scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Oligarquías y poderes concejiles en la Castilla bajomedieval: balance y perspectivas

Martín Cea, Juan Carlos,Bonachia Hernando, Juan Antonio

Abstract

Producción Científica

Full text

OLIGARQUÍAS Y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL: BALANCE y PERSPECTIVAS por Juan CarlosMartín Cea JuanAntonio Bonachía (UNIVERSIDAD DE VALLADOLID) 1.-Concejos, poderes municipales, formación de las primeras oligarquías y de las estrategias y mecanismos de dominación. .. son algunos de los problemas sobre los que tradicionalmente ha girado la historiografía medieval castellana. Sin embargo, y como es bien sabido, no se trata de cuestiones recientes ni mucho menos, tampoco, de temas que hayan gozado de una mínima unanimidad en su tratamiento; al contrario, lejos de ser una novedad, la valoración del municipio en el Antiguo Régimen y el proceso de constitución de las oligarquías han centrado la atención de un gran número de historiadores, que, desde diversas perspectivas, han abordado su estudio desde bien entrado el siglo XIX. Así, en 1877 A. SACRISTANy MARTÍNEzpublicaba sus Municipalidades de Castilla y León. Estudio histórico-crítico; algunos años más tarde, E. de HINOJOSAy NAVEROSsacaba a la luz su Origen del régimen municipal en León y Castilla, fruto de una conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid, en el curso 1895-1896. Como buenos representantes de su época, el municipio y el concejo abierto aparecían en sus textos como un símbolo de libertad, autonomía y democracia vecinal, hasta el punto de construir una imagen idílica que reflejaban frases tan rotundas como la siguiente: «el municipio leonés y castellano de los siglos Xal XIII es esencialmente democrático» (E. de Hinojosa). Para estos autores, el municipio Revista d'Historia Medieval 9, pp. 17-40 OLIGARQUÍAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL medieval castellano era, ante todo, un fenómeno institucional, ajeno a su entorno social, que básicamente había sido heredado del mundo tardorromano; un fenómeno democrático, puro, participativo, que sólo comenzaría a erosionarse a partir del siglo XIV, al irrumpir en escena el afán centralizador de la Monarquía. Este mito, inspirado en el espíritu liberal y desarrollado al amparo de la pujante Historia del Derecho y de las Instituciones decimonónica, ha lastrado durante varias décadas las investigaciones efectuadas por sucesivas generaciones de medievalistas hispánicos, hasta el punto de convertirse en un referente clásico en la historiografía de mediados de los cincuenta, recogido en autores tan significativos como C. SÁNcHEzALBoRNoz,J. Ma.LACARRAo J. MaFONTRrus. Se trataba no sólo de enfatizar la singularidad de la Península Ibérica sino de demostrar, también, que la llamada marea feudal había quedado varada en las laderas del Pirineo. Con estos antecedentes, no resul- . ta extraño que el propio C. SÁNcHEz-ALBoRNüzse atreviera a manifestar la «gran sorpresa» que le produjo la donación que el concejo de Avila realizó a favor de un particular, Velasco Velázquez, en 1283, de parte de su término concejil, y ainterpretarla como un exponente de las «libertades de lademocracia de Castilla en el siglo XIII» y de «lafuerza colosal de la organización municipal yparlamentaria de los concejos castellanos hasta Alfonso XI» (c. Sánchez-Albornoz). Lejos de ser una mera anécdota, este tipo de afirmaciones gozaron de gran credibilidad tanto en la España de la Autarquía como en la Escuela de Buenos Aires, creada en su exilio argentino por el viejo maestro del medievalismo hispánico. Sus tesis pueden verse reflejadas con nitidez en trabajos tan relevantes como el de R. GlBERTsobre El concejo de Madrid. Su organización en los siglos XII al XV o el de Ma del C. CARLEDel concejo medieval castellano-leonés, verdaderos compendios de instituciones municipales, en los que se concede enorme importancia a aspectos tales como el número de funcionarios y cargos concejiles, su tipología, competencias, salarios, el funcionamiento institucional delos ayuntamientos, etc. Habrá que esperar, por tanto, a mediados de los años setenta para que, al tiempo que se produce el proceso de normalización de la vida pública española, comiencen a percibirse los primeros cambios de tendencia en el estudio del régimen municipal. Es entonces cuando empieza a manifestarse con fuerza la idea de que las instituciones locales no son realidades inmóviles o 18 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO ajenas al entorno social, sino que se encuentran incardinadas de pleno dentro del contexto feudal. Se abría así, como dice J. MaMoNsALvo,un doble desafío para las nuevas generaciones de medievalistas hispánicos: por un lado, la necesidad de desmitificar las visiones idílicas pergeñadas en el pasado y, por otro, la urgencia de reeemplazarlas por nuevas categorías de análisis más completas y elaboradas. Poco apoco, y gracias a trabajos como elde M. GONZALEZJIMENEZsobre Carmona, el de C. ESTEPAsobre León o los de J.A. BONACHIAYT. F. RUIZsobre Burgos, el viejo tópico de los concejos libres y democráticos comienza a derrumbarse; el concejo deja de ser un ente institucional y abstracto y se inserta con toda normalidad en las estructuras de poder feudales. En el curso de los años ochenta, numerosas monografías siguieron la senda trazada por estos trabajos pioneros; tanto es así que, con el tiempo, acabará conformándose un MODELOde análisis de las instituciones concejiles en Castilla, en el que, primero, se aborda el estudio del marco natural, después, el de las bases socio-económicas locales y, por fin, el examen de las instituciones municipales concretas; repaso que, generalmente, concluye con unas reflexiones más o menos breves sobre la hacienda municipal. En cualquier caso, tanto en este tipo de trabajos generales como en otros de enfoque más puntual, la tónica dominante apunta hacia la profundización en facetas hasta entonces menos desarrolladas, que tienden a ahondar en la relación de los diversos poderes concejiles con la sociedad feudal dominante. Ese es el caso de las nuevas y sólidas interpretaciones sobre el origen y formación de los grupos oligárquicos (J. Ma MÍNGUEZ,A. BARRIOS,etc.), sobre las particularidades de la conformación de los señoríos castellanos (C. ESTEPA),o sobre el carácter colectivo del ejercicio del poder local sobre el conjunto del territorio dependiente, que dará lugar a la constitución de una forma específica de dominación feudal a la que algunos autores han calificado con el expresivo nombre de señorío concejil (J.A. BONACHÍA,M. SANTAMARÍALANCHO, J. MARTÍNEZMORO, etc.). Con todo, es obvio que este MODELO,construido en la década de los ochenta, no resultaba plenamente satisfactorio para un buen número de historiadores de las ciudades, en parte, por la rigidez de sus planteamientos en tomo al propio ejercicio del poder local y, en parte, también, por su ineficacia para contemplar en su dimensión global toda la compejidad de la heterogénea problemática urbana (urbanismo, mentalidades, costumbres, vínculos de sociabilidad, etc.). 19 OLIGARQUÍAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL Fruto de esta inquietud surgieron, a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, algunas visiones innovadoras en el estudio de los concejos: así, y por citar sólo tres ejemplos, A. RUCQUOIplanteaba para la ciudad deValladolid la aplicación de los conocidos esquemas metodológicos de Yves Barel sobre su concepto de SISTEMAURBANO;en cambio, J. Ma MONSALVOse decantaba, desde otra perspectiva, por la interpretación de la organización concejil como un SISTEMAPOLÍTICOdentro de la parcelación del poder feudal castellano; y,por su parte, J. C. MARTÍNCEAintroducía la problemática señorial dentro del estudio municipal al tiempo que se interrogaba por la incidencia de los poderes locales en las pautas y formas de convivencia cotidiana. Estas ansias de renovación son perceptibles, sin duda, en buena parte de los trabajos de la historiografía actual, que se debate entre la continuidad del modelo heredado de los ochenta y la incorporación de nuevos objetos de estudio y la aplicación de nuevas metodologías. En este sentido, cabe destacar la creciente importancia que asumen los hasta ahora casi siempre olvidados grupos del común, en los que se reconoce no sólo su capacidad organizativa (J. Ma MONSALVO)sino también la predisposición de algunos sectores para rivalizar, como grupos emergentes, con quienes tradicionalmente han detentado el poder (MaI. del VAL,M. DIAGOHERNANDO,M. F. LADERO).De la misma manera, hay que resaltar los esfuerzos por avanzar en el análisis de las múltiples formas en que se ejercita el poder político en los municipios, esfuerzos que no se proyectan sólo hacia sus manifestaciones más inmediatas (ordenanzas, ejercicio de la justicia, comportamientos fiscales, etc.), sino que buscan profundizar en terrenos menos ostensibles, que contribuyen a su legitimación ideológica y que hacen referencia a conceptos como el HONORo el BIENCOMÚN(J. A. BONACHIA).Y,por fin, al calor de la renovación experimentada en el desarrollo de una historia urbana que va más allá del mero análisis de los concejos, hay que señalar la incorporación de nuevos capítulos, como los que serefieren al urbanismo, la salubridad o la higiene pública, el abastecimiento, las fiestas, etc. 11.-Gracias a estos estudios, hay algunas conclusiones que poco a poco han ido cobrando cuerpo en el seno de la historiografía castellana hasta el extremo de ser mayoritariamente admitidas en la actualidad. De forma sintética, pueden destacarse algunas de ellas: 20 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO a) Así, frente a la concepción que se había defendido tradicionalmente, las oligarquías han dejado de contemplarse como una novedad radical de los siglos bajomedievales. Hoy no se discute que su formación es el resultado de un proceso histórico que arranca desde el mismo instante en que comienzan a producirse importantes estratificaciones sociales en el seno de las comunidades aldeanas (fines del siglo X-siglo XI). A este respecto, las consideraciones generales realizadas por J. Ma MINGUEZhan sido particularmente esclarecedoras, al apuntar, con datos fehacientes, cómo en el seno de las primeras comunidades podía detectarse con nitidez una clara polarización social entre unos pocos, losfuturos caballeros villanos, que detentaban fortunas y cargos públicos y otros muchos, integrantes del común de la población campesina, relegados a un papel secundario en lo económico y en lo político. b) En este mismo sentido, tampoco parece cuestionarse en estos momentos la íntima relación que se establece entre la ostentación del poder político en el municipio y la posición que ocupan los integrantes de las oligarquías en la estructura social; o, si se quiere, resulta cada vez más evidente que lo político no puede desvincularse de los aspectos sociales y económicos. Es más, si por algo se caracteriza la caballería villana de Castilla que se está gestando en los siglos plenomedi~vales es precisamente por su posición económica como medianos o grandes propietarios -tanto de tierras como de ganadosy por su progresivo control del poder político concejil, sin olvidamos naturalmente de lo que ha sido la base esencial utilizada para supromoción en la escala feudal: la especialización militar como combatientes a caballo. Por lo demás, hay que subrayar que este proceso de aristocratización y consolidación de la posición política dominante por parte de los grupos antes citados se produce siempre de forma paralela a la creación y desarrollo del propio sistema concejil. c) Otro aspecto en el que se ha avanzado profundamente en los últimos años es la consideración de que la institución concejil no es un fenómeno ajeno al universo feudal, sino que se encuentra plenamente inserta e involucrada en él. A fin de cuentas, éste era el argumento central de partida de larenovación producida en los años setenta; un argumento que enfatizaba la definición y consideración de la caballería villana como parte integrante 21 OLIGARQUíAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL de la clase señorial feudal y que arrumbaba, de una vez por todas, las tesis sobre la inexistencia de feudalismo en Castilla. d) Dentro de esta nueva perspectiva, parece asimismo indudable que la reforma municipal introducida por Alfonso XI, a mediados del Trescientos, no fue un punto de partida sino más bien un punto de llegada. En otras palabras, la creación del sistema de regimiento, implantado en tiempos de este monarca, no supone un cambio radical en el funcionamiento de la institución concejil, sino que viene a dar contenido legal a una situación existente en la mayor parte de los municipios castellanos, cuestión anticipada ya por C. ESTEPAen numerosas investigaciones. e) Ahora bien, a pesar de lo hasta ahora expuesto, no podemos seguir pensando que el origen de las oligarquías castellanas tenga una sóla fuente; evidentemente, el triunfo de la caballería villana es indiscutible en el seno de la sociedad feudal de Castilla, pero la complejidad, dinamismo y evolución de esta última a lo largo de la Edad Media permiten que otros grupos sociales consigan también amplias cuotas de protagonismo económico y que, por tanto, aspiren a promocionarse dentro de los cargos políticos; objetivo que, a veces, consiguen, pero en el que tropiezan, en otras ocasiones, con la feroz oposición de los sectores caballerescos ya establecidos dentro del propio concejo. Es obvio, por consiguiente, que el proceso de confor- , mación de las elites en los municipios castellanos medievales no se agota exclusivamente en los beneficios derivados de la guerra o del reparto del botín sino que se extiende paulatinamente a otros grupos -mercaderes, hidalgos, sectores de la pequeña nobleza, conversos, etc.-, en consonancia con el propio desarrollo social y económico de la Corona. Aunque no exista coincidencia en el tiempo ni un estricto paralelismo entre las diversas localidades, casos como los de Valladolid, Madrid, Segovia, Medina del Campo, Burgos o Soria demuestran el origen heterogéneo que pueden presentar las oligarquías ciudadanas. f) Esta última constatación, que poco a poco se ha ido abriendo camino en la historiografía hispánica, ha dado paso a otra sugerente idea que pone en duda la existencia de una radical ruptura entre los procesos históricos acaecidos en la conformación de los grupos dominantes urbanos al Norte y 22 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO al Sur de los Pirineos. En efecto, hasta no hace demasiado tiempo, los historiadores insistían reiteradamente en las singularidades de la Historia Urbana de Castilla: frente a la importancia concedida al comercio y al capital mercantil a la hora de analizar los sistemas de gobierno y el patriciado en la mayor parte de las ciudades de Europa, en Castilla se enfatizaba, por el contrario, el origen militar y agrario de los componentes de la oligarquía. Sin embargo, los estudios y monografías citadas en el anterior apartado demuestran que los grupos enriquecidos al calor de los intercambios y del comercio no fracasaron totalmente en Castilla en sus aspiraciones de acceso al poder político. De ahí, que varios autores hablen de una cierta convergencia o paralelismo entre el proceso de oligarquización castellano y el proceso de elitización europeo, sin que ello suponga necesariamente que ambos fenómenos sean idénticos o que revistan los mismos caracteres; en realidad, lo que se trata de destacar en muchos de estos trabajos es la vigencia de claras similitudes tanto en el acceso al poder político urbano por parte de una minoría social como en las formas en que éste último se ejercita y se legitima sobre el conjunto de la población urbana. g) Finalmente, existe también una cierta conformidad a la hora de delinear las características esenciales que singularizan a los grupos oligárquicos de Castilla. En líneas generales, y aunque subsistan diferentes particularidades locales, podemos llegar a la conclusión de que la oligarquía municipal castellana presenta los siguientes rasgos: residencia principal en una casa-fuerte o palacio dentro del recinto urbano, posesión de importantes propiedades agropecuarias, alejamiento de la participación directa en las actividades productivas, imitación de las pautas de comportamiento nobiliar y gusto por la ostentación, acusado sentido de diferenciación de los sectores del común, tendencia ala monopolización del poder político concejil, adopción de actitudes mentales propias de la aristocracia, organización en linajes que tienden a imitar los usos familiares nobiliarios, etc. llI.- Sin embargo, y pese alos avances anteriormente expuestos, todavía persisten ciertas cuestiones que, a nuestro juicio, es necesario clarificar o sobre las que es conveniente continuar avanzando. En este sentido, nos interesa resaltar, en principio, que una de las mayores dificultades con las que tropieza el historiador a la hora de hacer balan23 OLIGARQUÍAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL ces de este tipo es la extrema heterogeneidad que presentan la formación, evolución y constitución de los municipios castellano-leoneses. Por un lado, no puede perderse de vista que la implantación delas instituciones concejiles no es un fenómeno que se limite a un periodo específico de la Edad Media, sino que se prolonga a lo largo de toda la época medieval (siglos X al XV); parece obvio, por ejemplo, que no pueden ser los mismos los caracteres de los concejos surgidos en los siglos XI y XII, en los primeros compases de la repoblación, que los de aquéllos que se constituyen en los nuevos núcleos urbanos establecidos a fines de la Edad Media, cuando Castilla está culminando su expansión peninsular. Precisamente por esta diversidad en la génesis del proceso, encontramos realidades sumamente dispares a la hora de analizar los concejos castellanos; disparidades que no sólo obedecen a la propia evolución social, política y militar experimentada en el seno de la Corona, sino que, a su vez, se hacen eco también de la amplia diversidad geográfica que impera en sus territorios; así, ypor recurrir quizás a un ejemplo que resulta sumamente expresivo, no es en modo alguno equiparable la situación que nos encontramos al Norte del río Duero con la que prevalece en la margen del Sur.Mientras en la primera, debido a las herencias derivadas de su colonización y organización político-administrativa así como a la mayor presión ejercida desde los primeros tiempos por las diversas fuerzas señoriales, predomina la implantación de unos alfoces muy reducidos, al Sur, por el contrario, lo que destaca es la existencia de unos territorios de .dominaciónconcejilmuchomásextensosy organizados,comoconsecuencia de una mayor intervención de la monarquía en el proceso colonizador, del protagonismo alcanzado por la caballería villana, de la inicial ausencia de señorialización del espacio y, en definitiva, de la dinámica histórica que se emprende con el avance imparable de la Reconquista. Y de la misma manera estas diferencias también tendrán su reflejo en la composición social de las oligarquías que poco a poco se irán conformando, resultando mucho más rígidas las implantadas al Sur del Duero, donde la presencia de los grupos de caballeros es mucho mayor y determinante, frente a las establecidas en las comunidades del Norte, más abiertas a la integración de otros sectores sociales. Ala vista, por tanto, de estos fenómenos, que tienen mucho que ver con el peculiar camino emprendido por la formación feudal castellana, no resulta tan sorprendente que los primeros ensayos de plasmación de lo que J. Ma MONSALVOdenominó como el sistema político 24 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO concejil se produzcan precisamente en las zonas de colonización más reciente (sobre todo en las áreas de las Extremaduras), favorecidas por unas normativas forales que en bastantes sentidos ya anticipaban una acusada polarización feudal. Por si todo ello fuera poco, los concejos de la Corona de Castilla presentan una absoluta falta de uniformidad en sus estructuras de gobierno, que afecta tanto al número de oficiales, como ala tipología de los mismos, a sus competencias, salarios, formas de reclutamiento, duración en los cargos, etc. En otras palabras, cada concejo diseña su peculiar organigrama administrativo a lo largo de los siglos en función de una gran multiplicidad de variables -particularidades forales, diversidad en la gestación y evolución del sistema político, distinto desarrollo de las capacidades de autogobierno, diferente grado de dependencia señorial-, por lo que difícilmente pueden encontrarse situaciones o trayectorias idénticas en el entramado institucional de los concejos castellanos. En resumen, el mapa que se perfila a la hora de analizar el intrincado ámbito de los poderes concejiles castellanos destaca por su complejidad y heterogeneidad; sin embargo, bajo esta inequívoca diversidad, emergen numerosos rasgos afines que hablan de unas tendencias comunes en la evolución de las instituciones de gobierno urbano, claramente perceptibles en el periodo bajomedieval: avance inexorable de un modelo CONSTITUCIONAL de gobierno plasmado en el triunfo del sistema de regimientos, progresivo afianzamiento de los componentes oligárquicos a costa del desplazamiento de los sectores del común de los resortes de poder político y creciente sometimiento a los dictados de las instancias superiores de poder, sean éstas señoriales o monárquicas. Es precisamente en este contexto, en el que se reconoce la falta de homogeneidad que revisten las instituciones locales, pero en el que, a pesar de todo, subsisten elementos de definición comunes a todos los concejos castellanos, donde queremos situar nuestras reflexiones. Bien entendido que no se trata de establecer un nuevo modelo para el estudio de las oligarquías ypoderes concejiles en la Baja Edad Media, sino de incidir en algunas cuestiones que, a nuestro entender, pueden resultar relevantes para mejorar el conocimiento de la realidad municipal castellana. 25 OLIGARQUíAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDlEVAL efecto, habría que conceder mayor relevancia alas estrategias adoptadas en cada caso para la monopolización y perpetuación de los cargos públicos, aspecto hasta ahora poco desarrollado y de perfiles bastante complejos. Ciertamente, algunos procesos, como el relacionado con la hereditariedad y patrimonialización de los oficios municipales, son suficientemente conocidos en numerosas localidades castellanas, pero no ocurre lo mismo con otros, como la importancia de las redes de parentesco, la organización e influencia de los linajes o sus repercusiones en las luchas de bandos, que todavía no han sido abordados con la necesaria exhaustividad. y otro tanto cabría decir a propósito del ejercicio del poder público en los concejos, que casi siempre se ha detenido en cuestiones preliminares como la identificación de quienes ostentan los cargos, su adscripción a una determinada clase social, el análisis de los órganos institucionales utilizados o el volumen de competencias de que disponen. Anuestro entender, no basta con responder a todos estos interrogantes, por muy importantes que sean, sino que es necesario avanzar en las formas en que se manifiesta el ejercicio de dicho poder y cómo repercute e influye en la reproducción del sistema social. Se trataría de ahondar, por lo tanto, en la finalidad última del poder -¿poder para qué y sobre quién?- y de no limitarse tan sólo al examen de las personas, las instituciones o los órganos de gobierno. Desde este punto de vista, cabría plantearse una relectura de los modos en que se ejercita el poder en el seno de los concejos e incluso podría proponerse un nuevo esquema de trabajo que trascendiera el orden con que se vienen exponiendo estos temas. Por ejemplo, el capítulo dedicado a la hacienda municipal no debe convertirse en un mero tratamiento contable de los ingresos y de los gastos, sino que tiene que poner de relieve cómo se lleva a cabo una determinada estrategia financiera que selecciona sistemas fiscales concretos destinados a favorecer de forma sistemática a los grupos privilegiados y, en consecuencia, a consolidar o ampliar en su caso la diferenciación social. De la misma manera, todo el proceso de formación y consolidación del territorio dependiente del municipio no puede reducirse tan sólo a una cuestión de análisis geográfico o de compartimentación del espacio entre diversas jurisdicciones sino que responde en el fondo a unos intereses sociales muy específicos que, por lo general, coinciden con los de los sectores oligárquicos urbanos. Y algo muy similar ocurre cuando la toma de decisiones afecta a la organización de la vida económica, en la que no es 32 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO difícil percibir una gestión claramente orientada a beneficiar a los grupos dominantes; la actuación de las autoridades locales frente a la usurpación de términos y la disminución de bienes comunales, las normativas concernientes a la contingentación de la ganadería ovina o el control y regulación del mercado revelan con gran nitidez el verdadero trasfondo de una política económica orientada a la preservación y ampliación de la propiedad privada de los poderosos y a la defensa del orden social feudal. Con todo, estas medidas y disposiciones rara vez se presentan ante la opinión pública -y ante el historiadorsin estar camufladas bajo el maquillaje de la salvaguardia del bien común. Precisamente por ello, habría que enfatizar la importancia que adquieren los mecanismos de legitimación ideológica que permanentemente se proyectan sobre el conjunto de la sociedad urbana. Calles limpias y saneadas, mercados abastecidos y en orden, precios justos, ausencia de tahúres, maleantes y vagabundos, administración ejemplar de justicia, asistencia caritativa a los vecinos más necesitados, construcción y mantenimiento de muros, fuentes, puentes, calzadas y caminos, contratación de profesionales cualificados -médicos, cirujanos, boticarios, orfebres, etc.-, tutela sobre la salud espiritual de la comunidad, capacidad para organizar fastos y fiestas colectivas, embellecimiento del espacio público, colocación de relojes mecánicos, etc, son argumentos que irradian el buen hacer de los oficiales y contribuyen a cimentar la imagen de un buen gobierno. La defensa del bien colectivo es la obligación primordial de todo gobernante, pero también el soporte ideológico de todos sus actos y hasta tal punto es esto relevante que la escenificación de sujusto poder actúa como instrumento de propaganda y legitimación ante los ojos de la población. No en vano, las alegorías del buen y mal gobierno de A. LORENZETTIestaban precisamente ubicadas en las salas donde se adoptaban las decisiones políticas concernientes a la ciudad de Siena. g)Por último, aunque no por ello menos importante, habría que reflexionar sobre uno de los aspectos más olvidados tradicionalmente en los estudios sobre el poder político en los concejos: el papel del común. El conjunto de la población urbana pechera, ese amplio y heterogéneo sector de la sociedad al que los documentos denominan común, no es un mero espectador pasivo de las decisiones políticas de los oficiales y, sin embargo, frecuentemente ha sido tratado como tal y, a veces, ni siquiera como eso. A menudo 33 OLIGARQUíAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL seha pasado de puntillas sobre un eler.nentoque resulta absolutamente fundamental y es que el poder no sólo se ejerce, sino que también se padece; en definitiva, no es más que una cuestión de grupos dominantes y dominados que hunde sus raíces en las mismas desigualdades sociales y que, por tanto, se asienta sobre una base potencialmente conflictiva. Desembocamos con ello, en una de las cuestiones más interesantes y polémicas de la investigación social en los últimos años: el de la permanente ambigüedad del poder y sus efectos sobre todo el cuerpo social. La función de todo gobernante consiste principalmente en imponerse sobre los gobernados, pero con el menor coste posible y con el mayor grado de aceptación hacia sus dictados. La actuación de los dirigentes no puede cimentarse exclusivamente sobre la coacción o la imposición por la fuerza, sino que busca fomentar el más amplio consentimiento hacia su función y, a través de él, procurar la obediencia de los subordinados. En la medida en que esto se consiga, utilizando para ello la cobertura ideológica y los mecanismos de propaganda que sean necesarios, su autoridad será menos discutida, se atenuarán los posibles conflictos latentes y se avanzará hacia la consecución de su ideal de la paz social. Por el contrario, desde la perspectiva de quienes sufren el ejercicio de dicho poder, la respuesta no es uniforme, oscilando entre el acatamiento obediente a las decisiones del poder público, la oposición más a menos abierta aellas, pero sin cuestionar el orden social vigente o la revuelta o la insurrección, cuando no encuentran otra alternativa. Precisamente por todo ello el estudio del poder urbano nunca estaría completo si no se tienen presentes a los sectores integrados en el común y en tal sentido es fundamental ahondar en el análisis de sus formas de organización, en sus actitudes políticas, en sus líderes y en sus aspiraciones, en sus cauces de participación institucional en los órganos de gobierno, etc. No seríamos justos, sin embargo, si no reconociéramos que se están produciendo en esta dirección importantes avances, como los derivados de las recientes aportaciones de J. MaMONSALVO,M. DrAGoHERNANDOo Ma.lodel Val VALDIVIESO,por citar algunas de las más representativas y originales. Gracias a ellos, podemos conocer mejor las fórmulas organizativas empleadas por los pecheros en algunos concejos bajomedievales, así como las vías utilizadas para acceder en la medida de lo posible a los centros de poder local. En este orden de cosas, habrá que prestar atención a hipótesis tan sugerentes como la que habla de la constitución de una élite dentro del 34 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO común de perfiles potencialmente revolucionarios; se trata, según M. 1.del Val,de un sector acaudalado y pudiente, constituido fundamentalmente por comerciantes, que, apoyado en supropia riqueza, pretende alcanzar un puesto político relevante; para ello, previamente se ha constituido en portavoz de la colectividad, se ha arrogado su representación política en collaciones, cuadrillas y otras asambleas vecinales y no duda en utilizar las luchas del conjunto de la población en su propio beneficio, enfrentándose con la oligarquía. Su actitud alcanza su máxima intensidad en tomo a 1520 y acaba saldándose en un fracaso con la derrota de las Comunidades. En el curso de los últimos años se están acumulando propuestas que vienen a renovar nuestro grado de conocimiento sobre la realidad municipal castellana y sobre los grupos que tienden a monopolizar el poder durante los siglos bajomedievales. AlIado de los problemas aquí apuntados podrían haberse señalado otros muchos, como, por ejemplo, la concepción de los concejos como señoríos colectivos, la dimensión corporativa que acompaña al ejercicio del poder político en el municipio o la conflictividad social urbana; en todo caso, somos conscientes de que estas reflexiones no agotan todas las posibilidades del tema y sólo hay que entenderlas como una pequeña contribución encaminada a desarrollar los estudios de Historia Urbana en la Castilla bajomedieval. SELECCIÓN BIBLIOGRÁFICA La producción bibliográfica en tomo a concejos y oligarquías municipales en la Castilla Bajomedieval alcanza, como es conocido, un volumen ingente. En consecuencia, y con el objeto de no alargar en exceso la relación de obras y autores, hemos seleccionado, sin pretensiones de exhaustividad, aquellos títulos referidos al espacio castellano-leonés que a nuestro entender pueden ser más representativos de cuantos han venido apareciendo entre los años 1975-1998. 35 OLIGARQuíAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL ARRIANZA,A., «Le statut nobiliaire adapte a la bourgeoisie: mobilite des statuts en Castille a la fin du Moyen Age», en Le MoyenAge, C (1994), pp. 413-438 YCI (1995), pp. 89-101. ASENJOGONZÁLEZ,M., «Labradores ricos: nacimiento de una oligarquía rural en la Segovia del siglo XV», en En la España Medieval, IV, Madrid (1984), pp. 63-86. ASENJOGONZÁLEZ,M., Segovia. La Ciudad y su Tierraafines del Medievo, Segovia, 1986. ASENJOGONZÁLEZ,M., «Clientelisme et ascension sociales a Segovie a la fin du Moyen Age», en Journal of Medieval History, 12 (1986), pp. 167-182. ASENJOGONZÁLEZ,M., «La ciudad medieval castellana. Panorama historiográfico», en HISPANIA, 175 (1990), pp. 793-808. ASENJOGONZÁLEZ,M., «Sociedad y vida política en las ciudades de la corona de Castilla. Reflexiones sobre un debate», en Medievalismo, 5 (1995), pp. 103-108. ASENJOGONZÁLEZ,M., «Oligarquía y relaciones de poder en Soria a fines del siglo XV», en La Pen{nsula Ibérica en la Era de los Descubrimientos /39/-/492. Actas de las Terceras Jornadas Hispano-Portuguesas de Historia Medieval, Sevilla, 1997, voJ.lI, pp. 1035-1062. ASTARITA,C., «Estudios sobre el Concejo medieval de la Extremadura castellano-leonesa: una propuesta para resolver la problemática», en Hispania, n° 151 (1982), pp. 355-413. BARRIOSGARCÍA,A. y MoNsALvo ANTÓN,J. M., «Poder y privilegio feudales. Los señores y el señorío de Alba de Tormes en el siglo XV», en Salamanca. Revista provincial de Estudios, 7 (1983), pp. 33-95. BERNALEsTEVEZ,A., El Concejo de Ciudad Rodrigo y su TIerra durante el siglo Xv, Salamanca, 1989. BONACHÍA HERNANDO, J. A., El Concejo de Burgos en la Baja Edad media (145-1426), Valladolid, 1978. BONACHtAHERNANDO,1. A., «Algunas cuestiones en tomo al estudio de la sociedad bajomedieval burgalesa», en la ciudad de Burgos. Actas del Congreso de Historia de Burgos. MC Aniversario de lafundación de la ciudad, 884-1984, Madrid, 1985, pp. 57-82. BONACHtAHERNANOO,J. A., «La ciudad de Burgos en la época del Consulado (Apuntes para un esquema de análisis de Historia Urbana»>, en Actas del V Centenario del Consulado de Burgos (1494-1994), Burgos, 1994, pp. 69-145. BONACHÍAHERNANDO,J. A. (Coord.), La ciudad medieval. Aspectos de la vida urbana en la Castilla Bajomedieval, Valladolid, 1996. BONACHÍAHERNANDO,J. A., «Más hornada que ciudad de mis reinos",,»: la nobleza y el honor en el imaginario urbano (Burgos en la Baja Edad Media), en La ciudad medieval, ed. cit., pp. 169212. BONACHÍAHERNANDO,J. A., «La justicia en los municipios castellanos bajomedievales», en Edad Media. Revista de Historia, n° 1 (1998), pp. 145-182. CASADOALONSO,H., Señores, mercaderes y campesinos. La Comarca de Burgos afines de la Edad Media, Valladolid, 1987. CASADOALONSO,H., «Las relaciones poder real-ciudades en Castilla en la primera mitad del siglo XIV», en Génesis medieval del Estado Moderno: Castilla y Navarra (/250-1370), Valladolid, 1987, pp. 193-215. CASADOALONSO,H., «Oligarquía urbana, comercio internacional y poder real: Burgos a fines de la Edad Media», en Realidad e imágenes del poder. España afines de la Edad Media, Valladolid, 1988, pp. 325-347. CAUNEDODELPOTRO,B., «Acerca de la riqueza de los mercaderes burgaleses. Aproximación a su nivel de vida», en En la España Medieval, 16, Madrid, 1993, pp. 97-118. DIAGOHERNANOO,M., «Estructuras familiares de la nobleza urbana en la Castilla bajomedieval: los doce linajes de Soria», en Stvdia Historica, X (1992), pp. 47-72. 36 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO DIAGOHERNANDO,M., «La política fiscal del común de pecheros de Soria en el siglo XV y primeras décadasdeIXVI»,enAE.M., 22 (l992),pp. 821-853. DAGOHERNANDO,M., Estructuras de poder en Soria afines de la Edad Media, Valladolid, 1993. E~TEBANRECIO,A, «Elecciones concejiles en Palencia a fines de la Edad Media: la pugna entre el Obispo y la Ciudad», en Actas del I Congreso de Historia de Falencia, Tomo n, Valladolid, 1987, pp. 553-562. ESTEBANRECIO,A., Falencia afines de la Edad Media. Una ciudad de señorío episcopal, Valladolid,1989. ESTEBANRECIO,A., «La lucha por el poder político en Palencia durante el siglo XV: el 'común' en el gobierno municipal», en Actas del II Congreso de Historia de Falencia, Tomo n, Palencia, 1990, pp. 569-599. ESTEBANRECIO,A, e IZQUIERDOGARCIA,M. J., «Familias 'burguesas' representativas de la elite palentina a fines de la Edad Media», en Stvdia Historica, X (1992), pp. 101-148. ESTEPADIEZ,C., «Estado actual de los estudios sobre las ciudades medievales castellano-Ieonesas», en Historia Medieval: cuestiones de metodología, Valladolid, 1982, pp. 27-81. FUENTEPÉREZ,M. J., La ciudad de Falencia en el siglo Xv. Aportación al estudio de las ciudades castellanas en la Baja Edad Media, Madrid, 1989. GONZÁLEZALONSO,B., «Sociedad urbana y gobierno municipal en Castilla (1450-1600»>, en Sobre el Estado y laAdministración de la Corona de Castilla en el Antiguo Régimen. Las Comunidades de Castilla y otros estudios, Madrid, 1981, pp. 57-83. GUERRERONAVARRETE,Y, «Fónnulas de transmisión del poder en el sistema oligárquico burgalés del siglo XV», en La ciudad de Burgos. Actas del Congreso de Historia de Burgos. MCAniversario de lafundación de la ciudad. 884-1984, Madrid, 1985, pp. 173-183. GUERRERONAVARRETE,Y, Organización y gobierno en Burgos durante el reinado de Enrique IV de Castilla, I453-/476, Madrid, 1986. GUERRERONAVARRETE,Y, «La Hennandad de 1476 y Burgos. Un factor decisivo en la transfonnación del poder municipal a fines de la Edad Media», en AE.M., 16 (1986), pp. 533-555. GUERRERONAVARRETE,Y, «Burgos y Enrique Iv. la importancia del sector ciudadano en la crisis castellana de la segunda mitad del siglo XV», en Hispania, 166 (1987), pp. 437-484. GUTIÉRREZNIETO,J. 1., «Semántica del ténnino 'comunidad' antes de 1520: las asociaciones juramentadas de defensa», en Hispania, 136 (1977), pp. 319-367. HERNÁNDEZVICENTE,S., El Concejo de Benavente en el siglo XV, Zamora, 1986. IRADIELMURUGARREN,P., «Formas de poder y de organización de la sociedad en las ciudades castellanas de la Baja Edad Media», en Estructuras y formas del poder en la Historia, Salamanca, 1991, pp. 23-49. LADEROQUESADA,M. A, «Corona y ciudades en la Castilla del siglo XV», en En la España Medieval, V, madrid (1986), pp. 551-574. LADEROQUESADA,M. A., «Linajes, bandos y parcialidades en la vida política de las ciudades castellanas (siglo XIVy xv), en Les societés urbaines en France méridionale et en Peninsule Ibérique au Moyen Age, Actes du Colloque de Pau, 1988, París, 1991. LADEROQUESADA,M. F., «El Concejo de Zamora en el siglo xv: monopolio y oligarquización del poder municipal. Apromixación al proceso», en Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, n. 3, 1990, pp. 83-93. LADEROQUESADA,M. F., La ciudad de Zamora en la época de los Reyes Católicos. Economía y gobierno, Zamora, 1991. LADEROQUESADA,M. F., «Consideraciones metodológicas sobre el estudio de los núcleos urbanos en la Castilla bajomedieval: notas para un modelo teórico de análisis», en Espacio, Tiempo y Forma, IV (1991), pp. 353-366. 37 OLIGARQUíAS y PODERES CONCEJILES EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL LóPEZBENITO,C. l., Bandos nobiliarios en Salamanca al iniciarse la Edad Moderna, Salamanca, 1983. LfpEZ,C. L, La Comunidad de Villa y Tierra de Pedrahíta en el tránsito de la Edad Media a la Moderna, Avila, 1987. MANGASNAVAs,J. M., El régimen comunal agrario en los concejos de Castilla, Madrid, 1981. MARTÍNCEA,J. c., El mundo rural castellano afines de la Edad Media. El ejemplo de Paredes de Nava en el siglo xv, Valladolid, 1991. MARTÍNCEA, 1. c., «Poderes públicos y socialibidad local en la villa de Paredes de Nava en el 'Cuatrocientos'», en La ciudad medieval..., ed. cit., pp. 255-316. MARTtNCEA, J. c., «La 'política social' del conccejo en la Paredes de Nava del Cuatrocientos. Apuntes para la historia del poder político municipal», en Actas del III Congreso de Historia de Palencia, Tomo II, Palencia, 1996, pp. 421-435. MARTtNCEA,1. c., «Elementos para una nueva lectura de la dominación social: la oligarquía rural paredeña y los acontecimientos festivos en la Baja Edad Media», en La Península Ibérica en la Era de los Descubrimientos 1391-1492. Actas de las Terceras Jornadas Hispano-Portuguesas de Historia Medieval, Sevilla, 1997, vol. II, pp. 1179-1190. MARTÍNFUERTES,1. A., El concejo de Astorga. Siglos XlII-XVI,León, 1987. MARTtNEZMORO,J., La Tierra en la Comunidad de Segovia. Un proyecto señorial urbano (10881500), Valladolid, 1985. MENJOT,D., «1.'élite urbaine et les services collectifs dans la Castille des Trastamares», en la Península Ibérica en la Era de los Descubrimientos 1391-1492. Actas de las Terceras Jornadas Hispano-Portuguesas de Historia Medieval, Sevilla, 1997, vol. II, pp. 873-900. MINGUEZFERNÁNDEZ,J. M., «Feudalismo y concejos. Aproximación metodológica al análisis de las relaciones sociales en los concejos medievales castellano-Ieoneses», en En la España Medieval, III, Madrid, (1982), pp. 109-122. MoNsALvoAmaN, J. M., «Poder político y aparatos de Estado en la Castilla bajomedieval. Consideraciones sobre su problemática», en Stvdia Historica, IV (1986), pp. 101-167. MoNsALvoANToN, J. M., «El reclutamiento del personal político concejil. La designación de corregidores, alcaldes y alguaciles en un concejo del siglo xv», en Stvdia Historica, V, (1987), pp. 173-196. MoNsALvoANTON,J. M., El sistema poítico concejil. El ejemplo del señorío medieval de Alba de Tormes y su Concejo de Villa y TIerra, Salamanca, 1988. MoNSALVOANTON,1. M., «La participación política de los pecheros en los municipios castellanos de la Baja Edad Media. Aspectos organizativos», en Stvdia Historica, VII (1989), pp. 37-93. MoNSALvoANTON,1. M., «Concejos castellano-Ieoneses y feudalismo (siglos XI-XIII).Reflexiones para un estado de la cuestión», en Studia Historica, X (1992), pp. 203-243. MoNsALvoAmaN, J. M., «Parentesco y poder concejil. Observaciones sobre la funcionalidad política de los linajes urbanos en Castilla y León (siglos XIII-XV»>,en Hispania, 185, pp. 937-969. MoNsALvo AmaN, J. M., «Historia de los poderes medievales, del Derecho a la Antropología (el ejemplo castellano: monarquía, concejos y señoríos en los siglos XII-XV»>,en BARROS,C. (ed.), Historia a debate. Medieval, A Coruña, 1995, pp. 81-149. MORENONúÑEZ,J.I., Avila y su Tierra en la Baja Edad Media (siglos XlII-XV),Avila, 1992. MORETA,S. y VACA,A., «Los concejos urbanos, núcleos de señoríos corporativos conflictivos. Apromixación a las relaciones entre oligarquía urbana y campesinos en Zamora y su Tierra, siglo xv», en Agricultura y Sociedad, 23, (182), pp. 343-385. OLMOSHERGUEDAS,E., La Comunidad de Villa y TIerra de Cuéllar a partir de las ordenanzas de 1546. Apuntes para la historia local de Lastras de Cuélla~ Valladolid, 1997, 2' ed. PARDOSMARTtNEZ,J. A., «Comunidad» y tradición municipal: Burgos a mediados del siglo xv», en 38 JUAN CARLOS MARTÍN CEA -JUAN ANTONIO BONACHÍA HERNANDO Mélanges de la Casa de Velázquez, XXII(1986), pp. 131-156. PASTOR,R. (COMP.),Relaciones de pode~ de producción y parentesco en la Edad Media y Moderna, Madrid, 1990. REGLERODELAFUENTE,C. M., Espacio y poder en la Castilla medieval. Los Montes de Torozos (siglos X-XIV),Valladolid, 1994. . . . RUCQUOl,A, Valladolid en la Edad Media: la villa del Esgueva, ValladolId, 1982. RUCQUOI,A, Valladolid en la Edad Media 1: Génesis de un poder. II: El mundo abreviado, Valladolid, 1987,2 vols. RucQUOl,A, «pouvoir royal et oligarchies urbaines d' Alfonso X a Fernando IV de Castille», en Génesis medieval del Estado Moderno: Castilla y Navarra (1250-1370), Valladolid, 1987, pp. 173-192. RUCQUOI,A (Coord.), Realidad eimágenes del poder. España afines de la Edad Media, Valladolid, 1988. RUlZGOMEZ,F., Las aldeas castellanas en la Edad Media. Oña en los siglos XIVy XV,Madrid, 1990. RUIZ,T. F., Sociedad y poder real en Castilla (Burgos en la Baja Edad Media), Barcelona, 1981. SANTAMARIALANCHO,M., «Del Concejo y su término a la Comunidad de Ciudad y Tierra: surgimiento y transformación del señorío urbano de Segovia (siglos XIII-XVI),en Stvdia Historica, 3 (1995),pp.83-ll6. SANTAMARTALUENGOS,J., M., Señorío y relaciones de poder en León en la Baja Edad Media (Concejo y Cabildo Castedral en el siglo xv), Salamanca, 1993. VALVALDIVIESO,M. 1. del, «Indicios de la existencia de una clase en formación: el ejemplo de Medina del campo a fines del siglo XV»,en Anales de la Universidad de Alicante, 7 (1988), pp. 193-223. VALVALDIVIESO,M. 1.del, «Aproximación al estudio de la estructura social de una villa mercantil castellana a fines de la Edad Media: Medina del Campo», en Les sociétés urbaines en France méridionale et en Peninsule Ibérique au Moyen Age, Actes du Colloque de Pau. 1988, París, 1991, pp. 73-104. VALVALDIVIESO,M. 1. del,«Oligarquía 'versus' Común (Consecuencias sociopolítcas del triunfo del regimiento en las ciudades castellanas»>, en Medievalismo, 4 (1994), pp. 41-58. VALVALDIVIESO,M. 1.del, «Ascenso social y lucha por el poder en las ciudades castellanas del siglo XV»,en En la España Medieval, 17 (1994), pp. 157-184. VALVALDIVIESO,M. 1.del, «Medina del Campo en la época de los Reyes Católicos», en Historia de Medina del Campo y su Tierra. Nacimiento y expansión, vol. I, 1986, pp. 233-314. VALVALDIVIESO,M. 1.del, «Aspiraciones y actitudes socio-políticas. Una aproximación a la sociedad urbana de la Castilla bajomedieval», en La ciudad medieval..., ed. cit., pp. 213-254. VALDEONBARuQUE,J. y ESTEBANRECIO,A., «Esbozo de una geografía social: Palencia a fines de la Edad Media» en Stvdia Historica, III (1985), pp. 117-141. Vv. AA., Burgos en la Edad Media, Valladolid, 1984. Vv. AA., La ciudad hispánica durante los siglos XIllal XVI,Madrid, 1985,2 vols. Vv. AA., Las Cortes de Castilla y León en la Edad Media. Actas de la Primera Etapa del Congreso Científico sobr la Historia de las Cortes de Castilla y León, Valladolid, 1988,2 vols. Vv. AA, Concejos y ciudades en la Edad Media Hispánica, II Congreso de Estudios Medievales, Madrid, 1990. Vv. AA, El tratado de Tordesillas y su época, Madrid, 1995. Vv. AA., Finanzas y fiscalidad municipal, V Congreso de Estudios Medievales, León, 1997. 39