Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna: El tratado De morbis puerorum de Girolamo Mercuriale (Venecia 1583)
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Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 ISSN: 1135-9560 Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna: El tratado De morbis puerorum de Girolamo Mercuriale (Venecia 1583)* Transmission and Innovation of Knowledge in Modern Pediatrics: Girolamo Mercuriale’s De morbis puerorum (Venice 1583) Ana Isabel Martín Ferreira Universidad de Valladolid Data de recepció: 01/06/2015 Data d’acceptació: 09/07/2015 1. Sobre los orígenes de la pediatría A partir de las obras que componen el Corpus Hippocraticum,1 los escritos médicos de la Antigüedad grecolatina y los medievales, tanto árabes como judíos y cristianos, trataron sobre las enfermedades infantiles, dedicando a ellas diversos apartados de los textos y también proporcionando datos aislados, al hilo de algún caso clínico atendido de primera mano o recopilado de las fuentes. Las monografías dedicadas a la pediatría aparecieron mucho más tarde.2 El propio Galeno se ocupó en determinados capítulos de * Este trabajo se ha realizado dentro del Proyecto de Investigación del MINECO titulado «Estudios de medicina práctica en el Renacimiento: Las «Centurias» de Amato Lusitano», clave FFI2013-41340-P. 1 Ligados a la ginecología, los tratados hipocráticos sobre enfermedades infantiles cuentan con traducción española, cf. Generación y naturaleza del niño, Enfermedades IV, Parto de ocho meses, Parto de siete meses, Dentición, en Tratados Hipocráticos VIII, intr., trad. y notas de J. de la Villa Polo, Mª E. Rodríguez Blanco, J. Cano Cuenca e I. Rodríguez Alfageme, Madrid, Biblioteca Clásica Gredos nº 307, 2003. 2 Cf. al respecto, J. Mª López Piñero - F. Bujosa, Los tratados de enfermedades infantiles de la España del Renacimiento, Cuadernos Valencianos de Historia de la
188 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 su extensa obra de varias enfermedades pediátricas, pero siempre de refilón, nunca de manera específica. En este sentido, el tratado que se cita como el más antiguo sobre pediatría se debe a Sorano de Éfeso (médico de la época de los emperadores Trajano y Adriano), y en realidad forma parte de su obra ginecológica; se trata de los capítulos 9-28 del libro II, que se refieren a la asistencia a los neonatos y a la higiene y alimentación de los lactantes.3 Solamente en los últimos se abordan enfermedades infantiles relacionadas con la dentición, las úlceras en la boca, la tos, la diarrea, etc. Estos escritos fueron traducidos al latín en el siglo V por Celio Aureliano y la reelaboración de este texto por Muscio es probablemente la versión más conocida de la obra, aunque el hilo conductor es complicado de seguir, y está pendiente de elaboración un estudio, recopilación textual, comparación y análisis completo de la mayoría de estos tratados, verdaderas amalgamas de textos. Atendiendo a los contenidos, la tradición que se inaugura de este modo es la que llama López Piñero «línea materno-infantil» de la pediatría, porque se relaciona directamente con la ginecología, y tuvo también sus continuadores en el mundo islámico. Además de esta tradición procedente de Sorano, la literatura sobre enfermedades de los niños desarrolló otra línea, con un enfoque distinto, que este mismo historiador de la medicina llama «pediátrica pura», porque se refiere a afecciones infantiles exclusivamente, sin conexión con las enfermedades y cuidados tocoginecológicos. Esta fue inaugurada por Rufo de Éfeso, pues a mediados de los años setenta del pasado siglo Manfred Ullmann4 dio a conocer un texto titulado Περὶ κομιδῆς παιδίων (Sobre la curación de los niños) de este autor médico del siglo II, un escrito perdido, que no fue citado por Sorano ni por Galeno ni por ningún otro escritor antiguo, pero cuyo contenido pudo ser reconsMedicina y de la Ciencia nº XXIV, serie B (Textos Clásicos), Cátedra de Historia de la Medicina, Universidad de Valencia, 1982. pp. 13 y ss. y J. Mª López Piñero - J. Brines Solanes, Historia de la pediatría, Valencia, Albatros, 2009. Ambos incluyen referencias a historias clásicas de la pediatría. 3 Cf. la última edición de Sorano, en la editorial Les Belles Lettres, con texto griego y traducción francesa, en cuatro volúmenes, a cargo de P. Burguière, D. Gourevitch e Y. Malinas (París, 1988, 1990, 1994 y 2000). 4 M. Ullmann, «Die Schrift des Rufus ‘De infantium curatione’ und das Problem der Autorenlemmata in den ‘Collectiones medicae’ des Oreibasios», Medizinhistorisches Journal 10 (1975), pp. 165-190.
189Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 truido por el estudioso alemán a partir de fuentes bizantinas e islámicas, ya que este autor se conoce principalmente a través de la obra de Oribasio.5 A lo largo de toda la Edad Media esta línea llamada «pediátrica» también estuvo presente en la medicina bizantina, árabe y latina; por ejemplo cabe citar la obra de Pablo de Egina (siglo VII), quien dedicó a las enfermedades infantiles el libro I de los VII que componen su enciclopedia médica, basándose en la sinopsis de Oribasio, y más digna aún de mención es la de Razes (865-925). De hecho, la traducción latina del tratado sobre pediatría del médico árabe la hizo Gerardo de Cremona en Toledo en el siglo XII y, aunque conoció varias rúbricas en su amplia difusión manuscrita,6 en 1497 se publicó en Venecia, en la imprenta de Bonato Locatelli, con el título De egritudinibus puerorum.7 Consta de 24 capítulos dedicados en exclusiva a enfermedades infantiles, siguiendo el orden tradicinal, de capite ad calcem. Seguidor del galenismo, Razes fue un extraordinario clínico que en este tratado expuso su propia experiencia, así como en la monografía sobre la viruela y el sarampión. Tuvo mucha influencia posterior, como veremos en el caso de Mercuriale, al igual que sucede en algunas obras anónimas medievales sobre enfermedades infantiles, publicadas 5 Cf. U.C. Bussemaker-Ch. Daremberg, Oribase. Oeuvres complètes avec texte grec et traduction française, I-VI, París, Imprimerie Nationale, 1851-1876 (=Amsterdam, A.M. Hakkert, 1962). 6 Acaba de editarse el texto latino de Gerardo de Cremona, con versión al inglés y comentario, junto a las traducciones que se hicieron al hebreo: Al-Rāzī, On the Treatment of Small Children (De curis puerorum). The Latin and Hebrew Translations, ed. y trad. G. Bos - M. McVaugh, Leiden, Brill, 2015. 7 Junto a otras obras de este y de otros autores; el título de este auténtico best-seller, a juzgar por la difusión que conoció y el número de ejemplares que es posible encontrar de este incunable, es: Contenta in hoc volumine Liber Rasis ad Almansorem; Divisiones eiusdem; Liber de iuncturarum egritudinibus eiusdem; Liber de egritudinibus puerorum eiusdem; Aphorismi ipsius; Antidotarium quoddam ipsius; Tractatus de preseruatione ab egritudine lapidis eiusdem; Introductorium medicine eiusdem; Liber de sectionibus et cauteriis et ventosis eiusdem; Casus quodam qui ad manus eius pervenerunt; Sinonima eiusdem; Tabula omnium antidotorum in operibus Rasis contentorum; De proprietatibus iuvamentis et nocumentis sexaginta animalium. Afforismi Rabi Moysi, etc. Se había publicado antes otra versión, incluida en la obra titulada Tractus decem medici… impressum Mediolani per prudentes opifices Leonardum Pachel et Uldericum Scinzcenceller Teuthonicos (Milan, 1481), bajo el título De curis puerorum in prima aetate. Pero la veneciana de 1497 es sin duda la más difundida.
190 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 por Karl Sudhoff,8 que presentan las afecciones de manera muy esquemática y simplista, basándose en noticias de los clásicos griegos y bizantinos.9 A finales del siglo XV y comienzos del XVI, las dos líneas citadas por López Piñero alumbraron diferentes textos que confluyeron en la fundación de esta especialidad, algo que se deduce de la difusión que la imprenta dio a estas obras. Por un lado, siguiendo la línea pediátrica, hay que citar los tres primeros incunables sobre el tema: Libellus de aegritudinibus infantium de Paolo Bagellardo (Padua, 1472); Ein Regiment der jungen Kinder de Bartholomaus Metlinger (Augsburgo, 1473) y el Opusculum aegritudinum puerorum de Cornelius Roelans van Mecheln (Lovaina, 1485). La línea materno-infantil tiene su representante renacentista en el Scwangern frawen und hebammen Rossgarten (Jardín de rosas para embarazadas y comadronas), del también alemán Euscharius Roesslin (Estrasburgo, 1513). Estas obras constituyeron el modelo de todas las monografías sobre enfermedades de los niños que se publicaron en Europa occidental hasta finales del siglo XVI, aunque hay que tener en cuenta que la de Bagellardo y la de Roesslin en realidad se basan en los escritos de Razes y Muscio, respectivamente. Pero fueron también muchos los médicos renacentistas que se ocuparon de temas afines a la pediatría en sus obras, normalmente en capítulos insertados en textos generales; en este sentido, la línea materno-infantil normalmente se dedica a describir los aspectos pediátricos al final de los capítulos destinados a la obstetricia, indicando los cuidados que deben seguirse con el neonato, incluida la lactancia y, solo a veces, enfermedades propias y frecuentes del lactante. Menos habitual es la línea pediátrica pura, pero poco a poco va a perfilarse. En las obras de conjunto, 8 K. Sudhoff, Ertslinge der pädiatrische Literatur. Drei Wiegendrucke über Heilung und Pflege des Kindes. In Faksimile herausgegeben und in die Literarische Gesamtentwicklung des Faches hineingestell, München, Verlag der Münchner Drucke, 1925. 9 A la reconstrucción del sistema teórico de estos clásicos, así como del vocabulario específico de las fuentes de esta «pediatría» –si es que puede denominarse así– griega y bizantina, se dedica la obra de Christine Hummel, Kind und seine Krankheiten in der griechischen Medizin. Von Aretaios bis Johannes Aktuarios (1. bis 14. Jahrhundert), Frankfurt, Peter Lang, 1999. El grueso del libro refiere datos tomados de la obra de Galeno, sin distinguir la propia de los comentarios a Hipócrates, y hay cierta confusión en la selección y la presentación del contexto de los autores, aunque constituye un buen punto de partida tanto para conocer los textos y los autores como las enfermedades que tratan.
191Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 dedicadas a exponer casos clínicos u observationes, la extensión de los capítulos sobre este aspecto varía mucho de unas obras a otras: en las Collectiones medicinae de Alessandro Benedetti (Venecia, 1493) son apenas unas líneas pero, en cambio, Antonio Benivieni dedica casos enteros a enfermedades observadas en niños dentro de su obra póstuma Libellus de abditis nonnullis ac mirandis morborum et sanationum causis (Florencia, 1507), y lo mismo cabe decir de los siete libros que componen las Curationum medicinalium centuriae de Amato Lusitano (1511-1568). Tiempo después, ya a comienzos del siglo XVII, se asiste al nacimiento de monografías sobre enfermedades específicas de los niños, como es el caso del llamado «garrotillo» en España, marcando un hito al respecto por ejemplo las obras de Juan de Villarreal10 y Francisco Pérez de Cascales.11 Entre este nuevo interés de las obras de conjunto y las monografías sobre afecciones infantiles concretas, es al terminar el siglo XVI cuando ve la luz un nuevo tipo de tratado sobre enfermedades de los niños en general, cuyo prototipo es el De morbis puerorum tractatus de Girolamo Mercuriale, citado siempre como pionero junto a los Libri duo de puerorum educatione, custodia et providentia, atque de morborum qui ipsis accidunt curatione del catedrático vallisoletano Luis Mercado (1611). Como afirma López Piñero,12 «la principal nota diferencial del nuevo tipo de exposición respecto de los textos monográficos anteriores fue su mayor ambición doctrinal. No se limitó a una mera recopilación, más o menos 10 De signis, causis, essentia, prognostico et curatione morbi suffocantis libri duo (Alcalá, 1611). 11 Liber de affectionibus puerorum, una cum tractatu de morbo illo vulgariter garrotillo appellato, cum duabus quaestionibus. Altera, de gerentibus in utero rem appetentibus denegatam. Altera vero de fascinatione. También publicaron tratados sobre el garrotillo Ruizes de Fontecha en 1611, Ildefonso Meneses y Alonso Núñez de Llerena en 1615, Juan de Soto, Francisco de Figueroa y Lorenzo San Millán en 1616, y Fernando de Sola en 1618. Esta especie de boom de la literatura médica obedecía a una causa muy sencilla: la epidemia de esta enfermedad respiratoria en los niños, coincidiendo con una época especialmente gélida desde el punto de vista climatológico. Cf. Juan Ignacio Carmona, Enfermedad y sociedad en los primeros tiempos modernos, Sevilla, Universidad, 2005, pp. 196-198; así como nuestro trabajo, en colaboración con C. de la Rosa: «Antiguos y modernos en los orígenes de la pediatría y la ginecología modernas: El Liber de affectionibus puerorum de Francisco Pérez de Cascales (1611)», en las Actas del V Congreso Internacional de Humanismo y Pervivencia del Mundo Clásico. Homenaje a Juan Gil (J.Mª Maestre et al. (eds.), Alcañiz-Madrid 2015, vol. IV, pp. 1991-2007). 12 Los tratados de enfermedades infantiles…, p. 19.
192 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 rica, de descripciones clínicas asociadas a recomendaciones terapéuticas. Por el contrario, intentó ofrecer un estudio sistemático de la niñez y de sus enfermedades, utilizando todos los saberes de la medicina galénica tradicional. Además, no se basó en el manejo de los textos clásicos en «bárbaras» versiones medievales a través del árabe, sino en las cuidadosas ediciones y en las traducciones directas que el humanismo renacentista había proporcionado.» Sin embargo, como el propio historiador de la ciencia afirma,13 «Sería deseable una investigación de conjunto que analizara esta literatura monográfica en detalle y con un rigor hasta ahora inédito». Ese es nuestro propósito con la obra de Mercuriale, hasta ahora estudiada solo de manera parcial y sesgada.14 Falta hacer una análisis detallado de sus textos, de las fuentes, desde la perspectiva de la Filología, sin dejar a un lado la Historia de la Medicina, pues es indudable que en esta nueva forma de escribir sobre enfermedades infantiles iba a pesar mucho la tradición clásica, el enciclopedismo típico de los humanistas, pero también la nueva mirada de los clínicos que se impone a partir del Quinientos y, sobre todo, más en el caso concreto de Mercuriale, su condición de filólogo y anticuario y su interés por las más variadas disciplinas. 2. Girolamo Mercuriale: anticuario, filólogo y médico Mercuriale15 nació en Forlì en 1530. Tras una primera formación en su ciudad natal, se doctoró in artibus et medicina en 1555 13 Ibid., p. 18, nota 12. 14 Concretamente en el caso de la pediatría solo ha recibido atención específica el capítulo dedicado a los transtornos del lenguaje; cf. R. Rieber - J. Wollock, «The Historical Roots of the Theory and Therapy of Stuttering», Journal of Communication Disorders 10 (1977), pp. 1-24 y J. Wollock, «Communication disorder in Renaissance Italy: An unreported case analysis by Hieronymus Mercurialis», Journal of Communication Disorders 23 (1990), 1, 1-30. Durante la primera mitad del siglo XX también fue objeto de estudio por los historiadores de la medicina, sobre todo italianos, en su mayoría pediatras, que mostraron interés por ciertos detalles más o menos anecdóticos sobre los conocimientos médicos de la época. Cf., por ejemplo, A. Botto Micca, Gerolamo Mercuriale, pediatra, Torino, Bona 1930 o el alemán L. Engert, «Konstitution und Leibesübungen bei Hieronymus Mercuriale», Sudhoffs Archiv für Geschichte der Medizin 24 (1931), pp. 131-149. 15 Para la biografía de Mercuriale véase I. Paoletti, Girolamo Mercuriali e il suo Tempo, Lanciano, Cooperativa Editoriale, 1963. A. Simili, «Gerolamo Mercuriale lettore e medico a Bologna: Nota 1. La condotta di Gerolamo Mercuriale a Bologna», Rivista di storia delle scienze mediche e naturali, ser. 6,32 (1941), pp. 161-196; J.M. Agasse, «Girolamo Mercuriale», en Europa Humanistica (2006): <http://www.
193Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 en Venecia, aunque siempre estuvo vinculado al Studium paduano, en cuyo contexto publicó su primera obra en 1552, cuando aún era estudiante de apenas veintidós años: el opúsculo titulado Nomothelasmus seu ratio lactandi infantes, dedicado a Francesco Paulucci, que acababa de tener a su primer hijo,16 y destinado a tratar sobre la lactancia y los cuidados perinatales del niño. Tanto en Venecia como en Padua fue discípulo del famoso médico y humanista, también filólogo veneciano, Víctor Trincavelli (14961538). Asimismo, entre sus profesores paduanos, Mercuriale recuerda como praeceptor al célebre anatómico Gabrielle Falloppio, que desde 1551 ocupaba la cátedra de Cirugía y Anatomía y Lectura de Simples en la mencionada universidad. Mercuriale ejerció como médico en Forlì a la vez que se dedicó al estudio del griego, hasta que en 1562 forma parte de una embajada enviada a Roma ante el papa Pío IV. Allí permaneció hasta 1569 bajo la protección del cardenal Alejandro Farnesio (1520-1589), a cuya casa permanecerá unido durante toda la vida y cuya tutela será fundamental en el desarrollo de su actividad como filólogo, anticuario y bibliófilo. Durante esta etapa romana puede decirse que estuvo al servicio de uno de los coleccionistas de antigüedades más relevantes del Renacimiento, patrono de la arquitectura y de las artes,17 y rodeado de un círculo de destacados humanistas y anticuarios europahumanistica.org/?Girolamo-Mercuriale> (última consulta: 15 de mayo de 2015). G. Ongaro, Mercuriale, Girolamo, DBI, vol. 73 (2009): <www.trecanni.it/enciclopedia/girolamo-mercuriale_(Dizionario-biografico)/> (última consulta: 15 de mayo de 2015). Asimismo con motivo del cuarto centenario de su muerte, en 2006 se celebró un congreso, en el que se reunieron todos los especialistas en el autor y su obra (entre otros, G. Ongaro, R. Palmer, M. Callegari, N.G. Siraisi, J.M. Agasse, V. Nutton, J. Jouanna y C. Pennuto), cuyos trabajos recogen las actas: Girolamo Mercuriale. Medicina e Cultura nell’Europa del Cinquecento, ed. A. Arcangeli - V. Nutton, Firenze, L.S. Olschki, 2008. 16 Se trata de un tratado completo sobre la lactancia, de apenas sesenta páginas en octavo. Lo escribió en forma de carta de carácter privado, destinado a un círculo reducido, como atestiguan las escasas copias de su primera edición. Probablemente el autor no le dio más importancia en el futuro a esta obra de circunstancias, o la consideró un fruto de la juventud, pues no la cita nunca en el De morbis puerorum. A pesar de ello, el librito todavía tuvo sus comentaristas en las primeras décadas del siglo pasado. Cf. F. Aulizio, «La pediatria nell’ Umanesimo e nel Rinascimento con particulare riferimento a Gerolamo Mercuriale», Lattante 33 (1962), pp. 89-106 [p. 99]. 17 Cf. N. Siraisi, «History, Antiquarianism, and Medicine: The Case of Girolamo Mercuriale», Journal of the History of Ideas, 64 (2003), pp. 231-251.
194 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 como Onofrio Panvinio, ligado también a los Farnesio y propietario él mismo de una vasta colección de monedas y medallas antiguas. Gracias a estos contactos pudo disfrutar de la espléndida biblioteca del palacio Farnesio y de la Biblioteca Vaticana, estudiar y consultar códices y documentos griegos y latinos y recoger materiales relacionados con la historia, la literatura, la arquitectura y las artes en general, para su famosa obra De arte gymnastica.18 A esta etapa también deben mucho sus Variae lectiones, una colección de textos antiguos para los que proponía enmiendas textuales y explicaciones históricas y de diversa índole, con el objeto de aclarar y comentar pasajes oscuros o mal interpretados. Allí se fragua una manera de trabajar que le convierte en un caso excepcional entre los médicos, por dos cualidades principalmente: su interés en buscar evidencias históricas fuera del ámbito estricto de los textos médicos y su capacidad de respuesta para presentar diferentes metodologías históricas, incluyendo los restos materiales y la reconstrucción visual del pasado a través del arte.19 Gracias a las influencias de su protector, en 1569 Mercuriale ocupó la cátedra de Medicina Práctica en el Studium de Padua, cuando aún era un médico «ágrafo», puesto que sólo había publicado el citado Nomothelasmus. La estancia paduana le sirve justamente para dar a la imprenta las obras que había redactado durante su residencia en Roma; es el año en que aparece la primera edición de los seis libros Artis gymnasticae apud antiquos celeberrimae nostris temporibus ignoratae (Venetiis, apud Iuntas 1569), trabajo dedicado al Cardenal Farnesio. Pero las relaciones con sus colegas paduanos no fueron precisamente buenas: en Padua ocupaba la cátedra de Cirugía y Anatomía desde 1565 Girolamo Fabrizi d’Acquapendente (1537-1619), en la que había sustituido a su maestro Falloppio, y con él mantuvo algunos desencuentros que, al parecer, fueron limándose con el tiempo, ya que Mercuriale pudo participar después en algunas de las leccio18 Es la principal obra de G. Mercuriale, presentada como una ambiciosa tentativa por adaptar a su época la gimnasia de los antiguos. Hoy se encuentra disponible en edición crítica, a cargo de Concetta Pennuto, Vivian Nutton y Jean Michel Agasse (Leo S. Olschki, Florencia, 2008). 19 Como afirma N. Siraisi, «He was clearly the beneficiary of his contacts outside medicine with antiquarians, architects, and artists interesed in ancient material and social culture, with philological humanists, and with intellectual circles alive to problems of textual authenticity» (op.cit., p. 250).
195Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 nes anatómicas de Fabrizi, tal y como se desprende de alguno de sus textos y de los de sus discípulos. Su clientela fue muy diversa e incluyó a relevantes personajes de la época, dato que no deja de mencionar convenientemente en sus escritos; por ejemplo, en agosto de 1573, Mercuriale acude a Viena para curar al emperador Maximiliano y allí alcanzó fama y dinero, a la par que una serie de prerrogativas y privilegios (entre ellos, el título de Conde Palatino y Caballero). Poco después sin embargo había de enfrentarse a lo que puede considerarse como un «sonado fracaso» en su carrera médica: el episodio de la peste en Venecia. Entre 1575-1576 se extendió la epidemia de peste por el itinerario fluvial mercantil de los ríos Danubio y Adige, alcanzando sucesivamente Trento, Verona, Mantua y Venecia. En agosto de 1575 ya había causado las primeras víctimas en la ciudad de los canales, mientras que en Padua se dieron los primeros síntomas la primavera de 1576. Mercuriale y otros médicos colegas paduanos fueron convocados por el senado de Venecia y ante el Gran Duque para exponer su parecer al respecto y, en contra de la opinión de los físicos venecianos, descartaron que se tratara de la peste. Un tremendo error, ya que la epidemia concluyó con un terrible balance de muertos.20 Curiosamente, quizá a modo de palinodia, en enero de 1577 Mercuriale dedicó una serie de lecciones a la peste, que fueron recogidas y publicadas con el título De pestilentia por el médico paduano Girolamo Zacco, un alumno suyo. Otro encargo de prestigio, no exento de compromiso, lo recibió en 1579 por parte del obispo Federico Corner, activista de la Contrarreforma en Padua; en esta ocasión se trataba de que Mercuriale intentara reconducir a los estudiantes protestantes –en su mayoría alemanes– al seno de la ortodoxia católica. Pero estos se rebelaron, acudieron al Duque, y dejaron de asistir a las clases de Mercuriale, exigiendo que este se disculpara por escrito. Con todo, el celo de nuestro médico fue recompensado por la Iglesia con la concesión de una casa situada en las afueras de Padua. A comienzos del año 1587 Mercuriale fue invitado por la Universidad de Bolonia a ocupar la cátedra de Medicina Teórica, la más prestigiosa de todas, con un excelente contrato, desde el punto de vista económico, por doce años de duración. Pero seis años 20 Según las fuentes, unos 50 000 sobre una población de 180 000, solo en Venecia.
202 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 que había encontrado en la Biblioteca Vaticana, y cuya edición se adjuntó a la edición de ese año de las Variae lectiones para luego publicarse como apéndice a la segunda edición del De morbis puerorum (1584), por lo tanto en consonancia con el tercer libro de su pediatría. Como puede comprobarse de la presentación del esquema de la obra, toda ella obedece a un plan perfectamente establecido, sistemático, ordenado y, por lo tanto, muy didáctico, conforme a su origen en lectiones académicas: el capítulo primero, verdadera introducción del tratado, es un texto «programático»: Mercuriale incide en la fragilidad del ser humano nada más nacer, motivo de sus páginas, y comienza por referirse a la escasez de medios, tanto para los profesionales como para los padres, a la hora de tratar a los niños, por no hablar de las imprudencias cometidas en el ejercicio de la medicina dentro de este campo, hecho que ocasiona más muertes que curaciones en el ámbito infantil.35 Manifiesta el autor la ausencia de tratamiento específico de las enfermedades de los niños en los grandes monumentos de la medicina griega y latina, por no mencionar a quienes simplemente se mostraron partidarios de no tratarlas y dejar que la naturaleza siguiera su curso, debido a la dificultad que entraña aplicar remedios terapéuticos a los más pequeños: Accedit quod si veterum monumenta et Graecorum et Latinorum perscrutentur, non facile inveniemus aut ab Hippocrate aut a Galeno aut ab aliis scriptoribus Graecis hanc puerorum medicinam diligenter, quemadmodum deceret, pertractatam. Accedit his, quod ut dicebat Plato primo de Republica, puer omni bestia intractabilior est, ob quod neque remedia admittere neque regulam aut rationem ullam servare aptus est; quasi supervacanea futura sit omnis medici opera, quae curandis pueris impeditur. Illud quoque adiici potest ipsorum corpora tenerrima esse et propterea difficulter admodum medicinas, inedias, ferrum, ignem perferre posse. Quibus rationibus nonnulli impulsi existimarunt eos ipsi Naturae relinquendos. (fols. 1v-2r) 35 Itaque de his morbis qui pene natum et adhuc tenerum nec adultum hominem iugulant statui hoc tempore copiosissimam tractationem habere, et ad eam impulsus sum, eo quod non solum huiusmodi morbi frequenter et medicos et miseros parentes exercent, verum etiam quod hec pars ita ieiune, ut ne dicam impudenter, a medicis tractata est, et a multis hoc tempore frigide admodum exercetur ut liceat plura puerorum funera quam corpora ad sanitatem redacta adspicere (fol. 1r).
203Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 También sintetiza en cinco las razones por las que los niños se ven afectados por tantas enfermedades36 y, a continuación, define cuáles y cuántas son las enfermedades que pueden considerarse infantiles, para dividirlas en dos grupos, externas e internas: Sunt enim morbi pueriles non illi soli qui pueros et nullos alios exercent, sed etiam qui et eos solos exercent, ut labores dentitionis, et frequentissime turbant, ut variolae et alia, tum etiam morbilli, qui licet exerceant alias aetates, diverso tamen quodam modo exercere pueros et cruciari debere videntur, cuiusmodi existit epilepsia et multi alii. Iam vero morbi hi pueriles alii sunt externi, alii interni. (fol. 2r) Siguiendo el esquema hipocrático establece la división en enfermedades externas, que ocupan todo el cuerpo o parte, por adición o supresión, e internas, que también afectan a todo el cuerpo de manera general, como las fiebres, o a algunas partes concretas. Finaliza este capítulo primero con la declaración de intenciones, orden y propósito de la obra; tratará de enfermedades que solo afectan a los niños o que afectan a estos de manera especial, y requieren un tratamiento específico, y que se sufren con más frecuencia que en otras edades, omite las ya tratadas por él en otros textos y describe el plan de cada capítulo, el habitual en él (mihi familiarissimus): explicará primero el nombre de la enfermedad, luego pasará a la definición, después a las causas y efectos, los signos, el pronóstico y, finalmente, a la curación. Todo ello comenzando por las enfermedades externas para terminar con las internas: Hi (sc. morbi) sunt omnes quos invenio pueriles vocari, vel quia, quemadmodum dicebam, solos pueros exercent, ut vitia a dentitione orientia, vel quia frequentissime vel alio pacto excercent eos, et alio pacto tractandi sunt quam in aliis aetatibus. De his autem maxima ex parte agam. Dico maxima ex parte quandoquidem iam nonnulli horum a me copiose ita et diligenter tractati sunt, ut nihil habeam quod hoc tempore addere possim. Ordo autem a me 36 Una est labor quem in exitu sustinent… Secunda est abscissio umbilici … Tertia est inassuetudo huius aeris … Quarta est diversitas nutrimenti … Postrema ratio est quod infantes in utero molliter cubant … huc dum veniunt cum in stratis et durioribus culcitris ponantur iure fit ut corpora ipsorum asperius tractata morbis pluribus disposita fiant (fol. 2r).
204 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 tractandorum mihi familiarissimus is quoque hic erit, ut scilicet prius universum morbum quo ad nomen describam, post morbum ipsum diffiniam, deinde de caussas, mox effectus horum qui sunt signa declarabo, subinde prognostica addam, postremo nullam partem curationis relinquere conabor, incipiens ab iis qui primo sunt enumerati, idest a morbis externis totius corporis, qui sunt exanthemata seu variolae et morbilli (fol. 2v). 4.1. los nomBRes de las enFeRmedades Efectivamente, la cuestión que siempre aborda en primer lugar Mercuriale es la del nombre de la enfermedad; su preocupación por el léxico le lleva a no dejar resquicio de duda posible frente a la nomenclatura de todas las afecciones tratadas en la obra. Aborda todo tipo de problemas: de traducción, de interpretación y relacionados con la crítica textual. Desmonta falsedades y deja patente la dificultad que implica trasladar a su tiempo, a la realidad nosológica que como médico práctico está viviendo de primera mano, la terminología encontrada en las fuentes clásicas de la medicina, puesto que no siempre puede superponerse sin más, máxime teniendo en cuenta el proceso de transmisión de los textos. En este aspecto Mercuriale es un filólogo y un digno representante del método humanista. Por ejemplo, a propósito de los nombres de la viruela y el sarampión explica que entre los médicos griegos los nombres más comúnmente utilizados para patologías similares (erupciones en la piel) fueron ἐξανθήματα o ἐκθύματα. Ambos pueden trasladarse al latín como efflorescentiae, pero los escritores latinos de la Antigüedad utilizaron para exanthemata el vocablo papulae, (Virgilio, Plinio, Escribonio Largo y Marcelo), mientras que en las traducciones latinas de los médicos árabes, sobre todo Avicena, aparecen los términos variolae y morbilli, o, en el caso de la obra de Abulcasis, algigram y alasmon (trasliteración latina de los términos árabes). Razes, que dedicó una monografía a estas dos enfermedades,37 dice Mercuriale que fue el único en llamarla pestis, con un 37 El tratado sobre la varicela y el sarampión de Razes se encuentra en el libro XVIII, cap. 8 del Continens, cuya primera edición en latín es la titulada: In nomine Dei misericordis et miseratoris... hunc librum composuit in medicina Abuchare Mugamet, medicus, filius Zachariae Rasis, et congregavit in eo aegritudines supervenientes corpori humano, et nominavit ipsum Helchauy. Hoc est liber continens artem medicinae et dicta praedecessorum in hac facultate commendatorum et inchoavit a morbis capitis et his qui generantur in ipso et primo de appoplesia, Impressum
205Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 término genérico, tal vez debido a su manera de propagarse. En consecuencia con esta idea, según nuestro médico, ya el mismo Avicena había situado el tratamiento de estas enfermedades a continuación del tratado dedicado a la peste. La conclusión que extrae Mercuriale, ante la falta de un término antiguo específico y tras su análisis de las fuentes, es que los escritores griegos y latinos sencillamente nunca se toparon con esta enfermedad: Omnes humorum eruptiones, quae fiunt in cute, invenio apud medicos vocatas esse communi nomine ἐξανθήματα seu ἐκθύματα, possumus nos transferre efflorescentias. Nam quemadmodum arbores extuberant, dum flores et fructus emittere volunt, sic ubi natura ad cutim tanquam ad cloacam propellere humores nititur, modo tubercula, modo solas maculas facit, quae tamen omnia, ut dicebam, exanthemata vocata sunt, ... Latini veteres ad imitationem Graecorum appellarunt omnia exanthemata papulas, et ut ego invenio, primus qui dedit hoc nomen exanthematibus fuit Virgilius in fine 3 Georgicorum, ubi loquitur de peste, postea Plinius plerisque in locis. Fuit etiam Scribonius Largus medicus inter Latinos non ignobilis post hunc Marcellus medicus et alii. Iam vero papulas seu exanthemata in corporibus puerorum apparentia medici Arabes, et praesertim Avicena, appellarunt variolas et morbillos, Alzaravius medicus gravissimus inter omnes vocavit sua lingua algigram et alasmon. Unus Rases in libro huic morbo dicato appellavit communi quodam nomine pestem, ea ratione, ut ego existimo, quia cum primum hic morbus cepit apparere, instar pestis pervagatus, depopulatus est, propter quod etiam Avicena et iure, in prima quarti, post tractatum de peste, tractare voluit de morbillis et variolis. Veteres Graeci et Latini nullum nomen habuerunt, quo variolas et morbillos appellarent, et huius rei ratio est, quia, ut copiosissime demonstrabo suo loco, hic morbus apud veteres nunquam visus est. (fol. 2v-3r) Es consciente de las dificultades de estudio de una patología a través de unas fuentes documentales que han sido traducidas Brixiae, per Jacobum Britannicum, 1486. Mercuriale poseía la edicion de Venecia de 1506 (per Hieronymum Salium Faventinum). Como obra independiente fue traducida por G. Valla (París, Nicèphore Blemydès, 1498), con el título De pestilentia; nosotros hemos tenido acceso al texto incluido en la edición: Pselli de victus ratione ad Constantinum Imperatorem libri II. Rhazae, cognomento experimentatoris, de pestilentia liber Georgio Valla Placentino interprete. Ioannis Manardi Ferrariensis in artem Galeni medicinalem luculenta expositio, Basileae, A. Cratander, 1529.
206 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 de modo diferente por diversos autores, y en distintas lenguas, por eso le extraña que Jean Fernel sostenga que la terminología griega también puede hacer referencia a estas afecciones. Mercuriale desmonta la equivalencia del médico francés, puesto que entre exanthemata y ἐκθύματα no encuentra una diferencia llamativa de significado en los textos; por otro lado los exanthemata de los griegos no se propagaban como la peste, ni afectaban de manera especial a los niños. Así pues, la teoría de Fernel no puede sustentarse en fuente alguna: Miror autem Fernelium doctissimum, quod sine ulla auctoritate, sine ullo testimonio dixerit exanthemata, et ἐκθύματα apud Graecos medicos diversa esse, et consequenter sub his veteres variolas et morbillos docuisse; quandoquidem omni studio hanc rem pervestigavi nec potui invenire ullam insignem differentiam inter has duas voces apud Graecos medicos, quemadmodum multum abest, ut exanthematibus ullus auctor tribuerit ea quae conveniunt variolis et morbillis. Quis enim scriptor dixit unquam exanthemata omnes homines tentare? Quis dixit ea magis pueros afficere? Apud quem reperiemus ipsa usque adeo deturpare omnes homines? Nugae sunt, quod veteres sub exanthematibus complexi sint variolas et morbillos nostros… (fol. 7r-7v) También disputa con Leonhard Fuchs sobre la equivalencia entre variolae y exanthemata y reprueba la opinión del alemán de varias maneras; le acusa de confundir variolae y morbilli, por un lado,38 y de no haber contrastado las denominaciones con la experiencia clínica, pero, sobre todo, de no haber comprendido que se trata de nombres que se han extendido a partir de los textos árabes, y por lo tanto a través de traducciones, sin una equivalencia exacta en la lengua griega, a la que primero se vertieron, lo que ha ocasionado problemas en su traslado posterior al latín. Como prueba alega que tanto Marcello Donato como Giorgio Valla como Günter von Andernach se refirieron siempre 38 Todo parece indicar que Mercuriale ya fue consciente de que el primer médico en la historia en distinguir entre la viruela y el sarampión había sido Razes, tal y como hoy en día se cree. Cf. Naser Pouyan, «Al-Razi (Rhazes), an Independent Medical Thinker Who Gave the First Description of Measles and Smallpox and Distinguished between Them», Journal of Microbiology Research 2014, 4(5), pp. 183-186. DOI: 10.5923/j.microbiology.20140405.03.
207Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 a la obra de Razes sobre estas enfermedades con el título genérico de pestis:39 Quare parcant mihi huius viri manes, neque ipse intellexit Arabes neque experientia comprobavit differentiam variolarum et morbillorum nostrorum. Sed est aliud forsan non minori nota dignum, quod scribit Rasem librum suum inscripsisse de exanthematibus. Et ut hoc intelligatur, sciendum Rasem librum suum scripsisse lingua Mauritana, ex qua postmodum fuit in Graecam translatus, et e Graeca in Latinam. Qua voce usus sit lingua Arabica non est mihi compertum, sed scio librum Graecum inscriptum esse περὶ λοιμοῦ, idest, de peste, ac poterit liber Parisiis excussus consuli, quem tres doctissimi viri in Latinum transtulerunt, Macherius (sic) Mutinensis, Georgius Valla et Andernacus Germanus, qui omnes inscripserunt librum de peste, adeo quod in hac re, quae non minimi est momenti, pateat Fuchsium fefellisse (fol. 8r). Esta disputa con otros autores, a propósito de los nombres, a veces se resuelve simplemente mediante la consulta de un tercero, cuyos argumentos convencen a nuestro autor y adopta como propios: Quare satis mirari nequeo Manardum sua tempestate clarissimum, qui lib. 2. Epistolarum non erubuit asserere herpetes veterum fuisse morbillos nostros, in quo refutando uterer longa oratione, nisi a Valeriola in suis medicinalibus observationibus mihi iste labor ademptus esset (fol. 4r) Otros ejemplos en torno a nombres de enfermedades se encuentran a propósito de la delgadez de los niños, caso en el que no escatima sinónimos latinos: (de macie) dicitur autem hic morbus a medicis Graecis ἰσχνότης, λεπτύντης, Latini vocant maciem, macilentiam, gracilitatem, tenuitatem; sunt etiam qui vocant macritudinem. (17r). 39 A la traducción de Valla ya nos hemos referido en la nota 37. En cuanto a Marcelo Donato, médico de Módena, se trata del texto De variolis et morbillis tractatus, Mantuae, apud Philoterpsem et Clidanum Philoponos, 1569, libro que formaba parte de la biblioteca de Mercuriale. La obra de Andernach es Ioan. Guinter. Andernaci commentarius de victus et medicinae ratione, cum alio, tum pestilentiae tempore observanda, Argentorati, per Vuendelinum Rihelium, 1542.
208 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 A propósito de las escrófulas también recoge los términos griego, latino y vulgar: Hic vero morbus a Latinis dicitur struma, a Graecis κήρας40 vocatura, Barbaris scrophula. (30r). Otro tanto sucede respecto a las grietas de los labios, con referencia al término empleado por las mujeres y/o madres, las depositarias de la medicina infantil popular, como veremos más adelante: pueri … quasdam scissuras labiorum patiuntur, … quo minus lac sugere possint atque Graece appellantur ῥαγάδες, vel potius ῥαγάδια τῶν καλέων, nostri vocant scissuras labiorum. Albucasis pilos, seu situlas, ut etiam vulgus muliercularum appellare consuevit, et est hic morbus nihil aliud quam divisiones quaedam labiorum cum pustulis (35r) Los ejemplos se multiplican al inicio de cada capítulo.41 4.2. el PeligRo de las tRaduCCiones: la CRítiCa textual Al hilo de estos y otros muchos nombres, Mercuriale deja clara la importancia de acudir siempre al original y de no fiarse de las traducciones: Sed advertendum locum illum Aristotelis pessime a Gaza fuisse traductum, ideo videndus est textus graecus, non autem latinus (17r) No se pueden atribuir fallos a los autores, basándose en las versiones; es el caso de algunos pasajes de Ecio de Amida, mal traducidos al latín por Jano Cornario, tal como deduce Mercuriale después del cotejo de esta edición con un manuscrito griego que asegura poseer: 40 Realmente el nombre griego más conocido era χοιράς (χοιράδες). Cf. Stephanus Blancardus, Lexicon medicum, Lión, 1735, p. 779, s.v. scrofula seu struma, chaeres. 41 Véase el caso del intertrigo, con todos sus sinónimos: paratrimata, enodia, attrita, confricata membra o excoriationes (fol. 42v). O el de los sabañones: Barbari medici vocant bugantias, Latini perniones, maior pars Graecorum … maligna chymetla … Celsus appellat ulcera a frigore, Latini proprie nomine vocant ambusta (fol. 43v), por no hablar del interesante caso de la epilepsia (fol. 48r) o del estudio que plantea acerca de los nombres de las lombrices en latín, en la literatura en general y dentro de la medicina en particular (Cf. fols. 93r-93v).
209Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 Quid ergo dicendum est ad sententiam Aetii? Sane non fallitur ipse, sed decipit nos interpres Cornarius, quandoquidem in textu graeco manu scripto, quem ego habeo, nequaquam hoc reperitur, quod scilicet strumae in collo facilius curentur. Immo vero plura sunt in eo capite errata eiusdem Cornarii, quae non aequum est latere, nam graecus codex habet particulam imminere si vel incidantur vel auferantur strumae in collo, ne denudentur nervi recursorii, atque ex illa denudatione vox vitietur, quae, ut dicebam, fuit sententia Gal. I de locis affectis cap. 6. Verumtamen in textu Cornarii latino longe diversa sententia reperitur (32r-32v) Lo mismo sucede con muchas citas de Galeno, al que recomienda leer en su lengua original: Cuius solutio posita tota est in intellectu verborum Galeni, quae male sunt expressi ab interprete, ut videre sit quanti referat auctores nostros legere propria lingua loquentes…(51r) Por ejemplo, sobre la traducción de προσέλλειν por adstringere en un pasaje del médico de Pérgamo, propone otras alternativas más ajustadas al significado del verbo griego: Sed qui Galenum vident propria lingua loquentem facile scrupulum hunc fugere possunt; nam interpretes omnes hoc in loco fefellerunt. Vocem enim qua utitur τάδε προσέλλειν pessime transtulerunt adstringere, quia hoc potius significat compescere, seu imminuere aut complanare…42(34r) Mercuriale destaca siempre la importancia de acudir al original griego, un original que no duda en corregir a veces ope ingenii: …apud Galenum loco vocis μακροῦς, idest longos, lengendum esse μικροῦς mutata una litera, idest parvos (101r) Sus amplios conocimientos, pero también su abundante bibliografía, le permitían elegir entre una u otra traducción; es el caso de Montano frente a Cornario en la siguiente cita de Aecio de Amida: 42 Cf. Henry George Liddell, Robert Scott, A Greek-English Lexicon, s.v. προσειλέω.
210 AnA IsAbel MArtín FerreIrA Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 Sed forsam melius est, ut salva huius scriptoris auctoritate, dicamus textum illum depravatum esse, quod facile cognosci potest ab iis qui graecam linguam callent. Quare paucissimis mutatis sententia illius scriptoris eadem erit cum Aetii sententia; qui enim volunt corrigere graecum textum, scribant ἄπὸ τοὺ ὑδατώδους ἤ αἰματώδους ἤ τρυγώδους et ita in latinum reddant, vel ab humido aquoso, vel cruento vel foeculento; ita enim correctus contextus graecus et latinus habebit eandem sententiam quam habet Aetius. Immo ego existimo Aetium mutuasse sententiam suam in hoc libro. Sed dicet aliquis, cur ergo scribit hydrocephaleam fieri ab humore lento? Hic est purus Cornarii error, et Montanus melius transtulit hunc locum; est enim sententia Aetii fieri non a lento humore, sed pigre et lente, non acute moveri (26r) 4.3. las Fuentes El amplísimo abanico de noticias recogidas de las fuentes, desde el punto de vista crítico, sigue fielmente el método humanista que, perfeccionado y aumentado en el caso de Mercuriale, le proporciona una fecundísima síntesis, entre varias disciplinas, como de manera paradigmática se observa en su De arte gymnastica, o en determinados aspectos de una disciplina concreta, como es el caso de la pediatría en el De morbis puerorum. Las citas forman una parte importantísima del libro que nos ocupa; proceden de filósofos, historiadores, padres de la Iglesia, poetas y autores diversos: Aristóteles y Platón, Teofrasto, Plutarco, Demóstenes, Demócrito, Sócrates, Vegecio, Lucrecio, Empédocles, Columela, Dioscórides, Heródoto, Plinio, Séneca, Suetonio, Homero, Virgilio, Opiano, Eusebio de Cesarea, Orígenes y el Evangelio de San Mateo. Pero, como es lógico, la mayor parte de sus citas tiene su origen en fuentes médicas: Alberto Magno, Alejandro de Tralles, Areteo de Capadocia, Arnaldo de Villanova, Aecio de Amida, Guillermo de Saliceto (Guilelmus Placentinus), Marcelo de Burdeos, Niccolò Falcucci (Florentinus), Oribasio, Pablo de Egina, Pietro d’Abano, Teodoro Prisciano, Raby Moyses, Escribonio Largo, Sereno Samónico. Los árabes mencionados son Abulcasis, Avenzoar, Averroes, Avicena y, a la cabeza, Razes. Entre los médicos más cercanos a su tiempo están Günter von Andernach, Musa Brassavola, Girolamo Cardano, Ognibene Ferrari (Omnibonus Ferrarius), Girolamo Fracastoro, Jean Fernel, Leonhart Fuchs, Nicolò Leoniceno, François Valeriola, Giovanni Manardi, Giovan Battista da Monte
211Transmisión e innovación del saber en la pediatría moderna Studia Philologica Valentina Vol. 17, n.s. 14 (2015) 187-216 (Montano) y Giorgio Valla. Una nómina excepcional, si tenemos en cuenta las dimensiones del tratado. 4.4. la exPeRienCia PeRsonal y los Remedios tRadiCionales Mercuriale es un ecléctico, un lector y recopilador incansable, pero también es un médico en ejercicio, que completa la información de las fuentes con la observatio a pie del paciente, lo cual le permite exponer sus consejos y recetas; son frecuentísimas en el texto las alusiones a su labor desarrollada como clínico: Soleo ego uti eiusmodi aqua: Recipe aquae rosacee… (13v); Ego soleo maximo successu comendare… (ibid.), ubi video periculum omne evasisse aegrotantes, soleo liberalius ipsos alere, ita ut sustineantur vires,... et tunc exhibeo vitellos ovi, (14v), etc. De esta experiencia personal también recoge otros remedios menos ortodoxos, externos, que pueden penetrar en el paciente por sus secretas propiedades (arcana proprietate); se trata de recetas de amplia tradición en los textos médicos del Medievo, para las que no encuentra más explicación que la tradición secular del uso y sobre cuya eficacia rara vez se pronuncia,43 constatando que determinadas prácticas se llevan a cabo y él se limita a dejar constancia de ellas «por si acaso». Son la mayoría de las veces remedios empleados por las madres, introducidos en el texto mediante expresiones del tipo ut dicunt, solent quoque, etc. Así, ante los dolores de la dentición se refiere a determinados polvos dentífricos o colgantes, fabricados con dientes de diferentes animales o con coral o jaspe verde o con raíz de coloquíntida engastada en oro o plata: Praeter haec remedia quae intus administrantur sunt alia quae extrinsecus collo appensa et intus adhibita arcana proprietate prosunt; nam cinis dentis canis rabidi gingivis affricatus, ut dicunt, facilem reddit dentitionem. Sic dens apri collo alligatus existimatur prodesse; dens etiam lupi. Propter quod non inepte faciunt nostrates mulieres, quae una cum corallis infantium collis appendunt huiusmodi dentes. Sic existimantur prodesse iaspis viridis collo appen43 J. Agrimi-Ch. Crisciani, «Per una ricerca su experimentum-experimenta: riflessione epistemologica e tradizione medica (secoli XIII-XV)» en Presenza del lessico greco e latino nelle lingue contemporanee (Ciclo di lezioni tenute all’Università di Macerata nell’anno academico 1987-1988), P. Jani-I. Mazzini, eds., Macerata, Università, 1990, pp. 9-49.