REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional americano en el contexto de la Guerra del Chaco y el papel de los actores internacionales (Comisión de Neutrales, ABCP, Sociedad de Naciones)* Chile and the inter-war world: dynamics of the American international system in the context of the Chaco War and the role of international actors (Neutrals Commission, ABCP, League of Nations). MAURICIO RUBILAR LUENGO Y CLAUDIO TAPIA FIGUEROA Universidad Católica de la Santísima Concepción; Universidad Técnica Federico Santa María
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[email protected] ORCID: 0000-0003-2244-0640; 0000-0002-6879-9387 Recibido: 12/01/2024. Aceptado: 10/03/2024. Cómo citar: Rubilar Luengo, Mauricio y Tapia Figueroa, Claudia, “Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional americano en el contexto de la Guerra del Chaco y el papel de los actores internacionales (Comisión de Neutrales, ABCP, Sociedad de Naciones)”, Revista de Estudios Europeos 84 (2024): 114-148. Este artículo está sujeto a una licencia “Creative Commons Reconocimiento-No Comercial” (CC-BY-NC). DOI: https://doi.org/10.24197/ree.84.2024.114-148 Resumen: El período de entreguerras (1919-1939) se caracterizó por importantes modificaciones en la dinámica del funcionamiento del sistema internacional a partir de la irrupción de nuevos actores y organizaciones supranacionales que asumieron roles activos en la búsqueda de soluciones a los conflictos que se desarrollaron en dicho período. En el ámbito del sistema internacional americano uno de los conflictos más relevantes fue la guerra del Chaco (1932-1935) que enfrentó a Bolivia con Paraguay. El presente artículo tiene como objetivo caracterizar dicho sistema internacional americano a partir del estudio de la dinámica que adoptaron los distintos actores internacionales frente a la guerra y la búsqueda de la paz. Planteamos que la política exterior de los estados americanos involucrados en la búsqueda de la paz en la guerra del Chaco * Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación Sociedad internacional y europeísmo. La huella de la(s) otra(s) Europa(s). PID2021-122750NBC22. Ministerio de Ciencia e Innovación.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 115 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 (fundamentalmente Chile, Argentina y Estados Unidos) estuvo fuertemente condicionada por sus respectivos objetivos nacionales y hemisféricos, las rivalidades regionales y la desconfianza frente al papel de la Sociedad de Naciones. Palabras clave: Chile, Entreguerras, Diplomacia, Guerra del Chaco, Sociedad de Naciones. Abstract: The inter-war period (1919-1939) was characterised by important changes in the dynamics of the functioning of the international system due to the emergence of new actors and supranational organisations that took on active roles in the search for solutions to the conflicts that developed during this period. Within the American international system, one of the most relevant conflicts was the Chaco War (1932-1935), which pitted Bolivia against Paraguay. The aim of this article is to characterise the American international system by studying the dynamics adopted by the different international actors in the face of war and the search for peace. We argue that the foreign policy of the American states involved in the search for peace in the Chaco War (mainly Chile, Argentina and the United States) was strongly conditioned by their respective national and hemispheric objectives, regional rivalries and mistrust of the role of the League of Nations. Keywords: Chile, Interwars, Diplomacy, Chaco War, League of Nations. INTRODUCCIÓN El período de entreguerras (1919-1939) se caracterizó por importantes transformaciones en la dinámica del sistema internacional tras las enormes consecuencias de la Gran Guerra y por la irrupción de nuevos actores y organizaciones de nivel global como fue la Sociedad de Naciones y la consolidación de los Estados Unidos como potencia hegemónica en el hemisferio occidental. De igual manera, la etapa de entreguerras significó el predominio teórico de principios como el multilateralismo, la búsqueda de la paz internacional y la solución de los conflictos por medio de las negociaciones y el rechazo a los enfrentamientos bélicos. No obstante, el período de entreguerras no pudo escapar al ambiente de conflictividad internacional producto de las propias consecuencias de los tratados de paz de Versalles, las ambiciones de los estados europeos, la desconfianza entre los antiguos enemigos y el débil papel que caracterizó el accionar del principal organismo internacional de la época, La Sociedad de Naciones. De igual manera, el mundo americano no estuvo ajeno a los efectos de los cambios operados en el sistema internacional de posguerra. El nuevo orden americano observó la definitiva consolidación de la hegemonía estadounidense en el campo político y económico mediante el predominio de sus intereses e influencia a través de la profundización de las inversiones de capital en las economías latinoamericanas y la consolidación de la política panamericana en las relaciones internacionales
116 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 con los estados de la región. Paralelamente, la realidad política y económica de los países latinoamericanos estuvo condicionada por la inestabilidad a raíz de los conflictos internos, el choque de intereses de las potencias hegemónicas (Gran Bretaña y Estados Unidos) y el desarrollo de proyectos políticos de carácter reformistas y revolucionarios que condicionaron el accionar de los estados en el sistema internacional americano. Uno de los acontecimientos que marcó el desarrollo de las políticas exteriores de los países americanos en la década de los años 30 del siglo XX fue la guerra del Chaco, conflicto bélico que enfrentó a las naciones de Bolivia y Paraguay por el control del territorio del Chaco Boreal, disputa que hundía raíces en el siglo XIX en virtud de la desmembración territorial del imperio español. El impacto de la guerra fue profundo en el sistema internacional ya que varios países de la región interactuaron y mediaron en el conflicto a fin de generar un alto al fuego. Ejemplo de ello fue el papel que asumió la Comisión de Neutrales (liderada por los Estados Unidos), el papel de mediación de estados sudamericanos a través del ABCP (Argentina, Brasil, Chile, Perú) y el rol que buscó asumir la Sociedad de Naciones como garante de la paz internacional. En ese sentido, el conflicto llamó profundamente la atención de los estados vecinos como Chile y Argentina, quienes rápidamente se consagraron como los principales países mediadores de conflicto y buscaron resolver, mediante la intervención de pactos, propuestas y soluciones el conflicto boliviano-paraguayo. La Guerra del Chaco permite constatar uno de los primeros intentos de aplicación de los principios de solución pacífica de conflictos en la década de los 30 en el campo americano 1 . En virtud de lo expuesto este trabajo busca responder algunas interrogantes: ¿cómo fue la dinámica que asumió el sistema internacional americano en los años 20 y 30 y, en particular, las características de la política exterior de los Estados Unidos como potencia hegemónica americana bajo la denominación de la “Buena Vecindad”?. De igual forma, clarificar ¿de qué manera la política regional de Chile y Argentina en los años 30 se desenvolvió frente a la guerra del Chaco? y, por último, ¿qué papel cumplieron y qué factores limitaron el accionar de organismos internacionales como la comisión de Neutrales y la Sociedad de Naciones 1 Noda, Carlos (2004). “Relaciones internacionales, poder y consideraciones internas. La disputa sobre el Chaco: evolución de un conflicto en el mundo post-versalles”. En Derecho y Sociedad, n° 24, p. 218.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 117 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 en la búsqueda de la paz en el conflicto chaqueño? En virtud de dichas interrogantes, el presente artículo tiene como objetivo caracterizar dicho sistema internacional americano a partir del estudio de la dinámica que adoptaron los distintos actores internacionales frente a la guerra del Chaco en la búsqueda de la paz. Planteamos que la política exterior de los estados americanos involucrados en las gestiones de paz en la guerra del Chaco (fundamentalmente Chile, Argentina y Estados Unidos) estuvo fuertemente condicionada por sus respectivos objetivos nacionales y hemisféricos, las rivalidades regionales y la desconfianza frente al papel de organismos internacionales como la Comisión de Neutrales y la Sociedad de Naciones. Las fuentes consultadas se centraron en la recopilación de información a través de las Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile para el período en estudio, las cuales se encuentran disponibles en el Archivo Histórico de la Biblioteca Municipal de Concepción. De igual manera documentación de la República Argentina. Asimismo, recopilamos una variada bibliografía especializada que, a través de libros, artículos, monografías, tesis y documentos de internet, aportarán valiosa información para el desarrollo de este trabajo. 1. CARACTERÍSTICAS DEL SISTEMA INTERNACIONAL AMERICANO. LA POLÍTICA HEGEMÓNICA DE LOS ESTADOS UNIDOS A TRAVÉS DE LA “BUENA VECINDAD” Y LA POLÍTICA REGIONAL DE CHILE Y ARGENTINA EN LA DÉCADA DE LOS AÑOS 30 La década de los años 20 y 30 del siglo XX se caracterizó por transformarse en una etapa de transición en las relaciones internacionales americanas. El período de entreguerras observó la consolidación de la influencia estadounidense en la política y economía del hemisferio occidental, lo que significó el reacomodo de las políticas exteriores de los estados del mundo latinoamericano en función de sus intereses nacionales y los de la potencia hemisférica. Uno de los principales fenómenos en la política internacional de dicha etapa fue el Panamericanismo que se materializó en el desarrollo de importantes conferencias en la etapa de posguerra cuyo principal objetivo fue alinear y orientar el accionar internacional de los estados americanos a partir de los objetivos hemisféricos de los Estados Unidos. De acuerdo a Lemus, la política exterior entre Estados Unidos e Iberoamérica se construyó mediante un
118 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 entramado de intereses, objetivos y de medios 2 .El sustento ideológico de dicha política exterior se encuentra en la llamada Doctrina Monroe (1823) y en la creencia-mito del Destino Manifiesto que justificaba el derecho de los Estados Unidos para intervenir en el hemisferio occidental con el objetivo de crear una zona de influencia hegemónica y garantizar sus intereses. Dicho “derecho” se materializó con la guerra cubano-hispanoestadounidense de 1898 y la posterior formulación del llamado corolario Roosevelt que dio origen a la política del big stick que transformó a los Estados Unidos en el policía de occidente. Junto a los motivos de orden moral (misión civilizadora), la autoasignación de este derecho se relacionó directamente con la defensa de los intereses económicos en la zona del Caribe y América Central mediante la protección de las inversiones y empresas estadounidenses a través de la llamada Diplomacia del dólar implementada por el presidente Taft. Esta política tuvo su apogeo en el período 1898-1933 y se caracterizó por una activa intervención militar estadounidense en distintos países de la región centroamericana y el Caribe 3 . 1. 1. Política exterior de Estados Unidos en la década de los 30: F.D. Roosevelt y el “Buen Vecino” En un contexto marcado por los profundos efectos sociales y económicos de la gran depresión de 1929 en la sociedad estadounidense, el 2 de julio de 1932 la convención demócrata de Chicago designó a Franklin Délano Roosevelt candidato a la presidencia de los Estados Unidos para competir con el presidente Hoover que buscaba su reelección. Especialmente significativo fue el título del discurso de Roosevelt: A New Deal 4 . En los meses siguientes, durante el transcurso de la campaña electoral, Roosevelt se esforzó por generar confianza entre los distintos sectores de la sociedad estadounidense, apostando por la redistribución de 2 Lemus, E. (2008): “Estados Unidos e Iberoamérica, 1918-1939: del intervencionismo a la cooperación” en J.C. Pereira, Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. Barcelona, Ariel, p. 329. 3 Rubilar, M. (2017): “Cambio y continuidad en América Latina en el contexto de la Guerra Fría interamericana (1959-1990)”, en R. Martín de la Guardia y G. Pérez Sánchez (Dir.): El Colapso del Comunismo (1989-1991). Visiones desde Europa y América, Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, pp. 156-157. 4 Link, A. (1962): American Epoch. A history ot the United States since the 1890’s, New York, Alfred A. Knopf, pp. 378-379.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 119 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 los ingresos federales y por restaurar el poder de compra de la población. En su campaña hizo una llamada de atención a “los olvidados”, quienes estaban sufriendo más duramente la crisis y que componían la base de la pirámide social y económica del país. Planteó la necesidad de llevar a cabo reformas con una mayor intervención del gobierno federal al entender que éste tiene que asumir una mayor responsabilidad en el bienestar público 5 . Finalmente, en las elecciones celebradas en noviembre, F. D. Roosevelt consiguió ganar 42 de los 48 Estados, así como una amplia mayoría demócrata en ambas Cámaras del Congreso 6 . Para Hobsbawn tras el Crack del 29, las tres alternativas de gobierno que podían darse eran, el fascismo, el comunismo marxista o el capitalismo democrático reformador siguiendo los postulados económicos de Keynes. Esta última opción fue a la que se acogieron Roosevelt y su gobierno a partir de 1933. 7 En el campo de la política internacional americana, Roosevelt impulsó the good neighbor policy o política del Buen Vecino 8 , la cual se transformó en la principal estrategia de relaciones con América Latina durante el período, como medio de impedir la influencia europea en la región, mantener la estabilidad política en el continente y asegurar el liderazgo estadounidense 9 . Dicha política buscó fortalecer la colaboración entre los estados, renunciando a la intervención directa y potenciando los organismos internacionales de diálogo. En su discurso del 4 de marzo de 1933, Roosevelt planteó su idea matriz: “en el campo de la política mundial, dedicaría esta nación a la política de buen vecino –el vecino que respeta a sí mismo y, porque lo hace, respeta los derechos de los otros-, el vecino que respeta sus obligaciones y respeta la santidad de sus acuerdos en y con un mundo de vecinos” 10 . La expresión práctica de esta nueva política exterior se observó en el caso de Cuba con la derogación de la Enmienda Platt que legitimaba la intervención estadounidense en la política interna de La Habana. De igual manera lo expresó la actitud asumida por el gobierno de Roosevelt de no intervenir frente a las 5 Bosch, A. (2005): Historia de Estados Unidos, Barcelona, Crítica p. 71. 6 Link, A. (1962): American Epoch, op. cit., p. 379. 7 Hobsbawm, E. (1999): Historia del siglo XX, Buenos Aires, Crítica, p. 63. 8 Link, A. (1962): American Epoch, op. cit., pp. 455-463. 9 Dallek, R. (1995): Franklin D. Roosevelt and America Foreign Policy 1932-1945, New York, Oxford University Press. 10 Citado por Lemus, E. (2008): “Estados Unidos e Iberoamérica, 1918-1939: del intervencionismo a la cooperación”, op. cit., pp. 329.
120 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 expropiaciones y nacionalizaciones llevadas a cabo por el gobierno de Lázaro Cárdenas en México en 1938 y en Bolivia en 1937 11 . A pesar del fortalecimiento de la colaboración y la reducción del intervencionismo, la política del Buen Vecino no significó la renuncia del control hegemónico de los Estados Unidos en sus relaciones internacionales con los países latinoamericanos. De esta manera la retórica de solidaridad y los métodos cooperativos en las relaciones con los países latinoamericanos facilitarían la formación de mercados externos para los productos e inversiones estadounidenses, además de garantizarle el abastecimiento de materias primas para sus industrias. La política del Buen Vecino más allá de las diversas apreciaciones le fue inherente una estrategia continental que se esfuerza para integrar las diversas dimensiones de las relaciones interamericanas. De acuerdo con Vargas, Roosevelt había definido la política de su gobierno hacia los pueblos latinoamericanos en cuatro temas predominantes. 1) un profundo interés en procurarse la buena voluntad de la América Latina; 2) la idea de que la buena voluntad acrecentaría el comercio; 3) una actitud favorable hacia la idea de formar una comunidad de naciones; 4) rechazo de la intervención arbitraria en los asuntos internos de los países latinoamericanos. De esta manera la séptima Conferencia Interamericana de Montevideo en 1933 dio la oportunidad a los Estados Unidos de demostrar que la política del Buen Vecino podía convertirse en realidades tangibles. La actitud de la delegación estadounidense fue distinta a la que su país había sustentado en la Conferencia de La Habana de 1928. Los Estados Unidos suscribieron en Montevideo la Convención sobre Derechos y Deberes de los Estados que contenía el principio de que ningún estado puede intervenir en los asuntos internos de otro Estado. Sin embargo, los Estados Unidos dejaron establecidas algunas reservas al suscribir el Convenio 12 . Relevante fue, por tanto, la actitud que asumió los Estados Unidos en la posterior Conferencia de Buenos Aires de 1936 en relación a la confirmación de la materialización de los principios de la política del Buen Vecino. 1.2. Política exterior de Chile en la década de los años 30 11 Rubilar, M. (2017): “Cambio y continuidad en América Latina en el contexto de la Guerra Fría interamericana (1959-1990)”, op. cit., p. 158. 12 Vargas, A. (1978): “La política de la “Buena Vecindad”” en Revista Estudios, Nº 1, p.56.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 121 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 La política exterior de Chile se podría definir, según la mirada de Sánchez, como el conjunto de creencias, valores y tradiciones a través de las cuales el país ha intentado resguardar su soberanía, defender sus intereses nacionales, al mismo tiempo, que se ha esforzado por maximizar en forma solidaria, los beneficios provenientes de sus vinculaciones políticas, comerciales, diplomáticas con el medio ambiente regional y mundial. La forma como los gobiernos han creído preservar e incrementar estas tradiciones a través de decisiones y actividades han dado lugar a distintos estilos de conducción político-diplomática de las relaciones internacionales de Chile 13 . A partir de la década de 1930, Chile desarrolló una política exterior moderada y estable, que se centró en la defensa de principios jurídicos internacionales y en la proyección de sus valores democráticos internos en el sistema internacional 14 . Para Fermandois la política exterior de Chile en dicha década se fundamentó en la recuperación de las graves consecuencias económicas y sociales de la Gran Depresión a través del control de divisas y establecer tratados de compensación 15 . Cuando asumió el presidente Arturo Alessandri Palma y tomó juramento a su flamante gabinete, el 24 de diciembre de 1932, existían todas las razones para presentir el futuro con franco pesimismo, porque a partir del 5 de septiembre de 1924, no había habido en Chile la normalidad republicana propia del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX. 16 El principal esfuerzo de la segunda administración de Alessandri Palma se encaminó a equilibrar el presupuesto. Sin embargo, la reactivación económica también debe ser incluida como uno de los objetivos de su programa. Durante esta fase se desarrolló el primer plan de acción más o menos coherente desde que se había iniciado la Gran Depresión, el cual fue encabezado por el ministro de Hacienda, Gustavo Ross. El ministro buscó restaurar la prosperidad por medio de un cierto nacionalismo económico mediante un Estado más activo en el plano 13 Sánchez, W. (1979): Las tendencias sobresalientes de la política exterior chilena, Santiago de Chile, Instituto de Estudios Internacionales, p. 34. 14 Portales, C. y Van Klaveren, A. (1994). “La política exterior chilena en un mundo en cambio”, en Proposiciones, N° 25, p. 63. 15 Fermandois, J. (2005): Mundo y fin del mundo. Chile en la política mundial 1900-2004, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, p. 126. 16 Barros, M. (1970): Historia diplomática de Chile 1541-1938, Barcelona, Ariel, pp. 728731.
122 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 financiero y de activismo en la gestión 17 . Factor clave para la recuperación económica resultó la profundización de los vínculos económicos y políticos entre los Estados Unidos y Chile. A pesar del antagonismo anterior entre ambos países, señala Bernal-Meza, producto de la crisis del 29 y siendo Chile uno de los países más afectados, la dependencia económica de este último se hizo visible y Estados Unidos se convirtió en el principal mercado y proveedor de bienes y financiamiento para Chile 18 . En tanto, Fermandois afirma que entre los dos países no se manifestó una cercanía más bien una distanciamiento a raíz del nacionalismo económico y una serie de medidas como el cese de pago de la deuda externa, congelamiento de fondos de dólares, control de divisas, intervencionismo estatal y tratados de compensación con países europeos que desarrollaba Chile y que chocaba con los intereses de los norteamericanos 19 . A pesar de las desconfianzas históricas es necesario comprender que para Chile resultó clave el fortalecimiento de sus relaciones con los Estados Unidos. A fines de la década se presentan los vínculos ante el público chileno bajo la figura de problemas específicos como el arreglo de las compañías salitreras la COSACH, después la CONVESA, también el pago de la deuda externa, los acuerdos acerca del pago de impuestos y tímidamente, la cuestión del cobre o sea la propiedad norteamericana de una fuente sustancial da ingresos para el estado chileno 20 . Con esto se puede apreciar que Chile necesitaba a los Estados Unidos en lo económico, en especial, para los créditos y Chile era dependiente del capital estadounidense ya que tras la crisis de 1929 hubo una pérdida de ingresos en el sector salitrero y la caída del cobre se intensificó. Es por esta razón que Alessandri tiene una relación más pragmática con los Estados Unidos, es decir, la relación entre ambos países era específicamente por el ámbito económico. En el año 1933 la embajada de Chile aludió al Buen Vecino para justificar una petición a Estados Unidos, en orden a no promover una industria estatal de salitre sintético. En 1935 el presidente Alessandri afirmaba “que los esfuerzos del Gobierno Estados Unidos para restablecer 17 Fermandois, J. (2022). “La política exterior chilena durante Entreguerras: adaptación, crisis, nuevo camino”, en J. L. Carrellán (Editor), Tiempos convulsos. Chile en el período de Entreguerras (1920-1940), Santiago de Chile, Historia Chilena, p. 108. 18 Bernal-Meza, R. (2020): Historia de las relaciones internacionales de Chile (18102020), Santiago, RIL editores, p. 341. 19 Fermandois, J. (1996): Abismo y cimiento, Gustavo Ross y las Relaciones entre Chile y Estados Unidos 1932-1938, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, p. 73. 20 Ibid, p. 66.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 129 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 cancilleres, etc. De esta manera, el comportamiento externo de la Argentina en la coyuntura descrita respondió a factores preponderantemente internos 37 siendo esta una política pública orientada a satisfacer los intereses del Estado. Autores como Zuccarino da cuenta de todas las estrategias y proyectos que tuvo la república argentina para poner fin la guerra chaqueña. El rol estuvo desempeñado por la Comisión de Neutrales de Washington, la Sociedad de las Naciones, el pacto ABCP y las negociaciones de paz en Buenos Aires. En relación a la Comisión de Neutrales una rivalidad total. Argentina nunca llegó a ser parte debido a sus rencillas con Estados Unidos y su intervencionismo al resto de América. Ello fue reflejo de una lucha por el liderazgo americano. Para Zuccarino lo anterior se vinculaba con los rasgos pro-europeos de Argentina al relacionarse de forma más estrecha con la Sociedad de las Naciones. El país trasandino propuso varios proyectos para alcanzar la paz y condenó a la Comisión de Neutrales a apartarse definitivamente del conflicto en 1933. Sus proyectos culminaron en el acta de Mendoza impulsada por Buenos Aires y Santiago la cual fue rechazada por los dos países beligerantes y desaprobada por Estados Unidos, ya que fue visto como un intento de dar predominio político a Argentina 38 . Bajo el liderazgo del canciller argentino la guerra quedó por terminada en 1935 y ratificada en 1938, bajo la conducción del canciller José María Cantilo. Pero el éxito logrado en la conclusión del conflicto debe asignarse, sin duda, a Saavedra Lamas. Según Confortl, es cierto que tuvo la cooperación de otros países de la región, pero nadie estuvo tan activo como él en las distintas etapas de las gestiones diplomáticas que se realizaron 39 . Desde la perspectiva historiográfica chilena la problemática internacional en torno al papel de Chile en la guerra del Chaco presenta un tratamiento general y centrado en las acciones impulsadas por la administración política encabezada por el presidente Arturo Alessandri P. De esta manera nos señala Tapia, la diplomacia chilena fue activa y 37 Zuccarino, M. (2018): “La política exterior como política pública. Incidencia de las variables internas en la formulación de la política exterior a partir de un estudio de caso: la posición de la Argentina ante el conflicto por el Chaco Boreal entre Paraguay y Bolivia”, en Studia Politicae, n° 44, p. 69. 38 Zuccarino, M. (2018): “De la Comisión de Neutrales de Washington a la Conferencia de Paz en Buenos Aires. El rol desempeñado por la Argentina en las negociaciones de paz del Chaco”, en RES GESTA, N° 54, p. 8. 39 Confortl, C. (2016): “Carlos Saavedra Lamas, mediador de paz en la guerra del Chaco”, en Revista de Mediación, Vol. 9, N° 2, p. 4.
130 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 cercana por lo que se buscó establecer una búsqueda de acuerdos diplomáticos que permitieran generar estabilidad en la región 40 y negociaciones como un mecanismo de lograr acuerdos incluso con los países más hostiles a Chile 41 . La importancia que tuvo la participación de Chile durante el conflicto del Chaco fue relevante ya que aportó, a través de varios proyectos, iniciativas que buscaban consagrar la paz en América. Entre ellas destacaron la doctrina del 6 de agosto o las iniciativas “duras” del diplomático Miguel Cruchaga Tocornal, que demuestran la capacidad de captar la situación por parte de los diplomáticos chilenos y su profundo amor por la paz 42 . Desde la perspectiva de Nieto, pese a las negativas siempre vivas de Paraguay o Bolivia, y animados del más amplio y sincero espíritu de justicia y de paz 43 , Chile demostró su eficacia en la realización de proyectos. De esta manera el país actuó de forma más independiente, con una fuerte actividad diplomática 44 , pero sin obviar la mediación de otros países como Argentina. En definitiva, Chile se situó entre los países que lograron terminar con la guerra del Chaco, por medio de la firma de la cesación de hostilidades y la creación de una Conferencia de Paz en Buenos Aires. Una visión más crítica es la expresada por Cortés que afirma que la diplomacia chilena se orientó por sus intereses durante su mediación en el conflicto, una visión realista en el paradigma de las relaciones internacionales. Esta visión realista se puede observar en las acciones diplomáticas de Chile en sus gestiones de paz 45 , destinada a mejorar sus relaciones con los demás países del continente. Las ideas de promover la paz sugieren un intento por parte de Chile de tener una nueva inserción internacional, estrategia donde aprovechó esta grave coyuntura internacional para hacer su regreso en la gran diplomacia sudamericana 46 . Las relaciones de Chile con Bolivia y Paraguay demostraron cierto favoritismo. Con el primero tuvo una relación estrecha demostrado en la 40 Tapia, C. (2018): “Relaciones intrarregionales en América Latina: la evolución de la política exterior chilena, 1883-1942”, en Revista Estudios Hemisféricos y Polares, Vol. 9, N° 4, p. 8. 41 Ibíd., p. 10. 42 Nieto, R. (1985): La diplomacia chilena y la guerra del Chaco. Tesis de licenciatura en historia, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, p. 41. 43 Ibídem. 44 Barros, M. (1970): Historia diplomática de Chile, op. cit., p. 733. 45 Cortés, M. (2015): “La diplomacia chilena y el conflicto del Chaco (1928-1938)”, en Revista Encrucijada Americana, vol. 8, n° 1, p. 96. 46 Ibíd., p. 110.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 131 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 contratación de trabajadores chilenos para las faenas bolivianas, el libre tránsito de armas y la contratación de militares chilenos. Con el segundo un leve hostigamiento que se selló positivamente en las negociaciones de paz. De esta manera nos indica Cortés, Chile y Argentina mediaron el conflicto bajo sus propios intereses, en cuanto a inversiones de sus ciudadanos, sus intereses geopolíticos en el área y el equilibrio de poder, pero igual obraron para terminar con el conflicto y alcanzar la paz 47 . Para comprender la política exterior de Chile en la década del 30’ y su participación como mediador en la guerra del Chaco resulta necesario conocer las transformaciones que afectaron al país a partir de los años 20. En este sentido, con la llegada de Arturo Alessandri Palma al poder la orientación de la política exterior chilena dio un importante giro. Gracias a su poder de oratoria y los objetivos formulados en el ámbito interno e internacional, los asuntos exteriores se dirigieron al respeto escrupuloso de los pactos internacionales que fijan las relaciones y garantizan la paz y la armonía entre los pueblos cultos 48 . Bajo este criterio las relaciones entre Chile y sus vecinos mejoró de forma significativa dado que en las reuniones multilaterales que se concertaban siempre llegaban a buenos acuerdos. De hecho, en 1929, bajo el gobierno de Carlos Ibáñez, se logró firmar definitivamente el tratado de Lima entre Chile y Perú, terminando así años de enemistad por ambas naciones producto de las consecuencias de la guerra del Pacífico. A partir de la década de 1930 Chile desarrolló una política exterior moderada y estable, que se centró en el defensa de principios jurídicos internacionales y en la proyección de sus valores democráticos internos en el sistema internacional 49 , así como también la cooperación, solidaridad y carácter económico entre los estados vecinos y con los Estados Unidos. Tras el segundo gobierno de Arturo Alessandri Palma (1932-1938), se buscó consolidar la estabilidad política del país producto de la grave crisis económica de 1929. El carácter institucional (democracia, dictadura, orden totalitario) de un sistema político incidía en su valoración internacional y 47 Jeffs, L. (2008): “Las relaciones chileno-paraguayas durante la guerra del Chaco (19321935)”, en Centro de Estudios Bicentenario, Vol. 7, N° 2, p. 124. 48 Meneses, E., Tagle, J. y Guevara, T. (1982): “La política exterior chilena del siglo XX, a través de los mensajes presidenciales y las conferencias panamericanas hasta la segunda guerra mundial, en Ciencia Política, Vol. 4, N° 2, pp. 54-55. 49 Portales, C. y Van Kleeveren, A. (1994): “La política exterior chilena en un mundo en cambio”, en Proposiciones, N° 25, p. 63.
132 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 en el sistema de alianzas o de aceptación al que ingresaba 50 . En gran medida, el desarrollo de la política exterior chilena se debió a la participación de figuras encargadas de los asuntos exteriores del país (a parte de los ya nombrados presidentes). Ante esto, el gobierno se encargó de buscar hombres que se lucieran por sí mismos, que impusieran respeto por su inteligencia, por el nombre que llevaban, por su brillo individual 51 . Los representantes entre 1932 y 1938 fueron Jorge Matte Gormaz, Miguel Cruchaga Tocornal, José Ramón Gutiérrez y Luis Arteaga García 52 . Para ellos fue importante levantar nuevamente la imagen de un país corrompido por la crisis, por tanto, era necesario presentar al país como una nación democrática y moderada. En este caso destacó la figura de Miguel Cruchaga Tocornal ya que desarrolló estrategias sólidas en base a su intelectualidad para enfrentar los problemas de la crisis y los conflictos entre sus vecinos. Independiente de este panorama crítico se siguió promoviendo los mismos discursos de la década de 1920, correspondientes a la actitud solidaria de Chile con los demás estados vecinos para resolver algún contratiempo 53 . Para Alessandri su accionar estuvo determinado por un profundo convencimiento que la hermandad entre los pueblos y las relaciones amistosas son la base de cualquier tipo de progreso 54 . Ejemplo de ello fue en la VII Conferencia Panamericana celebrada en Montevideo durante 1933 donde Chile estuvo a cargo de la organización por la paz debido a los sucesos que ocurrieron en territorio chaqueño. Esta conducta pacifista y panamericanista 55 le valió ser partícipe del pacto antibélico impulsado por el ministro de relaciones exteriores argentino Carlos Saavedra Lamas firmado por varios países, contando a Uruguay, Brasil, 50 Fermandois, J. (2005): Mundo y fin del mundo. Chile en la política mundial 1900 – 2004, op. cit., p. 116. 51 Barros, M. (1970): Historia diplomática de Chile, op., cit., p. 750. 52 Ibíd., p. 729. 53 Rubilar, M. y Tapia, C. (2020): “Chile y el sistema internacional americano: desde entreguerras al contexto de la Guerra Fría interamericana (1920-1973)”, en Samaniego, M. y Medina, A., De la Sociedad de Naciones a la globalización visiones desde América y Europa. Concepción, Ediciones de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, pp.77-89. 54 Rivera, F. (2012): “Arturo Alessandri Palma: su visión y actuación en política internacional”, en Vásquez, D. y Rivera, F., Arturo Alessandri Palma y su época: vida, política y sociedad. Santiago: Ediciones Biblioteca del Congreso Nacional. p. 216. 55 Meneses, E., Tagle, J. y Guevara, T. (1982): “La política exterior chilena del siglo XX…”, op., cit., p. 59.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 133 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 Paraguay y México. Chile y los demás estados tuvieron como premisa el exaltar la paz por sobre la guerra, apelando al arbitraje hacia los países que estuviesen en conflicto. Para Cruchaga Tocornal las relaciones políticas sudamericanas fueron de importancia primordial 56 a pesar que no haya sido el foco central de la política exterior chilena. De esta forma se confirmó el accionar y el objetivo de los asuntos exteriores chilenos, el contribuir a la paz de la región 57 . Frente a este escenario regional la tendencia de la política exterior chilena se desarrolló en base al legalismo definida como el gran apego a la ley y al derecho 58 . Chile participó de manera regional e internacional respetando la ley, responsable de la formación ciudadana y base de las virtudes. Los americanos veían en Chile este apego a la ley y a la idea de la igualdad entre las naciones 59 adquiriendo cierta fama de mediador para resolver conflictos entre los países en guerra. De esta manera el país sentó las bases de una política exterior orientada al respeto de la igualdad de los Estados y al derecho internacional. 3. ACCIONES Y RESULTADOS DE LOS ACTORES INTERNACIONALES FRENTE A LA GUERRA DEL CHACO Chile y Argentina mostraron tempranamente un real interés de carácter solidario hacia los dos países en disputa por el Chaco boreal. Producto de aquello Argentina realizó una conferencia en su capital entre 1927 y 1928 a fin de que los intereses de Bolivia y Paraguay se pusieran sobre mesa y se clarificaran las posturas de cada uno. A pesar del fracaso de la misma (por no llegar a los acuerdos expresados), se reconocen estas conferencias como un hito en los intentos de la Argentina por dirimir la disputa por el Chaco entre Paraguay y Bolivia 60 . Chile también presentó 56 Fermandois, J. (2005): Mundo y fin del mundo, op., cit., p. 131. 57 Tapia, C. (2018): “Relaciones intrarregionales en América Latina…”, op., cit., p. 10. 58 Colacrai, M. y Lorenzini, M. (2005): “La política exterior de Chile: ¿excepcionalidad o continuidad? Una lectura combinada de “fuerzas profundas” y tendencias”. En Confines, N° 1, p. 58. 59 Sánchez, W. (1977): “Las tendencias sobresalientes de la política exterior chilena…”, op., cit., p. 387. 60 Zuccarino, M. (2019): “Europeísmo vs panamericanismo”, op., cit., p. 92.
134 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 una postura conciliadora para ambas partes en el desarrollo de esta Conferencia. Así lo expresó el canciller Conrado Ríos Gallardo: El pleito entre Paraguay y Bolivia, suscita la inquietud de quienes observan el giro de la cuestión. Existe, a mi juicio, el deber superior emanado de la vida de cooperación internacional, que obliga a los gobiernos neutrales a combinar sus influencias en pro de la paz, cuando ésta aparece amenazada sin causa junta 61 . A pesar de estas iniciativas vecinales, el ataque sorpresivo de los paraguayos sobre Fortín Vanguardia en territorio boliviano el 5 de diciembre 1928 supuso una actuación inmediata de los bolivianos, quienes tomaron el fortín Boquerón. Lo anterior generó un nuevo intento de los países vecinos por presentar su preocupación y mediación ante los hechos suscitados con anterioridad. Ante el ingreso de la Comisión de Neutrales de Washington (como organismo internacional mediador del conflicto y liderado por los Estados Unidos) las acciones de Argentina y Chile disminuyeron, pero no cesaron. Para ellos la mediación debía producirse en caso del fracaso de la Comisión (que en ese entretanto estaba resultando favorable). En 1931 Argentina y Chile nuevamente pusieron en acción sus intentos por dirimir los problemas entre los países en conflicto. Esto se dio por la escalada en la tensión entre Bolivia y Paraguay al capturar soldados, crear nuevos fortines y el avance de las tropas sobre el territorio en disputa. Argentina, por su lado, propuso una gestión llamativa: “el encargo que ambos gobiernos dieran a un gobierno amigo para que, por medio de agentes que designaría, de encargarse de ejercer sobre el terreno actos de vigilancia tendiente a garantizar que no se haría, por ninguno de los países en disputa, movimientos de tropas ni acto alguno que pudiera alterar la situación existente en el momento actual” 62 . Tras varias conversaciones entre los tres países finalmente la iniciativa fracasó. Tras el fallido intento, Argentina nuevamente movió sus piezas y apostó por un “acta de reconciliación” que fue rechazado por el pesimismo de ambos países. Por su lado Chile solo se limitó a presentar ante Bolivia la conveniencia de ir a Washington y a procurar que ni Paraguay ni Bolivia movilizaran fuerzas 61 República de Chile (1929): Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio. Correspondiente al año 1928, Santiago de Chile, Imprenta Nacional, pp. 1415. 62 República de Argentina (1937): La política argentina en la Guerra del Chaco, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, p. 211.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 135 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 en el Chaco, a fin de mantener el equilibrio 63 . Miguel Cruchaga Tocornal quien en ese entonces era embajador de Chile en Estados Unidos, sugirió que las repúblicas mediadoras acordaran enviar un telegrama a todos los países del continente pidiéndoles autorizar a sus representantes en Washington para suscribir un mensaje colectivo a fin de que procuraran poner término a las dificultades existentes entre ellos como un homenaje a la idea panamericana y en servicio de la paz del continente 64 . Fue aceptado y se le dio la misión a Colombia, miembro de la Comisión de Washington, su presentación a la comisión. Entretanto, la Comisión estaba fallando como organización mediadora del conflicto, sus propuestas no llegaron nunca a buen puerto y resonaron aires de un “rotundo fracaso”, por lo que Argentina en 1932 recalcó la inoperancia de esta y buscó el apoyo de Brasil, Chile y Perú con el fin de constituir una iniciativa propia, denominada posteriormente el bloque ABCP 65 . Esta alianza contó con una fuerte participación chilena y argentina, mientras que Brasil y Perú quedaron un tanto al margen. Tras la conformación de este nuevo grupo, inmediatamente Chile buscó participar a través de la idea de integrar a la mayoría de los países de Latinoamérica a fin de proponer un nuevo arbitraje entre los países en conflicto. De esta manera Chile intentó la cooperación a través de una América unida 66 . Sin embargo, y como la guerra ya estaba en su punto de desarrollo de las hostilidades no fue posible recoger la propuesta de Chile. El 5 de junio de 1932 un destacamento boliviano atacó el fortín paraguayo Carlos Antonio López, el cual se hallaba emplazado en las cercanías de la denominada laguna Pitiantuta (para los paraguayos) o Chuquisaca (para los bolivianos). Un mes después los paraguayos reaccionaron al recuperar el fortín que consideraban suyo. Ante la respuesta negativa de la opinión pública boliviana, los soldados dieron inicio al ataque de fuertes paraguayos como el de Corrales, Toledo y Boquerón. A partir de allí se produjo un impasse en función de una serie de gestiones diplomáticas que no prosperaron, en parte debido a la negativa paraguaya a aceptar cualquier transacción que no incluyese la devolución de los tres fortines perdidos como consecuencia de la represalia 63 República de Chile (1935): Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio. Correspondiente al año 1933, op., cit., p. 23. 64 Ibid., 25-26. 65 Barrera. O. (2011): “La Guerra del Chaco como desafío al panamericanismo”, op. cit., p. 192. 66 Nieto, R. (1985): La diplomacia chilena y la guerra del Chaco, op., cit., p. 32.
136 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 boliviana 67 . Así se inició la guerra del Chaco. El 27 de julio Argentina, Brasil, Chile y Perú procedieron a esperar alguna negociación entre los beligerantes debido al inicio del conflicto chaqueño. No obstante, Argentina propuso enviar un mensaje de parte de los cuatro estados de la región en pos de resolver el conflicto y ofreciendo colaboración de los neutrales. La propuesta buscó, entre otras medidas: paralizar el ejercicio militar y ofrecer su mediación y servicio a los países beligerantes. De aquella propuesta solo Paraguay aceptó, Bolivia manifestó un rechazo absoluto al no aceptar el primer punto. Chile y Argentina mostraron un interés colectivo para terminar la disputa territorial y en conjunto con el resto de países que conformaban el pacto ABCP se pudo conducir varias propuestas e iniciativas de paz. Chile cada vez se sintió más identificado con los estados de la región por tener el mismo pensamiento de pacifismo, lo que provocó que poco a poco se desarrollara una unión entre este y los países directamente involucrados. Ante los movimientos de tropas bolivianas los integrantes de la Comisión de Neutrales invitaron a los demás países latinoamericanos a suscribir un mensaje el 3 de agosto (Doctrina del 3 de agosto) donde rechazaron cualquier proceso ilegal de adquisición de tierras o de otro carácter, que no fuera obtenida por medios pacíficos e invitándolos también a una solución arbitral 68 . La Comisión buscó que un país sudamericano tomara la conducción y la preeminencia para resolver, a través de iniciativas pacíficas, la contienda chaqueña. Se visualizó a Argentina como la única capaz de alcanzar este cometido y valoraron todas las instancias mediadoras que esta propiciaba para los dos países en conflicto. Los países limítrofes con el objetivo de respaldar la doctrina del 3 de agosto y, a la vez, para no quedar al margen en una materia tan importante y como una manera de demostrar su preocupación ante el malestar de la guerra y acentuar sus esfuerzos, dirigieron una nota a Bolivia y Paraguay, conocida como la doctrina del 6 de agosto 69 la cual resaltó el poder conciliatorio para ambas naciones, su poder de unión y la 67 Zuccarino, M. (2016): La posición de la Argentina ante la guerra del Chaco (19321935). Variables internas y externas como condicionantes de la política exterior. Tesis de Doctorado, Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires, p. 55. 68 República de Chile (1935): Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio. Correspondiente al año 1933, op., cit., p. 28. 69 Nieto, R. (1985): La diplomacia chilena y la guerra del Chaco, op., cit., p. 37.
Chile y el mundo de entreguerras: dinámicas del sistema internacional… 137 REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 convicción de que se podía alcanzar la paz. Nuevamente fue desechada por los beligerantes. Un último intento por parte de los estados limítrofes fue a fines del año 1932, los cuales reafirmaron su compromiso e invitaron a los beligerantes a que en el plazo de un mes se celebrara una conferencia con el fin de terminar con las disputas en el Chaco Boreal. Esta propuesta fue también hecha a la Comisión de Neutrales pero estos últimos desecharon la idea. El Canciller de Chile acusó un recelo por parte de la Comisión a todas las propuestas hechas por los estados limítrofes. Por su lado, Bolivia y Paraguay rechazaron nuevamente este intento de solución, lo que generó la molestia de los estados limítrofes, cargando la responsabilidad que estos están cometiendo al desestimar las gestiones que se han propuesto a lo largo de los años. De esta manera se apreciaba claramente que los países en conflicto habían llegado a posiciones intransigentes, lo cual hacía casi imposible el acercamiento y termino de la guerra 70 . El año 1933 se caracterizó por una gran actividad diplomática. Se constató el ocaso de la Comisión de Neutrales, quienes definitivamente no pudieron resolver el problema que afectaba a Bolivia y Paraguay. Se retiraron y entregaron la iniciativa a los estados limítrofes y a la Sociedad de las Naciones, organismo internacional que medió en este tiempo, pero de forma ajena a la Comisión del ABCP. Una vez iniciado el conflicto la Liga de las Naciones se limitó en un comienzo a enviar correspondencia tanto a los beligerantes como a los mediadores americanos. Sin embargo, esta posición cambiaría a medida que la guerra aumentaba sus alcances y a partir de 1933 hasta el verano de 1935 los esfuerzos de la Sociedad de Naciones se concentraron en conciliar a las partes en discordia 71 . No obstante, los alcances de este organismo internacional estuvieron limitados en primer lugar por la Doctrina Monroe la cual le impidió ejercer sus aspiraciones universalistas en la región americana (art. 21 del Estatuto de la Liga) 72 . En este sentido, el único paso práctico de la Liga de las Naciones fue crear el Comité de los Tres para supervisión del conflicto. Lo anterior en gran medida estaba condicionado por el reconocimiento de la Liga de la prioridad de los estados americanos en la solución del conflicto boliviano-paraguayo. En segundo lugar, sus recomendaciones (como lo 70 Ibíd., p. 45. 71 Korableva, L. (2009): “La Liga de las Naciones y la Guerra del Chaco: 1932-1935”, en Estudios Avanzados, Nº 11, p. 32. 72 Ibíd., pp. 45-46.
138 Mauricio Rubilar Segura y Claudio Tapia Figueroa REVISTA DE ESTUDIOS EUROPEOS, 84 (2024): 114-148 ISSN 2530-9854 fue la prohibición de venta y tránsito de armas) no fueron adoptadas por todos los miembros americanos de la Liga y, en tercer lugar, su tardanza a la hora de actuar (recién en septiembre de 1934 el conflicto del Chaco fue llevado ante la Asamblea de la Liga de las Naciones) y su ineficiencia para frenar el conflicto resultaron en que gran parte de la comunidad internacional perdiera la fe en que este organismo detuviera el conflicto. A pesar de todo lo anterior, se debe considerar que muchas de las medidas que la Sociedad de Naciones intento implementar fueron entorpecidas por los intereses americanos en el conflicto 73 . En virtud del fracaso de la Comisión de Neutrales de Washington y el tímido accionar de la Liga de las Naciones, Argentina y Chile se visualizaron como los “pacificadores de América”. Para ello emplearon varias estrategias diplomáticas conducentes a producir muchas más instancias de mediación pero que chocaban entre uno y otro país por las propuestas que conllevaba cada una. Para evitar una escala mayor, los respectivos ministros de relaciones exteriores de Chile y Argentina se reunieron en la ciudad de Mendoza los días 1 y 2 de febrero de 1933 donde llevaron a cabo la redacción y proposición de un acta en la cual acordaron someter a ambos beligerantes una fórmula para buscar la terminación de la guerra 74 . Esta acta propuso realizar un sumo esfuerzo para poner término a la guerra a través de una mediación amistosa que era autorizada por la I Convención de la Haya de 1907. Paraguay aceptó en general estas bases de arbitraje, pero con algunos cambios. Bolivia, por su parte, pidió algunas enmiendas ya que no se encontró satisfecho con algunos puntos. En definitiva, desecharon el proyecto. A finales de abril de 1933 los gobiernos de Argentina y Chile responsabilizaron a Bolivia por el fracaso de las negociaciones alegando que el país altiplánico no realizó un estudio profundo del asunto. En vista de la situación creada, el gobierno de Paraguay se declaró el 10 de mayo de 1933, formalmente en estado de guerra con Bolivia. Acto seguido, los gobiernos de Argentina y Chile, decretaron, en ese mismo mes, su neutralidad 75 .Los meses siguientes se desarrollaron con múltiples iniciativas. Nuevas propuestas, sugestiones y mediaciones arbitrales inundaron de esperanza los ánimos siempre activos de quienes realmente 73 Barrera, O. (2011): “La Guerra del Chaco como desafío”, op. cit., p.199. 74 Ruíz, I. (1961): Historia de las relaciones exteriores (1810-1955), Buenos Aires, Editorial Perrot, pp. 275-276. 75 Jeffs, L. (2008): “Relaciones chileno-paraguayas…”, op., cit., p. 113.
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