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Una rectificación necesaria sobre la sillería de San Benito de Valladolid

Agapito y Revilla, Juan

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VARIA Una rectificación necesaria sobre la sillería de San Benito de Valladolid. Dicen algunos que la vida es una continua rectificación, y yo digo que nunca mejor aplicada la frase que cuando de asuntos de historia y cuestiones de arfe se trata. Porque, efectivamente, cosas que pasaban por ciertas, tanto en el aspecto histórico como en materia de atribuciones, de esas en las que parecía no podia caber la duda, han tenido que ser rectificadas rotundamente, en vista de documentos y razones que lo han aclarado y explicado todo, como si se viera acabado de suceder o dando los últimos toques de mano a una obra de aríe. Es verdad que mucho se ha hecho en las dos vcinlenas de años del sigrlo, en las que se ha investigado de fi rme y se han fi jado criterios razonadísimos determinados poruña crítica sagaz y juiciosa; así y lodo, habrá mucho que rectificar de lo asentado como cierto o niuy probable, porque hay factores variados que con mucha facilidad hacen alterar los resultados; son ellos, la apreciación personal, la Interpretación que se da a los elementos de estudio, el modo de ver las cosas, la obsesión que en el momento se siente, el afán de encontrar detalles completamente nuevos, por no citar más que lo corriente en el aspecto que se expresa. En mis niúlliples trabajos y estudios sobre cosas de arte e historia, sobre todo de Valladolid, he tenido ocasión de rectificar muchos conceptos equivocados que pasaban como evidentes; pero del mismo modo habrá que rectificar otros que yo he estampado como verdades inconcusas, fi rmes, sin contradicción alguna. Y viene este preámbulo a cuenta por tener que rectificar una noticia que di como nueva, no advertida por nadie, y que después de bien estudiado el asunto creo que fué una equivocación lamentable, hija de la obsesión, como digo, de buscar un artista desconocido, de L 202 VARIA interpretar mal un letrero, por eso de buscar siempre lo más difícil opresentar las cosas como uno quisiera que fuesen. Se ha dicho, y aquí entro en materia, que Andrés de Nájera fué el maestro de la sillería de coró del Monasterio de San Benito de Valladolid, y luego, que el escultor Diego de Silóee labró uno de los tableros de los respaldares de la serie alta, la correspondiente al Monasterio de Burgos, el San Juan Bautista, y se desechó de modo absoluto la equivocada atribución y participación que en la obra se daba al gran Alonso BerrugueíeA mí me parecía muy poco todo esto para una producción artística tan grande. Y me dió unos buenos días por mirar, remirar, observar y escudrinar los menores detalles de tan hermoso conjunto. Y encontré por dos veces la cifra 1528, en que se terminó de labrar la obra, además de otras letras que sepa rando falsas interpretaciones no son más que el AVE y IHS. de significación bien conocida; pero encontré también un letrero hecho sobre el listel saliente de la impostilla que separa el tablero de respaldo del que representa a Don Juan II, en la primera silla de la serie alta empezando a contar desde el altar mayor en el lado del Evangelio. Ese letrero está hecho con punzón o puntero o herram'®"^^ similar, y un calco del mismo le publiqué en el núm. 2 (Abril de 192^) del tomo I, pág. 28, del «Boletín del Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid». Me obsesionó el hallazgo y no viendo más que la firma de un artista y el ano en que terminaba su labor, interpreté la inscripción, supliendo las letras que yo creía faltaban para completar la lectura; «ma (no) de Pau (lo) Llore (n) te... de lU d XXIX». y di por fi rme y evidentísimo que un Pablo Llórente, artista completamente desconocido, fué el que dió remate en 1529 a la mencionada hermosa sillería y que tenía derecho a que figurase su nombre «ai lado de tan importante obra». Así, de golpe y porrazo; de modo bien rotundo. ¿Para qué dudar? Repetí la noticia para que no se olvidara en el tomo I de «Catá logos del Museo de Bellas Artes de Valladolid» (único publicado en. w J'¡ t * á'- 1. VARIA 203. 1930), pág. 32, y como cosa ya hecha di también el calco del letrero que reproduzco aquí. y con tal interpretación como evidente continuó por unos años y siguió para mí siendo Pablo Llórente un artista bueno o mediano, que remata la obra de la siliería del coro bajo de la Iglesia del Monasterio de San Benito de Valladolid. Hasta que un día... Contemplando los primorosos y finos relieves de los tableros de la serie alta de sillas, ya instalada la obra en el monumental edificio del Colegio de San Gregorio, como estaría en su origen, miro y remiro el consabido letrero y la duda me asalta y en lo primero que pienso y me pregunto fué, ¿por qué al interpretar el letrerito de referencia suplí sílabas y letras a mi gusto hasta formar una completa atribución de parle de la obra? Y ¿ijba a firmarla precisamente la persona que menos participación artística en ella tuviera acaso ei que extendió la cera o el aceite sobre la madera y frotó con patios la auperflcie trabajada et, tan variadísimos relieves, en términos que no hay dos detalles .guales, aun en elementos semejantes? Y ¿por qué el arhsta tba a poner su fi rma con palabras empezadas «ma» por mano y «Pa» por Pablo? Esto no podía ser. El artista, por muy hábil e ilustrado que fuera, no. había de emplear la forma metoplástica para escribir precisamente su nombre que precisaría fuese bien legible. Ni ia interpretación de «ma» por mano ni la de «Va» por Pablo están en lo cierto; son equivocadísimas. Lo que confirmo, desde luego, como evidente, es el «de» después del dudoso e incierto «ma», el «llórete», que aunque le falta la rayita sobre la primera «e», sin duda de ningún género debe leerse «Llórente», y la fecha de «lUdXXIX» que no puede estar más claramente escrita. Muchas veces reflexiono y me hago la observación que el letrero se hizo con un punzón, como si se escriljiera sobre papel, pero apretando, es claro, sobre la madera, y la fibra de ésta deformada, o mejor, hace deformar la dirección de los trazos, por lo que las letras no resultan claras, contra el parecer del que las escribió. y así, en esa duda, estuve mucho tiempo, hasta que llegó «un buen día», y ahora sí que le puedo calificar de esa manera, en que a la vista del letrero expongo mis cavilaciones y errónea interpretación, hecha pública, a mis amigos y compañeros Don Francisco Antón. Presidente del Patronato del Museo, y Don Constantino Candeira, Subdirector del mismo, y los tres, los tres que precisamente ejer- -i v/ , f/}y/rC' 7 204 VARIA cemos cargos en el indicado Museo, después de vueltas y revueltas interpretamos y leímos: «día de San Llórente de lUDXXIX». -Lo que yo creí «ma» es nada menos que «día»; ahora clarísimaniente se lee de este modo. El «Pau», que había de escribir a la moderna «Pab», por mí primeramente, es «San», con una S no completa, por lo que he dicho de que la veía de la madera no permite escribir correctamente. Es, por tanto, el letrero una fecha equivalente a «10 de Agosto de 1529», día de San Lorenzo,, como ahora se dice, porque ahora creo, que los punios que dibujé en el calco consabido y que no podía Interpretar por existir un trepado de la madera, hay que suprimirlos; allí no se escribió nada por impedirlo precisamente el trepado. El resultado de todo ello es que hay que borrar todo cuanto escribí en el «Boletín» del Museo, y en el «Catálogo» del mismo sobra tal «Pablo Llórente». Este artista ha muerto antes de nacer. Lo único cierto es una fecha bien señalada y que hay que suponer fuera la del remate completo de la obra de la sillería, que en 1528 se termi naba de labrar, necesitándose tiempo para montarla, ajustaría repa sarla y acabarla con la cera o aceite, operaciones, algunas ya muy accesorias, pero que requieren días, llegando al de San Lorenzo, en el que puede contemplarse a todo placer la magnífica obra del Convento de Benedictinos, matriz, en estas tierras de la Orden, aun quizá con el dorado y estofado de la sfii^ abacial y monasterial. La rectificación queda hecha. V yo me siento más tranquilo Juan Aoapito y Revilla Plateros palentinos. —Cristóbal Paredes, otorga un poder, para pedir a Francisco de San Román, del mismo oficio, vecino de Valladolid «una pie^a de plata que pesa veinte y dos marcos de una ymagen que tiene fi gura de muger que le di hazer y la plata para ella y rrescibllla y cobrarlla y dar carta de pago...». Palencia 15 Diciembre 1552. —Gaspar Prieto arrienda a su companero Nicolás de Brujas un cuarto delantero de las casas donde vive; en la calle que llaman Merojada; en el cuarto «que así os arriendo, ay una sala e su camara e rrecamara con su corredor e otras dos piezas en lo mas alto del