Las excavaciones de la granja José Antonio de Valladolid
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LAS EXCAVACIONES DE LA GRANJA JOSE ANTONIO DE VALLADOLID Noticia preliminar En toda la extensión de la provincia de Valladolid (España), Vieja región de los Arevacos, apenas se han hallado vestigios de la colonización romana. Se señalan aunque no de manera fehaciente calzadas y caminos, parecen ser romanos un pequeño puente en Becilla de Valderaduey, otros apenas apreciables en Sus vestigios en Valdestillas y en Siete Iglesias, restos de villas Castrobol, en Mayorga, en Valbuena de Duero, en Padilla de t^uero y en Almenara, algunas como la de Almenara y Becilla con restos de niosaicos de tipo geométrico, pero nada más. Las atribuciones de viejas ciudades romanas en las localiclones de las actuales, son un poco producto de la imaginación literaria, asi como la de Pincia en Valladolid, inventada por el uotable retórico renaciente Hernán Núñez, y que viene desde entonces repitiéndose, pero la realidad es que ningún o casi ningún vestigio arqueológico puede apoyar estas tesis a la vista científica moderna. De aquí la importancia que reputamos de nuestro descubri miento en la margen derecha del Pisuerga frente a la hoy ciudad Valladolid, sita en la margen izquierda, en donde nada se ha hallado, pese a las repetidas prospecciones realizadas, y que es en realidad de origen medieval fundada, con un valor de cabeza de puente para defensa de los territorios leoneses en el estuario de un río, el Esgueva, que se dividía en dos brazos para unirse al Pisuerga y que facilita así que el triángulo de su situación sea una magnífica fortaleza defendida por el foso natural de los dos brazos del Esgueva y el Pisuerga a que se unen. Pero ahora hemos hallado en el sitio indicado en la margen derecha del río, cerca de un viejo camino por donde corre la cultura post-halltastica, y que luego fué sin duda romano, los
144 S. RIVERA MANESCAU Y FEDERICO WATTENBERG vestigios de una población o localización romana perfectamente determinada. Se trata del descubrimiento de una serie de construcciones, que incluyen en sí una villa, dos hipocaustum separados de aquella y que reputamos independientes y otra construcción rectangular con exedra y habitaciones laterales, que reputamos un santuario. La villa está constituida por cuatro habitaciones con mosaicos dos de tipo geométrico, otro con jarrones de los que salen grandes hojas, y el cuarto de estructura geométrica radial y en el que se forman grandes recuadros ostentando en cada uno de ellos una perdiz o paloma y varios cuatrifolios que llevan en el pentro una cruz. Dichos mosaicos de bellos colores y notable claro oscuro, son de bellísima factura realista, señalando un tiempo avanzado de estas composiciones, que reputamos de fi nales del siglo iii o de principios del siglo iv. Los hipocaustum, son dos, uno formado con ladrillos cua^ drados de 195 milímetros de lado superpuestos en número de cuatro, aunque acaso en su origen fueran más, y sin mampuesto y el otro formado con grandes ladrillos superpuestos también pero con mampuesto y uniéndose en cimbra de pequeñas bove^ dillas, hoy ya inexistentes y de cuyo fondo parte una condución de humos que termina en la correspondiente chimenea. Pero el hallazgo más importante es sin duda el de una edificación de mamposteria de forma rectangular coronada en su cabecera en forma semicircular, de siete metros por siete sesenta centímetros, y cuyas cubiertas estuvieron sostenidas por seis columnas de las que hoy sólo queda los apoyos de piedra de los fustes, y de cuyos capiteles hemos encontrado restos fragmenta rios, uno de ellos casi entero que nos permite tener su dimensión y forma. Las columnas sostenedoras de la techumbre se disponían en la inmediación de las paredes laterales y de la cabecera, y con función de apoyo de las formas triangulares que constituyeron la techubre a dos vertientes. En el paramento interior existen restos que permiten asegu rar su enlucido con estuco pintado de rojo intenso, pompeyano, sobre el que se esparcían diversos dibujos lineales de zonas o cenefas geométricas.
lAS EXCAVACIONES DE LA GRANJA JOSÉ ANTONIO, ETC. 145 No queda más que la parte baja de este estuco, por lo que su decoración sólo nos permite afirmar la existencia de estas fajas o zonas sin poder determinar la decoración del resto de los plafones de dichos paramentos. El suelo se cubre en su centro en una extensión de dos metros y ochenta por cinco ventidóscon un mosaico fi gurativo que surmonta sobre una faja o pasillo de ingreso, también de mosaico de siete metros (toda la anchura del recinto) por un metro sesenta de ancho. El resto, tanto en los laterales como en la vuelta del recinto circular, se cubre el suelo con un calicostrado de piedrecillas y argamasa teñido de rojo como las paredes. El mosaico constituye una interesante composición a modo de retablo constituida para ser observada desde sus pies, pues todos sus elementos se disponen en un orden en que el punto de mira se encuentra en este lugar. A los pies y lateralmente existen los ingresos uno a cada lado y a partir de ellos comienza la faja de mosaico inferior que hemos señalado y bajo el retablo fi gurativo. La primer decoración del mosaico a partir de dichos dos ingresos está formada por un dibujo de muralla despiezada en rectángulos y mazonados de negro. Dicho dibujo tiene una anchura de un metro sesenta que es la de las puertas de ingreso, en una de las cuales se consérvala quiciatera, y una extensión de dos cuarenta a cada lado, interrumpida por el nuevo dibujo que constituye la base o faldón del retablo fi gurativo. En el centro de estas dos fajas decorativas se desenvuelve una decoración encuadrada en tres zonas de polígonos de seis lados, de más altura que ancho, los cuales se dividen a su vez en su parte superior en tres rombos que se forman bajando una línea desde el ángulo superior al centro la que se bifurca en dos a los ángulos laterales inferiores. Las dos zonas inferiores de la decoración de exágonos, de fondo blanco mazonado de negro disponen, en sus centros, dentro a su vez de dos círculos concéntricos, cruces blancas sobre losanje rojo o negro, o de segures o hachas bipennes, alternadas. La zona superior se forma con la faja de exágonos divididos en rombos en la cual se ostenta alternada con cuatrifolios y un extraño dibujo de base crucifera de cuyos ángulos salen calículos, una serie de cantharus o cálices de clara expresión cristiana, como las de las cruces de la primera zona.
146 S. RIVERA MANESCAU Y FEDERICO WATTENBERG Sobre ésta se ostenta el retablo si así pudiéramos llamarlo. Está constituido por un rectángulo casi de igual altura que base (2,70 x 2,90) formado también por la unión de exágonos apuntados de mayor altura que ancho, divididos también en rombos y en algunos en triángulos sobre los cuales se disponen diversos dibujos que ya señalaremos. En el centro ostenta un cuadro bordeado de una moldura negra y una bordura sogueada y en la prolongación de la bisectriz de cada uno de los ángulos, un exágono, en cada uno de los cuales se ostenta una fi gura de medio cuerpo afrontada. El recuadro central lleva una fi gura afrontada coronada de rayos o plumas que lleva en la mano izquierda un arco, mientras la derecha la eleva para sacar del carcaj la fl echa que ha de disparar en aquel. A cada lado de esta fi gura se aparece un árbol lleno de coloreados frutos y a su lado izquierdo un ciervo de alta cornamenta que tiene abiertas sus fauces. Delante (está roto casi en el resto), se ven dos brazos que se elevan y cuyas manos se unen como pertenecientes a un implorante que estuviera arrodillado a sus pies. La extraña representación nos ha sumido en un mar de confusiones. ¿Es Diana esta fi gura? Parece ser asi a primera vista. Su representación es similar a las de la Diosa cazadora, pero aquel orante en actitud de súplica a sus pies nos hace pensar en que acaso sea una representación de Mitra cuándo, ante las súplicas de los humanos, azotados por la sequía, y aun de aquel ciervo que parece abre sus fauces sedientas, se dispone a lanzar su fl echa sobre la roca de donde al impacto ha de brotar el agua salvadora. Las representaciones fi gurativas de los cuatro exágonos nos hacen pesar en que simbolizan las cuatro estaciones del año. En la primera (lado derecho superior) se representa un personaje, creemos que femenino, vestido con una túnica de vivos colores por cuyo cuello asoma una blanca vestidura interior. Lleva en la mano una caña o vástago en cuya parte superior aguzada parece obstentarse un brote o yema, y se corona de flores de vivos colores llevando a los lados de su faz femenina unas grandes arcadas o pendientes tan connaturales con las femeniles repre sentaciones de Hispania. Pensamos sea la primavera. La segunda (lado izquierdo superioj:) es un personaje masculino de fuerte
LAS EXCAVACIONES DE LA GRANJA JOSÉ ANTONIO, ETC. 147 continente y toga bordurada que lleva como emblema detrás de la cabeza una podadera, por lo que reputamos sea el Otoño. La tercera (lado izquierdo inferior) busto de personaje masculino que viste toga, también bordurada y que lleva una rama fl orecida y al que asignamos la atribución del verano, y la cuarta (parte inferior, lado derecho) personaje femenil de edad avanzada, cuya cabeza se cubre con un manto y que lleva una rama esmaltada de hojas amarillentas y al que atribuímos la representación del invierno. El resto de la parte cuadrangular del citado mosaico, se halla dividido como decíamos en exágonos y estos a su vez en rombos y dentro de cada uno de ellos unas representaciones que se repiten guardando cierta simetría en su colocación y que son cuatrifolios, svásticas de lazo, el ya citado adorno cruciforme con calículos en los ángulos, cantharus o cálices, y una segur en cuyos ángulos se ostentan dos corazones; u hojas de tal forma. Sobre el recuadro de Diana o Mithra se dibuja un cantharus que lleva en su centro en blanco una cruz sobre un apoyo recto a modo de peana, y el cual tiene la particularidad que en lugar de dibujarse en pie como todos los demás se ha puesto boca abajo en dirección a la fi gura deífica, lo que .parece indicar estar en acción de volcar sobre ella el líquido del sacrificio. Sobre este plafón en recuadros se desarrolla el coronamiento en semicírculo y que está constituido por un sol naciente del que parte radicalmente líneas de rayos rectos, todos en color rojo y a un lado en su extremo (derecha) una pirámide y en el otro (izquierda) unas fi guras de triángulos. Los colores de las tesellas de esta magnífica composición son blanco, negro y rojo, como colores esenciales y luego los amarillo cromo, azul, prusia y verde cromo y un tono débil de rojo, para los detalles de fl ores, joyas y carnaciones, y mientras los fondos están formados con teselas de tamaño normal las fi guras se construyen con teselas de pequeño tamaño que hace más fi no el dibujo y mayor el resalte de las de los personajes, avalado con brillantes colores. La época atribuíble. Los descubrimientos a que nos referimos los atribuímos desde los primeros momentos a principios del siglo iv. El resto
148 S. RIVERA MANESCAU Y FEDERICO WATTENBERG de capitel casi completo y los otros fragmentos menores de piedra caliza de la región están constituidos con hojas de acanto bulbosas ya alejadas de la fi nura de los tipos clásicos e inme diato precedente de tipos posteriores de persistencia clásica, se adornan en su parte superior con un sogueado grueso que segu ramente se repetía en la parte inferior del capitel, todo lo que los caracteriza como producción romana provincial de dicha época. Los mosaicos tanto en su técnica como en su dibujo recuer dan todavía más antiguos antecedentes, siendo probablemente debidos a artistas venidos de localizaciones mediterráneas más en contacto con la metrópoli, y se puede afirmar esto de manera casi segura ya que algunos de los materiales de las tesellas se reconoce fácilmente ser italianos y no existentes en las canteras españolas. El hallazgo sobre el mismo lecho de las excavaciones en el hipocaustum inmediato a este santuario, de una moneda de Claudio el Gótico, apoya esta cronología. Destino de la construcción. Sólo a titulo de orientación nos atrevemos en principio a señalar el destino de esta curiosa construcción. Estimamos que se trata de un pequeño templo o santuario. Ahora bien, surge inmediatamente la cuestión de su dedica ción, Pertenece a los tiempos en que el Cristianismo ha penetrado ya intensamente en España. Una serie de los temas utilizados son claramente cristianos, las cruces, los cantharus y la svástica lo son indiscutibles; exactamente iguales los tenemos en la necrópolis romano cristiana de Tarragona, en los mosaicos de Manacor (Islas Baleares) y en la casa basílica de Mérida, pero junto a éstos es clara y patente la representación de Diana o de Mitra principalmente incompatible con dicha atribución cristiana. Por otra parte aparecen en él representaciones un tanto extrañas que parecen cabalísticas tales como la cruz de dardos con calículos en los ángulos, la segur con los corazones a los lados y aquel cantharus o cáliz con una cruz volcado sobre la fi gura de Diana como en función de hacer el sacrificio a la Diosa y aquellas laterales entradas o pasillos al mosaico formado con
LAS EXCAVACIONES DE LA GRANJA JOSÉ ANTÓNIÓ. EtC. 149 una representación de un despiezado de muralla, que parecen simular un obstáculo para su entrada en él. Estamos en una zona característiéamente agrícola y sedienta, es extensión de secano aunque tiene el río inmediato. Estamos en los tiempos en que las herejías se han mezclado con el cristia nismo. Hay una persistencia de paganía y además una influencia de extrañas prácticas y religiones traídas de Africa y del Oriente, el gnoticismo se extiende por España, algunos en sus doctrinas señalan la Luna (Diana) como lugar de purificación de las almas pasando de allí al Sol donde reciben el bautismo de fuego, y a ésto se llega solamente pasando sobre la muralla del ascetismo que desata todos los lazos terrestres. La Cruz es para ellos un símbolo, una apariencia y algunos confundieron, según Menéndez y Pelayo, a Cristo con Mithra. ¿Estaríamos aquí, dadas las coincidencias, ante la existencia de un santuario o templo gnóstico? Un más profundo estudio que estamos llevando acabo, podrá determinar esta cuestión de manera más concluyente, que estas simples notas, que como avance del estudio brindamos a nuestros lectores. S. Rivera Manescau y Federico Wattenberg
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