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P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
Editores: Joaquín Díaz,
Salvador Rodríguez Becerra
y M.ª Pilar P anero García
P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
F i c h a c a t a l o g r á f i ca p a r a l a p á g i n a 4
Pens ar la tr adic ión : homen aje al profesor Jos é Luis Al onso
Pon ga / Joaqu í n Díaz , ed. lit., S alv ado r Rodr í guez Becer r a, ed. lit. ,
Pilar Panero Ga rc ía, ed. li t. – Vall ad oli d : Edi cio ne s U ni ver sid ad de
Va llado l id : Fu n dac ió n Ce ntro Et nogr áf ico “Jo aqu í n Dí az” , 2 0 21
984 p. ; 24 cm. – ( Soc iología - U nive r sid ad de Val lad olid ; 17 )
IS BN 97 8 - 84 - 1320 - 1 17 -7
1. Etnología – Dis curs os, ensa yos confe rencias 2. Alonso
Ponga, Jo sé Luis – Discurs os, ens ayos conf erencia s I. Díaz , Joa-
quí n, ed. lit. II. Rodr íguez B e cerra, Salvador , ed. lit. III. Panero
García, Pilar, e d. lit. IV . A lonso Po nga, José Luis, h o menaje
V. Universidad de Val ladolid, ed. V I. Fundac ión Ce ntro Et no-
gráfic o "J oaqu ín Díaz" , ed. V II. Serie
39
E n l a f i c ha c a t a l o g r á f i c a h a y qu e r e s p e t a r l o s e s p a c i o s
( s o n no r m a s d e c a t a l o g a c i ó n)
L i ce n ci a C r e a t i v e C om m o n s p a r a l a p á g i n a 6
E s t e l i b r o es t á s u j et o a u n a l i c en c i a " C r ea t i v e
Co m m o n s R ec o n o c i m i en t o - N o Co m er c i a l – S in
O b r a d e r i v ad a" ( C C - by - n c - n d ) .
P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
Editores: Joaquín Díaz,
Salvador Rodríguez Becerra
y M.ª Pilar P anero García
Esta edición es de libre distribución, siempre que se
respete en formato y contenido como conjunto íntegro
y se nombre la fuente original, tanto edición como
autoría, si se cita en otras publicaciones.
Motivo de la cubierta: fotografía de Ángel Marcos.
Cruz de Foncebadón en el Camino de Santiago (León)
© de la edición:
Ediciones de la Universidad de V alladolid
y Fundación Joaquín Díaz
Fundación Joaquín Díaz • 2021
Publicaciones
funjdiaz.net
Editores: Joaquín Díaz,
Salvador Rodríguez Becerra
y M.ª Pilar P anero García
Diseño y maquetación:
Luis Vincent
ISBN: 978-84-1320-1 17-7
Depósito Legal: VA-262-20 2 1
F i c h a c a t a l o g r á f i ca p a r a l a p á g i n a 4
P e n s ar l a t r ad i c i ó n : h om e n a j e a l p rof e s or J os é Lu i s A l on s o
P o n ga / J o a q u í n D í a z , e d . l i t ., S a l v a d o r R o d r í g u e z B e c e r r a , e d . l i t . ,
P i l a r P a n e ro Ga rc í a , e d . l i t . – V a l l ad o l i d : E d i c i o ne s U ni v e r s i d ad d e
V a ll a d o l id : F u n d ac i ó n C e nt r o E t no g r áf i c o “ J o aq u í n D í az ” , 2 0 21
98 4 p . ; 24 c m . – ( Soc i ol o g í a - U n iv e r s id a d d e V a l la d o l id ; 17 )
I S BN 9 7 8 - 84 - 13 20 - 1 17 - 7
1. Et n o l o g í a – D i s c urs os , e n s a y os c on f e re n c i a s 2. A l o n s o
P o ng a, J o s é Lu i s – D i s c u rs os , e n s a y os c on f e re n c i a s I . Dí az , J o a-
q u í n, e d . lit . II. R o d r íg u e z B e c e r r a , S a lv a d o r , e d . lit . III. P a n e r o
G a r c ía , P ila r , e d . lit . IV . A l o n s o P o n g a , J o s é L u is , h o m e n a j e
V . U n i ve r s i da d de V a l l a do l i d, e d. V I. F u nd a c i ó n C e nt r o E t no -
g r áf i c o " J o aq u í n Dí az " , e d . V II. Se ri e
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E n l a f i c ha c a t a l o g r á f i c a h a y qu e r e s p e t a r l o s e s p a c i o s
( s o n no r m a s d e c a t a l o g a c i ó n)
L i ce n ci a C r e a t i v e C om m o n s p a r a l a p á g i n a 6
Este libro está sujeto a una licencia "Cr eative
Commons Reconoci miento - No Com ercial – Sin
Obra derivad a" (CC - by - nc - nd ).
Fotografía: Ángel Marcos
8
P resent a ciones
a gradecimientos
T abula G ra Tula Toria
i ntroducción
i. L a Labor científica y cuL turaL deL
Profesor a Lonso P onga
Bio-bibliografía del Prof. Dr . José Luis Alonso P onga ..................................................................................................... 41
M.ª P ilar P anero G arcía
Uno sguardo verso l’Italia, una porta verso la Spagna. Un aspetto dell’attività scientifica di
José Luis Alonso P onga ............................................................................................................................................................55
F rancesco F aeta
Aciertos y Logros: José Luis Alonso P onga, la Cátedra de Estudios sobre la Tradición y el Centro
Internacional de Estudios sobre de la Religiosidad P opular en el Mundo Hispánico transmarítimo ................67
a. G abriel M eléndez
Revisión del estudio antropológico de José Luis Alonso P onga sobre religiosidad popular navideña
en Castilla y León ......................................................................................................................................................................89
s ecundino V alladares
P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
9
ii. L a cuL tura tradicionaL
en c astiLLa y L eón
Nubes y campanas: bajo el signo del signum ................................................................................................................. 11 9
J oaquín d íaz
Las campanas y los toques históricos de la Colegiata de San Antolín de Medina del Campo ........................ 133
a ntonio s ánchez del b arrio
Comidas rituales de tipo religioso en el ámbito rural leonés .................................................................................... 149
J osé l uis P uerto
La explotación de la sal en Villafáfila (Zamora): las raíces prehistóricas de una actividad tradicional ....... 167
G erMán d elibes de c astro , e lisa G uerra d oce , F rancisco J aVier a barquero M oras y e lías r odríGuez r odríGuez
Cuestión de maquilas: diferencia entre molino y fábrica de harinas...................................................................... 187
J aVier r eVilla c asado
Viaje por Tierra de Campos: Donde habita el silencio. A propósito de unas Jornadas Literarias
acontecidas en 1959 ............................................................................................................................................................. 2 07
J esús á lVaro a rranz M ínGuez y a licia G óMez P érez
Valdejimena: narración sobre la romería tallada por un pastor en una cuerna de pólvora ............................. 235
c arlos P iñel s ánchez
Los Oteros (León). Onomástica y arqueología ................................................................................................................ 259
t oMás M añanes P érez
P or tierras maragatas de la mano de un antropólogo leonés ................................................................................... 277
M aría l aura c asanueVa
Las redes sociales como herramienta para entender los procesos de patrimonialización social
en paisajes cotidianos: el municipio de Valderas (León) en Instagram .................................................................. 295
d aniel h errero l uque y e uGenio b araJa r odríGuez
P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
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P ensar la tradición. Homenaje al Profesor José Luis Alonso Ponga
es el director del «Centro Internacional de Estudios de Religiosidad P opular: la Semana
Santa» de la Universidad de V alladolid. P ero, sobre todo, esta circunstancia se materia-
liza, de manera sobresaliente, en el hecho de que José Luis Alonso P onga es el director
de la Cátedra de Estudios sobre la T radición de la Universidad de V alladolid, vinculada a
la Fundación Joaquín Díaz, desde su creación en 1993. Con sede en la propia Facultad
de Filosofía y Letras y en la villa de Urueña, la Cátedra de Estudios sobre la T radición
es un referente para la antropología social y cultural no solo de España sino a escala
internacional; un simple repaso al listado de autores que con tanta generosidad se han
prestado a participar en este libro homenaje sirve para atestiguar tal afirmación y para
dar cuenta del reconocimiento, tanto del propio homenajeado como de la Cátedra que
con tanta dedicación ha venido dirigiendo, allende los límites de nuestra comunidad y
las fronteras de nuestro país.
Un compromiso de José Luis Alonso P onga con la dignificación de los estudios cien-
tíficos sobre la tradición caracterizado por el rigor , la seriedad, la honestidad y la humil-
dad. Los mejores mimbres, bajo mi forma de ver , de hacer Universidad. Y espíritu acadé-
mico y vocación es lo que se desprende de su dilatado compromiso con la enseñanza, la
comprensión y la valoración de la tradición y del rico acervo cultural y patrimonial que
a ella se asocia. Como señalaba el antropólogo francés Claude Lévi Strauss, «al conoci-
miento del pasado le atribuimos la capacidad de permitirnos comprender el presente y
ese presente nos sirve para hacer previsiones sobre el futuro». La obra del doctor Alonso
P onga así lo pone de manifiesto, tanto en sus contribuciones a la museografía etno-
gráfica, al patrimonio cultural en clave de desarrollo rural, a la arquitectura popular , al
multiculturalismo y la trasculturalidad o, en una de sus líneas de trabajo más fecundas
desde su misma tesis doctoral y hasta sus aportaciones más recientes e incluso en curso,
a la religiosidad popular .
Solo me queda manifestar mi felicitación a los coordinadores de esta magnífica
edición, a Joaquín Díaz, que la mutua colaboración de nuestras instituciones siga siendo
igual de fructífera, a Salvador Rodríguez Becerra, Catedrático emérito de la Universidad
de Sevilla, y a María Pilar P anero García, Secretaria de la Cátedra de Estudios sobre la
T radición. T ambién al Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y
Ciencias y Técnicas Historiográficas por la iniciativa de tan merecido tributo. P ara mí,
como Rector , constituye una enorme satisfacción dejar constancia de ello y cumplir con
el gratísimo honor de expresar el reconocimiento de la Universidad de V alladolid por la
trayectoria académica de nuestro compañero, el profesor José Luis Alonso P onga.
Antonio Largo Cabrerizo
Rector de la Universidad de V alladolid
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PRESENT ACIONES
Desde su incorporación como Profesor Titular de Universidad al Departamento de
Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas de
la Universidad de V alladolid, el profesor José Luis Alonso P onga ha impartido un buen
número de asignaturas tanto en las desaparecidas licenciaturas como en los actuales
grados. Enumerarlas supondría malgastar el espacio que se me ha concedido, que no
puede ser largo porque muchos son los que se suman al libro-homenaje que merecida-
mente se le ofrece. Es suficiente decir que, en todas ellas, desde la posición antropoló-
gica que cada una requería, ha mostrado a sus alumnos diferentes vías para acercarse a
la historia del ser humano. Una historia cambiante a la par que cambia la genética del
propio ser , su cultura, su lenguaje, sus relaciones sociales, políticas, económicas, reli-
giosas. P ero en todo cambio hay permanencias y estas han de contemplarse también en
los análisis que permite a la antropología, a la paleoantropología, la antropología física,
la antropología filosófica, la antropología social, la antropología cultural comprender la
evolución del hombre como ser biológico y como ser cultural.
El hombre es un ser cultural porque es un ser social y por su pertenencia a una de-
terminada sociedad. José Luis Alonso P onga en sus años de docencia universitaria (no
hay docencia posible en la Universidad sin investigación) ha transmitido a sus alumnos
los fundamentos, metodología y doctrina de la antropología cultural, con el propósito de
que conocieran al ser humano a través de su cultura, sobre todo a partir del análisis de
las artes tradicionales y sus simbologías. Ese modo de hacer , al que ha sabido sumar el
propio de la etnohistoria le han permitido transmitir reconstrucciones del ser histórico
y cultural a partir del análisis de las manifestaciones culturales y de las formas de vida.
Su formación en filosofía y en arqueología han posibilitado a Alonso P onga llevar a
cabo una producción científica en el espacio de la antropológica con una amplia mirada
y centrar la práctica de su especialidad en los ámbitos de la etnohistoria, convencido de
la dificultad de interpretar la realidad del hombre actual sin el conocimiento del hombre
histórico y cultural y sin el análisis de la tradición. De ahí que repita frecuentemente
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P ensar la tradición. Homenaje al Profesor José Luis Alonso Ponga
que en el cruce entre la diacronía y la sincronía se halla la veta más fecunda de las
reflexiones antropológicas.
La labor docente universitaria mencionada se ha ampliado a la museografía, en el
máster de la Fundación Carolina o en los cursos de patrimonio. No solo en esos ámbitos
disciplinares y académicos ha explicado la cultura tradicional, ha ido más lejos: docen-
cia y exposiciones han ido imbricándose en aulas y museos, en la Casa de la Ribera de
P eñafiel o en las numerosas exposiciones temporales que ha organizado a lo largo de
años. Cultura tradicional, tradición, historia y pasado, pero con proyección futura al
hacer que todo ello pase a formar parte de lo inmaterial y de lo que nos es y será propio.
Y en lo propio están investigaciones, exposiciones y museos pensados como funda-
mento para el desarrollo rural y como refuerzo de la identidad de los núcleos rurales
de nuestra comunidad, Castilla y León, en claro proceso de despoblación. Despoblada,
pero no muda, porque Alonso P onga ha hecho que los objetos etnográficos sean fuente
de extraordinarios mensajes culturales, de historias de vida, de modelos sociales y eco-
nómicos, además de culturales. Así lo testimonian su colaboración en la exposición de
T ordesillas con motivo del quinientos aniversario del T ratado del mismo nombre, en la
Exposición sobre La Cruz Alzada: Arte y Antropología en la Ribera del Duero y en la de
Cuenca de Campos (V alladolid) Gallegos a Castilla: Segadores en Tierra de Campos , sobre
el trabajo de los jornaleros que se trasladaban hasta la mitad del siglo pasado desde
su Galicia de origen o vecindad a la Castilla de veranos ardientes para segar las mieses
crecidas en sus campos.
Exposiciones en las que, a través de lenguajes nuevos, tan o más atractivos que la
palabra desnuda, se ha buscado la mirada de los hombres del campo a su pasado, a su
historia, a su cultura, a sus tradiciones; pero también la mirada de los que buscan co-
nocer más hondamente los modelos de cultura campesinos que se han mantenido hasta
hoy como una sucesión de estratos depositados a lo largo del tiempo y de la historia.
El caso del Museo Casa de la Ribera en P eñafiel, resultado de esfuerzos y trabajos de
campo compartidos por industriales, propietarios de tierras, jornaleros y minorías, es ex-
presión de la conjunción de los diferentes ámbitos disciplinares por los que ha transitado
el profesor José Luis Alonso P onga a lo largo de su carrera universitaria, y testimonio
asimismo de su pasión por la museografía etnográfica.
Manuel Á. Rojo Guerra
Director del Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y
Técnicas Historiográficas de la Universidad de V alladolid
19
Este libro es parte del trabajo de todos los autores que con generosidad se han su-
mado al homenaje. Como editores deseamos dedicar estas primeras líneas a expresarles
nuestra gratitud. Sin su esfuerzo y rigor no habría sido posible y , si detrás de cada publi-
cación hay una intrahistoria que hace del proceso una experiencia humana más allá de
las cuestiones mecánicas, éste ha tenido por razones obvias mucha. Los editores, sobre
cualquier otra consideración, valoramos la profesionalidad y la cordialidad recibida ante
nuestros numerosos requerimientos.
T ambién agradecemos a todos los colegas y profesionales que se han sumado a
T abula Gratulatoria . Nos consta que muchos hubiesen deseado participar , pero la ca-
suística de cada uno es compleja y en el homenaje también por este medio se manifiesta
el respeto y el aprecio.
A la Universidad de V alladolid y su Rectorado que a través de la Facultad de Filosofía
y Letras y de sus departamentos, si se nos permite con alusión especial para el Depar-
tamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y CC. Y TT . Historiográficas, y
al Servicio de Publicaciones les reconocemos su implicación e interés en esta empresa.
A la Fundación Joaquín Díaz. Deseamos hacer una mención cargada de afecto a Luis
Vincent que se ha ocupado de que lo arduo sea fácil con infinita paciencia y con infinita
amabilidad.
a gradecimientos
A GRADECIMIENTOS
P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
21
T abula G ra Tula Toria
W olfram Aichinger , Universiät Wien (Austria)
Milagros Alario T rigueros, Universidad de V alladolid
P aco Alcántara, P eriodista
José Alonso Martín, Fotógrafo
Joaquín Alonso González, Investigador independiente
Manuel Arias Martínez, Museo Nacional de Escultura
Gaetano Armenio, Associazione Puglia Autentica (Italia)
Benito Arnáiz Alonso, Dirección General de P atrimonio Cultural, Junta de
Castilla y León
Martino M. Battaglia, Scuola Superiore per Mediatori linguistici di Reggio
Calabria (Italia)
Enrique Berzal de la Rosa, Universidad de V alladolid
Letizia Bindi, Università degli Studi del Molise (Italia)
Juan Francisco Blanco González, Instituto de las Identidades-Diputación de
Salamanca
Javier Burrrieza Sánchez, Universidad de V alladolid
Basilio Calderón Calderón, Universidad de V alladolid
Ramón de la Campa Carmona, Academia Andaluza de la Historia
José Luis Calvo Domínguez, Museo Etnográfico de Castilla y León
José Luis Cano de Gardoqui, Universidad de V alladolid
t abuLa g ra tuLa toria
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P ensar la tradición. Homenaje al Profesor José Luis Alonso Ponga
Pilar Calvo Caballero, Universidad de V alladolid
Alida Carloni Franca, Universidad de Huelva
Jesús Caramanzana, Productor Audiovisual
Florencio Carrera Castro, P eriodista
Santiago Carretero V aquero, Universidad de V alladolid
Eva Belén Carro Carbajal, Museo Etnográfico de Castilla y León
Javier Castán Lanaspa, Universidad de V alladolid
Sixto J. Castro Rodríguez, Universidad de V alladolid
Andrés Coello, Fundación Andrés Coello
Francisco Javier Crespo Muñoz, Universidad de V alladolid
Luis José Cuadrado, Revista Atticus
P aola De Pinto, FeArT Società Cooperativa (Italia)
María Diéguez Melo, Universidad de Salamanca
Luis Miguel de Dios, P eriodista
M.ª Cristina Di Sarli, Universidad de Buenos Aires (Argentina)
María Díez Lorenzo, IDimás Gestión
Rafael Domínguez Casas, Universidad de V alladolid
Francisco Javier Domínguez Burrieza, Universidad de V alladolid
T eófanes Egido López, Universidad de V alladolid
José Antonio Fernández Flórez, Universidad de Burgos
M.ª Antonia Fernández del Hoyo, Universidad de V alladolid
Gaspar Fernández San Elías, Universidad de León
Antón Fernández de Rota Iriño, Fundación Empresa-Universidad Gallega
(FEUGA)
23
Juana Font Arellano, Fundación Antonio Font Arellano
Ana Gaitero Alonso, P eriodista
Henar Gallego Franco, Universidad de V alladolid
Emilio Gancedo, Instituto Leonés de Cultura
Pilar Garcés García, Universidad de V alladolid
José Luis García Cuesta, Universidad de V alladolid
Máximo García Fernández, Universidad de V alladolid
Modesto García Jiménez, Universidad Católica de Murcia (UCAM)
P edro García T rapiello, Escritor y periodista
Jesús García Recio, Fundación Instituto Bíblico Oriental (Cistierna, León)
Benigno Garrido Marcos, Fundación Siglo para el T urismo y las Artes-Junta de
Castilla y León
Enrique Gavilán Domínguez, Universidad de V alladolid
Fiorella Giacallone, Università degli Studi di P erugia
Francisco Giner Abati, Universidad de Salamanca
Giusepe Giordano, Università degli Studi di Roma «T or V ergata» (Italia)
Encarnación Giráldez Cejudo, Asociación «Caminos de P asión»
Enrique Gómez Martínez, Real Academia de la Historia e Instituto de Estudios
Giennenses
José Antonio González Alcantud, Universidad de Granada
Consolación González Casarrubios, Museo de Artes y T radiciones P opulares.
UAM
José Ramón González García, Universidad de V alladolid
Carlos González Ximénez, Fotógrafo
Enrique Gómez Pérez, Centro de Estudios y Documentación del Camino de
Santiago. Carrión de los Condes (P alencia)
t abuLa g ra tuLa toria
24
P ensar la tradición. Homenaje al Profesor José Luis Alonso Ponga
Mª Ángeles Gutiérrez Behemerid, Universidad de V alladolid
Fernando Gutiérrez Baños, Universidad de V alladolid
Salvador Gutiérrez Ordóñez, Universidad de León/Real Academia Española
Miguel Herguedas V ela, Universidad de V alladolid
Salvador Hernández González, Universidad P ablo de Olavide
Marta Herrero de la Fuente, Universidad de V alladolid
Mauricio Herrero Jiménez, Universidad de V alladolid
José María Hidalgo Guerrero, Casa de León en Madrid
Luis Jaramillo Guerreira, P eriodista
Celeste Jiménez de Madariaga, Universidad de Huelva
Fernando Joven Álvarez OSA, Estudio T eológico Agustiniano
M.ª Jesús Ladrón San Ceferino, Enfermera-Doctora en Antropología
Francisco Javier Lagartos P acho, Museo Etnográfico de León
Julio Llamazares, Escritor
Isaac Macho Blanco, P eriodista
Alberto Marcos Martín, Universidad de V alladolid
Alfredo Marcos Martínez, Universidad de V alladolid
Antonio Martín Alén, Restaurador
Juan Carlos Martín Cea, Universidad de V alladolid
Modesto Martín Cebrián, Estudios y Documentación de la Junta de Castilla y León
Ricardo Martín de la Guardia, Universidad de V alladolid
Luis Carlos Martínez Fernández, Universidad de V alladolid
María del Carmen Martínez Martínez, Universidad de V alladolid
José A. Martínez Reñones, Editor y escritor
25
María Luisa Martínez de Salinas Alonso, Universidad de V alladolid
Raquel Martínez Sanz, Universidad de V alladolid
P ascual Martínez Sopena, Universidad de V alladolid
Elena Maza Zorrilla, Universidad de V alladolid
Maria T eresa Milicia, Università di P adova (Italia)
Nicolás Miñambres Sánchez, IES Legio VII (León)
Ferdinando Mirizzi, Università della Basilicata (Italia)
Francisco Javier Molina de la T orre, Universidad de V alladolid
Sara Molpeceres Arnáiz, Universidad de V alladolid
Carmen Morán Rodríguez, Universidad de V alladolid
José Ramón Morala Rodríguez, Universidad de León
Ángel J. Moreno Prieto, Instituto de Historia Simancas
José Navarro T alegón, Fundación González Allende
P edro J. Muñóz Rojo, Fotógrafo
Roberto Maria Nasso Carlizi, Investigador independiente (Italia)
Anna Nogar , University of New Mexico (EE. UU.)
Sheila Nunes, Universidade de Aveiro (P ortugal)
Rosa P arisi, Università degli Studi di Foggia (Italia)
Jesús María P arrado del Olmo, Universidad de V alladolid
Jesús Félix P ascual Molina, Universidad de V alladolid
Javier Pérez de Andrés, P eriodista
Ramón Pérez de Castro, Universidad de V alladolid
José M.ª Pérez Concellón, Fotógrafo
Guillermo Á. Pérez Sánchez, Universidad de V alladolid
t abuLa g ra tuLa toria
32
P ensar la tradición. Homenaje al Profesor José Luis Alonso Ponga
académico del profesor Alonso P onga, son el reflejo de sus intereses científicos, su mi-
rada siempre interdisciplinar , la vivacidad y el tesón con los que ha defendido la inves-
tigación sobre el terreno, el respeto a sus colegas, la veneración a sus maestros, los de
carne y hueso y los de los libros, y la apertura para con las nuevas líneas interpretativas.
En todo ello prima la finalidad de profundizar en el estudio de la Cultura con mayúsculas
y sin limitaciones artificiales y artificiosas acerca de si ésta es subalterna o hegemónica.
Destacamos en este homenaje la marcada presencia de historiadores y antropólogos
castellanoleoneses y de colegas de la Universidad de V alladolid, así como de antro-
pólogos italianos, algunos de ellos entre los más destacados de este país, fruto de los
estrechos contactos mantenidos por el homenajeado con diversas universidades e ins-
tituciones italianas, y , finalmente, un amplio elenco de especialistas españoles, muchos
de ellos amigos, estudiosos de la Semana Santa y de otras áreas de la cultura. El libro
lo hemos articulado en cuatro partes a sabiendas del carácter aleatorio de las mismas,
pero creemos que adecuadas para comprender mejor el sentido de la obra y destacar los
campos en que más ha trabajado nuestro homenajeado.
La primera, que hemos titulado «La labor científica y cultural del profesor Alonso
P onga», incluye, aparte de la bio-bibliografía completa elaborada por su discípula y
colaboradora, Pilar P anero, profesora de la Universidad de V alladolid, dos artículos que
glosan su labor como investigador y divulgador cultural escritos por los profesores Fran-
cesco Faeta de la Universidad de Mesina, que destaca el interés de Alonso P onga por
construir relaciones intelectuales y académicas entre Italia y España, y A. Gabriel Me-
léndez de la Universidad de Nuevo México, que pone de manifiesto las investigaciones
y exposiciones llevadas a cabo tanto en V alladolid como en Nuevo México y Filipinas y
el trabajo de Secundino V alladares, profesor de la Universidad Complutense de Madrid,
revisa la literatura etnográfica sobre la literatura popular navideña a la luz del valioso
trabajo de Alonso P onga Religiosidad popular navideña en Castilla y León. Manifestacio-
nes de carácter dramático .
La segunda parte está dedicada a «La cultura tradicional en Castilla y León» y en
ella se recogen nueve trabajos referidos a la comunidad autónoma sobre aspectos tan
diversos como las nubes y la astronomía tradicional y su relación con las campanas
por Joaquín Díaz, fundador y patrono de la Fundación Joaquín Díaz, y Antonio Sánchez
del Barrio, director de la Fundación Museo de las Ferias, que describe morfológica y
funcionalmente las campanas y los toques de las existentes en el campanario de la
colegiata de Medina del Campo. Las comidas rituales de los diversos tipos de cofradías y
la actitud de la jerarquía en el mundo rural en el obispado de León es el tema que desa-
rrolla José Luis Puerto, poeta y etnógrafo. El trabajo conjunto de Germán Delibes, Elisa
Guerra, Francisco Javier Abarquero y Elías Rodríguez, los dos primeros pertenecientes
33
INTRODUCCIÓN
a la Universidad de V alladolid, el tercero del Museo de P alencia y el último al Instituto
de Estudios Zamoranos, prehistoriadores y arqueólogos, parte de una afirmación muy
querida por nosotros «La aspiración nada secreta de cualquier arqueólogo es actuar
como un antropólogo de los tiempos pretéritos», según su metodología con técnicas ar-
queológicas que aplican a los yacimientos y explotación de la sal en época prehistórica
de las lagunas Villafáfila (Zamora) en la Tierra de Campos. La distinción entre molinos
harineros y fábricas de harina, centrada en la existencia o ausencia de maquila, pago en
especie por la molienda, por Javier Revilla Casado, profesor de la Universidad de León
y paisano del homenajeado. Jesús Álvaro Arranz Mínguez y Alicia Gómez Pérez de la
empresa de gestión cultural SERCAM han analizado las visiones que aportaron diversos
periodistas invitados por las autoridades de la provincia de P alencia que recorrieron la
comarca de Tierra de Campos palentina en el año 1959. Carlos Piñel Sánchez, que fuera
director del Museo Etnográfico de Castilla y León (Zamora) desde su fundación, aborda
el arte pastoril a partir de la grabación en una cuerna de pólvora que relata la romería al
santuario de la Virgen de V aldejimena (Horcajo Medianero, Salamanca), abogada contra
la rabia, junto a otros elementos amorosos y simbólicos. T omás Mañanes, arqueólogo y
como Delibes y Guerra compañeros del Departamento de Prehistoria, Arqueología, An-
tropología Social y CC. Y TT . Historiográficas de la Universidad de Valladolid, trata sobre
la onomástica en la comarca de Los Oteros. María Laura Casanueva del Instituto Nacio-
nal de Antropología y P ensamiento Latinoamericano (Buenos Aires, Argentina) aporta
un trabajo sobre las tradiciones culturales de los maragatos trasplantados a la Tierra de
Fuego en el siglo XiX . Esta segunda parte se cierra con una novedosa aportación de los
geógrafos Daniel Herrero y Eugenio Baraja, de las universidades de Burgos y V alladolid,
respectivamente, en la que valoran las aportaciones de las fotografías subidas a la red
social de Instagram como expresión de identidad de los paisajes cotidianos considerados
patrimoniales por los usuarios en V alderas en Tierra de Campos (León).
La tercera parte, que hemos titulado «Rituales y religiosidad», recoge aportaciones
sobre estos dos grandes temas tanto de la región como de fuera de ella. David Álvarez
Cineira del Estudio T eológico Agustiniano de V alladolid, glosa las estrechas relaciones
entre salud, religión y magia en el mundo romano de los siglos ii y iii d. C. y cómo el
cristianismo se abrió camino en aquella sociedad gracias a la simplificación de los ritos
terapéuticos, la gratuidad de los servicios y el cuidado de los enfermos. Florián Ferrero
Ferrero, historiador y director durante muchos años del Archivo Histórico de Zamora,
historia la Semana Santa de Zamora que conoce bien, en el período entre 175 1 y 1850
estableciendo la profunda crisis que experimenta en este periodo, a pesar del progreso
demográfico y económico que se percibe en la ciudad, debida a la política de los ilustra-
dos que pretendían reformar las manifestaciones de religiosidad popular , las desamorti-
zaciones, la guerra con los franceses y los gobiernos liberales. Las fiestas están presentes
34
P ensar la tradición. Homenaje al Profesor José Luis Alonso Ponga
a través del trabajo de su discípula Elisabet Fernández González sobre la de san Juan de
la ciudad de V alladolid en los últimos años. Los exvotos figurativos o pintados, expresión
del sufrimiento y una de las expresiones religiosas más comunes de los grupos humanos
desde la Prehistoria, constituye la aportación de Ignazio E. Buttitta de la Universidad
de P alermo, que estudia esta manifestación simbólica y práctica votiva en el paso del
mundo «pagano» al «cristiano» afirmando la continuidad de formas, funciones y signi-
ficados religiosos de los exvotos. Este es el tema que trata uno de los maestros de José
Luis, el profesor de la Universidad de Roma «La Sapienza» Luigi M.ª Lombardi Satriani,
concretamente los que atesora la Madonna di P ortosalvo en P arghelia, desde el siglo XViii
hasta la actualidad; Laura Carnevale de la Universidad Bari «Aldo Moro» se ocupa desde
la perspectiva histórica de dos santuarios italianos, uno en la región de Apulia, regido
por los franciscanos y especializado en enfermedades producidas por los animales y las
sufridas por estos mismos, y otro en los Abruzos, ambos a pesar de sus diferentes histo-
rias presentan rasgos comunes como el de albergar sendos santos taumatúrgicos. Julio
Grande de la consultora Sepinum trata la excepcional procesión de los disciplinantes
de San Vicente de la Sonsierra, única que se ha conservado en España, a pesar de la
prohibición de Carlos III y de los intentos civiles y eclesiásticos por lograr su desapa-
rición, excepcionalidad que el autor trata de explicar en el contexto de la pugna entre
dos cofradías de penitencia de la localidad. Roberto Cipriani, de la Universidad de Roma
T re, estudia cómo en las últimas décadas se han producido profundas transformaciones
socioeconómicas y urbanísticas que han producido una fuerte secularización con una
minoría de creyentes activos y una forma de religión difusa. David Pujante de la Univer-
sidad de V alladolid, observa en la obra de Séneca, objeto de análisis de su trabajo, un
moderno tratado de autoayuda que propugna la libertad moral y la independencia inte-
rior que aleja al ser humano del miedo a la muerte. El sacerdote y pedagogo P edro García
González establece un diálogo entre las cosas de la antropología y la antropología de
las cosas tomando como punto de partida uno de los temas de estudio más queridos
de Alonso P onga, las campanas. José Manuel del Río Carrasco de la Congregación para
el Culto Divino del V aticano reflexiona sobre la necesaria formación de los artistas de
arte sacro para transmitir el mensaje de evangelización. La tercera parte, dedicada a las
expresiones religiosas y al sincretismo, termina con un profundo recorrido etnográfico
por el curanderismo y la hechicería entre campesinos de la costa de Mozambique, temas
habituales en otro tiempo en la Antropología sociocultural, por parte de Luis Alberto
Gárate Castro de la Universidad de la Coruña.
Finalmente, la cuarta parte recoge bajo el epígrafe «Antropología social y patrimo-
nio» un conjunto de trabajos de amigos y colegas fundamentalmente españoles sobre
diversos aspectos antropológicos y otros relacionados con el patrimonio en su sentido
más amplio, incluidos los literarios, sobre España (Galicia, Andalucía), Iberoamérica, Ca-
35
INTRODUCCIÓN
nadá, Italia y el Alentejo portugués. Isidoro Moreno de la Universidad de Sevilla, analiza
los imaginarios colectivos surgidos en América Latina y España que trataban de explicar
las relaciones entre ambos continentes y que, según el autor , han entrado en crisis como
consecuencia de las migraciones a Europa y del neocolonialismo que ésta ejerce allá.
Antonello Ricci de la Universidad de Roma «Sapienza » dentro de un proyecto de investi-
gación de campo dirigido por F rancesco Faeta, estudia los conflictos de clase en el mun-
do campesino pobre de Calabria y la consolidación de la cultura política de la izquierda
tras la II Guerra Mundial. Eloy Gómez P ellón de la Universidad de Cantabria, plantea la
paradoja entre la buena formación que reciben los estudiantes del patrimonio cultural
en sus diversas esferas y la escasa demanda que hay de estos profesionales a pesar de
que la sociedad valora como nunca el papel del mismo patrimonio como factor de de-
sarrollo sostenible. Christiane Stallaert de la Universidad de Amberes, propone nuevos
instrumentos conceptuales para estudiar las identidades híbridas, fluidas y dinámicas
surgidas de la globalización a partir del estudio de los emigrantes nipobrasileños en
Japón. Los fundamentos legales de la normativa española sobre el patrimonio cultural
inmaterial son el motivo del trabajo de María Pía Timón Tiemblo del Instituto del P atri-
monio Cultural de España.
Las fiestas a las que tanto tiempo y reflexión han dedicado los antropólogos es-
pañoles de la segunda generación está representada por los trabajos de Xosé Manuel
González Reboredo del Instituto de Estudos das Identidades-Museo do P obo Galego y
Salvador Rodríguez Becerra de la Universidad de Sevilla. El primero pone de manifiesto
la importancia de las vísperas o veladas previas a la fiesta en donde el fuego juega un
importante papel, como es el caso de la parroquia de Santa María de Castelo (T aboa-
da, Lugo); mientras que Rodríguez Becerra pone de relieve la importancia del vino en
las fiestas de todo tipo, a las que sin embargo se le ha dedicado poca atención por los
científicos sociales. Ligado al trabajo anterior está el estudio etnográfico de Luis Vicente
Elías P astor sobre la evolución del viñedo y los tipos de vinificación en el Alentejo (P or-
tugal). Javier Marcos Arévalo de la Universidad de Extremadura pone de manifiesto la
riqueza «etnográfica» de cierta documentación histórica (ss. XVi - XViii ) para el conocimien-
to de la cultura tradicional. Maximiano T rapero de la Universidad de Las P almas de Gran
Canaria da cuenta de una nueva y extraña forma de repentizar la poesía popular canta-
da que se practica en Brihuega (Guadalajara). Concha Fernández Soto y Francisco Checa
y Olmos de la Universidad de Almería, expertos en literatura y antropología, proponen
para el análisis del llamado teatro social en el siglo XiX nuevos paradigmas interpreta-
tivos. Un estudio de la arquitectura de los dènè un pueblo indígena cazador y pescador
de la cuenca del río Mackenzie en Canadá es la aportación de Carlos Junquera Rubio
de la Universidad Complutense a este homenaje. La importancia del voluntariado en las
sociedades contemporáneas es expuesta por José Luis Izquieta Etulain de la Universidad
36
P ensar la tradición. Homenaje al Profesor José Luis Alonso Ponga
de V alladolid en un ensayo que explora en las razones profundas de esa dedicación a
partir de la información cualitativa de miembros de Cruz Roja Española. Alfonso García
Rodríguez del Instituto Leonés de Cultura rememora los sucesos ocurridos en mayo de
1952 en el accidente minero conocido como «Accidente del Socavón» en Santa Lucía de
Gordón (León). El controvertido proceso migratorio a Italia y específicamente a Roma
en los últimos años es abordado por Enrique Cámara de Landa, también profesor de la
Universidad de V alladolid, que la ha explorado a través de las actividades musicales
promovidas por las administraciones y las ONG como vía de integración. María Jesús
P ena Castro de la Universidad de Salamanca nos ofrece un interesante debate sobre dos
concepciones museológicas que se enfrentaron en los comienzos del pasado siglo en
Estados Unidos de América sobre la musealización de las culturas indígenas americanas.
Sobre el humanismo que encierra y proyecta la antropología reflexiona Alfonso Vives
Cuesta de la Universidad de V alladolid y el Instituto Bíblico y Oriental, comparando las
fuentes griegas y mesopotámicas sobre el concepto «hombre» griego. Finalmente, Carlos
Belloso Martín de la Universidad Europea Miguel de Cervantes aborda un tema de ac-
tualidad como son las recreaciones históricas como fiesta con gran potencial turístico,
así como su consolidación y debilidades.
Presentamos pues en este libro homenaje un nutrido número de trabajos sobre el
Hombre —modos de vida, costumbres y tradiciones— traducidos en ritos, pensamiento
y sabiduría apegada a la vida que la Antropología universaliza. Sus autores han elegido
libremente la temática en función de sus intereses. Hay estudios sobre el pasado y sobre
el presente que más allá de la interpretación racional encierran las emociones y las
pasiones de sus protagonistas.
Joaquín Díaz
Fundación Joaquín Díaz
Salvador Rodríguez Becerra
Universidad de Sevilla
M.ª Pilar P anero García
Universidad de V alladolid
P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
I. l a labor
científica y cul tural
del profesor
a lonso p onga
41
Glosar la figura de José Luis Alonso P onga (Alcuetas, León, 195 1) no es fácil si la
persona que lo hace, además, lo considera su maestro. Su formación vinculada a varios
lugares —V alencia de Don Juan, Zaragoza, V alladolid, Roma y V alencia— es amplia y
marcadamente humanista: Filosofía Pura (P ontificia Università San T ommaso d’ Aquino ,
Angelicum ), Arqueología con la especialidad en paleocristiana (P ontificio Istituto di Ar-
cheologia Cristiana, PIAC), Geografía e Historia (Universidad de V alladolid) y Antropolo-
gía Social y Cultural. A esta vasta formación se une una curiosidad incesante, han sido
muchos los caminos que ha trazado, y un corporativismo antidogmático en el que ha
primado siempre unir esfuerzos, contar con personas de distintas disciplinas en todos
sus proyectos que han sido numerosos y , teniendo una postura ética, social y política
ante la realidad bien definida, pero sin prejuicios ideológicos ni sectarismos estériles.
Su vida como docente se inicia en 1977 en distintos colegios e institutos, en 1979
aprueba las oposiciones a Enseñanzas Medias y recién casado con Araceli García Y uste,
«Maiche», también profesora, se trasladan a su primer destino en Bembibre, para des-
pués ejercer en los institutos de los barrios vallisoletanos de P ajarillos y Rondilla. No se
ha desvinculado nunca de la enseñanza secundaría, o bien participando en actividades o
bien a través de los amigos de ese tiempo como Jesús Lersundi Arteche. Serán estos unos
años de intenso trabajo que tiene sus frutos en 1985, cuando defiende su tesis doctoral
sobre las manifestaciones dramáticas de religiosidad popular navideña. En estos años
forman su familia y nacen sus dos hijos, Alberto en 1982 y Camino en 1984. Maiche,
sus hijos, su yerno Ángel González y sus dos hermanos pequeños, Miguel, casado con
b io - bibliografía del p rof . d r . j osé
l uis a lonso p onga *
M.ª Pilar P anero García
Universidad de V alladolid
In necessariis unitas , in dubiis libertas et in omnibus caritas
Marco Antonio de Dominis
* Los nombres que se mencionan en este semblante son fruto de las conversaciones con el profesor
en más de dieciocho años de colaboración. Pido disculpas de antemano si en algún dato estoy errada y , sobre
todo, si las hubiera, por las ausencias importantes.
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u no sgu ardo verso l ’i t alia , una
port a verso la s p a gna . u n aspetto
dell ’ a ttività scientifica di
j osé l uis a lonso p onga
A look t owArds I t Al y , A gA tew A y t o s p AIn .
A n Aspect of the scIentIfIc ActIvIty of
J osé l uIs A lonso p ongA
u nA mIrAdA hAcIA I t AlIA , unA puertA hAcIA e sp AñA .
u n Aspect o de lA ActIvIdAd cIentífIcA de
J osé l uIs A lonso p ongA
f rAncesco f Aet A
Università degli Studi di Messina
r iassunto
Sullo sfondo di una rapida rievocazione delle relazioni che sono intercorse tra an-
tropologia italiana e antropologia spagnola dal secondo Dopoguerra a oggi, il saggio
è dedicato alle frequentazioni italiane di José Luis Alonso P onga, al suo interesse per
la nostra tradizione di studi, alla sua convinta e continuativa attività di costruttore di
relazioni intellettuali e accademiche tra le discipline dei due P aesi.
P arole chiaVe : Antropologia spagnola, antropologia italiana, tradizioni intellettuali.
a bstra ct
On the background of a rapid re-enactment of the relationships between Italian an-
thropology and Spanish anthropology from the second post-war period up to nowadays,
the essay is dedicated to the Italian acquaintances of José Luis Alonso P onga, his inter-
est in our tradition of studies, his convinced and ongoing activity of building intellectual
and academic relationships between the disciplines of the two countries.
K ey words : Spanish Anthropology , Italian Anthropology , intellectual traditions.
56
f rancesco f aet a
r esumen
En el contexto de una rápida evocación de las relaciones que han existido entre
antropología italiana y antropología española desde la segunda P osguerra hasta hoy , el
ensayo está dedicado a las relaciones con Italia de José Luis Alonso P onga, a su interés
por nuestra tradición de estudios, a su convencida y continuada actividad fomentando
las relaciones intelectuales y académicas entre las disciplinas de los dos países.
P a la bras cl a Ve : Antropología española, Antropología italiana, T radiciones intelectuales.
E’ con grande piacere che mi associo all’iniziativa dei colleghi Joaquín Díaz, Salva-
dor Rodríguez Becerra e Maria Pilar P anero García, tesa a onorare la figura di José Luis
Alonso P onga, nel momento della sua uscita dal servizio attivo presso l’Università statale
di Spagna.
E’ un piacere che mi viene da una convinta opinione di stima complessiva nei suoi
confronti, dall’osservazione dell’importanza di alcune iniziative su cui mi soffermerò
in questo breve scritto, ma anche da una constatazione preliminare, legata a una dote
dell’uomo, dello studioso, dell’accademico: la sua generosità. Come ben sanno coloro
che fanno parte dell’Ordine, in Italia, in Spagna, e in svariate altre parti del mondo, la
generosità non distingue precipuamente gli accademici; costoro sanno a volte essere
giusti (sanno «dare a Cesare quel che è di Cesare»), ma raramente sanno essere generosi,
aperti e disinteressati nel donare, memori e riconoscenti nel ricevere. E’ questa, invece,
una dote che ho avuto modo di apprezzare nell’amico José Luis, sin dal primo momento
della nostra conoscenza, oltre un ventennio fa, e che vorrei innanzitutto evidenziare,
prima ancora di addentrarmi nell’esposizione del tema del mio intervento.
Intervento che vorrei dedicare alle frequentazioni italiane di P onga, al suo interesse
per il mio P aese, alla sua convinta e continuativa attività di costruttore di relazioni in-
tellettuali tra Italia e Spagna.
L ’antropologia italiana, un’antropologia distinta da tratti peculiari rispetto alle tra-
dizioni mainstream occidentali su cui mi sono in altra sede interrogato (Faeta 20 1 1: 89-
13 1), al di là di certe sue tendenze autarchiche autorevolmente evidenziate per primo
da Francesco Remotti (Remotti 1978: 193-226) e su cui altri si sono poi problematica-
mente soffermati, ha avuto attenzione soprattutto per le tradizioni di studio tedesca,
francese, americana. E’ stato questo un confronto obbligato, se è vero che difficilmente
l’attenzione per le tradizioni di studio può prescindere dalla storia complessiva dei rap-
porti intellettuali, culturali, sociali e politici che gli Stati nazionali intessono; è stato
57
UNO SGUARDO VERSO L ’ITALIA, UNA PORT A VERSO LA SP AGNA. UN ASPETTO DELL ’ A TTIVITÀ SCIENTIFICA DI
JOSÉ LUIS ALONSO PONGA
questo un confronto obbligato perché, oggettivamente, le antropologie sopra ricordate
sono state dominanti nella storia della disciplina, assieme a quella inglese (non casual-
mente, se si riflette su quanto ho testé affermato, più desueta da noi).
L ’attenzione per l’antropologia spagnola è stata in Italia relativamente scarsa e
limitata ad alcuni autori. Il prolungarsi dell’esperienza franchista non ha certamente
giovato alla conoscenza reciproca, se si tengono presenti le forti opzioni politiche, in
senso progressista (con spiccate, pur se eterogenee, colorature marxiste e gramsciane),
dell’antropologia italiana (o di parte cospicua di essa) negli anni del Dopoguerra e sino
a tutti i Settanta-Ottanta. Sono da noi conosciuti, in un ambito comunque piuttosto
ristretto, i nomi e le opere di Julio Caro Baroja, Carmelo Lisón T olosana, Isidoro Moreno
e di pochi altri (alcuni, per altro, come a esempio, José Alcina Franch, in rapporto agli
studi di americanistica, cui gli Spagnoli, ovviamente, hanno dedicato costante e ricono-
sciuta attenzione). Scarse sono, poi, le informazioni intorno all’organizzazione comples-
siva delle discipline antropologiche in Spagna; pochi i progetti di studio e ricerca che
coinvolgono i due P aesi; pochissimi i ricercatori italiani che hanno lavorato o lavorano
in Spagna; esiguo il numero delle opere di autori spagnoli tradotte in lingua italiana. Il
libro forse più noto in Italia della letteratura folklorica e antropologica iberica, El car-
naval di Caro Baroja, pubblicato nel 1965, fu tradotto in Italiano quasi trent’anni dopo
(Caro Baroja 1989).
Alla metà degli anni Settanta, quelli aurorali della mia formazione antropologica, la
realtà socio-antropologica spagnola era a noi svelata più dal lavoro di Julian Pitt-Rivers
su Grazalema (letto in Inglese, peraltro, dal momento che, scritto nel 1954, fu tradotto
in Italiano soltanto ventidue anni dopo - Pitt-Rivers 1976); più tardi, alla fine di quel
decennio, più dalle osservazioni comparative relative alle società mediterranee di John
Davis (Davis 1980), che attraverso le osservazioni degli studiosi nativi 1 .
Soltanto recentemente, anche per via di quanto sto per esporre, una corrente di
interesse per gli studi antropologici spagnoli è andata diffondendosi, sullo sfondo della
più generale curiosità per la rinnovata cultura iberica promossa, dopo la caduta del
franchismo, dagli intensi scambi Socrates ed Erasmus presenti tra gli studenti e nell’am-
bito della stessa docenza.
1 Con un curioso effetto distorsivo; l’antropologia anglofona narrava la Spagna, ma la Spagna
sembrava narrare sovente in Inglese. Il classico libro di Lisón Tolosana (1966), a esempio, tendeva a essere
visto, anche per via della concreta vicenda oxfordiana dello studioso, come un’opera britannica.
64
f rancesco f aet a
vallisoletana, pronunciate sullo sfondo della lettura di un mio saggio che andavamo
commentando (Faeta 20 1 1: 132-155)– a identificare le comuni matrici culturali europee
e a costruire una narrazione comune; il retroterra di questa concezione essendo nell’u-
topia condivisa del Progetto Erasmus, unico vero luogo dove tutti noi ci siamo sentiti,
per alcuni anni, finalmente residenti di una casa comune.
Nella mattinata che ho fugacemente evocato, in un piccolo e silenzioso caffè nei
pressi della Facoltà di Letras y Filosofía, ci eravamo dati appuntamento per buttare giù
le prime idee per un convegno internazionale, da tenersi a V alladolid, sulle responsabili-
tà culturali e sociali della nostra disciplina nella costruzione del nuovo soggetto politico
europeo. Un convegno, con invitati provenienti da molte delle nazioni che formano la
compagine della UE, di cui io avrei dovuto iniziare a stendere, per prima approssima-
zione, le motivazioni; riassunte in una bozza da verificare in successivi incontri. Le forti
trasformazioni intercorse negli ultimi anni (credo che il nostro progetto fosse messo in
cantiere poco dopo la fine della prima decade del nuovo millennio), il dilagare del sovra-
nismo e del populismo, le incertezza circa il comune destino dei nostri due P aesi in crisi e
della stessa Unione, assieme all’incalzare delle nostre vite personali e professionali, non
ci hanno permesso, sin ora, di portare a buon fine il nostro progetto (che certamente
oggi necessiterebbe di un profondo adeguamento teorico). Chissà che José Luis, ora che
il quotidiano premere dell’Istituzione si allenta, non trovi il tempo e la voglia per tornare
nuovamente in quel caffè e riprendere in mano i nostri appunti.
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67
r esumen
El ensayo es un tributo en homenaje al doctor José Luis Alonso P onga, Director de la
Cátedra de Estudios sobre la T radición y del proyecto Centro Internacional de Estudios
de la Religiosidad P opular . En el mismo se da lugar a que a que A. Gabriel Meléndez de
la Universidad de Nuevo México (EUA) y vocal del Centro, señale los aciertos y logros
dotados al infatigable esfuerzo del Profesor P onga como fuerza intelectual que ha im-
pulsado al Centro desde su inicio. Como reconocimiento, Meléndez describe una década
de fructíferas colaboraciones con la Cátedra en que se han constatado diversas exposi-
ciones y publicaciones, a la par de investigaciones de campo en V alladolid, Medina de
Rioseco, V alle de Mora (Nuevo México) y en las Filipinas. Provee observaciones sobre la
polisemia de significado de la religiosidad popular en el mundo hispánico transmarítimo,
recalcando en su importancia ante la amenaza actual de la pandemia de COVID-19.
P alabras claVe : V alladolid, homenaje, religiosidad popular , transmarítimo, Nuevo Mé-
xico, Filipinas, COVID-19.
a ciertos y logros : j osé l uis a lonso
p onga , la c átedra de e studios sobre
la t radición y los e studios de la
r eligiosid ad p opular en el m undo
H ispánico t ransmarítimo
s uccesses and a cHievements : j osé l uis
a lonso p onga , c Hair of s tudies on t radition
and s tudies of p opular r eligiosity in tHe
t ransoceanic H isp anic W orld
A. Gabriel Meléndez
Center for Regional Studies.University of New Mexico
(Albuquerque, New Mexico, EUA)
68
a. g abrieL m eLéndez
a bstra ct
The essay is a tribute in honor of Dr . José Luis Alonso P onga, Director of the Chair
of Studies on T radition and of the project International Center for Studies of P opular
Religiosity . The text provides an opportunity for A. Gabriel Meléndez of the University
of New Mexico (USA) and an advisory board member to discuss some key successes
and achievements that are the result of Professor P onga’ s unmitigated efforts as the
intellectual force that has moved the Center forward from the outset. T o recognize this,
Meléndez describes a decade of fruitful collaborations during which time a number of
exhibits and publications have be completed along with field work in V alladolid, Me-
dina de Rioseco, the Mora V alley (New Mexico) and the Philippines. The text provides
observations on the multivalence of meaning of popular religiosity in the transoceanic
Hispanic world, emphasizing its importance at present in view of the threat coming
from the COVID-19 pandemic.
K ey words : Valladolid, T ribute, P opular Religiosity , T ransoceanic, New Mexico, Phillip-
pines, COVID-19.
Los antropólogos no fincan sus empeños en la coincidencia y , sin embargo, a pesar
de su reticencia por admitirlo, tal vez cuentan con ella como un elemento más para
lograr el éxito de sus investigaciones. P or poco más de una década ha sido mi gran for-
tuna de tener una relación de trabajo con la Cátedra de Estudios sobre la T radición de la
Universidad de V alladolid y con su director-fundador , el doctor José Luis Alonso P onga,
que también está al frente del Centro de Estudios de Religiosidad P opular: la Semana
Santa. Mi primer contacto con la Cátedra fue en mayo del 2008 cuando se me extendió
una invitación para participar en el Congreso Latino-Americano sobre de Religiosidad
P opular: la Semana Santa que se programaba para octubre del mismo año en V alladolid 1 .
La invitación me llevaría a una encrucijada en mi propia trayectoria académica hacién-
dome preguntar: ¿cómo abrirme a una nueva línea de investigación en tan poco tiempo?
La oferta resultó ser más que propicia, ya que acababa de realizar una serie de viajes al
estado de Durango en México con el fin de estudiar los antiguos lazos históricos entre
1 La invitación fue algo sorpresiva puesto que me hallaba en Barcelona tras haber participado unos
días antes en el «Sexto Congreso Internacional Sobre la Literatura Chicana» que acababa de clausurarse en
la Universidad de Alicante. La invitación me puso ante dos incertidumbres. La primera se debía a que mis
investigaciones en ese momento se inclinaban decididamente hacia la crítica de la literatura de los hispanos
en los Estados Unidos. Mi ponencia en Alicante habiendo sido sobre dos escritores méxico-americanos, uno de
Texas y el otro de Nuevo México (EUA), quienes poco tenían que ver con la religiosidad popular .
69
A CIERTOS Y LOGROS: JOSÉ LUIS ALONSO PONGA, LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS SOBRE TRADICIÓN Y LOS
ESTUDIOS DE LA RELIGIOSID AD POPULAR EN EL MUNDO HISPÁNICO TRANSMARÍTIMO
Nuevo México y México septentrional. Me interesaba la herencia hispana-mexicana
que había ocasionado la aparición de cofradías en el México y conjuntamente en Nuevo
México cuando aún formaba parte de la República de México.
Mi entusiasmo ganó el día y di mi respuesta expresando mi gran interés por partici-
par en el congreso de octubre en vista de que mis recientes investigaciones se centraban
sobre una antigua cofradía en Nuevo México con antecedentes en México y España,
tema que quedaba en línea con los objetivos del congreso. Así que el foro del congreso
era propicio para presentar mi análisis.
Desde entonces ha transcurrido una década llena de fructíferas colaboraciones con
la Cátedra, todas ellas impulsadas por los esfuerzos de José Luis Alonso P onga y María
Pilar P anero García, Secretaria del Centro de Investigaciones de la Semana Santa. A lo
largo de estos años hemos venido consultando ideas, compartiendo fuentes de consulta
y ampliando archivos, y desarrollando investigaciones compartidas. Tiempo también en
que se han constatado diversas exposiciones y se han realizado publicaciones en las
que he podido hacer algunas aportaciones. Además, hemos compartido investigaciones
de campo en V alladolid, Medina de Rioseco, San Vicente de la Sonsierra, V alle de Mora
(Nuevo México) y en Manila y Cebú en las Filipinas.
V aLLadoLid : Los congresos de reLigiosid ad PoPuLar
El primer congreso —y el primero al que asistí— se organizó bajo el lema de «La Se-
mana Santa: Antropología y Religión en Latinoamérica» y daba lugar para divulgar mis
investigaciones sobre los vínculos históricos entre el norte de México y Nuevo México.
Sin embargo, dicho planteamiento me aportaba retos considerables, entre ellos el de
cómo sostener la idea de que Nuevo México (EUA) se debería ver , desde un punto cultu-
ral e histórico como una parte de Latinoamérica. Luego me quedaba por explicar de una
manera contundente como la perduración de las ritualizaciones de Semana Santa en los
Estados Unidos procedían de una cultura autóctona, más no la hegemónica anglosajona.
Esto suponía dar a entender cómo esta historia tan poco conocida cabía en un espacio
dedicado a los grandes, sostenidos, obvios y complicadísimos casos de Semana Santa
que abundan tanto España como en varios países de Latinoamérica.
Con el tiempo vine a conocer los grandes esfuerzos de José Luis Alonso P onga para
incrementar el alcance de los congresos de V alladolid 2 . En ese primero quise narrar con
2 María Pilar P anero García no tardó en enviarme las actas del congreso que José Luis había llevado
a cabo en Austín, Texas un par de años antes, habiéndose llamado, Más allá de nuestras fronteras. Beyond our
borders: Cultura, inmigración y marginalidad en la era de la globalización . Cosa que dejo claro que el Profesor
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a. g abrieL m eLéndez
la mayor precisión posible y hasta donde se pudiese, el caso de la supervivencia den-
tro de la hegemonía norteamericana de la Fraternidad Piadosa de Nuestro P adre Jesús
Nazareno, una cofradía nuevomexicana con orígenes en tiempos de la Nueva España.
Mis aproximaciones figuran en las actas del congreso con el título de «La Cofradía de
Nuestro P adre Jesús de Nazareno en el Camino Real de Tierra Adentro: P eregrinaciones
nuevas y antiguas» 3 , trabajo que estimo es un primer fruto realizado gracias a la Cátedra
y a los esfuerzos de José Luis.
T ras el congreso de 2008 volví a España con el objetivo de presenciar la Semana
Santa de V alladolid. Fue un encuentro que se me facilitó en alto grado gracias a los con-
tactos con algunos investigadores que vine a conocer en aquel primero congreso. Entre
ellos figuran, Salvador Rodríguez Becerra, Javier Burrieza Sánchez, Silvia Lipari, Roberto
Alonso Gómez (Cofrade de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad, V alladolid) Javier
Marcos Arévalo y muchos otros.
Gracias a sus sugerencias desistí de la idea de que era obligatorio hacer una primera
incursión en la Semana Santa española empezando por Andalucía, ya que ponían bajo
escrutinio la creencia muy aceptada de que fue desde Andalucía desde donde se es-
parcieron las primeras hermandades y cofradías a México y América Latina en general.
Haciendo cuenta de que la Semana Santa andaluza ha llegado a ser la más divulgada en
el mundo y la que atrae la mirada del turismo extranjero. Gracias a José Luis y su equipo
de investigadores vine a reformar mis postulaciones originales, para luego plantearle
a José Luis, «Prefiero realizar mis investigaciones en el norte de España y no entrar en
las representaciones andaluzas, aunque algunos comentaristas han considerado que las
cofradías en el Nuevo Mundo procedieron de prototipos andaluces. P or lo que he visto
hasta ahora, los prototipos para todos siguen siendo los de Castilla la Vieja» («Saludos
desde Nuevo México», correo electrónico, 6 de enero, 2009). Con el tiempo esta supo-
sición vino a ser un hallazgo constatado por el rastreo histórico impulsado por los con-
gresos de V alladolid que confirmaba en mí por lo menos, que había que empezar por los
prototipos para luego apreciar sus réplicas en otras regiones del mundo hispánico. José
P onga no desconocía nuestros famosos y hoy día incendiados borderlands o sea la zona fronteriza México-
Estados Unidos.
3 Nuestro equipo de investigación se interesó en determinar cuales habían sido los prototipos de
la cofradía nuevomexicana en el norte de México. Estas investigaciones incluían su una parte etnográfica
debido a que logramos hacer un encuentro contemporáneo y transnacional en la que unos cofrades de Nuevo
México hicieron un viaje de mil millas en la ruta del Camino Real para visitar congregaciones de hermanos en
Durango, México, y cuyas cofradías comparten la misma advocación a Nuestro P adre Jesús Nazareno.
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A CIERTOS Y LOGROS: JOSÉ LUIS ALONSO PONGA, LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS SOBRE TRADICIÓN Y LOS
ESTUDIOS DE LA RELIGIOSID AD POPULAR EN EL MUNDO HISPÁNICO TRANSMARÍTIMO
Luis vio con buenos ojos mi deseo de ver la Semana Santa vallisoletana desde la calle y
los templos de la ciudad. José Luis me fue proporcionando los contactos indispensables
y señalándome informantes que me orientarían desde el Domingo de Ramos al Viernes
Santo 4 .
Acabada la Semana Santa del 2009 se fueron desencadenando otras colaboraciones
con la Cátedra que implicaban una refinación de la óptica sobre lo latinoamericano y
el caso de Nuevo México. En el otoño del 2009 José Luis viajó a Nuevo México para dar
una conferencia en la Universidad de Nuevo México. En su ponencia, «La religiosidad
popular en España y Latinoamérica: Una perspectiva ibérica», expuso en forma sucinta
sus ideas de cómo había que proceder en estas investigaciones, optaba por una prác-
tica polisémica en la que el estudio de la religiosidad popular se diera como «compleja
y amplia». Hizo un recorrido de las metas orientadoras de la Cátedra empezando con
desglosar términos y anunciando sus perspectivas y visión desde Europa, proponiendo
lo siguiente:
Cuando yo hablo de Latinoamericano no estoy hablando del concepto que ustedes
piensan aquí. Estoy hablando desde Europa, entonces, nosotros entendemos por latinoa-
mericano todo aquello que es latino y americano . A saber: P ortugal, España, Francia, Italia
y todos aquellos lugares donde está la influencia de estas culturas. Esto es muy importan-
te, es decir , toda América, las colonias de África, etc. El Centro de Estudios de Religiosidad
P opular atendería, en definitiva, al mundo entero donde ha llegado o está llegando la
influencia del Mediterráneo. (Alonso P onga, 2 de octubre, 20 1 0).
José Luis insistía que nos ocupásemos de lo que él llamaba «caminos de ida y vuelta»
para fomentar la reciprocidad y mutuo acierto entre investigadores y comunidades ob-
jetos de estudio. Este planteamiento constituyente ya lo había José Luis instalado en su
libro Rito y sociedad en las comunidades agrícolas y pastoriles de Castilla y León (1999:
13) al decir: «Este libro que ve ahora la luz es el fruto de un trabajo de campo llevado a
cabo durante dos años. He recorrido Castilla y León en todas las direcciones, he hablado
con mucha gente, rebuscado en archivos municipales y parroquiales, importunado a
amigos y compañeros con quienes he discutido teorías, a quienes les he dado a leer mis
cuartillas». Hay que destacar con toda la importancia que conlleva el sentimiento de
4 Cometí la osadía de salir de Valladolid la tarde del Viernes Santo y antes de la Procesión General
en la Plaza Mayor , y esto ante las objeciones de varios cofrades como Roberto Alonso Gómez, cofrade de la
Cofradía de la Piedad, y Ángel Serrano, cofrade de la Cofradía de la Santa V era Cruz. A despecho de su deseo
de que presenciara lo que ellos insistían en que era lo más llamativo de la Semana Santa vallisoletana, decidí
partir para León con ganas de ver el espectáculo que José Luis había expuesto en una ponencia, o sea, el
simulacro desacralizado de la pasión a manera de esperpento burlesco, el Entierro de San Genarín.
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a. g abrieL m eLéndez
compromiso de José Luis ha sostenido con sus raíces, puesto que siendo un profesional
cabal se avala en la idea del autoconocimiento, puesto que José Luis, como luego vine
a apreciar nunca rompió vínculos con su comunidad de origen en la provincia de León,
según consta en el reconocimiento de la deuda que tiene con su lugar de origen: «Como
siempre que tengo que rematar algún libro he vuelto al pueblo, he vuelto a mis raíces,
y en el silencio y la paz (quietud del cementerio, espejo vivo de un Castilla, vacilante, y
de un León malherido) he corregido el texto y redactado esta introducción. Hoy uno de
marzo, fiesta del Santo Ángel de la Guarda» (Alonso P onga 1999: 14).
c aminos de id a y VueL t a
Es muy probable que haya pasado más tiempo en España en 20 1 0 que en mi propia
casa. En mayo, José Luis ofreció llevarme a la La Rioja y conducirme en lo que sería mi
primer acercamiento a la tradición de «los picaos» en San Vicente de la Sonsierra. Fue
en ese recorrido cuando vine a conocer con detenimiento su formación personal y su
compromiso académico y cómo éstas habían sido determinantes en orientar el Centro
de Estudios sobre la Semana Santa. José Luis me habló de sus orígenes en León permi-
tiéndome apreciar como la idea de pérdida que implica la desusanza de las más típicas
costumbres leoneses y castellanas venían agudizándose con la inquietud reciente de «la
España vacía». Sin embargo, para José Luis los grandes interrogantes giraban, no tan
solo alrededor de la pérdida de tradiciones, sino en las consecuencias de su permutación,
su cambio y su transmisión de una generación en otra.
d e aLLá P ara a cá , n ueV o m éxico en V aLLadoLid 20 1 0
En el viaje a San Vicente de la Sonsierra José Luis propuso una exposición en V alla-
dolid que se enfocara en los rituales propios de los estados fronterizos de México y Nue-
vo México. Coincidimos en buscar la manera de exhibir Nuevo México hispánico ante
un público vallisoletano. Esta decisión resultó ser un ejemplo más de como de José Luis
era capaz de dar seguimiento a proyectos frente a las grandes las exigencias de tiempo
y recursos, aun cuando parecían imposibles de gestionar . Fui testigo de cómo José Luis
y Pilar P anero se dedicaron a armar una exposición fotográfica en escaso tiempo, aun
cuando tenían por encima la expectativa del llevar a cabo el segundo congreso de Se-
mana Santa en el otoño del 20 1 0.
La exposición se dio bajo el título de «Rutas en cuerpo y alma: La religiosidad popular
del septentrión Novohispano» que se implementó con un simposio en que el equipo de
investigación de la Universidad de Nuevo México llegó a jugar un papel céntrico.
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A CIERTOS Y LOGROS: JOSÉ LUIS ALONSO PONGA, LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS SOBRE TRADICIÓN Y LOS
ESTUDIOS DE LA RELIGIOSID AD POPULAR EN EL MUNDO HISPÁNICO TRANSMARÍTIMO
Nuevamente gracias a los esfuerzos de José Luis y Pilar se logró tener el apoyo de
la embajada de los Estados Unidos en España. A pesar de que la Agregaduría Cultural
Española había reducido el presupuesto destinado para la exposición, José Luis no se
veía mermado ante esta situación, al contrario, afirmaba: «En cualquier caso perso-
nalmente estoy contento, porque las cosas nos van saliendo mejor de lo que yo jamás
había pensado, sobre todo en una época de crisis como la actual. Recuerda que cuando
andábamos por Ácoma o Santa Fe, solo teníamos un proyecto muy bonito y , sobre todo,
ilusión. Ahora tenemos realidades» (Alonso P onga, e-mail 1 0 de agosto, 20 1 0).
La exposición tuvo éxito y buen acogimiento según consta en los varios reportajes en
la prensa de El Norte de Castilla . José Luis y Pilar eran de la opinión que «... la exposición
Rutas en Cuerpo y Alma del fotógrafo Miguel Gandert acercó a los vallisoletanos a ám-
bitos culturales que a pesar de la distancia no son totalmente ajenos. P or el contrario,
tienen esa cercanía de las raíces comunes con la cultura española, o al menos con un
tipo de cultura del siglo XViii de la que son deudores» 5 . T ambién se dio el caso de que las
5 José Luis y Pilar no perdían de vista la importancia de las aportaciones collectivas del equipo de
Nuevo México que juntamente con Gandert daban empuje a lo expuesto en Valladolid: «En los últimos quince
años Miguel Gandert y sus colegas los profesores Lamadrid, Meléndez y Nogar , han recorrido el Camino Real
«Rutas», inauguración: Equipo de Nuevo México junto con Secundino Valladares , Elizabeth Martin-Shukrun, María Pilar Panero García y
José Luis Alonso P onga, Museo de la Universidad de Valladolid, 20 1 0. Fotografía: Juan Carlos Urueña P aredes.
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a. g abrieL m eLéndez
Fuera de todo cálculo previsible, pasaron cuarenta y cuatro años hasta que los
españoles llegaran nuevamente a Cebú. Este segundo grupo de españoles, bajo el
mando de Miguel López de Legazpi, arribó en Cebú el 28 de abril de 1565. Sus naves
bombardearon la aldea y en una choza que ardía en llamas un soldado encontró la
imagen del Santo Niño en una caja de madera al lado de unos ídolos nativos. Los
historiadores ahora cuentan que durante los cuarenta y cuatro años entre la llegada
de Magallanes y Legazpi los nativos siguieron bailando el sinulog . Bailándolo, no solo
en honor a sus anitos (figuras en madera), sino también en señal de reverencia al Santo
Niño, el mismo que hoy día está instalado en la iglesia que luego se nombró Basílica
Menor del Santo Niño (Cartel, Basílica del Santo Niño de Cebu).
Hubo decaídas en la transmisión del baile hasta llegar a un punto en el siglo veinte
cuando solo se veían a unas cuantas ancianas y vendedoras de velas bailando el sinulog
y haciendo sus ofrendas personales enfrente de la Basílica y acompañadas a veces por
algunos niños vestidos en trajes de moro-moro . El texto da indicio del renacimiento
y revestimiento del sinulog en la década de los ochenta, hecho que también ocurrió
en otras localidades vecinas. Hablando de los festivales Ati-Atihan de la vecina isla
de Aklan, Marcela Mijares Reyes-Tinagan (200 1:44) describe un proceso parecido que
fue transformando las expresiones sencillas del sinulog tradicional hasta darle toques
de días carnavalescos cuando se acentúan sus aspectos de perfomance para llamar la
atención turística:
Las décadas de 1950 y 1960 infiltraron cambios en la celebración del Festival K alibo
Santo Nino Ati-Atihan, ya que de repente comenzó a tomar aspectos de Mardi Gras brasi-
leño: carnavalesco, pintoresco en su musicalidad, majestuoso y esplendido (la traducción
del inglés es mía).
Estos cambios son evidentes, aunque también sucede que en Cebú el sinulog tiene
dos expresiones distintas. Una consiste de las misas y otras celebraciones que se realizan
en el Centro de P eregrinos que es una parte del complejo de la Basílica Menor del Santo
Niño. Estas celebraciones cuentan con la participación de devotos y parroquianos y se
patrocinan por la arquidiócesis de Cebú donde son celebradas cuidadosamente por los
agustinos, hecho que corresponde a la historia del orden en las Filipinas. La otra cara
del sinulog es su componente completamente secularizado, cívico y turístico, que se
llevaba a cabo en un estadio deportivo donde desfilan grupos de danza que compiten
por premios y elogios del gobierno municipal y estatal. Es de notar que, en 20 20, el
Presidente Rodrigo Duterte optó por dar una ponencia en el sinulog cívico a cargo del
ayuntamiento, pero se abstuvo de participar en el sinulog de la Basílica.
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A CIERTOS Y LOGROS: JOSÉ LUIS ALONSO PONGA, LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS SOBRE TRADICIÓN Y LOS
ESTUDIOS DE LA RELIGIOSID AD POPULAR EN EL MUNDO HISPÁNICO TRANSMARÍTIMO
Si sumáramos ideas creo que
José Luis y yo coincidiríamos, en
afirmar que lo que presencia-
mos en Cebú fue muchísimo más
que un festival cívico-turístico.
P ara empezar , estuvimos en un
encuentro de más de un millón
desde un sitio privilegiado, los
balcones del Centro de P eregri-
nos al que nos dieron acceso los
agustinos, desde donde pudimos
ver como los fieles acudían me-
ramente en olas a cada una de
las diez o doce misas celebradas
a lo largo de cada día. Cada misa
y acto patrocinado por los agus-
tinos contaba con no menos de
dos mil personas y concluía con
la muchedumbre cantando una
canción popular llamada «¡Viva
Pit Señor!» En la última misa del
séptimo día de la novena al Santo Niño, la gente se mantuvo en cantando cuarenta y
cinco minutos después de terminar el acto litúrgico. T omando más bien el aspecto de un
concierto de rock el colectivo se movía en tandas como una sola ola, con velas y panta-
llas de celulares encendidos al vaivén de un ritmo contagioso, salpicado con el estribillo:
Pit senyor o pit senyor kitang tanan o pit senyor!
Kitang tanan mag sinulog,
kitang tanan mag pit senyor .
[¡Viva Señor Santo Niño, Viva Pit Señor!
Bailemos todos el sinulog,
Demos la bienvenida al Señor .] 9
Fue un momento extraordinario, llamativo y singular , en el que se atisbó a todos y
en el que me acuerdo de ver al P adre Luis, con sus ochenta años contados, bailando en
9 Agradezco al P adre P eter Cansinio, prior de la Iglesia de San Agustín en Intramuros, Manila, por
haberme hecho la transcripción y traducción de la letra de este cántico.
Ofrenda Sinulog . José Luis Alonso P onga, Cebú, Filipinas, 20 14.
Fotografía: Gabriel Meléndez.
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a. g abrieL m eLéndez
el balcón del Centro de P eregrinos y exclamando: «¡V aya que pueblo más alegre y ben-
decido!» Confieso que nunca he visto un agustino bailando sin la menor preocupación.
Entre las misas se escenificaron nada menos que una docena de danzas en que cada
grupo de baile se esforzaba para superar a los otros, invistiendo sus movimientos con
complejas dramatizaciones, marcando pasos altamente coreografiados y presentando
escenas llenas de colorido y suntuosidad.
Cada danza incorpora por obligación el antiguo paso de sinulog figurando como
punto orientador para las elaboradas escenificaciones que luego siguen. Son de entra-
da bailes, tributos, plegarias y honras en formas de pasos, figuras y movimientos que
rememoraban la historia cebuana y , de hecho, la de todas las Filipinas tal y como son
hoy día. Algunas danzas representan los momentos del encuentro de los españoles con
los isleños a través de las que se escenifica la historia fundacional de la Filipinas. El hilo
narrativo de las danzas es también el hilo confabulado de una historia de los primeros
encuentros, pacíficos y bélicos, y en las que con rigor aparecen y reaparecen dos figuras
principales: la de Juana, la reine bautizada, y la del Santo Niño, el obsequio colonial a
los cebuanos.
La reina Juana y el Senyor Santo Niño, protagonistas de una danza de ofrenda en el Centro de P eregrinos, Cebu,
Filipinas, 20 14. Fotografía: Gabriel Meléndez.
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A CIERTOS Y LOGROS: JOSÉ LUIS ALONSO PONGA, LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS SOBRE TRADICIÓN Y LOS
ESTUDIOS DE LA RELIGIOSID AD POPULAR EN EL MUNDO HISPÁNICO TRANSMARÍTIMO
El sinulog complejísimo por sí se ofrece a muchas conjeturas e interpretaciones que
acabarían ocupando mucho espacio por lo que es un trabajo difícil de acometer aquí.
Esto ante múltiples aspectos de la religiosidad popular en la Filipinas, que es una tarea
enorme que requiere la participación de huestes de investigadores para simplemente
aproximarse a la densa realidad. De regreso, en Manila, pudimos visitar Quiapo donde
se venerar su famoso Cristo Negro. Estuvimos allí José Luis, el P adre Luis, el P adre P oli-
carpo y el P adre Michael Goo, un simpático sacerdote joven que estudió en V alladolid. A
pesar de que fue un viernes del tiempo ordinario encontramos una iglesia llena con más
de ochocientos devotos que acudían al lugar con la misma intensidad que ocasiona la
fiesta del santo. Entre los participantes estarían quienes no pudieron alcanzar subir al
paso del Cristo Negro y tocarle la cara con un pañuelo.
Nuevamente, con la ayuda de José Luis, Pilar y el P . Fernando Joven logré incluir
mi artículo «Cristo en la diáspora: veneraciones del Cristo Negro de Chimayó (Nuevo
México) a Manila» en el III Congreso de Religiosidad P opular celebrado en 20 16. En el
trabajo quise documentar la divulgación y reiterada recurrencia de las devociones a los
llamados cristos negros en Nuevo México, México, Guatemala, P anamá y las Filipinas.
Mi aportación se quedó corta, puesto que hay mucho más que incluir bajo semejante
enfoque sobre la importancia de la Nao de Manila en la diáspora de prácticas religiosas
en regiones del mundo tan dispares y distantes.
Danza Ofrenda al Senyor Santo Niño, Centro de P eregrinos, Cebú, Filipinas, 20 14. Fotografía: Gabriel Meléndez.
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a. g abrieL m eLéndez
T ambién pudimos presenciar dos devociones marianas en Manila, igualmente com-
plejas y , por lo visto, queridas por grandes sectores de creyentes en Manila. Una es la
de la Virgen del P erpetuo Socorro en Baclaran, devoción que data de principios del siglo
veinte, pero que hoy cuenta con más de 120.000 fieles que tienen como devoción visitar
la iglesia el primer miércoles de cada mes. La otra de más abolengo y de interés por estar
entrelazada con la historia de la Nao de Manila es la devoción de Nuestra Señora de la
P az y Buen Viaje, imagen entronada en la Catedral de Antipolo en las cercanías de Mani-
la. La devoción se basa en la llegada de México en 1626 de una imagen de la Imaculada
Concepción con aspecto de una Madonna morena que mandó a tallar el gobernador-
general, Juan Nuño T ovar . Tovar quiso que una imagen de la Virgen lo acompañara en
el arriesgado viaje de Acapulco a Manila. P or cierto, abordo del galeón «El Almirante»
T ovar vivió momentos difíciles debido a un incendio en la nave y a varias tormentas que
acosaron la nave a lo largo de los tres meses que tardó en cruzar el P acífico. Al pisar
tierra T ovar dio fe de la intersección de la Virgen en poner a su salvo pasaje e implantó
una celebración que se dedicara a la Virgen. La imagen cruzó el P acífico en seis ocasio-
nes más entre1648 y 1748. Desde su instalación permanente en Antipolo se acude a la
Virgen para pedir protección antes de emprender cualquier viaje o peregrinación.
La religiosidad popular en las Filipinas atraviesa enormes espacios geográficos y es
a la vez el resultado de un proceso histórico que abarca tres continentes (Europa, Amé-
rica y Asia). La magnitud e intensidad de este vasto campo de expresión cabe dentro
de lo se puede denominar como una «religiosidad popular transpacífica» y con esto dar
a entender la necesidad de impulsar su estudio. Más allá de esto, y aun cuando estas
expresiones gozan del respaldo de un alto número de desfiles, dichas prácticas, como
es el caso en España, México y Nuevo México, cuentan también con sus detractores y
acérrimos críticos que claman por su extinción. Habrá por lo tanto también que analizar
las postulaciones que dan lugar a esta corrosiva antipatía. Está por verse si es posible
acabar la tradición ya no como un acto de religiosidad, pero como signo de identidad y
de las maneras codificadas por la tradición para organizar la sociedad.
Gracias a José Luis, a los agustinos, a V alladolid y a la Cátedra de Estudios sobre la
T radición pude conocer el tamaño extraordinario y la hiperrealidad de la religión popular
en las Filipinas, lugar aparentemente ajeno a lo que hasta hace poco se había considera-
do una herencia intangible legada por la colonización hispánica en ultramar .
s emana s ant a 2020
He tardado en terminar este tributo que dedico a mis colegas vallisoletanos a quie-
nes tanto estimo. Lo estoy acabando hoy , el día 25 de marzo de 2020, en medio de las
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A CIERTOS Y LOGROS: JOSÉ LUIS ALONSO PONGA, LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS SOBRE TRADICIÓN Y LOS
ESTUDIOS DE LA RELIGIOSID AD POPULAR EN EL MUNDO HISPÁNICO TRANSMARÍTIMO
semanas más difíciles de la historia moderna para España y de otros países que padecen
la pandemia del COVID-19. Han sido días pavorosos en España cuando al escribir este
tributo se han registrado más de 460 fallecimientos de personas, muchas de ellas han
sucumbido solas y apartadas de familiares. En este estado de alarma, España llega a
ser el cuarto país del mundo de casos de COVID-19 en números absolutos. Hace días
se perdió la esperanza de que el pueblo español saliera a las calles en Semana Santa.
De hecho, no habrá procesiones ni en España, ni en México, ni en las Filipinas, ni pe-
regrinaje a Chimayó en Nuevo México. Son apuntes agobiantes que agrego aquí. Ayer ,
Carlos Herrera, conocido periodista sevillano, daba la noticia espeluznante de que se
había habilitado el P alacio de Hielo en Madrid para que sirviese de morgue para recibir
los nuevos muertos que aumenta diariamente en la ciudad. P ero Herrera pronunció tam-
bién con coraje lo siguiente, «En fin, esta es la crónica de un día de alarmas sin cuartel,
estamos pasándola, pero es verdad que siempre que pasamos lo peor sale lo mejor de
cada uno de nosotros. Es decir , son sobrecogedoras las cifras de víctimas, pero también
reconfortantes las historias de generosidad de cada día: los voluntarios, las fábricas
que se transforman para abastecer de material sanitario, los ingenieros que diseñan
respiradores, gestos de compañerismo, apoyo a los sanitarios. Es nuestro país, esa es
nuestra sociedad. Son millones de personas buenas, responsables, serias, cumplidoras,
solidarias» (Monólogo de Carlos Herrera, COPE, Madrid, 24 de marzo, 20 20).
A no ser que pasé un milagro no se verán las habituales procesiones de la Semana
Mayor desfilar por las calles de España y no sabemos que esperar de las aglomeraciones
multitudinarias de Manila y Cebú. P odrá no haber procesiones, pero estoy seguro que
sí habrá una Semana Santa. Estando en V alladolid en 2009 y gracias a Roberto Alonso
Gómez, cofrade de la Cofradía P enitencial de Nuestra Señora de la Piedad, pude par-
ticipar en la procesión de la Piedad que partió de la Iglesia de San Martín a las doce
de la noche el Miércoles Santo. Nunca me hubiera propuesto imaginar qué conllevaría
procesar como miembro del pueblo fiel a lo largo de casí cuatro horas. Cuando regresa-
mos a la sede del paso de la La Quinta Angustia, eran ya altas horas de la madrugada y
con un frío notable, pero en compañía de gente no llena de cansancio sino visiblemente
animada y con ganas de permanecer hasta la última despedida del paso. La procesión
esa noche recorrió una variedad de vecindades, recintos de V alladolid que nunca hubiera
podido ver por otro motivo. La perspectiva que me aprontó la procesión fue de lo más
revelador . Pues me permitió apreciar cómo la Semana Santa involucra grandes sectores
de V alladolid. Me permitió apreciar el arreglo social, de los lugares donde viven y respi-
ran los vallisoletanos y en las que se afianza su identidad. Precisamente en la Plaza de
las Batallas, entorno al Hospital Clínico Universitario, viví un encuentro maravilloso —tal
vez el mayor que presencié aquellos días— y fue cuando los residentes de este barrio de
clase-media trabajadora concurrieron en masa a la plaza para recibir a la Virgen de las
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a. g abrieL m eLéndez
Angustias. Un leve rocío en aquella madrugada se empezaba a percibir en el momento
en que la multitud empezó a cantar de una Salve P opular . Me doy cuenta hoy que es
precisamente en esas vencindades donde residen emfermeros, taxistas, sanitarios, em-
peados de almacenes y farmacias, los heroes indispensables de la crisis del COVID-19. Es
la misma gente que Carlos Herrera declara son «personas buenas, responsables, serias,
cumplidoras, solidarias». Así, aunque no haya procesiones en el 20 20, no dudo en lo más
mínimo que sí habrá Semana Santa en V alladolid y en todos aquellos lugares que la
Cátedra ha venido afirmando que son dignos de estudiar y apreciar . Me imagino que aún
en días de alarma los vallisoletanos saldrán a sus balcones, algunos tal vez en hábito de
cofrade, otros no, a cantar la misma Salve que yo escuché y será con la importancia que
María José V alles del P ozo (2008: 363) en su aportación al Congreso de la Reliogisidad
P opular de 2008 subraya: «La presencia de la Salve excede el ámbito de la interpretación
vocal y colectiva», puesto que hace que el corazón del pueblo se abra ante un gran mis-
terio divino y humano. Gracias a mis colegas fui testigo de ello, otros en otras Semana
Santas venideras, lo tengo claro, podrán da fe de esto también. Reitero mi apreciación
y mi deuda a José Luis Alonso P onga tanto por sus aciertos como por sus logros y , en mi
caso particular , por su disposición a darle cabida a la coincidencia.
El pueblo fiel cantado la Salve, Plaza de las Batallas, Miércoles Santo, V alladolid, 2009. Fotografía: Gabriel Meléndez.
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A CIERTOS Y LOGROS: JOSÉ LUIS ALONSO PONGA, LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS SOBRE TRADICIÓN Y LOS
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« c onGreso en V alladolid (e sPaña )» e-mail, Cátedra de Estudios sobre la T radición a Gabriel Meléndez, 10
de junio de 2008.
« l a s eMana s anta r ural » Instituto Cervantes, Plaza Navona, Roma, 16 de diciembre de 20 18 a 16 de
enero de 20 14, Circular del programa.
« P lenilunio de P riMaVera » Albuquerque, 1 y 2 de marzo, de20 13, Circular del programa.
« s aludos desde n ueVo M éXico », e-mail, Gabriel Meléndez a José Luis Alonso P onga, 6 de enero de 2009.
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r esumen
Este ensayo se propone realizar una revisión crítica de la literatura etnográfica en
torno a la religiosidad popular navideña, tal como la describe José Luis Alonso P onga en
algunas aldeas campesinas de Castilla y León, en los años setenta y ochenta del siglo
pasado. T ras una valiosa revisión de los antecedentes históricos, los datos etnográficos
obtenidos mediante el trabajo de campo en un régimen de opresión cultural proyectan
una imagen de las comunidades de campesinos y pastores excesivamente homogénea,
conformista e integradora. Una imagen muy próxima a la folk-society acuñada por Ro-
bert Redfield, caracterizada por el aislamiento, analfabetismo, homogeneidad, un alto
grado de solidaridad, y propuesta como unidad de estudio para las investigaciones del
mundo rural.
Sin embargo, un escrutinio minucioso de los textos de los pastores, principales ac-
tores de los eventos dramáticos navideños, nos devuelve la imagen de una sociedad
desigual y asimétrica, donde una élite dirigente y hegemónica impone los dictados de
su cultura dominante a los grupos marginales y subalternos, legitimando así el desigual
acceso al conocimiento, la riqueza y el poder . La resistencia a la integración y el con-
flicto son la norma de cualquier relación asimétrica, hasta el punto de que, a veces, los
grupos subalternos (esto es, los pastores) se atreven a desafiar la universalidad de la
cultura dominante mediante rituales de rebelión y protesta social, mediante la instala-
ción del reino de la risa como un disolvente social o, finalmente, mediante la propuesta
alternativa de una utopía pastoril.
r evisión del estudio antropológico
de j osé l uis a lonso p onga sobre
religiosid ad popular na videña en
c astilla y l eón
r eVision of the anthroPoLogicaL stud y b y
J osé L uis a Lonso P onga on christmas PoPuLar
reLigiosity in c astiLe and L eón
Secundino V alladares
Universidad Complutense de Madrid
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s ecundino V aLLad ares
grotesco (alimentos, vino, virilidad, órganos corporales) adquiere un carácter positivo.
En el realismo grotesco (un hipérbaton de comida y bebida) como en los carnavales,
las exageraciones tienen un sentido positivo, piénsese en las enormes salchichas de
Nuremberg en los siglos XVi y XVii . Según Víctor Hugo, el centro topográfico de Rabelais
es el vientre. El vientre es lo inferior por antonomasia, degenera en orgía. Este carácter
grotesco, piénsese en el Orson W ells de las Doce Campanadas , puede ser hasta indica-
dor de genialidad. De nuevo, nos encontramos aquí con las fiestas de locos a cargo de
colegiales y clérigos con motivo de San Esteban, Año Nuevo, los Inocentes. Al principio,
celebradas en el interior de las iglesias, declaradas después ilegales, se celebraban en
las tabernas y plazas públicas con sus correspondientes inversiones de sexo, disfraces,
mascaradas y danzas desenfrenadas. En esas fiestas de locos, el realismo grotesco prestó
mucha importancia a la fiesta del asno, el burro como símbolo de lo inferior , material y
corporal. En torno al burro y su rebuzno se organizaban misas del asno. El cura, a modo
de bendición, despedía a los feligreses con tres rebuznos a los que los fieles contestaban
amén con otros tres. Así fue como el asno y su rebuzno se convirtieron en temas esen-
ciales de las fiestas medievales.
Los curas, escolares, estudiantes marginales de la sociedad eran los participantes
más activos de estas fiestas populares. A través de la sociedad al revés se liberaban
de los principios y valores eternos, inmutables y absolutos. Estos escolares parodiaban
plegarias como el P ater Noster , Ave María y el Credo, practicaban la liturgia de los borra-
chos y tramitaban los testamentos de cerdos y asnos. Se puede uno imaginar hasta qué
punto el lenguaje de los clérigos medievales estaba saturado de obscenidades y grose-
rías. En definitiva, la cultura emergente de la Edad Media era el drama de la vida corpo-
ral, la urgencia del coito, del nacimiento y crecimiento y demás necesidades naturales.
T ales eran los temas de sus canciones báquicas de sobremesa sobre el universalismo de
la vida y de la muerte, el lado inferior del amor carnal y el sentimiento efímero de la
vida. Los grupos subalternos estaban descubriendo en el nuevo lenguaje romance la for-
ma secreta de nombrar lo innombrable, a la vez que imponían a los grupos dirigentes el
léxico rahez del realismo grotesco que escandalizaba a las personas cultas. Así fue como
las palabras quedaron sometidas a la fuerza degradante del principio material inferior .
4. d iVersid ad de LenguaJes
V olviendo a las notas preliminares históricas del estudio de JLAP , se nos dice que a
comienzos del siglo XVii irrumpe la revolución audio, diríamos hoy , de los villancicos que
nos distraen de la devoción debida en estas fiestas navideñas, particularmente aquellos
villancicos que tienen diversidad de lenguajes. Y a el P . Mariana en su obra De specta-
culis dice que fue el concilio de Toledo de 1565 el que prohibió las representaciones
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REVISIÓN DEL ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE JOSÉ LUIS ALONSO PONGA SOBRE RELIGIOSID AD POPULAR
NA VIDEÑA EN CASTILLA Y LEÓN
teatrales que solían hacerse en la fiesta de los Inocentes por sus escandalosas licencias
en el lenguaje, propias de lugares disolutos y soeces. Y que era obligación del Ordinario
examinar tales representaciones y no permitir que se celebrasen al mismo tiempo que
el Oficio Divino. Esta ambigua expresión de diversidad de lenguajes hace referencia a
la situación diglósica en que vivía la sociedad global del siglo XVi . Una diglosia según la
cual las dos lenguas presentes, el latín y la lengua romance, se repartían las funciones y
contenidos de la alta cultura y la baja cultura, marcando fronteras intransferibles entre
el latín culto de la cultura dominante y el castellano popular de la cultura subalterna.
Ni que decir tiene que esta separación de dominios nunca fue estable y que los amagos
de ocupación de un dominio sobre el otro siempre estuvieron a la orden del día en la
llamada guerra de las lenguas.
Fue Hernando de T alavera el que comienza a sustituir los responsorios litúrgicos
cantados en latín por canciones en castellano que evolucionaron rápidamente. P ara
finales del siglo XVi , se habían desarrollado grandemente las canciones en castellano
conocidas como romances, letras, chanzonetas y , finalmente, villancicos que suplantan
a los responsorios litúrgicos en latín. En este momento, el latín, lengua mistérica y des-
conocida para el común de los mortales, pierde su función de comunicación denotativa
para convertirse en un conjunto de «divinas palabras» con una exclusiva función litúr-
gica sacramental de hacer aquello que significa. Mientras tanto, el castellano, dueño ya
de la taberna, el mercado y la plaza pública, comienza a introducirse en los dominios
de la cátedra, la jurisprudencia y la tribuna política. P or eso el tránsito de una lengua a
otra, como el emprendido por Hernando de T alavera, tiene un trasfondo revolucionario
y subversivo.
P ero la diversidad de lenguas propia de los villancicos guarda otras connotaciones.
Nos dice JLAP que los personajes de los villancicos que irrumpen en las celebraciones
navideñas, son negros, asturianos, gallegos, gitanos, esto es, grupos étnicos, marginales,
excluidos de la sociedad hegemónica, que se resisten abiertamente a la integración
en la cultura dominante y que aprovechan estas celebraciones para reforzar su iden-
tidad y autoestima. T odos estos grupos marginales se caracterizan por la posesión de
una variedad dialectal del castellano o simplemente de un dialecto. Cualquier variedad
fonética o léxica de los negros, asturianos, gallegos o gitanos al hablar castellano, pro-
voca risotadas entre el público, máxime cuando ese público es gente monolingüe que
experimenta un divertimento infantil o un cabreo épico, dependiendo de la situación,
cuando un asturiano bableparlante, por ejemplo, a la barriga la llama banduyu y a un
agujero lo llama furacu . Si a esto se le añade la chusma de versificadores bufones que
hacia finales del siglo XViii introducen en los templos conceptos y chistes obscenos que
ni los gentiles admitirían en los templos dedicados a sus deidades, el nivel de alteración
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s ecundino V aLLad ares
raya en lo apoteósico. P or si esto fuera poco, se establece la costumbre hacia finales del
XViii de componer villancicos de mal gusto al estilo burlesco que decía el P . Feijóo, como
si las cosas de Dios fueran un entremés. Imitan el habla de los campesinos y gente in-
culta, práctica que alcanzaba a todas las ciudades en 1793. P ara ello, echaban mano del
tosco y grosero P ascual, uno de los pastores imprescindibles en esta bacanal pastoril; del
molinero y juglar Bato, hazmerreír del pueblo llano y del desvergonzado Antón, maestro
de las insinuaciones sexuales. Ahí siguen los tres llenando de estiércol las limpias pajas
del portal, atormentando los oídos de su purísima madre María y del casto San José e
irritando a las bestias que con su silencio brindan un obsequio más digno que el de los
pastores con sus coplas.
En contra de todo ello, un grupo de escritores y poetas ilustrados protestarán contra
estas composiciones chabacanas. T odavía duran, dice Moratín, estas composiciones lle-
nas de bajeza y chocarrería, impropias del culto y más propias de ciegos a la puerta de
las tabernas, y que luego se entonarían en las solemnidades del culto. De ahí la impor-
tancia, sigue Moratín, de que la autoridad eclesiástica esté vigilante para la corrección
de tales abusos. En definitiva, esto es lo que se ve y oye en los motetes entonados duran-
te los siglos XVii y XViii . Ante una situación tan confrontativa entre la cultura dominante
de la Iglesia y la cultura popular de los grupos subalternos, no tiene nada de extraño
que se produzcan deserciones de ideología contrapuesta. Así nos lo hace ver JLAP (1986:
17) mostrándonos personas tan indevotas que no entran en la iglesia ni una sola vez
al año y que pierden misa los días de precepto solo por pereza, por no levantarse de la
cama, P ero en oyendo que hay villancicos, no hay personas más devotas y vigilantes que
estas, pues no dejan iglesia, oratorio o humilladero que no anden, ni les pesa levantarse
a media noche, por mucho frío que haga, solo por oírlos. No puede expresarse mejor
el debate entre la propuesta ideológica de la cultura dominante y la propuesta de los
grupos emergentes de la cultura popular .
5. e st ado Permanente de risa p aschalis
Frente a la gravedad y autoritarismo de la sociedad oficial de los siglos XVii y XViii , los
grupos subalternos combaten su cosmovisión tenebrosa y culpable mediante una invi-
tación universal a la risa. T ratan así de desbancar los dogmas del catolicismo con una
serie de gestos divertidos y soeces. Así, tanto la música como la letra irreverente de los
villancicos no tienen otro efecto que obligar a los oyentes a reírse y burlarse, y hacer de
la Iglesia de Dios un auditorio de comedias, convirtiendo una sala de oración en una sala
de divertimento profano. Así es como están concebidos los personajes marginales de los
villancicos, negros, asturianos, gallegos y gitanos, personajes que con su sola presencia
provocan la risa del público. Así también la chusma de versificadores bufones encargada
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REVISIÓN DEL ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE JOSÉ LUIS ALONSO PONGA SOBRE RELIGIOSID AD POPULAR
NA VIDEÑA EN CASTILLA Y LEÓN
de contar chistes obscenos en los templos con la colaboración inestimable de los rústi-
cos pastores P ascual, Bato y Antón, personajes graciosos por groseros. Se diría que todos
ellos representan el impulso de los grupos subalternos por desbancar a la cultura domi-
nante mediante la instalación en la sociedad de un estado permanente de risa paschalis .
La risa paschalis en los siglos XVii y XViii (Bajtin 1998: 75) era un estadio de jolgorio
burlesco permitido en el interior de las iglesias durante las P ascuas. Desde lo alto del
púlpito, el sacerdote ensayaba mimos y burlas para provocar la risa de los asistentes:
tras los rigurosos ayunos del Adviento y la Cuaresma, la risa volvía a ser autorizada igual
que la carne o el sexo. Además de la risa paschalis existía la risa navideña. Mientras que
la primera consistía en burlas y bromas más o menos escenificadas, la segunda giraba
en torno a canciones disparatadas sobre temas profanos apoyados por música callejera
de taberna. La risa navideña se refiere a lo nuevo, a lo que germina, a la muerte de lo
viejo, expresado todo ello en canciones subversivas callejeras. V a de suyo, que tanto la
risa paschalis como la navideña están asociadas a las saturnales romanas.
Según Bajtín (1998:65), la época de Rabelais, Cervantes y Shakespeare impone un
cambio capital en la forma de entender la risa, su papel subversivo en la lucha ideoló-
gica, su función curativa y especialmente su indispensable papel en la configuración de
una cosmovisión que habrá de desbancar la cosmovisión medieval, oscura y autoritaria,
de la cultura dominante.
A partir del Renacimiento, la risa se convierte en un elemento indispensable para
una emergente concepción del mundo, una forma a través de la cual se expresa el mun-
do, la historia, el hombre. En definitiva, la risa es un punto de vista particular y universal
al mismo tiempo sobre el mundo, diferente pero no menos importante que el punto de
vista serio que mantiene la sociedad hegemónica y autoritaria. La doctrina de la virtud
curativa de la risa como su filosofía estaban muy presentes, las dos, en la facultad de
Medicina de Montpellier donde Rabelais estudió y enseñó. P ara Aristóteles el hombre es
el único ser viviente que ríe. Privilegio supremo del hombre sobre las bestias; la risa, don
divino, junto con la razón y el espíritu.
Las tradiciones romanas reconocían un amplio margen para la libertad de la risa.
Y su carácter subversivo y revolucionario aparecía en las saturnales donde una risa
crítica y demoledora podía poner en tela de juicio tanto las ceremonias de las victorias
militares como las honras fúnebres de los dignatarios. Marcial reconocía que la risa
tenía permiso para ridiculizar emperadores, jefes militares y que mientras que los dio-
ses homéricos reían, para los cristianos la risa era de inspiración diabólica. El carácter
universal de la risa construye un mundo propio opuesto al mundo oficial, una iglesia
igualitaria opuesta a la iglesia oficial, un estado opuesto al oficial. En definitiva, la risa
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s ecundino V aLLad ares
crea una liturgia y hace profesión de fe. En esta confrontación ideológica, la risa se
comporta sabiamente, como atestigua Bajtín (1998:87) en su cita de Herzen: «Nadie se
ríe en la iglesia, en el palacio real, en la guerra, ante el jefe de oficina, el comisario de
policía o el administrador alemán. Los sirvientes domésticos no pueden reírse delante
de sus amos. Solo los pares se ríen entre sí. Si las personas inferiores pudieran reírse de
sus superiores, se acabarían todas las distinciones de rango social. Reírse del buey Apis
es convertir el animal sagrado en un toro vulgar». La risa, como arma de liberación en
las manos del pueblo no solo es capaz de superar la censura exterior sino también la
interior , ese miedo a lo sagrado, un miedo anclado en el espíritu humano desde hace
miles de años. P or eso la risa es la visión de lo nuevo, un futuro por descifrar . La risa no
es dogmática, autoritaria o amenazante. Está por el amor , la procreación, la abundancia
y la fecundidad. El hombre medieval participa de dos existencias: la vida oficial y la
del carnaval, dos formas de ver el mundo: una seria de opresión, temor y miedo, y otra
cómica como la del Quijote que con una carcajada ensordecedora acabó con las bases
eternas del feudalismo.
6. u na socied ad homogénea Laminad a Por La oPresión
Frente a estas dos sociedades enfrentadas por propuestas antagónicas en el trasfon-
do del análisis histórico, veamos la sociedad que resulta de la observación etnográfica
realizada en las décadas de los 7 0 y 80 del siglo XX . Comenzamos con los ramos de
Navidad que según JLAP son la expresión más característica de la liturgia popular . Es la
liturgia de una sociedad homogénea, exenta de conflictos y contradicciones, una socie-
dad utópica y consentidora, libre de cualquier antagonismo social. V eamos. Los cánticos
del ramo, composiciones de literatura popular , «conectan con el pensar y sentir de la
colectividad». En efecto, la cultura, y la cultura popular lo es, son formas de sentir , pen-
sar y actuar de la mayoría de los miembros de una comunidad. P ero no necesariamente
de todos. Siempre hay disidentes proponiendo alternativas disidentes que funcionan
como motor del cambio. El canto del ramo es un ritual seguido por todos «con una emo-
tiva y silenciosa devoción». Suena excesivo. Lo normal es que los rituales se rutinicen,
pierdan eficacia sacramental y se conviertan en un simple cascarón donde navegan a
sus anchas los ritualistas de que hablaba Merton en su teoría de la conducta desvia-
da. Lo de «emotiva y silenciosa devoción» hace pensar más en una institución cerrada
(monasterio, hospital) que en una ruidosa comunidad abierta. «Los protagonistas (si
hubiera que hablar de ellos) son el pueblo entero». Esto es, una representación navideña
donde no hay antagonistas, ni mazarrón ni zancarrón disfrazado de diablo repartiendo
zurriagazos, como quien reparte fertilizantes. «El pueblo entero» es una expresión tan
unanimista que borra de un plumazo a los grupos marginales, subalternos, que tal vez
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REVISIÓN DEL ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE JOSÉ LUIS ALONSO PONGA SOBRE RELIGIOSID AD POPULAR
NA VIDEÑA EN CASTILLA Y LEÓN
quisieran participar en la escena con un papel no tan convencional. El pueblo entero
«viviendo de forma profunda lo que en ese momento se está haciendo». La sintonía
entre la fe, la piedad y el valor simbólico del ritual es de tal calibre que difícilmente lo
igualaría la espiritualidad ignaciana con su estrategia de la imitatio Christi . Y no es que
no se pueda hablar de antagonistas, es que la identificación con las palabras y el rito
del ramo es de tal intensidad que no se podría hablar ni de espectadores si no fuera por
la presencia de los pueblos vecinos. P orque en lo que refiere a las personas del pueblo,
«viven la escena como si fueran ellos mismos los que la realizan», asistiendo a ella «con
la devoción y respeto que la ocasión exige». E identificándose con las palabras y los ritos
del ramo. Este perfil de sociedad homogénea no se compadece con los modelos teóricos
más comunes en la antropología social como son el evolucionismo, el funcionalismo en
su versión más templada que admite las alternativas como motor de cambio o el mate-
rialismo histórico dialéctico con la supuesta superación de contradicciones. Observar los
elementos contestatarios de la cultura popular desde la hipótesis del enfrentamiento de
clases puede ser un correctivo al tradicionalismo conservador que, atraído por los ele-
mentos pintorescos y poco significativos de la cultura popular , contribuye a perpetuar
la estructura de dominación. P orque la cultura subalterna, se quiera ver o no, desarrolla
explícita o implícitamente concepciones del mundo opuestas a la oficial. La cultura
subalterna, por el mero hecho de existir , cuestiona la universalidad de la cultura oficial.
Se fija en los grupos étnicos como una fuente de conflicto entre clases sociales demos-
trando así que la sociedad está compuesta no de forma homogénea sino por diversos
grupos con diversos intereses, una sociedad compuesta de grupos subalternos, secto-
res oprimidos, minorías étnicas, pueblos marginados. Pues no se olvide que uno de los
mecanismos de legitimación mediante el cual se realiza la dominación es el siguiente:
los grupos dominantes tienden a ignorar la estratificación social y económica de la que
se benefician, presentando una imagen de sociedad homogénea y asumiendo la repre-
sentación de la totalidad del grupo. Esta negación del otro es un rasgo exclusivo de la
cultura global actual, compartido por todos los grupos dominantes. Como consecuencia,
el grupo dominante reclama para sí la universalidad y distingue a los demás por sus ras-
gos específicos disimuladamente desvalorizados. Sea o no sea resultado de la negación
de la estratificación social y económica, esta imagen plana y homogénea de la sociedad
del ramo advierte al antropólogo menos avisado de los estragos que puede causar en
una población subalterna el control persistente de una cultura dominante y autoritaria.
7. P ersonaJes deL ramo
Sin duda, las primeras figuras del ramo son las cantoras, siempre mujeres, normal-
mente mozas, el mozo que porta el ramo, el mayordomo que recoge las ofrendas y el
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s ecundino V aLLad ares
sacerdote («hasta cierto punto») en un doble papel algo disimulado: ser el dueño de las
llaves de la iglesia, sin cuya entrega no hay entrada ni celebración, y el de presidir los
cánticos desde el presbiterio «como un espectador más» que no suele tomar parte activa
en la celebración. Se nos dice que, en esta liturgia popular , como quien quita impor-
tancia al asunto, el sacerdote no hace de intermediario entre Dios y el pueblo. Cierto, él
actúa como intermediario entre la clase dirigente (léase cúpula eclesiástica) y el pueblo
sometido, perpetuando así la estructura de dominación.
El mecanismo de dominación más habitual pasa por el control de los canales de in-
formación. T anto la cultura dominante como la subalterna juegan una partida desigual
con dados trucados. Así, los grupos subalternos deben aprender a través de instituciones
que no controlan (escuela, radio, libros, catecismo) cuál es la forma correcta de rela-
cionarse con el medio físico (agricultura, ganadería), con sus pares, (familia y vecinos)
y con sus superiores. Los grupos subalternos, por mera supervivencia, participan de los
valores de la cultura global, aceptan las sanciones a cualquier conducta desviada, así
como los estigmas que la clase dirigente asigna a los subordinados: el estigma de la
ignorancia a campesinos y pastores, el de la inmadurez a las mujeres de estos grupos,
y la falta de refinamiento a los pobres de toda laya. El control de esos canales de infor-
mación por parte de los campesinos y pastores ha sido siempre muy precario debido a
las condiciones de dispersión y aislamiento en que han vivido. P or otro lado, los índices
tan altos de analfabetismo les han privado del recurso alternativo de los libros. Así pues,
la única oportunidad de intercomunicación de campesinos y pastores con la élite de la
clase dirigente vendría dada por esas celebraciones periódicas del ciclo navideño si no
fuera porque el representante de la cultura dominante en tales eventos no era otro que
el sacerdote.
El sacerdote como autor , coautor del texto del Ramo, como informante del antro-
pólogo, como eslabón originario o final del texto, se convertía, casi sin quererlo, en el
eje central del flujo informativo. Entrevistados varios curas de la diócesis de Astorga
sobre su participación en la composición de los ramos y loas, el que estaba a cargo de
Santa María del Páramo responde abiertamente: «Y o compuse muchas en los pueblos
donde estuve de párroco. El núcleo central era el mismo para todos los pueblos, pero los
detalles variaban según la parroquia». «En Ferreruela (Alonso P onga 1986: 44) hice una
bendición de campos y escenas de la República que quitaba el crucifijo de las escuelas,
les pintaba un panorama tremendo, estaban locos de contentos». En definitiva, son los
curas los que controlan el más pequeño detalle del proceso informativo: son ellos los
que deciden el mayor o menor nivel de cultismo teológico informando los textos, los que
deciden el grado de rusticidad de los pastores «componiendo» las migas y provocando
las sonoras carcajadas del pueblo, vigilando el tono más o menos cáustico de los dichos
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REVISIÓN DEL ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE JOSÉ LUIS ALONSO PONGA SOBRE RELIGIOSID AD POPULAR
NA VIDEÑA EN CASTILLA Y LEÓN
satíricos contra los taberneros y el «santo clero». En otras palabras, y volviendo al papel
de intermediario del sacerdote entre la cúpula de poder y el pueblo sometido, el cura
tenía la función de transmitir una ideología elaborada en otros centros de poder y , por
tanto, ajena a los intereses del grupo subalterno. El sacerdote tenía la función de con-
trolar y sancionar , como acabamos de ver , cualquier desviación populista. Resumiendo,
el cura rural era miembro de una clase social distinta de la de los pastores y campesinos
y como tal representante de los valores y normas de la sociedad estratificada y hege-
mónica.
Sin duda, estas funciones de centralizador de la información del grupo quedaban
muy reforzadas por las prácticas pastorales de la confesión y del sermón semanal. P ero
lo más preocupante de todo esto es que la ideología transmitida por el cura rural desva-
lorizaba las virtudes del pastor y campesino y postulaba otras como la resignación, obe-
diencia y respeto que contribuían a la perpetuación del sistema sociocultural asimétrico.
La desvalorización del campesino viene motivada por un conjunto de intereses espurios,
desde la tergiversación interesada de los mitos bíblicos, como son los casos de Abel pas-
tor amado por Jehová y Caín labrador rechazado por el Dios judío, hasta el acaparamien-
to de bienes provenientes de gentes muy vulnerables por la quiebra de su autoestima.
El hecho es que esta desvalorización es interiorizada por los mismos campesinos que en
los siglos medievales se insultaban unos a otros llamándose rústicos ignorantes. Hasta
interiorizaban como una desgracia la tez morena y cuerpo enjuto con que la natura-
leza les había dotado, avergonzándose así de sus antepasados. Una vez más la cultura
dominante impone su propia visión del mundo a las culturas subalternas y logra que
tal visión (con valoraciones negativas de los grupos dominados) sea interiorizada por
los mismos grupos discriminados. En la Tierra Llana Leonesa siguen desvalorizando su
ofrenda, aunque conservan un pequeño rasgo de autoestima: «El pañuelo que traemos
es de seda y viene pobre. Recíbelo, Virgen pura, que viene de gente noble». Y en V elilla
del Río Carrión se siguen cantando las llamadas «estrofas de humillación» con el único
fin de desvalorizar la ofrenda: «recíbelo complacido (el ramo) aunque en sí no valga
nada». Y un poco más adelante: «Este ramo es muy sencillo aunque no tenga valores…»
Detrás de cualquier desvalorización de un grupo étnico, laboral, cultural, hay un
mecanismo que trabaja al servicio del sector discriminador , el cual se beneficia mate-
rialmente de las valoraciones negativas adjudicadas a los grupos subalternos. Un me-
canismo que extrae recursos económicos de los sectores discriminados y los acumula
en manos de los discriminadores. A mayor desvalorización de un grupo, menor será el
valor de su trabajo hasta el punto de llegar al trabajo gratuito, un trabajo que no vale
nada. Así es como el trabajo desvalorizado, sin retribución, se conceptualiza como no
trabajo. La mayor desvalorización del trabajo condena a la servidumbre personal. En el
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s ecundino V aLLad ares
tercer mundo los salarios son muy inferiores a los del primer mundo industrializado. La
razón es que los primeros son atrasados e incultos mientras que los segundos son expo-
nentes de la cultura global. Establecer una tabla de relaciones entre la desvalorización
conceptual y la explotación económica sería un buen comienzo para una revolución sa-
larial. P ero ocurre todo lo contrario. En el proceso de intercambio económico, los bienes
del grupo dominante cada vez se tornan más simbólicos, más prestigiosos y rentables,
mientras que los del grupo dominado siguen siendo materiales y concretos y , cada vez,
más desvalorizados.
8. e L s eñor de Las L La Ves
T odos los textos del ciclo navideño están salpicados de gestos desvalorizadores de
la conducta de los grupos subalternos, perpetuando así, como ya sabemos, la asimétrica
relación de poder entre el grupo dirigente y los grupos sometidos. «Las velas no son muy
grandes, ni tampoco muy pequeñas, que está la cera muy cara y son pobres las don-
cellas», se dice en la ofrenda del ramo. La humillación y reconocimiento de la pobreza
de la ofrenda son el siguiente paso en el proceso de interiorización del desvalor , una
interiorización que queda expresada con candor pueblerino: «Este ramo es muy sencillo
y aunque no tenga valores, pero en él van incluidos todos nuestros corazones».
En la despedida del ramo, se felicitan las P ascuas al Sr . Cura y se le pide perdón por
las faltas cometidas: «P erdonen usted , señores, por lo poco y mal cantado, que semos ni-
ñas doncellas, no lo hemos estudiado». En Aliste, se le pide al Sr . Cura como primera ca-
beza «que nos perdone las faltas de nuestras rústicas lenguas». De nuevo, una situación
diglósica de una lengua rústica para el ámbito privado de la baja cultura y una lengua
oficial para el ámbito público de la alta cultura pone de manifiesto la desvalorización a
que están sometidos los aldeanos en el ejercicio de su propia lengua. En Ríofrío de Aliste
dicen los versos del ramo: «Al Sr . Cura imploramos el perdón y la indulgencia, y su santa
bendición de rodillas en la tierra». Como se ve, una relación medieval más estamental
que contractual. P ero independientemente de todos estos gestos desvalorizadores, está
el rasgo esencial del Sr . Cura como el Señor de las Llaves que desvaloriza radicalmente
al pueblo llano, cuestiona su condición de sujetos de sacramentos y les niega el derecho
de «entrar» en la iglesia a su conveniencia. P or supuesto que para entrar en la iglesia hay
que abrir las puertas, que para abrir las puertas se necesitan llaves, que para disponer
de las llaves hay que solicitárselas al señor que las guarda… todo el proceso protocola-
rizado abusivamente convierte al Sr . Cura en un personaje siniestro, una especie de deus
ex machina que decide arbitrariamente quién juega, no ya los viejos juegos de escarnio,
sino las inocentes ofrendas del ramo, la cordera o los autos de Reyes.
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REVISIÓN DEL ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE JOSÉ LUIS ALONSO PONGA SOBRE RELIGIOSID AD POPULAR
NA VIDEÑA EN CASTILLA Y LEÓN
La petición de licencia al sacerdote figura en toda antesala del ramo: «Licencia, pido
licencia al Sr . Cura primero, a las monjitas del coro y a la justicia del pueblo». Mas cuan-
do se trata de un asunto grave como es liberar a un quinto del servicio militar en África,
se recurre al Sr . de las Llaves: «Y también al Sr . Cura gracias le venimos dando, que nos
ha dado licencia para cantar este ramo. V amos a besar la mano de aquel ministro de
Dios». En Aliste, la licencia del ramo «se la pido al Sr . Cura, que es nuestro pastor y guía, y
a todos los de este pueblo prefiriendo a la Justicia». En Santiago de P eñalba, el protocolo
de la licencia va así: «P ara empezar a cantar a todos pido licencia, y primero al Sr . Cura
que es el que manda en la iglesia. A nuestro buen Sr . Cura gracias le venimos dando, que
nos ha dado licencia para cantar este ramo». Como se ve, en Santiago de P eñalba aban-
donan las zarandajas retóricas y se dirigen primero al Sr . Cura diciendo abiertamente:
«que es el que manda en la iglesia». Y en la Tierra Llana Leonesa se dice explícitamente
que el Sr . Cura no se representa a sí mismo sino a la alta institución del Santo Clero, que
es quien elabora en última instancia las propuestas ideológicas que el Sr . Cura transmite
a los aldeanos; «a los señores Curas, pastores del Alto Clero les damos felices P ascuas
en unión de todo el pueblo… Primero a Don Salvador que celebra el sacramento». Y una
vez conseguida la licencia, en Rebollar de los Oteros, los actores del ramo dicen estar
«aguardando al Sr . Cura que nos mande comenzar». Queda así confirmado que él es el
que dirige la celebración. Y en V elilla del Río Carrión repiten: «Con permiso, Sr . Cura,
entraremos en la iglesia». Y en P ortilla de la Reina: «A Dios le pido licencia y a toda la
autoridad. Si el señor nos da licencia para poder empezar». Como dice la liturgia romana:
alfa y omega, principio y fin de la celebración. Señor de llaves y conciencias. Y en las
décadas que comentamos, garantía del orden público en calles y plazas.
9. ¡Q ué ca terV a de muyeres !
En el retablo donde JLAP dibuja la estructura social aldeana aparece casi indiferen-
ciado un grupo subalterno con una subcultura marginal sometida al dictado de la cul-
tura popular masculina. Este grupo es el de las mujeres, un grupo doblemente sometido
al dictado de la cultura dominante y a la conducta machista de sus pares, pastores y
campesinos, quienes al subestimar las formas de vida de los grupos inferiores desprecian
a las mujeres como los blancos pobres de USA desprecian a los negros.
En el ramo de la Cabrera, dice el caporal encarándose con el público: «!Qué caterva
de muyeres! Esto paece la praga. Fase llo que lla llangosta, que non val para nada». La
costumbre de satirizar a las mujeres es muy típica de estos autos navideños, nos dice
JLAP . Hay corderadas de la Tierra Llana Leonesa donde el pastor que pide sitio golpea
a las mujeres con una vejiga mientras recita versos satíricos que provocan la risa del
público. Ejemplo de esos versos jocosos: «dexairles sitio, siñoras, a estas toscas rameras,
11 2
s ecundino V aLLad ares
escrito, y lo que escriban grupos sin poder no lo es. Los subalternos saben que no saben
y así interiorizan su propia desvalorización: sus vivencias personales no son dignas de
ser escritas. En otras palabras, los informantes con relatos se resisten a comunicárselos
al antropólogo porque no merecen ser recogidos, y si lo son, lo son en función de los
intereses del recopilador . Así es como se ha perdido cantidad de relatos por ser consi-
derados absurdos y faltos de sentido. Desde la perspectiva de las clases cultas, muchos
relatos eran desechables por su carga de ignorancia y superstición. Desde el punto de
vista de los subalternos, otros relatos lo eran por entrar en contradicción con las formas
de conducta de la sociedad dominante. En definitiva, para el grupo de pastores, no era
de recibo aprovechar la oportunidad de los dichos satíricos para instalar el reino de la
risa como el gran disolvente de una sociedad pérfida y autoritaria.
1 1. L a c ordera de La V irgen , metáfora de La utoPía P astoriL
P ara terminar , quiero fijar la atención sobre una pieza de literatura oral que resulta
ser de un simbolismo sobresaliente por sus insinuaciones utópicas y milenaristas. Se
trata de la presentación de la Cordera de la Virgen, esa cordera que va con el ganado
pero que no es propiedad de los amos, sino de la cofradía de la Virgen del Rosario y
que es exquisitamente cuidada por los pastores y administrada por el mayordomo de
la cofradía para su ofrecimiento anual en el ciclo navideño. Existen varias versiones de
la Cordera de la Virgen. La de los pastores de Riofrío de Aliste dice así: «La cordera que
os ofrezco no es muy buena ni es muy mala. Es hija del mejor marón que ha pisado la
cabaña. Pues el día que nació, me valga la Virgen Santa, la madre no la quería, la leche
había que buscarla. Y dándole biberones por las noches y mañanas, así me la fui crian-
do, hasta que el pan encañaba. Se me enseñó tan perversa, tan ladrona y tan mala que
nunca quedaba un día que no llenara la panza. A los perros no temía, ni tampoco a mi
cañada. De los perros se reía, también de mí se burlaba, la vi luchar con el lobo en una
noche estrellada. Cuando va para el sembrado, repica bien la cencerra. Cuando vuelve
para atrás, la repica que la quiebra. Si el regidor me la coge y el alcalde me la prenda,
si uno me cobra un azumbre, el otro azumbre y media. Y o no sé si es por beber o es por
guardar la facera. San Antonio os la guarde de noche, yo la guardaré de día, y si acaso
se nos pierde, aquí le traemos esta esquila. Y líbrala del moquillo, roña, papo y viruela
y de ese lobico pardo que se tira a la trasera y nos coge las más gordas y nos deja las
enfermas. Y luego riñen nuestros amos y con el reñir se quedan que la que una vez se
marcha, tarde ha de volver a verla».
En Sesnández de Tábara, dicen los pastores: «A la Virgen del Rosario le ofrecemos la
cordera. Es verdad que no está gorda, como nuestro gusto fuera, porque no ha cogido
otoño ni tampoco primavera. Y por eso la cordera arrastra tanta miseria. La cordera no
11 3
REVISIÓN DEL ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE JOSÉ LUIS ALONSO PONGA SOBRE RELIGIOSID AD POPULAR
NA VIDEÑA EN CASTILLA Y LEÓN
es muy buena ni tampoco es muy mala, la mejor que se ha criado en toda tierra Tábara.
San Antonio os la guarde y vos dé fortuna en todas, que vos críen todos los años y no vos
queden machorras. San Antonio vos la guarde de aquel perrico bardino, que nos come
las más gordas y nos deja las más feas. Y o soy un humilde pastor que vengo de altas
sierras de comer pan del zurrón y migas de la puchera, y por eso la cordera se me enseñó
zurronera. Ahora cuando vai al pan, bien repica la cencerra, y cuando vuelve pa´tras, la
repica que la quiebra».
En V aler de Aliste dicen así: «Somos los pobres pastores, no tenemos que ofreceros
más que esta triste cordera criada en nuestro rebaño, ganada por poco sueldo que nos
pagan nuestros amos. No crean que está modorra, ni está papuda ni enferma, que se ha
mantenido siempre de nuestra propia merienda. Hierbas no quiere pastar . Solo que la
descuidamos, se marcha a las herrañas, a las berzas y a los prados. Los dueños de que la
ven nos echan mil amenazas. El amo alguna vez, cuando se llega al ganado, también de
que la ve gorda se marcha refunfuñando. Ahora pido a San Antonio como abogado de
hacienda que la libre del carnicero, también de las malas hierbas. T ambién de la astuta
zorra, del papo, roña y viruela, que nunca se ponga coja, ni contagio ni epidemia».
En la pastorada leonesa de Joarilla de las Matas se dice: «La cordera no es muy gran-
de ni tampoco muy pequeña, que es de las mejorcitas que crió la primavera. La lana que
tiene poca, la poca que tiene buena, que poniéndola en la rueca se hilará como la seda.
Avisen al mayordomo que reciba la cordera y que la entregue a un pastor que sepa dar
cuenta de ella. Y si acaso se le pierde, que pague con otra nueva, y si acaso se le muere,
que pague con la pelleja».
En un mundo aldeano y subalterno, intervenido férreamente por la cultura dominan-
te, estos relatos de la Cordera de la Virgen son como un proyecto utópico milenarista
donde quedan establecidos el reino de la gracia, el reino del perdón y el reino apoca-
líptico del mundo al revés. El primer rasgo identitario de la Cordera de la Virgen es su
carácter de cordera consentida. Su madre la rechaza al nacer , pero los pastores la van
criando a base de biberones con un cariño exquisito. T anto la consintieron, que se ense-
ñó ladrona y zurronera hasta el punto de que, no contenta con comerse su merienda, se
alimentaba del pan de sus zurrones con el beneplácito implícito de los pastores. Y así fue
criándose como una hermosa cordera por pura gratuidad de los pastores y el malestar de
los amos a quienes molestaba que la Cordera de la Virgen fuese la más lucida del rebaño.
La Cordera de la Virgen es una transgresora incorregible. No hay sembrado que res-
pete. T an pronto como el pastor se descuida, se escapa a las berzas de los huertos y los
prados. Dichosa edad de oro en que no había tuyo y mío. La gente amenaza con tomar
represalias. Ante tanto destrozo, el regidor la multa con un azumbre mientras que el al-
11 4
s ecundino V aLLad ares
calde la prenda con azumbre y medio, una buena ocasión para bebérselo alegremente en
la taberna, mientras los pastores transigen con tanta transgresión y siguen apostando
por la Cordera de la Virgen.
Donde está la cordera, el mundo se vuelve al revés. A los perros no temía ni tampoco
al cayado de los pastores. De los perros se reía y se burlaba del silbido del pastor . Algu-
nos dicen haberla visto luchar con el lobo en una noche estrellada. No teme a la astuta
zorra. Hierbas no quiere pastar y ante el más mínimo descuido asalta las verduras de
las herrañas.
Recapitulemos. Estamos ante un texto programático, un manifiesto lírico y contra-
dictorio como el de las Bienaventuranzas que anuncia el advenimiento de un mundo
feliz, una utopía pastoril donde el lobo jugará con el cordero y donde todo el mundo
tendrá acceso a los sembrados del edén, sin un corregidor y alcalde que lo impidan. En
un mundo tenebroso, donde los grupos subalternos han sido desposeídos de su acceso al
poder , la riqueza, el conocimiento, hay algo que se resiste a morir , el poder de la imagi-
nación, el poder de soñar nuevos mundos, mundos al revés, donde no llegue la sombra
de la sociedad hegemónica, ni la cultura dominante ni el alto clero. Y este sueño lo han
contado unos pastores analfabetos mediante una fábula de fantasía popular , mediante
el simple relato de la Cordera de la Virgen. Un relato difícil de entender por los sectores
cultos de la aldea y , tal vez, poco significativo, para el repertorio etnográfico del traba-
jador de campo.
b ibLiografía
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P ensar la
tradición
H omenaje al profesor j osé l uis a lonso p onga
ii. l a cul tura
tradicional en
c astilla y l eón
11 9
r esumen
La interpretación que el ser humano hizo del firmamento incluyó siempre una visión
de las nubes cercana al antropomorfismo. Rostros infantiles de hinchados carrillos mo-
vían esos nimbos que parecían simbolizar atributos con los que la divinidad comunicaba
a la tierra y sus habitantes diferentes estados de ánimo. En correspondencia, esos ha-
bitantes colocaron en las más altas arquitecturas desde las que pretendían relacionarse
con sus dioses, unos objetos sonoros capaces de transmitir deseos en forma de oración.
Nubes y campanas se transformaron así en señales que relacionaban cielo y tierra.
P alabras claVe : Nubes, campana, signa, señales.
a bstra ct
The human interpretation of the sky always included a vision of the clouds close to
anthropomorphism. Childish faces with puffy cheeks moved those nimbus that seemed
to symbolize attributes with which the divinity communicated different moods to the
earth and its inhabitants. Correspondingly , these inhabitants placed in the highest ar-
chitectures from which they intended to relate to their gods, sound objects capable of
transmitting wishes in the form of prayer . Clouds and bells were thus transformed into
signs that related heaven and earth.
K ey words : Clouds, bell, signa, signs.
n ubes y camp anas : b ajo el signo
del siGnum
c louds and bell s : under tHe sign of tHe siGnum
Joaquín Díaz
Fundación Joaquín Díaz
120
J o a Quín d íaz
Los expertos en el estudio del ser humano y de su adaptación al medio, suelen dividir
los hechos que son motivo de su interés en dos grandes apartados: el de las creencias y
el de las técnicas. En el primero estarían las ideas y conceptos de uso común (formados
a lo largo de dilatados períodos de tiempo), el lenguaje (como vehículo de materializa-
ción y comprensión de esas ideas) y los ritos y símbolos (que se adscribirían al cotidiano
existir a través de las costumbres). Las técnicas vendrían representadas por los proce-
dimientos que el ser humano ha utilizado y utiliza para trabajar sobre los materiales
que le rodean en su beneficio, así como por las herramientas o artefactos que usa para
modificar aquellos materiales.
La antigüedad clásica estuvo siempre preocupada por la relación del individuo con
su entorno. Es más, trató, por medio de la filosofía, de encontrar en el cielo, o sea en el
espacio ocupado por los dioses, un reflejo de las leyes naturales que regían en la tie-
rra. P ara ello hizo uso de la observación, permitiendo al ser humano percibir y asimilar
los elementos de su entorno usando los sentidos. El Renacimiento resucitó esa visión
global y antigua que colocaba al ser humano en un cosmos en el que toros, peces,
cangrejos, escorpiones, cabras, leones y centauros eran reconocidos con solo observar
el firmamento, desde donde influían con su presencia sobre el organismo y la vida del
hombre, así como sobre los lugares que habitaba. Sol, luna y estrellas se personificaban
adoptando rostros humanos y los cuatro elementos tradicionales —tierra, aire, agua y
fuego— hacían de intermediarios de los planetas para incidir de algún modo en los seres
que habitaban la máquina del mundo. De esa manera inteligente y cósmica era más
sencillo explicar lo mágico en el terreno de las creencias, dando a la superstición el sen-
tido etimológico de «supervivencia», es decir , de algo antiguo y sin embargo respetado.
La pérdida paulatina a lo largo del último siglo de esos conocimientos que interpre-
taban de forma cercana el universo, ha sido irreparable. Nadie con autoridad ha sido
capaz de explicar convincentemente el error en que se incurría al menospreciar esa sa-
biduría contrastada y eficaz. La tecnología ha ensoberbecido de tal modo a la sociedad
que se ha decidido prescindir de aquellas preguntas eternas —origen de los mitos y de
los relatos tradicionales— que hacían pensar al individuo, para quedarse solo con las
respuestas que la ciencia oficial podía «certificar». La consigna ha sido: «el pasado ya no
es necesario para el futuro». Sin embargo, sigue teniendo gran importancia esa relación
entre las creencias y la técnica, práctica habitual en siglos pasados en la que hubo tan
grandes maestros, de los que siempre se puede aprender .
Si hay dos publicaciones en castellano que pueden competir en ventas con el Qui-
jote en sus diferentes ediciones, esas dos son la cartilla de las primeras enseñanzas y el
calendario Zaragozano. Baste decir que de la primera —de ese Catón elemental y escue-
1 21
NUBES Y CAMP ANAS: BAJO EL SIGNO DEL SIGNUM
to— se imprimieron más de 7 0 millones de ejemplares sin contar las ediciones piratas,
perseguidas y condenadas por la Iglesia, en concreto por la Catedral de V alladolid, que
era la que tenía el privilegio de la impresión a partir del siglo XVii para subvenir a los gas-
tos de su construcción. Del segundo, del almanaque Zaragozano (llamado así en honor
de Victoriano Zaragozano, uno de sus primeros editores), se podría hacer un congreso
para analizar todos aquellos calendarios ibéricos que comienzan a hacer fortuna en el
siglo XV , con el primer Renacimiento, sobre todo a partir de la publicación en P ortugal
y España respectivamente de dos títulos, debidos al judío Zacuto y al bachiller Hoces.
El primero se tituló Almanach P erpetuum Celestium Motuum y , aunque se publicó pri-
mero en hebreo bajo el título de Compilación Magna, apareció después en latín tras la
salida de España de su autor en 1492 . Como profesor de astronomía en Salamanca tal
vez tuvo Zacuto el privilegio de escuchar a Colón e incluso de denegar su proyecto. De
hecho, hizo incursiones en el arte de la navegación perfeccionando el astrolabio aunque
finalmente fuesen los navegantes portugueses los que se beneficiasen de sus avances al
haber sido expulsado de España y haber buscado protección en la corte de Lisboa.
La reforma del calendario por el papa Gregorio XIII se basó en el resultado de un
concurso convocado por el mismo pontífice entre muchos astrónomos cristianos para
rectificar los inconvenientes del calendario juliano. Las T ablas de epactas se aprobaron
por la Iglesia en 1582. En ellas Aloigi Giglio, autor primero de dichos cálculos, había
presentado un proyecto en el que combinaba el calendario solar con las revoluciones de
la luna por medio de la epacta o edad de la luna al empezar el año. Uno de los primeros
sabios en percibir la importancia de ese cambio en el calendario fue el riosecano Rodrigo
Zamorano, cosmógrafo de Felipe II. Zamorano, nacido en Rioseco y muerto en Sevilla, se
distinguió, hacia el último cuarto del siglo XVi , por sus conocimientos sobre matemáti-
cas y sobre navegación. Desde su cargo de instructor de pilotos en la Casa de Contrata-
ción de Sevilla desarrolló una actividad importantísima para el arte de navegar , aunque
las insidias del cartógrafo Domingo de Villarroel introdujeran en el Sindicato de pilotos
hispalense las dudas acerca del hecho de que un hombre que no se había embarcado
fuese la persona adecuada para enseñar a pilotar una nave. T ras dos años de separación
del cargo como consecuencia de esas insinuaciones, Zamorano pudo demostrar pública-
mente que sus conocimientos teóricos, superiores a los de la mayoría de los científicos
de su tiempo, le bastaban para desarrollar las funciones que el cargo requería.
En su Cronología y reportorio de la razón de los tiempos , obra publicada años antes
del litigio, ya había insistido Rodrigo Zamorano sobre la necesidad de observar el cos-
mos, relacionar los signos de la luna con el tiempo atmosférico, estudiar las estrellas,
advertir en animales y plantas movimientos augurales y todo ello sin el menor asomo de
esoterismo, simplemente haciendo uso del sentido común y del correcto juicio. Escribe
128
J o a Quín d íaz
su presencia y se ofreciesen de forma clara para fundir o reparar cualquier pieza que se
les encargase. Ofreceré dos noticias o anuncios, aparecidos en un periódico de V allado-
lid, en las que se puede observar el estilo y funciones con que se hacían presentes los
maestros fundidores:
D.Nicolás Mª Diez, vecino de Villarente, fabricante de campanas, anuncia a los párro-
cos y pueblos, que continúa haciendo fundiciones y presentando las mismas seguridades
en sus compromisos, añadiendo los grandes adelantos que ha hecho en la facultad, por
haberla ejercido en diferentes puntos de Europa y América; pueden dirigirse a él, tanto
para cambiar las campanas viejas, cuanto para hacer éstas nuevas o de nueva planta,
como lo tiene acreditado en las ciudades de León, Astorga, Zamora, V alladolid, P alencia,
Santander , Burgos y obispado de Oviedo, como también compra las campanas viejas y
toda clase de metal campanil. El sobre de las cartas a León.
D. Fernando Ballesteros y Lastra, vecino de Meruelo, provincia de Santander , maestro
campanero, pone en conocimiento de los Sres. Párrocos que, a invitación de algunos sres.
curas y alcaldes de varias provincias ha resuelto continuar en el ejercicio de su profesión,
ofreciendo todas las seguridades y garantías que ha prestado en las muchas fundiciones
que ha hecho en los obispados de P alencia, Santander , Segovia, Ávila, Toledo, Zamora y
V alladolid: y las que tanto honor le han dispensado en las fundiciones que ha hecho en
Dueñas, para la Sta. Iglesia del mismo. Y para Santander , las de la Catedral, y al mismo
tiempo también en Rueda, La Seca, Villaverde de Medina, V alladolid, Toledo, Cebreros y
Madrid... La última fundición ha sido en Renedo de Esgueva, que de varios pueblos le bus-
caron con empeño para que fundiese las que había en ellos deterioradas. Está establecido
el obrador principal (aunque tiene otros muchos) en Renedo, donde dirigirán los sobres en
los pueblos que quieran fundir alguna.
Otro documento, en este caso del Archivo diocesano de V alladolid, nos permite co-
nocer qué tipo de contratos se hacían entre fundidores y parroquias. Un campanero se
compromete a realizar la hechura de la campana de la Iglesia de San Andrés de la villa
de Urueña:
Y o, Francisco de la V ega maestro de hacer campanas digo que en la yglesia de sant
andres de la Villa de urueña ay una campana quevrada que la yglesia de la dicha villa
no se puede servir della y en la yglesia de Santa maria de la villa de Villa bragima ay un
esquilon pequeño, suplico a v .m. me mande dar su licencia para que yo lo pueda hacer y
para que lo haga.
Con la licencia concedida el 18 de agosto de 1604, a continuación, sigue la con -
firmación de dicha licencia expedida en P alencia, sede de la Diócesis. El documento
trata de la licencia de la construcción de la campana de Urueña dentro de un pro -
yecto de fabricación de varias campanas de las localidades de Castildevela, V allejo,
129
NUBES Y CAMP ANAS: BAJO EL SIGNO DEL SIGNUM
Belmonte, Amusquillo, T ordehumos, T amariz, Urueña, P eñaflor , Villalba y Santa María
de Villabrágima.
El maestro campanero sería finalmente D. P edro García Guerra, también citado como
P edro Guerra, por la defunción en el interregno de D. Francisco de la V ega a quien se le
había encargado anteriormente y quien ya tenía las campanas viejas. El encargo lo hace
D. Martín de Axpe y Sierra, obispo de P alencia y conde de P ernía, el 7 de agosto de 160 7 o
sea tres años después de haber concedido la primera licencia. Se ordena al fundidor que
la campana sea de dimensiones y forma según la costumbre, que se funda la otra cam -
pana vieja y se tasen tres quintales de metal para la merma que hubiera. Los materiales,
el horno y el molde por cuenta de la iglesia de San Andrés. Se acuerda que el campanero
ponga tres quintales de buen metal (cobre y estaño) para la merma y se calcula que de
cada doce libras habrá una de pérdida que pagará la iglesia al precio que esté por esas
fechas, en Castromonte. El mantenimiento de comida y cama del maestro campanero y
su personal será por cuenta del cura y mayordomo de San Andrés, pero según lo que el
cura haya recaudado de las limosnas para el gasto de la campana en el pueblo:
Debe entregar la campana limpia, buena, sana y de buenas voces a contento del cura
y mayordomo de la dicha iglesia, sin raja, pelo, ni fuente, ni fealdad ...puesta en la torre
...subirla y enejarla por la cuenta de la dicha iglesia... ...debe estar hecha para el día de
santa cruz de Septiembre de 1609 y puesta de forma que pueda tañer .
En este tipo de contratos solo se especificaba que la campana estuviese bien colo-
cada y sonase correctamente a juicio de sus usuarios. Los tiempos modernos han traído
también la costumbre de asegurar las piezas contra accidentes y fundamentalmente
contra los rayos que pudiesen caer sobre el campanario o sobre las mismas campanas,
función preservadora que en el mundo tradicional se encargaba a Santa Bárbara al me-
nos desde el siglo Xii , ya que Bárbara era uno de los 14 santos protectores medievales.
La caída de una exhalación sobre personas o caballerías, o el simple hecho de que un
nublado acabara con las cosechas era mucho más temido en tiempos pasados que en la
actualidad. Sin embargo, siguen todavía usándose oraciones para solicitar la protección
de la Santa como la que decía:
Santa Bárbara bendita
que en el cielo estás escrita
con papel y agua bendita
en el ara de la cruz
paternoster amén Jesús,
cantinela que se recitaba cada vez que un rayo rasgaba el cielo preñado de esas
nubes bermejas que anunciaba Rodrigo Zamorano y antes de que el trueno sonase.
130
J o a Quín d íaz
Desde siempre, y a pesar de que había un toque específico para alejar los nublados, el
«tente nublo», la Iglesia dio más importancia a las oraciones que a los sonidos, por muy
estridentes que fueran. De hecho, durante los siglos XiX y XX se formaron dos corrientes,
una que quería atribuir a las campanas o al estampido del cañón una influencia negativa
sobre las tormentas ya que servían para dispersarlas y otra, muy fuerte desde la influen-
cia de los enciclopedistas, que negaba cualquier creencia o costumbre que no tuviese
una base científica. El jesuita Juan Ferreres, a comienzos del siglo XX , escribió un tratado
sobre las campanas en el que parecía inclinarse por las razones de los enciclopedistas,
y negaba cualquier credibilidad a los usos tradicionales. Eso sí, por si acaso, venía a
sentenciar con las palabras del doctor Gockel, autor de una célebre obra titulada El
T emporal , que el verdadero peligro era estar agarrado a la cuerda cuando el rayo caía. Y
añadía el sabio alemán: «Se conseguiría tal vez que el peligro fuese menor poniendo la
cabeza de la campana en comunicación metálica con el pararrayos. Esta medida serviría
también de defensa a la misma armazón, muchas veces perjudicada por el rayo. Mas
esta precaución no defiende por completo a la persona que tañe durante la tempestad».
P ese a esta aséptica opinión, concluye el padre Ferreres:
Nótese que los rayos no caen ahora sobre los campanarios y campaneros con más
frecuencia que hace ocho o diez siglos y , sin embargo, hasta que los enciclopedistas, por
su odio a la Iglesia, comenzaron a declamar contra el toque de las campanas durante las
tempestades, exagerando el peligro, nadie se había dado cuenta de que tal peligro fuese
cosa notable. T an lejos estuvieron de ver dicho peligro, que en no pocos puntos existe aún
hoy la costumbre de llevar una gran campana por medio de la campiña y hacerla tocar por
una persona pagada al efecto, siempre que amenaza tormenta, dando a esta campana el
nombre significativo de Salvatierra.
Como se ve, la ambigüedad de la doctrina de la Iglesia en muchos casos permitía po-
ner una vela a Dios y otra al diablo, como dicen que hacían los campaneros a su patrono
San Miguel, protector de campaneros y romaneros y que tenía a Luzbel vencido a sus
pies. Se aseguraba que esa vela no debía arder o acercarse mucho a la cara del demonio
el día 29 de septiembre, porque en esa fecha el arcángel tomaba el día libre y de ese
modo el diablo podía hacer de las suyas.
No nos extrañemos demasiado de esa ambigüedad. El Dios de los griegos, Zeus, vivía
en el Olimpo, pero era denominado «recolector de nubes»; el de los hebreos y los cristia-
nos que se describe en la Biblia, se solía esconder o aparecer en una nube. El del Nuevo
T estamento hablaba en parábolas y prometía que vendría entre las nubes el último día.
¿Cabe mayor ambigüedad? Pues sí: que quienes estudiaban las nubes no podían estar
en ellas, como probablemente hubiese sido su deseo, sino que debían apartarse de ellas
para observarlas mejor y percibir su esencia.
1 31
NUBES Y CAMP ANAS: BAJO EL SIGNO DEL SIGNUM
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133
l as camp anas y los toques Históricos
de la c olegia t a de s an a ntolín de
m edina del c ampo
b ell s and Historical cHimes of tHe c ollegia te
c HurcH of s t a ntolin a t m edina del c ampo
Antonio Sánchez del Barrio
Fundación Museo de las Ferias
r esumen
En este artículo se describen las campanas de la Colegiata de San Antolín de Medi-
na del Campo, a partir de datos obtenidos en octubre de 1995, y los toques históricos
tañidos con ellas hasta las décadas centrales del siglo XX , momento en que se produce
su mecanización eléctrica.
P alabras claVe : Campana, Colegiata de San Antolín, Medina del Campo, toques de
campanas.
a bstra ct
This article describes the bells belonging to Colegiata de San Antolin in Medina del
Campo, on the basis of data obtained in October 1995, and the historical chimes ringing
in them until the middle decades of the 20th century , at the moment when its electric
mechanization is produced.
K ey words : Bell, Colegiata de San Antolín, Medina del Campo, ringing bells.
De todos es conocida la importante labor de catalogación y estudio de las campanas
en la trayectoria profesional del profesor Alonso P onga. Durante la década de 1990 tuve la
fortuna de trabajar con él en diversos proyectos 1 que dieron como resultado varias publica -
1 Los más importantes relacionados con este asunto fueron la «Ca tal oga ci ón de las ca mpa na s d e l a
Tierra de Campos, provincias de Valladolid, Zamora, P alencia y León» (Junta de Castilla y León y Universidad de
Valladolid, 1993-1997) y la «Catalogación de las campanas de las Catedrales de Castilla y León» (Junta de Castilla
134
a ntonio s ánchez deL b arrio
ciones, algunas de ellas pioneras en este
campo de la investigación del patrimonio
(e ntr e o tra s: Alonso P onga y Sánchez
del Barrio 1997 y Sánchez del Barrio y
Alonso P onga 200 2). U no d e aq uel lo s
proyectos quedó aplazado y pendiente
de publicación; me refiero a la catalo -
gación de las campanas de la Colegiata
de San Antolín de Medina del Campo,
cuyas labores de inventariado realizamos
junto con el montañero Álvaro P aredes y
Bernaldo de Quirós, en octubre de 1995
(también en Medina, en octubre de 1997,
realizamos el inventario de las campanas
de la iglesia de San Miguel). P or ello, qué
mejor ocasión que la presente para recu -
perar las notas, fotografías y grabaciones
tomadas entonces, para darlas ahora a
conocer indicando los cambios habidos
hasta la actualidad.
1. c amP anas de La c oLegia t a
de s an a ntoLín
La toma de datos e inventario de las
campanas de la torre colegial se reali-
zó el 8 de octubre de 1995 y en aquel
momento el número de piezas que había en ella era siete: la popular campana «María»
(realmente «Sta. Bárbara»), otras dos más pequeñas dedicadas a San Antolín, el titular
del templo; un esquilón denominado «Címbalo» con el que aún se efectúa el popular
toque diario del mismo nombre, y las tres campanas del centenario reloj: la «Sta. María»
o «Maragata» en la que una pareja de «maragatos» dan las horas y los dos pequeños
esquilones de los cuartos históricamente tañidos por las figuras de dos carneros entre-
chocando sus testuces (actualmente se tañen con dos martillos). No llegamos, por tanto,
a inventariar algunas de las campanas que llegaron al siglo XX y que fueron conocidas
y León y Universidad de V alladolid, 1998). Véase al respecto J.L. Alonso P onga y A. Sánchez del Barrio (200 1: 323-
328).
Torre campanario de la Colegiata de San Antolín (foto H.
Román, 1903-1904). Además de aparecer la gran campana
«Santa María» (156 1), entre los maragatos, y las de los
cuartos entre los carneros, se perciben bajo el reloj las
desaparecidas «Campano» y «P ascualejas» en el ventanal
izquierdo y la matraca y la «Campanilla» en el derecho.
135
LAS CAMP ANAS Y LOS TOQUES HISTÓRICOS DE LA COLEGIAT A DE SAN ANTOLÍN DE MEDINA DEL CAMPO
por nuestros contemporáneos popularmente como: la «Golosa», el «Campano», las dos
«P ascualejas» y la «Campanilla» que se adivinan en algunas fotografías de las primeras
décadas del siglo pasado. Junto con ellas, también pudimos documentar la matraca de
torre que aún se hallaba desmontada en el espacio interior . Con posterioridad a nuestro
inventario, el 24 de mayo de 20 13, se incorporaron al cuerpo del campanario dos nuevas
piezas de volteo que fueron situadas en los ventanales que miran a la Plaza Mayor . Las
características de estas piezas, agrupadas con el orden antedicho, son las siguientes:
a ) c amP ana «s ant a b árbara », año 1588 («c amP ana m aría »)
Conocida popularmente como la cam-
pana «María», se halla emplazada en la par-
te central del cuarto cuerpo -el campanario
propiamente dicho- de la torre colegial. Sus
medidas son las siguientes: vaso de la cam-
pana = 13 1(diámetro inferior) x 95 (altura)
x 240 (perímetro superior) x 13’5 (borde o
labio) / eje = 174 (longitud) x 3 1 (grosor)
/ melena = 150 (altura) x [1 17 (ancho su-
perior), 73 (ancho inferior)] x 3 1 (grosor)
(todas las medidas están en centímetros);
peso aproximado = 1.43 1 kg 2 . Fechada en
1588, es de tipo «romano» 3 y está dispuesta
sobre una estructura de madera de modo
que puede oscilar mediante un movimiento
de «bandeo» gracias al contrapeso de una
enorme melena de madera de pino (aunque
la encontramos trabada con maderos). Los
motivos ornamentales que la adornan se li-
mitan a una gran cruz de calvario con base
2 El peso de la campana lo hallamos según la siguiente fórmula: peso aproximado en kilogramos =
diámetro inferior (en metros) 3 x 579 (constante) +/- 1 0% (este 1 0% se suma o se resta según sea la anchura del
labio o borde de la campana).
3 A lo largo del siglo XV se consolidan dos tipos fundamentales de campanas según su perfil: la
campana romana (ampulosa, de perfil rectilíneo y generalmente de gran tamaño) y la esquilonada (de perfil
más estilizado y sinuoso). Véase al respecto: Alonso P onga y Sánchez del Barrio (1997: 5 1-55).
Campana «Santa Bárbara», popularmente «Campana
María» fundida en 1588, en el interior
del campanario de la Colegial.
136
a ntonio s ánchez deL b arrio
muy desarrollada, compuesta de tiras de moldes con decoración de rameados y roleos,
que está situada en el medio (la parte central) de la campana mirando hacia el Oeste.
Presenta las siguientes inscripciones circulares: en el tercio, enmarcada por dos cor-
dones arriba y otros dos debajo, empezando sobre la cruz tras un molde de cruz latina, en
letras mayúsculas romanas y letras N invertidas: «LA VDA TE DOMINI IN CIMBALIS BENE
SONANTIBVS LA VDA TE EVM IN CIMBALIS IV VILA TIONES OMNIS SPIRITVS» (Salmos 150,
5) 4 . En el medio pie, enmarcada por dos cordones arriba y otros dos debajo, empezando
en el lado opuesto a la cruz, con letras romanas minúsculas y entre moldes de cruces
latinas (las letras Z y N invertidas): «SAMCT A(sic) BARBARA HIZO SE ANO 1588».
b ) P areJa de camP anas esQuiLonad as dedicad as a s an a ntoLín , años 164 1 y
1836 (« esQuiLón chico » y « esQuiLón grande »)
Con la advocación de San Antolín, santo titular del templo colegial, hay dos cam-
panas de tamaño medio y perfil «esquilonado» que se hallan emplazadas en los dos
ventanales del muro Este del cuerpo de campanas. Ambas de volteo, las encontramos
entonces electrificadas 5 , con mazos mecánicos exteriores y ya carentes de sus ejes, ba-
dajos y melenas originales (los ejes se conservaban en un espacio residual junto al
cuerpo bajo de la torre).
Según miramos desde el interior de la torre, la campana del lado izquierdo (el «esqui-
lón chico») tiene las siguientes medidas: vaso de la campana: 7 0’5 (d.i.) x 68 (h.) x 1 1 0
(p.s.) x 8 (b .) / (203 kg); fue fundida en 164 1 y presenta como ornamentación una cruz
de calvario con clavos que mira al Norte, formada por moldes que contienen estrellas
de ocho puntas. Presenta las siguientes inscripciones circulares: en el tercio, en letras
mayúsculas de tipo romano y entre dos cordones arriba y otros dos debajo, con moldes
rómbicos de estrellas separando cada palabra y tres al final (su lectura empieza a partir
de la cruz): «SANCTE ANT ONINES ORA PRO NOBIS». En el medio pie: con características
de disposición y ornato idénticas a la inscripción anterior: «ECCE CRVCEM DOMINI FV-
4 El texto correcto del salmo es: «LAUDATE EUM IN CIMBALIS BENESONANTIBUS LAUDA TE EUM IN
CIMBALIS JUBILATIONIS OMNIS SPIRITUS LAUDET DOMINUM» (Ps 150:5), «Alabadle (al Señor) con campanas
bien afinadas, alabadle con campanas de alegría, todo espíritu alabe al Señor».
5 Se electrificaron en mayo de 1968 y sonaron de este modo por primera vez el día 22 de aquel mes
y aquel año. Véase La V oz de Medina, 18 de mayo de 1968.
137
LAS CAMP ANAS Y LOS TOQUES HISTÓRICOS DE LA COLEGIAT A DE SAN ANTOLÍN DE MEDINA DEL CAMPO
GITE P ARTES ADVERSAE VINCIT LEO 6 . ANNO DE / (sobre los dos cordones superiores, a la
izq. de la cruz) 16 (a la der . de la cruz) 4 1»
La otra campana, el «esquilón grande» (la del lado derecho mirando desde el inte-
rior), tiene las siguientes medidas: 85’5 (d.i.) x 77 (h.) x 149 (p.s.) x 1 0 (b .) / (362 Kg); fue
fundida en 1836 y presenta, en el medio de la campana, hacia el sur , una cruz de calva-
rio compuesta con moldes cuadrados y rómbicos; en el medio pie, tiene tres cordones.
Como la otra campana, no conserva el badajo original y ha sido sustituido por un tubo
metálico hueco cuya bola de golpe ha sido reparada. En el tercio, entre dos cordones
arriba y otros dos debajo, comenzando sobre la cruz, aparece la siguiente inscripción
circular: «IHS MARIA Y JOSE STE ANT ONINE ORA PRO NOBIS ANO DE 1836».
c ) e sQuiLón «J esús , m aría y J osé », año 1875 («c ímbaLo »)
Esta pieza esquilonada y de volteo, cuyas medidas y peso aproximado son: 57 (d.i.) x
50 (h.) x 98 (p.s.) x 6 (b .) / (1 0 7 kg), es conocida como el «Címbalo» aunque está realmen-
te consagrada a la Sagrada Familia. Con ella aún se tañe diariamente, poco antes de las
nueve de la mañana, un toque de aviso que actualmente es un repique continuo de unos
diez minutos 7 y que hace décadas se iniciaba con uno, dos o tres toques con la desapa-
recida campana «Golosa» a las 8,15, 8,30 y 8,45 h. respectivamente. Acerca de su origen
hay varias tradiciones locales que lo explican. En 1887, «Sara Bris» (quizá el seudónimo
el erudito T omás Jesús Salcedo) escribía en el semanario local El Medinense (nºs 8 y 9,
de 23 y 30 de octubre, respectivamente) que se tañía «mañana y tarde, por espacio de
un cuarto de hora y precedido por tres toques de otra campana mayor…», como aviso a
los canónigos de la Colegial para que iniciaran sus obligaciones litúrgicas cotidianas; a
las 9,00 h., tras este toque, se iniciaba en la capilla mayor la misa denominada también
«del Címbalo». Este toque también se ha relacionado con el recuerdo de las víctimas del
derrumbe de las bóvedas de la iglesia conventual de Ntra. Señora de Gracia, de frailes
agustinos, en la tarde del 13 de abril de 1629, durante la función del Desenclavo del
Viernes Santo, en el que murieron centenares de personas procedentes de hoy despo-
blado de La Golosa (aldea entonces perteneciente a la Tierra de Medina). Esta tradición
6 L a in vo c ac ió n co mp le ta e s : «ECCE CRVCEM DOMINI FVGITE P ARTES ADVERSAE. VINCIT LEO D E TR IB V
IVDA RADIX DAVID ALELUIA», «Esta es la Cruz del Señor , huid partes adversas. V ence el León de la tribu de
Judá, raíz de David, Aleluya…». Corresponde a un fragmento de la oración del miércoles «contra el enemigo
maligno» recogida en el Enchiridion Leonis P apae , de León III. Véase al respecto: Alonso P onga y Sánchez del
Barrio (1997: 67-69).
7 A este toque y su duración tradicional se hace mención en: La V oz de Medina, 2 1 de mayo de 196 1.
144
a ntonio s ánchez deL b arrio
-T oque del alba: al amanecer , tres campanadas con la «María» y media vuelta con
la «Golosa».
-T oque del címbalo: Primera campanada con la «Golosa» a las 8’15 h., segunda a
las 8’30 h., tercera a las 8’45 h. y luego repique con el «Címbalo» rematado con un
golpe de la «María» a las 9 h. (en verano).
-T oque de coro: Idéntico al anterior pero a las 14’15 h., 14’30 h. y de 14’45 h. a
15 h. (para los canónigos y beneficiados de la Colegiata) 16 .
-T oque a concejo: Llamada urgente a los regidores para formar Ayuntamiento.
Con la «Maragata», trece campanadas lentas.
-T oque a rebato: Con la «María» toque seguido y picado fuerte.
-T oque de escapada de los toros en el encierro: Idéntico al de rebato, pero con
la campana «Maragata».
-T oque de víspera de San Antolín: A las 5 h. de la mañana del 1 de septiembre,
tres campanadas con la «Maragata» y acto seguido repique de las «P ascualejas»,
«campanilla de San Julián» («Campano» ¿?), «Címbalo», esquilones de San Anto-
lín, «Golosa» y todas las demás durante treinta minutos.
-T oque de plegaria: A las 20 h. en invierno y a las 2 1 h. en verano, ocho y nueve
campanadas, respectivamente, con la «María».
-T oque de los dieciocho: Los días 18 de cada mes y a continuación del toque de
plegaria, con la «Golosa» a media vuelta durante cinco minutos, en honor a San
José (19 de marzo).
-T oque de ánimas: El 1 de noviembre, a las 14 h., desde el anochecer hasta las
0’30 h., y desde el amanecer hasta la función de difuntos, dobla la «María» acom-
pañada de los esquilones de San Antolín y la «Maragata».
P or nuestra parte, el 28 de diciembre de 20 12, tuvimos la oportunidad recoger , junto
con el musicólogo Emiliano Allende Zapatero, los toques cotidianos que conoció Gonza-
lo Garrido Reguero, monaguillo de la Colegiata durante su infancia y juventud (década
de 1950 y primeros años sesenta) quien participó directamente en los últimos tañidos
manuales del campanario antes de su mecanización eléctrica. La primera electrificación
16 Correspondería al toque vespertino del «Címbalo» al que se refería «Sara Bris» en su artículo citado
del semanario local El Medinense de 23 y 30 de octubre de 1887.
145
LAS CAMP ANAS Y LOS TOQUES HISTÓRICOS DE LA COLEGIAT A DE SAN ANTOLÍN DE MEDINA DEL CAMPO
de estas campanas, efectuada en mayo de 1968 17 , influyó definitivamente en el fin de
los toques tradicionales. Las campanas que conoció nuestro informante en la Colegiata
fueron las mencionadas más arriba, más el «Campano» y las «P ascualejas», que estaban
situadas el primero encima de las dos restantes, en el ventanal izquierdo del muro nor-
te (el que mira a la Plaza Mayor), y la «Campanilla» o «Esquililla», pieza muy pequeña
situada encima de la matraca en el ventanal derecho del mismo muro. Los toques de
entonces que recuerda son los siguientes 18 :
-T oque del címbalo: con el «Címbalo» repique de unos diez minutos entre las
8’50 y 9 h.
-T oque de difuntos: Idéntico al de ánimas, dobla la «María» durante media hora
acompañada de los esquilones de San Antolín y la «Maragata»; acababa con dos
o tres golpes de la «María», respectivamente, si el difunto era una mujer o un
hombre; si era un niño, se repicaba un «toque de Gloria». P or último, se daban
unos pequeños repiques de aviso con las «P ascualejas» cuando el féretro entraba
en la Plaza Mayor , cuando salía de la plaza con dirección al camposanto y cuan-
do la comitiva llegaba al cementerio.
-T oque de aviso a misa: con la campana «María» un toque pausado de unos
minutos rematado al final con tres golpes media hora antes del inicio de la
misa, dos golpes un cuarto de hora antes y un golpe inmediatamente antes del
comienzo. Este toque aún perdura en las cuatro torres parroquiales de Medina.
-T oque de fiesta mayor de San Antolín: repique general de todas las campanas
de volteo: los dos esquilones de San Antolín y la «Campanilla» (situada sobre la
matraca). Durante la procesión de San Antolín duraba todo el tiempo. Si había
posibilidades, también se bandeaban la «María» y la «Golosa».
-T oque a rebato: Con la «María» toque continuo y picado fuerte.
-T oque de escapada de los toros en el encierro: Idéntico al de rebato, pero con
la campana «Maragata».
-T oque a concejo: Campanadas seguidas y lentas con la «María».
17 Véase la nota 5.
18 El propio Gonzalo Garrido presentó estos toques en el Museo de las Ferias el 15 de febrero de
2020.
146
a ntonio s ánchez deL b arrio
3. m ención de otras camP anas de interés en m edina deL c amPo
Cerramos estas líneas con la mención de otras campanas de Medina del Campo que
estudiamos en su momento y cuya documentación creemos interesante anotar aquí
para su recuerdo en futuros trabajos de inventariado y descripción.
Las siete campanas de la iglesia de San Miguel (l as m is m as q ue e n la a ct u al id ad )
se i nv en t ar ia ro n el día 18 de octubre de 1997 por el mismo equipo que hizo el de la
Co leg iat a; las características fundamentales de estas piezas pueden encontrase en un
artículo publicado poco después (Sánchez del Barrio, 1997), texto que fue actualizado
con nuevos datos y mejores lecturas de inscripciones al cumplirse los 500 años de la
pieza más importante del campanario: la campana oficial del Concejo de Medina del
Campo, fundida en el año 15 17 (Sánchez del Barrio, 20 17). Esta excepcional campana
fue fundida por el maestro Francisco, quizá el fundidor Francisco García, artífice que
trabajaba por entonces en el parque de artillería de Medina del Campo (Cobos Guerra y
Sánchez del Barrio, 2004).
Otras tres campanas procedentes de edificios monumentales de Medina del Campo
que estudiamos hace años fueron: una importante pieza gótica procedente del mo-
nasterio de Santa Clara, que fechamos en la primera mitad del siglo XV , actualmente
depositada en el Museo de las Ferias (Sánchez del Barrio, 20 1 1c: 124-125); otra fec had a
en 1835, procedente de la clausura del convento de Santa María la Real de dominicas,
depositada en la Fundación Joaquín Díaz, en Urueña (Sá nc he z d el B ar ri o, 1 99 9b : 1 04-
1 0 5); y , más recientemente, una tercera fechada en 1747 que se alzaba en la capilla de
la huerta del Hospital de Simón Ruiz hasta el desplome de su cubierta ocurrido el 13 de
noviembre de 20 14 (Sánchez del Barrio, 20 18: 132-133).
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148
149
r esumen
Establecidas por sus propios estatutos, las cofradías celebran determinadas comidas
rituales en las fiestas religiosas de sus santos patronos. De tales comidas –vigiladas y ,
a veces, prohibidas por la autoridad eclesiástica– contamos con datos significativos. La
presencia en ellas del vino y el pan las conecta, de algún modo, con alimentos emble-
máticos de la última cena, como banquete fundacional del cristianismo
P alabras claVe : Comida ritual, cofradía, cristianismo, fiesta, pan, vino.
a bstra ct
Established by their own statutes, the brotherhoods celebrate certain ritual meals
on the religious festivities of their patron saints. W e have significant data about such
meals, which were monitored and sometimes banned by the ecclesiastical authorities.
The presence of wine and bread in them links them, somehow , to symbolic food from the
last Supper , the founding banquet of Christianity .
K ey words : Ritual meal, brotherhood, Christianity , festivity , bread, wine.
L as cofradías deV ocionaLes
El de las cofradías constituye un capítulo importante dentro de las expresiones de
religiosidad popular , particularmente el de las llamadas cofradías devocionales, defini-
das por Gregoria Cavero –a quien seguimos en este punto– como «estructuras corpora-
tivas que acogen a individuos de diferente condición social», que cuentan con un marco
c omid as ritu ales de tipo religioso en
el ámbito rural leonés
r eligious ritu al meals in rural l eón
José Luis Puerto
Escritor y traductor
A José Luis Alonso P onga
150
J osé L uis P uerto
estatutario y tienen «un santo patrono protector bajo cuya titularidad se conoce a la
hermandad y cuya festividad se celebra con toda solemnidad» (1992: 5 1).
T ales cofradías tienen dos importantes rasgos que la definen y distinguen: por una
parte, el de las cargas religiosas y los servicios post mortem que ofrecen a sus miembros
y , por otra, su protección benéfica y caritativa, ejercida en el ámbito de la sociedad en
que se insertan.
Se trata también de corporaciones autónomas, sin dependencia directa ni de la es-
fera eclesiástica ni de la nobleza ni de los concejos. P ero, aparte de las actividades
oficiales que recogen sus estatutos, pueden realizar otras más oficiosas .
Un momento de gran importancia dentro de la actividad de tales cofradías es el de
las fiestas, sobre todo, el de la patronal de cada una de ellas, que –como indica Cavero
Domínguez– era «iniciada el día anterior con la vigilia y prolongada hasta el tercer día
después, en que normalmente se realizaba el nombramiento de oficiales para el año
siguiente.» (1992: 1 08)
Las fiestas patronales de cada cofradía se hallaban reguladas, de modo minucioso en
ocasiones, por sus reglas o estatutos. En la época bajomedieval, predominaba la celebra-
ción litúrgica. P ero, desde los inicios del siglo XVi , los elementos profanos comienzan a
cobrar importancia, a través de elementos como toros, músicas, danzas, representacio-
nes de autos y otros. Y es también en este momento histórico cuando cobra un especial
esplendor la fiesta del Corpus Christi, que se mantendrá –con distintos altibajos– prác-
ticamente hasta hoy mismo.
En tales solemnidades y fiestas, no pocas cofradías ofrecen un convite, refresco,
colación o comida a sus hermanos cofrades, en que participan, en ocasiones, los sacer-
dotes que las ofician litúrgicamente (cuando no están destinados únicamente a ellos,
como ocurre a veces); aspecto regulado incluso en sus estatutos o reglas, al que no se
le ha otorgado –creemos– la importancia que merece, sino que ha pasado más bien
desapercibido.
Nosotros vamos a abordar aquí tales comidas rituales, dentro del ámbito de la dió-
cesis de León, a través de una serie de cofradías cristológicas, marianas y hagiográficas,
fundadas y que han desarrollado su actividad en distintas localidades leonesas –en un
marco temporal e histórico moderno, comprendido entre los siglos XVii , XViii y XiX , funda-
mentalmente–, cuyos documentos (constituciones o reglas, cuentas anuales, así como
periódicas visitas diocesanas) nos proporcionan una información significativa sobre di-
chas comidas rituales.
1 51
COMID AS RITUALES DE TIPO RELIGIOSO EN EL ÁMBITO RURAL LEONÉS
Dada la limitada extensión del trabajo, no podremos, por desgracia, particularizar
referencias, ni siquiera de tipo sintético, sobre cada una de tales cofradías. Aparecerá
cada una cuando su documentación nos arroje algún dato sobre la celebración de cual-
quier tipo de comida ritual.
En las constituciones, reglas o estatutos de algunas de tales cofradías, se alude
directamente –en alguno de sus capítulos– a tales comidas o convites, de modo incluso
minucioso en algún caso. En sus cuentas anuales, aparecen detallados los gastos que se
realizan para la adquisición de viandas o alimentos, que se pormenorizan a veces, lo que
nos permite conocer aspectos sobre la alimentación –eso sí, de los momentos festivos–
del mundo rural leonés en los tiempos modernos.
Un último elemento de gran interés –documentado en las periódicas visitas de la
autoridad eclesiástica diocesana– es el de los mandatos contenidos en ellas, por los que
percibimos que la jerarquía eclesiástica, que ha tenido que aprobar las reglas de tales
cofradías, mantiene una actitud vigilante ante sus excesos gastronómicos en concreto
y , a veces incluso también, una actitud censora, cuando los gastos en tal capítulo se
exceden y las comidas sobrepasan la línea de la sobriedad, ya que –tal como se razona
en tales mandatos– las cofradías se apartan entonces de los fines devocionales para los
que fueron creadas.
Las cofradías de la diócesis de León sobre las que basamos nuestro trabajo per-
tenecen a localidades de las tres grandes áreas geográficas de la misma, como son la
montaña, las riberas y el páramo.
Dentro de las cristológicas, contamos con datos de las cofradías del Santísimo Sa-
cramento o sacramentales de las localidades de Argovejo, Besande, Calzadilla de los
Hermanillos, Garrafe de T orío, Gordoncillo, Grisuela del Páramo, Laguna de Negrillos,
Llánaves de la Reina, Mansilla del Páramo, Matallana de V almadrigal, V aldevimbre y
Villarrodrigo de las Regueras. T ambién –y seguimos con las cristológicas– con la del
Dulce Nombre de Jesús, de Matanza; con la del Santísimo Cristo, de Garfín; y con la de
la V era Cruz, de Alcuetas.
De, entre las cofradías marianas, nos proporcionan datos las de Nuestra Señora del
P ontón, en Burón, en la Montaña Oriental o área leonesa de los Picos de Europa; así
como las de Nuestra Señora del Rosario, de las localidades de Villanueva del Árbo y
Villarrodrigo de las Regueras, en la ribera del T orío.
Y , en fin, dentro de las cofradías hagiográficas, dedicadas a alguna santa o santo,
contamos con las de San Esteba, en Villaverde de Abajo; San Julián, en T orneros del
Bernesga; San Miguel, en las localidades de Gordoncillo y San Miguel del Camino; San
152
J osé L uis P uerto
Román, en Cañizal; San Roque, en Robledo de T orío; Santiago, en Villafrea de la Reina;
Santa Águeda, también en Villafrea de la Reina, que acabamos de indicar; Santa Ana, en
Grisuela del Páramo; Santa Eugenia –una advocación que cuenta con no pocas cofradías
en la diócesis, y habría que averiguar a qué se debe–, como, por ejemplo, Aviados, Bar-
niedo, Barrio de Nuestra Señora, Gradefes y P alazuelo de Boñar; o, en fin, Santa Lucía,
en Sabugo de Omaña.
Un muestrario que consideramos más que suficiente para la indagación que trata-
mos de llevar a cabo sobre las comidas rituales en el ámbito de las cofradías devocio-
nales de localidades campesinas en la diócesis de León, que caería dentro del ámbito de
una vinculación que se da en todas las culturas y civilizaciones: la relación entre religión
y comida.
L as reLigiones y La comid a
La relación entre las religiones y la comida existe desde antiguo, es universal y pre-
senta una complejidad que no ha de escapársenos. En no pocas ocasiones –como indica
P erry Schmidt-Leukel, a quien seguiremos en el marco teórico que planteamos–, «en las
religiones la comida y bebida llegan a formar parte del rito religioso» (200 2: 1 0).
El cristianismo, de hecho, también, se funda en un banquete –la última cena– en el
que el pan y el vino –dos productos mediterráneos, que ya aparecían en la tradición clá-
sica de los misterios de Eleusis (la espiga, el pan) y en los ritos dionisíacos (el vino)– se
sacralizan y , mediante el misterio de la transubstanciación, se convierten en el cuerpo
y sangre de Cristo.
En nuestras sociedades rurales, tradicionalmente, al sentarse la familia ante la mesa
para comer , se rezaba por lo general una oración para bendecir los alimentos y también
para dar gracias por ellos a Dios.
T res son –según Schmidt-Leukel– los aspectos, desde el punto de vista antropoló-
gico, bajo los que se han de considerar la comida y la bebida: en primer lugar , cons-
tituyen una fuente de la vida de todos, dependemos totalmente de los alimentos para
poder existir; en segundo lugar , a diferencia de los animales, el ser humano elabora los
alimentos y prepara la comida, algo sobre lo que reflexionara lúcidamente Claude Lévi-
Strauss, por ejemplo; y , en tercer lugar , la comida está ligada con el carácter social de
nuestra especie.
T al como sintetiza Schmidt-Leukel lo indicado, podemos considerar «La comida
como fuente de vida , la comida como forma básica de conformación de la vida humana y
153
COMID AS RITUALES DE TIPO RELIGIOSO EN EL ÁMBITO RURAL LEONÉS
la comida como acto básico social » (200 2: 12). Y estos tres elementos «son también, sin
duda, temas centrales en las religiones» (200 2: 12).
La comida, sí, es fuente de vida, pero, en la tradición cristiana, «es Dios mismo quien
se ofrece como alimento a los hombres en la forma de pan y vino» (200 2: 13). Las reli-
giones, en la medida en que pueden definirse como «caminos de salvación», dan pautas
al ser humano para seguir la orientación correcta, que afectan también a los alimentos,
con diversos preceptos y prohibiciones sobre los mismos (abstinencias, ayunos…). Como
indica Schmidt-Leukel, «en el rito religioso, la alimentación puede encontrar también un
uso como expresión de amor a Dios o veneración a Dios » (200 2: 17). Y también el aspec-
to social de la comida nos lo vamos a encontrar en casi todas las tradiciones religiosas.
P ero –como termina afirmando Schmidt-Leukel– hay un punto focal en la relación
entre religión y comida: «la convicción sobre la santidad de la vida» (200 2: 19), algo
sobre lo que han reflexionado, entre otros, científicos de las religiones del siglo XX , como
pueden ser Rudolf Otto o Mircea Eliade.
El marco teórico que, de modo sucinto, acabamos de establecer es perfectamente
aplicable al empleo ritual de la comida, por parte de las cofradías, que, en el fondo, obe-
dece –y a ello están, implícitamente, enfocados los mandatos restrictivos o prohibitivos
de la autoridad eclesiástica– a enfocar o guiar «la conducta alimenticia dentro de la
orientación global hacia Dios en la conformación de la vida humana» (Schmidt-Leukel
200 2: 16).
Al tiempo que el empleo ritual de la comida en las cofradías no deja de ser reflejo y
rememoración –a su modo– de aquel banquete fundacional del cristianismo (la última
cena), en el que el pan y el vino aparecen sacralizados. Y , como iremos viendo, en todas
las comidas y convites de las cofradías, la presencia del pan y del vino cobra una gran
importancia e incluso, en ocasiones, son los dos únicos alimentos –como arquetipos
sacralizados de la comida y la bebida– de tales convites.
c onVites , comid as , coLa ciones , refrescos
La variedad de tales comidas rituales se nombra mediante diversos términos, que he-
mos, en primer lugar , de mostrar , para, después, tratar de darles una definición, a partir
de fuentes lexicográficas clásicas, que son las que corresponden al período moderno que
abordamos (siglos XVii - XiX , fundamentalmente).
Los tres términos que aparecen con una mayor frecuencia son los de comida , cola-
ción y refresco . P ero también se encuentran presentes, en alguna ocasión, los de convi-
dio o convite , yantar , pitanzas , desayuno y también cena .
256
c arLos P iñeL s ánchez
Cucharas de asta y de mango corto, salmantinas, con el tema de la pareja a caballo y otra con Adán y Eva en el
P araíso. Sin lugar a dudas, talladas por el mismo autor que la cuerna de pólvora.
Donación Luis Cortés, en el Museo Etnográfico de Castilla y León.
Se conservan también cuatro o cinco cajitas con el tema de Adán y Eva, más de una,
sin duda, del mismo autor que la cuerna. Y es en una de éstas en la que encontramos su
fecha de ejecución: 18 1 0. Esto nos confirma lo que ya apuntábamos a través de otros
datos, el hecho de que el pastor o vaquero artista realiza sus obras en torno al año 1800.
Suelo referirme al mundo de los pastores como Cultura P astoril. No digo nada que no
se conozca bien: recordemos que lo pastoril, está presente desde la época clásica ya en
la literatura y las artes, y de manera constante y muy significativa a lo largo de la histo-
ria, hasta hoy . En la música, las artes y las letras, las continuas referencias son abruma-
doras, puede que en mayor medida cargando las tintas en cuestiones como lo bucólico,
la Arcadia feliz. Se trata ciertamente de unos grupos humanos, los pastores, que se
257
V ALDEJIMENA: NARRACIÓN SOBRE LA ROMERÍA T ALLAD A POR UN P ASTOR EN UNA CUERNA DE PÓL V ORA
mezclan y conviven con sus contemporáneos, viven junto a todos los demás, pero en su
caso, el peso de lo ancestral se perpetúa de una manera difícilmente comprensible desde
hace milenios pues su actitud vital es muy diferente. Están inmersos en una sociedad
moderna, ya desde hace tiempo, pero que no ha alterado hasta el siglo XX aspectos como
el que tratamos. Resulta en todo caso asombroso observar cómo han podido ser perpe-
tuadas formas y comportamientos en forma tan lineal y estricta, tratándose de gentes
con excelentes dotes para la expresión artística, para la observación, preparados mejor
que la mayoría para dar respuesta a lo imprevisto. Es este su bagaje o hasta hace poco
lo era. La aguda observación sobre lo que les rodea, su sensibilidad exacerbada resultado
en gran medida del contacto continuo y directo con la Naturaleza y unido a ello, sobre
todo, la falta de apego a lo material, acrecentaron durante generaciones un mundo más
espiritual, su cultura peculiar . Sobre estos aspectos merecería la pena reflexionar .
Estuche o cajita también de cuerno y con el mismo motivo simbólico y artístico. También tallada por el mismo autor .
Donación Luis Cortés, en el Museo Etnográfico de Castilla y León.
258
c arLos P iñeL s ánchez
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259
r esumen
T ratamos de la ocupación del territorio en Los Oteros, comarca del Sur de la provin-
cia de León y tierra del homenajeado, en diferentes etapas. Dicha ocupación se refleja
en la onomástica celta, latina y árabe-mozárabe, que tiene un contenido arqueológico.
P alabras claVe : Los Oteros, celtas, romanos, suevos, visigodos, árabes, repoblación,
gentes del norte, mozárabes.
a bstra ct
W e deal with the occupation of the territory in Los Oteros, the southern region of
the province of León and the land of the honoree, in different stages. This occupation
is reflected in the Celtic, Latin and Arab-Mozarabic onomastics, which has an archaeo-
logical content.
K ey words : Los Oteros, Celts, Romans, Suevi, Visigoths, Arabs, repopulation, people
from the north, Mozarabic.
El territorio de Los Oteros está definido por el terruño, piedras y arcilla, y pequeños
altozanos entre las riberas de dos ríos el Esla y el Cea, y por el NE. el arroyo V almadrigal.
P or el norte lo delimitamos con los caminos antiguos (el camino celta-astur que fuera
de los Castros de Villamol a Lancia; la vía nº 1 del Itinerario de Antonino), y con las vías
romanas (vías nº 32-34 del It. Ant.) que llegan a P alantia; y con caminos medievales.
l os o teros (l eón ). o nomástica y
arqueología
L os o teros (L eón ). o nomastics and archeoLogy
T omás Mañanes Pérez
Universidad de V alladolid
260
t omás m añanes P érez
Es un triángulo formado por Lancia-Mansilla a Cea-Villamol-Sahagún y el vértice sur:
Dehesa de Morales (Brigeco) y Castrogonzalo.
Los Oteros. La denominación como Auctarios, Autarios, Auteiros, aparece entre el
9 16 y 985, que deriva del latín altus, altare, altaria, altarium , lugar elevado, elevación
(Carrera, 5 12; García, Significado , 59). P ero este territorio es de alguna manera indicado
de forma genérica por Hydacio ( Chron ., nº 186), cuando dice que T eodorico, desde Mé-
rida, se dirige a los Campos Gallaeciae y Astorga; y si tenemos en cuenta que los límites
de la Gallaecia los marca el río Cea y el río Esla hasta el Duero, vemos que al oeste de
esta línea están Los Oteros y el Páramo.
Esta zona va a ser ocupada por los Indoeuropeos occidentales, los celtas, en diversas
oleadas, una de ellas la de los astures que habitan cerca del río Astura (Esla) (citado en
Floro, II, 33, 54; San Isidoro en Etym ., IX, 2, 1 12 dice: del nombre Astura viene el de los
astures, «que viven a su alrededor» 1 ). Los astures ocupan las alturas, que ellos llaman
*briga-, ciudad en alto, como Brigeco, Amallobriga, y nosotros castros de la I ª E. de
Hierro, situados cerca del río o fuentes como los de Villamol, Castrotierra de V almadri-
gal, Villasabariego (Lancia), Villacelama, Corbillos, Gusendos, V alencia de Don Juan y La
Dehesa de Morales (Brigeco); y a lo largo de la margen izquierda del Cea, en la Tierra de
Campos, los de Melgar de Abajo, Castrobol y V alderas.
La raíz *Ast-, del ide. *ast (n)-, duro, piedras y *ur-, agua; agua entre piedras (V elasco
Sanz 1983: 1 03-1 0 7).
En la IIª E. de Hierro, tenemos la influencia celtibérica a través de los vacceos de
Tierra de Campos, que se refleja en la cerámica pintada y fíbulas halladas en Lancia,
Corvillos y Morales de las Cuevas (Mañanes, Contribución , p. 357); además se constitui-
rán núcleos urbanos con nombre celta-astur , que se transformarán en ciudades astur-
romanas, que conocemos por las fontes (Vd. i.)
En el 15 1 a. C. Luculo, que viene del sur , actúa en la Meseta Norte, Cuenca del Due -
ro, sobre las polis de Cauca (Coca, Segovia), de aquí, por un territorio desértico, llega a
Intercatia (Aguilar de Campos, V alladolid) y gira al este a P allantia (P alenzuela, P alencia)
(Ap. Iber ., 50-55). P odemos pensar que establecería un castra cerca de las ciudades que
ataca, ya que en dos de ellas, Coca y Aguilar , el plano del pueblo actual, al lado del
núcleo vacceo, parece un castra (para otros es medieval), aunque en el caso de Coca
aparecen paredes romanas.
1 Astures , gens Hispaniae, vocati, eo, quod circa Asturan flumen septi montibus silvisque crebis
inhabitant .
2 61
LOS OTEROS (LEÓN). ONOMÁSTICA Y ARQUEOLOGÍA
La conquista romana en las GG. Cántabro-Astures (Schulten 1962: 139-143) el be-
llum asturum , tiene su punto de partida en los brigaecini, de Brigeco (Dehesa de Morales
de Fuentes de Ropel, Zamora), que avisan a Carisio de que los astures bajan de los níveos
montes, en tres ejércitos, para atacar a los tria castra romanos. V encidos los astures, Ca-
risio se dirige a Lancia (del celta *lank-, la cuesta, valle; García, Significado , 160) y para
ello tiene que ir desde Brigeco, por Los Oteros, margen izquierda del Esla, y establecer un
campamento (castra) desde el que atacar Lancia, civitas validísima , lo que constituye el
punto álgido de la guerra. Lancia es tomada pero no es destruida sino conservada como
monumento de la victoria, por lo que se construye (termas, macellum …) en la parte alta,
a cubierto de las inundaciones de los ríos P orma y Esla.
En la búsqueda de los campamentos (castra) no encontramos topónimos relacionados.
La conquista trae la actividad romana que se refleja en el poblamiento: ciudades y
vicos. El posible castra base para atacar Lancia quizás sea la base de la posterior mansio
de P ALANTIA que es citada en las vías nº 32 y 34 del Itinerario de Antonino (Vd.i. vías),
con la variante de PERALANTIA (vía nº 34), y se denomina Antia en el Ravennate; y que
puede ser la palentina civitas de Hydacio ( Chron ., nº 186, año 457); y en la zona está
P ALANQUINOS, que alude a puente o paso. P or las millas marcadas en el itinerario de
Antonino y por los restos arqueológicos se sitúa en el pago de El Quintanal, de Santas
Martas. La foto aérea ayudaría.
La raíz Ide. *P al-, P el-, significa fluir , verter; y también se aplica a una llanura en alto
(Albertos 1966: 176).
BRIGECO . Fuentes: Floro, Epit ., IV, 12, 55.- Floro, II, 33, 55: nisi Brigaecini prodidissent,
a quibus praemonitus Carisius cum exercitu advenit .- Ptolomeo, II, 6, 29: Βριγαικινών ,
Βριγαίκιον : = Brigaicinum, Brigaicium; en el Itin. Anton. , 440,1: Brigeco.- Itin. Anton .,
439, 8: Briceco.- y en el Ravennate IV, 45, (3 19,1): Brigicon.
CIL . II, 6094; Vives, 1664 : P H C/ L(ucio) Fabio L(uci) f(ilio) / Quir (ina) Siloni / Brigiae-
cino / II viro, sacerdoti / Rom(ae) et Aug(usti) / convent(us) A sturum / …
CIL . II, 6338 C, en Clunia: Ma(tribus) Brigiacis(?).- CIL . II, 6338,1: Brigiacis.
En Zephyrus , 13, 1962, 1 0 7 (Astorga): Alla V erna Legirnicorum Brigiaecina.
Filológico: el nombre está basado en el radical celta *briga- que significa ciudad en
altura y fortificada, con la terminación celta de lugar aik-, eco, -aeco (Prósper , 2002:
357 ss).
262
t omás m añanes P érez
Localización: Si tomamos las distancias marcadas en el It. Ant., se llega a la con-
fluencia de los ríos Esla y Cea. En esta zona está el pago denominado la Dehesa de Mo-
rales (Fuentes de Ropel, Zamora) (Mañanes y Solana 1985: 38), donde se ha descubierto
un amplio yacimiento arqueológico cuyos restos van desde la Iª E. de Hierro hasta época
romana. En dicho yacimiento, llamado también el caserío de Rubiales, está la Ermita de
San Juan, de Fuentes de Ropel (Zamora). Los asentamientos romanos son abundantes y
se denominan con el nombre genérico de vicos o loca (hoy pueblos) ya que no se citan
sus nombres propios. Se sitúan a lo largo de los ríos, sobre todo del Esla (Alonso P onga
198 1: 134), ya que en el río Cea están en la margen izquierda, en Tierra de Campos. De
los topónimos actuales conocidos que tienen restos romanos solo uno es «latino» rela-
cionado con el territorio: el de Las Villaras, ya que Quintanal, aunque da restos romanos,
es un nombre más medieval e indica la tierra que paga el quinto de sus frutos (Carrera,
608).
Las ciudades están unidas por las vías romanas indicadas en el Itinerario de Antonino
(It. Ant.,), y las que afectan a la comarca de Los Oteros son la vía nº 1, y las vías nº 32
y 34.
La vía nº 1 viene de Mediolanum … hasta Segesamone (Sasamón, Burgos) y desde
aquí por Lacobriga (Carrión de los Condes) va a Camala (Castros de Villamol), por Calza-
dilla de los Hermanillos, al vado-puente de Mansilla del Puente (de las Mulas), a Lance
(Lancia), el puente de Villarente, Puente Castro y Legio VII Gemina (León). Es decir , es la
zona norte de Los Oteros.
La vía nº 32 Ab A sturica Terracone y la vía nº 34 Ab A sturica Burdicalam (Burdeos)
parten de Astorga, pasan por V allata (Balsata), Interamnio (cerca de Ardón), cruzan el
río Esla por el puente (arruinado) de Villavidel, sigue por Riego del Monte, Malillos a
P alantia (P eralantia) situada en el Quintanal (Santas Martas), de aquí a las Grañeras y
el puente de Sahagún, luego Viminacio (Calzadilla de la Cueza), Lacobriga (Carrión), Se-
gisamone (Sasamón) y Briviesca donde se bifurcan. Estas dos vías delimitan Los Oteros
por el norte.
La Hispania del Bajo Imperio, con la reforma de Diocleciano (303 - 305 d. C.), se
divide en cinco provincias, una de ellas es la Gallaecia cuyos límites se marcan a través
de la documentación medieval. La divisoria de la provincia de la Gallaecia con relación a
la T arraconense (y por tanto la divisoria del convento jurídico Astur con relación al Clu-
niense,) se piensa que es el río Cea (Sánchez Albornoz 1929: 324-325) (que desemboca
en el Esla y llega hasta el Duero). Sobre el río Cea se cita la mirificam civitatem Ceiam 2 ,
2 El año 866 (era DCCCCIV) la repuebla el rey Alfonso III, según la Crónica de Sampiro, nº 1, p. 25:
263
LOS OTEROS (LEÓN). ONOMÁSTICA Y ARQUEOLOGÍA
y el monasterio de Sahagún. Del río y del monasterio se dice, en época medieval, que
están situados in … finibus Gallecie (Mínguez Fernández 1976: 29, 32): en el límite de
la Gallaecia. P odríamos decir además que el territorio geológicamente también cambia
(W attenberg Sanpere 1962: 57-58). Más aún al norte de Cea está Morgovejo, pueblo
que, además de indicar lugar elevado en el que hay un castro, también se interpreta
como frontera (García, Significado , 140: *morg-a en galo es frontera.- Carrera, 27, 29).
P or ello apoyamos el río Cea como línea divisoria, cuya raíz ide. *ceia-, foso, hueco (Vi-
llares 197 0: 257). Una de las variantes del río: Zegia (Carrera, 536) hace que lo compare-
mos con el río Cega (Segovia). Más aún se puede paralelizar con V ac ceos y Are vac cos,
cuyas terminaciones –ceos, -cos se pueden relacionar .
A partir del 409 se produce la entrada de los bárbaros, germanos (suevos, vándalos)
y alanos, y el año 4 1 1 se produce el reparto de Hispania entre los bárbaros por el que la
Gallaecia corresponde a los Vándalos Hasdingos, pero estos en el año 420 se van a la
Bética y el 430 pasan a África por lo que los suevos quedan como únicos en el Norte y se
creen los «señores» de toda la Gallaecia. La ocupación produce una cierta despoblación
que se refleja en la desaparición de las villae en la prov . de León. De los lugares con nom-
bre de villa solo tres tienen restos romanos: V elilla, Villanueva, Villaornate, Villavidel.
La zona de Los Oteros vuelve al primer plano cuando el rey suevo Rechiario, el año
449, va a casarse con la hija del visigodo T eodorico, en T olosa, T oulouse, ya que desde
Bracara iría a Astorga sea por la vía nº 17, sea por la vía nº 18, y de aquí por la vía nº 34
por P alantia a Segisamone y P ompaelo. Desde aquí devastaría la V asconia (Hyd., nº 140)
camino de T olosa. La vuelta la haría por la vía nº 33 de Beneharno a Caesaraugusta, y
desde aquí por la vía nº 1 llega a Ilerda a la que ataca. La vuelta la haría por la misma vía
nº 1: de Ilerda a Caesaraugusta (todas en la T arraconense (Hyd., nº142, a.449), y desde
Zaragoza, por la vía (nº 27) que atraviesa la Meseta, pasaría por Clunia, Rauda, Brigeco,
seguiría el río T era a tomar la vía nº 17 y volvería a Bracara. La oposición a Roma se ve
en que acuña moneda en Bracara con el título de REX.
Que los suevos se creen o consideran dueños de la Gallaecia, y con ganas de ampliar
el territorio, son las incursiones que hacen a la Cartaginense y a la T arraconense, de
manera que el año 455 el emperador se ve a obligado a enviar contra ellos al ejército
visigodo al mando de su rey T eodorico, que seguiría la vía nº 34 que pasa por P alantia
en dirección a Astorga. Los suevos, Rechiario, plantan cara a los visigodos en la batalla
del Órbigo (Hyd., nº 173, a. 455), a 12 millas (18 km.) al este de Astorga, el 5 de octubre
exinde veniens Legionem, populavit Sublantiam, quod nunc a populis Sublancia dicitur , et Ceiam civitatem
mirificam .
264
t omás m añanes P érez
del 455, en la que son derrotados. T eodorico, persigue al rey Rechiario hasta Bracara, a
la que toma el 30 de octubre (tarda +-24 días con su ejército siguiendo la vía nº 18, vía
nova, de CCXV millas). Le apresan en Oporto donde es ejecutado el mes de diciembre del
456, y continua a Emerita.
Hydacio (nº 186, a. 457) nos cuenta la salida de T eodorico hacia las Gallias desde
Mérida, el 3 1 de marzo del año 457. Este se dirige a los campos Gallaeciae y llega a
Astorga, donde masacra a las gentes, fuerzan las iglesias, destruye los altares, roba
los objetos de culto, incendia las casas y devasta los loca camporum (son los vicos, los
pueblos existentes en los campos). Y todo esto por qué ¿por ser una ciudad importante,
porque había suevos y católicos en Astorga?, quizás no lo hizo antes porque tenía prisa
por apresar a Rechiario? Además, indica que esta destrucción se produce también en la
P alentina civitas , e indica que el Couiacence castrum resiste el asedio.
En este pasaje Hydacio (nº 186) nos aporta nuevos nombres (onomástica):
P or un lado, nos da una nueva denominación territorial, los Campos Gallaeciae , que
por ser de Gallaecia hemos de situarlos al oeste del Cea-Esla, línea divisoria de la provin-
cia de la Gallaecia, por lo que esos campos deben ser Los Oteros y el Páramo que están
situados entre el Cea-Esla y Asturica. Esta situación nos permite diferenciarlos de los
Campi P allantini que los ubicamos en la parte oriental de la Meseta, donde están P alen-
tia (P alencia) y P allantia (P alenzuela, P alencia) citados a inicios del S. V. La denomina-
ción de Campi Ghotorum , étnica, es medieval y se sitúan en medio de ambos Campi , del
río Pisuerga al Cea: en la llamada Tierra de Campos.
P or otro, cita la P alentina civitas que plantea un problema de ubicación, aunque
por la marcha de la expedición hacia las Gallias, pensamos que se refiere a P alantia
(P aralantia) del Itin. Antonino, y Antia en el Ravennate, sita en el pago el Quintanal de
Santas Martas. Y desde ese momento desaparece «del mapa». La prueba es que nada se
ha vuelto a saber de ella. P ero esta P alentina civitas se ha puesto en relación con P alen-
tia (P alencia), pero no lo creemos de acuerdo con el relato de la campaña y porque sería
desviarse en su camino a T olosa por la vía nº 34.
Y por otro, alude a una población denominada Couiacense castrum que aparece en la
actuación de los visigodos contra Astorga y se indica la distancia entre las dos, 30 millas
(45 kms). Con ello cita un nombre desconocido: Couiacense , al que denomina castrum
(castro) por lo que está situado en alto y bien defendido (tendría muralla), que resiste
el asedio del ejército visigodo, el cual sufre muchas bajas y no puede tomarla, quizás
porque es un ejército en marcha que no tiene máquinas de guerra ( tormenta ). P or ello
265
LOS OTEROS (LEÓN). ONOMÁSTICA Y ARQUEOLOGÍA
levanta el asedio y se vuelve a las Gallias ya que no tiene tiempo para hacer un asedio
permanente y además se echa el invierno encima.
Más adelante aparece Comanca en el parroquial suevo (año 572-585), como iglesia
de la diócesis sueva de Astorica (Astorga), con las variantes de Conianca, Conuianca,
Comanea, Colanca (AA.VV. 1965: 4 18), y aunque no es citada con los visigodos, sin em-
bargo aparece la civitas Comeniaca en un itinerario del S. VII llamado el Ravennate (IV
45 (3 18, 19: Vd. infra), que la cita entre Antia y Brigeco, lo que ha hecho que situemos
Comeniaca en el Couiacense castrum (Mañanes y Solana 1985: 38) (Vd. vías). Así
Si tomamos el primer nombre
conocido y lo comparamos con los
siguientes observamos que las letras u
i han sido transformadas en una m , y
en otros casos en una n o l (ele).
Co ui a c ense
Co m a n c a (iglesia sueva)
Co m a n e a, (variante sueva)
Co m e nia c a
Comeniaca se ha identificado a veces con la polis vaccea de Κωούγιον (Cougium),
citada por Ptolomeo (II, 6, 49, 15) en el S II d. C., o con la civitas de Cougion del Raven-
nate (IV 44 (3 13, 6), pero es difícil dado que ésta, Cougium, se sitúa en la zona del río la
Cueza, al norte de la ciudad de P alencia.
Filológico: la raíz COV-, COU-, quizás del Ide. *keu-, brillar , claro (Albertos 1966: 98);
colina iluminada.
Además, Hydacio nos da un nuevo término castrum, que reaparecerá en s. iX (Vd. i.).
Las villae: a pesar de que hay múltiples asentamientos romanos solo una vez aparece
el nombre de villa, y es para nombrar el pago de las Villaras en Villavidel, aunque los
restos hallados en él no parecen ser de una villa romana, sino de un núcleo habitado,
un vicus romano. Sin embargo, nos parece raro no encontrar ninguna villa en la margen
izquierda del Esla, cuando si las hay en la margen derecha del río Esla: San Millán de los
Caballeros, Villaquejida y Cimanes.
T odo ello, las idas y venidas de suevos y visigodos, se realiza gracias a las vías del
It. Ant., nº 1, 32 y 34 y sobre todo de la vía del Ravennate (3 18) que viene de Ossaron.
La vía del Ravennate nº 3 18, 1, dice: Item iuxta superius nominatam ciuitatem Ossa-
ron que ponitur non longe ab Oceano, est ciuitas quae dicitur Alantune (Alantule), Alba,
272
t omás m añanes P érez
3. Otro camino se establece de castro Sublantio/ium a Mansilla y Sahagún, por Re-
liegos, el Burgo, Bercianos, Calzada del Coto y Sahagún, que será el Camino de Santiago.
4. Desde Coyanza a Cea lo indica el Albeldense (nº 13, in era DCCCCXXIª, año 883),
sed per castrum Coianca ad Ceiam iterum reuersi sunt ) que va por Sahagún, y el camino
desde Coyanza se marca por Matadeón, Castrovega, Castrotierra y Bercianos a Sahagún.
5. Desde Coyanza a Mayorga por Fáfilas, Villabraz, Castilfalé, y Mayorga.
6. De Cea al sur por la margen derecha del río Cea es La carrera (cañada) Zamorana;
y por la izquierda es la carrera Ceana, o carrera Cembrana,
7. K arrale de Legione ad Coyanza . De León al sur el camino iba por Puente Castro,
Castrillo, Marialba, Villarroañe a P alanquinos (palanca - puente), en zona de P alantia
(P eralantia; Antia), donde se une a la vía nº 32-34 que va a Asturica y pasa el río en
Villavidel; y donde se une a la vía del Ravennate (3 18) que va de Antia a Comeniaca
(Coyanza) y Brigeco, vía sobre la que se hace el camino a Coianka que, por Castrofuerte
(pasa por Brigeco), llega a Castrogonzalo.
Los términos que se usan para indicarlos son los de «cale, carrale, carrera, karrera,
karraria». P ero hay dos términos que nos plantean otras consideraciones: uno es strata
aplicado a un camino que pasaba al lado del monasterio de Sahagún, que puede hacer
referencia a la vía romana nº 32; y otro es el de Guinea , de equinea, que se aplica de
Castrogonzalo al sur por donde iba la vía romana nº 26, «llamada» vía La Plata. Los pue-
blos de Calzada y Calzadilla, al oeste de Sahagún, pueden referirse a vía romana nº 32
(Carrera, 439), pero no sé por qué le llaman trajana.
273
LOS OTEROS (LEÓN). ONOMÁSTICA Y ARQUEOLOGÍA
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276
277
r esumen
Los distintos caminos trasatlánticos entre Argentina y España me brindaron la opor-
tunidad de conocer a José Luis Alonso P onga, su orientación y conocimientos contri-
buyeron significativamente con mi investigación; intento en estas páginas contar este
trayecto, rindiendo un humilde homenaje a su valiosa y desinteresada colaboración.
En este trabajo se ofrece una visión distinta de la vida cotidiana de aquellos inmi-
grantes maragatos, entre demás castellano-leoneses, los que, a finales del siglo XViii , en
la P atagonia argentina, lograron convivir con una realidad americana desconocida y de
gran austeridad. T odo esto sucedió en la frontera más austral del Imperio Español en el
«Nuevo Mundo», donde los colonos españoles participaron de la gesta fundacional de
Nuestra Señora del Carmen, el poblado patagónico más antiguo que perdura hasta el
presente.
P alabras claVe : P atagonia argentina, maragatos, Castilla y León, cuevas, arqueología.
a bstra ct
The different transatlantic roads between Argentina and Spain gave me the oppor-
tunity to meet José Luis Alonso P onga, his guidance and knowledge contributed signifi-
cantly to my research; I try in these pages to tell this journey , paying a humble tribute
to his valuable and selfless collaboration.
This work offers a different vision of the daily life of those Maragato immigrants,
among others Castilian-Leon, who at the end of the 18th century , in the Argentine P a-
p or tierras mara ga t as de la mano de
un antropólogo leonés
f or mara ga t as lands of tHe Hand of
a leon antHropologist
María Laura Casanueva
Instituto Nacional de Antropología y P ensamiento Latinoamericano (INAPL)
278
m aría L aura c asanueV a
tagonia, managed to live with an unknown American reality and of great austerity . All
this happened on the southernmost border of the Spanish Empire in the «New W orld»,
where Spanish settlers participated in the founding deed of Nuestra Señora del Carmen,
the oldest P atagonian settlement that lasts until the present.
K ey words : Argentine P atagonia, maragatos, Castile and León, caves, archeology .
i ntroducción
Como arqueóloga argentina, especializada en momentos históricos y enfocada en los
distintos procesos migratorios hacia América, fue fundamental establecer contactos con
académicos y especialistas españoles, ya que una parte fundamental de mi investigación
está centrada en los castellano-leoneses y entre ellos maragatos, que poblaron la P ata-
gonia argentina a finales del siglo XViii .
De la mano de prestigiosos arqueólogos y antropólogos españoles llegué a José Luis
Alonso P onga por ser un referente imprescindible de la antropología rural leonesa. Desde
el inicio José Luis se entusiasmó con la temática maragata desde la mirada americana, y
muy desinteresadamente y sin conocerme en persona, me orientó en la búsqueda de bi-
bliografía y contactos. Su intervención en mi investigación fue fundamental aportando
datos y visiones que desde América no hubiese alcanzado.
Años más tarde pude concretar un viaje 1 y ya con la posibilidad de su presencia,
José Luis me orientó y acercó a distintas instituciones para completar mi abordaje, en
total sintonía con mis necesidades. Esta ayuda y sapiencia fueron fundamentales y se
materializaron en un libro, del que también formó parte 2 .
El título de este artículo: «P or tierras maragatas de la mano de un antropólogo leo-
nés», simboliza y representa lo que más destaco de mi estadía, la posibilidad de conocer
la Maragatería y «rodar» por rutas y caminos castellano leoneses, de la mano de un
antropólogo local; esta experiencia única y sumamente enriquecedora representó para
mí «un verdadero lujo», como decimos en mi país.
1 Gracias a una Beca de Movilidad Internacional (20 13) otorgada por la Asociación Universitaria
Iberoamericana de P ostgrado (AUIP), entidad que financió el traslado entre ambos países.
2 Maragatos a través de los mares. Vida cotidiana en la frontera austral del Virreinato del Río de la
Plata . María Laura Casanueva. 20 16. Editorial Lobo Sapiens. León, España. Prólogo José Luis Alonso P onga.
279
POR TIERRAS MARA GAT AS DE LA MANO DE UN ANTROPÓLOGO LEONÉS
En este transcurrir cada paso compartido fue un saber nuevo, una anécdota, una
referencia, un dato más interesante que otro. Me cautivó su foco en el paisaje, en los
tejados, en las comidas, en los productos locales característicos, en el adobe, en las
memorias, en definitiva, en cada pequeño detalle que me podía permitir armar el perfil
leonés rural, precisamente la mirada que yo necesitaba y con la que estaba en plena
concordancia.
n uestra s eñora deL c armen de P a t a gones
La investigación que me condujo a España se inició en el año 2005 en la actual
ciudad de Carmen de P atagones 3 (Sur de la provincia de Buenos Aires, norpatagonia 4 )
(Figura 1). Esta ciudad fue el otrora «Fuerte y P oblación de Nuestra Señora del Carmen»,
fundación española de finales del siglo XViii .
P ara abordar la fundación y el posterior poblamiento de este enclave patagónico,
se puso en práctica un enfoque microhistórico (Levi 1993; Revel 1995) y una mirada
multidisciplinaria (Ramos 200 2) que integra las herramientas teórico-metodológicas de
la Arqueología, la Historia y la Antropología (Casanueva 20 13). Este enfoque posibilitó
abordar la cultura material producto de la vida cotidiana de los protagonistas, así como
el estudio de fuentes históricas primarias y secundarias fruto del devenir histórico del
sector; a su vez, las historias de vida y los relatos obtenidos como consecuencia de las
entrevistas efectuadas a descendientes de los primeros pobladores y referentes locales,
permitieron un acercamiento a las memorias y a la tradición oral relacionada con los
momentos fundacionales.
El Fuerte de Nuestra Señora del Carmen fue erigido en 1779 como parte del Plan
de P oblamiento de las costas australes del Virreinato del Río de la Plata. Este plan fue
una consecuencia directa de la coyuntura político-económica española a partir de la
segunda mitad del siglo XViii que derivó en una serie de reformas en la Monarquía. En el
seno de estas reformas, y del contexto internacional de latente amenaza extranjera de
conquista y población de las alejadas costas patagónicas americanas, Carlos III de Bor-
3 Proyecto «Arqueología del Sector Centro Meridional del P artido de P atagones» (Universidad de
Buenos Aires y Municipalidad de P atagones), codirigido junto a la Lic. Andrea Murgo. 2005-20 14.
4 La P atagonia es una región geográfica ubicada en el extremo sur del continente americano; la
porción argentina se extiende a lo ancho desde la cordillera de los Andes hasta el océano Atlántico, la zona
que nos ocupa se encuentra dentro de la porción extraandina o esteparia (semiárida e incluso desértica o
árida), con un clima de templado a frío.
280
m aría L aura c asanueV a
bón, resolvió instalar fortalezas militares en el sur del Virreinato del Río de la Plata 5 . Esta
decisión originó el renombrado «Proyecto P atagónico de 1778», plan que contemplaba
la formación de colonias australes con población peninsular a lo largo de las costas
meridionales de América del Sur (Zusman 1999).
Uno de los objetivos de la política bor-
bónica fue fundar algunos fuertes que ase-
guraran la soberanía española en el terri-
torio patagónico (Biedma 1887; Benedicto
1967; P orro Gutiérrez 1995; Nacuzzi 200 2,
entre otros). Fue así que se establecieron
tres enclaves en puntos estratégicos de la
costa marítima austral americana: Nuestra
Señora del Carmen en el Río Negro (en la
«entrada» a la P atagonia); su subsidiario
San José en P enínsula V aldés y la Colonia
y el Fuerte de Floridablanca en Bahía San
Julián, pleno territorio costero patagónico
(Biedma 1887; Apolant 197 0; Gorla 1984;
P orro Gutiérrez 1995; Nacuzzi 200 2; Na-
cuzzi 20 1 1, entre otros).
En este marco político-económico
nace, a 36km de la costa Atlántica, el
Fuerte-P oblación de Nuestra Señora del
Carmen, primer asentamiento español fundado por Francisco de Viedma, sobre la ba-
rranca norte del río Negro, río que representaba la ruta más importante de penetración
al interior de la P atagonia. Desde 1779 hasta 1782 recibió ocho contingentes de familias
peninsulares que cambiarían la historia del norte de la P atagonia e imprimirían un fuer-
te sello castellano-leonés en la pequeña colonia patagónica.
P ara el momento de la fundación el área estaba habitada por distintas parcialidades
indígenas, principalmente tehuelches (o «patagones»). Habitualmente estos instalaban
en las inmediaciones del fuerte sus tolderías conformadas por 20/30 toldos (tiendas
hechas con cueros de guanacos). A través de sus caciques establecían un contacto con-
5 Los promotores más activos de la expansión marítima española en el litoral atlántico fueron el
Ministro del Rey , José de Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca y el Ministro Universal de Indias, José de
Gálvez (antiguo visitador de Nueva España y Marqués de Sonora) (Benedicto 1967, entre otros).
Figura 1: Mapa que muestra el P artido de Patagones y
la ciudad cabecera de Carmen de P atagones, al sur de la
provincia de Buenos Aires.
2 81
POR TIERRAS MARA GAT AS DE LA MANO DE UN ANTROPÓLOGO LEONÉS
tinuo con los militares del fuerte y los pobladores, e intercambiaban variedad de produc-
tos (Nacuzzi 200 2; Nacuzzi 20 1 1).
Nuestra Señora del Carmen fue la única colonia originada por el Proyecto P atagó-
nico que, no solo logró sobrevivir , sino que se convirtió en un centro fundamental de
comercio y exploración del norte de la región, convirtiéndose en el poblado más antiguo
de la P atagonia que sobrevivió hasta el presente.
P rimeros coLonos esP añoLes
El plan de poblamiento puesto en marcha contempló un sistema de reclutamiento
único hasta el momento que implicó la captación de familias peninsulares de labradores
a través de un contrato por un año para poblar y hacer productivas las tierras a las que
fueran destinados a cambio de un salario (Apolant 197 0). El área de captación se centró
en la franja noroeste de España, fue así como a Nuestra Señora del Carmen arribaron
principalmente familias castellano-leonesas y , entre ellas, numerosas personas prove-
nientes de la Maragatería y áreas aledañas. La impronta de aquellos colonos fue tan
significativa que actualmente a los nacidos en Carmen de P atagones se los denomina
«maragatos».
De las 192 1 personas que, entre hombres, mujeres y niños, partieron desde el puerto
de la Coruña, solamente se destinaron 18 1 al Fuerte del Río Negro (según cálculos ba-
sados en Apolant 197 0). Los primeros envíos destinados a Nuestra Señora del Carmen
fueron conformados por familias y solteros provenientes de Galicia en su mayoría, recién
a partir de septiembre de 1780 comenzó a diversificarse el origen de los llegados, siendo
la mayoría de Castilla y León, luego Asturias y en menor medida distintas ciudades de
Andalucía y de Extremadura, V alencia, los P aíses V ascos, Cataluña, Murcia, entre otras
(Apolant 197 0; P orro Gutiérrez 1995).
P ara corroborar el perfil de esta inmigración y profundizar los datos existentes (Apo-
lant 197 0, entre otros), se encaró un estudio de fuentes históricas parroquiales (Libros
P arroquiales de Bautismo y de Matrimonio del Establecimiento del Río Negro), comple-
mentado por el trabajo efectuado de entrevistas e historia de vida a los descendientes de
los fundadores (8va y 9na generación de maragatos en Carmen de P atagones). El origen
de los 18 1 españoles pioneros era, como ya se dijo, principalmente castellano-leonés,
las localidades de las que provenían la mayor cantidad de personas fueron: el Obispado
de Astorga, León, Zamora, Salamanca, T oro, V alladolid, entre otras; dentro de ellas fue
realmente notoria la cantidad de familias provenientes de distintos poblados corres-
288
m aría L aura c asanueV a
o complementaria de la casa rural, típica de zonas aptas para la elaboración tradicional
del vino (Fernández Balbuena 1922; Alonso P onga 1994; Nieto González 200 7). Sig-
nificativa es la presencia de estas estructuras en las provincias de V alladolid, Burgos,
Zamora, P alencia, Segovia y principalmente León (inclusive a escasos kilómetros de la
ciudad de Astorga), entre otras localizaciones.
Se sabe, por lo tanto, que en la meseta castellano-leonesa existen zonas áridas óp-
timas para el desarrollo de la vid, en donde el subsuelo constituye una profunda capa
de arcilla compacta y consistente. En estas tierras los campesinos perforaron bodegas
o cuevas de barro a base de pico y pala. Construidas unas al lado de las otras, llegan a
constituir agrupaciones numerosas que forman conjuntos que caracterizan el paisaje
tradicional de la región (Fernández Balbuena 1922; Alonso P onga 1994; P onga Mayo y
Rodríguez Rodríguez 2003; Nieto González 200 7).
El manejo de estas técnicas constructivas ancestrales ancladas en las tradiciones
rurales castellano-leonesas, alentadas por características topográficas similares a las de
origen que permitían la utilización de las mismas simples herramientas con las que se
contaba (picos y palas), seguramente orientaron rápidamente el labrado de las cuevas
en las barrancas del río Negro para luego adaptarlas como viviendas (Figuras 4 y 5)
(Casanueva 20 15-20 16; 20 16).
Cuevas y casas maragatas . P or otro lado, la arquitectura tradicional de la burguesía
arriera maragata se caracterizó por grandes casas de piedra erigidas como pequeñas
fortalezas, que resguardaban la intimidad de la familia, sus mulos y los bienes que estos
arrieros comerciaban (Rubio Pérez 1995; 2003). Estas casas se caracterizaban por poseer
pocas y pequeñas ventanas y una única gran puerta de acceso para animales, personas
y mercancías; estas características llevaron seguramente a que los maragatos se acos-
tumbraran a vivir con poca luminosidad y una deficiente circulación de aire al interior de
la propiedad, características que también distinguen a una cueva. Un ambiente de este
Figura 4: Vista de una de las cuevas maragatas (CM2). Foto extraída del Blog de Rubén Pinella.
289
POR TIERRAS MARA GAT AS DE LA MANO DE UN ANTROPÓLOGO LEONÉS
tipo ayudó, sin dudas en Carmen, a atemperar los rigores de los inviernos patagónicos
y a mantener la frescura en los veranos. T al vez los maragatos españoles, al estar ya
habituados a climas de meseta árida con amplitudes térmicas muy marcadas, mostraron
mayor predisposición para habitar las moradas de arenisca rionegrina y perdurar en ellas
a lo largo del tiempo.
Adhiere a esta interpretación, el hecho de que determinadas características idiosin-
cráticas de los maragatos (grupo notoriamente endogámico, cerrado en sí mismo y en
sus costumbres, valores y tradiciones), así como el carácter excéntrico y apesadumbrado
(Rubio Pérez 1995; 2003; Blanco Alonso 2005), sumado a estas costumbres de habita-
ción, pudieron haber facilitado la vida de los maragatos ibéricos en estas estructuras
de cavado (Casanueva 20 13a). Distintas fuentes enfatizan que fueron estos los que
continuaron utilizándolas (Apolant 197 0) aún en momentos donde las casas habían co-
menzado a ser levantadas y el poblado contaba con mayores medios económicos y podía
ofrecer más comodidades a sus habitantes (Nozzi 1983; Bustos 1989).
e L g entiLicio m ara ga to
En cuanto al gentilicio maragato que identifica a los nacidos en Carmen de P atago-
nes, este puede desprenderse de una suma de características que fueron construyendo
la tradición inmaterial de este poblado patagónico. Luego de la investigación realizada
son varios los puntos de contacto establecidos entre los maragatos ibéricos y los pata-
gónicos (Casanueva 20 16):
Figura 5: Una típica bodega subterránea en Alcuetas, León. Foto: M. L. Casanueva.
290
m aría L aura c asanueV a
• En primera instancia, podría explicarse la fuerza del patronímico maragato en las pro -
pias características de aquel grupo humano, arriero y comerciante en origen (Blanco
Alonso 2005), el que pudo conservar esa ocupación en América y ser conocido en el resto
de la P atagonia gracias a ella (Rubio Pérez 2003); debe tenerse en cuenta que el enclave
patagónico fue un centro comercial y de intercambio de extremada importancia en el que
seguramente los maragatos, valiéndose de sus oficios de mercaderes y viajantes, cum-
plieron un rol protagónico en la dirección de las transacciones comerciales del poblado.
• T ambién se destaca su formación, ya que su mismo oficio les exigía saber firmar (segu -
ramente también leer) y nociones mínimas de contabilidad. Estas cualidades 8 , que pudie-
ron elevarlos por sobre el nivel del resto del grupo llegado al Fuerte de Nuestra Señora
del Carmen, pueden rastrearse en las firmas de varios maragatos en las cartas de reclamo
escritas y expedidas a las autoridades virreinales a causa del incumplimiento por parte de
estas y el consiguiente descontento de los pobladores (Apolant 197 0: 126 a 129).
• Mientras que, su identidad de grupo y su actividad comercial de origen debió conferirles
una organización interna, personalidad y carácter (Rubio Pérez 2003) que ayudó a que
mantuvieran su definición como grupo en la nueva fundación patagónica. Quizás estas
características los facultaron para liderar y destacarse en el nuevo entorno y hacer frente
a las situaciones adversas, así el gentilicio maragato, desde las costas del río Negro, co-
menzó a extenderse en el espacio y en el tiempo.
• Se propone, además, la idea de «área maragata de influencia y de transmisión de infor -
mación» (Casanueva 20 16). Analizando las distintas rutas de comercio de los maragatos
españoles en su época de esplendor (Rubio Pérez 1995:20 7), se aprecia una gran coin -
cidencia con las ciudades recorridas por estos y las ciudades de donde provenían varios
de los fundadores de Nuestra Señora del Carmen (estudio de los Libros P arroquiales). En
definitiva, como ya se mencionó, destacan en la «colonia patagónica» un número cuan-
tioso de familias oriundas de distintos poblados correspondientes al Obispado de Astorga
(especialmente: P onferrada, Benavente, El Bierzo), así como distintos pueblos de la Ma-
ragatería. Asimismo, existen muchos pobladores originarios de distintas localidades muy
cercanas entre sí que circundaban a la Maragatería y que coinciden con puntos involu-
crados en las rutas de comercio de los maragatos españoles, como: V ega de Infanzones,
Sanabria, Grajal de Campos y Escobar de Campos, Villacreces, La Bañeza, etc. (Rubio Pérez
1995:20 7 y Libros P arroquiales del Establecimiento del Río Negro). A su vez, y también
coincidiendo con los puntos de mayor expulsión de personas hacia las nuevas colonias
americanas (Apolant 197 0; P orro Gutiérrez 1995; etc.), las rutas maragatas del siglo XViii
8 Se debe tener en cuenta que para el siglo XViii y hasta muy avanzado el siglo XiX , la mayor parte
de la población europea era campesina, en este mundo rural era sobresaliente el mundo oral de los no
alfabetizados; dentro de este contexto el analfabetismo representaba un obstáculo solo para aquellos cuyos
negocios hacían necesario tal conocimiento (Hobsbawm 20 1 0), como por ejemplo los arrieros maragatos.
2 91
POR TIERRAS MARA GAT AS DE LA MANO DE UN ANTROPÓLOGO LEONÉS
establecían fuertes lazos de comercio con ciudades como (además de Astorga) León, T oro,
Salamanca, Zamora, V alladolid, y varias ciudades de Galicia y Asturias.
Se sostiene, por lo tanto, que muy probablemente los maragatos tuvieron una parti-
cipación de relevante importancia (a la hora de transmitir información) en el movimien-
to de familias hacia las nuevas colonias americanas, de ahí presumiblemente la relación
directa que se establece entre los orígenes de Nuestra Señora del Carmen y ellos.
En pocas palabras, fue notoria la influencia maragata (así como castellano-leonesa)
en el poblado patagónico, su fuerte identidad marcó la idiosincrasia del lugar orientan-
do los primigenios afincamientos, oficios y producciones, así como generando tradicio-
nes, todo lo que afirma el papel protagónico que se les confirió en la gesta fundacional
(Casanueva 20 16).
P aLabras finaLes
En estas historias trasatlánticas, las cuevas-hogar de Carmen de P atagones fueron el
resultado del amalgamiento del conocimiento arquitectónico aportado desde los reinos
de Castilla y León y la desesperación por salvaguardar a niños, mujeres y ancianos. Lo
que hoy representa un entramado arquitectónico pintoresco, de singular originalidad,
representó la urgencia más crítica frente a la intemperie e indefensión a finales del siglo
XViii . En definitiva, aquellos españoles construyeron una férrea identidad en los lejanos
territorios patagónicos, donde aún hoy la impronta castellano-leonesa se muestra altiva,
siendo los maragatos los que asumieron la epopeya fundacional, impregnando de una
fuerte identificación y personalidad al poblado más antiguo de la P atagonia argentina.
Y retomando en el siglo XXi este camino trasatlántico, entre memorias, objetos y tra-
diciones, nuevamente América y España se entrelazan a través de experiencias de vida
y académicas, en este transitar destaco la generosidad de José Luis, el compromiso para
conmigo, y la sencillez de una persona de profundo saber . Esperanzada por los proyectos
a futuro que todavía podemos concretar , cierro este «Diario de viaje maragato» con un
infinito agradecimiento y respeto.
a gradecimientos
En España: a José Luis Alonso P onga; a Carlos Junquera Rubio; a María Isabel Mar-
tínez Navarrete; a T omás Mañanes Pérez; a Pilar P anero García; a Jesús María P orro
Gutiérrez; al maragato de Santiago Millas, a Francisco Celada; a José Ramón Ortiz del
Cueto; a Adelina Martínez González y a Carmen Rodríguez Morala. En Argentina: a An-
drea Murgo; a Cecilia Pérez de Micou; a Analía Castro Esnal; a Guillermo W alter Alegre;
292
m aría L aura c asanueV a
a Natalia Bellini. Al P ersonal del Museo Histórico Regional Emma Nozzi de Carmen de
P atagones; a la Asociación Española Mutualista y Cultural de P atagones y Biblioteca
P opular Cervantes; a la Dirección de P atrimonio Histórico de P atagones; a todos los
vecinos de Carmen de P atagones. Al personal de la Biblioteca Histórica Provincial de
Río Negro y del Museo Antropológico Histórico «Gobernador Eugenio T ello» de Viedma.
A la Federación de Sociedades Castellanas y Leonesas de la República Argentina y a los
miembros del Centro Maragato V al de San Lorenzo de Buenos Aires.
f uentes utiLizad as
f uentes Primarias
e n a rgentina
• Archivo Histórico de P atagones
Libro P arroquial Nº 1 de Matrimonios del Fuerte del Carmen, Río Negro, Costa P atagónica. Período
1780 a 1858.
Libro P arroquial de Bautismos del Fuerte del Carmen, Río Negro, Costa P atagónica. Período 1804 a
1839.
e n e sP aña
• Archivo General de Simancas
Dirección General de Rentas (1ra. Remesa). Comprobaciones y Resúmenes de los pueblos de la Provin-
cia de León. Año 176 1 (Legajos 1425, 1440 y 1435).
• Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (P eríodo considerado 1775 a 1790)
Pleitos Civiles (Pl. Civiles. Pérez Alonso (F). Caja 3472.0005 – Legajo 0695 / Pl. Civiles. Fernando Alonso
(D). Caja 0322.0004 – Legajo 0 1 01.
Pleitos Criminales (Pl. Criminales Alonso de Liébano Mancebo (OLV). Caja 04 14.0008 – Legajo 009 1.
Ejecutorías de Hidalguía (Caja 0275.0008).
293
POR TIERRAS MARA GAT AS DE LA MANO DE UN ANTROPÓLOGO LEONÉS
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Internacional de Geocrítica.
295
r esumen
En las dos últimas décadas, desde la disciplina geográfica se ha realizado un notable
esfuerzo conceptual y metodológico para interpretar los procesos de patrimonializa-
ción territorial. En este proceso, conceptos como los paisajes patrimoniales y nociones
asociadas, como los vectores de patrimonialización, han ido adquiriendo un protago-
nismo notable. En este contexto, la presente aportación propone subrayar el papel que,
para este fin, supone hacer uso de nuevas herramientas y fuentes de datos de carácter
masivo, como los que proporciona la red social Instagram. Como ámbito de trabajo y
experimentación se ha elegido el municipio de V alderas, representativo de la comarca de
Tierra de Campos, como así lo hizo el profesor Alonso P onga hace dos décadas (1999a).
El valor patrimonial de muchos elementos materiales e inmateriales presentes en estos
paisajes cotidianos ha quedado demostrado en el amplio y sólido trabajo de Alonso P on-
ga, que atiende aspectos que van desde el poblamiento de origen medieval (198 1), las
fiestas y religiosidad popular (1992, 1999b), hasta la arquitectura del tapial y el adobe
(1990, 1994). El objetivo principal de este capítulo es afianzar esa labor dando a conocer
en qué grado Instagram, y en especial las fotografías con información espacial de sus
l as redes sociales como Herramient a
p ara entender los procesos de
p a trimonialiZa ción social en p ais ajes
cotidianos : el municipio de v alderas
(l eón ) en i nst a gram
i dentifica tion of sociaL herit a ge Vectors in
eVeryd a y LandscaPes a t LocaL scaLe through
i nst a gram : the case of V aLderas municiP aLity
Daniel Herrero Luque
Universidad de Burgos
Eugenio Baraja Rodríguez
Universidad de V alladolid
296
d anieL h errero L uQue y e ugenio b araJa r odríguez
perfiles públicos, pueden ser un instrumento útil para la identificación de los elementos
que orientan la identidad local en paisajes cotidianos.
P alabras claVe : redes sociales; procesos de patrimonialización; vectores patrimonia-
les; paisaje cotidiano; patrimonio vernacular .
a bstra ct
In the last two decades, a large conceptual and methodological effort has been
made from the geographical discipline to interpret the processes of territorial heritagi-
zation. In this process, concepts such as heritage landscapes and associated notions,
such as heritage vectors, have acquired a notable role. In this context, this contribution
proposes to underline the role of new tools and massive data sources, such as those
provided by Instagram. The municipality of V alderas, representative of the Tierra de
Campos region, has been chosen as the field of work and example, as Professor Alonso
P onga did two decades ago (1999a). The heritage value of many material and immaterial
elements that make up these everyday landscapes has been demonstrated in the broad
and solid work from the settlement of medieval origin (Alonso P onga 198 1), the festivi-
ties and popular religiosity (1999b), to the mud-brick architecture and earth structures
(Alonso P onga 1990, 1994). The main objective of this work is to know to what extent
Instagram, and especially the photos with spatial information of their public profiles,
can become an instrument for the identification of local identity vectors in everyday
landscapes.
K eywords : social media; heritagization; heritage vectors; everyday landscape; Tierra
de Campos.
1. i ntroducción
La densa y sólida producción científica del profesor Alonso P onga pone en evidencia
su constante preocupación por el patrimonio cultural de Castilla y León. De su amplio
legado bibliográfico, cabe destacar el constante deseo de aportar datos sobre la dinámi-
ca de los espacios cotidianos, especialmente aquellos de dominante agraria, a través del
análisis tanto de su realidad física como de sus manifestaciones culturales. Las aporta-
ciones de Alonso P onga, además de referencias imprescindibles para los investigadores
sobre patrimonio, son, en ocasiones, las únicas que de manera rigurosa abordan el estu-
dio de elementos y manifestaciones culturales de numerosos municipios y comarcas, lo
que le hace merecedor de un especial reconocimiento por su labor en favor de una cul-
tura vernácula que es sabia viva de nuestros paisajes. Una tarea a la que modestamente
297
LAS REDES SOCIALES COMO HERRAMIENT A P ARA ENTENDER LOS PROCESOS DE P ATRIMONIALIZA CIÓN
SOCIAL EN P AISAJES COTIDIANOS: EL MUNICIPIO DE V ALDERAS (LEÓN) EN INSTA GRAM
queremos contribuir desde la disciplina geográfica con la incorporación de la dimensión
territorial al nuevo paradigma del patrimonio. Esto significa, grosso modo , desplazar
el foco de atención desde el objeto hasta el sujeto (agente de patrimonialización). Se
trata, en definitiva, de una nueva mirada de la que la Geografía participa en su empeño
por aportar herramientas para el análisis de los paisajes desde un enfoque patrimonial.
En este sentido, asistimos a la aparición de nuevas herramientas repletas de posibi-
lidades, como los datos masivos que proporcionan las redes sociales (Gutiérrez Puebla,
García P alomares y Salas Olmedo 20 16). Entendemos que son fuentes complementarias,
pero necesarias para el enriquecimiento de otros métodos tradicionales, especialmen-
te el trabajo de campo y de archivo, a los que el profesor Alonso P onga se refiere, de
manera reiterada, como premisa básica de toda investigación, y que, como geógrafos,
los autores del presente trabajo comparten plenamente. Esta aportación parte de la
siguiente hipótesis: la generalización del uso de dispositivos móviles con cámara y el
alcance global de redes sociales donde la fotografía es su referente (como es el caso de
Instagram), ha convertido en una práctica común fotografiar y compartir públicamente
lo cotidiano, lo que le convierte en una importante fuente de datos para los estudios
de las ciencias sociales. En la red social Instagram se almacenan numerosas fotografías
con información espacial (etiqueta y ubicación), temporal (fecha de publicación) y de
contenido (usuario, título y likes ) que tras su descarga, georreferenciación y clasifica-
ción nos permiten responder a las siguientes preguntas: ¿desde dónde se mira y qué se
fotografía? Y , desde esa posición, rastreando la intención, ¿cuáles son los elementos
patrimoniales de identidad local?
Como se ha indicado, este trabajo tiene como objetivo aproximarnos a Instagram
para conocer en qué grado puede ser utilizada como herramienta a escala local para la
identificación de aquellos elementos que, presentes en los paisajes cotidianos, poseen
un valor identitario para la población local y son resaltados por la población vinculada 1 .
Seleccionamos el municipio de V alderas como ámbito de estudio al ser representativo
de un paisaje de honda raigambre geográfica y de notable valor patrimonial como el de
1 El Instituto Nacional de Estadística (INE) define la población vinculada de un municipio como «el
conjunto de personas que tienen algún tipo de vinculación con él, ya sea porque residen allí, porque trabajan
o estudian allí o porque suelen pasar en él ciertos períodos de tiempo (vacaciones, fines de semana...) durante
el año». En este caso, identificamos la población residente con la población local, considerando el resto de las
situaciones que contempla la definición como población vinculada.
304
d anieL h errero L uQue y e ugenio b araJa r odríguez
dentro de la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEP A) P enillanuras-Campos Nor-
te. P or esta razón hablamos de paisajes ordinarios, familiares, alejados de una apariencia
o fisonomía excepcional. Son los paisajes en los que se desenvuelve la existencia del
ciudadano común y donde, por su condición dinámica, se están produciendo las mayores
transformaciones. Es en estos espacios cotidianos donde, como se indicaba más arriba,
resulta más legítimo apelar a la calidad de vida, al derecho a disfrutar de un entorno
de calidad, como enfatiza el Convenio Europeo del P aisaje 9 , mediante una gestión te-
rritorial adecuada que integre el acondicionamiento, el respeto y la conservación de los
elementos que aglutinan la identidad local. La labor de identificación de esos vectores
permite emprender con garantías la selección de aquellos paisajes a escala local que
resulten de interés patrimonial, por ser los que mejor sinteticen y transmiten unas señas
de identidad que la población local y visitantes reconozcan y compartan.
5. m étodo y fuentes : recoPiLa ción y tra t amiento de d a tos de
i nst a gram
El procedimiento metodológico seguido en el proceso de identificación de los atribu-
tos patrimoniales del municipio de V alderas parte de la selección de las fotografías con
información espacial, de perfiles públicos, que tengan asociada la ubicación V alderas ,
Spain, o que aparezcan acompañadas de la geoetiqueta #valderas . El rango temporal es
amplio, pues abarca desde agosto de 20 12, cuando se publica la primera fotografía con
información espacial de V alderas, hasta el día 15 de julio de 20 20, y el resultado es de
un total de 4669 fotografías originales descargadas no duplicadas.
T ras la descarga, el siguiente paso consiste en la revisión manual de las publica-
ciones 10 , seleccionando para identificar los elementos identitarios locales de carácter
material las fotografías que muestran intencionadamente el paisaje del municipio (fo-
tografías de tipo paisaje, sin personas). Seleccionamos 474 fotografías de tipo paisaje,
publicadas por tres tipos de usuarios, pertenecientes a las categorías de población fo-
ránea, vinculada y local. La relación que evidencian personas locales y vinculadas con
el paisaje constituye la vía para identificar sus elementos identitarios, pues en él se
reconocen y se valoran ciertas características que lo distinguen de otros, despertando
9 Consejo de Europa (2000): Convenio Europeo del P aisaje (versión española), Ministerio de Asuntos
Exteriores.
10 Han sido excluidas fotografías con características reconocibles de otros lugares, como sucede con
algunas realizadas en barrio de San José de Valderas (Alcorcón, Madrid), así como fotografías donde el cielo y
distintos fenómenos meteorológicos (atardeceres, nubes, nieve, arco iris, etc.) son los protagonistas.
305
LAS REDES SOCIALES COMO HERRAMIENT A P ARA ENTENDER LOS PROCESOS DE P ATRIMONIALIZA CIÓN
SOCIAL EN P AISAJES COTIDIANOS: EL MUNICIPIO DE V ALDERAS (LEÓN) EN INSTA GRAM
sentimientos de vinculación al lugar . De manera concreta, la categorización de los usua-
rios se ha realizado a partir del análisis de la información disponible en sus perfiles y
publicaciones, prestando especial atención a la localización de las fotografías, la fecha,
la frecuencia por localización y los comentarios que acompañan a las fotos. La población
foránea realiza, por lo general, una única publicación, que puede contener hasta diez
fotografías representativas de su estancia en la localidad. Los usuarios correspondientes
a la población vinculada muestran en su perfil publicaciones de sus lugares de residen-
cia o de los lugares que frecuentan. T ambién, aunque publiquen varias de Valderas a
lo largo del periodo definido, estas se concentran en días o periodos vacacionales. Los
usuarios locales, por último, se identifican a través del análisis de la fecha, el número,
los comentarios y la localización del conjunto de fotografías de sus perfiles, presentando
las fotos de V alderas una mayor discrecionalidad temporal. Aparte de las fotografías de
tipo paisaje, que hemos seleccionado para la identificación de los vectores materiales de
patrimonialización, reservamos fotografías de personas, de actividades, de productos, de
interiores, etc. publicadas por la población vinculada y local para identificar los vectores
inmateriales y que completan el proceso de patrimonialización social en V alderas.
P ara acometer la tarea de identificación de elementos de identidad local de carácter
material, seleccionamos las 247 fotografías de tipo paisaje que suman las publicadas
por la población local y por la población vinculada. A esa selección le excluimos las
1 0 imágenes del perfil de la Oficina de T urismo de la localidad 11 , por lo que su número
desciende a un total de 237. A continuación, necesitamos corregir el sesgo causado por
el sistema de geoetiquetado de Instagram. Sucede que las «ubicaciones» (utilizando la
terminología de Instagram), tienen asociadas unas coordenadas en el sistema WGS84,
que, en el caso de V alderas , Spain son 42.0 7649 -5.442. Este hecho nos impide conocer
de forma automática y precisa el lugar desde donde han sido tomadas las fotografías,
procediendo a georreferenciar manualmente las 237 fotografías de tipo paisaje selec-
cionadas, aunque finalmente para 8 de ellas no se ha logrado identificar el lugar de la
toma de la instantánea, descartándolas del análisis.
11 La cuenta tiene una intencionalidad que distorsiona el objetivo perseguido en este estudio, pues
persigue la promoción de la localidad a través de imágenes de los monumentos más representativos de la villa.
Excluimos del análisis 1 0 fotografías.
Seleccionadas
Georreferenciadas
Sin georreferenciar
Vinculado
Local
Total
Vinculado
Local
Total
Vinculado
Local
Total
Usuarios
18
19
37
18
19
37
3
2
5
Fotografías
106
131
237
100
129
229
6
2
8
1
Tabla 1: Número de usuarios y de fotografías seleccionadas por tipo de usuario para la identificación de procesos de
patrimonialización vernacular o social
306
d anieL h errero L uQue y e ugenio b araJa r odríguez
Georreferenciadas 229 fotografías para la identificación de los elementos de identi-
dad local de carácter material, se ha procedido a incorporar para cada una la dirección
hacia la que la fotografía ha sido capturada (entre 0º y 359.99º) y las coordenadas de
la posición del elemento fotografiado, así como el ángulo de visión de la fotografía,
calculado por defecto usando la distancia focal equivalente a 35 mm de la imagen. Esta
información nos permite ir más allá del propio elemento fotografiado, identificando,
mediante la representación de los campos visuales, los espacios que participan del idea-
rio colectivo. Nos servimos de este material para identificar los elementos y espacios a
los que la población local y vinculada asigna la cualidad de condensar las claves de la
identidad local de carácter material. Son los ámbitos que hemos denominado «unidades
espaciales de patrimonialización social».
Figura 2. Localización de los puntos de toma de las 229 fotografías georreferenciadas de tipo paisaje. Elaboración propia.
Figura 3. Campos visuales de las 229 fotografías analizadas de tipo paisaje. Elaboración propia.
3 07
LAS REDES SOCIALES COMO HERRAMIENT A P ARA ENTENDER LOS PROCESOS DE P ATRIMONIALIZA CIÓN
SOCIAL EN P AISAJES COTIDIANOS: EL MUNICIPIO DE V ALDERAS (LEÓN) EN INSTA GRAM
6. r esuL t ados : Las unid ades esP a ciaLes de P a trimoniaLiza ción sociaL
El análisis de los patrones determinados por la localización de las fotografías de tipo
paisaje, y el campo visual de cada una de ellas, nos permiten identificar tres unidades en
las que población local y vinculada concentra la asignación de valores patrimoniales de
carácter material. Desde ellas se han tomado el 88 % de las fotografías. El 12% restante,
pese a que presentan una mayor dispersión, refuerzan el valor de esta selección, pues
enfatizan el carácter de cada una de las tres grandes unidades de paisaje: la vega, las
terrazas fluviales de la margen derecha del Cea (la piedra) y la campiña arcillosa de la
margen izquierda (la loma).
Las unidades espaciales de patrimonialización social, identificadas por orden de
concentración de fotografías tomadas dentro de ellas, son las siguientes:
1. El núcleo de población, que representa el 45.8 % de las fotografías analizadas.
2. El sector central de la vega de V alderas, comprendido entre el núcleo de po-
blación, la ermita de Otero, la cañada Zamorana y la carretera V alencia, con el
22.3 %.
3. El espacio popularmente conocido como El Molino, representado por el 20 %
de las fotografías de tipo paisaje analizadas.
Figura 4: Localización de las fotografías de tipo paisaje analizadas y delimitación
de las tres unidades de patrimonialización social. Elaboración propia.
308
d anieL h errero L uQue y e ugenio b araJa r odríguez
6.1. e L núcLeo de V aLderas : Lugar de Vid a y concentra ción de bienes
P a trimoniaLes reconocidos institucionaLmente
El núcleo de población de V alderas es el lugar desde el que se toma casi la mitad de
las fotografías publicadas en Instagram. Este protagonismo se debe tanto a ser el lugar
de vida y habitación en el que discurre el día a día de la población, como a la concen-
tración de elementos de valor patrimonial que justificaron en su momento la declara-
ción de parte del núcleo como Conjunto Histórico Artístico. En esta primera unidad, la
distribución por tipo de usuario revela una menor consideración por lo cotidiano de la
población local (el 37 % de las fotografías), frente al interés de la población vinculada
(el 63 %). P ese a sus dimensiones acotadas, la concentración de tomas permite diferen-
ciar ciertos espacios que suscitan particular interés:
Figura 5: V ectores materiales de patrimonialización de Valderas identificados a partir de las 229 fotografías
georreferenciadas de tipo paisaje. Elaboración propia.
309
LAS REDES SOCIALES COMO HERRAMIENT A P ARA ENTENDER LOS PROCESOS DE P ATRIMONIALIZA CIÓN
SOCIAL EN P AISAJES COTIDIANOS: EL MUNICIPIO DE V ALDERAS (LEÓN) EN INSTA GRAM
· Los promontorios de La Altafría y de Los Castillos, y la culminación del borde
septentrional del cerro sobre el que se asienta la villa (popularmente identi-
ficado como Los Miradores).
· El resto del núcleo urbano, compuesto por el caserío tradicional y las cons-
trucciones más recientes al sur y este de la villa.
Figura 6: P anorámica general del perfil de Valderas desde la vega del Cea, sobre la que destacan los torreones del
castillo y el campanario de Santa María del Azogue. D. Herrero y E. Baraja.
Figura 7: Vista general del caserío de Valderas desde «Los Castillos» (83 1 m), sobre el que resalta la verticalidad de la
Iglesia de San Juan y los silos de cereal. Al fondo el perfil de las lomas y tesos de Tierra de Campos, de entre los que
destaca el Teso de San Vicente (835 m). D. Herrero y E. Baraja.
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d anieL h errero L uQue y e ugenio b araJa r odríguez
El espacio de La Altafría-Los Castillos-Los Miradores posee un protagonismo deter-
minante. T res motivos avalan esta afirmación: primero, desde aquí se toma cerca de la
mitad de las fotografías capturadas en el núcleo de población, pues ofrece excepcio-
nales vistas panorámicas sobre la vega del Cea (al norte, figura 8) y sobre los tejados
de la villa, enmarcados por las campiñas cerealistas de Tierra de Campos (al sur , figura
7); segundo, este espacio –a veces, simplemente su perfil- aparece representado en la
mayoría de las fotografías tomadas desde el exterior del núcleo de población; y , tercero,
acoge en su interior un elemento tangibles de gran significación colectiva, el castillo,
compuesto por dos torreones y el lienzo de muralla que los une, que además de estar
institucionalmente reconocido como BIC, concentra la mayor carga simbólica y de iden-
tidad local del municipio.
Del análisis de las fotografías compartidas en la red Instagram y tomadas en el resto
del núcleo urbano se pueden hacer las siguientes consideraciones:
· La población vinculada tiene predilección por las plazas monumentales (Pla-
za Mayor y Plaza Ramón y Cajal), los edificios singulares de reconocido valor
patrimonial y otros elementos puntuales como zaguanes, puertas, portalo-
nes, balcones y elementos vegetales ornamentales. T odos ellos dentro del
espacio reconocido como Conjunto Histórico Artístico. El único elemento que
aparece fotografiado en más de una publicación fuera del Conjunto Histórico
es el silo de cereales, perteneciente a la antigua Red Nacional de Silos que
era gestionada por el Servicio Nacional de T rigo.
· A diferencia de la anterior categoría, la población local desatiende la mo-
numentalidad de la villa, institucionalmente reconocida, a excepción del
Castillo y del Antiguo Seminario, los dos únicos edificios de reconocido va-
lor patrimonial que son fotografiados en más de una ocasión por diferentes
usuarios.
· Más allá de los elementos patrimoniales identificados, encontramos que
ambos colectivos fotografían de forma recurrente los carteles de entrada
al pueblo, que no presentan ninguna singularidad señalética o formal, pero
tienen una marcada intención de subrayar la primera seña de identidad del
núcleo: su nombre.
Además de los elementos de identidad local identificados mediante las fotografías
de paisaje seleccionadas, cabe reseñar manifestaciones culturales y otros elementos de
gran significación local que se concentran en el núcleo de población, empezando por
el que singulariza a la villa a escala regional e incluso nacional, el bacalao «al estilo
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SOCIAL EN P AISAJES COTIDIANOS: EL MUNICIPIO DE V ALDERAS (LEÓN) EN INSTA GRAM
V alderas» preparado con ajo, aceite y pimentón y servido en la característica cazuela de
barro con el aceite borboteando. Le siguen otros productos locales como el vino rosado,
el mosto «Caño», el queso curado, «la rosca» de pan, el embutido, la repostería e incluso
tapas que son especialidad de algunos bares como el bacalao rebozado y las patatas.
Otras manifestaciones culturales son el mercado semanal, los festejos taurinos, las ac-
tividades culturales y deportivas, los ritos de paso como los quintos, rituales litúrgicos
y de bendición de campos, carnavales, desfiles de peñas y «el tapeo» en los bares. Otra
manifestación identificada, pero que se concentra en el borde del escarpe, es el acto
de contemplar el paisaje, la voluntad de mirar el territorio. En estos espacios tanto la
población local, la vinculada, como los visitantes se detienen a valorar e identificar dis-
tintos elementos en función de sus inquietudes y de su relación con el lugar .
6.2. L a Vega deL c ea : esP a cio de tránsito y reLa ción
La segunda unidad está claramente delimitada en el imaginario colectivo de la po-
blación a partir de los siguientes elementos: el escarpe del pueblo, la ermita de Otero,
la cañada Zamorana y la carretera V alencia, cubriendo un espacio de aproximadamente
27 0 hectáreas. Esta unidad es atravesada de este a oeste por el río Cea, y le cruzan en
distintas direcciones una densa red de caminos (mermada tras las intervenciones de
concentración parcelaria de 20 1 0). En esta unidad identificamos las siguientes referen-
cias patrimoniales materiales, convenientemente categorizadas, pues es en ella donde
los patrones de los dos colectivos más se diferencian:
· La población local toma fotografías desde cualquiera de las carreteras y ca-
minos que delimitan y vertebran la unidad, desde la ermita de Otero, los 5
puentes que cruzan el río y , de forma puntual, desde viñedos y huertas. El
campo de visión y el punto de enfoque de muchas de ellas están situados so-
bre el perfil que dibuja la villa sobre el cerro, que rompe la horizontalidad de
la llanura y del que sobresalen los campanarios de las iglesias, los torreones
del castillo e incluso el silo de cereales. Los otros elementos sobre los que la
población local pone el foco son de muy diferente naturaleza: la ermita de
Otero y las cepas de un majuelo situado cerca de ella, el complejo en ruinas
de la antigua fábrica de harinas «La estrella de Campos», el río, los puentes,
árboles aislados, casetas abandonadas y… hasta la cada vez más inusual es-
tampa de un hato de ovejas desplazándose por la cañada.
· Las fotografías publicadas por la población vinculada muestran que estas
personas apenas se adentran en la unidad, pues están tomadas en su mayoría
desde las carreteras perimetrales y desde alguno de los miradores de la villa.
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d anieL h errero L uQue y e ugenio b araJa r odríguez
En consecuencia, el campo visual de las fotografías tomadas dentro de la
unidad es más limitado, enfocando los puentes, la propia calzada de las ca-
rreteras y los torreones del castillo. Las únicas fotos tomadas desde el interior
de la unidad corresponden a un mismo usuario, que, situado en el puente de
V arela, se esfuerza por no introducirlo en el encuadre de las fotografías que
hace a la lámina de agua del río.
Las manifestaciones culturales identificadas para esta unidad, a partir de las foto-
grafías de personas, actividades, productos, etc. son de muy diversa índole. Destacan las
romerías de Santa Cruz y de P an y Queso, a la que acompaña, a partir del análisis de las
fotografías, el comensalismo colectivo, baile, actos litúrgicos y consumo de productos
típicos de cada una de las romerías como son: las avellanas y el roscón para la primera, y
el pan y el queso en la segunda, acompañando en ambas romerías del vino rosado. T am-
bién identificamos prácticas como el cultivo de huertas y el pastoreo del ganado ovino
(Figura 8) y actividades como el paseo. En relación con esta última práctica, y por las fo-
tos que los usuarios publican, destacamos la especial atención que presta la población a
las plantas ruderales de los linderos y las cunetas de caminos como el de los Maragatos.
Son numerosas las fotos también de actividades que anualmente se organizan como el
«descenso del Cea» en barcas de autoconstrucción o la «marcha cicloturista» que va des-
de el núcleo de población hasta la ermita de Otero y regresa recorriendo la Zamorana.
Figura 8: Un hato de ovejas pasta en la vega del Cea, entre la Altafría (778 m) -lugar de toma de la fotografía- y el
río Cea (720 m), un espacio intensamente transitado por la población local. Al fondo, la plataforma
del interfluvio Cea-Esla ocupada por la Dehesa de Trasconejos (790 m) y el Monte del Duque (800 m),
y entre ambos espacios la sucesión de terrazas fluviales. D. Herrero y E. Baraja.
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6.3. e L m oLino : La Lectura en cLa Ve na turaL de un esP a cio muL tifuncionaL
La tercera unidad se corresponde con el espacio de aproximadamente 3,2 ha cono-
cido popularmente como El Molino. Es una isla fluvial artificial delimitada al oeste por
el Cea y al este por el cauce molinar , que proveía agua del río a un molino reconvertido
más tarde en fábrica de luz y abandonado finalmente a mediados del siglo pasado. Las
condiciones naturales de la vega propiciaron que allí convergiera la función molinar
y energética, la ganadera y la forestal (plantaciones de chopo). Esta unidad, a la que
incorporamos el camino que le da acceso, en su conjunto, es fotografiada por ambos
grupos de usuarios en proporciones similares, pero los significados que se le asignan
difieren, como podemos apreciar mediante el análisis de los elementos fotografiados.
· La población local otorga valores identitarios a las formas heredadas de las
funciones pretéritas de este espacio (pista de acceso, puente, una chimenea,
caño, etc.) dejando en segundo plano los elementos de dominante natural.
Entre los elementos fotografiados por este segmento de población encon-
tramos dos de especial significación: el Caño T eja y el azud. Este último ele-
mento, que generaba una característica caída de agua, fue derruido en 20 17
por la Confederación Hidrográfica del Duero, desproveyendo a la población
de un hito que concentraba en gran medida la identidad de esta unidad y del
municipio en su conjunto. Sin embargo, el número de fotografías (tanto las
tomadas desde ese lugar , como las que lo tienen como protagonista) no se
Figura 9: Cauce del río Cea superando el espacio que hasta 20 17 ocupaba el azud (izquierda),
dejando seco el canal de derivación (derecha). D. Herrero y E. Baraja.
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