Umbral y su construcción como personaje retórico: una aportación al discurso periodístico español
Abstract
Se aborda en este capítulo la construcción retórica de Umbral como personaje mediante el análisis de dos entrevistas emitidas en RTVE.
Full text
SEVILLA MMXV ILUMINACIONES RENACIMIENTO FRANCISCO UMBRAL Y LA PRENSA VERDADES Y CONTRAVERDADES DEL CUARTO PODER Carlos X. Ardavín Trabanco • Pilar Bellido Navarro • Isabelle Billoo Cadoux • Emilio Blanco • Béatrice Bottin • Bénédicte de Buron-Brun Marta Cabrera Cobos • Marina Casado Hernández • María del Pilar Couceiro • J. Ignacio Díez • José Domingo Dueñas Lorente José María Ferri Coll • Ana Godoy Cossío • Juan Carlos Gómez Alonso • Fernando González Ariza • Víctor Gutiérrez Sanz • Guillermo Laín Corona • Iván Martín Cerezo • Rosa María Navarro Romero • Nuria de Orduña • Carlos Peinado Elliot • Blanca Ripoll Sintes • Javier Rodríguez Pequeño • Rafael Ruiz Pleguezuelos Denis Vigneron • Christian Manso • Marisa Sotelo Vázquez • Carole Viñals • Marta Espinosa Berrocal • Dolores Thion Soriano-Mollá Antonio García Cenador Edición de Bénédicte de Buron-Brun
Colección Iluminaciones (Filología, crítica y ensayo) ** Este volumen no hubiera visto la luz sin la confianza, el apoyo y la ayuda financiera del Laboratorio Arc Atlantique (EA 1925) de la Universidad de Pau et des Pays de l’Adour, el Conseil Régional d’Aquitaine, el Conseil Général des Pyrénées-Atlantiques, la Communauté d’Agglomération de Pau (Francia). Nuestros agradecimientos a todas estas instituciones así como al Ilustre Señor Cónsul General de España en Pau, don Fernando Riquelme Lidón. © Edición: Bénédicte de Buron-Brun © De los autores © 2015. Editorial Renacimiento www.editorialrenacimiento.com polígono nave expo, 17 • 41907 valencina de la concepción (sevilla) tel.: (+34) 955998232 • [email protected] Diseño de cubierta: Equipo Renacimiento Impreso en España • Printed in Spain Al maestro Christian Manso
ÍNDICE Prolegómenos por Bénédicte de Buron-Brun ....... 9 Intelectuales de la casta, pensadores castos y voces castizas: ecos (umbralianos) para una España en crisis, por Carmelo Moreno del Río ........................... 13 José María Ferri Coll: El mundo en una columna. Umbral y lo breve .......................... 35 Víctor Gutiérrez Sanz: Umbral y su construcción como personaje retórico: una aportación al discurso periodístico español ..... 45 José Domingo Dueñas Lorente: Aspectos genéricos en la configuración inicial de la columna umbraliana: exaltación de la oralidad 65 Blanca Ripoll Sintes: Maneras de mirar. Las primeras entrevistas de Francisco Umbral en Destino (1962-1963) ......... 85 Pilar Bellido Navarro: Ethos y estilo en las entrevistas de Umbral: análisis de Mis queridos monstruos ............. 108 Denis Vigneron: Francisco Umbral: la realidad manipulada como creación del monstruo sagrado ................ 133 Bénédicte de Buron-Brun: Galería de retratos: Adolfo Suárez, «el Príncipe de la Transición» ................. 151 Emilio Blanco: Luis María Anson y Francisco Umbral: una amistad con polémica ....................... 187
Juan Carlos Gómez Alonso: Umbral no quiere ir a los toros: polémicas y banderillas taurinas a políticos, escritores y periodistas en los artículos publicados por Francisco Umbral en el siglo XXI ... 207 Carlos Peinado Elliot: Francisco Umbral, defensor del franquismo: el ethos irónico en el periodismo umbraliano (1972-1975) .. 235 Rosa María Navarro Romero: La provocación como recurso estilístico ........................... 270 Javier Rodríguez Pequeño: La crítica literaria de Umbral: los alucinados ......................... 283 María del Pilar Couceiro: Polisemia y lejanía ........ 303 Nuria de Orduña: Francisco Umbral: aproximaciones a una crítica sobre el exilio en Días felices en Argüelles .......... 318 Guillermo Laín Corona: Umbral o la rosa rilkeana del periodismo ........................... 336 Carlos X. Ardavín Trabanco: Los Estados Unidos de Francisco Umbral ......................... 367 Marta Cabrera Cobos: A la democracia por la teta ....... 376 Marina Casado Hernández: «Con Franco bailábamos mejor». Música y sociedad en los artículos de Francisco Umbral durante su etapa en El País ..................... 391 Ana Godoy Cossío: Mujeres entre columnas en El País de Francisco Umbral ......................... 407 Béatrice Bottin: Paco y sus musas: «je t’aime… moi non plus» .. 421 Isabelle Billoo Cadoux: ¿Umbral o cómo ser machista y no inmolarse en el intento? ..................... 434 Fernando González Ariza: El cine en las columnas de Umbral . 453 Rafael Ruiz Pleguezuelos: De valles y benaventes: el teatro en el último columnismo de Umbral ............... 468 Iván Martín Cerezo: Periodismo y literatura: el nuevo periodismo norteamericano y el periodismo literario de Francisco Umbral .. 485 J. Ignacio Díez: Cómo escribir un libro con artículos: el Diario de un snob .......................... 504 Christian Manso: Diarismo y columnismo en Francisco Umbral: Diario político y sentimental. . . . . . . . . . . . . . . . 532 Marisa Sotelo Vázquez: Umbral retrata a Eugenio d’Ors, el gran estafado de la literatura .................. 552 Marta Espinosa Berrocal: Escribir la ciudad: Spleen de Madrid 569 Carole Viñals: Los espacios umbralianos en Diario de un snob o la literatura como única verdad ................ 582 Dolores Thion Soriano-Mollá: Francisco Umbral, un supersticioso de la inteligencia en Guía irracional de España ...... 597 Antonio García Cenador: Francisco Umbral: hacerse un nombre 613
44 45 autor de liberarse del lastre de los datos concretos, de lo que coloquialmente llamamos argumento. En este sentido, Umbral se codea con sus temas como lo hace un buen poeta lírico con sus versos: yendo a la esencia del asunto en detrimento de sus ropajes externos. En el caso al que acabo de aludir, lo circunstancial y perecedero es el hecho de que haga calor en Madrid en verano. Lo trascendente, y ahí se nota la ironía muy calculada en este caso, es que la Meteorología sea la ciencia de nuestros días, como la Metafísica lo fue la de antaño. Es el mismo asunto que trata en muchas de sus columnas asociándolo a otros temas, como por ejemplo en la rotulada «Eugenio d’Ors» (2807-07), que por el título debía estar en las antípodas de «40 grados», pero vemos enseguida que no es así: En aquel tiempo –dice Umbral–, por Madrid, los escritores iban de escritores por la calle, porque había una cultura general y viandante como había una pintura visible y catalogable. Ahora, si quieres conocer una verdadera cultura tienes que irte al fútbol. En el fútbol enseguida se aprende algo y los más eruditos recurren al Marca. Nunca deja de sorprendernos Umbral por su infinita capacidad para tratar un tema y darle vueltas. En las dos columnas a que acabo de referirme, en el fondo, vuelve a aparecer su obsesión nostálgica por el tiempo ido así como la idealización del pasado, entendiendo que la felicidad está siempre donde nosotros no estamos. En fin, Umbral quiso aprehender el mundo en sus columnas, conjurarse contra el paso del tiempo y el olvido, untar de poesía la prosaica realidad para poder mostrar la esencia que yace en todas las cosas y actos humanos. Como dijo otro periodista, al que ya me he referido arriba, Rafael Altamira, no importa tanto lo que miramos como el modo de mirarlo. Y ese modo, en el caso de Umbral, creo que fue la columna. UMBRAL Y SU CONSTRUCCIÓN COMO PERSONAJE RETÓRICO: UNA APORTACIÓN AL DISCURSO PERIODÍSTICO ESPAÑOL Víctor Gutiérrez Sanz Universidad de Valladolid Hablar de Francisco Umbral como «personaje» no es nada novedoso. Son muchos los académicos, investigadores y críticos literarios que han tratado de dibujar o desdibujar (según fuera la tesis defendida) la línea que supuestamente separa ficción y memoria en la vida y obra del escritor. Sus novelas hacen constantes referencias a elementos biográficos y su capacidad de narrar mediante anécdotas con un estilo aparentemente fragmentario han hecho que sean muchas las páginas dedicadas al respecto. Ahora bien, establecer una dicotomía entre realidad y ficción puede resultar una ingenuidad, más cuando el autor estudiado ha gustado siempre de moverse en una cuerda floja en la división de géneros literarios. La mayoría de las veces este juego se refleja en un hibridismo que ya definió acertadamente Bénédicte de Buron-Brun mediante la comparación entre Umbral y uno de sus referentes literarios: En gran parte de su obra Umbral experimenta esta teoría proustiana, la cual vendría a resumir en una oposición entre imaginación (memoria «voluntaria») e impresión (memoria «involuntaria»), poniendo de manifiesto dos técnicas distintas de escritura que a veces pueden unirse o entrelazarse1.
46 47 La autobiografía,1las memorias y la novela se funden en un todo en el que siempre aparece una voz narradora protagonista cargada de lirismo y que derriba las tradicionales fronteras existentes entre los conceptos teóricos de autor, narrador y personaje. Esta tendencia, casi obsesiva, de rememorar la ficción y ficcionalizar la memoria es apreciable en los primeros escritos del autor. En una entrevista que le hicieron en el periódico ABC poco después de obtener el Premio Nadal por Las ninfas comenta: «Novelar la infancia no es un recuerdo, sino que es el novelar mismo. Dejar que la novela se vaya haciendo en uno, mientras las otras novelas, las que vienen después tienen que ser más trabajadas, más forzadas»2. Ya en aquella época, cuando pese a ser un autor relativamente joven poseía una trayectoria consolidada, se observa en sus libros una serie de temas subyacentes que se repiten como obsesiones. Por otro lado, tras mucho perfeccionamiento, el escritor consiguió generar un estilo personal muy definido en su escritura. Consecuentemente, la firma de Umbral se perfiló con un trazo fácilmente reconocible formal y temáticamente para sus lectores. Guillermo Laín ha analizado esta característica de la obra literaria umbraliana y ha enraizado su proceder en la línea de «los autores de la vanguardia histórica o de lo que la crítica anglosajona define como Modernism, a los que Umbral admiró, como Marcel Proust, Virginia Woolf, James Joyce o, en España, Gabriel Miró»3. Laín desarrolla en su estudio la teoría de que Umbral, al igual que otros muchos escrito1. Bénédicte de Buron-Brun, «Memorias poéticas de La Transición» en Francisco Umbral. Memoria(s): entre mentiras y verdades. [Ed.] Bénédicte Buron-Brun. Sevilla: Editorial Renacimiento, 2014, p. 32. 2. Ramón Pedros, «Umbral: infancia y novela», ABC, 11-01-1976, p. 30. 3. Guillermo Laín Corona, «Más allá de la biografia real: Umbral como materia novelable» en Francisco Umbral. Memoria(s): entre mentiras y verdades. [Ed.] Bénédicte de Buron-Brun. Sevilla: Renacimiento, 2014 , p. 354. res que le sirvieron como maestros, cuando exalta el «yo», no trata de incidir en un «yo» real, sino en uno ficcionalizado: Pero no todos los modos de hacer de la propia vida materia novelable o de ficción pasan necesariamente por la tergiversación de los hechos autobiográficos. Esto se puede lograr también sometiendo la propia vida a las convenciones literarias. Al hacer de los hechos autobiográficos partícipes de las leyes por las que funcionan los géneros literarios, aún siendo reales, se transforman en ficcionales, por ser la literatura un hecho de ficción per se, así como por el hecho del mismo artificio estético4. Esta débil diferenciación entre lo ficcional, lo real y la unión de ambos conceptos en lo que podríamos denominar «autoficción» se puede percibir en la mayoría de textos y mensajes públicos que protagonizó el escritor. José Amícola en un interesante artículo en el que recoge un breve repaso sobre el concepto de la «autoficción» mediante el análisis de escritos de Borges y Gombrowicz (entre otros) describe cómo en el siglo XX el pacto implícito entre lector y autor se ve roto por un nuevo movimiento que prima la ambigüedad frente a las certezas. La obra de Francisco Umbral, en cierto modo, podría ser adscrita a esta tendencia: Lo que haría la autoficción moderna sería, en definitiva, tomar la palabra a las dudas teóricas sobre el pacto autobiográfico como clave crítica por uno de sus teorizadores más conspicuo, Philippe Lejeune, y cuestionar las bases de ese pacto, presuntamente sellado entre lector y persona real (creadora del texto en cuestión)5. 4. Ibid., p. 368.
48 49 Todo esto condicionaba, y aún lo sigue haciendo, la recepción por parte del público de los mensajes emitidos por el propio Umbral. Él era un líder de opinión con una presencia muy representativa en los grandes medios de comunicación y, muchas veces, el éxito o fracaso de sus discursos (escritos u orales) dependía en gran parte de la percepción que de él tenía el auditorio que le escuchaba. De forma voluntaria o involuntaria, Umbral construyó un personaje retórico mediante sus libros, sus colaboraciones periodísticas y sus apariciones públicas, y este constructo lo acompañó y condicionó durante la mayor parte de su vida. Tanto es así, que aún hoy parece difícil comprender su obra sin conocer un poco de su personalidad, y es casi imposible abordar su personalidad sin comprender su obra. 5 La heterogénea prosa de Umbral se puede percibir como un «todo» gracias a la presencia, en toda ella, de su propia figura, de su individualidad, de todo aquello particular que le hacían ser un emisor único. Por consiguiente, resulta interesante estudiar bajo la perspectiva de la retórica los actos comunicativos que produjo Umbral tanto en el sistema periodístico como en el literario. En ambos casos, el éxito comunicativo reside en conseguir persuadir al receptor de la credibilidad de un modelo de mundo (ya sea este ficcional o real). Por esta razón, es tan valioso volver a los tratados clásicos de retórica e interpretarlos desde nuestro tiempo. Al fin y al cabo, no se trata sino de asumir las enseñanzas de Nietzsche, quien ya propuso un nivel ontológico de relativismo que cambió el Arte, la Filosofía y la Historia del siglo XX: «El mundo aparencial es el único que existe; el mundo verdadero es pura invención». Esta oposición de Nietzsche a favor de lo aparen5. José Amícola, «Autoficción, una polémica literaria vista desde los márgenes (Borges, Gombrowicz, Copi, Aira)», Olivar, vol. 9, 2008, p. 4. En línea: <http://hdl. handle.net/10915/12261>. (Última consulta: 14-12-2014). cial, de lo aparentemente plausible, acaba con el imperio milenario de la filosofía sobre la sofística y sobre la retórica en la historia de Occidente6. Estudiar la figura de Umbral desde la perspectiva de la «retórica constructivista»7 puede ayudar a comprender mejor su obra, porque parece que él se percató de que vivía rodeado de procesos discursivos. El madrileño, tanto en su papel de columnista como en su labor de escritor, fue consciente de que la credibilidad, en el primer caso, o la verosimilitud en el segundo, eran dos factores indispensables para conseguir un éxito comunicativo. Saber la importancia que tenía su figura, entendida esta como un constructo retórico e identitario, es el principal objetivo de esta reflexión. Fernando López Pan ha expuesto en varios artículos la posibilidad de tomar el ethos aristotélico como una característica fundamental de la labor discursiva de algunos columnistas: Al preguntarnos por las señas de identidad del columnista/personaje como refuerzo de su credibilidad, conviene volver a Aristóteles, y a los ya mencionados tres elementos constitutivos del ethos: la prudencia (frónesis), la virtud (areté) y la benevolencia (eunoia). Esa credibilidad se genera discursivamente mediante el recurso a las máximas o sentencias –que expresan o muestran toda una visión del mundo– y al vocabulario –de cómo califique las acciones y las personas se desprende una idea de cómo es el orador y cuáles son sus valores–; a partir de las alabanzas explícitas a determinadas personas –muestran lo qué considera bueno y revelan un valor moral– y de las reacciones emocionales del orador. Esos mecanismos revelan, 6. José David Pujante, Manual de Retórica. Madrid: Editorial Castalia, 2003. 7. José David Pujante Sánchez. «Constructivist rhetoric within the tradition of rhetorical studies in Spain», Res Rhetorica, (en prensa).
50 51 sin convertir las ideas subyacentes en tema del discurso, unos principios, unas preferencias morales del orador, que suscitan la confianza de la audiencia; de aquella que los comparte. Y puede ser reforzada, precisamente, a través de la estrategia del columnista/personaje –en aquellos casos en los que esté presente8. Se enmarcan los estudios de López Pan dentro del campo de la «Periodística» y sigue la corriente de aquellos que tratan de proponer la base teórica de la retórica como el cimiento fundador capaz de generar un método de análisis sistemático para los textos periodísticos. Así, al igual que María Jesús Casals Carro9 o Bernardo Gómez Calderón10 (por citar solo a algunos de los investigadores que trabajan con estos conceptos), López Pan utiliza los elementos de análisis del discurso como categorías conceptuales en el análisis textual. Esta idea, en mi opinión, puede dar provechosos resultados siempre y cuando se consiga huir de lo que David Pujante ha denominado: «la idea del sermo ornatus». Más allá de los términos en los que se ha interpretado siempre los versos de Horacio, sí, la poesía es como la pintura, pero en su 8. Fernando López Pan, «El articulista-personaje como estrategia retórica en las columnas personales o literarias», Anàlisi: quaderns de comunicació i cultura, 2011, p. 57. En línea: <http://www.raco.cat/index.php/Analisi/article/view/244643>. (Última consulta: 17-12-2014). 9. María Jesús Casals Carro, «Juan José Millás: la realidad como ficción y la ficción como realidad (o cómo rebelarse contra los amos de lo real y del lenguaje) Análisis de Juan José Millás, Columnista de El País» Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 2003, 63–124 <http://dx.doi.org/->. (Última consulta: 17-12-2014). 10. Bernardo Gómez Calderón, «De la intellectio a la elocutio: un modelo de análisis retórico para la columna personal», Revista Latina de Comunicación Social, nº 57, 2004. En línea: <http://www.ull.es.sci-hub.org/publicaciones/ latina/20040257gomez.htm>. (Última consulta: 17-12-2014). capacidad carnal de matizar, propia de aquellos que no son ciegos o débiles para el color. Más aún, la poesía, y toda la creación literaria, y toda la pintura es como la retórica, pero siempre en ese sentido más amplio, el de su capacidad ilimitada de colorear, de matizar interpretivamente la vida. Tal prohijamiento entre artes y retórica, sin embargo, pronto se pervirtió convirtiendo Occidente a la retórica en un simple inventario de tropos y figuras que aplicar a los ornamentados discursos literarios. Durante siglos hemos venido tropezando en estos escollos del camino de las artes: en la conceptualización, en la idea de sermo ornatus y en todas sus ideas-satélite11. Si se huye del «inventario de tropos y figuras» al que muchos han reducido la retórica, el concepto del ethos pasa a convertirse en un elemento principal que predispone solo con su presencia al auditorio que le contempla; no obstante, en los siglos XX y XXI, cuando el orador posee una presencia casi constante en los medios de comunicación y no delimitada exclusivamente a los momentos de intervención, este concepto puede no ser suficiente para describir los nuevos paradigmas comunicativos. López Pan aborda en su artículo algunas variables del ethos retórico como elemento constituyente del discurso. Considera el autor que en el caso de los columnistas el ethos podría ser dividido entre el que se genera de manera previa al discurso y el que es fruto del texto emitido. En el primer punto, inciden variables como el «ethos institucionalizado» (por ejemplo, postura política e ideología del medio en el que se ubica el mensaje). En el segundo, hay que tener en cuenta los factores explícitos dentro del propio texto y aquellos implícitos que condicionan inconscientemente al auditorio; es decir, el ethos tematizado y el no tematizado (en este aspecto, López Pan utiliza la nomenclatura propuesta por Dascal)12. 11. José David Pujante, op. cit., p. 29.
52 53 En mi opinión, aunque desde un punto de vista analítico estas divisiones estructurales pueden ser muy útiles para estudiar textos periodísticos, cuando nos enfrentamos a la figura tan compleja de un escritor como Umbral, en el que vida y obra confluyen constantemente, es reduccionista aplicarlas. A continuación se propondrá el análisis contrastivo de dos entrevistas realizadas a Umbral datadas con una diferencia de dos décadas. Pues bien, en ellas se ha apreciado una serie de constantes comunicativas (muchas de ellas no orales) que el propio Umbral ha mantenido como una marca personal. Por esta razón, y por muchas otras, aunque existe una clara evolución, el personaje es fácilmente reconocible en ambos actos comunicativos, tanto para aquellos que conocieran previamente su obra como para los que no. Y lo mismo puede ser extrapolado a sus columnas y novelas que, como ya se ha dicho previamente, conforman un todo en el que es casi imposible delimitar los límites entre la ficción y la realidad. Por esta razón, parece más acertado abordar a Umbral como «personaje». Como señala Roger D. Cherry:12 Es útil en la teoría literaria y en la retórica, así como en el análisis del discurso escrito, distinguir entre los dos vehículos de remolque de autorrepresentación en el texto representados por el «ethos» y la «persona»13. Debido a que los dos conceptos han llegado hasta nosotros a través de diferentes tradiciones, los conceptos de ethos y persona proporcionan diferentes perspectivas sobre la representación de uno mismo en el texto escrito. Con sus raíces en la tradición retórica, ethos se refiere a un conjunto de características que, de ser atribuidas a un escritor sobre la base de la evidencia textual, mejorará la credibilidad del mismo. El concepto «persona», por otra parte, enraíza con 12. Fernando López Pan, art. cit., pp. 55-57. 13. Así en el texto original en lengua inglesa. la literatura y la crítica literaria y proporciona una manera de describir los roles que los autores crean de sí mismos en el discurso escrito mediante su representación ante la audiencia, la temática y otros elementos de contexto14. Erving Goffman propuso como método de estudio la posibilidad de entender los actos comunicativos de la misma manera que se consideraría una representación teatral. En su obra La presentación de la persona en la vida cotidiana, Goffman expone los paralelismos existentes entre un acto comunicativo habitual y la puesta en escena dramática y, aunque él mismo señala algunos de los posibles conflictos que plantea su propuesta, los resultados son más que satisfactorios15. Cabe señalar, además, que en el caso que nos ocupa en el que la mayoría de los mensajes son emitidos unidireccionalmente a un auditorio impersonal, los puntos de encuentro son aún mayores. Imaginemos pues a Umbral subido al gran escenario de la vida pública y veamos cómo ejecuta la representación de su propia persona. Por lo escrito en la obra de Umbral y sus declaraciones es deducible que él era consciente en todo momento de que representaba el papel de sí mismo. Con todo, aunque esta conjetura no fuera cierta, esto no invalidaría el análisis porque de una manera u otra su actitud condicionaba la predisposición del auditorio. Por lo tanto, el objetivo aquí es ver cómo modificaba el interés y la propensión del receptor de estos mensajes su propia figura como personaje retórico y describir los elementos más notables en este sentido. Para ello vamos a tratar de delimitar lo que Goffman llamó «fachada» (front): 14. Roger D. Cherry, «Ethos Versus Persona: Self-Representation in Written Discourse», Written Communication, nº 5, 1988, pp. 251-276. (Traducción del autor). 15. Erving Goffman, La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2a ed, 2009.