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Las reivindicaciones de autoría en los paratextos del teatro español del Siglo de Oro

Vega García-Luengos, Germán

Abstract

Producción Científica

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Le paratexte théâtral face à l’auctoritas : entre soumission et subversion Regards croisés en Italie, France et Espagne aux XVIe et XVIIe siècles Textes réunis par Jean-François Lattarico, Philippe Meunier et Zoé Schweitzer Édités par Sandrine Blondet et Marc Vuillermoz Écriture et représentation Le paratexte théâtral face à l’auctoritas : entre soumission et subversion Université Savoie Mont Blanc Laboratoire LLSETI 31 Le paratexte théâtraL face à L’ auctoritas : entre soumission et subversion regards croisés en itaLie, france et espagne aux xvie et xviie siècLes textes réunis par Jean-François Lattarico, phiLippe Meunier et Zoé schweitZer édités par sandrine BLondet et Marc VuiLLerMoZ Laboratoire langages, littératures, sociétés, études transfrontalières et internationales Collection écriture et représentation N° 31 © Université Savoie Mont Blanc UFR Lettres, Langues, Sciences Humaines Laboratoire Langages, Littératures, Sociétés, Études Transfrontalières et Internationales BP1104 F – 73011CHAMBÉRY CEDEX Tél. 04 79 75 85 14 www.llseti.univ-smb.fr Réalisation : Catherine Brun Illustration de couverture : Camillo Giulio L’idea del theatro, Firenze, 1550. ISBN : 978-2-919732-55-5 ISSN : 1774-3842 Dépôt légal : mars 2016 LLSETI Directeur du laboratoire Frédéric Turpin Cet ouvrage a été réalisé avec le concours de : Centre d’Étude sur les Langues et les Littératures Étrangères et Comparées Agence Nationale de la Recherche soMMaire Préface Le Paratexte au carrefour des autorités Marc Vuillermoz ......................................................................................7 Introduction Jean-François Lattarico, Philippe Meunier et Zoé Schweitzer .................13 Stratégies rhétoriques et polémiques éthiques .................................... 23 Entre poétique et encomiastique : les paratextes des tragédies en Italie et leurs stratégies promotionnelles (1580-1650) Danielle Boillet ..................................................................................... 25 De quels dieux s’agit-il ? Justifications et mystifications théologiques dans les paratextes tragiques Enrica Zanin ......................................................................................... 61 Écrire après le Tribunal de l’Inquisition : le paratexte apologétique et théorique de Luigi Groto, Cieco d’Adria Stéphane Miglierina ...............................................................................75 Trois paratextes de la Controverse éthique sur la légitimité du théâtre à la fin du XVIIe siècle aux prises avec l’autorité Carine Herzig .......................................................................................91 Face aux Anciens ................................................................................ 105 « Mais que faire ? Pyrrhus n’avait pas lu nos romans » Le rapport à l’auctoritas des Anciens dans les préfaces des pièces de Corneille et de Racine : de la soumission à la contestation Marie Saint-Martin .............................................................................. 107 À qui profite le crime ? Auteurs et autorités dans quelques tragédies violentes du XVIIe siècle Zoé Schweitzer ....................................................................................123 Négocier le rapport à l’autorité aristotélicienne : l’apport de la comedia dans le prologue des Trahisons d’Arbiran de d’Ouville Anne Teulade ......................................................................................139 Las dedicatorias de las comedias mitológicas de Lope de Vega Marcella Trambaioli .............................................................................151 L’affirmation des Modernes ............................................................... 175 Las reivindicaciones de autoría en los paratextos del teatro español del Siglo de Oro Germán Vega García-Luengos ............................................................. 177 La construction de l’autorité du « poète comique » au siècle d’or Anne Cayuela ...................................................................................... 197 Prologues comiques de la première moitié du XVIe siècle : les comédies de l’Arioste Sandra Clerc..........................................................................................215 Le paratexte de Deleitar aprovechando de Tirso de Molina : acte de soumission ou évolution esthétique personnelle ? Isabel Ibañez .......................................................................................233 Les préfaces de tragi-comédies : défense et illustration d’un nouveau genre (Espagne, France, Italie) Véronique Lochert ............................................................................... 255 Poétique du dramma per musica. Les paratextes vénitiens (1640-1690) et la tentative de définition d’un nouveau genre Jean-François Lattarico .......................................................................267 Bibliographie ........................................................................................289 Index ....................................................................................................301 177 Las reivindicaciones de autoría en Los paratextos deL teatro españoL deL sigLo de oro germán vega garcía-Luengos Universidad de Valladolid Es sabido que el teatro español del siglo XVII, el más destacado en cantidad e innovación de los de su época y entorno, fue parco en tratados que permitan un conocimiento más preciso de los fundamentos teóricos de su « arte nuevo »1. Por lo que el investigador se ve aún más necesitado de paliar esta carencia de escritos específicos con la búsqueda de reflexiones más o menos sistemáticas en lugares tan propicios a priori como los prólogos, dedicatorias o aprobaciones de los impresos con los que las obras dramáticas llegaron a las librerías y bibliotecas, objeto de la encomiable labor de edición y estudio del proyecto IdT. Y no será por falta de ediciones. También la abundancia caracteriza este otro cauce del apremiante consumo teatral de los territorios hispánicos del Seiscientos. A partir de 1603, fecha de aparición del volumen de Seis comedias de Lope de Vega2, los textos teatrales iniciaron una venturosa y larga trayectoria3, que afectó sobre todo a lo que los contemporáneos 1 Marc Vitse califica la preceptiva dramática española del Siglo de Oro como « pobre, coyuntural, fragmentaria, desigual, asistemática y empírica : así aparece en cuanto se la compara con otros corpus teóricos europeos de la misma época ». « Si, en efecto – prosigue –, se ponen aparte las contribuciones relativamente extensas y ordenadas de los preceptistas neoaristótelicos declarados (López Pinciano, 1596 ; Cascales, 1604 ; Mártir Rizo, 1623 ; González de Salas, 1633), hombres todos de estudio más que de teatro, son la brevedad, la diseminación y el pragmatismo los que caracterizan las intervenciones de los poetas y tratadistas áureos en la controversia estético teatral de la España de los últimos Habsburgo » (« Preceptiva », en F.Casa, L.García Lorenzo y G.Vega, Diccionario de la comedia del Siglo de Oro, Madrid, Editorial Castalia, 2002, p. 238-240 ; p. 238). 2 Ver el reciente estudio de L.Iglesias Feijoo, « La única edición de las Seis comedias de Lope de Vega (Lisboa, 1603)», Bulletin of Spanish Studies, XC, 4-5, 2013, p. 719-734. 3 Que lo primero es el espectáculo queda subrayado desde la propia cronología del fenómeno : hicieron falta más de quince años para que la Comedia Nueva triunfante en los escenarios llegara a las librerías, donde, eso sí, pronto consiguió adeptos : lo dicen las cifras y algunos testimonios concretos. El florentino Girolamo di Sommaia, Le paratexte théâtraL face à L’ auctoritas 178 denominaban « comedias » (en puridad genérica, tragedias, dramas y comedias propiamente dichas), y menos a otras modalidades dramáticas, como los autos o las piezas cómicas breves4. Aunque también se publicaron en libros misceláneos, junto con creaciones de otros géneros, sus cauces específicos principales fueron las partes (volúmenes que en el caso más frecuente de que se tratara de comedias solían agrupar una docena) y las sueltas. Algunas notas generales sobre los paratextos del teatro español del sigloXVII Habida cuenta de que este trabajo se inserta en un proyecto como el de IDT, que pretende relacionar las concepciones y prácticas teatrales de diferentes ámbitos, quizá no esté de más proponer un cuadro que refleje, de forma sintética pero lo más completa posible, la tipología y las cifras de la producción editorial española durante el periodo de vigencia de la Comedia Nueva5: estudiante en Salamanca, cuenta en su diario que en mayo de 1604 compró la Parte I de Lope y se la leyó en cinco días. En ese mismo diario deja constancia de su afición a asistir a las comedias (G.Haley, ed., Diario de un estudiante de Salamanca. La crónica inédita de Girolamo da Sommaia (1603-1607),Salamanca, Universidad de Salamanca, 1977). 4 De las razones de su primacía editorial sobre el resto de las que componen la variedad genérica del teatro español del siglo XVII me he ocupado en otras ocasiones : « Sobre la identidad de las partes de comedias », Criticón (Ejemplar dedicado a : Las comedias en sus partes : ¿Coherencia o coincidencia ?),108, 2010, p. 57-78 ; p. 65-68). 5 El cuadro no tiene en cuenta las reediciones que tuvieron algunos de los volúmenes, especialmente los de Lope y Calderón. El orden de las colecciones de un autor o de varios obedece a la fecha de publicación del primer volumen. Las reivindicaciones de autoría en Los paratextos deL teatro españoL 179 Ediciones del teatro español del siglo XVII entre 1603 y 1750 Específicas En volúmenes (partes) [210 vols.] De un solo autor [77 vols.] Comedias Lope (25 v.), Cervantes (1 v.), Guillén de Castro (2 v.), Tirso (5 v.), Alarcón (2 v.), Cordero (1 v.), Montalbán (2 v.), Calderón (9+1 v.), Rojas (2 v.), Moreto (3 v.), Matos (1 v.), Cabeza (1 v.), Diamante (2 v.), Solís (1 v.), Zamora (2 v.) = 60 vols. Autos Valdivielso (1 v.), Calderón (1, 6 v.) = 8 vols. Piezas breves Quiñones de Benavente (1 v.), Coelho Rebello (1 v.), Cáncer (1 v.), Suárez de Deza (2 v.), López de Armesto (1 v.), Armesto y Castro (1 v.), Francisco de Castro (2 v.) = 9 vols. De varios autores [133 vols.] Comedias Poetas valencianos (2 v.), Diferentes Autores (17 v.), Comedias de Lisboa (5 v.), Nuevas Escogidas (48 v.), Jardín Ameno (10 v.), Comedias de Ámsterdam (3 v.), Tomos sueltos, extravagantes… (15 v. aprox.) = 100 vols. Autos Navidad y Corpus (2 v.) = 2 vols. Piezas breves Florestas, jardines, ramilletes... (31 v.) = 31 vols. Individuales (sueltas) Número elevado, sobre todo de comedias, aunque muy difícil de concretar e identificar (en el caso de las del siglo XVII por faltarles pie de imprenta). Buena parte de las de finales del XVII y el XVIII conforman series: Herederos de Gabriel de León, Sanz, Leefdael, Haro, Hermosilla, Padrino, Alonso del Riego, Santa Cruz… En volúmenes con obras de otros géneros Nos engañaríamos al creer que este panorama editorial tan rico en textos, lo es también en paratextos. Para comenzar, una porción importante de esas ediciones, las sueltas, carece de ellos por sistema ; es decir, que solo excepcionalmente los presentan. Aunque queda mucho por conocer sobre ellas6, no cabe esperar ninguna rectificación de lo que hoy sabemos en relación con lo que aquí nos interesa, « le paratexte théâtral »: que, salvo excepciones, carecen de hojas preliminares. Este formato orientado a un público amplio, 6 Su control ha dejado mucho que desear, debido a su número elevado y a la frecuente ausencia de datos de imprenta en ellas (especialmente en las más antiguas, y, por lo tanto, las de mayor interés a priori); también a la poca atención que se les ha prestado hasta tiempos no muy lejanos. Le paratexte théâtraL face à L’ auctoritas 186 añadan nuevos desperfectos es una tarea ímproba, por la que el dramaturgo no recibía a cambio las sustanciosas contrapartidas económicas alcanzadas cuando las crearon por primera vez para su explotación escénica. Ahora solo cabía el estímulo de que su nombre no se asociara a defectos ajenos. Pero esto tampoco podían asegurarlo, ante la inviabilidad legal y práctica de impedir que otros llevasen sus obras a la imprenta sin necesidad de su permiso. El desentendimiento del problema, no sin visos de desencanto, que se aprecia en distintos pasajes de Calderón sería consecuencia de tal estado de cosas. Paratextos y reclamaciones de autoría Considero que la más determinante reivindicación de paternidad localizada en prólogos y dedicatorias es la de Lope de Vega, que la hace, no en relación con un texto o un conjunto de ellos, sino de la fórmula con que todos trabajan. Lo suyo es una apuesta a la totalidad del « arte nuevo ». Desde J.M. Rozas, que diera nombre y entidad al ciclo de senectute del poeta17, los distintos estudiosos han diagnosticado la presencia de una serie de obsesiones en sus escritos tanto epistolares como literarios. Es una de ellas el deseo de que se le reconozca su carrera tanto en lo material como en lo espiritual. Si con lo primero entroncaría su postulación para el puesto de cronista real ; con lo segundo, su insistencia en proclamarse el padre del invento teatral del que viven todos. El Fénix se sentía atacado en los campos literarios por dos tipos de enemigos (que no tienen por qué encarnar personas distintas): por los partidarios de la nueva poesía, que lo consideraban como representante de la « lengua antigua », de los viejos usos que había que superar, y por los escritores teatrales más jóvenes (Calderón, Rojas, Villaizán…), que están haciéndose hueco en los corrales comerciales y, sobre todo, en la corte, donde gozan de la protección de los notables, especialmente a partir de la entronización de Felipe IV y el asentamiento en el poder de Olivares : son esos a quienes hoy los críticos llaman genéricamente « pájaros nuevos », aplicando un sintagma de la Égloga Amarilis (1633): « Canta y darás envidia / a los pájaros nuevos, que fastidia / el canto de los dulces ruiseñores ». De su enfrentamiento contra unos y otros hay huellas bastante tempranas. Para lo que aquí se trata es muy interesante el testimonio que proporciona el prólogo de « El Teatro a los letores » de la Décima quinta parte (1621), donde defiende el estilo de siempre, la lengua « antigua », en que están escritas 17 Lope de Vega y Felipe IV en el « ciclo de senectute », Badajoz-Cáceres, Universidad de Extremadura, 1982 ; « El género y el significado de la Égloga a Claudio de Lope de Vega » y « Texto y contexto de El castigo sin venganza », en Estudios sobre Lope de Vega, Madrid, Cátedra, 1990, p. 465-484 y 355-383. Las reivindicaciones de autoría en Los paratextos deL teatro españoL 187 las doce comedias que incluye el libro, frente a los partidarios de la nueva poesía, los « poetas deste año »: Estas son suyas, en la lengua que los poetas deste año llaman antigua : ¡caso notable, que tengan muchos por bueno aquello sólo que no entienden ! Creo que tienen razón ; porque desconfiando de sus juicios, les parece cosa de poco ingenio la que con facilidad alcanza el suyo. Y frente a los dramaturgos jóvenes, les dice – en un párrafo del que ya se citó un fragmento más arriba – que no espera agradecimiento por haberles proporcionado la fórmula, « el presente hábito », con que triunfan : No quiere el poeta de las presentes singularizar las suyas, ni quitar a los que agora las escriben lo que merecen, ya sea por solo su natural, ya con alguna arte, que de haberlas puesto en el presente hábito, no les pide agradecimiento, ni jamás tuvo arrogancia : porque teniendo ingenio, y letras para los libros que corren suyos por Italia y Francia, tiene las comedias por flores del campo de su Vega, que sin cultura nacen. El prólogo acaba con esa misma proclamación de su relevancia en la historia de la Comedia Nueva, por haber proporcionado la « carta de navegar »: Lea, pues, el desapasionado el libro, el que no quiere con una comedia sola escurecer novecientas y veinte y siete, que este autor ha escrito, contando las que se llaman autos ; perdonando los yerros que por haber corrido por tantas manos, serán forzosos : y el que ha tan poco que las escribe, no sea ingrato a lo que en su vida acertara sin esta carta de navegar. Esta idea se hará más densa en la cabeza y obras del Fénix años más tarde, especialmente en la Égloga a Claudio (1632), cuya fase final se destina a la reivindicación de su teatro, responsable de los componentes fundamentales de la fórmula (temas, personajes, figuras retóricas, etc.) con la que alcanzan el éxito sus competidores, « enanos » subidos a hombros del « gigante » que es él – apunta en otro momento – y que encima se permiten criticarlo : Débenme a mí de su principio el arte, si bien en los preceptos diferencio rigores de Terencio, y no negando parte a los grandes ingenios, tres o cuatro, que vieron las infancias del teatro. Las expropiaciones o deformaciones de textos concretos aparecen mencionadas con frecuencia en los paratextos. Incluso, según se apuntó, se alegan como una de las razones principales que movieron a intervenir a los propios dramaturgos o a personas allegadas. Le paratexte théâtraL face à L’ auctoritas 188 Lope es el primero que lo dice con claridad en el prólogo de su Novena parte (1617), desde el desagradable recuerdo del fracaso de su demanda ante la justicia : Viendo imprimir cada día mis comedias, de suerte que era imposible llamarlas mías, y que en los pleitos desta defensa siempre me condenaban los que tenían más solicitud y dicha para seguirlos, me he resuelto a imprimirlas por mis originales. Años más tarde Ruiz de Alarcón abre su Segunda parte (1634) con una dedicatoria « Al lector », donde reivindica la autoría de las obras que han circulado bajo el nombre de otros y señala inequívocamente a los impresores como responsables de tales operaciones : Cualquiera que tú seas, o mal contento o bien intencionado, sabe que las ocho comedias de mi Primera parte y las doce desta Segunda son todas mías, aunque algunas han sido plumas de otras cornejas, como son El tejedor de Segovia, La verdad sospechosa, Examen de maridos y otras que andan impresas por de otros dueños : culpa de los impresores, que les dan las que les parece, no de los autores a quien las han atribuido, cuyo mayor descuido luce más que mi mayor cuidado ; y así he querido declarar esto más por su honra que por la mía, que no es justo que padezca su fama notas de mi ignorancia. Valgan también las palabras de José Calderón en la dedicatoria de la Primera parte de las comedias de su hermano (1636): La causa […] que me ha movido a haber juntado estas doce comedias de mi hermano, no ha sido tanto el gusto de verlas impresas, como el pesar de haber visto impresas algunas dellas antes de ahora, por hallarlas todas erradas, mal corregidas, y muchas que no son suyas en su nombre, y otras que lo son en el ajeno. Es posible que estas palabras en realidad las dictara el propio don Pedro, aunque aparezcan bajo el nombre de su hermano. Sí que firma él mismo las que van al frente del volumen de Autos de 1677, donde responsabiliza de la publicación de esas piezas a los abusos del mundo editorial, que imprimen sus obras sin su consentimiento y sin rigor con la letra y las atribuciones. La materia religiosa de la que tratan – sus « escrupulosos asuntos »– es bien delicada como para arriesgarse en tiempos y territorios inquisitoriales : Este consentido abuso […] me ha puesto en recelo de que los autos sacramentales, que en su festivo día se han representado a sus Majestades y a sus Reales Consejos de más de treinta años a esta parte, no corran, pues no hay quien lo impida, la desecha fortuna que han corrido las comedias ; porque siendo como son tan escrupulosos sus asumptos, que por un término errado, o por la pluma o por la prensa, puede pasar de lo sensible del ingenio a lo intolerable de la reputación, me ha movido, mejor dijera me Las reivindicaciones de autoría en Los paratextos deL teatro españoL 189 ha forzado, a que, ya que hayan de salir, salgan por lo menos corregidos, y cabales, que para defectos bastan los míos sin que entren a la parte los ajenos. Naturalmente, las alteraciones de la letra molestan a los dramaturgos afectados, aunque no afecten a la atribución. Sin embargo, pueden provocar que alguno no solo rechace lo que no es suyo en ellas sino la totalidad. Todo apunta a que eso es lo que hizo Calderón en ocasiones con piezas que tiempo atrás habían salido de su pluma, tal como lo confiesa en algunos de los preliminares de sus volúmenes. « Ya no eran mías las que lo fueron » – dice en la Cuarta parte (1672); para insistir sobre la idea en el tomo de Autos (1677), con referencia a la falsa Quinta parte que acababa de salir : « No ser las cuatro mías, ni aun ninguna pudiera decir, según están no cabales, adulteradas y defectuosas ». Fuera de los paratextos y con mayor explicitud se pronuncia al respecto en la carta que en 1680 dirigió al duque de Veragua : « Pues algunas que acaso han llegado a mi noticia, concediendo el que fueron mías, niego el que lo sean, según lo desemejadas que las han puesto los hurtados traslados ». Que no se quedó solo en las palabras y que en la práctica pudo negar como suyas algunas piezas que se han conservado es algo sobre lo que en seguida volveremos. Aclaraciones, confusiones y errores de autoría de los dramaturgos en los paratextos Más allá de lo que los prólogos y dedicatorias apuntan sobre posturas generales en relación con los problemas de atribución, el investigador puede encontrar en ellos informaciones ocasionales sobre los que afectan a determinadas obras. Así, también en el tan traído preliminar de la Cuarta parte (1672) Calderón aclara la paternidad sobre una de las dos versiones que circulan de la comedia titulada El Conde Lucanor. Su inclusión en el tomo es condición que le pone a ese curioso amigo suyo que le había solicitado permiso para publicarlo : « Haced vos lo que quisiéredes – le dije – ; pero con condición, si se imprimiere, que ha de ser la de Lucanor alguna dellas ». Aquí entra la citada prueba, de que aun las mías no lo son, pues hallará el que tuviere curiosidad de cotejarla con la que anda en la Parte quince, que a pocos versos míos, prosigue con los de otros ; si buenos, o malos, remítome al cotejo. Efectivamente, en este caso tiene don Pedro toda la razón para decir que no es obra suya, porque ocurre tal cual él lo refiere : tras unos versos iniciales idénticos a los de su comedia, el resto es bien diferente. Le paratexte théâtraL face à L’ auctoritas 190 Otro testimonio nos lo da Rojas Zorrilla en la dedicatoria « Al lector » de su Segunda parte (1645): Imprimen en Sevilla las comedias de los ingenios menos conocidos en nombre de los que han escrito más ; si es buena la comedia, usurpando a su dueño la alabanza : y si es mala, quitando la opinión al que no la ha escrito. Habrá quince días que pasé por las Gradas de la Trinidad, y entre otras comedias que vendían en ellas, era el título de una : Los desatinos de amor, de don Francisco de Rojas. No me bastan, dije, mis desatinos, ¿sino que con mi nombre bauticen los ajenos ? Determiné, por esta causa, proseguir esta impresión ; no porque no me recelo de tu censura, letor amigo, sino porque no quiero pagar también la que haces a los otros. Efectivamente, la comedia en cuestión se ha conservado en dos ediciones sueltas sin datos de imprenta, una de las cuales bien podría ser con la que topó Rojas, ya que su tipografía permite pensar que salió de las prensas sevillanas de Francisco de Lyra hacia 163518. Pero hay que recibir la información de los paratextos con mucha precaución, porque no siempre se expresan con claridad, y más que luz pueden sembrar la duda y la desazón. Un testimonio notable de ello lo tenemos en la Segunda parte de Tirso (1635), en cuyos preliminares el propio escritor dice dedicar « destas doce comedias, cuatro, que son mías, en mi nombre, y en el de los dueños de las otras ocho (que no sé por qué infortunio suyo, siendo hijas de tan ilustres padres, las echaron a mis puertas) las que restan ». En ese tomo va nada menos que El condenado por desconfiado, y la afirmación antedicha es la principal fuente de dudas sobre su autoría. Además de ambigüedades, los dramaturgos y editores pueden transmitir inexactitudes, de forma involuntaria o no. De nuevo, alegaremos casos en los paratextos de Calderón. En la dedicatoria « A un amigo ausente » de los preliminares de la Cuarta parte (1672), va más allá de la rutinaria queja sobre deformaciones y atribuciones falsas y ofrece una relación de 41 piezas supuestamente apócrifas. La cifra casi se habría de triplicar diez años más tarde, hasta alcanzar las 115, en las listas que Vera Tassis incluyó en la Verdadera quinta parte (1682) y en la Séptima (1683). A pesar de lo abultado de los números, es evidente que tanto a uno como a otro se les escaparon otros impresos de comedias falsamente adjudicadas a Calderón. Pero también, y esto es lo que ahora interesa, cometieron errores al rechazar obras que sí que eran suyas : Los empeños que se ofrecen, mencionada en la Cuarta parte es, en realidad, Los empeños de un acaso ; Las tres edades de España, que cita Vera Tassis, es un título alternativo de Origen, pérdida y 18 R. González Cañal, U.Cerezo y G.Vega,Bibliografía de Francisco de Rojas Zorrilla cit., nº 257. Las reivindicaciones de autoría en Los paratextos deL teatro españoL 191 restauración de la Virgen del Sagrario. Estos fallos han sido reconocidos por el común de los calderonistas ; pero estas listas también dejan fuera otras comedias que con los datos puestos hoy sobre la mesa quizá no debieran estar ahí : La batalla de Sopetrán, El perdón castiga más y El prodigio de Alemania19. Vuelve a confundirnos Calderón en el tomo primero y único de Autos (1677), donde muy molesto por la publicación de la falsa Quinta parte (1677) dice que « de diez comedias que contiene, no ser las cuatro mías ». Él mismo rectificaría tres años más adelante, cuando en la lista de comedias que se conoce como del rey Carlos II consigna que son solo tres las no auténticas : El rey don Pedro en Madrid e infanzón de Illescas, Cómo se comunican dos estrellas contrarias y La crítica del amor. Hoy los calderonistas sólo descartan las dos citadas en primer lugar y achacan el error de incluir la tercera al cambio de título sufrido por No hay burlas con el amor20. Y, sin embargo, tras estudiar con detenimiento las dos comedias que han entrado siempre en todos los descartes, son relevantes los indicios para asignarle también Cómo se comunican dos estrellas contrarias21. En definitiva, que en los paratextos de Calderón más que las reivindicaciones de autoría llaman la atención los posibles repudios de media docena de sus comedias. Pistas de atribución ajenas a los dramaturgos en los paratextos Hasta ahora se han contemplado aclaraciones y confusiones que derivan de lo que los autores afirman, pero los preliminares ofrecen otro tipo de indicios que pueden ayudar en las atribuciones. Hay dos casos curiosos en la Oncena parte (1658) de la colección de Nuevas Escogidas. El que menos problemas plantea de interpretar es el de la comedia Vencerse es mayor valor, que adjudica a Calderón el encabezamiento del texto, lo que es rectificado en el índice : « Vencerse es mayor Valor. De los Figueroas, que aunque está adentro de don Pedro Calderón se erró alescribirlo ». 19 Un resumen de las pesquisas que en distintos trabajos he llevado a cabo sobre estas obras, de las que resultan argumentos sobre una posible autoría calderoniana, se puede ver en G.Vega « El Calderón que olvidó o repudió Calderón », en A.Bègue y E. Herrán Alonso, eds., Pictavia Aurea. Actas del IX Congreso de la Asociación Internacional “Siglo de Oro” (Poitiers, 11-15 de julio de 2011), Toulouse, Presses Universitaires du Mirail (Anejos de Criticón 19), 2013, p. 111-142. 20 E. Cotarelo, Ensayo sobre la vida y obras de D.Pedro Calderón de la Barca, Tip. de la Rev. de Arch., Bibl. y Museos, Madrid, 1924. Ed. facsímil de I.Arellano y J.M. Escudero, Universidad de Navarra-Iberoamericana-Vervuert, Pamplona-MadridFrankfurt am Main, 2001, p. 338. 21 Ver G.Vega, « El Calderón que olvidó o repudió Calderón », art. cit., p. 111-142. Le paratexte théâtraL face à L’ auctoritas 192 Ese índice y los respectivos comienzos asignan dos comedias a Andrés de Baeza : El valor contra Fortuna y No se pierden las finezas. Sin embargo, ese mismo volumen lleva una aprobación del propio escritor, en la que se lee : « En este libro he hallado, solicitada de ajena diligencia, una comedia mía, y por no faltar al precepto de obedecer a V.A., la he visto como juez, no como padre, y hallo que si no en cuanto al acierto, en cuanto al decoro se puede imprimir como las otras ». Ya C.A. de la Barrera llamó la atención sobre esta falta de correspondencia22, que H.Urzáiz toma como indicio de que una de las dos no es suya23. Pero para encontrar la respuesta hay que ir a los paratextos del volumen siguiente de la colección, la Duodécima parte, tramitada y fabricada al mismo tiempo que la Oncena, donde también hay una comedia de Baeza, Más la amistad que la sangre. El librero Juan de San Vicente habría pedido autorización para las dos conjuntamente, como reflejan la licencia del ordinario de Alonso de las Ribas (« damos licencia para que se puedan imprimir dos libros de comedias de diferentes autores ») y la aprobación de Gerónimo Pardo (« he leído dos tomos de comedias diferentes, que son la Oncena y Duodécima parte »), que se imprimieron idénticas en ambos volúmenes, al igual que la aprobación de Baeza, aunque en este caso solo se referiría al segundo de los libros (« por comisión de V.A. he visto doce comedias de que se compone este libro…»), en el que solo hay una comedia suya. Casi con seguridad, el poeta realizó una aprobación diferente para el primer tomo, pero pasó inadvertida para el responsable de componer el volumen en la imprenta. Al igual que sucedía con algunas de las afirmaciones de los dramaturgos en las dedicatorias, también las aprobaciones pueden suscitar interrogantes de nada fácil respuesta. Así ocurre con la Parte treinta y cuatro (1670) de la misma serie de Nuevas Escogidas, que incluye la comedia titulada El disparate creído, atribuida a Juan de Zabaleta tanto en el encabezamiento como en el índice. Su texto es básicamente el mismo que aparece con los títulos alternativos de El embuste acreditado, Otro demonio tenemos o Los encantos de Merlín en al menos otros nueve testimonios localizados del siglo XVII, con asignación mayoritaria a Luis Vélez de Guevara (excepto la edición de 1670 y un manuscrito de la Biblioteca Palatina de Parma, en que se adjudica a tres ingenios)24. A pesar de la insistencia del nombre de Vélez en 22 Catálogo bibliográfico y biográfico del teatro antiguo español desde sus orígenes hasta mediados del siglo XVIII [Madrid, Rivadeneira, 1860]. Ed. facsímil : Madrid, Gredos, 1969, p. 23. 23 Catálogo de autores teatrales del siglo XVII,Madrid, Fundación Universitaria Española, 2002, p. 150. 24 Durante tiempo fue la comedia a nombre de Vélez que contó con una edición más cuidada, llevada a cabo por A.G. Reichenberger (Luis Vélez de Guevara, El embuste acreditado, Granada, Universidad de Granada, 1956), para la que se tuvieron en Las reivindicaciones de autoría en Los paratextos deL teatro españoL 193 las copias y de la mayor antigüedad constatada de alguna de ellas, como la que va inserta en la Quinta parte de la misma colección de Nuevas Escogidas (1653), a priori no es de despreciar el apoyo que obtiene la candidatura de Juan de Zabaleta del hecho de que en el susodicho volumen en el que se le adjudica lleve su firma una de las aprobaciones. No parece lógico, en principio, que un censor pueda dar por buena la atribución de una obra que no es suya ; una obra que, además, no resultaría desconocida para el lector, a juzgar por el número de copias conservadas. Este indicio relevante, notado por M.G. Profeti, la llevó al cuestionamiento de la responsabilidad de Vélez, que yo mismo he asumido en distintos trabajos25. Las fechas de la reconstrucción biográfica que de Zabaleta ofrecían A.C. de La Barrera y ampliaba C.Cuevas no presentaban inconvenientes serios. Según esta, la vida se le puso muy difícil a partir de diciembre de 1664, en que quedó ciego26, aunque había proseguido con la escritura y publicación de sus textos, principalmente El emperador Cónmodo (1666) y Obras en prosa (1667). También había participado en libros ajenos con aprobaciones y algún poema. Respecto a las primeras, cita C. Cuevas, además de la que ahora consideramos, la de la colección de piezas breves Ociosidad entretenida (1668) y la de la Parte treinta y tres (1670), el volumen previo al que interesa en la misma colección. El último hito que proporciona el estudioso es la inclusión de un poema, « Romance a una dama », en el libro Delicias de Apolo (1670). Todo ello le lleva a conjeturar su fallecimiento en 1670 « o poco más tarde »27. Pero no mucho después de estas noticias se publicaba otra fundamental, que desconocía en mis primeras alusiones al episodio, y que obliga a repensarlo de nuevo : Ana Elejabeitia había localizado en la parroquia madrileña de San Sebastián la partida de defunción del escritor, según la cual esta había ocurrido el 17 de noviembre de 1667, año y medio cuenta distintos testimonios, sin que se ponga en entredicho la atribución al escritor ecijano. 25 M. G.Profeti, « Luis Vélez de Guevara e l’esercizio ecdotico », Quaderni di Lingue e Letterature, 5 (1980), p. 60-63 ; G.Vega, « La transmisión del teatro de Luis Vélez de Guevara », Los segundones. Importancia y valor de su presencia en el teatro aurisecular, A.Cassol y B.Oteiza, eds., Madrid-Frankfurt am Main, Iberoamericana-Vervuert, 2007, p. 237-255 ; p. 249. 26 C. A. de la Barrera, Catálogo, op. cit., p. 500-502 ; C.Cuevas, « Introducción biográfica y crítica », Juan de Zabaleta,El día de fiesta por la mañana y por la tarde,Madrid, Castalia, 1983, p. 9-86. 27 « Introducción biográfica y crítica » ibid., p. 31-32. Es fecha que asume E.García Santo Tomás en su entrada sobre el autor,Diccionario filológico de Literatura Española. Siglo XVII,Pablo Jauralde Pou, dir., Madrid, Castalia, 2010, t. 2, p. 670-673. Le paratexte théâtraL face à L’ auctoritas 194 antes de la data que figura en la aprobación de la Parte treinta y cuatro28. Así pues, había que volver sobre los indicios que se acaban de enumerar y que parecían apuntar hacia fechas posteriores, para comprobar que, efectivamente, del hecho de que los libros donde se encuentran lleven pie de imprenta de 1668 y 1670 no debe deducirse que todo lo que contienen corresponda a esos años. Es evidente que no ocurre con la aprobación de Ociosidad entretenida (1668), firmada en febrero de 1667. Por otro lado, el poema inserto en Delicias de Apolo (1670) bien podría ser muy anterior (de hecho su sensualidad erótica no se aviene con el tono de sus últimas obras). Cuestión distinta es la que plantean las aprobaciones de las partes de la colección de Nuevas Escogidas, la Treinta y tres y la Treinta y cuatro, a las que habría que añadir una más, la de la Veinte y nueve (1668), no consignada por C.Cuevas. Nada llama la atención en esta, que lleva fecha del 1 de junio de 1665 ; mientras que sí lo hace la inserta en la Parte treinta y tres (1670) – que, por cierto, incluye una comedia indisputada de Zabaleta, Cuerdos hay que parecen locos – donde consta el 26 de marzo de 1666, que, si bien cae dentro de la cronología del autor, choca con las datas restantes de los preliminares del volumen, que corresponden al año 1669. La aprobación de la Treinta y cuatro aunque no es incoherente con las de los demás escritos legales resulta imposible para el firmante : el 1 de junio de 1669. Y no es esta chirriante discordancia la única prueba de que tiene que ser una falsificación, también lo es su propio texto, prácticamente idéntico al que se lee en las otras dos licencias que se la adjudican a Zabaleta en las partes que anteceden a esta. De este detalle también debería deducirse la condición de falsa de la Parte treinta y tres. Pero en ella, al menos, parece que la manipulación solo afecta a esta aprobación, siendo aparentemente normales el resto de los textos legales. No es el caso de la Treinta y cuatro, en la que una mirada más abarcadora comprueba que son falsas todas las aprobaciones, que prácticamente reproducen tal cual las de la Veinte y nueve : nombres de los firmantes (con la única variante del nombre del Vicario de la Villa), textos, distribución en la página. Hasta tal punto faltó imaginación en los contrafacta que se repiten las fechas – ya de por sí apretadas en exceso para lo que son los usos de la época –, cambiando únicamente el año : la aprobación del Padre Martín del Río pasa de llevar la fecha del 12 de junio de 1665 a 12 de junio de 1669 ; la licencia del Ordinario, del 13 de junio de 1665 a 13 de junio de 1669 ; y la de Zabaleta, del 1 de junio de 1665 a 1 de junio de 1669. Ambas partes fueron responsabilidad del mismo impresor y del mismo librero, los madrileños Josef Fernández de Buendía y Manuel Meléndez, mientras que el costeador de la Treinta y tres fue Juan Martín 28 « La nueva biografía del escritor Juan de Zabaleta », Letras de Deusto,14, 28 (1984), p. 59-73. Las reivindicaciones de autoría en Los paratextos deL teatro españoL 195 Merinero. Los tres, juntos o por separado, y especialmente Fernández de Buendía figuran en los pies de imprenta de distintos volúmenes de la serie entre 1663 y 1679. Todo apunta que a ellos se les ocurrió la fechoría. Una vez conocida, es evidente que la candidatura de Zabaleta a la autoría de la comedia de marras pierde un importante apoyo. Pero, al tiempo, se abre un interrogante sobre las razones que pudieron mover a alguien a asignársela, en contra de toda la tradición de copias, en el mismo volumen en que se había falsificado su aprobación, porque es difícil creer que ambas intervenciones se produjeran de forma independiente. Sea como sea, lo ocurrido en la Parte treinta y cuatro no permite cerrar definitivamente el caso de El disparate creído. Lo expuesto hasta aquí ha querido mostrar algunas caras del interés que los paratextos de los impresos teatrales ofrecen sobre las atribuciones, un problema no menor, habida cuenta del número de obras afectadas y lo que su aclaración ayudaría a conocerlas mejor. En prólogos, dedicatorias, aprobaciones y otros textos preceptivos el estudioso podrá localizar información sensible para sus objetivos, bien sea declarada directamente por los agentes que participaron en la edición de los textos, con los propios dramaturgos en posición destacada, bien sea entresacándola de los indicios dispersos que en los impresos confluyen. Tanto en un caso como en otro serán necesarias las mayores cautelas a la hora de interpretarlos, porque no son pocas las trampas.