Educación de calle en España en tiempos de cambio : Enrique de Castro
Abstract
Grado en Educación Social
Full text
FACULTAD DE EDUCACIÓN DE PALENCIA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID EDUCACIÓN DE CALLE EN ESPAÑA EN TIEMPOS DE CAMBIO. ENRIQUE DE CASTRO TRABAJO FIN DE GRADO EN EDUCACIÓN SOCIAL AUTORA: Virginia Izquierdo Frías TUTOR: José Luis Hernández Huerta Palencia, 2019
2 RESUMEN El siguiente Trabajo de Fin de Grado trata sobre la vida de Enrique de Castro, referente de la educación de calle con menores en riesgo de exclusión social en España, y de la situación económica, política y social durante los años 70 y 80. En este documento se plasman algunas de sus experiencias con estos jóvenes y la intervención que tuvo con ellos, dando así visibilidad a la gran tarea que llevó a cabo con estos. ABSTRACT The following Final Degree Project is about the life of Enrique de Castro, a referent of street education with minors at risk of social exclusion in Spain, and the economic, political and social situation during the 70s and 80s. This project shows some of his experiences with those young people and the intervention he had with them, thus giving visibility to the great task that he carried out with these. Palabras clave: Educación social, educación de calle, Enrique de Castro, chavales, exclusión social, instituciones. Keywords: Social Education, street education, Enrique de Castro, kids, social exclusion, institutions.
3 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN ...................................................................................................... 4 2. OBJETIVOS ............................................................................................................... 6 3. JUSTIFICACIÓN DEL TEMA ................................................................................ 7 4. METODOLOGÍA UTILIZADA ............................................................................... 8 5. VINCULACIÓN CON LAS COMPETENCIAS DEL TÍTULO ........................... 9 6. EDUCACIÓN POPULAR Y EDUCACIÓN DE CALLE EN ESPAÑA DURANTE LOS AÑOS 70 Y 80 ................................................................................. 11 6.1. Educación popular ............................................................................................... 14 6.2. Educación de calle en España .............................................................................. 18 6.2.1 Grupo marginal .............................................................................................. 19 7. ENRIQUE DE CASTRO ......................................................................................... 21 7.1 Intervención .......................................................................................................... 22 7.2 Metodología .......................................................................................................... 26 7.3 La coordinadora de barrios ................................................................................... 27 7.4 Crítica instituciones .............................................................................................. 28 7.4.1 Iglesia ............................................................................................................. 29 7.4.2 Estado ............................................................................................................. 31 7.4.3 Servicios sociales ........................................................................................... 33 8. CONCLUSIONES .................................................................................................... 35 9. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ................................................................... 37
4 1. INTRODUCCIÓN La sociedad actual se encuentra en un momento de cambio, el cual se ha ido ocasionando a lo largo de los años, en el que han surgido nuevas necesidades, así como la transformación de muchos aspectos. Todos estos cambios han creado nuevos escenarios de exclusión social, en el que también se encuentra el colectivo de los menores. La aparición de estas nuevas realidades sociales ha hecho que emerjan nuevos espacios de marginación social, uno de los más determinantes para los menores es la calle. La “calle” es un espacio de aprendizaje, para algunos jóvenes es casi un hogar, donde pasan la mayor parte de sus días. La mayoría de ellos en los ambientes donde se desarrollan se encuentran desestructurados o abandonados, por ello, la calle les sirve como un lugar en el que desenvolverse y sentirse libres. Ante esta situación se encuentra la figura el educador social que permite que los menores y jóvenes construyan su propia identidad, a través de cambiar su realidad. Dentro de la tarea del Educador Social, se encuentra el educador de calle, el cual detecta las necesidades de aquellas personas en riesgo de exclusión social que se encuentran en dicha situación. Su principal objetivo en su actividad con este colectivo es conseguir su autonomía personal, con libertad y responsabilidad. Está encargado de prevenir y atender situaciones de marginación. Las principales necesidades que muestran estos menores y jóvenes es la falta de afecto familiar, factor común que determina al grupo que forman en la calle. Por ello, está la figura del educador de calle, quien les ofrece apoyo y les otorga mayor confianza en sí mismos. Además, estos pueden mostrar diferentes carencias o necesidades como puede ser la escasez de recursos o conflictos con su entorno familiar o con el barrio. El papel del educador de calle es fundamental para este colectivo de jóvenes, puesto que el apoyo institucional no es suficiente. Un gran referente de la educación de calle es Enrique de Castro, conocido por su labor con los más desfavorecidos. De Castro usa el término “chavales” para identificar a aquellos menores y jóvenes con los que realiza su intervención, en los cuales tiene la esperanza de cambio e inclusión en la sociedad en la que viven. “¿Acaso no van a ser capaces estos chavales, marginados por las instituciones y con carencias al hombro, de encontrar una propia escala de valores en la que se
5 sientan bien consigo mismos dando un sentido a su vida? ¿Acaso no son luchadores desde niños intentando contra todos y contra todo encontrar un motivo para su propia existencia? En fin: “Buscando juntos no la “reinserción”, sino algo que tenga sentido” (De Castro, 1986, p.144).
6 2. OBJETIVOS Objetivo general - Fomentar el conocimiento y la importancia de la Educación de Calle a partir de las experiencias vividas por Enrique de Castro. Objetivos específicos - Analizar la situación de España durante los años 70 y 80. - Entender la realidad de un colectivo en exclusión social y sus causas. - Mostrar el cambio de concepción religiosa cristiana a través de la vivencia real de - Enrique de Castro. - Profundizar en la crítica que hace Enrique De Castro a las instituciones. - Conocer la vida de Enrique de Castro y relacionarla con el contexto en el que ha vivido.
7 3. JUSTIFICACIÓN DEL TEMA La elección de este tema como Trabajo de Fin de Grado se debe a mi interés en el ámbito de la educación de calle y su método de intervención. Me parece fundamental conocer desde la Educación Social la vida y obra de Enrique de Castro, puesto que es un referente en dicho campo y la metodología que propone se puede llegar a aplicar hoy en día. Actualmente, el mundo donde nos encontramos presenta una serie de desigualdades que vienen dadas desde hace muchos años. Estas desigualdades afectan a muchos colectivos, sobre todo a aquellos adolescentes incomprendidos por la sociedad. La educación de calle apuesta por el individuo como generador de su propio cambio, tanto en la prevención de lo más pequeños como en jóvenes en situaciones de inadaptación social. Se utiliza una metodología de prevención e intervención que actúa en los ámbitos de socialización de los jóvenes marginados, cuyo fin es promover el desarrollo personal y su inserción social. Me parece fundamental conocer este tema puesto que la marginación juvenil continúa existiendo, aunque se presente de diferentes formas a las vividas en la época de Enrique de Castro. Durante mi último período de prácticas en un centro de día de menores en riesgo de exclusión social, he podido conocer la figura del educador social o educador de calle, el cual es un punto de referencia para el joven y sirve como apoyo. Por ello, he decidido escoger este tema ya que me parece una labor primordial a realizar dentro de la Educación Social, y no está lo suficientemente reconocida y valorada. Por ello, considero importante exaltar el concepto de la educación de calle, además de la obra de Enrique de Castro, gran precursor de la Educación Social, para poder conseguir un mayor desarrollo, tanto a nivel personal como social, además, de una plena integración en la sociedad. Para poder culminar este proyecto considero que es esencial el papel del educador social en la sociedad, puesto que es el encargado de dar apoyo a las personas en riesgo de exclusión social, tarea que lleva a cabo Enrique de Castro con los jóvenes y con sus familias.
8 4. METODOLOGÍA UTILIZADA Para realizar este Trabajo de Fin de Grado en primer lugar me he apoyado en documentación bibliográfica y en los libros de “Educación de calle. Hacia un modelo de intervención en marginación juvenil” y el “Manual del educador de calle” y así conocer cuál era la realidad de España en los años setenta qué es cuando surge el concepto de educación popular y educación de calle. Además, me he apoyado en el libro de “Pedagogía del oprimido” de Paulo Freire, ya es una gran influencia en el pensamiento e intervención de Enrique de Castro. A continuación, investigaré sobre el filósofo y teólogo Enrique de Castro. Para ello, me he apoyado en dos de sus obras fundamentales “¿Hay que colgarlos?” y “Dios es ateo”, y además en la realización de una revisión bibliográfica y de las entrevistas que le han realizado. Partiendo de la revisión bibliográfica y de la investigación de la misma, he podido profundizar sobre el concepto de la educación popular y educación de calle en la década de los años 70 y 80, comprendiendo la situación actual del momento, y así, poder conocer y trabajar acerca de la vida de Enrique de Castro y su experiencia.
9 5. VINCULACIÓN CON LAS COMPETENCIAS DEL TÍTULO Las experiencias de la educación de calle están directamente relacionadas con la intervención de la figura del educador social, el cual debe tener ciertas competencias que han tenido que ser adquiridas durante el grado. Estas, dotan al futuro educador de conocimientos, habilidades y actitudes que sean útiles para desenvolverse en su práctica profesional. Dentro de las competencias instrumentales es fundamental la capacidad de análisis y síntesis, para así, comprender mejor la información y la búsqueda de la relación entre los elementos seleccionados; la planificación y organización de manera que se establezcan las metas que se quieren lograr; la gestión de la información para buscar documentación acerca del tema a tratar; la resolución de problemas y toma de decisiones para así poder conocer el problema que se plantea y buscar soluciones. El educador social como profesional también debe adquirir unas competencias interpersonales que le permitan desarrollar correctamente su tarea, tales como la capacidad crítica y autocrítica a la hora de valorar la tarea que se lleva a cabo; la aptitud para integrarse y comunicarse con expertos de otras áreas y en distintos contextos para poder llevar a cabo el trabajo en equipo y poder cooperar con otros profesionales; el reconocimiento y respeto a la diversidad y multiculturalidad de manera que se conozcan diferentes realidades sociales y culturales, y además poder adquirir un gran enriquecimiento personal y colectivo a la hora de convivir con diferentes personas; y por último no deben faltar las habilidades interpersonales y el compromiso ético a la hora de actuar consecuentemente con los valores personales y el código deontológico, para así poder actuar de manera adecuada ante diferentes situaciones que nos podamos encontrar. Por último, el educador debe poseer unas competencias sistemáticas que hagan referencia a la integración de capacidades cognitivas, destrezas prácticas y disposiciones, entre las que se encuentra la autonomía en el aprendizaje y la adaptación ante nuevas situaciones, de manera que los aprendizajes se vayan amoldando dependiendo de las diferentes necesidades que puedan surgir; la creatividad para poder ofrecer diferentes soluciones ante una misma situación; iniciativa y espíritu emprendedor a la hora de buscar
16 Por lo tanto, la educación popular engloba a todos los sectores de la población, en la cual se compromete a conseguir la igualdad de todas las clases sociales a través de cambios que dejen atrás el sistema capitalista del momento. De esta manera Freire fue cambiando su concepción inicial acerca de la educación popular. En un primer momento, en los años 50 y comienzo de los 60, entendía la educación popular como un proceso de movilización y organización popular con miras a la transformación de la sociedad a favor de las clases populares. Después, su concepción dio un gran cambio, hacia la política de la educación, de esta manera las clases populares llevaban a cabo una serie de movilizaciones para crear un poder popular (Bruno-Jofre, 2016, p. 439-444). En España, durante las movilizaciones de docentes en contra de la dictadura se aceleraron y se apoyaron en las ideas de Paulo Freire. Las historias de tres profesores ayudan a entender como las ideas de Freire calaron a diferentes niveles educativos en los años setenta. El primero de ellos era un estudiante universitario que cursaba una carrera religiosa, y participó en clases de adultos que no sabían ni leer ni escribir, a partir de seguir la metodología de Freire le proporcionó reflexiones pedagógicas y herramientas prácticas para trabajar con mayores en las aulas. Coincidía en la filosofía de ambos, por un lado, en la importancia de la educación en defensa de las clases desfavorecidas, y, por otro lado, en no imponer una cultura, sino basar las clases en experiencias propias de los estudiantes. El segundo, profesor de primaria, se unió a un nuevo movimiento pedagógico llamado Escuela Nueva en el que se utilizaba como base los intereses y curiosidades de los niños y niñas, método que seguía Freire. Entendía que la finalidad del profesor no se limitaba solo a enseñar a leer y escribir, sino también hacerles capaces de pensar y analizar la realidad. Por último, un estudiante de pedagogía que se convirtió en profesor de universidad, se involucró en una escuela de adultos de un barrio marginal de su ciudad, que tenía el mismo pensamiento que Freire, ya que ambos creían que era posible una sociedad mejor y más justa se podía conseguir a través de la educación. De esta forma se muestra que el método de Freire no se centraba en un solo grupo, sino en que todos los grupos de la sociedad pueden participar, creando así una sociedad
17 mejor y más igualitaria, capaz de que los propios alumnos y alumnas pongan en práctica todos los conocimientos adquiridos. En los años setenta surge un gran interés por el tema de educación de adultos, haciendo que se originaran dos corrientes. La primera estaba basada en el uso del término de Educación Permanente para eliminar la diferencia que había entre educación de niños y de adultos, pudiendo así destacar la importancia de la educación a lo largo de la vida. La otra corriente estaba basada principalmente en la metodología de Paulo Freire, mostraba una visión crítica acerca de los sistemas educativos del momento y la idea de la Educación Permanente. La metodología de Freire en España provocó cambios en las escuelas en los años setenta, tanto en la educación primaria como en la educación de adultos. En primer lugar, aparecieron diferentes colegios alternativos de adultos en diferentes puntos de España, dedicados al análisis de la teoría y metodología de Paulo Freire; la mayoría de estos colegios fueron abiertos por voluntarios que seguían las ideas del pedagogo. En las zonas rurales también hubo grandes cambios, una de las iniciativas que tuvo gran relevancia a principios de los setenta se realizó en Ávila, con un proyecto de adultos inspirado en la metodología de Freire, y como resultado de ello surgió en 1978 la llamada Escuela Campesina, cuya actividad se llevaba a cabo en treinta pueblos de la provincia. También se produjo otro acontecimiento, en el que los profesores de primaria, después de dar clase en los colegios, daban clases a adultos para cubrir asignaturas de interés para la población. Con la intervención de la metodología de Freire, las escuelas sufrieron un gran cambio, centrándose en el ahora de la persona, en las necesidades que ésta demandaba, basándose en las propias realidades de cada uno, haciendo así que estos se liberaran y les resultara útiles. Otra característica importante fue la relación alumno-profesor, el cambio que se llevó a cabo fue la creación de un grupo unido, entendiendo la cooperación de todos, no solo para la acumulación de conocimientos, sino para ayudar ante cualquier problema que le pudiera surgir, cambiando la concepción de que no somos individuos aislados, sino una comunidad.
18 La educación se convirtió en un tema principal en España en los años setenta. Las ideas de Freire reafirmaban que la educación era el arma más poderosa contra la dictadura y sus consecuencias sociales. Cabe destacar que la participación ciudadana en el proceso de cambio social coincidiendo con la desconfianza de los partidos políticos (Groves, 2016, p.165-173). 6.2. Educación de calle en España Ante la situación que vivía la población española en el momento, el escalón más bajo de la sociedad lo ocupaban los colectivos marginales, entre los que se ubicaban los menores y jóvenes que estaban en situación de carencia, problemática, riesgo o peligro, siendo la calle el lugar mayoritario en el que se encuentren. La intervención en medio abierto o educación de calle es un método que sirve para mejorar las situaciones educativas y sociales, prestando atención individualizada y grupal, interviniendo en la familia y sociedad y utilizando los recursos que les da el entorno en el que se desarrollan. El objetivo fundamental es impulsar la integración social, superando los problemas personales y recuperando los recursos relacionados con el individuo y la sociedad (Soto Rodríguez, 2001, p.373-374). La definición de educación de calle surge en Europa tras de la II Guerra Mundial (1945) con el objetivo de disminuir la crisis social que sufrían los jóvenes, en el que se mostraban situaciones como delincuencia juvenil, orfandad, abandono, etc. Es un movimiento vinculado sobre todo a ideologías denominadas de izquierdas, orientadas a las clases populares. En España el proceso tarda más en llegar, se plantea por primera vez en el año 1969 en Barcelona que servirá como ejemplo para el resto del país. En Madrid, comienza a finales de los años 70 en los barrios periféricos del sur, de la mano de asociaciones, instituciones y personas relevantes. Surge como forma de reacción ante la “ocupación” de la calle por grupos de jóvenes con conductas que no tienen ninguna norma y/o consumo de drogas. El concepto de educador de calle aparece por primera vez reflejado en el año 1986 en el Programa de Reinserción de los Servicios Sociales. A pesar del recorrido de la profesión, el concepto no tiene una definición precisa.
19 Lo que queda claro es que el educador o educadora de calle “es una persona de referencia, alternativa a los modelos del entorno, en contacto directo con la realidad cotidiana de jóvenes desfavorecidos, que apoya un proceso educativo en los mismos, que les permita integrarse de forma crítica y normalizada en el entramado social que les rodea” (Arquero, 1995, p.68), pero ésta, tan solo es una definición generalizada, en el que cada autor puede introducir diferentes variantes. Algunos ejemplos son: Según Cabanillas y López Méndez (1991) dicen que “La figura del educador/a de calle se dice que es una persona con necesidades de aprender, pensar, reflexionar y criticar, preparada concienzudamente para ayudar a los/las jóvenes… toma la calle como espacio educativo siendo testigo de la realidad, trabaja en equipo desde lo pedagógico y es figura de referencia para jóvenes en dificultad social…”. Según Mendía (1991) “El educador/a no es un igual. No es un líder natural. Es un agente impuesto, no puede jugar con la ambigüedad de ser uno más. Es un agente educativo y tiene que ser reconocido como tal”. Por lo tanto, se puede afirmar que la educación de calle es la intervención entre iguales en la que se pretende mejorar las relaciones entre los propios individuos y con la sociedad en general. La tarea principal a desempeñar es educativa a modo de acompañamiento en el proceso que cada uno tiene. Las funciones fundamentales de un educador de calle son conocer el barrio, hacer de mediador, sensibilizar al resto de la comunidad para poder solventar la situación, atención especializada sobre todo a las personas más vulnerables, trabajo en equipo, etc., entre otras (Arquero, 1995, p.67-69). El educador de calle debe tener ciertas características, entre las que se encuentran actuar con prudencia, disposición de equilibrio personal, responsabilidad, trabaja con el fin de mejorar el barrio donde trabaja, no califica a los usuarios, trabaja más por vocación que por profesión, está integrado en el barrio, tiene capacidad de acogida, aprovecha situaciones concretas para ayudar al joven, etc. (Soto Rodríguez, 2001, p.385-386). 6.2.1 Grupo marginal La marginación social a nivel estructural en la sociedad es el resultado de la existencia de una desigualdad total en la distribución de los bienes producidos.
20 Existen diferentes perspectivas, por un lado, la perspectiva económica, la que se denomina que este tipo de marginación es debida al sistema capitalista que promueve la desigualdad en el disfrute de los bienes. Por otro lado, se encuentra la perspectiva sociológica, entendida como cultura social, considerando esta como un proceso de inadaptación social. Una persona es nombrada marginal cuando se compara con otro grupo, el cual sigue una serie de normas que rige la sociedad, que tiene diferentes características al suyo. Esta perspectiva puede estar relacionada con carencias de carácter afectivofamiliar, debido a que en el entorno donde se desarrolla el menor exista abandono por parte de la familia, malos tratos, orfandad, etc.; debido a la influencia de las compañías, que ejercen como modelos y contribuyen en ciertas conductas que puedan llevarse a cabo; experiencias negativas en el centro educativo, en este caso la escuela al ejercer como agente de socialización pueda crear fracaso, inferioridad o frustración en aquellos jóvenes que no son capaces de alcanzar los objetivos propuestos; inducción al consumo como sinónimo de felicidad afectando sobre todo a niños/as y jóvenes; fomento de la violencia; discriminación social ya sea por motivos de etnia, género o tendencias sexuales que generan rechazo, violencia, malos tratos, etc. explotación y malos tratos para menores de 16 años en condiciones ilegales, prostitución, tráfico de drogas, etc.; desigualdad en el disfrute de la cultura debido a la diferencia en la distribución de recursos; y deficiencia del entorno en los cuales muchos colectivos desfavorecidos viven en barrios que no cuentan con los servicios mínimos. Esta marginación influye también sobre los jóvenes, al no tener la cultura, las normas y valores impuestos por la sociedad. Ello genera el problema de la “inseguridad ciudadana”, producto de situaciones de inadaptación y marginación en menores, que se centra principalmente en barrios periféricos, donde viven familias con precariedad de recursos económicos. Ello provoca que estos salgan a la calle para sobrevivir y buscar sus propios medios para seguir hacia adelante (Soto Rodríguez, 2001, p.137-138). Además, cabe destacar el papel de las mujeres jóvenes, las cuales sufren una doble marginación, una por ser jóvenes y otra por el hecho de ser mujer. En la década de los setenta se seguía el rol de la mujer tradicional, donde tenían que trabajar en casa por y para sus familias. En ocasiones se intentan integrar en el entorno de los chicos, respondiendo a modelos afectivos de dependencia como novias o compañeras sin autonomía (Arquero, 1995, p.50).
21 7. ENRIQUE DE CASTRO Enrique de Castro López nació en Madrid el 10 de febrero de 1943. Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad de Comillas y Complutense. Pertenecía a una familia de clase acomodada, educado en ideales burgueses y conservadores. Su situación económica ventajosa le posibilitó estudiar en los mejores centros como religioso (Martín González, 2004, p.57). Desde 1965 a 1972 fue profesor en bachillerato, y en 1972 fue ordenado sacerdote, y seguidamente párroco en la parroquia de Entrevías, Vallecas, destino que le cambió la concepción religiosa que tenía, y desde entonces, estuvo vinculado al movimiento de curas obreros organizado a finales de la dictadura franquista, a favor de las personas más vulnerables. Ha trabajado como cura de parroquia, taxista y pintor en Vallecas y ha recibido a lo largo de su vida muchos nombres como “cura de los pobres de Madrid”, “cura obrero” o “cura rojo”. En 1974 fue nombrado párroco en la iglesia de San Carlos Borromeo en Entrevías, Vallecas, Madrid. Desde 1980 vivió con chavales que nombramos como “de la calle” y en su parroquia se dedicó a la creación y organización de la Coordinadora de Barrios de Menores y Jóvenes y del movimiento Madres Unidas contra la Droga. Otra de sus iniciativas es la de Asociación Traperos de Emaús de Madrid, comunidad de acogida de personas con problemas de adaptación social. Los jóvenes vivían en casas que les proporcionaba la parroquia y entre todos creaban trabajos para el autoempleo. Los grupos que ayudan en estas iniciativas, de diferentes edades y condiciones sociales y profesionales, se organizaban en defensa de las necesidades de los chicos y chicas que están sometidos al maltrato institucional como torturas físicas y psíquicas, retirada de la tutela familiar debido a la pobreza, etc. (Tribuna ciudadana, 2011). Enrique de Castro, hombre comprometido con la lucha social y los marginados de Madrid desde los últimos años del franquismo. Se enfrentó a la Iglesia y a las instituciones estatales con el fin de defender sus ideales, su vida y la de los chavales (Martín González, 2006, p.47). Gracias a sus experiencias vividas, Enrique de Castro escribe dos libros, ¿Hay que colgarlos? (1986), en el cual narra la vivencia de los propios chavales, y “Dios es ateo”
22 (1997) en el que explica el recorrido de su fe y los cambios que ha logrado en su concepción gracias a los chavales. 7.1 Intervención Enrique de Castro llegó a Vallecas (Madrid) en 1972, y comenzó a vivir en el barrio del Pozo durante los últimos años del franquismo donde existían grandes esperanzas por conseguir un cambio en cuanto a la situación del momento. La primera persona con la que tuvo contacto al llegar al barrio fue José María Llanos, conocido como el Padre Llanos, jesuita y religioso, falangista y muy querido por Franco. Perteneció al Partido Comunista y luchó por el Pozo, barrio también comunista, el cual quería mucho a Llanos. Enrique de Castro cuando llegó a Pozo vivió la misma situación que Llanos y cambió su concepción previa sobre la religión y la Iglesia, y apoyaba la idea de que la Iglesia no era un poder que tenía que mandar, sino un servicio para los más necesitados (Martín González, 2006, p.49). En un comienzo, la intervención de Enrique de Castro estuvo dirigida fundamentalmente a los niños y niñas, y a través de ellos logró llegar también a sus familias y al barrio en general. En torno a la parroquia se va formando una comunidad de barrio, en la que surgen escuelas de madres y padres que se preocupan por la política educativa, y que tienen intereses económicos y políticos. Al principio en la parroquia se llevaban a cabo misas de domingos y reuniones, lo cual fue evolucionando hacia diferentes intereses como juegos, salidas al campo, campamentos o fiestas. Las personas que los acompañaban se dieron cuenta de que los esquemas educativos de la sociedad no servían debido a que las escuelas no estaban adaptadas a las necesidades que tenían, sino que estaban orientadas a las necesidades del Estado (De Castro, 1986). La actuación que llevó a cabo Enrique de Castro comienza con la acogida sin condiciones de los chavales, a continuación, espera confiadamente en sus posibilidades y en que estos puedan cambiar, apoyándoles en la reinserción social y laboral, y
23 normalizando las relaciones familiares y con el entorno, defendiéndolos respecto a cualquier situación, ya sea ante la justicia o cualquier acto ilegal en los que pudieran estar implicados, mediante la confianza y el tiempo (García Madrid, 2002, p.232-234). Todo ello llevándolo a cabo desde el afecto y cariño como símbolo por el cual conseguir la integración en la sociedad, logrando dejar de lado la marginación que han sufrido a lo largo de su vida, debido a diversas situaciones que hayan podido vivir. A través del cariño, consiguen que éstos se sientan queridos, y que sean capaces de superar todos sus miedos (Martín González, 2006, p.53). La concepción de Enrique respecto a su forma de vivir, pensar y actuar cambia al conocer las injusticias sociales que viven los jóvenes del barrio con los que convive. Estos jóvenes eran caracterizados por sufrir graves carencias económicas, socioeducativas y afectivas. Su lugar era la calle, vivían el presente y la violencia era su forma de defensa y de obtención de poder (Martín González, 2004, p.63). La actividad de Enrique de Castro con los chavales comienza en la Iglesia, surgiendo así una parroquia de los chavales con muchas carencias, la acogida de ellos sin ninguna condición y la opción de éste de vivir con ellos. Todo ello generó muchos problemas en el barrio, su actuación no era entendible para todo el que le rodeaba, cualquier problema que hubiese lo justificaban con la actividad que estaba llevando a cabo Enrique de Castro en el barrio. De esta forma, provocó sentimientos de incomprensión, rechazo, soledad y distanciamiento (García Madrid, 2002, p.222). “El distanciamiento que se fue produciendo de los más cercanos a mí en todos aquellos años me produjo una fuerte lucha interior. Tiras muy fuerte, me decía Fernando, y decía verdad, pero no ya sólo en los hechos sino también en las conclusiones que iba, sacando y que me daban miedo porque me costaba aceptarlas y me iban aislando del resto. Experimenté por primera vez la soledad como algo que iba surgiendo de dentro. ¿Cómo iba a imponer a los demás lo que se me hacía evidente a mí? Pero ¿podía renunciar a ello por sometimiento a un grupo o una comunidad?” (De Castro, 1997, p. 109-110). De esta manera, se generó la ruptura de su actividad con la Iglesia para no involucrar al barrio en su actividad. Para ello Enrique tuvo que dar un paso más, y acoger
24 a alguno de estos chavales en su propio hogar, que, a través del trato personalizado con cada uno de ellos, éstos se iban mostrando tal y como eran (García Madrid, 2002, p.223). Ante la escasa experiencia que tiene Enrique tanto con los chavales como con la realidad con la que se encuentra, aparecen en un primer momento diversos sentimientos en los primeros años de convivencia como es el miedo, la búsqueda de afecto o la falta de reflexión que generaban grandes impulsos. En esta nueva vivencia en la que se encontraba Enrique de Castro, no existían reglas determinadas, pero había una serie de actitudes fijadas que ayudaban a que la relación fuera más individualizada y profunda, lo cual generó seguridad y confianza en sí mismos (Martín González, 2006). La solución que les proporciona Enrique es darles cariño, para que puedan creer en ellos mismos, recuperar la fuerza y autoestima para poder luchar por sus derechos, y para lo cual era necesario paciencia, afecto y el apoyo, que lo consiguió mediante el empleo (Martín González, 2004). “Quizá el afecto, la defensa a ultranza, nuestro apoyo y firmeza y el desinterés les ayudaba a enfrentarse consigo mismos, a comparar mundos distintos, pero, sobre todo, comenzaban a confiar en nosotros y, en esa medida, a otorgarnos autoridad. A cambio nos iban implicando en su vida, descubriendo su enorme sensibilidad, entregando su cariño. Nos habíamos interesado mutuamente. Digo todo esto porque sólo desde esta situación pudimos conocer algo de su manera de ser y porque a partir de ella fueron provocándose distintas reacciones en ellos. (...) Pero mencionaré que no hay una sucesión temporal, sino que todo va ocurriendo interaccionado, a veces con saltos bruscos, pero sin poder medir por espacios de tiempo. Tampoco había nada programado. Ellos y nosotros aprendíamos juntos” (De Castro, 1997, p. 123). Es fundamental la necesidad de afecto de los chavales fomentando un cariño recíproco con Enrique y la gente que le ayudaba en su intervención, ya que desde su nacimiento han ido sufriendo diversas situaciones de desamparo y no han podido mostrar sus sentimientos y necesidades. Su entorno social no era el más favorable para crecer, ya que muchos de ellos provenían de centros de menores, de la calle, habían pasado por comisarias, habían sido maltratados, torturados o perseguidos a tiros. Por ello, buscaban
25 apoyo moral, para poder desahogarse, contar todo lo vivido así en ocasiones, los llamaban con calificativos familiares como padre o hermano (De Castro, 1997, p.110-127). Enrique de Castro en una entrevista dice “Nadie se siente marginado cuando se siente querido” (2006), con ello quiere decir que cuando los chicos ven que hay alguien que les apoya y cree en ellos, comienzan el cambio y a sentirse bien consigo mismos, en ese momento forman su propio grupo y ya no están marginados, porque no están solos (Martín González, 2006, p.55). El grupo les da seguridad, ya que sus participantes han tenido vivencias semejantes, el grupo no es cerrado, sino que se va amoldando según las necesidades que vayan surgiendo en cada momento. El propio grupo crea su propia identificación (De Castro, 1997, p.117). “El grupo es lo que les da seguridad. El grupo son sus colegas, los que han tenido una infancia vivenciada de forma similar. Uno a uno ha ido escapando de la familia, la escuela… ahí han acumulado fracaso, rechazo, inadaptación al sistema que se les ha ofrecido, han sido “marcados” como malos e ineptos, e incluso culpabilizados de males ajenos (enfermedad de la madre, fracaso del maestro, etc.). Uno a uno se ha ido encontrando en la calle” (De Castro, 1997, p.117). Dentro del propio grupo, caracterizado por la pobreza de las relaciones, las mujeres no tienen ningún tipo de valor, son solo un simple objeto. Muchos de ellos solo conocen este tipo de conducta ya que es el que han vivido en sus propias casas, actuando de la misma manera. Enrique de Castro ha vivido actos de violencia verbal a educadoras que trabajaban con él, mostrando los jóvenes una superioridad sobre ellas ya que es el modelo tradicional que han vivido desde pequeños y creen que es el más correcto, y también, ha escuchado casos de violación sexual. Dentro del propio grupo, las chicas jóvenes quieren entrar a pesar de las situaciones para sentirse protegidas, a parte de lo que puedan vivir en su propia piel (García Madrid, 2002, p.235-238). Para que los chavales logren salir de la situación, es necesario que la sociedad los acoja, para que puedan llegar a conseguirlo (Martín González, 2006, p.55-56). También es fundamental que éstos quieran cambiar su estilo de vida, y dejar atrás todo lo vivido. Ante esta situación, aparecen ciertos miedos, como puede ser dar el paso hacia el cambio, frustración moral al descubrir nuevos sentimientos o el aburrimiento ante
32 beneficios de ello, hacen que éstos estén “dormidos” y no puedan ser conscientes de la realidad, ya que al gobierno no le interesa una juventud crítica. Como muestra Enrique de Castro, tanto el gobierno como los policías estaban implicados y culpabilizaban a los chavales por el tema de la droga, perjudicándoles a ellos y además consiguiendo beneficios del dinero que se sacaba de la droga (Enrique de Castro, cura de Entrevías, Foro Social, 2013). En una entrevista que recoge Martín González a Enrique de Castro en 2006 “Son un instrumento de manipulación porque atontan a la gente. Los chavales que eran luchadores a los ocho años porque se tenían que buscar la vida, porque dormían en la calle y se tenían que adaptar a cualquier situación corriendo muchos riesgos han sido anulados por las drogas. Una gente potencialmente luchadora, con una concepción de lucha siempre buena, de avance. La droga les anula eso. Pero no sólo lo hacen las drogas sino también la televisión como ya dije anteriormente” (Martín González, 2006, p.63). De esta manera Enrique de Castro vio que se encontraba en un momento de lucha social, y tuvo que ponerse del lado de los chavales y luchar con ellos, ante cualquier situación que pudieran vivir por culpa de las drogas, o por cualquier otro motivo de manipulación que pudiera llevarse a cabo a través del Estado. Ante esta situación en la que se encontraba España por culpa de las drogas, aparecieron instituciones que aseguraban curar las adicciones a ellas, pero realmente era un negocio, como podía ser “El Patriarca”, “Reto, Remar y Betel” o “Proyecto Hombre”. Este primero tenía el lema de “La calle es mala, la droga mata y el patriarca salva”, a través del cual retenía a las personas que eran adictas a las drogas, pagando un impuesto por estar en el centro, y los mismos que gestionaban el centro hacían de terapeutas, haciendo que estas personas enganchadas a las drogas se dediquen a la venta deambulante como terapia, haciendo de la rehabilitación un negocio, y aquella persona que lograse salir del centro volvía a recaer otra vez en la adicción. “Reto, Rema y Betel” fue un método llevado por evangelistas, eran centros gratuitos, pero como terapia llevaban a cabo actividades como la recuperación de otros o la venta de enseres, pero de manera gratuita como forma de recuperación de si mismos. En cambio, en este método de recuperación quien salva es Jesucristo, y en la terapia
33 también se lleva a cabo haciéndose evangelista y predicando la verdad. Las granjas de los evangelistas tuvieron gran demanda en la época de Enrique de Castro. Por último, “Proyecto Hombre” fue uno de los procedimientos más conocidos por todo el territorio español vinculado con la Iglesia católica, método criticado por Enrique de Castro porque aislaban a las personas como solución a la drogodependencia. Enrique estaba en contra de este procedimiento porque entendía que separar al individuo de su medio natural no era la solución para poder resolver sus problemas, sino que para ello era necesario conocer la realidad de cada uno, con sus problemas individuales y sociales. De Castro critica el gran negocio que tienen las drogas, ya que es una forma de ganar dinero fácil, en el que las víctimas eran sobre todo las personas en riesgo de exclusión, de las cuales se beneficiaban las instituciones. Por ello, Enrique apuesta por la legalización de las drogas, para controlar la calidad y evitar enfermedades y muertes, y, además, eliminar el mito acerca de que es imposible superar la adicción de las drogas. Como solución ante el problema de las drogas, Enrique les ofrecía a estas personas trabajos con el fin de evadirse de esa adicción, y también les invitaba a estar una temporada en otro lugar, ya fuera en el campo u otra ciudad, con el fin de separarse del entorno en el que se encontraban día a día. Lo fundamental es superar el conocido como “mono” (síndrome de la abstinencia) sin tomar ningún tipo de producto, simplemente es cuestión de decisión propia y con apoyo del entorno de cada uno a través de motivaciones que aumenten su autoestima y seguridad de cada uno. Es en este punto donde tiene gran importancia el grupo (De Castro, 1997, p.163-166). “Hay chavales que han dejado las drogas en poco tiempo, otros tras múltiples recaídas (es lo normal) y otros no han dejado el hábito (en general los que menos apoyo han tenido o los que tenían problemas personales más difíciles de superar)” (De Castro, 1997, p.168). 7.4.3 Servicios sociales Dentro de los centros educativos al docente se le ha quitado la autoridad, él es el único que sabe realmente cómo evoluciona el chaval, sin embargo, ante una situación de
34 absentismo escolar o cualquier actividad imprudente que ocurra en el aula, se llama un juez instructor, caso que pasa por los Servicios Sociales y Ayuntamiento, y de ahí pasa a la comisión de tutela de menor. De esta forma el maestro no es nadie, aunque haya implicación personal y cariño la relación docente alumno hace que este también se involucre, pero esto es imposible que ocurra (Martín González, 2006, p.65,69). Del mismo modo ocurre en la relación entre padres e hijos, en la cual ante cualquier situación de conflicto intervienen todos los agentes antes nombrados, quitándose a los primeros toda la autoridad. Tanto los docentes como los padres, son figuras de autoridad que conocen bien a los jóvenes, pero al intervenir otras figuras que no tienen nada que ver, hace ninguno de ellos tenga autoridad sobre el joven. Para tener autoridad hay que tener afecto y cariño, es una cualidad que se va ganando mediante el diálogo y el apoyo hacia la persona (Foro Social, 2013).
35 8. CONCLUSIONES La exclusión social es un proceso complejo que afecta a muchos colectivos de la sociedad. A lo largo de la historia ha habido grupos marginales, pero es a partir de los años 70 por diversos cambios que ocurren en la sociedad española aumentan los colectivos afectados. Los grupos que se encuentran en riesgo de exclusión social han sido considerados así debido a pertenecer en familias con escasos recursos ya sea por causas políticas, sociales o económicas. Además, en el ambiente en el que se desarrollan existen situaciones de violencia y delincuencia que afecta al crecimiento personal de los menores y jóvenes de estos barrios, además de existir un alto porcentaje de analfabetismo en la sociedad. Todo ello ha generado que el contexto en el que se encuentra no sea favorable para poder tener un desarrollo personal positivo. Esta realidad lleva presente a lo largo de los años, y no se hace nada al respecto, ya que simplemente se ignora o se intenta sacar algún beneficio de la disposición de estos. Ante esta situación, surge la necesidad de que existan alguna alternativa que posibilite ir eliminando esta postura que lleva existiendo durante muchos años y que es necesaria erradicar. Como solución se encuentra la educación popular, como método que engloba a todos los colectivos de la sociedad, sin distinción de sexo, edad o etnia. Mas concretamente, la intervención de la educación de calle, surgió como forma de apoyar al individuo directamente desde cualquier ámbito, para conseguir el desarrollo pleno de los chavales que se encuentran sobre todo el riesgo de exclusión social. Desde las instituciones que se encargan de “ayudar” a estos colectivos, no consiguen la plena inclusión de todos, asimismo en muchas ocasiones el principal interés de estas es la de cumplir objetivos propuestos y no la de apoyar a estas personas que se encuentran en esta situación. La figura del educador de calle es fundamental para ayudar a estos colectivos en lograr la inserción de nuevo en la sociedad. El párroco Enrique de Castro dedica su vida a la intervención con los jóvenes que se encuentran en situación de exclusión social, a los cuales ha mostrado todo su apoyo y se ha enfrentado a cualquier persona o institución
36 ante cualquier situación que apareciera. Perteneció a un movimiento de curas obreros a favor de las personas vulnerables, y esta comprometido con la lucha social e igualdad de todas las personas. Enrique de Castro dedica su vida a los jóvenes excluidos, y a partir de la cercanía y cariño que les muestra, les ayuda a conseguir un pleno desarrollo personal y social. El afecto es la principal herramienta como método de afianzar la relación con los chavales, debido a que desde su nacimiento no han recibido ningún tipo de muestra de cariño y no se han sentido apoyados por su entorno familiar. Además, tras conocer la realidad en la que viven algunas personas, Enrique cambia su concepción religiosa previa, dejando de lado la ideología que muestra la Iglesia, hacia una mentalidad de ayuda al prójimo, y como método para conseguir la inclusión plena de estas personas. También critica la Iglesia, al igual que otras instituciones, determinando que estas solo se preocupan por los beneficios propios y no por la eliminación de los colectivos en riesgo de exclusión social, lo cual hace que el principal motivo por el que surgieron cambie totalmente al institucionalizarse. Enrique desde el entorno de la parroquia, no solo lo utiliza de la manera tradicional que se ha utilizado a lo largo de toda la historia en la que se dan los sacramentos y la misa, sino también se emplea como lugar de encuentro, en el que se lleven a cabo reuniones y se desarrollen de diferentes actividades que sirvan como método para la liberación de las personas. Gracias a la Coordinadora de Barrios creada por Enrique, se pretendía buscar soluciones a los menores y jóvenes que se encontraban en riesgo de exclusión social, a través de la implicación social y personal y a través de muestras de cariño y de atención. Todo ello apoyado en la búsqueda de empleo, como forma de evadirse de la realidad en la que vivían los chavales y como método de conseguir autonomía personal. Asimismo, me atrevo a destacar la importancia de la “educación de calle” dentro de la Educación Social, como una necesidad dentro de los ámbitos de la intervención social, desarrollo comunitario o dinamización social en cualquier programa educativo en la que se pueda tener cabida en la calle.
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