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La sillería de coro de la Colegiata de Belmonte: los hermanos Egas, de Bruselas, en Cuenca

González Sánchez-Gabriel, María

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LOS HERMANOS EGAS. DE BRUSELAS. EN CUENCA la sillería de coro de la colegiata DE BELMONTE 0) En la villa de Belmoníe, partido judicial de la provincia de Cuenca y patria del insig'ne Fray Luis de León, existe una Igriesia, que antiguamente fué Colegiata, dedicada a S. Bartolomé Apóstol, en la cual se conserva una Sillería de Coro, de excelente factura, cuya construcción remonta a la segunda mitad del siglo xv y que se debe a las expertas manos de Juan y Enrique de Egas, según noticias documentales. Tal como hoy se ve, consta de 16 sillas en la parte baja y 28 en la alta, estando éstas doseladas por irnos casetones que ostentan abundantísima decoración y sobre los cuales corre un ancho friso igualmente decorado (2). Los respaldos de las sillas bajas carecen de decoración, así como los de las cuatro de las altas (dos a cada lado), próximas a la reja —magnífica por cierto - que cierra el Coro; pero las 24 restantes de la parte alta están ornamentadas con escenas y figuras Bíblicas trabajadas en magnífico alto relieve (3). (1) El Seminario agradece al catedrático de esta Universidad don Claudio Galindo (q> gPd-)- l^s precisas indicaciones que quiso darnos, sobre la existencia de documentación en el Archivo de la Catedral de Cuenca, lo que sirvió a nuestra colaboradora señorita María González, para la fructífera rebusca documental que ha sabido realizar. (2) Son dignas de mención las Paciencias de los asientos de las sillas, que repiten con singular finura los asuntos característicos de esta clase de obras —hipogrifos, amorcillos, monstruos, etc.—, destacándose sobre todos el grupo de los monos músicos y el de la lucha de dos mancebos por la posesión de un pellejo de vino. (3) Estas tablas debieron colocarse alteradas al trasladarse de Cuenca a Belmonte, pues algunas escenas no guardan correlación, apareciendo invertidas. 22 LOS HERMANOS EGAS, DE BRUSELAS. EN CUENCA Los asuníos que represenían eslos relieves pueden dividirse en cinco grupos: 1." Historia de la Creación y castigo de la primera culpa, que ocupa seis labias. ' j 1 2.° Eslabiccimienío de los Hebreos en Palestina después de su | salida de Egipto, comprendiendo íres labias. 3.° Escenas del Libro de los jueces, en oirás Ires la as. 4.° Escenas de la Pasión de Cristo, en nueve labias; y 5.° Figuras independientes, en cuatro labias. Cada uno de eslos tableros se divide en dos par es -opa por medio de un arco gótico; la mayor esta ocupa principal; la menor, dividida a su vez en facilidad la escena que sirven para compleíar o explicar con may representada en la parle Inferior (1). el jado del A la izquierda de la silla del Obispo, j Recordemos. Evangelio, empieza la Historia de la Creación ( al describirla, las palabras del Génesis: rierra era «En el principio creó Dios el cielo entonces el informe y vacía, cubierta de aguas y t'"'® . ¿ y separanSeñor en el primer día: Hágase la luz; Y ^ segrundo día dola de las tinieblas formó el día y 1^ "^^ehfzoel firmamento al separó las aguas superiores de las inferiores que cual llamó Cielo. En el tercer día mando ^ formándose los se juntaran en un lugar y las aguas se Después hizo mares; brotaron las fuentes. los arroyos ^ (odas clases, producirá la fierra verdes hierbas y árboles brillan en el En el cuarto día creó el so), la luna y I^s es en el aire y firmamento. En el quinto día creó las mandó ó"® los peces que viven en las aguas. En c j^^^bre con su produjera animales de todas clases Y propia mano». ba reproducido los ps admirable la manera cómo ei ° , x uja e® nos presenta. .4-,tinios momentos de la obra del Creador. y poblada e fres escenas, al Señor —anciano de ^ '-7;7'^ste una diferencia entre las tablas 006^13^ primeras. * mentó y aquellas que ofrecen escenas de la vida • tamaño, mientras '^ arcadas por un arco trilobulado, tienen las ^ ® arco túmido ías segundas, son más pequeñas, están ^ el típico motivo 'í"® ffldo y ofrecen en la parte inferior un friso renacentista con aP^"„gelote o de! candelabro entrelazados con ramas y follajes, del an& LA SILLERÍA DE CORO DE LA COLEGIATA DE BELMONTE 23 cabellera y de aspecto mayesíálico, al que contribuyen poderosamente ios severos pliegues de su túnica— que tiene en su mano el infinito —representado por una banda sinuosa de nubes—, de donde ha de sacar el mundo; al Espíritu de Dios fl otando sobre las aguas, y la creación del Firmamento. Las tres escenas de la 2.^ tabla se refieren a los días tercero y cuarto de la Creación. Dios forma los mares y hace brotar las fuentes (ángulo superior derecha), hace producir a la tierra árboles y frutos (parte principal), y crea los astros (áng. sup. izqda); fi nalmente, en la 3." tabla se cumplen los últimos momentos de la Creación y al conjuro de la voz del Supremo Hacedor y por su voluntad omnipotente surgen los animales (áng. sup. izqda.), las aves (ángulo superior derecha) y ios primeros hombres Adán y Eva. Sencillamente —nada más ingenuo que la concepción de estas fi guras—, pero con gran verdad, el artista ha seguido el relato bíblico en todos sus detalles y así, en esta 3.® tabla, la primera pareja aparece en el Paraíso, que es, según allá se nos describe, «hermoso jardín cubierto de hermosos árboles y frutos y en cuyo centro se levanta el árbol de la ciencia del bien y del mal». En la tabla 4.® (Lám. I!) el Padre Eterno muestra a la humana pareja el árbol cuyos frutos les están prohibidos (áng. sup. izqda). «Dijo Dios al hombre: De todo fruto del Paraíso podrás comer, menos del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque en cualquier día que comieres de él, morirás». Adán y Eva, engañados por la serpiente —«No moriréis, sino que seréis como Dios, conocedores del bien y del mal»— comen del fruto prohibido y en consecuencia pierden la inocencia, muriendo así a la vida de la gracia (escena principal) y un ángel armado les expulsa del Paraíso. —«Dios castigó la desobediencia primera arrojando a Adán y a Eva del Paraíso y haciendo guardar su puerta a un ángel armado con una espada que arrojaba llamas»— (áng. sup. derecha). Continúa el Génesis: «Expulsados del Paraíso Adán y Eva trabajaban la tierra, inauguran la vida familiar y tienen dos hijos, Caín y Abel, agricultor y pastor, respectivamente, a quienes enseñaron el santo temor de Dios y que ofrecían dones a! Señor; mas el Señor aceptaba las ofrendas de Abel, inocente y bueno, pero no las de Caín, porque era malo. Por esto Caín se llenó de envidia y sordo a la voz de Dios que reprochaba sus feroces designios, un día convidó a Abel a pasear al campo y cuando estuvieron solos le acometió y le mató». 24 LOS HERMANOS EGAS, DE BRUSELAS, EN CUENCA Los asuníos de esíe relaío se nos ofrecen íníegframenfe en las labias y 7.® de la sillería (Lám. III y IV) con las que icrniina el primer grupo de escenas a que con anlerioridad nos referimos. Es digna de llamar la aíención, la habilidad del artista para llevar a cabo fi elmente la ejecución de estas escenas, la delicadeza que envuelve el cuadro familiar de los primeros tiempos humanos (escena principal de la labia 5.^) —Adán de pie y apoyado en una azada conlempla a Eva que sostiene a sus hijos y que aparece sentada en medio de la tierra que labra el primer hombre y que se ofrece toda a la caricia del primer cultivo—, la ingenuidad de las ofrendas, el realismo de las fi guras de Caín y de Abel (áng. sup. decha. de la tabla 7.^) y el impresionante momento de la muerte de Abel, sujeto aún por su hermano y a cuyo lado se encuentra el arma homicida; un río cuyas aguas tranquilas, pero en continuo movimiento, evocan la eternidad, contempla y guarda para siempre el horror del primer homicidio. A la derecha de la silla del Prelado, o sea en el lado de la Epís tola, continúa el orden cronológico de las escenas que venimos des cribiendo y que se refieren ahora ai 2.° y ó.®"" grupo de asuntos, es decir, salida de los Hebreos de Egipto e historia de los Jueces. —«Los Hebreos que han gozado de muchas prosperidades en Egipto, adonde fueron llevados por José, hijo del Patriarca Jacob, se ven más adelante sujetos a esclavitud por, los Faraones que los aborrecen. Moisés, escogido por Dios para salvai' a su pueblo, castiga a Egiglo con las diez terribles plagas que obligan al Faraón a consentir la salida y conduce a los Hebreos hacia la Tierra Prome tida a través del desierto, en el que recibe de manos de Dios las Tablas de la Ley que hace guardar en el Arca de la Alianza». Las tablas 1.® y 5.® <Lám. V) reproducen este asunto; en la pri mera (áng. sup. derecha) el pueblo Israelita cautivo acude a ofrendar al Faraón; Moisés y Aarón (áng. sup. izqda.) reciben la orden de partir, y en la parle principal el Arca de la Alianza es conducida hada el país de Canaán. En la segunda Moisés muestra las Tablas de la Ley que acaba de recibir y dos angelotes que con una mano se apoyan en sus hombros y sostienen con la otra un cuerno de la abundancia, hacen alusión a la proverbial riqueza de la Tierra Prometida. Salta a la vista, con sólo una simple inspección, la diferencia que existe entre esta tabla y todas las demás. En primer lugar, la factura de las tres fi guras que contiene —Moisés y los dos angelotes no es la sencilla factura de la época gótica, con sus actitudes tran- LA SILLERIA DE CORO DE LA COLEGIATA DE BELMONTE 25 quilas y serenas y con sus ropajes virtuales y simétricos que admi ramos en el resto de la obra, sino la factura característica de los tiempos barrocos, con sus movimientos desordenados, sus posiciones violentas y los pliegues oblicuos de sus vestidos. Además, existe en ella una carencia absoluta de decoración, siendo así que el artista tiene un excesivo cuidado de ella en todas las demás escenas, habiendo logrado en algunas —la Oración en el Huerto, por ejemplo— efectos de perspectiva de verdadero mérito. Finalmente, el arco trilobu lado que adorna y divide las tablas es aquí apuntado, cuando las demás nos muestran un medio punto y las escenas de la parte supe rior se han sustituido por emblemas judaicos, la lujuria y la serpiente enroscada a un lábaro. Es seguro que la tabla primitiva se haya perdido, en el traslado de la sillería de Cuenca a Belmonlc y que la existente se hiciera entonces, a mediados del siglo xviii, para suplir a la anterior. La tabla 2.^ se refiere a la entrada de los Hebreos en Canaán; el caudillo es ahora Josué, quien recibe la ratificación de su poder de manos de un ángel (áng. sup. izqda.), incendia la ciudad de Hay (áng. sup. drcha.) y toma a Jericó, cuyos muros se derrumban al paso del Tabernáculo. —«Después de la muerte de Moisés, el Señor dijo a Josué que pasara el Jordán y condujera a los hijos de Israel a la tierra que les había prometido. Había en aquellos parajes una ciudad muy forti fi cada con muros y difundida con almenas, llamada Jericó, la cual ni se podía derribar ni asediar fácilmente. Josué ordenó que alrededor de sus muros se llevara el Arca y después de hacerlo siete veces, el último día, las torres y los muros se desplomaron de súbito y la ciudad fué tomada y destruida, tras de lo cual se tomó la ciudad de Hay que fué incendiada»—. De la Historia de los Jueces vemos escenas en las tablas 4.^ y 5.® (Lám. VI); en la 5." en el (áng. sup. izqda.) se lleva. a cabo la consagración de Olonicl, el primer Juez; el áng. sup. drcha. repre senta el sacrificio de la hija de Jefté y la escena principal alude a la elección de soldados por Gedeón para luchar con los Madianitas; la tabla 4.° se refiere a la vida de Sansón (su esclavitud y e! derribo del templo) y a la consagración de Saúl por Samuel. correr de los años ios Israelitas cayeron en sucesivas Idolatrías que les entregaron en manos de sus enemigos, y Dios, para libertarlos, instituyó los Jueces, que fueron a la vez caudillos y gober nantes. El primer Juez fué Oíoniel, ungido directamente por Dios, 26 LOS HERMANOS EOAS, DE BRUSELAS, EN CUENCA que libró a su pueblo de Cusan rey de los Caldeos. Para liberíarle de los Madianiías fué elegido Gedeón, que reunió un poderoso ejérclío, pero queriendo seleccionar a sus soldados recibió de Dios el aviso de escoger a los que al pasar el río bebiesen en la palma de la mano y no con la boca como las besíias; así lo hicieron sólo 500, con los que obíuvo una ruidosa vicloria. Jeflé fue a luchar contra los Filisteos y ofreció a Dios dedicarle en acción de gracias por el ftlunfo la primera persona de su familia que saliera a recibirle; habiendo salido a sn encuentro su única hija, Jcfíé, la sacrificó cumpliendo así su promesa. Sansón dolado de prodigiosa fuerza vence también a los Filisteos, quienes valiéndose de Dalila, logran capturarle cortándole el cabello y le condenan a morir; ciego, moviendo la rueda de un molino, pero habiéndole crecido el cabello, el día de la fiesta del dios Dagón pidió ser llevado al templo y una vez en él rogó al Señor le devolviese sus fuerzas y agitando dos columnas le desplomó muriendo con todos los Filisteos»—. La tabla 7.^ (Lám. XI), tiene poca relación con las anteriores, aunque es su continuación y la última de las que se refieren al Antiguo Testamento; representa a Jonafás hijo de Saúl tomando un anal de miel, de una colmena instalada en un árbol, después de su Tcha con los fi listeos (áng. sup. drcha.); al Angel del Señor anun- "ando al padre de David la exaltación del más pequeño de sus hijos ^escena principal) y a Judií corlando la cabeza de Holofernes, el eneral de los ejércitos asirios. ^ para continuar el orden cronológico de ias escenas relatadas en stra síilct*ía hemos de trasladarnos de nuevo a la parte del elio; comienza ahora el relato de la vida de Cristo, que por lo gste'lado del Coro se refiere nos presenta en cuatro tablas la ada en Jcrusalén, la Santa Cena, la Oración en el Huerto y el ^'^'^Hímicnío, cuyos asuntos son sobradamente conocidos. a Entrada en Jerusaicn (Lám. Vil, tabla 8.°), representa a caballc'*^ en su asno, seguido con sus discípulos, junto a los ciudad que engalana sus torres y abre jubilosamente piiiros pQj-Q recibirle; sus habitantes extienden los mantos ante sus que los bendice y olivos y palmeras ofrecen a su paso sus el (desgajadas por el enluslasmo de la multitud que espera el ram^® de la Buena Nueva. En la parte superior del arco dos cumP ' despliegan las bandas en que escribieron sus profecías. las pro*^ son inservibles, puesto que aquéllas han comenzado a rual^® LA SILLERÍA DE CORO DE LA COLEGIATA DE BELMONTE 27 La Sagrada Cena (Lám. VIH, tabla 9.®), es un prodigio de ingenuidad y de verismo: Bajo un templete gótico, Cristo, mientras rodea con su brazo los hombros del discípulo amado, bendice e) pan que todos los demás comen; Judas Iscariote, sentado solo en la parte anterior de la Mesa, medita su traición mientras se sirve del mismo plato que el Maestro, que ha descubierto sus intenciones. —«En verdad os digo que uno de vosotros me ha de entregar- —Será el traidor aquel que mete en mi plato su mano. —Yo me iré de con vosotros porque así está escrito, pero ¡ay de aquél por cuya culpa el Hijo del Hombre sea eníregadol, más le valiera al tal no haber nacido» y la Magdalena, arrodillada delante de Jesús, unge sus pies y los enjuga amorosamente con sus cabellos. En la parte superior del arco, dos Padres de la Iglesia, San Jerónimo y San Agustín son presentados como los defensores del Misterio de la Eucaristía que se instituye en la anterior escena. La tabla 10.° (Lám. IX), es la relativa a la Oración en el Huerto. Como en las referentes al Antiguo Testamento, el artista ha seguido fielmente el relato bíblico, no olvidando n! un detalle —Junto a unas' piedras elevadas del jardín Cristo hace oración y en la parte baja Pedro, Juan y Santiago duermen apoyados unos en otros—, pero es aquí donde ha puesto un mayor cuidado en la decoración, acaso por considerar que ésta constituye por sí sola el elemento dramático de la escena, de tal suerte que puede considerarse como la más completa de todas. Es digna de llamar la atención, en efecto, la serie de aciertos que ha tenido el artista en la ejecución de esta tabla. Frente a la decoración convencional de las escenas relativas al Antiguo Testa mento, vemos la realidad del paisaje estudiado con un carino nada común; la disposición completamente nueva de los árboles, el intento (Je perspectiva logrado mediante la acotación del recinto por una valla de madera y sobre todo la figura arrodillada del Redentor, maravillosa de expresión. El dramatismo no abandona ya a la obra, pero se consigue casi siempre por la diversidad de actitudes; esto se observa en la escena siguiente, el Prendimiento (Lám. X, tabla 11.^): en tumultuoso tropel y con la más variada indumentaria acuden sacerdotes, guerreros y paisanos a prender al Hijo de! Hombre; majestuoso recibe Cristo el beso de Judas, que con él le entrega, y Pedro, el primero de los discí pulos, hiere con su espada a Maleo, que se ha atrevido a tocar al Maestro, quien inmediatamente le sana. Dos Padres de la Iglesia 28 LOS HERMANOS EGAS, DE BRUSELAS, EN CUENCA Latina y dos de la Iglesia Griega, acaso San Juan Crisóstomo. San Juan Nepomuceno, San Dámaso y San Ambrosio, se ofrecen írabajando por la gloria de Cristo y el triunfo de la fe, en la parte superior de estas dos últimas tablas. De nuevo es el lado de la Epístola el que nos muestra la conti nuidad de las escenas que son ahora el Camino del Calvario, la Crucifixión, el Descendimiento y la Resurrección. ya observábamos anteriormente que el dramatismo es la nota característica de las tablas relativas al Nuevo Testamento y esta observación se comprueba en las últimas escenas que nos ofrece a sillería. El Camino del Calvario (Lám. XI, tabla 9.'') es el corteio dolorido y abrumado de ios amigos de Cristo que le acompañan a luear del suplicio; falta la nota agria, aunque animada, de los soldados junto a la Cruz, pero crece la emotividad al contemplar la teoría de os fí e/eSt temerosos, sí, pero dispuestos a no abandonar ai Maestro, emoción aumenta contemplando la Crucifixión (Lám. XI, taba í"- '• Cristo, en la Cruz, entre los dos ladrones, dominando con el poder de su voluntad divina la humana debilidad de su cuerpo expira ienta- «nte; el centurión a caballo custodia su agonía, mientras su amigos, perdida la esperanza, derrotados sus sentimientos, lloran sobre el ..£»lo a un tiempo reposada y amargamente. ^ Todo acabó ya; Nicodemus y José de Arimatea ^j-dosas mujeres entregan el Cuerpo de Jesús a su Ma ^ níscípu'o Amado para que lo pongan en el sepulcro; escena es a nesccndimienlo, callada, casi muda, de gestos y de actitu es, pero '^caículable iníerés por el acierlo del arfísta que ha logrado poner de relieve el valor del silencio; la emoción alcanza el sumum ( m. escena de la Resurrección (Lám. XII, tabla 12.") vuelve a sencillez de la primera; los soldados de Roma uermen CrisW esplendoroso y triunfante sale del sepulcro, por su voluntad t r a pa^*® tablas está ocupada por las figuras de I Ho Evangelistas (S. Juan y S. Mateo en la Subida al Calvan . ^"^jvlarcos V ^ Lúeas en el Descendimiento), por la Fe y la Espepiedras angulares de la religión que hace de la mume e « piedras auyuiares de la religión " ■"^"^nzo de la vida (sobre la Crucifixión), y Por los profetas Oseas que predijeron la Resurrección. , ® , as tablas números 12 del Evangelio y de la Epístola están dedia las mujeres fueríes de la Biblia, Judit, Esther, Débora y cadas LA SILLERÍA DE CORO DE LA COLEGIATA DE BELMONTE 29 Adalia que defienden la entrada del Coro como defendieron la pureza de la fe y el valor de los Israelitas contra sus enemigos (Lám. XII y XIII) (1). Las tablas números 6 de ambos lados ofrecen las figuras de los príncipes de los Apóstoles, San Pablo en el lado del Evangelio y San Pedro en el de la Epístola. Tal es en resumen el conjunto de escenas y figuras de la Sillería (1) Judit, natural de Betulia, vivió en tiempo del Rey Manases y libró al reino de Judá de los Asirlos mandados por Holofernes: —Nabucodonosor rey Asiro-Babilónico envió a su genera! Holofernes para que pusiese sitio a la ciudad de Betulia plaza fuerte del reino de Judá. Comprometida era la situación de los Hebreos cuando judit, hermosa y rica viuda dedicada al servicio de Dios vino a libertarles de sus opresores. Vestida con sus mejores galas pasó al campamento enemigo logrando cautivar a Holofernes que la retiene junto a él. Una noche embriagado el general después de un banquete se queda dormido en su tienda, y entonces Judit le corta la cabeza con su propia espada, hecho que sirvió para reforzar el valor de los Hebreos y para desbaratar el ejército asirlo que fué derrotado»— Esther es la libertadora del pueblo de los furores de Amán, ministro del rev Asnero: -«Después que Ciro devolvió la libertad a los Hebreos cautivos en Babi lonia por Nabucodonosor, muchos de ellos quedaron en Persia, en donde fueron bien tratados por sus monarcas. Un rey, Asuero. contrajo matrimonio con una judía llamada Esther, y entonces envidioso el primer ministro Amán de la prepotencia alcanzada por los Israelitas decidió exterminarlos a todos. Enterada Esther por su tío Mardoqueo de la suerte que les esperaba descubre a Asuero los manejos del ministro, que es mandado ahorcar, revocándose el edicto de muerte contra los judíos»—. Débora fué elevada por su pueblo a la categoría de Juez, cuyo cargo desem peñó inmediatamente antes de Gedeón,- logrando vencer a Sisara, general del rey Assor Jabín: —Los Israelitas a causa de sus desórdenes cayeron durante 20 años en poder de Jabín, rey de Asor. Al cabo de este tiempo fué elevada a la dignidad de Juez la santa profetisa Débora, la cual ordenó al genera! Barac que atacase al ejército de Sisara mientras ella engañándole le conduciría al torrente de Cisón, en donde se les podría vencer con facilidad; así se hizo, consiguiendo una completa victoria»—. Adalia es la madre de los Macabeos, mujer de extraordinario valor que ve sacrificar a sus siete hijos animándolos en su agonía y sufre ella misma el martirio por no renegar del verdadero Dios durante la dominación de Antíoco Epifanis, rey de Siria: —«Antíoco Epifanis había resuelto acabar con la religión de los Judíos erigiendo altares en todas las ciudades para sacrificar a los ídolos. Entre las per sonas que se negaban a los sacrificios estaban siete hermanos llamados los Maca beos y su madre. Antíoco mandó que les fuesen cortados uno a uno la lengua, los pies y las manos y qne estos despojos fuesen fritos en sartenes de cobre conver tidas en ascuas. La madre obligada a presenciar semejante horror exhortaba a los hijos que quedaban para que no desmayasen en su fe, y una vez conseguido esto, ella misma se entregó al verdugo entonando cánticos de alabanza»—. LAM. //, 'l\¡!>Ui cuüvUi Aiuio V (/ilu .-illciia i/r/ Ci'n> (/(• Jn'IllU'Hlt ^ ■'l'ohia srrii"ni <hido ic<¡ii¡rrd") de hi sdlen-j de! co de íhdnii'iiie de C iieiica rJMÉd LAM I ■ i^riiiicrti, scijuiiilti _v li'i'cci'u ¡Id hnln dci'cdio ¡h' la dlh'n-.i ¡id ¡mo de IxliuonU di 0/mí(íí ñ % I..IM. / III.— Ta/'la iit>z'i-uii del iiuL) ¡Ci¡iiirríl,> </<' hi x/Z/c-/-;-.; Ji! cmui (/(• i'cIiiit'itU' lie Citi-iua k g . c' . L.IM. 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