El relicario de la Colegiata de Villagarcía de Campos (Valladolid)
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EL RELICARIO DE LA COLEGIATA DE VILLAGARCIA DE CAMPOS (VALLADOLID) La gran atención que se ha prestado a la escultura del renacimiento en Castilla y también a la figura insigne de Gregorio Fernández, ha desviado el interés por el estudio de los demás escultores, en especial los del período barroco. Ello ha conducido, implícita o explicitamente, a creer que a excepción de los grandes genios escultóricos que florecen en la escuela vallisoletana, no existen en ella artistas de importancia, llegándose a pensar también que la escultura de este foco después del fallecimiento de Gregorio Fernández pasa por una tremenda deca~ dencia. Ahora bien, que no vuelven a darse talentos de la altura de los tres grandes maestros del foco vallisoletano (Berruguete, Juni y Gregorio Fernández), es cosa indudable; en cambio se ofrece un contingente nutrido de escultores de segunda fila, con ciertos atisbos de genialidad, demostrándose con ello la continuidad de dicha fecunda escue!'a. Una de las pruebas de ello nos la suministra el relicario de la Colegiata de Villagarcia de Campos, donde hay un brote de excelente escultura. Conviene advertir que el significado de «escuela vallisoletana» es un tanto relativo, pues no posee ésta unos caracteres determinados que la distingan claramente de otras españolas; a lo sumo cabría hablar de escuelas regionales . Además. al lado de los talleres . de la ciudad de Valladolid, hay que contar los de Medina del Campo y Medina de Rioseco, importantes poblaciones y núcleos de arte en la provincia. El culto a las reliquias se remonta a los primeros siglos del Cristianismo. En pequeñas arquetas se solían encerrar los restos mortales de . esclarecidos personajes de la Iglesia. De la Edad Media datan los bustos relicarios, que juntan el culto icónico con el de la sagrada reliquia corporal. A la edad barroca se debió en especial la exacerbación del culto a las reliquias, siendo los Jesuitas los más grandes propagadores y difusores. La
44 JUAN JOS!! MART(N GONZÁLEZ «maniera grande> y la tendencia a juntar muchos elementos, bajo un ideal de ostentación y fuerza al mismo tiempo, determinan en el barroco esta concentración de ataúdes (El Escorial) o de figuras-relicarios, susceptibles de ser abarcados de un solo golpe de vista. Tres iglesias jesuiticas, la de San Miguel de Valladolid, la de Santiago de Medina del Campo y la Colegiata de Villagarcía de Campos, cuentan con sendas capillas-relicarios, aparte de otros altares de dichas iglesias que contienen también reliquias de Santos. Por hoy limitamos nuestro estudio al relicario de la Colegiata de Villagarcía, pues es de los tres el que sin duda ofrece el mejor conjunto de esculturas. Asombra pensar cómo pudo reunirse tan gran cantidad de reliquias para éste y otros relicarios de Jesuítas, sobre todo si se tiene presente que muchas de ellas pertenecen a Santos de los primeros años del Cristianismo y que por lo mismo eran sumamente codiciadas. A través de «colecciones» piadosas fueron pasando de generación en generación las reliquias, a las lUe en numerosas ocasiones se hizo objeto de un auténtico iercantilismo. De los poseedores particulares pasaban finalmente manos de la Iglesia, que del culto privado las elevaba al culto ¿úblico . Por el padre Juan de Villafañe (1) tenemos conocimiento de que D.ª Magdalena de Ulloa, a cuya magnanimidad se debe la erección de la Colegiata, siendo gran devota de las reliquias, se valió de la autoridad de D. Juan de Austria en Roma para conseguirlps. ¡Dios sabe cuántas diligencias y dispendios debieron de ser necesarios para adquirir tan venerables restos! Hoy, tras el paso ele los años, apena,ver cómo muchas de las imágenes han sido despojadas de sus reliquias, acaso no con intención sacrílega ni simoníaca, dejándonos para nuestro dolor vacío el receptáculo donde estuvieron contenidas. La mayoría de las figuras consérvanse en buen estado, aunque algunas están faltas de manos y una, de cabeza. Las imágenes de Santos se hallan colocadas en tres retablos - uno principal-, y en una especie de armario, nichal o estantería sin altar, las de Santas. Forma un conjunto de setenta y ocho imágenes, más cuatro relieves, dos escena~ de martirios de tres figuras cada (1) La Limosnera de Dios . Relación histórica de la vida y milagros de la excelentísima ser1ora D.ª Magdalena de Ulloa ... 1723, págs. 439 y 440. . .
RL RELICARIO DE LA COLEGIATA DE VILLAGARCfA, ETC . 45 una, y varios brazos-relicarios . Las figuras más pequeñ as de cuerpo entero miden 37 ctms. de altura, 50 las de regular tamaño, habiéndolas más grandes en el retablo principal. Identifícanse las figuras por sus atributos o por los nombres (fidedignos , pero no siempre legibles) que tienen bajo las peanas, aunque no todas. Están esculpidas en madera de pino rojo, teniendo algunas labradas las manos y por excepción la cabeza en piezas aparte, procedimiento muy usado en la época barroca Y de indudable decadencia de la escultura . Salvo dos escenas de martirio, el resto de las figuras se encuentran en momentos de meditación, contemplación , revelación o éxtasis, lo que atenúa o elimina el movimiento en cuerpos y vestiduras; a lo sumo algunas imágenes extienden sus brazos en ademán oratorio . Por eso tales figuras pertenecen todavía al barroco contrarreformista de la primera época; la fuerza epopéyica del b~rroco triunfante, con sus espíritus y ropajes agitados , aún no ha irrumpido en esta imaginería . Los artistas, -pues son varios y autores también de otras figuras en diversos retablos de la Colegiata-, aciertan a dar el contenido psicológico y espiritual a las imágenes , aunque no faltan esculturas desafortunadas, debidas a artifice de inferior nivel artístico . Un estudio más afinado podría sin duda precisar los diversos momentos o fases ascético-místicas por que atraviesan las figuras. La mayoría de las imágenes que no componen escena están vistas frontalmente, pero no faltan escorzos bien logrados. Los paños son amplios y no se adaptan al . cuerpo, sino · que se mantienen con rigidez metálica , viéndose a veces las angulosidades propias de la escuda de Gregorio Fernández o el paño espeso y flotante que en ocasiones cultiva JunL La pintura es obra excelente, realizada también por diversos autores. Precrsa acercarse mucho a estas pequeñas figuras para gozar de sus encantos escultóricos y pictóricos . Grandes hojas de estilizadas . lineas, constituidas por finísimos rajados que dejan ver un dorado de muchos quilates (acaso de 24, es - decir , de oro puro), ornamentan los inflados ropajes; en las orlas déjanse ver en ocasiones, como recuerdo y tributo a una norma nacida en . el último tercio del siglo xv1, motivos florales muy naturalistas, pues tanto formas y colores se mani6estan conforme al natural. Las encarnaciones a pulimento alternan con los mates. La ensambladura de los retablos presenta caracteres comune~. por lo que hay que suponerla del mismo artista. Compónense
46 JUAN : JOS~ MARTÍN GONZÁLEZ ' dichos retablos de un banco , con cajas para esculturas y relieves, y de un único cuerpo, corintio, con nichos y cajas para esculturas. El ático se perfila en ~emicircunferencia, teniendo un hueco central para escultura, flanqueado por pilastras (1 ), ornamentadas con guirnaldas o racimos. Grandes hojas carnosas, hinchadas y abultadas, que recuerdan la flora cactiforme, y pintadas de verde, encarnado y azul. forman el típico motivo ornamental que es de uso desde el segundo tercio del siglo xvu. En algunas partes se resuelven estas hojas en grandes penachos, a los que Chumillas (2) llama medallón u hojarasca. Es muy posible que estas hojas avolutadas. evolucionando a través de motivos cada vez más pequeños, favorezcan el triunfo de la rocalla .. Igualmente se emplea aquí el recuadro quebrantado para cobijar nichos. El resalte de elementos arquitectónicos y decorativos es vigoroso, con mucho claroscuro, · ya a lo barroco. Las molduras reentrantes se utilizan mucho en estos retablos. Por todos estos detalles y por el significado y factura de la talla, pueden fecharse estos retablos a mediados del siglo xvn ya hacia la segunda mitad . También el recrudecimiento _ de la decoración, subsiguiente a la claridad de los maestros de la primera mitad del siglo xv11, puede juntarse a los síntomas de barroquismo ya citados . · El retablo mayor de la capilla (fig. 1) lleva en el banco dos estatuí tas de los Santos Juanes, alojadas en las cajas abiertas en los basamentos de las columnas, y dos relieves de l"Jaría Magdalena y María Egipciaca penitentes. Una menguada piel de flecos cubre el cuerpo del Bautista. Con ademán expresivo parece predicar, modulando con la mano izquierda la palabra, en tanto el corderillo permanece atónito escuchando las doctrinas (fig, 2). · El Evangelista (fig. 3), en valiente escorzo, está pendiente de la revelación divina, que quedará escrita en el abierto infolio. La expresión es penetrante , enérgica e inteligente. El manto cae por la espalda con elegancia , en amplios, pesados y angulosos pliegues. · Los relieves de las dos penitentes se desenvudven en el ambiente roquero y desértico, pintoresco por tanto, en que aquéllas · (1) Machones se las llama en algunos documentos. Ver O arela Chico. · Escultores, 346. . . • (2) Manúel Martrnez Chumlllas: Alonso Cano , 1948. Pág. 351. Es opinión generalmente admit i da que este motivo lo utiliza por vez primera l\lonso Cano ~n sus retablos siendo la estancia dd artista en Madrid causa de su difusión ' . . \ por CastUla. .......
EL RF.LICARIO DE LA COLEGIATA DE \1LLAGARCfA, ETC. 47 pasaron su retiro. Vestidas con el burdo y asperísímo vestido de espadaña (la Magdalena) o con su propio cabello (María Egipciaca, fig. 6l meditan Ja caducidad de lo mundano y la peremnidad de lo divino . En la calle central del orden corintio está colocada la cus, todía, de gravosas líneas . Se compone de basamento, un cuerpo principal, y un ochavo con medía naranja y remate. En el basa, mento se encu~ntra el Sagrario , cuya puerta está adornada con relieve eucarístico. El orden principal es de pilastras , ornamen, tadas con guirnaldas y otra decoración. El ochavo se rodea de balustrada , donde se ven las típicas bolas de la escuela de Herrera. En Ja cumbre de los nervios a que se reduce la medía naranja, destaca bellís i ma Inmaculada, según el gracioso tipo creado por Gregorio Fernández, de quien hay otras influencias en el relicario . En las calles latetales hay figuras de Santos y unos relieves de San Jerónimo y Santo Tomás de Aquino . San Andrés (fig. 4), de bella composición, y el Apóstol situado simétricamente al otro lado (Simón o Matías, pues los demás Apóstoles constan en el retablo) (Fig . 5), son de líneas movidas y de enérgica vi vacidad . La policromía de esta última figura d_ estaca entre lo mejor del relicario . Un aspecto sumamente grave tiene la imagen que pudiera ser la de San Pablo . Al otro lado está Santiago el Mayor , vest i do de peregrino y respondiendo a un tipo de la escuela de Gregorio Fernández . Los relieves de San Jerónimo y Santo Tomás de Aquino son de exquisita factura , en especial el último (fig. 7), y es lástima que a la altura en que están no se puedan apreciar sus primicias. Se halla el Santo de Aquino en su celdita, sentado en sencillo asiento de muy poca altura, como la mesa, lo que se hace para que apaísándose la compo, sición quepa en la caja. Sobre la mesa y en las estanterías, diversos libros. En el fondo distrae una pintura de edificio · monumental, que resulta visible al recogerse una cortina. La habitación queda junto a un jardincillo . El Santo se manifiesta extático, con el rostro lleno de dulzura juvenil y de transporte celestial, representando el momento de la iluminación divina. En la mano , ahora cortada, teridria la pluma, tan suspensa como su espfritu . Pese al acento personal con que se ha resuelto la escena, hay precedentes en esta manera de componer, pictóricos y plásticos . El ofrecernos en relieve una e-scena de interior hogareño
48 . . JUAN JOSÉ MARTÍN GONZÁLEZ no es frecuente en nuestra escultura Como antecedentes pueden citarse los relieves de los Evangelistas, que se colocan escribiendo sobre sus escritorios (1). También la finura de espíritu y la delicadeza del sentimiento nos llevan a recordar las pinturas de Pedro de Berruguete en Santo Tomás de Avila, con escenas similares a esta de Villagarcía. El hueco central del ático se ocupa por una estatua de San Pedro; a l<?S lados permanecen San Lucas y San Marcos. Varios brazos-relicarios asoman, como brotando angustiosamente de un sepulcro. A los lados de este retablo principal, sobre grandes hojarascas a modo de cardinas góticas pero de barroco motivo, hay dos figuras orantes, y aun otra, en idénti _ ca composición y que parece un Ecce Horno, en otra parte de la Capilla. El retablo del lado del Evangelio (fig. 8) está dedicado a Santa Inés . cuya imagen titular, en gran tamaño, ocupa el nicho central; imagen, como la de Santa Lucía que está en el retablo frontero, correcta, pero adocenada. En las cinco cajas del banco se alojan otras tantas imágenes de Santos ele muy pequeño tamaño (37 ctms . de altura). San Francisco de Asís, en pleno éxtasis, está recibiendo la imprimación de las llagas (fig. 10). Aflige la mutilación de ambas manos El Santo repite una composición muy conocida en la escultura castellana. San Antolín, ataviado con dalmática de diácono en la que aparece representado un paisaje, tiene composición recogida y ademán contemplativo lfig. 11). Lo mismo ocurre con San Vicente, cuyo rostro es demasiado cándido (fig. 12). La policromía en estas dos imágenes raya en la excelencia. San Buenaventura, vestido con atuendos cardenalicios sobre su manto franciscano, tkne, pese a las mutilaciones, un lindo aspecto (fig. 13) . La talla de San Agustín es cuidada y expresiva la figura (fi.g. 14). Junto a la estatua de Santa Inés están la de un Santo no reconocido, muy tosca, y la de San Isidro Labrador, vestido humildemente y a la usanza de la época,' imagen no obstante apuesta y noble (fig. 151. En las calles laterales figuran diversas estatuas de Santos. Achaparrada y cargada de paños muy abultados la del Apóstol Santo Tomás (fig. 16). No es más esbelta la de San Ma~celo centurión, aunque bien tallada (fig. 17). En San Felipe apreciamos (1) Véanse los retablos de Ezcaray Y Valgai\ón , publicados por Wdse 1!11 su Spanísche Plastick ... 111, t.•, Tafrln 156 y 157.
\ f!:L RELtCARJO DE LA COLEGrATA DE Vll.LAGARCfA, ETC. 49 una inteligencia preclara, de un iigor casi matemático en los conceptos (fig. 18). La más hermosa de todas estas figuras es Ja de San Mateo, de bondadosísimo rostro y de fina y hermosa palabra (fig. 19). Su plegado es tan sencillo como elegante, poseyendo también una excelente policromía . A los extremos del ático se hallan las imá~enes de San Cosme (fig. 20) y San Damián, cubiertas con pesados ropajes de inhábiles pliegues. Llevan en la cabeza el bonete puntiagudo. San Cosme exhibe como atributo Ja caja de medicinas y San Damián la redomita. Pero lo principal del ático es el martirio de San Bartolomé, cuya ~anta imagen posee reliquia (fig. 32¡. Cons, tituye uno de los máximos aciertos de todo el relicario , siendo compañero este martirio del de San Esteban en el retablo situado enfrente . Ambos martirios están hechos bajo la sugestión de los «barros» de Juni en Medina de Ríoseco, localidad tan próxima a Villagarcía y donde pudieron haber sido labrados los retablos. Ello, sin detrimento de la habilidad del escultor, que compuso unos grupos hermosísimos . La composición está hecha a base de tres figuras, la del Santo en el centro. El ímpetu de vida barroca, que en acto apenas se presenta en el relicario, surge violento en estos dos martirios. La risa diabólica de los martiri, zadores y hasta la vestimenta, son similares a las que se ven en las obras citadas de Juni, pero también se parecen a las de los «pasos» que por entonces de modo tan abundante se labraban. A esto hay que sumar el parangón con los modelos violenta, mente realistas de Ribera «El Españoleto», sobre todo en los pintados en el Martirio de San Bartolomé del Museo de Arte de Barcelona; y no ya el parangón, sino la utilización clara y maní, fiesta del grabado del mismo artista para el Martiri9 de San Bartolomé. El retablo de Santa Lucia (fig. 9), situado frente por frente al anterior, lleva Ja imagen ele la titular en gran tamaño, acom, pañada de otras tres pequeñitas de ángeles de distinta proce, ciencia . En el banco están colocadas figuras valiosísimas . San Bernardo <fig. 21) es una fi$.?ura gentil y elegante, de movidos ropajes (1). Su delicioso modelado facial demuestra que el (1) Las figura!! ele S11n Bernardo y San Benito derivan posiblemente de las que hiciera anlerlormenle Gregorlo Fernández en t'I rdablo de Las Hudgas. de V alladolld,
• so . JUAN josif MARTIN GONZÁLEZ .. . .. . escultor estaba bien instruido en la dulzura del «Doctor Melífluo». En el suelo se halla la mitra, símbolo de la renuncia al episcopado que hizo San Bernardo. No menos profunda humanidad y santa. unción encontramos en el San Benito (fig. 22), al que sorprendemos sumido en la lectura de un texto sagrado, lectura que embriaga tiernamente el corazón del Santo, según transparenta su rostro. El ropaje se desliza en pliegues ondulantes, sugiriéndonos una tela consistente y · escurridiza al mismo tiempo. La cogulla, echada sobre la cabeza, facilita la concentración del interés sobre esta última; toda santidad. La imagen está tan cerca del San Bruno de Gregorio Fernández como del San Benito de Berruguete. San Antonio Abad (fig. 23) lee y medita simplemente. San Bernardo llega al fondo de las Escrituras sin dificultad, como un iluminado; San Benito saborea la lectura con deleite místico; San Antón lee mientras pasea, por lo que con rostro de intriga le vemos esforzarse · en la comprensión más que los otros Santos. Abajo aparece el cerdito, uno de los símbolos del Santo, aqui un verdadero estorbo en la composición. San Antonio de · Padua (fig. 24) posee la lindeza_ y la ingenuidad que la hagiografía le atribuye. La imagen de San Ambrosio (fig. 25) está lastimosamente mutilada, cosa muy sensible, porque está admirablemente tallada y policromada. Los cuatro nichos de las calles laterales están ocupados por otras tantas figuras de Santos . Torpísima la imagen de un Santo no Apóstol, obra del mismo inexperto maestro que esculpió la otra no identificada dei retablo de Santa Inés. Bonita de compo, sición, aunque pesada de formas y espiritu . la figura de Santiago Alfeo (fig. 26). Más airosa de ropajes y abierta de líneas y de expresión, la de San Judas Tadeo (fig. 27). Una de las más finas esculturas del relicario . es la de . San Lorenzo (fi.g : 28), de líneas sosegadas y correctamente trazadas. En su inefable rostro pende anhelante la contemplación mística. El recuadro de - la dalmática contiene un paisaje con arquitectura. Campean a los extremos del ático las figuras de dos Santos Reyes, uno vestido y armado a la usanza de la épt>ca, y otro más apuesto y elegante, con indumentaria militar romana (figs. 29 y 30). Representan sin duda a San Luis, bajo · cuya advocación se halla la ~glesia, y a San Fernando .. En el centro del ático se . encuentra la escena, · en bulto entero, del martirio de San Estc:ban, -'
EL RELICARió DÉ LÁ COLEGIATA DE VlLLAÓARdA, ETC. S1 barroca composición llena de movimiento, demostrando su autor una sabia utilización del espacio (fig. 33). El Santo , como t>xpresión de dolor, explaya sus brazos en el sentido de la diagonal. colocándose · los martirizadores en cada uno ele los triángulos que ésta determina. Uno de ellos se agacha a coger piedras, mientras que el otro descarga sobre el Santo las nume, rosas que apenas caben en su vestido . Las figuras de Santas están colocadas, como se ha dicho, en unos nichos enseriados a modo de columbario . No olvidemos, a este propósito, que las imágenes poseen reliquias humanas. Son figuras todas ellas de busto prolongado, a la manera que es de uso desde finales de la Edad Media y sobre todo en España durante el siglo xv11. Entre ellas son de resaltar las figuras de Santa Ana (fig. 31), con Ja Virgen Niña en sus brazos, grupo no obstante bastante inexpresivo pese al doloroso aspecto de Santa Ana. Santa Catalina de Sena (fig. 34), llena de inefable gracia , se halla extática, en mística relación con la Divinidad . Si esta Santa se encuentra en la fase mística contemplativa, la de Santa Margarita (fig. 35), con una sonrisa deliciosa indica el contacto afectivo, la fase unitiva, el deleite divino con que se corona el misticismo . En cambio Santa Teresa (fig. 36), la Santa mística por excelencia , está menos sabiamente interpretada, lo mismo que Santa Catalina Virgen y Mártir (fig. 37). Aún hay otras Santas, hasta doce, entre las que figuran Santéfl' Bárbara y Santa Cecilia. De muy mediana calidad son cuatro bustos de Santos guerreros que se encuentran sobre la reja que cierra la capilla, relicario. Los datos documentales recientemente publicados por el Padre jesuita Pedro Pirri (1) permiten conocer los artistas que intervinieron en la realización de la Capilla del Relica.rio. En 1632 la Casa obtuvo por donación el sitio necesario para edificar la Capilla . La arquitectura de ésta corrió a cargo del Hermano jesuita Pedro Amado (o Mato). Trabajaron en la (1) Origen .y desarrollo ar· quitectónico de la Iglesia g Colegio de Villagarcla de Campos, por el P . Pedro Plrrl , S. J. Artículo apare c ido en un volumen extraordinario publicado con motivo de la colocación de la primera piedra del nuevo Colegio y Noviciado de VIiia . garcía. Bilbao 1952. Este artículo está redactado a la vista de lns documentos encontrados por su autor en Roma.
10¡ 11 ) 12) LAMINA VI. Relic ario de Vlll agar ci a. 10) San Fran cisco de Asís . 11) San A ntolin 12) Sa n Vice nt e.
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16) ..,,. ~~~ - ~-- _, .. , 17) ;/ 18) LAMINA VIII. Relicario de Villagar cia . 1 6) Sa nto To más 1 7) ~an Marcelo 18) Sa n Felipe.
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LAMINA X. Relicario de Vlllagarcla. 22) San Benito .
23) 24) 25) LÁMINA XI. Reli c ario de Vll legarc!e . 23) San Ant on io Abad . 24) San Ant onio de Padua . 25) San A mbrosi o.
26) 27) 28) LÁM I NA X II . Relicario de Villagarcía . 26) Santiago Alfeo. 27 ) San Judas Tadeo . 28) San Lorenzo.
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LÁMINA XI V. Relicario de Villagarcla. 32) Martirio de San Bartolom é. 33) Martirio de San Esteban. 32) 33)
3 4. ) 36) LÁMINA X V . Relicario de Vt ll agarcía. 34 ) Santa C atalina de S e na . 35) Santa Margarita . 36) Santa Te re sa . 37) Santa Cat a lina Vi r gen y Má rtir 35) 37)