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Obras del escultor José de Sierra en iglesias de Ávila

Vázquez García, Francisco

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OBRAS DEL ESCULTOR JOSE DE SIERRA EN IGLESIAS DE AVILA Francisco Vázquez García Desde fi nales de! siglo XVII hasta el Neoclasicismo las iglesias parroquiales abulenses adornaron sus capillas con retablos exuberantes y refulgentes que mos traban imágenes religiosas a los fi eles fervorosos. Eran imágenes esculpidas y pin tadas que ocupaban los retablos dando al templo la sensación de realismo que pretendía la Iglesia para impactar en las almas de los creyentes y mover sus conductas. Estas parroquias aunque formadas por feligreses de economías agrarias y por tanto inseguras y escasas se preocuparon, a conciencia, de tener sus templos ade centados con los objetos litúrgicos que pedían los tiempos en cuanto a estilo artísti co y modalidad, sin reparar en gastos porque todo se hacía a la mayor gloria de Dios. Durante el barroco fueron muchos los cambios que se hicieron de retablos, imágenes, púlpitos y demás objetos litúrgicos, la abundancia de parroquias en la diócesis de Avila provocó una gran demanda de obras de arte revivificando los ta lleres artesanales que alcanzaron una de sus mejores épocas, la ciudad abulense, Arévalo, Fontiveros, Piedrahita, etc. fueron los centros más importantes de manufacturación de obras artísticas religiosas. Los artesanos barrocos que trabajaron en Avila no sobrepasaron un nivel artís tico provinciano, esta circunstancia obligó, en algunos casos, a realizar encargos de obras a talleres ubicados fuera de la provincia. Se pueden apreciar diferentes tendencias compradoras determinadas por la ubicación de las parroquias y las faci lidades de comunicación, así la zona norte de la diócesis prefería hacer sus encar gos en Valladolid, Falencia y Segovia; la zona este tenía una tendencia hacia Salamanca, mientras que la sur estaba más influenciada por la capital Madrid y Toledo. Son varios los artesanos no abulenses que hacen trabajos para las iglesias de la diócesis, uno de ellos fue el escultor José de Sierra de quien no tenemos muchos datos, incluso García Chico sospechaba que no se había dedicado a la escultura, aunque hoy podemos demostrar que fue maestro escultor tal como fi gura en varios documentos. José de Sierra, hijo del escultor Tomás de Sierra Vidal y de Inés de Oviedo, su mujer', nació en Medina de Rioseco en el año 1694, bautizándose el ' Don Juan José Martín González en su libro Escultura barroca castellana hace un estudio de la familia de escultores apellidados Sierra que radicaron en Medina de Rioseco. El padre, Tomás de FRANCISCO VAZQUEZ GARCIA día 1 de mayo del mismo año en la iglesia de Santa María de aquella localidad, imponiéndosele los nombres de José Joaquín. Contrajo matrimonio con María Cor nejo de quien tuvo una hija Agueda Sierra que se casó en 1729 con Simón Gavilán Tomé, escultor, hijo de Antonio Gavilán y Juana Tomé. Agueda debió ser muy apreciada por la familia puesto que fue nombrada heredera de los bienes de su tío Francisco de Sierra, fallecido en octubre de 1760, según se recoge en los libros de entierros del Archivo Parroquial de Santa María de Medina de Rioscco, también fue favorecida por su abuela Inés de Oviedo con una manda de doscientos ducados en monedas y alhajas que recibió parte en el día de su casamiento y parte al falleci miento de su abuela-. José de Sierra fue vecino de Medina de Rioseco, así figura en diferentes documentos, tal vez vivió en la calle Carpinterías, próxima al templo de Santiago, donde su padre tenía las casas principales; fue feligrés de la parroquia de Santa María, iglesia familiar de los Sierra, donde se bautizaban y enterraban todos los miembros de la familia. Siempre estuvo vinculado profesionalmente al taller familiar, en él aprendió el oficio teniendo como maestro a su padre y con su trabajo colaboró en el mantenimiento activo del taller. Cuando muere Tomás de Sierra en 1725, sus hijos continuaron trabajando en grupo familiar terminando obras que había contratado y empezado el padre, como las esculturas del convento de San Francisco en Valladolid. Lx)s Sierra formaban un grupo de maestros que complementaban su labor de escultura y pintura, Tomás era pintor. De todos los hermanos solo Pedro decidió trabajar fuera, se hizo maestro escultor y arquitecto, aunque no se desligó de la familia, así cuando contrató la obra de reparación del primer cuerpo de la fachada de la iglesia de Santa Cruz de Medina de Rioseco pre sentó como fi adores a sus hermanos Francisco y José y no es de extrañar que ellos se hicieran cargo de buena parte de la labor escultórica. José de Sierra murió antes de 1760 puesto que el documento relacionado con el entierro de su hermano Fran cisco, fechado en ese año, se dice de José y de su esposa que ya eran difuntos. Quedan muchas lagunas en la vida y obra de José, bien es cierto que su creación artística individual no fue genial y por tanto no muy solicitada, por lo que debemos pensar que dedicó gran parte de su trabajo a colaborar en los encargos que recibía la familia, la obra que fi gura documentada como suya no llega a cotas muy altas de perfección técnica, pero tampoco queda fuera de la dignidad artística que ensal za a un profesional de la gubia. Hasta que no hemos descubierto las obras que hizo para Avila, solamente conocíamos como escultursa propias de José las que hizo para la cofradía de Jesiís Nazareno en Falencia^. Sierra Vidal, procedía del Bierzo. Primero vivió en Valladolid pero se instaló seguidamente en Medina de Rioseco, tuvo cinco hijos; Francisco, José, Tomás, Pedro y Josefa. J. J. Martín González. Escultura barroca castellana, volumen I. Madrid, 1959. pp. 362-399. J. J. Martín González, Escultura barroca en España. ¡600-1770, Madrid, 1983, pp. 455-468. Rafael Mar tínez, «José de Sierra y el retablo mayor de San Francisco de Falencia», BS/4/4,- 19S8, pp, 4.78-482. ^ Esteban García Chico. Documentos para el esaui¡.o díl Aúp Pn Ca-ttillo, tomo II, Escultores. Valladolid, 1941, pp 392^2^. ^ TmMRcO García Cuesta. «La Cofradía de Jesús de Nazareno en Falencia» BSAA (1970) p, 96. Según Timoteo García Cuesta, José de Sierra hizo en 1724 tres imágenes para el retablo de la cofra día, representan a la Virgen de las Angustias, San Juan Bautista y María Magdalena. OBRAS DEL ESCULTOR JOSE DE SIERRA 441 LA OBRA CONOCIDA DE JOSE DE SIERRA EN AVILA Las primeras obras documentadas de José de Sierra para iglesias de la diócesis de Avila son las efigies de San José, San Joaquín y cuatro fi guras de niños que hizo para el retablo mayor de la parroquia de San Nicolás de Madrigal de las Altas Torres*^, aunque sospechamos que pudo hacer algunos trabajos anteriores a estos Las imágenes debieron terminarse antes del primero de septiembre de 1728 puesto que en esa fecha don Nicolás Rodríguez de la Mota, presbítero, y don Simón Luen go de Mendoza, ambos vecinos de Madrigal, se obligaron a pagar a José de Sierra los 820 rs. contratados por su trabajo. El escultor recibió el encargo de estas imá genes de Felipe Sánchez de Monroi, maestro arquitecto, vecino de Arévalo, con quien estaba contratada la obra del retablo mayor de la parroquia de San Nicolás de Madrigal. Este retablo no permaneció mucho tiempo en la capilla mayor de la iglesia puesto que en 1783 se hizo otro nuevo aprovechándose en él las imágenes pertenecientes al antiguo^. Las imágenes están situadas sobre ménsulas en las ca lles laterales del retablo, en el lado derecho San Joaquín y en el lado izquierdo San José, resultan un poco pequeñas para las proporciones del retablo aunque se evi dencian más al no tener cajas y aparecer en primer plano. San José tiene al Niño Jesús sobre su brazo izquierdo mientras que levanta el otro para asir la vara, apoya todo el peso de su cuerpo sobre la pierna derecha arqueando la fi gura con cierta gracia. Su cabeza es de cabello abundante y barba poblada, de proporciones alarga das, los ojos de mirada limpia se alojan en unas cuencas grandes, consiguiendo al guna expresión. El santo se viste con túnica y manto, utiliza como calzado botas, los pliegues de las telas son abundantes y rígidos más quebrados en los bordes, las vestiduras ampulosas y amplias dan empaque a la fi gura. El niño Jesús está desnu- ■» Archivo Diocesano de Avila. Legajo 350, doc. 27. Retablo de Madrigal de las Altas Torres. Joseph de... (documento en mal estado) en nombre de Joseph de Sierra vecino de la ciudad de Me dina de Rioseco. maestro de escultura de quien presentó poder... y dijo que Phelipe Sánchez de Monroy vecino de Arevalo. maestro arquitecto ajustó con mi parte de hacer las efigies de San Joaquín y San Joseph y cuatro niños para un retablo de la parroquial yglesia de San Nicolás de la villa de Madrigal obligándose a darle por razón de su trabajo ochocientos viente reales de que le hizo papel y a sus espal das se obligaron a pagarlo a mi parte para el día primero de Septiembre del año pasado de 1728 don Nicolás Rodríguez de la Mota, presbítero, y don Simón Luengo de Mendoza vecinos de Madrigal como consta de dicho papel que exivo y que en repetidas veces les ha pedido mi parte le den la satisfacción de dicha cantidad no lo han hecho ni hacen con fríbolos motivos sin embargo de constarles que mi parte cumplió con poner en dicho retablo dichas dos efixies de santos y cuatro ángeles. Por lo que suplico a V. Md. se sirva de mandarles juren y reconozcan dicho papel de obligación y sus firmas y declaren no an entregado a mi parte porción alguna... ' En la iglesia parroquial de Barromán (Avila) hay dos retablos, uno dedicado a San Francisco y otro a la Virgen, que tienen en el ático relieves que representan a la Virgen del Rosario entregando el rosario a Santo Domingo en uno y a la Virgen imponiendo la casulla a San Ildefonso en el otro, que bien pudieran ser del taller de los Sierra, incluso también la imagen de San Francisco que preside su retablo. Estas obras se reseñan en los libros de cuentas parroquiales. Concretamente en las cuentas de los años 1726-28 figura una partida de 1640 reales que se pagaron por un San Francisco y los cuadros de la historia de Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo. o Vázquez García, Francisco. El retablo barroco en las iglesias parroquiales de la zona norte de la provincia de Avila. Editorial de la Universidad Complutense de Madrid. 1991. 442 FRANCISCO VAZQUEZ GARCIA do, tuerce la cabeza para buscar con la mirada a San José, su anatomía está un poco descuidada. La figura de San José se ajusta bien al tipo que de este santo se había impuesto durante el barroco, tal vez nos recuerda más a las de Alonso Cano que a las de Gregorio Fernández, Montañés o Mena^, posiblemente José de Sierra si guió el modelo que había en el taller paterno. La escultura de San Joaquín representa al santo con la Virgen Niña en brazos, es un anciano venerable con bastón, la figura también se curva para corresponderse con la de San José, la cabeza se cubre con cabellera y barba larga; se viste con capa y túnica corta que permite ver unas botas que llegan hasta la rodilla. El santo mira con amor y humildad a María que corresponde también con su mirada. Los pliegues de las telas son alargados y tubulares, formando profundos surcos. La fi gurita de la Virgen adopta una postura muy forzada al volver la cabeza hacia San Joaquín mientras que el cuerpo gira hacia el lado contrario. Los estofados de las dos figuras son iguales, las túnicas azules y los mantos rojos, ornamentados con formas vegetales, fueron retocados por Sebastián de las Llanderas en 1786®. Es evidente que las dos imágenes están hechas para el mis mo retablo, la posición de los niños, la curvatura, etc. se corresponden y comple mentan formando una especie de paréntesis sobre el tabernáculo de la calle central del retablo. Poco tiempo después de terminar las imágenes de San José y San Joaquín el maestro recibió otro encargo de Madrigal, esta vez para el Hospital, se trataba de los serafines para el retablo del Cristo de los Injurias que se venera en el altar ma yor de la capilla del Hospital. Debió esculpir estas imágenes alrededor de 1730, puesto que en las cuentas de gastos correspondientes al año 1731 figura una partida de 150 rs. que se pagaron a José de Sierra a cuenta de los serafines, además hay otras partidas en las cuentas de los años 1734 y 1736 también de pagos a cuenta de los serafines y una de 1737 con la que se terminó de pagar toda la cantidad concertada'. Las imágenes de los serafines están situadas en los extremos de la par te superior del cuerpo del retablo. Se representa a los serafines alados, vestidos con pomposas túnicas, se calzan con botas de media caña, parecidas a las que tiene San Joaquín y cubren sus cabezas con yelmos adornados con penachos de plumas. ' Camón Aznar, José. «San José en el arte español». Revista GOYA, año 1972. ® Archivo diocesano de Avila. Libro de fábrica de la parroquia de San Nicolás de Madrigal. Cuen tas de fábrica de 1786. f. 347 V. Son data S.OÍX) rs. de vellón pagados a dicho Sebastián de las Lladeras como consta de recibo por dorar, entopar y componer, los santos de San Nicolás con su peana, San Joaquín y San Joseph para colocarlos en dicho altar maior con un niño Jesús que para él se hizo nuevo. ' Archivo diocesano de Avila. Libro de cuentas de las limosnas al S"™' Cristo de las Injurias del Hospital año 1727-1937. f. 84 V. Más e pagado a Joseph de Sierra, escultor de Rioseco, y en quenta de los serafines 150 rs. que le entregó de mi orden don Antonio Reboles Procurador de Valladolid. 1731. f. 88 V. Más pagué a Joseph de Sierra en cuenta de los serafines grandes en 16 de diciembre de 1734, 19 rs. de vellón. f. 89 V. Más pagué a Joseph de Sierra vecino de la ciudad de Rioseco en 28 de noviembre de 1736, 332 rs. en quenta de los serafines de los que solo se le restan 198. En una nota al margen dice; resto 198 paguélos en 23 de octubre de 1737. OBRAS DEL ESCULTOR JOSE DE SIERRA 443 Los pliegues de las telas son más bien de pequeño tamaño, pero muy abundantes, forman una maraña en el faldón y en las anchas bocamangas, dando sensación de movimiento a la fi gura. Los serafines aparecen como portadores de instrumentos de la pasión de Cristo; el del lado derecho lleva la columna y el gallo, el otro la cruz; son de porte elegante y distinguido, el cuello estilizado y el rostro agradable, resultan muy bellos. Se evidencia que la técnica del maestro había mejorado, los pliegues son más adecuados y las fi guras parecen más libres en sus movimientos. La siguiente obra que hizo José de Sierra para la diócesis abulense fiie para la capital. El día 20 de noviembre de 1732 fi rmó un contrato con el Sr. Provisor de Avila y con el Marqués de Fuente el Sol, patrono de la Capilla de Mosén Rubí de Bracamonte contrataban la obra de talla de tres imágenes, concretamente la Virgen del Rosario, San Antonio de Padua y San Jerónimo, además de los ángeles, insignias y atributos que se les pusiere, deberían ser encarnadas a pulimento y esto fadas en oro limpio, las tres tendrían ojos de cristal; en el contrato fi gura que la Virgen debería tener en su mano izquierda un niño y dispuesta para recibir y man tener un rosario, sobre las otras esculturas se daba libertad al escultor para que eli gieses la forma más conveniente. Las imágenes se destinaban para ser colocadas en las cajas de sus respectivos retablos que estaban en la iglesia de Mosén Rubí", los retablos eran obra de Antonio de la Cruz'2. Se contrató la obra de talla en 3.300 rs., obligándose el maestro a darlas puestas en Avila por su cuenta y riesgo. El estofado de las imágenes fue obra de Manuel de la Puerta, vecino de Cigales. También trabajó José de Sierra para la iglesia parroquial de Barromán, en la zona norte de la diócesis de Avila, para esta iglesia hizo los medallones de relieves de escultura que hay en los áticos del retablo mayor y de los colaterales. Realizó estas obras hacia 1734, en las cuentas parroquiales de los años 1735-1737 fi gura una partida de 500 rs. que cobró José de Sierra resto de los l .000 rs. en que se Archivo Diocesano de Avila. Legajo corto 125/6/1. Imágenes para los retablos de Mosén Rubí. Yo Joseph de Sierra, vecino de la ciudad de Rioseco, maestro escultor en ésta, respecto aver contra tado con los Señores Provisor de esta ciudad de Avila y Marqués de Fuente el Sol, único patrono de la Capilla de Mosenrrubí de Bracamonte sitta en dicha ciudad, aver de hazer para las cajas de los reta blos que están en ella tres hechuras de talla proporcionadas y correspondientes al hueco de dichas cajas que han de ser Nra. Señora del Rosario, S. Antonio de Padua y San Gerónimo, todos tres y los niños o insignias o atributos que se le pusiere encarnados a pulimento y estofados en oro limpio por todas trazas, ojos de cristal y dicha N. ® S. ° del Rosario ha de tener en la mano izquierda un niño y disposición para recibir y mantener un rosario y los demás con las hechuras de los Santos S. Gerónimo y S. Antonio he de obrar en ello por mi idea y gusto, empleando el mayor cuidado, advirtiendo que dicho S. Geróni mo se ha de colocar en caja del retablo que está a la mano izquierda en dicha capilla como entramos en ella junto a la sacristía y me obligó a darlas puestas en esta ciudad de mi cuenta y riesgo por el precio y quantía de 3.300 rs... 20 de noviembre de 1732. Recibo de 3.300 rs. por el estofado de las imágenes que hizo Manuel de la Huerta vecino de Zigales. Los frontales y marcos de los retablos son de Antonio de la Cruz. '' Los retablos y las imágenes han desaparecido de la Capilla posiblemente antes de venir la cou nidad de monjas dominicas que hay ahora. No hemos podido averiguar su paradero actual, aunque tene mos algún indicio pero nada está seguro. Parece ser que la imagen de la Virgen fue entregada a otra iglesia de Avila, no podemos precisar a cuál. Sor Irene Hiera, monja de aquella Comunidad, nos dio alguna información; desde aquí queremos mostrar nuestro agradecimiento. Archivo Diocesano de Avila, legajo 125/6/1. 444 FRANCISCO VAZQUEZ GARCIA habían ajustado las tres medallas de los retablos. Se indica en una nota al margen que los otros 500 rs. fi guraban en cuenta anterior' ^ Los tres retablos son obra de Felipe Sánchez Monrroi, maestro tallista vecino de Arévalo, quien ajustó su traba jo en once mil reales. Debió ser este ensamblador quien indicó a la parroquia de Barromán la conveniencia de encargar la obra escultórica de las medallas a José de Sierra, maestro que años antes había hecho ya esculturas para retablos contrata dos por Felipe Sánchez Monrroi, como ya hemos visto en el restablo mayor anti guo de San Nicolás de Madrigal. Los medallones se sitúan en el centro del ático de cada uno de los retablos. El correspondiente al retablo mayor es ovalado repre senta la Anunciación, los otros dos son redondeados, el del retablo de San Miguel, lado derecho, representa el milagro franciscano de la muía que se postra ante el Sacramento, el que hay en el retablo colateral izquierdo, dedicado a la Virgen, re presenta un milagro de frailes dominicos. En la Anunciación aparecen el arcángel San Gabriel y la Virgen como únicas fi guras, solamente se ven en el celaje algunas cabezas de ángeles. En el milagro franciscano está la muía postrada ante el Sacra mento en primer término, en el plano posterior hay dos frailes y otro personaje; el fondo es arquitectónico, representa la pared de una iglesia de sillares bien labra dos en la que se ve una puerta con arco de herradura rebajado. En el otro medallón hay cuatro personajes entre los cuales fi guran dos frailes dominicos, otro personaje está tumbado en el suelo y el otro que parece caer desde la parte alta de un muro que sirve de fondo arquitectónico a la escena. Las composiciones no desmerecen aunque se evidencia falta de maestría y acierto, de cualquier manera quedan las fi guras bien dispuestas tomando las escena fuerza. Las esculturas están un poco contorsionadas, característica muy generalizada en los relieves de José de Sierra que aviva la sensación de movimiento y acción, el estudio anatómico queda un po co descuidado, las caras son redondeadas y hieráticas, las fi guras son en algún caso de canon demasiado corto resultando achaparradas; los plegados de las telas rígi dos y numerosos. Las últimas obras documentadas que hace José de Sierra para la diócesis abulense son las que le encargaron los mandatarios del Hospital de Santo Cristo de Madrigal, para el que ya había hecho años antes una fi gura de serafines, represen tan a San Martín y a Santiago ecuestres. Estas imágenes se destinaron para el reta blo mayor de la capilla, donde todavía están, se hicieron porque las que se pusieron primero, un San José y una Virgen María, resultaban demasiado pequeñas y desen tonaban con las proporciones del retablo. Se contrataron en mil seiscientos reales, en septiembre de 1738 ya estaban hechas puesto que en las cuentas de fábrica del Hospital correspondientes a ese año fi gura una partida de setecientos sesenta y cin co reales y medio a cuenta del coste de la obra'*^, que no se terminó de pagar has ta el año 1746 según se refleja en dichas cuentas. " Archivo Diocesano de Avila. Libro de fábrica de la parroquia de Barromán. Cuentas de 1735-37. f. 314. Quinientos reales pagados a Joseph Sierra, vecino de Rioseco, resto de los mil reales en que se avían ajustado las tres medallas de los retablos y se sacan al margen por estar los otros quinientos en quentas antecedentes. '•* Archivo Diocesano de Avila. Libro de cuentras de las limosnas al S.""' Cri.sto de las Injurias OBRAS DEL ESCULTOR JOSE DE SIERRA 445 Cada uno de los santos forma un pequeño grupo escultórico, casi de bulto re dondo, están situados uno frente al otro en las calles laterales del retablo. En el lado derecho se encuentra San Martín montado a caballo, partiendo con su puñal la capa que entrega al mendigo. El santo se viste con indumentaria militar, yelmo, coraza y botas hasta la rodilla, encima una amplia capa cubre su figura; monta un caballo al paso, en el suelo el pobre lisiado recoge la limosna'^. El estudio anatómico que hace Sierra en estas esculturas no es muy acertado, labra superficies muy lisas en las encamaciones, el tratado de los cabellos se hace a mechones con poca naturalidad; los pliegues de las telas son cortantes y muy irre gulares, más evidentes en la capa que llena el fondo del espacio. La fi gura del caba llo desdice dentro del conjunto por las imperfecciones de su factura. A pesar de todo Sierra consiguió representar en esta escena el realismo barroco haciendo re saltar la acción caritativa del santo pictórico de fuerza y juventud que ampara al pobre menesteroso lisiado y semidesnudo, no había motivo más impactante con el que los enfermos pudieran captar el mensaje de caridad y amparo celestial a sus males. El estudio psicológico de los personajes contribuye al barroquismo de la obra logrando transmitir ciertas sensaciones de misericordia y amor al prójimo tan tas veces predicadas. En la hornacina de la otra calle del retablo se encuentra el grupo escultórico de Santiago, representa la imagen de Santiago Matamoros que a caballo galopa en tre la morisma dando mandobles con su espada, sustituida en la actualidad por una bandera, bajo las patas del corcel blanco yacen en el suelo dos sarracenos, uno to davía vivo se defiende con un escudo en forma de rostro humano de las acometidas del Apóstol, el otro, de raza negra, mal herido, tiene a su lado un gran tambor El grupo escultórico logra un efecto espacial con el fragmento de suelo donde se desarrolla la lucha. La fi gura de Santiago aparece con atuendos de peregrino, la capa revolotea al viento por el impulso del galope, cubriendo la parte superior de del Hospital años 1727-1937 n.° 74 pertenece a la parroquia de san Nicolás, de Madrigal. f 91 V Más pagué en 30 de septiembre de 1738 a Joseph de Sierra, maestro escultor de la ciudad de Rioseco 775 reales y medio en quenta de 1.600 que han tenido de costa los Señores Santiago y San Martín questan puestos en el altar del Santísimo Cristo los que mandó fabricar porque las imaxenes de la Virgen y San Joseph eran pequeñas para las caxas. f. 93 V. Más pagué en 28 de septiembre 1745 a Joseph Sierra en quenta de lo que se le deve de los Santos Santiago y San Martín. f 94 Gastos que hago en este año de 1746 desde el 12 de marzo en adelante. En 20 de octubre pague a Sierra los 30 reales que se le restaban de los Santos Santiago y San Martín. El tema de San Martín y el pobre había sido esculpido en diferentes ocasiones para iglesias y hospitales de la provincia abulense, era uno de los más apropiados para mostrarse en centros hospita larios y casas de misericordia porque hacía ver a la vez la desgracia humana y la caridad cristiana, razón de ser de todos estos establecimientos. "• El tema jacobeo fue bien conocido por José de Sierra ya que en el taller paterno se hicieron varias figuras representando a Santiago debido al arraigo que tuvo la veneración al Apóstol en Castilla. En las iglesias abulenses también ft ie notable el culto a Santiago motivando la realización de varios reta blos dedicados al Apóstol. Recordemos por su nomunentalidad el de Cebreros y el de la parroquia de Santiago en la ciudad. Para e.ste lema vea.se «El apóstol Santiago a través del arte vallisoletano». Martín González. Juan José. Compostellanum. vol. X n." 4. 446 francisco VAZQUEZ GARCIA la escena, los pliegues son muy irregulares, cortantes y profundos formando una maraña e arrugas. El santo con cabeza barbada y larga cabellera mira impasible a os musu rnanes pero cabalga con firmeza, pisando fuerte el estribo y dominando con a presión de sus rodillas sobre la silla de montar, el caballo tordo hace una corveta evantando las patas delanteras con fuerza y genio aunque tiene los mismos e ectos anatómicos que el de San Martín, cabeza muy pequeña, ojos saltones y pescuezo muy corto que restan prestancia al conjunto. La escena es muy teatral como corresponde al estilo barroco, los personajes esculpidos están muy diferen ciados en el aspecto racial y de indumentarias; se quiere hacer resaltar la figura del Apóstol exterminador que se aparece como ser celestial en defensa de la fe con tra sus enemigos. La obra escultórica que labra José de Sierra para Avila se hace en la década de los años treinta del siglo XVIII, época de madurez del artista, posiblemente sea lo mejor de su creación. La variedad de obras que tenemos en Avila de su mano: esculturas exentas, relieves en medallones, composiciones simples y grupos más complejos nos muestran las cotas artísticas que consiguió el maestro en su trabajo, podemos ver que José de Sierra se queda por debajo de su padre y hermanos. Sus logros no pasan de ser regulares, con una técnica poco fi na hace unas fi guras toscas de cuerpos no muy estudiados, cabezas redondeadas las imberbes, o alargadas las que tienen barbas, las carnes suelen ser muy tersas, carentes de precisión anatómi ca, se visten las fi guras con amplias vestimentas que se arrugan en profusión de pliegues duros y profundos pero que animan los fi guras aumentando su realismo barroco. Las composiciones son muy simples, consiguiendo unas escenas demasia do forzadas; pretende conseguir sensaciones espaciales, en los relieves de los me dallones pone fondos arquitectónicos que no resultan muy afortunados. El estudio psicológico que hace de sus fi guras no termina de convencer, sus rostros son hieráticos de miradas fi jas y de poca gracia. José de Sierra demuestra seguir la tradición familiar trabajando en el taller paterno que había fundado en Medina de Rioseco. Aprendió el oficio con su padre, colaboró con él y con sus hermanos en algunas obras, contrató trabajos personalmente, no conocemos ninguna obra suya de rele vancia pero sí vemos con estas esculturas abulenses que realizó encargos propios, aunque fueran de clientes alejados del entorno del taller familiar y no de mucha importancia en el contexto social y religioso de la época determinándose así la per sonalidad artística del maestro. LAMINA I •a!' ^ .5 ~ • ó \ .-' ' '■ . r- . •! <T 'Xt^ ■ • .•>"*, ■ l-K' V . 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