La sillería del coro alto del monasterio de San Benito el Real, de Valladolid
Full text
LA SILLERIA DEL CORO ALTO DEL MONASTERIO DE SAN BENITO EL REAL, DE VALLADOLID María del Rosario Fernández González Sobre la sillena del coro alto de la iglesia del monasterio de San Bemto el R^, de ValladoUd, han Ido saliendo a la luz datos aislados y algún estudio parcial en publicaciones diversas'. Esta dispersión ha dado lugar, en algunos casos, a la^rsistencia de noticias evidenciadas como erróneas por postenores «nvesugaciones que al ser utilizadas en otros estudios, han propiciado nuevas rn exactimd^. Se hacia preciso abordar el análisis de toda la información hasta ahora dispomble, el de la propia obra, conservada casi en su totalidad aunque fr agmentada p^ r^btener un conocimiento más preciso de este conjunto, que tuvo una existencia dis creta, inevitablemente oscurecida por la magnífica sillena del La iglesia de San Benito el Real llegó a contar con dos ^ c" ipareja a su distinta función y situación, distinta cdi^d ^shca. En tularis de la Congregación de San Benito de Valladohd, de 1525, se todos los Prelados y Procuradores de la Congregación detenmnaron de pagm ca uno por su monasterio una silla alta y baja para el choro de San ^ ® silla se pongan las insignias de su monasterio, y nuestro Reverendo cargo de las mandar luego hacer». El acuerdo fue llevado a abad fray Alonso de Toro y, en 1529, estaba concluido el coro ^ajO; «n m^m la nave central. En él se celebrarían, cada tres o cuatro anos, ^ les de la Congregación, teniendo cada abad reservada, en la parte su monasterio había costeado, identificada por su leyenda, su ^ de su advocación. De su calidad reconocida deja ya constancia Ajitolmez de gos (15577-1638) calificándolo como «un coro bajo de los mas célebres que ue i F. Wauenberg. £/ Museo Nacional 1. R. Nielo. .F=H,. d^Esp.nab... „ue« o - ^ Se^,o y Museo Diocesano. León, ly'Orictfrcium 1981, ^ Rarrelnna 1980 T. Mofal, «San Bemto en el arte espanoN, Ustercium, i^o padjeéeOccMenie.B^^o^^^^^ ¿a/ Mo,^,erio de San Benilo el Real, de Valladolid, Valladolid. 1981. J. M. Ooniález de Zírale, .Apoflaciones del coro alio de San Benilo de ValMolid » ' grafía de San Benito». BSAA. 1986. J. J. Martín González. «El espacio amuebla^: la iglesja Benito», en Monasterio de San Benito el Real de Valladolid. VI Centenario 1390-1990, Vaüaaoh , • R. Alvarez y M. R. Fernández, «Relieves de ángeles músicos», en Las Edades del Hombre. La música en la iglesia de Castilla y León, 1991.
MARIA DEL ROSARIO FERNANDEZ GONZALEZ iglesia catedral de España», valoración que se repite siglos más tarde en la afirma ción de Bosarte; «es de mayor magnificencia que los de muchas iglesias cate drales» Una segunda sillería se realizaría para el coro alto, a los pies de la iglesia, ám bito más recoleto y limitado al uso de la comunidad. La primera referencia de que disponemos la proporciona en 1746 Canesi, quien, al destacar la importancia del coro bajo, afirma: «ay otro choro por lo alto muy capaz sobre la puerta principal de la Iglesia»^; es cuanto sabemos de esta obra, que habría de ser sustituida ape nas veinte años después. En efecto, la sillería que hoy se conserva se encargó du rante el gobierno del abad fray Antonio de Viana (1761-1765), fi nalizándose seguramente en 1764, fecha que lleva grabada dos veces''. No llegó a durar un si glo en su emplazamiento original; los decretos desamortizadores determinaron el cierre de la iglesia benedictina en 1837 y su posterior desmantelamiento. Entonces la sillería se desmonta y se divide. Una parte de ella, el grupo de sillas bajas, pasa al Museo Provincial, instalado en el Palacio de Santa Cruz, en cuyos inventarios y catálogos fi guran a partir de 1843, claramente identificadas por su procedencia y el número de sitiales, aunque no se consigne el hecho de que se trata sólo del cuerpo inferior^. Desde dicho año estuvieron montadas, formando dos tramos, en el extremo más cercano a la entrada del llamado Salón Grande, a continuación de las el coro bajo del mismo monaste rio. Así se refleja en algunos documentos gráficos de la época. La pintura nos proporciona la información más temprana y completa. En el cuadro del pintor Santos Tordesillas y Fernández «Perspectiva de la entrada del Sa lón Grande del Museo», presentado en el Concurso de la Academia de Bellas Artes de Valladolid, de 1878, la sillería es claramente visible. Años antes, en 1871, Mar tí y Monsó había pintado su cuadro titulado «Interior del Salón Grande del Museo de Valladolid», pero la denominación es inexacta puesto que, en realidad, el espa cio que reproduce es una Galería, reconocible por su amplio ventanal. En ella se exponían otros sitiales, los del coro del convento de S. Francisco, de Valladolid, y, efectivamente, en el ángulo izquierdo del lienzo fi gura el comienzo de un grupo de los mismos. Sin embargo la silla en la que descansa un fraile, en el centro de ^ J. Antolínez de Burgos, Historia de Valladolid, Editada por J. Ortega y Rubio, Valladolid, 1887, p. 311. I. Bosarte, Viaje artístico a varios pueblos de España, Madrid, 1804, p. 224. L. Rodríguez, op. cit., pp. 295 y ss. ^ M. Canesi Acevedo, Historia secular y eclesiástica de la muy antigua, augusta, coronada, muy ilustre, muy noble, rica y muy leal ciudad de Valladolid, Manuscrito conservado en la Biblioteca de la Diputación de Vizcaya, tomo IV, cap. 9, fol. 79. La fecha precisa se menciona en el cap. 10, fol. 91. L. Rodríguez, op. cit., p. 309. Las fechas aparecen toscamente grabadas en dos sillas altas. ' P. González, «Catálogo de las pinturas y esculturas que se hallan colocadas en el Museo pro vincial de Valladolid», en Compendio histórico y descriptivo de Valladolid, seguido del catálogo... Va lladolid, 1843, pp. 46-94. Martí y Monsó, Catálogo provisional del Museo de Pintura y Escultura de Valladolid, Valladolid, 1874, n.° 162. J. Agapito y Revilla, Museo Provincial de Bellas Artes de Valla dolid. Catálogo de la Sección de Escultura, Valladolid, 1916, n.° 245. J. Agapito y Revilla, Catálogos del Museo de Bellas Artes de Valladolid. / Escultura, 1930, n.° 130 y 131. Consta asimismo en los inventarios de 1851 y 1915.
LA SILLERIA DEL CORO ALTO DE SAN BENITO DE VALLADOLID 501 la composición, está formada con elementos de la sillería del coro alto de S. Benito®. Una fotografía de este Salón Grande se incluye en las páginas que dedican al Museo dos guías de Valladolid, publicadas en 1915 y 1927, pero, tomada desde la puerta, apenas se distingue en el extremo inferior la obra que nos interesa En 1933 el Museo es elevado a la categoría de Nacional de Escultura y sus fondos trasladados al edificio del antiguo Colegio de San Gregorio. El mismo año se edita su guía, donde por primera vez aparecen estos sitiales bajo la denomina ción de «sillería de legos», con la que se citarán en lo sucesivo; probablemente su apariencia modesta en comparación con el otro coro benedictino, del siglo XVI, indujo a considerarlos destinados a este sector de la comunidad monástica®. Con servándose sólo noticia de su procedencia, su datación osciló entre el primer tercio del siglo XVI y los comienzos del siglo XVn, hasta que F. Wattenberg, en base al análisis estilístico, la fecha en la segunda mitad del siglo XVm^- Las sillas del cuerpo alto tuvieron diferente destino. Aún habrían de permane cer varios años en la iglesia que, dedicada a usos militares, había pasado a depen der del Ministerio de la Guerra. En julio de 1866 el Capitán General las pone a disposición del Arzobispo, quien comunica al Cabildo de la Catedral su deseo de que se coloquen en la Sala Capitular de la misma, si no hay inconveniente, hacién dose cargo él de los gastos de traslado, instalación y restauración que fi ieran nece sarios. El Cabildo acepta agradecido y las sillas fi ieron montadas por un maestro de ebanistería y tallado, adaptándolas a dicha Sala, actualmente integrada en el Museo Diocesano. Por su colocación y la de unas puertas en la entrada de la plaza de Santa María, se pagó un total de 7.548 reales'®. ® J C Brasas, La pintura del siglo XIX en Valladolid, Valladolid, 1982, lám. Xn y LXVII. 1. La situación de la sillería del convento de San Francisco en la Galería se recoge en los inventarios y catálogos, así como en otra pintura del XK: «Galería de cuadros del concurso de 1876», de E. Orduña (J. C. Brasas, op. cit. Lám. LXVn.2). ' Guía de Valladolid, editada con motivo del Congreso de la Asociación Española para ei rrugreso de las Ciencias (17-22 de octubre de 1915), p. 105. Guía-Anuario de Valladolid y su Provincia, Valladolid, 1927, p. 118. He ® Para T. Moral (op. cit. p. 326) se trata, sin duda, de la sillería reservada al uso exclusivo ae los legos, también llamados monjes de manto o conversos, considerando suficiente para ella el número de sitiales expuesto en el Museo Nacional de Escultura. 9 El Museo Nacional de Escultura, 1933, pp. 47-48. C. Candeira, Guía del Museo Nacional ae Escultura de Valladolid, Valladolid, 1945, pp. 30, 63, 70. J. J. Martín González, Guía de Valladolid ¿1953? p 65 F. Wattenberg, Museo Nacional de Escultura. Guía breve, Valladolid, 1963, pp. 8, 15, 16 26. F. Wattenberg, Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Madrid, 1963, p. 229. Archivo Catedralicio de Valladolid. Libros de Actas: 1866 fol. 24v. y 26; 1867 fol. 8. En el Cabildo de 30 de julio se lee el oficio del Arzobispo comunicando el ofrecimiento de la sillería del coro alto de S. Benito (así se cita), la caja del órgano, para el sitio que ocupaba el órgano pequeño, y la puerta tallada y de hierro del coro bajo para las entradas interiores de la puerta de Santa María; mencio na también la existencia de tres rejas de gran mérito artístico cuyo destino está aún por decidir. El Prela do tenía concertado con un maestro de ebanistería y tallado el traslado de los objetos, su instalación y la restauración que fuera necesaria en cada caso, para lo que debería ponerse de acuerdo con el fabri quero de la Catedral y las personas designadas por el Cabildo para supervisar dichas tareas. Las sillas y las puertas pudieron instalarse el mismo año de 1866, puesto que en febrero de 1867 ya estaba efectua do el pago de las obras; no así la caja del órgano.
502 MARIA DEL ROSARIO FERNANDEZ GONZALEZ La similitud estilística de estos sitiales altos con la sillería del Monasterio de la Santa Espina, de Valladolid, obra documentada de Felipe de Espinabete (1719-1799), permitió la atribución a este escultor de la sillería del coro alto de San Benito el Real". La identificación de las diversas partes que se conservan del conjunto fragmen tado, nos permite hacemos una primera idea aproximada de cómo fue en origen. Constaba de dos fi las de asientos, con relieves figurados en sus respaldos. En los bajos se sucedían escenas de la vida de S. Benito entre columnas dóricas. Los altos presentaban fi guras de santos en hornacinas aveneradas, sobre pequeños paneles con rocalla; los enmarcaban columnas jónicas apoyadas en ménsulas con forma de cabeza de ángel. Los asientos propiamente dichos repiten la misma sobria decora ción: volutas con rocalla en la parte inferior de los brazos, motivo geométrico de taracea en el panel de fondo, mínimos cajeados y molduras en el resto; las miseri cordias sin apenas variantes. Sobre la fi la baja corría un atril, mientras que la alta remataba en un entablamento; ambos se incurvaban sobre su correspondiente silla central, remarcando su importancia. Dos aspectos, desigualmente tratados hasta ahora, requieren nuestra atención: el programa iconográfico y la disposición original del conjunto. Iconografía de las sillas bajas Sobre la iconografía de las sillas bajas se han publicado los estudios más ámplios referidos a esta sillería" y, no obstante, quedan precisiones significativas por hacer e inexactitudes que desechar definitivamente. Como ya hemos mencionado, en los respaldos de estos asientos bajos se cuenta la vida del fundador de la orden benedictina en diversos episodios, desde su naci miento a su muerte. F. Wattenberg identificó las escenas con los grabados de Aliprando Capriolo que ilustran una edición de la vida de S. Benito promovida por el Procurador General de la Congregación de S. Benito de Valladolid en Roma, titulada « Vita et Miracula Sanctíssimi Patris Benedicti. Ex Libro n Dialogorum Beati Gregorii Papae et Monachi collecta. Et ad instatiam devotorum Monachorum Congregationis eiusdem Sancti Benedicti Hispanorum seneistypis accuratisime delineata», impresa en Roma en 1579. Presenta un total de 50 láminas, de 30 x 20 cm., en cada una de las cuales se recoge un episodio de la vida del santo, desarrollado en una escena principal, en primer término, y otras secundarias". M. de Castro Alonso: Episcopologio vallisoletano. Valladolid, 1904, p. 415. Cita el traslado de estas piezas al hablar del Arzobispo D. J. I. Moreno, fechándolo en 1867, aunque sin precisar que se trata de la sillería del coro alto y no dejando claro si la cantidad pagada lo fue por la colocación o por las piezas. " J. C. Brasas y J. R. Nieto, o^. cit l Vitrea, op. cit. p. Al. "T fAoraA. op cu S . ¥A. Oortzáiez de Zarate, op. cit. F. Wattenberg, Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Madrid, 1963, p. 229. San Gregorio Magno. Vida de San Benito. Versión, introducción y notas de E. Zaragoza Pascual, monje de Silos. Zamora, 1980. Contiene la reproducción facsímil de las 50 láminas de la edición prínci-
LA SILLERIA DEL CORO ALTO DE SAN BENITO DE VALLADOLID 503 Se conoce otra versión de este relato hagiográfico, publicada en el siglo XVI, con el título «Speculum et exemplar christicolamm, Vita Beatissimi Patris Benedictí Monachor. Patriarchae Sanctissimi. Per R.P.D. Angelum Sangrinum Abbatem Congregationis Casinensis carmine conscripta», impresa en Florencia en 1586 y en Roma en 1587. Las láminas copian indudablemente las de la edición de 1579, repitiendo en muchos casos la composición exacta, pero presentan también varia ciones significativas Son más pequeñas 14,5 X 11,5 cm., y la calidad del grabado es inferior. El número se amplía a 52; al comienzo se añaden dos láminas con el nacuniento del santo y su partida a Roma para estudiar; la número 37 de la edición de 1579, en la que se relatan dos curaciones milagrosas, la de un niño con elefantiasis en el fondo, y la de un colono envenenado, en primer término, se desdobla dedicando una lámina a cada milagro (n.° 39 y 41), división no del todo correcta, pues al optar por dejar en una la escena principal y en otra las dos más pequeñas, incluye en la misma la traslación de los dos enfermos; en cambio, se reúnen en una sola (n. ° 50) la última comunión del Santo (n.° 47 de 1579) y su muerte (n.° 48 ídem), que se sitúa en un segundo término. Algunas de las composiciones aparecen invertidas en su totalidad o en partes. Se advierten también cambios en los distintos elementos que integran las escenas y en su ordenación, en ocasiones condicionados por la necesidad de adaptarse a un espacio más reducido. En general, las arquitecturas presentan una mayor com plejidad y preferencia por las formas curvas, mientras que en los paisajes se po na hablar de una cierta simplificación, aunque las modificaciones más evidentes se con creten en detalles precisos, como ocurre con los muebles o los gestos de najes. Los distintos promotores de las ediciones implican una distinción o la de 1579 presenta a los monjes con el hábito de la Congregación de Valladoli , mientras que en la de 1586 aparecen con el de la Congregación casinense. Los monjes de San Benito el Real de Valladolid pudieron escoger entre as versiones, pues en la biblioteca de su monasterio existían ejemplares de ambas . La constatación de las diferencias existentes entre ellas nos permite afirmar que, curiosamente, para la talla de los relieves de la sillería se utilizaron como mo e los grabados de la edición de Sangrino. La presencia de las dos escenas _ del nacimiento y la partida a Roma, no dejan lugar a dudas, pero cidencias significativas en el resto de los relieves, que vienen a ratificarlo escenas que aparecen invertidas respecto a la anterior edición, detalles de a q pe. diseñadas por el pintor Bernardino Passeri y grabadas por Aliprando Capnolo; el aparece en una {n.° 25), mientras que en otras fi gura el del pintor y las iniciales del gra a or • 1, 19. 20. 22. 24, 27) o sólo éstas últimas (5. 6. 7. 18, 23. 26. 30. 50). La editorial Monte Casino, de Zamora, publicó en 1980 una reedición anastática e a partir de un ejemplar de 1587 conservado en el monasterio de las Benedictinas de S. drid, E. Zaragoza, autor de la presentación, considera las láminas obra indudable ^ pt-neral de lo Librería de San Benito el Real de Valladolid. 1784. fols. y e! que proporciona más datos, c.o. 157S (sic) y Roma 1587.
504 MARIA DEL ROSARIO FERNANDEZ GONZALEZ lectura, paisaje, mobilarío o actitudes de los personajes Sí se produce una mo dificación, inexcusable, respecto al modelo: en la sillería los monjes visten el hábito de la Congregación vallisoletana. Del total de 31 relieves que se conservan, referidos a la vida del santo, 29 co pian grabados y dos son versiones libres Cuando copia, el escultor somete el modelo a una simplificación extrema. Se limita a reproducir la escena principal, prescindiendo de las otras secuencias de la narración; las escasas excepciones se producen cuando, en el grabado, dos de las escenas quedan aparentemente fundi das en una, como sucede con los episodios: el hierro vuelto a su mango (lam. 15), la muerte de un enemigo del santo (lam. 19), la visión del ascenso del alma de Santa Escolástica (lám. 47). Sobre esa única escena continúa el proceso de simplificación: el número de personajes se reduce en lo posible, siendo frecuente que los grupos de monjes se representen por uno; las referencias espaciales llegan a suprimirse por completo o sugerirse apenas: unas líneas para la arquitectura, un árbol, una planta y una on dulación del terreno para el paisaje. En cambio se mantienen detalles insignifican tes: bordados de las ropas, pequeños motivos vegetales, etc.; incluso en la escena correspondiente a la lámina 19 se incorpora un fondo arquitectónico de la 18'®. Aún manejando ya tan escasos elementos, el escultor se muestra poco hábil en la composición, comete errores de perspectiva y dispone personajes y objetos sobre fondos casi planos. Como consecuencia las escenas llegan a perder coherencia, el tema representa do se toma confuso y su comprensión se hace difícil sin el conocimiento previo de la historia que narran. Con todo, las modificaciones en la interpretación del mo delo que se advierten en algunos casos, sólo pueden explicarse aceptando que el escultor ignora el contenido de la escena que está tallando. Esto es evidente en el episodio de la doble visión de San Benito: el mundo envuelto en luz y el alma de Utilizaremos la numeración de las láminas para una más rápida identificación de las escenas. Las coincidencias señaladas pueden constatarse en: n.° 19, 20, 21, 34, 48, composición invertida; n.° 13, 31, 40, 46, 47, 48 detalles de la arquitectura; n.° 10 paisaje; n." 46 mobiliario; n.° 16, gestos. " Los episodios de la vida de S. Benito que se reproducen en los relieves corresponden a las lá minas números: 2, el nacimiento; 3, la marcha a Roma para estudiar; 5, la criba rota y reparada (versión libre); 7, en su retiro, alimentado por San Román; 9 el encuentro con unos pastores; 10, la tentación vencida; 11, el milagro de la vasija rota; 12, la presentación de Mauro y Plácido; 13, la corrección del monje distraído; 14, el milagro del agua de la roca; 15, el hierro vuelto a su mango; 16, S. Plácido salvado por S. Mauro; 17, el milagro del pan envenenado; 19, la muerte de un enemigo del santo, 20, la destrucción de un ídolo y su altar; 21, la piedra aligerada de su peso; 24, la represión de unos monjes; 26, la simulación del rey Totila; 27, la profecía hecha al rey Totila; 31, el milagro del frasco de vino escondido; 34, el milagro de los modios de harina; 40, el milagro de los sueldos; 41, la curación del colono envenenado; 44, la corrección de Zalla; 45, la resurrección del hijo de un labrador (dos versio nes); 46, el milagro de Santa Escolástica; 47, la visión del ascenso del alma de Santa Escolástica; 48, la doble visión del santn; 49, S. Benito dictando la regla monástica; 50, muerte de S. Benito (versión libre). En un caso la simplificación se resolvió en una síntesis afortunada. La tentación a que es so metido el santo en su retiro se narra en el grabado (n.° 10) en tres escenas: S. Benito alejando un mirlo con la señal de la cruz, luego desnudándose con el fi n de arrojarse a unas zarzas, en las que aparece fi nalmente revolcándose para vencer así la tentación. El relieve reproduce este último y más significati vo momento y añade las ropas abandonadas y el mirlo, que vienen a resumir las dos escenas anteriores.
LA SILLERIA DEL CORO ALTO DE SAN BENITO DE VALLADOLID 505 S. Germán llevada al cielo por los ángeles, reflejados con precisión en el grabado (lám. 48), se sustituyen en el relieve por el triángulo trinitario con el ojo divino, que nada tiene que ver en el milagro. La banda de fi guración de los sitiales bajos se completaba con cuatro relieves de ángeles músicos. Dos tañen aerófonos: chirimía y dulción; los otros dos, cordófonos: guitarra y viola da braccio. Estos instrumentos, tal como están representa dos, son característicos de fi nales del siglo XVI; por tanto el modelo gráfico, que sin duda se utilizó, podría ser, curiosamente, de la misma época que los grabados sobre la vida de S. Benito'^. Algunos estudios han atribuido a esta sillería una especial significación en la iconografía de San Benito, que no le corresponde. Esto se debe a que han partido de la base de una datación errónea, considerándola obra de la primera mitad del siglo XVI. Así J. Karel Steppe la cita como el caso más temprano de representa ción de este ciclo en las sillerías de coro. En la misma línea, González de Zárate propone sus relieves como modelo de los grabados de la edición de 1579^*^. En realidad, similares programas iconográficos, basados en ambas series de grabados, se desarrollan en otras sillerías de conventos benedictinos, fechadas to das ellas con anterioridad a la vallisoletana. De fi nales del siglo XVI es la de la iglesia abacial de S. Giorgo Maggiore, en Venecia, los respaldos de cuyas sillas altas talla A. van den Brulle en 1596-98, siguiendo fi elmente las láminas de la edi ción de Sangrino^^ Posteriores son las españolas ya estudiadas de Meira, San Mar tín Pinario, y S. Salvador de Celanova. En su monografía sobre Francisco de Moure, Vila Jato identifica cinco table ros con episodios de la vida de San Benito, conservados en el Museo Diocesano de Lugo, como los restos de la sillería del Monasterio de Meira, fechada a princi pios del XVII; corresponderían a los respaldos de las sillas altas. Para la identifica ción de las escenas sigue el ejemplar de la edición de 1579, que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Santiago, sin embargo no fue ésta la que sirvió de modelo, sino la de Sangrino, como se deduce de algunos detalles significativos. Así en el episodio de S. Plácido salvado por S. Mauro, las arquitecturas del fondo y la posición de la mano izquierda de S. Benito; y en el de la piedra aligerada de su peso, la composición, invertida respecto a la edición anterior. Peculiar es la versión del hábito, mezcla del de las dos congregaciones, y la representación del santo, barbado " R. Alvarez y M.® RFernández, op. cit. F. Waiienberg.—Aíuíeo Nacional de Escultura. Valladolid. Madrid, 1966, p. 106. Los cita por primera vez como parte de la sillería. J. Karel Steppe. «San Benito en las artes plásticas», en San Benito Padre de Occidente, Bar celona, 1980, p. 62. J. M. González de Zárate, op. cit. J. Karel Steppe, op. cit., p. 94, láms. 12, 13, 68. El autor señala las diferencias existentes entre las láminas de las ediciones de 1579 y 1586. Cita también los respaldos de las sillas de la iglesia de S. Hubeno. en Bélgica, ya de 1731-33, que copian tanto los grabados de Passeri y Capriolo como los de Le Clerc (1658). S. Sebastián, Conirarrefomia y barroco. Madrid, 1981, p. 305. Cita únicamente la edición de 1579, considándola el modelo de la sillería veneciana. D. Vila Jato. Francisco de Moure. 1991, p. 54. La escena que identifica como lo enrrerista
506 MARIA DEL ROSARIO FERNANDEZ GONZALEZ Rosende Valdés se ha ocupado ampliamente de la sillería del monasterio de S. Martín Pinario, realizada por Mateo de Prado en 1639, especialmente en el as pecto iconográfico. Es la que reúne mayor número de episodios, 48, situados en este caso en el guardapolvo. El modelo utilizado en todos ellos, excepto en uno, son las ilustraciones de la edición de la vida del santo de 1579, como ya señalara Lois Fernández. Sigue los grabados con fi delidad, pese a las inevitables modifica ciones condicionadas por el distinto materiaP^. El mismo autor realiza el estudio del coro de S. Salvador de Celanova, fechado en el segundo decenio del XVIII. La vida de S. Benito se sitúa aquí en las sillas bajas, como en Valladolid, pero únicamente en la mitad de ellas, destinando la otra mitad a la vida de S. Rosendo; por ello recoge sólo 14 episodios de la misma. Co pia igualmente las láminas de 1579, sin grandes variaciones^'*. Una distribución similar tuvo la sillería del monasterio bernardo de La Santa Espina, de Valladolid; los relieves de sus asientos bajos se dividían entre la vida de San Benito y la de San Bernardo. Perdidos actualmente estos sitiales no es posi ble comprobar si se habían utilizado como modelos, una vez más, los grabados de fi nales del siglo XVP^. Iconografía de las sillas altas En los respaldos de las sillas altas se despliega un santoral, cuyo programa po demos deducir, en parte, de los tableros conservados^^. Se advierte la existencia de grupos fácilmente identificables: los apóstoles, los evangelistas, arcángeles, los doctores de la iglesia latina, destacados santos benedictinos, y santos fundadores o reformadores de otras órdenes religiosas. La presencia de Sto. Tomás de Aquino puede explicarse por la importancia de su obra teológica, que le valió una conside ración similar a la de los Padres de la Iglesia; en cuanto a S. Carlos Borromeo llegó del rey Totila con S. Benito, se trata en realidad de la visita del hermano del monje Valentiniano (lámina n.° 25 de 1586). El monasterio es cisterciense, por lo que en estos relieves de las sillas altas se narraba también la vida de S. Bernardo. Andrés A. Rosende Valdés, La sillería del coro de S. Martín Pinario, La Coruña, 1990. Ci ta, erróneamente, la sillería vallisoletana como precedente, en el siglo XVI. M. C. Lois Fernández, «La historia de S. Benito en el coro bajo de San Martín», Boletín de la Universidad Compostelana. 1958. . y i Andrés A. Rosende Valdés, La sillería de coro barroca de S. Salvador e e anova, antiago de Compostela, 1986. " J. C. Brasas y J. R. Nieto, op. cit. t .« e - " En ellos fi guran: S. Pedro, S. Pablo, S. Andrés, Santiago el Mayor, Sto. Tomás, S. Simón, S. Juan Evangelista, S. Lucas, S. Rafael arcángel, S. Miguel arcángel, S. Gregorio p^a, S. Jerónimo, S. Agustín, S. Ambrosio, Papa bendiciendo, S. Bernardo, S. Anselmo?, S. Ruperto?, ispo benedicti no, Sta. Escolástica, Sta. Gertrudis, S. Bruno, S. Francisco de Asís, Sto. Domingo, S. Ignacio, S. Fe dero Nolasco, S. Félix de Valois, S. Antón Abad, S. Francisco de Paula, S. Juan de Dios, S. Cayetano, Sta. Teresa, S. Carlos Borromeo, Sto. Tomás de Aquino. En el caso de los santos benedictinos, algunas identificaciones son dudosas por lo genérico de los atributos que portan; hemos identificado al obispo que sostiene la maqueta de una iglesia con S. Ruperto, fundador de la diócesis de Salzburgo, y al que se acompaña de dos libros y pluma de escritor, con S. Anselmo, doctor de la iglesia.
LA SILLERIA DEL CORO ALTO DE SAN BENITO DE VALLADOLID 507 a ser uno de los santos más populares de la Contrarreforma y gozó de gran presti gio como patrón contra la peste, llegando a desplazar incluso a los tradicionales San Roque y S. Sebastián. En cada ángulo se sitúan dos relieves con emblemas de la religión y la música. Es ésta una temática frecuente en los sitiales altos de los coros benedictinos, al igual que en los de otras órdenes religiosas, dependiendo de la personalidad de los distintos monasterios la importancia que se concede a cada grupo. En San Mar tín Pinado, se incluyen los mismos que en Valladolid, con variaciones, y se añade algún otro; no falta un patrón contra la peste, pero aquí se trata de S. Roque En San Salvador de Celanova la opción es distinta, más cerrada: sólo santos y san tas de la orden. Esta será también la elección de los cistercienses de la Santa Espina. En la sillería vallisoletana, el programa iconográfico evidencia que no se ha conservado completo el cuerpo alto; faltan apóstoles y evangelistas; pudo incluir, aunque no necesariamente, más santos benedictinos, o fundadores, o algún otro por razones particulares. En cuanto a la silla central, posiblemente estuvo destinada a la imagen de S. Benito, al igual que en el coro de S. Martín Finarlo; pero, dado que el santo fundador ya está representado de manera destacada en el centro de las sillas bajas, en las que se narra su vida, no hay que descartar la posibilidad de que, en el cuerpo alto, este espacio se reservase a la fi gura de la Virgen, como se hizo en la Santa Espina. Reconstrucción Si hay pocas dudas en cuanto a su ornamentación y su iconografía, no sucede lo mismo con su disposición. Martín González ha propuesto una reconstrucción apro ximada en su lugar de origen, el tramo central del coro alto, según la cual los sitia les se distribuirían en un testero largo y dos brazos cortos, quedando un espacio entre éstos y el antepecho calado por donde se efectuaría el acceso 2». Llegar a conclusiones más precisas y fundamentadas entraña serias dificulta des ^4o contamos con ninguna indicación sobre cómo estaba colocada la sillería en el coro; tampoco sabemos cuántas piezas se han perdido, ni qué modificaciones han sufrido las existentes, tanto al desarmarla en la iglesia y dividirla, como en los sucesivos montajes efectuados en los museos; por otra parte, las soluciones da das a los coros presentan diversas variantes. Pese a ello, el estudio de las partes conservadas y del espacio en que se ubicó, proporciona diversos datos, a partir de los cuales se puede elaborar un diseño, hipotético, pero verosímil. El coro alto de San Benito ocupa toda la anchura de la iglesia y, en correspon dencia con sus tres naves, está dividido en tres tramos por arcos apuntados cuyo arranque queda próximo al suelo, lo que limita el paso por los extremos. En el tra mo central, donde estuvo situada la sillería, el espacio disponible entre los pilares " Figuran también: San Juan Bautista, S. José, los padres de la Virgen, santos mártires, y, lógi camente, santos gallegos; los benedictinos son más numerosos, en cambio los fundadores se reducen a tres. J. Martín González, op. cit., p191.
i|Kí^?^^ SíNvI^K. ■• •■••"•' 1^ Jm-- f- -m.A .»-2?v'. e-Áv^'i ■-..A-C\.iy'- ■:F::.^:fí ■,:iÍÍá,.^ » l;V;|| i/-: ■\h JJ/HrSÍ ra f I.V ./-\\\1t,fc ,i(!