Ciclos de conflicto y negociación entre Aragón, Castilla y Navarra en el siglo XV: la diplomacia y sus usos
Abstract
A lo largo del presente trabajo se analiza cómo entre los años 1420 y 1436 se desarrolló un ciclo conflicitivo que envolvió a los reinos de Castilla, Aragón y Navarra, en el que la diplomacia y la guerra se alternaron. Se busca analizar no solo cómo evolucionó la diplomacia sino también las formas en que esta se utilizó por los poderes regios a lo largo de las diversas fases en que se desarrolló el conflicto.
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EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 Ciclos de conflicto y negociación entre Aragón, Castilla y Navarra en el siglo XV: la diplomacia y sus usos * Cycles of conflict and negotiation between Aragon, Castile and Navarre in the 15th century: the practices of diplomacy Óscar VILLARROEL GONZÁLEZ Profesor titular, Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia, Av. Profesor Aranguren s/n, Ciudad Universitaria, 28040, Madrid C. e.: [email protected]s ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6221-5689. Recibido/Received: 05/10/2023. Aceptado/Accepted: 26/02/2024. Cómo citar/How to cite: Villarroel González, Óscar. “Ciclos de conflicto y negociación entre Aragón, Castilla y Navarra en el siglo XV: la diplomacia y sus usos.” Edad Media. Revista de Historia 25 (2024): 157-194. DOI: https://doi.org/10.24197/em.25.2024.157-194 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: A lo largo del presente trabajo se analiza cómo entre los años 1420 y 1436 se desarrolló un ciclo conflicitivo que envolvió a los reinos de Castilla, Aragón y Navarra, en el que la diplomacia y la guerra se alternaron. Se busca analizar no solo cómo evolucionó la diplomacia sino también las formas en que esta se utilizó por los poderes regios a lo largo de las diversas fases en que se desarrolló el conflicto. Palabras clave: Monarquía; conflicto; diplomacia; guerra; Castilla; Aragón; Navarra. Abstract: This study analyzes how, between 1420 and 1436, a cycle of conflict took place between the kingdoms of Castile, Aragon and Navarre, in which diplomacy and war alternated. We seek to analyze not only how diplomacy evolved but also the ways in which it was used by the royal powers throughout the different phases of the conflict. Keywords: Monarchy; Conflict; Diplomacy; War; Castile; Aragon; Navarre. * Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación de la Agencia Estatal de Investigación, nº de Proyecto: AEI/10.13039/501100011033: “Pacto, negociación y conflicto en la cultura política castellana (1230-1516)”, dirigido por José Manuel Nieto Soria y Óscar Villarroel González; así como del Grupo de Investigación Consolidado SPOCCAST (UCM 930369), "Sociedad, poder y cultura en la Corona de Castilla, siglos XIII al XVI", dirigido por José Manuel Nieto Soria.
158 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 Sumario: 1. Introducción. 2. El contexto: entre 1420 y 1435 2.1. 1420-1425: del dominio a la amenaza de la guerra 2.2. 1427-1430: conflicto y guerra abierta 2.3. 1430-1435: tregua y negociaciones 2.3.1. El conflicto 2.3.2. La negociación 3. Los usos de la diplomacia: la paz y la guerra 3.1. Recurso para la guerra 3.1.1. La diplomacia como dilación 3.1.2. La diplomacia como arma: contrainformación y mentira 3.1.3. La diplomacia como arma: espionaje e información 3.1.4. La diplomacia como arma: socavar el poder ajeno 3.2. La diplomacia para la paz 4. 14351436: la consecución de la paz 5. Conclusiones. Summary: 1. Introduction. 2. The context: between 1420 and 1435 2.1. 1420-1425: from domination to the threat of war 2.2. 1427-1430: conflict and open war 2.3. 1430-1435: truce and negotiations 2.3.1. The confict2.3.2. Negotiations 3. The uses of diplomacy: war and peace 3.1. Resources for war 3.1.1. Diplomacy as a delaying tactic 3.1.2. Diplomacy as a weapon: Counterinformation and lies 3.1.3. Diplomacy as a weapon: espionage and information 3.1.4. Dipomacy as a Weapon: undermining foreign power 3.2. Dipomacy for peace 4. 1435-1436: Achieving Peace 5. Conclusions. Los diplomáticos se inventaron para perder el tiempo. Lloyd George 1. INTRODUCCIÓN Las relaciones entre Castilla, la Corona de Aragón y Navarra a lo largo del siglo XV son una historia de encuentros y desencuentros. Aunque desde 1425 en todos rigiese la dinastía Trastámara (Juan II, Alfonso el Magnánimo y Juan II −como rey consorte de Blanca I− respectivamente) no fue un acicate para la paz y el entendimiento, más bien lo contrario. Una sucesión de conflictos se desarrolló a lo largo del siglo y sin tener un final completo hasta la fusión de las tres coronas (con la unión dinástica entre Castilla y Aragón y la conquista posterior de Navarra). Por ello, las relaciones a tres bandas en ese periodo suponen un momento idóneo para el análisis que se plantea en el presente monográfico, dado que la utilización de la diplomacia fue constante, tanto para buscar un acuerdo que evitase el conflicto, como para ponerle fin o, como veremos, para perpetuarlo o favorecer la propia posición. Las razones para ese enfrentamiento y esa negociación recurrente (y en algún momento permanente) estaban en el fondo en la política interior castellana: los intentos de la familia real aragonesa de controlar el gobierno de su primo Juan II. Hubo momentos en los que el rey llegó a estar prisionero y sometido a sus primos (tras el Golpe de Estado de Tordesillas), y otros en los que el gobierno quedaba copado por los infantes, expulsando incluso a los colaboradores regios (tras la sentencia de San Benito de Valladolid de 1427). El problema venía cuando, al cambiar la situación, los infantes se
Ciclos de conflicto y negociación 159 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 veían perjudicados (como la prisión del infante Enrique o el ascenso de Álvaro de Luna con el alejamiento de los infantes Juan y Enrique). En ese momento no se aceptaba la situación y el problema interno devenía en externo al producirse la intervención de su hermano el Magnánimo. La clave estuvo en el hecho de que este plantease su derecho (y lo intentase llevar a la práctica) a intervenir en Castilla para defender a sus hermanos. En el caso navarro, que el infante Juan fuese alzado al trono junto a su esposa Blanca, al morir Carlos III de Evreux, provocó que ese reino se situase junto al aragonés. El objetivo, pues, de ambos reyes era modificar la política castellana en su favor, lo que llevó al enfrentamiento. Este es el contexto del ciclo conflictivo, trufado siempre de momentos de negociación, que hizo que la situación variase desde 1420 y de forma constante, con enfrentamientos internos, que devenían en amenazas externas, que llevaban a la presión o al conflicto militar y a los que se ponía freno (o acicate) con la negociación. Esta tenía como resultado una aparente paz, pero en el fondo se reiniciaba el conflicto, que no tuvo un fin real hasta que se aceptó la salida de los infantes de Castilla en la paz de 1436. Y en este periodo es en el que centraremos la atención analizando las formas en las que la diplomacia fue utilizada. La evolución de los hechos es conocida. Trataron este periodo autores como Lacarra, Vicens, Ryder o Villarroel.1 Por ello, no entraremos de nuevo en la descripción de la evolución histórica del conflicto (o de sus momentos de negociación), pues esto ya lo hizo Villarroel al menos hasta 1430.2 De modo que haremos solo una breve introducción que sirva como 1 Jaume Vicens Vives, Juan II de Aragón (1398-1479). Monarquía y revolución en la España del siglo XV (Pamplona: Urgoiti, 2003), 32-92, y Alan Ryder, Alfonso el Magnánimo (Valencia: Institució Alfonso el Magnànim, 2008), 151-220, 244-246, y 274277. Véase, al respecto, los trabajos más recientes de Óscar Villarroel González, “Lo interno y lo externo en la diplomacia: Castilla y Aragón 1428-1430”, en María Concepción Villanueva Morte (ed.), Diplomacia y desarrollo del Estado en la Corona de Aragón (siglos XIV-XVI) (Gijón: Trea, 2020), 215-252; y el anterior: “Guerra o diplomacia: Castilla y Aragón, el rey y los infantes (1420-1425)”, en José Antonio Chelle Ortega, José Marcos García Isaac y Óscar Villarroel González (coords.), Guerra y diplomacia en la península ibérica (1369-1474), Madrid: La Ergástula, 2019, 42-64. Es llamativa la falta de aproximaciones navarras. Solo Eloísa Ramírez Vaquero se ha acercado, pero en sus análisis suele quedarse justo antes de 1425 (“Estrategias diplomáticas del rey de Navarra en el tránsito del siglo XV”, en Guerra y diplomacia en la Europa occidental: 1280-1480, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2005, 373-422), o bien empieza después de 1436 (Solidaridades nobiliarias y conflictos políticos en Navarra 1387-1464, Pamplona: Gobierno de Navarra, 1990). 2 Villarroel, “Guerra”, y “Lo interno”.
160 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 contexto, para luego entrar en el análisis. Ahí no se pretende un estudio de las relaciones entre los tres reinos y sus múltiples facetas (políticas, económicas, sociales…). Nos centraremos, dado el tema del monográfico en la diplomacia: cómo se utilizaron las formas diplomáticas y los recursos que se emplearon para la paz y para la guerra. Presentaremos algunos casos conocidos, pero también otros nuevos que la documentación sigue ofreciendo (y que matizan, en ocasiones, lo ya dicho). Por último, acabaremos con el análisis de la negociación de 1436. 2. EL CONTEXTO: ENTRE 1420 Y 1435 Aunque es conocido es necesario presentar al menos un repaso a la sucesión de conflictos y negociaciones desarrollados en las fechas dadas, de modo que luego podamos presentar las formas de la diplomacia. Se presentarán brevemente, así, los dos momentos en que se desarrollaron: en 14201425, y 1428-1429. Dado que ha sido menos analizado, entraremos un poco más en detalle en el marco entre 1430 y 1435. La diplomacia de la paz de 1436, analizada hasta ahora solo por encima, será vista de forma específica en otro apartado. Hasta ahora ha habido algunas visiones un tanto partidistas (el de la Corona de Aragón para los trabajos de Vicens y Ryder,3 el navarro para Lacarra4 y el castellano, en parte, en Villarroel).5 Aquí intentaremos ver solo el uso de la diplomacia en un sentido global, no de uno de los tres reinos cualquiera, dado que lo que nos interesa es esa cultura política diplomática. 2.1. 1420-1425: del dominio a la amenaza de la guerra Como se sabe, el 7 de marzo de 1419, menos de un año después de la muerte de su madre y tutora, Catalina de Lancáster, se inició la mayoría de edad de Juan II de Castilla. Esto vino precedido por un control de facto de la regencia por el arzobispo Sancho de Rojas.6 A una presencia inicial del 3 En el caso de Vicens Vives su punto de vista, más que aragonés o navarro, era el de Juan II. 4 José María Lacarra. Historia del reino de Navarra en la Edad Media (Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1975), vol. 3. 5 Sin ser parcial, parece mostrar más ese punto de vista en Villarroel, “Guerra”. Esto no ocurre en el periodo 1428-1430, donde este autor presenta una visión conjunta de ambas diplomacias: Villarroel, “Lo interno”. 6 Óscar Villarroel González, El rey y la Iglesia castellana. Relaciones de poder en época
Ciclos de conflicto y negociación 161 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 infante Enrique, deseada por su madre, la reina viuda Leonor de Alburquerque,7 se sumaría la llegada del infante Juan ya en junio de ese año.8 Durante esos meses el arzobispo consiguió mantener el control del reino casi en solitario,9 pero la presión de los nuevos agentes políticos (los infantes de Aragón) le obligaría a avenirse con ellos y forzaron la declaración anticipada de mayoría, en un intento de establecer una forma acordada de control del poder de un rey que acababa, el día anterior, de cumplir quince años. Sin embargo, el acuerdo de principios de 1419, que ordenaba el gobierno en tres turnos,10 saltó por los aires con el Golpe de Tordesillas el 14 de julio de 1420.11 Ya Villarroel mostró cómo se evolucionó desde un conflicto interno hacia uno externo, que enfrentaría a Castilla y Aragón.12 La huida del monarca llevó a un enfrentamiento entre el infante y el rey, con la colaboración que el infante Juan y el arzobispo Rojas le prestaban. La mezcla de presión armada y contactos de tipo diplomático fue habitual hasta la “rendición” del infante Enrique que acudió solo a la Corte, como le demandaba el rey, y su arresto por orden regia el 14 de junio de 1422. de Juan II (1406-1454) (Madrid: Fundación Ramón Areces, 2011), 35-36 y 152-153. 7 Archivo de la Corona de Aragón (en adelante ACA), Real Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV/V, 854; ya fue comentada y localizada por Francisco de Paula Cañas Gálvez, “La correspondencia de Leonor de Alburquerque con su hijo Alfonso V de Aragón: acción política y confidencia familiar del partido aragonés en la corte de Castilla (14171419)”, Espacio Tiempo y Forma. Serie III Historia Medieval 29 (2016), 183-247, en concreto 207 y 231-232; véase también Pilar Carceller Cerviño y Óscar Villarroel González. Catalina de Lancáster. Una reina y el poder (Madrid: Sílex, 2021), 407-408. 8 E1 11 de junio sabemos que estaba en Jérica (ACA, Real Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV/V, 857), y el día 22 de ese mes, apenas once días después, estaba ya en Peñafiel (ACA, Real Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV/V, 873. Ya fueron vistas por Carceller y Villarroel, Catalina, 408-409. Vicens (Juan II, 31), le situaba en mayo en Castilla por error, al seguir a Zurita. 9 Al menos los embajadores aragoneses así lo veían: era el arzobispo el que tomaba las decisiones: Carceller y Villarroel, Catalina, 408; ya fue apreciado en Villarroel, El rey, 152-153. 10 Al respecto véase: Lorenzo Galíndez de Carvajal. Crónica del serenísimo príncipe don Juan II de Castilla, en el tomo II de las Crónicas de los Reyes de Castilla, ed. Cayetano Rosell, Biblioteca de Autores Españoles, 68 (Madrid: Atlas, 1953), 379. 11 Santiago González Sánchez, “Un golpe de estado y sus consecuencias: el gobierno del infante don Enrique en Castilla (julio-diciembre de 1420)”, En la España Medieval, 36 (2013), 155-181. Aquí es interesante relacionar ese intento del infante Enrique con el papel que su propia madre la asignaba, apenas dos años antes. Sin duda parece que él se creía con el derecho a dirigir los asuntos familiares en Castilla. 12 Villarroel, “Guerra”, 43-59.
162 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 Desde ese momento el conflicto derivó hacia uno exterior, pues la prisión de Enrique supuso la intervención del Magnánimo para lograr su liberación, especialmente desde su llegada a la península a finales de 1423.13 Para lograrla buscó el apoyo de nobles de Castilla (incluyendo la coerción sobre su hermano Juan), y la presión militar,14 así como las negociaciones diplomáticas con su primo el rey castellano. De este modo, la diplomacia tuvo un papel fundamental que, como podemos observar, tenía un doble papel: visible y oculto. La amenaza militar llevó a un amago de invasión, en el que el ejército aragonés fue utilizado para forzar la negociación. La intermediación del rey Carlos III de Navarra fue importante, sin duda.15 Lo cierto es que en territorio de este reino se reunieron Alfonso el Magnánimo y su hermano Juan, como negociador nombrado por el rey castellano, que pusieron punto (y seguido, como sabemos) al conflicto con el acuerdo de Torre Araciel.16 2.2. 1427-1430: conflicto y guerra abierta El segundo acto del conflicto se iniciaría dos años después, cuando el enfrentamiento entre los infantes y el monarca de Castilla, con Álvaro de Luna junto a él, volvió a ponerse encima de la mesa. En esta ocasión los dos bloques eran claros, pues los infantes estaban en el mismo bando. Tras un breve triunfo de los infantes y el abandono de la corte de Álvaro de Luna en 1427, aquellos se vieron incapaces de gobernar y se hizo regresar al condestable ya en 1428. En unos meses se produjo la salida de los infantes de la Corte, Enrique con el cometido regio de acudir al sur, y Juan para su coronación en Navarra. En esta ocasión la “invitación” a mantenerse fuera del reino a Juan, así como la lejanía de Enrique serían los motivos que llevarían al conflicto abierto.17 Y de nuevo por medio de la intervención del Magnánimo. En septiembre de 1428 el infante Juan 13 Esto fue analizado por Villaroel, “Guerra”, 43-59; Ryder, “Alfonso”, 135-150. 14 Ryder, Alfonso, 159; Jorge Saiz Serrano. Caballeros del rey. Nobleza y guerra en el reinado de Alfonso el Magnánimo (Valencia: Publicacions de la Universitat de València, 2008), 25. 15 Lacarra, Historia, 227-229; su actuación la conocemos fundamentalmente por la crónica castellana de Alvar García de Santa María. Crónica de don Juan II de Castilla (1420-1434) (Madrid: Marco y Viñas, 1891), 361-390. 16 Un análisis del mismo en: Villarroel, “Guerra”, 57-59. 17 Este tramo del conflicto fue analizado por Villarroel, “Lo interno”, 215-25; Rymer, Alfonso, 187-220; Vicens, Juan II, 57-83; Lacarra, Historia, 230-235.
Ciclos de conflicto y negociación 163 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 intentaba convencer a su hermano de intervenir en Castilla, algo de lo que ya estaba convencido al menos en octubre.18 Ambos comenzaron a preparar tropas con las que pretendían, según decían, acudir junto al rey de Castilla para informarle de cómo le engañaban sus colaboradores y le mentían sobre los infantes. En esta ocasión se llegó a la guerra abierta cuando, pese a los reiterados avisos de Juan II de Castilla, Alfonso y Juan cruzaron la frontera en la unión de los valles del Henares y el Jiloca, avanzando hacia Alcalá de Henares. Entonces Castilla declaró la guerra y esta se generalizó en las diversas fronteras,19 mientras expropiaban las propiedades de los infantes en Castilla. Solo los apuros económicos –que en el caso navarro llevaron a las cortes, y tal vez la misma reina Blanca, a buscar la paz–20 y los problemas que empezaron a provocar al Magnánimo las Cortes, negándose a secundar su guerra con Castilla,21 llevarían a la negociación, que 18 Ryder, Alfonso, 191-196. 19 En las fronteras del reino de Valencia hay diversos trabajos: José Hinojosa Montalvo. “Las fronteras valencianas durante la guerra con Castilla (1429-1430), Saitabi, XXXVII (1987), 149-157; Ángeles Navarro Martínez. “Orihuela en guerra con Castilla: encuentro armado en las cercanías de Beniel en 1429”, en Fajardos y marqueses de los Vélez (Murcia: Asociación de Cronistas Oficiales de la Región de Murcia, 2007), 105-112; Francisco José Doménech Mira. “El asedio a la villa y el castillo de Caudete. Un episodio de la guerra de fronteras entre Castilla y Aragón (1429-1430)”, II Congreso de Historia de Albacete: del 22 al 25 de noviembre de 2000, (Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 2002), vol. 2, 91-112. Para la zona del Ebro Lacarra, Historia, 233-235; Óscar Villarroel González, “Castilla, Navarra y Aragón: negociación y conflicto en los años 30 del siglo XV”, en José Manuel Nieto Soria y Óscar Villarroel González (coords.). Comunicación y conflicto en la cultura política peninsular (siglos XIII al XV) (Madrid: Sílex, 2018), 83-112, donde se narra la situación en la zona de Laguardia, 100-109. Conocemos los gastos que ocasionó y el número de efectivos navarros (Jon Andoni Fernández de Larrea. El precio de la sangre. Ejércitos y sociedad en Navarra durante la Baja Edad Media (1259-1450). (Madrid: Sílex, 2013), 101 y 135. Aunque no toca esta guerra, sí el periodo posterior: Francisco Javier Goicolea Julián. “La guerra en la frontera navarro-riojana a finales de la Edad Media: la contribución de la villa de Haro en los conflictos bélicos entre los reinos de Castilla y Navarra, y sus repercusiones en la comunidad (1429-1512)”, en Actas del III Congreso General de Historia de Navarra (Pamplona: Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, 1996), 16pp. Una noticia de posibles movimientos en Guipúzcoa en Ramírez Vaquero, Solidaridades, 82. También menciona algunos defensores de tierra navarra: 101, 102, 104, 108, 113, 129, 130, 142, 150… aunque sin mencionar acciones de guerra. 20 ACA, Real Cancillería, Registros, 2686, ff. 44rv. 21 Ryder, Alfonso, 209-211.
164 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 fructificó en las treguas de Almajano en 1429, en las que se regulaba la negociación y el fin de la guerra.22 2.3. 1430-1435: tregua y negociaciones Desde este momento hay menos bibliografía que haya tratado los hechos, más allá de leves descripciones. Eso hace que, desde los dos puntos de vista que nos interesan aquí, el análisis de la diplomacia en el conflicto y la negociación, merece la pena una contextualización algo mayor, aunque entraremos después en su análisis. 2.3.1. El conflicto Que en Almajano no se había firmado más que una tregua para poder negociar es conocido de todos.23 Una larga tregua de cinco años, en la que se establecía también cómo se negociaría la concordia y los desacuerdos.24 Desde luego la historiografía parece haber tenido claro que aquello no era sino un intermedio. ¿Hubo algún intento de volver a la guerra a lo largo de esos años? Ya Zurita, con una visión historiográfica, lo indicaba: los infantes habían dejado la guerra “con ánimo de volver a ella con la primera ocasión”.25 Este indicaba también cómo eran los hermanos del Magnánimo los más belicosos, mientras que Alfonso evitaba la ocasión.26 Pero la documentación muestra cómo, pese a la tregua, incluso en 1430 Alfonso tramaba alianzas con Portugal, a quien animaba a luchar contra Castilla 22 Saiz, Caballeros, 30-31; Vicente Ángel Álvarez Palenzuela. “El precio de la guerra: algunos datos sobre el enfrentamiento entre Castilla y Aragón y Navarra, 1429-1430”, Estudios sobre patrimonio, cultura y ciencias medievales, 19 (2017), 61-92; Juan Carrasco Pérez. “Moneda y fiscalidad en el reinado de Blanca de Navarra: del monedaje a las "acuñaciones de guerra" (1428-1432)”, Príncipe de Viana, Año nº 64, nº 230 (2003), 557-586; Luis Pablo Martínez Sanmartín. “Guerra, Estado y organización social de la producción. Aragón en guerra con Castilla. 1429-1430”, Anuario de Estudios Medievales, 23 (1993), 445-470, en concreto 448. 23 Ya lo marcó claramente Lacarra: una tregua, no una paz (Lacarra, Historia, 236). 24 Villarroel, “Castilla, Navarra”, 90-110, se presenta la negociación, su funcionamiento y la documentación recogida. 25 Jerónimo Zurita, Anales de la Corona de Aragón (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2003, edición digital sobre la edición de Ángel Canellas López), libro XIV, capítulo 1. 26 Zurita, Anales, libro XIV, cap. 1.
Ciclos de conflicto y negociación 165 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 apoyando a sus hermanos.27 A lo largo de 1430 y 1431 el rey manifestaba a Enrique que necesitaba reunir dinero de las Cortes para poder actuar. Pero, el deseo del Magnánimo era otro y fue alargando la situación hasta el verano: sus intenciones, además, estaban visiblemente en Italia, para lo que preparaba una flota en Valencia.28 Efectivamente, partió para allí en mayo de 1432, llevando consigo posteriormente al infante Juan.29 Castilla por su parte tampoco estuvo inactiva. El problema allí eran los infantes Enrique y Pedro, que seguían resistiéndose al rey en la zona occidental, pese a lo establecido en las treguas de Almajano. Fuese intencionado o no, lo cierto es que la salida de Alfonso de la península fue acompañada, poco después, de la acción definitiva para expulsarles. La defección de uno de los seguidores aragoneses, que capturó a Pedro y lo entregó al rey, supuso la rendición y la entrega de lo que les quedaba a cambio de su libertad para poder marchar a Aragón.30 Además, siempre se tuvo consciencia de que la tregua expiraba y que, en sí, seguían en guerra. Así, cuando en 1434 Juan II de Castilla excusaba su poca ayuda al rey de Francia con los ingleses, aludía a la guerra de Granada; pero también a la que tenía con los reyes de Aragón y Navarra, cuya tregua finalizaba en medio año.31 El mismo Alfonso en ocasiones se mostraba convencido de que las negociaciones no servían, así, en octubre de 1432 le decía a su hermano vemos bien qu’exos afferes con la l’espada se han de avenir e no por tractos algunos.32 En esa carta, además, se mostraban temores ante posibles actuaciones en la frontera: no se fiaban de Castilla. Así, aunque Alfonso diese largas, nunca se desentendía del todo. En noviembre de 1433 volvía a hablar de regresar al año siguiente a Castilla, dado que las negociaciones con Álvaro de Luna nunca darían resultado.33 Sin embargo, poco después llamaba a su hermano Juan junto a él, aunque este mostró 27 Ryder, Alfonso, 219-220; citando ACA, Real Cancillería, Registros, 2692, 111. 28 Ryder, Alfonso, 224-227. 29 Al menos está localizado en la península hasta 1434. En marzo está en Tafalla (Florencio Idoate. Catálogo del Archivo General. Sección de Comptos. Documentos, (XLI, Pamplona: Aramburu, 1966), 260, doc. 683), en junio se le escribe a Valencia (311, doc. 822) y en julio se le localiza ya en Sicilia (341, doc. 897). 30Luis Suárez Fernández, “El gobierno de don Álvaro de Luna”, en Los trastámaras de Castilla y Aragón en el siglo XV, vol XV de la Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal, (Madrid: Espasa, 1964) 123-150, en concreto 134-136. 31 García de Santa María, Crónica, vol. 100, 408. 32 ACA, Real Cancillería, Registros, 2693, f. 37v. 33 ACA, Real Cancillería, Registros, 2688, f. 141r; Ryder, Alfonso, 244.
172 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 solucionarlo. De modo que la entrada se iba a producir. De nada sirvieron los avisos (del rey, de nobles y de ciudades) de que si entraban en Castilla se les resistiría militarmente. Pero, sin duda, la más llamativa de las acciones diplomáticas cuyo único objetivo parecía mantener la situación y no llegar a ninguna conclusión fue la que se desarrolló entre Ágreda y Tarazona entre 1430 y 1434. Como se ha dicho, se dotó de todas las formas necesarias para alcanzar la paz. Sin embargo, se plantearon todos los conflictos posibles a solucionar y nunca se avanzó en su solución. La propia forma de trabajo suponía un retraso tras otro: se presentaban las acusaciones, se daba un plazo para responder, se respondía aportando más documentación, se daba un plazo para alegar, se alegaba con más materiales, a lo que seguía un nuevo plazo para responder a la alegación… así sine die. Los plazos se alargaron durante años, haciendo necesaria la prórroga de los poderes de los procuradores año tras año.60 Desde la corte navarra está documentado un contacto constante con los delegados en Tarazona, que en ocasiones acuden a la corte, y a los que sus costas se les pagan religiosamente.61 Y, sin embargo, sabemos que entre tanto los infantes Enrique y Juan intentaban convencer a su hermano para volver a la guerra, pese a que los negociadores estaban trabajando y pese a que lo acordado en las treguas de Almajano lo prohibía.62 Pero existía la creencia de que se trabajaba para ese fin. Las mismas Cortes catalanas lo tenían claro y, como veremos, demandaban a la reina que se pusiese fin a esas largas negociaciones con un acuerdo de paz.63 Es evidente, eso sí, que el infante Juan sabía que no era la vía para conseguir el acuerdo, de ahí que, aunque les cometiese la solución de problemas en la frontera,64 una vez volvió como gobernador general, envió una embajada a Castilla para tratar de la paz definitiva. Era la confirmación de que esos negociadores en el fondo habían estado perdiendo el tiempo. 60 Casi toda la documentación está en ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 5473tris. Una visión general de cómo funcionaba en: Villarroel, “Castilla”. 61 Idoate, Catálogo, los volúmenes XL, XLI y XLII están llenos del envío de mensajeros, cartas, correos… véase, por ejemplo, el año 1433: vol. XLI, docs. 83, 162, 209, 259, 399, 752, 772, 779, 815, 826… y eso solo de enero a junio. 62 Ryder, Alfonso, 218-220. 63 ACA, Real Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV/V, sin fecha, 173. 64 ACA, Real Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV/V, 1787.
Ciclos de conflicto y negociación 173 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 3.1.2. La diplomacia como arma: contrainformación y mentira En los últimos años la comunicación ha sido objeto de atención por la historiografía, lo que incluye la historia de la diplomacia pues esta es la base de su desempeño.65 Dentro de la comunicación y la transmisión de información también se ha analizado la versión negativa: la desinformación, cuando se transmite algo que, pudiendo ser contrario a la verdad, tiene un objetivo claro: favorecer la posición propia y estorbar la del rival.66 La diplomacia podía ser utilizada para eso: los embajadores eran enviados para transmitir un mensaje, pero ese mensaje podía ser falso, o, al menos, una media verdad.67 Haremos ahora un análisis pormenorizado de esas ocasiones. Un ejemplo de esa utilización de la media verdad como arma de desinformación y su transmisión por la diplomacia, la encontramos en 1423 y 1424 con Alfonso el Magnánimo y la cuestión de los exiliados. Siempre manifestó que no podía hacer nada con los fugitivos por motivos legales. Esto era una media verdad, pues alegaba (y lo repetían sus embajadores) que la ciudad de Valencia los había acogido y expulsarlos iría contra los fueros. Pero la realidad era que fue la reina María la que les puso bajo su protección.68 En esa embajada y en la siguiente utilizó también la propuesta de realización de unas vistas como forma de solución. Con ello, se iniciaba un doble juego porque envió su embajada a Castilla, insistiendo en la realización de unas vistas, al tiempo que buscaba aliados para una posible intervención en Castilla (por sus contactos con Foix)69 y se daba tiempo para contactar con nobles castellanos para que influyesen en la liberación del infante.70 Así, se vertía una idea que no se tenía intención de cumplir (pues cuando la respuesta fue positiva se dio largas al asunto sin llegar a acometerlo –como acabamos de ver–). 65 Véase, por ejemplo: Isabella Lazzarini. Communication and conflict: Italian diplomacy in the early renaissance, (Oxford: Oxford University Press, 2015). 66 Al respecto véase. Jean Verdon. Information et desinformation au Moyen Âge. (París: Perrin, 2010). 67 Véase: Villarroel, “Guerra”, 54-55; y “Lo interno”, 204-205. 68 Ya mostraba este hecho: Villarroel, “Guerra”, 50; también el apoyo económico del rey a los exiliados. 69 Villarroel, “Guerra”, 51-53; Ryder, Alfonso, 159. 70 Zurita, Anales, Libro XIII, cap. XXV.
174 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 Pero hubo formas más refinadas de desinformación, buscando emitir mensajes contrarios al rey vecino en su propia corte y en sus propias instituciones. Ya hemos visto cómo el Magnánimo escribía a nobles castellanos y Juan II comenzó a hacer lo mismo. Así, sabemos que cuando ya la entrada armada en su reino estaba anunciada, el rey envió procuradores urbanos que pedían que no se produjese, además de cartas de nobles pidiendo que no fuese a Castilla (incluso algunos que, teóricamente, le apoyaban). Con ello se difundía un mensaje de unidad adecuado. Pero, además, los embajadores castellanos debían dirigirse al consejo real aragonés, buscando minar la postura del Magnánimo. Por último, también envió cartas a ciudades, Cortes e instituciones eclesiásticas aragonesas, buscando socavar la autoridad de Alfonso.71 Este tipo de actuaciones, que nos ha llegado en alguna ocasión, fue comprendido por el Magnánimo, puesto que dio instrucciones al respecto en julio de 1425: las cartas que llegasen a cualquier ciudad debían ser enviadas a la Corte sin abrir ni leer. Indicaba que el castellano había hecho eso con cartas que él envió a Castilla, y por ello había decidido usar en aquella mateixa manera.72 Como vemos, jugaban al mismo juego. También se utilizó la correspondencia para intentar conseguir agentes que informasen o presionasen al rival. Es el caso de 1424, cuando el Magnánimo escribió a Fernán Alfonso de Robles y Diego González de Sandoval para conseguir que incitasen al rey a liberar al infante Enrique.73 Las cartas que escribieron Alfonso y Juan en 1429 en las que se acusaba al rey castellano de maltratar a su hermana tenían ese objetivo: difamar al monarca para debilitarle frente a sus súbditos.74 Además, difundió en Castilla que el que se sospechase que reunía tropas para acudir allí le decidió a hacerlo, para explicarle la verdad al rey, eso sí, rodeado de su ejército: así el agresor se convertía en ofendido.75 De hecho, en alguna embajada, como la mencionada de 1429, los enviados tenían instrucciones de defender la entrada con armas ante la Corte, así como que se tenía derecho a una entrevista y se insistía en que las vistas no les deben seyer denegadas, pese a que el aragonés fuese rodeado tropas.76 Y se interesaban 71 Villarroel, “Guerra”, 54-55. 72 Archivo del Reino de Valencia (en adelante ARV), Cancillería, Cartas reales, Alfonso V, 249. 73 Villarroel, “Guerra”, 51. 74 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 144v-145r. 75 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 141r. 76 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 143v.
Ciclos de conflicto y negociación 175 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 porque sus discursos tuviesen la mayor repercusión posible: se les ordenaba que hablasen delante del Consejo y de los representantes urbanos. El rey de Castilla también utilizó estas tácticas de desinformación. Así, por ejemplo, a principios del año 1429 escribió al arzobispo de Zaragoza para intentar convencerle de su posición. El hecho de que el prelado fuese castellano, Alfonso de Argüello, es posible que estuviese en la raíz de ese intento, pensando que podría convencer al Magnánimo. Sea como fuese, parece posible que llegara a costarle la vida al arzobispo.77 También buscó socavar los intereses de sus rivales mientras estaba con sus tropas en Aragón en 1429. Así, sabemos que escribió a los procuradores de las cortes de los tres territorios de la Corona para pedirles que no apoyasen al rey Alfonso ni al de Navarra.78 También escribió a ciudades, presentando toda su visión sobre la cuestión, como fue el caso de Zaragoza,79 a los que prometió (cuando ya se preveía su entrada en Aragón): Non fazer ni permitir que vos sea fecho mal ni danyo por las nuestras gentes, salvo si vosotros, olvidando lo susodicho, lo qual no devíades ni devedes fazer, diésedes favor /156r o ayuda a los dichos reyes o a qualesquier dellos nos hacer ningún daño.80 Se buscaba, obviamente, socavar el poder de Alfonso. Para ello indicaba que quería enviar sus embajadores y les pedía le enviasen un salvoconducto, puesto que quería buscar acuerdos para poner fin a la guerra: se presentaba como el que buscaba la paz.81 A esto habría que unir otro hecho: sabemos que los Tres Estados navarros buscaron conseguir la paz, y debieron enviar una embajada a Alfonso V para que se hiciese una propuesta en ese sentido. Así se lo decía Blanca a Alfonso, quien intentó disuadirla (pues podía ser visto como signo de debilidad). Se mostró indignado con las cortes navarras, además, a las que poco menos que 77 Ryder, Alfonso, 197-198; efectivamente desapareció y nunca se volvió a saber de él. 78 ACA, Generalitat, serie V, 233, 206; veáse también Arxiu Historic de la Ciutat (Barcelona, en adelante AHC), 1C.III-2, carpeta 6, doc. 2. Villarroel, “Lo interno”, 194195. 79 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 154v-156r. 80 Ibídem, ff. 155v-156r. 81 Ibídem.
176 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 llamaba pusilánimes.82 ¿Acaso intervino Juan II de Castilla también ante las cortes navarras? Y con las treguas las cosas no cambiaron, pues en 1432 Juan II de Castilla volvió a utilizar estas tácticas. Envió a Alvar García de Alarcón para protestar por actos de los infantes Enrique y Pedro en Extremadura, que iban contra las treguas firmadas. Este emisario acudió ante los reyes y ante los catorce diputados, pero estuvo también en Barcelona, haciendo llegar su queja ante el Consell de la ciudad.83 Con ello, vemos cómo seguía buscando amplificar las quejas ante aquellos que podían suponer un apoyo (directo o indirecto). También, por ejemplo, con el caso de las monedas falsas, pues sabemos que Ramiro Yáñez de Barrionuevo fue enviado ante Alfonso a Italia para quejarse.84 3.1.3. La diplomacia como arma: espionaje e información Otra forma en la que se podía utilizar la diplomacia era para obtener información. Aquí los límites entre información y espionaje son difusos, y a lo largo del periodo medieval se ha podido apreciar en ocasiones.85 Y en estos ciclos conflictivos también encontramos ejemplos de la utilización de este tipo de tácticas, en algunos casos empleando directamente la diplomacia, y en otros tenemos constancia del envío de misiones secretas. 82 ACA, Real Cancillería, Registros, 2686, 44rv. 83 AHC, 1.C. III-2, Carpeta 3, doc. 5. Tiene la curiosidad de tener una copia de la carta de poder al dicho Alvar García en catalán, emitida en Valladolid el 26 de mayo de 1432. Parece lógico pensar que traducida al recogerse en la documentación barcelonesa, aunque es interesante que no siempre se hacía así, véase, por ejemplo, el doc. 6 que tiene la carta del rey de Castilla en castellano y con letra castellana. 84 Zurita, Anales, libro 14, cap. XXVI; Vicens, Juan II, 89. 85 Desde el clásico de Georges. Cirot, “L’espionnage en Espagne au temps de la Reconquéte”. Bulletin Hispanique, 4 (1917), 259-264; o el de Christopher Allmand. “Les espions au Moyen Áge”, L’Histoire, 55 (1983), 34-41; John R. Alban, y Christopher Allmand, “Spies and spying in the fourteenth century”, en Christopher Allmand (ed.), War, Literature and Politics in the Late Middle Ages. Essays in Honour of G.W. Coopland. (Liverpool: Liverpool University Press, 1976), 73-101; y en el ámbito hispano Santiago González Sánchez. “El espionaje en los reinos de la Península Ibérica a comienzos del siglo XV”, En la España Medieval, 38 (2015), 135-194; Nicolás Agrait Cordero. “La inteligencia militar en la Península Ibérica (1252-1350): métodos y usos”, Revista de Historia Militar, 114 (2013), 11-40; o Pablo Sanahuja Ferrer. “Aportación al estudio del espionaje y la inteligencia en una ciudad medieval: Valencia en la guerra de los Dos Pedros (1356-1366)”, Edad Media. Revista de Historia, 21 (2020), 455-478.
Ciclos de conflicto y negociación 177 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 Según Ryder, Alfonso tenía en Castilla espías que le informaban de las relaciones entre su primo castellano y Federico de Aragón, conde de Luna.86 No es la única mención que tenemos a misiones de tipo secreto. El Archivo General y Real de Navarra también conserva datos del envío de este tipo de misiones. Así, al menos en septiembre de 1430 sabemos que Machín de Berroeta debía acudir en secreto a Castilla (portando cartas para el rey y para Simón de Leoz, embajador navarro).87 Ese mismo mes, Marín de San Vicente recibió 4 florines por el viaje “secreto” que emprendía a Castilla, cumpliendo una misión para los reyes.88 No deja de ser interesante que el contexto era el de la negociación de Almajano. Pero incluso los embajadores podían ser utilizados de este modo, en un ejemplo de lo que se ha calificado como información “legal o visible”.89 En concreto, en las detalladas instrucciones que el Magnánimo dio a sus embajadores en abril de 1429, la última antes de la invasión, el Magnánimo intentó utilizarles como fuente de información. Además de intentar convencer al rey de sus buenas intenciones tenían órdenes específicas para permanecer en la Corte castellana todo el tiempo que pudiesen, escribiendo a diario al rey con todo lo que viesen y oyesen, hasta que él o el rey de Navarra les hiciesen llamar o hasta que el rey castellano les expulsase.90 De esta forma, las muy específicas instrucciones del Magnánimo nos muestran claramente cómo buscaba utilizar a sus diplomáticos para obtener la máxima información posible del enemigo justo cuando pretendía entrar con su ejército en Castilla. Ciertamente esa búsqueda de información era algo que podía ser habitual, especialmente en el caso de personas expatriadas,91 pero en un contexto bélico como este, sin duda, llama la atención. 3.1.4. La diplomacia como arma: socavar el poder ajeno También la diplomacia fue utilizada en acciones que casi podríamos tildar de sabotaje político. Es, tal vez, la forma que más encontramos en 86 Ryder, Alfonso, 211. 87 Idoate, Catálogo, XXXIX, 302, doc. 1115. 88 Ibidem, 420, doc. 1193. 89 Agrait, “La inteligencia”, 12. 90 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 143v; Villarroel, “Lo interno”, 192. 91 María Luz Mandigorria Llavata. “Entre dos reinos. Cartas de María de Castilla, reina de Aragón”, Ars Longa, 23 (2014), 41-58; en concreto 45.
178 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 este ciclo conflictivo, pues ambos monarcas no dudaron en buscar apoyos en el reino ajeno, con formas, eso sí, muy distintas. Por un lado, se buscaba soliviantar a los fieles del rival. Un ejemplo es la embajada enviada a Castilla a principios de 1425 y encabezada por Francisco Sarçuela y Juan de Olzina: además de poner problemas al acuerdo o presentar peticiones exageradas, intentaron convencer a algunos grandes de apoyar al Magnánimo. Además, habrían servido como correos para entregar al infante Juan una carta de su hermano. El objetivo parecía que era socavar los intentos de Carlos III de Navarra para mediar en el conflicto sin llegar a las armas: es decir sabotear las negociaciones desde dentro de Castilla.92 Durante los meses siguientes Alfonso escribió a nobles castellanos para intentar atraérselos y enfrentarlos a Álvaro de Luna,93 y para ello no dudaba en difundir informaciones más o menos falsas pero dañinas para la imagen de Juan II.94 Otro ejemplo es la ya mencionada embajada de abril de 1429 del Magnánimo en Castilla, compuesta por Luna, Peralta y Sarçuela. Estos tenían entre sus instrucciones conseguir que al hablar ante el Consejo estuviesen los procuradores urbanos, y, si no lo estaban, luego debían hablar con ellos para explicarles su posición. Indudablemente el objetivo era socavar la posición regia, Y para ello aludía a un bien superior, o a un peligro supremo: redundaba en turbación de los reinos e más encara destrucción de toda Espanya.95 Todo esto añadido a su labor de recabar información. El castellano hacía exactamente lo mismo de diversas formas. Lo hizo por medio de cartas, buscando convencer a personas o instituciones para que se opusiesen a la invasión de Castilla. Así se hizo, por ejemplo, con Alfonso de Argüello, arzobispo de Zaragoza, ya comentado,96 o con el caso del abad de Poblet al que escribió una detallada carta.97 También lo hizo con instituciones tan poderosas, y con tanta capacidad de coartar el poder, como eran las Cortes en la Corona de Aragón. Escribió a los 92 Javierre Mur, “Diplomacia”, 16; Villarroel, “Guerra”, 53-54. 93 Villarroel, “Guerra”, 53-54. 94 Por ejemplo, lo que éste narraba al abad de Poblet: que se les intentaba convencer de que él maltrataba y apartaba a su mujer la reina: Javierre, “Diplomacia”, 10-21. 95 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 140r y ss; Villarroel, “Lo interno”, 187. 96 Ryder, Alfonso, 197-198. 97 Javierre Mur, “Relaciones”, 16.
Ciclos de conflicto y negociación 179 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 procuradores buscando que se opusiesen a la política castellana del rey.98 Se presentaba como natural también de esos reinos (como nieto del Ceremonioso -aunque fuese bisnieto, y recordemos que esa era la relación que granjeó a Fernando el trono-), y que siempre buscó su bien, pidiéndoles evitar que le hiciesen el mal a él, no apoyando al rey Alfonso en su política castellana.99 Además, se presentaba como el que buscaba la paz, por lo que les pedía salvoconducto para los embajadores que pretendía enviarles. Así, utilizaba la diplomacia y la búsqueda de la paz para socavar, en un momento de guerra, el poder de su rival para abrir el paso a la negociación, al verse el Magnánimo presionado por sus propias instituciones. Y en parte lo logró: la ciudad de Barcelona acusaba a Alfonso de manipular las negociaciones.100 Era, así, un auténtico sabotaje político que nos muestra al rey castellano conocedor del poder de las cortes en la Corona. ¿Acaso se dio un paso más con el uso de la mentira? Tenemos constancia de una carta de la reina de Castilla, María de Aragón, que habría recibido el infante Juan. No sabemos el contenido, pero el Magnánimo prevenía a su hermano sobre las letras enviadas por nuestra ermana la rreyna nos paresce que todo aquello sea enganyo.101 No se fiaba de lo que se decía (¿sospechando que no hubiese sido escrito por ella sino por el entorno del rey, acaso?). Tampoco se dudaba en apoyar a los rivales del enemigo. Así, por ejemplo, el Magnánimo permitió que se acogiese a los exiliados castellanos e, incluso, se preocupó por que los menos favorecidos pudiesen tener ingresos para poder sobrevivir.102 A su vez, Juan II apoyó a Fadrique de Luna, nieto ilegítimo de Martín el Humano y, cuando huyó de Aragón, le acogió en Castilla.103 Lo mismo hizo con Godofre de Navarra, hijo 98 ACA,Generalitat, serie V, 233, 206. 99 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 155v-156r. 100 Ryder, Alfonso, 162. 101 ACA, Real Cancillería, Registros, 2693, f. 37v. 102 Villarroel, “Guerra”, 50-51; Ricardo Cierbide y Emiliana Ramos. Documentación medieval del archivo municipal de Pamplona. 1357-1512. II, (San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 2000), 227. 103 Ryder, Alfonso, 211-212.
180 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 ilegítimo de Carlos III.104 También se buscó apoyar a otros posibles rivales aragoneses en el Mediterráneo.105 3.2. La diplomacia para la paz Sin embargo, en ocasiones la diplomacia sí fue utilizada para la paz. Cuando la situación bélica fue insostenible se empleó la diplomacia de la forma más tradicional posible: tantear, buscar y ofrecer un acuerdo que pusiese fin a los enfrentamientos. Esto pudo desarrollarse de dos formas posibles: por medio de agentes externos que, se ofrecían como mediadores; pero también por medio de propuestas propias, cuando los embajadores actuaron acordes con ese fin. 3.2.1. Las mediaciones A lo largo de los años de conflicto hay documentadas varias mediaciones externas: la de Carlos III en 1425, la del rey de Portugal entre 1429 y 1430, y la del conde de Foix en 1430. Ninguna de ellas llegó a buen puerto, pero no deja de ser reseñable que al menos en dos de ellas todos se aviniesen, al menos en apariencia, a que se produjese. A principios de 1425 se negociaba una tregua con la figura interpuesta de Carlos III el Noble de Navarra. Este se había ofrecido y ambos lo aceptaron (el rey castellano incluso aceptaba una mediación personal),106 pero la embajada aragonesa de Sarçuela y Olzina ya comentada la desbarató, marchándose antes de que llegasen los castellanos. Años después sería el rey portugués el que se ofrecería para mediar. Sabemos que el embajador que hizo la propuesta ya estaba trabajando en Barcelona el 10 de enero de 1430 (habiendo hablado ya con negociadores del Magnánimo).107 Éste pedía que los bienes de la reina Leonor se viesen incólumes y que no hubiese novedades en los de los infantes (aunque estaban ya expropiados).108 El 13 de marzo llegó una respuesta de Castilla 104 Queda excluido, como Fadrique de Luna, de la paz de 1436 y se le prohíbe entrar en Navarra: Bofarull, Colección, 473. Ya en 1428 vio sus bienes expropiados por sus actividades políticas: Fernández de Larrea, El precio, 119. 105 Álvarez Palenzuela, “El coste”, 78. 106 Galíndez, Crónica, 431; García de Santa María, Crónica, 99, 361-362; Javierre Mur, “Diplomacia”, 16. Véase: Castro, Carlos III, 376; Villarroel, “Guerra”, 53-54 107 ACA, Registros, Alfonso IV/V, 2686, f 7r. 108 Villarroel, “Lo interno”, 195-196; Vicens, Juan II, 71-72. Dos cartas de la mediación,
Ciclos de conflicto y negociación 181 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 que no gustó al aragonés: aceptaría si se devolvían los bienes y el libre paso a Fadrique de Aragón y si se dejaba excluidos a los súbditos castellanos que apoyaban a los infantes.109 Esto no obstó para que el rey aragonés mantuviese su búsqueda de recursos militares e intentar convencer a su cuñada Blanca de que no buscase la paz. Tampoco para que se buscase a principios de abril el arbitraje por parte del rey portugués.110 Esta mediación y tregua coincide en el tiempo con la confusa actuación del conde de Foix. Según Zurita se habría presentado para mediar, pero el rey de Aragón le convenció para que le enviase tropas, aunque le informaba de la situación y del avance hacia una tregua y negociación.111 Como vemos, pues, pese a las mediaciones ofrecidas, y pese a que se aceptaban partes de las propuestas, parece que el ánimo no estaba lo suficientemente maduro para la paz, pues, fuesen escusas o realidades, se ponían problemas y fracasaban (achacando siempre al rival la falta de compromiso). 3.2.2. La diplomacia para la paz Pero, en ocasiones, la diplomacia sí tuvo la utilidad aparentemente básica para la que existía: la búsqueda del acuerdo y de la paz. En medio de toda esta vorágine de usos como herramienta casi propagandística, también encontramos momentos en los que se plantearon las vías para conseguir el acuerdo. Así se planteaban las soluciones, que podían ejecutarse en ese momento o más tarde. Por ejemplo, ya antes de que su ejército se pusiese en marcha en 1425, el Magnánimo planteó a los embajadores castellanos que si el rey liberaba a su hermano Enrique disolvería las tropas.112 El ejército en sí era más un arma de presión diplomática, dado que no podía por parte de Nuño Martínez de Silveira, en ACA, Cancillería, Procesos, volumen, 56, f. 7r. 109 ACA, Cancillería, Registros, Alfonso IV/V, 2686, ff. 44rv. La presentaba a Blanca como ejemplo de lo poco que querían la paz en Castilla. 110 ACA, Real Cancillería, Procesos en volumen, 56, 167v-168; Villarroel, “Lo interno”, 236. 111 Esta mediación es confusa y aún poco conocida, es posible que el futuro lleguemos a conocer más con la documentación del ACA. Véase: Villaroel, “Lo interno”, 236-237; Zurita, Anales, XIII, cap. LXV. 112 Villarroel, “Guerra”, 55; García de Santa María, Crónica, vol. 99, 372.
188 Óscar Villarroel González EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 En el camino, a lo largo de todos esos años de conflicto más o menos larvado, más o menos abierto, la diplomacia tuvo un papel fundamental en la defensa de la posición propia frente a los rivales, en la consecución de objetivos políticos que debilitasen, al contrario, o en el mantenimiento de la situación a la espera de que mejorasen las posibilidades propias. Y todos los implicados actuaron de ese modo. Se ha podido comprobar cómo, de esta forma, la diplomacia se convirtió en una herramienta al servicio de todos los poderes políticos (Castilla, la Corona de Aragón y Navarra) que no tenían ningún problema en mantener el conflicto, porque en ese momento no les interesaba buscar un acuerdo, dado que les iba a ser desfavorable. Una diplomacia que sirvió de formas muy diversas a los reyes, pero en muchas ocasiones de una forma poco clara o al menos no en consecuencia con el objetivo teórico que se planteaba. Así, hemos visto embajadas que buscaban debilitar la posición del rey rival en su propio reino, que hablaban de paz, pero en el fondo estaban buscando mejorar la posición del poder al que servían para que pudiese imponerse en el conflicto (o disponer de una mejor perspectiva a la hora de negociar un acuerdo). Su utilización como propagandistas, como espías, como incitadores a la revuelta… tenía ese objetivo. Más allá de que el Magnánimo tuviese éxito en 1425, y que en 1429 y 1430, sin embargo, fuese el castellano el que consiguiese sus objetivos, lo relevante aquí es cómo todos fueron capaces de utilizar la diplomacia como un arma más para conseguir los beneficios deseados, de forma abierta, o de forma subrepticia. Los avatares y los intereses políticos harían que, pese a la guerra, pese a la conciencia de que no parecía haber solución, y pese a los reveses que unos y otros sufrieron, se llegase a una posición en la que la paz definitiva se dirimió rápidamente, en una negociación de unas semanas. La voluntad y la seguridad de que había que ceder para alcanzar un acuerdo, estuvo en la base, más que los derechos alegados por cada uno. Una negociación que, basada en la diplomacia, ignoró por completo la vía diplomática que se había ideado en Almajano, y que no fue más que una vía muerta que parecía ideada para no llegar a ningún sitio, como un compás de espera mientras cambiaban las cosas. Los diputados de cada reino, lo supiesen o no, dijese lo que dijese el acuerdo de Almajano, estaban simplemente para sobrellevar e intentar decidir sobre conflictos particulares derivados de la guerra, pero no para alcanzar un acuerdo final (al cual, los mismos negocios, nunca les dejaron llegar). Estaban puestos en la frontera simplemente para que el tiempo pasase mientras mejoraba la
Ciclos de conflicto y negociación 189 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 157-194 ISSN: 2530-6448 situación para el Magnánimo, o mientras se imponía la realidad y éste tenía que ceder ante el castellano. Parece, así, cobrar sentido la frase que siglos después pronunciaría el primer ministro británico, con la que comenzábamos este trabajo porque, si no para perder el tiempo, si estaban para que este pasase sin que nada cambiase. Fuentes inéditas Archivo de la Corona de Aragón, Generalitat, Serie V, 233. Archivo de la Corona de Aragón, Real Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV/V: 854, 857, 873, 1461, 1740, 1753, 1756, 1782 y 1787; sin fecha: 173. Archivo de la Corona de Aragón, Real Cancillería, Procesos en volumen, 55-70tris. Archivo de la Corona de Aragón, Real Cancillería, Registros: 2686, 2688, 2692 y 2693. Archivo del Reino de Valencia, Cancillería, Cartas reales, Alfonso V, 249. Arxiu Històric de la Ciutat (Barcelona), 1C.III-2, carpetas: 3 y 6. Biblioteca Nacional de España, mss. 18635 BIBLIOGRAFÍA Fuentes editadas Arigita y Lasa, Mariano. Historia de Navarra. Colección de Documentos. Pamplona: Imprenta Provincial, 1900. Carrillo de Huete, Pero. Crónica del halconero de Juan II de Castilla. Madrid: Espasa, 1946. Cierbide, Ricardo y Emiliana Ramos. Documentación medieval del archivo municipal de Pamplona. 1357-1512. II. San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 2000. Galíndez de Carvajal, Lorenzo. Crónica del serenísimo príncipe don Juan II de Castilla, en el tomo II de las Crónicas de los Reyes de Castilla, editado por Cayetano Rosell, Biblioteca de Autores Españoles, 68. Madrid: Atlas, 1953.
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