Manifiesto por una academia queer
Abstract
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Full text
MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 Manifiesto por una academia queer ALBA MARÍA GÁLVEZ VIDAL Universidad de Murcia. Avda. Teniente Flomesta, 5. 30003 · Murcia. Dirección de correo electrónico: A[email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5512-8816 ANDRÉS VIEDMA GUIARD Universidad Politécnica de Madrid. Avda. Juan de Herrera, 4. 28040 · Madrid. Dirección de correo electrónico: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3738-5031 Recibido/Received: 22/06/2024. Aceptado/Accepted: 30/06/2024. Cómo citar/How to cite: Gálvez Vidal, Alba María y Viedma Guiard, Andrés (2024). Manifiesto por una academia queer. MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1), pp. 1-9. DOI: https://doi.org/10.24197/mcreilq.1.2024.1-9 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). «Queer hay que entenderlo como un adjetivo y como movimiento, acción… como un verbo: queerizar la escuela, la clase, el conocimiento, las metodologías (y los movimientos sociales, el espacio público y un largo etcétera). Hackear la normalidad, disolver los binarismos, y articular alianzas y redes.» (Gracia Trujillo, 2022, p. 114) ¿Academia queer? Decía Paco Vidarte (2005, p. 115) que «ni lo queer nació en la universidad, ni nunca entrará en sus aulas de forma pacífica» en tanto que es «lo no universalizable, lo que el universal deja caer como desecho, la cagada del sistema omniabarcador, su resto inasimilable, ineducable, no escolarizable, indecente, indocente e indiscente». Así, aunque es difícil que lo queer entre realmente en la universidad, la realidad es que las personas queer sí lo hacemos. Sin embargo, la supervivencia laboral, económica e incluso psicológica en ese ecosistema universitario agresivo nos obliga a domesticar nuestras prácticas investigadoras, tanto en forma como en contenido, desqueerizándolas.
2 Alba María Gálvez Vidal y Andrés Viedma Guiard MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 Frente a esto, nos rebelamos y empezamos a plantear preguntas que nos permitan escapar de esta gris realidad e imaginar otros futuros. ¿Es posible queerizar nuestra investigación si lo hacemos en una institución totalmente atravesada por el capitalismo y la norma colonial, clasista, cisheteropatriarcal, capacitista y racista? ¿Es posible conspirar contra la academia formando parte de ella? INVESTIGAR BAJO EL CAPITALISMO ¿Somos capaces de imaginar una investigación que no esté atravesada por la precariedad, por la exigencia de productividad, por el exceso de exigencias y la falta de medios? Nuestras prácticas investigadoras se insertan en el centro de un complejo y perverso sistema de producción capitalista del conocimiento, en el que nos vemos obligades a vender nuestra fuerza de trabajo dentro y fuera de la academia para poder sostener nuestras vidas. En el contexto del Estado español, el camino que hay que recorrer para dedicarse a la investigación y la docencia universitarias está completamente atravesado por sucesivas murallas que aseguran y delimitan claramente quién queda dentro y quién queda fuera. La supuesta búsqueda de la excelencia sirve como excusa para levantar barreras clasistas, racistas, queerfóbicas, machistas y capacitistas que aseguran que el personal universitario siga respondiendo a los cánones burgueses, eurocéntricos y cisheteropatriarcales. Pese a tener un sistema público de universidades, el cobro de tasas universitarias, el coste de la vida y la escasez de becas siguen haciendo que el estudiantado proletario tenga que compaginar estudios y trabajo para poder sostenerse durante los años de carrera. Estudiar y trabajar simultáneamente lleva a obtener unos peores resultados académicos, dificultando la llegada a la excelencia académica que se exige para acceder por los caminos reglados a la investigación universitaria. Además, no solo debemos hablar de las condiciones materiales: el contexto social y emocional juega un papel clave en el desempeño académico. El malestar psicológico, las redes familiares y sociales, el mayor o menor capital cultural en los espacios de crianza, el mantenimiento de los cuidados y el impacto de los diferentes sistemas de opresión y violencia que muches estudiantes deben atravesar hacen que por el camino vayan cayendo más y más personas. ¿Quién termina la ESO?
Manifiesto por una academia queer 3 MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 ¿Quién hace el bachillerato? ¿Quién comienza la carrera? ¿Quién acaba el grado? ¿Quién realiza un máster? ¿Quién se atreve con el doctorado? Suponiendo que se consiguen superar todas estas barreras, queda una de las mayores: el salto a la profesionalización de la investigación, es decir, a cobrar un salario a cambio de investigar. Los diferentes programas de financiación predoctoral buscan la excelencia, por lo que se exigen unas notas medias y/o una experiencia investigadora que en muchas ocasiones resultan completamente incompatibles con haber conseguido sobrevivir mínimamente a todas estas murallas de exclusión. El resultado es que muches no llegamos a tener financiación para la realización de la tesis, por lo que volvemos a encontrarnos con una nueva muralla. Sin un contrato predoctoral, solamente se podrán dedicar de manera íntegra a la tesis doctoral aquellas personas que puedan permitirse no trabajar durante los años del doctorado, es decir, aquellas que cuenten con unos notables privilegios de clase. El resto deberá sacar el tiempo y la energía que le quede en las rendijas que le deje la jornada laboral, que en el mejor de los casos será en campos relacionados con sus temas de investigación. En este contexto, se vuelve casi imposible la consecución de una serie de méritos prácticamente imprescindibles para acceder posteriormente a las plazas de profesorado, como la experiencia docente, la publicación de artículos, la participación en congresos o la realización de estancias internacionales. Por otro lado, para aquelles que sí consiguen un contrato predoctoral o, al menos, trabajar en investigación y/o docencia, la universidad tampoco resulta ser el paradigma de los derechos laborales. El malestar existente en los espacios de trabajo universitario es innegable y convierte la investigación en un camino para nada deseable: la constante incertidumbre, la dependencia de la recortadísima inversión pública en ciencia e investigación, los bajos salarios, el abuso de poder en la rígida jerarquía universitaria o la factura psicológica que pasa la constante exigencia de excelencia. Además, esta exigencia de excelencia se ve completamente atravesada por una evaluación productivista de la investigación, fruto de un sistema de producción y medición capitalista del conocimiento. Los sistemas de acreditación, baremación y reconocimiento que se están aplicando rinden pleitesía a los deseos de una perversa industria editorial, en la que una serie de revistas y editoriales de alto impacto extraen riqueza de los recursos públicos a costa de cobrar tanto la publicación como la lectura de artículos académicos.
4 Alba María Gálvez Vidal y Andrés Viedma Guiard MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 En este contexto, ponemos sobre la mesa la articulación de una verdadera organización sindical torcida en los espacios universitarios, un movimiento consciente que cuestione en profundidad los excluyentes caminos de acceso, los rígidos e injustos mecanismos de evaluación, los procesos de privatización y explotación capitalista de los recursos colectivos y la normalización de la precariedad laboral en nuestras universidades. Ante un malestar tan compartido, solo nos queda un camino: politizarlo y organizarnos. INVESTIGAR BAJO LA NORMA La siguiente cuestión que nos planteamos es si lo queer, lo crítico y lo disidente caben en una academia que se articula en torno a, como decíamos, dinámicas capitalistas y, por tanto, eurocéntricas, clasistas, capacitistas, feudales y cisheteronormativas. Por herencia de los postulados científicos positivistas del siglo XIX, los procesos de producción de conocimiento se han pensado y diseñado tradicionalmente como protocolos pretendidamente objetivos y asépticos sin tener siquiera en cuenta cuál es el marco hermenéutico desde el que se interpretan resultados y conclusiones. Estos resultados y conclusiones se exportan y se aplican posteriormente como ciencia objetiva y universalizable. Teniendo en cuenta que históricamente solo una parte de la población ha tenido acceso a la educación y, por tanto, a la producción del conocimiento; y que los métodos científicos, además, han sido tradicionalmente establecidos por esta misma parte de la población dejando en los márgenes todo tipo de conocimiento disidente (el de les ancianes, les menores, las mujeres, personas queer, racializadas, discas, etc.), nos parece bastante sensato afirmar que el conocimiento que se produce desde la academia es siempre un conocimiento sesgado. Cherry Moraga, Ana Castillo, Gloria Anzaldúa y otras muchas (1988) ya teorizaron sobre este tema; seguidas después por Donna Haraway (1988/1995, p. 317): «La historia es un cuento con el que los mentirosos de la cultura occidental engañan a los demás; la ciencia, un texto discutible y un campo de poder; la forma es el contenido. Punto final». Así, como académiques deberíamos empezar por hacernos responsables del lugar desde el cual producimos conocimiento e interpretamos la historia, la ciencia, los hechos. Debemos empezar a hablar de conocimiento situado desde nuestra propia perspectiva sesgada y, tal vez, solo tal vez, seamos
Manifiesto por una academia queer 5 MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 capaces entonces de articular en algún momento una (tentativa) objetividad colectiva a través de todos nuestros conocimientos situados. Seguimos preguntándonos, ¿es posible entonces construir conocimiento desde otros lugares desechando definitivamente el empirismo positivista? Confiamos en que sí. Para ello no solo necesitamos plantearnos el lugar desde el cual producimos el conocimiento, sino también explorar otras sendas metodológicas como ya han ido indicando muches (Jack Halberstam, 1998; Paco Vidarte, 2007; Tatiana Sentamans, 2023) que permitan rescatar de los márgenes de la ciencia canónica otros conocimientos. Tal vez crear desde la vinculación sea una de las respuestas a nuestras preguntas, dado que forzosamente nos lleva a desechar la articulación científica individualista actual y a activar redes de colaboración para colectivizar el conocimiento. También investigar honestamente desde lo personal, desde el conocimiento situado y contextualizado, vulnerable, nos lleva casi de manera obligatoria de nuevo a tener que colaborar para poder ampliar nuestras visiones particulares. Esto, a su vez, nos fuerza a acudir a la multi/interdisciplinariedad, porque únicamente desde una perspectiva caleidoscópica podremos ser capaces de construir conocimiento verdaderamente crítico. Así, podemos interpretar la colaboración casi como un enfoque metodológico para poder compartir recursos y discursos, para establecer diálogo crítico y científico sobre las necesidades sociales reales, diálogo entre minorías y disidencias para aunar fuerzas, diálogo entre regiones y países, utilizando lenguas minoritarias para crear ciencia y también buscando un lenguaje claro, accesible para todes. Así mismo, la parte última del proceso de producción de conocimiento es su difusión, a lo que nos preguntamos también quiénes son exactamente les receptores de ese conocimiento que creamos de manera productivista, que se mide con parámetros cuantitativos, y que suele quedar encapsulado en la burbuja elitista de la academia. Las dinámicas capitalistas que articulan la producción del conocimiento se encargan de que únicamente se pueda acceder a determinadas publicaciones a través de revistas y/o bases de datos cuya disponibilidad está limitada a aquellas instituciones capaces de pagarlo. Estas revistas y bases de datos que se alimentan del trabajo no remunerado de les académiques se encargan nuevamente de establecer un sistema de clases: solo si pagas, obtienes conocimiento. Ante estas dinámicas, consideramos que se debería extender cada vez más la producción de un conocimiento híbrido que medrase, como rizomas bajo la superficie, mucho más allá del control normado y estadístico de las
6 Alba María Gálvez Vidal y Andrés Viedma Guiard MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 revistas y las bases de datos. Un conocimiento, tal vez, autogestionado o transferido de otras formas, colectivizado como el tesoro comunitario que es. Para ello consideramos que forzosamente debe fomentarse la transferencia de la investigación más allá de la academia, quizás estableciendo también sexenios de transferencia con el objetivo de que nuestra producción academicista termine por recalar más allá de las murallas universitarias y, a la vez, se beneficie y retroalimente el debate y la digestión comunitaria. Del mismo modo, sería necesaria una reconceptualización de la docencia tal y como se sigue entendiendo a día de hoy. Si creemos en la construcción colectiva del conocimiento, desechando dinámicas de poder que nos sitúan como docentes una vez más en el trono privilegiado de su monopolio y como transmisores de un currículo hegemónico oculto; si creemos que todo conocimiento situado es susceptible de ser estudiado y difundido, si creemos en un conocimiento horizontal, superando las mecánicas capacitistas, edadistas, racistas, colonialistas, machistas… creemos forzosamente entonces en la desjerarquización y asamblearización del aula como forma última de creación de conocimiento crítico y disidente. Solamente huyendo de la producción científica turbocapitalista y hegemónica, confiando en que cada persona es susceptible de aportar desde su contexto situado y que todas las aportaciones pueden ser enriquecedoras, solamente situándonos en el lugar humilde del no-saber, del ser meres acompañantes en el camino del aprendizaje podemos ser capaces de abolir este sistema caduco. INVESTIGAR CONTRA EL SISTEMA Por último, nos surgen otras preguntas al pensar en la abolición de este sistema, en la superación de este gris panorama. ¿Qué papel tiene la producción del conocimiento en las luchas contra todos los sistemas de opresión? ¿Qué impacto real tiene la investigación que generamos en las universidades en los movimientos sociales? Lo cierto es que más bien poco, pues, como decíamos anteriormente, el conocimiento científico sigue, cual señor feudal, encastillado en el privilegio del ámbito académico y rara vez consiente en visitar al pueblo llano, debido a las dinámicas hegemónicas y capitalistas que lo articulan. Del mismo modo, sabemos que el conocimiento no se produce únicamente en los espacios universitarios, más bien al contrario. En cada espacio comunitario, en cada encuentro colectivo se crea conocimiento sin
Manifiesto por una academia queer 7 MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 necesidad de formular hipótesis, construir metodologías y analizar resultados: en los barrios, en los espacios militantes, en los manifiestos, pancartas y consignas de manifestaciones, en fanzines, en clubs de lectura, en las historias de nuestras abuelas, en los saberes populares… El problema es que todo esto no está recogido en revistas indexadas, no es un mérito baremable y, si consigue serlo, muchas veces es desde dinámicas de extractivismo epistémico. En demasiadas ocasiones, les investigadores acudimos a esos espacios comunitarios a extraer el conocimiento generado para redactarlo en lenguaje academicista y encajarlo en un artículo que se sume a nuestro currículum, sin que esto reporte ningún tipo de beneficio para las comunidades o las luchas de las que procede. De nuevo, las murallas de la universidad cumplen su función de control de la frontera entre uno y otro mundo, en este caso dejando entrar el conocimiento si se puede convertir en un mérito más, pero sin dejarlo salir para que pueda ser utilizado como herramienta en las luchas. ¿De qué forma podemos regular estos impulsos? ¿Cómo podemos llevar a cabo una investigación disidente y crítica, con impacto social, de manera responsable? Creemos que la clave se encuentra en situarnos hipervigilantes a nosotres mismes como propio objeto de estudio. Acudimos para responder a la reflexión del Colectivo Situaciones (2003, s.p.) que afirma que el militante investigador debe permanecer fiel a su «no saber», que «no puede existir sin investigarse seriamente a sí mismo, sin modificarse, sin reconfigurarse en las experiencias de las que toma parte, sin revisar los ideales y valores que sostiene, sin criticar permanentemente sus ideas y lecturas» (Colectivo Situaciones, 2003, s.p.) y que la investigación militante se desarrolla bajo el taller y la lectura colectiva. Del mismo modo, nos preguntamos ¿cómo resistimos ante este sistema que se aprovecha de forma utilitaria de les académiques y del conocimiento que producimos que, además, no llega nunca a atravesar la burbuja academicista? Se nos ocurre articular una divulgación científica traidora, que abra grietas en las murallas académicas para poder llegar al otro lado, para conseguir que esa ciencia que producimos tenga un impacto social y político, y una utilidad efectiva, que la ciencia sea un medio y no un mero fin. Decía Paco Vidarte (2005, p. 115) que «lo queer es la antítesis de la universidad», en tanto en cuanto la universidad representa, precisamente, lo normativo y universal, lo hegemónico. ¿Es entonces posible una academia queer entendida como crítica y disidente? Una academia para
8 Alba María Gálvez Vidal y Andrés Viedma Guiard MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 todes, amable, que respete los ritmos necesarios para que todas las personas sean capaces de crear conocimiento, que se constituya de manera horizontal sin jerarquías, sin dinámicas colonizadoras, capitalistas, queerfóbicas, capacitistas, racistas, machistas, extractivistas… Y si lo es, nos preguntamos, ¿podría activarse desde la destrucción y la reconstrucción, o desde el reformismo de lo existente? De momento, sin ser capaces de contestar a ello, porque para ello os necesitamos, aspiramos directamente a la utopía y empezamos por imaginarla. Nos conjuramos con todes vosotres para tejer un plan que nos permita demoler estas murallas, hacemos una llamada al terrorismo académico, a organizarnos para montar barricadas e iniciar una guerrilla investigadora para la construcción (o destrucción) de una academia verdaderamente queer. El solo hecho de imaginarla ya activa la función performativa de empezar a crearla, pues como dijo Gloria Anzaldúa (1987/2016, p. 146), «nada sucede en el mundo «real» a menos que suceda primero en las imágenes dentro de nuestra mente». ——————————————————————————— Este manifiesto ha sido redactado por Alba M. Gálvez Vidal y Andrés Viedma Guiard como resultado de un largo proceso colectivo. En abril de 2023, organizamos un taller-asamblea en el seno de la tercera edición de MariCorners, Congreso Internacional de Estudios Interdisciplinares LGTBIQ+ en español, celebrado en Madrid. Las más de 40 personas que asistieron a este taller se dividieron en tres grupos temáticos, en los que se pensó de manera colectiva y asamblearia en torno a cada uno de los tres ejes que aquí se presentan (investigar bajo el capitalismo, bajo la norma y contra el sistema). De este taller se extrajeron una serie de reflexiones y propuestas y se organizó un grupo de trabajo para la redacción de un manifiesto con más de 50 participantes. A través de varias reuniones de este grupo, se fueron desgranando una serie de líneas de trabajo a partir de los tres ejes temáticos, además de servir como espacio para la exploración de primeras opciones de organización. La falta de tiempo y energía, consecuencia directa de todas las maldades del sistema universitario que antes relatábamos, ha paralizado el proceso y ha impedido que la redacción de este manifiesto sea verdaderamente colectiva, si bien hemos incorporado en él todos los resultados del taller-asamblea original y de las reuniones del grupo de trabajo. Esperamos que este manifiesto, que entendemos como organismo vivo y mutante que debe seguir pensándose y reescribiéndose colectivamente en los años
Manifiesto por una academia queer 9 MariCorners: Revista de Estudios Interdisciplinares LGTBIA+ y Queer, 1(1): pp. 1-9 ISSN 3020-9552 venideros, sirva de llamada a la reflexión y a la acción y permita que nos volvamos a encontrar conjurando por una academia queer. BIBLIOGRAFÍA Anzaldúa, Gloria (2016). Borderlands/La Frontera: La nueva mestiza (trad. Carmen Valle). Capitán Swing (1987). Colectivo Situaciones (2003). Sobre el militante investigador [s.p.]. Recuperado de: https://transversal.at/transversal/0406/colectivosituaciones/es Halberstam, Jack (2008). Masculinidad femenina. Barcelona/Madrid: Egales. Haraway, Donna (1995). Conocimientos situados: la cuestión científica en el feminismo y el privilegio de la perspectiva parcial. En Donna Haraway, Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza (Trad. Manuel Talens) (pp. 313-346). Madrid: Cátedra (1988). Moraga, Cherry; Castillo, Anna (Eds.) (1988). This bridge called my back. EEUU, Editorial «Ismo». Sentamans, Tatiana (2023). Esbozando una mueca (notas para una introducción sobre la investigación en artes desde perspectivas críticas). En varies autores, MUECA :S Conversaciones sobre metodologías torcidas (pp. 17-63). Barcelona: Ediciones Bellaterra. Trujillo, Gracia (2022). El feminismo queer es para todo el mundo. Madrid: Catarata. Vidarte, Paco (2005). El banquete uniqueersitario: disquisiciones sobre el s(ab)er queer. En Paco Vidarte, Por una política a caraperro. Placeres textuales para las disidencias sexuales (pp. 113-136). Madrid: Traficantes de Sueños.