Heráldica en las calles de Valladolid
Full text
HERÁLDI©A EN LAS CALLES DE VALLADOLID El Seminario se honra y complace en publicar el intereresante trabajo del ilustre erudito, investigador del arte y de la arqueología castellana, Don Juan Agapito y Revilla; cuartillas póstumas, reveladoras del afán estudioso del insigne patricio que hemos perdido y en los que una vez más, revisten fi nos atisbos de investigación junto a claras y bien definidas apre ciaciones. El Seminario ha querido valorar esta póstuma aportación de nuestro viejo y simpático maestro con los gráficos que acompañan a sus páginas, en rendido homenaje de admira ción, respeto y cariño. El Director. Hay en las ciudades un detalle que manifiesta muy patente mente el carácter señorial que tuvieron en antiguos tiempos, y e Tde e^eriorizar por signos especiales en las edificaciones _las famiUas Unajudas que en épocas pretéricas cuyos signos son los escudos de armas que las fachadas ostentan los cuales vienen a ser como las fi rmas o tarjetas que al Pu^blo o los cua es vienen a vanidad o rasgo de soberbia o al público ostentaban, no sóloj^^ superioridad de expresiva diénid , habitantes de la casa o en algún aspee o menos, sino para indicar de algún del jefe de la familia, Po ocuoantes de la casa, ya que esta modo gráfico la residencia dominio de padres a hijos y se iba sucediendo en la propie ¿e la estirpe. Muchas nietos en una ^ ^azgos la mayoría, eran como la de esas casas, cabeza de mayor g ^ ensancuna primitiva de la familia de do alterar esa chando, por entronques sucesivo . otros signos o especie de muestra o <<tarjeta». co muchos años desseñales que dieran la del tronco, con otras perpués habitaban lo que habla sonas y de otras ^ndes transformaciones que ha
134 JUAN AGAPITO Y REVILLA higienizarlas algún tanto, principalmente; a pesar de que, pasadas las brillantes épocas, de su gran apogeo como corte de las Españas, sufrió la ausencia de las familias de los grandes señores, de las cuales se dió buena cuenta en las historias locales; a pesar de lo mucho desaparecido y cambiado al acomodarlo a nuevas necesi dades de la vida ciudadana; a pesar del abandono e incuria propios de los que a otros lugares caminaron para ejercer sus actividades cotidianas; y a pesar de que, como ciudad muy progresiva, consi deró fuera de su centro lo antiguo, por vetusto, viejo, caduco, e inútil, conserva algo, aunque ya poco, y refleja en detalles hasta escondidos, o, por lo menos, fuera de la contemplación o atención del pueblo, lo que en pasados tiempos era objeto de sus admira ciones por los varios aspectos en los que podía considerar las cosas que de continuo veía y le salían al paso. Efectivamente, nada como las grandes casas o palacios de los «títulos», según se les decía, con sus fastuosas dependencias y suntuosidades artísticas de que se hicieron lenguas panegiristas de la ciudad de los siglos xvi y xvii, para reflejar de manera muy completa los brillantes caracteres que la villa, primero, y la ciudad, luego, demostraba al mundo entero por su valía en tantas mani festaciones ya de cultura, ya de riqueza, ya de negocios, ya de arte.,.; pero todos esos grandes «botones de muestra» han ido desapare ciendo, ciertamente, y lo poco que en conjunto nos queda, tan cambiado está, que pasa desapercibido y da la triste impresión de que nunca existiera. Muchísimos títulos de Castilla, muchísimos grandes señores de estos reinos tuvieron sus casas en la villa y ciudad de Valladolid, y ello da derecho a suponer que fueran de alguna importancia. No cito, para demostrarlo, los magnates que relaciona Pinheiro da Veiga en la Fastígínia y que tomaron parte en actos solemnes de la efímera estancia de la Corte de Don Felipe III en nuestra ciudad, porque muchos de ellos estarían aquí como «de paso», por tal circunstancia de la residencia en ella del rey. Pero sí conviene recordar «los grandes y títulos que tienen casas en Valladolid»i que cuenta Don Juan Antolínez de Burgos en su Historia de Va lladolid (págs. 399-341), de esta manera: «Las casas que de señores grandes y títulos permanecen (sien do muchas las que las mudanzas del tiempo y accidentes de la humana condición han arruinado y consumido) son estas. Las del almirante de Castilla, cuyas paredes, aun estando ausente el dueño.
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 135 venera esta ciudad, de manera que el día del Corpus, como sí en ellas estuviera, acuden los carros a sus puertas a representar los autos con que este santo día se celebra. Tiene también casa el conde de Benavente, el duque de Peñaranda, el duque de Béjar, el marqués de Villafranca, el conde Salinas y duque de Béjar, el marqués de Toral y duque de Medina de las Torres y príncipe de Astiliano, el conde de Monterrey, el conde Villaflor, ya conde de Alba de Liste, el adelantado de Castilla, el conde de Buendía, conde de Osorno, el marqués del Valle, el marqués de Tavara, el marqués de Viana, el conde de Ribadavia, el marqués de Frómista, el marqués de Montealegre, el marqués de Aguilafuente, el marqués de Camarasa, conde de Gondomar, conde de Grajal, conde de Montijo, conde de Villamor, conde de la Oliva, conde de Colme nar de Oreja, marqués de Belmonte, y las de los señores de la tierra de la Reina, marqués de Valparaíso, vizconde de Santas Martas, vizconde de Valoría, relación a la que hay que añadir lo que se agrega en una de las copias manuscritas de la historia, donde se lee «marqués de Baides, marqués de Castrofuerte, conde deMontalvo, marqués de Berlanga, duque de Lerma, conde de Nieva Don Cristóbal, de Benavente Benavides, condestable de Castilla, marqués de la Mota, conde de Castrillo, conde de Castro, conde de Buelna, el conde de Fuensaldaña, duque de Nájera, las casas de Juan Idiáguez, marqués de San Damián, duque de Ciudad -Real, conde Peñaflor, conde de Salazar, marqués de Miravel, adelantado de Yucatán conde de Miranda, marqués de la Guardia, marqués de Campotejar, apellido de Granada». Lista que se puede aumentar, todavía, con otros no citados, o citados con otros títulos, tales como el conde de Mélito, duque de Pastrana y del Infantado, duque de Plasencia, marqueses de Valdegema, de Valverde, de la Vega, de Adanero, de Canillas, de Alba Real, de Medina, de Polentinos, de Orgaz, vizconde de Valoría, de Villasante, de Revilla, de los Trujillos, de Canillejas, de Torre Blanca, de Bermudo, de Olias, condes de Oñate, de Ribadeo, de Cance lada... y alguno más que haya podido escapárseme. Toda esa relación de títulos que aquí vivieron puede indicar bastante del carácter señorial del Valladolid de los tiempos viejos, así como los resabios góticos que se observan en restos de algunas puertas de arco, como (además de los que citaré en las reseñas especiales) los de las casas de las calles del León, n° 8; de Leopol do Cano, 20: del Conde de Ribadeo (Caja de Ahorros); de San
136 JUAN AGAPITO Y REVILLA Blas, 4; de la plazuela de San Miguel, 3; Santa Clara, 1; y algunos más que ahora no recuerdo, y patios que aun se conservan, en parte o en junto (separando los de los grandes edificios religiosos o profanos—Dominicas francesas, conventos de Santa Isabel y Santa Catalina, colegios de San Gregorio y Santa Cruz, etc.— entre los que pueden mencionarse los góticos de las casas de Don Juan Mambrilla, n° 5, y plazuela del Colegio de Santa Cruz, 8; los del Renacimiento de la casa del licenciado Buitrón en la calle de San Diego (hoy clausura del convento de las Brígidas), de Alonso Pesquera, 14, y Rosario, 7, más del período herreriano y aun ba rroco, dicen algo de lo que fueron los que fabricaron tales casas principales; pero, repito, todo ello es ya muy poco para mostrar en una mínima parte lo que fuera nuestro Valladolid en aquellos legendarios días de los Reyes Católicos, de cuyos tiempos son los restos más antiguos de casas de la ciudad; de los prestigiosos de Don Carlos I y Don Felipe 11, en los que Valladolid era el punto a donde afluían todas las miradas de los pueblos de la región por lo que a la política, principalmente, se refería; de los fastuosos de Don Felipe 111, en los cuales Valladolid ardía en fi es tas y regocijos. Y de un detalle de todo ese «poco» quiero recoger algunos datos, porque se van perdiendo y desaparecerán en absoluto, sin dejar huella y no tardando mucho tiempo, por haber perdido la importancia que se le diera y tuviera. Y ese detalle es el recuerdo de los «signos exteriores de las edificaciones» en relación con las «familias linajudas», de los grandes señores a que correspondían, como escribí al principio de estas líneas, de los «escudos de ar mas» que en las portadas o fachadas de algunas casas se observan, la «Heráldica en las calles de Valladolid», al fi n, como título estas ligerísimas notas, resultado de mis obligados paseos por las rúas de la ciudad, cuando mi oficio me obligaba a ir anotando ruinas y desperfectos, por lo menos, que decían muy poco en honor de la dignidad y ornato «públicos». Es claro, que esos signos exteriores,.esos blasones se tallaban, por punto general, en lo más noble de las fachadas de las casas, es decir, encima o a los lados de las puertas principales de las casas, sencillamente, sin otro adorno, a veces; pero a poco qne fuera la prosapia de la familia, decoraba algún tanto dichas porta das y cobijaba arco y escudos bajo un alfiz, adornado en sus moR duras cóncavas con detalles de fl ora ornamental, en el siglo xv, y
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 137 lisas las del xvi, alfiz que fué substituido más tarde por columnas o pilastras adosadas, que unas veces arrancaban, con sus pedes tales desde el suelo y otras de mensulillas levantadas de la rasante de la calle; en ocasiones se ponían los escudos en esquinas o án gulos de fachadas; y en otras se colocaban sobre las ventanas dis puestas a eje de las puertas o a los lados; algunas, sin relación de ningún género con nada, entre dos huecos de balcón o ventana. Estos escudos no lo dicen todo; pero, en muchísimos casos, es lo único que queda, lo único que se conserva como recuerdo de tiem pos felices y prósperos de aquellos que les mandaron tallar en la dura piedra, para su demostración perpétua, sin contar que. en ocasiones, sería también un desgraciado recuerdo de lo que'fué descendiendo en dignidad, por lo menos, pues ello equivale el haber convertido en humildes, sino pobrísimas, viviendas de misérrimos menestrales los lugares que en lejanos días que fueron ya, estuvieron adornados con las esplendideces del lujo y del bie nestar o de una honrosa comodidad. Y, así y todo, el tiempo se mostró con tal rigor, aun en esos esculturados blasones, que les maltrató despiadadamente y consintió que las aguas, los vientos, los hielos fueran borrando de las duras, pero también deleznables piedras, pues todo es deleznable en el mundo, esos animales fan tásticos o estilizados, esos cascos y yelmos, esas coronas y divisas, esos castillos y leones, esos trofeos y letreros inventados por la Heráldica, para manifestar que tras de las paredes en que se talla ron, residían el esforzado valor personal, los conquistadores de ciudades y tierras enemigas, la religiosidad, la sabiduría, la buena gobernación, el honrado trabajo, y tantas y tantas cosas como quieren interpretar y significar, algunas veces muy razonadamente y otras como traído por los pelos, pues todo ello, al fi n, es con vencional, y por ello y en tal sentido ha sido tolerable aun lo más absurdo o tonto, no lo ingénuo y espontáneo. Para lo que fué Valladolid en los años de los siglos xvi y xvn, principalmente, pocos blasones se pueden contemplar por las calles. Ya he indicado razones de haberse perdido tal señorial costumbre de observarlos en las fachadas de las casas, que pueden reducirse a tres aspectos o modalidades: Primera, la de desapare cer esos signos por la desaparición del mismo modo de las fábricas o construcciones en que se ostentaban, bien fuera por demolición voluntaria que hicieron de los edificios por destinar sus solares a fi nes incompatibles con aquellos, ya por el estado ruinoso de las
138 JUAN AGAPITO Y REVILLA casas o palacios. Segunda, la de desaparecer esos blasones por la descomposición de la piedra en que fueron tallados, por ser hela diza, detalle observado con frecuencia. Y tercera, la de desaparecer realmente los escudos al mandar los propietarios modernos de las fincas que los mostraban, picar los campos de aquellos y dejarlos lisos por completo, como si fuera un padrón de ignominia conser var las fi guras heráldicas de anteriores poseedores de aquellas, siendo peor, en algunos casos, y esto es mucho más sensible y lamentable, destruir las piezas que algo decían al fi n, y substi tuirlas por las iniciales de los nombres y apellidos de los actuales dueños, rasgo de vanidad, por no calificarlo más duramente, censurable y por cierto bien tonto; y para eso había «descontentadizos» que criticaban acerbamente la costumbre de señalar las casas de las familias de los que fueron «algo», cuando precisamente era la indicación de que allí residían, y dicho de un modo más o menos artístico, cosa que con esas iniciales nunca se ha conseguido ni conseguirá nada parecido. Una circunstancia muy de atender se observa en la distribución y localización de los lugares en donde aún se conservan los escu dos en fachadas de casas más o menos nobles, en nuestra ciudad. En los siglos que se han citado, en los cuales se desarrolló la cos tumbre de prodigar la colocación de los blasones en las fachadas, la ciudad había adquirido una extensión inusitada, y parecía natu ral que se vieran, como ocurre en otras ciudades, en la dorada y monumental Salamanca, por ejemplo, repartidos dichos escudos en una cierta uniformidad por las calles de la urbe. Pues en Valladolid se aprecia, por lo menos ahora, que en una zona de ella menudean y se repitieron y se acumularon, por asi decirlo, más que en ningún otro paraje, y esa zona está señalada por las calles del Empecinado y Padilla (las célebres «Cuatro calles»). Prado, Torrecilla, Democracia, Relatores, Rosario, Conde de Ribadeo (la del «Saúco» del xv siglo y «de la Cuadra» más posteriormente), la de San Diego (la primitiva del «Rosario»). ¿Es que aqui, en ese sector de la ciudad, habitaban los linajudos, las familias acauda ladas, los magnates, los señores que constituyeron mayorazgos...? Yo creo que por estar próximos a la Real Chancillaría esos parajes, por allí abundaban los domicilios de los oidores, abogados, pro curadores y gentes de la curia, y como estos señores eran muy celosos de sus prerrogativas y derechos, no querían perder en ningún momento el del uso de sus escudos de armas, y les planti-
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 139 ficaron en sus casas, incluso para señalarlas y distinguir unas de otras, ya que entonces no había una ordenada rotulación de calles y menos numeración de casas. Por ello se observa que fincas de relativa modestia ostenten señales de Heráldica, pues ciertas prO' lesiones tenían, del mismo modo, un cierto carácter de nobleza de que no podían otras blasonar. Por lo demás, bueno es consignar que hubo zonas aristocrá ticas en otros tiempos, siendo la de más importancia la que cons tituía parte de la parroquia de San Benito el Viejo, pues estaban, según Antolínez (pág. 228), «dentro de su término el palacio real y muchas casas de señores de título, como son las del duque de Lerma, duque de Peñaranda, duque de Híjar, conde de Salinas, marqués de Viana, marqués de Toral y duque de Medina de las Torres, marqués de Montealegre, conde de Gondomar, conde de Orajal, marqués de Camarasa, conde de Colmenar, marqués de Belmonte, conde de Villaflor, conde de Alba de Liste y conde de Rivadavia» y casas que fueron de Juan de Avellaneda y de Doña Haría de Fonseca, su mujer. Otra zona de interés, en este aspecto era la parroquia del Sal vador, ya que el mismo autor (pág. 246.', cita, residiendo en ella, las casas principales más antiguas, cuyos caballeros se reunían el día de San Valentín de cada año (14 de Enero), para elegir con el patrono de la fundación, la huérfana o huérfanas que recibieran lo que pudiera dárselas según una memoria que constituyeron en 1508 el comendador Francisco de Santisteban, tesorero mayor de Cas tilla de los reyes católicos (que es lo mismo que correo mayor) y regidor de Valladolid, y Doña María de Tovar, su mujer». «Las casas nombradas son las de los Cerdas, las de Don Anto nio Manrique de Lara, las de los Anayas, las de los Estradas Manriques, las de los Ladrones de Guevara, señores de Paradilla, las de los Riveras, las de los Verdesotos, las de los Calatayud Enríquez, las de Don Pedro Osorio, las de los Villas, las de los Francos de Guzmán y vizcondes de Valoría, el poseedor de la casa de las Aldabas, que es ahora del conde de la Oliva, las de los Villafrancas, con otras muchas que se han ido acabando» y como con estas líneas queda explicado, aunque sea breve mente, el concepto general de los escudos de armas que desde las calles de la ciudad se pueden observar, paso ya a relacionar los que se conservan y de que he tomado nota, reseñándoles todo lo más vulgarmente que pueda para que sean comprendidos por los A w .?•
140 JUAN AGAPITO Y REVILLA menos versados en la «ciencia heráldica», ya que esta tiene sus reglas como sus complicaciones y dificultades, advirtiendo que en la mayoría de los casos, por falta de datos documentales, no he podido relacionar los escudos con las familias que gozaron el derecho de su uso, bien que muchas veces esos blasones públicos y aun privados, eran motivo de capricho familiar, el cual dio lugar a pleitos y cuestiones por el mejor derecho a ostentarlos, los cuales consumieron buenos caudales, porque esas cosas de hidalguía y nobleza hereditaria degeneraban en ocasiones en terquedad, siquie ra por aquello de «ser más que tú» aunque «no tenga donde caerme muerto». Pudieran agruparse estos escudos, para su estudio, de diversas maneras: teniendo en cuenta las épocas en que se hicieron o la braron; por dignidades o categorías que mostraban el estado político o social de los representados; por el arte y estilo en ellos mostrado; y por otra porción de circunstancias que pudieran con siderarse. Pero adopto un orden que he aplicado en muchos casos en mis apuntes particulares, y es el de reunir cosas parecidas o que tengan alguna conexión o que atañen al mismo fi n, cuando de la ciudad se trata, es decir, agrupar los datos o noticias por calles, y disponer estas por orden alfabético. Ahorro índices, por lo me nos, y esto ya es algo. Un método que me he formado. Una advertencia he de hacer: que cuando en las notas apunte las palabras «derecha» o «izquierda», ha de entenderse que me refiero a los lados del observador; cuando me refiera a los lados de los escudos, ha de suponerse el «diestro» y «siniestro» como es costumbre en Heráldica: el primero a la izquierda y el segundo a la derecha del que mira. ALONSO PESQUERA (calle de) Casa numero i6. Tiene una puerta de arco de medio punto con dovelas grandes y está recuadrada aquella con alfiz con mol duras del siglo xvi. Entre los ángulos interiores del alfiz y las dovelas, es decir en las enjutas, lleva dos escudos de armas, uno a cada ado del arco: el de la izquierda del observador (Núm. 1) es cor ado, es decir, dividido el campo en dos partes por una línea hori zontal por el medio; en el jefe, o sea la parte superior, presenta una güila explayada (con las alas hacia arriba), en la de abajo, tres espigas de trigo arrancando las cañas de un punto inferior. El déla
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 141 l.-CCU'í^ A-C.Oiio^ y 3-Siuvtluvuo yaxX<m<?ii (XlorvW) Z%.
148 JUAN AGAPITO Y REVILLA en la esquina de la calle de Fray Luis de Granada con la de Cade nas de San Gregorio (Núm. 8) que repite cada cuartel del partido por una calle y otra de estas dos mencionadas, son posteriores al nacimiento de Felipe II, es decir, de cuando uno de la familia de los condes de Ribadavia comprase el palacio, o le adquiriese como fuera, de Don Bernardino Pimentel. La puerta principal, que siem pre estuvo en la «corredera de San Pablo», tiene resabios góticos; poblablemente es de fi nes del xv; es de arco de tres centros. Sobre ella hay un balcón y a los lados del hueco dos escudos. El de la izquierda (Núm. 9) de forma de óvalo, es partido, con los trece róeles (círculos) en el diestro, y cortado el siniestro, con las tres fajas y castillo debajo en el campo superior y la banda con bordura de cadenas en el inferior. El escudo de la derecha (Núm. 10) es de forma corriente dividido en cuatro cuarteles; primero, los trece róe les; segundo, subdividido en pal (verticalmente) con tres bastones o barras (verticales) y una como águila de dos cabeza» estilizada, y castillo cargando sobre tres fajas; tercero, un ángel o fi gura alada de medio cuerpo; y cuarto, siete panelas colocadas una, dos, dos y dos en grupos horizontales; este escudo está rodeado de veintidós banderas, once de cada lado; y los dos tienen corona de marqués. Indudablemente estos dos últimos escudos reseñados pertenecen a uno de los marqueses de Camarasa del siglo xvii o xvin, que lleva ron también el título de Ribadavia. Consta que en 19 de Enero de 1762 murió Doña Leonor de los Cobos, marquesa de Camarasa, condesa de Riela, la cual fué enterrada en el convento de Santa Teresa, en el coro, como patrona del mismo, como sucesora de Doña María de Mendoza. Y es muy probable que estos dos últimos escudos reseñados se colocaran poco después de esa fecha, pues relata Ventura Pérez (pág, 441) que «un niño que estaba enredando en el portal del señor conde de Rivadabia, se arrimó a una piedra de más de a vara en cuadro en que estaban esculpidas unas armas, que estaba arrimada a la pared, y se cayó sobre el niño que ten dría seis años y le hizo una torta». Era entonces conde de Ribada via y marqués de Camarasa Don Diego Sarmiento de los Cobos y Mendoza, quien falleció el 21 de Noviembre de 1776. Aun hay otro escudo en la sobreventana del eje de la puerta de la Caja Provin cial de Ahorros; pero es muy moderno. Es el que antes usaba la Diputación, puesto sobre la laureada de la ciudad de Valladolid, que, ciertamente, no corresponde a la provincia, y, por tanto, no le cuadra a la Diputación, La linda parte baja de esta portada ha
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 149 sido trasplantada desde un edificio de la calle del Puente Mayor, del siglo XVI, y en las enjutas tuvo escudos, hoy picados por com pleto hasta dejar lisos los sillares, cosa hecha antes de ahora. Está encuadrado el arco semicicular con columnillas estriadas sobre repisillas y entablamento. Por lo demás no hay que decir que cuando el edificio era de Don Bernardino Pimentel, y antes del marqués de Astorga, fué ocupado por Don Felipe I el Hermoso, por el Emperador Don Carlos I, ya solo, ya con su esposa Doña Isabel de Portugal, y que allí nació Don Felipe II. CADENAS DE SAN GREGORIO {calle de las) Diputación provincial. Ya se indicó en la calle de las Angustias el doble escudo que se observa en la esquina del edificio en la calle de las Cadenas de San Gregorio y de Fray Luis de Granada. Es de los condes de Ribadavia. Gobierno Civil. La parte alta del eje de la puerta principal, sobre la ventana, ostenta un escudo, allí colocado a fi nes del siglo pasado por Don Teodosio Alonso Pesquera, primer marqués del título de sus apellidos, cuando reparó el edificio. El primitivo, muy anterior al actual (del siglo xv-xvi aquel), fué del conde de Mélito, luego de su hija la famosa princesa de Eboli y su marido, duques de Pastrana y del Infantado, y en él se aposentó Don Carlos I cuan do pasó por la villa camino de Yuste. El escudo que ahora se observa; (Núm. 11) coronado con la de marquesado, es cuartelado en aspa; en el jefe y la punta, una caldera; en los cuarteles laterales, cinco Uses puestas en cruz, como es corriente. Es del marqués de Alonso Pesquera mencionado, y lo comprueba el que repite los blasones en el techo pintado del vestíbulo de entrada, Diferentes son las fi guras heráldicas que se contemplan en el patio, curioso y con la disposición, como se observa en otros varios de Valladolíd, de substituir los arcos del lado que mira al Norte con muro macizo, indudablemente, para evitar el frío, pues los otros tres lados eran abiertos sin cristales. Dichas piezas están en los ángulos que for man los arcos, y son, los del piso bajo, el primero, cinco cruces, y el próximo a la escalera, caldera con ancha asa; los del piso principal tienen, el primero, cruz con dos series de veros (?) en cada brazo y en el cuadro del centro, liso, y el segundo, cinco estrellas.
150 JUAN AGAPITO Y REVILLA Colegio de Sao Gregorio. Un escudo grande (Núm. 12) en el cuer po principal de la fachada, de los Reyes Católicos, con la granada, y cinco escudos de la lis con la bordadura de cuatro cruces de la orden de Santo Domingo, de Fray Alonso de Burgos, obispo de Palencia, fundador del Colegio, cuyo escudo, con ángeles tenantes o sin ellos, se observa repetidísimo y profusamente en los contra fuertes de la capilla, frentes de los lados de la portada, patios, esca lera y en cuantos lugares del edificio hay espacio para colocarlos. En el Colegio de San Gregorio se hospedaron del 1.° al 5 de Sep tiembre de 1852, la reina madre Doña María Cristina de Borbón, la que fué viuda de Don Fernándo Vil, con su segundo marido Don Agustín Fernando Muñoz, ex-oficial del Cuerpo de Guardias de Corps, y luego de casado, duque de Riánsares y de Montmorot, marqués de San Agustín y Teniente General, a cuyo matrimonio acompañaban sus hijas la condesa de Vista Alegre, que casó con el príncipe Drago, Ladislao Czartoryski, y la condesa de Castillejo, marquesa de la Isabela y de Campo Sagrado también. Siglos antes, a principios del xvi, sirvió de aposento al infante Don Fernando, hermano de Don Carlos I, cuando de niño le trajeron a Valladolid. Número 5. Casa del Sol. Un escudo grande se contempla en la parte alta de la fachada, como remate de la portada de la misrna, (Núm. 13) de esta artística obra labrada entre 1539 y 1540, según atestiguan unas cartelas dispuestas a los lados de las dobles colum nas que fl anquean la puerta de arco semicircular, sobre las que apoya el entablamento, muy decorado en el friso, cuyo entabla mento está cortado por un balcón en que se convirtió una ventana que daría un gran aspecto a la portada primitiva en toda su pureza de origen. Esa modificación la hizo el conde de Gondomar Don Diego Sarmiento de Acuña, Corregidor de Valladolid y Embajador de Don Felipe III en Inglaterra, quien colocó el mentado escudo que substituiría a otro más antiguo. El que se nota ahora es par tido, componiéndose el diestro de nueve róeles y debajo cuatro hojas o fl ores, tres y una; el siniestro lleva nueve cuñas. Tiene bordura y en ella alternan castillos y leones y fi guras de cinco escu detes en cruz. Alrededor van banderas, está coronado con la condal, encima de ella águila de todo bulto y más encima el Sol que ha dado nombre a la «casa del Sol», como ^Igarmente se la llama. La casa fué construida en los años expresados por el licen-
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 151 'I2~C(rl«4ÚO de 6an Gre
152 JUAN AGAPITO Y REVILLA ciado Sancho Díaz de Leguizamo, alcalde de Corte, y su mujer Doña María de Esqulvel, y de sus herederos la adquirieron el conde de Gondomar y su esposa Doña Constanza de Acuña en 1599. Capilla ác las Religiosas Oblatas del Santísimo Redentor. Fué an tiguamente iglesia parroquial de San Benito el Viejo, y co mo adquirió el patronato de la capilla mayor el mencionado conde de Gondomar, puso en el exterior del testero de la misma un grandísimo escudo, queriendo, sin duda, no ser menos que el dispuesto en la fachada de la iglesia de la Magdalena. El campo de este escudo (Núm. 14) lleva significadas sólamente las nueve cuñas vistas en la «casa del Sol»; la bordura ostenta también escuditos con cinco estrellas, y rodean el blaSón trece banderas que partiendo del alto del diestro, desde la corona, representan en su campo, sucesivamente, dos castillos, dos fajas, cinco estrellas, una cabeza de hombre, cinco bandas, tres fajas, media luna y castillo (en el vértice), y siguiendo ascendiendo por el costado del sinies tro, fajas, media luna y fajas, castillo, faja, arco para disparar fl echas, y fajas con media luna. Como si ello fuera poco tiene una leyenda en latín que no he podido leer. Don diego Sarmiento de Acuña fué personaje señaladísimo del Valladolid cuando aquí residió la Corte de Don Felipe III. Ya se ha citado que en 1559 adquirió la «Casa del Sol», y en seguida se le vé en los libros del Regimiento, pues en 1600 solicita unos terrenos y «se le dexe tapiar a su costa, por quitar de que se echen ynmundi^ias en el dicho sitio e canpo questa en las espaldas de su cassa», cosa que se le concede, con carácter precario y con ciertas condiciones que se detallan en la sesión de 15 de Mayo. Tres años después, en 13 de Agosto de 1603, se le concedió licencia para hacer un pasadizo desde las espaldas de sus casas a las huertas que allí había com prado, por encima de la ronda, accediéndose a dar la licencia por los favores que la ciudad le debía. Figura luego como Co rregidor de Valladolid y ejerce el cargo hasta el 8 de Mayo de 1605, ya que en regimiento extraordinario de ese día el mismo Corregidor Don Diego Sarmiento de Acuña dió posesión de Co rregidor a Don Diego Gómez de Sandoval, por Real provisión dada en Valladolid a 12 de Noviembre de 1604. Más tarde fué agraciado con el cargo de regidor perpétuo de la ciudad de Valladolid, para sí y su mayorazgo, Don Diego Sarmiento de Acuña, por Real pro visión de 17 de Julio de 1612, y se posesionó de él el 24 de Octubre
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 153 del mismo año, llamándosele en el título; Comendador de Monroy, de la orden de Calatrava, del Consejo Real y embajador, «cuya dizen que «la uilla y casa de gondomar». Antes de copiar el titulo, el escribano del concejo aplic ó a Don Diego ser Comendador de Monroy y Peñarroja, de la orden de Calatrava, del Consejo de Hacienda, Embajador de Inglaterra. Hecha la petición ese día 24 de Octubre, le dió la posesión el Corregidor Don Juan de Avellaneda. Don Felipe 111 le creó en 1617 conde de Gondomar, y así el letrero que tenía en su sepultura en la iglesia de San Benito el Viejo, según Antolínez de Burgos, titulaba a Don Diego Sarmiento de Acuña «Conde de Gondomar, mayordomo mayor del Rey nuestro señor y de sus consejos de Hacienda, Guerra y Estado; embaja dor extraordinario de Alemania, Francia, Inglaterra y Flandes, y gobernador y capitán general del reino de Galicia», además de comendador de Monroy. Falleció el 2 de Octubre de 1626 y fué trasladado el cadáver a la iglesia de San Martín cuando a esta parroquia se unió la de San Benito el Viejo y se cerró ésta. La biblioteca del conde de Gondomar fué muy celebrada por el núme ro y calidad de las obras que reunía. CAMPILLO DE SAN ANDRES (plaza del) Escuela Normal. Muy recientemente, en el verano de 1942 se ha puesto en el cuerpo central de la fachada principal de éste edificio, un gran rótulo con la indicación de su destino, de que carecía, y a la vez se ha elevado un poco el remate y se ha colocado el escudo nuevo de España, sobre el águila de San Juan, con las columnas laterales del Plus y Ultra, el yugo y fl echas de Falange y el letrero de Una, Grande y Libre. CAMPO GRANDE En el nuevo templete de la música se ha puesto el escudo de la ciudad de Valladolld, sobre la cruz laureada de San Fernando, primera vez que se ha hecho ostentación de tal privilegio y concesión en edificio de carácter permanente. CARDENAL MENDOZA (calle del) Casa número a. Antigua Hospedería del Colegio de Santa Cruz y patio exterior de éste. En la puerta accesoria del edificio principal
154 JUAN AGAPITO Y REVILLA de la fundación del Gran Cardenal de España Don Pedro González de Mendoza, se observa el escudo del Ave María de la íartiilia del magnánimo prócer, así como también en el eje de la misma hospedería, {Núm. 15) que tantos destinos ha sufrido: Instituto de segunda enseñanza, Escuela de Artes e Industrias, Escuela Indus trial, Escuela del Trabajo y Colegio Mayor Universitario de Felipe II. Frontera a la verja de cerramiento del mencionado patio está tras plantada la portada que fué del Colegio de San Ambrosio en la calle del Salvador. Tiene dos escudos a los lados del nicho del cuer po principal, sobre la que fué puerta, pues no se la ha hecho practicable no sé por qué; pero esos escudos, que en un principio serían de la Compañía de Jesús, de quien fué la institución, aparecen hoy picados, cosa que se hizo cuando el Estado se incautó en el siglo xvin de los edificios de los Padres Jesuítas, como ya se ha expresado. En el jardín del patio se ven varios escudos nobiliarios de edificios de Valladolid, los cuales se reseñarán en las calles en que lucieron en otros tiempos. Iglesia de San Juan. Esta iglesia está completamente arruinada y fué parroquia de San Juan Bautista y antes iglesia del convento de religiosas de Belén. Sobre la puerta de entrada tiene un escudo (Núm. 16) que es del célebre Duque de Lerma Don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, quien fué patrono del convento y reconstruyó y adornó la iglesia. El escudo es partido; el diestro lleva la banda y las cinco estrellas, y el siniestro, cuartelado, tiene el castillo y el león, uno al lado del otro, en el primer y cuarto cuar teles, y las tres lises en los segundo y tercero. Va timbrado con corona ducal y muestra bordura de siete cuadrados de dos líneas de veros. COLEGIO DE SANTA CRUZ (plazuela del) Sobre el balcón principal de la fachada del gran colegio, está el escudo de los Reyes Católicos, (Núm. 17) sobrepuesto al águila de San Juan, y a sus lados los del Cardenal de España, insigne fundador del colegio, siendo el de la izquierda, (Núm. 18) sobre manto con forro de veros y coronado por gran yelmo con altísima cimera, el conocidísimo de Mendoza, (Núm. 18) cuartelado en aspa, con la banda en el jefe y en la punta, y las palabras del AVE MARIA en los cuarteles laterales. El de la derecha (Núm. 19) ostenta las cinco
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 155 lüüiiiíi! mw • < ^ Ccudeivttt M.mvíIox^i2, m. ñ íC? IflTTl do
156 JUAN AGAPITO Y REVILLA hojas de higuera de los Figueroa. En las partes altas de los seis contrafuertes de la fachada, en los frentes, se ven escudos del Ave Maria, y en los costados la cruz, de que fué titular el Gran Carde nal, la cual es potenzada, que sé repite en las enjutas de la puerta principal, y con los otros blasones del purpurado, en el patio y otros elementos del gran edificio, notabilísimo por más de un concepto. COLON (calle de) Iglesia ¿c la Magdalena. Un gran escudo monumental ocupa la mayor superficie de la fachada de esta iglesia (Núm. 20); es del obispo de Falencia Don Pedro de la Gasea, pacificador del Perú, con cuyos bienes, y a manera de restitución por lo que aban donó (no tanto) sus obligaciones religiosas, se construyó el cuerpo de la iglesia, incluso la capilla mayor, adosándola a la capilla de la familia del doctor Corral. El hermano deU^prelado Don Pedro, llamado Don Diego, persona distinguidísima en la villa, en la que ocupó altos cargos,quien llevó a ejecución el testamento del obis po, prodigó en la fábrica de la iglesia el escudo episcopal, y se vé, como se dice, en primer lugar en la fachada. Es partido y tiene el diestro león rampante con bordura de cuatro castillos, y el sinies tro trece róeles; está rodeado con banderas, tres por cada lado, y otras dos más arriba, una la de la derecha con león; las demás llevan en el campo una cruz en aspa y sobre ella la P; en el vértice inferior, bajo la punta del escudo, un escudito con fajas. Lleva inscripción latina de alguna extensión. Todo ello con el capelo y las borlas correspondientes a la dignidad episcopal. En la fachada o costado exterior de la iglesia del lado del Evangelio hay el mis mo escudo a los lados de una ventana alta que daría al crucero (está macizada), naturalmente mucho más pequeño que el del frente, asi como también en una puerta pequeña (macizada del mismo modo), y otros dos por el lado de la Epístola, correspon diendo Igualmente al crucero, por encima de la capilla de los Corrales. Casa aiímero 13. Lleva esta casa puerta de arco semicircular y a los lados, en las enjutas, escudos, fi gurando el de la izquierda 0*1 \ o ^ 1*^¥-1 ^ . 1 ~ ^w 1^, AAguidumj ci clc ict (Núm. 21) el acabado de reseñar de Don Pedro de la Gasea, y el de la derecha (Núm. 22), que es partido y coronado con yelmo.
HERÁLDICA EN LAS CALLES DE VALLADOLID 157 I «'*' CMvdí