A. de Humboldt en América española : Discurso leído en la solemne apertura del curso académico 1932 a 1933, Universidad de Valladolid / por Amando Melon y Ruíz de Gordejuela
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EXCELENTÍSIMO SEÑOR RECTOR: AMABLES OYENTES: En los años que llevo dedicado a la slmpétice y excelsa tarea de enseñar, siempre he considerado lo más importante excitar la curiosidad de mis alumnos, abrirles horizontes, señalar rutas yacuciarles, de alguna manera, a bucear honda y libremente en las materias o asuntos que expongo a su consideración. Impulsado por esta tendencia, de propósito, siembro en ellos un excepticismo sano, con la esperanza siempre de que ellos y sólo ellos engasten y unan con propia argamasa las partes descubiertas del edificio a construir. En este momento y ocasión solemne,quizá arrastrado por el hábito de más de diez años, no he sabido inhibirme de aquella costumbre; impelido por ella, en lugar de daros una lección magistral quiero ser de los que me escuchan, y más de los que me lean en estas páginas, un excitante; algo, que engendre en vuestro ánimo una irresistible tendencia de simpatía hacia el asunto de este Discurso. Nacida esta inclinación ha de ser invencible vuestro deseo a curiosear un poco en la vida yhazañas científicas de Alejandro de Humboldt. ¿No será vana y atrevida mi pretensión? ¿Acaso el genio pruslano, alemán de origen yespíntualmente francés, no ha tenido cantores o biógrafos (es lo mismo) dignos de su grandeza? ____ -. •. ! --
--~-- --~ ------------, \ , -8- ¿La meritoria labor de Bruhn y sus socios, los más cuidadosos historiadores del sabio, ha conseguido sacudir la pasividad de los españoles hacia la actuación y vida de un hombre tan intensamente unidas a la Colonización de América, la empresa inmortal y popular de España? Lo que es más: ¿Son muchos los lectores de la genial y admirable síntesis científica de el Cosmos, que por fortuna está traducido al castellano? Contestad mentalmente. Téngase en cuenta: que en su postrera obra quiso Humboldt explicar y resumir su vida entera; que no obstante su elevada envergadura científica puede ser comprendida, sin dificultad alguna, por todo curioso de cultura media; por último, que en ningún libro como en el Cosmos «que aspira a hacer conocer la acción simultánea y el vasto encadenamiento de las fuerzas que animan al Universo», volcó tan raudalosamente Humboldt los tesoros de su alma de poeta y artista. Un estilo tan animado como el descriptivo de Buffon es el bello instrumento de que se sirve el sabio para expresar al mundo de sus semejantes la variada gama de fuertes sensaciones que forman el sentimiento de la Naturaleza; común denominador de las bellas obras, sólo literarias, de Bernardino de Saint Pierre, Chereaubriand y otros. A pesar de todo, movido por la quimérica esperanza hija de un optimismo tal vez un poco inconsciente; arrastrado por la centrípeta fuerza de cariñosa hipótesis y por la consideración de lo que enseña la experiencia, de que un excitante de cualidad despreciable genera corrientes de atracción más intensas hacia una persona, o sus enseñanzas, que otros de sublime calidad, me atrevo a suponer fuerza suficiente en mis palabras para despertar, en alguno de este amable auditorio, el interés hacia Humboldt y su "..- --.J -' ..,... -9obra de coloso. Para consegulrlo más fácilmente, buscando una mayor probabilidad de éxito, he de limitar este estudio a la empresa del sabio que más puede y debe complacer al público español: Su viaje por la América hispana. Pensando en la limitación que el espacio y el tiempo me imponen, dentro del tema expuesto concretaré todavía más: el asunto que ha de merecer mi especial atención será: el viaje de Humboldt y Bonpland por la costa de Venezuela y cuenca del Orinoco en los años 1799 y 1800, sin olvidar tampoco su permanencia en nuestra península. Mi deseo no va más allá que de bríndaros unas cuantas notas referentes al curso del viaje citado últimamente. Su Relación in extenso -(Humboldt: Relalion hislorique du Voyage aux réglons équinoxiales du Nouveeu Continent, fait en 1799, 1801, 1802, 1803 et 1804, por A. Humboldt et A. Bonpland. París, 1814-25)-- sobre ser un rarísimo libro y no fácil de adquirir, por su elevado precio, resulta detallada en demasía para público no limitado. Humboldt mismo tuvo el propósito de extractar el texto de la citada Relación con el fin de hacerla accesible a toda clase de inteligencias. Por fortuna, el archivero y profesor doctor Hauff interpreta fielmente los deseos de Humboldr y ofrece al pueblo alemán un relato del viaje -(Alexander Humboldt, Reise in die Aequinoktial-Oegenden des neuen Kontinents. Stuttgart)- ameno, pintoresco y científico; con la particularidad, que el principal actor del mismo, «en la medida que me lo permite mi avanzada edad ydecaídas fuerzas» lo revisa, enriquece y pone al día con adiciones y correcciones. Esta autorizada edición de Hauff es la que he leído y pongo a disposición del curioso lector. Lejos de este libro la monotonía y sequedad frecuentes en los Diarios de Viajes. Es un conjunto de perspicaces observaciones de toda clase, analizadas científicamente,
-10- -11unidas en maravillosa armonía y comparadas con las de anteriores exploradores; es un reflejo fiel de la situación político-social de los territorios recorridos; es la historia de la actuación económico-moral de las misiones del Orínoco; es valiosa cadena de problemas científicos planteados o resueltos con mirada de águila; es, por último, el relato, pleno de dramatismo en algunas ocasiones, de las peripecias de unos viajeros que abandonan su vida burguesa no con la esperanza de encontrar metales o piedras preciosas sino de servir a la Ciencia en sus más variadas manifestaciones. Por si esto no fuera suficiente acicate hay otra cosa que campea en todas sus páginas, que debe hacerlas seductoras y simpáticas a todo buen español: se desprende de todo el libro un perfumado aroma de benevolencia, reconfortante y rejuvenecedor, hacia nuestra nación, sus hombres, y la ciclópea obra realizada por España en el americano Continente. No olvidó nunca Hurnboldt los favores recibidos en España y de los españoles; como muy humano no anduvo remiso en expresar sus afectos. He aquí algunos trozos de cartas bien expresivos: desde Méjico (22 de abril de 1803) escribe a Cavanilles ... : «pero en tanto ruego a V. encarecidamente publique nuestra gratitud a los innumerables favores que hemos recibido a los españoles en todos los puntos de América que hemos visitado, porque faltaríamos a nuestra obligación si no diéramos los mayores elogios de la generosidad de su nación y del gobierno, que no ha cesado de honramos y protegemos» ... -(Publicado en los Anales de la Sociedad Española de Ciencias Naturales. Tomo VI)-; en otra, fechada en Caracas el4 de noviembre de 1799, dice a Lalande: ... «Los oficiales españoles han favorecido de tal modo mis deseos que en pleno océano ---~ he podido preparar gases y analizar la atmósfera como en tierra firme. Las mismas facilidades he encontrado sobre el Continente». -(Correspondence Scientitique et ltttéreire d'Humboldt. Roguette. París, 1863)-. A don José Clavllo, escribe así: «Espero abrezaros pronto, pues estoy tan españolizedo que quiero absolutamente ver España todavía una vez»". -(Anales. Tomo 1. Cuaderno 2)-. A Delambre desde Lima (25 de noviembre de 1802): ... «Ni un solo día en tres años, he tenido que quejarme de los agentes del Gobierno español, que me han tratado siempre en todas partes con una delicadeza y distinción que me obligan a un reconocimiento perpetuo»". -(Bruhn: Alexander von ffumboldt. Leipzlg, 1872)-. El afecto de Humboldt hacia los españoles se manifiesta muchas veces de modo real y ostensible; varios fueron deudores de su amabilidad, y ninguno más que el poeta y novelista romántico Enrique Gil Carrasco. En febrero de 1844 fué comisionado con carácter extraordinario, y categoría de Secretario de Legación, para reconocer los Estados del Antiguo Cuerpo Germánico. Carrasco llevaba a Berlín dos misiones, una informativa y ostensible, otra, reservada: allanar obstáculos entre el Gobierno prusiano y el español a fin de preparar tratados políticos y mercantiles. Para cumplir este doble cometido necesitaba procurarse relaciones en las altas esferas del Gobierno y de la Corte. Entre sus amistades descuella la de A. de Humboldt para quien llevaba cartas de Bresón, embajador de España en París. Humboldt presenta a Gil Carrasco al barón de Bulow, ministro de Negocios Extranjeros; al príncipe Carlos y su esposa la princesa Marta. Además, hizo conocer a Federico Guillermo IV El señor de Bembibre, la mejor obra de Gil Cerrasco, que el rey de Prusia leyó con todo entusiasmo y le dedica muy expresivas
_5 -12alabanzas, llegadas a su autor por conducto de Humboldt. La amistad entre el sabio y el poeta fué muy íntima; por eso, aquél lloró amargamente la muerte de éste (Berlín, 22 de febrero de 1846) y con todo cariño prepara los funerales de su pobre amigo. El Gobierno español recompensa los servicios de Humboldt con la Gran Cruz de Carlos HI, y Gil Cerresco, casi moribundo, hizo enlrega al sabio del diploma e insignias de la Orden. -(José R. Lomba y Pedrala: Enrique Gily Carrasca: Suvide y su obra literaria. «Revista de filología Española». Tomo II). Babinet, con ocasión de comentar el tercer volumen del Cosmos -(Voyage dens le Ciel. «Revue des Deux Mondes». Noviembre 1853)- aplica a Humboldt el calificativo que mejor le retrata; dice de él: es el viajero sabio por excelencia; en efecto, nadie ha viajado más intensamente y sacado mayor partido de lo visto, observado y estudiado en sus viajes. Puede decirse que el destino y obsesión de Humboldt fué viajar. Una insaciable curiosidad le arrastraba a ello; una inconcebible, por lo profunda y extensa, preparación científica le ponía en condiciones de aprovechar sus viajes. Se proponía una doble finalidad: servir a la Ciencia y recrear su espíritu; a uno y otro objetivo no regatea el triple sacrificio, que tanto ata a los vulgares hombres, de comodidad, salud ydinero. Por suerte, la Providencia fué pródiga con él; su anormal actividad y movimiento continuo lejos de resentir su endeble naturaleza física, la fortificó; no tanto, sin embargo, como su inteligencia Y sabiduría. En su larga vida de 80 años se repiten con frecuencia crisis nerviosas, sintomáticas de cierta desarmonía Y falta de equilibrio en el ajuste entre su cuerpo de hierro y alma de diamante. Oyendo a su vocación y excitado por el afán de moverse sin trabas de ninguna clase, deja el servicio del Estado prusiano; su fina sensibilidad, delicadeza y patriotismo no le permiten aceptar la halagüeña proposición del
-14- -15ministro Helnítz, que tanto por admiración al joven, ya ilustre, como por premio al inusitado celo que despliega en su actividad como funcionario, le invita con tenacidad teutonaa seguir en su puesto, con libertad amplia de movimientos y constante autorización para largas ausencias. ¿Pero es que podía tolerar Hurnboldt recibir un sueldo en pago a una función que no desempeñaba,y de un Estado no muy abundante en recursos como era la Prusia de Federico Guillermo II? Su sentir democrático y elevado patriotismo le obligan a despreciar ciertas liberalidades y a persistir en su resolución. Rotaslas áureasamarras quele encadenabanal Estado prusiano y otras afectlvas más atrayentes, por la muerte de su madre, ya podía mimar su imaginación con la perspectiva de expedicionesa remotas tierras. El fuego que de consuno manteníaviva esta pasión era: el deseo de herborizar, los estudios de Geología, yel contacto espiritual con Jorge Forster en un viaje por Holanda, Inglaterra y Francia enel año 1790. Apenas tres mesesdura la expedlción, conocida por una obra de Forster -(Ansichfen vom Niederrhein, Brebent, Flandern, Holend, Eng/and und Frankreich. Berlín, 1790-91)- y varias cartas del entonces escolar Humboldt, pero... ¡Quéventurosa fué enresultados y decisiva en la voluntad de éste!! «El ingenioso Jorge Forster que ha contribuído de una manera tan eficaz a alimentar en mí el gusto por las expediciones lejanas». -(Cosmos. Edición española. Tomo 1.Pág. 306). Verdad es, que la caprichosa suerte no pareció muy dispuestaa convertir enrealidadeslos sueñosde Humboldr. En noviembre del año 1797, después de iniciado el estudio con Leopoldo Buch de los Alpes de Salzburgo y Stiria, decideHumboldt penetrar en Italia con el primordial fin de contemplar de cercalos volcanes Vesubio, Strómboli y Etna; noticias de la Península bien expresivas de su estado de intranquilidad y desasosiego, precursor de próximas y nuevas guerras, le hicieron desistir de la anhelada visita. Aunque Italia no le era del todo desconocida (1795), sin embargo, mucho siente abandonar Europa sin observar las formaciones volcánicas de su parte meridional. Poco tiempo después de la fracasada intentona, lord Bristol, curioso conocedor de la antigüedad clásica y que en demanda de sus restos había recorrido las costas de I1iriay Grecia, propone a Humboldt su compañía para un viaje al Alto Egipto. Duraría ocho meses;los expedicionerios remontarían el Nilo hasta Assuén, para estudiar la Tebalde comprendida entreTentyris y la primera Catarata. Aunque a Humboldt, al pensar en viaje extraeuropeo, le obsesionaba la idea de enfrentarse con la exuberante y variada flora tropical, acepta la invitación que le ponía en condiciones de contemplar el escenario de antiguas y renombradasculturas. Se armó contra las posibles excentricidades de Bristol; entreotras cosas, puso por condición que la vuelta se haría por Síria y Palestina. Otra vez los rumores depróximos hechos de armas salen al paso delos deseos de Humboldt; se hablaba con insistencia de una inmediata expedición napoleónica a Egipto; en efecto, su realidad fué confirmada a las pocas semanas, antes de llegar Humboldt a París. Ni el encanto de la capital francesa, ni la feliz circunstancia de estar allí la familia de su hermano Guillerrno, ni la hospitalidad de Lalande y Bauquelin que ponen a su disposición el Observatorio astronómico y Laboratorio químicorespectivamente,quebrantan la voluntad de Humboldt de aprovechar la primer coyuntura favorable a su ardientedeseo. Por aquel entonces, Francia acuerda una
-28- -29canario son de inmortal valor; al de sus jornadas de viaje por estas provincias españolas, hay que añadir el de un postrero capítulo pletórico de interesantes noticias geográfico-históricas referentes a todo el Archipiélago, con detallada relación de las erupciones volcánicas ocurridas en las islas de La Palma, Tenerife y Lanzarore .De la tinerfeña del monte Chahorra o Venge, en el año 1798, tuvo detallada noticia por varios testigos presenciales, y por la descripción que le envía Cologan para intercalarla en el Diario de viaje; pero, a la publicación de éste se adelanta Bory Sr, Vicent, a cuya interesante obra: Essai sur les tles Iortunées, remite al lector. de explorar la poco conocida zona situada tierra adentro de aquellos puertos. En la noche del 14 a 15 de julio deciden pasar un año en Tierra Firme; esta feliz resolución fué más festejada cuando en la siguiente, escuchan del indio Carlos Pino unas pintorescas e interesantes noticias. Corriente de mutua simpatía se establece bien pronto entre el indio y Humboldt; tanto, que aquél se incorpora a la empresa de los ilustres viajeros, durante el año y medio que dura. El encuentro con el «Pizerro» tuvo lugar en los bajos de la isla de Coche; patroneba una canoa, cuyos tripulantes, con los de otra, por sana precaución, fueron trasladados al barco español. * -x. '* Al cultivado espíritu de Humboldt nada le era indiferente; cualquier escenario lo convertía en lugar adecuado para observaciones, experiencias y estudio. Durante la travesía atlántica no interrumpe la labor científica, obsesionada, en aquellos instantes, con resolver algunos problemas de la entonces naciente Oceanografía. La última parte del viaje marítimo fué turbada por la aparición de una verdadera epidemia de fiebres; se hizo dramáticamente alarmante en la proximidad a las islas y Tierra Firme de América del Sur. Un triste episodio: la muerte de uno de los pasajeros, joven asturiano de 19 años, decide a todos desembarcar en el primer puerto que se presentara a la vista, y allí, esperar el paso de otro correo que les llevara a Cuba o Méjico. La triste causa de la epidemia declarada a bordo del «Pizarro», fué la determinante de la exploración del Orinoco y Casiquiare por Humboldt y Bonpland; una vez que tenían que hacer tierra en Curnana o La Gueyra, no supieron resistir a la tentación
-31- • IV producía gran extrañeza «que entre nuestros libros no figuraran ni el Spectecle de la Nature, del abete Pluche, ni el Cours de physique de Sigaud la Fond, ni el Diccionario de Valmont de Bomare. Estos tres libros y el Treité d'economie politique del barón Bielfeld, eran los extranjeros más conocidos en América española». El estudio del cielo y del mundo vegetal, por la belleza del uno y riqueza del otro, fué lo que de momento les atrae al pisar por vez primera las tierras del Trópico. La doble serie de observaciones aludidas hubiera sido bastante para viajeros de otra laya; para la insaciable curiosidad de Humboldt, a la que nada de lo celeste, terrestre y humano era indiferente, el estudio de los fenómenos atmosféricos, astronórnlcos y botánicos tropicales ocupaba sólo una parte de su multiforme actividad. Hacemos total eco de las facetas de ésta, alargaría demasiado este trabajo; además, perderían mis líneas su único fin. Los primeros días se ocupan en preparar e instalar los instrumentos y aparatos, en recoger plantas de los alrededores y en observar las huellas del terremoto ocurrido el 14 de diciembre de 1797. Los fenómenos sísmícos le interesaban a Humboldt desde los puntos de vista físico y geológico, olvidados a la sazón frecuentemente ante sus efectos catastróficos. El trabajo destructor de las termites u hormigas blancas en los Archivos, le impide a Humboldt remontarse a más de 150 años en la documental historia de los movimientos sísrnicos de Cumana. En cambio, fué testigo de algunos bastante perceptibles, y del terror y pánico que produjeron en los vecinos de la ciudad. El 28 de octubre, hacia las cinco de la mañana, y desde la terraza de la casa que habitaban, contemplan un eclipse de Sol, cuya detallada descripción la publica Humboldt en Conneissonce des Temps. En los días que preceden y Amanecía el 16 de julio cuando arriba el «Pizarro» al puerto de Cumana. Era en aquellos días capital de Nueva Andalucía, y la poblaban, incluídos los arrabales de Serritos, San Francisco y Guaykari, unos 18.000 a 20.000 habitantes. Cuatro meses dura la primera estancia de Humboldt y Bonpland en Cumana. Repetidas muestras de afecto y consideración recibieron de los españoles, a las que se unen las gentilezas del gobernador de la provincia, don Vicente Emparan, quien desde el primer momento acoge a los viajeros «con la afectuosidad y noble sencillez virtudes inseparables del carácter vasco». Todo fueron facilidades; a la buena acogida que reciben en Nueva Andalucía se debe al decir de Humboldt, el afecto cariñoso, que él y su , compañero. encuentran en todos los países de América del Sur. En Cumana, como en otras ciudades de América española, despierta enorme curiosidad la presencia de los sabios exploradores; más, cuando les ven manejar familiarmente aparatos que apenas de oídas conocían. Eran cultivadores de la «Nueva filosofía», extraño nombre que en nuestras colonias se daba a la Astronomía y Física. No representaba poca pérdida de tiempo para Humboldt, el atender él solícitos y curiosos visitantes; entre los que presumían de cultos, más inoportunos que los boquiabiertos,
-32- -33siguen al eclipse, del 10 de octubre a 5 de noviembre, les sorprende un inexplicable fenómeno atmosférico: a la puesta del Sol, una roja nieblina aparecía en el hori zonte, elevándose poco a poco y cubriendo en pocos minutos la bóveda celeste. En la noche del 11 al 12 de noviembre presencian numerosos bólídos y aparatosa caída o lluvia de estrellas, durante un intervalo de cuatro horas ... Esta primera estancia en Cumana les depara, también, emociones de otra clase: La gran plaza de la ciudad, rodeada casi toda ella de soportales, se ve convertida un día en escenario de algo que subleva el humanitario corazón de Humboldt: un mercado de esclavos. Un danés, insensible al generoso espíritu de su nación, la primera, y durante mucho tiempo la única, que prohibe el comercio de esclavos, ponía a la venta unos cuantos jóvenes de 15 a 20 años. Su piel aparecía brillante y lustrosa, ya que antes de comenzar la exposición de sus cuerpos se les untaba bien con manteca de coco. Ve a repetidos compradores mirar cuidadosamente la dentadura de los puestos a venta, para calcular, como se hace con los caballos, la edad y salud de la mercancía humana. Le recordaba él Humboldt este vergonzoso espectáculo la descripción que hace Cervantes, en «Tratos de Argel», del mercado de esclavos cristianos en la ciudad africana. Por fortuna, la inicua visión, por aquel entonces, ya no era frecuente en la española América del Sur. El triste espectáculo que se ofrece a la vista de los viajeros, no era otra cosa que un débil residuo del activísimo comercio de esclavos africanos, siglo XVI, en esta región; cuando estaban en pleno florecimiento las factorías de carne humana de Maracapan (antigua Amaracapuna), Cumana, Araya y Nueva Cádiz. En estos puestos, se proveían de mano de obra dócil y barata los plantadores de Haití y otras islas antillanas. Diligentemente se ocupaban los ilustres exploradores de los preparativos del Viaje, cuando inopinado suceso estuvo a punto de echarlo todo a perder. El 27 de octubre paseaban descuidados Humboldt y Bonpland, según costumbre, por la orilla del mar, entre el atracadero de Cumana y el barrio de Gualkeri; eran las ocho de la noche yestaban a dos kilómetros del poblado más próximo cuando un fornido zambo, desnudo de cintura para arriba, arremetió contra ellos con una gran macana, o garrote en forma de maza; Humboldt, que al oir pasos tras él había vuelto la cabeza, pudo eludir el golpe, no así Bonpland que cae al suelo. El agresor huyó después de apoderarse del sombrero del derribado. Repuestos un poco del susto, salen los dos en persecución del feroz zambo, le dan alcance al caer enredado en unos matorrales. Con la lucha cuerpo a cuerpos, aunque el dolor y la ira había doblado las fuerzas de Bonpland, hubieran salido mal librados éste y Humboldt; pues, el zambo se disponía a arremeter con un gran cuchillo. POI' suerte, unos comerciantes vizcaínos, que tomaban el fresco a la orilla del mar, vienen en su auxilio, ycapturan al gigante mestizo. A Bonpland, le produjo el golpe su correspondiente herida; con más, frecuentes vahídos que ponen en honda preocupación a su compañero de viaje. Por fortuna, estos trastornos no pasaron d mayores; acaban por desaparecer totalmente. Todos los habitantes de Cumana lamentaron mucho el incidente. Por ellos, tuvo noticia Humboldt de los antecedentes del zambo; era natural de un pueblecito de la zona del lago Maracaibo; prestaba sus servicios en un velero de Santo Domingo; por disensiones con su cepírén, de nacionalidad francesa, fué abandonado en Id costa de Cumena. Irritado del castigo 3
-34- -35que le había impuesto su patrón, y de los malos tratos de que fué víctima, descargó su ira con los primeros a los que oyó hablar francés. Nadie podía creer que el móvil de robar el sombrero a Bonpland le había arrastrado a la traidora agresión. Poco antes de abandonar Cumana tuvo noticia Humboldt, y se alegró, de que el famoso zambo se había fugado del castillo de San Antonio, antes de ser sustanciado su proceso. Dos expediciones organizan los viajeros desde Curnane: una, breve, por la península de Araya; otra, más importante y larga, a las misiones de los indios Chayrnas. La península de Araya, famosa en el siglo XVI como mercado de esclavos y por sus pesquerías de perlas, está separada de Cumana por las aguas del golfo de Cariaco. La travesía la hacen en una gran barcaza, provista de buenas pieles de yaguar; con esta ocasión observa Hurnboldt que a pesar del poco tiempo que llevaba en la zona tórrida, al igual que a sus habitantes, se apoderaba de él con un pequeñísimo descenso de temperatura, la sensación de frío. Con temperaturas de 20 a 21 0 necesitaba arroparse; con las mismas, y en día de lluvia, que había oído a las gentes de Cumana "decir: «¡Qué hielo!. .. Estoy ernperamado».-A las ocho de la mañana, día 19 de agosto, echan pie a tierra, junto a las «Nuevas Salinas». Entonces, la producción de sal, no las perlas, mantenía el prestigio de la península de Araya. La explotación radicaba de antiguo; de época en que la mercancía tenía más valor, por ser más escasa. Esta riqueza excita la codicia de los holandeses; sólo con la construcción del famoso Castillo de Santiago o Real Fuerza de Araya (1622) consigue España asegurar el monopolio de su explotación. Esta fortaleza no tuvo razón de ser, y se abandona, desde el año 1726, en el que un golpe de mar destruye la laguna que vigilaba, y la convierte en espaciado golfo. Las «Nuevas Salinas» que visita Humboldt eran, pues, cosa distinta de las famosas de los siglos XVI yXVII; después de ésto, ve las ruinas del Castillo de Santiago, y la cisterna, mandada construir en 1681 por el gobernador don Juan Padilla Guardiola, para proveer de agua a los habitantes de la seca Araya; el pueblo de Maniquarez y la fuente de nafta de Punta de la Brea. La península de Araya se encontraba en vía de despoblación; los pocos indios allí establecidos vivían miserablemente, y dedicados a la pesca; sin embargo, parecían estar satisfechos de su suerte; cuando se les intimaba a cultivar la tierra respondían: «nuestros jardines o huertos están sobre el angosto mar, llevamos pescado a Cumana y a cambio de él traemos bananas, cocos y manioca». La abundancia de pequeños ciervos atraía a Araya a buen número de cazadores. Pocos días después de la expedición a la península de Araya, organizan una más importante por la quebrada zona que se extiende entre Cumane yParia; zona pintoresca, de variada y lujuriosa vegetación, y asiento de los indios chaymas, evangelizados y civilizados, en parte, por verdadera legión de capuchinos aragoneses. El 4 de septiembre, cinco de la mañana, parte la caravana hacia la zona montañosa de Nueva Andalucía. Entre otros, acompañaba a Humboldt yBonpland el vizcaíno, residente en Cumana, don Matías Iturburi. Habían de caminar por estrechos ydifíciles senderos; por ello, era necesario reducir al mínimo el equipaje, que cargaron sobre dos mulos, portadores de algunas provisiones de boca, instrumentos y papel para secar las plantas que recogieran. Caminando por angostas rutas, entre verdaderas trincheras naturales o acariciados por g"ig"cllltescashierbas y bambúes, llegan al pequeño pueblo de San Fernando; primer --
-56- -37pueblo-misión o rmsron con que se enfrenta Humboldt en América. La disposición de las casas de los indios, la limpieza de las mismas, y lo taciturno y callado de la población le recuerda las colonias o comunidades de los Hermanos moravos, en Alemania. En la plaza del Pueblo se levantaban la iglesia, la casa del misionero y otras pequeñas construcciones que llevaban el pomposo nombre de Gasa del Rey. Las Casas del Rey, que existían en todas las colonias españolas, ofrecían al viajero, dice Hurnboldt, cómodo albergue. La presencia de europeos en estas comunidades de indios sólo era tolerada por breve plazo; una noche podían pasar y nada más. Con Humboldt no rigió la regla; iba bien provisto de eclesiásticas recomendaciones. La misión de San Fernando había sido fundada en el siglo XVII, en el lugar de la confluencia del Manzanares y Lucasperez; trasladada, después de un incendio que redujo a ruinas la iglesia y demás construcciones, al pintoresco escenario donde la conoció Humboldt. De camino, por el abierto valle que conduce a Cumanacoa, topan con el pequeñísimo pueblo de Arenas, donde tienen noticia de un curioso caso fisiológico: el vecino Francisco Lozano, de sangre europea, había amamantado durante cinco meses a un hijo suyo. No estaba a la sazón en el poblado, pero poco tiempo después recibe Humboldt, en Cumana, la visita del padre e hijo, que contaba ya con 15 ó 14 años. Don Vicente Empatan envió a Cádiz una detallada descripción de este curioso fenómeno. Alejandro de Humboldr, al comentario, añade noticias de interés geográfico-histórico, sin omitir lo dicho por Aristóteles -(Historia enimalium)-« de aplicación a él. Cumanecoa, sobre una fresca llanura casi circular y bordeada de altas montañas, ofrece a los viajeros cómodo albergue, durante cuatro días, gracias él la diligencia de _. I don Juan Sánchez, administrador del Estanco Real de Tabaco. Esta ciudad, de 2.300 habitantes,había sido fundada en 1717 por Domingo Arias, de vuelta de una expedición contri! los filibusteros franceses, que intentaban establecerse en la desembocadura del río Guapiche; sobre su primitivo nombre, San Belraser de las Arias, prevaleció el indio indicado; lo mismo sucedió con la capital de Venezuela, cuyo nombre español fué Santiago de León.-En el año 1779 se había estancado el tabaco; desde entonces, su cultivo en la provincia de Cumana se había reducido al valle de Cumanacoa; le seguía en importancia el cultivo del índigo, tan apreciado en el comercio como el de Caracas. El 12 de septiembre emprenden los expedicionarios la ruta hacia el alto y poblado valle de Caripe, asiento del monasterio de igual nombre, capital de las misiones chyamas. Estaba situado el monasterio, noviciado de futuros misioneros y refugio apacible de los enfermos, en un lugar de paradisíaca belleza, a una altura de 805 metros. Un digno alojamiento prepararon los monjes a Humboldt: la celda del Padre guardián, adornada con el bello ornato de muchos y buenos libros. No pierde ocasión de alabar la simpatía, cultura y tolerancia de aquellos buenos capuchinos, con los que convive varios días. En ninguno encuentra la menor señal de recelo, () pesar de saber todos procedía el famoso viajero de la protestante Alemania. En las amenas y variadas conversaciones que tenían los frailes con los extranjeros nunca rozóse, en lo más mínimo, asuntos de religión y creencias. Acompañados de la mayor parte de los monjes, fueron Humboldt y demás expedicionarios a visitar la gran cueva o gruta de los guécharos; adosada a la Sierra del mismo nombre, a unos 13 kilómetros del monasterio. La
-38- -39El 22 de septiembre se ponen en camino hacia Cariaco; camino difícil, no exento de peligros, en el que muchas veces tienen que abrirse paso a través del denso bosque a fuerza de machete; por fortuna, cabalgaban en buenos mulos, resistentes, y prácticos en vencer los más acusados taludes y las escalonadas veredas. Hacen pequeñas escalas en varios pueblos de misiones. Desde el monte de Buenavista divisan, con gran alegría, la fértil llanura de Cariaco. El mal estado sanitario de la ciudad les obliga a salir cuanto antes de ella. Sin embargo, pudo darse cuenta Humboldt, de lo mal que recibían y cumplían sus habitantes las restricciones que la Metrópoli quería imponer a su comercio exterior, y del poco disimulado entusiasmo por la Constitución de los Estados Unidos, y por la actuación y hazañas de W áshington y franklin, nombres familiares en boca de todas las gentes de Cariaco. Tenía entonces la ciudad 6.000 habitantes, y como base económica de existencia el cultivo del algodón. Al conjunto de enseñanzas y datos contenidos en la detallada relación del viaje a las misiones de los chayrnas , añade Humboldt un interesante capítulo dedicado de modo exclusivo al estudio de aquellos indios, de los que 6.500 vivían en los 19 pueblos-misiones de los capuchinos aragoneses. citada cueva era una verdadera atracción de Nueva Andalucía; todo viajero a las pocas horas de desembarcar en Cumane, oía hablar de ella como una de las maravillas o monumentos a visitar. La entrada angosta de la cueva no corresponde a sus gigantescas dimensiones: cerca de medio kilómetro de larga, otro tanto de ancho y de 20 a 25 metros de altura. Con gran extreñeza oye Humboldt que la corriente subterránea formada en ella era la originaria del río Caripe; más que en esta particularidad, se basaba el renombre de la cueva por servir de refugio durante el día a millares de guécheros, cuyos estridentes graznidos infundían casi pavor. Esta ave nocturna fué descrita con todo pormenor por Humboldt en sus Observetions de Zoologie et d'Anafomie compereé, La capturaban los indios para aprovechar su manteca, que nunca se enrancíeba, de uso corriente en todo el valle del Ceripe. Corta parece a los viajeros su estancia en el simpático Hospicio de Caripe; salían con la aurora a herborízer en los cercanos montes y selvas; si llovía, visitaban las viviendas de los indios, el conuco de la Comunidad o asistían en la iglesia a la Doctrina; aquí, a menudo fueron testigos del titánico trabajo que representaba para los misioneros el hacerse entender de los indios, sin conseguirlo las más de las veces. Por ejemplo; un día trataba el doctrinero de hacerles comprender la diferencia entre invierno e infierno; todo en balde, obsesionados los pobres indios por la asonancia de aquellas palabras, no podían admitir correspondieran a dos conceptos diferentes; como aquellos neófitos no conocían otro invierno que la época lluviosa, para ellos el infierno de los blancos era un lugar de perpetuas lluvias. Por la tarde se encerraban en el monasterio para escribir su Diario, y secar o catalogar las plantas recogidas. __ o _.~ *** Muy de mañana salen del puerto de Carlaco , tripulando un barco pesquero , con la esperanza de salvar en la misma fecha la distancia de 22 kilómetros y medio que les separaba del atracadero de Cumana. Lluvias torrencíales y contrarios vientos les obligan él hacer tierra en el puertecito de Pericantral. A la puesta del Sol se embarcan de nuevo,
• -40- -41llegando al deseado fin a las tres de la madrugada del siguiente día. Dieciocho de noviembre. Ocho tarde. Partida de Cumana. En salvar la distancia entre Curnana y La Guayra solían invertirse entonces de 56 a 40 horas. La embarcación que utilizan era una de las que hacían el comercio entre las costas venezolanas y las Antillas. En el puerto de Barcelona hacen una escala de dos horas, aprovechades por Humboldt para subir al Morro de Barcelona, pequeño fuerte que defendía su entrada. Esta detención tenía por objeto saber lo que pretendían los cruceros ingleses estacionados en aquellos mares; en vano. El tiempo adverso fué causa de otra escala en el pequeño puerto de Higuerote; de tal modo se había apoderado el pánico de los tripulantes, que todos prefieren hacer por tierra el camino de Higuerote a Caracas. Sólo Humboldt se embarca otra vez, por no perder de vista sus útiles de trabajo, cuyo traslado por tierra había de ser más dificultoso que por mar. Bonpland se queda con los partidarios de la vía terrestre, con no poca satisfacción de su compañero, pues ello posibilitaba enriquecer la colección de plantas que iban formando. Pocas horas estuvo Hurnboldt en La Guayra; las personas a las que iba recomendado. interesadas por su salud, le aconsejan no dormir en la ciudad, pasto de la fiebre amarilla, y que lo hiciera en Maiquetia, pueblo más saludable. Así lo hizo. El 21, por la tarde, entra en la capital venezolana; cuatro días antes que sus compañeros de viaje, detenidos bastante tiempo, por las lluvias yaguas salvajes, entre Cepaya y Curiepe. *** La larga estancia en Cumana y Nueva Andalucía de los famosos viajeros, obra en ellos su rápida aclimatación a la América del Sur; habituados a los usos y costumbres de las gentes de aquel mundo, y heblando el español como su lengua nativa, Humboldt y Bonpland, cuando abandonan Cumana, estaban en inmejorables condiciones para el largo viaje que iban a emprender. Al salir de Curnana ya tenían trazado su plan y decidido la parte más valiosa del mismo: explorar la natural comunicación entre las cuencas del Amazonas y Orinoco. Intervención decisiva tienen en esto las animosas palabras del religioso Juan González. Simple lego, aunque muy culto, que por intrigas de sus hermanos de religión, hacía unos años, lo habían destinado -desterradoa la más remota misión del Alto Orinoco: Esmeralda. Conocía a maravilla la zona comprendida entre las Cataratas y nacimiento del gran río venezolano; los bosques del alto Orinoco le eran familiares. Todos sus conocimientos y experiencias los pone al servicio de los viajeros; por ello hay que considerarle activo copartícipe en el programa ejecutado por Hurnboldt y Bonpland. Fué, para aquel, hombre de toda confianza; al regreso de su gran viaje, le contenta muchísimo encontrarlo en Nueva Barcelona; les acompaña unos meses, y después, le encarga Humboldt de llevar él Europa parte de las plantas y animales recogidos. Desgraciadamente estas colecciones 110 llegan a su destino, destruidas, como la vida de Juan González, por una nefasta tormenta, a vista de las costas africanas yen el año 1801. "-- .. * * *
-45Más de dos meses permanecen en Caracas. Poblada, cuando la honran con su visita Humboldt y Bonpland, por 40.000 habitantes, y sin el azote terrible de la viruela, que en el año 1766 había costado de 6.000 a 8.000 víctimas. Después de aquella trágica fecha, la vacuna anñvariolosa se hizo de uso tan general que vió Humboldt a muchos eplícérsele sin intervención del médico. Era asiento de una Audiencia y de uno de los ocho arzobispados, entre los que se dividió la jurisdicción eclesiástica de toda la América española. Contaba con ocho iglesias y cinco conventos; con un teatro capaz para 1.800 espectadores, los ocupantes del patio de butacas, podían contemplar, dice Humboldt con graciosa ironía, el espectáculo del escenario y el más sublime del firmamento que les servía de techado. Eran muy lindas las plazas de Alta Gracia y San Francisco, desrruidas por el catastrófico terremoto de 1812; lo mismo acaece al barrio que aloja a los famosos huéspedes, la parte más alta de la ciudad: «La Trinidad». Habitaban Humboldt y Bonpland una casa grande y casi aislada. Durante su estancia en Caracas alternan con la elité de la sociedad, que es objeto de curiosas observaciones de Humboldt. El capitán general, Guevare de Vasconcellos, les dispensa toda clase de cariñosas atenciones. Le sorprende a Hurnboldt lo al día que estaba la aristocracia caraqueña de los problemas políticos de la - .•. Metrópoli, colonias, y en general de todo asunto de actualidad. Por este ambiente, en ningún lugar del mundo se sintió tan cerca de Cédiz o Estados Unidos como en la capital venezolana. Sin embargo, cosa rara, no existía en aquella ciudad ninguna imprenta; no cabía considerar como tales algunos establecimientos que de vez en cuando daban a luz calendarios y algunas hojas Pastorales. En el año 1806 se funda la primera imprenta importante debida a un francés, Delpeche, emparentado con linajudas familias de Venezuela. Desde Caracas, Humboldt y Bonpland hacen varias excursiones, acompañados de miembros de la aristocracia caraqueña y algunas veces del gobernador. Dieciséis les acompañan en la ascensión a la Silla de Caracas. No era extraño este contagio. Todos en Caracas hablaban con el mayor entusiasmo de la montaña; empero, ni uno solo encontró Hurnboldt que se hubiera arriesgado a trepar hasta su doble cumbre. [Cuénto defraudan a las gentes de Caracas los resultados de la medición de Humboldt! Distaban mucho de lo que, empíricamente, y con cierto orgullo, habían imaginado. El curioso espíritu de Humboldt no se avenía a pasar por un lugar o recorrer un camino sin estudiar y observar las particularidades de uno y otro. De La Guavra, por causa que nos es conocida, salió de estampía; el camino del Puerto al alto valle de Caracas, con el temor de no hacerse esperar al compañero de viaje, lo hizo demasiado de prisa para saborear sus bellos encantos. Por esto, cuando tiene noticia de que el mal estado sanitario de La Guayra había remitido, emprende, ya con Bonpland, una nueva visita a aquellos lugares; fines de enero de 1800.- Actualmente en cómodo ferrocarril puede hacerse el recorrido de Caracas a La Guayra, salvándose el gran desnivel v ---
" ~)¡; -44- -46entre estos dos puntos próximos por una zlgzegeanre ruta. En tiempo de Humboldr había que hacerlo a lomo de buenas mulas o a pie, invirtiéndose tres y cuatro horas en la bajada, y cuatro o cinco en subir, respectivamenre. Hurnboldt no encuentra término adecuado de analogía para dar idea de la belleza del camino; ni una sola de sus estaciones olvida, ni silencia la menor de sus parficularidades.-Entre la base de la Cordillera y el mar se extiende una llanura, de 200 a 270 metros de anchura, en la que se extiende La Guayra o Puerto de Caracas. Este lugar, tan caluroso como Habana y Vera Cruz, contaba entonces con 6.000 a 8.000 habitantes, y lo constituian esencialmente dos calles arrumbadas de E. a O. Los fuertes vientos, bancos de arena e impetuosas rompientes hecían su rada, antes de que el hombre modificara sus adversas condiciones. difícilmente' accesible a los barcos. Negros libres y esclavos, con más de la mitad del cuerpo sumergido en el agua, cargaban el cacao en embarcaciones ancladas a cierta distancia de la costa; en este hercúleo trabajo nada tenían que temer de los abundantes tiburones, tan temibles en otros lugares por su acometividad contra el hombre; estaban como domesticados.-Dice Humboldt que desde hacfa dos años a la fama de caluroso eñadía el puerto de LlI Guayra otra cualidad más funesta; en el año 1797 un bergantín procedente de filadelfia introduce en aquel puerto el germen del tifus americano, v6mito negro, fiebre amarilla o calentura amarilla, azote terrible de Puerto Cabello, Cartagena de Indias, Santa Marta y otros lugares de la llamada Tierra Firme. En los años 1797 y 1798, no s610 ataca a los españoles recién llegados a La Gueyra también hace sentir sus tristes efectos en regiones muy alejadas de la costa, como en los Llanos comprendidos entre Calabozo y Uritucu, de clima tan caluroso como La Gueyra eunque más saludable. - .~ Tanto como homenaje a la ciudad de Caracas, que s610 sensaciones agradables produjo a los viajeros, como por dar a conocer de modo científico el calamitoso terremoto que asola a aquella ciudad, el 26 de marzo de 1812, dedica Hurnboldt un hermoso capitulo a este sismo. Es relación detallada, y lección inmortal de vulcanismo. Las leyes de causelided yrelación, de que tanto se ufanan los geógrafos de hoy día, a pesar de no haberlas nunca enunciado pomposemente, nunca, también, escapan a la vista de Humboldt; para él, el terremoto de Caracas, que cuesta la vida a 2.000 personas, es un número en la serie de slsrnos acaecidos, entre 1811 y 1813, en la extensa zona comprendida entre las Azores yel valle del Ohío, las costas de Venezuela y los volcanes de las pequeñas Antillas. -- * .• * -- Una de las metas del viaje de Humboldt-Bonpland era alcanzar el Orinoco. Para ello, desde Caracas, había un camino fácil y corto, el que conducía a Cabruta, allí donde el río Guarico entrega el tributo de sus aguas a la gran corriente venezolana. Ansiosos de espectáculos desconocidos, prefieren al camino más breve aquél que podía ofrecer a su contemplación más novedades. Entre las montañas costareñes y las interiores de la quebrada Venezuela Central, se extiende una fosa tecrónica o depresión, que en la actualidad, como en los tiempos de Hurnboldt, es la parte vital o centro de gravedad de Venezuela; la zona más densamente poblada y de más ricos cultivos. En esta región tenían sus propiedades, plantaciones y cases de campo las más acomodadas familias de la capital; todas, rivalizan en obsequiar a los viajeros, en hacerlos huéspedes de sus ricas y cómodas ...h",-:
~"l"' -46- -47mansiones, en servtrles de guía en sus excursiones por aquella tierra bendecida de tantos dones y riquezas. Con no poco epicureísmo goza Humboldt y su compañero de los regalos y delicias que ofrece la Civilización; parece como que querían saturarse de aquéllos y éstas antes de transitar por el mundo virgen del Orinoco. Dos deliciosos días transcurren en la hacienda de don José de Manterola; en sus inmensas plantaciones de azúcar perciben las tres variedades comunes de este cultivo en toda Venezuela: la caña criolla, procedente de la India, traída primero a Sicilia, y por los canarios a las Antillas; la rehírene, cuyo cultivo fué extendido por los viajes de Cook, Bougainville y Bligh. Bougainville lo impuso en Cayenne (Guayana Francesa) de donde se extendió a la isla Martiníca y otras Antillas. La tercera variedad, caña de Batavia o de Guinea, se empleaba principalmente para la fabricación del ron. En el azulísimo y limpio cielo de los valles del Tuy y Aregua observan algunos fenómenos estronómlcos, como el í.? y 4.osatélites de [úpírer, y, casi todas las noches, el vivo resplandor de la luz zodiacal. Sobre las rientes márgenes del Tuy, encuentran el bonito pueblo de Mamon o Consejo; afamado por los milagros que se atribuían a un cuadro que representaba a la Santa Madre. Poco antes de llegar a este pueblecito se detienen en una granja de la familia Montera; don Francisco Montera y su hermano llevan la gentileza hasta el extremo de acompañar a Humboldt y Bonpland hasta Victoria, deseosos de hacerles huéspedes mimados de su propia casa. ¿Qué de extraño tiene que Hurnboldt ante amabilidades de esta naturaleza, en diferentes ocasiones, haga constar con sincero convencimiento que América española era la tierra hospitalaria por excelencia? Victoria, envanecida con el -- titulo de villa, tenia 7.000 habitantes; el rfo Cal anchas, perteneciente ya a la cuenca del Aragua, atraviesa la ciudad, circundada por cultivos en los que prosperan por igual los cereales templados y las plantaciones de caña de azúcar, café y bananas. Al oriente de Victoria, la espléndida vitalidad y riqueza del valle de Aregue: expresiva de una y otra es la densa población que lo ocupa, 100 habitantes por kilómetro cuadrado cuando lo visita Humboldt. - Camino de la hacienda de Cura, hermosas plantaciones del conde de Tovar, a donde llegan el 14 de febrero, atraviesan los prósperos pueblos de San Mateo, Turrnero y Meracay, y pasan dos amenas horas acompañados de la ilustre familia de los Llstariz, en Concesión. -Lo que 'sucede a los viajeros en Maracey, obliga a Humboldt a hablar de nuevo de la excelsa virtud que adornaba a todas las gentes de América hispana a principios del siglo XIX; cualidad a la que con insistente machaqueo hace referencia, y de la que nosotros nos hacemos eco con orgullo bien comprensible. Llegaron bastante tarde al pueblo citado, en ocasión que las familias a las que iban recomendados ya no estaban en casa. Esta pequeñe contrariedad es subsanada al momento por la acogida cordial que les ofrece una modesta familia canaria, en cuya casa se les prepara suculenta comida y albergue ... En la hacienda de Cura, como huéspedes del conde de Tover, pasan siete días. Desde aquí hacen varias excursiones al lago Valencia y una escapada a los montes Mariara. Resultado de aquéllas, fué el completo estudio del lago Valencia o Tacarigua, que ocupa la parte más profunda de la depresión a que nos referimos en líneas anteriores. No podía escapar al estudio de Humboldt la regresión secular de esta sabana liquida, como una de sus más típicas particularidades. El cronista Oviedo --- -- j !~' 'i1:! '.
~- -~--- ----, -60- -61desaparece al marchar los íesutras. Antes de sustiluirles los franciscanos observantes transcurren 18 años, en los que las misiones de Atures yMaypures fueron visitadas de vez en cuando por los capuchinos; de la explotación de los hatos y granjas de los lesuítas se encargan comisarios reales, cuya intervención fué catastrófica. Lo que quedó fué pasto de murciélagos y tigres; éstos, campeaban libremente por aquellos terrltorios: mucho oyó Humboldt de su fiereza, pero algo menos que ella preocupaba a los viajeros el constante ataque de los mosquitos, zancudos y pequeñas moscas venenosas. [Terrible plaga de las mérgenes del Orinoco! Ymás agravada en la zona de los grandes raudales. ¿Qué de extraño tiene oyera allí Humboldt estas fórmulas de salutación?: «Qué le han parecido los zancudos esta noche? ¿Cómo estamos hoy de mosquítos?». La zona de los Raudales era dominio en lejanos tiempos de la raza ature; Humboldt se hace eco de una tradición corriente en aquel país: perseguidos los atures por los caribes antropófagos se refugían en las rocas de las cataratas, lúgubre morada en donde toda la raza pereció sin dejar indicio de la lengua que hablara. «Es de suponer que la última familia de los atures no se extinguió hasta mucho tiempo después; porque en Maypure vive, ¡cosa rara!, un loro viejo que nadie entiende, según dicen los naturales, porque habla la lengua de los etures». -(Cuadros de la Naturaleza)-. El loro de los atures fué honredo vcon una composición en verso del conocido filólogo y arqueólogo Ernesto Curtius, que dedica él su buen amigo Alejandro de Humboldt. En la región de las cataratas de Maypures, radicaba 111 misión de San José de Maypures, cuyo lugar fué fundado por la expedición fronteriza de don José Solano. ..• . Ninguno de sus pobladores dormía en sus propias viviendas, haciéndolo en las islas de la catarata o en hamacas protegidas por el humo de hogueras próximas; así se libraban de los mosquitos todavía más abundantes y molestos que en Atures. Testigo de la dificultad y peligro que suponía la travesía de los raudales de Maypures, y de la ventaja económica que reportaría el activo comercio con el alto Orinoco, Humboldt presenta, por mediación de Guevara de Vasconcellos, al Gobierno de España, un proyecto de canal entre los pequeños ríos Cameji y Toparo para salvar la imponderable dificultad de las cataratas. Las de Atures 110 era tan facil obviarlas; por otra parte, no tan preciso por ser más viables. -"'-... ~. .';:~I:¿'~ ':-:).'. ;',;.•e " ~ l. " r - ., \:: v •
-65Salvadas las cataratas, tantas veces mencionadas, sin otras escalas o descansos que los imprescindiblemente necesarios, llegaron a la misión de San Fernando de Atapabo; antes, tienen ocasión de observar los llamados rfos negros, frecuentes a partir de la desembocadura del Zama. La tonalidad oscura desus aguas es fenómeno que indios y misioneros trataban de explicar a su manera; Humboldr admite la hipótesis, todavía en pie, no sin señalar ciertas anomalías inexplicables, de que los ríos negros deben su coloración a materias vegetales. No lejana de ésta era la afirmación que oyó Humboldr a los misioneros españoles: atribuían a las raíces de zarzaperilla la oscura tonalidad de ciertas corrientes. San Fernando de Atabapo, San Carlos y San Francisco Solano, constituían las misiones más importantes en el alto Orinoco. El misionero de la primera llevaba el título de Presidente delas Misiones del Orinoco, de él dependían los 26 misioneros que vivían en las márgenes del Orinoco, Negro, Casíquíare, Atebapo y Ceura: enúltimo término, él y éstos del guardián del Colegio de Piritu o de la Purísima Concepción de Propanda Fide, de Nueva Barcelona. -La situación favorable de San Fernando, en el punto donde se unen los ríos Orinoco, Guaviare y Atabapo, le recuerda a Humboldt a la de San Luis o Nueva Madrid (Estados Unidos) en la confluencia del Ohio, Misuri y Mislstpí. Su • población, 266habitantes, cultivaba el cacao y se alímentaba principalmente con el jugoso y nutrirtvo fruto de la palmera Pihigua o Plrilao. A los 26 días de navegar por el Orinoco lo abandonan por la vía acuática del Atabapo, hundida en denso bosque de palmeras y velados sus bancales con enramadas de flotantes raíces. En el lugar donde sus orillas se hacen más abiertas se asentaba una remota misión, cuyo territorio (como el de la misión de Ievita) hasta la expedición de Solano se consideraba generalmente como formando parte del Brasil.- En Beltaser, nombre de un cacique indio, llamada por los frailes La Divina Pastora de Baltesar de Atebepo, pasan los viajeros casi un día; la actividad y espíritu emprendedor de su misionero, catalán, se reflejaba claramente en el aspecto de la misión; aquí, ven por primera vez la sustancia llamada dapícho y zepís, no otra cosa que caucho fósil, blanca y esponjosa en su estado natural; por la cocción se ennegrecía, cohesionaba y se transformaba en elástica goma con la que hacían los naturales gigantescas trompetas. Del río Atabapo pasan al Temi y al Tuarnini, En este último se asentaba la misión de San Antonio de Iavlre (16 habitantes). Cerca de cinco días permanecen en ella aprovechados para estudiar la región, y curarse Humboldt y sus compañeros de una molestia que desde hacía algún tiempo sufrían con intensidad: fuerte picor en los dedos y dorso de la mano. Por elmisionero sabensetrataba deunos insectos llamados aradores, alojados en los surcos que ellos mismos abrían en la piel humana. La curandera india, médico del pueblo, con la seria pedantería de los hombres de color, confirma el diagnóstico del misionero. Valiéndose de un delgado palillo de dura madera, y calentado, sacaba uno a uno los molestos insectos; la operación era larga y VII
M s ;. 1 -64- -66dolorosa; con Humboldr se prolongó hasta bien entrada la noche. Por fortuna, al día siguiente tuvieron noticia de remedio más radical y nada doloroso; consistía en meter las manos en una infusión de corteza de uzao. En lo sucesivo no se olvidan de llevar en la canoa unas ramitas de esta planta. javíta, nombre de la misión en que nos encontramos, era el de un indio que al servicio de Portugal, durante unos años, se dedicó a la caza de hombres para venderlos como esclavos (potros) a los portugueses. Solano, en la tantas veces citada Expedición, consigue apoderarse del famoso indio en el río Temi, y ponerlo al servicio de Espeña, Los portugueses, establecidos en algunos puntos de esta zona, fueron rechazados al bajo Negro, y la misión de San Antonio trasladada muy al norte de las fuentes del Tuaminl. Humboldt conoce al indio [evíta, a quien debe abundantes norictas, entre otras: que en su juventud (la de Iavíte) todas las tribus indias comprendidas entre los ríos Orinoco, Negro, Inirida y Yapura, practicaban la antropofagfa con los enemigos que caían en sus manos. Desde San Antonio de javita al caño de Dimichin (que afluye al Negro) tenía que transportarse por tierra la canoa que hasta ahora habían utilizado los viajeros; 23 indios fueron los encargados de tal ernprese, dura y pesada por el tamaño de la ernberceción. Humboidt y los suyos no querían ponerse en camino hasta conocer la llegada con bien de la canoa al río Pimichin. El buen misionero Padre Cerezo trataba de templar la incontenida impaciencia de Humboldt. «No os falta nada en esta misión; contáis con banenas y pescado; pOI la noche no os pican los mosquitos; cuanto más permanezcais aquí será más probable contemplar este cielo en toda su esplendidez; si vuestra canoa se estropea en el viaje terrestre os proporcionaré otra. Ademés, lo que me 8"Jl&taríavivir un par de semanas con ge¡¡te blanca y de razón»!-AI término de gente blanca se oponía, entonces, en América el de gente parda o pardillos para designar a la de color, indios o negros.- Por fin tuvo término la intranquilidad de Humboldt; el 5 de mayo él y los suyos se ponen en camino hacia el Puerto de Pimichin. No dejaba de ofrecer sus peligros la travesía por el bosque; aun cuando no comprobaron la existencia de abejas y hormigas venenosas, podían ser atacados por osos carniceros y culebras de mortal veneno; la picadura de una de éstas, precisamente. costó la vida a uno de los indios encargados de llevar la canoa desde javita al Puerto de Pimichin. El caño o río Pimichin, tan ancho como el Sena en París, pero reducido mucho su cauce visible por la vegetación que lo cubre, había de llevar a los viajeros al río Negro, y a cumplir uno de los objetivos principales del viaje: comprobar por propia experiencia la bifurcación del Casiquiare o unión natural entre los ríos Amazonas y Orinoco. La existencia de esta curiosidad hidrográfica no fué descubierta por Humboldt, pero a él se debe la generalización de su conocimiento y una más precisa determinación de la misma. * * * Paréntesis.-Arranca del año 1638 la creencia de una natural comunicación entre las cuencas del Amazonas y Orinoco. En el citado año oye Acuña, en la desembocadura del río Negro, que una rama de este río comunicaba con otra gran corriente fluvial en cuya desembocadura se hebían establecido los holandeses. El cartógrafo francés Nicolás Sanson recoge e interpreta las palabras de Acuña, ó
-66y las lleva a sus mapas; representa la bifurcación entre los dos grandes ríos por medio del Cequeta, bifurcado entre el Orinoco y el Negro (afluente del Amazonas). Este dibujo se repite a menudo en los mapas publicados entre 1656 y 1730. La hipótesis de Sanson cristaliza también en La Condamine; exagerada en cierto modo, pues admite tres bifurcaciones del Caqueta.-Otros geógrafos y viajeros, por el contrario, no tienen tan en cuenta las palabras de Acuña. Guillerrno Dellsle si en sus primeras cartas admite el trazado hidrográfico de Sanson, en las últimas interpone entre los ríos Negro y Orinoco una cordillera, que imposibilita toda relación entre estas dos corrientes. Cosa análoga suponía ya antes el Padre Fritz, autor de una carta del Amazonas (1690) que sirve de guía a La Condamine en su viaje por este río, como la carta de La Cruz y Caulln cumple el mismo objeto en el de Humboldt y Bonpland por el Orinoco. En aquella, también se interpone una línea continua de alturas entre los dos sistemas fluviales; lo único que admite el Padre Fritz es la proximidad entre una rama del Negro y un afluente del Orinoco, cuya situación, opina Humboldt, corresponde a la del río Caura.- El Padre Gumilla, cerrando los ojos a la evidente realidad, pone decidido empeño en difundir por Europa la creencia de tal aisladora cordillera, que imposibilitaba la unión entre los ríos Negro y Orinoco.-EI Padre Caulin, autor de la Historia corográtice de la Nueva Andalucía y vertientes del río Orinoco, (pub. en 1779) comenta el que llama error del Padre Gumilla-(EI Orinoco ilustrado y defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran rfo y de sus caudalosas vertientes-Madrid 1741)-al suponer la cordillera que admite como un muro continuo, cuando es tan frecuente en ellas la existencia de soluciones de continuidad, en forma de profundos cortes o I I II - -67valles transversales, aunque vistas a lejanfa aparezcan como contiguas o indivisas. He aquí un estado de incertidumbre y duda comparable al que reinó durante muchos años en la hidrografía de África septentrional; sucediéndose unas hipótesis a otras; conviviendo las más contraria; y así, durante el siglo que se intercala entre el viaje de Acuna y el descubrimiento del Padre Román. Es probable que los portugueses a caza de esclavos, desde la segunda mitad del siglo XVII, remontando el río Negro y Casiquiare llegan al Gran Río, sin suponer que fuera el Orinoco. Para hacer frente a la inhumana práctica se funda el campamento volante de la tropa de rescate. que sigue las acostumbradas rutas de los traficantes y cazadores de esclavos. Excitados por el afán de lucro los indios quipunaves, dirigidos por el cacique Macapu, se disponen a seguir la ruta y práctica de los cazadores portugueses. Inquietado por esto el Padre Román, Superior de las misiones españolas, decide salir al encuentro de aquellos indios. El 4 de febrero abandona Carichana; en el punto en que el Orinoco cambia su dirección S.-N. por la de O. a E. encuentra una gran canoa ocupada por gentes vestidas a la europea; eran portugueses, traficantes en carne humana, que reciben no poca sorpresa al saber, de labios del jesuíta, se encontraban sobre las aguas del Orinoco. Conducen al Padre Román, por el Casiquiare, al río Negro. donde estaba el campamento volante; pasa allí algún tiempo, hasta la llegada del jesuita portugués Avogradi; regresa por el Caslquíere y alto Orinoco a Pararuma, algo al norte de Carichana. Siete meses había invertido en el viaje. Después de la expedición del Padre Román, con todo el valor de un verdadero descubrimiento geográfico, nadie podía dudar de la bifurcación
.» CXi q -68- -69A favor de la corriente del Pimichin llegan Humboldt, Bonpland y sus acompañantes al río Negro. Pasan de largo algunas misiones (Maroa, Tomo) para detenerse en la de San Miguel de Davipe, fundada en el año 1775 por el teniente don Francisco Bobadilla. En la pequeña isla de Dapa, cuyos pobladores comían con fruición grandes hormigas o vechacos, pasan una noche. Tres días se detienen en la misión de San Carlos, la más importante de las españolas en el río Negro; como ciudad fronteriza tenía su pequeña guarnición, y estaba protegida por el castillo o fortaleza de San Felipe. A los 15 kilómetros de San Carlos se encuentra la desembocadura del Cesiquíare, alcanzada por Humboldt y los suyos el día 10 de mayo. -Si la exacta determinación astronórntca fué cosa que le interesa a Humboldt en todo su viaje, una vez llegado al Casiquiare se convierte en verdadera obsesión; deseoso de dar a conocer al mundo culto la situación exacta de accidente geográfico tan importante. La suerte no favorece al ilustre viajero; el estado del cielo durante su ruta por el Casiquiare le obliga a reducir el número de determinaciones esrronómícas. Sin embargo, las que hizo son todavía mantenidas en la mayor parte de los atlas y mapas. Es bien clara la inexactitud contenida en muchos libros de atribuir a Hurnboldr el descubrimiento de la bifurcación del Casiquiare; pero también, que esta atribución tiene una base que la justifica: ser Humboldt el que la da a conocer en Europa, y el portador de datos para su representación más exacta. Divulgar un hecho geográfico no tiene menos valor, a veces más, que descubrirlo. En la Historia de la Geografía no escasean los casos de descubrimientos abortados yeclipsados del todo por la falta de portavoces, y de arriesgados hombres que sigan la ruta de los descubridores. Duras y difíciles fueron las jornadas de Humboldt y los suyos por la ruta del Casiquiare. Durante 11 días en un medio apenas habitado; inmenso bosque y espacio vacío de hombres se extendía entre las pequeñas misiones de Francisco Solano y Mandavoca. A medida que avanzaban por el Casíquiare se aumentaba el tormento de los mosquitos, y se hacían más indecisas las orillas del río. Por verdadera necesidad pernoctan desde al 14 de mayo hasta el 21 al aire libre; al llegar la noche disponían el campamento de esta manera: en el centro, la petaca o caja de cuero con las provisiones; junto a ella, los instrumentos y jaulas de la menegerie, cada vez más numerosa con gran desesperación del Padre Zea; alrededor, las hamacas de Humboldt y compañeros de viaje; luego, en círculo más extenso, las de los indios; por último, continuo cinturón de fuego, como muralla infranqueable para los yeguares y otras fieras. A las molestias constantes de los mosquitos, al permanente peligro de ser devorados por los yeguares, se unían los desagradables efectos de las hormigas que caían de los árboles, más notorios cuando los viajeros se dedicaban al descanso sobre las tendidas hamacas. -El día 20 de mayo, penúltimo de la navegación por el Casiquiare, llegan al lugar de la bifurcación, o sitio en que las aguas del río corren en direcciones contrarias, hacia el sur, en busca de Negro. y hacia el norte, en demanda del Orinoco. No pudo determinarse astronómicernente por el estado del firmamento. Al sig-uiente día alcanzan de nuevo el Orinoco, a del Ceslquiare; confirmada luego por la Expedición de Iturriaga y Solano. *** ---
a -70- -7113 kilómetros y medio de Esmeralda. Mala fama tenía esta ciudad, la más remota misión del Orinoco, pero la seguridad de descansar' bajo techado, sin peligro ninguno, atraía a los viajeros. Situada sobre una llanura famosa por sus bananos, y al pie del monte Duida. No tenía misionero; tres o cuatro veces al año venía el de Santa Bárbara, 225 kilómetros aguas abajo del Orinoco, él decir misa, después de un viaje de cuatro días. Un viejo soldado ejercía en ella la doble potestad, civil y religiosa. Allí se encontraban algunos deportados llevando una vida miserable. Se consideraba como lugar de castigo por la escasez de cultivos, por lo alejado de las zonas habitadas y por la terrible abundancia de mosquitos. El destierro a Esmeralda era la terrible amenaza con que fulminaban los Superiores de las misiones a los díscolos o desobedientes hermanos legos. Su nombre recordaba, entonces, el alboroto de los frailes, ocurrido en el año 1788. Desde hacía tiempo los franciscanos de la Guyana se habían, de hecho, lndependlzado del Colegio de Piritu, de Nueva Barcelona; descontentos de que el importante cargo de Presidente de las misiones hubiera recaída en Fray Gutiérrez de Aguilera, varios de aquéllos, reunidos en San Fernando de Atabapo, se apoderan del Superior y lo conducen preso a Esmeralda. A punto estuvo de morir Gutiérrez de Aguilera; salvado, por fortuna, por la vuelta en sí de uno de los amotinados que personalmente avisó de lo ocurrido al Colegio de Piritu. P10 El significativo nombre de Nueva Villa de Esmeralda, obedeció, según Humboldt, al error de considerar como piedras preciosas los abundantes y coloreados cristales de roca aparecidos con frecuencia en el monte Duída. Esto, produce cierta atracción de pobladores y aventureros hacia aquellos lugares, después deserrlzedos. Los indígenas tenían como principal ocupación acarrear ciertos vegetales empleados para preparar el curare del Orinoco, activo veneno y medicamento empleado con éxito para combatir los trastornos gástricos. Orflla en su Toxicologie générale considera los principios constitutivos del curare análogos a los del worera, de la Guyana holandesa, tlcura, del Amazonas y otro que califica, algo indeterminadamente, con el nombre de veneno americano. En Esmeralda recoge Humboldt buen número de noticias del alto Orinoco, aguas arriba de la ciudad, a las que agrega las más fidedignas, adquiridas por la expedición militar de don Francisco de Bobadilla, de la catarata de Guaharíbos. También tiene ocasión de comprobar lo afirmado por el Padre Caulin sobre la pequeña estatura de los gueicos, y color blanco (lo que entendemos por color blanco hablando de características antropológicas) de los guaribos; yde lo armónicas que resultaban las noticias que recibe en Esmeralda, respecto al origen del Orlnoco, con las sensatas palabras del Padre Gili: «Don Apolinario Díez fué enviado para buscar las fuentes del Orinoco; al este de Esmeralda encuentra el río sembrado de arrecifes; tuvo que regresar por falta de víveres sin haber oído absolutamente nada de la existencia de un lago en sus fuentes». Cuando Humboldt enseña a los habitantes de Esmeralda las cartas de Survílle y La Cruz acogían con risa las fantasías de aquellas representaciones cartogréflcas: la unión del Orinoco con el Idapa, y el blanco mar que aquel cruzaba. A aquellas quimeras las llamaba Humboldr «ficciones de los geógrafos», y los habitantes de Esmeralda «mentiras de por allá». Si Humboldt 110 remonta hasta su origen el río Orinoco, deshace con su viaje la posibilidad de hablar del lago Paríme, errónea creencia hasta su tiempo y creación de la desaprensiva ignorancia.
4$ \ \ ~ --75El 23 de mayo abandonan alegremente Esmeralda; los viajeros no se sentían enfermos aunque sí cansados y aberidos por la lucha constante contra los mosquitos, la deficiente alimentación y el largo viaje fluvial en incómoda canoa. Muchos días les quedaba por utilizar aquella estrecha embarcación, pero les animaba la esperanza de líbertarse, en otro ambiente más favorable, de las incomodidades sin cuento que habían sufrido. Hacen una pequeña desviación en su recto camino aguas abajo del Orinoco, para visitar de nuevo el lugar de la bifurcación del Casiquiere. Avanzan rápidamente por el gran río haciendo sólo las escalas precisas e imprescindibles: misión de Santa Bárbara, 120 habitantes, cerca de la confluencia de los ríos Ventuari y Orinoco, el Padre Francisco Valor había recorrido y estudiado aquél; San Fernando de Atabapo (27 de mayo); Maypures: Atures, donde se despide de Hurnboldr y demás el simpático y sufrido Padre Zea, sin que su salud hubiera en nada mejorado; Carlchana y Uruana. El último lugar citado, a cuyo frente se encontraba el mlstonero fray Ramón Bueno, ofrece ocasión a Humboldt de estudiar las costumbres de los indios otomacos pobladores de la misión. Eran de los llamados entonces indios endantes (pueblos de la sabana), para dlsñngulrles de los indios del monte más abiertos a la civilización. Mediana fama tenían aquellos indios entre los pobladores indígenas. ~~ No había nada tan asqueroso que no comiera un otomaco; en su omnivorancia la particularidad más notable era la de comer tierra, especialmente en la época de altas aguas, cuando la pesca, principal ocupación de los otomacos, se hacfa difícil. El pequeño pueblo de Uruana era más difícil de regir que otras misiones por el carácter inquieto y levantisco de aquellos indios, no sólo aficionados al vino de palma y bebidas extraídas de la manioca y maíz, sino también a los polvos del demonio (Gurnille) o de niopo (nupa, nopo), que emborracha por las narices. Pocos días emplean en salvar la distancia entre Uruana y la capital de la Guyana española; pasan por miserables lugares calificados de villas: Calcara, Alta Gracia, Ciudad de la Piedra, Real Corona, Borbón y por la misión de Cabruta, fundada por el lesuíta Rotella en el año 1740, como el más avanzado puesto contra los caribes; y determinan exactamente la posición de los accidentes más importantes del Orinoco. Después de navegar 75 días por los ríos Apure, Orlnoco, Atabapo, Negro y Cesíqulare, y de moverse en un medio casi deshabitado, asiento de toda clase de incomodidades y desasosiegos, calcúlese cómo se levantaría el espíritu de los viajeros al contemplar la importante ciudad de Angostura (6.000 habitantes), ytomar posesión del cómodo albergue que don Felipe Inciarte, gobernador de la provincia de Guyana, les había preperedolt=- Los primeros días se ocupa Bonpland en estudiar las plantas recogidas ysalvadas de los efectos de la gran humedad; Humboldt, en determinar la longitud y latitud, y en observaciones magnéticas. Unos y otros trabajos fueron interrumpidos por causa de malignas fiebres, que atacan a los dos estudiosos y al único servidor que habían traído de Cumana. En Bonpland constituyen una grave enfermedad, que estuvo a VIII --
i • . 1 -74- - 75 .~- punto de cosrarle la vida. En aquellos aciagos días Humboldt recordaba con terror la triste suerte del botánico Loffling, discípulo de Llnneo, víctima, en las márgenes del Caroní, no lejos de Angostura, de su celo científico; y más amargamente mordía su alma la consideración de haber impuesto su voluntad en el camino escogido, en lugar de pasar un par de meses en el saludable clima de la Sierra Nevada de Mérida. Durante su permanencia en Angostura adquiere Humboldt detalladas noticias de la Guyana y delta del Orinoco, que con otras referentes a El Dorado incorpora en la Relación del viaje. Sobre el nombre oficial de la ciudad: Santo Tomé de la Guyana, prevalecía el citado antes, como derivado de una permanente circunstancia geográfica: el asentarse sobre un estrechamiento del río. Desde fines del siglo XVI habían llevado sucesivamente el nombre de Santo Tomé de la Guyana tres ciudades enclavadas en esta región. La primera, junto a la confluencia del Caroni y Orinoco, fué destruida por los holandeses al mando del capitán Ianson en el año 1579; la segunda, fundada en 1591 por Antonio de Barrio, a 54 kilómetros al E. de la desembocadura del Caronl, resiste valientemente las embestidas de sir Walter Ralegh, el llamado por los españoles el corsario Reali; la tercera, establecida por el gobernador don Joaquín Moreno de Mendoza en 1764, ocupa el emplazamiento de la actual Ciudad de Bolivar, a unos 244 kilómetros al O. de la desembccadura del Caroni. Para individualizar bien las dos últimas ciudades se les llamaba, en los documentos de la época, Los Castillos de la Antigua Guyane y Santo Tomé de la Nueva Guyene, respectivamente.- Famosa y conocida era la última ciudad como emporio de la quina del Caroni, o corteza Q cascarilla de Angostura; su explotación la monopolizaban las misiones de los capuchinos catalanes extendidas entre el río Caroni y el delta del Orinoco. Vivo contraste el de estas misiones, con Villa Llpate como capital, con las miserables franciscanas emplazadas en el alto Orinoco, Atabapo, Casiquiare y Negro que Humboldt había visitado. A mediados de julio abandonan Angostura, y en demanda de las costas del mar Caribe atraviesan los llanos de Maturino. La mayor parte de su población pertenecía a las misiones caribes, regidas por dependientes del Colegio de Piritu (Colegio de la Purísima Concepción de Propaganda Fide) de Nueva Barcelona: sucesivamente visitan en esta dura travesía, más molesta que por el calor, ya que estaban acostumbrados a elevadas temperaturas, por los secos y fuertes vientos que agrietaban dolorosamente su piel: Nuestra Señora del Socorro del Cari, 500 habitantes, fundada en 1761; Concepción del Pao, del año 1744, y Santa Cruz de Cachipo, del 1749, poblada con varias familias caribes que vivían hasta entonces en las ínsenes márgenes de las Legunetas de Anache, frente a la unión de los ríos Purnay y Orinoco. El 23 de julio llegan a Nueva Barcelona; ocupan la mansión del comerciante don Pedro Lavie, de, origen francés. Contaba con 16.000 habitantes; la había fundado el catalán Juan Llrpin en 1637, a base de algunos indios de San Cristóbal de Cumanagotos (Luces Fexardo 1588) y un buen núcleo de catalanes. En el lapso de algunos años los dos núcleos de población, distanciados unos 9 kilómetros, viven en tenaz hostilidad; para remediar este estado de cosas el gobernador Angulo, 1671, las reúne en una tercera fundación localizada en la actual Barcelona venezolana. -En una corta expedición que hacen desde aquí los viajeros al lugar de Aguas Calientes, en la falda
· .'. · 1 -76- -71del Bergantín, la cabalgadura de Humboldt, hermoso corcel de su huésped, es muerto por los cocodrilos al vadear el río Nagigual; los viajeros, prevenidos contra este peligro atraviesan el río por un puente natural formado por dos grandes troncos de árboles. Impelidos por la urgencia de llegar a Cumana para embarcar en la primera ocasión hacia Vera Cruz, ajustan, el 26 de agosto, el pasaje en una canoa o lancha cargada de cacao, con destino a la isla Trinidad. Más he aquí, que en el estrecho canal entre tierra firme y los islotes Borracha y Chimanas, se ven sorprendidos y capturados por una nave corsaria. Apenas se habían repuesto del susto cuando aparece una salvadora corberé inglesa: la carga de cacao se liberta de ladronas manos, y Humboldt pasa la noche en la embarcación británica, gozando de la mayor solicitud y deferencia de su capitán. Cumana recibe a sus ya conocidos huéspedes con la mayor alegría; era rumor corriente que Humboldt había perecido en la arriesgada excursión, y la sorpresa de verlo otra vez en la acogedora ciudad desborda la alegría de todos sus habitantes, sin distinción de clases sociales. Gran expectación causan los animalitos que consigo traían. Casi seís meses permanecen en la simpática ciudad; el tiempo que les deja libres el descanso y relaciones sociales lo emplean en completar el estudio de la flora local, observaciones astronómicas y meteorológicas, y en breves excursiones científicas por el golfo de Cariaco y península de Araya. El 16 de noviembre se despiden definitivamente de los cumaneses: diez días más tarde embarcan en Nueva Barcelona, para anclar en el puerto de Habana el 19 de diciembre. Poco menos de ano y medio dura la primera etapa del viaje por América de A. de Humboldt y Bonpland. En las páginas anteriores procuré seguir su marcha sin adentrarme mucho en las variadas facetas de sus sabias digresiones. Son tales y de tal valor que la traducción a nuestro idioma del Reise in die Aequinoktial-Oegende (Hauff) lo haría libro popular del público hispano. Ponderar el valor y contenido de un libro por su título puede ser tan engañoso como deducir de la latitud de un lugar su régimen térmico. En uno y otro caso hay anomalías positivas y negativas: libros que llevan al curioso lector por caminos insospechados; otros, en que su princlpal interés es el título. Importante labor del dedicado a la enseñanza es prevenir a los alumnos de sorpresas y desilusiones; precaverles contra las fanfarriosas bamballnas de algunos libros, y despertarles el deseo de saborear el abundante maná científico que fluye de 011'05. El de Humboldr-Hauff es y vale mucho más que lo expresado por su simple titulo; es un libro de exageradas anomalías positivas; es el libro de un sabio que a pretexto de ilustrar sobre los incidentes de una exploración interesante y penosa, entera de multitud de cosas y problemas, no circunscritos al país que recorre sino de orden general y extraordinariamente científicos. /-;~'y-.
2 -79al capitán francés en su periplo. Además se le ofrecía ocasión de cumplir la palabra dada: unirse a Baudln en el puerto ecuatoriano de Guayaquil. El 8 de marzo abandonan Cuba con rumbo a Cartagena de Indias. Ya en Quito se entera de lo equivocado de aquellos rumores, y del verdadero camino seguido por Nicolás Baudin. IX *** El viaje de Humboldt por Venezuela y río Orinoco, no es más que una parte de su empresa americana. Para que el lector se forme idea de su magnitud quiero seguírle, aunque sea muy rápidamente, hasta que abandona el suelo del Nuevo Mundo. El puerto de Habana se abre a la vista de los sabios viajeros el 19 de noviembre de 1800. Desde el primer momento perciben el progreso y resurrección material y moral de la «Perla de las Antillas». Ejercía a la sazón el poder supremo don Salvador de Muro y Sala zar, marqués de Someruelos, a cuyo mandato (1799-1812) tanto debe la hermosa isla antlllana. Para la exploración y recorrido de ella siempre encuentran el apoyo y máximas facilidades en sus hospitalarios habitantes. Visitan las costas para determinaciones estronómlcas: con igual fin las islas llamadas «Jardines del Rey»; al norte de este lugar, la bahía de [egua con sus manantiales de agua dulce en medio de las saladas olas, fenómeno observado por un amigo de Hurnboldt, Francisco Lamaur, y que el sabio menciona por vez primera.-(Cuadros. L. 11.Cap.!. Nota). Estando en Habana tiene noticia Humboldt que Baudin, con sus corbetas «El Geógrafo» y «El Naturalista», había escogido la ruta del cabo de Hornos. Saber!o y cambiar de plan fué todo uno. La exploración del Mísístpí, ya planeada, se olvida ante la sugestiva idea de acompañar El delicado estado de salud de Bonpland, detiene a los Viajeros más de un mes en Cartagena de Indias. Ocasión tuvo Humboldt de contemplar y estudiar los volcencitos de Turbaco, no lejos de aquel puerto; contaban los indios, que el fuego que en este terreno ardía otras veces quedó extinguido por las frecuentes aspersiones de agua bendita, que derramó allí un cura de aldea, conocido por su gran piedad; por este medio trocóse en volcán de agua el que había sido de fuego. Corresponde a Humboldt la primacía de su conocimiento y estudio. Según su descripción, son 18 ó 20 pequeños conos, de 8 a 10 metros, y que presentan en su cima una abertura llena de agua, de la que se desprenden con frecuencia emerslones de aire. -(Sitios de las cordilleras, etc.), Embarcan en Barranquilla sobre el río Magdalena, mecidos por sus abundantes aguas las remontan hasta Honda. Penetran en la meseta de Bogotá atravesando la Cordillera Oriental de Colombia por el valle de Funza, escenario del Salto de Tequendama, que «reúne cuanto pide un sitio para ser eminentemente pintoresco».-EI sabio viajero asigna a la citada meseta la altura de 2277 metros, y la compara con el valle de Méjico. Asiento en 011'0 tiempo de un lago desaguado por el río Funza. La recorre en breves excursiones sin olvidarse de visitar las salinas de Zípaqulra.
1l1Ji4!1Al!ZS .. t#,.$$Q .• m t) h a .4liP .$.!+i4 ... Jl!iiiF>O:.N4"'" ".,"''<'·q¡.}....,......~-..,.c...,..--_·.·., ."._. ,,' ',-~" . ruso. La traducción al español se debe a Bernardo Giner. (Cuadros de lB Naturaleza, Madrid, 1876). Para templar un poco las duras condiciones de la paz de Tilsit, decide Alemania entablar negociaciones con el vencedor Napoleón 1; con esta importante misión va a Perts el prlnclpe Guillermo de Prusia; Alejandro de Humboldt le acompaña como agregado. La misión diplomática concluye, con resultado negativo, en otoño de 1809; vuelve a Berlfn el prínclpe, pero Humboldt queda en París, no sin autorización de su rey. La resolución del sabio obedece a estas dos causas: era más fácil en París reunir los colaboradores necesarios para dar a luz la obra que proyectaba, y la capital francesa ofrecía mayores medios en el arte de imprimir que cualquiera otra ciudad alemana. En Perís, en el transcurso de varios años, se publican las obras de la «serie americana», donde cristalizan las Innumerables adquisiciones científicas y emotivas del viaje de Humboldt y Bonpland por América española. Forman un conjunto de 30 volúmenes, 20 en folio y 10 en cuarto. Tiene como título general esta gran edición: Voyage aux régions équinoxiales du Nouveeu Continent, fait en 1799, 1800, 1801, 1802, 1803 et 1804 por Alexander de Humboldt et Aimé Bonpland, redlgé par A. de Humboldt. Los volúmenes 1a XIV, tratan de la descripción de todas las plantas recogidas por los viajeros en su larga peregrinación cientffica. Fué proyecto de Humboldt se encargara su compañero de viaje de la redacción de todos aquellos volúmenes de Botánica Descriptiva; pero ... Bonpland se mostró más activo herborizando que escribiendo. Ante su poca diligencia, hubo que acudir 6 la pluma y saber de C. S. Kunth y WiJldenow. El volumen 1lleva, como dijimos, el retrero de Celestino Mutis y una sentida dedicatoria al famoso gaditano. -92- --.c' ';-.r: ~~.: . • -93Volúmenes XV Y XVI.-Allas plttoresque du voyage, también conocidos por el título: Vues des Cordilléres el monuments des peuples indigénes de J' Amérique.- 2 volúmenes, París, 1810. El principal valor de esta obra estriba en las 63 láminas de su segundo volumen, con su texto correspondiente. Es una serie de monografías ilustradas a base, en muchos casos, de dibujos hechos por Humboldt. Unas y otros se refieren a Méjico, Colombia, ecuador y Perú. La traducción española de Bernardo Oiner (Madrid, 1888) contiene no más unas cuantas, con malos y pocos grabados, de las que integran el original. Volumen XVII.-Allas géographique el physique du Nouveeu Continent fondé sur des observetions estronomiques, de mesures trigonométriques el des nivellements berométriques, par Alexandre de Humboldt et Bonpland, París, 1814.-Complemento gráfico del viaje de Humboldt y Bonpland; colección de perfiles, mapas y gráficos de sumo interés; Atlas encaminado a fijar las noticias y sabias lecciones de Geografía física de In Relación Histórica. Entre sus mapas figura la Carta del río Magdalena, desde sus fuentes hasta el 4° de latitud, de F. J. de Caldas. Las últimas cartas (33 a 40) son de interés para conocer el desarrollo de la Cartografía americana, ilustradas por WaJckenaer. Entre ellas, el mapa de Juan de la Cosa. Fueron publicadas en el Atlas después de salir a luz el Volumen XVIII.-Examen critique de J' Histoire de la Oéographie du Nouveau Confinen 1, el des progés de l' Astronomie neutique eux XV e el xv/e siécles. París, 1814-1834. Obra dedicada al famoso físico, químico y astrónomo Arago; quien, sobre ella, decía a su autor: «Humboldt, no sabes cómo se hace un libro; escribes sin fin; pero esto no es un libro, sino un retrato sin marco». Es una investigación histórica, extracto de un trabajo al
T -94- -95que dedicó durante 30 años, y con la mayor predilección, todos los momentos libres de apremiantes tareas. Trata sucesivamente: de las causas que prepararon y produjeron el descubrimiento del Nuevo Mundo; de algunos hechos relativos a Colón y a Américo Vespucio, como también de las fechas de los descubrimientos geográficos; de los primeros mapas del Nuevo Mundo y de la época en que se propuso el nombre de América; y de los progresos de la Astronomía náutica y del trazado de mapas en los siglos xv y XVI. A tal contenido no corresponde, ni mucho menos, la traducción española de Luis Navarro Calvo (tomo 163 y 165 de la Biblioleca Clásica), se trata de una versión de mutilado original sin respetar ni aun el título. En cambio, la traducción alemana de Julio L. Ideler, tiene sobre el original la ventaja de contener índices y registros que facilitan mucho el manejo de la obra. En una carta a Berghaus hace Humboldt la autocrítica de su obra, y condensa el objeto que con su publicación se proponía: «Es un libro pesado pero hecho científicamente. En él he querido demostrar que los grandes descubrimientos del siglo xv no son otra cosa que un reflejo de más remotas concepciones». Vol. XIX.-Allas géographique elphysiquedu royaume de la Nouvelle-Espagne. Fondé sur des observetions aslronómiques, des mesures lrigonomélriques el des nivellemenls borométriques, par A. de Humboldt. 20 Cartas. París, 1811. Vol. XX.-Oéographie des plantes équinoxiales.- Tebteeu physique des Andes el peys voisins.__ No es otra Cosa este volumen que un capítulo inseparable del XXVII, del que luego nos ocuparemos. Vol. XXI y XXII.-Recueil d'observations estronámiques, d ' opérations trigonomélriques el de mesures baromélriques, faifes pendent le cours d' un voyage eux régions équinoxiales du Nouveau Continent, depuis 1799 jusqu'en 1804, rédigées el calculées d' apres les tables les plus exactes, par Iebbo Oltmann; ouvrage auquel on a joinl des recherches historiques sur la posilion de plusieurs poinls imporfanls pour les nevigetiurs et pour Iés géographes.-2 vol. París 1808 y siguientes.-Además del interés que tiene toda la obra como arsenal de determinaciones, el volumen segundo es de gran valor porque permite trazar el exacto itinerario de Humboldt y Bonpland por Colombia, Ecuador y Perú, y completa así, en cierto modo, la inacabada «Relación» del viaje. Vol. XXIII y XXIV.-Recueil d' observafions de Zoologie el d' Anafomie comparée faites dens l' Océen Atlantique, dans /' intérieur du Nouveau Confinenl el dans la Meer du Sud, pendattt les Années 1799-1803.-París, 1805-55. En la serie de estudios, memorias y experiencias que contiene las hay de Humboldt, y otras, de Cuvier, Latreille y Valenciennes sobre los datos y colecciones zoológicos recogidos por los famosos viajeros. También Gay-Lussac aporta su colaboración en este libro, publicando en él unes experiencias sobre la respiración del hombre y de algunos animales de sangre caliente. (Vol. Il). Vol. XXV y XXVI.-Essai politique sur le royaume de la Nouvelle Espagne.-París, 1811. Tiene como precedente un «Resumen Estadístico» que Humboldt presenta al virrey de Méjico, en 1804, y que merece por parte de éste el más lisonjero juicio. Está dedicada a «su majestad católica Carlos IV, rey de España y de las Indias». Dividido en seis grandes secciones o libros que tratan sucesivamente: consideraciones sobre la extensión y aspecto físico del país, e influencia de las desigualdades del suelo sobre el clima, agricultura, comercio y defensa militar;
-96la población en general, crecimiento progresivo y división de los habitantes en castas; estadística particular de las intendencias de Méjico, su extensión ypoblación; del estado de la agricultura y minería; de la situación del comercio, de la industria, de la hacienda pública y defensa militar. Es uno de los libros más populares de Humboldt. V. G. Arnao lo tradujo al castellano en dos ediciones; la primera, publicada en París en el año 1822, y la segunda, corregida yaumentada (desfigurada), en 1827. Vol. XXVII.-Essai sur la Oéogrepbte des plentes>« París. Año 13. Genial concepción humboldtiana sobre Fitogeografía. El mismo prepara una edición alemana (Tubíngen, 1807) dedicada a Goethe. Vol. XXVIII-XXX. -Relafion historique du Voyage eux régions équinoxiales du Nouveeu Continent, teit en 1799, 1800, 1801, 1802, 180:3 et 1804, par A. de Humboldt et A. Bonpland. Réd. par A. de Humboldt. París, 1818-1825. Esta relación se detiene en Cartagena de Indias. El resto del viaje por tierras americanas ocupaba el cuarto volumen, que no se publicó. Parece ser que parte de su contenido vió la luz en obras independientes a la Gran Edición a que nos hemos venido refiriendo, yque esto obliga a Humboldt a indemnizar al editor con 9.500 francos. La traducción alemana de Hauff, fué ofrecida al público alemán poco después del fallecimiento del sabio. Es la que hemos utilizado en el núcleo del presente estudio. Lowenberg-(K. Bruhn: Alexender von Humboldt. Leipzig 1872, tomo 11)- cita una traducción española (¿ ?): Los Estados libres de la América Equinoccial, iI~strados en su historia natural y política, según los viajes del barón A. de Humboldt, sin lugar ni fecha de su impresión. Ignoro si será esta la edición española que cita Emiliano .•. -97- [ós (La expedición de Ursue al Dorado y la rebelián de Lope de Águirre. Tesis Doctoral) como existente en la Biblioteca Provincial de Sevilla. Aparte de la Relación Histórica se publica varias veces en distintos idiomas, un capítulo integrante de la misma: Essai politique sur I'isle de Cuba. Traducido al español se publicó en París en el año 1827. .. '" Asombra el considerar que la empresa citada de Humboldt y las obras derivadas de ella, no son más que una parte, pequeña, de la actlvldad de su vida heróícamente científica. Producto de prodigiosas condiciones de talento en función de extraordinaria fuerza de voluntad. Humboldt-escolar, ya fué maestro en la selección de sus profesores; Humbold-maestro, sapientísimo, no se desdeña, aun en los postreros días de su vida, en sentirse discipulo de todo hombre que pudiera ensefiarle. Parél los maestros, es lección viva de sensata humildad; para los escolares, espejo en el que deben mirarse para despreciar la ley del mínimo esfuerzo yanteponer a todo el ansia de cultivar científicamente el espíritu. Por ambas razones abandona la Universidad de Frankfurt, ya «que la Ciencia no tenía su templo en las alegres riberas del Oder».--La trashumacia de Humboldt-escoler, obedece a motivos bien distintos de la casi suicida que es frecuente en los actuales alumnos universitarios. 1
------------~--~-~--'"_ .. _ ... _----- .. -99 - Tanto por costumbre como por ineludible deber, tengo que notificar en este Acto las principales modificaciones ocurridas durante el pasado Curso en el cuerpo docente de esta Universidad. Todos los universitarios, y la Facultad de Derecho especialmente, lloramos la pérdida irreparable de don Quintín Palacios Herranz, maestro durante muchos años de aquella Facultad, Decano de la misma y Rector eíerciente en varias ydifíciles ocasiones.- Igualmente sensible para este centro docente ha sido el fallecimiento del maestro de histólogos ilustres: don Leopoldo López García: no ha mucho gozaba del merecido descanso de una vida intensa de trabajo e integralmente dedicada a la enseñanza. Por elocuentes que fueran mis palabras no conseguirían plasmar los soberanos méritos del maestro López Garcíe: todos les conocéis de sobra; si hay alguno que los ignora, le remito a las entusiastas ysentidas palabras de cualquiera de los discípulos de aquel maestro, honra y gloria de la Universidad vallisoletana. Poco tiempo gozamos de la colaboración del catedrático don Luis Recasens ySiches, joven de años, maduro por sus méritos y publicaciones. Después de un resonante triunfo ocupó una cátedra del Doctorado de la Facultad de Derecho de Madrid. En nombre de la Universidad doy la más cordial bienvenida a tres nuevos catedráticos que se disponen a ayudarnos en la difícil misión que nos está encomendada. Don José Casas Sánchez, y don Emilio Gómez Orbaneie , trasladado de la Universidad de Sala manca, no hace mucho que fueron alumnos yque subieron a este estrado a recibir de manos de la primera autoridad académica el supremo galardón que puede concederse a la inteligencia y aplicación de los escolares. Por lo que fueron podemos deducir lo que serán como docentes de esta Universidad. Igual he de decir de don Félix Monterde Fuertes, cuya juventud y relevantes méritos crean en todos nosotros una fuerte y halagadora esperanza. *** Lugar de honor tienen en estas páginas las pocas palabras que como cariñosa ofrenda dedico a la clase escolar. No serán todo lo agradables que yo quisiera pero acogedlas con benevolencia en gracia a su cordialidad. Enojosa tarea es para mí recordar vuestra actitud ante próximos pasados acontecimientos, que tan azarosa hicieron la vida académica en el Curso qne acaba de terminar. Cornenrerla circunstancialmente, es sacrificio que está por encima de mis fuerzas; silenciarla de un modo absoluto, es algo, también, de que no me creo capaz ante el temor, os lo confieso, de que podáis creerme indiferente ante el vivo recuerdo de hechos que dejan sedimentos tan amargos en mi alma, Quiero creer, que aquellos inauditos desmanes de actitud, palabra y hecho son imputables solamente a una pequeña minoría de la masa escolar, cegada de irreflexión y movida por no sé qué quimeras, Debo creer, por mis años de convivencia con la clase escolar, que a la inmensa mayoría le repugnaban aquellos hechos, frutos no de una rebeldía humana, siempre
$ .$ • . ;$ _ up ;. 52 a ; . ; -100respetable, sino de otra clase de rebeldía que no califico.- ¿Pero... cómo no eprovechésteis la fuerza moral del número? -¿Cómo si sois celosos de vuestro buen nombre y del prestigio de esta Escuela pudísteís olvidar vuestro deber moral?-Hay apatías, para el que no os conozca, que tienen todo el aspecto de complicidades. Al triste espectáculo que forman los empeñados en rebajar la Universidad, poniéndola al servicio de un ideal de ninguna relación con el docente, y de la gran masa espectadora curiosa e indiferente de la actuación de aquéllos, hay que añadir, para que nuestro dolor de universitarios culminara, la extraña conducta de la pequeñísima mínoria que por mandato de la ley tiene directa intervención en la vida universitaria. En los momentos en que pudo ser más consoladora nos faltó su ayuda; en cambio, recompensó nuestros desvelos y horas amargas inspirando una ... nota, publicada en la Prensa a mediados de enero del presente año. Tened presente, escolares federativos, que colaborar en la vida universitaria, intervenir en sus Juntas de Gobierno, Claustros y Juntas de Facultad es un honor que lleva consigo ciertas renunciaciones, ciertos sacrificios, y que si no estáis dispuestos a unos y otros, lo leal y lo noble es que renunciéis a aquella representación que una ley demasiado generosa os concedió. De proceder de otra manera corréis el albur del desprestigio, y el riesgo de matar en raíz una feliz iniciativa tan bien recibida por los docentes universitarios. Queridos estudiantes universitarios de Valladolid: Tengo el deber de preveniros de algo grave; con el mayor dolor os manifiesto que abrigo la sospecha de que vuestra fama se encuentra en entredicho; quizá esto sea sólo infundada alarma, o fantasma, nacida en un pecho, como el mío, que anro os quiere y que por eso es incapaz de adularos.- -101Confío que os moverán a reflexión más que mis pobres palabras el relato de un hecho de que fuí testigo: En la primevera del año actual, una excursión de alumnos de Filosofía y Letras de Madrid visitaba este Centro. Me tocó acompeñarles, y satisfacer su natural curiosidad de verlo todo. Estábamos en este salón, donde ahora nos encontramos, cuando un joven excursionista al observar ciertas rupturas y desperfectos preguntó a alguien la causa de ellos. ¿Sabéis cómo se produjo al conocerla?: Completó un expresivo gesto de sorpresa e indignación con estas palabras: «claro... se comprende... esta es la Universidad del aprobado general». Todos sabéis el alcance de estas palabras; acaso no podéis suponeros el grado de sonrojo y vergüenza que me produjeron. Sin embargo, todo lo doy por bien empleado si ante la gran injusticia que representan, al atribuir a toda una clase la absurda petición de algunos de sus miembros, reaccionáis como es debido, y os disponéis con ardor y valentía moral a recuperar vuestro prestigio y buena fama; cosa fácil, si todos unidos en un santo amor y respeto a la Alma Meter conseguís estrangular los malos instintos de los que de estudiantes no tienen más que el nombre. Si no es acicate suficiente para la generalidad la propia estimación de clase, ni los consejos de los bien intencionados, que lo sea al menos la virtud del agradecimiento, la más humana de las virtudes, que os obliga a corresponder a los desvelos de vuestros maestros y a los de los actuales gobernantes que tan intensamente se ocupan en colocar a la Universidad en el alto y destacado plano que merece. Así sea. He DICHO.