Datos sobre el abastecimiento de agua a Valladolid: Felipe II y el proyecto de 1583
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DATOS SOBRE EL ABASTECIMIENTO DE AGUA A VALLADOLID: FELIPE II Y EL PROYECTO DE 1583 Miguel Angel Zalama Aunque Valladolid se encuentra junto al río Pisuerga, portador de un cons rabie caudal al estar en el tramo fi nal de su recorrido, y ademas históricamente el río Esgueva atravesaba el núcleo urbano, el suministro de agua pota e a p blación con frecuencia constituyó un problema'. El agua de estos nos para el consumo; la del Pisuerga ocasionaba continuos trastornos de salu y la del Esgueva, cuyo cauce se había convertido en una especie de cloaca abie^ en medio de la villa, hubiera supuesto una intoxicación prácticamente segura . Hasta donde alcanzan nuestras noticias el abastecimiento lladolid se había convertido en un reto ya a mediados del siglo XV En W monasterio de San Benito había conseguido canalizar el agua des e un . les situados aproximadamente a 5 Km. al sur de la población en do como Argales; el agua llegaba hasta la huerta del ceno lo, u icacion q hacer corresponder con la actual plaza del Poniente, y desde allí surtía a fuentes ^ Si bien los datos que poseemos no hacen ninguna tro a la población, es más que probable que la conducción no fuera en exclusiva para el monasterio sino que también beneficiaría a núcleo urbano . ' AGAPITO Y REVILLA. J. «Los abastecimientos Va ciedad Castellana de Excursiones. III (1907-1908), passtm, y ¡ Renacimiento Español, lladolid. Valladolid, 1991; GARCIA TAPIA, N.-, Ingemena y arquitectura en el Renacimie Valladolid, 1990, pp. 321-350. , , • Pconpva valea de ejemplo uno De los numerosos testimonios conocidos V'J'^'^dad del Esgue^^^ de comienzos del siglo XVI «Por oriente entra [en la vi a] e márgenes, tan mal arropadas que y hendido va por la ciudad, sirviéndola de limpieza a eos * ^ Aaueronte, con el hedor del parece verdaderamente otro fi ngido Cocyto, Stigio, Flage on Alonso Cortés) Valladolid, lago de Sodoma.. Cfr, PINHEIRO DA VEIGA, T., Fastiginia. (Ed. de N. Alonso Cortes), ' '^RODRIGUEZ MARTINEZ, L., Historia del monasterio de GARValladolid, 1981, pp. 183-210; AGAPITO Y REVILLA, J., «Los abastecimien ... CIA TAPIA, N., Ob. cit., pp. 323-325. í»n la calle de ' Por lo que sabemos el agua emraba a la villa por la auligua^erla del San,lago prdxil la Plaza de Zorrillay a través de la Ouariza -calle Mana de ^ f» zo llegabra San Benito. La solicitud por parte del ra onasteno al Ayuntamiento ducto lCfr. RODRIGUEZ MARTINEZ. L.. Ob. cr . pp. no se encontrara exactamente en los términos de la buena que los monjes teman en el paraje de Arga . hacen pensar que ya desde mediados del siglo XV la villa tuvo agua comente.
354 MIGUEL ANGEL ZALAMA El primitivo edificio por el que corría el agua pronto debió mostrar deficien cias técnicas y hubo que rehacerlo^. En 1494 el concejo vallisoletano contrató con el ingeniero moro Yuza, vecino de Guadalajara, la construcción de un conducto para la traída de aguas desde el mismo manantial hasta la Plaza del Mercado —actual Plaza Mayor— donde se colocaría una fuente. La obra debía estar termi nada en un plazo de seis meses^, lo que parece indicar que Yuza utilizaría en buena parte el conducto anterior. Aunque se llegó a hacer una fiiente en sitio indicado el agua no corrió por ella, de forma que hubo que contentarse con otra edificada en la Puerta del Campo, por más que al comenzar el siglo XVI se tratara de llevar a la Plaza Mayor infructuosamente'. La necesidad de un suministro de agua suficiente a la villa hizo intervenir a la reina doña Juana en 1513 quien, refiriéndose a la información que le proporcio nó la villa, decía que el agua no llegaba por impericia de los artífices y que era necesario realizar una fuente en la Plaza Mayor. Se hizo cargo de la obra el arago nés Juan Gálvez quien la realizó entre 1514 y 1519. En septiembre de ese último año se había terminado la acometida hasta la Plaza Mayor y la Rinconada a plena satisfacción del municipio, como lo demuestra el hecho que se encargara al mismo maestro otra fiiente en la Costanilla —actual plaza del Ochavo—; Gálvez la llevó a cabo construyendo un conducto que arrancaba desde un arca ubicado fuera de la villa, y que a través de la actual calle de Panaderos entraba por la Puerta de Tere sa Gil siguiendo el curso de la calle hasta la Costanilla®. No debieron ser pocas las reparaciones que necesitó la conducción, pero al menos hasta la entrada a la villa por la Puerta del Campo el agua corría aún en 1561, fecha en que el concejo ordenó hacer en ese lugar una fuente con pilón y lavadero^, cu ya vida debió ser corta Sin embargo, en ese año el agua ya no debía llegar a las fuentes construidas por Gálvez: Plaza Mayor, Rinconada y Costanilla. Deteriorado de forma definitiva el edificio que traía el agua a la villa, al co menzar la década de 1580 el municipio se propuso hacer una nueva conducción de carácter permanente, que se culminó con la plasmación del proyecto de Juan de Herrera, aprobado a comienzos de 1586". Para poder llevar a cabo esta im- ^ Sobre el deterioro de la conducción y sus causas cfr. GARCIA TAPIA. N.. Oh. cit., p. 324. " AGAPITO Y REVILLA, J.. Oh. cit., pp. 166-167. ' GARCIA TAPIA, N., Oh. cit., pp. 327-329. Este autor da precisa información sobre la pérdi da de carga atendiendo a la distancia y al sistema de tuberías empleado; al llegar el agua prácticamente sin presión a la Puerta del Campo se mostraba incapaz de remontar a una cota algo superior en la que se situaba la Plaza Mayor. * Ihidem. pp. 330-334. ' FERNANDEZ DEL HOYO, M. A., Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Gran de de Valladolid. Valladolid, 1981, pp. 206-207. En los tesúmonios realizados poco más de veinte años después de la construcción de esta fuente no se menciona su existencia. Cfr. más abajo. " Sobre la conducción de Herrera cfr. además de AGAPITO Y REVILLA, J ., Oh. cit. , y GAR CIA TAPIA, N., Oh. cit.: MARTI Y MONSO. J., Estudios histórico-artisticos, Valladolid, 1898-1901, pp. 559-561; MARTIN GONZALEZ, J. J., «Las Arcas Reales de Valladolid», Boletín del Seminario de Arte y Arqueología. XLVIIl (1982), pp. 389-398, y CARRICAJO CARBAJO, C.. Las Arcas Reales vallisoletanas. Valladolid, 1983.
SOBRE EL ABASTECIMIENTO DE AGUA A VALLADOLID 355 portante obra fue necesaria una licencia real que permitía utilizar el dinero proce dente de la sisa del vino y la carne, pues la población no tenía otros recursos, ni siquiera capacidad para tomar dinero a censo, dado que aún se estaba trabajando en la reconstrucción posterior al incendio de 1561. Felipe 11 otorgó el permiso me diante una provisión fechada el 24 de diciembre de 1583 '2, pero hasta tomar la de cisión se había interesado por los mínimos detalles referentes a la traída de agua a su ciudad natal. El análisis de las preguntas efectuadas y los datos recabados per miten puntualizar algunos aspectos en tomo al abastecimiento de agua a Valladolid. El 2 de septiembre de 1583 el corregidor de la villa Melén Suárez de Solís solicitaba licencia al rey para hacer la obra. Declaraba que Valladolid había traído el agua de Argales, pero que desde hacía veinte años no llegaba. Esto supuso la utilización de la del Pisuerga «que los nueve meses del año va tan turbio que sin mucho daño de la salud no se puede beber». La obra costaría 28.000 ducados y se podría hacer en poco más de dos años. Debido a la falta de recursos de la villa se tomaría el dinero de la sisa que en ese año llegó a 17.000 ducados, de los cuales 6.000 se destinaban a redimir los censos, de forma que los 11.000 ducados restan tes se podrían utilizar para realizar la conducción'^. Como representante de la villa Pedro de Cartagena presentó la petición dando algunos detalles del proyecto: se tomaría el agua de tres manantiales «de las fuentes de Argales como solía venir, y del monasterio de San Benito y de la huerta de Juan Sevillano, que es toda una misma agua y de mucha utilidad...», y con ella se harían tres fuentes en el interior de la población «una en la Costanilla y la otra en la plaga de Santa María y otra en la plaga del Almirante...» —actuales plaza del Ochavo, plaza de la Universidad y proximidades de la plaza de la Libertad—. Se dejaba abierta la posibilidad de colocar alguna otra fiiente en lugar sin determinar pero que resul tara útil, «donde pudiesen proveherse los vecinos de la dicha villa y pasarían con esto las enfermedades que con el agua del dicho río [Pisuerga] se suelen causar...». También se declaraba que sobre el asunto «en el Ayuntamiento de la dicha villa se ha tratado muchas veces, y consultado con médicos y hombres de experiencia y con otros peritos en el arte de cantería e maestros de hacer fuentes, ha parescido ser cosa muy conveniente y que la dicha agua se podrá traer muy bien a las dichas fuentes...» '**. Efectivamente, en la villa se había tomado muy en serio la solución a un pro blema de gran importancia. Con la disposición de encontrar un sistema de abasteci miento definitivo se comenzó por recabar información de médicos, quienes coincidieron en el gran número de enfermedades producidas por beber agua del Pisuerga. Los testimonios aparecen recogidos en el verano de 1583 y entre otros declararon los doctores Rodrigo de Peñaranda, Juan de Peñaranda y Pedro Enríquez. Hay una larga lista de vecinos de la villa que aportaron datos, en su mayor parte reiterativos, entre los que hay que destacar los informes técnicos. Gonzalo de la Bárcena, quien debió ser llamado a Valladolid para estudiar el AGAPITO Y REVILLA. J.. Ob. cit., pp. 169-170. ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS. CONSEJO REAL. Leg. 310/4. Pol. 6. ¡hidem, fol. 5.
MIGUEL ANGEL ZALAMA asunto, declaró haber visto los manantiales y medido el trayecto hasta la villa, de la que distaban aproximadamente 6.000 varas (una vara equWale ±84 cm.) y el coste de la obra lo tasó en 22.000 ducados. De la Barcena había sido requerido por su capacidad como constructor de fuentes y su testimonio, aunque cronológica mente posterior al de otros maestros, se incluyó el primero . Juan de Nales y Alonso de Tolosa también fueron requeridos para presentar un informe. Ambos debieron realizar las mediciones y los cálculos juntos aunque cada uno emitió su dictamen. Nales, que se declara vecino de Valladolid y tener unos 35 años, recuerda haber visto correr el agua en la fuente de los Zurradores, prolongación de la calle Teresa Gil -actual Panaderos-, donde el municipio se vería obligado a abrir una fuente al ser incapaz el agua de alcanzar la Costanilla. Coincide en los detalles con Gonzalo de la Bárcena si bien rebaja has» 20.000 du cados el importe de la obra". Alonso de Tolosa, quien dice tener 34 anos, infor ma en los mismos términos que Nales; su residencia en Valladolid, de donde se declara vecino, debía remon»rse unos quince años sin que se haga eco en ese tiem po de la existencia de hiente alguna". Fueron estos informes los que confirmaron a los regidores de la vil a a on a de traer el agua de los manantiales de Argales -que se identifica con la fuente de las Marinas-, huerta de Juan Sevillano y huerta de San Benito". Sin embargo. " Ibídem fol 10 -Gonzalo de la Bárcena, fonlanero y maeslro de hacer fi ienles, vecino de OQemes. en las Cuairo Villas, y eslanle en esla villa... por mandado del señor corregidor ha ido a ver las fuenles conlenidas en el dicho pedimenlo. que la una de ellas es en la huerta de San Benilo y la otra en la huerta de Juan Sevillano y la de Argales. las cuales fuentes son copioMS en ubunlanum de mucha cantidad de agua... y este testigo lo sabe por experiencia y ziencia por haber usado la dicha arte n^ de cuarenta años en el reino de Aragón. Castilla y Navarra y Galicia y otras muchas fuentes en el reino de Aragón y en Castilla ha hecho la fuente de Uón. ^ y en el monasterio de la Espina, y en Salamanca, y en otras mucims ^ de Santiago, y en la ciudad de U Colunia, y en el monasterio de ^ fal nreseñ' y en el monasterio de Osera y Sobrado de la orden de San Bernardo, y en la ciudad de Lugo, y presente hace la fuente de la ciudad de Oviedo...». . , ,v., r» CnFirt» lo r.k.-,x (Cuando acudió a Valladolid esuba realizando el acueducto de los Pilares en Oviedo. Sobre la obra de Gonzalo de la Bárcena cfr. GONZALEZ ECHEOARAY. M. C. y otros. Arrisror can,abras de la Edad Moderna. Santander, 199!, pp. 75-76). Ibídem. fol. 11. Juan de Nates, maestro de cantería vecino de esta villa... dijo que na visto el agua de la fuente de Argales y ansí mismo ha visto el agua de la fuente que está en la huerta de Juan Sevillano y frailes de San Benito... y se acuerda ver correr en esta villa la fuente de los zurradores y este testigo por mandado del señor corregidor y en compañía de Alonso de Tolosa, maestro ansí mismo de cantería, ha ido a ver y medir y tantear por donde se pueden traer las dichas fuentes a esta villa, y ha visto que se puede traer a esta villa dos tercios de pie de diámetro de agua, que será un grosor de agua como un muslo de un hombre antes gordo que flaco... y esa toda hasta la poner en perfección 20.000 ducados poco más o menos... fi rmólo de su nombre y dijo ser edad de 35 años...»; Ibídem, fol. 11. «Alonso de Tolosa. maestro de cantería, vecino y residente en esta villa... Tiene noticia de esta villa de Valladolid de más de 15 años a esta parte... dijo ser de edad de 34 años poco más o menos...». Argales debía ser el nombre del paraje donde se encontraba el manantial al que a veces se de nomina de las Marinas, que debió ser una huerta del municipio. En un documento fechado el 13 de julio de 1583 se dice «Este día los dichos lugares señores [los regidores) acordaron que se procure traer a esta villa el agua de las fuente de los frailes de San Benito y la de la huerta de Juan Sevillano e la fuente de las Marinas que solía venir a esta villa. ..» y unos días después, el 18 de agosto, los comisiona-
SOBRE EL ABASTECIMIENTO DE AGUA A VALLADOLID 357 no se consideraron suficientes los datos recabados de forma que de nuevo fueron requeridos Juan de Nates y Alonso de Tolosa para que volviesen a medir, nivelar y tasar el coste de la obra. Su dictamen introduce algunas novedades sobre el reali zado anteriormente. Ahora se dice que el desnivel desde el nacimiento del manan tial hasta el Ochavo de la Costanilla, donde iría la fuente principal, era de 34 pies, caída que se consideraba suficiente'®; desde esa fuente el líquido sobrante se po dría canalizar hasta la plaza de la Rinconada. Un conducto diferente, que comenza ría en el último arca antes de entrar en la villa, llegaría a la plaza de Santa María para continuar después hasta la plaza del Almirante. El coste de la obra se cifraba en 28.000 ducados, justificando el aumento sobre la tasación anterior, por la nece sidad de dividir en dos la conducción general y la construcción de las fuentes en la plaza de Santa María y en la plaza del Almirante Cuando se elevó la petición al rey la villa parecía presentar un plan perfecto de actuación. El grave problema que suponía el desabastecimiento de agua potable a Valladolid, y que causaba continuas enfermedades, debía ser solucionado. En es to estaban los vecinos de acuerdo y proponían la conducción del agua desde unos manantiales que no era algo imposible —uno de ellos, el de Argales o las Marinas, ya se había canalizado con anterioridad— y lo que se quería hacer ahora era aumentar el caudal, además de construir nuevas fuentes —en la plazas de Santa María y del Almirante—. Todo esto había sido discutido en reiteradas ocasiones y se habían pedido dictámenes a diferentes especialistas. Según lo expuesto parecería que el rey tan sólo tendría que opinar sobre si era apropiado o no tomar el dinero de la sisa para llevar a cabo la obra. Sin embargo, Felipe II no se contentó con la información que se le ofreció. Lo que podría parecer una obra menor recabó el interés regio mandando se le detallaran todos los porme nores antes de dar su aprobación. La reacción del monarca está en consonancia con su forma de actuar en otras obras que llevó a cabo, siempre preocupado por su de sarrollo y con frecuentes intervenciones personales en los más diversos aspectos; dos por el Ayuntamiento declaran que fueron a la «fuente de Argales y fuente que nace dentro de la huerta y viña de Juan Sevillano, plumajero, y fuente que está dentro de una huerta y viña que es de los frailes de San Benito, que están encima de la dicha huerta de Argales...». De nuevo el 31 de agosto se habla de los manantiales como «la fuente que sale de la huerta de los frailes de San Benito y la de las Marinas y la que sale de la huerta de Juan Sevillano...» A.G.S. C.R. 310/4. Pol. 13 y 17. Esta documentación deja sin valor la hipótesis que identificaba el manantial de las Marinas con la huerta de Juan Sevillano. Cfr. AGAPITO Y REVILLA, J., Ob. cit., p. 42. Un pie equivalía aproximadamente a 28 cm. lo que supone que el desnivel era de 9,50 m. So bre las diferentes cotas entre los manantiales y la villa cfr. GARCIA TAPIA, N. Ob. cit.. p. 362. A.G.S. C.R. leg. 310/4. Pol. 15. «En Valladolid el día 26 de agosto de 1583... Juan de Nates y Alonso de Tolosa, maestros de cantería,... lo que tiene de corriente del nascimiento de las dichas aguas al Ochavo de la Costanilla que es donde se ha de poner la principal fuente 34 pies, lo qual les paresció que es suficiente corriente para que como tienen declarado se haga el edificio... y repartirse el agua al Ochavo y lo que de allí sobrare a la Rinconada y los que ha de ir a la Plaza de Santa María y las obras de ésta a la del Almirante... costará todo 28.000 ducados, y los 6.000 ducados de más de los 22.000 ducados que tenían declarados [en realidad aparecían reflejados, quizá por error, 20.000 ducados -cfr. nota n." 16-] se añaden y son de la división de las dichas aguas ha de hacer desde el arca última fuera de las cercas de la dicha villa a la plaza de Santa María y de las fuentes que se han de hacer en la plaza de Santa María y del Almirante...».
358 MIGUEL ANGEL ZALAMA por lo que al ámbito de este trabajo se refiere valga de ejemplo el seguimiento que hizo el rey de la reconstrucción de Valladolid después del incendio^'. Felipe II apenas mostró atención a la solicitud principal de la villa: que se per mitiera tomar dinero de la sisa para llevar a cabo la obra. Por el contrario puso todo su interés en conocer las razones por las cuales se quería hacer la conducción de agua. Desde averiguar por qué había dejado de llegar la que se traía de Argales, hasta indagar en los posibles beneficios para la población; también quiso que se le informase de detalles específicos sobre la construcción que sólo un personaje de gran formación se hubiera interesado en recabar. ¿Era realmente trascendente co nocer la distancia entre los manantiales para dar su aprobación a la obra? Precisio nes sobre la utilidad de conducir el agua por uno o dos conductos, o sobre el coste de unir los manantiales, etc., más parecen cuestiones propias de los maestros en cargados de la construcción que debían dirimir con la comisión encargada por el concejo de la villa. El rey parece que debería haber aceptado como buena la infor mación recibida y dar, o no, su autorización. Sin embargo, esta no era la forma de actuar de Felipe II quien quiso conocer todo el proceso desde su gestación Ante el mandato real la reacción de la villa fue inmediata. La necesidad de acometer la obra era perentoria, de forma que sin apenas perder tiempo se reunie ron el corregidor y los regidores de la villa quienes decidieron realizar un interro gatorio a diferentes personas. Constaba de catorce preguntas que se adecuaban a la orden del rey, y a las que cada testigo respondió en función de sus conocimientos sin que generalmente completara el cuestionario, pero que permiten conocer en pro fundidad detalles que se habían obviado en los testimonios anteriores^-'. Por la ra pidez con que se llevó a cabo el interrogatorio no parece que se volvieran a hacer indagaciones sobre la obra, sino que los declarantes dejaron constancia ante el es cribano de todo lo que sabían pero que no se había considerado necesario detallar con anterioridad, además de incluirse nuevos testimonios^''. El primero en contestar a las preguntas formuladas por el regimiento fue Alon so de Tolosa^', a quien se llama «arquitecto de su majestad». De sus respuestas podemos destacar algunos datos que amplían los hasta ahora conocidos. Declaró que si se traía el agua como estaba dicho se podrían poner en la villa hasta doce caños, pues el manantial de Argales surtiría cuatro caños, tres el de la huerta de Juan Sevillano y cinco el de la huerta de San Benito. El agua debería venir por dos conductos aunque por «una misa pared» —el agua de San Benito por su mayor MARTIN GONZALEZ, J. J.. Arquitectura doméstica del Renacimiento en Valladolid, Valla dolid, 1948, p. 263, BUST AMANTE GARCIA, A., Lm arquitectura clasicista del foco vallisoletano. 1561-1640. Valladolid, 1983, pp. 19-37. Sobre la actuación del rey en las diversas empresas artísticas que emprendió cfr. CHECA, F., Felipe ¡I. Mecenas de las Artes. Madrid, 1992. Cfr. Apéndice I. Cfr. Apéndice II. La carta del rey está fechada el 28 de septiembre de 1583 y se procedió a su lectura ante el concejo vallisoletano en 12 de octubre. Dado que las declaraciones comenzaron al día siguiente no hubo tiempo para elaborar un nuevo informe, por otro lado, carecería de sentido por haberse realizado en los meses de Junio y julio de ese mismo año. A.G.S. C.R. leg. 310/4. Fols. 26-30. El testimonio data del 13-X-1583.
SOBRE EL ABASTECIMIENTO DE AGUA A VALLADOLID 359 calidad iría separada—, sin que esto apenas aumentara el gasto de la obra. Dio por buenas las distancias expresadas en la séptima pregunta aunque precisándolas: des de el manantial de San Benito al Ochavo, la mayor distancia, había 18.708 pies; desde el de San Benito al de Juan Sevillano 2.905 pies; entre el de San Benito y el Argales 4.405 pies; y desde este último a la villa 14.303 pies. A la pregunta sobre el coste de la obra Tolosa se reafirma en lo que ya había dicho, 28.000 duca dos, pero desglosa esa cantidad de forma que permite conocer el trayecto del agua: se juntarían los tres manantiales en Argales, lo que costaría 7.000 ducados, y desde allí irían hasta la villa por dos conductos diferenciados separándose antes de pene trar en el núcleo urbano, de forma que uno entraría por la Puerta de Teresa Gil para llegar al Ochavo, y el otro por la Puerta de San Esteban —próxima la plaza de la Cruz Verde— iría a la plaza de Santa María para continuar a la del Almirante. Esto costaría 21.000 ducados, de los cuales mil se gastarían en traer hasta la villa el agua por «diferentes arcaduces». La validez del testimonio de Alonso de Tolosa se reafirma cuando al responder si los 34 pies de caída desde los manantiales hasta la villa eran suficientes aseguró que sí, lo cual sabía por sus conocimientos y por «haber comunicado con personas graves del dicho arte como es con Juan de Herrera». La intervención del arquitecto de El Escorial en el abastecimiento de agua a Valladolid se suponía en fecha poste rior, pero el testimonio de Tolosa confirma que incluso antes de que Felipe II diera su aprobación Herrera había sido consultado sobre la posibilidad de llevarlo a ca bo. Si no se le había citado con anterioridad es porque no se contaba con su partici pación directa en la obra, pero ahora su inclusión no sólo le sirve a Tolosa como aval de su informe, sino que es de gran valor para la villa al poder presentar ante el rey el dictamen positivo de su principal arquitecto. Juan de Nates, que había trabajado con Tolosa en el estudio de la viabilidad del proyecto, no testificó ahora. La razón, aunque desconocida, quizás se deba a una ausencia temporal de la villa. Sin embargo, se recabaron otros testimonios de maestros de cantería. Tal es el caso de Juan de Mazarredonda, vecino de Valladolid, que dijo tener unos 36 años2^. Declaró que no había visto correr las antiguas fuentes del Ochavo y la Rinconada, pero que el agua llegaba hasta una distancia de «tres o cuatro tiros de ballesta» —Tolosa lo cifraba en dos tiros— de la villa: el conducto por donde venía estaba «cansado y arruinado», y no podía ser perpetuo por ir el agua «subiendo y bajando... [haciendo] muchas fuerzas e violencias en el camino por las coces de volver atrás». El testimonio de Mazarredonda deja claro que el edificio existente se había realizado a partir de una mala nivelación de forma que se obligaba al agua a elevarse a una cota superior con las pérdidas de caudal que esto supondría, además del deterioro en la conducción propiciada por el impac to de la corriente. Esta inadecuada nivelación debió ser la causa de que el agua apenas llegara a la villa, y pronto dejara de hacerlo, y que el conducto exigiera continuas reparaciones. Mazarredonda indicaba que si se traía el agua según lo tenía trazado —sería prácticamente el mismo estudio que el realizado por Alonso de Tolosa, junto al Ibídem, fols. 30v-34. Testificó el 14-X-1583.
360 MIGUEL ANGEL ZALAMA cual dijo haber dado su parecer y estaba de acuerdo en el resto de las cuestiones— no se perdería agua «yendo bien embetunado y encañado», argumentando incluso que se aumentaría el caudal «porque como tiene Aristóteles el agua se cría del aire denso y constreñido y siendo de esta manera y no perdiendo ninguna en el camino, de necesidad ha de venir más de la que se juntare y partiere de la primera arca». También se buscó el testimonio de Aparicio de la Vega, maestro de cantería vecino de Valladolid, quien se reafirmó en lo expuesto por sus colegas^', lo mis mo que hizo el maestro de cantería Rodrigo de la Vara^®, o el fontanero Francis co de la Cuesta, encargado de las fuentes de Salamanca 2^, y de nuevo Gonzalo de la Barcena quien recordaba haber visto correr el agua en la fuente de la Costa nilla y declaró que el conducto se rompió por no haberse guardado el nivel de for ma que «hace coz», ahondando en la opinión generalizada sobre la causa que inutilizó el edificio. Entre los vecinos de Valladolid a los que se citó para que respondieran al cues tionario se encontraban médicos, que incidieron en la bondad de las aguas que se querían traer a la villa y las enfermedades que se producían por beber del Pisuerga. Los de mayor edad o los que eran vecinos de la villa desde hacía más tiempo recor daban haber visto correr el agua en las fuentes de Costanilla y el Ochavo, tal es el caso del Doctor Peñaranda el viejo, Pedro Enríquez o el Licenciado San Pedro. Por último también se recabó la opinión de otros vecinos notables, cuyos testi monios en algún caso adquieren considerable importancia para conocer detalles del antiguo sistema de abastecimiento de agua a Valladolid. En este sentido cobra es pecial relevancia la declaración del escribano mayor del Ayuntamiento, Juan Fanega^', quien decía acordarse «que había en esta villa donde ahora es el cuadro de la Costanilla una fuente que corría en un alberque de la cual corrían cuatro ca ños, no se acuerda este testigo si eran más,... y de allí iba el agua, no sabe este testigo si por el mismo conducto o por otro, a la Rinconada donde está ahora un alberque y corrían también caños...». De esta declaración se desprende que aún existía el pilón de la fuente de la Rinconada pero que había desaparecido la de la Costanilla, probablemente destruida en la reedificación de la villa a partir de 1561. De haber estado en esa fecha funcionando es probable que no se hubiera des montado, pero ya debía de haber dejado de funcionar definitivamente como lo con fi rma el testimonio de Francisco de Paredes, regidor de la villa, quien manifestó que hacía «más de 24 años e aún de 26 que ninguna de las dichas fuentes corría en esta dicha villa»^^. Estas fuentes a las que hacía referencia el testigo eran las consabidas de la Costanilla y Rinconada, pero también decía haber visto otra en la Plaza Mayor —la que construyó Gálvez—. La información que nos suministrara Francisco de Paredes es de especial importancia por haber sido junto a García de Ibídem, fols. 34v-37v. Realizó su declaración el 17-X-1583. ¡bídem. fols. 40v-42v. (B Je OCtubt<i Ibidem. 123 de octubre de 1583). Ibídem, fols. 64v-65. El suyo fue el último de los dictámenes, realizado el 15 de noviembre. ' Ibidem, pp. 47v-50. Emitió su testimonio el I de noviembre. Dijo icncr más de 52 üñüS y acor darse de más de 34 años. Il^ldein, füls. 5lv-54. Declaró el 2 de noviembre. 13
SOBRE EL ABASTECIMIENTO DE AGUA A VALLADOLID 361 Portillo «comisario para las dichas fiientes habrá 17 ó 18 años». También declaró que siendo gobernador el rey de Bohemia se trató sobre la acometida de agua a Valladolid^^, nombrándose entre otros a Juan Fernández de Paredes, padre del tes tigo, entonces regidor de la villa, y concluyeron que si traía el agua de los manan tiales de Argales, Juan Sevillano y San Benito sería suficiente para hacer seis fuentes en la villa cada una con «más de 10 ó 12 caños de agua». El suministro de agua a la villa interrumpido a mediados del siglo XVI, había tratado de solucionarse con rapidez, incluso a pesar del desastre producido por el incendio de buena parte del caserío, y en la misma década de 1560 ya se quiso re mediar. En ese momento se habría desestimado la reparación del viejo conducto en buena medida arruinado y que, según relata Paredes, llegaba a la Costanilla «por la calle de Teresa Gil y era tan grande la coz que daba la dicha agua en los dichos caños que siempre se rompía en la calle Teresa Gil»; calle que decía haber visto muchas veces abierta. Este parece que era el principal problema de la conducción dentro de la villa, por otra parte ya antiguo: la escasa o nula caída que tenía el agua. En este mismo sentido se encuadra el testimonio del mayordomo de propios y rentas de la villa, Miguel Aniesa y Oliva, que incide en la mala nivelación del conducto, asegurando ser esta la causa de su deterioro. Este testigo declaró recor dar que en la fuente de la Costanilla corrían cuatro caños y en la de la Rinconada dos. Por otra parte decía que «esta villa está muy adeudada», situación que conocía perfectamente por ser el responsable de las cuentas, solicitando, como habían he cho los demás testigos, licencia real para tomar dinero de la sisa del vino y la carne y así poder llevar a cabo la obra^'*. Fue este informe tan detallado el que el corregidor de la villa, Melén Suárez de Solís, envió al rey el 16 de noviembre. Felipe II debió quedar totalmente satisfe cho de forma que el día 5 de diciembre ordenó que se diese la licencia para hacer la obra tomando el dinero de la sisa hasta los 28.000 ducados necesarios, si bien mandaba que se le enviase el «remate» que se hiciere de la obra, que no recayó en ninguno de los maestros consultados. Desde el momento que se conoció la aprobación real la villa quiso contar con los servicios de Juan de Herrera. Pero no fue éste, sino Benito de Morales por su delegación quien acudió a Valladolid en los primeros meses de 1584 y se encargó de dar las trazas. Junto a él trabajó Gonzalo de la Bárcena, el único de los maestros llamados a dar su parecer sobre la viabilidad del abastecimiento de aguas. A Mora- " Los regentes Maximiliano de Austria y su esposa María, hija de Carlos V, que recibieron este cargo del emperador mientras el príncipe Felipe viajaba a Flandes para ser reconocido como heredero, tomaron posesión en octubre de 1548 y fi jaron su corte en Valladolid. Durante su mandato se realizaron importantes proyectos hidráulicos que corrieron a cargo tanto de ingenieros alemanes como españoles. Además del ahora conocido interés por mejorar la traída de agua de Argales, con la suma de los manan tiales de Juan Sevillano y de San Benito, se trató de abastecer a la villa con agua del río Duero (Cfr. AGAPITO Y REVILLA, J., Ob. cit.. p. 129, y GARCIA TAPIA, N., Ob. cií., pp. 334-335), e incluso se intentó hacer navegable el Pisuerga (Cfr. CANO DE GARDOQUI, J. L., «Noticias sobre un proyec to de navegación por el río Pisuerga hecho por ingenieros alemanes (1550)» Boletín del Seminario de Arle y Arqueología (LVIII), 1992, pp. 365-373. A.G.S. C.R. leg. 310/4. Fols. 62-63. Testificó el 5-XI-1583.