«Más perenne que el bronce: el discurso autopoético en la lírica española contemporánea», de José Ángel Baños Saldaña
Abstract
Reseña del libro Más perenne que el bronce: el discurso autopoético en la lírica española contemporánea (Santander, Genueve, 2023), de José Ángel Baños Saldaña. José Ángel Baños, en Más perenne que el bronce (2023), pretende rellenar un vacío teórico en los estudios literarios de España: la sistematización del discurso autopoético en la lírica española y su posterior aplicación a la lírica española contemporánea. En esta reseña, tratamos de poner en valor la obra del crítico por la asentación y ejemplificación de unas bases metodológicas con las que afrontar complejamente lo metapoético, indispensables a la hora de esclarecer la voluntad estética de los autores y la relación de tal voluntad con el contexto literario que les envuelve.
Full text
CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 889-892 ISSN 1989-7383 José Ángel Baños Saldaña (2023). Más perenne que el bronce: el discurso autopoético en la lírica española contemporánea. Santander: Genueve Ediciones, 485 págs. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/cel.15.2024.889-892. José Ángel Baños, en Más perenne que el bronce (2023), pretende rellenar un vacío teórico en los estudios literarios de España: la sistematización del discurso autopoético en la lírica española. Si bien desde nuestros días es imposible negar la relevancia de la metapoesía, hay escasos trabajos filológicos que abunden en ella, sobre todo desde una perspectiva diacrónica y evolutiva. Así pues, el crítico se sirve de su faceta historiográfica y analítica para explicar cómo la gestación y el desarrollo de la autorreflexión en nuestra literatura condicionan, o más bien alumbran, el auge de la producción autopoética en la poesía contemporánea. En una batalla contra el adanismo, Baños retoma la máxima del «nada es nuevo, pero todo es distinto», cuyo objetivo no es otro que revalorizar la historia desde el presente. El primer capítulo comienza con un ejercicio de arqueología literaria que rastrea el origen grecolatino de la autorreflexión poética, sustrato inexcusable para la literatura hispánica. Horacio se erige como uno de los primeros autores con conciencia autopoética evidente. El poeta latino regala a la posteridad tópicos propicios para desenvolver la autoconciencia literaria y plasma sus reflexiones en torno a lo literario en poemas como la Oda, III, 30 de cuyo aere perennius Baños Saldaña toma el título del volumen. La Edad Media hereda de los clásicos el interés por la autoconciencia lírica, con acercamientos reflexivos paratextuales que evidencian la necesidad de preguntarse acerca del oficio literario. En el Siglo de Oro se dará el verdadero punto de inflexión en lo que concierne a la consolidación del impulso metapoético. Varios autores del XVI despliegan su autoconciencia en secuencias introspectivas, mientras que en el siglo XVII se naturalizan las autopoéticas endoliterarias como tales. Las disputas y polémicas literarias entre Quevedo, Góngora y Lope de Vega favorecen el auge de la metaliteratura, cuyo principal hito protagonizaría este último con Rimas humanas y divinas del licenciado Tomás de Burguillo. La etapa ilustrada carece del peso cuantitativo de la áurea, pero el siglo del didactismo y de la razón inicia un nuevo enfoque cualitativo de lo
890 Reseña CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 889-892 ISSN 1989-7383 autopoético, que constituye el germen de la reiterada introspección filosófica de los poetas venideros. Tal viraje se inicia, ya en el romanticismo, con autores como Bécquer y Rosalía de Castro, cuya metapoesía está íntimamente relacionada al «yo del poeta» y a sus intereses individuales. Ya en el primer cuarto del siglo XX, Rubén Darío se erige como uno de los pilares de la proliferación metapoética en lengua hispánica al desplegar unos patrones genealógicos autopoéticos identificables, como el diálogo con otros poetas. Unamuno, por su parte, ejemplifica cómo la formación filosófica auspicia el cambio cualitativo en la autorreflexión, mientras que Antonio Machado despliega en sus autopoéticas la autonomía de la lírica. Respecto a Juan Ramón Jiménez y Jorge Guillén, formulan dos posturas más o menos cercanas en torno a la depuración del lenguaje, cuyas ansias metapoéticas mantendrán el debate de la introspección lírica en sus discípulos. El segundo gran asentamiento de la autorreflexión, tres siglos después del Barroco, corresponde, por tanto, a la Generación del 27. Los escritores de la Edad de Plata mantienen una producción metaliteraria más continuada y grupal, donde la formulación de referentes literarios (recuérdese el homenaje a Góngora) es clave. Son destacables las complejas ideas de Salinas, el carácter enrevesado e ingenioso de Gerardo Diego o las autopoéticas subordinadas al conflicto bélico de Miguel Hernández, aunque Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre alcancen mayores dimensiones autorreflexivas. Este recorrido autopoético, desde su gestación hasta su consolidación, es indispensable, según Baños Saldaña, para saber «de dónde venimos» y estudiar con exactitud las producciones autorreflexivas contemporáneas. Si bien no se ha realizado un análisis con detenimiento de las autopoéticas de cada época, el crítico propone un hilo de Ariadna para comprender la riqueza y la cantidad del ejercicio autorreflexivo en la tradición lírica española. Para finalizar el capítulo, el autor desarrolla una propuesta metodológica que se revela precisa y eficaz para atender a la autorreflexión literaria. A partir de las aportaciones de diversos autores, Baños Saldaña construye un metalenguaje útil y esclarecedor para su estudio. Amparado por el contexto secular, propone lo autopoético como concepto que engloba el desarrollo de una representación del pensamiento estético por parte del autor, dentro del que encontraríamos una estructuración del «espacio autopoético», que se subdivide en «autopoéticas endoliterarias», término que remplaza la noción de «metapoesía», y las «autopoéticas exoliterarias». Ambos niveles se desarrollan en tipologías que favorecen la aplicación de los conceptos al análisis literario. Son claves, del mismo modo, otras propuestas teóricas como la categoría de «proyecto autopoético».
Reseña 891 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 889-892 ISSN 1989-7383 Los siguientes tres capítulos componen el grueso analítico del volumen, acompañados de un repaso más exhaustivo de la lírica reciente, ya que la mitad del siglo XX marca el inicio de los proyectos autopoéticos grupales. El segundo capítulo aborda el pensamiento autopoético de los poetas de los 50. El dominio de la poesía socialrealista en la posguerra supone el germen de uno de los debates más prolíficos e incansables de la poesía española: comunicación versus conocimiento. La urgencia por reconstruir un pueblo, serle útil y darle voz premia la veta comunicativa, ejemplificada en el celebérrimo título de Celaya: la poesía es un arma cargada de futuro. Si en un comienzo el conflicto era más o menos comedido, durante los años 50 se intensifica y alrededor de los años 60 el fundamentalismo comunicativo va muriendo. La mayoría de los escritores de la promoción optó por caminar entre dos aguas, más conocer para mejor comunicar, y, pese a sus distintas estéticas, comparte referentes (Machado), una actitud de desengaño y cierta distancia respecto a los poetas sociales, que redundan en una renovación del compromiso. Las autopoéticas endoliterarias del 50 destacan, principalmente, por adelantar temáticas que, tradicionalmente, se han asignado a los novísimos, como la desacralización del autor. El siguiente capítulo, que aborda las autopoéticas del 68, está centrado en la lucha lírica entre el proyecto realista y comprometido de los autores del 50 y la actitud cognoscitiva en favor de la función estética de los novísimos. Ciertos autores de ambas generaciones, como Ángel González o José María Álvarez, respectivamente, escriben autopoéticas endoliterarias metadiscursivas en conflicto con el estilo contrario. Dentro de los rasgos novísimos, que Castellet intentó agrupar en su antología como proyecto autopoético colectivo, destacan la multiplicidad referencial, que apela tanto a iconos de la alta como de la baja cultura, el desengaño de la función trasformadora de la lírica, el carácter lúdico y la voluntad de ruptura estilística. En lo que concierne a sus autopoéticas endoliterarias, construidas como un «contraproyecto», sobresale la alusión constante a referentes y el cuestionamiento de la normatividad poética. El sesentayochismo contó con otras críticas fuera de la generación de mitad de siglo, que tratan de discurrir por una tercera vía ajena al socialrealismo y el neodecadentismo» novísimo, como José-Miguel Ullán («ni bardo populado ni bardo delicado»). A estos envites, forjados en ciertos casos por roces personales, les sigue un segundo tramo generacional en donde los autores defienden su individualidad estética. Los tres nombres propuestos por Baños Saldaña son los siguientes: Pureza Canelo, despliega una genealogía habitada por maestras y prima la intimidad; Víctor Botas, en cuyos
892 Reseña CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 889-892 ISSN 1989-7383 versos exhibe las virtudes y defectos de la actividad poética en constante contradicción; y, por último, Luis Alberto de Cuenca. La pérdida de vigencia del primer modelo estético del 68 puede analizarse en el proyecto autopoético de este autor, que se sirve de rasgos culturalistas en sus inicios para virar posteriormente a una línea más clara y cercana a la poesía de los 80. El cuarto capítulo, así pues, aborda las autopoéticas de los poetas de los 80, desde «la otra sentimentalidad» hasta la poesía de la experiencia. El primer movimiento nace como un proyecto autopoético colectivo en forma de manifiesto, que mezcla las poéticas exoliterarias de Álvaro Salvador y García Montero con una endoliteraria de Javier Egea. Sus postulados, cercanos al marxismo de Juan Carlos Rodríguez, buscan recuperar la conciencia histórica, romper la oposición entre razón y sentimiento, y deslindarse de la noción burguesa del arte, como modo de invertir las premisas novísimas. El paso a la poesía de la experiencia supone una suavización de las posturas políticas, que desencadenará críticas, habitualmente personalizadas en García Montero, por la disolución del afán social y un hermetismo parecido al novísimo, pero revestido de normalidad. Entre los actantes, destacan Fernando Beltrán, anteriormente cercano a los círculos experienciales, y Voces del Extremo, cuyos ataques se enfocaron desde una perspectiva más política y vanguardista. Una curiosa respuesta experiencial desde la sátira es Vidas improbables (1995), de Felipe Benítez Reyes, que plasma la contradicción de sus contrarios con socarronería. Las autopoéticas endoliterarias del grupo destacan por la figuración del yo, la sencillez estética y la pretensión por desmontar la actitud aristocratizante sesentayochista. En definitiva, y en concordancia con los afanes de José Ángel Baños Saldaña, Más perenne que el bronce nace de la necesidad académica de dotar a la autorreflexión literaria de unas herramientas teóricas que permitan entenderla en su complejidad. Estudiar el proyecto autopoético de un autor o de sus coetáneos es indispensable en tanto en cuanto esclarece su voluntad estética, así como la relación de tal voluntad con el contexto social y literario del momento. El trabajo de Baños Saldaña se presenta como una sólida base desde la que ampliar la historia de la autorreflexión, revisando el pasado y proyectándose hacia el futuro. ALBERTO RODRÍGUEZ MIRALLES https://orcid.org/0009-0002-5233-294X Universidad de Murcia (España) alberto.rodrí[email protected]