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El castillo de Belmonte de Campos

Arrontes, E.

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EL CASTILLO DE BELMONTE DE CAMPOS Interrumpiendo la monoíonía de la llanura castellana, se levantan los restos del castillo (Láni. I), probablemente construido bajo el dominio del favorito de Felipe el Hermoso don Juan Manuel, señor de Belmonte de Campos. Poco es lo que queda en pie, únicamente restos del pórtico cerrando el perímetro de la antigua plaza de armas, cruzada por comunicaciones subterráneas. En un extremo, la torre del homenaje (Lám. II), con un balcón que se abre casi en el centro del lienzo Suroeste; gótico todavía en su traza, se llena de detalles renacenristas. (Lám. 111). Un friso de labrados matacanes corona la parte superior y se interrumpen en los ángulos por cubos sobre ménsulas labradas; sobre el pretil sencillo del adarve, cabalgan almenas de corte curioso. En su inferior sólo queda, bajando unos escalones, una primera estancia con bóveda de cañón, un arco que dividió en dos el recinto y un aljibe de ocho metros de profundidad; en un ángulo, una escalera de caracol que termina en una puerta, ingreso a un piso que hoy no existe; desde aquí la escalera está empotrada en el muro y presenta tramos de tres y cuatro peldaños alternativamente. Otra estancia rectangular con un arco que la divide en dos, cotno ocurre en el piso inferior, decorado con un friso renacentista; en lo alto, como techo de otra estancia superior, bóveda de crucería, sin gran complicación. Por último, el adarve con un pretil-y almenas, y en sus ángulos, sobre los cubos, el ingreso a escaleras de caracol que conducen a sus plataformas. Es digno de notar que no obstante el decorado interior y la amplitud de sus estancias, no se encuentran restos de puerta monu mental alguna. La que hay dando entrada a la torre, no guarda ninguna relación con todo esto y la que se ve próximamente en el centro de este mismo lienzo, donde acaso se llegara por la escalera, cuyas señales todavía pueden apreciarse, tampoco es digna de gran interés. Es tan escaso lo que queda, que no se puede determinar la planta que tendría nuestro castillo. Es probable fuera muy irregular. En cuanto al tipo, puede incluírsele entre los de transición de cas tillo a palacio, pudicndo casi asegurar que en su lugar hubo otro 1 134 E. ARRONTES castillo posterior cuyos restos aprovecharía di>n Juan Manuel para levantar este ultimo. Esto es, en conjunto, lo que conservamos del castillo, cuya elegante silueta pone una nota amable en el paisaje. Su aspecto no nos sugiere los pensamientos bélicos que al contemplar otras lezas sentimos; su arquitectura sencilla y elegante, tiene algo t e delicadeza femenil, y nos hace pensar que las escenas que a ' tuvieron lugar, más serían las apacibles y suntuosas de la vida de un gran señor, que las fi eras y movidas de centro guerrero al Así sentimos a la sola contemplación del castillo; después. * A ^ f Marcas de canteros en los muros del castillo de Belmonte. estudiar la figura de su fundador, vemos confiriiitidas nuestras observaciones. Don Juan Manuel, señor de Belmonte de Campos, el primeio de los caballeros es pañoles que recibió en Bruselas la Orden del Toisón, era descen diente de aquel otro don Juan Manuel, so brino de Alfonso el Sabio Si aquél asombró a España con su vidad, no menos se puede decir de éste, que llevado de una ambición inconcebible, llegó a conquistar de tal modo el espíritu de Felipe el Hermoso que, durante su corto reinado, no tuvo otra voluntad. Alentó desde Flandes el partido fi lipino opuesto a don Fernando el Católico; llevó a cabo la concordia de Salamanca; recibió al Alcázar de Segovia, expulsando de él a los marqueses de Moya, y en fin, no dejó cosa por resolver, si le reportaba algún provecho. Muerto el rey Felipe, marchó a Flandes, tras haber intentado ganar la benevolencia de don Fernando y aquí fué preso por cierta deuda, con gran con tento del monarca español. Visto el carácter de don Juan Manuel, se explica la elegancia aristocráticadel castillo, cuya torre levantándose altiva, parece desafiar con soberbia a los desolados campos castellanos, que puestos con humildad a sus pies, parecen prestar homenaje a su altivo señor. E. Arrontes Lámina I. —Belmente de Campos: el Castillo y la iglesia. (Foto del S. E. A. A.). lámina II.—Castillo de Belmente de Campos: Torre del homenaje. (Foto del S. E. A. A.). JKSS» - ^ 'Í ¡<ÍAYA Lámina III. —Castillo de Belmente de Campos. Torre del homenaje; detalle. (Foto del S. E. A. A.).