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Una representación pictórica poco conocida de Cristo en el Sepulcro

Martín González, Juan José

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VARIA 125 Una representación pictórica poco conocida de Cristo en el Sepulcro. En la antesacristía de la iglesia de San Lorenzo de Valladolid, se conserva un lienzo, tamaño del natural, que representa a Cristo en el sepulcro. Se halla algo deteriorado y bastante enne grecido. El Yacente está colocado en diagonal, con el cuerpo lige ramente vuelto hacia el espectador, para hacerse más visible. Reposa sobre un arrugado sudario, en el que se ven símbolos de la Pasión. En el triángulo de la derecha, un ángel con las alas explayadas, lleno de tristeza y dolor, contempla el cuerpo exá nime. En medio, el sepulcro da fondo monumental a la composi ción, dejando ver por los lados algo de paisaje, cuanto permite la oscuridad. El dibujo es espléndido y el colorido, aunque en acorde con la íunebridad temática, rico y matizado. Gris plateado el del Cristo, con un claroscuro nunca fuerte que presta a las carnes suave modelado; variada coloración en el ángel, pese al ennegrecimiento-Dibujo, color y sombra están manejados con destreza e intima coordinación, lo que inclina a buscar un gran artista para esta obra, de primera clase, sin duda. El tema es infrecuente. Antecedentes pueden encontrarse. Diego de Sílóe, en el retablo lateral de la capilla de Santa Ana de la Catedral de Burgos, rodeó el Yacente de cabecitas de ángeles. Pero en el siglo xvii el tema adquirió una gravedad imponente. Los ensayos tenebristas facilitaron la tarea. Se simplificó el número de ángeles (uno o dos) y se entristecieron sus alegres escarceos. Por otra parte San Ignacio de Loyola, como apunta Male, había abierto un nuevo camino a la iconografía religiosa, al aconsejar que se diera mayor vida a las descripciones de la Biblia meditando con dolor y ayudándose, si necesario fuera, de la imaginación. Esto es lo que se echa de ver en este cuadro, pues aunque no es bíblico a la letra, resulta de un gran sentimiento cristiano: los ángeles, custodios y servidores del Señor, lloran su muerte inconteniblemente, con dolor humano. Desde el punto de vista plástico, la obra recuerda los yacentes de Gregorio Fernández, que tan a la mano pudo tener el artista al pintar este cuadro. Pero existen mayores relaciones con temas pictóricos. En particular queremos referirnos al de la Piedad. La pintura del xvii consiguió realizar composiciones notabilísimas 126 VARIA por mano de Alonso Cano, quien obtuvo del tema valoraciones patéticas de máxima resonancia. En algunas de ellas intervienen ángeles en actitud plañidera. El problema se complica al saberse que en algún caso, por ejemplo en el de la Piedad del Museo Cerralbo, Cano se sirvió de grabados fl amencos. De todas formas, aun mediando paralas pinturas de Cano y también para el cuadro que nos ocupa posibles influjos fl amencos en lo referente a composición, el haber sabido reducir el tema a una simplicidad tan expresiva, ya que sólo intervienen el Yacente y el ángel o ángeles, debe imputarse propiamente al genio hispánico. Otra cuestión es la del autor. Palomino da una pista. Cita en efecto entre los cuadros de Mateo Cerezo en Vailadolid, uno del Sepulcro de Cristo, con unos ángeles llorando, el cual lo tenían en la sacristía de la iglesia de San Lorenzo y lo ponían en el altar mayor el día de Viernes Santo. Lo elogiaba diciendo, a su uso, que «era cosa peregrina». Don Elias Tormo, en un estudio incon cluso dedicado a Cerezo (Archivo Español de Arte y Arqueología, año 1927), recogía esta referencia, pero daba a entender clara mente que el cuadro lo consideraba perdido por estimar que no existían cuadros de Cerezo en Vailadolid (pág. 265). ¿Cabe relacionar esta cita de Palomjno con el cuadro que estudiamos? El expresado autor notiflca que eran unos los ángeles que acompañaban a Cristo. En el lienzo de referencia no hay sino uno. Puede tratarse de una imprecisión literaria, máxime si se tiene en cuenta que, según Bosarte (Viaje artístico, pág. 193), Palomino no estuvo en Vailadolid y se sirvió de los informes que le facilitaron otras personas; esto aparte de que sus noticias son poco exactas en cuanto al detalle. Mantenemos, pues, la sospecha de que el cuadro conservado en Vailadolid sea el mismo descrito por Palomino. Véase en qué basamos nuestro argumento. El cuadro, por lo pronto, es de excelente mano. El marco que se le puso demuestra igualmente que se quiso distinguir tan buena obra pintada con un enmarcamiento digno de ella. Si no se tratara del mismo cuadro de Cerezo, tenía que ser una copia de él. Ciertamente no parece copia. A falta de un supuesto original, debemos considerar el lienzo de la iglesia de San Lorenzo como tal original. El análisis estilístico delata semejan zas con la manera de Cerezo. Las dobladuras cortantes del paño son idénticas a las que se ven en la Asunción de Mateo Cerezo en el Museo del Prado. Incluso la cara trágica del ángel, con los VARIA 127 cabellos rojos y desmelenados cayendo por la cara, creemos encontrarla en el personaje central del grupo de fi guras de la izquierda del indicado cuadro de Madrid. También acostumbra Cerezo a pintar las alas de los ángeles con fuertes contrastes. Los cabellos y barbas revueltos del Cristo y el difuminado de las sombras del rostro fi guran también entre los caracteres de Cerezo. Por otra parte este cuadro hizo escuela. A falta de un Yacente de escultura, éste hacia las veces en la Semana Santa. La devoción popular justifica la difusión del tipo iconográfico, favorecida por ser obra de un gran pintor. Existen algunas copias, generalmente malas, que comprueban la imposición y arraigo de este acierto pictórico. Pues si las copias derivan del cuadro de San Lorenzo, no cabe duda de que éste es el original y no otro. Esto aconseja, por tanto, establecer la atribución a Mateo Cerezo de este cuadro, como pintado en la estancia del pintor en Valladolid, que don Elias Tormo establece, conjeturalmente, por los años de 1657-58 (1). J. J. Martín González Un cuadro inédito atribuíble a Francisco de Solís. En el refectorio del Colegio de Ingleses de Valladolid, existe un cuadro del siglo xvii, que representa un éxtasis, apoteosis o glorificación de Santa María Magdalena de Pazzis. Posee una composición nutrida, pero ordenada, pues las tres fi guras princi pales componen un triángulo de lineas muy marcadas con el vértice hacia abajo. En medio se encuentra Santa María Magda lena de Pazzis, ligeramente arrodillada junto al pilar de las disci plinas, cruzándose delante de ella la esponja y la lanza de la Pasión. A la izquierda y encima, Cristo, portador de una gran cruz, ofrece a la Santa una corona de espinas, al paso que en el otro lado la Virgen se dispone a dejar sobre su cabeza una corona de rosas. En la parte superior, el Espíritu Santo en forma de paloma infundiendo el aliento divino a Santa María Magdalena y sobre él, el Padre Eterno. A la derecha forman un diminuto grupo, una monja y un monje carmelitanos (¿Santa Teresa y San (1) Mateo CerezOj ob, cit. pág. 126.