace mucho tiempo se repito un clamor general contra la inmoralidad pública, sin tenet· en cuenta que la verdad01 ·a raíz del cáncer es la inmoralidad privada . Son dos frutos de . una misma pl anta , cuya dife•·encia so lo consiste en la altura; porque la pureza intachahle de la vida pública jamás se av i ene con el ''ic io disfrazado; y si la disolucion en el indi,·iduo ó en la familia ll ega á mina•· los cimientos de la socie - dad, enseñoreándose de todas las clases y gerarquías; tambi en la inmo•·alidad en los cargos J en las prof es i oncs 6 en las relaciones civi les, ausiliada con la autoridad del cgemplo acaba por corrompet· las costumbr es en todas la s categorías sociales . La una pr ocede del fondo y ll ega á la superficie : la otra obra en sentido inverso. No es posible tenet• creencias ni abrigar convicciones en matet•ias que solo se comprenden insustanCia l y lig eramente : obrar con principios fijos ó móviles ciertos cuando faltan creencias seria un fe- -- ' -20nómeno inesplicahle. Estas dos breves reflexiones oft•eccn la clave de las apostasías yergonzosas, de las decepciones inesperadas y de la Ye•·satilidad, no tan ra •·a como debict•a serlo, en los cargos, profesiones y negocios que tienen relacion con el estudio de las ciencias. En ol hombre sólidamente ilustrado, la mo~ r alidad p•·ofcsional, científica ó pública tiene pot' fundamento principiOs absolutos que no ceden al interés ni se amoldan á la conveniencia . Acaso, Illmo. Señor, he molestado vuestra atencion boSC(IICjando un cuadro nada lisongero; acaso parozcan exage •·ada s mis observaciones; pero se tl· ata de l profcso•·ado, se W\la de uno de los mas caros intereses, del porvcn i• • de nuest1•os hijos amenazado só•·iamcnte por el espil·itn de f•·ivolidad que todo lo invade, y es ne cesa rio sondeat • la llaga para proCUI'UJ' el remedio. T1·('s indicaciones capitales reasumen el conjunto ele deberes que al p• ·ofeso•·ado seña la nuestra situaeion presente: combatí•· bajo todos sus aspectos la superficialidad en los estudi os; luchar sin descanso contra el escepticismo que es su inmediata consecuencia : opone•· un dique á la mmoralidád que es su resultado práctico. Adecuados y eficaces son los recursos que el profesorado puede poner en juego, sin necesidad de acortat• los Yuelos d el talento, de estinguir los destellos del genio, ni de hacer mas árida y pen<!sa la ta1•ea del estudio. El profesorado es quien únicamente puede ilustt·ar á la ju,•enlltd sobre su .,:erdadera vo- -21cacion al estudio, acostumbr<índola desde sus mas tiernos años <Í rcconoCCl' la inmensidad de la cien - cia y la pcc ¡ ueiiez del homb1·e; inspirarle ideas exactas sob1·e la diversa utilidad de los estudios, y modera!' su impaciencia, ó contl·ariar su apaha manteniendo Yivos los estímulos de hono1·, Yirtud, laboriosiclad y subordinacion. Todos los días de la vida académica son o¡>01'tunos para prevenir á los jó\·enes contra la supcl'llcialidad sometiéndolos á pruebas insensibles, ob l ig:lndo l os :\ distinguir lo necesario y lo útil, la solidéz y el adot·no, animándolos con la a¡wobacion que no ensa lza, COl' rigiéndolos con la censura que no dcsa ni m a. No se os oc ul tan, il ustl·es pr ofesores, todos esos debe r es de vucs ll 'O no bl e m ini ste ri o, pues que en mas de una ocasio n ct• íli ca l os h abe 1s cumplido . Afort un auamcnle la juvent ud que n os r odea busca un apoyo que la detenga al bo1·do del precipicio; y aun no ha desaparecido el l'Ccue¡•do de que en España b1·illó la ciencia de ~felcho1· Cano y G1·egorio L opez, la inspi1•acion de Ercilla y CerYanlcs, el genio de ll e•-re¡•a y ~hll'lllo, y la constancia investigado1·a de Elc:\llo, Jorge Juan y Ulloa. Aprovechemos los mo - mentos po1'que mañana quizá seria tarde: fija la vista en el ¡>OI'\'Cnit•, imitemos al piloto que nayega entre escollos intcn·ogando <Í las estrellas y escuchando el soplo de los vientos hasta divisa•· la deseada ot·i\la: y aspiremos á que la posteridad nos juzgue con e~ta scutencia . ,Como profesores se esfot·- :'-3ron para lormat• S<íbios, como españoles buen<5s -22riudadanos, como hombres miembros útiles á sus ~cmcjan l cs . " Y vosotl·os jóvenes alumnos en quienes se cif1·an las cspcram.as de las famihas y de la patria, conservad puras vueslt·as nobles aspirac i ones y aprended á conocCI· el •·icsgo para cvitm·le . Acaso el porvenit• os deja vislumbrar entt·e sus sombras dias mas serenos que los de vucsli'Os pad1•cs : no retai'Cieis su llegada. ~o dcsmayeis ante las dificultades ni os dejeis ofuscar po" una amhicion prematura : á la f•·i,·ola superficialidad que amena1.a confundir lo todo, oponed la aplicacion consta nt e y re fl ex iva, la docilidad y la 1 virtud, y aco•·daos si emp re de que sm esta última el talento y la ciencia no son mas que vanidad y miseria.-lh; nicno. .• .. : . · .. ..