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El Cardenal Cisneros, la articulación de los partidos cortesanos y la cuestión de las minorías

Gamero Igea, Germán

Abstract

Producción Científica

Full text

Jiménez de Cisneros: sus ideas y obras. Las minorías en España y América (siglos XV – XVIII) Jiménez de Cisneros: His Ideas and Work. Minorities in Spain and America (15th-18th c.) Rica Amrán ed. Publications of eHumanista Santa Barbara, University of California, 2015 PUBLICATIONS OF Rica Amrán & Antonio Cortijo Ocaña eds. Santa Barbara: Publications of eHumanista, 2019 2 Jiménez de Cisneros: sus ideas y obras. Las minorías en España y América (siglos XV – XVIII) Jiménez de Cisneros: his ideas and work. Minorities in Spain and America (15th – 18th c.) Publications of eHumanista Directors Antonio Cortijo Ocaña (University of California) Ángel Gómez Moreno (Universidad Complutense, Madrid) 3 EDITORIAL BOARD Carlos Alvar Ezquerra Gregory Andrachuck Ignacio Arellano Julia Butinyà Pedro M. Cátedra García Adelaida Cortijo Ocaña Ottavio Di Camillo Frank Domínguez Aurora Egido Paola Elia Charles B. Faulhaber Leonardo Funes Fernando Gómez Redondo Enrique García Santo-Tomás Teresa Jiménez Calvente Jeremy N. H. Lawrance José Manuel Lucía Mejías José María Maestre Maestre Georges Martin Vicent Martines Ignacio Navarrete José Manuel Pedrosa Sara Poot Herrera Erin Rebhan Elena del Río Parra Nicasio Salvador Miguel Hernán Sánchez Martínez de Pinillos Pedro Sánchez-Prieto Borja Julian Weiss 4 Jiménez de Cisneros: sus ideas y obras. Las minorías en España y América (siglos XV – XVIII) Jiménez de Cisneros: his ideas and work. Minorities in Spain and America (15th – 18th c.) Publications of eHumanista University of California, Santa Barbara copyright © by Rica Amrán & Antonio Cortijo Ocaña For information, please visit eHumanista (www.ehumanista.ucsb.edu) First Edition: 2019 ISSN: 1540-5877 5 Índice -Introducción (Rica Amrán & Antonio Cortijo Ocaña) …………….………………………………………………………………………………….6 Rica Amrán (Université de Picardie Jules Verne-Amiens): “El converso Juan Ramírez, mayordomo del cardenal Cisneros”. ………………………………………………………………………………………………9 Miquel Beltrán (Universidad de las Islas Baleares): “El amor de Dios por el hombre en Lumbre del alma”. ...................................................................................................................................................19 Dolores Cabañas González (Universidad de Alcalá de Henares): “La influencia de las minorías en el pensamiento y la obra de Cisneros”. ………………………………………………………………………………………………...34 Youssef El Alaoui (Université de Rouen Normandie): “Cisneros, los moriscos y los indios: de la nueva Iglesia granadina a la nueva Iglesia indiana”. ………………………………………………………………………………………………...59 Natividad Ferri Carreres (Université de Caen-Normandie, ERLIS): “Recepción de las ideas de Cisneros en las misiones franciscanas del Cerro de la Sal (Perú): adaptación a una realidad con múltiples intereses”. ………………………………………………………………………………………………..69 Germán Gamero Igea (Universidad de Valladolid): “El Cardenal Cisneros, la articulación de los partidos cortesanos y la cuestión de las minorías”. ..……………………………………………………………………………………………….88 Diana Pelaz Flores (Universidade de Santiago de Compostela): “La percepción de las mujeres de la minoría islámica en el entorno del Cardenal Cisneros”. ….……………………………………………………………………………………………103 Juan Rebollo Bote (Universidad de Valladolid): “La pervivencia de la identidad en las minorías: Mudéjares y moriscos de Hornachos, Magacela y Benquerencia de la Serena”. ……………………………………………………………………………………………….120 Olatz Villanueva Zubizarreta (Universidad de Valladolid): “Obligaciones y prácticas ligadas a la muerte entre los musulmanes castellanos del Duero en tiempos del cardenal Cisneros”. ……………………………………………………………………………………………….133 María Isabel del Val Valdivieso (Universidad de Valladolid): “Cisneros y la cuestión del bautismo de los musulmanes (a través de la Crónica de Alonso de Santa Cruz)”. ……………………………………………………………………………………………….146 Hamza Zekri (Université de Picardie Jules Verne - Universidad de Bielsko Biała): “El protagonismo de Alonso de Granada Venegas en la empresa africana de Cisneros”.. ……………………………………………………………………………………………….159 Bernard Vincent (École des Hautes Études en Sciences SocialesEHESS): “Entre Cisneros y Talavera : las actuales polémicas sobre los moriscos ”. ……………………………………………………………………………………………….168 88 El Cardenal Cisneros, la articulación de los partidos cortesanos y la cuestión de las minorías Germán Gamero Igea (Universidad de Valladolid) 94 Introducción Desde prácticamente el inicio de los estudios sobre la Corte en la Península Ibérica, y muy especialmente desde la perspectiva modernista, la cuestión de las minorías (conversas) y de la religiosidad ha sido un tema a considerar (Martínez Millán; Rivero Rodríguez y Versteegen). Central en la mentalidad de la época, ha requerido la misma atención por parte de nuestros estudiosos. Así, ya la historiografía tradicional ya señaló en su día los ‘logros’ de los Reyes Católicos (siempre en plural) en su política religiosa 95 . Sin embargo, las ultimas tendencias sobre el poder han valorado el papel del séquito regio en este proceso. La comitiva regia es un lugar desde el que promover diferentes formas de religiosidad (Ruiz-Gálvez Priego, Silleras; Tabbagh), expresiones ligadas a la liturgia (Nogales Rincón) e incluso modelos de santidad (Nieto Soria). Pero, sobre todo, en el entorno del rey se fraguan las decisiones que marcan el rumbo de la política, también de la religiosa. La monarquía del bajo medievo, y en especial la castellana es un ejemplo muy bien documentado a este respecto (Prieto Sayagués; Nieva Ocampo). Gracias a estos estudios es posible conocer y seguir investigando sobre las relaciones que las élites de la sociedad política tuvieron con la Corte del soberano. En esta relación de ida y vuelta se encuentra la cuestión de las minorías, influyendo en las decisiones tomadas al respecto tanto en un sentido descendente (del rey a sus súbditos) como ascendente (de los súbditos al rey). Por ello creemos que debe desterrarse de nuestros presupuestos el personalismo del monarca, quizás sobrevalorado en historiografías anteriores. Para el caso de la Baja Edad Media un investigador de referencia, y alejado del interés por las cortes, como es Tarsicio de Azcona, proponía ya hace tiempo las líneas directrices cuando hablaba de la Inquisición: “No fueron los Reyes Católicos, fue la sociedad castellana con antelación de algunos decenios la que pensó en esa medida excepcional de sanidad religiosa” (Azcona). Sin embargo, que valoremos esta participación ascendente no implica que no surgiesen debates y confrontación entre esas mismas élites rectoras. Así se explica, por ejemplo, la resistencia mostrada al establecimiento de la Inquisición tanto en Castilla como en Aragón; tanto en la Corte como en los reinos (Amrán 2000 y 2016). Lo mismo podemos decir de los cambios de rumbo, ya en décadas posteriores, de su labor. Estas serán las coordenadas de nuestro ensayo, que necesariamente se centrará en la comitiva regia. No obstante, ello no quiere decir que no deban enriquecerse nuestras posiciones con las situaciones que ya se han hecho de otras esferas de actuación política como en las ciudades y los reinos (Banères; Belenguer; Cruselles Gómez; Dedieu; Domínguez Ortiz), y entre los intelectuales responsables de la construcción del régimen monárquico (Amran 2012, Del Val Valdivieso; Perea Rodríguez y González Ruiz). Tampoco es nuestra intención en este momento acercarnos al surgimiento y evolución del problema converso, que tan fecundos debates 94 El presente trabajo se enmarca en el proyecto de investigación HAR2017-83004-P, con título Estudio de los espacios rituales mudéjares en la Castilla Medieval: Mezquitas y cementerios islámicos en una sociedad cristiana, cuya Investigadora Principal es doña Olatz Villanueva Zubizarreta. 95 Por considerarse un hito en el estudio de el estudio de Fernando el Católico destacamos especialmente las obras recogidas en el volumen colectivo Pensamiento político, política internacional y religiosa de Fernando el Católico (Maravall), donde se recogen estudios y bibliografía a este respecto que se muestran como un ejemplo de una corriente mucho más amplia. Renovada en sus presupuestos, pero sin atender al tema cortesano, consideramos obras de referencia en la actualidad las de Alcalá Gálvez y Benito Ruano. 89 historiográficos ha suscitado (Montes Romero-Camacho). Por el contrario, nos interesa más acercarnos a la Corte, también a la de los Reyes Católicos, e incluso en la cuestión religiosa, como un espacio de discusión política. Para ello dividiremos este trabajo en tres partes. En primer lugar, consideraremos la dinámica de partidos imperante en el sistema cortesano de Fernando II e Isabel I. Tras ello, valoraremos la cuestión religiosa en esta dinámica, con especial atención a la figura de Cisneros, vehicular en este volumen. Finalmente señalaremos una de las manifestaciones de estos debates y actuaciones políticas en el ámbito de la Corte: su dimensión material, ya sea en la distribución de la gracia o en la construcción administrativa. No es, sin duda, el único de los aspectos en los que podríamos detenernos, deteniéndonos en este aspecto como parte de un trabajo todavía en desarrollo. La división de los partidarios de los Reyes Católicos Es una novedad relativa en nuestra historiografía considerar la estabilidad interior de la Monarquía del reinado de Isabel I como un equilibrio de partidos. Frente a tendencias historiográficas previas destinadas a ensalzar la unidad de los monarcas, son varias las generaciones que se han preocupado por matizar o simplemente poner en duda este hecho. Ya un historiador de referencia como L. Suárez Fernández afirmaba que “hay un error que conviene rectificar; no se trata de ningún acuerdo entre marido y mujer, sino entre dos facciones políticas rivales” (Suárez, 1990a, 85), pero no incidía en su relato en esta división. El investigador, conocedor como pocos de la época, simplemente identificó las diferencias existentes a inicio del reinado como algo estructural y no personal. Por su parte, más recientemente M. Rivero Rodríguez se ha interesado por estas diferencias en el momento en el que empiezan a ser más evidentes, a partir de 1492 (Rivero 88). No incide el autor (no era el objetivo ni cronología de su trabajo) en periodo anterior. Sin embargo, tomamos sus consideraciones como punto de partida y tomamos el testigo para el análisis de épocas anteriores. Para ello partimos de consideraciones de una generación incluso anterior a la de los autores previamente citados. Así ya J. Vicens Vives analizaba la inestabilidad del reinado de los Trastámaras castellanos como resultado de las profundas remodelaciones que habían supuesto tanto las fases de expansión como de contracción económica en la Baja Edad Media (Vicens Vives 26). Lo mismo podría decirse de la situación en la Corona de Aragón, y muy especialmente en el principado catalán, que vive en estas mismas fechas un gran periodo de inestabilidad. Decidir entre beamonteses y agramonteses en Navarra; entre Francia y sus enemigos; entre Granada o el Rosellón; entre el campesinado y la nobleza; entre la exportación de la lana o las ciudades manufactureras; entre buscaires y bigaires, o simplemente entre diferentes equipos de gobierno deseosos de beneficiarse del mercado de la gracia, son algunas de las múltiples disyuntivas que los soberanos debieron seguir resolviendo, como habían hecho sus predecesores (Gamero Igea 2016a, 110-111). Por eso creemos que para entender esta etapa se debe trazar una línea continua en donde las cuestiones seculares se armonizaron a través de la creación de plataformas de consenso, amor (político) y el sistema diárquico de Fernando e Isabel 96 . Quizás no debamos seguir intentando buscar el señorío a una en la pareja real, sino valorar dos señoríos complementarios, en muchos casos unidos más por la necesidad que por la voluntad. La guerra, casi constante en el interior hasta 1492, y en el exterior desde aquel año, oculta la mayoría de las ocasiones, pero también hace evidente en otras, estas divisiones. 96 No entendemos este concepto de diarquía como una expresión exclusivamente castellana (por el reparto de poderes entre Fernando e Isabel) sino como una expresión de la libertad de ejercicio del poder. Tampoco los esfuerzos por la creación de consenso son un resultado del reinado, sino de una larga tradición por parte de las fuerzas políticas. Véase para el caso castellano Nieto 2010 y para el aragonés, los estudios de T. Earenfight. 90 Así, desde el mismo 1469 las fuentes nos muestran los recelos entre dos o tres grupos de poder cercanos a la pareja real. Así, afirma Zurita que poco después de la boda en Valladolid. Estaba el rey [Juan II] con mayor cuidado en este tiempo de las cosas de Castilla que de las de Cataluña, considerando la edad del rey de Sicilia su hijo y las pretensiones de los grandes de aquel reino, con cuyo favor había de suceder en él, y la diversidad de naciones y condiciones de los privados de su hijo y de la princesa en que habría bien que reformar y moderar; y comenzóse luego cierta competencia con don Ramón de Espés que era mayordomo mayor del rey de Sicilia por querer servir de su oficio de mayordomo delante de don Alonso Enríquez tío del rey y por hacer oficio de capellán mayor fray Embún, delante del confesor de la princesa. Y así luego pareció que había competencia formada sobre las preeminencias no sólo entre sus privados y oficiales pero entre los mismos príncipes. (Zurita, 2003, Vol. 7, 328) 97 Era un inevitable mal comienzo para un grupo muy heterogéneo (como dice el texto) y que se había formado, en buena medida, por el mero interés y expectativas de recompensa 98 . En efecto, y a pesar de los esfuerzos que se hicieron por la conciliación entre los grupos para mantenerse unidos, sobre todo por parte de Juan II, finalmente las cabezas de partido harían visible su disconformidad. La ingratitud (personal) o la falta de atención al consejo (estructural) de los príncipes, terminó estallando en el caso del arzobispo Carrillo (Zurita, 2003, Vol. 7, 333). Sin embargo, encontramos aquí un nuevo motivo de diferenciación entre el príncipe y la princesa. Fernando de Trastámara pareció mas dispuesto a la conciliación. Quizás estaba influido por las constantes cartas y enviados de su padre. O quizás no le interesaba desintegrar el partido aragonés que podía defender también sus intereses 99 . Por su parte, Isabel parece (las fuentes son imprecisas y debemos fiarnos sólo de la pluma de los cronistas 100 ) más reacia, y el arzobispo de Toledo, más resentido con su desafección como muestra su famosa salida de Alcalá de Henares 101 . Mencionamos este pasaje, típico de cualquier periodización del reinado, porque en él creemos encontrar uno de los cambios sustanciales en la articulación de partidos en este momento. Isabel liderará un partido de marcado carácter aristocrático. Pero no será el de los infantes de Aragón, sino el de los 97 La cursiva es nuestra. 98 Poco antes el cronista nos muestra las mercedes prometidas por el rey de Sicilia y el rey de Aragón a los principales consejeros de Isabel (Zurita, 2003, Vol. 7: 312) y en esos mismos momentos encontramos la famosa carta de Fernando de Trastámara a su padre apremiándole, incluso a la venta de patrimonio real aragonés con las que disponer de liquidez para mantener y seguir con esta política. Vid. BNE, MSS/20211/55 Carta del rey Fernando el Católico a su padre, el rey Juan II de Aragón, Valladolid, 11 febrero 1470. 99 Este complejo asunto requiere mucha más atención de la que podemos dedicarle en estas páginas. Basten, por el momento, algunas referencias del cronista Zurita, como el envío de embajadores especiales para este asunto por parte de Juan II (Hernando de Rebolledo) y Fernando de Aragón (Pedro Vaca) dos pilares de sus gestiones políticas y que el arzobispo rechazaría (Zurita, 2003, Vol. 8, 51-52). Una vez terminada la guerra sería de nuevo Fernando el que procuraría establecer algún puente con el arzobispo como demuestra el mismos cronistas cuando dice que en 1478 “Tratando el tiempo allí [en Madrid] estuvo de reducir a su obediencia y de la reina al arzobispo de Toledo, le envió a Gaspar de Ariño su secretario para asegurarle de algunos temores que le habían puesto del rey; y después por medio del conde de Saldaña se asentaron algunas cosas entre el rey y el arzobispo” (Zurita, 2003, Vol.8, 172-173). 100 Sin duda Alonso de Palencia, muy contrario a la reina, sería de esta misma posición (Palencia, Vol. 2, 188), si bien debemos tener en cuenta las pasiones arrojadas por el cronista en este tema, como en tantos otros. 101 Dice Zurita, todavía en 1470, que “mostraba en esta sazón el arzobispo de Toledo mucho descontentamiento del rey de Sicilia y mayor de la reina su mujer porque a su parecer y aun de los más de aquellos reinos, le debían tanto que todo lo que por el entonces podían hacer le parecía muy poco” (Zurita, 2003, Vol. 7, 332). Para 1471 afirma que “cuando el arzobispo llegó a Dueñas, el príncipe y princesa se fueron a ver con él a aquel lugar; y estando la princesa muy desdeñada con el arzobispo por su terrible condición, el almirante procuró reducir los ánimos a buena concordia” (ibid, p.348). La cursiva es nuestra. 91 Mendoza 102 . Tampoco se nos puede escapar un matiz. No es en la salida del arzobispo de la Corte 1471 cuando se produce este viraje. Es en la llegada del cardenal legado Borja en 1472 cuando se produce este cambio. Y la intervención de Fernando de Aragón no es en absoluto secundaria en este proceso. El príncipe mostró un estilo de gobierno muy diferente al de su padre. No osó contrariarle, y en vida tan sólo prorrogó sine die sus expectativas, en especial desde su salida de Aragón 103 . Pero resulta evidente que el cambio de trayectoria entre un soberano y otro. Indagar por la relación padre e hijo supondría alejarse de los objetivos de este trabajo y por ello nos contentamos con avanzar en el tiempo para ponderar la vigencia de estos dos grupos. Es cierto que el Rey de Sicilia aparece en connivencia con las primeras directrices en política exterior en Castilla, auspiciadas por Mendoza, con gran pesar de su padre. Recoge Zurita: Y decía que en haberse movido tales pláticas de matrimonio sin su comunicación y sabiduría era negocio que no se debía proponer; y aunque la culpa se cargaba sobre Lucena, como aquél era criado del cardenal y de la casa de Mendoza, lo cierto era que el rey tenía gran sentimiento del cardenal y de los más principales del consejo del rey y de la reina sus hijos por quien se gobernaban todos aquellos negocios. Maravillábase que aquello se platicase así, siendo el rey de Francia formado enemigo suyo y habiéndole procurado tantos cargos y daños no guardándole la fe ni las treguas que estaban concertadas entre ellos; y también le pesaba que don Luis de Espés fuese por embajador a Nápoles para tratar del matrimonio de la princesa de Castilla con don Hernando príncipe de Cápua nieto del rey de Nápoles; porque aunque don Luis era principal caballero, quisiera que aquello se encargara al maestre de Montesa o a otra persona de mucha autoridad. (Zurita, 2003, Vol. 8, 46) La referencia no es inocente pues las amargas quejas hacían referencia tanto a la cesión de poder a castellanos de asuntos que competían a Aragón (el caso de Lucena) como el uso de diplomáticos aragoneses (Luis Espés) al margen de su soberano. Incluso, la referencia a los Espés refiere a un personal claramente vinculado con el entorno juanista. Se trata de nobles aragoneses servidores tanto de Juan II como de Juana Enríquez y que controlaban el séquito del príncipe en sus primeros años (Gamero Igea 2016b). Pero si esto podía hacer entender que el príncipe aragonés se entregaba a las directrices castellanas muy pronto se observa que se trata de un mero espejismo. Así, la guerra de sucesión castellana nos deja algunos ejemplos de divergencia entre el rey de Castilla y los consejeros de su esposa. Alonso de Palencia, mordaz y resentido con la evolución de los acontecimientos, llegaría a decir que “ninguno de los grandes seguía con entera lealtad la causa de don Fernando” (Palencia, Vol. 2, 229). Aunque seamos cautelosos a sus exageradas consideraciones sobre la tensión entre los pueblos y los grandes, no podemos negar que entre Isabel y Fernando (esto es, entre sus consejeros) se proponían diferentes maneras de abordar la guerra e incluso se contó con el apoyo de diferentes capitanes y tropas. El príncipe aragonés se apoyaría en su hermanastro Alfonso y haría uso de las hermandades, revitalizadas por uno de sus más estrechos colaboradores en este momento: Juan de Ortega (García Campra). La discutida reina en Castilla se haría valer de los consejos de algunos nobles castellanos, en especial Mendoza y 102 Mucho tiempo después, una vez muerta al reina y ante el alejamiento de Felipe I del consejo de los nobles castellanos, dice Zurita que los nobles “no podían tener tan secreto lo que sentían de aquel tratamiento, que no se conociese en algunos de los suyos, que decían públicamente, que nunca tan mal tratados fueron los grandes en la corte: ni recibieron tantos ultrajes en tiempo de la reina, cuando ella estaba más retraída (Zurita, 2005, Libro 6, 96-97), dejando entreverse que era la soberana y no Fernando II a quien tenían más acceso los nobles, incluso en los últimos años del reinado, cuando su actividad política decayó. 103 Los constantes ‘retrasos’ de Fernando en su política aragonesa se explican en Belenger. 98 el seno de la Corte de los Reyes Católicos. En primer lugar, parece necesario seguir revisando la política religiosa de los Reyes Católicos y el carácter unidireccional con el que en ocasiones se ha caracterizado. Las diferencias que parecen surgir a la muerte de Isabel I respecto a muchas decisiones políticas llevaban cohabitando desde inicios del reinado. Los privados de la reina como el Cardenal Mendoza, Talavera y al final de su vida Cisneros, mostraron una línea más o menos homogénea que trascendería su reinado. De la misma manera no puede entenderse tampoco el problema religioso en el seno de la Corte sino se vincula con otros muchos rasgos, estructurales y coyunturales, que se fueron solapando a lo largo de los años y que, sin su interrelación, en ocasiones es difícil explicar la evolución política del reinado. De la misma manera creemos que es necesario seguir explorando el papel de los cortesanos en el proceso, más allá de la toma de decisiones. Los datos que podemos aportar hasta el momento nos permiten ser optimistas sobre las posibilidades de la documentación, mostrándonos una realidad contrapuesta: se trata de un grupo del que poco podemos saber en algunos aspectos más ideológicos (como ocurre en el caso de los capellanes, que ya hemos mencionado) pero, a su vez los vinculados con los procesos inquisitoriales son personajes especialmente cercanos al monarca, sobre todo en lo que respecta a sus asuntos económicos. Esperamos que, avanzando en nuestra investigación, podamos seguir aportando algunas luces sobre este complejo problema en el que parecen implicadas todas las capas de la Corte. 99 Fuentes documentales inéditas Archivo de la Corona de Aragón, Real Patrimonio, Maestre Racional, Volumen 802. Archivo General de Simancas, Cámara de Castilla, Libros de Cédulas 15, 17 y 34. Archivo General de Simancas, Registro General del Sello, Legajos. 150604, 150906, 151104, 151212 y 151404. 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