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"Emptio puellae Ravennae facta" (estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile, CPL nº 193)

Martín Ferreira, Ana Isabel

Abstract

Producción Científica

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Recibido: 18 de abril de 2007 Aceptado: 27 de septiembre de 2007 RESUMEN En este trabajo estudiamos y traducimos el documento que acredita la compraventa de una esclava, escrito en latín, en parte con caracteres griegos, conservado en una tablilla encerada editada por Cavenaile (CPL 193). Además de aportar algunas conjeturas que facilitan su comprensión, nos hemos ocupado de su datación y de determinados aspectos jurídicos, para finalizar con el comentario lingüístico del texto desde la perspectiva del latín vulgar. Palabras clave: Documentos jurídicos. Derecho romano. Latín vulgar. MARTÍN FERREIRA, A.I., «Emptio Puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile, CPL n° 193)», Cuad. fil. clás. Estud. lat. 27, 2 (2007) 107-128. Emptio puellae Ravennae facta (Study and translation of the writing-tablet edited by Cavenaile, CPL nº 193) ABSTRACT In this paper, we study and translate the document that certifies the buy and selling of a slave-woman, written in Latin with some Greek characters also included, preserved in a wax writing-tablet edited by Cavenaile (CPL 193). Apart from contributing with some conjectures that facilitate its understanding, we have also undertaken its dating and some particular judicial aspects, concluding with the linguistic commentary of the text from the perspective of Vulgar Latin. Keywords: Legal documents. Roman law. Vulgar Latin. MARTÍN FERREIRA, A.I., «Emptio Puellae Ravennae facta (Study and translation of the writing-tablet edited by Cavenaile, CPL n° 193)», Cuad. fil. clás. Estud. lat. 27, 2 (2007) 107-128. SUMARIO 1. El texto. 2. Traducción. 3. La fecha. 4. El vendedor. 5. Tito Memio Montano, milite pentero Augusti. 6. La puella Marmaria veterana. 7. La cuestión “del doble” (dupla) y la cláusula optimis condicionibus. 8. Interrogatio tabellarum signatarum. 9. Situación del campamento de la flota pretoriana de Rávena. 10. Domicio Teófilo, auctor. 11. La lengua. 12. Conclusiones. 13. Referencias bibliográficas. Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 ISSN: 1131-9062 Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile, CPL nº 1931) Ana Isabel MARTÍN FERREIRA Universidad de Valladolid [email protected] 1Cavenaile 1958, p.300. 1. EL TEXTO El texto que nos ocupa se encuentra en la antología del profesor M.C. Díaz y Díaz (19622, pp.20-21), incluido en el apartado dedicado a los papyri antiquissimi, donde se presenta escuetamente como el «Acta de compra de una esclava, procedente de Fayûm, quizá del siglo II d. C. El texto va escrito, en parte, en letras griegas. Es una tablilla de cera», sin ninguna nota o aclaración más. A pesar del interés que presenta desde el punto de vista de la lengua, hasta la fecha esta tablilla ha interesado más a los especialistas en derecho romano que a los filólogos o historiadores, por sus peculiares características y la información que contiene. En realidad, se trata de la tercera tabla de lo que en su día fue un tríptico y, concretamente, de la quinta página de lo que formó el documento completo, las «escrituras», tal y como las llamamos hoy, de compraventa de un bien. Este soporte encerado, muy común para escribir en la época –mucho más barato que el papiro– era especialmente utilizado para este tipo de contratos2, tal y como atestigua el conjunto de tablillas encontradas en Transilvania a finales del siglo XIX3, a las que se unen otras pompeyanas de similares características4, y también a juzgar por la legislación al respecto5. En los documentos de este tipo sólo se escribían las hojas interiores, es decir, las páginas segunda, tercera, cuarta y quinta, sirviendo la primera y la sexta a modo de pastas protectoras del contenido, ya que de esta manera se conseguía proteger el documento (scripturam interiorem fidem servare). La tabla que nos ocupa, por lo tanto, al ser la quinta página de un contrato, estuvo encerada y fue exarada por uno sólo de sus lados, tiene unas medidas de 15,5 cm por 12,5 cm., y la parte escrita ocupa una extensión de 12 cm. por 9 cm. Son 11 líneas escritas en caracteres griegos, más seis en alfabeto latino, redactadas «en muy mal latín» en palabras de Cavenaile (1958, p.300). Tiene un agujero en el margen superior y tres más en el inferior, a través de los cuales, mediante una tira de lino, se unía a sus dos compañeras6. La superviviente que se ha conservado es la llamada scriptura exterior, lo que los expertos en derecho romano denominan chirographum, «un documento único, que queda en poder del acreedor y atestiguaba que el negocio se había cerrado por ambas partes; el syngraphum, en cambio, la scriptura interior, suscrito por los interesados, se redactaba en doble original y cada uno de los contratantes, vendedor y comprador, se quedaba con un ejemplar”7. En estas circunstancias, el chirographum tenía un carácter probatorio, se mostraba abriendo el documento por atrás, y por eso se redactaba en primera persona, de puño y letra del vendedor (o un Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… 108 Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 2Sobre la forma de estos documentos Cf. Gerhard 1904, pp.382-389 y Erman 1905, pp.456-478. 3La mayoría se conservan en el museo de Pest (Hungría). Una selección de las mismas y sus características puede verse en la edición de Arangio Ruiz 1972, pp.281-290 (nº 87-90). 4Las encontradas en la casa de L. Cecilio Jucundo son las más conocidas. 5Por ejemplo, la que se promulga en época de Nerón, cuando el emperador ordena que se firmen estos documentos sólo después de haber sido unidas las tablillas, y no antes, para impedir las falsificaciones; cf. SVET.,Nero 17. 6Tomamos la descripción de la tablilla que se lee en Eger 1921, pp.452-468. 7Iglesias 200415, p.277. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 109 escriba ad hoc), resumiendo el contenido de las escrituras, en primera persona, lo que equivale en nuestra lengua actual a lo que se denomina quitación, recibo o carta de pago. El syngraphum lo componían las tablillas perdidas, compañeras de ésta, y su redacción, más extensa y detallada, explicaría los datos que en la conservada aparecen comprimidos y dificultan su comprensión, como veremos más adelante. Este documento fue adquirido en Egipto en 1912 por la Sociedad Alemana de Papirología, cuya cabeza visible era Karl Kalbfleisch, profesor de la Universidad de Giessen, en plena época de despegue de la papirología, gracias al auge de los hallazgos arqueológicos de la zona comprendida entre el Delta del Nilo y la primera catarata. Desde finales del siglo XIX, ingleses, franceses, austríacos y alemanes compraban documentos de este tipo, que fueron reuniendo en valiosas colecciones, algunas privadas y otras auspiciadas por centros universitarios, como la recopilada en Giessen, cuya universidad se convirtió en centro activo de la ciencia de la papirología8, aunque luego perdió parte de sus fondos como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Nuestra pieza se encontró en el distrito del Fayûm, en la antigua Arsínoe, a orillas del lago Moeris, en Egipto, a unos 130 km. al suroeste de El Cairo, una región situada a 45 m. por debajo del nivel del mar, fértil por las crecidas del Nilo y sucesiva y simultáneamente poblada por egipcios, griegos, romanos, sirios y libios9. Griegos y romanos sacaron especial partido de las inundaciones periódicas y contuvieron el agua gracias a la construcción de importantes obras hidráulicas que permitían tener la zona irrigada durante todo el año, pero estas instalaciones, por avatares de la historia, dejaron de cuidarse a partir del siglo IV d.C., lo cual convirtió poco a poco en desérticos unos lugares donde había florecido la agricultura y la vida. En estos sitios, donde desde hacía siglos ya no llegaba el beneficio del agua, los arquéologos encontraron los restos de ciudades y villas, que fueron progresivamente abandonadas e invadidas por el desierto. Este avance de la zona desértica sólo dejó algunos muros en pie, aunque fue benigno para la conservación de papiros y documentos como el que ha llamado nuestra atención10. Para finalizar esta pequeña historia externa del texto, cabe contar que, por supuesto, Kalbfleisch transcribió nuestra tablilla y que luego fue estudiada por O. Eger, colega suyo en Giessen y especialista en derecho romano, a principios de los años veinte. Actualmente la leemos en recopilaciones de papiros, como la de Calderini (1944, nº 24) o la más conocida de Cavenaile, en la antología de Díaz, y ocupa también un lugar en la selección de documentos relativos a negocios jurídicos romanos de Arangio-Ruiz (1972, nº 134). Reproducimos a continuación el texto siguiendo la edición de R. Ca8Sobre los hallazgos de documentos y los estudios de papirología en Alemania a principios del siglo XX, cf. Calderini 1963, pp.51-55. 9Son famosos los enigmáticos retratos encontrados allí, casi todos pertenecientes a los siglos I-IV d.C., algunos de la misma época de la tablilla, pintados sobre tabla o sobre lienzo y utilizados con fines funerarios, muestra de la mezcla de culturas y tipos raciales que convivieron en la zona. 10 A diferencia de estos lugares, la zona del delta, más irrigada y húmeda, ha sido más parca también a la hora de proporcionar papiros. Cf. Calderini 1963, pp.20-21. venaile (nº 193), más filológica que la de Arangio-Ruiz –cuida más el griego–, aunque ambas tienen en cuenta los tabajos pioneros de los eruditos alemanes y siguen alguna de las conjeturas que pretendemos revisar: Gaivw/ Kourtivw/ jIouvstw/ Pouplivw/ jIoulivw/ Nautw'ne kwnsouvlivbou~ sevxstoum Nwvna~ jOktwvbrh~, Aijscivnh~ Aijscivnou Flaouiano;~ Milhvsio~ skrivyi mh; ajkkhpivsse a[ Tivtw/ Memmivw/ Montanw/' mivlite penthvrw Aujgivsti dhnarivou~ seskevntou~ bigevnti kivnkue prevtioum pouevllai Marmari<k>ai'11 betravne, kouam eji; douvpla o[ptimi~ kondikiwvnibou~ bevndidit ejvt travdidi ejx ejnterrogatiw'ne favkta tabellavroun signatavroum. [Aktoum kavstri~ klavssh~ praitwvriai JRabennatou~. (S) Idem cosulubus aeadem diem Domitius Theophilus scrisi me in veditionem puellae marmari<c>ae12 supra scriptae pro Aescine Aescine philium Flavianum secumdum auctorem exstitisse. (S) Acctum. 2. TRADUCCIÓN «En el consulado de Gayo Curcio Justo y Publio Julio Nautón, el sexto día antes de las nonas de octubre, yo, Esquines hijo de Esquines, Flaviano, natural de Mileto, declaro por escrito que he recibido de Tito Memio Montano, soldado de la pentera Augusto, seiscientos veinticinco denarios, precio de una esclava, veterana, marmárida, que le he vendido y entregado en perfectas condiciones, con una estipulación del doble, según el formulario redactado en la firma de las escrituras. Hecho en el campamento de la flota pretoriana de Rávena». (Firma) «En el mismo consulado y en el mismo día, yo, Domicio Teófilo, declaro por escrito que en la venta de la esclava marmárida, citada más arriba, he intervenido como garante por parte de Esquines, hijo de Esquines, Flaviano». (Firma) «Hecho». Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… 110 Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 11 Proponemos la lectura marmari<d>ai, si es que falta alguna letra. 12 Proponemos la lectura marmari<d>ai. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 111 3. LA FECHA Mientras la mayoría de los editores se conforman con apuntar al siglo II, Eger precisaba en su estudio que la tablilla debió de redactarse en algún momento del reinado de Adriano o Antonino Pío, pues había encontrado el nombre de Curcio Justo en una inscripción milanesa13. El experto en derecho romano no hizo más indagaciones al respecto, pensando, no sin razón, que podría tratarse de un suffectus como tantos otros que proliferaron a partir de la época de Augusto14, muchos de los cuales no ocupaban el cargo ni siquiera durante un año completo, aunque veían así colmadas sus aspiraciones de ascenso –no era raro que fueran itálicos o provinciales– y luego servían para cubrir la creciente demanda de proconsulares que exigían las provincias y algunas circunscripciones territoriales especiales dentro de ellas. Efectivamente, el estudio sobre los senadores y consulares de época antoniniana de Geza Alföldy (1977) nos confirmó estos asertos y, para nuestra sorpresa, basaba sus conocimientos sobre el personaje de Curcio Justo en las mismas inscripciones de Mesia y Dacia que habíamos encontrado por nuestra cuenta, persiguiendo al azar en el CIL el rastro de algún general especialmente destacado en una de las fronteras más «calientes» de la época de los Antoninos, como fue la renano-danubiana: C. Curt[io C.f. | P]oll[ia (tribu)] Iust[o] c[o](n)s(ule) [iiiiviro | v]iarum curandarum [...] | quaestori urbano, [adlecto] | inter tribunicios a div[o Ha]d[riano], | praetori peregrino, iiiiiiviro [eq(uitum)] R(omanorum) | turmis ducendis, praef(ecto) [fr]umen[t(um)] da[n]di, | curatori via[r(um)] Clodiae Anniae Cassiae | [C]iminiae, leg(ato) Imp(eratori) Antonini Augusti Pii | leg(ionis) X[X] Val(eriae) Vict(ricis), proco[(n)s(ule)] provinciae | Colliae, leg(ato) pr(o) [pr(aetore)] Imp(eratori) Anton(ini) Aug(usti) Pii | provinciae Daciae, | col(onia) Vlp(ia) Traiana Dacic(a) | Sarmizeg(ethusa) patrono CIL 3.1458 (Sarmizegetusa15) [pro sal]ute | [imp(eratoris) Cae]s(aris) T. Ael(i) | [Anton(ini) A]ug(usti) Pii | [et Veri?] Caes(ari) | [vet(erani) le]g(ionis) VII [Cl(audiae) p(iae) f(idelis) pr]obati | [Servia]no et | [Varo et Po]ntian | [et Attic]o co(n)s(ulibus) | [m(issus) h(onesta) m(issione) pe]r Cur|[tium Ius]tum | [leg(atum) Aug(usti) ] pr(o) pr(ovinciae) | [et per ... le]g(atum) leg(ionis) | [qui sun]t n(umeri?) CCXXXIX CIL 3.8110 = ILS 2302 (Viminacium16) 13 Se trata del siguiente texto: C. Curtio C. [f...] | Pol Iusto | Cos | Sodali Augustali Leg Pr [Pr...] | Imp Caes T. Aelii Antonini i[...] CIL 5.5809 (Mediolanum). El estudioso alemán se dejó engañar por el nombre del Emperador, pues todo apuntaba ya desde un principio a Antonino Pío, abreviatura onomástica de César Tito Elio Adriano Antonino Augusto Pío, mientras Adriano es la versión corta del nombre del emperador César Trajano Adriano Augusto. 14 Estas figuras, nombradas a dedo, servían unas veces para cubrir los vacíos de excónsules y, otras, para premiar a determinadas familias de la aristocracia, antigua y reciente, o para compensar méritos de guerra. Cf. Syme 1989, pp.255-259, 469-473 y 527. 15 La capital dacia de los romanos, hoy territorio húngaro. 16 Actual Kostolatz, Servia. Con estos datos, que desgranan la impecable hoja de servicios de Curcio Justo, perfectamente datable, ya sabemos que el consulado de esta pareja tuvo su inicio alrededor de octubre del año 150 o 151. Este general desarrolló gran parte de su carrera por las provincias de Dacia y Mesia, fue praetor en 135, sevir equitum Romanorum, praefectus frumenti dandi hacia 137-140, curator viarum Clodiae Anniae Cassiae Ciminae alrededor de 140-142, legatus legionis XX Valeriae Victricis sobre 142-145, proconsul Siciliae17 entre 146 y 147, legatus Augusti pro praetore provinciae Daciae (superioris) entre 147 y 150, cónsul a finales del año 150 y gobernador de Moesia superior desde el año 157 hasta el 150 o 160. Del segundo cónsul lo ignoramos todo, pues, además de los problemas de lectura que su curioso cognomen presenta18, sólo aparecen mencionados juntos en esta tablilla, que nos sitúa de lleno en el reinado de Antonino Pío y en una época relativamente tranquila para el Imperio, pero que tuvo sus momentos de agitación precisamente en Egipto, donde se produjo una sublevación a principios de los años cincuenta (ca. 151)19. Todo ello contribuye a ofrecer una datación bastante precisa del documento, máxime si tenemos en cuenta que, como vamos a proponer, no fue redactado en Rávena, sino bastante más cerca de donde fue encontrado. 4. EL VENDEDOR El traficante de esclavos que firma el chirographum, dando fe de que ha recibido el dinero de la venta por parte del comprador, es un griego oriundo de Mileto, llamado Esquines, hijo de Esquines, que, no obstante, utiliza un sobrenombre romano, «Flaviano», seguramente por motivos jurídicos. Es muy difícil asegurar a ciencia cierta, aunque en principio todo apunta a ello, que su situación fuera la de un peregrinus, pero, de ser así, ante la defensa de la propiedad y de cara a la venta, este hecho le pondría en una situación de desventaja frente a las operaciones efectuadas por un civis romanus20. Es muy posible que se falseara por lo general esta situación, asumiendo un cognomen romano, fruto de una adopción –como pudiera ser el caso–, o bien se acudiera a otros subterfugios que garantizaran la propiedad del bien. En este sentido, gozara o no de los derechos latinos, lo cierto es que su fideiussor, el garante o aval de Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… 112 Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 17 Así propone corregir la lectura Colliae Alföldy, frente a otras propuestas como Achaiae (1977, p.156, nota 71). 18 Cf. Eger 1921, p.454 y Alföldy 1977, p.156. Por lo demás, excepto el Nautón, se trata de un individuo con praenomen y nomen extremadamente corriente para un cónsul. Seguramente era un provincial, otro homo novus, que pudo haber romanizado su nombre en beneficio de su carrera. Recordemos que, en la historia moderna, no es extraño encontrar este tipo de actitudes en la clase política norteamericana, nutrida a lo largo del último siglo por inmigrantes de segunda o tercera generación, que retocaban sus nombres judíos, germanos o eslavos al estilo anglosajón. 19 Este hecho privó del trigo egipcio a Roma durante un tiempo y dio lugar a no pocos disturbios. También hubo problemas con las tribus del norte de África y el nuevo emperador se vio obligado a reforzar las fronteras norteafricanas, desde la Mauretania al Mar Rojo. Cf. Grant 1994, p.17. 20 Hay que tener en cuenta que durante algún tiempo la única propiedad reconocida por el Derecho civil es el dominium ex iure Quiritum. Cf. Iglesias 200415, p.159. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 113 la operación, sí parece señalar a un ciudadano romano de pleno derecho, a juzgar por el nombre, Domicio Teófilo. Pero más importantes que las cuestiones legales son para nosotros las lingüísticas. Nos llama la atención el uso del alfabeto griego, pero se comprende muy bien el procedimiento si se tiene en cuenta que es un documento de primera mano, que solía hacerse de puño y letra, y que el afectado, Esquines, aun sabiendo hablar latín –aunque fuera pronunciándolo de un modo peculiar, tal y como veremos–, se manejaba mucho mejor con el alfabeto de su idioma materno. Por otro lado, esto era habitual en determinadas zonas del Imperio donde convivieron en perfecta armonía las dos lenguas, y una de esas regiones era Egipto. Es muy abundante la documentación greco-latina perteneciente al siglo II d.C. encontrada en esta provincia, que, por otro lado, también sirve para ilustrar el modo de vida de los militares romanos en territorio egipcio21. El bilingüismo era moneda corriente, pues, a pesar de que los soldados se servían preferentemente del latín en el ámbito militar, también eran capaces de adaptarse lo más posible a las costumbres locales, que compartían a veces durante años de acantonamiento en determinadas zonas helenófonas (cf. Rochette 1997). 5. TITO MEMIO MONTANO, MILITE PENTERO AUGUSTI Lo primero que sorprende del comprador es su nombre, que inmediatamente nos hace pensar en un ciudadano romano. Sin embargo, este dato choca muy pronto con la realidad, si examinamos bien el resto de la información proporcionada por la tablilla acerca de Montano: es un «soldado» destinado en una «pentera», pues miles es el nombre que se daban a sí mismos los integrantes de la marina de guerra romana22, una organización militar muy parecida a la del ejército en tierra. Hoy serían perfectamente asimilables al marine norteamericano, y por varias razones: en primer lugar porque son el equivalente al «infante de marina», destinado a zonas alejadas y no exentas de peligro23, y, en segundo lugar, porque entre estos efectivos solían contarse en su mayoría extranjeros (peregrini), y quién sabe si también la marina albergó, en algún momento, antiguos esclavos24. En definitiva, siguiendo el paralelo estadounidense, lo habitual era encontrar entre estas filas aspirantes a ciudadanos romanos, provinciales e inmigrantes del imperio de primera o segunda generación que, probablemente a partir 21 Además de la conocida correspondencia del soldado Claudio Tiberiano, destinado al final de su carrera en Karanis, y de su hijo Claudio Terenciano (Cf. Pighi 1964), disponemos de la recopilación de Daris 1964, que nos informa de los pagos, los reclutamientos, las reclamaciones, las misiones, los atentados sufridos por estos soldados, los hijos y las mujeres que tenían, etc. En la misma línea es muy valiosa la obra de Fink 1971. 22 También se denominaban gregalis, caligatus o manipularis, miles casi siempre, pero nunca nauta. Cf. Reddé 1986, pp.522-523. En la práctica había muy pocas diferencias entre un legionario y un marino (p.523). 23 Precisamente en época de los Antoninos, Seleucia de Pieria, el centro de actividades de la guerra contra los partos, se convirtió en el cementerio al que fue a parar un buen número de escuadras romanas. 24 Esta teoría ya fue propuesta por Mommsen, pero Reddé, que revisa todas las propuestas anteriores a su tesis, concluye que no cabe hablar de esclavos ni libertos sino más bien de peregrini. Sobre el status jurídico de los marinos, cf. Reddé 1986, pp.474-477. de la legislación del emperador Adriano25, empezaron a beneficiarse del derecho latino, pues el cuerpo de la marina de guerra romana fue dignificándose poco a poco, y que, tras su licenciamiento «con honores» (honesta missio), obtenían la ciudadanía, junto con el connubium26. Esta voluntad de ser romanos les llevaba a modificar su nomenclatura en el mismo momento de enrolarse al servicio del Estado, de ahí que los nombres que daban para su inscripción sean sumamente repetitivos y corrientes, y que en ellos no aparezca mención alguna de su tribu, como en el caso que aquí tenemos27. Estos peregrini elegían a su gusto el nuevo nombre, de acuerdo con la fórmula típica romana, de manera uniforme, sin que, en la mayoría de los casos, se conservara ningún recuerdo de su origen étnico. Sin embargo, numerosos estudios se han ocupado de indagar en la procedencia de este tipo de soldados, que siempre gozaron de una consideracion inferior a la del legionario romano. En este sentido, generalmente se afirma que dálmatas y panonios eran muy numerosos en la flota de Rávena, de la que formaba parte Memio Montano, pero esta conclusión se apoya más en el testimonio de Tácito que en el de la epigrafía28: Lucius Bassus classis Ravennatis praefectus ambiguos militum animos, quod magna pars Dalmatae Pannoniique erant, quae provinciae Vespasiano tenebantur, partibus eius adgregaverat (hist.3.12). Aun así, es cierto que a pesar de la escasez de datos de las inscripciones, éstas permiten sacar la conclusión de que los itálicos se contaban más entre los oficiales y suboficiales, mientras el resto de los marinos eran gentes de provincias. Respecto al adjetivo penterus, es un hápax de nuestra tablilla que el Thesaurus Linguae Latinae define como ad penterem pertinens, es decir, que Memio era un soldado, un classiarius, asignado a una pentera o quinquerreme (penteris, -is, en griego penthvrh~). Pero sobre este tipo de embarcación nos ha escatimado tantos datos la literatura como la arqueología29, y sigue abierta todavía hoy la cuestión de los remos y sus filas; está claro que la propulsión de estos barcos se hacía, ante todo, a golpe de Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… 114 Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 25 A partir del año 129, todos los marinos llevan tria nomina. Según Mommsen, esta concesión del derecho del Lacio se obtuvo gracias al emperador Adriano, pero podría haber sido su artífice alguno de los Flavios. Cf. Starr 1976, pp.71-73. Sobre ciudadanía y nomenclatura en el derecho romano, cf. Alföldy 1966, pp.35-57. 26 El derecho a contraer matrimonio, que, a veces, se traducía en el reconocimiento legal de la unión de hecho que ya mantenían (contubernium) y, por lo tanto, en el reconocimiento ante la ley de la descendencia habida en la misma. 27 Cf. el catálogo de Susini 1968, pp.291-307. No era de extrañar que hermanos enrolados en un mismo cuerpo, o un padre y un hijo, no tuvieran el mismo nombre, es decir, que llevaran gentilicios diferentes, los que se habían impuesto en su alistamiento por razones esencialmente anagráficas. El nombre de Memio, de hecho, es frecuente, y se encuentra también en CIL 10.3379 y CIL 11.3533. Cf. Reddé 1986, pp.528-529. También incide en estas cuestiones Forni 1992, pp.180-205. 28 Cf. el estudio de Mocsy 1967, pp.305-312. 29 Se sabe mucho más acerca de las embarcaciones comerciales que sobre los navíos de guerra, que, por razones evidentes, no solían zozobrar enteros, como los mercantes; cf. Le Bohec 2004, p.172. Los historiadores revisan grabados, monedas, mosaicos, etc. en busca de pistas al respecto, pero la tipificación exacta de estos navíos sigue siendo, en buena medida, una incógnita. Por otro lado, sólo en el corpus cesariano y en Isidoro de Sevilla encontramos referencias a la pentera (Bell.Afr.62.5. 63.3, Alex.47,2; ISID.Orig.19.1.23: Biremes autem naves sunt habentes remorum ordinem geminum, triremes et quadriremes trium et quattuor ordinum. Sic et penteres et <h>exeres, quinos vel senos ordines habentes). Cf. Rodríguez Pantoja 1975 y Rodríguez Pantoja 1995, pp.51-51, nota 30. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 115 30 Cf. Casson 1971, pp.97-116 y Morrison-Coates 1996. 31 Esta es la hipótesis más probable, comúnmente aceptada hoy en día (cf., por ejemplo, OLD s.v.). 32 Durante un combate naval, una pentera romana se enfrenta con dos trirremes púnicas, a pesar de que la mar está embravecida: Quinqueremis romana seu pondere tenacior, seu pluribus remorum ordinibus scindentibus vertices cum facilius regeretur, duas trirremes suppressit (28.30). Como advertimos en este texto, frente al préstamo griego, escasamente documentado, encontramos ampliamente en latín clásico su sinónimo, la forma latina quinqueremis (cf. CIC.de orat.1.174; Verr.2.4.103; Div.1.68; CAES.civ.3.101.6; Bell.Alex. 46.1 et passim; LIV.24.33.2, 29.11.4, 36.45.8, 41.9.2 et passim; CVRT.4.3.11; PLIN.nat.32.4). 33 Es una de las conclusiones de la interesante tesis de Reddé 1986, pp.655-662. 34 Cf. Reddé 1986, p.541. Este dato también se comprueba en otros contratos de compraventa: por ejemplo, Cavenaile 1958, nº 186, documento que acredita la compra de un caballo por el soldado de caballería Valerio Longo, que cita a su centurión Julio Rufo. O en el nº 120, contrato por el que un optio de la flota de Miseno, que dice pertenecer a la trirreme Tigris, compra un esclavo. En este texto también los testigos declaran el barco al que están destinados; uno de ellos sirve en la misma trirreme Tigris, otro en la Virtus, otro en la Salus, otro en la Providentia y otro en la Liber Pater. 35 Cf. el listado de barcos proporcionado por Reddé 1986, pp.668ss. El Augusto aparece también en las siguientes inscripciones: CIL 11.58, 343, AE 1922.135,5. remo, aunque también contaran con velas al efecto. Este asunto ha sido uno de los más debatidos por la arqueología de todos los tiempos30, pues, aunque no parece difícil admitir que hubiera barcos con dos filas de remos, e incluso tres (birremes y trirremes), la cosa se complica cuando hay que pararse a pensar en las polirremes, en cinco filas superpuestas, como aquí nos hace suponer el nombre. La altura sería tal que parece impensable el número de metros que habría de tener el remo para tocar siquiera el agua. Al parecer, el modelo habitual de barco era la trirreme, con tres filas de remos superpuestas pero intercaladas y, en cuanto a los navíos de cuatro filas o más, «es preciso reconocer que no se entiende de qué manera debía situarse la tripulación a bordo» (Le Bohec 2004, p.173), si bien M. Reddé (1986, p.48) propone en su tesis sobre la marina romana que tal vez los nombres no aludan al número de filas de remos, sino al número de remeros por remo31. Lo cierto es que la pentera era un barco de mayor calado que la trirreme, más pesada y con más remos, si hacemos caso a Tito Livio32, y que, en cualquier caso, la marina imperial romana no tuvo más de seis en el número de orden, y que estos buques tenían una gran envergadura, la suficiente para transportar más de cuatrocientos hombres a bordo. Si a estos datos unimos que la flota estaría compuesta por unos doscientos cincuenta navíos, unos sesenta por cada flota de la Península Itálica y ciento treinta para las escuadras provinciales, estamos ante cifras que invitan a revisar los tópicos sobre la talasocracia griega frente a la «incompetencia» naval romana, que fue capaz, no obstante, de dominar el Mediterráneo durante cuatro siglos33. Finalmente, nos enteramos de que Memio Montano, soldado de la marina de guerra romana, estaba asignado a la pentera «Augusto», nombre de la embarcación, pues los marinos siempre se referían indistintamente al nombre de su centurión o al de su barco para identificarse34. Sabemos que esta era una de las dos penteras con que contaba la base naval de Rávena35 –frente a sus veinticinco trirremes identificadas–, la otra era la nave «Victoria». En la armada imperial romana los nombres de los barcos podían ser tanto femeninos como masculinos, aunque en el mundo griego se prefería el primero, y se referían tanto a teónimos (el caso de Victoria o Venus, como Explicación aparte merece el término Rabennatus, puesto que, seguramente, lo que está escribiendo, y bien desde su punto de vista, es el genitivo griego en -ou'~. De haberlo escrito en correcto latín, tendría que haber sido Ravennatis. Por otro lado, Esquines escribe con wla o–latina de todos los ablativos, en algunos casos haciendo sus concesiones al griego materno en el uso de la yota suscrita (Gaio Curtio Iusto, Puplio Iulio,TitoMemmio Montano), y también reproduce así el resto de las o–, incluidas las que lo son por posición (Nautone, consulibus, nonas, pentero, condicionibus, enterrogatione, praitoriai). Más llamativo resulta el caso de la e: Esquines prefiere no complicarse la vida y opta por escribir e[e±] en la mayoría de los casos. Unas veces con acierto (Nautone, accepisse, milite, pentero, cinque, pretium, puellai, bendidit, Rabennatus) y otras dejándose llevar por la presión del griego (sevxstoum y seskevntou~ es probable que se hayan escrito así por influencia del numeral e}x, al igual que pentevrw por pevnte, en lugar del esperado penthvrw, lo mismo que enterrogatione ha podido relacionarlo con la preposición griega ejn). Ahora bien, bigenti y betrane ya no se explican desde su lengua materna, sino desde el latín que llega al oído de quien escribe: en el primer caso se trata de la confusión entre la i/ y la e≥cerrada, procedentes de las antiguas i±y e–, respectivamente, y en el segundo estamos ante la notación de een lugar de ae, ya que este diptongo tenía una pronunciación en latín equivalente a una vocal [e], si bien en principio debió de percibirse como una vocal larga [e–] pero abierta [e/], similar a la pronunciación de la hgriega74. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el griego estaría sufriendo también en esta época el llamado yotacismo y la vocal ecerrada se confundía con la pronunciación de una i, hecho que explica los genitivos singulares latinos que representan ojktwvbrh~75 y klavssh~. Lo lógico, por lo tanto, si es que la escritura de quien no posee una competencia idiomática perfecta puede serlo alguna vez, sería haber encontrado también este tipo de notación (eó h) para los genitivos singulares de la primera declinación, y un caso más de diptongo -ae, que aquí se hallan escritos con la terminación -ai (puellai, Marmari<c>ai, praitoriai), pero, en este sentido, más que pensar en que se trate de un improbable arcaismo, desde el punto de vista del latín, nos vuelve a hacer pensar en el cruce mental que Esquines tiene con su lengua materna, cuando trata de escribir correctamente en latín: en esta lengua el resultado de -ai ha sido -ae > [e], por lo que pensamos que se trata de una hipercorrección en la que ha influido el uso de la misma grafía para escribir su nombre (Aijscivnh~ correcto en el idioma original, frente a Aescine, que leemos en la versión que ha hecho un latinoparlante). Por si fuera poco, es fácil que a Esquines, por analogía, le resultara familiar la terminación -ai que tiene el griego en el nominativo plural de los femeninos en -ade la primera declinación (tipo aijtiva, -a~). Hipótesis que se refuerza si pensamos que en el paradigma latino del tipo rosa, -ae tienen la misma forma el nominativo plural y el genitivo singular. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… 122 Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 74 De ahí, por ejemplo, el préstamo scaena sobre el griego skhnhv. 75 No me inclino a pensar que se trate de un acusativo plural concertado con nonas. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 123 Finalmente, el tratante de esclavos emplea con corrección hpara las largas latinas (ajkkhpivsse), pero seguramente más por una corrección aprendida desde el punto de vista griego que desde la perspectiva latina: mhv le recordaría a la partícula negativa más que al pronombre latino, dhnavrion existía en griego tal cual y Aijscivnh~ Milhvsio~ era su nombre en el idioma natal. Otra curiosidad respecto a las vocales es la notación Aujgivsti, en la que cabe destacar lo siguiente. Por un lado, habríamos esperado Aoude acuerdo con la tónica habitualmente seguida por Esquines para la ulatina, y no una u que los latinos «educados» en un principio pronunciaban como [ü], en palabras como bursa, pero que acabó siendo el equivalente a una [u]. Sin embago, hay que tener en cuenta que aquí se trata de reproducir la pronunciación de un diptongo y las cosas cambian: [au], cuya pronunciación en la variante social culta sería a + u, y en la articulación popular sería [åo], confundida con una opor los hablantes más incultos, evolucionó hasta desembocar en la monoptongación, pero en algunos casos hay que reconocer que algunos hablantes realizarían este diptongo como [av/ab], lo cual se compadece perfectamente con la escritura que encontramos aquí, a semejanza del griego. Incluso podría tratarse de una pronunciación forzada o exagerada en el afán de evitar la monoptongación o la desaparición sin más de la u, dado que, también aquí, como en otros casos, podía producirse la disimilación ante vocal homórgana, que explica el resultado «agosto» en castellano76. El último fenómeno vocálico que hemos de destacar es la síncopa de la vocal pretónica en betrane, un fenómeno característico del latín vulgar77, del habla rápida y descuidada, más frecuente en el caso de las postónicas (calidus>caldus), que se ve favorecido por la presencia en el entorno fonético de consonantes líquidas. Respecto al consonantismo, encontramos la grafía inversa Puplio (por Publio), notación hipercorrecta de la sorda intervocálica, que, como en muchos casos, tendía a realizarse como sonora y fricativa78, y en la que también puede haber influido la analogía con populus79. Es asimismo una hipercorrección la notación sexstoum, que nos recuerda al vixsit de numerosos epitafios del mundo romano80, obedeciendo al deseo de marcar la pronunciación de una x[ks] que, como indica la tendencia del castellano actual, cada vez se acerca más a una [s]. Respecto a las consonantes finales, otra hipercorrección, el caso de bendidit frente a tradidi, ilustra claramente la situación de la -t, con una marcada tendencia a la «caída» (Väänänen 1982, pp.119-121, §§ 130-131), más acusada en el caso de la 76 Remitimos para estos datos al artículo de Gallardo (1992). 77 De las 227 incorrecciones contenidas en la Appendix Probi, 25 se refieren a la síncopa. Cf. Väänänen 1982, p.79-81, § 66. 78 Aunque se trata de un fenómeno tardío (por ejemplo, en Hispania, cf. Díaz 1998, p.162), ya Väänänen aducía los ejemplos pompeyanos tridicum, Pagatus o de la Appendix Probi (188 plasta non blasta). Cf. Väänänen 1982, p.102, §106. 79 Nos recuerda al adverbio puplicitus, empleado por Plauto con una grafía motivada por falsa etimología (Amph.162 hospitio puplicitus accipiar), frente a publicitus (Cf. TER.Phorm.978 Non hoc publicitus scelus hinc asportarier). 80 Cf. vixsit CIL 3.2234, convixxit CIL 3.225 o visit CIL 6.34026. -m, que venía desde antiguo, con una presencia destacada en las inscripciones pompeyanas81, y que acaso también nos deja entrever Esquines en la misma notación de sexstum, donde no sabemos si ha querido poner el correcto ablativo sexto, requerido por la sintaxis latina, ya que ambos casos sonaban igual a los oídos de un hablante de la calle y la diferencia escrita era una mera cuestión ortográfica. Por otra parte, como es esta una posición dada a la neutralización en la pronunciación de determinadas consonantes, también entre –my -n82, y dado que en griego lo que aparece en final de palabra es -n, entendemos que haya escrito tabellavroun, en lugar de tabellarum. A pesar de lo expuesto, Esquines se ha esforzado, y mucho, por escribir un correcto latín con caracteres griegos, y puede decirse que sale mejor parado del trance que su garante Domicio Teófilo, o el escriba encargado de la escritura, esta vez con alfabeto latino. En esta parte del documento, y en lo que al vocalismo se refiere, hay que destacar, en primer lugar, la notación hipercorrecta de ae por e, en este caso [e±], o mejor dicho [e/]83, favorecida posiblemente por la abundante presencia del diptongo en un texto tan corto (puellae, marmari<c>ae, scriptae, Aescine), que hace que se escriba incluso allí donde no se debe. Por otro lado, es interesante observar la grafía vocálica de cosulubus por consulibus, para la que caben dos explicaciones, en modo alguno contradictorias: en principio, es fácil suponer que las formas de ablativo y dativo plural de la cuarta declinación se asimilaran a las de la tercera, pues es notorio el retroceso de la cuarta y de la quinta declinación en beneficio de la segunda y primera, respectivamente. Pero no es menos cierto que en la escuela los maestros intentarían «inculcar» a sus alumnos los paradigmas correctos, por lo que podríamos estar ante una duda ortográfica que, de nuevo, se salda con hipercorrección; a Domicio «le suena» de algo la terminación en -ubus. Pero es que, además, de antiguo existían en latín los dobletes maxumus / maximus, lacruma / lacrima, etc., en los que el resultado de la vocal apofónica no siempre había sido i, en contradicción con lo observado en los usos literarios. Que la realización como [u] sería propia de determinados estratos sociales y culturales lo explican también resultados romances como piojo o hinojos, a partir de peduculus (frente a pediculus) y de genuculum (frente a geniculum) (Väänänen 1982, p.73, § 57). Y tampoco podemos descartar el peso que haya tenido en la escritura de esta vocal el resto de la palabra, el entorno fonético, puesto que hay una presencia mayoritaria de u. En esta palabra también se aprecia la falta de notación de la ndelante de s, cuya pronunciación se relajaba delante de fricativa (so f) desde el latín arcaico (Väänänen Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… 124 Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 81 La caída temprana defendida por Väänänen ha sido puesta en duda por Vestergaard (1999). La postura conciliadora es la de Herman, quien aclara que la -mtendría una presencia funcional, con cierto soporte fonético, difícil de precisar, dejando claro que la desaparición, iniciada en el siglo I, se fue completando en los siglos siguientes; su escritura muchas veces no sería más que un recuerdo ortográfico, que aparecía o no dependiendo de variables extralingüísticas (Cf. Herman 1998, p.11). 82 Así lo avalan resultados romances como cum > con, tam > tan, etc. 83 Recordemos que la realización de este diptongo latino debía de responder, en principio, al sonido de una vocal larga pero abierta, como la hgriega, de ahí préstamos como scaena (skhnhv). Cf. Väänänen 1982, pp.7475, § 59. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 125 1982, p.113, § 121), como luego se relajará ante las nuevas fricativas palatales84. En otros dos casos tenemos que referirnos a la ndelante de oclusiva: veditionem (< venditionem) y secumdum (< secundum). En el primero de ellos parece que estamos ante una pérdida de la pronunciación de la nante la dpropia de una persona poco culta, un fenómeno que es relativamente frecuente, por ejemplo, en las inscripciones pompeyanas85. En el segundo hay que pensar de nuevo en una grafía que resuelve la situación de indistinción percibida por el hablante en posiciones de neutralización fonética, aunque también podemos pensar en que su subconsciente relaciona esta palabra con otra parecida, secum, y, por analogía, como además la palabra termina en -m, comete este error al escribir. En cuanto a las nasales, Domicio tiene muchos más problemas con la -mfinal: hipercorrecta en diem, venditionem (la única forma de distinguir acusativo y ablativo) y en el sintagma pro Aescine Aescine philium Flavianum, donde el régimen exigido por la preposición es el ablativo que reconocemos en el primer Aescine, mientras el segundo tendría que ser genitivo, regido por philium. Ahora bien, la relación entre ambos términos se establece mediante yuxtaposición, con lo cual entendemos que ha querido seguir poniendo el ablativo Aescine. Pero donde ya no acierta con la escritura es en philium Flavianum, puesto que le suena exactamente igual que el correcto filio Flaviano, por las razones a las que ya nos hemos referido, tanto al hablar de la mcomo de la confusión de las antiguas o–/u±, cuyos timbres sonaban prácticamente igual al desaparecer la marca de la cantidad –a medio camino entre o≥cerrada y u/abierta–, haciendo de la distinción escrita una cuestión de ortografía. Otros grupos consonánticos ponen a prueba las escasas dotes de Domicio para la escritura correcta, quien, probablemente desde su pronunciación, lo mismo quita letras (caso de scrisien lugar de scripsi y de idem en lugar de isdem86) como las añade sin necesidad (Acctum), confirmándonos la tendencia a simplificar en el habla rápida y descuidada las reuniones de consonantes87, así como las geminadas (Väänänen 1982, pp.104-105, § 109): ps > s; cs > sy cc > c. Por último, en este afán de corrección que no cuenta con el soporte del aprendizaje correcto de la gramática, el autor del texto, que escribe bien su nombre, Theophilus (del griego Qeovfilo~) –y también Flavianum–, anota, sin embargo, philium en lugar de filium, término que le suena como la segunda parte de su nombre, pues, des84 Se ve muy bien en el omnipresente coiugi de las inscripciones funerarias, en las que lo raro es encontrar la forma correcta coniugi. 85 Cf. Väänänen 1982, pp.111-112, §119 y su tesis sobre las inscripciones pompeyanas, Väänänen 19663, pp.117-118. 86 El dativo-ablativo plural iisdem, con dos vocales idénticas en hiato, se pronunciaba como una sola i. Teniendo en cuenta estos hechos, y la evolución de ei-, una cantidad importante de formas de este pronombre-adjetivo confluyeron en idem, la única que, fosilizada, sobrevivió. Es posible que incluso en este caso estemos ya ante ese fósil, una forma única empleada para indicar identidad, sea cual sea el género, número o caso de la persona u objeto al que se refiera. 87 Para las tendencias evolutivas de los grupos consonánticos, cf. Väänänen 1982, pp.107-115, §§ 113124. Se trata de una evolución observable también en el castellano actual: pensemos en la pronunciación descuidada y no muy culta de los grupos consonánticos en términos como psicología, exacto o acción. de el punto de vista fonético, habían confluido en el mismo sonido fy f–al perder las oclusivas sordas griegas su aspiración– y empezaron a transcribirse con una simple f. Por otro lado, la hlatina hacía tiempo que también era muda, al menos desde la época de Catulo88, pero se conservó ortográficamente, también en préstamos del griego como philosophia, en los que se había optado por ph para trasladar la f89. Las hipercorrecciones que se cometen nos indican, en definitiva, que quien escribe intenta hacerlo bien, pero siempre desde la perspectiva de la realidad lingüística que maneja y que hace tambalear su escritura, en la medida en que el acto de habla se distancia de una normativa lingüística poco o nada asimilada como consecuencia de múltiples factores de corte sociológico, étnico, geográfico, económico, etc. 12. CONCLUSIONES A los autores de estos textos, más que la gramática, desde luego, les interesaba concluir su negocio, de manera satisfactoria por ambas partes, y que el documento tuviera la validez requerida, lo cual se conseguía adaptándose a unas fórmulas y a un lenguaje estereotipado, que contaba con indudables variantes en la pronunciación de unos individuos a otros. Además de darnos una idea sobre la situación del latín en un contexto y una época concreta, esta tablilla nos permite conocer realidades extralingüísticas no menos interesantes: sabemos que Esquines, un traficante de esclavos oriundo de Mileto, cobró al contado su dinero por la venta de una esclava; que la transacción se realizó un dos de octubre, probablemente del año 151, en el campamento de la flota pretoriana de Rávena, entonces destinada en Egipto; y que el comprador fue un soldado de la marina, quien, como solía hacerse, acreditaba su identidad indicando el barco al cual estaba adscrito, el «Augusto». Tenemos indicación de lugar y fecha, la identificación completa de comprador y vendedor y la información de todos los requisitos legales que había que cumplir: el vendedor declaró el origen de la esclava, su condición de veterana (ya enseñada) y que estaba en perfectas condiciones, y fijó en el doble del importe pagado la cantidad destinada a indemnizar al comprador en el caso de que un tercero reclamara la propiedad de su adquisición. El comprador firmó este recibo, resumen de las escrituras, y, conforme a la ley, también contó con el aval de un tal Domicio Teófilo, dispuesto a responder por él como garante de la operación. Este contrato, conservado por el azar, es uno de los pocos supervivientes de su especie, si tenemos en cuenta los miles y miles que debieron de escribirse y registrarse como actos jurídicos documentados cada vez que alguien adquiría un bien, pues con ellos se acreditaba la propiedad privada, tal y como hemos visto. Pero, además de resultar bastante moderno en este sentido, salvado el escollo del objeto en venta, tamAna Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… 126 Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 88 Todos recordamos la invectiva contra el finolis de Arrio (CATVL.84). 89 A veces, sin embargo, la fórmula que triunfó fue la simple p: es el caso de kovlafo~, que desemboca en el castellano golpe, Cf. Väänänen 1982, pp.100-101, §102. Ana Isabel Martín Ferreira Emptio puellae Ravennae facta (Estudio y traducción de la tablilla editada por Cavenaile… Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 2007, 27, núm. 2 107-128 127 bién apunta a nuestros días si nos paramos a pensar en que de estas escrituras obtenía un beneficio directo el propio Estado, ya que del importe declarado en ellas se derivaban una serie de impuestos90 (nihil novum sub sole). Intuimos, sin embargo, que no debía de ser tan frecuente defraudar a la administración declarando un precio inferior al de la compra, porque de él dependía la cantidad fijada para la indemnización en la cláusula de evicción. 13. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ALFÖLDY, G. (1966), «Notes sur la relation entre le droit de cité et la nomenclature dans l’Empire romain», Latomus 25.1, 35-57. ALFÖLDY, G. (1977), Konsulat und Senatorenstand unter den Antoninen, Bonn, Rudolf Habelt Verlag. ARANGIO RUIZ, V. (1972), Fontes Iuris Romani Anteiustiniani (FIRA III), Florencia, A.A.G. Barbèra. BRADLEY, K. (1998), Esclavitud y sociedad en Roma, trad.esp., Barcelona, Península. CALDERINI, A. (1944), Guida allo studio della papirologia greca e romana, Milán, Ceschina. CALDERINI, A. (1963), Tratado de papirología, trad.esp., Barcelona, Garriga. CASSON, L. (1971), Ships and Seamanship in the Ancient World, Princeton (= Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1995). CAVENAILE, R. 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