«Intelligentsias» de capa y espada: Implicaciones literarias y políticas de la esgrima en la Venezuela «Fin de siècle»
Abstract
En este artículo se exploran los impactos políticos y estéticos que traen consigo la difusión de la esgrima en Venezuela a finales del siglo XIX. Para ello, se toma como objeto de estudio La esgrima moderna (1892), tratado pedagógico escrito por el positivista venezolano José Gil Fortoul (1861-1943). Como intentará demostrarse, la esgrima impele ciertos aspectos éticos de la literatura nacional de comienzos del XX, emplaza un imaginario visual respecto a los cuerpos masculinos y femeninos, y deviene de maneras contradictorias en medio de las transformaciones y represiones políticas que se suscitan durante la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935)
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CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 Intelligentsias de capa y espada: Implicaciones literarias y políticas de la esgrima en la Venezuela Fin de siècle Swordsmanship Intelligentsias: Literary and Political Implications of Fencing in the Venezuelan Fin de Siècle RONALD SANOJA CÁCERES Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Letras, Avda. Vicuña Mackenna 4860, 7821093. Macul, Santiago de Chile. Dirección de correo electrónico: [email protected]. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8135-5262. Recibido/Received: 19-1-2024. Aceptado/Accepted: 31-5-2024. Cómo citar/How to cite: Sanoja Cáceres, Ronald (2024). “Intelligentsias de capa y espada: Implicaciones literarias y políticas de la esgrima en la Venezuela Fin de siècle”. Castilla. Estudios de Literatura, 15, pp. 739-764. DOI: https://doi.org/10.24197/cel.15.2024.739-764. Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: En este artículo se exploran los impactos políticos y estéticos que traen consigo la difusión de la esgrima en Venezuela a finales del siglo XIX. Para ello, se toma como objeto de estudio La esgrima moderna (1892), tratado pedagógico escrito por el positivista venezolano José Gil Fortoul (1861-1943). Como intentará demostrarse, la esgrima impele ciertos aspectos éticos de la literatura nacional de comienzos del XX, emplaza un imaginario visual respecto a los cuerpos masculinos y femeninos, y deviene de maneras contradictorias en medio de las transformaciones y represiones políticas que se suscitan durante la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935). Palabras clave: positivismo venezolano; esgrima; literatura venezolana; deporte; modernidad latinoamericana Abstract: This article explores the political and aesthetic impacts of the popularity of fencing in Venezuela at the end of the 19th century. To do this, La esgrima moderna (1892), a pedagogical treatise written by the Venezuelan positivist José Gil Fortoul (1861-1943), is taken as the object of study. As will be attempted to be demonstrated, fencing drives certain ethical aspects of the national literature of the early 20th century, establishes a visual imaginary regarding male and female bodies, and becomes contradictory in the midst of the political transformations and repressions that arose during the dictatorship of Juan Vicente Gómez (1908-1935). Keywords: venezuelan positivism; fencing; venezuelan literature; sport; latin american modernity.
740 Ronald Sanoja Cáceres CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 INTRODUCCIÓN Son varios los motivos por los que en Venezuela se datan los comienzos de la esgrima deportiva en la década de 1940. Entre las razones, se tienen presente los esfuerzos del italiano Vittorio Godigna por organizar en 1943, con espadachines entrenados por él mismo, la primera competencia intercolegial de duelos; la fundación en 1947 por parte de los húngaros Béla Muraközy y Rodolfo Bartha de la Escuela de Esgrima de la Universidad Central de Venezuela (aún existente); y la labor difusiva de Santiago Aguerrevere Vera, quien establece en 1948 la Federación Venezolana de Esgrima. 1 En estricto rigor, sin embargo, la disciplina tiene en el país una gran repercusión hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, y es muy común hallarla evocada, 2 sobre todo en los testimonios de las sociedades patricias de la época, como actividad física y recreativa habitual en el entre siglos, tiempo coincidente con el de la primera modernidad venezolana. Ahora bien, más que una actividad lúdica de las élites caraqueñas, o de considerarse un signo distintivo de europeización cultural —en la línea del afrancesamiento sintomático propiciado por el gobierno de Antonio Guzmán Blanco—, la promoción de la esgrima como práctica popular responde también a intenciones políticas y a un interés ético y estético de ‘higienizar’, de forma material y concreta, las supuestas falencias literarias y morales de la sociedad venezolana de entonces. Esto último puede apreciarse sobre todo desde el juicio de los positivistas, y específicamente en textos como La esgrima moderna (1892), publicado por el escritor y expresidente José Gil Fortoul (1861-1943). Pese a que el tratado de Gil Fortoul es en la actualidad casi desconocido, una lectura del mismo evidencia que la triangulación esgrima-escritura-sociedad despunta una serie de efectos diversos en la cultura y política de la Venezuela Fin de siècle. Años después de su publicación, en el marco de la dictadura de Juan Vicente Gómez —en la que Gil Fortoul ejerce como presidente interino entre 1913 y 1914— La esgrima moderna despliega resignificaciones diversas del ethos épico del florete, y se constituye como una influencia 1 Para mayores datos véase la página web de la Federación Venezolana de Esgrima, o el artículo de Martínez (2019) dedicado los hitos de tal deporte en Venezuela. 2 Una buena muestra de cómo la esgrima se constituye como una práctica de las élites y de las burguesías incipientes se encuentra en las entrevistas transcritas en el trabajo de Fombona de Certad (1995) sobre la sociedad patricia caraqueña.
Intelligentsias de capa y espada: implicaciones literarias y políticas… 741 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 contradictoria, como intentará demostrarse en este artículo, tanto para los aspectos estéticos de la literatura venezolana como para los aparatos del poder que se afianzan durante el gomecismo. 1. JOSÉ GIL FORTOUL: POSITIVISMO Y LITERATURA La obra de José Gil Fortoul representa una de las máximas exponentes del ideario del positivismo 3 en Venezuela. Junto a Lisandro Alvarado, César Zumeta, Laureano Vallenilla Lanz, entre otros, Gil Fortoul pertenece a la generación de estudiantes que se forma en la Universidad Central en la década de 1880, a la luz de los procesos de secularización que se dan en la Instrucción pública nacional desde 1870. Tal generación repiensa la historia y la cultura del país a partir de los preceptos de Comte, Darwin y Spencer, estos últimos difundidos en el contexto venezolano a través de la obra y cátedras de intelectuales como Adolfo Ernst, Rafael Villavicencio o Arístides Rojas. El enfoque positivista, como es sabido, pretende resaltar “lo efectivo, lo verdadero, lo empírico, [fundamentándose] en hechos o realidades concretas […], accesibles solo a los órganos de los sentidos, descartando de plano cualquier forma de especulación metafísica” (Tinoco, 2006, p. 10). De ahí que afianzándose en el materialismo y empirismo, desde un sincretismo teórico que oscila entre “evolucionismo social, darwinismo social, transformismo, liberalismo y evolucionismo legal” (Plaza, 1988, p. 105), el discurso positivo se asume y proyecte como propuesta de carácter científico y progresista. Grosso modo, el objetivo de dicho discurso es solucionar los problemas inmediatos basándose en supuestas leyes naturales, y responder, en síntesis, a tres cuestiones: “¿cómo conocer la realidad?; ¿cuál es la expresión más idónea de la organización de esa realidad?; y, ¿cómo esa realidad ha llegado a ser lo que es hoy?” (Plaza, 1988, p. 106). Sujetos, sin embargo, a un contexto editorial incipiente, y en un momento histórico en que el escritor latinoamericano se encuentra obligado a buscar diferentes mecenazgos, como el del Estado, para poder vivir de su pluma, la mayoría de los trabajos positivistas se alinean a las exigencias políticas del proyecto nacional de turno, lo mismo que a 3 Por positivismo, de una manera sintética, se entiende al grupo de doctrinas de interés pragmático, secular y social divulgadas por filósofos como Augusto Comte, Herbert Spencer, John Stuart Mill, o Hyppolite Taine, a través de enfoques regidos por leyes científicas y determinismos biológicos y sociohistóricos.
742 Ronald Sanoja Cáceres CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 agendas ideológicas cuyos objetivos, lejos del esteticismo introspectivo de las ‘literaturas malsanas’ modernas 4 , apuntan a un mejoramiento material y cuantificable de la polis. Gil Fortoul no sería una excepción en medio de las particularidades de tal entorno de producción cultural —políticamente inestable en el caso venezolano, además, como consecuencia de la Guerra Federal (18591863)—. Haciendo eco de las alianzas que se entablan entre los intelectuales y el estado, la carrera intelectual de Gil Fortoul despunta hacia 1886, cuando, después de doctorarse en Derecho, consigue que el gobierno de Guzmán Blanco le asigne una plaza como cónsul en la ciudad de Burdeos. En Europa, donde permanece hasta 1897, Gil Fortoul recorre Alemania, Italia y España, y coincide con Emile Durkheim y con los inicios de la sociología moderna (Plaza, 1988, p. 20). Asimismo, mantiene contacto cercano con la intelectualidad venezolana, publicando artículos para El Cojo Ilustrado y La Opinión Nacional, lo que contribuye a que desarrolle cierto renombre literario con una obra escrita que bien puede diferenciarse en dos grupos: uno de carácter estético, con textos como Recuerdos de París (1887), ¿Idilio? (1892), o Julián (1888); 5 y otro de carácter jurídico, con obras como Filosofía Constitucional (1890) o Filosofía Penal (1891), ambas aplaudidas entonces tanto por la crítica venezolana como por lectores internacionales. Ahora bien, como una especie de excentricidad que atraviesa las inclinaciones de su escritura, Gil Fortoul publica en enero de 1892 un tratado titulado La esgrima moderna, texto usualmente omitido de las listas de sus obras, e incluso causante del juicio negativo por parte de algunos de sus críticos. 6 Más que una curiosidad bibliográfica, sin embargo, el ideario de esta obra resulta interesante si se piensa a la luz de los procesos de modernización de la Venezuela del Fin de siglo, y si se tiene en cuenta que los duelos de espada son un ejemplo recurrente al que el autor vuelve para problematizar los límites de la ley penal en 4 Se sigue aquí el calificativo empleado por Pompeyo Gener (1900) para referirse a las modas literarias decadentes y nihilistas popularizadas en el Fin de siglo. 5 Julián representa, por lo demás, “el primer intento de novelista venezolano —y tal vez de lengua española— que propone y logra con éxito la introducción del monólogo interior” (Miliani, 1985, p. 41). 6 Piña-Daza, por ejemplo, afirma que “aparte de poner de manifiesto la desenfadada manera de ver la vida del autor, la obra ofrece, por su misma naturaleza, muy escaso valor literario” (1961, p. 62).
Intelligentsias de capa y espada: implicaciones literarias y políticas… 743 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 circunstancias consensuadas. Una relectura de La esgrima moderna revela al texto como una bisagra conciliatoria entre las fijaciones éticas y estéticas de Gil Fortoul, o como una especie de ‘taller de ensayo’ en el que se modela la óptica analítica del método positivista. El libro, así, se articula como uno de sus primeros ejercicios escritos en los que propone la ejecución práctica de las teorías postuladas en sus obras jurídicas, y como un proyecto pedagógico de soluciones prácticas cuyo interés es insertarse en las discusiones en torno a la decadencia del sujeto moderno. Esto último convierte al tratado en un dispositivo de intervención ciudadana, distante de propuestas abstractas del tipo ‘hay que tecnificar al país’, o ‘hay que llevar el progreso al campo’—tan propias entre los románticos locales—, y en un recurso desde el que es posible activar, desde la visión positivista, los mecanismos necesarios para la evolución social de la nación. 2. CUERPO SANO, MENTE SANA: EL POR QUÉ DE UN TRATADO SOBRE LA ESPADA Y EL FLORETE Según lo que se da a entender en su prólogo, La esgrima moderna está compuesta por un grupo de anotaciones recogidas por Gil Fortoul y presentadas al entonces Ministro de Guerra y Marina venezolano, Julio F. Sarría, por mediación del francés Henri Joseph, “profesor de armas, director de los ejercicios de esgrima en el Ejército de Venezuela, miembro correspondiente de la Academia de Armas de París y Profesor fundador de la Academia de Armas de Caracas” (Gil Fortoul, 1892a, p. VIII). Desde 1889, Joseph se había dado “la tarea de propagar entre sus numerosos amigos [los del ministro] el gusto por la espada” (Gil Fortoul, 1892a, p. VII), formando para ello una sala de armas en la casa del propio Sarría, donde además de enseñar técnicas de combate a las todavía no institucionalizadas fuerzas armadas del país, incentivaba el deporte entre numerosos aficionados, sobre todo jóvenes (p. XIII). Dada la larga trayectoria política de Sarría, conocido por ocupar diferentes carteras públicas desde los tiempos de Juan Crisóstomo Falcón hasta la dictadura de Gómez, acaso podría sospecharse que La esgrima moderna funciona para Gil Fortoul como una herramienta discursiva a través de la cual busca codearse con la cúpula política, o autopromocionarse como ideólogo republicano. No obstante, más allá de especulaciones, en vista de que una de las quejas recurrentes en el país durante el siglo XIX es el carácter
744 Ronald Sanoja Cáceres CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 montonero e indisciplinado del gremio militar, 7 Gil Fortoul dirige su tratado a las esferas políticas con el fin de impeler, a través del análisis metódico del deporte y su promoción práctica entre los ciudadanos, la germinación de la “nobleza de corazón y lealtad” (p. VII) que se percibe en los países donde se practica la esgrima, especialmente España, Italia y Francia. Tal sentido implícito de la obra es rápidamente recibido y publicitado por la prensa venezolana. En una reseña sin firma aparecida en febrero de 1892 de El Cojo Ilustrado, titulada “La esgrima moderna, por José Gil Fortoul”, se explica que el florete no es un pasatiempo, sino que es “la única forma gimnástica que amerita el nombre de científica” (p. 38), y se destaca ampliamente su utilidad en el mejoramiento físico de los ciudadanos. A este texto lo acompaña una ilustración del tamaño de una página entera del diario, probablemente sugerencia del propio Gil Fortoul, la cual resulta interesante en tanto que hegemoniza un imaginario estetizado de lo masculino y una fetichización de la esgrima como práctica promotora de los valores simbólicos de las metrópolis. Sobre este punto, teniendo en cuenta que la visualidad se constituye en el siglo XIX como “una práctica cultural de la vida cotidiana [sujeta al] cuerpo del observador / espectador en tanto que marcado por su género, clase o etnia” (Mitchell, 2009, p. 27), piénsese en el modo en que el siguiente grabado emplaza un relato de lo viril como horizonte estético de lectores o consumidores, lo que resulta aún más determinante si se recuerda que El Cojo Ilustrado fue uno de los primeros diarios de difusión masiva eficientemente ilustrados en la Venezuela del entre siglos: 8 7 Como ejemplo de las críticas a las Fuerzas Armadas, véase las injurias que hace González de Soto en Noticia Histórica de la República de Venezuela (1873), o revísese la novela El recluta (c. 1907) de Virginia Gil de Hermoso. 8 No es el primer diario con imágenes, por supuesto, y en periódicos como El Federalista, de finales de la década de 1860, ya se consiguen grabados publicitarios e ilustraciones decorativas (casi caligramas). La calidad de las expuestas en El Cojo Ilustrado, sin embargo, es muy superior a la de sus revistas predecesoras. Respecto a la difusión de la publicación, González (2006) advierte que “hasta el año [19]15, año de su desaparición, había estado El Cojo Ilustrado dominando todo el revisterío de una época […], sin embargo, su hegemonía quedó en oleadas de revistas que cultivaron su misma estética y su mismo estilo mucho después de su desaparición” (p. 419).
Intelligentsias de capa y espada: implicaciones literarias y políticas… 745 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 “Concurso de esgrima” (1892) grabado reproducido por El Cojo Ilustrado, edición del 1 de febrero de 1892, p. 40. A través de la estampa visual del deporte, el texto y su imagen remiten a un aburguesamiento de la masculinidad en tanto que promueve una representación de la misma enfatizada, de forma tácita, en sus virtudes productivas, en su mesura armónica y en su sujeción institucional 9 (la representación metafórica de este sentido se aprecia en la perfección del ataque ejecutado en la imagen y en la sujeción de los dos duelistas a la observación de los jueces). Tal aburguesamiento busca aplicarse también en las mujeres, a quienes se les alude en la reseña cuando se comenta el efecto higienista de la esgrima en los cuerpos femeninos. Bajo la idea de que “entre nosotros donde la mujer vive como enclaustrada y, salvo excepciones, sin ejercicio corporal de ninguna clase” (1892, p. 39), se recomienda al florete “como ejercicio que además de producir salud y fortaleza, desarrolla armónicamente el cuerpo humano, dándole gracia y esbeltez”. Así, fungiéndose como estrategia de saneamiento en un contexto fisiológico donde las obras literarias denuncian el alcoholismo, las enfermedades venéreas y la abulia como parte de los problemas urgentes 9 Para estas ideas se sigue el trabajo de Mosse (1996) respecto a la creación del concepto e idea de lo masculino en la modernidad.
746 Ronald Sanoja Cáceres CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 que azotan al país (véase narrativas como las de Rafael Cabrera-Malo, Rafael Arévalo González o Manuel Vicente Romero García), la difusión de La esgrima moderna se augura como una solución para “en pocos años queda[r] libres de médicos y drogas” (p. XIV), y si bien denigra de ciertos sujetos de la polis en tanto que rechaza la fuerza bruta y a los cuerpos que carecen de agilidad o destreza física (p. VII), pretende catalizar en ambos sexos el desarrollo de la constancia, la paciencia, el buen juicio y el progresismo ideal (p. XV). Si se consideran los preceptos morales promocionados por la obra, el tratado de Gil Fortoul se inserta en la tradición de textos normativos que circula la oferta editorial venezolana desde las décadas de 1840 y 1850, “particularmente fecundas […], desde el punto de vista bibliográfico, por la aparición de guías, manuales, catecismos y lecciones de todo tipo” (Mondolfi, 2008, p. 110). Más aún, en lo que respecta al sable deportivo, el positivista actualiza en el contexto nacional al menos dos obras anteriores a la suya: el manual europeo de Guzmán y Forsyth, Nuevo arte de esgrima (1826), traducido del inglés por un militar español y difundido como mercancía ‘aristocratizante’ entre las élites locales de México, Perú, La Gran Colombia y Argentina; y la Guía para todo joven militar y muy útil a toda clase de jefes superiores, oficiales e individuos de carrera (1853), publicada por el también venezolano Antonio Jelambi, orientada a “ilustrar, a través de los códigos de la obediencia, la capacitación, la jerarquía y la disciplina, lo que debía ser la solvente actuación de la profesión militar” (Mondolfi, 2008, p. 111). No obstante, hay un par de circunstancias que distinguen a La esgrima moderna de la caterva de textos pedagógicos que se escriben en el XIX. En primer lugar, el tiempo de relativa tranquilidad política en el que se da su publicación. A diferencia del olvido en el que sucumbe la gran mayoría de los textos normativos como consecuencia de las guerras y urgencias locales —la gran excepción es el Manual de urbanidad y buenas maneras, de Carreño (1853)—, La esgrima moderna se edita en un momento histórico en el que puede hacerse una mejor prosecución de las políticas públicas que postulan los tratados, lo que acentúa el impacto y alcance de las prácticas sociales que buscan intervenir. En segundo lugar, por su carácter híbrido, a medio camino entre la teoría, práctica y el ensayo poético. La esgrima moderna, en efecto, no funciona del todo como un manual de instrucciones mecánico, y de ahí tal vez que la reseña de El Cojo Ilustrado la califique como “la única obra completa de su género escrita en español” (p. 39). A través de descripciones que por momentos recuerdan
Intelligentsias de capa y espada: implicaciones literarias y políticas… 747 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 a los experimentos literarios de Cortázar en “Instrucciones para subir una escalera”, 10 el texto auspicia una poeticidad del cuerpo que, para darse a entender, correlaciona a los duelos de espada con la experiencia impulsada por otras artes, sobre todo la literatura y la retórica. Lo anterior puede apreciarse en aseveraciones aforísticas del tipo: “no hay ejercicio corporal que más acostumbre a la caballerosidad, a la tolerancia, a la pulcritud de los ademanes y a la constante elección de frases mesuradas” (p. 72), o, mejor, en fragmentos como el siguiente: Para frasear con elegancia es preciso haber llegado a un conocimiento profundo de la esgrima y a un gusto refinado. Las espadas se buscan con impaciencia nerviosa, se burlan una de otra con fingimientos rapidísimos y graciosas circulaciones, se chocan con golpes secos o se enlazan y desenlazan con movimientos serpentinos, hasta terminar con un ataque al pecho inesperado y fulgurante, como rica y sonora rima al final de una estrofa (p. 67; cursivas nuestras) Antes de responder a un arrebato lírico, nótese cómo el símil empleado por Gil Fortoul entre el ‘buen decir’ y la finura de la esgrima responde a una evocación explícita que recrea la belleza del arte marcial, y que al tiempo que iguala los procesos creativos de la espada al de la poesía, legitima la concepción de la espada militar como un arte más (1892a p. X). Debe aclararse, sin embargo, que lo bello en el tratado se instaura desde cierta racionalización de la experiencia estética la cual modela una especie de discurso normativo, o de régimen ético (siguiendo a Rancière) 11 , cuyo fin es subsanar las pulsiones ‘viciosas’ presentes en las artes y en la moral venezolana del XIX. Tal objetivo adquiere especial relieve en tiempos del 10 Sólo como ejemplo véase la siguiente cita del positivista: “el ideal consistiría en llegar a una precisión, sensibilidad y delicadeza tales en el dedeo que el esgrimista creyese tener en la mano, en vez de la empuñadura, el grado débil del florete y dirijir [sic] éste como si fuese la prolongación orgánica del brazo” (Gil Fortoul, 1892a, p. 42). 11 De acuerdo con Rancière, la obra de arte ha sido siempre la encargada de tensionar la sensibilidad de los lectores/espectadores y sugerir el nacimiento de nuevas formas de ser sensible. En tal visión, el filósofo habla de un “régimen ético” en las artes que se ha enfatizado desde tiempos de Platón en cómo la obra se ocupa “[d]el reparto de ocupaciones de la polis” (Rancière, 2009 p. 21); un “régimen representativo”, en el que prevalece la dicotomía poiesis/mímesis y el énfasis en los aspectos constructivos de la obra (p. 23); y un “régimen estético” donde la identificación que se hace del arte remite “[a] su pertenencia a un régimen específico de lo sensible [a] la potencia de un pensamiento que se ha vuelto extranjero a sí mismo” (pp. 24-25).
754 Ronald Sanoja Cáceres CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 Tal apreciación de los alcances del texto no es exagerada si se tiene en cuenta que en 1911, cuando Gómez lo asigna como Ministro de Instrucción Pública, Gil Fortoul vuelve a abogar por la difusión del deporte (esta vez el béisbol) dentro del plan de reformas educativas que urgen en los planteles venezolanos. Visto en perspectiva, La esgrima moderna representa un precedente germinal de intervención pedagógica cuyo carácter teórico y práctico, especialmente por su énfasis en los beneficios físicos y morales del atletismo, traza un continuum con las propuestas educativas integrales que aparecen en siglo XVIII y XIX, lo que implica en el contexto venezolano un vaso comunicante quizás inexplorado entre la obra Gil Fortoul y la de uno de los docentes ilustres más conocidos de su patria: don Simón Rodríguez. De cualquier modo, si la promoción del deporte impele la aproximación de Venezuela a los focos de la cultura mundial —algo que se aprecia cuando Gil Fortoul equipara a venezolanos, españoles e italianos respecto a cómo se ha puesto de moda el uso del sable (1892a, p. 114)—, también es cierto que la restauración de costumbres de la gesta independentista conlleva a la invocación de la espectralidad de un Antiguo Régimen, o de un sensorium aristocrático, que percibe desde cierto conservadurismo elitesco el traspaso al siglo XX de las glorias de comienzos de los 1800. De ahí entonces que a los no practicantes de esgrima se les califique de “herejes” (1892a, p. IX) o “profanos” (p. 115), gesto que perpetúa la lógica de sesgo dicotómico desde los que el positivismo concibe las ‘verdaderas’ ciudadanías, y que explica por qué Gil Fortoul, de tendencia liberal, acaba por avalar la férrea autocracia de Gómez, así como la imagen de este último como “el gendarme necesario” 19 en la conducción de Venezuela a los estadios más avanzados de desarrollo. Desde cierta inconsecuencia ideológica, Gil Fortoul forma parte del grupo de autores del periodo que manifiestan la tensión de conciliar los valores del 1800 con las incipientes heterogeneidades de principios del XX (piénsese en obras como las de José Rafael Pocaterra o Teresa de la Parra), y su tratado deportivo representa un mecanismo que si bien pretende depurar el carácter montonero y anárquico del vivir venezolano, apuesta, finalmente, por enfrentar los giros incipientes de la modernidad nacional a través de la preservación de virtudes que resultan cada vez más contradictorias ante los cambios culturales que se viven en los 1900. 19 El calificativo es popularizado por Vallenilla Lanz en Cesarismo democrático.
Intelligentsias de capa y espada: implicaciones literarias y políticas… 755 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 No es sino hasta la década de 1910 cuando Gil Fortoul aprecia los frutos de su texto más ‘excéntrico’. Después de volver a Venezuela en 1897 y partir nuevamente hacia Europa en 1899 con el objetivo de recopilar documentos con los que escribir, por encargo del gobierno de Ignacio Andrade, la Historia Constitucional de Venezuela (obra que ve atribulada su escritura por el derrocamiento de Andrade y por la inestable situación financiera del país durante la presidencia subsecuente de Cipriano Castro), el jurista retorna a la nación durante el mandato de Juan Vicente Gómez. En ese tiempo es electo como Senador por el Estado Portuguesa, cargo en el que se destaca por sus iniciativas progresistas “sobre los derechos de la mujer y del niño, la modificación del régimen matrimonial, la adopción de normas para la emisión de cédulas hipotecarias, y para la regulación de los contratos de trabajo” (Polanco, 2018, “Gil Fortoul, José”). Y es en medio de tal aire reformista que mejor se dejan entrever los diálogos y desencuentros entablados entre los influjos de la esgrima y las transformaciones sociales de la Venezuela pre-petrolera del gomecismo 5. ESBOZO DE CONCLUSIÓN: DEVENIRES DE LA ESGRIMA EN LITERATURA Y POLÍTICA VENEZOLANA Como se mencionó en el apartado anterior, La esgrima moderna condensa el germen de las reformas que Gil Fortoul propone al desempeñarse como ministro de Instrucción Pública en 1912, especialmente la inclusión del deporte como parte de los programas de educación integral en Venezuela. De las disciplinas gimnásticas que se imparten en algunos planteles del país, ser esgrimista prolifera en los años y espacios en que se forman personalidades medulares de la “Generación del 28”, entre los que destacan el expresidente Rómulo Betancourt (19081981), el joven Armando Zuloaga Blanco (1905-1929) o el escritor Alberto Ravell (1905-1960). Se conoce también la afición en torno al sable de escritores de la generación inmediatamente anterior a los del 28: casos egregios son Rufino Blanco-Fombona, duelista afamado, y los poetas Luis Enrique Mármol y Antonio Arraiz. Los valores simbólicos caballerescos del florete perviven, además, en el énfasis marcial de textos como los de Pocaterra. En medio de un campo cultural que se levanta contra las figuras centrales del positivismo y su apoyo irrestricto a la figura de Gómez, los preceptos de La esgrima moderna, asimilados como praxis entre liceístas y universitarios, invoca un ethos de liberalismo y reivindicación cívica que entra en tensión con la arbitrariedad oligárquica del tirano andino. De un
756 Ronald Sanoja Cáceres CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 modo que ciertamente no deja de ser irónico dado su apoyo al “gendarme necesario”, Gil Fortoul insiste a fines del XIX en la difusión de ideales heroicos que, distanciando a todo un archipiélago de escritores de las tendencias “decadentes y simbolistas que conviert[e]n el asalto en inofensivo juego académico” (1892a, p. 77), alientan desde la protesta ciudadana y la escritura emergente al enfrentamiento de todo lo que va representando el gobierno de Gómez: autoritarismo presidencial, despotismo caudillesco y oscurantismo intelectual. De este modo, y sin que la esgrima sea una causa primigenia de algún fenómeno estético, la difusión del sable insufla una tendencia epocal de la literatura venezolana de los primeros decenios del XX: la invocación de las gestas independentistas como hipotexto ideológico frente a la autocracia política, y la inclinación por una escritura contestataria en la que la coexistencia irregular de modalidades estéticas (parnasianismo, criollismo, bucolismo…) se canaliza y uniforma en la restauración de “los sentimientos caballerescos” (Gil Fortoul 1892a, p. 104). De manera sintomática, la épica liberal latente en La esgrima moderna resuena en la literatura que nace como afrenta contra la dictadura, y constituye el imaginario en el que se configura El conquistador español del siglo XVI, de Rufino Blanco-Fombona, la poesía de autores de la “Generación del 18” como los ya mencionados Arraiz y Mármol, el tono militante de voces como la de Pío Tamayo, e incluso en algunas alusiones metafóricas de textos tan herméticos como los de José Antonio Ramos Sucre. 20 Más allá de lo literario, la difusión de la esgrima impulsa también en 1910 la fundación de las Fuerzas Armadas Nacionales de Venezuela. Para la creación oficial del organismo, el modelo que emula el gobierno venezolano es el ejército de Prusia, admirado en las repúblicas latinoamericanas por la modernidad de sus tácticas bélicas y por sus uniformes de “casco de penacho y el paso de ganso” (Marseille parr. 1-2). Así, en un ejército en el que según cuenta el coronel Samuel McGill “la mayoría de los cuarteles los soldados dormían en el suelo por carecer de camas” (citado por Lorenzo y Zerpa, 2009, p. 38), donde no se usa zapatos sino alpargatas, y donde el armamento consiste en un machete terciado en el hombro (p. 39), la esgrima pretende brindar a las Fuerzas Armadas de 20 En el caso específico de Ramos Sucre, véase textos como “Plática profana”, donde el poeta describe la espada como “el arma noble para el combate y de frente” (p. 7), o el virtuosismo solitario que se evoca con la misma arma en “El monólogo”.
Intelligentsias de capa y espada: implicaciones literarias y políticas… 757 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 un aura de dignidad y elegancia —con todo y las burlas que ello despierta en algunos sectores de oposición (Pocaterra, por ejemplo, califica al ejército venezolano como “la Kultur en alpargata” 1990, p. 219)—. A nivel ideológico, por lo demás, si se tiene en cuenta que “las ideologías sirven para ‘definir’ grupos y su posición dentro de las estructuras sociales y en relación con otros grupos” (Van Dijk, 2000, p. 52), el giro ético promovido por el florete desplaza la lealtad de los guerreros de la figura de los caudillos locales hacia el pathos nacionalista por la Madre Patria y la República. 21 Es interesante, sin embargo, la situación paradójica que se impele con tal modernización marcial. Detrás de la impronta de ciudadanía virtuosa que Gil Fortoul augura a los discípulos de la espada (misma ciudadanía que luego se enfrenta a la falta de libertad de los venezolanos a comienzos del XX), la disciplina promovida por La esgrima moderna en realidad afianza la presencia de los aparatos de poder desde los que se oxigena la dictadura gomecista, lo que además de organizar al cuerpo republicano en pos de la anulación de todo liderazgo regional, o de intentona subversiva, acaba por constituir la centralización de todo poder en la figura omnímoda del gobierno. Como producto editorial, por su parte, La esgrima moderna ejemplifica el modo en que los letrados del entre siglos, además de consolidar al discurso intelectual como elemento indispensable para la construcción del estado moderno, posiciona utilitariamente al escritor como funcionario y representante de la intelligentsia del poder estatal de turno. Esto último es motivo para que Rómulo Betancourt califique al grueso del positivismo venezolano como “sofistas pseudocientíficos a sueldo de tiranos” (1983, p. 325), y lo cierto es que quienes rodean a Gómez actúan como una tecnocracia del despotismo (Carnevali, 1983, p. 230), a partir de cuyas propuestas sociales y pedagógicas el gobierno cimienta su fachada constitucional ante la comunidad internacional. Es con el apoyo del discurso intelectual, de hecho, que la tiranía legitima todas 21 Tal ‘aprusiamiento’ del ejército venezolano es breve, sin embargo. En 1913 Gómez desacelera la modernización marcial motivado, aparentemente, por la paranoia de sufrir alguna rebelión interna (Marseille parr. 12). Incluso en lo que respecta a las armas de fuego, se tiene entendido que el caudillo era “renuente a la adquisición de material bélico, en primer término porque confiaba en que Venezuela no tendría guerra internacional y luego porque no le gustaba sino el máuser antiguo” (López Contreras citado por Polanco, 1991, p. 52).
758 Ronald Sanoja Cáceres CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 sus medidas de represión autoritaria, aun de arbitrariedad ‘necropolítica’. 22 Junto con la obra de Gil Fortoul, nociones como las del “gendarme necesario” de Vallenilla Lanz, trabajos sociológicos como los de Pedro Manuel Arcaya o César Zumeta, y el énfasis propagandístico de diarios como El Universal o Mundial, sendos periódicos dirigidos por Andrés Mata y por Agustín Aveledo Urbaneja, constituyen un corpus problemático de la tradición venezolana, a cuyos autores no han faltado quienes endilguen cierta cuota de responsabilidad política por sus silencios cómplices en torno a los abusos y torturas orquestados por el régimen. De entre los mencionados, el juicio quizás ha recaído con mayor fuerza en Gil Fortoul, considerando su rol de presidente interino de Venezuela entre 1913 y 1914. Estos son los años en que Gómez, alegando una insurrección orquestada por Cipriano Castro, suspende las garantías constitucionales y se separa de la jefatura del estado para asumirse como general del ejército. Tal estratagema, como es sabido, es una excusa del caudillo para perpetuar su tiempo como jefe de estado, y no representa otra cosa sino la conversión de sus sucesores intelectuales (además de Gil Fortoul, Victorino Márquez Bustillo y Juan Bautista Pérez) en una especie de marionetas supeditadas a su dictadura. Finalmente, hay que reiterar que si en La esgrima moderna se buscan subsanar las carencias éticas y físicas de la polis venezolana, basándose para ello en una conciencia autocrítica de ciertas enmiendas que deben hacerse para equiparar el progreso del país al de las naciones europeas — lo que se vincula con el surgimiento de una subjetividad burguesa que paulatinamente cobra conciencia de los autocuidados de sí (Lowe, 1986 p. 184)—, la obra de Gil Fortoul apuntala en el imaginario venezolano una idea de lo masculino que resulta, cuando menos, problemática. Ciertamente, en un intento de aminorar en la república la presencia de sujetos débiles y abúlicos (lo que no deja de ser excluyente dentro de la progresiva masificación que vive Venezuela entre las décadas de 1900 y 1930), La esgrima moderna aboga por un hombre y una mujer en la que la armonía del aspecto físico se conjugue con el despliegue de aptitudes marciales comedidas, equilibradas entre el honor y el autocontrol. Tal auspicio, sin embargo, al sostenerse en ideales epopéyicos de siglos 22 Siguiendo el término de Mbembe, no hay problema en calificar al gomecismo como necropolítico en tanto que “la expresión última de la soberanía reside ampliamente en el poder y [su] capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir” (2011, p. 19).
Intelligentsias de capa y espada: implicaciones literarias y políticas… 759 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 739-764 ISSN 1989-7383 pasados, perpetúa el encasillamiento de la mujer a los discursos masculinos en torno a lo femenino, al mismo tiempo que asocia la virilidad a rasgos “que difícilmente ayudan a construir la ciudadanía entendida como convivencia pacífica” (Rivas 2010, p. 13), pues tales rasgos se encuentran desfasados frente a las transformaciones promovidas en la modernidad incipiente (modernidad en la que cada vez calza menos “la urbanidad que reina en la sociedad de hombres de espada” [Gil Fortoul 1892a, p. 116]). La esgrima moderna secunda así una imagen paradójica de lo masculino y de lo viril que, si bien responde a sintomatologías históricas particulares, exige ser pensada a través de otras praxis que se emplazan como ethos cultural y que impelen de maneras diversas los imaginarios sociales de la literatura y la polis. Ello incluye en el contexto venezolano otras prácticas deportivas como el boxeo o el béisbol, lo mismo que otros ritos sociales de importancia, como los certámenes de belleza, evocados en obras literarias o filosóficas las cuales, aunque aparentemente cristalizadas en el tiempo como las de Gil Fortoul o del positivismo, ameritan de revisiones y relecturas. BIBLIOGRAFÍA Arévalo González, Rafael (1892). Escombros…! (Bosquejo de la época de Andueza Palacio). Caracas: Tipografía de “La Lealtad”. Betancourt, Rómulo (1983 [1928]). “Perfiles de la Venezuela decadente. Laureano Vallenilla Lanz”. En Suárez, Naudy (comp.). La oposición a la dictadura gomecista. El movimiento estudiantil de 1928. Antología documental. Caracas: Congreso de la República, pp. 323326. Blanco, Eduardo (2021 [1881]). Venezuela heroica. Caracas: Colección Bicentenario. Blanco-Fombona, Rufino (c. 1915a). El hombre de oro. Madrid: Editorial América. Blanco-Fombona, Rufino (1915b). La lámpara de Aladino. Notículas. Madrid: Renacimiento.
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