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Un torso griego interesante

González Marañón, Jesús

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102 VARIA nuestro Museo y antes perteneciente a la colección Inurria, en cuyo caso (nos dice en las interesantes notas que ha tenido la bondad de enviarnos), debe ser anterior a 1627, fecha en que se cerró el proceso apostólico de la Beata, en el que la Duquesa de Ríoseco figura como testigo con el número ciento cuarenta y uno. Actualmente se conservan dos replicas en el convento de Mercedarios de Don Juan de Alarcón, las que difieren de la del Museo por tener los ojos cerrados. Otras dos se conservan en Madrid en el convento de Capuchinos y en el de M. M. Carmelitas, respectivamente (1). Cabe ahora preguntarse quien pudo ser el escultor que tallara estos bustos, sobre las mascarillas obtenidas por Carducho, detalle no exento de importancia a pesar de que la labor personal en la obra sea necesariamente escasa. Es de suponer que Carducho se limitaría a obtener las mascarillas y que a otro artista se encomendara realizar los bustos. Entre los artistas coetáneos de Carducho y que trabajan en Madrid por esta época, encontramos a Alonso Carbonell (2), buen escultor y arquitecto y al parecer íntimamente ligado a la Orden de la Merced. En 1620 se le mandó hacer un retablo para la iglesia de esta Orden. Gustó la obra, hasta el punto de que el año 1624 se le encargó la ejecución del retablo Mayor, es decir, el mismo año en que por el mes de Abril Carducho sacaba las mascarillas del rostro de la Beata Mariana de Jesús. ¿Pudo ser Alonso Carbonell el autor del busto? María Luisa ANTÓN Un torso griego interesante. El torso de que nos ocupamos, hoy en el Museo ^eíropoiitanQ de Nueva York, perteneció en oíros tiempos al Palacio qyg Peñaranda de Duero poseyó el Duque de Alba. Según las noticias que hemos podido recoger, esta estatua adornó una de las plazas de Roma, y dicen que hacía pareja con (1) Todavía, en el siglo vxiii, se labraron estatuas de la Beata Mariana. Una de esas esculturas, representándola extática, en el caso milagroso antes citado, se conserva en la iglesia de San Juan de Letrán (Reparadoras) aquí en Valladolid. Y por cierto con intención de retrato, algo idealizado ya. (2) Ceán Bermudez. «Diccionario Histórico de los más ilustres Profesores de las Bellas Artes en España». T. I, pág. 235. E VAPIA 103 Otra escultura que representa una vendedora de hortalizas, que aún subsiste en su primitivo emplazamiento. La nuestra desapareció de dicha plaza y vino a decorar el Palacio de Peñaranda, Este Palacio que había sido fundado por don Francisco de Zúñiga y Velasco, tercer Conde de Miranda del Castañar, sexto señor de Peñaranda de Duero, Virrey de Navarra en tiempos de Carlos V y Mayordomo Mayor de la Emperatriz Isabel, pasó más tarde a ser propiedad de los Duques de Alba, y a uno de estos Duques se debe el enriquecimiento del mismo que se llevó a cabo con valio sísimos tapices y notables mármoles griegos y romanos, importados de Flandes e Italia, respectivamente. Esta escultura presidía el salón de armas del Palacio, desde una hornacina abierta en la pared, juntamente con otras obras que hoy se conservan de la copiosa colección, como los seis bustos romanos existentes en el Museo Arqueológico de Vailadolid, tres bustos completos de oíros tantos emperadores romanos que se conservan en la Iglesia de Santa María de Peñaranda y, en fi n, una fi gura de muier de tamaño natural, de alabastro, con la cabeza, las manos y los pies de pórfido negro, vendida en París a principio del siglo. Con la invasión francesa, sufrieron las-obras artísticas existentes en el Palacio y, prueba de ello, es el estado actual en que se encuentra el mármol en cuestión que, del adquisidor señor Chicote pasó a manos del italiano señor Searti, hasta ir a parar al Museo Metropo litano, donde hoy se conserva. La escultura trabajada en mármol ofrece un vigor y energía grandes: representa un torso de hombre que por esa vitalidad y fuerza que muestra pudo representai" un héroe o una divinidad. El hecho de que descanse en posición sedente, sobre una piel, y el no menos interesante de que conserve debajo de! brazo izquierdo restos de una maza o una clava, ha hecho suponer al señor Pijoán que pudiera tratarse de una posible replica del Hércules Epitrapecios que, como se sabe, llevaba Alejandro en sus campañas. En este caso tendríamos una copia de la obra de Lisipo, de la que sólo quedan referencias de Marcial: «Sentado sobre piel que mitiga dura roca el fuerte dios es prisionero de pequeño bronce. Mira los cielos que un día soportó con Atlas! Su mano está aún caliente de soportar la clava. Su fama no es reciente, su gloria no es romana. Este que aquí ves, es de Lisipo la obra magna». 104 VARIA Lisipo acertó superar la corriente anterior, situándose en medio y yendo sobre ella. Su realidad fué también el saber de su triunfo: y desde su pedestal de gloria —preferido del rey— se dedica a la tarea de escrutar al hombre con el fin de captar valores nuevos sobre los cuales va a cimentar una nueva concepción: la suya. Filósofo y artista, da a sus figuras, tan numerosas (que cono cemos por referencias y aun por copias), vida intensa, tensión muscular, dinamismo... y un gran equilibrio de las proporciones reales, basadas también, como hiciera otro teorizante en el siglo v, en el número. Así como todas las obras de un autor, tienen un sello caracte rístico, genuino, «todo autor, y aun más, toda obra tiene su metafísica implícita, claro está, nunca explícita». Y ese torso donde la vida palpita y el corazón late, donde se acusa la energía de la fuerza, tiene también su metafísica. ¿Se tratará de una copia, de un remedo, de la obra de Lisipo?: es posible que así sea. Mas sobre todo quede anotado el dato: y es que ese mármol mutilado, con tantos enigmas como modulaciones, propicio a cábalas y asertos más o menos fáciles, decoró un día, no muy lejano, uno de los Palacios de la Castilla árida y seca, coronada de oro, morada de hidalgos viejos, abiertos a todas las corrientes de arte y de cultura. J. González Marañón. mw : : t í