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Historia global, historia transnacional e historia de los imperios. El Atlántico, América y Europa (siglos XVI-XVIII)

Yun Casalilla, Bartolome

Abstract

Producción Científica

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El Atlántico, América y Europa (siglos XVI-XVIII) BARTOLOMÉ YUN CASALILLA BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Historia global historia transnacional e historia de los imperios Historia global, historia transnacional e historia de los imperios La Historia, hoy, debe construirse y relatarse a escala comparativa y global. La Institución Fernando el Católico pretende con esta nueva colección presentar una selección de temas y problemas comunes tanto a la experiencia histórica de la mayor parte de las sociedades, próximas o lejanas, como a la historiografía que se escribe en el presente, así como proporcionar los instrumentos teóricos y conceptuales más generales y de uso más eficaz para la comprensión del pasado. Colección Historia Global Dirigida por Carlos Forcadell 2. MANUEL PÉREZ LEDESMA y MARÍA SIERRA (eds.) Culturas políticas: teoría e historia 3. DANIÈLE BUSSY GENEVOIS (ed.) La laicización a debate 4. LUTZ RAPHAEL La ciencia histórica en la era de los extremos 5. MÓNICA BOLUFER, CAROLINA BLUTRACH y JUAN GOMIS (eds.) Educar los sentimientos y las costumbres 6. CARLOS FORCADELL, ANTONIO PEIRÓ y MERCEDES YUSTA (eds.) El pasado en construcción 7. ISABEL BURDIEL y ROY FOSTER (eds.) La historia biográfica en Europa 8. MÓNICA BOLUFER, JUAN GOMIS y TELESFORO HERNÁNDEZ (eds.) Historia y cine 9. PEDRO RUIZ TORRES (ed.) Volver a pensar el mundo de la Gran Guerra 10. HERMAN PAUL La llamada del pasado 11. JUAN JOSÉ CARRERAS ARES Lecciones de Historia 12. BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Historia global, historia transnacional e historia de los imperios La historia global y la historia transnacional (con base en la historia entrelazada) están rompiendo los moldes de la historia nacional consolidada a medida que se afianzaban los estados nacionales. Sin rechazar la necesidad de comprender la formación de estos últimos sino al contrario, esta perspectiva nos brinda una visión abierta, integrada y compleja de las sociedades actuales y su pasado centrándose en sus interacciones mutuas más allá de la acción de los gobiernos y de la historia internacional tradicional. Fruto de una década de exploración y docencia por parte de su autor, este volumen recoge una serie de reflexiones –algunas de carácter metodológico pero basadas en casos de estudio– que sirven para reinterpretar la historia de Europa, España y el imperio español en América. Se trata así de revisar algunos tópicos, como el supuesto atraso tecnológico de España y su imperio o el impacto de América sobre el desarrollo peninsular, y de integrar política, economía y cultura para ofrecer una imagen más poliédrica de la articulación política del imperio y de la monarquía de los Austrias, la redes sociales que los atravesaban, las relaciones entre lo local y lo global, la globalización y europeización de modelos de consumo o la formación de un espacio económico y cultural europeo y atlántico durante la época moderna. BARTOLOMÉ YUN CASALILLA. Catedrático de Historia Moderna en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Bartolomé Yun Casalilla ha sido profesor en la Universidad de Valladolid y en el Instituto Universitario Europeo de Florencia (2003-2013), donde fue director del Departamento de Historia y Civilización (2009-2012). En dicha institución enseñó historia transnacional y comparada y fue cofundador de la Summer Academy of Global, Transnational and Comparative History. Ha sido profesor visitante o visiting fellow en instituciones como el Institute for Advanced Study (Princeton), la Katholieke Universiteit Leuven, la London School of Economics, la Università Federico II di Napoli y otras, tanto en Europa como en América. Interesado en la historia comparada de los imperios, la aristocracia y las relaciones entre consumo y globalización, entre sus obras recientes se encuentran, Iberian World Empires and the Globalization of Europe, 1415-1668 (Palgrave-Macmillan, 2019), traducida como Los imperios ibéricos y la globalización, siglos XV a XVII (Galaxia Gutenberg, 2019), The Rise of Fiscal States. A Global History (editada con P. O’Brien y F. Comín, Cambridge University Press, 2012) y Global Goods and the Spanish Empire, 1492-1824. Circulation, Resistance and Diversity (editada con B. Aram, Palgrave-Macmillan, 2014). C M Y CM MY CY CMY K maq-cubHistoriaGlobal-CHG-12-web3.pdf 1 25/09/19 09:03 El Atlántico, América y Europa (siglos XVI-XVIII) BARTOLOMÉ YUN CASALILLA BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Historia global historia transnacional e historia de los imperios Historia global, historia transnacional e historia de los imperios La Historia, hoy, debe construirse y relatarse a escala comparativa y global. La Institución Fernando el Católico pretende con esta nueva colección presentar una selección de temas y problemas comunes tanto a la experiencia histórica de la mayor parte de las sociedades, próximas o lejanas, como a la historiografía que se escribe en el presente, así como proporcionar los instrumentos teóricos y conceptuales más generales y de uso más eficaz para la comprensión del pasado. Colección Historia Global Dirigida por Carlos Forcadell 2. MANUEL PÉREZ LEDESMA y MARÍA SIERRA (eds.) Culturas políticas: teoría e historia 3. DANIÈLE BUSSY GENEVOIS (ed.) La laicización a debate 4. LUTZ RAPHAEL La ciencia histórica en la era de los extremos 5. MÓNICA BOLUFER, CAROLINA BLUTRACH y JUAN GOMIS (eds.) Educar los sentimientos y las costumbres 6. CARLOS FORCADELL, ANTONIO PEIRÓ y MERCEDES YUSTA (eds.) El pasado en construcción 7. ISABEL BURDIEL y ROY FOSTER (eds.) La historia biográfica en Europa 8. MÓNICA BOLUFER, JUAN GOMIS y TELESFORO HERNÁNDEZ (eds.) Historia y cine 9. PEDRO RUIZ TORRES (ed.) Volver a pensar el mundo de la Gran Guerra 10. HERMAN PAUL La llamada del pasado 11. JUAN JOSÉ CARRERAS ARES Lecciones de Historia 12. BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Historia global, historia transnacional e historia de los imperios La historia global y la historia transnacional (con base en la historia entrelazada) están rompiendo los moldes de la historia nacional consolidada a medida que se afianzaban los estados nacionales. Sin rechazar la necesidad de comprender la formación de estos últimos sino al contrario, esta perspectiva nos brinda una visión abierta, integrada y compleja de las sociedades actuales y su pasado centrándose en sus interacciones mutuas más allá de la acción de los gobiernos y de la historia internacional tradicional. Fruto de una década de exploración y docencia por parte de su autor, este volumen recoge una serie de reflexiones –algunas de carácter metodológico pero basadas en casos de estudio– que sirven para reinterpretar la historia de Europa, España y el imperio español en América. Se trata así de revisar algunos tópicos, como el supuesto atraso tecnológico de España y su imperio o el impacto de América sobre el desarrollo peninsular, y de integrar política, economía y cultura para ofrecer una imagen más poliédrica de la articulación política del imperio y de la monarquía de los Austrias, la redes sociales que los atravesaban, las relaciones entre lo local y lo global, la globalización y europeización de modelos de consumo o la formación de un espacio económico y cultural europeo y atlántico durante la época moderna. BARTOLOMÉ YUN CASALILLA. Catedrático de Historia Moderna en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Bartolomé Yun Casalilla ha sido profesor en la Universidad de Valladolid y en el Instituto Universitario Europeo de Florencia (2003-2013), donde fue director del Departamento de Historia y Civilización (2009-2012). En dicha institución enseñó historia transnacional y comparada y fue cofundador de la Summer Academy of Global, Transnational and Comparative History. Ha sido profesor visitante o visiting fellow en instituciones como el Institute for Advanced Study (Princeton), la Katholieke Universiteit Leuven, la London School of Economics, la Università Federico II di Napoli y otras, tanto en Europa como en América. Interesado en la historia comparada de los imperios, la aristocracia y las relaciones entre consumo y globalización, entre sus obras recientes se encuentran, Iberian World Empires and the Globalization of Europe, 1415-1668 (Palgrave-Macmillan, 2019), traducida como Los imperios ibéricos y la globalización, siglos XV a XVII (Galaxia Gutenberg, 2019), The Rise of Fiscal States. A Global History (editada con P. O’Brien y F. Comín, Cambridge University Press, 2012) y Global Goods and the Spanish Empire, 1492-1824. Circulation, Resistance and Diversity (editada con B. Aram, Palgrave-Macmillan, 2014). C M Y CM MY CY CMY K maq-cubHistoriaGlobal-CHG-12-web3.pdf 1 25/09/19 09:03 Esta obra está sujeta a la licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional de Creative Commons que determina lo siguiente: •BY (Reconocimiento): Debe reconocer adecuadamente la autoría, proporcionar un enlace a la licencia e indicar si se han realizado cambios. Puede hacerlo de cualquier manera razonable, pero no de una manera que sugiera que tiene el apoyo del licenciador o lo recibe por el uso que hace. •NC (No comercial): La explotación de la obra queda limitada a usos no comerciales. •ND (Sin obras derivadas): La autorización para explotar la obra no incluye la transformación para crear una obra derivada. Para ver una copia de esta licencia, visite https://creativecommons.org/licenses/bync-nd/4.0/deed.es. La versión original y completa de esta obra debe consultarse en: https://ifc.dpz.es/publicaciones/ebooks/id/3792 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 1 Institución Fernando el Católico Excma. Diputación de Zaragoza Zaragoza, 2019 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios El Atlántico, América y Europa (siglos XVI-XVIII) BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 3 Este libro se inscribe en el marco del proyecto HAR2014-53802-P, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad PRIMERA EDICIÓN, 2019 Publicación número 3710 de la Institución Fernando el Católico, organismo autónomo de la Excma. Diputación de Zaragoza, plaza de España, 2, 50071 Zaragoza (España) tels. [34] 976 288 878 / 976 288 879 [email protected] https://ifc.dpz.es CUBIERTA Y DISEÑO GRÁFICO Víctor Lahuerta PREIMPRESIÓN Ebrocomposición, SL IMPRESIÓN Litocian, SL ENCUADERNACIÓN Manipulados Cuarte, SL ISBN 978-84-9911-564-1 D.L. Z 1517-2019 © del texto, Bartolomé Yun Casalilla. 2019 © del diseño gráfico, Víctor Lahuerta. Zaragoza, 2019 © de la presente edición, Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 2019 Hecho e impreso en España – Unión Europea / Made and Printed in Spain – European Union Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 11:53 Página 4 Índice 7 Introducción Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 15 SOBRE TEORÍA, MÉTODO Y PERSPECTIVA 17 Capítulo 1 Para una nueva historia global. «Localismo», historia transnacional e historia global desde la perspectiva del historiador de la época moderna 41 HISTORIA GLOBAL, HISTORIA TRANSNACIONAL E HISTORIA DE EUROPA 43 Capítulo 2 Para escribir la Historia de Europa. Historia global e historias entrelazadas desde la perspectiva de un modernista 63 Capítulo 3 Para una nueva historia atlántica. La historia del consumo y la escritura de la historia de Europa 89 Capítulo 4 ¿Hacia un espacio económico y cultural? Mercados y consumo en la construcción en la Europa moderna Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 5 115 Capítulo 5 El imperio español, globalización y consumo trans-cultural en un contexto mundial, c. 1400-1750 161 EL IMPERIO ESPAÑOL Y LA MONARQUÍA COMPUESTA DE LOS HABSBURGO 163 Capítulo 6 Entre mina y mercado. ¿Fue América una oportunidad perdida para la economía española? 189 Capítulo 7 El imperio americano y la economía española en la época moderna: una perspectiva institucional y regional 229 Capítulo 8 El imperio español entre la monarquía compuesta y el colonialismo mercantil 271 Capítulo 9 La economía castellana y el sistema político imperial 303 IMPERIOS Y GLOBALIZACIÓN 305 Capítulo 10 Los imperios ibéricos, redes sociales e instituciones. Las Cortes virreinales en la perspectiva de la globalización (siglos XVI-XVII) 333 Capítulo 11 Redes sociales y circulación de tecnología y conocimientos técnicos en el imperio global español 355 Capítulo 12 La emergencia del estado fiscal en Eurasia. Una perspectiva global, comparada y transnacional Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 6 1 La presente publicación se ha valido del apoyo del grupo PAIDI HUM 1000 «Historia de la Globalización: violencia, negociación e interculturalidad», del que es investigador principal Igor Pérez Tostado, así como del proyecto HAR2014-53797-P «Globalización Ibérica: redes entre Asia y Europa y los cambios en las pautas de consumo en Latinoamérica», del MINECO, y de la Starting Grant del ERC, «Global Encounters between China and Europe: Trade Networks, Consumption and Cultural Exchanges in Macau and Marseille (1680-1840)», investigador principal Manuel Pérez García. Introducción Historia global, historia transnacional e historia de los imperios A modo de presentación1 Este libro es el resultado de una serie de años de trabajo que se iniciaron en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. Su historia se remonta a un proyecto de investigación, que aún desarrollo, sobre las aristocracias trans-fronterizas europeas de los siglos XVI y XVII. No he incluido ninguno de los artículos relacionados con este último aspecto, pues creo que hubiera roto la unidad de este volumen. Pero lo que el lector tiene en sus manos es, en buena medida, el fruto de las reflexiones metodológicas que han servido de base a dicha investigación desde el año 2003 y que se completan con algunos estudios anteriores. La mayor parte de estos ensayos, con dos excepciones, no habían sido nunca publicados en español, bien porque lo fueron en inglés, bien porque son totalmente nuevos y originales. Pero, además, he querido incluir un trabajo anterior a esos quehaceres y planteamientos porque creía que era una forma de darle unidad. En todos los casos he respetado, con pequeñísimos cambios y correcciones de estilo, los textos originales y ni tan siquiera he procedido a actualizaciones bibliográficas. Se trataba así de dejar constancia de la propia historicidad de cada uno de los trabajos y del autor, así como de los contextos en que se han escrito. La perspectiva de fondo –historia global, historia transnacional e historia de los imperios– se ha desarrollado tanto desde entonces que intentar hacer aquí un estado de la cuestión sería labor imposible e inHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 7 14 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Por último, debo agradecer a Felipe Vidales por su traducción de los textos en inglés, a Alberto Ruiz-Berdejo y a José Miguel Escribano Páez por su trabajo en la homogeneización de citas y elaboración de la bibliografía de acuerdo con las normas de estilo de la Fundación Fernando el Católico, a su responsable en el momento de su aprobación, el profesor Carlos Forcadell, y a Isabel Burdiel por su mediación en red para ello. Por lo demás, un libro como este tiene demasiadas deudas dispersas, pero grandes, como para recordarlas y enumerarlas aquí. Bibliografía ADELMAN, J., «What is Global History Now?» Aeon Magazine, 2 (marzo, 2017). BAYLY, C. A., BECKERT, S., CONNE, M., HOFMEYR, L., KOZOL, W. y SEED, P., «AHR Conversation: on Transnational History», The American Historical Review, 5 (diciembre, 2006), vol. 3. BAYLY, Ch., The birth of the modern world, 1780-1914: global connections and comparisons, Malden, Blackwell, 2004. CAÑIZARES-ESGUERRA, J. (ed.), Entangled empires: the Anglo-Iberian Atlantic, 1500-1830, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 2018. FRANK, A. G., ReOrient: global economy in the Asian Age, Berkeley, University of California Press, 1998. IRIYE, A., «The Transnational Turn», Diplomatic History, 31, 3 (2007), pp. 373-376. LEVI, G., «Microhistoria e Historia global», Historia Crítica. Lo micro y lo macro: los espacios en la Historia, Bogotá, Publicaciones de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, 2018, pp. 21-35. LUENGO, J. y DALMAU, P., «Writing Spanish history in the global age: connections and entanglements in the nineteenth century», Journal of Global History (2018), 13, pp. 425–445. TRIVELLATO, F., «Is There a Future for Italian Microhistory in the Age of Global History?», California Italian Studies 2, 1 (2011), pp. 1-26. YUN CASALILLA, B. Iberian World Empires and the Globalization of Europe, 1415-1669, Singapore, Palgrave, 2019. YUN CASALILLA, B., «Escribir la historia de Europa en el siglo XXI», El País, 01/03/2014. YUN CASALILLA, B., «Transnational history. What lies behind the label? Some reflections from the Early Modernist’s point of view», Culture & History. Digital Journal, año 3, 2 (2014). http://cultureandhistory.revistas.csic.es /index.php/cultureandhistory/article/view/64 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 14 Sobre teoría, método y perspectiva Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 15 Capítulo 1 Para una nueva historia global. «Localismo», historia transnacional e historia global desde la perspectiva del historiador de la época moderna1 Pocas cosas hay más sensibles al presente que la historia. Pocas realidades dependen más de nuestras vivencias actuales que la forma en que nos aproximamos al pasado, en que lo vemos y en que lo reconstruimos. No es extraño, precisamente por esa razón, que los historiadores de principios del siglo XXI hablemos hoy de historia «global», de historia «comparada», o de historia «transnacional». Las razones externas a la propia vida académica son muchas. El proceso de globalización en sí mismo, acelerado durante las últimas décadas, no solo nos ha obligado a buscar los precedentes, las raíces, o los estadios y modalidades de dicha globalización. También nos ha llevado a mirar al pasado con sentido global. La globalización ha implicado asimismo un refuerzo de la historia de la interconexión entre las diversas áreas del planeta, ha forzado el interés de los historiadores por las interconnected y por las entangled histories, añadiéndose así a otras fuerzas que apuntaban en la misma dirección. Y, por las mismas razones, ha llevado a una preocupación creciente por las comparaciones entre dichas áreas a una escala que tenía pocos precedentes hasta ahora. Al mismo tiempo, la historia comparada y la historia transnacional (concepto este último de difícil y polémica definición) han experimentado desarrollos notables y decisivos.2La primera arranca en su versión moderna y metodológicamente más sofisticada de M. Bloch, pero ha experi1 Yun Casalilla, B., «“Localism”, Global History and Transnational History. A Reflection from the Historian of Early Modern Europe», Historisk Tidskrift, 127:4 (2007), pp. 659-678. 2 El lector puede seguir algunas de las ideas de que parto en Yun Casalilla, B. «Estados, naciones y regiones en perspectiva europea. Propuestas para una historia comparada y transnacional», Alcores, 3 (2006), pp. 13-35. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 17 18 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA mentado un auge notable en los últimos años por razones muy diversas. Una de ellas, quizás la más importante, es la conciencia de la diversidad. Y no es extraño que haya sido en Europa donde este desarrollo se ha plasmado con más claridad. Europa es hoy –y lo es desde hace unas décadas– un sujeto histórico preocupado por su «identidad». Tal circunstancia se da además en el contexto de una fortísima conciencia de la diversidad. Una conciencia de diversidad que ha estado alimentada desde hace años por las historiografías nacionales y regionales y por los principios mismos de la democracia y la necesidad de respeto a las minorías, pero que incluso se ha acentuado con los recientes fracasos de la constitución europea. La comparación es inevitable entre los ciudadanos que se preguntan hoy por las especificidades y puntos en común de las distintas regiones de lo que hoy llamamos Europa. Es más, el propio proceso de ampliación de la Unión Europea ha obligado a continuar con las comparaciones. ¿Es Turquía europea?, se preguntan hoy muchos ciudadanos ¿Cumple este país la vocación de paneuropeismo que parecen presentes en el proyecto de Unión Europea? ¿Cómo contestar a estas preguntas sin comparar con lo que convencionalmente entendemos por el «centro» europeo? Se trata, sin duda, de interrogantes lógicos entre la gente de la calle para la cual se supone que escribimos los historiadores. Por otra parte, la misma crisis del estado nación y la consciencia de que la historiografía heredada del siglo XIX ha girado en exceso en torno a él ha sido una de las claves del desarrollo de la historia transnacional. Mediante este concepto se pretende poner el énfasis en las relaciones entre comunidades imaginadas a niveles diferentes de los de las relaciones entre gobiernos del estado nación contemporáneo. Ello al tiempo que se subraya la importancia de las relaciones cruzadas entre grupos sociales situados en dichas comunidades, enfatizándose así la necesidad de estudiar aspectos muy diferentes de la realidad histórica: las migraciones internacionales en su dimensión de confrontación cultural y nacional, las redes sociales que rebasan y cruzan las fronteras políticas e incluso en algún caso –así ha ocurrido en Estados Unidos– que atraviesan un mismo estado nación articulando formas de identidad distintas y a veces alternativas a la identidad nacional, las relaciones entre grupos de intelectuales situados en estados nación diversos, etc.3Incluso no ha faltado 3 En realidad no tenemos una definición de historia transnacional aceptada por todos y de hecho el concepto es aún un concepto muy moldeable que cambia según los distintos usos. En todo caso, esa situación de cierta confusión se puede comprobar Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 18 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 19 quien ha propuesto una historia transnacional como alternativa a la historia surgida del siglo XIX cuyo marco de referencia estaba casi siempre constituido por el estado nación.4 Diversos e interconectados, lo cierto es que todos estos desarrollos en nuestra disciplina apuntan en un mismo sentido: la necesidad de considerar al mismo tiempo lo «local» y lo «global». Es precisamente en torno a esa necesidad donde me gustaría situar unas reflexiones que me llevan a considerar este problema en el ámbito de la historia moderna y una reflexión sobre la historia global y sobre la historia transnacional. *** De entre todas estas corrientes historiográficas –quizás cabría decir etiquetas– es evidente que es la global history la que está tomando una más rápida aceptación entre los historiadores. Y ello porque es obvio –basta repasar lo dicho antes para comprobarlo– que es esta la que coen las distintas interpretaciones que se dan en un trabajo que ha aparecido precisamente cuando escribíamos estas líneas. Véase Bayly, C., Beckert, S., Conne, M., Hofmeyr, L., Kozol, W. y Seed, P., «AHR Conversation: on Transnational History», The American Historical Review, 111: 5 (2006), 1442. Desarrollos anteriores del término se pueden ver en Tyrrell, I., «American Exceptionalism in an Age of International History», McGerr, M., «The Price of the “New Transnational History”» y Tyrrell, I., «Ian Tyrrell Responds», American Historical Review, 96:3 (1991), pp. 1056-1067 y 1068-1072, respectivamente. Asimismo, con cierta intención de dar una idea de conjunto, se puede ver la discusión contenida en The Journal of American History, (1999), y en especial el trabajo introductorio de Thelen, D., «The Nation and Beyond: Transnacional Perspectives on United States History», Ibidem, pp. 965-975. Al mismo tiempo que el American Historical Review era escenario de este desarrollo del concepto, un grupo muy activo de historiadores alemanes y franceses se ocupaban de perspectivas similares en trabajos como los de Zimmermann, B., Didry, C. and Wagner, P. (dir.), Le Travail et la nation. L’Histoire croisée de la France et de l’Allemagne, París, Éditions FMSH, 1999. Ese mismo eje de desarrollo es el que daría lugar a trabajos como los más recientes de Werner, M. y Zimmermann, B., «Vergleich, Transfer, Verflechtung. Der Ansatz der Histoire croisée und die Herausforderung des Transnationalen», Geschichte und Gesellchaft, 28 (2002), pp. 607-636, de especial interés para entender las conexiones entre histoire croisée e historia transnacional de que nos ocuparemos aquí. Y en esa misma línea historiográfica se puede ver el conjunto de trabajos contenidos en: http://www.het.org/~german/discuss/Trans/forum_trans_index.htm (consulta de 31 de diciembre de 2006), al que nos referiremos más adelante. 4 Thelen, D., «The Nation and Beyond…», op. cit. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 19 20 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA necta de forma más clara con una de las grandes preocupaciones del mundo actual o, al menos, con una de las más presentes en los medios de comunicación de masas. Pero ¿qué hay de nuevo en esta corriente historiográfica? Y ¿qué puede hacer de ella una perspectiva útil e interesante para el historiador y para la sociedad que la demanda? Como ocurre con todas las modas, uno tiene a veces la impresión de que la global history se impone, más que por su novedad e interés real, por la forma en que se nos presenta y por quién nos la presenta. Parece como si el hecho de que sea ofrecida por historiadores o centros de investigación de gran prestigio –unido lógicamente a la demanda social mencionada– estuviera revalidando un producto y una perspectiva que hoy vendemos con esta etiqueta pero que es muy antigua entre noso tros. Un texto fundacional –al menos lo es de una revista que está llamada a desempeñar un importante papel en este sentido– como el escrito por Patrick O’Brien para el número 1 del Journal of Global History es, probablemente, el más claro ejemplo de esto. Si nos atenemos a su definición más o menos explícita de la global history es evidente que esta es muy antigua. Incluso se remonta a los tiempos de Heródoto y parece referirse a un tipo de perspectiva que parte de la existencia de cosmopolitan concerns que intenta rebasar la historia de la propia civilización para mostrar la relación entre esta y los diversos mundos conocidos en cada momento.5Y es obvio asimismo que este tipo de historia ha estado presente de muy diversas maneras entre nosotros durante el siglo XX en historiadores como Toynbee, Spengler, Braudel, E. Wolf, o McNeill y otros muchos.6 Ciertamente, el tema se está planteando ahora de modo diverso. Uno de los retos de la historia global de hoy es el de la construcción de una meta-narrativa que vaya más allá de la visión tradicional de la rise of the West, cuyas connotaciones de eurocentrismo levantan lógicas críticas entre los académicos. De ahí precisamente el interés de los estudios que se han 5 O’Brien, P. K., «Historiographical Traditions and Modern Imperatives for the Restoration of Global History», The Journal of Global History, 1:1 (2005), pp. 3-40. 6 La cita aquí sería interminable. Por eso prefiero remitir al lector a los estados de la cuestión de Grew, E., «Expanding Worlds of World History» y Lang, M., «Globa - lization and its History», Journal of Modern History, 78 (2006), pp. 878-889 y 878931, respectivamente. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 20 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 21 planteado la historia del mundo en términos de comparación entre Oriente y Occidente y que además se preocupan por el modo en que las relaciones entre ambos han condicionado la distinta evolución de Europa y Asia.7 Pero, al mismo tiempo, me gustaría proponer que el interés de esta «nueva» historia global debiera estar en la inclusión de lo local en lo global de un modo más rico y efectivo a como se ha hecho durante mucho tiempo. No soy el primero y ello me complace.8Pero es siempre importante recordar que una historia global que se preocupe tan solo por los lazos entre regiones situadas en continentes distintos, ni es nueva ni plantea ninguna alternativa o matiz a perspectivas ya muy establecidas. La historia de los imperios, la historia de las relaciones comerciales a escala mundial, la historia de las transferencias tecnológicas y culturales entre diversas civilizaciones, y otras historias similares cuentan con una larguísima y productiva tradición entre nosotros. Una tradición que se está viendo favorecida por la moda de la historia global y que incluso se está enriqueciendo con nuevas perspectivas que acompañan al desarrollo de esta, como la historia ecológica, la historia de las emigraciones de plantas, animales y microorganismos, etc. Lo que realmente puede llevarnos a una nueva historia global es, precisamente, la preocupación por la interacción entre áreas lejanas y situadas en contextos culturales diversos del mundo que se preocupe a su vez por sus efectos a escala local. Una historia de las interconexiones en sí mismas es de gran interés y tiene un largo camino por recorrer.9Pero la aportación real de la global history es de esperar que venga más de una consideración de los efectos locales de esas relaciones que de un análisis de estas relaciones per se; así como también de una comparación de las distintas sociedades locales y de cómo la interrelación entre ellas ha marcado sus diferentes trayectorias. Algunas de las obras más prestigiosas e innovadoras en este sentido, pueden corroborar de manera empírica esta afirmación. Es el caso, por ejemplo de Bayly, Pomeranz o McNeill. 7 Sobre todo es inevitable la cita a Pomeranz, K., The Great Divergence. China, Europe and the Making of the Modern World Economy, Princeton, Princeton University Press, 2000. 8 Bayly, C., The Birth of the Modern World, 1780-1914. Global Connections and Comparisons, Malden, Blackwell, 2004, p. 2, quien explicita, «all local, national, or regional histories must, in important ways, therefore, be global histories». 9 El tema ha sido desarrollado en varios trabajos por S. Subrahmanyam. Véase por ejemplo, Subrahmanyam, S., Explorations in Connected History: from the Tagus to the Ganges, Nueva Delhi-Oxford, Oxford University Press, 2005. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 21 22 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA El resultado es que la historia global debe ser asimismo historia transnacional (o cross-cultural history) en el más amplio sentido de los términos. Sobre todo si esta la vemos como una aproximación que se preocupa por las relaciones entre grupos sociales ubicados en el seno de comunidades imaginadas diferentes y por las transformaciones que dichas relaciones provocan en dichas comunidades. Pues, en efecto, la historia global se puede entender precisamente en este último sentido pero referida a relaciones que afectan a culturas y civilizaciones diferentes. Es el caso de la historia de las migraciones internacionales y de las diásporas a escala intercontinental, de la historia de las organizaciones internacionales que enfatiza las redes transnacionales en las que se basa y los efectos de estas en la evolución de las distintas áreas; o es el caso también del análisis de las transferencias culturales que se preocupa de estas en una dimensión internacional y que enfatiza los procesos de transmisión, recepción y adaptación de nuevos valores, formas de comportamiento, conocimientos científicos o tecnológicos, o de la historia diplomática que se preocupa por el estudio de la diplomacia como un lazo entre pueblos que va más allá de la simple configuración de la política de sus gobiernos.10 Precisamente por estas razones, la historia global puede encontrar su metodología propia en las mismas fuentes en que ha bebido y bebe la historia transnacional, esto es en los conceptos de entangled history o, si se prefiere, de histoire croisée. De hecho, este tipo de historia, que nace precisamente entre los historiadores alemanes y franceses directamente implicados en la perspectiva transnacional, ha enfatizado conceptos claves para el tipo de historia global que se preocupa por los entrelazamientos entre sociedades distantes y por los efectos de estos en cada una de ellas. Así, conceptos como el de cultural transfer, «recepción» y «adaptación», o «reflexivity», se muestran como instrumentos analíticos de gran interés y eficacia.11 Cabe incluso pensar que su escasa presencia en 10 Por poner tan solo un ejemplo de esta última, basten citar las aportaciones de un historiador de la diplomacia, como A. Iriye, para quien la historia transnacional proyectada sobre la historia global constituye una de las vías de corrección y mejora de aquella. Véase, por ejemplo: Iriye, A., «Trans-Pacific Relations in Transnational History», http://www.sal.tohoku.ac.jp/~kirihara/public_html/cgi-bin/shibusawa/ Akira_Iriye.pdf (consultado en mayo de 2007). 11 Werner, M. y Zimmerman, B., «Penser l’histoire croisée: entre empirie et reflexivité», en Werner, M. y Zimmermann, B. (eds.), De la comparation à l’histoire croisée, París, Seuil, 2004, pp. 15-52. Asimismo y en el sentido de los cultural transfers se puede ver Espagne, M. (ed.), L’École Normale Supérieure et Allemagne, Leipzig, Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 22 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 23 Leipziger Universitätsverlag, 1995, y Bödeker, H. E. y François, E. (eds.), Aufklärung/Lumières und Politik Zur politischen Kultur der deutschen und franzöisischen Aufklärung, Leipzig, Leipziger Universitätsverlag, 1996; Kocka, J., «Comparisons and beyond», History and Theory, 42 (2003), pp. 39-44. 12 O’Rourke, K. H. y Williamson, J. G., Globalization and History. The Evolution of Nineteenth-Century Atlantic Economy, Cambridge, MIT Press, 1999. muchos de los escritos de ámbito anglosajón referidos a la historia global se deba más a cierta desconexión entre las diferentes historiografías que a su falta de convergencia y complementariedad analítica, a todas luces más que evidente. En todo caso, el resultado es –o debiera ser– obvio: hoy no podemos hacer historia global olvidando la historia local. *** Pero, ¿hasta qué punto estamos ante perspectivas y fenómenos historiográficos aplicables y deseables para el estudio de la época moderna? Sin duda, estas preguntas pudieran parecer banales e incluso innecesarias. De hecho, cualquier especialista en historia moderna se siente con todo el derecho y similares fuerzas a hacer uso de los métodos citados y, por supuesto, también a contribuir tanto como cualquier otro al conocimiento del proceso globalización o de las relaciones entre grupos sociales o realidades situadas en comunidades imaginadas diferentes y a veces distantes. Y sin duda también la pregunta debiera ser innecesaria. Pero no lo es del todo. Hay historiadores de la economía, es el caso de Rourke y Williamson, que han enfatizado ciertos aspectos de la «globalización» en términos de convergencia de economías que se entrelazan en un mercado mundial a partir tan solo del último cuarto del siglo XIX y en función de la convergencia de precios y salarios.12 Existen debates, véase, por ejemplo, el de la historia «transnacional», muy presente durante los últimos meses en la revista electrónica alemana G-History antes citada, en los que las reflexiones referidas al período anterior al estado nación son inexistentes. Simplemente, se ha entendido que no habiendo estado nación –o quizás entendiendo que la «nación» va asociada a una determinada fase del desarrollo del estado– no tiene sentido hablar de historia «transnacional» para el período anterior. Lo que, por otra parte, es todavía más claro en el caso de Alemania en que el Estado como comprensivo de una Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 23 24 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 13 «To designate “global history” as “trans-national history” would not be useful before 1914, if then»; Bayly, C., Beckert, S., Conne, M., Hofmeyr, L., Kozol, W. y Seed, P., «AHR Conversation», op. cit., p. 1442. 14 Braudel, F., Civilisation matérielle, économie et capitalisme: XVe-XVIIIe siècle, París, Armand Colin, 1979; vol. 1. Wallerstein, I., Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century, Nueva York, Academic Press, 1974. 15 Le Roy Ladurie, E., Les paysans de Languedoc, París, Flammarion, 1969; Goubert, P., Beauvais et le Beauvaisis de 1600 à 1730: contribution à l’histoire sociale de la France du XVIIe siècle, París, Flammarion, 1982. nación parece un fenómeno del siglo XIX. Y esa misma es la idea que ha lanzado Bayly en el debate sobre la historia transnacional a que nos hemos referido al principio.13 Todo ello cuadra además con el hecho de que los modernistas han hecho a menudo un tipo de historia en que la división entre historia regional o local y la historia internacional ha llegado a una rigidez quizás excesiva. Existen excepciones. Así, Fernand Braudel planteó un tipo de historia que lo era ya global y de amplios conjuntos humanos o geográficos y en la que las relaciones entre dichos conjuntos tomaron un cierto protagonismo. Lo mismo se podría decir en el campo de la historia económica de planteamientos como los de I. Wallerstein, no por casualidad muy influido por el primero y para el que el concepto de «economía mundo» era un concepto relacional, lleno de interdependencias que condicionaban –quizás en exceso incluso– la evolución de las distintas áreas del planeta. E incluso podríamos multiplicar los ejemplos.14 Pero no es menos cierto que buena parte de la historiografía francesa de los años sesenta y setenta hizo de la región, de lo local, un campo cerrado de investigación. Obras como las de Le Roy Ladurie o G. Goubert pueden parecer a veces análisis de laboratorio donde en lo local se pretendían contrastar leyes generales como si no hubiera nada en torno a la zona estudiada, fuera esta el Languedoc o el Bauvais.15 Se trata en todo caso de historias donde la superposición de variables a escala local –por ejemplo, la relación entre población y producción– preside la lógica de la evolución y del análisis. Ello, por lo demás, está perfectamente en consonancia con el predominio de circuitos locales de mercado, con la organización político-administrativa anterior a la aparición del estado moderno que implicaba una fuerza sobre todo de lo local, e incluso con formas de entender la política y las relaciones sociales. Esta historia local y regional se practicaba mientras otros historiadores como Chaunu, se Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 24 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 31 27 Kaplan, Y., From Christianity to Judaism, The Story of Isaac Orobio de Castro, Oxford, Littman Library of Jewish Civilization, 1989. 28 El tema ha sido magníficamente tratado en su tesis doctoral por Álvarez, A., Los embajadores de Luis XIV en Madrid: el imaginario de lo español en Francia (16601700), Florencia, Instituto Universitario Europeo (tesis defendida en 2006). ganizan los desplazamientos de sus miembros, la manera en que crean mecanismos de confianza entre ellos, etc.– son básicos para entender la sociedad de la época moderna, no menos lo son las especificidades de su confrontación a escala local con los miembros de otras sociedades. La conformación de identidades y su dinámica –a veces con identidades superpuestas– tiene así mucho que ver con ambas dimensiones de estos grupos. Tan solo por poner un ejemplo, trabajos como el de Yosef Kaplan sobre la familia de los Orobio de Castro, judíos portugueses del siglo XVII cuyos lazos internacionales condicionan de manera directa su forma de pensar, constituyen un ejemplo de un tipo de análisis de gran interés en ese sentido.27 Un último ejemplo puede arrancar, precisamente, de la crítica a la aplicación del enfoque transnacional a la época moderna y a la que nos hemos opuesto más arriba. En efecto, quienes como Bayly tienen dudas a este respecto olvidan que el propio concepto moderno de nación como comunidad imaginada arranca precisamente de relaciones «transnacionales» que preexisten a la nación en sentido actual. Lo que tenemos antes del surgimiento de estas son sociedades de fuerte componente local que se interaccionan y entrelazan entre sí a través de redes, mercantiles, culturales, etc., y en cuya relación mutua empieza a surgir una conciencia de alteridad que termina cambiando la propia realidad de esas comunidades. La imagen de lo español en la Francia de finales del siglo XVI es en parte la derivación de la presencia de soldados españoles en suelo francés o de la imagen de los Habsburgo «españoles» en la Francia de esa época. Y será con respecto a ella y por extensión cuando –unido a importantes cambios en la sociedad francesa– empiecen a surgir imá - genes sobre lo español en Francia que constituyen asimismo una de las claves de la formación progresiva, y no lineal desde luego, de una comunidad imaginada que podemos llamar Francia. Es precisamente el estudio de esta interpenetración entre grupos y redes sociales que se ubican en sociedades diversas y a veces distantes la que constituye la clave de su autodefinición con respecto al otro.28 *** Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 31 32 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 29 Álvarez, A., Ibidem, y Sahlins, P., Boundaries, The Making of France and Spain in the Pyrenees, Berkeley, University of California Press, 1989. ¿Cómo podemos utilizar el instrumental analítico a que nos referimos para la historia anterior a la revolución industrial? y ¿qué puede aportar el historiador de la época moderna al debate actual de los historiadores en todos estos campos? Una contestación correcta a estas preguntas pasa por un comentario previo sobre el modo de utilizar dicha perspectiva en el caso de las sociedades preindustriales o del Antiguo Régimen. Por supuesto, la primera –y quizás debiera ser la única– puntualización se refiere a la necesidad de «historizar» el uso de los conceptos y los conceptos mismos. Pero, reconocido eso, que no es más que un principio general de la práctica del historiador –y, por tanto, una trivialidad–, merecen la pena algunas reflexiones más particulares. La primera tiene que ver con la necesidad de que el historiador defina con claridad las unidades de análisis a la hora de mostrar los efectos de las conexiones en la larga distancia. Por ejemplo, es obvio que para muchos de los razonamientos de la historia global y transnacional, el estado nación o sus precedentes territoriales no son las unidades de análisis adecuadas y menos aún lo es el continente (digamos, por ejemplo, Europa). O, al menos, lo son tan solo a partir de un determinado tipo de razonamiento. Ocurre así por ejemplo cuando hablamos de la formación de imágenes de unas comunidades imaginadas en otras vecinas. Por continuar con un ejemplo ya aludido, la imagen de lo español en Francia en el siglo XVII no es concebible sino como un conjunto de estereotipos muy diversos que sobre España se forman en diversos sectores de la sociedad francesa y que pueden ser muy distintos y hasta divergentes. En la Corte de París, dichos estereotipos eran de un determinado carácter en la medida que se generaban a partir de la labor de los diplomáticos y las élites nobiliarias relacionadas con España y en la medida también en que circulaban bajo los paradigmas de la sociedad de corte parisina. Algo distinto ocurría en las áreas fronterizas de los Pirineos, donde las comunidades rurales de ambos lados entraban en contacto y mezcla bajo presupuestos de la cultura popular y del roce cotidiano presidido por una mezcla de conflicto y permeabilidad.29 Desde el punto de vista económico, existen otros ejemplos. Cuando los Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 32 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 33 30 Este es, por ejemplo, el presupuesto de mis propias reflexiones en Yun Casalilla, B., «The American Empire and the Spanish Economy: an Institutional and Regional Perspective», en O’Brien, P. y Prados de la Escosura, L. (eds.), The Costs and Benefits of European Imperialism from the Conquest of Ceuta, 1415, to the Treaty of Lusaka, 1974, Revista de Historia Económica /Jornal of Iberian and Latin American Economic History, 16 número especial 1 (1998), pp. 123-156. historiadores hablan de interacciones del comercio a larga distancia y sus efectos, es obvio que estos últimos no se pueden referir en estas sociedades a la evolución de una supuesta economía nacional. Por el contrario, el carácter fuertemente regional de los circuitos económicos y la carencia de un mercado nacional integrado nos obliga a buscar los efectos de estas historias cruzadas en el ámbito local y regional, partiendo del presupuesto de que sus efectos sobre otras economías regionales cercanas se trasmiten por vías muy diferentes a las actuales.30 Y los ejemplos se podrían multiplicar. De igual modo, el historiador modernista debe ser muy consciente de que las mediaciones entre las distintas realidades políticas del Antiguo Régimen pueden ser muy diferentes de las actuales. Por ejemplo, en el capitalismo global actual, la forma de circulación de los productos y su proyección hacia áreas lejanas que terminan cambiando las condiciones locales, sobre todo en lo que se refiere a los patrones de consumo y cultura material, se basa muy a menudo en la circulación mercantil, generalmente precedida por formas comerciales de promoción del producto (marketing, en el sentido más restringido del término). Pero ese vínculo entre lo local y lo global y transnacional no ha sido siempre así, como lo demuestra la historia de algunos bienes. La aristocracia, a través de sus redes internacionales, o la Iglesia, a través de su infraestructura administrativa transnacional, los mercaderes insertados en diásporas y redes transnacionales han tejido las redes sobre las que se ha ejercido esa promoción en muchas ocasiones. Redes cuya lógica fundamental era más social que mercantil han tenido mucha más importancia inicialmente y han sido la clave de la conversión de productos y objetos en mercancías o incluso de la creación de deseos que han generado mercancías cuyo consumo ha variado a escala local dependiendo de la vida social de esas cosas. Ciertamente, el mercado ha sido el soporte de la difusión de productos en el pasado, pero no siempre de su promoción inicial. *** Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 33 34 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 31 Landes, D., The Wealth and Poverty of Nations: Why Some Are So Rich and Some So Poor, Nueva York, W. W. Norton, 1998; Jones, E., The European Miracle: Environments, Economies, and Geopolitics in the History of Europe and Asia, Nueva York, Cambridge University Press, 1981. No cabe ninguna duda de que una perspectiva como esta tiene y tendrá importantes implicaciones sobre la forma en que escribimos la historia e incluso sobre las relaciones de los historiadores académicos entre sí y su oficio. El hecho merece unas reflexiones, aunque obviamente no las podemos reducir al mundo de los modernistas, lo que, por otra parte, las hace incluso más interesantes. La primera arranca de lo que considero es una paradoja clave. Los autodenominados global historians se nos presentan a menudo como especialistas dispuestos a enseñarnos más sobre la historia de Asia y sus conexiones con el mundo occidental que sobre la historia de Europa. Es más, la crítica al eurocentrismo, completamente justificada muchas veces desde luego, se presenta como algo crucial y que obliga a una visión que ponga el énfasis en la perspectiva de las sociedades no europeas. Vista sin embargo como una forma de entangled histories, la historia global tiene otro valor añadido tan importante como aquel y siempre olvidado: nos enseñará mucho más sobre la historia de Europa o, si se prefiere, sobre la historia de Occidente. En efecto, es en ese complejo global no siempre eurocéntrico donde entenderemos mejor a Occidente. Y ello a escala general y comparada, pero sobre todo en sus procesos locales, pues estos cobrarán una dimensión más rica que nos explicará la naturaleza de la evolución de estas sociedades continuamente interferidas por otras aparentemente tan lejanas pero tan presentes. La capacidad de absorción de formas culturales e incluso de conocimientos procedentes de otras sociedades, la forma en que cambiaron a Occidente los contactos con otras civilizaciones y el modo en que este se conformó a sí mismo son tan importantes como lo que podamos aprender de esas otras sociedades. No en vano historiadores como D. Landes o como E. Jones han intentado explicar el desarrollo económico de Occidente aludiendo a la capacidad de los europeos a la hora de absorber, incorporar y adaptar tecnologías y conocimientos generados en otras civilizaciones. Más aún, un razonamiento de este tipo se refuerza si consideramos –incluso aunque no estemos de acuerdo– que el primero llegó a explicar las diferencias en el proceso de revolución industrial aludiendo a la distinta capacidad de las diversas sociedades europeas a la hora de absorber tecnologías procedentes de fuera de Europa.31 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 34 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 35 Una segunda cuestión de cierto interés tiene que ver con el tema de las lenguas. Obviamente, la historia global y la historia transnacional precisan de una lingua franca que sea también global. Su mercado, que es cada vez más global, su público, que es cada vez más amplio e incluso sus productores, que componen una comunidad científica dispersa por muchas áreas a lo largo y ancho del mundo, parecen imponer un vehículo de comunicación ágil y común que, obviamente también, parece ser el inglés. Lógicamente y pese a que la distancia a este respecto es cada vez menor, esto da ventaja a los historiadores del ámbito anglosajón y con ello a las perspectivas que muchas veces inconscientemente adoptan. El peligro estriba en que muchas veces esto lleva a una situación en la que se nos presenta como historia global un tipo de historia fuertemente anglocéntrica. Incluso no es extraño –permítaseme eludir los ejemplos, aunque solo sea por una mínima cortesía académica– que se nos presenten trabajos de historia global cuyas referencias son solo en esta lengua, lo que es tanto más problemático si al mismo tiempo mantenemos la idea de que la buena historia global se sustenta en un profundo conocimiento de lo local y si consideramos que, querámoslo o no, todavía es muchas veces indispensable la producción historiográfica que en los últimos años se ha desarrollado sobre todo en lenguas originales y locales. Ello constituye un problema de difícil solución, ya que es impensable que el historiador del futuro –sobre todo el historiador global y transnacional– sea capaz de manejar tantas lenguas como diversidades lingüísticas entran en su ámbito de análisis. Pero no es menos evidente que se trata de un hecho que nunca deberíamos olvidar si queremos ser consecuentes con la misma propuesta de «globalizar» la historia. Los propios ejemplos que hemos puesto antes –y desde luego este mismo texto– son muy explícitos al respecto. Cualquiera que mire desde fuera el desarrollo de la historia global y transnacional se tiene que extrañar de que en debates como el aludido más arriba del American Historical Review, los historiadores intervinientes, todos ellos de clara formación anglófona, no hagan ni la más mínima alusión a los desarrollos en el campo de la historia transnacional más arriba mencionados protagonizados por historiadores franceses y alemanes. Por lo que al historiador de la época moderna se refiere, existe otro nivel en esta tensión entre lo local y lo global que es de gran importancia, incluso más que para los colegas que se dedican a la historia contemporánea. La historia global está suponiendo un claro desplazamiento del archivo a la biblioteca, como laboratorios de trabajo. De las fuentes priHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 35 36 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 32 No entro aquí en un debate que me parece interesante desde la perspectiva de la sociología histórica pero que propongo no sea considerado como el marco de referencia principal de una historia global. Algunos pormenores pueden verse en Featherstone, M., Lash, S., y Robertson, R. (eds.), Global Modernities, Londres, SAGE, 1995. Algunas de las ideas de Robertson al que me refiero puede verse en Robertson, R., «Mapping the Global Condition…», op. cit. Igualmente, Robertson R., Globalization, Social Theory…, op. cit. marias se está pasando a un uso cada vez mayor de las fuentes secundarias, al menos para alguno de los polos cuya relación se observa. En muchos casos, uno tiene incluso la impresión de que el historiador fuera una especie de broker que, más que generar nuevos hallazgos, hace de puente entre conocimientos locales distantes. Este hecho es incluso más evidente entre los historiadores de la época moderna para los que el uso de las fuentes primarias ha sido la clave de su investigación. Hay que apresurarse a decir que nada se debe ver de malo en ello. Es más, la propia «globalización» de la investigación, evidente en la digitalización e incorporación a la red de más y más fuentes primarias, actúa como mecanismo de compensación de esta tendencia. Pero es preciso dejar claro asimismo que esa nueva situación existe y que puede ser causa de algunos problemas relativos a la adecuada interpretación de las fuentes. Así, por ejemplo, hoy algunos especialistas en historia comparada –parte de la historia global del futuro– llaman la atención sobre la dificultad, cuando no imposibilidad, de aplicar este método mediante el uso exclusivo de fuentes de tipo secundario. Y este es un tipo de problema que podríamos identificarlo también en otros aspectos y que cae de lleno en la crítica que historiadores como Chakrabarty han realizado al respecto. *** La propuesta que acabamos de hacer parte pues de la necesidad de combinar el estudio de lo local con las interconexiones globales. Hemos intentado asimismo llamar la atención sobre las posibilidades a ese respecto de los métodos y preguntas propios de la entangled history o histoire croisée. El resultado es un punto de encuentro claro entre la historia global y la historia transnacional lato sensu. Desde esta perspectiva es obvio que la historia global puede orientarse hacia la historia de la globalización, pero puede ser también algo más. Una propuesta como esta está muy lejos de planteamientos de fuerte sentido teleológico y enlazando con la teoría de la modernización como el que han hecho Rober Robertson y Giddens desde perspectivas diferentes en alguna ocasión.32 Más que la historia del mundo Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 36 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 37 como conjunto o incluso más que la historia del proceso de globalización, lo que proponemos es una historia de las mutuas influencias entre áreas y culturas lejanas. En ese sentido el periodo moderno no es tanto un precedente de la globalización sino más bien un tiempo en que las interconexiones y sus efectos tienen sus características particulares. No me cabe duda de que de este tipo de estudios se puede terminar recomponiendo la historia de la globalización como proceso en su larga duración. Sin embargo, esto debiera ser una consecuencia secundaria de un proyecto analítico mucho menos lineal y cuya meta-narrativa no se enclava necesariamente en la rise of the West, sino que, al romper con esta y dejarla en un lugar secundario, rompe también con un tipo de historia que se engarza en la teoría de la modernización y sus fases. Pero esta es una cuestión cuyo desarrollo debemos dejar para otra ocasión. Bibliografía ÁLVAREZ, A., Los embajadores de Luis XIV en Madrid: el imaginario de lo español en Francia (1660-1700), Florencia, Instituto Universitario Europeo (tesis defendida en 2006). BAYLY, C., The Birth of the Modern World, 1780-1914. Global Connections and Comparisons, Malden, Blackwell, 2004. BAYLY, C., BECKERT, S., CONNELLY, M., HOFMEYR, L., KOZOL, W. y SEED, P., «AHR Conversation: on Transnational History», The American Historical Review, 111:5 (2006), pp. 1441-1464. 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Trans-national Meetings Between the West and East in the Mediterranean World (1730-1808), Farnham, Ashgate, 2013. 23 Véase capítulo 3 de este volumen, en que desarrollé esta idea después de escritas estas líneas. derna un océano menos transitado por los europeos, se ha comenzado a ver como un espacio de relación entre Asia y América, un continente este último que en algún sentido desempeñó el papel de puente hacia Europa, como se está desvelando en los estudios sobre el Galeón de Manila que enlazaba Filipinas y Acapulco.21 Al desarrollarse, la historia global ha tenido efectos de reorientación temática. Al igual que la historia de los entrelazamientos entre diferentes sociedades europeas a que nos hemos referido más arriba, su interés por las culturas, la diversidad y las relaciones entre sociedades de las que se subraya la diversidad y la interconexión es evidente. Quizás porque ha coincidido con un momento de crisis y cambio en la historia económica, las relaciones inter-espaciales se han hecho más culturales a los ojos de los historiadores. Incluso el comercio ha dejado de ser un hecho puramente económico en el sentido más estricto del término, para ser un fenómeno más cultural y los comerciantes se ven ahora como mediadores culturales e incluso religiosos en muchos casos.22 Asimismo, la historia global se ha hecho –no solo pero de modo notable– como una historia desde abajo. No es que los imperios y las organizaciones políticas globales hayan desaparecido de nuestra literatura, con todo su peso institucional, su violencia y su obligada visión top down. Al contrario, la historia global ha dado un nuevo empuje a la historia de los imperios. Pero no es menos cierto que la historia global, como la de las interacciones dentro de Europa, se ha concentrado más en los agentes no políticos de las relaciones entre comunidades, pueblos y culturas. El mundo del historiador se ha llenado de redes de mercaderes, misioneros, viajeros, soldados, esclavos y hasta de plantas y microbios que iban de unas partes a otras del planeta intercambiando cultura, produciendo hibridación, rechazo y diversidad e incluso cambios ecológicos impensados. El estado y las organizaciones políticas ya no tienen el monopolio de la mediación entre sociedades. Son un marco más en el que estas se interrelacionaban.23 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 49 50 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 24 Wolf, E., Europe and the People without History, Berkeley, University of California Press, 1982. Conviene, por otra parte, dejar claro que, si bien las etiquetas son nuevas, los fenómenos a que nos recibimos –que se pueden sintetizar en el desarrollo de la historia entrelazada a escala intra y extraeuropea– no son nuevos. Basta pensar en los dos grandes libros de F. Braudel, El Mediterráneo y Civilización Material, arriba citado, para darse cuenta de que ambos estaban presentes. Es más, algunos antropólogos, como E. Wolf, en su pionero, estudio sobre los «pueblos sin historia», llamaron la atención sobre las interconexiones no europeas de muchos pueblos del planeta.24 Conviene recordar asimismo a los historiadores sociales de la cultura, a los del arte o a los historiadores de la literatura, que ya hace tiempo que adoptaron criterios difusionistas (a veces en exceso) que ponían el acento en la difusión de estilos artísticos y literarios o en los procesos de adaptación y adopción de estos en diferentes regiones que daban lugar a variantes de tipo local. La novedad, está hoy más bien en el énfasis en los mediadores, la agency de estos y el análisis mucho más pormenorizado del contexto. Es esto, la noción cada vez más arraigada de contexto, de mediación, de interconexión espacial (y por tanto de espacio), lo que está dando nuevo carácter a ideas que eran mucho más generales hace tan solo unas décadas. *** ¿Cuáles son –y cuáles pensamos que serán– los efectos de estas perspectivas analíticas de cara a la visión que hoy tenemos de la Historia de Europa y, más en particular, de la historia de Europa entre los siglos XVI y XVIII? No me cabe duda de que sus efectos serán muy notables. Aunque no siempre referidos a la época moderna, no pocos historiadores debaten ya sobre ellos e incluso hacemos de profetas preguntándonos cuáles son los desarrollos futuros. El resultado, se dice, será una narrativa histórica que pondrá en entredicho la narrativa clásica desde la perspectiva del marco del estado nación creado en el siglo XIX para substituirla por una perspectiva trans-«nacional» –como modernista no me cabe sino escribir el término nación entre comillas para hacerles una petición de principio y vocabulario, pero saben que no me refiero a «nación» en el sentido del siglo XVIII –en la que las conexiones entre comunidades imaginadas Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 50 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 51 serán especialmente resaltadas–. En la misma medida, se podría suponer que esta será una historia global más diseñada desde abajo, en la que el papel de los imperios y las organizaciones políticas supraestatales será menos importante y, en cambio, los historiadores se preocuparán más de las interacciones de las sociedades y de los pueblos, muchas veces ajenos a la organización en forma de estados o incluso de monarquías; un aspecto este que ha tendido en los subaltern studies su encarnación más acabada. Esta, se dice ya de forma declarada, será una historia menos eurocéntrica, donde, además, se producirá –y se está produciendo– una provincialización de Europa que deja de ser el centro del mundo para ser una parte más de un conjunto de redes. Y esta, dicen algunos, será una historia de los grandes espacios e incluso una historia «macro» en la que lo «micro» podría perderse y con ello un aspecto importante de las contribuciones de los modernistas. Como se podría perder el propio término «moderna», pues ¿dónde está la época moderna si la unidad de análisis no es Europa? ¿Dónde está la época moderna si, puesta en un espacio más amplio nuestra atención, no se puede hablar de la formación de una idea de progreso, de la construcción progresiva y lenta de una sociedad de clases entre los siglos XV y XVIII, el desarrollo del Humanismo, el republicanismo y la idea de derechos humanos que culmiraría en Europa en el siglo XVIII? Todo ello cobra un significado mayor si pensamos en la crisis financiera, pero también de confianza en sí misma y en la democracia –quizás la gran creación europea– que vive la Unión Europea y, por ello, Europa también. En definitiva, hay razones para pensar que nuestro campo de estudio y la propia idea de la historia de Europa pudiera experimentar un cambio radical en las próximas décadas, un cambio histórico que rompe con la herencia y la visión que tenemos desde el siglo XVIII. Somos historiadores y no pitonisas o profetas, pero es cierto que nos debemos interesar también por el futuro que en muchos aspectos y para muchos es ya presente e incluso pasado. Y en este caso, es muy importante que lo hagamos como un modo de construir la ciencia histórica que queremos para el futuro (y quizás, si se me permite, la historia de Europa y de Europa en el mundo que queremos). Precisamente por ello me gustaría discutir algunos de los problemas que hoy se platean muchos colegas de cara al desarrollo actual de nuestra disciplina. Creo, sin embargo, que debemos ser mucho más agudos en nuestro análisis del presente, quizás porque no es tan simple, quizás porque es el modo de corregirlo. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 51 52 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 25 Verga, M., Storie d’Europa. Secoli XVIII-XXI, Roma, Carocci, 2004. 26 Tyrrell, I., «American Exceptionalism in an Age of International History», Ame - rican Historical Review, 96:3 (1991), pp. 1056-1067. Y también Bayly, C., Beckert, S., Connelly, M., Hofmeyr, L., Kozol, W. y Seed, P., «AHR Conversation: on Transnational History», The American Historical Review, 111:5 (2006), p. 1442. Para empezar, es evidente que muchas de las cosas que están pasando en nuestro panorama historiográfico no son nuevas. Una de ellas es la de la contraposición entre narrativas nacionales, que proyectan los espacios políticos del siglo XIX y XX sobre el pasado a la hora de crear bloques de estudio (España, Italia, etc.) y narrativas que ponen el acento en perspectivas más generales, algunas de ellas incluso a escala europea. Como ha recordado M. Verga, esa contraposición está ya presente desde Voltaire y ha continuado hasta hoy incluso pese a los cambios en la percepción territorial y cultural de los límites de lo que hoy llamamos Europa.25 No hace mucho en un excelente artículo a este respecto R. Evans llamaba la atención sobre cómo la mismísima Cambridge History of the World, ideada por Lord Acton, estaba pensada como una forma de «break the mere juxtaposition of national histories and to take in, as far as may be, what is extra-territorial and universal». Esta consideración me parece importante sobre todo cuando se habla de que –según unos para bien, según otros para mal– la historia transnacional, obviamente como he dicho una historia entrelazada, pudiera desplazar a las historias nacionales. Hace ya mucho tiempo, en un volumen editado en los noventa por The American Historical Review, se vio claramente que esto no solo sería una estupidez historiográfica sino también metodológica.26 Historiográfica porque negar la importancia del estado nación en la historia de Europa sería como negar la del catolicismo o el parlamentarismo. Metodológica porque no se puede hablar de transnacional, sin algo que sea nacional. Sería como hablar de nadar sin agua. Lo curioso de este tema de lo transnacional es que incluso se ha llegado a decir lo contrario. Sobre todo, algunos contemporaneístas han escrito y dicho que, al subrayar lo transnacional, no hacemos sino enfatizar las unidades nacionales sobre las que construimos las relaciones. En una palabra: nacionalizamos aún más la historia. Me parece que esto tampoco es correcto y, desde luego, no lo es para el modernista. Lo que hace el modernista cuando aplica una visión transnacional de forma más amplia es más complejo. Lo transnacional traducido a nuestro vocabulaHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 52 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 53 rio puede ser y es trans-confesional, y de hecho esta es la relación más «trans» que podemos encontrar hasta el siglo XVII, pues, como sabemos, las comunidades imaginadas de nuestra época eran en muchos casos comunidades de identidad religiosa. El modernista, asimismo, usa el término transnacional, entendiendo que «nación» es en muchas ocasiones otra cosa: la comunidad imaginada que se crea por razones de «nacimiento» y pertenencia a una comunidad que muchas veces se articula en relación a un concepto de fidelidad política y no de pertenencia a un estado nación determinado. Y podría continuar. Pero más que hacerlo, interesa subrayar que el modernista que hace historias entrelazadas entre comunidades imaginarias diversas (confesionales, étnicas, de reinos, de repúblicas, etc.) es precisamente el tipo de historiador que está en mejor disposición de entender cómo las relaciones entre ellas pueden dar lugar al estado nación. Un par de ejemplos muy simples: cualquiera que sea nuestra idea política, a ninguno se nos oculta que las relaciones entre los catalanes y los castellanos desde el siglo XVI, sus diferencias intelectuales, sus asimetrías en el uso de la lengua, las relaciones económicas entre ellos, la enorme intensidad en las transferencias culturales, los conflictos institucionales, las fracturas internas en cada una de esas comunidades que presidían esos conflictos, han sido claves para la articulación del estado nación que llamamos España en el siglo XIX. Es más, sería imposible entender la enorme complejidad con que se viven hoy los sentimientos de comunidad en Cataluña y España, si no se tiene en cuenta ese pasado complejo. Y lo mismo se debería decir, pero con resultados distintos, para entender la formación de dos estados nación que llamamos Portugal y España, donde parece que las dos comunidades imaginadas están perfectamente definidas pero donde es evidente que a eso se ha llegado por un proceso complejo y no como un hecho natural que había de ocurrir «per se». Creo además que esta perspectiva es esencial para enriquecer la historia de las comunidades imaginadas en la Europa moderna y, en par - ticular, antes de la sedimentación de un espacio público que diera consistencia a las identidades políticas. En efecto, durante las últimas décadas del siglo XX los modernistas, y en particular los modernistas del Sur, hemos de-construido la noción de estado moderno e incluso de estado como concepto aplicable a las organizaciones políticas que estudiamos. Esto, que implica uno de los más importantes avances en la historia institucional y política de Europa, ha traído como consecuencia alguna Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 53 54 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 27 Clunag, C., «Modernity Global and Local: Consumption and the Rise of the West», The American Historical Review, 104:5 (1999), pp. 1497-511. confusión terminológica que ha hecho que algunos historiadores hayan difuminado el carácter cultural de algunos procesos de formación de las comunidades. Hablar de España o de Italia en el siglo XVI era, simplemente, una herejía para muchos colegas que han confundido la negación de la existencia de un estado moderno con el proceso de formación de las comunidades imaginadas. Y, sin embargo, Castiglione lo hacía y Cervantes también. Y lo hacían, y ese es el sentido de la historia entrelazada de la formación de las identidades, porque en su relación con otros pueblos, por ejemplo, en el caso de Castiglione i tedeschi, percibían y construían diferencias e incluso inventaban tradiciones, que si bien no se sustanciaban en una idea política de unidad italiana (algunos incluso llegaron a ello) sí creaban esa comunidad. En un análisis de la correspondencia de Liselott Van der Platz yo mismo he podido ver cómo a su identificación con su Palatinado de nacimiento cada vez se va superponiendo más una contraposición de rigidez mayor ente Francia y Alemania, los franceses y los alemanes; obviamente mucho antes de la formación del estado nación alemán y debido a sus vivencias y a su nostalgia dramática desde París y Versalles. En definitiva, lo que podríamos llamar historia transnacional avant la lettre, como una forma de historia entrelazada, puede ser de gran utilidad para el modernista para entender las «narrativas nacionales» y la historia de Europa en una mayor complejidad. Se podría pensar asimismo que la historia global, al abrir la escala espacial y temporal de referencia, podría simplificar la historia de Europa, al hacer de esta un hecho dado y cosificado desde el mismo inicio de la globalización que por definición es el proceso que pone en contacto unos pueblos, los europeos por ejemplo, con otros, los americanos, por ejemplo. Y de hecho es algo que se comprueba en algunos casos. Craig Clunag, por ejemplo, ha llamado la atención sobre el error que supone comparar pautas de consumo europeas con chinas tomando como referencia Inglaterra y el área del Yang-Tsè. Y al hacerlo llamaba la atención precisamente sobre la excepcionalidad británica respecto de la historia de Europa.27 El problema es aún mayor si se piensa en términos de microhistoria, que parece llamada a desaparecer en estas grandes macro-perspectivas. Me parece que esta es una cuestión a considerar seriamente y que tienen razón los historiadores que nos alertan sobre ella. Pero no me da Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 54 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 55 28 En realidad, esta perspectiva no se ha perdido con la historia global. Uno de los más señeros ejemplos, para bien y para mal, es el libro de Pomeranz, K., The Great Divergence… op.cit. en el que la única comparación es la de China e Inglaterra para volver al problema, importante, pero que no debiera ser excluyente, de explicar por qué Europa, y en este caso Inglaterra, se industrializó antes que China. 29 Elliott, J. H., Imperios del Mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América (14921830), Madrid, Taurus, 2006. Por lo que se refiere a Cañizares-Esguerra, lo ha expresado en múltiples trabajos, Véase Cañizares-Esguerra, J., Puritan Conquistadors. Iberianizing the Atlantic, 1550-1700, Standford, Standford University Press, 2006. la impresión de que las cosas sean tan sencillas. En realidad, la historia de las relaciones entre los pueblos europeos y otras civilizaciones puede terminar «deconstruyendo» la perspectiva europea. En efecto, dada la imposibilidad de estudiar al mismo tiempo las relaciones de todos los pueblos europeos con los no europeos, el historiador termina fragmentando aquellos y refiriéndose a las relaciones de ciertas áreas y regiones de Europa, con ciertas áreas y regiones no europeas. Esto se plasma, por ejemplo, en el estudio de los imperios, cada vez más frecuente y en la necesidad de definir los contornos de estos en la propia Europa: el español, el portugués, el holandés, el inglés, etc. El resultado, por otra parte, nada novedoso, es que más que una historia de Europa lo que producimos es una historia de las regiones europeas en sus relaciones con el mundo. Lo que sí es novedoso es que, al hacer de la globalización un marco de referencia, la importancia de las distintas regiones europeas puede ser distinta de la que teníamos con la vieja historia de Europa. Así, los imperios español y portugués tenían poca importancia cuando la historia de Europa en el mundo se miraba desde la óptica del progreso económico y la modernización europea. Lo importante en ese marco era el imperio holandés y, sobre todo, el inglés que habrían conducido a lo que era la gran fractura de la historia de Europa: la industrialización y el tránsito de la sociedad del Antiguo Régimen al capitalismo.28 Ahora, cuando el marco de referencia son las progresivas interconexiones entre pueblos del planeta que llamamos globalización, los españoles, los portugueses e incluso los venecianos e italianos en general parecen surgir como los pioneros que marcaron el camino de un largo y fructífero camino hacia la globalización. El hecho incluso se refleja en quienes como Cañizares-Esguerra o John Elliott han subrayado la importancia de los préstamos culturales y de experiencias coloniales que los españoles hicieron al imperio británico desde el siglo XVII en adelante.29 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 55 56 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 30 Gasch, J. L., Global Trade…, op. cit. Véanse asimismo las reflexiones contenidas en el primer capítulo de esta publicación. En esta misma línea y después de escritas estas páginas se han dado desarrollos recientes como los de Trivellato, F., The Promise and Peril of Credit, Princeton, Princeton University Press, 2019; y Levi, G. «Microhistoria e historia global», Historia crítica, 69 (2018), pp. 21-35. 31 Los trabajos en este sentido eran ya muchos en 2012, pero han aumentado de modo exponencial. Véase, por ejemplo, Ghobrial, J. P., The Whispers of Cities: Information Flows in Istanbul, London, and Paris in the Age of William Trumbull, Oxford, Oxford University Press, 2014. 32 Almorza, A., «Género, emigración y movilidad social en la expansión Atlántica. Mujeres españolas en el Perú colonial (1550-1650)», Revista Tiempos Modernos. Revista Electrónica de Historia Moderna, 29 (2014), pp. 1-3. Algo similar se podría decir cuando se contrapone historia global (o transnacional) con micro-historia. Ciertamente, el estudio de fenómenos en la larga distancia y de grandes unidades de civilización no parece casar con el «localismo» de la microhistoria. Pero no es menos cierto que lo local, lo concreto, puede ser un reflejo de grandes conexiones globales que se descubren en ello: un análisis de los inventarios post-mortem venecianos del siglo XVI puede terminar diciéndonos más sobre las sedas chinas que el estudio del gran comercio veneciano, según lo que queramos saber. Como se aprecia, por ejemplo, en el estudio de J. Gasch sobre los protocolos mexicanos y sevillanos que demuestra que el proceso de globalización de muchas mercancías intercambiadas entre ambos polos se inició antes por el comercio a través del Pacifico que por las conexiones directas de Europa con Asia.30 Los estudios de las relaciones interculturales a nivel micro nos están descubriendo por ejemplo la enorme importancia de la familia, como un complejo de parentesco que crea redes trans-oceánicas por las que circula la información, los conocimietos científicos, los recursos económicos e incluso los afectos que están detrás explican la emigración y las transferencias culturales, e incluso la circulación de objetos que terminarían cambiando la cultura material de los europeos.31 En ese contexto además las relaciones de género se han revelado como vitales. Las mujeres no solo entrelazaban civilizaciones, sino que articulaban las redes de afectos que mantenían unidas a áreas del planeta, como España y Nueva España. Cuando no eran la clave de la transferencia de recursos en forma de dotes que servían para pagar el viaje, como ha demostrado Amelia Almorza en su tesis doctoral.32 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 56 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 57 33 Chakrabarty, D., Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical Diffe - rence, Princeton, Princeton University Press, 2000. Me querría referir asimismo a cómo la historia global puede afectar a nuestra periodización e incluso hasta hacer inválido el concepto de modernismo. Como ya he señalado, la división por edades, medieval, moderna y contemporánea, tan útil cuando habíamos trazado una trayectoria lineal de modernización en un espacio determinado, puede sufrir reveses y con ellos la propia noción de edad moderna y de modernismo. Porque, en efecto, ¿dónde está la Edad Moderna en China o en Japón? Incluso para un país como Japón, para el que se llegó a hablar de un proceso de transición del feudalismo al capitalismo, se ha dicho que su historiografía ha estado contaminada por las interpretaciones de la historia de Europa. En definitiva, el concepto de edad moderna se difumina, se disuelve, cuando se trata de la historia del mundo. Pero, al mismo tiempo, no es menos cierto que los siglos XV al XVIII toman mayor relevancia para el presente. Es durante este período que empezó la globalización. Es entonces cuando se perciben algunas cesuras diferenciadoras entre las distintas áreas del planeta: la destrucción de las civilizaciones americanas a manos de los europeos, el desarrollo de la revolución científica, en parte merced a préstamos culturales asiáticos, que diferenciaría Europa de Asia y América durante mucho tiempo, etc. Pero, además, la historia global no solo ha cambiado la noción de espacio, sino también la de tiempo. El impacto o la formación de similitudes y diferencias de unas sociedades del planeta sobre otras solo se entiende en una perspectiva de siglos y de ese modo el presente, las diferencias y similitudes de civilizaciones solo se explican incluyendo en nuestros análisis la Edad Moderna. Por último, no puedo sino hablar sobre el Eurocentrismo. Se dice con razón que la historia global tiende a provincializar Europa, a quitarle importancia y a hacerla otra parte más del mundo.33 Pero no es menos cierto que la perspectiva global es importante no por lo que nos enseña de otras culturas, de África, de Asia, etc., sino por las cosas nuevas que nos enseña de Europa cuando esta se mira desde fuera. En ese sentido la historia global, sobre todo en su vertiente de historia comparada realzará la singularidad europea. Por ejemplo, es evidente que la Ilustración se ve cada vez más como un fenómeno no solo europeo en la medida en que cada vez conocemos mejor la Ilustración latinoamericana y sus contactos Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 57 58 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA con la europea, o que sabemos que áreas como el Imperio otomano atravesaron por procesos que algunos historiadores califican como Ilustración. Pero no lo es menos que, los principios de la Ilustración son factores de diferenciación respecto de Asia. Ideas como la de republicanismo, por poner un ejemplo, que Pokock ha visto viajar de Italia a los Países Bajos e Inglaterra y de allí a América, marcan, sin embargo, una diferencia fundamental respecto de Asia donde no parecen existir o donde las comparaciones realizadas hasta ahora no las han descubierto. Se puede llegar a negar su importancia como manifestación de una singularidad europea, pero no su valor como parte de la historia de Europa que ahora, sin embargo, hemos de escribir de otro modo. En definitiva, la historia global y la perspectiva de la historia entrelazada está cambiando nuestras ideas de la historia de Europa. La está haciendo más pequeña y humilde a medida que la relativiza. Y ello es aún más importante cuanto que al coincidir con una auténtica crisis europea, ello afecta y relativiza también al legado de Europa al mundo. También la historia entrelazada –transnacional en este caso– nos obliga a replantear las narrativas nacionales, al tiempo que está cambiando el protagonismo relativo de las distintas regiones de Europa. Pero no es menos cierto que muchos de los movimientos pendulares, de extremo a extremo, que se podrían esperar quedarán matizados por el modo en que aplicamos las categorías al pasado y por el continuo sentido de la necesidad de moderar el rumbo que tienen hoy en día las ciencias sociales, pese a las fuerzas de las modas y las etiquetas. Bibliografía ALMORZA, A., «Género, emigración y movilidad social en la expansión Atlántica. Mujeres españolas en el Perú colonial (1550-1650)», Revista Tiempos Modernos. Revista Electrónica de Historia Moderna, 29 (2014), pp. 1-3. ÁLVAREZ, A. La fabricación de un imaginario: los embajadores de Luis XIV y España, Madrid, Cátedra, 2008. ARAM, B. y YUN CASALILLA, B. (eds.), Global Goods and the Spanish Empire, 1492-1824. Circulation, Resistance and Diversity, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2014. BAYLY, C., The Birth of the Modern World, 1780-1914. Global Connections and Comparisons, Malden, Blackwell Pub, 2004. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 58 66 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 10 TePaske, J. y Klein, H., «The Seventeenth Century Crisis in New Spain: Myth or Reality?», Past and Present, 91 (1982), pp. 114-156 y TePaske, J. y Klein, H., «A Rejoinder», Past and Present, 97 (1983), pp. 144-161. 11 Farriss, N., Maya Society under Colonial Rule. The Collective Enterprise of Survival, Princeton, Princeton University Press, 1984; Todorov, T., La conquête de l’Amérique. La question de l’autre, París, Seuil, 1982. 12 McAlister, L., Spain and Portugal in the New World, 1492-1700, Minneapolis, University of Minessota Press, 1984; Wallerstein, I., The Modern World System, vol. 1 Capitalism Agriculture and the Origins of the European World Economy in the Siximplican que el Atlántico fue estudiado en especial, pero no exclusivamente, desde la perspectiva de la alta política, que empezaría con la organización institucional de los imperios y se materializaría en diferentes modelos sociales y económicos. Aunque los historiadores han estado preocupados por la mezcla de las sociedades, el mestizaje y el complejo juego de identidades, tal interés permaneció durante años ajeno al discurso dominante sobre el Atlántico y se analizaba sobre todo a una escala local. Podría decirse que esta imagen es simplista. De hecho, lo es, y necesita ser matizada. Por ejemplo, el viejo debate de la década de 1980 entre J. Israel, H. Kamen, J. J. TePaske y otros, sobre la crisis del siglo XVII en Latinoamérica, demuestra que muchos académicos entendieron las colonias como algo más que un simple apéndice de las metrópolis. Algunos de estos autores, y muchos otros, llamaron la atención sobre los ritmos autónomos de las economías coloniales y las sociedades que habían consolidado el mercado interno americano. Hablaron de los circuitos internos de la circulación monetaria en Latinoamérica, llamando la atención sobre las formas en las que los lazos con las metrópolis, y en particular con España, se vieron debilitados durante el siglo XVII.10 Se podrían citar otros casos en el ámbito de la historia cultural y social, estudios antropológicos o sobre la historia de las lenguas, tales como los debidos a N. Farris, T. Todorov y muchos otros que no van a ser citados aquí.11 Es asimismo muy claro que una gran parte de la literatura general del periodo de la postguerra ha sido impregnada de manera decisiva por la idea del «ascenso de Occidente», en parte como resultado de esa misma visión dominante del Atlántico que se acaba de describir. Trabajos influyentes, como los estudios clásicos de McAlister, Wallerstein, Landes y más recientemente los de Acemoglou, Johnson y Robinson, que si bien en ningún momento han olvidado la complejidad del tema, convirtieron al Atlántico en el escenario clave para el desarrollo de Europa.12 Implícita o explícitamente, mantienen Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 66 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 67 teenth Century, Nueva York, Academic Press, 1974; Landes, D., The Wealth and Poverty of Nations, Londres, Little Brown and Company, 1998; Acemoglu, D., Johnson, S., y Robinson, J., «The Rise of Europe: Atlantic Trade, Institutional Change and Economic Growth», American Economic Review, 95 (2005), pp. 546-579, y el más reciente Acemoglu, D. y Robinson, J., Why Nations Fail: the Origins of Power, Prosperity and Poverty, Londres, Profile, 2012. 13 Bailyn, B., Atlantic History…, op. cit., pp. 3-55. 14 Daniels, C. y Kennedy, M. V. (eds.), Negotiated Empires: Centres and Peripheries in the Americas, 1500-1820, Nueva York, Routledge, 2002; particularmente Tuerner Bushnell, A. y Greene, J. P., «Introduction», en Ibidem, pp. 1-14 y Green, J. P., «Transatlantic Colonization and the Redefinition of Empire in the Early Modern Era. The British-American Experience», en Ibidem, pp. 267-282. 15 Fragoso, J., Bicalho, M. F. y Gouvea, M. de F. (eds), O Antigo Regime nos trópicos: a dinámica imperial portuguesa (séculos XVI-XVIII), Río de Janeiro, Civilição Brasileira, 2001. que aquel paso de Europa hacia la modernidad se basó en su papel dominante en el Atlántico. En este sentido, han dado forma a nuestra idea actual de la historia de Europa: una zona próspera, el primer continente industrializado, el centro de la modernidad y la civilización. Lo que podríamos llamar la «Nueva Historia Atlántica» ha cambiado muchas de estas suposiciones. El aumento de estudios sobre el Atlántico –en algunos casos conectados con tendencias políticas, tal y como señaló Bailyn–13 ha producido un escenario muy complejo y lleno de contrastes. A pesar de las diferentes síntesis que intentan imponer coherencia sobre una notablemente rica historiografía, se podrán identificar muchas tendencias diferentes, algunas de las cuales tienden a equilibrar la tendencia anterior. La naturaleza fuertemente «negociada» de los imperios atlánticos ha sido ya reconocida.14 Esta característica, debe decirse, no es un rasgo exclusivo de la historia atlántica sino algo presente en la historia de los imperios en general. El hecho, que Greene y otros mencionaron en relación con el Imperio Británico, ha sido motivo de reflexión en los estudios de historiadores como Lynch y varios académicos luso-brasileños con respecto a los imperios español y portugués. Por otra parte, es interesante ver que esta característica ha sido reconocida por algunos expertos en relación a los imperios ibéricos incluso antes de que la terminología fuera acuñada y recalcada por el imperio británico.15 Estos autores destacan la existencia de relaciones menos jerárquicas en el gobierno de estos imperios, y más en particular, el alto grado de negociación existente Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 67 68 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 16 Canny, N. y Morgan, P, «Introduction: The Making and Unmaking of an Atlantic World», en Canny, N. y Morgan, P., Oxford Handbook…, op. cit., p. 3. 17 Games, E., «Atlantic History: Definitions, Challenges and Opportunities», The American Historical Review, 111: 3 (2008), pp. 741-757. 18 Canny, N. y Morgan, P., «Introduction…», op. cit., p. 3. entre el centro y la periferia o, para ser más precisos, entre el centro europeo y las élites coloniales. Las sociedades profundamente interconectadas de este Atlántico también mantuvieron importantes grados de autonomía local. En este sentido, la capacidad de los europeos para imponer su propia voluntad parece más controvertida y la idea de «cambio continuo y adaptación en lugar de imposición» se encuentra de igual modo mucho más presente.16 Tal perspectiva coincide con los intentos por ver al Atlántico como un sistema que se organiza de abajo arriba. De este modo, de acuerdo con muchos historiadores actuales, el Atlántico debería ser entendido como algo más que un espacio donde los gobiernos ejercieran su poder mediante las instituciones formales. Debería ser comprendido de igual modo como un sistema de contactos entre grupos sociales a ambos lados del océano, donde las fronteras políticas son menos relevantes, tal y como Alison Games ha afirmado.17 Comerciantes, emigrantes, misioneros, hombres de letras, esclavos, incluso animales, plantas y microbios han sido situados como los protagonistas de una serie de relaciones, transferencias culturales, emigraciones, choques de identidades, etc. Muchos historiadores destacan hoy el papel de estos agentes, en particular el de los emigrantes de todo tipo, en la transmisión de productos, modelos de consumo y formas de cultura material en general. Todo esto hace al Atlántico mucho más complejo y necesitado de estudio desde su base y no solo desde la perspectiva institucional del ejercicio de poder. Como resultado, el Atlántico se ha convertido en un lugar intercultural. «Mestizaje» se está convirtiendo en una palabra clave.18 No pocos académicos reivindican la necesidad de enfatizar la variedad cultural y étnica del Atlántico por encima de la idea de una imposición de uniformidad «europea» en este proceso. De este modo, «diversidad» e «hibridación» son también términos novedosos que reemplazan a la más ibérica (y restrictiva) idea de «mestizaje». En la construcción de una historia desde abajo, muchos especialistas en el Atlántico han reivindicado la importancia de los procesos que no dependieron de la formación paHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 68 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 69 19 Ghosh, D., «Another set…», op. cit. 20 Cañizares-Esguerra, J. y Seeman, E. R. (eds.), The Atlantic in Global History, 15002000, Nueva York, Routledge, 2007. 21 Cañizares-Esguerra, J., Puritan Conquistadors…, op. cit. 22 Elliott, J., Empires of the Atlantic World. Britain and Spain in America, 1492-1830, New Haven, Yale University Press, 2006. ralela de las naciones estado en Europa y América y que en ocasiones son presentadas como independientes de la perspectiva política, militar y económica prevalente en el estudio de los imperios durante muchos años.19 En este sentido, la historia atlántica ha sido capaz de presentarse como una alternativa a las narrativas de los estados nacionales dentro de los que han existido durante mucho tiempo intentos de abarcar a la historia en general y la historia de la civilización occidental en particular.20 Este enfoque pone en evidencia la presencia de culturas africanas como agentes históricos y no simplemente como actores pasivos en un Atlántico Europeo. Es más, la presencia africana es reclamada como multicultural en sí misma, dada la enorme diversidad de las sociedades africanas proyectadas hacia el océano desde 1492 y cuya importancia aumentó desde el siglo XVII. Una presencia que fue capaz de generar modelos muy diferentes de hibridación social en las Américas. Por si esto no fuera suficiente, la interculturalidad actual entre el Este y el Oeste del Atlántico se yuxtapone a la necesidad de comprender los contactos entre las diferentes sociedades situadas a ambos lados del océano. Las relaciones entre americanos del norte y del sur se están convirtiendo en una materia de particular interés. Algunos autores han examinado los préstamos culturales entre los diferentes Atlánticos, enfatizando las contribuciones que el Atlántico ibérico y católico pudo haber aportado al Atlántico protestante y anglófono.21 El acento puesto sobre las transferencias culturales y de los contactos multidireccionales ha llevado –como en el muy influyente libro de J. H. Elliott– a la necesidad de establecer comparaciones; concretamente en el caso de este autor, a la comparación de diferentes trayectorias imperiales.22 La explosión de la historia global ha tenido también un impacto sobre la idea de la historia del Atlántico e incluso ha dado lugar a una paradoja que merece ser discutida. No son pocos los historiadores que han identificado implícitamente a la globalización como un proceso de intensificación en las relaciones y en la competición entre Europa y Asia para los Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 69 70 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 23 Flynn, D. O. y Giráldez, A., «China and the Manila Galleons», en Flynn, D. O. (ed.), World Silver and Monetary History in the 16th and 17th centuries, Aldershot, Ashgate, 1996, pp. 71-86. 24 Subrahmanyam, S., «Holding the World in Balance: The Connected Histories of the Iberian Overseas Empires, 1500-1640», American Historical Review, 112:5 (2007), pp. 1359-1385. 25 Véanse entre otros los trabajos de Gruzinski, S., Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización, México, Fondo de Cultura Económica, 2010. Véase también el especial énfasis en la circulación de plantas, personas y productos en Russell-Wood, A. J. R., The Portuguese Empire. A World on the Move, 1415-1808, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1998. Además de Subrahmanyan, la idea de las conexiones entre Asia y América a través de las redes portuguesas que operaron en ambas áreas a lo largo de la costa africana fue igualmente defendida por Boyajian, J. C., Portuguese Bankers at the Court of Spain, 1626-1650, New Brunswick, Rutgers University Press, 1983 y Boyajian, J. C., Portuguese Trade in Asia under the Habsburgs, 1580-1640, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1993. Esta cuestión está completamente presente en Yun Casalilla, B., «Las instituciones y la economía política de la Monarquía Hispánica (1492-1714). Una perspectiva trans-nacional», en Ramos Palencia, F. y Yun Casalilla, B. (eds.), Economía política desde Estambul a Potosí. Ciudades estado, imperios y mercados en el Mediterráneo y en el Atlántico ibérico, c. 1200-1800, Valencia, PUV, 2012, pp. 139-162. Un nexo crucial de la relación entre América y Asia, el Galeón de Manila, ha inspirado varias investigaciones recientes. Véase a ese respecto Gasch, J. L., Global Trade, Circulation and Consumption of Asian Goods in the Atlantic World. The Manila Galleons and the cuales el Atlántico se encuentra ausente o relegado a un papel bastante pasivo. Esto a pesar de que, y esta es la paradoja, es evidente que muy pocos historiadores consideran hoy al Atlántico como un océano cerrado que comprende sistemas autónomos por sí mismos. Los estudiosos de la circulación de metales preciosos han incidido en el flujo de plata más allá de las fronteras de este océano y algunos, como Flynn y Giráldez, han sugerido que la creciente necesidad de plata que condujo a la explosión del sistema minero español en Latinoamérica fue provocada por cambios fundamentales en el sistema fiscal de China.23 Las conexiones con el Pacífico se han vuelto incluso más visibles, incluyendo sus relaciones con Asia. Su proyección hacia Asia a través del Océano Índico, a manos de los holandeses y los portugueses es, para algunos historiadores como Subrahmanyan, un fenómeno de importancia primordial.24 El trabajo de historiadores como S. Gruzinski subraya cómo los imperios ibéricos fueron el ante - cedente y el motor de una «primitiva» o «primera» globalización, o, por utilizar el término de este último, «mundialización», lo que nos obliga a subrayar las conexiones entre el Atlántico y Asia, ambas a través del Pacífico o de la costa de África y del Océano Índico, tal y como A. J. R. Russell-Wood puso de manifiesto ya hace algunos años.25 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 70 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 71 Social Elites of Mexico and Seville (1580-1640), Florencia, Instituto Universitario Europeo (tesis doctoral defendida en 2012). La lista podría seguir ampliándose fácilmente. 26 Véase la combinación de ambos en Canny, N. y Morgan, P., Oxford Handbook…, op. cit. Evidentemente, los límites entre estas dos visiones del Atlántico no son fáciles de definir. Por un lado, el estudio del Atlántico desde la perspectiva política, militar e institucional que enfatiza la visión desde arriba se encuentra aún muy presente entre los historiadores. Es particularmente habitual entre los especialistas que miran a este océano y a los distintos imperios actuando a través de él desde la perspectiva de la economía política, una visión muy prometedora entre los historiadores económicos. Por otro lado, la perspectiva desde abajo, el énfasis sobre la hibridación es algo que comenzó hace muchos años. En este sentido, la «nueva» historia atlántica es menos novedosa de lo que uno podría pensar. Es de igual modo evidente que un equilibrio entre todas estas tendencias es deseable y se encuentra presente en las síntesis más importantes.26 Ningún historiador podrá negar, sin embargo, que el retrato que hacemos del Atlántico en 2012 difiere en gran medida del que hacíamos en, digamos, 1992. Los motivos para este cambio, o ajuste del enfoque, son de naturaleza muy diversa y no es este el lugar para explicarlos con detalle. Pero algunos son tan evidentes que pueden ser presentados de forma sintética. El creciente interés en las historias entrecruzadas y la historia transnacional, el mencionado aumento de la llamada historia de los imperios, el incremento del peso, desde hace ya muchas décadas, de la antropología entre los historiadores –que pone de manifiesto el intercambio y los contactos entre culturas–, el impulso de redes de análisis entre nosotros y la conceptualización de las relaciones sociales a través de ellas, el siempre creciente interés en la historia de África, la inexorable «latinización» y la naturaleza multicultural de los Estados Unidos donde han surgido muchas de estas iniciativas, la crisis de la narrativa histórica dentro del marco estricto y exclusivo de los estados nación, la revisión del concepto de estado como una categoría aplicable a la Edad Moderna, todos ellos –y otros más generales– factores no solo específicos de la historia del Atlántico han tenido una influencia notable a la hora de modelar esta nueva visión. Por otra parte, y marcando el carácter de este giro en el planteamiento historiográfico, el cambio de nuestra visión en relación a la historia del Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 71 72 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 27 Games, E., «Atlantic History…», op. cit. 28 Véase, por ejemplo, Shamas, C., The Pre-Industrial Consumer in England and Ame - rica, Oxford, Oxford University Press, 1990. Atlántico discurre en paralelo a aquella que tuvo lugar en la historia de otros mares. El Mar Báltico, el Mar de China y sobre todo, el Mediterráneo, donde Braudel asentó el modelo que aplicamos hoy al Atlántico, son ejemplos de procesos paralelos, por no mencionar la historia de la misma Europa, que construimos hoy con un vocabulario de transferencias, redes, mediaciones culturales, conflictos, etc., y en la que existe también una tendencia a superar la narrativa de los estados nación.27 *** ¿Cómo afectará este nuevo equilibrio en nuestra visión de la historia atlántica en relación a la historia de Europa? Aunque uno no puede afirmar en estos momentos de qué manera con ninguna certeza, es posible pronosticar algunos posibles efectos. Me gustaría empezar por una observación que aporta un punto de partida necesario que puede también ser aplicado a la historia global, ya sea comparativa y/o «transnacional». Tanto la historia del Atlántico como la historia global deberían ser importantes no solo por lo que nos cuentan –a los europeos– sobre otros continentes –Asia, África o América–, sino también por lo que nos enseñan sobre la historia de Europa y sobre Europa en sí misma, porque es evidente que Europa parece diferente desde el exterior, un hecho que nos obliga a rectificar ciertas características de su pasado. Dado el objetivo principal de este volumen, tomaré como ejemplo de cambios historiográficos más generales la historia del consumo y la cultura material a ambos lados de este complejo oceánico. El interés de los historiadores del consumo y la cultura material en ambas costas del Atlántico y sus conexiones no es nuevo. Desde el fundamental trabajo de Carol Shamas, han sido llevadas a cabo un buen número de investigaciones.28 Asimismo, en cuanto que la historia del consumo y cultura material se han centrado cada vez más en productos particulares, el Atlántico se ha convertido en un área privilegiada de interés. Desde el revolucionario libro de Mintz sobre el azúcar hasta los recientes trabajos sobre el tabaco, el cacao y el chocolate, el café, el arroz, etc., la producción de trabajos en este sentido es verdaderamente impresioHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 72 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 73 29 Véase entre muchos otros a Mintz, S. W., Sweetness and Power: the Place of Sugar in Modern History, Nueva York, Penguin Random House, 1985. Otros ejemplos en Brewer, J. y Trentmann, F. (eds.), Consuming Cultures, Global Perspectives, Historical Trajectories, Trans-National Exchanges, Oxford; Nueva York, Bloomsbury, 2006; Nützenadel, A. y Trentmann, F. (eds.), Food and Globalization. Consumption, Markets and Politics in the Modern World, Oxford, Berg, 2008; o Topik, S., Marichal, C. y Frank, Z. (eds.), From Silver to Cocaine. Latin American Commodity Chains and the Building of the World Economy, 1500-2000, Durham; Londres, Duke University Press, 2006. 30 Aunque forzosamente incompleto, el lector puede encontrar un resumen de algunos trabajos en Williams, C. A., «Introduction. Bridging the Early Modern Atlantic World» en Williams, C. A. (ed.), Bridging the Early Modern Atlantic World. People, Products and Practices on the Move, Londres, Ashgate, 2009, pp. 1-31, y de forma más particular en pp. 22-26. 31 Desarrollo en este punto algunas ideas que ya han sido presentadas de forma menos detallada en Yun Casalilla, B., «Entre mina y mercado. ¿Fue América una oportunidad perdida para la economía española?» en García Hernán, D. (ed.), La historia sin complejos: la nueva visión del Imperio español (estudios en honor de John Elliott), Madrid, Actas, 2010, pp. 204-229. nante.29 No es este el lugar en el que resumir toda esta literatura.30 Pero no es menos verdad que situar a esta historiografía y otras evidencias en ese contexto de cambio en la historia atlántica y en relación con las corrientes actuales de la historia social europea puede iluminar el camino por el que la historia europea podría ser escrita en el futuro. En la forma clásica de aproximarse al Atlántico siempre se daba por sentada la premisa de que los europeos podían introducir fácilmente sus costumbres y cultura material dentro de los contextos atlánticos y en particular americanos. Tras esta idea, además, se oculta la imagen de América como un mercado fundamental para los productos europeos y ha servido durante mucho tiempo para explicar las diferencias en el dinamismo económico de los imperios y en particular entre los imperios ibéricos y el imperio inglés. De este modo, desde esta perspectiva, el imperio español en América fue un fracaso. España, según algunos han dicho, fracasó a la hora de aprovechar las enormes posibilidades de la demanda de América de productos de la metrópolis, como sí lo haría Inglaterra un siglo después.31 Sin embargo, una reflexión cuidadosa sobre lo que sabemos a este respecto muestra que la extensión de los modelos de consumo europeos a América resultó lenta y difícil. De hecho, este aspecto de la historia atlántica ofrece un ejemplo excelente de cómo la historia transnacional necesita Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 73 74 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 32 Para una visión general véase Bauer, A., Goods, Power, History: Latin America’s Material Culture, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, donde el autor enfatiza en la necesidad de entender la relación entre la oferta y la demanda como el resultado de fuerzas complejas muy diversas. 33 A modo de ejemplo, véanse todas esas expresiones en Ginés de Sepúlveda, J., Historia del Nuevo Mundo (Introducción, traducción del latín y notas a cargo de Ramírez de Verger, A.), Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1996, p. 84. Es importante resaltar que el texto de Sepúlveda sigue en gran parte la historia narrada por el capitán Fernández de Oviedo, G., Historia General y Natural de las Indias, Madrid, Bruño, 1959. 34 Para Ginés de Sepúlveda que, como se ha dicho, siguió a Fernández de Oviedo y a otros conquistadores como Hernán Cortés, y que fue el principal oponente a Bartolomé de las Casas en la famosa disputa de Valladolid en relación a la naturaleza de los indios, era necesario y primordial conquistar y obligar a esas gentes bárbaras (esto es, a aquellos que de forma pública y abierta mantenían hábitos e instituciones antinaturales) incluso haciendo uso de las armas en el caso de que opusieran resistencia a obedecer el poder de individuos más civilizados y cultos, que perseguían considerar no solo los procesos de transferencia, recepción y adopción entre las diferentes sociedades, sino también los rechazos, la hibridación y las oposiciones culturales, al menos durante largos periodos, entre ellas.32 Desde el momento de los primeros asentamientos se hizo todo lo posible para introducir las costumbres europeas («costumbres» para los conquistadores españoles y los emigrantes) y la cultura material, no por motivos mercantiles, sino más bien por motivos religiosos y morales conectados con la idea europea de civilización y cristiandad. Los conquistadores y los misioneros comenzaron a hablar de la necesidad de cubrir los cuerpos, de introducir buenas costumbres de vestimenta y consumo, ciertamente, sobre la «policía», un término asociado con la vida de las «polis» y el civismo.33 Aunque estos conquistadores no priorizaron las intenciones mercantiles, en sus mentes «civilización» implicaba formas europeas o europeizadas de conducta civil, cultura material y consumo. Tal y como muchos españoles señalaron, este cambio en las costumbres de los indios fue crucial, un paso importante hacia adelante, por lo que se dijo que era el principal objetivo de la presencia española en América: la conversión de los indígenas al cristianismo. Uno puede encontrar esta asociación oculta, o implícita, en muchos de los argumentos dados por los soldados y misioneros para justificar sus acciones. El discurso se encontraba también presente entre teóricos como Sepúlveda, quien defendió la necesidad de cambiar las costumbres de los indios y de infundir entre ellos las «leyes naturales».34 Pero, ¿qué significaban exactamente Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 74 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 75 el objetivo de gobernarlos sujetándose a las leyes que ellos consideraban justas por naturaleza. Sepúlveda, J., Historia del Nuevo…, op. cit. p. 64. 35 Todorov, T., La conquête…, op. cit., pp. 246-266. Una versión más moderna del texto de Durán puede encontrarse en Durán, B., Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra firme, vols. 1 y 2, México, Imp. de J. M. Andrade y F. Escalante, 1967 [1581]. 36 Todorov T., La conquête…, op. cit., p. 251. 37 Córdoba Ochoa, L. M., Guerra, imperio y violencia en la audiencia de Santa Fe, Nuevo Reino de Granada, 1580-1620, Sevilla, Universidad Pablo de Olavide (tesis doctoral defendida en 2013), pp. 448-465. Agradezco a Luis Miguel Córdoba Ochoa sus comentarios referidos a algunas partes de este texto. las costumbres para la España y el Portugal de la Edad Moderna? Tal y como Tsvetan Todorov ha señalado en su estudio sobre las ideas de Diego Durán, algunos emigrantes ibéricos consideraron los usos sociales indígenas y las tradiciones (costumbres) como una parte de la idolatría, y por lo tanto debían «desaparecer y caer en el olvido».35 No es extraño, por lo tanto, que a pesar de que algunos grupos como los jesuitas pensaran que las costumbres originales de los indios debían ser respetadas, muchos otros consideraron que cualquier cultura de forma completa, incluyendo sus prácticas sociales y componentes materiales, no solo sus creencias religiosas, tenía que ser eliminada y cambiada por sus equivalentes europeas. «Superstición e idolatría», escribió Durán, «están por todas partes: en la siembra y en la cosecha, en el almacenamiento del grano, en el modo en el que se labran los campos, en la construcción de las casas, en la vigilia de la muerte o en los funerales, en el matrimonio y en el nacimiento».36 Aunque este fue el caso de los indios Chichimecas en Nueva España que tanto preocuparon a Durán, estas ideas se encuentran expresadas de forma incluso más clara en la historia de Juan de Valcárcel con los Muiscas de Nueva Granada, estudiados por L. M. Córdoba Ochoa.37 De acuerdo con Valcárcel, «muchas de las supersticiones de sus mayores se adhieren como una plaga pestilente» a la forma de vestir de los indígenas. Como consecuencia, dice, cambiar su forma de vestir debía ser una de las principales armas para la evangelización, tan importante como destruir ídolos o enseñarles español. Este hecho no es, sin duda, el único en la historia de la humanidad en el que el discurso moral ha estado estrechamente asociado con los estilos de vida y cambios en los modelos de consumo y la cultura material. Sin embargo, a pesar de estos intentos por introducir costumbres europeas, el proceso a través del cual las poblaciones americanas adopHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 75 82 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 52 Wallerstein I., World System…, op. cit. que necesitamos escribir la historia de Europa hoy? Estas consideraciones constituyen un camino decisivo hacia la provincialización de Europa y su papel a escala global en el periodo moderno. Dicho paso estará presente en futuras historias de Europa de manera más o menos explícita. Una simple reflexión sobre los casos presentados aquí nos muestra dos evidencias claras: (a) Los europeos no se impusieron sobre los pueblos del otro lado del Atlántico sin problemas o cambios internos que pasaron por la perversión de sus principios y cultura material; y (b) en muchos sentidos Europa no fue tan importante para la historia de la humanidad durante la Edad Moderna. De hecho, hemos visto que los modelos de consumo y la cultura (en especial la cultura material europea) no fueron aceptados de manera automática en América o África. Por el contrario, la influencia de otros pueblos, como los africanos, fue más importante de lo que se ha supuesto. En cierto sentido, Europa fue poco más que una pieza en el juego de los mundos. Por ejemplo –y es uno entre muchos ejemplos– los circuitos de la plata con sus prolongaciones desde América a Asia, conocidos durante años, adquieren una relevancia particular hoy en día. Demuestran que los europeos no eran el «centro» de las economías mundiales descritas hace algunos años por investigadores como Wallerstein.52 Incluso en el plano científico y tecnológico, hoy reconocemos una fuerte herencia asiática, tanto en el proceso de los descubrimientos como en la revolución científica en la que campos como las matemáticas fueron ampliamente dinamizados fuera de Europa. Y podríamos continuar. En resumen, lo que tenemos es una imagen mucho más matizada y controvertida del «Ascenso de Occidente». En esta imagen, el Atlántico y la visión que tenemos de él juega un papel de suma importancia. Europa ya está sufriendo una provincialización a ojos de los historiadores. Este desarrollo coincide con un cambio que no es historiográfico sino más bien histórico e incluso político. Nadie puede ignorar que el presente, las percepciones políticas actuales, siempre ha impactado y continuará impactando nuestra visión de la historia. La reciente crisis financiera y la incapacidad de la Unión Europea para responder a las necesidades de muchos europeos están creando un sentido de «Europa en crisis» superada por Asia, en particular, e incluso por América. Si bien esta situación puede ser reversible, el historiador se encuentra en gran Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 82 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 83 53 Pomeranz, K., The Great Divergence: China, Europe, and the Making of the Modern World Economy, Princeton, Princeton University Press, 2001. medida tentado a proyectarla sobre el pasado para situar a Europa como una parte más modesta de una totalidad más compleja. Muchos de nosotros tenemos la sensación de que la crisis económica actual afecta no solo a la constitución interna del proyecto de la Unión Europea, sino también a ciertos aspectos de la herencia europea, como el estado de bienestar, el sistema financiero e industrial que Europa inventó en el siglo XIX, los estados nación, etc. Si, como siempre, el presente y la forma en que contemplamos el futuro condiciona nuestra visión del pasado, tengo la impresión de que esta visión pesimista y de provincialización se convertirá de manera progresiva en algo común en nuestros libros de historia. Las políticas y los acontecimientos actuales van por el mismo camino que la historiografía y el mundo académico. De hecho, la visión que tenemos del Atlántico y del proceso de globalización durante la época moderna se mueve en esta dirección. Pero este cambio en la historiografía y la crisis general del Eurocentrismo –hoy en día el demonio para muchos historiadores– no deberían llevarnos a olvidar otros aspectos del pasado que también están implícitos en el desarrollo actual de la historia atlántica. Algunos relatos de la historia global están reemplazando a aquellos de la historia del Atlántico poniendo de relieve la relación entre Asia y Europa. Un buen ejemplo es el magnífico trabajo de K. Pomeranz, quien hizo hincapié en la gran divergencia entre Europa y Asia debida a la revolución industrial. No se debería olvidar, sin embargo, que existe una divergencia precedente y muy importante en la historia de la humanidad. Este es el momento decisivo que podríamos situar en 1492 y en la centuria siguiente.53 La así llamada Gran Divergencia habría sido imposible sin este punto de inflexión previo. Pero, lo que es más importante para nuestro argumento, este momento crucial estuvo marcado por intercambios, encuentros, hibridación, circulación de bienes, gente y conocimiento, pero también por la enorme capacidad para la destrucción y para organizarse políticamente que los europeos adquirieron en paralelo a la emergencia del espacio Atlántico: la revolución militar, el universalismo que impregna el cristianismo, la notable capacidad de los estados europeos para movilizar recursos humanos, intelectuales, administrativos, científicos y técnicos así como para introducir el legado del mundo clásico y el Humanismo Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 83 84 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Renacentista en otros mundos. Para bien o para mal, los europeos no fueron solo colaboradores, sino actores principales que, aunque incapaces de controlar cada rincón del océano y de sus pueblos, impusieron su propia fuerza sobre la historia y fueron responsables de ello en muchos sentidos (no siempre positivos), incluso si el resultado fue una combinación impredecible de muchas fuerzas. No considero que sea un error sugerir que los historiadores provincializarán Europa, algunos de ellos incluso sin reconocerlo, en los años por venir. Los especialistas en historia atlántica e historia transnacional tendrán una no pequeña responsabilidad en ese empeño. Pero nosotros los historiadores también deberíamos ser prudentes y suficientemente autocríticos para resistir una tentación tan fuerte a este respecto. Bibliografía ACEMOGLU, D., JOHNSON, S., y ROBINSON, J., «The Rise of Europe: Atlantic Trade, Institutional Change and Economic Growth», American Economic Review, 95 (2005), pp. 546-579. 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Jean Monnet ¿Cómo escribir una historia económica de Europa en la época moderna que atienda a las necesidades de una población, europea y no europea, que está asistiendo hoy a un complicado y controvertido proceso político de construcción de Europa? Imagino que esa es la cuestión que los organizadores de este congreso esperan que yo trate aquí. Permítaseme empezar diciendo que no soy capaz de contestarla. La escritura de una historia económica de Europa en las circunstancias actuales es, más que nunca, una empresa colectiva, y como tal exige planteamientos colectivos. Espero, eso sí, plantear algunas cuestiones que nos puedan servir a esa tarea desde la perspectiva de la historia de algo como los mercados que, tradicionalmente, ha tenido mucho peso tanto en las historias económicas de Europa como en las historias de Europa como hecho específico de la evolución de la Humanidad. Historia de Europa e historia económica de Europa; historia en construcción Lógicamente, debo partir de algo que me parece obvio pero que es necesario aclarar: la historia de Europa es hoy –y lo será durante mucho tiempo– una historia en construcción (permítaseme robar la famosa frase Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 89 90 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 2 Para una breve reconstrucción de las «historias de Europa» y del contexto que las ha condicionado desde el siglo XVIII, véase Verga, M., Storie d’Europa. Secoli XVIIIXXI, Roma, Carocci, 2004. 3 La bibliografía al respecto es muy extensa. Aparte de las obras citadas más arriba, puede verse Hay, D., Europe. The Emergence of an Idea, Edinburgo, Edinburgh University Press, 1957, pp. 125-127. 4 Cito siempre por la edición italiana, Goody, J., L’Oriente in Occidente, Bolonia, Il Mulino, 1996. de P. Vilar). Un simple recorrido por los textos disponibles a ese respecto deja claro que el tema «Europa», como el de la «revolución industrial», como el del «imperialismo» o como cualquier otro tema historiográfico ha sido y seguirá siendo historia del presente tanto como del pasado.2Y ello no solo porque toda historia del pasado refleja el contexto desde el que se escribe. También porque la historia de lo que hoy podríamos identificar como Europa, cualquiera que sea la definición que hagamos de ella, es una historia de límites cambiantes. Cualquiera que sea el criterio o las combinaciones de criterios de europeidad elegidos, el cristianismo, el racionalismo, el individualismo, el equilibrio político frente al llamado «despotismo oriental», etc., o las mezclas entre estos que queramos imaginar (por referirnos a algunos de los más invocados), el resultado de nuestro análisis es que las fronteras de Europa y de la europeidad han variado en el tiempo, se han trazado de modo diverso según los momentos.3Y es también una historia en construcción porque los mismos rasgos que consideramos habitualmente la diferencian de otras civilizaciones, están sujetos a nuevos descubrimientos y a debate. Basta mirar libros como el de J. Goody L’Oriente in Occidente,4para darse cuenta de que muchos de los presupuestos que a ese respecto son habituales entre nosotros, son hoy discutibles. Son tan móviles que cualquier historia de la «identidad europea» se debe escribir siempre con la precaución de no darlos por hechos o de llamar la atención del lector sobre el alto grado de relativismo científico en el que nos debemos mover. Desde luego, estas son reflexiones obvias. Sobre ellas vienen haciendo énfasis casi todos los que se han ocupado del tema. Pero son necesarias porque previenen del hecho de que no podemos escribir hoy una historia de Europa del mismo modo en que escribieron su historia los estados-nación del siglo XIX; es decir, recurriendo a razonamientos esencialistas y en términos de identidades que se remontan al pasado sobre lo que es lo «español», lo «italiano» o «lo germánico» para, a partir Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 90 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 91 5 Por poner tan solo un ejemplo que no ofenda los sentimientos nacionalistas de nadie, ese es el caso de lo ocurrido en España cuando lo español se definió en algunos debates, como el existente entre Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz, en términos, por un lado, de la impronta impresa en un supuesto y permanente «carácter español» por la convivencia entre las tres culturas (la musulmana, la cristiana y la judía) o, por el otro, por una españolidad que tiene su base casi exclusiva en la formación de un pueblo de guerreros e hidalgos que marcaría la mentalidad y el ser de los españoles hasta el siglo XX. 6 Unas breves pero lúcidas reflexiones sobre las dificultades de crear una identidad europea y la necesidad, también difícil de satisfacer, de darle una perspectiva histórica en Papcke, S., «Who Needs European Indentity and What Could It Be?» en Nelson, B., Roberts, D., y Veit, W. (eds.), The Idea of Europe. Problems of National and Transnational Identity, Nueva York, Berg, 1992. pp. 61-74. 7 Por poner tan solo un ejemplo, véase la excelente colección de ensayos recogidos en el libro de Pagden, A. (ed.), The Idea of Europe. From Antiquity to the European Union, Cambridge, Cambridge Univerity Press, 2002. Pero, todavía más llamativo, esa falta de consideración del importantísimo papel que la historia económica debe jugar en el debate está también presente en directrices oficiales, como las marcadas por el VI Programa marco de la comisión europea que, a lo sumo, introdujo temas como «gobierno» y «ciudadanía» en los que, desde luego como programa explícito –al menos aparentemente y en la mente de quienes lo diseñaron– en absoluto se contemplaba la posibilidad de aproximaciones desde la historia económica. de ellas, definir estereotipos nacionales.5Ni el excepcional avance de la historia como disciplina, ni lo ocurrido durante el siglo XX durante el cual estas percepciones de la Historia han contribuido a no pocas marginaciones y conflictos violentos, nos permiten tal planteamiento.6 Pero, establecidas estas cautelas generales, la historia económica como parte de la historia de Europa plantea algunos otros problemas más específicos. Llama la atención de entrada la relativa pérdida de protagonismo de esta disciplina en los intentos actuales de construir el pasado europeo (¿un nuevo pasado?). El hecho es tan obvio que quizás no merezca el esfuerzo de grandes demostraciones. Basta un vistazo a muchas de las publicaciones y proyectos que en los últimos años se están preocupando por replantear la Historia de Europa desde el punto de vista de su «identidad», de su «imaginario» o del análisis de sus procesos internos de convergencia, para darse cuenta de la relativa marginación de la historia económica. No faltan ni siquiera obras cuyo planteamiento explícito pasa por dejar al margen esta disciplina.7 Las razones, a mi modo de ver, podrían ser muy variadas. Incluso cabe pensar que la clave esté en una combinación de ellas. Podría ser un Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 91 98 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 15 Appadurai, A., «Introduction: Commodities and Politics of Value», en Appadurai, A. (ed.), The Social Life of Things: Commodities in Cultural Perspective, Cambridge, Cambridge University Press, 1988, pp. 3-63. fijas y más o menos codificadas según los distintos grupos sociales, a un fashion system, en el que dichos patrones dependen solo de la capacidad económica y tienden a homogeneizarse y a hacerse cada vez más fluidos.15 Obviamente, tal hecho ha sido en muy buena medida el resultado de cambios culturales, como es la erosión progresiva de las barreras estamentales y el paso a una sociedad de clases perceptibles en muchos países ya en el siglo XVIII. Pero no es menos claro que esto es asimismo la consecuencia del desarrollo de los mercados de bienes de consumo y de su efecto de cara a promover cambios en los patrones de demanda. Los mismos cambios culturales a que se han referido los historiadores del período son en buena medida la consecuencia del desarrollo de los mercados, del abara - tamiento de productos exóticos considerados como consumo suntuario y signo de distinción, del aumento de la oferta y del surgimiento de técnicas de marketing que llevaban a una democratización del uso de muchos productos. De hecho, son esas fuerzas las que, desde el campo de lo económico, han llevado en muchas ocasiones a formas de trasgresión social plasmadas en los patrones de consumo (a menudo incluso criticadas desde la moral de la época) que a su vez han constituido el campo abonado e incluso la base para el desarrollo de una nueva mentalidad social. Y, en ese sentido, es evidente también que la historia económica puede ayudarnos a entender de una manera crítica las cuestiones que hoy preocupan a muchos de los historiadores empeñados en repensar la historia de Europa desde el punto de vista de las identidades colectivas. La relación entre los mercados y el desarrollo de una cultura material común se comprueba aún con mayor nitidez cuando la referimos al estudio de los circuitos de distribución de arte, libros etc.; un campo este en el que la cooperación entre historiadores de la cultura y de la economía ha sido especialmente fructífera durante los últimos años. Ciertamente, y en la medida en que tanto la investigación sobre las formas de distribución de los objetos artísticos como sobre la circulación de los libros ha estado asociada al análisis de circuitos muy ligados a las élites, este tipo de estudios debe ser tomado con Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 98 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 99 16 Véase entre otros, Tully, J., «The Kantian Idea of Europe: Critical and Cosmopolitan Perspectives», en Pagden, A. (ed.), The Idea…, op. cit., pp. 331-358. cautela. Pero esta perspectiva está potenciando las aportaciones de la historia económica a la historia de la(s) identidad(es) europea(s) y de los movimientos de tipo transnacional que han dado lugar a una forma de cosmopolitismo que, desde I. Kant a hoy, se ha considerado clave de la historia de Europa.16 Hoy es imposible entender los grandes movimientos culturales que se han proyectado a escala europea, como el Renacimiento o la Ilustración, sin recurrir al estudio de la difusión a través de los mercados de libros y obras de arte que constituían los vehículos más importantes (no únicos) de ideas. Es más, bastaría abrir los criterios de estudio de estos temas para ir mucho más allá. Un estudio de la circulación mercantil de objetos artísticos con criterios mucho más amplios que el del análisis de lo ocurrido con las grandes obras nos podría dar muchas pistas sobre la contraposición entre cultura popular y cultura de elites e incluso sobre mecanismos de convergencia cultural entre las distintas regiones del continente mucho más complicados. Estos aspectos, que se han considerado ya en lo concerniente al tráfico de libros, manuscritos, estampas, grabados de escaso valor, etc., son del máximo interés, según se deduce de algunas referencias parciales. Al igual que en el caso de los objetos de consumo semi-duradero, esta perspectiva de análisis es también de gran utilidad a la hora de subrayar obstáculos y oposiciones a los procesos de convergencia cultural. Tales planteamientos, por otra parte, nos alejan de un cierto simplismo, ya que los análisis realizados durante los últimos años nos han puesto en relación no solo con la dinámica de formación de pautas de consumo y cultura material más generalizadas, sino también y sobre todo con los rechazos, los obstáculos y las barreras culturales a ello. Por poner tan solo un ejemplo, uno de los puntos más controvertidos de la teoría sobre la «revolución del consumo» que predica un rápido y fácil trikle down entre diferentes grupos sociales y entre el campo y la ciudad, ha sido el del automatismo de los mecanismos de emulación social. Por el contrario, sabemos hoy de los rechazos de diferentes grupos sociales y áreas geográficas a aceptar patrones de consumo que consideraban una ruptura de su propia identidad. En otras palabras, este tipo de trabajos han puesto el Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 99 100 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 17 Aunque para un período posterior al que nos ocupa, se pueden encontrar algunas reflexiones al respecto en Pécout, G. (dir.), Penser les frontières de l’Europe du XIXe au XXIe siècle, París, ENS, 2004, especialmente interesante en lo que concierne a las fronteras de los países del Este. Un interesante ensayo que en cierta forma toma como leit motiv las fronteras internas de Europa, en Fontana, J., Europa en el espejo, Barcelona, Planeta, 2013, pp. 19. Asimismo, y aunque con una perspectiva más corta Zielonka, J. (ed.), Europe Unbound. Enlarging and Reshaping the Boundaries of the European Union, Londres-Nueva York, Routledge, 2002. acento en algo que hoy es más que evidente para todos los historiadores que intentan descubrir las claves históricas de la formación de una identidad común europea y que es forzado considerar en cualquier estudio de este tipo: lo contradictorio de ese proceso, el enorme peso de las distintas visiones de la realidad y de las distintas identidades a la hora de hacer de este un hecho entrecortado e incluso inacabado. La propia diversidad cultural e identitaria de la Europa actual tiene mucho que ver con cuestiones cuya exploración desde la perspectiva de la historia económica es hoy inexcusable. b) Los logros de los últimos años en este campo nos pueden servir, en segundo lugar, para definir mejor el proceso de formación de Europa frente a otras sociedades e incluso –si se me permite– para criticar su propia existencia. Desde sus mismos orígenes tanto los estudios sobre los imperios ultramarinos como aquellos que se han centrado en las fronteras orientales de Europa han demostrado la importancia de esas relaciones «exteriores» de cara al establecimiento de fronteras físicas y culturales y a la aparición o no de una conciencia de lo «europeo» y de lo «no» europeo.17 En ese campo, incluso aquellos trabajos que no se lo han planteado de manera explícita, han dejado claro que las relaciones mercantiles –casi siempre acompañadas, por cierto, por la fuerza– han sido esenciales. Y dentro de esas relaciones mercantiles es de subrayar el papel desempeñado por el mercado de bienes de consumo de cara a entender tanto los procesos de osmosis e influencias mutuas como de creación de fronteras identitarias entre las distintas culturas. Aunque apenas si se ha puesto énfasis en ello, es evidente que el consumo creciente de productos exóticos (especias, tejidos, materias primas, objetos de decoración, etc.) procedentes de América y Asia Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 100 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 101 18 Un estudio que combina el análisis de las redes comerciales con los cambios en los patrones de consumo, en Willis, J. E., «European Consumption and Asian Production in the Seventeenth and Eighteenth Centuries», en Brewer, J. and Porter, R. (eds.), Consumption and the World of Goods, Londres-Nueva York, Routledge, 1993, pp. 133-147. 19 Dejaré un desarrollo más detallado de estas cuestiones para otra ocasión. Por el momento, permítanseme algunas reflexiones que aclaren de forma genérica lo que digo. 20 Véase a ese respecto el interesante volumen editado por Isenburg, T. y Pasta, R., «Inmagini d’Italia e d’Europa nella letteratura e nella documentatione di viaggio nel XVIII e XIX secolo. Atti del seminario internazionale (Firenze, 1999-2001)», Cromohs. Ciber Review of Modern Historiography, 8 (2003); más en particular el estudio de Cecere, G., «L’ Oriente d’Europa: un’idea in movimento (Sec. XVIII). Un contributo cartografico», Cromohs. Ciber Review of Modern Historiography, 8 (2003), pp. 1-25. implicaba, sobre todo en su primera fase, una incitación a la creación de un sentido del otro cada vez más claro, que, curiosamente, venía acompañado por la creciente adaptación y «europeización» de su cultura material e incluso por un proceso en el que, paradójicamente en apariencia, estos se convertían en elementos articuladores y centrales de ella.18 Es en este plano, precisamente, en el que creo que la investigación de los próximos años puede hacer aportaciones decisivas.19 Por ejemplo, es difícil resistir la tentación –y sin embargo no conozco ningún estudio que se lo haya planteado– de poner en relación las complejas relaciones entre Europa Occidental y Europa Oriental, con la creciente intensidad de sus contactos mercantiles a que se asiste desde fines del siglo XVII sobre todo. Si ambos conceptos se definen a sí mismos por el contacto, por las imágenes creadas por viajeros que luego influirían en intelectuales como Montesquieu, no es extraño que esto coincida con una creciente relación mercantil.20 Como tampoco lo es que la progresiva asimilación posterior de esa «otra Europa» (que está a la base de una relación complicada que ha llegado hasta nuestras cancillerías de Bruselas) haya sido una consecuencia de los intentos de «europeización civilizatoria» de gentes como Pedro el Grande; una euro - peización a la que no ha sido ajeno el desarrollo entre las élites de los países del Este de formas de consumo asociadas a ellas y para cuya comprensión no hay ni que mencionar la importancia del comercio y los mercados. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 101 102 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 21 Shammas, C., The Pre-Industrial Consumer in England and America, Oxford, Oxford University Press, 1990. 22 Véase Verga M., Storie..., op. cit., pp. 16-17. 23 Pocock, J. G. A., Barbarism and Religión. Vol 2. Narratives of Civil Government, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, pp. 112 y ss. de Cadalso, sin duda el menos conocido de los autores citados, es el magnífico ensayo dedicado a recrear la forma en que un norteafricano llegado a España reconstruye con mirada de extranjero las costumbres y carácter de los españoles y, por esa vía, de los europeos. Véase Cadalso, J., Cartas Marruecas, Madrid, Cátedra, 1983 [1789]. En la otra dirección, trabajos, como el de Carol Shamas, han mostrado la necesidad de estudiar las pautas de consumo del Nuevo Mundo en función de la exportación de patrones de gustos y de modas procedentes del Viejo Continente y viceversa.21 Pero ese análisis se puede llevar más allá. Sobre todo en aquellas áreas como el imperio español o en las zonas de encuentro entre los europeos y otras civilizaciones un estudio de los mercados y de la confrontación de pautas de consumo en general, puede dar muchas pistas sobre cuestiones relativas al encuentro entre las culturas, a la permeabilidad entre ellas y a sus rechazos, a sus intercambios recíprocos y a la apropiación y adaptación de valores mutuos, en lo que podríamos llamar las fronteras externas de la «identidad» europea. En sentido complementario, es muy significativo que fuera en el siglo XVIII y en el contexto de un creciente reflejo de lo europeo en ciertos estereotipos sobre las civilizaciones orientales, cuando se asistiera a avances muy rápidos en el desarrollo de cierta identidad europea respecto de aquellas. No es casual que escritores como Montesquieu, Voltaire o Cadalso, hayan definido lo europeo frente a las sociedades asiáticas, justo en el momento en que se incrementaba de manera notable el consumo de productos de Oriente y de intensificación creciente del comercio entre Oriente y Occidente. Europa se vio entonces en el espejo de China, de Persia y de otras áreas del planeta. A ellas se adjudicaron los conceptos de «despotismo oriental», y la contraposición entre «civilización» y no civilización se hizo entonces más clara y matizada;22 su historia se re-escribió en función de esos «otros».23 Pero es imposible no ver en ese hecho la huella del desarrollo de los mercados y de las nuevas pautas de consumo en dos direcciones complementarias. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 102 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 103 24 Elias, N. The Court Society, Dublin: University College Dublin Press, 2006 y The Civilizing Process, Oxford, Blackwell, 1994. 25 Aunque muchas veces en otro sentido al que aquí explico, me parecen interesantes las reflexiones de Smith, W., Consumption and the Making of Respectability, 16001800, Nueva York-Londres, Routledge, 2002. pp. 46-62. Aunque sin relacionarlo con el proceso de formación de una identidad europea respecto al espejo asiático, se ha ocupado de esta cuestión Berg, M., «Asian Luxuries and the Making of the European Consumer Revolution», en Berg, M. y Eger, E. (eds.), Luxury in the Eighteen Century. Debates, Desires and Delectable Goods, Nueva York, Palgrave Mac - millan, 2003, pp. 228-244. Asimismo, Clunag, C., «Modernity Global and Local: Consumption and the Rise of the West», The American Historical Review, 104:5 (1999), pp. 1497-1511. De un lado, es evidente que, como ha demostrado Elias –a quien, sin embargo, se le podría discutir en otros sentidos–, ese mismo concepto de civilización iba ligado a formas de sociabilidad, de cultura material e incluso de consumo doméstico muy precisas y en las que no se puede dejar de ver la huella del desarrollo mercantil.24 Incluso en la mente de los propios tratadistas de la época –por ejemplo los antes citados– la civilización se definía por las manners y estas tenían mucho que ver con formas de sociabilidad y con hábitos que incluían determinados patrones de consumo. Del otro lado, el gran avance de las relaciones comerciales con Oriente contribuía a potenciar un consumo de «estatus» que buscaba en productos raros e inaccesibles la creación de signos de distinción por parte de las élites respecto del conjunto de la sociedad. Pero, al hacerlo así, hacía cada vez más presentes y visibles esos otros mundos. Más importante aún, a medida que en el siglo XVIII el mismo desarrollo mercantil potenciaba la «objetivation» (o, si se quiere, la democratización) de todas estas pautas de consumo y los nuevos hábitos se difundían en la sociedad, la propia conciencia del otro hubo de hacerse más presente en capas sociales que, cada vez más, fumaban tabaco, condimentaban sus alimentos con especias, bebían te, café y chocolate e incluso creaban hábitos de socialización en torno a estos productos, y hasta consumían sedas y porcelanas de origen lejano. Curiosa y paradójicamente se podría decir que la imagen del otro estaba cada vez más presente y nítida cuanto más se adoptaban (si bien traducidos, adaptados y cambiados) algunos de sus hábitos.25 c) Por lo que se refiere a las identidades nacionales, que tan importantes han sido en la construcción de una faceta decisiva (la de una Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 103 104 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Europa de naciones) en la forma en que los europeos se ven a sí mismos, también el estudio de los mercados y sus efectos sobre los procesos de convergencia cultural es del máximo interés. Es conocido el papel desempeñado por la tendencia hacia la centralización política en la época moderna así como por los procesos de convergencia social que pueden haber provocado en algunas áreas; una cuestión esta en la que no se puede entrar aquí. Pero muchas veces se olvida el papel en ese sentido del desarrollo de los mercados. Un papel este que es tanto más importante resaltar cuanto más se subraya el carácter fragmentario y escasamente unificador de las composite monarchies y de los sistemas políticos de entonces. Porque, efectivamente, si como se ha dicho, estas eran formaciones políticas creadas por dinámicas de agregación institucional que frenaba la convergencia política, es obvio que la integración cultural entre los diversos territorios se ha realizado preferentemente por otros cauces. Como veremos, no se puede responsabilizar solo a los procesos de integración mercantil de ello. Pero las ideas, los hábitos, las formas de sociabilidad muchas veces asociadas a pautas de cultura material, de consumo, etc., no viajaban solos. Eran transportados de unas regiones a otras y ese transporte se realizaba, entre otros, por canales mercantiles, con independencia de lo que haya sido su resultado final. Así, y por referirnos a un área conocida para todos nosotros, es evidente que el proceso de convergencia entre diversos territorios de la Monarquía Hispánica, por ejemplo, entre Aragón y Castilla y entre Castilla e Italia, tuvo una de sus bases en intercambios crecientes de mercancías. Y algo similar se puede encontrar entre otras áreas y regiones de Europa –quizás la propia Italia sea el mejor ejemplo– que en unos casos desembocarían en la creación de entidades estatales y en otros no. Ello, lógicamente, antes de que pudiéramos hablar de un mercado nacional integrado como el que se daría en el siglo XIX. En otras palabras, se precisa también de una historia dal basso, por utilizar la expresión de Roberto Sabatino López, que nos recuerde de nuevo el papel desempeñado por los circuitos mercantiles de cara a crear algo tan característico de la historia de Europa y de la forma en que esta se han concebido a sí misma en muchas áreas como serían los estado-nación que cuajan en el siglo XIX. *** Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 104 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 105 26 Véase, por ejemplo, el estudio de Pomeranz, K., The Great Divergence…, op. cit., quien se pregunta, en línea con lo dicho anteriormente, el porqué de que la presencia de alguno de estos procesos y particularmente de una «revolución del consumo» no haya producido efectos similares en el plano del crecimiento económico. O bien, véase el ensayo de Burke, P., «Resa et verba: Conspicuous Consumption in the Early Modern World» en Brewer, J. y Porter, R. (eds.), Consumption and the World of Goods, Londres-Nueva York, Routledge, 1993, pp. 148-161, quien constata procesos similares a los de consumo conspicuo e incluso a los de confrontación social en torno al consumo, que muchos autores han detectado en Europa. Por lo que se refiere a la industrious revolution, es sabido que el término, popularizado por Jan de Vries arranca de la aplicación que de él hace Akira Hayami a la economía japonesa del siglo XIX. Vries, J. de, «Between Purchasing Power and the World of Goods: Understanding the Household Economy in the Early Modern Europe», en Brewer, J. y Porter, R. (eds.), Consumption and the World of Goods, Londres-Nueva York, Routledge, 1993, p. 126. 27 Anderson, B., Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Londres-Nueva York, Verso, 2003. El autor añadió después otras formas de creación de comunidades imaginadas como los museos, los censos y los mapas. Es obvio que con todo lo anterior no se pretende decir que esta relación entre mercados, consumo y cultura material haya sido específica de Europa. Por el contrario, hoy sabemos que muchos de los rasgos de la economía europea antes subrayados están presentes también en otras sociedades, particularmente en Asia y, más en concreto, en muchas regiones de China. Allí también se ha podido hablar de muchos de los fenómenos que la historia económica ha desvelado en los últimos años, desde la importancia del consumo conspicuo en el más puro sentido «vebleniano», a la existencia de signos de una revolución del consumo e incluso de una industrious revolution tal y como las han definido, de modo más o menos discutible (esta es otra cuestión) los historiadores europeos.26 Lo que proponemos aquí no es la singularidad europea en esos términos. Se trata, por el contrario, de llamar la atención sobre la importancia de las dinámicas de convergencia mercantil y los obstáculos a ellas durante la época moderna de cara a la vertebración cultural del Viejo Continente, de manera que podamos estudiar de una manera crítica incluso la propia existencia de ese proceso. No es extraño que trabajos de gran impacto como el de Benedict Anderson hayan puesto el énfasis sobre el carácter imaginario de las identidades y, por tanto, también sobre su condición de identidades cambiantes.27 Es más, tampoco es extraño que Anderson pusiera énfasis en la importancia de la lengua como factor esencial de tales procesos. Sin embargo, y aunque comprensible, llama la atención que en su estudio no se incluyeran otros tipos de lenguaje, como el lenguaje de las pautas de Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 105 106 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 28 No puedo ocuparme con más detalle aquí de algunas cuestiones que he desarrollado en Yun Casalilla, B., «Aristocratic Transnacional Networks in the Spanish Mocomportamiento y de consumo asimismo importante en la creación de comunidades imaginarias en todas las sociedades. Los retos de una historia de las identidades europeas desde la perspectiva del consumo y los mercados Me parece importante, sin embargo, que reflexionemos también sobre los problemas y cautelas implícitos en cualquier investigación de conjunto que adopte los planteamientos sugeridos más arriba. Buena parte de las cautelas a considerar en torno a estas cuestiones parten de la necesidad de contextualizar históricamente la relación entre mercados y cultura y, más en particular, a los mercados en su ámbito social y cultural. El gran peligro de la propuesta anterior –la propia historia del consumo y los mercados lo está demostrando– aplicada a la época moderna es, sin duda, el del anacronismo. Hoy sabemos que la idea que tenemos del mercado, como una forma de relación pública a menudo anónima e impersonal en la que concurren diversos actores a la búsqueda de maximizar sus beneficios, ni responde a lo que eran muchas de las transacciones mercantiles del Antiguo Régimen, ni, lo que es más importante, era la única y más importante forma de difusión de bienes de consumo. La convergencia de pautas de consumo y de creación de una cultura material más homogénea en las sociedades europeas se ha basado durante mucho tiempo más en redes de relación personal no mercantil que en procesos de este tipo. El carácter internacional de algunas instituciones o la proyección transnacional de las redes personales y sociales han sido muchas veces y en muchos sentidos más importantes que los mercados. Por poner tan solo algunos ejemplos, instituciones como la Iglesia Católica han tenido un fuerte impacto sobre las pautas de consumo e incluso sobre la creación de una ideología del consumo que no solo ha afectado a los aspectos formales de esta sino que incluso ha sido clave en el acercamiento de las prácticas de este tipo entre regiones muy lejanas. Asimismo, las redes aristocráticas, de fuerte componente transnacional han sido mucho más importantes que la circulación mercantil, e incluso a menudo la han precedido, a la hora de difundir patrones similares.28 Aunque muy discutidos, estudios como Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 106 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 107 narchy, 16th-17th Centuries», working paper presentado al workshop Elites in the Empire. The Spanish Monarchy and America, 1492-1714, Florencia, Instituto Universitario Europeo, (diciembre, 2004). 29 Permítaseme, por ejemplo, recordar que una forma de generar demanda en la época era la de dar –a veces de regalo, otras veces a bajo precio– productos de cierto tipo a miembros determinados de grupos privilegiados o de las élites para su propio consumo y exhibición. Tan solo después de la puesta en marcha de este mecanismo de tipo psicológico o social se asistía a un desarrollo de los mercados. Tales técnicas, que en nada extrañan a los especialistas en marketing actuales, han sido sin embargo olvidadas por los historiadores de la economía hasta que ensayos como el de Mckendrick sobre J. Wedgwood nos han llamado la atención sobre ellas. Mckendrick, N., «The Consumer Revoluction…», op. cit. los de N. Elias plantean una clara alternativa a la visión del desarrollo mercantil como factor único de integración cultural y de creación y difusión de un proceso civilizador que estaría detrás de la emergencia de una cierta identidad europea. Y ello, no porque el sociólogo alemán negara la relevancia de las transacciones mercantiles a este respecto, sino porque, al enfatizar la importancia de la sociedad cortesana, de su extraordinario poder simbólico, de su capacidad de representación y de su posibilidad de generar formas de emulación, estaba también enfatizando el papel de factores sociológicos e incluso psicológicos. Incluso en términos más generales, los desplazamientos humanos, las redes sociales y familiares, los lugares de sociabilidad, etc., han sido muchas veces más eficaces que los intercambios mercantiles en la difusión de símbolos y signos de distinción y en el choque y fusión de estos. El estudio de todas estas cuestiones puede darnos muchas pistas de los procesos de convergencia y rechazo tan presentes en el pasado. Es más, tan solo en el contexto de su convivencia con estas otras formas de transmisión cultural se puede entender el papel real de los circuitos económicos.29 En este mismo orden de cosas, es evidente que incluso los mercados de bienes culturales (el mercado del arte, por ejemplo), ni tuvieron una importancia homogénea e igual a lo largo del tiempo, ni funcionaron muchas veces como podríamos pensar a primera vista. Por el contrario, es sabido que, más que un mercado de obras de arte, lo que existió en muchas áreas de Europa hasta bien entrado el siglo XVII fue un sistema en que el mecenazgo y las relaciones personales y hasta clientelares eran la clave de la circulación de este tipo de bienes. Prácticas hoy casi inocuas desde este punto de vista dada la aparición de sistemas de publicidad Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 107 114 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA ROCHE, D., La culture des apparences. Une histoire du vêtement (XIIIe – XVIIIe siècle). París, Fayard, 1989. SHAMMAS, C., The Pre-Industrial Consumer in England and America, Oxford, Oxford University Press, 1990. SMITH, W., Consumption and the Making of Respectability, 1600-1800, Nueva York-Londres, Routledge, 2002. SNOOKS, D., Was the Industrial Revolution Necessary?, Londres-Nueva York, Routledge, 1994. TORRAS, J. y YUN CASALILLA, B., «Historia del consumo e historia del crecimiento. 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The Spanish Monarchy and America, 1492-1714, European University Institute, (diciembre, 2004). ZIELONKA, J. (ed.), Europe Unbound. Enlarging and Reshaping the Boundaries of the European Union, Londres-Nueva York, Routledge, 2002. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 114 1 Yun Casalilla, B., «The Spanish Empire, Globalization, and Cross-Cultural Consumption in a World Context, c. 1400c.1750», en Aram B. y Yun Casalilla, B. (eds.), Global Goods and the Spanish Empire, 1492-1824: Circulation, Resistance and Diversity, Nueva York, Palgrave-Macmillan, 2014, pp. 277-306. Este estudio y el conjunto de mi participación en este libro han sido realizados como parte de mis actividades como catedrático en el Departamento de Historia y Civilizaciones en el Instituto Universitario Europeo de Florencia (2003-2013). Querría expresar aquí mi gratitud a esa institución, de igual modo que a mis colegas y estudiantes que trabajaron en estos temas, por su colaboración a lo largo de estos años. Este estudio no habría sido posible sin su apoyo, aunque como suele decirse, los errores son de mi responsabilidad exclusiva. Al igual que el conjunto de este este libro, este capítulo es parte de las actividades del grupo de investigación P09HUM 5330, «Nuevos productos Atlánticos, ciencia, guerra, economía y consumo en el antiguo régimen», financiado por la Junta de Andalucía. También agradezco a la Dra. Bethany Aram su ayuda en la traducción de algunas partes y la edición de este capítulo, de igual forma que por sus comentarios sobre diferentes aspectos. 2 Véanse los trabajos pioneros de Appadurai, dos de los cuales son especialmente relevantes para este contexto: Appadurai, A. (ed.), The Social Life of Things: Commodities in Cultural Perspective, Cambridge, Cambridge University Press, 1988 y Appadurai, A., Modernity at Large: Cultural Dimensions of Globalization, Minneapolis; Londres, University of Minnesota Press, 1996. Capítulo 5 El imperio español, globalización y consumo trans-cultural en un contexto mundial, c. 1400-17501 ¿Dialogan las culturas solamente mediante discursos orales y escritos o también mediante el intercambio de bienes materiales? Antropólogos e historiadores están totalmente de acuerdo en este tema: los intercambios transculturales de objetos y bienes son también un medio de diálogo intercultural.2Las sociedades interactúan transfiriendo partes de sus culturas materiales, mediante el intercambio de valores, hábitos sociales y prácticas, o representaciones políticas, todas ellas a menudo inherentes a estos objetos. Rechazando estos intercambios, las sociedades también se rechazan unas a otras. Muy a menudo esta relación intercultural supone violencia y odio, así como guerra y conflicto. Y este no es solo un discurso de antropólogos. La idea, de hecho, fue avanzada por el historiador Fernand Braudel hace varias décadas desde un planteamiento a Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 115 116 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 3 Braudel, F., Civilization and Capitalism, 15th-18th Century (trad. Reynolds, S.) Londres, Collins, 1981; Gruzinski, S., Les quatre parties du monde: Histoire d’une mondialisation, París, Martinière, 2004. La importancia de los contactos y de las redes personales ha sido algo en lo que también han puesto énfasis muchos historiadores en décadas recientes. 4 Algunos comentarios generales pero muy interesantes, aunque mayoritariamente referidos al Imperio Británico, pueden leerse en Ghosh, R., «Another Set of Imperial Turns?», American Historical Review, 117:3 (2012), pp. 772-793. 5 Para dos buenos ejemplos del interés sobre esta perspectiva véase Nützenadel, A. y Trentmann, F., «Introduction», en Nützenadel, A. y Trentmann, F. (eds.), Food and Globalization: Consumption, Markets and Politics in the Modern World, Oxford, Berg, 2008, pp. 1-21, y Brewer, J. y Trentmann, F., «Introduction: Space, Time and Value in Consuming Cultures» en Brewer, J. y Trentmann, F., (eds.), Consuming Cultures, Global Perspectives: Historical Trajectories, Transnational Exchanges, Oxford, Berg, 2006, pp. 1-18. escala global y posteriormente utilizada también para el imperio español en las Américas por Serge Gruzinski y otros.3En el largo plazo el intercambio de bienes materiales ha sido tan intenso que resulta imposible resumirlo en unas pocas páginas. Pero merece la pena reflexionar sobre algunos ejemplos que pueden ser sugerentes en relación a las formas en las que la imbricación intercultural ha afectado y continuará afectando a las vidas de los seres humanos. Con esa finalidad y con la intención de realizar una reflexión general y necesariamente incompleta estudiaremos aquí el cambio que tuvo lugar en la historia de la humanidad desde principios del siglo XV y más específicamente después de 1492. Tal y como se ha indicado en el capítulo introductorio, el objetivo principal de este volumen es comprender la recepción de «nuevos» productos procedentes de América en Europa bajo el paraguas del imperio español.4Las siguientes páginas tienen por objeto especificar el papel de este imperio en concreto en la historia del consumo, la cultura material y la circulación de nuevos productos.5Y ello, considerando el alcance de dicho imperio más allá del Atlántico y el papel que desempeñó en el contexto de la «primera» globalización. Al hacerlo, intentaremos establecer un marco histórico general para los casos aquí estudiados, pero también reflexionar sobre una serie de aspectos del proceso de la globalización, un proceso que a menudo se presenta hoy como un deseable desarrollo lineal hacia la convergencia de las sociedades del planeta. Asímismo, presentaremos una serie de reflexiones sobre cómo estos procesos están cambiando la forma en la que la historia del consumo se escribe hoy en día. En este sentido, partimos de una premisa: a la vez que enseña a las sociedades ocHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 116 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 117 6 Véase principalmente North, D., Structure and Change in Economic History, Nueva York-Londres, Norton, 1981. 7 Desde una perspectiva estrictamente económica, las reflexiones de Avner Greif en varios de sus trabajos son de gran interés, incluyendo, entre otros, Greif, A., Institutions and the Path to the Modern Economy: Lessons from Medieval Trade, Cambridge, Cambridge University Press, 2006. Un buen ejemplo de cómo operaban esas instituciones informales, en este caso el parentesco y las relaciones familiares, puede encontrarse en Vicente, M. A., Clothing the Spanish Empire: Families and the Calico Trade in the Early Modern Atlantic World, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2006. cidentales muchas cosas nuevas sobre el resto del mundo, la historia global se está convirtiendo, sobre todo, en un poderoso instrumento que transforma nuestra imagen de la historia de Europa en sí misma. El imperio español: ¿Un caso especial? Agentes para la circulación de nuevos productos Los imperios y en especial, y por motivos evidentes, los imperios ibéricos que abrieron el camino a las conexiones globales desde el siglo XV, han creado a menudo las estructuras de poder que facilitaron los intercambios interculturales y la dominación de unas sociedades por otras. Los imperios han establecido las infraestructuras administrativas para ayudar o impedir la circulación de productos y han desarrollado economías políticas que regulan dicha circulación. Han sido asimismo el marco para la construcción de la confianza entre agentes sociales y para establecer formas de hacer cumplir los contratos en el sentido que destacó Douglas North.6Pero, al mismo tiempo, han sido también cruciales para la expansión espacial de instituciones informales como la familia y los vínculos de parentesco, los contactos personales e incluso la reputación, ayudando así a reducir los costes de transacción y a crear redes de confianza a través de las que circularon muchos productos, hábitos de consumo y formas de cultura material.7Con frecuencia, los sistemas imperiales han sufragado los costes de protección que comerciantes, misioneros, soldados, burócratas y nobles necesitaban para mantener sus redes. Asimismo, han servido para activar los procesos de aculturación (a veces mediante la violencia) y de acercamiento entre sociedades distantes sobre las que se han sentado las bases para una aproximación entre la oferta y la demanda en los mercados globales. Conviene también recordar que los sistemas imperiales no se encontraban aislados sino esHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 117 118 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 8 Subrahmanyam, S., «Holding the World in Balance: The Connected Histories of the Iberian Overseas Empire, 1500-1640», American Historical Review, 112:5 (2007), pp. 1359-1385. Véase también Yun Casalilla, B., «Las instituciones y la economía política de la Monarquía Hispánica (1492-1714): Una perspectiva trans-nacional», en Ramos Palencia, F. y Yun Casalilla, B. (eds.), Economía política desde Estambul a Potosí. Ciudades estado, imperios y mercados en el Mediterráneo y en el Atlántico ibérico, c. 1200-1800, Valencia, PUV, 2012, pp. 139-162. 9 Véase al respecto Darwin, J., The Rise and Fall of Global Empires, 1400-2000, Londres, Penguin, 2008, pp. 50-99. La idea de la necesidad de relativizar el carácter excepcional de la expansión europea puede encontrarse también en Fernández Armesto, F., «Empires in their Global Context, ca. 1500 to ca. 1800», en Cañizares-Esguerra, J. y Seeman, R. R. (eds.), The Atlantic in Global History, 1500-2000, Upper Saddle River, Pearson Prentice Hall, 2007, pp. 93-109, publicado por primera vez en español en Lucena Giraldo, M. (ed.), Debate y perspectivas: Cuadernos de historia y ciencias sociales. Las tinieblas de la memoria: una reflexión sobre los imperios en la Edad Moderna, Madrid, Fundación Mapfre Tavera, 2000, pp. 27-45. trechamente interconectados, como ha remarcado Subrahmanyam. Según esta opinión, que es también válida para muchos otros casos, portugueses y españoles –hasta el punto en que estas dos categorías existen y pueden disociarse para el periodo– estaban mezclados e interconectados a pesar de la división institucional de ambas formaciones imperiales, que, por otra parte, coexistieron bajo la misma monarquía compuesta desde 1580 hasta 1640.8 ¿Cómo fue el desarrollo de este proceso en el caso español? Es preciso señalar que, desde una perspectiva global, la expansión ibérica iniciada en el siglo XV no fue un fenómeno excepcional. Hacia 1492, la Europa cristiana aún vivía inmersa en la ola expansiva que arranca de las décadas posteriores a la crisis del siglo XIV y de los horrores de la Peste Negra. Esta expansión era evidente en los reinos ibéricos y en su proyección atlántica. Pero la expansión ultramarina ibérica era parte de un proceso emprendido también por otros imperios europeos y no europeos. Así, mientras los reinos ibéricos exploraban y conquistaban el Atlántico en dirección este y sur, en el este de Europa los eslavos consiguieron unificar diferentes territorios haciendo de Moscú su capital bajo la autoridad de los zares. Actuando como un muro de contención contra los turcos y los mongoles de Asia Central, en torno al año 1500 estaban ya preparados para iniciar su avance desde Rusia hacia el Pacífico, más allá del río Volga y de los Urales. Pero la civilización cristiana europea no era la única en expansión.9La sociedad islámica resultó particularmente imparable. Los otomanos conquistaron amplias regiones desde Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 118 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 119 10 Sobre algunos de estos aspectos véase Céspedes del Castillo, G., «Cultural Contacts and Exchanges», en Burke, P. y Inalcik, H. (eds.), History of Humanity: Scientific and Cultural Development, vol. 5: From the Sixteenth Century to the Eighteenth Century, Nueva York, Routledge-UNESCO, 1999, pp. 50-60. 11 Flynn, D. O. y Giráldez, A. «China and the Manila Galleons», en O. Flynn, D., World Silver and Monetary History in the 16th and 17th Centuries, Londres, Ashgate, 1996, pp. 71-77. 12 Vilar, P., Oro y moneda en la historia (1450-1920), Barcelona, Ariel, 1969. 13 Ibidem. Anatolia hasta Constantinopla (1453), así como Egipto y distintas partes del Norte de África. Desde Egipto y Marruecos el Islam avanzó hacia el sur y el centro de África, así como hacia el este, valiéndose en unas ocasiones de procesos de conquista y en otras de la expansión religiosa facilitada asimismo por la extensión de las redes de comerciantes musulmanes. El Islam también extendió sus fronteras hacia el sudeste asiático e Indonesia. A finales del siglo XVI, el reino de Marruecos se expandió asimismo hacia Sudán. Al otro extremo de Eurasia, China tuvo que resistir los ataques del Tamerlán desde Asia central, pero fue capaz de expandirse asimismo durante el siglo XV y de crear vínculos tributarios con el Tíbet y sus vecinos del sur.10 Sin considerar esta pluralidad en las expansiones y los contactos que provocaron, sería difícil explicar la circulación global de nuevos productos. Un seguimiento de la plata americana puede ser muy expresivo al respecto. Tal y como algunos historiadores han resaltado, las necesidades del Imperio Ming en el Este incrementaron el valor de los metales preciosos y la sed de estos en Europa.11 De hecho, el interés de los Ming por la plata no hizo sino estimular el de los españoles y portugueses y su deseo de abastecerse de metales preciosos primero en África y luego en América, a medida que el valor de este metal aumentaba en Europa por efecto de la demanda asiática.12 Se esté de acuerdo o no con este argumento, es innegable que el descubrimiento y el expolio de las minas de plata de América activó de forma clara las redes comerciales entre los diferentes imperios del planeta. Como también lo es que el comercio de especias precedió a los imperios ibéricos y a la expansión de otras entidades políticas a lo largo del globo. Aunque fue la expansión del imperio otomano la que, si bien no interrumpió el tráfico italiano a través de la famosa ruta de la seda, obligó a la búsqueda de rutas alternativas más atractivas, primero circunnavegando África y posteriormente navegando hacia el Oeste.13 Esta búsqueda de rutas alternativas también proporHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 119 120 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 14 Abu-Lughod, J. L., Before European Hegemony: The World System, A.D. 1250-1350, Nueva York, Oxford University Press, 1989. 15 Como es sabido, una buena parte de la plata americana tuvo un profundo impacto económico en China e India (y también en las Islas de las Especia), particularmente en Indonesia y Filipinas). Los efectos son también conocidos. Un buen ejemplo, tanto en la China del siglo XVI como en la India Mogola del siglo XVII, es cómo este flujo de plata americana hizo posibles cambios cruciales en la fiscalidad, cuando los impuestos recaudados en plata reemplazaron al arroz, materias primas o al cobre como ingresos estatales. A su vez, este nuevo método fiscal elevó el valor de la plata en Asia, más que favoreció el flujo aquí descrito. Este mismo sistema monetario de la India Mogola estaba basado en la plata española, donde la famosa rupia fundida eran los «reales de a ocho» o «dólares españoles». Todo lo anterior resulta incluso más significativo cuando se considera que la producción japonesa de plata, que también fluía hacia China, tuvo también una enorme importancia. Véase Attman, A., American Bullion in the European World Trade 1600-1800, Göteborg-Uppsala, Almqvist Wiksell Tryckeri, 1986. cionó a los europeos medios para contrarrestar la expansión comercial de los árabes hacia Asia al llevarles directamente al Océano Índico. Además, tal y como Abu-Lughod observó hace ya años, las conexiones chino-árabes construidas a lo largo del Océano Índico por las expansiones musulmanas e incluso chinas crearían las redes de comunicación que, ya desde el siglo XVI, facilitarían la entrada y el tránsito en esa área de los portugueses (europeos).14 Posteriormente, desde mediados del siglo XVI, la plata proporcionada por el imperio español sirvió para alimentar la expansión de Rusia hacia Siberia y Asia y el comercio de pieles, en dirección inversa a la del metal americano, sobre el que estaba basada dicha expansión. Ese flujo de plata además contribuyó a cambiar e incluso reforzar los imperios chino y mogol, tanto en términos fiscales como monetarios.15 Pero también tuvo otros efectos que han sido menos considerados. Desde el siglo XVI la abundancia y el bajo coste en Europa de la plata procedente de América estimularon la transferencia de plata hacia África y, sorteando el continente africano, hacia India e Indonesia a cambio de especias. Es asimismo interesante recordar que los portugueses desarrollaron el comercio con su imperio en Brasil, donde mandaron cantidades crecientes de esclavos africanos y otras mercancías, muchas de ellas también hacia Perú, dinamizando así en sentido contrario otra vía trans-imperial de circulación de plata desde los Andes a Buenos Aires y desde allí a África y Europa. Estos flujos de plata alrededor del mundo no solo fortalecieron corrientes opuestas de mercancías, sino que también proporcionaron una Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 120 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 121 16 El mejor libro sobre ello es, sin ninguna duda, Bauer, A., Goods, Power, History: Latin America’s Material Culture, Cambridge University Press, 2001. 17 Particularmente interesante a este respecto es el trabajo de Centenero de Arce, D., ¿Una Monarquía de lazos débiles? Veteranos, militares y administradores 1580-1598, Florencia, Instituto Universitario Europeo, (tesis doctoral defendida en 2009). Otros dos excelentes ejemplos sobre biografías de estos funcionarios, incluyendo sus carreras americanas, son los trabajos de García Hernán E., Consejero de dos mundos: Vida y obra de Juan de Solorzano Pereira (1575-1655), Madrid, Fundación Mapfre, 2007 y Díaz Blanco, J. M., Razón de estado y buen gobierno, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2010. 18 Gasch J. L., Global Trade, Circulation and Consumption of Asian Goods in the Atlantic World: The Manila Galleons and the Social elites of Mexico and Seville (1580-1630), Florencia, Instituto Universitario Europeo (tesis doctoral defendida en 2012). mayor consistencia a las redes de comerciantes, creando así las condiciones para el desarrollo de intercambios interculturales a través de ellas. Sin embargo, y esta es una segunda consideración importante, las conexiones entre imperios globales, lejos de girar exclusivamente en torno al comercio y a la acción de los grandes comerciantes, fueron mucho más complejas. El imperio español ofrece excelentes ejemplos en ese sentido.16 Este volumen pone énfasis en cómo la aparición y la consolidación del imperio español permitió la creación y la mejora en algunos casos de redes globales (o proto-globales) de oficiales, soldados, eclesiásticos y viajeros-colonizadores en general, que circulaban sobre distancias sin precedentes hasta entonces.17 Construidas en torno a virreinatos, audiencias, municipios, puertos y enclaves defensivos, estas redes de funcionarios resultaron clave para el ejercicio del poder y para la administración del imperio, pero resultaron también cruciales a la hora de crear conexiones interculturales. Sabemos, por ejemplo, que los primeros intercambios de bienes entre Acapulco y Manila, una ruta clave y más importante para la globalización de lo que normalmente se ha pensado hasta no hace mucho, fueron llevados a cabo en gran medida gracias a contactos personales, en los que funcionarios que viajaban desde Nueva España y Filipinas fueron fundamentales.18 La correspondencia, de estos soldados y funcionarios con sus familias y parientes en Castilla, también evidencia el intenso intercambio de bienes hacia América protagonizado por agentes que no eran mercaderes profesionales. Esa misma correspondencia nos muestra asimismo la importancia del regalo y las relaciones de reciprocidad en estos intercambios. En algunos casos el propósito de estos envíos no era solamente el uso directo de estos bienes por la gente involucrada, sino la venta Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 121 122 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 19 Véase en ese sentido la carta que Pedro Martín envió a su esposa, Gregoria Rodríguez, en 1582, recomendándole que viajase a las Américas con «un manto de tafetán con su ribete de terciopelo, y una ropa de tafetán y una basquiña de raso negro y un jubón bueno y otros vestidos blancos... y una espada, con sus vainas de terciopelo, que costará hasta cuatro ducados, tráemelo porque acá vale doce ducados, y también traeréis la más ropa blanca que pudieres y alguna para cama de red». Es solo un ejemplo de cientos que podrían aportarse. Otte, E. (ed.), Cartas privadas de emigrantes a Indias, 1540-1616, Jerez de la Frontera, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1992. 20 Saldarriaga, G., «Alimentación e identidades en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVI y XVII», México, Colegio de México, (tésis doctoral defendida en 2007), cap. 5. Agradezco al profesor Saldarriaga haberme permitido leer su trabajo antes de su publicación. El libro ha sido publicado como Alimentación e identidades en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVI y XVII, Bogotá, Universidad del Rosario, 2011. 21 Garavaglia, J. C., Mercado interno y economía colonial: Tres siglos de historia de la yerba mate, México, Grijalbo, 1983. de aquellos artículos tras su llegada a América donde, como muchas de las cartas indican, alcanzarían precios más elevados.19 Los soldados españoles fueron también a menudo responsables de la propagación dentro de las Américas de algunos productos originarios de dicho continente, contribuyendo así a los intercambios culturales entre las diversas regiones del Nuevo Mundo. El caso de la yuca (también conocida como mandioca o tapioca) y su producto, el cazabe, que los españoles llevaron desde América Central al Valle del Magdalena en Colombia, es un ejemplo hoy bien estudiado.20 Pero podríamos añadir otros tantos, como el cacao o la yerba mate.21 Los dominicos y los franciscanos fueron también pioneros en este proceso, creando una red de instituciones eclesiásticas cuyos miembros estaban en permanente contacto. Los jesuitas, una sólida organización ibérica en sus inicios, tejieron una extensa red global por la que circulaban productos y modelos de cultura material. Su presencia en América y Asia data de la misma fundación de la Compañía de Jesús. En 1541, Francisco Xavier llegó a Goa, expandiéndose la Compañía desde allí hacia China, donde serían muy activos. En Brasil y otras áreas de América Latina actuaban ya desde la década de 1560. Se debería pensar en estas órdenes religiosas no solo atendiendo a la transmisión de creencias, sino también en términos de una densa red de comunicación y de contacto con sociedades locales, como muestra claramente el trabajo de Antonella Romano en este volumen. Los franciscanos y los jesuitas fueron extremadamente activos en la producción de gramáticas y diccionarios en lenHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 122 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 123 22 Gasch, J. L., Global Trade… op. cit. 23 Yun Casalilla, B., «The History of Consumption of Early Modern Europe in a TransAtlantic Perspective: Some New Challenges in European Social History», en HydenHanscho, V., Pieper, R. y Stangl, W. (eds.), Cultural Exchange and Consumption Patterns in the Age of Enlightenment: Europe and the Atlantic World, Bochum, Dieter Winkler, 2013, pp. 25-40. 24 Véase Russell-Wood, A. J. R., The Portuguese Empire, 1415-1808. A World on the Move, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1998, pp. 154-156. 25 Mintz, S., Storia dello zucchero: Tra politica e cultura, Turín, Einaudi, 1990, p. 35. Para la edición inglesa véase Mintz, S., Sweetness and Power: The Place of Sugar in Modern History, Nueva York, Penguin, 1985, p. 34. guas locales, del quechua al náhuatl y del vietnamita al japonés. Las cartas de los jesuitas son un ejemplo excelente de cómo llegó a extenderse por todo el mundo una red epistolar que, teniendo su epicentro en Austria, Italia, España y Portugal, terminó convirtiéndose en una herramienta para la difusión de noticias y conocimiento dentro de un sistema verdaderamente multilateral a escala global. La tesis de José Luis GaschTomás demuestra la importancia de los misioneros en la transferencia de patrones de consumo en el imperio español.22 Estos misioneros, junto con oficiales de la Corona, fueron responsables de la práctica de «vestir a los nativos» que se extendió desde los primeros momentos de la conquista, incluso haciendo uso de la fuerza en los casos en los que fue necesario.23 Posteriormente, los jesuitas fueron muy dinámicos en la promoción del cultivo de productos como el cacao o la yerba mate, así como en la experimentación con plantas tropicales.24 Y también sabemos que los frailes jerónimos jugaron un papel crucial en la introducción del cultivo de la caña de azúcar en un lugar tan emblemático a ese respecto como la isla de Santo Domingo.25 Podríamos atribuir un papel menos evidente, pero no menos importante, a los médicos, boticarios e intelectuales de la época. Autores como Acosta o Possevino, estudiados aquí por Romano, fueron fundamentales en el descubrimiento de la flora y fauna americana. Ellos describieron los contextos ecológicos en los que se producían los bienes que llamaron la atención de los europeos, al tiempo que estimularon reacciones de diversa naturaleza. Al hacerlo así, personajes como Arias Montano, Monardes o Hernández confirieron a esos bienes las connotaciones sociales, religiosas y culturales que mediaron, durante un tiempo, en su aceptación o rechazo. Al encuadrarlos en sistemas taxonómicos, asignaron a esos productos propiedades diversas que los calificaban como aptos, o no aptos, para su uso Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:19 Página 123 130 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 48 Véase la importancia de la correspondencia de los comerciantes en Morineau, M., Incroyables gazettes et fabuleux métaux: Les retours des trésors américaines d’aprés les gazettes hollandaises (XVIe-XVIIIe siècles), Cambridge-París, Cambridge University Press-FMSH, 1985. 49 Thornton, J., Africa and Africans in the Making of the Atlantic World, 1400-1800, Cambridge, Cambridge University Press, 1992, p. 14. 50 La prueba más reciente de los cambios de ideas que pueden darse considerando los contextos espacial y temporal en los cuales los imperios, como el inglés y el español, se desarrollaron es el influyente libro de Elliott, J. H., Empires of the Atlantic World: Britain and Spain in America, 1492-1830, New Haven, Yale University Press, 2006, el cual ha corregido muchos de los estereotipos comunes en relación a los imperios español e inglés. El papel decisivo de la correspondencia escrita a la hora de conectar espacios distantes es más que evidente en otros imperios también. Las extensas redes mercantiles creadas por los holandeses en torno a la Compañía de las Indias Occidentales y la Compañía de las Indias Orientales holandesas tuvieron el mismo efecto sobre la circulación de gacetas y correspondencia entre particulares.48 En todos estos imperios el resultado del desplazamiento fue siempre una mezcla de culturas e intercambios culturales. Según John Thornton, en una afirmación en relación al Atlántico pero que mutatis mutandis ofrece una proyección más global, «el desplazamiento... no solo incrementó la comunicación» sino que contribuyó a «la remodelación de la mayoría de las sociedades y a la creación de un “Nuevo Mundo”».49 Al igual que en el imperio español, la explotación de las minas y la monetización del oro y la plata, especialmente del oro de Brasil, gran parte del cual fue destinado a Inglaterra, estuvieron también presentes en estas estructuras políticas y facilitaron el comercio entre regiones diferentes. La importancia de los contextos históricos Para entender el papel de la expansión ibérica en estos procesos se deben considerar no solo en el carácter y naturaleza de los agentes que actuaban en la difusión de estos productos, sino también los contextos y las coordenadas históricas en las que tuvo lugar. Este hecho ha sido a menudo pasado por alto debido a comparaciones algo simples que han dominado, hasta hace poco, la historia de los imperios.50 Al contrario de lo que a veces se piensa, la Castilla del siglo XVI, lejos de tener un débil sistema político y una economía atrasada, se enHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 130 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 131 51 He desarrollado estas ideas en Yun Casalilla, B., Marte contra Minerva: El precio del Imperio español c.1450-1600, Barcelona, Crítica, 2004, pp. 115-120. 52 Fernández Armesto, F., The Canary Islands after the Conquest: The Making of a Colonial Society in the Early Sixteenth Century, Oxford, Oxford University Press, 1982. contraba en buenas condiciones para liderar la expansión y colonización de nuevos territorios. Se trataba de un reino altamente urbanizado para los estándares de la época. Poseía un sistema fiscal mucho más desarrollado que el que existía, por ejemplo, en Inglaterra, y era capaz de movilizar considerables recursos, incluso mediante las emisiones de deuda.51 Con una amplia experiencia en conquistas militares y en la repoblación de territorios, la sociedad castellana contaba con instituciones adecuadas para proyectos de esa envergadura, así como con un sistema que potenciaba la conquista y la colonización merced a la transferencia de la casi totalidad de sus costes a las sociedades y territorios ocupados gracias a la concesión de tierras, encomiendas, y derechos mineros in situ. Castilla contaba además con una red universitaria relativamente amplia que fomentó la formación de los burócratas e intelectuales necesarios. Desde un punto de vista internacional, el reino acumulaba un conocimiento fundamental en cartografía y técnicas de navegación gracias, en parte, a su posición intermedia entre el Atlántico y el Mediterráneo. La necesidad de oro, plata, especias y otros bienes traídos por mercaderes genoveses o venecianos en esos momentos tuvo que ser especialmente importante, pero además estas minorías encarnaban los intereses comerciales que impulsarían (y financiarían) los descubrimientos y la colonización. Todo ello tuvo lugar, por otra parte, en un momento en el que el vacío financiero dejado por la expulsión de los judíos en 1492 sirvió para reforzar la influencia de los genoveses, haciendo a la monarquía y a la sociedad castellana más sensible a sus intereses que, desde el siglo XV, emergieron con fuerza en relación a la explotación del azúcar en las Islas Canarias.52 Estos hechos son importantes para comprender la capacidad de impulsar la circulación de productos del Atlántico por parte del imperio español. La solidez institucional de la organización política y administrativa de Castilla en el Nuevo Mundo jugó sin lugar a dudas un papel de gran importancia. A diferencia del imperio británico en América, un grupo de colonias menos articuladas políticamente con respecto a la metrópolis, o el imperio portugués o el holandés de los siglos XVI y XVII, el imperio español tuvo desde el principio una ambición por cubrir exHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 131 132 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 53 Elliott, J. H., Empires…, op. cit., cap. 5. 54 El papel del Consejo de Indias fue decisivo a este respecto. Schäfer, E., El Consejo Real y Supremo de las Indias, vol. 2: La labor del Consejo de Indias en la administración colonial, Salamanca, Junta de Castilla y León, 2003, pp. 293-379. 55 Norton, M., Sacred Gifts, Profane Pleasures: A History of Tobacco and Chocolate in the Atlantic World, Ithaca, Cornell University Press, 2008, p. 121. tensos territorios y crear nuevas instituciones estatales, con un fuerte sentido jerárquico y de dependencia de una autoridad central.53 De un modo más o menos sistemático, esta formación política ejerció su poder facilitando la introducción de costumbres europeas, y no meramente mediante la persuasión, como veremos. Al mismo tiempo, supuso la base de una emigración a gran escala, así como de una temprana y selectiva, aunque notable, penetración territorial altamente regulada por la Corona, lo que explicaría la difusión de modelos peninsulares de consumo en América. En principio, esta organización política puso a los castellanos en un contacto cada vez mayor con productos americanos, y al mismo tiempo, proporcionó la base para la utilización de las minas y plantaciones que estimularían la migración forzada de africanos. Prácticamente desde el comienzo existió en el centro de esta formación política un gran interés en las posibilidades médicas, sociales y económicas del Nuevo Mundo. La acción de la Corona y de sus instituciones a este respecto no es algo que se deba marginar. Los monarcas castellanos y portugueses participaron de dicho interés y curiosidad.54 El emperador Carlos V intentó fomentar y controlar el descubrimiento y la introducción de nuevos «fármacos y bálsamos» procedentes de América. Su hijo, Felipe II, designó a un cronista cosmógrafo para describir los recursos de América y encargó las «Relaciones Geográficas» para recabar información sobre cualquier aspecto de interés para la Corona, incluyendo por ejemplo el tabaco o el chocolate, sobre los cuales encargó un tratado completo a Francisco Hernández con el fin de «descubrir y entender sus propiedades y experimentar con sus variedades».55 Con idéntico espíritu, y acorde con un rígido sentido de monopolio en relación al Nuevo Mundo que los monarcas trataron de imponer en las relaciones exteriores, el Consejo de Indias y la Casa de la Contratación de Sevilla intentaron por todos los medios posibles convertirse en el centro para la recepción y el monopolio de medicamentos, plantas y productos, en algunas ocaHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 132 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 133 56 Schäfer, E., El Consejo Real y Supremo…, op. cit. Sobre los intentos de mejorar los sistemas de información dentro del Imperio español véase Brendecke, A., Imperio e información: funciones del saber en el dominio colonial español, Madrid-Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, 2012. 57 Elliott, J. H., The Old World and the New 1492-1650, Cambridge, Cambridge University Press, 1970. 58 Un claro ejemplo es el de Isaac Orobio de Castro, nombrado físico por el duque de Medinaceli: Kaplan, Y., From Christianity to Judaism: The Story of Isaac Orobio de Castro, Oxford, Littman Library of Jewish Civilization, 1989, pp. 65 y ss. 59 Los escritos de Méndez Nieto, en relación a lo anterior, están llenos de avisos para salvaguardar sus prácticas médicas de la acción inquisitorial. Por esta razón, cuando hace referencia a un remedio para incrementar la potencia sexual masculina y de esa manera incrementar el «placer» a la mujer, no consigue terminar su discurso, siones con un grado de secretismo que, evidentemente, nunca pudo ser completamente impuesto.56 Los contactos ibéricos a escala global, en contraste con lo que sucedería posteriormente, tuvieron también lugar en un momento en el que Europa permanecía bajo la influencia del pensamiento aristotélico y de una filosofía natural que entendía la formación del mundo como vinculada al orden divino. Esto representó un filtro a través del cual cruzaron el Atlántico muchas de las impresiones producidas por plantas, medicinas y animales, así como muchas de las noticias sobre ellos. María M. Portuondo describe en este volumen los intentos de Arias Montano por hacer encajar América en aquel plan de origen divino, definido a través de la tradición bíblica. Acosta y Possevino, estudiados aquí por Romano, no fueron demasiado distintos en algunos aspectos. Durante muchos años hemos sabido que el pensamiento aristotélico, que no había previsto la existencia de América, facilitó este tipo de filtro.57 España tampoco fue singular en este sentido. Se trataba únicamente de otro espacio y hasta el grado en el que abarcó algo más que redes mercantiles, los esquemas intelectuales o mentales europeos estaban profundamente definidos por estos componentes y por las redes personales que los comprendían. Como ejemplo, bastaría con considerar la proximidad entre los médicos y las élites. Todo príncipe que se preciara tenía su propio galeno.58 Pero, además, huelga recordar que también debería haber tenido su propio confesor, y que incluso la medicina se encontraba fuertemente imbuida por principios morales y religiosos. Cuando el impacto de América se sintió en Europa, tanto las supersticiones por un lado como la Inquisición por otro jugaron un papel de enorme importancia.59 La superstición, Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 133 134 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA que contiene unas cuantas frases de contenido notablemente hedonista, todas justificadas «para ayudar con lícita y honesta generación y no por placer o cualquier otra cosa impertinente». Méndez Nieto, J., Discursos…, op. cit., p. 466. En no pocos casos juzgados por la Inquisición en las Américas, las acusaciones tenían que ver con la administración de medicinas, hierbas, o carnes (la prescripción de consumir cerebro de burro parece que fue una de las causas más habituales). De este modo, nos encontramos con un filtro que, aunque teóricamente se dirigía contra las prácticas aparentemente supersticiosas, en realidad sirvió para la creación de una actitud restrictiva hacia los posibles métodos de experimentación con remedios que eran o bien locales o traídos por la población de esclavos de África. Algunos ejemplos concretos, como los de Luis Andrea, el mulato Juan Lorenzo y otros, pueden leerse en Splendini, A. M. et al., Cincuenta casos de Inquisición en el Tribunal de Cartagena de Indias, 1610-1660: Documentos inéditos procedentes del Archivo Histórico Nacional de Madrid, libro 1020, años 1610 a 1637, Santa Fe de Bogotá, Centro Editorial Javeriano, 1997, vol. II, pp. 36, 50, 66. 60 Cañizares-Esguerra, J., «The Devil in the New World: A Transnational Perspective», en Cañizares-Esguerra, J. y Seeman, E. R. (eds.), The Atlantic in Global History…, op. cit., pp. 21-37. 61 Una sólida perspectiva revisionista sobre los estereotipos negativos del intercambio científico y cultural en la España de Felipe II puede leerse en Goodman, D., Power and Penury: Government, Technology, and Science in Philip II’s Spain, Cambridge, Cambridge University Press, 1988. 62 Aunque la bibliografía sobre este tema es extensa, una síntesis de esas ideas puede encontrarse en Fontana, G. L. y Molà, L. (eds.), Il Rinascimento italiano e l’Europa, vol. V: Le scienze, Vincenza, Fondazione Cassamarca, 2008. presente entre los protestantes de igual modo que entre los católicos, impuso algo más que unos cuantos parámetros para comprender al Nuevo Mundo.60 La Inquisición, por otro lado, amenazó con limitar la libertad de la investigación científica y la circulación de libros y actuó como filtro en relación a la recepción de algunos de estos productos, como ya ha sido mencionado. Además, si el primer impacto de América en la cultura científica de Iberia tuvo lugar en un tiempo de comunicaciones más o menos abiertas, medidas como la de Felipe II de limitar los viajes de estudiosos hacia el extranjero, aunque no fueron un obstáculo insalvable, sí crearon impedimentos concretos para la circulación de ideas e información.61 Pero no es menos cierto que para el siglo XVI los europeos se habían abierto hacia el estudio de la naturaleza y a la experimentación científica, lo que explica la actitud de Monardes, así como a un entusiasmo por la tecnología, debido sobre todo a las demandas de la guerra, algo visible en figuras como Leonardo da Vinci, e incluso a un gusto por lo exótico que se había ya manifestado (aunque no de forma exclusiva) en la sociedad italiana del Renacimiento.62 Por otro lado, actitudes como la de MoHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 134 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 135 63 Méndez, J., Discursos…, op. cit. Una actitud similar contraria es visible también en otros físicos como el mismo Monardes, Andrés Laguna u otro portugués igualmente importante a ese respecto, el ya mencionado García de Orta, cuyo trabajo abarca los productos más distintos, fármacos, hierbas procedentes de las partes más distantes del mundo, particularmente de los dominios portugueses. Conde de Ficalho, (ed.), Coloquios dos simples e drogas da India, Lisboa, Academia Real das Ciências de Lisboa-Impresa Nacional, 1981. Existe también una versión más reciente en francés, Colloques des simples et des drogues de l’Inde, Lisboa, Fundaçao Oriente, 2004 y otra inglesa en Spices in the Indian Ocean World, Aldershot, Variorum, 1996, pp. 1-50. 64 Porter, R., The Greatest Benefit of Mankind: A Medical History of Humanity from Antiquity to the Present, Londres, Harper Collins, 1997, p. 169. Sobre el coleccionismo renacentista y la apertura a los productos orientales véase, por ejemplo, Brotton, J., The Renaissance Bazaar: From the Silk Road to Michelangelo, Oxford, Oxford University Press, 2002. Sobre el coleccionismo véase Swann, M., Curiosities and Texts: The Culture of Collecting in Early Modern England, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 2001 y Baghdiantz McCabe, I., Orientalism in Early Modern France: Eurasian Trade, Exoticism and the Ancien Regime, Oxford-Nueva York, Berg, 2008. nardes no fueron excepcionales. Incluso las memorias de Méndez Nieto, un doctor portugués formado en Salamanca y Alcalá, nos muestran a alguien con una mentalidad bastante abierta e inquieta a la hora de experimentar con hierbas y otros remedios.63 Los europeos de los siglos XV y XVI se mostraron especialmente receptivos a la idea de experimentar con nuevas curas, y esto hizo que las plantas y las hierbas resultasen particularmente interesantes para ellos, de igual modo que las colecciones de cualquier tipo de objetos exóticos.64 El europeo de la época era, por otro lado, un mundo de intelectuales interconectados, un grupo de personas que, como se aprecia en el modo en el que Monardes medió entre los productos que llegaron a Sevilla y sus corresponsales científicos, habían creado lazos significativos para la transmisión del conocimiento, lo que ampliaría el impacto de América en la circulación de noticias y productos capaces de alentar la elaboración de nuevos saberes. Europa, y la Península Ibérica dentro de ella, era un mundo muy conectado, donde las comunicaciones entre regiones ya eran relativamente fluidas y las fronteras políticas apenas pudieron limitar la circulación del conocimiento. La República de las Letras que de forma tan profunda penetró en Iberia y en el imperio, no estuvo sola. Se mezcló con redes de eclesiásticos y órdenes religiosas con una amplia proyección internacional, que transmitieron noticias e informaciones con una eficiencia notable, especialmente hacia Roma, que se convirtió en un centro sin precedentes de comunicaciones, tal y como Antonella Romano nos recuerda. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 135 136 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 65 Lo que varios autores han llamado la nueva historia diplomática es revelador en relación a cómo el papel de los diplomáticos, ya fuesen embajadores o cónsules, no se limitaba a la mediación política sino que supuso un aspecto crucial en la mediación cultural. Véase, por ejemplo, el trabajo de Levin, M., Agents of Empire: Spanish Ambassadors in Sixteenth-Century Italy, Ithaca, Cornell University Press, 2005 y Biow, D., Doctors, Ambassadors and Secretaries: Humanism and Professions in Renaissance Italy, Chicago, University of Chicago Press, 2002. Unido al caso estudiado por Zamora en este volumen, las conexiones de la familia florentina de los Ginori han sido estudiadas por Lobato, I., «Francisco de Ginori, cónsul de la nación florentina en Cádiz: Entre sus negocios y la representación (1672-1713)», en Lobato, I. y Oliva, J. M. (eds.), El sistema comercial español en la economía mundial (siglos XVII-XVIII), Huelva, Universidad de Huelva, 2013. pp. 159-198. 66 Referencias sobre Monardes y sus vínculos con América pueden encontrarse en algunas cartas de emigrantes. En una carta que Pedro Martín envió a su esposa, Gregoria Rodríguez, desde México, le contaba que se había encontrado a «un mercader que es de mi tierra y está casado con una hija del doctor Monardes». Otte, E., (ed.), Cartas… op. cit., p. 106. 67 Véanse los volúmenes de Muchembled, R. y Monter, W. (eds.), Cultural Exchanges in Early Modern Europe, Cambridge, Cambridge University Press, 2007. Las redes consulares y diplomáticas jugaron un papel similar.65 Como hemos visto, lejos de operar de manera aislada, estas redes se mezclaron, y sus efectos resultaron multiplicados. Así sucedió no solo cuando el conocimiento fue transmitido a lo largo y ancho del Atlántico, sino también una vez que este conocimiento había alcanzado Europa. Hubo médicos en Sevilla que mantuvieron estrechos contactos con mercaderes vinculados al comercio con las Indias. Algunos de ellos, como Monardes, pertenecían a familias de mercaderes, en este caso genoveses. Las cartas conservadas en el Archivo General de Indias revelan sus estrechos lazos con emigrantes americanos.66 Lo mismo podría decirse de los cónsules, como el caso de los florentinos estudiados por Zamora en este volumen. Lejos de ser la base de un imperio marginal, Iberia facilitó la penetración del Atlántico en las redes europeas por las que circulaban noticias y saberes, lo que duplicó el impacto de las Indias en el Viejo Continente.67 En sus inicios, no era de esperar que el imperio español hubiera tenido el mismo impacto sobre la vida intelectual y el desarrollo científico que otros imperios posteriores tendrían en la revolución científica contemporánea a ellos, como sería el caso en Inglaterra. Sería un error esperar algo así. Aunque también lo sería pasar por alto la importancia del imperio español a este respecto. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 136 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 137 68 Méndez, J., Discursos…, op. cit., IX-XXXIII; Sánchez Granjel, L. Vida y obra del doctor Andrés Laguna, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1990. 69 Un excelente compendio que sitúa a Colón en un contexto global es el de Phillips, W. D. y Rahn Phillips, C., The World of Christopher Columbus, Cambridge, Cambridge University Press, 1992. El imperio español ocupó una posición privilegiada en las redes de circulación de conocimiento y de bienes. Constituyó la más fértil área en la confluencia de tradiciones de pensamiento hebrea, islámica y cristiana, al igual que en la circulación de productos entre diversas civilizaciones, incluyendo las del norte de África. Productos como el azúcar habían arraigado en Iberia gracias a la influencia islámica. Desde la Península Ibérica serían transferidos, primero, a las Islas Canarias por los mercaderes genoveses y, más tarde, a las Américas. La esclavitud africana era ya tradicional,al menos desde el siglo XV, que fue proyectada sobre las Islas Canarias y posteriormente hacia las Américas. De este modo, la primera presencia africana en América y en otras áreas del Atlántico sería una simple prolongación de encuentros existentes previamente entre europeos y africanos en el norte y el este de dicho continente. Existió una gran mezcla entre castellanos y portugueses durante un periodo en el que las diferencias nacionales eran mucho menos notables que hoy en día, hasta el punto de que algunos de los grandes exploradores, como Magallanes, son a veces considerados españoles pese a que, de hecho, fueran súbditos del rey de Portugal. Las biografías de algunos médicos de la época, como el anteriormente mencionado Méndez Nieto, quien viajó por toda la América española, o incluso Andrés Laguna, son indicativas del fuerte componente transnacional de esta comunidad intelectual y de cómo ese complejo tan entrelazado de individualidades se proyectaba desde la Península Ibérica hacia Europa y América.68 La imagen de Colón, originario de Génova, ofreciendo sus ideas y servicios, primero al rey de Portugal y posteriormente a la reina de Castilla, es sin duda la representación más palpable de una capilaridad que estaba muy presente en la circulación transfronteriza de ideas, productos y personas, en un espacio cultural que de forma conjunta proporcionó legados globales muy diferentes.69 La estructura política de la que Castilla era una parte pudo también facilitar un modelo para la circulación de productos. En los últimos años, el carácter disperso de la monarquía compuesta de los Habsburgo ha sido puesto de relieve: era, sabemos, un mosaico de unidades políticas sepaHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 137 70 Elliott, J. H., «A Europe of Composite Monarchies», Past and Present, 137 (1992), pp. 48-71. 71 Yun Casalilla, B. (ed.), Las redes del Imperio…, op. cit. 138 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA radas, con un gran componente de negociación institucional entre cada uno de ellos y la Corona. Precisamente por este motivo, no puede ser comprendida dentro de los parámetros de un estado protonacional o absolutista sensu stricto.70 Pero esta dispersión y fragmentación institucional, lejos de crear obstáculos insalvables entre las diferentes partes, fue uno de los motivos para las intensas relaciones entre las élites y la sociedad en general de cada una de estas unidades.71 Esta dispersión sería razón suficiente para la circulación de personas, mercancías y noticias entre espacios tan distantes, lo que ayudaría a explicar el dinamismo (y los filtros) de la transmisión de noticias y productos. Unas relaciones estas que eran ya muy intensas desde el siglo XV. Portugal, Castilla, Aragón, Nápoles, Sicilia e incluso algunas partes del norte y centro de Italia, estaban conectadas por una intensa red de relaciones entre sus mercaderes, nobles y eclesiásticos, los cuales hablaban lenguajes similares y traspasaban fronteras mucho menos perceptibles que las de hoy en día. La fuerte influencia de la dinastía de los Habsburgo en este espacio, así como en espacios europeos más amplios en los Países Bajos, el Sacro Imperio Romano y la corte de Viena activaron aún más canales para el contacto. No es sorprendente que el chocolate fuera consumido en Viena antes y de forma más activa de lo que lo fue en Francia. La incorporación del imperio portugués dentro de esta densa red política desde 1580 hasta 1640 tan solo intensificaría estas relaciones (lógicamente, con los conflictos que también derivaron de un contacto más intenso). Es más, la circulación de nuevos productos a escala global no podría entenderse sin considerar la significativa capilaridad existente entre portugueses y castellanos. Un ejemplo excelente es el tabaco, que los castellanos trajeron desde América y que los portugueses introdujeron en China a mediados del siglo XVI, cuando aún se trataba de un producto novedoso en Europa, en virtud de sus supuestas propiedades medicinales. En las páginas siguientes se traerán a colación otros ejemplos. La monarquía compuesta de los Habsburgo combinó una capacidad técnica y social enorme en relación a la violencia, algo que conllevaría la explotación de las minas americanas debido a la necesidad de financiar guerras muy costosas en sus estados del norte y centro de Europa. Este Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 138 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 139 72 La mayor parte de lo que sigue procede de Russell-Wood, A. J. R., The Portuguese Empire…, op. cit., y Crosby, A., Ecological Imperialism: The Biological Expansion of Europe, 900-1900, Cambridge, Cambridge University Press, 2004. 73 Vavilov, N., «The Origin, Variation, Immunity and Breeding of Cultivated Plants», Chronica botanica, 13 (1949-50), pp. 1-366. hecho fue fundamental para la construcción del «cinturón de plata» que abrazó al mundo entero y lo sería asimismo para la globalización y el intercambio de muchos más productos. Esto no quiere decir que su constitución interna fuera un requisito indispensable para la globalización de la plata americana. Hay que pensar asimismo que el balance negativo del comercio entre Europa y Asia, un motivo preexistente que alimentaba la explotación minera, ejercía un efecto similar. Pero es cierto, sin embargo, que las características de la monarquía dispersa condicionaron la forma en la que este proceso tuvo lugar. Compartiendo el mundo desde el sur de Europa. Circulación y rechazo de «nuevos» bienes desde China a México y desde el Atlántico africano hasta el Pacífico El imperio español se puede considerar como parte de un conjunto más amplio, global y multilateral de interconexiones y choques entre diferentes civilizaciones. Los descubrimientos ibéricos crearon redes de difusión para las plantas a través de fronteras políticas, religiosas o sociales y en muchas direcciones diferentes, que abarcaron los cuatro continentes y no solo Europa, como ha sido resaltado desde una perspectiva excesivamente eurocéntrica durante décadas.72 Hace muchos años, Nikola I. Vavilov estableció que de las 640 plantas más importantes para el cultivo, 100 tuvieron su origen en el Nuevo Mundo.73 Tal y como María de los Ángeles Pérez Samper explica de forma brillante, muchos productos americanos como las patatas dulces (batata), el cacao, el tabaco, el maíz, los tomates, las piñas, las papayas, la cochinilla, la vainilla, el calabacín, los chiles, las calabazas y otras plantas llegaron desde América hasta Europa. Aunque es cierto que algunos de estos productos no llegaron de forma directa (o únicamente) a Europa, y ni siquiera permanecieron allí. Antes de 1500 el maíz de origen americano había sido introducido en la isla de Cabo Verde y en el oeste de África. Para el siglo XVII, mientras que muchas regiones de Europa habían rechazado el maíz, este era culHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 139 146 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 85 Farriss, N., Maya Society under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival, Princeton, Princeton University Press, 1984. 86 Todorov, T., La conquête de l’Amérique: La question de l’autre, París, Seuil, 1982. 87 De la Puente Brunke, J., Encomienda y encomenderos en el Perú: Estudio social y político de una institución colonial, Sevilla, Diputación de Sevilla, 1992, pp. 201-212. teísta a una monoteísta– estuvo determinada por la posibilidad de considerar a los santos católicos como dioses menores a los que los mayas podrían rezar pidiendo pequeños milagros, lo que por otro lado, es comprensible y lógico si pensamos en el papel similar de los santos en el catolicismo popular de la época.85 Estas hibridaciones siempre se encuentran en la transmisión de bienes y valores culturales. La historia global y la historia entrelazada, así como el uso de la teoría de redes en los estudios sobre la circulación de bienes, son en ocasiones solo metáforas a las que se ha acusado de ocultar la violencia y el dominio político, en contraste con la historia tradicional de los imperios. Pero es más que evidente que cuando hablamos de la adopción de modelos europeos de consumo en Latinoamérica, y cuando insistimos en el papel de las redes sociales y comerciales en ese proceso, nunca deberíamos olvidar que todo ello es una consecuencia de la violencia. En lugar de hablar de diálogo intercultural o de intercambio, deberíamos hacerlo de violencia cultural. Los casos de muchos amerindios adoptando dietas híbridas durante su trabajo estacional en las minas después de haber sido forzados a emprender migraciones de larga distancia y los de miles de africanos consumiendo productos americanos son ejemplos claros en ese sentido. Algo idéntico podría decirse en relación a la religión y la conversión, en las que la persuasión fue de la mano de la presión en muchas zonas del mundo (por ejemplo en la asistencia a rituales católicos y ceremonias religiosas), lo que hace que el disimulo resulte fácil de entender.86 Por no mencionar la imposición sobre muchos amerindios de la obligación de pagar tributos en textiles, que sirvió para promover estilos metropolitanos.87 Los ejemplos podrían extenderse más allá de los imperios ibéricos para incluir a los franceses, holandeses o británicos. Pero no es este el hecho más importante. El mensaje clave es la necesidad de comprender la violencia social y física como una mezcla de la compleja dualidad entre la persuasión y la imposición cuando se estudia la difusión de modelos de consumo, algo que es a menudo olvidado por los especialistas que se limitan a ejemplos intraeuropeos. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 146 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 147 En la medida en que los intercambios culturales estaban asociados a experiencias históricas traumáticas, sus efectos también fueron perturbadores en muchos sentidos. El «imperialismo ecológico» europeo, por utilizar el término de Alfred Crosby, proporciona la clave para el deterioro de los ecosistemas americanos y, consecuentemente, un motivo para el cataclismo demográfico que experimentó América tras la conquista.88 Los motivos no solo fueron las enfermedades, sino también el hecho de que las malas hierbas y los nuevos animales, como los miles de caballos y cerdos que proliferaron en unas pocas décadas, atacaron nodos muy delicados de los ecosistemas previos, generando problemas en las economías de las poblaciones americanas anteriores, como es el caso de La Española (o isla de Santo Domingo), analizada por Antonio Gutiérrez Escudero, y como revelan otras áreas estudiadas por Pérez Tostado. Como es bien conocido, la expansión de la minería fue el motivo (¿o el pretexto?) para el desarrollo de un sector que había conducido a una utilización sistemática y cruel de hombres por hombres, y que resultó fundamental para la circulación global de metales preciosos que alimentaron el «cinturón de la plata», sin el cual la circulación de materias primas a gran escala hubiese sido imposible. Del mismo modo, el desarrollo de las economías de plantación destinadas a productos como el azúcar, el cacao, el té o el tabaco provocaron el aumento de la esclavitud en todas las Américas. Como resultado, las sociedades que de manera progresiva se estaban volviendo más íntimamente conectadas, se volvieron también cada vez más diferentes y divergentes. Tal y como la historiografía tradicional basada en la teoría del subdesarrollo ha enfatizado en muchas ocasiones, la evolución de las sociedades europeas hacia la libertad y la ciudadanía se basó en una expansión de la esclavitud en aquellas partes del mundo con las que estaban más conectadas. La nueva historia global e interconectada no debería dejar de lado esta conclusión. La globalización, en definitiva, unió a pueblos diferentes pero también allanó el camino para el incremento de las distancias entre las distintas localidades y las disparidades entre las personas que formaban parte de la red que les unía. 88 La literatura sobre este aspecto se ha vuelto abundante en estas últimas décadas. Véanse especialmente los dos trabajos fundamentales de Crosby, A., The Columbian Exchange: Biological and Cultural Consequences of 1492, Westport, Greenwood Press, 1972 y Ecological Imperialism, The Biological Expansion of Europe, 900-1900, Cambridge, Cambridge University Press, 2004, así como el de McNeill, W. H., Plagues and Peoples, Garden City, Anchor Press, 1976. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 147 148 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA Además, en lugar de rebajar la tensión sobre estas fronteras entre pueblos y civilizaciones, el descubrimiento y la conquista de América promovieron la expansión europea y pusieron de manifiesto más fronteras entre los seres humanos. América emergió, a ojos de gente como Pizarro, Cortés o Valdivia, como una conflictiva frontera religiosa que debía traspasarse por todos los medios, incluyendo la violencia y la destrucción. Como es sabido, América en sí misma fue un espacio disputado entre poderes europeos, y el capítulo de Pérez Tostado es muy importante para entender los diferentes niveles e incluso la dimensión creciente de aquellos conflictos. La competencia por las materias primas de América y por los productos de Asia aumentó la confrontación y condujo a la guerra entre los imperios ibéricos, inglés y holandés, especialmente después de la ruptura religiosa y la revuelta holandesa. Desde finales del siglo XVI se fueron formulando nuevas ideas mercantilistas, lo que no hizo sino resaltar la necesidad de crear, defender y luchar por los mercados externos como una forma de desarrollo de las economías nacionales. Globalización, imperios e historia del consumo La historia del consumo, actualmente en boga, apenas ha sido vista desde la perspectiva de la economía política de los imperios. Sidney Mintz y otros han realizado importantes contribuciones en este campo, pero por lo general los historiadores del consumo se han dejado llevar hasta hace muy poco tiempo, y con demasiada frecuencia, por la dirección establecida por Neil McKendrick y sus seguidores en sus estudios centrados en la demanda. Según esta perspectiva, las transformaciones sociales y culturales en el seno de las sociedades europeas dieron pie a nuevas formas de consumo que han sido consideradas como los factores clave para el cambio. Pero cuando se adopta una perspectiva global, como ha sido el caso durante la última década, el estudio de cómo las economías políticas de los imperios encauzaron sus recursos fiscales y militares y de cómo se identificaron con ciertos productos (por ejemplo, los españoles con el chocolate y los ingleses con el té), puede ser fundamental a la hora de explicar el modo en que la oferta y la demanda se encontraron y de qué forma las instituciones regularon dicho encuentro. También puede explicar la complejidad de los intereses articulados alrededor de estas instituciones y en relación al incremento en el consumo de ciertos productos. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 148 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 149 89 Véase, sobre todo, Wallerstein, I., The Modern World-System, Berkeley, University of California Press, 2011 [1974, 1980] y Gunder Frank, A., World Accumulation, 1492-1789, Londres, Macmillan, 1978. 90 Vries, J. de, The Industrious Revolution: Consumer Behavior and the Household Eco - nomy, 1650 to the Present, Cambridge, Cambridge University Press, 2008. 91 Esta idea está cada vez más presente entre historiadores después de la publicación del imprescindible artículo de Berg, M., «In Pursuit of Luxury: Global History and British Consumer Goods in the Eighteenth Century», Past and Present, 182 (2004), pp. 85-142. La importancia de estos contactos, al igual que la del desarrollo de los imperios ibéricos en el seno de las economías globales, es algo que necesita ser adecuadamente enfatizado. Por aportar solo un ejemplo, hoy conocemos que el maíz se convirtió en algo fundamental para el desarrollo económico en China. Si marcamos una cierta distancia con las convenciones que nos obligan a comprender el desarrollo agrario en términos de la «revolución agrícola» que tuvo lugar en el siglo XVIII en Inglaterra, productos como la patata y el maíz cobran una enorme importancia también en Europa. Estos productos resultaron ser cruciales para alentar el crecimiento agrario y demográfico en muchas áreas de Europa desde comienzos del siglo XVII. Pero también fueron fundamentales en muchos otros sentidos. El viejo argumento que habla de América y de Asia y del control de sus mercados de bienes y esclavos como una fuente de patrimonio y riqueza para Europa también puede ser revisado desde esta perspectiva, incluso si uno mismo no acepta las teorías de dependencia centro-periferia tal como fueron formuladas años atrás por autores como Wallerstein y Gunder Frank.89 Cabe pensar, en ese sentido que estos productos, al convertirse en mercancías rentables, alimentaron el desarrollo del comercio, fortalecieron sistemas fiscales capaces de defender sus mercados coloniales, permitieron la acumulación de riqueza en Occidente y activaron la competencia entre países, acelerando así el desarrollo tecnológico. Más aún, el consumo de estos productos fue una de las claves para las revoluciones industriosas que se producirían en Europa en esta época.90 Del mismo modo, también supusieron un incentivo para la imitación industrial y la sustitución de importaciones que incrementaron la diversidad económica y el desarrollo de un sector manufacturero más complejo y activo.91 Conviene igualmente considerar la forma en la que la demanda de plantas y productos de ultramar se amplió a diferentes sectores de la soHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 149 150 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA ciedad, así como los componentes sociales de ese proceso y los obstáculos que encontró. Tal y como hemos mencionado en un artículo previo, en una sociedad con hábitos de consumo regulados por costumbres e incluso por la ley, estos productos completamente desconocidos probablemente habrían sido más consumidos –aunque esto necesitaría ser demostrado–, sin ningún tipo de obstáculo más allá de las posibilidades de obtenerlos. El resultado habría sido que, mientras que inicialmente eran símbolos de distinción, su «democratización» podía no haber conocido ninguna otra barrera más que la posibilidad de su compra. Probar esta hipótesis, que se infiere, por ejemplo, del estudio de la polémica del siglo XVIII en torno al lujo, podría aportar interesantes contraposiciones a tesis como las de McKendrick o Daniel Roche, o a las de ciertos economistas y sociólogos como Thorstein Veblen.92 Pero también implicaría problematizar el grado de flexibilidad de la sociedad del periodo y nos obligaría a abordar el proceso de erosión de las estructuras sociales, y a estudiar cómo cada sociedad entendía las transgresiones sociales a través del consumo, lo que claramente nos permitiría formular más comparaciones interesantes entre las diversas sociedades. Por poner un ejemplo, la sociedad inglesa, cuyo dinamismo siempre se ha resaltado, no parecería haber sido más receptiva al té de lo que la sociedad española, asumida como rígida, lo fue hacia el chocolate. La relación de estos productos con la creación de identidades de género o nacionales se nos muestra más clara hoy en los estudios sobre el chocolate, el té y el café. Es bien conocido asimismo cómo el consumo de estos productos –el tabaco ofrece un ejemplo excelente, pero no es el único– reforzó las actitudes de género, cuyos cimientos se podrían estudiar desde el punto de vista de los mecanismos y razones de unas prácticas transgresivas y de la represión asociada a ellos. Arjun Appadurai acuñó el interesantísimo concepto de «la vida social de las cosas». Pero es evidente cuando leemos algunos de estos capítulos, al igual que ocurre con la reciente historia del consumo, que en lugar de estudiar las vidas que los nuevos objetos tuvieron per se, necesitamos considerar los usos que las diferentes sociedades hicieron de ellos, la forma en que el origen de estos bienes y la manera en que fueron adoptados y «traducidos» en Europa (y no solo en Europa) les confirieron la capacidad de ser utiliza92 En este punto estoy sintetizando y desarrollando en diferentes direcciones algunas ideas extraídas de Yun Casalilla, B., «The history of Consumption…», op. cit. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 150 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 151 dos por grupos sociales, hombres o mujeres, clases, naciones y comunidades imaginadas. Como asimismo debemos considerar el impacto que todo ello tuvo sobre las diferentes economías de los países, sobre su imaginario político y sobre la invención de su tradición. En otras palabras, la introducción del espacio, la trans-culturalidad y una perspectiva adecuada sobre la circulación y adaptación pueden servirnos para una historia más multidisciplinar en la que los viejos paradigmas asociados a estrechas narrativas nacionales sean superados sin descuidar el papel de la dimensión local y protonacional; todo ello como un modo de comprender la historia económica, social, cultural y política. Este libro también cuestiona una visión demasiado simplista de la historia del consumo, al tiempo que es paralelo a otros intentos en la misma dirección. El estudio de la variedad de mediadores en los primeros momentos y de la forma en la que diferentes filtros actuaron en la selección y rechazo de «nuevos» productos, abre nuevas dimensiones. Muestra que el proceso por el que un «nuevo» producto se convierte en una mercancía no es automático, lineal y predeterminado. Tal proceso dependió de algo más que de factores económicos. La medicina, las concepciones del mundo, la filosofía natural y las mentalidades siempre jugaron un papel fundamental. Estos ensayos también muestran que, incluso cuando el consumo de un «nuevo» producto era aceptado, este circuló primero a través de redes sociales no mercantiles, que también jugaron un papel a la hora de filtrar y crear, o no, una nueva demanda para ese producto. Si, tal y como se espera, el enfoque global trans-cultural pasa a ser algo esencial en el campo de la historia del consumo y de la cultura material, se hará más evidente que los historiadores, y los historiadores económicos en particular, quienes a menudo están muy concentrados en el papel de los comerciantes, los mercados, la publicidad, etc., necesitarán considerar el tema de una forma más compleja pero más interesante: esto es dando gran valor a los aspectos de recepción, adaptación y rechazo cultural. Todo esto plantea algunos problemas fundamentales. La introducción de nuevos bienes fue un proceso selectivo, y existen diferentes modelos de selección que son explicados en este volumen. La difusión relativamente rápida de la cochinilla, estudiada aquí por Marichal, va unida al hecho de que ese producto estaba directamente asociado a una demanda preexistente de productos parecidos en Europa. Así, la cochinilla se convirtió rápidamente en un sustituto de mayor calidad que un Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 151 152 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA producto que ya existía y circulaba en Europa, por lo que el proceso por el que pasó de ser un bien a una mercancía fue algo rápido y simple. En la medida en que en América era también utilizada como un tinte, y el proceso de su difusión en Europa se hizo con el mismo fín, dicha difusión sería más fácil. En otros casos como el del maíz, por ejemplo, las condiciones fueron parecidas. Desde el comienzo fue visto como una solución contra la escasez, el mayor problema de las sociedades europeas. Pero el problema aquí fueron las constricciones institucionales y el tipo de contratos agrarios que, tal y como indica Giovanni Levi, obstruyeron su introducción durante muchos años. El caso de la patata fue parecido. Así se entiende mejor que estos dos productos, que fueron fundamentales para los europeos, tardasen décadas en ser difundidos a gran escala. El tabaco, un producto hasta entonces desconocido, también necesitó algún tiempo, pero su acogida fue facilitada por la falta de códigos sociales que limitaran su consumo –en este sentido la novedad jugó un papel fundamental– y por los discursos médicos favorables que lo consideraban un remedio para varias enfermedades. Evidentemente, los discursos sociales de la época fueron cruciales. La difusión entre las élites europeas de la piedra de bezoar, un bien que hoy ha desaparecido casi por completo o que entre los pueblos de Occidente se consume de manera inconsciente, respondió de hecho a esos mismos deseos de unas sociedades elitistas en la que se suponía que esta roca mejoraba la fertilidad, satisfaciendo de este modo la principal preocupación de aquellas elites que eran en todo momento conscientes del problema de la reproducción de sus linajes y familias, la clave de su poder político y sus vidas.93 Algunos productos como la cochinilla fueron comerciados en Europa, pero no eran producidos previamente aquí y no hubo ningún proceso de substitución de importaciones. En este caso esto fue debido al secretismo, tal y como resalta Marichal; en otros casos pudo haberse debido a barreras ecológicas o sociales. Evidentemente, los europeos preferían adquirir el tipo de productos que estaban buscando (o sus sustitutos). Pero este proceso estaba en gran medida condicionado por factores muy diferentes, lo que nos obliga a no generalizar y a investigar las razones para cada caso y las condiciones de procesos muy complejos. 93 Sobre la difusión del bezoar y de otros productos varios en Europa, véase Pieper, R., «From Cultural Exchange to Cultural Memory: Spanish-American Objects in Spanish and Austrian Households of the Early 18th Century», en Hyden-Hanscho, V., Pieper, R. y Stang, W., (eds.), Cultural Exchange… op. cit., pp. 215-234. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 152 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 153 Los europeos del siglo XXI tienden a concebir el diálogo intercultural y los intercambios trans-culturales como parte de la globalización, algo que es visto como un proceso que conduce a sociedades más homogéneas. A menudo expresan su alarma sobre el hecho de que la globalización pueda imponer homogeneidad, y tienden a ver la globalización como algo muy reciente. La historia global demuestra cómo el proceso globalizador ha estado presente durante siglos en la historia de la humanidad. De igual modo, podemos concebir una única historia de la humanidad debido a estos procesos. El periodo que va aproximadamente desde 1400 hasta 1800 no fue una excepción, y el intercambio trans-cultural y la resistencia hacia «nuevos» productos jugaron un papel fundamental. La así llamada expansión europea facilitó el camino al establecimiento de contactos más intensos entre las diferentes regiones del planeta. Una expansión que no fue única. Otros procesos similares estuvieron igualmente presentes en otras partes del mundo durante siglos, y más en particular después del siglo XV, siglo que para algunos historiadores supuso el comienzo de la globalización moderna. Esos contactos forzaron un denso diálogo intercultural e intercambios transfronterizos a lo largo de grandes distancias. El resultado estuvo muy determinado por la forma en que los imperios ibéricos, y más en particular en nuestro caso el imperio español, estaban organizados por las redes sociales que los atravesaban, por los contextos históricos en los que actuaron y por la forma en que esas redes se encontraban integradas por prácticas de persuasión y violencia, de igual forma que por la filosofía natural y los esquemas mentales predominantes dentro de ellos. El resultado, sin embargo, no fue un mundo más homogéneo. La experiencia que supuso el hecho de compartir fue inherente a la experiencia de autoafirmación, asimilación, adaptación e incluso el rechazo por parte de diferentes comunidades imaginadas. Los filtros intelectuales, culturales, sociales y económicos que cada sociedad elaboró sobre la recepción de otros bienes y culturas materiales fueron numerosos. Esas sociedades fueron lo que fueron debido a esas cada vez más intensas relaciones mutuas. Fueron conscientes de quiénes eran gracias también a sus contactos. Al mismo tiempo estaban construyendo un legado común, el legado de la humanidad. Estaban construyendo una historia común mediante ese intercambio de ideas y bienes, pero también por el hecho de ser diferentes. Los intercambios trans-culturales no fueron simétricos ni tampoco faltos de violencia. La historia de la globalización y de los intercambios fue –y aún lo es– la historia de los contactos Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 153 154 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA pero también de las tensiones y de la divergencia. No olvidar esto es quizá la principal lección que los historiadores pueden proporcionar a las sociedades de hoy como forma de combatir los efectos colaterales negativos y disruptivos de las relaciones trans-culturales, y de recordar la complejidad de un proceso de convergencia y diversidad. 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Fiscal-Military States in the eighteenth Century, Barañáin, Eunsa, 2007, pp. 179-200. 69 Daunton, M, «The Politics of British Taxation from the Glorious Revolution to the Great War», en Yun Casalilla, B y O’Brien, P., (eds.), The Rise… op. cit., pp. 111142. allá de la geopolítica, sobre todo por los efectos que tenía, no solo en la dificultad de transferencia de recursos sino también del gasto. Este carácter del imperio inglés se acentuaría aún más desde fines del siglo XVII en que se nos presenta ya como una especie de protoestado nación que tiene, como apéndice, un imperio. Si ya se avecinaba a ello hacia 1688, durante el siglo XVIII acentuaría aún más sus rasgos de imperio mercantilista organizado en torno a un proto-estado nación, Gran Bretaña, que englobaba ya a Irlanda, Inglaterra, Gales y Escocia, y cuyo parlamento además se había disuelto para unir la representación al de Inglaterra en un gesto que habría sido inconcebible en la España de los Austrias. Desde 1688 se daría otra transformación importante que fue estudiada con detalle por John Brewer entre otros y que marcaría un cambio en los actores y el modo de negociación de los impuestos y, al menos aparentemente, abriría una brecha respecto de otras áreas de Europa: la revolución financiera británica crearía un nuevo marco de negociación fiscal entre el parlamento y el monarca.67 Existían algunas situaciones homólogas en el continente, por ejemplo en Holanda, según explicó hace tiempo James Tracy, pero también en Castilla, como hemos dicho.68 La diferencia estaría en la gran capacidad de representación del parlamento británico en comparación con sus homólogos de la época (allí donde existían), en su mayor control de los presupuestos anuales y del gasto y en el efecto que ello tendría en el abaratamiento de la deuda, en la capacidad de crear confianza entre los tenedores de esta y en la creación de consenso en torno a los pagos de impuestos, un hecho que Daunton ha relacionado, aunque ya para el siglo XIX, con la democratización del sistema político.69 Los historiadores de las finanzas británicas han dado una gran importancia a este hecho. Gracias a esta reforma, se dice, los tipos de interés de la deuda consolidada caerían al 5% hacia 1750 y continuarían bajando durante la segunda mitad del siglo XVIII cuando Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 261 262 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 70 Yun Casalilla, B., «Las instituciones y la economía política de la Monarquía Hispánica (1492-1714). Una perspectiva» en Ramos Palencia, F. y Yun Casalilla, B. (eds.), Economía política desde Estambul a Potosí… op. cit, pp. 139-162. las guerras coloniales exigieron ampliar el débito de la Hacienda. Al mismo tiempo, los ingresos fiscales se multiplicaron por tres entre 1720 y 1790 y darían un salto aún mayor en la década de los noventa cuando la guerra se hizo aún más importante. Por si fuera poco, se dice, gracias a esto, la capacidad de extracción fiscal «per capita» se hizo mucho mayor, sin que por ello los impuestos ahogaran la actividad económica. Pero la comparación con el imperio español puede poner las cosas en su sitio también por lo que al siglo XVIII se refiere. También aquí el paso hacia un proto-estado nación fue radical después de Utrecht, como hemos dicho. Ciertamente, ya antes, y sobre todo a raíz de la unión dinástica con Portugal, se había comprobado que era imposible la introducción de una política mercantilista en un imperio –dos entrelazados que abrazaban el planeta, en realidad– en el que convivían tantos y tan dispersos centros de decisión y en el que los intereses de dichos centros podían estar continuamente enfrentados.70 Pero como acabamos de decir, Utrecht y el desgajamiento progresivo de reinos de aquella monarquía compuesta dispersa, habrían de reducir el sistema español a algo muy parecido al británico: un centro, España, y unas colonias, América y Filipinas, que se prestaban a una relación muy jerárquica de tipo mercantilista. Como en Gran Bretaña, la España borbónica había creado con la Nueva Planta una unidad entre los distintos reinos y coronas que la componían y, desde el siglo XVII, no existían parlamentos de los distintos reinos con los que negociar. La pérdida de los dominios europeos, junto a la estrategia familiar de los Borbones, que llevaba a sus últimas consecuencias la medida tomada por los Habsburgo, de fragmentar los dominios de la casa –en este caso en proto-estados nación con sus propias áreas de expansión colonial– completaría ese proceso. La diferencia con respecto a Gran Bretaña se derivaba de que no había una negociación con un parlamento ni nada que políticamente recordara la revolución financiera, con el control del presupuesto, el gasto y la deuda por parte de este. En un ensayo realmente esclarecedor sobre este aspecto, Jose Ignacio Fortea ha podido ver, precisamente comparando con Inglaterra, que en el siglo XVII se aborta en Castilla un proceso de transformación de las Cortes desde un híbrido que por una parte era el foro de repreHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 262 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 263 71 Fortea, J. I., Las Cortes de Castilla y León …, op. cit, p. 383. 72 Todo lo anterior no significa, por supuesto, que no existiera también un fuerte componente de negociación entre la monarquía y el parlamento en este caso y los poderes locales en Inglaterra, incluso en la misma isla. Lo que será preciso desvelar en el futuro son las similitudes, diferencias e impacto de este tipo de relación entre el centro y la periferia de los diferentes estados. Véanse a este respecto y sobre Gran Bretaña: Conway, S., War, State, and Society in Mid-Eighteenth-Century Britain and Ireland, Oxford, Oxford University Press, 2006 y Conway, S., «Public and Private Contribution to the Mobilization of Manpower and Resources for War in Mid-Eighteenth-Century Britain and Ireland», en Bowden H. V. y González Enciso, A. (eds.), Mobilising Resources for War: Britain and Spain at Work During the Early Modern Period, Barañáin, Eunsa, 2006, pp. 38-58. sentación de las corporaciones que lo conformaban y por la otra del conjunto del reino, a una cámara donde se defendían los intereses del entero país o incluso de Castilla, si se quiere. Pero, al mismo tiempo y como dice este mismo autor, eso no quiere decir que no hubiera, incluso después de la desaparición de las Cortes y precisamente por su incapacidad de evolucionar, una cierta representación y negociación.71 Este sistema absolutista no estaría exento de negociaciones, muy desiguales desde el punto de vista jurídico y constitucional, desde luego, pero que reproducían continuamente pactos muy conflictivos y más o menos explícitos con las autoridades locales, con la Iglesia y con las corporaciones mercantiles, especialmente claras en el caso de América, pero no solo allí si atendemos a algunos de los casos citados más arriba.72 El fracaso en Francia del experimento financiero de Law alejaría además la tentación de los Borbones españoles de crear un banco central y emisor que manejara esa deuda hasta las últimas décadas del siglo XVIII. Merece la pena además llamar la atención sobre el hecho de que el crecimiento del ingreso fue incluso más rápido en España que en Gran Bretaña; un fenómeno que se acentúa si en vez de tomar tan solo la Península sumamos las cifras americanas. Y es que, en el fondo, había una cuestión de economía real y de crecimiento económico que estaba en la base de las diferencias entre ambos y que explica que la extracción fiscal pudiera ser mucho más alta en Inglaterra que en España y sus colonias. La gran diferencia entre el imperio inglés y el español del siglo XVIII estuvo en su mayor capacidad de movilizar ejércitos, y en particular la Armada, gracias a la mayor eficiencia de su economía, un argumento que ha subrayado Patrick O’Brien en diversas ocasiones y que tendría sus mayores efectos desde 1750 en adelante, sobre todo cuando el comercio Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 263 264 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA exterior y colonial pasara a ser ya un factor decisivo de crecimiento (en mi opinión lo había sido antes, pero este es un debate en el que prefiero no entrar por ahora). Es más, es discutible –permítaseme este excurso ya que el tema se ha comentado por activa y por pasiva– que la razón de esa economía más dinámica estribara en un mayor respeto del estado a los derechos de propiedad como quiere Douglas North. Las «enclosures» fueron de todo menos signos de respeto a los derechos de propiedad. La clave estuvo en otro aspecto que también diferencia a ambos imperios y a la historia de los dos países. Entre los pactos que habían sido claves para el mantenimiento del orden interno en el imperio español se encontraba la preservación de una sociedad señorial basada en la jurisdicción, los vínculos, los mayorazgos y la propiedad amortizada; una sociedad en la que las rentas políticas a costa del absolutismo se habían afianzado. Este esquema sufrió cambios importantes durante el siglo XVII y el XVIII, pero nada similar a lo que había ocurrido en Inglaterra, donde las revoluciones e inestabilidad política del siglo XVII habían generado otro tipo de propiedad y de percepción de esta que parece haberse mostrado más eficiente desde el punto de vista económico. El imperio no solo había creado pactos en las colonias. También los había creado en la península. Y eran pactos que reforzaron su estabilidad y permitieron la reproducción de un sistema que, tendría sus virtudes, pero no conduciría a un crecimiento como el de Inglaterra. No era, lo sabemos, el único país de Europa. La excepción era Inglaterra. *** El tema es inagotable y debo cortar en algún punto. La historia de los imperios es así muy expresiva del surgimiento en su seno del estado nación y de los estados fiscales. Pero hasta este proceso se entiende mejor desde la perspectiva de esos imperios que desde el marco que crea una proyección anacrónica hacia el pasado de la geopolítica del estado nación. La formación de los estados no se puede entender fuera de los contextos de la historia de los imperios. Lo que tendremos desde el siglo XVIII son estados nación que tienen imperios. Estados que experimentarán revoluciones financieras, verán desarrollarse sus bancos centrales, sus presupuestos y el voto de estos por los parlamentos, sistemas impositivos progresivos, etc., como estados que eran y que, gracias a ello, podrán repartirse los costes del imperio con sus propias colonias y afrontar los costes de estas para ganar las ventajas que pudieran tener para sus sociedades (déjeseme recordar que ya desde la época moderna no eran Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 264 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 265 pocos lo que decían que los imperios eran más costosos que beneficiosos). Pero, precisamente, por ello, sobre todo cuando se comparan con experiencias anteriores como la de la monarquía compuesta imperial hispánica, esta historia demuestra hasta qué punto el estado nación es el tipo de contingencia histórica al que nos hemos referido al principio. En la historia de la humanidad, desde luego, es la excepción, mientras que los imperios son la regla. Y también por ello, creo que podemos decir que la frontera actual para entender mejor las fiscalidades del Antiguo Régimen es la de considerarlas, allí donde sea el caso, en esos contextos más amplios y de interacción que pueden ser los imperios. Desde esa perspectiva incluso saldrán a la luz, rasgos de primitivismo y modernidad y matizaciones sobre el funcionamiento institucional que quizás expliquen mejor las diferencias entre la historia de los distintos países europeos. Como tantas veces, la historia global, en este caso la de los imperios, es tanto más interesante no por lo que nos enseña de los territorios extra-europeos, sino por lo que nos enseña desde fuera sobre la propia historia de Europa. Bibliografía ALBI, J., La Defensa de las Indias (1764-1799), Madrid, Ediciones Cultura Hispánica Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1987. 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Poder, crédito y economía en Castilla», Hacienda Pública Española, 108/109 (1987), pp. 81-100. sos consignativos) situados sobre las rentas señoriales. Tras de todo ello había, en realidad, una sutil operación ya que, en principio, los bienes sujetos a la alienabilidad del mayorazgo no eran suceptibles de hipoteca, un obstáculo jurídico que se salvaba mediante la imposición de los préstamos sobre el ingreso reportado por la propiedad y no sobre esta. Las ventajas eran claras: se trataba de emprésitos a largo plazo, a bajo tipo de interés y de difícil –que no imposible– ejecución por impago.18 Ello tuvo efectos de largo alcance en la organización económica en general. Por un lado, fue decisivo para un tipo de «crisis de la aristocracia» muy distinto del que se daría en otros países europeos. Pero, sobre todo, sirvió para extender el régimen de propiedad vinculada, reforzó los patrimonios nobiliarios y se contribuyó al mantenimiento de las relaciones sociales vigentes y de las formas de distribución de la riqueza. Pese a las diferencias, tal proceso guarda además cierta similitud con el que encontramos en las instituciones eclesiásticas. Por supuesto, no hace al caso recordar aquí la alianza, tensa pero cada vez más sólida a medida que avanza el siglo y se radicalizan los enfrentamientos religiosos en Europa, entre los monarcas españoles y la Iglesia. Es además evidente que tal tipo de relación tenía una vertiente de constraprestaciones económicas muy claras. Si la Monarquía se beneficiaba del patrimonio de las órdenes militares y de servicios que se ampliarían con el tiempo («la cruzada», el «subsidio y excusado»), la Iglesia vio continuamente respetadas sus propiedades y la amortización de los patrimonios eclesiásticos, no solo se afianzó como fórmula jurídica de tenencia de la propiedad, sino que se amplió a medida que ese acuerdo se presentaba como algo vital para aquella sociedad. El resultado de todo aquello fue claro. En Castilla se asistió a una fase de crecimiento económico, presidida, sin embargo, por un mantenimiento de los caracteres señoriales de aquella sociedad y por una evolución institucional y política que conjugaba las fuerzas contrapuestas. De un lado, se estaba asistiendo a una creciente importancia del mercado, tanto de productos como de factores; en muchas áreas, preferentemente Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 277 278 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 19 Me he ocupado de ello en Yun Casalilla, B., Sobre la transición al capitalismo en Castilla. Economía y sociedad en la Tierra de Campos, 1500-1830, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1987. en el sur, la usurpación de tierras comunales por los «poderosos» llevaba a procesos de acumulación de la propiedad de amplia envergadura; se experimentaba asimismo un fortalecimiento de los grupos mercantiles y financieros al tiempo que se desarrollaba la industria y el sector terciario de las ciudades; se asistía a profundos problemas financieros entre los grupos nobiliarios que amenazaban con desequilibrar la jerarquía social. De otro, factores productivos fundamentales, como la tierra, quedaban cada vez más fuera de los circuitos mercantiles; se reforzaban asimismo fórmulas de distribución del producto social basadas en el privilegio que afectaban también a la asignación de recursos productivos tanto o más que el desarrollo mercantil; más aún, la ampliación de la propiedad nobiliaria –similar por otra parte a la que por la misma época se daba en Inglaterra– se hacía en condiciones jurídicas de tenencia de la tierra muy distintas y en el seno de un sistema institucional que difícilmente habría de llevar una acumulación capitalista. La forma en que se debe caracterizar tal proceso es difícil de determinar. Desde luego, no es enmarcable en visiones demasiado teleológicas y lineales de transición de una sociedad feudal a otra de tipo capitalista.19 Lo que queda claro es que Castilla no solo asistió a una fase de crecimiento económico, sino que tal proceso estuvo presidido por tensiones importantes y por cambios cualitativos que permiten hablar también de desarrollo con independencia de cuál fuera el resultado de tal proceso. Considerada en su conjunto, la trayectoria de la economía española se ajusta mejor al esquema, hoy cada vez más difundido, y apoyado últimamente mejor por J. Israel y por Herman Van der Wee, según el cual Europa presenció la expansión de una red polinuclear de crecimiento antes de que se diera el paso, ya en el siglo XVII, a la formación de imperios de base nacional capaces de llevar una mayor jerarquización en las relaciones económicas internacionales. Una idea muy distinta a la establecida por Wallerstein y a la explicación braudeliana de una secuencia de centros económicos en torno a los cuales giraba una constelación de zonas dependientes. En ese sentido, ¿no estaremos confundiendo cambio en las estructuras sociales con desarrollo económico y, a base de buscar aquel, negando este? Aun admitiendo que las diferenHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 278 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 279 20 Véase, entre otras, las obras de Fernández Albaladejo, P., «Monarquía y Reino en Castilla: 1538-1623», Fragmentos de Monarquía, Madrid, 1992, pp. 241-283 (redactado para la XIV Settimana di Studio del Instituto Internacional Francesco Datini, Prato, 1982); Jago, C., «Habsburg Absolutism and the Cortes of Castile», The American Historical Review, 86:2 (1981), pp. 307-326; Thompson, I. A. A., «Crow and Cortes of Castile, 1590-1665», Parliaments, Estates and Representation, 2:2 (1982), pp. 29-45. 21 La frase es de Tracy, J. D., «Taxation and State Debt», en Brady Jr, T., Oberman, H. y Tracy J. (eds.), Handbook of European History in the Latter Middle Ages. Renaissance and Reformation, 1400-1600, Leiden, Brill, 1994, pp. 563-588. cias respecto a estos países son de grado, ¿no sería mejor preguntarse por las razones por las que ese desarrollo y, después, esa recesión, no desencadenaron cambios sociales drásticos como los habidos en Inglaterra y Holanda? *** El segundo punto a discutir me parece más complejo y quizás incluso más dado al debate en un foro como este. Se refiere en concreto al funcionamiento de ese sistema de movilización de recursos que habría posibilitado el que Castilla se convirtiera en el centro político del Imperio. Después de las investigaciones recientes en el campo de la historia institucional, es imposible seguir sosteniendo que la clave de todo era una Monarquía con un total margen de maniobra fiscal respecto a las Cortes y a otras instancias como la nobleza.20 Por otra parte, hay consideraciones, desde el punto de vista del funcionamiento del sistema fiscal, que pueden ser especialmente significativas a la hora de valorar el exacto papel que en las finanzas imperiales desempeñaron los tesoros americanos, lo que es importante sobre todo si se considera cierta tendencia a infravalorarlos en algunos trabajos recientes. ¿Dónde estriba pues la clave de ese peso castellano en el imperio? Una descripción del fenómeno requeriría más espacio del que aquí le podemos dedicar. Pero quisiera plantear algunas cuestiones que parten además de la idea, hoy habital, dentro de la «nueva historia fiscal» de que los impuestos y la deuda del estado se debe abordar como «puntos de intersección entre la vida económica de un territorio dado, su marco institucional, su estructura social y las exigencias de la guerra de la nueva tecnología militar».21 Porque, en realidad, la clave habría de estar en el funcionamiento del sistema de movilización de recursos para la guerra que Car los V fue Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 279 280 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 22 Una visión general y actualizada de las conexiones entre crédito y fisco desde esta perspectiva se puede observar en Tracy, J. D., A Financial Revolution in the Habsburg Netherlands. Renten and Rentiers in the Country of Holland, 1515-1565, Berkeley, California University Press, 1985, pp. 7-27. 23 Tracy, J. D., «Taxation and State…», op. cit., p. 6. capaz de establecer en Castilla, pero entendido este no desde la faceta puramente impositiva, sino desde una perspectiva más amplia del apa rato financiero-fiscal y del contexto institucional y social en que se movía. Para entender lo primero conviene partir de una cuestión cada vez más subrayada por los especialistas en la historia fiscal del Antiguo Régimen. Me refiero al hecho de que para los monarcas del siglo XVI el problema no era solo el de cobrar los impuestos y el de disponer asambleas obedientes que los votaran. Ante la escalada bélica del siglo XV y el comienzo de la «revolución militar» el gran problema estribaba en transformar los ingresos futuros en créditos. O lo que es lo mismo, el de obtener créditos con cargos a los ingresos futuros. Y ello porque una de las claves del funcionamiento del aparato hacendístico estaba en disponer de dinero en el momento adecuado, generalmente en condiciones de perentoriedad militar, para lo que era necesario recurrir a los préstamos.22 Por supuesto este recurso estaba limitado por las disponibilidades de liquidez de cada país. Pero, además, esos préstamos eran tanto más fáciles de conseguir y tenían unos tipos de interés más bajos cuanto mayores garantías de pago hubiera. Para ello había dos requisitos esenciales. Ya que la deuda flotante derivada de tales operaciones solía ser elevada, los banqueros y prestamistas eran más propensos al préstamo si, aparte de contar con las garantías de devolución a corto plazo, había la posibilidad de consolidar sus réditos transformándolos en créditos a largo plazo y bajos tipos de interés.23 A tal efecto, era siempre positivo, tanto para el rey como para sus prestamistas, conocer con antelación el dinero que se iba a recaudar, para lo cual se precisaba de cierta regularidad en el ingreso. Todo ello, lógicamente conducía a una necesidad clara: el rey debía disponer, o bien de un patrimonio muy extenso con el que responder a tales compromisos, o bien de la garantía de las asambleas en el sentido de responsabilizarse de un ingreso regular que respaldara sus gastos, lo que rompía en muchos países con el principio de los ingleses expresado en la frase de que el rey «debe vivir de sí mismo». Y lo que chocaba siemHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 280 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 281 24 Para el caso de Castilla, puede verse Mackay, A., «Hacienda y sociedad en la Castilla bajomedieval», en Bennassar et al., Estado, Hacienda, y Sociedad en la Historia de España, Valladolid, Instituto de Historia de Simancas (Universidad de Valladolid), 1989, pp. 46-78. 25 Como es sabido, el caso más claro es el de Francia. Véase Wolfe, M., The Fiscal System of Renaissance France, New Haven, Yale University Press, 1972, pp. 91-94, 107105 entre otras. pre con la idea –muy extendida en la época– de que los impuestos de los súbditos debía ser gastados para el bien y defensa de los mismos súbditos que pagaban. Es evidente que lo primero era bastante difícil en las monarquías del Oeste europeo donde los patrimonios reales eran reducidos o habían sido progresivamente enajenados.24 De ahí sus problemas y de ahí sus situaciones desesperadas que incluso llevaban a buscar en las finanzas municipales de ciertas ciudades el respaldo que se necesitaba.25 La ventaja que presentaba Castilla respecto al resto de los territorios de los Habsburgo es que aquí se consiguió establecer un sistema de tamaño y funcionamiento adecuados a la realización de enormes gastos –no todos ellos fácilmente justificables desde la perspectiva de gastar tan solo en beneficio de quien pagaba– como los que necesitaba a la Monarquía Hispánica del siglo XVI. Una de las claves para el funcionamiento del sistema residía en la disponibilidad de los cargamentos de Indias, cuyo valor en este contexto era mayor de lo que las cifras en sí mismas podían hacer suponer. Eran una fuente de liquidez, más allá del control de las Cortes, relativamente saneada y, por tanto, de gran utilidad para pagar los créditos a corto plazo. Pocos monarcas europeos, empezando por el rey de Francia, cuyo sistema hacendístico permitía también maniobras complejas, se podían permitir tales lujos. En el futuro, entrado el siglo XVI, otros como el rey de Dinamarca o el rey de Suecia, se aprovecharían de fuentes de liquidez similares basadas en los impuestos sobre el pujante tráfico de mercancías en el Mar Báltico o del monopolio sobre minas, pero ninguno dispondría de unas remesas como estas donde colocar los préstamos a corto plazo. Sin embargo, los tesoros de Indias adquieren su valor real como engranajes de un circuito frágil pero más complicado. En realidad, la clave de su utilidad residía en la posibilidad de consolidación de esas deudas mediante el respaldo a tales efectos del impuesto de alcabalas, una fuente Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 281 282 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 26 La mejor y más completa visión del tema sigue siendo la de Carande, R., Carlos V y sus banqueros. La hacienda real de Castilla, Barcelona, Crítica, 1987, 2 pp. 230 y ss. Una buena síntesis acerca de la trayectoria de esta cuestión desde finales del siglo XV se puede encontrar en Fernández Albadalejo. P., «Monarquía y Reino en Castilla: 1538-1623» en Fernández Albadalejo, P., Fragmentos de Monarquía, Madrid, Alianza, 1992, pp. 241-283. 27 La más completa visión para el siglo XVI sigue siendo Wolfe, M., The Fiscal System…, op. cit., pp. 99. de entradas cuya naturaleza se había desvirtuado progresivamente y mucho más regular que las de los servicios extraordinarios que, por otra parte, afectaban a todo el reino. Una fuente, además, de difícil extinción –al contrario de lo que ocurriría con los feudos reales continuamente enajenados a la nobleza en otros– ya que se basaban en el pago renovado y de cantidades revisables por parte del reino. Lo que se conseguiría en el siglo XVI sería acomodar ambos aspectos del aparato hacendístico. Y ello, lógicamente, a costa de ciertas cesiones al reino. Durante el reinado de Carlos V se pasaría al sistema de encabezamientos generales que tendía a la «petrificación» del impuesto y al establecimiento de un sistema de capitación. Esto fue, como se ha dicho, un logro de las ciudades cuya capacidad recaudatoria quedaba reforzada y que, dada la depreciación progresiva de las cantidades, tenía aspectos perjudiciales para la Corona.26 Pero también permitiría una cierta previsión del ingreso y una garantía que se completaría con el sistema de consolidación de la deuda. Los Habsburgo se encontraban así con un sistema financiero-fiscal poco moderno, que nunca sería capaz de atender a sus ingentes e insaciables necesidades, pero que les daba unas posibilidades de actuación muy por encima de las de otros monarcas de la época. Comparadas con las de los monarcas ingleses o con los del norte de Europa, que apenas si se podían valer de sus patrimonios en forma de deudas o ingresos extraordinarios e irregulares, sus ventajas eran evidentes. Incluso si se compara con Francia, sin duda el país que mayores disponibilidades ponía en manos de su soberano (de los franceses decía el emperador Maximiliano que eran como «bestias sujetas a su rey»), encontramos que este se toparía con problemas de mayor envergadura en lo que se refiere a la consecución de garantías financieras y de mecanismos de consolidación de la deuda, hasta el punto que habría de recurrir a las haciendas de ciudades como Lyon o París.27 Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 282 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 283 28 Rodríguez Salgado, M. J., Un imperio en transición. Carlos V, Felipe II y su mundo, Barcelona, Crítica, 1992, pp. 85-116. 29 Disponemos de una buena descripción de las finanzas napolitanas y de la evolución del ingreso y gasto en Calabria, A., The Cost of Empire. The Finances of the Kingdom of Naples in the Time of Spanish Rule, Cambridge, Cambridge University Press, 1991, véase sobre todo capítulos 2 y 3. Los aspectos relativos a su organización, aspectos institucionales y engranajes internos, se pueden ver en Muto, G., Le finanze pubbliche napoletane tra riforme e restaurazione (1520-1634), Nápoles, Edizioni Scientifiche Italiane, 1980. 30 Calabria, A., The Cost of Empire…, op. cit., p. 42. 31 Ibidem, pp. 49-50. 32 Una visión general en M. Artola, La Hacienda del Antiguo Régimen, Madrid, Alianza, 1982, pp. 159-208. Por lo que se refiere al resto de los territorios de los Habsburgo, M. J. Rodríguez Salgado ha demostrado que aquí radicaban las ventajas que habrían de hacer de Castilla el centro del Imperio.28 En Italia, las finanzas milanesas eran difícilmente utilizables en este sentido y el panorama más propio se presentaba en Sicilia y, sobre todo, en Nápoles.29 Pero, con todo, la situación distaba mucho de la de Castilla. Se carecía allí de un flujo de liquidez como el procedente de las Indias y las entradas eran mucho más irregulares. De hecho, los ingresos ordinarios (focatio ofiscali), más parecidos al servicio ordinario castellano y a las rentas de aduanas de muchos países que a la alcabala, constituían una partida pequeña y muy erosionada por la inflación. Al mismo tiempo, los subsidios extraordinarios eran muy fluctuantes y discontinuos.30 Como Castilla, Nápoles habría ser un centro de recaudación fundamental para los Austria, habría de aportar importantes sumas al conjunto imperial en forma de créditos31 y se convertiría en la segunda mitad del siglo en la provincia italiana más castigada en este sentido. Pero sus «desventajas» respecto a ella ya eran claras a la altura de 1550. Afirmaciones similares se podrían hacer para el resto de las posesiones de los Habsburgo en la Península Ibérica. Aragón, Cataluña, Valencia e incluso Navarra apenas si podían atender a estos mecanismos. Allí los ingresos regulares eran mínimos, se basaban, como en tantos reinos de Europa, en servicios o impuestos de aduanas nunca muy abundantes y el respaldo crediticio era mucho más débil que en Castilla.32 Hacia mediados de siglo el territorio que se presentaba como una posible alternativa y donde el circuito financiero fiscal podía ser más eficaz era el de los Países Bajos. En realidad, durante las primeras décadas del reinado de Carlos, las dificultades financieras derivadas del esquema consHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 283 284 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 33 Koenigsberger, H., The Habsburgs and Europe, 1515-1660, Ithaca, Cornell University Press, 1971, pp. 27-33. 34 Tracy, A., A Financial Revolution…, op. cit., pp. 35-36. 35 Rodríguez Salgado, M. J., Un imperio en transición…, op. cit., pp. 94-100. 36 La mejor exposición al respecto sigue siendo la de Carande, R., Carlos V y sus banqueros…, op. cit., sobre todo T. III. titucional del territorio habían quedado claras. Las propuestas de los Estados Generales habían de ser siempre discutidas y aprobadas por los provinciales y, al condicionarse el voto final a la existencia de unanimidad, cualquier descontento u oposición de una de las partes a las propuestas favorables a otras podría constituir un obstáculo a los proyectos del Emperador.33 En ocasiones hasta se podía dar la negativa de algunas provincias a pagar cantidades imprescindibles para la defensa militar de otras, lo que convertía las discusiones sobre los subsidios en una sartén en la que «se freían también otros pescados» y de las que se pretendía obtener ventajas de todo tipo, jugando, justamente, con la perentoriedad del asunto.34 Sin embargo, entre levantamientos y protestas, las reformas introducidas desde fines de los años treinta y desarrolladas durante los cuarenta estaban generando una situación favorable merced a la introducción de nuevos impuestos similares a la alcabala y, sobre todo, al perfeccionamiento del sistema de deuda que, en forma de renten, emitían los estados. En una zona próspera y con la confianza que implicaba el que esta deuda fuera gestionada por los gobiernos locales, la colocación de estos títulos no fue en extremo difícil. El problema residía, sin embargo, en que esa confianza no era tan clara por lo que a los títulos del gobierno central se refería y en que, no disponiendo de ninguna fuente autónoma de una mínima liquidez como la existente en Castilla, los gobernantes habrían de proceder sistemáticamente a su colocación forzosa en situaciones de perentoriedad y se veían abocados a una serie de medidas que, unidas a las específicas relaciones políticas y a la disensión religiosa, habrían de terminar por romper el consenso indispensable para el funcionamiento del sistema.35 Ya en los años treinta y cuarenta Castilla se mostraba como un firme candidato –con sus ventajas y desventajas– a convertirse en el centro del Imperio. Ello no era fruto de una predestinación natural y mucho menos, como pretendían las visiones más tradicionales del Imperio, de una catolicidad más acentuada que la del resto de los territorios de los Austrias, sino la resultante de un proceso que aquí no hemos descrito y que tenía bases más palpables e interesadas.36 Dos piezas fundamentales de ese esHistoria global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 284 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 285 37 Rodríguez Salgado, Un imperio en transición…, op. cit., pp. 505-431 en particular. 38 Ibidem, pp. 98-99. 39 Collins, J. B., Fiscal Limits of Absolutism. Direct Taxation in Early Seventeenth-Century France, Berkeley, California University Press, 1988, p. 125. quema –el incremento de los tesoros americanos y la normalización de las relaciones con las Cortes en el cobro de las alcabalas– se habían constituido en esa época. A eso se le añadía la reforzada alianza con los banqueros genoveses que, desde 1528, se convertían en intermediarios cada vez más importantes en el puente entre exacciones fiscales. El pulso final nos ha sido descrito no hace mucho. Al final, el elemento decisivo y precipitante parece haber sido la mezcla de las ventajas citadas con el desorden que la política de Felipe II estaba provocando y la conciencia de este monarca de que solo su presencia en España podría salvar su compleja monarquía pluriestatal.37 Para entonces, Castilla había empezado ya de forma ocasional a cumplir un papel especial: el de servir de respaldo con sus rentas a préstamos tomados en los Países Bajos y dirigidos a la financiación de campañas que, al reino como tal, le eran ajenas.38 El sistema –es de todos conocido– distaba mucho de la perfección. De hecho, lo que nos subraya la historiografía reciente es el cúmulo de fricciones a que daba lugar. Había problemas de agotamiento de los recursos en la medida en que el «situado» (los juros impuestos sobre la partida de ingreso), llegaba periódicamente a absorber el «cabimiento» (el remanente una vez deducidos los intereses sobre la deuda consolidada, las pagas de oficiales y demás libranzas) de las rentas. Es evidente además que la revisión de las cifras al alza fue fuente de fricciones políticas hoy bien conocidas. Y no lo es menos que el circuito, preso de las eventualidades, funcionó a menudo de forma conflictiva. Concretamente, las tomas de cargamentos de Indias y la conversión por la fuerza de dichas cantidades o de todo tipo de deudas en juros fueron hechos relativamente frecuentes. Y es que, como se ha subrayado también recientemente, la distinción entre préstamos y exacciones no era clara en los sistemas hacendísticos de la época moderna39 ni siquiera en aquellos reinos donde se había establecido un circuito crediticio de las dimensiones del castellano. Además, este sistema traía consigo un problema adicional que cobraba aquí mayores dimensiones que en otros países: dada la distancia entre las zonas de gasto del dinero y el área fundamental de su percepción, y habida cuenta de las diferencias de sistemas monetarios, el crédito Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 285 286 BARTOLOMÉ YUN CASALILLA 40 Carande, R., Carlos V y sus banqueros…, op. cit., T. 3, pp. 27-34 y en especial cuadro sinóptico de p. 34. 41 Dicha caracterización del caso castellano se puede ver en Tracy, A., Financial Revolution…, op. cit., p. 19, quien sigue a Castillo Pintado. En el mismo libro se puede ver la diferencia en este sentido respecto a lo ocurrido en las Provincias Unidas de Holanda, donde el fenómeno opuesto ha servido al autor para hablar de una «revolución financiera». Véase, sobre todo, pp. 218-222 en que se resumen las conclusiones del libro. era enormemente caro. Y se fue encareciendo cada vez más a medida que las garantías se hacían más inciertas y la relación entre el valor de la plata y el oro se incrementaba a favor de este.40 En el trasfondo estaba el hecho de que los mecanismos crediticios establecidos por los Austrias obligaban a un cambio de moneda de plata –metal en que vienen casi todas las remesas americanas desde los años cincuenta– por moneda de oro, que posiblemente no hubiera sido tan negativo de haberse construido un edificio semejante en las mismas zonas donde se gastaba el dinero y en particular en el área de los Países Bajos. Parece claro a ese respecto que una de las diferencias fundamentales entre el sistema construido allí y creado en torno a Castilla –el que los renten eran predominantemente suscritos por ahorros particulares y los juros se expedían a través de intermediarios financieros– radica precisamente en la necesidad de transferir capitales a áreas lejanas y en el cambio de moneda que implicaban. Con todos sus inconvenientes y con todas sus responsabilidades de la crisis final, este conjunto financiero-fiscal ofrecía notorias ventajas y se podría decir que, de todos los reinos que componían la Monarquía Hispánica, tan solo en Castilla era posible. Como se ha subrayado por algunos autores, el sistema seguía partiendo del presupuesto de que el responsable de la deuda era el rey con su patrimonio y no el reino, lo que deja claro también el carácter arcaico que lo distinguía de la revolución financiera que poco tiempo después se produciría en Holanda. 41 Sin embargo, quizás convenga recordar que en Castilla esa distinción es menos clara, ya que aquí el impuesto más importante, las alcabalas, pertenecía al rey, pero en concepto de dote del reino. A efectos prácticos, el encabezamiento suponía además una corresponsabilidad del reino, si bien este no era el responsable de la administración de los fondos, sino tan solo de su recaudación. Ello hacía que los períodos de negociación fueran difíciles, pero también que una vez aprobadas las cantidades encabezadas, aumentaran las garantías de cobro. Es probable que en este plano las diferencias entre ambos sistemas se deban buscar en otros aspectos en los que no podemos entrar aquí. Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 286 Historia global, historia transnacional e historia de los imperios 293 59 Janssens, P., «La fronde de l’aristocrazie belge en 1632», en Werner, T. (ed.), Rebelión y resistencia en el Mundo hispánico del siglo XVII, Lovaina, Leuven University Press, 1992, pp. 23-40; Musi, A., «La Rivolta di Masaniello nella scena política europea», Ibidem, pp. 167-184. No se quiere decir con esto que se deba pasar a una visión opuesta y optimista de las consecuencias económicas de la dominación española. Es más, en una valoración correcta tendríamos que considerar las consecuencias sobre la economía del mantenimiento de sistemas institucionales a los que el Imperio desde luego contribuyó de forma decisiva porque de ello dependía su propia existencia. Y cuando se habla de sistemas institucionales se habla también de efectos negativos sobre la economía de esa absorción de capital mediante la deuda pública y que no fue solo importante en Nápoles, sino todavía más en otros territorios como Génova. Se trata tan solo de buscar una idea más matizada del fenómeno que no dé pie a afirmaciones en exceso unilaterales y maniqueas. Para ello, quizás deberíamos adoptar también aquí el distanciamiento preciso respecto a la historiografía liberal. Hoy, autores como P. Janssens o el mismo Musi nos han hablado, en una línea cada vez más generalizada desde los estudios de Koenigsberger, de cómo el poderío español se construyó también en Flandes o en Nápoles, no sobre la base de un absolutismo indiscutido, sino sobre pactos y compromisos complejos con instancias locales de poder, principalmente la nobleza, que obligan a replantear las responsabilidades en la evolución económica de cada área.59 En cuanto a España se refiere, creo que lo dicho más arriba sirve para entender mejor su propia evolución. Y eso a pesar de que la afirmación de que su base económica era más sólida de lo que se suele afirmar parece poner las cosas aún más difíciles a la hora de explicar su decadencia. Tomaría demasiado espacio explicar aquí cómo la articulación de Castilla en el seno del complejo sistema político de la Monarquía Hispánica que hemos descrito anteriormente influyó en su evolución económica. Es evidente que el Imperio se convirtió enseguida en un elemento positivo para la movilidad social en Castilla en la medida en que amplió las posibilidades de ascensión social a través de la burocracia y de la participación en la renta feudal centralizada que se redistribuía a través de encargos y mercedes. En ese sentido contribuyó de forma clara al mantenimiento de un sistema social que muy pronto se mostraría negativo Historia global-EL ATLANTICO 30/11/19 13:20 Página 293 [Document text truncated for crawler view.]