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Pintia, un oppidum en el extremo oriental de la Región Vaccea

Sanz Mínguez, Carlos,Romero Carnicero, Fernando

Abstract

Producción Científica

Full text

59 El enclave arqueológico que, en el extremo oriental de la provincia de Valladolid, se localiza entre los términos de Padilla de Duero (Peñafiel) y Pesquera de Duero, ha sido identificado con una de las ciudades vacceas, posteriormente romanizadas, reseñadas en las fuentes clásicas: Pintia. Esta urbe aparece mencionada en la Geografía de Ptolomeo, y en el Itinerario de Antonino como la cuarta mansio de la vía Asturica per Cantabriam Caesaraugustam, que en tiempos romanos comunicaba Astorga con Zaragoza; y, según este último, estaría situada XI millas al occidente de Rauda, asimilada sin problemas con la localidad burgalesa actual de Roa de Duero. Puede decirse hoy que el yacimiento es, por mejor conocido, uno de los más emblemáticos de todo el valle medio del Duero, lo que le ha valido una consideración de protección especial, bajo la figura de Zona Arqueológica. Las ciento veinticinco hectáreas de exPintia, un oppidum en el extremo oriental de la región Vaccea Zona Arqueológica Pintia, vista aérea y principales zonas funcionales. Carlos sanz mínguEz FErnanDo romEro CarniCEro 60 En los extremos de la Región VACCEA tensión de la misma, distribuidas a ambos lados del río Duero a su paso por los términos municipales de Padilla de Duero y Pesquera de Duero, ofrecen una enorme riqueza patrimonial que, no obstante la desigual concentración de las evidencias arqueológicas, tanto en lo que se refiere a su densidad como a su naturaleza, testimonia una dilatada historia de más de mil años de desarrollo. Además, los trabajos llevados a cabo a lo largo ya de más de cinco lustros, han hecho posible la diferenciación de áreas funcionales diversas, cada una de las cuales viene a ilustrar una faceta particular de la vida cotidiana de estas gentes. Destacan, así, además del poblado, su necrópolis de Las Ruedas, el ustrinum de Los Cenizales, donde supuestamente se incinerarían los cadáveres, y, ya en el término de Pesquera de Duero, el barrio artesanal de Carralaceña en el que se distinguen, igualmente, una zona residencial, su correspondiente necrópolis y centros de producción alfarera. El núcleo urbano principal se localizaba en el pago de Las Quintanas y, dado que el emplazamiento en plena vega del Duero no se encuentra especialmente protegido, fue dotado con un sistema de defensas artificiales mediante fosos y murallas de adobe y madera. Se han definido en este espacio varias fases de ocupación que abarcan desde el siglo IV a.C. hasta el VII d.C., mereciendo destacarse de entre ellas las prerromanas o vacceas, dadas las reiteradas destrucciones violentas de que fue objeto, lo que ha posibilitado disponer en la actualidad de “fotos fijas” de la vida cotidiana de estas poblaciones. Tras el proceso de conquista romana, la ciudad de Pintia continuó su existencia, hasta que entre los siglos IV/V y VII d.C. se produce el progresivo declive de la urbe, como parece indicar la nueva utilidad como cementerio hispanovisigodo de una parte significativa del área habitacional. las Quintanas, una ciudad amurallada a orillas del duero La ciudad, propiamente dicha, de Pintia se asentó en el pago conocido como Las Quintanas, a medio kilómetro escaso de la población de Padilla de Duero, donde puede apreciarse una ligera elevación, a modo de pequeño tell, destacando en altura sobre el terreno circundante entre tres y cuatro metros; ello no es sino el resultado de la superposición estratigráfica de hasta siete niveles En los extremos de la Región VACCEA 61 de destrucción y reconstrucción consecutivos, como consecuencia de los correspondientes incendios que asolaron la ciudad durante su etapa vaccea, más la correspondiente ocupación romana y el uso cementerial antes referido. Delimitada hacia el noroeste por el curso natural del Duero, el resto de su perímetro queda configurado, como se aprecia en la fotografía aérea, por una línea defensiva artificial consistente en una doble cerca entre la que se dispuso un foso. Según revela la prospección superficial, tales lienzos estarían conformados, muy posiblemente, por adobes trabados con la ayuda de postes de madera de pino, sin descartar que el basamento de al menos parte de la construcción fuera de mampostería caliza. Esta muralla, que describe un perímetro de algo más de un kilómetro y cierra una superficie de aproximadamente veinticinco hectáreas de extensión, se interrumpe en su recorrido en tres ocasiones, igualmente perceptibles en las imágenes aéreas –dos en el flanco sur y una, quizá la principal, al este–, que se interpretan como accesos al interior del núcleo urbano. Aunque lógicamente en una perspectiva aérea lo que cabría pensar que estamos viendo en mayor medida es la imagen de la ciudad romana o incluso visigoda más tardía, todos los datos Vista aérea del Duero a su paso por la Zona Arqueológica Pintia. 62 En los extremos de la Región VACCEA apuntan a que la construcción de este doble cerco puede llevarse a época prerromana, especialmente por el hecho de que estas obras son frecuentes en los enclaves vacceos que no llegaron a romanizarse, pero también porque los textos clásicos que refieren los ataques romanos a las ciudades indígenas del territorio aluden a estos grandes paramentos defensivos y, aún más, por su trazado irregular nada rectilíneo. Más complicado es saber si las tres puertas perfectamente reconocibles en Pintia, a través de la fotografía aérea, al igual que las grandes “avenidas” que conectan con tales zonas de acceso, deben identificarse con la fase indígena o romana del enclave. Las dos grandes vías, de unos veinte metros de anchura –una de las cuales se bifurca en uno de sus extremos–, compartimentan el yacimiento en sentido N-S y E-O, dibujando un área de intersección, que a modo de plaza, presenta planta poligonal. Pese al más que probable carácter indígena de tal ordenación urbana, no debería extrañarnos que, a partir del proceso de romanización, una parte al menos de la misma sufriera diversas modificaciones; transformaciones que hacen viable la identificación de estos dos grandes viales con el cardo y el decumanus y que justificarían el que una de estas vías corte transversalmente otras calles aparentemente anteriores. De estas grandes “avenidas” surge una red de vías de menor entidad que, transversales y paralelas a las dos principales, articulan y comunican el ámbito interno de la ciudad, definiendo un espacio aparentemente reticulado; una compleja trama urbana que, complementada por callejuelas, describe pequeñas manzanas en las que quedan agrupadas las construcciones habitacionales. En esta compleja ordenación de redes primarias y secundarias, llama la atención un área concreta que ha sido identificada, al menos provisionalmente, con el foro de la ciudad. Efectivamente, en el espacio concreto de Las Quintanas limitado por el río Duero, el actual acueducto de la elevadora de agua para riego y el propio cardo, se observan cuatro manzanas; tres de ellas, las más próximas al cauce, de similar tamaño, mientras que la más alejada y limitada en un lateral por el cardo, presenta unas dimensiones que prácticamente doblan las de las anteriores. Dentro de esta manzana –allí donde curiosamente los testimonios orales de los años cuarenta del pasado siglo sitúan el hallazgo de un nú- En los extremos de la Región VACCEA 63 mero elevado de fustes de columna– se define una gran edificación que, por su tamaño y configuración espacial, no parece viable identificar con una serie de viviendas. Ello, unido a su privilegiada situación en un área central de la ciudad, permite incidir en la posible identificación del lugar con el foro de la Pintia romana. La fotografía aérea propicia, una vez más, que pueda reconocerse cómo los espacios residenciales quedan estructurados en manzanas, más o menos regulares y de planta rectangular normalmente. Las edificaciones domésticas se agregan entre sí, bien por sus laterales, bien por sus traseras; un dato que han podido confirmar las excavaciones arqueológicas, precisando además que estas casas, de planta rectangular o trapezoidal, se compartimentaban internamente en dos o tres estancias las menores y en hasta siete o más en las mayores, asociadas a diversas actividades cotidianas, tales como zona de trabajo, de almacenamiento, etc. Es muy probable que las aproximadamente veinticinco hectáreas ceñidas por la muralla fueran propiamente urbanas en época romana, aunque lo cierto es que las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en los últimos años ponen de manifiesto cómo, al menos en determinadas áreas de la ciudad, la ordenación y orientación de los espacios domésticos es muy similar a lo largo de un tiempo significativamente importante de la secuencia documentada. Cabe plantear así, siquiera sea como hipótesis, que la ordenación de la Pintia romana fuera deudora de la herencia legada por el oppidum vacceo; lo que no implica, con todo, descarLas Quintanas. Fotointerpretación del área del foro y el cardo. 64 En los extremos de la Región VACCEA tar que la romanización llevara aparejadas transformaciones del suficiente calado como para afectar, no únicamente al urbanismo, sino también a la funcionalidad desempeñada por determinados sectores de la urbe. Al exterior del recinto murado, a escasos doscientos metros de lo que se ha identificado como el extremo bifurcado del cardo, allí donde actualmente se localiza el camino de Las Huertas, el terreno vuelve a elevarse hasta el límite del arroyo de La Vega. Sobre esta plataforma se han detectado numerosas fosas u hoyos, de entre dos y cuatro metros de diámetro, distribuidas por una pequeña parcela de unas dos hectáreas; la mayor parte de ellas se encuentran agrupadas entre sí, configurando áreas de tendencia rectangular o describiendo espacios circulares. La prospección superficial de este sector tan sólo ha deparado materiales vacceos tardíos y otros de clara filiación romana, entre los que abundantes ímbrices y tégulas, que estarían marcando la presencia de edificaciones de esa cronología. En el entorno se aprecian igualmente diversas zonas de marcado color ceniciento y abundante material arqueológico, caso de las que responden a los topónimos de Los Hoyos o Las Navas; un tipo de evidencias que vienen siendo tradicionalmente interpretadas en las ciudades vacceas como áreas de vertido, o Las Quintanas. Detalle de pasillo medianil entre las traseras de las casas. En los extremos de la Región VACCEA 65 basureros, derivadas de las actividades cotidianas del núcleo habitado, entre las que cabe mencionar las obras urbanas o los desescombros. No obstante, allí donde se han desarrollado actuaciones arqueológicas, ha podido observarse reiteradamente que tales espacios se corresponden con zonas habitacionales –presencia de elementos constructivos, suelos, etc.–, por lo que parece lógico suponerlos arrabales o barrios extramuros. Finalmente, aunque el asentamiento no observa unas características naturales especialmente aptas para la defensa, debe valorarse la presencia de áreas pantanosas en todo su perfil meridional. En efecto, la propia toponimia de Las Navas, zona situada hacia el sureste, pone de manifiesto el carácter deprimido de la misma, propicio para el estancamiento de las aguas. Por otro lado, entre la referida zona de la entrada bifurcada a la vieja Pintia y el arroyo de La Vega pueden observarse perfectamente, de nuevo en la fotografía aérea, los límites de una pequeña área lacustre, que todavía en los años de lluvias abundantes queda completamente anegada. En consecuencia, si el límite septentrional estuvo defendido de forma natural por el encajado cauce del río Duero, su zona meridional, de protección menos persuasiva, vendría protegida, a la par que por su naturaleza pantanosa, por la erección de la referida muralla perimetral de Las Quintanas. La detección en 1999 –como consecuencia de la realización de una canalización de riego–, unos ciento cincuenta metros más al sur de la muralla de la ciudad, de un paramento de mampostería, de dos metros de anchura, dos y medio de alzado y unos diez de longitud, en la que sería zona natural de acceso al poblado, sugiere no pocas Laguna frente a las entradas suroccidentales de Las Quintanas, en el invierno de 2001. 66 En los extremos de la Región VACCEA consideraciones. Su vinculación cronológica a los conflictos sertorianos, en los que otras ciudades vacceas como Pallantia o Cauca, Palenzuela (Palencia) y Coca (Segovia), respectivamente, se vieron inmersas, podría ser un marco adecuado para su construción; su traza parecería responder a mano romana en la consideración de su marcado carácter rectilíneo, así como por el material constructivo empleado de mampuesto trabado con barro –bien distinto del utilizado en la tradición indígena–. Por último, la aparente presencia de un foso ciñendo la cara norte del lienzo, rápidamente colmatado, plantea si este muro se edificó para defensa de la ciudad o más bien como elemento de asedio. Una excavación de detalle sobre el lugar podría aclarar cuestiones tan interesantes como la génesis, utilidad y duración de la enigmática obra. Por lo que respecta a las excavaciones arqueológicas en el interior de Las Quintanas podríamos decir que apenas han hecho sino comenzar. Un cálculo aproximado del volumen de información existente intramuros, con un millón de metros cúbicos de sedimento arqueológico, constituye un enorme contrapunto a los aproximadamente quinientos metros cúbicos excavados hasta el presente. Dejando a un lado la explotación del yacimiento como “mina de huesos” y las subsiguientes visitas de Orodea y Martí Monsó en el tercer cuarto del siglo XIX, que permitieron recoger alguna documentación ya dispersa procedente de dichas remociones, y asimismo los más de diez años de trabajos continuados en el yacimiento entre finales del siglo XIX y principios del XX de la mano del erudito local D. Federico Hernández y Alejandro, cuyos resultados quedan reducidos a apenas dos páginas en la bibliografía, los primeros trabajos arqueológicos con metodología moderna fueron abordados por vez primera en 1985. Ese año, una actuación de urgencia permitió contextualizar el segundo de los tres tesorillos –obtenido como consecuencia de actuaciones furtivas– aparecidos hasta el presente en Pintia, y vincular su hallazgo a una casa de adobe y suelo de barro apisonado muy alterada. Las excavaciones posteriores, iniciadas entre 1988 y 1989, serían el germen de las realizadas en la actualidad que centran su acción, desde 1998, en una trinchera de 8 por 56 m. En este espacio tan limitado quedan condensados, en poco más de cuatro metros de potencia estratigráfica, tres horizontes culturales: visigodo, Acuarela de J. Martí Monsó (1872), depositada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Las Quintanas. Inhumación doble infantil visigoda, s. VII d. C. En los extremos de la Región VACCEA 67 romano y vacceo. Hasta la fecha, tras exhumar un centenar de inhumaciones tardorromanas y visigodas y las fases de ocupación altoimperiales, se ha accedido en toda la superficie de la zanja a los niveles de época sertoriana. Este no es, sin embargo, el único de los niveles “indígenas”, pues un gran hoyo, que suponemos pozo artesiano fallido, del siglo II d.C., rompe hasta la base geológica la estratigrafía del lugar, permitiendo observar otros cinco niveles que pudieran alcanzar hasta finales del siglo V o principios del IV a.C. de atenernos a las cronologías más antiguas proporcionadas por el cementerio pintiano de Las Ruedas. La traza urbana que se aprecia en esta zanja resulta coincidente en las fases romana y vaccea sertoriana, y a su vez manifiesta una ordenación coherente con lo advertido a través de la fotografía aérea en forma de largas manzanas con casas unidas por sus traseras y abiertas a calles paralelas. Se han podido identificar un total de once viviendas, aunque por desgracia ninguna de ellas completa. Obviamente ello impide hacernos una idea cabal acerca del módulo de las casas, si bien una primera aproximación lleva a sospechar la existencia de módulos variables y a calcular en torno a los cien metros cuadrados la superficie de las más grandes En las casas más pequeñas se identifican las tres estancias clásicas: vestíbulo, cocina-habitación principal y almacén, si bien en las más grandes, que pueden llegar a tener hasta siete estancias, aparecen las mismas áreas funcionales, aunque repartidas en varias habitaciones; la individualización de estos espacios se lleva a cabo, en cualquier caso, a partir de elementos estructurales y muebles tales como silos, hogares, hornos, grandes vasijas de almacenamiento de líquidos, pesas de telar, vajillas, etc. Con todo, destacan con personalidad propia algunos ambientes como la llamada “estancia del banquete”, el silo con aperos y reserva de grano o una habitación destinada a la actividad textil, cuyos aspectos concretos son reflejados de manera pertinente en los textos del catálogo que seguidamente comienzan en esta exposición. El cementerio de las ruedas La ciudad de los muertos, la necrópolis de las Ruedas, se sitúa a unos 300 m al sur del recinto amurallado y separado de éste por el arroyo de La Vega. Este espacio sepulcral fue objeto de Arroyo de La Vega en las inmediaciones de su desembocadura en el Duero, Padilla de Duero. 74 En los extremos de la Región VACCEA te su precisa interpretación, si bien de tener en función de los elementos señalados, y a modo de hipótesis, cabría proponer su identificación con un santuario similar a los constatados en otros contextos europeos; pero eso es algo que sólo podrán desvelar futuras excavaciones. Carralaceña, un barrio artesanal cruzando el río Pintia se prolongaba, finalmente, en la orilla derecha del Duero, por el hoy llamado pago de Carralaceña, que quedaba comunicado con Las Quintanas a través de un vado natural del río. Dicha área constituye en sí misma un núcleo perfectamente definido e integrado, igualmente, por áreas residenciales, necrópolis y ámbitos destinados específicamente a la producción cerámica, alcanzando una extensión de en torno a nueve hectáreas. El barrio debió de nacer como una ampliación del poblado cuando éste precisó de un mayor abastecimiento de productos cerámicos, bien porque las instalaciones necesarias requirieran una extensión de difícil acoplamiento en el caserío, bien porque Horno número 2 de Carralaceña, Pesquera de Duero, Pintia. En los extremos de la Región VACCEA 75 su funcionamiento suponía inconvenientes y peligros para la vida cotidiana –piénsese en los constantes riesgos de incendio en un lugar con construcciones de barro y madera–, bien, en fin, por la necesidad de abastecimiento directo de agua. Fuera por la razón que fuere, el caso es que al menos el espacio de la terraza inferior más cercano a la ribera del río estuvo dedicado en época vaccea a la producción de cerámicas, tal y como indican las estructuras halladas en este sector, correspondientes a las instalaciones de un alfar en el que, a partir del siglo II a.C. y hasta el cambio de Era, se fabricaron toda la variedad de recipientes torneados y objetos cerámicos que las diversas actividades cotidianas requerían. Destacan los restos de tres hornos destinados a la cocción de los repertorios cerámicos y las áreas de vertido de desechos y resultado de limpieza a ellos asociadas, y entre aquellos, tanto por sus dimensiones como por el excelente estado de conservación, el identificado con el número 2, un horno de doble cámara y tiro vertical, que presenta planta circular, de unos cuatro metros y medio de diámetro, y pasillo o praefurnium destacado. Su gran parrilla, que conserva unos sesenta orificios o toberas que conectan las cámaras de combustión con el laboratorio donde se cocían las vasijas, apoya sobre una espina central y fue realizada mediante la superposición de capas de arcilla horizontales de unos ocho centímetros de grosor hasta alcanzar un espesor total de unos cuarenta centímetros. Las dataciones paleomagnéticas ensayadas en la estructura, así como los materiales cerámicos a ella asociados, parecen remitirnos a cronologías centradas entre los siglos II y la primera mitad del I a.C. Ya sobre la terraza se disponen importantes cenizales, cuyos abundantes materiales arqueológicos son propios de ambientes domésticos. Finalmente, en un espacio boscoso que se extiende más ampliamente por el inmediato pago de La Dehesilla, trabajos de salvamento arqueológico, paralelos a unas obras de canalización acometidas por la Confederación Hidrográfica del Duero, permitieron recuperar dos conjuntos cerámicos que han podido identificarse con sendos depósitos funerarios. Integraban el ajuar del primero veintitrés vasos cerámicos en tanto que tan sólo contenía seis el segundo, todos ellos hechos a torno aunque pertenecientes a tres producciones distintas: cerámicas finas pintadas, comunes y grises de imitación de vasos argénteos; además, dos 76 En los extremos de la Región VACCEA * El Proyecto de Investigación arqueológica en Pintia (Padilla de Duero/Peñafiel) se ha beneficiado de las subvenciones de diversas instituciones y empresas: Ministerio de Ciencia y Tecnología, Ministerio de Medio Ambiente (Confederación Hidrográfica del Duero), Ministerio de Defensa (Comandancia Militar de Valladolid y Palencia), Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (INEM), Fundación Universidad de Verano de Castilla y León, Junta de Castilla y León, Ayuntamiento de Peñafiel, CaJa EsPaÑa, Bodegas y Viñedos Alión, ArchaeoSpain, Collosa, Conábside, Citroën Hispania-Casa Carrión, Abadía Retuerta, Volmo, Aridos Sanz, Cantalapiedra, Arenas Compasco, Casa Santiveri, Bodegas Protos, Bodegas Valpincia, Transcon Valladolid, Bodega Hacienda Monasterio, Bodegas Carraovejas, Bodegas Matarromera, Azucarera Ebro Agrícola, Bodegas Reyes, Bodegas Tamaral, Bodegas Pingón, Bodegas Emilio Moro, Bodegas Viña Mayor, Hotel Ribera del Duero, Hergón, S.A., Sociedad Española de Estudios Clásicos y Asociación Cultural Pintia. recipientes de la primera tumba contenían ofrendas vertebrales de vacuno y ovicaprino. Los materiales arqueológicos citados permiten datar tales enterramientos a comienzos del siglo I a.C., es decir, en un momento en que el cementerio de Las Ruedas aún estaba en uso, lo que obliga a preguntarse sobre el por qué de tal dualidad de ambientes funerarios. Un interrogante que tendría cumplida respuesta a partir del desarrollo del nuevo barrio, que por otro lado tuvo corta vida, y de la instalación en el mismo de artesanos alfareros; un sector al que sin duda debió de corresponder, y en el que pudo ocupar un lugar preeminente, el individuo enterrado en la tumba primera, no sólo por el número y singularidad de los vasos que la integraban, sino también por las importantes ofrendas faunísticas que los acompañaban. A través de este rápido repaso por las diversas áreas funcionales reconocidas hasta la fecha en la ciudad vacceo-romana de Pintia, tal vez hayan podido apreciarse las enormes potencialidades que la misma encierra. Precisamente su relevancia patrimonial hizo posible que en 1987 se procediera a la incoación de expediente para su declaración como Bien de Interés Cultural, bajo la figura de Zona Arqueológica, el cual fue resuelto favorablemente en 1993. Con todo, el conocimiento de la cultura vaccea, de distribución territorial tan amplia, requiere de nuevas propuestas de investigación que permitan miradas más ambiciosas. Pintia, en el extremo oriental de aquel viejo territorio, encuentra hoy en el valle de Cea un contrapunto interesante para, en ese sentido, superar visiones excesivamente localistas*.