Ciencia, literatura, tecnología y «La biblioteca de Babel» de Borges: una patafísica para los tiempos posnormales
Abstract
Este ensayo propone una reflexión sobre la relación entre ciencia, tecnología y literatura a partir de “La biblioteca de Babel” de Jorge Luis Borges y la patafísica, en el contexto de la posnormalidad (Sardar), posverdad (Harsin) y el desarrollo tecnológico. Las principales nociones que proponemos abordar son los papeles adscritos en el arte y la tecnología a la imaginación, la búsqueda de información y el análisis de (macro)datos. Investigaremos el potencial de la ambivalencia, la contradicción y la incertidumbre para crear una hermenéutica para los tiempos actuales y presentar nuevos marcos de interpretación de Borges.
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CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges: una patafísica para los tiempos posnormales* Science, literature, technology, and Borges’ “The Library of Babel”: a pataphysics for postnormal times ZOFIA GRZESIAK Universidad de Varsovia. Krakowskie Przedmiescie 26/28, 00-927 Varsovia, Polonia. Dirección de correo electrónico: [email protected]. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4731-5902. Recibido/Received: 19-1-2024. Aceptado/Accepted: . Cómo citar/How to cite: Grzesiak, Zofia (2024). “Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges: una patafísica para los tiempos posnormales”. Castilla. Estudios de Literatura, 15, pp. 389-418. DOI: https://doi.org/10.24197/cel.15.2024.389418. Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: Este ensayo propone una reflexión sobre la relación entre ciencia, tecnología y literatura a partir de “La biblioteca de Babel” de Jorge Luis Borges y la patafísica, en el contexto de la posnormalidad (Sardar), posverdad (Harsin) y el desarrollo tecnológico. Las principales nociones que proponemos abordar son los papeles adscritos en el arte y la tecnología a la imaginación, la búsqueda de información y el análisis de (macro)datos. Investigaremos el potencial de la ambivalencia, la contradicción y la incertidumbre para crear una hermenéutica para los tiempos actuales y presentar nuevos marcos de interpretación de Borges. Palabras clave: Borges; ciencia y literatura; filosofía de la tecnología; patafísica; tiempos posnormales Abstract: This essay reflects on the relationship between science, technology and literature based on Jorge Luis Borges’ “The Library of Babel” and pataphysics, in the context of postnormality (Sardar), post-truth (Harsin) and technological development. The main notions we address are the roles ascribed in art and technology to imagination, information seeking and (big) data analysis. We will investigate the potential of ambivalence, contradiction, and uncertainty to create a hermeneutics for our times and present new frameworks for interpreting Borges. * Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación “Borges y ‘patafíscia”, financiado por el Centro Nacional de Ciencia (NCN) de Polonia con la beca número 2019/33/N/HS2/01704.
390 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 Keywords: Borges; science and literature; philosophy of technology; pataphysics; post-normal times INTRODUCCIÓN Este ensayo propone una reflexión sobre la relación entre la ciencia, la tecnología y la literatura a base de la patafísica y la obra de Jorge Luis Borges. El problema de la conexión percibida entre sus textos y diferentes ideas científicas posee amplia bibliografía crítica y puede considerarse como un “subcampo” de estudios borgeanos. 1 La obra de Borges suele ser frecuentemente interpretada como ejemplificación, “antecedente” o desarrollo de distintas teorías científicas, filosóficas o literarias (Bravo, 2004, p. 11), con las que el autor establece un diálogo explícito, implícito o potencial. En el tercer caso se trata de confluencias percibidas por sus investigadores, aunque faltan pistas sobre conexiones factuales (Boido, 1999, pp. 85-86), lo que abre también el camino para lecturas anacrónicas que exploran el potencial actual de los textos borgeanos. Como observó Perla Sassón-Henry en 2007, las ficciones del autor argentino se relacionan con la ciencia y la tecnología al mismo tiempo que las “tecnologías digitales y virtuales de rápida evolución en nuestros tiempos abrirán casi indefinidamente el camino para nuevas interpretaciones de las ideas futuristas de Borges” (p. 133). 2 Floyd Merrell, analizando a Borges en el contexto de los descubrimientos físicos que revolucionaron la ciencia y la filosofía en el siglo XX (relatividad, mecánica cuántica), insiste en que sus relatos y ensayos metafísicos “son una respuesta imaginativa a la complejidad, incertidumbre y ambigüedad implícitas en muchos modos contemporáneos de pensamiento y conducta” (1991, p. xiv). Nuestro objetivo es desarrollar esta idea desde la actualidad del acelerado ritmo del cambio tecnológico que, junto con las múltiples crisis que configuran nuestra época como la era de la posverdad (Harsin) o “posnormalidad” (Sardar), obliga a la humanidad a afrontar transformaciones revolucionarias. El potencial de la relación literaturatecnología que inspiró a Sassón-Henry a reinterpretar a Borges en el 1 Además de Bloch (2008), Hayles (1984), Lefere (2020), Martínez (2006) y Merrell (1991), sirvan de ejemplo Borges y la física cuántica de Alberto Rojo (2013), Borges y la ciencia, coordinado por Sara Slapak (1999), o Borges Infinito. Borges Virtual. Pensamiento y Saber de los Siglos XX y XXI, de Alfonso de Toro (2008). 2 A no ser que se indique lo contrario, las traducciones son mías.
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 391 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 contexto de la Web 2.0 como Borges 2.0 nos inspira a reinterpretarlo otra vez, en el umbral de la Web 3.0. En una reflexión sobre la enseñanza de la literatura en el mundo actual, Christopher Schaberg observa que hace relativamente poco llegar al tiempo de la posverdad podría haber parecido una realización del objetivo de los estudios literarios y teoría crítica: aprender de la incertidumbre, la ambigüedad y la paradoja, cuestionar la “Verdad” percibida como absoluta o definitiva y destacar que las pretensiones de tal “Verdad” suelen encubrir intereses particulares e ignorar la complejidad de los problemas. “Pero posverdad significa algo más siniestro hoy en día” (2018, p. 1). Jayson Harsin la define como una ansiedad común históricamente particular sobre las reivindicaciones de la verdad pública y la autoridad para ser su emisor legítimo (2018b, p. 1). La época o condición de la posverdad se caracteriza por “el uso político de declaraciones falsas o un desconocimiento de los hechos, y la correspondiente creencia falsa o confusión” (p. 7). Su fenómeno posiblemente más conocido son las noticias falsas (cf. Bernecker, Flowerree y Grundmann, 2021). La condición de la posverdad implica una crisis epistemológica que “no tiene que ver simplemente con la fragmentación de los relatos justificativos de las afirmaciones de la verdad”, sino con la generalizada “sospecha de que los narradores de la verdad son deshonestos” (Harsin, 2018b, p. 4), o, en la formulación de Schaberg, “desvinculados de sus palabras” (2018, p. 3). En el plano filosófico esto significa la necesidad de repensar los problemas del conocimiento, la verdad y la realidad, que se cuestionan desde una posición radicalmente desconfiada (Harsin, 2018b, p. 4). Además, estas nociones se ven influidas por fenómenos característicos de la contemporaneidad, sobre todo los vinculados con los medios de comunicación: la velocidad de recepción y la construcción algorítmica de los motores de búsqueda. Los algoritmos influyen en la estructuración de los campos de percepción y confianza, lo que conduce a que “la cognición en la economía de la atención sea típicamente rápida, emocional y dirigida con distracciones” (Harsin, 2018b, p. 12). La comunicación a través de los medios sociales requiere que el usuario responda rápidamente dándole un “me gusta” o compartiendo las noticias recibidas, y simplemente no tiene tiempo para reflexionar críticamente antes de redistribuir las noticias, por lo que a menudo comparte basura (Bernecker, Flowerree y Grundmann, 2021, p. 7). La condición de la posverdad se inscribe en la “posnormalidad” de los tiempos contemporáneos. Ziauddin Sardar basa su teoría en la noción de
392 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 la “ciencia posnormal” de Jerome Ravetz y Silvio Funtowicz y propone extender esta descripción a otras disciplinas y a toda la época actual, en la que observa la dominación de las fuerzas del mercado, así como de complejidad, caos y contradicciones (2010, p. 436). El desarrollo de las tecnologías, junto con múltiples crisis simultáneas (climática, económica, energética, de recursos naturales, pandémica), crean la situación de la generalizada incertidumbre en la que “nada es definitivo, verdaderamente garantizado o totalmente seguro” (2010, pp. 435-436). Una de las paradojas de los tiempos posnormales concierne a nuestro conocimiento, que supuestamente crece, sobre todo en cantidad (de datos), pero no logra hacernos menos ignorantes (en cuanto a otras culturas y distintos modos de ver el mundo), porque “tenemos una capacidad muy limitada para discernir efectivamente lo que es importante y lo que es trivial” (2010, p. 440). La combinación de las contradicciones, el caos y la complejidad con la ignorancia necesariamente lleva a la incertidumbre (p. 440), lo que se hace aún más visible cuando pasamos del análisis de datos al de big data, conjuntos de datos demasiado grandes para que puedan ser interpretados solamente por los humanos. Walter Sosa Escudero expone este problema en Borges, big data y yo, llegando a la siguiente conclusión: “Leer a Borges o escuchar a Bach se ha vuelto tan importante como aprender computación o diseño, porque todo lo que ha sabido lidiar con la grandeza nos aportará algo” (2020, epílogo). La pregunta es qué puede ser este “algo” y qué es lo que necesitamos para lidiar con la posverdad, la ignorancia, el caos, la complejidad, las contradicciones y la mercantilización. O, contrariamente, cómo aprovecharnos de la ambigüedad, la incertidumbre y las paradojas, a pesar de su potencial aspecto siniestro. Para desvelar lo que puede aportar, en este contexto, un análisis de Borges centrado en las cuestiones vinculadas con la tecnología, proponemos una anacrónica lectura patafísica que rastrea confluencias o perplejidades comunes de la literatura y la tecnociencia concernientes a los problemas del conocimiento, la verdad y la realidad y permite analizarlas más allá del conflicto entre “las dos culturas” (cf. Lefere, 2020, p. 343). 3 Partimos de los problemas destacados por Harsin y Sardar, asimismo que de los postulados de la filosofía de la tecnología (Franssen, Lokhorst y van de Poel, 2021). Las nociones principales que proponemos abordar son las 3 Para una visión precursora de relación productiva entre la ciencia, la filosofía y la literatura, véase El deslinde. Prolegómenos a la teoría literaria (1944) de Alfonso Reyes.
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 393 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 del rol y funcionamiento de la imaginación y la creatividad, asimismo que la búsqueda de información y el análisis de datos. A partir de la patafísica (Bök, 2002; Hugill, 2012; Price, 2022), fenómeno ficcional que propone una reconceptualización radical de la ciencia desde la literatura, investigaremos el potencial de la ambivalencia, la contradicción, la incertidumbre y la paradoja para crear una solución imaginaria a los retos actuales y reflexionar sobre la relación entre el arte y la tecnociencia. Además, presentaremos nuevos marcos de interpretación de Borges. 1. PATAFÍSICA En 1960 Roger Shattuck, analizando competiciones industriales ridículas, absurdos de la política y la postulación de la existencia de la antimateria, llegó a la conclusión de que el mundo estaba “maduro para la ‘Patafísica” (2004, p. 67), “la única perspectiva que permite dar cuenta de todo aquello en su conjunto, de otra manera que como síntomas colectivos de marasmo o de histeria” (p. 69). Teniendo en cuenta la complejidad de los problemas contemporáneos, la aseveración de “dar cuenta de todo en su conjunto” es probablemente demasiado optimista. No obstante, los generales síntomas de la posnormalidad indican que, de hecho, el mundo está maduro para la ciencia de las soluciones imaginarias. Parece que hemos llegado al momento en el que, como indicaba Gilles Deleuze, la tecnología se ha vuelto la fuerza principal que está sustituyendo a la metafísica y convirtiéndola en patafísica (1996: 149), lo que sugiere la necesidad de desviar el típico enfoque sobre la ciencia y la tecnología en la obra de Borges y subrayar el hecho de que sus textos proponen una visión ambivalente, a la vez paródica y reverencial, crítica y complementaria de la relación del discurso científico y literario. De hecho, su modo de armar el diálogo entre la literatura y la ciencia invita a interpretar la tensión entre ellas, y la obra de Borges en general, en clave de la patafísica. El origen de esta pseudociencia ficticia son las obras de Alfred Jarry, quien la inventó a los finales del siglo XIX como crítica lúdica y a la vez seria de la metafísica y la ciencia. En la novela Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, define la patafísica como un epifenómeno de la metafísica que la extiende dentro y fuera de ella misma, uniéndose con la ciencia desviada y entendida como un estudio de lo particular en vez de reglas generales. Es un análisis de las excepciones que componen nuestro universo (las “leyes” conocidas son correlaciones de excepciones más
394 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 frecuentes y, por tanto, menos interesantes) y permiten describirlo como otro, investigar lo que puede verse en lugar del mundo tradicional. Es una oposición a la creencia en la infalibilidad de la inducción y al consenso universal visto como un “prejuicio bastante milagroso e incomprensible” (Jarry, 2020, p. 28). Crítica la ignorancia común sobre los descubrimientos científicos y la extendida falta de imaginación científica, al mismo tiempo que ridiculiza las pretensiones de la verdad exclusiva de los científicos, su presunta objetividad y falta de prejuicios (Bök, 2002). La valoración de lo accidental, excepcional y singular implica la depreciación de los vínculos convencionales entre signos y significados. Jarry insiste en la percepción multifacética de los fenómenos u objetos que se opone a su reducción según lo útil o habitual y explora todos sus aspectos potenciales (2020, p. 28). La conexión híbrida de la metafísica y la ciencia, junto con el afán de explorar singularidades, desvincular las palabras de las cosas y adscribirles propiedades virtuales, le permiten a Jarry (2004) describir la Pasión como una carrera de bicicletas, o a los ahogados como una nueva especie de animales acuáticos. Aunque la patafísica ha sido generalmente ignorada por la crítica por ser un fenómeno literario lúdico y absurdo, según Christian Bök a lo largo de los años ha establecido el horizonte conceptual “para cualquier encuentro entre filosofía y literatura” (2002, p. 9) y “los parámetros para la relación contemporánea de la ciencia y la poesía” (p. 27). La obra de Borges ilustra su tesis, patafísicamente mezclando estos discursos en un diálogo mutuamente crítico y complementario. 2. PATAFÍSICA Y BORGES Alan Pauls, en el ensayo El factor Borges (2004), aboga por una reinterpretación de la relación entre Borges, la ciencia y la filosofía en clave de lo lúdico e irónico. Insiste en la necesidad de “hilarizar” a Borges, más aún: pretende “idiotizarlo” mediante interpretaciones extremas que revelen el absurdo o la locura oculta bajo la apariencia de seriedad. No obstante, la “idiotez” no significa estulticia o puro absurdo, sino el exceso último de la raciocinación. Pauls esboza la imagen de Borges “que se ríe a carcajadas, autor de una enciclopedia más patafísica que metafísica” (Domínguez Michael, 2005, p. 77). Además de la monografía de Bök, existen otros estudios que exploran la historia de la patafísica y sus influencias no solo en el arte y la literatura, sino también en filosofía, política, ciencia y tecnología (Hugill, 2012; Price y Taylor, 2022). La patafísica forma parte de las reflexiones filosóficas de
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 395 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 Jean Baudrillard (2004) y Gilles Deleuze (1996), lo que confirma la posibilidad de tomarla suficientemente en serio para aplicarla al estudio de Borges (cf. Grzesiak, 2024; Hugill, 2012, pp. 170-172). Apoyándonos en las monografías críticas, que parten de la obra de Jarry e incluyen el desarrollo de su “ciencia” promovido por los artistas del Colegio de la ‘Patafísica creado en París en 1948, podemos establecer los siguientes lineamientos de la patafísica y las herramientas analíticas que coinciden con el proyecto de Borges (cf. Grzesiak, 2024, pp. 4-5): 1) Estudio e invención de excepciones o casos singulares (Bök, 2022, p. 3). 2) Exploración de múltiples relaciones potenciales entre signos y significados, revelando la arbitrariedad de las definiciones comunes (cf. Deleuze, 1996). 3) Búsqueda de lógica, metafísica u ontología alternativas. 4) Discusión de ideas científicas y filosóficas desde la literatura para distorsionar las fronteras entre disciplinas, ficción y no-ficción, razón y absurdo (Price, 2022, p. 10). 5) Ambivalencia en relatos que se pueden tomar tanto en serio como no, recomendando optar jocoseriamente por ambas opciones (cf. Price, 2022, p. 1). Según Sardar, es necesario revaluar la lógica, ya que la aristotélica en tiempos posnormales ya no es vigente: “debemos considerar que las respuestas pueden incluir tanto lo uno (bueno y malo) como lo otro (bueno o malo)” (2010, p. 440), necesitamos una modalidad que permita pensar lo múltiple. La ambivalencia patafísica y borgeana no solo concierne a las paradojas (cf. Bravo, 2004) y textos polisémicos y contradictorios (cf. Molloy, 1999, p. 178; Weber, 1968); también puede ser vista como una posición filosófica. 6) Surracionalismo patafísico como modo de unir críticamente la literatura, tecnociencia y filosofía (Bök, 2002); inspirado en el racionalismo “abierto” de Gaston Bachelard basado en cuestionamiento de axiomas y modificación de premisas racionales acorde a los descubrimientos científicos. La patafísica extrema la arbitrariedad de teorías y añade el contexto del arte, pero el surracionalismo reinterpretado por Bök no equivale al irracionalismo. Este, visible en simbolismo, dadaísmo o surrealismo, busca “una emancipación poética de la ciencia”. El surracionalismo (futurismo, OuLiPo, “Patafísica canadiense) propone “una apropiación poética de la ciencia”: usar poesía para criticar los mitos de la ciencia y ciencia para criticar los mitos de la poesía (Bök, 2002, pp. 11-12). El surracionalismo patafísico critica las formas existentes del conocimiento introduciendo un absurdo aparente en un contexto racional (cf. Hugill y Hendler, 2022) e indicando las limitaciones del sentido común.
396 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 Borges constituye un ejemplo perfecto de este modo de reflexionar. En Otras Inquisiciones, confiesa que tiende a estimar “las ideas religiosas o filosóficas por su valor estético y aun por lo que encierran de singular y de maravilloso” (1974, p. 775). Al parecer, su declaración ejemplifica (o “anticipa”) una asombrosa coincidencia entre la literatura y la tecnología, especialmente los buscadores contemporáneos. Los algoritmos de los motores de búsqueda influyen en la estructuración de los campos de percepción y confianza: lo que tiene más probabilidad de ser juzgado como verdadero es lo que se ha repetido más, lo que está trending (Harsin, 2018a, p. 107). Los algoritmos “favorecen el compromiso con el contenido por encima de la calidad de este a la hora de clasificar las noticias” (Bernecker, Flowerree y Grundmann, 2021, p. 7); “promocionan” la información que es popular, no la que es más factual. “Los usuarios de los motores de búsqueda están más expuestos a noticias interesantes que a información de calidad” (p. 7, énfasis mío). El valor de la verdad, por tanto, parece devenir más artístico que científico o periodístico. La aparente afinidad de Borges con los buscadores, sin embargo, en realidad sienta las bases para percibir su relación como inversión o parodia. 2. 1. Literatura y filosofía de la tecnología Unos de los problemas clave de la filosofía de la tecnología convergen con las preocupaciones literarias o artísticas y, lo que es más relevante para nuestra lectura de Borges, patafísicas. Según Deleuze, tanto en Heidegger 4 como en Jarry la “técnica como dominio efectivo del Ser es heredera de la metafísica: completa la metafísica, la realiza” (1996, p. 149) y, al mismo tiempo, es lo que permite superarla y pasar de la metafísica a la patafísica, es decir, de lo actual a lo potencial (cf. Grzesiak, 2024). De hecho, mientras la ciencia se pregunta por lo que es (y la metafísica por el ser así de lo que es), la tecnología se interesa por lo que puede (o va a) ser (Skolimowski, apud Franssen, Lokhorst y van de Poel, 2023, 2.2). No obstante, la creatividad e imaginación necesarias para ocuparse de lo potencial en el marco de la tecnología poseen unas reglas de funcionamiento incompatibles con las leyes que gobiernan las excepciones patafísicas. Franssen, Lokhorst y van de Poel sostienen que los dos aspectos fundamentales de la tecnología son la instrumentalidad y la productividad. 4 Para una breve descripción de la visión crítica de la tecnología de Heidegger, véase Franssen, Lokhorst y van de Poel (2023, 1.2).
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 397 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 Sus objetivos son, respectivamente, el control de la vida humana y su entorno mediante intervenciones instrumentales en el mundo y el uso intencionado e inteligente de las cosas, y la controlada e ingeniosa creación de nuevas cosas útiles (2023, 1.3). En el contexto de la ciencia, las subversiones patafísicas critican su posición dominante y supuestamente objetiva en la epistemología. En el tecnológico, las soluciones imaginarias pueden ayudar en la dislocación de las nociones del “control”, “intervención” y “utilidad” obligatoria, liberando el potencial ingenioso de la creatividad vista como sinécdoque de la actividad humana en general, oponiéndose al mandato de la eficiencia (cf. Sardar, 2010, p. 441). La potencialidad en la literatura y la patafísica no necesita artefactos nuevos: uno de sus aspectos clave es ver algo singular y distinto en lo ya existente. Mario Bunge, en el ensayo “Borges y Einstein, en la fantasía y en la ciencia”, reflexiona sobre las diferencias entre la imaginación artística y científica. Destaca que la primera es una ficción sin límites, onírica y poética, mientras la segunda tiene necesariamente un respaldo teórico de fórmulas matemáticas que representan hechos físicos. No obstante, “también hay semejanzas no menos importantes aunque menos aparentes” (1999, p. 11), por lo menos en el caso de Borges y Einstein. Estas conciernen al similar uso de la fantasía (creación de imágenes o conceptos que rebasan los datos empíricos), ingenio (capacidad de proponer soluciones nuevas), coherencia (sujeción a la lógica) y elegancia (simplicidad que resulta de prolijas revisiones y la pureza formal). Bunge subraya sobre todo las coincidencias (y diferencias) en cuanto a la fantasía literaria y científica, pero es menester fijarse más en sus otros criterios. La elegancia en Borges es bien establecida. Como insiste él mismo, un “laberinto debe ser un sofisma, no un galimatías” (2001, p. 159). En cambio, si consideramos los problemas del ingenio y de la coherencia, inevitablemente llegaremos a la patafísica. Las soluciones nuevas en el caso de Borges equivalen a las soluciones imaginarias de los patafísicos: propuestas hipotéticas e imaginativas que no son cualquier cosa experimental, extraña, o antirracional (cf. Price, 2022), sino que, parodiando soluciones científicas, siguen las reglas de una lógica (potencial o inventada) y axiomas preestablecidos dudosos y cuestionados en el mismo texto. La coherencia y la supuesta sujeción a la lógica seducen a varios científicos que leen a Borges (cf. Martínez), pero no hay que olvidar que uno de los fenómenos centrales en su obra, tanto en la forma como en el contenido, es la paradoja (y la contradicción). En lugar de declarar tesis concretas, los relatos de Borges demuestran una potencial
404 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 20). Bloch concluye que nuestro universo es demasiado pequeño para contener la Biblioteca que por lo tanto resulta inimaginable: podemos conceptualizarla e incluso describirla matemáticamente, investigar sus “leyes”, pero no “verla” en nuestra mente (p. xx). Leonardo Moledo añade que, dados los tamaños discutidos, La densidad de la Biblioteca de Babel es muchísimo más alta y produciría el colapso gravitatorio del cosmos. Es decir que si el universo fuera en realidad la Biblioteca, el universo no existiría, o tal vez (…) nunca podría haber existido (1999, p. 41). Borges “tiene el curioso mérito de haber construido el objeto literario más grande (en tamaño) de toda la historia de la literatura” (Moledo, 1999, p. 41) y uno de los más imposibles físicamente y tal vez inimaginables, pero matemáticamente conceptualizables, que, además, posee el valor añadido de, en cierto modo, haberse actualizado con el tiempo en el contexto de los big data, la IA y la búsqueda en Internet. El problema con la Biblioteca de Babel es que la búsqueda es capaz de generar datos, pero no necesariamente información. El narrador indica que “por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias” (Borges, 1974, p. 466). Según Sosa Escudero, “las ventajas de big data no vienen de la masividad de datos per se sino de que se los observe a través de alguna tecnología o modelo que permita usarlos y notar si es cierto que contribuyen más al orden que al caos” (2020, c. 1). No obstante, emulando el ejemplo de lectura patafísica de la Enciclopedia China, las historias de Borges seleccionadas por Sosa Escudero para demostrar la necesidad de “guiar coherentemente la búsqueda y resolver la tensión existente entre conjeturas y datos” (2020, c. 3) pueden ser vistas como propuestas de acercamientos alternativos al proceso de búsqueda de información. Su análisis subraya la tensión inherente entre la creatividad tecnológica y la patafísica: la primera necesita control para no incurrir en aberraciones y abusa de él con fines potencialmente manipuladores, la segunda propone el ejercicio liberador de la imaginación sin pretensiones de veracidad y sin malicia. Funes, Emma Zunz y la Biblioteca producen negaciones o inversiones de la estadística, lo que no es necesariamente una muestra de nihilismo y negación del conocimiento, sino de la necesidad de la creatividad patafísica, estudios de casos excepcionales, algoritmos y modos de pensar
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 405 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 divergentes. El mismo Sosa Escudero subraya que la idea del orden se refiere a algo arbitrario e inestable, pero útil. La utilidad, a su vez, depende de los objetivos de los buscadores y de su actitud. 3. 3. Búsqueda de información y orden: interpretación y serie divergente Las tecnologías digitales abren el camino a nuevas interpretaciones y modos de leer a Borges: si un bibliotecario humano es incapaz de encontrar orden o simplemente información específica en la Biblioteca, ¿quizás una inteligencia artificial podría hacerlo? Aunque, como hemos indicado, los resultados podrían ser igualmente problemáticos. La cuestión, sin embargo, es qué tipo de algoritmo podríamos utilizar, lo cual depende de nuestros objetivos. No se trata de rendirse al desorden sometiéndose a él (cf. Sosa Escudero, 2020, c. 5), sino de interrogarlo patafísicamente, buscando, en vez de una simple recuperación de información, una lógica alternativa: de aprendizaje y aventura exploratoria, o de la narración, que parece ser la que domina el mundo de (según) los chat-bots (Bottou y Schölkopf, 2023). En la Biblioteca existen “buscadores oficiales: inquisidores”, portadores de la noción de la Verdad, el orden y lo útil, que buscan “la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo” (Borges, 1974, p. 468). Llegan siempre rendidos y no esperan descubrir nada. En cambio, como sugiere el título de la más conocida colección de ensayos de Borges, podemos emprender también búsqueda no oficial mediante “otras inquisiciones”, o sea, un pensamiento divergente, como Funes el Memorioso que representa big data sin estadística: “deambula como loco por los pasillos infinitos de la biblioteca de Babel, emocionado ante la inmensidad del todo, pero sin la desesperación (ni la necesidad) de abarcarlo de alguna forma simple y sistemática” (Sosa Escudero, 2020, c. 3). Es verdad que el relato termina con un breve resumen de la muerte del protagonista que, metafóricamente, parece confirmar su fracaso en dar cuenta del mundo experimentado en detalles minuciosos (Borges, 1974, p. 490). No obstante, el fallecimiento prematuro refuerza más bien la tristeza de su aislamiento y falta de comprensión por parte de otros, dado que era el “solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme” para ellos incomprensible. A pesar de ello, el narrador, que tampoco lo entiende y representanta la razón y el sentido común, no puede esconder cierta fascinación ante la “balbuciente
406 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 grandeza” de los “insensatos” proyectos epistemológicos de Funes (p. 490). Por consiguiente, se introduce socarronamente la posibilidad de una lectura transversal: la optimista y afirmativa, jocoseria perspectiva patafísica. El protagonista representa una oposición a la simplificación de los sistemas e invita a explorar de otro modo lo desconocido, contradictorio y singular: no descartarlo, sino aprovecharlo sin desesperarse para extender las limitaciones de nuestro conocimiento y modelo de pensar. En caso de “La biblioteca de Babel”, el surracionalismo de Borges no solo consiste en apropiarse de la matemática para indicar la inmensidad inimaginable, criticando las limitaciones de expresión poética y de la imaginación artística. Al mismo tiempo, utiliza elementos literarios para criticar los preceptos de la ciencia: la aspiración a la verdad expresiva, el reduccionismo y el pragmatismo propios de la tecnología y el análisis de datos. El texto comienza con la descripción física de la Biblioteca: El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. (…). A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias (Borges, 1974, p. 465). A continuación, el narrador presenta diferentes teorías metafísicas acerca de su existencia. La presencia del espejo para algunos significa que la Biblioteca no es infinita, porque si lo fuera la repetición ilusoria sería innecesaria. El narrador, por el contrario, lo interpreta como una señal del infinito. Cualesquiera que fuera la verdad, si la Biblioteca existiera (y no produjera el colapso gravitacional), sería imposible llegar a un consenso común humano acerca de su ser, tal como resulta imposible crear una única teoría que explique todo el universo. El descubrimiento de que la Biblioteca es total provoca actitudes semejantes a las que siguen a los grandes descubrimientos tecnocientíficos: optimistas, según las que la totalidad justifica la esperanza de encontrar la explicación de todo, la existencia del individuo, del mundo y del tiempo, pero también pesimistas de deprimirse por la imposibilidad de encontrar un libro concreto en la vastedad del universo. Aunque no hay pruebas que confirmen la teoría de
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 407 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 la totalidad, basada en la interpretación de un solo libro de la enorme Biblioteca, aparecen múltiples comunidades que la desarrollan (viajeros, delincuentes, inquisidores, sectas). A base de ella surgen varias supersticiones y creencias, diferentes pensamientos blasfemos e irracionales. Después de presentarlos, el narrador expone su propia solución al misterio de la Biblioteca: es ilimitada y periódica (p. 471). Su modo de pensar no es, en principio, ni metafísico ni irracional, el bibliotecario anónimo opta por la especulación more geometrico: describe los axiomas que forman base de su interpretación, sus corolarios, y justifica sus propuestas diciendo que “no es ilógico pensar” de este modo (p. 471). No obstante, su defensa del pensamiento lógico no equivale a una defensa del racionalismo. La decisión de ver la Biblioteca como infinita se basa en la esperanza de que si lo fuera, los libros tendrían que repetirse (dado que el número de libros distintos, aunque inimaginable, es limtado) y entonces sería posible buscar un patrón en las repeticiones, es decir, encontrar un orden. Podemos calificar esta propuesta como una conjetura racionada que produce una solución imaginaria: el narrador no la presenta como cierta, sino la “insinúa” como plausible y “elegante”, aludiendo al decoro de la matemática. Sin embargo, en su discurso se intercalan fragmentos irracionales, como ruegos a dioses desconocidos que ayuden en el desciframiento de los misterios del universo (p. 469), y contradicciones que interrogan el objetivismo presunto y las limitaciones cognoscitivas del análisis “científico”. Para mantener cierto orden en sus especulaciones, el narrador se aferra a una lógica que no es exclusivamente racional, pero esto no la invalida, porque no se sabe qué tipo de lógica sigue el “orden” de la Biblioteca (cf. Eco, 1988), si es que hay orden, ni qué tipo de estrategia elegir para descifrar sus códices. El narrador refiere varias tácticas en cuanto a la comprensión de los textos. Por ejemplo, en una región los bibliotecarios “repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano” (p. 466). Su teoría, según el narrador, “no es del todo falaz” (p. 467). Existen también los “impíos”, quienes afirman que “el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción” (p. 470). El narrador refuta sus ideas, pero es de notar que unas páginas antes él mismo indicaba que las líneas razonables se pierden entre cacofonías e incoherencias (p. 466), lo que revela cierta ambivalencia o incluso contradicción.
408 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 El análisis de su crítica de los “impíos” subraya el carácter patafísicamente surracional del relato, opuesto a lo puramente irracional. Hablan (lo sé) de “la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira”. Esas palabras que no sólo denuncian el desorden, sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto (p. 470). El problema central no concierne a la veracidad de una teoría, sino al gusto de sus autores. Es posible que denunciar el desorden sería aceptable si el discurso no fuera desordenado, de acuerdo con la regla de ser un sofisma, pero no galimatías. Por tanto, es una cuestión más estética que epistémica y nos insta a interpretar las tesis del narrador también siguiendo este criterio. La veracidad parece imposible de averiguar o menos importante. El fallo de los impíos radica en el hecho de que su ignorancia sea “desesperada”, irracional y desprovista de una lógica. Si la Biblioteca es un azaroso desorden delirante, no se puede elegir un solo disparate suyo y declararlo como absoluto, sobre todo teniendo en cuenta la arbitrariedad de la relación entre los signos encontrados en los libros y sus significados. La Biblioteca puede contener un número limitado de códices, pero ni siquiera necesita que sus salas se repitan periódicamente para ser infinita: basta un libro (Borges, 1974, p. 471). No es ilógico pensar, sin desesperarse, que lo que parece cacofonía o disparate puede tener significados que no somos capaces de descifrar por nuestra ignorancia criptográfica o lingüística. La Biblioteca supuestamente contiene todos los idiomas posibles, en alguno de ellos los “disparates” pueden tener sentido. La actitud del narrador demuestra, y desmorona por exageración, la base lógica de una apertura surracional a la multiplicidad de interpretaciones potenciales, no absurdas o azarosas en las que todo vale, sino cambiantes según la adquisición de nuevos conocimientos y contextos. En otro movimiento auto-reversible, el narrador presenta la ambivalencia e inseguridad de cada interpretación: subraya que el significado que nos parece claro puede ser una ilusión, las palabras pueden referirse a muchas cosas diferentes. Por lo tanto, añade la pregunta que le sirve a Borges-autor a distorsionar la frontera entre la ficción y la realidad,
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 409 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 incorporando al lector y su contexto, cambiante con el tiempo, en la trama del cuento: “Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?” (p. 470). Dado que no podemos estar completamente seguros, no sería ilógico releer “La biblioteca de Babel” y repensar su interpretación que, al abrirse a todos los idiomas potencialmente posibles, se vuelve infinitamente (o incalculablemente) armable. La arbitrariedad y la polisemia en Borges no son sólo una cuestión de lenguaje, sino que están ligadas a diversos intentos de ordenar el mundo, como los descritos en “El idioma analítico de John Wilkins”. Asimismo, van en contra del sentido común involucrando ciertos principios de las matemáticas, en particular los corolarios de la teoría de conjuntos de Georg Cantor que a Borges le parecían maravillosos (Martínez, 2006, p. 18). En los conjuntos infinitos, el todo no es necesariamente mayor que alguna de las partes. El conjunto de los números enteros, ℤ = {...−2,−1, 0, 1, 2, ...}, contiene al de los números naturales, ℕ = {1, 2, 3, 4…}, pero no es más grande: los dos son infinitos. Además, el conjunto de números reales es infinitamente divisible, es decir, los números ínfimos entre 0 y 1 son también infinitos. Para Borges esto implica a la vez una oportunidad como estorbo para cualquier intento de instaurar un orden, o sea, poner los infinitos términos de un conjunto en una sucesión y, tal vez, intentar de sumarlos: crear una serie matemática (cf. Hayles, 1984). Lo que atrae a Borges es la posibilidad de que una sucesión, aunque tenga un límite, no acabe porque siempre pueden aparecer términos nuevos entre los ya diferenciados. Analógicamente, la búsqueda de un orden tampoco termina. En el caso de Borges, el problema de secuencias y series infinitas es aplicable al análisis del texto y tiene potencial de ser considerado la base ontológica o epistemológica no solo de la literatura, sino también del mundo (cf. Molloy), aunque adscribirle al autor una declaración filosófica concreta y fija sería un abuso y un malentendido de su discurso polivalente que siempre se abre a nuevas lecturas y autorreversiones. Dejando de lado, entonces, la pregunta por la naturaleza “verdadera” del ser, e indicando solo que la obra de Borges configura el ser como lo múltiple (potencialmente infinitamente combinable) y podría verse como una versión patafísica de ontología matemática entre Alain Badiou (1988) y Raymond Queneau, 6 fijémonos en la cuestión literaria. 6 En Les fondement de la littérature d'après David Hilbert (1976), Queneau, representante del OuLiPo, reescribe The Foundations of Geometry (1950) de Hilbert cambiando las
410 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 “La literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un solo libro no lo es” (Borges, 1974, p. 747). Una difiere de otra más por la manera de ser leída (contextual, contingente) que por el texto. La manera patafísicamente matemática de leer, característica para Borges, es ver una frase como una línea, que “por breve que sea, consta de un número infinito de puntos” (Borges, 1988, p. 39). Según Molloy, el texto (de Borges) es una serie. Para construir un mundo literario es necesario escribirlo, lo que implica linealidad y el proceso sucesivo; significa poner los integrantes del conjunto en una secuencia, entendida como expresión lingüística y sintáctica. No obstante, esta no se convierte en “serie”, si la entendemos como la suma de los términos de una secuencia y la traducimos al ámbito de la literatura como una interpretación que da un solo sentido. El texto es una serie solo si ésta es infinita, no puede reducirse a un número, un significado concreto. Además, como demuestra la Enciclopedia China, el orden es arbitrario y siempre puede ser otro: el de las palabras, el de las conclusiones, el de las enumeraciones y categorizaciones que constituyen sus propias series subversivas dentro de la serie general del texto. Lo mismo parece ocurrir con los acontecimientos, ficcionales y reales, y la ley de causalidad que supuestamente los rige, con lo que es difícil limitarse a las ficciones y no extrapolar ciertas de sus propuestas al mundo real. 7 Molloy analiza la reflexión de Borges sobre la prueba de la existencia de Dios propuesta por santo Tomás. El vocabulario de Borges claramente remite a Cantor: “Cada estado proviene del anterior y determina el subsiguiente pero la serie general pudo no haber sido, pues los términos que la forman son condicionales, es decir, aleatorios. Sin embargo, el mundo es; de ello podemos inferir una no contingente causa primera, que será la divinidad” (1974, p. 256). No obstante, Borges usa esta observación como ejemplo del regressus in infinitum, por lo que Molloy subraya que en su caso la causalidad es subvertida: “En las series que Borges propone al lector los términos también son —o parecen— aleatorios, pero cada término no proviene claramente del anterior, no es necesariamente su efecto, ni determina, como causa, el término subsiguiente” (1999, p. 179). La serie, el texto, el mundo pudo no haber sido, así que resulta contingente. palabras “punto”, “línea” y “plano” por “palabra”, “frase” y “párrafo” y aplica los axiomas matemáticos así modificados a una reflexión sobre “los fundamentos” de la literatura. 7 Sobre la realidad que adquiere rasgos de ficción, cf. La expresión de la irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges de Barrenechea (1957), o “El existencialismo textual de Jorge Luis Borges” de Cervera Salinas (en Avatares del hacedor, 2017).
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 411 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 Asimismo, el texto entendido como una secuencia arbitraria que produce una serie infinita explica la predilección de Borges por formas breves. Si cada texto es inagotable (infinito), su “suma” no es representable y necesita traducción o notación científica (exponencial). Un cuento corto puede producir tantos significados como una novela larga. Un capítulo de esta novela no es necesariamente menor que el todo. De hecho, escribir una novela parece un sinsentido, o, más bien, falta de elegancia: una novela equivale a la notación extensa, un relato, a notación exponencial. El texto es, entonces, un conjunto, una multiplicidad infinitamente divisible. Sassón-Henry, reflexionando sobre la relación de Borges con la filosofía de Deleuze y Guattari, expresa esta idea de modo siguiente: “un libro no es un artefacto inmutable, sino un ensamblaje en el que las palabras y las líneas abren espacios para el pensamiento” (2007, p. 39). El espacio demarcado por las palabras puede significar el que está ocupado por ellas, o sea el de un signo que no posee un vínculo obligatorio con las cosas y debe ser visto más bien como lineamiento de un significado potencial que puede ser múltiple. También significa el espacio entre ellas que, como el conjunto de los números reales entre 0 y 1, es infinitamente divisible, es decir, infinitamente abierto para la intervención interpretativa y especulativa de los lectores (en tiempos y contextos diferentes). La lectura de Borges nos enseña a percibir la literatura como un desafío de ordenar una secuencia de “términos” que siempre pueden multiplicarse o anularse, y cuya suma nunca es final. Es una exigente aventura de interacción creativa y exploración de un espacio ambivalente, caótico (en el sentido de falta del orden metafísico), contradictorio e inseguro. “Como la lectora no puede dar por sentada la representación a veces disparatada e idealista del mundo que encierran los textos de Borges, se ve obligada a crear sentido a partir de lo que parece absolutamente ilógico o poco fiable” (Sassón-Henry, 2007, p. 17). Aunque ninguna de las hipótesis concernientes a la Biblioteca puede ser considerada la única correcta y todas son más bien tentativas que aserciones firmes, no se trata de proponer cualquier solución. La lógica interna de un razonamiento es importante, aunque sea puesta en duda por el mismo. En cuanto a la elegancia de una argumentación, parece un criterio ambivalente: por un lado indica la superioridad del razonamiento científico o matemático, por otro sirve para desplazarlo en dirección a lo estético o interesante en el sentido artístico de singular y maravilloso. El narrador de “La Biblioteca de Babel” no contradice la ignorancia, solamente renuncia su carácter “desesperado”, ilógico o completamente
412 Zofia Grzesiak CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 irracional. Critica a los “impíos”, pero concede cierta razón a los que equiparan la lógica del sentido con la de los sueños o la quiromancia. Es decir, no niegan la posibilidad de arribar en un sentido, pero revelan que tal vez el sentido no tiene que ser siempre puramente racional. Sin embargo, tampoco es irracional, sino surracionalmente abierto a cambios y multidisciplinario. Lo que hoy nos parece irracional, como prueban diferentes descubrimientos científicos (cf. Merrell, 1991) y el desarrollo tecnológico, puede resultar perfectamente plausible en el futuro. El problema del ordenamiento de datos, es decir, la imposibilidad de establecer el sentido de la Biblioteca/Universo, o, por lo menos, de llegar al consenso común, radica no solo en la insuficiencia analítica de los bibliotecarios humanos, incapaces de abarcar la vastedad de textos, sino también en este mismo carácter humano, individualista y subjetivo, que se opone al poder unificador de la lógica. Aunque la estadística haga esfuerzos de predecir el comportamiento humano y la Biblioteca supuestamente ya contiene las descripciones de todas sus posibilidades, los bibliotecarios entendidos como elementos que forman parte del universo-conjunto no siguen las mismas leyes que las que permiten contar el número de libros diferentes. Si forman parte del orden de la Biblioteca, lo desconocen, pero es también posible verlos como “términos” contradictorios o subversivos, lo que puede ser tanto bueno, como malo. “La biblioteca de Babel” termina con una desesperación aparente causada por el antagonismo de la naturaleza humana. “Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población” (1974, p. 471). Parece describir los tiempos posnormales y nuestro futuro potencial. No obstante, añade también un consuelo (¿secreto?) de escritura metódica y creación de hipótesis elegantes, cuya proliferación y diversificación es crucial para que dejemos de hacer siempre lo mismo y tal vez encontremos líneas de fuga de nuestro estancamiento imaginativo y conceptual. Otro elemento del conjunto que no es manejable con premisas analíticas racionales (matemáticas), y por tanto es ignorado por los bibliotecarios que solo buscan sentido en los libros, es la infraestructura que usan para satisfacer sus necesidades, es decir, los dormitorios y las letrinas. Estos dos tipos de gabinete nos permiten reivindicar lo onírico (o ficcional) como forma de conocimiento y los residuos como algo que no es posible eliminar de cualquier proceso (incluso uno muy elegante). Podemos interpretarlos también como advertencias sobre las limitaciones o alucinaciones de la inteligencia artificial y la basura abundante que
Ciencia, literatura, tecnología y “La biblioteca de Babel” de Borges 413 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 389-418 ISSN 1989-7383 circula por la red (Biblioteca). El problema de los desechos, además, desde la filosofía de la tecnología está estrictamente unido con la literatura. Los análisis de artefactos técnicos no incluyen los “epifenómenos” de la producción —los residuos, los subproductos (derivados), y las obras del arte—, porque son considerados como no intencionales, técnicamente irrelevantes y carentes de objetivo (Franssen, Lokhorst y van de Poel, 2023). La lista de elementos descartados parece igualmente curiosa que la de los animales de la Enciclopedia China de Borges y le otorga al arte una fuerza similarmente subversiva. Los modos divergentes de pensar, como los textos de Borges y los algoritmos patafísicos, se oponen a la dominación tecnológica de lo útil que intenta controlar efectivamente el mundo y a los humanos, asimismo que revelan los fallos de esta supuesta productividad. Es de notar que si la IA “confabula”, y los algoritmos convencionales (no patafísicos) dirigen nuestras búsquedas no hacia la información fidedigna o el conocimiento verdadero, sino hacia el conocimiento “interesante” o “popular”, paradójicamente también presentan características de patafísica, pero invertida: lo hacen de forma inconsciente o engañosa, alegando que nos proporcionan información adecuada, asimismo que en vez de estimular la imaginación la retienen y encierran en “burbujas” o patrones habituales. CONCLUSIONES Harsin comenta que las propuestas típicas de la solución de las crisis de la posverdad, tales como el desarrollo de las tecnologías, fact checking, restricciones impuestas a medios sociales y variedad de iniciativas educativas, son insuficientes, porque no perciben que el problema esencial radica en capitalismo y consumismo (2018b, p 20). Para cambiar la situación habría que cambiar el sistema, lo que excede, obviamente, los propósitos del presente ensayo. Sardar aboga por la creación de un tipo de saber colectivo e interdisciplinario más allá de las instituciones, con fuentes heterogéneas y complejas (2020). Postula una vuelta a las virtudes de humildad, modestia y responsabilidad, además del reconocimiento de nuestra ignorancia y del esfuerzo de renovar constantemente nuestras capacidades creativas e imaginativas (2010, p. 443). Nuestra lectura de Borges responde, a su manera, a estos postulados, ofreciendo una perspectiva vital contra marasmo e histeria potenciales. Su obra se revela como un discurso patafísico que resulta de la conexión de la literatura con la reflexión sobre la tecnología, la ciencia y la filosofía, en