La cuestion social: discurso inaugural leido en la Universidad Literaria de Valladolid por el Dr. D. Eladio Garcia Amado - en la apertura del curso de 1886 a 1887
Abstract
Título facticio
Full text
.s> DISCURSO INA'UGURAL LEIDO EN u UNtV'EHS~nAt]l~IERARfA DE VALLADOLID, POR EL DE\. D. €:I1ADIO GAE\&ÍA fIMADO, CAHDRÁ TICO NUMERARIO POR OPOSICiÓN DE LA MISMA, EN LA SOLEMNE APERTURA j¡EI. CURSO DE 1886 A 1887. _··~~+t~+··- VALLADOLID I){PHE;'I;r,\, LIBRERíA, lIET.lOGHAFí:\ y TALLI::Il HE GI<:\BAUU'i UE •.UIS N. atE G" ". 11" ,t. IMPR.ESOR. DEL rl..USTRE COLECtO DE ABOGADOS Angustias 1 )' San Bias í --- ,8S(, BiCe 1IIIIilil"~~~[~ill~~f¡mll~(¡I~I""" 5>0 O O O 4 2 O 6 3 2 r_;· 1.-, "?'l
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4 són profético los ideales de mi espíritu, y ligándome doblemente á la ley del amor por esta escuela, á venir un día entre vosotros, maestros siempre para mi, á pagar á esta madre cariñosa tanto bien como de ella, he recibido, señalándome en fin la meta, que desde entonces fué ya el total objetivo de mi existencia. La Providencia á quien mi alma dirijo siempre sus súplicas y refiere todos los bienes, amparó piadosa mis deseos, defiriendo sin duda á los merecimientos de los seres queridos que cerca de ella me protegen, y me permitió llegar hasta vosotros tÍ cumplir la palabra empeñada, á rendir á esta madre, cariñosa y buelHL como todas las madres, el tributo humilde, pero fervoroso, de mi voluntad decidida, pagando así la deuda de honor y de gratitud, que mi filial cariño os ruega aceptéis como ofrenda del deber cumplido. Hoy como ayer y como siempre, si satisfecho del camino recorrido, ganoso aun más de recorrer el que me falta, busco y espero de vosotros la ayuda y el patrocinio que nunca me negasteis, porque siempre seréis para mi maestros y padres en la ciencia, modelo y tipo que me anime y dirija en la senda del trabajo y de la enseñanza. Aceptad por ello benévolos mi concurso, y dejad que elevado á este sitial por la suerte me inspire en vuestras enseñanzas y contribuya en la medida de mis fuerzas, siempre escasas, al fin noble y levantado de esta escuela, de dirijir las jóvenes inteligencias, ya en el tranquilo trabajar del aula, ya en el estudio y aplicación del juicio á los problemas de trascedente y palpitante interés en la vida positiva de las sociedades. y á la verdad, que en el hermoso cuadro de las múltiples direcciones de la inteligencia humana, ninguna ofrece frutos más preciados, que la que se refiere al\\exámen de la ecuación de la vida socialt para descubrir la incógnita de su bien y de su felicidad, sentada sobre sólidas bases, fijando la ley de su proceso y encauzando en su marco todos sus movimientos, para que respondiendo al unísono se realice el hombre en la humanidad y ésta en Dios su fin y resúmen. Por eso es de importancia trascendental, que alcanza á todos, que impresiona y domina hoy todas las inteligencias un problema, que el sentido general califica de cuestión social, juzgada con la variedad casi infinita de sus múltiples aspectos, con los criterios de las razones individuales y por los tonos más ó ménos salientes con que en cada momento aparece, como pulsación de un fondo latente, activo, en ignición constante,
~ 1) que repercute poderoso en tantos órdenes como su cornplegidad comprende. N o podía, no puede pasar desapercibido para la inteligencia lo que lleva en su fondo una fuerza que conmueve en sus asientos la vida, ganas a de tranquilidad y bienestar, porque en su afán de verdad, como su fin propio, se vé arrastrada por su propio impulso é iniciativa, á buscar la causa de ese malestar, para hallar el remedio posible. N o es hoy en efecto desconocido para nadie el negro fondo en que las actuales sociedades civilizadas se mueven, agitadas profundamente por el choque titánico de fuerzas, tendencias y direcciones opuestas: todos sentimos y observamos con espantados ojos y miedoso el corazón ese algo que como misterioso aliento emponzoña y vicia la atmósfera de las inteligencias; que arma el brazo de la destrucción y de la anarquía, para acabar con todos los poderes, rompiendo brutalmente la ley del orden: que es la ley de la vida; que empuja sin cesar con ciclopeo esfuerzo las sociedades al abismo de la, destrucción y de la nada, como cuerpo arrojado al acaso en la pendiente del movimiento desatentado y vertiginoso; que pretende en fin conculcar, saltando por todo, principios y leyes, tradiciones y costumbres, rompiendo todos los moldes de la actual existencia, como si debiera interrumpirse ó acabar la historia del hombre y de la humanidad: y todo esto en medio de un emporio deslumbrador y brillante de progresos, perfecciones y conquistas de la humana inteligencia en las ciencias, en las artes, en la industria y en el comercio. ¿Qué hay en ese fondo? ¿,Qué causas le mueven y agitan? ¿Es un fin, ó un medio? ¿Tendrá y llevará en sí algo útil, positivo, que deba ser objeto de regulación y medida y que pueda entrar como factor armónico en el universal concierto, señalando un paso más en el progreso y en la historia, abriendo nuevos y más extensos horizontes á la felicidad humana, acercándola al ideal de su existencia? ¿En qué rumbos y caminos deberán encauzarse esos movimientos y tendencias para que lleguen á su sitio y posición respectiva engranando su acción en el orden general?
G 11. Al proponerse la razón humana el estudio de tan importante tesis, ni puede, ni debe prescindir del criterio histórico y sintético que la permita alcanzar la compresión del conjunto en sus múltiples relaciones y aspectos, ponderando así con tino y seguridad los varios elementos y factores del problema. Solo en los senos del pasado puede hallar la génesis de la vida presente: solo conociendo todos los momentos de la vida de eS,1 humanidad, puede descubrir el fondo de su relatividad variable, la ley á que han obedecido sus movimientos y posiciones, ó es preciso de otro modo aceptar que el ser racional se había anulado bajo la influencia de una fatalidad contraria á su esencia, obrando como medio, sin fin propio y rebajándole del tipo y esencia con qne le formara el Supremo Hacedor. Solo en ese orden y plan es posible, que con conocimiento del tipo y ley á que la vida del hombre se halla sometida, pueda percibirse cómo la ha cumplido en su desarrollo y qué camino le falta que andar, para saber si en verdad esa crisis violenta y convulsiva en que la sociedad se agita, es aspiración y tendencia legítima, grado de ascenso en su camino ó descamino y error, desmayo y desacierto. Solo asl en fin poniendo á contribuoión tautos elementos como en tan complejo problema entran, y encaminando Ia razón con seguro paso entre los escollos de un idealismo empírico y de una experiencia deficiente, basando el juicio en el doble elemento del principio y del hecho, es como puede medirse con segura mirada, sin preocupaciones de escuela y sin pasiones de sistema ó de partido, el total conjunto de esa superior existeuciu humana en el orden de la vida y del progreso. Así también al contemplar á esa humanidad en su larga existencia, determinada en la infinita variedad de razas y de pueblos, en constante y perdnrable evolución; aquí poderosa y como tocando los limbos de la perfección; allí decaída y mísera, sepultada en la degradación y el infortunio; hoy movida en brillantes giros de progreso en las artes y en las ciencias; más tarde oscurecida y presa el corazón de angustias infinitas, podrá encontrarse la causa y ley en que tan varios elementos y períodos [le eslabonan, como términos de la gran
7 série en que se mueva el ser relativo, impulsado por su doble y esencial constitución de limitada y contingente materia y de espíritu partícipe de lo universal é infinito. De este modo y percibiendo con toda claridad el principio de la relatividad humana, de su principio y su fin como ser contingente, verásela en todo orden, realizándose bajo la acción de la ley que preside á su existencia como totalidad superior, en armonía con la individualidad libre y con fin propio, elemento y factor integrante, que lleva al todo su participación y complemento. III. Examinados los primeros períodos de la vida de la humanidad, aparece por el estudio de sus instituciones, de sus costumbres, de sus leyes, de su religión y de sus artes, el carácter especialísimo de que se halla impregnada y que constituye ley y principio en que descansa y se realiza en todo orden. Consiste en efecto; de un lado, en el partícularísimo social y político, y de otro, en un socialismo absorbente, consecuencia del anterior, que en su combinación daban como resultante UW1 vida parcial, aislada, sobre la base de una incompatibilidad de pueblo á pueblo, pretendiendo ser cada uno personificación entera, total y exclusiva de la humanidad, y completándose este carácter con la oposición interna de la división en clases y personas, términos de la lucha constante, que constituye El mecanismo de la vida de esas edades. Nacía de esto un exclusivismo que impregnaba todas las esferas, lo mismo del orden religioso que del social, político, jurídico y económico. Los pueblos orientales, cuna señalada á la humanidad, el Egipto, Grecia y Roma, constitutivos de la primera edad del mundo como individuo superior, total y perfecto, se informan en ese particularismo social que se manifiesta en su religión, en su derecho, lo mismo que en su organización política" para llegar á idénticos resultados. Véanse sinó bajo el orden social su división en clases sistemática y vigorosamente separadas por infranqueable barrera, (parias artesanos, sacerdotes y guerreros en la India y la China; ilotas y ciudadanos en Grecia; esclavos, dediticios, libertas Junianos, etc., en Roma;) en el orden religioso un culto y unas creencias nacidas y sostenidas al calor de
8 un concepto personal ó local, absoluto, contemplativo é idealista en Oriente y Egipto; humano, variado y múltiple en Grecia; político, esterno y SÜ1 sentido real en Roma, dividiéndose, como interés solo humano, en los cultos y dioses singulares de la familia, el pueblo, la ciudad (ssaora privata, sacra popularia, sacra pública-.) en el orden político atribuido el poder á un elemento dentro de la ciudad y animado fuera de eterna é ineludible guerra; en el jurídico con los especiales conceptos de la propiedad y la familia según la condición de las personas, sin asomo de organización en el orden económico y todo ello encerrado en el carácter que la ciudad impone, sometiendo á su concepto toda, personalidad y todo derecho, apareciendo así todo con el sello de lo particular sin referencia á un algo común, superior é impersonal, que libre del sabor y acento local é inspirado en superior comprensión y alcance, refiriera tan múltiples y variados términos á un principio y último término en que viviera la universal y permanente, lo verdadero y constante. Por bajo y dentro de ese mismo espíritu y carácter, aparece realizado ese particularísimo social hasta en los últimos términos de la serie, siendo buena prueba de ello el estado que el pueblo romano ofrece y (1 ue puede servil' de síntesis del conjunto de esa edad. Roma es en el orden económico, la pensionista del Universo; admite en el religioso todos los cultos para no tener ninguno; en el político llama hostes á cuantos no encuadran su existencia bajo su mU11l1o y poder, proclamando la guerra eterna contra el enemigo, insaciable de dominación y de poder en las ominosas dedicciones. Todo allí, en segundo término, necesitaba el sello de la sociedad ante la que se ocultaba el individuo en todos sus momentos y relaciones, demostrando que no se había visto todavía en su personalidad libre y con fin propio, sino como átomo referido en su existencia á la totalidad social, y por lo que aparece como rasgo saliente el ingénito heroismo de aquellos hombres, sacrificados sin vacilación y sin duda al hien de la ciudad, y conducidos al combate y á la muerte por los mismos seres más interesados en su vida y bienestar. No excluye esta síntesis, ni contradice la coexistencia de un algo superior comun, más aun, universal y latente en la conciencia y sentido de todos esos pueblos, que era indeclinable, porque existe como superior categoría en la razón humana y que se concibe además como término necesario en la serie propia de todo ser contingente y variable.
!) Antes al contrario se anuncian, primero como vislumbre en la razón, después como intuición práctica en los hechos, destellos de lo universal y único, de lo superior y absoluto, que llame así y contenga en armónica relación lo individual, relativo y contingente, presintiendo destinos superiores á que la aturdida razón humana desolada y sin consuelo volvíayá los ojos, avidos de la luz, que disipará las nieblas y oscuridades en que se agitaba incierta y vacilante. La terminación de las luchas levantadas y gigantescas de la república con fin y profundo sentido práctico y con las que acaban los resortes de su vida pública, fundiendo los dos términos de su oposición interior, el patriciado y la plebe, lega á los venideros tiempos el gérmen de una variación profunda en su esencia y constitución íntima, preparación á nuevos tiempos, oposiciones é ideales. Unificado el poder en el Emperador; muerto el sentido y opinión política en aquel pueblo; sin libertades, ni ideales que llenar, sirve solo de masa y mar inmenso, en que la acción misteriosa de lo universal, presentida en la época anterior por el Derecho honorario, cala gradualmente, pero sin cesar, hasta el fondo, unas veces estendiendo el derecho de ciudad, ya por' venta como en los tiempos de Aurelio, ya por interesada concesión general en Caracalla, sustituyendo el concepto de hombre á los de romano y ciudadano; otras anunciando la existencia de un orden jurídico universal en el llamado derecho de gentes y por cima de él en el natural; aquí facilitando la emancipación de los esclavos ó atribuyéndoles derechos que reñían con el riguroso concepto de cosas, que técnicamente les daba; óya informando sobre una base y medida la propiedad y la familia, las sucesiones y los contratos, marcando' en todo dirección acentuada y sostenida á la unidad racional, con mengua y hasta desaparición de lo particular y romano. En el orden religioso ofrece en una forma negativa y por otros caminos la misma resultante dirección á lo general, en que se abrieran nuevos y más ámplios términos de superiores oposiciones. La pródiga tolerancia con que admite .en su templo todos los cultos ytodas las divinidades del universo, que' somete á su dominación y poder confundiendo todas las te agonías y todas las cosmogoníashabía de traer necesariamente el triste resultado de que en su abigarrado conjunto se destruyeran mútuamente, dejando al descubierto su inane y vacuo fondo, que repercutiendo en el corazón del pueblo borraba ~
IG realización humana, abarcando nuevos y más extensos horizontes de vida. Por eso surge como por encanto de la razón humana renacimiento y ejercicio, buscando en sí misma con el afán y el frenesí de nuevos vigores la causa de todo, sin término ni medida, extremando los conceptos y las conclusiones, por el efecto natural de toda reacción en que se camina hasta el exceso. Por eso en segundo término y como realización práctica de esta ley interna de todo lo limitado, ese renacimiento se informa en el principio individualista y libre en oposición á todo lo anterior en que palpitaba lo autoritario y social, para tomar nuevos rum has en filosofía, en religión, en artes, literatura, ciencias y derecho. Ya además, y esta es su nota dominante, se invierte el orden de un modo profundo, que ha de dar carácter á los venideros tiempos; pues se observa, que si hasta aquí los hechos han sido primero que la. razón, de hoy más la razón, con un criticismo dominante y avasallador, se antepone á los hechos modelando el mundo por su empírico proceder, dando de sí en revuelto y confuso reluchar, conquistas y pérdidas, adelantos y retrocesos, brillos y oscuridades, aunque en suma se perciba y reconozca en el fondo de la obra un paso en el progreso al ensanchar los horizontes de la vida (y de la razón.) Elevada por tan complejas causas la vida á ese término superior y comprensivo, invertidos los términos por la anteposición del pensamiento y la idea que dá de sí el plan de la vida, los desarrollos y realización positiva vendrán con todos los defectos y excelencias de ese gran movimiento, y en cada instante y en cada orden aparecerá su influjo según término y lugar y á medida que las circunstancias lo provoquen ó consientan, cual poderoso fermento, que solo espera calor y humedad apropiados que inicien el movimiento. Así en efecto en filosofía destruye el principio de autoridad elevando la razón á la superior categoría de criterio único, aboliendo la. fé, ese inefable consuelo en los abismos de la eterna duda: en religión destruye ese mismo principio, rompiendo todos los vínculos con la. verdad revelada de la que se priva, para sustituir el libre exámen á. todo otro criterio, yendo contra el único poder que más títulos y legitimidad podía contar para fraccionarle y dividirle, encarnándole en la. razón individual, sin término ni medida; y no tardará en efecto en alcanzar la evolución natural de la idea al orden político con la revolución francesa, asi como alcanza al social en que en los actuales momentos l
17 traba la lucha horrenda, que las sociedades modernas presencian atónitas ysobrecogidas de espanto. v. Al examinar el estado actual de las modernas sociedades después de haber hallado en la historia de la humanidad los precedentes y causas que han venido informando su existencia yproduciendo sus evoluciones, impresiona profundamente el poderoso contraste de dos términos yresultados en que gira toda la vida presente. Al lado de los portentosos adelantos del siglo actual en las ciencias fisico-quimicas, con sus múltiples y brillantes aplicaciones á los fines prácticos y necesidades de la vida del hombre; de una producción exuberante de la industria con el poderoso auxilio de las máquinas, notable por sus perfecciones y explendores; de un común derecho que ti todos garantiza la espansión y realización de su ser en todas las esferas y que parecía augurar el más feliz estado de los individuos y de los pueblos, se siente sin embargo en el fondo de la vida un profundo malestar, una constante intranquilidad y desasosiego que perturba el ánimo más sereno y pone en el corazón tristes augurios de desolación y de ruina. Todas las inteligencias ven delante y en incierto porvenir el fantasma de la revolución; pero de una revolución profunda, poderosa, que amenaza destruirlo todo, sin plan ni método, y sin ofrecer siquiera en lontananza la fórmula ligeramente esbozada de futura existencia. Todos sentimos los primeros movimientos de esa poderosa acción que se inicia, y toma cuerpo, y crece de momento en momento con álito devastador y pujante, y sobrecogidos de espanto presenciamos los ataques que airada la mano de lo desconocido dirije á la propiedad y á la familia, á las sociedades y al individuo, conmoviendo en sus asientos lo que hasta aquí parecía inconmovible yseguro. Todos en efecto sentimos las pulsaciones de un positivismo materialista que informa los actos todos de la vida matando nobilísimos resortes, rebajando los caractéres á un nivel Ínfimo y desconsolador, pervirtiendo la opinión y criterio, y sin otros horizontes que los del goce material é inmediato, sin ideales levantados y puros que estimulen á los grandes hechos y falseando la base de las relaciones de todo 5
18 orden. Se manifiestan estas direcciones en las regiones superiores por la supremacía absoluta que cada pueblo pretende en mengua de los demás, á quienes somete sin razón, ni justicia y solo por el derecho del mas fuerte; en la aspiración al poder por modos meramente formales y sin sentido real, rompiendo el dique á las ambiciones ilegítimas y bastardas: pretendiendo en el social la universal nivelación, matando, en vez de organizar, el derecho de propiedad; relajando los vínculos en la familia y desquiciando en fin la vida por la violencia del afan en acaparado todo, disfrutándole sin término ni medida y como si nada quedara de hacer en el lado del deber y del bien moral, cuya noción embebida en la utilidad grosera anula y mata toda aspiración noble y levantada. Por eso no tiene el problema el corto alcance ni se refiere tan solo á un orden, como por algunos se pretende, no viendo otras manifestaciones que las del orden económico representadas en el creciente pauperismo por los movimientos convulsivo s de la desnudez y miseria del llamado cuarto estado, que pide plaza y asiento en el presupuesto de la vida y requiere á las sociedades y á los pueblos para que le franqueen la entrada en las esferas del poder y de la Gobernación del Estado, sinó que alcanza y comprende todas las demás esferas y clases en agitación latente, pues como la historia nos enseña, ese cuarto estado ha podido vivir sin constituir una amenaza para las sociedades y esperando sus naturales desarrollos y ascensos graduados, cuando se ha movido en una sociedad libre de las concausas que afectan á la presente, 6 vigorizada por lo menos y firme en otras esferas. Si acaso y sin acaso, sin darnos cuenta, todos contribuimos á la obra gigante, y todos en ella tenemos nuestra responsabilidad; porque en más ó ménos estamos influidos por las mismas causas y en tonos más ó ménos salientes contribuimos á la acción comun, que sin embargo nadie quiere dada paternidad, atribuyendolo con apasionado y egoista espíritu á todos los demás. Véase sinó cada uno en el fondo de su conciencia, unas veces cobarde contra la injusticia y el desafuero, otras egoistas del bien aparente é inmediato á costa de humillaciones y aun iniquidades; aquí midiendo su conducta por la regla de la utilidad y la conveniencia y siempre informando la vida en el corruptor principio de que el fin legitima los medios y juzgue por ello de lo que debe haber en la resultante social. Ah! si el hombre y las sociedades atendieL
19 ran al Iado del deber con la mitad de los afanes y energías con que persiguen y proclaman el derecho, otra sería ciertamente su altura en la escala del progreso y podrian mirar el porvenir tranquilos y satisfechos; pero lejos de eso, lo que se vé y se toca en todos los momentos y en todos los órdenes es la mirada y la ambición fijas en el lado del mal llamado derecho, amortiguando ó desoyendo las voces del deber ó apartándole del paso para que no estorbe al logro de un grosero materialismo. Si el problema es pues amplio, comprensivo de todos los órdenes y de todas las actividades, y por eso trascienden sus ecos de convulsión y agonía á todas las esferas, no podrá menos de revestir tan gran volumen y alcance el examen de la extensión y valor de sus causas generadoras, que en su compendiosa esencia determinan por acción directa ó al menos como estímulo ese resultado general. Figura en primer término como causa el fondo general de la filosofía de la edad moderna, dada la iniciación en el llamado renacimiento, desde cuyo momento de más en más ha venido constituyendo dirección primero de las inteligencias y ley después de los pueblos, para hacer cierto el aforismo de Rousseau de que la razón informa la historia. Una vez lanzado el principio absoluto de la razón individual como único criterio, y de la libertad como única forma, que en sus primeros movimientos rompe la unidad religiosa, borrando del todo el principio de autoridad, la progresión se acentua, ya en la aplicación de estos principios á las demás órdenes sociales, ya en el desarrollo de su propia esencia hasta alcanzar sus últimas manifestaciones en el mas puro y perturbador determinismo, en cuyo fondo no queda del ser racional mas que el juguete del acaso y de las circunstancias, que se mueve en las sombras y por el impulso fatal de una materia que lo abarca todo y en que todo termina. Los sistemas filosóficos de la pensadora Alemania, como los de Inglaterra y Francia, cada serie con sus rasgos yespecial carácter de especulativos é ideales en la primera, prácticos y de sentido real en la segunda, eclécticos en fin en la última, todos por una ley de atracción convergen al mismo punto y conducen directa ó indirectamente y en último análisis á un verdadero materialismo bajo todas las formas y tendencias. La influencia de todas estas doctrinas era lógica y necesaria;
1 i 20 debía trascender y trascendió, primero á los órdenes superiores y después al sentido y fondo general del pueblo, que al fin en su aplicación inmediata iba ganando un nuevo estado de relaciones y provechos, superior á aquel en que se hallaba postrada, y por eso se ven sus inmediatos y prontos resultados en todos los órdenes, dando de sí en el instante la revolución francesa, que corre toda la escala del movimiento sin término ni medida, hasta provocar con sus excesos la reacción más poderosa. De otro lado en segundo término y como consecuencia de este poderoso precedente, el lado económico de la vida de los puehlos recibe el influjo de las nuevas doctrinas, también sobre la base del individualismo y de la Iibertad, devolviendo á estas esferas la propiedad del suelo acumulada, corporativa y amortizada, ofreciendo una masa enorme de valores y capitales, en cuya difusión entran como partícipes casi exclusivos los últimos términos de la clase media, para elevarse rápidamente á la posesión de bienes materiales, quedando casi vacío su lugar en la escala de las clases sociales, con insondable abismo de separación del último estado, estimulado así por el espectáculo que se le ofrecía de relegarle al olvido en la participación de lo que podía considerarse como la fortuna social. Las teorías económicas, en las tres grandes fases que en esta edad recorren, de la escuela de la balanza, la fisiocrática de Quesnay y especialmente la del trabajo planteada por Adam Smith COIl el sentido práctico propio y característico del pueblo inglés, daba ademas la medida al último estado y brazo social de su importancia en la produccion y el principio de su derecho á la participacion en la felicidad comun, que habia de producir necesariamente en sus ánimos el natural deseo de esas participaciones, á que encaminaba con poderoso estímulo el ejemplo del tercer estado, que le habia precedido en el orden de los tiempos, y que tan rápidamente se había encumbrado, adquiriendo por todos estos modos sentido propio y aliento para reclamar un sitio en el general concierto y en los goces de la vida, que veía era el último fin y criterio de todas las clases. Todavía y si á esto se hubiera limitado, habria realizado una justa y natural aspiración; pero el mal estaba en que estos primeros movimientos del deseo, este primer atisbo de su derecho no era completo, ni tenía su fórmula cierta de realización, ni tampoco podía cumplirse con la rapidez que la vehemencia del deseo imponía, y lo que en sí llevaba un fondo de justicia,
.. 21 se desautorizó por sus violencias, sirvió sólo de pantalla y escabel á torcidos propósitos, pero quedando sin embargo como poderoso fermento, pronto á desarrollarse en condiciones dadas. En tercer lugar la intuición natural del pueblo y de la razón comun tenía necesariamente que aceptar los rumbos de esa filosofía, de ese fondo de doctrinas repetidas diariamente y á toda hora pretendiendo informar las instituciones y los hechos generales de la vida, y acomodar á su natural influjo su conducta. Este pueblo que veía rota ó maltrecha la autoridad y por ello el fondo social de tradiciones, intereses y poder botin de los primeros; ese pueblo rodeado de una atmósfera de ateísmo y materialismo positivista, y á quien además diariamente se enseñaba que su razón lo podía todo, y que su individualidad estaba por cima de todo, desligándole de toda religión y de todo vínculo, dejándole sólo como norma la, utilidad, y como fin el bien material, sin subordinación, ni al bien de todos, ni menos á un concepto superior y general, tenía que perder el sentido moral, que había de trascender de su propia y personal concepción, á la aplicación en todos los ordenes de la vida. Por eso y con tales prernisas, las consecuencias eran lógicas: ese cuarto estado se alza poderoso y amenazador, exigiendo residencia á todos los demás en la posesión de sus derechos, pide los títulos á las demás clases de sus disfrutes, y al presentar como el mejor justificante de su aptitud y de sus reclamaciones las mismas doctrinas que esas clases habían predicado y practicaban, apostrofan duramente y exijen la reparación de las que juzgan verdaderas iniquidades sociales. Por lo demas y todavía en el orden de los hechos, no podía pasar desapercibido para ese pueblo el estado de profundo desequilibrio en la distribución de los productos sociales, porque en él ocupaba el puesto de la miseria y de la desnudez enfrente de la abundancia y el lujo en que gozan otras clases sociales; y esto tenía que labrar en su ánimo, desprovisto ya de sentido moral y rotos los diques de la religión y del derecho, al par que las iras vengativas contra lo que se le mostraba como una injusticia, el deseo y el afán de cambiado todo, hasta conseguir esa ansiada posesión de bienes, condensando sus aspiraciones en el fascinador principio, de que nadie tiene derecho á lo superfluo mientras uno carece de lo necesario, con que en la revolución francesa se sintetizaba el más destructor individualismo y contra derecho. 6
22 Viene como concausa al par que como efecto en el orden económico un fenómeno, que cada día se repite con mayor frecuencia y pernicioso influjo en la regular marcha de la vida del trabajo, ofreciendo en el desequilibrio del momento la llaga que atiza en sus convulsiones y dolores los furores de la miseria. Las crisis industriales, consecuencia necesaria de una producción solo inspirada en los alientos de una concurrencia sangrienta, traen en pos de si las calmas borrascosas del trabado, en que todos sufren y se conmueven, los capitales que se estancan en ocio letal de muerte, y los brazos desocupados y hambrientos, para quienes el ocio de un día dibuja la miseria y la muerte en el siguiente, ofreciendo gravísimos problemas al político y al Estadista en la necesidad de ofrecer soluciones y remedios á situaciones tan críticas, que en su duración y desenvolvimiento trascienden enseguida al orden general. Entra tambien como causa del estado presente la falta casi absoluta de instrucción y de educación de ese cuarto estado, dispuesto asi á Ianzar se sin freno, ni contentivo alguno en el camino de la violencia y del exceso sin otro fin, ni criterio que el de una inmediata utilidad, que al menos temple los rigores de su miseria. Limitado á una existencia puramente material, sin acción ni movimiento sus facultades superiores, por las que únicamente puede elevarse á su propio conocimiento, carece su voluntad de todo racional dictado y solo obra impulsada por el estímulo de un verdadero instinto, casi siempre ciego ó irreflexivo. En él, por esta causa, no existe la noción superior del deber, sinó á lo más la necesidad del cumplimiento de la ley positiva impuesta por el temor de la pena, contra la que se revuelve airado cuando divisa una impunidad probable; y en el se ven limitadas todas las esferas de la actividad humana hasta el extremo en muchas ocasiones de una verdadera abyección, sin mas fines que los de la existencia, material y sin ideales que animen ó alienten su espíritu. Finalmente, aparece también en ese fondo que estudiamos una circunstancia, que figura como factor importante en el problema y en la que debe buscarse principalmente el remedio inmediato: tal es la organización actual de relaciones en el orden social, en el político y en el económico, con sus naturales trascendencias á los demás con que se eslabonan y corresponden. Fundada en los elementos de vida y acción reconocidos por los anteriores estados históricos; sin sitio, ni lugar en L
•• l 23 que el nuevo estado ó brazo social quepa y se mueva con amplitud bastante para su total desarrollo en la vida, ofrece el natural desequilibrio producido por la fuerza que este último elemento hace para procurarse asiento y lugar, conmoviendo la masa total de un modo profundo. y no es que informe nuestros juicios un desolador pesimismo por el cual lleguemos á creer que está inmediato el último momento para la humanidad y su historia, y que en ese fondo no existe una cantidad apreciable de bien y de esperanza, de progresos y energías poderosas, fuentes de felicidad y bienestar. No: creemos con firme convicción que el estado actual es superior á las edades pasadas: creemos que la resultante final de la época moderna no admite parangón con las de edades anteriores, porque en ella vemos al hombre y á la humanidad moviéndose libremente en relación omnilateral en busca de su bien; pues si con equivocadas direcciones ó esclusivismos fatales el inmenso movimiento de esa masa enorme asombra y amenaza en trascendencias incalculables, al fin en ello mismo se percibe la unidad superior, la ley de 10 universal, el total concierto de los pueblos enlazados en una superior concepción de su destino, en aspiración para la vida de un derecho, que el corazón siente y la razón conoce como ley única, que funde á todos en un solo ideal y pensamiento. Abrigamos fé profunda en la instintiva noción del bien, que la Providencia puso en la humana condición como fin de la mas preciosa de las facultades que le atribuyó y que se há cumplir en los tiempos como ley del mundo y de su historia; como la tenemos en fin igualmente firme en la inextinguible virtualidad y eficacia de las enseñanzas del Cristianismo que no pueden quedar sin realizarse, acabando la gigantesca empresa y labor de la salvación de la humanidad. Lo que importa y hace al caso; 10 que constituye el fondo del problema, es conseguir que esa acción poderosa y mal dirijida vuelva á sus cauces, ó no siga equivocados senderos, que alejen la vida de su verdadero camino, haciéndola retroceder y obligándola á comenzar de nuevo. Lo que importa y puede constituir la solución del problema es realizar el surge ei ambula del Evangelio, pero con paso mesurado y atento á salvar los precipicios en la marcha, fija siempre la mirada en el norte del bien, cambiando el concepto y el hecho de la revolución por el de la reforma prudente y con medida y regularizando el movimiento y la acción en superior armonía.
24 Preciso es para ello que todos en la obra comun pongamos nuestro esfuerzo llevando al acerbo general voluntad y direccion en la medida y término á que el general concierto nos obliga, y que individuos ypueblos adopten posiciones para detener el descamino y el error, en la seguridad de que todo en este sentido es uti1 ynecesario, por pequeño que en su aislamiento individual parezca, pues por lo menos removerá obetáculos á superiores acciones, que de otro modo hallarían resistencias y oposiciones. VI. Para lograr tan importante resultado es en primer lugar necesario que la vida y la acción se encaucen mediante equilibrio y armónica relación de los dos factores que al hombre componen. N o es solo individuo, no está desligado bajo este aspecto de los demás; no lleva en sí la totalidad de su asistencia; en un ser relativo, que reconoce como limitado un principio y necesariamente por sus propias facultades alienta y contiene sus respectivos fines; unido á los demás hombres por su origen ypor su íntima constitución esencialmente de relación, el conjunto en que se funde y realiza es término en él ineludible á que debe su concurso y en quien se participa y compenetra. Pero no en simple formalidad de que el todo se manifieste sin esencia y sustancialidad propia, sin organismo real y contenido positivo; si nó por el contrario constituyendo existencia yvida positiva, con personalidad y accion directa, con organización y movimientos propios hacia un fin que es el de todos; con derechos en fin ó relaciones en que entran dos términos, sus propias facultades como causa, sin naturales fines, como objeto. De acuerdo con este racional concepto del hombre y la Sociedad la intuicion humana le ha realizado en la historia y se siente en todos los momentos: la comunidad de origen y de lengua, las glorias y los amargos recuerdos, el carácter y actitudes, la geografía y los intereses de todo género, porque en poderoso lazo se unen por modo misterioso los hombres, sintiéndose en la individualidad como poderosos estímulos y como patrimonio además que se atribuye, demuestran que vive en el todo y que ese todo es distinto sin embargo de cada uno en la realizacion del algo universal que al hombre anima, y
25 que le lleva de grado en grado á la última y superior unidad que á todos abarca y comprende. N o son, no pueden ser por ello y lógicamente pensando términos opuestos en la esencia y en el fin, aunque puedan serlo en la forma, la sociedad y el individuo; son términos esencialmente simpáticos, unos en su fin y facultades, llamados por propia esencia y atraecion poderosa á una sustancial armonía, único estado en que ambos se cumplan y realicen, y que solo formalmente pueden aparecer discordes úopuestos momentáneamente y cumpliendo la ley de la variedad. Pretender dentro y bajo esas formas anular ó someter uno de los términos, es pretender lo imposible, y siempre dará de sí el triste resultado de todo desequilibrio, sin que jamás se llegue á la armonía que supone la coexistencia de términos varios entre quienes quepa respectiva condenacion al fin único. La supremacía ó absoluto predominio del individuo rompe todos los vínculos, corta toda relacion y descompone el conjunto, cerrándose su camino y bien y anunciando el desorden y la anarquía. En el lado y tendencia opuesta la acción se precipita en el despotismo, negando al elemento su accion y fin propio, y anulando en la individualidad los resortes de su propia vida. Por eso en la historia de la humanidad se vé á los pueblos antiguos concluir sin conseguir el fin último, sinó solamente uno inferior y parcial, teniendo que buscar la razon humana en lo general opuesto el sentido de su historia, las aspiraciones é ideales; y en la, época de la reforma el criterio individualista dá de si el desorden, primero en el orden religioso y despues en el órden político, social y económico. De otro lado y en perfecta y estrecha relacion con esto, la accion libre del ser no comprende, ni significa un concepto absoluto y sin limitacion. La libertad como forma de la voluntad en su ejercicio lleva dentro de su propia esencia, como eterno principio de autoridad, su propio fin de bien, ya en sí como inmediato de la voluntad, ya en las demás facultades como factores coexistentes, que exijen la reciprocidad de accion y de movimiento en dirección constante á la unidad comprensiva del ser. De modo que tambien esta facultad está sub.irdinada á su propio fin ypor ello supone el orden; y el orden, autoridad y regla que la dirige yencamina señalándola derroteros á la armonía. Así también y bajo esta relatividad esencial de la humana condicion en que por lo tanto nada es absoluto, en que todo es término y condicion para lo demás, aparecerá siempre como modo esencial de la exis7
• 32 elaboradas primero lentamente en la esfera del pensamiento, piden despues su realización inmediata y rápida con los tonos de la amenaza, con el peligro de la conmoción profunda. En este aspecto y aparte de inferiores dasarrollos en 108 diversos órdenes, podemos desde luego fijar la atención en dos consideraciones de carácter general y sintético comprensivas del fondo verdadero y del método para su resolución; porque si entre las varias manifestaciones del problema figura en primer término la vigorosa y acentuada pretensión de un brazo social á la participación en todo derecho y relación, sobre una base de absoluta igualdad, perturbando el orden existente, es absolutamente necesario examinar la justicia que haya en el fondo de esa aspiración fijando sus límites, y señalando en segundo lugar los medios aplicables para su realización. Hay en efecto, y con relación al primer punto, el principio incontestable, que la historia con sus enseñanzas acredita, de que toda clase ó interés necesita sentir su peso é importancia en el orden social, para aspirar á la justa y legítima intervención y participación en la vida y orden político. La plebe romana, que se recuenta en sus luchas de la república, que se llega á ver como elemento de poder y de dominación en las tribus y en las legiones, reclama la participación del poder del absorbente y exclusivista patriciado, obteniendo primero á su lado los cargos públicos, y consiguiendo despues por la ley Media completa nivelación del poder legislativo, sin que su razón supiera comprender, ni mucho menos defender iguales aspiraciones en el orden económico, abandonando á los Gracos en sus proyectos agrarios, que realizados acaso hubieran cambiado la historia de Roma. El clero y la nobleza, representantes en la edad media de los intereses superiores de la Religión y la defensa del territorio que lleva vinculada la propiedad del suelo, por cuyos títulos disfrutan una participación en la vida política, tienen que hacer pla.za al estado llano, cuando este se vió representante de la producción y del trabajo, interesado en la defensa tambien del territorio 6 de otros intereses superiores. Bajo esta base no es aventurado anticipar que el cuarto estado de nuestros dias, en que por una evolución natural de los tiempos aparece algo de lo que su superior tuvo en la edad media, representa tambien un interés social superior, que aunque referido antes de todo al lado y aspecto económico, trasciende al fondo y resultante social. Si el trabajo no es la única fuente 1 _
lSa, os es el 3S 11, ~ v, .o tr 1e a y El. 1 s L 33 de producción, es una de ellas, en perfecto nivel con las demás, con las que se une en misterioso lazo como la sombra al cuerpo y á la luz, y es preciso reconocer, por lo menos en principio, que ese cuarto estado representante de ese elemento, poseedor de una fuerza productora de que no se puede prescindir, aunque se la rebaje ó limite por el poder de la inteligencia humana condensada en la máquina, es y constituye una clase que representa y encarna un interés importantísimo en la sociedad, con derecho por lo tanto á una participación en la resultante social. Y no se eluda esta conclusión general pretendiendo limitada al solo aspecto económico, por deducirse de premisas do esa naturaleza; porque en la cualidad de integrante que este tiene comun con todos los demás, sus efectos siempre y necesariamente trascienden á la totalidad de' aspectos sociales; y porque en segundo término y en caso contrario la propiedad del sueJo ó los capitales de toda especie deberían limitar también su participación á la esfera económica. reconociendo que hasta el presente 8e han adjudicado la suerte del león de la fábula. N o: lo mismo estos elementos que aquel, tienen una doble manifestación; la inmediata en el orden económico y la mediata final y necesaria en la sociedad, y su importancia corre parejas, ya que sea bien dificil suponerla mayor en uno que en otro. Lo importante despues de haber sentado la anterior conclusión, es realizar en El orden positivo ó social ese principio con fe en su verdad intrínseca, con ánimo decidido y sereno para fijar su estensión y desarrollo dentro de los justos límites, sin dejarlos vacíos por las vacilaciones de su ánimo temeroso, y sin excederlos por la, imposición del miedo y á reserva de negarlos en cuanto parezca dominada la tormenta; que no hay nada que más dañe á la razón y á la voluntad del pueblo que la injusticia, ya sea por defecto, ya sea por exceso. Para ello se ofrece también como consideración general y que un momento hace indioábarnos, la de que consistiendo el peligro en la exigencia de una clase social, que considerándose enemiga del orden busca en él posición y sitio, lo útil será interesarla en ese orden ligándolu á él por su propia conveniencia, al par que con sentido moral que se lo haga conocer; porque por igual sistema terminaron las pretensiones de otra clase en pasadas épocas, cuyo vacío ha venido á llenar en parte la que ameuasa y reclama. Pero es necesario advertir que al emplear ese procedimiento en las actuales circunstancias ha de ser con total y definitivo al9
34 cance, que ponga término y cierre la puerta á nuevas reproducciones, porque de otro modo solo se habría conseguido dilatar óevadir, no resolver la dificultad. Por eso, si siempre han de existir las categorías y clases sociales como realidades de la vida varia y múltiple, como necesidad de la naturaleza ycondición humana, lo que importa para el fin apetecido, es que de un lado los términos de esa clasificación social no trasciendan de su propia esfera á las demás, vinculando poder, propiedad, capitales ó derechos, y estableciendo desigualdades de concepto y valor en el balance de la vida, sino que en todas quepa participación proporcionada á los elementos de acción libre, inteligen .. te, etc. para conseguida, porque así el cambio de posición y clase social no pasará nunca de la categoría de hecho individual, sin consecuencias en los demás órdenes ó esferas, desapareciendo el estímulo que conduce al cambio yá la lucha. A partir de estos antecedentes y entrando desde luego en el exámen de los aspectos varios en que puede realizarse la reforma, sin duda alguna necesaria como satisfacción á un fondo de justicia que se percibe en las pretensiones indicadas, toca en primer término atender al orden social, bajo el punto de vista de las relaciones posibles entre la sociedad y el individuo, ya que en otro sentido ese orden social abarca el conjunto como resultante de todas las demás esferas. Es en este orden necesario organizar sólidamente las relaciones entre la sociedad y el individuo sobre la doble base del fin superior y único que áambos toca cumplir en la vida humana y de la condicionalidad esencial de esos dos elementos. No es, ni puede ser cada uno un enemigo del otro, sino por el contrario simpático, y al realizar ambos sus respectivos movimientos, siempre encaminados al fin superior humano de la realización del Derecho, no han de verificarlo de modo que perturbe Ó contraríe al resto, sino por el contrario, que le auxilie y ayude en su desenvolvimiento. En este supuesto y sentido, toda relación se basará en la esencial igualdad de los individuos y de las clases, para que á la manera que se borraron para siempre privilegios de concepto ó monopolios de derechos, que informaron la vida en edades pasadas, desaparezcan los restos que aún quedan, siquiera bajo la forma de preocupaciones ó prejuicios sociales. Por el mismo principio es necesario aceptar corno base de organización social la igual dignidad de todas las facultades y actividades humanas, no solo en el orden de los -
es, no las no ira ón JOde pa n- :al as llá1Il ;e Jr 'e II 11 1e J ) '- 35 principios, sino en el de las consecuencias prácticas trascendentes á todos los órdenes y consistentes en la admisión de todas las clases y de todos los individuos á una común participación en el beneficio social, sin exclusiones morti:ficantes é injustas para unos, ni privilegios y exclusivismos en otros. Nadie sin embargo vaya á creer que al consignar estas indicaciones palpita, ni menos asoma en nuestro pensamiento la triste y errónea aspiración de una absoluta nivelación, que alcance á la esencia y á la forma, borrando lo que no puede borrarse, sometiendo la necesaria y múltiple variedad á la unidad real y absoluta: por el contrario, entendemos que esa igualdad solo se refiere á la esencia, no á la forma en que aparece la proporcionalidad y en que es racional y necesaria variedad de modos para su realización, pero siempre en el bien entendido de que ese aspecto no absorba y niegue la esencia, que es su contenido. Afortunadamente en la presente edad vive ya esta idea y pensamiento, en el orden de los principios y también se ha realizado prácticamente en las instituciones; pero es de notar que todavía queda camino que andar en este aspecto de los hechos, para que la conquista en el orden del derecho y de las instituciones trascienda á todas sus manifestaciones y cale hasta la particular opinión y sentido de manera que no discorden el supuesto legal y el concepto social, hoy todavía dirigido por la preocupación de apartar clases de clases, individuos de individuos, atribuyendo valores diversos á cada uno. Cierto es que este resultado debe esperarse principalmente de la instrucción y de la acción constante que las progresivas relaciones de los hombres ejercen, borrando entre ellos barreras y deferencias, preocupaciones y prejuicios infundados; pero algo puede y debe hacerse en el mismo sentido y de un modo directo é inmediato, facilitando el ingreso ti todos en el ejercicio y realización de esas facultades, pudiendo servir de ejemplo que lo demuestra lo que está ocurriendo con el trabajo en ciertos órdenes, no organizado todavía, relegado al olvido en la representación y sin sanción ni regla, que al par de su consagración, :fije sus relaciones con otros órdenes y le asigne puesto en el equilibrio de la distribución social. De todos modos y siquiera por medios indirectos, será conveniente aspirar á que esas relaciones de carácter social se cifren en el principio de una armonía, en que sociedad é individuos se vean en la idea y en los hechos hermanados y unidos por estrecho lazo,
36 que no comprime ni ahoga, sino que asocia y une para el bien común imposible de otro modo, y bajo el cual se avalore y sobresalga la noción del deber como el mejor modo y aspecto del Derecho. Vienen en segundo término y en relación con ese orden social tan intensa como la del todo y la parte, otras esferas superiores en que se percibe también la necesidad de la reforma en gradación y respectivo paralelo que las acomode á una resultante superior, y no en verdad en el orden é importancia que la aspiración acentuada las marca, influida por un equivocado individualismo, sino en otro muy distinto basado en la significación y trascendencia de cada una, siquiera hayamos de reconocer en todas su acción eficaz y poderosa. Todos los deseos y todas las aspiraciones se condensan con acerado empuje en el orden político, como si de su reforma, en el sentido que se quiere hasta con la violencia, dependiera pura y exclusivamente la felicidad social, cuando acaso por ello mismo se dificulta grandemente. Sin que sea lícito dudar de la importancia de este orden; sin que queramos el imposible de que se prescinda de él, no creemos, no podemos creer que sea la panacea con que se remedian los dolores sociales y en la que se condensa la fórmula de una felicidad. Organismos políticos ha habido en la historia de la humanidad bien distintos y varios, que en momentos dados, cuando la armonía en otras esferas ha reinado, han permitido grado de progreso y bienestar á los pueblos: y sobre todo, poco importa el llamado derecho, sino encarna una realidad, sino se refiere á un orden armónico, porque será forma y vana apariencia sin sentido y sin fondo, con la que el hombre, muy satisfecho acaso de su fingido poder, verá que falta el suelo bajo sus pies y que sus miserias y dolores continúan más graves y profundos. Ni tampoco puede aceptarse la dirección en que esas aspiraciones se presentan, porque la reforma de esa esfera debe hallarse en otras muy distintas, en que quepan principios y consecuencias que se excluyen ó anulan de otro modo. Todo el afán y toda la pretensión consiste en la extensión del sufragio al último estado, variando la base y el origen de la soberanía eucarnándola en un concepto individual, sin otra forma, ni correlación que el personal criterio, y como si no hubiera por cima ó al lado por lo menos algo tan real y positivo, tan importante y respetable como esa voluntad disgregada por su multiplicación al infinito. ~ l i 1 i ~ j 1 I1
m 0m ,e 70 m la lo le )- m in 1, :a 1- .8 :8 o 11o 8 o o )- s s 18 :1 n '- '1 37 . Nadie se cuida ni atiende del lado de la forma en el ejercicio de ese ansiado derecho, como ni tampoco de examinar si en ella debe figurar el concepto de clase en vez del concepto de individuo: nadie, en fin, vé que aun concedida y satisfecha esa aspiración sin otras simultáneas modificaciones en ese orden, sería del todo inútil, más aún, sería contrapr oducente, porque sustituido el criterio del número al del valor relativo de los elementos sociales, el movimiento se precipitaría, en vertiginosa caída del lado del desorden. Por ello es necesario que con sereno juicio se busque el punto en que se halla el mal, para atender allí con el remedio; y en este sentido, parécenos co nven ient e observar en primer término, que si la individualidad tiene un valor absoluto, que no debe desconocerse, no puede sin embargo co nsidcrarr e ccmo la unidad típica en la esfera que nos ocupa, porque entonces la suma de ellas sería igualmente absoluta, dando como simple forma y criterio único el número, en el que desaparece lo relativo y condicionado de ese mismo individuo, que se anula así en su aspecto social ó referido. En segundo lugar y partiendo de esa base, las in dividualidades entran así y sin otra representación que la de su propio ser en un organismo, en que los factores necesitan representar intereses relacionados, que buscan su respectiva colocación en la serie orgánica, ó hay inconsecuencias en esas pretensiones, yá al fundarlas en el concepto de clase; ya en sentido contrario, no dando al sufragio la absoluta universalidad en la que se comprenda todo ser racional, sin distinción de sexo, ni de edad. N o: el número no puede ser, no es criterio, ni de verdad ni de derecho, y solo como medio supletorio en la deficiencia humana puede admitirse; la individualidad, ni existe sola, ni en absoluto, ni se puede borrar la relatividad de su existencia y el organismo político, que no debe consistir en otra cosa que en la ponderación y equilibrio de todas las fuerzas sociales para fundar en razón la personificación del poder en la vida de los pueblos, no puede aceptar como unidad típica al individuo como tal individuo y por su solo valor esencial, sinó como encarnación de un orden de intereses y fuerzas sociales, que debe concurrir al acerbo comun en derechos y en deberes, á cuyo lado quepa todo otro interés y fuerza que en la sociedad pueda existir, si quiera no se esteriorice en la forma de individuo, de ser determinado y material. Es por esto absolutamente lógico volver atrás en ese cammo y lO
38 supuesto sustituyendo á la base individual la colectiva de intereses en racional igualdad, en perfecto nivel y sin exclusión de ninguno, para que todos, como los verdaderos factores de una resultante total en el orden práctico y de los hechos, se comparen y relacionen, se unan ysubordinen formando un total y perfecto organismo por su esencia y por sus manifestaciones. Así y ya en el orden de consecuencias prácticas, se alejaría por lo menos, si es que no se corregía del todo, un vicio necesario, ineludible en la organización política sobre la base de la individualidad como tipo, y que entraña la más poderosa causa de perversión en este orden; porque al múltiple, variado y siempre inconexo criterio individual, solo informado en la personal y muy limitada inteligencia humana, expuesto por lo tanto á todas las decepciones de la ignorancia, del egoismo y de otros mil estímulos análogos, que á falta de algo superior y general les dirigen, sustituiría uno más general y amplio, en que lo personal se funde por propia conveniencia, dando al individuo norma y regla cierta con estímulos más levantados y más libres además de una corrupción, bien fácil ó al menos muy posible cuando puede aparecer el personal egoismo. Separad al indivíduo del conjunto; desligadle de los vínculos que le unen con la clase á que pertenezca, dejándole solo y libre y es seguro que inspirándose en su propia conveniencia llegue á términos y conclusiones perniciosas para los intereses de esa clase, suscitando el conflicto y la lucha: mas si por el contrario se le encuadra y coloca dentro de ella, su acción y tendencia hácia el propio y exclusivo bien se detiene, ó al menos se modifica por el contrapeso de lo general y superior, en lo que al fin y por contener ese mismo bien conviene y cede. De otro lado, se siente también en este aspecto y esfera la necesidad de una reforma, que no afecta en verdad á los principios, ni á la esencia, sino al procedimiento. Más que de errores sustanciales en el contenido de las actuales organizaciones políticas, dependen sus funestas consecuencias y tristes resultados, de un vicio nacido también al calor del individualismo corruptor: vicio que todos sentimos y deploramos: vicio tan arraigado y profundo, tan general é incorregible, que ya nos mueve á risa, en que se vierte á raudales un indiferentismo de muerte y en que se retrata la relajación profunda de todo vínculo é interés social. Consiste en efecto ese vicio en que las organizaciones políticas carecen de sentido real y de verdadera sustancia, cubriéndose pa el ni bl ni ql SE pl fE Ir el 1 1 1 . l..... [
'1 ti. ,J 1 f 39 en ellas ese inmenso vacío con una forma vana, que sirve pi:Lra todo y para todos, sin representar nada; y bajo la cual pasa con sello de bueno y aceptable, lo que es incomprensible ó vicioso. El voto de los pueblos, la independencia de los poderes, la responsabilidad de los gobiernos y hasta las relaciones entre las naciones en el llamado derecho de gentes, son conceptos casi puramente formales y sin realidad en la vida positiva, porque en sucesivas evoluciones de lo que pareció principio aceptable en el arte de gobernar las sociedades, consistente en que el sentido práctico templará los rigores de la idea y del sistema, se ha llegado á la abominable conclusión, que ningún labio pronuncia, pero que todos los hombres sienten y practican, de que en ese arte de regir las sociedades llamado política, no hay ni se necesita criterio moral, sino que el resultado justifica los medios, siendo el más sabio y el mejor aquel que más pronta y fácilmente le alcanza. Urgente es que esto termine: indispensable que esta corruptela desaparezca, restableciendo el criterio de moralidad en todos los términos de este orden, que no puede marchar en tan equivocados caminos y sin la verdad en su esencia y contenido; porque de otro modo á cada paso aparecerá la lucha y la colisión en constante aspiración á nuevas formas, sin resolver nunca la dificultad; y solo á cambio de tan radical reforma puede esperarse que las sociedades se informen de una opinión y sentido general cierto y poderoso para evitar el cambio fácil y sin resultado. Al lado del aspecto y orden político aparece el Ilarnado económico de superior comprensión y alcance, en que han venido á refluir todas las consecuencias de los demás dándole colorido y tonos sombríos, precisamente porque en él aparece la realización práctica de la vida, los hechos con su lógica irrebatible y con su necesidad imperiosa. En todos los demás domina el aspecto ideal cuyos resultados ó deficiencias, aunque importantísimos, admiten dilación y espera, sin que su necesidad se imponga de un modo vigoroso y apremiante, porque los intereses que entrañan admiten gran amplitud de términos y evoluciones, y su resultante por ello puede ser varia, sin que afecte de un modo profundo é inmediato á la vida social. En este domina la realidad que se manifiesta en los hechos, y sus términos se condensan fácilmente en los dos de una cruel disyuntiva, que no admite término medio, porque el fin que los enlaza es el de la existencia que no consiente dila-
cion, DI progresiones, siendo imperiosa é irresistible su imposición. Así, las sociedades han podido transigir y conllevar situaciones más ó ménos defectuosas en su organización política, en sus instituciones jurídicas y hasta en su fondo social, sin sentirse estimuladas á obrar contra ellas, porque al fin la reforma posible á que legítimamente podían aspirar en estos órdenes de vida admitían esa espera sin comprometer la existencia de ningún individuo, ni de ninguna clase; pero en el momento en que el orden económico aparece alterado, la sociedad se conmueve profundamente y exige en el instante reparación y auxilio, porque surge inmediatamente el dilema de existir ó no existir determinadas clases, que no necesitan de grandes perfiles en sus juicios, ni de estensos razonamientos para sentir y demostrar su mal, porque la triste realidad habla por ellos y por ellos apremia exigiendo solución y remedio inmediato. Por esta misma razón se observa y hasta se justifica que la atención general se fije de ese lado y orden con preferencia á todos los demás, hasta el punto de que para muchos estos pasan desapercibidos, creyendo que la tormenta solo ruge y se desencadena en aquél. Grave, gravísimo es este lado del problema y digno sobre todo encarecimiento de profunda atención y estudio, porque no solo vá envuelto en él un superior aspecto del fin humano consistente en la realización del Derecho, dando espinosa y difícil tarea á la razón, sino porque además alcanza las esferas del sentimiento profundamente conmovido por la miseria de una importantísima parte de la humanidad. Al contemplar en efecto á ese cuarto estado sometido á las estrecheces de la desnudez y de la miseria: cuando se le vé sepultado en la ignorancia sin más horizontes en su vida, ni más fines en su pensamiento que el de la conservación de su existencia, porque ni concibe, ni puede realizar otros: cuando en fin se le vé como apartado del resto de la sociedad, de quien parece enemigo al sentir en su fondo el ansia de una vida superior, siquiera informada en un sentido de goces materiales, el corazón se conmueve hondamente y la razón quiere hallar las causas y los remedios á tanto infortunio, porque no es posible que ese estado sea normal y último, porque es necesario que también esas clases tengan participación en un fin, que es general á todos los hombres. ~ Desde ese punto y altura puede emplazarse á los individualistas para. que contemplen el cuadro y resuelvan con su criterio y con su sistema ese problema, como emplazamos al reinante materialismo en la misma. 40
in. ó les 'al' 10- '03ll td Jes, le II 1á '- l. o á 41 empresa, seguros de que no acudirán para bien de todos, porque la aplicación de sus doctrinas en uno ó en otro sentido sería la chispa que incendiara pasiones y codicias, odios y rencores nacidos por sus influencias, y que rugen ya sordamente preludiando el estallido. Y buena prueba de ello es que de un lado Fourrier, Saint, Simón y Cabet como representantes de un noble espíritu de reforma caían en el exceso del extremo opuesto, predicando un absoluto socialismo, convencidos de que el contrario sistema individualista nada POdÜLhacer; y que de otro la teoría del merecimiento personal, como base del derecho á la participación en el producto social, implicaba una indirecta negación del materialismo y de la nivelación absoluta. Qué más? ese mismo estado y clase se inspira en su propio elemento social para, combatir á los que considera autores de su situación, viniendo tÍ dar con ello, al par que un mentís solemne tÍ. ese destructor individualismo, el tipo y dirección que convenientemente utilizada ayude á la solución. A partir de estas consideraciones, preciso es fijar los términos verdaderos del problema y de la solución apetecida, para poder aplicar los convenientes remedios. No es, ni pueden consistir uno y otra en conseguir de ese cuarto estado absoluta resignación con sus miserias y dolores, para que solo espere los auxilios que la práctica del bien en las demás clases les otorgue, ó que la sociedad tÍ. título de beneficencia la conceda; como tampoco puede aspirarse tÍ. la distribución de las riquezas de tal modo que desaparezca la pobreza de la tierra; porque para, lo primero sería preciso borrar un derecho fundamental negándole los medios de su realización; y en lo segundo se alzaría el inseparable obstáculo de la condición y esencia humana. En la variedad múltiple de condiciones y estados en los hombres se fundará siempre la desigualdad necesaria en la esfera económica, como en todas las demás, y cada individuo representará el resultado de sus acciones y esfuerzos como de su pereza y abandono, habiendo siempre seres mas perfectos y seres menos perfectos; pero si en el aspecto iudivi .lual cabe, más aun, es necesaria esa desigualdad casi infinita, no sucede lo mismo en la clase ó brazo social, porque el individuo desaparece ó pasa de clase á clase, mientras que estas como representantes de intereses permanentes, que no pueden desaparecer ni mudarse en el conjunto social, necesitan una igualdad mas extensa en sus formas y ma11
