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Patricia Álvarez Sánchez, J. M. Coetzee, cultivador de palabras

Vidal Claramonte, Mª Carmen África

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HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 581-584 ISSN: 2530-609X Patricia Álvarez Sánchez, J. M. Coetzee, cultivador de palabras, Granada, Comares, 2024, 117 págs. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/her.26.2024.581-584 John Coetzee (1940- ) es uno de esos escritores que nadie debería dejar de leer. Y mucho menos quienes nos dedicamos a la traducción. Coetzee aborda temas absolutamente contemporáneos pero que, a la vez, pertenecen a cualquier época. Lo hace desde puntos de vista diferentes, de manera oblicua, a través de capas que son tan éticas como políticas, económicas, ecológicas o estéticas. Desde los derechos de los animales en The Lives of Animals (1999), que después incorporó a Elisabeth Costello (2003), hasta la salvación individual o el mal uso del poder. Coetzee no deja de poner en jaque las ideas preestablecidas mediante constructos como la propia Costello o con el Señor C en Diary of a Bad Year (2007) y sus ideas sobre la autoridad del autor. Estamos ante un escritor que implícitamente insiste en indagar en sus páginas sobre la relación entre la ética y la política, sobre el coste de la creación artística, sobre la posibilidad o no de la confesión autobiográfica o sobre cómo acercarse a los otros en una sociedad básicamente violenta. Por eso hay que dar la bienvenida a la publicación de un nuevo libro sobre este premio nobel si, como es el caso, en él se plantea una visión original. El libro de Patricia Álvarez Sánchez es una buena conjunción, en tanto será útil para quien se acerque por primera vez a Coetzee pero también para el lector que busque una interpretación nueva, dado que al tiempo que recoge la bibliografía clásica y más relevante, construye, sobre esta, otra perspectiva, que nos permite acercarnos al Coetzee fotógrafo, músico, cultivador de palabras, de poéticas y de políticas. Partiendo de sus primeras novelas, el libro de Álvarez Sánchez nos acerca a la vida del autor, cuyas seis primeras obras, desde Dusklands (1974) hasta Age of Iron (1990), aparecieron en un contexto social, cultural y político muy complejo, mientras que la séptima, The Master of Petersburg (1994), se publicó precisamente cuando la igualdad entre los seres humanos, al menos sobre el papel, se empezaba a abrir paso en Sudáfrica. Al analizar Boyhood (1997), Youth (2002) y Summertime (2009), Patricia Álvarez entrelaza con gran maestría lo personal y lo social, lo político y el lenguaje, siguiendo los hilos de las relaciones entre las lenguas, tanto la materna como la local y la de 582 Reseña HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 581-584 ISSN: 2530-609X los colonizadores, esas lenguas cuya separación es muchas veces compleja y en tantas ocasiones política, como bien explica la autora al citar la correspondencia de Coetzee con Paul Auster (1947-2024). Asimismo, el concepto de lengua materna es en este caso como mínimo palimpséstico, y así lo desarrolla la autora cuando se apoya con gran acierto en ese derrideano monolingüismo del otro que tantos conceptos y actuaciones pone en entredicho. A medida que avanza la lectura, cada página de este libro nos enriquece. Con constantes referencias a la(s) lengua(s) y a la traducción, la autora nos recuerda que Coetzee no deja de utilizar otras lenguas, de manera que el plurilingüismo es una constante en sus novelas. Álvarez Sánchez desarrolla con detalle esta cuestión, por otro lado fundamental en el mundo global contemporáneo y en la disciplina de la traducción. Me ha parecido realmente acertada la frase de Coetzee que cita la autora en la página 35: «I sometimes use words with the full freight of their history behind them, and that freight is not easily carried across to another language». Coetzee dice mucho en esa frase. De hecho, señala hacia lo que apuntó hace más de veinte años en Disgrace (1999) y lo que en su última novela publicada, El polaco (2022), será una revolución. La frase habla de lo que las palabras dicen sin decir, de lo que apunta el lenguaje, de lo que hay detrás de cada palabra y también a su alrededor, de sus ruidos, sus melodías, sus cicatrices, esas que se quedan pegadas a cada palabra resultado de los lugares conflictivos en los que esta previamente ha estado. Por eso, con gran tino, Patricia Álvarez insiste en las páginas de este libro en la importancia del lenguaje, de los lenguajes, para Coetzee. Asimismo, y en relación con la necesidad que siente el nobel de resistirse a la asimetría entre las lenguas, la autora menciona el hecho de que El polaco (2022) apareciese antes que The Pole (2023), algo que por otra parte no es nuevo, dado que ya había ocurrido por ejemplo con sus Siete cuentos morales (2018). Como es sabido, esta decisión de Coetzee fue absolutamente política, reivindicativa; un gesto contra la preeminencia de la lengua de la globalización. El autor considera que la primera versión que apareció, la «traducción» en español, es en realidad el original. Este posicionamiento es más que significativo: es una manera de reivindicar el español (de Argentina, no el peninsular, y en una editorial también argentina, El hilo de Ariadna) frente al inglés, algo que se pone aún más de manifiesto si pensamos que El polaco no ve la luz en una gran editorial del hemisferio norte sino en otra pequeña del sur. «No me gusta que el inglés se haya apoderado del mundo», ha dicho Coetzee en más de una ocasión. «Hago lo que puedo para resistirme Reseña 583 HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 581-584 ISSN: 2530-609X a ese predominio». Además, es muy importante subrayar que, según señala el propio autor, la traductora, Mariana Dimópulos, desempeñó un papel inusualmente activo en la creación de la novela, dado que Coetzee incorporó en el manuscrito «original» las sugerencias de la argentina sobre cómo pensaría, actuaría o hablaría una mujer como Beatriz. En una reciente intervención en el Museo del Prado (3 de julio de 2023), precisamente junto a Dimópulos, Coetzee empezó dando las gracias en español al museo y a los patrocinadores del acto, y se disculpó porque «lamentablemente» el resto de su intervención iba a ser en inglés, no sin prometer que la próxima vez hablaría en español. En esa conversación en Madrid, titulada significativamente «Los lenguajes del arte», Coetzee arrancó, precisamente, hablando de la Torre de Babel y de cómo la imagen es otra manera de contar, otro lenguaje. Por eso es significativo que el libro de Patricia Álvarez contenga en su cuidada cubierta una imagen muy representativa, la de la flor nacional de Sudáfrica, que a su vez está «traducida» en una iteración bordada. Es, pues, una cubierta muy palimpséstica que contiene diferentes lenguajes traducidos. En esta línea, me ha parecido muy acertado que Patricia Álvarez dedique unas páginas de su libro a otro lenguaje, a ese otro sistema semiótico que es la fotografía. Efectivamente, el capítulo tercero, dedicado al papel de la fotografía en Coetzee, incide en cómo la de este autor es una mirada que reflexiona sobre la violencia, el sufrimiento y el poder a través de múltiples sistemas semióticos, aparte de la palabra. Así, la autora señala muy acertadamente que «las fotografías son una de las posibles representaciones de la historia y que, por lo tanto, la historia puede ser sustituida o reinventada, dando lugar a una verdad alternativa» (p. 41). De este modo, Patricia Álvarez llama la atención sobre la multimodalidad en las novelas del premio nobel, una multimodalidad que también se abre a alusiones a la música o la danza en novelas como The Childhood of Jesus (2013) o The Schooldays of Jesus (2016), a las que dedica, entre otras, el último capítulo del libro. Un escritor que ha dicho públicamente que no considera que las versiones traducidas de sus obras a cualquier lengua sean ni mucho menos inferiores al original es un autor verdaderamente consciente del papel que desempeñan quienes traducen en el mundo global contemporáneo. Al hacernos reflexionar sobre el lenguaje y sobre cómo unas lenguas son más iguales que otras, al preferir que sus libros aparezcan primero en holandés o en español antes que en inglés, Coetzee responde a la urgencia de plantear el sentido de la literatura y de reconstruir órdenes sociales que son injustos, para, de ese modo, dar voz a los «bárbaros», como en esa novela de 1980 cuyo 584 Reseña HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 581-584 ISSN: 2530-609X título tomó de Costantine P. Cavafy (1863-1933) y que Philip Glass (1937- ) tradujo después en forma de ópera. Podría decirse que la de Coetzee es una literatura doblemente peligrosa, en tanto en cuanto nos hace pensar en lo que la literatura puede hacer para poner en jaque los valores establecidos; pero también porque nos hace ver lo que las traducciones y quienes traducen pueden llegar a subvertir cuando los autores son lo suficientemente brillantes para permitírselo. Este libro de Patricia Álvarez nos incita a reflexionar sobre todo esto. De la mano de Coetzee, nos anima a guiarnos por aquella primera palabra de la Ilíada, «menin», que canta a la ira, a la indignación, a la rebelión contra la uniformidad, contra lo homogéneo. Estas páginas nos animan a dejarnos llevar por esa mirada que contempla de cerca, con enorme atención, la ética, la moral social o las sensibilidades individuales, a sabiendas de que las huellas del dolor, del respeto o del amor no se ven pero tampoco se borran. M.ª CARMEN ÁFRICA VIDAL CLARAMONTE Universidad de Salamanca [email protected]