La conclusión de la Catedral de Valladolid: comentarios al Concurso Nacional de Arquitectura de 1943
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LA CONCLUSIÓN DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID Comentarios al Concurso Nacional de Arquitectura de 1943. (Conferencia pronunciada en el Aula Magna de la Universidad de ValIndoUd el día 7 de Mayo de 194'1). Excmo. y Rvdmo. Prelado: Excmos. Señores: Señoras y Señores: La actividad del arquitecto, en su concepto más elevado, puede reducirse a estos tres aspectos: 1 o-Crear «lo nuevo»; es decir, realizar lo imaginado, materia lizando mediante la técnica adecuada, lo que su capacidad artística, educada en la disciplina del oficio, pueden hacer posible: la apari ción de una nueva y entera organización arquitectónica, sin ante cedente. 2.''-Conservar, hacer perdurable un organismo arquitectónico del tiempo pasado, que se entrega, dañado o mutilado, a nuestro tratamiento y posterior vigilancia, y que nuestra cultura histórica y nuestra sensibilidad, lo hacen permanente, permitiendo clasificarlo como monumento vivo, en el lugar que le corresponda. Y finalmente, y más raramente, completar lo inacabado con solución definitiva y original; claro es que sometiéndose a determi nadas condiciones de unidad de estilo, carácter, etc.; hecho actual, que participa tanto de lo imaginativo como de lo eruditoque no es solamente la libertad creadora, exclusiva, ni tampoco el vigor de la investigación; labor difícil y compleja, que impone el respeto a un pensamiento ajeno, siempre acatado como superior por consideraciones de varia índole, estéticas o históricas. A este género de actividad pertenecen los trabajos que han acudido al concurso de Arquitectura, convocado por el Ministerio de Educación Nacional, con este trascendental enunciado: «Solu ción del Crucero de la Catedral de Valladolid y urbanización del espacio que la rodea»..., problema que hoy puede plantearse por el
60 MODESTO LÓPlíZ OTEkO concepto elevado que nuestra generación posee de las grandes manifestaciones artísticas de tiempos anteriores. En la intención del asunto, se contiene tanto un estudio y aná lisis puramente estimulante y didáctico,-finalidad principal de estos concursos,—como la posibilidad de realización de un propó sito que dá fin, además, a la situación de indiferencia conque hasta ahora se ha tenido a aquel ejemplar culminante de uno de nuestros estilos supremos, sin otras intervenciones que una adición desgra ciada en el siglo pasado; la cálida calificación de D. Ventura Rodrí guez en el xviii, y la aportación barroca, anterior. La iniciativa del concurso se apoya en estas dos consideracio nes; el monumento en si, con su valor propio, y el valor del monu mento para la ciudad, lo cual, a su vez, ha de corresponder con una ordenación urbana de la zona de emplazamiento, a fi n de exaltar debidamente, es decir, proporcionalmente, adecuadamente, aquel valor. No es preciso hacer resaltar la dificultad del problema plan teado, pues la libertad de criterio, autorizada en la competencia, lleva consigo una enorme responsabilidad, siquiera ésta se contenga, por ahora, en el papel. Los términos de la convocatoria se ciñen a resolver, a solucionar el crucero, como objetivo principal. A tan interesante certamen acudieron cuatro anteproyectos, que llamaremos así para no apartarnos de los términos de la con vocatoria, pero que, por el estudio que suponen, reflejados en los documentos gráficos principalmente, se nos presentan como ver daderos proyectos, — aparte de estudios complementarios — , reve ladores del gran interés que existe entre nuestros jóvenes arquitec tos por tales cuestiones. Un jurado del que, con los menores méritos, he formado parte, estudió y falló el concurso, reconociendo tanto el acierto y oportu nidad del tema, como la excelente labor de los concursantes y, por consiguiente, el éxito de aquél. Es un caso poco frecuente el que un miembro de un jurado o tribunal, se decida a comentar en público los trabajos que ha juz gado; pero ésto me parece útil en casos como el presente, ya que solo me guía la intención de aumentar el interés entre personas cultas, capaces de sentir el problema, y aún el más ambicioso de extenderlo a la categoría de interés general. Por un motivo seme jante, Alemania, en el siglo pasado, elevó a empresa nacional la conclusión de la incompleta e infortunada Catedral de Colonia, y
LA CONCLUSIÓN Dli I.A CATEDRAL DE VALLADOLID, ETC. 61 nuestra gran catedral vallisoletana no representa menos en el arte español que aquella en el arte germano. Claro es que esta noble ciudad castellana, en la cual nací, es la obligada a contribuir, primeramente, con su tenaz esfuerzo a lograr lo que la feliz iniciativa ministerial la ofrece. Importa para tal objeto, insistir en la categoría del monumento herreriano, dejando sentado una vez más: Que en el pensamiento del gran arquitecto de Felipe II se contiene uno de los monumen tos más insignes del renacimiento español, y uno de los más importantes del arte universal, En efecto; la arquitectura greco-romana en España, llega a su más alto período, en el último tercio del siglo xvi, después de una evolución hoy perfectamente estudiada y que no es necesario repe tir. Los resabios gotizantes y mudéjares de estirpe nacional, del primer renacimiento, van siendo desalojados por el purismo italia no, cada vez más acentuadamente y, por lo tanto, era inevitable y fatal llegar a la meta estrictamente canónica y vitrubiana, sin que para ello fuese necesario ningún «golpe de estado», como dice Lamperez. Pero no es menos cierto, que esta fase final, lógica, en virtud de la conjunción del monarca y su arquitecto, se afirma en una superación ultra-purista, lograda por un dominio de la regla y del orden, todo claridad, sinceridad, armonía y perfección, pero inspirada también por una suprema voluntad, independiente de aquella preceptiva, lo que hace a esa fase evolutiva algo más que un episodio, siquiera fuese éste el más importante, de su proceso natural. Esa fase de superación purista, coincide además, histórica mente, con un período de grandeza hispana, de hegemonía mundial, y de acción de la contrarreforma. Saturada el alma de Herrera de armonía y de elevación, supera a su tiempo y a su ambiente, pero respondiendo espléndidamente al anhelo espiritual de aquél mo numento político. La arquitectura renacentista europea del cánon romano, pro duce al contemplarla y al estudiarla, una emoción como de pagano equilibrio, una sensación de apacible serenidad. Esta perfección humanística no aspira más que a una armonía terrenal, sin más trabajos para las facultades del espectador y del creador, que lograr por la razón y el normal sentimiento, exclusivamente formal, el ideal arquitectónico de la antigüedad clásica, y sin otro contenido que el puramente estético, no excluyendo, ciertamente, la grandeza, la
62 MODESTO LÓPEZ OTERO fuerza y la gracia, pero sin tratar de producir emociones fuera de la terrena naturaleza humana y teniendo como fundamento la comprensión y la claridad, sin trastornos sentimentales de tras cendencia. Por el contrario, la arquitectura cristiana ultrapurista española, que es la arquitectura herreriana, está impregnada de otra volun tad superior de esencia y calidad eminentemente religiosas, aspiran do a emocionar al creyente con algo más que con revelaciones de equilibrio y de serena belleza. Arquitectura ascética, desornamen tada, libre de toda licencia, si no es para acentuar su carácter aus tero dulce y armónico al mismo tiempo. Jugando con la luz, o mejor con la sombra y la penumbra, somete al devoto a una pro funda concentración espiritual ante el espectáculo de una creación llena de perfecciones y de equilibrio. Es esta arquitectura, como antes he dicho, coincidente con la época del dominio universal español, de las circunstancias histó ricas que hacen de España la gran potencia religiosa de la contra rreforma. La singular personalidad del monarca, se funde con el sentido matemático, fi losófico, y al mismo tiempo, religioso y mís tico del arquitecto; de donde habría de producirse necesariamente una solución original y distinta de todo lo demás europeo, con un valor representativo del gran momento histórico nacional. La arquitectura herreriana, fase fi nal del renacimiento grecoromano, es formalmente ultra-purista y por su contenido y expresión espiritual, representativa del poder católico de la contrarreforma. La teoria, cada vez más fi rme y extendida, de que el arte barro co es el arte de esa contrarreforma, se funda, precisamente, en que sus formas libres y violentas obedecen a sentimientos religiosos especiales, no percibidos en el período humanístico; y en esta doctrina, el arte barroco español, tiene el cetro. Pero como en lo herreriano se dá la preceptiva canónica pura, lo que parece con trario al principio establecido, de libertad formal, se dice que también en El Escorial existe el contenido barroco, solo que en potencia, o mejor, en tensión, dispuesto a desbordarse apenas se rompan las cadenas de la doble dictadura estética. No hace falta clasificar lo herreriano en lo barroco incontenido, para afirmar su fuerte independencia y potente singularidad. Es la cumbre del mis ticismo en arquitectura, del ideal de perfección. El purismo italiano, terreno y preceptista, asciende hasta él, geometrizándose, volatili zando todo lo accesorio, sublimando su expresión, como queriendo
I.A CONCLUSIÓN DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID, ETC. 63 pasar de lo humano a lo divino. Después de él, se desciende en libertades y adiciones naturalistas, movidos por impulsos violentos y apasionados. La arquitectura herreriana tiene, por lo tanto, no solo valor nacional único, sino valor universal, sin nada superior en la arquL tectura europea, precisamente por ese contenido espiritual. Y de esta arquitectura herreriana el fruto más selecto es la Cate dral de Valladolid. La concibió Juan de Herrera en plena madurez, cuando terminándose la magna obra de San Lorenzo, había adqui rido la máxima experiencia y hallaba colmada la posesión de todos los secretos del estilo. Coincide su concepción, además, con la época de mayor tran quilidad del maestro, cuando, disminuido el tráfago de las obras, piensa en su Academia de Matemáticas y medita en la serenidad de su biblioteca, copiosa y selecta, acerca de cuestiones de cosmogra fía y de metafisica. Además, la Catedral castellana es tema de unidad concreta sin la complejidad del de El Escorial, en el que se acumulan circunstancias e imposiciones de índole muy varia. Gozó también Herrera en el pensamiento de Valladolid de amplia libertad, sin las trabas ni los compromisos del monasterio laurentino, ni las coacciones, siquiera tan útiles y provechosas del mismo monarca y de los frailes consejeros. Su propósito fué, desde el principio, conseguir un hecho de magnificencia y que él, estando muy lejos de la vanidad y de la soberbia, calificaba en el acto de las trazas, «de un todo sin iguah... Herrera vivió en el proyecto de su Catedral, su fé y su ciencia. Quizás en la hora de la muerte, uno de sus últimos pensamientos estuviese dedicado a la obra, perfecta en la mente..., y en siglos no lograda. En consecuencia, si la arquitectura ultra-purista española tiene un valor de categoría universal; siendo Herrera su maestro único y la Catedral de Valladolid su obra más perfecta, se deduce que éste templo debe considerarse como una obra arquitectónica de valor supremo. De aquí la importancia de este concurso que inicia una empresa de verdadera dignidad artística nacional. por lo pronto el tal concurso nos procura ya una cosa prove chosa: una bien lograda síntesis histórica del monumento que forma parte principal de la memoria del proyecto del Sr. Candeira, y cuyos párrafos más importantes voy a leer, como necesidad previa para lo que viene después, síntesis excelente que yo no podría superar:
64 MODESTO LÓPEZ OTERO «Es casi sabido que hacia 1530 se encargaron a Juan de Avila, «Francisco de Colonia, Rodrigo Gil de Hontañón y Diego de Riaño, «los planos para una nueva Colegiata que había de sustituir a la «antigua iglesia matriz, fundada en 1080 por el Conde don Pedro «Ansúrez. Ocupaba la primitiva edificación, de la que se conserva «rebajado el muro de la Epistola y otros escasos restos, la parte del «emplazamiento de la Catedral más próximo a la iglesia de la Anti- «gua. Su orientación, por ser la verdadera, determinó al trazado de «la calle de Cabañuelas que la limitaba por el Este. «La Colegiata comenzada a alzar en sustitución de aquella en «el primer tercio del siglo xvi, se empezó por los pies en terrenos «alejados, que permitieran continuar los trabajos sin interrumpir «el culto en la anterior. Las obras dieron comienzo el 13 de Junio «de 1537. La orientación del nuevo templo fué casi perpendicular a «la del antiguo, con el propósito de ir demoliendo sucesivamente «las dependencias y el claustro situado al Sur de la primitiva igle- «sia, antes de alcanzar el cuerpo de la nave que habría de ser lo «último en derribarse. «La planta de la iglesia de Juan de Alava y compañeros guar- «daban gran semejanza, casi identidad, con las catedrales nuevas «de Salamanca y Segovia, de la misma escuela y autores. Un plano «de conjunto, recientemente descubierto, permite apreciar hasta «donde habían llegado las obras, cuando en 1580, ante la inminente «elevación de la iglesia matriz a la categoría de Catedral, se encar^ «garon los planos a Juan de Herrera; se había levantado la parte «de los pies de la iglesia en los cuatro primeros tramos contados «desde la fachada principal, colaterales y capillas separadas por «muros de traviesa. «Juan de Herrera aprovechó los cimientos de las capillas cola- «terales para trazar y fundar su obra. No pudo, en cambio, utilizar «las fundaciones de los pilares de la nave central, por serlos suyos «de mucho mayor volumen. «No debió Herrera en sus últimos años achacosos, ocuparse «personalmente de la dirección, aunque hubiera terminado ya su «obra del Escorial, Ocho años antes de su muerte, en 1589, se ocupa «su discípulo Diego de Praves de las obras. «Poco a poco iba subiendo, convertido en realidad, el proyecto «del Arquitecto de Felipe II. Pero su traza fué sufriendo una serie «de modificaciones que empiezan en los primeros años del siglo «xvin, con el proyecto de fachada debido al arquitecto barroco Blas
I-A CONCLUSIÓN DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID, ETC. 65 «Martínez de Obregón, quien altera los remates en cúpula de las «dos torres de la fachada principal, elevando el tambor sobre el «que descansaban las ejecutadas poco antes, quizás, porque en tan «corto período se hubieran ya resentido y necesitado importantes «reparaciones. En 1726, en efecto, Matías Machuca se obliga a eje- «cutar «en la media naranja de la torre» izquierda de la fachada «principal, los reparos indispensables señalados en un extenso y «algo pedantesco informe del célebre Fray Pedro Martínez, religio- «80 lego de la Orden de San Benito y de la Facultad de Arquitec- «tura. En 1739 Alberto Churríguera eleva el segundo cuerpo de la «fachada y presenta otro nuevo proyecto para el remate de las «torres, que no llevó a efecto. «Los «reparos» de Fray Pedro Martínez, no contuvieron la «ruina de la tórre, ya que, en 1768, Ventura Rodríguez en un infor- «me, acompañado de un plano de maravilloso dibujo, detallaba la «disposición y modo que se debe practicar en la colocación de las «cadenas de hierro... y forma de los andamios que a este fm han «de servir.» Tasa entonces, a instancias del Cabildo, el coste de las «obras necesarias para terminar el edificio en el que, según sus «noticias, se habían gastado desde 1709, setenta mil ducados, y «calcula lo necesario para dar cima a la obra en dos millones más, «cifra que por lo redonda y abultada, debió echar por tierra todos «los sueños de grandeza con que se había empezado, y aún tratado «de ampliar, el primitivo proyecto de Herrera. «Solo, después de ocurrir en 1841 el derrumbamiento de la «torre, con una serie de. circunstancias románticas, se forma por «los arquitectos Sierra, Ortiz de Urbina, Resola, Iturralde y Miran- «da, el proyecto según el cual, bajo la responsabilidad diluida o «multiplicada de los cinco profesores, se reconstruyó el primer caer- «po de la torre derecha, alterando el primitivo plano con la obra «que hoy perdura; y recientemente se agregan los dos cuerpos «octogonales, para coronarlos, casi en nuestros días, con la estatua «del Sagrado Corazón de Jesús. «No puedo asegurar exactamente, concluye el Sr. Candeira, a «qué época corresponde el cierre de las tres naves con los tres «ábsides que actualmente sirven de cabeceras y ocupan el lugar «donde debió estar el crucero, pero la obra parece ser de fi nes del «siglo xvin. Este cierre que hoy trata de sustituirse en virtud del «presente concurso, señala, hasta nuestros días, la renuncia formal
66 MODESTO LÓPEZ OTERO «a proseguir las obras del cuerpo de la Catedral, y debió llevarse a «cabo inmediatamente después del descorazonador informe de «Don Ventura Rodríguez. * « « Hasta aquí el triste proceso de la construcción de la Catedral. Su estado actual es el que aparece en este plano, (Lám. I^a) prueba elocuente, si no de abandono, por lo menos de indiferencia: Cons trucciones adosadas, unas para viviendas, otras para necesarios pero poco nobles objetos, huertas y gallineros... Y este es el actual alzado, (Lám. I-b) con los enjarges del hastial no comenzado y la capilla suelta más allá del presunto crucero. Aspecto de ruina que parece causada por un bombardeo aéreo, de los que ahora estila la loca humanidad. La primera cuestión que asalta al que comience a estudiar el problema planteado es ésta; la solución sea la que fuere, ha de fun darse no solo en la unidad de estilo, sino también en la de pensa miento, de traza y de técnica, es decir unidad de mano, de cerebro y de corazón, ¿Es ello posible? Esta posibilidad depende de la posesión de planos y datos auténticos, o que permitan transcribir aquel pensamiento. Analizemos el material utilizable; De lo que se conserva en el archivo catedrálico, gracias al celo de los cabildos, lo único que debe tomarse por auténtico, son los planos de planta y fachadas originales de Herrera, que forman parte del proyecto primitivo, y que están expuestos. Las secciones pare cen copias de su fi el discípulo Diego de Praves. Otros planos de trazas de detalles, son también de este aparejador, derivados de indicaciones más o menos gráficas del propio maestro. El confuso estado del dibujo, me decide a analizarlos siquiera brevemente, en una fi el transcripción más cómoda de entender por su claridad. Existe, también guardado en la Biblioteca de la Catedral, el famoso modelo en madera, probablemente del siglo xvii, (Lám. 11) que no es ni siquiera una copia decorosa del proyecto herreriano, sino una mediana, aunque bien intencionada interpretación, obra quizás de un aficionado, pero que, sin embargo, ha hecho creer a autores tan sagaces como OttoSchubert, en su legitimidad. Aparece aquí la adición de la cúpula, elemento del que nos ocuparemos más adelante, y que me anticipo a considerar como postizo, inar mónico y sin belleza alguna de forma.
LA CONCLUSIÓN DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID, ETC. 67 Existe, en fi n, el plano original de Alberto Churríguera del hastial principal, que se realizó con la gracia y el desenfado, aquí bastante comedido, del arquitecto barroco, adición que como veremos, aparece para siempre vinculada a la gran composición clásica. Los restantes documentos y planos de otras épocas, solo sirven para poder comprobar lo que quedó de legítimamente herreriano. ¿Permite conocer todo esto que se conserva, la idea, la inten ción y hasta los matices estilísticos del pensamiento del gran maestro castellano? Cierfamente que sí... Lo prueba la siguiente transcripción de aquellos planos hecha por los arquitectos del concurso Sres.: Chueca, Sidro y Subirana, que expresa fi elmente aquel pensamiento. La planta completa de la Catedral vallisoletana, es una planta de forma rectangular, en la relación de 1 a 2, de tres naves, con capillas laterales, crucero y deambulatorio, o sea las naves bajas volviendo en el presbiterio, idea original de mezquita, y como dice Otto Schubert, «representando en si una solución completa de la iglesia procesional católica»...; planta ordenada en gran simetría, muy geométrica y ponderada. En los cuatro ángulos, torres de diferente importancia, dos a dos. El interior, profundo y tenebroso, recibe leve luz por los breves huecos de la capilla y de los lunetos de la bóveda central, semicilindrica, la cual se apoya en un orden corintio gigante. Este orden es el que condensa la unidad de la composición, al que se someten los restantes elementos com positivos. En esta organización, aún con el antecedente tan próximo del Escorial y las características del estilo, se ofrece la singularidad de la carencia de cúpula, sobre el crucero. Para mi está deliberada mente suprimida. Nada debe interrumpir la profundidad del templo; el ritmo geométrico insistente, la absoluta regularidad, la sobriedad de los paramentos, la débil y fría luz recibida de lo alto; todo debe contribuir a la abstracción y a la meditación, preparando el espíritu para el recogido y elevado pensamiento íntimo que a la oración debe acompañar. La dimensión y la composición gigantesca, van unidas a la más absoluta austeridad, dentro de la pureza de las líneas y de la continuidad de las superficies desornamentadas, del orden arquitectónico más ortodoxo. Dicha planta dá lugar a un volumen muy simétrico horizontal y continuo, apenas interrumpido en la bóveda de cañón interior por un leve alzamiento de la bóveda baida del crucero. La simetría
74 MODESTO LÓPEZ OTERO «La primitiva iglesia de Santa María, con el emplazamiento actual, dice el Sr. Candeira en su memoria, era centro urbano prin cipal de la villa y la plaza inmediata, mercado; el Mercado Viejo. El crecimiento rápido de la urbe en el siglo xv, imprevisto e impro visado, floreció en calles y plazas sin relación estética alguna con aquel núcleo, y así, cuando Herrera trazó su Catedral, ningún imperativo de este orden se hallaba establecido. Hoy ni la visuali dad, ni la escala, ni la ordenación obedecen a regla ni principio, ni a consideración aprovechable.» Por ello el concurso nacional que estamos comentando esta blece una segunda parte de composición: «Urbanización del espacio que lo rodea.» Insistiendo en su intención realista a esta limitación del gran problema, otras cuestiones o problemas parciales integran el problema general. Primeramente, la distinción a establecer o a preferir, de si esa separación ha de obtenerse de un solo ámbito, ciñendo o rodeando; o, por el contrario, ha de ser fraccionado, armonizando con las distintas fachadas y con los volúmenes del monumento. Fraccionados o independientes entre sí, la forma y dimensiones de los espacios, han de ser justamente ponderados, pero no tan amplios que aminoren la escala y sacrifiquen la majestad de las elevaciones, de las torres especialmente. De forma regular, total mente simétrica, o por sistemas enlazados, dando asi lugar a un emplazamiento que pudiéramos calificar a la española: las lonjas, las espaciosas plazas enlosadas, desnudas, graves y nobles, que en Herrera tienen precisamente su mejor realidad. Otra cuestión es la presencia de los monumentos próximos. La iglesia de N.® S." de la Antigua, románico-gótica; la Universidad barroca; más lejos, las Angustias, con la silueta de sus pequeñas cúpulas; el insulso y anodino caserío del siglo xix, en fin. De aquellos monumentos, el primero, especialmente, la Antigua, no debieran perder nada de su propio valor. Una consideración, más, o menos verosimil, de algún concursante hace suponer que, preci samente, (ya lo apunté antes), el no desarrollar Herrera las torres de su fachada posterior, debíase a no querer anular la importancia de esa bellísima torre, llamada con razón la reina de las torres romárticas castellanas, y la conclusión piramidal de aquellas herrerianas era concesión, dicen, a la armonía con la puntiaguda cu bierta de la medieval. Los fondos de las fachadas resultantes de la urbanización de-
LA CONCLUSIÓN DE LA CATliDRAL DE VALLADOLID, ETC. 75 hieran de guardar, en efecto, una determinada relación, en estilo y carácter con la arquitectura del gran centro a que están sometidas. Todo esto, impone un problema económico de casi tanta importancia como el del crucero, torres y fachadas, conjuntamente. Por si todo esto fuese poco, aparece otra ardua cuestión, que hemos apuntado someramente. La necesidad de contar con una edificación donde se desarrolla el necesario problema de las depen dencias catedralicias, imprescindibles en su función: Gran Sacris tía, Tesoro, Archivo, Sala captitular, servicios, etc.; hoy contenido malamente en la catedral misma. ¿Cómo lo resolvió Herrera en su proyecto?. Con la adhesión de un cuerpo claustral lateral, cosa que hoy no puede repetirse. Esta edificación parásita, que a primera vista parece estorbar nos, puede ser utilizada, sin embargo (y así lo hacen estos hábiles arquitectos), como elemento de separación, de aislamiento, y, por lo tanto, ser un buen auxiliar de la composición. Veamos como se resuelven todos estos problemas, en el mismo orden que anteriormente hemos expuesto, sin que este orden signi fi que predilección o preferencia. * * * En el proyecto de Chueca, sigúese el mismo ambicioso criterio de amplitud, de máxima concepción, provocando importante va riación urbana. La urbanización sigue el concepto español de espa cios en lonja, independientes y adecuados a cada lado del inmenso rectángulo del templo y enlazados, «no por un encadenamiento axial a la francesa, sino por yuxtaposiciones y encuentros angu lares.» (Lám. X). Cada lonja está tratada para valorizar la fachada correspondiente: encuadradas por construcciones de fondo, de armónica arquitectura; la de la principal, la de mayor perspectiva, con gran escalinata de acceso y testero porticado; la lateral dere cha y posterior, menos importante. Y por el lado izquierdo, crean una concentración de edificaciones, con el fundamento de la solu ción herreriana; un claustro rodeado de aquellas dependencias catedralicias y servicios, agregando el palacio episcopal y otras construcciones que envuelven las Angustias, regulando alineacio nes, de todo lo cual, se origina una pequeña plaza, precisamente formada para obtener, por contraste, un efecto de tamaño muy español, pintoresco y simpático. El problema de la Antigua no se resuelve totalmente, ya que
76 MODESTO LÓPEZ OTERO deja libre la comparación entre los dos templos, atenuando el efecto comparativo, por unas construcciones en esa alineación oblicua. Quizás la prolongación de la estrecha vía de separación mejorase la solución adoptada. * * * Mas conforme aún con la solución realizable o posible, el ante proyecto de Chumillas, resuelve la urbanización de que se trata, también como el anterior, por el sistema de lonjas de enlosado de piedra, independientes, salvando de este modo las diferencias de cotas. (Lám. XI). Trata también de valorizar las fachadas respec tivas. Más cauto y prudente en las expropiaciones, sin mermar los espacios también, y sin perjuicio de la escala del monumento. La Sala Capitular, Museo diocesano, Tesoro, despachos, salas y servicios, se alojarán en tres plantas, o sean dos más sobre la baja a un lado y otro de las naves laterales. El problema de la Antigua, se resuelve, a mi modo de ver, totalmente. Un edificio, Palacio Arzobispal, aisla el templo gótico del clásico, con su propia independencia. * 4f * En el proyecto del Sr. Candeíra, (Lám, XII) se propone un gran ámbito para aislar la Catedral, buscando espacios y distancias para su contemplación. Este aislamiento es el más importante de los que fi guran en los tres proyectos introduciendo, con gran acier to, un fondo porticado, y recuperando así elemento tan propio de la arquitectura vallisoletana, como es el soportal, por desgracia más despreciado cada día. Las fachadas de esta plaza no observan una normal ordenación como en el proyecto de Chueca, porque tratar de conservar la mayor parte de las alineaciones actuales. Todo ello es consecuencia de un estudio urbanístico general que hay que tener en cuenta. « 4^ « Vemos, en síntesis, que los tres proyectos tan brevemente comentados, están concebidos con una clara visión de la impor tancia del problema, con una intención de respeto y devoción a la obra de Herrera, tan grande como su amor a la gloria del gran
LA CONCLUSIÓN DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID, ETC. 77 maestro castellano. Y dentro de esta unidad, podemos hacer notar, sin embargo, esta marcada diferenciación: o una aspiración a con seguir la totalidad del monumento, realización por etapas, desa rrollo magno, plan ambicioso (Chueca y Candeira), o una solución menor: más concreta y real (a esto tendía el concurso), pero sin el logro del pensamiento total de Herrera y el peligro de la inven ción, siquiera sea éste tan moderado y discreto. La opinión del Jurado, (no es ningún secreto el fallo), no fué unánime entre estos dos criterios aunque la mayoría optase por el segundo, pensando tanto en las bases de la convocatoria, como en la posibilidad prác tica de solucionar esta cuestión. Lo que sí dejó sentado claramente, es que en el estudio de un proyecto definitivo, habían de tenerse en cuenta los aciertos que existen en los proyectos considerados « * * Creo que ha llegado la hora de exponer, brevemente, mi opi nión sustentada como miembro de aquel Jurado calificador. Coincido plenamente con el unánime deseo de mis colegas, de que el proyecto de Herrera se pudiese realizar íntegramente. Hemos visto que la afortunada posesión de planos y datos, nos permiten conocer, y por lo tanto, desarrollar completa y fi elmente, su genial pensamiento. Pero el organismo oficial que ha ideado este concurso y redac tado sus bases, haciéndose cargo sin duda, de la enormidad de la empresa y quizás con el temor de que la totalidad, no se terminase nunca, pidió una solución original del crucero, exclusivamente, como de posible e inmediata realización. Hay que pronunciarse pues, (no olvidemos que estdy opinando dentro del Jurado), de acuerdo con la fi nalidad y las bases del concurso, por una solución definitiva y original, con el máximo respeto al carácter y el empleo de elementos genuínos.'^y^ con la mínima invención. Respecto a la planta siguiendo la traza original, creo más per fectamente litúrgica la solución del coro en el presbiterio, pero propongo una mayor reflexión acerca de si conviene o no, dismi nuir la capacidad de ese coro, a cambio de obtener la planta procesional con el deambulatorio. Nada de cúpula. Subsistencia de la bóveda balda del crucero. El procurar luz a este crucero, oscuro y tenebro so, es plausible
78 MODESTO LÓPEZ OTERO pero con la medida de no alterar el recogimiento y la penumbra, significado en la intención herreriana. Este escalonamiento de las masas, al reducirse los brazos del crucero, exigen una composición de los. hastiales laterales y poste rior muy difícil y, como tal, de gran estudio y aun no resulta satis factoriamente. No puede eliminarse el hastial churrigueresco; su desaparición, además de costosa, quitaría esta alteración, por otro lado no muy indiscreta y graciosa, y es tolerable. Pero no lo es la torre actual, que sin escrúpulos debe demolerse. No admito la solución de una torre barroca y otra herreriana. Las dos torres, debieran elevarse según el proyecto original, con la inter pretación quizás de alguna proporción que pueda mejorarlo. La situación de servicios y dependencias, tiene para la función cátedraUcia una gran importancia y deben estar lo más próximos al lugar del culto. Considero también acertado el emplazamiento próximo de un palacio arzobispal. La urbanización del ambiente que rodea la catedral debe ha cerse en efecto por medio de lonjas, salvando los desniveles actua les. Lonjas de piedra, graves, solemnes, en la dimensión y forma que requieran las fachadas, pero reduciendo la zona expropiable todo lo posible, (problema económico), hasta conseguir la debida distancia y la regularización de las masas urbanas resultantes, cuya arquitectura debe armonizar como fondo del monumento. Para que la bella iglesia de la Antigua no pierda de valor con el contraste, al acercarse la masa de la catedral, debe aislarse con venientemente con la creación de elementos intermedios, aunque coordinados. « « * Hasta aquí el concurso de anteproyectos y mi opinión en él. Posteriormente a su fallo, se ha formado una Junta en laque están representados la Iglesia, el Estado y la Ciudad. Esta Junta ha de estudiar y decidir lo que haya de reaUzarse, guiada solamente por el más noble y elevado interés en pró del culto y del arte nacional. Ya se que cualquiera solución mínima, que considero realiza ble, aun lejos de la ambiciosa de la totalidad, es, ¡quien lo duda!, empresa de muchos millones. En los proyectos se cifran en 10.000.000—14.000,000...: Probablemente son presupuestos muy suje tos a lógica variación en utt estudio minucioso de proyecto definí-
LA CONCLUSIÓN DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID, ETC. 79 tivo; proyecto en el que tanto la revisión de diferentes aspectos de la composición, como el modo de realizarse las obras, sistemas estructurales a emplear y sus materiales, régimen para no estorbar el culto, etc., requieren una atención extraordinaria con vista, prin' cipalmente, a la posibilidad económica. Pero es preciso lanzarse a tal empresa. Castilla ha emprendido otras más grandes y al parecer inabordables. La misma concepción y comienzo de esta catedral en el Valladolid del siglo xvi, es ejem plo y estimulo, ya que aquella interrupción debióse, entre otras causas, a un declinar de la importancia de nuestra ciudad, que hay que revindicar. Valladolid sin catedral o con la catedral incompleta, es como una ciudad fracasada, según frase feliz del ilustre Marqués de Lozoya. En efecto: todas las ciudades del rango histórico de esta Corte de España, iluminan su glorioso nombre con la belleza de sus cate drales respectivas. Avila, cerrada en torno a su románica catedral. Burgos y León y Toledo, rendidas al esplendor de sus agujas gó ticas. Sevilla, a la de su torre hispano-árabe; Segovia y Salamanca, dominadas por las incomparables siluetas de sus iglesias magnas, último canto medieval. Compostela, con sus fi Ugranas barrocas y lo mismo París y Colonia y Milán y Roma; todas orgullosas de mostrar la singular beUeza de sus grandes templos metropolitanos, la fé de sus pueblos y el genio de su arte. Valladolid tendría además, como dije al principio de esta con ferencia, la Catedral del puro renacimiento español. Ejemplar único de una arquitectura única, española, catóUca y, como tal original; un monumento, en fi n, de universal importancia. Y este alto valor de categoría del monumento, convierte la em presa no en local o regional, sino eii empresa nacional. España entera debe colaborar a tal empresa no solo por contribuir al es plendor del culto catóhco y a una demostración de fé, sino también por el ahento artístico que impone el restaurar o llenar Una omi sión, quizá la más importante e interesante, en el glorioso cuadro de la arquitectura española. Tal consideración obliga a todos los españoles a una colabo ración encaminada a esta empresa de arte, que también para estas, cruzadas de la belleza, y más cuando se ponen al servicio de la mayor gloria de Dios, cabe el alistamiento, con el fervor y el entu siasmo que en las cruzadas guerreras y en las aventuras descubri doras de los contemporáneos de Juan de Herrera.
80 MODESTO LÓPEZ OTERO El Gobierno, por feliz iniciativa de la Dirección General de Bellas Artes, ha despertado este asunto que desde hace muchos años, los hijos y los anugos de esta noble ciudad castellana, sem tíamos dohdos de tanta indiferencia. Valladolid, la laureada por su valor y su esfuerzo noble, depó' sito de energía y de constancia, debe iniciar el impulso y extender el proyecto hacia las otras tierras de España, para elevar el preS' tigio nacional y para conservar el decoro de su arte incomparable. M. López Otero. de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando.
CONTVRSO \-ACIOV/\iraW44KAW4l,'tyhVH7>r \ AVTT.PIfCHXCTO Dt SOI.VciÓv Df. CflVTrUO Í'AK\ 1,A CAtl.ÜIlAJ. TR VALI-M)OLÍD .1 \ m\JKYAcT>*AL ^ UV C\tiu^ V w^-^m COVCVRSO VACiOVAL DE ARQ\ÍTECT\TÍ.-V . Wir.PlfOYF.C Tn DE 50t.VCÍÓV I)V. Cn\fBBf> R\IÍ.\ LA CATEDBU. DC V.\LL.\DOLm . 1^. I !■ r • '• •■ ■ ■ r '■ 1 r-K , .. LÁMINA I.—a) Estado actual de la Catedral de Valladolid y sus alrededores, b) Estado actual de la fachada a la Plaza de Santa María, según de Miguel y M. Chumillas.
-wáii £' s í Lámina II. —Catedral de Valladolid. Modelo en madera del siglo XVii.
CATED?. AL D' - Oi..2a) cH: □ □ □ o □ o □ o o fe b) □ □ ü. OQtuicp; piltre?:-' ,wx\»<x» a. mo«rio niktvK^;^ Lámina III. —a) Catedral de Valladolid. Planta completa según Juan de Herrera, b) Planta reducida del anteproyecto de los Srs. Chueca, Sidro y Subirana.
■ .'JLIXJLXI J EUX ■'■■■■"■ir'T ■' m , «jq-»- ■■ I. , ij ,1.j.j If !i ■ H==.=^x=;=:r=r=.-^=r=^ r J6> r Lámina X,—Catedral de Valladolid. Emplazamiento en el anteproyecto de los Srs. Chueca, Sidro y Subirana.
m-jii 'JJAV-Sí CAtF.DI7.\t''í t^.j -c'^: í'.' LAm,na Xl.-Catedral de VailadoUd. Emplazamiento en el anteproyecto de los Srs. Chumillas y de Miguel.
" ó Vi:> DI TAIJi: l>» — il[ttVVJ/.\ni(N GONCUI!SOI«;iOI«LDÍípir[OUl!A • 12HM.tlll.£D0DDLÁMIN4 XII.-Catedral de Valladolid. Emplazamiento en el anteproyecto de Candeira.