El Conde Ansúrez en la literatura del Siglo de Oro
Abstract
Producción Científica
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Coords.: M. ª Isabel del V al V aldivieso Dlatz illanueva Zubizarreta Valladolid, 2019
EL CONDE ANSÚREZ EN LA LITERATURA DEL SIGLO DE ORO Germán Vega García-Luengos Universidad de Valladolid 1. Introducción La Edad Media estuvo muy presente en la literatura del Siglo de Oro. Si sus personajes, instituciones y acontecimientos asentaron así su memoria, más o menos manipulada, los escritores –y sus inspiradores o instigadores– dispusieron de un riquísimo yacimiento de materiales al servicio de sus intereses artísticos y, por supuesto, ideológicos, políticos o económicos. Algunas de sus figuras se vieron muy favorecidas por esa fábrica de mitos que fue la literatura áurea y lograron sobrepasar su tiempo y espacio medievales para formar parte de la cultura universal, con el Cid entre las más destacadas. Como veremos en las páginas que siguen, no le cupo esa fortuna a su contemporáneo Pero Ansúrez, que deberá esperar a la época romántica para erigirse en emblema ideológico y político. El objetivo de este ensayo es analizar la aparición del considerado fundador de Valladolid en las manifestaciones más específicamente literarias, sin que tomemos en cuenta, más que circunstancialmente, las obras de carácter historiográfico, si bien en la época las barreras entre unas y otras no estaban muy claras. De los distintos tipos de presencia y su evolución podrá extraerse una idea más o menos clara de cuál fue la consideración que del personaje tuvo ese capítulo tan importante en la conformación de la literatura y de la cultura hispánica en general. Para organizar el material se ha procedido a una primera división entre los textos en que el Conde Ansúrez aparece como personaje y los que solo lo mencionan, aunque sea de forma dilatada. Por lo que se refiere a la primera categoría, que sin duda es la más relevante para conocer el uso y función de su figura en las letras auriseculares, son dos las parcelas que deben contemplarse: el Romancero y el teatro; este último de manera especial, entre otras razones, porque supo apropiarse también de los romances. Por contra, en lo que alcanzo, Ansúrez no está presente ni en la épica culta ni en la novela. 2. El conde Ansúrez, figura del Romancero Peranzules o Peranzures (son las formas con que casi siempre se le denomina) aparece en un número relativamente reducido de romances –de distinto carácter, además–, pero que son muy importantes en la transmisión de su imagen y en la configuración de sus
300 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA rasgos, algunos de los cuales perviven hasta hoy, aunque sea muy transformados, casi irreconocibles1. El conjunto más consistente tiene que ver con el cerco de Zamora, la muerte del rey don Sancho y sus consecuencias históricas, en las que tuvo un protagonismo destacado el Cid Campeador. • «Después que Vellido D’Olfos, / aquel traidor afamado»2: En este largo romance de 414 versos, donde se refiere desde los momentos subsiguientes a la muerte del rey Sancho a manos de Bellido Dolfos a la jura de Santa Gadea y la enemistad del Rey Alfonso con el Cid, tiene un segmento de 86 versos (a partir del v. 241) en que se da cuenta de acciones en las que participa Peranzures, «un caballero afamado», del que se subraya su lealtad al rey Alfonso, arrojo e ingenio. El Conde corta la cabeza de los mensajeros de Urraca que llevan la noticia a Alfonso, y le insta a que salga secretamente de Toledo, para en compañía suya cabalgar hacia Zamora en mitad de la noche: fuese con él Peranzurez / que de esto mucho ha holgado. Toma sogas y maromas / para echar del muro abajo, fuera tienen los caballos, / todos están en el campo; sálense a la medianoche, / que está todo asosegado, cubierto con las estrellas / y con la luna alumbrado. … no paran noche ni día / porque no vayan alcanzallos: llegan muy presto a Zamora / que es pueblo muy bien cercado; recíbenle sus vasallos / aunque no le habían jurado. (vv. 154-158, 163-164) • «En Toledo estaba Alfonso, / que non cuidaba reinar»3: En sus 90 versos, que tratan sintéticamente y con variantes de sentido los mismos episodios que el romance anterior, solo ocho se ocupan de Peranzules, en los que se destaca su ingenio, al aconsejar a Alfonso herrar al revés los caballos para confundir con sus huellas al rey de Toledo: El conde don Peranzures / un consejo le fue a dar, que caballos bien herrados / al revés habían de herrar. Descuélganse por el muro, / sálense de la ciudad, fueron a dar a Castilla / do esperándolos están. 1 La presencia del Conde Ansúrez en el Romancero ha sido rastreada por Beatriz Mariscal, en un intento de determinar qué romance podría ser el mencionado en el capítulo VI del Quijote de Avellaneda, del que se tratará más adelante («Una lectura del Quijote. Avellaneda y El Conde Peranzules», Anales Cervantinos, 2006, vol. 38, pp. 57-66). En este apartado añadiremos algunos testimonios a los registrados por la investigadora mexicana. 2 Cito por Pan-Hispanic Ballad Project (https://depts.washington.edu/hisprom/) nº 1443 (fecha de consulta 18/02/2019). 3 Ibídem, nº 1441.
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 301 • «Después que sobre Zamora / murió el noble rey Don Sancho»4: En el Romancero historiado de Lucas Rodríguez, aparece este romance que trata sobre la jura de Santa Gadea y el enfado del rey Alfonso con el Cid, su promotor. Ante la petición de que jure que no tuvo que ver en la muerte de su hermano, es Peranzules, presentado como ayo del monarca, quien le aconseja que lo haga: Luego habló Pero Anzures, un ayo que lo ha criado: –Poné la mano señor, y jurá pues, que estáis salvo, que nunca fuiste traidor, ni sabéis nada en tal caso–. Luego hizo Don Alfonso lo que le mandó su ayo… • «Muerto es el rey Alfonso, / el que a Toledo ganara»5: Atribuido a Lorenzo de Sepúlveda, se le conoce como «Lealtad de Pedro Ansúrez». Trata de asuntos posteriores en el tiempo. Ha muerto Alfonso y la infanta Urraca Alfonso pide que le entreguen las tierras que heredara de su padre, lo que el Conde hace por habérselas pedido «su natural señora». Esto enoja al rey de Aragón, que quiere su muerte: Luego lo quiso matar; mas los suyos lo estorbaban. Dijeron al Rey que el Conde no dañó su buena fama en haber dado a la Reina las tierras que demandaba: a su natural señora hiciera muy bien en darla, y con darle su persona el Conde muy bien obraba. El Rey loa mucho al Conde, a Castilla lo mandaba. • «Sevilla está en una torre / la más alta de Toledo»6: Es un romance conocido como «Cabalgada de Peranzules» o «Romance de la Infanta Sevilla y Peranzules». Nos hemos salido del ciclo cidiano para pasar a otro universo que los investigadores apuntan que es el carolingio. El origen de este romance es dudoso; Samuel Armistead propone la chanson de geste de Guillaume d’Orange como fuente y no la épica nacional7. Desde la torre más alta de Toledo la infanta Sevilla observa el horizonte cuando ve acercarse un caballero cristiano, que resulta ser Peranzules, al frente de una 4 Citamos por Durán, Agustín, Romancero general o colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII, Madrid, Ediciones Atlas. Biblioteca de autores españoles nº 10 y 16, 1945, T. I, nº 814. No hemos respetado las mayúsculas a comienzo de verso. 5 Durán, Romancero general…, T. I, nº 917. 6 Utilizamos el texto de Pan-Hispanic Ballad Project, nº 1542 (fecha de consulta 18/02/2019). 7 24. Armistead, Samuel G., «La cabalgada de Peranzules: A Posible Epic Congener», en Historicist Essays on Hispano-Medieval Narrative. in Memory of Roger M. Walker, Publications of the Modern Humanities Research Association, vol. 16 (Cambridge: MHRA, 2005), pp. 41-52.
302 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA cadena de moros presos; a su alcance cabalga un moro que reclama a voces a su padre y a sus hermanos mayores. Se produce un combate entre ambos, del que Peranzules sale vencedor: En oírlo Peranzules / el caballo volvió luego; la lanza puso en el ristre / para el moro se va recio, con tal furia y ligereza / cual suele llevar un trueno. A los primeros encuentros / derribádolo ha en el suelo; apeara del caballo, / el pie le puso en el cuello; cortárale la cabeza: / ya después que hizo esto recogió su cabalgada, / metióse dentro en Toledo. (vv. 17-23) Están registradas bastantes versiones de este romance en España y fuera, en la mayoría de las cuales ya no está Peranzules; lo que nos puede servir de metáfora –adelantémoslo ya– de algo que se constituye en una de las conclusiones de esta historia que trato de analizar: la tendencia a que su figura se difumine e, incluso, desaparezca a medida que la literatura aurisecular avanza en su cronología. • «Quien vio al Conde Pero Anzules / en Valladolid la rica»8: En la Biblioteca Ambrosiana de Milán se conservan unos cuadernillos en los que se encuentra este romance apenas tenido en cuenta en la actualidad, aunque sí en el Siglo de Oro, como muestra su presencia en la comedia de Luis Vélez de Guevara, Don Pero Miago9. A pesar de haber pasado prácticamente desapercibido, aporta un aspecto fundamental: la atención a su vestuario. Es importante porque, como se verá, una parte de la posteridad de Ansúrez ha quedado ligada a la mención de prendas de vestir, calzas, medias, bragas…10. Su parte final insiste en la lealtad del Conde Anzules al rey Alfonso y a Valladolid, que ha sabido cuidar y dotar de un puente y de una iglesia dedicada a Santa María en la Antigua. Dada su rareza, merece la pena reproducirlo, corrigiendo las erratas de transcripción, y modernizando la ortografía y la puntuación: ¡Quién vio al Conde Pero Anzules en Valladolid la rica, con su caballo alazán, cola larga, crespa y lisa, recebir al Rey Alfonso, 5 que de Toledo venía, de tomar la posesión de Asturias y de Castilla! Salió galán y bizarro, Dios en ayuso traía, 10 una cuera con ribetes, 8 Quinto quaderno de varios romances…, Valencia, 1593, en «Les romancerillos de la Bibliothèque Ambrosienne», Revue Hispanique, 1919, vol. 45, p. 546, nº 108. 9 Como más adelante se verá, una parte de él se canta en dicha comedia, editada críticamente por George Peale (Don Pedro Miago, Newark, Delaware, Juan de la Cuesta), que no llega a identificar la fuente (pp. 134-135). 10 También se menciona su vestuario, aunque escuetamente, en el romance que hemos visto más arriba y que comienza «Muerto es el rey don Alfonso / el que a Toledo ganara». En él se dice que cuando el rey de Aragón le llama, «vistiose de paños buenos / paños nobles de escarlata».
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 303 fina grana y sin pulilla; muy anchas las cuchilladas, invención antigua y rica, jubón con punta a la viejo, 15 que peto de armar decía; calzas justas destarlin [sic], girones a maravilla, y unos vivos de contray sobrepuestos por encima. 20 La espada de Alfonso el Casto en los tiros trae ceñida, una agujeta de cuero con que la prende por liga. Su media bota de vaca 25 abierta con sus hebillas sin platear, porque entonces no había costas ni malicias. De chamelote morado un ropón con su capilla, 30 forrado de zorros negros, no con martas gebellinas. Apeose del caballo, linda proporción tenía, a modo de Sant Christóbal 35 que está pintado en Sevilla. Quitó su gorra de paño y al Rey fincó la rodilla, y mostrando la melena blanca, peinada y partida: 40 «Bien vengades, Rey Alfonso, Dios vos mantenga y bendiga, y el que tuerto vos fiziere le faga mal y persiga. Si el Cid vos afincó tanto 45 y en al pensaba y decía, bien sabéis que non fablé reprochando la mentira. Antes como buen fidalgo vos he guardado esta villa: 50 yo y ñusco vos la entregamos; fágaos la pro, que es debida. Perdonadme si tuviere lienzo o muralla rompida que dello he fecho una puente 55 a Pisuerga, que no había. Homes buenos tiene dentro que vos la defenderían, que más valen corazones que non pertrechos ni minas. 60 En la Antigua he fabricado templo de Sancta María,
304 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA con un rico monumento para quien de mí vendría». Levantole el Rey del suelo 65 con amor y cortesía; de él vienen los Pimenteles, casa noble antigua y rica. • «Aquí yace sepultado / un Conde dino de fama»: Este séptimo poema que traigo a colación ya no es un romance, pero merece la pena consignarlo. Pinheiro da Veiga lo reproduce en su Fastiginia, introducido de esta manera11: Refieren algunos un epitafio que tiene, aunque moderno, en un sepulcro antiguo que está en la Iglesia Mayor, que es hoy catedral, en el cuerpo de ella, a mano derecha, en una sepultura de mármol, más pobre para tal hombre. Debieron hacerlo por humildad, pues no se puso en la capilla mayor. El poema en ocho quintillas había aparecido con antelación en el Cancionero de Pero Guillén de Segovia (a. 1490) con el título de «Coplas que fizo Romero, canónigo de Valladolid, para la Sepultura del conde don Pedro Anzúrez»12: Aquí yace sepultado un Conde dino de fama, un varón muy señalado, leal, devoto, esforzado: Don Pedro Anzures se llama, el cual sacó de Toledo del poder del Rey pagano al Rey que, de puro miedo, tovo siempre el brazo quedo al forazar de la mano. La vida de los pasados reprehende a los presentes, y tales somos tornados que mentar los encerrados es ultraje a los vivientes, porque la fama del bueno lastima por donde vuela al bueno con el espuela y al perverso con el freno. Por esta cabsa he querido que pregone esta escritura lo que nos es ascondido y casi puesto en olvido dentro en esta sepultura, 11 Se encuentra en su tercera parte, que lleva por rótulo «Pincigrafía o descripción e historia natural y moral de Valladolid», en Pinheiro da Veiga, Tomé, Fastiginia o Fastos Geniales, traducción y notas de Narciso Alonso Cortés, Valladolid, Servicio de Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento, 1973. Edición facsímil: Fastiginia. Vida cotidiana en la Corte de Valladolid, Valladolid, Ámbito, 1989, p. 288. 12 Modernizamos ortografía y puntuación sobre el texto de Henri Ternaux-Compans que se conserva en la Biblioteca Nacional de España (BNE) [MSS/4114], fol 540r-v. Hay copia facsímil en la Bibioteca Digital Hispánica (BDH): http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000134993&page=1.
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 305 por que en este claro espejo veamos cuánta mancilla agora tiene Castilla según lo del tiempo viejo. Es de notar la queja por el olvido del Conde y del «tiempo viejo». Efectivamente, «tiempo viejo» es también un concepto fundamental de la historia que en estas páginas se perfila. 3. El conde Ansúrez, personaje de la Comedia Nueva El teatro es el género literario que registra un mayor número de presencias de Pero Ansúrez como personaje, al igual que de muchas otras figuras históricas del pasado. La historia y el teatro habían ofrecido ya testimonios de su fértil asociación a lo largo del siglo XVI en las obras de dramaturgos como Cervantes, con su Numancia, o Juan de la Cueva, con La muerte del rey don Sancho y reto de Zamora, entre otros textos, precursores de la explosión teatral que se habría de producir en los últimos años de la centuria, en la que se impuso la fórmula que dieron en llamar Comedia Nueva (en oposición a una supuesta comedia vieja, obediente a las normas clasicistas), y que estaría vigente a lo largo del siglo XVII con secuelas en el siguiente. Su principal impulsor fue Lope de Vega, quien explicó y defendió sus características en el Arte nuevo de hacer comedias, publicado en 1609. Su duración en el tiempo, su propagación dentro y fuera de los territorios hispánicos, sus enormes dimensiones en cuanto autores y obras, y –de manera especial– la calidad de algunas de ellas, hacen del teatro del siglo XVII uno de los capítulos más destacados del pasado cultural español, a la par que de la dramaturgia universal. Pocas veces el género dramático ha experimentado tal sobrexplotación, exigida por la adicción de un gran número de individuos, que además pertenecían a sectores muy variados. A los corrales de comedias asistían desde el rey al jornalero, pasando por toda la escala social. Todos oían los mismos versos, y los artistas, y quienes estaban detrás, lo debían tener en cuenta. La «cólera del español sentado» –por recurrir a una de las expresiones del Arte nuevo– no se templaba sino a base de comedias y más comedias que podían verse sobre los tablados. Pero no solo ahí, porque pronto se generó otro fenómeno que, a falta de profundizar más en él, se perfila como un aspecto de notable interés de la cultura del Antiguo Régimen: la publicación masiva de teatro, particularmente de comedias. Los lectores optaron por leerlas antes que otros productos orientados por esencia hacia la lectura, como la poesía y la novela; solo así se pueden explicar los millones de ejemplares impresos desde principios del siglo XVII hasta el primer tercio del XIX, más allá de lo que fue su vigencia en las tablas. Una de las razones de la posición de privilegio de la Comedia Nueva fue –como se apuntó antes a propósito del Romancero– su capacidad de aglutinar al resto de las modalidades literarias, alimentándose de todas ellas: relatos, poemas líricos o épicos, refranes, prosa de ideas… Y más allá de la literatura, hizo otro tanto con el resto de las manifestaciones artísticas: música, danza, pintura, escultura, arquitectura. Porque el teatro buscó como pocas otras manifestaciones de la época el arte total, que fue santo y seña del Barroco. El conjunto de comedias basadas en episodios históricos es uno de los más nutridos de todo el repertorio aurisecular, junto con los de comedias de santos o de capa y espada, aunque no siempre sea fácil diferenciar entre las obras donde lo histórico es un simple
306 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA telón de fondo y aquellas en que sus acontecimientos y personajes son materia prima y objetivo fundamental. Las razones por las que la Comedia Nueva se aprovechó de la historia fueron variadas. Desde el lado puramente material, hay que tener en cuenta la necesidad que los dramaturgos experimentaban de materiales susceptibles de ser teatralizados para atender la enorme demanda de textos por parte de las compañías, que a su vez sentían las exigencias de un público consumidor de comedias «jamás vistas ni oídas». Si el teatro había llegado a convertirse en emblema con el que explicar el mundo –«el gran teatro del mundo»–, todo el mundo podía convertirse en teatro: no solo lo ocurrido realmente sino también lo imaginado, pensado o creído (ahí están los autos para dar por buena esta idea). Hay que contar también con el prestigio de la historia y la posibilidad que el teatro ofrecía de mostrarla vívidamente, para que los espectadores pudieran aprender de ella. Así lo afirma Lope de Vega en diferentes ocasiones, pero sobre todo en la conocida dedicatoria de La campana de Aragón, la comedia sobre el reinado de Ramiro II el Monje que incluyó en la Parte XVIII (1623)13: La fuerza de las historias representada es tanto mayor que leída, cuanta diferencia se advierte de la verdad a la pintura, y del original al retrato: porque en un cuadro están las figuras mudas, y en una sola ac ción las personas, y en la comedia hablando y discurriendo […] De la historia, dijo Cicerón, que no saber lo que antes de nosotros había pasado, era ser siempre niños; conocida es su utilidad, tan encarecida de tantos. Bien necesitado estaba el teatro de prestigiarse si quería contrarrestar los duros ataques de sus enemigos en la controversia por la licitud moral. Pero normalmente no se trataba de contar por contar una historia, de enseñar inocentemente o de divertir sin más, sino de satisfacer los intereses de quien promovía su dramatización. La historia del pasado les daba la posibilidad a los escritores de incidir en el presente, por ejemplo, para discrepar de él con la discreción obligada. Pero el tipo de incidencia que se trasluce en una notable cantidad de textos, especialmente los extraídos de la historia medieval, es la que ya apuntara Maravall, consistente en hacer que sus hechos, debidamente manejados, ofrecieran una idea de nación al servicio de los intereses monárquico-señoriales. Aunque esta tesis de la manipulación propagandística del teatro, y del arte barroco en general, no agota todas las explicaciones sobre su explotación, sí que debe tenerse en cuenta. El Conde Ansúrez fue personaje principal o secundario en algunas obras de los millares que debieron de escribirse. De ello tratan los apartados que siguen. 3.1. El Conde Ansúrez, protagonista en el teatro de Siglo de Oro Desafortunadamente, bajo este epígrafe solo podemos hablar de pérdidas. Lo más probable es que las obras que echamos en falta no hubieran formado parte del grupo selecto que conforma el canon de escogidas de este teatro, pero nos habrían proporcionado un testimonio extraordinario de la visión de Peranzules en el Siglo de Oro, e, incluso, podrían haber facilitado su explotación romántica, su mitificación. Efectivamente, por documentos de época, conocemos la existencia de al menos una comedia –y pudieran ser dos– con el Conde Ansúrez como personaje principal, tal 13 Case, Thomas E. Las dedicatorias de Partes XIII-XX de Lope de Vega, Valencia-Madrid, Castalia-Estudios de Hispanófila, 1975, pp. 203-204.
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 313 cómo se le asocia a Valladolid y se le adjudica el Hospital de Esgueva, que se nombra hasta en dos ocasiones: ORDOÑO Y si el Cid lo toma a mal, ¿dónde has de ir, pobre de ti? PEDRO ANSÚREZ A Valladolid, que allí he fundado un hospital. (vv. 207-210) También se menciona otra de sus fundaciones, la Iglesia Mayor, cuando el Cid y el Conde juegan a los naipes: ¿Qué hacéis aquí, jugador? PEDRO ANSÚREZ Ganar la hacienda del Cid con que irme a Valladolid a hacer la Iglesia Mayor CID ¡No se vio cosa más nueva! PEDRO ANSÚREZ Tan pobre os he de dejar, que os he de venir a echar en el Hospital de Esgueva. (vv. 303-310) El Conde Ansúrez, sin embargo, no figura como personaje en la comedia burlesca que se citaba más arriba, la más famosa de las cinco conservadas que se dedican al ciclo del Cid, El rey don Alfonso el de la mano horadada, a pesar de tratar hechos históricos en los que tuvo especial protagonismo. 4. Evocaciones y alabanzas al Conde Ansúrez Una posición singular en este apartado debe ocupar la comedia que lleva por título el nombre del que legendariamente es considerado el mayordomo del Conde Ansúrez: Don Pedro Miago, de Luis Vélez de Guevara, una de las obras más vallisoletanas que podemos encontrar en el repertorio aurisecular. Además de su protagonista, en el que estriba una buena parte de la fuerza que puede tener la pieza, y en el que se ha querido ver la huella del Juan Labrador de El villano en su rincón de Lope de Vega33, entre sus dramatis personae figuran nombres como Teresa Gil y Pedro Barruecos. Es evidente que el dramaturgo la escribió en una de sus estancias en la capital castellana y pensando en que se exhibiera en ella: solo un público que conociera los entresijos de la ciudad podría sacarle todo el provecho a alusiones que se hacen en distintos momentos. Sabemos que Vélez estuvo en Valladolid en 1605, el último año de la corte de Felipe III, y después en distintos momentos por exigencias de su servicio al conde de Saldaña, hijo del duque de Lerma. 33 Para su perfil dramático, Vélez se apoyaría en la imagen del personaje histórico que permitía entrever la quintilla que acompañaba la talla de medio cuerpo de su sepulcro a la entrada de la iglesia de San Esteban, hoy desaparecido, pero que se ha transmitido en la Historia de Valladolid de Juan Antolínez de Burgos: Yo soy D. Pedro Miago que de lo mío me fago lo que comí y bebí logré el bien que hice fallé, lo que dejé non lo sé. Ver Alonso Cortés, Narciso, «Don Pedro Miago», en Miscelánea vallisoletana, II, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1955, pp. 710-712.
314 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA En una comedia con este planteamiento no podía faltar el recuerdo del Conde Ansúrez. Este se produce cuando Don Pero Miago aparece por primera vez en escena y los músicos cantan los ocho primeros versos del romance «¿Quién vio al conde Peranzures, / en Valladolid la rica», que suscitan este comentario del protagonista34: ¡Buen tiempo aquel! Todo pasa. Entonces la llamarían con mayor causa que agora a Valladolid la rica. Siempre que miro el sepulcro donde para siempre habita el difunto amado Conde, pongo en tierra la rodilla y le hago reverencia, porque fue honor de Castilla, por amparo de su patria, y asombro de la morisma, por amigo, y finalmente, porque puesto que la vida y el reino le debe Alfonso, usó también de la dicha, que es uso la confusión de palacio, y sus altivas privanzas menospreciando, siempre ligítimas hijas de la condición del tiempo, y desde lejos servía a su rey como vasallo leal, con que dejó escritas, ansí en las cosas humanas como en las obras divinas, en Valladolid memorias que a pesar del tiempo vivan. Por vida tuya, Luján, que a mis cenas y comidas me cantes ese romance. (vv. 639-669) De nuevo, asistimos a la asociación del Conde Ansúrez con el tiempo pasado y sus excelencias. De los grandes escritores que alaban a Ansúrez cuando le mencionan en sus obras, ocupa un lugar destacado Tirso de Molina, autor de varias obras fundamentales del canon del teatro del Siglo de Oro, entre las que debe destacarse la que para algunos es la «comedia perfecta», Don Gil de las calzas verdes. En su comienzo, doña Juana, la protagonista, ya con el disfraz verde de varón, y su criado Quintana se encuentran en la Puente Segoviana de Madrid y se acuerdan de Valladolid, desde donde han viajado a la capital. Habla el gracioso35: 34 Don Pedro Miago, ed. cit. 35 Cito por la edición de Francisco Florit Durán, Madrid, Bruño, 1996.
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 315 Ya que a vista de Madrid y en su Puente Segoviana olvidamos, doña Juana, huertas de Valladolid, Puerta del Campo, Espolón, puentes, galeras, Esgueva, con todo aquello que lleva, por ser como inquisición de la pinciana nobleza, pues cual brazo de justicia, desterrando su inmundicia califica su limpieza; ya que nos traen tus pesares a que desta insigne puente veas la humilde corriente del enano Manzanares, que por arenales rojos corre, y se debe correr, que en tal puente venga a ser lágrima de tantos ojos… (vv. 1-20) Por fin, el criado pregunta a su ama por qué se ha disfrazado y ha venido a Madrid; y doña Juana le cuenta cómo conoció a don Martín, el galán que se apoderó de su corazón, precisamente en el Puente Mayor vallisoletano: Dos meses ha que pasó la pascua, que por abril viste bizarra los campos de felpas y de tabís, cuando a la puente, que a medias hicieron, a lo que oí, Pero Anzures y su esposa, va todo Valladolid. Iba yo con los demás, pero no sé si volví, a lo menos con el alma, que no he vuelto a reducir, porque junto a la Vitoria un Adonis bello vi que a mil Venus daba amores y a mil Martes celos mil. (vv. 61-76) Efectivamente, parece estar haciéndose eco de la tradición que afirma que el puente fue construido por la condesa Eilo, en ausencia de su marido, y este al regreso lo amplió. El recuerdo del Conde al mencionar el puente, también lo encontramos en Fastiginia36: «En el mes era de Abril – del de Mayo antes un día, cuando me convidaron para ir a la huerta del duque, del otro lado del río […] Atraviesan el Puente Mayor, que no tiene 36 Pinheiro, Op. cit., p. 68.
316 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA más hermosura que lo tosco de la antigüedad, con que le construyó el conde D. Pedro Ansúrez». En el teatro de Tirso hay otro recuerdo laudatorio del Conde en su comedia Cómo han de ser los amigos. También en su comienzo, el personaje Manrique refiere en la historia reciente de Castilla el reinado de doña Urraca, del que fue bastión fundamental Ansúrez37: Reinó en Castilla y León como reina propietaria, algunos tiempos en paz, mediante el consejo y canas del conde don Pedro Anzures, cuya prudencia y hazañas darán en Valladolid eterno nombre a su fama. Mas muerto el conde, y sintiendo las condiciones voltarias de algunos grandes del reino que una mujer sola y flaca los gobernase, usurparon por el rigor de las armas las más importantes fuerzas que las dos Castillas guardan. (vv. 65-80) Quien habló pagó es comedia que se encuentra en la problemática Segunda parte de las comedias del maestro Tirso de Molina (Madrid, 1635), en la que es posible que no lleguen ni a cuatro las que afirma en la dedicatoria que son suyas solamente. La que ahora nos ocupa parece ser obra de Rodrigo de Herrera, dramaturgo apreciado por sus contemporáneos del que no se conocen muchos datos, pero que podría ser de Medina del Campo. Los versos que interesan están puestos en boca del Conde Urgel al final de la segunda jornada38: Yo soy el conde de Urgel. en quien fortuna contraria a los pechos de la envidia alimentó las desgracias del conde Don Pedro Anzures, cuya lealtad en su patria túmulos tiene, y altares por todo el orbe su fama. (fol. 58v) 5. Menciones jocosas al Conde Ansúrez Los testimonios de este apartado superan a los del anterior en la literatura aurisecular con algunas secuelas hasta nuestros días. Como ya hemos tenido oportunidad de 37 Utilizo Tirso de Molina, Cómo han de ser los amigos y El amor y el amistad (dos comedias palatinas), ed. de María Teresa Otal, Madrid-Pamplona, Instituto de Estudios TirsianosGRISO (Universidad de Navarra), 2007. 38 Cito por la princeps (BNE: R/18186) aunque he modernizado la ortografía y la puntuación.
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 317 comprobar, su nombre tiende a ser asociado al «tiempo antiguo» y sobre ese flanco van algunas de las bromas, tanto por lo que refiere a la forma de ser como a las de hablar o vestir. Respecto a este último punto, el del vestuario, la fonética de las variantes del nombre del Conde más utilizadas, Peranzules o Peransules, motivan por paronimia la asociación con el color azul, como tendremos oportunidad de ver. Su capacidad de sugerir lo «antiguo», incluso lo «viejo» y «rancio», está detrás de la única mención que de Peranzules he localizado en Góngora. Se encuentra en el soneto 110 «De un caballero que llamó soneto a un romance»39, escrito en 1609, no mucho después de la estancia del poeta cordobés en el Valladolid cortesano, que tan enojosa le resultó, a juzgar por los poemas satíricos que le dedicó. Música le pidió ayer su albedrío a un descendiente de don Peranzules; templáronle al momento dos baúles con más cuerdas que jarcias un navío. Cantáronle de cierto amigo mío un desafío campal de dos gazules, que en ser por unos ojos entre azules, fue peor que gatesco el desafío. Romance fue el cantado, y que no pudo dejarle de entender, si el muy discreto no era sordo o el músico era mudo; y de que lo entendió yo os lo prometo, pues envïó a decir con don Bermudo: «Que vuelvan a cantar aquel soneto». Según Mercedes Blanco, la mención de Peranzules, junto con otros factores, le permite al poeta la evocación de «un ambiente de antiguallas rancias, un mundo de glorias apolilladas que contempla su vetusta caricatura en romances viejos y libros de caballería»40. Mas asociaciones a lo viejo se hallan en el Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, publicado en 1614 y firmado por quien dice llamarse Alonso Fernández de Avellaneda, y ser de Tordesillas, lo que puede dar una pista de su entorno de escritura, aparte de las menciones que se hacen al Conde Ansúrez, hasta tres. Por cierto, si anteriormente se afirmaba que el Conde Ansúrez estaba ausente de la obra de Calderón de la Barca, debe añadirse ahora que tampoco lo he localizado en la del autor del auténtico Quijote, y eso a pesar de que Miguel de Cervantes vivió en Valladolid y en su novela inmortal está muy presente el mundo romanceril41. 39 El soneto, junto con los demás del autor, ha merecido una excelente edición de Juan Matas, recientemente aparecida, por la que cito: Góngora, Luis de, Sonetos, Madrid, Cátedra, 2019, pp. 961-963. 40 Góngora heroico. Las Soledades y la tradición épica, Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica, 2012, pp. 221-222. 41 A Cervantes se le ha atribuido, sin suficiente respaldo hasta la fecha, el entremés de Los habladores, donde sí se menciona a Pedro Anzures en un contexto totalmente humorístico. Su nombre está puesto en boca de Roldán, que es uno de esos habladores impenitentes que tratan disparatadamente de cualquier cosa: «¿Cuchillada dijo vuesa merced? Está bien dicho. Cuchillada fue la que dio Caín a Abel su hermano, aunque entonces no había cuchillos; cuchillada fue la que dio Alejandro Magno a la reina Patasilea, sobre quitalle a Zamora la bien cercada; y asimismo Julio César al conde don Pedro Anzures sobre el jugar a las tablas con dos Gaiferos entre Cabanas y Olías…» (Cotarelo y Mori, Emilio, Colección de entremeses, loas, bailes, jácaras y mojigangas desde fines del siglo XVI a mediados del XVIII, Madrid, Bailly-Bailliére, 1911, 2 vols., I, p. 47).
318 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA Las tres alusiones al personaje en el Quijote de Avellaneda son todas asociadas al tiempo antiguo. En dos de ellas en relación con los usos lingüísticos; la primera de las cuales constata el uso de la «fabla» en las comedias42: —Por Dios –dijo don Álvaro riéndose–, que es la más donosa carta que en su tiempo pudo escribir el rey don Sancho de León a la noble doña Jimena Gómez, al tiempo que, por estar ausente de ella el Cid, la consolaba. Pero, siendo vuesa merced tan cortesano, me espanto que escribiese esa carta ahora tan a lo del tiempo antiguo, porque ya no se usan esos vocablos en Castilla, si no es cuando se hacen comedias de los reyes y condes de aquellos siglos dorados. —Escríbola de esta suerte –dijo don Quijote– porque ya que imito a los antiguos en la fortaleza, como son al conde Fernán González, Peranzules, Bernardo y al Cid, los quiero también imitar en las palabras (cap. II, p. 30). Una asociación semejante se da al final justo de la sexta parte: Fuéronse, en oyendo el recado, el corregidor y los que con él venían, llenos de risa y asombro; unos de oír los dislates del amo y simplicidades del escudero, y otros, de ver el extraño género de locura del triste manchego, efeto maldito de los nocivos y perjudiciales libros de fabulosas caballerías y aventuras, dignos ellos, sus autores y aun sus letores, de que las repúblicas bien regidas igualmente los desterrasen de sus confines. Pero de lo que más se fueron admirados era de ver la facilidad que tenía don Quijote en hablar el lenguaje que antiguamente se hablaba en Castilla en los cándidos siglos del conde Fernán González, Peranzules, Cid Ruiz Díaz y de los demás antiguos (cap. XXIV, p. 265). Distinta es la tercera ocurrencia de Peranzules en la obra de Avellaneda. El Quijote ha sido alcanzado por dos guijarros de la honda de un melonero que cuidaba su plantío, como respuesta al ataque del protagonista, que le ha confundido con Orlando el Furioso, a quien considera que ha encantado un moro: —Dame, Sancho, la mano, pues ya he salido con muy cumplida vitoria; que, para alcanzarla, bástame que mi contrario haya huido de mí y no ha osado aguardarme; y el enemigo que huye, hacerle la puente de plata, como dicen. Dejémosle, pues, ir; que ya vendrá tiempo en que yo le busque, y, a pesar suyo, acabe la batalla comenzada. Solo me siento en este brazo izquierdo malherido, que aquel furioso Orlando me debió tirar una terrible maza que tenía en la mano; y, si no me defendieran mis finas armas, entiendo que me hubiera quebrado el brazo. —Maza –dijo Sancho–-, bien sé yo que no la tenía, pero le tiró dos guijarros con la honda, que, si con cualquiera de ellos le diera sobre la cabeza, sobre mí que, por más que tuviera puesto en ella ese chapitel de plata, o como le llama, hubiéramos acabado con el trabajo que habemos de pasar en las justas de Zaragoza. Pero agradezca la vida que tiene a un romance que yo le recé del conde Peranzules, que es cosa muy probada para el dolor de ijada (cap. VI, pp. 71-72). Su editor moderno Luis Gómez Canseco se evade con ingenio de explicar esta alusión: «De la efectividad del rezo y salmodia al conde Peranzules –el Don Pedro Ansures del romancero– no hay constancia”43. Lo ha estudiado Beatriz Mariscal, quien afirma que la conversión a lo divino de poemas y romances es habitual, pero no considera que ninguno de los que ha logrado localizar sea susceptible de esa utilización44. No tengo datos para precisar de qué romance se valió el Sancho avellanedesco, pero sí que he creído ver en otro testimonio el uso que de Peranzules se hacía para el remedio 42 Utilizo la excelente edición de Luis Gómez Canseco, Madrid, Real Academia Española-Centro para la Edición de Clásicos Españoles, 2014. 43 Ibídem, p. 72. 44 Op. cit.
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 319 de dolores varios: reumas, catarros, dolores de muelas. Se trataría del romance que Francisco de Quevedo escribió en 1605, según se deduce de su contenido, y que lleva el título de «Alabanzas irónicas a Valladolid mudándose la corte de ella». Estos son los versos que interesan45: Todo pudiera sufrirse, como no se le subieran al buen Conde Peranzules a la barba larga y crespa. Si en un tiempo la peinó, ya enojado la remesa: que aun muerto y en el sepulcro no le ha valido la iglesia. ¿Qué culpa tiene el buen Conde de los catarros y reumas? Que él fue fundador del pueblo, mas no del dolor de muelas. (nº 737: vv. 81-92) El Conde Ansúrez tenía que resultarle un personaje familiar a Quevedo, que vivió en Valladolid durante todo el tiempo que estuvo la corte aquí; pero las dos referencias localizadas en sus obras son satíricas. En la segunda, incluida en el poema «Vejamen a una dama. Romance burlesco», el tono jocoso de la anterior es retorcido aún más hasta convertir a Peranzules en nombre común para designar a un personaje grotesco y carnavalesco: Pues ya los años caducos, que tejen edades largas, por adorno de cabeza me dan cabellos de plata; … ansí buesos y arlequines, peranzules y botargas, a vista de las estrellas, la bailen danzas de espadas… (nº 778: vv 1-5… 53-56) Pero volvamos a Peransules como referente de usos lingüísticos ya en desuso, para consignar un caso curioso referido a la predicación. Lo ofrece Francisco Terrones del Caño en el tratado IV («De la elocución») de su Instrucción de predicadores (1605)46: Cerremos este capítulo con el último documento: o que no se ha de tomar libertad en el púlpito para forjar vocablos nuevos, ni usar de los muy recientes, especialmente, si el predicador no es muy anciano; que los que lo son, alguna vez tienen licencia de formar un vocablo nuevo, para declararse; pero los no tan maestros viejos, ni hagan vocablos nuevos, ni, en naciendo el vocablo nuevo en el pueblo, luego le suban al púlpito; ni resuciten los vocablos antiguos del 45 Cito por Poesía original completa, ed. de José Manuel Blecua, Barcelona, Planeta, 1981. 46 Ed. del P. Félix G. Olmedo, Madrid, Espasa-Calpe, 1946. Hay edición digital en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, por la que cito: http://www.cervantesvirtual.com/obra/arte-o-instruccion-que-ha-detener-el-predicador--0/ (fecha de consulta: 05/02/2019).
320 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA tiempo del Conde don Peranzules , que ya están desusados; que, en esto de vocablos, el uso los engendra y los quita, como refiere Horacio. Un caso más con referencia a la lengua lo encontramos en el texto primitivo (1612) de La república literaria de Diego Saavedra Fajardo47: …y aquellos dos tomos son la Historia general de España, de Juan de Mariana, varón insigne y tan docto, que por ser gran talento tiene bien merecido el lugar de este templo, si bien por parte de la ciudad de Toledo se insta que le echen de él, porque no guardó el lenguaje castellano corriente, y aun se pide que sea castigado por ello, porque como otros merecen pena por teñirse las canas y pintarse mozos, él la merece porque siendo de nuestros tiempos quiere parecer de los de Peranzules (p. 156). Peranzules es también referente de lo antiguo, y estrafalario, en el vestir, lo que podría tener relación con lo que apuntan algunos de los textos primeros, como el romance: «Quien vio al conde Pero Anzules / en Valladolid la rica», que vimos en su momento, en el que con tanta insistencia se recorre su vestuario, donde no faltan las «calzas ricas» (v. 17). Gabriel Lobo Lasso de la Vega tiene un poema, incluido en su Manojuelo de romances (1601), donde se refiere cómo alguien busca disfraz de algunos de los personajes de los tiempos del Cid48: —Respondile: “Señor bueno, ¿no habrá una marlota vieja para poder disfrazarme aquesta tarde siquiera?” —Díxome: “Señor, por cierto que hasta una capa manchega con un pasamano falso me ha llevado don Barbera; para don Buesso, una bragas con martingala bermeja, y para el Cid me llevaron una gorra milanesa, un esquero, y talabartes, y de carnuza una cuera, y de vaca unos zapatos cerrados con hebilletas; y para don Peranzules , un sayo largo de puerta; para el viejo Arias Gonzalo un galdrés de fina felpa que le dio el Rey Don Fernando con más de dos mil cuaresmas. No hay pensar en holgar cosa, que todo les aprovecha.” —Desgraciado soy por cierto; mas quien a la postre llega dicen que llora primero. Ireme con mi bayeta; 47 Edición de Francisco Javier Díez de Revenga, Murcia, Academia de Alfonso X el Sabio, 2008. 48 Edición de Ángel González Palencia y Eugenio Mele, Madrid, Saeta, 1942.
LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ 321 más de dos hay en el hato de aquestos que los arrean que tomarán para sí lo que sobre esotros echan. (pp. 365-366) Muy ilustrativo de este uso es el testimonio de Jerónimo Alcalá Yáñez y Ribera en El donado hablador Alonso, mozo de muchos amos. Segunda parte (1626). El protagonista protesta porque la viuda rica con la que se ha casado pretende que vista la ropa de su difunto marido49: Como ella era viuda, del pasado marido tenía guardados unos jubones tan al gusto, que había de ser el que se los pusiera tan parecido a los sayones que se solían pintar en el martirio de algún santo; y con este gentil aderezo quería que saliese yo a dar que reír por la ciudad, y que me corriesen los niños […] Procurarla yo meterla por camino, era como predicar en desierto, diciéndola: Advertid, señora, que ya se pasó el tiempo del conde don Peranzules, y que nuestra España de cada día usa nuevos trajes, no bastando pragmáticas y provisiones para remediar tan inumerables gastos, sacando cada uno nueva traza, nuevo modo de vestir, no más de como le pasó por la cabeza, imitándole todos como a verdadero restaurador de las galas, y de mayor curiosidad, ya perdida en el mundo (p. 559). Del entorno burlesco universitario son las Conclusiones sustentadas en la insigne universidad de Vaciamadrid, un poema en el que se citan autoridades jocosas, entre las que figura Pedro Anzules asociado a un «tractatu de Calzas de Obra»50: Así lo tiene también in tractatu de modorra Dioscórides, a quien siguen, haciendo segura escolta, Añasco el de Talavera, el Zurdillo de la Costa, Ganchoso el de Robredillo, el Mellado de Carmona, Martín Panza, Antón de Utrilla, el miñón de Barcelona, el conde don Pedro Anzules, tractatu de Calzas de Obra. (vv. 180-191) Un caso más de esta asociación puede leerse en la Novela de un hombre muy miserable llamado Gonzalo, de Juan Cortés de Tolosa51: Este fue el traje de los días de trabajo. El de los de fiesta era mucho más apetitoso para olvidar una melancolía. Gozaba entonces de la claridad del día la de terciopelo con cuatro dedos de faldilla, más raída que una mujer deshonesta, a quien acompañaban unas calzas atacadas que el conde don Peranzules hizo para cierto desposorio. Estas estaban empapeladas todo el tiempo que no se usaba dellas. 49 Cito por la edición de Cayetano Rossel, Madrid, Atlas, 1946. 50 Edición de Francisco Layna Ranz (Criticón, 1995, vol. 64, pp. 112-139). 51 Incluida en Lazarillo de Manzanares, con otras cinco novelas, Madrid, Viuda de Alonso Martín, 1620. He manejado, modernizando la ortografía, la edición de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www. cervantesvirtual.com/obra/un-hombre-muy-miserable-llamado-gonzalo--0/ (fecha de consulta: 06/02/2019).
322 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA Las alusiones jocosas a la vestimenta de Peranzules sobrepasan el Siglo de Oro, ofreciendo testimonios también en el Dieciocho, como el de esta décima del Padre Isla recogida en el tomo segundo de su Rebusco de las obras literarias así en prosa como en verso (1797)52, con el siguiente preámbulo: «Oyendo celebrar a unos el uso moderno de vestir y a otros el antiguo, escribió la siguiente décima». Que dice así: Alábanse con razón Laín Calvo y Nuño Rasura, y se tiene por cordura el calzarse un pelucón. Es uso más que pasión engrandecer lo de antaño y vestir a lo de hogaño. ¿Quién pondría las azules bragas del gran Peranzules hoy día, sin grave daño? (p. 78) Y ya fuera del Siglo de Oro, permitámonos otro salto aún mayor y alcancemos el siglo XX, en concreto el año 1976, en que aparece la novela Barrio de Maravillas de la vallisoletana Rosa Chacel. Hay un pasaje en ella donde se da cuenta de la declaración de guerra de Alemania a Rusia y la movilización general en Francia; a cuyo propósito, y con la manera envolvente que tiene la escritora de pasar de un pensamiento a otro, escribe53: Secularmente, la mujer sin máquinas abrigó cuerpos –valdría la pena calcular las vueltas de las agujas finísimas que cubrieron con calzas las piernas masculinas para ir a luchar con el turco o con el indio americano, los estupendos muslos de los italianos renacentistas con envolturas multicolores, las tristes calzas de don Quijote, y las de «El conde don Peranzules, el de las calzas azules»... (p. 128). Hay un trabajo de Iglesias Ovejero sobre la vulgarización de personajes históricos de registro culto y su presencia en el refranero, que dedica cierta atención a Peranzules, a quien agrupa entre los «épico-novelescos nacionales», para concluir que «en el refranero castellano ha perdido sus atributos magnificentes, para ser la encarnación del tiempo viejo»54. Para llegar al uso que vemos en el Padre Isla y en Rosa Chacel habría intervenido lo que el estudioso llama «falta de identificación del significante», favorecedor por paronimia de la asociación Ansúrez/Anzules/azules; algo que no le ha ocurrido únicamente a nuestro personaje. La deriva de un nombre en boca del pueblo y de su parte más juguetona, como es la infantil, puede llegar a extremos casi irreconocibles. Así, Peranzules habría pasado a convertirse en figura proverbial de sus juegos e, incluso, a adoptar el nombre de Juan, como tantos otros Juanes que habitan el folklore: “Don Juan de Peranzules, que tenía las medias azules”; un Juan más de la multitud de ellos que recogen Javier Huerta y José Luis Alonso Hernández en su Historia de mil y un Juanes55. Y en ese mundo puede seguir rodando y transformándose más. Seguro que nuestro Pero Ansúrez, Peranzules, está 52 Madrid, Imprenta de Pantaleón Aznar, 1797 (BNE 4/72159). He modernizado ortografía y puntuación. 53 Cito por la edición de Barcelona, Bibliotex, 2001. 54 «Figuración proverbial y nivelación en los nombres propios del refranero antiguo: figuras vulgarizadas del registro culto», Criticón, 1984, vol. 28, pp. 5-95; pp. 51-52. 55 Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2000, p. 257.