Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve de Carmen de Burgos y de Ramón Gómez de la Serna
Abstract
Resumen: En este ensayo se analizarán tres novelas breves de Carmen de Burgos y tres de Ramón Gómez de la Serna en las que se observan coincidencias, greguerías similares de ambos escritores y la huella del romanticismo. Se utilizará el término crítico “falacia patética” para entender el mar y otros espacios naturales como motivos humanizados que de manera comparable afectan el comportamiento de los personajes de las novelas estudiadas.
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CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve de Carmen de Burgos y de Ramón Gómez de la Serna Romantic airs, pathetic fallacy and the sea in the short narrative by Carmen de Burgos and Ramón Gómez de la Serna RAFAEL CABAÑAS ALAMÁN Saint Louis University, Campus de Madrid. Departamento de español. Avenida del Valle 34, 28003 Madrid (España). Dirección de correo electrónico: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8914-147X Recibido/Received: 19/1/2024. Aceptado/Accepted: 4-5-2024. Cómo citar/How to cite: Cabañas Alamán, Rafael (2024). “Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve de Carmen de Burgos y de Ramón Gómez de la Serna”. Castilla. Estudios de Literatura, 15, pp. 109-132. DOI: https://doi.org/10.24197/cel.15.2024.109-132. Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: En este ensayo se analizarán tres novelas breves de Carmen de Burgos y tres de Ramón Gómez de la Serna en las que se observa la huella del Romanticismo e interesantes coincidencias. Se utilizará el término crítico “falacia patética” para entender el mar y otros espacios naturales como motivos humanizados que afectan el comportamiento de los personajes. También se compararán otros aspectos relevantes que aparecen en las novelas breves de ambos escritores. Palabras clave: Ramón Gómez de la Serna; Carmen de Burgos; mar; Romanticismo; novelas cortas; falacia patética. Abstract: In this essay three short novels by Carmen de Burgos and three by Ramón Gómez de la Serna will be analyzed in which the influence of Romanticism and interesting coincidences are observed. The critical term “pathetic fallacy” will be used to understand the sea and other natural spaces as humanized motifs that affect the behavior of the characters. We will also compare other relevant aspects that appear in the short novels written by both escritores. Keywords: Ramón Gómez de la Serna; Carmen de Burgos; sea; Romanticism; short novels; pathetic fallacy.
110 Rafael Cabañas Alamán CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 INTRODUCCIÓN En la literatura de Carmen de Burgos y de Ramón Gómez de la Serna aparece cierta interconexión con determinados aspectos de la escuela romántica. El Romanticismo no deja de manifestarse en la obra de algunos narradores y poetas del primer tercio del siglo XX (Díaz Fernández, 1930; Correa, 1966). Carmen de Burgos tuvo una formación alimentada con la lectura de los autores románticos, que excitaron su imaginación apasionada (Núñez Rey, 2021, p. 11). Ella misma escribió: “Siempre he procurado que mi novela fuese naturalista, aunque lleve escondida, como un alma indispensable, como un motor invisible, la poesía. Realismo en las descripciones, en el estilo, y un ideal como finalidad” (1930, p. 133). La escritora se definió en los siguientes términos: “Yo soy una ‘naturalista romántica’, variable con mis ‘yoes’. Me gusta todo lo bello y la libertad de hacerlo sin afiliarme a escuelas. [...] Mis placeres más grandes los hallo en el Arte, un libro de Heine, Larra o Leopardi” (1913, pp. 12-13), y lo cierto es que en muchas de sus novelas resuenan ecos del Romanticismo. Por otro lado, aunque Ramón Gómez de la Serna no es conocido por ser un escritor de porte romántico, algunas de sus narraciones breves también presentan características del Romanticismo y ofrecen puntos comparables con otras de Carmen de Burgos. 1 Leemos en Mi tía Carolina Coronado: “El Romanticismo es indefinible [...]. El Romanticismo es ser verdadero, ameno y no opiáceo, [...] es algo vivo, permanente [...]. Los críticos no se quieren comprometer y no ven que todo es neorromanticismo, es decir, Romanticismo redivivo” (1959, p. 871). Ramón Gómez de la Serna conoce en 1908 a Carmen de Burgos, a quien describe en Automoribundia como: “[h]ermosa, andaluza, noble, en la plenitud de sus treinta años, quiere luchar como mujer y escritora contra los prejuicios y realizar en las novelas los idilios a los que se opone la vida” (1948, p. 211). Leemos más adelante: “Ella de un lado y yo del otro de una mesa estrecha escribíamos y escribíamos largas horas y nos leíamos capítulos, crónicas, cuentos, poemas de la prosa” (1948, p. 212). En La sagrada cripta de Pombo Ramón Gómez de la Serna describe a Carmen de Burgos como “la romántica” (1924, p. 686) y añade: 1 Ramón Gómez de la Serna dirigió la revista Prometeo, en la que colaboró Carmen de Burgos y el escritor colaboró en Revista Crítica, dirigida por Carmen de Burgos.
Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve… 111 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 Para mí no hay más que Romanticismo, porque lo clásico —el clasicismo— no es más que la fosilización de los romanticismos que murieron; los arcos que quedaron en pie del gran acueducto, cuya agua viva llega ahora por las anillas, en conducción abierta por las encañadas modernas. 2 (1924, p. 871) La narrativa de ambos escritores presenta características comunes, como ha señalado Charpentier Saitz (1988, p. 70; 1990, p. 175), pero no ha sido comparada con detalle hasta la fecha. El presente ensayo pone el foco teórico principal en el término romántico “falacia patética”. La enciclopedia británica define “Pathetic fallacy” como: Práctica poética de atribuir emociones o respuestas humanas a la naturaleza, objetos inanimados o animales. La práctica es una forma de personificación tan antigua como la poesía, en la que siempre ha sido común encontrar flores sonrientes o danzantes, vientos enojados o crueles, montañas melancólicas, búhos abatidos o alondras felices. El término fue acuñado por John Ruskin en Modern Painters (1843–60). 3 La falacia patética es, según Ruskin (2012, p. 159), una percepción falsa de las cosas generada por los sentimientos y sólo pertenece a un arte de segunda categoría, porque la grandeza del arte reside en los pensamientos en lugar de en los sentimientos. Dicho término ha merecido la atención de críticos de arte, literatura 4 y filosofía. Según Selimov “la 2 Tal como vemos en los archivos personales catalogados en la Biblioteca Hillman de la Universidad de Pittsburgh dentro del extenso conjunto de manuscritos inéditos agrupados bajo este título: “Ramón Gómez de la Serna Papers, 1906-1967, SC.1967.04, Special Collections Department”, numerosos documentos revelan el interés del autor por el Romanticismo. Citaremos algunos títulos: “‘Romanticismo’: Notes and Article Clippings on Romanticism”. “‘Carolina Coronado’: Article Clippings on Carolina Coronado, 1951”. “‘José Zorilla’: Article Clippings on José Zorrilla”. Pasamos a citar, de esta sección, comentarios inéditos escritos de puño y letra del escritor: “Romanticismo: comenzaron a elevar hasta el grito su conflicto personal” (p. 3). “Sólo los románticos se rieron bien de los profesores. Estudiarlos bien. Volver muchas veces a ellos sin perderles la veneración con que marcan los que fueron únicos e irrepetidos” (p. 15). “El romanticismo ve féretros que llevan las nubes negras” (p. 27). 3 (Britannica, en línea). La traducción al español es mía. En Modern Painters III (1856) Ruskin adelanta teorías de la pintura romántica y trata preocupaciones del Romanticismo. Véase el capítulo “Of the Pathetic Fallacy” (Ruskin, 2012, pp.152-167). 4 Caparrós Esperante estudia la actitud de Luis Cernuda sobre la falacia patética, quien entendía el término de Ruskin como un “engaño sentimental” (2021, p. 388).
112 Rafael Cabañas Alamán CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 falacia patética, símbolo romántico de la relación entre el ‘yo’ y la naturaleza, [...] adquiere cierto protagonismo de cómplice, y acompaña al personaje en sus tormentas emocionales” (2023, p. 118). El término “falacia patética” se extiende a la narrativa del siglo XX, donde no se abandonan nuestras percepciones de la naturaleza ni del paisaje (Natarajan, 2017, p. 383). Las novelas breves que configuran el corpus del presente ensayo son La justicia del mar (1912), La flor de la playa (1920), El suicida asesinado (1922), de Carmen de Burgos y El miedo al mar (1921), La tormenta (1921), y Los dos marineros (1924), de Ramón Gómez de la Serna. El objetivo será estudiar en dos apartados, que corresponden a las novelas de los dos autores por separado, conexiones relevantes, teniendo en cuenta principalmente el ya mencionado término crítico romántico “falacia patética”. Se analizarán diversos aspectos coincidentes relacionados con la naturaleza y especialmente el mar, que condicionan el comportamiento de los personajes. Se estudiará la influencia del entorno, a veces misterioso, en las relaciones de pareja, y el ambiente natural que afecta el amor y el desamor. Se abordarán temas como el peligro, el miedo, la venganza, la muerte y las menciones referentes al Romanticismo, teniendo en cuenta su vinculación con los personajes, sin olvidar el humor y el lenguaje. Finalmente se resumirán las afinidades literarias que hallamos en la narrativa breve de Carmen de Burgos y de Ramón Gómez de la Serna. 1. EL MAR EN TRES NOVELAS DE CARMEN DE BURGOS En La justicia del mar, 5 que contiene un prólogo escrito por Ramón sobre Azorín y con dibujos de Pedraza, la acción se enmarca en una isla exótica y poco conocida del territorio holandés: “Monikembarken es quizá la isla más muerta de todas las muertas islas del Zuiderzee; quedó aislada del continente, cuando el mar, en su constante lucha con el genio holandés, le robó aquel territorio” (p. 3). Los parajes son descritos con precisión y surgen entresijos familiares. Hallamos dos hermanas: la viuda Magda e Isabel. Domingo, el padre, quiere casar a ésta con Guillermo. Se menciona a “las viudas por su luto perpetuo” (p. 5). Como sucederá en La fúnebre, 5 Citaremos los seis textos de acuerdo a las normas ortográficas actuales y se corregirán las erratas de imprenta.
Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve… 113 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 del autor madrileño, ser viuda comporta connotaciones negativas. En la novela de Carmen de Burgos leemos: “La viudez era temible en Monikembarken, donde la costumbre imponía la mayor austeridad a la viuda” (p. 7). De hecho, se espera que las viudas mantengan la honra hasta el final de sus vidas (p. 12). Los marineros ahogados llegan a ser “Los héroes de la isla” (p. 16). El miedo, la superstición y el misterio, invaden a los isleños: “Magda experimentaba un terror supersticioso, como si sintiese cerca de ella algo sobrenatural” (p. 22). Se entrega a su amado, por lo que presagiamos lo peor. Poco tiempo después ocurre una inundación, con la más expresiva personificación del mar, claro ejemplo de falacia patética, tal como la percibe el narrador, que muestra una visión subjetiva ante el contraste entre lo que las cosas realmente son y lo que parecen, con la utilización de adjetivos calificativos negativos. La escena queda así representada: “La incesante venganza del mar contra los holandeses, su furia magnífica desplegada en medio de las tinieblas y el macabro zumbido del viento implacable, rencoroso, amenazando con destruirlo todo” (p. 28). El narrador expresa la violencia personificada del ambiente natural que refleja una “falsedad” de impresiones de lo externo (Ruskin, 2012, p. 155), apelando en este caso a emociones negativas. El mar es percibido como agente destructivo, cuya acción acrecienta el suspense y condiciona el comportamiento de los personajes, quienes son castigados por sus supuestas actitudes pecaminosas. A Madga se le niega poder enamorarse por su condición de viuda calvinista, pero su pasión por Guillermo es extrema. El humor surge de manera inesperada: “¿el Señor nos sacó de Egipto? Mas ahora el Señor nos ha desamparado…” (p. 29). Como comenta Establier: “Se nos presenta en la novela el calvinismo como una religión severa y fatalista, encadenada a las inexorables leyes divinas” (2002, p. 94). El tono irónico del discurso bíblico se hace patente: “Se diría que había llegado el día predicho en el Evangelio para la resurrección de la carne” (p. 30) y el mar provoca una inundación. Los cadáveres del mar vuelven a la isla, llegándose a materializar las más temidas supersticiones desde el punto de vista de Magda. El agua enfurecida lo destruye todo, incluso cree tener ante ella los restos de su marido: “Le parecía que sólo había salido de la tumba con su séquito de muerte para tomar venganza de su adulterio” (p. 30). Magda es atormentada hasta el final por su propio sentimiento de culpa y acaba muriendo ante los ojos despavoridos de Guillermo. En La flor de la playa surge la relación amorosa entre Elisa y Enrique, quienes se conocen un día al salir del Ministerio de Gracia y Justicia de
114 Rafael Cabañas Alamán CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 Madrid. 6 El amor entre ellos va a más y al poco tiempo deciden irse a Lisboa, lo que nos remite a la propia experiencia de Carmen de Burgos y de Ramón Gómez de la Serna. 7 De hecho, esta novela es una de las más autobiográficas en cuanto a las vivencias compartidas por los escritores. 8 Se describen detalles del viaje, se compara “la Plaza de Don Pedro IV” con “la Puerta del Sol”. La narrativa tiene lugar en la playa de las Manzanas, conocido paraje de Sintra, donde los personajes se sienten entusiasmados: “Al bajar del tranvía, un próximo deseo los impulsaba hacia la playa que estaba a la izquierda. El deseo de ver el mar, ¡Hacía tantos años que no lo había visto! Él, desde que vino a Madrid de diez y seis años” (p. 4). 9 El mar es el escenario natural que influye en el comportamiento de los personajes. Encuentran un hotel, La Flor de la Playa, situado en un perfecto paraje que les ofrece la paz que buscan: Estaba aquel lugar tan impregnado del sabor clásico de la vida primitiva, que acabó por encontrarse a gusto, recordando todas las novelas románticas de pescadores que había leído en las largas noches de invierno madrileño, para entretener a Remedios, mientras cosía. (p. 5) En un principio, el entorno portugués se muestra romántico para el amor, pero el narrador lo describe y advierte sobre los peligros del mar, humanizado, que acecha de modo preocupante: “El mar había socavado la tierra, como si quisiera descubrir sus cimientos, penetraba luego en las piedras y tenía en su rebramar contra las rocas, estampidos, detonaciones, 6 La flor de la playa es una novela autobiográfica, donde quedan recogidas vivencias del verano de 1916 que Carmen de Burgos compartió con Ramón (Núñez Rey 2021, p. 43). 7 Sobre la relación de Gómez de la Serna con Portugal y su presencia en el país luso, véanse Boletín RAMÓN (nº 8, 2004), Fernándes (2010) y Cabañas Alamán (2012). Navarro Domínguez (2014) estudia en torno a Portugal en la vida y literatura de Gómez de la Serna y de Carmen de Burgos, quien se inspiró en sus viajes a Portugal (sola y con él) para la escritura de La flor de la Playa. El primer viaje lo realizó sola y regresó tan entusiasmada, que ese entusiasmo se lo contagió a Ramón Gómez de la Serna y juntos lo hicieron muchas veces (Castañeda, 2003, p.152). Carmen de Burgos ambientó en Portugal muchas de sus novelas. En el Epílogo de Gómez de la Serna a Peregrinaciones, de Carmen de Burgos, leemos: “Después de las palabras de Carmen sobre Portugal tenemos que visitarlo urgentemente. […]. A Larra le encantaba Lisboa, y él tan pesimista aquí se volvía optimista al cruzar la frontera lusitana” (1916, pp. 454-455). 8 Núñez Rey escribe sobre la narrativa de Carmen de Burgos: “De una forma general es Ramón quien en diversa medida está detrás de numerosos personajes” (2006, p. 350). 9 La primera edición de La flor de la Playa está sin paginar, por lo que empezamos a hacerlo desde la primera página de lectura.
Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve… 115 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 ruidos roncos, como si se precipitara en cavernas subterráneas” (p. 18). Pero al poco tiempo surgen problemas y discusiones por celos. El ritmo narrativo se altera y aparece el mar como escenario humanizado del que se desprenden emociones, pero al mismo tiempo resulta amenazante: 10 Hasta el mar tenía un eco melancólico, bajo su capa de nubes. Parecía que por un milagro llegaban a la orilla las voces de todos los que estaban en peligro en aquella hora y quizás también los acentos de los que habían perecido en ese mar. Ese lamento que se supone siempre en las almas de los cadáveres insepultos y que no alcanza a los náufragos. (p. 23) Esta escena poetizada es visualizada por el narrador. Pero al mismo tiempo los personajes mantienen una perspectiva subjetiva que se explica por el diálogo silenciado que emana entre la conciencia humana y el ambiente natural, creando lo que Zou relaciona con la falacia patética y denomina “precarius balance” (2021). 11 La influencia de la naturaleza es transmitida por el narrador y explica, a su vez, el sentir de los personajes. Leemos que “ninguno de los dos había querido adelantar un solo día a la partida. Era como si la fuerza del paisaje los encadenase para no querer dejarlos escapar” (p. 23). Lo curioso es que, aunque esas vacaciones en el mar resultaron placenteras en un principio, contribuyen a enfriar el amor de la pareja. Cuando regresan a Madrid, Elisa y Enrique se separan sin pena ni gloria, por lo que se entiende que su experiencia en el mar contribuye a que los invada el desamor. 10 La visión que tenía Carmen de Burgos de esta playa quedó reflejada con pesimismo romántico. En Mis viajes por Europa, en un apartado dedicado a Portugal, “La tristeza del mar” escribió: “Aquí, en las Macas, no hay bañistas de profesión ni bañeros continuamente metidos en el agua [...]. Es que ahora el mar está triste, los puertos desolados; es algo como si las aguas protestasen de que los hombres las dominen (en el texto se lee “domeñen”), no para trazar en ellas caminos a la civilización, sino para hacer más cruel la guerra. Es un yugo de maldad el que sufren las aguas, surcadas por barcos mensajeros de muerte, profanadas en el misterio por traidores submarinos y obligadas a abrir su seno para servir de sepultura cuando el sol ríe de su tranquila superficie” (191?, p. 141). En el mar la aflicción se funde con la melancolía: “se ha perdido la noble confianza entre los hombres y su tristeza se comunica al mar” (191?, p. 142). Carmen de Burgos expresa su dolor por la muerte de quienes han muerto en el mar, como vemos en “Flores en el mar”, ofrenda floral que tuvo lugar en Almería en 1915 en el lugar donde se hundió el “Lusitania” (Núñez Rey, 2005, pp. 387-388). 11 Tal como ha estudiado Zou (2021), la falacia patética aparece en la obra de Thomas Hardy (1840-1928), contemporáneo de Carmen de Burgos.
116 Rafael Cabañas Alamán CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 En El suicida asesinado el lenguaje se apodera de la narración, de manera que la metáfora y la greguería se imponen en un argumento que queda supeditado ante el peso de la estética y fuerza de la palabra. Es la novela más fragmentada y experimental de las aquí estudiadas. La huella del Romanticismo se hace patente ante el amor intenso que siente Francisco por el mar, como se lee en su diario. La primera parte gira en torno a resolver el “crimen” de dicho personaje, a quien han encontrado ahogado. El escenario narrativo es “la Boca del Infierno”, en Cascaes. Tras encontrar el detective Manuel el diario de Francisco en el hotel de Arenas do Mar intenta buscar indicios que lo lleven al asesino, aunque sospechamos que Manuel no podrá ir más allá tras leer la siguiente conclusión a la que llega a priori, personificando al mar con su propia visión: “Nos parece que los asesinados en el mar no tienen más asesinos que el mar mismo: un irresponsable” (p. 3). 12 El detective se instala en el hotelito de Arenas do Mar y tras leer con emoción el diario concluye: “En realidad, aquel suicida había sido asesinado por el mar” (p. 20). El diario resulta ser un análisis detallado y descriptivo de la visión subjetiva del enamorado del mar y despliega una serie de imágenes asociativas y expresiones metafóricas que nos recuerdan a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Pasamos a citar algunas afirmaciones, la mayoría auténticas greguerías, que escribe Manuel antes de su muerte: “Las playas son las novias del mar” (p. 11). “[El mar] es como un cristal con azogue o más bien como una lámina de acero bruñido” (p. 12). “[E]stos caracoles de formas diversas son capullos de flores que comenzaron a vivir antes de abrirse” (p. 13). “[C]omo esas ‘estrellas de mar’ que son pétalos de flor en su plenitud” (p. 13). “Las plantas […] [s]on microbios que se comen la tierra y el mar” (p. 13). “El mar en calma [...] es como un espejo empañado que no refleja nada” (p. 14). “Las olas se revuelven como torturadas” (p. 14). “Las gotas al caer en el agua […], como si fuesen piedrecillas de pedernal que chocan” (p. 15). “La tempestad [...] [e]s como un toldo negro que sale de detrás de la sierra, espeso, profundo, amenazador” (p. 15). “[E]s ese mar verde como la cola de un gigantesco pavo real” (p. 16). “Las olas tienen una embestida de perros rabiosos, son los azules canes que ladran en Caribides, acometen y muerden. A veces, parecen más bien tigres que saltan y afianzan las garras, resbalan y saltan otra vez” (p. 16). “[E]l mar es el enamorado de la luna” 12 La primera edición de El suicida asesinado está sin paginar, por lo que empezamos a hacerlo desde la primera página de lectura.
Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve… 117 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 (p. 17). “Es el eterno atormentado que no la alcanza jamás” (p. 17). “Los Delfines son como los Heraldos, como esos chicos que juguetean y se atropellan delante de todo cortejo” (p. 17). Algunas de estas comparaciones y greguerías, parte crucial del diario de Francisco, nos hacen pensar en su unión con el mar, y se agrupan dando destellos de una nueva y reinterpretada visión poética. Hallamos varias imágenes preciosistas, con toque modernista, y cromáticas (“acero bruñido”, “toldo negro”, “mar verde”, etc.) que recuerdan a la falacia patética que se deriva de las asociaciones cromáticas en la obra de Blasco Ibáñez. 13 Pero estamos ante una novela más experimental que las ya estudiadas y podríamos hablar aquí de un ejemplo de vanguardismo a modo de “romanticismo maquinista” (Roh, 1927, p. 29), que se explica por los pensamientos poéticos encadenados. Se puede interpretar que el espíritu romántico del personaje emana de los destellos líricos que brotan de las imágenes y greguerías del mar escritas en su diario antes de su desaparición. La conexión entre Gómez de la Serna, Carmen de Burgos y las greguerías se remonta ya a los primeros años de su relación. 14 Escribe el autor en la dedicatoria a su primera edición de Greguerías (1917), publicada cinco años antes que El suicida asesinado: A Carmen de Burgos, a la que por muchos años que hace que ya nos vemos, con una extraña constancia, todos los atardeceres, siempre claros, radicales y sinceros, le debo este tributo manifiesto de gratitud por ese consuelo que ha sido para mí encontrar, en medio de la ruindad, el cálculo y la torpeza femenina que se esconde bajo la belleza o la fealdad y en medio de la bajeza y la suciedad de los hombres, un alma de mujer del temple de su alma, un alma descreída, recia, libre y arrostrada, que, bajo la sencillez de su palabra y de su abnegación cotidiana, me ha dado la sensación de algo inverosímil y único: de una realidad femenina, simpática y tranquilizadora, remota y limpia, y esto no de un modo momentáneo, sino de un modo duradero, abundante y firme. 13 Jeffrey Oxford (1996-1997) estudia las imágenes cromáticas de la falacia patética en varias novelas de Vicente Blasco Ibáñez, lo que demuestra una continuación de la estética romántica en la obra del novelista. Carmen de Burgos mantuvo una estrecha amistad con dicho autor desde 1904 (Núñez Rey, 2005, pp. 133-138). 14 Flórez escribe sobre la relación entre Carmen de Burgos y Ramón Gómez de la Serna que “(ella) vino siendo su Matrona de su República de las Letras y las Sábanas Blancas, desde 1908” (1988, p. 362).
124 Rafael Cabañas Alamán CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 Yama y Nachauri. Niquita presiente que “el dios del mar estaba en lucha con el de los lagos. Eso ya lo había presentido ella y no había que dudar cual era el más fuerte, aunque se pudiese presentir cual era el más astuto” (p. 63). En “La noche de la luna roja” los amantes hacen el amor bajo el siguiente escenario natural: El bosque detrás disuadía a la tierra que siguiese entrando en el mar. Se abrazaba con los brazos de los árboles a la tierra y la gritaba: ‘¡Basta! ¡Basta! Párate’, precipitando el latido de ese abrazo contenedor. El mar echaba su red tonta una y otra vez. Se oía el batir de sus volantes (pp. 67-68). Este ejemplo de falacia patética, en voz del narrador, origina del dolorido sentir de Yama. Se visualiza la escena de amor a través del lenguaje humanizado y metafórico de la naturaleza. Los dos marineros representan símbolos antagónicos del mar y de la tierra, con sus respectivos pensamientos: “el marinero del mar sentía por el de tierra el desprecio que el mar por los ríos” (p. 69), lo que evidencia un claro augurio de lo que habrá de suceder. Una noche el marinero del lago y Niquita se encuentran en la alcoba de ella, un hombre los espía y tras escuchar la respiración del marinero con su expareja, irrumpe en la casa con su espada. Se trata de Yama, quien intenta matar a su rival, pero éste “se abalanzó sobre él y, apretándole la muñeca, le arrancó el mandoble, acabando la cuestión que tenía que acabar con sangre, clavándole la limpia hoja de acero como los ríos se clavan en el mar” (69). Nachauri sale victorioso, utilizando la espada de su adversario que había limpiado Niquita, lo que indica que el representante del mar no puede controlar su destino. CONCLUSIONES En el Romanticismo la naturaleza es considerada un espacio crucial, aparecen paisajes agrestes, mares tempestuosos y conecta con los sentimientos. La naturaleza proporciona una barrera objetiva y material que permite al sujeto individual reconocer la trascendencia sin ser abrumado por ella (Day, 1996, p. 45), pero esta actitud estética traspasa los límites temporales del periodo romántico. Hay una raíz romántica subterránea que atraviesa el siglo XIX y que parece renacer en algunas manifestaciones vanguardistas (Molina Porras, 2012, p. 149). Carmen de Burgos y Ramón Gómez de la Serna escriben ambientando algunas de sus
Aires románticos, falacia patética y el mar en la narrativa breve… 125 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 novelas breves en el mar y en ellas la huella del Romanticismo está presente. La recuperación del ambiente natural corresponde a una estética neorromántica que ambos escritores comparten en su narrativa breve, y observamos la falacia patética que deriva del lenguaje, a veces poético, sin negar el placer que crea este tipo de práctica literaria (Ruskin, 2012, p. 155). La falacia patética queda expuesta en las novelas estudiadas y al mar, especialmente, se le atribuyen emociones humanas de manera que existe una importante integración de los personajes con el ambiente natural en varias de sus representaciones. La atribución de emociones a elementos inanimados, con su correlato de “falsedad”, a la que Ruskin alude, produce ese desplazamiento al que tan aficionados eran los románticos. Desde el punto de vista narrativo percibimos un diálogo entre los sentimientos y la naturaleza, y el narrador la utiliza como espejo de una afirmación o negación, limitación o carencia de libertad, de modo que el mismo narrador también participa de la naturaleza con su propia visión, que a veces se confunde con la de los personajes. La inestable relación entre lo humano y la naturaleza radica en cómo esta se proyecta, pero los puntos en común entre ambas partes resultan innegables. La naturaleza refleja su relación con el yo individual, y el mismo ambiente queda interiorizado en los personajes e influye en sus relaciones interpersonales. Estamos ante perspectivas subjetivas que muestran el diálogo entre la conciencia humana y el ambiente natural, y la falacia patética surge principalmente del protagonismo del mar, que asume su responsabilidad y queda vinculado a las vidas ajenas, de las que se muestra inseparable, a modo de una bien trazada y original simbiosis narrativa. La naturaleza interviene en el mundo de los sentimientos. En las seis novelas analizadas el amor o el desamor se explican en base al influjo directo o indirecto del entorno natural, que refleja el estado anímico del elemento humano. En La justicia del mar el mismo ambiente natural separa a Madga de su amado Guillermo. En La flor de la playa Elisa y Enrique se distancian tras su estancia en la playa portuguesa. En El suicida asesinado, cuando Francisco entra en contacto físico directo con el mar, entendemos que por la atracción insólita que le provoca, el límite que los separa pasa a disolverse. En La tormenta Rubén lleva a cabo su plan amoroso tanto en una tormenta real como en la de mar imaginada, pero acaba arrepentido de su última acción. En El miedo al mar, Sagrario decide quedarse con su amiga Asunción en el mar, que induce a Prudencio a alejarse de ella, y en Los dos marineros el malvado marinero de mar se interpone de la peor manera entre Nikita y el marinero de lago.
126 Rafael Cabañas Alamán CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 109-132 ISSN 1989-7383 Los temas de la muerte, el suicidio y la naturaleza destructiva destacan en cinco novelas. En La justicia del mar aparecen marineros ahogados, lo que crea un clima de miedo y de terror. En la flor de la playa se actúa bajo el influjo de un escenario amenazante y enfermizo, pero al atraer o repeler el mar de modo diferente a los personajes, se comportan de forma imprevisible. En El suicida asesinado el peligro va unido a la obsesión por el mar, lo que lleva a Francisco al supuesto suicidio. En El miedo al mar se presenta el escenario como elemento detractor, enemigo del personaje masculino y en Los dos marineros el ambiente natural incita a suicidios que no llegan a explicarse, y a un asesinato premeditado. En La flor de la playa se alude a las novelas románticas, que leía Elisa, mientras que en El suicida asesinado Francisco, en su deseada soledad, proyecta un intenso amor romántico por el mar, espacio personificado. En La tormenta se menciona el romanticismo con intención paródica, pero romántico resulta el comportamiento del enamoradizo Rubén, quien acaba solo, como le sucede a Prudencio en El miedo al mar, novela en la que triunfa la atracción romántica de Sagrario por el mar, fuente del mal para Prudencio. En Los dos marineros, la romántica Nikita acaba tristemente en manos del marinero de mar y pierde para siempre al marinero de lago. En esta novela y en La justicia del mar aparecen ambientes misteriosos y surge el tema de la venganza. Como la naturaleza misma carece de moral y puede ser destructiva, el sentimiento de culpa o los defectos del ser humano (como el impulso de venganza y el odio) también involucran a la naturaleza y determinan irremediables efectos desastrosos que marcarán el destino de los personajes. El humor está presente en La justicia del mar y en La tormenta, así como en La flor de la playa y en El miedo al mar. La representación del mar como “símbolo pseudo-alegórico de los románticos”, en palabras de Foster (1969, p. 17), domina en las novelas y percibimos cierto lirismo en el lenguaje utilizado por narradores que proyectan diferentes perspectivas y el sentir de los personajes. Abundan ingeniosas greguerías del mar en El suicida asesinado, también leemos otras en La tormenta y hallamos un lenguaje con términos metafóricos de la naturaleza en Los dos marineros. En definitiva, en las narraciones estudiadas hallamos aspectos románticos, visiones análogas ante la temática del mar y del ambiente natural y relevantes aspectos y temas coincidentes que provienen de las experiencias compartidas por Carmen de Burgos y Ramón Gómez de la Serna.
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