Papeletas sobre escultura funeraria castellana: los sepulcros de Villalcázar de Sirga
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PAPELETAS SOBRE ESCULTURA FUNERARIA CASTELLANA LOS SEPULCROS DE VILLALCÁZAR DE SIRGA En nuestras excursiones hemos podido estudiar varios sepuicros que forman parle del importante grupo castellano-leonés de sarcófa8*03 labrados. En primer lugar tenemos los sepulcros de Villalcázar de Sirga destinados a enterramientos del infante don Felipe y de su segunda mujer doña Leonor Ruiz de Castro. Se encuentran en una de las capillas laterales de la iglesia de Templarios de este lugar; la coloca ción en que están actualmente permite estudiar sus relieves, cosa que no ocurría antes por estar adosados. Un dibujo interesante de Parcerisa nos muestra su primitiva situación (Lám. I)- Sus cajas se asientan sobre leones y bichas colocados en disíinta posición. Interesante es el parangón que puede hacerse entre estos leones y ios que sostienen la taza de la fuente del Patio de los Leones en la Alhambra y el león procedente de la Casa de la Moneda de Granada. El modo absolutamente geométrico de trazar la cabeza, la misma disposición simétrica de los rizos la manera de acusar las patas por entalles muy esquemáticos e incluso la técnica, que más P3''ece de grabador que de escultor que modelase con cierta libertad, nos muestra analogías que pueden hacernos pensar si artistas musulmanes pusieron sus manos en el sepulcro" desde luego extraña la de naturalismo que en representaciones de animales se nota del arfe góUco, Confirman por otro lado estos supuestos observaciones del señor Lampérez (D encuentra una marcada influencia mahometana en los detalles arquitectónicos q^^ la fi g-u'a del infante, especialmente en los fustes de Vicente Lampérez y Romea: «Iglesia « -ai He Santa María de Villau. de Sirga. Boletín de ,a
98 PAPELETAS SOBRE ESCULTURA FUNERARIA CASTELLANA columnas con anillos semejantes a los que aparecen en la Alhambra; en los capiteles con g^ruesos abacos cúbicos y hojas apencadas, semejantes a los granadinos; y además en los arcos tubulados de las ventanas de los simulados edificios que coronan estas columnas. El sepulcro que guarda los restos del luíanle mide 2,45 metros de largo; la tapa 2,60 metros y la altura total es de 1,47 metros (1). La caja del sarcófago, en su parte inferior, se adorna con un friso en el que alterna el escudo de la orden de Templarios, con otro en el que aparecen cuartelados castillos y águilas, refiriéndose a las dos casas de Suabia y Castilla que se unían en el Infante don Felipe (Lam. II); este mismo friso, y con una separación idéntica por pequeña moldura, se repite en la tapa del sarcófago. La caja está adornada con relieves que desarrollan una intere sante teoría, a través de una serie de arcos apuntados con trasdós decorado por rosetas, los que inscriben otros arcos de tres lóbulos. En las enjutas, casííllltos o torres, y simuladas arquitecturas donde se notan ventanas lobuladas análogas a las de los citados capiteles. Por ellas asoman cabecitas como de espectadores, que presencian el paso de la procesión fúnebre. Las escenas comienzan en la cabecera del sepulcro, donde se representan los últimos momentos del Infante. Sobre un lecho de aspecto suntuoso y entre almohadones aparece tendido. Hay un detalle que acusa valor afectivo; el moribundo retiene la mano de su esposa, la que entre un alto dignatario del Temple, una dama y un agustino, parece confortar los últimos momentos del Infante; además otros varios personajes de interés secundario aca ban de componer la sentida escena, que por entero ocupa la cabecera del sepulcro'. En el lado derecho empieza a desdoblarse la procesión. Un grupo de personajes mesándose los cabellos llena el primer arco y este grupo parece referirse a la escena de ia cabecera. La procesión, en realidad, comienza en e! segundo arquillo, donde la viuda, doña Leonor Ruiz de Castro, sentada de frente sobre una muía ricamente enjaezada y envuelta con amplio manto y cubierta con curiosa foca, cuidadosamente plegada y sujeta por cintas (que después de cruzarse por la frente pasan por debajo de la barba), marcha arrastrando su honda pena acompañada de dos damas de honor que sin duda (1) Reglno Inclán e Indán; 'Sepulcro del Infante don Fetipe, hijo del Rey Fer nando III el Santo». Boletín de la Academia de la Historia, i. 75, pág 143. Agosto y octubre, 1919.
LOS SEPULCROS DE VILLALCÁZAR DE SIRGA 99 cabalgran ig^ualmente. Delante va un noble sobre un corcel; sujeta el manto con una de las manos y vuelve el rostro hacia la viuda, de cuyo cuidado probablemente estaría encargado. Otros vai'ios caballeros, como se ve por el número de cabezas que representó el artista, le acompañan formando el sentido cortejo de la ilustre dama. Inmediatamente delante, el féretro del Infante, conducido por sirvientes que el artista se vió obligado a trazar de baja estatura, para evitar ocultarlos. Estos sirvientes sujetan con una mano el ataúd; la otra mano, dos de ellos, la colocan a la altura de la oreja, y el tercero la apoya en la caja; son ayudados por oíros tres de mayor altura colocados de frente, quienes sujetan la caja con sus dos manos de un modo muy especial. Sobre éstos aparecen dos caballeros mesándose los cabellos y encima una figura femenina. El grupo siguiente lo forman tres escuderos que montan caballos colocados de frente, cubiertos hasta la cabeza con gualdrapas abier tas por-delante del pecho y sujetos con madroños muy bien ejecuta dos; estos escuderos llevan en una mano escudo de armas, y con la otra se mesan los cabellos. El último grupo de este costado lo forman varios frailes cantores en actitudes diversas. Los pies del sarcófago están ocupmlos por un grupo compuesto, en primer termino, por el caballo del Infante que ostenta un escudo invertido en señal de duelo. Todo el corcel va cubierto por una gual drapa orlada de castillos y águilas. Delante van dos heraldos en actitud de tocar grandes trompetas; uno de ellos se apoya sobre e porta-estandarte que lleva el pendón invertido del Infante. Al lado otras figuras, unas mesándose los cabellos y otras asomadas presen ciando el desfile de la comitiva. De aspecto más grave es la procesión en el otro costado; apa rece, en primer lugar, la viuda de don Felipe con una toca monacal y las manos delante de la cara; queriendo separárselas están dos de sus damas; junto a una de ellas aparece un grupo de mujeres al que siguen agustinos, cistercienses, franciscanos y templarios, y poj último un niño; a continuación hay un grupo de señoras, con vesti duras muy curiosas, en especial las tocas que no dejan al descubierto más que los ojos. En el último grupo aparece el ataúd que encierra al Infante don Felipe rodeado de obispos, abades y oficiantes, con dos mujeres que exteriorizan su dolor arañándose el rostro. Dos sirvientes colocados al lado del ataúd que descansa sobre tres bichas, le cierran sirviéndose de listones. Sobre la tapa del sepulcro aparece la figura del Infante: la
100 PAPELETAS SOBRE ESCULTURA FUNERARIA CASTELLANA cabeza cubierta con bonete con orejeras, descansa sobre los tres almohadones; la pierna derecha está cruzada sobre la izquierda y el pie, calzado con espuela, descansa sobre un perro que levanta la cabeza, y a cuyo lado se ve un conejo. Viste el Infante una aljuba orlada con castillos y águilas y se cubre con un manto; desde la cintura cuelga una cinta que baja recta entre las orlas del manto, decorada con siete castillos y seis águilas. La mano izquierda del Infante lleva un halcón y en este mismo costado aparece la contera de una vaina de espada. En el testero de la tapa, se ve una inscripción de la que sólo faltan algunas palabras y en la que se indica quién está enterrado allí, y el día y hora en que murió; dice así: WtULESlMA TfiECENTESlMA DUODECIMA IIH KALENDAS MENSIS DECEBRis VIGILIA BEATI SATURNINI OBIIT DOMINUS FlLlPUS INFANS VIR NOBILISÍMUS FILIUS REGIS DOMINI FERNADl PATER CUIUS SEPULTA EST ISPAL S CUIUS AÍA REQUESCAT IN PACE AM FILIUS VERO lACET HIC INECCABEA TE MARIE DEVILESIRQA CUIUS OIPOTETI DEO E SANTIS OIB COMEDETUR QIT C DICAT PATER NR A MARIA». ^ ^ ^ El olro sepulcro es el de doña Leonor, segunda mujer de don e ipe, presenta un aspecto muy parecido al primero. (Lám. III). En cnanto a arte, este sepulcro es mucho más delicado: Los arcos apuntados se decoran con grumos y flores en su trasdós e inscriben otros lobulados decorados con puntos; hay mayor fi nura incluso en la ejecución, mejor manera de entender la perspectiva, más natu ralidad en la disposición de ¡as figuras y de los patíos y mayor perfección en la manera de entender la escena central. Los frisos con escudos se disponen de una manera muy parecida a los del Infante, alternando la cruz roja de ios Templarios y los escudos de don Felipe con otros dos que pueden ser de la casa de Lara. En el centro del relieve, en la parte más cercana a la entrada, aparece el momento de la muerte de la princesa. En una ^ 3 doña Leonorrodeada de varias damas, todas ellas en actitud de gran seníimienío; varias, mesándose los cabellos. En la parte superior aparece una fi gura pequeña que representa el alma, transportada por dos ángeles sobre un paño; representación muy interesante que vemos repetirse en otros varios sepulcros; en el lado
LOS SEPULCROS DE VILLALCÁZAR DE SIRGA 101 derecho aparece una fi gura de obispo acompañado de varios minis tros; siguen dos grupos de mujeres, algunas de ellas con niños; en el lado izquierdo aparece un caballero y una dama mesándose los cabellos, como hacen también las fi guras del úllimo grupo de este lado; en medio de los dos grupos, hay una fi gura de mujer acompa ñada de otras dos cubiertas de grandes mantos. El otro costado se llena con escenas del entierro. Los tres arquifos que están a cada lado del grupo central aparecen ocupados por frailes de distintos órdenes y por caballeros del Temple; en el centro aparece un ataúd que están cerrando dos sirvientes y al que rodean varias personas. Es curiosa la diposición en todos los grupos de una cabeza colocada en el centro y en la parte superior, con lo cual el artista quiso darnos idea de perspectiva. En la tapa aparece la princesa con un manto bordado de castillos, y águilas, y tocada con un escofión característico, sujeto con baibuquejo que pasa por debajo del mentón y por encima de la boca. * * * El infante don Felipe, cuyos restos ocupan el primero de los sepulcros descritos, fué el quinto hijo del rey don Fernando y de doña Beatriz de Suabia. Su padre, deseando darle una esmerada educación, le destinó a la Iglesia, concediéndole numerosos cargos eclesiásticos, entre ellos una canongía en Toledo, pero don Felipe era poco inclinado ^ Iglesia; liberal, decidor alegre y enamorado, huen cazador de osos, perito en caballos, de hermosa presencia y de temple varonil, abandonó pronto todos los cargos que su padre le había otorgado, y se casó con dona Cristina,* hija del rey de Noruega, Aquino H, Y de la princesa Margarita, la cual había sido traída a Castilla para casarse con el rey don Alfonso el Sabio. Éste, cambiando de propósito y para dar satisfacción a la Infanta, le dio ^ elegir entre sus hei manos, eligiendo ella al de más bella presencia, ^1 arzobispo electo de Sevilla, contrayendo matrimonio el 31 de marzo de 1258. Poco tiempo duró este enlace, porque la flor del norte fué agostada por los calores castellanos; y ya en 1269 estaba el príncipe wsado con ^na «"¡z de Castro, hija de don Rodrigo Fernandez de Casho y Je dona Leonor González de Lara, señores de Cigales. Mucentes. Cuellar e Iscar. siendo herntana de don
102 PAPELETAS sobre ESCULTURA FUNERARIA CASTELLANA Fernán Pérez, Adelantado mayor de Castilla y uno de ios mayores señores en tiempo de Alfonso XPor el derecho de doña Leonor se quejaba el Infanle de que el Rey le tenía desheredado del infantado de León, y sobre esto, movido por su mujer o por don Ñuño González de Lara, se confederó con él y con oíros ricos hombres contra el Rey su hermano. Reunidos los rebeldes en Lerma, para tramar contra él, se pusieron de acuerdo con los granadinos a quien el Rey tenía que hacer la guerra; a los ruegos del Rey aparentan someterse, pero no es así en realidad y don Alfonso logra apoderarse de unas caídas de] jefe de los benimerines ofreciendo su apoyo a los rebeldes; se entrevista el Rey con ellos en Burgos donde les da cuenta de sus pnejas, pero como no fueron contentados en sus pretensiones, se fingieron hacia Granada, robando todo lo que encontraban a su paso. Al enterarse de esto el Rey envía cartas a los revoltosos, 'ntimándoles a que se sometan; en la dirigida a don Felipe se queja c o qyg hecho y dicho sin tener razón para ello, manifestándole os ios beneficios que le ha concedido A pesar de esto no hace ^®®o el Infante y llega hasta Granada, siendo bien recibido por j hmar I, en cuya corte y en la de su hijo Mohamed permanecieron os anos, hasta que hicieron la paz con don Alfonso en Sevilla, concediéndoles éste todos los privilegios y dones que pedían (1). del D vuelven a hablar las crónicas del turbulento hermano de nli ónicamenfe se sabe que murió el 28 de noviembre . 47, y que enterrado enViiialcázar de Sirga, como se ve por inscripción. 01 Leonor su esposa hizo su testamento y codicilo en Santa de s^' ^ memoria alguna escr't' se conoce que ya era muerto. En ambas Feri'"T Leonor Rodríguez, hija de don Rodrigo sepTt" Castro y de dona Leonor González; mandándose monaM f'cllces, cerca de Amaya; hace gruesas mandas a Cal ^ hospiiaies; deja por su testamentario al maestre de conV^^^ y manda entregar la villa de Santa Olalla y que le acudan fue"r ella para cumplir su disposición, y si el maestre e neg igenie ruega al arzobispo de Toledo que le haga cumplir, n el codicilo ruega al maestre que pague sus deudas, y que (1) Rodrigo Amador de los Ríos v Vilialba: «Restos del traje del infante don Felipe». Mcseo España, de Antigüemos, t. IX, pág 101 ■
LOS SEPULCROS DE VILLALCÁZAR DE SIRGA 103 esto hecho acuda a don Pedro Fernández su sobrino» hijo de don Fernán Roiz de Castro con las rentas del Portazgo y Marcadga de Santa Olalla. Que el maestre tenga la villa hasta que don Pedro haya hijo de bendición y después se la entregue, y si no lo hubiere,manda Santa Olalla y sus aldeas y rentas a la orden de Calatrava y al convento de S. Felices por mitad (1). Segiín Podes esta Princesa con el Infante su marido y con su hijo, está sepultada en el monasterio de S. Felices, lo cual se puede negar rotundamente, en lo referente al Infante por los datos que existen en coidra de esta suposición, y en lo tocante a doña Leonor se puede hacer lo mismo casi con la seguridad de acierto, pues no siempre se cumplen los deseos testamentarios. En el sepulcro del infante don Felipe que fué abierto en el siglo XIX y encontrado su cuerpo incorrupto, se hallaron también una serie de prendas, mejor o peor conservadas, que prueban la riqueza de las vestiduras con que fué enterrado el Infante, y la belleza de los lejidos. Entre ellas están un manto de brocado de seda y oro con inscripciones en árabe, las cuales aparecen también en un trozo de brocado del manto y un fragmenlo de rlcomas; un birrete con tres órdenes de medallones: las águilas, castillos y lazos, una aijuba con decoraciones geomcíricas con flores octófilas y otras varias cosas de menor importancia; demostrando todas ellas, por su decoración, que debían ser procedentes de algún telar árabe, con una influencia ^'"ienídl manifiesta. Pi'obabiemente fueron regaladas al Infante por su ^migo Mohamed durante e! tiempo que permaneció en su corte. * * * Otros sepulcros de este grupo son los de Matnllana y de Pala- ^^elos que presentan gran semejanza con los tie i acazai, cuales han sido perfectamente estudiados por d ¡"ustre arqueólogo Francisco Antón, quedando su estudio complefamente agotado y de cuya obra he tomado algunas notas pa'^ estudiar estos Sepulcros (2). Todo este grupo puede fecharse entre fines del siglo xiu y P'''ncipiüs del xiv, en general todos ellos muestran un arcaísmo muy ^^«ntuado en detalles como basas, capilcles. todo de carácter Historia genealógica de la casa de Lara, 111, pág 9t- . . Francisco Antó"- «Monasterios cistercienses de la provincia».
104 PAPELETAS SOBRE ESCULTURA FUNERARIA CASTELLANA románico, y hasta en lo más gótico de los relieves se aprecia atraso, dada la fecha en que fueron construidos. Los sepulcros de Villasirga en especial llaman la atención como de obra primitiva dentro del siglo xiii, con claras influencias románicas, y deben ser los más antiguos y acaso obra de Antonio Pérez de Carrión, artista al que se debe gran número de estos sepulcros, entre ellos los de Aguilar de Cainpóo, dos de los cuales se hallan en el Museo Arqueológico. En el siglo xii aparecen por vez primera escenas de duelo, a las que se unen otras de la ceremonia religiosa, como lo hicieron en el sepulcro del príncipe Luis en St. Denis. En este mismo siglo se ve una claia influencia francesa que se marca en una serie de motivos que vemos aparecer en los sepulcros, tales como la comitiva del duelo, e alma íiansporfada por ángeles, este motivo que vemos por primera vez en el sepulcro de la madre de S. Froilán en Lugo, se repite en esma íes de Limoges, y se encuentra también en Náj'era en el sepu ero de doña Blanca hija de Garci Ramírez de Navarra y mujer e rey e Castilla don Sancho III el Deseado; y a comienzos del sigo xm en el maravilloso sepulcro de doña Magdalena de Zamora. se ]" ^ ^'®Poslción de los relieves lo más común suele inferior diversas escenas, alrededor de la parle de d ^ y como excepción de esto tenemos el sepulcro cual^par^ de Bol] sefior de Manises (museo de Valencia), en el dptrÁQ f" Pi'i'ner término la estatua yacente de don Pedro, y detra^ mdo el cortejo fúnebre. estatuas decoración de la tapa son muy interesantes las sepulcros" con las piernas cruzadas, comunes en estatua de'^^h^^^ ^ asíala explicar estafe Normandía en Gloucesfer. Michel, a! 'os persona" Postura, dice que es una actitud señoría!, y que i-onografía d^ '"^®®l'dos de autoridad, cruzan las piernas en la Vilialcázar de^S'^ Media. Además en la figura yacente de seDiilrrr»c ^ un halcón que aparece también en otros rZo de afición a la caza, original despu^^ h ^ sobre este grupo de sepulcros, no será don Francisco Ant'^ estudios hechos por el ilustre investigador sido otra ^^'^Prenderá que nuestra pretensión no ha interesante de nuesfro^fi^h^'^ recogidos, una papeleta María Francisca Solano y Pereda-Vivanco
Lámina I. —Sepulcros de Villalcázar de Sirga, según el dibujo de Parcerisa. (Foto S. E. A. A.).