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MARTIN, Therese, ed. The Medieval Iberian Treasury in the Context of Cultural Interchange

Pelaz Flores, Diana

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EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 505-510 ISSN: 2530-6448 MARTIN, Therese, ed. The Medieval Iberian Treasury in the Context of Cultural Interchange. Leiden – Boston: Brill, 2020, 304 pp. ISBN: 978-9004-42458-6, e-book: 978-90-04-42459-3. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/em.25.2024.505-510 La búsqueda de elementos de estudio enmarcados en el ámbito de la cultura material posee una extraordinaria riqueza y plasticidad en cuanto a sus enfoques, posibilidades de análisis y la información que pueden brindar a la historiografía del momento. Más concretamente, en relación al pasado medieval, se trata de piezas con un carácter evocador de primer nivel hacia la época a analizar, dando la posibilidad a quien se acerca a esas piezas, ya sea desde la Historia o desde la Historia del Arte, de conectar de manera directa con el sujeto de estudio que, en última instancia, está tras la ejecución de esos objetos. Sin embargo, su potencial va mucho más allá, al ofrecer la posibilidad de trazar un análisis de la pieza que lo conecte con las vivencias y los diferentes usos que pudo experimentar el objeto en sí mismo, además de rastrear su calado en el ámbito del poder, laico o eclesiástico, o plasmar los motores de comunicación que favorecieron la conjunción de diferentes elementos en una única pieza. El libro que aquí se reseña, editado por Therese Martin, es un gran exponente del potencial que la cultura material encierra cuando se conecta con miradas y perspectivas de análisis muy diversas entre sí, pero todas ellas necesarias para recomponer el significado que un conjunto como el del tesoro de San Isidoro de León tuvo en su momento. Su capacidad transformadora del espacio y de otorgar significado tanto a quien lo poseía como a la(s) persona(s) que podían utilizar, pero también depositar, donar, prestar, intercambiar, emular cada una de esas piezas, señala la trascendencia del objeto y su carácter multiforme de uso y estudio. De ahí la importancia de la concepción de esta obra y del equipo que la ha llevado a cabo. El planteamiento de colaboración entre especialistas de diferentes disciplinas y la voluntad de redimensionar el contexto de las piezas a estudiar, valorando su cronología, procedencia y el significado que adquieren al ser depositadas en el tesoro isidoriano contribuyen decididamente a transformar la percepción del espacio en el que se depositan y la intención, así personal como linajística, de sus comitentes y 506 Reseña EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 505-510 ISSN: 2530-6448 promotores/as. Se apuesta por un enfoque integral que ayuda a comprender el lenguaje del poder y el protagonismo adquirido en esa empresa por las mujeres del linaje regio. Gracias a esta consideración es posible ahondar en planteamientos que encajan con la Global History o los Global Studies, en tanto que favorecen la comprensión de la pieza desde su proceso creador a su proceso de interconexión con escenarios muy distantes al lugar de depósito de los objetos. Un hecho que, además, favorecerá el reconocimiento de esas piezas más allá del contexto hispano en el que se encuentran, uno de los objetivos de la obra que, sin duda, se ve estimulado gracias a su publicación en Open Access. El análisis coral del tesoro isidoriano permite la revisión de las piezas – así como de la configuración en sí misma del tesoro– desde enfoques diversos, actualizando, cuando no modificando sensiblemente, lo que se conoce al respecto. Aunque no se puede decir que se trate de un conjunto desconocido, sí merece una reflexión intensa, gracias a nuevos interrogantes y también a las nuevas técnicas con las que se pueden estudiar las piezas, desde técnicas de datación al análisis compositivo y del entramado de las telas, piezas que, como señalan Ana Cabrera Fuente y María Judith Feliciano en sus respectivos trabajos, ofrecen mucha más información y requieren de una mayor atención de la que se les ha concedido hasta la fecha. Precisamente, esa pluralidad de enfoques y la pretensión por comprender en su totalidad la realidad que esconde la creación, confección y depósito de dichas piezas hace de esta obra un aporte que no puede pasarse por alto en la historiografía actual para una mejor comprensión del poder político y religioso, así como para el reconocimiento del programa diseñado por la parentela regia a la hora de dotar de elementos de prestigio a las instituciones promovidas o favorecidas desde la monarquía. La búsqueda de un lujo y refinamiento que fueran auténticos signos de distinción de la familia real se imbrica a la perfección en la vertebración del tesoro isidoriano, estimulando la colaboración entre diferentes credos y la reiteración en los ejemplos de protagonismo femenino asociados a los objetos durante la Plena Edad Media, como señala Therese Martin al comienzo de la obra (p. 1). Su estudio, centrado precisamente en la evolución del tesoro de acuerdo a la andadura de la institución, se adentra en la conexión con el Infantazgo y sus principales protagonistas, como promotoras y patronas. No obstante, gracias a los nuevos trabajos de datación realizados en las diferentes piezas del tesoro, se comprueba la continuidad en el tiempo de la construcción del tesoro, haciendo de él un elemento referencial de la institución que, como tal, evoluciona a medida que transcurre el periodo medieval gracias a nuevas Reseña 507 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 505-510 ISSN: 2530-6448 donaciones y piezas que son depositadas durante el periodo bajomedieval. Más concretamente, el siglo XIV se presenta como un momento de relevancia para la incorporación de esas nuevas piezas, ya no otorgadas por la familia real, sino por personas interesadas en mantener y revitalizar el esplendor de San Isidoro, concediendo al tesoro también una vinculación con la sociedad leonesa del periodo bajomedieval, lo que permite insistir en su capacidad como elemento identitario de la ciudad. Lejos de tratarse de una aportación menor, permite reconstruir parte de la historia del tesoro, sus momentos de esplendor y los agentes políticosociales que posibilitaron estas circunstancias. Hacer del tesoro el elemento central del análisis historiográfico abre la posibilidad de reflexionar y repensar su valor memorístico e identitario, lo que también se ve subrayado de la mano del trabajo de Ana Rodríguez a través de su estudio sobre la aparición de las piezas del tesoro en los textos cronísticos. Más allá de la constatación de la ausencia de menciones dedicadas por los historiógrafos pese a su cercanía al lujo y esplendor de estas piezas, se aprecia su incorporación al relato gracias a su valor diplomático, el intercambio de objetos o de elementos puntuales que permiten construir, a su vez, nuevas piezas de un mayor lujo, o su origen como parte de botines de guerra. Este último tipo de menciones es clave, teniendo en cuenta el contexto de creación textual, lo que permite la dignificación e incremento de la riqueza y prestigio de instituciones en las que posteriormente son depositados esos objetos. Se trata de una realidad que permite observar un contexto territorial más amplio al ámbito leonés, ya que también puede apreciarse de manera semejante en relación a Santiago de Compostela o a algunas de las piezas que fueron depositadas en el tesoro de la abadía de Saint Denis de París. Como remarca la autora, las piezas no son importantes por su valor intrínseco, por elevado y refinado que sea este, sino por su capacidad para trenzarse en la historia de los personajes a los que se interpela o alude, articulando interesantes discursos en torno a las redes sociales creadas más allá de esos objetos a propósito de los intercambios que tienen lugar (p. 80), lo que sin duda dota de una mayor profundidad analítica a la configuración del tesoro en la época plenomedieval. La detección de prácticas comunes y la capacidad comparativa de esas diferentes realidades institucionales y territoriales es uno de los principales valores de los estudios contenidos en esta monografía, tal como insisten las conclusiones formuladas por Ana Cabrera Lafuente. Gracias a sus estudios de la colección de los textiles isidorianos, así como a la datación con radiocarbono, ha podido ofrecer tanto una datación más temprana de algunas piezas, como la detección de una especialización en las tramas textiles 508 Reseña EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 505-510 ISSN: 2530-6448 conforme al uso final de cada objeto en el que se incorporan esos tejidos. En ese sentido, la constatación de la misma realidad para las Islas Británicas, así como para Sicilia o la Península Ibérica, a la hora de diseñar las tramas textiles utilizadas para estolas o manípulos, se presenta como un exponente que acerca esas diferentes realidades territoriales y una consideración similar en el tratamiento de los tejidos (p. 93). La predilección por la adquisición de textiles de Bizancio, Asia Central o Próximo Oriente para enriquecer los objetos más preciados del tesoro y las reliquias, por muy buena que fuera la calidad de los tejidos peninsulares, se presenta como una de las claves de los tejidos isidorianos, datados incluso en fecha anterior a la data de la primera donación regia, en 1063. La prestancia y el honor de este tipo de textiles, muy codiciados y bien considerados por su presencia, explica el interés por su reutilización, creando, mediante sus adaptaciones o divisiones, nuevas piezas y no meros fragmentos de una pieza original previa (p. 106). Este hecho permite comprender las motivaciones que llevan a la elaboración de bordados y jaculatorias que aluden a la protección y salvaguarda de las reliquias que se custodian en el tesoro, como ha estudiado María Judith Feliciano. En ellas se incorporan inscripciones en lengua árabe para subrayar la protección y la bendición divina de los objetos, insistiendo también en la procedencia y las manos que confeccionaron esas ricas telas. De esta manera, como la autora señala, los tejidos que protegían las reliquias se convertían, a su vez, en objetos de culto en sí mismos, en los que se fundía la dignidad de León como la sede regia y el culto a los santos locales como San Marcelo y San Claudio, auténticos signos de la identidad urbana. Igualmente interesantes resultan los estudios centrados en piezas específicas, en los que se aúnan nuevas técnicas e interrogantes para poder comprender mejor el proceso formativo del conjunto isidoriano. Tal es el caso del análisis realizado por Jitske Jasperse en relación al altar portátil de doña Sancha Raimúndez, una pieza de gran valor en la que la entonces señora del Infantazgo se presenta como reina (“regina”), apoyándose además en otros modelos de reginalidad, como es el caso de santa Elena, a propósito de su interés por la búsqueda de la cruz. Precisamente este altar, consagrado al obispo Anselmo de Jerusalén, conserva una reliquia del hallazgo de la cruz, lo que subraya esa vinculación entre ambas figuras femeninas a la hora de dotar de un significado muy concreto a la pieza, confeccionada fuera del entorno leonés de acuerdo a la investigación planteada por la misma autora. Por su parte, Pamela A. Patton centra su trabajo en el estudio del mural de San Martín, emplazado en el Panteón de los Reyes. Esta pintura parietal incorpora una poco común representación demoniaca, en la que se puede reconocer una Reseña 509 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 505-510 ISSN: 2530-6448 figura de aspecto etíope, vestida con tejidos de tradición fatimí. Si bien el conjunto de la pintura está orientado a la recreación de diferentes escenas de la vida de Cristo, la escena refuerza, en palabras de la autora, la búsqueda de un perfil transcultural por parte de las personas implicadas en la articulación del mural (pp. 171-172). Diversas manifestaciones artísticas que contribuían a representar, en definitiva, la dimensión del mundo para la familia real leonesa. Una caracterización, sin embargo, que también es aprovechada en otras representaciones de la época a escala europea para reflejar la crueldad o el primitivismo, constituyendo así, el ejemplo isidoriano, un eslabón de una cadena cultural que se remonta a los textos elaborados por Plinio el Viejo. La capacidad para conectar diferentes representaciones artísticas del periodo, a través de diferentes soportes y con diversas técnicas, tanto dentro como fuera de la Península Ibérica, constituye uno de los elementos más enriquecedores a la hora de conformar una idiosincrasia común a la hora de representar la figura demoniaca conforme a unos rasgos comunes, identificables con la otredad por antonomasia para la identidad cristiana, también para la selecta audiencia que podía presenciar las pinturas murales del panteón regio. El estudio elaborado por Julie A. Harris sirve, hasta cierto punto, de conexión con el trabajo presentado por Pamela Patton, en tanto que se adentra en la identidad e idiosincrasia judía, otro de los fenómenos de alteridad bien reconocibles en el horizonte peninsular de la Edad Media. La importancia de la comunidad mosaica leonesa permite el reconocimiento de facetas muy dispares en su interrelación con el tesoro isidoriano, que van desde la posible conexión con alguno de los textiles, las reliquias de Abraham o las dotaciones económicas destinadas a las instituciones religiosas leonesas a partir de los impuestos recaudados entre la comunidad judía. Dada la capacidad para transmitir ideas acerca de otras realidades sociales y culturales a través del arte que se expone a lo largo del conjunto de la monografía, la interacción entre la realidad hebraica y la representación y/o recreación de la cultura mosaica por parte de la comunidad cristiana. Ambas realidades se encuentran en el tesoro, como también en la catedral leonesa, gracias a la confluencia entre lo material y lo simbólico. Continuando con la incorporación de realidades ajenas y alteridades, el último trabajo combina el estudio monográfico de una pieza singular y la presencia de escenarios muy distantes al ámbito peninsular, como es Escandinavia. Nancy L. Wicker se adentra en el análisis de un cilindro de tradición vikinga destinado inicialmente como contenedor de perfumes. Controvertido tanto por su procedencia, como por su significado y uso dentro del tesoro isidoriano y por los materiales a partir de los cuales se confeccionó, 510 Reseña EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 505-510 ISSN: 2530-6448 se trata de una pieza única que requería de un estudio específico como el que se contiene en este libro, pese a las incógnitas que siguen rodeando desde su llegada a la Real Colegiata de San Isidoro hasta su uso, tanto inicial como posterior. El libro editado por Therese Martin es, en definitiva, una aportación clave al estudio de un conjunto de gran riqueza y esplendor como es el tesoro isidoriano. Un conjunto cuyo análisis, desde un planteamiento interdisciplinar, comparativo y específico, revela información de gran valor acerca de la idiosincrasia desde la que se articula el conjunto, así como la propia sede en la que son depositadas esas piezas. Su capacidad para conectarse con otras realidades territoriales y para formar parte de un lenguaje común en la articulación de la identidad cristiana son algunas de las claves que explican su riqueza y el gran valor de sus piezas, no sólo gracias a sus costosos materiales, sino también debido al desarrollo artístico o simbólico que les acompaña. Sin duda, se trata de una obra que contribuye decisivamente a la incardinación del tesoro isidoriano en las corrientes de pensamiento de su tiempo, de la mano de la voluntad de reyes, reinas e infantas por demostrar su potencia política, la creación de un discurso espiritual acorde a su condición de defensores de la fe cristiana y, a su vez, rodearse de los materiales, trabajos y técnicas más refinados y sofisticados de la época para engrandecer su linaje y la institución leonesa. Diana Pelaz Flores Universidade de Santiago de Compostela [email protected]