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Reflexiones museológicas en torno al Museo Etnográfico

Cano de Gardoqui García, José Luis

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reflexiones museologicas en torno al MUSEO ETNOGRAFICO JosE Luis Cano de Gardoqui y García Actualmente, la institución museística engloba vida humana y de la naturaleza, sean tangibles o no, te n ® ® multidisciplinea como heterogénea de su contenido (museos unidisciplmarios y multidiscipii Todas las ciencias se ven representadas en los museos, mamfestándose en to dos ellos el denominador común de la individual y socialde La cultura es el elemento definidor básic jn-tiemoo oue éste ocupa, un individuo y, sobre todo, de la sociedad y ® que nos marcamos Esta noción de cultura desborda ampliam hprhos v actividades culm en nuestra mente cuando oímos, leemos o hablamos , . . hechos ajerales promovidos por instituciones, administraciones, g conformados xr,x"*- »■— ~ «. radójicamente instrumentalizada por buena parte e compleio* vendría a Sin embargo, la culwra es algo global y derivados comprender cualquier tipo de hecho, ^ el producto de la adede la interacción del hombre con su medio. -irnreso abierto y continuo, cuación del hombre a los cambios ambientales en un P integral o total, exDe esta forma, los «objetos» culturales co ran políticas, tendiéndose a cuestiones geográficas, cosmmbns as, evolucionistas, etc. nn sistema de vaLa cultura se somete al tiempo y al espacio, c(m extinguiéndose, solores cerrado, pero también cambiante en funci n e le p • espacio; metiéndose, como organismo vivo que es, asi tam ecológico e interrelaadaptándose a los cambios del medio ambiente en un sen i , • j j y q\ relaticionándose con otras culturas; en definitiva, manifestando la alteridad y el vismo culturales. .. • ríe los ¿Cómo conjugar la continua evolución de los componentes tra ici instimuseos (objetos de arte, técnica y ciencia) en la interacción hombre me lo tución museística? 522 JOSE LUIS CANO DE GARDOQUl Y GARCIA ¿Cómo responde el museo, tanto en cuanto está fosilizado, con la variedad y relatividad cultural? ¿Cómo responde el museo etnográfico a tal globalidad y es susceptible de co nectar con la Sociedad? Teóricamente, desde su creación en 1946 en el seno de la UNESCO, el ICOM ha venido estableciendo en distintos tiempos una definición de MUSEO capaz de captar los rápidos cambios que ha sufrido el concepto de OBJETO MUSEAL. Sin duda, uno de los motores fundamentales en la evolución de dicho concepto lo constituyen los avances que han tenido lugar en la ciencia antropológica y etno lógica, así como en los museos etnográficos como centros dinámicos de difusión de dicha ciencia. La definición de 1968 hablaba del MUSEO como: «Institución permanente que conserva y expone COLECCIONES DE OBJETOS DE CARACTER CULTURAL Y CIENTIFICO para fi nes de estudio, educación y deleite»'. La ambigüedad del concepto OBJETO experimenta una concreción en la defi nición de 1974, en el sentido de «testimonios materiales del hombre y de su entor no» como contenido esencial de los Museos; es decir, la cultura material y natural tangible relacionada con su propio medio ambiente. Una noción más global y cohe rente afianzada en la extensión del concepto MUSEO hacia los parajes y monu mentos etnográficos (primera vez que el ICOM incluye esta palabra para caracterizar a un Museo) En la actualidad, la noción de objeto museal vuelve a cambiar, sobre todo por la tendencia ecológica de los museos menos tradicionales (museos etnográficos y científicos), en cuyo seno aún se ve posible una proyección hacia la ciencia y la sociedad, vedada a la mayor parte de los Museos con mayúsculas. Así, se prefiere manejar diversos criterios a la hora de calificar los objetos museísticos: además de la cultura material tangible, hallaríamos los valores culturales y naturales con el fi n de volver a relacionar al hombre con su entorno (ecomuseos), partiendo del hecho de que la cultura es un fenómeno que surge de la modificación del entorno a través de un determinado comportamiento. En este sentido, las colec ciones de los Museos no se limitarían a los objetos tridimensionales, sino también a valores intangibles que muestran la evolución de la Sociedad: poesía, canción, danza, religión, mitos, etc.^ En el intento de conformar una teoría general del Museo, desde los años 40 del siglo XX numerosos autores y el ICOM, a través del ICOFOM (Comité Inter nacional del ICOM para la Museología), han ido consolidando, en un debate aún no cerrado, lo que se denomina como MUSEOLOGIA O CIENCIA DEL MUSEO, cuyo objetivo sería el museo desde un punto de vista formal y material. La Museo- ' «Estatuios del Consejo Internacional de Museos ICOM», ARTE ESPAÑOL.iomo XXVI, 3." fase., 1968-69, pp. 246-254. 2 SANZ PASTOR Y FERNANDEZ DE PIEROLA, C., Museos y Colecciones de España. Ma drid, Ministerio de Cultura, 1980, pp. 6-7. 5 FORRELLAD DOMENECH, D., «la col.lecció museal, avui», ARRAONA. núm. 2, B."" épo ca, 1988, pp. 73-77. REFLEXIONES MUSEOLOGICAS EN TORNO AL MUSEO ETNOGRAFICO 523 logia dirigiría científicamente el desarrollo de dicha Institución por medio de la crea ción de un sistema o idea-modelo viable para el conjunto de los Museos y constituida a partir de la realidad museográfica de cada Museo. Es una ciencia normativa y flexible que tiene como fi n proyectar el Museo al exterior; conectarlo con la Sociedad, así como establecer una serie de criterios teó ricos, por medio de la investigación, sobre el objeto museal a la hora de adquirirlo, documentarlo, conservarlo y difundirlo. Pero también, como ciencia social que es, la Museología investigaría sobre la sociedad en la relación sujeto-objeto propia del Museo; analizaría al público potencial del mismo y en los medios para atraerle a través de la difusión cultural. Tal acercamiento científico sobre el Museo ha impulsado, entre otras cuestio nes, la clasificación tipológica de los Museos con el fi n de facilitar una seria inves tigación sobre dicha Institución y limitar su complejidad que, por otra parte es acorde con una sociedad como la contemporánea cada vez más orientada hacia la especialización de contenidos y servicios. Muchos autores han clasificado los Museos aten diendo a muy variados criterios: propiedad, público, contenido, etc."^ Nos interesa especialmente este último, el del contenido o disciplinar, por cuanto el ICOM ha establecido, tal vez, la más coherente división de los Museos basándo se en una cuestión disciplinar, entendiendo como disciplina «una actividad humana que presenta un cuerpo de doctrina en sus reglas y métodos operados con una ins trucción artística, histórica, científica o técnica^. Así, el ICOM habla de Museos de Ciencias y Técnicas; de Histona Natural; de Arqueología e Historia; de Etnografía; de Artes Aplicadas; de Arte Mo emo, f^egionales; Especializados. ■ I X - Básicamente, las orientaciones van hacia el Arte, la Historia, la Cienci^ a ec nología y la Etnología; y concretando aún más: el Arte, las Ciencias del om re, las Ciencias de la Naturaleza y las Ciencias Exactas y Técnicas Avanza as. ^ Como veremos, este desglose disciplinario no es nuevo, sino que ya ha la sur gido dentro de la dinámica coleccionista privada desde fi nales del siglo X , en denominadas Wunderkammer o Cámaras de Maravillas, en cuyo seno, o ■1^'"^^^ todas las características surgían en principio entremezclados en aras de prensión integral de la realidad que rodea al hombre. Más tarde, los objetos e científicamente ordenados y segregados de los demás en función de las iscip nombradas, dando lugar, tras el salto de lo privado a lo público, a los museos tuales. A/ru/f ■ n, Musces fi Muséologie, París, P.U.F., 1971 (1-° ed. 1960), PP121, ' (Noiictas del ICOM). p«rís. vol. 16. nüms. 1-2, 1963; LEON, A., El Museo. Teona. prax y utopía. Madrid, 1978, pp, I 14-170, NIETO. G.. Panorama de los museos españoles y cuesnones f^useológicas. Madrid, ANABA, 1973, pp. .19-.S5; RIVIERE. G H. , Muséologie genérale contempofoine. lección 2. «Musée et savoir» del Coursde Muséologie de 1974, F'arfs. F.colc du Louvrc (Apun tes mecanografiados repartidos como material de trabajo en el seminano. «La lórinación del personal técnico de los Museoscelebrado en Barcelona del 20 al 24 de octubre 1975): SANZ PASTOR, op. cil.; VARINE-BOHAN. H. de -U musée rnodcrne. conditions et problémes d'une rénovation-, MUSEUM. vol. XXVIil, 3. 1976, pp. 127-139. LEON, op. cit., p. 114. JOSE LUIS CANO DE GARDOQUI Y GARCIA El ICOM mantiene, por tanto, la división disciplinar clásica; no obstante, sur gen disciplinas atractivas, con un enorme potencial científico-social en la actuali dad, a pesar de que su conformación e integración en el mundo de los museos no es tan nueva. Nos referimos a la ciencia etnológica, o hablando modernamente, a la antropología y a los museos de estos mismos ámbitos. Los museos de antropología, etnografía, de folklores y artes populares quedan englobados en la disciplina etnológica, bajo la identidad común, pero también va ga, de su dedicación a culturas o elementos culturales preindustriales, contemporá neos o pertenecientes a un pasado más o menos reciente, estudiados directamente^. No obstante, estos museos se presentan también independientes y diversos entre sí, tanto por la complejidad en la amplitud de los límites de la ciencia etnológica actual, como por la diversidad de sus intenciones y funciones. Entre la unidad y la diversidad, la etnología y sus museos han conquistado su propio espacio en las tipologías museísticas, constituyéndose en la actualidad, jun to a los científicos, en la gran alternativa que la Museología puede esgrimir frente al anquilosamiento y esclerosis del Museo Tradicional. En verdad, se trata de auténtica conquista, porque cabe preguntarse ¿dónde estaban y qué papel protagonizaban los elementos u objetos etnográficos en la esfe ra del coleccionismo privado antiguo y en los museos del siglo XVIII y XIX? La respuesta podría ser: difuminados, disueltos, carentes de su valor cultural propio entre las piezas de las tres grandes categorías: Arte, Ciencias y Naturaleza. Tal carencia responde a la dinámica del hecho coleccionista desde la Antigüe dad y a la de la formación del Museo Tradicional burgués a fi nales del siglo XVIII. La plena integración de la ciencia etnológica en la Institución Museal vendrá dada por la evolución de dicha disciplina a partir de la 2.^ mitad del siglo XIX y, sobre todo, a partir de la década de los 30 de nuestro siglo, desde lo físico a lo cultural y, por tanto, hacia la globalidad, interdisciplinaridad, hacia la política y la sociedad. Fundamentalmente desde el siglo XVI (con algunos precedentes en la Antigüe dad y en la Edad Media) hasta incluso el siglo XVIII (en Alemania), merced al aumento de la cultura de tipo universal, humanística y científica, y de la curiosidad por los nuevos países descubiertos, se produce un fenómeno del coleccionismo de obras de arte y de objetos curiosos y raros asociado al lugar donde reside el hombre culto (gabinete, estudiólo), con la fi nalidad del estudio y la reflexión'. Son las Wunderkammer, pronto sistematizadas en tres categorías fundamentales: a) Naturalia: productos de la Naturaleza, muy variados y en muchas ocasio nes raros y curiosos, propios de una mentalidad manierista afín a lo extravagante y raro, sustituida más tarde por una actitud científica y racional hacia minerales, especímenes animales y vegetales, que hará independizar dkhos objetos de los de más, desembocando en los primeros museos de Historia atura . ^ Seminario regional de la Unesco sobre la Junción educativa dé los museos (1958), (1961), p. 50. citado por ALONSO FERNANDEZ. L.. Museoologia. introducción a la teoría y práctica del Museo, Madrid, 1993, p161. ' SCHLOSSER, J. von. Las cámaras artísticas y maravillosas del Renacimiento tardío. Madrid, 1988; MORAN, M. y CHECA CREMADES, F., El coleccionismo en España. Madrid, 1985. REFLEXIONES MVSEOLOGiCAS EN TORNO AL MUSEO ETNOGRAFICO 525 b) Artificialia: productos y obras del hombre: mapas, globos, instrumentos astronómicos y matemáticos, pero también objetos procedentes de otras culturas no occidentales seleccionados por su estética, exotismo, curiosidad, etc. (rosarios de cocos, ídolos, cuadros hechos de plumas, piezas de orfebrería con animales exó ticos). Más tarde darán paso a los Museos de Ciencias, Técnicas, Arqueología e Historia (antigüedades clásicas, restos romanos, retratos de hombres ilustres o de ancestros (parte ésta fundamental, junto con la armería y la biblioteca de todo Wunderkammer que se precie). c) Artes, que dan paso en el siglo XVill a los Museos de Bellas Artes. Los diversos objetos de estas colecciones funcionaban a modo de microcosmos orgánico, resumen del saber o espejo del macrocosmos que rodea al hombre. En tal contexto hay una patente ausencia de útiles o cultura material cotidiana, al menos procedente del dominio occidental; no sucede así con el objeto etnográfi co de otros dominios, el cual, sin embargo, queda diluido en su auténtico valor por mor de los criterios barajados a la hora de seleccionar y de estas colecciones: valor material, estético, curioso, de rareza, g ' Criterios selectivos y elitistas, más tarde esgrimidos por a no eza ^^^itura que coleccionan, bien por moda, bien debido a la función ideo ogi que será trasplantada a fi nales del XVIII al Museo Tradición . K-gto etUno de los principales impulsos que posibilitaron la ® romo dinográfico no occidental en dichas Cámaras fue el fenómeno co om i • ce Schlosser: «A la vieja Europa llega un sinnúmero de jg^cia y el maravillosos y no tarda mucho en producirse la repercusi n objetos arte. Así, es de admirar cómo ya en las antiguas cámaras aittsücas y de raros del siglo XVI, se encontraba la base para los museos etnologi tiempo: Vestidos de pluma americanos, canoas groenlandesas, ins ru obiecales de viento africanos, porcelana asiática oriental, se convierten o tos estables de las colecciones...»®. eoroCuando estas colecciones son formadas por investigadores o /• ducen dos fenómenos interesantes. Por una parte, se proyecta so _ interés científico que los aleja de los criterios coleccionistas comentado y q dan a reflexionar sobre otras culturas; por ejemplo, en la spana e ' ción e investigación sobre especímenes vegetales ^ericanos e me ^ xT„*yj.al y Nicolás Monardes; o las investigaciones del jesuita Acosta en su « • , ^ Mural de las Indias» donde, a través de ídolos, estudia las re igiones . clásicas o se interesa antropológicamente por el indio en una dirección e » ta (etapas más primitivas de la Humanidad), de acuerdo con la integraci n rica en Europa^. Por otra parte, los objetos etnográficos y los productos de la naturaleza ates - rados por los científicos comienzan a independizarse del resto de piezas e Cámaras, y a ser ordenados y clasificados racionalmente en aras de a inves SCHLOSSER, op. cit., p. 212. MORAN y CHECA, op. cit. 526 JOSE LUIS CANO DE GARDOQUI Y GARCIA ción, aunque también para una presentación menos subjetiva y más racional, más dirigida a la formación. Así, la ley científica se convierte en objeto museográfico. En el sentido científico y multidisciplinar (aunque en esta época no puede ha blarse aún de Museos de Etnografía), un precursor sería el Ashmoleum Museum de Oxford, primer museo universitario abierto desde 1683, con laboratorio de quí mica y biblioteca, a partir de colecciones de historia natural, de numismática, de arqueología y de etnología reunidas por el viajero y explorador Tradescant. La uni versidad encargará la tarea de conservación e inventario a los profesores Pero esto es una excepción. En general, la disposición de los objetos en las Cámaras privadas responde a la subjetividad, pues las piezas no se destinan a la contemplación pública, y menos a su formación. Lo curioso, y gran parte de culpa tuvieron las colecciones artísticas, es que este tipo de presentación, de gusto por la panoplia, el trofeo y la reliquia, se mantu vo en muchos museos etnográficos y de ciencias naturales hasta prácticamente la 2.® Guerra Mundial. El XIX es un siglo en que la etnología o la antropología conquista su propio museo. Al principio participando de los Museos de Historia Natural, limitándose a los dominios no europeos, con el nexo común del espíritu del gabinete de curiosi dades y, más tarde, con un gusto aún por el objeto exótico, singular y ornamentado (en 1837 el Museo Nacional de Etnología de Leiden)''. Una serie de factores propician dicha conquista: fundamental es el interés de las potencias imperialistas en el siglo XIX por los países colonizados. Interés polí tico manifestado en la presencia de estos países en las Exposiciones Universales a través de la presentación de objetos ajenos al dominio occidental en cuya selec ción domina el criterio exótico y estético; así, la óe 1 en y e su si guiente South Kensington Museum, con los departamentos de Arte Indio, Extremo Oriente (lacas, tallas mobiliario chino) y Oriente Proximo; a de París en 1867 y su Pabellón Oriental; la de 1878 que conllevo la creación del Museo de Etnogra fía del Trocadero, etc. . . ti • i i Resulta curioso cómo el colonialismo, las Exposiciones Umversales y los avances de la Emología trastocan los modos de ® de la reconstitución de la vida cotidiana (rural o les a base de maniquíes, vestidos, maquetas, etc. Son ' '"i • ' • • j 1 He los museos etnográficos, constituyen el guiran inspirando las presentaciones ae ios ixr,;r>ei hsacQHrs i . . r» «unidad ecológica», oasaao en la reconscomienzo de la presentación ecológica o «uniaau & ^ . ^ nrooia de ios museos ai «aire libre» v trucción predominantemente arquitectonic p P y expongan el objeto en su contexto, tanto ambiental conio social olntro de la corriente colonialista general, adelanundose incluso a la conquis ta de ciertos continentes (Africa), la actividad misional de ciertos países (Italia, PorRIVIERE, G. H., La Museología. Curso de Museologia. Textos y testimonios, Madrid, 1993, p. 71. " Id., p. 75. REFLEXIONES MUSEOLOGICAS EN TORNO AL MUSEO ETNOGRAFICO 527 tugal, Francia, España, etc.) desempeñará un papel temprado y destacado en el acercamiento didáctico, científico hacia sociedades lejanas; obviándose una pro yección exótico-curiosa en la colecta de los objetos y ahondando en las costumbres, cultura material y cotidianeidad de estas sociedades. Los religiosos formarán tem pranos museos con el fi n de formar a los novicios de las metrópolis en las costum bres y tradiciones de los países a evangelizar Oos PP. Agustinos en China y Filipinas y el Museo Oriental de Valladolid) '2; otras veces, como en el caso del Museo de las Misiones Africanas en Lyon formado en 1927. con el fi n de atraer la cunosidad del público, como estímulo de su generosidad para fi nanciar la evangelización . Los avances de la Etnología, la independencia de las colomas y la proyección social de la Iglesia Católica harán evolucionar en una dirección cienüfica a estos museos, en cuyo seno se tiene previsto la creación de Institutos de InvesUgación para los países del Tercer Mundo. Los avances industriales en Europa, el progreso urbano, los ^bios «onómcos, las transformaciones del mundo rural, la pérdida de idenudad ^cion ye - ral de ciertos pueblos del norte y centro de Europa propician, desde medidos del XIX el nacimiento de los primeros Museos de Etnología «„ecia culturas tradicionales europeas. Así, en el último tercio del XK, nacen en SuMm «Museos Cubiertos» y «al Aire Libre», que poco a poco ayudan a tomar cotemn" tanto de la rápida decadencia de las culmras tradicionales europeas, como de la nu lidad de incluir su experiencia en las Debido a Artur Hazelius, se crea en 1872 el Mus^ Nórdico » Est^<"^. Basándose en las técnicas de las Exposiciones Universales, Hazelius fab g des escenarios (dioramas) que reconstruyen los interiores de las c^as de camp suecas con muebles auténticos y maniquíes con uajes folkloriros " .¡.gn Más tarde los dioramas se emplazarán al aire libre (Museo Skansen en 189 ). siendo sustituidos poco a poco por cuadros vivos y llegando posteno unidades ecológicas, con la conservación de casas in situ, o bien tt asladando y res tituyendo las estrucmras arquitectónicas a medios mfc adecuados . En esta dinámica, además de Skansen, se hallan el Dante F»!"" penhagen en 1879; los daneses de Sorgeufi en 1899 y Lynby en 19 ^ ^ el Norsk Folskmuseum de Bydóy (1894); el Seurassai de Helsinki dP*»).^ matmuseen alemanes (utilizados por el nazismo para afirmar la raza aria; ahora ligados al territorio y a la Población como ecomuseos), el Museo del Pueblo Español, en 1934, etc. Merced a la dinámica colonialista, mientras que a los países colonizados se impone el museo tradicional (cultura burguesa del XIX), derivando en a . ción de museos de arte colonial, de arqueología, de Historia Natur con a o '2 CANO DE GARDOQUI GARCIA. J. L., «El Museo Oriental en el convento de los PP. Agustinos-Filipinos de Valladolid» (art. en prensa). " DERBIER, A., «En Lyon (Francia): ¿De Museo de las Misiones a Instituto del Munao gro?, MUSEUM. núm. 174, 2, 1992, pp. 77-81. NORDENSON, E., «En el principio. Skansen». MUSEUM, núm. 175. 3. 1992. pp- . ' RIVIERE. La Museologia..., p. 78. nota 67 y p. 80. nota 69 (inserto de Andrea Hauenschil ). 528 JOSE LUIS CANO DE GARDOQUI Y GARCIA europea de la conservación e instrumentos educativos y de ocio para la aristocracia colonial, en las metrópolis colonizadoras europeas se crean grandes museos etno gráficos a partir de los objetos exóticos recolectados por los colonizadores (los Mu seos Etnográficos de Berlín, Viena (1873 y 1876); el Museo del Hombre de París, el Museo de Mankind (Londres); el Tropenmuseum de Amsterdam; Übersee Museum de Bremen; Museo de Liverpool; Museo Nacional de Etnología (1910 con fondos del Museo Antropológico), etc. En Francia, como veremos, la Etnología se institucionaliza (reorganización del Museo de Etnografía del Trocadero que en 1929 se convierte en el Museo del Hom bre). Aquí pronto se tenderá a la Ecología y nacerán los Ecomuseos. Mientras, en el Tercer Mundo, la etnología adquiere un papel de segunda fi la, dominando antes de la década de los 60 los museos de arte popular y arqueología. No será hasta la independencia de estos países o hasta su toma de conciencia nacio nal, cuando surjan con fuerza los museos etnográficos en estos ámbitos, con las colecciones montadas en su contexto biológico y ecológico, como instrumentos afirmadores de la identidad nacional y cultural de estos pueblos, así como para su de sarrollo, obviándose la idea conservadora de patrimonio. Así, en 1966, el Museo de Antropología de México; en 1978, el Museo de Etnografía e Instituto del Mun do Islámico de Riad; el Ecomuseo de Boussada (oasis del Sáhara argelino); en 1959, en Niger, el Museo de Niamey, primer museo africano según modelo africano'®; el Museo de Civilizaciones Negras en Dakar en 1966, etc. De forma paradójica, a fi nales del XIX y principios del XX, los arcaicos mu seos etnográficos, unidos al colonialismo y al naturalismo, posibilitaron la inclu sión de la etnología dentro de las ciencias sociales y humanas por medio de la visualización y comparación de objetos procedentes, tanto de los dominios no occi dentales como de los cercanos y propios a nuestra civilización. La ciencia etnológi ca o antropológica se convierte en algo público, popular, cercano. La alteridad y el exotismo de los objetos almacenados y expuestos en estos museos convierten a la Etnología en un bien común visualmente compatible sin distinciones de raza ni de clase. En este sentido, frente al Museo Tradicional, los objetos de los Museos Etno gráficos suelen ser populares, así como también el público que acude a visitarlos. A comienzos del siglo XX, la naciente disciplina antropológica tiene una ver tiente predominantemente biológica y naturalista, como herencia de las investiga ciones y análisis practicados desde el primer tercio del XIX. En esos momentos, la Etnología designaba la ciencia de los elementos raciales (físicos y morales) de los pueblos históricos. Era una rama de la Historia Natural del Hombre y queda subordinada a la denominada Antropología Física'^. El problema que se va a plantear a partir de ahora es el de la construcción de la Etnología como una ciencia de la cultura. La cultura tomada como objeto de es tudio común de todas las ciencias sociales, a diferencia de las ciencias de la NaturaALONSO FERNANDEZ, op. cit., p. 814, nota 88. Los Museos en e¡ mundo. Biblioteca Salvat de Grandes Temas (26), Barcelona, 1979, p. 73. RIVIERE, La Museología... , p. 612 (inserto de Jean Jamin). REFLEXIONES MUSEOLOGICAS EN TORNO AL MUSEO ETNOGRAFICO 529 leza. Y dentro de las ciencias sociales, la cultura entendida, no como hecho, sino como fenómeno, será objeto de estudio de las Ciencias del hombre. Se trata, en definitiva, de hacer de la Antropología un fenómeno cultural global y relativo, so metido al espacio-tiempo, Lx)s primeros museos etnográficos regionales, «al aire libre» o «cubiertos», sur gidos en el último tercio del XIX en el norte y centro de Europa, propiciaron este cambio. Museos surgidos con una vocación nacionalista y tradicional, por el Ínte res creciente hacia la cultura tradicional, como defensa a la homogeneización de la sociedad industrial moderna. Una vocación tradicional, folklorista, que a pesar de estar dirigida hacia el pasado, condujo a la toma de conciencia del fenómeno cultural global de la Antropología. Dichos museos serian el punto de partida de la revaloración o acercamiento serio y científico hacia las culturas y sociedades de los pueblos colonizados, ame nazadas de extinción por el choque cultural y posterior amquilamiento de su propio sistema de valores propiciado por el colonialismo. Se va a tomar conciencia de que tales sociedades teman cultura y de que ésta tiene igual o mayor importancia que la de los países colonizadores^®. Tratase, en fi n, de una clara posición de izquierdas, sobre todo en la Francia de los años 30, del Frente Popular, con la intervención de fi lósofos (Lucien LévyBruhl; médicos antropólogos (Paúl Rivet); sociólogos durkeimianos (Marcel Mauss); museólogos (Riviére), etc. Todos ellos fundan un nuevo humanismo en el cual, este Museo y la Etnología constituirían una barrera contra el racismo, el fascismo y el imperialismo (voluntad política), además de ser una institución dedicada a la educación y un laboratorio donde analizar las culturas oprimidas^'. El salto de la Antropología hacia la Cultura y su integración en las Ciencias Humanas y Sociales favorecieron enfoques interdisciplinares y prospectivos, no sólo dirigidos al pasado, sino también al presente y al futuro. Paralelamente, los museos etnológicos ampliaron sus objetivos. De criterios selectivos estéticos, curiosos y materiales, estos museos extendieron su política adquisitiva a investigadora y difusora a las técnicas, a la econonua, a la organización social y a la expresión cultural global de la sociedad tradicional, asi como al estudio del paso de esta sociedad a la sociedad industrial, para llegar en nuestros días a la ecología humana y natural. Los avances de la ciencia etnológica suponen la conformación de una serie de subdisciplinas que viene a reflejarse en la tipología disciplinar de los museos de etnología. Así, la Etnografía y los Museos Etnográficos, bien regionales, bien locales, tenderían a la observación, análisis y exposición de materiales de grupos humanos salvajes o civilizados particulares; es decir, circunscritos a un determinado ámbito espacio-temporal, entresacando de ellos modelos de vida específicos. Los Museos Etnográficos tendrían un sentido descriptivo y, muchas veces, mo nográfico; aunque más monográficos, desbordando los límites locales, serían los Id., p. 164. Id., p. 165.