Modelo urbano y ciudad construida. Una aproximación a las inercias de la planificación urbanística reciente en España a través del caso de Valladolid (1979-2012)
Abstract
Departamento de Urbanismo y Representación de la Arquitectura
Full text
MODEL O URB ANO Y
CIUD AD CONSTR UID A
Una a pr o ximación a las iner cias
de la planificación urbanística
r eciente en España a tr a vés del
caso de V alladolid (1979-2012)
Miguel F er nández Mar oto
Dir ector : Juan Luis de las Ri v as Sanz
PROGRAMA DE DOCTORADO EN ARQUITECTURA
TESIS DOCTORAL:
Modelo urbano y ciudad construida.
Una aproximación a las inercias de la
planificación urbanística reciente en España
a través del caso de Valladolid (1979-2012)
Presentada por Miguel Fernández Maroto
para optar al grado de
Doctor por la Universidad de Valladolid
Dirigida por:
Dr. Juan Luis de las Rivas Sanz
Diseño de cubier ta: elabor ación propia a par tir de car tog rafía catastr al (Dir ección
General del Catastro) y sobr e clasificación de suelo (J unta de Castilla y León).
A GRADECIMIENT OS
Esta tesis doctoral se ha podido desar rollar gracias al apo yo de varias instituciones y , sobr e todo, a
la ayuda de v arias personas, que mer ece el consiguiente ag radecimiento.
En primer lugar , quiero reconocer el apoy o de la Univ ersidad de V alladolid a mi la bor in vestigadora,
que se ha podido desarrollar en las condiciones materiales y de dedicación necesarias a tr avés de
un contrato pr edoctoral en el De par tamento de Urbanismo y R e presentación de la Ar quitectura,
donde también he podido iniciar me en tar eas docentes. Asimismo, quiero e xpresar mi ma yor
ag radecimiento al magnífico g rupo de in vestigación del Instituto Univ ersitario de Urbanística
que desarrolla su labor en la ETS de Ar quitectura, del que he tenido la f or tuna de for mar par te
durante estos años y que me ha pr estado una impa gable orientación y apo yo diario , y me ha
brindado la opor tunidad de par ticipar en innumer ables acti vidades docentes y de in v estig ación.
Quiero r econocer la enor me valía, tanto personal como académica, de Alfonso , J avier , J osé Luis,
Luis, María y Marina; algunos fueron mis prof esores y desper taron mi interés por el urbanismo,
y de todos he podido apr eciar su dedicación y compromiso con la in vestigación y la docencia
univ ersitarias. Igual agradecimiento mer ecen Enrique , Mónica y Víctor , que han sido los mejor es
compañeros durante tantos años , Chus, y quienes nos han ido acompañando en distintos periodos
(Ser gio, Da vid, Car men, Almudena…).
Una par te de esta in v estig ación se desarrollado a tra vés de una estancia de tr es meses en el
Dipartimento di Architettura e Studi Urbani del Politecnico di Milano , al que quiero e xpresar mi
ag radecimiento por la opor tunidad de tr abajar allí y por facilitarme todos los medios necesarios.
Asimismo, quiero dar sobr e todo las g racias a Ber trando Bonf antini, por su afectuosa acogida,
ayuda y orientación como tutor de la estancia, que ha resultado de un enor me valor par a mi
for mación in vestigadora, y a Mario P aris , con quien ya tuv e la suer te de coincidir durante dos años
en V alladolid, por su inestimab le ayuda durante esos meses . Del mismo modo, quiero ag radecer la
ayuda pr estada y las sug erencias par a mi trabajo a P aolo Galuzzi, Corinna Morandi, Stefano di V ita
y Gior gio Limonta, y al resto de prof esores , estudiantes y personal administrativ o del depar tamento
que tuv e la opor tunidad de conocer . T ambién me gustaría r ecordar al prof esor F ederico Oliv a, que
falleció pocos días antes de finalizar mi estancia y al que pude conocer durante un seminario en
V alladolid en el que desper tó mi interés por el urbanismo italiano.
Dicho todo esto , sobre todo quiero e xpr esar mi más profundo a gradecimiento a J uan Luis, que lo
mer ece con creces . A la for tuna de ser su alumno durante mis estudios de Ar quitectura se de be mi
dedicación al campo del urbanismo, y como dir ector de esta tesis doctoral, y antes de mi tra bajo fin
de máster , me ha ofrecido toda la orientación y a yuda que he necesitado, y sus siempr e acer tadas
apr eciaciones han sido de un valor inestimab le para el desarrollo de esta in vestigación. Asimismo,
quiero darle las gracias por haber me dado además la opor tunidad de colabor ar estrec hamente con
él en tantos pro yectos y tra bajos del g rupo de in v estig ación del Instituto Univ ersitario de Urbanística,
así como en ar tículos, com unicaciones a cong r esos, seminarios, clases, etc., que han contribuido
decisiv amente a mi for mación. Más allá de su enor me valía como profesor e in v estig ador , todos
estos años de tra bajo con él me han per mitido, sobre todo , apreciar sus cualidades personales, su
cer canía, generosidad y confianza. P or todo ello de bo y quiero darle sinceramente las gracias.
ÍNDICE
R esumen / Abstract
INTRODUCCIÓN / INTR ODUCTION
A. J ustificación y acotaciones: definición del campo de estudio
B . Hipótesis , objetiv os y estado de la cuestión: los desequilibrios del sistema urbanístico
español.
C . Metodología y fuentes: los planes, entr e la r ealidad y el ar chi v o
P ARTE 1. UN A VISIÓN SINTÉTICA Y COMP ARAD A DE LA PLANIFICA CIÓN
URB ANÍSTICA RECIENTE EN ESP AÑA. CARA CTERIZA CIÓN DEL INTERIOR
PENINSULAR COMO MARCO DEL ESTUDIO
R esumen / Abstract
CAPÍTUL O I. SÍNTESIS DE LA EVOL UCIÓN RECIENTE DEL SISTEMA URB ANO Y EL
MARCO URB ANÍSTICO EN ESP AÑA
I.1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerar quía de las ár eas urbanas
I.2. El mar co nor mativ o: estabilidad por inercia en un periodo de cambios
I.3. El planeamiento urbanístico: una e volución en tr es tiempos
CAPÍTUL O II. A MODO DE CONTRASTE: UNA MIRAD A AL NORTE DE IT ALIA
II.1. El mar co nor mativ o: una reforma urbanística siempre pendiente
II.2. Casuística urbanística: apuntes para una tax onomía
CAPÍTUL O III. EL INTERIOR PENINSULAR EN EL CONTEXT O URB ANO Y URB ANÍSTICO
ESP AÑOL: POLARIZACIÓN DEL TERRIT ORIO Y CIUD ADES INTERMEDIAS
III.1. Castilla y León: lo urbano junto a la or denación del territorio
III.2. V alladolid: el interés de su perfil urbano y urbanístico
P ARTE 2. MODEL O URB ANO Y CIUD AD CONSTR UID A: V ALLADOLID ENTRE 1979
Y 2012
R esumen / Abstract
CAPÍTUL O IV . L OS AÑOS OCHENT A: LA IL USIÓN DE UNA CIUD AD COMP A CT A
IV .1. El Plan General de 1984: en los oríg enes de un nuev o modelo urbano
IV .2. El compromiso con la ciudad e xistente: despliegue de un ambicioso prog rama
r efor mista desde el urbanismo
IV .3. El cr ecimiento en compás de espera: la lenta dig estión de los planes parciales
her edados
CAPÍTUL O V . L OS AÑOS NOVENT A: LA PÉRDID A DEL PULSO REFORMIST A
V .1. La r eactiv ación de la e xpansión por el sur: de P ar que Alameda a los municipios del
entor no
V .2. El Plan General de 1996: la b urocratización del suelo urbano
V .3. Las DO TV AENT : una valiosa pero ignor ada propuesta de coor dinación para un
cr ecimiento sostenible
CAPÍTUL O VI. EL COMIENZO DE SIGLO: P ARO XISMO Y A GO T AMIENT O DEL MODEL O
EXP ANSIV O
VI.1. El Plan General de 2003: la ruptur a del modelo por un urbanismo al ser vicio del
mer cado del suelo
VI.2. La corona periurbana en e bullición: competencia entr e municipios y olig opolios
inmobiliarios
VI.3. La transf or mación de los enclav es industriales, militar es y ferro viarios: de la Ciudad
de la Comunicación al “Plan R og ers”, contradicciones de un modelo a las puer tas de la
crisis
EPÍL OGO . EL INICIO DE LA REVISIÓN DEL PLAN GENERAL (2012)
8
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463
491
CONCL USIONES. PROPUEST AS OPERA TIV AS / CONCL USIONS. SOME OPERA TIVE
PROPOSALS
BIBLIOGRAFÍA
Bibliografía de interés metodológico o conte xtual
Bibliografía sobre España
Bibliografía sobre Italia
Bibliografía sobre Castilla y León
Bibliografía sobre V alladolid
ÍNDICES
Obras r ef erenciadas
Legislación y otra nor mativ a estatal española
Legislación y otra nor mativ a autonómica española
Legislación y otra nor mativ a estatal italiana
Legislación regional italiana
Legislación y otra nor mativ a de Castilla y León
Legislación y otra nor mativ a, y r esoluciones, acuer dos y ór denes ref eridas a la ciudad de
V alladolid o a los municipios del ár ea urbana
Instrumentos de planeamiento g eneral y par cial de la ciudad de V alladolid
Figuras y ta blas
ANEX OS
A. Estadísticas del sistema urbano español
B . Estadísticas del sistema urbano del nor te de Italia
C . Estructura de la J unta de Castilla y León en materia de urbanismo y vivienda
D . Principales instrumentos urbanísticos y de or denación del territorio de Castilla y León
E. P ob lación del ár ea urbana y la ciudad de V alladolid
F . Instrumentos de planeamiento g eneral de los m unicipios del área urbana de V alladolid
G. Planes g enerales de la ciudad de V alladolid
H. Estadísticas de construcción del ár ea urbana y la ciudad de V alladolid
I. Licencias de edificación en la ciudad de V alladolid
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RESUMEN
El último ciclo expansi v o e xperimentado por las ciudades españolas se configuró entre finales de
los años setenta y principios de los años ochenta y se desarrolló hasta el estallido de la b urbuja
inmobiliaria en el año 2008. A lo lar g o de estas tres décadas , la planificación urbanística en España
se ha visto mar cada por la prog r esiva consolidación de tr es iner cias que han contribuido al fr acaso
en su administración.
En primer lugar , la condición e xpansiv a, connatural al urbanismo español, desbor dó la v oluntad de
r efor ma urbana del inicio de este periodo par a ponerse al ser vicio de la satisfacción de los inter eses
del mer cado inmobiliario, que contó con la complicidad de la administración y del sector bancario .
En segundo lug ar , se rompió el equilibrio entr e planeamiento y g estión en fa v or de la segunda,
conduciendo a una prog r esiv a burocratización del urbanismo , cada v ez más alejado de sus valor es
culturales , ligados al diseño espacial. En tercer lugar , se produjo una ruptura de la ar ticulación
entr e el modelo o estructura urbana g eneral y los fr a gmentos que lo componen, imponiéndose una
acción fragmentaria en ausencia de una visión global.
Esta tesis doctoral propone una apro ximación a estas tr es iner cias a tra vés del caso de V alladolid,
r ev estido de una condición ejemplar par a su estudio. P or un lado, el cr ecimiento expansi vo
y la metropolización que han distinguido la e volución r eciente del sistema urbano español han
caracterizado con gran claridad la del ár ea urbana vallisoletana. P or otro lado, la secuencia de
planes e instrumentos urbanísticos de que ha dispuesto la ciudad en este periodo r ef lejan con gran
pr ecisión los cambios que se han ido sucediendo en el mar co urbanístico, tanto a niv el nor mativ o
como disciplinar .
Se ha comenzado por sintetizar las principales características de la ev olución r eciente del sistema
urbano y el sistema urbanístico españoles, contr astándolas con lo ocurrido en otro contexto , el nor te
de Italia, en este mismo periodo. A continuación, se ha afrontado el estudio de los subsistemas
urbanos del interior peninsular , que en el valle del Ebro y en la submeseta nor te se han caracterizado
por una prog r esiv a polarización del territorio que ha resultado en la consolidación de una serie
ciudades inter medias, entr e ellas V alladolid. Una ve z situada en el mar co urbano y urbanístico
castellanoleonés, se ha analizado la e volución en paralelo de la realidad construida del ár ea urbana
y del modelo urbano estab lecido a principios de los años ochenta, describiendo con detalle la
prog r esiv a consolidación de las iner cias antes mencionadas.
La r ev ersión de esos desequilibrios producidos en el sistema urbanístico e xige consolidar el
incipiente cambio desde un urbanismo para la e xpansión hacia la reg eneración urbana, r ecuperar el
protagonismo de los contenidos espaciales del urbanismo , reno var la gestión urbanística desde una
perspectiv a e xigente y a bier ta a la inno vación y la cola boración y r ecomponer la necesaria unidad
de todo modelo urbano desde las escalas inter medias, tanto la periurbana como la del barrio .
P alabras c lav e: planificación urbanística, modelo urbano , historia del urbanismo, sistema urbano
español, V alladolid.
9
ABSTRA CT
T he latest e xpansi ve c ycle experienced b y Spanish cities had its origin between the late se v enties
and early eighties and de veloped until the b urst of the housing bubb le in 2008. Over these thr ee
decades, Spanish urban planning has mainly c haracterised b y the prog r essiv e consolidation of
thr ee iner tias that ha ve contrib uted to the failur e in its administration.
First, the e xpansiv e condition that is connatural to Spanish urbanism o v erf lo wed the will for urban
r efor m that e xisted at the beginning of this period and led it to the satisfaction of the inter ests of the
r eal estate market, w hich counted on the complicity of the public administration and the financial
institutions. Second, the balance between planning and management was brok en in fa v our of the
second, leading to a prog r essiv e bur eaucratization of urbanism, which g ot away from its cultural
values , linked to spatial design. T hir d, there was a ruptur e in the ar ticulation between the g eneral
urban model or structur e and the fragments that compose it, whic h resulted in a fr agmentar y action
in the absence of a global vision.
T his PhD thesis proposes an approach to these thr ee iner tias through the case of V alladolid, as it has
an e xemplary condition for their stud y . On the one hand, the e xpansiv e g ro wth and metropolization
that ha ve distinguished the r ecent ev olution of the Spanish urban system ha v e c learly c haracterized
the urban ar ea of V alladolid. On the other hand, the sequence of urban plans and instruments of
whic h the city has disposed in this period reflect with g r eatest pr ecision the successiv e chang es in
the urban frame work, both at the nor mativ e and technical le vels .
T he main characteristics of the r ecent ev olution of Spanish urban and planning systems ha v e been
synthesized, and the y ha ve been compar ed to what happened in another conte xt, the nor th of Italy ,
in this same period. Ne xt, the urban subsystems in inland Spain ha ve been analysed, w here those
of the Ebro valley and the nor ther n sub-plateau ha v e characteriz ed by a progressi ve territorial
polarization that has r esulted in the consolidation of a series of inter mediate cities, among them
V alladolid. Once framed in the Castilla y León urban and planning systems , the parallel e volution of
building in the urban ar ea and the urban model that was established at the beginning of the eighties
has been analysed in or der to describe in detail the prog r essiv e consolidation of the af orementioned
iner tias .
T he re versal of these imbalances produced in the urban planning system r equires consolidating the
incipient chang e from an urbanism for the e xpansion towards urban r e g eneration, r eco vering the
protagonism of the spatial contents of urbanism, r enewing urban manag ement from a demanding
perspectiv e , open to inno vation and collabor ation, and recomposing the necessary unity of an y
urban model through the inter mediate scales, both the peri-urban and the district one .
K e ywor ds: urban planning, urban model, urban planning histor y , Spanish urban system, V alladolid.
10
11
INTR ODUCCIÓN
A. JUSTIFICA CIÓN Y A CO T A CIONES: DEFINICIÓN DEL CAMPO DE
ESTUDIO
La planificación urbanística se encuentra actualmente inmersa
en un momento crítico, de compleja construcción de unas
nue vas bases desde las que compr ender , planificar y g estionar
las ciudades en el siglo xxi . 1 La crisis económica que estalló y se
globalizó entr e los años 2007 y 2008, ampliamente r econocida
como la más intensa desde la Gran De pr esión —y cuy os efectos
aún persisten— e videnció la necesidad de r efor mar los modelos
políticos y económicos dominantes desde el final de la Segunda
Guerra Mundial —que siguen en vueltos en la incer tidumbre y
la inestabilidad—, así como el ag otamiento del modelo urbano
guiado desde entonces por el paradigma del cr ecimiento —al
menos en los países occidentales—.
A ello ha contribuido también, de una f or ma decisiv a, la paulatina
concienciación a escala mundial acer ca de la r esponsa bilidad de
las ciudades en los r etos medioambientales que de be afrontar el
planeta. A par tir de algunos hitos fundacionales como el informe
Brundtland de 1987, la cumbr e de Río de 1992 o el protocolo
de Kioto de 1997, se ha ido for mando y consolidando un n uev o
paradigma: el del desarrollo sostenible , alimentado de principios
como el cuidado del medio ambiente —destacando al r especto la
lucha contr a el cambio climático, r eno vada en la cumbr e de P arís
de 2015— o la búsqueda de una may or equidad social y de la
erradicación de la pobr eza. 2 T odo ello cristalizó a finales de 2015
1 De hecho, a finales del siglo xx se empieza a distinguir entr e “la ciudad” y “lo
urbano”, e xpresión de la condición cada v ez más indeter minada del objeto mismo
de la planificación urbanística: “el mismo conce pto de lo ‘urbano’ —la esencia de
la ciudad como forma de vida— está sometido a una impor tante transformación”,
señalaba R amón L ópez de L ucio (1993: 206), mientras que F rançoise Choa y
afir maba en 1994 “el r eino de lo urbano y la muer te de la ciudad”. Este te xto, junto
a los de otros autor es enfocados a esta misma cuestión, forma par te del volumen
titulado Lo urbano en 20 autores contemporáneos , editado por Áng el M artín r aMos
(2004) y que per mite apr eciar la div ersidad de apro ximaciones a la condición de
“lo urbano contemporáneo”.
2 El informe Brundtland toma su nombre de la por entonces primera ministra
noruega Gro Harlem Brundtland, que encabezó la comisión —bajo mandato de
Naciones Unidas— que elaboró el inf or me Our Common Future , en el que por
primera v ez se empleó el conce pto de desar rollo sostenible —definido como el
que satisface las necesidades del pr esente sin comprometer las necesidades
de las futuras g eneraciones—. Este conce pto fue oficialmente adoptado en la
Confer encia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo cele brada
en junio de 1992 en Río de J aneiro —en la denominada Dec laración de Río—.
J usto entonces se adoptó también la Con vención Mar co de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático, que condujo en 1997 a la firma del Protocolo de Kioto
para estab lecer compromisos concr etos en la lucha contra el calentamiento global.
INTRODUCTION
A. JUSTIFICA TION AND FRAME:
DEFINITION OF THE FIELD OF
STUD Y
Urban planning is currently
immersed in a critical moment
of comple x construction of new
bases to understand, plan and
manage cities in the 21
st
centur y .
T he economic crisis that broke out
and became global between 2007
and 2008, widely recognized as
the most intense since the Great
Depr ession —and whose effects
still persist— evidenced the need to
ref or m the dominant political and
economic models since the end
of the Second W orld War —which
are still in volv ed in uncer tainty
and instability—, as well as the
e xhaustion of the urban model
guided since then b y the growth
paradigm —at least in W ester n
countries—.
T he g radual a wareness on a global
scale about the r esponsibility
of cities in the en vironmental
challeng es that the planet must
face has also contrib uted to this,
in a decisiv e way . Based on some
foundational milestones suc h as
the Brundtland R epor t of 1987, the
Rio Summit of 1992 or the Ky oto
Protocol of 1997, a new par adigm
has formed and consolidated: that
of sustainab le dev elopment, fed b y
principles such as en vironmental
protection —especially the fight
ag ainst climate chang e, r enewed
at the P aris Summit in 2015—. or
the sear ch for greater social equity
and the eradication of po ver ty .
All this cr ystallized in late 2015
in the adoption by the United
Nations Assembly of the so-called
2030 Agenda f or Sustainable
Dev elopment, which just a year
later also mo ved to the spher e of
urbanism.
T he United Nations Conference on
Housing and Sustainab le Urban
Dev elopment —Habitat III— which
was held in Quito in October 2016
appro ved the so-called New Urban
Agenda, whose prologue —of which
an e xcerpt is r eproduced below— is
eloquent:
In this unpr ecedented era of
increasing urbanization, and in
the conte xt of the 2030 Agenda
for Sustainab le Dev elopment,
the P aris Agreement, and other
global dev elopment a greements
and frame works, we ha ve r eached
a critical point in understanding
that cities can be the sour ce of
solutions to, rather than the cause
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
12
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
en la adopción por par te de la Asamblea de las Naciones Unidas
de la denominada Ag enda 2030 para el desarrollo sostenible ,
que apenas un año después se trasladó también a la esf er a del
urbanismo.
La Confer encia de las Naciones Unidas sobre la V ivienda y el
Desarrollo Urbano Sostenible —Hábitat III—, que se cele bró en
Quito en octubr e de 2016 aprobó la denominada Nueva Agenda
Urbana , cuyo prólog o —del que se r eproduce a continuación un
e xtracto— es elocuente:
En esta era en la que vi vimos un cr ecimiento sin pr ecedentes de la
urbanización, y en el conte xto de la Ag enda 2030 par a el Desarrollo
Sostenible , el Acuerdo de P arís y otros acuerdos y mar cos mundiales
para el desarrollo, hemos llegado al momento decisiv o en el que
entendemos que las ciudades pueden ser fuente de soluciones a los
problemas a que se enfr enta nuestro mundo en la actualidad, y no
su causa. Si está bien planificada y bien g estionada, la urbanización
puede ser un instrumento poderoso para lograr el desarrollo sostenible ,
tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados.
La Nuev a Ag enda Urbana pr esenta un cambio de paradigma basado
en la ciencia de las ciudades; estab lece nor mas y principios para la
planificación, construcción, desarrollo, g estión y mejora de las z onas
urbanas en sus cinco pilar es de aplicación principales: políticas urbanas
nacionales, legislación y nor mativas urbanas , planificación y diseño
urbano, economía local y finanzas m unicipales e implementación
local.
Se pone así de manifiesto tanto la idea de cambio de paradigma
en lo urbano —tomando pr estada la e xpresión acuñada en 1962
por T homas S . K uhn (1984) en La estructura de las revoluciones
científicas — como el llamamiento concr eto a la contrib ución de ,
entr e otros, la planificación y el diseño urbano, apo yándose en la
“ciencia de las ciudades”.
En el conte xto europeo, este camino hacia un nue v o paradigma
urbano se ha ido también r ecorriendo paulatinamente en las
últimas décadas. Ha y que citar a este r especto la Carta de las
Ciudades Europeas hacia la Sostenibilidad — La Carta de Aalborg —
de 1994 y la Carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles
de 2007, que pr esentaron y consolidaron el principio de
sostenibilidad, orientándolo hacia la adopción de un enfoque
integ rado en las políticas urbanas que pr estase especial atención
a los denominados espacios vulnera bles . T ambién cabe citar la
Declaración de Toledo de 2010, que destacó la impor tancia de
la inter vención en la ciudad e xistente y el papel estratégico de
la r egener ación urbana en el futuro de las ciudades europeas.
Finalmente , ello ha conf luido en la adopción en Ámsterdam en
may o de 2016 de la primer a Agenda Urbana para la UE — Urban
Agenda for the EU —, que , tras subra yar la impor tancia de las
ciudades en la consecución de los objetiv os de desar rollo de la
Unión Europea —UE—, estab lece doce temas prioritarios. 3
Unos compromisos que se r eno varon mediante el Acuerdo de P arís, adoptado en la
capital francesa en diciembr e de 2015.
3 F rente a la Nueva Agenda Urbana , la Agenda Urbana para la UE se distingue
precisamente por evitar el maximalismo y concentr arse en esos doce aspectos
of , the challenges that our world is
facing toda y . If well-planned and
well-managed, urbanization can
be a powerful tool for sustainab le
dev elopment for both dev eloping
and dev eloped countries.
T he New Urban Agenda pr esents
a paradigm shift based on the
science of cities; it lays out
standards and principles for
the planning, construction,
dev elopment, mana gement, and
impro vement of urban ar eas
along its fiv e main pillars of
implementation: national urban
policies, urban legislation and
regulations, urban planning
and design, local econom y and
municipal finance , and local
implementation.
T he idea of a paradigm shift in the
urban sphere is thus made clear
—borrowing the e xpr ession coined
in 1962 by T homas S. K uhn (1984)
in T he Structure of Scientific
R ev olutions— as well as the
concrete call f or the contribution of ,
among others, planning and urban
design, based on the “science of
cities”.
In the European conte xt, this path
towar ds a new urban par adigm has
also been gradually taking place
in recent decades . In this r egard,
the Charter of European Cities and
Towns Towards Sustainability —The
Aalborg Charter— of 1994 and
the Leipzig Charter on Sustainable
European Cities of 2007 pr esented
and consolidated the principle of
sustainability , guiding it to wards
the adoption of a integ rated
approach in urban policies that pa y
special attention to the so-called
vulnerab le spaces. It is also wor th
mentioning the T oledo Dec laration
of 2010, whic h highlighted the
impor tance of the intervention in
the e xisting city and the strategic
role of urban reg eneration in the
future of European cities. Finally ,
this has led to the adoption in
Amsterdam in May 2016 of the
first Urban Agenda for the EU , which
underlines the impor tance of cities
in achie ving the European Union ’ s
dev elopment objectives and
establishes twelve priority themes.
Finally , regarding the Spanish
conte xt, it should be noted that
the economic crisis that brok e
out in 2008 —whic h manifested
itself with remarka ble intensity ,
and ev entually profoundly altered
the socio-economic and political
framework— had a par ticular
component, dir ectly link ed to
urban issues. After y ears of
incessant growth —whic h lar g ely
suppor ted g eneral economic
growth—, the r eal estate sector
suffered a brutal collapse , from
which it has bar ely be gun to
reco ver , linked to that suffer ed by
man y financial institutions —such
as sa vings banks—. T he outbreak
Introducción
13
J ustificación y acotaciones: definición del campo de estudio
Finalmente , descendiendo y a al conte xto español, hay que
destacar que la crisis económica que estalló en 2008 —que
se manifestó con nota ble intensidad, y aca bó por alterar
profundamente el panorama socioeconómico y político— tuv o
un componente propio, dir ectamente ligado a lo urbano. T ras
años de incesante cr ecimiento —que sustentó en b uena medida
el cr ecimiento económico g eneral—, el sector inmobiliario sufrió
un brutal desplome del que apenas ha empezado a r ecuper arse ,
ligado al que sufrieron muchas entidades financier as —como
las cajas de ahorro—. El estallido de la popular mente conocida
como “burb uja inmobiliaria” ha poblado el imaginario colectiv o
más allá de las consecuencias del “boom” en la construcción
—fundamentalmente r esidencial—: grandes áreas urbanizadas
vacías , edificios abandonados a medio construir , etc. ( s chuLz -
d ornb urg , 2012). Como consecuencia, el urbanismo ha sufrido
un enor me despr estigio ante la sociedad, tanto en su ver tiente
política —ineficacia y corrupción— y económica —especulación—
como en la técnica: la planificación urbanística —y por e xtensión,
incluso la arquitectur a— quedó cuestionada ante la opinión
pública al e videnciarse este fracaso en su administración.
Considerando todo ello , quienes —como el que escribe estas
líneas— han escogido la arquitectur a y , desde ella, el urbanismo
como pr eocupación y ocupación académica o profesional son
r esponsab les de r ecuperar la confianza de la sociedad en cuanto
a la necesidad e impor tancia de su contribución a la construcción
de un nue vo modelo de desarrollo urbano sostenible , adaptado
a los r etos del siglo xxi —tal y como se expr esa en el marco
inter nacional antes citado—. Asumiendo que la for ma como se
ha administrado el urbanismo hasta ahor a en España adolece de
disfuncionalidades y defectos —culpa bles en su par te alícuota de
las per niciosas consecuencias antes mencionadas—, la definición
de ese nue vo paradigma urbanístico e xig e antes que nada una
r evisión profunda y crítica de lo ocurrido, con el fin de asentar
sólidamente unas nue vas bases de futuro. En consecuencia,
la contribución a esta r evisión del urbanismo en España en el
periodo más r eciente , más allá de discursos manidos y orientada
a la definición de unas pautas de futuro, se plantea como mar co y
justificación de la opor tunidad y per tinencia de esta tesis doctoral.
Sin embar go , dicha contrib ución no puede consistir en una r evisión
global, g enérica o construida en abstr acto. Como es lógico, se
r equier e asumir una serie de acotaciones que definan a su v ez
las singularidades de la in vestigación —su e xigida originalidad—,
par tiendo de unos planteamientos propios conducentes a unas
conclusiones que , aun siendo —necesariamente— par ciales e
considerados cla ve , entr e los que aparecen tanto temas clásicos —mo vilidad urbana,
vivienda— como otros más r ecientes —transición ener gética, economía circular—.
T ambién merece la pena hacer r efer encia a La Carta del Urbanismo Europeo — The
Charter of European Planning —, aprobada en abril de 2013 por el Consejo Europeo
de Urbanistas —ECTP-CEU— a par tir de un te xto pre vio de 2003, en la que se
presta una especial atención al papel de los urbanistas, esta bleciendo incluso unos
compromisos para lider ar los cambios que las ciudades y los territorios requier en.
of the popularly known as “r eal
estate bubble” has filled in the
collectiv e ima ginar y beyond the
consequences of the “boom” in
construction —fundamentally
residential— with lar ge empty
urbanized ar eas, abandoned and
half-built b uildings, etc. ( s chuLz -
d ornb urg , 2012). As a r esult,
urbanism has suffered a hug e
loss of prestig e to society , both
in its political —inefficiency and
corruption— and economic —
speculation— aspect and in the
technical one: urban planning
—and b y extension, e ven
arc hitecture— was questioned by
public opinion w hen this failur e in
its administration became e vident.
All this considered, w ho hav e chosen
arc hitecture and, from it, urbanism
as a concern and academic or
professional occupation —as w ho
writes these lines— are r esponsible
for r eco vering the confidence of
society r eg arding the need and
impor tance of their contribution
to the construction of a new model
of sustainable urban de velopment,
adapted to the challeng es of the
21
st
centur y —as is expr essed in
the afor ementioned inter national
framework—. Assuming that
the way to administer urbanism
in Spain so far suffers from
dysfunctions and defects —
culpable in its aliquot por tion of
the pernicious consequences that
ha ve been mentioned a bov e—,
the definition of this new urban
planning paradigm demands ,
abo v e all, a profound and critical
re vision of what happened, in
order to fir mly establish ne w bases
for the futur e . Consequently , the
contribution to this r evision of
urban planning in Spain in the most
recent period, beyond hackneyed
speeches and aimed at defining
future patter ns, is consider ed as
framework and justification for the
oppor tunity and per tinence of this
PhD thesis.
Howe ver , this contribution cannot
consist of a global, generic or
abstract-constructed r eview .
Logically , it is necessar y to assume
a series of delimitations that define
the singularities of the r esearc h —
its requir ed originality—, star ting
from some own approac hes that
lead to conclusions that, ev en if
they ar e necessarily par tial and
incomplete , can re present a more
or less r elev ant contribution. In this
regard, it must be stated that the
definition of these delimitations
has been directly link ed to the work
that the author of this resear ch
began to develop since early 2012
at the Instituto Univ ersitario de
Urbanística of the Univ ersity of
V alladolid —thanks to professor
J uan Luis de las Rivas Sanz, later
turned into director of this PhD
thesis—.
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
14
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
incompletas, puedan r epr esentar una apor tación más o menos
r ele vante . A este respecto , hay que comenzar poniendo de
manifiesto que la definición de esas acotaciones ha estado
dir ectamente ligada al trabajo que el autor de esta in vestigación
empezó a desarrollar desde principios de 2012 en el Instituto
Univ ersitario de Urbanística de la Univ ersidad de V alladolid —
gracias al profesor J uan Luis de las Rivas Sanz, lueg o con ver tido
en dir ector de esta tesis doctoral—.
En concr eto, la opor tunidad de par ticipar en los trabajos iniciales
de la r e visión del Plan General de Or denación Urbana de V alladolid
que comenzaron entonces supuso, por un lado , enfr entarse a ese
proceso de balance del pasado como paso pr e vio e impr escindible
para la planificación del futuro . P or otro lado , condujo de
una for ma más o menos natural —y fr ente a otras muc has
posibilidades— hacia la acotación de la in vestigación en tor no al
caso de V alladolid como elemento fundamental y definitorio. En
este sentido, esta tesis doctor al se sustenta en gran medida sobr e
la base de una in vestigación pr e via r ealizada entr e los años 2013
y 2014 en el mar co del Máster en In vestigación en Ar quitectur a
de la Univ ersidad de V alladolid, y que fructificó en el T r abajo Fin
de Máster titulado El Plan General de Valladolid de 1984: en los
orígenes de un nuevo modelo urbano ( f ernández - M ar o t o , 2014), al
que , del mismo modo, se ha pr etendido dar continuidad. 4
P asando ya a las acotaciones —que estab lecen límites y
dimensiones—, esta in vestigación se define a par tir de sus tres
mar cos principales —el disciplinar , el temporal y el espacial/
g eog ráfico— y de su enfoque metodológico, que será objeto de
un apar tado específico. Comenzando pues por esos marcos que
delimitan la in vestigación, con viene referirse en primer lugar a lo
que se ha definido como mar co disciplinar .
Esta primera acotación guar da relación dir ecta con la condición
multidisciplinar del urbanismo , tanto en su v er tiente académica
como profesional. P or un lado, el urbanismo es objeto de estudio de
distintas disciplinas académicas: no lo es solo de la ar quitectura,
sino también de la g eog rafía, la sociología, la economía, el der ec ho,
etc., y cada una apor ta evidentemente los enfoques y métodos que
le son propios. P or otro lado, el urbanismo es también ocupación
de distintas profesiones: en gran medida de los ar quitectos , pero
también de los ing enieros, de los g eógrafos, de los juristas, etc.
En consecuencia, la construcción del conocimiento de lo urbano
—y también su producción técnica— es el r esultado —plural— de
toda esa div ersidad de apro ximaciones.
En este sentido, es necesario pr ecisar que la apro ximación que
se propone en esa in vestigación sur g e desde la arquitectura —
elabor ada por un ar quitecto en una Escuela de Ar quitectura—,
y por ello es deudora de los métodos de esta disciplina, lo que
desde el inicio deter mina un enfoque fundamental: el estudio del
urbanismo como técnica de cr eación —diseño, producción— del
4 Un resumen de este tra bajo se publicó en el número 18 de la r evista Ciudades
( f ernández - M ar o t o , 2015).
In par ticular , the oppor tunity to
par ticipate in the initial works of
the r evision of the Gener al Urban
Plan of V alladolid that beg an then
supposed, on the one hand, to face
this process of e valuating the past
as a pr evious and essential ste p
for planning the futur e . On the
other hand, it led in a mor e or less
natural way —and in front of man y
other possibilities— towar ds the
delimitation of the in vestigation
around the case of V alladolid as a
fundamental and defining element.
In this sense , this PhD thesis is
based lar g ely on the pr evious
resear ch conducted between 2013
and 2014 in the frame work of
the master’ s de gree in R esearc h
in Ar chitectur e at the Univ ersity
of V alladolid, which r esulted in
the master’ s de gree Final Project
called El Plan General de Valladolid
de 1984: en los orígenes de un nuevo
modelo urbano ( f ernández - M ar o t o ,
2014). In the same way , it has been
intended to giv e it contin uity .
T urning now to the delimitations
—which establish limits and
dimensions—, this r esearc h
is defined from its three main
framewor ks —disciplinar y , temporal
and spatial/geographical— and its
methodological approach, whic h
will be subject of a specific section.
Star ting then by those fr ameworks
that delimit the in vestigation, it is
con v enient to r efer in the first place
to what has been defined as the
disciplinar y framework.
T his first delimitation is directly
related to the m ultidisciplinar y
condition of urban planning, both
in its academic and professional
aspects. On the one hand,
urbanism is the object of study
of dif fer ent academic disciplines:
not only ar chitectur e , but also
geography , sociolog y , economics,
law , etc., and each one e vidently
contributes through its o wn
approaches and methods . On the
other hand, urbanism is also an
occupation of dif fer ent professions:
lar g ely of architects , but also of
engineers, g eographers, jurists,
etc. Consequently , the construction
of the knowledg e about urban
issues —and also its technical
production— is the —plural—
result of all these approaches.
In this sense , it is necessar y to
specify that the approach that is
proposed in this r esear ch comes
from an arc hitectural approac h —
made by an ar chitect in a School
of Architectur e—, and ther ef ore is
inde bted to the methods of this
discipline , whic h determines a
fundamental approach: the stud y
of urbanism as a technique of
creation —design, production—
of urban space, link ed to a
fundamental variab le: the spatial
one . Given its impor tance , this
question will be con v eniently
Introducción
15
J ustificación y acotaciones: definición del campo de estudio
espacio urbano, vinculada a una v ariab le fundamental: la espacial.
Dada su trascendencia, en el apar tado dedicado a la metodología
se profundizará con v enientemente en esta cuestión, acotando la
planificación urbanística dentro de lo que se podría denominar
como el urbanismo de los ar quitectos —con sus v entajas e
incon v enientes—.
La siguiente acotación se r efier e al mar co temporal de la
in v estigación, que deriv a dir ectamente de la v oluntad antes
e xpr esada de contribuir a una r evisión crítica del urbanismo en
España en los últimos años, moti vada por la crisis en que se
ha sumido el modelo de desarrollo urbano vigente hasta ahor a.
Lógicamente , el punto final del periodo a analizar de be coincidir
con el momento en que se e videncia esta crisis —2008, momento
del estallido de la “burb uja inmobiliaria”—. En consecuencia, el r eto
fundamental se corresponde con la fijación del punto de par tida,
es decir , con la definición del periodo de vig encia del “paradigma”
o modelo urbanístico que ha acompañado al modelo de desarrollo
urbano ahora en crisis en España, o más concr etamente del
momento en que dicho modelo se definió en sus componentes
fundamentales. A este r especto , es necesario r emitirse al antes
citado antecedente y base de esta in v estigación, ya que en ese
tra bajo pr evio —no en vano subtitulado “en los oríg enes de un n ue v o
modelo urbano”— se estudiaron pr ecisamente las condiciones
que per miten fijar el último momento de cambio profundo en el
urbanismo español entr e finales de los setenta y principios de los
ochenta. 5
P or un lado, atendiendo a su mar co político , económico y social,
es evidente que España vi vió entonces un momento de cambio ,
correspondiente a la T ransición a la democr acia —tras cuatro
décadas de dictadura fr anquista—. Ello coincidió además con
otra gra v e crisis económica que af ectaba claramente al país —
poniendo fin a los denominados años del desarrollismo—, pero
que también entonces tuv o un carácter y una gran trascendencia
inter nacional. 6 P or otro lado, atendiendo al mar co disciplinar ,
se produjeron a su v ez impor tantes cambios en la r egulación
nor mativ a del urbanismo —r ef or ma de la Le y del Suelo de 1975,
nue v o mar co competencial incorpor ado en la Constitución de
1978—, acompañados de nue vas f or mas de acometer la definición
del planeamiento urbanístico con tal claridad y coher encia que
alcanzaron cohesión g eneracional, y en las que se evidencia ba la
inf luencia de corrientes de carácter internacional, críticas con el
urbanismo funcionalista hasta entonces dominante .
5 Se atendió en concr eto a los “fundamentos de un cambio de modelo urbano”
( f ernández - M ar o t o , 2014: 141-84)
6 La denominada crisis del petróleo de 1973 puso fin al periodo de intenso
cr ecimiento económico que todos los países occidentales habían v enido
e xperimentando desde la Segunda Guer ra Mundial, poniendo por v ez primera en
cuestión el antes citado paradigma del cr ecimiento. En este sentido, desde un
punto de vista más gener al, el periodo transcurrido entr e esa crisis y la que estalló
en 2008 bien puede leerse no tanto como el periodo de vig encia de un paradigma,
sino como el lar g o proceso de transición desde el par adigma del cr ecimiento hacia
el nue vo par adigma del desar rollo sostenible —ho y ya institucionalizado—.
analysed in de pth in the section
dedicated to the methodolog y ,
defining urban planning within what
could be called as the urbanism of
the ar chitects —with its ad vantages
and disad vantages—.
T he following delimitation r efers
to the time frame work of the
resear ch, which deri ves directly
from the afor ementioned will to
contribute to a critical r eview of
urban planning in Spain in r ecent
years, which has been moti vated
by the crisis of the urban
dev elopment model in force until
now . Logically , the final point of the
period to analyse must coincide
with the moment when this crisis
became evident —2008, moment
of the outbreak of the “r eal estate
bubble”—. Consequently , the
main challeng e cor responds to
the deter mination of the star ting
point, that is, to the definition
of the period of validity of the
“paradigm” or urban planning
model that has accompanied the
urban dev elopment model that
is now in crisis in Spain or , mor e
specifically , to the definition of
the moment when this model was
defined in its main components. In
this r eg ard, it is necessar y to ref er
to the afor ementioned antecedent
and basis of this resear ch, since
that pr evious work —not in v ain
subtitled “in the origins of a new
urban model”— analysed the
conditions that allow to deter mine
that the latest moment of profound
chang e in Spanish urbanism took
place between the late sev enties
and early eighties.
On the one hand, considering its
political, economic and social
framework, it is evident that Spain
liv ed then a period of chang e
corresponding to the T ransition to
democracy —after four decades
of F ranco’ s dictatorship—. T his
also coincided with another
serious economic crisis that
clearly affected the countr y —
putting an end to the so-called
years of de velopmentalism— b ut
also had then an international
scope and significance . On the
other hand, considering the
technical fr amework, impor tant
chang es wer e also introduced
in the nor mativ e r egulation of
urbanism —ref or m of the Land
Law of 1975, new administr ativ e
framework incorpor ated in the
Constitution of 1978—. T hey were
accompanied b y new ways of
defining urban planning, with suc h
a clarity and coherence that the y
achie ved gener ational cohesion,
also reflecting the international
influence of critical perspectiv es
with the functionalist urbanism
that had been until then dominant.
T herefor e, the time fr amework
of the resear ch comprises the
appro ximately thir ty years between
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
16
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
P or lo tanto , el mar co temporal de la in vestigación queda acotado
en los apro ximadamente treinta años tr anscurridos entre finales
de los setenta y el final de la primera década del siglo xxi . La
concr eción de este periodo que se ha incluido en el título de la
in vestigación —y que se corresponde con los años 1979 y 2012—
r ecoge este mar co más gener al al mismo tiempo que pr etende
e xpr esar —con pr ecisión— su concreción en V alladolid como caso
que ar ticula la in vestigación. Así, se ha escogido 1979 como año
inicial por ser entonces cuando comenzó la r edacción del plan
g eneral de or denación urbana de 1984 —que hizo patente en la
ciudad el cambio de ciclo urbano—, coincidiendo a su ve z con
la elección de la primera corpor ación m unicipal democrática tras
la dictadura. Del mismo modo , se ha escogido 2012 como año
final por coincidir con el inicio de la r e visión del plan g ener al a la
que antes se ha hecho r eferencia y que ha brá de guiar el n uev o
ciclo urbano en esta ciudad —además de re presentar el punto de
par tida de esta in vestigación—.
Finalmente , es necesario comentar el marco espacial o g eo gráfico
que acota la in vestigación, que tal y como ya se ha adelantado —y
queda r ef lejado en el título— se corresponde fundamentalmente
con V alladolid, caso a tra vés del que se aspira a ejemplarizar —
desde una r e visión crítica— la planificación urbanística r eciente
en España. Es cier to que esta aspiración hacía muy cuestiona ble
centrar la in v estigación de for ma directa y e xclusiv a en este caso ,
por lo que la v oluntad no ha sido tanto la de construir un discurso
“sobr e” V alladolid —opción por lo demás igualmente válida en tanto
se justificase—, sino construir un discurso “desde” V alladolid, es
decir , alcanzar unas conclusiones sólidamente sustentadas en el
estudio de este caso, pero que no se ag oten en él, sino que sean
útiles para esa v oluntad de re visión crítica del urbanismo español
que orienta la in vestigación.
P or lo tanto , se r equería un esfuerzo de conte xtualización
suficientemente amplio y pr eciso del sistema urbano y urbanístico
del que V alladolid ha formado par te en el periodo objeto de estudio.
De hecho , esta necesidad ha mar cado decisi vamente la estructur a
de esta tesis doctoral —en r elación directa con su enf oque
metodológico—, lo que se r etomará de nue vo en el apar tado
correspondiente . A la ve z, esta cuestión per mite entroncar con
el siguiente apar tado, y a que se busca ba dar una r espuesta a la
pr egunta for mulada como hipótesis de par tida: ¿en qué medida
es inter esante —o r ele vante— el estudio del caso de V alladolid
para contrib uir a una r e visión crítica del urbanismo dominante en
España en los últimos tr einta años?
the late sev enties and the end of
the first decade of the 21
st
centur y .
T he concretion of this period
that has been included in the
title of the r esearch —and w hich
corresponds to the y ears 1979
and 2012— assumes this mor e
gener al frame work and, at the
same time , it intends to e xpr ess
—with precision— its concr etion
in V alladolid as the case that
ar ticulates the r esear ch. T hus,
1979 has been chosen as the initial
year because it was then when
the redaction of the gener al plan
of 1984 be gan —which made the
chang e in the urban c ycle in the
city evident—, coinciding with the
election of the first democratic
municipal corpor ation after the
dictatorship . In the same way ,
2012 has been chosen as the final
year because it coincides with the
beginning of the r evision of the
gener al plan to whic h r efer ence
was made earlier and which will
guide the new urban c ycle in this
city —besides r epr esenting the
star ting point of this resear ch—.
Finally , it is necessar y to comment
the spatial or g eog raphical
framework that delimits the
resear ch, which, as it has alr eady
been anticipated —and it is
reflected in the title— mainly
corresponds to V alladolid. T hrough
this case it is intended to e x emplify
—from a critical r evision— the
recent urban planning in Spain. It
is true that this aspiration made
it v er y questionable to dir ectly
and e x clusively focus on this case ,
so the will has not been to build
a discourse “on” V alladolid —an
equally valid option, as long as
it was justified—, but to build a
discourse “from” V alladolid, that
is, to r each conclusions that are
solidly suppor ted in the stud y of
this case , but not restricted to it,
so they ar e also useful for that
will of critical revision of Spanish
urbanism that guides the resear ch.
T herefor e, an effor t of
conte xtualization —wide and
accurate enough— of the urban
and planning system of which
V alladolid has been par t during
the studied period was requir ed.
In fact, this need has decisi v ely
contributed to the definition of
the structur e of this PhD thesis
—in close relationship to its
methodological approach—, whic h
will be commented later in the
corresponding section. At the same
time , this issue allo ws to connect
with the follo wing section, as it was
necessar y to giv e an answer to a
question formulated as star ting
hypothesis: to what e xtent is it
interesting or rele vant to study
the case of V alladolid in or der to
contribute to a critical r e view of the
dominant urbanism in Spain in the
last thir ty y ears?
Introducción
17
Hipótesis, objetiv os y estado de la cuestión: los desequilibrios del sistema urbanístico español
B. HIPÓTESIS, OBJETIV OS Y EST ADO DE LA CUESTIÓN: L OS
DESEQUILIBRIOS DEL SISTEMA URB ANÍSTICO ESP AÑOL.
La principal hipótesis planteada en esta tesis doctoral —en
la medida en que es la hipótesis que le da sentido y per mitiría
satisfacer la intención que la impulsó— es que V alladolid
constituye un caso de interés y r ele vancia desde el que analizar el
urbanismo español de las últimas tr es décadas, capaz de ofr ecer
conclusiones útiles que puedan contribuir a orientarlo en el futuro.
A par tir de aquí, el r esto de las hipótesis tienen dir ectamente que
v er con las disfunciones, def ectos o anomalías del urbanismo
español que han contribuido a la crisis del modelo de desarrollo
urbano en España.
En concr eto, la siguiente hipótesis que se enuncia es que el
modelo de desarrollo urbano hoy en crisis —desplegado desde
finales de los setenta y vig ente por lo tanto durante tr einta años—
se ha acompañado de la prog resi va consolidación de tr es grandes
iner cias dentro del sistema urbanístico, que han pro vocado
a la postr e la ruptura de otros tantos equilibrios inter nos del
propio sistema, causando así el fracaso en la administr ación del
urbanismo tal y como ha estado configurado . Hay que subr ayar
que esas iner cias han tenido una condición técnica, es decir , que
más allá de que r espondan a decisiones de índole política o a un
deter minado modelo socioeconómico, han sido instrumentadas
técnicamente , con mecanismos que han contribuido a los ef ectos
señalados.
En primer lugar , se plantea que el modelo de desarrollo urbano
propuesto en el planeamiento urbanístico al inicio de este periodo
combinaba una clara condición e xpansiv a con una no menos clara
v oluntad de ref or ma urbana. El crecimiento y la e xpansión de las
ciudades —alimento del mer cado inmobiliario— se planteaba y
justificaba como el medio necesario par a poder conseguir el fin
fundamental: la mejora de las condiciones de vida en dic has
ciudades, y m uy especialmente en los barrios ya e xistentes. Sin
embar g o, esa condición e xpansiv a acabó por con ver tirse en una
iner cia plasmada en el planeamiento urbanístico, que ignoró su
de pendencia de aquellos objetiv os de r efor ma urbana. Se rompió
así el equilibrio, en f a vor de la ex clusiv a satisfacción de las
necesidades del mer cado inmobiliario.
En segundo lug ar , se plantea que la planificación urbanística
ar ticulaba el planeamiento y la g estión, entendiendo que la
segunda constituía el medio con el que hacer efecti vos los fines
y objetiv os mar cados por el primero. Sin embar g o, fruto en
gran medida de los sucesiv os cambios leg ales que ha r ecorrido
todo este periodo, pero también de situaciones sobr e venidas —
vinculadas por ejemplo a “der echos adquiridos”— la g estión
adquirió también una condición iner cial cada ve z más acentuada y ,
sobr e todo, desligada del planeamiento. Se produjo así la ruptur a
de otro equilibrio que condujo a una suer te de “burocr atización”
del urbanismo, de cor te económica y haciéndolo cada v ez más
B. HYPO THESIS, OBJECTIVES
AND ST A TE OF ART : THE
IMB ALANCES OF THE SP ANISH
URB AN PLANNING SYSTEM
T he main hypothesis proposed
in this PhD thesis —as it is the
hypothesis that giv es it meaning
and would satisfy the intention that
has driv en it— is that V alladolid is
a case of inter est and rele vance
to analyse the Spanish urbanism
of the last thr ee decades, since it
is ab le to offer useful conclusions
that can help guide it in the futur e .
F rom this basis, the r est of the
hypotheses ar e directly r elated
to the d ysfunctions, defects or
anomalies of Spanish urbanism
that ha ve contrib uted to the crisis
of the urban dev elopment model in
Spain.
In par ticular , the follo wing
hypothesis that is stated is that the
model of urban dev elopment today
in crisis —de ployed since the end of
the sev enties and in for ce for thir ty
years— has been accompanied
by the prog ressiv e consolidation
of three major iner tias within the
urban planning system. T his has
ev entually caused the ruptur e of
the thr ee corresponding internal
balances of the system itself ,
thus causing the failur e in the
administration of urban planning
as it has been configur ed. It
must be emphasiz ed that these
iner tias ha ve had a tec hnical
condition: bey ond decisions of
a political natur e or the specific
socioeconomic model, they ha v e
been technically implemented
through mechanisms that ha ve
contributed to the afor ementioned
effects.
First, it is proposed that the
urban dev elopment model that
was defined through urban
planning at the beginning of
this period combined a clear
e xpansive condition with a no
less clear will for urban ref or m.
T he growth and e xpansion of
cities —food of the r eal estate
mark et— were consider ed and
justified as the necessar y means to
achie ve the fundamental g oal: the
impro v ement of living conditions in
cities, and especially in the alr eady
e xisting neighbourhoods. Howe ver ,
this e xpansive condition ev entually
became an iner tia embodied in
urban planning, w hich ignored its
dependence on those objecti ves
of urban ref or m. T his broke the
balance , in fa vour of the e x clusive
satisfaction of the needs of the
real estate market.
Second, it is ar gued that urban
planning ar ticulated planning and
management, understanding that
the second was the means to make
effectiv e the aims and objectiv es
set b y the first. Howe ver , lar gely
as a result of the successi ve legal
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
18
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
ajeno a los valor es culturales que lo r e vistieron inicialmente —
vinculados esencialmente a su dimensión espacial, formal—.
En ter cer y último lugar , se estab leció que el modelo de desarrollo
urbano de bía garantizar la cohesión entr e el modelo espacial
g eneral —la estructur a urbana como matriz espacial y funcional—
y los fragmentos que lo componían, correspondientes tanto a
los barrios existentes como a los n ue v os desarrollos pr evistos .
Se pr e v eía un cr ecimiento paulatino , fragmento a fragmento,
pero sin arriesgar la cohesión del conjunto, entendido desde una
condición ar ticulada y compacta. Sin embar go, la autonomía
de los fragmentos —de los nue vos desarrollos, instrumentados
fundamentalmente a tra vés de la figura del plan par cial— acabó
también por romper el equilibrio con la estructura global —definida
por el plan g eneral—, dando lugar a un desarrollo urbano hecho
de r etazos cada v ez más desvinculados entr e sí y del conjunto, y
deudor es únicamente de sus propias lógicas —y de los inter eses
de quienes los promo vían—.
En consecuencia, la hipótesis g eneral de esta in vestigación se puede
r eformular afir mando que el modelo de desarrollo urbano vig ente
en España en los últimos tr einta años se ha desplegado desde el
prog r esiv o debilitamiento y definiti va ruptur a de tr es equilibrios
esenciales del sistema urbanístico encar g ado de v ehicularlo: entr e
e xpansión y r ef or ma, entre planeamiento y g estión, y entr e modelo
y fragmento, conduciendo a rutinas e iner cias que están en la
causa de la crisis del modelo de desarrollo urbano desde el punto
de vista instrumental, sin ob viar lógicamente su conf luencia con
otros factor es de índole política o económica. 7 Ello se completa
a su v ez con la con vicción —demostrab le— de que V alladolid
constituye un caso en el que estos tr es desequilibrios se han
manifestado con una enor me elocuencia.
De estas hipótesis que orientan la tesis doctoral sur g en los objetiv os
que , en coherencia con estas , se pr etenden conseguir , así como su
vinculación en cada caso con el estado de la cuestión. Desde una
perspectiv a g eneral, la in vestigación afronta cómo la planificación
urbanística ha contribuido al modelo de desarrollo urbano ho y
en crisis, par a e xtraer de ello conclusiones que se pretenden
operati vas —al menos indir ectamente—. P ara ello, se pr etende
describir los fenómenos que han car acterizado dicho desarrollo
urbano, y mostr ar cómo los ha a bor dado el sistema urbanístico,
atendiendo a sus dos componentes fundamentales. El primero
es el mar co nor mativ o en materia de urbanismo y ordenación
del territorio, que ha e xperimentado una e v olución constante
en el periodo analizado —causa de alguno de los desequilibrios
que antes se han señalado—, pero que ha mantenido al mismo
tiempo una enor me estabilidad en lo tocante a los pilar es de su
7 Estos tr es desequilibrios y las consiguientes rutinas e iner cias sacrifican los
objetiv os clásicos del urbanismo en fa vor de soluciones “cómodas”: burocráticas ,
sin calidad técnica, sin diseño urbano, con vencionales y escla vas de los ag entes
dominantes en el mer cado inmobiliario, inde pendientemente de quién ostente el
gobierno.
chang es that ha v e tak en place
throughout this period, but also
of super v ening situations —link ed,
for e xample , to “acquired rights”—
the management also acquir ed an
increasingly pronounced iner tial
condition and, abo ve all, detac hed
from planning . T his caused the
rupture of another balance that led
to a sor t of “bureaucr atization” of
urbanism, of an economic natur e
and mo ving it increasingly away
to the cultural v alues that initially
corresponded to it —essentially
link ed to its spatial, morphological
dimension—.
T hird and last, it was stated that
the urban dev elopment model
should guarantee the cohesion
between the g eneral spatial model
—the urban structur e as the
spatial and functional matrix—
and the fragments that composed
it, corresponding both to e xisting
neighbourhoods and to the planned
new de v elopments. A gradual
growth, fragment b y fragment, was
e xpected, but without risking the
cohesion of the whole , understood
from an ar ticulated and compact
condition. Howe v er , the autonomy
of the fragments —of the new
dev elopments, fundamentally
instrumented through the figur e
of the par tial plan— also ended
up br eaking the balance with the
global structure —defined b y
the g eneral plan—, gi ving rise to
an urban dev elopment made of
fragments that are mor e and more
disconnected from each other and
from the whole and only link ed
to their own logic —and to the
interests of those who promoted
them—.
Consequently , the g eneral
hypothesis of this resear ch can
be r eformulated, stating that the
urban dev elopment model that
has been in for ce in Spain in the
last thir ty years has been deplo yed
along with the prog r essiv e
weak ening and definitiv e rupture
of thr ee essential balances of the
urban planning system that wer e in
char ge of conducting it: between
e xpansion and r eform, between
planning and management, and
between model and fragment. T hat
has led to routines and iner tias that
ha ve contributed to the crisis of
the urban dev elopment model from
the instrumental point of view ,
although it does not logically its
confluence with other factors of a
political or economic nature cannot
be ignor ed. T his is completed with
the —demonstrab le— con viction
that V alladolid constitutes a case
wher e these thr ee imbalances ha v e
manifested themselv es with great
eloquence .
T he objectives of this PhD thesis
arise from these hypotheses that
guide it, as well as their connection
in each case with the state of ar t.
Introducción
19
Hipótesis, objetiv os y estado de la cuestión: los desequilibrios del sistema urbanístico español
funcionamiento. 8 El segundo componente es el marco disciplinar ,
es decir , las variaciones obser vadas en el planeamiento urbanístico ,
atendiendo a la definición en él del modelo urbano —identificab le
según se ha señalado antes con el planeamiento municipal
g eneral— y a su posterior implementación —su r esultado—. 9
La consecución de estos objetiv os complementaría los div ersos
estudios que han contribuido más r ecientemente al estado de la
cuestión, que sir v en a su v ez de apo yo impr escindible . En lo tocante
a la descripción de los fenómenos urbanos que han marcado
la ev olución reciente del sistema urbano español, destacan
los estudios —de índole fundamentalmente cuantitativ a— que
desde principios de siglo han v enido impulsando los ministerios
de V ivienda y F omento. 10 Asimismo , es rele vante —por su
lógica panorámica— el pro yecto de in vestigación “Las ciudades
españolas en la etapa autonómica (1978–2012). Dinámicas,
procesos y políticas (URBSP AIN)”, coor dinado por el catedrático
de g eog rafía Man uel V alenzuela R ubio y que ha dado lugar a varias
publicaciones que afrontan cuestiones r elacionadas también con
el sistema urbanístico. 11
En lo que r especta a este último, y desde una perspecti va histórica,
constituyen r efer encias fundamentales los libros Historia del
urbanismo en España III: siglos xix y xx , de F er nando de t erán (1999)
—en combinación con ediciones anterior es ( t erán , 1982)—, y
Ciudad y urbanismo a finales del siglo xx , de R amón L ópez de L ucio
(1993). Desde una apro ximación al urbanismo como práctica
destaca, por su ambición en cubrir todas sus v er tientes, el libro La
práctica del urbanismo , coor dinado por Luis M o y a (2011) —sucesor
de una edición anterior ( M o y a , 1994)—, y a todo ello ha y que
añadir cier tos números mono gráficos de re vistas que plantean,
desde div ersos puntos de vista, una r evisión de este tema. 12
8 Es el caso de la r egulación básica del régimen del suelo o de los instrumentos
urbanísticos, tal y como se v erá más adelante .
9 Según se señalará en el siguiente apar tado, esta expr esión de los objetiv os es
insepar able del método adoptado en la in vestigación.
10 A la serie titulada Atlas Estadístico de las Áreas Urbanas en España ( M inisterio
de v iviend a , 2006) siguió Capitales&Ciudades+100: información estadística de las
ciudades españolas 2010 ( a gu ado f ernández , 2010) y Áreas Urbanas +50: información
estadística de las Grandes Áreas Urbanas españolas 2012 ( a gu ado f ernández , 2013).
Las publicaciones —tanto en formato papel como digitales— han ev olucionado en
paralelo a una plataf or ma we b que se comentará en el siguiente apar tado.
11 De entr e ellas cabe destacar dos libros: El impacto del modelo autonómico en
las ciudades españolas. Una aproximación interdisciplinar ( v aLenzueLa r ubio , 2012a)
y Las ciudades españolas en la encrucijada: entre el “boom” inmobiliario y la crisis
económica ( v aLenzueLa r ubio , 2013) —r eseñadas por el autor de esta in vestigación
( f ernández - M ar o t o , 2016)—, así como el sitio web del pro yecto: https://urbspain.
wordpr ess.com/. Al mar gen de este pro yecto, también ca be mencionar el libro Las
ciudades españolas a finales del siglo xx ( c aMpesino f ernández , t roitiño v inuesa y
c aMpos r oMer o , 1995).
12 Destaca sobr e todo el nº107-8 del volumen XXVIII de Ciudad y territorio:
estudios territoriales , dedicado a “Siglo y medio de urbanismo en España” ( v arios
a ut ores , 1996). T ambién son rele vantes el nº252-3 de la r evista Documentación
Administrativa ( v arios a ut ores , 1999), dedicado a los cambios en la legislación
urbanística, y el nº43 de la r evista Papers ( v arios a ut ores , 2005), con entre vistas
a v einte profesionales del urbanismo.
In gener al ter ms, the r esear ch
addresses how urban planning
has contributed to the urban
dev elopment model that is now
in crisis, in or der to r each some
conclusions that are , if possible ,
operativ e —at least indir ectly—.
In this r eg ar d, it is intended to
describe the phenomena that
ha ve char acterized this urban
dev elopment and show how
the urban planning system has
addressed them, considering its
two main components. T he first
one is the r egulator y framework
regarding urban and regional
planning, w hich has e xperienced
a constant ev olution in this
period —which has caused some
of the pre viously mentioned
imbalances—, although it has
maintained at the same time an
enor mous sta bility regarding its
basis. T he second component is
the technical frame work, that is,
the variations that can be observed
in urban planning, r eg ar ding both
the definition of the urban model
—that an be identified to gener al
municipal planning , as pre viously
said— and its subsequent
implementation —its r esult—.
T he achie v ement of these objecti ves
would complement the various
studies that ha ve contrib uted
more r ecently to the state of ar t,
which also re presents an essential
suppor t. R egarding the description
of the urban phenomena that ha ve
characterised the recent e volution
of the Spanish urban system, it is
wor th highlighting the studies —
of a mainly quantitativ e nature—
that since the beginning of this
centur y ha v e been promoted by the
Ministries of Housing and Public
W orks. W ith a panoramic approach,
it is necessar y to mention the
resear ch project “Las ciudades
españolas en la etapa autonómica
(1978–2012). Dinámicas, procesos
y políticas (URBSP AIN)”, which
was coordinated b y the g eo graphy
professor Manuel V alenzuela
R ubio and has resulted in sev eral
publications that deal with issues
that ar e also related to the urban
planning system.
R e gar ding the latter , and with a
historical perspectiv e , the books
Historia del urbanismo en España
III: siglos xix y xx , b y F ernando
de t erán (1999) —and also its
pre vious editions ( t erán , 1982)—
and Ciudad y urbanismo a finales del
siglo xx , by R amón L ópez de L ucio
(1993), are k ey ref erences . With a
practical approac h to urbanism,
the book La práctica del urbanismo ,
coordinated by Luis M o y a (2011)
—successor of an earlier edition
( M o y a , 1994)—, stands out for its
ambition to co v er all its aspects,
while cer tain monog r aphic issues
of some journals hav e also
proposed a re vision of this topic
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
20
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
T eniendo en cuenta el planteamiento de esta in vestigación, es
necesario hacer r efer encia a los estudios de caso, entr e los que
destacan algunas publicaciones con carácter de compendios , como
el Atlas histórico de ciudades europeas: 1, Península Ibérica ( g u ardia ,
M oncLús y o yón , 1994) —con una perspectiv a histórica atenta
tanto a las transf or maciones urbanas como a los instrumentos
urbanísticos—, Urbanismo en el siglo xxi : Bilbao, Madrid, Valencia,
Barcelona ( b orj a y M uxí , 2004a) —con una perspectiv a crítica
y v oluntad de contribuir al de bate disciplinar— y Planeamiento
urbanístico: de la controversia a la renovación ( f ont , 2003a) y La
explosión de la ciudad: transformaciones territoriales en las regiones
urbanas de la Europa Meridional ( f ont , 2007a) —especialmente
inter esantes por apor tar una conte xtualización internacional—. 13
Asimismo, la in v estigación titulada “La práctica del Diseño Urbano
en las Capitales Españolas Medias (1950–2000)”, coor dinada por
el profesor de la Uni v ersidad de Na v arra J osé María Or deig Corsini
entr e 2008 y 2011, ha apor tado una re visión del planeamiento
urbanístico de ese periodo en varias ciudades medias , aunque
muy centr ada en los mecanismos de composición espacial y en el
planeamiento par cial. 14
Mención específica r equier e —como es lógico— el caso de
V alladolid, en tor no al que orbita la tesis doctor al. De hecho ,
constituye también uno de sus objeti v os la contrib ución a los
estudios urbanos y urbanísticos sobr e esta ciudad, de los que se
r ecogen a contin uación los más r elevantes . En primer lugar , hay
que destacar algunas publicaciones de r efer encia —r ealizadas por
autor es de tra y ectoria consolidada—, como Crecimiento y estructura
urbana de Valladolid —de J esús g arcía f ernández (1974)— 15 y La
construcción histórica de Valladolid: proyecto de ciudad y lógica de
clase —de Alfonso á L v arez M ora (2005)—, ambas de gran interés,
pero que se centran en periodos anterior es al que es objeto de
esta in vestigación. 16
A ellas hay que añadir la r ef le xión que r ealizó Manuel de s oLà -
M oraLes (1985) en su ar tículo “V alladolid: la constante r eforma
de cr ecer sobr e sí misma”, en el que car acterizó magistralmente
el desarrollo urbano de los años sesenta y setenta —en el conte xto
de las propuestas del nue vo plan g ener al de principios de los
13 A ello hay que añadir el nº12 ( v arios a ut ores , 2007) y el nº13 ( v arios a ut ores ,
2008) de la re vista Urban , con sendos apar tados mono gráficos dedicados al
planeamiento municipal en España —en los que se r eco g e una amplia casuística—.
14 Además de dar lugar a algunas tesis doctorales, destaca como uno de
sus resultados las I Jornadas sobre urbanismo en el norte de España (2011),
cuyas di versas contrib uciones están disponibles en: http://dadun.una v .edu/
handle/10171/18080.
15 J esús g arcía f ernández (2000) publicó 25 años después el libro Valladolid: de la
ciudad a la aglomeración , planteada como una actualización de su te xto pr evio , pero
que no alcanza el interés de este , y a que se limita a un r ecorrido descriptiv o por las
actuaciones urbanas desde los años setenta hasta el final del siglo xx .
16 Habría que añadir otros dos libros que también cubr en solo en par te este
periodo: Arquitectura y urbanismo de Valladolid en el siglo xx , de P ablo g igosos y
Manuel s ara via (1997) y De la urgencia social al negocio inmobiliario: promoción de
viviendas y desarrollo urbano en Valladolid (1960-1992) , de J osé Luis g arcía c uest a
(2000).
from differ ent points of view ,
and they m ust be also tak en into
account.
Considering the kind of approach
of this resear ch, it is necessar y
to r efer to the case studies .
Some compendiums stand out,
such as the Atlas histórico de
ciudades europeas: 1, Península
Ibérica ( g u ardia , M oncLús y
o yón , 1994) —with a historical
perspectiv e that r efers to both
urban transformations and urban
planning tools—, Urbanismo en el
siglo xxi : Bilbao, Madrid, Valencia,
Barcelona ( b orja y M uxí , 2004a)
—with a critical perspectiv e and
willingness to contribute to the
urban planning de bate— and
Planeamiento urbanístico: de
la controversia a la renovación
( f ont , 2003a) and La explosión
de la ciudad: transformaciones
territoriales en las regiones urbanas
de la Europa Meridional ( f ont ,
2007a) —especially interesting
as they pro vide an inter national
conte xtualization—. Lik ewise , the
resear ch entitled “La práctica del
Diseño Urbano en las Capitales
Españolas Medias (1950–2000)”,
coordinated between 2008 and
2011 b y José María Ordeig Corsini,
professor at the Univ ersity of
Na varra, has analysed urban
planning in sev eral medium-sized
cities, although it has mainly
focused on the mec hanisms of
spatial composition in par tial
plans.
T he case of V alladolid logically
requir es a specific mention, since
this PhD thesis focuses on it. In
fact, one of its objectiv es is also
the contribution to urban and
urban planning studies on this city ,
whose most r ele vant e xamples are
listed below . First, it is necessar y to
highlight some main publications
—by prominent authors—, such
as Crecimiento y estructura urbana
de Valladolid —by J esús g ar cía
f ernández (1974)— and La
construcción histórica de Valladolid:
proyecto de ciudad y lógica de
clase —by Alf onso á L v arez M ora
(2005)—, both of great inter est,
although they f ocus on pr ecedent
periods to the one that is analysed
here .
T he reflection by Manuel de s oLà -
M oraLes (1985) in his ar ticle
“V alladolid: la constante reforma
de crecer sobr e sí misma”
must also be highlighted. He
masterfully characteriz ed the
urban dev elopment of the sixties
and sev enties —in the context of
the proposals of the new g eneral
plan of the early eighties—.
Additionally , it is also remarka ble
the incisiv e journey through urban
planning and growth in V alladolid
in the 20
th
centur y b y J uan Luis
de las r iv as s anz (2008), as par t
of a municipal publication on
Introducción
21
Hipótesis, objetiv os y estado de la cuestión: los desequilibrios del sistema urbanístico español
ochenta—, así como el r ecorrido incisiv o por el urbanismo y el
cr ecimiento urbano de V alladolid en el siglo xx r ealizado por J uan
Luis de las r iv as s anz (2008) como par te de una publicación
municipal con moti vo del centenario de la casa consistorial, en el
que apor ta clav es fundamentales de los planes de cada periodo
—incluyendo el que aquí se trata—.
En último lugar , es necesario mencionar una serie de in v estigaciones
doctorales r ecientes que han enriquecido sobr emanera este
panorama en los últimos años . Es el caso de Estrategias de
proyectación y dimensión urbana: una lectura del sistema de usos
complementarios al residencial en Valladolid (1960-2010) , r ealizada
por Ana r uiz v ar ona (2011) en el mar co de la in v estigación antes
citada de J osé María Ordeig Corsini y que analiza los mecanismos
compositiv os del planeamiento par cial de la ciudad en ese
periodo. T ambién hay que destacar La forma urbana: un estudio de
las periferias de las ciudades intermedias españolas a lo largo del siglo
xx , de F er nando Miguel g ar cía M ar tín (2017), que propone una
clasificación tipomorfológica de las periferias a par tir de los casos
de Málag a, Mur cia y V alladolid. El enfoque de esta in v estig ación
r esulta complementario del que ambas plantean, pudiendo por lo
tanto contribuir a completar —e vitando redundancias— esta serie
r eciente de estudios sobre la ciudad. 17
17 Otra in vestigación doctoral r eciente referida a V alladolid es El modelo urbanístico
en época de bonanza , de F ernando s ánchez M ínguez (2011), que plantea un análisis
centrado e x clusivamente en el compor tamiento del mercado inmobiliario entr e
finales de los no venta y el estallido de la crisis económica. P or otro lado, aunque
elaboradas desde otras disciplinas —pero con interés, como conte xtualización
social y política, para algunas par tes de esta in vestigación—, con viene citar dos
tesis doctorales lueg o conv er tidas en libros: Democracia y barrio: el movimiento
vecinal en Valladolid (1964-1986) —de Constantino g onzaL o M oreLL (2013)— y El
Ayuntamiento de Valladolid en la Transición (1973-1987): política y gestión —de Da vid
e ncinas r odríguez (2016)—. P or último, también es interesante el tr abajo Rilevanza
dei Superluoghi nell’interpretazione dell’urbano; i casi di Bergamo e Valladolid —de
Mario p aris (2014)—, en el que el estudio del caso de V alladolid sir v e como base
desde la que proponer una interpr etación sobre el papel de los nue vos espacios de
centralidad en la ciudad actual.
the occasion of the centenar y of
the T own Hall, since it pro vides
impor tant keys to understand the
plans of each period —including
the latest one—.
Finally , it is necessar y to mention a
series of recent PhD resear ch that
has greatly enriched this panor ama
in r ecent years. T his is the case
of Estrategias de proyectación y
dimensión urbana: una lectura del
sistema de usos complementarios
al residencial en Valladolid (1960-
2010) , conducted by Ana r uiz
v ar ona (2011) in the frame work
of the afor ementioned resear ch
by José María Or deig Corsini and
that analyzes the compositional
mechanisms of the par tial plans
of the city in that period. It is also
wor th mentioning La forma urbana:
un estudio de las periferias de las
ciudades intermedias españolas a
lo largo del siglo xx , b y F er nando
Miguel g arcía M ar tín (2017), who
proposes a typo-morphological
classification of the peripheries
through the cases of Málaga,
Murcia and V alladolid. T he focus
of this resear ch is complementar y
to those proposed b y the
afor ementioned ones and can
theref ore help complete —without
redundancies— this r ecent series
of studies on the city .
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
22
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
C. MET ODOLOGÍA Y FUENTES: L OS PLANES, ENTRE LA REALID AD Y
EL ARCHIV O
Complementariamente a los que antes se r eseñaron, esta
in vestigación también se plantea como objetiv o la puesta
en práctica y validación del método que se v a a describir a
continuación, y que , de hecho, define el enfoque y da título a
la tesis doctoral: modelo urbano y ciudad construida. Con esta
dicotomía se pr etende r esumir un método compar ativ o, basado
en la confrontación entr e los que ya se han señalado como objetos
fundamentales de in vestigación —cuya car acterización adquier e
así sentido como objetiv o de la tesis doctoral—.
P or un lado , el conce pto de modelo urbano se r efiere a la
e xpr esión concr eta y práctica propia del sistema urbanístico,
es decir , tanto de su mar co nor mativ o —que establece sus
principios e instrumentos— como de su mar co disciplinar —que
orienta su despliegue—, y que se materializa en el planeamiento
urbanístico, y más concr etamente —como ya se ha dicho—, en
el planeamiento g eneral de escala m unicipal. 18 P or otro lado ,
la ciudad construida es una r ef er encia per manente en cuanto
r ealidad urbana que se construye de hec ho y como r esultado de
procesos de transf or mación y e xpansión, más o menos dirigidos
—o no— desde el planeamiento urbanístico.
La combinación entr e ambos da lugar a un deter minado modelo
de desarrollo urbano, entendido como la r ealidad urbana que
tiene lugar en el marco de un modelo urbano , de tal forma que
la interpr etación de las interrelaciones entr e ambos planos de
análisis per mite e xtraer conclusiones acer ca de cómo —en qué
medida y mediante qué mecanismos— un deter minado modelo
urbano ha g enerado una determinada ciudad construida. Hay
que insistir en la r ele vancia metodológica de la compar ación,
ya que per mite e vitar la mera descripción de los procesos de
transf or mación y e xpansión urbana y de las propuestas del
planeamiento urbanístico para afrontar un estudio interpr etativo
de la r elación entr e ambos .
En segundo lug ar , y dado que esta in vestigación afronta el estudio
de la e v olución del modelo de desarrollo urbano, es e vidente la
pr esencia de una varia ble temporal a la que se otor ga toda la
r ele vancia metodológica: esta tesis doctor al se plantea como
un ejer cicio de historiog rafía, es decir , de empleo del método
historiog ráfico. En este sentido —y en ob ligada síntesis—, hay que
señalar que se asume la r ele vancia de la descripción —pero sin
quedarse como antes se ha dicho en la mer a descripción—, así
como “una orientación esencial”: “la comparación entr e procesos
simultáneos que se producen en ámbitos di v ersos […] pero
también la comparación sucesi va, la compar ación entr e lo anterior
y lo posterior” ( a róstegui , 1995: 307). Es decir , la comparación
18 Ello se plantea sin perjuicio —en su caso— de la v aloración de instrumentos
de planeamiento de desarrollo, pero siempr e en relación con el modelo urbano ,
es decir , valorando en qué medida y cómo hacen efectiv os los objetivos que se
plantean en aquel.
C. METHODOL OGY AND SOURCES:
THE PLANS, BETWEEN REALITY
AND ARCHIVES
In addition to those pr eviously
mentioned, this resear ch also aims
to put into practice and v alidate
the method that will be described
below and, in f act, defines the
approach and gi ves title to this PhD
thesis: urban model and built city .
T his dichotomy aims to summariz e
a comparati ve method, based on
the confrontation between these
fundamental resear ch objects
that ha v e alread y been identified
—whose c haracterization thus
acquires sense as an objecti v e of
this PhD thesis—.
On the one hand, the conce pt of
urban model r efers to the concr ete
and practical e xpression of the
urban planning system, coming
from both its nor mativ e frame work
—which defines its principles
and tools— and also its technical
framework —w hich guides its
realization—. It is built through
urban plans, and mor e specifically
—as it has alr ead y said— through
municipal g eneral plans . On the
other hand, the built city is a
per manent r efer ence as the urban
reality that is built as a r esult of
processes of transformation and
e xpansion, more or less dir ected —
or not— b y urban planning .
T he combination between
both defines a specific urban
dev elopment model, understood as
the urban r eality that tak es place
within the framework of an urban
model, in such a way that the
interpretation of the interrelations
between both sides of analysis
allows to dr aw conclusions about
how —to w hat e xtent and through
what mechanisms— a cer tain urban
model has g enerated a cer tain built
city . It is impor tant to insist on the
methodological rele vance of the
comparison, since it allows to a void
the mer e description of urban
transformation and expansion
processes and urban planning
proposals to face an interpr eti ve
study of the relationship between
both.
Second, giv en that this r esear ch
addresses the study of the
ev olution of the urban dev elopment
model, the pr esence of a temporal
variab le with all the methodological
rele vance is evident: this PhD
thesis is pr esented as an e x er cise
in historiog raphy , that is, it uses
the historiog raphic method. In
this sense —and in brief—, it is
necessar y to point out that the
rele vance of the description is
assumed —although a v oiding the
mere description, as it has been
said—, as well as “an essential
orientation”: “the comparison
between simultaneous processes
that occur in differ ent fields [...] but
Introducción
23
Metodología y fuentes: los planes, entre la r ealidad y el arc hivo
que se plantea en esta in v estigación entre la planificación —los
documentos de los planes— y la construcción de lo urbano —
valor ando la implementación de lo propuesto en los planes y
su materialización— es una comparación entr e los r espectiv os
procesos. 19
Profundizando en la definición del problema histórico que se plantea
esta in v estigación ( a róstegui , 1995: 320-3), hay que señalar que ,
r efiriéndose a lo urbano —entendido como globalidad— y dentro
de un territorio y un lapso temporal —que y a se han especificado—,
se asume una apro ximación de índole sistémica. Así, se plantea
una in v estigación mono gráfica de orientación temática ref erida
al sistema urbanístico, es decir , no tanto una historia urbana —
definida por una apro ximación espacial-territorial—, sino lo que
cabría definir como una historia urbanística.
Esta asunción metodológica de construcción de una historiog rafía
urbanística r esponde a la voluntad e xpr esada anterior mente de
contribución a una r ef le xión de utilidad práctica sobr e el urbanismo
de ho y —y de mañana—. A este r especto, con viene citar , por
la elocuencia con la que r esumen esta posición, unas palabras
de Ber trando b onf antini (2007: 15) sobr e la “posibilidad de
encuentro entr e un urbanista y la historia de la propia disciplina”,
que se correspondería con:
“[…] la perspectiv a que puede asumir quien, en una in vestigación
orientada a las prácticas contemporáneas, r ecurra a la mirada al
pasado para indagar y comprender la natur aleza y la procedencia
de los instrumentos ho y utilizables y disponib les, las raz ones de su
consolidación antes que la de otros, consider ando su genealogía y
analizando su consistencia y espesor”.
T al es la apro ximación que se pretende al urbanismo español de las
tr es últimas décadas. Asimismo, este autor alude específicamente
a las implicaciones historiog ráficas de este posicionamiento:
“[…] que tienen que v er con la necesidad de escribir también
[cursiv a del autor] una historia ‘inter na’ del urbanismo […] Una
historia disciplinar que no puede ser cubier ta por las más g enerales
‘narraciones’ de economía, política y sociedad, según un mecanismo
de rígido, unív oco deter minismo, ni, de f or ma automática y reductiv a,
por la de disciplinas afines o cer canas de más sólida tradición […] Una
historia inter na que sea, sobr e todo, historia de la pro yectación, de los
instrumentos y de las técnicas urbanísticas”.
T al es , pues, el ejer cicio historiog ráfico que se pretende en esta
tesis doctoral, lo que r equier e a su ve z una última pr ecisión de
alcance metodológico a la que ya se hiz o ref erencia en el primer
apar tado: la r elevancia en él de la componente espacial. A su
necesidad se r efiere Alf onso á L v arez M ora (1996: 30-1) al señalar
que “la historia, cuando ésta trata de analizar un f enómeno tan
complejo como es la ciudad, de be concebirse como un ejer cicio
19 Mer ece la pena hacer refer encia a las “dificultades ontológicas” del método
historiog ráfico que señala este autor (305-6): temporalidad —r elev ancia del
“compor tamiento temporal-secuencial”—, historicidad —“trascender una mera
historia de ‘acontecimientos’”—, singularidad —“la unicidad y singularidad de
todo el dev enir de la historia”— y g eneralidad —“lo histórico es inespecífico”—.
also the successiv e comparison,
the comparison between the
pre vious and the later “( a róstegui ,
1995: 307). T hat is to say , the
comparison in this r esearch
between planning —the documents
of the plans— and urban building
—ev aluating the implementation
of what is proposed in the plans
and its materialization— is a
comparison between the r espective
processes.
Deepening in the definition of the
historical problem that this r esearc h
intends to face ( a róstegui , 1995:
320-3), it is necessar y to indicate
that, r e garding urban issues —
considered as a w hole— and
within a territor y and a temporary
lapse —alr eady specified—, an
approach of a systemic natur e is
assumed. T hus, a monographic
resear ch of thematic orientation
ref ered to the urban planning
system is proposed. T hat is, not
an urban histor y —defined b y a
spatial-territorial approach— but
what could be defined as an urban
planning histor y .
T his methodological assumption
of the construction of an urban
planning histor y r esponds to
the pr eviously e xpressed will
to contribute to a r ef lection of
practical utility on the urbanism
of today —and of tomorrow—. In
this r e gard, it is wor th mentioning,
considering their eloquence to
summarize this position, some
words of Ber trando b onf antini
(2007: 15) on the “possibility of a
meeting between an urban planner
and the histor y of its own field”,
which would cor r espond to:
“[...] the perspectiv e that can
be assumed by someone w ho,
in a resear ch that is oriented to
contemporary practices, turns
to the past to in vestigate and
understand the natur e and origin
of today’ s usable and a vaila ble
tools, the r easons for their
consolidation instead of others,
considering its g enealo g y and
analysing its consistency and
density”.
Such is the approach to Spanish
urbanism of the last three decades
that is intended. Lik ewise , this
author specifically ref ers to the
historiog raphical implications of
this position:
“[...] that ha ve to do with the need
to also [author’ s italics] write an
‘internal’ histor y of urbanism [...]
A technical history that cannot
be assigned to the mor e general
‘narrativ es’ of economics,
politics and society , according to
a mechanism of rigid, uni vocal
deter minism, nor , automatically
and reducti vely , to related or
close fields with a more solid
tradition [...] An internal histor y
that is, abo ve all, histor y of the
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
24
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
científico en el que la componente espacial de be tener un lugar
pr e ponderante”, a lo que añade otr as dos e xigencias:
“[…] la introducción en el análisis, en su calidad de componentes
metodológicos de in vestigación, de los mecanismos que inter vienen
en la construcción física de la ciudad, es decir , aquellos que nos
propor ciona la disciplina urbanística [y] un conocimiento del plano de
la ciudad que nos hag a r eflexionar acer ca del tipo de sociedad (tipo
de ‘modo de producción ’) que lo ha producido. Analizando el plano
de la ciudad (la or g anización espacial, su estructura morf ológica) nos
apro ximamos al conocimiento de la sociedad que lo ha gener ado”.
R especto a esto último, J uan Luis de las r iv as s anz (1992: 167)
subra ya que:
“[…] el plano tiene además en sí un contenido propositiv o en cuanto
que es el medio en el que se desen vuelve el pro yecto. Su doble
condición —esto es así, esto podría ser así— a la v ez descripti va y
r e pr esentativ a se estabiliza en su r eferencia al lugar consider ado”.
En este sentido, la confrontación entr e la ciudad construida y
el modelo urbano se plantea como confrontación, en un mismo
lugar , entre lo que se puede definir como el plano —de la ciudad,
la r ealidad— y el plan —urbanístico , la anticipación de un futuro
indeter minado—. Una confrontación entr e r ealidad y deseo que se
obser va pues , esencialmente , desde la variab le espacial. 20
En ter cer y último lugar , se r equier e hacer una r efer encia a la
construcción del discurso de la in vestigación, es decir , a la definición
de la estructura de la tesis doctor al. Esta deri va dir ectamente
de la necesidad de confir mar la hipótesis que la sustenta —el
interés y r ele vancia del caso de V alladolid para compr ender el
urbanismo español de las últimas tr es décadas— y del enfoque
metodológico comparati v o: la dicotomía entr e modelo urbano y
ciudad construida se afronta en distintos planos espaciales, a su
v ez confrontados entr e sí.
De este modo, la tesis doctor al se di vide en dos grandes par tes,
dotadas de cier ta autonomía, pero cuya lectur a solo tiene
sentido, tal y como se aca ba de decir —aunque con viene insistir
en ello—, desde la confrontación mutua: la primer a deter mina
los principales fenómenos , en cuya r ealidad se profundiza en la
segunda, requiriéndose en último tér mino la v erificación de su
mutua coher encia, lo que per mite a su vez v erificar la hipótesis
antes señalada. En su ar ticulación, cada una de estas dos par tes
asume una perspectiv a propia: mientras que en la segunda se
prima lo cronológico —la secuencia—, en la primera se plantea
una triple y sucesiv a apro ximación espacial-territorial.
En concr eto, la primer a par te incluye tr es capítulos, siendo el
primero el que se r efier e a los sistemas urbano y urbanístico en
España, es decir , al análisis r espectiv o de los principales f enómenos
urbanos y de la r egulación nor mativa y tendencias urbanísticas en
el periodo. A contin uación, el segundo capítulo se plantea como
v erificación del anterior , a tr a vés del contraste de esos mismos
20 P ara una discusión complementaria sobr e estas cuestiones, y sobre la utilidad
del estudio del planeamiento en el diagnóstico urbanístico-histórico, cabe r emitirse
a f ernández - M ar o t o (2018b).
project, of the tools and of the
urban planning techniques”.
T hus, such is the historiographic
e x ercise that is sought in this PhD
thesis, w hich also r equir es a final
methodological precision that
was pre viously mentioned in this
first section: the r elev ance of the
spatial component in it. Alfonso
á L v arez M ora (1996: 30-1) ref ers
to its need when he points out that
“histor y , when it tries to analyse
a phenomenon that is as comple x
as the city , must be conceiv ed as
a scientific e x ercise in w hich the
spatial component must ha ve a
pre ponderant place”, while adding
two r equirements:
“[...] the introduction into the
analysis, as methodological
components of the resear ch, of
the mechanisms that intervene
in the physical construction of
the city , that is, those pro vided
by the urban discipline [and] a
knowledg e of the city plan that
mak es us r eflect on the type
of society (type of ‘mode of
production ’) that has produced it.
Analysing the city plan (the spatial
or ganization, its morphological
structure), we approach to the
knowledg e of the society that has
gener ated it”.
R eg ar ding the latter , Juan Luis
de las r iv as s anz (1992: 167)
emphasizes that:
“[...] the plan also has a proactiv e
content since it is the means
wher e the project tak es place . Its
double condition —this is so , this
could be so—, both descriptiv e
and r epr esentative , stabilises in
its r efer ence to the consider ed
place”.
In this sense , the comparison
between the built city and the
urban model is consider ed as a
comparison, in the same place ,
between what can be defined as
the plan of the city —reality—
and the urban plan —anticipation
of an indeter minate futur e—. A
comparison between reality and
desire that is obser v ed, essentially ,
by means of the spatial variab le .
T hird and last, it is necessary to
ref er to the construction of the
discourse in the resear ch, that is,
to the definition of the structure
of this PhD thesis. T his responds
directly to the need to confir m the
hypothesis that suppor t it —the
interest and rele vance of the case
of V alladolid to understand the
Spanish urbanism of the last three
decades— and to the comparativ e
methodological approach: the
dichotom y between urban model
and built city is analysed in
different spatial lev els that are also
compared to each other .
In this regard, this PhD thesis is
divided into two lar ge par ts that
Introducción
25
Metodología y fuentes: los planes, entre la r ealidad y el arc hivo
procesos en un plano espacial distinto, pero equi valente . Se ha
escogido para ello el caso de Italia —concr etado en una par te del
nor te del país—, sobr e el que se ha r ealizado un análisis paralelo,
r eferido a esos mismos objetos. 21 Finalmente , el ter cer capítulo se
sitúa como paso inter medio entr e el plano gener al —los sistemas
urbano y urbanístico españoles— y el par ticular —su análisis
detallado en V alladolid—.
R especto a esto último, las ciudades medias del interior peninsular
se definieron intuitiv amente como marco en el que con ver g e el
protagonismo de V alladolid con la detección —a la postr e con
gran claridad— de los fenómenos e xtraídos en el primer capítulo ,
apor tándose a continuación un análisis más detallado del conte xto
territorial —urbano y urbanístico— en el que se ubica V alladolid,
correspondiente a Castilla y León. La primer a par te construye así
una secuencia espacial que a vanza progresiv amente hacia el caso
de estudio, objeto de la segunda par te, en la que el discurso pasa
a asumir una e xpresión cronológica, pautada en tres capítulos
correspondientes a las tr es décadas que compr ende el periodo
analizado. 22
P ara ter minar , cabe señalar que esta estructur a de la tesis doctoral
guar da a su ve z una relación directa con las fuentes empleadas en
cada par te y , en su caso, capítulo . Comenzando por las fuentes
r eferidas a los procesos de transf or mación y cr ecimiento urbanos,
se ha r ecurrido básicamente a variab les cuantitativas , obtenidas
de fuentes estadísticas oficiales. En la primer a par te de la tesis
doctoral se ha empleado fundamentalmente el Atlas Estadístico
de las Áreas Urbanas en España , una iniciativ a del Ministerio de
F omento —gestionada por el Ministerio de V ivienda entr e 2004 y
2010— que sur gió como publicación —con sucesi vas ediciones— 23
para lueg o ev olucionar hacia una platafor ma we b que r eúne
múltiples datos que , en muc hos casos, se ofr ecen con un niv el de
desag r eg ación que llega al municipio, y con actualización an ual. 24
21 En dicho capítulo se profundizará en la per tinencia de esta elección. Hay que
señalar , además, que este capítulo se ha desarrollado gracias a una estancia de tres
meses de duración r ealizada en el ver ano de 2018 en el Dipartimento di Architettura
e Studi Urbani —D AStU— del Politecnico di Milano , tutorada por el profesor Giuse ppe
Ber trando Bonfantini y financiada por la Univ ersidad de V alladolid a través de los
prog ramas Movilidad Doctorandos 2018 —del Ser vicio de apo yo a la In vestigación,
destinado a la r ealización de estancias bre ves en el desarrollo de tesis doctorales—
y Erasmus+ Prácticas —del Ser vicio de R elaciones Inter nacionales—.
22 En relación con la construcción del discurso, es necesario hacer r efer encia al
papel desempeñado por las notas a pie de página. Estas tienen un peso notab le
en su desarrollo, ya que se ha querido f acilitar la f luidez de la lectur a de un
documento e xtenso dotando de autonomía a cier tas profundizaciones, en las que
se complementan ar gumentos, se establecen puntos de conexión entr e par tes
distintas de la in vestigación o se apor tan o desarrollan refer encias. En definitiv a,
se propone un discurso en dos niv eles que pr etende dar satisfacción a distintos
perfiles de lector —cada v ez más div ersos—, posibilitando en todo caso, a quien
así lo desee , una lectura más e xigente en tiempo , pero más completa y rica en
contenidos —que las notas a pie de página ofr ecen—.
23 V er nota 10 en este capítulo.
24 El Atlas ha adquirido actualmente un doble f or mato, como por tal web —“ Atlas
Digital de las Ár eas Urbanas”, disponible en: http://atlasau.fomento.g ob .es—
y como publicación electrónica ( d irección g eneraL de a r quitectura , v iviend a y
characterise by cer tain autonomy ,
but whose r eading only mak es
sense , as has just been said —
although it is wor th insisting—,
through mutual confrontation:
the first par t defines the main
phenomena that the second par t
analyses in de pth, which also
requir es the v erification of their
mutual coher ence , and it finally
allows to v erify the afor ementioned
hypothesis. In their ar ticulation,
each of these two par ts assumes
its own perspecti ve: w hile the
chronological approach —the
sequence— is prioritized in the
second par t, the first one proposes
a triple and successiv e spatial-
territorial approach.
In par ticular , the first par t includes
three chapters. T he first one refers
to the urban and urban planning
systems in Spain, that is, to
the analysis of the main urban
phenomena and the nor mativ e
regulation and urban tr ends in the
period. Ne xt, the second chapter is
considered as a verification of the
pre vious one , through the contrast
of those same processes on a
different, but equivalent spatial
conte xt. T he case of Italy —more
specifically a par t of the nor th of
the countr y— has been chosen
to carr y out a parallel analysis
with those same objects. Finally ,
the third c hapter re presents an
inter mediate ste p between the
gener al scope —the Spanish urban
and urban planning systems—
and the specific one —its detailed
analysis in V alladolid—.
R e garding the latter , the medium-
sized cities of inland Spain wer e
intuitiv ely defined as a framework
wher e the protagonist role of
V alladolid con v erg es with the
detection —at the end, with great
clarity— of the phenomena that
are described in the first chapter .
A mor e detailed description of
the territorial and urban planning
conte xt where V alladolid is located,
corresponding to Castilla y León, is
follo wing pro vided. T hus, the first
par t defines a spatial sequence that
approaches progressiv ely towar ds
the case of study , which is the
object of the second par t. Here , the
discourse assumes a chronological
e xpression, ar ticulated in three
chapters that correspond to the
three decades that are comprised
in the analysed period.
Finally , it should be noted that
this structur e of the PhD thesis
has also a dir ect relationship
with the sour ces that are used in
each par t and chapter . Star ting
with the sour ces that refer to the
processes of urban transformation
and growth, quantitativ e variab les
ha ve been mainly used to describe
them. T hey ha v e been, obtained
from official statistical sources .
T he Atlas Estadístico de las Áreas
MigueL fernández Mar o t o - tesis doct oraL - 2019
26
una apr o xiMa ción a Las iner cias de La pLanificación urb anística reciente en esp aña a tra vés deL caso de v aLLadoLid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
Complementariamente , también se ha recurrido al Instituto
Nacional de Estadística —INE— para la obtención de algunos
datos específicos —de índole económica—, mientras que ,
en el caso del capítulo II —dedicado a Italia—, los datos se
han obtenido del Istituto Nazionale di Statistica —IST A T—. 25
Asimismo, par a la r e presentación de estos datos se ha empleado
car tog rafía procedente del Instituto Geog ráfico Nacional. 26 En
la segunda par te —la dedicada a V alladolid—, se han empleado
datos procedentes de la Dir ección Gener al del Catastro —tanto
alfan uméricos como espaciales—, 27 así como estadísticas del
A yuntamiento de V alladolid ref eridas tanto a la población —padrón
municipal— como a la acti vidad constructi va —licencias de obr a,
compendiadas en infor mes por el Ár ea de Urbanismo—. 28
En lo tocante al estudio del sistema urbanístico, ha y que distinguir ,
por un lado, la legislación y demás te xtos nor mativ os, que se han
consultado dir ectamente a tra vés de los cor r espondientes boletines
s ueL o , 2017) —la más r eciente a fec ha de cierre de este te xto—. En la inv estig ación
se han empleado datos de población —procedentes de los Censos de P oblación
de 1960, 1970, 1981, 1991, 2001 y 2011—, de vivienda —corr espondientes a los
Censos de V ivienda de 1991, 2001 y 2011— y de ocupación de suelo —r eferidos al
Corine Land Cover de 1987, 2000 y 2006—.
25 En concreto , en el caso del INE —a tr a vés del sistema INEbase: http://www .ine .
es/ine bmenu/indice .htm— se han consultado datos de la Contabilidad R egional
de España de 1981 y 2010 y de la Contabilidad Nacional T rimestral de España,
el Índice de Pr ecios de Consumo, la Encuesta de P oblación Activa y los Tipos de
interés legales, del mercado hipotecario y del mer cado financiero —par a distintos
años—. En lo que respecta al IST A T —https://www .istat.it/it/—, se han consultado
los datos de población entr e los años 1982 y 2012.
26 Disponible en su sitio we b: http://www .ign.es/web/ign/por tal. En lo tocante al
capítulo II, la car to grafía procede del IST A T .
27 La Dirección General del Catastro —a tr a vés de su sede electrónica: http://
www .sedecatastro.gob .es— ofrece par a su consulta y descar ga tanto la car to grafía
vectorial de cada municipio como la inf or mación alfan umérica correspondiente ,
aptas para su tr atamiento a tra vés de Sistemas de Infor mación Geog ráfica. Esta
información se actualiza tres v eces al año, ha biéndose empleado la correspondiente
a la actualización del 22 de may o de 2015, r eferida tanto a V alladolid como a otros
22 municipios de su entorno. Con ello se ha podido obtener la r e pr esentación —y
los datos— de toda la actividad constructi va en el periodo de estudio , asignando a
cada par cela uno o varios usos —r esidencial, industrial, terciario, etc.— y el año de
construcción de su edificación principal.
28 En el caso del padrón municipal —y más específicamente los mo vimientos de
población—, se ha r ecurrido a la plataforma web de datos abier tos del A yuntamiento
de V alladolid —https://www .valladolid.es/es/temas/hacemos/open-data-datos-
abier tos—, mientras que las licencias de obras se han obtenido desde la sección
de urbanismo y vivienda del sitio we b municipal —https://www .valladolid.es/
es/ciudad/urbanismo-vivienda—, a tra vés de los Infor mes de Seguimiento de la
Actividad Urbanística —ISA U , que por obligación le gal se publican anualmente
desde el año 2008—. P ara el periodo anterior —may oritario en esta in vestigación—,
se ha r ecurrido a los infor mes elabor ados periódicamente por la g eógrafa municipal
Úrsula C . Grieder Gröf lin, algunos inter nos —que se han consultado en el Ar chi v o
Municipal de V alladolid— y otros con v er tidos en publicaciones ( g rieder g r öfLin ,
1997; 2004; 2008), y que ofr ecen los datos de licencias de obra desglosados
tanto por usos —r esidencial, industrial, ter ciario— como por ámbitos —centro
histórico, barrios, unidades de actuación en suelo urbano, planes par ciales en
suelo urbanizab le—. Cabe señalar que par a los años 1979 a 1983 se ha tenido
que recurrir a la consulta en el b uscador del Ar chi vo Municipal de V alladolid, ya
que las licencias correspondientes no han sido compendiadas en ningún informe
o documento municipal.
Urbanas en España , whic h is an
initiativ e of the Ministr y of Public
W orks —mana g ed b y the Ministr y
of Housing between 2004 and
2010— has been used as main
source in the first par t. It w as first
a publication —with successi v e
editions— and then ev olve into
we b platform that g athers multiple
data that ar e commonly offer ed
with a lev el of disagg regation
that r eaches the m unicipality and
annually updated.
In addition, the Instituto Nacional
de Estadística —INE— also has
pro vided with some specific
data —of an economic nature—.
R eg ar ding the second chapter
—focused on Italy—, data come
from the Istituto Nazionale di
Statistica —IST A T—. Like wise ,
car to graphy from the Instituto
Geográfico Nacional has been used
to r epr esent these data. In the
second par t —cor r esponding to
the case of V alladolid—, data from
the Dirección General del Catastro
—both alphanumeric and spatial—
ha ve been e xploited, as well as
statistics from the Municipality of
V alladolid that ref er both to the
population —municipal census—
and also to building acti vity —
construction licenses, compiled b y
the Ar ea of Urbanism—.
R eg ar ding the study of the urban
planning system, it is necessar y
to distinguish the legislation and
other nor mativ e te xts, w hich
ha ve been consulted dir ectly
through the corresponding official
bulletins, and the documents of
the plans. R egarding the latter , the
analysis of quantitativ e variab les
and, abo ve all, of bibliog raphic
sources has been used in the first
par t, while in the second one —
dev oted to V alladolid— the stud y
is lar g ely based on the analysis of
the original documents of plans,
which ha ve been obtained in the
Archivo de Planeamiento Urbanístico
y Ordenación del Territorio vigente
—PLA U , managed b y the R egional
Go vernment of Castilla y León—, in
the Municipal Arc hiv e of V alladolid
—AMV A, mana g ed b y the City
Council— and in the Arc hiv e of the
Instituto Universitario de Urbanística
of the Univ ersity of V alladolid —
AIUU—. It should be noted that the
searc h and r ecognition of these
original documents —r epor ts and
plans— and the analysis of the
ar guments and the proposals that
are presented in them has been
one of the fundamental bases of
this r esearc h.
Finally , it should be noted that
much of the sources’ processing
work has r esulted in the anne x es to
the resear ch, which ar e presented
as a collection of data that suppor t
cer tain par ts of the resear ch not in
specific sections, b ut throughout
its dev elopment. T hus, the y ha v e
Introducción
27
Metodología y fuentes: los planes, entre la r ealidad y el arc hivo
oficiales, 29 y , por otro lado, los documentos de planeamiento .
R especto a estos últimos, en la primera par te se ha r ecurrido
al análisis de varia bles cuantitativ as y , sobre todo, a fuentes
bibliográficas, 30 mientras que en la segunda par te —la dedicada a
V alladolid—, el estudio se sustenta en buena medida en el análisis
de los documentos originales de planeamiento, que se han
obtenido en el Ar chiv o de Planeamiento Urbanístico y Or denación
del T erritorio vig ente —PLA U , g estionado por la J unta de Castilla y
León—, en el Ar chiv o Municipal de V alladolid —AMV A, dependiente
del A yuntamiento— y en el Ar chiv o del Instituto Univ ersitario de
Urbanística de la Univ ersidad de V alladolid —AIUU—. 31 Hay que
destacar que la búsqueda y r econocimiento de estos documentos
29 Se ha recurrido fundamentalmente a los sitios we b del Boletín Oficial del Estado
—BOE, https://www .boe .es/— y del Boletín Oficial de Castilla y León —BOCyL,
http://bocyl.jcyl.es—, mientras que en el caso de Italia se ha consultado la Gazzetta
Ufficiale della Repubblica Italiana —http://www .gazzettaufficiale .it/—, el Bollettino
Ufficiale Regione Lombardia —B URL, http://www .bollettino.regione .lombardia.it/—
y el Bollettino Ufficiale della Regione Emilia-Romagna —B URER T , https://bur .r e gione .
emilia-romagna.it/—. P ara la consulta ar ticulada de la nor mativa autonómica
española se ha r ecur rido a los códig os electrónicos disponibles en el sitio we b del
BOE —https://www .boe .es/le gislacion/codigos/—, una útil tar ea de compendio
coordinada por Ángel María Marinero P eral. P or último, en el caso concr eto de
Castilla y León se han consultado los listados de legislación y nor mativa —tanto
en vig or como dero gada— disponibles en el apar tado de Urbanismo y Ordenación
del T er ritorio dentro del por tal de vivienda de la J unta de Castilla y León —http://
www .vivienda.jcyl.es—.
30 Se han empleado datos sobr e planeamiento municipal —clasificación de suelo—
facilitados por el Ministerio de F omento a tr avés del Sistema de Inf or mación
Urbanística —SIU— y obtenidos desde el ya citado “ Atlas Digital de las Áreas
Urbanas Españolas”. En lo tocante al capítulo II, sí se han consultado dir ectamente
algunos documentos de planeamiento, obtenidos a tr avés de los sitios we b de los
municipios corr espondientes: Milán —http://www .comune .milano.it/wps/por tal/
ist/it/ser vizi/territorio/Pianificazione_Urbanistica_Generale—, Bolonia —http://
dru.iperbole .bolo gna.it/—, etc.
31 PLA U consiste en una platafor ma web —http://servicios.jcyl.es/PlanPub lica/
default_plau.do— que contiene copias digitalizadas en PDF de una gran cantidad
de documentos de aprobación definitiv a de diversos instrumentos urbanísticos —
ordenación del territorio , planeamiento general, planeamiento par cial y especial,
etc.—, tanto en vig or como históricos, y disponibles tanto par a su consulta como
para descar ga, por lo que ha resultado de una enorme utilidad para la in vestigación.
Complementariamente , en el caso de los documentos de planeamiento sin copia
disponible en PLA U —nor malmente los documentos más antiguos, de principios
de los años ochenta—, se ha r ecurrido al AMV A, donde se han consultado los
documentos originales en papel. Asimismo, se ha r ecurrido al AMV A para la
consulta de documentos correspondientes a fases iniciales —trabajos pr evios,
a vance de planeamiento— o inter medias —documentos de aprobación inicial y
pro visional, y alegaciones— de la elaboración del planeamiento, sobr e todo de
los tr es planes generales de la ciudad. Ca be señalar que este arc hiv o también
dispone de una plataforma web para la búsqueda de documentos —https://www .
valladolid.es/es/ayuntamiento/ar chi vo-municipal/f ondos/acceso-bases-datos—,
con posibilidad de descar ga directa de algunos de ellos, como fotografías. Algunas
de estas, junto con otros fondos documentales conservados en la biblioteca del
arc hiv o han ser vido también como fuentes de infor mación. Finalmente, la consulta
en el AIUU se ha cir cunscrito a documentos elaborados en las f ases iniciales de
trabajos r ealizados en el propio Instituto —A vance del Plan Especial del Casco
Histórico de V alladolid, Directrices de Or denación T erritorial de V alladolid y
Entorno— y que, por este carácter , no se hayan de positados en ningún otro ar chiv o.
P or otro lado, para el análisis de la tramitación y los procesos de aprobación de
los distintos instrumentos urbanísticos de la ciudad también se ha r ecurrido a los
antes citados informes realizados por el Ár ea de Urbanismo del Ayuntamiento de
V alladolid.
been se parately compiled, in
order to f acilitate its consultation
while r eading the document,
without affecting or conditioning
its necessar y f luidity . Like wise ,
the inclusion of inde xes aims to
facilitate the consultation of both
the bibliographic sources and
also the legal and nor mativ e texts
and, in the case of V alladolid, the
gener al and par tial planning tools.
T hey ha ve been summarized in lists
that ar e useful as compendiums.
28
originales —memorias y planos— y el análisis de los ar gumentos
utilizados y de las propuestas planteadas en ellos ha sido una de
las bases fundamentales de esta in v estig ación.
En último lugar , con viene señalar que buena par te del tra bajo
r ealizado sobre las fuentes se ha plasmado en los anex os a la
in v estig ación, planteados a modo de r ecopilación de datos que ,
por sustentar deter minadas par tes del discurso no tanto en
momentos concr etos, sino a lo lar g o de su desarrollo —más o
menos e xtendido—, se ha pref erido recog er apar te , para f acilitar su
consulta durante la lectur a del documento sin afectar o condicionar
su necesaria f luidez. 32 Asimismo , la inclusión de índices pretende
facilitar la consulta tanto de las fuentes bibliog ráficas empleadas
como de los te xtos leg ales y nor mativos y , en el caso de V alladolid,
de los instrumentos de planeamiento g eneral y par cial, mediante
listados que , en sí mismos, son útiles como compendios .
32 En concreto, los ane xos incluyen los listados completos de las estadísticas
empleadas en la primera par te, que en el documento se han sintetizado en figur as,
así como varias ta blas específicas sobre el urbanismo en Castilla y León. En lo
tocante a V alladolid y su ár ea urbana, los anex os incorporan todos los datos
relati vos a la pob lación, la actividad constructiva, las licencias y los instrumentos
de planeamiento en los distintos municipios dur ante el periodo de estudio,
acompañados de figuras sintéticas útiles como complemento de la lectur a de toda
la segunda par te del documento.
29
P AR TE 1
UNA VISIÓN SINTÉTICA Y COMP ARAD A DE LA PLANIFICA CIÓN
URB ANÍSTICA RECIENTE EN ESP AÑA. CARA CTERIZA CIÓN DEL INTERIOR
PENINSULAR COMO MARCO DEL ESTUDIO
R esumen / Abstr act
CAPÍTUL O I. SÍNTESIS DE LA EV OL UCIÓN RECIENTE DEL SISTEMA URB ANO Y EL MARCO URBANÍSTICO
EN ESP AÑA
La configuración del sistema urbano actual: desarrollo económico y urbanización de España entr e 1960 y
1980
Las bases del urbanismo contemporáneo español: Ley del Suelo , planes g enerales y e xpansión mediante
políg onos
I.1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerar quía de las ár eas urbanas
La g eneralización del fenómeno metropolitano en España
I.2. El marco normati v o: estabilidad por inercia en un periodo de cambios
La r efor ma de la Ley del Suelo de 1975: r eajuste y reglamentación del mar co her edado
La Constitución Española de 1978: r eordenación del mar co competencial
La r efor ma de la Ley del Suelo de 1990: un f allido intento de control como antesala de la definitiv a asunción
competencial por las Comunidades A utónomas
La r efor ma de la Ley del Suelo de 1998: liber alización del suelo para una urbanización sin cor tapisas
La r efor ma de la Ley del Suelo de 2007: una r eacción tardía
I.3. El planeamiento urbanístico: una e volución en tr es tiempos
La g eneración de planes de los años ochenta: v oluntad ref or mista volcada en la ciudad e xistente
Los años no venta: la r ele gación del urbanismo frente a los grandes pro yectos urbanos
El cambio de siglo: un urbanismo dominado por lo inmobiliario
CAPÍTUL O II. A MODO DE CONTRASTE: UNA MIRAD A AL NORTE DE IT ALIA
El territorio que cambia: de la ciudad difusa al arc hipiélago metropolitano
II.1. El marco normati v o: una ref orma urbanística siempre pendiente
La Ley urbanística de 1942 como r efer encia fundacional
La fracasada r efor ma g radual de los años sesenta y setenta
Nuev os instrumentos urbanísticos para la transf or mación urbana
El “feder alismo urbanístico” como decepcionante intento r efor mista
II.2. Casuística urbanística: apuntes par a una taxonomía
De la r evisión del PR G al Documento director del pro yecto pasante: hacia un nue vo modelo urbanístico en
Milán
La alter nativ a del urbanismo r efor mista: el PRG de Bolonia
El plan como pro yecto de ar quitectura: Gr e gotti Associati y el PR G de T urín
Un plan para la ciudad contemporánea: Secc hi-V ig anò y el PR G de Brescia
Dos propuestas complementarias: la apro ximación morfológica del PR G de P ar ma y la visión ecológica del
PRG de R e ggio Emilia
Los límites del plan urbanístico municipal en el comienz o del siglo xxi : e xploraciones alternativas en Milán
y Bolonia
30
CAPÍTUL O III. EL INTERIOR PENINSULAR EN EL CONTEXT O URB ANO Y URB ANÍSTICO ESP AÑOL:
POLARIZA CIÓN DEL TERRIT ORIO Y CIUD ADES INTERMEDIAS
Los subsistemas urbanos del interior peninsular en un conte xto de polarización del territorio
Las principales ár eas urbanas del interior: su rol como ciudades inter medias
III.1. Castilla y León: lo urbano junto a la or denación del territorio
La fundamentación del mar co urbanístico propio desde la reflexión sobr e la or denación del territorio
La L UCyL: el principio de sostenibilidad como orientación para un urbanismo adaptado a las condiciones
de Castilla y León
Las dir ectrices de ordenación del territorio: un prog r ama superado por las lógicas inmobiliarias del
urbanismo municipal
III.2. V alladolid: el interés de su perfil urbano y urbanístico
31
RESUMEN
La primera par te de este documento estab lece el conte xto en
el que el estudio desarrollado en la segunda par te se inser ta y
adquier e sentido y r elev ancia. En concr eto, se comienza por una
visión sintética de la e volución reciente de los sistemas urbano y
urbanístico en España. A continuación, se esta blece un contr aste
con lo ocurrido en ese mismo periodo en el nor te de Italia.
Finalmente , se analizan los subsistemas urbanos del interior
peninsular como mar co específico del caso de V alladolid, con una
atención par ticular a Castilla y León y su marco urbanístico propio.
El primer capítulo estab lece en primer lugar los antecedentes
del periodo objeto de estudio. Se analizan los intensos procesos
de urbanización que tuvieron lugar durante los años sesenta
y setenta, así como la confor mación del mar co urbanístico
contemporáneo, simbolizado por la Le y del Suelo de 1956,
que tuv o una contradictoria aplicación. P ar tiendo de estos
antecedentes, el primer apar tado se dedica al análisis del sistema
urbano español en su e volución desde principios de los años
ochenta hasta la actualidad. P ara ello se han estudiado v ariables
como la e volución de la población, la construcción de vi viendas y
el consumo de suelo, tanto a escala territorial como urbano. De
ello se deduce la consolidación de los desequilibrios territoriales
her edados del periodo anterior , es decir , la concentr ación de
la población y la acti vidad económica en Madrid y las r egiones
costeras —sobr e todo las mediter ráneas—, mientras el interior de
la península sufr e un claro proceso de en v ejecimiento y pér dida de
población. El segundo apar tado afronta el análisis de los cambios
e xperimentados por el mar co nor mativ o del urbanismo en este
mismo periodo. Destacan la sucesión de r efor mas experimentadas
por la legislación estatal —1975, 1990, 1998, 2007— y el proceso
de transf er encia, asunción y desarrollo de las competencias
en urbanismo por par te de las Comunidades A utónomas. Sin
embar go, las bases fundamentales del urbanismo español se han
mantenido inalteradas . Finalmente , el tercer apar tado también
se dedica al mar co urbanístico, pero en su v er tiente disciplinar ,
es decir , atendiendo a las tendencias que se pueden obser var
en el planeamiento urbanístico, que ha atr a v esado tres etapas
bastante claras. En los años oc henta, el urbanismo destacó
por su compromiso r efor mista, y por su atención a la f or ma y
las necesidades de los tejidos e xistentes. En los no venta, se fue
e xtendido una nue va apro ximación estratégica a lo urbano, que
se combinó con la emer gencia de los grandes pro yectos urbanos,
a par tir de casos como Barcelona o Bilbao . Desde entonces, el
urbanismo se fue inclinando cada ve z hacia la primacía de lo
inmobiliario, hasta el estallido de la b urbuja inmobiliaria.
El segundo capítulo pretende ser vir como contraste de los
procesos descritos en el primer capítulo. P ara ello , se ha analizado
lo ocurrido en este mismo periodo en otro conte xto territorial
difer ente , en concreto una par te del nor te de Italia, caracterizado
por un proceso de metropolización del territorio ya m uy
32
consolidado y e xtenso. El primer apar tado de este capítulo analiza
la ev olución del mar co normativo , par tiendo de su confor mación
a par tir de la ley urbanística de 1942 y estudiando las posterior es
r efor mas, mar cadas por el paso de los procesos de e xtensión a
los de transf or mación, y por el traspaso de las competencias en
urbanismo a las r egiones —con numerosos paralelismos con el
caso español—. A continuación, se propone el análisis de una
serie de planes municipales en los que se r eflejan los cambios
y las r ef le xiones del urbanismo italiano en este periodo. T ras
un estudio del caso de Milán y Bolonia en los años ochenta —
cuando se situaron como alter nativ as antagónicas—, se analizan
las apro ximaciones propias de estudios como los enca bezados
por Gr egotti o Secc hi, a tra vés de ejemplos como T urín o Br escia.
Finalmente , se vuelv e a Milán y Bolonia en el cambio de siglo para
obser var sus distintas propuestas de planeamiento municipal.
El ter cer capítulo sir ve par a estab lecer el mar co más propio del
caso de V alladolid, que corresponde a los subsistemas urbanos
del interior peninsular . Las dos submesetas y los valles del Ebro
y del Guadalquivir se car acterizan por su menor dinamismo en
comparación con Madrid y las r e giones costeras , pero no se trata
de ámbitos homogéneos, sino que pr esentan características
distintiv as. En concr eto, la submeseta nor te y el valle del Ebro
destacan por una fuer te polarización del territorio entre las
ár eas urbanas y las zonas rur ales, que al combinarse con la
estructura m unicipal histórica ha dado lugar a claros fenómenos
de metropolización y e xpansión urbana, tan característicos de
este periodo. El estudio más detallado del primero de estos dos
ámbitos, que se corr esponde prácticamente con la Comunidad
A utónoma de Castilla y León, per mite obser var el despliegue de un
mar co urbanístico propio que se ha adaptado tanto a los cambios
a niv el nacional como a las necesidades propias de la región,
así como las contradicciones en el desarrollo de los principales
instrumentos urbanísticos y de or denación del territorio en la
r egión. Finalmente , el último y br ev e apar tado de este capítulo
sir ve de enlace con la segunda par te , al constatar la ejemplaridad
de V alladolid a la hora de acer carse a la ev olución más r eciente del
urbanismo español.
33
ABSTRA CT
T he first par t of this document estab lishes the conte xt wher e the
stud y that is dev eloped in the second par t fits and acquir es meaning
and r elev ance . Mor e specifically , it begins with a synthetic vision
of the r ecent ev olution of urban and urban planning systems in
Spain. Ne xt, a contrast is esta blished with w hat happened in that
same period in nor ther n Italy . Finally , the urban subsystems of
inland Spain ar e analysed as a specific frame work for the case of
V alladolid, with par ticular attention to Castilla y León and its own
urban planning frame work.
T he first chapter first esta blishes the antecedents of the studied
period. T he intense processes of urbanization that took place during
the sixties and sev enties are analysed, as well as the confor mation
of the contemporar y urban planning frame work, symbolized b y the
Land Law of 1956, w hich had a contr adictor y application. Based
on this background, the first section is dedicated to the analysis of
the Spanish urban system in its e v olution from the early eighties
to the pr esent. In this r eg ard, v ariab les such as the e v olution of
the population, the housing production and the consumption of
land, both at a territorial and urban scale , ha ve been studied.
It r esults in the consolidation of the territorial imbalances that
wer e inherited from the pre vious period, that is, the concentration
of population and economic activity in Madrid and the coastal
r egions —especially the Mediter ranean ones—, w hile inland Spain
suffers a clear process of aging and population loss. T he second
section deals with the analysis of the c hanges that the r e gulator y
frame work of urban planning has e xperienced in this same period.
T he succession of r efor ms in the national legislation —1975, 1990,
1998, 2007— must be noted, as well as the process of tr ansfer ,
assumption and de ployment of competences in urban planning
b y the Comunidades Autónomas . Howe ver , the fundamental bases
of Spanish urbanism ha v e r emained unchang ed. Finally , the third
section is also dedicated to the urban planning frame work, but
in its technical aspect, that is , considering the trends that can
be obser ved in urban planning , which has gone through thr ee
quite clear sta g es. In the eighties, urbanism characterised f or its
r efor mist commitment, and for its attention to the f or m and needs
of e xisting urban fa brics. In the nineties , a new str ategic approach
to urban issues e xtended, whic h combined with the emer g ence
of lar g e urban projects, as in cases suc h as Bar celona or Bilbao.
Since then, urbanism has been incr easingly inclined towar ds the
primacy of r eal estate rationale , until the bursting of the housing
bubb le .
T he second chapter aimed to ser v e as a contrast to the processes
that had been described in the first chapter . T hat r equired to analyse
what happened in this same period in a differ ent ter ritorial context,
specifically a par t of nor ther n Italy , whic h has characteriz ed
b y a process of metropolization of the territor y that is alread y
well estab lished and e xtensiv e . T he first section of this chapter
analyses the ev olution of the regulator y framework, star ting from
34
its confor mation through the urban law of 1942 and stud ying the
subsequent r efor ms, w hich wer e conditioned b y the tr ansition
from the e xtension processes to those of transf or mation, and by
the transf er of the competences in urbanism to the regions —in a
parallel process with the Spanish case—. Ne xt, the analysis of a
series of municipal plans that e xpr ess the c hang es and r ef lections
of Italian urban planning in this period is proposed. After a study
of the cases of Milan and Bologna in the eighties, when the y
emer g ed as antagonistic alternativ es, the approaches of planning
offices such as those of Greg otti or Secc hi ar e analysed, through
e xamples such as T urin or Br escia. Finally , Milan and Bologna are
ag ain analysed in the beginning of the 21 st centur y , regarding their
differ ent proposals for m unicipal planning .
T he thir d chapter ser v es to estab lish the most appropriate
frame work for the case of V alladolid, whic h cor responds to the
urban subsystems of inland Spain. T he two sub-plateaus and the
valle ys of the Ebro and the Guadalquivir ar e characterized b y their
minor d ynamism compar ed to Madrid and the coastal r e gions,
although they ar e not homogeneous ar eas, but the y ha v e distinctiv e
char acteristics. In par ticular , the nor ther n sub-plateau and the
Ebro valle y characterize b y a strong polarization of the ter ritor y
between urban ar eas and rural z ones. T hat has combined with the
historic municipal structur e and has led to clear phenomena of
metropolization and urban e xpansion, whic h ar e so char acteristic
of this period. T he more detailed stud y of the first of these two
subsystems, w hich corr esponds practically to the Comunidad
Autónoma of Castilla y León, allows to observe the de ployment of
an o wn urban frame work that has adapted both to chang es at the
national lev el and to the needs of the region. It also e xpr esses the
contradictions in the de velopment of the main urban and r egional
planning tools. Finally , the last and brief section of this chapter
ser ves as a link to the second par t, as it confir ms and summarizes
the e x emplar y condition of the case of V alladolid r eg ar ding the
most r ecent ev olution of Spanish urban planning.
35
CAPÍTUL O I
SÍNTESIS DE LA EV OL UCIÓN RECIENTE DEL SISTEMA
URB ANO Y EL MARCO URB ANÍSTICO EN ESP AÑA
Este capítulo tiene como objetiv o definir el conte xto urbano y
urbanístico español en el que se inser ta el caso de V alladolid, objeto
de la segunda par te del documento, en el periodo analizado. Dado
este carácter de conte xtualización, no se pretende , por e x cesiv o,
innecesario y de imposible consecución, un estudio profuso y
detallado de esta e volución r eciente del sistema urbano y el
mar co urbanístico en España, sino más bien un análisis sintético
orientado a detectar las tendencias principales del periodo.
En consecuencia, se comienza analizando el sistema urbano
español, es decir , las principales características de las ciudades
españolas como conjunto a par tir de sus indicadores más
r elevantes y de la r efer encia a sus jerar quías y mar cos ter ritoriales
correspondientes . En se gundo lugar , se abor da el marco nor mativ o,
prog r esivamente construido a par tir de las sucesiv as ref or mas
leg ales que han ido definiendo el complejo —y a v eces confuso—
régimen r e gulatorio del urbanismo en España. Finalmente , se
afronta la ev olución del planeamiento urbanístico en lo tocante a
su orientación y principales líneas prog ramáticas .
No obstante , ello r equiere un —br ev e— comentario inicial de los
antecedentes, es decir , de estos mismos aspectos r eferidos al
ciclo urbano precedente , que se puede identificar con el periodo
compr endido entre finales de los años cincuenta y finales de los
años setenta. Durante esos apro ximadamente v einte años —el
periodo del “desarrollismo”— se produjo la con versión de España
en un país urbano, al tiempo que se establecieron los principales
rasg os del urbanismo contemporáneo en nuestro país , tanto desde
el punto de vista leg al —nor ma— como disciplinar —práctica—.
La configuración del sistema urbano actual: desarrollo económico y
urbanización de España entre 1960 y 1980
A finales de los años cincuenta, una cier ta concentración de la
población española en deter minadas zonas se combinaba con
la distribución de dic has zonas de una manera que , sin ser
homogénea, sí guarda ba un cier to equilibrio geog ráfico. A unque
la mitad de la población del país se concentraba en las tr ece
pro vincias más pob ladas, estas se ubicaban tanto en la costa nor te
—La Coruña, Asturias y V iz caya— como en la este —Bar celona,
V alencia y Mur cia— y la sur —Cádiz, Málaga y Granada—, así
como en el interior del país —Se villa, Córdoba y Badajoz, además
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
36
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
de Madrid—. En el escalón siguiente se situaban además otr as
muc has pro vincias interior es —Or ense , León, Zaragoza, Cácer es,
T oledo, Ciudad R eal y J aén—, que junto con otr as cuatro pro vincias
costeras —Guipúz coa, P onte v edr a, Lug o y Alicante— y los dos
ar chipiélag os —Balear es y Canarias— suma ban otra cuar ta par te
de la población total, corr espondiendo el cuar to restante a otr as
23 pro vincias, casi todas ubicadas en el interior (Figur a I.1).
En el mar co de esta distrib ución territorial hay que subra y ar el peso
poblacional que , de for ma g eneral, seguía manteniendo el medio
rural en aquel momento , ya que más de la mitad de la población
española vivía entonces en m unicipios con menos de 20.000
habitantes , 1 correspondiendo el r esto a los 169 municipios que
1 Delimitar la frontera entr e lo urbano y lo rur al es un problema metodológico
de complicada resolución. Un r epaso a los numerosos estudios que desde hace
décadas se vienen dedicando al r especto, como el que r ealizan por ejemplo s ancho
c omíns y r einoso m oreno (2012), ofr ece un panorama m uy div erso de criterios
—número de habitantes, densidad de pob lación, actividad económica, etc.—
aplicados sobr e ámbitos difer entes y en distintas combinaciones , e interpr etados
a par tir de umbrales también cambiantes. P or ejemplo, el INE —una r eferencia
recurr ente en el conte xto español— consider a “zona urbana” al “conjunto de
entidades singular es de población con 10.001 o más ha bitantes”. En este caso,
bien entendido que no es objeto de esta in v estigación contribuir a esta discusión,
se ha tomado como r efer encia un único indicador y ámbito —la pob lación total por
municipios— y se ha fijado el umbr al —de forma más restrictiv a— en los 20.000
habitantes, consider ando que esta cifra mar ca una condición urbana indubitada.
Se ha seguido a este respecto el criterio del “ Atlas Estadístico de las Ár eas Urbanas
en España” —al que se volv erá más adelante—, que afir ma que la antes citada
clasificación estadística española tradicional “enmascara m uchas situaciones
que no son propiamente urbanas”. Así, una v ez delimitadas las que denomina
Grandes Ár eas Urbanas, el Atlas también clasifica automáticamente como urbanos
todos los municipios con más de 20.000 ha bitantes, y además consider a los que
se sitúan entr e los 5.000 y los 20.000 habitantes , pero en este caso los somete
hasta a cuatro filtros para v erificar tal condición —que descalifican a una amplia
mayoría—. P or ejemplo, uno de ellos tiene que v er con el carácter polinuclear de
Figura I.1. P oblación española en
1960. Distribución por pro vincias.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
37
supera ban dicha cifr a. 2 R especto a estos últimos, el desequilibrio
territorial era may or , ya que destaca la de bilidad urbana de buena
par te interior peninsular: en el amplio territorio re presentado por
las dos submesetas —nor te y sur— y el valle del Ebro solamente
doce ciudades —cuatro, tr es y cinco respecti vamente — superaban
los 50.000 habitantes —Madrid apar te—.
Esta consideración de de bilidad urbana se podía hacer de hecho
e xtensiv a al conjunto del país, y a que solamente siete ciudades
r e basaban los 250.000 habitantes , encabezadas por Madrid y
Bar celona —que supera ban liger amente los 2 millones y el millón
y medio de habitantes , r espectiv amente— y seguidas por V alencia
y Sevilla —en el entor no del medio millón— y después por
Zarag oza, Málag a y Bilbao —con alr ededor de 300.000 habitantes
cada una—. Las ár eas urbanas inter municipales de cier ta entidad
sólo se habían consolidado en torno a Bar celona —elev ando la
población hasta casi 2 millones de ha bitantes— y Bilbao —con
alr ededor de medio millón de habitantes en total— (Figur a I.2). 3
los municipios en cier tas zonas del país —como Galicia o Asturias—, en los que la
población se ha ya dispersa en muc hos núcleos —casi todos de pequeña entidad—
que , conjuntamente , pueden alcanzar cifras notab les de población, pero cuya
condición rural no par ece discutible —y lo es menos en el contexto de la España
de 1960—. P or otro lado, cabe añadir que este umbr al de 20.000 habitantes ha
sido también asumido por otros muchos autor es a la hora de analizar el fenómeno
urbano, como, por ejemplo , F ernando de t erán (1999: 354).
2 En concr eto, 17.062.478 personas vivían en m unicipios con menos de 20.000
habitantes, lo que re presentaba más del 55% de una pob lación total de 30.764.146,
según el Censo de P oblación de 1960, al que se r efieren también los datos de
población tanto pro vinciales —que se acaban de comentar— como de las ciudades
—que lo serán seguidamente—.
3 El área urbana de Bar celona estaba encabezada por la propia capital junto con
L ’Hospitalet de Llobr eg at y Badalona —que supera ban y rozaban los 100.000
habitantes, r espectivamente—, seguidos por Santa Coloma de Gramenet y Cornellà
Figura I.2. P oblación de las
ciudades españolas en 1960.
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
38
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
P ar tiendo de esta situación, su ev olución a lo lar g o de las dos
décadas siguientes —en un conte xto de cr ecimiento económico
acelerado— 4 vino mar cada por el fuer te aumento de la población
—más de un 22% en ese periodo, gracias a la ele vada natalidad— 5
y por los impor tantes mo vimientos mig ratorios que se produjeron
dentro de España, con medias del or den de 400.000 personas al
año ( r odríguez o suna , 1978 : 111).
Desde el punto de vista de la distribución de la pob lación, ello
se tradujo en una nota ble acentuación de los desequilibrios
pr ee xistentes . Casi todo el interior peninsular sufrió un intenso
proceso emigratorio, de tal f or ma que a finales de los años
setenta nada menos que 22 pro vincias pr esentaban pér didas
de población con r especto a veinte años atrás, pér didas que
de Llobregat —por encima de los 20.000— y por otros ocho m unicipios con más
de 10.000 habitantes. En el caso de Bilbao, el ár ea urbana sigue el r ecor rido de la
ría, incorporando m unicipios como Barakaldo —con más de 75.000 ha bitantes—
y Santur tzi, Sestao, Basauri, Getxo y P or tug alete —que r e basaban los 20.000—.
T ambién habría que consider ar aquí a Madrid, teniendo en cuenta la ane xión de
trece municipios a la capital que se produjo pocos años antes —entr e 1947 y
1954— y que multiplicó casi por die z la e xtensión de su tér mino municipal.
4 En la segunda mitad de los años cincuenta se produjo el abandono de la
política económica autár quica mantenida por el régimen franquista desde el
final de la Guerra Civil, en un proceso que culminó con la aprobación del Plan
de Estabilización de 1959 —mediante el Decreto-Ley 10/1959, de 21 de julio, de
ordenación económica — y que r esultó en un cr ecimiento económico acelerado
( t amames , 1978: 476-7). Este periodo —habitualmente denominado como el
“desarrollismo” o el “milag ro económico español”— se prolongó hasta mediados
de los años setenta, y colocó a España entr e las principales economías a niv el
mundial.
5 Las tasas de natalidad se mantuvieron en el entorno del 20‰ durante los años
sesenta y la primera mitad de los setenta, con más de 650.000 nacimientos cada
año, según datos sobre el Mo vimiento Natural de la P oblación.
Figura I.3. V ariación de la
población española por pro vincias
entre 1960 y 1981.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
39
en varios casos fueron superior es al 20 o incluso al 30%. 6 Del
otro lado, el cr ecimiento de la pob lación que se produjo en las
r estantes pro vincias fue especialmente intenso en algunas zonas,
fundamentalmente costeras e insular es . Hay que destacar que en
el interior del país —Madrid apar te— solo cr eció la población en
el valle del Ebro y —pr ecisamente— en la pro vincia de V alladolid
(Figura I.3). 7
En consecuencia, aumentó claramente la concentración de la
población: al inicio de los años oc henta, casi la cuar ta par te de la
población española vi vía en las pro vincias de Madrid y Barcelona,
que junto con las siete siguientes pro vincias más pobladas —
V alencia, Sevilla, V izcay a, Alicante , Asturias , La Coruña y Málag a,
todas en ubicaciones periféricas— r e pr esentaban prácticamente
la mitad de la población total de España. P or su par te , la suma de
la población de las 26 pro vincias interior es —e x cluidas Madrid y
Sevilla— apenas super aba una cuar ta par te del total (Figura I.4).
Estas características de desequilibrio territorial se consolidaron
como tendencia, y se apr ecian, si cabe con ma yor claridad,
atendiendo a la actividad económica, y a que las v einte pro vincias
más productiv as a principios de los ochenta —que apor taban
las tr es cuar tas par tes del PIB español— se distribuy en según
6 P alencia, Badajoz, Cáceres y Guadalajara per dieron entr e un 20 y un 25% de
sus habitantes en las décadas de los sesenta y setenta, por centaje que se ele vó
a entr e un 25% y un 30% en Sego via, Ávila y Zamora —y la ciudad de Melilla— y
que sobre pasó el 30% en el caso de T eruel, Soria y Cuenca, que prácticamente
perdieron un tercio de su pob lación en tan solo veinte años, según reflejan los
datos comparados de los Censos de P oblación de 1960 y 1981.
7 En tér minos por centuales, el cr ecimiento de la población r ebasó el 50% en las
pro vincias de Ála va —donde rozó el 100%—, Madrid —casi un 87%—, Bar celona,
Alicante , V iz caya y Las P almas —con entr e un 63 y un 54%—, de nue vo según se
desprende de los Censos de P oblación de 1960 y 1981.
Figura I.4. P oblación española en
1981. Distribución por pro vincias.
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
40
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
ese mismo patrón territorial (Figura I.5). 8 En r esumen, los años
sesenta y setenta se saldaron con una e vidente pér dida de peso
demog ráfico y económico de todo el interior peninsular , del que
solo escaparon unas pocas pro vincias —Zarag oza, V alladolid y
Na varra—.
Al mismo tiempo, se produjo el proceso de con versión urbana de
España: los municipios con más de 20.000 habitantes aumentaron
hasta un total de 260, que en su conjunto pasaron a r eunir a
principios de los ochenta a más del 60% de la población de un país ,
por lo tanto, y a may oritariamente urbano . 9 El medio rural per dió
pues muc ho protagonismo , lo que afectó fundamentalmente a
aquellas zonas donde su peso er a ma yor —el interior peninsular—
y que de hecho sufrieron —como antes se ha señalado— las
may or es pér didas de pob lación.
En r elación con ello, ha y que señalar que este proceso de
“urbanización” se produjo esencialmente sobr e la estructura
urbana pr ee xistente , que no se amplió —e xtendiéndose en el
territorio—, sino que básicamente se ref orzó —al igual que los
desequilibrios territoriales ya asociados a ella—. P or un lado ,
se puede obser var que el incr emento de la población urbana
se materializó en una e v olución de los escalones jerár quicos ,
es decir , los municipios que tenían más de 20.000 ha bitantes
a principios de los sesenta r e basa ban los 50.000 dos décadas
después, mientr as que los que ya super aban esa cota entonces
8 Cabe destacar que un ter cio del PIB de España procedía de tres pro vincias:
Madrid, Bar celona y V alencia, según los datos de la Contabilidad R e gional de
España del año 1981.
9 Según el Censo de P oblación de 1981 los 260 m unicipios que supera ban los
20.000 habitantes r eunían a 23.422.936 personas de un total de 37.679.686 —
algo más del 62%—.
Figura I.5. PIB español en 1981.
Distribución por pro vincias.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
41
a vanzaron un escalón más , hasta superar por ejemplo los 100.000
habitantes , y así sucesiv amente —por ejemplo, se duplicó el
número de ciudades con más de 250.000 habitantes , que pasaron
de siete a quince—. P or otro lado, de los cien m unicipios que se
sumaron a esta lista, 10 una amplia may oría se ubicaban en los
entor nos de las grandes ciudades —más de un ter cio solo en
Madrid y Bar celona—, y la práctica totalidad de los r estantes en
las zonas coster as que e xperimentaron may ores crecimientos de
población —como V alencia y Alicante—. 11
Ello guar da r elación dir ecta con otro aspecto a destacar: la
for mación de grandes ár eas urbanas alr ededor de las principales
ciudades, que se consolidaron y ampliaron de for ma espectacular
allí donde ya e xistían —caso de Madrid, Bar celona y Bilbao— y
que sur gieron en torno a otras ciudades —como V alencia, Sevilla
o V igo— que se con vir tieron así en cabecer a de ár eas urbanas
e xtendidas más allá de los límites de sus tér minos municipales
(Figura I.6).
Quizá el mejor r esumen de la ev olución del sistema urbano
español en los años sesenta y setenta se puede obtener a tra vés
de las tasas de cr ecimiento de la población dur ante ese periodo
en los antedichos 260 m unicipios, que tomados como conjunto
cr ecieron casi un 60% —cer ca del triple que la media nacional—
(Figura I.7). Destaca en primer lugar que un número cuanto menos
10 De ella desapar ecieron nuev e municipios , que cay eron por debajo de los 20.000
habitantes. Corr espondían por un lado a concejos agrícolas del noroeste con un
patrón de poblamiento diseminado —Lalín y V illalba en Galicia y V illa viciosa en
Asturias— y por otro lado a núcleos también ag rícolas —o mineros— de Andalucía
—P eñar ro ya-Pue blonue v o, Loja, Baena, Lora del Río , Osuna y Mar chena—.
11 En el interior peninsular solo se sumaron Soria y Aranda de Duero en Castilla y
León y T udela en Na varra.
Figura I.6. P oblación de las
ciudades españolas en 1981.
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
42
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
r eseñab le de ellos —33— per dieron habitantes: casi todos son
municipios del escalón jerár quico inferior —entr e 20.000 y 50.000
habitantes— que funciona ban como cabecer as de z onas rurales
afectadas por la emigración y las tr ansfor maciones —y pér dida
de peso— de sus actividades económicas tr adicionales , como la
ag ricultura —destaca al r especto el interior de Andalucía— o la
minería —caso de las cuencas asturianas o de ciudades may or es ,
como Linar es o Puer tollano—.
Con cr ecimientos positiv os, pero por de bajo de esa media conjunta
del 60%, apar ecen, por un lado, casi todas las pequeñas ciudades
del interior peninsular más afectado por la pér dida de población
—Cuenca, Soria, T eruel, Zamora, Cácer es, Badajoz— y , por otro
lado, las grandes ciudades del país —Madrid, Bar celona, V alencia,
Sevilla y Bilbao— cuyo cr ecimiento se concentró —como ya se ha
dicho— en los m unicipios de su entorno.
Los may or es cr ecimientos —por encima de la media conjunta—
son característicos de n umerosos núcleos costeros, tanto grandes
—Málag a, V igo , Gijón, P alma, Las P almas— como más pequeños
—T arragona, Alicante , Castellón, Almería, Huelva—, 12 así como de
las pocas zonas del interior peninsular que eludieron el decliv e
demog ráfico y económico, en ciudades en las que el cr ecimiento
se concentró dentro de sus tér minos municipales —Zarag oza,
V alladolid, P amplona, V itoria—. 13 P or último, los cr ecimientos
12 En algunos de estos núcleos —como V ig o, Alicante o Las P almas— el crecimiento
de la ciudad fue acompañado por el de otros núcleos próximos, formando
incipientes ár eas urbanas inter municipales.
13 Destacan los casos de V alladolid y V itoria, con tasas de crecimiento del 112 y
el 171%. F r ente a ellas, Cór doba —con un 47%— acusa su conte xto pro vincial de
pérdida de población. P or otro lado, esta condición concentr ada del cr ecimiento es
la que singulariza el caso de Zarag oza —con una tasa de casi el 90%— r especto
Figura I.7. V ariación de la
población de las ciudades
españolas entre 1960 y 1981.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
43
más intensos caracterizaron a algunos m unicipios turísticos —
destacan Marbella y Benidor m, con tasas r espectiv as del 400
y el 300%— y , fundamentalmente , al entorno de las g randes
ciudades: varios m unicipios del entor no de Bar celona y sobr e
todo de Madrid pr esentan tasas de cr ecimiento espectaculares ,
por encima incluso del 1.000%. 14
Las bases del urbanismo contemporáneo español: Ley del Suelo, planes
gener ales y e xpansión mediante polígonos
De for ma par alela a estos procesos urbanos, en este periodo se fue
configurando el mar co disciplinar del urbanismo contemporáneo
en España, a par tir del hito fundacional de la Ley de 12 de mayo
de 1956, sobre régimen del suelo y ordenación urbana —Ley del
Suelo—. Las bases para esta n uev a legislación se sentaron durante
la década anterior , cuando, por un lado , se fue poniendo de
manifiesto la ineficacia de los instrumentos nor mativ os , ejecutiv os
y prog ramáticos —vinculados a la vivienda— que el régimen
franquista puso en mar c ha tras acabar la Guerra Civil, lo que se
notó especialmente en el caso de Madrid —que se enfr entaba al
gra ve prob lema de sus suburbios c habolistas— ( s ambricio , 1999:
21-2; l ópez d íaz , 2002: 319-21). 15
Ello coincidió, por otro lado, con la ela boración de un n uev o
planeamiento para la capital (Figur a I.8), bajo dir ección de P edro
Bidagor Lasar te —figura clav e del urbanismo español dur ante el
franquismo ( g ar cía - b ellido g ar cía de d iego , 1996a)—. En él se
introdujo un conce pto totalmente no v edoso de plan urbanístico ,
con visión de conjunto, fr ente a las tr adicionales apro ximaciones
por fragmentos —ensanches—, y que ar ticulaba la or denación en
dos instrumentos jerar quizados en su despliegue tanto espacial
como temporal —plan g ener al y planes par ciales—, inspirándose
para ello en el modelo —entonces inno vador— de la le y urbanística
italiana de 1942 ( t erán , 1999: 241). 16
al r esto de g r andes ciudades, donde se derivó fundamentalmente hacia otros
municipios de sus ár eas metropolitanas. Influyó aquí sin duda la gran extensión
del tér mino municipal de la capital aragonesa, de casi 1.000 km 2 —por los 140
km 2 de Sevilla y V alencia, o los poco más de 40 km 2 de Bilbao—.
14 Fue el caso de Coslada, San Se bastián de los R e yes, Alcobendas , Leg anés ,
Fuenlabrada, P arla, Móstoles y Alcor cón, este último a la cabeza de las tasas de
cr ecimiento con un inaudito 6.568%: pasó de poco más de 2.000 habitantes en
1960 a más de 140.000 v einte años después. T odos estos datos —y los antes
reseñados— están r ef eridos, nue vamente , a los Censos de P oblación de 1960 y
1981.
15 En concr eto, se habían aprobado la Ley de 19 de abril de 1939 , que esta bleció un
régimen de protección a la vivienda de r enta r educida y cr eó el Instituto Nacional
de la V i vienda —INV— para su aplicación, la cr eación de la Obra Sindical del Hogar
—OSH, con un fin similar y vinculada a F alange—, la Ley de 25 de noviembre de
1944 —que bonificaba la construcción de vi viendas para la clase media— así como
el posterior Plan Nacional de V i vienda para el decenio 1944-1954.
16 El nue vo Plan Gener al se aprobó como Ley de Ordenación Urbana de Madrid y sus
alrededores en marzo de 1946, y para su g estión se cr eó el car g o de Comisario
General y una Comisión de Urbanismo . Cabe destacar que este instrumento
abar caba otros 28 términos municipales además del de la ciudad —trece de
ellos luego ane xionados a esta, como ya se ha comentado—. Esta pr efiguración
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
44
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
Como fruto de lo anterior , y en un conte xto de disputa —más o
menos soterrada— en tor no a la vivienda y el urbanismo entr e
distintas familias políticas dentro del régimen —con un especial
protagonismo de F alang e— ( l ópez d íaz , 2003), en la primer a mitad
de los años cincuenta se lle vó a cabo una profunda r eno vación del
mar co nor mativ o y prog ramático que comenzó con la vi vienda y
culminó en 1956 con la aprobación de la ya citada —e inédita
hasta entonces— Ley del Suelo . 17
metropolitana caracterizó también los planes g enerales de Bilbao y V alencia,
aprobados en el mismo año que el de Madrid —como Ley de Ordenación Urbanística
y Comarcal de Bilbao y su zona de influencia y Ley de ordenación urbana de Valencia
y su comarca — y que abar ca ban 21 y 29 municipios , r espectivamente , y para
cuya g estión se constituyeron las corporaciones Gran Bilbao y Gran V alencia.
Situándose en la estela del plan g eneral de la capital, car ecen sin embarg o del
carácter inno vador y precursor de este ( t erán , 1982: 184-90).
17 R especto a la política de vivienda, cabe citar el Decreto-ley de 14 de mayo de
1954 y el Decreto-ley de 29 de mayo de 1954 —que regulaban y prog ramaban la
construcción de viviendas de “tipo social”, “r enta r educida” y “r enta mínima”—,
la Ley de 15 de julio de 1954 —que sustituyó la nor mativ a anterior y r eguló las
“viviendas de r enta limitada”— y el n uev o Plan Nacional aprobado mediante
Decreto de 1 de julio de 1955 con el objetiv o de construir 550.000 viviendas de
renta lim itada en los cinco años siguientes. P osterior mente , la Ley de 13 de
Figura I.8. Plan Gener al de
Ordenación de Madrid (1946).
Plano gener al.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
45
Expr esando una idea ampliamente compar tida, Mar tín b assols
c oma (1973: 560) subra ya su “perspecti va unitaria y coher ente”, 18
en la que conf luyeron y se entr eme zclaron la iner cia de la tradición
urbanística española ( g arcía - b ellido g ar cía de d iego , 1996b: 9), 19
las inno vaciones técnicas introducidas por Bidag or a par tir de la
lectura del der echo europeo coetáneo ( b id a gor l asar te , 1996: 96)
y el ideario de F alang e ( p arejo a lfonso , 1979: 257-8). 20
De todo ello r esultó, a grandes rasg os, un sistema jerar quizado
de instrumentos de planeamiento orientados a la or denación
urbanística de todo el territorio nacional en sus div ersas escalas, 21
un régimen urbanístico del suelo —estatuto jurídico— vinculado
a su situación y destino de uso, 22 unos sistemas de actuación —
para la ejecución de los planes— a bier tos a la iniciativa pri vada, 23
y un r e par to de las competencias en la materia entr e los ór g anos
centrales y locales del Estado . 24
noviembre de 1957 sobre Plan de Urgencia Social de Madrid —que pretendía r esolver
el grav e problema de la vivienda en la capital— introdujo la figur a de la “vivienda
sub v encionada” como categoría dentro de las de r enta limitada. T ambién cabe
mencionar en este conte xto la aprobación de la Ley de 16 de diciembre de 1954
sobre expropiación forzosa , con evidente aplicación en estos ámbitos y que —con
modificaciones— sigue vig ente en la actualidad.
18 En esta misma línea, F rancisco p erales m adueño (1996: 103) destaca que la
Ley del Suelo de 1956 “vino a esta blecer , por primera v ez en España, un sistema
completo de planeamiento y de g estión urbanística, integ rado, sistemático y
jerar quizado”.
19 Este autor destaca que “su enf oque fue el de cristalizar , depur ar y tecnificar
las instituciones urbanísticas anterior es. Así esta Le y del 56 seguiría siendo
esencialmente de ensanche , aunque por primera v ez incorpora conce ptual y
técnicamente la globalidad del tér mino administrativ o”. Una condición que ya
señaló Mar tín b assols c oma (1973: 566), que afir ma que “la Ley del Suelo es
fundamentalmente una nor ma de expansión urbanística de los cascos de las
poblaciones, en terminología tradicional sería una Ley de Ensanche”.
20 Afir ma este autor que “la Ley del Suelo es , indudablemente , un producto de las
fuerzas políticas identificab les con la F alang e , cuya pr esencia en el Gobierno del
nue vo Régimen sur gido de la Guerra Civil es aún impor tante y constatable en el
año 1956. El nue vo conce pto social y ‘re volucionario’ de la propiedad del suelo,
la conce pción de la ordenación física como función púb lica y su estatalización al
ser vicio de una tarea global y coor dinada a nivel nacional que viene a establecer la
Ley , se ajustan perfectamente al nacionalismo social, correspondiente a un Estado
de vocación totalitaria e integ rador en una tar ea común, en que puede resumirse
el ideario falangista.”
21 Comprende el Plan nacional de urbanismo, que “configurará las grandes
directrices de la or ganización urbanística del ter ritorio español” (ar t. 7); los Planes
pro vinciales (ar t. 8); los Planes g enerales de or denación urbana —de ámbito
municipal, o comar cal— (ar t. 9); los Planes parciales de or denación “para el
desarrollo del Plan gener al” (ar t. 10) y los pro yectos de urbanización, que “tendrán
por finalidad llev ar a la práctica los Planes par ciales” (ar t. 11). T ambién se regulan
toda una serie de planes especiales (ar t. 13-20).
22 Basado en la c lasificación del territorio de los municipios en suelo urbano —
el ya urbanizado o y a ordenado par a tal fin— (ar t. 63), de r eser va urbana —el
comprendido en un plan g eneral para ser urbanizado— (ar t. 64) y rústico —con
carácter r esidual— (ar t. 65).
23 Se regularon los sistemas de cooperación (ar t. 115-20), expropiación (ar t. 121-
3), compensación (124-8) y de cesión de viales (ar t. 129).
24 En los primeros se incluyen el Consejo Nacional de Urbanismo, la Comisión
Central de Urbanismo y la Dir ección General de Arquitectur a y Urbanismo (ar t.
198-200), y entr e los segundos las Comisiones Pro vinciales de Urbanismo, los
A yuntamientos y las Diputaciones pro vinciales (ar t. 201-6).
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
Entr e estos contenidos destacan algunos elementos clav e en
tanto que asentaron las “singularidades del urbanismo español”
dentro del mar co europeo, como la trascendencia jurídica
de la clasificación del suelo y de cier tas deter minaciones del
planeamiento, que se fundan en la propiedad y a la v ez le imponen
cier tos de ber es . Cabe r esaltar los derivados del principio de
r e par celación, orientado al r epar to forzoso y equitativ o de car gas
y beneficios —“único caso conocido en Europa” ( g arcía - b ellido
g arcía de d iego , 1999: 16-7)— y que se con vir tió en el nue v o
motor del proceso urbanizador . 25
Sin embar g o, este “complejo andamiaje” con el que “se inició
una nue v a etapa del urbanismo en España” ( t erán , 1999: 243)
quedaría en buena medida arrumbado a la hora de su aplicación,
de bido, por un lado , a “la iner cia de los modos de planeamiento
anterior es” ( t erán , 1999: 243) y , por otro lado —y sobr e todo—, a
los impor tantes cambios que se sucedieron casi inmediatamente
después de su aprobación. De hecho , se iniciaron ya en f e brero de
1957, cuando se produjo un cambio clav e en el gobierno.
En concr eto, los ministerios económicos pasaron a manos de los
llamados “tecnócratas del Opus Dei”, produciéndose en poco tiempo
el abandono de la política económica autár quica mantenida hasta
entonces, 26 de car a a su pr etendida sustitución por una política
de planificación indicativ a ( t amames , 1978: 463), mientras que
F alang e per dió m ucho peso , r ecibiendo a modo de compensación
un ministerio de nue v a cr eación: el de V ivienda ( p arejo a lfonso ,
1979: 258). Este asumió entonces la política urbanística, hasta
entonces r esidenciada en el Ministerio de Gobernación, aunque
este último conser vó el control de los A yuntamientos —pieza clav e
en el r e par to competencial de la Ley del Suelo—, lo que a la postr e
r esultaría en una falta de compromiso de estos con la puesta en
práctica de la nue va ley , sumada a la clara f alta de coor dinación
entr e ambos ministerios y sus or g anismos r espectivos ( t erán ,
1999: 243; p arejo a lfonso , 1979: 242-3). 27
25 Mar tín b assols c oma (1973: 569) apunta que “el tema de la equitativa distribución
de las car gas y beneficios del planeamiento a tra vés de la técnica de la r eparcelación
y de los div ersos sistemas de ejecución del planeamiento (especialmente por
el sistema de compensación), figuran como otr a de las apor taciones decisivas
de la Ley del Suelo”. De hec ho, esta incluyó entr e sus finalidades “impedir
la desigual atribución de los beneficios y car g as del planeamiento entr e los
propietarios afectados e imponer la justa distrib ución de los mismos” (ar t. 3).
En este sentido, la bondad intrínseca del principio de equidistrib ución se podía
hacer fácilmente e xtensiv a a su aplicación per se , cr eándose con ello el fundamento
del urbanismo e xpansiv o que despegaría poco después: la clasificación de suelo
para su urbanización tenía en la equidistrib ución de las plusvalías una coar tada
incontestable .
26 V er nota 4 en este capítulo.
27 R especto a la organización administrativ a del urbanismo estab lecida por la
Ley del Suelo , Mar tín b assols c oma (1973: 577) subraya que “la cr eación del
Ministerio de la V ivienda alteraría formalmente y de hecho su estructuración
originaria”, y Emilio l arr odera l ópez (1981: 8) afir ma que “la Dirección General de
Administración Local, tutora y orientadora de los A yuntamientos, nunca sincronizó
con Bidagor [Dir ector General de Urbanismo] ni r espaldó su política”.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
47
En los años posterior es, el Ministerio de V ivienda completó su
estructura —en la que y a se habían integrado los or ganismos
encar gados de ejecutar la política de vivienda— 28 con la cr eación
en 1959 de la Ger encia de Urbanización —or ganismo autónomo
cuyo objeti vo er a la pr e paración de suelo urbanizado—. 29
Asimismo, el cambio de rumbo económico quedó cer tificado con
la aprobación del primer Plan de Desarrollo Económico y Social —
para el cuatrienio 1964-67—, destinado a “promo v er el log ro de los
objetiv os del desarrollo económico”, 30 y que se materializó, entr e
otras cosas , en la inmediata puesta en mar cha de una política de
desarrollo regional mediante polos. 31 Ello af ectó profundamente
a la aplicación de la Ley del Suelo, ya que , tal y como resume
Luciano p arejo a lfonso (1979: 258-9):
“[…] los valor es de la nue va política así instaurada —irreconcilia bles
en su planteamiento de ‘eficacismo’ al ser vicio del cr ecimiento
cuantitativ o con los principios inspirador es de la legislación
urbanística— sustituyen a los de esta última y , al propio tiempo, los
instrumentalizan en beneficio propio”.
De este modo, el intenso cr ecimiento urbano que se produjo
en este periodo —y que se ha descrito anterior mente— no se
condujo confor me a lo pre visto en la Le y del Suelo, ha bida cuenta,
como se acaba de señalar , de “su desajuste y desfase con el
conte xto administrati v o, económico y social” ( p erales m adueño ,
1996: 103). 32 P or un lado, los A yuntamientos f a v or ecieron “un
28 En concr eto, el INV y la OSH quedaron bajo su control, además de la Dir ección
General de Urbanismo —cr eada como tal tras el cambio de g obierno y a cuyo
frente se situó P edro Bidag or—.
29 La Ger encia de Urbanización se creó como or g anismo autónomo mediante la
Ley 43/1959, de 30 de julio , cuya moti vación hab la de “afrontar eficazmente tanto
la pr epar ación del suelo urbanizado requerido por las necesidades nacionales de
edificación como la r egulación del mercado de solar es”.
30 Así concluye la motiv ación de la Ley 194/1963, de 28 de diciembre , con la que
se aprobó el plan. Más adelante se aprobaron un segundo Plan para el cuatrienio
1968-71 —mediante Ley 1/1969, de 11 de febrero — y un ter cer Plan para el
cuatrienio 1972-75 —mediante Ley 22/1972, de 10 de mayo —.
31 Mediante Decreto 153, de 30 de enero de 1964 , se localizaron cinco “polos de
desarrollo industrial” —en La Coruña, Sevilla, V alladolid, V igo y Zar agoza— y
dos “polos de promoción industrial” —en Bur gos y Huelva—, con el fin de “cr ear
impor tantes núcleos industriales” que “ejercerán un influjo fa vor able sobr e las
zonas cir cundantes con vistas a la elev ación de su niv el de r enta”, según se expr esa
en la motiv ación del ar ticulado. P osterior mente , el Decreto 240/1969, de 21 de
febrero , estableció sus prórro gas y añadió otros cuatro nue v os polos de desarrollo
—en Granada, Cór doba, Oviedo y Logroño—, al que lue g o se sumó otro más en
V illagarcía de Arosa — Decreto 2534/1970, de 22 de agosto —.
32 R esultan interesantes a este respecto las pala bras de Mar tín b assols c oma (1973:
564), que hab la de una legislación “anc lada en sus conce pciones del año 1956”
frente a un contexto europeo que afrontó n umerosas ref or mas legislativ as, que este
autor sitúa en una ev olución del urbanismo desde una base “eminentemente de
reglamentación” a otr a “de tipo operacional que cifra sus aspir aciones y pone su
acento más en el impulso de las iniciativ as urbanizadoras a car g o de entes públicos
o entidades priv adas”. A este respecto , añade además que “la praxis urbanística
española ha desapro v echado los tímidos aspectos oper acionales que se contenían
en su Códig o urbanístico”. P or su par te , Emilio l arrodera l ópez (1981: 8-9) apunta
que “la se paración del urbanismo de la Administración local al crearse el Ministerio
de la V i vienda y la política forzada de los Planes de Desarrollo, f omentando la
industrialización del país, fueron cir cunstancias que influyeron neg ati vamente en
la política urbanística”.
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
desarrollo urbano hecho de iniciativ as pri vadas fr agmentarias y
descoor dinadas […] sin tener demasiado cuidado con el r espeto a
las pr e visiones de los planes, cuando éstos e xistían” ( t erán , 1999:
243). P or otro lado , desde el g obier no se per mitió “la coexistencia
de dos sistemas de planeamiento urbanístico”: el instituido por
la Ley del Suelo y el que , después, se fue construyendo desde
la “desautorización oficial del sistema urbanístico or dinario”
( p erales m adueño , 1996: 103).
En efecto , ya desde principios de los sesenta se fueron sucediendo
las ley es que , en mayor o menor medida, contr adecían principios
de la Ley del Suelo y autoriza ban procedimientos ajenos a esta, y
que fueron además promo vidas, en no pocos casos , desde el propio
Ministerio de la V ivienda. 33 Mientr as tanto, y no sin contr adicción,
su instrumental técnico sí fue en cambio profusamente empleado.
En concr eto, la figur a del políg ono y el mecanismo de la
e xpropiación fueron la base de la m uy intensa actuación de la
Ger encia de Urbanización en este periodo: al acabar la década
de los sesenta había promo vido 278 polígonos tanto r esidenciales
como industriales, con una superficie urbanizada de 27.000 ha
y una in versión de casi 20.000 millones de pesetas ( g erencia de
u rb anización , 1965; g erencia de u rb anización , 1973: 13). 34
En consecuencia, aunque ya tempr anamente se señaló que la
tantas v eces desautorizada Ley del Suelo no tuv o “demasiado
éxito” ( t erán , 1971: 25), ello no impidió, sin embar go , una
prog resi va consolidación de las n ue vas técnicas que incorporó. P or
un lado, los políg onos residenciales e industriales promo vidos por
la Ger encia de Urbanización —que en 1972 pasó a denominarse
Instituto Nacional de Urbanización, INUR— 35 e xtendieron por todo
el país un modo de hacer nue va ciudad a base de fragmentos:
“nue v os grandes pedazos de ciudad” ( t erán , 1999: 247). P or
otro lado, la n ue va g eneración de planes g enerales aprobados en
los años sesenta y setenta al amparo de la Le y del Suelo —bajo
33 La Ley 52/1962, de 21 de julio , fue “la primera y más clamorosa desautorización
oficial del sistema urbanístico or dinario” ( p erales m adueño , 1996: 114), ya que
autorizaba a la Ger encia de Urbanización a delimitar políg onos de actuación aun en
ausencia de planeamiento aprobado —gener al o par cial—, y a la modificación del
e xistente (ar t. 3). A esta decisión contribuyó “la ur gencia de la política de vi vienda”
( t erán , 1999: 246), prog ramada en la Ley 84/1961, de 23 de diciembre, sobre Plan
Nacional de la Vivienda para el periodo 1961-1976 . P oco después, la política de polos
de desarrollo también se gestionó “no sólo al mar gen de la or denación urbanística
establecida por la Ley del Suelo , sino por ór ganos de la Administración Pública no
urbanísticos” ( p arejo a lfonso , 1979: 32), como m uestra la Ley 86/1965, de 17 de
julio —que en los procesos de e xpropiación autorizaba la r educción de los plazos
pre vistos en aquella a la mitad—. Esta dinámica continuó posterior mente, con
nue vas “agresiones” como el Decreto-ley 7/1970, de 27 de junio, sobre actuaciones
urbanísticas urgentes , o la Ley 22/1972, de 10 de mayo —III Plan de Desarrollo—
( p erales m adueño , 1996: 115-6).
34 El políg ono aparece r eco gido en la Ley del Suelo como elemento de di visión del
territorio destinado a per mitir la realización de los planes , conforme al sistema de
actuación correspondiente en cada caso (ar t. 104-6). A este respecto , F rancisco
p erales m adueño (1996: 111) destaca el políg ono, los sistemas de actuación y
la r epar celación como “tres instituciones fundamentales” de la Le y del Suelo,
así como el empleo sistemático del sistema de e xpropiación, “pero no por los
A yuntamientos sino por el Ministerio de la V ivienda”.
35 Según se estableció por Decreto-ley 4/1972, de 30 de junio .
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
49
impulso de la Dir ección General de Urbanismo— implantó en la
cultura urbanística española los mecanismos de la clasificación y
la zonificación del suelo ( p erales m adueño , 1996: 107).
Madrid abrió de n uev o el camino entr e las grandes ciudades con
su Plan General de Or denación Urbana del Ár ea Metropolitana
aprobado en 1963 (Figura I.9), que vino acompañado de la cr eación
de la Comisión de Planeamiento y Coor dinación —COPLA CO—
como ór gano administrativ o único par a su g estión. 36 El cr ecimiento
e xplosiv o de todo el entorno de la capital en los años anterior es
—y que continuó en los siguientes— consolidó así el planeamiento
y la g estión de ámbito supram unicipal en las grandes ár eas
urbanas del país, que culminó en el Plan Gener al Metropolitano de
Bar celona de 1976 (Figura I.10). 37 Al mismo tiempo , los esquemas
de or denación de los planes g enerales que se iban aprobando poco
a poco en numerosas ciudades fueron e v olucionando desde los
modelos tradicionales —pr edominantemente r adioconcéntricos—
hacia nue vas propuestas —como las de índole dir eccional—
( t erán , 1999: 258-9), mediatizadas —r ecíprocamente— por el
diseño de las grandes infraestructuras viarias urbanas . 38
36 La Ley 121/1963, de 2 de diciembre, sobre el Área Metropolitana de Madrid definió
su delimitación —con 22 municipios— y cr eó COPLA CO como ór gano de gestión.
Seguidamente, la aprobación del n uev o plan g eneral se ratificó por Decreto
3655/1963, de 26 de diciembre .
37 En el caso de Bar celona, durante los años sesenta se inició la r e visión de su Plan
Comarcal —aprobado mediante la Ley de 3 de diciembre de 1953 sobre ordenación
urbana de Barcelona y su comarca , en la estela de las de Madrid, Bilbao y V alencia
de 1946—. Sin embar go , el denominado Plan Dir ector del Área Metropolitana no
llegó a aprobarse . No fue hasta 1976 cuando se aprobó el nuev o Plan General
Metropolitano, pr ecedido por la cr eación de la Entidad Municipal —Corporación—
Metropolitana de Barcelona —mediante Decreto-ley 5/1974, de 24 de agosto —
( t erán , 1977). P or su par te , Bilbao y V alencia también re visaron su planeamiento
gener al —manteniendo su condición comar cal— en 1964 y 1966, respecti vamente .
38 La r elación entre las f or mas del cr ecimiento urbano y las infraestructuras
viarias ha sido analizada, en el caso de España, por autor es como Manuel h er ce
Figura I.9. Plan Gener al de Madrid
(1963). Plano de zonificación.
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
En conclusión, junto al intenso crecimiento urbano que se
ha descrito pr e viamente , desde finales de los años cincuenta
se fue construyendo un n ue v o sistema urbanístico lleno de
contradicciones r especto a su contexto de aplicación —m uy
alejado de los principios que infor maron su conce pción—, pero
a la postr e empleado y consolidado en cuanto a sus técnicas e
instrumentos —políg ono, plan g eneral, etc.—. Cuando a mediados
de los años setenta se produjo un nue v o cambio de conte xto aún
más profundo que el de v einte años atrás, esta v ez y a no sólo
económico —con el final del “desarrollismo”—, 39 sino también
político —tras la m uer te de F ranco en no viembre de 1975—, 40
se produjo también una r ecomposición de este mar co disciplinar
del urbanismo en la que , como se verá más adelante , se hicieron
patentes las iner cias de lo her edado .
(1995). P or otro lado, estas “r edes ar teriales” —promo vidas desde principios de
los sesenta por el Ministerio de Obras Púb licas siguiendo criterios de planificación
vial— constituyeron a su v ez un nuev o ejemplo de la ya comentada descoordinación
ministerial de este periodo, si bien es cier to que no son pocos los casos en que
se consiguió un encaje mutuamente neg ociado entre estas y las pr evisiones
urbanísticas, hasta el punto de observarse , también aquí, la mencionada e v olución
desde los modelos radioconcéntricos iniciales hacia los de índole dir eccional, en
línea con los que la Dir ección General de Urbanismo patrocinaba par a los planes
gener ales a finales de los sesenta ( t erán , 1982: 454-5).
39 T ras años de clara expansión, la tasa de cr ecimiento del PIB descendió por
de bajo del 0’5% en 1975, y tras un le v e re punte en los dos años siguientes, no
volvió a superar el 3% hasta 1987. La inflación se mantuvo por encima del 10%
entre mediados de 1973 y finales de 1984 —llegando a rozar el 30% en 1977—, y
se pasó del pleno empleo que se r egistraba en 1977 a una tasa de paro que superó
el 20% a finales de 1984, cota en la que se mantuv o durante tr es años. Datos
correspondientes a la Contabilidad Nacional T rimestral de España, el Índice de
Pr ecios de Consumo y la Encuesta de P oblación Activ a.
40 Comenzó entonces la T ransición a la democracia, cuyos primeros hitos fueron la
proclamación de J uan Carlos de Borbón como R ey ese mismo mes, el nombramiento
de Adolfo Suár ez como pr esidente del gobierno en julio de 1976 y la ratificación en
ref eréndum de la Le y para la R efor ma P olítica en diciembr e de 1976.
Figura I.10. Plan Gener al
Metropolitano de Ordenación
Urbana de la Entidad Municipal
Metropolitana de Bar celona
(1976). Plano gener al.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
51
1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerarquía de las ár eas urbanas
I.1. EL SISTEMA URB ANO: DESEQUILIBRIOS TERRIT ORIALES Y
JERARQUÍA DE LAS ÁREAS URB ANAS
La ev olución del sistema urbano español en las tr es décadas
compr endidas entr e principios de los ochenta y finales de la
primera década del siglo xxi se ha visto mar cada, al igual que
en ciclo urbano precedente , por unos claros desequilibrios
territoriales en los que se aprecia tanto la iner cia de los ya
consolidados como la aparición de algunos cambios r elevantes .
Obser vando en primer lugar la variación de la pob lación en este
periodo a escala pro vincial —en el conjunto de España cr eció algo
más de un 24%—, destaca de nue vo el contr aste entr e las zonas
en decliv e y las más dinámicas demog ráficamente , pero con dos
matices difer enciales respecto al ciclo pr evio: la atenuación de su
e xpr esión cuantitativa —apr eciable sobre todo en las pér didas de
población— y la intensificación de su e xpr esión espacial (Figura
I.11).
R especto al primer aspecto, dicha atenuación se ha debido
fundamentalmente a la caída g eneralizada de la natalidad, 41
así como al descenso en los mo vimientos migratorios inter nos ,
especialmente los de tipo interpro vincial ( s usino a rb ucias , 2011:
868-70). F r ente a estos, la inmigración procedente del e xtranjero sí
aumentó con fuerza a par tir de finales de los no v enta, asentándose
básicamente en las zonas más pob ladas y económicamente
dinámicas del país ( i nstitut o n acion al de e st adística , 2009: 22), 42
41 La tasa de natalidad cayó por de bajo de 15‰ a principios de los años ochenta,
manteniéndose en el entorno del 10‰ desde principios de los no venta hasta la
actualidad, según indican los datos del Mo vimiento Natural de la P ob lación del
INE.
42 La Encuesta Nacional de Inmigrantes —realizada por el INE en el año 2007—
subray a la concentración de inmig r antes en Madrid y en la costa mediterránea.
Figura I.11. V ariación de la
población española por pro vincias
entre 1981 y 2011.
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52
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
lo que contribuyó a cr ecimientos de población que , en este caso,
sí pr esentan de nue vo por centajes m uy ele vados —especialmente
en el entor no de Madrid, las islas y la costa mediterránea—. 43
En consecuencia, el contraste en la concentr ación espacial de la
población es si ca be más claro que en el periodo anterior entr e
las 18 pro vincias que cr ecieron por encima de la media nacional
—concentradas en menos z onas del país— y las 32 r estantes , que
o lo hicieron por de bajo o per dieron población —caso de tr ece de
ellas, fr ente a las 22 del periodo anterior—.
De este modo, la distrib ución de la población en el territorio
en el año 2011 r efleja la continuidad del principal fenómeno
ya consolidado en el periodo anterior: la concentración de la
población en unas pocas z onas del país, y a que no se ha r ev er tido
la pér dida de peso demog ráfico sufrida por casi todo el interior
peninsular , 44 mientras que en las r e giones costeras se apr ecia una
no vedad nota b le: el desplazamiento del peso demog ráfico hacia la
costa mediterránea, en detrimento de la cantábrica (Figura I.12).
Al igual que en 1981, la mitad de la población española se sigue
concentrando en las n ue v e pro vincias más pobladas , 45 pero
si entonces tr es de ellas se ubicaban en la costa cantábrica,
43 Son varias las pro vincias que crecieron por encima del dob le de la media
nacional, encabe zadas por Guadalajara —cuy a población cr eció casi un 80% en el
periodo— y por Balear es, Almería, Alicante y Gerona —con tasas por encima del
60%—, según indican los Censos de P oblación de 1981 y 2011.
44 Las 28 pro vincias menos pobladas —junto con Ceuta y Melilla— re presentaban
un 25,42% de la población española en 1981 y un 23,58% en 2011, una r educción
de su peso que roza los dos puntos, según indican los Censos de P oblación de
ambos años.
45 En este caso han pasado de r e pr esentar el 48,94% de la población en 1981
al 50,73% en 2011; un lig ero incr emento, le v emente inferior de n uev o a los dos
puntos, según las mismas fuentes.
Figura I.12. P oblación española
en 2011. Distribución por
pro vincias.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
53
1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerarquía de las ár eas urbanas
en 2011 solo se mantiene V izca ya, 46 mientr as que La Coruña y
Asturias han sido sustituidas por Mur cia y Cádiz. En el escalón
siguiente —r e presentati vo de un cuar to de la población total—
desapar ecen tr es pro vincias interior es —Badajoz, J aén y León—,
sustituidas en este caso por T arragona y Gerona —de n uev o en
la costa mediterránea— y por T oledo —gracias a su cer canía a
Madrid—. 47 En consecuencia, desde el punto de vista demog ráfico
—tal y como ya manif estaba la v ariación de la población en estas
tr es décadas—, los desequilibrios territoriales no se han ag ra vado
cuantitativ amente de for ma especialmente reseña ble , pero sí
en su manifestación espacial, al r eforzarse el peso de la costa
mediterránea.
A este r especto, es m uy elocuente la distribución en el territorio
de la población ma yor de 65 años —que en el conjunto de España
ascendía a un 17,34% del total en 2011—. P or de bajo de la media
nacional apar ecen, por un lado, Madrid, T oledo y Guadalajara, y ,
por otro lado, Ceuta y Melilla, los dos ar chipiélagos y las costas de
Cataluña, Comunidad V alenciana, Murcia y Andalucía —incluida
aquí también Sevilla—, mientras que todo el r esto del país
pr esenta por centajes superiores . Además, de esas 32 pro vincias
r estantes, la mitad en peor situación se concentr a c laramente
en el cuadrante noroeste —especialmente en Galicia y Castilla y
León— (Figura I.13).
46 V izcaya se mantiene gracias a la iner cia del área urbana de Bilbao —entr e las
mayor es del país—, ya que tanto la ciudad como el conjunto del ár ea urbana y de
la pro vincia perdieron habitantes en este periodo —más de un 15, más de un 5 y
casi un 3%, r espectivamente—.
47 La pro vincia de Madrid ha incr ementado su peso demog ráfico respecto al
conjunto de España en poco más de un punto en estas tres décadas —del 12,44%
en 1981 al 13,72% en 2011—.
Figura I.13. P oblación española
mayor de 65 años en 2011 por
pro vincias.
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54
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
Otro indicador cuyo análisis completa la v ariab le demográfica es
el PIB: alr ededor del 75% del total sigue concentrándose en 2011
en las v einte pro vincias más productiv as, que no cambian r especto
a 1981, pero sí —notab lemente— su distribución interna (Figura
I.14). En los puestos delanteros se apr ecia la pér dida de peso de
las pro vincias del nor te fr ente a las del este , junto con un más
que notab le r efuerzo del peso r elativ o de Madrid dentro de ese
grupo cabecero y respecto al total nacional. 48 Se constata así que
el desequilibrio en la distribución de la pob lación y de la acti vidad
económica a escala territorial, heredada del periodo pr ecedente ,
ha seguido a gra vándose —en su manifestación cuantitati va y
espacial— hasta la actualidad.
Del análisis del medio urbano se despr enden unos f enómenos muy
similar es a los que se manifiestan a escala territorial, mez cla de
iner cias her edadas y n uev as tendencias . En primer lugar , a lo lar go
de las tr es décadas objeto de estudio se ha seguido consolidando
el peso r elativ o de lo urbano frente a lo rural: en 2011 er an 394
los municipios con más de 20.000 ha bitantes , r e pr esentando y a
más de dos ter cios de la población española. 49 Asimism o, destaca
que la práctica totalidad de los nue vos municipios r especto a los
260 que se contabiliza ban en 1981 se ubican en las zonas cuy o
may or dinamismo en este periodo ya se ha comentado: el entorno
48 La pro vincia madrileña pasó de producir algo menos de un 15% del PIB en
1981 a más de un 18% en 2011, mientras que , al mismo tiempo, se r educía el
peso relati v o de las dos pro vincias siguientes: Barcelona —que pasó del 14 a poco
más del 13,5%— y V alencia —de un 5,68 a poco más del 5%—, según datos de la
Contabilidad R egional de España de los años 1981 y 2011.
49 31.833.739 personas sobre un total de 46.815.994 —68% del total—, según el
Censo de P oblación de 2011.
Figura I.14. PIB español en 2011.
Distribución por pro vincias.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
55
1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerarquía de las ár eas urbanas
de Madrid y la costa mediterránea, contribuyendo por lo tanto a
los desequilibrios territoriales antes reseñados . 50
P or lo tanto, la contin uidad en el cr ecimiento del medio urbano se
ha v erificado esencialmente —al igual que en el periodo anterior—
sobr e la estructura urbana y a consolidada, aunque con un cambio
inter esante . En este caso ya no destaca tanto la e v olución en
los escalones jerár quicos, especialmente r especto a las grandes
ciudades, 51 sino sobr e todo la g ener alización de un fenómeno
anterior mente obser va ble sólo en estas últimas: la conf or mación
de ár eas urbanas inter municipales .
La gener alización del f enómeno metropolitano en España
Su condición metropolitana es sin duda la que más singulariza
la ev olución r eciente del sistema urbano español. 52 El municipio
ya no sir v e como ámbito de r ef erencia para el estudio de los
fenómenos urbanos; y a no ser vía a principios de los ochenta en el
caso de las grandes ciudades, y ha dejado también de ser vir en
el caso de muc has otras , independientemente del tamaño de sus
núcleos de ref er encia. Sin embar g o, ello introduce una enor me
dificultad metodológica en todo estudio al r especto: los criterios
de delimitación de tales ár eas metropolitanas.
En el caso español, las ár eas metropolitanas han estado
tradicionalmente ausentes de las estadísticas oficiales , 53 y
tampoco se ha consolidado su institucionalización, primando en
todo caso las perspectiv as sectoriales, vinculadas al urbanismo , 54
50 De los 144 municipios que pasaron a r ebasar los 20.000 ha bitantes en este
periodo, a Galicia y la cornisa cantábrica, las dos submesetas y el valle del Ebro
solo correspondieron 18 —al tiempo que desapar ecieron nue v e—; mientras que en
el interior de Andalucía —Sevilla, Córdoba y Gr anada— aparecieron doce —por uno
que desapareció—. T odos los demás se sitúan en torno a Madrid —19 municipios—
y en los dos ar chipiélagos y en las pro vincias de la costa mediterránea y la atlántica
andaluza —la inmensa may oría en el litoral o muy próximo a él—.
51 P or ejemplo, mientras que entr e 1960 y 1981 se duplicaron las ciudades con
más de 250.000 habitantes —hasta sumar un total de quince—, entr e 1981 y 2011
solo se ha sumado una —Alicante , que ya los roza ba antes—. En el niv el jerárquico
superior , únicamente una ciudad —Málaga— ha re basado el medio millón de
habitantes entr e 1981 y 2011, mientras que en el inf erior las ciudades con entre
100.000 y 250.000 habitantes han pasado de 19 en 1960 a 35 en 1981 —casi el
doble— y a 46 en 2011 —un 30% más que en 1981—.
52 Con viene aclarar que , por economía de lenguaje y en beneficio de la fluidez del
te xto, se está empleando el adjetiv o metropolitano —referido a las ár eas urbanas—
como sinónimo de inter municipal —compuesto por más de un municipio—, más
allá de cualquier otra consider ación —como la cantidad de población—, pero sin
ignorar el rico de bate ter minológico r especto a la denominación de este fenómeno .
53 A finales de los años no venta, el pro yecto europeo Urban A udit supuso un
gran impulso en este sentido, al incluir las áreas urbanas que e xceden los límites
administrativ os de los municipios que las componen, y cuyas estadísticas se vienen
actualizando desde entonces —contando para ello con la inf or mación recogida por
los institutos nacionales de estadística de los distintos estados miembros de la
UE, incluida España—. Hay que señalar que la información que se obtiene del
estudio del periodo inter censal 1981-2011 resulta cla ve para cuantificar el r eciente
fenómeno metropolitano en España, en contraste con el ciclo pr evio —que se ha
identificado a su v ez con el periodo inter censal 1960-1981—.
54 A este r especto, se ha hecho r efer encia a los instrumentos de planificación
y or ganismos de gestión que se pusieron en mar cha entr e los años cuarenta y
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
al transpor te o a deter minados ser vicios urbanos, así como los
r ecelos hacia ellas de las administr aciones tanto locales como
autonómicas ( n a varr o g ómez , 2009: 161-4; l ora - t ama y o v all vé y
d íez c anedo , 2012: 100). T al y como r esumen Alfonso v egara y
J uan Luis de las r iv as s anz (2004: 204), “el territorio se ordena ba
a tra vés de esa aleatoria yuxtaposición de los planeamientos
g enerales y de la superposición de políticas y planes sectoriales
escasamente integ rados”. 55
No obstante , la c lara emer gencia del f enómeno metropolitano
ha impulsado los estudios al r especto , desde los que ya en los
años no v enta llamaban la atención sobr e la suburbanización
en España ( m onclús , 1998), 56 hasta los que han afrontado sus
manifestaciones más r ecientes ( f ont , 2007a; p recedo l edo ,
m íguez i glesias y o r osa g onzález , 2012). 57 Asimismo, han sur gido
distintas propuestas para su delimitación, guiadas por criterios
muy di v ersos —morf ológicos, de densidad, institucionales ,
funcionales— cuya v alidez es , por otro lado , objeto de discusión
( r oca c ladera , m oix b ergadà y a rellano r amos , 2012).
Atendiendo a este último aspecto, ha y que destacar sin duda el
“ Atlas Estadístico de las Ár eas Urbanas en España”, una iniciativa
del Ministerio de F omento que ha tratado de afrontar la delimitación
del fenómeno metropolitano en el conjunto del país . 58 P ara ello,
se par te de los municipios con más de 50.000 habitantes , a los
que se suman, en su caso, otros m unicipios de su entorno que ,
como nor ma gener al, habrán de tener una población de al menos
1.000 habitantes . De este modo, se han delimitado 86 ámbitos
denominados como Grandes Ár eas Urbanas, que abar can un
sesenta para r egular y controlar el urbanismo en las grandes ciudades del país —
Madrid, Bar celona, Bilbao y V alencia—, pero que desaparecieron posteriormente
—salv o en Bar celona—, tal y como se comentará más adelante —en el ter cer
apar tado de este capítulo—. La recuper ación de la escala metropolitana se produjo
posterior mente de mano de algunas Comunidades A utónomas, pero a tr a vés de
instrumentos de ordenación del territorio —siendo por ejemplo Castilla y León y
V alladolid casos muy significativ os en este sentido, según se v erá en el capítulo
III—. En todo caso, la escala metropolitana continúa r epresentando un problema
de planificación urbanístico pendiente de r esolver .
55 Apor tando el correlato , apuntan que “la aparición en España de instrumentos
de ordenación territorial no vedosos […] no está solo asociada al interés por la
conser vación del medio ambiente , sino que es fruto del r econocimiento de la
necesidad de coor dinar acciones y de ar ticular políticas”.
56 Se asumía aquí el planteamiento de “ciudad difusa” acuñado poco antes en
Italia por F ranceso i ndo vina (1990) —v er apar tado inicial del capítulo II—.
57 P or ejemplo, estos últimos autor es subra yan que “lo que antes er a priv ativ o
de las grandes ciudades ahora se ha g eneralizado a la may oría de las ciudades
medias, donde la f or mación de extensas ár eas de urbanización difusa ha generado
un nue v o de bate sobre el modelo de ciudad y sobr e la forma urbana” ( p recedo l edo ,
m íguez i glesias y o r osa g onzález , 2012: 280), y Antonio f ont (2007b: 10) afir ma
que “la configuración espacial de los territorios urbanos de la r egión meridional
europea es consecuencia del proceso de e xplosión de ciudad ocurrido en los tres
últimos decenios en las sociedades occidentales”; un conce pto —“e xplosión de la
ciudad”— entendido como la “nue va metropolización” y acuñado de n uev o a raíz
de un estudio internacional —a este respecto, v er también el apar tado inicial del
capítulo II—.
58 V er Introducción, notas 10 y 24.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
57
1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerarquía de las ár eas urbanas
total de 752 municipios y que , en 2011, r eunían a 32 millones de
personas —dos ter cios de la población del país—. 59
La utilización combinada de fuentes div ersas —demo grafía,
mo vilidad labor al, vivienda y urbanismo— matizada a su v ez por
criterios de las Comunidades A utónomas corr espondientes da lugar
a la crítica de que los criterios utilizados en la delimitación no sean
unifor mes ni queden en muc hos casos claramente e xplicitados,
siendo de pendientes del “conocimiento local y r econocimiento
administrati v o for mal” ( r oca c ladera , m oix b ergadà y a rellano
r amos , 2012). No obstante , no es menos cier to que , dada la
div ersidad de situaciones que se engloban en esas 86 Grandes
Ár eas Urbanas —siquiera en tér minos de población—, la propia
consideración local sobr e su delimitación no deja de ser una
r efer encia valiosa en cuanto refleja las condiciones conte xtuales
de un fenómeno necesariamente poco homogéneo, como no son
homogéneos los marcos territoriales en que se inser ta —como
se ha visto anterior mente—. En consecuencia, y dado que no
es objeto de esta in vestigación contribuir a la definición de una
metodología más precisa al r especto, se ha optado por asumir
esta clasificación —valorando adicionalmente su condición a bier ta
y su periódica actualización—. 60
Una r e presentación solapada entr e los municipios con más de
20.000 habitantes y las citadas 86 Gr andes Ár eas Urbanas ofr ece
una r e presentación completa de lo urbano en España, per mitiendo
constatar tanto el a vance del f enómeno metropolitano durante las
últimas tr es décadas como esa div ersidad de situaciones en que se
manifiesta y que , a su ve z, r ef lejan los desequilibrios territoriales
que se han comentado con anterioridad —se apr ecia por ejemplo
con muc ha claridad la densidad urbana alcanzada por el litoral
mediterráneo— (Figura I.15).
Atendiendo a ambos criterios —población total y m unicipios
que abar can—, se puede plantear una jerar quía r eferida a
estas Grandes Ár eas Urbanas en cuyo niv el superior destacan
evidentemente Madrid y Barcelona, con una población total de 6 y
5 millones de personas r espectiv amente , y que cubren ámbitos de
59 En concr eto, según el Censo de 2011 registra ban 32.003.475 habitantes: de n uev o,
un 68% de la población española, idéntico por centaje al cor r espondiente a los 394
municipios con más de 20.000 ha bitantes, lo cual no deja de ser una inter esante
coincidencia en la “cuantificación” de lo urbano en España. Complementariamente ,
el Atlas viene r efiriéndose a otros dos niv eles que define como P equeñas Ár eas
Urbanas: las “ciudades entr e 20.000 y 50.000 habitantes” y los “m unicipios
urbanos entre 5.000 y 20.000”, y que corresponden a 121 y 197 m unicipios
respecti vamente , se gún la actualización del Atlas más r eciente disponible (2017).
T al y como y a se señaló anterior mente , la cifra de 20.000 ha bitantes distingue los
municipios automáticamente considerados como urbanos —por r ebasarla— de los
que son sometidos a filtrado para confirmar dicha condición. Cabe añadir a este
respecto que otros estudios similar es sobre el fenómeno metropolitano en España
también han considerado los 20.000 ha bitantes como umbral de r efer encia. Es
el caso, por ejemplo , de las “áreas urbanas” delimitadas en el proy ecto A UDES
—Ár eas Urbanas de España— (2010), que se puede consultar en: https://alarcos .
esi.uclm.es/per/fruiz/audes/index.htm
60 En concreto , se ha empleado la delimitación de las Grandes Ár eas Urbanas —y
los datos al r especto— que corresponden a la edición del Atlas Digital de 2015.
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
58
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
gran e xtensión —casi 2.900 y casi 3.300 km 2 , r especti vamente—
y complejidad —52 y 165 municipios , muc hos de ellos con más
de 20.000, 50.000 o incluso con más de 100.000 habitantes—.
Con una condición muy similar , aunque con muc ha menos
población —por encima en todo caso del millón de ha bitantes–,
apar ecen V alencia y Sevilla, cuyas ár eas urbanas abar can 45 y 24
municipios , r espectiv amente —de los que v arios e x ceden también
los 20.000 habitantes—.
En el e xtr emo opuesto se sitúan las 31 ár eas urbanas que no lleg an
a los 100.000 habitantes , caracterizadas por una estructur a menos
compleja —18 solo abar can un municipio, y ninguna incluye más
de seis— y con una distribución en la que priman las localizaciones
en el interior peninsular —caso de 19 de ellas—. Entr e ambas
quedan las 51 ár eas urbanas con entr e los 100.000 y el millón de
habitantes . De ellas, once super an el medio millón de ha bitantes,
y otras n ue v e se sitúan entr e esa cifra y los 250.000 habitantes .
Se trata en ambos casos de ár eas urbanas predominantemente
costeras —cator ce de veinte— y con cier ta complejidad en cuanto
a los municipios que a bar can —con una media de doce—. P or
último, las 31 r estantes —con entre 100 y 250.000 ha bitantes—
pr esentan una distribución equilibr ada entr e el interior y la costa
y abar can una media inferior a los cinco municipios . 61
61 Más allá de la enor me distancia que —en todos los sentidos— hay entr e Madrid
y Bar celona y el r esto de áreas urbanas, los cor tes fijados en un millón, medio
millón y 250.000 habitantes son bastante claros en tér minos de pob lación, ya que
implican incr ementos entre las áreas urbanas que marcan el cambio de grupo que
se elev an r espectiv amente al 38% —de Málaga a Sevilla—, el 20% —de Santa Cruz
de T enerif e-La Laguna a Granada— y el 28% —de V itoria-Gasteiz a Castellón de la
Plana—, siendo muy inf erior es las medias de los sucesiv os incrementos dentro de
los grupos que definen dichos cor tes: un 7,4% para los municipios entre medio
millón y 250.000 habitantes y poco más del 7% par a los que oscilan entr e los
Figura I.15. P oblación de las
ciudades y grandes áreas urbanas
españolas en 2011.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
59
1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerarquía de las ár eas urbanas
T eniendo pr esente la ubicación de estas 86 Grandes Ár eas Urbanas
tanto desde el punto de vista g eog ráfico —en sus territorios—
como dentro de esta jerar quía que se acaba de definir —a par tir
de su población y estructur a de municipios—, r esulta inter esante
obser var la e v olución de deter minados indicadores en el periodo
objeto de análisis, con el fin de detectar tendencias comunes. En
primer lugar , la variación que ha e xperimentado su población —
con un cr ecimiento conjunto del 31%, fr ente al 24% de la media
nacional— confir ma ese continuo a vance de lo urbano que antes
se mencionaba, así como el ma yor dinamismo tanto del litor al
mediterráneo —ya v erificado a escala territorial— como de las
ár eas urbanas de menor tamaño (Figura I.16).
Las grandes aglomeraciones han crecido le v emente por encima de
la media conjunta —Madrid y Se villa— o incluso por debajo de la
media nacional —Bar celona y V alencia—. En el caso de las ár eas
urbanas entr e los 250.000 y el millón de habitantes , se apr ecia
con claridad la difer encia entr e las que se ubican junto al litoral
mediterráneo, con cr ecimientos ampliamente por encima de la
media de las ár eas urbanas —varias llegan casi a duplicarla—,
y las del interior peninsular y las costas atlántica y cantábrica,
may oritariamente por de bajo de la media nacional —incluso con
pér didas de población, caso de Bilbao—. 62 P or su par te , las áreas
urbanas con menos de 250.000 habitantes han concentr ado el
may or cr ecimiento —con un 50% de media—, correspondiendo
250.000 y los 100.000 habitantes . Este último cor te no se e videncia en tér minos
de población, pero sí en términos de complejidad del área urbana, y a que por
de bajo de esa cifra se g eneralizan rápidamente las ár eas urbanas de un solo
municipio —así como las no coster as—.
62 P amplona constituye una e x cepción r eseñab le , con un cr ecimiento del 42% en
este periodo.
Figura I.16. V ariación de la
población entr e 1981 y 2011 de
las grandes áreas urbanas .
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
60
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
también aquí los may or es por centajes a las zonas insular es o de
la costa mediterránea, donde varias ár eas urbanas han duplicado,
triplicado o incluso quintuplicado su población en este periodo,
beneficiadas sin duda por el impulso del turismo. 63
La actividad constructi va r esidencial en estas mismas tres
décadas, dur ante las que , de media, se ha construido algo más del
40% del par que de viviendas e xistente en 2011, es otro indicador
que contribuy e a definir este escenario (Figur a I.17). 64 Contrasta
de nue v o la condición de las áreas urbanas de ma yor tamaño , que
se sitúan por de bajo de ese por centaje medio —c laramente en el
caso de Madrid, Bar celona y V alencia, justo en la media en el caso
de Sevilla— con las de menor tamaño, m uy may oritariamente por
encima —con un por centaje medio de nue vas viviendas que r e basa
el 50%—, mientras que las ár eas urbanas de entre 250.000 y un
millón de habitantes se m ue v en globalmente en el entorno de la
media.
La práctica totalidad de las ár eas urbanas en las que la pob lación
cr eció por encima de la media de estas se sitúan también por
encima de ella en tér minos de actividad constructi va r esidencial, 65
63 P or ejemplo, T orre vieja ha pasado de menos de 20.000 habitantes censados
en 1981 a más de 100.000 en 2011, a los que se sumaría además la pob lación
estacional —no censada—. En el interior peninsular , los ma yor es cr ecimientos
corresponden al ár ea de influencia de Madrid: Guadalajara —130%— y T oledo
—82%—.
64 Según datos del Censo de V ivienda de ese año , el 43,2% de las viviendas
e xistentes entonces en España y el 42,1% de las viviendas en el conjunto de las 86
áreas urbanas analizadas se habían construido entr e 1981 y 2011, un porcentaje
cier tamente notable en un periodo de tr einta años y que trasluce un incr emento
muy superior al de la pob lación en ese mismo periodo.
65 Las únicas e x cepciones —por pocos puntos— entr e estas 52 áreas urbanas son
Madrid, P alma de Mallorca y V alle de la Orotava (T enerife).
Figura I.17. V iviendas construidas
entre 1981 y 2011 en las grandes
áreas urbanas .
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
61
1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerarquía de las ár eas urbanas
e xistiendo además una notab le correspondencia entr e ambas:
los may or es crecimientos de pob lación suelen coincidir con los
may or es índices de actividad constructiv a en los distintos conte xtos
territoriales. 66 P or el contrario , esta r egla no se cumple en el caso
de las ár eas urbanas con cr ecimientos de población moderados
—por de bajo de la media conjunta—, ya que en m uchas de ellas
se obser va una intensa acti vidad constructiv a r esidencial —por
encima de la media—, con una característica r eiter ada: suelen
ubicarse en el interior peninsular . 67
Como complemento de lo anterior , también resulta con v eniente
obser var los procesos de ocupación de suelo en este periodo
(Figura I.18). A escala nacional, el suelo ar tificial ha crecido casi
un 52% entr e 1987 y 2006 —alg o más de un 47% atendiendo a las
ár eas urbanas—. 68 En este caso, se puede señalar en primer lugar
66 En la costa mediter ránea y las islas , las áreas urbanas que r egistran ma yor
actividad constructi va r esidencial en el periodo —T orre vieja, R oquetas de Mar , El
Ejido, Orihuela, T enerif e Sur , Costa del Sol y Gran Canaria Sur , todas por encima
del 60%— coinciden prácticamente con las que más cr ecieron en población —
T orre vieja, T enerife Sur , R oquetas de Mar , El Ejido, Costa Blanca, Blanes-Llor et de
Mar , Costa del Sol, Gran Canaria Sur , etc.—. En el interior peninsular , la acti vidad
constructiva más intensa se registra en T oledo , Ciudad R eal, Guadalajara, Cácer es,
Ávila, Badajoz, Soria y Lug o —que re basan el 55%—, también en amplia coincidencia
con los may ores cr ecimientos de población en este ámbito —Guadalajara, T oledo,
Ciudad R eal, Aranjuez, Albacete , Ávila, Lo groño, P amplona, Cácer es, etc.—.
67 Concretamente , entre las 34 ár eas urbanas cuya población cr eció por debajo de la
media —o incluso decreció—, 19 incr ementaron su parque r esidencial por encima
de la media, y de ellas doce se ubican en el interior peninsular , especialmente en
Castilla y León. Destacan los casos de Zamora, Huesca, P onferrada, Salamanca o
León, que han edificado la mitad de su par que residencial en estas tres décadas
aun cuando el cr ecimiento de su población ha a vanzado a un ritmo muc ho menor —
entre un 15% y un 27%—. Se evidencia aquí con claridad la iner cia de su condición
como únicos polos —capitales— de unas pro vincias en declive demográfico.
68 Según datos del Corine Land Cover en dichos años.
Figura I.18. Ocupación de suelo
entre 1987 y 2006 en las g r andes
áreas urbanas .
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
62
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
una cier ta contención en el consumo de suelo en las ár eas urbanas
más grandes: de las 24 que tienen más de 250.000 habitantes ,
siete ni siquiera super an la mitad de la media —las del litor al
cantábrico y galle g o, junto con Bar celona—, y solamente nuev e
la e x ceden —de f or ma eso sí considerab le—, 69 siendo además
llamativ o que entre estas últimas apar ecen casi todas las que se
ubican en el interior peninsular —V alladolid, P amplona, Madrid y
Zarag oza—. 70 R especto a las ár eas urbanas más pequeñas —con
menos de 250.000 habitantes—, ca be mencionar un incr emento
conjunto de suelo ar tificial por encima de la media nacional, que
ha sido especialmente intenso en las ár eas urbanas del litor al
mediterráneo andaluz y valenciano, así como en las ubicadas en
el ár ea de influencia de Madrid. 71
Con el análisis de estos tr es indicador es básicos —variación
de población, intensidad de acti vidad constructiv a r esidencial
y variación de suelo ar tificial— se puede dib ujar un panorama
pr eciso de la e v olución del sistema urbano español en los últimos
tr einta años, siendo posib le detectar deter minadas tendencias
vinculadas a la posición de cada ár ea urbana, en tér minos tanto
g eog ráficos como dentro de la jerar quía urbana antes planteada.
R especto a esto último, destaca el protag onismo de las ár eas
urbanas de menor tamaño —con menos de 250.000 habitantes—,
caracterizadas por una condición metropolitana poco compleja
—abar can pocos municipios, m uchas solamente uno— y que
pr esentan unas tasas r elativ as en los aspectos analizados que , en
g eneral, se sitúan por encima de la media —tanto nacional como
del conjunto de ár eas urbanas—. En la situación contr aria se sitúan
las ár eas urbanas de may or es dimensiones tanto en tér minos de
población como de m unicipios in volucr ados —Madrid, Bar celona,
V alencia y Se villa—, en las que se apr ecian tasas r elativas más
moderadas , situadas habitualmente en la media o por de bajo de
ella. Entr e ambas se sitúan las v einte ár eas urbanas con entre
250.000 y un millón de habitantes , en las que sí se r ef leja ya
con claridad el av ance —hasta entonces inédito— del f enómeno
metropolitano —abar can una media de más de doce municipios—
y cuyas tasas r elativas pr esentan un compor tamiento mucho
más disperso, pero en b uena medida vinculado a su posición
g eog ráfica.
A este r especto, se puede observar por ejemplo que las ár eas
urbanas en entor nos costeros pr esentan en g eneral una nota ble
69 Llama la atención el brusco salto entr e V alencia —claramente por debajo de la
media, con un 43,6%— y Granada —la primera de esas nue v e y ya ampliamente
por encima, con un 57,8%—.
70 Constituyen la e xce pción Sevilla —con un 41,6%— y Cór doba —con un 33%—.
P or el contrario, V alladolid y P amplona han más que duplicado su suelo ar tificial
—con un 112,9 y un 108,9%, r espectiv amente—. Asimismo, e xceden la media
Murcia —que la duplica con un 100,6%— y Granada —y a citada—, situadas
relati vamente cer ca de la costa, pero ubicadas en el interior .
71 Doce áreas urbanas han duplicado su suelo ar tificial: Orihuela, Gandía, Elda-
P etr er y T orre vieja —en el litoral v alenciano— y Guadalajara, T oledo y Aranjuez —en
el entorno de Madrid—, a las que se añaden cinco capitales del interior : Ciudad
R eal, León, Orense , Cuenca y Salamanca.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
63
1. El sistema urbano: desequilibrios territoriales y jerarquía de las ár eas urbanas
coher encia entr e la variación de pob lación, la del suelo ar tificial
y la intensidad de la actividad constructi va r esidencial. Así, en
las r egiones atlánticas y cantábricas se obser v an cr ecimientos
moderados de pob lación —por de bajo de la media— que se
acompañan de un aumento de suelo ar tificial y de una actividad
constructiv a que se produce con similar intensidad. 72 Del mismo
modo, en las z onas insular es y mediterráneas se verifican grandes
cr ecimientos de población a los que corr esponden una actividad
constructiv a r esidencial y una ocupación de suelo igualmente
intensas —en g eneral por encima de la media—. 73
P or el contrario , en el interior peninsular se apr ecia de nue v o
una condición muy dispar , si bien es posible detectar algunas
tendencias. P or un lado , destaca la fuerza de centralidad de
Madrid, que matiza la propia condición de la capital española en
el mar co de las ár eas urbanas de may or tamaño y que se pro yecta
a su v ez en las ár eas urbanas cer canas —en las que coinciden
tasas elev adas en los tr es factor es analizados—. P or otro lado , no
son raros los casos en los que el cr ecimiento de la pob lación sigue
una tendencia —por ejemplo, inf erior a la media— y la actividad
constructiv a y la e xpansión urbana la contraria —por encima de
la media—. Más adelante se profundizará en los fenómenos y
características propios y par ticular es del interior peninsular , que
singularizan este ámbito dentro de un sistema urbano español que ,
de for ma g eneral, se ha analizado a tr a vés de los desequilibrios
territoriales y la jerar quía de las ár eas urbanas que , sin duda, son
clav es par a la mejor compr ensión de su ev olución r eciente .
72 Constituye una e x cepción la más intensa actividad constructiv a residencial
registrada en las áreas urbanas de las costas galle gas y atlánticas andaluzas, a lo
que sin duda contribuye la acti vidad turística.
73 En el caso del incremento de suelo ar tificial, se ha situado por debajo de la
media en cier ta par te del litoral mediterráneo, par ticular mente en Cataluña y
algunas ár eas urbanas de Andalucía.
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
I.2. EL MARCO NORMA TIV O: EST ABILID AD POR INERCIA EN UN
PERIODO DE CAMBIOS
En el periodo objeto de esta in vestigación, el mar co nor mativ o
del urbanismo en España ha estado sometido a n umerosos —
casi continuos— cambios que han ido oper ando siempr e sobr e
el sistema definido en la Ley del Suelo de 1956, introduciendo
modificaciones —algunas de gran calado—, pero sin lleg ar a
romper nunca la contin uidad de un sistema que , como se verá a
continuación, ha demostr ado tener una enor me iner cia, una gran
r esistencia a su transf or mación radical o e ventual sustitución.
El primer e pisodio de esta historia r eciente de la legislación
urbanística española se r emonta a la etapa final del periodo
anterior , más concr etamente a principios de los setenta, cuando ,
ante el dev enir del desarrollo urbano y las continuas e x ce pciones
e incumplimientos r especto a lo conce bido en 1956 —como y a
se comentó anterior mente—, se abrió paso un de bate en el que ,
fr ente al abandono del sistema que se ha bía definido entonces, se
impuso su r e visión ( t erán , 1971: 26). 74
A este r especto, el III Plan de Desarrollo Económico y Social —
aprobado en may o de 1972— dedicaba un e píg raf e al urbanismo
—tan br e v e como elocuente— en el que , tras anotar el cr ecimiento
desor denado de las ciudades y los pr ecios especulati v os del suelo,
hacía r ecaer las causas en div ersos aspectos ref eridos a los cuatro
pilar es de la Ley del Suelo de 1956 —el planeamiento urbanístico ,
el régimen del suelo, los sistemas de actuación y la g estión pública
del urbanismo—, para concluir afir mando que:
“[…] se hace absolutamente indispensa ble la definición de una n uev a
política urbanística que apro vec he , entre otros aspectos , la e xperiencia
adquirida durante los quince años de vig encia de la Ley del Suelo, y
ofr ez ca un mar co jurídico más acor de con las necesidades del pr esente
y de un futuro raz onab le”. 75
De hecho , ya se esta ba ela borando entonces el te xto para la
r eforma de dicha ley , cuyo pro yecto llegó a las Cor tes franquistas a
finales de 1972 y que , tras su tramitación, concluyó pocos meses
74 Se preguntaba entonces este autor —con r esponsabilidades en el Ministerio
de la V ivienda—: “¿Es que debemos a bandonar el camino iniciado antes de
perfeccionarlo?”. Ca be señalar que la r evisión de la Le y del Suelo es inse para ble de
la impor tante reno vación que meses antes de su inicio se produjo en el Ministerio
de la V ivienda: al nombramiento como ministro de V icente Mor tes Alfonso en
octubre de 1969 —en sustitución de J osé María Mar tínez Sánchez-Ar jona, en el
car g o desde 1960— siguió al mes siguiente el cese —tras tr einta años liderando el
urbanismo oficial en España— de P edro Bidagor , que fue sustituido al frente de la
Dir ección General de Urbanismo por Antonio Linar es Sánche z.
75 El te xto señala, r espectiv amente y entr e otros, la descone xión del planeamiento
físico con el sectorial y la compleja elabor ación de los planes; la ineficacia en
la r edistribución de car g as; el e x cesiv o prota gonismo de los propietarios y
el problemático r ecurso a la e xpropiación; y la descoor dinación dentro de la
administración centr al y entr e esta y la local, junto a la falta de medios de la
última. Cabe señalar que la conclusión citada que de ello se deriv aba fue lueg o
recogida —de forma literal— en la motiv ación del te xto de r eforma de la Ley del
Suelo: BOE nº113 de 11 de mayo de 1972, pp . 8263-4; y BOE nº107 de 5 de mayo
de 1975, p . 9428.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
65
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
antes de la muer te de F ranco con la Ley 19/1975, de 2 de mayo,
de reforma de la Ley sobre Régimen del Suelo y Ordenación Urbana . 76
La ref orma de la Le y del Suelo de 1975: reajuste y r eglamentación del
marco her edado
El primer aspecto que r esaltar de esta r eforma es que se
concibió, en efecto , como una operación introspecti va, que no
busca soluciones en el der ec ho comparado , sino que plantea
“r espuestas deducidas de r ef le xiones sobr e la aplicación de los
instrumentos de planeamiento y de g estión” ( p erales m adueño ,
1996: 118-9). Básicamente , la r eforma se construyó desde la
dicotomía entr e f le xibilización y control: por un lado, se pr etendía
facilitar los procesos de urbanización —“acor tar diferencias entr e
las profecías incumplib les y los procesos r eales de producción de
la ciudad por los agentes capaces de hacerlo”—; por otro lado ,
también se quería pr eser var el urbanismo como f acultad pública
—“no r enunciar a una f or ma de ordenación global del desarrollo
urbano”—, con las consiguientes condiciones impuestas a los
propietarios ( t erán , 1999: 259). La r esolución práctica de esta
doble intención quedó e xplicada en la moti vación del ar ticulado
de la r efor ma como inclusión de medidas le gales correctoras que
no e xigiesen “ni una modificación del mar co institucional de la
Administración ni de las líneas maestr as de la vig ente Ley del
Suelo, en la que se integran las nue vas disposiciones”. 77
En este sentido, la r ef or ma preservó los cuatro pilares de la Le y
del Suelo de 1956, pero introdujo correcciones en todos ellos.
R especto al planeamiento urbanístico, mantuv o el g rueso de
los instrumentos e xistentes y su estructuración jerár quica, pero
incorporó otros nue v os —con fines de coor dinación, simplificación
o concer tación—. 78 En lo tocante al estatuto jurídico del suelo,
r efinó tanto la clasificación —desglosando en dos cate g orías
el suelo que pasa a denominarse urbanizab le— como los
der echos y de beres que otor g a, incr ementando los últimos. 79
76 El proceso de r edacción y aprobación de esta ley ha sido narrado con detalle por
Emilio l arr odera l ópez (1981: 9-12).
77 BOE nº107 de 5 de may o de 1975, p . 9428. A este respecto, y a durante la
tramitación de la r eforma surgieron las v oces que mostra ban su esce pticismo
acer ca de esta salida —“un cambio de las técnicas jurídico-for males dista de
ser una solución para la situación actual” ( f ernández r odríguez , 1974: 28)—, en
un conte xto en el que , desde posiciones políticamente antagónicas, se tachaba
la r efor ma tanto de liberalizadora ( t erán , 1999: 259) como de socializante
( f ernández r odríguez , 1974: 8).
78 Cabe citar la cr eación de los Planes Director es T erritoriales de Coordinación
—PDT C— para la planificación física y económica de escala supr amunicipal (ar t.
8), de los Estudios de Detalle para f acilitar el ajuste de cier tas deter minaciones
de los planes gener ales y par ciales (ar t. 10bis) y de los Prog ramas de Actuación
Urbanística —P A U— para el desarrollo del suelo urbanizable cuy o desarrollo no
se prog ramase en el plan g eneral correspondiente (ar t. 12). T ambién se afinó la
regulación del planeamiento especial, cr eándose la figura de los Planes Especiales
de R efor ma Interior —PERI— para posibilitar intervenciones de mejora en suelo
urbano (ar t. 18bis).
79 El suelo de r eser va urbana pasa a denominarse urbanizab le , y se divide
en prog ramado —a urbanizar según programa del propio plan gener al
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
Asimismo, corrigió los sistemas de actuación, pero sin r estar
protagonismo a la iniciati va pri vada, 80 y b uscó una may or eficacia
en la coor dinación entr e administr aciones mediante la cr eación de
nue v os organismos centrales , pero sin alter ar sustancialmente el
r e par to de competencias con la administración local, que también
conser v a su protagonismo . 81
De ello r esultó lo que algunos autor es han denominado como una
r eforma “ec léctica […], muy r ealista y con un sopor te intelectual
y de conocimiento de los problemas m uy apr ecia ble” ( p erales
m adueño , 1996: 118), mientras que otros v eían en las numerosas
modificaciones introducidas una r eforma que fue más allá de lo
que r econocía, “una v er dader a r emodelación a fondo de todo el
sistema de planeamiento a lo lar go de todos y cada uno de sus
escalones” que produjo “una alteración de la filosofía urbanística
propia de la Ley del Suelo de 1956” concr etada en “una pérdida
de dir ección pública del f enómeno urbanizador en fa vor de un
nue v o equilibrio entre potestad pública-iniciati va privada” ( p arejo
a lfonso , 1979: 290-2).
Esta componente de f le xibilización —muy bien resumida por
estos autor es en esta tensión entr e r ealismo y alter ación, entr e
eclecticismo y remodelación— tuv o su cor r elato —como antes se
señaló— en una componente de control que se evidenció y a en
el propio te xto de la r ef or ma, 82 pero que se e xpr esó con may or
elocuencia en su desarrollo posterior . F r ente a una Ley del Suelo
de 1956 que , como destaca F rancisco p erales m adueño (1996:
111), tuv o escaso desarrollo reglamentario, 83 a la r efor ma de 1975
siguió, al cabo de un año , la aprobación de un te xto r efundido
como mecanismo clarificador de la legislación completa resultante
de aquella, y poco después del Reglamento de Planeamiento , el
Reglamento de Disciplina Urbanística y el Reglamento de Gestión
Urbanística . 84 Con ellos se definió un auténtico códig o urbanístico ,
en el que los instrumentos, técnicas y mecanismos de la r eno vada
correspondiente— y no programado —cuyo desarrollo e xige la aprobación de un
P A U— (ar t. 64). Asimismo, el suelo rústico pasa a denominarse no urbaniza ble . A
efectos de g estión, se r egulan las cesiones de terrenos destinados a dotaciones y la
asunción de los costes de urbanización por los propietarios, y se crea el mecanismo
del apro vechamiento medio par a la equidistribución de car gas y beneficios entre
ellos. Se dispuso a la v ez la cesión del 10% del mismo al A yuntamiento r espectiv o
(Ar t. 68), y se consolidó para ello el mecanismo de la re parcelación (ar t. 80).
80 Desapar ece el sistema de cesión de viales y se mantienen los sistemas de
compensación, cooperación y e xpropiación (ar t. 106 y ss.).
81 Se cr eó con este objetiv o la Comisión Central de Urbanismo (ar t. 108), a la que
se asigna un informe previo y pr eceptiv o de los PDTC y de los planes g enerales de
los municipios con más de 50.000 ha bitantes (ar t. 109).
82 P or ejemplo, en el Título IV —Ejercicio de las f acultades r elativ as al uso y
edificación del suelo— y el Título VII —Régimen jurídico— destaca la notab le
inclusión de nuev os ar tículos regulatorios de la concesión de licencias o de las
infracciones urbanísticas .
83 En concr eto, este autor cita como única producción al r especto el Reglamento
de Edificación Forzosa y Registro Municipal de Solares —aprobado por Decreto
635/1964, de 5 de marzo — y el Reglamento de Reparcelaciones de Suelos afectados
por Planes de Ordenación Urbana — Decreto 1006/1966, de 7 de abril —.
84 T odos estos te xtos se aprobaron ya tras la muer te de F ranco y bajo r einado de
J uan Carlos I —pero antes de aprobarse la Constitución—, mediante Real Decreto
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
67
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
legislación adquieren un ni v el de detalle desconocido hasta
entonces, e xpr esando esa v oluntad de control antes señalada,
como garantía del cumplimiento del interés público . 85
La Constitución Española de 1978: reor denación del mar co competencial
Como se ha dicho , la r efor ma de la legislación urbanística comenzó
en la etapa final del franquismo , pero culminó ya en democracia,
coincidiendo de hecho con la aprobación y entr ada en vig or de
la Constitución Española de 1978. Más allá de los ef ectos que
la T ransición tuv o en el urbanismo español —que serán objeto
del siguiente apar tado—, y desde un punto de vista puramente
nor mativ o, el n uev o te xto constitucional tuv o lógicamente
incidencia en lo tocante a esta disciplina. P or un lado, se ha
destacado que la Constitución vino a r efr endar y dar continuidad a
los principios básicos ya contenidos en la Le y del Suelo de 1956,
concr etamente la función social de la propiedad y la competencia
pública en la materia ( f ernández r odríguez , 1989: 140). 86
P or otro lado, la nue va norma fundamental del Estado introdujo
su descentralización política a tr a vés de la cr eación de las
Comunidades A utónomas, entr e cuy as competencias se r econoce
la or denación del territorio, urbanismo y vivienda. Estas pasan por
lo tanto a sustituir al Estado en esta materia, tanto desde el punto
de vista legislativ o como en la tutela administrati va. Sin embar g o,
1346/1976, de 9 de abril ; Real Decreto 2159/1978, de 23 de junio ; Real Decreto
2187/1978, de 23 de junio ; y Real Decreto 3288/1978, de 25 de agosto .
85 Estos r e glamentos constan respecti vamente de 168, 94 y 227 ar tículos —
frente a los menos de cincuenta de los dos pre vios antes citados—, lo que da
idea del niv el de detalle alcanzado y de la impor tancia de esta r eglamentación
como culminación y par te sustancial de la reforma de 1975. A este respecto
cabe citar a Luciano p arejo a lfonso (1979: 281-2), que señala que , frente a la
“flexibilización” de los instrumentos de or denación —que únicamente fijan “un
marco de actuación” par a la iniciativ a privada, según su interpr etación de la
ref or ma—, la garantía del “interés social o público” se produce “no a tra vés de las
deter minaciones del planeamiento, sino únicamente mediante la fijación a ni vel
legal de dotaciones o estándares urbanísticos”, aspecto en todo caso ineludible y
en el que estos r eglamentos son par te fundamental. P or ejemplo , el R eglamento de
Planeamiento incluyó un Anex o en el que se recogen detalladamente las reservas
de suelo para dotaciones en planes par ciales, complementando las pre visiones
al r especto ya incorporadas en el propio te xto de la reforma de la ley , r eferidas
tanto a los planes g enerales —a tra vés de la inc lusión de los sistemas g enerales
(ar t. 9ter)— como a los planes par ciales (ar t. 10). Con viene subrayar que la
combinación entre el plan parcial —instrumento par a el crecimien to urbano que
se consolidó con rapide z, heredando la lógica del ensanc he— y la r eglamentación
de los estándar es configuró a la postre el mecanismo más eficaz para sustentar
una e xpansión urbana que tenía su mejor coar tada en esas ob ligaciones de cesión,
junto con otras —v er nota 25 en este capítulo—.
86 El te xto constitucional reconoce “el der echo a la propiedad privada y a la
herencia”, pero también que “la función social de estos der echos delimitará sus
contenidos, de acuer do con las leyes” (ar t. 33). Asimismo, reconoce el “derec ho a
disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, y par a ello establece que los poderes
públicos r egularán “la utilización del suelo de acuerdo con el interés g eneral para
impedir la especulación”, así como que “la comunidad par ticipará en las plusvalías
que gener e la acción urbanística de los entes públicos” (ar t. 47). En consecuencia,
la nue va norma fundamental del Estado asumió la regulación del derec ho de
propiedad —en su dimensión urbana— que ya r eco gía la Ley del Suelo de 1956
—ver de n uevo la nota 25 en este capítulo—.
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
el Estado mantiene competencias en aspectos con e v entual
incidencia en la or denación territorial y urbanística, además de la
potestad e x clusiv a r especto a la r egulación de derec hos básicos
—como el de propiedad—, por lo que se define en r ealidad una
suer te de régimen de competencias compar tidas ( f ernández
r odríguez , 1989: 143). 87
En consecuencia, nada más completar la r eforma de la le gislación
urbanística, el Estado hubo de iniciar la tr ansfer encia de
competencias en esta materia a las Comunidades A utónomas.
Este “condicionante no buscado” pro vocó que dic ha transf er encia
no se acompañase de otra n ue va r efor ma, sino que , “simplemente ,
se encomendó su ejecución a otra administr ación” ( m enéndez
r exach , 1996: 128). 88 Al mismo tiempo, el Estado lle vó a cabo
una r eor denación de su actividad en este ámbito —que pasó
a centrarse en la política de vi vienda—, acompañada de una
r eestructuración interna. Así, ya en 1977 se ha bía suprimido el
Ministerio de la V ivienda, cuy as competencias pasaron al nue vo
Ministerio de Obras Púb licas y Urbanismo —MOPU—, y en los
años inmediatamente posterior es se hizo lo propio con los
or ganismos que habían de pendido de aquel. 89 La compleción del
nue v o marco competencial culminó con la n ue va Ley 7/1985, de
2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local , que ratificó
87 La ordenación del territorio, urbanismo y vivienda apar ecen r ecogidas como
competencia que puede ser asumida por las Comunidades A utónomas (ar t. 148),
mientras que el Estado tiene competencia e xclusiva tanto en la r e gulación de
las condiciones básicas en el ejer cicio de los der echos y de ber es fundamentales
como en cier tas materias sectoriales con incidencia en la planificación espacial,
tales como la coor dinación de la planificación g eneral de la acti vidad económica,
la legislación básica sobre la protección del medio ambiente , etc. (ar t. 149)
( f ernández r odríguez , 1989: 142-3).
88 De hecho, el proceso comenzó antes de la propia entrada en vig or de la
Constitución, puesto que el Real Decreto 1385/1978, de 23 de junio ya tr ansfirió
estas competencias a la Generalitat de Cataluña —que ha bía sido r estab lecida
pro visionalmente en 1977—. Ángel m enéndez r exach (1996: 127) señala que
este R eal Decreto “mar có la pauta, no sólo por ser el primero que se aprobó,
sino porque , al ref erirse únicamente al urbanismo […] e xplica en su Pr eámbulo el
propósito de realizar una ‘ef ectiv a transf er encia’”.
89 T ras el desmontaje de la or ganización sindical del franquismo, la OSH fue
transferida mediante el Real Decreto 906/1978, de 14 de abril al MOPU , y
luego r econ ver tida en el organismo autónomo “ Administr ación del P atrimonio
Social Urbano” —cr eado mediante Real Decreto 1112/1978, de 12 de mayo —.
P osterior mente, tanto este como el INV y el INUR fueron suprimidos e integrados
en el nue v o Instituto para la Promoción Púb lica de la V ivienda —IPPV—, creado
mediante el Real Decreto-ley 12/1980, de 26 de septiembre, para impulsar las
actuaciones del Estado en materia de viviendas y suelo —expr esión de la nuev a
política estatal— y r egulado mediante Real Decreto 1875/1981, de 3 de julio . El
citado R eal Decreto-le y también había pr evisto la creación de un nue v o or ganismo
que asumiese la actividad estatal de promoción de suelo , lo que se materializó
en el Real Decreto 2640/1981, de 30 de octubre, sobre constitución de la “Sociedad
Estatal de Promoción y Equipamiento de Suelo” (SEPES) , hereder a en este sentido
de la actividad de la Ger encia de Urbanización y el INUR. Cabe añadir que este
último or ganismo se ha mantenido —con cambios en su naturaleza y r e gulación—
hasta la actualidad, mientras que el IPPV apenas se mantuv o uno s pocos años,
e xtinguiéndose el 31 de diciembr e de 1985 como consecuencia del Real Decreto
1654/1985, de 3 de julio, por el que se determina la estructura orgánica básica del
Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, y se suprimen determinados Organismos
autónomos del referido Departamento .
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
69
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
la posición y autonomía de los municipios en materia urbanística
( f ernández r odríguez , 1989: 143), obligando al r especto al r esto
de niv eles de la administr ación ( m enéndez r exach , 1996: 130). 90
A la hora de analizar el cambio deri vado necesariamente de la
asunción de las competencias en urbanismo por par te de las
Comunidades A utónomas, el aspecto sin duda más r ele vante es que
este se materializó en una ace ptación casi total del mar co estatal,
es decir , en notab le continuidad con él. P or un lado, m uchas de
ellas no impulsaron legislación propia, manteniéndose por lo tanto
plenamente vig ente la legislación estatal —que tenía por lo demás
carácter supletorio—. P or otro lado, las Comunidades A utónomas
que desde principios de los ochenta empe zaron a aprobar sus
propias ley es al r especto no introdujeron ninguna modificación
sustancial. Áng el m enéndez r exach (1996: 136) destaca en este
sentido que:
“[…] ninguna de las iniciativ as adoptadas afectó al núcleo del estatuto
de la propiedad ni puso en cuestión, en sus líneas maestras , el
esquema de la [Ley del Suelo], que parecía g ener almente aceptado ,
incluso en aspectos netamente ‘urbanísticos’, sobre los que podía
incidir el legislador autonómico sin vacilación alguna.”
En la misma línea, T omás-R amón f ernández r odríguez , (1989:
143) subra ya la f or mación de:
“[…] una legislación urbanística autonómica relati vamente ab undante ,
que , sin llegar a sustituir el núc leo básico del ordenamiento jurídico
pr econstitucional constituido por la Ley del Suelo , hasta ahora
r espetado, ha incidido de forma notable sobr e la periferia del mismo ,
completando o corrigiendo, incluso, las deter minaciones contenidas
en la legislación heredada”. 91
La siguiente etapa dentro de la ev olución de la legislación
urbanística en España comenzó en la segunda mitad de los años
ochenta, en un conte xto de r eacti vación económica —que se hiz o
notar con claridad en el sector de la construcción— durante el
que se e videnció la incapacidad de la política de vivienda par a
dar r espuesta a una situación de dificultad cr eciente en el acceso
a la misma. El g obier no del P ar tido Socialista Obrero Español
—PSOE, que había obtenido una a brumadora ma yoría a bsoluta
en las elecciones de 1982, r ev alidada en 1986 y 1989— decidió
tomar la iniciativ a al r especto, y propuso una n uev a r efor ma de la
90 T odo ello sin prejuicio del ejer cicio de tutela asignado —como y a se ha dicho— a
las Comunidad A utónomas.
91 Este autor señala que la legislación autonómica vino a despleg arse en tr es
ámbitos principales: la or denación del territorio —no cubier ta de facto por el
Estado—, la disciplina urbanística —para dar sopor te legal al reglamento estatal—
y la “adaptación” de la Ley del Suelo al conte xto r egional. Este último es el caso de
Cataluña — Ley 3/1984, de 9 de enero, de medidas de adecuación del ordenamiento
urbanístico de Cataluña — y Galicia — Ley 11/1985, de 22 de agosto, de adaptación de
la del suelo a Galicia —, los dos te xtos más av anzados de esta primera g eneración
de ley es urbanísticas autonómicas pero que , como ya se ha dicho , no introducen
no v edades sustanciales. Comenta T omás-Ramón f ernández r odríguez (1989: 144)
respecto a ambas que , “más que alterar el régimen jurídico estatal, se ha procurado ,
ante todo, hacer efecti v o este , para lo cual se aclaran y delimitan algunos de los
conceptos que allí se utilizan, se aumentan los controles existentes y se e xige un
mayor rig or en los requisitos que ha de cumplimentar la Administración, tanto en
el planeamiento, como a la hor a de otorgar las corr espondientes licencias”.
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
Ley del Suelo ( m enéndez r exa ch , 1996: 136-7). 92 Al igual que en
etapas anterior es, la legislación urbanística se vuelv e a identificar
como una de las causas de esta situación insatisf actoria,
proponiéndose como r espuesta, una v ez más , no la sustitución,
sino la profundización en el desarrollo del marco vig ente , lo cual
se materializó en la Ley 8/1990, de 25 de julio, sobre Reforma del
Régimen Urbanístico y Valoraciones del Suelo .
La ref or ma de la Le y del Suelo de 1990: un f allido intento de control como
antesala de la definiti v a asunción competencial por las Comunidades
A utónomas
Básicamente , esta nuev a r efor ma de la Ley del Suelo —que se
produjo quince años después de la anterior— inter vino sobr e
ese complejo equilibrio entr e flexibilización y control en el que ,
como antes se señaló, se había mo vido la de 1975. En concreto ,
inclinó c laramente la balanza hacia el segundo componente , lo
que se tradujo en una suer te de “perfeccionamiento” del régimen
de der echos y de beres de los propietarios que , tal y como indica
la propia denominación de la le y , operó esencialmente sobr e el
régimen del suelo y sobr e las valor aciones y que , en palabras de
J avier g arcía - b ellido g arcía de d iego (1999: 18), lle vó al sistema
urbanístico español a “la plenitud y la cima de su singular
e x ce pcionalidad”. 93
T al y como señala Áng el m enéndez r exa ch (1996: 137), a la sazón
dir ector del Instituto del T erritorio y Urbanismo —ITUR— en aquel
momento, la r efor ma pretendió “apurar las consecuencias de
los principios del estatuto de la propiedad inmobiliaria vig entes
desde 1956, para definirlo como un proceso de adquisición
gradual de facultades que se vinculase al cumplimiento de los
de ber es legales cor r espondientes”. Asimismo, planteó unos
criterios de valor ación del suelo acor des con lo anterior , tanto
por “coher encia teórica” como por r azones prácticas , “para e vitar
que la Administración tuviese que pagar un sobre precio en las
adquisiciones de suelo para el cumplimiento de sus fines, por vía
amistosa o e xpropiatoria”, aspecto a su v e z vinculado al fomento
de la for mación de patrimonios municipales de suelo .
Atendiendo a la concr eción de estos grandes objetiv os, la r efor ma
r edefinió el contenido urbanístico de la propiedad inmobiliaria
mediante un mecanismo “cuasi concesional” ( p erales m adueño ,
1996: 123), basado en una adquisición sucesiv a de der echos que
se condiciona a la efecti va satisfacción de deter minados de ber es . 94
92 Este autor destaca que algunas Comunidades A utónomas anticiparon la
orientación de esta legislación, como el P aís V asco — Ley 9/1989, de 17 de
noviembre, de Valoración del Suelo de la Comunidad Autónoma del País Vasco —.
93 Luciano p arejo a lfonso (1996: 166) señala a este r especto que “el forzamiento
de las posibilidades ínsitas en la noción de función social de la propiedad pri vada
parece evidente; por lo que puede consider arse , con fundamento, que se ha
cerrado el ciclo histórico de ev olución del Der echo urbanístico sobr e la c lav e
singular acuñada en la fase inicial misma de esa e v olución”.
94 La ref or ma define el derec ho a urbanizar , al apro vechamiento urbanístico , a
edificar y a la edificación (ar t. 11), cuya materialización se vincula, r espectiv amente ,
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
71
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
Entr e estos últimos se sitúa el de equidistribución, una de las y a
citadas singularidades del urbanismo español —que consolida
der echos— y que , como una de las principales no v edades de la
r efor ma, adquier e si cabe ma yor r ele vancia, al e xtenderse desde
el suelo urbanizab le al suelo urbano, “el gran r educto de la
desigualdad” entr e propietarios ( m enéndez r exach , 1996: 138).
P ara ello , se introducen como nue vas figur as las ár eas de re par to
de car gas y beneficios y las unidades de ejecución, orientadas al
cumplimiento conjunto de los de ber es de cesión, equidistribución y
urbanización, y que se apo yan en n uev os mecanismos al respecto:
el apro vec hamiento tipo y las transfer encias de apro v echamiento ,
r equeridos para poder aplicar la equidistrib ución en el suelo
urbano. 95 Al plantear esta “asimilación, en lo sustancial, del régimen
del suelo urbano al del urbanizab le prog ramado”, la r ef or ma hizo
pr ev alecer lo que se r econoce como “un criterio igualitario, más
teórico que r eal” ( m enéndez r exach , 1996: 139), que , en todo
caso, complicó m uy notab lemente la g estión urbanística, 96 sin que
de ello pudiese deriv arse —cuanto menos sin dudas raz onables—
una mejora ef ectiv a y a cor to plaz o del suelo urbano, más allá de
esa pr etendida —y a la postr e “teórica”— satisfacción uni v ersal
del principio de equidistribución. 97 Finalmente , en lo tocante a los
a la aprobación del planeamiento (ar t. 12-4); al cumplimiento de los deber es
de cesión, equidistribución y urbanización en los plaz os fijados (ar t. 15-9);
a la obtención de licencia (ar t. 20-4) y a la construcción en plazo del edificio
correspondiente (ar t. 25-8). Asimismo, las valor aciones del suelo pasan a ligarse
a esta misma lógica (ar t. 66 y ss.), de tal for ma que el incumplimiento de de beres
afecta a su v ez a la v aloración del suelo a los ef ectos, por ejemplo, de su ev entual
e xpropiación.
95 La delimitación de las ár eas de r e par to (ar t. 30) se deja en manos de la
legislación urbanística —autonómica—, en cuyo defecto de ben cubrir el suelo
urbano —e xcluidos los sistemas g enerales—, el suelo urbaniza ble programado
dentro del mismo plazo —junto con los sistemas g enerales adscritos— y cada
ámbito en el que se desarrolle un P A U . Las unidades de ejecución (ar t. 31) se
definen como subdivisión de las ár eas de r epar to, pudiendo ser discontinuas
en suelo urbano, mientras que el apro v echamiento tipo (ar t. 32 y ss.) se define
para cada ár ea de r epar to en función de una serie de reglas que , básicamente ,
consisten en dividir el apro vec hamiento lucrativ o total entr e su superficie . Cabe
destacar que la r efor ma pr evé como susce ptible de apropiación pri vada un 85%
del apro v echamiento tipo de cada ár ea de r epar to (ar t. 37), fr ente a la cesión del
10% del apro vechamiento tipo que se r egulaba en la r efor ma de 1975. P or su
par te , el mecanismo de las transf er encias de apro v echamiento (ar t. 44 y ss.) se
regula en el mar co de las actuaciones “asistemáticas” en suelo urbano —cuando
no resultase posible delimitar unidades de ejecución— y e xig e acuerdos cruzados
entre propietarios o entr e estos y la Administr ación.
96 La propia ley r econoce su complejidad al limitar la aplicación plena de los
mecanismos de equidistribución en suelo urbano a los m unicipios con población
superior a los 25.000 habitantes (Disposición Adicional Primer a).
97 Áng el m enéndez r exach (1996: 139) apela también a un ef ecto “indirecto”,
afir mando que , dado que la aplicación del apro vechamiento tipo en suelo urbano
consolidado solo se produce en el momento de sustitución de la edificación,
ello constituía “un impor tante estímulo a la reha bilitación”. En relación con
esta cuestión, y r efiriéndose a las actuaciones de conser vación y r ehabilitación
que las administraciones v enían fomentando mediante sub venciones, T omás-
R amón f ernández r odríguez (1989: 145) señalaba a finales de los oc henta “las
limitaciones propias de la legislación en vigor”, y más concr etamente la falta
de “técnicas adecuadas de g estión [...] lo que ha propiciado la ‘in v ención’ de
mecanismos ad hoc a tra vés de los n uev os planes g enerales de legalidad muchas
veces discutible”, en r efer encia sin duda a las transf erencias de apro vec hamiento,
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
patrimonios municipales de suelo , se plantea la delimitación de
r eser vas por par te de los planes gener ales —en suelo urbanizab le
no prog ramado o no urbaniza ble no sujeto a especial protección—
para su e v entual constitución o ampliación.
Como en la ocasión anterior , la r eforma ordenaba al Gobierno la
elabor ación de un te xto r efundido, cuyo objetiv o era “mantener
‘codificado’ el der echo estatal” y “eliminar incer tidumbres”, y
que se apro vec hó además par a introducir “multitud de pequeñas
—y no tan pequeñas— modificaciones” ( m enéndez r exa ch , 1996:
145-6). Esta tar ea se satisfizo mediante el Real Decreto Legislativo
1/1992, de 26 de junio , que a su v ez or denó definir la vig encia de
los cinco r eglamentos de la Ley del Suelo , para lo que se aprobó
a continuación el Real Decreto 304/1993, de 23 de febrero . Sin
embar g o, la viabilidad de este n ue v o mar co quedó rápidamente
puesta en entr edicho , ya que varias Com unidades A utónomas
r ecurrieron la ref or ma ante el T ribunal Constitucional por in vasión
de competencias, al consider ar , según casos, que deter minados
pr ece ptos definidos como de aplicación básica o plena de bían
ser meramente supletorios de las corr espondientes legislaciones
autonómicas. 98
La r esolución a este conflicto competencial se produjo a tra vés
de la Sentencia 61/1997, de 20 de marzo de 1997, del Tribunal
Constitucional , que estimó los r ecursos y declaró inconstitucional
el grueso de la reforma de 1990 y de su texto r efundido. Entre
otras cosas , el T ribunal Constitucional confir mó la imposibilidad
de que el Estado aprobase cualquier tipo de legislación supletoria
en la materia —si bien mantuv o la vig encia del texto r efundido de
1976 y de sus r eglamentos, pr econstitucionales—, declaró que
ningún principio básico fijado por el Estado podía pr efigurar la
técnica urbanística que lo concr etase —lo que corr espondía a las
un mecanismo que ya v enía siendo empleado desde finales de los setenta en
numerosos planes . Es inter esante detenerse en los comentarios al r especto de
J a vier g arcía - b ellido g ar cía de d iego (1999: 60-2), que había utilizado esta
figura y def endía su utilidad, pero que se mostra ba enor memente crítico con
la interpr etación que de ella había hecho la Ley del Suelo de 1990, tac hándola
nada menos que de “per v ersa utilización especuladora” y “apar ato r ecaudador
pseudo-fiscal”, al sustituir el “ aprovechamiento tipo ‘histórico’ de las zonas urbanas
homogéneas [...] morfológicamente definidas por su tipo -logía estructurante”
por un apro vechamiento tipo que se calcula “ pro futuro según los nue v os usos y
volúmenes que engendr a el nue vo planeamiento.” Además, denuncia que la r eforma
de 1990 “ha prostituido la inicial r elación vincular ‘e x ceso de edificación-suelo
público cedido’ de la r e par celación discontinua de las iniciales T A U [T ransfer encias
de Apro vec hamiento Urbanístico] sustituyéndola por el pago en dinero que hace el
constructor (lejos de los pr ecios de mer cado de lo que r ealmente compra), como un
pseudo impuesto, una sobr ecar g a” [Las cursiv as son del autor]. Se entr emez clan
aquí conceptos no siempr e bien definidos —como rehabilitación, en ocasiones más
próximo a la idea de r eno vación— y , en todo caso, una evidente complicación —
burocratización— del urbanismo .
98 En concr eto, pr esentaron r ecursos el P arlamento de Navarra, el Consejo
de Gobierno de la Diputación R egional de Cantabria, el Consejo Ejecuti v o de la
Generalitat de Cataluña, la Diputación Gener al de Aragón, la J unta de Castilla y
León y el Gobierno de Canarias. P osterior mente, el te xto refundido fue también
recurrido por el Consejo de Gobierno de la Comunidad A utónoma de las Islas
Balear es, la Diputación Gener al de Aragón y el Consejo Ejecutiv o de la Gener alitat
de Cataluña.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
73
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
Comunidades A utónomas— y delimitó las competencias estatales
únicamente en lo r eferido a las v aloraciones —solo a ef ectos
e xpropiatorios— y al régimen de r esponsabilidad ( b año l eón ,
1999: 155-8).
En consecuencia, esta decisión del T ribunal Constitucional puso
definitiv amente la r esponsabilidad en materia urbanística en manos
de las Comunidades A utónomas . De hecho, fueron varias las que ,
impulsadas por el conf licto competencial sur gido con el Estado ,
decidieron ya desde principios de los no v enta completar su propio
mar co nor mativo al r especto. 99 Áng el m enéndez r exach (1996:
146-7) destaca que estas nue vas le yes “rompen el corsé que las
Comunidades A utónomas par ecían haberse ‘autoimpuesto’ […] y
abor dan, sin limitación de materias , el conjunto de las cuestiones
vinculadas a la actividad urbanística”, por lo que “evidencian y a
la plena asunción de sus competencias por las Com unidades
A utónomas”. T ras la sentencia del T ribunal Constitucional, esta
actividad legislativ a se e xtendió a las r estantes, de tal f or ma
que , a finales de esta década, esa asunción de competencias
quedó completada. 100 No obstante , ha y que r esaltar una v ez
más la iner cia de la legislación estatal en tanto en cuanto siguió
siendo la r efer encia par a la legislación autonómica ( m enéndez
r exach , 1996: 146), y a que , más allá de alguna inno vación de
índole esencialmente instrumental, los principios que han v enido
inspirando y r eglando el urbanismo en España se mantuvieron
incólumes. 101
99 Cataluña abrió esta segunda g eneración de le yes autonómicas con el Decreto
Legislativo 1/1990, de 12 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de los textos
legales vigentes en Cataluña en materia urbanística . Siguieron después Na varra
— Ley Foral 10/1994, de 4 de julio, de Ordenación del Territorio y Urbanismo —,
Comunidad V alenciana — Ley 6/1994, de 15 de noviembre, reguladora de la actividad
urbanística —, Madrid — Ley 9/1995, de 28 de marzo, de Medidas de Política
Territorial, Suelo y Urbanismo — y Galicia — Ley 1/1997, de 24 de marzo, del Suelo de
Galicia , que r evisó su le y anterior—. Se trata ya de le yes con v ocación totalizadora
—varias r ecogen los contenidos de te xtos pr evios de alcance parcial—, que y a no
dependen de remisiones a la legislación estatal y que , incluso, en v arios casos,
reintegran la or denación del territorio —sobre la habían v enido legislando de
manera inde pendiente en los años ochenta— ( m enéndez r exa ch , 1996: 147).
100 En los años inmediatamente posterior es a la sentencia, las últimas Comunidades
Autónomas que , para entonces, toda vía no habían legislado de forma completa en
esta materia —algunas de ellas lo habían hec ho de for ma parcial— aprobaron sus
propias ley es urbanísticas: Castilla-La Mancha y La Rioja en 1998 — Ley 2/1998,
de 4 de junio y Ley 10/1998, de 2 de julio —; Aragón y Castilla y León en 1999
— Ley 5/1999, de 25 de marzo y Ley 5/1999, de 8 de abril —; Murcia, Canta bria y
Extremadur a en 2001 — Ley 1/2001, de 24 de abril ; Ley 2/2001, de 25 de junio y Ley
15/2001, de 14 de diciembre —; y Asturias y Andalucía en 2002 — Ley 3/2002, de 19
de abril y Ley 7/2002, de 17 de diciembre —. Otras actualizaron sus le yes anterior es,
como Madrid en 2001 — Ley 9/2001, de 17 de julio —; Cataluña, Na varra y Galicia
en 2002 — Ley 2/2002, de 14 de marzo ; Ley Foral 35/2002, de 20 de diciembre y
Ley 9/2002, de 30 de diciembre —; Comunidad V alenciana en 2005 — Ley 16/2005,
de 30 de diciembre —; y P aís V asco en 2006 — Ley 2/2006, de 30 de junio —. P or su
par te , Baleares y Canarias han venido manteniendo dur ante todo este periodo —ya
desde los años ochenta— una r egulación urbanística a base de numerosos te xtos
destinados a aspectos concr etos.
101 J a vier g arcía - b ellido g arcía de d iego (1999: 19) destaca que la sentencia
del T rib unal Constitucional “no ha hecho más que impeler a las Com unidades
Autónomas a prom ulgar , de prisa y corriendo, sus propias le yes clonando la misma
‘madre de las Leyes del Suelo’, en un acto de r econstrucción fr eudiana de la madr e ,
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
74
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
P or otro lado , la r eforma de la Ley de Suelo de 1990 también
sufrió una llamativ a contestación dentro del propio g obierno que la
promo vió, ya que el Ministerio de Economía y Hacienda hiz o púb lica
asunción de las conclusiones de un infor me del T ribunal de Def ensa
de la Competencia que , ya en 1993, denunció el inter v encionismo
e xtr emo en la r e gulación urbanística española y r eclamó su
liberalización ( t erán , 1999: 351). 102 Esta tesis , que vinculaba un
mer cado de suelo más liberalizado con un a baratamiento de los
pr ecios de la vivienda —que seguían aumentando—, fue asumida
tras las elecciones g enerales de 1996 por el nue v o gobierno del
P ar tido P opular —PP , de centroder echa—. 103 De esta for ma,
apenas un mes antes de hacerse pública la mencionada sentencia
del T ribunal Constitucional, y a se ha bía aprobado la Ley 7/1997,
de 14 de abril, de medidas liberalizadoras en materia de suelo y de
Colegios profesionales , 104 que modificaba el te xto refundido de 1992
para suprimir la distinción en categ orías del suelo urbanizab le ,
r educir la cesión de apro v echamiento y agilizar la tramitación
del planeamiento: “se trata de introducir criterios de mer cado,
limitando o ‘f le xibilizando’ la extensión de la intervención pública
sobr e el territorio” ( l ópez de l ucio , 1997: 79). 105 P osterior mente ,
sin antecedentes en nuestro Der echo . Y ello mientras se toman tiempo par a alterar
o perfeccionar un poco aquí o un poquito acullá el te xto base anterior , mostrando
así que la iner cia de los planes, rutinas y prácticas tr adicionales ya probadas y
en marc ha, así como el peso cultural e ideológico del entero sistema heredado
son demasiado potentes como para intentar b uscarles otros padr es más r efinados
y modernos”. De entre todas las nue vas le y es urbanísticas autonómicas de los
años no venta, tuv o especial r elev ancia la no vedad introducida por la v alenciana
a tra vés de la figur a del “agente urbanizador”, que desligaba por primer a v ez la
iniciativ a urbanizadora de la propiedad del suelo , si bien mantenía la prioridad
de esta al respecto ( m odrego c ab aller o , 1999). Se trató por lo demás de una
inno vación bastante polémica tanto en su concepto —discutido como atentatorio
contra la propiedad priv ada— como en su aplicación —que incluso llegó a pro v ocar
una in v estigación del P arlamento Europeo—, lo que conduciría a su —primera—
modificación en 2005. Cabe señalar que esta figur a fue luego r e plicada en la
legislación de otras Comunidades A utónomas.
102 Ante la polémica, el Ministerio de Obras Púb licas, T ranspor tes y Medio
Ambiente —MOPTMA— or denó la constitución de una Comisión de Exper tos —con
div ersos r e pr esentantes, también del Ministerio de Economía y Hacienda— de la
que a finales de 1994 salieron unas r ecomendaciones. F rente a las posiciones
liberalizadoras , una may oría de los r e pr esentantes defendió que “el prob lema
del preci o y de la disponibilidad de suelo urbanizado es fundamentalmente un
problema de g estión” —a lo que cinco miembros querían añadir “y de normativa”—
( c omisión de e xper t os sobre u rb anismo , 1996: 191).
103 En las elecciones pr evias , cele bradas en 1993, el PSOE ha bía obtenido may oría
relati va, mientr as que en las que se cele br aron a continuación —en 2000—, el PP
obtuvo ma yoría a bsoluta.
104 Cabe señalar que esta r eforma leg al arrancó como Real Decreto-ley 5/1996, de
7 de junio, de medidas liberalizadoras en materia de suelo y de Colegios Profesionales ,
tramitado posteriormente y aprobado como ley .
105 Esta ley —m uy br ev e, con apenas diez ar tículos y disposiciones— suprimió la
distinción entr e suelo urbanizab le prog ramado y no programado que se incorporó
en la r eforma de 1975 (ar t. 1), modificó las cesiones de apro v echamiento —
suprimidas en suelo urbano consolidado y reducidas del 15 al 10% en actuaciones
sistemáticas— (ar t. 2) y modificó la Ley R eguladora de las Bases del Régimen Local
para agilizar la tramitación del planeamiento urbanístico en los A yuntamientos
—transfiriendo atrib uciones del Pleno al Alcalde— (ar t. 4). Apar te, modificó la
regulación de los Colegios Profesionales (ar t. 5), eliminando por ejemplo su
competencia para estab lecer honorarios mínimos .
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
75
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
tras la decisión del T ribunal Constitucional, y manteniendo esta
misma orientación, se aprobó una nue va r ef or ma de la Ley del
Suelo, concr etada en la Ley 6/1998, de 13 de abril, sobre régimen
del suelo y valoraciones .
La ref orma de la Le y del Suelo de 1998: liber alización del suelo para
una urbanización sin cor tapisas
En este caso, y fr ente a la que la ha bía pr ecedido —que fue
un ejer cicio orientado al control—, esta nue va r ef or ma inclinó
claramente la balanza del lado de la flexibilización, pr escindiendo de
las principales no v edades introducidas por aquella e incorporando
otras propias , coincidentes esencialmente con lo ya adelantado en
la ley aprobada el año anterior . En lo tocante al régimen del suelo se
ratificó su clasificación en urbano, urbaniza ble —sin categorías—
y no urbanizab le , con la impor tante no v edad de que el suelo
urbanizab le pasa a ser la clase residual, condición hasta entonces
correspondiente al no urbaniza ble . 106 Asimismo , se ratificó el
cambio introducido en el ejer cicio de los der echos y de beres por
los propietarios —pr escindiendo de su obtención secuencial y
r educiendo la cesión de apro v echamiento—. 107 El segundo g r an
aspecto de esta r efor ma se r efiere a las v aloraciones —el otro
r educto r estante de competencia estatal—, establecién dose reglas
de valor ación difer entes para el suelo urbano, el no urbaniza ble y
el urbanizab le . 108 Finalmente , cabe añadir que se r ecuperaron una
par te de los ar tículos del te xto r efundido de 1992, que quedó por
lo demás definitiv amente derog ado .
T al y como señala ba Luciano p arejo a lfonso (1997: 31) ya en
la primera etapa de este proceso de r efor ma, esta supuso “un
notab le cambio respecto de la cultur a urbanística establecida”,
sustentado en un posicionamiento ideológico de orientación
liberalizador a que , en efecto, se sitúa en línea opuesta tanto del
dirigismo primig enio de la Ley del Suelo de 1956 como del ejer cicio
de control que orientó las r efor mas de 1975 y —sobr e todo— de
1990. 109 Sin embar go, la r efor ma de 1997-8 no implicó el cambio
106 Manteniendo el suelo urbano su definición tradicional, el suelo no urbaniza ble
se definió como los terrenos “que de ban inc luirse en esta clase por estar sometidos
a algún régimen especial de protección incompatible con su tr ansformación de
acuerdo con los planes de or denación ter ritorial o la legislación sectorial” o “que
el planeamiento g eneral consider e necesario preservar por los valor es a que se ha
hecho r efer encia en el punto anterior , por su valor ag rícola, for estal, g anadero o por
sus riquezas natur ales, así como aquéllos otros que consider e inadecuados para
un desarrollo urbano” (ar t. 9).
107 Se confir mó la vuelta al régimen tr adicional del suelo urbano, con obligación de
cesión sólo en el caso del no consolidado, y limitada en cuanto al apro v echamiento
a un máximo del 10% —idéntico por centaje máximo que en el suelo urbanizab le—
(ar t. 14 y 18).
108 Las v aloraciones —a ef ectos expropiatorios— se hacen de pender de la c lase
y situación del suelo (ar t. 25 y ss.). R especto al urbanizable , tal condición se
alcanzaba a tr avés de su clasificación en el planeamiento g eneral.
109 El contraste entr e la r efor ma de 1990 —promo vida por un g obier no socialista—
y la de 1998 —por un gobierno liberal— e xpresa en último tér mino el conflicto
ideológico entre la aspir ación a controlar el mer cado y a su máxima liberalización.
Sin embar go , ambas compar ten dos aspectos rele vantes: su justificación —la luc ha
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
76
una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
de este sistema urbanístico her edado: “el te xto legal publicado
sigue basándose en los principios del urbanismo clásico español
desde la Ley de 1956” ( b año l eón , 1999: 152). 110
De hecho , la efecti vidad pr etendida, medida en tér minos de
liberalización del suelo , de la principal no v edad introducida —la
condición r esidual del suelo urbanizab le— ha bría de superar en
último tér mino —ha bida cuenta de la r edacción final del te xto
de 1998— tanto el primer filtro del poder legislativ o autonómico
como el segundo filtro del poder decisorio municipal r especto a su
planeamiento: ambos disponían de amplias opciones con las que
limitar —incluso ampliamente— la voluntad de la r efor ma de una
radical ampliación del suelo urbaniza ble . Así, F r ancisco p erales
m adueño (1999: 95) subra ya que “la dir ección está señalada por
la Ley estatal, pero su ma y or o menor efecti vidad de penderá de
la legislación urbanística. De ningún modo es incompatible esta
nue v a dir ección con políticas de or denación y protección del
territorio”. Complementariamente , J osé María b año l eón (1999:
153) apunta que “la ley a br e un enor me campo de acción a los
municipios , puesto que dir ectamente r emite al planeamiento
g eneral […] la decisión sobr e qué ter r enos de ben tener la condición
de urbanizab les”. 111
En todo caso, la orientación que inspiró la Le y del Suelo salida
de la r eforma de 1998 fue asumida por muchas Comunidades
A utónomas y municipios , que —como se comentará en el siguiente
contra la especulación— y su r enuncia a llevar dic has posiciones hasta sus últimas
consecuencias y proponer un cambio de sistema en la r egulación del urbanismo
en España.
110 En esta misma línea, Luciano p arejo a lfonso (1997: 31) apuntaba ya que “no
puede sorprender , así, que la iniciativ a gubernamental para la reno vación legislativa
no se sustente tanto en un r eplanteamiento no y a de la perspecti va y de los objetos
propios de la acción del legislador gener al-estatal, sino tampoco siquiera de las
bases y las técnicas ‘urbanísticas’ del sistema, cuanto más bien del r e par to del
poder jurídico de decisión sobr e el destino, la tr ansformación y el apro v echamiento
urbanísticos del suelo, par a corregir la situación actual en beneficio del propietario
inmobiliario […] Quier e decirse , pues, que el te xto en que se plasma la aludida
iniciativ a sigue latiendo el modelo urbanístico vig ente […], sólo que acomodada
a la indicada opción r eordenador a del poder jurídico sobr e el destino del suelo.”
111 Este autor señala que , en su redacción original, el pro yecto de ley “par tía de
una conce pción reglada del suelo urbaniza ble , lo que venía a ser r evolucionario
en nuestr a tradición legislativ a, en la que el suelo urbanizab le siempr e se ha
configurado discr ecionalmente por la Administración” ( b año l eón , 1999: 152).
Sin embar g o, como r esultado de la tramitación parlamentaria, el texto final —al
posibilitar la clasificación como no urbanizable de los terr enos que el planeamiento
gener al “consider e inadecuados para un desarrollo urbano”— de vuelve esa
potestad discreci onal a la Administración —sobr e la que , por otro lado, este autor
e xpresa sus dudas de constitucionalidad por su condición “indeterminada”—
( b año l eón , 1999: 153). F ernando de t erán (1999: 352) apunta, en esta misma
línea, que “se abr e un n uev o capítulo en el que los Ayuntamientos, a tr a vés de los
planes de or denación […] tienen nue vamente el protag onismo”. Tiempo después,
ese criterio de “inadecuación” fue suprimido a tra vés del Decreto-ley 4/2000, de 23
de junio, de Medidas Urgentes de Liberalización en el Sector Inmobiliario y Transportes ,
pero de r esultas de su tramitación parlamentaria posterior fue vuelto a incorpor ar
por la definitiv a Ley 10/2003, de 20 de mayo , con la especificación de que dicha
inadecuación fuese motivada “bien por imper ativ o del principio de utilización
racional de los r ecursos naturales , bien de acuer do con criterios objetiv os de
carácter territorial o urbanístico establecidos por la normativa urbanística” (ar t.
1).
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
77
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
apar tado— sí optaron por hacerla efecti va. 112 La vig encia de
esta ley coincidió de hecho con el periodo de ma yor producción
inmobiliaria de la historia r eciente de España —la conocida “burb uja
inmobiliaria”—, hasta que se lle vó a cabo su sustitución. Esta fue
impulsada por un nue v o cambio de g obierno tras las elecciones
g enerales de 2004, que significaron la vuelta del PSOE al poder .
En este caso, desde un posicionamiento ideológico contr ario al
anterior , se lle vó a cabo, básicamente , una r e versión completa de
la r efor ma de 1998, e xpr esada en la nue va Ley 8/2007, de 28 de
mayo, de suelo .
La ref orma de la Le y del Suelo de 2007: una reacción tar día
En primer lugar , la Ley del Suelo de 2007 incluyó un Título
Pr eliminar en el que se e xpr esó dicho posicionamiento ,
incorporando por v e z primera en la legislación estatal el principio
de desarrollo ter ritorial y urbano sostenible como eje de las
políticas públicas en esta materia ( f ariña t ojo , 2007: 300), y
r etor nando a tra vés de ello a la línea de control a la que y a se ha
v enido haciendo r efer encia. 113 Seguidamente , se llevó a ca bo una
nue va modificación del régimen del suelo que , por primera v ez,
pr escinde del tradicional conce pto urbanístico de c lasificación
para sustituirlo por el de “situación básica”, en la que solo se
contemplan dos opciones: suelo urbanizado —equiv alente al suelo
urbano— y suelo rural —que incluiría tanto el no urbanizab le
como el urbanizab le , en tanto este último no complete su efectiv a
urbanización—. 114 Este vino a ser el cambio fundamental de esta
r efor ma —para ajustarse escrupulosamente a la competencia
estatal ( b año l eón , 2007: 302)—, 115 que r e percutió a su v ez en
el régimen de valor aciones —del que se e xcluye la consider ación
de e xpectativ as urbanísticas—. 116 P or último, ca be señalar la
derog ación ínteg ra de la le y de 1998, y el mandato al g obier no
112 No obstante , otras matizaron m ucho sus postulados, como Castilla y León —
según se explicará en el apar tado 1 del capítulo III—.
113 En concr eto, se señala que “las políticas públicas r elativas a la r egulación,
ordenación, ocupación, tr ansformación y uso del suelo tienen como fin común
la utilización de este r ecurso confor me al interés g eneral y según el principio de
desarrollo sostenible”, por lo que “de ben propiciar el uso racional de los r ecursos
naturales armonizando los requerimientos de la economía, el empleo, la cohesión
social, la igualdad de trato y de opor tunidades entre m ujeres y hombr es, la salud y
la seguridad de las personas y la protección del medio ambiente” (ar t. 2).
114 El suelo urbanizado se define como “el integ rado de f or ma leg al y efectiv a en la
red de dotaciones y ser vicios propios de los núcleos de población”, mientras que
dentro del suelo rural se contemplan tanto “el suelo pr eser vado por la or denación
territorial y urbanística de su transformación mediante la urbanización” como “el
suelo para el que los instrumentos de or denación ter ritorial y urbanística pr ev ean
o per mitan su paso a la situación de suelo urbanizado, hasta que ter mine la
correspondiente actuación de urbanización” (ar t. 12).
115 Este autor subraya la condición de “Le y de suelo no urbanística” de este texto:
“de ahí la desaparición de la clasificación del suelo y la utilización de conceptos
no urbanísticos”, al ser esa r econocida como ex c lusiv a competencia autonómica.
116 En lo r efer ente a la valoración en el suelo rur al, se e xplicita que “en ninguno
de los casos pr evistos […] podrán considerarse expectati vas deriv adas de la
asignación de edificabilidades y usos por la or denación ter ritorial o urbanística
que no hayan sido aún plenamente r ealizados” (ar t. 22).
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
de elabor ación de un te xto que r efundiese la nuev a ley con los
pr ece ptos del te xto de 1992 que se mantenían en vigor , lo cual
se satisfizo mediante el Real Decreto Legislativo 2/2008, de 20 de
junio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de suelo , en el
que quedaba así r eco gida la legislación urbanística estatal.
En el año transcurrido entr e la entr ada en vig or de la Le y del
Suelo de 2007 y la de su te xto r efundido de 2008 se produjo el
hundimiento del mer cado inmobiliario español y el estallido de la
crisis económica a niv el tanto inter nacional como nacional, que se
ag ra varía en los meses posterior es. En este sentido , esta última
r eforma no tuvo —no pudo tener— ningún efecto sobr e el ciclo
urbano y urbanístico objeto de esta in vestigación. No obstante ,
sí vino a simbolizar su cierre , al menos en cuanto al ámbito
nor mativ o, r epr esentando el último hito de un periodo de treinta
años mar cado por continuas r efor mas de la ley en el ni v el estatal
y por el inicio y posterior materialización ef ectiv a del traspaso de
las competencias en urbanismo y or denación del territorio a las
Comunidades A utónomas.
Un periodo mar cado por constantes cambios que , sin embar g o,
contrastan con la nota ble iner cia y estabilidad de un sistema
urbanístico que , en líneas generales , ha mantenido intactos
los principios y bases fundamentales que lo conformaron en
1956. T ras la r evisión y compleción de ese mar co primig enio
a tra vés de una ref or ma de 1975 que se puede resumir desde
la dicotomía entr e flexibilidad y control, las que se sucedieron
posterior mente a niv el estatal han ido oscilando alternativamente
entr e el primer componente —1997-8— y el segundo —1990 y
2007—, introduciendo modificaciones que —como se ha visto—
no han alterado sustancialmente los fundamentos de un sistema
que , del mismo modo, también han sido asumidos en las ley es
autonómicas.
Unos fundamentos intrínsecamente ligados a un modelo urbano
muy concr eto, con una condición esencial: el carácter e xpansiv o
—facilitando el desarrollo de nue vas áreas urbanas—. 117 Basta con
señalar a este r especto que los elementos más car acterísticos del
sistema urbanístico español —clasificación del suelo, der echos
y de ber es de los propietarios , r e par celación— se orientan
esencialmente , por un lado, a posibilitar la urbanización de
nue v os fragmentos de ciudad y , por otro lado , al r e par to de las
car gas —y sobr e todo de los beneficios— que estas oper aciones
de cr ecimiento urbano producen, tanto entr e los propietarios del
suelo como entr e estos y la comunidad. Ambas cuestiones han
estado asimismo claramente vinculadas a esa ya citada dicotomía
entr e flexibilidad y control, que no deja de ser la e xpresión de la
dialéctica entr e lo priv ado y lo púb lico, intrínseca por lo demás a
toda legislación.
117 J a vier g arcía - b ellido g arcía de d iego (1999: 18) ha señalado que el sistema
urbanístico español ha venido construyéndose paulatinamente dur ante más de un
siglo y medio a par tir de las leyes de ensanc he , cuya iner cia ha estado presente
tanto en la Ley del Suelo de 1956 como en sus r efor mas posteriores —v er también
nota 19 en este capítulo—.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
79
2. El marco normativo: esta bilidad por inercia en un periodo de cambios
I.3. EL PLANEAMIENT O URB ANÍSTICO: UNA EV OL UCIÓN EN TRES
TIEMPOS
Desde el inicio de los años ochenta y a lo lar g o de las siguientes tr es
décadas, el planeamiento urbanístico en España ha e xperimentado
una evidente e volución, tanto desde el punto de vista pur amente
for mal —motiv ada tanto por los sucesiv os cambios legislativos
que se acaban de señalar , 118 como por los a vances técnicos para
su elabor ación y producción— como en lo que r especta a sus
contenidos, que son lo que r esulta de interés en esta in vestigación.
Haciendo la necesaria abstr acción de los aspectos más vinculados
a la r ealidad específica de cada ciudad o ámbito al que se r efier en,
es posible distinguir , a lo lar go de todo este periodo, deter minadas
tendencias comunes —ampliamente compar tidas— r especto a la
orientación y principales líneas prog ramáticas del planeamiento,
lo cual per mite plantear su lectura en etapas , y más concr etamente
definir tr es tiempos —muy claramente r econocibles— en estas
tr es décadas. 119
La gener ación de planes de los años oc henta: v oluntad ref ormista
v olcada en la ciudad existente
La primera etapa comenzó con el inicio de la década de los
ochenta, en r elación directa con un cambio político de g ran calado:
la democratización de los A yuntamientos a par tir de las elecciones
municipales del 3 de a bril de 1979 —las primeras después de la
dictadura, de la aprobación de la Constitución y de las primer as
elecciones g enerales bajo vig encia de esta, cele bradas un mes
antes—. 120 A escala nacional, la Unión de Centro Democrático —
UCD , par tido de centroderec ha en el Gobier no— obtuvo el ma yor
número de v otos, seguida muy de cer ca por el PSOE y —ya a
muc ha may or distancia— por el P ar tido Comunista de España —
PCE—. Sin embar go , prácticamente todas las grandes ciudades
del país pasaron a tener alcalde y g obier nos de izquierda, 121 lo que
mar có un claro punto de inf lexión en los A yuntamientos.
118 A los cambios en la legislación y nor mativa urbanística —traducidos en n uevos
instrumentos, nue vos r equerimientos, etc.— se han ido sumando también las
e xigencias deri vadas de la legislación sectorial con incidencia en la ciudad y el
territorio —como, por ejemplo, la ambiental—, lo que ha contrib uido a que los
instrumentos de planeamiento sean cada v ez más profusos en documentación y
más complejos en su lectura. P ar a comprobarlo, basta con comparar en estos
tér minos, en cualquier ciudad española, un plan g eneral o parcial de los años
sesenta, setenta u ochenta con otro que se ha ya aprobado r ecientemente .
119 Conforme al método de inv estig ación ya e xplicado en la Introducción, en este
apar tado se hará ref erencia fundamentalmente al planeamiento gener al, sin que
ello e xcluya, cuando r esulta necesario, la mención o el comentario de otros tipos
de instrumentos de planeamiento. P or otro lado, cabe señalar que esta división en
tres etapas ya ha sido planteada —lógicamente con algunas difer encias— por otros
autores , por ejemplo, Jor di b orja y Zaida m uxí (2004b: 11-2).
120 Con estas elecciones culminó formalmente la T r ansición, tras la cele bración en
junio de 1977 de las primeras elecciones g enerales tras la dictadura y la r atificación
en r eferéndum de la Constitución en diciembr e de 1978.
121 T ras las elecciones, en todas las ciudades con más de 250.000 habitantes
fueron elegidos alcaldes de izquierda enca bezando g obier nos municipales del
mismo signo —Madrid, Bar celona, V alencia, Sevilla, Zarag oza, Málag a, V alladolid,
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
P or un lado , y fr ente a la tutela a la que les sometió el régimen
franquista, los n ue v os A yuntamientos r ecuperaron —y
r eivindicaron— su autonomía y capacidad de decisión. P or otro
lado, la coincidencia entr e un gobierno nacional de centroderec ha
y unos A yuntamientos —los más impor tantes— de izquier das
—que estr enaban en ellos r esponsabilidades de g obierno—
con vir tió a los últimos en actor es políticos de primer or den, con
consecuencias en todos los ámbitos de la política m unicipal,
incluyendo el urbanismo. De hec ho, tal y como señala F er nando
de t erán (1999: 325), tras las elecciones municipales de 1979 “el
tema urbanístico se con vir tió en una de las pie zas fundamentales
de la política local”. Empujando a los par tidos políticos, que
hicieron bandera de esta cuestión en la campaña elector al
( t erán , 1999: 326), fue fundamental a este r especto el papel de
las asociaciones v ecinales, que habían desarrollado una intensa
actividad r eivindicativa en los años finales del franquismo y que
ejer cieron una enor me inf luencia en los nue v os Ayuntamientos
democráticos, a los que vinieron a ceder el protagonismo que
habían ejer cido hasta entonces ( l eira , 1989: 156; t erán , 1999:
326).
Inicialmente , la acción urbanística de las nue vas corpor aciones
se v olcó en actuaciones puntuales destinadas a dar r espuesta a
problemas concr etos y urg entes, pero enseguida dio paso a la
modificación del planeamiento urbanístico her edado del periodo
anterior ( t erán , 1999: 326). En concr eto, se produjo un proceso
g eneralizado de r evisión de los planes g enerales vig entes, tar ea
empr endida en un conte xto de entusiasmo colecti v o, y a que se
v eía en ello una opor tunidad de contribuir —incluso— al cambio
social, de tal forma que estos instrumentos de planeamiento fueron
vistos desde un prisma netamente político ( l eira , 1989: 159), y
su r e visión entendida como “nue va ‘constitución’ urbanística
de los municipios” ( Q uer o c ast any s , 1989: 147). Este impulso
social contó e videntemente con la complicidad de los políticos de
izquier das que acaba ban de entr ar en los A yuntamientos y de las
asociaciones v ecinales, y también con la de una nue v a g eneración
de técnicos que se había f or mado en los años anteriores —en
muc has ocasiones colabor ando con ellos en sus r eivindicaciones—
y que asumió entonces esa tar ea ( g igosos p érez y s ara via m adrigal ,
1993: 49). 122
Asimismo, la r efor ma de la Ley del Suelo de 1975 ofr eció un
mar co legal reno vado que , pese a haber sido muy contestado
desde la izquier da en el momento de su aprobación, fue a la
postr e empleado, con vir tiéndose así una ley franquista en el
paradójico fundamento del urbanismo de la democr acia: “fue
tomando cuerpo su ace ptación crítica no sólo en tanto mar co
L ’Hospitalet de Llobregat, P alma, Murcia, Cór doba, V igo y Gijón— o alcaldes
nacionalistas, en g obiernos con re pr esentación de la izquier da —Bilbao y Las
P almas—.
122 Estos autor es hab lan de “al menos dos g eneraciones de urbanistas bien
difer enciadas: una que se ha r elacionado o coe xistido con el mo vimiento vecinal y
otra posterior que ha empe zado a hacer planeamiento al abrig o de ésta”.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
81
3. El planeamiento urbanístico: una ev olución en tres tiempos
desahog ado para opciones urbanísticas de dif er ente signo, sino
incluso como re per torio de instrumentos cuyas posibilidades
de utilización al ser vicio de una política urbanística alter nativ a
mer ecían ser e xploradas” ( g a go d ávila , 1989: 165). La r efor ma
ofr eció además una clara razón de opor tunidad, ya que ob ligaba a
r evisar el planeamiento vig ente , lo que además colocó a los planes
en el centro de atención. 123
A la hora de deter minar la orientación que habrían de tener
los nue vos planes g enerales, fueron v arios los factor es que
inter vinieron. En primer lugar , e xistía una per ce pción compar tida
acer ca de los problemas que aqueja ban entonces a las ciudades
—falta de calidad ambiental, e xcesi va densidad, escasez de
equipamientos y espacios libr es públicos , etc.—, y por lo tanto
también de la necesidad de una acción corrector a al respecto ,
lo que , de hecho, y a había dado lugar a esa política de acciones
puntuales antes citada —y que fue una constante en aquellos
años—. 124 En segundo lug ar , también er a ampliamente compar tida
la idea de que , en g ran medida, esos prob lemas no eran sino la
consecuencia del urbanismo que se había lle vado a cabo hasta
entonces ( t erán , 1999: 326-7). De este modo, una de las cla v es
del planeamiento de aquellos años r eside en su condición de
r eacción fr ente al planeamiento anterior , que se puede v erificar en
distintos aspectos.
Uno de los que mer ece la pena destacar consistió en la desaparición
de los distintos or g anismos de carácter metropolitano cr eados
desde el Estado en el periodo anterior para la gestión del
planeamiento urbanístico en las principales ár eas urbanas
del país. T al y como comenta R amón l ópez de l ucio (1993:
241), “paradójicamente en España la crisis del planeamiento
metropolitano coincide con la llegada del régimen democrático”.
P or un lado, fue decisi va al r especto la ya señalada r eivindicación
de la autonomía municipal, 125 así como la confrontación entr e los
A yuntamientos afectados y el Gobierno —dado su distinto signo
político— ( l eira , 1989: 159). P or otro lado, también intervinieron
en este sentido las Comunidades A utónomas, que pr escindieron
de unos or g anismos heredados con los que habrían tenido que
compar tir sus recién adquiridas competencias en urbanismo y
or denación del territorio.
123 En concr eto, su Disposición T ransitoria Primera esta blecía un plazo de cuatro
años para la r evisión de los planes gener ales. Ante el incumplimiento g eneralizado,
el g obier no aprobó el Real Decreto-ley 16/1981, de 16 de octubre, de adaptación de
planes generales de ordenación urbana , que fijaba una serie de normas transitorias
en tanto en cuanto no se hiciese efecti va la r evisión e xigida.
124 Ha y que mencionar a este respecto que el despliegue del n uev o Estado
autonómico impulsó a su ve z este proceso de r eequipamiento urbano, ante la
necesidad no ya sólo de nue vas sedes institucionales, sino también de grandes
dotaciones educativas —uni v ersidades—, sanitarias —hospitales—, etc.
125 Hay que incluir aquí la que procedía de los distintos A yuntamientos que habían
sido integ rados en las ár eas metropolitanas frente al A yuntamiento de la ciudad
cabecera r espectiva, dado el prácticamente ine xistente poder de decisión que,
respecto a este último , tenían dentro de estos organismos metropolitanos.
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
En consecuencia, desde principios de los ochenta se fue
produciendo su e xtinción, 126 a pesar de que —como y a se señaló
anterior mente— el fenómeno metropolitano seguía y seguiría
plenamente vig ente , no ya solo en estas grandes ár eas urbanas
que habían dispuesto tanto de planeamiento metropolitano como
de estos or ganismos para su g estión, sino emergiendo en torno a
otras ciudades que , en algunos casos, también llegaron a disponer
de planeamiento de ámbito comar cal —y del que también se
pr escindió entonces—. 127 F ruto de este especial conte xto político,
y justo cuando el fenómeno metropolitano se consolida ba
definitiv amente , se perdió así la opor tunidad de re pensar su
planificación y —especialmente— su g obierno desde organismos
“inter medios” específicamente destinados a este fin. 128
Esta r eacción contra el planeamiento urbanístico de ámbito
supram unicipal se encuadró por lo demás en la que , de for ma
g eneral, se produjo contr a el modelo de plan e incluso contra las
propias técnicas urbanísticas que se e xtendieron desde finales
de los sesenta: planes fuer temente e xpansiv os —en esquemas
de cr ecimiento dir eccional, en par alelo, etc.— apo yados en la
clasificación de extensas superficies de suelo par a su urbanización
y en grandes sistemas viarios, dirigidos prioritariamente a
satisfacer al mer cado inmobiliario ( Q uero c ast anys , 1989: 148). 129
En consecuencia, en los nue vos planes g ener ales se obser vará “una
apuesta por la prudencia y la contención”, en la que conf luy eron,
junto a dicha r eacción frente al planeamiento anterior —y a su
fallida promesa de contención de los pr ecios de la vivienda—, “la
apuesta por el control del desarrollo, la prog r amación y por la
crucial impor tancia concedida a la ciudad e xistente”, así como
126 Hay que citar al r especto la L ey 3/1980, de 18 de diciembre, sobre extinción de
la Corporación Administrativa “Gran Bilbao” , el Decreto 68/1983, de 30 de junio, por
el que se crea la Comisión de Urbanismo y Medio Ambiente de Madrid —que implicó la
e xtinción de COPLA CO—, la Ley 5/1986, de 19 de noviembre, por la que se extingue
la Corporación Administrativa Gran Valencia , y la Ley 7/1987, de 4 de abril, por la
que se establecen y regulan actuaciones públicas especiales en la “conurbación” de
Barcelona y en las comarcas comprendidas dentro de su zona de influencia directa —que
e xtinguió la Entidad Municipal Metropolitana de Barcelona—. R especto a la última,
cabe señalar que se aprobó en un conte xto, también, de confrontación política, en
este caso entr e la Generalitat de Cataluña —g ober nada por Con v er gència i Uniò—
y los A yuntamientos afectados , incluido el de Barcelona —ma yoritariamente en
manos de la izquier da— ( l eira , 1989: 159).
127 Es el caso, por ejemplo , de V alladolid, tal y como se comentará con detalle en
el inicio del capítulo IV .
128 En el mar co del reajuste competencial de aquel momento, se tendió a asumir
el urbanismo como competencia básicamente municipal, aun controlada por
unas Comunidades A utónomas que asumieron la competencia —y legislaron—
en cuanto a ordenación del territorio ( m enéndez r exach , 1996: 147). La escala
inter media quedó como se ha dicho v acía de contenido.
129 Este autor señala que “los planes vig entes en el momento de constitución de los
nue v os A yuntamientos eran modelos m uy deg r adados del pensamiento planificador
metropolitano: gener almente , eran sumas de sistemas infraestructurales
conce bidos por cada administración competente , como única trama geométrica
a la que luego se r eferían las clases jurídicas y económicas de suelo par a el
cr ecimiento e xpansiv o. Er an instrumentos misera bles que pr etendían propiciar
el acelerado cr ecimiento de las ciudades con que se manif estó el tar dío acceso
de España al desarrollo europeo y la radical transf or mación de su sistema de
asentamientos”.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
83
3. El planeamiento urbanístico: una ev olución en tres tiempos
“la inf luencia de las ideas de austeridad por entonces en bog a”
o “la radical desconfianza en una e xpansión urbana conce bida —
falazmente— como alternativa y en contr aposición a una ciudad
sin posible r e paración” ( g a go d ávila , 1989: 166-7).
De este modo, la orientación de los n uev os planes gener ales
vino dada por la combinación entr e factor es de índole inter na
—la r espuesta a los problemas her edados del periodo anterior y
el r echaz o de los fundamentos del planeamiento urbanístico al
que se los achacó— y la asunción de ref er encias alter nativ as al
urbanismo de raíz funcionalista dominante hasta entonces , y que
se obtuvieron concr etamente desde Italia. P or un lado, como y a se
ha citado, ejer ció entonces una enor me inf luencia el denominado
urbanismo de la austeridad propuesto por el urbanista Giuse ppe
c ampos v enuti (1981), fundado en el rec hazo del despilf arro al que
conduce el modelo urbano basado en la g eneración de r entas y en la
apuesta, como alter nativ a, por la ciudad e xistente y la salvaguar dia
—pública, social, producti va, ambiental y programática— de los
factor es esenciales de la vida urbana. P or otro lado , par tiendo de
un punto de vista más vinculado a la ar quitectura, también ejer ció
clara inf luencia la crítica al funcionalismo fundada en la obr a de
Aldo R ossi, de la que derivó una apro ximación al planeamiento
más pr eocupada por sus contenidos for males, por la atención a
la r ealidad construida específica de cada ciudad: “el plan g eneral,
así, r ecupera la or denación, y ello nos per mite hab lar otra v ez
de planes de or denación, como pro yectos de ‘ar quitectura de la
ciudad’” ( c al v o , 1989: 97). 130
Sobr e estas bases, la r evisión del planeamiento g eneral se e xtendió
rápidamente por las ciudades españolas, constituyéndose en
muc has ocasiones “Oficinas del Plan”, específicamente destinadas
a este fin y en las que colabor aron técnicos tanto municipales como
e xter nos ( Q uer o c ast any s , 1989: 147). Este proceso , g eneralizado
en muy poco tiempo , de elabor ación y aprobación de nue v os
planes g enerales que pr etendían romper con el periodo anterior ,
afrontando problemas en gran medida comunes y b uscando
apo yo par a ello en ref er encias a la postr e también compar tidas les
dio una gran coherencia disciplinar . Ello consiente , sin duda, su
interpr etación como una e xperiencia conjunta ( l eira , 1989: 153),
como “una nue va g eneración de planes” caracterizada, “en gran
medida, por la r eivindicación de la dimensión morf ológica de la
ciudad” ( t erán , 1999: 332). 131
130 Añade este autor que “se abandona por tanto la idea de un modelo alternativo
de ciudad basado en el cientifismo del Mo vimiento Moder no y sus reglas abstractas
y univ ersalizab les. Los problemas urbanos que antes se e xpresaban en tasas y
coeficientes de uso se r esumen ahora en contenidos físicos concr etos […] La forma
urbana y su espacio vuelv en a ser objeto básico de este planeamiento”.
131 Este autor señala cómo “la idea de estructura y la descomposición z onal
funcional de los planes anterior es son sustituidas ahora por una fragmentación
basada en el análisis histórico, morf ológico y tipológico, tanto para el tr atamiento
recualificador de la ciudad existente , como para orientar y condicionar el carácter
formal de las futuras transformaciones”.
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
De entr e todos ellos, el n ue v o plan g ener al de Madrid —aprobado en
1985— 132 acabó por con v er tirse en su máximo e xponente (Figur a
I.19). F er nando de t erán (1999: 335) destaca la “impor tancia
de su contribución a la f or mación de ese modo de planeamiento
característico de aquel momento”, sobr e todo con la introducción
“de una nue va manera de plantear la ar ticulación global de la
ciudad”, sobr e la base de oper aciones estructurales , “capaces de
132 Cabe mencionar que su r edacción se inició en 1981, una v ez aprobadas unas
directrices metropolitanas que fueron bastante poco consideradas —y una de
las últimas tar eas de COPLA CO antes de su desaparición— ( t erán , 1999: 334).
Asimismo, ha y que señalar la par ticipación como consultor e xterno del ya citado
Giuseppe Campos V enuti, y muy especialmente su contrib ución al documento de
criterios y objetiv os del plan, que se con vir tió en una r efer encia en aquel momento
para un urbanismo atento a esa r ecuperación de la ciudad existente propugnada
por el urbanismo de la austeridad.
Figura I.19. Plan Gener al de
Madrid de 1985. Plano g eneral
de calificación.
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
85
3. El planeamiento urbanístico: una ev olución en tres tiempos
pro v ocar por par tes una or g anización intencionada del conjunto
urbano”. 133 Un criterio —“compaginar ese morfologismo menor ,
con la disponibilidad de elementos estructurales g enerales”
( t erán , 1999: 332)— que también se siguió en planes coetáneos
de otras grandes ciudades , como Málag a o Sevilla (Figur a I.20),
y que , “a par tir de la inicial opción morfológica”, condujo a “un
tipo r eno vado de plan estr atégico, más atento a los prob lemas de
for ma y estructura g eneral de la ciudad, y r edimido de su vieja
y positivista condición de mer a suma de opciones sectoriales”
( Q uer o c ast any s , 1989: 149-50). 134
133 Este autor ponder a que con ello se trascendiese “el fragmentarismo y el
morfologismo beliger antes del momento”. No obstante , también se muestra crítico
con sus apr eciaciones de par tida, conducentes en su opinión a planteamientos
restricti vos que , afir ma, fueron “equivocados y han tenido ef ectos neg ativ os” —
en relaci ón por ejemplo con su concepción de la r ed viaria—, y que achaca a
condicionamientos ideológicos. A un con todo, r econoce su condición de “valioso
documento de la historia del planeamiento español”. En tér minos más g enerales,
t erán (1999: 332) apunta que “la viv encia de las consecuencias de la crisis
económica mundial de los años setenta, así como las corr espondientes a la
reestructur ación del sector industrial, que habían calado demasiado y no habían
sido r evisadas a tiempo, ha bían conducido a los do gmas de los planteamientos
restricti vos del ‘urbanismo para la austeridad’, en la cr eencia apresur adamente
aceptada, de que las ciudades ya no iban a cr ecer más, tampoco sus par ques
automóviles. Suposiciones ambas que […] se caerán solas a finales de esa misma
década”.
134 A este respecto , Luis c al vo (1989: 99) hace r eferencia a “dos líneas de
apro ximación: la globalizadora y estructural, que va desde el ‘todo a las par tes’, y
Figura I.20. Plan Gener al de
Sevilla de 1987. A vance de plano
de calificación.
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
La lectura que más tr ascendencia ha alcanzado r especto a esta
g eneración de planes es la que se ela boró en el La boratorio
de Urbanismo de Bar celona —L UB—. 135 P oniendo el foco en la
cuestión morfológica, desde allí se propuso en 1984 la e xpresión
“urbanismo urbano” para r eferirse a este periodo. En concr eto ,
Manuel de s olá - m orales i r ubió y J osep p ar cerisa i b undó (1987:
49) señalan que:
“[…] hay , en la e xperiencia española de los últimos diez años,
elementos de tendencia hacia un urbanismo más urbano […] Los
nue v os planes g enerales , con sus limitaciones y def ectos, han a bier to
br echas en el b urocratismo anterior y han planteado n ue vas fronter as
al diseño urbano, y opciones más simples a las administr ador es y
r e pr esentantes públicos”.
Sumando al análisis de casos ya citados —Madrid y Málaga— el de
otras ciudades de tamaño medio como Salamanca, V alladolid, 136
T arrag ona (Figura I.21), La Coruña o Santa Cruz —junto a otr as
más pequeñas, que adquier en aquí el máximo prota g onismo—,
estos autor es subra yan sus antecedentes compar tidos, su
atención a la materialidad de la ciudad, la asunción de lo her edado
—aun como problema—, el cuidado en el detalle , su selectividad
r especto a lo estratégico y el papel secundario de los grandes
sistemas infraestructur ales ( s olá - m orales i r ubió y p ar cerisa i
b undó , 1987: 48-9). 137
su contraria: la propuesta f or mal que desde las par tes, e xplica, contr asta y v erifica
la imagen global […] En definitiv a, e xiste una r elación dialéctica entr e estructura y
forma, entre estructura y or denación”.
135 Esta apor tación de índole teórica vino a cubrir la ausencia de Bar celona desde
el punto de vista de la práctica, ya que la ciudad entró en este periodo con un
Plan Metropolitano que acaba ba de ser aprobado. No obstante , ya se aprecia ban
en él algunas de las características de esta g ener ación inmediatamente posterior:
por ejemplo, Manuel de s olá - m orales i r ubió y Jose p p arcerisa i b undó (1987:
46-7) destacan que dicho plan “dio el gran paso histórico de abor dar la definición
urbanística detallada de una metrópolis de tr es millones de habitantes , a escala
1:5000, superando la g enericidad de los esquemas dir ectores infraestructurales
y de los planes gener ales de zonas y usos”. P or otro lado, hay que subra yar
otra impor tante apor tación del L UB al debate del momento: la coor dinación de
la denominada “Colección Ciencia Urbanística”, una serie de libros editada por
Gusta vo Gili en los años setenta —se publicaron una v eintena de traducciones
de te xtos de r efer encia— que , junto a la actividad editorial de otros or ganismos
públicos —entr e los que v enía destacando el Instituto de Estudios de Administr ación
Local, IEAL— dio lugar a un momento cier tamente ex cepcional de publicación de
te xtos sobre urbanismo en España.
136 El caso del plan general de V alladolid —aprobado en 1984— será tratado
en el primer apar tado del capítulo IV , en el que se detallarán sus condiciones
“gener acionales”.
137 P abl o g igosos p érez y Manuel s ara via m adrigal (1993: 45) hablan de planes
“manieristas”, con “v oluntad de resolv er , sin esfuerzo apar ente , los problemas
urbanos reconduciéndolos hacia la definición detallada del plano, que se muestr a
como re presentación misma de la ciudad, y que se diseña con el objetiv o de
alcanzar la ‘buena disposición urbana’ más adecuada a la ciudad que se or dena,
sin pr eguntarse en beneficio de quién”. T ambién se refier en a que , en el caso de
las ciudades grandes, se acusa el cambio de escala: “se r ecupera así la noción
de estructura del planeamiento de los años 60-70, manteniendo su carácter
estratégico, pero car gándola, a tono con los nuev os tiempos, de ‘responsa bilidad
morfológica’”, solución aplicada en los y a citados casos de Madrid y Se villa
( g igosos p érez y s ara via m adrigal , 1993: 46).
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
87
3. El planeamiento urbanístico: una ev olución en tres tiempos
Asimismo, la cuestión de la g estión adquirió en estos planes
g enerales una gran impor tancia, centrada en la necesidad de
“obtener unas infraestructur as y dotaciones cuyo acum ulado déficit
se constata” y que sin embar g o chocó con “unos insuficientes
mecanismos de g estión, conce bidos fundamentalmente para
r esponder y aplicarse en situaciones de cr ecimiento urbano
y apenas para hacer fr ente a la tr ansfor mación inter na de las
ciudades” ( l eira , 1989: 160).
P or un lado, ello condujo a neg ociaciones entr e los A yuntamientos
y actor es priv ados, a tra vés de con v enios “r esueltos en muchos
casos primando lo inmediato fr ente a las pr evisiones de futuro ,
lo que que bró en cier to modo la complicidad entr e políticos
y funcionarios municipales y los técnicos encar gados de la
elabor ación de los planes” ( g a go d ávila , 1989: 166). P or otro lado,
habida cuenta de esa f alta de mecanismos eficaces, 138 se decidió
en muc hos casos “aumentar al máximo el suelo urbanizab le fr ente
al urbano, dadas las ma yor es exig encias de cesiones en aquel, y del
suelo prog ramado sobr e el no prog ramado como mejor garantía
de la efecti va obtención de dic has cesiones” ( g a go d ávila , 1989:
166). El componente e xpansiv o —apoyado en las infr aestructuras
de transpor te— siguió siendo, por lo tanto , fundamental. 139
En r esumidas cuentas, el especial momento político y social que
r e presentó la T ransición alumbró en el urbanismo una g eneración
de planes g enerales bastante coher ente , caracterizada, aunque
sin r enunciar al cr ecimiento, por su orientación específica a esa
mejora r eivindicada de la ciudad e xistente , afrontada a par tir de
138 En el apar tado anterior —v er nota 97 en este capítulo— se hizo r eferencia a la
adopción de mecanismos ad hoc —de discutido encaje legal— para afrontar esta
problemática, como las tr ansfer encias de apro v echamiento —luego incorpor adas
en la ref or ma de la Ley del Suelo de 1990—. T al y como señala J esús g a go
d ávila (1989: 169), “por aquel entonces, ha bía lleg ado a ser indiscutible que
el tratamiento del suelo urbano constituía el r eto por antonomasia en cualquier
propósito de gestión urbanística inno vador a”.
139 El recurso a las cesiones procedentes del suelo urbaniza ble , y también a la
obtención del 10% del apro vechamiento medio —según se estab leció en la r efor ma
de la Ley del Suelo de 1975—, fueron fundamentales para el desarrollo de las
actuaciones municipales en la ciudad e xistente , si bien ello e xigió a cambio —como
señala este autor—, car gar a los planes gener ales con una notable cantidad de
suelo urbanizable .
Figura I.21. Plan Gener al de
T ar rag ona de 1984. Plano de
morfología urbana (detalle).
miguel fernández mar o t o - tesis doct oral - 2019
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
inter v enciones en las que se distingue tanto el enf oque morfológico
en la or denación como la atención pr estada a los mecanismos
que hiciesen posible su g estión y efectiv a materialización. 140 Se
concibieron con una enor me ambición —que trascendía incluso
el ámbito puramente urbanístico— y , sin embar go, ese ímpetu
se agotó con r apidez: no deja de ser llamati v o que , apenas
transcurridos unos pocos años —ni siquiera una década—,
fuesen ya obser v ados como una e xperiencia cer rada, como una
g eneración que se ag otó casi tan rápidamente como se f or mó
( Q uer o c ast any s , 1989: 152; l eira , 1989: 153). 141
A ello contribuyó sin duda el cambio de conte xto económico a
par tir de mediados de los años ochenta ( g a go d ávila , 1989: 172),
cuando, tr as una década de crisis, el cr ecimiento de la economía
se aceleró en los años siguientes, a lo que se unió el descenso de
la inf lación y también de la tasa de desempleo , que —tras alcanzar
un pico en el primer trimestr e de 1986— fue descendiendo en
los años siguientes. 142 Ello se produjo en par alelo a impor tantes
cambios en la política económica del país —impulsados desde
el g obierno del PSOE, que había accedido al poder en 1982—, 143
y en un conte xto de r eacti vación del mer cado inmobiliario y del
cr ecimiento urbano, y dio paso a la segunda etapa en la que se
puede dividir la e volución r eciente del urbanismo español. 144
140 P abl o g igosos p érez y Manuel s ara via m adrigal (1993: 38) resumen esta
“gener ación de planes” en dos cuestiones centr ales: “su vinculación a las
rei vindicaciones popular es de finales de los 70 y el cuidado diseño de la f or ma
urbana que proponen: su legitimación política y su for malización técnica”.
141 Damián Q uer o c ast anys se r efería entonces a estos planes como “una
e xperiencia ya ‘cerrada’ en el tiempo , propia de una conjunción temporal de
anhelos de transformación social y estética, de un ímpetu que no sobre vivió a su
estatalización”, y Eduar do l eira señalaba que “tan solo escasos años después , al
final de la década, los planes que —aunque en menor número— se siguen ahora
produciendo empiezan a jugar un difer ente papel; se acometen, caso de hacerlo ,
desde otras posiciones”. Sancionaban en todo caso esa condición “g eneracional”
que r evistió a los planes g enerales de aquel momento, e xpr esada de hecho en la
propia publicación que r ecogía sus palabras ( i nstitut o del t errit orio y u rb anismo
e i stitut o u niversit ario di a rchitettura di v enezia , 1989), correspondiente a la
e xposición que , sobr e esta etapa del urbanismo español —“10 años de planeamiento
urbanístico en España: 1979-1989”— se cele bró en V enecia en abril de 1989. En
ella se e xpusieron, entr e otros, los planes g enerales de Madrid, Salamanca, Gijón,
T arragona, Málaga, V alladolid y Sevilla.
142 La tasa de cr ecimiento del PIB supero el 3% en 1987 y se situó ampliamente
por encima del 4% hasta 1990. La inflación bajó del 10% a finales de 1984, y
acabó la década mo viéndose entre el 4% y el 7%, ni v eles inéditos desde principios
de los años setenta. P or su par te, la tasa de desempleo tocó tec ho en el primer
trimestr e de 1986 con un 21’65%, y desde ahí fue descendiendo hasta situarse en
el entorno del 16% a principios de los años no venta. Datos corr espondientes a la
Contabilidad Nacional T rimestral de España, el Índice de Pr ecios al Consumo y la
Encuesta de P oblación Activ a.
143 Hay que señalar que la entr ada de España en la entonces Comunidad Económica
Europea —CEE, actual Unión Europea, UE—, que se hizo efecti va el 1 de enero de
1986, condujo a impor tantes cambios en la economía del país, mar cados, por
ejemplo, por la llegada de impor tantes in versiones en infraestructur as —gracias
a los fondos estructur ales europeos— y por la culminación de la r econ versión
industrial, que afectó a numerosos sector es de la industria nacional.
144 F er nando r och p eña (2001: 11) identifica el año 1985 como ilustrativ o de
“un antes y un después”, que cifra en la coincidencia en la aprobación, por un
lado, del ya citado n ue v o plan gener al de Madrid y , por otro lado, del denominado
I. Síntesis de la e v olución reciente del sistema urbano y el mar co urbanístico en España
89
3. El planeamiento urbanístico: una ev olución en tres tiempos
Los años no v enta: la r elegación del urbanismo frente a los grandes
pro y ectos urbanos
Esta segunda etapa se puede identificar , básicamente , con
el cuestionamiento de la eficacia o utilidad —o incluso de la
necesidad— del planeamiento urbanístico —al menos en su
conce pción tradicional—, al que contrib uyeron f actores de distinto
orig en. En primer lugar , e xistió ya tempr anamente una cier ta
dece pción r especto a los resultados r eales de esa g ener ación de
planes de principios de la década, propor cional en este sentido
a la ambición con que se plantearon, y a no solo en tér minos de
or denación ( c al v o , 1989: 102), 145 sino en su intento de ser “más
que planes” ( l eira , 1989: 162). Es inter esante a este r especto la
apr eciación que hacen R amón l ópez de l ucio y Agustín h ernández
a ja (1995: 22) al subra yar , más allá de la caracterización disciplinar
de estos planes, la r ele vancia de su componente político . 146
En r elación con ello, Eduar do l eira (1989: 162) apunta que “los
planes se han g estionado, en g ener al, con difer entes criterios a los
que fueron conce bidos, pese a la g ener alizada y específica atención
pr estada a la g estión”, mientras que J esús g a go d ávila (1989: 172)
señala que la r eactiv ación económica antes mencionada condujo a
un cambio en el perfil de los actor es inmobiliarios y económicos,
en las r elaciones de estos con la administración y en el propio
proceder de la última —manifestado por ejemplo en el r e greso
al r ecurso al con venio—: síntomas todos ellos de “una alter ación
profunda, en g estación, de un modelo de planeamiento y g estión,
que aunque for malmente en vig or , estaría entrando en una f ase
de crisis que puede conducir , quizá, a su liquidación definiti va”.
En efecto , visto con perspectiv a, es cier to que se estaba g estando
entonces la crisis del modelo de planeamiento y g estión instituido
en los años ochenta, que se manif estó inicialmente en dos caminos
difer entes, pero que , a la postre , contribuyeron igualmente a
consolidarla. 147
P or un lado , se produjo una r eacción de orden institucional, que
pr etendió solucionar lo que entendía como una crisis de gestión
“Decreto Bo yer” —apellido del entonces ministro de Economía y Hacienda—, que
transformó el régimen de los alquileres: “b uen ejemplo de r educcionismo en el que
una deter minada razón económica sacrifica valor es esenciales de la con viv encia
cívica”. Asimismo, apunta que “por esas f echas se inicia el boom inmobiliario que
ha modificado definitivamente la métrica de los precios de la vi vienda, primero en
Madrid y Bar celona y luego en otras ciudades españolas , y que ilustra entr e otras
cosas la dimensión hegemónica que adquier e la máquina inmobiliaria y el nue v o
papel que la vivienda asume como espacio de acum ulación.”
145 Comenta este autor que “el e xcesi vo protag onismo que ha tenido la formalización
de la or denación, por encima incluso de la capacidad de un plan de garantizar su
e xacta ejecución y coherencia, podría ser la primer a de las críticas a apuntar”.
146 Añaden, de hecho, que “este es un tema que , en nuestra opinión, olvidan con
demasiada fr ecuencia los estudiosos que se quieren concentr ar en los aspectos
estrictamente disciplinar es”.
147 León c al vo m a y oral (1995) plantea una ev olución desde el inicial “paradigma
de la austeridad” de la primera mitad de los años oc henta hacia el “paradigma
de la desregulación” y el “paradigma estr atégico” de su segunda mitad, cuyos
fundamentos coinciden en buena medida con los aspectos que se v an a tratar a
continuación.
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una apr o xima ción a las iner cias de la planificación urb anística reciente en esp aña a tra vés del caso de v alladolid (1979–2012)
model o urb ano y ciud ad construid a
pr ecisamente con más g estión, es decir , incidiendo, profundizando
y haciendo más complejos —para ser , pr etendidamente , más
eficaces— sus mecanismos. Es la r espuesta que se puede
identificar con la ya comentada r efor ma de la Ley del Suelo de
1990, rápidamente cuestionada y finalmente fracasada —como y a
se comentó—, pero que , mientras tanto, con vir tió el planeamiento
“en un enojoso ejer cicio de contabilidad y de g estión, en el que sus
contenidos propiamente urbanísticos pasan a segundo plano”,
materializando una “sustitución institucional del planeamiento
por la g estión” ( r och p eña , 2001: 10). 148
P or otro lado , se produjo en paralelo una r espuesta de orden
disciplinar , elocuentemente definida por R amón l ópez de l ucio
(1993: 243) como “el ensimismamiento en el ‘urbanismo urbano’
como r espuesta a las limitaciones del planeamiento territorial”. A
par tir de la extendida quer encia morfológica tan pr esente como ya
se ha dicho en aquel momento , y ab undando en sus r efer encias,
críticas con el funcionalismo y con sus instrumentos —incluyendo
aquí el propio conce pto de plan urbanístico—, se propagó una
suer te de re pliegue disciplinar , “un explica ble r etor no hacia los
seguros cauces de la estricta disciplinariedad arquitectónica y
pro yectual”. Ello tuv o su máxima expr esión en la contraposición
entr e plan y pro yecto , que mar có el paso de la década de los
ochenta a los no venta.
Según aducían sus defensor es, los pro yectos urbanos eran los
únicos instrumentos v er daderamente capaces de conseguir una
transf or mación efecti v a de las ciudades, fr ente a un planeamiento
urbanístico ahog ado en sus propios procedimientos . Man uel de
s olá - m orales (1987: 24) comentaba al r especto que “proy ectar
el lugar es, así, método principal de lo que estamos llamando
pro yectos urbanos”, y tr as glosar sus antecedentes , añadía que
“tienen una v oluntad operati va y pragmática, y una ética más
profesional que ideológica, por que tienen también una g ran
desconfianza en los principios y demasiado apr ecio por los
finales”. 149
En el caso de España, uno de los máximos def ensor es de esta
apro ximación puramente pro yectual a los problemas urbanos fue
Oriol b ohigas (1981: 24), que a principios de los ochenta afir ma ba
que “el urbanismo no es posible”, den unciando la ineficacia tanto
de su g estión como de sus propios contenidos. 150 Siendo entonces
148 Nada se consiguió además en contrapar tida, ya que , como bien señala este
autor , “la falta de v oluntad política de las administraciones municipales para iniciar
los procesos de re versión ante los continuos incumplimientos de la propiedad
pronto pusieron de manifiesto la inutilidad de la Le y”.
149 Existía en este sentido un r echaz o al contenido político del urbanismo tan
presente en la etapa anterior —como se ha visto—, al que se contraponía la
pura técnica —ética— disciplinar . A este respecto, añadía este autor a modo de
conclusión: “Como si no fuera una simpleza confiar en el talento a la hora de
construir nuestras ciudades…”
150 Afir ma ba: “Un plan no sólo llega siempre tar de , sino que , cuando lle ga, sir v e
para muy poco o sirve par a disfrazar especulaciones o par a destruir iniciativas .
P ero a menudo sirve también para destruir físicamente grandes zonas de la ciudad,
gracias a no haber atendido a su auténtica capacidad de r ealización.” En cualquier
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