El arte románico español
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VARIA 443 copiarse en esculturas de Corullón, fechadas en 1093-1099 por inscripciones. A más de esto parece muy probable que las jambas esculpidas de Cuixá se deriven de Sanriagro, y ello es razonable. A comienzos del siglo XII Cuixá declinaba, mientras Santiago estaba en el ápice de la gloria como una de las más ricas e importantes iglesias del mundo. En su totalidad el arte parece haber fl uido de España al Rosellón tan firme y abrumadoramente como fl uyó de España a Toulouse. Cierto que el Rosellón puede mostrar monuineníos más primitivos que los de Toulouse, o, en este aspecto, que la propia España. El dintel esculpido de Sí. Genis des Fontaines, de 1020 y los de St. André de SoiTcde y Arles sur Teche, nos dicen que allí fl oreció en la primera mitad del siglo xi. ¿Estaría, por tanto, aquí mejor que en Toulouse o en España el núcleo generador de la escultura románica? No lo creo. Como ya he dicho, no solamente en los Pirineos se esculpía en piedra durante la primera mitad del siglo xi. Puig y Cadafalch demostró que la arquitectura catalana del xi penetra en Francia por el sur y llega tan lejos como al valle del Sena. A io largo de todo el xi y parte del siglo xii la gran corriente del arte en Europa iba de sur a norte. No podremos jamás comprender el románico del norte de Europa mientras no conozcamos el de Italia y España. Una nueva luz sobre este último arroja el brillante libro de Gómez-Moreno. . .. ^ A. Kinqslev Porter «Leonesquc, Romanesque and Southern France». publicado en The ArtBulletin. New York Universily. Vol. Vil!, núm. 4. junio 1926. EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Un artículo, unas palabras, un ensayo de don Manuel GómezMoreno bastan para situar de nuevo los temas más diversos de arqueología y arte y para procurar a los problemas puntos de vista fecundos en nuevas soluciones. tQué no significara para el futuro de nuestra historia del Arle un libro tan importante y repleto en su concisión extraordinaria como este que ahora aparece ha,o el titulo de El Arte románico español! . En sus páginas densísimas se acumula todo el inmenso material que el maestro Gómez-Moreno ha organizado en una construcción personal y nueva durante toda su vida de trabaio y de viajes. Desde
444 VARIA el csíudio de los capífeles y defalics ornamenfales, hasta el de estructuras y plantas, desde el de la escultura hasta el del miniado, todo es puesto a contribución por el maestro para seguir a través de cada uno de estos aspectos las diversas tendencias, escuelas e influencias, manifestaciones de cada instante histórico. Historia, fuentes, arte, todo es puesto al servicio de esta Arqueología que en grandiosa síntesis viene a darnos todo el sentido de unos cuantos siglos de arte español. Las anteriores publicaciones de don Manuel Gómez-Moreno, sobre arte medieval, en especial la ya clásica obra Iglesias mozára bes, hacían presentir las orientaciones que vienen a tener en El Arte románico español preciso desarrollo. Aquel afán del maestro por hacer girar en torno a España el arte de siglos enteros, afán ya mani festado antes de ahora, aquel sentir el problema de nuestro arte como algo que sobresale de lo nacional para entrar en la esfera europea y universal, aquel esfuerzo por organizar de manera independiente y adecuada la Historia de nuestro Arte, tienen su realización plena en el actual «esquema de un libro». Ya desde la magnífica portada de la obra «Orientaciones»—se enfoca el lema de lo español y su posición frente a las dos direccio nes que se notan en la época románica y que juegan su papel en el arte europeo, la del contacto con la antigüedad, y la de las lenguas romances, las del arte fuera de lo natural y la del arte que se va volviendo hacia lo gótico y la naturaleza, la de Cristo Majestad y la. de la Virgen con el Niño, ¿qué hace lo español? En España, durante el siglo XI, se crean los elementos de un sistema artístico «que a fuero de clasicismo corre por Francia»; durante el siglo xii, el nuevo arte se expande y ya desde mediados de la centuria «Francia nos trae fórmuias de arfe más progresivas, más galanas», entonces tenemos las grandes catedrales y los grandes conventos cistercienses. Tal es en síntesis la idea de don Manuel Gómez-Moreno sobre el papel de España en la creación del románico y sobre la marcha de este arfe en nuestro suelo. Alrededor de esta idea se organizará todo el estudio de influen cias y todo el juego histórico que produce resultados. En la génesis dci románico español habrá de tenerse en cuenta sobre la base de lo propio —asturiano, califal, mozárabe—, la aportación de lo alemán y lo italiano y —nótese bien, con preponderancia sólo desde la segunda mitad del xii— lo francés. En tales términos queda planteada la solución al problema de
VARIA 445 nuestro románico, solución que ya por adelantado se había atraído la adhesión de favorecedores a quienes no podía servir de incitante un nacionalismo estrecho, ahora menos que nunca oportuno, ya que se trataba precisamente de combatir a un estrecho nacionalismo y eliminarle del campo arqueológrico. Alrededor de esta concepción se ordenan jerárquicamente las soluciones a los diversos problemas que las artes menores originan: la solución al de la miniatura, al importantísimo de los marfiles —campo en el que León manifiesta claramente su hegemonía—, al de los metales... La atención del maestro en busca de núcleo en que centrar el románico español en sus orígenes se dirige hacia el Pirineo aragonés, concretamente hacia Jaca, donde «más aún que en León y Compostela, se Impone tal vez reconocer al artista genial, como arquitecto y como decorador, que agiganta, pule y metodiza lo que hasta él sólo habían sido basílicas degeneradas y abovcdamientos medrosos». Las huellas de lo jaqués se extienden desde Compostela a Moissac, pasando por León y Tolosa. Buena parte del sur de Francia entra así dentro del ciclo artístico español, desde Cuixá y otras muestras del Rosellón que en recientes estudios han tenido que revelar su influjo español e incluso mozárabe, hasta ejemplares grandiosos como San Sernin de Tolosa, que llena un capítulo del libro de Gómez-Moreno sobre el románico español. Alrededor de los Pirineos crece nuestro románico de Cataluña a Navarra. Y precisamente a un navarro y a sus dinastías le va a deber su grande primer desarrollo. Palencia y el primitivo San Isidoro -el actual Panteón-, la Seo de Jaca, San Salvador de Nogal. San Martín de Frómista y todos sus ecos y secuelas, surgen de manos de la dinastía navarra. . j.j . j Aparte de estas manifestaciones pirenaicas extendidas por toda ia España cristiana del siglo xi, Castilla afirma -en verdadero «Parép/es/s»- su personalidad. San Pelayo de Perazancas, la Catedral vieja de Burgos, San Isidro de Dueñas San Pedro de Arlanza, lo primitivo de Silos, son las manifestaciones de esta personalidad castellana que se manifiesta en arte como en todo. En el último cuarto del siglo XI, precisamente a pait r d^l075. —año de principio de las catedrales de Burgos y timos ai «7>/irafo de! Románico», El nuevo San Isidoi o d León Santiago, ia Catedral de Pamplona, tienen esta signiflcacidn de plenitud.
446 VARIA Después, en un fi na! del libro fal vez en exceso rápido, viene considerada la decadencia, a la que se concede una atención menor porque el afán de! maestro ha sido poner de relieve en su libro la importancia y cuantía de la aportación española, y precisamente este es el momento en que todo se estabiliza y en que en éste no se vierten inquietudes. Es el momento de Lelre, de S. Frutos sobre el Duraíón y de San Salvador de Sepúlveda, de Sahagrún y San Pedro de las Dueñas, de Avila, Zamora y Salamanca... Tal es la organización en cuerpo que recibe nuestro románico de de la mente de don Manuel Gómez-Moreno. A la formación de esta gran síntesis todo contribuye, después de largos anos de estudio. Por fi n, sobre el románico puede presentarse una síntesis espa ñola no tanto nacionalista como antinacionalisía, ya que surge en protesta contra afanes que pretendían hacer girar nuestro medioevo en torno al francés. Nada mejor podrá hacerse que explanar y dar amplio desarrollo a este libro, lleno de datos y sugerencias, en nuestros cursos uni versitarios. A. T. i»