La leyenda de Eneas y los santuarios de Afrodita
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LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA Al ocupar, por traslado, la cátedra de Historia del Arte de la Uni versidad de Valladolid y un puesto en su Seminario de Arte y Arqueolo gía, me creo obligado a contribuir a la tarea tan meritoria de éste en la publicación de su acreditado Boletín, Y he pensado que de los estudios que desde hace muchos años venía realizando sobre las Peregrinacio nes, especialmente con mis alumnos de Arte y Arqueología de las Uni versidades de Barcelona y Salamanca, y en los que he considerado diversos aspectos parciales de aquel fenómeno histórico y aun inten tado una sistematización y una metodología acerca del mismo (1), pudiera desprender algunas notas adecuadas y en las que se mani-, fieste mi procedimiento general estético de mutua explicación de lo literario con lo plástico. Si la religión de una sociedad es el fundamento de su cultura (2), lo será por tanto de su arte. Y así, en un curso especial que di en Sala manca durante el de 1943-44, traté de explicar con especial aplicación a los alumnos de Filología Clásica, que lo eran míos de Arqueología, la relación de los Santuarios de Afrodita con la leyenda de Eneas. Nada tiene que extrañar la relación de este tema con el de las pere grinaciones cristianas, de las que ya antes de ahora he consignado que si adquirieron con el catolicismo una potencialidad universal, tie nen precedentes de ésta en el mundo pagano. También he aludido en otros de mis trabajos a las sustituciones de los cultos paganos por los cristianos en muchos lugares, según atestiguan los escritores más or todoxos, como los benedictinos Cabrol y Lecrerq (3), y he observado (1) La Cultura de las Peregrinaciones. Su historia, su geografía y métodos para su investigación, por Angel de Apralz. Revista «Las Ciencias» y tirada aparte, Ma drid, 1942. Se citan en tal trabajo algunos que antes que él publiqué; y otros y los posteriores en mi Discurso inaugural de la Universidad de Salamanca del presente año, en el que derivo de las peregrinaciones su tema: Salamanca, camino de Orien te. Madrid, Aguirre, 1945. (2) Dawson: Enquiries, Sheed, 1933. (3) Dictionnaire d'Archéologie Chrétienne et de Liturgie, publié par le Rme. Dom. Fernand Cabrol et Dom. Henri Lecreq. Letourey, París, voz «Michel (cuite de Saint» y passim.
56 ANGEL DE APRAIZ respecto de Grecia cómo el monasterio tan renombrado de Dafni se eleva sobre el mismo camino que recorrían los atenienses para asistir a los misterios de Eléusis; asunto cuyas constantes en el cristianis mo hizo ver Eugenio D'Ors precisamente en este Boletín, como en él Antonio Tovar examinó la continuidad y sustitución de los templos y cultos paganos en los cristianos de Atenas (1). Igualmente en cuanto a los santuarios de Venus, Schulten ha llegado a dar como evidente que Santa Marina no es más que la traducción a cristiano de la Venus Marina —lo cual no me atrevería yo a afirmar en absoluto, conside rando todo el culto de dicha Santa, a veces en lugares muy alejados del mar , pero el propio Schulten, que trataba de justificar un santua rio de Venus sobre el Cabo Higuer, se appyaba en que allí parece que hubo una ermita de San Telmo, patrono de los navegantes, y tal sus titución sí que la juzgo verosímil (2). Pero no vamos a tratar aquí de tales continuidades o sustituciones, a las que sólo nos referimos para apoyar el que una doctrina artística pueda considerarse aplicable a todos los'tiempos. La doctrina de Bédier (3) de que las leyendas épicas francesas deriven, con gran posterioridad respecto a los sucesos a que se refie ren, de las rutas de peregrinaciones jalonadas de santuarios y en re lación con unas y otros, fué objeto de exageraciones, de retoques aun |iel propio Bédier, y de rectificaciones de que espero tener ocasión de tratar en otro lugar. En ellas, Fawtier (4) sitúa, después de un periodo de «complaintes» y baladas sobre el asunto de la derrota de Roncesvalles la for mación del poema de Rolando hacia mediados del siglo XI recogiendo después el movimiento la Iglesia para animar a la nobleza a la ineba. con los infieles y al pueblo a acudir a los santuarios de peregrinación En los siglos siguientes, los cleros complican las canciones de gesta dando mayor-importancia al elemento eclesiástico más bien que reli gioso, y a los sentimientos de una aristocracia amante de aventuras* coii lo que los cleros —indica—, laicos o eclesiásticos, no son épicos En nuestro trabajo tratamos de mostrar cómo' este tema de la literatura clásica surge precisamente en relación con famosos santua rios y lugares de peregrinación, con lo que la doctrina de Bédier re sulta mejor confirmada que en el tema de Rolando, el principal de los (1) Boletín del Setninatio de Estudios de Arte y Avoueolnnín Iq TTníirí»,>eiírj ^ de Valladolid. Curso de 1934-1935, l.er trimestre. <rLos mistS historia del eón de feminidad», por Eugepio D'Ors; y Curso de igssSe I o v q S trim^tre^ «La composición de la Aten^ de Pausanias», por Anton^ Tovar Fawtier-. La Chanson de Roland. Etude historique. París, Boccard
LA LEYENDA DB ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 57 por él estudiados. Ahora bien, en ei modo de tratarse tales temas, o sea en ia evolución artística que experimentan, nos sentimos muy cercanos ai pensamiento de Fawtier y creemos ver cómo en nuestro tema pagano se pasa de lo lírico-épico y lo pseudo-histórico a lo nove lesco o romántico y aun a lo humorístico, visible también en repre sentaciones plásticas, marcando asi una constante profundamente humana, en la historia de la producción estética. LA FORMACION DE LA LEYERA DE ENEAS De la relación de los viajes de Eneas con los templos de Afrodita, que tanto pudiera servir para apoyar su teoría, encuentro en el libro de' Bédier una sola referencia, en la conclusión de su capitulo sobre Las canciones de gesta y las peregrinaciones de Compostela. En la que se limita a trascribir un texto de Camille Jullian referente a ese asunto y que traduzco por condensar una afirmación que me parece incues tionable: «De la misma manera, la epopeya de la Eneida unía, en la cadena continua del viaje de Eneas, los diferentes templos en que los viajeros de las rutas marítimas iban a adorar a su madre Afrodita» (1). Algunos trabajos referentes al asunto y la doctrina en ellos con tenida, pueden verse en el Diccionario de Antigüedades Griegas y Romanas de Daremberg y Saglio. Nosotros hemos examinado cómo se habla de Eneas en el Himno a Venus y cómo Homero hace de aquél un favorito de los dioses, pero sin ninguna alusión a su emigración a tierras itálicas. Sin embargo, surgen leyendas y costumbres locales que hacen suponer el viaje de Eneas con sus compañeros por diversos países. Estesicoro (del siglo VI al VII) pasa por el autor más antiguo que ha hecho viajar a Eneas hacia Hesperia (Italia); pero fué ¡Timeo, historiador de hacia principios del siglo III, quien primero contó la leyenda de Eneas tal como la adoptaron los romanos en relación con el supuesto origen de su pueblo. Nevio cantó la leyenda en la que fi gura la recepción de Eneas por Dido en Cartago. También Ennio. Como después hubo de ella representaciones plásticas y la trataron Catón, Varrón y los cronistas y gramáticos, entre los que debemos a Dionisio de Halicarnaso interesantes noticias (2). (1) Camille Jullian: Histoire de Bordeaux, 1895, pág. 118. (2) Dictionnaire des Antiguités Grecques et Romaines... sous la direction de M. M. Ch. Daremberg et Edm. Saglio. Trolsléme edition, París, Hachette, 1881-1919; es pecialmente en 1^ voces Aeneas por L. de Ronchaud y Venus por Louis Séchan. En las notas a dichos artículos se indica otra copiosa bibliografía relacionada con el asunto. Leo también a Gastón Boissier: Nouvelles pronieiiades archéologiqucs, Librairie Hachette, París, s. a. (pero el libro debió de escribirse en la penúltima década del siglo XIX), Chap. III, Le pays de l'Enéide, I, La légende d'Ennée. Boissier conoce el nombre de la Afrodita Aineias. que encuentra íntimamente ligado con el de Eneas y describe con muy elegante estilo cómo la leyenda pudo nacer en los san-
58 ANGEL DE APRAIZ Venus, diosa de origen oriental y marítimo, es adorada en muchos lugares del Mediterráneo con el nombre de Afrodita AUieias, inter pretado como favorable, y es la epónima, o sea proporciona el nombre, de tantos de dichos lugares. Así el de Ainos, ciudad de Macedonia cuya fundación era atribuida a Eneas, y los,de Aineias en el Quersoneso Cal cidico y en el territorio Tirreno. En otros lugares, como en Zante, don de había culto de Afrodita Aineias, cual lo había también en Citera, Leúcade y Actium, las ceremonias de los Agones se decían establecidas por Eneas. Pero acaso es todo ello lo que ha dado origen a tal personaje y a su nombre, que no hay nada que nos haga creer sea más histórico que mítico, y hasta su carácter piadoso nos lo presenta como muy de acuerdo con tal origen de su existencia. Sería esta la máxima creación estética, en la que se forja el nombre, su filiación respecto a Afrodita y hasta sus cualidades, todo como obra de una poesía, que no hay por qué no llamar popular, aunque surgiese de poetas profesionales, y se inspira y se difunde con las peregrinaciones. ENEAS Y EL CULTO DE AFRODITA EN LA ENEIDA Menéndez Pidal, al llamar poesía popular y tradicional a la Q^e al transmitirse se refunde o varia, insiste a este propósito en la distin ción entre poemas del tipo de la Ilíada de los del tipo de la Eneida, poemas cultos los últimos, de arte muy individual. En nuestro examen de la Eneida hemos podido verificar, con un poco de asombro por lo completo de las coincidencias, que Eneas ape nas da en su viaje un paso que no esté encaminado a algún lugar del culto de su madre Afrodita. De Troya, según el relato de los Libros II y lil, va a la ciudad de Aenos o Ainos, a la que hemos aludido, en Tracia, y cerca de la cual estaba la de Afrodisias. De allí va a la isla de Délos, a la que Teseo había llevado el culto de Afrodita viniendo de Creta; y a Creta va en seguida Eneas, donde un oráculo le indica la Hesperia como final de su viaje. Sigue, siempre con sus compañeros, hacia el Norte y, con escala en las islas Estrófadas, pasan por la de Zante, por Itaca y Leúcade, celebran juegos en Accium y entrando en el puerto de Caonia se detienen en Butrotum; costa toda ésta la orien tal del Mar Jónico, en que se señalan precisamente los santuarios de Afrodita Aineias en Zante, Leúcade y Accium entre otros, como los de Dodona y Ambracia en el Epiro, de los que a veces era tenido Eneas, tuarios de su madre, fundiéndose d^pues esas tradiciones aisladas. No apura cómo la ruta de Eneas aparece determinada por todos esos santuarios, ni particularmente por los de Italia, aunque los menciona, -con datos muy concretos de este país al que su libro de modo especial se renere, preocupándose sobre todo de cómo la leyenda de Eneas ha penetrado en Italia.
LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 59 acaso en el apogeo de la leyenda, cual Cario Magno en los santuarios franceses, como el fundador. De allí se dirige a Italia, donde se refugia detrás del promontorio de lapigia. es decir, donde los antiguos señalan el Portus Veneris. Pasa el Golfo de Tarento, sin que Virgilio deje de evocar los templos de Minerva y de Juno que se ofrecen a la vista de Eneas. Y tocando éste en la parte oriental de Sicilia, costea dicha isla por el sur y entra en el puerto de Daepanum. donde muere el padre de Eneas, Anquises, amante de Venus; precisamente al pie del monte Erix donde estaba el santuario célebre entre los romanos de Afrodita, que Virgilio dice levantado por Eneas; para lo que sin duda ha sido variada la tradi ción griega de haber muerto Anquises en Arcadia, donde Pausanias nos habla de su tumba al pie del monte Anquisio y también de que junto a su sepulcro hay templo de Afrodita. Pero lo más interesante es que esa Afrodita Ericina estaba en re lación con otra cartaginesa, suponiéndose que aquélla realizaba un viaje anual a Africa, anunciado por sus palomas; y Eneas, al salir de la región del Erix, según se cuenta en el Libro I de la Eneida, es arrastrado por la tempestad a Cartago, donde el primer consuelo que recibe es de su madre, que se le aparece en figura de una virgen ca zadora y que se retira después a su templo de Pafos en Chipre, pero sin dejar de proteger a Eneas en sus amores con Dido. Al romperse éstos y huir los troyanos, en el Libro IV y sucesivos, el mar y los vien tos les llevan de nuevo a Sicilia, las littora fida fraterna, cerca del monte Erix, donde Eneas celebra los juegos fúnebres junto a la tumba de su padre, y después de fundar, según Virgilio in vértice Erycino, el templo Veneri Idaliae, protegidos también por Afrodita a la que Neptuno ha prometido tendrán una buena travesía, los navegantes con siguen llegar a la península itálica. Allí, en Cumas dos palomas de Venus, maternas auis, le muestran el ramo de oro necesario para penetrar en los infiernos, con lo que realiza esa aventura para la que implora previamente la protección de su madre y después de la cual alcanza con su flota el puerto de Gaeta y el Lacio. Se establece Eneas en este país en las inmediaciones de Lavinium, sede de los Penates de Roma, donde había otro templo de Afrodita con su estatua, de los que se consideraba fundador a Eneas, como éste se apoyó en Ostia, que tuvo también después tra dición venusina. Y en las luchas que sostiene y que relata Virgilio en los Libros VII y siguientes. Venus consigue de Vulcano-que fabrique un escudo para su hijo y conforta a éste con prodigios celestiales, de fiende la causa de Eneas ante Júpiter en el concilio de los dioses, y en el Libro-XII y último le cura las heridas y aun le ayuda en el com bate contra Turno, con cuyos vencimiento y muerte, que suponen
60 ANGEL DE APRAIZ pa.ra Eneas el matrimonio con Lavinia y el cetro del Lacio, termina el poema (1). EL CARACTER DE LA LEYENDA EN VIRGILIO Virgilio se me representa, y en la Eneida, especialmente, como un perfecto clero, no ya en el amplio sentido en que Julien Benda ha divulgando esta palabra refiriéndola a todos los intelectuales, o por me jor decir a cuantos se dedican a tareas del espíritu —y por cierto que entre eUos menciona Benda a Virgilio como uno de los que no le ha cían traición llevados por las pasiones políticas, y para justificarlo cita el elogio del poeta al hombre de los campos que no concede valor a res romanae et peritura regna (2) sino en un sentido más concreto e histórico. Es éste el que llama cleros a los hombres dedicados a las letras bajo una organización y al ser vicio de ella, que era la eclesiástica cuando surgió la palabra, pero que puede ser también la imperial nacionalista en los tiempos modernos o en aquellos en que Virgilio vivía. Claro está que la ¿Persona lidad del escritoi resulta menos individualizada en estas situaciones, y la manifestación literaria llamada entre nosotros mester de clerecía, presenta de un modo claro sus notas características. Que en Virgilio se dan con toda la grandeza de su genio poético, no dejando de ver, como en el texto trascrito, otros valores eternos; con la nobleza de que lo que le atrajo a Augusto fué una pura gratitud, y habiendo de destacarse que entre los caracteres que nos llevan a calificarle como Clero están, no sólo los de su vida y su literatura, sino los de su rela ción con lo religioso. Aquel poeta a quien sus más antiguos biógrafos nos pintan si lencioso y melancólico, con aspecto campesino, vive proteeldo por Augusto y por Mecenas, disfrutando de una rica librería y dedicado a componer las obr^ que sus protectores le Insinúan, porque tales asun tos convienen a los fines políticos de éstos o a su gloria personal. (1) He usado con preferencia la edición de la Fnoirin ^ „ Lettres», patrocinada por la Association Guillaume Budó pr.^ + Selles traducción de Bellessort. "aume. sude, con texto de Goelzer y Mis alusiones a la geografía antigua pueden verse r,- Atlas Antiquus, Dietrich Reimer (E. Vehsen), Berlín ZwrUfSP KiepeH: y alguna que en él no está, en Spruner-Menke: Atlas Anti^ih ausgabe; Just;i Perthes, Anno MDCCCLXV. La Tyrrhenie urbTAinS^ Grecae Linguae ab Henrico Stephano constructus vol I pÍwq Aineia, atribuyendo dicha noticia a Esteban Bizantino Se me ^9^ .tirrena acaso sea alguna de las supuestas fundaciones de áiSI eS» Aineia arriba nos referimos. En el Diccionario, como a nosotos hn ^ Bizancio, gramático, geógrafo e historiador del s V cuva obra Esteban de pam el estudio de la Anflgüed^, se dice, segúii^eMe debo ETTt K«t TTOitC TUp/l>JlKÍ, Y,; Ot OtKVJTO/ÍS; AtVStOt (2) Julien Benda: La trahison des Cleros. En «La Nouvelle Pe-inio w,.o • números de agosto-noviembre de 1927, París. uveue Revue Piancaise»,
LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 6l Creo sin embargo en la sincera adaptación de Virgilio a sus temas, y concretamente a las tradiciones religiosas a que, a mi modo de ver, responde en tanta parte la Eneida. Erudito de las antigüedades, y te niendo siempre presente a Homero y también a Sófocles y a Pindaro, cuantos han estudiado a Virgilio nos hablan de su conocimiento de las tradiciones locales, y acaso hasta de los Libros Sibilinos y de su simpatia por la liturgia, visible en tantos pasajes de este poema. Y aunque la religión en la época de Augusto estaba, en general, más viva en los ritos que en las conciencias al ser por el emperador fomentadq, como un medio de gobierno, Virgilio ha refundido de nuevo en su espíritu las ya tan decadentes divinidades griegas y acercándo las al más severo pueblo romano, concibe a veces a Júpiter a la ma nera de los estoicos y en la inquietud que el mundo de entonces siente por una nueva explicación de los destinos humanos, la concepción de los infiernos por nuestro poeta como un lugar de expiación en el que se conmueve, ante las miserias de la vida, anuncia, como en otras de sus anticipaciones, los nuevos tiempos que van a venir y en los que el cristianismo corresponde a Virgilio con su predilección. Pero de éste, que a mí me parece un clero de la tradición romana, no creo sin embargo poder afirmar, como Pawtier lo hace de los me dievales, que no sea un épico; aunque su sentido de lo actual, la ra pidez de la acción en los seis últimos libros del poema el interés de sus episodios como el de Niso y Eurialo y de otras novedades no tra tadas por los épicos anteriores, la ternura y pudiéramos decir la pe netración psicológica con que trata a personajes como Dido, y aun el carácter pictórico de sus cuadros, pueden hacernos ver en él un ger men romántico y, por tanto, novelesco. Su Plus Aeneas lo veo como la personificación de aquel culto, extendidísimo por las costas, a la Afrodita Aineias, sobrenombre cuya etimología dan hoy como muy oscura y probablemente prehelénica los filólogos, pero que al ser interpretado por los griegos con arreglo a su lengua, adquirió el sentido de loable, contenta y favorable (1). Oicha personificación, ocurrida en los tiempos prehoméricos y que Homero y los poetas posteriores hasta la segunda mitad del siglo VII para nada hacen viajar hacia Italia, encarna en tradiciones locales, algunas de ellas en las costas itálicas y en las inmediatas, en las que también hay santuarios de la diosa del amor, venida de Oriente, con diversos nombres, por el mar. Reunidas y organizadas esas tradicio nes en relación con Italia, Virgilio, para los fines imperiales y ensalzar a los Julios, que se consideran los descendientes auténticos de Julo, (1) veiS6 acerca de diclia oscuridad y otros aspectos del tema PcluVucZasszsc7een altertumswissenschaft, Stuttgart, 1893,
6á ANGEL DE APRAIZ nieto O según Virgilio hijo de Eneas (por lo que César y Augusto re presentan a Eneas y a la madre Venus en las monedas por ellos acu ñadas), recoge y elabora dichas tradiciones y leyendas en su poema. En él expone esa genealogía en las palabras de Anquises en los in fiernos, alude a ella en otros lugares y en la descripción del escudo de Eneas hace culminar en los nombres de César y Augusto la gloria de Roma, cuya preparación, querida por los dioses, está en el fondo de todo el poema. Para escribirlo contaba con su erudición y con su conocimiento del mediodía de Italia, en el que había residido largo tiempo, dicién dose también que una parte de su poema lo compuso en Sicilia. Pero es especialmente interesante para nosotros el que, ocupado desde el año 29 antes de Cristo en la composición de la Eneida, sintió, acaso muy pronto, el afán peregrino de visitar los lugares de donde hace proceder a su héroe y probablemente los santuarios venusinos que en ellos se asientan. Los tres primeros libros de lasOdas de Horacio aparecen el año 23, y en ellos se encuentra aquella en que desea a Virgilio una feliz travesía a Grecia. Cabe que dicha oda fuese intro ducida en una segunda copia, pero también que el viaje de Virgilio, que no se realizó hasta el año 19, en el que murió el poeta al regresar, acabada su salud por las fatigas del viaje y dejando interminado su poema, hubiera sido intentado antes y aplazado por el temor a tales molestias y a los peligros que tanto pondera Horacio en su amistosa despedida, que parece un presentimiento. Y hemos de anotar princi palmente que en su invocación a los dioses y a los elementos para que protejan el návío de Virgilio, el primero y máximo nombre que men ciona es el de Afrodita, que tiene en Chipre su santuario más im portante: Sic te diua potens Cypri... (l). En la leyenda de Eneas concretada por Virgilio encuentro, por tanto, la función creadora, realizada por remotos aedos, poetas des conocidos que debieron de dar vida al personaje en relación con los esparcidos santuarios de Afrodita Aineias. Cuyas tradiciones, conserTíadas por los rapsodas, pone ya en función hacia Occidente —con el fundamento de las históricas emigracioens griegas que conociera y en las que parece que a fines del siglo VII una civilización emparentada con la homérica se implantó en Italia—, el lírico griego-siciliano Estesícoro hacia principios del siglo VI, aunque no falta quien considere inverosímil tal testimonio literario en ese siglo. Luego, en época más segura, es un historiador, pero del género en que la historia se nutre más de poesia y también sículo-helénico, Timeo, a quien se atribuye (1) Horacio: Odas, Libro I, III. Sigo también la edición de «Les Belles Lettres», París, 1927, por F. Villeneuve.
LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 63 el establecer primeramente, entre el siglo IV y el III, la leyenda de Eneas dando origen a los romanos. Y ésta, que más o menos y a tra vés de otros escritores conoce su público, mezclada también con otras tradiciones itálicas, es la que canta Virgilio, sin darse acaso cuenta de que sean santuarios de Venus los que han determinado toda la ruta de su héroe, pero aun cita varios de ellos, y en lo fundamental de la trama, de su poema, obra culta y con finalidad política, es Ve nus quien dirige todos los destinos de su hijo encaminados a la gran deza de Roma, que el poeta presenta como consustancial con los des cendientes de la diosa, la Gens Julia. la FERMENTACION MITICA EN OVIDIO Magnificada y coloreada esta leyenda por la poesía de Virgilio, quedó fijada en tales términos que ni la fantasía de Ovidio osó cam biarlos cuando en los tres últimos libros de las Metamorfosis trata el mismo asunto. El itinerario de Eneas es por los mismos lugares" que en Virgilio: por la Tracia a Délos, a Creta, las Estrófadas, Itaca, las costas orientales del mar Jónico y el Epiro, en donde parten de Butrotum para llegar a Sicilia, pero el viento les lleva después a la Libia, o sea a Cartago, y de allí vuelven a Erix y luego a Cumas y a Gaeta y el Lacio. Ovidio no repite, sino que da por conocidos, los cuadros de Virgi lio: son las historias y metamorfosis de las hijas de Orión, de Scila, Galatea y Glauco, las transformaciones realizadas por Circe, las de los Cércopes y otras, en las que Ovidio pone todo su romanticismo, mucho mayor que el de Virgilio, pero elegante y escéptico. Por esta última condición no es extraño que aluda todavía menos que aquél a los san tuarios venusinos por cuyos lugares vaga el héroe, aunque hace que los siga fielmente, y de modo expreso que Venus le proteja. Ovidio refiere en cambio la deificación de Eneas, identificándolo con el Pater Indiges cuyo culto estaba en intima relación con el de los penates que Eneas había traído de Troya; para ello, Venus, que llega a conseguir de los dioses tal acuerdo, desciende con su carro de palo mas en las playas de Laurentum, litiis Laurens, y ordena al río Numicio que lave a Eneas de cuanto en él habla de mortal, con lo que convierte a su hijo en el dios a quien se elevan templos y altares y cuyo culto tenía su centro principal en Lavinium. Pues bien, entre Lavinium y el río Numicio, y muy cerca de éste, se hallaba también un templo de Venus, cuya fundación pudo ser posterior a la forma ción de esta leyenda, pero parece también muy natural que fuera anterior, dada la difusión de tales templos por las costas, y en tal caso origen de la leyenda misma también en estos lugares; y de todas suertes unidos uno y otra por ese vinculo de función cultural.