Leonés, románico y del Sur de Francia
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LEONÉS, ROMÁNICO Y DEL SUR DE FRANCIA La repuíación de D. M. Gómez-Moreno ha precedido a sus obras. De veinte anos acá su nombre ha estado en boca de todos, y hubo un tiempo en que muchos que hablaban de él jamás habían leído una sola palabra de su pluma, ni puesto los ojos en su inaccesible persona. El origen de esta fama era la honda impresión que hacía sobre los pocos que le conocían. Los rumores acerca del fabuloso material por él recogido, de la precisión y brillantez de su trabajo, de sus increíbles descubrimientos, llegaron a los más remotos rincones del mundo de la erudición. Pero por largo tiempo publicó poco. Sus artículos iban a publica ciones no fáciles de procurar fuera de España. Estos artículos eran de fina calidad, y mostraban la altura del hombre; pero difícilmente contaban para su misteriosa y creciente reputación. Su nombre en el mundo del estudio, llegó a ser una suerte de mito; los más extraños cuentos se cuchicheaban sobre este desmesurado conocimiento, sobre lo que tenía en su colección de fotografías, que nadie había visto, de lo que nadie había podido hablar si tuviese gusto pai'a ello. Los estudiosos que le consultaron sobre cualquier materia o asunto volvieron siempre con sus bolsillos llenos de preciosos datos de información. Llegó a ser una figura de mago, viva cual la de ningún otro erudito, en esta edad prosaica, que tenía sobre sí algo fuertemente oriental e impenetrable, sobrehumano, parecido a Klingsor. Y lo de menos era lo que había escrito y lo que había visto, lo de más su invisible Influencia sobre la lengua arqueológica de dos continentes. Entonces llega la publicación de las «Iglesias Mozárabes», que desde un principio tuvo su lugar entre los clásicos de la arqueología. El libro era algo más que una vindicación con éxito de la tesis visi goda contra los ataques que se le habían hecho; era la definitiva y casi perfecta presentación de uno de los aspectos más interesantes de la historia del arte: pone en claro desde el primer momento la impoitancia de los elementos moriscos en la arquitectura y pintura españolas y en otras europeas; y revela la belleza estética del arte mozárabe,
436 VARIA no hace mucho puesía en eníredicho. Sobre iodo, puso en la mesa arqueológica documeníos que no puede uno ignorar. La impresión del libro en el mundo de los esludiosos fué inmedlaíaineníe profunda y perdurará. Ahora aparece un nuevo libro que, por ios que le conocen, quizá será hasía más apreciado qiie «Iglesias Mozárabes». Se ha publicado en la insospechable forma de un cafálago de las obras de arfe en la provincia de León. Por esfe concepfo es la coníinuación de una serie de inveníanos de las provincias españolas publicados bajo los auspi cios del Gobierno, y comenzados con desgi aciado éxifo. AI abrir el libro asaifa la duda de si será una guía para el viajero, o una lisia formulada para regular la exportación de aniigüedades. Solamenie al cerrar el libro puede uno darse cuenta exacta del material arqueológico reunido bajo un exterior prosaico. Conforme pasamos las hojas recibimos choque sobre choque: uno tras otro se publican monumentos de importancia excepcional, concisa, pero recta y adecuadamente; el autor apenas deja ver que posee el significado de lo que da a conocer; expone los hechos y deja a los lectores las deducciones. La significación precisa de estos hechos será indudablemente una de las principales ocupaciones por dilucidar para la arqueología medieval de la siguiente década. Traen uti cambio fundamental en la Filosofía de la historia del arte en el siglo xi. Es aún demasiado pronto para calcular la orientación exacta que tomará el futuro, aunque pienso que la corriente general está ya bastante clara; pai a las compa raciones precisas hemos de aguardar el volumen compañero que el mismo autor tiene ya en preparación sobre la provincia de Oviedo; y aun no será bastante: debemos conocer Castilla y Galicia y Navarra V todas las otras provincias de España como conocemos León. El país está lleno de monumentos todavía sin publicar. Cuando vemos lo que ha escapado a la observación en León nos imaginamos qué sorpresas pueden esperarse. Sin embargo, ciertas consecuencias de la mayor importancia para la historia del arte pueden seguramente jíiferlrse, aun por una primera y rái>ida lectura del íiiievo catálogo. Sobre alguna de éstas, en el cami>o románico —el libro aljanza desde los tiempos prehistóricos a los modernos— quiero llamar la atención en este artículo. Ante todo, parece cierto que existió en León, en el siglo xi, un centro artístico de muciia mayor iinportcincia de la que se ha supuesto. Se sospecha, por tanto, que León fue el foco artístico de España 1 i i
VARIA 437 —para la arquiteclura, escultura y pintura, lo que Castilla para la literatura—. Y aun se sospecha que fué el foco artístico de mucho más que España. Parece ahora ser cierto que los mejores mar files románicos españoles se hicieron en León. El tesoro de San Isidoro tenía sólo una colección sin rival —la Cruz de Don Fer nando, la Caja de las Bienaventuranzas, el Relicario de San Juan y otras obras que han perecido—. Como se habían hecho bajo el patronato de la corle, hay razón para pensar que el taller estaba en la capital. Las miihaluras del reinado de Fernando I presentan la misma extraordinaria belleza. El Diurno, actualmente en la Biblioleca de Santiago, hecho en 1055, es una obra maestra de importancia primor dial y quizá el monuinenlo románico español más primitivo. La importancia de León en la construcción, no parece haber sido menor. Gómez-Moreno ha desembrollado la revuelta cronología íic dos iglesias embrollantes de primera fila. Una es la Abadía de San Benito, en Sahagún, la otra San Isidoro, de León. Las partes del siglo XI de la última son el Panteón (salvo los frescos) y lo más anliguo de la nave, incluso el pórtico de la nave lateral y sus esculturas. Si se concede esto, y yo pienso que los argumentos de Gómez-Moreno tienden a ello, debemos dar a León la hegemonía en arquitectura y escultura como en las otras artes. Parece igualmente que la platería fué de gran valor. La gran obra maestra es desde luego, el arca Interior de San Isidoro, que no se enseña y jamás ha sido fotografiada. La única reproducc.on asequible es un dibujo publicado por Carderera. Gómez-Moreno nos da una descripción, que es algo, y lo que es más, la seguridad de que es de la misma mano que hizo el Arca Santa de Ovjedo^ Esta informacon es muy satisfactoria; siendo segura la fecha del Arca de León en el siglo xt, la fecha primera del monumento de Oviedo ya indicada se confirma por la abrumadora evidencia documentaL . En otra ocasión traté de puntualizar la sjgn.ficacion de los mar fi les españoles del siglo xt. No sólo es un hecho chocante el que este arte se practicara con la mayor perfección en España en época en que era desconocido en Francia, sino que es evidente que en los marfiles españoles del siglo xt se encuentran ya muchas de as caracteilsticas que se han considerado como invenciones originales de los escnl ores de Toulouse en el siglo xn. Yo base m, argumentación sobre la importancia de los marfiles españoles del siglo en la Cruz de Don Fernando de 1063, actualmente en el Museo de
438 VARIA Mcitii'id y antes en San Isidoro de León y en el Arca de San Millán, en San Millán de la Cog-olla, de hacia 1070. Ahora bien, el tesoro de San Isidoro de León, uno de los de mas difícil acceso de España, tiene otro marfil fechado de supremo interés. Es un relicario, hecho para guardar la famosa mandíbula de San Juan Bautista, aunque ahora se use para otras reliquias. El oro y as piedras preciosas se las llevaron los franceses durante la invasión napoleónica; pero han quedado los marfiles. Aforlunadaniente Moi a es vió la caja aún intacta y copió la inscripción: «Arenla Saiicloium niicaí haec siib honorae duorum Baplistac SanctI Joannis, sive pelagii. Ceu Rex Fernandus Reginaque saniia fi eri iussif. Eia mi ena septena seu nonagena» (esto es, 1059 de C.). Este nuevo y auténtico monumento de metliados del sig o León confirma todo lo que deducíamos del Arca de San Mü ^ Cruz de Fernando y la Tapa del Libro de Jaca. Ero claro que e la bajo de marfil en España se hacía extraordinariamente bien dinan e e siglo XI, y Qne presenta todas las características que se pensa a habían inventado los escultores de Toulouse cincuenta o nías ¿espuésEs innecesario insistir sobre la finura del trabajo del le de San Isidoro. Es quizá igualmente superfluo indicar que e de los apóstoles bajo arcos, tema tan viejo como los sarcófagos cristianos, es el mismo que reaparece en 11 celebrado claustro de Moissac. obra que presenta nuichos inaici tanto de Influencia española como de haberse copiado de marfil; parece por tanto, evidente que estas esculturas . ciclo qne se abre con el relicario de San Isidoro, inc uy Lóstoies de Toulouse y termina con los del claustro de Oviedo. La publicación de la tumba de Alfonso (muerto en 1 * , del famoso Pedro Ansúrez, es otra de las sorpresas qne libro de Gómez-Moreno tiene para el mundo de la arqueo ogia. Fsie monumento apareció hace tres anos en el cementerio A. Sabagún donde se había usado para marcar una dente. Aunque publicado en un periódico de Madrid, viiínaimen e desconocido. La inscripción, que en parte existe, y que en pane ^ nemos en la copia, no siempre justa, de Sandoval, no deja duda de ,e es el sarcófago de Alfonso Ansúrez, que en el siglo xvii 'n en el crucero de la abadía. Como monumento fechado en de g'-an importancia. Nos dice que en la última década del siglo xi, que el arte de la escultura, hasta donde podemos juzgar apare- .oeü el Laiiguedoc. se practicaba en Sahagún. Con el sarcófago ci2®
VARIA de Doña Sancha, de Jaca, los capiteles de Fróm^ía, los de San Isidoro, de León y las esculturas de Coruilon (109a-l099) —las dos últimas otras tantas nuevas de este impresionan e i ro de Gómez-Moreno— encontramos el arte de a escu ura en pie dra, fl oreciente por toda España, desde Aragón a ^ antes T 1 « «i'omín reconoce Gómez - Moreno, que apareciese en Toulouse. oegun - i . i uuc ai/ai cu luuicuos.. _ esta escultura de Sahagún es absolutamente espano a, os cuerpos cuadrados y plegados de los ángeles provienen irec amen e e monumentos del siglo X. Las letras de las inscripciones son am len más unciales que todas las que conozco del sui e rancia acia fi nes del siglo xi. Los letreros de las inscripciones e a a compara dos con los de España parecen más refarda anos. r un caso concreto, la uncial M aparece en inscripciones españolas durante e! último tercio del siglo xi. mientras que la M romana se usa aun , . . i_ • francesas, hasta de un exclusivamente en muchas inscripciones período avanzado del siglo xii. La M uncial se ^ Lrflles de San Millán de la Cogolla de hac.a 1070 Esta forma de M uncial, cuyo f'fJ°7drGodo. de Arla'nza, fcrimenre'^^órZsros de la Catedral de Burgos, fechado aciuaiuicinc cii ^ rñ<i todas las letras unciales, en 1075. Esta forma de M de fecha anterior. La ^ encuentra abundantemente en manu M uncial que cierra su primer pliegue se e capiteles de Cluny. 1087-1095. que evidentemenle están copiados de un manuscrito. M. Deschampa está le,os de la ve.dad al decr que esta forma no aparece en la epigrafía francesa hasta med ados del siglo xn. Las letras unciales, que son carácter s tea o xii, • ^ *!«r-ír»nps de hacia 1070, proceden de y empiezan a aparecer en msciipciones o ^ ^ y empiezan a apaicc... c„ probablemente, por escultores manuscritos y se introdujeron primero, pr „nríalp.^ F h / se inrroüuj..ou h--—- unciales, E. H que copiaron manuscritos; sin embargo, ^ ntrr. que copiaron manuscrnos su. epigrafía española. Otro y D. parecen siempre h'^berse usado e ^el siglo xu cambio que se da en as mscripcione es que las letras, por lo En Silos las letras son mucho más anchas con respecto a su a'*" • , f„rr.K^ s ancnas con , j Ae>\ 1070 Pero en la tumba de aún muy altas, lo que es típico del • aun muy airas, lo qu^ ,.3 proporciones del siglo xu. Sahagún muchas de ellas tienen ya ' ,^3 manuscritos Probablemente tenemos aquí aun la in Esta influencia de los manuscritos es lo que exp . encontramos pI rareza de inscripciones francesas fechadas, por q esnañ i tipo de letras conocido como francés antes en la epigrafía española 11
440 VARIA que en la francesa y por qué los enconframos anfes en las inscripcienes de esculturas como Moissac que en otras inscripciones como las de St. Gilíes. Los ángeles de cuerpo cuadrado de la tumba de Alfonso Ansúrez, tan característicamente españoles, reaparecen en el Rosellón en los frescos de Sí. Marlín de Fenoulllard, donde indudablemente se derivan también de los Beatos. Parece que además hay muchos indi cios de que el arte del Rosellón en el siglo xr toma su orientación de bajo los Pirineos. En esta ocasión trata de demostrar que el tímpano de Cordellá" de Conflent es aragonés. Los capiteles del caustro de San Miquel de Cuixá son de un tipo ultrapirenaico que también se encuentra en el claustro de Seo de Urgell y las catedrales de Jaca y Pisa. Aun el «patriótico» M. Dcschamps concede que los altares del Rosellón tienen una fuerte Influencia hispana. El parentesco estilístico del dintel de Sí. Denis des Foníaines con los anlependium de estuco del sur de Cataluña ha sido recono cido por Margaret Burg. No parece que quede antependium alguno tan antiguo como las esculturas de 1020, pero difícilmente puede dudarse de que no existiesen en estuco o metal en el sur de Cataluña que pudiesen inspirar el famoso pórtico del Rosellón. El uso de arcos de herradura en este monumento es una clara indicación de influencia hispánica. Que existía una corriente artística del sur al norte, de España al Rosellón, según pienso, claramente indicado también por los Evangelios catalanes que se conservan en la biblioteca de Perpifián. Pues que ahora está en Perpiñán, no es disparatado que el manuscrito viniese de San Miquel de Cuixá. Esta creo que sea la razón de M. Boinet a! apuntar que el libro se escribiera en el sur de Francia. Pueden, sin embargo, haber sido importados, y la Virgen del folio 140 es tan similar a la Virgen de un manuscrito de Ripoll, que pienso si el propio manuscrito de Perpiñán no se escribiría tam bién en Ripoll. Aunque se hiciera en época contemporánea en Cuixá, el estilo es indudablemente catalán. Este libro es no solamente de la misma escuela que los libros de Barcelona por mí citados y que Beer cree de mediados del xi, sino también de las dos Biblias catalanas, igualmente del xi, una de las cuales, la Biblia de Farfa, se escribió seguramente en Ripoll, y la otra probablemente en el mismo escritorio y seguramente en Cataluña española. Al mismo grupo pertenecen unas Moralia de San Gregorio, en Vich, y el Beda de San Feliú, de Gerona, muy relacionado con la Biblia de Roda. El misal de Tortosa
VARIA 441 puede ser un poco posterior y de la misma escuela. Este grupo de manuscritos tiene putitos de contacto con obras contemporáneas de Inglaterra e Italia, como ha reconocido el Dr. Cook y con manuscritos de Limoges y del norte de Francia, como el Parisinus 1654, obser vación que debo a Mr. C. S. Niver. El Dr. Cook acierta también al atribuir a una influencia carolingia la aureola en forma de 8 y otras características. Mas a pesar de todo lo dicho, el estilo artístico, como la escritura, conserva iunto con elementos norteños algo inconfundi blemente español. Así, insistimos en ello, el manuscrito de Perpifián nos muestra la influencia hispánica en el Rosellón. Por otra parte, como quiera que el libro ha heredado el Beatus, sospecho que en ello hay algo también de cosas de Aragón. Al menos parece tener puntos de contacto con la miniatura de una donación de Pedro 1 iluminada en San Juan de la Peña en 1098, junto con una indefinible relación de sensibilidad con los marfiles del Arca de San Felice en San Millán de la Cogolla. Puede surgir razonablemente la duda con respecto a la dirección de la influencia. El Arca de San Felice se hizo después de la trasla ción del Santo en 1090, ¿son las miniaturas anteriores o posteriores? El manuscrito ha sido clasificado tanto por M. Boineí como por el Dr. Cook, por obra del siglo xii, y más bien de la segunda mitad que de la primera. Mr. Boinet nota que la iconografía de una de las miniaturas, que representa la Trinidad, es de un tipo común en los siglos XIII y posteriores. No cabe duda de que la iconografía es guia segura en la determinación de problemas cronológicos, como parece reconocer Mr. Boinet. Si lo siguiésemos a ciegas, habríamos de situar en el período gótico el trono deMaximiano y la Cruz RuthweII porque en ambos el Bautista está representado llevando un escudo con un cordero; y hubiéramos podido presumir que la iconografía del tímpano central occidental de Chartres naciese aflí. a no ser por la coincidencia de que el mismo motivo se descubre en los frescos Bawit. medio milenio antes. Podrían multiplicarse los e.emplos similares. Por tanto, a lo que pienso, no podra posarse demasiado gran peso sobre este argumento. Debe notarse tam icn que a apa riencia moderna y un poco inquietante de las miniaturas de Perpiñán se debe seguramente al retoque, cosa que no creo que haya sido notada antes de ahora. * _ . Por otra parte, las analogías más estrechas con este manuscrito se hallan en las Biblias catalanas, el Beda de Gerona, el Manuscrito Rlpolleiíse de Barcelona, todos los cuales parecen bien clasificados
442 VARIA como del sígfio xi. La lefra se ha llamado visigoda; puede más correcfameníe describirse como caíalana, pero en iodo caso es del esfilo primiíívo, que fué suplanfado en los siglos xi y xii por la que los españoles llaman francesa. Las similííudes de esíilo eníre nuestro manuscrito y la miniatura de Jaca, de una donación de Pedro I en 1098, dan razones para creer que los dos son casi contemporáneos. El balance de probabilidades parece, pues, decir que el manuscrito de Perpiñán es de los primeros años de! siglo xn.- La influencia, en conclusión, parece haber partido de Castilla y Aragón hacia ei Este, y quizá no de los marfiles a las miniaturas, que sería desacostum brado, sino de alguna fuente común para ambos en Castilla o León. E! tipo de dibujo de esta escuela de iluminación de manuscritos tiene seguramente antecedentes en España (por ejemplo el relicario de las Bienaventuranzas de San Isidoro en el Museo de Madrid), mejor que .en el Rosellón. Aún hay otra analogía entre la escultura del Rosellón y la de España que parece presentar una influencia de la segunda sobre el primero. En Cuixá hay dos jambas esculpidas que representan San Pedro y San Pablo. Proceden de la puerta del Monasterio y, en su tiempo, estaban recubriendo las jambas a un lado y otro de la entrada. En otras palabras, son jambas esculpidas del tipo más arcaico, como las de Santiago y Cremona. ¿Serían, quizás, los originales que Santiago copió? Lo creo bastante difícil. El claustro y las construcciones monásticas de Cuixá se reconstruyeron induda blemente tras de la reforma de 1090; pero la fortuna del monasterio estaba entonces en cuarto menguante; no es probable que las puertas exteriores se construyeran antes del siglo xii. Por otra parte, la puerta de las Platerías es conocida. Se ha leído como si consignase la Era ICXVI o el ano 1078 e interpretada por la fecha en que se comenzó la catedral. Pero esta lectura dló lugar a serlas objeciones —la catedral no se comenzó en 1078, porque un documento de 1077 habla de la nueva construcción como ya haciéndose. Esta era la razón de que Carro leyese ÍCXÍI o 1074. La lectura 1074 tiene esto a su favor: coincide con una de las cinco fechas indicadas a este propósito en el libro de Santiago y en la «Historia Compostelana». Sin embargo, la lectura correcta parece ser, como dice Gómez-Moreno, ICXLI o 1105, e indica, no el ano en que se comenzó la catedral, sino en el que se terminó la puerta de las Platerías. Que se comenzó antes lo indica, no sólo las esculturas análogas del pórtico sur de San Isidoro, de León, que Gómez-Moreno fecha en el siglo xi, sino el hecho de M
VARIA 443 copiarse en esculturas de Corullón, fechadas en 1093-1099 por inscripciones. A más de esto parece muy probable que las jambas esculpidas de Cuixá se deriven de Sanriagro, y ello es razonable. A comienzos del siglo XII Cuixá declinaba, mientras Santiago estaba en el ápice de la gloria como una de las más ricas e importantes iglesias del mundo. En su totalidad el arte parece haber fl uido de España al Rosellón tan firme y abrumadoramente como fl uyó de España a Toulouse. Cierto que el Rosellón puede mostrar monuineníos más primitivos que los de Toulouse, o, en este aspecto, que la propia España. El dintel esculpido de Sí. Genis des Fontaines, de 1020 y los de St. André de SoiTcde y Arles sur Teche, nos dicen que allí fl oreció en la primera mitad del siglo xi. ¿Estaría, por tanto, aquí mejor que en Toulouse o en España el núcleo generador de la escultura románica? No lo creo. Como ya he dicho, no solamente en los Pirineos se esculpía en piedra durante la primera mitad del siglo xi. Puig y Cadafalch demostró que la arquitectura catalana del xi penetra en Francia por el sur y llega tan lejos como al valle del Sena. A io largo de todo el xi y parte del siglo xii la gran corriente del arte en Europa iba de sur a norte. No podremos jamás comprender el románico del norte de Europa mientras no conozcamos el de Italia y España. Una nueva luz sobre este último arroja el brillante libro de Gómez-Moreno. . .. ^ A. Kinqslev Porter «Leonesquc, Romanesque and Southern France». publicado en The ArtBulletin. New York Universily. Vol. Vil!, núm. 4. junio 1926. EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Un artículo, unas palabras, un ensayo de don Manuel GómezMoreno bastan para situar de nuevo los temas más diversos de arqueología y arte y para procurar a los problemas puntos de vista fecundos en nuevas soluciones. tQué no significara para el futuro de nuestra historia del Arle un libro tan importante y repleto en su concisión extraordinaria como este que ahora aparece ha,o el titulo de El Arte románico español! . En sus páginas densísimas se acumula todo el inmenso material que el maestro Gómez-Moreno ha organizado en una construcción personal y nueva durante toda su vida de trabaio y de viajes. Desde