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Zaragoza: construcción urbana en un territorio de ríos y huertas. Dinámica fluvial, infraestructura hidráulica y ciudad

Cal Nicolás, Pablo Alberto de la

Abstract

Departamento de Urbanismo y Representación de la Arquitectura

Full text

ZARAGOZA: CONSTRUCCIÓN URBANA EN UN TERRIT ORIO DE RÍOS Y HUER T AS DINámICA flUvIAl, INfRAESTRUCTURA HIDRáUlICA Y CIUDAD ZARAGOZA: CONSTRUCCIÓN URBANA EN UN TERRIT ORIO DE RÍOS Y HUER T AS DINámICA flUvIAl, INfRAESTRUCTURA HIDRáUlICA Y CIUDAD P ablo de la Cal Nicolás vOlUmEN I PROGRAMA DE DOCTORADO EN ARQUITECTURA TESIS DOCTORAL: ZARAGOZA: CONSTRUCCIÓN URBANA EN UN TERRITORIO DE RÍOS Y HUERTAS. Dinámica fluvial, infraestructura hidráulica y ciudad Presenta da por P ABLO DE LA C AL NICOLÁS p a r a o p t a r a l g r a d o d e D o c t o r p o r l a U n i v e r s i d a d d e V a l l a d o l i d Dirigida por: J U A N L U I S D E L A S R I V A S S A N Z JAVIER MONCLÚS FRAGA PROGRAMA DE DOCTORADO EN ARQUITECTURA TESIS DOCTORAL: ZARAG O ZA: CONSTRUCCIÓN URBANA EN UN TERRITORIO DE RÍOS Y HUERTAS. Dinámica fluvial, infraestructura hidráulica y ciudad Presentada por PABLO DE LA CAL NICOLÁS para optar al grado d e Doctor por la Univ ersidad de Valladolid Dirigida por: JUAN LUIS DE LAS RIVA S SANZ JAVIER MONCLÚS FRAGA VOLUMEN I A mis padr es. A S usana y a nuestr as hijas P aula, L ucía y Sabina. [EN] Key wor ds: Zaragoza, hydraulic infrastructure, fluvial dynamic, urban agricultur e, ‘ enclaves of mediation ’. In gr eater or lesser extent cities find in their geographical condition and in the histor y of the construction of their surrounding agricultural lands part of the answers on why current cities ar e like they are. The context of increasing worry for questions like urban sustainability and food production in cities has re-intr oduced the dimension of urban agriculture in urban consolidated spaces. Contemporar y insights, from urban resilience to ecological urbanism, need new instruments of analysis and urban project. This Thesis, from a first reflection on the conditions of to wn-countr y mediation in planning contemporar y panorama, centres the study on the city of Zaragoza (S pain). I ts strategic emplacement defined by the confluence of three rivers (E bro, H uer va and Gállego), besides an extensive and complex network of existing irrigation, was modernized in a substantial way by the construction of the channel ‘Imperial de Aragón ’ at the end of the 18th centur y . M ostly , the hydraulic infrastructure linked to the agrarian systems has turned out to be more determinant in the construction of the city than many plans and actions of strictly urban development character . The Thesis explains the processes of urban construction developed in the last 220 years, fr om the consideration of the hydraulic infrastructures (agricultural or urban) and the fluvial dynamics, with a specific cartography and with a method that can be applied to other urban studies. The Thesis analyses to which extent the hydraulic system can play a key role in urban r egeneration processes. ‘Enclav es of mediation ’, as places in which an integration exists between the natural, agricultural and urban ‘ strata ’, with a great cultural and ecological intensity , emerge as authentic nodes of the green urban infrastructure. [ES] P alabras clave: Zaragoza, infraestructura hidráulica, dinámica fluvial, agricultura urbana, ‘ enclaves de mediación ’. En mayor o menor medida las ciudades encuentran en su condición geográfica y en la historia de la construcción del soporte agrícola circundante buena parte de las respuestas sobr e porqué son como son. E l contexto de creciente pr eocupación por cuestiones como la sostenibilidad urbana y la producción de alimentos en las ciudades ha reintr oducido la dimensión de lo agrícola en los espacios urbanos consolidados. Las miradas contemporáneas, desde la resiliencia urbana al urbanismo ecológico, requier en nuevos instrumentos de análisis y proy ecto urbano. La T esis, desde una primera reflexión sobr e las condiciones de mediación entre ciudad-campo en el panorama urbanístico contemporáneo, centra su estudio en la ciudad de Zaragoza (España). S u estratégico emplazamiento, definido por la confluencia de tres ríos (Ebr o, H uer va y Gállego), dispone además de una extensa y compleja red de riego existente, modernizada de manera sustancial con la construcción del Canal Imperial de Aragón a finales del siglo XVIII. E n buena medida, la infraestructura hidráulica vinculada a los sistemas agrarios ha resultado más determinante en la construcción de la ciudad que muchos planes y actuaciones de carácter estrictamente urbanístico . La T esis profundiza en los distintos procesos de construcción de la ciudad desarrollados en los últimos 220 años, desde la consideración de las infraestructuras hidráulicas (agrícolas o de la propia ciudad) y las dinámicas fluviales, con una cartografía específica y con un método que puede ser extrapolable a otros análisis urbanos. Y analiza el papel que el sistema hidráulico agrícola que todavía per vive en la ciudad puede desempeñar en el futuro, tratanto de aportar claves para que puedan ser eficaces en una estrategia de regeneración urbana y ambiental de los barrios consolidados de Zaragoza. La figura de los ‘ enclaves de mediación ’, con alto potencial de integración de los ‘ estratos ’ natural-agrícola-urbano y una intensidad cultural y ecológica elevada, se torna clave en la infraestructura ver de urbana. ZARAGOZA: CONSTR UCCIÓN URBANA EN UN TERRIT ORIO DE RÍOS Y HUER T AS Dinámica fluvial, infraestructura hidráulica y ciudad. V OL UMEN I I. INTR ODUCCIÓN. LA CIUDAD Y L OS P AISAJES DEL A GU A I.1. OBJET O Y ESTR UCTURA DE LA TESIS. I.2. INTERÉS DE LA INVESTIGACIÓN Y EST ADO DE LA CUESTIÓN I.3. MEDIACIÓN CIUDAD-CAMPO EN EL URBANISMO CONTEMPORÁNEO I.4. MÉT ODO Y FUENTES DE INVESTIGACIÓN II. CONSTR UCCIÓN DE ZARA GOZA EN L A HUER T A II.1. RÍOS, PUENTES, HUER T AS Y MONTES EN UN ESCENARIO DE CICLOS NA TURALES II.1.1. El valle de los meandr os libres. II.1.2. El vado construido con piedra. II.1.3. Ciudad, huertos, huertas y montes. II.1.4. P rimeras tentativas de modernización agrícola. II.2. MODERNIZACIÓN AGRÍCOLA. Canal Imperial de Aragón, acequias madr e e hijuelas. II.2.1. El Canal I mperial de Aragón. II.2.2. Los puertos de Casablanca y Miraflores. II.2.3. Organización y gestión del agua: Sindicatos de r egantes. II.2.4. Estructura del territorio agrícola: Acequias, brazales y caminos. II.3. CAMINOS DE AGU A. P rocesos de dispersión urbana en la estr uctura agrícola. II.3.1. P aseos, sotos y viveros. ‘Líneas de sombra ’. II.3.2. T orres aisladas y torr es-parque. P untos en las ‘líneas de sombra ’. II.3.3. Industrias. P untos en las ‘líneas de agua ’. II.3.4. Equipamientos alejados. Enclaves extensos en la huerta. II.4. CAMINOS DE HIERR O. La expansión de condición suburbana. II.4.1. Estaciones y caminos de hierro en la huerta. II.4.2. ‘P arcelaciones particulares ’, barriadas obreras y tranvías. II.4.3. ‘P arcelaciones-fachada ’: alineaciones a caminos y paseos. II.4.4. ‘P arcelaciones-calle ’: ejes sobre una calle principal. II.4.5. ‘P arcelaciones-retícula ’: extensiones en fases sucesivas III. EXTENSION ORDENADA DE ZARAGOZA SOBRE LA HUER T A III.1. SALONES URBANOS. Ensanches par ciales: tramas de la ciudad burguesa. III.1.1. Agua para beber . De fuentes de v ecindad a redes domiciliarias. III.1.2. Saneamiento . De colector es fluviales a un sistema integrado. III.1.3. La ciudad ordenada. Los primer os ‘ salones burgueses ’. III.1.4. P rimeras propuestas de desarrollo residencial en las huertas conventuales. III.1.5. Los ‘ ensanches parciales ’ de Ricardo M adgalena. III.1.6. El primer intento de un ‘ ensanche general ’. III.1.7. Renuncia a la ciudad or denada y a la integración del río H uer va en la ciudad. III.2. EXTENSIÓN HACIA EL SUR. E l H uer va, agonía de un río sometido. III.2.1. P rimeros intentos de cubrimiento del ‘ foso de la ciudad histórica ’. III.2.2. El ‘ salto urbano ’ a M iralbueno. C ubrimiento parcial del Huerva. III.2.3. U na ‘ Vía verde ’ hasta el parque de Buenavista. III.2.4. El parque de B uenavista. T ambién aquí un H uerva relegado. III.2.5. El ‘ salto urbano ’ a M iraflores: extensiones compactas. III.2.6. H umillación progresiva y ‘ propuesta de destierro ’. 13 ........ 15 ........ 21 ........ 28 ........ 43 ........ 51 ........ 53 ........ 81 ........ 103 ....... 137 ....... 179 ....... 181 ....... 221 ....... ÍNDICE IV . MODERNIZACIÓN Y DESMEMORIA. ZARAGOZA CONTRA EL A GU A IV .1. R ONDAS VIARIAS Y GR UPOS. El dibujo de una ciudad contenida. IV .1.1. U n nuevo orden sobre el plano: ‘ cortas ’ fluviales, enlaces y cinturones viarios. IV .1.2. Fábricas y colonias de obreros junto a los enlaces y cintur ones viarios. IV .1.3. G rupos residenciales. IV .1.4. La extensión de la regularidad. E l caso de Las F uentes. IV .2. LÓGICAS LINEALES. F ranjas industriales, estr ucturas ver des. IV .2.1. F ranjas industriales, corredores ver des y ‘ vías-parque ’. IV .2.2. El Gállego: un curso divagante, atajado con estacadas y espigones. IV .3. BALSAS, MO T AS Y MUR OS. El cierre de la llanura de inundación. IV .3.1. La condición inundable de la margen izquierda. IV .3.2. P rimeras afecciones en la llanura: desecaciones y trazas ferroviarias. IV .3.3. P rimeras propuestas de ‘ cierre hidráulico ’ de la margen izquierda. IV .3.4. La construcción del muro. Consolidación de la inaccesibilidad. IV .4. TERRAPLENES Y RELLENOS. Desterramiento del estrato agrícola. IV .4.1. M odernización industrial y agrícola. IV .4.2. Crecimiento poblacional: suburbios, polígonos y densificación urbana. IV .4.3. P olígonos residenciales sobre las huertas de Miralbueno y M iraflores. IV .4.4. El ‘ salto ’ a la margen izquierda del Ebr o. IV .4.5. Cubrimiento de acequias: cauces en la ‘ desmemoria ’. V . REINVENCIÓN DE UNA RELACIÓN. ZARA GOZA CON EL A GU A V .1. DE MUR OS A DEFENSAS INVISIBLES. Convivencia con la inundabilidad. V .1.1. La mirada al Ebro y su margen izquier da desde una sensibilidad renovada. V .1.2. La mirada desde la construcción arquitectónica de las riberas. V .1.3. La mirada multidisciplinar desde el consenso técnico y político. V .1.4. ExpoZaragoza2008: un “ pro yecto especial”. V .1.5. Cuando río y ciudad encuentran su espacio de conviv encia. V .2. V ALES Y ARR OYADAS. U rbanización de los ‘ acampos ’. V .2.1. Desarrollo urbanístico de la orla sur . V .2.2. Orla sureste: pinar es, barrancos y plazas inundables. V .2.3. Orla suroeste: arro yadas en una depresión endorréica. V .2.5. El Canal I mperial como ‘ conector’ con los ‘ vales ’ urbanizados del sur . V .3. DE ‘P AR QUES-ISLA ’ A ‘BARRIOS DEL AGU A ’. La condición agrícola en clave de regeneración urbana. V .3.1. ‘P arques de barrio ’: enclaves verdes en la trama consolidada. V .3.2. El papel articulador de los espacios libres: I nfraestructura V erde de Zaragoza. V .3.3. El corr edor del H uer va: el cauce dormido. V .3.4. El corr edor del Gállego: el cauce lateral. V .3.5. De ‘ caminos de agua ’ a ‘barrios del agua ’. VI. CONCL USIONES. ZARAGOZA EN CLA VE DE MEDIA CIÓN CIUDAD-A GU A BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DE L AS IL USTRACIONES V OL UMEN II ANEX OS GAR T OGRÁFICOS A.1. CAR T OGRAFÍA / DOCUMENT OS RELEV ANTES A.2. CAR T OGRAFÍA SIG “ZARAGOZA DESDE EL A GU A ” 261 ....... 263 ....... 297 ....... 321 ....... 347 ....... 383 ....... 385 ....... 431 ....... 461 ....... 505 ....... 529 ....... I. INTRODUCCIÓN lA CIUDAD Y lOS P AISAJES DEl AGUA I. INTRODUCCIÓN lA CIUDAD Y lOS P AISAJES DEl AGUA I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 14 15 Título y objeto La presente T esis Doctoral llev a por título “Zaragoza: construcción urbana en un territorio de ríos y huertas. Dinámica fluvial, infraestructura hidráulica y ciudad”. Desde la inauguración del Canal I mperial de Aragón en Zaragoza en 1786 hasta 2008, fecha en la que se celebra la Exposición I nternacional “Expo Zaragoza 2008. Agua y desarrollo sostenible ” han transcurrido 220 años. En este periodo de tiempo, que arranca con la construcción de la obra hidráulica más importante de la Ilustración española, la ciudad asiste a distintos procesos de crecimiento . En todos ellos, el soporte agrícola sobr e el que tienen lugar condiciona enormemente la forma de la ciudad, de manera que no es posible explicar cómo es Zaragoza sin una profunda compr ensión de cómo es el funcionamiento de los distintos sistemas hidráulicos, tanto naturales como artificiales, que han conformado el soporte físico de la ciudad. La T esis tiene por objeto analizar si estos sistemas hidráulicos, que funcionan todavía hoy en buena parte de la ciudad, pueden tener un papel relevante en los siguientes pasos que la ciudad afronta. Analizar si estos elementos hidráulicos son solo parte de una historia urbana o, más bien al contrario, son ingredientes imprescindibles para el futur o de Zaragoza. Planteamiento general La cuestión de la relación ciudad-territorio se pr esenta como un tema clave en la sostenibilidad de las ciudades, y por tanto clave también en los planteamientos de sostenibilidad global del plantea. A unque es reconocido que en el pasado las decisiones de los gestores del agua, del territorio y de la conser vación de la naturaleza se han tomado, las más de las veces, de manera descoordinada, también es justo r econocer que en la actualidad la mayoría de las ciudades trabajan con planteamientos estratégicos que abogan por una mayor integración entr e los elementos naturales y urbanos. En todo caso, el urbanismo necesita ‘ apr ender a leer ’ los procesos y dinámicas de la naturaleza, y a saberlos ‘incorporar ’ y ‘ aplicar ’ a la construcción de la ciudad. Asimismo, la capacidad de lo agrícola para poder vertebrar sistemas urbanos, infraestructuras verdes de nuestras ciudades, es muy alta y no debe ser desapro vechada. La consideración de las estructuras agrarias y las dinámicas fluviales en su interrelación con los pr ocesos de construcción urbana es un tema de actualidad, que requier e a la vez reno v adas percepciones. I.1. OBJET O Y ESTRUCTURA DE lA TESIS “P r eserve los arroyos y estanques natur ales y haga que atr aviesen la ciudad; construya senderos par a que la gente pasee a lo largo de ellos y puentes par a cr uzarlos. Q ue los arro yos formen barr er as natur ales en la ciudad, cruzadas por el tráfico sobre puentes a inter valos muy gr andes. Siempr e que sea posible, recoja el agua de lluvia en zanjas abiertas y permita que fluya sobre la tierr a, par alela a senderos peatonales y fr ente a las casas. E n los lugar es sin cursos natur ales de agua, levante fuentes en las calles. ” Christopher Alexander . A pattern language. U n lenguaje de patrones, 1977. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 16 La elección de la ciudad de Zaragoza como espacio para analizar la r elación entre ciudad e infraestructura hidráulica, como ciudad-laboratorio en la que poder profundizar en el proceso de cr ecimiento urbano, ha sido una cuestión en la que apenas he debido invertir tiempo. Z aragoza posee un innegable interés urbanístico en este campo, por tratarse de una ciudad que posee tres cauces naturales (el río Ebr o, el Gállego y el H uer va) y una extensísima huerta milenaria, construida con una red de acequias que parten de estos cauces, y del Canal Imperial de Aragón, la obra hidráulica de may or relevancia construida en el periodo de la Ilustración en España. E l crecimiento de la ciudad en los dos últimos siglos ha sido exponencial, alcanzando en la actualidad una población cercana a los 700.000 habitantes. P er o lo interesante en la relación ciudad-infraestructura hidráulica es que buena parte de los procesos de crecimiento se han pr oducido sobre espacio agrícola de manera directa, sin mediar un instrumento de planeamiento urbanístico, de manera que la relación ciudad-infraestructura de riego es muy estrecha. Y otra buena parte de la expansión ha estado condicionada por la construcción e impulso de una serie de infraestructuras de defensa de los cauces naturales en las zonas de la llanura aluvial, o de actuaciones de drenaje de escorr entías superficiales en los terrenos de secano, de manera que también en esta ocasión r esulta per tinente estudiar estas relaciones ciudad-infraestructura hidráulica. P or otra parte, es obvio mi interés por la ciudad de Zaragoza desde un punto de vista personal. Zaragoza ha experimentado desde los años 60 un salto vertiginoso en infraestructuras, expansión, remodelación interior . P ara un urbanista zaragozano es un privilegio poder analizarlo, y contarlo desde una óptica profesional y académica. E l conocimiento directo de los documentos urbanísticos que se han redactado en las últimas décadas, y el acceso directo a muchas de las fuentes de información, necesarias para la realización del trabajo, ha sido también un argumento de peso para apostar por esta elección. Objetiv os La T esis se plantea los siguientes objetivos: P rimero .- I dentificar las principales tendencias, procesos y estrategias que se han llevado a cabo en el urbanismo contemporáneo, en la r elación ciudad- campo, o ciudad-naturaleza, y de una manera especial, aquellas actuaciones inno vadoras en los procesos y estrategias de crecimiento urbano en situaciones fuertemente condicionadas por las dinámicas y procesos de la naturaleza o por las estructuras agrícolas del territorio constr uido cir cundante. El objetivo es poder contrastar estas experiencias llevadas a cabo en otras ciudades con las que se han desarrollado en la ciudad de Z aragoza, con el planteamiento de contar con argumentos objetivos para poder enjuiciarlas adecuadamente. Segundo .- I dentificar los ‘ procesos básicos de construcción urbana ’ de Zaragoza en el periodo comprendido entr e la puesta en marcha del Canal Imperial de 17 Aragón en 1784 hasta en momento actual, con especial atención al medio en el que se desarrollan las distintas actuaciones (r egadío, secano, etc.) y a la condición planificada o no de la iniciativa. S e analizan las actuaciones urbanas que construyen de una manera superpuesta en el tiempo el nuevo ‘ estrato urbano ’ y que en definitiva afectan, alteran, modifican o anulan, en su caso, el soporte sobre el que se llevan a cabo, ya sea éste de carácter natural o agrícola. T ercero .- I dentificar los ‘ episodios de crecimiento urbano ’ más r elevantes en la historia urbana reciente de Z aragoza, analizando a qué proceso corr esponde cada uno de ellos, y profundizando en el carácter adaptativo, transformador o manipulativo que con el que acometen las acciones infraestructurales que todo episodio de crecimiento urbanístico conllev a. Se analizan estas acciones sobre los sistemas hidráulicos de riego y también sobr e los ríos que atraviesan la ciudad, el Ebr o, el H uer va y el Gállego, y sobr e otros elementos naturales que juegan un papel en la construcción de la ciudad (los vales y sus arro yadas superficiales, etc.). Se considera un elevado número de acciones de ‘ modificación sobr e el sopor te suelo ’, defensas de avenidas en cauces naturales, actuaciones sobre cauces artificiales, actuaciones de abastecimiento o saneamiento, actuaciones relacionadas con vías de comunicación (caminos rodados o trazados ferro viarios). C uar to.- Aportar una explicación de los patrones y pr ocesos que han dado forma a la ciudad de Zaragoza, valorando en su justo término determinados factor es que hasta ahora solo habían tenido la consideración de ‘ anecdóticos ’ en el relato urbanístico de la construcción contemporánea de Zaragoza. La explicación del crecimiento de las ciudades se ha centrado de manera especial en las voluntades formales de los pro yectos de expansión y se ha apoyado principalmente en el análisis de ‘los planos ’ de la ciudad. Sin embargo, la dimensión de lo no visible, de ‘lo oculto ’, ‘lo menor o secundario ’, como las infraestructuras subterráneas de agua (abastecimiento, saneamiento, riego, etc.) ha correspondido con lecturas muy sectoriales, muy desligadas de la explicación ‘ urbanística ortodoxa ’ o ‘ ar quitectónica ’. La huella del pasado agrícola en la estructura urbana de algunos barrios de Zaragoza ya ha sido señalada por varios autor es, pero la T esis trata de abarcar el análisis desde la escala completa de la ciudad, desde una visión integral en su relación con el territorio, tratando de ‘rescatar ’ documentalmente el papel del modelado del suelo en la construcción urbana mediante una explicación pormenorizada de las secuencias solapadas de condición suburbana y urbana. Quinto .- Elaborar una cartografía urbanística GIS que integre la documentación urbanística con la cartografía de los sistemas de agua, que resulte útil como mecanismo de análisis en el trabajo de investigación, y que pueda ser tomada como punto de partida en trabajos futuros que deseen profundizar en aspectos parciales o en determinados ámbitos más acotados de Zaragoza. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 18 Sexto .- I dentificar aquellos emplazamientos, lugares o elementos de la ciudad que poseen una estrecha, r eal o potencial, interrelación entre los estratos natural, agrícola y urbano que se denominan en este trabajo ‘ enclaves de mediación natural-agrícola-urbana ’. Y determinar hasta qué punto r esulta factible acometer actuaciones de recuperación de determinados sistemas hidráulicos con un enfoque ecológico en la ciudad-naturaleza, basado en la integración efectiva de cauces agrícolas que ahora discurr en cubier tos o sin presencia en la escena urbana. Estructura El primer bloque de la T esis, I. Intr oducción. La ciudad y los paisajes del agua , contiene los preceptiv os capítulos que exponen los argumentos que justifican la elección del tema, tanto del tema general ( Dinámica fluvial , infr aestructur a hidráulica y construcción urbana ) como del caso par ticular de estudio ( Zar agoza: desde el Canal I mperial de Ar agón a la Exposición I nternacional Zar agoza2008 ), el estado de la cuestión y la descripción del método de investigación y las fuentes consultadas. Incluy e también un apar tado que presenta el tema M ediación ciudad- campo en el urbanismo contemporáneo y realiza un r epaso por distintas experiencias y tradiciones que en los últimos siglos han modelado la relación de las ciudades con sus espacios limítrofes, la manera de r ealizar y planificar sus crecimientos, la manera en la que la agricultura pr eexistente se integra o se aniquila en los nuevos escenarios urbanos. S e analizan distintas tradiciones y enfoques en los que el agua, las dinámicas fluviales, los espacios agrícolas han tenido un especial protagonismo en planes y pro yectos de alcance urbano o territorial. Y que, en cualquier caso, han modelado una situación sobre la que la ciudad debe seguir desarrollándose. La integración de la naturaleza desde los postulados de sostenibilidad en la ciudad, y también la integración en el pro yecto de ciudad de la agricultura como espacio productivo, son planteamientos irrenunciables. El segundo bloque, II. Construcción de Zaragoza en la huerta , describe las fases iniciales de la construcción de la ciudad y del territorio circundante. El capítulo II.1. Ríos, puentes, huertas y montes presenta las condiciones históricas de la Zaragoza pr eindustrial o más concretamente la Zaragoza de antes del Canal Imperial de Aragón. E l capítulo II. 2. Modernización agrícola. Canal I mperial de Ar agón, acequias-madre e hijuelas se centra de manera especial en el episodio de la construcción del Canal Imperial de Aragón, que tuvo una incidencia total en la construcción de la Zaragoza del siglo XIX, y conllevó una modernización del regadío existente, conformando la r ed hidráulica sobre la que cr eció Zaragoza. El capítulo II.3. C aminos del agua. Pr ocesos de dispersión urbana en la estructur a agrícola analiza el impacto que tienen los paseos arbolados, las torres, algunos equipamientos y la incipiente industria sobre el par celario agrícola. El capítulo II.4. Caminos de hierro . P arcelaciones y barrios particulares describe los extensos pr ocesos de crecimiento suburbano que se desarrollan en varios barrios de Z aragoza hasta bien entrado el siglo XX. 19 El ter cer bloque, III. Extensión or denada de Zaragoza sobr e la huerta , describe las fases correspondientes a un urbanismo planificado . El capítulo III.1. Salones urbanos. E nsanches parciales: tr amas de la ciudad burguesa tiene su episodio central en el Antepro yecto de Ensanche de 1906 y describe la renuncia de la ciudad or denada a la integración del río H uer va. E l capítulo III.2. Extensión hacia el sur . E l H uer va, agonía de un río sometido tiene su episodio central en el salto urbano producido hacia los espacios de M iralbueno y Miraflor es, ambos situados al sur de la ciudad, en la margen derecha del Eb ro. El cuarto bloque de la T esis, IV . M oder nización y desmemoria. Zaragoza contra el agua , describe las fases corr espondientes a un urbanismo desarrollista, que introduce nuev as lógicas sobre el territorio agrícola y que termina anulando cualquier refer encia a lo agrícola en el ámbito urbano. El capítulo IV .1. R ondas viarias y polígonos. Obsesión por la ciudad contenida se centra en los planes dibujados de la posguerra y en su voluntad de controlar la forma de la ciudad con cinturones de ronda y tramas r epetidas de manzanas que contrasta con la realización de conjuntos aislados de vivienda y nuevas industrias. E l capítulo IV .2. Lógicas lineales. F r anjas industriales, fr anjas ver des se centra en el estallido del modelo concéntrico y cerrado, y en la consolidación de ejes lineales de distinto carácter . El capítulo IV .3. M uros y motas. E l cierre de la llanur a de inundación describe los pro yectos llevados a cabo para contener las aguas del E bro en la llanura de la margen izquierda, cuyas actuaciones posibilitar on la colonización posterior de este territorio inundable. El capítulo IV .4. T err aplenes y rellenos. Desterr amiento del estr ato agrícola profundiza en el crecimiento de la segunda mitad del siglo XX, con procesos de extensión urbana sin pr ecedentes, y también con procesos de densificación en la ciudad consolidada. En ambos casos, se produce un consciente desentendimiento ciudad-campo, con un fenómeno de ‘ desmemoria del agua ’. El quinto bloque de la T esis, V . Reinv ención de una relación. Z aragoza con el agua , describe las fases finales, correspondientes a los últimos veinte años. P or una par te, el capítulo V .1. D e muros a defensas invisibles. Convivencia con la inundabilidad se centra en la experiencia desarrollada en las riberas del Ebr o, y en los efectos que ha supuesto hacia una nueva r elación de la ciudad con sus ríos. El capítulo V .2. V ales y arr oyadas. U rbanización de los ‘ acampos ’ estudia los nuevos desarrollos r esidenciales constr uidos en los secanos, al sur del Canal Imperial de Aragón, y analiza el papel que esta infraestructura hidráulica puede tener en un futuro próximo como elemento conector entr e la ciudad consolidada y los nuevos barrios del sur . El capítulo V .3. De ‘ parques- isla ’ a ‘barrios del agua ’. La condición agrícola en clave de regener ación urbana analiza la evolución que ha experimentado la ciudad en la compr ensión de los espacios libres, desde la r eivindicación por contar con espacios de barrio a una comprensión más integrada de la r ed de espacios libres que ha dado lugar a figuras como el Anillo V erde de Zaragoza o la I nfraestr uctura V erde de Zaragoza. T ermina con un análisis de la capacidad de los elementos del sistema hidráulico de riego para integrarse en actuaciones de regeneración ambiental en los barrios consolidados. El último bloque de la T esis, VI. Conclusiones, presenta las lecciones I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 20 aprendidas en la manera de entender y “leer ” la ciudad de Zaragoza, y resalta de manera especial la secuencia de agentes, autor es, ideas, propuestas, experiencias y realizaciones que pertenecen al bagaje colectivo en el campo de las actuaciones de mediación ciudad-campo en Zaragoza. S e expone un resumen del análisis r ealizado a lo largo del trabajo, identificando los procesos básicos de construcción urbana y , en cada uno de ellos, distintos tipos de episodios de crecimiento urbano . F inalmente, este B loque se centra en la definición de los ‘ enclaves de mediación natural-agrícola-urbana ’, espacios urbanos generados en su origen por un sistema hidráulico, ya sea natural o artificial. La T esis adopta en este apartado un planteamiento propositivo, y propone una estrategia de activación de estos ‘ enclaves de mediación ’, basada en la integración efectiva de cauces agrícolas que ahora discurren cubiertos o sin presencia en la escena urbana, y dibuja un nuevo escenario de transformación de Zaragoza como ‘ ciudad del agua ’. Estos seis bloques se presentan en este primer v olumen A4, que incorpora al final un listado con todas las refer encias bibliográficas y las fuentes de las ilustraciones utilizadas. U n segundo volumen, en este caso de tamaño A3 apaisado, contiene los Anexos cartográficos , que constan de dos colecciones de planos. En primer lugar , un Anex o de car tografía y documentación que recoge aquellos planos que han r esultado relev antes en el proceso de inv estigación , y que por su carácter escasamente conocido se repr oducen en este Anexo con una mayor definición que la pr esentada en el cuerpo del primer volumen. Y en segundo lugar , se pr esenta un Anexo cartográfico realizado por el autor , que se ha denominado “Z aragoza desde el agua ” , y que contiene 26 planos que explican la evolución urbana en el periodo estudiado en la T esis, y las transformaciones llevadas a cabo en los ámbitos de las Comunidades de Regantes y en los distintos ríos que atraviesan la ciudad. 21 Interés de la inv estigación en la escala global En el campo de la geografía urbana y física existen numer osos trabajos que han estudiado la relación entr e ciudad y estructuras agrícolas. Desde los primeros análisis desde una óptica geográfica, de localización de las manchas del crecimiento urbano sobr e el campo, la década de los años 60 había sido un periodo prolífico en trabajos que ponían el foco de atención en el análisis del crecimiento urbano, en los modelos de la dispersión urbana y en las condiciones de transición ciudad-campo . Destacan algunos autores como Golledge, que utilizaba la expresión “ tierra de nadie ” en su publicación de 1960 sobre las franjas urbano-rurales en Sidney , o el trabajo “U rbs in rure. The metropolitan fringe in H er tfordshir e ” de R.E. P ahl (1965). Estas investigaciones se desarrollan y más tar de el geógrafo Har ol Carter acuña el concepto de franja marginal urbano-rural, al que dedica un capítulo de su reconocido The S tudy of U rban G eogr aphy (1972). P or otra par te, el análisis de las dinámicas de los ríos y sus efectos en las ciudades han sido estudiadas por geógrafos especializados, como J ean P aul Brav ard que aboga por una gestión sistémica en la toma de decisiones. Y plantea que debe prestarse una atención a las r ealidades físicas de los ríos, evitando la transformación de los procesos de la naturaleza, y se hace eco de muchas actuaciones que tratan de corregir los ex cesos de los decenios precedentes y r etornar a una gestión practicada a escala de las cuencas. Y en el contexto español, podemos citar las investigaciones de ingenieros como J osé María U reña, o de geógrafos como Alfredo O llero o F rancisco P ellicer . La explicación de procesos urbanos a partir del análisis de las redes infraestructurales, y el entendimiento de la ciudad como mecanismo o como sistema de redes infraestructurales ha dado lugar a interesante trabajos, como los desarrollados por J. A. T arr en Estados U nidos o Inglaterra. A lo largo de la historia, la producción de infraestructuras urbanas bien desde una visión ‘ sectorial’ o bien desde una visión ‘integradora ’ ha dado lugar a modelos completamente diferentes, pudiendo por tanto identificar con claridad aproximaciones de oposición entr e ciudad y territorio, basadas en la construcción de ‘ ciudades-artefactos ’ o bien diferenciar visiones integradoras que dirigen la construcción urbana hacia etiquetas de ‘ ciudad-paisaje ’. V arios autores pr eocupados en las cualidades opacidad versus transpar encia en las infraestructuras subterráneas de agua, saneamiento, electricidad o recogida de residuos, por ejemplo, analizan su capacidad para deriv ar en diseños urbanos más sostenibles, como S. S tar o M. J. Zapata, por ejemplo . Cada vez es más frecuente, la intr oducción en el campo de pro yectación I.2. INTERÉS DE lA INvESTIGACIÓN Y EST ADO DE lA CUESTIÓN “La imagen del planeamiento hacia el futuro debe esbozarse no tanto desde el punto de vista de la construcción como desde la agricultur a ” J. Brian M c Loughling, 1971 I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 22 de la ciudad las refer encias a las morfologías históricas y culturales de las tramas agrarias, de los caminos y construcciones existentes en el territorio. Existe un apr eciable cambio de sensibilidad hacia los paisajes agrarios de nuestras ciudades, ya que cada vez somos más conscientes de que, en definitiva, las tramas agrícolas que se encuentran ‘junto a ’ o ‘ en medio de ’ nuestras ciudades constituyen en buena medida la memoria de la ciudad. Y cada vez más, los pro yectos urbanos de reno vación de ámbitos periféricos, encuentran en las tramas agrícolas su leit-motiv o argumentos de diseño . En estas inter venciones, la r einterpretación del papel de los recorridos, de los cerramientos, del antiguo parcelario construido, nos habla de este cambio de sensibilidad y apreciación colectiv a hacia los paisajes agrícolas en los contextos urbanos. Y a desde los años 60 se reclama la dimensión ecológica en el planeamiento urbanístico y territorial. El ar quitecto paisajista escocés Ian M cHarg (1920- 2001), inició un camino que desde entonces no ha dejado de profundizar en el análisis de los procesos naturales como generador es de las formas y los territorios del hombre. H eredero de estas enseñanzas, P ierre Bélanger , arquitecto paisajista y profesor en el GSD de Harvard U niversity , tiene un peso importante en los enfoques más recientes y en su artículo “Landscape Infrastructur e: U rbanism Beyond E ngineering” acuña el término ‘Landscape I nfrastr ucture ’ que se ha extendido por todo el mundo refiriéndose a la manera en la que el paisaje está redefiniendo la morfología de las infraestructuras urbanas al mismo tiempo que se definen las complejidades de una ciudad cada vez más extensa y dispersa. U n campo profesional que trata los flujos de las economías urbanas y las dinámicas de las ecologías globales. La división histórica en la ciudad industrial entre economía y ecología, ya no tiene sentido, ya que “la economía es ahora inseparable del medioambiente ”. En este sentido, r econoce Bélanger que la infraestructura es a la vez una respuesta y un generador de las formas de desarrollo horizontal actuales, y que, a pesar de tratarse de elementos con frecuencia r elegados, son nuestra ‘inter face ’ a través de la cual nosotros interactuamos con el mundo biológico y tecnológico . La consideración de los cauces fluviales como elementos organizadores de los espacios del hombre, como elementos capaces de otorgar la escala territorial a las aglomeraciones humanas, como infraestructuras verdes de nuestras ciudades es una apuesta que tiene cada vez más recorrido en el campo de las propuestas urbanísticas y paisajísticas. D estacan en este sentido las aportaciones del paisajista Michel Desvigne, que ha trabajado en v arios pro yectos de esta envergadura en estos años, que él denomina G randes P aisajes. S u propuesta de 2005 para Biesbosch S tad en Rotterdam es uno de los más conocidos. Se trata de un espacio inundable, y la actuación consiste en dar espacio al agua, en apostar por renaturalizar el delta per o a la vez encontrar un mecanismo de crecimiento urbanístico para el R otterdam del futuro . La confluencia de los ríos Rhine y M euse es el espacio de la propuesta, un espacio de mediación entre lo agrícola y el espacio de meandros divagantes 23 en un contante régimen de inundaciones periódicas, con un buen número de diques que permiten el cultivo de las ár eas colindantes. La propuesta r ealiza un ejercicio en el que se modifica el sistema de los diques, y el agua vuelve a inundar los pequeños cauces. Se r ealiza un ejercicio de inv ersión, y propone un nuevo sistema de ocupación del territorio para la expansión r esidencial de Rotter dam, que ocuparía las huellas dejadas por los arro yos originales. La población vivirá así en barrios-cauce que se emplazarán ‘ sobre ’ los diques, en vez de ‘ debajo ’ de ellos. En este estudio de desarrollo urbano y paisajístico, el equipo de paisajistas dirigido por Desvigne, establece una jerarquía clara entre los elementos formales del territorio, y las trazas agrícolas, el par celario heredado, pasa a ser un elemento secundario, y otorga una r elevancia determinante a la forma de los meandros de los dos ríos. T ambién en clave de reflexión sobr e nuevas geografías, r esulta muy interesante el pro yecto que desarrolla el mismo equipo en 2006-2007, conjuntamente con el equipo OMA (Rem K oolhaas y Xaveer de Geyter en este caso) para el valle del río V ar en Niza (F rancia). La progr esiva alteración sobre los espacios naturales del planeta y sobr e los ecosistemas sir vió como punto de partida para el establecimiento de nuevas políticas ambientales en la U nión Europea que, en 1992 pr omo vió la creación de la R ed N atura 2000 mediante la Directiv a 92/43/CEE sobre la conser vación de los hábitats naturales de fauna y flora silvestr es (“D irectiva Hábitats ”). Esta Dir ectiva, basada en los objetiv os definidos en el Convenio sobre la Div ersidad Biológica, apr obado en la C umbre de la T ierra en Río de J aneiro en 1992, tenía como finalidad asegurar la super vivencia a largo plazo de las especies y los hábitats más amenazados de E uropa, contribuyendo a detener la pérdida de biodiv ersidad ocasionada por el impacto adverso de las actividades humanas. Y surge así el concepto de `infraestructura ver de ’, con el objeto de apro vechar una div ersidad de componentes, naturales y urbanos, que permitan crear una matriz ecológica funcional y eficiente: La infr aestr uctur a verde puede definirse, en términos gener ales, como una r ed estr atégicamente planificada de zonas natur ales y seminatur ales de alta calidad con otros elementos medioambientales, diseñada y gestionada par a propor cionar un amplio abanico de ser vicios ecosistémicos y proteger la biodiversidad tanto de los asentamientos rur ales como urbanos. E uropean Commission, Construir una infr aestructur a ver de para E uropa, 2014 . Las ciudades juegan un importante papel en el equilibrio ambiental del planeta y por ello resulta necesario generar nuev a políticas que permitan a estas estructuras urbanas actuar como sistemas sostenibles, evitando las consecuencias tan negativas que tienen actualmente para el medioambiente global, fundamentalmente en el consumo de recursos (suelo, agua, energía, nutrientes, materias primas…) y en la generación de residuos contaminantes (sólidos, líquidos y gaseosos). Esta idea muestra la capacidad que puede tener una estructura de este tipo para regular/amortiguar los impactos, tanto naturales como de origen I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 24 antrópico y , por tanto, la importancia que posee desde el punto de vista del equilibrio en los ecosistemas más sensibles a dichas alteraciones, entre los que se encuentran los urbanos. De ahí la enorme importancia de la infraestructura verde como herramienta que asegure el mantenimiento y potenciación de estos servicios tan valiosos para las poblaciones bióticas y , particularmente, para las comunidades humanas. Las experiencias internacionales en esta manera son muy amplias. P odemos citar , por ejemplo, All London G r een Grid. P lan de Londres (2011), G reen Infrastructure. D esign and Placemaking. Scottish Go vernment (2011), U rban Gr een-Blue G rids. F or sustainable and dynamic cities. 2012, T rames V ertes U rbaines. De la recherche scientifique au pr ojet urbain. (P arís, 2013), U rban Metabolism. S ustainable development of R otterdam (2014). Con estos planteamientos se asume que la pro yectación de la ciudad requier e el entendimiento y la comprensión de una realidad desde el prisma de la ecología. En nuestras ciudades los parques v an a ser las nuevas infraestructuras de la ciudad, pero son espacios de circulación (park-ways), son espacios de recogida, almacenamiento y dr enaje de aguas superficies, son espacios que laminan el crecimiento del niv el de aguas en zonas marismas o las periódicas inundaciones de cursos fluviales caudalosos. Lo ver de es, en sí mismo, la forma de la ciudad, y garantiza la legibilidad de una ciudad que es cada vez más extensa. Conceptos como paisajes productivos continuos (CPUL Continuous P roductive U rban Landscape) o Infraestructura ver de han dado mayor importancia a la idea de “ trama ver de ”, como espacio articulador y de facilitador de interconexiones y continuidades urbanas no solo en el ámbito urbano sino también en la relación con lo “ no urbano ”, asimismo como estrategias de cohesión urbanística y social. En los últimos años, la condición de infraestructuras resilientes enmarca esta nuev a condición urbana de urbanismo ecológico, en un compromiso con estrategias de sostenibilidad ambiental y de consolidación de un ver dadero Ecosistema urbano . Resultan muy inter esantes los trabajos en los que desde el agua se explica la evolución de la ciudad, y han dado lugar a r ecientes investigaciones en distintas universidades españolas y extranjeras. S on ejemplo los trabajos desarrollados en ámbitos agrarios en España, como los trabajos de la H uer ta de M urcia (Marcos R os Sempere, U niversidad P olitécnica de Car tagena), la cuestión de los P arques Agrarios (Ana Zazo M oratalla, UPM), la huella del sistema agroalimentario en el territorio (M arián Simón Rojo, UPM) y la huerta de la V ega Baja del río S egura (María Clara Gar cía Mayor , U niversidad de Alicante), o en entornos culturales ( La dimensión territorial del entorno de La A lhambr a , Luis J osé García-P ulido), etc. Y también son numerosos los trabajos que explican la forma de grandes áreas metr opolitanas desde una lectura de los elementos de agua, como el interesante trabajo The shapping of London de T err y F arrel, en el que se describe el papel jugado en la conformación de Londres por los ríos ocultos, etc. 25 Y en el contexto español, otros trabajos r ecientes como el de F ernando Osuna ( Cór doba y el Guadalquivir ) y las propias inv estigaciones llevadas a cabo por los Dir ectores de esta T esis, J uan Luis de las Rivas y J avier M onclús. M e ha resultado especialmente clarificadora la investigación desarrollada por F ransje H ooimeijer , que atesora una larga trayectoria en el análisis de las ciudades holandesas y en el papel que desempeña la ingeniería hidráulica en la construcción urbana. Son especialmente interesantes sus trabajos publicados en 2008 que tienen por título The N ew Dutch P older City en los que clasifica los distintos procesos urbanos en función de su planteamiento adaptativo o transformativo r especto de las condiciones hidrológicas pr eexistentes. Desde el discurso de las infraestructuras resilientes, la T esis no abandona su compromiso de hablar de ciudad, y de explicar cómo se han construido los lugares urbanos. Las r eferencias contemporáneas a espacios compartidos, espacios de encuentro social, lugar es de mediación (M ediating [Infra] S tr uctures, M ediating Enclaves, S hared Infrastructures, etc.), es clav e en la parte final de la T esis, en la que se propone la identificación de aquellos espacios urbanos con una alta carga de memoria histórica, en los que el afloramiento de las condiciones históricas del pasado agrícola en estos espacios denominados ‘Enclaves de mediación ’ puede ser una herramienta muy válida de regeneración urbana. Interés de la inv estigación en la escala local En r elación con el caso elegido de Zaragoza, las publicaciones existentes sobr e la evolución urbanística de la ciudad de Zaragoza son numer osas, y en los últimos años han alcanzado un nivel de profundización importante, con un cada vez más relev ante apoy o en fuentes documentales (planos, fotografías, etc.) que hace unas décadas no existía. En el ámbito netamente urbanístico y con un alcance de toda la ciudad, existen varias publicaciones de r eferencia. D os de ellas han sido editadas por el Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón. De los años 80 es la edición de un doble volumen dedicado al U rbanismo en Zaragoza, con un primer tomo de Conferencias y un segundo tomo que r ecopilaba toda la cartografía disponible en aquel entonces sobre la ciudad de Z aragoza. Y en 2009 se publica Zar agoza 1908-2008 que, con un enfoque análogo a aquella primera publicación, se ha convertido en la publicación de refer encia del urbanismo en Zaragoza en el último siglo . Igualmente imprescindible resulta el capítulo dedicado a Zar agoza en el Atlas de ciudades de la península ibérica , editado por el Centre de C ultura Contemporánea de Barcelona. U na visión también urbanística, y a la vez una colección que trató de dar una visión global del conjunto de los barrios de la ciudad fue la ya legendaria colección Zar agoza, barrio a barrio , coordinada por la arquitecta Elvira A diego, que recoge de forma sistemática la evolución urbanística de la mayoría de los barrios de la ciudad, hasta los años 80. Estos barrios de Zaragoza, que con carácter general conforman unos espacios físicos nítidos han sido posteriormente objeto de estudios específicos, especialmente desde I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 26 el campo de la geografía urbana. A mediados de los años 70 se prodigaron los trabajos de geografía urbana, redactándose numer osas Memorias de Licenciatura o T esis Doctorales como los siguientes. E l barrio de las Delicias , Pilar Bor obio, 1976; La margen izquierda del E bro , Mª Carmen F aus, 1976; E l barrio de San J osé , J uan J osé Cabrera, 1975; E l barrio Oliver , S aturnino Sánchez, 1975; F ernando el Católico , B lanca Loscer tales, 1971; G ener al F r anco , Martín Sobrino G arijo, 1975; La vía Imperial , M ercedes Loscertales, 1974; E l barrio de la Química , J osé Luis Rubio G racia. Y ya más recientemente, se han editado v arias publicaciones que han tenido como foco de estudio alguno de los barrios, como los trabajos del geógrafo J osé Garrido dedicados a los barrios de S an J osé y T orrero . En los últimos años se han prodigado algunos estudios promo vidos por el Ayuntamiento de Zaragoza (Zaragoza Vivienda) para impulsar la r evitalización de algunos barrios, y se ha despertado el análisis de alguno de ellos: Delicias , las F uentes, Picarral, etc. Los trabajos de dimensión histórica resultan de gran utilidad por la profundidad y detalle empleado en la explicación de los hechos, y me han facilitado en buena medida el trabajo de investigación y estudio en los expedientes municipales. Existen varias publicaciones (en general, r esultado del trabajo de distintas T esis doctorales de sus autores), con obras dedicadas a periodos históricos muy concretos: J osé García Lasaosa y su tesis doctoral Desarrollo urbanístico de Z ar agoza (1885-1908), publicada por la IFC en 1979; J esús Martínez V erón, en su resumen de su tesis doctoral, publicada en 1993, con el título Ar quitectur a ar agonesa: 1885-1920 . A nte el umbr al de la modernidad también describe los momentos de la primera suburbanización en las afueras de la ciudad. I sabel Y este es historiadora, experta en los pro yectos de reforma y en el urbanismo del siglo XX. Y más recientemente, el arquitecto Ramón Betrán ha aportado varios títulos que r esultan asimismo imprescindibles para la compr ensión de determinados episodios urbanísticos de Zaragoza. E l estudio crítico que incluye en Memoria de un plan gener al , explica de una manera impecable el desarrollo de los planes de extensión de la ciudad en el primer tercio del siglo XX y la política de Casas baratas en el Ayuntamiento de Zaragoza, y su capítulo dedicado a la construcción de la ciudad burguesa en Zar agoza, la constr ucción de una ciudad burguesa , publicado en 2014, es asimismo de lectura obligada. El libr o que coordiné en 2002 con F rancisco P ellicer , Ríos y Ciudades. A por taciones par a la r ecuper ación de las riber as de Zar agoza, supuso el arranque de una serie de trabajos que no ha dejado de incrementarse, quizá también por la reper cusión que tuvo la celebración de la Exposición Internacional Zaragoza 2008, dedicada al “ Agua y Desarr ollo sostenible ”. En el marco de la Exposición se publicaron más de 100 títulos, y muchos de ellos tienen una estrecha r elación con el tema de la T esis. Además, en Z aragoza se publicaron varios libros con esta temática, que sacaron a la luz trabajos muy inter esantes sobre agua, regadío y ciudad, desde el punto de vista histórico, la descripción y documentación de los oficios, de la gestión, de toda la cultura relacionada con el agua en nuestr o territorio. 27 Destacan los trabajos de S everino P allaruelo y , de manera especial, los dos libros de Carlos B lázquez ( Zar agoza. D os milenios de agua, 2008, y ¿Agua pasada? Regadíos en el A r chivo H istórico P ro vincial de Zar agoza, 2008). Más recientemente, los trabajos de r eurbanización sobre los espacios fluviales en la ciudad también constituyen una valiosa fuente de información. Los trabajos dedicados a biografías de arquitectos zaragozanos (Félix N av arro, F rancisco Albiñana, Ricardo M agdalena, Miguel Ángel N avarro, Regino Bor obio, etc.), también han sido determinantes, porque han sacado a la luz pro yectos y documentos r elevantes. Y también es interesante el análisis de algunas obras literarias que ambientan y aportan claves especialmente interesantes sobr e algunos enclaves o episodios históricos como La S er afina ( J osé M or de Fuentes, 1810), o La “Q uinta J ulieta ”, en C rónica del A lba (Ramón J. Sender , 1971). En todo caso, aun existiendo numerosas publicaciones y trabajos sobr e la evolución urbanística de Zaragoza, tanto en el ámbito general como en ámbitos específicos de barrio o espacios concretos, no existe un trabajo de investigación con el enfoque de la pr esente T esis, que trata de explicar los procesos de construcción de la ciudad, en los últimos 220 años, desde una visión integral de las acciones de la construcción y la planificación urbanística sobre la dinámica fluvial y las infraestructuras hidráulicas rurales y urbanas, desde la rigurosa investigación histórica y con el apoy o de una cartografía específica GIS, de nueva factura y compr ensión. El trabajo se enmar ca en el bagaje ya consolidado del estudio sobre morfología urbana y la reflexión sobre las formas urbanas que ya tiene un siglo de historia, y que como exponen J avier M onclús y Carmen Díe z, “ no solo no ha perdido vigencia sino que se ha fortalecido con iniciativas como la del International S eminar on U rban F orm ISUF” 1 , cuyo II Congreso ISUF-h, con el título Ciudad y formas urbanas. P erspectivas transv ersales, se celebró en Zaragoza en septiembr e de 2018. Al mismo tiempo, la T esis no se plantea como ejercicio intelectual con un interés ensimismado, sino como un sincero ejercicio de inv estigación que puede aportar un análisis reno vado, con planteamientos de estrategia urbana ambiental y una cartografía urbana operativa, útiles para los próximos retos que debe afrontar Zaragoza, especialmente desde la r egeneración y el reciclaje de la ciudad existente. Se encuentra en línea, por tanto, con la necesidad de un enfoque reno vador del urbanismo que describía J osé M aría Ezquiaga en la ponencia inaugural del Congreso ISUFh de Z aragoza: “Esto se traduce en reorientar el carácter del P lan urbanístico, para convertirlo en un instrumento flexible y abier to a la inno vación tecnológica, capaz de abor dar el orden estructural de la ciudad: integrando coher entemente las estrategias ambientales, de vivienda, transporte, infraestr ucturas… sin perder por ello de vista la atención a las necesidades sociales reales y la sensibilidad hacia lo local.” 2 1 J avier M onclús y Carmen Díez, 2018: P r e- sentación. 2 J osé María E zquiaga, 2018: 11. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 28 La tradición de la agricultura como argumento de planificación urbanística. H istóricamente las ciudades han integrado las actividades agrícolas de una manera híbrida con los espacios edificados, en los patios, en los claustros, en los espacios lindantes con las murallas, etc. Esa interesante simbiosis entr e las zonas r esidenciales y las zonas agrícolas, refleja una condición en la que ‘ ciudad’ y ‘ campo ’ compartían un mismo soporte infraestructural. En el siglo XIX, la intensa densificación de los cascos históricos y las nuevas necesidades funcionales de la ciudad industrial exigieron extensiones urbanizadas que desplazaron progr esivamente la actividad agrícola hacia zonas exterior es, manifestando un nítido contraste en la relación ciudad- campo, entendidos desde entonces como dos términos contrapuestos. La práctica del planeamiento urbanístico a lo largo del siglo XX ha puesto de manifiesto esta visión antagónica entre estos dos conceptos, per o también es justo reconocer los ejemplos que han tratado de r ecoger la dimensión agrícola en el campo de la planificación urbana. P or ejemplo, resulta pr eciso referirse a la experiencia alemana en el primer tercio del siglo XX, en cuyas ciudades los huertos familiares resultar on cr uciales para la salud pública durante las dos guerras mundiales, y han sido desde entonces fuente de inspiración en la creación y diseño de la ciudad. E l arquitecto paisajista Leberetch M igge, en su folleto titulado “E veryman Self-sufficient. U na solución al problema de la vivienda a través del jardín – La construcción de asentamientos ”, plantea en 1918 una sociedad en la que todas las familias tengan acceso a su propio huerto en el que pueden cultivar sus propios alimentos, y en el que este mismo espacio fuera capaz de reutilizar todos los desechos y r esiduos que produce la propia unidad familiar . [F-I.1] Además de sus formulaciones teóricas ( G r een Manifesto , 1919), que apostaban por socializar el ver de urbano, Migge desarrolló también planteamientos de carácter territorial en varias ciudades (F rankfur t, Berlín, etc.). Y colaboró con muchos ar quitectos incorporando los huer tos en el vocabulario urbanístico de las siedlungen (B ritz Siedlungen en Berlín, Rommerstadt en F rankfurt, etc.). Esta especial sensibilidad hacia los espacios cultivados era patente en la escala del planeamiento de ciudad, con algunos ejemplos muy interesantes, como el P lan para la ciudad de Magdeburg (Bruno T aut y K onrad Rülh). [F-I.2] [F-I.3] [F-I.4] [F-I.5] [F-I.6] [F-I.7] [F-I.8] A unque posteriormente también existan interesantes experiencias aisladas, I.3. mEDIACIÓN CIUDAD-CAmPO EN El URBANISmO CONTEmPORáNEO [F-I.1] Leberetch Migge, portada de Cada persona es autosuficiente. Una solución al problema de la vivienda a través de la horticultura, 1918. [F-I.2] Leberetch Migge, El paisaje fértil. Plan regional para Berlín, Alemania, 1933. “N o se tr ata de elegir entre la ciudad o el campo; ambos son fundamentales, pero ho y en día es la naturaleza la que se encuentr a asediada en el campo, la que apenas existe en la ciudad, donde se ha convertido en un bien pr eciado ”. J. Brian M c Loughling, 1971 29 como las del paisajista Carl Sørensen en D inamarca, que trabaja con la dimensión del huerto urbano como célula de composición urbana a distintas escalas a mediados del siglo XX, lo cierto es que el urbanismo ha asignado a los espacios agrícolas una condición de ‘ espacio vacío ’, sin atributos urbanos, donde su mayor virtud es configurar lo ‘ no urbano ’. La formalización de ‘Cinturones ver des ’ se impuso en Inglaterra y otros países europeos como estrategia para preservar los valores pr oductivos y estéticos de los espacios agrícolas, y para evitar el crecimiento urbano en ‘ mancha de aceite ’. Desde el convencimiento de que la mera pr otección de estos espacios agrícolas no era suficiente surge la necesidad de una gestión colectiva, de potenciar e incentivar la productividad de estos espacios frente a las presiones urbanizadoras de estos enclav es. Y así se desarr ollan experiencias de ‘ protección y gestión de espacios agrícolas en entornos metropolitanos ’, que ha adquirido importancia en las últimas décadas. El “P arco Agricolo S ud Milano ” en Milán, el P arque agrícola del Baix Llobr egat en Bar celona, o el Plan de A cción T erritorial de P rotección de la H uer ta de V alencia son algunos ejemplos sobresalientes. Asimismo, cada vez resultan más fr ecuentes en el campo del pro yecto y la planificación urbana las refer encias a las morfologías históricas y culturales de las tramas agrarias, de los caminos y construcciones existentes en el territorio. Y se llevan a cabo inter esantes proy ectos de recuperación y r estauración del paisaje agrícola, como el dirigido por los paisajistas Claire y M ichel Corajoud entre 1998-2001 en M ontr euil (F rancia), en la r ecuperación de un paisaje de tapias de huertos de melocotoneros. Y sin salirse de F rancia, el equipo de paisajistas de Michel D esvigne realiza en 2005 una propuesta muy suger ente, que tiene como punto de partida el minucioso estudio de la traza parcelaria del entorno agrícola del núcleo de I ssoudun (F rancia). El r eno vado interés por la agricultura urbana P ero el tema que ha experimentado un espectacular desarrollo en los últimos diez años es la Agricultura U rbana, que intr oduce la dimensión de lo agrícola en los espacios urbanos consolidados, superando por tanto los planteamientos de la relación entr e la ciudad y sus espacios periurbanos. Este tema ha despertado acompañado de la creciente preocupación por la sostenibilidad urbana y por tanto del planeta, y por la cuestión de la alimentación de las ciudades. En el marco de la Agenda 21, se trabaja en el objetivo de reducir la huella ecológica 1 de las ciudades, y la pro visión de alimentos a las ciudades tiene un efecto muy importante en el cálculo de la huella ecológica de una ciudad. La Agricultura U rbana concita además un r eno vado interés desde dos ópticas diferenciadas. P or un lado, el que competen a la óptica estricta del sector alimentario, que va desde la cuestión del abastecimiento de alimentos, la potencialidad como lucha contra la pobreza, la A gricultur a km0 o la Agricultur a ecológica . Y por otro lado, el que corr esponde con la integración de la agricultura en las políticas urbanísticas, y que desarrollan el potencial de los espacios agrícolas en el sistema de espacios ver des de la ciudad y en el [F-I.3] Leberetch Migge, Plan regional del espacio verde de Fráncfort, Alemania, 1929. [F-I.4] Hufeisen siedlung (Berlín, Alemania). Bruno T aut y W agner , con L. Migge y O. W agler , 1925-33. Planta del estanque central. [F-I.5] Hufeisen siedlung (Berlín, Alemania). Fotografía del conjunto en los primeros años. 1 “La suma de toda la tierra y agua requerida para satisfacer el consumo material y la descarga de desperdicios de una población determina- da es equivalente a la huella ecológica de esa población sobre el planeta ”. Deelstra y Girar det, 1999: 46. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 30 campo de las infraestructuras verdes, y su papel para r establecer la continuidad perdida entr e campo y ciudad. En efecto, el potencial de las ciudades para la producción de alimentos es muy elevado, como ya se ha demostrado en otras épocas. De hecho, en la actualidad, en las ciudades de países en vías de desarrollo, pero también en ciudades azotadas por las crisis, los habitantes encuentran en los espacios particulares de cultivo un sistema claro de subsistencia. El impacto y los beneficios de aplicar pr ogramas de agricultura urbana en entornos urbanos desfavor ecidos, se evidenció claramente con el bloqueo económico occidental a la República de C uba a finales de los años 1990, que supuso la quiebra del sistema de importaciones. Ante la escasez de suministros surgió inicialmente de forma espontánea, y después ya arropada por el gobierno, el cultivo de los terr enos vacantes en la ciudad: patios, jardines de las comunidades r esidenciales, etc. La Habana se alzó como líder en agricultura urbana, con interesantes prácticas de compostaje, y el uso controlado de aguas r esiduales para riego, ya que fue preciso readaptar la producción agrícola a las car encias de pesticidas, fer tilizantes o maquinaria 2 . En este proceso, en la ciudad de La Habana se desató un movimiento urbano, en el que cualquier pequeño espacio, los “ patios comunitarios ”, las cubiertas, los baldíos y las plazas, se llenaron de huertos productivos que abastecían a más del 50% de la población . 3 Otras ciudades latinoamericanas también han encontrado en la agricultura un mecanismo para luchar contra la pobreza y favor ecer la cohesión social. Son inter esantes en este sentido el ‘P rograma de huertos urbanos ’ desarrollado en Santiago de Chile y el ‘P rograma de agricultura urbana ’ implantado en Rosario (Argentina) desde 2002. Este P rograma ha sido reconocido internacionalmente, por su multiplicidad de enfoques. S e han instalado F erias de verduras libres de agr oquímicos, de manera que la agricultura se inserta en el centro de la ciudad, como escaparate o vitrina del trabajo que se desarrolla en los huertos de las barriadas periféricas. Y los parques-huerta, que se han diseñado de manera participativa, son finalmente terrenos donde los ‘huerteros ’ son propietarios del suelo. A unque en las ciudades de los países desarrollados, en un contexto de crisis económica también la agricultura urbana puede también verse como un complemento a las necesidades básicas de población, este reciente interés reside, en términos generales, en la pr eocupación por la sostenibilidad ambiental, más ligada a una cuestión de crisis en términos de escasez de recursos energéticos. O bviamente los aspectos económicos y de dependencia también están en esta discusión. De hecho la sensibilidad inglesa por estos temas viene justificada en gran parte por la situación de dependencia productiva. 4 La implantación de la Agricultura U rbana genera tres beneficios principales: se preserva la biodiversidad, se cierran los ciclos de consumos y se reduce la cantidad de energía necesaria para pr oducir y distribuir la comida. De ahí surge la agricultura km0, como una manera de contrarr estar las [F-I.6] Römmerstadt (Fráncfort, Alemania). Ernst May y Leberecth Migge. Fotografía de la zona de los huertos. [F-I.7] Römmerstadt (Fráncfort, Alemania). Planta general de emplazamiento y relación de la siedlung con el río Nidda. [F-I.8] Bruno T aut y K onrad Rülh, Plano de espacios verdes del Plan de Magdeburg, Alemania, 1923. 31 prácticas que transformar , incluso en avión, nuestros alimentos diarios (con los consiguientes producción de gases efecto invernader o, contaminación atmosférica, incremento de tráfico, str ess, etc.). Y el análisis y v oluntad de afrontar los problemas de contaminación pr oducidos por el uso de fertilizantes químicos o las propuestas para que el reciclado de las aguas grises de la ciudad sea reutilizado como fertilizante es espacios agrícolas, da paso a la agricultura ecológica, una cuestión que supera la mera etiqueta comercial para dar lugar a un cada vez más necesario enfoque global. T odos estos enfoques, relacionados con la óptica específica del sector alimentario, han generado una bibliografía muy extensa en los últimos años, especialmente desde 1996 con la publicación de U rban A gricultur e: F ood, J obs and Sustainable C ities 5 . Al margen de los beneficios económicos para los productor es, la agricultura urbana también tiene unos beneficios sociales más amplios, ya que mejora la conciencia ambiental entre la ciudadanía. Esto puede comprobarse en Londr es, donde casi todos los concejos locales promueven la Agricultura U rbana en el marco de la Agenda 21, y existen numerosas exposiciones y trabajos que muestran métodos mediante los cuales la producción de alimentos puede incorporarse en el medio urbano tanto en un nivel industrial como a escala doméstica. 6 P or otra parte, el análisis de los aspectos espaciales de la Agricultura U rbana y su papel en la ordenación urbana se ha desarr ollado recientemente en los países desarrollados por medio de algunos trabajos r elevantes que buscan una integración en el sistema de espacios abiertos. Katrin Bohn y André V iljoen acuñaron el concepto de espacios productiv os continuos (CPUL Continuous P roductiv e U rban Landscape 7 ), que pr etende una introducción coher ente de espacios productivos inter conectados entre sí en el interior de las ciudades como un elemento esencial de infraestructura urbana sostenible. Se trata de una red de espacios abiertos, no solo agrícolas, sino también otros espacios abiertos para el trabajo y el ocio, que conectan la estr uctura construida de la ciudad con sus espacios exteriores. El trabajo de estos ar quitectos en The U rban F arming P roject Middlesbr ough llevado a cabo en 2007 permitió visualizar el potencial de la agricultura entendida como red espacial, y consolidó a esta pequeña ciudad inglesa como “F ood growing to wn ”. Esta pr etensión de espacios interconectados, aunque a mayor escala de planificación, ha sido implementada con éxito en muchas ciudades, que han implementado la política de infraestructura verde en sus políticas urbanas. En I nglaterra, el ejemplo que cabe citar es “ All London G reen G rid” 8 [F-I.9] El diseño y la planificación de la Agricultura U rbana en nuestras ciudades requerirá, como exponen Bohn y Viljoen 9 , reapr ender viejas prácticas y desarrollar otras nuevas. P orque si la Agricultura U rbana se adopta de forma extensiva, sus otras funciones y beneficios como la cohesión social o el embellecimiento urbano también requerirán articulación. El sistema de alimentación en la ciudad es complejo, y es tanto un reto como una oportunidad al mismo tiempo. La vía más adecuada para la r esolución de estas dicotomías es la planificación conjunta del sistema alimentario urbano con el resto de estrategias de sostenibilidad urbana y territorial. 2 Estas experiencias fueron bien recogidas en la publicación G rowing Cities, G rowing F ood, re- sultado de un seminario internacional celebrado en La Habana en 1999. 3 U nos 2,2 millones de habitantes. Y en ciu- dades más pequeñas de Cuba, este por centaje alcanza entre un 80% y un 100%. S e calcula que la isla cuenta con más de 33.000 fincas dedicadas a la agricultura urbana y suburbana. 4 En 2000 la consultora Best F oot F orward, pionera en tema de huella ecológica, estimó que los londinenses consumían 6,9 millones de toneladas de alimentos, de los cuales el 81% venía de fuera de G ran Br etaña. Catál ogo d e la exposición London Yields: U rban Agriculture: 1. 5 U rban Agriculture: F ood J obs and S ustainable Cities se basa en una serie de estudios llevados a cabo durante 1991-92 por J ac S mit, J oe N asr y Annu Ratta, financiados por el P rograma de Desarrollo de las N aciones U nidas (U nited N ations Development P rogramme, UNDP). El r esultado de estos estudios se publico en este libro, published in 1996 by the UNDP , as a contribution to the UN Conference on H uman Settlements (Habitat II). Este libr o se reeditó posteriormente en 2001. 6 Algunos ejemplos notables son las exposiciones The Edible City (2007, N etherlands Architec- ture I nstitute, NAi) y Carrot City: Designing for U rban Agriculture, y London Yields: U rban Agriculture (2009). J oe Nasr y J une Komisar , 2014: 277-291. 7 En este concepto CPUL la agricultura urbana se refiere principalmente a pr oducción de frutas y ver duras dado que tienen el rendimiento más alto por hectárea cultivada. E l efecto de este tipo de acciones en la ciudad tiene efectos cualitativos respecto a la experiencia de los ciu- dadanos, y efectos cuantificables de reducción de los impactos negativos de la ciudad. 8 “ All London G reen Grid ” contempla la creación de una r ed de infraestructuras verdes en el G ran Londres y pone de manifiesto una sustancial sensibilidad hacia lo ver de y hacia los paisajes productivos en el planeamiento, que es asumida en otros muchos documentos recien- tes. Consultar: Draft S upplementar y Planning Guidance publicada por el G reater London Authority en no viembre 2011. 9 Katrin Bohn y André V iljoen, 2011. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 32 En efecto, la Agricultura U rbana se ha convertido en un punto exigido en la planificación urbana, al igual que otros aspectos como las iniciativas de ahorro y eficiencia energética o las políticas de contención de la expansión urbana. En un momento que la ciudad se mira de nuevo hacia adentr o, en el planeamiento y el tratamiento de los vacíos urbanos r eside la opor tunidad de reencontar de nuev o aquella histórica convivencia perdida entr e los espacios habitados y los espacios agrícolas. La dimensión ecológica en la planificación territorial El ar quitecto paisajista escocés Ian M cHarg (1920-2001) comienza su libro P roy ectar con la N atur aleza con un capítulo que tiene como título “La ciudad y el campo ”. Desde luego, no era éste un tema no vedoso en los años 60 (el libro se escribe en 1967) ya que ha sido un tema r ecurrente en el urbanismo contemporáneo . Si bien con el desarrollo de la rev olución industrial la manera de crecer de las ciudades ha arrasado de manera mucho más rápida y en una extensión mucho mayor los valor es del campo. Expone M cHarg que “ si pudieramos crear , en lugar de una ciudad atenazada por la rentabilidad del trabajo, una ciudad humana, en ese caso, la elección entre la ciudad y el campo se convertiría en una elección entre dos bienes ambos indispensables, ambos diferentes y complementarios, ambos cr eadores de vida: el hombre en la N aturaleza.” 10 El pr opósito de este imprescindible libro, que defiende el papel de la planificación territorial desde un compromiso con la ecología, es precisamente tratar de armar nuev os instr umentos, para entender , para poder aplicar principios de planificación ecológica, y ponerlos a prueba frente a las exigencias del crecimiento metr opolitano y de los mecanismos de mercado. Y su consigna no puede ser más clara: “El hombr e, la única criatura consciente capaz de percibir y de expr esarse, debe convertirse en el guardián de la biosfera. P ara lograrlo, debe proy ectar con la naturale za ”. 11 M cHarg expresa de una manera muy didáctica la capacidad de la planificación territorial, e ilustra con el ejemplo de The V alleys en Maryland (Baltimor e, USA) una zona de crecimiento suburbano en una r egión metropolitana americana. F rente al crecimiento incontr olado que produce el spr awl , la tendencia del planeamiento territorial ortodoxo era la de unos crecimientos de “ extensión ”, concentraciones urbanas del cor te de “ ciudades satélite ” o “ new towns ” que podrían disponerse atendiendo a criterios de posición, vinculadas a determinadas infraestructuras viarias. M cHarg asume que el desarrollo debe producirse, per o presenta los principios de conser vación que se debe aplicar para evitar la destrucción y salvaguar dar los aspectos positivos, el genius esencial de un determinado paisaje. S u método, ya extensamente conocido en todas las escuelas de arquitectura, es el análisis de los procesos naturales (r elieve y geología del subsuelo, las aguas superficiales y subterráneas, las llanuras de inundación, los suelos (especialmente lo refer ente a su permeabilidad o impermeabilidad), las pendientes, los bosques y las zonas arboladas, y un largo etcétera. [F . I-10] [F-I.9] P royecto de Agricultura Urbana en Middlesbrough, 2007. 10 Ian M cHarg, 1967: 2. 11 Ian M cHarg, 1967: 5. 33 A partir de la determinación de las características fisiográficas deduce M cHarg los tipos de desarrollo urbano y las densidades adecuadas que deberían aplicarse. Las “ zonas de r egulación ” ya no corr esponden con letras códigos numéricos (Zona A, Z ona H, etc.) sino que adquieren los nombr es que hacen refer encia a su situación o condición fisográfica (Laderas sin arbolado, Laderas con cubierta forestal, Laderas o paredes con una pendiente del 25% o superior , M esetas arboladas, P romontorios, M esetas libres, etc.). Desde el convencimiento de que “ no hay escasez de suelo, sino abundancia ”, M cHarg propone desviar el desarr ollo urbano hacia los lugares adecuados. Y las propuestas de M cHarg no están desvinculadas con el compr omiso de la rentabilidad de los desarr ollos urbanísticos. Es consciente de que el desarrollo controlado genera mayor es beneficios económicos, y que estos recursos deben destinarse en parte a compensar a los propietarios de las tierras en las que no se permite el crecimiento . The V alleys en Maryland es solo un caso de estudio, pero el libro de M cHarg en conjunto otorga un gran optimismo en la fuerza de la planificación urbanística. Han pasado ya más de cincuenta años desde la publicación de Design with N ature , y sus planteamientos no han hecho mas que ganar adeptos en el campo del urbanismo paisajista como ver emos más adelante. En cierto modo, también se nos antoja una publicación heredera de una tray ectoria que se estrenó a finales del siglo XIX en la que se entiende el problema de las ciudades enmarcado en un contexto territorial amplio . La región como ámbito del pro yecto de las ciudades, el concepto de conurbación urbana, o el empleo de las secciones del territorio o secciones del valle, para explicar los procesos y estratos funcionales que r elacionan la ciudad y el campo, son cuestiones que fueron iniciadas por los pioneros de la planificación regional, y de una manera muy especial al escocés P atrick Geddes (B allater , A berdeenshir e, 1854-1932) que fue seguido años más tarde por Lewis M umfor d (F lushing, N ew Y or k, 1895-1990) y los técnicos de la Asociación para la planificación regional en Estados U nidos. En la primera edición de Design with N ature , es pr ecisamente Lewis M umford ya preconizaba la importancia que tendría esta publicación. U nas décadas antes, en 1938, él mismo había escrito otro libro, The C ultur e of Cities , que también ha sido una r eferencia imprescindible en la biblioteca del urbanista. En su introducción, expone M umford que la ciudad es un hecho de la naturaleza, “ como una cueva, o como un hormiguero ”, y que, en definitiva, las ciudades son un producto también de la tierra. Las ciudades son emblemas de los asentamientos que empezaron en un proceso hacia la permanencia de los refugios, de la agricultura, de los huertos, de las canalizaciones de agua, y de la construcción de edificios permanentes de protección y almacenaje. E l régimen de la agricultura en el mundo rural pasa a las activas instituciones urbanas. La difer encia no es solo de tamaño, densidad o población o de recursos económicos. P ara el, el aspecto central de una ciudad es el hecho de que la ciudad funciona como un organismo especializado de transmisión social, si bien es a la vez el punto de máxima concentración del poder y la cultura de una comunidad, forma y el simbolo de una relación social integrada. [F . I-10] P ropuesta para The V alleys, Maryland (Baltimore, USA). Ian Mc Harg., Design with Nature, 1969. / a. El esprecto de un crecimiento sin control. / b. Crecimiento en extensión 1963-2000 / c. Características fisiográficas. / d. Uso óptimo del suelo. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 34 Las lecciones de M cHarg, Geddes o M umford no hacen sino r ecoger en cierto modo lo que ha sido la práctica del crecimiento urbano a lo largo de la historia. Desde un conocimiento profundo del medio, de la identificación de los espacios seguros, más convenientes, se elegían los emplazamientos para fundar ciudades, o para albergar nuevos cr ecimientos y expansiones de las mismas. N os situamos hoy en un contexto urbanístico en el que par ece que no podemos volver a plantear escenarios decisionales de este tipo, como si las fuerzas económicas o de las infraestructurales sectoriales fuese ya una causa determinante de las decisiones urbanísticas, como si la condición de ciudad compleja y difusa nos impidiese elaborar un diagnóstico y un plan certero para establecer una mediación acertada entre nuestras ciudades y sus entornos ambientales. El agua como constructor del territorio agrícola y del espacio urbano La estrecha conviv encia entre el contexto agrícola y el contexto urbano presentó con fr ecuencia conflictos y luchas entre los intereses netamente ciudadanos y los requerimientos de la práctica de la agricultura. Así ocurrió especialmente en algunos territorios en los que las especiales características del territorio obligaron a conformar unas ciudades estr echamente relacionadas con el paisaje agrícola, de tal forma ambos contextos se rigen por los mismos mecanismos de construcción. Es el caso por ejemplo del paisaje holandés, de pequeña escala, pero completamente hecho por el hombre (man-made). Es un paisaje definido por el agua. La mayor parte de este territorio se sitúa en los deltas de los ríos Rhine, Maas y Schelde, y se encuentra por debajo del niv el del mar ., y una buena parte de las regiones interiores de F riesland y G roningen que se encuentran separadas del mar por una franja de tierra. U na tierra fértil constr uida a base de construir canales de drenaje y de elevar el nivel de las tierras agrícolas. En estas r egiones interiores los pequeños pueblos se construían sobre colinas artificiales (conocidas como “ terpen ” o “ wierden ”) que serían protegidas después con diques, y que siempr e convivirían con un sistema de inundaciones. Los N etherlands, república con una organización federal de siete provincias (G roningen, F riesland, Holland, Zeeland, U trecht, Overijssel y Gelderland) república de ciudades estado, que tenían una organización federal que se centraba sobre todo en aspectos militar es y de asuntos exteriores.… en el siglo XVII era un conjunto de ciudades pujantes, con un boom demográfico muy considerable, con una economía basada principalmente en el comercio internacional, que en ocasiones dobló el tamaño de algunas ciudades. U n sistema urbano que dio respuesta al cr ecimiento urbano, conser vando las trazas medievales, y apo yándose en los entornos agrícolas. En un territorio lleno de vías de agua que ser vían para drenar el terr eno, situado casi al nivel del mar por debajo de el, las vías de agua eran medios más cómodos para el transporte de mercancías y también de pasajeros, más cómodos que los caminos y carreteras. N o muy rápidos pero sí muy puntuales. [F . I-11ab] [F . I-11] Esquemas de ciudades holandesas. Fuente: Cor W agenaar a. Haarlem. b. Leiden. 35 U n sistema de canales que tenían que ser adecuadamente conser vados. La densidad de estos canales dependía de la calidad del terreno: en z onas de terrenos ar cillosos estos canales podrían estar más separados entre sí, pero en terrenos malos, debían construirse los canales más próximos para hacer cultivables los campos. Los molinos de viento conseguían sacar el agua de estos canales (“ ditches ”) hacia el cauce de los ríos o a los deltas de los ríos. Es sobradamente conocido que el P older es la componente esencial del paisaje holandés. La técnica del poldering ha perfecccionado un sistema de infraestructuras-paisaje que se caracterizan por su terreno completamente llano, parcelado con tramas ortogonales, con un sistema regular de ditches y un canal perimetral, con molinos de viento que drenan este canal y extraen el agua al exterior del polder . El cr ecimiento de la población en las ciudades holandesas exigió unas inversiones muy importantes en ganar terreno para la agricultura, y entr e los años 1610 y 1631 la superficie agrícola se incrementó, por las técnicas de poldering, casi un 40%. Con posterioridad este territorio de polders se ha utilizado también con fines militares, ya que han conformado una “línea de agua ”, de manera que simplemente dejando inundar estos terrenos, se cr eaba una línea pantanosa infranqueable para los batallones. La primera linea fue construida en 1672, pero no protegía a la ciudad de U trecht. La “ nueva línea de agua ” que sí incluía U trecht se empezó en 1815 y se mantuvo operativa hasta los años 1930. La técnica de polders se ha seguido utilizando, y durante la primera mitad del siglo XX se polderizó una pro vincia entera, Flevoland. E n los crecimientos urbanos del siglo XVII son siempre habituales el uso de la trama ortogonal y la existencia de canales, en el interior de la trama urbana y en el perímetro fortificado de las ciudades. U na regulación de la edificación muy estricta que explica la estandarización en la edificación. Casi todas las ciudades fueron objeto de planes de extensión. En Amsterdam, se pr oy ecto el area de “J ordaan ”, para trasladar industrias y viviendas pobr es, ya que los canales tenían un nivel algo inferior a la z ona central. Como señala el historiador Cor W agenaar (1960 - )este es un buen ejemplo del urbanismo holandés, en el que el “ paisaje urbanizado ” es decir la trama de parcelas y ditches agrícolas determina la orientación de las calles y los canales de la ciudad. 12 Espacios hidráulicos como mediación ciudad-campo La ciudad de Rotter dam ha protagonizado interesantes experiencias en materia de gestión del agua y pro yecto de ciudad, y uno de sus inter esantes episodios corresponde con el “W ater P roject” de mediados del siglo XIX. La causa de la epidemia de cólera sufrida en 1832 tuvo como una de sus principales causas el hacinamiento de la población en la ciudad y el lamentable estado del agua de los canales de la ciudad, que tenían un agua sucia y contaminada, con un olor insoportable. La situación ponía de manifiesto, además de un problema eminentemente higiénico, un conflicto entre los inter eses de la agricultura y la ciudad. A los agricultores les inter esaba un nivel bajo en los canales, para mejorar el drenaje de los campos, per o desde el punto de vista de la vida en 12 Cor W agenaar , 12011: 45. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 36 la ciudad lo más conveniente r esultaba elevar el nivel del agua, para poder arrastrar los desechos urbanos acumulados en los canales, auténticas cloacas urbanas, y poder así empujarlos hacia los ríos. Willem N icolaas R ose (Cheribon, 1801-1877) era entonces el arquitecto municipal de Rotter dam 13 , y este problema le llevo a formular en 1841 el “ W ater pro yect” para la ciudad, un pr oyecto que difer enciaba con nitidez el régimen de las aguas urbanas y el régimen de las aguas agrícolas del entorno . El P royecto de Agua surge desde el momento en que el agua de los canales y vías fluviales de Rotter dam tenía tres funciones: el agua de lluvia y aguas residuales domésticas; un v er tedero y los residuos; la fuente del agua potable. P ropuso una intervención altamente ambiciosa, que consisitía en separar separar la Schie y putrefacto de las aguas de la ciudad, golpeando poz os de agua potable, la construcción de nuevos canales, que regularmente se lava con agua fresca y se trasladó desde los matader os a un sitio en las afueras de la ciudad. [F . I-12ab] El diseño de R ose de 1841 fue considerado por el consejo de la ciudad de Rotter dam como demasiado caro, que se decidió sólo para llevar a cabo la parte occidental. Después de los años que el cólera brotes pero seguía llegando, decidió en 1854 a un plan revisado todavía r ealizar para toda la zona. En esta segunda v ersión el dique periférico se transformó en un canal con características de inter vención paisajística, un jar dín diseñado por J.D. Zocher . Era un pro yecto paisajístico creado de nuev o, aunque similar al que resultaba en otras ciudades al demolerse las murallas. En 1862 comenzó la construcción de los canales, que fueron completados por el sucesor de Rose, GJ de J ongh. Dos complejos individuales en los polders estaban implementando el P ro yecto de Agua alrededor de la ciudad diseñada con al final de la cinta una estación de bombeo .El agua dulce se deja en la N ieuwe M aas desde. Esta agua se sonrojó a través de los canales y ríos hasta el nivel más bajo pólder y estaba en el suelo otra vez bombeada de nuevo en la N ieuwe M aas. Los canales fueron tratados por los famosos arquitectos paisajistas Z ocher Ene David y su hijo Louis P aul Zocher y formaron un entorno atractivo para la capa superior de la población de Rotter dam. La calidad del agua superficial en R otterdam mejoró significativamente, aunque el problema de los brotes de cólera no llegó a r esolverse de forma completa, cuestión que se atajaría de manera definitigva con el establecimiento a partir de 1870 del abastecimiento municipal de agua potable, y con el inicio en 1873 de la construcción de sistemas de alcantarillado municipales. Sistemas de agua multifuncionales: infraestructura de mo vilidad y dr enaje del territorio Es en este mismo contexto de la ciudad burguesa, necesitada de nuevos espacios de repr esentación social, en el diseño de los bulevares y los salones [F . I-12] “W ater project” de R otterdam (Holanda). a. Plano de R otterdam, 1698. b. “W ater project”. Willem Nicolaas R ose, arquitecto municipal, 1841. 37 de paseo, cuando se formula un instrumento que va a resultar crucial en el siglo XX. Se trata del un paso que ahora par ece obvio, pero que entonces no lo era. S uperar la visión y consideración de los bulevar es y parques como elementos autónomos, entidades aisladas, y entenderlas como un sistema de continuidades espaciales, un conjunto articulado que tomará como principal argumento de conexión precisamente determinadas funciones del territorio . Es el nacimiento de los sistemas de parques r ealizado por el pionero del paisajismo, F r ederick Law Olmsted (H artford, Connecticut, USA, 1822- 1903), y que tanta reper cusión tendrá posteriormente en el urbanismo del siglo XX. Resulta inter esante analizar las primeras propuestas de este paisajista, como la correspondiente al S outh P ark en Chicago (1871), que r ealizó conjuntamente con el arquitecto y paisajista londinense Calvert V aux (1824- 1895), en el que el parque interior se conecta, a través un parque lineal con otro parque abierto al Lago M ichigan. Los parques conforman un espacio confinado por la edificación perimetral, son piezas relativamente constr eñidas por la trama ortogonal del espacio constr uido, autentico protagonista del espacio urbano, en el que lo ver de queda como ‘ enclave ’ o ‘reducto aislado ’. Olmsted y V aux inician r ecorren a partir de estos pro yectos una trayectoria que resultará clav e para la historia del urbanismo contemporáneo. E n el P rospect P ark de Brooklyn (N ew Y ork), que es considerado también uno de sus mejores trabajos, consiguen formalizar un tipo de itinerario que adopta la forma del parque, y que con sus trazas sinuosas permite la consducción de vehículos en armonía con el disfrute de los nuevos espacios ver des de la ciudad. En este parque, se consigue formular este planteamento en el perimetro del parque, desligándose de la forma poligonal de las fachadas urbanas. [F . I-13] P er o es en la propuesta del Sistema de P arques que r ealizan para conectar el Common de Boston con el F ranklin P ark ligando una serie de espacios que tienen como protagonista al río M uddy y al sistema de barrancos que drenan hacia la bahía del río Charles en Boston. En este caso, el sistema denominado “Emerald N ecklace” conecta el Common de Boston hasta el F ranklin P ark, a través de una serie de piezas como el Arnold Arboretum, el J amaica P ark, el Leverett par k, The F ens Bay y la A venida Commonthwealth. Es toda una infraestructura de mo vilidad y de ordenación urbana, que ejemplifica de manera sobr esaliente su idea de las vías-parque como organizadoras de los nuevos desarr ollos urbanos, pero principalmente, la intervención es también una infraestructura sanitaria. The Back B ay F ens fue diseñado como un mecanismo sanitario, con una balsa de 30 acres de superficie para almacenar agua en momentos de cr ecida del nivel del agua en la bahía de Boston o la recogida de aguas r ecogida por el arro yo S tony en periodos de tormentas, y que permite una inundación de agua salada de unos 20 acres adicionales en estos casos. [F . I-14] La infraestructura verde, en este caso infraestructura hidráulica y de mo vilidad, es de facto, la forma de la ciudad. El espacio ‘ vacío ’, o ‘libre ’adquiere mayor pr otagonismo que las áreas edificadas. Los parques pasan a ser entonces también una infraestructura de la ciudad, un sistema [F . I-13] P rospect P ark (Brooklyn, New Y ork). F . L. Olmsted y C. V aux, 1860s. [F . I-14] “Emerald Necklace”, Sistema de parques desde el Common de Boston hasta el Franklin P ark. Boston (New England, USA). F . L. Olmsted y C. V aux, 1878-1880. 13 Willem N icolaas Rose fue ar quitecto muni- cipal de Rotter dam desde entre 1839 y 1855 y en su trabajo tuvo una gran influencia en el desarrollo de Rotter dam desde 1839. Diseño unos 150 edificios aunque la mayoría de ellos han desaparecido . I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 38 de drenaje territorial, y también un sistema de cir culación y transpor te, un planteamiento que traslada al orden urbano la forma del territorio . Esta cuestión del sistema de parques no tar da en generalizarse y convertirse en una excepcional herramiento de planificación urbana. E l arquitecto N icolau Rubió y T uduri presentó en 1926 una ponencia en el XI Congr eso N acional de Arquitectos que tuvo lugar en M adrid. El tema era pr ecisamente “El problema de los espacios libr es ” y en esa ponencia condenaba enérgicamente el fraccionamiento sistemático de los espacios ver des de la Ciudad. Reconocía que la eficación de los espacios libres aumentaba si se unían en lo posible por medio de avenidas-jar dín que permitan a los paseantes trasladarse de unos a otros “ sin tener que pasar por el tumulto del tráfico ” Y tiene claro también el concepto de cuñas ver des: “Conviene que los par ques suburbanos for men una cintur a y que los par ques exterior es se introduzcan a veces hasta ella, en forma como las cuñas del paisaje clavadas en la ciudad. U na mejor circulación de air e puro y una apariencia de mayor pro ximidad del campo libre son las consecuencias benéficas de este sistema ”. 14 Y una cuestión muy interesante en su discurso en el papel que otorga a los parques fluviales. P ropone que se conser ven grandes espacios libres junto a los ríos Llobregat y B esós. Y plantea que en vez de convertir estas franjas amplias en parques, que pueden r esultar sin duda muy onerosos, se consideran como “ reservas agrícolas ”. 15 La relación ciuda campo también había tenido momentos inter esantes cuando los espacios agrícolas son vistos como terrenos filtr o para la depuración de las aguas residuales urbanas. D esde la planificación de las infaestr ucturas de saneamiento, se contempla la elección de los terrenos agrícolas más adecuados para esta función, en función de su posición con respecto a los vientos dominantes, de su cota de vertido respecto a la cota de la ciudad, de la condición edafológica de los terrenos, etc. S e contempla, por tanto, un sistema infraestructural que tiene en cuenta la capacidad del territorio agrícola para cumplir la función de territorio-filtro depurador . La dimensión cultural de lo agrícola En las intervenciones proy ectuales la dimensión cultural de lo heredado, ese “ apr ender a constr uir sobre lo construido ” es un aspecto cada vez más valorado . En el entorno de nuestras ciudades, el valor de la huerta como sistema estructurante se refuerza, especialmente en algún caso, como en la H uerta de V alencia: “Construir sobre lo construido puede consider arse como un procedimiento; como una consider ación de partida. Entendiendo que la permanencia de la huella tiene en sí un valor y que tanto el territorio urbano como el rur al han sido colonizados y construidos a lo largo de 2000 años (..). De esta maner a podemos abor dar esa dualidad propia de nuestr a sociedad, las vinculaciones entr e 39 14 Rubió y T udurí, N., “El problema de los es- pacios libres. D ivulgación de su T eoría y N otas para su solución práctica ”: 80. 15 Íbidem: 82. 16 P onencia “Cultura y Civilización ”. El valor de la huerta como sistema estructurante del área metropolitana, pr esentada en el Seminario sobre “La H uer ta en el Area M etropolitna ” -UIMP-V alencia J ulio-2001. cultur a y civilización, aspectos que deben resolverse de maner a consensuada dentro del territorio de l ’horta, siendo conscientes de que no se tr ata de una r elación fácil ya que desde el origen de la civilización existe una situación de conflicto entr e ciudad y territorio . E l conflicto entr e lo rur al y lo urbano , entr e civilización y cultur a, ha estado pr esente y ha marcado las r elaciones entre la ciudad y el territorio . P ero es inter esante el difer enciar estos ámbitos: lo que entendemos por cultur a y por civilización. La civilización, mas vinculada al pensamiento de los pueblos y las r elaciones entr e sociedades, donde su escenario la ciudad y su escala las naciones, los gr andes territorios. La cultur a, por su parte habla de los individuos, de los hombr es y mujer es que forman una comunidad, de su maner a de vivir , de comer , de tr abajar , de sus ilusiones y de sus creencias. La cultur a está directamente vinculada a la tierr a donde nace. Lo r ur al en este caso es par adigma de la cultur a, pues nos acerca a los orígenes, a los ancestr os. E l paisaje rur al ofr ece la escala y el ritmo en el que se da la cultur a, es el r esultado de su compromiso con la natur aleza. Si entendemos el paisaje como compr omiso entr e natur aleza y cultur a, podemos afirmar que si cambian las premisas cultur ales, cambia el paisaje. Así, podemos ver en nuestro territorio cómo los cambios no están sólo afectados por una cultur a r ur al, sino por la potente civilización en la que vivimos, una civilización que ata ciudades entr e sí, desvía ríos, corona cor diller as con molinos de viento, construye potentes líneas eléctricas que no se entienden desde la lógica de la propia tierr a, sino de las ciudades lejanas a las que hay que tr anspor tar energía, nos damos cuenta de lo frágil que r esulta el paisaje rur al fr ente a tr ansformaciones de la civilización contemporánea. P or ello el interés en valor ar y saber leer el paisaje agr ario , alejándonos de su mero v alor como canter a, pensando en la tabla r asa como punto de partida en la nueva construcción del territorio . ” 16 En B arcelona, el pro yecto del P arc Agrari del Baix Llobr egat intenta rehacer y reestructurar la antigua trama agraria del Delta, un lugar privilegiado de la región metr opolitana y con un papel trascendental en la búsqueda de un equilibrio ecológico . La antigua estructura de campos, con su retícula, sus unidades agrarias, caminos de agua y de tierra, se convierte en la matriz del pro yecto . S e trata de planteamientos de mayor calado que la mera atención al aspecto topográfico, propios de la disciplina estrictamente arquitectónica, aunque con excelentes ejemplos (E nric Miralles y Carmé P inós, escuela H ogar en M or ella, Castellón, 1986 o el P arque Cementerio en Igualada, Bar celona, 1985-86). En definitiva, tener en cuenta los ecosistemas naturales y los paisajes transformados históricamente por el ser humano es uno de los principios del nuevo paisajismo de principios del siglo XXI. Es lo que se ha tenido en mente en la mínima inter vención en el acceso y en los r ecorridos para rev alorizar los antiguos cultivos del P arc dels V olcans en O lot (2003), de Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón V ilalta; un lugar en el que confluyen las morfologías de los ecotopos y de los campos de cultivo . I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 40 Y caminan paralelos estos esfuerzos con las trayectorias r ealizadas desde los años 80 por algunos autores y paisajistas, que desarr ollan su campo en el “ espacio libre ”, muy orientados hacia la inter vención paisajística, hacia la creación de nuev os paisajes, más que hacia la recuperación de los tradicionales. Elías T orres y J osé Antonio Martínez Lapeña fueron pioneros en España, e introdujeron algunos aspectos como la atención a la topografía, la vegetación, dunas, muros, las técnicas agrícolas, o en el ámbito univ ersitario, las reflexiones e inv estigaciones apasionantes sobre la construcción de los territorios dispersos, como los realizados por Xavier E izaguirre en Bar celona, preocupado por la búsqueda de pautas y modelos de or den en los territorios rurales. 17 Existe un apr eciable cambio de sensibilidad hacia los paisajes agrarios de nuestras ciudades, ya que cada vez somos más conscientes de que, en definitiva, las tramas agrícolas que se encuentran ‘junto a ’ o ‘ en medio de ’ nuestras ciudades constituyen en buena medida la memoria de la ciudad. Y cada vez más, los pro yectos urbanos de reno vación de ámbitos periféricos, encuentran en las tramas agrícolas su leit-motiv o argumentos de diseño . El agua como hilo narrativ o y ar ticulador en los cascos urbanos Los cursos de agua que han quedado bajo la ciudad, pero que todavía mantienen una función y por tanto son objeto de la correspondiente conser v ación por par te de las Comunidades de r egantes o de los Organismos de C uenca, tienen un potencial enorme. N os permiten leer , entender , valorar la estructura territorial del asentamiento urbano desde una lógica distinta a la que captamos y percibimos en la ‘ epidermis urbana ’ en la que nos desenvolvemos. J oaquín Araujo hace una referencia a la importancia de lo oculto, hablando del agua: ../.. T odo lo esencial se esconde tr as las difer entes envoltur as y aunque hayamos convertido a la superficie en r epresentante omnímodo de todo lo demás, lo que importa queda detrás, debajo o encima de lo epidérmico. E n consecuencia podemos afirmar que el agua es mucho más que lo flotante- O que lo que del agua vemos es sólo una ínfima por ción de lo que no vemos. Y no vemos ni el agua de debajo ni la de encima, la que queda como vapor , ni mucho menos la que contienen los ser es vivos, todos ellos odr es. 18 La antigua red de acequias del lago de B anyoles (Gir ona) ha sido utilizada como desagüe de sus aguas para el apro vechamiento agrícola, para regar los campos de cultivo y los huertos y para el uso doméstico de la población, tal y como lo demuestran los antiguos lavaderos de la P laceta y de Els Dos Arbres. S e trata de una actuación que se remonta al siglo IX, cuando los monjes benedictinos decidieron canalizar las aguas del lago para conseguir zonas fértiles para el cultivo y saltos para mo ver las ruedas hidráulicas. C uando la tecnología fue arrinconando estos canales de los usos industriales tradicionales, sólo quedaron como fuente de r egadío para huer tos y campos. La ciudad también creció y , poco a poco, las acequias, entonces enterradas, pasaron a utilizarse como r edes de alcantarillado, en vez de transpor tar agua [F . I-15ab] R ecuperación de las antiguas acequias en el Casco antiguo de Banyoles (Girona). Josep Miàs, 1998-2008. a y b. Fotografías de la actuación realizada. 41 limpia, tal como en su origen. T odo ello pro vocó que gran parte de los tramos urbanos por los que transcurrían estos canales quedasen sepultados. El Ayuntamiento de B anyoles conv ocó un concurso para la urbanización y diseño del espacio público en el Casco Antiguo de la localidad, resultando ganador el equipo del arquitecto J osep Miàs. Se trata de una actuación que ha sido desarrollada en el periodo 1998-2008. E l casco antiguo de Banyoles se vuelve peatonal y se han descubierto las acequias se utilizaban para regar los huertos, que estaban tapadas y se estaban utilizando como conducciones enterradas de alcantarillado en vez de transportar agua limpia, tal como era su función original. [F . I-15ab] Lo interesante para el tema que nos ocupa es que las antiguas acequias se hacen visibles en sus recorridos en todo el núcleo antiguo, quedándose abiertos o reconstruyendo su sección en la calle por donde circula. E n algunos puntos los canales están abiertos de manera que se formen pequeñas albercas o estanques que contienen láminas de agua para que los niños puedan jugar . El pr oyecto plantea la r ecuperación de los espacios urbanos para el paseo y reposiciona los canales con su r ecorrido original en las calles de la ciudad. El agua como argumento de r egeneración urbana y social M uchas ciudades mantienen en su subsuelo ríos que el crecimiento urbano decidió esconder , cubrir y ocultar para permitir el trazado de nuev as calles o avenidas. Y también acequias o riegos que discurren enterradas bajo las calles o las manzanas residenciales. Con carácter general, estos cauces ocultos son ‘ permanencias urbanas ’ de épocas en las que lo urbano y lo agrícola consideraba escenarios de mediación. Son los ríos ‘ perdidos ’ o los ríos ‘ negados ’, sacrificados en aras a la modernidad y el cr ecimiento. P ero por lo general, salvo en actuaciones de desterramiento o desvío del cauce, el río sigue allí, bajo el estrato urbanizado de la ciudad, y son una oportunidad que puede aflorar . Algunas de estas ciudades han acometido actuaciones de recuperación de estos cauces, como Londres (con los ríos tributarios del Támesis), Madrid (con la recuperación del río M anzanares en la operación M adridRío), o Seúl (r ecuperación del río Cheonggyecheon). Y en todos los casos existen planteamientos de regeneración urbana de espacios centrales, con objetiv os de rev alorización de áreas vulnerables y cohesión social. [F-I.16ab] A unque el sistema hidráulico de riego es una red secundaria de la fluvial, en muchos casos su relación con los pr ocesos de construcción urbana ha sido mucho más estrecha. E n el panorama español, ciudades muy vinculadas a amplias vegas, como V alencia, G ranada, M urcia y otras muchas poblaciones, están acometiendo interesantes actuaciones en materia de r ecuperación de un patrimonio hidráulico de elevadísimo interés, tanto en ámbitos periurbanos como netamente urbanos. [F-I.17] Los planes que mayor éxito pr esentan son aquellos que son capaces de [F-I.16] Seul. a. R epresentación del sistema fluvial en la ciudad histórica/ b. R epresentación del Sistema hidráulico, escala territorial. 17 Consultar el artículo de Xavier Eizaguirre: E l T erritorio como arquitectura. De la geografía a la arquitectura del territorio, en Debats d ’ Arquitectura i U rbanisme, publicación de la Demarcación de Lleida del CA C, nº 12. Otoño de 2000. 18 J oaquín Araujo, 2007: 33. I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 42 integrar esta dimensión transversal que tiene el agua circulante en el ámbito urbano (desde su papel articulador de espacios públicos vinculado a espacios productivos, desde su argumento de r egeneración urbana, desde su potencial como hilo narrativo y articulador; desde su evocador rol r especto a antiguas tramas agrarias, caminos y muros; desde su capacidad de ser infraestructura de mo vilidad y de drenaje del territorio; desde su consideración como espacios de mediación ciudad-campo; y desde su configuración de escenarios ecológicos. Algunas ciudades han asumido este reto y han r edactado estrategias a medio y largo plazo para conseguir ser ‘ ciudades-agua ’. Rotter dam y su estrategia Rotter dam W aterCity 2030 es uno de los ejemplos más sobresalientes en este campo, por su capacidad para asignar roles a todos los espacios de la ciudad, con una visión integral del sistema hidráulico urbano, en la que el binomio ciudad-naturaleza intenta alcanzar una relación lo más intensa posible. [F-I.18] [F-I.17] P ropuesta para el Plan Director de los parques integrados de Alcantarilla (Murcia). P anel que muestra los ‘Hidrotopos’ (río Segura, ramblas, humedales pluviales, red de aceauias, depósitos pluviales urbanos, etc.) y los ‘Sociotopos’ (Agenda 21, talleres de participación ciudadana, oficinas gestoras, etc.). [F-I.18] R otterdam W ater City 2030. Plano de imagen final en el año 2030. 43 I.4. mÉT ODO Y fUENTES DE INvESTIGACIÓN Consulta de expedientes en archiv os El trabajo de T esis toma como punto de partida la experiencia acumulada por el autor durante muchos años de trabajo profesional en el campo de la arquitectura y el urbanismo en la ciudad de Zaragoza y un conocimiento r eal de la evolución r eciente de la ciudad de Zaragoza en los últimos 30 años. A partir de la lectura y consulta de las principales publicaciones relacionadas con la evolución histórica de la ciudad, el trabajo inicial ha consistido en la investigación de la documentación disponible en varios ar chivos de la ciudad Zaragoza, y en la búsqueda de pro yectos y actuaciones r ealizadas sobre los ríos o sobre las estructuras agrícolas. En este sentido, han sido importantes las consultas realizadas en el ar chivo de la Confederación H idrográfica del Ebr o, en el Archivo de la D iputación P ro vincial de Zaragoza, en el Ar chivo histórico del Ayuntamiento de Zaragoza, y en el del S er vicio de Infraestructuras del Ayuntamiento de Zaragoza. El Ar chivo de la Confederación H idrográfica del Ebr o (P aseo de Sagasta nº 24-26. Zaragoza) está situado en el sótano del ex celente edificio sede de la Confederación, pro yectado por Regino Bor obio y J osé Beltrán en 1928. Con la inestimable ayuda de su responsable, Consuelo Pér ez Romeo, he podido consultar y en algunos casos obtener documentación digitalizada sobre pr oyectos de puentes, de encauzamientos, de defensas, etc. r edactados para la realización de distintas obras en las márgenes de los ríos de Z aragoza: Ebr o, Gállego y H uer va. T ambién me ha facilitado información existente en el Archivo de la Casa del Canal I mperial de Aragón, ya que este segundo archivo depende asimismo del Ar chivo de la Confederación H idrográfica del Eb ro. En el Archiv o de la Diputación P rovincial de Z aragoza (Plaza de España, 2. Zaragoza) he encontrado información sobr e algunos proy ectos relevantes impulsados desde esta institución, como la G ranja Experimental o el Manicomio de Z aragoza. Algunos planos relevantes r elativos al puente de San J osé, a los terrenos de T orre Ramona, etc. han sido escaneados por el técnico Alvaro Lafuente para su incorporación a esta T esis Doctoral. El Ar chivo H istórico del Ayuntamiento de Zaragoza (Archivo-B iblioteca- H emeroteca “P alacio de M ontemuzo ” en calle S antiago nº 34; y Archivo Central, en Vía H ispanidad, nº 20, Z aragoza). Las consultas en el Archivo H istórico “P alacio de Montemuz o ” han sido cruciales para clarificar determinados episodios como la tramitación del Ensanche de Zaragoza o las licencias de los barrios particulares. En concr eto he consultado expedientes sobre las primeras par celaciones, anteproy ecto de ensanche de Zaragoza, I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 44 barriadas y actuaciones residenciales, etc. Y en el Archivo central, situado en el reformado edificio del antiguo S eminario metropolitano de Zaragoza, he consultado expedientes urbanísticos más recientes. Asimismo, ha resultado trascendental la consulta de documentación disponible (planos, ordenanzas, informes sobr e situación actual, planes estratégicos, etc.) en los archivos de las Comunidades de R egantes de los términos de riego lindantes con la ciudad (Miraflor es, Miralbueno, Almotilla y Miralbueno el viejo, Almozara, y Rabal). D e la consulta en estos Archivos he extraído información relev ante, relativa especialmente a los primeros planos catastrales, y a la evolución de los territorios r egados, y de manera especial las conversaciones con los gestor es han resultado también de interés, para recabar datos importantes. En el Archiv o Car tográfico y de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del E jército (calle Dario Gazapo, 8, 28024 M adrid) he tenido acceso a dos planos del Canal Imperial de Aragón, de gran interés. T ambién he obtenido relev ante documentación sobre las instalaciones de T orrero en los archivos del A cuartelamiento de San F ernando, en T orr ero. Con carácter adicional, la página web del Ayuntamiento de Zaragoza dispone de una información en la red que r esulta muy útil especialmente en documentación de cartografía histórica. Asimismo, el SIT AR (S istema de Información T erritorial de Aragón). http://sitar .aragon.es/cartoteca ha sido de gran utilidad. Y , por ejemplo, he descargado los archivos de los mapas de la colección de Mapas N acional T opográfico parcelario, elaborados por el Instituto G eográfico y Catastral, a escala 1/2000, en los años 1949-1951 (aprox.). P ara la obtención de fotografías históricas ha resultado impr escindible recurrir al G ran Archiv o de Zaragoza (P roy ecto GAZ A), organizado por J osé María B allestín Miguel y Antonio T ausiet en 2014. Este archivo pr esenta de forma ordenada multitud de imágenes de Z aragoza con datos identificativos pro veniente de varias fuentes, entre ellas, fotografías de Asociaciones de V ecinos, archivos del Ayuntamiento de Zaragoza y la Diputación P ro vincial de Zaragoza, del Gobierno de Aragón, la fototeca del P atrimonio H istórico del Gobierno de España. Elaboración de una cartografía GIS “Zaragoza desde el agua ” El trabajo de inv estigación se ha apoyado principalmente en planos de la ciudad, planes y propuestas de or denación, y en proyectos de actuaciones concretas. P ara poder realizar este trabajo de análisis comparado, y poder seguir la evolución de los distintos elementos, ha sido pr eciso realizar una cartografía específica para el trabajo, que se ha denominado “Zaragoza desde el agua ”. Se trata de una serie de planos que pr etenden ilustrar la evolución de la ciudad en su conjunto, la evolución de los ámbitos corr espondientes a las distintas Comunidades de regantes, y la ev olución experimentada en los tres ríos de la ciudad. 45 La serie de planos “Zaragoza desde el agua ” queda integrada por los siguientes 26 planos: 1. Ciudad y estructura hidráulica. 1.1. Ciudad y estructura hidráulica. c. siglo XVIII (antes del Canal Imperial de Aragón) 1.2. Ciudad y estructura hidráulica. c. 1898. 1.3. Ciudad y estructura hidráulica. c. 2008. 2. Comunidades de Regantes y expansión urbana. 2.1.a. Miraflor es. c. 1898. 2.1.b . Miraflor es. c. 2008 2.2.a. Miralbueno . c. 1898. 2.2.b . Miralbueno . c. 2008. 2.3.a. Almozara. c. 1898 2.3.b . Almozara. c. 2008. 2.4.a. Rabal. c. 1898 2.4.b . Rabal. c. 2008 2.5.a. Almotilla y Miralbueno el viejo . c. 1898. 2.5.b . Almotilla y Miralbueno el viejo . c. 2008. 3. P ropuestas e interv enciones en los ríos. 3.1.a. Río H uerva. P ropuestas e I nter venciones (I). 3.1.b . Río H uer va. P ropuestas e I nter venciones (II). 3.1.c. Río H uer va. P ropuestas e Intervenciones (III). 3.2.a. Río Ebr o. P ropuestas e I nter venciones (I). 3.2.b . Río Ebro . P ropuestas e I nter venciones (II). 3.3.a. Río Gállego . P ropuestas e Intervenciones (I). 3.3.b . Río Gállego. P ropuestas e I nter venciones (II). 4. P ropuestas e inter v enciones en el secano. 4.1. Orla suroeste. Ar cosur / PL A-ZA. 4.2. Orla sur este. Barranco de la muerte. 5. Expansión urbana y r egresión agrícola. 5.1. Expansión urbana y r egresión agrícola. 1872. 5.2. Expansión urbana y r egresión agrícola. 1938. 5.3. Expansión urbana y r egresión agrícola. 1964. 5.4. Expansión urbana y r egresión agrícola. 2008. La cartografía GIS (QGIS) “Zaragoza desde el agua ” se ha elaborado con los siguientes planteamientos técnicos: Planos de la situación c. 2008 Los planos de estado actual (se adopta la fecha 2008 por ser una fecha de reconocida transcendencia en la ciudad, aunque algunos elementos corresponden a actualizaciones ligeramente posterior es) se realizan con los archivos principales descritos, y se completan con dibujo pr opio, principalmente tomando como refer encia la ortofoto reciente del servidor I. IntroduccIón. La cIudad y Los p aIsajes deL agua 46 WMS de IDEARAGON: http://idearagon.aragon.es/AragonF oto Base polígonos color . - Origen: Clasificación del suelo . PGOU Zaragoza (actualizado 2008). - F ormato: dgn - T ransformación: exportación a shape y coloreado . Base morfológica. - Origen: B TN25, IGN (base T opográfica N acional, Instituto G eográfico N acional) - F ormato: shp - T ransformación: extracción del ferrocarril, masas de agua y elementos hidrológicos (vales, canales, etc.) Planos de la situación c. 1898 P ara confeccionar estos planos (se adopta esta fecha por tener un recorrido de cien años hasta el año 2008, y por contar con importantes planos de la ciudad realizados por el topógrafo D ionisio Casañal, y por ser un momento incipiente de transformación, en el las transformaciones sufridas en la estructura agrícola son todavía mínimas) se han tenido en cuenta dos colecciones de planos que he considerado relev antes, a par tir de los F ondos Cartográficos del Archivo Técnico del Instituto G eográfico N acional. P or una parte, los planos catastrales del Instituto Geográfico y Catastral (M apa N acional T opográfico parcelario), que con un meticuloso recorrido de P olígonos rústicos y hojas numeradas en cada uno de ellos, elaborados en varios años, de 1947 a 1951, apro ximadamente, car tografían todo el término municipal, a distintas escalas 1/2000 ó 1/5000. M uestran las zonas en las que la ciudad habría de crecer en el desarr ollismo. Hasta entonces la ciudad ha crecido sin un plan general apr obado. Es el primer plano grafía solo lo rústico, con arreglo a polígonos de suelo rústico, que adoptan los r ecor tes de las acequias, términos de riego, los cauces fluviales, etc. Y , por otra parte, el plano de población elaborado por el Instituto G eográfico N acional, de 1935, distribuidos en hojas, a escala 1/500, en una retícula de hojas iguales. Estas dos bases aportan la estr uctura rural sobre la que se estaba construyendo la ciudad con anterioridad a la aprobación del Plan G eneral de 1957, y con la combinación de ellas (zona urbana 1930, y zona rústica 1950) se consigue tener una información cartográfica muy útil para complementar las bases cartográficas de mayor antigüedad. Se han utilizado como r eferencia las bases morfológicas y topográficas del estado actual, redibujándolas manualmente de acuer do a los planos detallados a poteriori. Se puede ilustrar con el ejemplo de la topografía, en la que se apro vechan las cur vas de nivel que se entiende que no han v ariado con el tiempo y se reemplazan las que han sufrido modificaciones. [F-I.19] T opografía: - Origen: C ur vas cada 5 metros, extraidas del MDT -05, IGN (Modelado Digital del T err eno, Instituto Geográfico N acional). - F ormato: shp - T ransformación: corte y reemplazo de líneas modificadas. [F . I-19] Elaboración de la base cartográfica 1898 y 2008. 47 Acequias y ámbitos de las Comunidades de R egantes - Origen: Comunidades de R egantes de Rabal, Almozara, Almotilla y Miralbueno el viejo, M iralbueno, M iraflores, conjuntamente con el plano de acequias suministrado por el Servicio de Infraestructuras del Ayuntamiento de Zaragoza. - F ormato: dgn - T ransformación: se completan con ortofoto y planos antiguos, y se representan según su situación actual (descubiertas, cubier tas o desparaceidas), y según el río origen de las aguas circulantes (E bro, Gállego, J alón o H uer va). T opografía: - Origen: MDT -05, IGN (Modelado D igital del T erreno, I nstituto Geográfico N acional) - F ormato: asc - T ransformación: se realiza un hipsométrico color eando y un sombreado de pendientes para superponerlo a las acequias y vales existentes. - P aso 1: se r ealiza un hipsométrico coloreando y un sombr eado de pendientes para superponerlo a las acequias y a los vales existentes. - P aso 2: se extraen las curvas de nivel cada 5 metros. Planos s. XVIII Los planos correspondientes a la situación en la que se encontraba el territorio de Zaragoza antes de la construcción del Canal Imperial de Aragón se ha realizado utilizando las mismas bases de c. 1898 y c. 2008, modificándolas con planos georrefer enciados y consultas. Planos y mapas georr eferenciados La georrefer enciación se ha realizado con el complemento por defecto de QGIS, utilizando como base los planos del Plan General de O rdenación U rbana de Zaragoza, así como el WMS de capas or tográficas actuales e históricas, buscando encuadrar principalmente los cursos de agua, objetivo de la investigación. [F-I.20] Se han utilizado los siguientes planos generales (se indica la cantidad de puntos y el modo de transformación, Thin P late S pline): - Siglo XV municipio . “Mapa de los términos rurales de Zaragoza ” . Zar agoza en el siglo XV . María I sabel F alcón Pér ez. 26_TPS - 1869-1872. Ciudad. Plano de Zaragoza. D epósito de la Guerra. 156_TPS - 1935. Ciudad. P arcelario de Z aragoza. Instituto G eográfico y Catastral. 324_TPS - 1938. Ciudad. Plano de Zaragoza, Bor obio y Beltrán, arquitectos. 240_TPS - 1950. M unicipio . Mapa N acional T opográfico. P arcelario I nstituto Geográfico y Catastral. 449_TPS - 1964. Ciudad. Plano de la ciudad de Zaragoza. A. M agalé e hijo. 309_TPS Planos auxiliar es Intervenciones en el río Gállego: 1806. Plano de actuaciones en el río Gállego a su paso por el M onasterio de Cogullada. I. INTRODUCCIÓN. LA CIUDAD Y LOS P AISAJES DEL AGUA 48 Planos y mapas georr ef er enciados La georr ef er enciación se ha r ealizado con el complement o por def ect o de QGIS, utilizando como base los planos del PGOU así como el WMS de capas or t ogr áficas actuales e hist óricas, buscando encuadr ar principalmente los cursos de agua, objetiv o del estudio. Plano original Plano georref erenciado Georref erenciación en QGIS [F . I-20] P roceso de georreferenciación en QGIS. 49 1913. Defensas fluviales F inca de Cogullada. J osé F ajardo . 1920. Defensa de la finca M orató. Manuel Clavé. Planos auxiliar es Intervenciones en el río Ebr o: S. XIX. Inundaciones en la margen izquier da. 1854. P ropuesta de circunvalación ferro viaria. MZ A. 1867. Desecación B alsas de Ebr o viejo . S egundo Díaz, arquitecto . 1927. P ropuesta de Ciudad J ardín. A. Setién, ar quitecto . 1935-56. Defensa del barrio del Arrabal en Zaragoza. A CHE. 1930-40. Desarrollo del Arrabal. 1964. Dique de Ranillas. G onzalo Sancho I barra. A CHE. 1964. M uros T rozos I y III. G onzalo Sancho I barra. A CHE. 2002. P ropuesta de cierre del T ercer Cinturón. Planos auxiliar es Intervenciones en el río H uer va: 1810. J ardín Botánico en S anta Engracia. J. G ironza, arquitecto . 1861. Plano geométrico de Zaragoza. J. Y arza, arquitecto . AMZ. 1880. P rimera idea de un parque. Félix N avarro, arquitecto . AMZ. 1890. Defensa del H uer va. C. P erna. ACHE. 1900. Planta C ubrimiento del H uer va. M. M antecón. A CHE. 1906. Antepro yecto de Ensanche de la ciudad de Z aragoza. Emilio B urbano, ingeniero . AMZ. 1927. P arque P rimo de Rivera. M. A ugustí. 1928. Plano general de U rbanización. N avarro, Zuaz o, Ribas, arquitectos. AMZ. 1928. Rincón de Go ya. F ernando García M ercadal, arquitecto . AMZ. 1930. P arque I nfantil. ECG. AMZ. 1934. P royecto de encauzamiento del río H uerva. J. M. P alá. ACHE. 1965. M uro F uentes Claras. J osé Luis Cer ezo, ingeniero . A CHE. 1974. P ropuesta de Desvío del H uer va. A. Ortega. ACHE. Planos y mapas consultados: s. XII-1810. M unicipal. “E volución de la huer ta de Zaragoza ”. A. P eiró. 1889. M unicipal. Plano general. Dionisio Casañal. WMS Ortofotos actuales: http://idearagon.aragon.es/AragonF oto Ortofotos históricas: http://idearagon.aragon.es/AragonF otos II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 52 53 En su viaje hacia las White M ountains, H enr y Thoureau tuv o la oportunidad de descansar junto a las riberas del río M errimack, cuya anchura le permitía “interrumpir la superficie terrenal ” y llevar su mirada y sus pensamientos corriente abajo hacia el mar . La corriente del río trasladaba sus pensamientos a “ puertos clásicos y famosos ”, a escenarios de “ cultura y civilización ”. Aquellos pensamientos de Thoureau con el río M errimack no serían en este sentido muy distintos de los que pudieron tener los primer os pobladores del sitio de Zaragoza. E l Ebr o es también un río ancho y caudaloso, que con seguridad ha tenido la capacidad de conectar física y psicológicamente a los habitantes de sus riberas con la condición del mar M editerráneo . P ara los regimientos r omanos que se adentraban en la península, fue el trazado del río Iber el que les conducía a nuev os territorios por conquistar , y al mismo tiempo era una especie de ‘ cordón umbilical ’ con los centros de poder y cultural de la Roma. Esa anhelada conexión con la cultura mediterránea y los paisajes del mar siempre ha otorgado una impr onta especial al río Ebro y , de manera especial a Zaragoza, una ciudad de interior y pro vinciana con aspiraciones de “ dignificación ”. 1 Ese ‘ cordón umbilical ’ del Ebro ha sido históricamente un espacio muy amplio, dominado por la dinámica de un río muy caudaloso, de crecidas estacionales, que generaba unos terrenos fértiles, ricos en depósitos y arrastres orgánicos en la llanura de inundación, en la que el paisaje predominante serían sotos y densas arboledas en espacios de inundación periódica. Y esos sotos eran a la vez una barrera de árboles, ramas, tierra y arbustos frente a las aguas encabritadas del río, y una defensa natural de las tierras de labor . 2 En su dinámica natural, el río E bro ha modelado un paisaje de meandros divagantes, que se modifican y tr enzan de forma progresiv a. En un escenario de cauces libres, no canalizados, esta dinámica pr esentaba una fuerza muchísimo mayor que la actual, y los cambios serían mucho más perceptibles. Alfr edo Oller o, geógrafo experto en los paisajes del Ebro, ha definido el tramo central del Ebr o como el “Ebro de los meandr os libres ”: II.1. RÍOS, PUENTES, HUER T AS Y MONTES EN UN ESCENARIO DE CICLOS NA TURALES II.1.1. EL V ALLE DE LOS MEANDROS LIBRES 1 “N o sabes nada y sin embargo lloras / al ver crecer la rabia en las raíces / de la imagen legen- daria de tu origen. / Y estás dispuesta a gritar que no fue cierto / que el mar llegara nunca a Zaragoza.” J avier Delgado y J avier Martínez Calvo, 2005: 121. J osé Carlos M ainar se refiere a dignificación cuando busca el significado del “ abrazo de Zaragoza y el mar” que centra el li- bro Zar agoza Marina escrito por Javier D elgado en 1982 y reeditado en 2005. J avier Delgado y J avier Martínez Calvo, 2005: 23. 2 A. Baigorri, 1987: 52. “E l paisaje de sotos sería el predominan- te en la llanur a aluvial. “Los primeros poblador es de las terr azas más bajas del E bro , prácticamente de forma similar entr e Logroño y M equinenza, se encon- tr aron en ambas márgenes del río , pero especialmente en su margen der echa, con una banda de selva enmar añada que en algunos puntos llegaba a tener hasta más de un kilómetro de anchur a. A sí se man- tuvieron hasta la Edad M edia, en que se inician las primer as rotur aciones.” A. Baigorri. “El futur o de los sotos del Ebr o ”. 1987 “C uando un río toca la espalda de un pueblo, es como un ala – todavía quizá sin utilizar-lista par a r evolotear por el mundo . S u corriente rápida es un veloz batir de alas. Los pueblos que tienen río son pueblos alados. ” Henry David Thoureau El Diario (1837-1861) II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 54 [F-II.1.2] Meandros libres. a. Plano de los predios Soto de la Villa-Mejana de P aulé y galacho del T ejar , en término de Fuentes de Ebro, y Mejana de las R ozas y Altero de Quinto, en término de Osera. Manuel Esponera, ingeniero-jefe de la Sección de Montes. 1910. b. Meandros abandonados del río Ebro (en blanco) y límite de la terraza inferior (en blanco). María Carmen Faus Pujol, 1988. [F-II.1.1] Ortofoto del ‘galacho’ de Julibol (Zaragoza), en verano de 2009. a b 55 Cr ecidas del E bro. “ Ar agón es atr av esado por el Ebro como eje fundamental, y el paisaje fluvial del gr an río cuenta con un claro protagonismo visual, ecológico y bioclimático , ya que, con la compañía de sus riber as y de los cultivos de r egadío que tapizan el llano inundable, constituye una fr anja de ver dor que contr asta de forma violenta con el entorno subdesér tico . Con una pendiente muy baja el río discurr e plácidamente por el centro de su Depr esión describiendo pronunciados meandros y r egando extensas huertas y her mosos sotos r elictos. Entr e Logroño y La Zaida, a lo largo de 346,5 km de cauce, el E bro de meandr os libres es el curso fluvial de estas car acterísticas más largo a escala peninsular , constituyendo uno de los ejemplos de cauce dinámico más valiosos de E uropa. La anchur a media de su extensa llanur a inundable es de 3,2 km. llegando a alcanzar una anchur a máxima de 6 km ”. 3 Estos cambios continuos en el trazado del río, ya sean ‘ cortas de meandro ’ o migraciones progr esivas de meandros, convertían la llanura en un espacio de incertidumbre, en el que solo podrían cultivarse en determinados periodos del año, y en los que, tras las crecidas, los agricultor es debían revisar cómo habían quedado sus campos, y sus estructuras. En muchos casos, perdían las cosechas, y también los campos, que eran ocupados por nuevos espacios del cauce. Como consecuencia, las tierras de labor , especialmente en la llanura de la margen izquierda de la ciudad, per o también en varias partidas del entorno (los sitios de Almozara y las F uentes, por ejemplo) la tierra quedaba marcada y surcada por espacios ahondados. [F-II.1.1] [F-II.1.2] La dinámica del río era, como hemos comentado, fuerza modeladora de la llanura de cauces meandriformes, y la segunda característica del río es su variabilidad en el cauce. Con oscilaciones que v an desde 30 m 3 /sg hasta 2000 m 3 /sg, el río Ebr o presenta serias dificultades para su navegabilidad. H istóricamente, la navegación fluvial ha sido permanente, con embarcaciones de escaso calado, y con actividades específicas como la llevada a cabo hasta épocas muy recientes, con el transporte de troncos de madera apro vechando la corriente en primavera desde los ríos pir enaicos hasta el Mediterráneo . 4 Sin embargo, el escaso calado en prolongados periodos y las condiciones de un cauce en ocasiones afectado por obras hidráulicas realizadas con fines agrícolas ha hecho que la actividad del transporte fluvial haya sido reducida. 5 En la dimensión urbana, lo r elevante es que a pesar de ser una actividad que se ha llevado a cabo de manera permanente, el río ha tenido una escasísima influencia en el desarrollo urbanístico de la ciudad. En la Cesaraugusta romana el puerto fluvial, bien relacionado con el espacio del F or o, tenía cierta impor tancia, pero sin llegar a desempeñar un papel r elevante. S in la actividad mercantil que han tenido otras ciudades con puertos fluviales, la relación con el río ha sido más la de un obstáculo a salvar o la de unas crecidas de las que defenderse, que las de un espacio vital. La condición de fachada norte y expuesta al ‘ cierzo ’ que conduce el mismo cauce del río contribuye sin duda a que las prefer encias por otros espacios urbanos orientados al sur y protegidos de los vientos fríos fuera más que compr ensible. Esta condición de ‘río sin navegabilidad ’ o de ‘ ciudad sin puerto ’ ha tratado de ser rev ertida en varias ocasiones, y las propuestas escritas o dibujadas 3 Alfredo O llero, El E bro de los meandros libr es , 1996. Ollero y otr os exper tos describen e iden- tifican el cauce libre del E bro medio como un perfecto indicador de las condiciones ambien- tales de la cuenca. La entrada en servicio de los embalses y los cambios en los usos del suelo han originado, junto con las defensas directamente ubicadas en el cauce, modificaciones en la mor- fología de éste. En la evolución de la morfología de este cauce desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad pueden identificarse tres mo- mentos: el cauce trenzado-meandriforme hasta 1950 aproximadamente, el cauce meandrifor- me hasta 1980 aproximadamente, y el cauce meandriforme constreñido . Como conclusión, expone que “ el empobr ecimiento de las rela- ciones ecológicas y la pérdida de biodiv ersidad parecen ser las tendencias en los próximos años si no se actúa devolviendo terreno al río ”. 4 M ediante el transpor te de almadías (en catalán “ rais ”) se transportaba madera aguas abajo. Al personal encargado del mismo se le llamaba en Aragón “ navateros ” y en Cataluña “ raijers ” o “ rayers ”. S e conducía la madera bien en troncos sin desbastar , bien en pie zas planas, cortadas ya con arreglo a unas medidas standar d (entre 5 y 12 metros de longitud, 17 a 65 centímetros de altura y 10 a 50 centímetros de grosor), con denominaciones típicas según el tamaño. La almadía la formaban los maderos atados los unos con los otros y pro vistos de un timón, o sea una especie de balsas. María I sabel F alcón, 2011: 119. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 56 [F . II-1.4] T ipo de esclusa de la R eal Compañía de canalización del Ebro. Lorenzo P ardo, ingeniero. 1921. [F . II-1.3] P royectos de esclusas y navegabilidad en el río Ebro. Julio Murúa, ingeniero. 1920. a. Plano general de la canalización del Ebro. b. P erfil longitudinal del tramo desde Zaragoza hasta Amposta- San Carlos. a b 57 para inter venir en el cauce del E bro y convertirlo en río navegable han sido numerosas. En la primera mitad del siglo XIX, el alcalde de Z aragoza Miguel Alejos Burriel 6 , conocido por su pr opuesta de una industria textil en la ciudad de Zaragoza apro v echando la fuerza motriz del agua prov eniente del Canal Imperial, r ealiza una apuesta por un E bro navegable hasta Q uinto. Planteaba B urriel canalizar el Ebr o, acometiendo dos actuaciones principales: “ eliminar los obstáculos y estorbos del álveo, y angostarlo o reducirlo ”. Las muchas piedras existentes en el cauce deberían en su opinión ser demolidas o retiradas. Y comentaba que para r educir el cauce (para que así tuviera mayor calado) se debía proceder de una forma prudente y científica, con un plan de obras que debía realizarse por una comisión de ingenier os “ asociados con personas de los pueblos de las orillas del E bro como prácticos y conocedores ”, y también de algunos patronos de barcos acostumbrados a bajar barcos a T ortosa. P ara hacer navegable el río, Burriel pr oponía limitarse a “ dirigir y proteger ”, “ formar un ribazo o valla al río ” para que, acor dada la dirección del río, se puedan recuperar muchos espacios de ‘ramblar es ’ para utilización agrícola. P ero en todo caso, su objetiv o final era el desarrollo industrial y hortofr utícula. Expone en su escrito que para poder exportar estos productos se debe desestimar la opción de construir esclusas en las nueve presas o azudes que hay en el tránsito que salva ese camino: “ es un delirio, y no conocer el río ni el sitio .” 7 Las propuestas de canalización se plantean en varios intentos a lo largo del siglo XIX y XX, que planteaban construcciones de esclusas y creación de compañías especializadas 8 . Sin embargo, la mejora de las comunicaciones por carretera y por ferr ocarril, y la construcción de grandes embalses en el curso del Ebr o terminaron por hacer inviable cualquier empr esa de navegación comercial en el tramo Zaragoza - Escatrón. [F . II-1.3] [F . II-1.4] Con la regulación del E bro por medio de los pantanos en la cabecera de la cuenca, y con el constreñimiento al que han sido sometidas las riberas del río a lo largo de su tramo medio, el Ebr o es hoy un río mucho más estático en cuanto a su trazado . N os quedan espacios r elictos que nos muestran trazados trenzados, como el espacio de J uslibol, y toda la llanura aluvial muestra los restos y trazas del río, ya que los caminos, las par celaciones, los cursos de riego, acequias y brazales, y los escorreder os, se apoyan en la topografía modelada durante siglos por las aguas del río Ebr o . 5 La construcción de presas que entorpecían la navegación fue frecuente en la E dad M edia y las quejas de los mercaderes zaragozanos se elevaron al r ey continuamente. “En 1292, J aime II or denó a los sobrejunteros de Aragón que prohibiesen la construcción de azudes, presas o cualquier otro tipo de impedimento a la navegación por el Ebr o e hiciesen remo- ver o modificar los ya construidos, y declaró jueces competentes para aprobar esta clase de construcciones y super visar los puertos fluviales a dos mercaderes de Z aragoza y dos arraeces del Ebro ”. 6 Miguel Alejos B urriel fue alcalde de Zaragoza en 1840, durante la regencia de Espartero, y como notable progresista formó parte de la J unta R evolucionaria zaragozana de 1835 y fue procurador y diputado en Cortes por T eruel desde 1835 a 1843. 7 Miguel Alejos B urriel, 1841: 22. En para- lelo apuesta por la construcción de caminos de hierro, y de hecho en su escrito de 1841 menciona por primera vez la posibilidad de comunicar Aragón con F rancia por medio de un ferrocarril. 8 V er las propuestas de J ulio M urúa, publicadas en “Zaragoza, puerto fluvial. Historia de un proy ecto y de unas obras, y un voto para su reanudación ”, R evista Obras Públicas nº 2340, 1920: 360-4. T ambién resulta interesante el artículo de Manuel Lorenz o P ardo, en 1921, quien aboga por el impulso a las obras de navegabilidad y explotación hidroeléctrica del río Ebro en su artículo “E l Ebro y Z aragoza ”, publicado en Revista de Obras Públicas, nº 2367. “F ormado el plano que dejo dicho, debe principiarse por hacer plantaciones de mimbr er as, sargas, sauces, álamos blancos, chopos, olmos y otros arbustos, como zar zas en la línea demarcada en aquel, la cual deberá dejar siempr e un álveo ancho y capaz de contener una cantidad de agua, que deberá señalarse en el puente de Piedr a de Zar agoza. Con esta oper ación, que debe principiar en octubr e de todos los años par a no ser sor- pr endidos por alguna cr ecida temprana, y que debier a quedar completa en fin de noviembr e, comenzándola por los terre- nos más bajos y con conocimiento de los jefes políticos de las r espectivas pro vincias, se r educirán a una madr e los diferentes r amales en que se dividen las aguas, minor ando el fondo de la principal.” Miguel Alejos B urriel. Alcalde de Zaragoza . “P or venir industrial de Zar agoza, si se aprov echa la fuerza motriz que hoy se pierde de las aguas del Canal I mperial”, 1841. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 58 [F . II-1.6] R epresentación de Zaragoza. 1564. En el fondo, pueden apreciarse el convento de Altabás, el puente de piedra, y la puerta del Angel. [F . II-1.5.] Vista de Zaragoza. Antonio den Wyngaerde. 1563. El puente de piedra aun cuenta con ocho arcos, y el último del extremo de la ciudad aun es visible. 59 II.1.2. EL V ADO CONSTRUIDO CON PIEDRA En este paisaje de cursos tr enzados y crecidas periódicas de magnitudes más repetidas y caudalosas que las actuales, la posibilidad de establecer un paso seguro y permanente r esultaba clave. E l sitio de la ciudad de Zaragoza fue punto de cruce sobre el río Ebr o posiblemente mucho antes que asentamiento estable. Las fuerzas modeladoras de los ríos H uer va y Gállego, coincidentes en los puntos de sus respectiv as desembocaduras en el curso del Ebr o, formalizaron un territorio muy adecuado para el asentamiento permanente y la construcción de una ciudad. P or una parte, la terraza sobreelev ada de la margen derecha bien pr otegida respecto al E bro encontraba en los últimos meandros encajados del H uer v a unos adecuados espacios a modo de ‘ foso defensivo ’. Y en la margen izquier da, el delta del Gállego conseguía, con sus arrastres laterales, entorpecer la libr e circulación del agua en este punto, forzando a los espacios del agua del Ebro a conducirse de una manera más rectilínea. S e configuraba así un corredor fluvial más estrecho en el que la construcción de un puente no era tarea fácil pero al menos contaba con espacios más estables en sus arranques. En este punto se organizarían distintos sistemas de vado del río en determinadas épocas del año y se consolidaron las rutas entre las montañas pirenaicas y las del interior de la península teniendo pr ecisamente en el curso de los ríos Gállego y H uer va dos vías naturales de penetración. La colonia romana Caesaraugusta consiguió construir en este punto un puente, sobre cuy o eje se traza el car dus de la colonia. E l puente fue desde entonces el elemento infraestructural estratégico* de la ciudad, y así ha sido a lo largo de la historia. U n elemento que ha sido mucho más determinante que otros, como el r ecinto amurallado, construido unos siglos más tarde en la configuración de la que hoy conservamos algunos tramos. Caesaraugusta quedaba así desde el principio marcada por esta función de ciudad-centinela de un paso que resultaba obligado para cruzar el Ebr o en su tramo medio . P rincipalmente debido a causas naturales, el primer puente, que tendría buena parte del mismo constr uida en madera, sería sin duda destruido y reconstruido en muchas ocasiones. Incluso la construcción del primer puente de piedra, que algunos autores plantean coetánea con la construcción del primer recinto amurallado de la colonia romana, o quizá un poco después, no se libró de destrucciones periódicas y reparaciones puntuales sucesivas. 9 Las refer encias históricas sobre el puente de piedra son abundantísimas, y sobre él se han r ealizado números trabajos de inv estigación. En todas ellas queda bien reflejado el costosísimo esfuerzo económico que r epresentaba su 9 J esús Liz Guiral plantea que “la duración de este ejemplar debió ser corta y posiblemente no pasara del siglo III”. J esús Liz Guiral, 1984: 70. 10 Bien conocida es la avenida del año 827 que arrancó un buen trecho de la muralla de la ciudad y destruyó el puente. El emir Abh al-Rahman II consiguió en el 839 más tarde para facilitar las expediciones militares de su hijo al-Hakan, contra las marcas fronterizas de los cristianos pirenaicos. T ambién constan documentos sobre la avenida que r ompió el puente a finales del siglo XII a la altura del convento de Santo D omingo (Pr edicadores), que poco después desaparecía para suplirlo uno de tablas en tiempos de J aime I. Y las riadas de 1261 lo rompieron de nuevo, necesitándose más de treinta años para repararlo, mientras se utilizaba otro pro visional de pontones. En 1328 una nueva riada se llevó el gran puente. “Los orígenes del puente de Piedr a con- tinúan sin estar r esueltos a estas altur as. P er ece evidente que existió un acueducto romano , o más exactamente un sifón, en la posición que ocupa el actual puente. Esto significaría que desde época r omana habría un paso fijo sobr e el E bro, aunque por el momento no deja de ser una conjetur a.” Carlos Blázquez. Zar agoza. Dos milenios de agua. 2008. El E bro de los meandros libr es y el vado construido . II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 60 [F . II-1.8.] R epresentación del paseo de la ribera del Ebro, en 1823. Pueden contemplarse los leones de la ciudad en la entrada del puente. [F . II-1.7.] Vista de Zaragoza. P ier María Baldi. 1668 61 reconstrucción, y los tiempos prolongados (que se medían en décadas) que se requerían para completar los trabajos de r eparación 10 . Estas tareas de r evisión y mantenimiento de esta infraestructura clave era objeto de especial atención por parte de los jurados de la ciudad, quienes, embarcados en pontones, recorrían uno por uno los pilar es del puente, y daban detalladas órdenes para su reparación y afianzamiento . 11 De todas las cr ecidas históricas conocidas quizá fue la de 1380 la más trágica para la historia de la ciudad. En aquella ocasión el curso del E bro consiguió abrir un nuevo cauce hacia el norte, entre los caminos de Ranillas y de J uslibol, precisamente por el espacio que se ha denominado posteriormente ‘B alsas de Ebr o viejo ’, quedando de esta manera la ribera del barrio de San P ablo huérfana de río. A unque se consiguió r edirigir el cauce del río junto a la ciudad, aquel cauce rehundido al norte de la ciudad, quedó desde entonces marcado por su condición de zona de aguas estancadas e insanas, un espacio afectado por inundaciones recurr entes 12 . P osiblemente, como reacción a este suceso, y para conseguir que el puente no resultase tan afectado por futuras av enidas, en 1401 se acometió una importante remodelación del puente, completando y reconstruyendo los tr es arcos situados en el arranque de la margen izquierda, y se tar dó varias décadas en completar su r econstrucción total. [F . II-1.5.] [F . II-1.6] H ubo otras riadas importantes, sin duda. La de 1643 rompió los dos arcos centrales del puente, y ante la envergadura de la r eparación del puente se optó por construir un puente de madera ‘ aguas abajo ’, que se denominó ‘ puente de tablas ’. Contaba con 19 arcos y con torr ecillas en sus entradas y fue inaugurado por el rey F elipe IV . Este ‘ puente de tablas ’ ardió en 1713, y tuvo que ser sustituido durante muchas décadas por un puente de pontones. [F . II-1.7.] [F . II-1.8.] [F . II-1.9.] [F . IV -3.1.] Con el tiempo, el puente de piedra recuperó su fisonomía anterior , mientras el paseo de la ribera en el tramo situado entre el puente de piedra y el de tablas era un espacio muy transitado, y los trabajos de explanaciones y defensa del río mediante la construcción de un muro de fábrica de piedra para defender la ciudad del río hizo necesario acortar el espacio del puente, y así ganar espacio para el paseo . Con la construcción del pretil de sillería construido en la margen derecha para la defensa de la ciudad a finales del siglo XVIII (P edro del M azo y J uan Ortíz de Lastra, arquitectos, 1777) se ocultó el arco del puente más próximo al puente en esta margen. De esta manera, el puente, en vez de contar con las ocho arcadas que apr eciamos en las vistas históricas de la ciudad realizadas hasta finales del siglo XVIII, se quedó con los siete arcos (no iguales) que contemplamos ho y en día. 13 El puente ha sido objeto de importantes trabajos de r estauración a lo largo de su historia, e incluso en algunos momentos se propuso que pudiera ser sustituido por otro puente nuevo . Así, los arquitectos F ederico A ugan y J uan de la V ega, por encargo del consistorio, diseñaron un ‘ puente colgante de alambre ’ en 1838, planteado con una única pila central y dos leones flanqueando los dos accesos en ambas orillas, y que se proponía situar unos metros ‘ aguas arriba ’ del puente de piedra. [F . II-1.10] 11 J esús Liz Guiral, 1984. 12 U n documento de P edro IV de redacción angustiosa, convocó a todos los zaragozanos, incluidos judíos y moros, para que ayudasen a detener la catastrófica desviación del cauce del Ebro, que dejaba en seco el curso junto a la ciudad e inundaba el Arrabal. 13 En aquellas fechas Agustín Sanz construyó el pretil de la margen izquier da que iba desde el puente de Piedra hasta el Convento de S an Lá- zaro . Se construyó en seis meses concluyéndose las obras el 24 de diciembre de 1789. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 62 [F . II-1.9.] Puente de P iedra. a. Plano de Zaragoza en el que se ve la desviación del tramo final de la acequia del Rabal para evitar las inundaciones al monasterio de Altabás. 1861. b. 1866 c. 1896 d. 1920. a b 63 [F . II-1.10] P royecto de un puente colgante de alambre propuesto para la M. N. M. L. y S. H. Ciudad de Zaragoza. Federico Augan y Juan de la V ega, arquitectos. 1838. c d II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 64 Así quedó configurado el aspecto del puente que hoy contemplamos, con unos 225 metros de longitud y siete amplios arcos de piedra con luces que oscilan entre los 14 a los 32 metr os, con recios tajamares en el lado oeste y restos de baluartes o antiguas construcciones en el lado este en algunos de ellos 14 . Con modificaciones menores que afectar on al tablero, a los pretiles u otros elementos decorativos, el puente fue objeto de una r eciente e importante actuación de rehabilitación ( J osé Manuel Pér ez Latorre, 1988), y es sin duda uno de los monumentos más relev antes de Zaragoza. [F . II-1.11] T errazas de la ciudad. a. Esquema de disposición de las diferentes unidades estratigráficas de Zaragoza. b. Cortes hidrológicos del acuífero aluvialk de los río Ebro y Gállego bajo la ciudad de Zaragoza. c. Detalle de los niveles de gravas y arenas, que constitruyen la litología dominante en las terrazas del acuífero cuaternario del aluvial del Ebro. a b c 65 II.1.3. CIUDAD, HUER T OS, HUER T AS Y MONTES En el acto de ocupar o de colonizar un lugar se fija en gran medida la impronta de la evolución que habrá de seguir una determinada ciudad en los siglos venideros. Con las primeras decisiones sobr e las condiciones de la relación con el territorio se inicia el r egistro de un determinado código genético urbano que marcará la personalidad y la impronta de la ciudad en su sitio . Las teorías sobre el primitiv o asentamiento de Zaragoza son objeto de debate entre los historiador es. Angel Canellas justificaba el hecho de que la ciudad de Zaragoza no hubiera r ecuperado el nombre de la ciudad ibérica preexistente en la posibilidad de que el solar de Cesaraugusta no coincidiera con el de la antigua Salluie, de manera que la ciudad ibérica, tal vez enterrada al norte del cauce del río Ebro, pudiera per der impor tancia y olvidarse ante la nueva planta romana, construida en la margen derecha del E bro. U n argumento sólido es que la defensa de un asentamiento en la margen derecha r equería la construcción de una fortificación más extensa, para defender el flanco que no quedaba protegido por el E bro al norte y por el H uer va en el este. Y que esta cir cunstancia resultase implanteable para unas tribus reducidas, per o “ no así para una legión romana en un momento expansionista ”. 15 P or otra parte, el maestro Giménez Soler av enturó la hipótesis de una vieja Salluie en el cabezo que ho y ocupa el barrio del Arrabal, si bien se trataría con toda seguridad de un enclave muy expuesto a condiciones de aislamiento por las inundaciones del río . Y otr os autores dibujan enclav es prerr omanos en determinados espacios del que fuera después el recinto r omano, muy adaptados a suaves promontorios existentes en este emplazamiento . P ero en cualquier caso, es la colonia romana la que se posiciona en el sitio del vado construido sobre el río, con el actual puente de P iedra como principal eje de refer encia del trazado de la ciudad. El car do romano queda así definitivamente fijado en el eje del puente, y a partir de este eje se plantea el resto de la trama urbana. La ciudad se asienta en la plataforma sensiblemente plana que queda elevada unos 10 metros r especto al nivel del agua del río (190 m.s.n.m.). En el nivel de esta terraza se sitúan también las comunicaciones con otros núcleos: hacia el oeste, el camino que discurr e hacia Alagón, situado ligeramente por encima de la cota del curso de agua que se hizo llegar desde el J alón (actual acequia de la Almozara), hacia el este, el camino que conectaba con las poblaciones del M editerráneo, que también discurre por el bor de de una terraza que queda a salvo de los mo vimientos de los ‘ meandros libr es ’ del Ebr o. [F . II-1.11] 14 A mediados del siglo XV las acequias de U rdan y Rabal llevaban poca agua y estaban cortadas en parte, y aunque quedaban los mo- linos de la caudalosa acequia de Almozara, no daban abasto a pro veer de harina a la ciudad. En vista de ello, en 1468 el capítulo y consejo, asamblea decisoria del municipio, acordó que se construyeran seis nuevos molinos de harina, cada uno de ellos con dos muelas, sobre fundamentos firmes, en los pies del puente de Piedra para, apro vechar el agua del Ebro . Los pies fueron dados en arriendo a las seis personas que se comprometieron a construir los molinos en el plazo que les fue fijado . 15 Ángel Canellas, 1960. “La actual situación de Zar agoza, a orillas del E bro , en una llanur a muy espaciosa que riegan las aguas del Gállego y del H uerva y está circundada por jar dines, por huertos, por ver des paseos y elegantes caseríos, no puede ser ni más bella ni más ventajosa. ” Maurice M argarot. La Descrizione odeporica della Spagna (1793-1797). II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 66 Este sistema de terrazas va a ser determinante en el posicionamiento del asentamiento de Zaragoza. En la terraza próxima al río E bro, pero elevada, se dispone la colonia romana y , por extensión, los caminos que van al este y al oeste. Los espacios dominados por el río de los meandros libr es quedan al este, en una gran revuelta del río, al oeste y al norte, en la extensa superficie de la margen izquierda del río. Hacia el sur , las terrazas se van sucediendo, con una topografía algo más abrupta en la margen derecha del río H uerva, en la que las laderas de un monte próximo se acercan al canal del H uer va. 16 P ero ¿qué encontrar on los romanos cuando fundaron la colonia romana a orillas del Ebr o?. Su idea de conseguir un v ado protegido y construir un puente en este punto les llevó sin duda al enclave en el que existe un punto estable en la margen izquierda, un punto elev ado, en el apoyar los estribos del puente. En un entorno de trazados divagantes del cauce, este punto estr echo era el lugar . El perímetr o romano se plantea en una superficie sensiblemente plana, con suave pendiente de cierta uniformidad hacia la ribera del E bro. E l sistema de calles, y por tanto también el de las cloacas previstas para la ev acuación de aguas fecales se plantea con inteligencia disponiéndose según esta condición de orientación favorable hacia el río . Sería necesario también r ealizar trabajos de arqueología hidráulica, pero no es aventurado suponer , como ya lo expone Ángel Canellas, que quizá en su momento, el trazado del recinto r omano puedo estar más ajustado al trazado de la H uer v a, que aun no habría adoptado una traza tan encajada, y que formaría definitivamente los dos meandros tan mar cados. Y por el este, quizá el recinto de la colonia también se adaptó a un antiguo ‘ramblar ’ que sería también utilizado para la construcción de una cloaca que permitiera la salida de aguas fecales hacia el río Ebr o. 17 La planificación de la colonia romana tuvo muy en consideración las cuestiones relativ as a los cauces y condiciones naturales. Se desarrolló un eficiente sistema de canalización del agua por las calles de la ciudad, y también un sistema de cloacas que, emulando las conocidas en la ciudad de Roma, se hicieron con dimensiones y condiciones muy considerables, ya que han llegado prácticamente hasta nuestros días en servicio. P ero la vida de una ciudad necesitaba además cierta capacidad de regulación, disponer de depósitos de agua también en periodos de estiaje, y por este motivo se construyó la presa de M uel 18 , que podría haber sido utilizada como elemento regulador del sistema de abastecimiento de agua potable a la colonia, que no sería un caudal pequeño teniendo en cuenta los baños y termas con que contaba la ciudad. Como en tantas otras ciudades, el recinto se engr osaría más adelante con una lista importante de villas suburbanas, enclaves exteriores y , sobretodo, conventos y monasterios. Estos conventos mar can el espacio de una colonización religiosa que habría de llenar el espacio que quedaba entr e el recinto r omano y la cerca medieval, con complejos monásticos extensos, con 16 Difer entes autores han descrito seis niveles de terraza, algunos incluso hasta ocho. A partir del nivel T5 y superiores, la extensión super- ficial y expresión morfológica de esas terrazas es irrelevante; en nuestra z ona de estudio la presencia de los niveles T5 y superiores queda reducida a pequeños “ canturrales ” y campos de labor , en los que simplemente se aprecia cierta abundancia de material aluvial. P or su singularidad y profusión llama la atención la presencia de un sinfín de pequeñas depresiones morfológicas, a modo de dolinas; se desarrollan de forma especial sobre las terrazas T2 y T3. En tiempos, estas depresiones dieron una nota de originalidad al paisaje de la zona, al ser asiento de lagunas, charcas, humedales, cañizales, carrizales, etc., que la acción antrópica de las últimas décadas ha ido haciendo desaparecer; con frecuencia han sido rescatadas como suelo agrícola o industrial, cuando no utilizadas como lugar de acopio de desechos procedentes de la actividad urbana e industrial. A veces han sido -y son-, causa de comportamientos geotécnicos singulares del terreno (subsiden- cias) que acarrean problemas en edificaciones y obras civiles, que se traducen en la aparición de grietas tempranas en las edificaciones, desplazamientos y roturas en la conducción de aguas de Zaragoza a Casetas, inestabilidad del firme de la autovía de Logr oño, etc. En casi su totalidad estas depresiones se localizan en cotas dominadas por el Canal Imperial y , en su mayor parte, sobre la terraza T2 en su borde de contac- to con la TO/1. 17 Este es el planteamiento señalado por Angel Canellas, cuando hace referencia a que “ desde la antigua puerta de Santa Engracia, siguen las actuales calles de Casa J iménez y A z oque, señalando el cauce de un antiguo ramblar por donde en parte aun discurre una importante acequia, y que con el tiempo serviría de lecho a una de las viejas cloacas máximas de Zaragoza ”. 18 El dique de la pr esa romana de M uel fue construido por los romanos posiblemente en el siglo I. F ue una de las cinco grandes presas que los romanos construyeron en H ispania: Almonacid, M uel, Cornalvo, Alcantarilla y P roserpina. 67 terrenos interior es de huertas, que luego, a finales del siglo XIX habrían de jugar un importante papel en el desarrollo de la ciudad, de manera especial los conventos de S anta Engracia y el convento de S an J osé, ambos próximos al río H uerva. Además de las cartujas que se disponían en el exterior , alejadas, como la Cartuja Baja, la Cartuja de Aula D ei y el monasterio de Santa F e. Con el paso de los siglos, la ciudad ha experimentado un importante proceso de construcción y densificación de muchos de estos espacios que conser varon durante mucho tiempo el carácter de espacios abiertos en el interior de las cercas, derivando en un conjunto urbano cada v ez más compacto . En él, el puente de Piedra y la fachada al río E bro, con su silueta de esbeltas torres, han sido los dos elementos más destacables, mientras que en su interior apenas existían espacios urbanos repr esentativos destacables. Así, en la edad media y en la edad moderna, Zaragoza r esponde más a una idea de aldea rural antes que a la imagen de otras ciudades coetáneas, en las que el poder había dejado una mayor impronta en los espacios y edificios repr esentativos. Es claro que en el interior del r ecinto amurallado las huertas y campos de labor alternaban con las casas, especialmente en los barrios exteriores, per o también en el recinto murado interior , en el que los espacios abiertos no faltaban en torno a las iglesias y conventos, y cada casa contaba con un pequeño corral o luna, combinado con huerto. [F . II-1.12] Evolución de la huerta de Zaragoza, según Antonio P eiró. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 68 El río E bro, con sus crecidas r ecurrentes en los espacios riber eños, permitía a los agricultores apr ovecharse después de cada episodio de unos terr enos fértiles, ricos en depósitos y arrastres orgánicos del río . Esta escenario de fertilidad pero al mismo tiempo de total incertidumbre requirió ya desde el mismo momento de la fundación de la colonia romana el desarrollo de técnicas que permitieran gestionar el agua del territorio para su utilización en multiples funciones. Los ríos J alón, H uer va y Gállego, más dominables que el Ebr o, fueron objeto de una eficaz utilización; mediente la construcción de azudes, derivaciones, sifones, tajaderas, molinos, etc. Esta intervención sucesiva a lo largo de los siglos permitió llegar al siglo XV con un terr eno que rodeaba a la ciudad, fértil y bien irrigado, que producía abundantes cosechas que encontraban su natural salida en el mercado y la feria de Zaragoza. Esta abundancia llevó a algunos visitantes extranjeros a dar a la capital de Aragón el sobrenombr e de “la har ta ”, según cuentan en las crónicas de sus viajes. 19 Las huertas de Zaragoza estaban atravesadas por una red de acequias, la mayoría de ellas construidas durante el dominio musulmán, que estaban confiadas a la custodia de los jurados de la ciudad. A ellos correspondía tomar la iniciativa para cualquier arr eglo en los canales de riego, para lo cual, oído el capítulo de hereder os del término que se tratara, comisionaban a dos o más personas para estimar el costo de la reparación y compartirlo luego entr e los regantes del brazal en cuestión. El agua junto con la tierra era el bien más importante susceptible de apropiación, y sobr e ella podían pesar cier tos derechos, que r ecogía el Catastro. El órgano máximo de gobierno de cada término era el Capítulo G eneral de hereder os y terratenientes, y se regían por Or dinaciones, que establecían el control en la distribución del agua, el cobro de los derechos que ésta lleva consigo, la limpieza periódica de acequias y brazales, la reconstrucción de azudes, etc. 20 Los términos de la huerta zaragozana han estado documentados desde poco después de la Reconquista, aunque su organización administrativ a es algo posterior y paulatina hasta que en 1593 se recopilan los E statutos y Or dinaciones acerca de las lites y difer encias, que se pueden ofr ecer en las cosas tocantes, y pertenecientes a los Montes y H uer tas de la Ciudad de Zar agoza , que recogen las disposiciones que han de r egir en todos ellos. 21 Las huertas o términos r urales de Zaragoza se dividían en cuatro grandes demarcaciones: Almozara-M iralbueno, Rabal, U rdán-Gállego y La H uer va. Más alejados del casco urbano se encontraban los términos de Mamblas, Malpica y E l Saso . [F . II-1.12] La acequia de La Almozara, cuya construcción puede estar asociada a la misma construcción de la ciudad 22 , conduce aguas del río J alón y recorr e la la vega del E bro, regando a su izquier da todos los espacuos de la vega del río Ebr o. En paralelo a su trazado se disponía el camino a Alagón, que comunicaba asimismo los pequeños núcleos dispuestos en este eje (M onzalbarba, U tebo, etc.). El emplazamiento del castillo-palacio de La Aljafería tendría buena razón en su posición junto a este cauce, que garantizaría el riego de los 19 María I sabel F alcón, 2011: 127. 20 Con anterioridad se habían recopilado Or- denaciones en varios términos, como la llevada a cabo en el término de la Ortilla, en 1584. La descripción del modo en que se regulaban se ha descrito en varios trabajos. Es interesante la T esis de J osé F rancisco Ejea sobre el r egadío y su administración, que puede revisarse en Anto- nio P eiró, 2008b: 195. A partir del siglo XIX se deja de usar este término Or dinaciones, y pasan a denominarse Or denanzas y reglamentos. 21 P uede consultarse la reedición realizada por el Ayuntamiento de Zaragoza: Estatutos y Or dinaciones acerca de las lites y diferencias, que se pueden ofrecer en las cosas tocantes, y pertenecientes a los Montes y H uer tas de la Ciudad de Zaragoza. 22 La toma de agua para riego y para agua de boca del cauce del río J alón fue una inter ven- ción estrechamente ligada a los momentos fundacionales de Zaragoza, como atestiguan los bronces de Botorrita (siglo I a.c.) encontrados en Contrebia Belaisca. 69 huertos y jardines del castillo . Al-musára es palabra árabe que significaba el lugar de ejercicios ecuestr es y esparcimiento público situado en las afueras de algunas ciudades musulmanas de Occidente, por donde se acostumbraba a pasear a pie o a caballo . 23 Hacia el oeste, junto a los meandros del E bro más próximos a la ciudad, esta acequia se extendía a través de otras menores, y muchas de ellas aun subsisten todavía. Son, por ejemplo, las acequias de Alper che, M esones, Quinto y P eana, que se adaptan a las geometrías de la microtopografía del río Ebr o, a las geometrías meandriformes de los cursos relictos del E bro . Es por tanto, un término que en una gran superficie 24 , la correspondiente propiamente a la llanura aluvial del E bro, se veía fuertemente afectado por las crecidas r ecurrentes del río E bro . La zona r egante de Miralbueno 25 correspondía con las terrazas que quedaban a una cota superior de la acequia de La Almozara, en la margen izquierda del H uerva. Eran amplias plantaciones de viñas y olivar es, atravesadas por el camino real a Castilla, y organizadas en distintas partidas que se regaban con las aguas sobrantes de la acequias de Santa Bárbara y de la Almotilla, a través de acequias secundarias como las del F rasno, E l Copao y Enmedio . 26 En la margen izquier da del Ebr o se situaba la zona regante de Rabal, que desde el lugar de J uslibol, compr endía los terrenos la margen izquier da del Ebr o y la derecha del Gállego . Era en r ealidad la dehesa de la ciudad, regada con aguas del Gállego a partir de varios azudes en este río. Estaba separado por el Ebr o con el término de La Almozara, y por el Gállego con los términos de la margen izquierda de este río, por lo que las delimitaciones a lo largo de la historia de estos términos han sido fluctuantes en estos lindes. En este término, la acequia del Rabal, que llegaba hasta el lugar de J uslibol, era la más importante, ya que regaba a otras secundarias como las de la H ortilla, Ranillas, y a una cota superior contaba con la acequia de las P asaderas. 27 Al este, el término del Rabal limitaba con el Gállego y confrontaba con los del Mamblas, J arandín y U rdán. E l extenso término de U rdán, situado en la margen izquierda del E bro, ‘ aguas abajo ’ del Gállego, confrontaba con los términos de Gállego, Mamblas y M alpica, englobando el Lugarico de Cerdán, M ov era y P astriz y alcanzando las proximidades de La P uebla de Alfindén. P or el sur de la ciudad, el término de la H uer va se extendía a ambas orillas del río H uer va y llegaba hasta la margen derecha del Ebr o, hasta a la altura de la Cartuja baja. 28 En la margen izquier da del H uer va, la R omareda englobaba las partidas de Baltax, T orre de P alavesino y la propia Romar eda. En la margen der echa, los términos de M ozarrifal y Alfaz, se regaban con aguas de la H uer va, cogidas mediante pequeños brazales de riego (el de M ozarrifal estaba situado junto a la actual F uente de la J unquera). 23 El espacio existente entr e la acequia y el Ebro, lleno de sotos y alamedas sería la al-musára zaragoza, y daría lugar al topónimo de esta zona Almozara, y por extensión al nombre el término regado por la acequia de la Almozara. 24 Este amplio término estaba dividido en una serie de partidas. Desde el siglo XIII se men- cionan Catfora, Cofita, Soto de doña S ancha de N avasquas, M esones, Quinto o Quintillo, término este último bañado por la “ acequia del rey ” y la Hortilla. Y a de mediados del siglo XIV y de la siguiente centuria son los topóni- mos: Alperche, El P lano, Soto de Almozara, Marconchel, P ar tinchas, Soto de Alfocea, Soto de M onzalbarba, Soto de F erreruela, Miranda, Las Rozas, La Coma, La Plana Alta, La P oza, F resno y El Cano. A su v ez, los asentamientos desarrollados en la margen derecha del E bro deben mucho a este cauce, que es el origen de los emplazamientos de Casetas, U tebos, M onzalbarba, etc. 25 En el Plano de 1712 apar ece escrito la denominación “M onte de Mira al bueno ”, que posteriormente, por contracción gramatical, queda como “M onte de Miralbueno ”. 26 P ertenecían al término de Miralbueno las partidas de la Bombarda, T orre de S an Lam- berto, Plano de San Lamberto, M engranera, El M ontón, Collantes, Las Canales, Caidero, Vistabella, E l Abellar , Las Anaorias, Cantarra- nas, F oya del J udío, T orre de Canelón, Y ermos de San M iguel del T ercio, V aldefierro y Piniellos (que dará lugar más tarde al actual barrio de Garrapinillos). María J osé F alcón, 1985. 27 Desde el siglo XIII son mencionadas en este término la Almunia de A vendavayx, la Almunia del Sábado y T orre de Esperat así como las partidas de Rabal, Altabas, Mezalfonada, Viana, Ranillas, V alimaña y Corbera. Otras citadas posteriormente son Las P asaderas, Saranyena, Soto de B ienvendenia, Soto del J opar , la Hor- tilla, el V iñar , S usiello de Miranda, M onte de J uslibol y Las Navas. M aría J osé F alcón, 1985. 28 El término de la H uer va propiamente dicho, ya se mencionaba en documentos de 1163, y se componía a su vez de diversos términos que, aunque englobados con el nombre genérico de La H uerva a efectos de elección de guardas y otros de tipo administrativo . II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 70 [F . II-1.13] Mapa de los términos rurales de Zaragoza en el siglo XV . María Isabel Falcón Pérez. [F . II-1.14] Plan du Circuit de la Ville de Saragosse. 1711. 71 En su margen der echa, el H uerva alimentaba el término de las A dulas 29 , que se dividía en partidas cuyos nombres corr espondían a los días de la semana, excepto domingo, por la cir cunstancia de poder regar únicamente en la jornada que según su denominación les correspondía. En el espacio de la llanura del río E bro, al este de la ciudad, se situaba el término de la las F uentes que destacaba desde el siglo XIII por plantación abundante de olivar es y viñedos y englobaba las partidas de Zaragoza la V ieja, Rabalete, Cantalobos, Plano de F uentes y S oto del P eón. En los años 1470- 1471 vio sus tierras mejoradas por la construcción de una nueva acequia que denominaron acequia N ueva de Las F uentes, y que contaba, como puede obser varse en muchos planos de la ciudad, con un suministro adicional de agua desde una hijuela de la acequia del Rabal que cruzaba mediante un acueducto el río Ebr o 30 . C uando no llegaba agua o se rompía este acueducto, los regantes pedían agua al término de las A dulas. En las terrazas superior es se encontraban los términos de Miraflor es, Rabalete y Cabaldos, en los que predominaba el secano . Miraflores, que era el término de mayor extensión, ya que incluía un amplio monte de secano (a la postre, el M onte de T orrer o), fue creado en 1535, cuando se mojonó e hizo término lo que antes era partida. Este término recibía aguas sobrantes de la acequia de Alfaz. El sistema de pr opiedades y el régimen de explotación en la huerta de Zaragoza en el siglo XV es un aspecto de especial r elevancia. De acuer do con las investigaciones de la historiadora M aría I sabel F alcón, las casas y campos de Zaragoza y su término pertenecían en su mayoría al M unicipio, a la Or den de San J uan de J erusalén, que incrementó sus bienes con los her edados del T emple, a los cabildos de La Seo y de S anta María la M ayor , a las Órdenes monásticas, a las parroquias y a unos cuantos grandes señor es: “E n algún documento apar ece la mención de una casa fr anca, es decir , no gr avada por ningún censo y cuyo propietario lo es del dominio útil y del dir ecto, pero en la mayoría de los casos los vecinos de Zar agoza disfrutaban de tierr as y viviendas, en virtud de contr atos enfitéuticos, del dominio útil y de la facultad de enajenarlo o tr ansmitir lo por her encia, pero pagando un canon anual al dueño del dominio dir ecto y con una serie de condiciones especificadas en los contr atos de treudos. P or ello, muchas superficies er an propiedades ‘ dadas a tr eudo ’”. 31 [F . II-1.13] En muchos casos, estas zonas ‘ dadas a treudo ’ correspondían con amplios espacios de la llanura aluvial que tenían una condición de tierras inundables y que previsiblemente r equerirían cuantiosas inversiones para mantenerlos en producción. En los espacios de la margen izquier da del Ebro, en las riberas de la Almozara y en los sotos de Las F uentes, existían muchos espacios dominados por el régimen del río Ebr o, pertenecientes a la ciudad o a estas órdenes monásticas. 32 [F . II-1.14] [F . II-1.15] [F . II-1.16] Hay que hacer r eferencia asimismo a los montes del término de Z aragoza, que han tenido una importancia histórica considerable por su explotación como zona de pastos o agrícola, y contaban también con una organización y 29 Este término tuvo Or dinaciones otorgadas en 1648, 1672, y 1729. Antonio P eiró, 2008c: 76. 30 Se trata de una construcción realizada en el siglo XVI por el maestro fustero J aime F anegas que regaba los términos de Las F uentes y Can- talobos. A pesar de ello, estos términos nunca tuvieron agua abundante hasta la construcción del Canal Imperial, y buen parte de sus tierras estaban dedicadas a sotos. En los planos del siglo XVIII (1712, 1792) se aprecia con clari- dad el acueducto que atraviesa el río Ebro, para llevar aguas del Rabal al término de Rabalete. 31 ‘ T reudo ’ es un término típicamente aragonés significativo de censo enfitéutico, cuyo canon es pagado por el dominio útil al directo en dinero o en especie. Con el mismo nombre de treudo se designa también el canon o renta pagada por razón de este censo. M aría José F alcón (1985) describe el proceso de ‘ dar a treudo ’: “Corres- pondía a los jurados junto con el capítulo y consejo municipal ordenar la concesión de treudos, si bien los primeros tenían licencia permanente de la asamblea para actuar solos. Hasta una fecha indeterminada, entre 1439 y 1442, el delegado y representante del concejo y universidad zaragozanos para todo lo relaciona- do con los treudos fue el procurador de ciudad. A partir de esta fecha se creó un nuevo cargo: los síndicos a dar a treudo; para desempeñarlo se nombraban anualmente dos funcionarios, los cuales heredaron las atribuciones que en este campo tenía antes el procurador . Únicamente la visita anual de las propiedades treuderas al erario municipal, de la que un notario había de extender carta pública, siguió encomendada al procurador de ciudad.” De esta manera, la ciudad de Zaragoza y las ór denes religiosas co- mentadas eran poseedoras del dominio directo de muchas fincas (campos, casas, tiendas, patios y torres de las murallas) que se daban a treudo . M uchas propiedades estaban gravadas con un treudo anual pagadero en trigo, desde una arroba a nueve cahíces. 32 Son espacios de r educidas infraestructuras, y previsiblemente con una rentabilidad escasa. E n algunos documentos estos propietarios figuran como ‘ manos muertas ’. Antonio P eiró, 2008c. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 72 [F . II-1.15] Plano de Zaragoza. 1712. [F . II-1.16] Término de Las Fuentes y término de las Adulas. 1792. 73 gestión análoga a la de los términos regantes, con consejos, jurados y capítulos, y con guardas especiales para su cuidado, denominados ‘ monteros ’. 33 [F . II- 1.17] [F . II-1.18] De todos los montes del término de Zaragoza, el de M iraflor es, posteriormente denominado monte de T orrer o es el que mayor trascendencia ha tenido en la conformación de la ciudad actual. En primer lugar por su proximidad al límite de la ciudad histórica, ya que se situaba en la margen derecha del río H uer va, a una distancia inferior a dos kilómetros desde la puerta de Santa Engracia. A demás, por su cercanía a la ciudad, este monte ha tenido una posición estratégica en los acontecimientos bélicos. Desde la conquista de la ciudad por tropas cristianas hasta los episodios de la batalla de Zaragoza de 1710 y hasta los S itios de Zaragoza (1808-1809), los baluartes, los puntos de obser vación, y los barrancos como fosos de defensa han sido protagonistas de estos episodios. 34 En el siglo XVIII el monte de T orrero estaba sometido a una explotación intensa. U na nutrida red de caminos daba acceso a los viñedos, olivar es, espacios de ganado, parideras, etc. Estaba muy bien comunicado con la ciudad. El camino de T orrero, que ya contaba entonces con arbolado, partía del puente de Santa Engracia y alcanzaba la torr e y el molino de este monte, situadas al pie de la acequia del Plano, pro v eniente del río H uerva. Esta acequia era en realidad el límite del monte en toda su base, y suponía en la práctica una barrera física entr e estas dos condiciones (la huerta y el monte). ‘ Aguas abajo ’ del molino y del primer puente, existía un segundo puente, el denominado ‘ puente del V irr ey ’ por el que cr uzaba el camino pro veniente desde el antiguo conv ento de San J osé, y del puente de San J osé que permitía el acceso a la ciudad desde la puerta Quemada. [F . II-1.19] 33 La historiadora María J osé F alcón r ecoge las partidas de montes que limitaban con los térmi- nos de los pueblos que circundaban el término municipal de Zaragoza: V al de Espartera, V al Mayor , V al de los F oranos, V al de Marraquo, Plano de los Castiellos, Sierra del P inar , V al de la T iniyossa, V al de la Confiaría, V al del Abellar , Las Alcantariellas, V al Lorguera, Cabeza Espia, V al de Fuentes, V al de Bernat, Las Cabanyas, Los Abellar es de Salv ador , La V al Cremada, V al de la Piedra, B arranco de los Ladrones, V al del P ozo, V al de la Bueya, V al de P ero Ximénez, V al de la Donya, V al de V allopar y la V al de la Rei- na. Resulta inter esante la consulta del Estatuto de los montes de la ciudad, otorgado por los jurados, capítulo y consejo el 13 de noviembr e de 1467. En él se propone el intento de escaliar zonas de monte hasta entonces improductivas. 34 V er las representaciones de batallas en el barranco de la M uerte en [F . V -2.7]. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 74 [F . II-1.18] «Croquis del Monte y Dehesa que posehe el pueblo de Juslibol empalmando con el terreno que litiga como P ardina de Miranda y sus limítrofes», s. XVII. Se representa el río Ebro con cauces divagantes y se señala el curso del actual galacho de Juslibol. [F . II-1.17] Monte de T orrecilla, s. XVI. El monte de T orrero se representa con tres zonas arboladas, estructuradas por el camino de T orrecilla, que cruzaba el Huerva y llegaba al recinto de la ciudad. 75 [F . II-1.19] Monte de T orrero. a. Plano de Zaragoza en la batalla de 1710. Mr . T indals, 1741. El Ebro y el barranco de la Muerte cierran la ciudad por el este. b. Plano del monte Mira Flores (actual monte de T orrero). Antonio Bartibás, agrimensor . 1762. c. Plano topográfico del monte de T orrero. Antonio Berbegal, arquitecto. b a c II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 76 [F . II-1.21] Plano de Zaragoza. R odolphe. 1746. R epresentación de la ciudad de Zaragoza y sus alrededores a cargo del ingeniero Sebastian de R odolphe (en otros lugares aparece como “R odolfi”). [F . II-1.20] Informe sobre la rotura de la presa de Marimarta (1743), realizado por el ingeniero Antonio Lasierra en 1899. 77 II.1.4. PRIMERAS TENT A TIV AS DE MODERNIZACIÓN AGRÍCOLA El pr oceso histórico de la construcción de la huerta en Zaragoza es el resultado de un esfuerzo colectivo contiuado a lo largo de muchos siglos, que mediante la construcción de azudes, acequias, terraplenes, etc., consiguió poner en riego distintas partidas, consiguiendo importantes logros y progresos económicos en cada una de esas conquistas parciales. A un así, llega Zaragoza al siglo XVIII con un entorno agrícola muy extenso, pero sujeto al mismo tiempo a importantes restricciones naturales, generadas por la irregularidad de los cauces agrícolas que presentaban importantes épocas de sequía o crecidas impetuosas, que suponían importantes reveses al sector agrícola. A unque el paseo de la ribera del Ebr o ya era un espacio acondicionado y defendido por muros de piedra, las r ecurrentes av enidas del río E bro continúaban sometiendo al puente de piedra a una situación incierta, en la que cada embite ponía en jaque a toda la ciudad, pendiente de los destrozos que el río pudiera ocasionar , y que debían ser , en su caso, respondidos con costosas actuaciones de refuerzo y consolidación. P or otro lado, un territorio fértil en la llanura del Ebro, sujeto a modificaciones en el trazado del cauce, y a las imprevisibles v ariaciones de su nivel en determinados periodos del año . En la margen der echa, las aguas del J alón y del H uer va r egaban las huertas próximas y las huertas en el interior de la ciudad, pero las partidas eran muy amplias y los caudales escasos, muy condicionados por los recurr entes estiajes. Y en muchas ocasiones, las tormentas destruían o, “ como mal me nor , enrronaban las acequias dejándolas inservibles o haciendo necesarias costosas reparaciones ”. 35 P ara poder solventar la situación de la falta de agua, especialmente en los riegos del H uer va, en 1688 a instancias del Consistorio de Zaragoza se propuso a los Capítulos de los Términos del río H uer va y a los señores de los lugares de su ribera, la construcción de un embalse en la partida de la peña de Marimarta, cerca del lugar de M ezalocha. P ara justificar su constr ucción, además de las ventajas para el riego y las infraestructuras existentes, se destacó en aquel tiempo la mejora en el aspecto estético que esta obra supondría en la campiña zaragozana. 36 Se r edactó un primer proyecto, que planteaba un dique cir cular de 120 palmos de altura (unos 23,16 metros). A unque este proy ecto fue aprobado por una Real Célula expedida por el monar ca Carlos II el 11 de junio de 1698, lo cierto es que no puedo llevarse a cabo. E l marqués de Castelar retomó esta idea y en 1718 presentó al Ayuntamiento de Z aragoza un nuevo pro yecto redactado por J osep de Ollet, que introducía algunas variaciones r especto del pro yecto original. El pro yecto fue aprobado por la ciudad de Zaragoza en 25 de febrer o de 1719, y asumió su financiación “ usando para este fin de la sisa 35 P eiró, 2008c: 117. 36 Discurso sobr e la execución y establecimiento de nuevo riego para los Lugar es y Términos de la H uer va y Conveniencias que fe figuen, Año 1688, Impr enta de los Her ederos de Diego Dormer . J osé Antonio Bolea, 1986: 393-397. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 78 [F . II-1.22] Zaragoza. Ciudad y estructura hidráulica en el siglo XVII antes del Canal Imperial de Aragón. 79 de dos dineros de plata que estaba autorizada a cobrar para la construcción del puente de madera que había entonces sobre el E bro ”. 37 La presa se inauguró en 1743, per o tan solo 23 años más tarde, el 20 de junio de 1766, el dique se rompió por una cr ecida del río H uer va. A unque no hay ninguna descripción documental de cómo se produjo este accidente, el ingeniero Antonio Lasierra investigó esta cuestión un siglo más tar de, y a la vista de los restos de la pr esa dedujo que la causa de su ruina fue el no haber llegado con sus cimientos a tierra firme, de manera que la erosión del agua en la base, arrastrando materiales gruesos, y dada la exagerada cur vatura del dique, empezaría a inclinarse por su centro aguas arriba, a cuartearse, y por fin a su completa y paulatina destrucción. U n defecto que, por otra parte, como señala el mismo autor , “ resultó frecuente en otras pr esas de importancia ”. 38 [F . II-1.20] La rotura de la pr esa de Marimarta en 1766 supuso una gran decepción en el campo económico y una situación de fracaso de la tecnología aplicada. P rosiguió una situación ya conocida de escasez de agua para riego en la huerta de Zaragoza, en la que muchas partidas situadas en las partes alejadas de las primeras derivaciones no r ecibían agua. De hecho, las comunidades de Almotilla y Miralbueno no desistier on en su intento de contar con esta presa en el río H uerva, hasta conseguirlo muchos años después. 39 P or otra parte, otros proy ectos como la reno vación de la A cequia Imperial, que había sido impulsada en 1738, 40 si encontraron las condiciones sociales, económicas y tecnológicas necesarias y propicias en la segunda mitad del siglo XVIII, en parte por el desarrollo tecnológico adquirido en países colindantes que iba a ser una garantía para los nuevos pro yectos que habrían de desarrollarse en el r eino de España. P ero sobre todo por el tesón demostrado por varias personalidades zaragozanas que antepusieron los intereses colectiv os a los suyos propios, y supieron llev ar a la práctica un desafío tecnológico sin precedentes en Z aragoza: el Canal Imperial de Aragón. [F . II-1.21] [F . II-1.22] 37 En 1719 se inició la construcción de esta presa, y se trabajó a buen ritmo, hasta que la riada de 1726 obligó a paralizar los trabajos. Las obras se reanudaron al año siguiente, con varios retrasos pr ovocados por falta de fondos y por incrementos en su pr esupuesto. Antonio Lasierra, 1899a: 74-75. 38 Ocurrió un fenómeno similar en la presa de toma de aguas del Canal Imperial de Aragón y la Casa de compuertas que tuvieron un grave accidente el 23 de agosto de 1874. Era entonces presidente de la J unta del Canal D. M ariano Ro yo, y ante los problemas financieros existen- tes “ trazó el plan necesario para acometer las obras de reparación e ideó el famoso empréstito del Canal Imperial, que tan alto puso en España el nombre de Aragón ”. V er Antonio Lasierra, 1899a y 1899b. 39 En 1822 los arquitectos T iburcio del Caso y J oaquín Gironza r econocieron el terreno y de- terminaron que el mejor punto era precisamen- te el punto de la antigua presa, pero en aquel momento no fue posible encontrar financiación ni apoyo . En junio de 1834 los arquitectos J osé de Y arza y Atilano Sanz presentaron un pr oyec- to a la J unta del H uerva para la reconstrucción del pantano, y en 1852 formuló una propuesta el empresario francés P edro Rusée, residente en Zaragoza. U na vez constituido el S indica- to de Riegos del H uerva en 1859, se aprobó un nuevo pro yecto (Ramón García y Ramón Gironza, 1883). E n 1896 fue aprobado por el Congreso el pro yecto de Ley para tender la reconstrucción del pantano de M ezalocha. Con las modificaciones introducidas por Lasierra y P urroy dier on comienzo las obras, que se concluyeron en 1906. En 1946 se construyó el pantano de las T orcas, aguas arriba del pantano de M ezalocha. 40 [El pro yecto de reno vación de la antigua A ce- quia Imperial, abandonada desde el siglo XVII, comenzó por encomienda del monarca F elipe V , en 1738, a los ingenieros reales Bernardo Lana y Sebastian R odolphe para convertir el hasta entonces simple canal de riego en un ca- nal de riego también navegable que reforzara el proy ecto de unir el Ebro con el M editerráneo .] II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 80 81 El Canal I mperial de Aragón es una gran obra hidráulica que se enmarca en las aspiraciones de progr eso económico impulsadas desde los movimientos de la Ilustración. En España, se inicia este impulso con el r einado de F ernando VI y su influyente ministro Z enón Somodevilla, M arqués de la Ensenada, así como con un conjunto de personalidades (Conde de Campomanes, Bernar do W ard, J o vellanos, etc.) que promueven la construcción de nuevos caminos y canales y ríos navegables. P ertenecen a esta nueva red de desarrollo el Canal de Castilla, el Canal Imperial de Aragón y el Canal de Amposta, concluido en 1792 pero abandonado pocos años después, por su aterramientos. Y también otros menor es, como el de Guadarrama y M anzanares, que nunca llegaron a terminarse. Se emulaban así los pr ogresos ya habían logrado otros países v ecinos. De hecho, el Canal de Languedoc (o Canal de Midi), que unía T oulouse con Sete en un r ecorrido con cien esclusas y tres grandes acueductos, fue una refer encia clara para las obras españolas. 1 La ciudad de Zaragoza, con unos 46.000 habitantes, vivía en la segunda mitad del siglo XVIII un floreciente dinamismo, con un activ o movimiento ilustrado en torno al Conde de Aranda, al Conde de F loridablanca, a la Real Sociedad E conómica Aragonesa de Amigos del P aís, que tenía entre sus objetivos r evitalizar la economía regional, y sobre todo a la figura de Ramón de Pignatelli. La Real S ociedad Económica Aragonesa de Amigos del P aís, fundada en 1776 tuvo un destacado papel en muchos campos. En el campo docente, creo la Cátedra de Agricultura y la Casa de la M isericordia, donde Ramón de Pignatelli impulsó la cr eación de talleres. F ueron años en los que se acometieron obras destacadas en la ciudad, entr e ellas las de la capilla de la Virgen del P ilar , obra del arquitecto madrileño V entura R odríguez (iniciadas en 1754 y terminadas en 1765), y las pinturas realizadas por F rancisco de Go ya y su cuñado Bayeu en las cúpulas de la basílica. 2 II.2. MODERNIZACIÓN AGRÍCOLA. CANAL IMPERIAL DE ARAGÓN, ACEQUIAS MADRE E HIJUELAS II.2.1. EL CANAL IMPERIAL DE ARAGÓN 1 Obra del prestigioso ingenier o Pierre-P aul Riquet, el Canal de Midi fue construido entre 1665 y 1692. 2 El templo se consagró en 1772 y en 1804 Carlos IV concedía que el día 12 de octubre fuera festivo . “C uando cruzamos este canal cerca de Zar agoza, en nuestro camino hacia Madrid, nos detuvimos a examinar las obr as; y debo confesar que nunca he visto nada tan bello o tan perfecto en su clase como las exclusas y embar caderos.” J oseph T ownsend. A J ourney through Spain in the Y ears 1786 and 1787. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 82 [F . II-2.1] “T razado de la Acequia Imperial desde el Bocal a Quinto”. Jean Augustin Badin, ingeniero. 1766. [F . II-2.2] “Continuación de el Plan General que manifiesta la ruta que puede llevar el Canal Imperial de Aragón y tierras que riega desde el término de P inseque al de Fuentes exclusive ambos”. Joachin Villanova, ingeniero del Canal Imperial, 1775-6. a. Plano general. b. Detalle del plano, correspondiente al área de la ciudad de Zaragoza y el cruce del Canal sobre el río Huerva. a b 83 P ero sin duda es el Canal I mperial de Aragón la infraestructura que transforma radicalmente el paisaje agrícola de Zaragoza, moderniza los sistemas de organización y reparto de riego, y sienta las bases para el desarrollo urbano del siglo XIX. P or su escala, y sobre todo por la complejidad funcional con la que se pro yecta es el mejor exponente de la política de obras hidráulicas de la Ilustración en España. La obra estuvo sujeta a muchas propuestas y cambios, que se r emontan a la iniciativa de Carlos I cuando impulsó la construcción de la Acequia I mperial, posiblemente con la intención de “ remediar los problemas que la escasez e irregularidad del caudal de la acequia de La Almozara causaba en los r egantes de la huerta de Zaragoza ” 3 . Se r etomó más adelante la obra cuando Carlos III concediera la construcción de la obra a compañía francesa Badin, aunque finalmente esta empresa se extinguió y no llegó a culminar los trabajos. [F . II-2.1] De la dificultad del pro yecto dan cuenta los numerosos pr oy ectos técnicos y expertos implicados en la obra. El plano de J oachin V illanov a ( J oaquín de Villanuev a), elaborado en el tiempo que este ingeniero estuvo al fr ente de las obras de este Canal, entre 1775 y 1776, muestra la “Continuación del plan general que manifiesta la ruta que puede llevar el Canal Imperial de Aragón y tierras que riega desde el término de Pinseque al de F uentes, ex clusive ambos ”. Este plano muestra los pro yectos de los ingenieros J uan Krainjenhoff (que participó en el proy ecto a iniciativa de inversor es holandeses), J uan Sánchez Bort, que aportó soluciones aprovechando los trabajos de sus predecesor es, y el de Gil P in, así como el trazado propuesto por el propio J oaquín de Villanuev a. [F . II-2.2] En el caso de Zaragoza r esultó crucial la decisión sobre la cota del Canal y la manera de cruzar el río H uer va, y la de apro vechar o no otras infraestructuras de riego anteriores que discurrían en la base del monte de T orrer o, como la acequia del Plano . El punto más complejo, como lo había sido antes el cruce del río J alón, era el cruce del Canal Imperial sobr e el río H uerva. J oaquín de Villanuev a resuelve finalmente este punto descendiendo con unas esclusas en las terrazas de la margen izquierda del H uer va y proponiendo un amplio acueducto de un solo arco, que pasó a denominarse el “O jo del Canal”. Otras opciones de trazado, como la de J uan Krainjenhoff , que no llega a r esolver este reto ya que su trazado se queda cortado en la margen izquier da del río H uerva, o la propuesta de Gil P in, que plantea un canal a una cota mucho más elevada que la propuesta por V illanueva, quedan desestimadas. U na v ez finalizado, y aunque en su tramo final no puso completarse tal y como se había pretendido, el Canal I mperial de Aragón es una de las más importantes obras de ingeniería hidráulica realizadas en E uropa en el siglo XVIII. Con un planteamiento multifuncional, tiene un recorrido de 110 km desde El Bocal (N avarra) hasta Zaragoza, salva un desnivel de 125 metr os, encauza un caudal que oscila entre 25 y 30 m 3 /s, que permite el riego de unas 25.000 hectáreas, y el abastecimiento de agua a muy div ersas poblaciones e industrias. [F . II-2.3] [F . II-2.3] Planteamiento multifuncional del Canal Imperial de Aragón. a. T ransporte fluvial. b. Abastecimiento de agua a industrias y zonas de riego c. Dimensión urbanística, complejos logísticos en Zaragoza. Imagen de la Iglesia de San Fernando en el nuevo complejo logístico del puerto de Miraflores, en T orrero (Zaragoza). 3 Ayuntamiento de Zaragoza (ed.), 2017: 61. a b c II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 84 [F . II-2.5] “Plano que manifiesta la situación y dirección del Canal Ymperial, desde el Monte T orrero hasta su introducción al río Ebro”. Félix Guitarte, Ambrosio Lanzaco, T iburcio del Caso, 1802. [F . II-2.4] Plano general de el Canal Imperial de Aragón, y R eal de T auste, que muestra sus términos y confrontaciones; y por números el pormenor de sus obras que corresponden a las láminas particulares de cada una de ellas. Félix Guitarte, 1796. a. Plano general. b. Fragmento central del plano. a b 85 Zaragoza inauguró el Canal I mperial en Casablanca el 14 de octubre de 1784 en el puerto de Casablanca con grandes celebraciones. Y en 1786 Ramón Pignatelli mandó lev antar una fuente en conmemoración del acontecimiento, para convencimiento de los incrédulos y descanso de los caminantes “ incr edulorum convictione et voatorum commodo ”. [F . II-2.4] Lamentablemente, el objetivo de convertir el Canal en una infraestructura de transporte fluvial para poder conducir mercancías hasta el M editerráneo no alcanzó su propósito inicial, aunque sí se consiguió de manera parcial, dando salida a los productos de la meseta castellana al menos en el tramo T udela-Zaragoza. E l transporte fluvial en el Canal habría de ser sustituido por el ferrocarril, que tuvo una rápida implantación en la segunda mitad del siglo XIX, conectando las principales ciudades y puertos del país. De aquellos ‘ sueños ilustrados ’ de un canal navegable hasta el M editerráneo nos han quedado magníficas repr esentaciones y pro yectos en los que la ciudad de Zaragoza ha estado ‘ unida al mar ’, en una amplia franja, detalladamente dibujada por muchos ingenieros y arquitectos. E l plano de Félix G uitarte 4 , Ambrosio Lanzaco 5 y T iburcio del Caso 6 , de 1802, es un buen ejemplo . 7 [F . II-2.5] En el tiempo de su construcción y durante muchas décadas posteriores el Canal Imperial fue la obra más espectacular que podía contemplarse en Zaragoza. P or el alarde ingenieril de muchos de sus elementos y por la cuidada ejecución de su fábrica muchos viajeros se detienen en esta obra, la contemplan y la describen en sus cuadernos. Entr e ellos, J ean F rançois Bourgoing, que realiza un viaje a Aragón, con el principal cometido de visitar Aragón y en concreto el Canal I mperial de Aragón. Y para ello contacta con Pignatelli y viaja con J uan P ayás, D irector del Canal y duerme en la Canaleta, y deja interesantes testimonios de esta magnífica obra hidráulica. Iglesia de San F ernando, en el complejo logístico de T orr ero . 4 Félix Guitarte, delineante del Canal Imperial de Aragón, es autor de un buen número de planos relativos a las obras del Canal. D ibujó el Plano general de los Canales Imperial de Aragón, y Real de T auste, que muestra sus términos y confrontaciones; y por números el pormenor de sus obras que corresponden a las láminas particulares de cada una de ellas. Este plano forma parte del libro editado en 1796 por el Conde de Sástago con el título “Descripción de los Canales Imperial de Aragón y R eal de T auste ”, considerado una de las joyas bibliográ- ficas del siglo XVIII en España. 5 Ambrosio Lanzaco (Zaragoza, 1770-1817), arquitecto . Estudió en la Escuela de Dibujo y en la de Matemáticas de la S ociedad Económica y , posteriormente, continuó su formación en la Academia de S an Luis. En 1786 comenzó a tra- bajar en las obras del Canal Imperial de Aragón. En 1794 obtuvo el título de agrimensor . T ras la guerra de la Independencia compartió con T iburcio del Caso los cargos de D irector de Arquitectura de la Academia de S an Luis (1813) y Dir ector facultativo de los Canales Imperial de Aragón y de T auste (1814). 6 T iburcio del Caso Martínez (Zaragoza, 1769 – 1846). Empezó a trabajar en la construcción del Canal Imperial de Aragón en 1785 como ayudante de su padre (Benito del Caso, encar- gado del Departamento del J alón). T ras su etapa de formación en la Real S ociedad Económica Aragonesa y en la Real A cademia de Bellas Artes de San Luis, en 1796 es nombrado apar eja- dor-encargado para la construcción de la nueva iglesia de San F ernando de T orrero . 7 Plano que manifiesta la situación y dirección del Canal Ymperial, desde el M onte T orrero hasta su introducción al río Ebr o. 7 de ener o de 1802. Félix Guitarte, Ambrosio Lanzaco y T iburcio del Caso . Centro Geográfico del Ejército . II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 86 [F . III-2.6] Imágenes del Canal Imperial en el entorno de Casablanca. a. Puente de En medio, en el barrio de V aldefierro. b. Esclusas de Casablanca. c. Puente junto a las esclusas. d. Aspecto actual del paseo del Canal. [F . III-2.7] “Plano que manifiesta todas las obras construidas y proyectadas en el Monte T orrero”. González. 1794. [F . III-2.8] Cuartel de T orrero. 1917. a b c d 87 II.2.2. LOS PUER T OS DE CASABLANCA Y MIRAFLORES Dos enclav es van a r esultar clave para el desarrollo de la ciudad de Z aragoza, el puerto de Casablanca y el puer to de Miraflor es. En el puerto de Casablanca se levantaba la casa de S an Carlos (la llamada ‘Casa Blanca ’ por el color de su fachada) que ser vía como almacén y posada, y la capilla de N uestra Señora del Pilar . Contaba con varias esclusas que permitían salvar el desnivel en este punto . A la salida de este complejo se construyó un puente acueducto que permitía el cr uce de la acequia del Sábado que atravesaba la R omareda. E l camino a V alencia, que conectaba este punto con la ciudad en la puerta del Carmen, era un paseo arbolado. [F . III-2.6] El puerto de M iraflores es un complejo más ambicioso . S e dispone en un tramo recto y largo del Canal, en la base del monte de T orrer o. E n el eje del camino de T orrer o, sobre el Canal, y antes de la dársena del puerto se construye el puente de América, que daba entrada al monte de T orrero . S us largas rampas de acceso obligan a girar la disposición del nuevo complejo, denominado ‘ T orrero ’ en muchos planos, que alberga todos los edificios y almacenes relacionados con la actividad de transporte fluvial del Canal. 8 [F . III-2.7] [F . III-2.8] La ordenación urbanística de este conjunto r esponde a los planteamientos del urbanismo ilustrado 9 , con composición simétrica y racional. En el eje de composición, se dispone la Iglesia de S an F ernando, cuya construcción dirigió T iburcio del Caso en 1799, y es notable ejemplo de arquitectura clasicista. La iglesia se dispone en el punto más visible de la cornisa, aunque tiene su fachada principal orientada hacia la plaza central, que organiza el núcleo central del conjunto con seis pabellones, dos en forma de “L” que arropan el fr ente de la iglesia, otros tres, paralelos y de planta alargada, ortogonales a la fachada hacia al puer to, conformada por un bloque líneal con fachada a las playas del puerto fluvial. Los pabellones son edificios lineales, de dos alturas, y con cubierta a cuatro aguas. E l plano de 1917 nos da una perfecta idea del funcionamiento de este complejo, que ha mantenido desde su construcción funciones militares. P uede apreciarse la complejidad funcional del conjunto, en el que las líneas del tranvía ser vían para trasladar a las personas desde la ciudad a T orrero y vicerversa, pero también para trasladar mercancías que llegaban en grandes barcazas desde N avarra y desde la huerta zaragozana, y con carros o tranvías se conducían hasta las fábricas de la ciudad (remolacha azucar era, por ejemplo). El lav adero circular , o el abrevadero eran elementos cer canos a la acequia del Plano, designada como ‘ del M olinar ’ en este documento . 8 El puente pro yectado corr esponde con el modelo ejecutado en otros puntos del Canal, como el puente de Clavería, por ejemplo . U n puente de fábrica, de un único vano . T oma ese nombre por que el R egimiento de América construyó los cimientos del puente. El puente se elevaba considerablemente a través de unas suaves rampas. El conde de Sástago lo describía así: “ desde la parte superior de este puente se logra un punto de vista el más delicioso, por descubrirse a un mismo tiempo una porción grande y recta del Canal, mucha huerta, mucho viñedo y diferentes poblaciones y montes ”. Este puente fue sustituido en 1904 por el actual, obra del ingeniero J osé María Ro yo V illano va y del arquitecto municipal Ricar do Magdalena. Está realizado en hierro sobr e pilas de fábrica, con decoración de barandillas y farolas diseña- das por Magdalena, buena muestra del trabajo de forja de estilo modernista. 9 U na visión completa de las actuaciones de la monarquía ilustrada en España ha sido estu- diada por J or di Oliveras S amitier en su libro N uevas poblaciones en la E spaña de la Ilustr ación. Barcelona : Colección Ar quíthesis, nº 2. 1998. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 88 [F . II-2.9] Instalaciones de T orrero. Evolución urbanística del complejo. a. El complejo visto desde la playa de T orrero. h. 1900. b. Caballos del complejo, h. 1900. c. Lavadero público “La balseta”, junto al complejo, h. 1900 d. El Cuartel de T orrero en 1973. e. Cuartel de San Fernando, en 1975. a c b d 89 En definitiva, un conjunto de inteligente disposición, muy r epresentativ o del urbanismo ilustrado que, lamentablemente, no ha llegado a nuestros días, ya que fue demolido de manera casi total en los años 70. La construcción del nuevo acuartelamiento de San F ernando, con aparcamiento subterráneo y nuevos edificios de oficinas, mantiene su condición de enclave cerrado, en el que se conser va unicamente la iglesia de S an F ernando. [F . II-2.9] En todo caso, con la puesta en marcha de estas instalaciones se forja la estructura de caminos del sector de Miraflor es. P or un lado, el camino de T orrer o adquiere mayor r elevancia e importancia, y la actividad portuaria del Canal se canaliza principalmente en este recorrido ya que es la conexión más rápida con la ciudad. P or otra parte, se abre un nuev o camino, el de San J osé, que conecta T orrero con el puente de S an J osé. Es en r ealidad un camino que parte del punto medio del camino antiguo del P uente Virrey y que alcanza directamente y en pr onunciada subida final las instalaciones del puerto de Miraflores, per o que, por la importancia del itinerario se adopta este nombre ya de manera definitiv a como camino de San J osé para todo el recorrido (posteriormente, av enida de San J osé) 10 . Mas tar de, se construye un tercer itinerario, que conecta el puente de S anta Engracia con el camino de la acequia de las Adulas (camino que baja de T orrero a S an J osé) y que será a la postre el paseo de las D amas. 10 El puente de S an J osé y el camino de San J osé cogen su nombre del convento de S an J osé que fue construido por la Orden de los Carmelitas Descalzos en el siglo XVI, junto al puente que conectaba la ciudad con el Bajo Aragón y el mediterráneo, en una zona de huerta situada en la margen derecha del río H uerva, regada por la acequia de las Adulas. J unto al Convento, un puente sobre esta acequia, daba paso a la carretera hacia el B ajo Aragón y al camino que ascendía hacia el monte T orrero, a alcanzar el puente del V irrey sobre la acequia del P lano. Este Convento per duró en este lugar hasta 1835, para cumplir funciones de P enal hasta 1900. El puente de S an J osé quedó destruido en una riada acaecida en 1830. Se construyó un nuevo puente, esta vez unos metros ‘ aguas arriba ’ del anterior , a la altura de la puerta del Duque, junto a la iglesia de S an Miguel. e II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 90 [F . II-2.11] Plano catastral del término regante de Miraflores. Joaquín Pérez de R ozas, ingeniero geógrafo. 1873. [F . II-2.10] Fragmento del “Plano que manifiesta la situación y dirección del Canal Ymperial, desde el Monte T orrero hasta su introducción al río Ebro”. Félix Guitarte, Ambrosio Lanzaco, T iburcio del Caso, 1802. La franja que recorre el escorredero de la Filla era en ese momento un espacio inundado, posiblemente conectado en algunos periodos con el cauce principal del Ebro. 91 II.2.3. ORGANIZACIÓN Y GESTIÓN DEL AGUA: SINDICA T OS DE REGANTES La llegada a Zaragoza del Canal I mperial de Aragón supuso la transformación definitiva de un sistema de r egadío de herencia mediev al que adolecía de importantes restricciones de riego, especialmente en los términos regados por el río H uer va y la Almozara. Con esta infraestructura, Zaragoza pasó a tener la huerta más extensa de España, y se relanzó la agricultura como el sector más importante de la vida económica de la ciudad. Las partidas que se regaban con aguas del río H uer va y que quedaban situadas por debajo de la cota del Canal Imperial terminar on de manera progr esiva dependiendo de los caudales de agua suministrados por el Canal Imperial 11 . E n la margen derecha del Ebro, quedan fuera de este contr ol el término de la Almozara, regado con agua del río J alón, y los términos de Almotilla, Alfaz, M ozarrifal y Miralbueno el Viejo (que corresponde con la parte del término de Miralbueno que se regaba con agua del río H uerva), aunque tienen aportaciones puntuales del nuevo sistema de distribución. Así, en 1818, una década después de los episodios de los Sitios de Z aragoza, la zona meridional de Zaragoza, pasó a estar organizada en dos términos Miralbueno y M iraflores, integrando las partidas históricas de cada una de las zonas r eorganizadas. Con la fundación de la J unta A dministrativa del Canal Imperial, a mediados del siglo XIX, se fijó un régimen jurídico de las aguas, y se suprimieron los privilegios existentes a comienzos del siglo XVIII respecto al uso del agua y pago de las alfar das. M ediante Or den y Reglamento de 3 de julio de 1849 se aprobó la cr eación de los Sindicatos del Canal, cuya función principal era la de conser var las acequias, y administrar la forma y cantidad de agua a distribuir entre los r egantes adscritos a dicho Sindicato . En la huerta próxima a la ciudad de Zaragoza se constituyer on el Sindicato de Miraflor es, en la margen derecha del H uer va, y el S indicato de Miralbueno, en la margen izquierda del H uerva. El S indicato de Riegos de Miraflores se constituyó en 1849, y gestionaba una extensión regada de unas 2.111 hectár eas. Su ámbito de gestión lindaba al norte con el Ebro; al este con el barranco de Lierta; al sur , con el Canal Imperial de Aragón, si bien posee algunas fincas situadas en la margen derecha del Canal; y al oeste, con el río H uerva, si bien posee algunas fincas entre la calle Asalto y el río H uerva. El plano catastral 12 r ealizado en 1873 por el ingeniero geógrafo J oaquín Pérez de R ozas 13 es un excepcional documento de la condición catastral en ese periodo, y nos sir ve para tener un r egistro pormenorizado de todos los mo vimientos realizados en las pr opiedades regadas. 14 [F . II-2.10] [F . II-2.11] [F . II-2.12] [F . II-2.13] Aquel mismo año se constituyó el S indicato de Riegos de Miralbueno, 11 En 1808 el término de Miraflor es fue incor- porado el proy ecto del Canal Imperial, con lo que pasó a tener riego. 12 El plano catastral del S indicato de Riego de Miraflor es ( J oaquín Pérez de Rozas, ingeniero geógrafo, 1873) se distribuye en 132 hojas, a escala 1/1000. Se conserva en el Archivo H istó- rico municipal de Zaragoza. El plano r epresenta con precisión las parcelas catastrales, y también es documento útil para estudiar las fábricas y otras instalaciones existentes en esa fecha, como, por ejemplo, alfarerías, fábricas de yeso, fábricas de baldosas, fábricas de harina, fábricas de serrar piedra, fábrica de hilados, fábrica de gas, lavaderos, etc. 13 El ingeniero J oaquín Pérez de R ozas, antiguo Capitán del Estado Mayor del E jército, acreditó una larga trayectoria en levantamiento de pla- nos geométricos de ciudades españolas, siendo el artífice de los planos de, entre otras ciudades importantes, Albacete, Málaga, V alladolid (1863) y Almería (1864) y León (1892). Autor en 1885 de “I tinerarios de España, Baleares y Canarias: ferrocarriles, carreteras, caminos de carros, de herradura, sendas y ver edas ”. 14 En el momento de la constitución de la Comunidad de regantes (1955) tenía una extensión superficial de 1.858 hectáreas, y en 1999 esta superficie se había reducido a unas 1.289 hectáreas. En la actualidad son unas 1014 hectáreas las contabilizadas en el ámbito de estudio de esta T esis Doctoral, como superficies de riego en activo . “E l paisaje que rodea Zar agoza es extr ema - damente agr adable. U na fér til llanur a de gr an extensión, una tierr a altamente culti - vada, plantaciones de olivos, casas de cam - po pintor escas llamadas torres, con jar dines extensos, viñedos, un río noble que fluye a tr avés de esta diversificada llanur a, un cielo claro , la ciudad con sus torr es y capiteles, y sus r ecuerdos – todo se une par a agr adar al ojo e inter esar a los sentimientos. ” J oseph T ownsend. A J ourney through Spain in the Y ears 1786 and 1787. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 92 [F . II-2.12] Esquemas de las redes de los sistemas correspondientes a las ‘acequias madre’ de la Comunidad de R egantes de Miraflores. 2017. Las Fuentes. [F . II-2.13] Estructura de la red hidráulica en el término de Miraflores h. 1898. Cartografía “Zaragoza desde el agua”. 93 con un caudal reconocido del Canal I mperial de Aragón de 6.876 litros segundo de sol a sol, incrementado con el corr espondiente a las concesiones de agua para usos industriales. Este término gestiona una extensión que linda al norte con el de Almozara, al sur con el Canal Imperial de Aragón; al este, con el río H uerva; y al oeste, con el término de Garrapinillos. S u configuración y estructura queda per fectamente recogida en el P lano gener al y parcelario del término r egante de M ir albueno 15 elaborado por el topógrafo Dionisio Casañal 16 . Este plano contiene una información muy detallada de todas las propiedades r egadas por este sindicato en el interior de la ciudad, denominadas como ‘huertos de la ciudad’. 17 [F . II-2.14] [F . II-2.15] En la margen der echa del Ebro, el término r egante de La Almozara no experimenta ningún cambio sustancial, aunque la construcción de nuevas acequias en el término de Miralbueno sí incidió e una may or aportaciones de caudales sobrantes de las ‘ acequias madre ’. La Almotilla y Miralbueno el Viejo se constituyó como una agrupación de partidas que inicialmente per tenecían a Miralbueno . En concreto, los terrenos de Miralbueno que no se vier on afectados por el Canal Imperial pasaron a integrarse en el término regante de Almotilla. T iene una extensión superficial original de 407 hectáreas, de las que unas cien corr espondían a La Almotilla y el resto a M iralbueno el Viejo 18 . E l puente de Enmedio, construido sobre el Canal Imperial, era puente-acueducto ya que por él pasaba el riego de la H ijuela de V aldefierro (alimentada a la vez desde la acequia de S anta Bárbara) hasta terrenos situados al norte del Canal. Como es lógico, los términos situados en la margen izquierda del E bro, el Rabal y U rdán, no se vier on afectados en ningún modo por las actuaciones del Canal Imperial. E l término de Rabal estuvo sujeto a variaciones en sus delimitaciones originales, e incluyó la partida de Gállego. E l régimen de apro vechamiento del pantano de La P eña se incorporó a las or denanzas de esta Comunidad 19 . En los años 30 del siglo XX la Comunidad de R egantes del Rabal tenía una extensión de 3.500 hectáreas. S u ámbito linda por saliente con el río Gállego en línea aproximada de v einte kilómetros, al mediodía con el rio Ebr o, al poniente con regadíos de Candevania de Z uera y Rasilla de Villanuev a y M onte de San G regorio y al norte con este monte y el llamado Canteras de J uslibol. Además de los propietarios de los campos r egados, formaban parte de la Comunidad los dueños de fábricas de harinas, de papel, lavaderos y demás establecimientos que actualmente usan de las aguas de la Asociación con fines distintos del riego . 20 15 Se trata de un magnífico plano, r ealizado a escala 1/5000. El plano tiene fecha 27 de junio de 1889, y su medición fue acordada en may o de 1888 por la J unta del Sindicato. S e conser va en la actualidad en el vestíbulo de recepción del nuevo edificio Sede de la Comunidad de Regantes de M iralbueno. 16 Diosinio Casañal y Zapater o (Zaragoza, 1846-1913). 17 En 1954 se constituyó la Comunidad de Regantes de M iralbueno por los propietarios regantes y demás usuarios de este ámbito . 18 En 1947 se constituyó la Comunidad de Re- gantes de La Almotilla y Miralbueno el Viejo . 19 La Comunidad de Regantes del “Término de Rabal de Zaragoza ” modificó en 1929 sus Or denanzas conser vando de las anteriores todo lo que se halla en observancia sin protesta ni inconveniente, acomodándose a lo establecido en los artículos 228 y siguientes de la Ley de Aguas de 13 de junio de 1879 y teniendo en cuenta el R. D. de 16 de octubre de 1903 que reguló la construcción y apro vechamiento del P antano de La P eña. Fuente: O rdenanzas de la Comunidad de Regantes del Término del Rabal de Zaragoza. Zaragoza, 1929. 20 “Con fuerza motriz: En la acequia Mayor las fábricas de papel denominadas de Guallar , de1 Comercio, de Alsina y de Editorial Calleja y la de harinas llamada M olino de los Horneros. En la acequia Codera del Arrabal las fábricas de harinas de Bozal, de Solans, de F igueras y el M olino de Her ederos de San M iguel. En la acequia de Sancho elllamado M olino del Pilón. En la acequia del M olino de las Armas la fábrica de harinas de la V iuda de V iu. En la entrada de la acequia de Ranillas el molino de D. F austino Ortega. Con fines industriales de consumo de agua: las fábricas de azúcar o de alcoho1 de re- molacha, pertenecientes a Azucarera de Aragón, Azucarera del Gállego, Azucarera del Rabal y Compañía de Alcoholes.” II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 94 [F . II-2.15] Estructura de la red hidráulica en el término de Miralbueno h. 1898. Cartografía “Zaragoza desde el agua”. [F . II-2.14] Detalle del Plano general y parcelario del término regante de Miralbueno. Dionisio Casañal, topógrafo. 1889. a. Detalle de la zona del Canal Imperial y esclusas de Casablanca. b. Detalle de los huertos de la ciudad. a b 95 II.2.4. ESTRUCTURA DEL TERRIT ORIO AGRÍCOLA: ACEQUIAS, BRAZALES Y CAMINOS El Canal I mperial de Aragón es una nueva infraestr uctura diseñada desde el principio como mecanismo de transporte y reparto de agua de riego, con caudal garantizado durante todo el año, con excepción del periodo inv ernal que se dedica a la limpieza de los lodos y arrastres depositados en el vaso del Canal. Las Almenaras de riego son los dispositivos que permiten el r eparto de agua a las ‘ acequias madre ’, que son las acequias estr ucturadoras del espacio agrícola modernizado por el Canal Imperial de Aragón. E n los términos de Miraflor es y M iralbueno, estas ‘ acequias madre ’ per tenecen a la J unta del Canal 21 , aunque son administradas y conser vadas por las Comunidades de Regantes. En el término de M iralbueno existen las siguientes Almenaras que suministran agua a su vez a las siguientes ‘ acequias madr e ’: Santa I sabel F rasno en el km. 74,10; En medio en el km. 79,10; E l Caidero, en el km. 315,10 de la carretera de M adrid; V al de F ierro, en el km. 79,20; El P lano, en el km. 81,70; V iñedo Viejo, en el km. 82,10; H ijuela del Carmen, en el km. 82,20; y Romar eda, en el km. 83,20. P or su estrecha r elación con la estr uctura urbana actual, repr oducimos la descripción oficial 22 de las acequias madres de El P lano, V iñedo Viejo, H ijuela del Carmen y Romareda: A cequia llamada «Del Plano», con su toma de agua del C anal I mperial en el kilómetro 81, Hm. 7, y un cauce, por término medio, de 2,15 metros de anchur a, por otro tanto de cajero a cada costado , y el ataluzamiento correspondiente. P asados los depósitos de agua de abastecimiento de la ciudad de Zar agoza, atr aviesa el camino del P uente de E nmedio, la carr eter a de Madrid, por el kilómetro 317, Hm. 8; el camino de Borjas, por la T orr e de Bar a; el camino de los Escolapios, por tr es puntos; el de G arr apinillos, por la torre de M elero; la carr eter a de Logroño, por el Km. 155, Hm. 10, y el camino de las N oguer as, por la torr e de los A lcaldes, donde se bifurca la acequia en dos, llamada, la de la izquier da, Coder a de la Canal, y la de la der echa, Coder a del Plano, desaguando ambas seguidamente en la acequia de A lmozar a, siendo sus cauces, por término medio, de 1,10 metros la Coder a de la Canal, y de 1,30 metros la Coder a del Plano, más otr o tanto de cajero a cada costado , y el ataluzamiento corr espondiente. Se deriv an de esta acequia las siguientes hijuelas, propiedad exclusiva de la Comunidad; aguas abajo del puente de E nmedio, margen der echa, la hijuela llamada Canal de la Cabr a; a continuación, margen der echa, la hijuela del Miñón; más tar de, margen izquier da, la hijuela del Contribuyente; aguas abajo de la carr eter a de Madrid, en la margen der echa, se deriva la hijuela de la Bombar da, y de esta hijuela, la de la Camiser a; más tar de, en la margen der echa, la hijuela de los E scolapios y , por último , pasado 21 Actualmente la J unta del Canal Imperial es organismo dependiente de la Confederación Hidr ográfica del Ebro, dependiente a su v ez del Ministerio de F omento. 22 Or denanzas de la Comunidad de Regantes de Miralbueno, 1971: 3-10. Comunidades de Regantes. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 96 el camino de G arr apinillos, se deriva la hijuela llamada de las P eñetas. A cequia del «Viñedo Viejo», que tiene la toma del Canal I mperial en el Km. 82; Hm. 1, y atr aviesa el segundo trozo del enlace de carr eteras, y cer ca de la coder a, lo que fue carr eter a de V alencia, desaguando seguidamente en la acequia de la Romar eda, aguas arriba de la Ciudad J ardín. S u cauce, por término medio, tiene una anchur a de 1,30 metros, y otro tanto de cajero a cada costado, más el ataluzamiento necesario .De esta acequia, y cerca de la tajader a del Canal, se derivan las siguientes hijuelas, pr opiedad exclusiva de la Comunidad: en la margen der echa, la hijuela de P elayo; más tarde, en la margen der echa, frente al nuev o Seminario, la hijuela del Cortante, y a continuación, en la margen izquier da, la hijuela de P alau, sin que en dicha acequia existan tornos de repr esa. A cequia llamada «Hijuela del Carmen», con su toma del Canal I mperial en el Km. 82, Hm. 2, y atr aviesa la carr eter a de V alencia y el río H uer va, desaguando en el Canal, fr ente a la A lmenar a del Pilar , Km. 83, Hm. 2. S u cauce, por término medio, es de 1,25 metros de anchur a, con otro tanto de cajero a cada costado , y el ataluzamiento correspondiente. E sta acequia tiene tr es denominaciones distintas, según su tr amo, llamándose, el primero , del Canal a la carr eter a de V alencia, hijuela del Carmen; de dicha carr eter a al río H uer va, se le llama A lmotilla; y desde el H uer va hasta su desagüe en el Canal, se le llama M uzarrifal. Derivan de esta acequia las siguientes hijuelas, propiedad exclusiv a de la Comunidad: aguas abajo de la carreter a de V alencia, margen izquier da, la hijuela del Boquete; más tarde, en la misma margen, la hijuela de E ibar; posterior mente, también, en la margen izquier da, la hijuela de P ellejo y , por último, en la margen izquier da, después de atr avesar el río H uer va por la canal de tubería y cemento , llamada de M uzarrifal, se deriva la hijuela llamada de T eixeir a, sin que en dicha acequia existan tor nos de r epresa. A cequia «Romar eda», que tiene su toma en el Canal I mperial, Km. 83, Hm. 2, y atr aviesa la G r an Vía y el recinto de la F eria de M uestr as, bifur cándose en dos r amales: el de la der echa, cubierto por debajo de la Gr an Vía, tiene su desagüe por el antiguo Camino de los C ubos, donde se deriva la Hijuela de H er ederos llamada del P ontarrón, y el canal de la izquierda, llamado Romar eda Alta, atr aviesa los terr enos de la Ciudad U niversitaria, la Ciudad J ardín, cubierta por una de sus calles, continúa por la fábrica de boinas del señor T ello, atr aviesa la Estación del S epulcro, la calle del T ro vador , Puerta del P ortillo, Convento de Santa I nés, antigua Sierr a del Agua y Lav adero de Castelví, desaguando en el río E bro , después de atr avesar el P aseo de Echegar ay . T iene un cauce, por tér mino medio , de 2,12 metros, más otro tanto de cajero a cada costado , y el ataluzamiento correspondiente. Deriv an de esta acequia las siguientes hijuelas, propiedad exclusiv a de la Comunidad: cerca de la A lmenar a, en la margen izquier da, la hijuela de Santa E ngr acia; pasada la F eria de M uestr as, en el tr amo alto y margen derecha, la hijuela llamada de Capuchinos; posteriormente, también, en la margen der echa, la hijuela del Viernes; a continuación, en igual margen, la hijuela de don T adeo; seguidamente, fr ente a la fábrica de boinas, la hijuela llamada del P or tazgo, y de ésta las hijuelas llamadas del Centr al y de Misericor dia. 97 A su vez, tres acequias pertenecen ex clusivamente a la Comunidad de Regantes de M iralbueno . S on la acequia de «B arber» (que tiene la toma en la margen derecha del Canal I mperial de Aragón, aguas arriba de la Almenara de Santa I sabel), la acequia de «S anta Bárbara la V ieja» (con la toma de aguas en el Canal Imperial, en el km. 77,3), y la acequia del «M ontón» (con su toma de aguas del Canal Imperial en el km. 78,2, y que atraviesa la carr etera de Madrid por el km. 315,3). En el “Plano que manifiesta la situación y dir ección del Canal Ymperial, desde el M onte T orrer o hasta su introducción al río E bro ”, elaborado por Félix Guitarte, Ambrosio Lanzaco y T iburcio del Caso 23 , se aprecia con detalle la estructura del término de Miraflores en 1802. La acequia de las A dulas suministra agua de riego a una amplia extensión, que llega hasta la partida de Las F uentes (en la que, como puede comprobarse, ya no existe el acueducto que suministraba antiguamente agua desde la margen izquier da del Ebr o). De la acequia de las A dulas parten las dos acequias que discurren en cota horizontal. S e aprecia la Almenara de S anta Engracia y la nueva acequia del Plano, que rodea las instalaciones del puerto de M iraflores y desemboca en la acequia que recorr e el camino de las Alcachoferas. E l camino de T orrero, el camino de San J osé, y el camino de P uente del V irrey se grafían arbolados. T ambién se aprecia con claridad el camino que después será el paseo de las Damas. La zona de R uiseñores se aprecia como un espacio no cultivado, ya que aún no se había construido el riego de Ruiseñores. [F . II-2.10] En este término de M iraflores, la acequia de las A dulas es la más antigua, y discurre por la margen der echa del H uer va, en un trazado r ecto en sentido nordeste que termina en los terr enos del antiguo convento de San J osé. El acueducto del Canal Imperial sobr e el río H uer va alimentaba esta acequia a través de una ‘ cantimplora ’, pero cuenta con otra toma de agua desde el Canal Imperial, situada ‘ aguas abajo ’ de este acueducto . P asaba junto al convento de San J osé, y seguía un poco más abajo, haciendo un r ecodo, para desembocar de nuevo al cauce del H uer va. De ella se deriv aban algunos riegos o hijuelas importantes como el T uerto, en dir ección perpendicular al H uer va; Y oldi, que atravesaba la actual calle Arzobispo D omenech; el riego de la Reja, que discurría paralelo a la parte posterior del Matadero municipal (denominada acequia de San J osé en el tramo del camino de las T orres). De la acequia de las Adulas, a la altura de la calle Concepción en el camino de las T orres, se desviaba la acequia May or de las F uentes, que recorre el término de Las F uentes, adoptando una traza de las terrazas sinuosas de la huer ta honda. En este espacio da agua, entre otr os muchos riegos, a las acequias madres M ayor de Cantalobos y acequia La Oliv era. El escorr edero o acequia de La F illa recoge caudales sobrantes de las acequias de las terrazas superior es, y conduce el agua hasta el escorreder o de la M edia Legua, que desemboca en el Ebro . La segunda ‘ acequia madre ’ es la acequia del Plano, que en líneas generales sigue el curso de un antiguo cauce, que se alimentaba de la acequia de las Adulas 24 . Con la construcción del Canal I mperial se construye la Almenara de Santa E ngracia, a unos 200 metros ‘ aguas arriba ’ del puente de América, y se reorganiza de manera completa el trazado del primer tramo de esta acequia. Este trazado reno vado rodeaba el lindero norte de las instalaciones del puerto 23 T iburcio del Caso Martínez (Zaragoza, 1769 – 1846). Empezó a trabajar en la construcción del Canal Imperial de Aragón en 1785 como ayudante de su padre (Benito del Caso, encar- gado del Departamento del J alón). T ras su etapa de formación en la Real S ociedad Económica Aragonesa y en la Real A cademia de Bellas Artes de San Luis, en 1796 es nombrado apar eja- dor-encargado para la construcción de la nueva iglesia de San F ernando de T orrero . II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 98 de Miraflor es, en la vía de San F ernando. S e entrecruzaba con la acequia de Ontonar en la base de la cuesta de M orón e iba a caer al antiguo trazado del camino de las Alcachoferas, para alcanzar la travesía de P uente Virr ey y el camino de Miraflor es. De ella partían riegos impor tantes, como el de Casimiro, que pasaba por Lapuyade, y alcanzaba el camino de Las T orres, y el de Ruiseñor es, que llegaba hasta el paseo del mismo nombre. En su primer tramo, el trazado de la acequia del Plano (o del M olinar como se designaba a principios del siglo XX), se diseña a la vez que el complejo del puerto de Miraflor es, ya que edificios y cauce son completamente interdependientes. Incluso el trazado curvo en el testero de la Iglesia de S an F ernando responde al eje de este edificio . La tercera ‘ acequia madre ’ es la acequia del Ontonar 25 . Se trata de una acequia que no posee Almenara, y de hecho es una construcción que no se ejecuta al mismo tiempo que la obra del Canal Imperial sino muchos años después. P arte del Canal Imperial en la cur va en la que terminaban las playas de T orrero (donde actualmente se localiza la plaza M uñoz G randes), proseguía su r ecorrido descendiendo en diagonal la ladera del monte, por el lindero sur de la torr e de D. Vicente M onfor te, hasta el antiguo camino de Las Alcachoferas (hoy calle M aría M oliner) y el punto en el que confluye con la acequia de San J osé, que discurriendo paralela a dicho camino, se unía finalmente con la Acequia de Las A dulas. Son también ‘ acequias madr es ’ en el término de Miraflor es las siguientes: May or de Cantalobos y Codera, La Olivera, La T abernilla, el llamado T orno Bemal y los ramos de Zaragoza y Codera, la acequia o escorr edero de F illas o de la F illa. La estructura del término regante de La Almotilla y Miralbueno el viejo se estructura en pimer lugar con la acequia de La Almotilla que recorre la margen izquierda del río H uer va y con varios escorr ederos riega la vega del H uer va. P osee un tramo de la Hijuela del Carmen, cuyo primer tramo pertenece a la Miralbueno, en la z ona que riega las huer tas del H uer va. La acequia de S anta Bárbara recorr e el escarpe de la terraza que queda al sur del Canal Imperial de Aragón y recorr e esta sinuosa franja hasta alcanzar los actuales terrenos del parque lineal de la Plataforma Logística de Z aragoza. P or su interés, se transcribe a continuación la descripción 26 de la acequia de la Almotilla: “La acequia principal da comienzo en la pr esa del río H uer va y termina pasada la carr eter a de Madrid desaguando en el Canal I mperial. Limita en su comienzo con terr enos del Sindicato , camino antiguo de Cuarte, término de La A lcoz y carreter a de V alencia, la que atr aviesa por , el kilómetro 80 en dir ección N orte, pasando este punto marcha hacia el NO. hasta el puente llamado de La P aca, y desde este lugar en dirección Oeste hasta la entr ada de la parte llamada de V aldespar ter a, y este punto con rumbo resultante N orte, hasta el cruce de la carreter a de Madrid, y pasada ésta, sigue en la misma dir ección hasta su final, en el que mediante un escorr edero propiedad del Sindicato , desagua en el Canal I mperial. La anchur a del cauce de la acequia referida es de 2 metros 25 centímetros, así como cada uno de sus cajer os. Próxima al camino de C uar te existe la primer a tajader a de batir que desagua en el río 25 Algunos documentos se refier en a esta acequia como Acequia de Antonar , quizá como una simplificación del nombre que tuvo a mediados del siglo XIX en que la Guía de Zara- goza 1860 se refiere a la almenara de Antonoir . 26 Or denanzas Comunidad de Regantes de La Almotilla y Miralbueno el viejo: 7-10. 99 H uer va por la O lmer a del Sindicato; pasa el segundo escorr edero lindando por el N orte, S ur y Oeste con dicha Olmer a y por el Este con el río . El ter cero, llamado de M esonada, limita por el N orte y Sur con la citada O lmer a y por el Este con el río , y por el Oeste con la acequia del S indicato . El cuarto , llamado del A bejar , se encuentr a el término municipal de Zar agoza, confrontando por el N or te con fincas de la Sr a. Vda. de P ascual Pér ez y D. P ablo F orcada, por el Este con la de D. G regorio Sánchez y por el S ur con la de/ D. J uan Martín. E l quinto escorreder o, llamado de la J unquer a, confronta al N or te y S ur , en su principio, con la finca de D. J uan Bielsa, y en el final, al N orte y Sur , con las fincas de D. Félix M onzón. El sexto escorr edero, llamado de P ellejero, limita en su principio, por el N or te con la finca de D. Félix Monzón y al S ur con la de D. Domingo Carr er as, encontr ando en su recorrido la acequia de la H ijuela del Carmen, en donde desagua, y de este punto sala nuevamente par a terminar en el río H uer va atr avesando en su r ecorrido la, finca de D. Pilar del Campo Armijo . El último escorr edero, llamado del Pilón, ya citado anteriormente, se dirige a Casablanca, pasando el puente del Canal I mperial se bifurca en dos, el de la der echa que desagua en la acequia la Romar eda, y el de la izquier da en el Viñedo Viejo , confronta hasta el puente del Canal, por el N or te, con la finca de D. J osé Augez, camino de her ederos y carr eter a de V alencia, y por el S ur con la de D. Félix M onzón, por el Esta con fincas de D. A ntonio Lausín y D. Victoria M oya, y por el Oeste con acequia, camino de her ederos y carr eter a de V alencia. P asado el puente del Canal, el r amal derecho confr onta por el N or te y en su principio, con fincas de D. F elipe Sanz y termina con la de D. Romualdo Rubio , y por el S ur y Oeste con el Canal I mperial. El r amal izquier do limita por el N or te y Oeste con carr eter a de V alencia y por el S ur y Este con finca de D. F elipe Sanz, D. Miguel Riv ed, D. Antonio Lausín, H er ederos de J osé Castel; este tr amo ha sido expropiado en parte, recientemente, por el Ramo de G uerr a. La Hijuela del C armen sale del Canal I mperial, frente al conv ento de los PP . P asionistas, continuando en dir ección Sur hasta el río H uer va y confrontando por ambas partes con fincas de este Sindicato . La propiedad del mismo sobre la r eferida acequia da comienzo donde termina la propiedad del terr eno del Canal I mperial, dentro del r ecinto del citado convento, y finaliza en el río H uer va, siendo su anchur a de 1’50 metros como asimismo los cajeros. Además de las almenaras para el r eparto de agua de riego a las ‘ acequias madre ’, el Canal Imperial dispuso dos almenaras en el entorno de Zaragoza que permitían realizar labor es de vaciado y periódica limpieza del vaso del Canal. Se trata de la almenara del P ilar , que permitía desaguar al cauce del río H uer va, y la almenara de San Antonio, que permitía desaguar al escorr edero de San Antonio, que a su v ez derivaba el agua sobrante al escorredero de la M edia Legua que iba directo al río E bro . T ambién se construyó la almenara de San B ernardo, que permitía derivar las aguas a un contracanal y así poder acometer los trabajos en las esclusas de V aldegurriana. En los planos del Anexo Cartográfico “Zaragoza desde el agua ” se grafían de forma detallada la estructura de los términos regantes a finales del siglo XIX (h.1898) y la estructura actual (h.2008). Además de los cursos de agua son elementos determinantes de la estructura territorial, las carreteras Esquema de un ‘ despartidero ’ o bifurcación tipo . Esquema de los ‘ despartideros ’ en el sector de Mir aflores. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 100 [F . II-2.17] Zona de Las Fuentes-San José bajo. Se aprecia el ‘tridente’ formado por la calle Compromiso de Caspe (izquierda), avenida de Miguel Servet (centro) y el arranque de la avenida de San José (derecha), que confluyen en el punto donde se cruzaba la acequia de Las Adulas, que descendía paralela al camino de las T orres (que ha conservado su nombre y posición, en primer plano). 2018. [F . II-2.16] Croquis anónimo de la zona de Miraflores. h. 1850. Se aprecia con claridad la estructura de tridentes o departideros generados a partir de los puentes sobre las ‘líneas de agua’. 101 o los caminos históricos y la nutrida red de los caminos pertenecientes a los Sindicatos de Riegos y más tar de a las Comunidades de Regantes, que se denominan ‘ caminos de hereder os ’, y que son administrados de manera directa por estos organismos. En el término de M iraflores se encontraban los llamados caminos de Las F uentes, de la Oliv era, del Medio (o E nmedio), de la Almenara de San Antonio, de la Cadena, de la G ranja de Guallart, de M iraflores, del Sábado, de la Raya, de Cantalobos, del Cabezo Cortado, de Cartiel, de la T ravesía del P uente Virrey , de San J osé, del P uente V irrey , de Ascobereta, de Buenavista, del J ueves, de San M iguel, de las Acacias, de Cabaldos, de Cascajares, de Lancis, N uevo de J imeno, de Alcachoferas, de G uallart, P aseo de las Damas, Antiguo de C uar te, de Castillo, del Gas, de la V enta del Armero, del J unco y de F ilias. En el término de M iralbueno se encontraban los caminos denominados camino de Pinseque, camino de Vistabella, camino de S an Miguel, camino de Las N ogueras, camino de Épila, camino de Borjas, camino de La M engranera, camino T ransversal, camino del puente de Enmedio, camino de La M osquetera, camino del Cigarral, y camino V iejo de Casablanca. La modernización en las estructuras de distribución de agua (‘ acequias madre ’, acequias y brazales 27 ) llevada a cabo tras la construcción del Canal Imperial conllevó una paralela modernización en los ‘ caminos de her ederos ’. Así, si bien inicialmente muchos de estos caminos eran estrechos, a lo largo del siglo XIX fueron objeto de actuaciones de mejora y acondicionamiento, que consistieron principalmente en actuaciones de ampliación de anchura (hasta contar con cuatro o cuatro metr os y medio) y de mejora de los radios de giro en los puntos de encuentro . 28 La estructura de los ‘ caminos de herederos ’, conjuntamente con la red de caminos históricos de comunicaciones, y la red de acequias conforman una red tupida de líneas en el territorio próximo a la ciudad. Las acequias son ‘líneas-barrera ’, que se disponen por lo general en líneas de mínima pendiente (excepto algunas acequias construidas precisamente con fines industriales como la acequia del Ontonar), y muchas veces su adaptación a la microtopografía les otorga una geometría sinuosa. Los caminos históricos suelen tener trazas rectilíneas, ya que conectan puntos definidos situados a importante distancia entre ellos. El solapamiento de estas dos r edes (red de agua y r ed de caminos) implica el planteamiento y construcción de puentes sobre las acequias, sobre el Canal Imperial, o sobr e los cursos naturales de agua, en su caso. P recisamente, en la resolución de las continuidades entr e las dos redes se genera una geometría de despartideros, ‘ tridentes ’ o ‘ caminos concurrentes ’ en aquellos puntos en los que se construye un puente sobre el cauce de un río o de una acequia. U n sistema espacial de condición agrícola que más tarde habrá de transformarse en confluencia de densas avenidas urbanas, característica de la trama urbana de muchos barrios de Zaragoza. [F . II-2.16] [F . II-2.17] [F . II-2.18] 27 U n brazal es una acequia de menor rango, que riega a un conjunto reducido de parcelas. En cada Comunidad de regantes pueden existir distintas definiciones, pero, a modo de ejemplo, en la Comunidad de Regantes del Rabal se considera ‘brazal de herederos ’ al que riega por lo menos 15 hectáreas pertenecientes a más de diez propietarios, según artículo 95 de las Or denanzas de la Comunidad de regantes del Término de Rabal de Zaragoza, R.O. de 16 de julio de 1929. 28 La Comunidad de regantes de M iraflores cuenta en su archivo con númerosos P royectos de Acondicionamiento de Caminos, que se r e- dactaban y aprobaban de manera independiente para cada camino. [F . II-2.18] Puente sobre la acequia de La Almozara, al frente de la puerta de Sancho. 1852. Joaquín Gironza, arquitecto. II. RÍOS, CANALES Y ACEQUIAS. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUERT A 102 103 II.3. CAMINOS DE AGUA. PROCESOS DE DISPERSIÓN URBANA EN LA ESTRUCTURA AGRÍCOLA II.3.1. P ASEOS, SOT OS Y VIVEROS. LÍNEAS DE SOMBRA La modernización de los términos regantes con agua pr ocedente del Canal Imperial en el entorno de la ciudad de Z aragoza (al oeste del Huerva en M i- ralbueno y , al este, en Miraflor es), va a venir acompañada a lo largo del siglo XIX de una progr esiva ocupación por torr es de descanso de las clases adine- radas de la sociedad urbana, que encuentran en los espacios agrícolas unas condiciones de calidad ambiental inexistentes en la ciudad. Y también por asentamientos de una industria incipiente que encuentra en la fuerza produ- cida por la caída del agua, especialmente en laderas pronunciadas como en la falda de T orrer o, el recurso necesario para los pr ocesos que desarrollan. Así, los cauces agrícolas darán energía a las primeras implantaciones industriales y suministrarán agua a los depósitos de agua, estanques y surtidores de las nuevas torr es de recr eo. En ambos casos, estas construcciones van a encontrar su argumento prin- cipal de localización en los distintos caminos trazados junto a los cauces abiertos que vertebran el espacio agrícola, acequias, riegos y brazales. En ese sistema de paseos arbolados que son demandados por la sociedad urbana como espacios abiertos que permiten el contacto con la naturaleza y también como espacios de solaz y recr eo. Son paseos que discurr en en paralelo con las alamedas de las riberas, engrosadas por los frondosos viv eros municipales del entorno de la ciudad, que configuran así un incipiente sistema de espacios libres, una r ed que extiende la dimensión urbana de la ciudad hacia la zona agrícola exterior . En efecto, el soporte infraestructural de la huer ta se configura como el principal facilitador de este crecimiento disperso de líneas y puntos desparra- mados, pequeños objetos de usos urbanos, organizados con los accesos y los riegos de la huerta, con la geometría del parcelario rural, y con las rasantes de la microtopografía agrícola. [F . III-3.1] El primer paso en este pr oceso fue la apuesta por la urbanización y el acondicionamiento de los mismos paseos urbanos. Las huertas y las riberas de los ríos del entorno de la ciudad habían albergado en todas las épocas una actividad de ocio y recr eo para la población, y a finales del siglo XVIII, antes incluso de la construcción del Canal Imperial de Aragón, el paseo por el camino a T orrer o ya era una actividad destacable, de manera especial por “La otr a tarde me dio la cor azonada de ir a pasear por la orilla del E bro… / / E n esto se apar eció una barquilla por el río y se par aron a mir arla.../ / L uego vi que se entr aban por la puerta llamada de Sancho , pero yo seguí mi paseo por las huertas que están al poniente de la ciudad”. Alfonso T orrealegr e ( J osé M or de Fuentes) La Ser afina. 1798. Merienda familiar en una choper a junto al castillo de la Aljafería, y paseo junto a las vías del ferrocarril Zar agoza-Madrid, a finales del siglo XIX. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 104 [F . II-3.1] Plano de la ciudad de Zaragoza con el castillo de la Alja- fería. Joaquín Gironza, arquitecto. 1835. Las arboledas y caminos se representan grafiando el número de hileras de arbolado existentes en cada paseo (dos, tres o cuatro árboles, según los casos). 105 las vistas que desde este emplazamiento alto se tenían sobre la pr opia ciudad y el valle del E bro . Con la construcción del Canal Imperial, se suma a la ciudad un espacio de gran atractivo, por su emplazamiento y por el efecto que r epresenta la pr esen- cia de una lámina estable de agua en un canal navegable y toda la actividad que despliega. La Dir ección del Canal se encarga de acondicionar las playas del Canal y también las alamedas y los paseos que permitían los accesos a sus instalaciones desde la ciudad: el camino de T orrer o y el camino de Casa- blanca, principalmente. De esta manera, se consigue consolidar este enclave como un espacio lúdico privilegiado de la ciudad, con frondosos arbolados y excepcionales vistas. 1 N umerosos documentos gráficos y escritos dan testimonio de estas origi- narias maneras de ‘ apropiación urbana de los espacios agrícolas ’. Sin duda, uno de ellos, que permite conocer la manera en la que la incipiente clase burguesa utilizaba los paseos arbolados de la ciudad y , con carácter general, también cómo era la ciudad de Zaragoza a finales del siglo XVIII, es la no vela La Serafina 2 , escrita por J osé M or de F uentes. 3 A los tradicionales paseos por la alameda de Macanaz o por la orilla del lado de la ciudad, hasta la puerta de Sancho o a las huertas regadas por la acequia de La Almozara, muy frecuentados por las clases adineradas de la ciudad, se sumaron los paseos por el camino de T orrero . E l recorrido al monte de T orrer o, se completaba en ocasiones por el camino de las T orres, confluyendo de nuevo con el itinerario principal, ya sea por el puente de Santa E ngracia o por el puente de San J osé. 4 Este ‘ sistema de paseos ’ se consolidará en Zaragoza a lo largo de la primera mitad del siglo XIX con la acción de la propia D irección del Canal I mperial, que va a encargarse de la organización y construcción de paseos en la ciudad. P ara entonces esta cuestión de paseos y espacios urbanos abiertos ya se había generalizado en las grandes ciudades. En Zaragoza, esta nuev a sensibilidad hacia los espacios abiertos se acrecienta por una inquietud sanitaria que esta- lla tras la epidemia de cólera de 1834, y que pone de manifiesto que los es- cuetos y recoletos jar dines existentes de una ciudad completamente hacinada resultan totalmente insuficientes. El viajer o francés Alexandro Labor de r econoce ya a principios del siglo XIX que “Zaragoza esta hermoseada con muchos y deliciosos paseos, y se- guramente es de las ciudades de España más amenas en este género ” 5 . Esta percepción de los amplios paseos arbolados junto a las huertas de la ciudad se seguirá reforzando en las décadas siguientes, y a mediados del siglo la condi- ción de los paseos arbolados, principalmente de plátanos de sombra, acacias y moreras, es ampliamente r econocida en la G uía de la ciudad. En su edición de 1860, esta Guía se hace eco de los “hermosos y v ariados paseos y en todas las direcciones cir cundan la ciudad: casi todo su recinto ofr ece la más deli- ciosa y halagüeña perspectiva, por su muchísimo arbolado, sus caudalosas corrientes de agua y sus magníficas e infinitas quintas o casas de recr eo .” 6 1 De hecho, la fiesta de San J uan que tradicio- nalmente se celebraba a orillas del Ebro pasó a celebrarse a orillas del Canal. El cronista Casamayor refier e como “ acudía mucha gente con sillas volantes para celebrar la sanjuanada y en la de 1788 aparecieron sobr e el barco de S an Carlos una vistosa grey de máscaras lujosamente vestidas y con una completa orquesta además de otros barcos enramados también y con música en los que se oían cantar seguidillas y la agradable jota aragonesa ”. Ana María García T errel, 2013: 49. 2 Aunque la primera edición está publicada en 1798, el argumento de la nov ela se encuadra entre los años 1786 y 1788, es decir , justo unos años después de la inauguración del Canal Imperial de Aragón en Zaragoza. La primera carta del protagonista, Alfonso T orrealegre, a su amigo Eugenio es de agosto de 1786 y la última carta de la novela tiene fecha de 6 de abril de 1788. Después de su estancia en Cartagena, el autor , J osé M or de F uentes, volvió a Zaragoza en 1796 y aquí escribió sus primeras poesías y algún otro cuadernito, “ estimulado por las márgenes poéticas del Ebro ”. 3 J osé M or de F uentes (M onzón, 1762-1848), tuvo con Zaragoza una r elación muy estrecha, ya que deja M onzón a los once años para acudir a la U niv ersidad de Zaragoza para cursar el ba- chiller en filosofía que terminará unos años más tarde. E n 1798 publica en Madrid la primera edición de La Serafina (M adrid, ed. Cano), y en 1802 publica una segunda edición, con más argumentos, que tuvo más aceptación que la primera. Aun se r ealizó una tercera edición, en 1807, la más ampliada. El carácter autobio- gráfico de esta nov ela ha sido analizado por numerosos autores, e I ldefonso Manuel G il lo refleja muy bien en la introducción a la edición de 1999: “ Alfonso T orrealegr e, protagonista de la nov ela, es el más fiel retrato del autor ”. 4 “Como la tarde estaba templada y permitía alargar el paseo, a fin de evitar el polvo de Santa Engracia, dimos la vuelta por el camino que llaman de las T orres ”. José M or de Fuentes, La Ser afina : 185. 5 Alexandro Labor de, 1809, I tinerario des- criptivo de las pro vincias de España, en J uan Domínguez Lasierra, 2002: 121. 6 Guía de Zaragoza 1860: 19. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 106 [F . II-3.2] Plano de Zaragoza del Atlas de España y posesiones de ultramar . Francisco Coello, teniente Coronel, capitán de ingenieros. 1853. El Atlas se elabora para ilustrar el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar , de P ascual Madoz, una de las obras de mayor importancia del siglo, que se publicó entre 1845 y 1875 a escala 1:2000.000, mapas que van acompañados en sus bordes por los planos de las principales poblaciones. En el plano pueden apreciarse las denominaciones de los principales paseos antes de su nueva denominación en 1863, como por ejemplo ‘carretera o calle de la ribera del Ebro’, ‘paseo de las tapias del Carmen’ o ‘paseo de las tapias de puerta Quemada’. 107 La misma Guía se hace eco asimismo de los espacios agrícolas y expone que “ dan a la generalidad de estos términos una agradable perspectiva los magnífi cos olivar es, las muchísimas torres o casa de campo, todas llenas de fl ores y frutales, con las abundantes arboledas de que se hallan cubiertos, con lo cual pueden considerarse como un paseo continuado las afueras y aun la mayoría del término de la ciudad ”. 7 En este sistema de paseos arbolados, el eje troncal era el conformado por el paseo o salón de Santa E ngracia que, desde la plaza de la Constitución, comunicaba con la glorieta de Pignatelli, pr esidida por la escultura de bronce dedicada a D. Ramón de Pignatelli 8 . D esde este punto, cruzando el río H uer- va por el puente de S anta Engracia, partía el paseo de T orrer o que llegaba hasta la playa del Canal Imperial y el puerto de M irafl ores 9 . Desde 1834, este paseo se había prolongado desde el puente de América hasta el cementerio municipal. 10 En la falda del Canal I mperial se desarrollaron otr os paseos, como el paseo de Ruiseñor es que partía de la parte más empinada del paseo de T orrer o y describía un semicírculo con su frondoso arbolado hasta comunicar con el Canal Imperial, en las pr oximidades del cabezo de B uenavista. A su vez, desde las puertas de la ciudad partían diversos caminos que ha- bían sido acondicionados como paseos urbanos. Desde la puerta del Carmen, partía el paseo de Casa Blanca que comunicaba con las esclusas de S an Car- los, en el Canal Imperial de Aragón. Y desde la puerta del P ortillo partía un paseo que se bifurcaba al poco rato, seguía r ecto el llamado paseo del puente de La M uela, y torcía a la derecha por la carretera de N avarra. Desde el puente de S an J osé, a la altura del convento de S an J osé y una v ez se cruzaba la acequia de las Adulas, partían tradicionalmente dos caminos, el del Bajo Aragón, que llegaba hasta el puente de la M edia Legua, sobre el escorreder o del mismo nombre, y el que ascendía en traza r ecta para cruzar la acequia del Plano (el camino del puente del Virr ey). Desde el punto me- dio de este camino se trazó un nuevo camino que fue acondicionado como “ paseo de hermosos y copudos árboles ” para dar acceso a las instalaciones del puerto de Mirafl ores, y que tomó el nombr e de camino de S an J osé, por ser el camino al puente de San J osé desde T orrero . 11 En aquellos años contaba la ciudad también con un nuevo paseo en la margen izquierda del E bro, el paseo del puente del Gállego que alcanzaba el puente colgante de Santa I sabel. Este paseo había sido construido de nuevo por la Dir ección General de Caminos, “habiendo quedado el antiguo a la derecha de éste, como senda de her ederos ”. 12 P or otra parte, los ‘ paseos de ronda ’ recorrían el perímetr o de las tapias de la ciudad. Desde la glorieta de P ignatelli se extendía un paseo hasta la puerta del Carmen 13 , que se continuaba con el paseo de las tapias del Carmen en dirección a la puerta del P ortillo. Y , en sentido contrario, desde el puente de Santa E ngracia se tomaba el paseo de las tapias de la puerta Quemada que llegaba hasta la puerta Quemada o de San M iguel, y se prolongaba después 7 Guía de Zaragoza, 1860:19. 8 T ras los Sitios de Zaragoza, la ger encia fran- cesa asume los primeros trabajos de reconstruc- ción de la ciudad, siendo el acondicionamiento del salón de Santa Engracia una de sus principa- les actuaciones. Esta intervención permite extender el itinerario del camino de T orrero hasta el ver dadero centro de la ciudad, hasta la Cruz del Coso. 9 Es en defi nitiva el paseo que sigue el camino que construyó y acondicionó, junto con otros caminos adyacentes, el Conde de Sástago, siendo P rotector del Canal en 1792. Era un camino recto trazado desde la intersección con la acequia de las Adulas hasta el puente de S an J osé. Se plantaron árboles en todo el recorrido, confi gurando así unos de los paseos que mayor transcendencia ha tenido en el desarrollo urba- nístico de la ciudad. 10 El nuevo cementerio se inauguró de manera oportuna el 5 de julio de aquel año, ya que ese mismo mes irrumpió el cólera en la ciudad. La epidemia duró ofi cialmente del 16 de agosto al 16 de noviembr e. El 15 de noviembre, a las 10 y media de la mañana, se cantó un solemne “T e Deum ” en la iglesia del P ilar . Se contabilizaron 3.941 enfermos y 1.258 fallecidos (Diario de Zaragoza, 17 de no viembre de 1834, AMZ). Las defi ciencias sanitarias eran tales que, entre otras medidas preventiv as adoptadas, se acordó que la ropa se debía lavar en los hospitales en el H uer va, por ser aguas que corrían, y no en las Balsas del E bro, que estaban en remanso . María Rosa J iménez, 1982: 33. 11 La reconstrucción del puente en un nuevo punto dio lugar a una remodelación a mediados del siglo XIX en esta zona en la salida de la puerta del Duque de la V ictoria, con un sistema de glorietas elípticas que alcanzaba la confl uen- cia con la acequia de las T orres. 12 Guía de Zaragoza 1860: 22-23. 13 P aseo de la huerta de San Diego hasta la P uer- ta del Carmen y de aquí a la Luneta de la Reina. P ara este proy ecto el Director de Canales pidió al Dir ector de Ingenieros la demolición de las fortifi caciones. M aría Rosa J iménez, 1982: 170. Caminos y paseos arbolados. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 108 [F . II-3.3] Plano de Zaragoza. “Descripción de las calles, plazas, plazuelas, puertas y paseos de la ciudad de Zaragoza con expresión de sus actuales límites y de sus denomi- naciones antigua y moderna”, 1863. hacia el barrio de T enerías para alcanzar la torre de J uan B r uil. El trazado de estos ‘ paseos radiales longitudinales ’ y ‘ paseos de ronda o de circunvalación ’ se apr ecia con nitidez en los planos elaborados en aquellos años, en los que se consolida y refuerza el sistema de bifurcaciones, tridentes o ‘ despartideros ’ 14 , que están claramente condicionados por los saltos de las barreras que conformaban las acequias. 15 De manera progr esiva, los caminos agrícolas son acondicionados como paseos arbolados, que forman parte de la estr uctura urbana, y son r econo- cidos de esta manera como ‘ paseos oficiales ’. Así, el N omenclator de 1863 16 considera cuatro espacios que adquier en la denominación de paseos. T res de ellos con nombres alusiv os al periodo de los Sitios de Zaragoza. S e trata, en primer lugar , del paseo del Ebro, que antes se denominaba simplemente ‘ carretera o calle de la ribera del E bro ’, y abarca desde la puerta de Sancho hasta la puerta de Sol. 14 ‘Despartidero ’ es el sitio en el que se bifurca un camino. T iene gran similitud con la palabra ‘ espartidero ’, que indica el lugar donde se sepa- ran las aguas para regar . ‘Espartidero ’ identifica también la acción de repartir del agua cuando hay ador (turno de riego), y también, en las acequias grandes, los ‘ espigones ’ o ‘ tajamares ’ que prolongados en el punto medio de un determinado cauce sirven para dividir a par tes iguales el caudal de agua circulante. 15 Así ocurre en el paseo de T orrero y el camino de Ruiseñor es, que se bifurcan al cruzar la acequia de las Adulas. Y también en el camino de San J osé y la carretera del B ajo Aragón, que se bifurcan al ‘ superar’ o ‘ saltar’ la acequia de San J osé. 16 Descripción de las calles, plazas, plazuelas, puertas y paseos de la ciudad de Zaragoza con expresión de sus actuales límites y de sus denominaciones antigua y moderna. Zaragoza: Impr enta y Litografía de Agustín P eiró, 1863. 109 Y en el sur de la ciudad, y colindante con la traza de las defensas de la ciudad, se consideran dos paseos: el paseo de la Lealtad 17 , desde la puerta de Santa E ngracia a la puerta del Carmen, y el paseo de María Agustín 18 , desde la puerta del Carmen a la de Sancho, que antes tenía la denominación de pa- seo de las tapias del Carmen 19 . Y en el arco paralelo al cauce del río H uer va, desde la puerta Quemada (que pasa a denominarse en este documento como puerta del Duque de la Victoria) a la de Santa Engracia, se designa el paseo de la Mina, antes denominado paseo de las tapias de puerta Quemada 20 . [F . II-3.2] [F . II-3.3] P or tanto, al margen de la intención de homenajear determinados eventos o personajes de los Sitios, lo que demuestra el documento es que la conso- lidación del perimetro urbano, como anillo ver de conformado por amplios paseos arbolados, ya era inherente a la condición de Z aragoza. Así se recoge gráficamente en el Plano G eométrico (Y arza, 1861), que se redacta en cum- plimiento de la Real O rden de 30 de N oviembr e de 1858 21 . J osé de Y arza, en el pro yecto de extensión que propone en este plano, desdibuja los límites actuales de la ciudad, mediante una ambiciosa reforma de las construcciones y vallados existentes en el perímetro, y pr opone el desvío del cauce del río H uer va, pero mantiene el sistema perimetral de paseos urbanos arbolados como mecanismo de relación entr e la ciudad y los espacios agrícolas. Hay que tener en cuenta que en la Zaragoza de la primera mitad del siglo XIX, aún no se habían iniciado las operaciones de apertura de nuevas calles como la calle Alfonso, la plaza del M ercado o Conde Aranda, que se acome- terán unos años más tarde. Y los espacios públicos ajardinados en el interior de la ciudad se reducían a pequeñas plazas ajar dinadas, como la plaza de la Seo, la plaza del P ilar , o el jardín de la plaza de S alamero, que contaban con escuetas actuaciones de jardinería y embellecimiento . 22 En aquella Zaragoza de caserío tr emendamente compacto, este incipiente sistema de paseos y rondas ofr ecía ‘ espacios de respiro y asueto ’. De manera progr esiva, este sistema espacial habría de completarse en la segunda década del siglo XIX con espacios más amplios, que se irían extendiendo . Así ocu- rrió, por ejemplo, con los jar dines habilitados en 1860 ante la iglesia de San F ernando, elemento central del caserío portuario de Miraflor es y en la playa del Canal, que desde final de siglo sólo ser vía a la navegación r ecreativa.D es- de este punto se alcanzaban ºlos concurridos cabezos Cortado, al este, y de Buenavista, al oeste. En este nuevo escenario de formación de los paseos arbolados, el Ayunta- miento tiene la necesidad de contar asimismo con instrumentos de gestión y control de ese territorio que de forma progr esiva está ‘ ocupando ’. La estr uctu- ra de gestión de los términos regantes r esulta inadecuada para la gestión de ‘lo urbano ’, y por ello, en 1863, la ciudad plantea la división en cuatro distritos muy claros: distrito del P ilar , distrito de La S eo, distrito de San M iguel y distrito de San P ablo . Y las ‘ afueras ’ o ‘la población rural’ queda organizada en otros cuatro distritos, delimitados por los cursos de los tres ríos de la ciudad: el E bro, el Gállego y el H uer va. 23 17 Se le pone este nombr e porque en este lugar “ tuvieron lugar grandes hechos de valor durante los sitios de 1808 y 1809”. 18 Se otorgó el nombr e de “ aquella intrépida jov en, María Agustín, de 22 años, que despr e- ciando el fuego enemigo y hasta una herida que recibió en el cuello durante los sitios de 1808 y 1809, salió varias veces de Zaragoza para pr o- veer de cartuchos y aguardiente a sus defensor es que combatían en este punto ”. N omenclator con la denominación de los nombres de las calles, plazas, plazuelas y paseos de la ciudad, 1863: 68. 19 N omenclator con la denominación de los nombres de las calles, plazas, plazuelas y paseos de la ciudad, 1863: 68. 20 “P or el trozo de muro que limita este paseo abrieron los franceses la mina que sirvió para volar el templo superior de los Santos Mártir es, y otros edificios situados en sus inmediaciones ”. 21 En esta Or den se impone que los Ayunta- mientos acometan la tarea de revisar la numera- ción en las poblaciones. Los Planos geométricos tenían también como objeto determinar el punto que había de considerarse como centro de la numeración. En Zaragoza, este punto que- dó fijado en el principio de la calle del Coso, en su confluencia con la de la Albardería y con la plazuela de Estrévedes. 22 U no de estos puede apreciarse en el P royecto de arreglo de la plaza de La S eo, redactado por el arquitecto municipal Ricar do Magdalena. S e trata en realidad de una actuación de ajuste, en la que se reduce ligeramente el perímetro de la plazoleta, para dar mayor anchura para el paso de carruajes, en coherencia con las anchuras que se señalan en los edificios recayentes a la calle San G il, con sus chaflanes. Santiago P arra de Mas, 2011: 69. 23 Los distritos en las afueras se ordenan “ en redondo de Levante a N orte, poniente y Sur , hasta rematar de vuelta en la línea de Levante: P rimero: Edificios comprendidos entre las már- genes de la izquierda de los ríos E bro y Gállego, en el que se hallan enclavados los términos de U rdán, Mamblas y J arandín. / Segundo . Edifi- cios que se contienen entre la margen izquier da del Gállego y derecha del E bro, y abraza los términos de Rabal y Castellar . / T ercero . Los que se hallan situados entre la margen derecha del Ebro e izquier da del Huerva, compren- diendo los términos de Miralbueno, Alfáz, M ozarrifar , parte de la Almotilla y la par tida de Garrapinillos. / C uarto. Comprende los edifi- cios enclavados entre las márgenes de la der echa de los río Ebro y H uerva con los términos de Miraflor es, parte del de la Almotilla, el Burgo y M ontes bajos ”. Descripción de las calles, plazas, plazuelas, puertas y paseos de la ciudad de Zaragoza…,1863: 70. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 110 [F . II-3.4] Viveros municipales. Antonio Berbegal, arquitecto. 1865. a. Vivero de puerta Quemada. b. Soto del puente de San José. c. Arboleda de Macanaz. a b c 111 Al mismo tiempo, se desarrolla una infraestructura necesaria para el acon- dicionamiento de los paseos urbanos mediante la construcción de viveros municipales en los que se preparan y desarr ollan los ‘árboles de sombra ’ ne- cesarios para los nuevos paseos y el mantenimiento de los existentes. Así, la ciudad de rodea de viver os como el de la arboleda de Macanaz junto a la ribera del Ebr o, o el de la P uerta Quemada o el situado junto al puente de San J osé, en la ribera izquier da del río H uer va. Estos viver os y semilleros disponen de espacios ordenados con plantación de arbolado urbano (olmos, arces, acacias de tr es puntas, chopos lombardos, plátanos, álamos, etc.), que conjuntamente con los sotos de las riberas, conforman masas arboladas muy densas. [F . II-3.4] Esta frondosidad, cuando quedaba integrada en los paseos urbanos del perímetro de la ciudad, era muy apr eciadas por los usuarios de los paseos arbolados. S u función no era solo la de prov eer de plantación cuando fuera requerida, sino que sub yacía además la importante función de ser zonas de freno a la fuerza de los río H uer v a y Ebro, y se entendían también como zo- nas de defensa de las crecidas de estos ríos, como destaca la G uía de Zaragoza de 1860 cuando se refier e a las plantaciones existentes en el soto junto al puente de San J osé: “E l gran soto que se encuentra entre las puertas de Santa Engracia y Quemada, a orillas del modesto río H uerva, honrará siempre la memoria del M unicipio, que concibió, y la del ilustrado jo ven que llevó a cabo esta inmensa plantación, con la que se consiguió a la vez, erigir un co- pioso criadero, y poner un dique a la violencia de las desusadas avenidas del río ”. 24 El municipio se dota de r ecursos humanos para la conser vación y mante- nimiento de estos paseos arbolados, con nuevas figuras como guar da mayor , guarda-paseos, o dir ector de arboledas, entre otros y en paralelo a la lógica de gestión de los caudales disponibles y de imposición de cuotas en función de la superficie regable, y en paralelo a la lógica administrativ a, de organización en cuadrantes geográficos, los paseos urbanos arbolados, con su implantación física en el territorio, introducen ejes de r epresentación social urbana en el espacio agrícola, y sientan las bases de un sistema de diferenciación que ino- cula los mecanismos y la lógica de la construcción urbana sobre el soporte agrícola. El trazado de los paseos incorpora geometrías urbanas, como glorietas elípticas o circular es, en giros o puntos singular es, y , en ocasiones, las nuevas infraestructuras como la reno vación de puentes se construye pensando ya más en una necesidad urbana que en una necesidad rural o agrícola, como ocurre en la posición del puente de S an J osé, que se construye en una nueva posición, exigiendo una geometría de acuerdo entr e la salida de la ciudad, ahora realizada desde la plaza de S an Miguel, y el entronque con el ‘ despar- tidero ’ creado en el cruce de la acequia de las Adulas, donde se produce la bifurcación del camino del bajo Aragón y el camino de las T orres, junto a las tapias del antiguo convento de S an J osé. [F . II-3.5]. 24 Guía de Zaragoza 1860: 51. P aseos y caminos: P aseo de Sagasta (principios del s. XX). Camino de las T orr es (c. 1900). Camino de las F uentes (c. 1920). P aseo de la Mina (c. 1927). II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 112 [F . II-3.5] La conexión entre la ciudad y los paseos o carreteras. Nuevos trazados de conexión entre la ciudad y la carre- tera del bajo Aragón, en el punto del cruce sobre el río Huerva. a. P royecto para el puente de San José sobre el río Huer- va, “para construir de material, en el sitio donde estaba el antiguo arruinado”. José de Y arza y Joaquín Gironza, arquitectos. 1839. b. Detalle de tramo de la carretera del Bajo Aragón en el ‘Plano Geométrico de Zaragoza’. José de Y arza, arquitecto. 1861. Se aprecia una propuesta de desvío del cauce del río Huerva y la reconfiguración del paseo de ronda de la ciudad. b a 113 II.3.2. T ORRES AISLADAS Y T ORRES-P ARQUE. PUNT OS EN LAS ‘LÍNEAS DE SOMBRA ’ La costumbre en algunas familias adineradas de la ciudad de contar con una casa o torre en las afueras de la ciudad, en los espacios de huerta, con el objeto de disfrutar estancias de descanso en ella, alejándose así de las condiciones de la ciudad ya se había iniciado en los siglos anteriores, per o se generaliza a lo largo del siglo XIX, especialmente con el desarrollo de la clase burguesa r ela- cionada con las actividades industriales o bancarias, y con el proceso r eferido de extensión de ‘ paseos de sombra ’. Los planos militares de la primera mitad del siglo XIX nos permiten apr e- ciar con claridad cómo el emplazamiento de las torres se dispone may orita- riamente en el término de Miraflor es. En la década de 1840, el camino de T orrer o, el camino de San J osé, el camino de las T orres y el camino a T or tosa (o al Bajo Aragón) acogen un sistema disperso de unas 50 casas, torres y quin- tas de recr eo, que van ocupando la ladera existente entr e T orrero, el H uer va y el escarpe de la terraza hacia las zonas de la huerta honda de Las F uentes. 25 [F . II-3.6] [F . II-3.7] En el término de M iralbueno también se aprecia un desarr ollo análogo, aunque no tan cuantioso, emplazándose unas veinte construcciones entre este camino principal y el cauce del río H uer va. En este caso el eje estruc- turante es el camino arbolado a Casa Blanca, y algún camino secundario como el camino de los C ubos. Se apr ecia que es el ámbito sur de la ciudad el más deseado para la construcción de torres. Es un espacio muy próximo a la ciudad, emplazado en cotas elevadas que tienen buenas vistas sobr e la propia ciudad, y con abundante agua que discurre por las acequias desde el mismo Canal Imperial, como la acequia de la R omareda. En este proceso de dispersión de torr es sobre la huerta, las parcelas o ex- plotaciones agrícolas no se modifican, tan solo son ‘ ocupadas ’ por una edifi- cación residencial, y el espacio cultiv ado se transforma en un espacio ajardi- nado ordenado con composiciones que buscan ejes de composición simétrica mediante andadores, jar dines, fuentes, albercas, y elementos ornamentales como fuentes, albercas, grutas de rocalla, etc. A parecen así estos ‘ perfectos refugios ’, que habrán de ser constr uidos siguiendo las modas arquitectónicas dictadas en cada época. El pr oceso de ocupación del espacio agrícola y la construcción de torres aisladas se desarrolla de manera más intensa en el último cuarto de siglo XIX. Miraflor es es el término donde mayor númer o de construcciones se llevan a cabo . B asta comparar el plano realizado por encargo del sindicato de riegos de Miraflor es ( J oaquín Pérez de R ozas, 1871), que apenas recoge construcciones de este tipo en la huerta, con el plano que realiza el Ayunta- [F . II-3.6] Croquis de Zaragoza y sus cercanías para inteli- gencia de las operaciones de bloqueo y sitio du- rante los meses de septiembre y octubre de 1843, por el ejército al mando del Excmo. Sr . T eniente General D. Manuel de la Concha. 1843. 25 El plano “Cr oquis de Zaragoza y sus cer- canías para inteligencia de las operaciones de bloqueo y sitio durante los meses de septiem- bre y octubre de 1843” muestra con claridad los “ caseríos ocupados por las tropas en sus cantones ”. “G uar da-paseos. P ar a la vigilancia per- manente de los paseos, caminos, arboledas lineales y sotos de la M unicipalidad, ésta cuenta con diecinueve guar das o peones, distribuidos en otros tantos distritos, dependientes de un guar da mayor , su jefe inmediato, r esponsable del cumpli- miento de las obligaciones de todos ellos, y por cuyo conducto r eciben las órdenes r efer entes a su destino . Es de la obligación de los guar das, conservar continuamente limpios los riegos, cunetas, alcantarillas y fuentes, los arr ecifes y firme de los paseos y caminos, los árboles y plantaciones de éstos, los de los viveros y sotos, pr evenir los daños que ocasionen los tr anseúntes, y denunciarlos, por conducto del jefe, caso de no poderlos evitar ”. Guía de Zaragoza, 1860. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 114 [F . II-3.7] Plano de Zaragoza. 1866. [F . II-3.8] Plano de la zona del camino de Las T orres, comparación del estado en 1880 y en 1899. Dionisio Casañal, Oficial 1º del Cuerpo de T opógrafos. Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza. a. Fragmento del Plano de Zaragoza. 1880. b. Fragmento del Plano de Zaragoza. 1899. Se pueden observar las parcelaciones en el espacio comprendido entre el Camino de Las T orres, el paseo de las Damas y la revuelta del río Huerva. En varias parcelas recayentes al camino de las T orres se desarrollan parcelaciones-fachada, como la de la calle nueva de Las T orres, que per- mite una subdivisión en 20 parcelas, o la de la calle de nueva apertura que conecta con el paseo de los Plátanos, que permite la creación de varias parcelas en 1899. a b 115 miento (Dionisio Casañal, 1880) y con el que r ealiza el mismo Casañal tan solo 19 años más tarde, en 1899. Este último plano muestra en M iraflores más de 115 torres, que apar ecen a su vez salteadas con algunos talleres y fá- bricas 26 . Y este pr oceso continuará durante el primer tercio del siglo XX, en un espacio entonces caracterizado por un salpicado de usos más complejo y heterogéneo, en el que se desarrollan establecimientos industriales, taller es, grandes equipamientos urbanos, etc. [F . II-3.8] En este apartado cabe distinguir entre las torr es aisladas, de carácter es- trictamente doméstico o privado, y las torr es-parque, espacios más amplios que ejercen determinadas funciones como espacios de r ecreo para los sectores privilegiados de la sociedad urbana. Como ejemplo repr esentativo de las torr es de la primera categoría, las to- rres de carácter netamente doméstico o priv ado, podríamos referirnos a la torre que la familia G uillén-Bernad poseía en el camino de S an J osé, y que queda bien retratada en la fotografías r ealizadas por Gustav o F r eundenthal 27 . S us instantáneas nos aportan una idea muy aproximada de cómo sería la gran mayoría de estas torr es residenciales: una parcela r ectangular , con la fachada larga adosada al lado izquierdo del camino de S an J osé. P oseía un riego en la parte posterior . La casa se dispone en el eje de acceso, y un cenador o espacio circular se dispone delante de la misma, para otorgar mayor pr estancia y pers- pectiva a la edificación, concebida desde parámetros de composición clásica. F elipe G uillén y M anuela Bernad, con sus tres hijas, en la escena del té en el jardín, son así fiel testimonio de las costumbr es de las familias burguesas de principios del siglo XX. [F . II-3.9] Desde el punto de vista arquitectónico, las torr es reflejan el afán de os- tentación y dignificación social de sus propietarios, que r ecurren en muchos casos a ejemplos de arquitectura singular , utilizando r eferencias de carácter palaciego, torres palacio . Es el caso de ‘ casa-hotel’ construida por el industrial harinero don J uan Solans (M iguel Ángel N avarro, 1918-1921), junto a su fábrica “La N ueva Harinera ”, en la av enida de Cataluña nº 60, que fue du- rante mucho tiempo conocida en el barrio como la ‘ casa de los azulejos ’ 28 . O el de villa encargada por el naviero vasco afincado en Liv erpool, don Miguel Larrinaga, que eligió un terreno en la carr etera del Bajo Aragón, para com- partir su torre con su esposa, Asunción Clavero, que dio nombr e a la villa. Y que con el tiempo ha sido considerada como el ejemplo más sobresaliente de la arquitectura ecléctica de finales del siglo XIX en Z aragoza (Félix N avarro, 1911 y F ernando de Escondrillas, 1918). 29 [F . II-3.10] [F . II-3.11] O también podríamos referirnos al inter esante ejemplo del ‘ castillo P a- lomar ’ que, al igual que en el caso de villa Asunción (también denominada como palacio de Larrinaga), el castillo de la familia P alomar se asienta en los secanos de P alomar , una amplia extensión de olivos y vides, de más de 1.000 hectáreas, pr opiedad de esta familia en el término de Miralbueno . En el punto más alto de estos terrenos, con vistas sobr e el E bro y los terrenos ferro viarios, hacia 1881 la familia mandó construir la residencia, inspirada en la aquitectura de castillos y con estilo neomudéjar 30 . La residencia quedaba al mismo tiempo bien conectada con las zonas agrícolas situadas junto a la ca- 26 En concreto, Casañal grafía unas 19 entr e el camino de T orrero y el H uer va, 25 entre el H uerva y el camino de las T orres, 35 entre el camino de las T orres y el camino de S an J osé, y otras 35 al este del camino de San J osé. 27 Gustavo F reudenthal, fotógrafo profesional, trabajó en Zaragoza desde 1906 hasta 1930. F ue prov eedor de la Casa Real. 28 En 1921 el edificio sufrió un incendio y en 1926, fallecido J uan Solans, su mujer se instaló en la casa. P osteriormente ante los desperfectos sufridos durante la Guerra Civil, encargó una nueva reforma del inmueble en febr ero de 1943, que nunca llegó a realizarse. En el año 2000 fue adquirida por el Ayuntamiento de Zaragoza y catalogada como Bien de I nterés Cultural en 2002. La r ehabilitación comenzó poco después y fue un proceso muy laborioso y cuidado que terminó en el año 2006. Desde 2005 hasta el 2015 fue la Oficina de N aciones U nidas de apoyo al Decenio del Agua. 29 Se trata de una torr e aislada dispuesta en el extremo de la terraza de la carretera del B ajo Aragón con unas excepcionales vistas hacia la huerta honda y el soto de Cantalobos. Las obras de villa Asunción se realizaron en la primera década del siglo XX, aunque se paralizaron por un tiempo. U na vez fallecido Félix N avarro en 1911, las obras fueron continuadas bajo la dirección del jo ven arquitecto madrileño F ernando de Escondrillas, quien realizó a partir de 1918 importantes cambios al aspecto exterior del edificio. E n 1942 Villa Asunción es adquirida por la empresa vecina G iral Industrial Eléctrica S.A., que en ya en 1946 lo vende a los hermanos Marianistas, que buscaban entonces sede para su nuevo colegio . Actualmente es propiedad de Ibercaja, y ha sido objeto de una remodelación ambiciosa, dirigida por los arqui- tectos Luis F ranco y Mariano P emán. 30 El primer propietario fue Alejandr o P alomar de la T orre, oftalmólogo, y después fue propie- tario su sobrino, N arciso P alomar y Cebrián, harinero . II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 116 [F . II-3.9] T orre Guillén-Bernad en el camino de San José. a. Planta de la torre Guillén-Bernad en el camino de San José, en el Plano parcelario de Zaragoza, 1910-1920. b. Planta de la torre Guillén-Bernad en el camino de San José, en el plano del Instituto Geográfico y Catastral, 1935. c. Felipe Guillén y Manuela Bernad con sus tres hijas María, Isabel y Fernanda en el jardín de la T orre. Fotografía: Gustavo Freudenthal. d y e. Vistas generales de la casa y el jardín. Fotografía Gustavo Freudenthal. c a b d e 117 rretera de M adrid, que habrían de ser parceladas de forma inminente (barrio de Explanada, después de Delicias). 31 [F . II-3.12] La construcción de chalets o villas continuaría por unos años, y en algunas zonas, como en el paseo de R uiseñores, llega a consolidarse la zona en su conjunto en un desarrollo r esidencial de viviendas unifamaliares a lo largo de todo el camino . En esta zona se promo verán chalets de distintos estilos, según la época, desde chalets de tipología de ‘ arquitectura de montaña ’, en la primera década del siglo XX, hasta edificios de estilo internacional o cubista a finales de los años 20. [F . II-3.13] En concr eto, la etapa del lenguaje de la modernidad resultó particular- mente interesante en Z aragoza, ya que después de la construcción del Rincón de Go ya (F ernando G arcía M ercadal, 1928), se construyeron v arias viviendas unifamiliares de estilo cubista de gran interés. P or encima de todas ellas so- bresalió la vivienda unifamiliar para P edro H ernández Luna (R egino Borobio Ojeda, 1931) en el paseo de R uiseñores, que r ecoge algunos planteamientos que ya había mostrado su autor en el P abellón de la Confederación H idro- gráfica del Ebr o en la Exposición Internacional de B arcelona, de 1929. Esta vivienda, junto con otras actuaciones como la vivienda del doctor H orno en el paseo de María Agustín nº 5 (F ernando García M ercadal, 1929), o el chalet de Matías B ergua (Rafael Bergamín, 1930), construido en una parcela triangular entre el paseo de R uiseñores y el del Canal, son ar quitecturas pio- neras en el contexto de la arquitectura racionalista en España. [F . II-3.14] [F . II-3.15] [F . II-3.16] U n segundo tipo de torres estaría integrado por la torr es-parque, comple- jos que superan la escala doméstica, espacios de recr eo que reunían grupos de la sociedad burguesa de entonces, y que tienen más un carácter de parque o jardín visitable (con algún sistema de contr ol de acceso). P odemos citar dos que han tenido una relev ante trayectoria en la construcción de la ciudad, la torre de J uan B ruil, junto al río H uer va, y la Quinta J ulieta, junto al cabezo Cortado, en el Canal Imperial de Aragón. La torre de J uan B ruil fue durante mucho tiempo el mejor espacio ajar- dinado de la ciudad, en el cual podían realizarse paseos, visitas y fiestas en sus jardines, completados con una abundante fauna. Estos terrenos, de más de 4 hectáreas dispuestas entr e la ronda de Asalto y el cauce del río H uer va, junto a la almazara o molino de aceite de J uan Martín de Goicoechea 32 , fue- ron adquiridos por el banquero y político zaragozano J uan F austino Bruil 33 , quien con importantísimas inversiones, convirtió este espacio de huer tas en un lujoso parque. La G uía de Zaragoza de 1860 señalaba que esta casa de campo «respiraba riqueza, frondosidad y poesía. Las elegantes habitaciones del edificio principal, su entrada, la caprichosa variedad de flor es, el inmenso invernadero en el que pueden colocarse miles de plantas, macetas y arbustos, las espesas alamedas, los laberintos formados con sus árboles, una bellísima montaña rusa, embellecen el raro valor de los jar dines». T ras la muerte de J uan Bruil, y el paso de distintos propietarios 34 , finalmente la finca fue ex- propiada a mediados del siglo XX por el Ayuntamiento de Zaragoza, siendo alcalde Luis Gómez Laguna, para convertirlo en un parque. 35 [F . III-3.17] 31 La finca fue vendiéndose poco a poco, y la propiedad de la vivienda pasó a ser propiedad municipal. Hacia 1969 el castillo P alomar de derribó, y quedó como zona ver de, que se inau- guró como parque en 1971, con una superficie de unas 5 hectáreas. En 1992 se amplió el par- que con los terrenos de las antiguas viviendas de la fábrica T udor . Se conectó en 2010 con la avenida de N avarra. 32 Construida en 1785, contaba con seis prensas de las de viga y libra. 33 J uan F austino Bruil, descendiente de una familia originaria del Bearn francés, fue el primer director y propietario junto a otr os dos accionistas de la Caja de Descuentos Zarago- zana, entidad que funda en el año 1845 y que 12 años después se convirtió en el Banco de Zaragoza del que también fue primer director . P olítico progresista, diputado y senador , llegó a ser Ministro de H acienda en 1854. 34 La torre-parque se construyó sobre unos terrenos agrícolas que habían pertenecido desde el año 1286 hasta el año 1842 al Convento de Agustinos Observantes, año en el que fueron vendidos durante la desamortización. T ras la muerte de J uan Bruil (1868), que no tuvo des- cendencia, la finca fue adquirida por F rancisco de Cavia F ernánde z en 1868; por S ebastián M onserrat en el año 1878, y finalmente hereda- da por su hijo. 35 Con proy ecto de 1956, se inauguró en 1965 con el nombre de su primer propietario, tratan- do de conservar el espíritu original de la antigua T orre de B ruil, ya que incluso se constr uyó un pequeño zoo con jaulas y espacios para osos, monos y aves. En los años 70 se llevar on a cabo algunas reformas en este espacio, pero fue en 1984, con el primer gobierno local democrático y siendo concejal de M edio Ambiente Mariano Berges, cuando se llevó a cabo una reforma ambiciosa, tanto de la vegetación como del mobiliario urbano. E n esta reforma se diseñó y colocó una estructura formada por bloques de piedra casi cúbicos reutilizados del antiguo mo- lino de aceite. Se inauguró con una gran piscina hoy desapar ecida, y se suprimieron los últimos ejemplares de animales enjaulados. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 118 [F . II-3.11] Villa Asunción. a. Planta de la torre en fragmento del plano del Institu- to Geográfico y Catastral, 1935. b. Fotografía de la entrada a la Villa. Félix Navarro, arquitecto. 1911. c. Imagen tras la intervención del arquitecto madrileño Fernando de Escondrillas en 1918. Se puede observar la reforma realizada que en el aspecto exterior del edificio implicó la modificación del tramo superior de los torreo - nes y la sustitución completa del cimborrio que cubre el patio central. [F . II-3.10] ‘Casa-hotel’ de don Juan Solans. Miguel Ángel Navarro, arquitecto. 1918-1921. b c a 119 Quinta J ulieta es también un magnífico ejemplo de este tipo de torres-par- que. Abierta por el ingeniero zaragozano E nrique Sagols 36 en 1892, aguas abajo del Cabezo Cortado, junto al Canal Imperial de Aragón 37 , se trataba de un parque r ecreativ o abierto al público, aunque con precio de entrada 38 , de cinco hectáreas, con r estaurante, baños, tiros al plato, y otras amenidades 39 . Los clientes de este parque podían acceder a la Quinta a través de un corto paseo de un kilómetro y medio que podía r ealizarse por el paseo del Canal, partiendo desde el puente de América por la margen izquierda del Canal Imperial, o bien por el pr opio cauce, navegando desde el embarcader o del puerto de Miraflores en bar cas convencionales de r ecreo o en gran góndola en forma de cisne alado tirada por un caballo blanco . P ara los zaragozanos de principios del siglo XX la Quinta J ulieta era “ un lugar paradisíaco . U n ver dadero rinconcito del cielo ”, en el que había “ paseos, glorietas, césped, cenadores r ománticos, rincones floridos, rosaledas, glorietas, columnas, pe- queñas estatuas ”. 40 La Quinta J ulieta fue durante un buen tiempo un espacio de exclusividad, más apartado de la ciudad que otras zonas de recr eo, y con unas vistas excep- cionales. 41 Más tarde, esta finca pasó a manos de la or den Compañía de J esús, que dedicó estos terrenos a casa de ejer cicios espirituales. 42 En ambos casos, tanto en las torr es-domésticas como en las torres-par que, los programas edificados se adaptan con facilidad a las circunstancias de las parcelas agrícolas en las que se implantan. La topografía, la geometría de los linderos de la parcela agrícola, son elementos a los que los edificios, los espacios ajardinados, los cenador es o las pérgolas no r epresentan especiales afecciones sobre la estructura agrícola preexistente que conserva, en esencia, sus elementos principales (geometría, linderos, sustrato cultivable, sistemas de riego, etc.). Quinta J ulieta. En la primer a imagen queda fotografiada J ulieta Sagols en 1907 en una cabaña con el cartel “Quinta J ulieta ”. J ulieta, que da nombr e a esta torr e-par- que, er a la hija de E nrique Sagols F err er y J ulia Rodrigo Coutens. Dos escenas sociales de la Quinta J ulieta en la primer a década del siglo XX y una imagen de la Quinta cuando ya er a propiedad de los P adres J esuitas como dependencia ultr a- periférica del Colegio del Salvador , en una vista que su autor Ángel T oldrá Viazo denominó “Las colmenas de la Quinta J ulieta ”. 36 Enrique Sagols F errer , ingeniero industrial catalán, vino a Zaragoza a trabajar en la factoría A verly . F ue miembro de la Asociación de Labradores de Zaragoza y de la Cámara Oficial Agrícola de Zaragoza, de la que llegaría a ser P residente. 37 Los detalles de cómo era este espacio en la Zaragoza de principios de siglo quedan perfectamente reflejados en la tercera no vela, La “Quinta J ulieta ”, de las nueve que integran la reconocida obra Crónica del Alba que escribe Ramón J osé S ender . El protagonista J osé Gar cés describe sus andanzas en Zaragoza en esta no ve- la que trata de manera especial esta torre-parque de Zaragoza. La primera edición de esta no vela se publica en “El libro de bolsillo ” en 1971. 38 En la época de la no vela de Sender era una peseta por la entrada y por el paseo en góndola. Ramón J. Sender , 2008: 352. 39 Según la G uía de Serval (1900), más de 30.000 personas acudían cada año a disfrutar de sus baños para señoras y caballeros, tiros al blanco y de pichón, restaurante, columpios, grutas, cascadas, paseos, colmenas y granjas; por diez céntimos. 40 La “Quinta J ulieta ”, 2008: 352. Un día a la semana se cerraba la Quinta, para realizar los trabajos de mantenimiento: “barrer , podar los rosales, podar y recortar la hierba ”. Ramón J. Sender , 2008: 362. 41 El propio S ender reconoce que tenía mejor es vistas que las que se tenían en el Cabezo de Buenavista: “Lo que me convenció fue que aquel [Quinta J ulieta] era un paraje más alto que el Cabezo y que desde allí se veía por lo tanto un paraje más vasto ”. Ramón J. Sender , 2008: 440. 42 En 1958 esta or den encargó al arquitecto Santiago Lagunas un edificio para r ealizar los ejercicios espirituales, y todavía hoy mantiene este uso. Los terr enos han quedado limitados por el trazado del T ercer Cinturón, y desde el nuevo acueducto aún pueden observarse los restos de la gruta romántica de rocalla y otr os restos de la torre-par que original. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 120 [F . II-3.13] ‘Chalets’ en el paseo de Ruiseñores. a. Planta de parcelas y edificaciones tipo ‘chalet’ en el tramo central del paseo de R uiseñores en el plano parcelario realizado por el Instituto Geográfico y Catastral, 1935. Se observan algunos de los ‘hoteles’ promovidos en 1905, y el chalet de P edro Hernández Luna en el entonces número 20 del paseo, proyectado por el arquitecto R egino Borobio Ojeda en 1931, b. P romoción de seis ‘hoteles’ en el paseo de R uiseñores. 1905. [F . II-3.12] T orre “Castillo P alomar”, en Miralbueno. a. Planta de la torre en fragmento del plano del Instituto Geográfico y Catastral, 1935. b. Imagen general de la T orre, su cerramiento y el arbolado de su entorno. c. Detalle de la fachada. c b a a b 121 [F . II-3.14] Chalet de P edro Hernández Luna en paseo de R uiseñores nº 20. Regino Borobio Ojeda, arquitecto. 1931. [F . II-3.16] Vivienda del Doctor Horno, en paseo de María Agustín nº 5. Fernando García Mercadal, arquitecto. 1929. [F . II-3.15] Chalet de Matías Bergua en paseo de Ruiseñores nº 57-59. Rafael Bergamín, arquitecto. 1930 II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 122 [F . II-3.17] T orre de D. Juan Bruil. a. Fragmento del plano de Dionisio Casañal, 1880. b. P royecto de parque público en los terrenos de la “T orre de Bruil”, sitos en la calle del Asalto. 1956. a b 123 II.3.3. INDUSTRIAS. PUNT OS EN LAS ‘LÍNEAS DE AGUA ’ En el proceso de ocupación dispersa llev ado a cabo con las torres de descanso la presencia de los cauces de riego es importante, ya que con ellos se sumi- nistra el agua necesaria para el mantenimiento de los jar dines, las fuentes ornamentales, y el propio suministro de agua a las edificaciones r esidenciales. En el caso de establecimientos industriales, la condición de los cauces de agua va a r esultar mucho más determinante, ya que su sola presencia no r esulta suficiente. Si el establecimiento necesita el agua como elemento de v ertido y dilución de los componentes fabriles, la industria se emplaza en las márgenes del río H uerva, que ya en este mismo proceso, además de r ecoger las aguas sobrantes de distintos escorreder os que vierten directamente al cauce (en el caso de que existieran), adquiere ahora el papel de colector de desechos urbanos. Y si el establecimiento necesita una fuerza motriz aportada por un caudal importante, entonces se exigen emplazamientos junto a las acequias más im- portantes, o a aquellas que presentan un fuerte desnivel, para conseguir un ‘ salto ’ suficiente. Corresponden estas instalaciones a la primera pr otoindus- tria en Zaragoza: fábricas de harina, alfar erías, tejerías, fábricas de yesos, con ruedas movidas por la fuerza del agua. En este sentido es r elevante el episodio de la primera industrialización en la ciudad, vinculada a la presencia del Canal I mperial de Aragón 43 . En diciembre de 1840, siendo alcalde M iguel Alejos Burriel, el Ayuntamiento de Zaragoza había solicitado la concesión de agua del Canal I mperial “ a los españoles y a los americanos emigrados y sus descendientes gratuitamente, y a los extranjeros mediante un ‘ corto canon ’ para dar mo vimiento a máquinas destinadas a fábricas de hilados y tejidos… protegiendo la compra del terr eno necesario para edificar con entera sujeción a la ley vigente de expropiación por utilidad pública, haciendo libres de tributos impuestos por las Cortes las utilidades fabriles por el tiempo de diez años ”. 44 Esa solicitud fue denegada por el Dir ector del Canal Imperial. P ero Burriel no desistió en su empeño de convertir Zaragoza en una ciudad industrial, e invitó al Ministr o de la Gobernación a visitar el emplazamiento de B uenavis- ta, y los parajes de T orrer o y Miraflor es para ver el caudal de las acequias que bajaban después por el camino de San J osé. Estos caudales debían ser apro ve- chados, y para ello el enclave idóneo eran las laderas de T orr ero. B urriel ima- ginaba en la falda del monte de T orrer o un “ rico y hermoso barrio industrial”, destinado principalmente a fabricación de hilados y tejidos, beneficiado con el caudal y la fuerza motriz producida por la caída del agua desde el Canal Imperial de Aragón. 43 Con anterioridad, en la margen izquierda del Ebro, pr ecisamente junto a la acequia del Rabal, se habían emplazado varios molinos, debido a la abundancia de agua en esta zona y al carácter más limpio del agua pro veniente del Gállego . Se trata del conjunto de molinos, algunos de ellos ya datados en el siglo XVI, conocidos como M olino del F ideero, M olino de Marraco, M o- lino de Cortacans, Molino de La S eo y Molino del Pilar . M uchos de ellos fueron transformados posteriormente en fábricas de harinas. T ambién en la desembocadura de la acequia del Rabal en el Ebro se emplazaba el M olino de Altabás (de San Lázaro o de la S al). El que podemos con- templar en la actualidad en la ribera del Ebro fue construido para trasladar en que existía junto al muro del estribo del puente de piedra. En su primitivo emplazamiento, se alimentaba de la Acequia del Rabal, que atravesaba los terrenos del Convento de Altabás. C uando se modificó el sistema de este molino, que pasó de ser un molino “ de canal” a ser un molino “ de cubo ”, pro vocaba inundaciones en el convento. Y fue el propio convento el que contribuyó a los gastos de demolición y reconstrucción del M olino en una posición aguas abajo del mismo. Carlos Blázquez, 2005: 169. 44 Miguel Alejos B urriel, 1841: 2. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 124 [F . II-3.18] Fragmento del plano de Dionisio Casañal, de 1899, en el que se aprecia el complejo industrial ordenado siguiendo los cauces de las acequias del Plano y del Ontonar en la ladera del camino de San José, que descendía desde el complejo de T orrero hasta el convento de San José. 125 Esta ‘ gran calle ’ que debía conectar la ciudad con este imaginado barrio industrial, “ desde el pie de la cuesta del M olino de Cuéllar hasta el puente nuevo del H uer va ”, no era otra que el camino de T orrer o, que empieza a formalizarse como paseo edificado . Burriel habla de la distancia conv eniente desde los árboles exteriores por los dos costados, y pr escribe un or den simétri- co en las fachadas, que podrían estar precedidas por un v erjado “ a fin de aislar el edificio de las fábricas ”. T ambién describía una alcantarilla subterránea en esta calle que daría fuerza a las industrias allí enclavadas La industria textil no se desarrolló en Zaragoza, y , como bien es sabido, se impulsó en otras regiones españolas. A pesar de todo, algunos enclav es de la ladera del monte de T orr ero sí terminar on acogiendo un número importante de fábricas y molinos, pero que no llegarían a consolidar un barrio industrial como enunciaba Burriel, sino que adoptaría el criterio de pequeños enclav es aislados alineados en torno a las ‘líneas de agua ’, a los cursos de las acequias importantes, capaces de suministrar la fuerza necesaria para mover las ruedas y mecanismos de cada instalación. Quizá uno de los enclaves más destacados en aquel tiempo fue el de las instalaciones industriales vinculadas a la acequia del Plano en la ladera de T orrero: “ A corta distancia de la boquer a de que se toma el agua par a la tahona de yeso hay un molino harinero de dos piedr as, de construcción antigua, con gr aneros, cuadr as, pajares y demás pr ecisas dependencias: sus canales, almenar a y car ca- bos, son de sillería. ” E n el curso de la acequia y a cien pasos de dicho molino, se encuentr a una silla con su rueda correspondiente, mo vida por el agua, y un torno de atr acción par a tr asladar la mader a al carro de la sierr a. Fr ente a este pabellón hay un edificio que fue molino de aceite, y en la actualidad es fundición de máquinas de hierro de todas clases y formas: consta de 210 pies de fachada por 84 de fondo: su altur a máxima 20 pies: le atr aviesan en todas dir ecciones por dentro del edificio canales par a la limpieza del establecimiento y par a todos los demás usos de la fundición. Contiguo a este hay otro edificio que lo ocupan los empleados en la fundición, y antes fue cuartel del presidiio , donde podían colocarse seiscientos confinados. I nmediatos al horno de pan cocer , se hallan un lavadero de ropas, de forma circular , y de 21 pies de diámetro, y un abr evadero par a caballerías.” 45 Así, se consolidan distintas ‘líneas de agua ’, especialmente en la ladera del monte de T orr ero . Además de la citada harinera Antonio M orón en la línea de la acequia del Plano, otras muchas harineras se emplazaron en posiciones estratégicas con fuertes caídas de agua. Desde 1845 funcionaba la harinera Almech apoyada en el curso de la acequia de las A dulas, en el arranque del camino de las T orr es. S obre esta antigua fábrica harinera de Almech, deno- minada “La Pilar ” y propiedad de Antonio P or tolés, se emplazó la S ociedad Española de Acumulador es T udor “La Pilar ” en 1897 y en este enclave perdu- ró hasta 1945. Y junto al curso de la acequia del Ontonar , se fundó en julio de 1900 la fábrica de cer vezas “La Zaragozana ”, y un año más tarde, un poco más arriba, la fábrica de tejidos Pina y M arín (1901), que pasó a denominar- se un año después, en 1902, Fábrica de Dámaso P ina. Y funcionaron otros muchos enclaves industriales, como el T ejar de Constantín, en el barrio de C uber , o la Industrial Licorera Española. [F . III-3.18] 45 Guía de Zaragoza 1860: 460-1. “Y o concibo la posibilidad de for mar un gr ande barrio, una ciudad en la falda que me ocupa; quisier a que una comisión científica estudiar a el terreno; y que bien compr endido, tr azar a un plano, en el cual, formando tres calles con el desniv el entr e sí de un tercio de toda la caída, se abrier an tres canales que distribuyesen el agua cedida a cada uno de los edificios; de tal modo, que la primer a calle y ace- quia sir viese a la primer a línea de fábri- cas por la cumbr e del monte, y circulando al derr edor del puerto de Mir aflores desde su origen a la salida del Canal junto al cerrito de Buena Vista en el collado y cajero encima del olivar donde acaba el paseo de los Ruiseñor es, hasta los molinos en la bajada del camino o paseo de San J osé; procur ando conser var el nivel de la acequia mayor . La segunda r ecibiría debajo de la línea anterior de fábricas el agua de cada una, y la distribuiría a las suyas r espectivas; r epitiendo el mismo ser vicio la ter cer a, cuyas dotaciones caerían en la última acequia del mismo nivel que el de la actual par a recibir las y conducirlas como ahor a, a los riegos por el mismo cauce, llamado comúnmente de S. J osé. P or maner a que no se había de per der cantidad alguna de agua, si no es la necesaria par a beber los operarios en las fábricas, par a los usos de las prepa- r aciones de los productos, y par a tener húmedas las máquinas. ” Miguel Alejos B urriel. “P or venir industrial de Zar agoza, si se aprovecha la fuerza motriz que hoy se pierde de las aguas del Canal I mperial”. 1841. II. CONSTRUCCIÓN DE ZARAGOZA EN LA HUER T A 126 Lamentablemente, los emplazamientos industriales se desarrollaron con una lógica estrictamente individual, ligadas a las ‘líneas de agua ’ pero sin desencadenar una estructura espacial como la imaginada por Miguel Alejos Burriel en 1840. N o se generó un nuevo orden urbano deriv ado del uso industrial, y en cambio los distintos enclaves industriales de esta primera ge- neración van a quedar integrados en la estructura agrícola que les da soporte, pero semiocultos en la trama urbana que vendrá a continuación quedando así un rosario de parcelas de uso industrial, por lo general diluido en las nuev as estructuras urbanas. P osteriormente, con la consolidación de los ferrocarriles en la segunda mi- tad del siglo XIX, un nutrido grupo de empresarios y emprendedor es loca- les habrán de impulsar nuevas actividades productiv as, con empresarios de origen francés que recalan en Z aragoza, y con personalidades locales de gran arrastre, como B asilio P araíso, que impulsa su emblemática fábrica de espejos La V eneciana. S urgirán así otras industrias innov adoras como La Montaña- nesa, Laguna de Rins, o T udor , iniciativas que luchan tratando de innov ar , destacar y arrastrar en un contexto urbano de medianía y falta de iniciativa empresarial. S on empresarios que trataron de mejorar la pro yección exterior de Zaragoza, de dotar a la ciudad de un perfil productiv o de mayor impor- tancia, y trabajaron en ocasiones de manera organizada para conseguir este objetivo . 46 La ciudad mantenía un perfil eminentemente agrícola, pero estas persona- lidades miraban hacia el futuro, veían el desarr ollo emprendido en otras ciu- dades españolas, y se cuestionaban cual habría de ser el porvenir de Zaragoza. De hecho, en 1894, el ingeniero E nrique Sagols presenta su r enombrado tra- bajo “El porvenir de Zaragoza ¿es más industrial que agrícola o más agrícola que industrial?”en el que defiende que “la agricultura es el mayor manantial de riqueza de los pueblos ”. Y a denuncia la situación de los propietarios del campo, que abandonan sus campos a la suerte de los braceros, sin invertir , y denuncia el retraso tecnológico r especto a otras zonas agrícolas de la pro vin- cia: “la agricultura está en manos del bracero sin capital ni inteligencia ”, que el propietario abandona sus tierras al arriendo, desmer eciendo cada vez más la propiedad, y por tanto mermando su capital insensiblemente. 47 Sagols v e en la falta de materias primas uno de los problemas estructurales de la ciudad, la dificultad para establecer industrias lucrativas, y ve el may or futuro en aquellas industrias que elabor en los productos de la tierra y que no puedan tener una competencia fatal. Visualiza el gran por venir de Zaragoza, la agricultura perfeccionada hasta llegar a hacer una verdadera industria, y concluye su trabajo pr esentando un por venir de Zaragoza más agrícola que industrial. 46 Se desarrollan iniciativ as en la ciudad que ponen de manifiesto la inquietud y el peso de estos empresarios locales en el ámbito nacional, como la celebración de la Asamblea nacional de las Cámaras de Comercio e Industria, que se organiza en Zaragoza en 1898. V arios trabajos han reconocido la tarea de estas empr esas pio- neras, que ha sido definida por algunos autores como ‘ gigantes ’: “En la industrialización de Zaragoza también hubo gigantes que asumieron la tarea de desbrozar el camino, sustituy endo el parasitismo rentista de las clases acomoda- das por el riesgo y el empuje empresarial. La empresa no había sido fácil. P or ello, no es ex- travagante considerar que, en esta primera fase de la industrialización de Zaragoza, los gigantes fueron además un poco cabezudos ”. Mariano Hormigón y E lena Ausejo, 1999: 26. 47 Enrique Sagols, 1894: 701-22. Esquema-sección del barrio industrial descrito por Miguel A lejos Burriel. (Croquis de P ablo de la Cal) 127 II.3.4. EQUIP AMIENT OS ALEJADOS. ENCLA VES EXTENSOS EN LA HUER T A A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad experimenta un intenso proceso de modernización que exige la construcción de grandes equipamien- tos de nueva factura (mercados, hospitales, etc.). Algunos de ellos deben ser encajados en la trama urbana porque su ubicación exige centralidad y para ello van a desencadenar actuaciones de r eforma interior , como la llevada a cabo para la construcción del M ercado Central (Félix N avarro, 1895-1903). Y otros, al no disponer la ciudad de Z aragoza de un plan de expansión o un pro yecto de R eforma y Ensanche como los que ya contaban muchas ciu- dades españolas, se tuvieron que conformar con ocupar solar es existentes, como para la construcción del T eatro P ignatelli (Félix N avarro, 1878) o bien ocupar campos agrícolas junto al suelo consolidado . Quizá el de mayor v ocación de conformación urbana es el caso de la nue- va F acultad de M edicina y de las Ciencias (Ricar do M agdalena, 1886), cuya fachada principal se orienta hacia el espacio más repr esentativo de la ciudad, la glorieta de Santa E ngracia. En una parcela r ectangular , el edificio de las F acultades propiamente dicho se dispone en primer término, con una fa- chada monumental y una escalinata hacia la ciudad. T iene planta cuadrada, organizada en torno a un claustro central. En el eje de acceso se emplaza la escalera principal, y al fondo, la sala P araninfo, y en el eje transversal, se emplazan las exedras semicir culares corr espondientes a las aulas. E l H ospital U niversitario se emplaza detrás, en forma de peine, un sistema lineal que ocupa toda la parcela, y que r esuelve perfectamente las circulaciones, la ven- tilación e iluminación de todas las salas. Y en la parte posterior se disponía, con planta basilical, la sala de disección, demolida hace unos algunos años, y dos edificios laterales auxiliares. 48 Este conjunto de composición monumental y rotunda, queda rodeado por un sistema ajardinado de pequeños y sinuosos parterr es, con una verja en su perímetro, que lindaba con el espacio del H uer va en su lindero este y con el camino de los C ubos, en su fachada oeste. 49 [F . II-3.19] Otros equipamientos se disponen en emplazamientos algo más alejados, pero adosados a los caminos ya transformados en paseos arbolados. Es el caso del nuevo M atadero municipal, 1878, r ealizado también años antes por el arquitecto municipal M agdalena, quien con este edificio consigue su primer gran trabajo profesional, con cierta inspiración, al menos en el trazado de la planta, de la arquitectura industrial francesa. E l complejo se emplaza en un parcela cuadrada apo yada en este camino y en uno de sus ángulos tiene abas- tecimiento de agua desde la acequia mayor de Las F uentes, infraestr uctura imprescindible para esta actividad. T res grandes naves y dos edificios de ofici- nas. U n eje de acceso peatonal y de carros, y en la parte exterior se organizan 48 El arquitecto municipal Ricar do M agdalena conseguiría con este trabajo su reconocimiento en el panorama nacional. T rabaja en el proy ecto con el propósito de “ realizar un ‘ palacio del saber ’, un conjunto arquitectónico que alber- gara de forma digna y eficaz las funciones de docencia, investigación y estudio a que estaba destinado y que además expresara formalmente la grandeza de la institución universitaria ”. Los arquitectos P emán y F ranco han definido su distribución como ‘ planta central lobulada ’. Mariano P emán y Luis F ranco, 2010: 58. 49 La denominación de este camino puede de- berse sin duda al tránsito de gente que se dirigía de manera habitual con cubos a la acequia que discurría abierta en esta calle, para llenarlos y trasladarlos hasta sus residencias. “La gr an cantidad de aguas de riego que propor cionan los ríos E bro , Gállego , J alón y Huerva, con todas sus acequias y sobr e todo el Canal I mperial de Ar agón con el sinnúmero de derivaciones, consti- tuyen la mayor riqueza de nuestr o suelo, haciéndolo susceptible y propio par a todos los adelantos del cultivo . Mas, por desgr acia, esa importante rama de la producción, se halla de todo punto abandonada en manos de personas, que, car eciendo de capital suficiente par a que las labor es agrícolas se verifiquen en buenas condiciones, son además en su gener alidad, y lo decimos con r ubor , ignor antes y r utinarios hasta el punto de no dar oídos a los consejos y enseñanzas de prácticas más adelantadas, por que desconfían del r esultado favor able de toda innov ación. ” Enrique Sagols. 1894. El porvenir de Zar agoza ¿es más industrial que agrícola o más agrícola que industrial? [Document text truncated for crawler view.]