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«Los hilos de la infamia», de Gerardo Rodríguez Salas

Torrejón-Tobío, Celia

Abstract

Reseña del libro Los hilos de la infamia (Granada, Valparaíso Ediciones, 2024), de Gerardo Rodríguez Salas. En Los hilos de la infamia Gerardo Rodríguez Salas elabora un tapiz textual en el que revisita magistralmente la historia de Aracne y Atenea desde una mirada contemporánea. De acuerdo con el mito, narrado en Las metamorfosis (8 d.C.) de Ovidio, la engreída Aracne desafía a la diosa Atenea a medir sus aptitudes como tejedoras, lo que lleva a cada una de ellas a confeccionar una labor con la que poder competir. Mientras que Atenea representa los logros y proezas que los dioses han obrado, Aracne escenifica los delitos que esos mismos dioses han perpetrado sobre los humanos. Atenea, enfurecida ante tal provocación, convierte a su rival en araña condenándola a tejer para siempre.

Full text

CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 897-900 ISSN 1989-7383 Gerardo Rodríguez Salas (2024). Los hilos de la infamia. Granada: Valparaíso Ediciones, 83 págs. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/cel.15.2024.897-900. En Los hilos de la infamia Gerardo Rodríguez Salas elabora un tapiz textual en el que revisita magistralmente la historia de Aracne y Atenea desde una mirada contemporánea. De acuerdo con el mito, narrado en Las metamorfosis (8 d.C.) de Ovidio, la engreída Aracne desafía a la diosa Atenea a medir sus aptitudes como tejedoras, lo que lleva a cada una de ellas a confeccionar una labor con la que poder competir. Mientras que Atenea representa los logros y proezas que los dioses han obrado, Aracne escenifica los delitos que esos mismos dioses han perpetrado sobre los humanos. Atenea, enfurecida ante tal provocación, convierte a su rival en araña condenándola a tejer para siempre. Partiendo de esta narrativa como subtexto, percibimos la omnipresencia del tejido, no solo en las alusiones explícitas al universo textil, sino también mediante su poderosa simbología y estructura. De este modo, el autor urde su propia tela de araña, fragmentaria e irremediablemente intertextual, que ingresa desde todos los prismas y espacios porosos que presenta el libro. La disposición formal, dividida en dos grandes bloques, ya nos señala este inteligente ejercicio. La primera sección está formada por los poemas introductorios y finales (registrados con números arábigos), que evocan la relación entre las protagonistas del mito. La segunda constituye el groso de los poemas centrales (inscritos con números romanos), que articulan escenas de los tapices de ambas. Cada uno de estos capítulos nucleares toma el nombre de una raza de araña (Capulina, Nephila, Viuda negra) y está encabezada por extractos que remiten a su entramado semántico. Con todo, la obra excede con creces el universo del mito y lo transciende desbordándose en los ya mencionados intertextos. Atraviesan el poemario ocho idiomas, diferentes juegos métricos, variaciones ortotipográficas y alusiones constantes a acontecimientos históricos, personajes bíblicos y literarios, compositores, instituciones políticas, figuras mitológicas, noticiarios o películas. Dicho entramado discursivo desprende un cariz transcultural que nunca parte de una intención 898 Reseña CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 897-900 ISSN 1989-7383 generalizadora, sino más bien del conocimiento situado del autor. Gerardo Rodríguez Salas lanza una ojeada al mundo y nos devuelve una mirada fresca, lúcida, sabida de su propio tiempo. En este sentido, una de las aproximaciones más sugerentes a la sociedad interconectada que ocupamos tiene que ver con la digitalidad: «una historia sepultada / en el ciberespacio tras enlaces / hueros» (17), «cibercebos, clic, clic» (18), «fake news! fake news!» (18). La dimensión de internet aquí no deja de ser otra extensión de la analogía textil que impregna la propuesta. De esta forma, el tejido se derrama y adopta todos sus formatos posibles como dispositivo tecnológico y artefacto de ensamble y red. El texto queda inaugurado de la mano de Chantal Maillard con unas acertadísimas palabras que marcarán lúcidamente la dirección de la obra: «Hilemos, señores, / es tiempo de relevar / a las Parcas» (11). Estos evocadores versos denotan la presencia de cierta colectividad, así como un gesto interpelante dirigido a otras voces, generalmente extratextuales, a las que se invita a tomar acción. Para entender estas ideas es preciso señalar en primer lugar la noción de verticalidad. Se destilan innumerables narrativas de disidencia que encuentran en estas páginas un modo de articular rabia, advertir acerca de algún peligro, exigir justicia o exorcizar penas. Identificamos constantemente, de manera más o menos explícita, coyunturas violentas, en las que se perpetran abusos, explotación laboral, castigos, violaciones, matrimonios forzosos, difusión de contenido sexual no autorizado, rituales espirituales crueles, etcétera. Así, resulta sencillo establecer un binomio de poder entre las subjetividades de arriba (patrones, reyes, políticos corruptos, hombres patriarcales, personas privilegiadas) y las de abajo (migrantes, mujeres, niños, personas prostituidas). Es precisamente este concepto de posicionamiento abrupto, escarpado y, en definitiva, desigual entre unas figuras y las otras lo que Gerardo Rodríguez Salas rescata de la producción mitológica. En la leyenda griega, Atenea se nos presenta como una diosa castigadora y todopoderosa, mientras que Aracne se dibuja como una simple mortal que debe pagar no solo por la arrogancia que exhibe presumiendo de su talento en las labores, sino por la perturbación que supone su desafío a la autoridad de los dioses, a los que retrata cometiendo fechorías en su tapiz. He aquí la analogía entre dominio y sumisión, cuyo desequilibrio desencadena el llamamiento a la actuación. Conviene señalar las ocasiones en las que el reclamo se remite Reseña 899 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 897-900 ISSN 1989-7383 directa y procazmente a las lectoras: «Hoy os invoco desde abajo 1 , / hipócritas lectoras» (17). El deliberado uso del género gramatical marcado en este tipo de aseveraciones no puede más que ser pertinente en Los hilos de la infamia, puesto que el género atraviesa todo el texto. Las protagonistas, necesariamente polifónicas, encarnan identidades femeninas, que sistémicamente quedan relegadas a espacios de marginalidad. A este respecto, la narración de sus historias con «sucias briznas» (68) supone para ellas un verdadero acto revolucionario y subversivo. Esta idea de relato otro vuelve a imbricar en cierto modo con la presencia incesante del tejido, en primer lugar por las infinitas correlaciones que la tradición ha establecido entre costura y mujer, y en segundo lugar por las múltiples asociaciones que se han teorizado entre texto y textil, ya sea por su materialidad primigenia compartida, sus rutas etimológicas o su enorme potencial simbólico análogo. En cualquier caso, lo cierto es que ambas prácticas (fundidas a partir de ahora en una sola) se piensan y se trasladan al poemario desde una dimensión marcadamente corporal. Gerardo Rodríguez Salas nos trae un «ovillo germinado / en mis entrañas con que tejeré / los hilos áureos que vuestras redes / ficticias» (17), «olor a epílogo / ovillado en la nuca» (29), engendración de «gualdos hilos / que resuellan sin ti porque te anegan» (35) o «hebras en mis entrañas que urdirán / la apoteósica letra escarlata / que habréis de contemplar» (21). La noción de lo táctil aquí es fundamental para decir lo textil, que a veces se desborda por encima de las palabras y vuelve a emular la construcción de una compleja tela de araña que siempre circunda: «No logro pronunciar / la palabra. / Pero la estoy tocando» (34). Así, pareciera que el texto nos empujase a leerlo con el cuerpo como aparato sensorial y, sobre todo, narrativo. Tejer implica necesariamente una involucración del cuerpo físico (manos, dientes, lengua, hombros, ojos…) que obedece a ciertos ritmos, repeticiones y desplazamientos posturales. Dicha implicación corpórea, casi visceral, resulta muy operativa para estas costureras que articulan sus historias, puesto que les permite entender y reconocer sus experiencias, así como tomar conciencia de sus contingencias de acción y protesta. En este contexto, entendemos lo textil como vehículo para la autoenunciación de subjetividades disidentes más allá de los códigos normativos opresores que rigen nuestras hegemonías; subjetividades que 1 Se ha añadido la cursiva para enfatizar la elección de las palabras del autor. 900 Reseña CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 897-900 ISSN 1989-7383 construyen y dan sentido al propio relato como acto de resistencia en sí mismo. Estas nuevas posibilidades de narración nos brindan modelos alternativos desde los que repensar el mundo que habitamos. Se nos invita a admirar «la tela del envés» (21), a guardar a buen recaudo una verdad categórica improductiva y a observar cómo, desde los márgenes, se zurcen «los abriles» (15). Así, entre tanto hilo, telar y urdimbre, pende una pregunta remanente repleta de esperanza: «¿y (…) si juntas hiláramos / otro mundo y dejáramos morir / el que jamás nos dio la bienvenida?» (78). CELIA TORREJÓN-TOBÍO https://orcid.org/0000-0001-8706-5787 Universidad de Granada (España) [email protected]s